Author Topic: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back  (Read 497462 times)


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1080: November 29, 2025, 01:38:08 AM »
Uhh, sé que tengo dos días más para escribir, pero ando con muchas cosas así que mejor lo dejo y me desquito el mes que viene (como la segunda vez que lo digo, but I mean it this time! (...))

Regreso con icons cuando tenga oportunidad.

116.5.



Siendo un evento constante y con muchos horarios para las distintas competencias, era de esperarse que tanto los participantes como asistentes estaban en plan de llegar y marcharse a todas horas. En medio de un grupo de gente que acababa de adentrarse en Hanasaki U, un par de personas caminaba de manera continua, con un claro sentido de dirección al seguramente tratarse de un lugar que ambas conocían.

“Hay una clara presencia de estudiantes que dirigen a los recién llegados…” observó una chica peliblanca, de cabellos voluminosos, y unos ojos fríos celestes. Ella tenía un semblante serio y poco amigable. Sin embargo, sus palabras denotaban un aire de ambivalencia que servía para frenar un poco su cara de pocos amigos.
“Es un evento que concierne a la gente de afuera además de la propia reputación de Hanasaki,” comentó su acompañante, una peliverde con una indudable apariencia de ser mayor que su acompañante. Su caso no era distinto, esta peliverde también deslumbraba un aire huraño y desconfiado, y en particular, ella no se encontraba nada ambivalente. Más bien parecía estar presente contra su propia voluntad. Rodó los ojos. “Si Hanasaki alguna vez sirvió para algo es para mantener las apariencias.”
“Confío que sabes a dónde vamos si no te detienes a preguntar por direcciones,” concluyó la peliblanca, inmutada.
“Sé bien dónde están las pistas, es muy fácil de recordar,” resopló mientras caminaba. “Ya te había dicho que me encargaría de averiguar a dónde vamos.”
“Sin embargo, tu respuesta rebela que no has realizado ningún acto de averiguar. Más bien te basas en recuerdos y asunciones arraigadas de hace muchos años.”
“¿Acaso importa?” la otra se exasperó. “Sé a dónde hay que ir y me encargo de mi trabajo de dirigirte como lo pediste, Horizon.”
“E igual evades la lógica que esperaría de mi trabajadora estrella,” concluyó la peliblanca, con un mínimo dejo de impaciencia, a su vez de alzarse por encima de la otra.
“Tch, sólo somos Dash y yo, y obviamente soy mucho mejor que la atolondrada,” se quejó la peliverde a regañadientes.
“No obstante, es el trabajo de los mayores servir de ejemplo a sus subordinados,” Horizon dio un mínimo suspiro. “Rita…”
“¿Qué quieres ahora?” le miró de soslayo. Sí, seguramente continuaría fastidiándola sin sentido.
“¿Acaso quisieras que nuestra denominada mascota moral se entristezca si te oye expresarte así sobre ella? Dash salió en la mañana con la intención de subir los ánimos en nuestro entorno al ganar un premio en su competencia.”
“Suena a nada más que un sueño.”
“Es algo que posee utilidad moral, por algo es la mascota de mi empresa.”
“…lo dices como si no supieras la verdad sobre Hanasaki…” Rita entrecerró los ojos, se cruzó de brazos, y continuó caminando con la vista hacia el frente.
“Te refieres a la posibilidad que Dash sea contactada por las encargadas para convertirse en una HiME…”
“No es posibilidad considerando que ella recibió una invitación personal para ser partícipe de este evento, por más que su propio colegio no tiene a otros presentes en las actividades de hoy,” comentó con sequedad. “Es ya dado como un hecho irrefutable que ese ha sido el plan.”
“Es ilógico darlo por ello por más que las probabilidades estén a ese favor.”
“¿Y qué se supone que has hecho tú para prevenir que Dash asista a este evento? Lo has tratado como si fuera una actividad extracurricular sin ninguna urgencia,” espetó impaciente. “Como un ser tan lógico, ¿no deberías estar en contra de esta guerra sin sentido?”
“Rita, yo no soy alguien que celebrará la mediocridad de los humanos. Sin embargo, los partícipes de la guerra tampoco son personas a las cuales me negaría en afiliación,” dijo serenamente, manteniendo su serio semblante. “Hay muchos ‘inocentes’ fuera de la guerra que son personas podridas por dentro.”
“Eso no tiene nada que ver.”
“Y hay al menos una exHiME en la cual vi valor y a quien decidí contratar como mi trabajadora estrella, Rita,” dijo mirándole fijamente.
“Tch…” Rita se vio grandemente disgustada al ser recordada de su previa realidad.
“Si Dash decide unirse a esta guerra, no considero que seas capaz de juzgarla. También es algo que consideraría externo a su afiliación a mí, por lo cual lo dejaré en sus manos. Ella tiene la habilidad de decidir su destino.”
“No, ella es demasiado joven e ilusa para algo así, no sabría a lo que se mete.”
“Las HiMEs normalmente no lo saben.”
“Y eso sólo lo hace peor.”
“¿Entonces por qué no eres abierta con Dash y le dices sobre las HiMEs y el riesgo que es, ya que das este futuro desarrollo por sentado?” preguntó Horizon, con severidad en sus ojos. “Tu propia lógica te ha llevado a resistir ese desarrollo de nuestra mascota y a oponerte a esta posibilidad. No obstante, ¿qué es lo que has hecho hasta el momento?”
“Tsk, yo…”
“Intentaste estropear sus planes de ir a la inauguración el día anterior al lanzarle muchos quehaceres del hogar que ni le correspondían hacer en ese momento. Has recurrido a las más infantiles y obtusas artimañas para meterte en su camino, y luego de que Dash deslumbró su habilidad de limpiar con velocidad, te molestaste con ella y le apagaste sus buenos ánimos,” describió con ligera frustración. “Es contraproducente que hieras a la mascota cuyo rol en mi empresa es brindar de apoyo moral a otros. Podría castigar tu sueldo este mes.”
“No bromees, Horizon.”
“Yo no bromeo, Rita.”
“Cierto…” volvió a rodar sus ojos, algo ya muy habitual cuando hablaba con su jefa. “Para ser inteligencia artificial, tienes una personalidad innecesariamente fastidiosa.”
“Y ahora actúas como si fuera yo la insultante. Oh, mis diodos…” lamentó la peliblanca con un tono incluso más mordaz que antes. “Es mi inteligencia artificial la que me permite ver la estupidez humana tan claramente, Rita.”
“Por favor, no sigas…” le miró de reojo. “No quisiera tener que molestarme con mi propia jefa más de lo que ya estoy.”

Con frecuencia, Rita no podía conectar bien con su jefa, aquella robot que realmente tenía más años que ella misma, a pesar de vivir en un cuerpo que fácil la haría ver de la edad de Dash. Siendo Horizon una máquina diseñada por Rizembool y con experiencia previa en la guerra antes de lograr su independencia civil, Rita estaba acostumbrada a ver lo mucho que su impredecible superior trataba a Hanasaki y Rizembool con tanta normalidad. Definitivamente no iría a ver las presentes complicaciones de su misma manera.

Y, aun así, lo que más le fastidiaba del asunto era que, en el fondo, Rita sabía que Horizon tenía mucha razón.

“¿…cómo se supone que tengo que ser sincera con Dash y decirle todas las complicaciones detrás del nombre de Hanasaki? Ella que está tan ilusionada de participar…” meditó mientras desviaba sus ojos con cierto cargo de consciencia.
“Existe un tabú detrás de hablar abiertamente sobre los secretos de la guerra a gente externa a la misma, entiendo que aquello no ha cambiado en el presente.”
“Pero es inútil pensar en eso considerando la tremenda equis que Hanasaki tiene sobre su rostro. Obviamente ella va a ser informada al respecto, por más que tú des espacio a duda.”
“Yo iba a decir que Dash tiene el derecho de saber al menos parte de la verdad, mas no por la posibilidad de ser HiME.”
“¿Hm?” alzó una ceja.
“Después de todo, Dash fue víctima de un altercado que sin lugar a dudas fue orquestado por un miembro incógnito de Rizembool. Lo sucedido aquel día continúa siendo un misterio para ella.”
“…me sorprende que siquiera lo pienses, viendo que pareces programada a dejar la guerra continuar con su curso,” observó Rita, con cierto escepticismo.
“No soy la única a mi parecer, Rita. Tú pareces más ajena a sincerarte. Deberías trabajar en eso.”
“Déjame en paz,” resopló.
“Considero que tienes el suficiente cuidado de no fastidiar a gente que podría encontrar problemas si te expresas sobre la guerra con una tercera,” concluyó Horizon, inmutada. “Por lo tanto, si tienes algo que decir a Dash, si continúas velando por nuestra mascota quien todavía tiene mucho por aprender, te aconsejo que no demores y te expreses antes de que lo lamentes.”
“Tú podrías hacerlo también, Horizon…” dijo con pesadez.
“He decidido que aquel será tu rol, Rita. Yo he optado por mantener una estancia neutral y meramente observadora.”
“Tch, eres pesada.”
“Pesado es aquel que no para de quejarse sobre cosas con las cuales nunca lidiará.”
“…” se mantuvo en silencio un momento. “Una vez terminemos de ver su competencia, veré si puedo decirle algo. Ella merece saber sobre las artimañas de Hanasaki.”
“Entendido,” Horizon asintió. “Aquel ha sido un paso grande para ti. Te felicitaré por tu decisión, ahora espero consistencia en tus futuras acciones.”
“…no me hagas sentir peor por estar metida en estas circunstancias, por favor,” pidió con un tic en la ceja.

No había duda en su cabeza, y por más que Horizon se adhería a la incertidumbre del caso, Rita sabía que no había espacio para variación. Dash había llamado la atención de Hanasaki por un posible potencial. El hecho que su protegida había recientemente sobrevivido a un misterioso atentado por algún agente de Rizembool sólo corroboraba que Dash era de interés. Aquello no era un misterio para Rita y, conociendo a la menor, era muy probable que fuera a saltar ante la oportunidad de ayudar a otras personas, sin pensarlo en lo absoluto.



A su vez, en medio de su imposibilidad de ser sincera con Dash… en medio de tanta incertidumbre ante una certeza… Rita maldecía el mero hecho de que su propia vida volvería a verse atada a ese conflicto que nunca llegaría a un satisfactorio desencadenante a su parecer.

No había escape, aquel mundo oculto continuaría llamándola de vuelta una y otra vez… hasta que, eventualmente, nada fuera a quedar de ella misma.



Eureka

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1081: November 30, 2025, 06:38:40 PM »
1300 palabras en 40 minutos un dia hare 2000 en media hora se los juro

Íconos… pronto





“¿Ustedes creen… que Eureka estará bien?” Preguntó Ryoji, mientras una parte de los residentes de la mansión Vi Britannia compartía un momento de calidad en uno de los salones de estar. Habían coincidido por un milagro (tal vez navideño, aunque faltaban meses para la época más feliz del año) esa tarde después del desastre peluquero de su amiga y se habían puesto a preparar algo caliente de tomar y algunos bocadillos sin pensarlo dos veces.
“No creo que sea tan difícil de arreglar. Me dijo en la mañana que iría a la peluquería sí o sí para retocarse un poco el peinado y pedir una rutina capilar para mantener los pocos pelos que le quedaban en la cabeza.”
“Ay, no seas exagerado.” Kanone tomó un sorbo de su taza de chocolate caliente. “Hablas como si se le hubiera caído mucho pelo.”

“Bueno, sí perdió un poco de volumen. Aunque tal vez es solo frizz…”
“Sí, tienes razón. En fin, hicimos lo que pudimos. Ninguno de nosotros es experto en peluquería y tampoco teníamos las herramientas indicadas para ayudarla.”
“Ajá.” Hizumi asintió. “Entonces, ¿por qué estás tan preocupado? Es como si te sintieras responsable por lo que ocurrió anoche.”
“Bueno…” Ryoji suspiró. “Se nota que la está pasando mal. Y, aun así, seguimos aquí… comiendo bocadillos, tomando chocolate caliente y pasando un buen rato en la casa de su ex.”
“No sé tú, pero creo que planear una mudanza y encontrar un buen departamento son tareas que requieren de más tiempo, ¿verdad? No podemos hacer eso en… un día,” se quejó Hizumi. “Además, Kanone y yo ya hemos estado buscando posibles opciones. Y el mercado de alquiler está terrible.”
“Es cierto.” Kanone le dio la razón. “Los precios están por las nubes y los lugares son enanos. Además, hay ciertas áreas más accesibles que otras, pero están cerca de lugares peligrosos, barrios lejanos o zonas rojas. El panorama es muy deprimente, Ryoji.”
“Me imagino…” Ryoji suspiró.
“No quiero que pienses que nosotros también estamos conforme con la situación. Es solo que… es más difícil que hacerle una promesa a Eu. Quiero cumplirla tanto como tú… y estoy seguro de que al menos para fin de año conseguiremos algo, pero sé que va a tomar tiempo.”
“Tienes razón.”
“Y… tenemos que comentárselo a Yoite y al resto. Bueno, en especial a Soul, porque de seguro él querrá irse con nosotros. No es que se lleve mal con Lelouch, pero…”
“Pero tampoco sabe cómo mirarlo a la cara ahora sin llenarse de rabia,” comentó Kanone.
“¿Ves? Por comentarios como ese, a veces pienso que aún te gusta Eu,” le dijo Hizumi entre risas.
“Pero Hizumi, tú también te sientes igual.” Kanone le sonrió.
“¿Qué? A mí no me gusta—”
“Claro que no.” Kanone rio. “Pero le guardas cierto resentimiento a Lelouch por haberle hecho daño. Creo que todos los residentes de la mansión estamos en la misma situación… incluso los hermanos de él.”
“Ah, Miharu no lo quiere ver ni en pintura, haha.” Hizumi asintió. “Bueno, sí… es cierto. Tal vez solo quería joderte un poco.”
“Entendible.”
“Hola…”

Los tres saltaron un poco en sus sitios por el trauma reflejo de pensar que se trataba de Lelouch, a quien andaban criticando, pero solo era Soul, quien parecía que acababa de llegar de clases.

“¿De qué están hablando?”
“De miles de cosas. Sírvete chocolate y ven a acompañarnos.”
“No soy muy fan, pero gracias.” Soul sonrió y les hizo caso.

Dejó su morral en uno de los sofás de la estancia y se dirigió hacia la mesa del comedor para servirse un poco de chocolate y unos cuantos bocadillos en un pequeño platito. Cuando terminó, regresó a la sala de estar para sentarse con sus amigos.

“Qué extraño coincidir con todos ustedes.”
“Debe ser gracias a las clases que han cancelado para los preparativos de las olimpiadas,” sugirió Ryoji. “Me hace muy feliz, la verdad.”
“¿Ustedes van a participar?”
“Sí… creo.” Hizumi suspiró. “Los chicos del club de vóley se animaron en también formar parte del equipo oficial de las olimpiadas, así que nos arrastraron a todos con ellos.”
“¿No tienen un campeonato pronto o algo así?”
“¡EXACTO! Pero ninguno tiene prioridades claras. ¡Es terrible!”
“Oye, Soul. Queríamos hablarte de un tema en especial.” Empezó Kanone.
“¿Sobre qué? Ay, no.” Soul suspiró. “¿Qué hizo Eureka ahora?”
“¿Aparte de decolorarse el pelo y cortárselo? No mucho.” Hizumi sonrió.
“…” Soul los observó, confundido. “¿Qué?”
“No es eso.” Ryoji negó con la cabeza.  “Bueno, sí, también… pero hay algo más importante que eso. Es que… queremos mudarnos.”
“Ah, sí. Hizumi me había dicho algo al respecto.”
“¡Ajá!” Hizumi asintió. "¡Creo que lo he conversado con todos los presentes por separado! Excepto contigo, Ryoji. Supongo que Kanone te contó.”
“Sí.” Ryoji asintió. “Creo que hablamos de eso hace un mes, o mes y medio.”
“Y… ¿por qué quieren mudarse?” preguntó Soul, confundido. “Osea, entiendo por qué… pero, ¿por qué ahora?”
“Extrañamos a Eu,” confesó Hizumi. “Y no me siento bien tratando con ella sabiendo que somos los traidores que siguen viviendo en la mansión de su ex.”
“Y en el caso de Hizumi, ni siquiera aporta algo para las cuentas. Además, se come la comida de los Vi Britannia.”
“Y pensé: ¿por qué me debería comer la comida de los Vi Britannia cuando podría ser su comida?”
“Gracias, Hizumi.” Soul rio. “Bueno, yo estoy de acuerdo. Te lo dije esa vez que conversamos.”
“Ahora… el tema es encontrar un departamento con tantos cuartos disponibles.”
“¿Supongo que quieren que Eu también viva con nosotros?”
“Sí…” Ryoji asintió. “Siento que la casa HiME la ha aislado un poco del resto de sus amigos y me preocupa que siga ahí como un hongo.”
“Tiene amigas HiME, pero Eureka sabe cómo fingir cuando quiere… y no culparía a esas chicas si no se dan cuenta de que está reprimiéndose mil cosas solo para quedar bien con ellas,” dijo Hizumi.
“Preocupante.”
“…”

Los cuatro sintieron una presencia ajena antes de siquiera tener que voltearse para confirmarlo. Pero la curiosidad mató al gato y los cuatro se giraron a ver de quién se trataba.

Era Lelouch.

Su expresión era indescriptible. No parecía molesto por el acto de confraternidad de sus inquilinos de compartir comida y bebida en una de las salas de su casa… pero sí se veía levemente irritado ante la mención de su ex.

Ninguno de ellos sabía cuánto de la conversación había escuchado. Aun así, no costaba mucho discernir que al menos había escuchado el comentario de Hizumi sobre Eureka y sus amigas HiME.

De ser así, el inglés podría haber atado los cabos sueltos como para entender el tema del cual hablaban en ese momento.

Doblemente preocupante.

“Desde hace un tiempo siento que todos ustedes se quedan fríos cuando ingreso a una estancia en la que se encuentran. Antes me habría enojado… pero no puedo culparlos. Entiendo por qué reaccionan así.”

Hizumi se mordió la lengua. Quería levantarse, agarrarlo del cuello de la camisa y zamaquearlo mientras le preguntaba por qué le había hecho eso a su amiga.

Al cruzar miradas con el resto, sabía que los demás compartían sus intenciones. Pero también estaban al tanto de lo que ocurriría si lo hiciera: era probable que Eureka los achicharre con su electricidad por ser tan impertinentes.

Kanone dejó a un lado su taza para levantarse y hacerle una reverencia a Lelouch.

“Buenas tardes. ¿Qué tal si te sientas con nosotros?”

Las caras de todos se transformaron en poemas. Cada uno estaba más sorprendido que el anterior.

Pero la expresión de Hizumi se transformó en indignación.

¡¿Por qué estaba invitando al enemigo a tomar chocolate con ellos?! ¡La conversación estaba a punto de convertirse en un raje sobre el gemelo mayor de los Vi Britannia!

Hizumi intentó cruzar miradas con su amigo, pero fue en vano. Cuando lo logró, no pudo entender cuál era el objetivo de Kanone con aquella idea alocada.

No le quedó más opción que imitarlo, junto al resto, y todos le hicieron una reverencia (falsa) al dueño de la casa.
« Last Edit: December 09, 2025, 09:33:20 PM by Eureka »


Sayi

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1082: November 30, 2025, 08:33:20 PM »
Vengo con fic <3



La corriente de viajeros cruzando la puerta de llegadas empezaba a incrementar, anunciando a su manera el terminar de los trámites de aduanas. En la pantalla colgando sobre la entrada, el vuelo de Kaien, proveniente de Sidney, Australia, llevaba casi cuarenta minutos marcado como ‘Aterrizo’…y, sacando la cuenta, ya debería haber recogido sus maletas y estar a punto de cruzar el umbral.

A su lado, Hige rebotaba de la emoción, y no podía aguantar los pequeños saltos acompañando su exuberante ilusión. Cada vez que un pelinegro aparecía en la sala de recepción, el castaño se ilusionaba solo para desanimarse un instante después al notar que no se trataba de Kaien. Sayi sonrió para si misma. A su manera, compartía la emoción de su Child… al igual que Ichigo, Tsukino, Kano, Taikoubou, Holden, Hagu, su tía y Hiro. Era una excepcional bienvenida la que le esperaba a su hermanastro.

Su mirada se giró hacia Ichigo y Bou, quienes conversaban mientras miraban algo en el celular del rubio. A Sayi le daba gusto ver como los mejores amigos parecían retomar su cercanía desde que Bou había regresado de China. La distancia solía hacer de las suyas, lamentablemente, y a Sayi le reconfortaba el “lado positivo” de que Bou hubiese regresado para ayudarla con el conflicto HiME Rebel.

El “lado positivo”…

Bou rió ante una ocurrencia de Ichigo, y Sayi sintió que la culpa le apretaba su pecho. Si bien le alegraba ver a los amigos más unidos que antes, no podía ignorar el de hecho que Taikoubou había dejado su vida en Beijing para ayudarla en una guerra a la que él nunca se había apuntado.

Pensó también en Haru, quien se había instalado en Tokyo, una ciudad donde no tenía familia, solo por seguir a Taikoubou. Y ahora, la última casualidad de su decisión… Kaien. El, que llevaba tres años viviendo en Australia, de pronto había solicitado su traslado a Hanasaky y regresado al nido son mucha explicación.

Y si bien Kaien no le había dicho que había tomado la decisión for ella o Hige, a Sayi le mortificaba la idea de que así fuera.

“¡¡KAIEN!!”

La voz de Hige resonó en el aeropuerto entero, alertando a todo ser vivo de la llegada de Kaien Kurosaki junto a sus tres maletas y tabla de surf. En cuanto lo ubicaron, el grupo entero corrió a darle la bienvenida, con Ichigo siendo el primero en envolver a su gemelo en un abrazo.

Si bien habían visto a Kaien hace unos pocos meses, esta bienvenida se sentía distinta. Saber que ahora regresaba a vivir a Japón hacía que todo pareciera más real. La idea de que podía reintegrarse a la rutina, a saber que estaría fisicamente ahí, daba al evento un peso especial.


Luego de abrazar a su papa y a Izumi, Kaien envolvió a Sayi en un fuerte abrazo. Y, por primera vez en mucho tiempo, la pelirrosa sintió que tenía a todo su soporte allí mismo. En Tokyo.

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Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way


Mimi Tachikawa

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1083: November 30, 2025, 10:59:12 PM »
Hoi hoi vengo con un fic rapido:

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Era una nueva semana en Hanasaki y un nuevo alumno caminaba con ánimos hacia la escuela, aquel joven se llamaba Deuce Spade y era un alumno de intercambio proveniente de Inglaterra, estaba emocionado porque por fin podría ir a un instituto reconocido a nivel mundial, lo cual su mamá estaría orgullosa de él, en medio del camino observó a un joven pelirosa, de traje blanco que miraba a todos lados como si estuviera perdido.

Donde estarán Itsuki-nii y Kei-chan…-

¿Disculpa, puedo ayudarte en algo? ...-

El chico parpadeó un par de veces, como si midiera si debía confiar en aquel extraño. Finalmente, respiró profundamente.

Creo que sí…-respondió con una voz suave, algo avergonzada-. Estoy buscando a mis compañeros… Itsuki-nii y Kei-chan. Quedamos en vernos por este lugar pero… -sus ojos se desviaron hacia la calle, inquietos- creo que me he perdido porque  no sé dónde están- dijo aun nervioso-

Deuce observó a su alrededor, aunque no tenía la menor idea de dónde podrían estar sus amigos. Era su primer día en Hanasaki y prácticamente en  Japón; apenas se estaba guiando con Google maps.

-Puedo ayudarte a buscarlos -dijo con un tono seguro, incluso si él mismo no sabía por dónde empezar-. Soy nuevo aquí, pero… dos pares de ojos buscan mejor que uno, ¿no?

El chico pelirosa lo miró por unos segundos que se hicieron largos, estudiándolo, como si tratara de descifrar si era confiable. Luego, esbozó una amplia sonrisa.

Entonces aceptaré tu ayuda… mi nombre es Rokuta – dijo con una amplia sonrisa mientras extendia sus manos- y tu eres??-

Mi nombre Deuce Spade…-dijo saludándolo cortésmente-

Ambos comenzaron a caminar por la vereda, siguiendo la corriente de estudiantes que avanzaban hacia el campus.

Bueno, si quedaron en el parque, lo mejor es buscar por aquí primero -propuso mientras sacaba su teléfono- Pero… soy extranjero, así que no conozco nada todavía. Usaremos Google Maps ¿sí?

Rokuta lo miró confundido… pero también aliviado.

No soy mucho de usar el celular por lo cual seria de gran ayuda…muchas gracias Deuce-chan…-

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Ambos caminaron por un parque que tenía varios senderos: uno bordeaba el lago artificial, otro cruzaba por el centro hacia una glorieta, y otro se adentraba más hacia una pequeña zona boscosa donde la mayoría de las personas se reunían a descansar.

Deuce abrió Google Maps, observando el mapa con concentración.

Bueno bueno aquí estamos -dijo señalando el punto azul-

¿Suelen reunirse por aquí cerca al parque o en algún lugar específico?

Rokuta apretó sus manos.

-Normalmente… cerca del lago. A Kei-chan le gusta ver los peces mientras se inspira para poder escribir nuestras canciones, mientras Itsuki-nii siempre llega temprano para vigilarme… -se sonrojó un poco- Porque dice que me distraigo fácil.

Deuce casi iba a empezar a reírse a carcajadas, pero al ver la inocencia de Rokuta, prefirió no hacerlo ya que el joven le estaba cayendo muy bien.

-Entonces revisemos el camino del lago primero – le dijo mientras tenia su mirada fijada en su celular con el app de Google- Google Maps dice que es por aquí.

Rokuta asintió enseguida, y caminaron hacia el sendero que bordeaba el agua.

El lago brillaba con reflejos dorados bajo la mañana. Algunos niños jugaban con barquitos, y una pareja alimentaba a los patos. Pero Rokuta se preocupó al no ver a  Itsuki o Kei cerca.

Rokuta observaba con ojos inquietos a todos los que pasaban.

-No están -murmuró- Kei-chan siempre es muy puntual… si dijo que vendría, lo haría…-

Deuce revisó otra vez el mapa.

-Bien, probemos la glorieta. Está al centro del parque. Según esto… solo hay que seguir este sendero-

Caminaron por un buen rato, y Deuce se dio cuenta de que Rokuta apretaba los labios cada vez que pasaban junto a alguien que se parecía vagamente a sus amigos. Su tensión era evidente, así que decidió romper el silencio.

-¿Desde hace cuánto tiempo son amigos? -preguntó.

Rokuta bajó un poco la mirada.

A Itsuki-nii lo conozco desde niño, ya que pasaron algunas cosas  que nos reunieron… podría decirse que es casi como un hermano mayor -sonrió suavemente- Kei-chan y yo nos conocimos desde hace 3 años – suspiró- desde entonces… siempre estamos juntos.

Deuce sintió un calor extraño en el pecho. Rokuta hablaba con un cariño genuino.

La glorieta finalmente apareció ante ellos. Varias personas descansaban allí, pero ninguno era sus amigos.
Rokuta soltó aire, frustrado.

Nada… tampoco aquí-

Deuce volvió a mirar su mapa, acercando el zoom.

Aún queda una zona más -dijo con una mirada llena de esperanza- Este camino de árboles. ¿Van ahí seguido?
Rokuta dudó, pero asintió.

Kei-chan va ahí cuando está molesto o quiere pensar. Itsuki-nii suele ir si necesita tranquilidad.

Eso llamó la atención de Deuce.

-¿Crees que hoy podrían haber ido allí por algo?-

Rokuta bajó la mirada.

No lo sé. Kei-chan estaba extraño anoche… e Itsuki-nii dijo que hablaríamos de “algo importante” al llegar… -apretó los puños- y ahora no están.

Deuce quiso tranquilizarlo, pero no sabía cómo. Lo único que podía hacer era caminar a su lado.

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El sendero de árboles era más silencioso. El viento crujía entre las hojas. Había menos gente, solo algún corredor matutino y un anciano paseando a su perro.

Según Google Maps -dijo Deuce- este sendero conecta con la parte trasera del parque. Quizá estaban aquí… y simplemente no nos cruzamos con ellos.

Rokuta negó suavemente.

Si estuvieran por aquí… los habría visto. Este lugar es pequeño…-

Pero caminó igual, con pasos más rápidos.

Deuce también aceleró, intentando no perderse. Era la primera vez que recorría ese parque y sin el mapa se habría desorientado al instante.

Cuando llegaron a un claro pequeño con bancos de madera, Rokuta se detuvo en seco.

Aquí es donde Kei-chan se sienta cuando se siente perdido….-susurró tocando un banco con la punta de los dedos-Pero… no está. Y tampoco veo el cuaderno de Itsuki-nii.

Deuce guardó su teléfono y se acercó.

Aún no significa nada malo -dijo con suavidad- Quizá cambiaron de plan. Quizá te están buscando en otro lado.

Rokuta bajó la cabeza.

¿Y por qué no me escribieron?… -preguntó en voz baja

Deuce dudó… pero terminó apoyando una mano en su hombro, sin saber si era demasiado atrevido.

Rokuta no se apartó. Su respiración temblaba.

-Vamos a encontrarlos -dijo Deuce con seriedad- Pero no nos vamos a rendir. Podemos revisar los alrededores, y luego… -sacó el teléfono de nuevo- buscar rutas posibles con Google Maps. Si salieron del parque, hay tres direcciones por las que pudieron ir.

Rokuta lo miró con los ojos brillantes.

Deuce-chan… gracias. Si estuviera solo… creo que ya estaría llorando.

Puedes llorar si lo necesitas -respondió él sin pensar demasiado- yo estoy contigo.

Rokuta parpadeó, sorprendido por la sinceridad repentina. Una leve sonrisa, frágil pero real, apareció en su rostro.

