Author Topic: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back  (Read 521329 times)


Eureka

Ahorita regreso con topes!

Y con la numeración… vendré después (?)


Quote from: Kana
Con este ya termino esta idea y me emociona preparar lo que viene <3 *mira a Eureka*
KANAAAA T__T <3 YA PRONTO ME FALTA UN POQUITO PARA ESTAR AL DÍA AAJASDJKL







“¿Y? ¿Qué necesitas?” Le preguntó Anzu, luego de colocar la dirección de su casa en la aplicación de Waze que tenía el idol en su celular.

A falta de una pantalla multifuncional como la que tenían los carros más modernos, Rinne había colocado su teléfono en un parante anclado a las rejillas del aire acondicionado. Parecía que lo salvaba de perderse en la ciudad o de andar sin escuchar música en el carro.

“…” Rinne no despegó la mirada del camino en frente de él. “¿No quieres saber quién es el verdadero dueño del carro?”
“Ah. ¿Estás dispuesto a contarme la verdad aun cuando no te he prometido que vaya a ayudarte?”
“Mm… Yo creo que me ayudarás de todos modos.” Rinne sonrió. “Sé que eres una chica buena.”
“Sí, todo lo contrario a ti, ladrón de carros,” dijo la castaña muy tranquila.
“¡Gyahaha!” Rinne soltó una de sus risas características. “¿Dónde quedó la productora sensata de buenos modales?”
“No voy a quedarme con los brazos cruzados ahora que sé que un idol ha cometido un crimen.”
“¡Ya te dije que no me robé el carro, Anzu-chan!” Rinne se veía a dos segundos de estrellar el auto por culpa de la frustración que sentía. “Deja de juzgarme. Sé que hablé del tema de una forma rara y sonó como algo que diría un criminal. Lo entiendo, ¿ok? Pero te juro que no es así.”
“Entonces, ¡explícame!” Le urgió la productora, irritada.
“Mm…” Rinne asintió. “Es… de Ban-chin.”
“¡¿DE BANRI OGAMI?!”

Anzu se lanzó a ahorcarlo por inercia, pero se detuvo antes de agarrarlo por el cuello. Rinne aprovechó la luz roja para girarse a mirarla con una sonrisa divertida en sus labios.

“¿En serio ibas a estrangularme? ¡JAJAJA! ¡Qué loca!”
“…Lo siento.” Anzu sonaba muy arrepentida. “Ya tenía ganas de hacerlo desde hace rato. Aun así, no debería tratar de esa forma a un idol… en serio lo lamento.”
“Bueno, si fuéramos amigos, creo que tendrías derecho a ahorcarme. Aunque ese tipo de fetiches no me gus…”
“¡RINNE-SAN!”
“Ya, ya.” Rinne rio. “En fin… sí, es de Ban-chin.”
“¿Banri Ogami?”
“Sí, ya dijiste su nombre. No entiendo por qué lo repites.”

El culpable de su error era el estado de shock en el que aún se encontraba.

Anzu admiraba a muchas personas en la industria, entre idols, mánagers, compositores, productores, sonidistas y un largo etc. La industria de entretenimiento estaba llena de gente talentosa que la deslumbraba continuamente con sus hazañas. Cada uno de ellos brillaba en lo suyo y era inevitable sentirse maravillado por sus habilidades y logros.

Una de esas personas era Banri Ogami, el aclamado mánager y productor del dúo Re:vale. No sabía mucho sobre su historia, pero había escuchado que los miembros de aquel grupo eran sus amigos y decían los rumores que Ogami-san se había propuesto hacer que brillaran más que cualquier otro artista japonés en nombre de la amistad que los unía. Para el momento en que empezó a representarlos y producirlos, Ogami ya se había hecho famoso por haber trabajado con otros artistas como la famosa banda de visual kei Nittle Grasper y la cantante Luka Megurine. Si mal no estaba, su trabajo como uno de los compositores de la banda de Ryuichi Sakuma lo había ayudado a escalar en la industria y así había llegado a producir a Megurine.

Y luego de un par de años de trabajar con ella, comenzó a dedicarse enteramente a Re:vale. Ya habían pasado 5 años desde ese entonces.

“…”

Anzu observó a Rinne sin prestarle atención a las cosas que el pelirrojo le reclamaba. No entendía cómo el señor Ogami le había confiado su vehículo a un idol tan descuidado como él. Rinne era sumamente carismático y un excelente cantante y rapero, pero fuera del escenario, dejaba mucho que desear.

“¿Estás seguro de que no lo robaste?”
“…Jaja.” Rinne soltó una risa seca y resignada mientras jalaba la palanca de cambios ante la luz verde del semáforo. “Parece que estaba hablando con la pared, entonces.”
“Ah, lo siento. Me distraje pensando en Ogami-san… ese hombre es demasiado admirable.”
“¿Lo dices por Re:vale?” Rinne arqueó una ceja, aunque no la miraba para darle prioridad a que no se choquen.
“Lo digo por toda su trayectoria. Me gustaría hablar con él algún día… estoy segura de que podría darme varios consejos.”
“Podría ayudarte con eso.” Rinne sonrió. “Si se lo pido, sé que accederá.”
“¿Eh?” Anzu no pudo ocultar su sorpresa. “¡¿Lo conoces?!”
“¡Acabo de explicarte que…!” El idol se interrumpió a sí mismo con un suspiro. “Bueno, espero que esta vez sí prestes atención. Ban-chin es el mánager de Momo-chan.”
“¡¿ERES AMIGO DE MOMOSE SUNOHARA?!” Anzu estaba al borde de un paro por culpa de los miles de sustos que le estaba ocasionando el líder de Crazy:B.
“Anzu-chan, con todo respeto, ¿en qué planeta vives? ¡GYAHAHA!” Rinne volvió a reír a mandíbula suelta. “¿En serio te sorprende que tenga amigos en la industria? ¿Quién crees que soy? ¿Mikeneko-chan?”
“Ah, no. No estaba dando a entender eso… Y tampoco pienso que Mikejima-san sea un lobo solitario.”
“No lo es. Conoce más gente de la que crees. Es cierto que sus amigos se pueden contar con los dedos de las manos, pero los míos también.”
“¿Y entre ellos está… Momose-san?”

Momose Sunohara era un chico alegre y de buena disposición. Anzu lo había tratado un par de veces y se había quedado maravillada con su energía y su carisma, claro contraste de la actitud de su pareja y compañero de grupo, Yukito Orikasa. A simple vista, ambos parecían ser la clase de persona que evitaría juntarse con alguien como Rinne Amagi a diestra y siniestra.

Aunque tal vez los idols guardaban más sorpresas y secretos de los que ella imaginaba.

Además, era un poco hipócrita de su parte imaginar que las personas no tratarían con Rinne por su personalidad alocada cuando ella había dejado que el idol en cuestión la lleve a casa y actualmente se encontraba en el asiento de copiloto de su carro… o bueno, el de Ogami-san.

“Síp.” Rinne asintió. “Era inevitable que conociera a Re:vale, ¿no crees? Pertenecen a Cospro, mi agencia.”
“…Tiene sentido. Pero así como Eden, Re:vale es mucho más popular que Crazy:B.”
“Eh… Supongo. Eden tiene más años de experiencia, así que me sorprendería que fuera al revés. Nosotros debutamos a inicios de este año.”
“Ajá.”
“…¿Y qué? ¿Un idol novato no puede ser amigo de un veterano? ¡Eso no tiene sentido!” Rinne soltó un par de risotadas ante lo absurdo que sonaba siquiera contemplar algo así.
“No, no es eso.” Anzu suspiró. “Es que… Saegusa-san es un hombre de negocios por excelencia. No lo conozco mucho, pero algo me tinca que no dejaría que sus idols más populares traten con los más amateurs.”
“Auch. Me dueles, Anzu-chan.” Rinne volvió a reír pese a sus palabras. “Suena a que les vamos a contagiar la enfermedad de la mediocridad o algo así.”
“Yo no pienso así, pero esa podría ser la mentalidad de Saegusa-san o de Tenshouin-san.”
“Je… Tenshouin.” Rinne puso los ojos en blanco. “No creo que esté muy enfocado en la calidad de sus idols si está permitiendo que cualquiera ingrese a ser trainee.”
“¿Eh? ¿Por qué lo dices?”
“Por Hi…”
“¿Hi…?”
“Aunque bueno, en su defensa, aún no lo he visto cantar y bailar.”
“¡Ah!” Anzu se iluminó de un momento a otro.

¿Tal vez se estaba refiriendo a su hermano menor?

Los rumores decían que el menor de los Amagi había llegado a Tokyo hace poco y que había conseguido cautivar al mismísimo Eichi Tenshouin con una audición completamente improvisada. Nadie sabía cuál era el motivo específico de su visita, pero todo indicaba que había llegado a la capital en busca de su hermano mayor. Anzu no estaba segura de que eso requiriera que se convierta en idol para llegar a Rinne, pero… tal vez aquella mentalidad era propia de su clan o de su pueblo.

Si bien Anzu aún no había contado con la oportunidad de conocerlo, la mánager no podía negar que el pequeño pelirrojo le intrigaba mucho. Esperaba que al menos fuera un poco más tranquilo que su hermano… aunque tal vez aquella actitud alocada y sin sentido también era característica de su familia.

“¿Hablas de tu hermanito?”
“…Bueno, te cuento cómo Ban-chin me dio el carro.” Rinne prefirió cambiarle el tema. “Verás, Momo-chan…”
“¡Nooo! ¡Cuéntame sobre tu hermanito!”
“Si lo hago, ya no te contaré lo del carro.”
“…” Anzu suspiró. “¿Qué tal si te hago dos favores?”
“¡Excelente! ¡Así se habla!” Rinne celebró y golpeó el borde del timón con el puño por pura alegría. “Bueno, sí, estaba hablando de Hiiro, mi hermano.”

A Anzu le sorprendió la seriedad del tono de su voz y el cambio drástico de actitud que presentó en cuestión de segundos. Había pasado de sonar como un tonto despreocupado a un hombre completamente serio… y hasta un poco irritado.

“Llegó a Tokyo hace poco y ya está causando estragos por doquier. Pero… me alegra ver que está bien.”
“…” La castaña se quedó atónita ante la expresión enternecida en el rostro de idol. Sentía que estaba viendo algo exclusivo.

Algo que tal vez nadie había visto antes.

“Se nota que lo quieres mucho.”
“Sí, sí.” Rinne intentó disipar la conversación con un gesto exagerado de la mano y una mueca de irritación. “Bueno, ahora pasaré a lo del carro.”
“¡¿Eh?! ¿No me vas a contar nada más de tu hermanito?”
“¿Qué más quieres saber? ¿Acaso te interesa de forma romántica? Ah, no, Anzu-chan. ¡No voy a permitir que lo corrompas! Además, le llevas varios años. Está en preparato…”
“¡NO! ¡Obvio que no quiero nada con Hiiro-san!” Anzu se mostró indignada ante aquella idea. “¡No podría ver a un idol de esa forma y mucho menos a alguien menor de edad!”
“Qué bueno. Me alegra que tengas principios. La gente íntegra está en extinción en esta indus…”
“¡RINNE-SAN!” Anzu le gritó, muy indignada.

Rinne tenía una manera desesperante de evadir ciertos temas que la motivaba a arrancarse el pelo. En ese sentido, era muy parecido a Mikejima-san… y le frustraba mucho que justo ese par formaran parte del grupo de idols con los que más trataba en Ensemble Square.

En defensa del par de locos, le transmitían más confianza que la mayoría de artistas. Podían ser pesados, irritantes, alocados y con terribles prioridades… pero…

No, ni eran sinceros.

¿Por qué les hacía caso?

“¡AAAY!” Rinne se llevó un dedo al oído con una mueca de pura molestia. “¡¿Por qué gritas?! ¡Nunca te había visto actuar de esta forma, Anzu-chan! ¿Qué mosca te ha picado hoy? ¿Será que Akehoshi-paisen te…?”
“¡Es que yo también tengo hermanos menores!” Lo interrumpió. “¡Y los quiero mucho! ¡Así que me molesta que le restes importancia a tu hermanito!”
“No le resto importancia. Acabo de admitir que lo quiero. ¿O no me escuchaste?” La luz roja del semáforo permitió que le arqueara la ceja y la cuestionara con la mirada sin tener que seguir observando el camino.

Anzu recién notó en esos instantes que estaban cerca de su departamento. Suponía que Rinne había tomado la autopista para llegar más rápido a su barrio.

“¡Es que suena a que te quieres mantener alejado de él! ¡¿Por qué?! ¡Si vino desde muy lejos por ti! O bueno… eso dicen los rumores.”
“Sí, vino por mí. Y no, no lo quiero mantener alejado de mí. Pero tengo una unit que liderar y él tiene que dedicarse a sus estudios y a su entrenamiento como idol.”
“¿Osea que… no quieres distraerlo?”
“…” Rinne encogió los hombros. “Quién sabe,” y le sonrió.
“Jah…” Anzu suspiró, resignada.

Sabía que, por más que lo intentara, Rinne no le contaría nada más al respecto. Y claro, tenía sentido: ¿por qué le abriría su corazón a una mánager más del montón? No eran amigos… al menos no aún. Y Anzu tampoco estaba a cargo de Crazy:B, así que no era su deber estar pendiente de él o de sus asuntos.

Aunque… hablando de su unit, la chica ni sabía si le había contado la verdad a sus compañeros de grupo. Tenía entendido que Niki Shiina y él eran muy cercanos… hasta había escuchado los rumores que decían que eran exnovios, pero tal vez Rinne también quería protegerlo de sus problemas y de sus dramas como a todo el mundo. El líder de Crazy:B era un hombre muy reservado pese a las tonterías y locuras que se mandaba de vez en cuando.

“Bueno, cuéntame lo del carro.”
“Es simple: Momo-chan le dijo a Ban-chin que me lo prestara. A diferencia de Crazy:B, Re:vale sí genera muchos ingresos, así que ellos tienen una van propia.”
“¿Osea que kurebi está en bancarrota?”
“Nah.” Rinne rio. “Vamos bien, pero tú sabes que las units no son rentables aun si son exitosas al inicio. Necesitamos al menos un año y medio —o incluso dos— para poder generar ganancias.”
“Aun así… tengo entendido que, más allá del status del grupo o cantante, Ensemble Square puede facilitarle movilidad a los idols si es necesario.”
“Sí, para llevarlos a una entrevista, un concierto, etc. o para movilizar sus cosas.” La luz volvió a cambiar a verde y Rinne desvió su mirada hacia el camino. “Kohaku-chan le pidió una a Saegusa-chan para poder mudarse a los dormitorios. Pero solo para eso o, como dije, para algún evento importante del grupo. ¿O es distinto en Starmaker Production? No te veo con carro.”
“Ah, no. Subaru y yo tenemos un chofer la mayoría del tiempo. Tenshouin-san aún no me ha otorgado un carro.”
“Bueno, de seguro lo hará pronto. Aunque en Cospro, dicen que los idols deben tener mínimo 3 años en la industria y cierta cantidad de ventas y premios. Y si bien a Crazy:B no le va mal per se… no hemos logrado tantas cosas todavía. Aún estamos un poco dispersos y bueno, recién cumpliremos un año en enero del próximo año.”
“Ya veo…”
“No nos darán nada al menos por un tiempo, más allá de los taxis pagados en ocasiones especiales. A veces sospecho que Saegusa-chan nos está poniendo a prueba con todo esto porque no tenemos mánager ni productor. Que… tampoco es que me queje mucho al respecto, eh. Creo que me sentiría peor si alguien nos controlara.”
“Tal vez ralentizaría más su crecimiento en vez de promoverlo.”
“Es lo mismo que pienso.” Rinne suspiró. “Así que… sin mánager ni productor, ¿por qué esperaría que nos dieran un carro? Se lo comenté a Momo-chan la semana pasada cuando salimos a un izakaya a comer y a tomar un trago y me dijo que podía pedirle ese favor a Ban-chin. Su mánager justo había remodelado y repotenciado un escarabajo que planeaba destinar para su uso personal, pero se iba a quedar guardado en el garaje de su departamento por culpa de las labores de Re:vale.”
“Y era mejor que tú le dieras un uso.”
“Exacto. Además, Ban-chin tiene el dinero suficiente como para comprarse 5 escarabajos más y repotenciarlos si así gusta. La verdad es que no le dolió prestármelo. Confía en mí.”
“…Decisión cuestionable, sin duda, pero supongo que tiene sus motivos.”
“Oye, hablas como si fuera un mal conductor. ¿Acaso te has mareado conmigo al volante?”
“Pues no. Conduces muy bien.” Anzu le sonrió.
“¡Así me gusta!”

Rinne se detuvo a un paso del edificio donde vivía Anzu. La chica observó el frontis de su casa y luego, volvió la mirada hacia el idol, curiosa.

“¿Y cuáles eran los favores que me querías pedir?”
“Ah. Digamos que tal vez son tres.”
“…” Anzu suspiró. “Está bien.”
“¿En serio? ¿Si te pido tu número me lo da—?”
“No.” La respuesta definitiva de la mánager le sacó una gran sonrisa a Rinne.
“¡Jajaja! Tranquila, tranquila. No pensaba pedírtelo. Aunque tal vez sería bueno que tengas mi contacto por motivos laborales.”
“…” Anzu lo miró con recelo. “¿En serio me lo pedirías solo para eso?”
“No es mi culpa que te hagas ilusiones, Anzu-chan.” Rinne le guiñó un ojo. “De todos modos, ese no era uno de los favores que te quería pedir.”
“Adelante, entonces.”
“El primero es que… me ayudes con un tema de los dormitorios. Aunque ahora que lo pienso, puede que culpen a Mikeneko-chan y no me culpen a mí, así que…”
“¿Eh?”
“Nada, nada.” Rinne agitó la mano para indicarle que se olvide de aquel tema. “Son dos favores ahora.”
“¿…?” Anzu cada vez se veía más confundida que antes.
“Tengo… un trabajo un poco tedioso. No puedo rechazarlo porque me lo planteó un amigo y sería un poco pendejo de mi parte no aceptarlo. Aun así… no sé qué tan bueno sea para mi unit. Y, además… ese no es el problema más grande.”
“¿Qué trabajo?”
“Tengo que salir en un videoclip como el actor principal de la historia que narra la canción de estos artistas. Y también habrá una parte cantada por mí.”
“¿Eso no es bueno?”
“En teoría, sí. Aunque el grupo… es Re:vale. Y no te equivoques, me encantaría trabajar con ellos. Yuki-chan y Momo-chan son tipos excelentes. Además, les debo una por el carro. Pero… me irrita un poco ser el amateur ahí.”

Aunque la expresión frustrada en el rostro de Rinne duró solo un par de segundos, Anzu entendió a la perfección a qué se debía.

“…Tú llevas cerca de cinco años en la industria, ¿verdad?” Si bien Anzu no sabía todos los detalles al respecto, la mánager sí había escuchado que Rinne llevaba un buen tiempo en la industria.
“Sí. Intenté en vano hacer un dúo con Niki, pero no salió como esperaba. Y tuvimos que cancelar el proyecto incluso antes de debutar.” Rinne suspiró. “Y aunque no me atrevería a afirmar que tengo más experiencia que Re:vale…”

Su mirada fue capaz de completar su oración.

“Entiendo la frustración.” Anzu le dedicó una sonrisa comprensiva. “Hay mucha gente que me trata de novata solo porque no toman en cuenta los años de experiencia que tuve en la preparatoria. No quiero dar a entender que es lo mismo que tú sientes, pero… debe ser similar, ¿verdad?”
“Mm.” Rinne asintió… y suspiró. “Tengo que analizarlo mejor en ese aspecto. Aunque como dije, hay algo que me preocupa más que eso.”
“¿Qué cosa?”
“Me pidieron que… actúe junto a Merumeru.”
“¿HiMERU-san? Am… ¿y cuál es el problema?” Anzu se mostró un poco confundida ante eso.
“…” Rinne suspiró de nuevo. “Él es el problema. En fin, supongo que yo tendré que encargarme de eso.”
“¿Querías una sugerencia de mi parte?”
“Algo así.” Rinne sonrió. “Es que imagino que Akehoshi-paisen a veces se pone un poco difícil… como Merumeru.”

Parecía que Rinne no le estaba contando toda la historia, pero Anzu no podía presionarlo. De por sí era un milagro que confiara en ella y le hablara sobre algunos de sus problemas.

Y… tenía razón. Subaru a veces era un poco “especial”.

“No sabría decirte. Subaru está dispuesto a cooperar la mayoría de veces… aunque ha habido ocasiones en las que no ha sido tan… No sé cómo decirlo.”
“Je.” Rinne le guiñó el ojo. “Me divierte cómo intentas cuidar su reputación.”
“B-Bueno, lo produzco…”
“Te gusta, ¿no?”

Esa pregunta la había escuchado tantas veces que a esas alturas sentía que estaba a un paso de perder las casillas por culpa de tres miserables palabras.

¡¿Por qué todo el mundo malinterpretaba las relaciones entre idols y mánagers si eran de sexos opuestos?! ¡Nadie hablaba sobre Banri Ogami y su relación con Momose Sunohara y Yukito Orikasa! ¡No existían noticias faranduleras sobre Ryuichi Sakuma y Madara Mikejima! ¡Nadie le prestaba atención al vínculo entre Nejire Hado y Tsumugi Takanashi! ¡Ni un solo medio había hecho un reportaje trucho sobre cómo se llevaba Nice Arneb Thunder con Mellow Dear Us! Aunque bueno, en el caso de Mellow Dear Us, el líder era primo de Nice… o algo así había escuchado.

¡Pero cuando se trataba de una mánager o una productora junto a un idol, todo el mundo especulaba que en realidad estaban saliendo! ¡Qué injusto! ¡La gente debería fijarse en los logros de los idols, la calidad de su música y de sus videos o en sus bellas presentaciones! ¡No en escándalos de tercera como ese!

“¡UGH!” Anzu actuó sin pensarlo dos veces: en cuestión de segundos, se zafó el cinturón de seguridad y salió corriendo a su edificio sin mirar atrás.

Ya luego se arrepentiría de haber abandonado a Rinne de esa forma sin agradecerle por haberla traído a casa, pero en ese momento… estaba demasiado enojada como para recordar que su rol como mánager y productora tenía valores inherentes como la amabilidad y cortesía con los idols a su alrededor.

Anzu entró al edificio aprovechando que justo un vecino estaba por salir de este. Corrió hacia el ascensor, molesta, y apretó el botón de su piso con mucha fuerza.

“…”

La pantalla superior indicaba que poco andaba subiendo a su objetivo, el piso 7, pero Anzu creía que tal vez ese día todo estaba en su contra, porque tenía la ligera sensación de que la rapidez del ascensor dejaba mucho que desear.

El ringtone estruendoso de su celular estuvo a punto de dejarla sorda. Sin embargo, Anzu lo ignoró en favor de pensar positivamente: tal vez era un mensaje de sus papás o de sus hermanitos menores.

O quizás era de…


Quote
Desconocido: ¡Qué divertida eres, Anzu-chan! Cuídate mucho~


Anzu tuvo que soportar las ganas de lanzar el celular contra la pared del ascensor.







No era común que usara tacones: siempre le había incomodado tener que ponérselos para una que otra reunión o gala de los allegados ricachones y nobles de sus padres, entre ellos, la familia de Lelouch. La primera vez que su mamá le había obligado a complementar su atuendo con ese tipo de zapatos, Eureka había armado un escándalo en su hogar por puro engreimiento. A sus cortos diez años, había sido incapaz de entender la “importancia” de la buena presencia, más aun si iba a estar rodeada de gente tan notable como aquellos hombres y mujeres de mucho dinero, status e influencia.

Pero no podía culparse. Era obvio que cualquier niña en su lugar habría hecho lo mismo que ella: le habría restado importancia a esa sarta de viejos e incluso los habría tomado como los culpables de la tortura de ponerse un vestido de gala y unos pequeños zapatos de charol y tacón tres. Se había sentido mal por reaccionar de esa manera durante su adolescencia, pero a sus casi 22 años, entendía por qué había actuado de esa forma.

Eureka suspiró. Los tacones que ahora tenía solo llegaban máximo al número siete puesto que no podía soportar nada más alto que ese talle. Y claro, no todos combinaban con su vestido azul, así que al final se había decidido por unos pumps negros de cuero liso en punta fina y de tacón número cinco. Eran cómodos y elegantes, así que no veía sentido que le hicieran problemas por ellos en la entrada del refinado restaurante.

Le irritó recordar que no había traido ninguna de sus carteras a la mansión HiME a excepción del par que usaba para todo: una tote bag gigante que le había costado 500 yenes en Uniqlo y el bolso de cuero en forma de corazón donde siempre colocaba sus pertenencias más importantes y el que usaba para ir a la universidad. Ninguno de los dos iba a juego con su atuendo o calzaría en esa situación… así que solo atinó a sacar su celular y su manojo de llaves y esperar lo mejor. Planeaba que Neuvillette guardara sus artículos en su bolsillo.

O Madara podría…

…¡¿MADARA?!

La HiME sin querer activó su nueva capacidad, la velocidad, para salir corriendo de su cuarto y dirigirse a la reja de la mansión. En el camino, recordó a Neuvillette, y regresó a la sala para tomarlo de la mano y llevarlo con ella al encuentro de su amigo.

Para su alivio, Eureka divisó al castaño en las rejas de la entrada ni bien salió de la mansión. Corrió en cuestión de segundos para darle el alcance y empujó con prisa la reja pequeña de salida personal para acercarse al cantante.

“¡Madara! Uff…” Lo llamó, pero frente a él, solo pudo atinar a agacharse un poco para poner las manos en las rodillas y recuperar el aliento. No se sentía muy cansada… pero el miedo de llegar tarde a la reunión con Lelouch había sido más fuerte que ella y tal vez había exagerado al usar su capacidad.
“Eureka-dono, saliste de la mansión en menos de un segundo.”
“…Sí,” comentó Madara, impactado por la rapidez de la HiME… y también… por algo más.

Para ser alguien que hablaba hasta por los codos, Madara estaba guardando más silencio de lo normal… lo que la motivó a pensar en los posibles motivos detrás de su extraña actitud.

Era obvio que su nuevo look llamaría su atención. Había pasado de tener una cabellera lila y larga a cortarse el cabello un poco arriba de los hombros. Y, por si fuera poco, se había decolorado tanto el pelo que había perdido un poco de su volumen por culpa de los químicos. Por suerte, su cabello era ondeado y se esponjaba un montón, así que no se notaba mucho a simple vista.

Tomando en cuenta todo eso, tenía sentido que su amigo se mostrara un poco confundido con el drástico cambio de apariencia… o al menos eso pensaba. Porque al incorporarse, Eureka se dio cuenta del verdadero motivo del silencio de Madara.

El castaño se veía un poco sonrojado ante su atuendo. La HiME se había puesto un vestido azul marino con cuello halter y falda circular en capas que le llegaban por encima de la rodilla. Su escote estaba cubierto por una fina gasa de brillos que le daba un aspecto mucho más formal a la prenda. Junto con aquellos tacones que nunca usaba y un maquillaje más marcado de lo usual, Eureka se veía distinta. No solía arreglarse tanto para salir… ni en el rodaje del videoclip lo había hecho. Si bien le gustaba ponerse faldas y tops bonitos, su maquillaje solía ser nada más que un brillo labial y un poco de rubor.

Nunca se había pintado sombras en los ojos. Y aunque no eran nada más que unos pequeños brillos azules en la parte inferior del párpado, la diferencia era notable más allá de su sutileza.

Se veía distinta… pero no sabía si era un cambio positivo. Solo lo había hecho para poder entrar al restaurante, escuchar lo que su ex le tenía que decir y seguir con su vida.

“…” Eureka suspiró, una vez erguida. Al instante desvió la mirada, avergonzada, puesto que no sabía por dónde empezar. “Sí, sé que el cambio de mi pelo es radical, pero…”
“Te queda bien, Eureka-san.” La voz de Madara sonaba igual de entusiasta que siempre, lo que la animó a girar el rostro para verlo a los ojos. Si bien el sonrojo en su rostro aún era visible, Madara esbozaba una sonrisa pequeña.
“Gracias… ¡P-Pero no me he vestido así para nuestra salida!”
“Claro que no. Intuyo que tienes otro evento después… o tal vez no podrás pasar tiempo conmigo por esa reunión.”
“No, no.” Eureka suspiró. “Mira… si te explico todo aquí parados en la puerta, perderemos tiempo. Tenemos que ir a tu departamento para que te vistas más formal y…” Miró a Neuvillette. “Para que le prestes un saco a Neuvillette.”
“Un gusto, Neuvillette-san~” Madara le sonrió. “Eres el nuevo Child de Eureka-san, ¿verdad?”
“Así es.” Neuvillette le hizo una leve reverencia con la cabeza.
“¿Eh? ¿Cómo sabías que tengo un nuevo child…?”
“Oikawa-san lo mencionó. Me encontré con él hace un…”
“¡Ya, ya!” Eureka lo interrumpió. “¡En el carro me cuentas!”

La HiME se apuró en tomar de la mano a su Child y a Madara para correr hacia el jeep del cantante. Sin pensarlo dos veces, abrió la puerta del copiloto y tomó asiento. Detrás de ella, Neuvillette hizo lo mismo de manera calmada en la fila trasera de asientos del carro. Madara fue el último en abrir la puerta y subirse al coche.

“Son las 8:42…” comentó Eureka al ver la hora en su celular. “La reserva es a las 9:30 en Ginza. Tal vez si imbuyo de velocidad el carro, lleguemos a…”
“¿Qué reserva?” Preguntó Madara, colocándose el cinturón de seguridad.
“¡¿Puedes dejar de hacer preguntas y comenzar a conducir?!” Eureka le reclamó, pero al ver que Madara había hecho algo razonable, ella también se colocó el cinturón y le indicó a Neuvillete que hiciera lo mismo.
“Okay, okay~” Madara rio. “Las autopistas podrían ayudarnos a llegar rápido.”
“Espero que estén libres.” Eureka suspiró. “Haré lo imposible para que lleguemos a tiempo.”

Madara encendió el motor y, sin visible intención de preguntar más sobre la misteriosa reunión, condujo el carro hasta salir de Hanasaki. Eureka agradeció al universo que las calles aledañas estuvieran lo suficientemente vacías como para llegar en cuestión de cinco minutos a la autopista.

