Author Topic: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back  (Read 395428 times)


Kana

Perdón las faltas. Lo escribí desde mi celular


Nada coincide con el presagio del acontecimiento, sobre todo cuando es tan inexacto.
Kana recién se enteró de ello ese día. Tal vez porque era demasiado egotista no lo notó antes sino hasta ese momento cuando se enfrentaba contra Inui en su entrenamiento.
Sí, se había descontrolado al verse impotente de hacerle frente a los ataques del rubio y como ello de modo arrebatado e iracundo intentó activar sus poderes para tan sólo intentar alejarlo de ella en su próximo ataque.
Pero se paralizó al ver que en su mano no se prendía ninguna clase de luz de energía que indicara que su poder se estaba produciendo para atacar a su enemigo. Kana abrió enormemente los ojos, atónita y quedando completamente en blanco.
Sin embargo, su poder ni siquiera se pronunció y en consecuencia Inui le atinó un golpe certero en el costado de las costillas y la derribó hacia un costado.

La HiME rodó por el piso y estrelló su espalda contra el tronco del árbol, soltando un quejido.

"Tonta..."
"I-Inui..." los mechones plateados desordenados cubrían su rostro dandole un semblante aún más decadente.
"¿...?" La miró con aquella inexpresión propia de su personalidad
"Mis... mis poderes...." balbuceó "Intenté invocarlos para atacarte sin que te dieras cuenta..."
"..." que tipa más tramposa y sabandija.
"Pero... N-No se presentaron mis poderes!" Llevó sus dos manos a cada una de sus mejillas y bajó la mirada, aún con los ojos muy abiertos. "No entiendo que pasa"
"..." el rubio no era precisamente el tipo de persona que pudiera darle apoyo moral o consuelo. Pero... inexplicablemente, algo podía aportar "A alguien que yo conocía le pasó lo mismo..."
"¿Tú... conoces a otra HiME?"
"Algo así..." no quizo dar mayores detalles
"¿Y qué pasó? ¿Por qué los perdió? ¿Cómo los pudiste recuperar?"
"Sólo un día llegó y los perdió. Ella nunca los recuperó. Eventualmente su Rebel aprovechó la oportunidad...."
"Mierda..." Aunque Kana fuera amargada y desagradable, no decía improperios pero en ese momento no pudo evitarlo. "¿Qué puedo hacer?"
"No sé... Deberías preguntarle a otra HiMe" el rubio se ajustó el vendaje de su puño y no supo con qué más aportar. "Me voy"

¿Qué debía hacer? Le incomodaba la idea de molestar a otra HiMe con sus problemas y tampoco quería demostrar debilidad ante otras personas. Pero era una realidad que tenía que buscar ayuda  porque no podía quedarse así.
Kaneki no era una persona que aprovechara su rol de Rebel ni la debilidad de otros para atacar, pero no podía esperar la misma compasición y piedad del resto de Rizembool.

Necesitaba encontrar respuestas




Cho


Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

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Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Miyu


6 # I don't believe you, you're a liar. (A).


Esa mañana, Akeno se despertó con un nudo en el estómago. La ansiedad que la había acompañado durante toda la noche seguía presente, enroscada en su interior como una serpiente. Intentó, sin éxito, apartar de su mente la prueba HiME de Koneko, que se llevaría a cabo ese mismo día. El solo hecho de pensar en esa prueba hacía que su corazón latiera con fuerza, lleno de preocupación y temor. No podía evitar sentirse furiosa con Azazel, quien había permitido que una chica tan pequeña y aparentemente desmotivada como su amiga Koneko se viera involucrada en algo tan peligroso. Akeno no podía entender cómo alguien podía ser tan irresponsable.

Aunque el resentimiento hacia Azazel era lo más prominente en su mente, también sentía una pequeña pero persistente molestia hacia Rias. A pesar de que la pelirroja siempre había sido una buena amiga y líder, Akeno no podía evitar culparla, aunque fuera un poco, por lo que estaba sucediendo. Después de todo, Rias también tenía cierta responsabilidad en lo que estaba pasando con Koneko. Akeno sabía que sus sentimientos eran irracionales, pero eso no hacía que desaparecieran.

Con un suspiro profundo, Akeno salió de su cuarto, tratando de mantener la calma. Caminó por el pasillo con tranquilidad, fingiendo una serenidad que no sentía. Estaba tan absorta en sus pensamientos que apenas prestó atención a la presencia de Narumi y Tobio, quienes ya estaban en la sala. Sin embargo, Narumi no tardó en notar su comportamiento y no pudo evitar burlarse de ella.

—Qué raro verte pensativa y no en los brazos de Tobio —comentó Narumi con una risa burlona, claramente disfrutando de la oportunidad de molestarla. Akeno lo miró con desdén, sintiendo cómo su irritación crecía.

Era cierto que ella y Tobio habían compartido momentos de cercanía, besos furtivos y confesiones de atracción mutua, pero hasta ahora no habían avanzado más allá de eso. Su relación era un terreno incierto, algo más que un simple ligue de una noche, pero aún no lo suficientemente definido como para ser algo serio. Akeno no estaba segura de lo que realmente quería con Tobio, y en ese momento, con todo lo que estaba sucediendo, lo último que deseaba era pensar en complicaciones románticas.

Tobio, notando la incomodidad de Akeno, intervino para calmar la situación.

—Oye, Naru —lo empujó un poco el otro joven y lo arrastró hacia la cocina—. Akeno está preocupada por Koneko, hoy es la prueba HiME de esa niña.

Narumi bostezo con desinterés.

—Lo sé, con Azazel iremos a hacer algunas mediciones, ¿sabes? El equipo está listo y en camino a Hanasaki. Si todo sale bien tendremos algo increíble.

La expresión de Narumi cambió ligeramente al hablar de la prueba. Una chispa de curiosidad apareció en su mirada, mostrando que, a pesar de su actitud despreocupada, había algo en todo este asunto que le interesaba profundamente. Akeno, que había estado escuchando en silencio, decidió intervenir.

—Ire contigo a Hanasaki —Akeno apareció al oír la explicación de Gen Narumi.
—Mira, serás un estorbo. Mejor manda un mensaje o se más normal. Las camionetas estarán llenas de personas útiles y equipamiento sofisticado —fue duro con sus palabras, pero, aun así, tenía razón.
—Estarás más preocupada allí e intentarás detener la prueba, es mejor que vengas a Grigori conmigo —Tobio se acercó a ella y le acaricio los cabellos como si de una niña pequeña se tratase.

La pelinegra asintió lentamente, sintiendo cómo una ligera sensación de vergüenza se apoderaba de ella. No era común que se mostrara tan vulnerable, pero el gesto de cariño de Tobio, aunque inesperado, le hizo sentir un calor reconfortante en el pecho.
Sin poder evitarlo, mordió suavemente el interior de su mejilla, un pequeño hábito que tenía cuando intentaba contener sus emociones y evitar que se notaran demasiado. A pesar de la turbación que la invadía, una parte de ella estaba genuinamente feliz por la ternura que su primo le había mostrado. En ese simple toque, había algo que la tranquilizaba, algo que le recordaba que no estaba sola en medio de todo el caos que la rodeaba.

—Está bien —respondió, su voz apenas un murmullo. La palabra salió escueta, casi cortante, pero no porque quisiera ser fría, sino porque no confiaba en su capacidad para articular algo más elaborado sin que su voz traicionara las emociones que luchaban por salir a la superficie.

Luego, en un intento por recuperar la compostura y desviar la atención de su propio desconcierto, Akeno sacó rápidamente su celular del bolsillo. El dispositivo brilló al encenderse, iluminando su rostro con una luz azulada. Sin perder tiempo, empezó a deslizar sus dedos por la pantalla, escribiendo un mensaje a Rias.

06:30 PM.
@QUEEN: Rías, espero estés yendo para casa de Koneko.

A los segundos el celular vibro.

06:31 PM
@KING: Estoy yendo a comprar cafés y unos panecillos. Ya hablé con Azazel y llevaré a Koneko a la U. ¡Buenos días, Akeno! ✨

Akeno suspiro más tranquila y una pequeña sonrisa apareció en el rostro. Era difícil estar enojada con Buchou, especialmente cuando mostraba tanta atención hacia sus amigas como buena líder.

Tobio les hizo el desayuno y después de comer los tres juntos, se despidieron de Narumi, al parecer Azazel lo había venido a buscar.

—Estate tranquila, Akeno —su primo le susurró—. En un rato iremos a Grigori.

Ella asintió, pero pronto una idea más cruzó por la mente de la mujer.

—Tobio onii-san —le susurró acercándose a él con cierta lentitud—. Quizás ya tenga nuevos planes, ufufu. ~

Akeno era difícil de ignorar, su cuerpo bien proporcionado y su voz aterciopelada siempre la hacía irresistible, incluso si solo estaba usando un short deportivo y una remera unisex, sus grandes senos se marcaban en ellos. Tobio de inmediato sintió las mejillas arder y tuvo que desviar la vista hacia otro lado; conocía lo descarada que podía llegar a ser su prima.

—A- —balbuceo—. Akeno, no es momento de bromas.
—¿Ara, ara? ¿Bromas? —dejo escapar una risa seductora, muy baja que llegó a oídos de Tobio, mientras se acercaba para tocarle la mejilla con suavidad.
El hombre se congelo de inmediato por un par de segundos, el tacto suave de ella lo volvía loco.


El celular de él vibro y un pequeño suspiro escapó de sus labios, había sido salvado por esa llamada, aun así, la mirada de él se deslizó por el cuerpo de Akeno, perdiendo un segundo el autocontrol una vez llego a los muslos tersos y bien formados de ella, subiendo lentamente por el trasero redondo.

—Mierda —mascullo antes de atender y salir de la habitación.
—Señor Qian… —el tono en su voz cambio a uno más apagado y sereno—. Estamos preocupados en Grigori por la cadena de eventos que están sucediendo a su alrededor y lo poco ético que parece como colega que es.
—¿Hm? —el hombre del otro lado se rió divertido—. Estoy cumpliendo órdenes, firmando papeles y aconsejando a mí cliente de la mejor manera. Que haya contactado con Beelzebub Anathema y Roxana Agriche es por los deseos de mí cliente. Nada más. El que esté preocupado por mí me conmueve hasta la médula… —respondió con tono irónico y al que le dio algo en la médula fue a Tobio.
—Puede que no me corresponda, ni tenga derecho a hacerle preguntas, aún así le sugiero que evite meterse en problema con mis amigas o usaré todo lo que esté a mí alcance para enviarlo a la cárcel.
—¡Já! —solto Jin Qian—. ¿Un abogado laboral? Dediquese a sus asuntos y dejé a los profesionales penalistas actuar, que el tiro le saldrá por la culata.
Cuando la otra persona cortó, Tobio no pudo evitar apretar el celular entre sus manos y ver una vez más el nombre del remitente de la llamada.
—Esto está bien sucio —murmuro para sí.
—¿Sucio? —la prima y posible amante pregunto con curiosidad.
—Narumi me pidió que investigara a un sujeto llamado Jin Qian, abogado penalista y profesor de cátedra que tuve en Nephlim. El tipo es simplemente jodido y bien sucio, aparenta cosas con una sonrisa amable.
Akeno le acaricio los cabellos azabaches con cuidado, devolviéndole el gesto, se notaba en él la frustración.
—Iré a Rizembool hoy para hablar directamente con él —suspiro sintiendo la cálida y suave mano de Akeno, eso lo reconfortó.
—Ir directo contra un hombre así de nada te servirá, es mejor que busques a los involucrados y llegues a él con pruebas —respondió sin entender del todo por lo que pasaba su primo.
—Tienes razón —contesto rebozando una sonrisa —. Entonces hablaré con Beelzebub y Roxana en Grigori.
Ambos decidieron salir a Grigori en ese momento, tomando un GO para llegar antes.
—Gracias Akeno —en el auto los dos siguieron conversando—. ¿Suzaku te ha dicho algo? Es a la primera que contaremos…
—Ni he mandado nada aun a Suzaku onee-chan. Con la prueba HiME de Koneko estoy algo ausente de mis emociones —confeso la chica—. Estoy pensando en ser una HiME por ella, no puedo dejar que mi amiga de arriesgue sola.
—No —la observo con frialdad—. No puedes aún, necesito investigar.
—¿Confías en Azazel? —le pregunto observando las manos del chico, que se hacían puños ante la repentina pregunta de ella.
—Mas o menos, Aza es un buen tipo —sus ojos grises apuntaron a Akeno, quería verla—. No te lastimaría a ti o a Koneko.

Tobio sabía que Akeno proyectaba una imagen de confianza y coquetería, pero también entendía que, en el fondo, ella era una persona emocionalmente dependiente. Esa dependencia la hacía vulnerable de una manera que solo él parecía notar. Akeno necesitaba a quienes la rodeaban, a quienes amaba, para sentirse segura, para encontrar su equilibrio. Y aunque se mostraba juguetona y provocativa, Tobio podía ver más allá de esa fachada, notando el miedo y la inseguridad que ella intentaba ocultar.

Su preocupación por Akeno no se debía solo a la prueba HiME de Koneko o al caso de Jin Qian; era más profunda, más personal. Le preocupaba la forma en que ella se aferraba a quienes la rodeaban, buscando apoyo y estabilidad. Cada vez que la veía tan afectada por lo que ocurría a su alrededor, sentía una mezcla de dolor y responsabilidad. Quería ser ese apoyo que ella necesitaba, ser alguien en quien pudiera confiar sin reservas.

El hecho de que Akeno fuera tan dependiente emocionalmente le causaba una especie de angustia silenciosa. La veía esforzarse por mantener una apariencia de control, pero sabía que por dentro estaba luchando. Y eso lo hacía sentir aún más protector hacia ella. Quería aliviar esa carga, estar a su lado para que no se sintiera tan sola en medio del caos que parecía rodearla constantemente.

Cuando ella coqueteaba con él, Tobio lo tomaba con una mezcla de diversión y seriedad. Sabía que, en parte, era una forma de Akeno de buscar consuelo, de sentir que había alguien que se preocupaba por ella. Y aunque a veces él mismo se sentía desbordado por la intensidad de sus sentimientos hacia ella, nunca la apartaría. No podía. Su cariño por Akeno lo impulsaba a querer estar cerca, a ser ese pilar que ella tanto necesitaba.

Mientras el auto se dirigía hacia Grigori, Tobio no podía dejar de pensar en lo que le deparaba el futuro a ambos. Sabía que tendría que estar preparado para cualquier cosa, pero también sabía que lo más importante era estar allí para Akeno. Su bienestar y su felicidad eran su prioridad, y aunque no tenía todas las respuestas, tenía claro que haría todo lo posible por protegerla, por ser el apoyo en el que ella pudiera confiar. Porque más allá de todo lo que estaba sucediendo, lo que realmente importaba era que Akeno no se involucrase en cosas peligrosas o él no sabría que hacer… quería evitar tener que confrontar a su mentor, Azazel, no obstante, lo haría por ella.

Tobio hizo un esfuerzo consciente para concentrarse mientras estaban en el GO y se dirigían a Grigori. El reloj marcaba las siete en punto, y aunque intentaba mantener la mente en calma, sus pensamientos continuaban girando en torno a Akeno y todo lo que ella representaba para él. Mientras el auto se movía con rapidez por las calles, comenzó a trazar un esquema mental de lo que debía hacer una vez llegaran a las instalaciones. Sabía que debía centrarse en su trabajo, pero la idea de Akeno queriendo convertirse en una HiME seguía rondando en su cabeza, llenándolo de inquietud.

Por primera vez, Tobio se preguntó si no sería más práctico comprar un auto para él mismo. La posibilidad de tener un medio de transporte propio le daba una sensación de control que en esos momentos necesitaba desesperadamente. Control sobre algo, al menos, en un mundo donde tantas cosas parecían estar fuera de su alcance

Cuando finalmente llegaron a Grigori, Tobio se movió con determinación. Entraron directamente al piso donde se encontraba su despacho, un espacio que normalmente le resultaba familiar y reconfortante, pero que ese día se sentía algo distante, casi ajeno. Sin embargo, la rutina del papeleo le ofrecía un ancla a la que aferrarse. Comenzó a revisar documentos, organizándolos con una precisión inusitada, como si cada hoja que ordenaba pudiera ayudarlo a ordenar también sus pensamientos.

No era que Tobio fuera particularmente metódico por naturaleza, pero ese día sentía que necesitaba apegarse a un plan, a una estructura, para no dejarse arrastrar por la marea de emociones que amenazaba con desbordarlo. Akeno, con su charla sobre convertirse en una HiME, había desestabilizado su equilibrio interior, y la única manera de recuperar algo de paz mental era sumergirse en el trabajo, en las tareas que sabía manejar.

Mientras revisaba algunos expedientes, Tobio se dio cuenta de que Akeno se había ausentado. Recordó que ella había mencionado algo sobre ir a buscar café, y una leve sonrisa cruzó su rostro. Siempre tan atenta a los detalles, siempre buscando maneras de cuidar de los demás, incluso cuando ella misma necesitaba ese cuidado. La imagen de Akeno, con su habitual dulzura y su intento de aparentar fortaleza, se quedó en su mente, mezclando sentimientos de ternura y preocupación.

El sonido de la puerta abriéndose lo sacó de sus pensamientos. Akeno entró en la oficina con una bandeja en la mano, sobre la que descansaban dos tazas de café humeante. Su presencia, aunque esperada, le causó una sensación de alivio que no había anticipado. Ella le sonrió, esa sonrisa que podía iluminar una habitación entera y que, al mismo tiempo, dejaba entrever la fragilidad que tanto intentaba ocultar.

—Pensé que podrías necesitar esto —dijo Akeno, entregándole una de las tazas.
—Gracias —respondió Tobio, tomando la taza y sintiendo el calor a través de la cerámica. El aroma del café recién hecho llenó el espacio, creando una atmósfera que, por un momento, le permitió a ambos olvidarse del caos que se cernía sobre ellos.

Se sentaron en silencio durante unos minutos, disfrutando de la tranquilidad momentánea. Tobio observó a Akeno mientras ella daba un pequeño sorbo a su café. Había algo en su expresión que lo inquietaba, ella seguramente estaba pensando en la posibilidad de ser una HiME y lo que fuera que sea eso, algo que ni siquiera para él estaba claro las responsabilidades que llevaría dicha decisión.


—Akeno… —comenzó Tobio, rompiendo el silencio—. Sobre lo que dijiste en el departamento, acerca de volverte una HiME…

Ella levantó la vista, sus ojos violáceos reflejando la luz tenue del despacho. No había sorpresa en su mirada, solo una pequeña incomodidad… ¿acaso iban a hablar de ese tema? Si algo le pasaba, si un solo cabello albino era arrancado de la cabeza de Koneko lo empezaría a ver como a un enemigo si se ponía del lado de Azazel.

—Lo estuve pensando, Tobio. No quiero que Koneko pase por esto sola. Si puedo hacer algo para ayudarla, lo haré —su voz era suave, pero había una firmeza subyacente que dejaba claro que había tomado una decisión—. Si pasa la prueba… yo…

Tobio sintió un nudo en la garganta. Quería decirle que no lo hiciera, que era demasiado peligroso, que no soportaría verla arriesgarse de esa manera. Pero también sabía que intentar detenerla sería inútil. Akeno era dependiente, sí, pero cuando se trataba de proteger a quienes amaba, podía ser increíblemente obstinada.

—Solo te pido que no tomes ninguna decisión apresurada —articulo finalmente, eligiendo sus palabras con cuidado—. Vamos a investigar más sobre esto, ver si realmente es la única opción. No quiero que te pongas en peligro innecesariamente.

Akeno asintió, aunque él podía ver que sus palabras no habían cambiado lo que ella sentía. Sin embargo, agradeció que no insistiera en ese momento.
Ambos terminaron sus cafés en silencio, el peso de la conversación colgando en el aire como una sombra. Pero, aunque las preocupaciones no desaparecieron, al menos en ese instante, se sintieron un poco más conectados, más dispuestos a enfrentar lo que venía, sabiendo que estaban juntos en ello.

La oficina de Tobio en Grigori estaba sumida en una tranquilidad inesperada, interrumpida solo por el murmullo ocasional de los documentos que él pasaba con un ritmo casi ritualista. El estrés de la mañana y las preocupaciones que arrastraba parecían haberse aliviado, aunque solo temporalmente. La llegada de Akeno con el café, un gesto sencillo pero cargado de significado, le había dado un breve respiro de la inquietante realidad que enfrentaban.

Ya pasaban de las nueve de la mañana.

El sonido de un mensaje entrante en su celular lo sacó de sus pensamientos. Era de su compañero y amigo, Narumi, avisándole que el abogado Qian Jin había aceptado una reunión. Frunció el ceño al leer el mensaje, ya que Qian Jin era un nombre que había surgido en sus investigaciones recientes como un personaje clave en la red de manipulaciones legales que habían estado tratando de desenmarañar.

—¿Es de Koneko? Aún la Buchou no responde ninguno de los mensajes ni individuales o en nuestro grupo de Whats —su prima levantó la mirada ansiosa, necesitaba saber que todo estaba bien.

Negó con la cabeza y un suspiro salió de sus labios.

