Vengo con mi fic del mes, felizmente me dio tiempo de escribir. Escribí una escena más pero no habría cabido en un post, así que regreso el próximo mes con ella. Y como siempre, regreso con los icons que faltan (...)
117.2.
…
Flashback
Haría alrededor de una hora atrás, Shiyoon llegó a Hanasaki U, acompañado de un alerta y dubitativo Hakuzosu. A diferencia del orphan, el otro chico mantenía su amena y relajada actitud.
“Debo decir que me gusta mucho este sitio, lástima que nos tocó pertenecer a la tumba de concreto, ¿no?” preguntó el pelimarrón, quien notaba la cantidad de parques y vegetación. “Es casi como un respiro de la ciudad.”
“¿Qué haces disfrutando de esto?” preguntó el otro, con cierto juicio e impaciencia.
“No hay motivo por el cual no lo haría. Para variar me permiten caminar por cualquier lugar y no estar bajo ninguna rara misión. Pienso aprovechar este tiempo libre,” concluyó amenamente.
“Tsk…”
“Pero tengo que recordarte que no estaría ahora caminando por Hanasaki de no ser por ti, Haku,” observó, mirándole de reojo. “Tú eras el que quería venir.”
“No es que ‘quiera’ hacerlo, Shiyoon,” declaró impaciente. El orphan dio una mirada de desconfianza a su alrededor. “Yo no estoy gastando mi tiempo muy trivialmente como tú. Hanasaki es la tierra enemiga así que me corresponde estudiar este ambiente y aprender a cómo lidiar con la gente aquí.”
“Hm…”
“¡Por lo cual estoy siendo mucho más útil de lo que tú eres en el presente!”
“Conque así es,” Shiyoon se notó despreocupado.
“Tch, qué irreverente eres. No entiendo por qué nuestro jefe parece tenerte tan en consideración.”
“Haha, lo haces sonar como si le importara. Eres gracioso,” el chico rió animado.
“¡¿Te estás burlando de mí?!”
“Y hasta en sus expectativas seguro que no las llego a corresponder bien. En fin…” se encogió de hombros. Entonces, una pequeña le llamó la atención por el hecho que se encontraba perdida. “Oh, hola, ¿necesitas ayuda?”
“¿Eh? ¡Ihh!” Hakuzosu vio al otro acercarse a la que, por sus sentidos orphans, debía ser una HiME. “¡¿Q-qué haces?!”
“¡Oh, buenos días!” Kosuzu asintió a manera de respeto. “Pues sí, no es mi primera vez en esta universidad, pero tengo una prueba que empieza en veinte minutos y ya me equivoqué de edificio dos veces…”
“No te preocupes, nos pasa a todos, déjame ver,” así, Shiyoon se acercó para mirar la pantalla de celular de la otra.
“T-tú…” Hakuzosu les miraba con los pelos de punta. No sabía si tenía que ponerse listo para atacar a esa niña en caso se diera cuenta de quiénes eran.
“Ah, ya sé dónde está. No sé si recuerdas donde estaba el estadio de la inauguración,” él pasó a apuntar hacia dónde se va en esa dirección.
“Sí,” asintió dos veces y le prestó atención.
“Ahí vas a ver una dirección que va al parqueo sur. Si sigues ese camino, encontrarás otra señalización que te llevará a la facultad a la que ese edificio pertenece. Ahí seguro te dirán cuál de todos es,” Shiyoon asintió.
“¡Muchas gracias señor!” la pequeña sonrió agradecida.
“De nada, ve con cuidado~” y así, la pelirroja se marchó con rapidez en lo que el chico sacudía una mano en señal de despedida.
“I-idiota, ella es una HiME,” dijo el kitsune.
“Lo sé,” y el otro se encogió de hombros.
“¡¿No sabes el riesgo que corres si se entera que estás próximo a ser Rebel?!”
“Pues, no quisiera sonar malo o descortés, pero creo que esa niña es la que estaba en peligro,” observó Shiyoon, de buenos ánimos.
“¡Nos encontramos en Hanasaki, en primer lugar…!”
“Haku, tranquilízate un momento,” le pidió pacientemente.
“Tsk, ¡es difícil si siempre me exasperas!”
“Espero que entiendas que la locación no es tan sagrada como pareces entender.”
“¿Q-qué quieres decir?”
“¿Has visto a la gente hablar a nuestro alrededor?”
“…” había un mar de gente sumergida en diversas interacciones entre sí, en un desorden bastante despejado. Hakuzosu entendía que todos se encontraban tranquilos, a diferencia de él. “Los humanos andan viviendo sus vidas, ¿y qué? No hay nada de raro en eso.”
“Sólo porque eres un orphan no quiere decir que no puedes comportarte como los demás. Y no será equivalente, pero hay gente tan diversa en nuestro entorno que muchos se sienten de manera semejante a ti.”
“¡Tsk!” de nuevo sentía que volvían a cuestionarle y desestimar sus quejas. “No hables en mi lugar, humano.”
“Me refiero a que mucha gente puede sentirse que no tienen el derecho de estar aquí, como si fueran estudiantes mediocres o de clase baja, por la percepción de que Hanasaki es una institución que ‘vale la pena’, a diferencia de ellos.”
“¿…y eso qué me importa?” de todos modos, el orphan, no evitó sorprenderse un poco, para de inmediato desviar su mirada.
“Pero hasta esas personas terminan aprendiendo a no verlo así, o al menos, a hacer lo mejor del momento,” concluyó, sonriente. “Haku, tú eres de hablar sobre los caprichos humanos, ¿no? En muchos casos tienes razón a juzgarnos por muchas de las cosas que nos damos por sentado, a diferencia de orphans como tú. Pero también, son estos caprichos los que nos dejan vivir tranquilos. Todos somos igual de caprichosos para vivir en este mismo momento como gente que camina por Hanasaki y que no tiene por qué ser observada o juzgada por los demás. Es por eso que, hasta yo, un Rebel esperando su debut, me puedo dar el lujo de caminar por aquí, sin esperar nada más de nadie.”
“…” le miró frustrado.
“Y hasta tú, si no pretendes ser más que otro humano deambulando por Hanasaki, tienes todo el derecho de continuar haciéndolo,” le aseguró, convencido. “No necesitas de mi presencia para sentirte a salvo, Haku. Tú sólo pórtate como los demás a tu alrededor. Usa el capricho a tu ventaja, al igual que yo.”
“…” al oír esas palabras, no evitó ser recordado a esa persona que, el primer día de eventos, le había resguardado de una persecución. Tal vez había algunas personas que parecían dispuestas a entretener su deseo de que valía más de lo que muchos pensarían, y él mismo estaba convencido a creerlo, aunque, al mismo tiempo… “…recién me he atrevido a regresar aquí hoy, luego de tantos días. Yo… me siento inseguro aquí.”
“Por eso he venido contigo, no lo pienses más,” dijo sin mutar su sonrisa. “Haku, seguro que te sentirás mejor si te invito algo de comer. A ti te gusta el aburaage, ¿verdad? ¡Apuesto a que habrá en la feria de comida aquí cerca!”