El trayecto duró tal vez menos de lo esperado gracias a su capacidad. Al inicio, había sugerido en broma usar su velocidad para acelerar la del carro, pero al tocar la puerta de copiloto, su entorno se desdibujó en halos de luz blanca y siluetas sin definición. En medio de la experiencia sumamente extraña, divisó como Madara pudo atinar a virar el timón levemente en el momento indicado para esquivar al único carro que estaba en frente de él… y cómo Neuvillette empalideció ante el súbito giro que hizo el coche de un momento a otro.

Eureka alejó su mano de la puerta del jeep en ese momento para evitar que impactaran contra el muro de concreto de la autopista. Los tres se impulsaron hacia adelante por culpa del cambio de velocidad, pero, para su suerte, los cinturones de seguridad evitaron que se impactaran contra el parabrisas. La HiME se aguantó las ganas de volver a suspirar: podía haber matado a Madara de esa forma… y eso habría sido un poco penoso.

“…” Eureka negó con la cabeza. Tenía que hacer a un lado aquellos posibles escenarios tétricos para enfocarse en lo importante: Madara y Neuvillette aún no llevaban puestos los ternos que debían vestir para la cena.

El reloj de su celular indicaba que solo habían transcurrido 7 minutos desde que habían partido de Hanasaki. Felizmente, Madara tomó la auxiliar en esos momentos. Si mal no estaba, faltaban un par de cuadras para llegar a su destino.

Estaba dispuesta a usar su habilidad otra vez… pero tal parecía que Madara al fin había procesado que, si él no se ponía las pilas, Eureka los volvería a torturar con su poder. El idol comenzó a conducir a toda velocidad y se abrió paso entre los carros como si fuera una carrera de la F1.

“Vamos a morir,” comentó Neuvillette con la voz más monótona del mundo.
“No, Neuvillette.” Le aseguró Eureka. “Sería irónico que mueras cuando solo naciste hace unas horas…”
“Tranquilos, jaja~” Madara sonrió sin perder de vista el camino en frente de él. “Vamos a llegar sanos y salvos~”
“…Te ves un poco asustado por lo que hice con mi velocidad.”
“¿Quién sabe~?”
“¿Pero no dijiste que usé ese poder contigo y con Rinne durante la pelea del fin de semana pasado?”
“Bueno, fue en nosotros.”
“No en un carro en la autopista,” completó Neuvillette. “El coche podría haberse desbarrancado y podríamos haber muerto en un solo instante.”
“¡Ya basta de hablar sobre nuestras posibles muertes! ¡Nos salvé antes de que algo malo ocurriera!” Eureka suspiró. “Prometo que no volveré a hacerlo, ¡¿está bien?!”
“…Bueno.”
“…Gracias, Eureka-dono.”
“…” Eureka suspiró. “¿Saben qué? Me da igual si llegamos tarde. Tal vez sería mejor que prioricemos nuestro bienestar…”
“¿En serio~?”
“…Diría que sí, pero la persona con la que nos vamos a reunir sería capaz de pasarse de pendejo solo porque llegamos dos minutos tarde. Así que no, lo siento.”
“¿Prefieres la muerte antes que doblegarte ante ese sujeto?”
“La verdad, sí.” Eureka le sonrió aunque Madara no la estuviera observando en ese momento.
“¡Bien dicho, Eureka-san! Yosh, yosh~ Qué linda hija tengo~” Y le revolvió los cabellos.
“¡MADARA, CUIDADO CON EL TIMÓN!”
“¡WAH! ¡LO SIENTO!”

En la parte trasera del carro, Neuvillette comenzó a sudar frío.



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Eureka






Había sido un drama lograr todos sus objetivos en tan poco tiempo… pero Eureka se sentía orgullosa de su terrible necesidad de controlar todo a su alrededor. Al fin y al cabo, había valido la pena ser tan pesada e insistente para que todo saliera bien.

Madara y Neuvillette tenían trajes formales y se habían peinado para atrás (o mejor dicho, ella los había peinado) para que se vieran aún más elegantes. La HiME había encontrado una liga fina entre las pertenencias de Madara que podía pasar desapercibida gracias a las hebras blancas del pelo de Neuvillette. Sin pensarlo dos veces, le había atado el cabello al Child en una cola baja que complementaba su atuendo. En el caso del cantante, Eureka había desarmado las trenzas pequeñas que siempre se amarraba como media cola. En su lugar, le había echado un poco de gel en el pelo para ocultar su flequillo y ordenar su melena desarreglada.

Ambos se veían muy apuestos y serios… y Eureka se sentía contenta con su trabajo. Ahora Lelouch no podría quejarse de nada: ningún trabajador del restaurante de estrellas Michelin podría hacer algún comentario despectivo sobre alguno de sus acompañantes.

Al salir del carro, la HiME le entregó sus pertenencias a su child. Neuvillette las guardó en los bolsillos de su pantalón sin musitar ninguna palabra, pero Eureka pudo notar cierta curiosidad en su mirada.

“Es que no tengo dónde guardar mi celular y mis llaves. Mi vestido no tiene bolsillos.”
“Mm.” Neuvillette asintió. “Lo entiendo, pero… estoy seguro de que Mikejima-dono también podría haberle hecho ese favor.”
“Wah~ ¡Qué lindo eres, Neuvillette-san! ¡Gracias por…!”
“Pero tú eres mi Child,” Eureka ignoró el comentario del cantante. “Y él es…”
“¿No era tu cantante favorito, Eureka-san?”
“…” Eureka suspiró. “S-sí, supongo. Por eso no puedo darte mis cosas.”
“¿Eh? Pero también somos amigos~”
“¡YAAAAA!” Eureka se aguantó las ganas de jalarse los pelos. “¡Vamos! ¡Van a ser las 9:30!”

El estacionamiento tenía conexión directa con el edificio Shiseido, lugar donde se encontraba el restaurante que Lelouch había elegido. Al dar unos pasos, dieron con el ascensor, al que se subieron en cuestión de segundos.

“No pudimos hablar muy bien sobre tu misteriosa reunión cuando estábamos arreglándonos, Eureka-san, pero…”
“…Tranquilo,” mencionó la HiME, presionando el botón del piso al que debían subir. “Te contaré todo en estos dos minutos que tomará el ascensor en subir al piso indicado. Es… mi ex.”
“¿Tu ex?”
“Sí, el tipo del que te hablé en la fiesta del rodaje. Me llamó justo después de ti. Me pidió que nos reuniéramos de urgencia para discutir sobre un favor que quería pedirme. Accedí porque, a cambio, me ofreció que haría lo que yo le pidiera. Y tengo varias cosas que pedirle…”
“¿Cómo cuáles?”
“Como que albergue a Neuvillette por unas semanas hasta que consiga un departamento donde pueda vivir con él, Oikawa e Iwaizumi.”
“Ah, eso también mencionó Oikawa-san.”
“…” Eureka arqueó una ceja. “Cierto, te cruzaste con él en Rizembool, ¿no?”
“¡Ajá!” Madara esbozó una sonrisa. “Lo hice cuando fui a… ¡Ay, no!”
“¡¿Qué pasó?!” El rostro de la HiME se contorsionó en pura preocupación.
“Te había comprado un postre, pero se quedó en el carro. Me olvidé de él por completo…”
“No te preocupes. Me lo comeré después… si no se ha derretido o algo así.” Eureka le sonrió. “En fin, solo era eso. No hay más misterios por contar.”
“Okay.”
“…Pero antes de entrar al restaurante, necesito pedirte un favor.” Eureka casi lo fulmina con la mirada. “No te atrevas a meterte en la conversación. Ni a mirar mal a Lelouch. ¡Y MUCHO MENOS LO GOLPEES!”
“¿Quién crees que soy?” Madara sonrió de lado. “Unos años en la industria te permiten adquirir muchas habilidades sociales, Eureka-san. Prometo que no te causaré problemas. Además…” El castaño le acarició la cabeza. “…sé que te enojaría que me meta donde nadie me llamó. Me portaré bien, lo prometo~”
“…Bueno.” Eureka suspiró. “No te queda de otra. Porque juro que no me molestaría electrocutarte si es necesario.”
“¡Si mal no estoy, ya lo has hecho!”

Eureka sentía que la entusiasta sonrisa de Madara era el símbolo premonitorio de un futuro terrible… pero la HiME optó por ignorar sus pensamientos negativos por el bien de su sanidad mental.

“Y yo encantada de volver a hacerlo…”

Antes de que pudiera terminar su frase, el ascensor se detuvo en el piso indicado y las puertas se abrieron de par en par.

Ante ellos se encontraba la recepción de un restaurante francés de renombre entre la alta sociedad japonesa y los turistas adinerados. Eureka intuía que Madara había visitado muchos como este… o incluso también había venido a este lugar. Al fin y al cabo, no solo su carrera famosa le permitía frecuentar restaurantes finos y caros, sino que ella sabía que al cantante le encantaba conocer más sobre otras culturas. Y, por supuesto, eso incluía la gastronomía y degustar una inmensa variedad de platos de todas partes del mundo. Así era como había llegado a conocer el restaurante de comida coreana al que la había invitado a ella junto con Seven, Oikawa, Morgana y Beowulf hacía unas semanas atrás.

Madara viajaba por todo el mundo para producir festivales y/o participar en ellos. Era el tipo de actividad más conocida del idol y hasta podía afirmarse que parte de su fama se debía al apoyo que le otorgaba a los artistas locales de los lugares que visitaba. Por ende, era congruente pensar que había probado los platos típicos de varios países y regiones. Francia no podía ser la excepción.

“¡Ah!” El anfitrión en la entrada sonrió al cruzar miradas con Madara. “¡Mikejima-san! Es un gusto contar con su presencia. El restaurante está a punto de cerrar, pero estoy seguro de que el chef lo atenderá con gusto si desea cenar…”
“¡Qué gusto verlo de nuevo, Tsuzuki-san!” Madara sonrió. “Pero lo lamento. No vine por mi cuenta. Soy el acompañante de esta jovencita~”
“…”
“¿Es su hermanita?” preguntó el anfitrión.
“No…” Eureka se mordió la lengua para no decir nada malo y musitó la energía necesaria para fingir una sonrisa deslumbrante. “¿Me podría indicar dónde se ha sentado el señor Vi Britannia? Somos sus acompañantes esta noche.”
“Ya veo. Por supuesto.” El señor Tsuzuki sonrió. “Síganme, por favor.”

El anfitrión emprendió el corto camino hacia los cuartos privados del local. Madara, Eureka y Neuvillette no tardaron en seguirlo a su destino.

A esas horas de la noche, el restaurante estaba casi vacío puesto que cerraba dentro de media hora. Solo vieron un par de grupos de comensales en las mesas blancas y pulcras de manteles carísimos que Eureka ni quería evaluar a detalle por temor a asustarse con los precios.

Su familia había contado con varios lujos y su vida había sido muy acomodada, pero aún existían ciertas cosas de la clase alta —a la que sentía que no pertenecía— que la descuadraban un poco. Como la necesidad de comprarse rarezas inútiles para ciertos eventos, los manteles caros de la isla de Burano, la extraña obsesión con las carreras de caballos, las bolsas de diseñador que costaban igual que una carrera universitaria entera en Hanasaki, las estatuillas de finos vidrios de colores y los vinos de cosechas ancestrales. Sus papás no habían sido tan extravagantes como las familias a las que atendían como médicos, pero Eureka sabía que los ricachones del círculo de Lelouch hasta eran capaces de comprar ostentosas decoraciones en el extranjero y pagar cinco veces su precio solo para que las enviaran con máxima protección y seguridad a sus mansiones en Oxford.

Eureka no podía culpar a quienquiera que estuviese dispuesto a cuestionar su lógica. A simple vista, sonaba un poco irónico e hipócrita que se quejara de las excentricidades de los ricos cuando ella también venía de una familia con dinero. Pero no había podido evitar compararse con ellos a lo largo de toda su infancia y adolescencia… ¿y cómo no? Si había sido amiga íntima de Lelouch Vi Britannia y de Suzaku Kururugi, cada uno miembro y heredero de una familia influyente en su país de origen. Si bien los chicos no habían alardeado de su situación económica y social, Eureka había notado las diferencias entre sus estilos de vida desde muy pequeña. Y eso sin contar que, por más amigos que fueran los padres de Lelouch de los suyos, era obvio que el aspecto servicial del inicio de su relación había marcado su vínculo y se había colado a veces entre las grietas de pequeñas pero significativas interacciones entre ellos.

A sus papás no les molestaba.

A ella tampoco, si era sincera consigo misma… pero la incomodidad en su interior perduraba pese a todo.

“…” Eureka se permitió un suspiro leve antes de llegar al salón privado. Sentía que estaba exagerando. Cualquier persona en una situación promedio la juzgaría por quejarse por tonterías y, como ya había pensado, no podría culparla por ello.

Estaba al tanto de sus privilegios, pero era difícil descartar aquella envidia que la invadía al enterarse de alguna noticia sobre el círculo de Lelouch.

La gala de Singapur había sido un desastre por eso… aunque sus amigos le habían animado la noche.

“Por aquí,” señaló el anfitrión.

Los tres ingresaron al salón detrás del señor y, en cuestión de segundos, Eureka cruzó miradas con su ex.

Lelouch se encontraba sentado en la cabeza de la mesa de 8 asientos y, hasta el momento en que el anfitrión había anunciado la llegada de sus invitados, había estado revisando su celular con visible desinterés. Pero al escuchar los pasos y el anuncio, se levantó para sonreírle a los recién llegados.

Eureka conocía esa sonrisa a la perfección: la pequeña arruga que se formaba en su entrecejo bastaba para notar que no era una mueca del todo sincera.

“Buenas noches,” le dijo ella, acercándose a la mesa. El anfitrión corrió a retirarle la silla para que pueda sentarse. “Ah, gracias.”
“No se preocupe.” El anfitrión le sonrió antes de retirarse.

Neuvillette se sentó a su lado y Madara en frente de ella.

“Gracias por venir pese a la hora.” Le comentó Lelouch. Luego, se giró hacia los invitados de su ex. “Disculpen, caballeros. ¿Con quiénes tengo el gusto…?”
“Soy Madara Mikejima, es un placer.” Madara le sonrió. “Y él es Neuvillette…”
“…” Eureka suspiró. “Es mi Child.”
“¿…?” Lelouch se veía un tanto confundido… o al menos lo aparentaba. “¿A qué te refieres? ¿Qué hay de Morgana?”
“…Ese era tu Child. Neuvillette es de Oikawa.”
“Ah, ya veo. Bueno, es un gusto conocerlos.”

Lelouch se levantó para estrechar la mano de ambos. Eureka se aguantó la risa al ver que Madara apretó la mano de su ex al punto de que Lelouch no pudo ocultar que le había dolido el contacto.

Por su lado, Neuvillette si respetó la etiqueta social y no hizo nada para lastimarlo.

“…Soy Lelouch Vi Britannia.” Se presentó el mencionado. “Eureka de seguro ya les habló sobre mí.”
“Mjum.” Neuvillette asintió.
“Sí~” fue la respuesta escueta de Madara.

La conversación que tenían pendiente quedó relegada para después cuando los mozos ingresaron a la estancia para los platos. Junto con los aperitivos, les sirvieron vino y agua y les ofrecieron otras bebidas en caso desearan algo más.

Parecía que Eureka le estaba prestando atención a todo lo que sucedía a su alrededor: los sonidos secos de los platos contra el mantel, el flujo suave de las bebidas al ser servidas en las copas, los pasos apurados de los mozos que entraban y salían de la estancia con más entremeses…

Sin embargo, era obvio que su cabeza andaba en otro lugar. La ansiedad estaba a punto de matarla: necesitaba saber de inmediato qué favor le pediría Lelouch o sino… estaba segura de que sus nervios la aniquilarían de manera fulminante un momento a otro.

“…” Eureka agarró el tenedor con la intención de probar el tartar de caviar y trucha… pero se detuvo a medio camino. “Am… Gracias por la invitación, pero…”
“…” Lelouch despachó a los mozos con una seña sutil realizada con su mano derecha. Ni bien confirmó que se había quedado a solas con sus invitados en el cuarto privado, suspiró. “Lo siento. Había planeado que cenáramos primero, pero supongo que la curiosidad te matará si no hablo del tema de inmediato.”
“…Sí.” Eureka se aguantó las ganas de estrangularlo. Lelouch hablaba como si a ella le interesara más hacerle el favor que a él. ¡¡¡No tenía sentido!!! “Es que es un poco raro, ¿no crees? No hemos hablado en más de dos meses y medio. Y, de repente, me llamas con urgencia un miércoles por la tarde. E insistes un par de horas después. ¿Qué puede ser tan preocupante o importante como para que necesites hablar conmigo en persona?”
“Bueno… es algo que nos concierne a los dos.” Lelouch observó su reflejo en su copa de vino con una expresión reflexiva.

Eureka puso los ojos en blanco ante esto.

“Tal vez dirías que más a mí, pero tu familia también podría salir afectada.”
“¿Por qué? ¡¿De qué estás hablando?!” Lo último que necesitaba en ese momento era añadirle más preocupaciones a su gran lista de pensamientos ansiosos.
“¿Podrías explicar a qué te refieres con eso, Lelouch-san?” Madara se veía un tanto más serio de lo que Eureka imaginó que se pondría. En otra situación, lo habría juzgado… pero sabía que lo hacía para apoyarla.

Y en ese momento, cualquier aliado era bienvenido de todo corazón.

“De seguro ya sabes a lo que me refiero. Es sobre Nea D. Campbell… y los hermanos Blaiddyd.”

Eureka asintió en silencio.

“Nunca hablamos de Campbell de manera directa, pero… me diste a entender que era peligroso. Charlé con él durante unos breves momentos durante la gala de Singapur… y pude notar que, o estabas pendiente de él, o estabas pendiente de mí, porque nos observaste a lo lejos.”
“Parece que tú también estabas muy pendiente de mí, entonces.” Le reclamó la HiME, irritada.

La rabia estaba a punto de motivarla a cometer homicidio, pero debía calmarse… no podía dejar que Lelouch la dejara en ridículo. No solo porque contaba con la compañía de Madara y de Neuvillette, sino también por su propio orgullo y su dignidad.

“Un poco.” Lelouch sonrió. “Me fue inevitable, tomando en cuenta que llamaste mucho la atención al juntarte con varias personas, llevaste a Oikawa y lo hiciste pasar como uno más de la clase alta y, encima de todo, al final te escapaste unas horas con Wolfgang Blaiddyd.”
“¿Qué?” Eureka no pudo ocultar la sorpresa que sintió al escuchar aquellas afirmaciones. “¿Se puede saber qué sospechas? Porque tengo explicaciones para todas tus dudas.”
“…¿En serio?” La mirada curiosa de Lelouch la descuadró un poco.
“…” Eureka se detuvo antes de hablar al ver que Madara también se veía muy intrigado por lo que había dicho. En medio de todo, agradecía que el idol estuviese allí con ella… porque, junto a Neuvillette, eran los únicos motivos por los cuales aún no había recurrido a la violencia. “Quiero empezar recalcando que no tengo por qué darte explicaciones, pero si las deseas, no hay problema.”
“¿No crees que sería bueno que detalles cuáles son tus sospechas sobre el tal Wolfgang Blaiddyd, Lelouch-san?”

El mencionado asintió.

“Sí, buen punto. Es cierto que la salida de Eureka con ese individuo es más importante que el resto de cosas que mencioné,” explicó Lelouch. “Pero, entonces, primero deberíamos hablar de Campbell… para luego llegar al mayor de los Blaiddyd.”
“…” Eureka suspiró y tomó un sorbo de agua para distraerse. “Está bien. Te contaré todo lo que sé de Campbell.”

Luego de una pausa breve, comenzó con la recopilación de momentos que había compartido con aquel extraño sujeto.

“La primera vez que lo vi aquí en Japón fue hace unos meses, durante el ataque a Hanasaki por parte de Rizembool. ¿Recuerdas que le querían lavar el cerebro a Oikawa para que cumpliera con sus funciones de rebel? Bueno, Campbell fue uno de los encargados de intentar llevar a cabo ese plan. Es la mano derecha… o un aliado, no sé, de un tipo llamado Karasu, que parece ser el jefe de un comité rebel de Rizembool. Los detalles de eso no me quedan claros, la verdad.”
“Okay.” Lelouch asintió. “¿Y luego… volviste a verlo?”
“Sí. Fui a un gokon para cuidar de lejos a Oikawa y, de paso, averiguar más sobre lo que estaban tramando los del grupo de Karasu. Era probable que encontrara al menos a un miembro de ese grupo allí… o a alguien que los conociera. Al fin y al cabo, la fiesta de Rizembool a la que había asistido junto a Kana en las primeras semanas de clases me ayudó a notar que los rebels también pueden ser descuidados y tontos.”
“Pero no le fue tan bien que digamos,” comentó Neuvillette, indiferente.
“…Pues no.” Eureka suspiró. Era difícil tener un Child tan… estricto.

¿No se suponía que los roles debían ser al revés?

“No fui junto a Oikawa. Iba a llamar demasiado la atención. Así que me escabullí, pero en la entrada cuestionaron si había sido invitada al evento. Me vi asistida por un extraño, quien fingió que me conocía y me llevó a una mesa con otros cuatro asistentes. El chico que me ayudó… es mi nuevo rebel. Y aquel al que me enfrenté junto a Oikawa. De seguro recuerdas esa batalla, ¿no?”

Eureka optó por no mencionar su nombre al cruzar miradas con Madara. Aún… no sabía la verdad sobre Kokichi… y no quería decepcionarlo. Él de seguro tenía un buen concepto de aquel maldito bastardo.

“Ah, el tipo contra el que peleaste para salvar a… Nanamine, ¿cierto?” comentó Lelouch.
“Sí. después de eso, se convirtió en mi rebel… pero sigamos. En la mesa de mi rebel estaban dos inocentes estudiantes de Derecho de Rizembool, mi futura princess, el ya mencionado y susodicho y…”
“…Nea D. Campbell,” completó Lelouch.
“De hecho, tuve la mala suerte de sentarme a su lado. Tuvimos una pequeña riña en el proceso. Parece que había ido al gokon a buscar a Nanamine, pero en ese momento, no sabía la verdad. Recién… estoy atando los cabos sueltos, supongo.”
“Nanamine es una estudiante de Rizembool que estaba haciendo intercambio en Hanasaki, ¿verdad? Y, si mal no estoy, su familia está encargada de la distribución de armamento para los rebels.”
“Sí, así es. Creo que Campbell pensó que iría al gokon por algún motivo, pero… esa chica es muy reservada. Dudo que le interese ese tipo de eventos.”
“Pienso lo mismo. Bueno, sigue.” Lelouch le indicó.
“No volví a verlo aquí en Tokio desde ese entonces. Solo sé que mi rebel lo reemplazó en su búsqueda de Nanamine y por eso Oikawa y yo nos enfrentamos a él para protegerla. Sin embargo, desde ese entonces, el paradero de Campbell se convirtió en un misterio…”
“Hasta la gala en nombre de la alianza entre mi familia y los Zoldyck en Singapur,” comentó Lelouch, pensativo.
“…Ajá.” Eureka suspiró. “No interactué con él directamente. En tal caso, tú podrías contarme de qué hablaron, ¿no crees?”
“Le comenté acerca del desastre de su amo menor.” Lelouch sonrió. “Fue una conversación breve donde fingió que se sentía apenado por el espectáculo y me aseguró que los Blaiddyd no cometerían otra barbaridad durante la celebración.”
“…Bueno, suena a cosas que él diría. Además, eras parte de los anfitriones… por así decirlo.”
“No sé si contaba como anfitrión cuando mi papá me juzgó con la mirada durante toda la gala. Aun así, aprecio tu comentario.” Y volvió a sonreírle. “Sé que lo hiciste con buena intención.”
“Lelouch, sabes que nos conocemos desde pequeños, ¿no?” Eureka se masajeó las sienes para evitar sucumbir a las ganas de matarlo. Cada vez… probaba ser más difícil. “No entiendo por qué estás siendo tan hipócrita conmigo.”
“¿Qué?”
“¡Ay, dios mío! ¡No te hagas el tonto! Hasta el final de nuestra relación… me gritoneaste y te enojaste conmigo por miles de cosas. Vivías con el ceño fruncido… y ahora eres puras sonrisas y alegría. ¡Es obvio que tu intención es manipularme! ¡Pero no voy a caer!”
“…” Madara soltó una risita por lo bajo. Su mirada le indicó a la HiME que estaba orgulloso de ella… como si fuera… su mamá.
“…” Eureka estaba al borde del colapso mental.

Necesitaba unas vacaciones alejadas de todos… tal vez en Hokkaido. Sí, en Hokkaido, con los pajaritos blancos y tiernos cuyo nombre había olvidado por completo, con el frío que la convertiría en un bloque de hielo al paso de un par de horas y con las ventiscas de nieve que la motivarían a quedarse bajo mil mantas cerca de la chimenea de la sala principal del hospedaje de ski que visitaría…

La risa suave de Lelouch la sacó de golpe de su mundo de ensueño.

“Lo siento. He querido tratarte mejor… porque ya no le veo sentido a reclamarte las cosas de siempre. Eres dueña de tu vida… Siempre lo fuiste. Nunca debí haberme quejado de los riesgos que corrías a diario por intentar salvar al resto.”

El tarado tuvo la osadía de tomarla de la mano.

“…” Eureka estaba a dos segundos de transformarse en El grito de Edward Munch. A esas alturas de su vida, esa expresión se había convertido en una de las más clásicas de su repertorio.
“Supongo que me irritaba no poder hacer nada para ayudarte. Y aun cuando tuve la oportunidad de desarrollar mis poderes de key… no sentía que iba a ser el apoyo que necesitabas. Parecía que podías depender más de un extraño como Oikawa que de mí.”
“¡Ay, Lelouch! ¡No te victimices!” Le reclamó la HiME, cansada de lo mismo de siempre.
“¡No me estoy victimizando!” Lelouch frunció el ceño, irritado. “¡No tengo la resistencia física necesaria para luchar a tu lado!”
“Am…” La voz de Madara interrumpió su futura pelea. “¿Les parece que Neuvillette-san y yo nos retiremos un rato? No creo que sea pertinente que escuchemos esta parte de la conversación.”
“Ah…”
“Está bien. Muchas gracias.” Lelouch asintió, derrotado.

Parecía sentirse avergonzado por haber estado a punto de perder los papeles en frente de dos extraños… y aquella expresión en su rostro le sacó una sonrisa a Eureka.

Madara colocó la servilleta de mantel que yacía en su regazo en la mesa y se levantó de su asiento al mismo tiempo que Neuvillette. El Child observó a su HiME en el camino a la puerta… Sin embargo, no musitó ninguna palabra.

“Bueno…” empezó Lelouch, una vez a solas. “No mentí cuando dije que no tengo la resistencia física para ayudarte.”
“Lelouch, ¿en serio vas a venir con excusas a estas alturas del partido?” Eureka retiró su mano del agarre y recogió la servilleta de tela de su regazo para colocarla en la mesa y poder pararse de golpe. “¡No vine aquí para perder mi tiempo en esas tonterías! ¡En serio pensé que el tema en cuestión era urgente…!”
“¡Y lo es! ¡Pero no dejas de dudar de mis intenciones y no podemos comunicarnos si lo haces!” Lelouch la imitó… con la visible intención de impedir que se retirara del cuarto privado.
“¡¿Y qué quieres que haga?! ¡¿Que te escuche en silencio y asienta cuando me lo pidas?! ¡¿CÓMO LO HE HECHO TODO ESTE TIEMPO?!”
“¡Hablas como si me hubieras hecho caso! ¡¿Tengo que recordarte todo lo que pasó desde marzo de este año?! ¡¿Por qué crees que terminamos?!”
“¡AAAAH!” Eureka dio los pasos suficientes para lanzarse a agarrarlo de la camisa. “¡Ahí está! ¡Eso era justo lo que quería oír!” Sabía que su sonrisa desencajada de seguro le sacaría una risa burlesca a su ex, pero ella también estaba al borde de perder los papeles… o quizás ya estaba en el proceso de hacerlo. “ES MI CULPA, ¡¿NO?! ¡Según tú, yo fui la única culpable de ese desastre! Porque nooo, tú hiciste todo lo correcto. Estar más pendiente de tus malditos exámenes y de tus pasantías es mucho más importante que el bienestar de tu novia, ¿no?”
“…”
“…En fin.” Eureka lo soltó y desvió la mirada, avergonzada. “Soy una imbécil, nada nuevo. No debí haber accedido a reunirme contigo. Estaba mejorando y sanando por mi cuenta… Y eso es lo que más me frustra. ¡Todo se arruinó cuando contesté tu llamada! ¡Ahora ya sé que te debo bloquear…!”

Eureka se calló súbitamente cuando los brazos de Lelouch la rodearon por la espalda. El abrazo era incómodo porque no era correspondido… y porque era lo que menos necesitaba para calmarse. En cuestión de segundos, Eureka comenzó a forcejear con el intento de zafarse de su agarre, pero Lelouch insistía en mantenerla cerca de él, como si ese abrazo idiota fuera capaz de aplacar su ira y de convencerla de que lo mejor que podía hacer era perdonarlo y seguir conversando con él sobre Campbell y los Blaiddyd.

Ah, no. Estaba hablando de Lelouch… era obvio que ni siquiera había considerado la parte de pedirle perdón. Lo único que le importaba era lograr su objetivo.

Y si tenía que manipularla para ello, lo haría con gusto.

“¡¿En serio crees que voy a ignorar todo lo que…?!”
“Lo siento.”

La sorpresa al escuchar aquellas palabras la indujo a detener su propio forcejeo. Por un instante, pensó en ignorarlas por completo y atribuirlas a un intento desesperado de su ex de apaciguarla y complacerla… pero su voz baja y temblorosa había sido capaz de convencerla hasta cierto nivel.

Lelouch era un hombre muy orgulloso. Eureka solo lo había visto quebrarse en dos oportunidades a lo largo de los casi catorce años que lo conocía: la primera, durante el funeral de su madre… y la segunda, una noche sin importancia en la que se había permitido recordarla después de varios años de intentar ignorar su pérdida.

¡¿Por qué se pondría a lagrimear ahora por una tontería como su relación?!

Un impulso la llevó a tomar del rostro a Lelouch para alejarlo de su cuello y poder observarlo a detalle.