—Es sobre la reunión con un colega, Narumi la concreto y debo irme antes del mediodía —espetó Tobio mientras miraba el reloj, que marcaba poco antes de las diez ya. La pelinegra se giró hacia él para observarlo, ya había oído hablar de una supuesta reunión con Qian Jin—. Iré a hablar con dos personas antes. ¿Quieres venir?

Ella asintió.

—No sé qué esperar de todo esto, Tobio. Qian Jin no es alguien a quien tomar a la ligerasegún lo que has dicho —comentó Akeno, mirando a su primo con una mezcla de preocupación y temor por Koneko en sus ojos.
—Lo sé, lo sé… ¡Ahg! —respondió Tobio, asintiendo y llevando ambas manos a ka cabeza para sacudirse los cabellos negruzcos—. Pero tenemos que hacer algo. No podemos permitir que todo esto se salga de control, especialmente cuando está en juego la seguridad de Koneko y la posibilidad de que tú te conviertas en una HiME. Me niego a dejar que algo así como una pelea física co muertos ocurra delante de mis narices y más si te involucra a ti.
—Mejor vamos —Akeno se levantó de su silla, y Tobio asintió con decisión mientras recogía algunos papeles y los guardaba en su maletín. Salieron de la oficina, dirigiéndose hacia el ascensor, primero iría con Beelzebub y luego con Roxana. Durante el trayecto, el aire estaba cargado de una tensión palpable, Tobio desviaba su mirada hacia Akeno de vez en cuando, notando cómo se mordía el labio inferior, una señal clara de su ansiedad.

Cuando el ascensor llegó al piso deseado y las puertas se deslizaron suavemente para abrirse, el sonido del zumbido de un celular rompió el silencio que había envuelto el interior del pequeño compartimiento. Akeno, que había estado distraída con sus pensamientos se detuvo un momento con la mirada del mayor puesta en ella. La vibración del teléfono hizo que sus dedos se movieran instintivamente en busca del aparato.

Ella sacó el celular de su bolso, observando la pantalla con una mezcla de curiosidad y expectativa. Las notificaciones parpadeaban en la pantalla, indicando que había recibido un mensaje.  Akeno deslizó su dedo por la pantalla para desbloquear el teléfono, sus ojos se fijaron en el mensaje que acababa de llegar y en el remitente… Rias…

10:20 AM
@KING: ¡¡PASÓ LA PRUEBA, FUE GENIAL!! Obtuvo algo así como superfuerza o algo en sus músculos. Narumi tiene sus estadísticas y las está analizando en este momento. Iremos a Grigori… después de pasar por el hospital…

10:21 AM
@QUEEN: ¿Qué pasó? ¡¿Hospital?!

10:21 AM
@KING: Sí… Apareció el Rebel de Koneko y nos atacó… también conocimos a quien será su mentor…
 
10:21 AM
@QUEEN: ¿Ella está bien? No entiendo nada de lo que dices…

10:22 AM
@KING: Iremos al Hospital Juntendo, por si quieres venir. Es mejor que te lo diga en persona.

10:22 AM
@QUEEN: Iré, Buchou.

Levantó la mirada del aparato para dirigirla a su primo, quien suspiró con pesadez. Él también había recibido un mensaje de Azazel y otro de Narumi; el de Azazel decía muchas estupideces animadas sobre lo de las HiMEs y su poder, Narumi le pedía específicamente que no dejara ir a Akeno al Hospital Juntendo.

—¿Irás con ellas? —preguntó sin intenciones de detenerla, como le había pedido su roommates.
—Sí —con una mirada gélida volvió dentro del ascensor y sin despedirse se marchó de inmediato. Evidentemente estaba muy molesta.

El pelinegro mensajeo a Narumi:

10:25 AM
@IKUSE TOBIO: Akeno va hacia allá… he, te deseo suerte

10:26 AM
@NARUMI GEN: NOOOOoOoOoOoO, VIEJO TE PEDÍ QUE NO.

Una pequeña risa escapó de los labios de Tobio y guardó el celular en el bolsillo del pantalón. Iba a extrañar a Akeno, pero más quería ver la reacción de Azazel y Narumi teniendo que lidiar con la personalidad de ella enojada.

Inhalo aire y luego exhaló en un intento de recuperar su temple habitual, en momentos así le hubiera gustado poder contar con Azazel, definitivamente su guía le sería de utilidad… no era un niño ya para depender de él, eso lo sabía mejor que nadie.

Avanzó hasta el laboratorio de Beelzebub y llamó a la puerta sin hacer demasiado ruido, tardó unos minutos en abrir la puerta.

—Hola Ikuse —lo saludó sin mucha energía, traía una bata de médico, guantes, cubrebocas y gorro, una apariencia etérea que contrastaba enormemente con las ojeras profusas de los ojos del Beelzebub—. ¿A qué vienes? No recuerdo haber programado nada contigo…

La melodía “Air on the G String” de Sebastián Bach inundó rápidamente los oídos del pelinegro, era tan calmo que parecía una orquesta infernal… no se fiaba de Beelzebub, más si estaba involucrado con Qian Jin y Roxana Agriche.

—No, definitivamente no teníamos ninguna cita —balbuceó sin saber como proseguir—. ¿Estás involucrado con Qian Jin?

Beelzebub abrió más la puerta, mientras de fondo la melodía clásica cambiaba a una de Ludwig van Beethoven, Piano Sonata No. 14, Moonlight Sonata: Adagio Sostenuto, lo reconoció de inmediato,

—Pasa —una sonrisa escueta se formó en el sombrío rostro, supo de inmediato que Tobio sabía el nombre de la canción—. Eres el primero que reconoce la buena música.
—Mi mentor me enseñó, lamentablemente también quiso que supiera sobre el arte de conquistar damas —volvió a reírse algo sonrojado al explicar que no era tan increíble como Beelzebub lo hacía ver.
—Lo pude ver por tu actuación con la hija de Baraqiel la otra noche —el hombre camino hacia el libro de Dante Alighieri—. Ustedes dos serán un buen espectáculo para ver a futuro.

Tobio carraspeó de inmediato, intentando cambiar de tema; ponerse rojo no era algo a lo que estuviera acostumbrado y en cualquier momento eso sucedería.

—Mejor dime de qué sucede entre tú y Qian Jin.
—Ese tema deberías hablarlo con tu mentor —volvió a caminar hacia una mesa de operaciones, estaba en medio de una disección a algo que no era humano—, está mas interiorizado que yo en todo eso.
—¿Serás un problema en el futuro? —preguntó Tobio examinando lo que estaba sobre el frío metal.

La música hizo una última transición a otra de Ludwig van Beethoven: Symphony No 7 In A Major - 2nd Movement – Allegretto.

—Eso depende de ustedes —respondió alzando ligeramente los hombros.
—Lo esperaba… —volvió a reírse con cierta despreocupación—. Fuiste honesto, gracias. ¿Y Roxy?
—Seguramente, está ansiosa por ser reconocida por su querido padre —suspiró y viró la mirada a la mesa—. ¿Sabes quién es Xu Fu Rien? Ella me dio este pequeño amigo…

Al acercarse Tobio, aquella cosa tomó forma como de una masa verdosa y repulsiva. Tobio retrocedió un paso con la cordura agrietándose bajo la presión de lo que veía. Tentáculos carnosos se extendían desde su núcleo, retorciéndose como gusanos ciegos en busca de presa.

Beelzebub tranquilamente se acercó a la mesa de operaciones. Sus manos se posaron sobre una bandeja repleta de instrumentos quirúrgicos. Con una delicadeza macabra, seleccionó un bisturí de hoja curva, su filo reluciendo cortó en dos el núcleo de aquella cosa que siguió moviéndose aún después de ser cortada por la mitad, largando un líquido espeso y verdoso por la mesa.

—Que mierda —susurró el pelinegro con los ojos abiertos.
—Es un bulbo o algo así. La profesora Xu Fu Rien lo describió como un avance tecnológico… —dejó el instrumento filoso y empezó a anotar algunas cosas en una libreta que sacó de la bata.

######



Caminó con prisa por el largo pasillo del hospital, no le importaba nada más que su preciada amiga y el insultar hasta el hartazgo a esos tres imbéciles que habían metido en tantos problemas a una niña que apenas pasaba el metro cuarenta de estatura.

 —¡¡¡TÚUUUUU!!! —gritó con exasperación al ver al bicolor sentado en una de las sillas de espera frente a la habitación de Koneko. De inmediato fue hacia él y le arrancó de manos la Tablet que traía.
—OYE LOCA —de un salto se incorporó e intentó tomar el aparato—. ¡Agh, Himejima!
—¿¡LOCA!? —espetó llena de ira. Una discusión iba a iniciar, hasta que Rias pidió silencio llevando el dedo índice a los labios.
—Koneko está durmiendo —susurró la pelirroja y después se aproximó a Akeno para pedirle el objeto que tomó al chico—. Por favor —extendió la palama de la mano para que se lo diera.
—Está bien, Buchou —a regañadientes y con el entrecejo cruzado le dio la Tablet.
—Akeno senpai —del cuarto salió Xenovia, con un bostezo profundo que sacudió su cuerpo, y sus ojos se entrecerraron por un momento antes de volver a abrirse, llenos de somnolencia.

Las orbes violáceas de la pelinegro apuntaron con sorpresa a la joven de cabellos cortos que traía una pequeña venda en ambas muñecas y una curita en la mejilla, rápidamente miró a Rias con odio… ¿había metido en este lío a Xenovia? Ambas chicas eran sus kouhais

—Tranquila senpai, estoy bien —con una pequeña sonrisa se rascó la nariz—. No esperaba ver a una chica tan tranquila como Himejima enojada —rio un poco antes de que la presencia de la albina se hiciera presente al lado de ella.
—Akeno senpai… —la miró con el mismo rostro somnoliento que Xenovia, ella traía un cuello ortopédico y algunos vendajes en sus piernas y brazos—. No.

El semblante serio de la pequeña enfatizó la negativa, sabía perfectamente lo que estaba pensando Akeno.

Narumi se acercó con la Tablet en manos y le mostró la pelea de Koneko con la marioneta, el poder que obtuvo y el daño que recibió. Era una locura…


« Last Edit: September 15, 2024, 05:12:33 PM by Miyu »


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Cho

He tenido un mes super ocupado, espero poder organizarme mejor para el que viene...

115.1.



La presentación de parte de Miranda Lot había terminado, y así, los presentes eran libres de disfrutar aquella vistosa y elegante inauguración nocturna de las actividades interdisciplinarias de universidades de todo el país.

Sin duda, el catering era uno de los servicios más llamativos, algo por lo cual los asistentes de todas las edades y rubros tenían un interés en común y a su vez facilitaba la comodidad necesaria para que todos pudieran entablar comunicación entre sí.

Por supuesto, había gente que simplemente apreciaba la comida gratis.

“Espere, ¿puedo agarrar otro?” preguntó Sora, quien ni bien probó uno de los bocadillos que había agarrado, supo que mejor se aseguraba a un par más. El mesero con gusto le extendió la bandeja nuevamente y le dejó tomar la cantidad que quería. “¡Gracias!”
“Oye, es apenas la primera tanda de cosas que nos lanzan, ¿no crees que deberías esperar a que haya más variedad?” preguntó Tomaj, encogiéndose de hombros en lo que el mesero continuaba ofreciendo los aperitivos a otros interesados.
“¿Por qué? Estos me gustaron mucho y mejor aprovecho a que todavía hay varios,” le contestó, frunciendo el ceño. “Además ya he asistido a muchas de esas ceremonias en contra de mi voluntad y ahorita se van a poner a servir cosas con caviar, aceitunas negras, anchoas o cáscaras, o quién sabe qué más. No quiero tener que obligarme a comer eso.”
“Hm, entiendo lo de los sabores fuertes, pero si algo aquí tiene cáscaras seguro que ni lo sentirías. Debe estar preparado bien,” observó Kytes, divagando.
“En serio, ¿qué es eso de cáscaras? ¿Acaso no comes frutas?” Riku rodó los ojos.
“¿Es tan raro que a alguien no le guste las cáscaras?” se defendió. “No me juzguen por eso.”
“¡Haha, las alverjas deben ser tu perdición!” Tomaj se rió con ganas. “Está bien, olvida lo que dije. Cómete esa papilla de bebé encima de una galleta que tanto te ha gustado. Aquí nadie te va a juzgar.”
“¡Si es así, déjame en paz!”
“Ehh, ya suficiente, Tomaj, por favor,” Kytes sonrió incómodo.
“Vaya, ustedes nunca van a cambiar,” Riku se dio un facepalm y negó. “Por cierto, ¿qué es de Luso? Llegó aquí con nosotros.”
“Se habrá ido a buscar a sus amigos o algo,” Sora se encogió de hombros. “Mejor para mí, así no tengo que aguantarlo todo el rato.”
“Es un aguante de ambos, los dos son igual de pesados mutuamente,” comentó Riku.
“Pero al menos deberíamos saber por dónde anda, sigue siendo muy joven,” Kytes sacó su celular. “Voy a preguntarle.”
“No, por favor, no lo alientes a regresar todavía,” Sora negó. Este se vio disconforme. “Además, no es por decir que somos remotamente parecidos, pero si te preocupas por él tal vez le fastidies y nos dé la contra.”
“O sea, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, entiendo,” Tomaj asintió.
“…” Sora le miró con recelo. “¿Por qué siento que te burlas de mí?”
“¿Oh? ¿En serio? Pues si lo sientes es porque no lo hice lo suficientemente evidente.”
“¡Oye!”
“Pero sí, deja al pequeño pawadan ser libre, y bien por ti que te libras de él,” Tomaj mantuvo su sonrisa traviesa. “Sólo no vengas llorando a nosotros si se lo come un orphan,” él se extrañó al notar a sus tres amigos mirarle con distintos niveles de espanto y alzó una ceja. “¿Qué? ¡Ah verdad que eso casi ocurrió el otro día haha!” y pasó a entretenerse al notarlos fastidiados. “¿Ahora qué? Yo lo salvé, ¿recuerdan? Tengo derecho a burlarme de eso.”
“No tienes remedio, Tomaj, no es gracioso,” le reprochó Riku, entrecerrando los ojos.
“Todos sabemos que Luso ya ha probado ser demasiado aventurero pese a su edad…” dijo Kytes, visiblemente preocupado.
“Tranquilo, Kytes. Este Sora de acá pasó por varias batallas entre HiMEs y Rebels además de abarrancar su auto cero kilómetros al mar por un puente en construcción y sigue con vida,” le recordó Tomaj, sonriendo sosegado. “Luso tiene su mismo ADN así que estará bien.”
“¡¿Cuándo van a dejarme olvidar eso?!” Sora estalló.
“Ni tu madre lo hará, creo que vi que tiene registrado ese hecho en su calendario del celular como si fuera un cumpleaños…” Riku negó.
“¡¿En serio?!” se quedó en shock.
“¡Haha, classic Julie!” Tomaj rió, y entonces los cuatro notaron a una perdida Hotaru que caminaba hacia ellos.
“Oh, Hotaru, ¿acabas de llegar?” preguntó Sora, sorprendido.
“Eh sí, perdón, tuve una práctica que tardó más de lo esperado…” ella asintió tímidamente.
“No tienes que disculparte con nosotros, está bien,” Riku se extrañó por su actitud.
“Puedes acompañarnos si quieres, todo acaba de comenzar también,” Kytes sonrió.
“Sí, eh, ¿la directora dijo algo?”
“¿Ah? No sé, lo usual de velar por nosotros los jóvenes y alguna otra palabrería,” Tomaj rodó los ojos. “Pero ya, no importa. La reunión va a hablar más sobre esos motivos que palabras en sí.”
“Si bien estoy de acuerdo, no tenías que decirlo así,” Riku dio un suspiro.
“Puedes ver que seguimos siendo disfuncionales como siempre, eh, siento la incomodidad,” dijo Sora, algo frustrado.
“Hehe, está bien,” Hotaru rió un poco. “Los vi conversar tan amenamente que me dio ganas de acercarme, siento si ando importunando. Se nota que son buenos amigos.”
“Supongo, pero más que nada todos se burlan de mí,” Sora sonrió rendido. “Más bien podríamos ir a buscar a los demás. Imagino que la directora habría pedido a que las HiMEs asistan.”
“Sé que sí, Osaka me había dicho sobre eso, así que andarán por algún lado,” Hotaru asintió. “Vamos en marcha. Seguramente Larsa también estará presente.”
“Eh, pues…” Kytes se apenó.
“¿Eh?” Hotaru se alarmó. El humor de los amigos pareció enturbiarse un poco. “¿Pasó algo?”
“No realmente. O sea, le había extendido la invitación a que viniera con otros, pero recién hace unas horas nos canceló. Dijo que se le había presentado un imprevisto con asuntos familiares o qué se yo,” dijo Sora. Se le vio disconforme. “Este Larsa parece que nos evade últimamente.”
“Debe estar lidiando con muchas cosas y no tiene por qué compartirlo con nosotros,” observó Riku. “Ahora no te resientas, no es contra ti.”
“Pero si es nuestro amigo, debería confiar en nosotros al menos, ¿no te parece?”
“Sí, pero… tampoco puede compartir ningún dato sensible…” comenzó Kytes, dubitativo.
“Sora, deja de pretender que sabes de lo que hablas…” Tomaj se encogió de hombros.
“¿Qué? ¿Y ahora qué quieres?” este frunció el ceño.
“Tomaj…” le reprochó Riku.
“¿Qué? Es cierto, y no pretenderé que yo sí sé el caso de tu amigo, pero ya deberías saber qué él tiene muchas cosas con las que cargar.”
“Pues con más razón debería decirnos, ¿no?” insistió.
“Y también que con muchas de esas cosas él nunca buscaría apoyarse en otros,” dijo indistinto, y a la vez con firmeza, a manera de evitar que Sora volviera a buscarle bronca.
“Tsk…” este se fastidió, pero sabía que era cierto. “Qué pesado ese Larsa, él nunca nos habló sobre lo que hacía… veo que no ha cambiado.”
“Sólo espero que no se trate de nada complejo…” Hotaru agachó su cabeza. “Al menos me alivia saber que esté inscrito en Hanasaki, pero siempre puede surgir algo.”
“¿Eh? ¿Te refieres a su afiliación a Rizembool? Pero si eso nunca fue su asunto,” Sora se extrañó. Ciertamente era algo que consideraba imposible a esas alturas. “Los que tenían conexiones con Rizembool eran sus antecesores. Ahora que él es el líder de su familia, ya no tiene por qué seguir con esas cosas.”
“En verdad él fue el aliado que nuestras amigas HiMEs necesitaron, ahora andará muy ocupado con sus obligaciones, pero sé que lo sigue siendo,” Kytes asintió, sonriente.
“…” por su parte, Tomaj y Riku intercambiaron miradas. Ambos sabían que esos puntos de vista eran demasiado simples, además de que ellos dos, como exRebels, tenían una mejor idea sobre la reputación de los Solidor. De todos modos, Riku frunció el ceño y en respuesta Tomaj sonrió entretenido, para entonces negar. No había punto de tocar ese tema.

Ambos sabían que en algún momento irían a oír más detalles de aquel de quien hablaban.

“En fin, yo nunca lo conocí tan bien como ustedes, pero sí sé que es un buen estudiante,” comentó Riku, frustrado. “Se perderá esta ceremonia, pero no toda la actividad. Seguramente nos encontraremos con él en los otros días.”
“Sí, ahora no hagan drama. Demos una vuelta por ahí, a ver si vemos a alguien conocido,” dijo el otro exRebel, en un intento de levantar los ánimos. “Heh, más bien me alegro por el Solidor. Este no tendrá que fastidiarse en corregir todo lo que haces, Sora. Ya te habría llamado la atención por acapararte la primera bandeja de aperitivos.”
“¿Por qué siempre buscas fastidiarme? No lo creo,” el otro se amargó.
“Eh… siento decirlo, pero al menos te habría hecho una observación,” Kytes sonrió apenado.

Hotaru volvió a sonreír. Le regresaban muchos recuerdos de cuando compartía el salón de clases con ellos en la secundaria. Pese a que cada vez se veían menos, seguían igualmente conectados.





“‘…la algarabía que evidencio sólo podría compararse con un goce que parte desde la identidad misma, tanto de la juventud a la cual pertenezco, como de las ilusiones que alimentan nuestros anhelos y esperanzas…’” comentó Hyuuga, mientras tomaba notas en un pequeño bloc en sus manos. Este joven peligris sonreía con humildad mientras observaba a sus alrededores con alegría y dicha, una que bien partía de su propia apreciación de que estaba con vida…
“Argh, ¿cuánto más debemos quedarnos aquí?” se quejó Taikogane, con un tic en la ceja. Sin duda no estaba dispuesto a compartir de aquel ‘goce’ que más bien parecía haberle hecho daño psíquico. El peliazul miró en una dirección, pero notó como la profesora de su aula a cierta distancia pasó de hablar entusiasta con un grupo de profesores de Hanasaki, a lanzarle una mirada de soslayo. Sabía que ni podía escaparse. “Es lo suficientemente malo que tengamos que vernos forzados a asistir. Encima tenemos que escribir un maldito ensayo. ¿Por qué mejor no hablamos sobre esto los primeros diez minutos de nuestra próxima clase y ya?”
“Expresarnos a modo de hablar suena a un ejercicio muy importante que no siempre tenemos el privilegio de hacer,” meditó Hyuuga, amablemente. “Aunque temo que diez minutos por persona tomaría más de una sesión de clase y dudo que tengamos suficiente espacio en el syllabus.”
“Eh, no, o sea, diez minutos en total y no todos hablan…” Taikogane casi se preocupó por pensar que tendría que hablar.
“Ah, pero no nos cuesta preguntarle si puede ser factible, quizás nos dé la razón…”
“¡No, para el coche! ¡Prefiero mil veces entregar un papel que tener que hacer una presentación! ¡Por favor no le des ideas!”