“Eh…” la mención de aquel aperitivo le inspiró algo de hambre. Sin embargo, su atención se desvió a la impresión de que el otro seguramente tenía unas segundas intenciones. Por más que hablara sobre su supuesto ‘derecho’ a comportarse como los demás, por más que pareciera que lo apoyara, este seguramente lo seguiría tratando como un orphan o una mascota, si es que desestimaba sus temores tan fácilmente. Comprimió sus puños. “No…”
“¿No?” Shiyoon ladeó la cabeza.
“Si dices que puedo caminar sin ningún problema, entonces eso mismo haré,” declaró el orphan. Infló su pecho y procedió a apartarse. “Ya no necesito que me acompañes, así que haz lo que quieras por tu cuenta, Shiyoon.”
“Hm…” vio al peliblanco irse. Dio un suspiro. “Vaya, parece que le hice molestarse. ¿Qué le habré dicho…?”
Fin del Flashback
La tensión no se iba del todo. Hakuzosu continuaba siendo un orphan desestimado como inferior a la raza humana que dominaba ese mundo, eso no podía negarlo. De todos modos, siguiendo la idea de que podía aparentar y darse el lujo de actuar como otros, él había podido ‘coexistir’, para variar, incluso en la institución catalogada como su enemiga. Era una nueva experiencia. Esta misma exigía paciencia y pelear contra sus instintos de agresión. Estaba en un proceso de aprender a inmiscuirse como una forma de camuflaje más sutil de lo que había entendido hasta el presente. Detestaba reconocerlo, pero tal vez Shiyoon sí fue el que usó el tiempo más fructíferamente para incluso poder presentarse ante una HiME sin levantar alarmas.
Sin embargo, su tiempo de libertad y relativa comodidad había llegado a su fin. Fuera del cansancio de forzarse a no mirar a los humanos como enemigos activos, Hakuzosu terminó por posar sus ojos sobre una HiME que, a diferencia de la anterior, no le era irrelevante.
…
Sabía que perdería las competencias más emocionantes en la división de kendo masculino, pero Cho tenía que atender otra prueba. Casi hubiera querido no apuntarse. Si tan sólo hubiera revisado los diversos horarios más cuidadosamente…
“!!!”
Al reconocer a esa peliceleste, el kitsune afiló sus ojos y su cuerpo se tensó. Estaba listo a contraatacar contra esa HiME. No se olvidaba del daño que le había causado la pelea anterior, menos cómo su Key le forzó a huir para no perecer en el intento. Esa despistada chica inmersa en su mundo interior, dándose el gusto de no percatarse de nada, era el recuerdo de cómo los humanos estaban ahí para hacerle sentirse que no tenía valor en lo absoluto.
Pensó en arremeter contra ella, aunque desistió un momento. Volvió a recordar que estaba rodeado de personas. Incluso si la mayoría debía ser imponentes ante él, era un gran riesgo a correr. Sólo faltaba otra luchadora de un nivel semejante y no sería una emboscada que valdría la pena. Encima de eso, quizás hasta se metería en problemas con su propio superior.
Sin embargo, su mente se nubló. Su ira surgía constantemente. Hakuzosu pasó a no prestar atención a las represalias. ¿Realmente no valdría desquitarse con esa HiME? ¿Volvería a tener otro momento para agarrarle indefensa? En aquella noche, ella misma había aparecido tardíamente a una pelea que nada había tenido que ver con ella. Defendió a otro par de HiMEs más débiles que él estuvo por derrotar. Esa tercera se aprovechó de su propio descuido, del hecho que estuvo por su cuenta, y usó ese mismo capricho humano para desestimar que la pelea que tuvieron fue injusta desde su punto de vista.
Por lo cual, lo tuvo perfectamente claro. Hakuzosu iba a usar ese mismo capricho en su contra. Se iría a vengar en ese instante…
…
Y, entonces, antes de poder comenzar con su ataque, él mismo fue embestido por otra persona, y terminó cayéndose entre un grupo de arbustos. Ante ese bullicio, Cho apenas se giró, pero al no ver nada, decidió apurarse. Se le hacía tarde.
“Ihh…” sintió dolor por las múltiples ramitas que se quebraron con su espalda. Hakuzosu sentía que sus cuatro extremidades estaban siendo aplastadas por otra persona quien lo tenía completamente anulado.
“…”
“¡…!” y efectivamente, vio a ese tal Kuro del otro día. Ese peliblanco tenía sus ojos dorados ampliamente abiertos y le miraba de cerca, a apenas un par de centímetros entre sus rostros. No, definitivamente, dicho chico peliblanco no era un humano normal, para la semejante fuerza que usaba.
“Lo sentimos…”
“!!!” pero, por encima de aquel aterrorizador mudo, el orphan se asustó más por oír la amable voz de Shiro, quien se abrió camino por los arbustos. “¡D-déjenme!”
“Estuviste a punto de atacar a alguien. Lo lamento mucho, pero… no puedo dejar que lo hagas,” declaró, tranquilamente.
“¡Quítate de encima!” exclamó, pero era en vano. El peliblanco era muy fuerte. Entonces, el otro se arrodilló cerca de él y le agarró la frente. “¡Ihh!”
“Esto es también por tu propio bien…”
…
Por otro lado, en Rizembool U, las actividades continuaban igualmente abundantes. Había pocos lugares libres del ajetreo de los múltiples participantes y visitantes. Sin embargo, seguían existiendo pequeños (y en muchos casos lujosos) oasis en los rincones menos esperados.
“Uhh, oigan, sinceramente me alegro mucho que podamos compartir el té entre nosotros como siempre, pero vayamos a alentar a alguna competencia,” rogó Namazuo, como si fuera un niño pequeño. Él se encontraba como uno de los usuales cuatro presentes en el jardín de Eichi Tenshouin que existía como una propiedad privada en la azotea de uno de los más altos edificios en Rizembool. Dicho lugar prístino y decorado con flores de todo tipo además de unas columnas griegas que conformaban la pérgola principal servían de un espacio donde ni podían escuchar al mundo por debajo de ellos, al menos de momento.
“Deberías aprender a leer el ambiente, Nama-kun,” observó Ritsu, cansadamente. Él se notaba comprensivamente trasnochado como era de costumbre a esas horas del día. Apoyó su cabeza en una mano. “Hmm… los que nos encontramos aquí ya nos agotamos de todo el bullicio del exterior y precisamente tomamos el té para desentendernos de las olimpiadas. ¿No es así, Nao-chan?”
“Naoto,” espetó la chica. “Sin embargo, me toca estar de acuerdo contigo, Ritsu,” ella negó. “Terminé con las examinaciones a las que me apunté, y ahora espero descansar de las olimpiadas hasta que las mismas terminen.”
“Aww~ pero tú eres tan linda y tienes mucho carisma~” rogó el Toushirou. “Apuesto a que si sales, te descubrirán como una chica hermosa y ganarás un concurso de ropa de baño por más que no te presentes~”
“¿Qué sonseras dices?” ella se indignó.
“Palabras soeces de lado, tengo que diferir con nuestros amigos, Namazuo-kun,” Eichi sonrió suavemente. Se dio un sorbo antes de continuar. “No me opondría a hacer aparición en las actividades y absorber un poco de la energía juvenil de otras personas.”
“¡Sí, precisamente!” Namazuo se animó al sentirse validado.
