Me hacen falta algunos icons, pero no tengo mucho tiempo, así que editaré en algún momento. Ya, soy libre~ *se cae* (?)
115.6.
“Estos postres están muy ricos, Ichi-nii,” Shinano degustaba de un flan que traía consigo. “¿Seguro que no quieres uno?”
“Te lo agradezco, pero no tengo mucha hambre, Shinano,” el mayor le sonrió amablemente mientras continuaba su camino acompañado del susodicho, además de Hakata, Hirano y Maeda.
Los hermanos habían estado distraídos un buen rato, en un inicio habiendo acompañado a los Sanjou para luego recorrer el espacioso ambiente y saludar a quienes se toparon en su camino. Como Ichigo era reconocido en Rizembool por su gran popularidad, ello significó que el peliceleste terminó por saludar a varias chicas que lo conocían e incluso a compañeros de clase con quienes había congeniado bien. Una vez se pudo abrir camino y atender a quienes habían esperado dialogar con él, decidió llevar a sus hermanitos a un paseo culinario por ese ambiente, y ello le llevó a reencontrarse con Hakata, quien se les sumó.
“He visto a algunas personas pasar con lo que parecen ser infusiones,” observó Hirano. “Me pregunto dónde las servirán.”
“Ciertamente la usual selección de té en reuniones como esta es limitada,” Maeda se puso a pensar, y pasó a animarse. “Así que espero que demos con alguna interesante mezcla que nosotros podamos recrear en casa.”
“Heh, bien pensado, si bien no soy un entusiasta del té como ustedes, también me interesa mucho más que los postres,” Hakata asintió y dio su visto bueno. “Pero por ahí he visto a una persona cargar takoyakis, así que pido que también los busquemos.”
“Haha, estoy seguro que daremos con todo, y de no quedarse satisfechos, podemos salir a pasear después de clases algún día. Me aseguraré de brindarles lo que gusten,” comentó el primogénito, con una alegre sonrisa. Se encontraba en medio de una actividad de la universidad, entre muchas otras que debía atender, y a la vez en una reunión formal, algo no ajeno a su persona al tratarse del mayor de su familia. Sin embargo, en medio de sus quehaceres y de presentarse impecablemente, el simple hecho que en esa ocasión tenía el privilegio de estar acompañado de algunos de sus hermanitos le llenaba de dicha. Cada uno de ellos era sumamente adorable en su punto de vista.
“Sé que todos saldremos más que contentos de aquí, pero nunca podría negarme a una salida entre todos después de clases, Ichi-nii,” le comunicó Shinano. “Y tú déjame a mí arrastrar a Gotou. Sé que él no es un estudiante, pero igual podría haber venido si quería.”
“Gotou-nii sí tenía cosas que hacer esta noche, no es que se haya resistido,” observó Hakata. “Pero ya me prometió que vendrá a vernos en medio de las actividades de los próximos días, así que no me preocuparía.”
“Ah, eso es alentador, me alegra mucho,” Maeda juntó sus palmas y sus ojos brillaron. “Me aseguraré de esforzarme más en estos días si es que Gotou-niisan y nuestros hermanos van a estar al pendiente de nosotros.”
“Hehe, me siento igual de motivado, tengo que probarme ante todos,” Hirano asintió gustosamente.
“Admiro sus deseos, pero no se olviden de divertirse y de recordar de mantener el espíritu de confraternidad por encima de todo,” les recordó el mayor, amablemente. “Es aquel el motivo de esta colaboración entre nuestras instituciones.”
“¡Sí~!” canturreó Shinano.
“Por supuesto que no lo olvidaré, Ichi-nii, pero no sería yo si no me propongo a sobresalir entre los demás,” afirmó Hakata, con una sonrisa autosuficiente. “Hehe, sólo porque soy un pequeño no significa que los otros universitarios pueden menospreciarme.”
“Creo que cualquiera de tus compañeros de clase de inmediato reconocería tu habilidad, Hakata,” observó Ichigo. Entonces, él notó que su prodigio hermanito pareció ser llamado la atención por algo cercano. “¿Sucede algo?”
“Espera, ese chico de ahí…” el rubio alzó una ceja. Maeda y Hirano intercambiaron miradas.
“Eh, vamos a ver,” sugirió Shinano, y todos terminaron acercándose un poco.
Lo que había llamado la atención al pequeño rubio era un par de estudiantes de universidad, quienes ocupaban uno de los muchos kioscos en ese evento. El chico más elocuente tenía cabellos grises ensortijados y ojos del mismo color. Este anfitrión se expresaba con gran carisma y una segura aunque humilde atención a su público estudiantil. Mientras tanto, había otro joven bastante alto quien le respaldaba como un cordial ayudante de pocas palabras. Este segundo poseía unos cabellos lacios verdes además de un mechón negro por un costado de sus cabellos.
“¡Vengan todos, si tienen alguna duda sobre sus rendimientos en los venideros exámenes, tenemos para ofrecerles una guía de estudio que les asegurará resultados en el tercio superior!” comenzó el peliplateado. “Ofrecemos guías para las clases más populares de primer año, y también algunas materias especializadas como excepciones.”
“Buena elección, con estas tres guías usted va a lograr un resultado fortuito,” dijo el otro a un nuevo cliente, quien finalmente se había decidido por la compra de la noche. El ayudante muy amablemente procedió a empacar las guías en una bolsa de papel. Permítame calcularle el total.”
“¿Venden guías para clases aquí?” preguntó Maeda, sorprendido.
“Nuestros profesores en las clases nos alientan a estudiar juntos y a pedir ayuda cuando tenemos problemas con las materias, pero comercializar esta ayuda de estudiante a estudiante es un poco… extraño, por decir poco,” Hirano alzó una ceja, escéptico.
“Debo decir que no es algo que yo haya evidenciado personalmente antes,” admitió Ichigo, tan tranquilo y ameno como siempre. Él dio una simple vista a algunos afiches a los lados del kiosco. “Por lo poco que pudo ver, sí dan ejemplos claros y de importancia para las clases básicas, por lo cual me da la impresión de ser legítimo.”
“Hehe, si ellos son tan buenos estudiantes no podemos recriminarles de que vean alguna especie de provecho a su habilidad, supongo,” Shinano rió un poco.
“Suena a algo caprichoso que tú harías, Shinano,” le recriminó Hakata, negando frustrado.
“¡¿E-eh?! ¡¿Qué dije?!” el pelirrojo se espantó.
“Entiendo lo que dices, pero pienso que precisamente comercializar este tipo de información por este medio y de parte de un estudiante empuja mucho las reglas sobre lo que deberíamos tener permitido hacer,” Hakata llevó una mano a su mentón. “Hmm… aunque a su vez, ese peliplateado… no es que lo conozca personalmente, pero sí tiene fama en el área de economía. Es uno de los mejores estudiantes de esa especialidad.”
