Author Topic: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back  (Read 498463 times)


Kana

Perdón las faltas. Lo escribí desde mi celular


Nada coincide con el presagio del acontecimiento, sobre todo cuando es tan inexacto.
Kana recién se enteró de ello ese día. Tal vez porque era demasiado egotista no lo notó antes sino hasta ese momento cuando se enfrentaba contra Inui en su entrenamiento.
Sí, se había descontrolado al verse impotente de hacerle frente a los ataques del rubio y como ello de modo arrebatado e iracundo intentó activar sus poderes para tan sólo intentar alejarlo de ella en su próximo ataque.
Pero se paralizó al ver que en su mano no se prendía ninguna clase de luz de energía que indicara que su poder se estaba produciendo para atacar a su enemigo. Kana abrió enormemente los ojos, atónita y quedando completamente en blanco.
Sin embargo, su poder ni siquiera se pronunció y en consecuencia Inui le atinó un golpe certero en el costado de las costillas y la derribó hacia un costado.

La HiME rodó por el piso y estrelló su espalda contra el tronco del árbol, soltando un quejido.

"Tonta..."
"I-Inui..." los mechones plateados desordenados cubrían su rostro dandole un semblante aún más decadente.
"¿...?" La miró con aquella inexpresión propia de su personalidad
"Mis... mis poderes...." balbuceó "Intenté invocarlos para atacarte sin que te dieras cuenta..."
"..." que tipa más tramposa y sabandija.
"Pero... N-No se presentaron mis poderes!" Llevó sus dos manos a cada una de sus mejillas y bajó la mirada, aún con los ojos muy abiertos. "No entiendo que pasa"
"..." el rubio no era precisamente el tipo de persona que pudiera darle apoyo moral o consuelo. Pero... inexplicablemente, algo podía aportar "A alguien que yo conocía le pasó lo mismo..."
"¿Tú... conoces a otra HiME?"
"Algo así..." no quizo dar mayores detalles
"¿Y qué pasó? ¿Por qué los perdió? ¿Cómo los pudiste recuperar?"
"Sólo un día llegó y los perdió. Ella nunca los recuperó. Eventualmente su Rebel aprovechó la oportunidad...."
"Mierda..." Aunque Kana fuera amargada y desagradable, no decía improperios pero en ese momento no pudo evitarlo. "¿Qué puedo hacer?"
"No sé... Deberías preguntarle a otra HiMe" el rubio se ajustó el vendaje de su puño y no supo con qué más aportar. "Me voy"

¿Qué debía hacer? Le incomodaba la idea de molestar a otra HiMe con sus problemas y tampoco quería demostrar debilidad ante otras personas. Pero era una realidad que tenía que buscar ayuda  porque no podía quedarse así.
Kaneki no era una persona que aprovechara su rol de Rebel ni la debilidad de otros para atacar, pero no podía esperar la misma compasición y piedad del resto de Rizembool.

Necesitaba encontrar respuestas




Cho


Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

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Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Miyu


6 # I don't believe you, you're a liar. (A).


Esa mañana, Akeno se despertó con un nudo en el estómago. La ansiedad que la había acompañado durante toda la noche seguía presente, enroscada en su interior como una serpiente. Intentó, sin éxito, apartar de su mente la prueba HiME de Koneko, que se llevaría a cabo ese mismo día. El solo hecho de pensar en esa prueba hacía que su corazón latiera con fuerza, lleno de preocupación y temor. No podía evitar sentirse furiosa con Azazel, quien había permitido que una chica tan pequeña y aparentemente desmotivada como su amiga Koneko se viera involucrada en algo tan peligroso. Akeno no podía entender cómo alguien podía ser tan irresponsable.

Aunque el resentimiento hacia Azazel era lo más prominente en su mente, también sentía una pequeña pero persistente molestia hacia Rias. A pesar de que la pelirroja siempre había sido una buena amiga y líder, Akeno no podía evitar culparla, aunque fuera un poco, por lo que estaba sucediendo. Después de todo, Rias también tenía cierta responsabilidad en lo que estaba pasando con Koneko. Akeno sabía que sus sentimientos eran irracionales, pero eso no hacía que desaparecieran.

Con un suspiro profundo, Akeno salió de su cuarto, tratando de mantener la calma. Caminó por el pasillo con tranquilidad, fingiendo una serenidad que no sentía. Estaba tan absorta en sus pensamientos que apenas prestó atención a la presencia de Narumi y Tobio, quienes ya estaban en la sala. Sin embargo, Narumi no tardó en notar su comportamiento y no pudo evitar burlarse de ella.

—Qué raro verte pensativa y no en los brazos de Tobio —comentó Narumi con una risa burlona, claramente disfrutando de la oportunidad de molestarla. Akeno lo miró con desdén, sintiendo cómo su irritación crecía.

Era cierto que ella y Tobio habían compartido momentos de cercanía, besos furtivos y confesiones de atracción mutua, pero hasta ahora no habían avanzado más allá de eso. Su relación era un terreno incierto, algo más que un simple ligue de una noche, pero aún no lo suficientemente definido como para ser algo serio. Akeno no estaba segura de lo que realmente quería con Tobio, y en ese momento, con todo lo que estaba sucediendo, lo último que deseaba era pensar en complicaciones románticas.

Tobio, notando la incomodidad de Akeno, intervino para calmar la situación.

—Oye, Naru —lo empujó un poco el otro joven y lo arrastró hacia la cocina—. Akeno está preocupada por Koneko, hoy es la prueba HiME de esa niña.

Narumi bostezo con desinterés.

—Lo sé, con Azazel iremos a hacer algunas mediciones, ¿sabes? El equipo está listo y en camino a Hanasaki. Si todo sale bien tendremos algo increíble.

La expresión de Narumi cambió ligeramente al hablar de la prueba. Una chispa de curiosidad apareció en su mirada, mostrando que, a pesar de su actitud despreocupada, había algo en todo este asunto que le interesaba profundamente. Akeno, que había estado escuchando en silencio, decidió intervenir.

—Ire contigo a Hanasaki —Akeno apareció al oír la explicación de Gen Narumi.
—Mira, serás un estorbo. Mejor manda un mensaje o se más normal. Las camionetas estarán llenas de personas útiles y equipamiento sofisticado —fue duro con sus palabras, pero, aun así, tenía razón.
—Estarás más preocupada allí e intentarás detener la prueba, es mejor que vengas a Grigori conmigo —Tobio se acercó a ella y le acaricio los cabellos como si de una niña pequeña se tratase.

La pelinegra asintió lentamente, sintiendo cómo una ligera sensación de vergüenza se apoderaba de ella. No era común que se mostrara tan vulnerable, pero el gesto de cariño de Tobio, aunque inesperado, le hizo sentir un calor reconfortante en el pecho.
Sin poder evitarlo, mordió suavemente el interior de su mejilla, un pequeño hábito que tenía cuando intentaba contener sus emociones y evitar que se notaran demasiado. A pesar de la turbación que la invadía, una parte de ella estaba genuinamente feliz por la ternura que su primo le había mostrado. En ese simple toque, había algo que la tranquilizaba, algo que le recordaba que no estaba sola en medio de todo el caos que la rodeaba.

—Está bien —respondió, su voz apenas un murmullo. La palabra salió escueta, casi cortante, pero no porque quisiera ser fría, sino porque no confiaba en su capacidad para articular algo más elaborado sin que su voz traicionara las emociones que luchaban por salir a la superficie.

Luego, en un intento por recuperar la compostura y desviar la atención de su propio desconcierto, Akeno sacó rápidamente su celular del bolsillo. El dispositivo brilló al encenderse, iluminando su rostro con una luz azulada. Sin perder tiempo, empezó a deslizar sus dedos por la pantalla, escribiendo un mensaje a Rias.

06:30 PM.
@QUEEN: Rías, espero estés yendo para casa de Koneko.

A los segundos el celular vibro.

06:31 PM
@KING: Estoy yendo a comprar cafés y unos panecillos. Ya hablé con Azazel y llevaré a Koneko a la U. ¡Buenos días, Akeno! ✨

Akeno suspiro más tranquila y una pequeña sonrisa apareció en el rostro. Era difícil estar enojada con Buchou, especialmente cuando mostraba tanta atención hacia sus amigas como buena líder.

Tobio les hizo el desayuno y después de comer los tres juntos, se despidieron de Narumi, al parecer Azazel lo había venido a buscar.

—Estate tranquila, Akeno —su primo le susurró—. En un rato iremos a Grigori.

Ella asintió, pero pronto una idea más cruzó por la mente de la mujer.

—Tobio onii-san —le susurró acercándose a él con cierta lentitud—. Quizás ya tenga nuevos planes, ufufu. ~

Akeno era difícil de ignorar, su cuerpo bien proporcionado y su voz aterciopelada siempre la hacía irresistible, incluso si solo estaba usando un short deportivo y una remera unisex, sus grandes senos se marcaban en ellos. Tobio de inmediato sintió las mejillas arder y tuvo que desviar la vista hacia otro lado; conocía lo descarada que podía llegar a ser su prima.

—A- —balbuceo—. Akeno, no es momento de bromas.
—¿Ara, ara? ¿Bromas? —dejo escapar una risa seductora, muy baja que llegó a oídos de Tobio, mientras se acercaba para tocarle la mejilla con suavidad.
El hombre se congelo de inmediato por un par de segundos, el tacto suave de ella lo volvía loco.


El celular de él vibro y un pequeño suspiro escapó de sus labios, había sido salvado por esa llamada, aun así, la mirada de él se deslizó por el cuerpo de Akeno, perdiendo un segundo el autocontrol una vez llego a los muslos tersos y bien formados de ella, subiendo lentamente por el trasero redondo.

—Mierda —mascullo antes de atender y salir de la habitación.
—Señor Qian… —el tono en su voz cambio a uno más apagado y sereno—. Estamos preocupados en Grigori por la cadena de eventos que están sucediendo a su alrededor y lo poco ético que parece como colega que es.
—¿Hm? —el hombre del otro lado se rió divertido—. Estoy cumpliendo órdenes, firmando papeles y aconsejando a mí cliente de la mejor manera. Que haya contactado con Beelzebub Anathema y Roxana Agriche es por los deseos de mí cliente. Nada más. El que esté preocupado por mí me conmueve hasta la médula… —respondió con tono irónico y al que le dio algo en la médula fue a Tobio.
—Puede que no me corresponda, ni tenga derecho a hacerle preguntas, aún así le sugiero que evite meterse en problema con mis amigas o usaré todo lo que esté a mí alcance para enviarlo a la cárcel.
—¡Já! —solto Jin Qian—. ¿Un abogado laboral? Dediquese a sus asuntos y dejé a los profesionales penalistas actuar, que el tiro le saldrá por la culata.
Cuando la otra persona cortó, Tobio no pudo evitar apretar el celular entre sus manos y ver una vez más el nombre del remitente de la llamada.
—Esto está bien sucio —murmuro para sí.
—¿Sucio? —la prima y posible amante pregunto con curiosidad.
—Narumi me pidió que investigara a un sujeto llamado Jin Qian, abogado penalista y profesor de cátedra que tuve en Nephlim. El tipo es simplemente jodido y bien sucio, aparenta cosas con una sonrisa amable.
Akeno le acaricio los cabellos azabaches con cuidado, devolviéndole el gesto, se notaba en él la frustración.
—Iré a Rizembool hoy para hablar directamente con él —suspiro sintiendo la cálida y suave mano de Akeno, eso lo reconfortó.
—Ir directo contra un hombre así de nada te servirá, es mejor que busques a los involucrados y llegues a él con pruebas —respondió sin entender del todo por lo que pasaba su primo.
—Tienes razón —contesto rebozando una sonrisa —. Entonces hablaré con Beelzebub y Roxana en Grigori.
Ambos decidieron salir a Grigori en ese momento, tomando un GO para llegar antes.
—Gracias Akeno —en el auto los dos siguieron conversando—. ¿Suzaku te ha dicho algo? Es a la primera que contaremos…
—Ni he mandado nada aun a Suzaku onee-chan. Con la prueba HiME de Koneko estoy algo ausente de mis emociones —confeso la chica—. Estoy pensando en ser una HiME por ella, no puedo dejar que mi amiga de arriesgue sola.
—No —la observo con frialdad—. No puedes aún, necesito investigar.
—¿Confías en Azazel? —le pregunto observando las manos del chico, que se hacían puños ante la repentina pregunta de ella.
—Mas o menos, Aza es un buen tipo —sus ojos grises apuntaron a Akeno, quería verla—. No te lastimaría a ti o a Koneko.

Tobio sabía que Akeno proyectaba una imagen de confianza y coquetería, pero también entendía que, en el fondo, ella era una persona emocionalmente dependiente. Esa dependencia la hacía vulnerable de una manera que solo él parecía notar. Akeno necesitaba a quienes la rodeaban, a quienes amaba, para sentirse segura, para encontrar su equilibrio. Y aunque se mostraba juguetona y provocativa, Tobio podía ver más allá de esa fachada, notando el miedo y la inseguridad que ella intentaba ocultar.

Su preocupación por Akeno no se debía solo a la prueba HiME de Koneko o al caso de Jin Qian; era más profunda, más personal. Le preocupaba la forma en que ella se aferraba a quienes la rodeaban, buscando apoyo y estabilidad. Cada vez que la veía tan afectada por lo que ocurría a su alrededor, sentía una mezcla de dolor y responsabilidad. Quería ser ese apoyo que ella necesitaba, ser alguien en quien pudiera confiar sin reservas.

El hecho de que Akeno fuera tan dependiente emocionalmente le causaba una especie de angustia silenciosa. La veía esforzarse por mantener una apariencia de control, pero sabía que por dentro estaba luchando. Y eso lo hacía sentir aún más protector hacia ella. Quería aliviar esa carga, estar a su lado para que no se sintiera tan sola en medio del caos que parecía rodearla constantemente.

Cuando ella coqueteaba con él, Tobio lo tomaba con una mezcla de diversión y seriedad. Sabía que, en parte, era una forma de Akeno de buscar consuelo, de sentir que había alguien que se preocupaba por ella. Y aunque a veces él mismo se sentía desbordado por la intensidad de sus sentimientos hacia ella, nunca la apartaría. No podía. Su cariño por Akeno lo impulsaba a querer estar cerca, a ser ese pilar que ella tanto necesitaba.

Mientras el auto se dirigía hacia Grigori, Tobio no podía dejar de pensar en lo que le deparaba el futuro a ambos. Sabía que tendría que estar preparado para cualquier cosa, pero también sabía que lo más importante era estar allí para Akeno. Su bienestar y su felicidad eran su prioridad, y aunque no tenía todas las respuestas, tenía claro que haría todo lo posible por protegerla, por ser el apoyo en el que ella pudiera confiar. Porque más allá de todo lo que estaba sucediendo, lo que realmente importaba era que Akeno no se involucrase en cosas peligrosas o él no sabría que hacer… quería evitar tener que confrontar a su mentor, Azazel, no obstante, lo haría por ella.

Tobio hizo un esfuerzo consciente para concentrarse mientras estaban en el GO y se dirigían a Grigori. El reloj marcaba las siete en punto, y aunque intentaba mantener la mente en calma, sus pensamientos continuaban girando en torno a Akeno y todo lo que ella representaba para él. Mientras el auto se movía con rapidez por las calles, comenzó a trazar un esquema mental de lo que debía hacer una vez llegaran a las instalaciones. Sabía que debía centrarse en su trabajo, pero la idea de Akeno queriendo convertirse en una HiME seguía rondando en su cabeza, llenándolo de inquietud.

Por primera vez, Tobio se preguntó si no sería más práctico comprar un auto para él mismo. La posibilidad de tener un medio de transporte propio le daba una sensación de control que en esos momentos necesitaba desesperadamente. Control sobre algo, al menos, en un mundo donde tantas cosas parecían estar fuera de su alcance

Cuando finalmente llegaron a Grigori, Tobio se movió con determinación. Entraron directamente al piso donde se encontraba su despacho, un espacio que normalmente le resultaba familiar y reconfortante, pero que ese día se sentía algo distante, casi ajeno. Sin embargo, la rutina del papeleo le ofrecía un ancla a la que aferrarse. Comenzó a revisar documentos, organizándolos con una precisión inusitada, como si cada hoja que ordenaba pudiera ayudarlo a ordenar también sus pensamientos.

No era que Tobio fuera particularmente metódico por naturaleza, pero ese día sentía que necesitaba apegarse a un plan, a una estructura, para no dejarse arrastrar por la marea de emociones que amenazaba con desbordarlo. Akeno, con su charla sobre convertirse en una HiME, había desestabilizado su equilibrio interior, y la única manera de recuperar algo de paz mental era sumergirse en el trabajo, en las tareas que sabía manejar.

Mientras revisaba algunos expedientes, Tobio se dio cuenta de que Akeno se había ausentado. Recordó que ella había mencionado algo sobre ir a buscar café, y una leve sonrisa cruzó su rostro. Siempre tan atenta a los detalles, siempre buscando maneras de cuidar de los demás, incluso cuando ella misma necesitaba ese cuidado. La imagen de Akeno, con su habitual dulzura y su intento de aparentar fortaleza, se quedó en su mente, mezclando sentimientos de ternura y preocupación.

El sonido de la puerta abriéndose lo sacó de sus pensamientos. Akeno entró en la oficina con una bandeja en la mano, sobre la que descansaban dos tazas de café humeante. Su presencia, aunque esperada, le causó una sensación de alivio que no había anticipado. Ella le sonrió, esa sonrisa que podía iluminar una habitación entera y que, al mismo tiempo, dejaba entrever la fragilidad que tanto intentaba ocultar.

—Pensé que podrías necesitar esto —dijo Akeno, entregándole una de las tazas.
—Gracias —respondió Tobio, tomando la taza y sintiendo el calor a través de la cerámica. El aroma del café recién hecho llenó el espacio, creando una atmósfera que, por un momento, le permitió a ambos olvidarse del caos que se cernía sobre ellos.

Se sentaron en silencio durante unos minutos, disfrutando de la tranquilidad momentánea. Tobio observó a Akeno mientras ella daba un pequeño sorbo a su café. Había algo en su expresión que lo inquietaba, ella seguramente estaba pensando en la posibilidad de ser una HiME y lo que fuera que sea eso, algo que ni siquiera para él estaba claro las responsabilidades que llevaría dicha decisión.


—Akeno… —comenzó Tobio, rompiendo el silencio—. Sobre lo que dijiste en el departamento, acerca de volverte una HiME…

Ella levantó la vista, sus ojos violáceos reflejando la luz tenue del despacho. No había sorpresa en su mirada, solo una pequeña incomodidad… ¿acaso iban a hablar de ese tema? Si algo le pasaba, si un solo cabello albino era arrancado de la cabeza de Koneko lo empezaría a ver como a un enemigo si se ponía del lado de Azazel.

—Lo estuve pensando, Tobio. No quiero que Koneko pase por esto sola. Si puedo hacer algo para ayudarla, lo haré —su voz era suave, pero había una firmeza subyacente que dejaba claro que había tomado una decisión—. Si pasa la prueba… yo…

Tobio sintió un nudo en la garganta. Quería decirle que no lo hiciera, que era demasiado peligroso, que no soportaría verla arriesgarse de esa manera. Pero también sabía que intentar detenerla sería inútil. Akeno era dependiente, sí, pero cuando se trataba de proteger a quienes amaba, podía ser increíblemente obstinada.

—Solo te pido que no tomes ninguna decisión apresurada —articulo finalmente, eligiendo sus palabras con cuidado—. Vamos a investigar más sobre esto, ver si realmente es la única opción. No quiero que te pongas en peligro innecesariamente.

Akeno asintió, aunque él podía ver que sus palabras no habían cambiado lo que ella sentía. Sin embargo, agradeció que no insistiera en ese momento.
Ambos terminaron sus cafés en silencio, el peso de la conversación colgando en el aire como una sombra. Pero, aunque las preocupaciones no desaparecieron, al menos en ese instante, se sintieron un poco más conectados, más dispuestos a enfrentar lo que venía, sabiendo que estaban juntos en ello.

La oficina de Tobio en Grigori estaba sumida en una tranquilidad inesperada, interrumpida solo por el murmullo ocasional de los documentos que él pasaba con un ritmo casi ritualista. El estrés de la mañana y las preocupaciones que arrastraba parecían haberse aliviado, aunque solo temporalmente. La llegada de Akeno con el café, un gesto sencillo pero cargado de significado, le había dado un breve respiro de la inquietante realidad que enfrentaban.

Ya pasaban de las nueve de la mañana.

El sonido de un mensaje entrante en su celular lo sacó de sus pensamientos. Era de su compañero y amigo, Narumi, avisándole que el abogado Qian Jin había aceptado una reunión. Frunció el ceño al leer el mensaje, ya que Qian Jin era un nombre que había surgido en sus investigaciones recientes como un personaje clave en la red de manipulaciones legales que habían estado tratando de desenmarañar.