“Verdad que tú eres otro tipo de vampiro, Ecchan…” murmuró Ritsu, cerrando sus ojos.
“No obstante, por la presentación que tuve con fine, mis energías están en lo más mínimo. Temo que podría excederme con apenas la exposición extendida al sol…” admitió, con leve pena. De todos modos, se le veía contento con su presente situación. “Estar aquí a sombras en mi propio espacio y con la dedicada compañía de ustedes tres es mi manera predilecta de cerrar estos ocupados días de actividad.”
“Bueno, tiene sentido para ti, quiero que te mantengas bien de salud,” el Toushirou se desanimó, aunque asintió un par de veces a manera de indicar que comprendía. “Aunque tendré que marcharme en un rato. Ichi-nii pronto va a participar en una competencia y tengo que estar ahí para acompañar y dirigir a mis lindos polluelos por Rizembool.”
“Fufu, por supuesto, espero que lo disfruten.”
“Apuesto a que sugeriste que saliéramos a ver si nos hacías asistir a ese evento junto con tus hermanos,” observó Naoto, pensativa.
“Eh, pues…” Namazuo sonrió incómodo. “No voy a negar que no lo intenté.”
“Nice catch, Nao-chan…” Ritsu negó y miró a su amigo con desapruebo. “Es suficiente que me hayas pedido que saliera a la luz del día, Nama-kun, pero forzarme a asistir a un evento en el cual tú andes con tu papel de hermano mayor me resulta una falta de respeto.”
“¿P-por qué? Tú sabes que mis hermanitos te quieren mucho.”
“Vaya que estás perdido por el espacio. Con frecuencia me olvido que tú posees a esa especie que detesto tanto por tu forma de ser, pero no me sumes a tus aventuras de un torturador de hermanitos menores.”
“Ehh, ¡¿p-por qué insinuarías que torturo a mis hermanitos?! ¡Te juró que no!” se asustó.
“Está expresando su propio odio a su hermano mayor. No habla realmente de ti…” dijo Naoto, cansadamente.
“¡Oh, verdad, se me había olvidado!” Namazuo asintió. Entonces, pasó a hacer un puchero. “Pero como parte de mi especie, temo que tu propio hermano mayor ande con el corazón roto por tu actitud tan rebelde. Aw…” se acongojó. “Ya temo que a mis hermosos les alcance la pubertad, no quiero que me resientan.”
“Fufu, te haría bien desistir sobre ese tema,” sugirió Eichi, amenamente. “Ritsu-kun podría tener más motivos para quedarse molesto contigo.”
“Está bien, Ecchan, ya lo dejé claro durante el verano,” Ritsu asintió y sonrió un poco. “Siempre puedo matar a Nama-kun mientras duerme.”
“¡Eh!” este se espantó.
“Y sería muy fácil, viendo cómo nuestros ritmos circadianos son opuestos…” y con ese ‘dulce’ comentario, Ritsu se recostó sobre la mesa de té con ambos brazos como almohada.
“Comprendo que todos siguen con sus ánimos de siempre,” comentó Eichi, a gusto.
“Me da la impresión que tú aceptaste de tenernos como invitados frecuentes porque te somos de entretenimiento,” Naoto negó.
“Fufu, lo dices como si fuera algo malo, Naoto-kun…”
En eso, la quietud del jardín se interrumpió levemente cuando las puertas de entrada se abrieron. Esta vez no se trató de una sirvienta con platillos. Más bien, un señor alto y sumamente presentable ingresó a pasos largos. Era claramente uno de los guardaespaldas del rubio.
“…” Eichi borró su sonrisa y miró atentamente a dicha persona, con una expresión de ligero interés. “Comprendo que algo se ha salido de lo usual, ¿qué ocurre?”
“Buenos días, Tenshouin-sama, disculpe la intromisión,” explicó aquella persona con un tono de voz severo, aunque servil. “Usted pidió que le informáramos de cualquier variación. No ha sucedido nada urgente. Sin embargo, una persona se infiltró nuestra seguridad, aunque le pudimos detener antes de llegar a su recinto.”
“Increíble…” el señorito rodó los ojos. “¿Acaso se trata de una HiME o un Rebel? Esperaría que sólo alguien con habilidades supernaturales pudiera burlar su vigilia.”
“Sí… señor… ha sido un extremo error de nuestra parte. Esa persona está catalogada como un aspirante a Rebel, mas no posee habilidades aún. Mis más sinceras disculpas,” hizo una pronunciada reverencia.
“¡No te preocupes, Eichi!” entonces, Namazuo se levantó de un salto y sonrió decidido. “¡Si alguien se atreve a amenazarte, yo los haré pedazos!”
“Fufu, sería divertido que yo termine por usar mis poderes contra un equis antes de la HiME que aún no conozco,” Ritsu rió por lo bajo, todavía recostado.
“El intruso está siendo cuestionado y no parece representar ningún peligro. Nos aseguraremos de hacerle seguimiento y buscar que él y su supervisor allegado brinden compensaciones por la alerta causada,” dijo el guardia.
“No me dolería hablar con dicho supervisor, dependiendo de quién se trate,” observó Eichi, ya más ambivalente al caso al comprender que se trataba de alguna nimiedad. No que fuera realmente nuevo al drama, por algo había comisionado dicha burbuja en la que se encontraba. “Agradezco la información, puede retirarse.”
“Enseguida…” hizo una venia.
Y entonces, todos oyeron una voz desde la entrada exclamar sorprendido.
“¡Wow, este lugar es increíble! ¡Debería estar abierto a todo el mundo!” dijo un chico peligris con streaks azules que daba la misma energía de curiosidad, travesura y desconexión que Namazuo. El guardia se estresó y giró violentamente.
“¡Usted!” gritó al intruso, quien acababa de ingresar corriendo, como si huía.
“¡Ah, hola señor! ¡Está bien, juro que sólo quería ver qué había en la punta, ya me voy ya!” dijo feliz de la vida, listo para correr por donde había llegado.
“¿Ese es el intruso?” Eichi se confundió.
“¡Oh!” el aventurero se encontró con más guardias que le cerraron la salida. Ello le hizo sonreír en aprietos.
“Fufu, no tenemos que hacer nada, Nama-kun, sólo lo veremos ser escabechado…” murmuró Ritsu, entretenido.
“Tsk…” por su parte, Naoto, quien se había dado un duradero facepalm, terminó por frustrarse tremendamente y se puso de pie. “Esperen un momento.”
“Señorita,” el guardia pensó en detenerle.
“Déjela caminar al faltante,” ordenó Eichi, sonriente. “Esto me intriga. Naoto-kun parece conocerlo, ¿o me equivoco?”
“¡O-oigan, no me tuercen el brazo, por favor!” se quejó ese chico en lo que lo agarran como si acabaran de atrapar a un criminal. Entonces, esos guardias terminaron por hacerse a un lado en lo que la invitada del jefe se abrió paso. El joven se sorprendió. “¡¿Eh?! ¡¿N-Naoto?!”
“¿Qué se supone que haces infiltrándote a lugares, Taikei?” le resondró, mirándole desde arriba. “Diría que tu presente afiliación en Rizembool te haría más al consciente de los riesgos, pero veo que no. Sólo has incrementado en osadía.”