Vamos… quiero encontrarlos -dijo recuperando un poco de fuerza.

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« Last Edit: November 30, 2025, 11:02:01 PM by Mimi Tachikawa »


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1084: December 28, 2025, 10:37:40 PM »

Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

Sayi :: 496 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 1650 palabras
Kana :: 0 palabras
Eureka :: 1342 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 1133 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 0 palabras


Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1085: December 31, 2025, 09:22:10 AM »
Ya, al menos sí pude escribir más esta vez y cerrar un fic. A ver cuánto me toma escribir el siguiente en su totalidad.

Edito con los icons que faltan.

116.6.




Siendo un evento opcional, había varios miembros de tanto Hanasaki como Rizembool quienes apenas asistían sin realmente ser partícipes del evento. Después, de todo, en medio de un semestre de clases y sin otras actividades, no dolía observar los eventos o acudir a alentar a conocidos. En medio de esas personas, también estaba el caso de personas que, quizás, no hubieran sido dadas la oportunidad de siquiera inscribirse, por distintos motivos.

No que a Ootakemaru le incomodara en lo absoluto. Fuera de la imposibilidad de tener una buena pelea de espadas contra algunos fuertes contendores Rebels o Keys, el hecho de que Rizembool fuera una institución académica en la superficie era más una incomodidad, puesto a que era lo último que llamaría su interés o atención, por lo cual ser negado a participar y en vez caminar sin rumbo servía de un buen pasatiempo, en su mayoría.

“Waka-sama, no hay ningún peligro ni nada que demande nuestra atención,” dijo Matsui a su costado. A diferencia del superior quien por el dispositivo que escondía sus rasgos menos ‘normales’ ante los ojos de los demás se permitía usar ropas ligeras, Matsui estaba cubierto con una capa con capucha, y usaba lentes de sol y una máscara facial de color negro. Su postura doblada y andar cabizbajo delataba lo incómodo que se encontraba.
“Te oí la primera vez,” comentó Ootakemaru, encogiéndose de hombros. “Hm, imaginaría que no habría más drama por el resto del evento, si es que tanto a Rizembool como Hanasaki les importa mantener una reputación limpia. En fin, vamos por allá que todavía no hemos dado una vuelta por ahí.”
“…no hay necesidad, puedo detectar que nada demanda nuestra atención,” dijo torturado, pese a que de todos modos escuchó al otro y continuó caminando a su costado. “Waka-sama, puedo derretirme por este incandescente sol si continuamos dando vueltas.”
“Eres más resistente que eso, Matsui…” dijo distraídamente.
“!!!” y ni bien lo oyó, el susodicho se erizó y pasó a agarrar al otro de los brazos con un terror palpable. “¡W-waka-sama, por favor no me llame por mi nombre, se lo ruego!”
“Y-ya, ya, perdón, se me olvidó…” levantó sus palmas en señal de disculpa. Al verle tan estresado, Ootakemaru dio un suspiro, apenado. Era verdad que su acompañante no sólo se vestía así al no ser compatible con el sol, o por su usual ‘ansiedad social’ que le hacía retraerse, si es que su temor de lastimar a otros instintivamente podría denominarse de esa manera. La necesidad de Matsui de permanentemente esconderse de otros haría su presente estigma más difícil de llevar. “Sé que esto es difícil para ti, pero Rizembool nos ha asignado a HiMEs y nos tocará estar a la vista de otras personas y rodeados de las mismas más que antes. Seguimos caminando a manera de dejar que te acostumbres. También te hará bien salir de los interiores de nuestras habitaciones de vez en cuando…”
“…lo entiendo, waka-sama…” concluyó, todavía desanimado, pero resignado a seguir las indicaciones de su superior.
“Pero bueno, al menos contamos con amigos en medio de todo esto,” Ootakemaru sonrió despreocupado. “Mokou está igualmente cometida a que salgas de tu rincón y te apoyará a adaptarte como sea posible.”
“…sinceramente preferiría que ella no se meta, es muy exigente conmigo…” se lamentó.
“Y no solamente ella, no te olvides que nosotros tres no estamos solos en esto. Contamos con el apoyo de personas que ya nos conocen bien y que no son parte de la guerra.”
“…”
“Así que dejar de pensar en ti como si fueras una maldición, o como si sólo lastimas a otros.”
“…” se mantuvo cabizbajo y meditativo. “Waka-sama, sólo podría relajarme si, efectivamente, nuestro grupo de conocidos fueran las únicas personas en este mundo… sé que dicho pequeño mundo es el lugar en el cual puedo sentirme con certeza de mi realidad, cuando no tengo que retirarme de nuestro espacio…”
“Pues, no hay nada que podemos hacer para evadir lo que nos rodea, así que nos toca cambiar esa actitud que tienes,” le dio un suave codazo. “¡Ya, ahora espabílate!”
“Tch…” ese ‘suave’ gesto de todos modos le samaqueó. “…sería mejor si no aprendieras de esta brusquedad de Mokou…”
“¿De qué hablas? Si siempre he sido así…” se encogió de hombros. Ootakemaru sonrió entretenido. “Es como si ya olvidaras las múltiples peleas que hemos tenido entre los dos.”
“…hay momento para todo…” se recobró y esta vez adoptó una postura recta. Su visión estaba hacia el frente.
“…” al notarle más despierto, Ootakemaru prestó atención a lo que yacía más allá.
“Waka-sama, no hay ningún peligro, espero no confundirle,” observó inmutado. “Es sólo…” su desganada y débil voz adoptó una gravedad semejante a la que su voz tuvo durante al altercado en el puerto con las HiMEs. “…yo conozco a aquel monstruo que transportamos en el barco mejor que nadie. Lo sucedido la noche anterior fue menos que una demostración de lo que es capaz de hacer. Si él fue permitido actuar de dicha manera en pleno evento social, no me cabe duda que volverá a hacer aparición antes de la clausura de estos días.”
“Hm…” frunció el ceño. “Tendría sentido. Aquel prisionero que transportamos fue entregado a ese aprendiz del infame doctor Hojo. Todos sabemos que no podemos confiar en los principios de dicha persona.”
“Y, aun así, hemos sido instruidos que nosotros no seremos responsables de solucionar cualquier altercado. Más bien, nuestro rol sigue de alejar a quienes podrían ser testigos del evento,” comentó claramente insatisfecho con aquella decisión. “No puedo pensar en otra persona que sería capaz de lidiar con ese monstruo.”
“Es lo mejor que no tengamos que hacerlo,” Ootakemaru dio un suspiro. “No olvides que tú eres de perder tus restricciones y hasta la cordura en ocasiones. Enfrentarte a dicha persona podría enloquecerte. Ya ha ocurrido en el pasado.”
“…waka-sama, sigue siendo un menor mal que dejar que ese demonio haga lo que se le plazca si los encargados de restringirle no se encuentran presentes.”
“Supongo que descartas la posibilidad que uno de sus allegados le pidiera que se retire como lo hizo ayer.”
“Es capaz de no oír a nadie porque su superior le brinda demasiadas libertades. Por ello, él irá tan lejos como es permitido de hacerlo, ni bien acepte su realidad de ya no estar tras las rejas… waka-sama…” su voz grave se contagió de una extraña ironía. “…lo digo por experiencia propia. De no ser por su constante vigilia a mi persona, yo sería el mismo tipo de monstruo. Seres como yo requerimos ser puestos donde nos corresponde.”
“Tú no eres tan problema como ese tal Yato y nunca lo serías…” dijo esto, Ootakemaru rascó su nuca en lo que daba un suspiro. “Frustra que Rizembool tenga tantas regulaciones y estándares sobre sus experimentos, pero ni bien alguien en la cima como Yamata no Orochi pide alguna libertad, las mismas reglas se tiran al tacho.”
“…y somos seres como nosotros los que debemos ver los desastres, con frecuencia con los brazos cruzados…”
“Pues, al menos no nos culpan por ello…” concluyó. “Tendré en mente que el desastre de ayer no ha terminado, gracias por dejármelo saber. De momento… a ver si encontramos algún lugar donde comer algo más allá. Se me acaban las energías.”
“Pienso que eso es imposible, waka-sama, usted las tiene de sobras.”
“Haha, más bien temo que tú andes anémico o algo, necesitas alegrarte más,” le dio una palmadita en la espada.
“Tsk!” nuevamente, dicha ‘palmadita’ casi le hace caerse de cara al piso. “…me encuentro bien… la sangre es más nutritiva para mí, si pudiéramos tan solo regresar a nuestro apartamento para agarrar una unidad…”
“No, puedes comer comida al igual que el resto de nosotros, acostúmbrate de una vez.”




Por otro lado, en Hanasaki U, en medio de una muchedumbre…

“Ohh…” los ojos de Shiro se iluminaron ni bien recibió los algodones de azúcar. Él sonrió ampliamente. “Muchas gracias.”
“No hay de qué, disfrútelos,” dijo el encargado del puesto, entusiasta. Luego de ese intercambio, aquella persona atendió al siguiente cliente en lo que Shiro regresaba al par que le esperaban.
“Aquí tienen, espero que les guste,” dijo el pelinegro amablemente mientras los repartía.
“…” Kuro lo recibió y lo miró inmutado. Casi parecía indistinto a aquel postre, como si no hubiera sido su elección, pero de todos modos se resignó a consumirlo. Mientras tanto…
“¡Ohh!” un entusiasmado, curioso y sin duda muy fuera de carácter Hakuzosu recibió el enorme algodón de azúcar. Pasó a mirarlo asombrado con ojos resplandecientes. “¡¿Esto se puede comer?! ¡Es tan grande, es increíble! ¡Siento que mi estómago explotará!”
“Hehe, yo pensaba lo mismo, pero Kuro ya me ha asegurado que el algodón se reduce dentro de tu boca,” contestó Shiro, gustosamente. “Veo que tampoco lo has comido antes.”
“No, no, es mi primera vez, no lo he comido antes, yo…” entonces, dicho alegre orphan pareció quedarse en blanco un momento. En medio de su casi ‘sueño despierto’, de apenas vivir en ese momento como un niño al que le consentían, tuvo un extraño deja vu de cómo su usual día a día carecía de cualquier acto de caridad. “Yo…”
“…” Kuro afiló sus ojos, listo para responder en caso el orphan fuera a despertarse del hechizo.
“Entonces…” Shiro mantuvo su amable sonrisa y se acercó a Hakuzosu, para hacerle olvidar sus presentes pensamientos. “Disfrutemos de este postre, juntos.”
“S-sí…” ladeó su cabeza, nuevamente cayendo en ese tranquilo juego.

Los tres continuaron caminando mientras esos algodones eran consumidos lentamente.

“Hmhm… sí, se reduce tanto que ni parece lo mismo,” comentó Hakuzosu, con una amplia sonrisa, mientras comía más y más.
“Haha, es interesante, ¿no?” por su parte, Shiro se notaba a gusto en lo que hablaba con dicho chico kitsune. En eso, su sonrisa se contagió de algo de tristeza y desvió su mirada.
“Eh, ¡¿e-estás bien?!” el otro se asustó.
“¡S-sí, no es nada!” Shiro negó con torpeza. “Sólo tengo algo en la cabeza, no es importante.”
“…” Kuro le miraba fijamente.
“Eh, si necesitas algo, puedo ayudarte. Eh… no sé si seré bueno para algo, pero… ¡te debo por este postre, así que sólo dime!” exclamó el joven orphan. Sus ojos se movían de un lado a otro, claramente perdido y buscando alguna especie de lógica.
“…” Shiro le miró con curiosidad y volvió a sonreír, más animado. “Gracias, significa un montón que lo digas.”

En eso, los tres oyeron un llanto cercano que les llamó la atención. Al ver a un pequeño que acababa de tropezarse, de inmediato acudió a su auxilio.

“Está bien, pequeño, dime, ¿qué te ocurre?” le preguntó atentamente.
“¡Mi rodilla, me duele!” dijo en lo que la agarraba.
“Te has raspado…” Shiro asintió decidido. Sacó lo que sin duda fue un pequeño botiquín de un bolsillo interior de su ropa. “No te preocupes, te curaré y tu rodilla estará bien de inmediato. Sólo prométeme que serás fuerte y un poco paciente, ¿sí?”
“…” el pequeño asintió mientras se secaba sus lágrimas.
“Dime, ¿cuál es tu nombre? ¿Has venido con alguien más?” le preguntó amable y cálidamente en lo que se preparaba para limpiar la herida.

La conversación continuó. Kuro procedió a agarrar el botiquín en lo que Shiro atendía al pequeño. Por su parte, Hakuzosu se quedó de pie, mirando al niño que empezaba a comunicarse.

Nuevamente tuvo su mente nublarse y quedarse en blanco. Sus ojos estaban posados sobre esa herida en la rodilla, ese raspón, esa mínima demostración de sangre que afligía al pequeño…

Entonces, el sabor dulce del algodón de azúcar comenzó a volverse astringente en su boca. Dicho dulce se torció en lo que adquirió un sabor amargo que le hizo salivar más. El vívido recuerdo de cuánto había sido lastimado por aquellas HiMEs hace apenas unos días se manifestó y destruyó la extraña ilusión en la cual se había visto inmerso momentáneamente.

Hakuzosu regresó a su verdadera realidad, la de ser un orphan deambulando en Hanasaki, quien había sido interceptado por ese par de chicos. Luego de lo que se supuso había sido una inocua conversación, él había perdido dirección alguna y hasta el mero recuerdo de quién era, para que ese tal ‘Shiro’ comenzara a tratarlo como un perro faldero.

Apretó su agarre en su postre. Tuvo el arranque de vengarse de aquella burla, de claramente haber sido hipnotizado o puesto bajo algún truco en contra de su voluntad. Sin embargo… recordó ese otro callado peliblanco. Ese tal ‘Kuro’ no parecía ser una persona normal…

Y ante el más mínimo movimiento de aquel chico, supo que lo mejor que podía hacer era huir antes de volver a ser víctima de ellos.

“…” Kuro había alzado su mirada al reconocer a la madre de aquel pequeño, quien se les acercó angustiada.
“¡Aquí estás, no puedo despegar mis ojos de ti ni por un segundo!” dijo la señora mientras abrazaba a su hijo, quien ahora tenía su herida curada. “¡Muchas gracias a los dos!”
“No hay de qué, me alegra que hayan podido encontrarse…” dijo Shiro, aliviado.

Luego de ver a la madre e hijo dialogar, les deseó un buen día y supo que ya podía irse tranquilo. Ni bien tomó una distancia, Kuro le susurró en su oído.

“El orphan escapó…”
“…” Shiro se quedó inmutado. “Ya veo. Se libró más rápido de lo que pensé…”
“El hechizo… debió ser uno más fuerte…”
“Está bien, Kuro,” Shiro le miró y sonrió con cierto cargo de consciencia. “Pese a lo sucedido, mientras él no se tope con alguien a quien resienta, no creo que debamos preocuparnos. Él no es un orphan tan malo como pretende serlo.”
“…” Kuro se quedó inmutado.
“Y alerté sobre su caso a otras personas en Rizembool. De haber otra emergencia, los ojos de voluntarios del evento ya están posados sobre él.”



Corrió y corrió, no sabiendo si le siguieron, no atreviéndose ni a mirar. Hakuzosu dio unas vueltas y pasó entre varios grupos de persona. Eventualmente se detuvo para mirar a sus alrededores y lograr un diagnóstico del perímetro. Nada alarmante. Quizás había podido perder a ese sospechoso par de personas que le habían anulado.

El mero recuerdo de haberse comportado sin conexión a sí mismo empezó a darle escalofríos. Él se percató de que todavía agarraba el algodón de azúcar en una mano, y luego de apenas recordar el agradable y dulce sabor que tenía, de inmediato lo lanzó al piso como si se deshiciera de un objeto de mal augurio que le aterrorizaba.

“…” podría parecer que no había nada, pero no, estaba rodeado de enemigos. Los humanos continuarían por tratarle como se les plazca por el resto de su existencia. Ya ni sabía qué debía hacer…
“Disculpe,” dijo una persona que caminaba cerca de él.
“…” se sobresaltó, pero vio a una señora común y corriente, con una expresión exigente.
“He visto que ha lanzado su postre,” espetó demandante. “Al menos deshágase del mismo en un tacho de basura. Vaya pérdida y falta de respeto de su parte.”
“¿Ahh?” Hakuzosu casi se indignó que se atreviera a criticarle tan abiertamente.
“¿Qué clase de reacción es esa? Joven, piense un poco en los demás.”
“Tsk, usted no se meta conmigo…” dijo temblando de cólera.
“¡¿Qué ha dicho?!”
“Tch…” no pensaba soportar ese engreimiento humano. Hakuzosu afiló sus ojos, listo para alzar su voz. “¡He dicho que…!”

Sin embargo, notó con su vista periférica que un par de vigilantes del evento hablaban con walkie talkies y se apresuraban donde él. Ello fue suficiente para saber que debía de irse antes de encontrarse con más problemas, por lo cual tuvo que volver a huir.

Ignoró los gritos indignados de aquella desagradable persona y avanzó. Vio a otros dos guardias más adelantes también tenerle en la mira, con uno de ellos incluso exigiéndole que se detuviera. Ni pensaba hacerle paso. Bien podrían buscar como hacerle problemas que ni merecía.

Eventualmente llegó a un estacionamiento. No estaba seguro por dónde ir, cuando en ello se percató que su gorra se le había caído, y por lo tanto, sus orejas de kitsune eran visibles. Se agarró la cabeza con ambas manos para cubrirlas, y ni bien vio otro vigilante a distancia percatándose de él, sintió la necesidad de esconderse. Curiosamente, había un gran vehículo cercano con una puerta abierta, y ante la falta de otro rincón, terminó por lanzarse dentro del mismo.

“…” jadeó agotado y tirado en pleno piso de lo que era una elegante limosina. Si tan solo pudiera quedarse quieto en ese ambiente mientras las alarmas bajaban, pero sabía que debía moverse puesto a que le habían visto entrar. Su odisea no estaba remotamente terminada.


O tal vez sí.

“Conductor, por favor déjeles saber que todo está bajo control,” instruyó una persona que estaba en el mismo ambiente del orphan, con completa seriedad y tranquilidad.
“Enseguida,” el conductor asintió respetuosamente y salió de su posición para dialogar con los guardias en camino, no sin antes cerrar la puerta del vehículo.
“!!!” Hakuzosu por un momento se espantó como si le hubieran encerrado en una jaula de leones.
“Calma, por favor. Estás a salvo,” dijo esa persona.
“U-usted…” Hakuzosu se alejó de aquel pasajero y le miró alertado.
“…” Taroutachi le miró también con la misma atención, aunque sin duda alguna. “Para que hayas atraído tanta atención a tu persona, comprendo que eres un orphan.”
“…” al oír sus calmadas palabras, además de dicha calificación, Hakuzosu bajó un poco su estado de ansiedad. “Usted no es ajeno a la guerra, como puedo entender.”
“Estás en lo correcto.”
“Pues, si no lo estás…” apretó el asiento del cual se apoyaba. Sus uñas causaron raspones y cortes en el cuero.
“…” Taroutachi apenas lo miró.
“¿Qué te hace pensar que yo no te atacaré, que puedes lidiar conmigo en este espacio?”
“No hay necesidad de pelear. Te estoy resguardando.”
“Heh, como si fuera a creerlo,” sonrió con ironía. “Ustedes los humanos son tan tontos como caprichosos. Crees que te puedes salir con la tuya sólo porque has tomado una acción a tu regalado gusto, y porque eres ‘superior’ a un orphan como yo.”
“Estarías en lo cierto en muchos casos, joven orphan,” asintió cadenciosamente. Taroutachi le miró fijamente, con sus ojos fríos e inmutados.
“…” era casi intimidante, por más que se tratara de un señor ya muy mayor para ser un Rebel.
“Sin embargo, el capricho existe en más que humanos como yo. ¿Acaso vas a negar que un orphan como tú no es caprichoso a su manera?”
“¡¿Qué has dicho?!” exclamó indignado.
“Para causar esta persecución, debes ser responsable de algo.”
“Tsk, ustedes humanos son los que me han empujado a ir contra ustedes…” continuó apretando el asiento. El relleno empezaba a salirse. “Y son ustedes los que me culpan de todo.”
“Ya veo que lo verás de esa manera.”
“¿Y cómo más se supone que debería verlo?” reclamó.
“Joven orphan…” miró a su conductor despedirse de aquellos guardias para nuevamente regresar a su posición como conductor. “Como un exRebel, sé bien la realidad de tu categoría en la guerra, y de lo mucho que los humanos los lastimamos.”
“…por supuesto que es uno de esos, sus ojos se ven desalmados,” comentó el kitsune, mirándole con cierto juicio. “Pero los Rebels no lo saben todo.”
“…espero que tu predicamento no te impida ver más allá de tu propia desdicha. Incluso entre nosotros los humanos, habrá gente que no te verá como tú crees que todos te ven.”
“Tch, sí… no sabes nada de nada… si crees que tienes el derecho de decírmelo…” apretó los dientes. “Tú eres uno más de la gente de Rizembool que anda pretendiendo llevarse de maravilla con los de Hanasaki para las cámaras. Todos los Rebels realmente atacan este lugar mucho más de lo que yo lo haría.”
“Te equivocas…” Taroutachi sonrió apenas. “He venido para encontrarme con mis hijos y sus amistades en este mismo lugar, puesto a que mi familia nuclear habita en ambos espectros de la guerra. La lateralidad es lo de menos para mí.”
“¿…en serio?” se extrañó. No parecía que le mentía.
“Y a diferencia de mí, conozco a excolegas que son como lo has dicho, que creen en la superioridad de Rizembool y rechazan todo lo referente a Hanasaki. Espero que entiendas que nada está escrito en piedra.”
“¿Y qué?” entrecerró los ojos. “Todos ustedes son humanos. Los orphans no tenemos ese capricho de hacer lo que queremos. Las cosas no se aplican de igual manera a nosotros.”
“Tú dependerás más de la caridad humana que los propios humanos, es verdad. Sí existe esa falta de igualdad en nuestro entorno.”
“…”
“Sin embargo, no le des el sentido absoluto que le estás dando en este momento. No todos los humanos buscarán lastimarte y tu vida no está completamente fuera de tus manos.”
“Usted…” no entendía cuál era el punto de esa conversación.
“Conductor, llévenos a Rizembool de inmediato,” comandó a su asistente, y así ese auto empezó a andar.
“…” Hakuzosu tuvo que apoyarse para no caerse por ese repentino movimiento. Esta vez, no usó la fuerza para continuar dañando el vehículo. Él continuaba perdido. “Usted dijo que iría a encontrarse con otras personas…”
“Ellos pueden esperarme, deben seguir inmersos en sus actividades. Te ahorro el viaje de regreso a tu propio lado. Busca cómo ocultar tus rasgos ni bien lleguemos.”
“…” alzó una ceja. “¿Cuál es el punto de este capricho, humano? ¿Qué quieres de mí?”
“…” Taroutachi le miraba atentamente.
“Tsk… ¡respóndeme! ¡¿Te estás burlando de mí?! ¡¿Me estás haciendo escuchar tonterías?!”
“¿Quieres saberlo?” le preguntó el mayor, nuevamente sonriendo con ligera perspicacia.
“…” no podía leer a esa persona en lo absoluto. Era extraño que se sintiera como si atacarle estaba fuera de lugar, y sabía bien que no se encontraba bajo ningún hechizo esa vez. Era… una extraña autoridad que no podía comprender.
“Abrí la puerta para darte la bienvenida apenas te vi porque entendí tu dilema, porque eres un orphan humano que puede hacer más que atacar todo lo que se mueve.”
“…”
“Y porque, como el líder de mi familia, reconozco al talento cuando lo veo,” contestó con claridad y decididamente. “No merecías que te trataran como una bestia.”
“Eh…” se extrañó.
“Las personas que están por encima de ti, quienes fueran, harían bien en reconocerte como más que un orphan cualquiera. Que fueran a negarte oportunidades o dignidad se reflejaría pobremente en quienes son. Pero, mi conversación no se trata de ellos…” lo podía ver. Ese orphan casi no parecía esa denominación en sus ojos, pero era lo de menos. No importaba cómo los otros fueran a llamarle.
“…” para variar, casi sentía que realmente tenía una conversación con alguien, incluso con un desconocido y sin segundas intenciones. Era quizás la primera vez que ocurría y estaba completamente fuera de todas sus expectativas.
“Siendo un ser con inteligencia que sabe el concepto del valor propio, lo tienes en demasía. Te lo dejo saber, y espero que tú ahora lo tengas presente.”
“…” se dio como medio minuto para mirar a los alrededores de esa limosina, y luego por las ventanas hacia el mundo de afuera. Por más que aquel humano tuviera una mirada severa, no se sintió con presión a contestarle. Tampoco percibió a este se burlaba de él. Por más inapropiado y hasta irresponsable de parte de ese individuo como para invitarle así, no podía decir que se sentía con ganas de darle la contra. Hakuzosu simplemente se le dirigió decidido. “Usted no tiene que decírmelo, yo sé que valgo más de lo que la gente cree. No me importa lo que ellos piensen.”
“Hmhm…” Taroutachi rió por lo bajo, viéndose satisfecho. “Entonces me alegro.”
“…” y, nuevamente, fue una reacción positiva que no escondía nada. El orphan se retrajo un poco y desvió su mirada. No tenía por qué contestarle de nuevo.
“Ya no estamos muy lejos de tu destino…”




Había llegado la siguiente ronda de clasificaciones de atletismo femenino en el nivel de secundaria. Siendo un nuevo bracket y quizás también al tratarse del horario de la tarde, los estrados contaban con más espectadores. Las participantes irían a competir en varios grupos, uno detrás de otro, con el primero ya alistándose para dar inicio al evento.

“…” Rita miraba su reloj de pulsera en lo que varias personas comenzaron a alentar a las participantes, las cuales salían una por una y caminaban a sus respectivos puntos de partida. A simple vista, la peliverde parecía estar ahí en contra de su voluntad, como una especie de madrastra o guardiana que no tenía de otra que atender a un tonto evento infantil, y… quizás era una descripción bastante cierta de su presente punto de vista. “¿Dónde demonios está? Se supone que ella está en el primer grupo.”
“Apenas han salido dos personas… ahora tres. No hay punto de desesperarse,” dijo Horizon, con un tono inmutado.
“Más le vale que no se haya distraído con algo y vaya a faltar, si es que ella hizo tanto afán en participar en primer lugar.”
“Es contradictorio, Rita.”
“¿Qué lo es?” espetó impaciente. Conocía esa específica inmutabilidad de la peliblanca para saber que estaba por decirle algo que iba a fastidiarle.
“Tú que intentaste sabotear su asistencia la noche anterior y que ahora esperas que continúe participando dentro de tu antigua alma mater, cuando su posible descalificación por falta te libraría del gigantesco deber de ser sincera con ella.”
“Tsk, cállate, eso no tiene nada que ver,” apretó los dientes, con gran disgusto. “Al menos espero que esa niña actúe con responsabilidad si es que va a sacarme tantas canas.”
“Hmm… asumo que tus canas son verdes porque tu cabello es de un solo tono.”
“Silencio…” entrecerró los ojos.
“Mira…” Horizon apuntó hacia el otro estrado más cercano por donde las competidoras hacían aparición. En medio de los espectadores, había un par de mellizos rubios quienes igualmente se encontraban al pendiente de la aparición de Dash.
“¿Qué hacen ellos dos aquí?”
“Son los nuevos amigos de nuestra mascota moral quienes intentan apoyarla de manera no irónica,” concluyó Horizon. “Por supuesto que tienen más sentido de estar aquí que nosotras.”
“Gracias por nuevamente cuestionar todo aspecto de mi vida,” resopló, cruzada de brazos.
“Y es posible que ellos la hayan acompañado hasta aquí, por lo que va a aparecer,” y precisamente, ni bien terminó esas palabras, le tocó el turno a Dash de salir y caminar a su posición. Ni bien ello ocurrió, los gemelos Kagamine de inmediato se pusieron de pie a alentarle, lo cual fue recibido por la otra con muchas ganas.
“Espera, ¿esos niños andan usando bigotes falsos?” Rita se extrañó considerablemente.
“Una manera infantil de tratar de ocultar su identidad, por más que no engañen a nadie…” observó Horizon. Notaba que aquellos sentados cerca de los gemelos consideraban divertido su rara elección de ‘camuflaje’, que ni podía llamarse así.
“…un par de cabezas huecas, con razón se llevan bien con la niña,” la peliverde rodó los ojos. “Hasta yo los reconocí como los idols que son. Me cuesta creer que Dash no lo haya hecho.”
“Ella no tenía tiempo de prestar atención a esas cosas antes que te convirtieras en su guardiana legal, es de entenderse,” comentó Horizon, con toda naturalidad.
“…” sin embargo, Rita para variar fue sacada de cuadro. Era muy cierto, y como siempre, Horizon tenía la manera más neutral de observar algunos hechos desconcertantes.

Entonces, en lo que Dash continuaba caminando y la siguiente participante salía, ella se percató de sus superiores en el siguiente estrado. La pelinegra se alegró tanto que las saludó efusivamente y con ambas palmas, e incluso estuvo a punto de saltar la valla y correr a darles el alcance, de no ser porque un árbitro le recordó severamente que continuara con su camino.

“Tsk…” Rita se dio un facepalm, con cierta vergüenza.
“Vamos, Dash, woo~…” dijo Horizon, moviendo apenas un puño al costado de su rostro, con un tono sorprendentemente monótono y un volumen bajo de voz.

Llegó el momento. La señal fue dada y las jóvenes partieron. Fue una carrera larga y rápida a la vez. Varios de los observadores se pusieron a alentar a sus respectivos conocidos, muchos de ellos se pusieron de pie y las voces inundaron el espacio.