“¡¿Eh?!” Eureka estaba muy confundida. “¡¿Lo dices en serio?!”
“…Sí.”
“No sé tú, pero sería más convincente si me dijeras por qué lo sientes…”
“…” Lelouch tomó una de sus manos y la llevó a sus labios para besarla. “Porque sé que soy egoísta. Y sé que te vas a molestar por lo que acabo de hacer.”
“¡¡¡Eso no me molesta tanto como que me dejes en ridículo de nuevo!!! ¡Pensé que estabas pidiendo disculpas por lo que le pasó a nuestra relación!”
“Ah, eso también.”
“¡Lelouch!”
“Ya…” Lelouch rio un poco. “Lo siento. Era más fácil echarte la culpa que admitir que fui una pésima pareja. Pero… no debí haber accedido a seguir la relación sin decirte la verdad antes. Cuando me enteré de que se había retomado el conflicto entre Hanasaki y Rizembool, mi reacción fue pensar en lo que haría para evitar que alguno de ustedes saliera herido. Pensaba regresar a Oxford con mis hermanos por el momento y también iba a ofrecerme a pagar tus gastos y los de tus amigos si lo veías conveniente.”
“Lelouch…”
“Déjame seguir.” Por primera vez en toda la noche, su sonrisa… fue sincera. “Sabía que ibas a quejarte, pero intuía que, después del trauma que habías vivido durante tu primer y segundo año de preparatoria, ya estabas lista para dejar atrás todo lo ocurrido. Era lógico pensar que querrías iniciar una vida nueva en cualquier otra parte del mundo, lejos de Hanasaki y Rizembool.”
“…E hice todo lo contrario.”
“Mm.” Lelouch asintió. “Fui a acompañarte a la reunión con Miranda para comprobar la verdad: siempre haces todo lo opuesto a lo que yo espero. Somos amigos por casi catorce años… y sigo sin entender cómo funciona tu lógica. Porque el cerebro de nadie funciona como el tuyo.”
“…Pues no.”
“Cuando te acompañé a la prueba HiME… dudé si era correcto cargarte con algo tan grave como eso encima de todo lo que estaba ocurriendo. Además, la convivencia iba a ser muy incómoda para ambos si terminábamos en ese momento. Pero… pospuse esa charla miles de veces. Me distraje a propósito con mis estudios y el tema de la pasantía… hasta que le perdí el rastro a las cosas que te ocurrían. Y me di cuenta de que vivíamos en dos mundos diferentes.”
“Bueno, sí. Yo también sentí lo mismo.”
“Me nacía reclamarte porque creía que era lo justo desde mi perspectiva. Al fin y al cabo, estaba en una relación de la que quería escapar… y no vi más opción que desquitar mi ira contigo. Lo siento.”
“Tampoco era tan lejano de la realidad. Sé… que de verdad te irritaba enterarte de todo el peligro que corría constantemente por defender a Oikawa.”
“Y… los celos que sentía, supongo.”
“¿Eh? ¿Qué? ¿En serio te dio celos?” Eureka arqueó una ceja.
“Sí. Oikawa es más atlético que yo. Y pasabas todo el tiempo con él… Bueno, de seguro aún estás pegada a él como chicle. ¿O ahora estás con Mikejima?”
“¿Quieres que te pase electricidad?” La sugerencia era más una amenaza, por supuesto.
“No me puedes juzgar. Es curioso que no estés con Oikawa. ¿Qué pasó? ¿Ya te peleaste con él?”
“No… Claro que no.” La HiME se separó de él, un poco incómoda con el abrazo prolongado. Lelouch solo rio ante su expresión. “Madara tiene un club de canto… y soy su asistente.”
“Ah, ya veo.” Lelouch asintió. “Bueno, ahora que ya arreglamos las cosas…”
“¡No hemos…! Ugh.” Eureka suspiró. “En fin. Prefiero cambiar el tema a que sigas llenándote de excusas.”
“No eran excusas,” le comentó, a la vez que se dirigía a la puerta.

Eureka esperó ver a Neuvillette y a Madara tras de ella, pero tal parecía que estaban lejos del cuarto… posiblemente para darles privacidad. Una seña de Lelouch fue capaz de llamar su atención y, en poco tiempo, regresaron al cuarto en plena conversación entre ellos.

“Sí, me intriga.” Neuvillette asintió. “Suena como una excelente idea, Mikejima-dono.”
“¿Eh?” Eureka los observó, confundida.
“Ah, Eureka-san~” Madara le ondeó la mano mientras regresaba a su asiento. “Estuve conversando con Neuvillette-san mientras los esperábamos.”
“…¿Okay?” La HiME no pudo evitar arquear una ceja ante ello, pero también se sentó de nuevo como el resto.

Al cabo de unos instantes, Lelouch regresó con los mozos para servir el resto de platos pendientes y evitar, así, que los interrumpieran durante el resto de la noche.

“El chef te va a matar,” le comentó Eureka, entre risas. “¿No que se debe respetar el orden de los platos?”
“Estamos un poco tarde y dudo que todo el personal se quiera quedar hasta la medianoche limpiando todo.”
“Entonces, tenemos que apresurarnos.” Les urgió Madara. “¡Si conversamos y comemos, saldremos de aquí más rápido!”
“Yo no tengo apuro.” Lelouch sonrió. “Pero imagino que ustedes sí, así que está bien.”

Eureka se aguantó las ganas de suspirar por enésima vez en ese día… y, en su lugar, se obligó a degustar las viandas en frente de ella. La verdad… no era muy fanática de la comida gourmet, pero el chef de ese restaurante tenía una sazón impresionante y no podía negarlo.

“Entonces… retomemos el tema principal de conversación,” sugirió Lelouch.
“Sí.” Eureka asintió. “¿Quieres saber qué pasó con Blaiddyd? A diferencia de cómo lo enunciaste… no salí solo con él. Nos escapamos junto a nuestros amigos.”
“Lo sé. Lo dije solo para molestarte.”
“…” Eureka pinchó un pedazo de trucha con tanta fuerza que el impacto del tenedor contra el plato retumbó por toda la habitación. A su lado, Neuvillete se tapó los oídos.
“EN FIN…”
“Espera, antes de que ahondes en ese tema… tengo una duda.” La interrumpió Lelouch, mostrándose un tanto pensativo mientras observaba la copa de vino en sus manos. “¿Por qué te demoraste tanto en reconocerlo?”
“¿A quién?”
“A Campbell,” dijo. Lelouch la observó, curioso. “¿Nunca te has cruzado con él?”
“¿Ya te olvidaste de que me mudé a Londres a inicios de secundaria? Es por ello que dejé de asistir a las galas y reuniones de tu círculo con la misma frecuencia de antes. Habré ido a unas tres o cuatro a lo largo de tres años, antes de que mis papás me mandaran acá, a Tokio. Y, si mal no estoy, creo que los Blaiddyd y los Campbell se mudaron a Oxford cuando tú y yo teníamos once años.”
“Wow, ya me mareé.” Madara sonrió, confundido.
“…” Eureka suspiró. “Viví en Oxford hasta los doce años, cuando me mudé a Londres por la separación de mis papás. Durante mi infancia, los Campbell y los Blaiddyd radicaron en Hamburgo, si mal no estoy.”
“Sí, es cierto.” Lelouch asintió.
“Y se muradon a Oxford un año antes de que yo me fuera a vivir a la capital.”
“Ajá.”
“No creo haberme cruzado con ellos en ese corto periodo de tiempo. Y tal vez los vi a lo lejos en alguna de las tres o cuatro galas a las que asistí cuando viajé a Oxford de visita durante esos tres años que viví en Londres, pero no interactué con ninguno de ellos.”
“Okay, tiene sentido.” Lelouch se veía contento con su explicación. “Entonces, ¿por qué te nació confiar en Wolfgang Blaiddyd?”
“Blaiddyd es amigo de Lavi, que a su vez es amigo de Allen…”
“¿…?” Lelouch la miró, confundido. “¿Quién?”
“¿No identificas a Lavi Bookman? Bueno, su familia no es tan importante como los Blaiddyd o los von Riegan…”
“Ah, claro. En tu grupo también estaba Claude von Riegan, ¿verdad?”
“Sí. No quiero ahondar en cómo llegó a juntarse con nosotros porque de seguro vas a hacerte el desentendido, pero Blaiddyd y él son amigos.”
“Mm.” Lelouch asintió. “Eso lo sé. ¿Y qué pasó? ¿A dónde fuiste con ese grupo?”
“A comer a la plaza. ¿Esa de los puestos que tienen estrellas Michelin?”
“Ah, yo también he visitado ese lugar~” comentó Madara. “¡Probé miles de cosas deliciosas!”
“Yo también… aunque algunas dejaron mucho que desear. No soy muy fanática de la comida marina…”
“¿Y hablaste con Blaiddyd?”
“No mucho. En algún momento mencionó que había visitado un puesto en específico hacía mucho tiempo, pero que este año había perdido su estrella Michelin por problemas administrativos. Allen le comentó que también lo había visitado y al final decidimos comprar un par de platos en ese lugar por sus sugerencias.”
“…Pero no hablaste con él a solas, ¿cierto?”
“No. Aunque cuando me conoció… sentí algo extraño.”
“¿Qué cosa~?” Madara se mostró muy curioso al respecto.
“¡No sé qué piensas, pero no es eso!” Eureka ignoró a Madara y optó por pasar al plato principal del menú de seis tiempos. Al probarlo, sonrió emocionada ante lo delicioso que estaba, pero le dio un sorbo a su vaso de agua para poder seguir hablando. “Sentí que lo conocía de antes. Pero como dije hace un rato, no traté con los Blaidydd en Inglaterra. Esta es la primera vez que trato con uno de los hermanos. Sospecho que Campbell tiene que ver algo con eso… aunque no estoy segura del todo.”
“Eureka.” La voz seria de Lelouch la asustó un poco. “Voy a serte sincero. Todo esto me da muy mala espina. Entiendo que von Riegan vino a Japón para radicar como actor y renunciar por completo a sus obligaciones como heredero de su familia. Dimitri Blayddid vino por su ex… y Wolfgang, por su sirviente. Pero no entiendo los motivos de Campbell. ¿Qué gana al aliarse con Rizembool?”
“Eso es lo que yo también me pregunto. Tampoco entiendo por qué esa estudiante de Hanasaki era tan importante para él… ni por qué desistió de perseguirnos a mí y a Oikawa. A estas alturas del partido, es probable que ya sepa lo que ocurrió con mi nuevo rebel.”
“No cabe duda de que es un tipo peligroso. Por mi lado, debo comentarte que tuve la oportunidad de conversar con los Blaiddyd hace un par de semanas. No me dijeron nada relevante, la verdad. Wolfgang dio a entender que él tampoco sabe por qué Campbell vino a Japón. Tengo mis dudas… pero valdría la pena indagar más al respecto.”
“Ah.” Eureka lo observó, resignada. “Ese es el favor que me querías pedir, ¿no?”
“Así es.” Lelouch sonrió. “Necesito que investigues más sobre ellos dos. Como ya mencioné, tengo un mal presentimiento… Aun así, no puedo hacer mucho por mi cuenta porque no cuento con las herramientas necesarias para defenderme o para atacarlos de ser necesario.”
“…¿Y yo sí?” Eureka se vio nublada por las ganas de jalarse los pelos, de lanzarse a ahorcarlo y de destriparlo con alguno de los cuchillos en su lado de la mesa.
“Eureka-san tiene razón.” Madara salió a dar la cara por ella… y aunque el gesto era un poco metiche e irritante, la HiME sonrió. “Ella ya tiene suficientes responsabilidades como para tener que encargarse de algo más.”
“Fue por ello que le ofrecí lo que desee a cambio. Si quieres dinero, te puedo pagar por esa <comisión>, por así decirlo. Y si necesitas otro tipo de favor, también estoy dispuesto a apoyarte con lo que gustes.”
“Accedí a reunirme contigo por ello,” admitió. “Pero… creo que ya cambié de opinión. No quiero deberte nada, ni que tú me debas nada. Estoy cansada… de que me uses a tu antojo.” Pese a sus palabras, Eureka le sonrió. “Ahora no te veo tan opuesto que digamos a la idea de que sea HiME, ¿no? Claro, porque ya le encontraste cierta utilidad y ahora te conviene.”
“No he dicho que esté de acuerdo con esa decisión. Es solo que deberías ser tú la que se encargue de ese asunto si tienes los medios para defenderte…”
“No los tengo, Lelouch.”

El mencionado tuvo la intención de insistirle, pero asintió.

“Está bien. Al menos… ¿podríamos reunirnos cada cierto tiempo para intercambiar información como ahora? Podría ser provechoso para ambas partes.”
“¡¿QUÉ?! ¡¿Crees que me emociona la idea de…?!”
“También pienso darte cierta retribución por ello, tranquila. ¿Qué era lo que deseabas?”
“…” Eureka miró a Neuvillette, pero negó con la cabeza. “Nada, por el momento.”
“¿Eh?” Madara se veía muy confundido ante su actitud. “¿Piensas acceder, Eureka-san?”
“¿…?” Neuvillette también le hizo la misma pregunta con la mirada.
“Bueno, un intercambio de información es distinto a ser su agente personal o lo que él quería que fuera. No me gusta mucho la idea de reunirme con él a cada rato… Preferiría no tener que hacerlo. Pero… me conviene que esté dispuesto a retribuirme por ello.”
“No entiendo… Usted no quería deberle nada.”
“Sí, Neuvillette.” Eureka le sonrió. “Y sigo pensando igual. No sé… pienso que me podría beneficiar a futuro. Y no tengo que arriesgar mi vida por ello, solo vamos a intercambiar información y ya.”
“¿Lo estás haciendo por lo del departamento?”
“¿Qué departamento?” Lelouch arqueó una ceja. “Eureka, no tengo tanto dinero…”
“¡¿QUÉ?! No, no. No quiero que me compres un departamento. Madara se refiere a que estaba pensando en mudarme porque no puedo vivir con Neuvillette en la mansión HiME.”
“Ah, ¿quieres que te pague la renta?” Lelouch ladeó la cabeza.
“…Tal vez. E-eso no importa ahora. Lo relevante es que ya quedamos en un trato, ¿no?”
“…Sí, es cierto.”

Lelouch se levantó de su asiento y le extendió la mano.

“Gracias.”

Eureka supuso que, en su cabeza de chorlito, había imaginado que la HiME lo electrocutaría y lo mandaría bien lejos… escenario que no era del todo equivocado.

Sin embargo, sentía que tampoco podía hacerse la orgullosa y negarse a tratar con él cuando la oferta sonaba más provechosa para ella. De todos modos, había pensado en averiguar más sobre Campbell… No podía quedarse con los brazos cruzados cuando existía la posibilidad de que estuviese tramando algo peor junto a Karasu.

Además… Wolfgang Blaiddyd parecía contar con varios secretos que la llenaban de intriga. Eso, sumado al misterio de aquella sensación familiar que la invadió al conocerlo, la había motivado a acceder.

La HiME sabía muy bien que tenía demasiadas cosas pendientes. La pelea del fin de semana seguía siendo una incógnita preocupante en su vida, pero… no podía hacer caso omiso a las cosas que pasaban a su alrededor… y que llevaban un tiempo atormentándola de manera indirecta.

“…”

Eureka estrechó la mano de su ex en silencio.
« Last Edit: Today at 03:11:07 PM by Eureka »


Cho


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Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Cho

Uhh, una mísera hora es todo lo que le puedo conceder, pero algo salió. Con esto respiro. Let us pretend I don't have a homework due at 8am tomorrow, sure (...) I'll do it somehow.

117.4.



Las olimpiadas llegaban a su fin, y había personas lamentándose por el regreso a clases, o simplemente a la rutina de todos los días, mientras algunos continuaban con las ganas de participar en los últimos eventos en busca de victoria o reconocimiento, entre distintas observaciones y experiencias individuales. A todo eso, Shiyoon sólo podía notar que vivía en un mundo basto con todo tipo de personas. Era un ambiente festivo visto de cualquier manera.

Por su parte, su ‘lamento’ más se debía a un posible regreso a su incierta faena de responder ante cada ocurrencia y posiblemente capricho de su superior, no que realmente pudiera admitirlo con apertura (todo el tiempo, al menos, felizmente su jefe le permitía su sutil falta de respecto en ocasiones). Y a diferencia de cualquier estudiante con clases o algún part-time pospuesto por el evento, sus propios trabajos no eran necesariamente deseados para sí mismo…

Puesto a que en poco tiempo le iría a tocar ser un Rebel, y con ello, quién sabe cuánto más tendría bajo su responsabilidad.

Al menos se encontraba acudiendo ante un suceso inesperado y ciertamente bienvenido. Shiyoon había recibido una llamada de algún joven quien lo contactó con tal de ‘regresar a un orphan perdido a su respectivo dueño’. Fuera de la tremenda gracia que le habían causado dichas palabras, incluso si quien le llamó intentó ser considerado hasta con el orphan, parte de él se felicitó a sí mismo por ponerle un tag a Hakuzosu en sus ropas con su contacto en caso de cualquier eventualidad, a espaldas de este, por supuesto.

Y fue así que Shiyoon llegó a un pequeño parque en medio de un par de edificios pequeños y con apariencia acogedora en Hanasaki. De inmediato se vio grandemente confundido al ver a Hakuzosu descansando su cabeza sobre el regazo de un chico de cabellos negros largos, quien acariciaba sus cabellos con mucho cuidado. Luego de ladear su cabeza, supuso que mejor solucionaba aquella extraña vista frente a sus ojos. Ya podía entender por qué Hakuzosu se había mostrado tan asustado en la mañana.

“Oh…” Shiro levantó su cabeza al ver a aquella persona llegar a dicho parquecito ya pasaba desapercibido por la ocupada muchedumbre de las olimpiadas. Estuvo por preguntarle quién era, sin embargo, el neutralizado Hakuzosu alzó su mirada como un curioso animal, y ni bien reconoció al recién llegado, al toque corrió dónde él.
“¡Shiyoon!” dijo el sorprendentemente feliz orphan, quien procedió a darle un igualmente sorpresivo abrazo.
“¡O-oye!” el otro se dejó abrazar, aunque lo miraba perdido y con sus brazos alzados. “Eh, Haku, ¿estás bien?”
“¡Esperaba verte, Shiro me dijo que te había llamado y estaba preocupado!” se soltó y pasó a agarrarle de los hombros, sin perder su entusiasmo. “¡Recuerdo que dijiste que me ibas a comprar aburaage! ¿Podemos ir ahora? ¿Podemos? ¡Por favor!”
“Eh, claro, no he comido nada aún, así que…” dijo todavía impresionado. Y nuevamente, el efusivo niño orphan terminó por apoyarse en él.
“¡Muchas gracias!” dijo en lo que se apoyó en su pecho. El otro apenas atinó a darle unas palmaditas en su cabeza para mantenerlo quieto y Hakuzosu se quedó con los ojos cerrados y sonriente en lo que disfrutaba de ese gesto.
“Eh, pues…” con aquello fuera de su atención, Shiyoon miró a Shiro, quien le había dado el alcance. “Supongo te debo por haberlo encontrado y reportado a mí. Espero que no haya causado muchos problemas.”
“Quisiera no tener que recurrir a manipular sus emociones, pero estuvo cercano a atacar a una HiME, y no podemos dejar que eso ocurra, menos en un evento como este,” dijo Shiro, mirando al piso, con algo de timidez. “Gracias por venir tan rápido. Mi nombre es Shiro.”
“Yo soy Shiyoon, un gusto. Y no, más bien gracias por tomarte la labor de cuidarlo, eh,” Shiyoon sonrió con torpeza. “Medio que él se escapó de mí, pero debería haberle supervisado mejor.”
“…” por su parte, Kuro soltó un muy leve gruñido, como quien le daba la razón a esas últimas palabras, aunque fuera del sonido gutural y su severa expresión, no expresó nada más.
“Hm… ¿Kuro?” preguntó Shiyoon, con curiosidad.
“…”
“¡Sí, definitivamente eres Kuro! ¡Wow, te ves muy diferente, ha sido un tiempo!” celebró el próximo a ser Rebel, como quien se encontraba con un viejo amigo.
“…” aunque aquel peliblanco mantuvo completa inmutabilidad.
“Oh, veo que hay muchas personas que han conocido a Kuro previamente,” dijo Shiro, levemente sorprendido. “¿De casualidad eres un amigo de Kuro?”
“Pues, siendo sincero, quizás Kuro ni se acuerda de mí, yo sólo soy uno más del montón en Rizembool. Kuro siempre fue más interesante,” admitió el mayor, alegremente. “No que realmente hayamos hablado. Es sólo que…” se encogió de hombros, sin mutar su sonrisa. “Cuando uno deja de ver a alguien por un tiempo, en especial en un lugar como el mío, medio terminas preocupándote.”
“…” Shiro asintió y desvió su mirada, un poco incómodo. “Lo sé, tienes razón.”
“Pero olvidemos ese asunto,” Shiyoon desestimó sus propias palabras. “Dime, ¿cómo así eres capaz de dominar a un orphan de esta manera? No tienes apariencia de Rebel.”
“Eh, pues…” este negó. “Me instruyeron a lidiar y domar orphans desde que era un niño. No soy un candidato apropiado para Rebel, supongo siempre he sido un asistente detrás de cámaras…”
“Oh, interesante,” Shiyoon asintió un par de veces. “Definitivamente eres más interesante que yo, haha, suena lindo que puedas conectar con orphans así,” miró brevemente a Hakuzosu todavía cómodamente apoyado en él. “Al menos alguien les dedica algo de atención.”
“Me alegro por ello, aunque… normalmente mi interacción con orphans no es muy positiva, y ellos no son tratados bien por nadie…” Shiro bajó su mirada.
“Oye,” Shiyoon le dio un par de palmaditas en un hombro para alentarle. Le sonrió. “Recuerda celebrar las pequeñas victorias. Al menos pudiste hacerlo hoy.”
“…” Shiro le observó atentamente, y volvió a sonreír. “Sí, muchas gracias. Heh… puedo ver que Hakuzosu está en buenas manos. Es muy apegado a ti.”
“Ehh, no…” entonces, el otro hizo una mueca de dolor. “Lo podrás neutralizar y hacerlo portarse bonito, pero Haku anda intentando matarme un puñado de veces cada día. Mi jefe me lo asignó precisamente porque soy el único que es lo suficientemente rápido para no terminar escabechado por él.”
“Ya veo…” Shiro ladeó su cabeza, aunque se mantuvo convencido. “Mi efecto en Hakuzosu no ha sido portarse así con todo el mundo. Le he bajado la tensión y su instinto feroz, y por ver cómo reaccionó a tu llegada, estoy seguro de que él se siente más que cómodo contigo. Te tiene confianza y se alegró de verte. Hehe, supongo si no tuviera su usual orgullo y desconfianza como el orphan que es, no se portaría así contigo.”
“Hm,” Shiyoon alzó una ceja y sonrió frustrado. “Lástima que no te tengo presente para enseñarle modales. Casi quisiera pedirle a mi jefe que te contrate para que lo entrenes.”
“Eh…”
“…” por su parte, Kuro afiló sus ojos como si hubiera recibido una amenaza verbal.
“Perdón, fue una broma, no haría eso,” confesó Shiyoon, con torpeza.
“No se trata de que alguien me contrate,” Shiro sonrió un poco. “Supongo que personas como yo que nacieron dentro de Rizembool no tienen ese estatus de ‘ser contratados’. Nos toca hacer lo que nos dicen, ¿no es así?”
“Eh, no tienes que tomar mis palabras tan en serio.”
“Está bien,” le aseguró. Shiro parecía en paz por mantener su sonrisa. “Porque… el ahora líder de los Masamune me recogió como parte de su familia, y ahora poseo un hogar. Yo no trabajo para él. Yo soy un Masamune, así que no quisiera ayudar a nadie más.”
“…” al ver ello, Kuro bajó su intensidad.
“Pues, me alegro por ti, no tengo nada más que decir,” Shiyoon asintió. “Ahora continúen disfrutando de este día. Gracias nuevamente.”
“Por supuesto,” Shiro hizo una venia en lo que el otro asintió y se despidió con una palma. Vio a dicho mayor caminar con un entusiasmado Hakuzosu hablándole como un niño chiquito que buscaba su atención.

Era una ‘pequeña victoria’. Shiro sonrió con algo de tristeza. Incluso si la situación fuera a lo mejor incierta para todos los orphans, al menos aquel en su campo de visión tendría un buen día. Al menos podría alegrarse de ello.

“Bueno,” Shiro miró a Kuro y le sonrió. “Hemos dejado a Hyuuga solo mucho tiempo. Busquémosle de inmediato.”
“…” Kuro apenas asintió, aunque por sus profundos ojos fue evidente para su acompañante que tenía algo que decir.
“No tenemos que preocuparnos, Kuro,” le aseguró alegremente. “Ese futuro Rebel no es una mala persona. No nos corresponde darle mayor atención.”
“…”
“Por más que sea más de lo que dice ser. Me da curiosidad de saber cómo así te conoce, aunque asumo que no es importante,” dijo amenamente.
“…”
“Pero la tendencia de todos en Rizembool no diciendo más que lo necesario es un tanto inquietante,” Shiro dio un suspiro.

Y así terminó el trabajo que se dio el par de poner al forajido orphan bajo control. Les tocaba regresar a aquel quien les había concedido su mismo nombre.



Kana

Lo borré porque me quedó horrible
« Last Edit: May 31, 2026, 06:55:18 PM by Kana »


Eureka

Este mes ha sido HORRIBLE and it gets worse (felizmente ya termina)

Luego edito con topes y otras cosas.







La autopista estaba vacía a esas horas de la noche. Los miles de metros de concreto en frente de ellos solo tenían como compañía los edificios grandes y ostentosos de vitrinas oscuras que bordeaban el camino. Un camino que, si Eureka era sincera, no sabía a dónde los llevaría.

El trayecto de vuelta a casa se había sumido en una calma inigualable. Sin embargo, Eureka sabía que las apariencias engañaban, puesto que Madara tenía la cabeza llena de preguntas que no se atrevía a enunciar… ya sea por misericordia, por pena o por miedo a empeorar su humor.

Sin duda, esa era una gran hazaña para un hombre tan falto de consideración y con prioridades verdaderamente cuestionables. Nunca habría imaginado que Madara sería capaz de respetar su silencio… pero tal vez verla perder las casillas había bastado para motivarlo a actuar de esa manera.

Si bien la vergüenza la invadió al recordar sus exabruptos… Eureka se sintió aliviada al pensar que al menos Madara no se había ganado con el espectáculo principal. De seguro se moría por saber todos los detalles de su discusión con Lelouch… y aunque sentía que le debía una por el fin de semana pasado y por haberlo arrastrado a esa reunión sin previo aviso… la HiME optó por seguir guardando silencio.

Sin embargo, una voz inesperada la sacó de sus pensamientos de un momento a otro.


“¿Iremos a ese lugar, Mikejima-dono?” Preguntó Neuvillette y se acercó al espacio entre el asiento del piloto y del copiloto, curioso.
“¡Ajá!” Madara le sonrió a través del espejo retrovisor. “De hecho, estaba pensando en ir a recoger a alguien más para que nos acompañe.”
“¿Qué?” Eureka lo observó, confundida. “¿A dónde nos vas a llevar? ¡¿Y a quién vas a recoger?!”
“Tranquila, Eureka-san. Es una sorpresa~”
“¡No me gustan las sorpresas!”
“Tal vez esta le gustará, Eureka-dono,” comentó Neuvillette. “Al menos siento… que a mí sí.”


El diminuto tinte de emoción en la voz de Neuvillette llenó de confusión a Eureka. ¿Qué lugar podría emocionar tanto a su Child como para afectar su manera de hablar? ¿Acaso ese había sido el tema de conversación entre él y Madara mientras esperaban que terminara la discusión privada entre ella y su ex?

La chica soltó un suspiro. Por un momento, contempló la opción de negarse a acompañarlos a dondequiera que habían planeado ir. Pero al cruzar miradas con los dos… notó que tal vez era su forma sutil de querer subirle los ánimos. Neuvillette había probado ser un Child muy reservado y respetuoso. Y, firme a sus convicciones, parecía que no planeaba cuestionarle lo que había conversado con Lelouch a solas. Por su lado, Madara no pensaba meterse en lo que no le incumbía.

Quizás el objetivo de ese paseo nocturno era distraerla un poco.


“…Está bien.” Eureka asintió pese a sus dudas.
“¡Excelente!” Madara sonrió de nuevo. “Entonces, ¿podrías llamar a Tooru-saaan~?”
“¿A Oikawa?” La mirada confundida de la HiME le sacó una risa a su acompañante. “¡Oye! ¡No te rías!”
“Bueno… Pensé que sería más divertido ir a ese lugar con él.”
“…¿Qué?”
“…Y Neuvillette-san quiere ir con su papá.”
“No veo ni a Oikawa-dono como mi papá ni a Eureka-dono como mi mamá, Mikejima-dono,” contó Neuvillette. “Sin embargo, debo admitir que el plan de verdad suena más entretenido con su presencia.”
“…” Eureka suspiró. Todo indicaba que ambos habían discutido la posibilidad de integrar a Oikawa a su extraño plan mientras ella había intentado sacarle los ojos a Lelouch. “Bueno. Lo llamaré.”


Su celular había regresado a su posesión después de la cena y yacía en su regazo, imperturbable. Al agarrarlo, la pantalla se encendió y Eureka notó que el centro de notificaciones solo contaba con la previsualización de un mensaje de Oikawa.

Eran buenas noticias.


Quote
Hoy, 10:23 p. m.
De: Oikawa

Hola, Eureka-chan~ ¡Espero que estés bien! Hablé con Iwa-chan y está de acuerdo con lo de la mudanza. ¡Me dijo que este fin de semana iremos a ver departamentos! Pásala lindo con Madara-chan.


“…” Su rostro se iluminó ante ello. En cuestión de segundos, desbloqueó su celular y tocó el perfil de contacto de su amigo para llamarlo.


Al cabo de un instante, Oikawa le contestó.