“¡Oye, no me dijiste que eras socialité de Rizembool!” a pesar de seguir apresado, Taikei exclamó entretenido. “¡¿Qué haces por estos lugares?!”
“Lo que tú no deberías andar haciendo…” entonces, ella se giró hacia Eichi. “Lamento que él te haya causado inconvenientes. Te aseguro que es completamente inofensivo.”
“Para que lo digas, suena a que ya lo conoces bien,” observó el rubio. “Este ‘Taikei’, ¿quién vendría a ser?”
“Somos parientes,” concluyó la chica, y luego de un pesado suspiro… “Es mi primo.”
“¡Ohh!” Namazuo era el más feliz de la vida. “¡La familia gana por encima de todo! ¡Qué genial, estamos expandiendo nuestro roster en los campos elíseos de Eichi!”
“Nunca dije que el chico estaba perdonado de toda culpa, Namazuo-kun,” aclaró Eichi, a pesar de su actitud tranquila y ligeramente juguetona.
“Read the room, Nama-kun,” Ritsu levantó su cabeza y le miró con reproche. “Este lugar es nuestra burbuja de esas cosas. Si insistes, te lanzaremos por el borde.”
“Ehh, n-no hagas eso, por favor.”
“Además Nao-chan no está intercediendo por él. Seguro que dejaría que Ecchan lo cuelgue para que el sol lo deseque si es que ese es su destino.”
“Fufu, es interesante las cosas que permito que digas sobre mí, Ritsu-kun,” comentó Eichi, todavía entretenido. “Es lo bueno de saber lo nada serio que eres con tus palabras.”
“En verdad siento que medio mundo debería castigarle por las cosas que a veces dice…” comentó la chica, aunque en ese momento volvió a recordar a su pariente.
“¡Nao-chan! ¡Yo totalmente tengo que llamarte eso a partir de ahora!” exclamó Taikei.
“¿Qué cosa?” ella le miró de soslayo.
“¡Sabía que algún día te abrirías a apodos! ¡Tengo que saborear ese momento! ¡Tú definitivamente tienes un lado adorable que relucirá con Nao-cha-AAHHH!”
“¡Cállate de una vez!” la peliazul terminó por darle un jalón de una oreja.
“¡Perdón, perdón!”
“Eso explica por qué es tan paciente contigo, Nama-kun, ya tenía uno en casa,” dijo Ritsu, encogiéndose de hombros.
“¡Oye, no estoy hecho en masa! ¡Seguro ese chico se me copió!”
“Será tu versión Walmart.”
“¿Qué haces aquí?” cuestionó Naoto a su primo.
“Lo dije antes, realmente quería ver qué había en la azotea y…”
“¿Qué haces en este edificio?” insistió con una mirada fría que irradiaba respeto.
“E-es que, mi departamento tiene su oficina central en los pisos tres y cuatro, y pues, pensé revisar la azotea antes de irme hacia allá…”
“…” al oír ello, Naoto volvió a dirigirse a sus amigos. “Disculpen, me aseguraré de llevarlo a su destino para asegurarse que no se meta en más problemas.”
“No tienes que hacer eso, Naoto-kun. Yo puedo encargarme de redactar una queja dirigida a todo su departamento,” comentó Eichi, de buenos ánimos.
“Ihh, por favor no, mi jefe se molestaría horrible,” Taikei se vio en aprietos.
“Siendo sincera, yo misma pensaba delatarlo a sus supervisores antes de que fuera a meterles algún cuento. Yo no seré responsable por él, pero a la vez, me disgusta que uno de mis parientes ande causando problemas a los demás.”
“Como sería de esperarse de ti. Entonces, dejaré que tú te quejes en mi nombre, Naoto-kun…” entonces, Eichi dio un suspiro y sonrió apenado. “Aunque debo decir que me quedaré con las ganas de hacerlo yo mismo.”
“¿Hm?” Ritsu alzó una ceja. “¿Desde cuándo te importan esas cosas, Ecchan? Sueles dejar los papeleos a otras personas.”
“Como ya deben sospechar, a pesar de ocupar el último piso y la azotea de este edificio, la construcción en sí no me pertenece del todo. Por ello, estoy al tanto de qué otras organizaciones o departamentos la ocupan,” comentó con trivialidad. “El tercer y cuarto piso le pertenecen a los Kamuro. Ellos se suponen que son parte del conjunto disciplinario de Rizembool.”
“¿Eh? ¿O sea se encargan de meter a otras personas en problemas?” preguntó Namazuo, sorprendido.
“Específicamente a los involucrados en la guerra, como los Rebels, en caso fueran a cometer faltas graves,” sonrió con ligera ironía. “Es divertido pensar que yo, como un exRebel, fuera ahora a reportar a los Kamuro por una falta grave dirigida a mi persona.”
“Ciertamente puedo ver por qué lo encuentras divertido,” Naoto dio un suspiro.
“Sin embargo, también he oído que el jefe de los Kamuro es una persona… complicada,” comentó Eichi, borrando su sonrisa. “Con frecuencia escucho que los Kamuro son propios de faltas no justificadas en contra de otras personas. Fuera de la ironía del asunto, si logro que el pedido de una persona honesta y directa como Naoto-kun me permita seguir ocupando el mismo edificio con ellos en armonía, no tengo más que pedir,” entonces, él hizo un movimiento de su mano, como quien espantaba a una mosca.
“Eh…” y Taikei fue soltado por los guardias.
“Naoto-kun, lleva a tu desviado primo a donde debería estar. Me comentas cómo te fue,” y ni bien terminó sus palabras, Eichi pasó a agarrar su taza para darse otro sorbo de té. Claramente, el asunto estaba terminado para él.
“¡Oh, yo voy contigo!” dijo Namazuo.
“No, tú te quedas, Nama-kun,” observó Ritsu, cansado. “Ya te conozco. Te portarás tan mal como tu versión Walmart, y ese es un lugar lleno de gente del conflicto.”
“Uhh, pero…”
“Estoy de acuerdo, nos vemos en otro momento, Namazuo,” observó Naoto. Ella terminó por agarrar a Taikei del brazo como si trajera a un criminal.
“Ah, eh, Naoto, no tienes que hacer eso…” dijo el otro, aunque la chica se ignoró. Ambos terminaron por salir de dicho ambiente.
…
Sin dudas una de las competencias más llamativa era el kendo, y por tratarse de los últimos participantes, los dojos estaban repletos con la audiencia. Ya quedaban pocas rondas de todos contra todos, con las últimas posiciones en los Brackets llenándose alarmantemente.
Roxas estaba tan cerca de lograr al menos un puesto en la escalera, lo cual bastaría como un galardón para sí mismo. Con una derrota en su presente círculo y las exigencias creciendo, si perdía tan sólo una pelea más, estaba inmediatamente descalificado. Tenía que darlo todo de sí, era el momento de hacerlo.
“¡¿Listo para tu siguiente pelea?!” preguntó Osaka, contenta. “¡Tú puedes, Roxas!”
“Gracias, Osaka,” este sonrió un poco. Entonces notó que su prima no se encontraba sola ya que Mai también estaba presente. “Oh, no esperaba verte, Mai. ¿Cómo estás?”