En medio del bullicio, Rita estaba sumergida en lo que tendría que hacer ni bien esa inofensiva competencia terminara. Había evadido comentarle a Dash sobre el posible riesgo que representaba unirse a Hanasaki, de darse el caso, y ni siquiera tenía idea de cómo lo haría. Sin embargo, si es que realmente quería salvarla de otro posible desastre en su vida, considerando la sospechosa invitación de la directiva para que participara en esas olimpiadas, era el momento de hacerlo. La peliverde terminó por desviar su mirada de la competencia, y ni dirigirse a la meta cuando las competidoras la cruzaron.

Hubo la celebración sonora de muchos de los presentes, parte de lo esperado del evento, o quizás de la humanidad en sí, nada que pudiera sacar a Rita de su ensimismamiento.

“Te lo perdiste,” comentó Horizon, con su usual voz que no confirmaba nada por su cuenta. “Dash acaba de clasificar en primer lugar.”
“Ah…” apenas alzó una ceja, y Rita pudo finalmente procesar las palabras de ese par de gemelos, quienes se encontraban más que entusiasmados. Tenía sentido. Vio a Dash saltar y celebrar frente a ellos, para luego girarse y dirigirse a sus guardianas. Horizon apenas asintió y le concedió una rara sonrisa, lo cual ensanchó la de la joven. Rita se mantuvo inmutada y no tuvo ninguna reacción. Nada podía sacarle de su extraño aturdimiento.

De todos modos, no era como si Dash no estuviera acostumbrada a sus inexpresiones, y la pelinegra se acercó junto con las otras participantes para oír algunas palabras del referee.

“Bien, ahora podemos irnos,” concluyó Rita, con una exasperación como quien se había sacado el infierno de encima.
“Espera a que se liberen del árbitro y le daremos el alcance…” concluyó la peliblanca.
“Tsk, sí, lo sé…” desvió su mirada.
“Me pregunto lo histérica que te pondrías si ella hubiera estado en el último grupo en vez del primero, Rita.”
“Ajá, cállate.”
“Hm…” Horizon prestó atención a algo en particular… algo que iría desapercibido para cualquier otra persona, a excepción de quienes sabían los detalles. Efectivamente, esa pequeña charla terminó, pero Dash, en medio de las otras chicas, fue alcanzada por otra persona. “Rita…”

Dash finalmente estuvo por darse el gusto de trepar los estrados, sin embargo, una mujer alta de cabellos plateados se presentó ante ella.

“Te felicito por tu desempeño,” dijo dicha persona.
“¡Sí, muchas gracias!” exclamó la joven. “¡Ah, mi nombre es Dash! ¿Cuál es el de usted?”
“Yo soy Fran Viera,” la asistente de la directora poseía un semblante serio que no tardó en intrigar a esa joven. “La directora Miranda Lot espera tener una conversación con usted en la brevedad posible.”
“¡¿E-eh?! ¿En serio?” se sorprendió.

“¡Len, Len, mira!” Rin jalaba la manga de su hermano.
“S-sí, sí, Rin, lo puedo ver,” este se soltó y al igual que su hermana, se vio desanimado. “Supongo teníamos nuestras sospechas.”
“¿Qué hacemos, Len?”
“¿No eres tú la que toma la iniciativa de las cosas?”
“Uhh,” le miró con reproche. “Y luego dices que no eres mi hermanito menor.”
“¡Ya te he dicho que somos de exactamente la misma edad!”
“Dash… ¿qué será de ti a partir de ahora…?”
“…” Len se olvidó de su fastidio para mirar a la pelinegra. “No hay nada que nosotros podemos hacer, Rin…”

Por su lado…

“¡Tsk, son unas ratas!” Rita terminó por prácticamente saltar de su asiento y correr hacia abajo, tan bruscamente que terminó por chocarse de lado con una persona que llegaba con palomitas de maíz, lo cual le causó a dicho individuo perder al menos la mitad de su snack. Rita ni se molestó en prestar atención a esa persona y continuó avanzando con su misma furia.
“Oh mis diodos…” Horizon negó con cierto hastío. Sólo le tocaba seguir a su temperamental ‘trabajadora estrella’ a un ritmo más socialmente aceptable.




En medio de los múltiples eventos deportivos o ‘llamativos’ en distintos sentidos de la palabra, como estudiantes, muchos también rendían exámenes de aptitud, los cuales podrían servirles para aplicar a Hanasaki o Rizembool, o incluso a otras universidades. El ambiente festivo en muchos casos no remediaba los nervios y las expectativas de resultados más que aprobatorios por la presente convocatoria.

Uno de dichos exámenes acababa de llegar a su fin, y con el atardecer ya comenzando, la mayoría de evaluaciones ya habían terminado por el presente día, puesto a que los participantes se dirigían a disfrutar del resto del día sea en los otros eventos o bien dándose un merecido retorno a sus hogares.

“Pienso que ha sido un día muy productivo, ¿no es verdad, Leo-san?” preguntó Monoyoshi, animadamente, en lo que salía del edificio junto con su compañero de clase.
“Has demostrado tu resiliencia académica, por un momento supuse que tirarías la toalla,” comentó el rubio, con cierto desinterés y mirándole con leve juicio.
“Hehe, pienso que deshonraría a mi familia si no soy capaz de rendir como esperan de mí, aunque es verdad que varios otros asistentes comenzaron a perder enfoque o inspiración por las pruebas que tomamos una detrás de la otra.”
“Lo cual es enteramente responsabilidad de ellos. Ninguna de estas evaluaciones es obligatoria. Deberían conocer su fortaleza antes de apuntarse irresponsablemente,” comentó con severidad.
“Pienso que esas personas hacen lo posible, por más que no haya ido como esperaran,” sonrió incómodo. “Tan sólo espero que su rendimiento haya perdurado por más duro que hoy pudo haber sido para ellos.”
“Hablas como si tú no hubieras tenido cuatro pruebas sin descanso. Eres rápido en ignorar tus propias vivencias y ser más paciente con las de los demás.”
“Ehm, pues…” el pelirrosa pareció confundirse un poco.
“Pero…” finalmente, Leo se encogió de hombros. “Como sea, no es que realmente me importe tu insana obsesión de ser infalible…”
“Pienso que tú no eres muy distinto, Leo-san,” comentó Monoyoshi, con cierta gracia.
“Te equivocas,” Leo sonrió de costado. “A diferencia de ti, yo sí estoy consciente sobre lo exigente que soy conmigo mismo, y pienso que soy más responsable que tú al respecto. Tú tienes más que aprender, a mi parecer.”
“Hehe, lo tendré en cuenta, Leo-san,” asintió.
“…olvídalo,” terminó por negar con cansancio. “No es que haya sido del todo honesto. Me enferma que seas tan denso todo el tiempo.”
“¿Denso?” ladeó su cabeza.
“En fin, tengo que ir a buscar a Elise. Supongo… nos veremos mañana…” ni bien mencionó a su hermana, el rubio se notó distante.
“Leo-san…” y como fue de esperarse, el pelirrosa lo captó de inmediato. Se le dirigió atentamente. “¿Todo está bien?”
“…” no era asunto del otro. Leo ya estaba más que acostumbrado a negarse en compartir las cosas, y ese insistente pelirrosa le inspiraba las suficientes ganas de rechazarle. Sin embargo…
“Supongo… hay algo que te incomoda, ¿no es así?”
“Tch…” se impacientó, aunque quizás la impaciencia interna que Leo traía por dentro era más insoportable que la que sentía por su acompañante. “Monoyoshi, para variar… podría oír tu parecer sobre algo.”
“Oh, eh, sí…” se sorprendió. Monoyoshi asintió, dispuesto a oírle.
“Con respecto a Elise…” ya estaban fuera del edificio, y no había nadie lo suficientemente cerca para oírles, ni nadie quien tenía la atención sobre ellos. “Hanasaki le ofreció para que sea una HiME.”
“¡Eh!” se sorprendió.
“Y obviamente ese no es el punto. Por supuesto que las opiniones al respecto son absurdas. Está mal, es condenable. De ninguna manera dejaría que mi hermana menor sea una de ellas, y razones me bastan.”
“Entiendo…” Monoyoshi asintió. “Entonces, ¿qué es lo que sucede?”
“Es con respecto a lo que Elise piensa sobre el asunto…”

Flashback


“¡Oye, Leo, espera!” la pequeña seguía a su iracundo hermano en lo que estaba caminaba fuera del edificio administrativo de Hanasaki. Era como si le estuviera ignorando. “¡No camines tan rápido, no te puedo seguir el ritmo!”
“Pues acelera, antes que estas personas te llenen la cabeza de mentiras,” le contestó bruscamente y sin siquiera mirar a su hermanita por encima de su hombro. Leo estaba decidido a salir de aquel recinto cuanto antes.
“¡Leo!” Elise frunció el ceño, empezando a molestarse.

La caminata no duró mucho más ya que salieron de dicho lugar, para llegar a uno de los varios parques presentes en la universidad de Hanasaki. Bastó cruzar dentro del mismo para que el hermano mayor finalmente se detuviera y encarara a la menor.

“!!!” la pequeña se asustó al verle tan iracundo. Parecía que iba a reventar.
“¡¿Qué fue esa conversación que tuviste con la directora?!” exclamó con gran disgusto. “¿Cómo te atreves a decir que ‘lo pensarás’? ¡¿Es que acaso nos mentiste a mí y a nuestra hermana?! ¡¿Acaso no habías jurado que tú nunca serías una HiME?!”
“¡Sí lo hice!” desvió su mirada, dubitativa. “Es que yo…”
“Nosotros sabemos mejor que creernos todas las mentiras que le dicen a medio mundo. Esta no es una historia de heroínas. Es un círculo vicioso, un conflicto sin sentido, una ideología que francamente se asemeja más a una acción pagana de sacrificios humanos que al mundo en el cual realmente vivimos,” apretó sus manos en puños. “Me cuesta hasta reconocerte en este mismo instante, Elise. Tú eres mucho más que una niña ilusa.”
“No me insultes, Leo,” infló sus cachetes.
“¡Es que no sé cómo más hacerte entender lo que sucede!” exclamó. Sus manos pasaron a agarrarse su cabeza, y luego soltarse la misma, como quien descargaba gran energía y frustración. “¡Si tanto querías acompañarme a estudiar en el Japón y todavía quieres estar aquí, entonces niégate a esta tontería y mantente alejada de todo problema! ¡Eso mismo es lo que yo pienso hacer!”
“…”
“El mero hecho que escuchaste a esa directora y remotamente entretuviste sus disparates es demasiado inaceptable para mí. Ni quiero imaginar qué dirá nuestra hermana al respecto…”
“Leo…” Elise miraba fijamente al piso.
“¿Qué cosa?” le preguntó a secas y claramente iracundo.
“…” la pequeña irradiaba un grado considerable de contrariedad. No podía decirse que estaba o no molesta, y claramente continua inmersa en angustia e incertidumbre, una que, aunque más silenciosa que la de su mayor, podía ser más profunda, como estaba por demostrar. “Hay algo que he querido preguntarte desde hace mucho tiempo…” apretó sus puños y se atrevió a mirarle con decisión e inconformidad. “¿Qué hacemos aquí en el Japón?”
“¿Qué es esa pregunta?” se extrañó. “No sé cuál será tu motivo, pero suena a que ni lo tienes.”
“No, Leo, ¿qué es lo que estás haciendo aquí? Quiero saberlo,” insistió. “Leo, nuestra hermana y yo estamos preocupadas por ti. Tú eres el que quiso venir y teníamos miedo de dejarte solo, por eso…”
“…” estaba un tanto sorprendido y sacado de cuadro.
“¡Por eso yo estoy aquí!” se estremeció un poco. “Nosotros bien sabemos lo que pasó en el pasado, cómo nuestra familia ha sido impactada por esta guerra, cómo parece que aquí nada se soluciona, y más bien, todo se vuelve peor. Y, aun así, por más que tantas cosas feas han ocurrido, tú decidiste venir a estudiar aquí.”
“Elise…”
“No sé por qué estás haciendo las cosas. Leo, tú eres tan necio y no te gusta escuchar ni decir nada a nadie. En el pasado, cuando nuestros hermanos mayores tuvieron que lidiar con todo por su cuenta, ninguno de nosotros estuvo presente aquí, y ahora, yo no quería que esto se fuera a repetir conmigo…”
“Tsk, ¿qué insinúas? ¿Me crees incapaz de mantenerme a salvo y ser prudente?” preguntó el mayor, casi insultado.
“¿Te crees mejor que nuestros hermanos quienes igualmente fueron tan sensatos como pudieron?” preguntó su hermanita.
“N-no mejor, pero yo tengo más información ahora…”
“Leo, escúchame… yo no quiero ser HiME, estoy de acuerdo con todo lo que has dicho,” los ojos de Elise temblaron y empezaron a llenarse de lágrimas. “La idea de ayudar a otros es muy linda. Yo no juzgo a Nio por la decisión que tomó, sé que ella tiene las mejores intenciones, aun si temo mucho por su bienestar. Aun así, no creo en tomar ese camino, puede ser el error más grande de mi vida… pero…” su decisión empezó a quebrarse. La pequeña se infestó de una tristeza e impotencia que partiría el alma a cualquiera.
“…” incluso el frío de Leo no evitó preocuparse al verla así.
“Pero… si hay algo a lo que temo más que ser HiME… es que le ocurra algo terrible a las personas a quienes más quiero en este mundo… y si tú estás aquí sin querer compartir el porqué, yo… yo no sé qué debo hacer… ¡no quiero quedarme impotente de nuevo!”
“¡Eh!” vio a su hermanita correr. Nunca pensó que Elise pudiera decirle algo que le congelaría las venas. De inmediato fue tras ella.

Fin del Flashback


“…” Monoyoshi se encontraba sorprendido y ensimismado.
“Ella sólo me dijo que era un insensible cuando la alcancé y que no tomaría ninguna decisión sin decirnos antes, y se negó a volver a hablar del asunto…” Leo miraba al piso. Con una mano en su mentón, parecía hacer el intento de analizarlo todo fríamente. Sin embargo, su usual forma de pensar las cosas no le servía en el presente. Dio un suspiro. “Me sorprendió. Cuando Elise se sumó a mi plan de estudiar en el Japón, lo único que surcó en mi cabeza era el fastidio de tener que cuidarla, puesto a que ella se sumó como una corazonada sin preparación alguna, y yo tuve que ser responsable de todo en su lugar. Ella fue una carga para mí desde el inicio.”
“Hm…”
“…pero ahora se ha lanzado a decirme esto. ¿Qué se supone que debo entender?” chasqueó la lengua y desvió su mirada. “¿Acaso ella es la que me ve como el problema? ¿En verdad se ha tomado la libertad de decir que yo soy el motivo de que ella haga algo que no quería, cuando claramente nadie le pidió que lo hiciera?”
“Leo-san…” Monoyoshi negó. “Ese no es su parecer…”
“¿…acaso ella tiene mérito en molestarse tanto conmigo?” se sumergió más en pensamientos. “Por más joven que siga siendo, Elise es más cuerda que otros niños de su edad. Lo sé bien.”
“Pienso que no deberías pensar en la molestia en sí, de ninguna manera,” observó el pelirrosa, tranquilamente. “Con frecuencia tiendes a exasperarte con otras personas, pero no pienses que ellos van a ver las cosas a tu manera.”
“¿Y eso por qué sería relevante ahora?” preguntó el rubio, impaciente. “Ya te he dicho lo molesta que Elise estuvo conmigo.”
“Es una molestia muy diferente. Leo-san…” Monoyoshi sonrió. “Pienso que eres afortunado. Tienes a una hermana menor que te quiere mucho y quien quiso estar de tu lado sin importar lo demás. Ella ha perdido la paciencia contigo precisamente por lo mucho que te quiere, y porque desea entenderte a como dé lugar.”
“Entenderme, dices…” musitó, meditabundo.
“Lo poco que he podido entender es que algo ocurrió aquí a seres cercanos a ustedes hace varios años. El hecho que, a pesar de ello, tú no sólo hayas tomado la decisión de venir a estudiar, sino que también te niegues a ser abierto al respecto… tengo que estar de acuerdo con ella. Entiendo por qué se preocuparía tanto. Que tú no digas nada, sabiendo que es un tema sensible para ella,” asintió convencido. “…no brinda mucha seguridad en lo que haces.”
“Tsk, pero para decirme que ella sería una HiME por sus dudas…” apretó los dientes.
“Supongo que esa fue su manera de dejarte saber lo mucho que significas para ella.”
“No digas tonterías, Monoyoshi. Nuevamente, nadie le dijo que lo hiciera. Me niego a ser responsable de una corazonada de aquel tipo, si es que comprende lo irracional de esa decisión.”
“Elise tiene apenas doce o trece años considerando su año de estudio,” le recordó Monoyoshi, amablemente. “Puede que sea irracional o que no debería andar tomando estas decisiones en nombre de otros, pero a la vez, ¿no crees que tú no le estás ayudando a hacer su incertidumbre más llevadera en primer lugar?”
“Tsk, ¿qué se supone que ella, o tú al parecer, espera de mí?” rodó los ojos.
“Leo-san…” sonrió un poco. “Tal y como una pequeña sensata como Elise te tiene en gran estima para cometer algo que ella misma ve como un error en tu nombre, tú mismo igualmente quieres mucho a tu hermana menor y te preocupas en demasía por ella, lo sé muy bien. De lo contrario, tú nunca hubieras compartido esto conmigo. Tú… también quieres entenderla, porque ella te resulta tan incomprensible como tú lo eres para ella.”
“…” no se veía del todo conforme por las palabras del otro, pero tampoco podía negarlas.
“Entonces, hay algo que tú puedes dar de tu parte, Leo-san, y seguramente, si lo haces, Elise también hará lo posible para conversar las cosas contigo. Hasta sé que ella misma se sentirá mucho mejor.”
“¿Qué vendría a ser eso?”
“Ella te lo dejó en claro, ¿no es así? Es lo que comenzó tu conversación.”
“¿Y bien?” empezaba a perder la paciencia.
“Dile por qué has venido al Japón a estudiar y sé completamente honesto con ella,” concluyó Monoyoshi. Para variar, aquel amigable y respetuoso pelirrosa estresó un poco más su mensaje.
“…” Leo se sorprendió un poco.
“Me inquieta un poco verte hasta preocupado por siquiera pensar en hacerlo. Sí, ella tiene motivos por preocuparse por ti y pienso que le debes explicaciones,” Monoyoshi asintió. “Yo no tengo por qué saberlo. Entiendo que son asuntos familiares entre ustedes dos, y seguramente personales para ti, Leo-san. Pero, por la paz de tu hermana, ruego que lo consideres para ella.”
“…” nuevamente, no había nada que podía refutar a consciencia limpia. Lo que fácilmente hubiera podido defender como ‘asuntos personales’ hace pocos días se había tornado en el posible motivo por el cual su hermanita estaba al borde de sacrificar su propia vida. Leo pasó a sentir un vacío ni bien fue despojado de su derecho al secretismo.
“Pero, antes que pienses en hablar con ella…” Monoyoshi terminó por meterse en su camino, para asegurarse de ser oído. Su sonrisa reflejaba paciencia además de frustración. “No dejes que tu presente inconformidad hable por ti. Quiero que pienses un poco más las cosas para que así tengas la cabeza fría cuando retomes ese tema. Le debes a Elise actuar como el hermano mayor que desea velar por su bienestar, mucho antes que todo lo demás.”
“…entiendo, casi podría decir que me estás insultando, pero…” sintió un tic en el párpado. “Sí la llevé a las lágrimas ese día y nada salió luego de eso. Soy capaz de aprender de mis errores aun si no lo parezco.”
“Lo sé bien.”
“Además…” Leo se dio el trabajo de rodear al otro para seguir caminando, con este siguiéndole. “También tengo que pensar en lo que voy a decirle.”
“Sí, por supuesto,” Monoyoshi asintió gustosamente. “Espero que los dos puedan conversar y lleguen a un entendimiento mutuo. Ya que tienes esas intenciones, confío en que así será.”
“Es cansado oírte…” negó frustrado. “Hablaba sobre mi motivo a estar aquí.”
“Eh…” se confundió. No pensó que iría a decírselo a él, y tenía razón.

Aunque lo que estuvo por oír tampoco le dio mucha tranquilidad.

“Ni yo sé por qué estoy estudiando aquí. Menos podría decírselo a alguien más…”
“Leo-san…”
“Nos vemos mañana, Monoyoshi,” declaró con firmeza. Parecía que no pretendía entretener más al otro. “Gracias por oírme y darme tu punto de vista. Has hecho algo de sentido, para variar.”
“Sí… no hay de qué.”
“Pero ya te has desviado de tu propio camino para acompañarme, así que te libero de una vez,” así, continuó caminando.
“…” apenas atinó a hacer una venia de despedida, y le observó andar. Quizás la mejor compañía que podía tener luego de lo conversado era la soledad, siempre y cuando no fuera a caer en algún círculo vicioso.

Sólo le quedaba estar al pendiente, en caso pudiera ser de ayuda.


Eureka

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1086: December 31, 2025, 06:02:34 PM »
Tengo que editar pronto con topes u_u

Eso aplica para todos mis ultimos fics, la verdad… pero ya será después.

Feliz año, chicas~






Lelouch tomó asiento en uno de los sillones contiguos a los de ellos. A simple vista, era obvio que se trataba de alguien ajeno al grupo, pero a estas alturas del partido, era ridículo intentar fingir apariencias. Ninguno de los presentes necesitaba ese trato falso e hipócrita… y parecía que Lelouch ya estaba harto de actuar también de esa forma.

“Puedes servirte bocaditos y chocolate si gustas,” le indicó Hizumi, a pesar de la sensación extraña que afloró en su interior al “invitarle” cosas al dueño de la casa… que eran suyas en realidad. Todo lo habían preparado con ingredientes de la mansión. A Lelouch nunca le había importado que dispusieran de sus cosas como quisieran, pero había terminado con Eureka al menos unos meses atrás… y era un poco extraño recordar que todos habían seguido con sus rutinas dentro de la residencia como si nada.

En ese instante, Hizumi sintió que tal vez habían cometido un error sin querer.

¿O queriendo?

“Ah, gracias.” Lelouch le sonrió. “Pero aún estoy lleno por lo que comí en el almuerzo. Aunque tal vez sí podría probar el chocolate…” Y se levantó a buscar una taza para servirse.
“¿Dónde almorzaste?” preguntó Ryoji, igual de incómodo que el resto. “O-osea, no debes darnos explicaciones o contarnos si no quieres, pero me intriga, supongo…”

Al igual que los demás, Ryoji quería hacerle el habla a Lelouch, pero sentía que todo lo que decía empeoraba las cosas.

“¿…?” Lelouch se detuvo antes de servirse el chocolate del termo para verlo, confundido. “¿En la cafetería de Rizembool?”
“¿Rizembool?” Hizumi arqueó una ceja.
“Ah, creo que no les llegué a contar al respecto,” mencionó muy tranquilo mientras retomaba la acción de servirse la bebida caliente. “Este ciclo estoy llevando un par de cursos en esa institución.”
“…” Todos lo observaron con recelo.
“¡N-no me malinterpreten! No tengo malas intenciones. Solo lo hice porque Rizembool cuenta con excelente profesores y una biblioteca muy variada. Su Facultad de Derecho ha recibido premios y es reconocida a nivel internacional,” mencionó, mientras regresaba a los sillones.
“La de Hanasaki también,” le refutó Hizumi.
“No quiero ser mala onda, Lelouch…” empezó Kanone. “Tal vez no tiene sentido que piense lo siguiente, pero… ¿estás ocultando algo?”
“No.” La voz de Lelouch sonaba sincera. “Les juro que mis motivos solo han sido académicos.”

Y se sentó de nuevo con ellos. Luego de colocar la taza en la mesa en frente de él, volvió a mirarlos para continuar.

“Al fin y al cabo, terminé con Eureka para enfocarme en mis estudios. No tengo tiempo para lidiar con el conflicto entre Hanasaki y Rizembool… y mucho menos para meterme en asuntos donde no pinto para nada.”
“Bueno… no es que hayan cambiado mucho las cosas…” Hizumi comentó, un poco irritado con su comentario.
“¿Mm?”
“Digo, eso es lo que también hiciste el resto del año. Solo te has enfocado en tus asuntos. No he visto que hayas tenido la intención de ayudar a Eureka, pese a ser su key…”
“¿Qué podría haber hecho? Si me ocultó todo desde el inicio.”
“¡Esa no es una excusa!” Le reclamó Hizumi. “¡Debiste haberla ayudado pese a eso! Yo lo habría hecho si hubiera contado con la posibilidad de tener poderes como antes.”
“…” Lelouch guardó silencio.
“Pero está bien. Supongo que cada persona tiene sus prioridades. Y hablando de prioridades… El otro día escuché que Simon y Miharu conversaban sobre las familias que asistieron a la gala de la alianza entre sus padres y los no-se-quién…” Hizumi comentó con cierta curiosidad. “Y dijeron que algunos chicos han venido a estudiar a Tokyo.”
“Ah, los Blaiddyd.” Lelouch asintió. “Conversé con los dos a inicios de ciclo, pero aún no he logrado descifrar por qué están aquí. Su sirviente vino hace tiempo y parece estar involucrado con Rizembool. Creo que pertenece a algún comité importante o algo así… Pero no estoy estudiando allí para averiguar acerca de eso.”

Luego de contar su verdad, dio un sorbo a la taza… en medio del silencio sepulcral de la habitación.

“Lelouch tiene razón,” dijo Soul. “Si bien no lidiamos con él directamente, Eureka lo mencionó cuando nos reunimos todos después de que Lelouch nos pidió ayuda a Maka y a mí para que pudieran cumplir su misión de proteger a una estudiante de Hanasaki que era muy importante para Rizembool…”
“¿Qué?” Hizumi se mostró confundido.
“…Es una larga historia. Pero, si desean, Maka y yo se la podemos contar otro día.”
“Está bien.” Kanone asintió… y luego se giró hacia Lelouch. “Te creemos.”
“¡Kanone!” Hizumi se veía molesto con la actitud de su amigo. “¡Es obvio que en eso sí se va a meter porque le compete de forma directa!”
“Y de hacerlo, tendremos más motivos para reclamarle. Pero aún no ha hecho nada, ¿verdad?”

La mirada seria del pelirrojo bastó para que Hizumi, Ryoji y Soul entiendan que hablaba en serio. Así como Hizumi, Kanone también sospechaba de Lelouch y lo resentía por su manera de actuar.

Estaba dispuesto a tolerarlo… pero no iba a quedarse con los brazos cruzados si Lelouch se llegaba a involucrar en el conflicto para indagar sobre las familias adineradas de su círculo.

Cuando su exnovia había corrido peligro durante medio año y él había optado por encerrarse en su cuarto a estudiar e irse de viaje a una pasantía.

Ahora andaba practicando en un bufete de abogados como si Eureka no hubiese estado al borde del peligro en varias ocasiones.

Y claro, no podía culparlo del todo. Su amiga era irresponsable y le encantaba cargar con el peso de la situación por su cuenta, pero Lelouch nunca había siquiera tenido la iniciativa de ayudarla al menos un poco.

Kanone frunció el ceño por un instante… pero relajó sus facciones en cuestión de segundos.

Sin embargo, Hizumi pudo notar ese cambio en su expresión a diferencia del resto.

“…Exacto,” dijo el peliverde, un poco confundido. Ya luego le preguntaría al respecto…
“Bueno, entonces, todo bien.”
“Gracias.” Lelouch esbozó una sonrisa pequeña. “Por cierto, el chocolate está delicioso.”
“Qué bueno.” Hizumi sonrió con sorna. Se arrepentía de no haberle puesto veneno para ratas. “Es cortesía de Kanone. Él lo preparó… Ryoji y yo solo ayudamos.”
“La verdad es que lo mismo sucede con los bocaditos,” añadió Ryoji.
“Gracias, Kanone,” le dijo Lelouch.
“Ah, no te preocupes.”

Así como el resto, Kanone no sabía dónde meterse. Era cierto que él había invitado al dueño de la casa a compartir un rato con los inquilinos, pero… en ese momento de completa incomodidad y cero tolerancia, ya no se le ocurría otra excusa para continuar con la conversación.

Además, no podía negar cuán irritado se sentía por las palabras de Lelouch y la contradicción visible entre ellas y sus acciones. Aunque intentara esconderlo, quedaba claro que le intrigaba saber por qué los herederos de las familias aliadas de los Vi Britannia habían llegado a Tokyo así como si nada.

Era un tipo demasiado egoísta.

“…” Kanone suspiró y se levantó. “Bueno, ha sido muy divertido compartir con ustedes, pero yo debo retirarme.”
“¿Eh? ¿Por qué? ¿Tienes turno en el restaurante?” Preguntó Hizumi, curioso.
“Así es. Y si mal no estoy, tú también.” Kanone le sonrió.
“Ah, cierto.” Hizumi asintió y se levantó. “Nos toca de 6 hasta la hora del cierre.”
“Guau, qué pesado,” comentó Soul. “Suerte a ambos.”
“Gracias.”
“Yo también me voy…” comentó Ryoji, un poco dudoso. “Tengo que entregar un trabajo para mañana.”
“Y yo debo terminar de leer un análisis para Documental,” comentó Soul.
“…” Lelouch observó cómo todos se levantaron y fueron hacia la mesa para guardar y llevar los platos sucios a la cocina. “No se preocupen,” les dijo.
“¿Qué?”
“Yo me encargo de todo. Vayan, no hay problema.”

Kanone y el resto intercambiaron miradas.

“Ah, gracias.” Hizumi no se veía muy seguro de sus palabras, pero le sonrió y se esfumó en un santiamén.

Los demás no tardaron en hacer lo mismo que él.

Cuando Lelouch cayó en cuenta de que estaba solo en la estancia, suspiró y soltó una risa seca.