“¿Eh? ¿Eureka-chan? ¿Todo bien?” El castaño sonaba preocupado.
“Ah, em… vi tu mensaje. Me alegra que Iwaizumi esté de acuerdo con la mudanza.”
“¡Sí! Creo que lo que más le emociona es el prospecto de tener como compañero de piso a un dragoncito.”
“…Jeje.” Eureka soltó una risita. “Bueno, tiene sentido. Es lo más cercano que estará de ser amigo de Godzilla. Oye, ¿estás ocupado ahora?”
“Am… ¿no?” Aunque no lo veía, la HiME intuyó que su amigo había arqueado la ceja ante su pregunta rara. “¿Por qué?”
“¿Te gustaría salir a pasear conmigo, con Madara y con Neuvillette? Ese par armó un plan para visitar un lugar misterioso y pensaron que sería lindo que te nos unieras.”
“¡Hola, Tooru-san!” Lo saludó Madara con su voz ensordecedora. Eureka lo fulminó con la mirada mientras activaba el altavoz del teléfono. “¿Dónde estás? ¿En tu casa? ¡Podríamos pasar por ti!”
“¿Eh? Sí, estoy en casa. Llegué hace menos de una hora y acabo de bañarme. Salí a comer con Iwa-chan, Souji-chan y Tomo-chan después de cruzarme contigo, Madara-chan.”
“Ah, eso tiene sentido~ Por eso estaban esperando a sus amigos en esa cafetería”
“…Sí, es nuestro punto de encuentro porque la mayoría de ellos estudia en la Facultad de Ingeniería…” Oikawa se detuvo en seco al darse cuenta de un detalle. “Oye, nunca te lo he dicho, pero se me hace muy extraño que llames a todos por sus nombres. ¡Nadie se refiere a Iwa-chan como <Hajime>!”
“…” Eureka suspiró. Quería comentar que Madara igual usaba un honorífico con todo el mundo, pero se mordió la lengua.


Era obvio que Oikawa se iría por la tangente y hablaría tonterías. Tal vez le daba celos que tratara a su mejor amigo con mucha confianza, pero Madara e Iwaizumi no eran amigos. Solo se saludaban cuando se veían y nada más. Eureka recordaba que ese par y Souji los habían llevado a sus casas después de la fiesta del videoclip, pero hasta donde sabía, no habían interactuado de nuevo después de eso.

Tal parecía que a Oikawa le gustaba exagerar.


“En fin, ¿te unes al plan o no?” Eureka le recordó el punto de aquella llamada. “Madara está que maneja sin rumbo desde que salimos del restaurante, así que sería bueno que te decidas ya para darle la ubicación de tu departamento.”
“…¡W-wah! ¡¿Se fueron a cenar?!”
“Sí, pero no cenamos los tres solos. Luego te cuento. ¡¿Vienes o no?!”
“¡Sí, sí! ¡Está bien! ¿Le das mi dirección o te la paso de nuevo por Line?”
“Mejor pásamela de nuevo por Line… solo por si acaso.”
“Bueno, entonces… nos vemos en un rato, Tooru-san~” se despidió Madara.
“…Supongo.” Oikawa suspiró antes de colgar.


¿Por qué había sonado tan desanimado al final de aquella llamada? Era extraño escucharlo así de quejica y pesumbroso. Sin embargo, Eureka no podía negar que Oikawa a veces se engreía y, cuando lo hacía, era pesado a más no poder. ¿Tal vez le había irritado que le hubieran propuesto esos planes a última minuto? Aunque él era más espontáneo que ella…

O quizás…


“…” Eureka observó a Madara en silencio.


De seguro él era el culpable del cambio de humor de su amigo.

Aun así… la HiME no pensaba tomar bandos en esa situación. Ambos podían ser igual de insufribles si así se lo proponían. Al fin y al cabo, eran muy parecidos… aunque Oikawa intentara negarlo.

El sonido del ringtone de su celular la trajo de vuelta al planeta tierra.


“¿Está bien que ponga la dirección de Oikawa en el Google Maps de tu carro?” Le preguntó al conductor mientras revisaba el mensaje del susodicho.
“¡Sí, eso sería mejor!”
“Queda cerca de Rizembool, así que puedes ir por esa zona y de ahí te ubicas con el Google Maps.”
“Oookay~”


Eureka colocó la dirección en la barra del Google Maps y la aplicación de inmediato mostró la ruta más rápida para llegar al departamento de Oikawa. Esto implicaba ir por un par de autopistas adicionales, pero Eureka sabía que a Madara poco le importaba pagar la tarifa del peaje.


“…Madara, ¿crees que Neuvillette se pueda quedar contigo unos días?” Eureka se dirigió hacia él pese a observar el panorama de la ciudad a través de la ventana del copiloto.


Le había dado vueltas a la idea desde que habían salido del restaurante ya que, hasta ese momento, aún no había contado con una confirmación por parte de Oikawa de que sus planes de mudanza llegarían a concretarse. Todo parecía indicar que sus opciones eran recurrir a Madara o encargarle el Child a Lelouch… pero antes muerta que pedirle un favor a ese tipo.

Al pensar de nuevo en él, su expresión se agrió y tuvo que tragar saliva para no sucumbir al llanto. Aunque al inicio había pensado que el trato era una buena idea, ahora se sentía muy patética por haberlo aceptado… y lo último que quería era demostrarle al susodicho que aún lo consideraba como un contacto en quien podía confiar. Más aun si se trataba de alguien tan valioso como su propio Child. Neuvillette había probado ser sabio en el aspecto emocional —su sermón había sido de gran ayuda—, pero Eureka no podía predecir cómo actuaría en otros entornos… y menos aún si no contaba con alguien para vigilarlo.

Y claro, sus amigos vivían en la mansión de Lelouch. Su Child podría haber compartido con Haruhi, Hizumi, Kanone, Ryoji y Soul. Sin mencionar que, además de ellos, también habría contado con el apoyo del hermano menor de Lelouch, Miharu, y del sirviente leal de los vi Britannia, Yoite. Eureka no podía negar que eran una excelente red de apoyo y que de seguro ayudarían a que Neuvillette se adapte a la vida humana y terrenal.

Pero su cabeza estaba sumida en pura confusión. Por un lado, no dejaba de pensar que debía evitar a Lelouch vi Britannia a toda costa. Una nueva interacción con él podía convertirse en un nuevo intento de suicidio. De por sí, la cena había estado a punto de motivarla a lanzarse por uno de los ventanales del hotel… Le había costado mucho no hacerlo.

Sin embargo, ya había empezado a arrepentirse de pedirle ese favor a Madara. Era un hombre demasiado ocupado como para tener que cuidar a alguien más… y aunque no dudaba que haría un trabajo “decente”, ¿qué pasaría si lo dejara abandonado en el Niki no Kashi mientras buscaba caramelitos y snacks? O en el puesto de takoyaki a un paso de las oficinas de New Dimension.

O peor aún… dentro de las oficinas principales de Ensemble Square.

Esas torres de cuchumil pisos eran demasiado intimidantes.


“Claro, Eureka-san. No hay problema.”
“…Retiro lo dicho.” Eureka suspiró.
“¿Eh?” Madara se giró a observarla un segundo, confundido. “¿Por qué?”
“Al inicio, había pensado pedirle ese favor a Lelouch, pero la verdad… confío más en ti en este momento. Y no quiero que Neuvillette esté tan lejos de mí. La mansión de los vi Britannia no queda tan cerca del centro de Tokyo.”
“Ajá~ ¿Entonces? ¿Por qué ya no quieres que se quede conmigo?”
“Porque eres un idol. Y sales todos los días. No piensas llevar a Neuvillette contigo a todas partes, ¿verdad?”
“¿Ese era el plan~?” Madara se veía un poco confundido.
“¡¿Y qué harás si la gente te pregunta quién es?!”
“¡Les diré que es mi nuevo mánager!” Madara esbozó una gran sonrisa. “Podría darle unos días de descanso al señor Ikutsuki-san.”
“¿Y qué pasa si lo necesito?”
“Bueno, volverá contigo.” La sonrisa de Madara no se inmutó. “Al fin y al cabo, es tu Child. Yo solo pienso cuidarlo, Eureka-san.”
“…” Eureka le dio vueltas al asunto e intentó negarse a la propuesta que ella misma había hecho, pero al final… asintió, resignada. “Está bien. Es que no puede quedarse en la mansión HiME… y aún no sé cuándo me mudaré con Oikawa e Iwaizumi.”
“…” Madara devolvió la mirada a la autopista con una expresión pensativa. “Mm.”


Habría querido preguntarle al respecto. Pero su curiosidad y su intriga no fueron rivales al alivio que la invadió al percatarse de que al menos uno de sus problemas tenía una solución. Momentánea, sí, pero solución, al fin y al cabo.

Ya luego analizaría qué hacer con el resto.
« Last Edit: May 13, 2026, 10:30:36 PM by Eureka »


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Mimi Tachikawa

Hoi hoi minna!! ahora si voy con un fic este mes, con personajes de Strange Eden ando viciada con este proyecto xD

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Mayura Daidouji no estaba muy acostumbrada al silencio

Su casa normalmente siempre esta lleno de vida, junto con su madre Belldandy que siempre se quedaba con ella para conversar y pasar momentos entre madre e hija, las constantes quejas de Kuro que no paraba de aburrirse por cualquier cosa y siempre salía de la casa y volvía a cualquier hora, y por último las llamadas constantes de su novio Otoya que le contaba acerca de los lugares que visitaba mientras estaba de gira.

Pero aquel día era diferente.

Belldandy se encontraba de luna de miel junto a Gaku después de su reciente matrimonio, disfrutando de un viaje no tan lejos de donde vivían porque Belldandy estaba con 6 meses de embarazo y Gaku había pedido permiso de dejar momentáneamente sus actividades de idol para poder pasar unos momentos íntimos con su flamante esposa, luego irían a vivir junto con Mayura a una hermosa mansión cortesía de la familia Yaotome.

Otoya, por otro lado, estaba fuera de la ciudad debido a una serie de conciertos que lo mantendrían ocupado durante varias semanas por lo cual no estaba llamándola muy seguido

Y Kuro había ido con Flaffy a comer en un viejo templo donde vivía anteriormente

Y por primera vez en mucho tiempo, Mayura estaba completamente sola.

Sentada en el sofá de la sala, observó el reloj por quinta vez en menos de diez minutos.

-Tengo que hacer algo...- murmuró.

Intentó leer, pero después de un par de hojas se aburrió

Intentó ver televisión, pero su programa favorito estaba repitiendo

Intentó ordenar su habitación, no le tomó mucho tiempo porque siempre tenía la habitación bien limpia

Finalmente soltó un largo suspiro.

-Me voy a volver loca si sigo aquí...-

Fue entonces cuando recordó un lugar que había llamado su atención varias veces.

La tienda de antigüedades de Oujin.


Aquel misterioso establecimiento del que muchas personas hablaban, pero del que nadie parecía saber demasiado.

Los ojos de Mayura brillaron.

Su instinto detectivesco que estaba dormido debido a sus conflictos de Hime y lo que pasaba en su casa

La tienda estaba ubicada en una calle antigua, alejada del bullicio principal de la ciudad.

Desde afuera parecía sacada de otra época.

Las ventanas de madera oscura mostraban objetos extraños y antiguos que parecían pertenecer a distintos siglos.

Mayura observó fijamente el letrero.

Antigüedades Oujin.

Una ligera sonrisa apareció en su rostro.

-Muy bien Mayura es hora de volver a buscar cosas misteriosas... -dijo animadamente la rubia

Empujó la puerta lentamente.

El sonido de una campanilla anunció su llegada.

Inmediatamente percibió algo extraño.

No era desagradable, solo que era simplemente diferente

El aire parecía más pesado.

Más silencioso.

Como si el tiempo transcurriera de forma distinta dentro de aquel lugar.

Los estantes estaban repletos de relojes antiguos, libros desgastados, cuadros, cajas musicales y objetos cuya utilidad era imposible de identificar.

-Mayura-senpai.

La voz la hizo girarse.

Detrás del mostrador se encontraba un joven de cabellos medios naranjas, ojos de color violeta claro y expresión amable.

-Hinata-kun...-

Hinata Uzuki es un estudiante de Hanasaki y trabajaba medio tiempo allí.

Mayura lo conocía de vista, aunque nunca habían hablado demasiado, ya que el joven era unos años menor que ella, pero coincidían en los cursos extracurriculares de la escuela.

-No esperaba verte por aquí Mayura-senpai…-

-Estaba aburrida en casa y pues decidí pasear un rato-

Hinata soltó una pequeña risa.

-Esa si es una razón válida-

Mayura avanzó entre los pasillos observando los objetos.

Sin embargo, algo llamó rápidamente su atención.

-Oye, Hinata...

-¿Sí?

-¿Dónde se encuentra el famoso dueño de la tienda Oujin-san?

El joven pareció quedarse pensativo unos segundos.

-No lo sé, simplemente dijo que iba a hacer unas cosas y se fue-

Mayura parpadeó.

-¿Cómo que no lo sabes?

-No lo sé-repitió tranquilamente.

-Eres empleado de esta tienda…-mirándole fijamente en su modo interrogador

-Sí.

-¿Y no sabes dónde está el dueño?

-No-

Mayura lo señaló acusadoramente.

-Eso es sospechoso…y misterioso, dicho sea de paso...-

Hinata esbozo una suave sonrisa

-Supongo que si…-

Aquella respuesta solamente alimentó aún más la curiosidad de Mayura.

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Durante la siguiente hora Mayura recorrió prácticamente toda la tienda.

Cada rincón parecía ocultar una historia diferente.

Había relojes detenidos en horas distintas,espadas antiguas cubiertas por vitrinas,fotografías amarillentas cuyos dueños habían sido olvidados por el tiempo.

Libros tan viejos que parecía que podrían deshacerse si alguien pasaba las páginas con demasiada fuerza.

Y en medio de todo aquello había algo que llamaba especialmente la atención de Mayura.

La enorme cantidad de objetos extraños, eran demasiados, como si hubieran sido reunidos durante siglos.

-Mayura-senpai…-

Ella giró la cabeza rápidamente saliendo de sus pensamientos

Hinata sostenía una taza de té caliente.

-¿Quieres un poco?

-Muchas gracias Hinata-kun…-dijo con una suave sonrisa-

Tomó la taza mientras se sentaba frente al mostrador,durante unos segundos observó el interior de la tienda,después apoyó el mentón sobre una mano.

-Hinata-kun...-

-¿Sí?-

-¿Cuánto tiempo lleva Oujin-san como dueño de esta tienda?

El joven pareció pensarlo y después empezó a hablar

-Hace mucho tiempo supongo…-

-Eso no responde nada…-se cruzó de brazos-

-Es la verdad…-

Mayura frunció el ceño y empezó a hablar

-¿Cinco años?

-Un poco más…-

-¿Serán diez años?

-Creo que son más años…-

-¿Debe ser viente años verdad?-

-Un poco más…-

-Mayura abrió mucho los ojos sorprendida- ¿No creo que sean Treinta años verdad?

Hinata soltó una pequeña risa.

-No estoy seguro…la verdad…-

-Eso es imposible…no creo que sean muchos años…según mis investigaciones no debería tener menos de 60 años…-pensativa-

-Pero es verdad…-

Mayura observó nuevamente los estantes.

Mientras más miraba aquellos objetos, más extraña le parecía la tienda,era como si cada artículo perteneciera a una época diferente,como si alguien hubiera estado coleccionándolos durante generaciones.

-Oujin-san es raro…-

Hinata sonrió.-En eso estoy de acuerdo...-

-Muy raro…pero muy raro…-

-También estoy deacuerdo…-

-Normalmente la gente no compra una caja musical rota porque "le dio pena dejarla sola".

-Eso sí suena como algo que haría…-dijo rascándose la barbilla mientras miraba alrededor de la tienda-

Mayura parpadeó-¿Lo ha hecho?-

-Si, lo hizo la semana pasada…-

La rubia apoyó la cabeza sobre el mostrador.

-No puedo saber cuándo hablas en serio Hinata-kun…eres igual de misterioso que Oujin-san…-

Mayura seguía sintiendo aquella extraña sensación, definitivamente había algo extraño rodeando al dueño de la tienda, algo que no le terminaba de cuajar.

Poco después decidió seguir explorando.

Mientras caminaba entre los pasillos observó una antigua lámpara de aceite,luego una colección de máscaras, después una vitrina llena de relojes.

Y fue entonces que ocurrió algo extraño,un pequeño muñeco de madera cayó de un estante.

Mayura se sobresaltó, pero antes de que pudiera caer al suelo,el muñeco pareció detenerse, sucediendo esto en apenas un instante, como si algo lo hubiera sostenido, luego aterrizó suavemente sobre una caja cercana

-¿Eh?-
Miró alrededor buscando a alguien, pero había nadie, quizá había sido su imaginación.

Pero juraría que aquello no había sido normal.

-Hinata-kun-

-¿Sí?-

-Siento que acaba de suceder algo muy misterioso…-

El joven levantó la vista desde el mostrador.

-¿Dices que sucedió algo raro

Creo que sucedió algo con un muñeco…-

Hinata observó el objeto.

Por una fracción de segundo pareció comprender algo pero enseguida recuperó su expresión habitual.

-Seguramente se cayó y cayó en la caja…-

Mayura entrecerró los ojos,esa explicación no era muy clara.

-No me quedo muy convencida por lo que dijiste…-

-Tengo otras teorías si deseas saber…-Hinata sonrió suavemente.

-Creo que por ahora creeré en lo que dices…-

Hinata sabía que había ocurrido antes.

Objetos moviéndose solos, cosas imposibles sucediendo cuando Oujin estaba cerca.

Pequeños milagros cotidianos, fenómenos que solamente él conocía realmente.

Fenómenos que revelaban la verdadera naturaleza de su jefe.

Un secreto que había prometido guardar.
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Continuará....


Cho

Antes de desfallecer, vengo con un fic. Ojalá no haya cometido muchos errores, haha... (...)

Regreso con el icon que falta.

117.5.


Por otro lado, Marisa y Shishiou se acompañaban luego de haber evidenciado las eliminatorias de la competencia de kendo a nivel universitario. Ambos caminaban en busca de algo de comer mientras esperaban a las semifinales.

“Vaya manera de arruinar las ganas de ver el evento si tenían que forzarnos a una pausa de más de una hora,” dijo la rubia, algo frustrada e impaciente en lo que avanzaban por la muchedumbre.
“Lo sé, pero realmente ya hacía hambre así que no duele mucho esta pausa,” comentó Shishiou, quien se puso a pensar. “Pero en el caso de los competidores, supongo que no sería prudente que ellos se den una gran comida antes de su turno.”
“Sí pues, aunque eso no nos concierne,” luego de haber desahogado su desaire, Marisa sonrió ampliamente y lideró el andar. “Quiero ver qué era lo que me ibas a invitar. Supongo está bien que ambos hayamos sido descalificados tan rápido por eso mismo.”
“Yo con gusto te invito, aunque al menos esperaba llegar un poco más lejos de lo que lo hice,” el mayor dio un suspiro.
“Haha, tú tranquilo, me alegro de que un Rebel encubierto no te haya comido vivo,” Marisa le dio un par de palmaditas en el hombro. “Esos son una bolsa de jelly beans, nunca sabes lo que te va a tocar. Lo puedo decir como exHiME.”
“Sinceramente, lo mismo te digo. Nunca vas a tomarte las cosas con cuidado, ¿verdad Marisa?”
“Heh, si lo hiciera, mi vida no sería tan divertida. Imaginaría que entiendes.”
“Eh, más o menos, pero… bueno…” terminó por sonreír cansado. ‘Si lo hicieras, no serías tú’ estaba en su cabeza, y por más que él apoyara los arrebatos de su hermanita, no dejaba de preocuparse por lo que era capaz de hacer.
“Heheh,” Marisa se sentía a gusto de pasar al menos unos ratos con su hermano, luego de haber estado lejos de casa desde que se escapó, e incluso más considerando que el propio Shishiou había pasado por su etapa rebelde antes de ella. La rubia tuvo un muy breve y muy desagradable recuerdo de Seija quien había estado no habida todos los días de las olimpiadas. De inmediato enterró el más mínimo reconocimiento a esta a manera de asegurarse de no arruinar ese momento de paz entre los dos.

De repente, las ganas colectivas de comer algo se desvanecieron cuando, entre todas las personas, observaron a un hombre con cabellos grises y ropas más tradicionales, quien dialogaba con uno de los voluntarios del evento con el trabajo de repartir folletos.

“Veo que no queda mucho por ver de las olimpiadas,” comentó, meditabundo. Él agarraba aquel papel con mucho cuidado y lo miraba minuciosamente. “Estoy consciente que no todas las competencias se encuentran listadas.”
“Sería muy difícil hacer mención de todas las categorías en papel impreso, por lo cual las más populares son las únicas que aparecen,” confesó aquel voluntario, sonriendo apenado. “Aunque si usted desea saber detalles sobre algún rubro en particular, puedo revisarlo en este mismo instante,” este sacó una Tablet debajo de los folletos que repartía.
“Oh, le agradezco, pero no es necesario,” dijo con modestia. El señor sonrió tranquilamente. “Evaluaba solamente la característica propia del folleto en sí. Por su propia cuenta, la información que provee es selecta debido a las propias limitaciones del medio. Aun así, reconozco que hay un… ‘QR code’ como ustedes lo llaman que proporciona información más allá que el alcance de este papel.”
“Señor, ¿usted no tiene experiencia previa con los QR codes?” preguntó el joven. “No se preocupe, es simple de entender, se asemejan mucho a los códigos de barra.”
“Sí, esa es la parte que comprendo, aunque me intriga escuchar más sobre los mismos desde un punto de vista más juvenil. Suena a una herramienta muy propia de la presente generación.”
“Hm…” aquel amable voluntario pareció perdido. “Me sorprende que no lo dialogue con sus propios estudiantes. Hubiera asumido que usted era un profesor en Rizembool por estar presente en plenas olimpiadas.”
“Oh…” ante esa mención, el peligris sonrió casi con nostalgia. “Me sorprende que alguien diga que parezco profesor para variar. Estás en lo correcto, fui un profesor de estudiantes de secundaria en Rizembool, aunque me retiré…” ensanchó su sonrisa. “Quizás un poco antes que tú nacieras, si mis cálculos son correctos.”
“Ehm… q-qué sorpresa, se le ve extremadamente joven,” ese chico sonrió incómodo, y su conversación finalmente fue cortada por el par de hermanos.
“¡Ojii-chan, ha sido mucho tiempo!” exclamó Shishiou, sacudiendo una mano y sonriendo como un niño pequeño.
“¡Kourin!” por su parte, Marisa lo alcanzó y le dio un fuerte abrazo. La forma en que la rubia corrió hacia el mayor y luego enterró su cabeza en el pecho del mismo le hizo parecer a una pequeña buscando el afecto de su abuelito.
“O-oye…” el peligris alzó sus brazos y miró a Marisa con sorpresa, para dar un suspiro. “Me asustaste. Por favor no actúes tan impulsivamente. Ya lo hemos hablado.”
“¡Es que eres tú, Kourin! ¡¿Cómo no me voy a alegrar?!” Marisa lo soltó y le miró alegremente. “¡Y mírate que estas igualito! ¡Creo que siempre te vistes con el mismo modelo de traje todo el tiempo! El azul es tu color favorito, ¿no?”
“Haha, justo pensaba lo mismo,” Shishiou rió un poco.
“Ustedes dos…” pasada la sorpresa, el peligris sonrió frustrado y miró a esos rubios frente a él con atención, casi reciprocando el afecto que ellos le tenían. “No puedo decir que no han cambiado en estos años, pero poseen el mismo espíritu de siempre,” les vio alegrarse, y pasó a ponerse meditabundo. “Aunque me preocupo de que no hayan estado comiendo bien. Hubiera esperado que ambos crecieran más en estatura, especialmente tú, Shishiou…”
“¡Oye! ¡Tú sabes que tengo un complejo con eso!” le reclamó el chico.
“Heh, alguien tenía que decirlo,” Marisa se encogió de hombros.
“¡No que ojii-chan no se haya referido a ti también!”
“Sí, pero yo ya acepté la identidad petite hace tiempo. Ese ya no es mi problema.”
“Oye…”
“Y por favor no me llames ojii-chan, eso no ayuda a mi autoestima,” suplicó el mayor, frustrado. “No tengo inconvenientes que me llames Rinnosuke, ya que te conozco casi toda tu vida…”
“¡Aw, pero en verdad eres nuestro ojii-chan! ¡Tú eres uno de los más gratos recuerdos de nuestra infancia!” suplicó el chico.
“O al menos Kourin.”
“¡No! ¡Yo soy la única que te llama así, Kourin!” declaró Marisa.
“No, en serio, ella ya me dijo que podía morderme si lo intento,” observó Shishiou, algo aprehensivo.
“Ustedes dos…” y así, el bienintencionado Rinnosuke pasó de recordar a sus petizos rubios… a recordar a sus petizos rubios en un contexto muy distinto. Continuaban siendo unos terremotos.
“Y bueno, ahora que salvamos a ese asustado voluntario de que intentes jileártelo…” comenzó la rubia, sonriendo traviesamente.
“¿Qué dices?” Rinnosuke se alarmó. Fue ahí que recién notó que ese voluntario estaba ofreciendo sus folletos a más transeúntes a una distancia ‘segura’ del trío. El peligris negó en lo que se daba un facepalm. “Por favor no hagas declaraciones inapropiadas, Marisa.”
“Obviamente no lo hiciste, aunque se notaba que lo estabas incomodando, ojii-chan,” Shishiou sonrió apenado. “Debe ser esa ‘diferencia de generación’. Ya no tendrás muchos de tu época con quienes hablar, ¡pero nosotros te entendemos, no te preocupes!”
“Ya veo por qué siempre me siento exhausto cuando hablo con ustedes, andan quitándome la vitalidad…” se lamentó.
“Eh, lo siento, no es mi intención,” el chico pasó a percatarse de sus palabras. “¡Te lo repongo! Decías que querías saber más de los QR codes. ¡Yo te ayudo con eso!”
“Oh, así que también sabes del tema,” Rinnosuke le miró con intriga.
“Eh, medio tienes que vivir en un hoyo de la tierra para no saber al respecto, Kourin,” comentó Marisa, con toda naturalidad. “Eh… ¡o-osea entre la juventud, obviamente, no me estoy refiriendo a ti!”
“Vaya, doble insulto…” murmuró Shishiou, mirando a su hermanita con cierto juicio.
“Al menos comprendo que no soy del mismo grupo demográfico que ustedes,” igualmente, el peligris fruncía el ceño con leve fastidio. “Esperaré que me expliquen el tema en otro momento para comprenderlo mejor.”
“Eh… p-pues Shishiou ya se ofreció con toda voluntad, por supuesto,” dijo Marisa, apresuradamente. Aparte de librar al voluntario de esa rara conversación, Marisa sabía bien que su tiempo también fue salvado por ella y Shishiou ya que Rinnosuke era capaz de hablar de su tema de interés en conocer la utilidad de las cosas durante horas. Al menos su hermano era paciente de entretener al ‘abuelito’, pero Marisa no se pondría en ese mismo saco. “¡Y con respecto a eso, ¿quiere decir que nos invitas a visitar tu tienda?!”
“¿Hm?” el mayor se sorprendió. “No veo por qué eso tiene que ser un cuestionamiento, Marisa. Ustedes están invitados cuando gusten.”
“¡Oh!” los dos hermanos se miraron con emoción y asintieron a la par. “¡Encantados!”
“Más bien, podrían hacerme un favor, ya que van a venir,” sonrió un poco. “Nuevamente, podría hacer uso de un punto de vista más juvenil.”
“¡Con mucho gusto! ¡¿Qué necesitas, ojii-chan?!” se ofreció Shishiou, emocionado.
“Uh, oye, no te aventures a aceptar desde ya,” susurró Marisa. “¿Qué tal si es algo lidioso como limpiar y reorganizar su tienda?”
“Eh, creo que eso nunca pasaría,” le susurró de vuelta. “Y si eso es lo que quiere, más que encantado porque a veces temo que ojii-chan se esté convirtiendo en un hoarder.”
“Oh, tienes mucha razón,” Marisa asintió. “Hasta quizás pueda llevarme algunas cosas bonitas de su amplia colección.”
“Sinceramente, a veces creo que sus padres nunca los educaron, vaya falta de respeto,” se dio otro facepalm. Ahí nuevamente regresaba el dolor de cabeza. “Antes que me hagan arrepentirme, podría ver qué tienen que decir sobre un tema.”
“¿Y qué es, Kourin?” preguntó Marisa.
“Sobre ello…” el mayor terminó por sonreír. “Preferiría que se enteren cuando me visiten.”
“Uhh, tú estás matando la intriga al igual que la competencia de kendo…” se lamentó la rubia. “Oh verdad, tenemos que comer antes que reanude.”
“Si no nos apuramos ya no habrá cupo,” Shishiou asintió. “Ojii-chan, estamos yendo a comer, ¿quisieras acompañarnos?”
“¡Vamos, Kourin!” Marisa se colgó de uno de sus brazos.
“Ya no eres una niña para hacer eso, por favor,” dijo el otro, casi desbalanceado.
“¡En serio, ten cuidado con ojii-chan, es muy frágil y lo vas a lastimar!” le resondró Shishiou.
“…” nuevamente, no podía tener una victoria con esos dos. Dio un suspiro. “Los acompaño a comer, pero no gustaría de presenciar esa competencia. Saben que nunca he sido atlético ni prestado atención a esas artes.”
“Sí, por supuesto que lo sabemos,” Marisa asintió alegremente. “Y de paso vemos qué día te vamos a visitar.”




Llegaba el momento de la verdad. Había sido un camino reñido, pero sus esfuerzos llevaron a Dash a la última competencia. Sus rivales todavía estaban llegando luego de una breve pausa antes de la carrera final, y sabiendo que tenía un poco de tiempo, decidió darse una vuelta por el área de atletismo.

La chica dio una vuelta a la esquina, y luego otra, y otra más, y regresó a la primera vuelta, sin llegar a ver lo que buscaba. Continuó avanzando para asegurarse de llegar a un rincón donde no hubiera nadie, y por más que lo había logrado ya unas veces… todavía no lo encontraba.

Se podía decir que la definición de la locura era hacer lo mismo incontables veces y esperar un resultado distinto. Sí, recordaba la primera vez que lo había oído.



“…” Dash, sentada en el piso, miraba con ligera aprehensión a aquella intimidante peliverde que había abierto la puerta de su habitación forzadamente. La joven pelinegra había estado recubriendo sus heridas con vendas.
“…” Rita le miraba fríamente. Era una habitación desordenada, con objetos rotos, con cada elemento siendo merecedor de ser descartado y renovado…

…y en medio de esa basura, había una niña desolada y herida en más de un solo sentido.