“Debes preguntarte por qué no estoy huyendo de Ayumu como de costumbre,” Mai asintió.
“Pues no…” alzó una ceja. Aunque, ahora que lo mencionaba…
“Hotarumaru está por competir pronto. Él ya calificó a la escalera,” contestó la inmutable prima de Osaka.
“¡Mai-chan quiere alentarlo y yo definitivamente la apoyaré!” exclamó Osaka.
“Vaya, pese a su edad, tiene un talento indiscutible,” Roxas se impresionó. Le costaba creer que le habían dado el permiso al pelicenizo de sumarse a su misma categoría de la universidad. Podría ser pequeño, pero había una gran posibilidad que el niño le haya descalificado de haber estado dentro de su mismo grupo.
Y en verdad la competencia incrementaba. Roxas no estaba muy al tanto de otros kendokas fuera del dojo de Hanasaki, por lo cual no tenía mucha información de sus oponentes. En particular, había una buena representación de estudiantes de Rizembool todavía participando, con muchos de ellos viéndose un tanto siniestros o esquivos. Tal vez se trataban de Rebels, pero prefería ni pensarlo para no perder la concentración.
Finalmente, oyó su nombre, con lo cual supo que le tocaba participar. Era el momento.
“¡Vamos, Roxas!” la siempre leal y entusiasta Osaka le celebró por encima de los aplausos del público. Vio a su primo avanzar y se giró a su prima. “Hehe, si pasa a la siguiente, Cho ya habrá terminado su examen y podrá verlo competir las finales. Es una lástima que no haya podido estar aquí ahora.”
“Es de esperarse, a diferencia de ti, tenía cosas que hacer, Ayumu,” Mai asintió.
“Uhh, yo sí tenía planes muy ambiciosos desde el inicio, pero me descalificaron de las dos competencias a las que me apunté…” se desanimó y bajó su mirada.
“Que hayas perdido en el primer día y en una de ellas por olvidarte la hora no es lo mismo…” entonces, Mai notó al contrincante aparecerse. “Hm… pero creo que hasta aquí llegó tu primo.”
“¿Eh?” Osaka miró hacia el escenario.
“Eh…” por su parte, Roxas se quedó congelado. Él también tuvo el presentimiento de Mai, y su shock era un horror muy distinto al de tener que pelear contra algún Rebel desalmado.
“¡Roxas-niichan, seré tu oponente!” exclamó Urashima feliz de la vida. Él dio varios saltos altos en los que extendía sus piernas a los costados, a manera de celebración.
“…” totalmente supo desde el inicio que Urashima había terminado en su mismo grupo, pero en algún momento se le había borrado de la cabeza.
El enfrentamiento comenzó. Por más que tenía sus inseguridades al respecto, Roxas iba a dar todo de sí. Debía a Urashima darle una verdadera pelea.
Y aquel era el problema.
“¡Tsk!” Roxas paró un ataque con su kendo, pero incluso si fue una buena intercepción, la técnica y fuerza de su hermanito le hizo tambalear.
“¡Aquí voy!” Urashima se lanzó al otro.
Tenía sentido que un heredero de los Kotetsu con una vida de entrenamiento pudiera realizar grandes hazañas, aun a su todavía joven edad. Roxas era también parte de esa familia, un descubrimiento hecho muy recientemente, y desde entonces, había multiplicado sus esfuerzos con tal de demostrar a todos que también era digno de llamarse así.
Y, sin embargo, por más que entendía que su hermano menor fuera a ser mejor que él a esas alturas…
“…” cayó al piso y no tuvo ni un segundo para tratar de levantarse, puesto a que Urashima le apuntó el rostro con la punta de su espada de madera.
“¡Ganador, Urashima Kotetsu!” anunció el anfitrión, acompañado de aplausos.
…le sabía mal que la diferencia fuera tan astronómica.
Urashima fue distraído por la atención sobre él. Incluso muchos del público ajenos a la competencia conocían bien el nombre de los Kotetsu, y conocer a uno en persona fue una oportunidad que no iban a perder, especialmente porque, con esa victoria, el Kotetsu más joven había asegurado su pase a la escalera.
…
Fue un ‘horror’ muy diferente, como lo había observado antes. Ya de pie, Roxas miró sus manos, con una todavía empuñando la espada de práctica. Su visión se hizo un túnel. Asimismo, sus oídos se adentraron en ese túnel, se sumergieron bajo el agua. Las voces se mezclaron y perdieron nitidez y coherencia. El ruido se disminuyó. La realidad se dio una leve pausa. Todo fuera de su visión a sus manos dejó de existir.
Ese silencio cobró una extraña vida que le recordaba lo pequeño que con frecuencia se sentía, de que, por más que todos creyeran que era un Key formidable, él entendía una realidad muy distinta…
“Inútil…”
“¿Eh?” Roxas oyó una única voz que hizo eco en medio de esa inexistente pausa. Percibió a una persona parada frente a él de ropas simples, aunque tradicionales, de tonos oscuros. Y a excepción de dicho desconocido ser, ya no había nadie más en el dojo, aparte de un resonante vacío. Él alzó su mirada para observarle con claridad.
…
“Roxas, ¿estás bien?” preguntó Osaka, de pie frente a él, alarmada por notar a su primo tan ensimismado.
“Eh, Osaka…” Roxas parpadeó repetidas veces. El bullicio, el sentido, la gente, el mismo presente, todo seguía tal y como siempre. Era como si él hubiera sido desconectado un instante.
“…” Mai observó al rubio, inmutado.
“¿Q-qué miras?” este se impacientó un poco. La conocía lo suficiente para saber que seguramente se burlaría de él de alguna manera.
“Lo que no te mata, te hace más fuerte,” concluyó la cuatro ojos, inmutada.
“Pues…” alzó una ceja. Ese comentario fue un tanto carente de sentido o connotación.
“…” y finalmente, Mai alzó un pulgar, manteniendo su inexpresión. “Buen trabajo.”
“Eh…”
“¡Roxas-niichan!” luego de terminar con los saludos de sus inesperados fans, Urashima corrió donde su mayor. “¡¿Estás bien?! ¡Perdón por irme tan rápidamente!”
“Estoy bien, no te preocupes, sólo…” sacudió su cabeza. “Se nota que todavía tengo mucho por aprender, nada más.”
“Pero eso no es verdad. No creas que nuestra pelea me resultó fácil, me hiciste prestar mucha atención,” le aseguró con una segura sonrisa. “Pero no tienes que preguntarme a mí. Sé que Nagasone-niichan y Hachisuka-niichan estarían de acuerdo y ellos nunca serían suaves con asuntos del kendo.”
“Heh, supongo que tienes razón.”
“¡Bueno, tengo un rato antes de la siguiente ronda, así que vamos a comer, yo invito!” exclamó Urashima, alzando un puño hacia arriba. “¡Vamos todos!”
“…” Mai asintió. “Hotarumaru debe estar por aquí.”
“¡Ah, cierto, busquémoslo para que se nos una! ¡Vamos, vamos!”
Así, los cuatro se abrieron paso por las instalaciones. Roxas fue prácticamente jalado de la muñeca por su hermanito, mientras las dos chicas les siguieron de atrás.
“Mai-chan.”
“¿Hm?” la susodicha miró a Osaka de reojo.