—¿Es de Koneko? Aún la Buchou no responde ninguno de los mensajes ni individuales o en nuestro grupo de Whats —su prima levantó la mirada ansiosa, necesitaba saber que todo estaba bien.

Negó con la cabeza y un suspiro salió de sus labios.

—Es sobre la reunión con un colega, Narumi la concreto y debo irme antes del mediodía —espetó Tobio mientras miraba el reloj, que marcaba poco antes de las diez ya. La pelinegra se giró hacia él para observarlo, ya había oído hablar de una supuesta reunión con Qian Jin—. Iré a hablar con dos personas antes. ¿Quieres venir?

Ella asintió.

—No sé qué esperar de todo esto, Tobio. Qian Jin no es alguien a quien tomar a la ligerasegún lo que has dicho —comentó Akeno, mirando a su primo con una mezcla de preocupación y temor por Koneko en sus ojos.
—Lo sé, lo sé… ¡Ahg! —respondió Tobio, asintiendo y llevando ambas manos a ka cabeza para sacudirse los cabellos negruzcos—. Pero tenemos que hacer algo. No podemos permitir que todo esto se salga de control, especialmente cuando está en juego la seguridad de Koneko y la posibilidad de que tú te conviertas en una HiME. Me niego a dejar que algo así como una pelea física co muertos ocurra delante de mis narices y más si te involucra a ti.
—Mejor vamos —Akeno se levantó de su silla, y Tobio asintió con decisión mientras recogía algunos papeles y los guardaba en su maletín. Salieron de la oficina, dirigiéndose hacia el ascensor, primero iría con Beelzebub y luego con Roxana. Durante el trayecto, el aire estaba cargado de una tensión palpable, Tobio desviaba su mirada hacia Akeno de vez en cuando, notando cómo se mordía el labio inferior, una señal clara de su ansiedad.

Cuando el ascensor llegó al piso deseado y las puertas se deslizaron suavemente para abrirse, el sonido del zumbido de un celular rompió el silencio que había envuelto el interior del pequeño compartimiento. Akeno, que había estado distraída con sus pensamientos se detuvo un momento con la mirada del mayor puesta en ella. La vibración del teléfono hizo que sus dedos se movieran instintivamente en busca del aparato.

Ella sacó el celular de su bolso, observando la pantalla con una mezcla de curiosidad y expectativa. Las notificaciones parpadeaban en la pantalla, indicando que había recibido un mensaje.  Akeno deslizó su dedo por la pantalla para desbloquear el teléfono, sus ojos se fijaron en el mensaje que acababa de llegar y en el remitente… Rias…

10:20 AM
@KING: ¡¡PASÓ LA PRUEBA, FUE GENIAL!! Obtuvo algo así como superfuerza o algo en sus músculos. Narumi tiene sus estadísticas y las está analizando en este momento. Iremos a Grigori… después de pasar por el hospital…

10:21 AM
@QUEEN: ¿Qué pasó? ¡¿Hospital?!

10:21 AM
@KING: Sí… Apareció el Rebel de Koneko y nos atacó… también conocimos a quien será su mentor…
 
10:21 AM
@QUEEN: ¿Ella está bien? No entiendo nada de lo que dices…

10:22 AM
@KING: Iremos al Hospital Juntendo, por si quieres venir. Es mejor que te lo diga en persona.

10:22 AM
@QUEEN: Iré, Buchou.

Levantó la mirada del aparato para dirigirla a su primo, quien suspiró con pesadez. Él también había recibido un mensaje de Azazel y otro de Narumi; el de Azazel decía muchas estupideces animadas sobre lo de las HiMEs y su poder, Narumi le pedía específicamente que no dejara ir a Akeno al Hospital Juntendo.

—¿Irás con ellas? —preguntó sin intenciones de detenerla, como le había pedido su roommates.
—Sí —con una mirada gélida volvió dentro del ascensor y sin despedirse se marchó de inmediato. Evidentemente estaba muy molesta.

El pelinegro mensajeo a Narumi:

10:25 AM
@IKUSE TOBIO: Akeno va hacia allá… he, te deseo suerte

10:26 AM
@NARUMI GEN: NOOOOoOoOoOoO, VIEJO TE PEDÍ QUE NO.

Una pequeña risa escapó de los labios de Tobio y guardó el celular en el bolsillo del pantalón. Iba a extrañar a Akeno, pero más quería ver la reacción de Azazel y Narumi teniendo que lidiar con la personalidad de ella enojada.

Inhalo aire y luego exhaló en un intento de recuperar su temple habitual, en momentos así le hubiera gustado poder contar con Azazel, definitivamente su guía le sería de utilidad… no era un niño ya para depender de él, eso lo sabía mejor que nadie.

Avanzó hasta el laboratorio de Beelzebub y llamó a la puerta sin hacer demasiado ruido, tardó unos minutos en abrir la puerta.

—Hola Ikuse —lo saludó sin mucha energía, traía una bata de médico, guantes, cubrebocas y gorro, una apariencia etérea que contrastaba enormemente con las ojeras profusas de los ojos del Beelzebub—. ¿A qué vienes? No recuerdo haber programado nada contigo…

La melodía “Air on the G String” de Sebastián Bach inundó rápidamente los oídos del pelinegro, era tan calmo que parecía una orquesta infernal… no se fiaba de Beelzebub, más si estaba involucrado con Qian Jin y Roxana Agriche.

—No, definitivamente no teníamos ninguna cita —balbuceó sin saber como proseguir—. ¿Estás involucrado con Qian Jin?

Beelzebub abrió más la puerta, mientras de fondo la melodía clásica cambiaba a una de Ludwig van Beethoven, Piano Sonata No. 14, Moonlight Sonata: Adagio Sostenuto, lo reconoció de inmediato,

—Pasa —una sonrisa escueta se formó en el sombrío rostro, supo de inmediato que Tobio sabía el nombre de la canción—. Eres el primero que reconoce la buena música.
—Mi mentor me enseñó, lamentablemente también quiso que supiera sobre el arte de conquistar damas —volvió a reírse algo sonrojado al explicar que no era tan increíble como Beelzebub lo hacía ver.
—Lo pude ver por tu actuación con la hija de Baraqiel la otra noche —el hombre camino hacia el libro de Dante Alighieri—. Ustedes dos serán un buen espectáculo para ver a futuro.

Tobio carraspeó de inmediato, intentando cambiar de tema; ponerse rojo no era algo a lo que estuviera acostumbrado y en cualquier momento eso sucedería.

—Mejor dime de qué sucede entre tú y Qian Jin.
—Ese tema deberías hablarlo con tu mentor —volvió a caminar hacia una mesa de operaciones, estaba en medio de una disección a algo que no era humano—, está mas interiorizado que yo en todo eso.
—¿Serás un problema en el futuro? —preguntó Tobio examinando lo que estaba sobre el frío metal.

La música hizo una última transición a otra de Ludwig van Beethoven: Symphony No 7 In A Major - 2nd Movement – Allegretto.

—Eso depende de ustedes —respondió alzando ligeramente los hombros.
—Lo esperaba… —volvió a reírse con cierta despreocupación—. Fuiste honesto, gracias. ¿Y Roxy?
—Seguramente, está ansiosa por ser reconocida por su querido padre —suspiró y viró la mirada a la mesa—. ¿Sabes quién es Xu Fu Rien? Ella me dio este pequeño amigo…

Al acercarse Tobio, aquella cosa tomó forma como de una masa verdosa y repulsiva. Tobio retrocedió un paso con la cordura agrietándose bajo la presión de lo que veía. Tentáculos carnosos se extendían desde su núcleo, retorciéndose como gusanos ciegos en busca de presa.

Beelzebub tranquilamente se acercó a la mesa de operaciones. Sus manos se posaron sobre una bandeja repleta de instrumentos quirúrgicos. Con una delicadeza macabra, seleccionó un bisturí de hoja curva, su filo reluciendo cortó en dos el núcleo de aquella cosa que siguió moviéndose aún después de ser cortada por la mitad, largando un líquido espeso y verdoso por la mesa.

—Que mierda —susurró el pelinegro con los ojos abiertos.
—Es un bulbo o algo así. La profesora Xu Fu Rien lo describió como un avance tecnológico… —dejó el instrumento filoso y empezó a anotar algunas cosas en una libreta que sacó de la bata.

######



Caminó con prisa por el largo pasillo del hospital, no le importaba nada más que su preciada amiga y el insultar hasta el hartazgo a esos tres imbéciles que habían metido en tantos problemas a una niña que apenas pasaba el metro cuarenta de estatura.

 —¡¡¡TÚUUUUU!!! —gritó con exasperación al ver al bicolor sentado en una de las sillas de espera frente a la habitación de Koneko. De inmediato fue hacia él y le arrancó de manos la Tablet que traía.
—OYE LOCA —de un salto se incorporó e intentó tomar el aparato—. ¡Agh, Himejima!
—¿¡LOCA!? —espetó llena de ira. Una discusión iba a iniciar, hasta que Rias pidió silencio llevando el dedo índice a los labios.
—Koneko está durmiendo —susurró la pelirroja y después se aproximó a Akeno para pedirle el objeto que tomó al chico—. Por favor —extendió la palama de la mano para que se lo diera.
—Está bien, Buchou —a regañadientes y con el entrecejo cruzado le dio la Tablet.
—Akeno senpai —del cuarto salió Xenovia, con un bostezo profundo que sacudió su cuerpo, y sus ojos se entrecerraron por un momento antes de volver a abrirse, llenos de somnolencia.

Las orbes violáceas de la pelinegro apuntaron con sorpresa a la joven de cabellos cortos que traía una pequeña venda en ambas muñecas y una curita en la mejilla, rápidamente miró a Rias con odio… ¿había metido en este lío a Xenovia? Ambas chicas eran sus kouhais

—Tranquila senpai, estoy bien —con una pequeña sonrisa se rascó la nariz—. No esperaba ver a una chica tan tranquila como Himejima enojada —rio un poco antes de que la presencia de la albina se hiciera presente al lado de ella.
—Akeno senpai… —la miró con el mismo rostro somnoliento que Xenovia, ella traía un cuello ortopédico y algunos vendajes en sus piernas y brazos—. No.

El semblante serio de la pequeña enfatizó la negativa, sabía perfectamente lo que estaba pensando Akeno.

Narumi se acercó con la Tablet en manos y le mostró la pelea de Koneko con la marioneta, el poder que obtuvo y el daño que recibió. Era una locura…


« Last Edit: September 15, 2024, 05:12:33 PM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Cho

He tenido un mes super ocupado, espero poder organizarme mejor para el que viene...

115.1.



La presentación de parte de Miranda Lot había terminado, y así, los presentes eran libres de disfrutar aquella vistosa y elegante inauguración nocturna de las actividades interdisciplinarias de universidades de todo el país.

Sin duda, el catering era uno de los servicios más llamativos, algo por lo cual los asistentes de todas las edades y rubros tenían un interés en común y a su vez facilitaba la comodidad necesaria para que todos pudieran entablar comunicación entre sí.

Por supuesto, había gente que simplemente apreciaba la comida gratis.

“Espere, ¿puedo agarrar otro?” preguntó Sora, quien ni bien probó uno de los bocadillos que había agarrado, supo que mejor se aseguraba a un par más. El mesero con gusto le extendió la bandeja nuevamente y le dejó tomar la cantidad que quería. “¡Gracias!”
“Oye, es apenas la primera tanda de cosas que nos lanzan, ¿no crees que deberías esperar a que haya más variedad?” preguntó Tomaj, encogiéndose de hombros en lo que el mesero continuaba ofreciendo los aperitivos a otros interesados.
“¿Por qué? Estos me gustaron mucho y mejor aprovecho a que todavía hay varios,” le contestó, frunciendo el ceño. “Además ya he asistido a muchas de esas ceremonias en contra de mi voluntad y ahorita se van a poner a servir cosas con caviar, aceitunas negras, anchoas o cáscaras, o quién sabe qué más. No quiero tener que obligarme a comer eso.”
“Hm, entiendo lo de los sabores fuertes, pero si algo aquí tiene cáscaras seguro que ni lo sentirías. Debe estar preparado bien,” observó Kytes, divagando.
“En serio, ¿qué es eso de cáscaras? ¿Acaso no comes frutas?” Riku rodó los ojos.
“¿Es tan raro que a alguien no le guste las cáscaras?” se defendió. “No me juzguen por eso.”
“¡Haha, las alverjas deben ser tu perdición!” Tomaj se rió con ganas. “Está bien, olvida lo que dije. Cómete esa papilla de bebé encima de una galleta que tanto te ha gustado. Aquí nadie te va a juzgar.”
“¡Si es así, déjame en paz!”
“Ehh, ya suficiente, Tomaj, por favor,” Kytes sonrió incómodo.
“Vaya, ustedes nunca van a cambiar,” Riku se dio un facepalm y negó. “Por cierto, ¿qué es de Luso? Llegó aquí con nosotros.”
“Se habrá ido a buscar a sus amigos o algo,” Sora se encogió de hombros. “Mejor para mí, así no tengo que aguantarlo todo el rato.”
“Es un aguante de ambos, los dos son igual de pesados mutuamente,” comentó Riku.
“Pero al menos deberíamos saber por dónde anda, sigue siendo muy joven,” Kytes sacó su celular. “Voy a preguntarle.”
“No, por favor, no lo alientes a regresar todavía,” Sora negó. Este se vio disconforme. “Además, no es por decir que somos remotamente parecidos, pero si te preocupas por él tal vez le fastidies y nos dé la contra.”
“O sea, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, entiendo,” Tomaj asintió.
“…” Sora le miró con recelo. “¿Por qué siento que te burlas de mí?”
“¿Oh? ¿En serio? Pues si lo sientes es porque no lo hice lo suficientemente evidente.”
“¡Oye!”
“Pero sí, deja al pequeño pawadan ser libre, y bien por ti que te libras de él,” Tomaj mantuvo su sonrisa traviesa. “Sólo no vengas llorando a nosotros si se lo come un orphan,” él se extrañó al notar a sus tres amigos mirarle con distintos niveles de espanto y alzó una ceja. “¿Qué? ¡Ah verdad que eso casi ocurrió el otro día haha!” y pasó a entretenerse al notarlos fastidiados. “¿Ahora qué? Yo lo salvé, ¿recuerdan? Tengo derecho a burlarme de eso.”
“No tienes remedio, Tomaj, no es gracioso,” le reprochó Riku, entrecerrando los ojos.
“Todos sabemos que Luso ya ha probado ser demasiado aventurero pese a su edad…” dijo Kytes, visiblemente preocupado.
“Tranquilo, Kytes. Este Sora de acá pasó por varias batallas entre HiMEs y Rebels además de abarrancar su auto cero kilómetros al mar por un puente en construcción y sigue con vida,” le recordó Tomaj, sonriendo sosegado. “Luso tiene su mismo ADN así que estará bien.”
“¡¿Cuándo van a dejarme olvidar eso?!” Sora estalló.
“Ni tu madre lo hará, creo que vi que tiene registrado ese hecho en su calendario del celular como si fuera un cumpleaños…” Riku negó.
“¡¿En serio?!” se quedó en shock.
“¡Haha, classic Julie!” Tomaj rió, y entonces los cuatro notaron a una perdida Hotaru que caminaba hacia ellos.
“Oh, Hotaru, ¿acabas de llegar?” preguntó Sora, sorprendido.
“Eh sí, perdón, tuve una práctica que tardó más de lo esperado…” ella asintió tímidamente.
“No tienes que disculparte con nosotros, está bien,” Riku se extrañó por su actitud.
“Puedes acompañarnos si quieres, todo acaba de comenzar también,” Kytes sonrió.
“Sí, eh, ¿la directora dijo algo?”
“¿Ah? No sé, lo usual de velar por nosotros los jóvenes y alguna otra palabrería,” Tomaj rodó los ojos. “Pero ya, no importa. La reunión va a hablar más sobre esos motivos que palabras en sí.”
“Si bien estoy de acuerdo, no tenías que decirlo así,” Riku dio un suspiro.
“Puedes ver que seguimos siendo disfuncionales como siempre, eh, siento la incomodidad,” dijo Sora, algo frustrado.
“Hehe, está bien,” Hotaru rió un poco. “Los vi conversar tan amenamente que me dio ganas de acercarme, siento si ando importunando. Se nota que son buenos amigos.”
“Supongo, pero más que nada todos se burlan de mí,” Sora sonrió rendido. “Más bien podríamos ir a buscar a los demás. Imagino que la directora habría pedido a que las HiMEs asistan.”
“Sé que sí, Osaka me había dicho sobre eso, así que andarán por algún lado,” Hotaru asintió. “Vamos en marcha. Seguramente Larsa también estará presente.”
“Eh, pues…” Kytes se apenó.
“¿Eh?” Hotaru se alarmó. El humor de los amigos pareció enturbiarse un poco. “¿Pasó algo?”
“No realmente. O sea, le había extendido la invitación a que viniera con otros, pero recién hace unas horas nos canceló. Dijo que se le había presentado un imprevisto con asuntos familiares o qué se yo,” dijo Sora. Se le vio disconforme. “Este Larsa parece que nos evade últimamente.”
“Debe estar lidiando con muchas cosas y no tiene por qué compartirlo con nosotros,” observó Riku. “Ahora no te resientas, no es contra ti.”
“Pero si es nuestro amigo, debería confiar en nosotros al menos, ¿no te parece?”
“Sí, pero… tampoco puede compartir ningún dato sensible…” comenzó Kytes, dubitativo.
“Sora, deja de pretender que sabes de lo que hablas…” Tomaj se encogió de hombros.
“¿Qué? ¿Y ahora qué quieres?” este frunció el ceño.
“Tomaj…” le reprochó Riku.
“¿Qué? Es cierto, y no pretenderé que yo sí sé el caso de tu amigo, pero ya deberías saber qué él tiene muchas cosas con las que cargar.”
“Pues con más razón debería decirnos, ¿no?” insistió.
“Y también que con muchas de esas cosas él nunca buscaría apoyarse en otros,” dijo indistinto, y a la vez con firmeza, a manera de evitar que Sora volviera a buscarle bronca.
“Tsk…” este se fastidió, pero sabía que era cierto. “Qué pesado ese Larsa, él nunca nos habló sobre lo que hacía… veo que no ha cambiado.”
“Sólo espero que no se trate de nada complejo…” Hotaru agachó su cabeza. “Al menos me alivia saber que esté inscrito en Hanasaki, pero siempre puede surgir algo.”
“¿Eh? ¿Te refieres a su afiliación a Rizembool? Pero si eso nunca fue su asunto,” Sora se extrañó. Ciertamente era algo que consideraba imposible a esas alturas. “Los que tenían conexiones con Rizembool eran sus antecesores. Ahora que él es el líder de su familia, ya no tiene por qué seguir con esas cosas.”
“En verdad él fue el aliado que nuestras amigas HiMEs necesitaron, ahora andará muy ocupado con sus obligaciones, pero sé que lo sigue siendo,” Kytes asintió, sonriente.
“…” por su parte, Tomaj y Riku intercambiaron miradas. Ambos sabían que esos puntos de vista eran demasiado simples, además de que ellos dos, como exRebels, tenían una mejor idea sobre la reputación de los Solidor. De todos modos, Riku frunció el ceño y en respuesta Tomaj sonrió entretenido, para entonces negar. No había punto de tocar ese tema.

Ambos sabían que en algún momento irían a oír más detalles de aquel de quien hablaban.

“En fin, yo nunca lo conocí tan bien como ustedes, pero sí sé que es un buen estudiante,” comentó Riku, frustrado. “Se perderá esta ceremonia, pero no toda la actividad. Seguramente nos encontraremos con él en los otros días.”
“Sí, ahora no hagan drama. Demos una vuelta por ahí, a ver si vemos a alguien conocido,” dijo el otro exRebel, en un intento de levantar los ánimos. “Heh, más bien me alegro por el Solidor. Este no tendrá que fastidiarse en corregir todo lo que haces, Sora. Ya te habría llamado la atención por acapararte la primera bandeja de aperitivos.”
“¿Por qué siempre buscas fastidiarme? No lo creo,” el otro se amargó.
“Eh… siento decirlo, pero al menos te habría hecho una observación,” Kytes sonrió apenado.

Hotaru volvió a sonreír. Le regresaban muchos recuerdos de cuando compartía el salón de clases con ellos en la secundaria. Pese a que cada vez se veían menos, seguían igualmente conectados.