“¿Hablas en serio?” Maeda se sorprendió.
“Ahora que lo mencionas, es posible que lo haya visto antes…” Ichigo se sorprendió un poco. No tuvo que llegar a hacer memoria, ya que aquel a quien observaban finalmente se libró de otro cliente y estuvo libre como para dirigirles la atención.
“Ah, no hubiera esperado que daría con el mismísimo Ichigo Hitofuri en persona,” dijo con una sonrisa calculadora e intrigada. Entonces, regresó a su semblante atento y amable. “Ah, pero por supuesto, si usted ha venido interesado en mis servicios, con mucho gusto le ayudaré en lo posible. Presumo que alguien de su éxito y brillante historial académico no necesita de una de mis guías personalmente. ¿Será que ha venido a preguntar en lugar a uno de sus hermanos?”
“Oh, mis disculpas, me quedé anonadado por su gran dedicación laboral y excelente material que he cometido una falta en mirarlo y quitarle tiempo de su labor,” Ichigo asintió con una apenada sonrisa. “Y también siento mucho preguntarlo, pero, ¿habremos tratado previamente?”
“Ah, no, por supuesto que llegaría a esa conclusión por mis palabras, pero ahora seré yo quien verdaderamente se ha atrevido indebidamente,” ese peliplateado sonrió gratamente. “Temo decir que no te tenido el placer de dialogar con usted hasta el presente, pero su popularidad y previos resultados de semestres anteriores preceden su aparición ante mi persona. Por supuesto, siendo alguien quien todavía debe armarse de su reputación, no me quedaré más en las sombras,” se apuntó a sí mismo con una palma sobre su pecho y adoptó certeza en su expresión. “Mi nombre es Azul Ashengrotto y soy un estudiante de la facultad de economía en la universidad de Rizembool. Además de ello, soy el gerente de un popular lounge en nuestra universidad y con frecuencia presto mis servicios para actividades variadas semejantes a la presente.”
“Oh, definitivamente es impresionante,” Hirano se mostró sorprendido.
“Aprecio mucho su reacción, joven Toushirou, el reconocimiento es sin lugar a dudas alentador,” celebró el mayor, nuevamente mostrándose entusiasta, a gusto con su público y dichosamente humilde. “Presumo que los hermanos de una persona como Ichigo Hitofuri serán igual de trabajadores que él.”
“Hehe, agradezco la fe, pero debo reconocer que me encuentro todavía en los primeros pasos y tengo mucho que aprender,” dijo Maeda, quien de todos modos se vio a gusto.
“Tampoco podría compararme a Ichi-nii, pero hago todo lo que puedo,” Shinano asintió.
En eso, el peliverde despachó a la última persona y también se acercó a los hermanos.
“¿Oh? Azul, ¿será que has encontrado a nuevos clientes?” preguntó aquel peliverde con una corta y suave sonrisa, y unos gestos recatados y sutiles que le daban la apariencia de ser un mayordomo. Este hizo una pronunciada venia. “Les doy la bienvenida a nuestro puesto de ayuda académica. Mi nombre es Jade Leech y estoy para servirles.”
“Es un placer, yo soy Ichigo Hitofuri,” el peliceleste asintió respetuosamente y sonrió un poco. “Siento decirle que apenas hemos entablado una conversación. Nos impresiona su puesto, aunque no necesitamos de las guías en el presente.”
“Pero descuide, ya que este simple diálogo ha sido más que iluminador. Confirmo que la reputación que posee es merecida,” Azul asintió. Entonces, él pasó a mirar a Hakata, quien a diferencia de los demás, parecía un tanto retraído a unirse al diálogo. “Ahora que lo pienso, me da la impresión de haberte visto entre varios otros estudiantes en mi facultad. Para llegar a donde estás ahora sin duda has demostrado ser un genio.”
“Pues, gracias por el reconocimiento, pero usted también podría conocerse como un genio. No es que mi caso sea único.”
“¿Eh?” Shinano ladeó su cabeza y se puso a pensar.
“No necesita que sea único o no, puesto a que no considero la genialidad de personas como una competencia, pero a la vez es este ímpetu de tomarse todo como una carrera lo que impulsa a los jóvenes hacia delante,” concluyó Azul, con una sonrisa neutral. “Aunque por supuesto, si encuentras algún instante de complicaciones académicas en tu trayecto, espero que recuerdes que mis guías estudiantiles están a la orden.”
“Heh, no gracias,” Hakata sonrió seguro de sí mismo y con sus lentes brillantes. “Que las guías sean para los débiles. Yo pudo sacarme la nota perfecta sin ningún tipo de ayuda así que nunca seré cliente de ustedes.”
“Fufu, me gusta tu espíritu,” comentó Jade, con una mano en su mentón y una sonrisa intrigada. Él pasó a dedicarle a Hakata un ameno semblante. “Nosotros podemos dedicarnos a ayudar a quienes necesiten apoyo académico, pero de igual manera celebramos a quienes se deslumbran sin la necesidad de otros. Me queda alentarte a distancia, pequeño estudiante.”
“Pareciera que hay algunas personas leyendo su puesto, creo que lo mejor es que nos retiremos por ahora,” observó Ichigo. Este hizo una leve venia con una mano en el pecho. “Les agradezco sus atenciones con mis hermanos. Es hora de irnos. Con su permiso.”
“No, el gusto ha sido todo mío, que pasen una excelente noche entre todos,” se despidió Azul, quien asintió y les vio marcharse, para de una vez dirigirse a los siguientes estudiantes que leían sus ejemplos de la guía del mismo kiosco.
No llegaron a caminar mucho más cuando los Toushirou más pequeños dieron con el tan buscado puesto de tés, y ellos se adelantaron con ansias seguidos del primogénito.
“Finalmente dimos con algo que querías Hakata, hay que apurarnos o más personas llegarán entre Ichi-nii y nosotros,” observó Shinano.
“Hmm…” Hakata se encontraba pensando muy duramente.
“Oye, ¿sucede algo?”
“Oh, nada, pues…” se tardó un poco en contestar por procesar lo que el pelirrojo acababa de decirle. “Eh, Hirano y Maeda son los más entusiastas con los tés, así que no me compararía con sus energías.”
“Hakata, no parecías verte muy a gusto con ese par con quienes hablábamos,” observó Shinano, confundido. “¿Acaso has tenido algún problema con él antes?”