Entonces, Hakata, Shiro y Kuro se acercaron a ellos con varios bocadillos.

“¿Acaso oí que finalmente quieres hacer el ensayo?” preguntó Hakata, contento. “Heh, pues bien por ti, felicidades.”
“No, es Hyuuga acá que nos amenaza con una presentación oral por diez minutos,” reclamó Taikogane. “Y ustedes saben cuánta estima le tiene la maestra como para hacerle caso.”
“Oh, pero esa fue la idea que tú propusiste, Taikogane-san,” Hyuuga se vio confundido.
“Eh, no, pues, sólo esperaba que la gente diga que la pasó bien… ¿sabes qué? Olvídalo,” rodó los ojos. Ese chico de su clase era tan cuadrado y disciplinado que no entendería sus intenciones de haber buscado una salida fácil a la tarea. Dio un pesado suspiro. “Mejor encuentro un hueco donde pueda sentarme a revisar tiktok hasta que esto se termine.”
“No te desanimes, Taikogane-san, eh, esto es para ti,” Shiro le extendió un pequeño plato.
“¡Oh, muchas gracias!” el peliazul se alegró muy súbitamente y lo comenzó a degustar. “Hm, ¡está muy rico! Sé que Micchan va a hacer algunas de las comidas de esta noche, pero no creo que él haya sido responsable de esta… ¡Tendré que ir buscando a todos los meseros para probar todo lo que tienen!”
“Eh, claro, sólo no te olvides de la tarea, a menos que quieras entregar un ensayo culinario,” Hakata se encogió de hombros.
“Oye, déjame al menos alegrarme por algo ahora, no me lo recuerdes…”
“Hm…” Hyuuga bajó su mirada, meditabundo. “Si bien es cierto que un enfoque culinario desentona con el motivo de este encuentro, con un buen argumento y una conexión a nuestra naturaleza humana puede que desarrolles una lectura convincente…”
“No, Hyuuga, si bien suena a un buen desafío, Taikogane definitivamente no tiene la experiencia o el interés para llevarlo a cabo,” Hakata negó. En sí lo había dicho de broma, pero realmente era una meta válida para cualquiera que se lo propusiera. “¿Sobre qué piensas escribir, Shiro?”
“Pues…” este se vio en aprietos y se rascó la nuca. “Ehm… creo que yo… nunca he hecho esto antes…”
“¿Eh? ¿Asistir a una ceremonia como esta?”
“Escribir un ensayo… pero tienes razón, tampoco he venido a un evento así antes…” dijo con timidez y mirando al piso.
“¿En verdad?” Hakata se sorprendió.
“Pues bendito eres tú por llegar hasta este punto de tu vida sin tener que haber escrito un papel aburrido, créeme que no te pierdes de nada,” Taikogane asintió a un confundido Shiro. Entonces, el peliazul vio que, para variar, Kuro le miraba con el ceño fruncido. “¿Qué? Digo la verdad, escribir ensayos es de lo peor. O sea, al menos no hablamos frente a la clase, pero… oh verdad que nunca te he oído hablar, ¿cómo lo harías?”
“Kuro, por favor sé paciente con Taikogane-san, él hablaba con honestidad sobre sus disgustos y los extendía a Shiro de una manera empática, te lo aseguro,” dijo Hyuuga con rapidez y una sonrisa perspicaz. Con su observación, Kuro aligeró un poco su semblante, pero siguió con sus ojos fijos en el peliazul.
“En fin…” al menos Taikogane supo entender que mejor cambiaba de tema. Si había algo que detestaba más que la mirada incesante del mudo o que el lado erudito de Hyuuga, era ese raro lado calculador del mismo. Igualmente, no tenía idea sobre qué hacer. “¿Y qué se supone que hagamos aquí? Medio que las sillas y mesas más cómodas son para profesores y otros invitados adultos, y los otros sitios se ven aglomerados.”
“Pues nos toca pasear por todos lados. A diferencia de ti, yo sí quiero entregar un buen ensayo y necesito recolectar más información,” afirmó Hakata. Este sonrió a Shiro. “Y no te preocupes, todos te ayudaremos a escribir tu ensayo, Shiro. Verás que no es complicado.”
“Eh… sí…” asintió y sonrió un poco. “Muchas gracias.”
“Shiro, la ceremonia que asistimos es una conocida como formal, en la cual debemos interactuar con otras personas de manera cauta y amigable, a manera de mostrarnos positivamente ante otros y facilitar encuentros y conexiones a futuro,” observó Hyuuga, quien pasó a sonreír con algo de dicha. “Sin embargo, esta ceremonia es más libre y amena que la mayoría, debido a que el enfoque yace en los jóvenes quienes todavía no son juzgados al mismo nivel de los adultos. Precisamente, puedo percibir una atmósfera cómoda y festiva que busca hacernos sentir en nuestro elemento, y que a su vez nos hace conscientes sobre nuestras metas personales y posiciones en el ecosistema. Ese parecer es sobre el cual escribiré mi ensayo. Piensa sobre tu propio punto de vista para definir tu propio tema.”
“…sí, lo haré,” Shiro asintió obediente y decidido, aunque era evidente que continuaba algo perplejo del caso. Entonces, Sorita se les acercó corriendo.
“¡Hola, ya los encontré!” exclamó el recién llegado, entusiasmado.
“Ah, Sora, pensé que pasarías el tiempo con tus senpais,” observó Hakata.
“No, no han venido hoy, pero me aseguraré de contarles todo sobre la reunión,” él asintió efusivamente. “¡Haré un ensayo con todo lo que quiero compartir con Shisho y senpai! ¡Ese será mi tema!”
“Haha, pienso que ellos se sentirán muy honorados de leerlo, eres un buen chico,” Hyuuga rió y lo celebró.
“¡Haha, gracias!” dicho esto, Sorita tomó las manos de Shiro. “¡Hay que divertirnos mucho hoy! Veo que estás perdido, pero no te preocupes, ¡verás que la pasarás muy bien! ¡Si tienes alguna duda, puedes preguntarme!”
“Eh…” Shiro sonrió apenado. “Gracias Sora. Lo siento, siempre me estás ayudando mucho.”
“¡Es un placer, somos amigos!” entonces, Sorita se dirigió a Kuro. “¡Y tú también tienes mi ayuda por si la necesitas! ¡Acabo de llegar, pero haré todo lo posible!”
“…” Kuro le miró neutralmente y negó un par de veces.
“Eh, Kuro sí tiene experiencia con este tipo de formalidades, a diferencia de Shiro,” explicó Hyuuga a manera de intérprete. “De todos modos, él aprecia mucho tu voluntad Sora, al igual que yo. Te lo agradecemos.”
“Eh, pero no hay nada de interesante aquí, o sea, es obvio que estas ceremonias son para que los encargados se suban el ego o se hagan ver bien en frente de los demás,” dijo Taikogane, impaciente. “¿Qué se gana en medio de una gala para un evento que tiene competencias de clases o de deportes? Ya casi pareciera que los maestros nos han puesto aquí para aprender una lección que ni se molestaron en decirnos o para torturarnos… ¡oye!” tuvo que parar su lluvia de quejas cuando notó cómo Hyuuga andaba tomando apuntes. “¡¿Estás escribiendo lo que digo?! ¡N-ni se te atreva delatarme con la maestra!”
“Lamento las incomodidades, Taikogane-san, es sólo que valoro el punto de vista de cada uno de ustedes, y supuse que sería vital de comprender para mi ensayo,” contestó con su usual amable sonrisa. “Pero si tú quisieras escribir sobre lo que acabas de decir, entonces respetuosamente rescindiré mis notas.”
“Tch, haz lo que quieras, supongo, sólo no me hagas ver mal…” ya ni quería pensarlo más y resopló impaciente.
“Definitivamente el punto de vista dado con respecto a la utilidad de un evento lujoso para el prestigio de las universidades podría discutirse en una parte del ensayo…”
“¡P-por favor no te pongas a hablar académicamente conmigo! ¡V-vamos a caminar!” fue así que Taikogane terminó por tomar la delantera, nuevamente para descargar un tema por otro.
“Heh…” sin duda al menos Hakata disfrutaba al ver al otro tan ofuscado con formalidades. “Oye, Sora, ¿habrás visto a Onikiri?”
“¡Sí! ¡Parece que es voluntario como uno de los que ayudan a dirigir a los invitados! Lo saludé, pero me dijo que no podía acompañarnos,” contestó alegremente. “¡Pero espero que nos encontremos con él por ahí!”
“Así que voluntariado…” Hakata lo pensó y dio un suspiro. “¿Sabes? Yo había querido apuntarme a ser voluntario en esto también, pero me desanimé…”
“¿Por qué…?” preguntó Shiro, con curiosidad.
“Pues, es que soy muy corto de estatura, en un salón de eventos como este me sería muy difícil desenvolverme y hacer un buen trabajo.”
“Si no me equivoco, Onikiri tampoco es muy alto, aunque puede que su trabajo también se deba a que es un Rebel,” observó Hyuuga, pensativo.
“¿O sea los Rebels andarán por ahí como bouncers o algo? Suena ridículo,” comentó Taikogane. “A continuación veremos a las HiMEs repartir champagne vestidas como conejitas o algo.”
“Huhu, no creo que a mi onee-san le guste,” Sora negó.
“¿Y acaso tú mismo no tienes una prima HiME o algo?” preguntó Hakata. “Seguro que no apreciaría que digas eso.”
“Sólo digo, no hablo en serio, así que ni debería enterarse…” entonces apuntó a Hyuuga acusatoriamente. “¡Y no te atrevas a tomar nota de eso!”
“No lo haría, ¿por qué lo dudas, Taikogane-san?” preguntó el peligris, confundido. “¿Tu nivel de nerviosismo no se deberá a un cargo de consciencia interna? Deberías pensar en ti de ser así.”
“¿C-cómo que cargo de consciencia? ¡Si no he hecho nada malo!”
“Heh, fácilmente se podría argumentar lo contrario, y no se necesita tomar nota de algo así, si es tan fácil recordar,” Hakata rió un poco.
“¡Por favor no me hagan quedar mal!”
“…” Kuro continuó mirándole desaprobatoriamente. Ese mismo peliazul era quien se hacía ver mal, sin ayuda de nadie.



Eureka

LO LOGRÉ






A unos pasos de salir de la universidad, Eureka recordó que los guardias revisaban sus datos (y foto) en la computadora cuando sólo les dictaba su código de alumno.

Era probable que hubieran visto su antigua apariencia…

Pero qué extraño. No habían comentado nada al respecto.

¿Tal vez… aún era reconocible de alguna forma?

Su rostro no había cambiado. Seguía teniendo las mismas facciones de siempre, así como la estatura y contextura. Bueno, tal vez había subido unos kilos de más en los últimos meses. La ruptura y la depresión la habían motivado a salir a comer más a menudo. Aun así, la diferencia era casi imperceptible: sólo ella podía notarla cuando estaba cambiándose frente al espejo y veía que su panza estaba un poquiiito más… ancha de lo normal.

Ningún amigo le había mencionado algo al respecto.

Pero quizás… ¿lo hacían por pena?

¡Imposible!

Qué rabia. El entrenamiento con Mari y Kanan y el resto de chicas la había ayudado a ponerse un poco en onda. Era más ejercicio del que había hecho en los últimos 3 años, pero no bastaba para regular su peso.

“…”

Tenía que consultarle a alguien si se notaba. Eso era más importante que el misterio de los guardias confiados de las puertas de Hanasaki.

¡Ah! Oikawa podía ayudarla. Si mal no recordaba, le había confirmado que era enana y plana sin ninguna pizca de arrepentimiento un par de días atrás. Pero…

…Eureka suspiró al recordar su pequeño “problema”. No sólo le tendría que cuestionar sobre su contextura: el cambio de look también era una gran interrogante en su mente. ¿De verdad le quedaba bien el cabello blanco? ¿Qué tal el corte? ¿Y Los mechones que contorneaban su rostro?

Él sería el primero de sus amigos en verla después de Ryoji, Hizumi y Kanone. Los tres habían acordado en que el nuevo corte y color de cabello le asentaban bien, pero por algún motivo… la opinión de Oikawa le importaba más que la de ellos.

Un momento.

¿Por qué…?

“¡Eureka-chan!”

Una voz la trajo de vuelta a la tierra. En algún momento de su crisis existencial, había atravesado las puertas de salida de Hanasaki.

No demoró en reaccionar ahora que se encontraba fuera del campus de su universidad. Tardó unos instantes en divisar a Oikawa a pocos metros de su posición, ondeándole la mano mientras se acercaba a ella.

“¿¡Me reconoces!?” Le preguntó, muy sorprendida.
“Eh… ¿sí?” Oikawa la observó, extrañado. “¿No debería? ¿Te infiltraste a algún lugar o qué? Pero acabas de salir de Hanasa…”
“No, no. No es una peluca…” Eureka suspiró. “Es mi cabello.”
“¡Ah!” Su expresión se transformó en pura sorpresa. “¡Te cortaste el pelo!”
“Y me lo decoloré. Esa fue la emergencia de la mañana…” La HiME tuvo que luchar contra las ganas de volver a suspirar. “Pero ya luego te cuento todo lo que pasó anoche. ¿Qué me ibas a decir?”
“¡A-ah!” Oikawa saltó en su sitio. “¿Qué tal si te lo digo mientras caminamos a la puerta lateral izquierda? Así estarías más cerca de tu facultad, ¿no?”
“Sí. ¿Estás seguro de que no quieres entrar? Aunque no sé si nos hagan caso. El guardia no me dijo nada cuando le dicté mi código, pero quien sabe si ahora lo hará.”
“No entiendo. ¿No dijiste que era más fácil entrar de esa forma a la universidad?”
“¡Sí! Pero en el camino a darte el encuentro, recordé que ven las fotos y datos de los alumnos. Es probable que hayan visto la mía… y no cuestionaron que me viera tan distinta.”
“Bueno… yo te reconocí.”
“Tal vez porque me ves a cada rato. Y hablando de eso… tengo una pregunta muy importante.”
“¿Qué cosa?” Oikawa ladeó la cabeza, confundido.
“…” Eureka guardó silencio por unos instantes y, luego de suspirar hondamente, se armó de valor. “¿He subido de peso?”
“…”

Oikawa se quedó ahí pasmado… hasta que irrumpió en risas.

“¡PFFF! ¡PENSÉ QUE ERA ALGO IMPORTANTE!”
“¡ES MUY IMPORTANTE, TONTO!” Eureka lo golpeó en el brazo. “¡Siento que he subido unos kilos de más!”
“Yo te veo igual.”
“¡No seas buen amigo! ¡Sé sincero! ¡Como el otro día que me dijiste plana y enana!”
“¡Ah!” Oikawa se llevó la mano a la cara, frustrado. “¡De eso quería hablarte!”
“¿Eh?”
“Pero vámonos… no me gusta que estemos rodeados de tanta gente.”

Tenía razón. Las puertas estaban atiborradas de personas que ingresaban o salían de la universidad. Por darle prioridad a su conversación, ambos habían ignorado los codazos o golpes que habían recibido por parte de alumnos desesperados por escapar del encierro o de llegar a tiempo a sus clases.

“Sí, vamos.”

Oikawa y Eureka caminaron hasta llegar a la calle más aledaña. Guardaron silencio hasta cruzar el paradero, justo donde la zona se despejaba de la gente apurada y la calma se comenzaba a sentir en el aire. Los pocos transeúntes que se encontraban en los alrededores eran completos opuestos a la gente que acababa de pasar por sus lados.

Eureka rio al recordar que ella también debía apurarse: tenía clase en menos de 20 minutos… y estaba lejos de su salón.

Pero prefería perderse los primeros minutos de Realización de Audio y Video antes que dejar pasar la oportunidad de compartir una pequeña charla con Oikawa. Estaba tan acostumbrada a verlo casi todos los días que se le hacía extraño cuando no estaba a su lado.

Y no podía negar que se había distanciado un poco de él desde el lunes para evitar algún “accidente”: no quería mencionar nada sobre el fin de semana.

Lo que menos deseaba era preocuparlo.

Eureka se obligó a ignorar esos pensamientos y retomó la conversación.

“¿Vas a participar en las olimpiadas?” Le preguntó, curiosa.
“No. Mi prioridad es el campeonato.”
“Claro, claro.”
“Aunque si necesitan mi ayuda, no me negaría a darles una mano… ¡Pero!” Oikawa se detuvo en seco. “¡No vine a hablarte de eso!”
“Es cierto. Sigo sin saber qué querías decirme.” Eureka lo observó de reojo y lo imitó, girándose a encararlo.
“Quería…” Oikawa suspiró.

Tal parecía que estaban en competencia de suspiros.

“Quería pedirte disculpas por lo del lunes.”
“¿Eh?” Eureka estaba perdida por completo. “¿A qué te refieres?”
“Te grité cosas feas porque estaba desesperado…” Oikawa desvió la mirada al piso para no verla a los ojos. “Sentí que te atraía el compañero de unit de Haku-chan y eso me descuadró.”
“…” La HiME lo observó, atónita… hasta que algo hizo click en su mente. “…¿¡HiMERU-san!?”
“¡SÍ! ¡ES GUAPO!”
“Es que… no entiendo. ¿Te dio celos?” Eureka arqueó la ceja. “¿Quieres algo con él?”
“¡D-DIOS, NO!” Oikawa se indignó ante el comentario. “Bueno, sí me atrajo… tiene esa belleza etérea que es de mi tipo, supongo.”
“¿Como Souji?”
“Sí, como Souji-chan.”
“Mm.” Eureka asintió. “Te entiendo. Pero yo no quiero nada con él. Sí, como bien dices, es guapo y muy misterioso. Creo que toda la gente que lo ve pasar se enamora de él. Pero yo sólo quería preguntarle una cosa sobre Rinne.”
“¿Por qué?” Oikawa la observó, intrigado. “Haku-chan me dijo lo mismo…”
“…” Eureka optó por no cuestionar su comentario sólo para preservar la poca sanidad mental que le quedaba.

Aun así, no podía negar que le daba pena. De seguro el sobrinito de su amigo la vería distinto a partir de ahora gracias a lo que había conversado con el bobo de su tío.

“Espero que no estés hablando mal de mí con Kohaku.”
“¡NO! Sólo le dije que se me hizo raro que le pidieras el número de HiMERU-chan. Y me contó que no le parecía extraño. Tenía sentido que quisieras hablar con él… porque querías preguntarle por Rinne-chan.”
“Y no se equivocó. Es la verdad.” Eureka encontró una excusa rápida y se dio un par de palmaditas mentales en el hombro. “Me enteré… que es rebel.”
“¡¿QUÉ?!”
“¡Exacto! ¿Por qué un idol se metería en esa guerra? No entiendo.” Eureka suspiró por cuadrugésima vez en ese día. “Quise preguntarle sobre eso cuando salí a darle el encuentro en el pasaje el lunes, pero evadió mis preguntas como siempre. Estoy segura de que Niki tampoco sabe nada sobre eso porque Rinne siempre lo ha protegido. Y ¿Kohaku? Peor, aún. Es menor que los dos… no dudo que también le haya ocultado la verdad. Así que… mi única esperanza era HiMERU-san.”
“¿Y hablaste con él?”
“No, nada. Le mandé un mensaje… y no me contestó. Supongo que no se acuerda de mí o quizás anda muy ocupado.”
“Bueno, si gustas, podría decirle a Haku-chan que le hable al respecto.”
“¿Que le pregunte por Rinne?” Eureka ladeó la cabeza, confundida.
“¡No! ¡Que le mencione tu mensaje!”
“¡Ay, no!” Eureka se sonrojó de golpe. “¡Qué vergüenza! ¡No quiero molestarlo!”
“¿Pero no es importante?”
“Sí…”

Era cierto.

Pero le preocupaba sonar fuera de lugar. No lo conocía en absoluto y seguía sin confirmar el grado de cercanía que tenía con Rinne. Esas interacciones entre ambos en el café sonaron como de dos personas desconocidas que se habían visto obligadas a trabajar juntos.

Además, Eureka ya se había dado cuenta que era mejor acorralar al pelirrojo y obligarlo a hablar. Aun si Rinne rehusara dar respuestas y la provocara con una batalla… todo eso era mejor a encarar a Madara o confiarse de la ayuda de un extraño como Aventurine.

“¿Estás bien?” La mirada de Oikawa se veía cargada de preocupación.

Por un instante, vaciló.

Fue sólo por la milésima de un segundo.

“S-sí, claro.”

En silencio, rogó que su amigo aceptara aquella respuesta llena de inseguridad.