“‘…la algarabía que evidencio sólo podría compararse con un goce que parte desde la identidad misma, tanto de la juventud a la cual pertenezco, como de las ilusiones que alimentan nuestros anhelos y esperanzas…’” comentó Hyuuga, mientras tomaba notas en un pequeño bloc en sus manos. Este joven peligris sonreía con humildad mientras observaba a sus alrededores con alegría y dicha, una que bien partía de su propia apreciación de que estaba con vida…
“Argh, ¿cuánto más debemos quedarnos aquí?” se quejó Taikogane, con un tic en la ceja. Sin duda no estaba dispuesto a compartir de aquel ‘goce’ que más bien parecía haberle hecho daño psíquico. El peliazul miró en una dirección, pero notó como la profesora de su aula a cierta distancia pasó de hablar entusiasta con un grupo de profesores de Hanasaki, a lanzarle una mirada de soslayo. Sabía que ni podía escaparse. “Es lo suficientemente malo que tengamos que vernos forzados a asistir. Encima tenemos que escribir un maldito ensayo. ¿Por qué mejor no hablamos sobre esto los primeros diez minutos de nuestra próxima clase y ya?”
“Expresarnos a modo de hablar suena a un ejercicio muy importante que no siempre tenemos el privilegio de hacer,” meditó Hyuuga, amablemente. “Aunque temo que diez minutos por persona tomaría más de una sesión de clase y dudo que tengamos suficiente espacio en el syllabus.”
“Eh, no, o sea, diez minutos en total y no todos hablan…” Taikogane casi se preocupó por pensar que tendría que hablar.
“Ah, pero no nos cuesta preguntarle si puede ser factible, quizás nos dé la razón…”
“¡No, para el coche! ¡Prefiero mil veces entregar un papel que tener que hacer una presentación! ¡Por favor no le des ideas!”

Entonces, Hakata, Shiro y Kuro se acercaron a ellos con varios bocadillos.

“¿Acaso oí que finalmente quieres hacer el ensayo?” preguntó Hakata, contento. “Heh, pues bien por ti, felicidades.”
“No, es Hyuuga acá que nos amenaza con una presentación oral por diez minutos,” reclamó Taikogane. “Y ustedes saben cuánta estima le tiene la maestra como para hacerle caso.”
“Oh, pero esa fue la idea que tú propusiste, Taikogane-san,” Hyuuga se vio confundido.
“Eh, no, pues, sólo esperaba que la gente diga que la pasó bien… ¿sabes qué? Olvídalo,” rodó los ojos. Ese chico de su clase era tan cuadrado y disciplinado que no entendería sus intenciones de haber buscado una salida fácil a la tarea. Dio un pesado suspiro. “Mejor encuentro un hueco donde pueda sentarme a revisar tiktok hasta que esto se termine.”
“No te desanimes, Taikogane-san, eh, esto es para ti,” Shiro le extendió un pequeño plato.
“¡Oh, muchas gracias!” el peliazul se alegró muy súbitamente y lo comenzó a degustar. “Hm, ¡está muy rico! Sé que Micchan va a hacer algunas de las comidas de esta noche, pero no creo que él haya sido responsable de esta… ¡Tendré que ir buscando a todos los meseros para probar todo lo que tienen!”
“Eh, claro, sólo no te olvides de la tarea, a menos que quieras entregar un ensayo culinario,” Hakata se encogió de hombros.
“Oye, déjame al menos alegrarme por algo ahora, no me lo recuerdes…”
“Hm…” Hyuuga bajó su mirada, meditabundo. “Si bien es cierto que un enfoque culinario desentona con el motivo de este encuentro, con un buen argumento y una conexión a nuestra naturaleza humana puede que desarrolles una lectura convincente…”
“No, Hyuuga, si bien suena a un buen desafío, Taikogane definitivamente no tiene la experiencia o el interés para llevarlo a cabo,” Hakata negó. En sí lo había dicho de broma, pero realmente era una meta válida para cualquiera que se lo propusiera. “¿Sobre qué piensas escribir, Shiro?”
“Pues…” este se vio en aprietos y se rascó la nuca. “Ehm… creo que yo… nunca he hecho esto antes…”
“¿Eh? ¿Asistir a una ceremonia como esta?”
“Escribir un ensayo… pero tienes razón, tampoco he venido a un evento así antes…” dijo con timidez y mirando al piso.
“¿En verdad?” Hakata se sorprendió.
“Pues bendito eres tú por llegar hasta este punto de tu vida sin tener que haber escrito un papel aburrido, créeme que no te pierdes de nada,” Taikogane asintió a un confundido Shiro. Entonces, el peliazul vio que, para variar, Kuro le miraba con el ceño fruncido. “¿Qué? Digo la verdad, escribir ensayos es de lo peor. O sea, al menos no hablamos frente a la clase, pero… oh verdad que nunca te he oído hablar, ¿cómo lo harías?”
“Kuro, por favor sé paciente con Taikogane-san, él hablaba con honestidad sobre sus disgustos y los extendía a Shiro de una manera empática, te lo aseguro,” dijo Hyuuga con rapidez y una sonrisa perspicaz. Con su observación, Kuro aligeró un poco su semblante, pero siguió con sus ojos fijos en el peliazul.
“En fin…” al menos Taikogane supo entender que mejor cambiaba de tema. Si había algo que detestaba más que la mirada incesante del mudo o que el lado erudito de Hyuuga, era ese raro lado calculador del mismo. Igualmente, no tenía idea sobre qué hacer. “¿Y qué se supone que hagamos aquí? Medio que las sillas y mesas más cómodas son para profesores y otros invitados adultos, y los otros sitios se ven aglomerados.”
“Pues nos toca pasear por todos lados. A diferencia de ti, yo sí quiero entregar un buen ensayo y necesito recolectar más información,” afirmó Hakata. Este sonrió a Shiro. “Y no te preocupes, todos te ayudaremos a escribir tu ensayo, Shiro. Verás que no es complicado.”
“Eh… sí…” asintió y sonrió un poco. “Muchas gracias.”
“Shiro, la ceremonia que asistimos es una conocida como formal, en la cual debemos interactuar con otras personas de manera cauta y amigable, a manera de mostrarnos positivamente ante otros y facilitar encuentros y conexiones a futuro,” observó Hyuuga, quien pasó a sonreír con algo de dicha. “Sin embargo, esta ceremonia es más libre y amena que la mayoría, debido a que el enfoque yace en los jóvenes quienes todavía no son juzgados al mismo nivel de los adultos. Precisamente, puedo percibir una atmósfera cómoda y festiva que busca hacernos sentir en nuestro elemento, y que a su vez nos hace conscientes sobre nuestras metas personales y posiciones en el ecosistema. Ese parecer es sobre el cual escribiré mi ensayo. Piensa sobre tu propio punto de vista para definir tu propio tema.”
“…sí, lo haré,” Shiro asintió obediente y decidido, aunque era evidente que continuaba algo perplejo del caso. Entonces, Sorita se les acercó corriendo.
“¡Hola, ya los encontré!” exclamó el recién llegado, entusiasmado.
“Ah, Sora, pensé que pasarías el tiempo con tus senpais,” observó Hakata.
“No, no han venido hoy, pero me aseguraré de contarles todo sobre la reunión,” él asintió efusivamente. “¡Haré un ensayo con todo lo que quiero compartir con Shisho y senpai! ¡Ese será mi tema!”
“Haha, pienso que ellos se sentirán muy honorados de leerlo, eres un buen chico,” Hyuuga rió y lo celebró.
“¡Haha, gracias!” dicho esto, Sorita tomó las manos de Shiro. “¡Hay que divertirnos mucho hoy! Veo que estás perdido, pero no te preocupes, ¡verás que la pasarás muy bien! ¡Si tienes alguna duda, puedes preguntarme!”
“Eh…” Shiro sonrió apenado. “Gracias Sora. Lo siento, siempre me estás ayudando mucho.”
“¡Es un placer, somos amigos!” entonces, Sorita se dirigió a Kuro. “¡Y tú también tienes mi ayuda por si la necesitas! ¡Acabo de llegar, pero haré todo lo posible!”
“…” Kuro le miró neutralmente y negó un par de veces.
“Eh, Kuro sí tiene experiencia con este tipo de formalidades, a diferencia de Shiro,” explicó Hyuuga a manera de intérprete. “De todos modos, él aprecia mucho tu voluntad Sora, al igual que yo. Te lo agradecemos.”
“Eh, pero no hay nada de interesante aquí, o sea, es obvio que estas ceremonias son para que los encargados se suban el ego o se hagan ver bien en frente de los demás,” dijo Taikogane, impaciente. “¿Qué se gana en medio de una gala para un evento que tiene competencias de clases o de deportes? Ya casi pareciera que los maestros nos han puesto aquí para aprender una lección que ni se molestaron en decirnos o para torturarnos… ¡oye!” tuvo que parar su lluvia de quejas cuando notó cómo Hyuuga andaba tomando apuntes. “¡¿Estás escribiendo lo que digo?! ¡N-ni se te atreva delatarme con la maestra!”
“Lamento las incomodidades, Taikogane-san, es sólo que valoro el punto de vista de cada uno de ustedes, y supuse que sería vital de comprender para mi ensayo,” contestó con su usual amable sonrisa. “Pero si tú quisieras escribir sobre lo que acabas de decir, entonces respetuosamente rescindiré mis notas.”
“Tch, haz lo que quieras, supongo, sólo no me hagas ver mal…” ya ni quería pensarlo más y resopló impaciente.
“Definitivamente el punto de vista dado con respecto a la utilidad de un evento lujoso para el prestigio de las universidades podría discutirse en una parte del ensayo…”
“¡P-por favor no te pongas a hablar académicamente conmigo! ¡V-vamos a caminar!” fue así que Taikogane terminó por tomar la delantera, nuevamente para descargar un tema por otro.
“Heh…” sin duda al menos Hakata disfrutaba al ver al otro tan ofuscado con formalidades. “Oye, Sora, ¿habrás visto a Onikiri?”
“¡Sí! ¡Parece que es voluntario como uno de los que ayudan a dirigir a los invitados! Lo saludé, pero me dijo que no podía acompañarnos,” contestó alegremente. “¡Pero espero que nos encontremos con él por ahí!”
“Así que voluntariado…” Hakata lo pensó y dio un suspiro. “¿Sabes? Yo había querido apuntarme a ser voluntario en esto también, pero me desanimé…”
“¿Por qué…?” preguntó Shiro, con curiosidad.
“Pues, es que soy muy corto de estatura, en un salón de eventos como este me sería muy difícil desenvolverme y hacer un buen trabajo.”
“Si no me equivoco, Onikiri tampoco es muy alto, aunque puede que su trabajo también se deba a que es un Rebel,” observó Hyuuga, pensativo.
“¿O sea los Rebels andarán por ahí como bouncers o algo? Suena ridículo,” comentó Taikogane. “A continuación veremos a las HiMEs repartir champagne vestidas como conejitas o algo.”
“Huhu, no creo que a mi onee-san le guste,” Sora negó.
“¿Y acaso tú mismo no tienes una prima HiME o algo?” preguntó Hakata. “Seguro que no apreciaría que digas eso.”
“Sólo digo, no hablo en serio, así que ni debería enterarse…” entonces apuntó a Hyuuga acusatoriamente. “¡Y no te atrevas a tomar nota de eso!”
“No lo haría, ¿por qué lo dudas, Taikogane-san?” preguntó el peligris, confundido. “¿Tu nivel de nerviosismo no se deberá a un cargo de consciencia interna? Deberías pensar en ti de ser así.”
“¿C-cómo que cargo de consciencia? ¡Si no he hecho nada malo!”
“Heh, fácilmente se podría argumentar lo contrario, y no se necesita tomar nota de algo así, si es tan fácil recordar,” Hakata rió un poco.
“¡Por favor no me hagan quedar mal!”
“…” Kuro continuó mirándole desaprobatoriamente. Ese mismo peliazul era quien se hacía ver mal, sin ayuda de nadie.



Eureka

LO LOGRÉ






A unos pasos de salir de la universidad, Eureka recordó que los guardias revisaban sus datos (y foto) en la computadora cuando sólo les dictaba su código de alumno.

Era probable que hubieran visto su antigua apariencia…

Pero qué extraño. No habían comentado nada al respecto.

¿Tal vez… aún era reconocible de alguna forma?

Su rostro no había cambiado. Seguía teniendo las mismas facciones de siempre, así como la estatura y contextura. Bueno, tal vez había subido unos kilos de más en los últimos meses. La ruptura y la depresión la habían motivado a salir a comer más a menudo. Aun así, la diferencia era casi imperceptible: sólo ella podía notarla cuando estaba cambiándose frente al espejo y veía que su panza estaba un poquiiito más… ancha de lo normal.

Ningún amigo le había mencionado algo al respecto.

Pero quizás… ¿lo hacían por pena?

¡Imposible!

Qué rabia. El entrenamiento con Mari y Kanan y el resto de chicas la había ayudado a ponerse un poco en onda. Era más ejercicio del que había hecho en los últimos 3 años, pero no bastaba para regular su peso.

“…”

Tenía que consultarle a alguien si se notaba. Eso era más importante que el misterio de los guardias confiados de las puertas de Hanasaki.

¡Ah! Oikawa podía ayudarla. Si mal no recordaba, le había confirmado que era enana y plana sin ninguna pizca de arrepentimiento un par de días atrás. Pero…

…Eureka suspiró al recordar su pequeño “problema”. No sólo le tendría que cuestionar sobre su contextura: el cambio de look también era una gran interrogante en su mente. ¿De verdad le quedaba bien el cabello blanco? ¿Qué tal el corte? ¿Y Los mechones que contorneaban su rostro?

Él sería el primero de sus amigos en verla después de Ryoji, Hizumi y Kanone. Los tres habían acordado en que el nuevo corte y color de cabello le asentaban bien, pero por algún motivo… la opinión de Oikawa le importaba más que la de ellos.

Un momento.

¿Por qué…?

“¡Eureka-chan!”

Una voz la trajo de vuelta a la tierra. En algún momento de su crisis existencial, había atravesado las puertas de salida de Hanasaki.

No demoró en reaccionar ahora que se encontraba fuera del campus de su universidad. Tardó unos instantes en divisar a Oikawa a pocos metros de su posición, ondeándole la mano mientras se acercaba a ella.

“¿¡Me reconoces!?” Le preguntó, muy sorprendida.
“Eh… ¿sí?” Oikawa la observó, extrañado. “¿No debería? ¿Te infiltraste a algún lugar o qué? Pero acabas de salir de Hanasa…”
“No, no. No es una peluca…” Eureka suspiró. “Es mi cabello.”
“¡Ah!” Su expresión se transformó en pura sorpresa. “¡Te cortaste el pelo!”
“Y me lo decoloré. Esa fue la emergencia de la mañana…” La HiME tuvo que luchar contra las ganas de volver a suspirar. “Pero ya luego te cuento todo lo que pasó anoche. ¿Qué me ibas a decir?”
“¡A-ah!” Oikawa saltó en su sitio. “¿Qué tal si te lo digo mientras caminamos a la puerta lateral izquierda? Así estarías más cerca de tu facultad, ¿no?”
“Sí. ¿Estás seguro de que no quieres entrar? Aunque no sé si nos hagan caso. El guardia no me dijo nada cuando le dicté mi código, pero quien sabe si ahora lo hará.”
“No entiendo. ¿No dijiste que era más fácil entrar de esa forma a la universidad?”
“¡Sí! Pero en el camino a darte el encuentro, recordé que ven las fotos y datos de los alumnos. Es probable que hayan visto la mía… y no cuestionaron que me viera tan distinta.”
“Bueno… yo te reconocí.”
“Tal vez porque me ves a cada rato. Y hablando de eso… tengo una pregunta muy importante.”
“¿Qué cosa?” Oikawa ladeó la cabeza, confundido.
“…” Eureka guardó silencio por unos instantes y, luego de suspirar hondamente, se armó de valor. “¿He subido de peso?”
“…”

Oikawa se quedó ahí pasmado… hasta que irrumpió en risas.

“¡PFFF! ¡PENSÉ QUE ERA ALGO IMPORTANTE!”
“¡ES MUY IMPORTANTE, TONTO!” Eureka lo golpeó en el brazo. “¡Siento que he subido unos kilos de más!”
“Yo te veo igual.”
“¡No seas buen amigo! ¡Sé sincero! ¡Como el otro día que me dijiste plana y enana!”
“¡Ah!” Oikawa se llevó la mano a la cara, frustrado. “¡De eso quería hablarte!”
“¿Eh?”
“Pero vámonos… no me gusta que estemos rodeados de tanta gente.”

Tenía razón. Las puertas estaban atiborradas de personas que ingresaban o salían de la universidad. Por darle prioridad a su conversación, ambos habían ignorado los codazos o golpes que habían recibido por parte de alumnos desesperados por escapar del encierro o de llegar a tiempo a sus clases.

“Sí, vamos.”

Oikawa y Eureka caminaron hasta llegar a la calle más aledaña. Guardaron silencio hasta cruzar el paradero, justo donde la zona se despejaba de la gente apurada y la calma se comenzaba a sentir en el aire. Los pocos transeúntes que se encontraban en los alrededores eran completos opuestos a la gente que acababa de pasar por sus lados.

Eureka rio al recordar que ella también debía apurarse: tenía clase en menos de 20 minutos… y estaba lejos de su salón.

Pero prefería perderse los primeros minutos de Realización de Audio y Video antes que dejar pasar la oportunidad de compartir una pequeña charla con Oikawa. Estaba tan acostumbrada a verlo casi todos los días que se le hacía extraño cuando no estaba a su lado.

Y no podía negar que se había distanciado un poco de él desde el lunes para evitar algún “accidente”: no quería mencionar nada sobre el fin de semana.

Lo que menos deseaba era preocuparlo.

Eureka se obligó a ignorar esos pensamientos y retomó la conversación.

“¿Vas a participar en las olimpiadas?” Le preguntó, curiosa.
“No. Mi prioridad es el campeonato.”
“Claro, claro.”
“Aunque si necesitan mi ayuda, no me negaría a darles una mano… ¡Pero!” Oikawa se detuvo en seco. “¡No vine a hablarte de eso!”
“Es cierto. Sigo sin saber qué querías decirme.” Eureka lo observó de reojo y lo imitó, girándose a encararlo.
“Quería…” Oikawa suspiró.

Tal parecía que estaban en competencia de suspiros.

“Quería pedirte disculpas por lo del lunes.”
“¿Eh?” Eureka estaba perdida por completo. “¿A qué te refieres?”
“Te grité cosas feas porque estaba desesperado…” Oikawa desvió la mirada al piso para no verla a los ojos. “Sentí que te atraía el compañero de unit de Haku-chan y eso me descuadró.”
“…” La HiME lo observó, atónita… hasta que algo hizo click en su mente. “…¿¡HiMERU-san!?”
“¡SÍ! ¡ES GUAPO!”
“Es que… no entiendo. ¿Te dio celos?” Eureka arqueó la ceja. “¿Quieres algo con él?”
“¡D-DIOS, NO!” Oikawa se indignó ante el comentario. “Bueno, sí me atrajo… tiene esa belleza etérea que es de mi tipo, supongo.”
“¿Como Souji?”
“Sí, como Souji-chan.”
“Mm.” Eureka asintió. “Te entiendo. Pero yo no quiero nada con él. Sí, como bien dices, es guapo y muy misterioso. Creo que toda la gente que lo ve pasar se enamora de él. Pero yo sólo quería preguntarle una cosa sobre Rinne.”
“¿Por qué?” Oikawa la observó, intrigado. “Haku-chan me dijo lo mismo…”
“…” Eureka optó por no cuestionar su comentario sólo para preservar la poca sanidad mental que le quedaba.

Aun así, no podía negar que le daba pena. De seguro el sobrinito de su amigo la vería distinto a partir de ahora gracias a lo que había conversado con el bobo de su tío.

“Espero que no estés hablando mal de mí con Kohaku.”
“¡NO! Sólo le dije que se me hizo raro que le pidieras el número de HiMERU-chan. Y me contó que no le parecía extraño. Tenía sentido que quisieras hablar con él… porque querías preguntarle por Rinne-chan.”
“Y no se equivocó. Es la verdad.” Eureka encontró una excusa rápida y se dio un par de palmaditas mentales en el hombro. “Me enteré… que es rebel.”
“¡¿QUÉ?!”
“¡Exacto! ¿Por qué un idol se metería en esa guerra? No entiendo.” Eureka suspiró por cuadrugésima vez en ese día. “Quise preguntarle sobre eso cuando salí a darle el encuentro en el pasaje el lunes, pero evadió mis preguntas como siempre. Estoy segura de que Niki tampoco sabe nada sobre eso porque Rinne siempre lo ha protegido. Y ¿Kohaku? Peor, aún. Es menor que los dos… no dudo que también le haya ocultado la verdad. Así que… mi única esperanza era HiMERU-san.”
“¿Y hablaste con él?”
“No, nada. Le mandé un mensaje… y no me contestó. Supongo que no se acuerda de mí o quizás anda muy ocupado.”
“Bueno, si gustas, podría decirle a Haku-chan que le hable al respecto.”
“¿Que le pregunte por Rinne?” Eureka ladeó la cabeza, confundida.
“¡No! ¡Que le mencione tu mensaje!”
“¡Ay, no!” Eureka se sonrojó de golpe. “¡Qué vergüenza! ¡No quiero molestarlo!”
“¿Pero no es importante?”
“Sí…”

Era cierto.