“Locura… dices…” murmuró la joven.
“Detén lo que haces ahora mismo,” espetó.
“¡Eh! Pero… si no me esfuerzo en trabajar, si no gano dinero…” bajó su mirada, con pérdida, con impotencia. “…papá y mamá no van a sobrevivir…”
“…”
“Yo… eso es lo que tengo que hacer…”

Aquella mujer con ropas lustres estaba ahí para saldar una deuda con sus padres, un préstamo que ellos habían tomado y cuya única manera de pagar recaía en Dash, una niña todavía lejos de tener mayoría de edad, buscando una forma de solventar aquel deber.

La peliverde y su compañera de cabellos blancos, dos personas que traían miedo a los rostros de sus progenitores, le resultaban enigmas. Era como si vinieran de un mundo aparte.

Igualmente, hablaban de aquella forma.

“Nadie en su sano juicio contrataría a alguien de tu edad,” observó Rita, con palabras suaves y cortantes, carentes de duda. “Es ilegal, es reprochable. No existen reglas ni convenciones para justificarlo o moderarlo. Lo inaudito y audaz siempre hará lo que se le dé la gana,” alzó su mentón. “Sigues sangrando. Esas heridas te las ganaste por ayudar a un criminal que explotaba a niños como tú en su fábrica…” entrecerró sus ojos. “Todo por una propina que tus padres ya se tragaron en alcohol y apuestas antes de darte a ti lo que te mereces.”
“…” continuaba cabizbaja, con sus ojos temblantes. Aquel trabajo que había tenido fue lo más fructífero hasta el presente.
“Eres una niña que todavía no lo entiende. Este destino torcido de tener padres desnaturalizados, yo no lo tuve,” Rita lo contempló. “Pero lo condeno cuando lo veo. Deja de creer que tu valor yace en complacer a los demás.”
“Es que…” se sentía derrotada. Si no podía hacer eso, ¿entonces qué salvaría a sus padres?
“Todo objeto en esta casa sería rechazado por cualquier empeñador. Todo bien material que llega es convertido en dinero que tus padres en su locura usarán para saciar sus vicios sin fondo. Tú…” le apuntó. “Eres lo único de valor que ellos no pueden vender… y esos miserables te han hecho creer que es tu deber mantenerles.”
“Es que yo…”
“Ni ganándote un boleto de lotería sanaría todo lo que ellos nos deben y les deben a los demás,” Rita se dio media vuelta, y miró por encima de su hombro a la niña. “Así que detente. Sé un poco más paciente.”
“…”
“Pronto la justicia te pondrá en un hogar que sí te mereces…” terminó por irse.
“…”


‘¿Qué había significado eso?’ Dash tardó en entenderlo en aquel momento, pero Rita y Horizon ya habían reportado su caso a las autoridades y estaba pronto a ser recogida de su casa. En ese momento, sin haberlo tenido claro, ella sólo pudo comprender que iría a ser separada de sus progenitores, que estaba pronto a quedarse sin familia, que había fallado en su deber y sus intenciones de ayudarles a como diera lugar…

Apresuró su andar inconscientemente, volteando otra esquina y viéndose nuevamente sola, sin nada que ver ahí. Soledad… era quizás el sentimiento que más angustia le daba.



Había un sitio, una pared en un callejón, donde Dash había aprendido que podía encontrar trabajos donde ninguna pregunta iría a hacerse, donde hasta ella podía realizar un cachuelo a espaldas de la sociedad. Acudió por el impulso de temer que otros extraños se aparecieran en su casa a separarla de sus padres, con la intención de demostrar que sí podía hacer una diferencia.

Y efectivamente, vio dicha pared desbaratada y con ofertas dirigidas a gente mayor a ella, u oportunidades a distancias que no podía cubrir por su cuenta. No había nada a simple vista que prometiera resultados inmediatos. Supo que había sido un sueño, un intento sin base ni promesas, un deseo desesperado de solucionar el miedo que su propia vida le daba, pero algo por lo cual estaba lista a dar todo de sí misma.



En eso, en un rincón, vio el papel más diminuto, con letras impresas y sin formato alguno. No parecía ningún trabajo, nada a lo que ella había acudido antes. Era un simple mensaje que decía ‘Ven’, seguido por una dirección en aquel distrito de la gran ciudad.

La pequeña lo tomó y lo miró con gran intriga, con su cuerpo temblante al no entender el significado, al tener una pizca de una dudosa esperanza. Su simple ubicación en la pared sugería ser un cachuelo como los demás. Esa era la única explicación que poseía.

Y la única que decidió creer. ‘Iré a preguntar qué necesitan’ eso pensó. Era lo único en su mente, lo que le permitió acudir a aquel llamado.

“…” se detuvo de correr al notar que empezaba a cansarse. No podía agotar sus energías aún, estaba por competir.

Apoyó su espalda contra la pared. Tenía que regresar a esa pista con otras competidoras y un estrado de observadores lleno de vida. Sabía que había personas que esperaban ver su resultado.

Pero antes…

Continuó con su andar y dio otra vuelta a una esquina.

Dash tuvo que escabullirse debajo de unas líneas de construcción para llegar a la dirección, un edificio abandonado y condenado a ser demolido dentro de una semana. No había ningún alma, el portón estaba mínimamente abierto, las lunas estaban tapadas o rotas… y, aun así, ella se aventuró a entrar.

“¡…!”

Tuvo un traspiés. La escalera se hundió al ceder a su peso. Ello casi le resulta en una caída muy alborotada. Dash se quitó una estilla de madera y luego de cubrirla con un pedazo de sus vendas, continuó avanzando.



…Finalmente.

Entró al primer departamento del quinto piso. La puerta estuvo abierta desde el inicio. El ambiente sucio apenas tenía una silla rota a un rincón del ambiente. La luna, al igual que todas las demás, estaba cubierta de tablas que apenas colaban pocos rayos del sol. Y, por sobre todo, existía un silencio ensordecedor que aplastaría a cualquiera.

Dash notó que respiraba agitada. Su corazón apenas palpitaba, en anticipación a algún estímulo ajeno a ella misma. Sus esperanzas empezaban a desvanecerse. Quizás había respondido a dicho críptico mensaje muy tarde.

Y, aun así, continuó quieta un poco más, bajo esperanzas de que algo pudiera salvarla.



!!!!!!

“…” una sensación desconocida se apoderó de ella. Un objeto cayéndose, una casa hecha de barajas desbaratándose… Dash sintió que su alma se desplomaba, que no poseía siquiera voluntad o cognición alguna para reaccionar al hecho que su vida parecía escaparse de sí misma.

“Respondiste a un llamado dirigido a nadie.”

“…”

“Permaneciste en busca de una esperanza.”

Un susurro se apoderó de sus sentidos en lo que caía y su visión se oscurecía. Una voz tranquila, seria, inmutable… mucho más gélida que la cobradora que le había llamado loca. Eran unas palabras completamente carentes de sentimientos.

“…tu vida no importa en lo absoluto.”





Hacía frío. Su mente estaba cansada. Había una niebla, una falta de claridad. Un gris. Una monotonía. La niebla estaba a su alrededor, por debajo. En su propia piel. Era el piso que sentía, no encontraba el límite entre ella y lo demás. No había dolor en sus heridas. No sentía sus extremidades.

La neutralidad estaba adentro. No había sentimientos. Su corazón estaba arrancado de su pecho. Su existencia, alborotada. Su propósito era esa pared de cachuelos, todos destruidos o incoherentes. Las letras no podían ser procesadas. Ya no era compatible.

No había sentido. El tiempo dejó de correr. Su locación era imaginaria. Sus características inexistentes. Nada de ello podía definir a aquel que no era.


Pero, a pesar de ello, hacía demasiado frío.



“Dime, Dash. ¿Qué es lo que quieres?”



La inmensidad que buscaba borrarle se redujo y se condensó en una esfera, en una escena, un retrato, un efímero momento en el tiempo en el cual, de la nada, una mano acarició sus cabellos. El sentido del tacto rodeó su cuerpo, definió sus límites, le retornó la noción de ocupar un espacio. Yacía recostada sobre un piso que continuaba paralizándole fuera de su restrictivo despertar.

“Tu esfuerzo por desvivirte por los demás viene de la esperanza que aquello te dé lo que más te hace falta. Tú quieres salvar a los demás…”

“…”

“…porque eso también te salvará.”

“…”

“Y tú quieres a tus padres con toda sinceridad, y estás esperando a que ellos también te devuelvan aquel sentimiento.”

“…”

“Pero Dash, tú eres amada porque ya hay personas en tu vida que realmente lo hacen…”

“…”

“Y continuarás siendo amada y sintiéndote amada cuando te lo permitas.”

“…”

“Porque tú lo vales…” susurró Jinkougyou en lo que dejaba a la pequeña descansar su cabeza en su regazo. Le observaba con solemnidad y acariciaba sus cabellos en lo que Dash se recobraba de una muerte segura. Entonces, sintió un temblar. La niebla empezaba a disiparse.
“Yo…” ella dijo con una voz temblante y unas lágrimas que, junto con un sentimiento estremecedor, se apoderaron de ella. “Yo…”
“…”
“Yo sólo quiero que todo esté bien… sólo eso…”
“Cuida de ti misma…”
“…”
“…y aprenderás el significando de aquel ‘todo’ en tu propia vida.”



Esa conversación se deshizo en un estado ligero, una disociación del ser, un permiso de descansar, aunque… esta vez estuvo una promesa de poder despertar más adelante…

…mientras la realidad que le sobrepasaba se desencadenó independiente de ella.



“Eh…”
“Oh…”

La noche había caído y el perímetro había sido cercado. En su misión de monitorear la zona, una más formal que útil, Rin y Len se encontraron con la joven desaparecida, quien yacía inconsciente y débil, aunque sorprendentemente con vida…



Los gemelos corrieron para alertar a los encargados de la investigación, con Rin atenta a la presencia de personas y Len siguiendo detrás con la inconsciente chica sobre su espalda. Entonces, los dos fueron interceptados por una silueta blanca de ojos celestes penetrantes.

“Ustedes…” Horizon venía armada de un tubo de metal, y luego de observar inmutada a los gemelos asustarse, continuó. “Díganme qué sucedió.”



Un desorbitante eco se condensó en realidad, y el aturdimiento producto de una voz alterada empezó a cobrar sentido.

“¡…por eso mismo te dije que teníamos que intervenir!”
“No somos trabajadoras sociales, Rita.”
“A estas alturas ellos son lo mismo que muertos por tardarse tanto.”
“Tú misma confesaste que dijiste de más. Dash no tenía por qué saber de la intervención.”
“Tch…” la peliverde tembló de rabia e impotencia. “…entonces no cometeré otro error. ¡Esto se acaba hoy mismo!”
“Rita…”
“Fin de la discusión.”



Siguió una conversación entre Rita y los progenitores de Dash que Horizon eventualmente calificó de ‘violación a los derechos humanos’, una descripción que Dash falló, o quizás escogió fallar, en comprender. Luego de algunos manejos, requisitos por la decisión de Rita de adueñarse de Dash sin esperar a procedimientos, la joven llegó a un nuevo hogar donde fue inscrita a la escuela como primera acción.



“¡Dash, ¿qué tal tu primer día?!” le preguntó Rin, entusiasmadamente. Los gemelos caminaban con ella de regreso a su casa.
“Ehh, pues bien, la gente fue muy amable,” Dash sonriendo con aprietos, y pasó a dar un suspiro. “Aunque hay tanto que no entiendo, por más que estuve estudiando tan duro… Uhh… Rita se va a molestar de nuevo.”
“Puedes preguntarle a Horizon que te ayude a estudiar, entiendo que lo iba a hacer,” comentó Len, meditabundo.
“Sí, pero es un poco difícil para mí entenderle…”
“¡No te preocupes, sé que lo puedes hacer, sólo ve a tu ritmo!” exclamó Rin.
“Sí, ya lo verás,” Len asintió.

Los gemelos fueron quienes le encontraron aquel fatídico día, como Dash pudo comprender, y por más agradecida que se sentía por esa acción, lo que más significaba para ella era el hecho que los dos le hicieron seguimiento y continuaron visitándola para asegurarse de que se encontraba bien. Ellos se alegraban de todo corazón por cada uno de sus logros y estaban listos para animarle durante sus dificultades.

“Y continuarás siendo amada y sintiéndote amada cuando te lo permitas…”

Y aquel día regresó a un hogar donde sus guardianas tuvieron planes para ella, con Horizon continuando su tutoría y Rita exigiéndole que mejore sus hábitos de higiene personal. A su vez, Dash les preparó una cena que mejoró los ánimos de sus mayores y le otorgó, por primera vez, el título de mascota moral de parte de la peliblanca.

“Porque tú lo vales.”



Se acababa el tiempo, tenía que regresar, pero todavía no podía. Dash dio una vuelta a la esquina más…


“Detente,” espetó Jinkougyou, con una expresión severa.
“…”

Dash corrió donde él y le dio un abrazo. El peliblanco se mantuvo inmutado. Aceptó el gesto, pero no lo reciprocó de ninguna manera.

“Por favor no desaparezcas, Jin. No lo hagas…” dijo en pleno abrazo. Cerró sus ojos, aunque unas lágrimas se escaparon de los mismos. “Eres muy importante para mí. Eres mi amigo.”
“…” Jinkougyou la apartó con delicadeza. “No somos amigos, Dash.”
“Eh, pero…”
“Tú eres alguien que merece ser protegida,” observó, pacientemente. “Regresa a tu competencia antes que sea demasiado tarde.”
“…eh, supongo que no somos amigos, tienes razón, pero…” ella estaba cabizbaja. “Quiero llegar a serlo. Tú hiciste todo posible para mí. Tú me salvaste ese día, me dejaste conocer a la gente más importante para mí, y tú eres uno de ellos.”
“Nada de ello sucedió por mí. Ellas dos ya existían en tu vida y te quisieron y velaron por ti desde el inicio.”
“Jin…”
“Ahora sigue viviendo por ti misma. Mi misión ha terminado.”
“Jin, quiero preguntarte algo…” Dash le miró con ligera aprehensión, como si fuera a desvanecerse. “Yo he sido ofrecida a ser una HiME. Me han explicado lo que es.”
“…”
“Tú… imagino que tienes algo que ver con ese mundo. Yo…” ella asintió. “Yo estoy donde estoy por la ayuda que otros me han dado. Rita, Horizon… tú también. Heh, hasta Rin y Len,” sonrió torpemente. “Estoy rodeada de tan buenas personas en mi vida, y quiero dar lo mismo a alguien más quien lo necesite. Así que, Jin, ¿qué sugieres que debería hacer?”
“No aceptes,” contestó sin rodeos.
“Eh…” no esperó tal contundente respuesta.
“Ya debes haber identificado cuál es tu todo. Dash, aquel rol no garantizará que ayudes a los demás y pondrá tu todo en riesgo.”
“…”
“Y me atreveré a decir que no hay duda alguna en tu propio camino,” Jinkougyou se mantuvo severo. “Tu rol como HiME terminará en tragedia.”
“¿P-por qué lo dices?” se asustó.
“Discúlpame Dash, pero ello será lo último que diré. No interferiré con tu vida más allá.”
“…”
“…” entonces, el peliblanco llevó una palma a su pecho e hizo una leve reverencia. “Tu forma de ser no aceptará una despedida tajante, así que… te pido que recuerdes las palabras que oíste luego de tu oferta a ser HiME.”
“…” por más que haya sido una descripción muy vaga, Dash lo comprendió. Fueron las palabras que le alcanzaron más.

“Porque quiero que tú vivas por ti y por nadie más…”

“Cuando Rita me dijo eso… eh, sé que fue un momento de tensión, que quizás todos se incomodaron por mí, por tratar mi caso, por preocuparse tanto… pero…” Dash sonrió con humildad y algo de culpa. “Me sentí muy feliz. Yo en verdad soy muy importante para ella.”
“…” asintió. “Tu vida te pertenece a ti. Tenlo siempre presente.”
“Y tú que has venido a ayudarme, ¿tu vida te pertenece también?”
“…” él alzó sus cejas al no haber esperado dicha respuesta. Se ahorraría los detalles, aunque, con tal de dejarle una positiva partida… sonrió con tranquilidad en lo que volvió a posar una palma sobre su corazón. “No te inquietes por mí. Este es el sentido de mi propia vida, aquello que significa todo para mí.”
“Eh…” verle irradiar dicha paz era indescriptible. Su amigo, esa persona cortés que la trataba con delicadeza, cuyos ojos nulos daban cierta impresión agotada y desconectada, pero quien pasó a mostrar que detrás de su perfecta apariencia poseía aquella calidez humana que le había salvado la vida… a veces le costaba creer que hablaba con alguien real.



“¡Dash!” exclamó Rin.
“¡Eh!” ella se sobresaltó. Podía oír la impaciencia en su voz y se volteó como reflejo… para percatarse que había despegado sus ojos de su acompañante. Él había desaparecido. “…”
“¡Dash, despierta, ya están llamado a competir en dos minutos!” exclamó Len.
“¡Ahh, ¿en serio?!”
“¡Y estamos super lejos!” Rin miró a su gemelo. “¡Len!”
“¡Enseguida!” y así, los dos la cargaron.
“¡Ahh, o-oigan, gracias, pero me voy a marear!”


“¿Seguro que no quieres un helado también?” preguntó Elise a su hermano.
“Tú sabes que no, sólo cómelo antes que se derrita,” contestó el mayor, con cierta impaciencia.
“Si insistes. ¡Muchas gracias!” la pequeña celebró y empezó con dicha pequeña copa que se le había sido concedida.

Leo le observó disfrutar ese postre para luego desviar su mirada. No tenía nada que decir. Sus intenciones de negar a su hermanita de hasta un postre como tal debido al poco valor nutritivo fueron derrotadas producto a la riña que habían tenido hace unos días. Era su manera de disculparse, o quizás no. Todavía no sabía si es que podía hacerlo con toda consciencia. Todo el asunto de que su hermanita hubiera sido la siguiente víctima del juego de Hanasaki no dejaba de dar vueltas en su cabeza. Aun así…

…le correspondía ser el hermano mayor que tenía que comportarse con cordura y madurez… y el solo pensamiento le fastidiaba tremendamente. Aquel nunca debió ser su posición.

“Leo…” Elise terminó lo suficiente del helado para evitar algún siguiente reproche de que se derramaría. “Creo que los dos seguimos pensando sobre ello, ¿no?”
“¿A qué te refieres?”
“Por supuesto que me refiero al tema de las HiMEs,” la pequeña hizo un puchero.
“…”
“Creo que no deberíamos dejarlo por más tiempo.”
“Sí, supongo…” dio un suspiro. Le costaba, pero mantenía en mente la conversación que había tenido con Monoyoshi. Ya no podía dejar que su fastidio hablara en su lugar. “Elise, sobre ello…”
“Perdóname, Leo, por molestarme así,” reconoció la pequeña.
“¿Perdón?” el otro se extrañó.
“Estaba muy frustrada ese día y no siempre es fácil para mí hablarte, pero no te di mucho espacio para que me contestaras. Yo… perdí el hilo demasiado rápido.”
“Elise… yo fui quien te requinté desde un inicio, no te di de otra, sinceramente…” negó, cabizbajo. “Soy mayor que tú, pero… reconoceré que actúe muy pobremente aquí.”
“Creo que nos toca aprender de nuestra hermana, ¿verdad?” Elise sonrió.
“Aprender de ella…” Leo alzó una ceja. Sabía que su punto de vista de la mayor no era necesariamente el mismo, por más que ambos le tuvieran respeto.
“Pero hay que hacer el esfuerzo como somos, Leo,” Elise asintió. “Yo ya te dije todo lo que tenía en mente ese día. Y pues…” bajó su mirada. “No quise hacerte sentir que yo siendo HiME sería por tu culpa, o que tú eres responsable. No, definitivamente no, esa sería mi decisión.”
“…”
“Y tampoco quiero serlo, eso no ha cambiado… es sólo que…”
“Elise.”
“…sí…” dijo dubitativa.
“…” tenía que decir la verdad. Ella merecía saberlo. Leo apretó los dientes un momento y terminó por soltar su tensión. Nunca antes se había visto tan derrotado al frente de Elise. “…yo no sé por qué he venido al Japón.”
“Eh…”
“Es la verdad… sentí que tenía que venir. Este asunto, lo que pasó hace años… todavía no ha terminado para mí, pero no sé qué es lo que eso significa.”
“…”
“Lo he pensado todos estos días, pero no pude llegar a una sola razón, por eso te estoy diciendo esto. Seguramente no era lo que esperabas oír.”
“No sabía qué esperar… pero esto no lo esperaba para nada, tú siempre estás decidido ante todo, Leo,” admitió la pequeña. “Me da un poco de miedo oír esto, si debo admitirlo…”
“Sólo diré que continuaré oponiéndome a la remota posibilidad que tú decidas ser una HiME, Elise,” recalcó con certeza.
“Sí, lo sé…”
“…”
“Pero Leo, yo sé que sí viniste por una muy cierta razón.”
“¿Qué dices?”
“Y es la misma que la mía,” Elise asintió. “Porque nuestra familia es lo más importante para ti.”
“Eh…”
“Y es tan importante que yo podría ser una HiME con tal de protegerla, y tú vendrías a este lugar que nos da tan malos recuerdos sin siquiera saber qué hacer, o por qué lo has hecho.”
“…” se congeló. Bajó su mirada. Ello podía ser cierto, ¿pero realmente se le podía llamar una razón si es que carecía de toda lógica?
“Leo… yo echo de menos a nuestro hermano mayor, todos los días…”
“Elise…”
“Pero sé que no hay nadie quien lo extraña más que tú…” al decir ello, los ojos de la pequeña se nublaron con lágrimas.
“Tsk…” Leo desvió su mirada y comprimió sus puños.
“Y todos en casa están preocupados por nosotros, seguro temerán que lo mismo nos pueda pasar. Nuestra hermana todavía sigue sin poder conciliar lo que sucedió.”
“…”
“Y todo esto es tan difícil de resolver, lo sé bien, pero…”
“Elise, suficiente.”
“…”
“Tú quieres ser una HiME para no perder a otro hermano más…” él asintió, decidido. “…pues no lo perderás. Lo prometo.”
“…”
“Y yo tampoco perderé a nadie más,” sonrió con ironía. “O nunca podría atreverme a siquiera recordar a nuestro hermano.”
“Leo…”
“Yo deseé encontrar más información de lo que ocurrió… quise encontrar al responsable… deseé la venganza, por encima de todo…” admitió. Por su postura y su ensimismamiento en la mesa, parecía cargar con el mundo entero.
“Eh…”
“Eventualmente, aquel todo se convirtió en nada. No iba a encontrar lo que quería, iba a embarrarlas a ustedes dos… Camilla con las justas está con vida, y gracias a lo que nuestro hermano hizo por ella. Este es un juego sucio que no podemos ganar. Eso tuvo sentido,” apretó los dientes. “…por más amargo que fue aceptarlo.”
“…”
“Pero aun así vine. Estoy aquí porque no puedo dejar de pensar en todo esto… porque quiero respuestas… porque sigo no queriendo aceptar que las cosas terminaron así…”
“…”
“Pero…” le miró fijamente. “Elise, te equivocas. Si tú fueras a convertirte en una HiME, sí será mi responsabilidad, porque tú pareces ya haberle encontrado un sentido a nuestro pasado. Tú estás decidida a cuidar de nosotros y a estar de nuestro lado.”
“…”
“…” cerró sus ojos con fuerza y pasó a mirar hacia abajo, desposeído. “Pero yo todavía sigo buscando, en medio de todo…”
“Leo…” Elise se levantó y fue donde su hermano, para darle un abrazo.
“…”
“Entonces te ayudaré a buscar, nunca estarás sólo, te lo prometo,” le aseguró, con una sonrisa, mientras sus lágrimas se escapaban.



“¡Gracias por el postre!” volvió a decir la pequeña, ni bien los dos se retiraban de aquel local.
“Si lo mencionas más, me harás arrepentirme de haberte invitado,” negó.
“Aw,” Elise hizo un puchero. Miró a su hermano quien mantenía su atención hacia el frente, en lo que los más minúsculos indicios de lágrimas desaparecían de sus ojos.
“¿Quieres dejar de mirarme tanto?” finalmente se le dirigió con reproche.
“Eh, perdón, es que…”
“Elise, creo que ya lo tenemos claro, cuál es nuestra decisión.”
“Pues…” ¿lo tenían? La pequeña no estaba segura. Ella ladeó su mirada, y para variar, Leo sonrió con gracia.
“Desde que he llegado a este lugar, parece que no dejo de encontrar las cosas incorrectas, que no tienen nada que ver. Supongo que… no tengo que continuar con mi búsqueda en este lugar.”
“Quieres decir…”
“Que hemos preocupado demasiado a nuestra hermana,” concluyó, con un raro alivio en su trato. “Regresemos a casa.”



Eureka

Ay u_u vengo con topes después







Himeru no podía negar que estaba irritado con la situación actual: Rinne Amagi le había dicho —de una forma irritante e indirecta— que no le haría caso de ninguna manera. Rehusaba permitirle retomar sus actividades como solista a toda costa.

Había creído que se llevaban un poco mejor ahora que eran compañeros de habitación. Himeru era cordial con él y esperaba recibir cierta cordialidad de su parte. Era lo mínimo que podía hacer, al fin y al cabo.

Además, en ningún momento había indicado que se retiraría de Crazy:B: Himeru pensaba seguir participando en el grupo así como lo dictaban sus obligaciones y su contrato. Sin embargo, Amagi era muy terco… o muy pesado, porque de ninguna manera quería aceptar su petición.

Pero necesitaba volver a los escenarios por su cuenta para que la gente no se olvidara del idol HiMERU y no perdieran de vista a Kaname, quien aún no podía retomar sus actividades como artista. El doctor había dicho que le costaría al menos medio año recuperarse… y la terapia física tendría que ser intensiva para que lograra moverse como antes. Eso, sin contar que tendría que entrenar desde cero de nuevo, puesto que para ese entonces, ya no recordaría del todo los pasos de sus coreografías…

…Al menos aún podía cantar.

“…”
“¿Nii-chan?”

La voz de Kaname lo sacó de sus pensamientos.

“…Ah, lo siento, Kaname.” Himeru le sonrió. “Estoy un poco agotado. Las clases y las actividades de idol son… muy intensas.”
“Lamento que tengas que hacerte pasar por mí en todo ámbito.” Kaname se mostró un poco apenado. “Tengo entendido que tu vida en Estados Unidos era muy tranquila, ¿no? Ya te habías graduado de la universidad, pero ahora tienes que estudiar otra carrera por mi culpa…”
“…Ajá.” Himeru prefirió no ahondar en aquellos detalles. Esa justo era una de las fichas que Rizembool tenía en su poder para atarlo de manos. Su pasado antes de Kaname… dejaba mucho que desear. “Pero aquí estoy y eso es lo que importa.”
“Me alegra que mi papá te haya contactado antes de… bueno, tú sabes. De no ser por ti, no tendría a ningún familiar que pueda velar por mi salud.”
“Debo suponer que papá se sintió culpable de habernos ocultado la existencia del otro por tantos años. Pero, felizmente, te dejó en mis manos.” Himeru sonrió. “Y por más que no pueda venir a verte todos los días, sabes que siempre estoy contigo.”
“¡Lo sé!” Kaname esbozó una sonrisa deslumbrante. “Ah, cierto. ¡Mira! Una de las enfermeras me lo regaló muy emocionada.”

El menor le extendió un peluchito que tenía al lado de la almohada de su camilla. Era una versión caricaturesca de ambos: el idol HiMERU que Kaname y su hermano mayor interpretaban.

Aunque ahora solo Himeru estaba actuando como él.

“¡Es HiMERU!”
“Eres tú, Kaname.” Himeru le sonrió. “Yo solo sigo tu legado. Pero cuando te recuperes, volverás a…”
“¡Eso no es cierto!” Kaname lo interrumpió. “La verdad, yo empecé con ese proyecto. Pero tus consejos permitieron que tome vida. ¡Y me ayudaste con las coreografías y las melodías! Además, cuando empezaste a suplantarme en una que otra presentación… conseguí más fama.”
“Y esa fama está creciendo cada vez más. Cuando te recuperes, serás toda una estrella. Y me aseguraré de que brilles por tu cuenta, cueste lo que cueste.”

Su expresión seria desconcertó a su hermano menor.

“¿Eh?” Kaname ladeó la cabeza, confundido. “¿No te caen tus compañeros de unit? Porque no me molestaría formar parte de ella por un tiempo cuando vuelva a los escenarios.”
“…Un par deja mucho que desear. El otro me hace recordar un poco a ti.”
“Ah, ese debe ser un buen chico como yo.”
“Así es.” Himeru le acarició la cabeza. “Y como buen chico que eres, te irás a dormir ni bien me retire.”
“¡Pero son…!”
“Las diez y media de la noche. Tenemos suerte de que el doctor Uehara y la jefa de las enfermeras se hayan encariñado contigo a lo largo de este año y medio… porque el horario de visita es hasta las seis.” Himeru suspiró. “Pero no podemos pasarnos de la raya.”

Himeru se levantó, pero Kaname lo agarró de la manga de su saco.

“Nii-chan… ¿en serio estás bien?” Le preguntó, preocupado. “Sé que tienes muchas cosas que hacer por mi culpa… y justo por ello me gustaría ayudarte a aliviar esa carga. ¡Solo nos llevamos 6 años! Puedo escucharte si necesitas desahogarte o algo así.”
“…” Himeru volvió a sentarse y le revolvió los cabellos con una sonrisa en el rostro.

Por un momento, pensó en agradecerle por sus cálidas palabras de aliento y por su preocupación. Su intención inicial había sido motivarlo a que se enfoque en su salud y que se mejore pronto, pero… la curiosidad estaba matando al gato.

“Me topé… con Tatsumi Kazehaya,” mencionó, un tanto serio.
“…”

Kaname guardó silencio y bajó la mirada, un tanto apenado. Himeru le había dejado en claro que no aprobaba de su amistad, pero aún no le había cuestionado acerca de lo que había ocurrido un par de días atrás. Y aunque no quería molestarlo, era necesario saber la verdad por temas laborales.

Himeru era un excelente actor… pero no pensaba fingir que sentía algo romántico por una persona tan despreciable como Tatsumi Kazehaya. Si bien quería mucho a su hermano y estaba dispuesto a hacer todo por él, habían ciertas cosas… que se pasaban un poco de la raya.