« Last Edit: October 11, 2024, 01:06:09 PM by Eureka »


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1010: September 10, 2024, 12:57:19 AM »

Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

Sayi :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 3329 palabras
Kana :: 0 palabras
Eureka :: 1582 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 0 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 4593 palabras


Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Miyu

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1011: September 10, 2024, 07:51:36 AM »
Un día los haré pequeños (tengo problemas con el tamaño en la note)



6 # I don't believe you, you're a liar. (B)

Tobio se marchó del laboratorio de Beelzebub tras intercambiar algunas palabras más, su mente estaba revuelta y perturbada, llena de malos presentimientos. Esa inquietud se intensificó cuando llegó al piso de Roxana Agriche y nadie respondió a su llamada. Ella no era de las que desaparecían sin dejar rastro; siempre había sido una mujer astuta y codiciosa, conocida por explotar su belleza y el poder de su apellido, perteneciente a una familia de mafiosos con oscuros negocios.

El móvil volvió a vibrar varias veces en el bolsillo del pantalón, interrumpiendo sus pensamientos. Rápidamente lo sacó y revisó las notificaciones.

11:00 AM
@AZAZEL: ¿Estás en Grigori? FUAAA me escapé para no tener que ver a Akeno. La hija de Baraqiel golpea fuerte. Lo sé, AHHHHHH

11:05 AM
@AKENO: MÁS TE VALE NO ESTAR INVOLUCRADO EN ESTO, TOBIO IKUSE.

11:07 AM
@NARUMI: Mi venganza con Aza será cruel… La loca casi rompe mi Tablet.

—¿Tobi? Qué raro verte aquí —la voz de Azazel, inconfundible con su tono despreocupado, resonó en el pasillo vacío.

Tobio se giró y vio al bicolor acercarse, con su habitual aire de superioridad mezclado con una pizca de humor.

—Azazel, necesito hablar contigo. Algo no está bien —dijo Tobio, intentando ocultar su preocupación—. Espero que nada de esto se relacione contigo.

El mencionado lo observó por un momento antes de asentir, comprendiendo que la situación era más seria de lo que parecía.

—Entiendo. Ven, hablaremos mientras vamos a la Universidad de Rizembool. Narumi ya me habló que te reunirías con Qian Jin, y quizás él pueda arrojar algo de luz sobre esto—respondió Azazel, ya encaminándose hacia la salida.

En pocos minutos bajaron por el ascensor y subieron al coche de Azazel, un vehículo elegante y discreto, que pronto se puso en marcha hacia la universidad. Durante el trayecto, Tobio le relató a Azazel sus preocupaciones y la inquietante desaparición de Roxana Agriche, el nombre de Rien Xu Fu y Beelzebub con esa extraña creatura. Azazel escuchó en silencio, sin interrumpir, aunque su expresión se fue endureciendo con cada detalle que su aprendiz compartía.

—Es evidente que algo confuso está ocurriendo —comentó el mayor de ambos finalmente, mientras tomaba un desvío hacia el centro de la ciudad—. Qian Jin está más involucrado en todo esto de lo que aparenta. Tendremos que confrontarlo.

El edificio de la Universidad de Rizembool, imponente en su arquitectura moderna, los recibió con su habitual atmósfera fría y calculada. Un asistente los condujo a una sala de conferencias minimalista, donde cada detalle parecía diseñado para intimidar.

Qian Jin los esperaba allí, sentado en la cabecera de la mesa. Su presencia era tan imponente como su atuendo impecable, y su mirada evaluadora se posó sobre Tobio y Azazel con una mezcla de interés y desdén.

—Bienvenidos —dijo Qian Jin con un tono suave pero firme, se acomodó las gafas cn el dedo corazón y les sonrió—. Me alegra que hayan venido. ¿Supongo que quieren discutir de algo? No me queda claro a que han venido aquí, espero sea un asunto grave o habré perdido valioso tiempo.

Tobio, tratando de mantener la calma, tomó la palabra.

—Sí, señor Qian. Estamos aquí para entender mejor su involucramiento en los recientes eventos que han afectado a nuestras amigas y colegas. Nos preocupa profundamente el impacto que esto puede tener en la vida de ellas —articulo, aunque realmente no sabía que exigirle o preguntarle. Azazel se mantenía al margen acariciando su barba tupida.

Qian Jin esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—Ah, la prueba HiME. Un proceso fascinante, ¿no creen? Desafía a los participantes de maneras que pocos pueden comprender. Pero más allá de eso, ¿qué les preocupa exactamente sobre mi rol en esto?

Azazel, que había estado escuchando en silencio, decidió intervenir.

—Qian, hay serias dudas sobre la ética y la legalidad de algunas de las acciones que has tomado. Nos hemos enterado de ciertos acuerdos y manipulaciones que parecen estar en juego. Queremos asegurarnos de que todo esto se maneje de manera justa.

Qian Jin se reclinó en su silla, adoptando una postura relajada que contrastaba con la tensión en la sala.

—Mis acciones están perfectamente alineadas con la ley y los deseos de mis clientes —respondió con frialdad—. La prueba HiME es parte de un sistema más grande, uno que tiene sus propias reglas y dinámicas. Yo no estoy involucrado con nada de eso en Rizembool, por si es lo que les preocupa. Cualquier duda sobre mi integridad, les sugiero que la lleven a los canales apropiados.

La conversación continuó, pero Qian Jin manejaba las preguntas con habilidad elusiva, frustrando cualquier intento de obtener respuestas claras. Cada vez que parecía que estaban a punto de descubrir algo, Qian Jin encontraba una manera de evadir o desviar la conversación.

Al final de la reunión, mientras salían del edificio, Tobio sintió una mezcla de derrota y falta de habilidad. No habían obtenido la claridad que buscaban, pero sabía que no podían rendirse. Azazel, a su lado, también parecía preocupado, pero su mente ya estaba trabajando en lo que debían hacer a continuación.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Tobio, mirando a Azazel.

—Volveremos a Grigori —respondió Azazel—. Necesitamos revisar toda la información que tenemos y preparar un plan de acción.

El viaje de regreso estuvo cargado de una sensación de urgencia. Sabían que el tiempo jugaba en su contra, y las decisiones que tomaran en las próximas horas serían cruciales para el futuro de Koneko, Akeno y quizás muchos más. La batalla por la verdad apenas comenzaba.

######


—Un tema algo complicado —Xenovia espetó con el ceño fruncido. Le habían comentado sobre ser una HiME y que Koneko había pasado la prueba—. Ese enano será un problema —suspiró recordando al pequeño ágil que atacó a la pequeña gatita.
—Es culpa de Buchou y Azazel —cruzada de brazos estaba lejos del grupo, con la cabeza girada hacia un costado y negándose a ver a la cabecilla de los Gremory.
—Al menos es un alivio que no me culpes a mí —se mofó el único hombre del grupo.
—Eres alguien insignificante —espetó llena de indiferencia.

Los cinco aún seguían en el hospital, aunque ya se estaban alistando para marcharse de allí.

—Le mandataré un mensaje a Aza —con un suspiro empezó a teclear en el celular.

13:23 PM
@NARUMI: Aza, ya nos estamos por ir del hospital.

—Necesito comer —Koneko puso mala cara y observó al grupo entero—. Mi estómago está al límite. Comida, Co-mi-da.
—Pidamos algo en Grigori —Rias respondió, acariciando la cabeza de la menor.

Xenovia observó a Koneko con una mezcla de exasperación y afecto. Aunque la gatita había demostrado ser una guerrera feroz durante la prueba HiME, seguía siendo la más joven del grupo, y su insistencia en algo tan simple como la comida le recordaba a todos que, a pesar de todo, aún era una niña.

—Vamos, Rias tiene razón. Podríamos pedir algo en Grigori mientras discutimos los próximos pasos y analizo más a fondo las estadísticas de Koneko —sugirió Narumi, guardando su dispositivo en un bolso que traía antes de dirigirse hacia la puerta de la habitación en el hospital.
—Que sea ramen —añadió Akeno con una sonrisa tranquila—. Nada como una buena comida para recuperar energías después de todo lo que ha pasado.
—¿Ramen? —Narumi levantó una ceja, medio sorprendida—. ¿Eso es lo que se te antoja? Y yo que esperaba algo más calórico como hamburguesas del Mc.
—Quiero papas fritas y youkan para el postre —replicó Koneko sin perder su semblante inexpresivo—. O un McFlurry Oreo.

Xenovia asintió con entusiasmo, sus ojos brillando al escuchar la mención de la comida. Aunque las tensiones seguían siendo altas, la idea de una buena comida en compañía parecía aliviar un poco la atmósfera.

—Entonces serán hamburguesas, papas fritas extras, McFlurry Oreo, Ramen de res y youkan —confirmó Rias, sonriendo ante la idea de un pequeño festín—. Vayamos a Grigori y pidamos todo antes de que Koneko empiece a morder a alguien.
—Más te vale que sea buena comida —murmuró la más joven del grupo, apretando los puños como si estuviera lista para enfrentar cualquier cosa que no cumpliera con sus expectativas.

Akeno carraspeó llevando una mano hecha puño a su boca y con timidez habló:
—Un café del Mc Donald’s viene bien también —desvió la mirada para evitar hacer contacto visual con alguno de ellos.

Con el plan establecido, el grupo salió del hospital y se dirigió a Grigori, un lugar que ya se había convertido en una especie de refugio para ellos. Mientras caminaban, Xenocia no pudo evitar pensar en lo que les esperaba. Aunque la prueba HiME había terminado, la verdadera batalla parecía estar a punto de comenzar y de alguna manera se había involucrado en ello… no quería hacer la vista gorda y evadir ese conflicto, más cuando involucraba a Koneko.

Cuando finalmente llegaron a Grigori, el ambiente relajado del lugar contrastaba con la tensión que habían sentido durante las últimas horas. Azazel ya los esperaba en una de las mesas del comedor principal, su expresión despreocupada pero con un brillo en los ojos que indicaba que estaba al tanto de todo lo que había pasado.

—Ah, llegaron justo a tiempo. Ya he ordenado todo y está en camino. Rias me mandó un mensaje —dijo Azazel, levantando una vasija de sake en su dirección—. Ahora, antes de que comamos, ¿por qué no discutimos lo que sigue?

El grupo se sentó alrededor de la mesa, y Azazel tomó la palabra nuevamente.

—Tenemos varias piezas del rompecabezas, pero nos falta la conexión clave entre Qian Jin, Beelzebub, Roxana y Rien —comenzó, mientras tomaba otro sorbo de sake —. Qian Jin no soltó nada en nuestra reunión, pero hay algo que no está sumando. Necesitamos averiguar qué es.

Tobio asintió pensativo.

—Es posible que Beelzebub tenga más información, pero acercarse a él será complicado. Nadie se acerca a ese laboratorio sin una buena razón. ¿Es tu amigo, Narumi?
—No es mi amigo y Roxana Agriche tampoco —añadió Narumi, su voz neutral sin mucha preocupación—. No podemos ignorar que ella podría tener la clave para desentrañar todo esto. Y Rien Xu Fu… da cátedra en Rizembool.

Koneko, mientras tanto, seguía concentrada en la comida que aún no llegaba, pero escuchaba atentamente a cada uno. Finalmente, alzó la vista.

—Entonces, ¿qué vamos a hacer? —preguntó con la sencillez directa que la caracterizaba.
Azazel dejó su copa sobre la mesa y los miró a todos, su mirada más seria que de costumbre.

Azazel dejó su vasija sobre la mesa y los miró a todos, su mirada más seria que nunca.

—Nos dividiremos en dos equipos. Uno investigará más a fondo en Rizembool, especialmente en el entorno de Qian Jin y sus asociados. El otro intentará localizar a Roxana. Necesitamos respuestas, y las necesitamos ahora.

El plan fue aceptado con unánime acuerdo. Todos sabían que lo que estaba en juego era la vida de sus amigas. Terminaron su comida en relativo silencio, cada uno perdido en sus pensamientos sobre lo que les esperaba. Pero al menos, por el momento, la paella y el youkan habían cumplido su propósito: darles un momento de tranquilidad antes de la tormenta que se avecinaba.

El ambiente en Grigori era relajado, pero la tensión en la mesa se palpaba mientras esperaban la llegada de su comida. Akeno jugaba con su cabello, Xenovia estaba mirando su celular y Rias igual, mientras Koneko miraba con impaciencia hacia la puerta. Azazel seguía tomando pequeños sorbos de su sake, mientras Narumi y Tobio intercambiaban miradas cómplices, ambos conscientes de la gravedad de todo aquello.

Unos minutos más tarde, la puerta del comedor se abrió, y un asistente de laboratorio entró llevando una bandeja enorme llena de comida. Su bata blanca ondeaba ligeramente mientras caminaba hacia la mesa, su expresión seria pero profesional.

El empleado comenzó a colocar cada plato frente a ellos con rapidez, que indicaba su experiencia en el servicio a Azazel y sus inusuales demandas.

Primero dejó las hamburguesas y las papas fritas extras frente a Koneko, después a Rias y Gen Narumi, cuyo rostro se iluminó de inmediato. Las hamburguesas eran jugosas, con queso derretido asomándose por los lados y el pan perfectamente dorado. Las papas fritas crujientes y doradas estaban apiladas en un pequeño cono de papel, acompañadas de varias salsas.

A continuación, colocó un tazón humeante de ramen de res a Tobio, Xenovia y Akeno, quien inhalaron profundamente el aroma reconfortante del caldo rico y especiado. Los fideos, perfectamente cocidos, se mezclaban con finas tiras de carne de res, cebollines frescos y un huevo cocido al punto.

El McFlurry de Oreo fue depositado delante de Azazel, quien tomó inmediatamente la cuchara y sonrió ante la mezcla cremosa y fría, llena de trozos de galleta que prometían un dulce contraste con el helado de vainilla.

Finalmente, el asistente colocó un pequeño plato con porciones de youkan y una taza de café de McDonald’s frente a Akeno. El café humeaba, desprendiendo un aroma familiar que la hizo suspirar de satisfacción. El youkan, una delicada gelatina de frijol rojo, brillaba con una textura lisa y densa, lista para ser disfrutada como un pequeño capricho dulce.

—Eso es todo, disfruten su comida. Más tarde traeré los McFlurry para todos —dijo el asistente antes de retirarse en silencio, dejando al grupo con su festín.

Koneko no perdió tiempo. Agarró una hamburguesa con ambas manos y dio un mordisco grande, cerrando los ojos mientras saboreaba el primer bocado. Las papas fritas pronto siguieron el mismo destino, una tras otra desapareciendo rápidamente. Akeno, por su parte, tomó un sorbo de su café antes de probar el youkan, dejando que la dulzura suave y el sabor terroso del frijol rojo se mezclaran en su paladar.

Azazel disfrutaba su McFlurry a pequeños bocados, añadiendo sake de por medio en su boca mientras Koneko observó el ramen de Xenovia un instante, con algo de envidia, aunque estaba demasiado concentrada en su hamburguesa y las papas. Xenovia, sin embargo, se deleitaba con el ramen, tomando cada bocado con cuidado para disfrutar del caldo sabroso y reconfortante.

La conversación había cesado, y por un breve momento, la única preocupación era disfrutar de la comida frente a ellos. Aunque la amenaza seguía latente, este pequeño respiro en compañía de una buena comida les permitió recargar energías y centrarse en lo que vendría después.

Cuando terminaron, el lugar en la mesa se había suavizado. Aunque la tensión seguía presente, la comida compartida había forjado un lazo más fuerte entre ellos. Sabían que la tormenta aún se cernía sobre ellos, pero por ahora, habían encontrado un breve respiro en medio del caos.

« Last Edit: September 17, 2024, 09:58:15 AM by Miyu »


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Miyu

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1012: September 23, 2024, 07:25:11 AM »
Ya casi estoy al día con las olimpiadas, veamos si puedo terminar este mes

edit: failear es mi especialidad juasjuas



07 # Echoes.

Atrapada entre fotogramas, notó el aire a su alrededor que se espesaba, como si las imágenes estuvieran vivas, respirando con ella. Inhaló y exhaló aire rápidamente, tratando de calmase, era un sueño, nada real.

Las cintas de película se deslizaban suavemente por su piel, enredándose en sus brazos y piernas como si intentaran mantenerla allí, anclada en ese sueño que no terminaba. La sensación empezó siendo extrañamente cálida, como una caricia ligera pero implacable, envolviéndola cada vez más fuerte, hasta que el espacio a su alrededor empezó a cerrarse.

—¡¡¡Mng!!! —gimoteó, su voz amortiguada por el plástico que cubría su boca. La presión sobre sus labios le impedía gritar, y la asfixia comenzaba a crecer en su pecho. Intentó moverse, pero sus piernas no respondían, atrapadas por las tiras de película que se apretaban a su alrededor.

Notó que sus manos temblaban, intentando liberarse de las tiras que la cubrían, más cintas gruesas se enrollaban a su alrededor, sellando sus palabras y cegando su visión. Intentó hablar, pero todo lo que salió fue un murmullo ahogado, un eco sordo que se perdió entre las sombras.

Despertó bruscamente, el cuerpo empapado en sudor y el corazón golpeándole el pecho. La oscuridad aún reinaba en la habitación, haciendo que las sombras en las paredes parecieran moverse con vida propia. Jadeaba, como si acabara de escapar de algo terrible, y sus manos, temblorosas, se movieron frenéticamente hacia su rostro. Se tocó los labios primero, luego los ojos, con movimientos rápidos y desesperados, intentando convencerse de que ya estaba despierta, que lo que había sentido no era real.

Un escalofrío le recorrió la columna, pero al cabo de un largo suspiro, su respiración comenzó a calmarse. Se quedó inmóvil, mirando hacia el techo oscuro, donde las formas seguían danzando a su alrededor, aunque ella apenas las notaba. Cerró los ojos de nuevo, intentando recuperar algo de paz, cuando el sonido del teléfono empezó a perforar el silencio. Al principio, solo un eco lejano, pero pronto se volvió un zumbido molesto que crecía con intensidad, reclamando su atención.


—Yo he visto —susurró mientras su voz perdía fuerza hasta desaparecer en la oscuridad de la habitación—… giran en su horror ignorado Sin orden, sin brillo y sin nombre…

Las orbes esmeraldas fueron atraídas hacia el sonido del celular y extendió la mano para tomarlo con cuidado de la mesita de noche, la pesadilla aún rondaba en sus pensamientos y lo atribuyó de inmediato al libro que leyó recientemente: El morador de las tinieblas. Sí, definitivamente fue producto de una “imaginación fantástica” como le atribuyeron a Blake.

Lo primero que observó fue la foto que usa de wallpaper y después las notificaciones en la pestaña superior; era lunes por la mañana y el segundo semestre iniciaba en un par de horas. Se incorporó rápidamente y le respondió el mensaje a su la única amiga que tenía, que hizo junto a Sua en Korea.

El cielo aún teñido de negro parecía incapaz de despedirse de la noche. Miu se quedó mirando la ventana por un momento, notando cómo las gotas de rocío cubrían el vidrio, y la brisa apenas levantaba las cortinas corridas. No había luz alguna que delineara las formas del exterior, pero aun así pudo distinguir una silueta conocida.

A lo lejos, más allá de la reja que separaba la casa del camino, Hyuna, su hermana mayor, corría de vuelta a casa. El ritmo de sus pasos era constante, marcado por la repetición mecánica que ella dominaba, aun así, se podía una leve cojera en una pierna. El cabello oscuro de Hyuna, recogido en una coleta alta, se balanceaba con cada movimiento, mientras su cuerpo tonificado se movía en armonía con el ambiente tranquilo, como si las sombras que aún residían en la mañana se apartaran a su paso.

Miu la observó por unos segundos más, el vago eco de la pesadilla aún presente en su mente, aunque ya comenzaba a difuminarse con la visión familiar de su hermana mayor regresando de su rutina diaria. Sus ojos verdes se suavizaron, sintiendo una especie de alivio al ver la figura de Hyuna acercándose. La pesadilla parecía un mal recuerdo cada vez más lejano, pero la atmósfera seguía siendo densa, como si las imágenes de su sueño se resistieran a desvanecerse por completo.

Quería olvidar a Sua y, al mismo tiempo, la mantenía presente, como una sombra constante, imposible de apartar de su mente, ni siquiera por un solo minuto. El vacío que había dejado su amiga era como una herida abierta que nunca dejaba de sangrar.

El sonido del teléfono volvió a resonar, esta vez con mayor intensidad, perforando el silencio de la habitación. Miu no apartó la mirada de la ventana, donde el cielo todavía oscuro apenas dejaba entrever los primeros indicios del amanecer. Su respiración permanecía contenida, casi como si la detuviera por voluntad propia, aferrándose a la calma de ese instante. Solo después de ver a Hyuna atravesar el jardín y entrar en la casa, dejó escapar el aire en un suspiro largo y silencioso, como si en ese momento se permitiera volver a existir.

Se giró lentamente hacia la mesita de noche, donde el teléfono seguía vibrando de manera insistente, ignorándolo aún. A tientas buscó sus gafas, las colocó con delicadeza sobre su nariz y se tomó un momento para arreglar su larga melena rosa, que caía en cascada hasta más allá de su cintura. Desde la partida de Sua su mundo había dado un giro, se había vuelto caótico e inestable, incluso su mirada se había vuelto opacos y apagados.

En el fondo sabía que enfrentarse al día era inevitable, pero cada acción, por pequeña que fuera, parecía requerir una energía inmensa de la que carecía.