“No realmente…” lo pensó un poco más y frunció el ceño. “Sólo que no me fío de su actitud. O sea, yo también entiendo la idea que un hombre de negocios necesita actuar bien con sus clientes y acomodarles, pero ese peliplateado era demasiado cordial, hasta cuando fue claro que no necesitábamos de su ayuda,” se cruzó de brazos. “Casi suena a que esa persona quería alguna especie de beneficio de Ichi-nii…”
“Pues, si lo pones así,” Shinano alzó su mirada y lo divagó un poco. Terminó por sonreír despreocupado. “No creo que haya problema. Ichi-nii es alguien brillante y de nuestra familia, así que no dudo que ya se haya encontrado con un manojo de gente interesada, y nuestro hermano definitivamente sabría cómo lidiar con eso.”
“Es verdad, no lo había visto así,” sin duda había sido lo que el pequeño rubio había querido oír. “Entonces no tengo que preocuparme por nada aquí.”
“Sí, por supuesto,” Shinano asintió un par de veces, convencido.
“Y definitivamente no puedo intimidarme por ninguno de mis senpai y la forma en que hacen negocios. Heh, gracias por el aliento para variar, Shinano.”
“¿Por qué para variar?” el pelirrojo hizo un puchero. Su hermanito continuaba igualmente de honesto y severo de siempre.
…
“…sus reputaciones son buenas introducciones, de eso no hay duda,” comentó Jade en lo que organizaba las guías luego de una venta fallida. “Ver a un pequeño aunque variado ejemplar de aquella familia deambular tan distraídamente, aunque ciertamente de manera tan espontánea.”
“Una observación que cualquiera podría hacer. Tienes algo que decir al respecto, ¿Jade?” preguntó Azul. Ya sin gente al pendiente de ellos, el carismático chico de cabellos plateados poseía un rostro neutral y práctico.
“En lo absoluto, sólo pienso que se veían adorables,” confesó el peliverde, con una humilde sonrisa. Él pareció encontrarlo gracioso. “Quizás sea un caso diferente, pero me pregunto el tipo de reacciones que Floyd y yo generamos cuando nos presentamos juntos. Puede que a veces resultemos adorables.”
“Creo que oírte decir a ti que algo es adorable le quita todo el potencial que pudo haber tenido,” dio un torturado suspiro, y pasó a fruncir el ceño. “Y verlos a ustedes dos definitivamente me quita energías. Ello suele significar que algo a lo cual debo prestar atención está ocurriendo.”
“Suena a que dudas de mis anhelos y el simple deseo de ser una imagen agradable para otros, me apena tremendamente,” admitió con un rostro rendido y solemne, y pasó a sonreír nuevamente con intriga y travesura. “Sólo puedo imaginarme por qué tendrías esa acción tan visceral ante mi persona, Azul.”
“Obviando tu desatinada diversión, ¿hay noticias de Floyd?” preguntó el peliplateado, decidiendo cambiar el tema completamente.
“Él partió para recoger más copias de las guías de matemáticas cuyas demandas hacen que casi se nos acaben, y salvo ese hecho, no sé nada en lo absoluto,” Jade negó. “Basado en esa información, podríamos verle regresar diligentemente en unos minutos, o si no recién lo veremos mañana en medio de las actividades y sin rastros de la tarea con la cual nos dejó detrás.”
“Realmente nos vendría bien su actitud con estos jóvenes impresionables, pero al quejarse tanto de esta gala, no me sorprende que haya aprovechado la primera excusa para irse,” dijo Azul, dando un suspiro.
“Aunque me pregunto cómo una persona como Ichigo Hitofuri se llevaría con mi hermano. No tienen atributos en común.”
“¿Quién sabe?” se encogió de hombros. “Seguramente habrá algún Toushirou desenfrenado que remotamente se le parezca, no que me importe.”
“¿Y qué buscarías de una familia como aquella para darles tanta atención, Azul?” cuestionó Jade, con una genuina curiosidad. “No los veo como obvios colaboradores o aliados de negocios.”
“Lo observarías bien, Jade, y tienes toda la razón,” Azul asintió. “Los negocios de dicha familia y su manera de entablar relaciones no me interesan precisamente. No obstante, es esa reputación a la cual rindo valor, puesto a que estar en buenos términos con alguien con tantos recursos como él podría facilitarme a un futuro contacto que sea más a mi medida.”
“Es decir, estás en la búsqueda de la posibilidad de un contacto diferido, lo comprendo,” comentó Jade, entretenido.
“Además, considerando justamente ese apellido, nunca está de más reconocer a gente con importancia para nuestra institución. Ichigo Hitofuri no será quien gane los galardones de la guerra,” Azul sonrió con ironía. “Pero su hermano menor seguramente apreciará cada buen trato dirigido a sus semejantes, ¿no es así?”
Luego de que la pequeña HiME se esfumara, Ayesha era acompañada por los demás en búsqueda de ella. Por sugerencia de Tsurumaru, el grupo se dirigió primero hacia la zona donde se encontraban los Sanjou, quienes posiblemente tendrían una idea de su paradero.
Al llegar a una zona de mesas con taburetes altos adjunta a un gran bar de elegante apariencia, todos vieron a otro pequeño pelicenizo quien saltó para correr y recibirles con grandes energías.
“¡Oh! ¡Buenas noches, qué sorpresa verles!” exclamó Imanotsurugi, con grandes ánimos. Este hizo una reverencia. “¡Pienso que te ves muy linda con ese atuendo, Ayesha-dono! ¡Ohh, incluso las dos están aquí, Yukko-dono, Mai-dono! Hehe, y me alegro mucho de que nos veamos, Hotarumaru~”
“Oh, eh, muchas gracias,” Ayesha sonrió con torpeza y algo incómoda. Ella había pensado que quizás aquel energético amigo de su hermanita había sido el responsable de su desaparición, pero incluso el pequeño parecía más sumergido en la gala que ella misma por sus elegantes y tradicionales ropas.
“Lo mismo digo, Imanotsurugi, no siempre nos llegamos a ver,” el otro pelicenizo sonrió un poco.
“Ehh, hehe, me sorprende que me recuerdes…” dijo Yukko, sonriendo con torpeza. Aquel improvisado viaje de verano casi se le había escapado de la cabeza.
“…” Mai asintió y levantó su palma en señal de saludo.
“Haha, ¿y a mí no me saludas?” Tsurumaru se rió.
“Pero si nos habremos visto hace menos de media hora, Tsurumaru-san,” Imanotsurugi ladeó su cabeza, y pasó a sonreír traviesamente, para entonces dar un salto y terminar parado en los hombros del peliblanco.
“¡O-oye!” sin duda eso terminó por sorprenderle. Vio al pequeño terminar por sentarse sobre él.
“¡Pero si lo que quieres son atenciones, con mucho gusto jugaré contigo~!” canturreó feliz.
Entonces, el grupo notó que un pelinaranja muy alto y fornido se apresuró hacia ellos.
“Imanotsurugi, por favor no le causes problemas, recuerda que estamos en un evento formal,” pidió Iwatooshi, listo para quitarlo de encima del otro.