“¿C-cómo está?” Preguntó el menor de los Toujo sin mirarlo a los ojos. “Me da pena no poder hablarle desde hace…”
“Kaname. Sé que es tu amigo.” Himeru suspiró. “Ya hemos hablado al respecto. No hay problema… por más de que no lo apruebe del todo. Y entiendo que lo extrañes, pero…”
“Sí, sé que no puedo hablar con él. Pero no entiendo… ¿por qué no podemos contarle la verdad?”
“Porque nadie debe enterarse de ello. Es una de las condiciones que me puso Saegusa…”

<Y Rizembool>, pensó, pero optó por omitir esa parte de la oración.

“Tengo entendido que Sazanami también es tu amigo. ¿A él no le quieres contar lo que pasó?”
“…No.” La mirada apenada de Kaname decía más que su respuesta.
“…” Himeru decidió en ese instante que su hermano tenía derecho a guardar secretos. “Está bien. No pienso cuestionarte sobre lo que pasó entre ustedes, pero Tatsumi Kazehaya sí es un tema preocupante.”
“¿Por qué?” Kaname lo observó, curioso.
“Bueno… El lunes en la tarde… sucedió algo que no llegué a contarte. Como te dije, me crucé con él. Me sentía mal y me auxilió. El problema es que pude percibir algo en su mirada que me transmitía… cierto cariño que nunca habías mencionado antes.”
“¡¿E-EH?!”

La indignación en el rostro de Kaname dejó un poco atónito a su hermano, pero lo siguiente que dijo… fue el remate.

“¡Onii-chan, Tatsumi-senpai no era mi novio!”
“¡¿QUÉ?! ¡¡¡Yo nunca dije que lo había sido!!!” Himeru se llevó una mano a la boca, sorprendido. “¡¿Estás sugiriendo que te gusta?!”
“¡¿NO?! ¡Me estás manipulando para que te diga lo que quieres oír!”
“¡Claro que no! ¡Solo quiero que seas sincero conmigo! Porque si te gustaba, no voy a poder fingi—”
“¡¿QUÉ?!” Kaname se llevó las manos a la cara en un intento de tapar el sonrojo de sus mejillas. “¡Te he dicho que no me gustaba! ¡¿Por qué no me entiendes?!”
“¡Kaname…!”

Los hermanos habrían continuado con su discusión de no ser por la interrupción de la puerta. La enfermera personal del menor de los Tojo había entrado a la estancia, un tanto sorprendida por las caras irritadas de los hermanos.

“A-ah, disculpe, señor…” dijo, mirando al hermano mayor. “Pero están haciendo demasiada bulla y eso podría molestar a los demás pacientes hospitalizados en esta ala de la clínica.”
“…Sí.” Himeru asintió. “No se preocupe. Ya me iba a retirar de todos modos.”
“¡¿Qué?!” Kaname lo observó, indignado. “¡Pero no hemos terminado de conversar!”
“Lo sé, pero no podemos abusar de la confianza del personal.” Himeru se levantó y le sonrió a la enfermera. “Además, te ayudará a calmarte. Reflexiona al respecto, ¿está bien? Y mañana me haré un espacio en la tarde para conversar contigo por videollamada…”
“…Bueno,” le dijo Kaname, sin girarse a mirarlo. Se notaba que aún estaba muy resentido y molesto con él.
“…” Himeru suspiró. “Nos vemos el sábado.”

Luego de hacerle una reverencia a la enfermera, el mayor de los Tojo se retiró de la habitación en silencio absoluto.

Camino a la entrada de la clínica, se debatió entre pedir un taxi a los dormitorios de Ensemble Square o quedarse en el departamento que Rizembool le había otorgado a unas cuadras de la clínica. Amagi de seguro le cuestionaría su ausencia la mañana siguiente, pero… estaba demasiado cansado como para lidiar con su zumbido incesante y sus tonterías de siempre.

La discusión con Kaname lo había tomado por sorpresa… y no para bien.

“Buenas noches.”

Himeru se detuvo en seco ante el saludo inesperado y alzó la mirada para buscar al portador de aquella voz oscura.

La figura de un hombre a unos metros de su posición lo descolocó hasta que, en cuestión de segundos, supo de quién se trataba.

“Buenas noches,” le dijo Himeru, acercándose progresivamente a él. A un metro de distancia, le hizo una leve reverencia. “Debo suponer que usted es Kuroda-san, el mánager que Rizembool me asignó a través de Cosmic Production.”
“Así es.” Kuroda sonrió. “Me sorprende que hayas reconocido quién era de inmediato.”
“Nunca mencionaron cómo o cuándo se presentaría,” explicó Himeru… y no pudo evitar soltar un suspiro. Su noche iba de mal en peor. “Supuse que lo haría cuando no estaba con mi grupo o en la universidad… y henos aquí.”
“…” La sonrisa de Kuroda se mantuvo imperturbable en su rostro. “Tienes razón. Me asombra que tus deducciones sean acertadas.”

Himeru pensó que cualquier persona con un poquito de sentido común habría llegado a la misma conclusión que él, pero no hizo comentario al respecto.

“¿Qué tal si vamos a otro lugar a conversar mejor? No solo necesito acordar contigo cómo trabajaremos a partir de hoy, sino que también sería bueno que me actualices con lo que ha ocurrido con tu grupo.”
“…Ajá.” Era lo mejor: le daba un poco de ansiedad que este tipo estuviera cerca de Kaname. “¿Tiene algún lugar en mente?”

Kuroda asintió.

“Sí… y espero que te guste.”






Oikawa abrió la puerta con cierta expectativa en la mente: imaginaba que Eureka estaría irritada a más no poder, que Madara contaría con una gran sonrisa en el rostro capaz de cegarlo en el acto… y que Neuvillette solo existiría al lado de ambos con una expresión indiferente y en perpetuo silencio.

Pero… solo dos de las tres imágenes que había creado en su mente calzaban con la realidad.

La vestimenta de Eureka le llamó mucho la atención. En otra ocasión, la habría llenado de halagos por su excelente elección de atuendo: su vestido azul iba a juego con sus zapatos y el maquillaje en su rostro resaltaba su belleza.

Se veía hermosa.

Pero la mirada en el rostro de la chica le indicaba que no había tiempo para cumplidos. Aunque intentaba esconderlo con una expresión neutral, sus ojos rojos la delataban. Era obvio que había llorado y que seguía triste por aquel misterioso motivo que la había llevado a sucumbir al llanto.

El primer instinto de Oikawa fue abalanzarse contra el principal sospechoso.

“¡¿Qué le hiciste?!” El key tomó a Madara del cuello de la camisa sin pensarlo dos veces. La fuerza de su agarre (y de su furia) llevó al castaño a retroceder hasta chocar con el muro del balcón del complejo de departamentos.

La reacción de Oikawa tomó por sorpresa a todos los presentes. Neuvillette y Eureka se demoraron en reaccionar para intentar separarlos… y, al cabo de unos instantes, Madara le dio un par de palmaditas a las manos que yacían aferradas a su camisa.

“Yosh, yosh~” le dijo, muy tranquilo.
“¡¿Cómo…?!”
“¡Suéltalo, Oikawa!” Lo interrumpió Eureka, jalándolo por detrás… o, en su defecto, intentando jalarlo. Lo había abrazado por la espalda para alejarlo de Madara, pero era obvio que no iba a poder moverlo ni un centímetro por su peso. “¡Ya basta! ¡¿Qué te pasa?!”
“¡Es obvio que estás así por él!” Le reclamó el key, girándose a mirarla.
“¡¿No?! ¿Quién dijo eso?” Eureka se veía muy confundida.

Al otro lado de los chicos, Neuvillette dejó de intentar interponerse entre ellos. La confusión que sentía por la situación había sido más fuerte que su intención de fomentar la paz entre todos.

“…¿Qué?” Oikawa soltó a Madara en cámara lenta. En ese instante, Eureka hizo lo mismo con él, y pasó a pararse a un lado de Neuvillette. “No entiendo. ¿No le hiciste nada? Entonces, ¿por qué Eureka-chan tiene los ojos rojos?”
“Por Lelouch-san,” le explicó el cantante, muy tranquilo. “Pero no te culpo, Tooru-san~ Yo habría hecho lo mismo que tú si hubiese estado en tu lugar.”
“…” Oikawa suspiró, avergonzado. “Lo siento, Madara-chan.”
“No deberías actuar sin primero confirmar tus sospechas,” le sugirió su amiga.
“Lo lamento, Eureka-chan.” Oikawa se giró a mirarla. “No fue mi intención… P-pensé que él te había hecho daño. ¿Qué pasó?”
“Que no pasó, la verdad. ¿Puedo… contarte todo después?” Eureka desvió la mirada. “Me intriga saber a dónde quieren ir Neuvillette y Madara.”
“…Ah, claro. No te preocupes. Hablamos después.” Oikawa asintió pese a la confusión.

Quedaba claro que se habían reunido con el culpable en algún lugar muy elegante… porque ahora que lo notaba, todos estaban vestidos con atuendos muy formales. Oikawa recién se dio cuenta de que desencajaba en el grupo en ese instante puesto que su vestimenta consistía de una polera básica, un jogger y unas zapatillas. Todo lo opuesto a ellos.

Solo esperaba que el destino de Madara y Neuvillette no fuese otro lugar formal… aunque intuía que el cantante le habría mencionado algo al respecto si hubiera sido así.

“¡Bueeeno!” Madara llamó la atención de todos. “¿Nos vamos?”
“Sí,” les dijo Oikawa. “Iré por mis llaves.”

Oikawa regresó al departamento para recojer sus llaves de la mesita de la entrada. Eso era lo único que le faltaba porque ya estaba listo para la extraña salida nocturna.

“¡Iwa-chan, ya vuelvo!” Le avisó a su amigo con un grito. “¡Saldré un rato!”
“¡Me chupa un huevo!” Le gritó de vuelta Iwaizumi.
“¡Gracias!”

Al cerrar la puerta tras de él, Oikawa notó que Eureka estaba sonriendo un poquito. Tal vez esa interacción cotidiana y estúpida entre él y su mejor amigo la había hecho reír al menos por un instante… y no pudo evitar sentirse agradecido por la presencia de Iwaizumi en su vida.

“Esa es una forma curiosa de despedir a alguien,” comentó Neuvillette, ni bien comenzaron a caminar hacia los ascensores.
“Así se tratan Iwaizumi y Oikawa,” le contó Eureka. “A veces los amigos… parecen rivales.”
“¡Ajá! ¡Iwa-chan y yo somos rivales!” Oikawa sonrió. “Creo que toda amistad debería contar con cierta cuota de competitividad.”
“Sí, pero la violencia… es un poco innecesaria, ¿no crees?” Eureka lo juzgó con la mirada.
“Ah, sí. Aunque ya me acostumbré a la violencia~” Oikawa le aseguró. “Pero, en fin… ¿A dónde vamos?”
“Es una sorpresaaa~” canturreó Madara. “Creo que todos la disfrutaremos. Aunque podríamos decir que el más beneficiado por este plan será Neuvillette-san, la verdad.”
“¿Hakuryuu-chan?” Oikawa lo observó, confundido. “¿Por qué?”
“…” Neuvillette le devolvió la mirada en silencio.
“Am, yo sé que no tiene mucho que ver con lo que acabas de decir, Madara-chan, pero… no me estarán raptando para desquitarse conmigo porque le hice algo a Eureka-chan, ¿verdad?”
“…” Eureka se giró a mirarlo, sumamente indignada ante su comentario. “¿Qué te pasa? Si me hubieras hecho algo malo, te habría electrocutado mañana en frente de todo el equipo de vóley para imponer respeto.”
“Bueno, sí. Eso suena más como tú.”
“…Espera.” Eureka se detuvo en seco. “¿Me hiciste algo?”
“…¿No que yo sepa?” Oikawa le suplicó por piedad con la mirada.
“…Eh, está bien.” Eureka encogió los hombros. “Supongo que te creeré. Pero espero que estés diciendo la verdad o…”
“¡Avancen, avancen!” Madara los empujó a todos sutilmente. “¡Si no se apuran, llegaremos a ese lugar después de la una de la mañana!”
“Bueno, ya es tarde de por sí,” indicó Neuvillette.
“Ajá~” Madara asintió. “Estamos a unos minutos de medianoche.”
“…Apúrate,” le dijo Eureka a Oikawa. “En el carro tendré tiempo para cuestionarte.”

Oikawa tragó saliva y asintió muy asustado, pese a que no cargaba nada en su consciencia.









Los susurros a su alrededor la levantaron poco a poco. Al abrir los ojos, lo primero que Eureka notó fue que estaba en la parte trasera del carro de Madara, apoyada en el hombro de uno de sus acompañantes. Tal parecía que, en algún momento del trayecto, se había quedado dormida por el cansancio de aquel día sumamente agotador.

Sin embargo, la respiración pausada a su lado le indicó que su compañero también había sucumbido a la fatiga. No tuvo que moverse mucho para reconocer que Neuvillette estaba a su lado y, a diferencia de ella, aún no se había despertado.

Eureka tuvo mucho cuidado al alejarse de él para no levantarlo sin querer. En esos instantes, se percató del resto de sus alrededores y de los culpables de los susurros: Madara y Oikawa se encontraban fuera del carro, de seguro en pleno debate sobre si debían despertarlos o no.

Y estaban… en la playa.

Eureka se deslizó por el asiento hasta abrir la puerta del Jeep. El olor de la brisa marina y la arena a un paso de su posición le habrían irritado en cualquier otro momento, pero en ese instante, aquella visita a la playa se sentía como una experiencia un tanto liberadora. Sin pensarlo dos veces, bajó del carro y emprendió el camino hacia las escaleras. Una vez en la arena, se sacó los zapatos y comenzó a correr para darle el alcance a sus amigos, quienes estaban parados cerca de su posición.

“…” Oikawa fue el primero en darse cuenta de que el motivo de su discusión yacía a menos de un metro de ellos. “¡¿Eureka-chan?!”
“Hola.” Eureka le sonrió y luego, le dirigó la mirada a Madara. “¿El lugar misterioso… era la playa?”
“¡Ajá!” Madara sonrió. “Los traje a la playa Yuigahama, la playa central de Kamakura.”
“¡Ah!” La HiME se mostró muy alegre ante ello. “¡Oikawa y yo vinimos junto a nuestros amigos a una playa cerca de aquí para su cumpleaños! Quedaba en Hayama, ¿verdad?”
“Sí.” Oikawa sonrió. “Un amigo de Sho-chan es dueño de un gran terreno en ese lugar.”
“¿Cuándo fue tu cumpleaños, Tooru-san?” Madara lo observó con visible curiosidad en su mirada.
“Hace unos meses, el 20 de julio.” Oikawa sonrió.
“¿Y el tuyo también ya pasó, Eureka-san?”
“Sí, el mío es en febrero.”
“¡¿Qué?! ¡¿Eres mayor que yo?!” Oikawa se mostró asustado ante esa posibilidad. Ahora que lo pensaba, nunca habían hablado sobre el cumpleaños de Eureka.
“No, tonto. Yo cumplí 21 este año. Y tú, 22, ¿no?”
“Ah, sí~”
“…Bueno, en fin.” Eureka suspiró. “¿No deberíamos despertar a Neuvillette? Ahora entiendo por qué decías que él sería el más beneficiado de todos, Mama.”
“Jeje~” Madara sonrió. “Es que se puso a hablarme sobre distintos tipos de agua y le comenté que el mar estaba cerca de aquí. ¡Debieron haber visto su expresión! Se iluminó tanto que sentí que me dejaría ciego.”
“¿Acaso Hakuryuu-chan es un dragón de agua o algo así?”
“No me sorprendería que lo fuera,” comentó Eureka. “Lo vi usando sus poderes de agua para ‘revivir’ unas flores en las afueras de la mansion HiME.”
“¿Huh?” Oikawa se veía muy confundido. “Entonces… ¿puede controlar el agua a su antojo?”
“Algo así, supongo.”

La voz suave de Neuvillette hizo que todos los presentes saltaran del susto y hasta un par (Oikawa y Eureka) gritaran aterrados: el Child los había tomado por sorpresa al integrarse al grupo a hurtadillas y con mucho sigilo. ¡Ni siquiera lo habían escuchado cuando abrió y cerró la puerta del carro para salir a darles el encuentro! Se notaba que el dragón tenía muchas habilidades aparte del control del agua… y esos niveles alarmantes de sigilo eran parte de ellas.

El dragón tuvo la intención de continuar con la explicación de sus habilidades, pero al girar la mirada, pudo observar cómo el mar se extendía hasta el infinito. La curiosidad fue más fuerte que él, tanto así que sus pies se movieron por sí solos hacia la orilla.

“¡Ah, no!” Eureka lo siguió, preocupada por sus zapatos y su atuendo. ¡Le había comprado las prendas esa misma noche! ¡Y el saco que llevaba puesto, junto con la corbata, le pertenecían a Madara! “¡Neuvillette! ¡No puedes meterte al mar con la ropa que llevas puesta!”
“¡Hakuryuu-chan!” Oikawa imitó a su amiga, llamando al Child desesperado. Aunque pudo pasar a Eureka con facilidad, le costó acercarse más al dragón.
“Jaja~ ¡No intenten ir en contra de la naturaleza!” Madara los siguió, entre risas.
“¡Madara! ¡No lo valides!” Le resondró Eureka, molesta.
“¿Qué debería hacer, Eureka-dono?” Le preguntó Neuvillette, ni bien se detuvo a unos metros del punto donde rompían las olas. “¿Me desvisto?”
“…” Eureka asintió. “Sí. Iremos a comprarte una toalla. Si gustas, puedes cambiar a tu forma verdadera,” le gritó.

Cada vez se acercaba más a él… y esperaba alcanzarlo antes de que tirara la ropa al suelo.

Para su suerte, Oikawa llegó antes que ella. Neuvillette le sonrió al key y comenzó a sacarse toda la ropa hasta que, una vez desnudo, se desvaneció en un brillo cegador y retomó su forma original.

Madara, Eureka y Oikawa se unieron en el asombro ante aquella hermosa vista. El dragón no había mentido en cuanto su tamaño: medía casi tres metros de alto y un aproximado de cuatro de largo, cosa que habría llamado la atención de cualquier transeunte en una calle concurrida de Shibuya o Shinjuku… pero aquí, en la playa y de madrugada, pasaba desapercibido gracias a la oscuridad del mar y del cielo.


Sus escamas brillaron al entrar en contacto con el agua e iluminaron tenuemente sus alrededores. A medida que se adentraba más al mar, su brillo comenzó a resaltar más y más a diferencia de las luces tenues de los postes. Al cabo de unos instantes, logró zambullirse y, ante su felicidad, emitió un canto que retumbó por todo el lugar. Gracias a la magia HiME (o al menos Eureka suponía que se trataba de eso), su dueña pudo entenderlo: Neuvillette se sentía maravillado por el mar y estaba muy agradecido con Madara por haberlo traído a este lugar.

“Gracias,” le dijo Eureka al castaño, una vez se reunieron junto a Oikawa para ver a Neuvillette a lo lejos. “Neuvillette está cantando de la felicidad.”
“Jojo~ cuando le conté sobre el mar, me dijo que había visto algo similar en tus recuerdos, pero que le intrigaba vivir la experiencia porque, a diferencia del resto… tú parecías detestarlo.”
“Ah, es que no me gusta la playa.” Eureka sonrió. “Detesto la arena, la verdad.”
“Pero estás… sin zapatos,” comentó Oikawa. “Ah, claro. Los tacos te habrían incomodado muchísimo.”
“Y ya me estaban doliendo los pies, la verdad.”
“¿Qué tal si armamos un pequeño pícnic improvisado mientras Neuvillette-san disfruta del agua?”
“Hace frío, Madara-chan.” Le indicó Oikawa. “Aunque ya entré en calor gracias a la pequeña carrera que emprendí para evitar que lanzara la ropa al suelo.”
“Ah, hablando de eso… deberíamos ir a comprarle una toalla,” sugirió Eureka. “Tendrá que secarse antes de vestirse de nuevo.”
“Creo que ninguna tienda a la redonda está abierta,” comentó Madara. “Pero podríamos probar con los hoteles.”
“¿Nos venderán una toalla?” Eureka arqueó una ceja, incrédula. “Ni siquiera nos vamos a hospedar…”
“Tranquila, la conseguiré. Les dejo las llaves del carro para que saquen el mantel de pícnic.” Y, dicho esto, Madara le entregó el manojo de llaves a Eureka.
“¿…?” Esta vez, fue Oikawa quien arqueó la ceja. “¿Por qué tienes un mantel de píc…?”
“¡Uno nunca sabe cuándo surgirá la oportunidad de organizar un pícnic improvisado!” Madara le sonrió y comenzó a correr hacia el hotel. “¡Eureka-san, el postrecito que te compré también está en la maletera!”
“¡Ah! ¡Okay, gracias!” Eureka le ondeó la mano para despedirlo.

Madara le devolvió el gesto con una sonrisa, hasta voltearse de nuevo para continuar con su carrera hacia el hotel. La HiME a veces olvidaba que era muy atlético más allá de su nuevo puesto de rebel. De seguro lo habían recultado por eso: era uno de los idols más fornidos de su agencia y de la industria.

Aunque… el cantante le había dado a entender que él había decidido ser rebel por su cuenta. ¿Por qué? Su agenda ya estaba repleta. Lo último que necesitaba era pelear con una HiME encima de todo. Y es que no tenía sentido que un idol de su fama accediera a algo tan ridículo como eso.

Rinne era un caso un poco más comprensible. De seguro había aceptado ser rebel porque se aburría de no hacer nada. Crazy:B no tenía muchos trabajos o compromisos a diferencia de Madara en vista de que habían debutado hace un año… y, encima de todo, ya contaban con varias polémicas, como algunas declaraciones desatinadas de Rinne, el misterio detrás de HiMERU, el pasado del papá de Niki y un largo etcétera.

Tal vez el único inocente ahí era Kohaku.
« Last Edit: June 30, 2026, 02:05:56 PM by Eureka »


Eureka

Al final lo dividí en dos porque estoy traumada con que los posts antes te borraban las palabras si se pasaban de 5k (?)







“…” Eureka observó en silencio a Oikawa durante el camino de vuelta al jeep.
“¿Eh? ¿Qué pasa, Eureka-chan?”
“Ah, nada. Es solo que… me intriga saber qué postre me compró Madara,” mintió.
“¡Yo lo vi! ¿Te contó que nos cruzamos en Rizembool?”
“Sí, me dijo.”
“Es un pastel de chocolate. Dudo que se haya malogrado porque ya empezó a hacer frío en las noches.”
“Bueno, creo que estará bien siempre y cuando no tenga frutas o algo así…”

Eureka deasctivó la alarma del carro para abrir la maletera. Al levantar el portón, se encontraron con un cajón organizador lleno de papeles, una manta doblada, una bolsita, un maletín y una caja de herramientas.

“¿No te intriga saber qué guarda Madara-chan en su maletín?” Mencionó Oikawa, acercándose peligrosamente al objeto en cuestión. Sin embargo, se vio obligado a desistir al recibir un manotazo por parte de su amiga.
“Oye, no toques sus cosas. Solo necesitamos la manta y la bolsa…” Al revisarla, Eureka asintió. “Ajá. Lo sabía: aquí está el pastel.”
“…” Oikawa fingió un llanto, pero se resignó a cerrar el portón después de que la HiME recogiera todo lo necesario.

Ambos caminaron unos metros hasta llegar a un punto intermedio entre el carro y la orilla. Cada uno agarró un extremo de la manta para extenderla en la arena y la colocaron en el suelo sin muchos problemas. Sin embargo, el viento que corría cada cierto tiempo en ese lugar amenazaba con mandarla a volar. Oikawa se sacó las zapatillas y las colocó en las puntas más cercanas a él, mientras que Eureka hizo lo mismo en su lado. Al asegurarse de que estuviera fija, ambos caminaron hasta el centro de la manta, donde se sentaron frente al mar.

Si el paseo improvisado hubiera sido de día, habría sido un éxito rotundo: de seguro el sol de octubre ya no quemaba tanto como en pleno julio. La brisa fresca de la mañana habría sido una caricia suave en la piel y no una ráfaga amenazante de viento empedernida en arruinarles la noche. Sin embargo, Eureka debía admitir que todo podría haber sido peor… si hubieran venido un mes después o en pleno invierno.

No era lo ideal, pero sabía que Madara quería subirle los ánimos después del desastre de la cena y, de paso, sacarle una sonrisa a su Child… quien la estaba pasando a lo grande. Neuvillette cantaba de la alegría cada cierto tiempo mientras se zambullía y luego, resurgía entre las olas.

“Los cantos de Hakuryuu-chan son como los de las ballenas, ¿no?”
“Ajá.” Eureka asintió, mientras colocaba la bolsa del pastel a su lado izquierdo. “Me pregunto si podría comunicarse con ellas…”
“Bueno, dudo que se le acerquen aun si pudiera.”
“¡Oye! ¿Estás insinuando que lo excluirían?”
“Bueno, es un dragón. Tiene sentido, ¿no crees?”
“…” Eureka intentó refutarle, pero suspiró resignada. “Supongo.”

La conversación murió en ese instante y Oikawa no pudo evitar sentirse un poco incómodo ante ello. Desde hacía un tiempo sentía la necesidad de preguntarle qué había ocurrido durante la noche como para que aún siguiera con los ojos rojos. ¿Por qué Lelouch la había hecho llorar tanto? Ok, tal vez esa pregunta se respondía sola. Entonces, debía ser más específico.

¿Acaso… Eureka había intentado regresar con él?

Oikawa no era ingenuo ni estúpido. Era obvio que su amiga aún sentía algo por su ex. Al fin y al cabo, nadie sería capaz de olvidar a su primer amor con tanta facilidad y rapidez. Más aún si se trataba de alguien que conocía desde pequeña y, que encima de todo, había sido su mejor amigo casi toda la vida.

No entendía bien los detalles del caso. Oikawa no sabía cuánto tiempo habían estado juntos porque Eureka le había contado que se había mudado a Londres durante algún momento de su pubertad, pero bastaba con saber que habían sido varios años, entre los que pasaron juntos antes de su mudanza y los que pasaron juntos cuando se reencontraron en Japón a inicios de la preparatoria.

“Jeje.” Eureka le sonrió.
“¿E-eh?” La voz de su amiga lo sacó de sus pensamientos. “¿Qué pasa?”
“Ah, es que me estabas mirando muy preocupado. Y eres tan predecible que ya sé en qué estás pensando.”
“A ver, ¿en qué estoy pensando?”
“…Si intenté regresar con Lelouch o algo así.” Eureka desvió la mirada hacia el mar.
“¡Ack!” Oikawa saltó en su sitio, un tanto asustado. “¡¿Acaso has obtenido la habilidad de leerme la mente o algo así?”
“Insisto. Eres muy predecible.”
“…Bueno.”
“¿Bueno qué?”
“¿Qué pasó?” Oikawa retomó su expresión llena de preocupación. “¿Me vas a contar? La verdad, sospecho que Madara-chan se escapó con la excusa de la toalla para obligarte a que hables conmigo.”
“…Wow, es cierto.” Eureka asintió, maravillada con aquella conclusión. “¡Recién le encuentro sentido a todo! De seguro pensó que no le contaría la verdad a él, pero que sí podría hablar al respecto contigo…” Y volteó de nuevo a mirarlo.
“…”

Oikawa no sabía cómo ni por qué… pero algo había cambiado en el ambiente de un momento a otro.

La mirada de Eureka era tan penetrante que lo motivaba a creer que ya había descubierto su secreto. El key agradeció que las luces de los postes no bastaran para iluminar su rostro, puesto que habrían sido capaces de delatarlo: no cabía duda que estaba sonrojado hasta las orejas.

Sin embargo, en medio de la vergüenza, la confusión volvió a apoderarse de él, llenando su mente de preguntas.

¿Cómo era posible que Eureka no hubiera hablado de esto con Madara si él había estado presente? Entonces… ¿el cantante estaba igual de perdido que él? ¿Qué había pasado con Lelouch en realidad?

La situación se le hacía cada vez más y más incomprensible.