Pero le preocupaba sonar fuera de lugar. No lo conocía en absoluto y seguía sin confirmar el grado de cercanía que tenía con Rinne. Esas interacciones entre ambos en el café sonaron como de dos personas desconocidas que se habían visto obligadas a trabajar juntos.

Además, Eureka ya se había dado cuenta que era mejor acorralar al pelirrojo y obligarlo a hablar. Aun si Rinne rehusara dar respuestas y la provocara con una batalla… todo eso era mejor a encarar a Madara o confiarse de la ayuda de un extraño como Aventurine.

“¿Estás bien?” La mirada de Oikawa se veía cargada de preocupación.

Por un instante, vaciló.

Fue sólo por la milésima de un segundo.

“S-sí, claro.”

En silencio, rogó que su amigo aceptara aquella respuesta llena de inseguridad.




« Last Edit: October 11, 2024, 01:06:09 PM by Eureka »


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1010: September 10, 2024, 12:57:19 AM »

Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

Sayi :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 3329 palabras
Kana :: 0 palabras
Eureka :: 1582 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 0 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 4593 palabras


Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Miyu

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1011: September 10, 2024, 07:51:36 AM »
Un día los haré pequeños (tengo problemas con el tamaño en la note)



6 # I don't believe you, you're a liar. (B)

Tobio se marchó del laboratorio de Beelzebub tras intercambiar algunas palabras más, su mente estaba revuelta y perturbada, llena de malos presentimientos. Esa inquietud se intensificó cuando llegó al piso de Roxana Agriche y nadie respondió a su llamada. Ella no era de las que desaparecían sin dejar rastro; siempre había sido una mujer astuta y codiciosa, conocida por explotar su belleza y el poder de su apellido, perteneciente a una familia de mafiosos con oscuros negocios.

El móvil volvió a vibrar varias veces en el bolsillo del pantalón, interrumpiendo sus pensamientos. Rápidamente lo sacó y revisó las notificaciones.

11:00 AM
@AZAZEL: ¿Estás en Grigori? FUAAA me escapé para no tener que ver a Akeno. La hija de Baraqiel golpea fuerte. Lo sé, AHHHHHH

11:05 AM
@AKENO: MÁS TE VALE NO ESTAR INVOLUCRADO EN ESTO, TOBIO IKUSE.

11:07 AM
@NARUMI: Mi venganza con Aza será cruel… La loca casi rompe mi Tablet.

—¿Tobi? Qué raro verte aquí —la voz de Azazel, inconfundible con su tono despreocupado, resonó en el pasillo vacío.

Tobio se giró y vio al bicolor acercarse, con su habitual aire de superioridad mezclado con una pizca de humor.

—Azazel, necesito hablar contigo. Algo no está bien —dijo Tobio, intentando ocultar su preocupación—. Espero que nada de esto se relacione contigo.

El mencionado lo observó por un momento antes de asentir, comprendiendo que la situación era más seria de lo que parecía.

—Entiendo. Ven, hablaremos mientras vamos a la Universidad de Rizembool. Narumi ya me habló que te reunirías con Qian Jin, y quizás él pueda arrojar algo de luz sobre esto—respondió Azazel, ya encaminándose hacia la salida.

En pocos minutos bajaron por el ascensor y subieron al coche de Azazel, un vehículo elegante y discreto, que pronto se puso en marcha hacia la universidad. Durante el trayecto, Tobio le relató a Azazel sus preocupaciones y la inquietante desaparición de Roxana Agriche, el nombre de Rien Xu Fu y Beelzebub con esa extraña creatura. Azazel escuchó en silencio, sin interrumpir, aunque su expresión se fue endureciendo con cada detalle que su aprendiz compartía.

—Es evidente que algo confuso está ocurriendo —comentó el mayor de ambos finalmente, mientras tomaba un desvío hacia el centro de la ciudad—. Qian Jin está más involucrado en todo esto de lo que aparenta. Tendremos que confrontarlo.

El edificio de la Universidad de Rizembool, imponente en su arquitectura moderna, los recibió con su habitual atmósfera fría y calculada. Un asistente los condujo a una sala de conferencias minimalista, donde cada detalle parecía diseñado para intimidar.

Qian Jin los esperaba allí, sentado en la cabecera de la mesa. Su presencia era tan imponente como su atuendo impecable, y su mirada evaluadora se posó sobre Tobio y Azazel con una mezcla de interés y desdén.

—Bienvenidos —dijo Qian Jin con un tono suave pero firme, se acomodó las gafas cn el dedo corazón y les sonrió—. Me alegra que hayan venido. ¿Supongo que quieren discutir de algo? No me queda claro a que han venido aquí, espero sea un asunto grave o habré perdido valioso tiempo.

Tobio, tratando de mantener la calma, tomó la palabra.

—Sí, señor Qian. Estamos aquí para entender mejor su involucramiento en los recientes eventos que han afectado a nuestras amigas y colegas. Nos preocupa profundamente el impacto que esto puede tener en la vida de ellas —articulo, aunque realmente no sabía que exigirle o preguntarle. Azazel se mantenía al margen acariciando su barba tupida.

Qian Jin esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—Ah, la prueba HiME. Un proceso fascinante, ¿no creen? Desafía a los participantes de maneras que pocos pueden comprender. Pero más allá de eso, ¿qué les preocupa exactamente sobre mi rol en esto?

Azazel, que había estado escuchando en silencio, decidió intervenir.

—Qian, hay serias dudas sobre la ética y la legalidad de algunas de las acciones que has tomado. Nos hemos enterado de ciertos acuerdos y manipulaciones que parecen estar en juego. Queremos asegurarnos de que todo esto se maneje de manera justa.

Qian Jin se reclinó en su silla, adoptando una postura relajada que contrastaba con la tensión en la sala.

—Mis acciones están perfectamente alineadas con la ley y los deseos de mis clientes —respondió con frialdad—. La prueba HiME es parte de un sistema más grande, uno que tiene sus propias reglas y dinámicas. Yo no estoy involucrado con nada de eso en Rizembool, por si es lo que les preocupa. Cualquier duda sobre mi integridad, les sugiero que la lleven a los canales apropiados.

La conversación continuó, pero Qian Jin manejaba las preguntas con habilidad elusiva, frustrando cualquier intento de obtener respuestas claras. Cada vez que parecía que estaban a punto de descubrir algo, Qian Jin encontraba una manera de evadir o desviar la conversación.

Al final de la reunión, mientras salían del edificio, Tobio sintió una mezcla de derrota y falta de habilidad. No habían obtenido la claridad que buscaban, pero sabía que no podían rendirse. Azazel, a su lado, también parecía preocupado, pero su mente ya estaba trabajando en lo que debían hacer a continuación.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Tobio, mirando a Azazel.

—Volveremos a Grigori —respondió Azazel—. Necesitamos revisar toda la información que tenemos y preparar un plan de acción.

El viaje de regreso estuvo cargado de una sensación de urgencia. Sabían que el tiempo jugaba en su contra, y las decisiones que tomaran en las próximas horas serían cruciales para el futuro de Koneko, Akeno y quizás muchos más. La batalla por la verdad apenas comenzaba.

######


—Un tema algo complicado —Xenovia espetó con el ceño fruncido. Le habían comentado sobre ser una HiME y que Koneko había pasado la prueba—. Ese enano será un problema —suspiró recordando al pequeño ágil que atacó a la pequeña gatita.
—Es culpa de Buchou y Azazel —cruzada de brazos estaba lejos del grupo, con la cabeza girada hacia un costado y negándose a ver a la cabecilla de los Gremory.
—Al menos es un alivio que no me culpes a mí —se mofó el único hombre del grupo.
—Eres alguien insignificante —espetó llena de indiferencia.

Los cinco aún seguían en el hospital, aunque ya se estaban alistando para marcharse de allí.

—Le mandataré un mensaje a Aza —con un suspiro empezó a teclear en el celular.

13:23 PM
@NARUMI: Aza, ya nos estamos por ir del hospital.

—Necesito comer —Koneko puso mala cara y observó al grupo entero—. Mi estómago está al límite. Comida, Co-mi-da.
—Pidamos algo en Grigori —Rias respondió, acariciando la cabeza de la menor.

Xenovia observó a Koneko con una mezcla de exasperación y afecto. Aunque la gatita había demostrado ser una guerrera feroz durante la prueba HiME, seguía siendo la más joven del grupo, y su insistencia en algo tan simple como la comida le recordaba a todos que, a pesar de todo, aún era una niña.

—Vamos, Rias tiene razón. Podríamos pedir algo en Grigori mientras discutimos los próximos pasos y analizo más a fondo las estadísticas de Koneko —sugirió Narumi, guardando su dispositivo en un bolso que traía antes de dirigirse hacia la puerta de la habitación en el hospital.
—Que sea ramen —añadió Akeno con una sonrisa tranquila—. Nada como una buena comida para recuperar energías después de todo lo que ha pasado.
—¿Ramen? —Narumi levantó una ceja, medio sorprendida—. ¿Eso es lo que se te antoja? Y yo que esperaba algo más calórico como hamburguesas del Mc.
—Quiero papas fritas y youkan para el postre —replicó Koneko sin perder su semblante inexpresivo—. O un McFlurry Oreo.

Xenovia asintió con entusiasmo, sus ojos brillando al escuchar la mención de la comida. Aunque las tensiones seguían siendo altas, la idea de una buena comida en compañía parecía aliviar un poco la atmósfera.

—Entonces serán hamburguesas, papas fritas extras, McFlurry Oreo, Ramen de res y youkan —confirmó Rias, sonriendo ante la idea de un pequeño festín—. Vayamos a Grigori y pidamos todo antes de que Koneko empiece a morder a alguien.
—Más te vale que sea buena comida —murmuró la más joven del grupo, apretando los puños como si estuviera lista para enfrentar cualquier cosa que no cumpliera con sus expectativas.

Akeno carraspeó llevando una mano hecha puño a su boca y con timidez habló:
—Un café del Mc Donald’s viene bien también —desvió la mirada para evitar hacer contacto visual con alguno de ellos.

Con el plan establecido, el grupo salió del hospital y se dirigió a Grigori, un lugar que ya se había convertido en una especie de refugio para ellos. Mientras caminaban, Xenocia no pudo evitar pensar en lo que les esperaba. Aunque la prueba HiME había terminado, la verdadera batalla parecía estar a punto de comenzar y de alguna manera se había involucrado en ello… no quería hacer la vista gorda y evadir ese conflicto, más cuando involucraba a Koneko.

Cuando finalmente llegaron a Grigori, el ambiente relajado del lugar contrastaba con la tensión que habían sentido durante las últimas horas. Azazel ya los esperaba en una de las mesas del comedor principal, su expresión despreocupada pero con un brillo en los ojos que indicaba que estaba al tanto de todo lo que había pasado.

—Ah, llegaron justo a tiempo. Ya he ordenado todo y está en camino. Rias me mandó un mensaje —dijo Azazel, levantando una vasija de sake en su dirección—. Ahora, antes de que comamos, ¿por qué no discutimos lo que sigue?

El grupo se sentó alrededor de la mesa, y Azazel tomó la palabra nuevamente.

—Tenemos varias piezas del rompecabezas, pero nos falta la conexión clave entre Qian Jin, Beelzebub, Roxana y Rien —comenzó, mientras tomaba otro sorbo de sake —. Qian Jin no soltó nada en nuestra reunión, pero hay algo que no está sumando. Necesitamos averiguar qué es.

Tobio asintió pensativo.

—Es posible que Beelzebub tenga más información, pero acercarse a él será complicado. Nadie se acerca a ese laboratorio sin una buena razón. ¿Es tu amigo, Narumi?
—No es mi amigo y Roxana Agriche tampoco —añadió Narumi, su voz neutral sin mucha preocupación—. No podemos ignorar que ella podría tener la clave para desentrañar todo esto. Y Rien Xu Fu… da cátedra en Rizembool.

Koneko, mientras tanto, seguía concentrada en la comida que aún no llegaba, pero escuchaba atentamente a cada uno. Finalmente, alzó la vista.

—Entonces, ¿qué vamos a hacer? —preguntó con la sencillez directa que la caracterizaba.
Azazel dejó su copa sobre la mesa y los miró a todos, su mirada más seria que de costumbre.

Azazel dejó su vasija sobre la mesa y los miró a todos, su mirada más seria que nunca.

—Nos dividiremos en dos equipos. Uno investigará más a fondo en Rizembool, especialmente en el entorno de Qian Jin y sus asociados. El otro intentará localizar a Roxana. Necesitamos respuestas, y las necesitamos ahora.

El plan fue aceptado con unánime acuerdo. Todos sabían que lo que estaba en juego era la vida de sus amigas. Terminaron su comida en relativo silencio, cada uno perdido en sus pensamientos sobre lo que les esperaba. Pero al menos, por el momento, la paella y el youkan habían cumplido su propósito: darles un momento de tranquilidad antes de la tormenta que se avecinaba.

El ambiente en Grigori era relajado, pero la tensión en la mesa se palpaba mientras esperaban la llegada de su comida. Akeno jugaba con su cabello, Xenovia estaba mirando su celular y Rias igual, mientras Koneko miraba con impaciencia hacia la puerta. Azazel seguía tomando pequeños sorbos de su sake, mientras Narumi y Tobio intercambiaban miradas cómplices, ambos conscientes de la gravedad de todo aquello.

Unos minutos más tarde, la puerta del comedor se abrió, y un asistente de laboratorio entró llevando una bandeja enorme llena de comida. Su bata blanca ondeaba ligeramente mientras caminaba hacia la mesa, su expresión seria pero profesional.

El empleado comenzó a colocar cada plato frente a ellos con rapidez, que indicaba su experiencia en el servicio a Azazel y sus inusuales demandas.

Primero dejó las hamburguesas y las papas fritas extras frente a Koneko, después a Rias y Gen Narumi, cuyo rostro se iluminó de inmediato. Las hamburguesas eran jugosas, con queso derretido asomándose por los lados y el pan perfectamente dorado. Las papas fritas crujientes y doradas estaban apiladas en un pequeño cono de papel, acompañadas de varias salsas.

A continuación, colocó un tazón humeante de ramen de res a Tobio, Xenovia y Akeno, quien inhalaron profundamente el aroma reconfortante del caldo rico y especiado. Los fideos, perfectamente cocidos, se mezclaban con finas tiras de carne de res, cebollines frescos y un huevo cocido al punto.

El McFlurry de Oreo fue depositado delante de Azazel, quien tomó inmediatamente la cuchara y sonrió ante la mezcla cremosa y fría, llena de trozos de galleta que prometían un dulce contraste con el helado de vainilla.

Finalmente, el asistente colocó un pequeño plato con porciones de youkan y una taza de café de McDonald’s frente a Akeno. El café humeaba, desprendiendo un aroma familiar que la hizo suspirar de satisfacción. El youkan, una delicada gelatina de frijol rojo, brillaba con una textura lisa y densa, lista para ser disfrutada como un pequeño capricho dulce.

—Eso es todo, disfruten su comida. Más tarde traeré los McFlurry para todos —dijo el asistente antes de retirarse en silencio, dejando al grupo con su festín.

Koneko no perdió tiempo. Agarró una hamburguesa con ambas manos y dio un mordisco grande, cerrando los ojos mientras saboreaba el primer bocado. Las papas fritas pronto siguieron el mismo destino, una tras otra desapareciendo rápidamente. Akeno, por su parte, tomó un sorbo de su café antes de probar el youkan, dejando que la dulzura suave y el sabor terroso del frijol rojo se mezclaran en su paladar.

Azazel disfrutaba su McFlurry a pequeños bocados, añadiendo sake de por medio en su boca mientras Koneko observó el ramen de Xenovia un instante, con algo de envidia, aunque estaba demasiado concentrada en su hamburguesa y las papas. Xenovia, sin embargo, se deleitaba con el ramen, tomando cada bocado con cuidado para disfrutar del caldo sabroso y reconfortante.

La conversación había cesado, y por un breve momento, la única preocupación era disfrutar de la comida frente a ellos. Aunque la amenaza seguía latente, este pequeño respiro en compañía de una buena comida les permitió recargar energías y centrarse en lo que vendría después.

Cuando terminaron, el lugar en la mesa se había suavizado. Aunque la tensión seguía presente, la comida compartida había forjado un lazo más fuerte entre ellos. Sabían que la tormenta aún se cernía sobre ellos, pero por ahora, habían encontrado un breve respiro en medio del caos.

« Last Edit: September 17, 2024, 09:58:15 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
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Miyu

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1012: September 23, 2024, 07:25:11 AM »
Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.
« Last Edit: February 20, 2026, 05:17:32 PM by Miyu »

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Kana

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1013: September 29, 2024, 07:13:22 PM »
No pensé que me iba a quedar así de largo jaja

—No entiendo qué pasó. — Kana se veía discretamente preocupada.

Generalmente era fría de ánimo, incluso media insensible sin darse cuenta. No se le notaba mucho cuando estaba preocupada, molesta o al menos trataba de disimular bien en frente de los demás para ahorrarse “correcciones” innecesarias.
Siempre había sido así, toda la angustia se bloqueaba en su interior desde temprana edad ante el estrés de pertenecer a una familia ancestral exigente, soportando a un tío y primos que la menospreciaban, acostumbrándose a las extrañas circunstancias de “protección” de un padre psicopático, apaciguando la ausencia de una madre que apenas conoció.
Perfectamente podría ser una persona ansiosa que sucumbiera al estrés y se quedase por mucho tiempo acostada en cama para evitar las exigencias de la vida. Pero prefirió ser firme y resistente, porque era demasiado orgullosa para demostrarle debilidad a su familia y, aunque no quisiera admitirlo, se sometía a esa estructura de seriedad para poder darle estabilidad a su hermano Ryota.
¨odiaba¨ a su medio hermano menor, pero suponía que la sangre tiraba mucho porque, prácticamente, toda su vida lo protegió de algún modo.
Incluso en su tiempo cuando fue Sukeban cuando huyó del distrito Nakiri. Aun así se las arreglaba para cuidar del idiota de Ryota. El mal agradecido hasta ahora le seguía diciendo que era ruda y ruin, pero, si no era así seguro Ryota no sería quien es hoy en día.

Pero hoy, no era esa Kana. Ahora era una chica con mucha confusión y la incertidumbre la estaba agobiando. Lo que más pedía era que Ryota no la viera en ese estado. Tal vez le podría perder el respeto que le tiene.

Allen analizó la situación de su amiga, igual de preocupado. Por más que tratara de buscarle un sentido no se le ocurría nada ingenioso salvo pensar que la larga ausencia de un Key para la segunda temporada de HiME le estaba pasando la cuenta a Kana.