“¡Haha, admito que me sorprendió, pero no te preocupes!” Tsurumaru rió con ganas y agarró las piernas de Imanotsurugi a manera de asegurar a un infante. “Me dan ganas de jugar a ser un caballito contigo.”
“¡Yay~ hay que hacerlo!” el niño festejó.
“…” Mai alzó una ceja. “Sí, él definitivamente era un sospechoso.”
“P-pero vemos que es inocente. Nio no está aquí,” Yukko sonrió incómoda. Tenía sentido que alguien tan energético como Imanotsurugi sería amigo de la intrépida HiME.
“Oh, pero no puedo distraerme, veo que vienen acompañados,” Imanotsurugi terminó por impulsarse de Tsurumaru, hacer una vuelta mortal en el aire, y aterrizar para hacer otra reverencia al único que no conocía previamente. “¡Mucho gusto! Mi nombre es Imanotsurugi. Veo que eres amigo de Tsurumaru-san, y sus amigos son mis amigos también~”
“¡Haha, puedo decir lo mismo, yo soy Iwatooshi!” el imponente pelinaranja rió despreocupado y se apuntó a sí mismo. Este también se notaba bien vestido, aunque su voz rebosante y gestos desenvueltos (además de su gran tamaño) desentonaban con su atuendo.
“No es que realmente sea mi amigo, pero claro, este Rebel pasa tiempo con mis kouhais así que en cierta forma viene en son de paz,” Tsurumaru se encogió de hombros con leve gracia.
“Eh, mi nombre es Nagito Komaeda, agradezco el ceremonioso saludo, aunque dudo ser merecedor de él,” este sonrió en aprietos. “Es igualmente un gusto conocerlos a ambos, pero no pretendo distraerles. Altugle-san ha venido por un motivo sumamente importante, así que espero que la puedan atender cuanto antes.”
“¿Hm? ¿Cómo así?” Imanotsurugi parpadeó perplejo.
“Eh, sí, muchas gracias, Nagito, y gracias a todos los que me rodean,” la torturada rubia asintió en lo que se mantuvo acongojada. “Mi Nio se ha separado de mí y no sé dónde está, necesito encontrarla antes que haga algo imprudente.”
“Venimos porque ustedes la conocen bien, y quizás ha pasado por aquí,” dijo Hotarumaru.
“Pues no, no la hemos visto en toda la noche,” Iwatooshi se puso a pensar. “Pero si dicen que temen que se meta en problemas, ¿acaso algo ha sucedido?”
“Ella quería pasar más tiempo con sus amigas HiMEs, pero yo le recordé que tenía una tarea que hacer y que nos íbamos a enfocar en eso, pero ahora ya no sé a dónde se habrá ido,” continuó la hermana mayor.
“Hmm…” Imanotsurugi se puso a pensar duramente. “Entiendo que esa tarea debe ser la de escribir sobre el evento de esta noche que nos dieron… o sea, no es que sea una tarea difícil…”
“…” Mai alzó una ceja.
“¡Pero no importa!” ese pequeño sonrió. “Si Nio-chan quería pasar tiempo con las HiMEs, ¿no habrá ido a buscarlas?”
“¡¿T-tú crees?!” con esa mención, el rostro de Ayesha se tornó azul. “¡Pero eso no puede ser! ¡Nuestras amigas salieron a dar una vuelta! ¡Los alrededores de noche son peligrosos!”
“O-oye, tranquila, no te angusties tan rápido,” le pidió Tsurumaru, algo alarmado. “Incluso si algo fuera de lo normal ocurriera, te aseguro que de inmediato se remediaría. En esta noche tanto Rizembool como Hanasaki están listos para garantizar la paz, a nadie le interesa hacer revuelo.”
“Eh, además, aún si salió, si tu hermanita fue donde sus amigas, ella definitivamente estaría a salvo y contaría con su protección,” comentó Yukko, animada.
“Hm…” Mai bajó su mirada y lo pensó un poco. “Si llega donde Ayumu quizás adquiera su plot armor que es una de las cosas más fuertes del universo…”
“Siento decirlo, pero…” Komaeda divagó. “Nio no iría tras las otras HiMEs. Ella seguro que entiende que sus mayores de inmediato te reportarían su ubicación, Altugle-san, así que en lo posible las evadiría también.”
“Sí, tiene perfecto sentido, entre problemáticos nos entendemos,” Mai asintió, convencida. “Entonces, lo lamento, sin el plot armor no puedo determinar si estará bien.”
“¡Ay no! ¡¿Entonces se ha ido por su cuenta a algún sitio indeterminado?!” exclamó la pobre Ayesha, con sus manos en sus cachetes. “¡Sin considerar la rivalidad entre nuestras escuelas, sigue siendo de noche y ella es una damita tan prometedora y hermosa!”
“Eh, también dudo que tenga la voluntad de darte la contra sola. Tal vez decidió buscar a alguno de sus amigos,” le aseguró el Rebel. “Es por eso que estamos buscándolos también.”
“Heh, sí, ya podemos descartar al travieso de Ima-bou, no fue él esta vez,” concluyó Tsurumaru, entretenido. “Y para variar. Eras el principal sospechoso, pero bien por ti que no lo eres.”
“¿Ehh? ¿Por qué ‘bien por mí’ si todos sospechan de mí?” Imanotsurugi frunció el ceño.
“Ha sido hace poco que invitaste a Nio a quedarse con nosotros por días sin que Ayesha-dono supiera la verdad, te lo has ganado,” concluyó Iwatooshi, algo frustrado.
Entonces, ellos fueron alcanzados por Mikazuki y los hermanos Genji.
“Oh, tenemos a un grupo inesperado en esta noche,” comentó el peliazul, con ligera sorpresa. Él miró un instante a Ayesha y pareció entender la situación. “Espero que la estén pasando bien en lo posible, pero comprendo que algo ha ocurrido por la ausencia de Nio-dono. Les aseguramos que Imanotsurugi no es el responsable esta vez, puesto a que nos ha estado acompañando desde el inicio de la ceremonia.”
“¡¿Ehh?! ¡¿Mikazuki-sama, usted también?!” Imanotsurugi se quedó en shock.
“La confianza es algo que se construye con mucho cuidado y consistencia. Tomará un tiempo a que no lleguemos a ninguna conclusión premeditada,” observó el líder, con ligera gracia.
“Uhh…”
“Pero precisamente, fuiste rápido al notar lo que pasa, Jiji,” Tsurumaru sonrió divertidamente y se encogió de hombros. “Hay una pequeña HiME que puede o no puede estar aterrorizando a los aldeanos. ¿De casualidad la habrán visto pasar?”
“¡M-mi Nio no haría eso!” exclamó Ayesha.