Contempló una última vez el manto nocturno que se extendía por la ciudad, por su casa y en su corazón; sentía el remordimiento, la ira y la desesperación, aún le era imposible concebir un mundo dónde la sonrisa de Ella no estuviera. La extrañaba, quería regresar atrás y corregir todo lo que hizo mal…

Suspiró resignada una y otra vez mientras los primeros rayos de sol asomaban por el horizonte.

Con movimientos casi mecánicos, se levantó, deslizándose por el frío suelo de madera, sus pies descalzos apenas hacían ruido mientras avanzaba hacia el baño, ubicado al otro lado de su habitación.

Apenas ingresó al baño las luces se prendieron automáticamente y lo primero que observo fue un gran espejo colgado en la pared, ignoró su propia imagen al no reconocerse y siguió caminando hacia la bañera, dónde dejó fluir el agua tibia mientras se desvestía.

—Alexa, música —murmuró con una voz débil, apenas un susurro, como si el simple acto de hablar la agotara. Inmediatamente, una melodía suave y envolvente llenó el aire, los instrumentos mezclados con el sintetizador hacia de la canción algo melancólico que se fundía con el ambiente de la habitación.

“I wanna be calm like the soft
Summer rain on your back
Like the fall of your shoulders
But everything just brings me back down
To the cold hard ground
And it keeps getting colder”


Se acercó nuevamente a la tina de mármol ya con agua caliente casi hasta el borde y vertió unas gotas de esencia de clemátides. El aroma floral se esparció lentamente, envolviéndola en una suave bruma que, por un instante, ofreció un poco de consuelo. Observó cómo el vapor ascendía, difuminando los bordes de la habitación con la música sonando fuerte por los parlantes del cuarto, la voz suave y la letra depresiva la hacían sentir ganas de quedarse allí por horas.

“It's a feeling that boils in my brain
I would dial back the flame
But I'm not sure I'm able
I'm wobbling out on the wire
And the lights could go out
With the break of a cable”


Cuando se sumergió en el agua tibia, sintió cómo el calor la cubría por completo, pero, a pesar de eso, su mente divagaba entre la música y la sonrisa amable y cálida que su amiga siempre le había dedicado y ahora era como un ancla que la mantenía atrapada. El sonido acogedo la acompañaba, pero ni siquiera la música, su habitual refugio, lograba aliviar el peso de su tristeza.

“Things feel that low sometimes
Even when everything is fine”


Susurró junto con Soccer Mommy, cerrando los ojos y dejando que el agua fluyera a su alrededor. Ella entendía de sobra que el dolor que sentía y lo que sufría siempre la acompañarían…

“Hey, I've been falling apart these days
Split open, watching my heart go
'Round and 'round, 'round and 'round
Circle the drain, I'm going down”


Con Sua se habían conocido de niñas, cuándo fueron reclutadas por una agencia de Idols en Korea; la voz angelical de su amiga la había llevado a ser la líder de la formación, aparte de sus dotes como bailarina de ballet. Miu siempre la había admirado; Sua era una estrella en ascenso, una luz brillante que iluminaba el camino, mientras Miu se mantenía en la sombra, apoyándola con devoción, animándola y practicando hasta altas horas de la noche rutinas y vocalización.

“I'm trying to seem strong for my love
For my family and friends
But I'm so tired of faking
'Cause I'm chained to my bed when they're gone
Watching TV alone
Until my body starts aching”


A lo largo de los años, el dúo que formaron, Faery, se convirtió en un refugio donde compartían risas, sueños y secretos, la amistad de ambas se había fortalecido entre estrictos entrenamientos, el debut de Faery y la convivencia diaria de las dos coreanas. Lograron hacer un lazo indestructible en medio de la presión de la industria, donde la competencia era feroz y los estándares inalcanzables, Sua siempre sabía cómo calmar los miedos de Miu con su cálida voz y su risa contagiosa. Pero a medida que el éxito crecía, también lo hacían los rumores y las especulaciones, como sombras que se cernían sobre ellas, amenazando con romper la burbuja de complicidad que habían construido.

“And I think there's a mold in my brain
Spreading down all the way
Through my heart and my body
'Cause I cling to the dark of my room
And the days thin me out
Or just burn me straight through”


Recordaba las pequeñas mueca de Sua, sus muecas de disgusto cuándo algún hombre se acercaba a ella, la preparación de las zapatillas de ballet, los moretones, las cicatrices en los pies y las ampollas que salían al usar nuevos zapatos…

“Things feel that low sometimes
Even when everything is fine”


Su amistad era un lazo indestructible, forjado en los escenarios y en las horas interminables de ensayos, eran más que compañeras, eran confidentes, hermanas. En los ojos de Miu, Sua era la luz que iluminaba su camino, la fuerza que la impulsaba a seguir adelante y cumplir sus sueños.

“Hey, I've been falling apart these days
Split open, watching my heart go
'Round and 'round, 'round and 'round
Circle the drain, I'm going down”


La vida le sonreía a ambas en la agencia de talentos “Anakt Garden”, en Korea, pero la felicidad no duraría para siempre. Su éxito como dúo, Faery, las llevó a la cima de las listas de popularidad entre los que recién debutaban en la industria y debido al foco de atención que tuvieron las convirtió en blanco de los medios y los fans.

“Things feel that low sometimes
Even when everything is fine”


Poco a poco, entre su pequeño fandom empezó a circular rumores de ambas teniendo una relación sentimental, algo prohibido y tabú en la industria del K-pop. Las Idols no podían tener parejas, era una regla no escrita que, si se rompía, podía arruinar sus carreras y siempre levantaba fuertes críticas por parte de todos. Al principio, Miu y Sua se rieron de esos rumores, los tomaron como un juego inofensivo, conforme pasaban los días, los rumores se volvieron más insistentes, más dañinos. Los comentarios en línea se tornaron cada vez más crueles, llenos de odio y especulaciones.

Sua, con su naturaleza protectora, no podía soportar ver a Miu sufrir. La presión de los fans y de la agencia era insoportable. Sentía que estaba fallando a su amiga, que la estaba arrastrando a un abismo del que no podían escapar. La idea de que ella fuera juzgada y humillada por algo que no era real la consumía por dentro, Sua creía que era su culpa esos rumores.

“Hey, I've been falling apart these days
Split open, watching my heart go
'Round and 'round, 'round and 'round
Circle the drain, I'm going down”


Una noche, mientras ambas se encontraban en su dormitorio, Sua tomó a Miu de las manos y, con la voz temblorosa le confesó que había decido graduarse de Faery y Anakt Garden, las palabras que le dijo aún retumban en su mente, en su corazón y hacen que su propia alma tiemble: “Sé que esto es lo único que puedo hacer para protegerte”. “Si me voy, los rumores se detendrán. Tú podrás seguir adelante con tu carrera, sin esta sombra siguiéndote".

Al día siguiente, la noticia de la muerte de Sua conmocionó a los pocos fans auténticos que tenían, los haters comenzaron a escribir en redes sociales y expresar lo divertido que había sido la novela de las lesbianas, esperando que Miu hiciera lo mismo. Los rumores sobre su relación se intensificaron aún más, pero esta vez, teñidos de una profunda tristeza. Miu, destrozada por la pérdida de su mejor amiga, se recluyó en sí misma, incapaz de enfrentar el mundo y de volver a tocar un micrófono.

“'Round and 'round, 'round and 'round
Circle the drain, I'm going down”


La muerte de Sua dejó un vacío irreparable en la vida de Miu.


Después de bañarse y cambiarse, bajo las escaleras hacia la cocina, las voces de sus hermanas mayores discutiendo fue lo primero que oyó y a la que observó primero fue a Habin, con su llamativo cabello rojizo y unas gafas oscuras.

—Tienes que acompañarla a la Universidad, es el inicio de semestre —la voz autoritaria de su hermana mayor asustó a la de en medio, Hyuna, quien la miró sorprendida.
—Miu ya no es una niña—protestó—. Aparte debo prepararme para las olimpiadas de Hanasaki. Hoy dan inicio y tú estás libre del Húngaro Ganessa hasta las diez de la mañana.

Haemiu suspiró antes de ingresar a la cocina, odiaba que sus hermanas se pelearan por culpa de ella.

—Tengo que hablar con el bueno para nada de Azazel —la mayor retrucó.
—Ek- —Hyuna bebió apresurada un sorbo de café—. Le mandaré un mensaje a Qiao Ling.
—Puedo ir sola —su voz motona atravesó a sus dos hermanas mayores—. La U no está muy lejos de aquí…

Caminó lento por la habitación y se dirigió a la máquina de café para prepararse un Latte. Se había puesto unos jeans comunes y unas Converse negras, nada destacable, salvo su cabello rosado que terminaba en degrades con tonos azulados.

—¿Segura? —su hermana mayor se acercó, ella era hermosa. Una mujer elegante, seductora y segura de sí, recientemente había sido ascendida a directora en un centro cultural. Apoyó una mano en el hombro pequeño de Haemiu—. Tienes que ser honesta con nosotras.
—Estaré bien, Habin unnie —susurró, abrazando ligeramente a la contraria—. Hyuna unnie tiene razón, no soy una niña. Tengo veintidós años.
—Lo sé —suspiró—, es solo que aún es muy reciente lo de Soo-a.
—Sí —no supo como responder a eso, que hablara de Sua tan a la ligera la tomó por sorpresa. En Faery las chicas se hacían llamar Sua y Mizi, por lo que ambas se trataban con sus respectivos apodos.
—Oigan, estoy aquí —golpeó con ambas manos la mesada americana para llamar la atención de sus hermanas—. Esta noche tengo un concierto en el Sixth Heaven… ¡tienen que venir!
—Siempre que vas ahí hay gente rara y huele a hierbas —Miu se alejó un poco de Habin y se tapó la nariz para simular que estaba oliendo cosas raras.
—Eso es mentira, es olor a meado —volvió a golpear con sus manos la mesada—, y hay mucho olor a eso…

El Sixth Heaven es un Live House ubicado en Roppongi, conocido por ser un distrito de entretenimiento con muchos clubes nocturnos. Hyuna se movía entre Roppongi y Harajuku.

 —Incluso te prestaré a mi Toreto para que llegues más rápido a la U —Hyuna señaló un monopatín eléctrico que descansa cerca de la puerta de entrada.
—… —la miró un momento con los ojos entrecerrados—. Lo pensaré, Hyuna unnie….
—Ah, mierda. Llegaré tarde —la mayor de ellas, Habin, tomó las llaves de su coche y salió disparada hacia la puerta de entrada—. Si algo le pasa a Miu, te culparé a ti —giró hacia Hyuna y la señaló, antes de salir de la casa.

Miu saludo con la mano a su hermana y le dedicó una pequeña sonrisa, odiaba ser tratada como una niña por Habin y, aún así, estaba profundamente agradecida por haber sido un pináculo fundamental para no hacer lo mismo que Sua.

Dos años atrás, después que los sueños de ella se derrumbaran Habin la obligó a empacar algunas mudas de ropa y se dirigieron juntas a unas largas vacaciones, más tarde decidieron mudarse con Hyuna a Japón, dónde ya estaba establecida.

La vida había sido relativamente fácil, alejada de todo lo que conocía y todos los que la conocían; aún seguía en medio del duelo, atrapada entre el dolor y la amabilidad de su familia.


—¡Más te vale venir, Haemiu! —su hermana de en medio le sirvió el café y en la alacena buscó algunas galletas.
—Es algo injusto que lo pidas —la pelirrosa tomó las galletas entre sus manos y abrió el paquete, sujetando una y rodándola por la mesada—. Iré.
—¡Sí! Ser impulsiva es mi cualidad principal —al decir esto se arrojó sobre ella. Abrazándola y depositando un pequeño beso en la mejilla de su hermanita—. Hay alguien que quiero presentarte.
—Me das mala espina Hyuna unnie—la golpeó con la palma de la mano en el rostro para alejarla.
—¡Ahhh! Solo ven, estará ese tipo que canta “Black Sorrow” y un cronograma de varios invitados. Soy la que cierra la noche —a unos centímetros de su hermana.

Rodo los ojos junto a la galleta que movía.

—¿Son koreanos? —preguntó frunciendo el ceño.
—Un poco, quizás —movió nerviosamente los dedos por la encimera.
—Estas loca.

Miu dio un último sorbo a su taza de café latte antes de salir de la casa, ajustándose los auriculares y dejando que la música la envolviera, como un escudo contra el mundo exterior. Deslizó el dedo sobre la pantalla de su iPod, buscando una canción que pudiera callar las voces en su mente. El sol matutino la saludó en la calle, pero ella apenas lo notó; sus pasos eran automáticos, y su mirada, distante.

Vivian en una zona apartada de la capital, por lo que tenían una gran casa con jardín grande y rodeados de la naturaleza. Sus padres habían sido generosos al regalarles aquella casa apartada de la gente.

—¡HAEMIU! —gritó desde la puerta de casa su hermana Hyuna,
Los ojos verdes de ella apuntaron a los pardos de la contraria, que traía a su lado el monopatín eléctrico. Yoon Hyuna, su hermana adoptiva, de piel morena y figura atlética, había renunciado a la universidad y se dedicaba a hacer lo que quisiera con su lema de “solo se vive una vez y lo disfrutaré”.

Miu asintió de mala gana y se acercó a ella para tomar el aparato.

—Lo cargue toda la noche —enérgica, agitó ambas manos para despedirla. El cabello castaño extendido en largas hebras se movía junto a ella—. Llama a Qiao Ling y manda un mensaje cuándo llegues a la U, Habin va a estar trinando de ira.
—Espero que cantes “All-In” esta noche —levantó la mirada y le sonrió—, nos vemos luego Hyuna unnie.

Tomó apresuradamente el objeto estacionado junto a Hyuna y lo acomodó un poco. Colocó un pie sobre la plataforma del monopatín, su cuerpo se inclina levemente hacia adelante mientras mantiene el equilibrio con naturalidad. Su cabello, liso y rosado, cae sobre sus hombros, moviéndose con la brisa matutina.

—Nos vemos, Hyuna unnie.

Con una expresión concentrada pero relajada, apoya ambas manos sobre el manillar, encendiendo el monopatín. La suave vibración del motor arranca mientras ella empuja el otro pie hacia el suelo, impulsándose con un movimiento fluido.

Una vez arriba, se inclina ligeramente hacia adelante, ganando velocidad mientras se desliza sin esfuerzo por la calle, su silueta delgada destacándose en la calle vacía que se iba achicando a medida que se alejaba.

“There aren't any words that I could say anymore now
It has no meaning
Even that night, so blue with splendid light
Even this white dress of mine is dyed red”


La voz de Sua llenó su cabeza, tan frágil y hermosa. Apretó con fuerza la mandíbula, se había olvidado que el playlist que dejó contenía la última canción que compuso la pelinegra.

“And the morning, it does not seem like it is coming
It's all like a lie
Now if only all this were just a dream
You hug me tight as if what happened was nothing”


Cerró los ojos con fuerza, para abrirlos rápidamente. Iba conduciendo el monopatín, no podía darse el lujo de tener un accidente y menos cuando la vida de sus hermanas mayores empezaba a acomodarse después de dos años.

“It's a sweet dream
It's happening today, wait for me
I'm going too, you'll see
Lord, please, when this song is over
Come and save me from this, please”


Sintió cómo el aire se escapaba de sus pulmones, como si algo invisible lo estuviera extrayendo cada gota de fuerza. Su corazón comenzó a latir frenéticamente, una serie de golpes acelerándose como un tambor descontrolado. El pánico la envolvió de repente, esa ansiedad conocida que la paralizaba, pero esta vez parecía más intensa, más abrumadora. El sonido de la canción que llenaba sus auriculares con esa melodía que se volvía insoportable, cada nota penetrando en su mente como agujas.

Vio el rostro pálido de Sua, su Sua, sin una sonrisa y sus ojos carentes de vida, de sueños… un cadáver frío que ya jamás respiraría.
 

“My father, my universe
Take away this small and weak mе
My father, my universe
Thе edge of a cliff, that’s where I’m standing”


Cerró los ojos una vez más tratando de controlar su respiración, cada intento por calmarse la hundía más en ese espiral de desesperación, apretó las manos en el manubrio del monopatín. La canción seguía sonando, y con cada verso, los recuerdos se volvían más claros, más dolorosos. La imagen que se formó en su mente de su amiga seguía siendo tan nítida, tan dolorosa.

Sua ya no estaba.

“Now, I live in darkness, bring me brightness
Show me proof, you hear my sound
Live in darkness, bring me brightness
Show me proof that you're here now, Lord”

Ella ahora era un fantasma entre sus memorias, uno sin vida, sin voz.

En la oscuridad.

Un nudo se formó en su garganta, impidiéndole respirar con normalidad. No podía detener el torrente de imágenes, de momentos compartidos, de conversaciones que ya no tendrían lugar. Sintió el peso de la pérdida como una losa sobre su pecho, cada pensamiento era como una punzada aguda en su corazón. La música seguía resonando, implacable, reviviendo esos instantes que tanto trataba de enterrar.

Quiso gritar, pero su voz no salía. Solo el eco de la canción seguía flotando a su alrededor, arrastrándola más profundamente en ese pozo oscuro de recuerdos. ¿Por qué esa canción? No podía entender por qué la había puesto, por qué ahora todo dolía tanto. Solo sabía que el pánico era demasiado fuerte y la ausencia de su amiga demasiado devastadora.

Fue demasiado tarde para frenar y terminó dando de lleno contra un arbusto del Parque Yoyogi, cuándo subió a la acera y se fue contra la tierra y esa pequeña cosa verde ni tuvo tiempo a gritar.


—Vi todo —con voz divertida comenzó a reírse enérgicamente. La voz masculina era una que conocía de sobra.
—Ling tiene razón, eres poco confiable —salió de entre los arbustos con cuidado y tomo el monopatín para asegurarse que aún funcionaba.
—No es mi culpa, venías con una expresión taaaan estúpida~ —otra risa más fuerte cruzó por sus labios.
—Cheng —lo señaló ofendida, con algunas hojas en el cabello y tierra en las rodillas.
—Vamos, vamos. Si eres un poco ridícula Haemiu —le tomó el monopatín de las manos y se subió como de costumbre.

Cheng Xiaoshi, amigo de Qiao Ling y un idiota irresponsable. Miu repasó la apariencia del chico, parecía recién haberse levantado de dormir; traía unos jeans negros y una chaqueta de beisbol en tonalidades blancas y azul marino.

Con prisa corrió hacia él y se subió detrás de él en el monopatín, sujetándolo con suavidad de la cintura.

—He, agárrate más fuerte —de una acelerada casi hace que ambos se caigan.
—¡Idiota! —le tiró de la colita con la que ata sus cabellos negros.

En pocos minutos llegaron al barrio chino, donde bajaron del monopatín y empezaron a caminar entre las numerosas personas que iban y venían de una dirección a la otra. Aquel sitio siempre estaba lleno de vida. Miu se acercó un poco más a Cheng, tenía miedo que alguien la reconociera, ni siquiera Qiao Ling sabía sobre su pasado como Idol.

—No me digas que tienes una especie de fobia social o algo así —aunque no la apartó, el chico tuvo curiosidad y desvió la mirada un poco sobre sus propios hombros.
—… —bajo la mirada muy apenada—. Se podría decir que sí…
—Pfff —cuándo una nueva ronda de risas iba a dar comienzo desde la boca de él, una patada larga fue directo al estómago del asiático, haciendo que el aire saliera de sí—. ¡AAAAAAH!
—Ling —la sonrisa de la otra apareció extendida entre sus mejillas.
—¡CHENG XIAOSHI, YA DEJA DE MOLESTAR A MIU! —después de bajar la pierna, se aproximó a él para darle un fuerte golpe en la cabeza—. Idiota. Bueno para nada, si no fuera por Wang Wang estarías en la calle.

Cheng Xiaoshi se dobló en dos, con una mano en el estómago y la otra masajeando su cabeza, donde el golpe de Ling Qiao aún dolía. Miró a Miu, quien ahora estaba roja como un tomate, con la cabeza gacha, evitando la mirada de cualquiera.

—¡Ay! ¡Está bien, está bien! Solo estaba bromeando… —Cheng Xiaoshi murmuró, levantando las manos en señal de rendición, aunque todavía luchaba por recuperar el aire—. ¿Era necesario pegar tan fuerte?

Qiao Ling se plantó frente a él, los brazos cruzados sobre el pecho. Su mirada era fría y provocadora, como un cuchillo afilado, lo desafió a seguir hablando.

—Lo merecías —repitió Ling Qiao, su voz baja y ronca, sin ningún rastro de arrepentimiento.

El otro hombre, visiblemente intimidado, retrocedió un paso. Su rostro, antes arrogante, ahora reflejaba un miedo genuino. No esperaba encontrar tal determinación en aquella mujer de apariencia frágil, pues apenas media un metro sesenta.

—No tienes derecho a juzgarme —balbuceó, su voz temblorosa.

La pelinegra se burló.

—¿Derechos? ¿Eres idiota? Haemiu es tímida. TI-MI-DA. Y tú te burlas como un idiota.

Antes de que el otro pudiera reaccionar, Ling Qiao atacó una vez más. Fue rápida, casi demasiado rápido de ver. Un golpe certero al estómago hizo que su oponente se doblara de dolor otra vez. Con otro movimiento ágil, lo derribó al suelo. Cheng Xiashi quería llorar ya…

Miu observaba la escena con una mezcla de miedo y admiración. Conocía a Ling desde hacía tiempo y sabía que cuando se ponía así, era mejor mantenerse al margen.  Se puso encima del hombre, su rostro contorsionado por la ira. Levantó el puño, lista para asestar el golpe final y hacer que pidiera disculpas.