—Sólo puedo pensar en que es porque no tienes Key. Creo… que eres de las únicas que no tiene Key y era demasiado fantástico que tuvieras el nivel que tenías sin el complemento de toda HiME.
—Eso no tiene sentido… Si es por ello, mis poderes debieron desaparecer hace mucho. Cain hace AÑOS que no es mi Key. Incluso… creo que en la última batalla de las HiMEs contra los Rebels hace muchos años atrás ya las cosas iban mal entre nosotros. Estaba raro y pensé que se estaba distanciando, aunque no lo dijera.
—Tal vez quedaste con una “carga” de poder de ese tiempo y ya se agotó. Como una batería.
—…— A Kana le molestaba asumir que Allen podría tener razón. —¿Existe alguna otra hipótesis?
—¿Dices que estabas practicando con Inui y luego perdiste tus poderes? ¿Has notado algún cambio desde que empezaste a pelear con él? Porque coincide su presencia con tu declive. Tal vez, ¿será Rebel encubierto?
—Allen, Inui apenas salió de la cárcel hace unas semanas. Ha pasado los últimos dos años encerrado en un calabozo. Dudo que Rizembool sea tan creativo de hacer Rebel a un preso para que esté pastoreando con los poderes en una cárcel. Aunque…— la peliblanca se tomó el mentón, pensativa. —Cuando perdí mis poderes en su presencia dijo que conocía a alguien que pasó por lo mismo. No creo que Inui conozca una HiME… Se me hace imposible que alguna HiME se le quiera acercar salvo yo… Huh. Pero me dio curiosidad que supiera del tema.—
—Yo creo que Inui es más que un simple ex convicto. Pero aun así, la posibilidad de que él haya quitado tus poderes no parece más real que la de que la ausencia de Key sea la causante de la tragedia.
—Pues si es así, perfectamente puedo luchar contra Rizembool sin poderes. No necesito un Key.
—Quizá Ryota podría ser tu Key. Yo puedo ser tu Key. O incluso Yato podría. Kana, no te cierres a las posibilidades de pedir ayuda.
—No es tan simple tener un Key. No es seleccionarlo y ya. Si fuera por eso, muchas de las HiMEs no tendrían por Keys a quienes tienen. Es algo que se da.
—No se me ocurre que otra respuesta darte a tu problema. —
—…— Allen resultaba ser peor ayuda que Alexa, Siri y Meta todos juntos. 
—Pero sí conozco a alguien que pueda saber. ¡Y antes de me ataques o digas que él es un psicópata primero escucha lo que voy a de--—
—También pensé que él podría tener una respuesta.
—¿Eh? — Allen abrió enormemente sus ojos en sorpresa ante las palabras de Kana.
—¿Podrías… preguntarle?
—Vaya, esto no me lo esperaba. Se nota que estás desesperada. —
—…—
—Le preguntaré. Aunque se demora en responder y ahora debe estar muy preocupado… Suele demorarse un mes en responder mis mensajes cuando estamos en buenos términos y no está aplicándose la ley del hielo. 
—¿Y en qué términos están actualmente?
—Bueno… Estamos distanciados. Se enteró que lo tengo en mis contactos con el apodo de “Chernobil” y dejó de hablarme y yo dejé de hablarle desde que borró todos mis contactos de mi celular y bloqueó a Lavi.
—Que diablos con su relación de amistad tan tóxica. En fin, ¿No puedes ir a Rizembool a preguntarle?
—Es que… está en Inglaterra.
—Bueno… Puedo usar lo poco que me queda de poder para aparecernos en Inglaterra.
—¡Estás loca! ¡Eso es peligroso! ¿Qué tal si se te agota el poder a medio camino y quedamos partidos por la mitad en medio de la nada?
—Es una posibilidad…
—También existe comprar un par de pasajes. Y, quizá cuando estemos cerca de su castillo puedes usar tu poder para infiltrarnos en su interior. Es imposible burlar la vigilancia de la policía Lancaster Hargreaves. — Antes que Kana le preguntara por qué no simplemente le hablaba a Cain para recibirlo, él le sacó de esa duda. —Me tiene con la ley del hielo desde la última vez. Recuérda.
—¿Y eso es taaan grave? O sea, no creo que esté enojado por el resto de su vida.
—No creo que esté enojado. Más bien, se olvidó de mi existencia.— Allen juntó sus palmas. —Dejemos de lado nuestra relación de AMBOS difícil con Cain. Tenemos que buscar pasajes económicos y que sean sin escala a Inglaterra.
—¿Tenemos dinero como para comprar pasajes sin escala?
—Tengo algo de la mesada que me dio Cain el mes pasado.
—¿¡Por qué te da mesada!?
—Porque me paga para que no lo moleste jaja…Y es irónico porque usaré ese dinero para ir a molestarlo. ¿Tienes algo de dinero que puedas aportar?
—Tengo… algo de dinero que sigue llegando a mi cuenta desde depósitos automáticos de Cain.
—WTF, ¿Y a ti por qué te deposita?
—Eh… Cuando íbamos a la escuela, él me depositaba en CONTRA de mi voluntad dinero a mi cuenta para apoyarme en mis proyectos cuando eramos amigos. Supongo que se olvidó de cortar ese financiamiento y como me tiene bloqueada no puedo notificarlo de que deje de hacerlo. Le pedí a Henry que le entregara el mensaje pero parece que se olvidó.— Kana le muestra la cuenta con depósitos a Allen.
—Déjame ver… No es mucho pero si juntamos nuestros dineros podemos conseguir algo decente. Oye…— Allen se dio cuenta de un detalle. —Son dos cuentas Lancaster Hargreaves distintas las que te depositan.— notó que la expresión de Kana era de auténtica sorpresa. —Sí, esta es de Cain.— la apuntó. —Pero esta es de Henry. ¿Por qué Henry te deposita dinero?
—¡GOD!— Kana se ruborizó, consternada. —Nunca me di cuenta de esto. Él pagó hace tiempo mi estadía en el Hospital pero pensé que se quedaba en eso. Pero veo que me sigue depositando. Tengo que decirle a ambos que se detengan.
—Déjalos. Los ricos tienen tanto dinero que no saben qué hacer con ello. Cain lo debe hacer por lástima, pero Henry lo hace porque es un buen ser humano.

Ambos decidieron quedarse esa noche en el templo de Yato y junto con el dueño de casa se desvelaron casi toda la noche captando un vuelo al que pudieran acceder de última hora. Por suerte encontraron un par de asientos que fueron liberados en última instancia y no dudaron en tomarlo. Cómo quedaban sólo horas para irse al aeropuerto sólo les alcanzó el tiempo para hacerse de una mochila cada uno (Allen tuvo que llevarse ropa que Yato le prestó)  y compraron útiles de aseo y snack en el camino.

Casi un día de viaje y cuando pisaron tierra inglesa casi caen mareados al piso por tantas horas sin dormir, estrés, y jetlag. La HiME quería dormir un par de horas y le preguntó a Allen si les quedaba dinero para rentar algún hotel barato pero el peliblanco le dijo que era mejor ir directamente al castillo Lancania para solucionar los problemas que la HiME tenía, temiendo que si dejaban pasar más minutos los poderes desaparecerían por completo y no podrían escabullirse en el castillo por medio del mismo poder.
Apenas les alcanzó el tiempo para tomar una ducha y comer en el mismo aeropuerto. Kana se sentía destruída.

—Siento que voy a morir…— dijo Kana, mareada, con unas ojeras horribles y destartalada.
—Todavía nos quedan demasiadas horas hasta llegar al castillo. Tenemos suerte de que Cain esté con su familia en Londres. Él suele arraigarse en su palacio en Yorkshire cuando viene a Inglaterra.
—¿Cómo es que yo me veo así y tú te ves regio?— miró el reflejo de ellos en un ventanal. A diferencia suya, Allen parecía verse fresco y listo para una jornada de 24h más.
—Estoy acostumbrado a ir y venir de Inglaterra a Japón y viceversa.— el joven sonrió.



—Ah, aquí estás. Decepcionante como siempre. — Gilbert negó con la cabeza, soltando un suspiro. Encontró a uno de sus hijos en la biblioteca. Con un vaso de whisky en la mano mientras que con la otra hacía girar despreocupada y perezosamente el globo terráqueo. A Gilber lo único que le importaba de esa escena es que no estropeara el globo terráqueo con incrustaciones de zafiro y diamantes. Posó su mano sobre el globo terráqueo, parando su girar. —¿Qué haces escondidos aquí? Te dije que esperaras en el despacho principal. Deberías estar atento de la llegada de tu prometida.
—¿Qué más da? Ni siquiera me dejaste escoger. Bueno, como todas las esposas de tus hijos, eres tú el que las selecciona. No necesitas mi aprobación así que… ¿para qué esperarla?
—¿Aún estás molesto por la boda?
—Quería vivir mi viudez como un hombre honorable. — dio un sorbo largo a su vaso.
—Querías, más bien, vivir una vida promiscua. Eso no es ejemplo para tus hijos y no seguiré pagando a los medios para ocultar tu… torcida vida.
—Perfectamente podrías ofrecer en matrimonio al buen samaritano de Claude. Él está viudo también. O a uno de tus amados nietos mayores, Cain y Henry ya tienen edad para tener esposas. Al menos Cain parece más espabilado, pero Henry… Ése necesita orientación urgente.
—Claude tendrá que casarse en su momento, pero aún necesita recuperarse. Su matrimonio con Diana era por amor, queramos o no. El tuyo con tu difunta esposa era por interés como el del resto de tus hermanos. En fin, no vas a espantar a otra candidata porque ésta ha aceptado la oferta de matrimonio sin interesarse en conocerte.
—…— “Debe ser un vejestorio con sífilis y muy desesperada” no le extrañaría que su padre le consiguiera una sesentona para esposa con tal de tener su fortuna. —Y, dime, admirado padre, ¿pudiste al menos escoger a alguna Lancaster decente para tu desterrado hijo? — La categoría “desterrado” de Anastacius era más digna que la de “bufón” que le dio su padre a su hermano Vincent.
—No posee apellido Lancaster, pero tenemos un vínculo sanguíneo ancestral con su familia. Ven, ven a verla. Me agradecerás luego. — le quitó el vaso de whisky y se fue de la sala.
—…— Anastacius le siguió en silencio.

Al entrar en la sala principal a Anastacius le llamó la atención encontrar a una mujer sentada en los caros sillones, rodeada de algunas damas que habían viajado con ella, todas usaban una especie de velo que daba algo de escalofríos. Dos de las acompañantes llamaron rápidamente su atención, una en particular era más cercana a su “prometida” porque estaba sentada a su lado susurrando algo que nadie más que ella escucha y le roba una sonrisa a la enigmática mujer. Pero la que más llamó su atención fue una joven de cabello rojo y ojos intensamente ámbar. Era la única de la cofradía que no usaba velo ni vestidos elegantes, ella usaba una camisa blanca y un pantalón negro. Se veía muy joven.
Su futura esposa llevaba un velo morado oscuro cubriendo su rostro y silueta. Algo iba mal, ¿tendría alguna deformidad en el rostro y por eso no se mostraba? En cambio, la dama que estaba a su lado también llevaba un velo, pero a diferencia de su “prometida” ésta dejaba ver su aniñado y pálido rostro, como también algunas hebras plateadas de su cabello. Hasta ahora, a Anastacius le estaba llamando más la atención la compañía que la prometida.
En la sala también estaba su sobrino Cain, quien prefería mirar por la ventana y excusarse sutilmente de la reunión sin necesidad de escapar. Anastacius entendía que debía estar presente como testigo de su abuelo, quien lo estaba educando para ser el próximo monarca de la dinastía Lancaster. Cómo detestaba el hecho que ese “hijo del demonio” fuera el próximo en la línea de sucesión de la “corona” Lancaster. Cain se le hacía siniestro.
También estaba Henry, demasiado silencioso y discreto para ser el “sol de los Lancaster” “¿Qué le pasa a este niño? Parece medio muerto… No está cumpliendo el rol que se le dio” 
Al otro costado de la sala estaba su odiado hermano Claude con su cara inexpresiva de siempre. Anastacius le dedicó unas maldiciones mentales antes de fijarse que también estaba su hermano Vincent y su medio hermano Howl. 

—Señorita Swan, él es mi querido hijo Anastacius. Lamentamos la demora, viene llegando de tratar unos asuntos con el gabinete de Alemania. Como le comenté, él es embajador de Inglaterra en Alemania y aunque esté de vacaciones sigue siendo muy responsable con sus deberes.
—Mucho gusto. — la mujer se puso de pie y sus damas hicieron lo mismo, al mismo tiempo, todas dieron una reverencia a los Lancaster. Se quitó el velo que cubría su rostro dejando a la vista a una hermosa mujer joven, de ojos grandes, cabellos lila. Ofreció su mano al hombre frente suyo.
—El gusto es mío. — tomó la mano que la dama le ofrecía y besó la parte superior. Algo no cuadraba. Era muy bonita y refinada. Notó que su dama de compañía lo miró con una risa juguetona. No evitó sonreírle a ella también.
—La señorita Swan y sus damas han tenido un largo viaje desde Hungría, no las cansaremos ni distraeremos. El ala noreste del castillo ha sido dispuesta para usted y su compañía. Pueden acompañar a mi empleado quien las guiará hasta allá para que descansen. Recomiendo no alejarse de esa ala, el resto del castillo es demasiado grande y pueden extraviarse.
—Gracias, Sir Lancaster.
—Las llamarán para la hora de la cena. — Y fin de la ¨hospitalidad Lancaster¨ de ahora en adelante, se verían lo justo y necesario. Por eso las había enviado al ala más lejana. Los Lancaster eran huraños y fríos por naturaleza. Su asistente llevó a las mujeres a la zona acordada. Gilbert no necesitaba mediar mayor palabra con su “ganado”

Gilbert se acercó a su hijo Anastacius y discretamente le habló sólo para ser escuchado entre ellos.

—No puedes quejarte. Es joven, es inteligente, su genética es buena, su estética es similar a tus hijos. Parecerán una familia de verdad.
—¿Por qué una mujer no Lancaster y evidentemente no Valois como ella quiere casarse conmigo? Sé que un Lancaster siempre será oro y sol, pero ella no encaja con el perfil. 
—Porque es una ex Princess. Naturalmente se va a sentir atraída por un ex Rebel de alto nivel y linaje como tú. Piensa que los dos pueden seguir contribuyendo a Rizembool.
—…— Lo que menos le interesaba era emplear su tiempo libre en Rizembool. Lo pasó bien siendo Rebel, pero era pasado, ahora tenía otros intereses. No quería invertir su energía en investigaciones ni nada con Rizembool, sólo quería dedicarse a sus negocios en Alemania y al oculto hedonismo. Era evidente que algo tramaba esa mujer y, no quería admitirlo, pero emanaba un aura de poder que lo incomodaba. —¿No sería mejor estudiarla un poco más?
—Ya me transfirió gran parte de su fortuna. Tuviste una buena postora. Ah, y no tenemos tiempo para tus caprichosos gustos. Es ella y punto.
—…—
—A menos que prefieras escoger a la condesa de Lenox. Ella puede ser una posibilidad... Ella te conoció cuando eras pequeño y siempre te encontró divertido.
—Ella tiene como cuarenta años más que tú. —Indignado.
—Le queda poco para pasar a mejor vida. Puedes quedarte con sus bienes. — le bromeó. La cara de asco de su hijo al imaginarse casado con una mujer con demencia senil le dio risa. —Vamos, de todos mis hijos, eres el único retorcido capaz de usar esas estrategias para conseguir poder y dinero. No te hagas el honorable.
—La escogería… Si no fuera porque esa mujer tiene más vida que Matusalem… Probablemente muera yo primero que ella. —
—¿De verdad quieres que contacte a la condesa de Lenox? — lo observó con seriedad.
—No…
—Envía invitaciones a los vi Britannia. — indicó Gilbert abiertamente a su otro asistente, dando por cerrado el tema con su hijo.. —Y expande algunas a los Blaiddyd.
—No estoy de acuerdo que los Blaiddyd sean invitados.— interrumpió Cain. —No tienen ningún vínculo sanguíneo con nosotros y no veo que su presencia aporte a nuestros intereses.
—Te guste o no, son una familia que están dentro del círculo de poder y quizá, si tenemos suerte, podamos casar a alguna de tus primas con alguno de los hijos de los Blaiddyd. Tendrán buena descendencia. — Por su puesto, a su nieto no le vino en gracia la idea de forjar vínculos con esa gente, pero Gilbert no tenía tiempo para perderlo con su hermético nieto. Salió de la sala. Poco después, el resto de Lancaster salió.
—Felicidades, hermano. — dijo parco Claude, sin preocuparse por esconder la socarronería en sus palabras pese a su frío rostro. Él y Anastacius no se llevaban precisamente bien. Aunque los dos eran afectuosos y cercanos en su niñez por ser casi similares en edad, en la adolescencia hubo un gran quiebre que sigue siendo un misterio para el resto de Lancaster y ese quiebre hasta la fecha ha producido la repulsión bilateral que se tienen.
—…— Anastacius le sonrió a su hermano menor, pero su sonrisa dictaba ser todo lo contrario de felicidad. Era de esas sonrisas de desprecio que dedicaba a Claude.
—Bueno, ¿qué hacemos ahora? ¿abrimos una botella de champagne para celebrar? — propuso Vincent a sus hermanos menores.
—Vincent, ¿siempre quieres beber tan temprano? — Hipócrita, Anastacius miró a su hermano con reproche.
—¿Y si mejor celebramos una despedida de soltero para nuestro querido hermano en el club de caballeros? — Howl, quién era el único auténticamente animado, dio esa idea que dejo a todos sus hermanos mayores mirándolo seriamente. —¿Qué? No me digan que vamos a dejar pasar el momento. — sonrió con picardía.
—Creo que… por primera vez coincido con mi “hermanito” — expresó Anastacius. No consideraba al hijo ilegítimo de su padre como un hermano, pero, a veces tenía buenas ocurrencias. —Espero que el santurrón de Claude nos acompañe.
—No.
—Oye, no. Claude, no seas así. Vamos a ir todos, no puedes faltar. — Howl se acercó a Claude, suplicante.
—…— Claude auténticamente no quería ir, pero tenía el presentimiento que si no iba a vigilar a Howl podría meterse en problemas. No tenía opción de ir de niñero.
—¿Vincent? — Howl ahora miró a Vincent. La diferencia de edad entre Howl y sus hermanos mayores era de, a lo menos, diez años. Howl estaba más cercano en edad a sus sobrinos mayores que a sus hermanos. Al ser un hijo ilegítimo y francés, se crió casi toda su vida lejos de los puristas Lancaster y conocía poco a su familia paterna, pero les tenía mucho cariño a esos ingleses.
—Si no queda de otra. — alzó los hombros, riendo sutilmente. Hace muchos años no iba al club de caballeros aristócratas. Vincent no era un fiel seguidor de esos lugares, pero le daba curiosidad estudiar a la gente que asistía porque podía sacar beneficio de sus secretos. —Shhh. — les susurró intranquilo a sus hermanos cuando notó a los más jóvenes de la familia salir.
—…— Henry y Cain se miraron entre ellos, de casualidad escucharon la conversación de sus tíos.
—¿Y si los invitamos? —
—Howl, n-no. — Vincent le meneó la mano, riendo un poco, aunque sí algo incómodo. No quería romper la poca imagen de pisoteado respeto que les quedaba frente a sus sobrinos.
—Howl tiene razón. Pueden venir con nosotros si quieren. Ya son mayores de edad.
—No, gracias. — Cain los juzgó en silencio. Siempre frío, siempre distante. En su mente sólo pudo pensar en la decadencia de esos Lancaster. 
—…— Henry observó de reojo a Claude, le llamaba la atención que él estuviera en plan de ir a ese club. Admiraba a Claude por su estoicismo y honor. Aquel club de caballeros era por siglos popular entre los varones de alta aristocracia, tanto así que el mismo Felipe Mountbatten duque de Edimburgo fue uno del más ferviente miembro VIP y se sabía por qué el “Señor misterio” visitaba ese club a escondidas de la Reina Isabel. Lo podía esperar de Anastacius, pero no de Claude.
Henry prefirió fingir que no vio ni escuchó nada de la conversación de sus tíos. Se fue detrás de Cain.
—Mojigatos. Así se ve el trauma de ser huérfanos de padres desde muy jóvenes. — burló Anastacius a sus cretinos sobrinos.
—Nosotros tenemos a nuestro padre vivo y estamos peor de traumados que ellos. — aclaró Vincent.
—Caballeros, ¿nos vamos? — Howl movilizó a sus hermanos mayores para ir al club de caballeros. Por esa noche, los Lancaster mayores no estarían presente en el castillo.