“Un momento, ¿qué? Entonces, ¿no has hablado al respecto con Madara…?”
“Lelouch me llamó en la tarde y volvió a hacerlo a las 8 y tanto.” Eureka lo interrumpió mientras se ponía a jugar con la tela de su vestido, distraída. “Le contesté pensando que era Madara porque habíamos quedado en vernos un rato antes de que regresara a Hanasaki para encargarle a Neuvillette a Gojo-sensei… y bueno, pensé que tal vez quería cambiar el punto de encuentro o algo así. Pero no, era Lelouch. Me dijo que quería reunirse conmigo porque quería pedirme un favor.”
“…Mm.” Oikawa asintió.
“Sonaba tan angustiado… y encima de eso, me ofreció que haría lo que le pida a cambio, así que acepté sin pensarlo dos veces. Y fui con Neuvillette y Madara porque sabía que no me iba a alcanzar el tiempo para hacer todo. La verdad, fui con ellos porque mi intención era pedirle que dejara vivir a Neuvillette en su mansión por un tiempo mientras nosotros buscábamos un apartamento que nos permitiera vivir con él y con Iwaizumi.”
“¿Y dónde se reunieron?”
“Lelouch había hecho una reserva en un restaurante francés muy elegante que habíamos visitado antes. Nos alistamos y fuimos los tres al punto de encuentro.”
“Bueno, al fin entiendo por qué tienen estos atuendos.”
“Sí, sé que no suelo vestirme así de formal.” Eureka le sonrió, pero volvió a desviar la mirada. “Lo cierto es que… la cena empezó muy tensa. Lelouch me cuestionó sobre Nea D. Campbell y los Blaiddyd. ¿Recuerdas que fuimos a la plaza de comidas de Singapur con Wolfgang?”
“Ah, claro.” Oikawa asintió. “Es un tipo enigmático, pero en ningún momento me dio mala espina.”
“La verdad, a mí tampoco. Pero no deberíamos fiarnos de alguien como él. Al fin y al cabo, su sirviente es Nea. Quién sabe si está al tanto de todo gracias a él.”
“Mm… ¿Britannia-chan también sospecha de los hermanos Blaiddyd?”
“Sí. Al inicio, me interrogó sobre Nea. Le conté sobre nuestro primer encuentro durante el ataque a Hanasaki… y luego, cuando me crucé con él en el gokon. No lo he visto muchas veces a lo largo de este año, pero basta con decir que me he topado con él en Tokio más veces de las que recuerdo haberme cruzado con él cuando vivíamos en Inglaterra.”
“Y todo es culpa de Rizembool.”
“Exacto.” Eureka suspiró. “Bueno, después de eso, Lelouch empezó a victimizarse y nos pusimos a discutir sobre nuestra relación y por qué terminamos. Fue ahí cuando Madara y Neuvillette se retiraron del salón. Supongo que en esos quince, veinte minutos… Madara le habló sobre el mar.”
“Ah, tiene sentido. Ahora entiendo por qué no sabías nada del plan… y por qué Madara-chan estaba tan perdido respecto al motivo de tu llanto.”
“…” Eureka se llevó las manos a la cara, frustrada. “No te voy a negar que le agradezco que se haya ido, pero me habría gustado que se hubiese quedado. Tal vez las cosas habrían sido distintas si ellos dos no se hubieran ido. Lelouch sabe cómo manipularme a la perfección a solas… y casi me creo su mentira de que, según él, se siente muy arrepentido por todo y sabe que tiene parte de la culpa de lo que sucedió. ¡Me dijo que básicamente había pensado en terminarme desde que VOLVÍ A SER HIME!”
“¡¿QUÉ?! ¡¡¡Eso es muy descarado de su parte!!!”
“Sí. Y eso no es todo: intentó justificarse. Pensó que lo mejor era no decirme nada hasta después… porque podría haber sido muy pesado para mí. ¡Es un imbécil! ¡¿Qué creía?! ¿Que aceptaría tranquila la ruptura en pleno conflicto con Rizembool? ¿En un momento tan tenso como ese? ¡Ay, por favor! ¡Vivíamos juntos! Todo ese asunto me desestabilizó por completo. ¡Aún sigo mal por su culpa!” Eureka se llevó las manos al pelo y tiró levemente de este. Habría jalado con más fuerza de no ser porque aún tenía miedo de quedarse pelada. El decolorante se había convertido en su peor enemigo… junto a su ex.
“Lo siento, Eureka-chan…”
“Hace un rato estaba muy triste. Lloré cuando salí de la cena porque me sentía muy estúpida con todo lo que había sucedido. Últimamente siento que no puedo controlar nada de lo que me pasa. Como si todo se me escapara de las manos. Y lo de Lelouch ha sido la cereza del pastel. ¿Pero ahora? Ahora quiero matarlo, Dios mío. De solo pensar que jugó conmigo para que sea su <espía> o lo que mierda sea… ¡RAAAAH!” Eureka se despeinó, irritada consigo misma.
“¿E-espía?” Oikawa cada vez se veía más y más confundido.
“Bueno, Madara y Neuvillette estuvieron presentes en ese momento. Eh… nada. Cuando me calmé —no sé por qué, la verdad—… volvimos a hablar de Campbell y de los Blaiddyd. Y me dijo que el favor que quería pedirme era que investigara a fondo a esa familia… porque <yo contaba con los poderes necesarios para hacerlo>. A diferencia de él, que es un debilucho y un bueno para nada.”
“Supongo que rechazaste su propuesta, ¿verdad?”
“Sí. No soy tonta, hombre.” Eureka le sonrió. “Aunque… accedí a reunirme con él de vez en cuando para intercambiar información. Así que tal vez soy un POCO tonta. Pero no imbécil. ¡No sé!”
“Con razón Madara-chan se ve muy preocupado.”
“¡¿Y quién no lo estaría?! ¡Hasta yo misma estoy preocupada! No debí haberle dicho que sí. Pero ya me sentía muy estúpida con el simple hecho de haber aceptado su invitación a cenar. Tanto que rechazar esa oferta iba a ser la cosa más ridícula que habría hecho en mucho tiempo. Además, me dijo que aún queda en pie el trueque. Puedo pedirle lo que quiera a cambio. En ese momento, no se me ocurrió nada… y ahora, tampoco. Imagino que tal vez, en un tiempo… le sacaré provecho a eso.”
“Cada cosa que has dicho suena más frustrante y preocupante que la anterior.”
“¡LO SÉ!” Eureka se tumbó en la manta. “¡Me siento tan patética! Volví a ser la tonta y sumisa que se cuestiona cada cosa que hace. Aquella tarada que solo existía para complacer a su pareja. ¡Cuando debería haber aprovechado aquella oportunidad para meterle el puñete que se merecía! ¡UGH! No puedo creer que me juzgó por haber aceptado ser HiME de nuevo.”
“Sonará egoísta, pero me alegra que lo hayas hecho.” Oikawa le esbozó una sonrisa.
“Eres lo único bueno que ha salido de eso. Ah, y Mona y Neuvillette. Hablando de Morgana… tengo que regresar a la mansión HiME para contarle las malas noticias. Esto se siente como tener que despedir a algui…”

Eureka se detuvo en seco al ver la expresión seria en el rostro de su amigo.

“¿Oikawa?” Lo llamó, intrigada, mientras se incorporaba para quedar sentada de nuevo. “¿Estás bien?”
“¿Q-qué? ¡Ah, sí!” El castaño asintió. “Es solo que… me preocupas.”
“Ya te dije: bienvenido al club. Somos varios.”
“Es que esto suena peligrosísimo. No puedo hablar sobre Wolfgang-chan, pero… ya sabemos cómo es Nea-chan.”
“Sí. Lo único que se me ocurre es sobornar a Kokichi. ¿Ellos no trabajan juntos? O trabajaban. No sé.”
“Creo que mi deuda debería haberte enseñado que hacer tratos con Kokichi-chan es muy peligroso.”
“¡Lo sé! ¡¿Qué quieres?! ¡¿Que vaya directo con Nea y lo cuestione?! ¡Ese tipo y Karasu han estado a punto de matarnos! Y aunque Kokichi no es santo de mi devoción, creo que lo mejor sería hablar con él. Quién sabe… tal vez este asunto lo saca del aburrimiento y eso basta para motivarlo a ayudarnos.”
“Quizás la solución es llamar a Britannia-chan y decirle que no podrás hacerlo.”
“…No quiero hablar con él de nuevo. ¿Qué tal si lo haces tú? Ah, eso me encantaría, la verdad.” Los ojos de Eureka comenzaron a brillar de la emoción. “¡Con lo mucho que te odia, sería perfecto!”
“¿Me odia?”
“Sí, admitió que le diste celos o algo así. Aunque no sé si será cierto, tomando en cuenta de que al menos 80 % de las cosas que me ha dicho hoy son mentiras.”
“Bueno… tal vez eso sí es verdad.” Oikawa desvió la mirada, avergonzado.
“¡¿Qué?!”
“Hay algo que no te conté…” mencionó, aún sin mirarla. “Tuvimos una conversación ese día que protegimos a Nanamine-chan. ¿Recuerdas que me quedé con él a solas por un rato?”
“Ah, sí. Te pedí que lo protegieras… aunque luego fuiste a ayudarme. Y te debo una por eso.”
“Bueno… me confesó que estaba muy irritado porque creía que yo era el culpable de que tuvieras tantos enemigos por parte de Rizembool. Y sonó muy sincero, eh. Parecía que tenía ganas de ahorcarme o algo así.”
“Lelouch es así. No creo que haya sido algo personal.”
“Yo sentí que sí. De seguro pensaba que le estaba robando a su novia y no sé qué. Además, luego descubrimos que yo era tu nuevo key. ¡¿Eso no habrá sido una prueba contundente que confirmó su hipótesis?!”
“¡¿Qué hipótesis?!”
“¡Que…!” Oikawa se tapó la cara de la vergüenza. “¡Que lo habías engañado conmigo!”
“Ay, no seas tonto. ¡No lo he engañado contigo!”
“¡Yo sé! Pero su tono y sus palabras me dieron a entender que creía que lo estabas engañando. Sé que no tiene sentido: si nos hubiéramos besado o… bueno.”
“O acostado.”
“S-sí…” El castaño contempló la idea de lanzarse al mar a ahogarse en ese instante. Aunque existía la posibilidad de que Neuvillette lo salvara, la idea sonaba muy tentadora en ese momento. “Te habrías quedado sin poderes, ¿no? O un día… o por siempre.”
“¿Eso les enseñan en el curso de rebels 101?”
“No, tonta. A nosotros no nos enseñan nada. Lo sé porque a ustedes les cuentan los peligros del contacto con los rebels y blablablá.”
“¿Y qué HiME te contó eso? Yo no recuerdo haberlo hecho.”
“Una… que conocí en una fiesta en marzo de este año.”

La joven en cuestión habia sido una de las tres que había conocido en esa reunión. Ni se acordaba del grupo de amigos que había organizado aquella fiesta pequeña de inicios de ciclo o con quiénes había asistido a ese lugar. Lo único que recordaba con claridad era a aquella HiME, una chica guapa y brillante que le había contado sobre el conflicto entre Rizembool y Hanasaki con muchísimos detalles. Su estado de ebriedad la había motivado a hablar del tema en cuestión con un extraño como él, quien la escuchó sin creerle en absoluto. Al fin y al cabo, sonaba como la clase de sandeces que un ebrio diría al borde del coma etílico.

Hasta que lo habló con Souji y confirmó que era cierto.

“Ahhh… ¿Y qué pasó? ¿Por qué no le seguiste hablando?”
“¡N-no es lo que crees! Sí, nos besamos, pero nada más. Y solo hablamos esa noche. No la volví a ver, la verdad… espero que esté bien.”
“Mira tú, qué caballero. Aunque me sorprende que no le hayas hecho el chiste de que eras un rebel y tal vez se quedaba sin poderes.” Eureka le sonrió de lado.
“¡No le creía! ¡¿Por qué lo habría hecho?! ¡Sonaba como un manga de chicas mágicas o algo así!”
“Entonces, ¿cómo llegaste a ser rebel?”
“Bueno, lo hablé con Sou-chan y…” Oikawa suspiró. “Eso me convenció que era cierto.”
“Ah… ¿y luego te reclutaron?”
“Sí. Y ahí ya no me quedaron dudas.”
“Mm.” Eureka observó al mar, pensativa. “Supongo que debo agradecerla a esa extraña. Tal vez estamos aquí solo por ella.”
“…S-sí.”


Cho


Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

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*conteo*

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Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Cho

Otro fic hecho en un vuelo y con un indeterminado déficit de sueño, ojalá no haya muchos errores. Al menos terminé un fic para variar, ahora a continuar con mis quehaceres *dead* (...)

117.6.





Pronto se iría a terminar el evento que había sacudido a Rizembool y Hanasaki desde sus bases, uno que, para variar, no había sido parte del conflicto, más bien brindando una pausa de aquella perpetua maldición entre ambos bandos.

En una ‘isla’ entre las personas caminando por Hanasaki, los hermanos Shroud estaban prácticamente escondidos bajo un pequeño árbol y entre arbustos, con el mayor revisando un laptop casi desposeído.

“El último reporte ha sido enviado,” dijo Ortho, ni bien completó su función. Ante el fin de dicha información, el pequeño pasó a animarse. “Todo listo, nii-san. Sólo queda escribir uno más de la segunda mitad del presente día y tendremos el fin de semana para descansar.”
“Hm…” Idia a su costado pasó a murmurar algo inaudible.
“¿Nii-san? ¿Dijiste algo?” el pequeño ladeó su cabeza.
“Eh… ‘sí… ojalá que lo sea…’ eso fue lo que dije…” luego de su muy leve sobresalto, su voz continuamente bajó de volumen. Su cansado rostro indicaba su poco interés de conversar. “Gracias por hacer eso…”
“Hmm, nii-san, puedo ver que no has dormido bien,” observó el pequeño, frunciendo el ceño con preocupación. “Esta ha sido una semana con menos por hacer, pero has dormido como si te hubieran dado todas las tareas.”
“Dormir es para los débiles…” murmuró. Dicha laptop tenía un browser game abierto, cuya mecánica era del tipo repetitivo de recaudar recursos ficticios y puntos en un evento para lograr entrar al ranking. Idia tenía unas visibles ojeras y la manera en la que tecleaba le asemejaba a un zombie sin voluntad personal restante. “Ha sido una productiva semana. Al no necesitar monitorear nada de los especiales que se pelean entre ellos, he podido rankear para mi oshi casi sin interrupciones… al menos termina este fin de semana y así podré asegurarme un lugar en el tier 1.”
“Uhh… nii-san, pensé que me dijiste que no irías más arriba que el tier 4…”
“¿Cómo no lo haría si hay tan poca competencia esta vez?” preguntó alarmado y se encogió de hombros como si reclamara uno de los derechos más básicos de la vida. “He estado recaudando recursos por ya tres meses y justo coincide con la mejor semana que he podido tener en mucho tiempo. Que tenga el tiempo para dedicarme al ranking justo en el evento que me importa es más que una señal. Si no lo aprovecho ahora sé que deshonraré el discord de fans en el cual soy moderador.”
“Eres moderador ya en como cuatro discord, no todo tiene que ser una señal,” reclamó Ortho, visiblemente preocupado. “Vamos al menos a comer algo. He oído tu estómago rugir ya dos veces.”
“Uhh, no, ahora es un mal momento,” Idia miró de reojo de un lado al otro. Su ‘isla’ en medio de un sendero que surcaba un parque justo estaba rodeada de un grupo grande de personas que salían de un evento que acababa de terminar. “Al menos que pase esta manada primero.”
“Pero van en el sentido al comedor más cercano, deberíamos de ganarles.”
“Habrá un espacio en el negocio menos popular, no que me importe mucho qué coma.”
“Dices eso pero siempre has sido un picky eater…” Ortho dio un suspiro. Hubo un corto momento de silencio. “Ya, ya se fueron, no hay moros en la costa.”
“…” dio un suspiro. “Ya, déjame terminar con este run.”

Aquella acción tomó alrededor de un minuto, y al haberse decidido a apaciguar a su hermanito, Idia cerró su laptop, se preparó mentalmente a retornar al mundo soleado fuera de su refugio, y se abrió caminó entre los arbustos para retirarse de su escondite…

Lamentablemente, a diferencia de hace alrededor de un minuto en el pasado, el peliceleste no fue recibido por un sendero libre. En su mayoría sí lo estaba, pero se encontró frente a frente con dos personas que no eran desconocidas para él.

“Oh…” Larsa se sorprendió.
“Eh…” e Idia se quedó petrificado. “¡Eh!”
“Nii-san, ¿qué haces? ¿Por qué te escondes?” preguntó Ortho, quien estaba justo por salir detrás de él.
“Tsk, no, no puede ser, yo que me ufanaba de estar libre del mundo y me encuentro con uno de los señoritos de Rizembool, maldición…” murmuró el hermano mayor, encogido y agarrando su cabeza con ambas manos.
“Hm…” Jakob le miraba desde arriba. Dio un suspiro despectivamente. “Será que algunas personas nunca cambian.”
“¡Ah! ¡Ha sido mucho tiempo!” por su parte, Ortho se alegró. “Buenas tardes a los dos, ¿cómo están?”
“Me encuentro bien, gracias por preguntar,” Larsa asintió. Miró hacia Idia. “Supongo que ustedes también lo están, ya que te muestras contento, Ortho.”
“Nii-san no es muy predecible en su comportamiento, lo entiendo,” observó el pequeño, apenado. “Ya lo has visto en ataque de pánico varias veces…”
“Imagino que sabes que este encuentro es uno casual, Idia, no tengo nada que pedir de ti, no que lo haya echo en el pasado tampoco,” observó Larsa, frustrado. “Por favor deja de encogerte. Has apoyado tu laptop en la tierra y temo que vaya a ensuciarse.”
“…sí…” con esa respuesta echa con pesar, el hermano mayor se rindió ante su realidad y le quedó salir, sin perder sus bajas energías y reserva generalizada. Desvió su mirada. “…si de todos modos andas quieto, será que quieres hablar conmigo… ¿qué quiere el señor Solidor de mí…?”
“…” Larsa frunció el ceño. “Tú siempre has sido uno de los pocos en Rizembool que no se han referido a mí por mi apellido. Te pido que me sigas llamando Larsa.”
“…la última vez que nos vimos tú no eras el amo y señor de tu familia…” dijo desviando su mirada. “No quiero meterme en problemas, eso es todo…”
“No lo estarías de ninguna manera, pero sigue tratándome igual, por favor.”
“Al menos sí tienes algo de decencia en tu comportamiento, ya veo,” por su parte, Jakob se había visto ligeramente aprobatorio por aquella etiqueta, para frustración de su señorito.
“…” Idia dio un suspiro. Frunció el ceño ligeramente. “Y bien… ¿quieres algo de mí o me estás haciendo quedarme plantado en el piso nomás? No sé qué debería hacer ahora.”
“Hm… qué poco atino de su parte…” sin duda la aprobación del mayordomo duró muy poco.
“Quisiera ponerme al día con ustedes, ha sido mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, después de todo…” Larsa dio un suspiro. “Les invito a comer algo, y descuiden, no pretendo quitarles mucho tiempo.”
“Oh, no hay problema, Larsa, hehe,” Ortho celebró. “Hoy tenemos muy poco por hacer, ya estamos prácticamente libres.”
“O-oye, Ortho, recuerda que ando en plena labor espiritual en este momento,” le susurró su hermano, en apuros.
“Vamos, nii-san, nadie se va a morir si te botan al tier 2,” se quejó el menor.
“¡Yo me moriré! ¡No lo digas como si fuera un hecho!” se escandalizó.
“¿Y qué se supone que es a lo que se refieren?” Jakob alzó una ceja.
“Lamento decir que tengo una idea…” en algún momento había oído a Sora referirse a un juego que usaba dicha terminología, y sabía apenas lo suficiente para no querer saber nada más. “Si no les incomoda, vamos a una cafetería un poco más lejana. Conozco un buen lugar donde estaremos más cómodos.”
“¡Claro, en marcha!” Ortho asintió efusivamente y se puso a empujar a su hermano para ni darle espacio a que fuera a quejarse.




Se acercaba el final de las olimpiadas con competencias finales y algunas premiaciones, todo en rumbo a la clausura. La intensidad y algarabía de los previos días decrecía y estaba pronta a dar el retorno de la usual rutina. Hanasaki y Rizembool se habían lucido como excelentes anfitriones para los visitantes de distintas instituciones y universidades a lo largo del país al haberse encargado de la planeación para estadías, transporte y voluntarios listos a asistir a todos los presentes. Era conocido el hecho que dichas instituciones se podían considerar rivales como dos universidades de alto prestigio que pretendían aclamar ser mejor que la otra. De todos modos, su habilidad de coexistir y colaborar para los visitantes externos había sido merecedora de elogios.

…y así era como se iba a quedar, era una pulcra reputación que convenía a ambos lados por igual, los cuales, si se podían considerar aliados en algo, era en mantener las riñas en secreto, una complicidad que les salvaba de mayores problemas.

Sin embargo, siempre habría inconformidad a aquel ‘pacto’ de silenciar toda riña, por diversos motivos. La guerra en sí, incluso para los participantes de esta, continuaba siendo un mal que no brindaba una escapatoria o solución. El reclamo de muchos con respecto al descaro de Rizembool o la hipocresía de Hanasaki era más que entendible. Ya se había alcanzado una especia de normalidad que violaba la decencia y el sentido común.

Pero, en medio de aquellos que protestaban, había los cuales podrían no encontrar un entendimiento mutuo con nadie más. Yato había disfrutado de unos días en los cuales fue permitido caminar entre las dos instituciones como otro visitante más que se encontraba únicamente para ser espectador de los eventos. Gozó con el privilegio de movilizarse a su discreción, hasta de ser un frecuentador de un par de cafeterías, una en cada alma mater, donde empezó a volverse un grato invitado por su carismático trato con los trabajadores.

Y aun así, pese a haber sido concedido dicho privilegio después de su liberación de la prisión dentro de Rizembool, la quietud le había resultado inaceptable. Estaba sumergido en un juego de paz y apariencias que no era gratificante. Todo el tiempo de su andar como otro asistente más, no había dejado de meditar sobre su superior.

“Le debo más de lo que podría deberle a nadie más, Yamata no Orochi-sama, por haber intercedido por mí y logrado mi liberación,” observó el ser escarlata, para sí. Se encontraba caminando por la universidad de Hanasaki, rumbo a la zona rural de esa universidad donde, a esas horas, las respectivas competencias habían llegado a su fin. Como resultado, apenas se podía ver contados transeúntes a distancia. “No existe otra persona con la autoridad que usted posee aparte de su humilde decisión para contrarrestar el dictamen que me habría desposeído de dicha libertad.”

Dejó el camino principal y tomó un trecho que llevaba a un pequeño establo, el cual había sido evacuado por motivos de logística durante las olimpiadas, cuyo uso no estaba operativo a esas horas. Lo sabía bien; los días de actividades le habían dado el tiempo disponible para estudiar sus alrededores.

Caminó encima de la paja para confirmar que, como había predicho, las rejas sin seguro del precinto habían bastado para apartar a todo transeúnte de la zona.

“No obstante, incluso usted, mi venerado señor, ha optado por respetar este código de conducta en el cual nada productivo puede ser logrado…” meditó, contemplativo. “No a muchos les concierne esta aparente paz. Un ser ilustre como usted lo es puede adornarse de una reputación bélica, e incluso así, ser receptor de extremo respeto. Si usted me permite…” realizó una venía muy pronunciada, con una mano sobre su pecho, sus ojos cerrados y una sonrisa tranquila. “Yamata no Orochi-sama, deseo aprender de usted.”



“Deseo convertirme en un caballero que sepa cómo imponer su propia conducta a los demás,” afirmó. Sus ojos decididos se abrieron, con su sonrisa contagiándose de perspicacia.

La paja debajo de sus pies empezó a despedir una tenue niebla roja, y esta se elevó y entrelazó. Eventualmente, enshyoujos cobraron vida alrededor de él. Aquellas orphans vampíricas se mantuvieron quietas y vacías, dentro del perpetuo trance que les correspondía ante la presencia de su creador.

“Mis estimadas damas, no han podido deleitarse a la par de los demás entre todos estos días. Descuiden, no me he olvidado de ustedes,” dijo con suavidad. La niebla incrementaba alarmantemente. “En un rincón de Hanasaki, en un área donde la gente común no osará a entrar, y aun así… un ambiente que ciertamente no pasará desapercibido a aquellos que no caen por la charada. Yamata no Orochi-sama, es así que tomaré mi primera lección. La invitación está extendida. Si alguna HiME decide ingresar a mi velada…” ensanchó su sonrisa. “…quiere decir que no romperé ninguna regla, ya que ellas estarán obligadas a participar, y se atendrán a las consecuencias.”

Nuevamente, se generó un frente rojo y la niebla quitó visibilidad alguna. Un laberinto escarlata acababa de generarse e irradiaría peligro en todas direcciones, para aquellos con la habilidad de detectarlo.

Y así, dentro de la ‘etiqueta’ de las olimpiadas, se dio inicio a un suceso que representaba alto peligro para aquellos alrededor.




Una vez todas las participantes de la competencia acudieron al frente, el anunciador empezó a dar la bienvenida a los asistentes, a la vez de felicitar a quienes habían llegado a las finales de atletismo en esa categoría.

“Eso estuvo demasiado cerca…” Rin dio un aliviado y agotado suspiro. Ambos gemelos podían ver a Dash recibiendo las indicaciones sobre su punto de partida.
“Espero que cargarla hasta aquí no le haya causado muchos mareos,” comentó Len. “No quisiera haberle dado una desventaja de algún modo.”
“Se le ve bien, e igual es mucho mejor que haya llegado a tiempo en vez de ni poder competir en su totalidad,” la rubia se encogió de hombros.
“Bueno, eso es verdad…”

Con esa última ayuda quedaba ver el escenario final de la última competencia de la intrépida Dash, quien logró su objetivo de alcanzar la competencia decisiva y ahora apuntaba al estrado en la premiación final. El resultado estaba a punto de verse, el cual… los dos gemelos no podrían quedarse a observar.



“¡…!”
“¡…!”

Fue como la alerta proveniente de una percepción no compatible para los humanos. Ambos enderezaron sus posturas y se mostraron tanto ensimismados como alertas en lo que terminaron por captar aquel críptico mensaje.

Estaban cercanos a una situación de emergencia y tenían que hacer sonar las alarmas de inmediato.

“¡Vamos Rin!” Len se levantó y de inmediato acudió a la salida de las gradas de espectadores.
“¡Ah! ¡Justo tenía que ser ahora!” Rin regañó, pero no se quedó atrás.
“…” a unas gradas más arriba, Horizon se percató de la evacuación de aquellos dos, y no tardó en retornar su atención a la venidera competencia. Aquella emergencia no sería su responsabilidad, simplemente le servía saber que algo sucedía, en caso de cualquier eventualidad.



“¡Eh!” Idia fue sobresaltado por el ringtone de su celular.
“¡Ah! ¡Algo ocurre!” y Ortho igualmente se puso alerta.
“Presumo que dicho ringtone está relacionado a reportes relacionados con el conflicto,” observó Jakob, con una mano en su mentón. “Pero, ¿quién podría arruinar esta actividad con impunidad?”
“…” el peliceleste mayor se puso a leer los mensajes que había recibido con rapidez. Sus ojos cansados se movían de un lado al otro repetidamente.
“Ese sonido no es únicamente referente a cualquier asunto de la guerra. Lo recuerdo bien…” Larsa asintió, meditabundo.
“Oh, veo que ya lo conoces,” Ortho se impresionó. Debía tratarse de un previo encuentro entre Larsa e Idia donde él no había estado presente.
“…si fuera un caso regular, no me habrían contactado tan rápidamente. Sí… por supuesto que es ese espécimen recientemente reclutado por aquel aprendiz…” murmuró Idia para sí, en lo que terminaba de leer los detalles. Frunció el ceño. “Por supuesto que a su tipo de cientíloco le permiten librar a cualquier bestia y luego somos los trabajadores comunes como yo los responsables de limpiar el desastre.”
“…”
“Uhh, lo siento, Larsa, tendremos que ponernos al día en otro momento,” se disculpó Ortho, haciendo una reverencia. “Tenemos que irnos de una vez.”
“Tch…” y luego de terminar de confirmar la recepción de los mensajes, Idia apretó los dientes con frustración. “…por supuesto que algo malo tenía que pasar en el momento en que un SSR chara se me acerca. Apuesto a que todo hubiera estado bien si me quedaba entre los arbustos...”
“Si tan solo fuera tan fácil culpar a otros de todo lo que sucede,” Larsa dio un suspiro. “Entiendo que no te ha agradado verme, pero no digas cosas así.”
“¿Acaso insinúa que mi señorito es la fuente de inconvenientes?” preguntó Jakob, mirándole fríamente.
“¡E-eh! N-no, señor, lo siento…” ello probó asustarlo lo suficiente para retirar, o al menos esconder, su mal genio.
“Por cierto…” luego de aclarar aquel comentario de más de parte del peliceleste, Larsa le miró con seriedad. “No pretendo ser un estorbo, sin embargo, entiendo que hay varias cosas sucediendo en tu entorno últimamente, si hablas de que uno de los prisioneros bajo tu custodia ha sido liberado. Quisiera oír más sobre ello.”
“Eh, pues…” Ortho se sorprendió y pasó a desviar su mirada, en aprietos. “No sé si sea una buena idea, Larsa. No estás involucrado en el tema.”
“…Ortho…” para su gran pesar, Idia tuvo que acceder. “Él no es un señorito de Rizembool cualquiera. Sabes que los Solidor han tenido involucramiento con nuestro departamento en el pasado. Podrá no tener que ver con nuestro trabajo, pero no le podemos negar información,” negó ofuscado. “Igual no esperes que tenga tiempo para decirte demasiado.”
“Lo sé, gracias Idia.”
“Eh, mis más sinceras disculpas, señorito, pero no quisiera que usted fuera a ser expuesto a una situación de peligro,” observó Jakob, con leve inquietud. “¿No podríamos quedar en otro momento para que tengan dicha conversación?”
“No, Jakob, pienso que evidenciar lo que sucede es importante,” observó Larsa, tranquilamente. Le miró con atención. “Por más que no quiera mantenerme tan conectado a Rizembool, hay ciertos temas que nunca debería descuidar.”
“Usted hace mi trabajo complicado, le ruego que tenga prudencia.”
“Tendré cuidado, e igual…” sonrió un poco. “Cuento con la mejor mano derecha que podrá pedir, ¿no es verdad?”
“Eh…” se desubicó, y terminó por dar una leve venia con sumo respeto. “Usted me halaga. Haré todo lo posible.”
“Tsk, tsk, estos malditos SSR charas que creen que hablar es una acción independiente del tiempo…” se quejó Idia a voz baja.
“¡Tenemos que apurarnos, por favor!” suplicó Ortho. “He recibido las coordenadas. ¡Síganme!”




Entre las distintas personas bajo alerta, había alguien en particular quien no había necesitado recibir un mensaje directo para detectar dicha manifestación. Matsui corría ya dentro de Hanasaki, fastidiado por mantener su rostro cubierto con una máscara facial. No debía de faltar mucho para llegar al área donde dejaría de estar rodeado de personas y así nuevamente vestir de dicha capucha tecnológica que completamente cubría su rostro…

“¡Matsui!”
“¡Matsui!”
“!!!”

Además de un sobresalto que le sacó del ensimismamiento, el susodicho se giró para ver precisamente a los gemelos Kagamine quienes le habían dado el alcance, y jalar a cada uno de una oreja.

“¡Ah!”
“¡Duele!”
“¡¿Qué les he dicho de llamarme por mi nombre en voz alta?! ¡Por algo mantengo mi anonimato!” les requintó el rebel, con sus ojos celestes alterados e iracundos. “¡Si alguien fuera a descubrirme, juro que-!”
“¡Ya, lo sentimos, piedad por favor!” suplicó Len.
“¡Uhh, al menos dinos un nombre o código que quieres que te llamemos en emergencias!” reclamó Rin.
“Tsk,” luego de una rápida mirada y comprobar que no había ningún moro en la costa, Matsui les soltó. “Estoy en camino, no necesito que me digan nada,” miró en la dirección a la que debía acudir. “Lo siento en el mismo aire, sé a dónde ir.”
“Por favor ten cuidado, no debes excederte,” le recordó Len. “Por más que tú no seas víctima de esas enshyoujos, esa niebla roja puede hacer que pierdas el control.”
“Sí, recuerda que tu función es salvar a los desafortunados por encima de resolver el problema,” agregó Rin. “Al primero que contactamos fue al jefe. Él se encargará.”
“…” les miró como casos perdidos y dio un suspiro. “Lo sé, no tienen que decírmelo. Ya causé a waka-sama demasiados problemas durante los eventos del muelle. No volverá a suceder, lo prometo.”
“Seguramente Ootakemaru vendrá pronto y estará por los alrededores, todo estará bien,” Len sonrió y asintió. “Lo puedes buscar si tienes algún inconveniente.”
“Además no quieres ponerte en problemas con nuestro jefe. Ya te han encerrado varias veces,” le recalcó Rin, con severidad.
“…no me hables de dicho jefe de ustedes como si le debiera respeto. Waka-sama es el único al quien pienso obedecer,” dicho esto, Matsui continuó corriendo.