—Qiao Ling, basta —suplicó Miu, acercándose a ellos.

Se detuvo, sus ojos fijos en ella. Después de un momento de vacilación, se levantó y se quedó quieta.  Miu, sin querer llamar más la atención de la que ya tenían, miró a su alrededor nerviosa. La pequeña conmoción había comenzado a atraer miradas de los transeúntes. Un par de personas los observaban desde una cafetería cercana, otros cruzaban la calle con el ceño fruncido, y algunas chicas cuchicheaban entre ellas, mirando con curiosidad. El calor subió por su cuello y sus mejillas ardieron de vergüenza.

 Tenía que salir de allí.

—Yo… voy adelantando. —susurró la pelirrosada con voz apenas audible, casi como si pidiera disculpas por existir.

Sin esperar respuesta, dio media vuelta y tomó su monopatín, con movimientos algo torpes debido a los nervios. Dio un impulso rápido montándose al monopatín con prisa y comenzó a avanzar por la acera, alejándose de la escena lo más rápido que el aparato eléctrico se lo permitiera y esquivando a las personas que se atravesaban por el camino. El viento golpeaba su rostro, y aunque las miradas aún la quemaban, comenzaba a relajarse al dejar la distancia atrás. No los miró ni giró su vista hacia atrás ni una vez. Todo lo que quería era desaparecer por un rato.

Después de unas cuantas calles, distinguió entre los comercios y escaparates el familiar letrero de "Time Photo Studio" apareció a la vista. Suspiró aliviada. El lugar siempre le había dado una sensación de calma, con su fachada de estilo minimalista y moderno. Las plantas que colgaban desde el techo y enmarcaban la gran ventana del frente creaban una atmósfera acogedora y estéticamente hermosa.

Se detuvo frente a la tienda, respirando profundamente para calmar los últimos rastros de ansiedad que quedaban en su pecho.

Al entrar, fue recibida por la frescura del lugar, el suave olor de las plantas y la luz natural que inundaba el espacio. Un oasis de tranquilidad. Justo lo que necesitaba después de aquel incidente incómodo. Caminó hacia el mostrador donde estaba Lu Guang, ocupado revisando algo en su computadora.

—Hola, Lu Guang —dijo Miu con una sonrisa tímida mientras se quitaba los auriculares.
Lu Guang levantó la vista, sus ojos serenos analizándola rápidamente, como si pudiera leer todo lo que había pasado en su mente en cuestión de segundos.
—¿Qué ha pasado? —preguntó, con su tono calmado de siempre, pero con una ligera curiosidad. Aunque su rostro permanecía neutral, Miu sabía que no se le escapaba ni un detalle.
—Oh… nada. Solo… Cheng Xiaoshi siendo Cheng Xiaoshi —murmuró, sacudiendo la cabeza y quitándose la mochila. Se acomodó en una de las sillas cercanas, dejando escapar otro suspiro.
Lu Guang alzó una ceja, pero no presionó más. En lugar de eso, asintió levemente. Era extraño como la personalidad de Ling Qiao, Lu Guang y Cheng Xiaoshi encajaban tan perfectamente, le gustaba aquel extraño trio de amigos.
—Es habitual —respondió con un pequeño destello de comprensión en sus ojos celestes antes de regresar a su trabajo—. Si quieres, puedes quedarte aquí hasta que las cosas se calmen. Estoy seguro que esos dos vendrán después de un rato.

Miu le agradeció en silencio con una sonrisa suave, mientras se dejaba caer sobre la mesa, tratando de encontrar un momento de paz en la seguridad del estudio fotográfico. Afuera, las hojas de las plantas se mecían suavemente con la brisa, y la luz cálida del sol filtrada por los cristales le daba al lugar una serenidad que ella deseaba tener por siempre.

Miró la pantalla de su móvil un instante, tenía llamadas perdidas y repetidos mensajes de Hyuna y Habin.

Rodó los ojos a Lu Guang que comenzó a limpiar una estantería con mucho cuidado. La tranquilidad de ese hombre siempre la sorprendía.

—Lu Guang —lo llamó débilmente, aunque de inmediato él lanzó una mirada taciturna.
—¿Sí? —contestó directamente, sin dejar de limpiar con un plumero. 

Quería preguntarle sobre qué haría él si Cheng Xiaoshi, su mejor amigo, falleciera. Una pregunta tonta, Sua no era Cheng y Lu Guang no era ella.

Negó con la cabeza y suspiró.

—N-no —balbuceó—. No es nada, perdón.

El albino continuó limpiando el poco polvo de la tienda, con parsimonia y sin molestarse en ver lo que le pasaba a Miu, después de todo no era su responsabilidad. 

—Ya te dije, no lo sabía —la puerta de entrada sonó y la voz de Cheng se escuchó un poco fuerte—. Como Hyuna es tan extrovertida creí que la hermanita también.

Pese a que Ling Qiao y Miu Yoon tenían la misma edad, definitivamente no había logrado forjar una amistad como sus hermanas con ella.

—Te pedí que fueras por ella, no que la avergonzaras. Siempre haces lo mismo —atrás de él pasó la otra chica, con sus brazos cruzados a la altura del pecho—. ¡Hmph!

Sabía que ambos eran hermanos adoptivos, como Miu con sus hermanas. Sus padres habían adoptado a Habin y Hyuna antes de que ella naciera, sus padres ansiaban tener una gran familia y sin duda lo lograron. Se habían mudado a China después que Miu fue admitida en una academia de Idols, Anakt Garden, y sus hermanas ya con vidas y careras establecidas podían cuidarse solas. Allí adoptaron a dos mellizos de cabellos rosados como Haemiu y el padre.

—¿Quieres una taza de té, Miu? —Ling se acercó a ella con una sonrisa suave.
—Debo ir a la U —Miu trató de zafarse de ellos.
—Per- —fue interrumpida por Lu Guang.
—Ve con cuidado —con una expresión fría se paró cerca de sus amigos para que no la molestaran.
—Gracias —se levantó del asiento y se inclinó para gradecer a Lu Guang con respeto. Tomó sus cosas y el monopatín para partir.

No iba a la universidad hoy. No tenía ganas de lidiar con las clases, ni con sus compañeros, ni con los profesores que siempre parecían saber mejor que ella lo que debía hacer con su vida. En vez de eso, decidió dirigirse al karaoke, quería perderse allí, desaparecer por unas horas, desconectarse de todo. Aunque Habin la hubiera sermoneado si supiera, Miu no pudo evitar sonreír ligeramente al pensar en su hermana. La pelirroja siempre había sido la fuerte, la cuerda, la que la había tomado y encaminado por la vida, le estaba agradecida, pero necesitaba esto después de oír la ultima canción incompleta de Sua.

Caminando hacia el karaoke, haciendo que el monopatín se deslice a su lado, Miu recordó aquellos días oscuros antes de mudarse a Japón. Sua, su mejor amiga y confidente, siempre fue la más soñadora, la más llena de vida... hasta que dejó de serlo. La tragedia de perderla aún flotaba en su corazón, la hundía y pensar que ahora era un cadáver pudriéndose la llenaba de dolor. Ese suceso era como una nube gris que Miu intentaba esquivar pero que nunca desaparecía del todo. Si no hubiera sido por Habin, ella también habría caído en ese abismo lleno de oscuridad. Le debía la vida, sin duda.

En muchos sentidos, esas vacaciones que tomaron en Hawái y la mudanza a Japón le salvó la vida, pero el dolor seguía latente en cada paso que daba. No importaba cuánto intentara distraerse, siempre volvía. El duelo era un peso que Miu había aprendido a cargar, a disimular, a ocultar bajo sonrisas pequeñas y gestos de gratitud.

El edificio del karaoke apareció a la vista, y Miu suspiró llena de alivio. Empujó la puerta de cristal, el aire acondicionado la recibió con una ráfaga fría que contrastaba con el calor de la calle. El empleado en el mostrador la reconoció y no hizo muchas preguntas, la había visto innumerables veces sola, a veces con todo el rostro oculta en una sudadera y otras en días de lluvia sin paraguas: Miu era cliente regular, alguien que prefería las horas solitarias del karaoke a la algarabía de la noche. Tras intercambiar pocas palabras, se dirigió a su cabina habitual.

El chico estaba somnoliento, con algunos libros detrás de él y mangas. Parecía alguien calmado como Lu Guang, le pareció alguien normal sin mucho que destacar, incluso con el cabello blanco no destacaba mucho. Evito leer el gafete, solo se marchó hacia las cabinas.

—Gracias —habló bajito, con cierta vergüenza y torpeza.

Una vez dentro cerró la puerta detrás de ella y se dejó caer en el sofá de cuero negro. Era un pequeño espacio, acogedor, con paredes acolchadas para evitar que el sonido se filtrara. El micrófono la esperaba sobre la mesa, pero Miu no tenía prisa por usarlo. Primero, seleccionó una lista de canciones que coincidían con su ánimo. baladas melancólicas, letras que hablaban de pérdida, de amor no correspondido, de sueños rotos. Temas que le recordaban, de alguna forma, a Sua.

La batería comenzó a romper el silencio y la guitarra con el bajo en tonos bajos lo acompañaban.

“The soggy darkness climbed down
Even if we shake our heads, it’s always the same place
I can’t reach you, so I imagine alone”


El eco de su voz casi quebrada llenó la pequeña habitación cuando por fin comenzó a cantar, no por el placer de hacerlo, sino porque necesitaba liberar algo, cualquier cosa. El karaoke siempre había sido su forma de gritar en silencio, de desahogar el peso que cargaba.

Jamás volvería a levantar un micrófono en público.

“So black, black as it can be
The dark sea gets deeper as you approach
Like a black, black sorrow
A story of such woe”


Entre las partes sin voz se permitía cerrar los ojos, tratando de no pensar en la universidad, en las expectativas de los Yoon, ni en la memoria de Sua que siempre la acechaba. Pero, como era inevitable, su mente vagó de nuevo hacia aquel día.
La última vez que vio a Sua.
La última sonrisa que le dedicó, la sonrisa más hermosa que vio en toda su vida.
 
“At the end of this story, there is only a cold spot
Stained with blood and empty air.
Where your eyes reach
Where your fingertips brush”


Su energía inquebrantable se había vuelto nada. Un vacío.

“Waiting for you endlessly.
Turn the red light hourglass
Inside the black darkness.
With you for a long time”


Dejó caer unas lágrimas por sus mejillas, su pecho oprimido por el recuerdo de Sua. Cada vez que intentaba cantar la imagen de su amiga la asaltaba, llenando el aire con una nostalgia insoportable. Extrañaba a Sua más de lo que podía expresar con palabras, más de lo que ninguna canción podría abarcar.
Mientras intentaba mantener el tono alto y claro, su mente se aferraba a recuerdos que no podía enterrar: los ojos amatista de Sua brillando con entusiasmo, su cabello oscuro ondeando suavemente mientras ensayaban alguna canción juntas.

Era imposible separar la música de ella.

La melodía de la canción que estaba cantando resonaba con un eco de su dolor, como si las palabras mismas comprendieran su sufrimiento. La letra se filtraba en cada grieta de su alma partida.

“So black, black as it can be
The dark sea gets deeper as you approach
Like a black, black sorrow”


Las palabras eran demasiado precisas, demasiado cercanas a lo que sentía ¿Por qué el destino había sido tan cruel?  ¿Por qué ellas debían ser las únicas en sufrir? El peso del destino, de lo que había sucedido con Sua, la golpeó de lleno, los odiaba a todos.

“A story of such woe
At the end of this story
There is only a cold spot stained with blood and such”


El dolor de su ausencia era como una corriente que la arrastraba cada vez más profundo, un mar negro que amenazaba con ahogarla. Dos años y seguía como el primer día…

“Black, black sorrow
And you,
You are always there for me
Black sorrow,
To me you are
Black sorrow
To me you are
Black sorrow”


De repente, el micrófono resbaló de sus manos temblorosas y cayó sobre la mesa con un estruendo sordo, sacándola bruscamente de sus pensamientos. Miu se sobresaltó, parpadeando rápidamente para volver al presente.

—Deja de pensar en eso… —se susurró a sí misma, aunque sabía que no sería tan fácil. Había intentado olvidar a Sua una y otra vez, pero su memoria la seguía, silenciosa y persistente, como una sombra que no podía escapar.

Sabía que el karaoke no sería suficiente para apagar esos sentimientos ese día. Podía huir de la universidad, de las responsabilidades y de las personas que la rodeaban, pero no podía huir de sí misma. Los recuerdos de Sua siempre la seguirían, no importa cuán lejos fuera o cuántas distracciones buscara, ese era su demonio y uno persistente que siempre la encontraba.

El silencio llenó la pequeña cabina de karaoke, tan opresivo como los recuerdos que intentaba evitar. El aire se sentía denso, casi imposible de respirar. Ella se llevó las manos al rostro, tratando de calmarse, de encontrar algo de alivio en medio del caos emocional que la envolvía, se dejó caer en el sofá y elevó la vista hacia las luces del techo.

Un suspiro largo escapó de entre sus labios entrecortados, el peso del mundo parecía reposar sobre sus hombros. Se cruzó de brazos, buscando consuelo en el gesto, y bajó la mirada hacia sus pies. Tal vez si se quedaba ahí el resto del día, el dolor se disiparía, aunque sabía que no sería así. De cualquier manera, estaba demasiado agotada para moverse, demasiado desgastada emocionalmente.


El sonido de unos pasos fuera de la cabina interrumpió el silencio. Miu apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando un suave golpe resonó en la puerta. La joven se enderezó rápidamente, limpiando las lágrimas de sus mejillas con la manga de su suéter, intentando recomponerse. No esperaba que nadie la molestara.

Se quedó congelada un momento frente al pomo de la puerta… ¿alguien se había equivocado de cuarto?

—¿Hola? —la voz era femenina, se notaba nerviosa y amable, aún así extraña para sus oídos.

Miu vaciló unos segundos antes de abrir ligeramente la puerta. Del otro lado, una chica rubia de tez pálida la miraba con una sonrisa amplia. Era sorprendentemente hermosa, con un aura vibrante que parecía contrastar con el caos que Miu sentía en su interior o sus ojos sin vida. Llevaba ropas extrañas, como salida de algún manga dónde sus senos querían salir del escote y una falda oscura bastante corta para los estándares de cualquier país asiático, pero lo que más destacaba eran sus ojos grandes y expresivos, llenos de una extraña mezcla de pasión y fervor.

—Perdona por interrumpir… —dijo la chica, inclinando ligeramente la cabeza, se mostraba algo avergonzada—. No pude evitar escucharte… tu voz, mientras pasaba.

Miu frunció el ceño totalmente frustrado de que alguien la hubiera oído cantar en un momento tan vulnerable. En el pasado ella se hubiera alegrado y la habría tomado de las manos para agradecerle… pero no, ya no. Su propia voz era un recuerdo inherente que Sua ya no estaría jamás a su lado.

—Oh… —murmuró, bajando la mirada hacia sus pies. Se cruzó de brazos una vez más, en un intento de protegerse, como si su propio cuerpo pudiera crear una barrera entre ella y el mundo exterior—. Lo siento… no me di cuenta de que alguien más estaba cerca.
La chica sonrió suavemente, como si no notara la incomodidad de la contraria.
—No, no tienes que disculparte. En realidad, quería hablar contigo un rato. Me encantó tu voz —los ojos de la joven brillaron con una sinceridad que sorprendió a Miu—. Tu voz… me llegó muy profundo, me quedé pegada a la pared escuchándote. No sé si puedo explicarlo bien, pero… me hizo sentir algo. Fue tan lindo, tan lleno de emoción, que me encontré llorando sin darme cuenta.

Miu levantó la vista lentamente, incrédula. No sabía cómo reaccionar ante esa confesión, se sentía incómoda, con ganas de salir corriendo. Los ojos se le nublaron de nuevo, no por el halago, sino por lo aterrada que estaba. No apreciaba esas palabras. Ni ninguna que fuera amable con su voz.

—Gracias… —intentó sonreír levemente, su voz quebrándose con cada palabra—. ¿Necesitas algo más?
—Tu nombre —la sonrisa de la rubia se hizo más grande—. Soy Kitagawa Marin, vine aquí para hacerme unas fotos cosplayando.

Miu no pudo sostener la mirada y la apartó hacia un costado.

—Yoon Haemiu —respondió escueta—. Un placer…
—¿Vas a Hanasaki? Parecer alguien realmente joven y cerca está Hanasaki —insistía en charlar.

Se abrazó aún más fuerte, cerrándose instintivamente. El dolor seguía allí, a flor de piel, y la vergüenza también. No estaba acostumbrada a que alguien la hablara como si comprendiera todo.  Asintió con la cabeza sin más remedio.

—Voy a la de Tokio, estaría bueno si nos encontramos de vez en cuando —sacó el móvil con cuidado de entre sus ropas y le dio el QR de su Line.
—Sí —respondió sin dase cuenta y sacó también su celular—. Debo irme… pronto comenzará la apertura de las olimpiadas o algo así…


La chica finalmente notó la incomodidad de Miu y decidió no insistió más. En lugar de eso dio un paso atrás, respetando el espacio personal que parecía proteger con tanto esmero.

—Entiendo. Lo siento, tu voz me pareció tan hermosa que sin darme cuenta mis pies se movieron automáticamente hacia aquí —sonrió una vez más, esta vez más suave despidiéndose.

Miu observó a la chica rubia frente a ella, la incomodidad creciendo con cada segundo que pasaba. Aunque las palabras de la chica eran amables y sinceras, algo en su pecho se apretaba con fuerza.
No estaba preparada para procesar lo que acababa de escuchar, ni mucho menos para enfrentarse a sus sentimientos.
La presión de estar en esa conversación se volvió insoportable. Sentía el calor subiendo por sus mejillas, y el peso de las emociones que apenas contenía hacía que su respiración se volviera irregular.

No podía quedarse allí más tiempo.

—Yo… lo siento —musitó, su voz apenas un susurro.

Sin esperar respuesta, la pelirrosa se giró hacia la mesa y comenzó a recoger sus cosas rápidamente. Metió su celular en la mochila, asegurándose de no dejar nada atrás, y tomó su monopatín eléctrico que había dejado a un lado. Marin la observaba en silencio, sin hacer ningún esfuerzo por detenerla, en su mente creyó que la había espantado por ser una japonesa y la contraria una koreana.

Con una última mirada rápida a la puerta, se ajustó la mochila en los hombros y salió del pequeño cubículo de karaoke, casi tropezándose con la salida. El aire del pasillo la golpeó en la cara, fresco y algo más liberador que el ambiente opresivo de la habitación, pero no lo suficiente para calmar su agitación.

Tenía que seguir moviéndose, alejarse lo más rápido posible.

En cuanto cruzó las puertas del local, encendió el monopatín eléctrico y, sin perder más tiempo, se impulsó hacia adelante. El viento fresco de la calle comenzó a acariciarla mientras aceleraba, sus pensamientos aún desordenados, pero al menos el movimiento la mantenía ocupada. Cuanto más rápido iba, más sentía que dejaba atrás la incomodidad del karaoke y la extraña interacción con la chica.

El mundo se desdibujaba a su alrededor mientras las luces de la ciudad pasaban a toda velocidad junto con los transeúntes que iba dejando atrás.
« Last Edit: September 23, 2024, 07:52:28 AM by Miyu »


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Kana

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1013: September 29, 2024, 07:13:22 PM »
No pensé que me iba a quedar así de largo jaja

—No entiendo qué pasó. — Kana se veía discretamente preocupada.

Generalmente era fría de ánimo, incluso media insensible sin darse cuenta. No se le notaba mucho cuando estaba preocupada, molesta o al menos trataba de disimular bien en frente de los demás para ahorrarse “correcciones” innecesarias.
Siempre había sido así, toda la angustia se bloqueaba en su interior desde temprana edad ante el estrés de pertenecer a una familia ancestral exigente, soportando a un tío y primos que la menospreciaban, acostumbrándose a las extrañas circunstancias de “protección” de un padre psicopático, apaciguando la ausencia de una madre que apenas conoció.
Perfectamente podría ser una persona ansiosa que sucumbiera al estrés y se quedase por mucho tiempo acostada en cama para evitar las exigencias de la vida. Pero prefirió ser firme y resistente, porque era demasiado orgullosa para demostrarle debilidad a su familia y, aunque no quisiera admitirlo, se sometía a esa estructura de seriedad para poder darle estabilidad a su hermano Ryota.
¨odiaba¨ a su medio hermano menor, pero suponía que la sangre tiraba mucho porque, prácticamente, toda su vida lo protegió de algún modo.
Incluso en su tiempo cuando fue Sukeban cuando huyó del distrito Nakiri. Aun así se las arreglaba para cuidar del idiota de Ryota. El mal agradecido hasta ahora le seguía diciendo que era ruda y ruin, pero, si no era así seguro Ryota no sería quien es hoy en día.

Pero hoy, no era esa Kana. Ahora era una chica con mucha confusión y la incertidumbre la estaba agobiando. Lo que más pedía era que Ryota no la viera en ese estado. Tal vez le podría perder el respeto que le tiene.