“Tsurumaru…” Hotarumaru le dirigió una mirada severa. “Compórtate por favor.”
“Heh, tienes razón, lo lamento. No pude contenerme.”
“Lo sentimos, no la hemos visto,” Hizamaru negó, apesadumbrado. “Imanotsurugi ha sido el único niño en esta área por un buen rato, por tratarse de un bar.”
“Ah, pero pienso que hana-chan es una jovencita muy despierta como para meterse en problemas,” Higekiri sonrió divertido y casi inspirado, y se dirigió a Ayesha. “Es una lástima que no siempre se esté al tanto de lo que nuestros seres queridos hacen, pero estoy seguro que hana-chan pronto aparecerá y todo estará en su lugar.”
“Le agradezco por sus deseos, Higekiri-san, pero por lo vivaz que es, temo que los cálculos de mi Nio terminen por jugarle una mala pasada…” Ayesha asintió y desvió su mirada indecisa.
“¿Me creerías si te dijera que yo también fui un niño revoltoso alguna vez, kotori-chan?” le preguntó con un tono dulce.
“¿En serio?” ella le miró sorprendida y negó.
“Mis travesuras y libertades nunca fueron cometidas por una cabeza que no se ponía a pensar y siempre estuve al pendiente de otros. Ello me mantenía al tanto de lo que hacía, al saber cómo otros serían afectados por mis atrevimientos y a comprender cuándo era el momento para retornar y reconocer mis faltas. Es por ello que sé plenamente que hana-chan mantiene su corazón al tanto de sus hazañas y muy pronto regresará a ti, puesto a que su corazón está siempre con usted. Sólo le pido que sea un poco más paciente.”
“S-sí…” Ayesha asintió, cautivada por dichas palabras. Ella desvió su mirada y sonrió con torpeza y vergüenza. “Ehh, b-bueno, sus palabras tienen sentido… me preocupo por ella, pero confío en su sensible corazón, Higekiri-san…”
“Confía más en el espíritu noble de hana-chan, el cual usted también lleva en demasía,” le guiñó un ojo.
“Ay, no, ¿qué cosas dice usted?” ella se ruborizó y llevó sus manos a sus cachetes.
Mientras tanto, los demás miraban la escena con una mezcla de reacciones.
“Hahaha,” Mikazuki rió. “Al menos sabemos que Ayesha-dono estará más tranquila.”
“Anija… ¿qué estás haciendo?” se preguntó Hizamaru, inquieto.
“La mente de tu hermano es un laberinto, por algo se le ha dado de lanzarle flechazos,” Iwatooshi negó.
“Uhh, reconozco que eso también fue mi culpa, me alegro que Nio-chan no esté aquí para verlo,” Imanotsurugi dio un suspiro.
“Haha, no habría esperado a este anija andar cautivando a alguien,” comentó Tsurumaru, entretenido, y miró a su grupo. “Como el senpai casi siento el deber de cubrirles los ojos, pero no tengo suficientes manos para hacerlo.”
“Nada realmente malo está pasando aquí, que pueda ver,” Hotarumaru se confundió.
“¿Eh? ¿Es que hay algo entre esos dos?” por su parte, Yukko se notaba casi avergonzada.
“No me da la impresión que el chico va seriamente,” Mai le restó importancia y miró de reojo al Rebel. “Pero por tu supuesta preocupación por tu amiga, me sorprende que no reacciones.”
“¿Es que acaso debería hacer algo?” Komaeda lo meditó. “Siendo sincero, justo consideraba que todos a los que acabo de conocer podrían ser excelentes Rebels…”
“No es el momento, por favor, sólo tú lo considerarías importante,” Hotarumaru dio un suspiro.
“Tremenda asunción de su parte. Le pido que no insista a mi anija, él no se puede prestar para esas cosas,” reclamó Hizamaru.
“Higekiri se ha mostrado muy colaborador con nuestros pedidos de que sea un miembro funcional de la sociedad, no es algo por lo cual deberíamos preocuparnos,” observó Mikazuki, con una suave sonrisa. Entonces, este miró fijamente a Komaeda. “No pienso meterme en su punto de vista. Pues bien, el presente evento no tiene nada que ver con los Rebels, ¿así que no sería mejor dejar ese asunto de lado?”
“Entiendo, lo lamento mucho si les importuné, no tuve malas intenciones,” se corrigió el Rebel, en aprietos.
“Tiene sentido que causes estos problemas espontáneamente por lo disfuncional que eres,” dijo Mai, indistinta.
“Ehh, ¿en verdad crees que soy disfuncional? Recuerdo que ya mencionaste algo similar.”
“Pienso que todo el universo lo podría notar…”
“¡¿E-en serio?!” se congeló.
“No demos más vueltas alrededor del tema,” Iwatooshi miró de reojo a Higekiri y Ayesha, con el primero lanzándole cumplidos y la chica riéndose de manera enamoradiza. Dio un pesado suspiro. “Quizás tengan para rato, así que pueden acompañarnos aquí. Será un bar, pero también preparan varios jugos de frutas y alternativas sin trago. ¿Se animan?”
“Oh, si también son cortesía de los anfitriones, me gusta la idea,” Yukko juntó sus palmas.
“…” Hotarumaru asintió. “Ya comí mucho, me hacen falta líquidos.”
“Haha, decidido está, y yo podría tomarme algo también, gracias por la invitación,” Tsurumaru se sumó.
Fue así que la búsqueda fue puesta a un lado de momento, al menos por la mayoría. En lo que el conjunto iba a buscar mesas, Imanotsurugi notó al primo de Luso y sus amigos a distancia caminar en plena búsqueda de algo, o quizás alguien. Lo meditó un poco, y se decidió por avisar a Mikazuki sobre lo que pensaba hacer antes de retirarse.
…
Incluso en medio del mar de gente presentes en el evento de la noche, había algunas personas que irían a destacarse por un sinfín de motivos, sea por su apariencia, personalidad o reconocimiento, entre otros. Por ello, conforme una de esas tales personas fuera del montón iba avanzando, varios de los otros presentes terminaban por girar sus cabezas y prestarle al menos una efímera atención.
Se trataba de otro individuo alto de cabellos verdes con un mechón negro unilateral, quien además tenía una expresión de aburrimiento y hastío que no escatimaba mirar a la gente desde arriba, como si los condenara a que no valían su atención.
De repente, esa misma persona posó sus ojos en uno de los muchos otros estudiantes que recogían bocadillos de una mesa lleno de los mismos, y su aburrido semblante dio un cambio considerable para tornarse en una sonrisa simple y entretenida. Al menos había encontrado algo interesante que revisar.
“Esperemos que disfrute de sus bocadillos,” le deseó una de los trabajadores del catering.