Se dedicó a recoger los platos y a limpiar los trastes en silencio, dándole vueltas a ciertos pensamientos que rondaban por su mente.

Los amigos de Eureka siempre habían sido una molestia… pero ahora ya se habían pasado de la raya. Y aunque Lelouch sabía muy bien que no habían hecho nada malo, era obvio que lo juzgaban por sus acciones y no se sentían del todo cómodos de compartir momentos con él… o de siquiera convivir en el mismo espacio que él.

Habia intentado ser cortés para no ganarse más problemas. Pero también lo había hecho porque, tal vez en un futuro, ese gesto de cordialidad jugaría a su favor si ellos hablaban bien de él con Eureka. Su fin no era retomar su relación con ella: eso no le interesaba en absoluto. Lo que de verdad le convenía era que ella estuviese dispuesta a ayudarlo a investigar a los Blaiddyd y a Campbell. No había logrado mucho por su cuenta… y más allá de todo, no estaba tan loco como para enfrentarse por su cuenta a gente que parecía ser rebel o al menos tenía vínculos directos con los comités a cargo de ellos.

Y aunque necesitaba averiguar más sobre ellos a toda costa… las prácticas y las clases se comían todo su tiempo. Y el ciclo seguía avanzando…

Lelouch se sacudió las manos antes de sacar su celular del bolsillo de su pantalón.

No demoró nada en entrar al app de contactos para buscar el número de cierta persona… y, luego de soltar un suspiro, tocó el botón para llamarla.
« Last Edit: February 09, 2026, 09:07:42 PM by Eureka »


Cho


Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

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Cho

Ya que ando por aquí (?) aprovecho a dejar fic.

Edito con los icons que faltan (uhh ni sé cuándo los haré...)

117.1.


Las olimpiadas estaban próximas a llegar a su fin, siendo el último día de competencias. Los eventos continuarían hasta cierto punto en la tarde, y luego de un par de horas de evaluaciones y reconteo, se irían a anunciar los reconocimientos a los estudiantes destacados como parte de la clausura. Así, en su mayoría, las competencias estaban pronto a definirse y habían llegado a los momentos más intensos y esperados de cada disciplina.

Y como siempre, los observadores, por más que fueran ajenos a los sucesos, se encontraban listos para observar y alentar a quienes participaban, de distintas maneras. Fran era ajena a ello mismo, su labor como asistente de la directora la mantenía ocupada, y para variar, decidió tomarse la libertad de ir a buscar unos documentos a otro edificio y poder darse una caminata para despejarse.

La ‘misión’ había sido casi cumplida, al estar cerca del edificio administrativo con un par de fólderes que contenían varios papeles en sus manos. Entonces, su ensimismamiento se cortó al oír unas voces ya conocidas a sus espaldas, quienes la llamaban.

“…” la peliblanca sólo atinó a dar un pesado suspiro. No estaba lo suficientemente cerca del edificio como para poder ingresar a la zona restringida y evadirles.
“¡Fran!”
“¡Fran!”

Se trataban de los gemelos Kagamine, quienes corrieron hasta darle el alcance. La mayor tuvo que detenerse y dirigírseles, a manera de lidiar con el asunto cuanto antes.

“Confío en que no han venido para reportar nada en lo absoluto, viéndoles de buenos ánimos,” concluyó Fran, inmutada.
“¡Es correcto, todo está en orden!” reportó Rin, con una amena sonrisa y haciendo un saludo militar.
“Rin y yo hemos estado paseando por todos lados en estos días, no hemos detectado nada,” Len asintió como un niño cumplido.
“Nos hemos sorprendido por verte caminar fuera, y más aún por traer documentos, así que decidimos aprovechar para saludarte,” continuó la gemela.
“¿Cómo te encuentras hoy, Fran? Por favor mándale nuestros saludos a la directora,” dijo Len.
“La directora está por encima de mí. De todos modos, les vendría bien tratarme también con un respeto semejante,” les recordó, sin realmente molestarse, aunque mirándoles con cierto juicio.
“Eh, perdón, pues…” Rin miró a su hermano y le susurró. “Oye Len, ¿cuál era su apellido?”
“Es Viera, pero tú sabes que ella nos puede oír, ¿verdad?” le susurró de regreso.
“…” la peliblanca alzó una ceja.
“¡L-lo sentimos, lo haremos desde ahora!” dijeron casi al unísono, en aprietos.
“Buenos días para ustedes también. Si no tienen más que decir, con permiso…” se giró para continuar con su camino.
“E-eh, ya que estamos hablando, tenemos una pregunta,” se apresuró a decir Rin. La peliblanca apenas se detuvo para oírles, sin dirigírseles.
“Hm…”
“¿Cómo fue la conversación que Dash tuvo con la directora?” preguntó Len, con cierto dejo de preocupación, al igual que su hermana.
“Ustedes no tienen por qué jugar a favoritos. Se supone que son neutrales.”
“Uhh, no hay nada de malo que nos llevemos bien con alguien,” Rin hizo un puchero. “Además que nosotros, pues…”
“Nosotros somos los que encontramos a Dash ese día…” recordó Len, apenado. “Por supuesto que nos queremos asegurar que ella esté bien. Y sé que no es nuestra elección lo que vaya a ocurrir con ella, pero…”
“…” Fran les miró de reojo por unos segundos. “Si son amigos de ella, ya se los habrá dicho.”
“O sea, sí, pero…” comenzó Rin.
“La joven será quien decida qué hacer, y dijo que lo pensaría,” concluyó Fran, pausadamente.
“Sí nos dijo eso…” observó Len.
“Es que suena a que su guardiana estaba súper molesta con ella, y…”
“Silencio a los dos, respeten los asuntos de otras personas,” les recalcó la peliblanca. “Ustedes la verán como una amiga, pero ello no les da derecho de involucrarse más en la vida de ella, especialmente si ella va a ser una HiME. La ayuda que le extendieron esa noche es lo que cae como el trabajo de ayudantes en vigilar los daños de la guerra, y es hasta ahí donde pueden llegar.”
“Pues…” Len bajó su mirada.
“Porque si los que están por encima de ustedes se enteran que están confraternizando demasiado con una posible HiME, pueden terminar causando más mal que bien para ella,” Fran continuó con su camino. “Sean como los humanos y sólo ayúdenla en lo que les corresponde…”

Ahí terminó la conversación. Los gemelos intercambiaron miradas, y luego de una pequeña rabieta de Rin que fue en parte calmada por Len, los dos terminaron por aceptar su presente impotencia y esperar a que Dash fuera decirles algo, o si no, tomar una decisión.

“…”

Ya había sido un par de días desde dicha reunión, pero incluso Fran lo pensaba ocasionalmente. No era muy frecuente que un grupo resultaba tan… inconforme con las palabras de Miranda.

Flashback



“Eh… e-entonces…” Dash estaba sumamente perdida y anonadada por lo que Miranda había dicho, y luego, por lo que Horizon le había explicado.
“Eres más inteligente de lo que pareces, Dash, sé que lo has comprendido,” observó la robot, tranquilamente.
“Tsk, ¡suéltenme!” por su parte, Rita se había impacientado tanto por la conversación que un par de guardias tuvieron que entrar a ese lugar para restringirla. Ella miró con gran rencor a dicho par de personas. “Juro que, si esta sarta de dementes le hace daño a la niña, ustedes serán los primeros en pagar por ello.”
“Rita, cálmate de una vez y toma asiento,” Horizon negó con cierta frustración.
“Tsk, sí, claro, como si estos fueran a soltarme,” observó en lo que volvía a sacudirse, sin poder librarse ella misma.
“Tienes razón de ser tratada como una criminal aquí, Rita,” espetó Fran, con unos ojos fríos. “Viendo cómo acabas de amenazar de muerte a Miranda.”
“Tch… nunca me has caído bien, es como si fueras más marioneta que las que aparecen en las pruebas de HiMEs primerizas…” Rita afiló sus ojos.
“Sé bien que debe haber muchas cosas que tienes por decirnos, señorita Arsenico,” observó la directora, con cierto pesar, aunque nunca rompiendo la dedicada seriedad y amabilidad que extendía a todas las aspirantes HiMEs. “Podemos conversar más a fondo por lo que tienes que decirme personalmente. Sin embargo, estamos en este momento atendiendo el caso de la señorita Dash, es importante que no lo olvidemos.”
“Sí, apuesto que eso es lo que quieres, directora,” Rita se tensó. “No puedes resistir el ansia de llenar la cabeza de otra niña con mentiras.”
“Eh, ¿qué sucede…?” preguntó Dash, asustada. Incluso si Rita era particularmente temperamental y fría, nunca la había visto tan colérica.
“Rita, te sugeriría que aceptaras la invitación de la directora, si es que tienes cosas que decirle por separado,” observó Horizon.
“No, este es el momento, ¿no lo ves? O tendremos a una inmunda HiME en nuestro hogar que responde el llamado de gente que nunca ha hecho nada por su bienestar,” Rita apretó sus puños. “Y menos lo harán si ella acepta lo que le piden.”
“Ehh…” Dash se angustió.
“Es evidente, Rita,” Fran le dirigió una mirada gélida. “Esto no se trata de velar por tu supuesta protegida a quien ahora mismo estás insultando, más por lamer tu lastimado ego frente a nosotras. La verdadera inmundicia se desluce frente a todos nosotros.”
“¿Cómo te atreves?” le peliverde de nuevo fue mantenida bajo restricción de los guardias.
“Detente, Fran, por favor,” Miranda se impacientó ligeramente.
“Estoy de acuerdo, una pausa para ustedes dos,” Horizon asintió, frunciendo el ceño. “Percibo que Dash tiene algo que decir. ¿Por qué mejor no la escuchamos?”
“¡Eh, n-no se preocupen por mí! P-parece que ustedes entienden mejor de qué va esta conversación… o qué sé yo…” la pelinegra se cohibió y bajó su mirada.
“Señorita, la hemos llamado hoy para extenderle la oportunidad de ser una HiME, como acabamos de explicarle. Por supuesto, nosotros ofrecemos becas de estudios para las estudiantes que responden a nuestro llamado. Es lo menos que podemos hacer por las jóvenes que nos apoyan a mantener a Rizembool bajo control.”
“¿En verdad esa otra universidad es tan mala? O sea, ustedes están llevando a cabo las olimpiadas a la par con ellos ahora…” dijo Dash, perdidamente y sin saber qué entender.
“No pienses que hay un bueno en esta imagen, Dash. Ambas instituciones son igual de podridas,” concluyó Rita, con una voz llena de odio.
“Eh, pero…”
“Las HiMEs son precisamente jóvenes que pelean para contener las libertades que Rizembool realiza con sus propios estudiantes. Esa parte es la verdad. Es un trabajo, prácticamente un voluntariado, realizado por estudiantes bienintencionadas,” dijo Horizon.
“Tsk, ¡al menos ayúdame aquí!” le reclamó la peliverde.
“El mal no está en las HiMEs en sí, por favor ignora lo que Rita insinuó previamente de ti.”
“Eh…” Dash asintió, todavía anonadada.
“Sin embargo, es importante observar que la inocencia de las propias HiMEs no cambia la realidad que esta guerra no puede llamarse ni un mal necesario. Jóvenes de ambos lados son llevados a pelear entre sí mientras aquellos que controlan los bandos han fallado constantemente en llegar a una verdadera solución y resolución del asunto,” Horizon miró a la directora directamente. Su inexpresión contrastaba con la frialdad e intensidad de sus ojos luminosos. “Es ahí que uno podría pensar en que las propias HiMEs son también parte del problema, pese a sus intenciones, porque sin ellas este presente de un conflicto perpetuo no se podría mantener.”
“…” Miranda se vio frustrada y sumergida en un lamento del cual no podía escapar.
“…” Rita volvió a sentir cólera al notar dicha ‘pasividad’ de la directora de ni aceptar su propia culpa. Horizon lo había dicho de una manera más pulcra de lo que ella misma lo pudo expresar, pero no, no era suficiente. Faltaba mucho más que compartir, que denunciar…
“Entonces…” Dash miraba a sus pies, los cuales mecía mientras intentaba comprender toda la información dada. “Dicen que las HiMEs son personas que ayudan a otros…”
“Principalmente, tu trabajo sería pelear contra una persona de Rizembool con planes de lastimar a otros inocentes, contra tu ‘Rebel’,” observó Fran. “Las HiMEs pueden tener el interés de ayudar a otras personas, pero para evitar desencadenantes indeseados, ellas no pueden actuar fuera de los confines de la guerra, ni pretender enfocarse en sólo ayudar a otros. Es una importante responsabilidad entender qué constituye una ayuda responsable de tu parte, y más bien, qué podría causarles más males que bien en otras personas.”
“Eh, todo suena muy complicado…”
“…” Rita chasqueó la lengua y miró a Miranda. “Pienso que la niña ya lo entiende bien. Podrías recalcarle que esta es una oferta y no una obligación.”
“Eso es correcto,” Miranda asintió.
“…y también podrías agregar que su decisión no afectaría su posibilidad de entrar a Hanasaki con una beca de deportes si es que no la han asustado lo suficiente. No se les ocurra chantajearla con ese supuesto ‘premio’.”
“Ello es aparte, tú deberías saberlo bien, Rita,” observó Fran, cortantemente. “Tú también llegaste a Hanasaki con una beca, ¿o lo has olvidado?”
“Tch,” se inclinó hacia ella en señal de amenaza.
“¿Eh? Rita, ¿tú has sido una estudiante de Hanasaki?” preguntó Dash, en shock.
“…” la peliverde le dirigió la mirada, viéndose extrañamente paralizada y en silencio, sin saber cómo contestarle.
“Rita fue una HiME hace alrededor de ocho años,” y Horizon muy eficientemente habló en su lugar para abreviar esa situación.
“¿Puedes no lanzar información así tan abiertamente, Horizon?” la otra se impacientó.
“¡¿En verdad?!” la pelinegra se puso a pensarlo. Terminó por asentir y sonrió. “Tiene sentido, tú me has ayudado un montón desde que te conozco. ¡Por supuesto que quisiste ayudar a otros!”
“Tsk, no, eso no tiene nada que ver, Dash…”
“Y si yo puedo seguir tus pasos… ¡es más! Rin y Len también me ayudaron aquella noche que los conocí,” Dash pasó a entusiasmarse y mover sus brazos un poco. “Si es que yo también puedo extender esa ayuda de la cual he sido muy afortunada a quienes lo necesiten…”
“!!!”

Entonces, Rita agarró de sorpresa a uno de los guardias y pudo propinarle un golpe en su estómago para derribarlo. Entonces, con uno sólo, ella le dio un puñete en la quijada para finalmente liberarse. Fran de inmediato se puso por delante de Miranda.

“No se alarmen,” Horizon extendió una palma a la asistente para detenerla. Efectivamente, Rita no fue hacia ellas, sino llegó donde Dash. La joven se asustó por ese repentino suceso, aunque la peliverde, para variar, le agarró de ambos brazos con delicadeza.
“Escúchame, Dash. Yo no soy una persona a la cual quieres apuntar ser, y menos úsalo de razón para ser una HiME,” declaró Rita, con un tono serio y solemne.
“…” ella miraba atentamente los ojos firmes de la otra.
“Yo puedo decir que he sido una mejor persona desde el momento en el cual dejé de ser una HiME. Ese nunca fue un camino que debí seguir, y si lo único que quieres hacer con tu vida es convertirte en una ficha descartable por el bien de otras personas…” entrecerró sus ojos. “…entonces he perdido mi tiempo contigo.”
“Eh, Rita…”
“Porque quiero que tú vivas por ti y por nadie más…” ni bien dijo ello, Rita la soltó, dio una mirada de rencor a las encargadas de HiMEs, y finalmente caminó fuera de esa oficina.

Fin del Flashback

Después de que aquella exHiME se retirara, Fran vio a la buena e inocente Dash disculparse profusamente en su lugar, mientras que Horizon ofreció una compensación económica por los daños ocasionados. La directora fue rápida en decirles que no le debían nada en lo absoluto, lo cual no fue una sorpresa para su asistente.

De todos modos, aquel recuerdo era uno que continuaba llenándole de amargo. Fran entendía que Miranda, ella misma, Hanasaki en términos generales era culpable en no poder garantizar un mejor presente para las participantes en encarar a Rizembool, que ningún avance había podido lograrse, que aquella ‘paz’ luego de derrotar a Rizembool duró poco tiempo y que ellos habían regresado repotenciados con un claro deseo de supremacía, y hasta venganza. Muchas HiMEs han sufrido y seguirán sufriendo mientras ello no pueda cambiar, y por más que la información dada a las HiMEs es lo más completo que puedan darles desde el inicio, Fran sí podía justificar la ira o reclamos de muchas quienes en su momento estuvieron dispuestas a ayudarles.

Sin embargo, oír esas palabras de aquella exHiME era una burla al parecer de la peliblanca. En medio de todas las merecedoras de derechos y reconocimientos, Fran sólo podía reconocer a Rita Arsénico como una propia criminal, como un peor elemento que el Rebel al cual ella le tocó encarar, como un mal sin nada que pudiera redimirle. Su propio reconocimiento de su torcido ser a la que ahora la conocía como su guardiana legal no justificaba lo que ella fue en su momento.

Incluso Miranda, luego de que las invitadas partieran esa tarde, no evitó confiarle sus dudas sobre Dash siendo HiME, si es que ello pudiera remotamente significar que esa exHiME fuera a estar nuevamente involucrada en la guerra.

‘Ese mal elemento debería dirigir todo su odio hacia dentro’, Fran no evitaba pensar.

Y, aun así, la invitación había sido hecha y la directora no iría a cambiar de parecer. Aquella joven podría ser HiME si así lo decidía. Por ello, continuaban a la expectativa de su respuesta.




Era el último día del evento, y por lo tanto, su última parte de aquel voluntariado de ayudar con la vigilancia. Por los sucesos en el puerto, Samidare todavía continuaba limitado a los roles que pudieran darle, y su previa asignación a ayudar con supervisión o investigación fue puesto en pausa hasta el próximo aviso. No que él fuera a quejarse, todavía le costaba creer que su jefe no haya sido más severo con él.

Hablando del mismo, asumía que Jizou se encontraba asistiendo a otras personas por algún otro lado en Rizembool. A pesar de la buena voluntad e intenciones de su superior, su relativamente desaliñada apariencia desentonaba grandemente con su rol como un policía, y ya había visto en varias ocasiones cómo muchos civiles se alejaban de él como primer instinto. Al menos este mismo no sería de desanimarse por cosas así con facilidad.

Por su parte, a excepción de tener que lidiar con Murakumo quien había esperado acompañarle todo el día hace un par de días, Samidare podía decir que dicho voluntariado había sido un trabajo muy simple y monótono, quizás hasta inservible, puesto a que en ningún momento se sintió que realmente hacía una diferencia. Se vería más presentable que su jefe, pero él mismo se consideraba menos afín a un puesto de servicio tan ambiguo y aleatorio como el de vigilar, y a lo mucho, dar direcciones de edificios a recién llegados. Terminó por considerar su asignación como el merecido castigo por el cual debía de pasar…

Y entonces, él todavía no podría librarse del recuerdo amargo de aquel fatídico día. En lo que se daba una pausa bajo la sombra de un árbol, se topó frente a frente con Gotou, quien acababa de llegar a la universidad de Rizembool al igual que otras personas.

“…” el pelilila le observó, inmutado.
“…” Gotou apenas entrecerró sus ojos. “No esperaba verte aquí, Samidare.”
“Puedo decirte lo mismo,” dio un suspiro. “¿Necesitas direcciones?”
“No, no seré estudiante, pero creo conocer este lugar mejor que tú.”
“Está bien. Entonces…” pretendió caminar a otro lado. “Estaré al pendiente de alguien que necesite de mi ayuda.”
“Oye, espera…” reclamó y se impacientó. “¿Podrías darme al menos unos minutos? Pienso que me debes explicaciones.”
“…” Samidare le miró de reojo. Lo pensó, lo consideró. Había esperado que la conversación que tuvieron en Shibuya la mañana posterior al evento cerrara el asunto, pero entendía que seguramente no sería suficiente.



Ambos terminaron por alejarse apenas un poco más de ese ambiente de entrada a Rizembool, a un lugar donde no serían oídos por transeúntes.

“…” Gotou estaba en shock. “¿Una histeria masiva? ¿Dices que esas personas se pusieron histéricos de la nada? ¿Y que intentaron atacar a las HiMEs y los Rebels presentes?”
“…” el otro tenía una mano en su mentón, pensando sobre lo que había vivido con su usual inmutabilidad, aunque no pudiendo desaparecer sus propias dudas al respecto. “Es una actitud completamente fuera de lo normal, sin importar por dónde se le vea. Se podría concluir que ellos perdieron la cordura.”
“Pero, por más que debió de ser estresante para ellos, el hecho que le haya pasado a tantos al mismo tiempo…”
“Sin embargo, esa es toda la información que yo pude evidenciar. No sé qué es lo que pasó o qué llevó a esas personas a reaccionar de esa manera, pero los afectados por dicho efecto se están recobrando en el hospital ahora mismo.”
“…” miró al piso. “Esto es obra de alguno de los lados, seguramente del propio Rizembool, por más que no sepamos detalles. No hay duda de ello…”
“…”
“¿O es que acaso tú terminaste por oír algo más?” preguntó el Toushirou, atentamente.
“Gotou…” Samidare le miró de reojo. “Aun si me hubieran informado al respecto, yo no lo compartiría contigo.”
“Pero…”
“Y eres afortunado… que apenas sepas lo que te he dicho, y que no tuviste que ver el caos que tomó control de esas personas…” desvió su mirada. Su expresión adoptó una gran frustración. “Varios de ellos son policías, y gente a la cual conozco personalmente… por más que me aseguré de dirigirles a salvo, de que pudieran escapar y resguardarse…”
“…” le observó en silencio. Podía notar cómo esa experiencia lo carcomía. En verdad algo había podido afectarle para verle romper su tranquila inmutabilidad.
“…” ‘ellos fueron apuntados adrede, alguien buscó enloquecerlos desde el mero inicio, e interfirieron con su escape…’ estuvo por decir, pero Samidare decidió que no compartiría sus sospechas con Gotou. Él no merecía cargar con algo que no tenía nada que ver con él.
“¿Sabes? Ese día que fuiste a buscarme en el Starbucks me dejaste preocupado,” confesó, cruzado de brazos, y pensativo. “Podrías haber aparecido como siempre, me intentaste tomar el pelo, y luego dejaste los asuntos en claro. Me dijiste que yo no tenía nada que ver con lo sucedido. Sí, suena a tu manera de ser.”
“Lo volveré a recalcar. Tú no tienes nada que ver con lo que sucedió. Todo ha sido responsabilidad mía. No dejes que información al respecto te convenza de lo contrario.”
“Quizás evitas decirme más detalles para asegurarme que no me sienta mal, pero eso también es inevitable…” Gotou negó y le miró fijamente. “Yo podré no tener ninguna responsabilidad extendida con los sucesos del evento por haberte ayudado a encontrar información. Como me dijiste ese día, tú fuiste quien lo empleó y generó la complicación de la cual ahora te arrepientes.”
“Precisamente…” Samidare alzó una ceja. Esa fue una manera muy directa de decirlo.
“Pero tengo que ser más responsable personalmente para asegurarme de no ayudar a nadie a cometer este tipo de errores. Eso es algo que no pretendo ignorar en lo absoluto…” concluyó, decidido. “Ya me has dicho que tu superior te ha castigado con restricciones en cuestiones de tu trabajo por haberte separado de tu grupo y no haber podido ayudarles.”
“Él ha sido demasiado permisivo luego de mi error. Tiene fe en mí, lo cual es inexplicable.”
“Pues, ahora te tocará cargar con eso, Samidare, y viendo cómo te estás tomando este asunto…” dio un pesado suspiro. En verdad era un enorme lío. Pensar en los daños colaterales carcomería la consciencia y paz mental de cualquier persona cuerda, después de todo. “…supongo ya estás asumiendo que es parte de tu castigo.”
“…”
“Pero admito que también me preocupaste un poco, Samidare.”
“Hm…” se extrañó.
“Actuaste pulcramente como siempre, pero no me engañaste. Estabas casi desposeído. Te compraste un sándwich de desayuno en Starbucks y se te olvidó por completo. Cómo saltaste de tema en tema también me dejó saber que apenas podías mantenerte de pie. Y efectivamente te encontrabas sano para decirme que no necesitaste esos días fuera del trabajo, pero el daño que sufriste fue uno más psíquico,” sonrió frustrado. “No podría compararme con lo que experimentaste en dicho lugar, pero sé bien ese sentimiento de desconocer la realidad por un gran estrés o sentirte perdido en medio de muchas cosas que son más grandes que ti mismo. No es nada saludable. Verte ileso ese día no bastó para hacerme entender que sí estabas bien.”
“Ya veo…” desvió su mirada.
“Si es que piensas ser responsable por lo sucedido y ver cómo apoyar a aquellos que salieron lastimados, puedes empezar por cuidarte a ti, o de lo contrario, no lograrás nada en lo absoluto,” observó Gotou, nuevamente adoptando seriedad. “Es algo que yo he tenido que aprender a duras penas, siendo la mano derecha de mi hermano mayor.”
“…” llevó una mano a su mentón. “Esas son palabras obvias, Gotou. Una persona como yo no necesita oírlas.”
“Sin embargo, sí es necesario en ocasiones, porque es fácil olvidarlas.”
“…”
“Y lo difícil es internalizarlas de verdad.”
“Está bien…” terminó por sonreír un poco. Miró al otro de reojo. “…has dicho algo sensato, niño…”
“Tsk, ¿de dónde salió ese comentario?” Gotou se impacientó. “Te recordaré que ya tengo mayoría de edad.”
“Aunque apenas lo eres, hace unos pocos años seguirías prohibido de tomar alcohol.”
“¿Y eso qué tiene que ver?”
“…” negó y regresó a su inmutabilidad. Samidare dirigió su mirada hacia la entrada de personas que seguía tan concurrida como antes. “Lo que me pregunto es qué planea hacer un supuesto ‘niño’ como tú a partir de ahora. ¿Seguirás buscando información sobre Rizembool? ¿Continuarás tu investigación a espaldas de tus hermanos?”
“Podría preguntarte lo mismo, Samidare. Después de lo que ha ocurrido, de que tus planes hayan salido de control y sucedieran daños inesperados, ¿qué planeas hacer?” le devolvió la pregunta.
“…”

Hubo un corto silencio en el cual reverberó el ruido proveniente de la multitud de personas que existían en sus respectivas burbujas alrededor de ellos. Ello recordó al pelilila sobre el simple hecho que, realmente, nunca estuvo solo en su propio mundo.

“Pienso que ya he hecho demasiado, Gotou,” concluyó, solemnemente. “Mi jefe me ha dado una segunda oportunidad y lo honoraré. Haré lo posible por reparar los daños producto de mi ego y mi descuido.”
“…” Gotou asintió. “Entiendo.”
“Y te aconsejaría que hagas lo mismo. Sería más fácil para ti que para mí meterte en problemas de los cuales no tendrás solución, debido a que no eres parte de la policía.”
“Pues, el hecho que reconozcas que eres un policía y estés cometido a dedicarte a ese rol por completo me da cierta noción de confianza,” admitió el Toushirou. Sonrió aprobatoriamente. “Es lo más sensato que puedes hacer ahora.”
“Y tú estás encargado de muchos aspectos de negocios de tu familia…” recordó los breves días de descanso que acababa de pasar con sus hermanos. “…tú tienes una familia para empezar. Son suficientes motivos para que te cuides a ti mismo.”
“Lo sé.”
“Me lo acabas de decir.”
“Heh, no soy por el cual deberías preocuparte ahora, Samidare,” no evitó encontrar su insistencia graciosa, aun si sabía que tenía un trasfondo más serio. De todos modos, Gotou se vio agradecido. “Lo tendré en cuenta. Tú también tienes una familia, ¿no es verdad?”
“…”
“Tenlos presentes todo el tiempo, y recuerda que eres parte de ellos. Bueno…” terminó por partir marcha para adentrarse en la universidad.
“…”
“Casi estoy tarde para ver a mis hermanos. Tengo que irme…” dijo en lo que miraba al otro por encima de su hombro y levantaba una palma en señal de despedida.

Al igual que Samidare en aquella mañana en Shibuya, Gotou supo que no podría mentirle de vuelta. No… las cosas no habían terminado para él. Por su rol como la mano derecha de Ichi-nii y la persona encargada de muchos asuntos que libraban a sus hermanos menores, estaba dispuesto a averiguar más de Rizembool por su cuenta, con el fin de, quizás, poder resguardarles en caso de cualquier emergencia.

Mientras Yagen continuara tan metido en aquella tenebrosa institución y se negara de compartir todo lo que ocultaba de los demás, Gotou no veía otra opción. No tenía confianza alguna que su hermano fuera a mantener ese mundo alejado de su familia, y debía de estar listo para lo peor en caso esa oscuridad les fuera a alcanzar.


Viéndose nuevamente solo, Samidare negó con leve frustración. Entendía bien que Gotou no le hubiera dado la respuesta que él mismo le había dicho. Ese niño continuaría con su búsqueda de respuestas, y por más cuerdo que pareciera, siempre habría un temor asociado a que una persona singular fuera detrás de una institución tan siniestra como Rizembool.

Sin embargo, si bien Samidare le había dicho la verdad, tampoco estaba muy seguro si su decisión a apartarse de las investigaciones seguía en pie permanentemente. Pensaba ser responsable en el presente, pero su decisión de continuar investigando información que pudiera remotamente darle pistas de su hermano desaparecido podría resurgir con el tiempo.