Allen analizó la situación de su amiga, igual de preocupado. Por más que tratara de buscarle un sentido no se le ocurría nada ingenioso salvo pensar que la larga ausencia de un Key para la segunda temporada de HiME le estaba pasando la cuenta a Kana.

—Sólo puedo pensar en que es porque no tienes Key. Creo… que eres de las únicas que no tiene Key y era demasiado fantástico que tuvieras el nivel que tenías sin el complemento de toda HiME.
—Eso no tiene sentido… Si es por ello, mis poderes debieron desaparecer hace mucho. Cain hace AÑOS que no es mi Key. Incluso… creo que en la última batalla de las HiMEs contra los Rebels hace muchos años atrás ya las cosas iban mal entre nosotros. Estaba raro y pensé que se estaba distanciando, aunque no lo dijera.
—Tal vez quedaste con una “carga” de poder de ese tiempo y ya se agotó. Como una batería.
—…— A Kana le molestaba asumir que Allen podría tener razón. —¿Existe alguna otra hipótesis?
—¿Dices que estabas practicando con Inui y luego perdiste tus poderes? ¿Has notado algún cambio desde que empezaste a pelear con él? Porque coincide su presencia con tu declive. Tal vez, ¿será Rebel encubierto?
—Allen, Inui apenas salió de la cárcel hace unas semanas. Ha pasado los últimos dos años encerrado en un calabozo. Dudo que Rizembool sea tan creativo de hacer Rebel a un preso para que esté pastoreando con los poderes en una cárcel. Aunque…— la peliblanca se tomó el mentón, pensativa. —Cuando perdí mis poderes en su presencia dijo que conocía a alguien que pasó por lo mismo. No creo que Inui conozca una HiME… Se me hace imposible que alguna HiME se le quiera acercar salvo yo… Huh. Pero me dio curiosidad que supiera del tema.—
—Yo creo que Inui es más que un simple ex convicto. Pero aun así, la posibilidad de que él haya quitado tus poderes no parece más real que la de que la ausencia de Key sea la causante de la tragedia.
—Pues si es así, perfectamente puedo luchar contra Rizembool sin poderes. No necesito un Key.
—Quizá Ryota podría ser tu Key. Yo puedo ser tu Key. O incluso Yato podría. Kana, no te cierres a las posibilidades de pedir ayuda.
—No es tan simple tener un Key. No es seleccionarlo y ya. Si fuera por eso, muchas de las HiMEs no tendrían por Keys a quienes tienen. Es algo que se da.
—No se me ocurre que otra respuesta darte a tu problema. —
—…— Allen resultaba ser peor ayuda que Alexa, Siri y Meta todos juntos. 
—Pero sí conozco a alguien que pueda saber. ¡Y antes de me ataques o digas que él es un psicópata primero escucha lo que voy a de--—
—También pensé que él podría tener una respuesta.
—¿Eh? — Allen abrió enormemente sus ojos en sorpresa ante las palabras de Kana.
—¿Podrías… preguntarle?
—Vaya, esto no me lo esperaba. Se nota que estás desesperada. —
—…—
—Le preguntaré. Aunque se demora en responder y ahora debe estar muy preocupado… Suele demorarse un mes en responder mis mensajes cuando estamos en buenos términos y no está aplicándose la ley del hielo. 
—¿Y en qué términos están actualmente?
—Bueno… Estamos distanciados. Se enteró que lo tengo en mis contactos con el apodo de “Chernobil” y dejó de hablarme y yo dejé de hablarle desde que borró todos mis contactos de mi celular y bloqueó a Lavi.
—Que diablos con su relación de amistad tan tóxica. En fin, ¿No puedes ir a Rizembool a preguntarle?
—Es que… está en Inglaterra.
—Bueno… Puedo usar lo poco que me queda de poder para aparecernos en Inglaterra.
—¡Estás loca! ¡Eso es peligroso! ¿Qué tal si se te agota el poder a medio camino y quedamos partidos por la mitad en medio de la nada?
—Es una posibilidad…
—También existe comprar un par de pasajes. Y, quizá cuando estemos cerca de su castillo puedes usar tu poder para infiltrarnos en su interior. Es imposible burlar la vigilancia de la policía Lancaster Hargreaves. — Antes que Kana le preguntara por qué no simplemente le hablaba a Cain para recibirlo, él le sacó de esa duda. —Me tiene con la ley del hielo desde la última vez. Recuérda.
—¿Y eso es taaan grave? O sea, no creo que esté enojado por el resto de su vida.
—No creo que esté enojado. Más bien, se olvidó de mi existencia.— Allen juntó sus palmas. —Dejemos de lado nuestra relación de AMBOS difícil con Cain. Tenemos que buscar pasajes económicos y que sean sin escala a Inglaterra.
—¿Tenemos dinero como para comprar pasajes sin escala?
—Tengo algo de la mesada que me dio Cain el mes pasado.
—¿¡Por qué te da mesada!?
—Porque me paga para que no lo moleste jaja…Y es irónico porque usaré ese dinero para ir a molestarlo. ¿Tienes algo de dinero que puedas aportar?
—Tengo… algo de dinero que sigue llegando a mi cuenta desde depósitos automáticos de Cain.
—WTF, ¿Y a ti por qué te deposita?
—Eh… Cuando íbamos a la escuela, él me depositaba en CONTRA de mi voluntad dinero a mi cuenta para apoyarme en mis proyectos cuando eramos amigos. Supongo que se olvidó de cortar ese financiamiento y como me tiene bloqueada no puedo notificarlo de que deje de hacerlo. Le pedí a Henry que le entregara el mensaje pero parece que se olvidó.— Kana le muestra la cuenta con depósitos a Allen.
—Déjame ver… No es mucho pero si juntamos nuestros dineros podemos conseguir algo decente. Oye…— Allen se dio cuenta de un detalle. —Son dos cuentas Lancaster Hargreaves distintas las que te depositan.— notó que la expresión de Kana era de auténtica sorpresa. —Sí, esta es de Cain.— la apuntó. —Pero esta es de Henry. ¿Por qué Henry te deposita dinero?
—¡GOD!— Kana se ruborizó, consternada. —Nunca me di cuenta de esto. Él pagó hace tiempo mi estadía en el Hospital pero pensé que se quedaba en eso. Pero veo que me sigue depositando. Tengo que decirle a ambos que se detengan.
—Déjalos. Los ricos tienen tanto dinero que no saben qué hacer con ello. Cain lo debe hacer por lástima, pero Henry lo hace porque es un buen ser humano.

Ambos decidieron quedarse esa noche en el templo de Yato y junto con el dueño de casa se desvelaron casi toda la noche captando un vuelo al que pudieran acceder de última hora. Por suerte encontraron un par de asientos que fueron liberados en última instancia y no dudaron en tomarlo. Cómo quedaban sólo horas para irse al aeropuerto sólo les alcanzó el tiempo para hacerse de una mochila cada uno (Allen tuvo que llevarse ropa que Yato le prestó)  y compraron útiles de aseo y snack en el camino.

Casi un día de viaje y cuando pisaron tierra inglesa casi caen mareados al piso por tantas horas sin dormir, estrés, y jetlag. La HiME quería dormir un par de horas y le preguntó a Allen si les quedaba dinero para rentar algún hotel barato pero el peliblanco le dijo que era mejor ir directamente al castillo Lancania para solucionar los problemas que la HiME tenía, temiendo que si dejaban pasar más minutos los poderes desaparecerían por completo y no podrían escabullirse en el castillo por medio del mismo poder.
Apenas les alcanzó el tiempo para tomar una ducha y comer en el mismo aeropuerto. Kana se sentía destruída.

—Siento que voy a morir…— dijo Kana, mareada, con unas ojeras horribles y destartalada.
—Todavía nos quedan demasiadas horas hasta llegar al castillo. Tenemos suerte de que Cain esté con su familia en Londres. Él suele arraigarse en su palacio en Yorkshire cuando viene a Inglaterra.
—¿Cómo es que yo me veo así y tú te ves regio?— miró el reflejo de ellos en un ventanal. A diferencia suya, Allen parecía verse fresco y listo para una jornada de 24h más.
—Estoy acostumbrado a ir y venir de Inglaterra a Japón y viceversa.— el joven sonrió.



—Ah, aquí estás. Decepcionante como siempre. — Gilbert negó con la cabeza, soltando un suspiro. Encontró a uno de sus hijos en la biblioteca. Con un vaso de whisky en la mano mientras que con la otra hacía girar despreocupada y perezosamente el globo terráqueo. A Gilber lo único que le importaba de esa escena es que no estropeara el globo terráqueo con incrustaciones de zafiro y diamantes. Posó su mano sobre el globo terráqueo, parando su girar. —¿Qué haces escondidos aquí? Te dije que esperaras en el despacho principal. Deberías estar atento de la llegada de tu prometida.
—¿Qué más da? Ni siquiera me dejaste escoger. Bueno, como todas las esposas de tus hijos, eres tú el que las selecciona. No necesitas mi aprobación así que… ¿para qué esperarla?
—¿Aún estás molesto por la boda?
—Quería vivir mi viudez como un hombre honorable. — dio un sorbo largo a su vaso.
—Querías, más bien, vivir una vida promiscua. Eso no es ejemplo para tus hijos y no seguiré pagando a los medios para ocultar tu… torcida vida.
—Perfectamente podrías ofrecer en matrimonio al buen samaritano de Claude. Él está viudo también. O a uno de tus amados nietos mayores, Cain y Henry ya tienen edad para tener esposas. Al menos Cain parece más espabilado, pero Henry… Ése necesita orientación urgente.
—Claude tendrá que casarse en su momento, pero aún necesita recuperarse. Su matrimonio con Diana era por amor, queramos o no. El tuyo con tu difunta esposa era por interés como el del resto de tus hermanos. En fin, no vas a espantar a otra candidata porque ésta ha aceptado la oferta de matrimonio sin interesarse en conocerte.
—…— “Debe ser un vejestorio con sífilis y muy desesperada” no le extrañaría que su padre le consiguiera una sesentona para esposa con tal de tener su fortuna. —Y, dime, admirado padre, ¿pudiste al menos escoger a alguna Lancaster decente para tu desterrado hijo? — La categoría “desterrado” de Anastacius era más digna que la de “bufón” que le dio su padre a su hermano Vincent.
—No posee apellido Lancaster, pero tenemos un vínculo sanguíneo ancestral con su familia. Ven, ven a verla. Me agradecerás luego. — le quitó el vaso de whisky y se fue de la sala.
—…— Anastacius le siguió en silencio.

Al entrar en la sala principal a Anastacius le llamó la atención encontrar a una mujer sentada en los caros sillones, rodeada de algunas damas que habían viajado con ella, todas usaban una especie de velo que daba algo de escalofríos. Dos de las acompañantes llamaron rápidamente su atención, una en particular era más cercana a su “prometida” porque estaba sentada a su lado susurrando algo que nadie más que ella escucha y le roba una sonrisa a la enigmática mujer. Pero la que más llamó su atención fue una joven de cabello rojo y ojos intensamente ámbar. Era la única de la cofradía que no usaba velo ni vestidos elegantes, ella usaba una camisa blanca y un pantalón negro. Se veía muy joven.
Su futura esposa llevaba un velo morado oscuro cubriendo su rostro y silueta. Algo iba mal, ¿tendría alguna deformidad en el rostro y por eso no se mostraba? En cambio, la dama que estaba a su lado también llevaba un velo, pero a diferencia de su “prometida” ésta dejaba ver su aniñado y pálido rostro, como también algunas hebras plateadas de su cabello. Hasta ahora, a Anastacius le estaba llamando más la atención la compañía que la prometida.
En la sala también estaba su sobrino Cain, quien prefería mirar por la ventana y excusarse sutilmente de la reunión sin necesidad de escapar. Anastacius entendía que debía estar presente como testigo de su abuelo, quien lo estaba educando para ser el próximo monarca de la dinastía Lancaster. Cómo detestaba el hecho que ese “hijo del demonio” fuera el próximo en la línea de sucesión de la “corona” Lancaster. Cain se le hacía siniestro.
También estaba Henry, demasiado silencioso y discreto para ser el “sol de los Lancaster” “¿Qué le pasa a este niño? Parece medio muerto… No está cumpliendo el rol que se le dio” 
Al otro costado de la sala estaba su odiado hermano Claude con su cara inexpresiva de siempre. Anastacius le dedicó unas maldiciones mentales antes de fijarse que también estaba su hermano Vincent y su medio hermano Howl. 

—Señorita Swan, él es mi querido hijo Anastacius. Lamentamos la demora, viene llegando de tratar unos asuntos con el gabinete de Alemania. Como le comenté, él es embajador de Inglaterra en Alemania y aunque esté de vacaciones sigue siendo muy responsable con sus deberes.
—Mucho gusto. — la mujer se puso de pie y sus damas hicieron lo mismo, al mismo tiempo, todas dieron una reverencia a los Lancaster. Se quitó el velo que cubría su rostro dejando a la vista a una hermosa mujer joven, de ojos grandes, cabellos lila. Ofreció su mano al hombre frente suyo.
—El gusto es mío. — tomó la mano que la dama le ofrecía y besó la parte superior. Algo no cuadraba. Era muy bonita y refinada. Notó que su dama de compañía lo miró con una risa juguetona. No evitó sonreírle a ella también.
—La señorita Swan y sus damas han tenido un largo viaje desde Hungría, no las cansaremos ni distraeremos. El ala noreste del castillo ha sido dispuesta para usted y su compañía. Pueden acompañar a mi empleado quien las guiará hasta allá para que descansen. Recomiendo no alejarse de esa ala, el resto del castillo es demasiado grande y pueden extraviarse.
—Gracias, Sir Lancaster.
—Las llamarán para la hora de la cena. — Y fin de la ¨hospitalidad Lancaster¨ de ahora en adelante, se verían lo justo y necesario. Por eso las había enviado al ala más lejana. Los Lancaster eran huraños y fríos por naturaleza. Su asistente llevó a las mujeres a la zona acordada. Gilbert no necesitaba mediar mayor palabra con su “ganado”

Gilbert se acercó a su hijo Anastacius y discretamente le habló sólo para ser escuchado entre ellos.

—No puedes quejarte. Es joven, es inteligente, su genética es buena, su estética es similar a tus hijos. Parecerán una familia de verdad.
—¿Por qué una mujer no Lancaster y evidentemente no Valois como ella quiere casarse conmigo? Sé que un Lancaster siempre será oro y sol, pero ella no encaja con el perfil. 
—Porque es una ex Princess. Naturalmente se va a sentir atraída por un ex Rebel de alto nivel y linaje como tú. Piensa que los dos pueden seguir contribuyendo a Rizembool.
—…— Lo que menos le interesaba era emplear su tiempo libre en Rizembool. Lo pasó bien siendo Rebel, pero era pasado, ahora tenía otros intereses. No quería invertir su energía en investigaciones ni nada con Rizembool, sólo quería dedicarse a sus negocios en Alemania y al oculto hedonismo. Era evidente que algo tramaba esa mujer y, no quería admitirlo, pero emanaba un aura de poder que lo incomodaba. —¿No sería mejor estudiarla un poco más?
—Ya me transfirió gran parte de su fortuna. Tuviste una buena postora. Ah, y no tenemos tiempo para tus caprichosos gustos. Es ella y punto.
—…—
—A menos que prefieras escoger a la condesa de Lenox. Ella puede ser una posibilidad... Ella te conoció cuando eras pequeño y siempre te encontró divertido.
—Ella tiene como cuarenta años más que tú. —Indignado.
—Le queda poco para pasar a mejor vida. Puedes quedarte con sus bienes. — le bromeó. La cara de asco de su hijo al imaginarse casado con una mujer con demencia senil le dio risa. —Vamos, de todos mis hijos, eres el único retorcido capaz de usar esas estrategias para conseguir poder y dinero. No te hagas el honorable.
—La escogería… Si no fuera porque esa mujer tiene más vida que Matusalem… Probablemente muera yo primero que ella. —
—¿De verdad quieres que contacte a la condesa de Lenox? — lo observó con seriedad.
—No…
—Envía invitaciones a los vi Britannia. — indicó Gilbert abiertamente a su otro asistente, dando por cerrado el tema con su hijo.. —Y expande algunas a los Blaiddyd.
—No estoy de acuerdo que los Blaiddyd sean invitados.— interrumpió Cain. —No tienen ningún vínculo sanguíneo con nosotros y no veo que su presencia aporte a nuestros intereses.
—Te guste o no, son una familia que están dentro del círculo de poder y quizá, si tenemos suerte, podamos casar a alguna de tus primas con alguno de los hijos de los Blaiddyd. Tendrán buena descendencia. — Por su puesto, a su nieto no le vino en gracia la idea de forjar vínculos con esa gente, pero Gilbert no tenía tiempo para perderlo con su hermético nieto. Salió de la sala. Poco después, el resto de Lancaster salió.
—Felicidades, hermano. — dijo parco Claude, sin preocuparse por esconder la socarronería en sus palabras pese a su frío rostro. Él y Anastacius no se llevaban precisamente bien. Aunque los dos eran afectuosos y cercanos en su niñez por ser casi similares en edad, en la adolescencia hubo un gran quiebre que sigue siendo un misterio para el resto de Lancaster y ese quiebre hasta la fecha ha producido la repulsión bilateral que se tienen.
—…— Anastacius le sonrió a su hermano menor, pero su sonrisa dictaba ser todo lo contrario de felicidad. Era de esas sonrisas de desprecio que dedicaba a Claude.
—Bueno, ¿qué hacemos ahora? ¿abrimos una botella de champagne para celebrar? — propuso Vincent a sus hermanos menores.
—Vincent, ¿siempre quieres beber tan temprano? — Hipócrita, Anastacius miró a su hermano con reproche.
—¿Y si mejor celebramos una despedida de soltero para nuestro querido hermano en el club de caballeros? — Howl, quién era el único auténticamente animado, dio esa idea que dejo a todos sus hermanos mayores mirándolo seriamente. —¿Qué? No me digan que vamos a dejar pasar el momento. — sonrió con picardía.
—Creo que… por primera vez coincido con mi “hermanito” — expresó Anastacius. No consideraba al hijo ilegítimo de su padre como un hermano, pero, a veces tenía buenas ocurrencias. —Espero que el santurrón de Claude nos acompañe.
—No.
—Oye, no. Claude, no seas así. Vamos a ir todos, no puedes faltar. — Howl se acercó a Claude, suplicante.
—…— Claude auténticamente no quería ir, pero tenía el presentimiento que si no iba a vigilar a Howl podría meterse en problemas. No tenía opción de ir de niñero.
—¿Vincent? — Howl ahora miró a Vincent. La diferencia de edad entre Howl y sus hermanos mayores era de, a lo menos, diez años. Howl estaba más cercano en edad a sus sobrinos mayores que a sus hermanos. Al ser un hijo ilegítimo y francés, se crió casi toda su vida lejos de los puristas Lancaster y conocía poco a su familia paterna, pero les tenía mucho cariño a esos ingleses.
—Si no queda de otra. — alzó los hombros, riendo sutilmente. Hace muchos años no iba al club de caballeros aristócratas. Vincent no era un fiel seguidor de esos lugares, pero le daba curiosidad estudiar a la gente que asistía porque podía sacar beneficio de sus secretos. —Shhh. — les susurró intranquilo a sus hermanos cuando notó a los más jóvenes de la familia salir.
—…— Henry y Cain se miraron entre ellos, de casualidad escucharon la conversación de sus tíos.
—¿Y si los invitamos? —
—Howl, n-no. — Vincent le meneó la mano, riendo un poco, aunque sí algo incómodo. No quería romper la poca imagen de pisoteado respeto que les quedaba frente a sus sobrinos.
—Howl tiene razón. Pueden venir con nosotros si quieren. Ya son mayores de edad.
—No, gracias. — Cain los juzgó en silencio. Siempre frío, siempre distante. En su mente sólo pudo pensar en la decadencia de esos Lancaster. 
—…— Henry observó de reojo a Claude, le llamaba la atención que él estuviera en plan de ir a ese club. Admiraba a Claude por su estoicismo y honor. Aquel club de caballeros era por siglos popular entre los varones de alta aristocracia, tanto así que el mismo Felipe Mountbatten duque de Edimburgo fue uno del más ferviente miembro VIP y se sabía por qué el “Señor misterio” visitaba ese club a escondidas de la Reina Isabel. Lo podía esperar de Anastacius, pero no de Claude.
Henry prefirió fingir que no vio ni escuchó nada de la conversación de sus tíos. Se fue detrás de Cain.
—Mojigatos. Así se ve el trauma de ser huérfanos de padres desde muy jóvenes. — burló Anastacius a sus cretinos sobrinos.
—Nosotros tenemos a nuestro padre vivo y estamos peor de traumados que ellos. — aclaró Vincent.
—Caballeros, ¿nos vamos? — Howl movilizó a sus hermanos mayores para ir al club de caballeros. Por esa noche, los Lancaster mayores no estarían presente en el castillo.