“Muchas gracias,” Shiyoon sonrió radiantemente y asintió para así dar espacio a la siguiente persona. Este miró a sus alrededores por si podía encontrar algún rincón con disponibilidad, pero igualmente con la intención de hasta salir del recinto de ser necesario, pero en esa pequeña pausa que hizo de pie, una persona terminó por apoyarse en su espalda como quien se inclinara hacia una pared.
“¿Hmm? ¿Qué haces por aquí pretendiendo normalidad, ah~?” canturreó el peliverde con una vocecita dormida y juguetona.
“Hola Floyd, eh… ¿podrías dejarme ir?” le pidió con una sonrisa incómoda.
“Si ibas a andar merodeando por aquí, pudiste haberme ayudado,” Floyd miró con insignificancia a un paquete de papeles que traía en su brazo. “Yo que tuve que caminar hasta las afueras de este colegio para imprimir más copias.”
“Entonces tengo entendido que esas guías que andan vendiendo hoy han sido exitosas.”
“Oye…” el más alto le miró con desaire. “Esperaba que me hicieras olvidar ese quehacer. Deja que Azul solo se alegre de ese hecho, él es al único que le importa.”
“Pues entonces… ¿querrás algún plato de bocadillos?”
“Nah, prefiero la comida del lounge, tú come nomás…” dicho esto, Floyd caminó aburrido hacia una mesa, donde un pequeño grupo de amigos ya habían recogido sus cosas luego de terminar sus meriendas, pero continuaban hablando entretenidos entre sí, sin intenciones de irse aún. Este terminó por estampar una de sus palmas con gran fuerza en medio de la mesa pequeña, lo cual probó asustar y desconcertar al grupo.
“O-oye, ¿qué haces?” reclamó uno, pero al ver al rostro de Floyd el cual parecía propio de algún asesino en serie sin nada que perder, se quedó muy asustado como para mantenerse molesto.
“Oigan insectos que no se dan cuenta de la cantidad de gente aquí, ¿van a dejar esta mesa libre o no? ¿O es que quieren vérselas conmigo…?”
“¿Q-qué le pasa a este chico?” preguntó una chica del grupo en voz baja.
“Tch, s-sólo vámonos…” se resignó otro amigo y al final ellos partieron entre fastidiados y cautelosos.
“Heh, fue más fácil de lo que pensé,” por su parte, Floyd regresó a su sonrisa sonsa y mínimamente complacida, y miró a su acompañante. “Todo tuyo, toma asiento.”
“Floyd…” para variar, Shiyoon borró su sonrisa y dio un suspiro, torturado. “Eso no fue divertido, ¿tenías que espantarlos por mí?”
“¿Ehh? ¿Por qué no? Me mataban mi buena vibra,” se llevó una mano a la nuca y se quejó como un niño al que le negaban un capricho. “Igual hay gente en el lounge que se creen en Starbucks. Allá tenemos nuestras formas de correrlos, pero con frecuencia dan ganas de hacer esto.”
“Claro, tiene sentido que lo hayas hecho por ti también, pero no me des cargo de consciencia,” se resignó a tomar asiento.
“Ya olvídate del asunto, qué quisquilloso que eres,” rodó los ojos y se sentó frente al pelimarrón. De nuevo volvió a sonreír entretenido. “Y dime, ¿qué te traes entre manos para andar por aquí?”
“¿Acaso siempre que aparezco es porque tengo algo siniestro por hacer?”
“Hm, pues, sí, ¿no?” se encogió de hombros. “A diferencia de nosotros, tú no eres un estudiante presencial de Rizembool y no creo que el jefe te deje pasearte y comer gratis por aquí si no le eres de algún modo útil.”
“Eh, tiene sentido, lamentablemente…” ‘tiene sentido incluso viniendo de ti’ pensó en decir, pero fuera de que Floyd era el caos encarnado ello no significaba que no podía usar la cabeza. Por su parte, Shiyoon se concentró en otro asunto de lo mencionado y volvió a dar un suspiro, por más que sonreía rendido. “Yo pensé que por prepararme a ser un Rebel finalmente me concederían ir a una institución como una persona normal, pero creo que uno de los científicos subordinados del jefe le aconsejó que me mantuviera inscrito sólo a clases virtuales. Heh, sonará raro decirlo, pero esas cosas que todos dan por sentado me resultan muy intrigantes. Quisiera tener el privilegio de asistir a la universidad rodeado de gente común.”
“Hmm…” Floyd lo consideró mínimamente, con la mirada desviada. Se notaba un desinterés en el asunto, pero sí pareció al menos intentar pensarlo desde su punto de vista un instante. “No te pierdes de mucho. Cuando pasa la novedad se vuelve aburrido y no siempre te puedes parar e ir sin que los profes te lancen maldiciones verbales. Mejor estás haciendo tus clases a tu tiempo y yendo al mall o a donde sea a la hora que quieras.”
“Haha, sí, eso suena un poco inconveniente,” terminó tomándoselo con gracia. Definitivamente esas palabras eran del punto de vista del otro, pero podía simpatizar un poco con ellas. “Tal vez estoy bien como estoy, puedo tener esa actitud.”
“¿Y qué haces aquí? Ya pues, dime, no veo por qué no puedes compartirlo,” se inclinó hacia él.
“Eh, en verdad no es nada serio ni interesante esta vez, verás…” miró de un lado a otro. Menos mal no llamaban la atención de nadie. “Nuestro jefe está soltando a su nueva adquisición esta noche, y si bien todo debería estar bajo control y no irrumpir con esta reunión, existe la posibilidad de que lo haga. Sólo estoy aquí en caso sienta alguna vibra rara o anomalía, y también proteger a quien tenga la mala suerte de cruzarse con algo que no debería. Y pues… eso es todo.”
“¿Hm?” Floyd alzó una ceja, aburrido y no convencido.
“Creo que te hice esperar mucho para decirte algo tan simple. Pero sí, sólo me toca caminar hasta que mis sentidos detecten algo fuera de lugar. Quizás debería darme una vuelta por afuera.”
“Sí pues, no es nada muy raro, eh, hasta el jefe está jugando al buenito esta noche, qué aburrido,” desvió su mirada.
“No del todo o sea…” dio un suspiro, sonriendo incómodo. “Podría haber soltado al nuevo en otro día, pero igual se animó ahora…”
“Pero veo que quizás no sea tan aburrido como me lo haces creer,” el peliverde volvió a sonreír. “Ese ‘nuevo’ es otro raro como nosotros, ¿no? De esos que traen problemas y son impredecibles, ¿cierto? Si es así, sólo prestar atención a lo que hace es mil veces más entretenido que quedarnos dando vueltas aquí dentro.”
“Eh, es bueno que tú no tengas expectativas sobre tus hombros, por eso lo puedes ver así. En cambio, yo…”
“¡Haha, ¿de qué te quejas?! Es más, ¿qué tal si te ayudo?”