“Debo admitir que me desalienta oírle desistir en su decisión de investigar esta guerra…”
“…” el pelilila miró hacia la dirección por la que había llegado dicha voz. Se trataba de aquella peliplateada chica de aquella noche en el puerto, quien ahora vestía como una ama de casa.
“Aunque, por encima de todo, me alegra oír que usted ha sido capaz de reanudar su vida,” Sakuya sonrió perspicaz y profesionalmente. “Samidare-sama, veo que el día ha sido tranquilo para usted, me alegro.”
“…” asintió. “Todavía te debo la información que pudimos extraer de esa máquina en el barco.”
“Confío plenamente en que cumplirá su parte del trato, sólo… tenía interés en saber cuál era el estado de su extracción y decodificación,” observó, meditabunda.
“Dicha máquina había sido un dispositivo semejante a una caja fuerte con muy poca información verdaderamente útil más allá de su función,” explicó el joven, con el ceño fruncido. “Concédeme dos días más para terminar de procesarlo, pero te advierto que no hay nada realmente útil en dicha información.”
“De todos modos, le agradezco,” Sakuya asintió, con un dejo de respeto. “Y como he dicho, es un desaire oír que no planea involucrarse en alguna otra investigación. No es frecuente que una persona me impresiona al trabajar. Hasta en una situación donde yo pude haber lanzado la toalla, usted fue capaz de encontrar algo que extraer. Le debo un debido respeto.”
“No es necesario…” desvió su mirada.
“Y es interesante saber que usted ha estado trabajando a la par con otro joven. Esa persona que lo ha estado acompañando parece ser inteligente y precavido,” concluyó la Princess, sonriendo levemente intrigada.
“…” Samidare de inmediato le miró. “No hay punto de hablar de esa persona.”
“Me pregunto si usted ha compartido su interés en desistir investigaciones con las intenciones de inspirarle a que haga lo mismo.”
“…”
“Pero es interesante, en verdad, que ese joven también desee investigar tanto a Rizembool…” Sakuya ladeó ligeramente su cabeza a un costado, sumergida en pensamientos. “…por más que hablamos de uno de los hermanos del aprendiz más joven del fenecido doctor Hojo…”
“Ese chico y el resto de su familia son ajenos al conflicto,” observó Samidare, con un dejo demandante. “Pienso que es suficiente que posean a un pariente tan infame incluso en esta institución donde nos encontramos.”
“Es cierto, y descuide, sólo lo comentaba como una curiosidad. Se ve que aquel Toushirou que acaba de retirarse tiene las mejores intenciones, sea lo suficientemente prudente o no,” Sakuya asintió a manera de aceptar el pedido de su colaborador de ignorar el caso. Entonces, su calculadora sonrisa se contagió de una leve tranquilidad. Llevó una palma por encima de su pecho. “Y comprendo su vocación. Yo también hago todo de mí con tal de garantizar la seguridad de las personas bajo mi cuidado, incluida esta investigación.”
“De ser así, le deseo que logre su cometido. Puede esperar la información extraída dentro de las próximas cuarenta y ocho horas,” le informó el pelilila. “Con permiso.”
“Le agradezco, que tenga un buen día,” Sakuya hizo una reverencia en lo que vio a dicho policía retornar a la zona más congregada de esa entrada a Rizembool.

De por sí, ella estaba satisfecha con la improvisada, aunque fructífera, afiliación de los dos en medio del caos en el puerto durante los eventos de esa fatídica noche. De no darse otras oportunidades a futuro y de apenas recibir la información recolectada en pocas horas, de todos modos, consideraría ese contacto con el policía como un éxito.

Sin embargo, Sakuya sabía que, de poder convencerle a continuar con sus investigaciones, tal vez habría mucho más que ella misma podría aprender del entorno en el cual sus princesas vivían en el presente. Valía el intento, vería qué podía hacer.





Con las olimpiadas próximas a terminar, Taikogane podía decir que se encontraba satisfecho. Había sido una buena pausa de clases tras clases y por la extensión de la actividad entre las dos universidades, pudo darse el gusto de ir de un lado al otro, en su mayoría no siendo más que un curioso al no haber tenido el interés de participar en nada además de las competencias de kendo, en las cuales ya había sido descalificado. Era un alivio no tener las mismas expectativas que Monoyoshi, quien había andado de competencia en competencia. Ni sabía en cuál se encontraría en aquel momento.

Su presente interés, contra el uso de razón, había sido buscar a Hyuuga, quien según Hakata, debía estar en una competencia de oratoria en la división de secundaria. Si bien no había dejado de frustrarse e impacientarse por el insano enfoque de su compañero de clase de mantener una agenda con sus vivencias de las olimpiadas como quien fuera explorador de la Antártida, para variar, podía usar algún consejo de su parte con respecto a su más reciente inquietud.

Ello le llevó a un auditorio en la universidad de Hanasaki donde se llevaba a cabo la competencia. Taikogane ingresó, y luego de leer un letrero que pedía al público de respetar a los participantes y guardar silencio, ingresó a los estrados. Había el suficiente espacio para más gente, puesto a que se trataba de quizás una competencia no tan llamativa.

Y ahí lo vio. Era justamente el turno de Hyuuga de dialogar ante el público. Él daba un mensaje con tranquilidad y atención. ¿Qué podía decir? Para ser un pesado académico, su compañero de clase poseía un carisma que seguramente los adultos encontrarían intachable, una facilidad de fluidez al expresarse sin titubeos y sin lugar a dudas bastante consciencia de sus gestos y el lenguaje que su propio cuerpo y postura daban en cada momento. Nada que realmente fuera a sorprenderle, puesto a que lo escuchaba a diario.

Sin embargo, eso le hizo pensar que, quizás, realmente no conocía a Hyuuga en lo absoluto. Dudaba grandemente que cualquier persona cuerda fuera únicamente presentable todo el tiempo, hasta alguien bien conocido por ser precisamente ello. En fin, no que realmente le importara.

Su discurso terminó, y luego de recibir aplausos del público, el presentador se le acercó.

“Una excelente demostración de sus habilidades, le agradecemos por deleitarnos, Masamune-san,” observó esa persona.
“No, es un honor para mí contar con la dedicada atención de los presentes,” le contestó el peligris, sonriendo profesionalmente. “Estoy en deuda con ustedes.”
“Por favor, sírvase a tomar asiento. Es momento de que nuestro segundo finalista suba al estrado,” dijo con amabilidad y Hyuuga hizo una venia para seguir sus indicaciones.
“…” por su parte, Taikogane se frustró. ¿Tenía que quedarse a escuchar el discurso de otro insufrible erudito para finalmente hablar con Hyuuga? Quizás mejor se iba y lo buscaba en algún otro momento…
“Sadamune-san, sírvase a ingresar al escenario,” dijo el anfitrión.
“¿Eh?” y en lo que el peliazul estaba por marcharse, se congeló por oír su propio apellido. Pero, definitivamente, no se habían referido a él. Vio a Monoyoshi aparecer bajo las luces del estrado en lo que era bienvenido con aplausos. “¡¿EEHH?!”

No tardó en arrepentirse de su sobresalto cuando varios a su alrededor lo shushearon agresivamente.

“S-sí… perdón…” se sentó con cierto cargo de consciencia. Al menos no parecía que las personas hacia el frente del auditorio le habían oído.

Terminó por resignarse a escuchar. Casi fue una presión, al tratarse de su propio hermano a quien no había esperado ver. Vaya, realmente nunca sabía qué era lo que este hacía.

Como esperó, se trató de un discurso que le hizo desconectarse. Podía observar lo mismo que en el caso de Hyuuga, sobre ser un buen orador, estar consciente de sí mismo y su público y tener fluidez con sus palabras, etc. Taikogane estaba más que cansado de vivir rodeado de aquellas etiquetas producto del estado social de su familia. Fue una sorpresa, pero a la vez, era esperado que su insano hermano mayor se haya desvivido para llegar a las finales de una competencia de aquel tipo.

“…” pero le frustraba. Lo que era esperado en Hyuuga más bien detestaba ver en su propio hermano. Siempre que tenía que actuar como ‘sus padres esperaban de él’, Monoyoshi era consumido por un comportamiento intachable y aparentemente perfecto. “Por tu apariencia bien podrías ser el chico más popular…” dijo por lo bajo y resopló. “Pero te me haces tan uncool…”

Uno también podría pensar que quizás el pelirrosa igualmente mantendría su verdadera personalidad como un secreto del resto… pero no, Taikogane sabía muy bien lo sonso que Monoyoshi era en realidad.



La competencia terminó, y luego de una corta deliberación, Hyuuga fue declarado el ganador en su categoría. Después de que cada uno fuera dado su respectivo galardón, los dos participantes se dirigieron al backstage donde les esperaron unas bandejas de bocadillos.

“Hyuuga, excelente trabajo, felicidades,” dijo Shiro, alegremente.
“…” Kuro, inmutado como siempre, asintió.
“Haha, muchas gracias a los dos, sé que siempre puedo contar con su apoyo,” el peligris rió un poco y se vio muy contento.
“Masamune-san,” Monoyoshi se le acercó y le extendió una mano, con una amable sonrisa. “Felicidades por el triunfo, ha sido bien merecido.”
“Oh, Sadamune-san…” Hyuuga se sorprendió un poco, y terminó acercándosele. Sacudió su mano con firmeza y una sonrisa segura. “Debo decir que, en caso de no haber sido declarado como el ganador, yo gané en el momento en que subí a ese estrado.”
“¿Disculpe?” Monoyoshi se confundió.
“Heh…” Hyuuga soltó el apretón de manos e hizo una venia. “Porque en ese momento los jueces ya habían decidido que yo podía compararme ante usted. Ha sido un discurso deslumbrante, Sadamune-san, es todo un honor.”
“Es usted muy amable,” el pelirrosa también se vio a gusto. “Pero tiene toda la razón. Cuando llegó mi turno, supe que tenía una montaña que escalar para hacerle debida competencia.”
“Esa es una montaña que los dos ya hemos escalado para llegar hasta aquí, Sadamune-san. Me siento sumamente agradecido por su reconocimiento,” hizo una reverencia.
“Igualmente, Masamune-san, le doy mis gracias,” le devolvió aquel gesto.
“…” Shiro miraba a ese par, sorprendido e intrigado.
“Sin embargo…” Hyuuga se puso a pensar, con un ligero dejo de inquietud.
“Eh, sí. Masamune-san, ¿sucede algo?” preguntó Monoyoshi, atentamente y con una ligera preocupación. “¿Habré dicho algo indebido?”
“Oh, no, en lo absoluto. Es más bien un capricho de mi parte…” meditó, casi perdidamente.
“No se preocupe, dígame, por favor.”
“Es de esperarse que el presente líder de mi familia sea dirigido de aquella manera, pero si puedo pedir algo… es que usted me llame Hyuuga, por favor,” le pidió con humildad. “Pienso que me hace falta demasiado para honorar mi nombre como realmente debería hacerlo.”
“…” Monoyoshi se sorprendió apenas y pasó a sonreír comprensivamente.
“No está… de más pedirlo, ¿cierto?” el usualmente seguro peligris titubeó levemente ante la ausencia de una respuesta.
“Por supuesto que no. Más bien…” el otro sonrió con torpeza. “Es como si hubiera leído mi mente, Hyuuga-san. Si pudiera pedirle lo mismo, por favor llámeme por mi nombre también. Sadamune-san es la denominación que mi hermano mayor o mi padre recibiría.”
“Entiendo… le agradezco, Monoyoshi-san,” sonrió aliviado.
“Hehe, por supuesto, es un gran gusto, Hyuuga-san,” dijo contento.
“Igualmente.”

Con ese intercambió, Shiro y Kuro los miraban atentamente. Era como si vieran a un par de humanos muy sorprendentemente similares.

“Oh, disculpen, no me he presentado ante ustedes, es una falta de mi parte,” se apresuró a decir Monoyoshi, casi en aprietos.
“No, está bien, me alegro mucho de oír la conversación que acaban de tener. Gracias por sus atenciones a Hyuuga,” Shiro sonrió tímidamente. “Mi nombre es Shiro. Y él es Kuro. Somos miembros de la familia Masamune.”
“Hehe, un gusto de conocerlos a los dos,” Monoyoshi se alegró. Curiosamente, se tomó la libertad de agarrar a Shiro de las manos.
“Eh…” este ladeó la cabeza.
“…” en lo que Hyuuga se sorprendió un poco. Era como el primer día de clases cuando Sora se acercó a Shiro casi instintivamente.
“Veo que ustedes dos andan al pendiente de Hyuuga-san todo el tiempo, y seguramente él de ustedes. Me alegro mucho,” expresó el pelirrosa contento.
“…” luego de esa sorpresa, el retraído pelinegro sonrió agradecido. “Sí, somos afortunados.”
“…” Kuro observó a ese desconocido con leve intriga.
“Heh…” en lo que Hyuuga terminó por alegrarse. Tal y como en el caso del joven Sora, podía asumir que aquellos que congeniaban tan bien con Shiro desde un inicio tenían las mejores intenciones.



“Oigan, ¿qué tanto hacen aquí? Ya la mayoría de gente se fue,” y, precisamente, un hastiado y aburrido Taikogane ingresó al backstage luego de cansarse de esperar afuera.
“…” por enésima vez, la neutralidad de Kuro se deshizo en fastidio y miró al peliazul con un usual desapruebo de su parte.
“Ihh, oye, ¿qué tienes en mi contra, Kuro?” preguntó el recién llegado, confundido.
“Oh, Taikogane-san, qué sorpresa,” Monoyoshi soltó a Shiro y le sonrió amablemente. “¿Necesitas algo?”
“Creo entender que ustedes dos son hermanos, Taikogane-san. Espero que hayas tenido el privilegio de evidenciar la genialidad de tu pariente,” agregó Hyuuga, con una sonrisa perspicaz.
“Tch…” genial, ahora resultaba que tenía a dos personas enfermizamente formales en su vida. Él chasqueó sus dedos unas veces en el aire. “Ya, la oratoria se acabó. ¿Podrían dejar de ser tan etiquetosos? Sé que les he dicho por separado que no usen -san conmigo.”
“¿Todo bien, Taikogane…?” preguntó Shiro. Él tuvo que detenerse de emplear el sufijo.
“Eh, sí, Shiro, no te preocupes,” le contestó perdidamente. Bueno, al menos alguien le oía. “Sólo que buscaba a Hyuuga y terminé por aquí.”
“Ya veo, dialoguen, por favor, nosotros ya hemos dialogado lo suficiente,” Monoyoshi asintió, y muy literalmente se hizo a un lado a manera de dejar que su hermanito se saliera con su gusto.
“Oye…” y este entrecerró sus ojos. No tenía ni cabeza para reclamarle por ello, lo mencionaría más tarde. Igual, no era como si quisiera hablar al respecto frente a su hermano, así que se quedó un momento sin saber qué decir…
“Dime, Shiro-san, ¿eres también un estudiante de la secundaria de Rizembool?” preguntó Monoyoshi. “Taikogane-san parece conocerlos a los dos.”
“Sí, estamos en el mismo salón que él y que Hyuuga…” comenzó a explicar.
“…” Hyuuga se impresionó. Fue como si Monoyoshi hubiera detectado que Taikogane no estaba a gusto con su atención, por lo cual optó por iniciar otra conversación de una manera quizás redundante, aunque muy atenta y cordial con Shiro.
“En fin…” sin realmente haber captado eso último, ya sin la atención de su hermano, Taikogane pudo hablar con Hyuuga al respecto. “Pues, verás, hace un rato me encontré con IA.”
“Ya veo, ¿cómo la has visto hoy? Espero que se esté entreteniendo,” ante la mención de la chica, Hyuuga sonrió amablemente.
“Eh, pues, supongo, sí estaba un tanto aburrida en una cafetería de Hanasaki mientras su hermana mayor estaba ocupada con un examen, algo así.”
“Entiendo. Asumo que su empleada la estaba acompañando.”
“Pues no, la verdad.”
“Hm, ya veo…” se sorprendió un poco.
“Pero pues, como la vi sola y justo tenía ganas de una leche con chocolate, yo me ofrecí a conseguirle esa leche de una máquina, y pues…” hizo una mueca de estar en aprietos. “…debo decir que me descuidé a abrirle la leche y medio le manché un poco su mochila.”
“Pues, es una lástima…” asintió, con ligera inquietud.
“Le ofrecí reponérselo, hay una tienda de mochilas bien cool de la que soy cliente, pero IA se molestó conmigo y terminó por irse sin dejarme decir nada…” admitió y agachó su cabeza con un cargo de consciencia y derrota. “Y pues, no sé qué hacer. Sé que ustedes dos son amigos de la infancia o algo así, ¿cómo podría reponérselo?”
“Hm, Taikogane-san…” Hyuuga llevó una mano a su mentón y lo meditó un poco. “No sé cómo expresarme debidamente al respecto…”
“¿A… a qué te refieres?” se asustó por verle dudar, para variar. “¿Acaso ya la fregué?”
“He estado observando cómo tratas a IA, Taikogane-san, y me toca hablar en lugar de ella,” dicho esto, Hyuuga adoptó una leve seriedad. “Ella es una persona a la cual muchos mirarían y deducirían sin reserva que es alguien especial. He visto que tú te has quedado tan anonadado de ella a simple vista como varias personas en nuestra secundaria.”
“Eh, pues…”
“Sin embargo, ruego que la trates como si ella fuera un ser humano,” concluyó con firmeza.
“Ehm, o sea, obviamente IA es humana. No que su nombre la convierta en robot o algo.”
“Taikogane-san, te pido que tomes este asunto con un poco de seriedad, en nombre de ella…” se lamentó el peligris.
“Oye, sí lo hago, ¿qué haces quitándome credibilidad?” preguntó un poco impaciente.
“IA es una persona pulcra y muy consciente de sí misma. No obstante, los accidentes ocurren. No se molestaría contigo por mancharle su mochila,” el peligris sonrió apenado. “Desde que la conozco, lo que IA siempre ha querido es vivir con una persona normal. Su apariencia impecable y atractiva y su estatus de princesa le han generado un estigma social. Esos atributos supuestamente positivos siguen siendo aislantes para ella.”
“Eh, pues…” Taikogane no tardó en comprenderlo y su humor se desinfló. Cayó en cuenta que precisamente le había tratado de dar un trato especial. “Como su empleada no estaba ahí, supuse que yo le ayudaría.”
“IA quiere tener amigos que la acompañen a la máquina dispensadora de bebidas donde ella pueda tener una conversación trivial sobre su elección. De derramarse esa leche, ese percance pasaría apenas con una conversación y ella lo entendería completamente. IA está consciente que muchas personas la ven por su apariencia y teme que no la tratan por quién es por dentro,” Hyuuga asintió y sonrió un poco. “Juzgo que no eres una persona muy vana, Taikogane-san, pero es bueno que lo tengas en cuenta. Espero que puedas llevarte con ella mejor.”
“Sí, pues… gracias por decirme todo eso…” admitió en aprietos.
“Descuida, más bien muchas gracias por cuidar de ella. IA es como una hermana para mí.”
“Ya veo…” todavía se confundía por el hecho que ella le había dicho que veía a Hyuuga como ‘muy adorable’, lo cual no entendía en lo absoluto. “Uhh… ahora seguirá enfadada conmigo.”
“Déjala a que el amargo se le pase. Si tú no tienes la oportunidad de hablarle más tarde, puedo ayudarte la próxima vez que los dos nos encontremos con ella. No te preocupes.”
“Heh, gracias…” realmente no era un mal chico, pese a lo exasperante que podía resultarle por ser tan formal todo el tiempo.
“Y con respecto a las apariencias, puede ser difícil notarlo, pero es importante que aprendas a deducir lo que hay más allá de ellas,” continuó Hyuuga, tranquilamente. “Para bien o para mal, el ecosistema de nuestras familias es tan lleno de sutilezas que mucho de valor se pierde en los detalles. Esto no debe ser algo extraño para ti.”
“Ugh, dímelo a mí, Monoyoshi y nuestro hermano mayor son de esas personalidades tan etiquetosas que a veces siento que me toman el pelo…” Taikogane rodó los ojos.
“…” Hyuuga sonrió. Sin duda él no prestaba mucha atención. “Asegúrate de observar un poco más a tu hermano. Hay mucho que su comportamiento te diría que sus palabras no lo harían.”
“¿Eh? ¿Y eso qué significa?”

“¡Oh!” entonces, en medio de una amena conversación, Shiro se inquietó y sus ojos se abrieron ampliamente.
“…” Kuro afiló sus ojos.
“Shiro-san, ¿se encuentra bien?” preguntó Monoyoshi, alarmado.
“Sí, descuide, es sólo que… me olvidé de algo importante, tengo que irme,” Shiro asintió y miró hacia Hyuuga.
“Descuida, nos encontramos luego,” le contestó el peligris. Mantuvo su tranquila inmutabilidad, aunque su voz adoptó un tono más grave que llamó la atención a los Sadamune.
“Un gusto, Monoyoshi-san, muchas gracias por su atención. Nos vemos,” así, tanto Shiro como Kuro se fueron corriendo.
“Oye, ¿qué le pasó a Shiro?” preguntó Taikogane a Hyuuga.
“No te preocupes, de ser algo serio, yo le habría acompañado,” le aseguró el peligris, sonriendo perspicazmente. “Él se encargará de lo que tenga que hacer por su cuenta.”
“Hmm…” no estaba convencido, pero sabía que no le sacaría más información al respecto. En casi Taikogane se había olvidado de su propio apodo de Hyuuga como un ‘overlord’ en Rizembool.
“Ha sido un placer conocerle, Hyuuga-san,” dijo Monoyoshi, amablemente. “Debo ir a tomar un refrigerio antes de mi siguiente actividad.”
“Ciertamente, yo tampoco cuento con mucho tiempo ahora, debo hacer lo mismo que usted,” observó Hyuuga.
“Oigan, o sea, les han dejado bandejas de snacks, pueden comer eso,” observó Taikogane.
“Pienso que no son ideales en valores nutritivos, lamentablemente,” se apenó el pelirrosa.
“Especialmente por estar ambos inscritos en varias competencias,” Hyuuga asintió. “Monoyoshi-san, le deseo éxito en sus próximas actividades.”
“Igualmente Hyuuga-san, confío plenamente en sus habilidades.”
“Ugh…” sentía que tenía que escapar de ese nido formal cuanto antes, aunque, a diferencia de su usual actitud de evadir etiquetas así, el peliazul agarró al par de un hombro cada uno. Los dos se sobresaltaron un poco. “Bueno, si esto no les viene bien, entonces vamos a buscar un lugar con ensaladas o algo. Dense un break juntos para que sigan hablando de sus cosas, ¿no?”
“Eh, pues…” Monoyoshi miró a Hyuuga. “Siento los inconvenientes de parte de Taikogane-san.”
“Sería una tremenda imposición por más que haya buenas intenciones de por medio, es verdad, Monoyoshi-san,” sin embargo, Hyuuga pasó a reír para sus adentros, y sonrió entretenido. “Sin embargo, Taikogane-san no es un extraño para nosotros. Bien, podemos entretener este no pensado atrevimiento de su parte. ¿A dónde podemos ir a comer?”
“Hm…” casi sentía que se estaban burlando de él. Taikogane-san dio un suspiro. “No sé qué clase de lenguaje secreto se traen entre ustedes, pero pues… lástima que no estamos en Rizembool ahorita o los llevaría donde Micchan… ¡ah! Él me dijo de un buen restaurante en Hanasaki, creo que está cerca. ¡Vamos para allá!”

Así, terminó por forzar a aquel par a tomarse un descanso de sus ajetreados horarios.



Kana

A ver si empiezo bien el año u_u

Ratio se preguntó por quinta vez en qué demonios estaba pensando cuando aceptó la invitación de Vincent.

Desde fuera, la invitación a la gala de una de las dinastías más pródigas del mundo resultaba un canto de sirena. Pero Ratio conocía los rostros detrás de las máscaras. Sabía que los Lancaster no eran una familia, sino una hermandad hermética y aristocrática; entendía que poner un pie en Lancania era, en términos prácticos, descender un peldaño hacia el infierno.
Presionó el puente de su nariz con un gesto parco, intentando drenar el estrés que se acumulaba entre sus cejas. La mirada de los "sangre pura" pesaba como mil balas de plomo. No hacían falta palabras —nadie se rebajaría a dirigirle la voz a un "indigno"— para sentir cómo lo diseccionaban, etiquetándolo como una simple mota de polvo extranjera.
El italiano suspiró, deseando fervientemente que las horas pasaran pronto para retornar a sus aposentos en la mansión de Vincent Lancaster.

—¿Más espumante? ¿O prefieres que descorche un tesoro de las cavas? —interrumpió Vincent, fascinado por el juego de luces del licor dorado que el mayordomo sostenía con precisión atractiva.

Por supuesto, Vincent vivía en una burbuja ajena de todo el juzgo de su familia. Tal vez era feliz en una fantasía mental siendo disperso o bien la disociación era su mecanismo defensivo para lidiar con la presión familiar.
Vincent alargó la mano hacia una copa bajo la mirada severa de Ratio. El romano recordaba bien la fragilidad del inglés ante el alcohol; lo último que deseaba era ser señalado como el instigador de un escándalo entre esos seres frívolos.

Pero, antes de la réplica, Vincent ya le tendía una segunda copa.

—Brindemos por nuestra amistad, Ratio. Por su supervivencia contra todo pronóstico —sentenció el inglés, dedicándole una sonrisa que contrastaba con la frialdad del salón.
—Salud —murmuró Ratio, entrechocando el cristal con desgano—. Modérate. No pienso cargar contigo si pierdes la compostura.
—¿Yo? ¿Cuándo me has visto perderla?
—Mh... —Ratio entornó los ojos—. Me basta con que tu familia nos observe como si portáramos la peste bubónica.
—No te equivoques —rio Vincent, con una ligereza que rozaba lo cínico—. Es a mí a quien juzgan. El hecho de que nunca me haya casado me convierte en un "retorcido" a sus ojos.
—¿Retorcido?
—Creen que soy homosexual. — alzó los hombros, tomándose a chiste todo. Dio un sorbo de su copa. —Si viviéramos unos siglos atrás, estoy seguro que mis propios hermanos me habrían envenenado o quemado vivo en una “desafortunada” tragedia para limpiar la sucia e impura mancha de su perfecto árbol genealógico. Pero Dios es grande y me hizo nacer en una época en que no pueden simplemente desaparecerme. — pausó su relato. —Tal vez piensen que eres más que mi “amigo especial” y terminen borrándote del mapa como lo hicieron con mi joyero, Richard Ranasinghe de Vulpian.
Ratio mantuvo la copa suspendida a irrisorios milímetros de sus labios. La franqueza de Vincent, aunque envuelta en la pueril despreocupación, era una granada sin seguro en Lancania.
—Dices "era distinta" como si el veneno ya no existiera —replicó Ratio en un susurro gélido —Solo han cambiado el arsénico por la exclusión social ostracismo y los accidentes financieros. Sigues caminando sobre una capa de hielo muy fina, Vincent. Ten cuidado.— Ratio bebió un poco de su espumante. —Y a mí también me caía mal ese amigo tuyo. Era muy raro… Demasiado callado y obsesivo.
Vincent soltó una carcajada seca, carente de alegría auténtica, y paseó la mirada por la galería de retratos que adornaba el gran salón. Rostros severos, casi fantasmales y de mirada gélida que parecían vigilar desde el óleo que nadie se atreviera a profanar la dinastía.
—El hielo es mi hábitat natural, querido romano —Vincent dio un paso hacia él, invadiendo ese espacio personal que Ratio tanto protegía—. Mis hermanos no buscan mi muerte física; eso sería demasiado ruidoso, demasiado... vulgar. Buscan mi anulación. Quieren que sea una sombra que camine por estos pasillos sin emitir sonido, hasta que el apellido Lancaster me devore por completo y… termine en una autolisis. En fin, ¿cómo está tu nuevo mejor amigo?
—¿Quién se supone que es mi nuevo mejor amigo?
—Oh, una de las ventajas de ser docente de Hanasaki es que puedes explorar el cuerpo docente de Rizembool y vi una bonita fotografía de los profesores de Rizembool. Salías tú medio sonriente con un joven de cabellos rubios. — Vincent se puso un dedo en el mentón, pensativo. —Si no mal recuerdo el nombre en el cuadro era Aventurine.
—Ese no es mi amigo. Es un colega.
—Te conozco bien y no eres de los que posan como si nada con alguien para una fotografía.
—Estás loco.
—Puedo pedirle a mi sobrinito que indague un poco más de ustedes y así no quedo con el chisme a medias.
—…— Ratio parpadeó, incrédulo y llevó la vista a donde se suponía que estaba Cain hace unos momentos. Para su sorpresa, ya no estaba en el salón. —Dudo que tu sobrino “alegrosin” sea de esos que van por los chismes. 
—Pues me contó que no soportas a Johan Liebheart. Tan amigos, no son ustedes dos.
—¡¿Quién sería amigo de ese psicópata?! — arrugó la nariz, asqueado. —Ni tú ni yo nos juntábamos con él en la universidad y eso que tú hiciste todo el intento del mundo por soportarlo. Es NORMAL que esa rata ande sola en los laboratorios. — indignado. —Y no es mi amigo. Ese si que no te la aguanto.
—No seas malo… Hay que entenderlo.
—Bueno, si te quieres hacer amigo de Dahmer es tu problema. Yo no tengo ese tipo de amistades.
—Pero si eres cercano de ese joven Aventurine.
—Ya deja de joderme, Vincent. Que si te acompaño aquí es únicamente porque prometiste que analizaríamos los estudios después de esta “maravillosa y encantadora” ceremonia. — escupió con sarcasmo lo último.
—Tal vez me de sueño para esas horas y me vaya a dormir…— alzó una ceja, con claras intenciones de arruinar los planes de Ratio. —Ya sabes, soy viejo y el alcohol me hace mal…
—No te pongas pesado, ¿quieres?
—¡Vincent! — un joven de cabellos rubios se colgó de los hombros del pelinegro, sacudiendo un poco su copa y derramando espumante. El propio Vincent se inquietó por el espontanea ataque sorpresivo, pero prontamente reconoció esa alocada presencia. —Estás muy escondido por aquí, vamos a conversar con nuestros primos.
—Howl, tranquilo. — le dio unas palmaditas en el brazo. —No seas mal educado frente a mi buen amigo el señor Ratio Veritas. — posó su mirada en el romano. —Ratio, él es mi… medio hermano Howl, el más pequeño de mis hermanos.
—Tú debes ser el amigo de quien siempre habla.
—Mucho gusto.
—Howl es esgrimista profesional…— y no sabía que más decir del hijo ilegítimo de su padre más que tenía la misma maña de ser mujeriego como su progenitor. Pero lo amaba tal y como era.
—Y un hábil alquimista. — se colgó del hombro de Vincent, mirando con interés a Ratio —Por tanto, me he leído tus estudios y puedo decir que me encantan.
—Oh, un pequeño Lancaster que resulta ser amigable. Eso es demasiado atípico.
—Soy medio bastardo, por eso soy más simpático —  se bromeó a si mismo Howl, soltando una risa jovial de la cual incluso el mismo Ratio se contagió.
—Howl…— le regañó Vincent.
—Creo que me cae bien. — apuntó al rubio con su copa. —Tal vez deberíamos dejar que este joven venga con nosotros.
—Es que…— Vincent sonrió, nervioso. —Howl seguramente tiene mejores cosas que hacer que leer libros y debatir sobre química con un par de señores aburridos como nosotros.
—Suena interesante. — habló Howl, distraído. Tal vez se pueda aburrir con esas cosas, pero le daba curiosidad el mundo del único hermano que le trataba con auténtica amabilidad. —Querido hermano, quiero ir con ustedes.
—No. — pidió Vincent, educadamente. —Si te ven mucho conmigo van a decir que te llevo por un mal camino y es mejor para ti que te tengan en gracia.
—Bah, ¿de qué hablas? — bebió de su copa, un poco entonado. —Son amables conmigo porque mi padre les obliga a serlos. ¿Qué más da lo que piensen de mi?
—Howl…—
—Señor Ratio, ¿puedo ir con ustedes?
—Claro. — sonrió Ratio, regocijándose con lo incómodo que estaba Vincent con su medio hermano. La venganza se siente dulce cuando por fin se alcanza y esta vez era Vincent el que estaba incómodo.