**
—Entonces, esta es la popular “hospitalidad” de los Lancaster. — La joven de cabello plateado  jugueteó pinchando una pequeña tartaleta con su tenedor. —Al menos, no nos decapitaron como lo hacían sus antepasados cuando no les gustaba lo que se les proponía. — Kiana, cuyo nombre correspondía a la joven de cabello plateado, se llevó el trozo de kiwi a la boca.
—Para ser forasteras, creo que nos han recibido mejor que a otras personas— La mujer de cabellos morados desenredaba su larga cabellera frente al tocador, ya usando su bata de dormir.
—Duh. — Kiana soltó un suspiro, aburrida. Poco después sacó su Tablet donde tenía información que sólo ella tenía. —Bueno, para creerse tan puritanos y superiores al resto tienen bastante secretos.
—Kiana, ni se te ocurra molestar a esta gente con tus investigaciones. — advirtió Black Swan, cuyo nombre real era Evacska Swan pero su nombre artístico le gustaba más. —Esto no es un programa de farándula, tenemos nuestros objetivos bien claros.
—Lo sé, lo sé. — volvió a suspirar. —Aunque me angustia que para cumplir nuestros propósitos te tengas que entrelazar con ese hombre. Es… todo un caso, ¿lo sabes? El modo en que me sonrió…
—Es el embajador de Inglaterra en Alemania, empresario y magnate del mundo del entretenimiento. Viudo desde que su hijo tenía dos meses de vida. Todo un ejemplo a seguir. —
—No sé, me da mala espina. Evidentemente es un hombre que oculta su verdadera cara bajo esa fachada.
—Y es un ex Rebel que Rizembool necesita. — afirmó Black Swan. —No olvidemos que Rizembool requiere de nuestras maniobras para tener esta gente de aliados.
—¿No basta con el sobrino que es científico en Rizembool?
—Su personalidad no es del agrado de Rizembool, por lo que quieren de vuelta a los “clásicos” recuerda que harán una ceremonia de ex Rebel.
—Oh! ¿Crees que el legendario Shougo Kise o Nakiri-sama asistan a esta ceremonia?— esta vez, una jovencita de cabello rubio saltó a la conversación dejando de contemplar las joyas en el cofre de Swan. Ella era otra de las damas de Black Swan.
—Se dice que incluso irá el mismísimo Muzan, según rumorean.  Por eso tenemos que hacer que mi querido prometido se reúna con ellos, los Lancaster pueden aportar mucho a Rizembool.
—Pues, tenemos aquí a la poderosa Makima. — Kiana apuntó con la palma de su mano a la joven de cabellos rojos que permanecía de pie custodiando a las dos damas. —Sólo es cosa que use ¨susurro¨ en Anastacius Lancaster para lavar su cerebro y hacer lo que ella le pida.
—Así es. — Black Swan asintió, dando por terminado el toque a su cabellera ondulada. —Makima es una poderosa arma de Rizembool que sólo al usar su poder puede cambiar el curso de las cosas. Pero también necesitamos coartadas y para eso estamos nosotras, una ex Princess, con sus discípulas princesses
—Es un honor para mí aprender de tan talentosa maestra.— Dijo Makima.
—Y para mi es un lujo tenerlas a ustedes de aprendices.— dijo Black Swan  —Por ahora, Makima tendrá la misión de ir poco a poco susurrando a algunos Lancaster. Nosotras, tenemos que sostener esto con el tiempo de tal modo que sea ventajoso para ambas casas. —
—¿Tienes algún plan para mañana? — la peligris soltó un suspiro, cansada.
—Tengo algo en mente. — rio suavemente Black Swan.


—¿Esta mujer me invita a tomar el té en mi propia casa? — Anastacius alzó una ceja, extrañado y ofendido. —¿Quién se cree? — miró la fina tarjeta en sus manos con repudio. Seguidamente, tomó un medicamento para el dolor de cabeza.
—¿Padre? — Un joven de cabellera lila clara entró en el despacho.
—Epel…— escondió la tarjeta —¿Qué haces aquí?
—Me enteré por fuentes no oficiales que tu nueva prometida ya está aquí. — Dijo, con una expresión de molestia en su rostro. El abuelo Gilbert suele dejarlo al margen de todo sin considerar que es Epel el que controla que su padre no se desborde.
—Ah, sí…— ocultó su malestar.
—¿Dónde está tu asistente?
—Tu abuelo lo despidió…—
—…— como todos los asistentes que se volvían muy cercanos a su padre. —¿Te casarás de verdad con ella?
—Sí, hemos congeniado bien…—
—…— Nota que su padre no parece convencido y eso no le gusta pues significa que su padre no tomará en serio el compromiso y eso puede llevar a meter en problemas a la casa Lancaster. Epel Felmier, más alemán por sangre materna que inglés por sangre paterna, tiene claro la importancia de mantener en alto la imagen de una familia aristócrata. —Me alegra que hayas vuelto a tu cabellera rubia, padre. — justamente eso había sido un arrebato de Anastacius meses previos, cuando de tintó el cabello negro para diferenciarse de los Lancaster. Obviamente, Gilbert lo obligó a volver a sus cabales. —¿Tienes que reunirte con la dama hoy?
—Ah, eso…— sonrió —Vamos a ir a tomar el té con ella. Dile a tu hermana Margarete que se ponga su mejor traje.
—¿Tú… quieres que Wien venga? — eso era mala señal. Epel había heredado el carácter honorable, correcto y sereno de su madre, pero Wien Margarete había heredado la personalidad discrepante, desafiante y cínica de su padre. La joven podía espantar a la prometida de su padre.
—¡Por supuesto! Es hermoso tener a la familia reunida.— dijo cínico.
—…— Definitivamente su padre estaba tramando algo.

Y definitivamente Black Swan no se esperaba tener a los hijos de su prometido en la invitación de té. No porque le desagradara la juventud, sino porque pensaba tratar temas de adultos con su futuro esposo. Sin embargo, la etiqueta y elegancia de Black Swan eran supremas, armada de una paciencia infinita respondía a todas las preguntas que la celosa hija de su prometido le hacía.
El grupo de cuatro personas se encontraban en el jardín, tomando el té en la pérgola de rosas rojas tan clásica del escudo Lancaster.

—Dicen que la gente de Hungría es parca y austera. A padre le gusta que lo consientan siempre, no creo que alguien de un país tan soberbio pueda con esa tarea.
—…— Anastacius se limitaba a tomar el té en silencio, dejando que su hija fluyera e hiciera lo suyo. Ninguna pretendienta soportaba un día con su querida –y casi olvidada- hija mayor. Parecía disfrutar del incómodo momento y eso no pasó desapercibido por Black Swan quien mantuvo la compostura.
—Mi misión será mantener feliz a tu padre, joven Margarete. Como así también mantener a gusto a sus hermosos hijos.
—…— Wien Margarete la miró con los ojos entrecerrados, suspicaz. —Eres muy joven. Dudo que tengas buenas intenciones con mi padre más allá de su fortuna.
—Wien…— Epel corrigió a su hermana. —Tus modales. — no había podido beber nada de té tratando de controlar a su filuda hermana. 
—Mi hermano Epel siempre quiere que calle lo que siento, pero no puedo evitarlo si sospecho que mi padre sufrirá. Él es un hombre correcto y superior, no quiero que se involucre con alguien que pueda coartar su felicidad y su mundo.
—Oh, pequeña Wien Margarete, ten por seguro que mi prioridad es conservar el maravilloso mundo donde tu padre es feliz. — si bien su rostro mantenía una sonrisa amable, esto lo había dicho con cierta doble intención. —Si no logro cumplir con tus exigencias, te prometo que yo misma pediré el divorcio para devolver la felicidad a tu padre.
—Más te vale. — Wien ni se dio cuenta del transformó de las palabras de Black Swan.
—…— En cambio, Anastacius sospechaba que Black Swan sabía más de lo que decía conocer.
—Por cierto, me alegra que su padre los haya traído consigo. Son jóvenes muy hermosos e inteligentes. Me maravilla la idea de que la sociedad nos vea como una familia feliz.
—Espero que no quieras tener hijos. Nosotros somos y seremos siempre los únicos hijos de padre. No toleraré un bebé húngaro en nuestra familia.
—Mh... — Epel pensó que más bien él era el padre de su propio padre.
—No te preocupes, querida niña. No pienso tener hijos. Siempre añoré tener un esposo con hijos propios para así romper con la imagen de madrastra mala de los cuentos. Quisiera ser la mejor madrastra del mundo para ustedes, amarlos como mis propios hijos. Además, ahora que los veo, no puedo negar que tienen ciertas características que se asemejan a las mías, como, por ejemplo, el color de sus cabellos que han heredado de su alemana madre. Se parece al mío, aunque el de ustedes es una tonalidad más clara. — Suponía que el hecho de que Epel y Wien no fueran un calco rubio Lancaster les restaba puntos con la supremacía de sangre de los Lancaster así que con ella podrían congeniar en el ostracismo.
—Disculpe señorita Swan. — Epel habló al ver la hora en su reloj. —Mi hermana y yo tenemos que ausentarnos unos momentos ya que nos tomarán medidas para nuestros trajes. Con su permiso…— se levantó.
—Yo no he terminado contigo. — amenazó Wien a la mujer. Se puso de pie y acompañó a su hermano.
—Son unos jóvenes bellos e inteligentes. Estoy agradecida de la sorpresa que me has dado al traerlos contigo para que los conociera. Debes ser muy dichoso al tener a estos hijos en casa.
—Ellos no viven conmigo. — Anastacius bebió té, desinteresado. —Epel vive en su propia casa en Alemania y la niña vive con su tía en Austria. Los veo sólo cuando el tiempo nos apremia.
—Yo puedo acompañarlos en tu ausencia.
—No seremos la familia feliz que el mundo espera.
—Pero podemos dar la imagen que la sociedad quiere de nosotros sin limitar nuestras propias vidas.
—…—
—Sé que te gusta vivir tu hedonista vida sin interrupciones. Yo no voy a privarte de ella, es más, conmigo puedes llevar esa vida libremente porque seré tu coartada, confidente y encubridora.
—No sé de qué hablar.
—Sé por qué tu padre siempre despide a tus amigos. No quiere que le des al mundo una imagen que pueda perjudicar a los Lancaster.
—…— El rubio permaneció en silencio, primero porque eso le había llegado de golpe y segundo porque la mujer en frente suyo no parecía estar bromeando. Anastacius sonrió socarronamente, desafiante. —A ver, supongamos que acepto casarme contigo y seguir llevando la vida que supuestamente me gusta llevar… Lo cual conlleva que seas mi cómplice ¿Qué ganas tú a cambio?
—Ser esposa de un Ex Rebel.
—No voy a colaborar con Rizembool. Ni una sola libra esterlina ni oficio.
—Rizembool necesita de tus talentos. La nueva generación de Rebel está muy descarriada. Con tus conocimientos ayudarás a muchos Rebels para superarse, junto conmigo en el rol de protectora y formadora de Princesses. Seremos invencibles. Además, sé que tus planes no están en quedarte con un rol tranquilo en los Lancaster. Para alguien como tú, debe ser difícil aceptar que tu oscuro sobrino sea el próximo monarca y que, incluso si llega a abdicar o “ausentarse”, tu otro sobrino en sucesión no tiene el valor ni la ambición que un Lancaster debe tener en la vida. Déjame ser tu “hacedora de reyes”
—¿Piensas matar a mis amados sobrinos? — dijo sarcástico, soltando una risa. —Si es así, yo te mataré primero.
—No. Esos métodos no son necesarios. ¿Has pensado en la inhabilitación e incompatibilidad con el cargo? De tu sobrino mayor, no tengo nada pues es todo un misterio, pero, ¿por qué tu sobrino Henry no tiene registro en todo un año? ¿Por qué estuvo desaparecido sin rastro todo un año completo? ¿Te lo has preguntado?
—…Se lo he preguntado a mi padre cuando tan siquiera lo noté. Yo estaba en Alemania en esos tiempos, casi ni conocía a mis sobrinos, pero me llamó la atención que, en ese entonces, el adolescente Henry no estuviera presente en Lancania. Considerando que mi padre le tiene un aprecio casi enfermo a un ser tan extraño como él, es raro que no lo tuviera a su lado.
—Tal vez deberías indagar más al respecto. — rio, suave y sugerente. 
—Quizá me estés cayendo bien ahora mismo.
—Ya te dije, juntos seremos indestructibles.



Una noche de lluvia un hombre con un paraguas apareció a las cercanías del castillo de los Lancaster. Fue escoltado por un mozo y llegó hasta la entrada donde un miembro de la familia lo esperaba. Quedó impactado cuando este sujeto rompió el protocolo real y salió a recibirlo campantemente, estrechándolo en un efímero abrazo.

—Ratio, ¡que honor tenerte por aquí!
—Vincent…— Ratio lo alejó un poco. Era raro que alguien de esa familia fuera tan amable con otro ser humano que no fuera ellos mismo (y ni eso. Ratio podría jurar que los Lancaster eran de ese tipo de gente que sólo se abraza para año nuevo), pero Vincent podía ser así con Ratio ya que lo conocía desde que estudiaron en el Eton College y luego en Oxford. —¿Hm? ¿Y tu escolta? ¿Ese que era tu sombra?
—Mi padre lo despidió. — Respondió con una enorme sonrisa como si fuera lo más normal del mundo. —Entra, eres bienvenido a mi hogar. — chasqueó los dedos para que el mozo ayudara a Ratio con su equipaje.
—Vincent, ha pasado el tiempo, pero…— guardó su paragua cuando llegó a los pilares del edificio. —Aún a tu edad tu padre parece tener el control sobre ti.
—Ahá. Así será hasta mi enigmática muerte. — asintió, sin borrar la sonrisa pese la macabra broma. —He pedido que preparen la cena. Te quedarás en mi ala del castillo así que estaremos tranquilos aquí. Podemos hablar toda la noche de química y ciencia como en los viejos tiempos.
—Ya se me hacía demasiado utópico que la invitación fuera así nada más. 
—Vamos, amigo. Han pasado muchos años, tenemos que ponernos al día con nuestros conocimientos. Estudiamos juntos, pero en nuestras maestrías tomamos distintas líneas de teorías e investigación, tenemos que hablar de todo, cada detalle, cada pensamiento. Todo. ¡Todo!
—¿No crees que estás un poco… eufórico? — lo miró suspicaz. —¿No estarás probando tus mezclas químicas de dudosa procedencia?
—Esta euforia es la emoción de ver a un querido amigo después de tanto tiempo, ¡Es maravilloso tener a mi italiano amigo conmigo de nuevo! — Tomó el paraguas de Ratio y lo guardó.
—¿El mocoso no está contigo?
—¿Quién? ¿Cain? No. Él está en su propio infierno, jaja.— apuntó a otra gran construcción del castillo —Ese es su infierno de Dante. ¿Ves esa lucecita en la ventana? Probablemente sea él frente a una chimenea. Sabes como a los Lancaster nos gusta el fuego.
—…—
—Broma, broma. Está en su propio castillo. No le gusta compartir con el resto, pero si quieres lo puedo llamar para que se nos una. Estará feliz y animado de formar parte de nuestras tertulias.
—La última vez que lo vi era un mocoso que no se me despegaba, me hacía tantas preguntas que me volaba la cabeza. No quiero verlo. Sólo quería saber que no siguió tus pasos probando combinaciones químicas alucinógenas.
—Oh, Ratio, ¡que mal hablado! Nosotros no hacemos esas cosas. — se le colgó a los hombros. —Nosotros sólo abrimos la puerta de la percepción que otros no se atreven a abrir. — esto lo dijo en un tono misterioso y un tanto oscuro. —Ni siquiera tú.
—…— Ratio era otro que conocía un poco más de la familia Lancaster. —Espero que la cena incluya carne de wagyu y huevo fresco de codornices.
—Por supuesto. No lo he olvidado.  Hmh. — miró a ambos lados y de la nada sacó algo que escondía detrás de si. —Y tampoco el Liquirizia de Calabria. — le mostró la botella.
—Buen chico. — asintió. Por fin Vincent aprendía cual era la botella correcta de Liquirizia bien añejada, la de la etiqueta burdeos.
—¿Quieres tomar un baño antes de cenar? —
—Sí, me vendría bien. 
—Parece que llevas poco equipaje. — miró la maleta que cargaba el mozo y le indicó donde dejarla.
—Sólo he viajado a Inglaterra porque te debía un favor. Volveré a Japón dentro de poco.
—Compré un traje para ti. Lo dejé en tu habitación.
—¿Y por qué demonios haces eso?
—Porque estás invitado al matrimonio de mi hermano. — alzó los hombros, de forma inocente. —Y supuse que no traías nada decente en tu maleta.
—…— Ratio lo miró entrecerrando sus ojos, pero dejo la molestia de lado pues algo más le llamó la atención. —¿Tu padre permite que yo, un ser sin cuna de oro, vaya al matrimonio de su aristócrata hijo?
—Ahora le caes bien porque colaboras con Rizembool.
—...
« Last Edit: September 29, 2024, 07:23:44 PM by Kana »


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1014: September 30, 2024, 02:19:24 AM »
Uhh... ha sido un mes imposible, al menos dejo algo.

115.2.






En medio de los asistentes a la inauguración del evento universitario, Elise se aventuraba a caminar entre los distintos grupos de conversación en búsqueda de alguna persona.

“Hm… por aquí tampoco…” musitó, pensativa.
“¿Quieres dejar de moverte tanto?” le reclamó Leo, impaciente. “Es suficientemente malo que hayas querido venir por más que tú no necesites hacerlo.”
“Nuestra hermana mayor siempre dice que no debo quedarme sola, además sí me gustan este tipo de eventos,” observó decidida y haciendo un puchero. “Las cosas más interesantes siempre suceden para la gente de tu edad, es un poco injusto.”
“Hazme el favor…” el mayor rodó los ojos. “Si con interesante te refieres al Rebel que atacó el otro día entonces estás mejor fuera del asunto. Y conste que todavía no olvido lo del festival.”
“Obviamente no hablaba de eso, pues…” Elise se desanimó. “Quisiera tener la edad para participar en las competencias y actividades y conocer a muchas personas de distintas instituciones, pero sólo participan los de la secundaria y universidad. Al menos quería asistir.”
“…” ‘bien por ti’ quiso decir, pero sí notó a su hermanita desilusionada, así que se ahorró esas palabras. Terminó por atinar a dar un pesado suspiro. “Ya, entiendo, sólo no camines tan rápido porque soy más grande que tú y me cuesta seguirte.”
“Oh, lo siento, no me di cuenta,” comentó con sorpresa y algo de torpeza. Asintió. “Entendido, tendré más cuidado.”
“¿Y qué estás buscando tan insistentemente?” le preguntó su hermano. “No imagino que tus amigos anden por aquí.”
“Sé que al menos un par sí lo harían, pero estoy buscando a tus amigos, Leo,” contestó con una sonrisa.
“¿Amigos?” este se hastió a manera de rechazo. “Yo no tengo amigos. Tch, ¿qué esperas de mis compañeros de clase?”
“Sólo quiero verlos, y también que los conozcas mejor, si son buenas personas.”
“Ya sabes bien que ellos fueron los ilusos que le hicieron frente a ese Rebel, ¿por qué buscarías que me acerque más a ellos…?”
“¡Ah, por ahí están!” sin embargo, Elise no le prestó atención ni bien reconoció a la presidenta de la clase y se apresuró a darle el alcance.
“O-oye…” no tuvo de otra que seguirle.

“Sí, por esta zona encontrarás información referente a las actividades de humanidades…” dijo Tsubasa, asintiendo y recibiendo las gracias del interesado. “Es un gusto, ve con cuidado.”
“¡Hanekawa-senpai!” la pequeña se detuvo frente a ella e hizo una corta venia. “Mucho gusto, qué alegría de encontrarme con usted.”
“Oh, tú eres…” la dirigida se vio brevemente perdida, pero al reconocer al frustrado Leo llegar detrás de la rubia, sonrió. “Ah, debes ser la hermana menor de Benoit-san, ¿no es así?”
“Sí, eh, creo que no llegué a presentarme ese día, pero sí,” dijo animadamente.
“Elise, ¿cuándo se supone que te encontraste con ella?” preguntó el otro. “¿Es que acaso has venido a mi colegio detrás de mis espaldas?”
“Es que tú no quieres ser abierto conmigo y yo y nuestra hermana nos preocupamos de que estés bien, y…”
“¡Suficiente! No vuelvas a hacerlo, ¿has entendido?” espetó.
“Un momento, Benoit-san, entiendo la sorpresa, pero pienso que tu hermana menor tiene la suficiente edad para tomar estas decisiones por su cuenta, si apenas llegó a la salida de la secundaria,” observó Tsubasa, pensativa.
“Aprecio la preocupación por Elise, pero esto no te concierne, presidenta,” comentó el chico.
“Sé que no es mi tema, pero no tienes de qué preocuparte. La pequeña estuvo en la salida y apenas se me acercó para preguntarme cómo llegar a su destino desde ese punto, ya que era un nuevo lugar para ella. Fue cortés y amable en todo el tiempo.”
“Muchas gracias por su observación, Hanekawa-san,” Elise volvió a animarse luego de la llamada de atención de su hermano.
“Tsk…” por su lado, este decidió que ahorraría palabras. Había algo en ese entorno que tornaba a las chicas frustrantemente rebeldes. No evitaba culpar en parte a Nio por tornar a su usualmente obediente hermana más aventurera, por más que Leo se compadecía de Ayesha.
“Hm, es la pequeña del otro día…” Saki le acercó. Esta miró en silencio e indiferencia a Leo antes de seguir. “Una lástima que sea hermana tuya.”
“¿Qué quieres decir, HiME?” preguntó el chico.
“No es más que un cumplido, ya que así insinúo que tu adorable y encantadora hermanita es mil veces mejor que tú. Deberías valorar que tengo una opinión positiva de su pariente…”
“Hanajima-san, es mejor que no busques problemas,” pidió Tsubasa, dando un suspiro. “Es justamente por estar frente a nuestra pequeña acompañante que no quiero que discutan.”
“Pues… entiendo que los dos no se llevan bien,” Elise lo meditó y terminó por hacer una reverencia a Saki. “Hanajima-senpai, lamento mucho cualquier problema o malentendido que haya ocurrido con mi hermano.”
“…” esta parpadeó algo perpleja y terminó por encogerse de hombros. “Eres muy buena para querer continuar con el tema. Lo dejaré ir…”
“¿Ahora alguien más quiere hacerme quedar peor?” Leo entrecerró sus ojos. “Si no tienen nada más que decir, con permiso. Elise, vámonos.”
“Ehh, perdón por las incomodidades, pero espera que apenas llegamos aquí,” dijo la hermanita, en apuros.
“Tú realmente no tienes que hablar con mis compañeros de clase en mi lugar, así que dejemos el asunto por dado.”
“P-pero…”
“¿Dices que la pequeña hablaría por ti?” preguntó Saki, alzando una ceja.
“¿No dijiste que no seguirías?” Leo le miró con desconfianza. Notó a la otra inmutada y claramente sin intenciones de buscar bronca, más bien algo curiosa para variar.
“Supongo que no sabes lo que nos preguntó ese día…”
“Eh, Hanajima-san, no es importante…” Tsubasa sonrió nerviosa.
“¿De qué hablas?” Leo se extrañó.