“¿Qué dices?” Shiyoon se sorprendió un poco.
“Dices que debes andar al pendiente de las vibras. No te olvides que esa es mi especialidad,” ensanchó su traviesa sonrisa. “Tal vez note algo raro antes que tú, así que salgamos.”
“Eh, ¿y Azul y tu hermano?”
“Olvídate de ellos, raro sería que regresara como niño bueno con los papeles ahora, seguro que Azul me dará otro trabajo más si me ve en tan buen comportamiento,” se quejó y frunció el ceño. “Sí, ya no quiero regresar, me revuelve el estómago que me vean así,” volvió a sonreír. “¡Por eso esto es más divertido! ¡Trágate tu comida para salir ya!”
“Bueno, sé que no te cambiaré de parecer,” se encogió de hombros. Sí admitía que le gustaba la compañía para variar, sobre todo con alguien quien se ofrecía tanto, aunque sí, asumía que luego le tocaría lidiar un poco con el fastidio de ese peliplateado.
En fin, decidió que su yo del futuro se preocuparía al respecto. Lamentablemente, su atención del presente persistía en los sucesos que llevaron a su presente trabajo de esa noche.
…
Flashback
Luego de varios días de estudios incansables por los científicos encargados al proyecto, además de otras pruebas de pelea, había llegado el momento de la evaluación final a la petición de Orochi a un organismo de recursos de Rizembool. Debido a ello, al tan ilustre jefe y aprendiz del legendario doctor Hojo le tocaba entretener y terminar por convencer a un evaluador oficial que iría a darle la última aprobación.
Sin embargo, dicho encargado resultó alguien no del todo desconocido y a su vez pudo hacerse presente en ese lugar sin realmente estarlo.
“Pues, veamos…” se oyó una cansada y monótona voz surgir de una tablet luminosa que levitaba frente al intimidante jefe, el cual no parecía tomarle mucho interés, por más rara que había sido la decisión de dicho departamento de hacer que aquel joven tuviera la última palabra. Era evidente que aquel mismo chico no se encontraba contento con la situación y parecía hasta tener algunas dudas de su rol por cómo de tanto en tanto murmuraba con hastío algunas observaciones inaudibles para sí.
“…tsk, mis viejos tenían que andar ocupados con otras cosas hoy…”“Ello no me concierne a mí. Me haces esperar, presumo que sabes con la persona con la cual estás lidiando…” Orochi alzó una ceja.
“¡Eh, s-s-sí! …lo lamento, esta visita no estuvo en mis planes de hoy…” se apresuró a decir, en un inicio con apuros y luego se frustró tremendamente y regresó a sus usuales bajas energías. Dio un suspiro.
“…no hay punto de darle vueltas al asunto. Yamata no Orochi-sama, ha habido una revisión exhaustiva de todos los estudios y reportes que su grupo nos ha proveído. Como exigido, la evaluación final será enviada a los encargados correspondientes. Igual nos pueden pedir una copia en físico o más electrónicas de así requerirlo.”“Quisiera pedirle una, por favor,” dijo Kokin, dando un paso adelante y haciendo una respetuosa reverencia. “Necesito mantener los archivos de Yamata no Orochi-sama bajo un estricto orden y no siempre puedo contar con la diligencia de nuestros científicos.”
“Sí, entendido, lo anotaré…” se oyó apenas un corto tecleo y la Tablet pasó a escanear ese ambiente subterráneo donde se encontraba.
“Entiendo que son cuatro presentes.”“¡Eh, hola!” Shiyoon sonrió contento y agitó una palma como si saludara a un amigo de toda la vida. “Heh, no esperaba verte hoy. Espero que puedas visitarnos para jugar videojuegos pronto.”
“Tch, ¿qué tonterías dices, Shiyoon?” se quejó Hakuzosu. A diferencia de los demás, este orphan parecía estresado y aprehensivo de dicha Tablet.
“¿Acaso estos subordinados de usted poseen algún rol en su protocolo para lidiar con el encargo para el cual realizó este trámite?” preguntó la aburrida voz detrás de la Tablet, completamente ignorando el saludo.
“Sería iluso de mi parte pretender que lo fueran a hacer directamente. Sin embargo, Shiyoon podría probar útil para realizar con rústico control de daños en caso de cualquier emergencia, además de alertar al departamento de ustedes,” Orochi se encogió de hombros. Entonces, él sonrió con ironía y miró al orphan de reojo.
“…” Hakuzosu lo miró con reserva y nervios.
“El orphan en entrenamiento está aquí meramente para aprender el entorno en el cual vive y mantenerse al tanto de uno de mis muchos quehaceres. Te pido que no le prestes atención.”
“Como digas…” hubo una breve pausa.
“Doy espacio a que realicen cualquier pregunta dirigida a mi persona, por más que ya hubo documentos enviados explicando detalladamente lo que nosotros esperamos de ustedes con respecto a la responsabilidad que les asignamos.”“Sé bien que cuento con sus recursos para contener a mi nuevo recluta en caso este fuera a salir de control, y que mi responsabilidad se extiende a contenerlo hasta el límite de mis capacidades,” Orochi sonrió con leve maldad. “No creo tener que preocuparme más sobre ello.”
“…” nuevamente, se oyó otro suspiro. Esa voz de nuevo murmuró algo demasiado bajo como para trasmitirse con claridad, pero que sí reflejo un estado de frustración.
“…entonces no tenemos más de qué hablar, Yamata no Orochi-sama. Podemos proceder a la entrega…” nuevamente la Tablet se giró mínimamente hacia el orphan.
“Como seguramente algunos han podido detectar, el espécimen ya está en entre nosotros…”Entonces, las puertas de ese ambiente blindado y subterráneo se abrieron, y un par de uniformados en armaduras ligeras y de apariencia futurista ingresaron, con uno jalando una carretilla que traía un cofre herméticamente sellado y el otro manteniendo un registro en otra Tablet similar a la cual se comunicaba con todo.
Fue una reacción visceral producida por un miedo primordial el cual causó que Hakuzosu se erizara y se alistara al ataque de aquella insospechada caja de metal. Esta emanaba un aura y energías tan peligrosas e inquietantes que le daban un sentimiento mil veces más repugnante y nauseabundo que esos orphans con los que recientemente había peleado.
“Haku, detente…” le recordó Shiyoon.
“Tsk…” este le miró de reojo, entrecerrando sus ojos.
“Recuerda nuestro enfrentamiento contra esos monstros,” sonrió amenamente, lo cual desentonó con sus muy tranquilas palabras. “Si mantienes una actitud agresiva, podrías morir aquí.”
“…” sintió leves escalofríos.