Eureka

TOPES PRONTO




“¡Ajá! Mucho mejor.” Eureka sonrió, satisfecha.

El esfuerzo había valido la pena… y parecía que la suerte había estado de su lado. Habían encontrado un lugar ideal para comprarle ropa a su Child tan solo al subir al siguiente piso.

La ropa que le había comprado a Neuvillette iba a juego con su imagen sofisticada y su vibra elegante. Parecía un modelo europeo perdido en un típico centro comercial de diez pisos de las metrópolis de Japón. Calzaba con los japoneses en términos de vestimenta y de presencia, pero desentonaba por completo por sus facciones europeas, así como su cabello largo y blanco y ojos violetas.

Eureka sabía que era su Child. Y que debía ser un aliado y un gran apoyo para la batalla HiME… pero la tentación de hacerle una carrera como modelo era demasiado abrumadora.

“Ya sé en qué estás pensando… y creo que sería difícil explicar por qué el modelo en cuestión se desaparecería de las sesiones de fotos para apoyar a su HiME en una pelea contra su rebel.”
“Mjum.” Neuvillette asintió, dándole la razón a Gojo.
“¡¿Ustedes están conectados telepáticamente o qué?!” Eureka arqueó una ceja. “Si mal no estoy, Neuvillette es mi Child, no tuyo.”
“Sí, tienes razón.” Gojo sonrió. “Es solo que Neuvillette-chan es muy observador como yo… y tú eres muy predecible. ¿Por qué necesitas tanto dinero? Aparte de la segura necesidad que sientes de reponer los gastos que has realizado para comprarle esa ropa cara a tu hijo.”
“Bueno, para la renta del departamento costoso de 8394803 cuartos que voy a tener que alquilar para poder vivir con Neuvillette…”
“Mm, cierto. Dijiste que vas a convivir con tu novio.”
“…¿‘Novio’?” Eureka arqueó una ceja.
“Din, din, din~ Es obvio que hablo de Oikawa.” Gojo le sacó la lengua.

Eureka se aguantó las ganas de saltar a ahorcarlo. Le indignaba que su profesor fuera demasiado alto… ¿Quién medía un metro noventa?

Ah.

Muchos del club de vóley tenían esa altura o incluso eran un poquito más altos. Si mal no estaba, Ushijima era el más alto, midiendo 193 centímetros. Oikawa siempre se quejaba de eso porque vivía en una competencia imaginaria y unilateral con el wing spiker.

Pero, a diferencia de Gojo, los chicos del club de vóley eran atentos, divertidos y buena onda. Bueno, a excepción de un par… como Tendo y Kokichi.

Ah, Kokichi.

…¡Los videos!

“No sé de dónde sacaste que Oikawa era mi novio, pero no es cierto,” le dijo, intentando seguirle el hilo a la conversación pese a su corta (e importante) distracción.
“Estoy al tanto de eso. Es solo que me divierte molestarlos con ello~”
“…Lo suponía.” Eureka suspiró. “En fin… ¿qué haremos ahora?”
“¿Por qué lo dices?” Gojo le arqueó una ceja. “¡Ack! ¡Mi práctica!”
“Sí, sí. Tienes que dictar clases. ¿Pero qué haremos con Neuvillette durante tus clases?”
“Mm…” Gojo se llevó una mano al mentón, pensativo. “¿Qué tal si vas a verme con él después?”
“¿Tendré que hacer hora en Hanasaki?”
“No te queda de otra. A menos que tengas un plan B para Neuvie-chan~”
“…” Neuvillette la miró, indiferente.
“¿No te molesta tener que quedarte con Gojo-sensei?”
“No se preocupe, Eureka-dono. Lo más probable es que duerma por unos días y no le causa molestias a Gojo-dono.”
“…¿Qué?” Eureka lo observó, confundida. “¿A qué te refieres? ¿Te sientes cansado?”
“Un poco… Debe ser porque nací en el peor momento posible. Aún no se ha recuperado del todo de la batalla del fin de semana.”
“…” Eureka se iluminó en ese mismo instante. “Neuvillette, ¿tú también cuentas con un resumen de mi vida hasta el momento en que naciste?”
“¿Eh? ¿Qué?” Gojo se veía un poco confundido.
“Morgana, mi anterior Child, me dijo que sabía todo lo que me había pasado hasta antes de manifestarse con la magia HiME. Claro, los eventos no venían con lujo de detalles, pero sabía, en líneas generales, todo lo que había vivido desde mi nacimiento hasta el momento en que él nació, durante el ataque a Hanasaki.”
“Sí, yo también cuento con esa información.” Neuvillette asintió.
“Entonces… ¿sabes qué me ocurrió durante la pelea del fin de semana?”
“No. Solo sé lo que usted sabe. Es por eso que no intervine en la conversación que tuvieron al respecto hace un rato.”
“…Al menos lo intenté.” Eureka suspiró. “Gracias, Neuvillette.”
“Lamento no serle de mucha ayuda.”
“No, no te preocupes. Ya averiguaremos qué ocurrió.”

Para ello, debía revisar los videos de Aventurine.

“Bueno, queda exactamente media hora para las 8. Yo no llego ni en sueños a Hanasaki por metro, así que voy a pedir un taxi. Vienen conmigo, ¿verdad?”
“Ah, sí. Eso nos conviene.” Eureka le sonrió. “Iremos a hacer hora a la mansión HiME… y supongo que tengo que contarle las malas noticias a Morgana.”
“Wow. Debe ser como tener que despedir a un excelente profesional de tu empresa.”
“Es peor.”
“Me imagino.” Gojo sonrió con un tinte de comprensión en su mirada. “Ah, ya me aceptaron. ¿Vamos? Está en la parada de taxis en la esquina de al frente.”

De un momento a otro, se vio abrumada por la curiosidad y la ansiedad que la invadieron al recordar que estaba a un paso de revisar algunas pistas que le darían una idea de lo que había ocurrido el fin de semana.

“Ah, sí. Gracias, sensei,” le dijo, un poco distraída por ese torrente contradictorio de emociones en su interior.





En el trayecto de regreso a la universidad, Eureka sacó su celular de su bolsillo para revisar si tenía algún mensaje de sus amigos o alguna llamada perdida… y se quedó pálida al ver al nombre de cierta persona en sus notificaciones.

La última vez que había hablado con Lelouch había sido durante la gala que se llevó a cabo en Singapur para celebrar la alianza estratégica entre los Vi Britannia y los Zoldyck. Recordaba haberse irritado al verlo porque solo cruzar miradas con él bastaba para ponerla de mal humor. Encima de todo, su mamá se había portado terrible en frente de ambos, Lelouch le había seguido la corriente y Eureka se había enterado de que sus papás tenían nuevas parejas… y eso que, antes de aquellas revelaciones, esa noche ya había sido alocada de por sí por culpa de Oikawa (y del metiche de su cuñado, Tatara).

Ah… y del avistamiento de Nea.

¿Qué había sido de él? Llevaba un tiempo sin molestarlos. Era cierto que tal vez a Karasu y a Nea ya no les interesaba lavarle el cerebro a Oikawa ahora que se había convertido en su key, pero… era muy extraño. Había pensado que no se quedarían con los brazos cruzados porque Kokichi había jugado con ellos a su antojo, pero quizás… se había equivocado.

Al menos esperaba que aquella chica, Nanamine, se encontrara bien.

No debía acaparar más problemas de los que ya tenía, pero tal vez debía contactarla a ella y a sus amigos para ver cómo les iba… Las vacaciones y el inicio de ciclo habían estado llenos de tantos sucesos jalados de pelos que había olvidado por completo el peligro que esos tres corrían.

Pero Nanamine y Kanda eran un poco… difíciles de tratar. Mientras Nanamine era silenciosa y calmada, Kanda era muy gruñón y arisco. Tal vez era mejor contactar a Alma. El amigo de ese par sí era buena onda.

Eureka abrió LINE para escribir un mensaje escueto y mandárselo al chico. En el proceso, le dio curiosidad qué andaba haciendo su nuevo Child, y se giró a observarlo.

Neuvillette estaba pendiente del panorama que veía a través de la ventana del taxi. Todo pasaba muy rápido frente a sus ojos porque el taxista había tomado una de las autopistas para llegar lo más pronto posible a Hanasaki. Y era comprensible: Gojo no pensaba faltar a la clase aun si esto le costara 500 yenes de cargos adicionales. O tal vez más… Eureka no sabía cuántas autopistas habían recorrido hasta ese momento.

Sonrió. Su nuevo Child era muy sabio, controlado y atinado. Sabía que la apoyaría en la lucha contra Kokichi y Himiko, pero… le daba un poco de pena tener que dejar a Morgana.

Y hablando de Morgana… la existencia de Neuvillete había confirmado que el “gato” era hijo de Lelouch.

La HiME suspiró.

“¿Por qué suspiras?” El reflejo de Gojo en el retrovisor le sonrió. “Tú no tienes que dictar clases de 8 a 9 p. m.”
“Bueno, no… pero…” Eureka dudó por unos instantes. No sabía qué tan atinado era contarle sobre su ex (y su vida privada) a su profesor y futuro entrenador HiME. Sonaba muy desatinado, la verdad. “Pero tengo un problema personal y no sé qué hacer.”
“¿Es con Oikawa?”
“No, no es con él.” Eureka rio un poco. “No voy a negar que a veces me molesta, pero es un buen chico. Al contrario, yo siento que soy un poco jodida con él. ¡Pero en fin! ¡Oikawa no tiene nada que ver!”
“¿Entonces? Cuéntame. ¿Qué pasó?”
“¡N-nada!”
“Es algo privado,” aclaró Neuvillette. “Parece que Eureka-dono se siente incómoda con la idea de contarle al respecto.”
“Ah, está bien. Yo respeto las vidas privadas de mis alumnos. Si no quieren confiar en su profesor, no hay proble…”
“…Es mi ex.” Eureka lo interrumpió para evitar su discurso victimizador.
“¡Oh! Nunca me has hablado de él.”
“Bueno, esta es la… segunda vez que tú y yo nos vemos. ¿O tercera? Tal vez tercera si contamos que Oikawa y yo fuimos a hablar al jardín de la Facultad.”
“Es el mismo día. Creo que contaría como la segunda vez… pero bueno. ¿Qué pasó con tu ex?”
“Me llamó.”
“Ah… ¿Cuando estábamos comprándole ropa a Neuvillette?”
“Creo que lo hizo mientras conversábamos con Oikawa antes de que regresara a Rizembool. Puse mi celular en silencio, así que no escuché nada.”
“Mm… Yo diría que debes devolverle la llamada. Pero si te sale con el cuento de que cambió y que quiere retomar la relación, le cuelgas.”
“¿Tú crees?”
“Sí.” Gojo asintió. “Es lo maduro y justo. Tal vez es una emergencia.”
“Podría ser… aunque no insistió. Igual, tal vez y es algo mundano como que quiere botar mis cosas porque nunca las recogí.”
“¿Vivías con él? ¿Ves? ¡Yo sabía que planeabas hacer lo mismo con Oi…!”
“¡No, no!” Eureka se mostró avergonzada ante los comentarios de su profesor. “Vivía en la mansión de su familia junto a sus hermanos —o bueno, los que vinieron a Japón— y unos amigos que tenemos en común.”
“Oh…” Gojo sonrió. “Estas juventudes. En fin, ¿qué harás?”
“Supongo que tienes razón. Debería llamarlo… pero lo haré cuando lleguemos a Hanasaki y nos separemos de ti.”
“Aw, qué mala. Yo quería el chisme.”
“Lo siento.” Eureka le sacó la lengua. “Creo que ya te di mucho chisme. No planeaba contarte sobre él… la verdad, me siento un poco incómoda con ello.”
“Tranquila, entiendo.” Gojo rio. Algo en su mirada tranquila le transmitió cierta calma a la HiME. Parecía más sincero que hace unos minutos. “Suerte con ese tema.”
“…Gracias.” Eureka le sonrió. “La necesitaré.”





La última clase del día y las revelaciones alocadas de la tarde habían sido capaces de agotarlo como si hubiera tenido que jugar dos partidos de eliminatorias en una misma mañana.

Le costó muchísimo mantenerse despierto. Tanto que, en algún momento, se durmió sobre la mesa sin darle importancia a lo que su profesor o sus compañeros comentarían al respecto. Estaba demasiado cansado y necesitaba recargar energías a toda costa.

Para su suerte, nadie lo molestó. Tal vez había jugado a su favor que la clase estuviera sumida en penumbras porque iban a ver un documental como referencia de uno de los temas del sílabo.

Cuando se levantó, todos se estaban retirando del aula magna. Oikawa se estiró en su asiento y agarró sus cosas para salir como el resto. En el pasillo del pabellón, sacó su celular del bolsillo de su pantalón para revisar si tenía notificaciones. El único mensaje que no había visto era uno de Iwaizumi, quien le había dicho que lo esperaría en la cafetería que yacía cerca a la Facultad de Ingeniería, donde se encontrarían con Arakita y Souji ni bien terminaran sus clases.

Oikawa emprendió el camino hacia el punto de encuentro. Si mal no estaba, Souji y Arakita se liberaban a las nueve, momento en que culminaba su última clase del miércoles.

Habían quedado en ir a cenar juntos como ya habían hecho en varias ocasiones desde el inicio de su amistad… y aunque Oikawa estaba emocionado por la idea, el cansancio lo motivaba a regresar a su departamento a dormir hasta el día siguiente.

Sin embargo, debía aprovechar la oportunidad para consultarle a sus amigos sobre sus planes de mudanza con Eureka.

Tal vez Iwaizumi no lo mataría si Souji y Arakita estaban presentes… Esperaba que ese par se pusiera de su lado.

“¡Ack! ¡Iwa-chan!”

Su mejor amigo yacía sentado en una de las mesas de la cafetería. A esas horas de la noche, habían pocas personas en el lugar: solo pudo divisar a un grupo de chicos ubicados a unas mesas de su posición y a una chica revisando el mostrador a un par de metros de allí. Se veía indecisa: parecía que no sabía qué postre pedir.

Y la entendía. Esa cafetería era una de las mejores de todo Rizembool. Sus sánguches y postres eran exquisitos.

“Shittykawa.” Iwaizumi lo sacó de sus pensamientos. “¿En qué rayos estás pensando?”
“¿Ah? ¿Yo?” Oikawa se señaló como todo un imbécil. “¡¿Nada?! ¡Jeje!”
“Oye, en la mañana no tuve tiempo de preguntarte, pero… ¿qué sabes de Eureka? ¿Hablaste con ella?” Iwaizumi se veía un tanto preocupado. “Más le vale a Ouma que no le haya hecho nada o…”
“¡No, no! Es curioso, pero Kokichi-chan no hizo nada malo. ¿No te conté? Se hizo un cambio de look… y no le salió tan bien que digamos. Así que tuvo que visitar la peluquería durante las horas de entrenamiento.”
“Mm…” Iwaizumi sonaba curioso. “¿Ya la viste?”
“¿Qué? ¿Te intriga saber si le asienta el nuevo look?”
“Sí. Y como te gusta, de seguro eres el mejor juez—”
“¡SHHH!” Oikawa corrió a taparle la boca. “¡¿Qué te pasa?!”
“¡Lo mismo que a ti! ¡Tú nunca te inhibes en gritarle a los cuatro vientos quién me gusta!”
“¡Bueno, yo no soy el tonto que va por ahí mirando embobadísimo a la chica de sus sueños!”
“¡Marie no es…!” Iwaizumi se detuvo antes de seguir cavando su tumba. “Cállate y siéntate, ¿okay?”
“…” Oikawa le hizo caso a regañadientes. “No… No puedes decir nada de eso en frente de ella.”
“¿De quién? ¿De Marie o de Eureka?”
“¡DE EUREKA-CHAN!” Oikawa se tapó la cara, avergonzado. “No quiero que se entere de ello. Menos ahora que… Bueno.”
“¿Ahora que…?”
“Am…” Oikawa tragó saliva. “¿Qué opinas de un cambio de aires?”
“¿Eh?” Iwaizumi lo observó, confundido. “¿De qué estás hablando?”
“Bueno, creo que deberíamos mudarnos. No sé tú, pero el departamento nos queda un poco chico y…”
“¿…?” La confusión en la mirada de Iwaizumi cada vez crecía más y más. “¿Qué?”
“EsqueEureka-chanyyotenemosunnuevochildynosabemosdóndemeterloporqueno—”
“¡KUSOKAWA!” Iwaizumi estaba muy indignado con su estupidez. “¡Vas a hablar bien o te voy a meter la lengua tú ya sabes dónde!”
“¡Okay, okay!” Oikawa suspiró. “Resulta que Mona-chan… no es el Child que nació por mi vínculo con Eureka-chan. Es… el de su ex.”
“Tiene sentido. Yo no sé por qué creyeron que Eureka ya te quería cuando recién te conocía qué, ¿un mes? ¿Mes y medio?”
“¡Sí, está bien! ¡Tienes razón! No sé.” Oikawa se rascó la nuca y desvió la mirada. “Supongo que tenía esperanzas de que su relación con Britannia-chan hubiera sido un desastre desde ese entonces.”
“Bueno, resulta que aún lo quería. ¿Y? ¿Eso cómo nos afecta?”
“Am… El nuevo Child de Eureka-chan… es un dragón.”
“¿Ya y…?” Iwaizumi arqueó una ceja. “No voy a negar que es cool, pero… no entiendo a qué vas con todo esto.”
“¡Es un dragón muy grande! Bueno, dice que llega a 3 metros. ESO ES GIGANTE, ¡¿OKAY?!”
“¡¿Y piensas meterlo en nuestro departamento?!”
“No, no. Tiene forma humana. Pero necesita vivir en algún lugar… así que Eureka-chan está pensando en mudarse a un departamento.”
“Y no le alcanza para vivir por su cuenta y mantener a un dragón y a un gato.”
“Exacto.”
“Y como eres el padre, quieres ocuparte…”
“Ajá.”
“Pero no quieres vivir solo con ella porque te da miedo que malinterprete tus intenciones…”
“Así es.”
“Wow. Eres un imbécil, “ concluyó Iwaizumi, muy seguro de sus palabras.
“¡¿Qué?!”
“En fin… Está bien. Podemos mudarnos a vivir los cuatro. Debo suponer que ella será una mejor compañera de piso que tú, así que no puedo quejarme.”
“¡¿En serio?!”
“Hasta el dragón de seguro es más digno de mi confianza que tú, Bobokawa.”
“…Hakuryuu-chan es lindo. Es bien tranquilo. Sé que te caerá bien.”
“Qué bueno. Lo que me preocupa es encontrar un departamento de cuatro cuartos cerca de Rizembool y de Hanasaki…”
“Podríamos ir el fin de semana a buscar. Sin Eureka-chan, si es posible.”
“Ah, sí. Lo de los extranjeros…” Iwaizumi suspiró. “Está bien.”
“¿Eh?”

Esa voz irritante la conocía muy bien… y llegaba en el peor momento posible. Pero antes de sucumbir ante la ira, Oikawa observó al castaño en frente de él con visible curiosidad. ¿Qué hacía Madara cerca de la Facultad de Ingeniería? Si mal no estaba, él estudiaba algo de Letras. ¿Derecho? ¿Negocios? ¿Economía?

“¡Tooru-san!” Madara sonrió mientras se acercaba a su mesa e interrumpía su línea de pensamiento. “¡Hace tiempo que no nos vemos!”
“…Unos días, creo.” Oikawa sonrió, irritado.
“Un gusto volver a verte, Hajime-san.” Madara le hizo una leve reverencia con la cabeza. Iwaizumi se la devolvió con una pequeña sonrisa.
“Hola, Mikejima. Qué extraño verte por aquí. Tú no estudias Ingeniería, ¿verdad?”
“Ah, nooo~” Madara sonrió. “Pero uno de mis amigos sí, y me recomendó esta cafetería. Dice que incluso es mejor que varias de las que están afuera del campus.”
“Bueno, tiene razón.” Iwaizumi asintió. “Ni Starbucks ni Tully’s Coffee tienen postres o platos tan ricos como los de aquí.”
“Sí, es una joya,” admitió Madara.
“¿Vas a comprarte un postre o algo salado?” Le preguntó Oikawa, solo por ser cordial.
“¡Un postre! De hecho, pienso llevárselo a Eureka-san.”
“…¿Eh?” Oikawa arqueó una ceja. “¿Vas a ir a verla?”
“¡Ajá!” Madara asintió, feliz.

La ansiedad lo invadió ante aquella simple confirmación. No tenía sentido… ¿Por qué iban a encontrarse a esas horas de la noche? ¡Eran casi las ocho y media! ¿Iban a salir a cenar juntos o qué?

Y si bien Eureka no le debía explicaciones, no entendía por qué no le había contado al respecto en la tarde. Habría mencionado que vería a Madara después o al menos le habría dicho que el cantante la había molestado con que debían verse más tarde.

“Y… ¿Se puede saber por qué?” Le preguntó Oikawa, levemente irritado.

Iwaizumi suspiró al notar el cambio de humor de su amigo, pero optó por observar qué pasaría antes de meterse.

“¿Mm?” Madara lo observó, confundido. “Bueno, hoy no la ví… Ambos estuvimos ocupados todo el día. Y hace un rato le mandé un mensaje contándole que andaba libre. Me dijo que no estaba ocupada en este momento y que justo tenía que hacer hora hasta las 9:15 en Hanasaki.”
“No tienes que explicarle todo a Shittykawa, Mikejima. Es obvio que solo te cuestionó porque está celoso.”
“¡¿Qué?!”
“Ah, ya lo sabía.” Madara tomó asiento en la mesa, para sorpresa de los dos. “Justo por ello quería aclararle las cosas. No me gustaría que piense que estaba haciendo algo indebido.”
“Qué suerte, Oikawa.” Iwaizumi le dio un par de palmadas en el hombro. “Tu rival en el amor es mucho más justo de lo que creías.”
“…” Oikawa entrecerró los ojos. “Siento que estás más de su lado que del mío.”
“Claro que no.” Iwaizumi sonrió. “Solo pienso que deberías hacer más méritos. Quién sabe… tal vez el enemigo te gana con pequeños gestos. Pero así como él ha sido sincero contigo, deberías ser sincero con él.”
“¿Qué? ¿A qué te refieres?”
“¡Sí! ¿A qué te refieres, Hajime-saaan?”
“Ah, es que Oikawa se quiere mudar con…”
“¡IWA-CHAN!”
“¿Con Eureka-san?” La mirada de Madara era indescriptible. “¿Por qué?”
“…”

Oikawa suspiró.

No tenía que darle detalles, pero suponía que Iwaizumi tenía razón.

Antes de hablar, rogó a los cielos que Eureka no lo matara por lo que estaba a punto de decir.
« Last Edit: February 14, 2026, 12:36:49 PM by Eureka »


Mimi Tachikawa

Hoi hoi minna aqui estoy con el primer fic del año :3

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Koi y Saku llegaron a un pequeño parque, este parque tenía un sendero circular, algunos árboles que no tenían hojas por la temporada y bancos de madera gastada. En el centro, una fuente apagada reflejaba las luces como un espejo roto.

Koi se detuvo.

-Pero después… -continuó, aclarando su garganta- empezaste a detenerte. A dar un paso atrás antes de avanzar. A preguntar antes de acercarte. A mirarme a los ojos, no como una fantasía, sino como una persona real.

Saku levantó la vista, sorprendido.

-Porque me di cuenta - dijo con sinceridad- de que no quería ser solo “ese fan”. Quería que me notaras… aunque fuera un poco.

Koi lo observó en silencio. No había rastro de arrogancia en Saku, solo nervios, devoción mal contenida y una honestidad casi peligrosa.

-Bueno bueno vamos a sentarnos - dijo finalmente-.

Eligieron un banco cerca de la fuente. El frío se colaba entre ellos, pero ninguno se movió.

Saku mantenía las manos juntas, los dedos entrelazados con fuerza. Su respiración era irregular.

-Entonces mejor suelta todo lo que tiene guardado -dijo Koi de pronto-

Saku se tensó.

-Tengo miedo de asustarte…-dijo mirando hacia un lado-

-Si estuviera asustado no crees que no estaría aquí? -respondió Koi con calma-Eso debería decirte algo…-dijo mientras suspiro suavemente-

Saku cerró los ojos un segundo, antes de tomar impulso.

-Te sigo desde hace tiempo -confesó sonriendo coquetamente- Conozco todas tus canciones, tus entrevistas… incluso la ropa que te gusta utilizar. Al principio pensé que estaba enamorado de la imagen que proyectabas. Pero luego… empecé a notar detalles pequeños. Cómo frunces el ceño cuando te concentras. Cómo bajas la voz cuando hablas de algo importante. Cómo te incomoda que te idealicen y como te avergüenzas cuando te dicen que eres adorable.

Abrió los ojos y estos tenían un inusual brillo

-Y con todas esas acciones me enamoré de eso-tomando suavemente sus manos- me enamoré de la persona y no del idol.

Koi no respondió de inmediato. Miró la fuente apagada, los reflejos temblorosos.

-Lo sé - respondió Saku enseguida- Por eso quise alejarme de ti, pero cada vez que te veía… tenia muchas ganas de ir a correr a verte.

Koi giró la cabeza y lo miró directamente.

-¿Correr a verme? ...-

Saku dudo por unos momentos, pero no retrocedió y continuo

-Porque quería protegerte. Aunque no fuera nadie para hacerlo. Quería que estuvieras bien, incluso si eso significaba que nunca me miraras.

El silencio volvió a caer entre ellos, pero esta vez era distinto, no se sentía para nada tenso

Koi exhaló lentamente.

-Cuando te conocí – dijo- sentí que invadías mi espacio. Que querías algo que no podía darte.

Saku bajó la cabeza.

-Pero ahora…- continuó Koi- siento que… estás esperando, pero sin presionarme…-

Saku lo miró atentamente

- ¿Y eso lo puedo considerar como algo bueno? -

Koi sonrió apenas.

-Bueno digamos que es algo raro y por alguna extraña razón me hace sentir tranquilo.

El corazón de Saku dio un vuelco.

-Querido Koi…-

-Necesito que me mires fijamente- le pidió el pelirosa con un pequeño tono autoritario-

Saku obedeció.

-No puedo prometerte nada- dijo Koi con firmeza-No sé a dónde podría ir esto. Pero acepté esta cita porque… quiero conocerte. No como una cita con un fan…-

Se inclinó un poco hacia él.

-Sino como la persona que se llama Saku Uruha-le dijo mientras le acariciaba suavemente los cabellos
desordenándolos suavemente-

Los ojos de Saku se llenaron de lágrimas, pero sonrió.

-Eso es mucho más de lo que esperé-susurró-

El viento movió suavemente las ramas que no tenía muchas hojas, entonces una hoja cayó cerca de sus pies.

Koi extendió la mano, dudando un segundo antes de apoyar suavemente sus dedos sobre los de Saku.

-Vamos despacio -dijo sonriendo un poco nervioso- ¿Te parece? -

Saku asintió, temblando.

-Todo el tiempo que necesites- respondió-Yo… puedo esperar…por ahora…- dijo lo ultimo como un susurro para si mismo-

Koi apretó un poco su mano.

-Entonces… -dijo con una sonrisa suave-Podríamos decir que es una buena primera cita.

Y por primera vez, Saku no se sintió solo observando desde lejos, sino caminando al mismo ritmo que la persona que amaba.

Koi se despidió con un gesto simple, casi cotidiano.

-Bueno es hora de que tenga que irme, nos vemos -dijo, retirando su mano con cuidado-Si deseas puedes escribirme cuando llegues a tu casa-

Luego se alejó por el sendero, su figura se perdió entre la luz de los faroles, hasta que solo quedó el eco de sus pasos… y después ya no se escuchaba ni un paso.