La explicación no tardó en llegar cuando Elise prestó su atención no muy lejos de los otros tres. Ella no era la única estudiante femenina cautivada por alguien, aunque sí la única de menor edad. En medio de un grupo entre estudiantes estrellas y maestros de distintas instituciones, un pelirrosa que los presentes conocían muy bien tenía el turno de hablar. Monoyoshi mantenía un porte y presentación intachables, un aura sutil y humilde y deslumbraba a su pequeño público con su tono suave de voz, elección de palabras, y semblante etéreo y amable.

Las fans de su secundaria fueron alertadas de su presencia en el instante que tomó las riendas de la conversación, incluso personas completamente ajenas al asunto no podían evitar concederle un par de segundos de atención ya que parecía sacado de otra realidad.

Por supuesto, lo único que le importó a Leo de todo el asunto era el hecho que su hermanita ahora era parte de ese grupo descerebrado que idealizaba al pelirrosa. ¿Acaso él era el único capaz de reconocer al pelirrosa como el obstinado buenito idiota que era?

“Sadamune-kun parece transformarse cuando se toma alguna presentación con seriedad,” comentó Saki, mayormente inmutada, aunque parecía encontrarle algo de gracia.
“Sin duda es admirable la manera en que cautiva a todos a su alrededor,” dijo Tsubasa, alegremente. “Va más allá del carisma. Debe ser algún talento y a la vez gran preparación.”
“¡Senpai es increíble!” Gokotai se sumó al grupo. El peliblanco estaba impresionado e igualmente dirigía gran apreciación al pelirrosa. “¡Tengo que aprender mucho de él!”
“Ehh…” Tenshi llegó al costado del menor, y para variar, estaba frustrada. Resopló. “Pues… eso que has dicho que es preparación es muy cierto, Tsubasa. Mi primito ha sido preparado para representar a su familia desde antes de tener uso de razón, así que entra en su modo de príncipe/ángel/futuro magnate cuando siente que le toca cumplir con su función. Por eso se pone así en eventos sociales.”
“Es realmente un ángel…” musitó Elise, todavía cautivada.
“Tch, oye…” Leo frunció el ceño, casi preocupado. Miró a las chicas de su clase. “¿Quieren decir que mi hermana preguntó por ese payaso de allá?”
“Fufu, te duele, ¿no?” Saki rió por lo bajo.
“Hanajima-san, por favor…” Tsubasa negó. “Pues sí nos hizo algunas preguntas sobre Sadamune-kun, supuse que no estaba en mi lugar decírtelo para no preocuparte, Benoit-san.”
“¿Cómo…?” este se trabó por lo iracundo que estaba, pero desistió en continuar con esa conversación. Leo terminó por caminar donde Monoyoshi luego que este se despidiera del grupo con el cual había estado dialogando.
“Oh, Leo-san, buenas noches,” le saludó alegremente y cortando con su previa presentación, pero se confundió cuando el molesto rubio le agarró de un brazo. “¿E-eh?”
“Ven que tengo algo que decirte,” dijo apretando sus dientes en lo que lo jalaba.
“¡L-Leo, ¿qué estás haciendo?!” Elise se despertó y preocupó considerablemente, para así seguir al par. “¡Espérame!”
“Eh, ¿q-qué pasó?” Gokotai se asustó.
“Descuida, tu senpai no fue aniquilado por un Rebel así que ese tipo no le hará daño,” Saki se encogió de hombros.
“¿P-perdón…?”
“No le tomes en serio, Gokotai-kun, todo está bien,” Tsubasa negó y sonrió tranquilamente.
“Pues, mi primo es inocente de lo que sea que se le acusa, pero me alegra que alguien lo saque de su modo profesional para variar,” Tenshi se guardó una risita. “Chicas, las buscaba porque Enmusubi quería vernos a todas, aquí que vamos donde ella.”
“¿Todo está bien?” preguntó el peliblanco. “Entiendo que esa persona es su mentora HiME. Pues… si necesitan algo de mí, intentaré ayudarles.”
“Si algo estuviera mal seguro que primero lo oiríamos de otra HiME o la misma directora,” Saki se encogió de hombros. “Enmusubi como mucho nos ha hecho brazaletes, así que será algo así.”
“Pero muchas gracias por tus deseos, eres un buen amigo,” Tsubasa asintió. “Siento tener que dejarte por tu cuenta.”
“Está bien,” Gokotai sonrió tímidamente. “La mayoría de mis hermanos están presentes ahora, iré a buscarles. Mucha suerte a todas.”
“Tú también, pequeñín, gracias,” dijo Tenshi y así las chicas partieron camino. “Es un buen niño, me pregunto qué hace adelantándose tanto a sus clases.”
“Parece ser algo de su familia, tiene dos hermanos en nuestra secundaria que también están avanzados para sus edades.”
“…” Saki dio un suspiro. “Es lo suficientemente malo que la directora nos haya forzado a ser voluntarias de hoy por el hecho de ser HiMEs.”
“Eh, sí, vaya manera de pagarnos, seguro que los Rebels andarán metidos en un cuarto VIP por aquí o algo,” Tenshi rodó los ojos.
“Creo que no es bueno seguir alimentando la idea que a los Rebels les tratan mejor,” dijo Tsubasa.
“No es idea, obviamente sucede,” comentó Saki, indistinta. “Ni sé si a todas las HiMEs les tocará hacer voluntariado, pero bueno… quizás somos las manzanas podridas por lo que pasó en el puerto, así que será un castigo.”
“¡Ah! ¡Como sea, no pensemos en eso!” ciertamente probó ser un trigger para Tenshi. Esta sacudió su cabeza. “Tenemos buena comida aquí y todo, pero sinceramente tan aburrida estoy aquí que no me opongo a que nos manden a patrullar las afueras. Prefiero una pelea contra un Rebel que a que me fuercen a imitar a Monoyoshi.”
“No creo que ni Hanasaki quiera eso ya que no te quedaría para nada,” Saki se encogió de hombros. “Para algo tienen HiMEs que pelean, así las dejan ser bárbaras por su lado.”
“Vaya… con esa actitud sí nos merecemos el castigo…” Tsubasa negó frustrada.

...


Miyu

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1015: September 30, 2024, 10:30:26 AM »
Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.
« Last Edit: February 20, 2026, 05:18:36 PM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Mimi Tachikawa

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1016: September 30, 2024, 09:58:35 PM »
Hoi hoi vengo con fic expres porque ando enferma ;_;

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El sol brillaba con fuerza en la pequeña ciudad de Tokio, donde la primavera había comenzado a florecer. Las flores de cerezo estaban en plena floración, y el aire estaba impregnado de un dulce aroma que prometía nuevos comienzos. En una acogedora casa de dos pisos, Belldandy, una mujer de belleza serena y corazón generoso, se encontraba en la cocina, preparando un té de hierbas. Su barriguita, que ya mostraba los signos de su embarazo, se movía suavemente mientras se movía de un lado a otro.

A su lado, su hija mayor, Mayura, estaba con una energía contagiosa y una sonrisa brillante, estaba inmersa en la planificación de la boda de su madre. La boda estaba programada para dentro de dos semanas, y Mayura estaba decidida a hacer de este día un momento inolvidable para Belldandy.

“¡Mamá! ¿Te gustaría que el tema de la boda fuera de flores de cerezo? Creo que sería perfecto para esta época del año”, sugirió Mayura, mientras hojeaba una revista de bodas llena de ideas brillantes.

Belldandy sonrió, sintiendo una oleada de amor por su hija. “Me encanta la idea, Mayura. Las flores de cerezo son hermosas y simbolizan nuevos comienzos, justo como este momento en nuestras vidas”.

“¡Genial! Entonces, ¿qué te parece si hacemos una lista de las cosas que necesitamos?” Mayura se sentó en la mesa, sacando un cuaderno y un bolígrafo. “Primero, necesitamos un lugar para la ceremonia. ¿Qué tal el parque cerca de casa? Es perfecto para una boda al aire libre”.

“Sí, el parque sería ideal. Además, hay un hermoso árbol de cerezo allí”, respondió Belldandy, sintiendo que la emoción comenzaba a burbujear en su interior.

Mientras las dos discutían los detalles, Mayura se dio cuenta de que había algo más que debía considerar. “Mamá, ¿quieres que invitemos a mucha gente o prefieres algo más íntimo?”

“Creo que una ceremonia pequeña sería perfecta. Solo nuestros amigos más cercanos y familiares. Quiero que sea un momento especial, lleno de amor y calidez”, dijo Belldandy, acariciando su vientre con ternura.

“¡Entendido! Entonces haré una lista de invitados”, dijo Mayura, escribiendo rápidamente los nombres de las personas más cercanas a su madre. “Y también necesitamos un vestido de novia. ¿Tienes algo en mente?”

Belldandy se sonrojó un poco. “No he pensado mucho en eso. Con el embarazo, he estado más enfocada en lo que viene que en lo que llevo puesto”.

“¡No te preocupes! ¡Vamos a encontrar el vestido perfecto para ti!” exclamó Mayura, llena de entusiasmo. “Podemos ir a la tienda de vestidos de novia este fin de semana. Te prometo que será divertido”.

Los días pasaron rápidamente mientras madre e hija se sumergían en los preparativos. Mayura se encargó de cada detalle: desde la decoración hasta la música, asegurándose de que todo estuviera en su lugar. Belldandy, aunque un poco cansada, disfrutaba cada momento, sintiendo la alegría y el amor que emanaba de su hija.

El fin de semana llegó, y las dos se dirigieron a la tienda de vestidos de novia. Mayura estaba emocionada, mientras que Belldandy sentía un ligero nerviosismo. “¿Y si no encuentro algo que me guste?” preguntó, mirando los hermosos vestidos colgados en las perchas.

"Verás que hay algo hermoso que te gustará". Mayura sonrio ampliamente. "Además a Gaku-san le encantará cualquier vestido que te pongas"

"Es cierto". Belldandy sonrió ampliamente. "buscaré algo que sea muy simple y lindo"
“Yo mientras tanto ando buscando algún vestido bonito que le encante a Otoya-kun”. Mayura sonrio ampliamente. “Afortunadamente podrá venir el día de la boda, así que estaremos los dos juntos en el día mas importante de tu vida mamá” . Mayura hablo emocionadamente.

“Luego ya tengo planeado todo el buffet y las presentaciones, porque será algo pequeño pero será algo inolvidable”.Habló la rubia con mucha emoción.” Así que no habrá un no por respuesta y todo se hará según mis planes”
“Bueno con tal que no se salga del presupuesto todo bien”.Hablo belldandy con una gota en la cabeza.

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Tsubasa seguía en sus conflictos con su carrera de solista y su deber de Hime de pequeña, había encontrado en las notas y melodías un refugio, un lugar donde podía ser ella misma. Sin embargo, a pesar de su amor por el canto, había una sombra que la seguía:el deber de ser una Hime. Tsubasa había asumido la misión de ayudar a quienes la rodeaban. Pero esa carga a menudo la hacía dudar de su propio camino.

Una tarde, mientras ensayaba en su habitación, Tsubasa se miró en el espejo. Su reflejo mostraba a una joven seria, con una mirada decidida pero también llena de incertidumbre. “¿Qué pasaría si no puedo lograr proteger a todos?” se preguntó, dejando caer en la cama. La idea de presentarse en un concierto en vivo la emocionaba, pero también la aterraba. ¿Podía realmente concentrarse en su música mientras sentía el peso de las emociones ajenas?

Decidida a aclarar sus pensamientos, Tsubasa salió a caminar por el parque cercano. El aire fresco le dio un respiro, y mientras paseaba, observó a las personas a su alrededor. Una madre sonreía a su hijo, un anciano leía un libro en un banco, y un grupo de jóvenes reía y disfrutaba de la tarde. Sin embargo, también sintió la tristeza de una mujer sentada sola, con la mirada perdida. Esa conexión emocional la hizo detenerse. “¿Cómo puedo ser artista y seguir protegiendo a los demás?” pensó, sintiendo que su misión la alejaba de su sueño.

Esa noche, Tsubasa se sentó en su escritorio, rodeada de partituras y letras de canciones. Con cada acorde que tocaba, se preguntaba si su música podría ser una forma de ayudar a los demás. “Tal vez, si canto sobre lo que siento, pueda tocar los corazones de las personas”, reflexionó. La idea comenzó a tomar forma en su mente: su música podría ser un refugio, un lugar donde otros pudieran encontrar consuelo.


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« Last Edit: September 30, 2024, 10:12:10 PM by Mimi Tachikawa »


Cho


Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

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Sayi :: 0 palabras
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Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Cho

Vengo con otra partecita, poco a poco...

115.3.





Pese a que el evento iba a durar unas horas más, había una decente cantidad de personas a las afueras de la entrada del centro de convenciones, entre los trabajadores y algunos invitados que andaban llegando tarde. Por ser de noche, fuera del área iluminada de esa entrada y en los alrededores inmediatos del enorme edificio, el resto de esa zona se encontraba mayormente en penumbras.

A poca distancia y antes de darle el alcance a las luces artificiales, una joven todavía en edad de estar en secundaria corría apresurada y bastante cansada con tal de llegar a su destino. Sin embargo, al estar a punto de dar la última vuelta de la esquina antes del luminoso camino, vio su reflejo en un edificio apagado con lunas de espejos, y tuvo que frenar al seco.

De inmediato deshizo sus dos abundantes y largas colas que partían su largo cabello negro e improvisó un cepillo con sus dedos para arreglarse la desordenada cabellera.

“Uhh… me pareció que me había alborotado la cabeza más de lo usual…” se lamentó en lo que terminaba de arreglarse con apuro. No se le notaba conforme, pero tampoco iba a quedarse mortificándose por su no tan puntual o presentable llegada. Volvió a atarse sus cabellos y se dio una mirada más en la luna frente a sí. Seguramente la falta de luz no le dejaba percatarse de alguna otra imperfección, pero sí estaba mucho mejor que antes. “Bien,” dijo con decisión, o quizás más a manera de alentarse a sí misma.

Pese a ello, no continuó con su corrida. Más bien, dentro de ese angosto, secundario y oscuro camino al aire libre, miró de un lado a otro como quien buscara algo que se le había perdido. No había ninguna otra persona a parte de ella misma… motivo por el cual supuso que lo encontraría.



“Pareces buscar a alguien…” meditó una voz tranquila y etérea que ya conocía muy bien.
“¡Jin!” ella se giró para ver a un chico de cabellos y ropas blancas, quien tenía unos ojos celestes nublados, como si no pudiera ver por ellos. No pensó dos veces en su tan repentina aparición y corrió los tres metros de distancia para darle un abrazo. “¡Sabía que estabas aquí!”
“…estuve en lo correcto, ya veo…” a pesar de ese brusco acto afectuoso, el peliblanco se mantuvo inmutado y pacientemente esperó a que la otra la soltara. Se le dirigió como si efectivamente pudiera verla, aunque sin perder su extraña distancia por su apariencia.
“¡Dime! ¡¿Quieres venir conmigo?! Ando muy tarde, pero me sentiría mejor si me acompañas.”
“…” el otro negó. “Ese evento al que vas es con invitación, Dash. Yo no poseo una.”
“Pero…”
“Sólo pasaba por aquí,” le concedió una leve sonrisa. “Vine a desearte buena suerte.”
“Eh, ¡gracias!” ella asintió efusivamente, y pasó a dar un suspiro. “Pero siento que quizás estoy haciendo algo mal,” bajó su mirada. “Estaba a punto de salir y Rita me lanzó cuatro tareas del hogar que no tenía que hacer hoy y cuando las hice en tiempo récord me alborotó tanto la cabeza. Pensé que se me iba a zafar del cuello.”
“…” se vio mínimamente intrigado. “¿Piensas que quiso sabotear tu salida?”
“Ehh… ¿está mal que piense eso? ¡P-pero ella siempre vela por mí, si hizo algo como eso es porque tendrá algún buen motivo!” dijo a manera de intentar convencerse, pero volvió a verse insegura y apenada. “Aunque quisiera que me diga cuando se pone a actuar así. No siempre entiendo por qué hace las cosas…”
“…” su oyente se mantuvo inmutado, con su tranquila sonrisa.
“¡Pero no puedo cuestionarme si ya estoy aquí! ¡Tengo que concentrarme en este evento tan importante! ¡Ojalá sí pueda desempeñarme bien en las competencias y me acepten como estudiante en Hanasaki!” asintió un par de veces y volvió a dirigirse a su acompañante. “¿En serio no hay nada que pueda hacer para que me acompañes? ¿Ni siquiera a la entrada? Evades tanto a la gente que me preocupo mucho por ti.”
“Estoy bien, Dash. Por favor, sigue con tu camino,” dijo tranquilamente. “Sabes bien que no me gusta lidiar con mucha gente a la vez.”
“Y aun así, parece que puedo encontrarte cada vez que te busco, me parece que en verdad sí quisieras hablar con otros…”



“¡Ah, ahí estás!” exclamó una chica rubia, quien llegó corriendo junto a un chico que se parecía mucho a ella.
“¡Dash!” exclamó este.
“¡Oh! ¡Rin, Len!” Dash agitó su mano hacia ellos. “¡¿No deberían estar adentro?!”
“¡Eso es justo lo que iba a preguntarte!” Rin sonrió gatunamente y llevó sus manos a las caderas. “¿Acaso no estabas esperando esta noche con tantos ánimos? ¡Es tu oportunidad de unírtenos como estudiante de Hanasaki!”
“S-sí, verdad, perdón por estar tarde, ha sido una tarde accidentada para mí…” desvió su mirada.
“¿Accidentada? ¿Estás bien?” preguntó Len, perplejo.
“Es… una larga historia, ¡pero sí estoy bien, gracias por preguntar!” sonrió incómoda. “Justo le explicaba a Jin que Rita me dio muchas cosas por hacer a último minuto, así que temí por un instante que no iba a llegar.”

Ante la mención del otro, los gemelos se sorprendieron un poco, intercambiaron miradas, y terminaron por dirigirse al peliblanco casi al unísono.

“Oh, ¿estabas aquí?” preguntó Rin, alzando una ceja con un curioso escepticismo.
“Perdón por no notarte antes, eres casi como un fantasma…” dijo Len, con torpeza.
“…” Jin rió por lo bajo un momento, y se mantuvo tan sosegado como siempre. “No tienen que disculparse, lo entiendo perfectamente. ¿Cómo están esta noche?”
“Eh…” Rin se puso a pensar un instante, como si no supiera qué responder.
“¡Sí, justo eso! Deberían estar adentro en este evento tan importante. ¿Están bien? ¿También han tenido un contratiempo?” preguntó Dash.
“Oh, eh, pues no realmente,” Rin se encogió de hombros y sonrió indistinta. “Sólo que la directora se puso a dar in discurso y Len y yo nos aburrimos y quisimos buscarte.”
“¡¿Eh?! ¡¿Ya dio un discurso?! ¡¿Tan tarde estoy?!” la pobre se mortificó.
“No te preocupes, Dash, vimos que era apenas una formalidad, sólo fue para dar la bienvenida a los asistentes, ello recién marcó el inicio de esta noche,” le aseguró Len, con una sonrisa. “Si entramos, podemos buscar la información referente a tus competencias y actividades. Imagino que todos andan haciendo eso ahora mismo.”
“Y aparte de esas cosas serias, he oído que va a haber un delicioso servicio de catering. Ya que has llegado corriendo luego de tus deberes seguro que tendrás hambre, ¿no?” preguntó Rin.
“¡Ah, el catering suena genial!” los ojos de Dash brillaron. “¡Me recuerda a una vez en que trabajé como parte del catering, y qué tentación de devorarme una bandeja entera!”
“Haha, lo puedo imaginar,” Len rió un poco.
“¡Entonces vamos, vamos!” Rin empezó a empujar a Dash. “¡No te quedes con las ganas!”
“P-pero Jin…” Dash se giró, aunque el peliblanco ya no estaba presente. “Eh…”

Los gemelos volvieron a intercambiar miradas curiosas y perdidas.