“Hmhm…” por su parte, Orochi formó una amplia sonrisa en su expresión. “Sabes bien que no debes desperdiciar mi tiempo. Bien hecho, quizás exija que seas tú quien me dé visitas para asuntos oficiales a partir de hoy.”
“Ehh… pues gracias por el Google Review, supongo, pero no haga eso, por favor…” la voz de la Tablet se inquietó considerablemente.
“Por favor, necesitamos una firma,” dijo el soldado con la otra Tablet.
“Permítame, representaré a mi superior,” Kokin tomó la iniciativa de acabar con dichas formalidades.
Aquellos encargados de la entrega terminaron por despedirse y a la vez llevarse a esa Tablet levitante la cual rápidamente se apagó al haber terminado su función. Las puertas fueron cerradas en lo que otros subordinados de Orochi condujeron a los visitantes a la salida.
“Kokin…” comenzó Orochi, sonriendo decididamente.
“Enseguida…” este asintió y fue a abrir la caja.
“Ehh… jefe, ya andamos rompiendo protocolo,” Shiyoon sonrió inquieto. “Deberíamos estar en un cuarto de contención y con un gran número de dispositivos relacionados para abrirlo…”
“Silencio, no hay necesidad de que hables si entiendes mi mente y el poco riesgo que corremos,” Orochi ni se dignó a mirarle, al tener los ojos fijos en su asistente quien terminaba de desactivar los varios candados electrónicos. Sonrió suavemente al momento en el cual una niebla roja comenzó a escapar de la caja recién abierta. “Hmhm… el orphan es el único quien podría ser consumido tan rápidamente.”
“!!!” efectivamente, Hakuzosu vio esa inocente niebla aumentar su velocidad hacia él. Poseído de un gran terror, alistó sus garras, pero era como pelear contra un viento incorpóreo que estaba por devorarle. En eso, Shiyoon le dio un leve golpe al costado del cuello con un par de dedos. “¡Ahh, ¿q-qué haces?!”
“Tranquilo,” le recordó, manteniéndose inmutado. Shiyoon blandeó su espada y logró cortar e irrumpir con la misma niebla, así manteniendo al orphan a salvo.
El cofre fue abierto por completo, lo cual reveló que su contenido no era más que esa niebla roja, a simple vista, pero sólo bastaba compartir el espacio con aquel objeto para sentir una presión y presencia muy opresoras e inquietantes. Era como si dicha niebla estuviera poseída de un ser que no dependía de un cuerpo físico.
“Finalmente nos conocemos…” Orochi dio un par de pasos hacia delante, sonriendo con maldad. “Escucha, tengo muchas expectativas de ti y espero que las cumplas. He reconocido tu potencial, por el cual has sido encarcelado por tanto tiempo… y pretendo brindarte de la libertad que tanto deseas… mientras me obedezcas y sigas mis instrucciones tal y como deseo que lo hagas…”
De entre la misma niebla roja, surgió una voz distorsionada y elegante…
“Es usted quien me ha despertado de mi letargo… ¿qué puedo hacer por usted, mi señor?” dijo con gran humildad.
“Nada menos que cederme tu entera existencia y afiliación a mi persona. Serás un Rebel y me demostrarás todo lo que conforma tu ser y tus principios,” ensanchó su sonrisa. “Comprendo que te identificas como un noble y un caballero. Pues, dejaré que lo seas y que te impongas por encima de los demás… demuéstrame que eres más que los seres comunes… Yato no Kami…”
“Fufufu…” entonces, la niebla frente a Orochi se volvió densa, y finalmente una figura humana de cabellos escarlatas largos y ojos penetrantes del mismo color se materializó frente al pelivioleta. Este ser se manifestó arrodillado en un gesto de suma lealtad. “Reconozco su inigualable poder e influencias. Usted no es una oveja de ningún rebaño, y ejerce poder y autoridad por encima de dos personas igualmente destacables…” ese pelirrojo sonrió con una extraña dicha. Parecía haber regresado a casa. “Por supuesto… me siento honrado de ser elegido, permítame convertirme en un caballero como usted…”
Fin del Flashback
…
“La luna… tanto tiempo sin verla…”
Aquel demonio escarlata estaba de pie en la cima de uno de los edificios más altos de Hanasaki, cercano al centro de convenciones donde se encontraban todos los asistentes al evento. Ante esa persona había un espacio en tinieblas y mayormente vacío, a excepción de pocas almas que se habían animado por darse un paseo en el exterior, o que realizaban algún tipo de vigilia a manera de resguardar dicho lugar.
Podrían ser explicaciones variadas y simples. Sin embargo, ante los ojos de Yato, la complejidad y capricho de todas esas personas le resultaba muy encantadora. Se asemejaba a una danza, una actuación, un relato que la ficción no sería capaz de imitar, puesto a la complejidad y a la innata naturaleza de aquel libre albedrío de todos los participantes.
No obstante, incluso el desorden y caos propio de los humanos era gobernado por un set de reglas y estándares tan impuestos que parecían perder su carácter opcional. Los propios creadores de la libertad escogían vivir bajo una ficción gobernada por principios y expectativas impuestas por el resto de la sociedad. Incluso las HiMEs y los Rebels no eran capaces de romper la etiqueta de paz e hipocresía de esa noche al ir en contra de las órdenes de sus superiores y del deber de proteger a los civiles a quienes realmente no les debían nada en lo absoluto. Y Yato, como un ser destinado a convertirse en un Rebel, debía observar aquel mismo reglamento.
Sin embargo… como un noble y un caballero de clase y astucia, él pretendía vivir y honrar su verdadero potencial. Siguiendo con el ejemplo de Yamata no Orochi, él se comportaría ante las imposiciones de la gala, pero, a su vez, le tocaba imitar a la gran alcurnia y emplear las reglas a su favor. Él no tenía por qué causar desarreglos… mientras nadie a su alrededor fuera el primero en lanzar una piedra.
“Es una lástima no haber sido invitado a una gala donde podría convivir con los comunes, o con mis semejantes…” murmuró con una suave sonrisa. Una niebla roja se generó a su alrededor, y entonces aparecieron varios orphans con forma de mujeres vampíricas. “Sin embargo…” las miró rápidamente y con atención. “Ustedes, mis queridas enshyoujos, se merecen mucho más que yo aparecerse frente al mundo inferior y deslumbrar su belleza…”
Todas esas orphans asintieron y agacharon su cabeza a manera de sumo respeto.
“Por favor, limítense a los exteriores del recinto y no olviden que no deben atacar a las personas, recuerden estar bajo su mejor comportamiento…” ensanchó su sonrisa, traviesamente. “Y, por supuesto, todo aquello que es ofrecido a ustedes… asegúrense de retornarlo en su entereza…”
Así, las enshyoujos se deshicieron en la niebla roja que lentamente fue descendiendo hacia el mundo por debajo de Yato…
…