“Hehe, gracias por apoyar a Roxas en este momento,” dijo alegremente, aunque para variar, Osaka parecía un tanto meditabunda.
“No necesitas agradecerme…”
“Dime, Mai-chan, ¿acaso Roxas se sentía muy mal?”
“…”
“Como lo apoyaste, entiendo que quizás se sentía lo suficientemente mal para que tú decidieras no tomarle el pelo como siempre. ¿Acaso pasó algo que no me di cuenta?”
“…” al oír ello, Mai volvió a levantar su pulgar, manteniéndose inmutada. “Lo que no te mata te hace más fuerte, Ayumu.”
“Uhh…” Osaka hizo un puchero. Ya veía que su elusiva prima no compartiría su parecer.
…
Eran las semifinales de atletismo para chicas al nivel de secundaria. Siendo menos las competidoras, Dash se encontraba sentada en una de las gradas más abajo, esperando al turno de su grupo. Lo que hubiera esperado ser un momento de alegría y muchas expectativas, no se sintió de aquella manera en lo absoluto. La joven pelinegra miraba sus zapatillas, con su cabeza todavía repleta de ideas.
Aquel mundo oculto donde había jóvenes como ella que peleaban por el bienestar de otros, aquel peligro que ella misma podría tener que enfrentar si aceptaba la oferta, y a su vez, su deseo de poder ayudar a otros, tal y como Jin y los gemelos Kagamine lo habían hecho por ella. Sin embargo, sus ideas se desvanecían ante lo que Rita le había dicho tan contundentemente, luego de mostrarse tan en contra de sus circunstancias…
“Porque quiero que tú vivas por ti y por nadie más.”“…” Dash llevó una mano a su pecho. Tenía muchos sentimientos encontrados.
…
“Tal parece que sigues arruinándole la fiesta, Rita…” comentó Horizon con su usual inmutabilidad. “Nuestra mascota moral no ha dejado de estar cabizbaja todo el día.”
“Cállate,” la peliverde espetó. Ella desviaba su mirada, como quien no quisiera estar presente.
“Y pensar que este es un evento en el cual nuestra pequeña quiso buscar una beca en un instituto tan resaltante como Hanasaki.”
“Puedes lanzar ese prestigio por la ventana en el segundo en que las HiMEs son mencionadas,” murmuró con gran frustración y fastidio. “¿Por qué no te opones más?”
“Pienso que has hecho el suficiente espectáculo para infligir hasta un cargo de consciencia a Dash, Rita. No sería justo que la hagas sentir peor,” Horizon miró al presente grupo de estudiantes compitiendo estar cerca de la recta final. A diferencia de muchos de los presentes, la peliblanca se mantuvo carente de expresiones.
“Tch, esto no se trata de sentimientos, su vida está en riesgo,” Rita le miró, entrecerrando los ojos. “¿Acaso no es lo primero que deberíamos priorizar como sus guardianas?”
“Dash no va a ser HiME si tú le dices que no lo sea,” concluyó Horizon, sin siquiera mirarle.
“…” ello dejó a Rita sorprendida.
“Continúas sin negarle rotundamente a todas sus letras, pero ella lo entiende y no hará nada que nosotros no queramos de ella,” Horizon asintió y miró de reojo a la otra. “Si le dices que no, Dash lo aceptará, y su estancia en Hanasaki será la misma que cualquier otra persona normal.”
“…” Rita miró brevemente a la pelinegra a distancia todavía cabizbaja.
“Mi punto de vista es ambivalente. Como dije previamente, no escogí calificarte a ti por haber sido HiME, por más revoltosa que tú fuiste, Rita…”
“Tsk,” le regresó una mirada con recelo.
“Cada uno decidirá su camino, hasta mis propias subordinadas. Por eso yo no pienso involucrarme en esta decisión, pero si en tu parecer lo mejor es que Dash rechace la oferta de Hanasaki de ser HiME, entonces lo respetaré, y Dash hará lo mismo,” Horizon se quedó tranquila como siempre. “No sé por qué sigues tan tensa al respecto, Rita. Es así de simple.”
“…” terminó por volver a desviar su mirada. “Los humanos no somos tan lógicos. Nada está escrito en piedra, ni aunque la niña vaya a rechazarle a la directora… todos somos más impotentes de lo que parecemos.”
“Hm…” Horizon miró a su trabajadora con una mínima curiosidad, aunque su atención regresó hacia Dash ni bien notó a otra chica caminar donde ella.
…
“Tú debes ser Dash.”
“¡Eh!” la susodicha se alertó y miró hacia una joven pelimarrón de pie frente a sí misma. Se veía un poco mayor a ella. “P-perdón, me distraje, ehh…”
“Tranquila, lo lamento también, no quise sobresaltarte,” ella sonrió comprensivamente y se invitó a tomar asiento a su costado. “Mi nombre es Reimu. La directora me dijo sobre ti.”
“Oh, eh, ya veo…” Dash se sorprendió y asintió atolondradamente. Le miró con curiosidad. “¿Acaso tú eres una de las HiMEs?”
“Sí, justo venía para mi propia competencia que es después de la tuya, y me topé con Miranda. Ella me dijo que me asegurara que te sintieras bien. Debes seguir con la cabeza un nido, ¿no?”
“Eh, pues, supongo…” sonrió con cierto dolor y apesadumbrada. “Tú debes saber cómo se siente.”
“En cierta forma, pero todos somos diferentes,” Reimu miró a la competencia frente a las dos. Lo mejor era que fuera al punto. Estaba haciéndole un favor a Miranda de revisar que la más reciente candidata HiME no se sintiera tan ofuscada, pero sinceramente, más interesada se encontraba de darle su honesta opinión.
Y mientras tanto…
“¡Tch, son peores ratas de lo que recordaba!” exclamó Rita, intentando levantarse.
“Mantente sentada…” dijo Horizon, indiferente, quien con una mano en el hombro de la otra había aplicado suficiente fuerza para impedir que su temperamental trabajadora estrella fuera a agarrarse a golpes con aquella chica. “No parece haber venido con intenciones malas.”
“¡Maldición, dale más seriedad!” regañó en lo que las personas que se sentaban cerca de ellas empezaron a hacer distancia.
“Tú pareces ser una buena chica, Dash, por eso quisiera decirte algo.”
“S-sí, Reimu-san,” le miró intrigada.
“Espero que no tengas en mente la idea de ser HiME para ayudar a otras personas.”
“¿Eh?” se confundió y ladeó la cabeza.
“Sí, me lo temía,” la mayor sonrió apenada.
“Pero ese es el rol de las HiMEs, ¿no es así? Tú habrás aceptado por eso, ¿verdad?”
“Pues no.”
“Eh…”
“O sea, espero poder ayudar a otros. Miranda me ofreció ayuda personal y le estoy devolviendo el favor, a cierta manera. Y ciertamente, espero poder ayudar a otros en momentos de emergencia o donde sea posible, pero en un conflicto como el que tenemos contra Rizembool, eso no es garantizado…” miró al piso. Reimu dio un pesado suspiro antes de continuar. El recuerdo de los eventos en el muelle no iría a desaparecer pronto. “…es posible que termines por lastimar más que ayudar en algunos casos. El riesgo es palpable y nuestras vidas muy inciertas. Puedes terminar por hacer lo opuesto a tus verdaderos deseos.”