Saku permaneció sentado en el banco, inmóvil.

Durante varios segundos no respiró con normalidad.

Cuando finalmente exhaló, el aire le tembló en el pecho.

Se llevó la mano al lugar donde Koi lo había tocado. Aún sentía el calor. Aún sentía el peso de esos dedos, suaves, firmes…-

-Se fue…-murmuró sonriendo-

Pero no era una sonrisa alegre, era una demasiada tranquila

Saku bajó la cabeza, el flequillo ocultándole los ojos. Su corazón latía con fuerza, no por nervios, sino por una emoción más densa, más oscura.

“Vamos despacio”-había dicho Koi-

Despacio.

Como si alguien más pudiera acercarse a él. Como si alguien más tuviera derecho a ese tiempo.
Los dedos de Saku se cerraron con fuerza.

-No… -susurró- No sabes lo peligroso que es decir algo así- dijo con una voz suave y seductora

Le había dado permiso. Le había abierto una puerta.

Saku se levantó y comenzó a caminar, siguiendo el mismo sendero por el que Koi se había ido, manteniendo la distancia exacta. No quería que lo viera,no quería asustarlo.

Todavía.

Ahora esta cansado- pensó para si mismi- Hoy fue amable, se veía tan vulnerable. Eso significa que confía en mí-

Eso era lo importante.

Cada gesto de Koi se repetía en su mente con precisión obsesiva: su voz más baja al final de la frase, la pausa antes de tocarlo, la forma en que sostuvo su mirada.

Solo conmigo.

El pecho de Saku se llenó de una sensación dulce y venenosa.

-Te sentiste tranquilo… conmigo -dijo en voz baja sonriendo coquetamente- Eso no es algo que puedas compartir así como así.

Se detuvo al ver a Koi doblar la esquina, perdiéndose de vista definitivamente. Saku no avanzó más.

No era necesario porque ya sabía el camino.

Ya sabía sus horarios. Sus rutinas, sus encuentros con sus amigos.No porque lo hubiera investigado… sino porque lo había amado demasiado tiempo.

-No te voy a encerrar -susurró, casi con ternura-No te voy a romper-

Levantó la mirada, sus ojos brillando con determinación.

-Solo voy a asegurarme… de que nadie más crea que puede ocupar mi lugar-

Koi había dicho que no podía prometer nada.

Eso estaba bien.

Saku sonrió otra vez, más suave, más peligrosa.

-Yo sí puedo esperar -dijo viendo su teléfono que tenia un fondo de pantalla de Koi sonriendo- Puedo esperar… hasta que no necesites a nadie más.

El viento movió las hojas del parque.

Y Saku, con el corazón desbordado de amor retorcido, ya no dudaba:Koi Kisaragi iba a ser suyo.Solo que aún no lo sabía.

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« Last Edit: January 31, 2026, 11:00:34 PM by Mimi Tachikawa »


Kana

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1092: February 09, 2026, 07:25:11 PM »
Abajo lo subí mejor -->
« Last Edit: February 27, 2026, 04:33:02 PM by Kana »


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1093: February 14, 2026, 01:55:09 AM »
(Probaciones este mes incluye post de arriba)


Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

Sayi :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 8167 palabras
Kana :: 1402 palabras
Eureka :: 3415 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 1186 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 0 palabras


Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1094: February 22, 2026, 09:50:31 PM »
Vengo con mi fic del mes, felizmente me dio tiempo de escribir. Escribí una escena más pero no habría cabido en un post, así que regreso el próximo mes con ella. Y como siempre, regreso con los icons que faltan (...)

117.2.



Flashback


Haría alrededor de una hora atrás, Shiyoon llegó a Hanasaki U, acompañado de un alerta y dubitativo Hakuzosu. A diferencia del orphan, el otro chico mantenía su amena y relajada actitud.

“Debo decir que me gusta mucho este sitio, lástima que nos tocó pertenecer a la tumba de concreto, ¿no?” preguntó el pelimarrón, quien notaba la cantidad de parques y vegetación. “Es casi como un respiro de la ciudad.”
“¿Qué haces disfrutando de esto?” preguntó el otro, con cierto juicio e impaciencia.
“No hay motivo por el cual no lo haría. Para variar me permiten caminar por cualquier lugar y no estar bajo ninguna rara misión. Pienso aprovechar este tiempo libre,” concluyó amenamente.
“Tsk…”
“Pero tengo que recordarte que no estaría ahora caminando por Hanasaki de no ser por ti, Haku,” observó, mirándole de reojo. “Tú eras el que quería venir.”
“No es que ‘quiera’ hacerlo, Shiyoon,” declaró impaciente. El orphan dio una mirada de desconfianza a su alrededor. “Yo no estoy gastando mi tiempo muy trivialmente como tú. Hanasaki es la tierra enemiga así que me corresponde estudiar este ambiente y aprender a cómo lidiar con la gente aquí.”
“Hm…”
“¡Por lo cual estoy siendo mucho más útil de lo que tú eres en el presente!”
“Conque así es,” Shiyoon se notó despreocupado.
“Tch, qué irreverente eres. No entiendo por qué nuestro jefe parece tenerte tan en consideración.”
“Haha, lo haces sonar como si le importara. Eres gracioso,” el chico rió animado.
“¡¿Te estás burlando de mí?!”
“Y hasta en sus expectativas seguro que no las llego a corresponder bien. En fin…” se encogió de hombros. Entonces, una pequeña le llamó la atención por el hecho que se encontraba perdida. “Oh, hola, ¿necesitas ayuda?”
“¿Eh? ¡Ihh!” Hakuzosu vio al otro acercarse a la que, por sus sentidos orphans, debía ser una HiME. “¡¿Q-qué haces?!”
“¡Oh, buenos días!” Kosuzu asintió a manera de respeto. “Pues sí, no es mi primera vez en esta universidad, pero tengo una prueba que empieza en veinte minutos y ya me equivoqué de edificio dos veces…”
“No te preocupes, nos pasa a todos, déjame ver,” así, Shiyoon se acercó para mirar la pantalla de celular de la otra.
“T-tú…” Hakuzosu les miraba con los pelos de punta. No sabía si tenía que ponerse listo para atacar a esa niña en caso se diera cuenta de quiénes eran.
“Ah, ya sé dónde está. No sé si recuerdas donde estaba el estadio de la inauguración,” él pasó a apuntar hacia dónde se va en esa dirección.
“Sí,” asintió dos veces y le prestó atención.
“Ahí vas a ver una dirección que va al parqueo sur. Si sigues ese camino, encontrarás otra señalización que te llevará a la facultad a la que ese edificio pertenece. Ahí seguro te dirán cuál de todos es,” Shiyoon asintió.
“¡Muchas gracias señor!” la pequeña sonrió agradecida.
“De nada, ve con cuidado~” y así, la pelirroja se marchó con rapidez en lo que el chico sacudía una mano en señal de despedida.
“I-idiota, ella es una HiME,” dijo el kitsune.
“Lo sé,” y el otro se encogió de hombros.
“¡¿No sabes el riesgo que corres si se entera que estás próximo a ser Rebel?!”
“Pues, no quisiera sonar malo o descortés, pero creo que esa niña es la que estaba en peligro,” observó Shiyoon, de buenos ánimos.
“¡Nos encontramos en Hanasaki, en primer lugar…!”
“Haku, tranquilízate un momento,” le pidió pacientemente.
“Tsk, ¡es difícil si siempre me exasperas!”
“Espero que entiendas que la locación no es tan sagrada como pareces entender.”
“¿Q-qué quieres decir?”
“¿Has visto a la gente hablar a nuestro alrededor?”
“…” había un mar de gente sumergida en diversas interacciones entre sí, en un desorden bastante despejado. Hakuzosu entendía que todos se encontraban tranquilos, a diferencia de él. “Los humanos andan viviendo sus vidas, ¿y qué? No hay nada de raro en eso.”
“Sólo porque eres un orphan no quiere decir que no puedes comportarte como los demás. Y no será equivalente, pero hay gente tan diversa en nuestro entorno que muchos se sienten de manera semejante a ti.”
“¡Tsk!” de nuevo sentía que volvían a cuestionarle y desestimar sus quejas. “No hables en mi lugar, humano.”
“Me refiero a que mucha gente puede sentirse que no tienen el derecho de estar aquí, como si fueran estudiantes mediocres o de clase baja, por la percepción de que Hanasaki es una institución que ‘vale la pena’, a diferencia de ellos.”
“¿…y eso qué me importa?” de todos modos, el orphan, no evitó sorprenderse un poco, para de inmediato desviar su mirada.
“Pero hasta esas personas terminan aprendiendo a no verlo así, o al menos, a hacer lo mejor del momento,” concluyó, sonriente. “Haku, tú eres de hablar sobre los caprichos humanos, ¿no? En muchos casos tienes razón a juzgarnos por muchas de las cosas que nos damos por sentado, a diferencia de orphans como tú. Pero también, son estos caprichos los que nos dejan vivir tranquilos. Todos somos igual de caprichosos para vivir en este mismo momento como gente que camina por Hanasaki y que no tiene por qué ser observada o juzgada por los demás. Es por eso que, hasta yo, un Rebel esperando su debut, me puedo dar el lujo de caminar por aquí, sin esperar nada más de nadie.”
“…” le miró frustrado.
“Y hasta tú, si no pretendes ser más que otro humano deambulando por Hanasaki, tienes todo el derecho de continuar haciéndolo,” le aseguró, convencido. “No necesitas de mi presencia para sentirte a salvo, Haku. Tú sólo pórtate como los demás a tu alrededor. Usa el capricho a tu ventaja, al igual que yo.”
“…” al oír esas palabras, no evitó ser recordado a esa persona que, el primer día de eventos, le había resguardado de una persecución. Tal vez había algunas personas que parecían dispuestas a entretener su deseo de que valía más de lo que muchos pensarían, y él mismo estaba convencido a creerlo, aunque, al mismo tiempo… “…recién me he atrevido a regresar aquí hoy, luego de tantos días. Yo… me siento inseguro aquí.”
“Por eso he venido contigo, no lo pienses más,” dijo sin mutar su sonrisa. “Haku, seguro que te sentirás mejor si te invito algo de comer. A ti te gusta el aburaage, ¿verdad? ¡Apuesto a que habrá en la feria de comida aquí cerca!”
“Eh…” la mención de aquel aperitivo le inspiró algo de hambre. Sin embargo, su atención se desvió a la impresión de que el otro seguramente tenía unas segundas intenciones. Por más que hablara sobre su supuesto ‘derecho’ a comportarse como los demás, por más que pareciera que lo apoyara, este seguramente lo seguiría tratando como un orphan o una mascota, si es que desestimaba sus temores tan fácilmente. Comprimió sus puños. “No…”
“¿No?” Shiyoon ladeó la cabeza.
“Si dices que puedo caminar sin ningún problema, entonces eso mismo haré,” declaró el orphan. Infló su pecho y procedió a apartarse. “Ya no necesito que me acompañes, así que haz lo que quieras por tu cuenta, Shiyoon.”
“Hm…” vio al peliblanco irse. Dio un suspiro. “Vaya, parece que le hice molestarse. ¿Qué le habré dicho…?”

Fin del Flashback


La tensión no se iba del todo. Hakuzosu continuaba siendo un orphan desestimado como inferior a la raza humana que dominaba ese mundo, eso no podía negarlo. De todos modos, siguiendo la idea de que podía aparentar y darse el lujo de actuar como otros, él había podido ‘coexistir’, para variar, incluso en la institución catalogada como su enemiga. Era una nueva experiencia. Esta misma exigía paciencia y pelear contra sus instintos de agresión. Estaba en un proceso de aprender a inmiscuirse como una forma de camuflaje más sutil de lo que había entendido hasta el presente. Detestaba reconocerlo, pero tal vez Shiyoon sí fue el que usó el tiempo más fructíferamente para incluso poder presentarse ante una HiME sin levantar alarmas.

Sin embargo, su tiempo de libertad y relativa comodidad había llegado a su fin. Fuera del cansancio de forzarse a no mirar a los humanos como enemigos activos, Hakuzosu terminó por posar sus ojos sobre una HiME que, a diferencia de la anterior, no le era irrelevante.



Sabía que perdería las competencias más emocionantes en la división de kendo masculino, pero Cho tenía que atender otra prueba. Casi hubiera querido no apuntarse. Si tan sólo hubiera revisado los diversos horarios más cuidadosamente…

“!!!”

Al reconocer a esa peliceleste, el kitsune afiló sus ojos y su cuerpo se tensó. Estaba listo a contraatacar contra esa HiME. No se olvidaba del daño que le había causado la pelea anterior, menos cómo su Key le forzó a huir para no perecer en el intento. Esa despistada chica inmersa en su mundo interior, dándose el gusto de no percatarse de nada, era el recuerdo de cómo los humanos estaban ahí para hacerle sentirse que no tenía valor en lo absoluto.

Pensó en arremeter contra ella, aunque desistió un momento. Volvió a recordar que estaba rodeado de personas. Incluso si la mayoría debía ser imponentes ante él, era un gran riesgo a correr. Sólo faltaba otra luchadora de un nivel semejante y no sería una emboscada que valdría la pena. Encima de eso, quizás hasta se metería en problemas con su propio superior.

Sin embargo, su mente se nubló. Su ira surgía constantemente. Hakuzosu pasó a no prestar atención a las represalias. ¿Realmente no valdría desquitarse con esa HiME? ¿Volvería a tener otro momento para agarrarle indefensa? En aquella noche, ella misma había aparecido tardíamente a una pelea que nada había tenido que ver con ella. Defendió a otro par de HiMEs más débiles que él estuvo por derrotar. Esa tercera se aprovechó de su propio descuido, del hecho que estuvo por su cuenta, y usó ese mismo capricho humano para desestimar que la pelea que tuvieron fue injusta desde su punto de vista.

Por lo cual, lo tuvo perfectamente claro. Hakuzosu iba a usar ese mismo capricho en su contra. Se iría a vengar en ese instante…



Y, entonces, antes de poder comenzar con su ataque, él mismo fue embestido por otra persona, y terminó cayéndose entre un grupo de arbustos. Ante ese bullicio, Cho apenas se giró, pero al no ver nada, decidió apurarse. Se le hacía tarde.

“Ihh…” sintió dolor por las múltiples ramitas que se quebraron con su espalda. Hakuzosu sentía que sus cuatro extremidades estaban siendo aplastadas por otra persona quien lo tenía completamente anulado.
“…”
“¡…!” y efectivamente, vio a ese tal Kuro del otro día. Ese peliblanco tenía sus ojos dorados ampliamente abiertos y le miraba de cerca, a apenas un par de centímetros entre sus rostros. No, definitivamente, dicho chico peliblanco no era un humano normal, para la semejante fuerza que usaba.
“Lo sentimos…”
“!!!” pero, por encima de aquel aterrorizador mudo, el orphan se asustó más por oír la amable voz de Shiro, quien se abrió camino por los arbustos. “¡D-déjenme!”
“Estuviste a punto de atacar a alguien. Lo lamento mucho, pero… no puedo dejar que lo hagas,” declaró, tranquilamente.
“¡Quítate de encima!” exclamó, pero era en vano. El peliblanco era muy fuerte. Entonces, el otro se arrodilló cerca de él y le agarró la frente. “¡Ihh!”
“Esto es también por tu propio bien…”





Por otro lado, en Rizembool U, las actividades continuaban igualmente abundantes. Había pocos lugares libres del ajetreo de los múltiples participantes y visitantes. Sin embargo, seguían existiendo pequeños (y en muchos casos lujosos) oasis en los rincones menos esperados.

“Uhh, oigan, sinceramente me alegro mucho que podamos compartir el té entre nosotros como siempre, pero vayamos a alentar a alguna competencia,” rogó Namazuo, como si fuera un niño pequeño. Él se encontraba como uno de los usuales cuatro presentes en el jardín de Eichi Tenshouin que existía como una propiedad privada en la azotea de uno de los más altos edificios en Rizembool. Dicho lugar prístino y decorado con flores de todo tipo además de unas columnas griegas que conformaban la pérgola principal servían de un espacio donde ni podían escuchar al mundo por debajo de ellos, al menos de momento.
“Deberías aprender a leer el ambiente, Nama-kun,” observó Ritsu, cansadamente. Él se notaba comprensivamente trasnochado como era de costumbre a esas horas del día. Apoyó su cabeza en una mano. “Hmm… los que nos encontramos aquí ya nos agotamos de todo el bullicio del exterior y precisamente tomamos el té para desentendernos de las olimpiadas. ¿No es así, Nao-chan?”
“Naoto,” espetó la chica. “Sin embargo, me toca estar de acuerdo contigo, Ritsu,” ella negó. “Terminé con las examinaciones a las que me apunté, y ahora espero descansar de las olimpiadas hasta que las mismas terminen.”
“Aww~ pero tú eres tan linda y tienes mucho carisma~” rogó el Toushirou. “Apuesto a que si sales, te descubrirán como una chica hermosa y ganarás un concurso de ropa de baño por más que no te presentes~”
“¿Qué sonseras dices?” ella se indignó.
“Palabras soeces de lado, tengo que diferir con nuestros amigos, Namazuo-kun,” Eichi sonrió suavemente. Se dio un sorbo antes de continuar. “No me opondría a hacer aparición en las actividades y absorber un poco de la energía juvenil de otras personas.”
“¡Sí, precisamente!” Namazuo se animó al sentirse validado.
“Verdad que tú eres otro tipo de vampiro, Ecchan…” murmuró Ritsu, cerrando sus ojos.
“No obstante, por la presentación que tuve con fine, mis energías están en lo más mínimo. Temo que podría excederme con apenas la exposición extendida al sol…” admitió, con leve pena. De todos modos, se le veía contento con su presente situación. “Estar aquí a sombras en mi propio espacio y con la dedicada compañía de ustedes tres es mi manera predilecta de cerrar estos ocupados días de actividad.”
“Bueno, tiene sentido para ti, quiero que te mantengas bien de salud,” el Toushirou se desanimó, aunque asintió un par de veces a manera de indicar que comprendía. “Aunque tendré que marcharme en un rato. Ichi-nii pronto va a participar en una competencia y tengo que estar ahí para acompañar y dirigir a mis lindos polluelos por Rizembool.”
“Fufu, por supuesto, espero que lo disfruten.”
“Apuesto a que sugeriste que saliéramos a ver si nos hacías asistir a ese evento junto con tus hermanos,” observó Naoto, pensativa.
“Eh, pues…” Namazuo sonrió incómodo. “No voy a negar que no lo intenté.”
“Nice catch, Nao-chan…” Ritsu negó y miró a su amigo con desapruebo. “Es suficiente que me hayas pedido que saliera a la luz del día, Nama-kun, pero forzarme a asistir a un evento en el cual tú andes con tu papel de hermano mayor me resulta una falta de respeto.”
“¿P-por qué? Tú sabes que mis hermanitos te quieren mucho.”
“Vaya que estás perdido por el espacio. Con frecuencia me olvido que tú posees a esa especie que detesto tanto por tu forma de ser, pero no me sumes a tus aventuras de un torturador de hermanitos menores.”
“Ehh, ¡¿p-por qué insinuarías que torturo a mis hermanitos?! ¡Te juró que no!” se asustó.
“Está expresando su propio odio a su hermano mayor. No habla realmente de ti…” dijo Naoto, cansadamente.
“¡Oh, verdad, se me había olvidado!” Namazuo asintió. Entonces, pasó a hacer un puchero. “Pero como parte de mi especie, temo que tu propio hermano mayor ande con el corazón roto por tu actitud tan rebelde. Aw…” se acongojó. “Ya temo que a mis hermosos les alcance la pubertad, no quiero que me resientan.”
“Fufu, te haría bien desistir sobre ese tema,” sugirió Eichi, amenamente. “Ritsu-kun podría tener más motivos para quedarse molesto contigo.”
“Está bien, Ecchan, ya lo dejé claro durante el verano,” Ritsu asintió y sonrió un poco. “Siempre puedo matar a Nama-kun mientras duerme.”
“¡Eh!” este se espantó.
“Y sería muy fácil, viendo cómo nuestros ritmos circadianos son opuestos…” y con ese ‘dulce’ comentario, Ritsu se recostó sobre la mesa de té con ambos brazos como almohada.
“Comprendo que todos siguen con sus ánimos de siempre,” comentó Eichi, a gusto.
“Me da la impresión que tú aceptaste de tenernos como invitados frecuentes porque te somos de entretenimiento,” Naoto negó.
“Fufu, lo dices como si fuera algo malo, Naoto-kun…”

En eso, la quietud del jardín se interrumpió levemente cuando las puertas de entrada se abrieron. Esta vez no se trató de una sirvienta con platillos. Más bien, un señor alto y sumamente presentable ingresó a pasos largos. Era claramente uno de los guardaespaldas del rubio.

“…” Eichi borró su sonrisa y miró atentamente a dicha persona, con una expresión de ligero interés. “Comprendo que algo se ha salido de lo usual, ¿qué ocurre?”
“Buenos días, Tenshouin-sama, disculpe la intromisión,” explicó aquella persona con un tono de voz severo, aunque servil. “Usted pidió que le informáramos de cualquier variación. No ha sucedido nada urgente. Sin embargo, una persona se infiltró nuestra seguridad, aunque le pudimos detener antes de llegar a su recinto.”
“Increíble…” el señorito rodó los ojos. “¿Acaso se trata de una HiME o un Rebel? Esperaría que sólo alguien con habilidades supernaturales pudiera burlar su vigilia.”
“Sí… señor… ha sido un extremo error de nuestra parte. Esa persona está catalogada como un aspirante a Rebel, mas no posee habilidades aún. Mis más sinceras disculpas,” hizo una pronunciada reverencia.
“¡No te preocupes, Eichi!” entonces, Namazuo se levantó de un salto y sonrió decidido. “¡Si alguien se atreve a amenazarte, yo los haré pedazos!”
“Fufu, sería divertido que yo termine por usar mis poderes contra un equis antes de la HiME que aún no conozco,” Ritsu rió por lo bajo, todavía recostado.
“El intruso está siendo cuestionado y no parece representar ningún peligro. Nos aseguraremos de hacerle seguimiento y buscar que él y su supervisor allegado brinden compensaciones por la alerta causada,” dijo el guardia.
“No me dolería hablar con dicho supervisor, dependiendo de quién se trate,” observó Eichi, ya más ambivalente al caso al comprender que se trataba de alguna nimiedad. No que fuera realmente nuevo al drama, por algo había comisionado dicha burbuja en la que se encontraba. “Agradezco la información, puede retirarse.”
“Enseguida…” hizo una venia.

Y entonces, todos oyeron una voz desde la entrada exclamar sorprendido.



“¡Wow, este lugar es increíble! ¡Debería estar abierto a todo el mundo!” dijo un chico peligris con streaks azules que daba la misma energía de curiosidad, travesura y desconexión que Namazuo. El guardia se estresó y giró violentamente.
“¡Usted!” gritó al intruso, quien acababa de ingresar corriendo, como si huía.
“¡Ah, hola señor! ¡Está bien, juro que sólo quería ver qué había en la punta, ya me voy ya!” dijo feliz de la vida, listo para correr por donde había llegado.
“¿Ese es el intruso?” Eichi se confundió.
“¡Oh!” el aventurero se encontró con más guardias que le cerraron la salida. Ello le hizo sonreír en aprietos.
“Fufu, no tenemos que hacer nada, Nama-kun, sólo lo veremos ser escabechado…” murmuró Ritsu, entretenido.
“Tsk…” por su parte, Naoto, quien se había dado un duradero facepalm, terminó por frustrarse tremendamente y se puso de pie. “Esperen un momento.”
“Señorita,” el guardia pensó en detenerle.
“Déjela caminar al faltante,” ordenó Eichi, sonriente. “Esto me intriga. Naoto-kun parece conocerlo, ¿o me equivoco?”
“¡O-oigan, no me tuercen el brazo, por favor!” se quejó ese chico en lo que lo agarran como si acabaran de atrapar a un criminal. Entonces, esos guardias terminaron por hacerse a un lado en lo que la invitada del jefe se abrió paso. El joven se sorprendió. “¡¿Eh?! ¡¿N-Naoto?!”
“¿Qué se supone que haces infiltrándote a lugares, Taikei?” le resondró, mirándole desde arriba. “Diría que tu presente afiliación en Rizembool te haría más al consciente de los riesgos, pero veo que no. Sólo has incrementado en osadía.”
“¡Oye, no me dijiste que eras socialité de Rizembool!” a pesar de seguir apresado, Taikei exclamó entretenido. “¡¿Qué haces por estos lugares?!”
“Lo que tú no deberías andar haciendo…” entonces, ella se giró hacia Eichi. “Lamento que él te haya causado inconvenientes. Te aseguro que es completamente inofensivo.”
“Para que lo digas, suena a que ya lo conoces bien,” observó el rubio. “Este ‘Taikei’, ¿quién vendría a ser?”
“Somos parientes,” concluyó la chica, y luego de un pesado suspiro… “Es mi primo.”
“¡Ohh!” Namazuo era el más feliz de la vida. “¡La familia gana por encima de todo! ¡Qué genial, estamos expandiendo nuestro roster en los campos elíseos de Eichi!”
“Nunca dije que el chico estaba perdonado de toda culpa, Namazuo-kun,” aclaró Eichi, a pesar de su actitud tranquila y ligeramente juguetona.
“Read the room, Nama-kun,” Ritsu levantó su cabeza y le miró con reproche. “Este lugar es nuestra burbuja de esas cosas. Si insistes, te lanzaremos por el borde.”
“Ehh, n-no hagas eso, por favor.”
“Además Nao-chan no está intercediendo por él. Seguro que dejaría que Ecchan lo cuelgue para que el sol lo deseque si es que ese es su destino.”
“Fufu, es interesante las cosas que permito que digas sobre mí, Ritsu-kun,” comentó Eichi, todavía entretenido. “Es lo bueno de saber lo nada serio que eres con tus palabras.”
“En verdad siento que medio mundo debería castigarle por las cosas que a veces dice…” comentó la chica, aunque en ese momento volvió a recordar a su pariente.
“¡Nao-chan! ¡Yo totalmente tengo que llamarte eso a partir de ahora!” exclamó Taikei.
“¿Qué cosa?” ella le miró de soslayo.
“¡Sabía que algún día te abrirías a apodos! ¡Tengo que saborear ese momento! ¡Tú definitivamente tienes un lado adorable que relucirá con Nao-cha-AAHHH!”
“¡Cállate de una vez!” la peliazul terminó por darle un jalón de una oreja.
“¡Perdón, perdón!”
“Eso explica por qué es tan paciente contigo, Nama-kun, ya tenía uno en casa,” dijo Ritsu, encogiéndose de hombros.
“¡Oye, no estoy hecho en masa! ¡Seguro ese chico se me copió!”
“Será tu versión Walmart.”
“¿Qué haces aquí?” cuestionó Naoto a su primo.
“Lo dije antes, realmente quería ver qué había en la azotea y…”
“¿Qué haces en este edificio?” insistió con una mirada fría que irradiaba respeto.
“E-es que, mi departamento tiene su oficina central en los pisos tres y cuatro, y pues, pensé revisar la azotea antes de irme hacia allá…”
“…” al oír ello, Naoto volvió a dirigirse a sus amigos. “Disculpen, me aseguraré de llevarlo a su destino para asegurarse que no se meta en más problemas.”
“No tienes que hacer eso, Naoto-kun. Yo puedo encargarme de redactar una queja dirigida a todo su departamento,” comentó Eichi, de buenos ánimos.
“Ihh, por favor no, mi jefe se molestaría horrible,” Taikei se vio en aprietos.
“Siendo sincera, yo misma pensaba delatarlo a sus supervisores antes de que fuera a meterles algún cuento. Yo no seré responsable por él, pero a la vez, me disgusta que uno de mis parientes ande causando problemas a los demás.”
“Como sería de esperarse de ti. Entonces, dejaré que tú te quejes en mi nombre, Naoto-kun…” entonces, Eichi dio un suspiro y sonrió apenado. “Aunque debo decir que me quedaré con las ganas de hacerlo yo mismo.”
“¿Hm?” Ritsu alzó una ceja. “¿Desde cuándo te importan esas cosas, Ecchan? Sueles dejar los papeleos a otras personas.”
“Como ya deben sospechar, a pesar de ocupar el último piso y la azotea de este edificio, la construcción en sí no me pertenece del todo. Por ello, estoy al tanto de qué otras organizaciones o departamentos la ocupan,” comentó con trivialidad. “El tercer y cuarto piso le pertenecen a los Kamuro. Ellos se suponen que son parte del conjunto disciplinario de Rizembool.”
“¿Eh? ¿O sea se encargan de meter a otras personas en problemas?” preguntó Namazuo, sorprendido.
“Específicamente a los involucrados en la guerra, como los Rebels, en caso fueran a cometer faltas graves,” sonrió con ligera ironía. “Es divertido pensar que yo, como un exRebel, fuera ahora a reportar a los Kamuro por una falta grave dirigida a mi persona.”
“Ciertamente puedo ver por qué lo encuentras divertido,” Naoto dio un suspiro.
“Sin embargo, también he oído que el jefe de los Kamuro es una persona… complicada,” comentó Eichi, borrando su sonrisa. “Con frecuencia escucho que los Kamuro son propios de faltas no justificadas en contra de otras personas. Fuera de la ironía del asunto, si logro que el pedido de una persona honesta y directa como Naoto-kun me permita seguir ocupando el mismo edificio con ellos en armonía, no tengo más que pedir,” entonces, él hizo un movimiento de su mano, como quien espantaba a una mosca.
“Eh…” y Taikei fue soltado por los guardias.
“Naoto-kun, lleva a tu desviado primo a donde debería estar. Me comentas cómo te fue,” y ni bien terminó sus palabras, Eichi pasó a agarrar su taza para darse otro sorbo de té. Claramente, el asunto estaba terminado para él.
“¡Oh, yo voy contigo!” dijo Namazuo.
“No, tú te quedas, Nama-kun,” observó Ritsu, cansado. “Ya te conozco. Te portarás tan mal como tu versión Walmart, y ese es un lugar lleno de gente del conflicto.”
“Uhh, pero…”
“Estoy de acuerdo, nos vemos en otro momento, Namazuo,” observó Naoto. Ella terminó por agarrar a Taikei del brazo como si trajera a un criminal.
“Ah, eh, Naoto, no tienes que hacer eso…” dijo el otro, aunque la chica se ignoró. Ambos terminaron por salir de dicho ambiente.