“Entonces… ¿ya se fue?” preguntó Len, pensativo.
“¿Cómo se fue tan rápido? Debería haberme dado cuenta…” Dash se desanimó.
“Hm… es un poco caprichoso, ¿no lo crees?” Rin se frustró.
“Eh, creo que sólo es un poco tímido, Rin…” la pelinegra sonrió apenada y dio un suspiro. “Pero al igual que Rita, quisiera que se explique un poco conmigo…”
“Lástima que apenas estuvo un instante esta vez, ni llegamos a contestarle…” observó Len.
“Eh, no importa, lo volveremos a ver, supongo,” Rin decidió cambiar de tema y abrazó uno de los brazos de Dash. “Ahora no te distraigas. ¡Ya casi llegas a la meta!”

Rin no esperó un consentimiento o reacción de Dash y la jaló consigo hacia el centro de convenciones. Len se sorprendió y pretendió seguirles, aunque primero dio un último vistazo a ese desolado camino oscuro. Este continuaba tan vacío como todo el rato, pero entendía que ahora ya no había una persona escondida en medio de las tinieblas.

Dio un pesado suspiro y fue tras las dos chicas.


“Listo…” uno de los camareros terminó de ayudar a poner unas pizarras y otros instructivos en uno de los puestos de información relacionados al evento. “¿Necesitan algo más?”
“No, muchas gracias por su ayuda, sentimos incomodarle con esto,” le agradeció una maestra.
“Nos tardamos en comenzar con los preparativos, es una pena que no hayamos terminado antes que llegaran todos,” se lamentó otra señora, quien ponía en orden la mesa de recepción.
“Por eso valoramos mucho el apoyo,” agregó un estudiante voluntario, en plena faena de repartir volantes a interesados.
“Ha sido un placer, con permiso,” ese camarero asintió y procedió a irse. Se acercó a una mesa con mantel vacía, y se confundió ya que su fuente había desaparecido. “¿Eh? ¿Alguien se lo habrá llevado…?” divagó perdido.
“Oye, ¿estás libre?” le llamó uno de sus compañeros de trabajo. “Ven que hay más que repartir.”
“¡Eh, s-sí!” se despertó y le siguió. “¿De casualidad has visto una bandeja que estaba aquí…?”

El otro muchacho se confundió, pero pasó a negar y restarle importancia. Asumió que seguramente alguien más del equipo de catering lo habría recogido y así el par regresó a la cocina…

Con ellos fuera del ambiente, Hannya llegó donde dicha mesa y esperó un instante hasta que un grupo de personas terminara de pasar cerca, para alzar el mantel y descubrir a la persona que se escondía debajo del mismo.

“¡IIHHH!” Shion se asustó y agarró su cabeza con ambas manos, como si temiera que le fueran a dar un zape. Frente a ella estaba la desaparecida bandeja con la mitad de los bocadillos ya consumidos.
“Si tanta hambre tenías puedes ir pidiendo un bocadillo a cada mozo en vez de aprovechar el descuido de un despistado,” Hannya se encogió de hombros. “Hasta alguien con tu voraz hambre se saciaría con todo lo que nos ofrecen.”
“¡N-no puedo, t-todavía no me acostumbro!” ella susurró aterrada y se paralizó al notar que un estudiante a distancia la miraba como bicho raro por andar escondiéndose. “¡Ihh, no me descubras así, por favor!”
“No tienes remedio, Shion-chan…” rodó los ojos y decidió que la acompañaría debajo del mantel, por lo cual también pasó a esconderse. Hannya se tomó la libertad de agarrar uno de los muchos bocadillos restantes. “Tú ni fuiste obligada de estar aquí. Si sólo te vas a esconder entre las mesas, ¿por qué no mejor te vas?”
“Eh, pues…” Shion se avergonzó y desvió su mirada. “Sé que el doctor te ha obligado a asistir… me sentí mal de dejar que vinieras solo, así que pensé en acompañarte.”
“¿Eh?” el rubio alzó una ceja sin verse convencido. Este esperó a que la peliazul tomara un nuevo bocadillo y se lo arrancó.
“¡Ihh!”
“Qué buena mentira, totalmente me di cuenta cuando el peliblanco espantapájaros nos dijo que habría catering y tu boca se hizo agua. No me uses de pretextos, ¿de acuerdo?”
“Ehh, p-pero yo…”
“La más mínima empatía que puedes sentir por mí no se compara en nada con saciar tu hambre,” sonrió traviesamente. “¿O acaso me equivoco?”
“Eh…” Shion tuvo que apretar su estómago que muy oportunamente rugió con fuerza. Ella frunció el ceño. “…si crees eso, ¿por qué me preguntaste qué hacía aquí…?”
“¡Haha! Obviamente tengo la razón, ¿no?” le miró con superioridad. “Sólo me pregunto si es que satisfacer tu gula vale la tortura de estar rodeada de tanta gente que te aterra. Eres una Princess y como mínimo te darían todo lo que quisieras comer sin necesidad de aburridos eventos.”
“Es que… yo sé que debo reintegrarme al colegio muy pronto… tampoco ya no quiero ser tanta carga como lo he estado siendo hasta ahora…” dijo cabizbaja y sin energías. “Sobre todo te soy una carga a ti. Tú eres uno de los responsables por mí, Hannya…”
“Eh, no que tenga que preocuparme desde que el doctor te puso ese collarín que traes,” miró dicho objeto de reojo y con indiferencia.
“Y pues… ¿hay algo en lo que yo pueda ayudarte…? Con tu tarea, al menos…”
“Tch, no me lo recuerdes…” Hannya apretó los dientes con disgusto. “El doctor Toushirou se andará riendo de mí ahora.”
“…” Shion desvió su mirada en lo que continuó comiendo los bocadillos.
“¿Fue tan malo que haya usado mi habilidad en ese par de estudiantes Muggles de Hanasaki? Si esos mismos tanto querían escaparse de la labor de limpiar después de clases, y yo que necesitaba el ambiente sin moros en la costa para emboscar a mi HiME,” se indignó y miró a la chica en búsqueda de comprensión. “¿No tiene sentido que un Rebel haga eso para cumplir con su función? ¿Por qué me tienen que castigar?”
“…yo tampoco entiendo los límites que tenemos, pero no es algo que yo haría, Hannya,” comentó Shion, mirando al piso y con una voz reservada y sin energías. “…el doctor mencionó que tus influencias son tan fuertes que podrías causar que ese par termine perdiéndose en algo.”
“¿Ahh?” Hannya le miró desconociéndola. “Hazme el favor, sólo les removí su sentido del deber esa tarde. Si ese par de cualquieras se desentienden de sus responsabilidades para siempre lo culparía más a alguna parte podrida que ellos traen por dentro. Ese no es mi problema…”
“…” Shion se reservó, aunque su ceño fruncido denotaba disconformidad.
‘Si tanto desestimas la responsabilidad que otros tienen en su día a día, te corresponde integrarte a la sociedad para que aprendas a valorarlo…’ o algo así, sólo palabrerías para que yo también tenga que cumplir con clases y sacarme notas aprobatorias. ¿Acaso no existo únicamente para ser un Rebel? ¿Acaso no es lo que me va mejor? ¿No es el motivo por el cual el doctor Toushirou se interesó en mí en primer lugar? Qué asco…” miró a un costado con repugnancia. “¿Qué clase de reporte del evento se supone que debo entregarle al fin de todos estos días?”
“No creo que sea tan malo, Hannya…” dijo Shion, meditativa, y mirándole.
“¿Cómo demonios no lo es?” le reclamó.
“Puede que lo veamos diferente, pero ahora que estoy preparándome para ser una estudiante normal, me gusta pensar que tengo obligaciones y cosas por hacer que no me atan a Rizembool,” ella sonrió con humildad. “Y puede que sigan siendo tareas, pero… tal vez… es otro tipo de libertad, uno que no tenía hasta ahora.”
“¿Eh?” este entrecerró los ojos con escepticismo.
“Supongo no suena tan liberador… pero sí es algo distinto y… puede ser interesante…” miró a la bandeja en lo que conseguía otro bocadillo. “Lo siento si no te parece igual…”
“Pues no, para nada…” dijo, aunque ya olvidándose del fastidio. Lo tomó como las palabras sonsas e inocentes de una niña. “Cada vez me recuerdas que eres una buenita, Shion-chan. Obviamente pensamos diferente.”
“Sí, supongo…” ella se abrazó las piernas y desvió su mirada.
“¿Y te vas a quedar aquí? Hay un rincón del estadio donde hay más gente de Rizembool, en caso te sientas más cómoda ahí,” la vio estremecerse. “Ni con ellos, ¿ah? Oh, verdad que hasta hay una guardería. Pareces casi una niña por sentarte de esa manera así que encajarías bien.”
“¡N-no, ¿estás loco?!” ella se espantó. “¡¿Y qué tal si ocasiono un desastre?! ¡Definitivamente no quiero lastimar a ningún niño!”
“Si temes por tu descontrol activándose intempestivamente, lo mismo es cierto en cualquier área de este lugar, hasta debajo de esta mesa,” dijo indiferente.
“¡P-por favor no digas eso!” volvió a cubrirse la cabeza con sus manos.
“Heh, ¡bromeo obviamente! ¿Tan en serio me tomas?” sonrió con maldad. “Estamos en la tierra de las amazonas hormonales. Cada una de esas niñas HiMEs son igual de potencialmente peligrosas que nosotros, pero nadie anda anticipándose a que algo malo ocurra, así que tú tranquila. No vale la pena ni pensarlo hasta que ese momento llegue.”
“…” Shion dejó de cubrirse la cabeza. Ella miró a sus manos, luego al piso que le rodeaba, hasta palpó su permanente hambriento estómago para sentirlo ligeramente satisfecho. A diferencia de muchos otros instantes durante su encierro, no había ninguna señal de un posible descontrol.
“No creo que el doctor te hubiera dejado venir si existiera la posibilidad de que fueras a perder el control, obviamente,” Hannya rodó los ojos. “Si hay algo para lo que Rizembool es mejor que para hacer su guerra clandestina es esconderla de las masas y Hanasaki es cómplice en lo mismo, y si nosotros estamos entre tanta muchedumbre es porque nos toca jugar la misma charada de paz. Ahora deja de esconderte y ve por más bocadillos. Ya me estoy aburriendo de estos.”
“Entonces…” ella le miró con un rostro vacío y atento. “¿Puedo comerme el resto?”
“¿En serio? ¿Eso es lo único que te importa? Vaya palabreo que me has hecho desperdiciar,” se indignó.
“Ehh…” se inquietó.
“Sí, anda, trágatelos, mejor que alguien se los acabe,” dijo sacudiendo su mano como si le indicara al perro que eran suyos. Shion hizo precisamente eso. En fin, le haya escuchado o no, esa chica que vivía en un constante estado de nervios e histeria pudo olvidarse de su manojo de temores ante la presencia de tan buena comida.

Hannya decidió esperarla para así forzarle a salir de ese escondite. En verdad era una velada aburrida y nada afín a su persona, pero estaba resignado a jugar ese rol por esa noche. No podía negar que sí le debía varios favores al doctor Toushirou así que sería paciente con sus caprichos de momento.

Sólo era una lástima que no pudiera unirse a los agentes de Rizembool que sí estaban posicionados fuera del recinto en caso alguna revoltosa de Hanasaki se atreviera a aguar la supuesta tregua de esa noche.

...


Eureka

Feliz Halloween, chicas~






“Eureka-chan, ¡es obvio que no estás bien!”

Oikawa sonaba muy indignado.

Y aunque quisiera, Eureka no podía culparlo.

“…” La HiME volvió a suspirar: parecía que estaba destinada a decirle la verdad. Las excusas se le habían acabado y ya no tenía escapatoria. Debía resignarse.

Pero en un chispazo de iluminación, sus neuronas conectaron y le otorgaron una última salida: Kokichi.

“La verdad, no.” Eureka observó a los transeúntes que pasaban cerca de ellos con una mirada llena de preocupación. El sentimiento, en parte, no era mentira: sí estaba preocupada por todo el asunto del fin de semana… y también por la extraña disposición de su rebel a cooperar con ella.

Aun así, no podía contarle acerca de la verdadera naturaleza de su ansiedad: no quería distraerlo de sus obligaciones con el club y el campeonato que cada vez estaba más cerca.

“Es… Kokichi. Sé que está feliz por arruinarnos la vida en nuestros clubs, pero… me sorprende un poco que no se le haya ocurrido algo más grandioso y terrible para jugar con nosotros.”
“Como… ¿un ataque?” Sugirió Oikawa, pensativo.
“¡Exacto! El ciclo pasado voló en pedazos parte de tu gimnasio… ¿Qué lo detiene de hacer algo similar en este semestre? Es extraño que llevemos más de un mes sin sufrir por su culpa.”
“¿Y eso te preocupa?”
“…Sí.” Eureka asintió, derrotada. “No lo puedo negar. No quiero que salgas herido, más aún cuando se acerca el campeonato. Sé que te has estado preparando desde el inicio de este año y falta sólo un mes y medio.”
“Tranquila. Ya te dije que yo me las arreglo.” Oikawa le sonrió. “No puedo dejarte a tu suerte. Sería injusto, ¿no crees? No sólo soy tu amigo. ¡También soy tu key!”
“…” Le costaba escucharlo sin sentirse un poco afectada por el peso de aquellas palabras. “Lo sé. Pero me sentiría muy mal si llegara a pasarte algo.”
“¿No vamos a entrenar con Gojo-sensei? Estoy seguro de que mejoraremos un montón gracias a él. Puede que sea medio pesado, pero el reto que me planteó en el campamento fue mucho más provechoso de lo que imaginé. ¡Y viste la espada que saqué gracias a eso!”
“Eso me deja más tranquila.” Eureka le sonrió. “Hiciste un buen trabajo.”
“…¿No te estás burlando?” Oikawa le arqueó una ceja, extrañado.
“¡Lo digo en serio! Sé que te esforzaste un montón. Aún… me siento culpable por no haberte dicho nada sobre el campamento.”
“Bueno, no hay problema. Ya pasó y todo bien.” Oikawa le sonrió. “Aunque Mona-chan y tú no deberían flojear tanto. ¿Qué hicieron todo el fin de semana aparte de embutirse comida en el buffet?”
“…Ver Tiktoks.” Eureka soltó un par de risitas nerviosas. “Esa red social es un agujero negro. Te chupa el tiempo y las energías.”
“¿Tú crees que si le hacemos una cuenta de Tiktok al equipo, llamaríamos la atención?”
“¿Por qué?”
“Aún tenemos que vender polos y mercancía… No he saldado mi deuda con Kokichi-chan.”
“¿Quién te manda a hacer tratos con el diablo?”

Eureka quiso zamaquearse a sí misma luego de decirlo. ¡Tenía absoluta razón! ¡Nadie debería intentar conciliar con el enemigo, y ella no era la excepción!

Wow, a veces se pasaba de estúpida.

“¡Estaba desesperado! Y al final, sí nos ayudó. Pero bueno… ¡No me has dicho qué opinas!”
“Sería… curioso. Podríamos intentarlo. Pero no pienso encargarme de la cuenta.”
“¡Ay, vamos! ¿A quién le voy a pedir el favor? ¿A Toga-chan?”
“Podría mantenerla distraíd… ¡Claro que no! Bueno, no sé. Tal vez estaría dispuesta a hacerlo. Y si la superviso, saldría todo bien.”
“¿Ves?” Oikawa infló el pecho, orgulloso de su idea. “¡Es perfecto!”
“Eso no quita que ande preocupada por ese gremlin morado.”
“Haha, ahora ya no eres su geme—” Oikawa se vio interrumpido por un chispazo de electricidad. “¡AAAY! ¡ERA UNA BROMA!”
“No me agradó en absoluto. En fin.” Eureka sacó su celular: ya estaba 20 minutos tarde. “Estoy tan tarde que ya ni sé si ir a clase.”
“¡Ay, no!” Oikawa se mostró un tanto preocupado al respecto. “¿Y si corres? ¿No eres hiperveloz ahora?”
“Es cierto. Pero me da vergüenza cruzar miradas con el profesor cuando entro al salón después de los 15 minutos de tolerancia. Prefiero que no me vea y se decepcione de mi ausencia… sin tener que enfrentarme a eso.”
“Me sorprende que seas tan aplicada para lo mucho que faltas a clases.”
“¡No es mi culpa! Todo este asunto de las HiMEs me ha arruinado la asistencia perfecta que solía tener.”
“¿Pero no fuiste HiME en tus primeros años de secundaria alta?”
“Sí. Aun así, ni bien retomé la normalidad, volví a asistir sin falta.”
“Ah, ya veo. Yo no soy tan aplicado, la verdad. Pero tampoco me gusta faltar.”
“Pese a que has tenido que hacerlo.”
“Sí. Aunque era divertido perderse clases por los campeonatos de vóley. Ah, estoy emocionado por el Incore~”
“Yo también. Nunca he asistido a un campeonato de esa magnitud.”
“¿En serio?”
“Es que no me interesaban los deportes hasta que te conocí. Y creo que ya te lo dije: la pasión que tú y tus amigos sienten por el vóley es muy contagiosa. Siento que formo parte de su equipo y que también lucharé por la copa.”
“Bueno, lo harás. Eres nuestra mánager.” Oikawa sonrió.
“Me gustaría hacer algo más que ordenar las toallas y llenar sus tomatodos, pero aprecio que me tomes en cuenta.” Eureka le devolvió la sonrisa.
“¡Nunca lo dudes!”

Las amplias sonrisas de los dos se transformaron en carcajadas cómplices en cuestión de segundos. Podía sonar cliché, pero Eureka apreciaba mucho la presencia de Oikawa en su vida. Sentía que era la perfecta antítesis de Lelouch, que siempre le reclamaba por meterse en problemas sin al menos intentar ayudarla de alguna manera.

Oikawa, aunque más pesado y egocéntrico, siempre estaba dispuesto a extenderle una mano. Sus palabras sonaban completamente genuinas justo porque siempre había demostrado que la apoyaría pase lo que pase.

¡Si hasta lo había hecho cuando era su rebel!

Era refrescante tener a alguien a su lado en quien podía confiar plenamente.

Y justo por eso… tenía que protegerlo.

Eureka abrió la boca con la intención de sugerir un nuevo plan para pasar la tarde en vista de que se ausentaría de sus clases… pero un destello de luz en frente de ambos la interrumpió. En medio del haz, yacía una figura alta y esbelta de cabellos largos y claros y… visible desnudez. Cuando la luz se disipó y al fin pudieron ver lo que tenían en frente de ellos, encontraron a un hombre de mirada tranquila que se desmayó cuando pisó el cemento debajo de él.




Oikawa corrió a agarrarlo antes de que se golpeara contra el pavimento, pero gritó al notar que estaba sin ropa.

“¡¿Q-QUIÉN ES…?!”
“¡NO TENGO IDEA!” gritó Eureka, igual de sorprendida que su amigo. “¡Lo importante ahora es cubrirlo!”
“¡Sí!”

Eureka se removió el saco para taparlo con este. Para su suerte, ese día había salido con una gabardina larga por culpa del frío que sentía ahora que se había cortado el pelo.

Al estar más cerca de él, la HiME notó que el hombre tenía un color de cabello similar al de ella… pero disipó cualquier pensamiento loco que cruzó por su mente al ver los mechones azules que se mezclaban con los blancos.

“Debe estar relacionado con la magia HiME, ¿no?” sugirió Oikawa, observando al extraño en sus brazos. “¡Ah! ¡No me digas que es tu nuevo key!”
“¡Claro que no, sonso!” Eureka se indignó ante aquel comentario. “¡En fin! ¡No importa! ¡Vamos a llevarlo a otra parte! La gente nos está mirando…”
“Pero no podemos entrar a tu universidad con una persona desmayada…”
“No. ¿Tienes algún amigo que viva cerca de Hanasaki o Rizembool?”
“¿Alguno que me acepte meter a su casa el cuerpo inerte de un extraño?” Oikawa la juzgó.
“…” Eureka suspiró. “Podríamos llevarlo a la mansión HiME, pero dudo que lo dejen entrar. ¡Y menos a ti! Por eso te pregunté si había alguien que podía ayudarnos.”
“Mm…” Oikawa suspiró. “No sé qué tan buena idea sea, pero…”
“¿Pero?”
“Podríamos pedirle ayuda a Gojo-sensei.”
“…”

Eureka quiso matarse ahí mismo.

“Lo llamaré. No queda de otra.”

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