“…” Dash se vio sorprendida. “¿Cómo así?”
“Pues… depende de cada uno y de las circunstancias, ¿no?” Reimu le miró y sonrió un poco. “No busco desalentarte o lo opuesto, sólo quiero dejarte saber que ser una HiME es mucho más que ayudar a otros. Si te apuntas, tú seguirás viviendo tu vida, pero desde ese punto, como una joven con poderes, tendrás muchas más responsabilidades sobre tus hombros. Espero que estés consciente de la seriedad de tu decisión.”
“Ya veo… heh, muchas gracias, Reimu-san,” asintió y sonrió apenada. No que lo hiciera más fácil, pero era verdad que tenía mucho que pensar, más de lo que hubiera imaginado.
“Y ahora…” le dio una palmada en su hombro.
“¡Eh!”
“Avívate, estás en una competencia seria, ¿no?” sonrió decidida. “Así que más te vale que le des todo tu esfuerzo y atención,” así, Reimu se puso de pie. “Sigue adelante.”
“¡S-sí!” Dash asintió decidida. “Tienes mucha razón. Le prometí a un amigo que llegaría al podio, así que tengo que hacerlo.”
“Así se habla.”
Fue casi como un permiso que necesitó para volver a concentrarse en su tan anticipada competencia. Su grupo finalmente fue llamado para su propio turno y no pudo ser un mejor timing. Dash se levantó de un brinco y se apresuró junto con las otras chicas.
Por otro lado, en Rizembool U, Ichigo acababa de terminar su propia participación en el círculo de oratoria. Aquel intachable peliceleste agradeció con humildad y gracia la atención dada por el público, y fue de regreso al backstage para dar lugar al siguiente participante.
La luz del escenario rápidamente se atenuó en lo que ingresaba a las cortinas. Pudo oír toda aplausos dirigidos hacia él, hasta algunas voces de unas compañeras de clase quienes muy amablemente habían ido a brindarle apoyo. Fue una transición corta regresar al anonimato detrás del escenario, aunque Ichigo se sentía en paz por dentro. Había dado lo mejor de sí y ahora acudía a lo cual era lo más importante para él.
“¡Ichi-nii!” exclamó Houchou. Con su alerta, él y todos los pequeños fueron de inmediato a darle al alcance al mayor de la familia.
“Ichi-nii, fue un discurso increíble,” dijo Maeda.
“Muchas felicitaciones, Ichi-nii,” se sumó Hirano, asintiendo.
“Heh, gracias a todos,” Ichigo sonrió alegremente al tener la atención de todos sus petizos, quienes lo saludaban como era de costumbre. Su familia siempre sería lo más importante para él, y contar con ese backstage con acceso limitado le permitía tenerlos presentes sin interrupciones.
“Ichi-nii, mira,” Akita le llamó la atención a Midare y Shinano, quienes traían una gran torta.
“Eso es…” Ichigo se confundió.
“¡Esto es para celebrar, por supuesto~!” Midare dio un guiño. “Todos hemos estado super ocupados con actividades en estos días, pero nadie más que tú, Ichi-nii.”
“Así que queremos condecorarte. Ahora que regresemos a casa, vamos a compartirlo entre todos,” declaró Shinano, alegremente. “Dime, ¿te gustan los colores y las decoraciones? Todos nos esforzamos preparando esta torta en tu nombre, Ichi-nii.”
“¿En verdad? ¿Cuándo han tenido el tiempo para hacerlo?” preguntó el mayor, sorprendido.
“Pues la idea había sido hacerlo todo nosotros, pero luego de tres intentos fallidos de preparar el queque, tuvimos que pedir ayuda de una empleada,” Hakata se encogió de hombros. “Así que más que nada hicimos las decoraciones.”
“¡Uhh, Hakata, no tienes por qué admitirlo así!” regañó Houchou. “Nosotros que nos esforzamos mucho.”
“Oigan, igual prepararon la crema para decorar, eso también tomó su tiempo,” le alentó Atsushi.
“Aunque yo siento que eché mucha crema a perder, los tintes eran muy fuertes…” admitió Gokotai, nerviosamente.
“Ciertamente la experiencia me hizo darme cuenta de que tenemos que practicar más la pastelería. Es muy difícil hacer una torta de este tamaño,” admitió Maeda, sonriendo incómodo.
“Pero nos cercioramos de que haya sido un producto de buena calidad, Ichi-nii, lo prometo,” le aseguró Hirano, seriamente.
“Haha, les creo,” Ichigo sonrió agradecido. Llevó una mano a su pecho e hizo una reverencia hacia sus hermanos, con un gesto de sumo agradecimiento. “Pensar que iremos de regreso a casa esta noche para compartir este postre preparado por ustedes. Es el mejor regalo que pude haber recibido hoy. Lo aprecio de todo corazón, muchas gracias a todos.”
“Hehe, misión cumplida, hermanitos~” dijo Midare. “¿Ven? Les dije que todo saldría bien.”
“Todavía nos falta practicar para hacer postres que se comparen con los tuyos, Ichi-nii, pero me hace ilusión que lo comamos todos juntos,” dijo Shinano.
“Sí, yo también, ya quiero probar un pedazo entero,” Akita asintió.
“Y me pregunto si ustedes han sido partícipes en esta preparación,” Ichigo avanzó un poco más para dirigirse a Honebami y Gotou, quienes se habían quedado mirando al resto.
“…” el peligris asintió. “Apenas al final.”
“No, sinceramente me acabo de enterar ahora que llegué para tu competencia,” observó Gotou, encogiéndose de hombros. Él sonrió entretenido. “Pero me alegra mucho que nuestros hermanos se dieron ese plan, ¿no es verdad? Debe haber sido muy divertido.”
“Uhh, sí que lo fue por más drama del queque que hubo,” Shinano hizo un puchero. “Sabía que estos días andabas con un millón de cosas encima, Gotou, pero la próxima te obligaré a sumarte a la actividad.”
“Oh, por favor no,” este negó con pesar. “Soy un desastre para la repostería. Tendría que pedirle a Monoyoshi que me ayude.”
“La idea es que todos hagamos lo posible, sepamos cómo hacerlo o no,” observó Midare, animadamente. “Y no serías el único. Vimos que Atsushi también tiene que practicar.”
“Oye, ¿tenías que decirlo?” preguntó este, algo incómodo.
“Pero eso no se compara con Namazuo a quien tuvimos que prohibirle entrar a la cocina,” el rubio lo comentó con gracia.
“A mí no se me hizo nada gracioso,” Hakata frunció el ceño. “Él nos arruinó el tercer intento del queque, y eso que estaba yendo bien.”
“Uhh, me dio pena, pero sí puso todo el proyecto en riesgo…” Gokotai bajó su mirada. Todavía recordaba lo desanimado que Namazuo se mostró cuando le cerraron la puerta en la cara.
“Haha, suena a que tienen toda una experiencia que compartir, apreciaría si me dijeran lo que ocurrió con lujo de detalles mientras degustamos este postre,” dijo Ichigo, alegremente. “Y, por cierto, ¿dónde está Namazuo?”