Sin dudas una de las competencias más llamativa era el kendo, y por tratarse de los últimos participantes, los dojos estaban repletos con la audiencia. Ya quedaban pocas rondas de todos contra todos, con las últimas posiciones en los Brackets llenándose alarmantemente.

Roxas estaba tan cerca de lograr al menos un puesto en la escalera, lo cual bastaría como un galardón para sí mismo. Con una derrota en su presente círculo y las exigencias creciendo, si perdía tan sólo una pelea más, estaba inmediatamente descalificado. Tenía que darlo todo de sí, era el momento de hacerlo.

“¡¿Listo para tu siguiente pelea?!” preguntó Osaka, contenta. “¡Tú puedes, Roxas!”
“Gracias, Osaka,” este sonrió un poco. Entonces notó que su prima no se encontraba sola ya que Mai también estaba presente. “Oh, no esperaba verte, Mai. ¿Cómo estás?”
“Debes preguntarte por qué no estoy huyendo de Ayumu como de costumbre,” Mai asintió.
“Pues no…” alzó una ceja. Aunque, ahora que lo mencionaba…
“Hotarumaru está por competir pronto. Él ya calificó a la escalera,” contestó la inmutable prima de Osaka.
“¡Mai-chan quiere alentarlo y yo definitivamente la apoyaré!” exclamó Osaka.
“Vaya, pese a su edad, tiene un talento indiscutible,” Roxas se impresionó. Le costaba creer que le habían dado el permiso al pelicenizo de sumarse a su misma categoría de la universidad. Podría ser pequeño, pero había una gran posibilidad que el niño le haya descalificado de haber estado dentro de su mismo grupo.

Y en verdad la competencia incrementaba. Roxas no estaba muy al tanto de otros kendokas fuera del dojo de Hanasaki, por lo cual no tenía mucha información de sus oponentes. En particular, había una buena representación de estudiantes de Rizembool todavía participando, con muchos de ellos viéndose un tanto siniestros o esquivos. Tal vez se trataban de Rebels, pero prefería ni pensarlo para no perder la concentración.

Finalmente, oyó su nombre, con lo cual supo que le tocaba participar. Era el momento.

“¡Vamos, Roxas!” la siempre leal y entusiasta Osaka le celebró por encima de los aplausos del público. Vio a su primo avanzar y se giró a su prima. “Hehe, si pasa a la siguiente, Cho ya habrá terminado su examen y podrá verlo competir las finales. Es una lástima que no haya podido estar aquí ahora.”
“Es de esperarse, a diferencia de ti, tenía cosas que hacer, Ayumu,” Mai asintió.
“Uhh, yo sí tenía planes muy ambiciosos desde el inicio, pero me descalificaron de las dos competencias a las que me apunté…” se desanimó y bajó su mirada.
“Que hayas perdido en el primer día y en una de ellas por olvidarte la hora no es lo mismo…” entonces, Mai notó al contrincante aparecerse. “Hm… pero creo que hasta aquí llegó tu primo.”
“¿Eh?” Osaka miró hacia el escenario.

“Eh…” por su parte, Roxas se quedó congelado. Él también tuvo el presentimiento de Mai, y su shock era un horror muy distinto al de tener que pelear contra algún Rebel desalmado.
“¡Roxas-niichan, seré tu oponente!” exclamó Urashima feliz de la vida. Él dio varios saltos altos en los que extendía sus piernas a los costados, a manera de celebración.
“…” totalmente supo desde el inicio que Urashima había terminado en su mismo grupo, pero en algún momento se le había borrado de la cabeza.

El enfrentamiento comenzó. Por más que tenía sus inseguridades al respecto, Roxas iba a dar todo de sí. Debía a Urashima darle una verdadera pelea.

Y aquel era el problema.

“¡Tsk!” Roxas paró un ataque con su kendo, pero incluso si fue una buena intercepción, la técnica y fuerza de su hermanito le hizo tambalear.
“¡Aquí voy!” Urashima se lanzó al otro.

Tenía sentido que un heredero de los Kotetsu con una vida de entrenamiento pudiera realizar grandes hazañas, aun a su todavía joven edad. Roxas era también parte de esa familia, un descubrimiento hecho muy recientemente, y desde entonces, había multiplicado sus esfuerzos con tal de demostrar a todos que también era digno de llamarse así.

Y, sin embargo, por más que entendía que su hermano menor fuera a ser mejor que él a esas alturas…

“…” cayó al piso y no tuvo ni un segundo para tratar de levantarse, puesto a que Urashima le apuntó el rostro con la punta de su espada de madera.
“¡Ganador, Urashima Kotetsu!” anunció el anfitrión, acompañado de aplausos.

…le sabía mal que la diferencia fuera tan astronómica.

Urashima fue distraído por la atención sobre él. Incluso muchos del público ajenos a la competencia conocían bien el nombre de los Kotetsu, y conocer a uno en persona fue una oportunidad que no iban a perder, especialmente porque, con esa victoria, el Kotetsu más joven había asegurado su pase a la escalera.



Fue un ‘horror’ muy diferente, como lo había observado antes. Ya de pie, Roxas miró sus manos, con una todavía empuñando la espada de práctica. Su visión se hizo un túnel. Asimismo, sus oídos se adentraron en ese túnel, se sumergieron bajo el agua. Las voces se mezclaron y perdieron nitidez y coherencia. El ruido se disminuyó. La realidad se dio una leve pausa. Todo fuera de su visión a sus manos dejó de existir.

Ese silencio cobró una extraña vida que le recordaba lo pequeño que con frecuencia se sentía, de que, por más que todos creyeran que era un Key formidable, él entendía una realidad muy distinta…

“Inútil…”
“¿Eh?” Roxas oyó una única voz que hizo eco en medio de esa inexistente pausa. Percibió a una persona parada frente a él de ropas simples, aunque tradicionales, de tonos oscuros. Y a excepción de dicho desconocido ser, ya no había nadie más en el dojo, aparte de un resonante vacío. Él alzó su mirada para observarle con claridad.



“Roxas, ¿estás bien?” preguntó Osaka, de pie frente a él, alarmada por notar a su primo tan ensimismado.
“Eh, Osaka…” Roxas parpadeó repetidas veces. El bullicio, el sentido, la gente, el mismo presente, todo seguía tal y como siempre. Era como si él hubiera sido desconectado un instante.
“…” Mai observó al rubio, inmutado.
“¿Q-qué miras?” este se impacientó un poco. La conocía lo suficiente para saber que seguramente se burlaría de él de alguna manera.
“Lo que no te mata, te hace más fuerte,” concluyó la cuatro ojos, inmutada.
“Pues…” alzó una ceja. Ese comentario fue un tanto carente de sentido o connotación.
“…” y finalmente, Mai alzó un pulgar, manteniendo su inexpresión. “Buen trabajo.”
“Eh…”
“¡Roxas-niichan!” luego de terminar con los saludos de sus inesperados fans, Urashima corrió donde su mayor. “¡¿Estás bien?! ¡Perdón por irme tan rápidamente!”
“Estoy bien, no te preocupes, sólo…” sacudió su cabeza. “Se nota que todavía tengo mucho por aprender, nada más.”
“Pero eso no es verdad. No creas que nuestra pelea me resultó fácil, me hiciste prestar mucha atención,” le aseguró con una segura sonrisa. “Pero no tienes que preguntarme a mí. Sé que Nagasone-niichan y Hachisuka-niichan estarían de acuerdo y ellos nunca serían suaves con asuntos del kendo.”
“Heh, supongo que tienes razón.”
“¡Bueno, tengo un rato antes de la siguiente ronda, así que vamos a comer, yo invito!” exclamó Urashima, alzando un puño hacia arriba. “¡Vamos todos!”
“…” Mai asintió. “Hotarumaru debe estar por aquí.”
“¡Ah, cierto, busquémoslo para que se nos una! ¡Vamos, vamos!”

Así, los cuatro se abrieron paso por las instalaciones. Roxas fue prácticamente jalado de la muñeca por su hermanito, mientras las dos chicas les siguieron de atrás.

“Mai-chan.”
“¿Hm?” la susodicha miró a Osaka de reojo.
“Hehe, gracias por apoyar a Roxas en este momento,” dijo alegremente, aunque para variar, Osaka parecía un tanto meditabunda.
“No necesitas agradecerme…”
“Dime, Mai-chan, ¿acaso Roxas se sentía muy mal?”
“…”
“Como lo apoyaste, entiendo que quizás se sentía lo suficientemente mal para que tú decidieras no tomarle el pelo como siempre. ¿Acaso pasó algo que no me di cuenta?”
“…” al oír ello, Mai volvió a levantar su pulgar, manteniéndose inmutada. “Lo que no te mata te hace más fuerte, Ayumu.”
“Uhh…” Osaka hizo un puchero. Ya veía que su elusiva prima no compartiría su parecer.




Eran las semifinales de atletismo para chicas al nivel de secundaria. Siendo menos las competidoras, Dash se encontraba sentada en una de las gradas más abajo, esperando al turno de su grupo. Lo que hubiera esperado ser un momento de alegría y muchas expectativas, no se sintió de aquella manera en lo absoluto. La joven pelinegra miraba sus zapatillas, con su cabeza todavía repleta de ideas.

Aquel mundo oculto donde había jóvenes como ella que peleaban por el bienestar de otros, aquel peligro que ella misma podría tener que enfrentar si aceptaba la oferta, y a su vez, su deseo de poder ayudar a otros, tal y como Jin y los gemelos Kagamine lo habían hecho por ella. Sin embargo, sus ideas se desvanecían ante lo que Rita le había dicho tan contundentemente, luego de mostrarse tan en contra de sus circunstancias…

“Porque quiero que tú vivas por ti y por nadie más.”

“…” Dash llevó una mano a su pecho. Tenía muchos sentimientos encontrados.



“Tal parece que sigues arruinándole la fiesta, Rita…” comentó Horizon con su usual inmutabilidad. “Nuestra mascota moral no ha dejado de estar cabizbaja todo el día.”
“Cállate,” la peliverde espetó. Ella desviaba su mirada, como quien no quisiera estar presente.
“Y pensar que este es un evento en el cual nuestra pequeña quiso buscar una beca en un instituto tan resaltante como Hanasaki.”
“Puedes lanzar ese prestigio por la ventana en el segundo en que las HiMEs son mencionadas,” murmuró con gran frustración y fastidio. “¿Por qué no te opones más?”
“Pienso que has hecho el suficiente espectáculo para infligir hasta un cargo de consciencia a Dash, Rita. No sería justo que la hagas sentir peor,” Horizon miró al presente grupo de estudiantes compitiendo estar cerca de la recta final. A diferencia de muchos de los presentes, la peliblanca se mantuvo carente de expresiones.
“Tch, esto no se trata de sentimientos, su vida está en riesgo,” Rita le miró, entrecerrando los ojos. “¿Acaso no es lo primero que deberíamos priorizar como sus guardianas?”
“Dash no va a ser HiME si tú le dices que no lo sea,” concluyó Horizon, sin siquiera mirarle.
“…” ello dejó a Rita sorprendida.
“Continúas sin negarle rotundamente a todas sus letras, pero ella lo entiende y no hará nada que nosotros no queramos de ella,” Horizon asintió y miró de reojo a la otra. “Si le dices que no, Dash lo aceptará, y su estancia en Hanasaki será la misma que cualquier otra persona normal.”
“…” Rita miró brevemente a la pelinegra a distancia todavía cabizbaja.
“Mi punto de vista es ambivalente. Como dije previamente, no escogí calificarte a ti por haber sido HiME, por más revoltosa que tú fuiste, Rita…”
“Tsk,” le regresó una mirada con recelo.
“Cada uno decidirá su camino, hasta mis propias subordinadas. Por eso yo no pienso involucrarme en esta decisión, pero si en tu parecer lo mejor es que Dash rechace la oferta de Hanasaki de ser HiME, entonces lo respetaré, y Dash hará lo mismo,” Horizon se quedó tranquila como siempre. “No sé por qué sigues tan tensa al respecto, Rita. Es así de simple.”
“…” terminó por volver a desviar su mirada. “Los humanos no somos tan lógicos. Nada está escrito en piedra, ni aunque la niña vaya a rechazarle a la directora… todos somos más impotentes de lo que parecemos.”
“Hm…” Horizon miró a su trabajadora con una mínima curiosidad, aunque su atención regresó hacia Dash ni bien notó a otra chica caminar donde ella.



“Tú debes ser Dash.”
“¡Eh!” la susodicha se alertó y miró hacia una joven pelimarrón de pie frente a sí misma. Se veía un poco mayor a ella. “P-perdón, me distraje, ehh…”
“Tranquila, lo lamento también, no quise sobresaltarte,” ella sonrió comprensivamente y se invitó a tomar asiento a su costado. “Mi nombre es Reimu. La directora me dijo sobre ti.”
“Oh, eh, ya veo…” Dash se sorprendió y asintió atolondradamente. Le miró con curiosidad. “¿Acaso tú eres una de las HiMEs?”
“Sí, justo venía para mi propia competencia que es después de la tuya, y me topé con Miranda. Ella me dijo que me asegurara que te sintieras bien. Debes seguir con la cabeza un nido, ¿no?”
“Eh, pues, supongo…” sonrió con cierto dolor y apesadumbrada. “Tú debes saber cómo se siente.”
“En cierta forma, pero todos somos diferentes,” Reimu miró a la competencia frente a las dos. Lo mejor era que fuera al punto. Estaba haciéndole un favor a Miranda de revisar que la más reciente candidata HiME no se sintiera tan ofuscada, pero sinceramente, más interesada se encontraba de darle su honesta opinión.

Y mientras tanto…

“¡Tch, son peores ratas de lo que recordaba!” exclamó Rita, intentando levantarse.
“Mantente sentada…” dijo Horizon, indiferente, quien con una mano en el hombro de la otra había aplicado suficiente fuerza para impedir que su temperamental trabajadora estrella fuera a agarrarse a golpes con aquella chica. “No parece haber venido con intenciones malas.”
“¡Maldición, dale más seriedad!” regañó en lo que las personas que se sentaban cerca de ellas empezaron a hacer distancia.

“Tú pareces ser una buena chica, Dash, por eso quisiera decirte algo.”
“S-sí, Reimu-san,” le miró intrigada.
“Espero que no tengas en mente la idea de ser HiME para ayudar a otras personas.”
“¿Eh?” se confundió y ladeó la cabeza.
“Sí, me lo temía,” la mayor sonrió apenada.
“Pero ese es el rol de las HiMEs, ¿no es así? Tú habrás aceptado por eso, ¿verdad?”
“Pues no.”
“Eh…”
“O sea, espero poder ayudar a otros. Miranda me ofreció ayuda personal y le estoy devolviendo el favor, a cierta manera. Y ciertamente, espero poder ayudar a otros en momentos de emergencia o donde sea posible, pero en un conflicto como el que tenemos contra Rizembool, eso no es garantizado…” miró al piso. Reimu dio un pesado suspiro antes de continuar. El recuerdo de los eventos en el muelle no iría a desaparecer pronto. “…es posible que termines por lastimar más que ayudar en algunos casos. El riesgo es palpable y nuestras vidas muy inciertas. Puedes terminar por hacer lo opuesto a tus verdaderos deseos.”
“…” Dash se vio sorprendida. “¿Cómo así?”
“Pues… depende de cada uno y de las circunstancias, ¿no?” Reimu le miró y sonrió un poco. “No busco desalentarte o lo opuesto, sólo quiero dejarte saber que ser una HiME es mucho más que ayudar a otros. Si te apuntas, tú seguirás viviendo tu vida, pero desde ese punto, como una joven con poderes, tendrás muchas más responsabilidades sobre tus hombros. Espero que estés consciente de la seriedad de tu decisión.”
“Ya veo… heh, muchas gracias, Reimu-san,” asintió y sonrió apenada. No que lo hiciera más fácil, pero era verdad que tenía mucho que pensar, más de lo que hubiera imaginado.
“Y ahora…” le dio una palmada en su hombro.
“¡Eh!”
“Avívate, estás en una competencia seria, ¿no?” sonrió decidida. “Así que más te vale que le des todo tu esfuerzo y atención,” así, Reimu se puso de pie. “Sigue adelante.”
“¡S-sí!” Dash asintió decidida. “Tienes mucha razón. Le prometí a un amigo que llegaría al podio, así que tengo que hacerlo.”
“Así se habla.”

Fue casi como un permiso que necesitó para volver a concentrarse en su tan anticipada competencia. Su grupo finalmente fue llamado para su propio turno y no pudo ser un mejor timing. Dash se levantó de un brinco y se apresuró junto con las otras chicas.






Por otro lado, en Rizembool U, Ichigo acababa de terminar su propia participación en el círculo de oratoria. Aquel intachable peliceleste agradeció con humildad y gracia la atención dada por el público, y fue de regreso al backstage para dar lugar al siguiente participante.

La luz del escenario rápidamente se atenuó en lo que ingresaba a las cortinas. Pudo oír toda aplausos dirigidos hacia él, hasta algunas voces de unas compañeras de clase quienes muy amablemente habían ido a brindarle apoyo. Fue una transición corta regresar al anonimato detrás del escenario, aunque Ichigo se sentía en paz por dentro. Había dado lo mejor de sí y ahora acudía a lo cual era lo más importante para él.

“¡Ichi-nii!” exclamó Houchou. Con su alerta, él y todos los pequeños fueron de inmediato a darle al alcance al mayor de la familia.
“Ichi-nii, fue un discurso increíble,” dijo Maeda.
“Muchas felicitaciones, Ichi-nii,” se sumó Hirano, asintiendo.
“Heh, gracias a todos,” Ichigo sonrió alegremente al tener la atención de todos sus petizos, quienes lo saludaban como era de costumbre. Su familia siempre sería lo más importante para él, y contar con ese backstage con acceso limitado le permitía tenerlos presentes sin interrupciones.
“Ichi-nii, mira,” Akita le llamó la atención a Midare y Shinano, quienes traían una gran torta.
“Eso es…” Ichigo se confundió.
“¡Esto es para celebrar, por supuesto~!” Midare dio un guiño. “Todos hemos estado super ocupados con actividades en estos días, pero nadie más que tú, Ichi-nii.”
“Así que queremos condecorarte. Ahora que regresemos a casa, vamos a compartirlo entre todos,” declaró Shinano, alegremente. “Dime, ¿te gustan los colores y las decoraciones? Todos nos esforzamos preparando esta torta en tu nombre, Ichi-nii.”
“¿En verdad? ¿Cuándo han tenido el tiempo para hacerlo?” preguntó el mayor, sorprendido.
“Pues la idea había sido hacerlo todo nosotros, pero luego de tres intentos fallidos de preparar el queque, tuvimos que pedir ayuda de una empleada,” Hakata se encogió de hombros. “Así que más que nada hicimos las decoraciones.”
“¡Uhh, Hakata, no tienes por qué admitirlo así!” regañó Houchou. “Nosotros que nos esforzamos mucho.”
“Oigan, igual prepararon la crema para decorar, eso también tomó su tiempo,” le alentó Atsushi.
“Aunque yo siento que eché mucha crema a perder, los tintes eran muy fuertes…” admitió Gokotai, nerviosamente.
“Ciertamente la experiencia me hizo darme cuenta de que tenemos que practicar más la pastelería. Es muy difícil hacer una torta de este tamaño,” admitió Maeda, sonriendo incómodo.
“Pero nos cercioramos de que haya sido un producto de buena calidad, Ichi-nii, lo prometo,” le aseguró Hirano, seriamente.
“Haha, les creo,” Ichigo sonrió agradecido. Llevó una mano a su pecho e hizo una reverencia hacia sus hermanos, con un gesto de sumo agradecimiento. “Pensar que iremos de regreso a casa esta noche para compartir este postre preparado por ustedes. Es el mejor regalo que pude haber recibido hoy. Lo aprecio de todo corazón, muchas gracias a todos.”
“Hehe, misión cumplida, hermanitos~” dijo Midare. “¿Ven? Les dije que todo saldría bien.”
“Todavía nos falta practicar para hacer postres que se comparen con los tuyos, Ichi-nii, pero me hace ilusión que lo comamos todos juntos,” dijo Shinano.
“Sí, yo también, ya quiero probar un pedazo entero,” Akita asintió.
“Y me pregunto si ustedes han sido partícipes en esta preparación,” Ichigo avanzó un poco más para dirigirse a Honebami y Gotou, quienes se habían quedado mirando al resto.
“…” el peligris asintió. “Apenas al final.”
“No, sinceramente me acabo de enterar ahora que llegué para tu competencia,” observó Gotou, encogiéndose de hombros. Él sonrió entretenido. “Pero me alegra mucho que nuestros hermanos se dieron ese plan, ¿no es verdad? Debe haber sido muy divertido.”
“Uhh, sí que lo fue por más drama del queque que hubo,” Shinano hizo un puchero. “Sabía que estos días andabas con un millón de cosas encima, Gotou, pero la próxima te obligaré a sumarte a la actividad.”
“Oh, por favor no,” este negó con pesar. “Soy un desastre para la repostería. Tendría que pedirle a Monoyoshi que me ayude.”
“La idea es que todos hagamos lo posible, sepamos cómo hacerlo o no,” observó Midare, animadamente. “Y no serías el único. Vimos que Atsushi también tiene que practicar.”
“Oye, ¿tenías que decirlo?” preguntó este, algo incómodo.
“Pero eso no se compara con Namazuo a quien tuvimos que prohibirle entrar a la cocina,” el rubio lo comentó con gracia.
“A mí no se me hizo nada gracioso,” Hakata frunció el ceño. “Él nos arruinó el tercer intento del queque, y eso que estaba yendo bien.”
“Uhh, me dio pena, pero sí puso todo el proyecto en riesgo…” Gokotai bajó su mirada. Todavía recordaba lo desanimado que Namazuo se mostró cuando le cerraron la puerta en la cara.
“Haha, suena a que tienen toda una experiencia que compartir, apreciaría si me dijeran lo que ocurrió con lujo de detalles mientras degustamos este postre,” dijo Ichigo, alegremente. “Y, por cierto, ¿dónde está Namazuo?”
“Se ha retrasado…” comentó Honebami, inmutado. Al ya conocerlo, Ichigo supo que aquella respuesta era el equivalente de ‘no lo sé’ del segundo mayor.
“Es de esperarse de ese disperso que no llegara a tiempo, hasta yo he podido llegar antes que él,” Gotou rodó los ojos. “En fin, ya no tardará en aparecer, pero se perdió tu discurso.”
“No creo que realmente le hubiera prestado mucha atención, de todos modos,” Hakata se puso a pensar.
“No sean tan crueles con él, por favor,” Ichigo sonrió con torpeza. “Aunque, Gotou…”
“¿Hm? ¿Qué sucede, Ichi-nii?” este alzó una ceja, confundido de ser dirigido.
“Sinceramente quisiera que tú hubieras podido acompañarme a dar el discurso.”
“Eh, ¿yo? No soy un estudiante aquí, para empezar.”
“Puede sonar a una ocurrencia de mi parte, pero tú eres quien me apoya con los asuntos de la familia más que los demás y, aun así, no dejas de mantenerte en las sombras,” la sonrisa de Ichigo se contagió de leve pena. “El reconocimiento de ustedes y del público luego de mi participación, eso es algo que quisiera que tú también pudieras recibir, realmente lo mereces.”
“Eh, n-no, o sea…” el otro se incomodó y desvió su mirada.
“¡Haha! Debo admitir que estoy completamente de acuerdo, Gotou,” por su parte, Atsushi se animó y celebró las palabras.
“Hehe, no llevo mucho tiempo con ustedes, pero ya he podido notar lo mucho que te dedicas a nuestra familia. Es una pena que no podamos vernos muy frecuentemente, pero aprecio mucho tu esfuerzo,” Midare sonrió ampliamente.
“N-no, no es nada, descuida…”
“Pienso que deberíamos hacerte una torta a ti también, no creo que te damos el suficiente crédito, Gotou-niisan,” observó Akita.
“¡Oh sí! ¡Siempre es un buen momento para hacer una torta!” se sumó Houchou, animado.
“E-está bien…” Gotou se vio en aprietos.
“Uhh, y de momento ignoraré la conversación pendiente para que finalmente te nos unas como estudiante aquí, pero en serio, quiero hacerte un millón de postres, Gotou-nii,” le rogó Shinano, haciendo un puchero y mirándole con súplica.
“Tch, no seas engreído, Shinano, déjame en paz,” le reclamó con impaciencia. Sin duda con el pelirrojo no sería igual de paciente. Gotou negó y se dirigió al mayor. “No necesitas elogiarme de ninguna manera, Ichi-nii, en especial con la idea de que yo podría estar de pie a tu costado y ser un orador igual a ti. No poseo tu carisma ni tu talento, y eso está bien. Soy feliz de poder darte una mano en otras cosas.”
“Soy afortunado de oír ello,” Ichigo le sonrió con agradecimiento. Podría ser mayor y más reacio a expresarse con el mismo afecto y libertad que los demás, pero en los ojos del primogénito, Gotou continuaba siendo uno de sus preciados hermanos menores y un ser muy querido y adorable a su manera. Si tan sólo pudiera decidirse a abrirse más al resto… lo cual le hizo recordar precisamente a su otro hermano cuya ausencia ya ni parecía ser merecedora de cuestionamiento. Ichigo recordó con pesar a Yagen decirle que estaría muy ocupado durante esas olimpiadas. Con frecuencia no evitaba preguntarse si su hermanito era de poner pretextos por más convincentes que sus motivos u ocupaciones pudieran ser…

Entonces, las puertas del backstage se abrieron bruscamente y todos vieron a Namazuo correr hacia ellos.

“¡Siento la tardanza! ¡Ya veo que me perdí el discurso, un millón de disculpas!” exclamó ese pelinegro, quien era perseguido por un guardia del evento.
“¡Oiga, el acceso a esta área es restringido!” exclamó dicho oficial, iracundo.
“E-está bien, mis más sinceras disculpas. Namazuo es uno de mis hermanos, le ruego que sea paciente con él,” dijo Ichigo, rápidamente y con múltiples venias, para disculparse en su lugar y asegurarse de que no haya ningún pendiente.
“Cualquiera diría que ya habrías aprendido de esa vez que aterrorizaste a la gente en la línea Marunouchi, ¿qué haces siendo perseguido por guardias?” le recriminó Gotou, impaciente.
“Eh, l-lo siento, es que los guardias estaban ocupados hablando con otros asistentes y no quería esperar, por eso…”
“Y ahora Ichi-nii te anda representando,” Atsushi negó desaprobatoriamente.
“Lo lamento, eh…” Namazuo llevó una mano a la nuca con torpeza, y se animó al ver a Midare con el pastel. “¡Ah, así les quedó ese pastel! ¡Se ve muy apetitoso!”
“…” y ni bien dijo eso, los más pequeños se interpusieron entre él y el pastel a manera de proteger al postre. Al verlo, Midare sonrió con torpeza.
“Ahh, en serio lo siento por todo, prometo que no me acercaré más, ahora no me miren tan feo, hermanitos…” murmuró el recién llegado, desanimado.
“Me alegro de que hayas podido llegar, Namazuo. Temía que algo hubiera sucedido,” observó Ichigo, luego de que el guardia se retirara.
“¡Oh, Ichi-nii! ¡Todo bien, felizmente, sólo subestimé el tiempo que me tomaría en llegar!” reportó Namazuo. “Y bueno, medio que hubo un atentado contra la vida de Eichi.”
“¿P-perdón?” el peliceleste se impresionó al igual que algunos de los hermanos.
“¡Haha, no realmente, ¿se imaginan?! Sólo que un chico burló la guardia de la azotea, y ese tema me distrajo un poco en lo que lo hablaba con Ritsu, ¡pero ya estoy aquí y estoy completamente para ustedes!” Namazuo pretendió abrazar a su hermano, cuando entonces pasaron la voz que los participantes debían regresar al escenario para oír el veredicto de los jueces.
“Oh, esperen un momento, por favor, enseguida regreso,” dijo Ichigo, asintiendo.
“Hmm…” inconforme, Namazuo terminó por saltar encima del otro.
“¡Ahh, Namazuo-niisan, ¿q-qué haces?!” Gokotai se asustó.
“N-Namazuo,” Ichigo se extrañó, aunque pudo reaccionar y terminó por cargar a Namazuo modo princesa para no terminar en el piso con él. Le miró perdido. “¿Qué amerita esta acción?”
“Ya creo que los petizos te han tenido presente un buen rato, ¡yo también quiero atención!” exclamó, claramente en son de broma. Sin embargo, terminó por sentir cómo le jalaron de una oreja. “¡Ahh!”
“Suficiente…” dijo Honebami, con unos ojos fríos mientras continuaba con dicho castigo.
“Ya, en serio sólo le tomaba el pelo a Ichi-nii, perdón…”
 
Los hermanos estaban por ir a compartir un almuerzo en compañía antes de terminar con las actividades del presente día y finalmente darse aquel lonche tan esperado por los menores. Los Toushirou continuaban siendo tan unidos como de costumbre y era otro día de muchos durante el cual disfrutarían el tiempo en familia.

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