El par de rubios le miró marcharse con algo de inquietud.

“Sabemos que él estará bien, pero…” Len bajó su mirada.
“El problema es si él lastimará a otros,” Rin frunció el ceño. “No es justo que lo pongan a cargo de lidiar con ese espectro…”
“Yato no Kami está a un nivel más alto que él, no hay mucho que puede hacer en estas circunstancias...”
“Hmm…” Rin negó. “Nos toca creer en él, Len. Se le ve cada vez con más intenciones de ayudar y considerar a los demás. Él no es un monstruo como el revoltoso de hoy.”
“Tienes razón, Rin,” Len asintió. “Ahora nos toca seguir pasando la voz.”
“Ya hemos avisado a la lista de encargados del tema por mensajes. ¿Avisamos a alguien más?”
“Pues es verdad… al menos vayamos a ver por dónde andan.”
“Cierto, y de ahí podemos ayudar a desviar los transeúntes del área. Siento que estamos temprano esta vez, todo estará bien.”
“Hehe, seguro que sí.”

Con ánimos renovados, los gemelos continuaron con sus rondas.


Con su última competencia ya terminada, las tres HiMEs de la secundaria habían ido por un paseo a la zona de los huertos de Hanasaki, donde Tenshi enseñó unos letreros puestos a la entrada de unos invernaderos de la zona.

“Ahí está. ¿Lo pueden creer?” preguntó Tenshi, indignada.

Tanto Saki como Tsubasa se asomaron para leer los muy coloridos y directos mensajes de aquellos letreros. Entre ellos se leía ‘¡Fuera HiMEs!’ ’No se permiten a HiMEs en este recinto’ e incluso ‘Los huertos son una soberanía independiente de Hanasaki, pregunten antes de entrar’.

“Sólo me puedo imaginar el caos que ocurrió aquí el semestre pasado,” dijo Tsubasa, dando un suspiro.
“Sinceramente, me sorprende que sólo haya un rincón en Hanasaki que aclame su propia soberanía,” Saki se encogió de hombros.
“Tch, Cho ya me lo explicó, pero aun así, el desastre fue por los Rebels, no por las HiMEs, no es justo,” Tenshi hizo un puchero. “Nosotras que andamos con la moral baja por lo del muelle y tenemos que ver cosas así.”
“Vamos, no podemos demandar que todos vean las cosas como nosotras,” observó Tsubasa, sonriendo incómoda. “Ellos también lo deben haber pasado muy mal.”
“Y venir hasta aquí y leer esto fue decisión tuya, Tenshi,” le recordó Saki. “No los responsabilices a ellos.”
“Tsk, es que…” la peliazul bajó su mirada, frustrada.
“Hinanawi-san,” Tsubasa le sonrió y alzó un índice. “Sabemos que quieres reparar las acciones que cometiste esa noche. Te aseguro que todas nos sentimos así, pero no tienes por qué reclamar lo que otros piensen o digan. Eso no está bajo tu control. Lo que nos toca hacer es esforzarnos para hacerles ver que sí estamos haciendo todo lo posible.”
“Ver mensajes de este tipo son más un recordatorio de la responsabilidad sobre nuestros hombros, es así de simple,” dijo Saki, inmutada. “No te lo tomes personal.”
“Supongo…” dio una bocanada de aire, y luego de inflar su pecho, Tenshi levantó su cabeza, renovada. “No puedo dejar que esto me desanime, tienen razón. Para empezar, llegamos al segundo lugar en la competencia de jalar la soga. Tenemos que estar orgullosas de eso.”
“Haha, no pensé que llegaríamos tan lejos, es verdad,” Tsubasa rió un poco.
“Sigo preguntándome si usaste tu fuerza sobrehumana,” divagó Saki, mirando hacia el cielo.
“¡Oye! ¡Por enésima vez, juro que no! ¡Habría sido evidente que todas las demás chicas hubieran sido movidas como trapos, incluso ustedes!” exclamó Tenshi.
“Sólo ignora a Saki, te está tomando el pelo,” le aseguró Tsubasa.
“Por mi parte no lo celebro,” Saki agarró sus manos entre sí. “La soga me ha dejado las manos aturdidas y raspadas. Si tan sólo nos habrían eliminado antes...”
“Ni que fuera para tanto,” la peliazul se encogió de hombros. “Regresemos, me da curiosidad de ver qué andan haciendo las otras chicas.”

Empezaron el camino de regreso y continuaron por el sendero amplio que las llevaría a las partes más concurridas de la universidad de Hanasaki. Aquel camino inmerso en una animada conversación terminó por interrumpirse cuando Tenshi alzó su mirada por encima de los copos de los árboles y vio indicios de lo que parecía ser polvo escarlata.

“¡…!” inmediatamente pensó en la noche de la inauguración y apuntó a ese color. “¡Chicas!”
“¿Será…?” comenzó Tsubasa.
“Así parece…” Saki afiló los ojos. Como quizás debo haber predicho, Tenshi invocó un trozo de tierra debajo de ella y lo usó de plataforma para elevarse lo suficiente y observar dicha manifestación desde arriba.
“¡Hay toda una zona completamente cubierta de rojo, no puedo ver nada!” exclamó la peliazul, para entonces sorprenderse. “¡Parece que su tamaño está incrementando!” Tenshi tuvo la intención de volar hacia allá propulsada por su elemento, aunque un rayo de electricidad voló frente a su rostro. La impresión del mismo casi le hace caerse hacia atrás. “¡Ahh, ¿por qué hiciste eso, Saki?!”
“No fui yo, para variar,” la susodicha se encogió de hombros, casi con algo de sorpresa de, efectivamente, no haber sido la responsable.
“Hinanawi-san, este no es el momento de actuar impulsivamente. Tenemos que enseñarles a todos en Hanasaki que pueden contar con nosotras,” declaró Tsubasa, sonriendo con leve perspicacia, como si le estuviera enseñando modales.
“Tch, ya, está bien, señorita delegada,” Tenshi descendió de regreso a ellas. Le miró con reproche. “Pero no me mates, por favor.”
“Por lo que pasamos durante la inauguración, todo parece indicar que esa niebla roja era extremadamente peligrosa. No podemos aventurarnos solas,” afirmó.
“Sí, precisamente,” Saki dio un suspiro. “En especial Tsubasa y yo a quienes casi nos asesinó un único orphan. Serás más fuerte que las dos, pero sigues siendo sólo una persona. Hay que ver qué podemos hacer en conjunto.”
“Cierto,” Tenshi regresó el trozo de tierra a su hueco original y sacó su celular. “Le avisaré a Suzuka. Ustedes envíen un mensaje a la conversación con las otras HiMEs. No podemos dejar esto desatendido.”
“Enseguida,” Tsubasa asintió y se puso manos a la obra.

Era casi una segunda oportunidad, un momento en el cual que ellas podían reparar los errores cometidos hace poco, o quizás ni eso, pero la oportunidad de dedicarse a ayudar durante unos instantes inciertos y a tanta cercanía de civiles valía el esfuerzo que podían darle. Habían aprendido duramente de los sucesos en el muelle, y con más prudencia y un deseo de colaborar entre todas, estaban cometidas a no cometer las mismas equivocaciones una segunda vez y verdaderamente cumplir con la reputación protectora propia de las HiMEs.

Sin embargo, sus deseos a su vez las estarían llevando inadvertidamente a aceptar la invitación de un monstruo mucho más poderoso que ellas, el cual no estaban listas a afrontar…

...


Mimi Tachikawa

Y llegué xDD

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El silencio volvió a sentirse dentro de la tienda.

Mayura seguía observando el pequeño muñeco de madera.

Por más que intentaba convencerse de que simplemente había rebotado sobre la caja, algo dentro de ella le decía que aquello no era una explicación suficiente.

Su intuición rara vez se equivocaba.

-Definitivamente aquí pasan cosas muy raras...- se cruzo de brazos-

Hinata sonrió con la misma tranquilidad de siempre mientras acomodaba unos viejos libros sobre el mostrador.

-Supongo que una tienda de antigüedades debe tener ese ambiente…-

- Es que no me refiero al ambiente...-

Mayura volvió a mirar el muñeco.

-Es como si...- La rubia no llegó a terminar la frase.

Una sensación helada recorrió lentamente la habitación, que la hizo temblar de la cabeza a la punta de los pies.

No era exactamente frío, era como si el aire se hubiera vuelto muy pesado

Los relojes antiguos dejaron de sonar al mismo tiempo.

El tic tac que llenaba la tienda desapareció.

Mayura levantó inmediatamente la cabeza.

Aquello sí era extraño.

Hinata también había dejado de moverse.

Su expresión relajada desapareció por un instante y Mayura lo notó.

-Hinata-kun…-la mirada de Mayura se volvió seria y preocupada-

Él dirigió la mirada hacia la puerta.

-Creo que vamos a tener una visita no deseada…-

La campanilla sonó.

Pero nadie había empujado la puerta.

Esta simplemente se abrió sola,una fuerte ráfaga de viento recorrió toda la tienda.

Los papeles sobre el mostrador salieron volando,las cortinas comenzaron a agitarse.

Y una figura apareció lentamente en la entrada.

Cabello rubio brillante, ojos rojos como rubíes, una sonrisa llena de arrogancia.

Vestía una chaqueta negra con detalles dorados y caminaba con una tranquilidad absoluta, como si el mundo entero le perteneciera.

Mayura frunció ligeramente el ceño.

No conocía a aquel joven, pero algo en él resultaba...Muy peligroso.

El recién llegado estaba recorriendo la tienda con una sola mirada, su expresión era de absoluto desinterés.

-Qué lugar tan vulgar…-

Mayura infló ligeramente las mejillas- Oye, no seas maleducado con este lugar misterioso…-

El rubio apenas desvió la vista hacia ella, dejando escapar una pequeña risa.

-No estaba hablando contigo …-

Mayura cruzó los brazos, visiblemente molesta.

-Pues yo sí estoy hablando contigo-

Hinata soltó un pequeño suspiro.

El desconocido volvió a observar a Mayura con un poco más de interés.

Durante unos segundos ninguno habló.

Hasta que una sonrisa apareció lentamente en el rostro del rubio.

-Ya veo…-

Mayura inclinó ligeramente la cabeza.

-Así que tú eres una Hime…-

El ambiente cambió de inmediato

-…..-Mayura reaccionó sorprendida-

Aquella palabra no era algo que una persona normal conociera.

Ahora en estos momentos no era la chica curiosa que había llegado por aburrimiento, ahora tenia que tomar la actitud de una Hime, lista para pelear y proteger a Hinata-

-¿Quién eres tú?-

El muchacho llevó una mano al pecho con elegancia exagerada.

-Gilgamesh...-Hizo una breve pausa- El Rey…-

Mayura parpadeó.

-¿El rey de qué? -haciendo una expresión de que no lo conocía de nada

Por primera vez Hinata tuvo que contener una risa, para no romper el ambiente

Gilgamesh permaneció completamente inmóvil.

Un pequeño tic apareció en su ceja- Obviamente seré el Rey del mundo entero.

-Sabes que eso suena muy presumido verdad? ...-

Gilgamesh terminó sonriendo.

-Interesante…normalmente las personas bajan la cabeza cuando hablo…-

-Pues déjame decirte que actualmente no soy una chica normal…-

-Eso puedo percibirlo con solo verte…-

Los cristales de una vitrina comenzaron a vibrar, Mayura dio un paso hacia delante de manera instintiva,había reconocido aquella sensación.

-Tu eres un Rebel…-

Hinata retrocedió discretamente, no sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo, pero recordaba los incidentes que habían sucedido en Hanasaki

-Mayura-senpai...-

Ella no apartó la vista del rubio.

-No te preocupes Hinata-kun…yo te protegere…-

Gilgamesh sonrió con satisfacción.

-Excelente que sepas quien soy yo…así no tendré que explicarte nada…-

Una luz dorada apareció alrededor de él.Detrás de su espalda comenzaron a formarse lentamente varios círculos brillantes.

Como puertas suspendidas en el aire.

Mayura sintió un escalofrío,no sabía qué eran exactamente, era la primera vez que tenía a un rebel con un poder tan particular como ese, aún así no retrocedió

-¿Quién es la Hime con la que tienes que pelear? ...-

Gilgamesh respondió con absoluta naturalidad.

-Sakura Kinomoto…-Mayura abrió ligeramente los ojos, no esperaba ese nombre ya que Sakura era unos años menor que ella y pertenecía a un clan poderoso…-

-Entonces...-Frunció el ceño-¿Qué es lo que te trae aquí?

Gilgamesh sonrió como si aquella pregunta fuera absurda.

-Vine a buscarte...-

-Pero yo no soy tu Hime…-

-Lo sé…-

-¿Sabes que lo que haces no tiene sentido verdad? -

-¿Quién dijo que necesitaba una razón?...-Su sonrisa se volvió más amplia- Escuché que había dos Hime bastante interesante en esta ciudad, quería comprobar si era cierto, así que vine a visitarte a ti primero…-

Mayura sintió cómo la presión aumentaba todavía más.

-No pienso pelear contigo…y estoy segura que Tsubasa-san tampoco lo hará…-

-Eso no depende únicamente de ustedes dos…-

En ese mismo instante una de las puertas doradas se abrió lentamente.

Dentro brillaba la punta de una espada.Hinata dio un paso adelante.

-Por favor, les pido que no destruyan la tienda que Oujin-san puede enfadarse conmigo…-
Gilgamesh apenas lo miró.

-¿Quién eres tú? ...-

-Solo un empleado de este lugar...-

-Entonces no molestes y quédate callado…-

Mayura se colocó inmediatamente delante de Hinata.

-No lo molestes, él no tiene nada que ver…-

Gilgamesh arqueó una ceja.

-¿Lo estás protegiendo? ...-

-Pues claro es un kohai a quien debo de proteger…-

-Qué curioso…-

Las armas desaparecieron por un instante.

-Pensé que las Hime solo se cuidaban a ellas mismas…-

Mayura negó con la cabeza.

-Pues claro que no…no puedo permitir que lastimes a alguien que no puede defenderse...-

Hinata la observó en silencio.

Si las cosas empeoraban, él podría pedir ayuda a Oujin y los podría defender.

Pero también sabía que Mayura jamás permitiría que un civil quedara atrapado en una pelea.

Aunque ese "civil" estuviera guardando algún secreto

Gilgamesh soltó una carcajada.

-Excelente...ahora tengo todavía más ganas de luchar contigo.

Mayura apretó los puños.

Buscó instintivamente el vínculo con Flaffy, pero estaba fuera de casa junto a Kuro, por lo cual no contaría para nada con la ayuda de los dos

Gilgamesh lo notó.

-¿Qué sucede?-

Ella respiró hondo.

-No pasa nada…-

Sin Flaffy no podía acceder a todo su poder y Kuro tampoco estaba cerca de ella.

Era la primera vez en mucho tiempo que se encontraba completamente sola.

Gilgamesh dio un paso hacia ella.

-Me parece que ahora sí pareces preocupada…-

Mayura levantó nuevamente la cabeza.

Aunque estuviera en desventaja, no pensaba retroceder.

Detrás de ellos, Hinata desvió discretamente la mirada hacia el antiguo reloj que descansaba sobre la pared del fondo.

La aguja de los segundos comenzó a moverse al revés.

Uno…dos…tres...-

Una leve sonrisa apareció en su rostro.

-Ya falta poco...-

Mayura seguía sin apartar la vista de Gilgamesh.

-Hinata-kun…-

-¿Sí?...-

-Cuando empiece...-lo miró fijamente-

No terminó la frase, pero él entendió perfectamente.

-Lo sé...- dijo en pose de movimiento

- ¡Corre! -

Hinata negó lentamente con la cabeza.

-No puedo hacerlo…-no se movió ni un centímetro-

Mayura giró apenas unos centímetros.

- ¿Por qué? -

Él sonrió con una tranquilidad que contrastaba completamente con la tensión del ambiente.

-Porque prometí cuidar esta tienda hasta que Oujin-san regresara…-

Justo entonces, la campanilla de la puerta volvió a sonar.

Esta vez, alguien sí había entrado.

Y una voz despreocupada, casi perezosa, rompió el pesado silencio.

-¿Eh? ¿Ya empezaron sin esperarme?-

El ambiente entero pareció contener la respiración. Gilgamesh giró lentamente el rostro hacia la entrada, mientras una sonrisa llena de interés comenzaba a dibujarse en sus labios. Mayura, sin bajar la guardia, sintió por primera vez desde que había empezado aquella extraña situación que el verdadero dueño de la tienda finalmente había regresado. El enfrentamiento, sin embargo, apenas estaba comenzando.
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Falta una parte más y termino con esta parte xD

Matta nee!!


Eureka

Qué mes u_u






Eureka flexionó las piernas, acomodando su vestido para que las cubriera tanto como podía. Ni bien encontró una pose cómoda, las abrazó en un intento de abrigarse aún más, puesto que había empezado a sentir un poco de frío por culpa de la brisa y no tenía nada para cubrirse. En ese momento, se arrepentía de no haber llevado al menos una chompa o un saco, pero había salido tan apurada que ni había contado con el tiempo suficiente como para pensar en ese pequeño detalle.

Además… su plan original había sido solo ir a la cena, dejar a Neuvillette con Lelouch en la mansión Vi Britannia y, al final, regresar a la mansión HiME…

Pero todo le había salido al revés.

“…Sería lindo poder hacer un brindis o algo así, pero no tenemos nada más que el pastel.” Eureka suspiró. “Ni puedo enviarle un mensaje a Mama para que traiga vasos y algo de tomar porque dejé mi celular en el Jeep y… me da demasiada flojera regresar al carro.”
“Si gustas, yo le digo. Aunque no sé cuál es su número.”
“No me lo sé de memoria, genio. Supongo que le enviaré mis deseos a través de ondas telepáticas…” Entre risas, la HiME se presionó las sienes con los dedos índices. “¡Iiih! ¡Madara, trae algo de tomar! ¡Si está calientito, aún mejor!”
“Pfff.” Oikawa sonrió de lado. “Un poco más y le pedirás el sabor de té y la marca.”
“¡Ah! ¡Buena idea! ¡Madara, trae té de frutos rojos!”
“Jaja, Eureka-chan… a veces puedes ser muy ti…”

Oikawa se llevó las manos a la boca antes de decir semejante disparate.

¡¿<Tierna>?!

¡¿Qué rayos le estaba pasando esa noche?! El chico no entendía muy bien por qué, pero sentía que el ambiente tranquilo e íntimo que estaban compartiendo lo estaba motivando a ser más sincero de lo usual. Tal vez en unos meses, un momento como este habría sido perfecto para decirle lo que sentía, pero en estas circunstancias, era demasiado desatinado. Al fin y al cabo, Eureka estaba molesta y triste con su ex. Había pasado por una mala experiencia por culpa del inglés y lo último que necesitaba era sumarle más problemas innecesarios y momentos incómodos a su penas existentes.

Además, era obvio que no era mutuo. Su amiga seguía pensando en Lelouch y también se notaba que le gustaba un poco cierto cantante. Cantante que, en cualquier momento, regresaría de su misión de encontrar una toalla para Neuvillette.

“¿Qué?” Eureka arqueó una ceja. “¿Ti…?”
“Tiiii… ¿NoteintrigasaberporquéMadara-chanseestádemorandotanto?”
“¿Eh?” La confusión en su rostro era visible. “No sé. ¿Tal vez no le quieren prestar una toalla? Y no los culparía. A mí también me asustaría que un completo extraño entre al hotel donde trabajo en plena madrugada para pedirme una toalla. ¿Quién en su sano juicio se metería al mar a estas horas?”
“Yo lo haría si estuviéramos en verano. De hecho, quise hacerlo durante el viaje que hicimos por mi cumpleaños.”
“¿Pero no estuvimos en la playa de noche?” Eureka lo observó, intrigada.
“Sí, pero no nos quedamos hasta la madrugada.”
“Ah… bueno, es cierto. Creo que regresamos a la casa antes de las 11 o algo así. ¿Y por qué no te animaste a ir después? ¿O te quedaste dormido?”
“Porque no quería ir solo…” se lamentó Oikawa. “Eso iba a sonar muy patético, ¿no crees?”
“Nah. ¿Quién te habría juzgado por ir a hacer eso por tu cuenta? ¡Estábamos en verano! Hasta las noches eran calientes. Además, pudiste haberme avisado. Te habría acompañado.”
“Bueno, ahora sé que estás dispuesta a hacerlo.” Oikawa le sonrió. “Así que será para la próxima.”
“¡Ajá!” Eureka le sonrió. “Aunque preferiría que viajáramos a otro lugar en la época de tu cumpleaños. Un día de estos, el calor de Japón me asará hasta no dejar rastro…”
“Sería lindo planear un viaje al extranjero para las vacaciones de verano del año que viene. Pero primero… tenemos que encontrar un departamento.” Oikawa suspiró. “Eso es lo más importante ahora.”
“Sí…”

Eureka volteó el rostro de nuevo hacia el mar, pensativa. Su expresión llena de reflexión pasó a mostrarse acongojada, pero no tardó en recuperar la sonrisa tranquila de hacía unos instantes solo para despistar un poco a su amigo. No quería preocuparlo más de lo que ya lo había hecho.

Al menos… no aún.

Parecía que ese era el momento perfecto para decirle la verdad. La charla con Lelouch le había hecho recordar que no servía de nada guardarse las cosas bajo la excusa de proteger al resto si al final los iba a lastimar de todos modos. En vez de postergar las discusiones complejas y dolorosas, lo mejor era sincerarse con el otro y contarles sus secretos sin tapujos antes de que fuera demasiado tarde.

No quería que Oikawa la resintiera. Aunque conociéndolo, era imposible que lo hiciera. Sin embargo, de seguro creería que Eureka no le habría contado nada porque no confiaba en él. Y tal vez eso lo presionaría a esforzarse de más para poder asistirla en la lucha y protegerla. Pero sus buenas intenciones sonaban contraproducentes en esos momentos, cuando estaban a miras del Campeonato Interuniversitario de Vóley. Era la ocasión perfecta para que Oikawa se luciera y mostrara sus habilidades en la cancha. Así, captaría la atención de algún reclutador que le permitiría jugar en la selección nacional como Ushijima.

Ah, claro. Ese era el motivo por el cual no le había contado nada… y no había pensado en hacerlo por mucho tiempo. No quería distraerlo de sus objetivos y sus metas porque sabía que, a diferencia de Lelouch, Oikawa sí era capaz de poner en pausa sus planes a futuro solo para ayudarla.

Y quizás por eso se merecía aún más ser capaz de luchar por sus sueños y llegar muy lejos.

Le pareció irónico concebir la idea de buscarse un nuevo key justo cuando había nacido Neuvillette ese día, pero… tal vez era necesario. Y si bien entendía que del dicho al hecho había mucho trecho, no quería retener a Oikawa e impedirle que lograra lo que tanto había ansiado durante toda su vida.

Qué gracioso. Lelouch le había dado a entender que era tan egoísta como él… y estaba muy equivocado. Era tan sencillo ser solidaria cuando la otra persona también la consideraba.

“Oye, Oikawa…” Eureka se giró hacia él, un poco temerosa. Si bien no quería espantarlo con lo que iba a decir, sabía que lo desanimaría… y hasta podría meterlo en problemas con Iwaizumi. “Después de pensarlo un poco, creo… que le pediré ayuda a mi hermano.”
“¿Eh? ¿De qué hablas?” Oikawa se veía un poco confundido con sus palabras. “¿Ayuda con qué?”
“Con el tema de la vivienda. Creo que tiene un cuarto libre en su departamento. Podría pedirle a él y a Tatara que cuiden a Neuvillette por un tiempo… hasta que convenza a mi mamá de rentarme un departamento con dos cuartos. Tal vez si él interviene, lograré que ceda y…”
“¡¿Eh?! ¡¿Por qué?! ¡Pero ya le dije a Iwa-chan que…!”
“Lo sé.” Eureka suspiró. “Y lo siento… no quería meterte en aprietos. Pero creo que este problema podría ayudarme a reconectar con mi familia. Los he mantenido alejados de mi vida por andar muy metida en mis cosas y me parece que es un poco injusto. La verdad, no los he visto desde el viaje a Singapur. Y aunque Tatara y Anna de seguro no me resienten, Mikoto…”
“Claro, eso lo entiendo. Es solo que… no sé, supongo que el repentino cambio de parecer se me hace un poco extraño. ¿Hice algo malo…?” La preocupación en su rostro la descolocó un poco.
“¡No, no!” Eureka batió las manos para reforzar sus palabras. “¡No has hecho nada! Al contrario, me has apoyado y lo sigues haciendo.” La HiME deslizó su mano hasta encontrar la de su amigo y la acarició con una sonrisa en el rostro. “Aprecio muchísimo tu amistad. Has estado ahí para mí cuando nunca fue tu obligación… ¡Hasta secuestraste a un niño junto conmigo y Hizumi!”

“Y terminé en las noticias.” Oikawa le sonrió, más contento de lo que ese enunciado debería haberlo puesto.
“¿Ves? No puedo exigirte nada más. En la tarde hablamos sobre el Incore… y pensé que quería apoyarte aún más de lo que ya lo hago en el club. Pero creo que cada vez te ocasiono más y más problemas. Es un poco contradictorio, ¿no crees? Mis pensamientos hicieron que Neuvillette naciera… y ahora… me estoy cuestionando si de verdad puedo ayudarte tanto como tú me has ayudado a mí.”
“Bueno, no es una competencia, creo.” Sin soltar su mano, Oikawa se giró hacia el mar, divisando a lo lejos al Child. “Cada uno tiene que dar lo que puede dar. Nunca sería capaz de exigirte más si no puedes. Y que te levantes a las cinco y media de la mañana casi todos los días de la semana para apoyarnos en el club me parece sumamente valioso. La verdad, si te soy sincero… al inicio no pensé que te quedarías con nosotros por tanto tiempo. No por ti, claro. Sino porque el equipo está lleno de pesados.”
“Y ahora peor…” Eureka rio. “Pero está bien. Quiero creer que Kokichi no volverá a volar el gimnasio en pedazos.”
“Yo también…” Oikawa suspiró. “Yo también.”

Las pisadas en la arena que comenzaron a escuchar amenazaban con acercarse muy pronto a ellos. Aquel sonido motivó a Eureka a soltar su agarre y retirar su mano tan solo por precaución. Al fin y al cabo, Madara era pesado y existía la probabilidad de que malinterpretara ese gesto platónico entre ella y su amigo. De ninguna manera le daría la oportunidad de pasarse con sus comentarios. Ser tan cariñosa con su key había sido vergonzoso de por sí… y no quería que nadie resaltara el gesto o ahondara en este como si se tratara de algo grandioso.

Sin embargo, Oikawa se giró a observarla, confundido.

La mirada de Eureka intentó transmitirle un mensaje.

“¡Ahí viene Madara! ¡No podemos dejar que nos vea así o nos molestará!”

La confusión en el rostro de su amigo solo se intensificó.

“…” Eureka se llevó una mano a la frente, decepcionada.
“¡Eureka-san! ¡Tooru-san!” La voz enérgica de Madara hizo que se giraran un poco para ver a su portador.

Madara estaba cada vez más cerca de ellos y, para el alivio de ambos, cargaba un par de toallas dobladas.

“¿Te las prestaron?” preguntó Eureka, curiosa.
“¡No!” Madara sonrió… y la HiME se aguantó las ganas de lanzarse a ahorcarlo. “Me olvidé que muchos hoteles ya no cuentan con personal a estas horas de la madrugada, así que no había nadie a quien pudiera pedirle ese favor. Entonces, se me ocurrió una brillante idea: podía reservar una noche en una de las habitaciones. ¡Al lado de la pantalla de reserva, tienen un pequeño lócker que se desbloquea al confirmar el pago! Y en cada casillero, hay una tarjeta distinta.”
“Eso suena… como un love hotel.” Eureka lo miró con recelo.
“Creo que algunos hoteles están adoptando ese sistema porque así es más fácil lidiar con los oficinistas que llegan tarde a hacer su check-in luego de tomar el último shinkansen.”
“Ah… eso tiene más sentido.” Eureka asintió. “Pero dejando eso a un lado… ¿supongo que entraste al cuarto y sacaste las toallas del baño?”
“¡Ajá!” Madara colocó las toallas en el mantel para poder sacarse los zapatos y sentarse al lado de ambos.
“¿Y qué harás después de que las usemos? ¿Vas a ser el huésped fantasma y se las devolverás al hotel sin dejar rastro? ¿O te piensas quedar a dormir acá en Yuigahama?”
“Am… la verdad, también les reservé cuartos a ustedes,” comentó, mientras al fin tomaba asiento al otro lado de la HiME. “¡Ah, cierto!”

El cantante se alejó de ella para poder quitarse el saco y colocárselo en los hombros.

“Note que tenías frío.”
“¿Y tú no?”
“¡No! ¡Mama es invencible!”
“Puedes ser invencible y morirte de frío, ¿sabes?”
“¡Jajaja! ¡Eso no tiene sentido!”
“¡Un momento!” Oikawa interrumpió su riña carente de lógica. “Dijiste que… nos reservaste cuartos.”
“¡Sí! Tengo las tarjetas de acceso en mi bolsillo. Es solo una noche, así que no se preocupen. Pensé que lo mejor sería dormir unas horas y partir de regreso a Tokio a las seis de la mañana.”
“¡Pero mañana es jueves! ¡Eureka-chan y yo tenemos entrenamiento del equipo de vóley!”
“No nos quedará más opción que llegar un poco tarde.”
“¡NOOO! ¡IWA-CHAN ME VA A MATAR!”
“A veces ser padre es difícil,” le dijo Eureka, dándole un par de palmaditas en el hombro. “¡Pero mira el lado positivo! Neuvillette se está bañando en el mar y está muy feliz.”

El canto alegre del dragón resonó con fuerza, como si los hubiera escuchado y estuviese confirando las palabras de su ama.

“…Sí, es cierto.”

Oikawa se permitió esbozar una sonrisa pese al pequeño problema que lo acecharía en la mañana.
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