“Se ha retrasado…” comentó Honebami, inmutado. Al ya conocerlo, Ichigo supo que aquella respuesta era el equivalente de ‘no lo sé’ del segundo mayor.
“Es de esperarse de ese disperso que no llegara a tiempo, hasta yo he podido llegar antes que él,” Gotou rodó los ojos. “En fin, ya no tardará en aparecer, pero se perdió tu discurso.”
“No creo que realmente le hubiera prestado mucha atención, de todos modos,” Hakata se puso a pensar.
“No sean tan crueles con él, por favor,” Ichigo sonrió con torpeza. “Aunque, Gotou…”
“¿Hm? ¿Qué sucede, Ichi-nii?” este alzó una ceja, confundido de ser dirigido.
“Sinceramente quisiera que tú hubieras podido acompañarme a dar el discurso.”
“Eh, ¿yo? No soy un estudiante aquí, para empezar.”
“Puede sonar a una ocurrencia de mi parte, pero tú eres quien me apoya con los asuntos de la familia más que los demás y, aun así, no dejas de mantenerte en las sombras,” la sonrisa de Ichigo se contagió de leve pena. “El reconocimiento de ustedes y del público luego de mi participación, eso es algo que quisiera que tú también pudieras recibir, realmente lo mereces.”
“Eh, n-no, o sea…” el otro se incomodó y desvió su mirada.
“¡Haha! Debo admitir que estoy completamente de acuerdo, Gotou,” por su parte, Atsushi se animó y celebró las palabras.
“Hehe, no llevo mucho tiempo con ustedes, pero ya he podido notar lo mucho que te dedicas a nuestra familia. Es una pena que no podamos vernos muy frecuentemente, pero aprecio mucho tu esfuerzo,” Midare sonrió ampliamente.
“N-no, no es nada, descuida…”
“Pienso que deberíamos hacerte una torta a ti también, no creo que te damos el suficiente crédito, Gotou-niisan,” observó Akita.
“¡Oh sí! ¡Siempre es un buen momento para hacer una torta!” se sumó Houchou, animado.
“E-está bien…” Gotou se vio en aprietos.
“Uhh, y de momento ignoraré la conversación pendiente para que finalmente te nos unas como estudiante aquí, pero en serio, quiero hacerte un millón de postres, Gotou-nii,” le rogó Shinano, haciendo un puchero y mirándole con súplica.
“Tch, no seas engreído, Shinano, déjame en paz,” le reclamó con impaciencia. Sin duda con el pelirrojo no sería igual de paciente. Gotou negó y se dirigió al mayor. “No necesitas elogiarme de ninguna manera, Ichi-nii, en especial con la idea de que yo podría estar de pie a tu costado y ser un orador igual a ti. No poseo tu carisma ni tu talento, y eso está bien. Soy feliz de poder darte una mano en otras cosas.”
“Soy afortunado de oír ello,” Ichigo le sonrió con agradecimiento. Podría ser mayor y más reacio a expresarse con el mismo afecto y libertad que los demás, pero en los ojos del primogénito, Gotou continuaba siendo uno de sus preciados hermanos menores y un ser muy querido y adorable a su manera. Si tan sólo pudiera decidirse a abrirse más al resto… lo cual le hizo recordar precisamente a su otro hermano cuya ausencia ya ni parecía ser merecedora de cuestionamiento. Ichigo recordó con pesar a Yagen decirle que estaría muy ocupado durante esas olimpiadas. Con frecuencia no evitaba preguntarse si su hermanito era de poner pretextos por más convincentes que sus motivos u ocupaciones pudieran ser…
Entonces, las puertas del backstage se abrieron bruscamente y todos vieron a Namazuo correr hacia ellos.
“¡Siento la tardanza! ¡Ya veo que me perdí el discurso, un millón de disculpas!” exclamó ese pelinegro, quien era perseguido por un guardia del evento.
“¡Oiga, el acceso a esta área es restringido!” exclamó dicho oficial, iracundo.
“E-está bien, mis más sinceras disculpas. Namazuo es uno de mis hermanos, le ruego que sea paciente con él,” dijo Ichigo, rápidamente y con múltiples venias, para disculparse en su lugar y asegurarse de que no haya ningún pendiente.
“Cualquiera diría que ya habrías aprendido de esa vez que aterrorizaste a la gente en la línea Marunouchi, ¿qué haces siendo perseguido por guardias?” le recriminó Gotou, impaciente.
“Eh, l-lo siento, es que los guardias estaban ocupados hablando con otros asistentes y no quería esperar, por eso…”
“Y ahora Ichi-nii te anda representando,” Atsushi negó desaprobatoriamente.
“Lo lamento, eh…” Namazuo llevó una mano a la nuca con torpeza, y se animó al ver a Midare con el pastel. “¡Ah, así les quedó ese pastel! ¡Se ve muy apetitoso!”
“…” y ni bien dijo eso, los más pequeños se interpusieron entre él y el pastel a manera de proteger al postre. Al verlo, Midare sonrió con torpeza.
“Ahh, en serio lo siento por todo, prometo que no me acercaré más, ahora no me miren tan feo, hermanitos…” murmuró el recién llegado, desanimado.
“Me alegro de que hayas podido llegar, Namazuo. Temía que algo hubiera sucedido,” observó Ichigo, luego de que el guardia se retirara.
“¡Oh, Ichi-nii! ¡Todo bien, felizmente, sólo subestimé el tiempo que me tomaría en llegar!” reportó Namazuo. “Y bueno, medio que hubo un atentado contra la vida de Eichi.”
“¿P-perdón?” el peliceleste se impresionó al igual que algunos de los hermanos.
“¡Haha, no realmente, ¿se imaginan?! Sólo que un chico burló la guardia de la azotea, y ese tema me distrajo un poco en lo que lo hablaba con Ritsu, ¡pero ya estoy aquí y estoy completamente para ustedes!” Namazuo pretendió abrazar a su hermano, cuando entonces pasaron la voz que los participantes debían regresar al escenario para oír el veredicto de los jueces.
“Oh, esperen un momento, por favor, enseguida regreso,” dijo Ichigo, asintiendo.
“Hmm…” inconforme, Namazuo terminó por saltar encima del otro.
“¡Ahh, Namazuo-niisan, ¿q-qué haces?!” Gokotai se asustó.
“N-Namazuo,” Ichigo se extrañó, aunque pudo reaccionar y terminó por cargar a Namazuo modo princesa para no terminar en el piso con él. Le miró perdido. “¿Qué amerita esta acción?”
“Ya creo que los petizos te han tenido presente un buen rato, ¡yo también quiero atención!” exclamó, claramente en son de broma. Sin embargo, terminó por sentir cómo le jalaron de una oreja. “¡Ahh!”
“Suficiente…” dijo Honebami, con unos ojos fríos mientras continuaba con dicho castigo.
“Ya, en serio sólo le tomaba el pelo a Ichi-nii, perdón…”
Los hermanos estaban por ir a compartir un almuerzo en compañía antes de terminar con las actividades del presente día y finalmente darse aquel lonche tan esperado por los menores. Los Toushirou continuaban siendo tan unidos como de costumbre y era otro día de muchos durante el cual disfrutarían el tiempo en familia.
...