**
—Entonces, esta es la popular “hospitalidad” de los Lancaster. — La joven de cabello plateado  jugueteó pinchando una pequeña tartaleta con su tenedor. —Al menos, no nos decapitaron como lo hacían sus antepasados cuando no les gustaba lo que se les proponía. — Kiana, cuyo nombre correspondía a la joven de cabello plateado, se llevó el trozo de kiwi a la boca.
—Para ser forasteras, creo que nos han recibido mejor que a otras personas— La mujer de cabellos morados desenredaba su larga cabellera frente al tocador, ya usando su bata de dormir.
—Duh. — Kiana soltó un suspiro, aburrida. Poco después sacó su Tablet donde tenía información que sólo ella tenía. —Bueno, para creerse tan puritanos y superiores al resto tienen bastante secretos.
—Kiana, ni se te ocurra molestar a esta gente con tus investigaciones. — advirtió Black Swan, cuyo nombre real era Evacska Swan pero su nombre artístico le gustaba más. —Esto no es un programa de farándula, tenemos nuestros objetivos bien claros.
—Lo sé, lo sé. — volvió a suspirar. —Aunque me angustia que para cumplir nuestros propósitos te tengas que entrelazar con ese hombre. Es… todo un caso, ¿lo sabes? El modo en que me sonrió…
—Es el embajador de Inglaterra en Alemania, empresario y magnate del mundo del entretenimiento. Viudo desde que su hijo tenía dos meses de vida. Todo un ejemplo a seguir. —
—No sé, me da mala espina. Evidentemente es un hombre que oculta su verdadera cara bajo esa fachada.
—Y es un ex Rebel que Rizembool necesita. — afirmó Black Swan. —No olvidemos que Rizembool requiere de nuestras maniobras para tener esta gente de aliados.
—¿No basta con el sobrino que es científico en Rizembool?
—Su personalidad no es del agrado de Rizembool, por lo que quieren de vuelta a los “clásicos” recuerda que harán una ceremonia de ex Rebel.
—Oh! ¿Crees que el legendario Shougo Kise o Nakiri-sama asistan a esta ceremonia?— esta vez, una jovencita de cabello rubio saltó a la conversación dejando de contemplar las joyas en el cofre de Swan. Ella era otra de las damas de Black Swan.
—Se dice que incluso irá el mismísimo Muzan, según rumorean.  Por eso tenemos que hacer que mi querido prometido se reúna con ellos, los Lancaster pueden aportar mucho a Rizembool.
—Pues, tenemos aquí a la poderosa Makima. — Kiana apuntó con la palma de su mano a la joven de cabellos rojos que permanecía de pie custodiando a las dos damas. —Sólo es cosa que use ¨susurro¨ en Anastacius Lancaster para lavar su cerebro y hacer lo que ella le pida.
—Así es. — Black Swan asintió, dando por terminado el toque a su cabellera ondulada. —Makima es una poderosa arma de Rizembool que sólo al usar su poder puede cambiar el curso de las cosas. Pero también necesitamos coartadas y para eso estamos nosotras, una ex Princess, con sus discípulas princesses
—Es un honor para mí aprender de tan talentosa maestra.— Dijo Makima.
—Y para mi es un lujo tenerlas a ustedes de aprendices.— dijo Black Swan  —Por ahora, Makima tendrá la misión de ir poco a poco susurrando a algunos Lancaster. Nosotras, tenemos que sostener esto con el tiempo de tal modo que sea ventajoso para ambas casas. —
—¿Tienes algún plan para mañana? — la peligris soltó un suspiro, cansada.
—Tengo algo en mente. — rio suavemente Black Swan.


—¿Esta mujer me invita a tomar el té en mi propia casa? — Anastacius alzó una ceja, extrañado y ofendido. —¿Quién se cree? — miró la fina tarjeta en sus manos con repudio. Seguidamente, tomó un medicamento para el dolor de cabeza.
—¿Padre? — Un joven de cabellera lila clara entró en el despacho.
—Epel…— escondió la tarjeta —¿Qué haces aquí?
—Me enteré por fuentes no oficiales que tu nueva prometida ya está aquí. — Dijo, con una expresión de molestia en su rostro. El abuelo Gilbert suele dejarlo al margen de todo sin considerar que es Epel el que controla que su padre no se desborde.
—Ah, sí…— ocultó su malestar.
—¿Dónde está tu asistente?
—Tu abuelo lo despidió…—
—…— como todos los asistentes que se volvían muy cercanos a su padre. —¿Te casarás de verdad con ella?
—Sí, hemos congeniado bien…—
—…— Nota que su padre no parece convencido y eso no le gusta pues significa que su padre no tomará en serio el compromiso y eso puede llevar a meter en problemas a la casa Lancaster. Epel Felmier, más alemán por sangre materna que inglés por sangre paterna, tiene claro la importancia de mantener en alto la imagen de una familia aristócrata. —Me alegra que hayas vuelto a tu cabellera rubia, padre. — justamente eso había sido un arrebato de Anastacius meses previos, cuando de tintó el cabello negro para diferenciarse de los Lancaster. Obviamente, Gilbert lo obligó a volver a sus cabales. —¿Tienes que reunirte con la dama hoy?
—Ah, eso…— sonrió —Vamos a ir a tomar el té con ella. Dile a tu hermana Margarete que se ponga su mejor traje.
—¿Tú… quieres que Wien venga? — eso era mala señal. Epel había heredado el carácter honorable, correcto y sereno de su madre, pero Wien Margarete había heredado la personalidad discrepante, desafiante y cínica de su padre. La joven podía espantar a la prometida de su padre.
—¡Por supuesto! Es hermoso tener a la familia reunida.— dijo cínico.
—…— Definitivamente su padre estaba tramando algo.

Y definitivamente Black Swan no se esperaba tener a los hijos de su prometido en la invitación de té. No porque le desagradara la juventud, sino porque pensaba tratar temas de adultos con su futuro esposo. Sin embargo, la etiqueta y elegancia de Black Swan eran supremas, armada de una paciencia infinita respondía a todas las preguntas que la celosa hija de su prometido le hacía.
El grupo de cuatro personas se encontraban en el jardín, tomando el té en la pérgola de rosas rojas tan clásica del escudo Lancaster.

—Dicen que la gente de Hungría es parca y austera. A padre le gusta que lo consientan siempre, no creo que alguien de un país tan soberbio pueda con esa tarea.
—…— Anastacius se limitaba a tomar el té en silencio, dejando que su hija fluyera e hiciera lo suyo. Ninguna pretendienta soportaba un día con su querida –y casi olvidada- hija mayor. Parecía disfrutar del incómodo momento y eso no pasó desapercibido por Black Swan quien mantuvo la compostura.
—Mi misión será mantener feliz a tu padre, joven Margarete. Como así también mantener a gusto a sus hermosos hijos.
—…— Wien Margarete la miró con los ojos entrecerrados, suspicaz. —Eres muy joven. Dudo que tengas buenas intenciones con mi padre más allá de su fortuna.
—Wien…— Epel corrigió a su hermana. —Tus modales. — no había podido beber nada de té tratando de controlar a su filuda hermana. 
—Mi hermano Epel siempre quiere que calle lo que siento, pero no puedo evitarlo si sospecho que mi padre sufrirá. Él es un hombre correcto y superior, no quiero que se involucre con alguien que pueda coartar su felicidad y su mundo.
—Oh, pequeña Wien Margarete, ten por seguro que mi prioridad es conservar el maravilloso mundo donde tu padre es feliz. — si bien su rostro mantenía una sonrisa amable, esto lo había dicho con cierta doble intención. —Si no logro cumplir con tus exigencias, te prometo que yo misma pediré el divorcio para devolver la felicidad a tu padre.
—Más te vale. — Wien ni se dio cuenta del transformó de las palabras de Black Swan.
—…— En cambio, Anastacius sospechaba que Black Swan sabía más de lo que decía conocer.
—Por cierto, me alegra que su padre los haya traído consigo. Son jóvenes muy hermosos e inteligentes. Me maravilla la idea de que la sociedad nos vea como una familia feliz.
—Espero que no quieras tener hijos. Nosotros somos y seremos siempre los únicos hijos de padre. No toleraré un bebé húngaro en nuestra familia.
—Mh... — Epel pensó que más bien él era el padre de su propio padre.
—No te preocupes, querida niña. No pienso tener hijos. Siempre añoré tener un esposo con hijos propios para así romper con la imagen de madrastra mala de los cuentos. Quisiera ser la mejor madrastra del mundo para ustedes, amarlos como mis propios hijos. Además, ahora que los veo, no puedo negar que tienen ciertas características que se asemejan a las mías, como, por ejemplo, el color de sus cabellos que han heredado de su alemana madre. Se parece al mío, aunque el de ustedes es una tonalidad más clara. — Suponía que el hecho de que Epel y Wien no fueran un calco rubio Lancaster les restaba puntos con la supremacía de sangre de los Lancaster así que con ella podrían congeniar en el ostracismo.
—Disculpe señorita Swan. — Epel habló al ver la hora en su reloj. —Mi hermana y yo tenemos que ausentarnos unos momentos ya que nos tomarán medidas para nuestros trajes. Con su permiso…— se levantó.
—Yo no he terminado contigo. — amenazó Wien a la mujer. Se puso de pie y acompañó a su hermano.
—Son unos jóvenes bellos e inteligentes. Estoy agradecida de la sorpresa que me has dado al traerlos contigo para que los conociera. Debes ser muy dichoso al tener a estos hijos en casa.
—Ellos no viven conmigo. — Anastacius bebió té, desinteresado. —Epel vive en su propia casa en Alemania y la niña vive con su tía en Austria. Los veo sólo cuando el tiempo nos apremia.
—Yo puedo acompañarlos en tu ausencia.
—No seremos la familia feliz que el mundo espera.
—Pero podemos dar la imagen que la sociedad quiere de nosotros sin limitar nuestras propias vidas.
—…—
—Sé que te gusta vivir tu hedonista vida sin interrupciones. Yo no voy a privarte de ella, es más, conmigo puedes llevar esa vida libremente porque seré tu coartada, confidente y encubridora.
—No sé de qué hablar.
—Sé por qué tu padre siempre despide a tus amigos. No quiere que le des al mundo una imagen que pueda perjudicar a los Lancaster.
—…— El rubio permaneció en silencio, primero porque eso le había llegado de golpe y segundo porque la mujer en frente suyo no parecía estar bromeando. Anastacius sonrió socarronamente, desafiante. —A ver, supongamos que acepto casarme contigo y seguir llevando la vida que supuestamente me gusta llevar… Lo cual conlleva que seas mi cómplice ¿Qué ganas tú a cambio?
—Ser esposa de un Ex Rebel.
—No voy a colaborar con Rizembool. Ni una sola libra esterlina ni oficio.
—Rizembool necesita de tus talentos. La nueva generación de Rebel está muy descarriada. Con tus conocimientos ayudarás a muchos Rebels para superarse, junto conmigo en el rol de protectora y formadora de Princesses. Seremos invencibles. Además, sé que tus planes no están en quedarte con un rol tranquilo en los Lancaster. Para alguien como tú, debe ser difícil aceptar que tu oscuro sobrino sea el próximo monarca y que, incluso si llega a abdicar o “ausentarse”, tu otro sobrino en sucesión no tiene el valor ni la ambición que un Lancaster debe tener en la vida. Déjame ser tu “hacedora de reyes”
—¿Piensas matar a mis amados sobrinos? — dijo sarcástico, soltando una risa. —Si es así, yo te mataré primero.
—No. Esos métodos no son necesarios. ¿Has pensado en la inhabilitación e incompatibilidad con el cargo? De tu sobrino mayor, no tengo nada pues es todo un misterio, pero, ¿por qué tu sobrino Henry no tiene registro en todo un año? ¿Por qué estuvo desaparecido sin rastro todo un año completo? ¿Te lo has preguntado?
—…Se lo he preguntado a mi padre cuando tan siquiera lo noté. Yo estaba en Alemania en esos tiempos, casi ni conocía a mis sobrinos, pero me llamó la atención que, en ese entonces, el adolescente Henry no estuviera presente en Lancania. Considerando que mi padre le tiene un aprecio casi enfermo a un ser tan extraño como él, es raro que no lo tuviera a su lado.
—Tal vez deberías indagar más al respecto. — rio, suave y sugerente. 
—Quizá me estés cayendo bien ahora mismo.
—Ya te dije, juntos seremos indestructibles.



Una noche de lluvia un hombre con un paraguas apareció a las cercanías del castillo de los Lancaster. Fue escoltado por un mozo y llegó hasta la entrada donde un miembro de la familia lo esperaba. Quedó impactado cuando este sujeto rompió el protocolo real y salió a recibirlo campantemente, estrechándolo en un efímero abrazo.

—Ratio, ¡que honor tenerte por aquí!
—Vincent…— Ratio lo alejó un poco. Era raro que alguien de esa familia fuera tan amable con otro ser humano que no fuera ellos mismo (y ni eso. Ratio podría jurar que los Lancaster eran de ese tipo de gente que sólo se abraza para año nuevo), pero Vincent podía ser así con Ratio ya que lo conocía desde que estudiaron en el Eton College y luego en Oxford. —¿Hm? ¿Y tu escolta? ¿Ese que era tu sombra?
—Mi padre lo despidió. — Respondió con una enorme sonrisa como si fuera lo más normal del mundo. —Entra, eres bienvenido a mi hogar. — chasqueó los dedos para que el mozo ayudara a Ratio con su equipaje.
—Vincent, ha pasado el tiempo, pero…— guardó su paragua cuando llegó a los pilares del edificio. —Aún a tu edad tu padre parece tener el control sobre ti.
—Ahá. Así será hasta mi enigmática muerte. — asintió, sin borrar la sonrisa pese la macabra broma. —He pedido que preparen la cena. Te quedarás en mi ala del castillo así que estaremos tranquilos aquí. Podemos hablar toda la noche de química y ciencia como en los viejos tiempos.
—Ya se me hacía demasiado utópico que la invitación fuera así nada más. 
—Vamos, amigo. Han pasado muchos años, tenemos que ponernos al día con nuestros conocimientos. Estudiamos juntos, pero en nuestras maestrías tomamos distintas líneas de teorías e investigación, tenemos que hablar de todo, cada detalle, cada pensamiento. Todo. ¡Todo!
—¿No crees que estás un poco… eufórico? — lo miró suspicaz. —¿No estarás probando tus mezclas químicas de dudosa procedencia?
—Esta euforia es la emoción de ver a un querido amigo después de tanto tiempo, ¡Es maravilloso tener a mi italiano amigo conmigo de nuevo! — Tomó el paraguas de Ratio y lo guardó.
—¿El mocoso no está contigo?
—¿Quién? ¿Cain? No. Él está en su propio infierno, jaja.— apuntó a otra gran construcción del castillo —Ese es su infierno de Dante. ¿Ves esa lucecita en la ventana? Probablemente sea él frente a una chimenea. Sabes como a los Lancaster nos gusta el fuego.
—…—
—Broma, broma. Está en su propio castillo. No le gusta compartir con el resto, pero si quieres lo puedo llamar para que se nos una. Estará feliz y animado de formar parte de nuestras tertulias.
—La última vez que lo vi era un mocoso que no se me despegaba, me hacía tantas preguntas que me volaba la cabeza. No quiero verlo. Sólo quería saber que no siguió tus pasos probando combinaciones químicas alucinógenas.
—Oh, Ratio, ¡que mal hablado! Nosotros no hacemos esas cosas. — se le colgó a los hombros. —Nosotros sólo abrimos la puerta de la percepción que otros no se atreven a abrir. — esto lo dijo en un tono misterioso y un tanto oscuro. —Ni siquiera tú.
—…— Ratio era otro que conocía un poco más de la familia Lancaster. —Espero que la cena incluya carne de wagyu y huevo fresco de codornices.
—Por supuesto. No lo he olvidado.  Hmh. — miró a ambos lados y de la nada sacó algo que escondía detrás de si. —Y tampoco el Liquirizia de Calabria. — le mostró la botella.
—Buen chico. — asintió. Por fin Vincent aprendía cual era la botella correcta de Liquirizia bien añejada, la de la etiqueta burdeos.
—¿Quieres tomar un baño antes de cenar? —
—Sí, me vendría bien. 
—Parece que llevas poco equipaje. — miró la maleta que cargaba el mozo y le indicó donde dejarla.
—Sólo he viajado a Inglaterra porque te debía un favor. Volveré a Japón dentro de poco.
—Compré un traje para ti. Lo dejé en tu habitación.
—¿Y por qué demonios haces eso?
—Porque estás invitado al matrimonio de mi hermano. — alzó los hombros, de forma inocente. —Y supuse que no traías nada decente en tu maleta.
—…— Ratio lo miró entrecerrando sus ojos, pero dejo la molestia de lado pues algo más le llamó la atención. —¿Tu padre permite que yo, un ser sin cuna de oro, vaya al matrimonio de su aristócrata hijo?
—Ahora le caes bien porque colaboras con Rizembool.
—...
« Last Edit: September 29, 2024, 07:23:44 PM by Kana »


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1014: September 30, 2024, 02:19:24 AM »
Uhh... ha sido un mes imposible, al menos dejo algo.

115.2.






En medio de los asistentes a la inauguración del evento universitario, Elise se aventuraba a caminar entre los distintos grupos de conversación en búsqueda de alguna persona.

“Hm… por aquí tampoco…” musitó, pensativa.
“¿Quieres dejar de moverte tanto?” le reclamó Leo, impaciente. “Es suficientemente malo que hayas querido venir por más que tú no necesites hacerlo.”
“Nuestra hermana mayor siempre dice que no debo quedarme sola, además sí me gustan este tipo de eventos,” observó decidida y haciendo un puchero. “Las cosas más interesantes siempre suceden para la gente de tu edad, es un poco injusto.”
“Hazme el favor…” el mayor rodó los ojos. “Si con interesante te refieres al Rebel que atacó el otro día entonces estás mejor fuera del asunto. Y conste que todavía no olvido lo del festival.”
“Obviamente no hablaba de eso, pues…” Elise se desanimó. “Quisiera tener la edad para participar en las competencias y actividades y conocer a muchas personas de distintas instituciones, pero sólo participan los de la secundaria y universidad. Al menos quería asistir.”
“…” ‘bien por ti’ quiso decir, pero sí notó a su hermanita desilusionada, así que se ahorró esas palabras. Terminó por atinar a dar un pesado suspiro. “Ya, entiendo, sólo no camines tan rápido porque soy más grande que tú y me cuesta seguirte.”
“Oh, lo siento, no me di cuenta,” comentó con sorpresa y algo de torpeza. Asintió. “Entendido, tendré más cuidado.”
“¿Y qué estás buscando tan insistentemente?” le preguntó su hermano. “No imagino que tus amigos anden por aquí.”
“Sé que al menos un par sí lo harían, pero estoy buscando a tus amigos, Leo,” contestó con una sonrisa.
“¿Amigos?” este se hastió a manera de rechazo. “Yo no tengo amigos. Tch, ¿qué esperas de mis compañeros de clase?”
“Sólo quiero verlos, y también que los conozcas mejor, si son buenas personas.”
“Ya sabes bien que ellos fueron los ilusos que le hicieron frente a ese Rebel, ¿por qué buscarías que me acerque más a ellos…?”
“¡Ah, por ahí están!” sin embargo, Elise no le prestó atención ni bien reconoció a la presidenta de la clase y se apresuró a darle el alcance.
“O-oye…” no tuvo de otra que seguirle.

“Sí, por esta zona encontrarás información referente a las actividades de humanidades…” dijo Tsubasa, asintiendo y recibiendo las gracias del interesado. “Es un gusto, ve con cuidado.”
“¡Hanekawa-senpai!” la pequeña se detuvo frente a ella e hizo una corta venia. “Mucho gusto, qué alegría de encontrarme con usted.”
“Oh, tú eres…” la dirigida se vio brevemente perdida, pero al reconocer al frustrado Leo llegar detrás de la rubia, sonrió. “Ah, debes ser la hermana menor de Benoit-san, ¿no es así?”
“Sí, eh, creo que no llegué a presentarme ese día, pero sí,” dijo animadamente.
“Elise, ¿cuándo se supone que te encontraste con ella?” preguntó el otro. “¿Es que acaso has venido a mi colegio detrás de mis espaldas?”
“Es que tú no quieres ser abierto conmigo y yo y nuestra hermana nos preocupamos de que estés bien, y…”
“¡Suficiente! No vuelvas a hacerlo, ¿has entendido?” espetó.
“Un momento, Benoit-san, entiendo la sorpresa, pero pienso que tu hermana menor tiene la suficiente edad para tomar estas decisiones por su cuenta, si apenas llegó a la salida de la secundaria,” observó Tsubasa, pensativa.
“Aprecio la preocupación por Elise, pero esto no te concierne, presidenta,” comentó el chico.
“Sé que no es mi tema, pero no tienes de qué preocuparte. La pequeña estuvo en la salida y apenas se me acercó para preguntarme cómo llegar a su destino desde ese punto, ya que era un nuevo lugar para ella. Fue cortés y amable en todo el tiempo.”
“Muchas gracias por su observación, Hanekawa-san,” Elise volvió a animarse luego de la llamada de atención de su hermano.
“Tsk…” por su lado, este decidió que ahorraría palabras. Había algo en ese entorno que tornaba a las chicas frustrantemente rebeldes. No evitaba culpar en parte a Nio por tornar a su usualmente obediente hermana más aventurera, por más que Leo se compadecía de Ayesha.
“Hm, es la pequeña del otro día…” Saki le acercó. Esta miró en silencio e indiferencia a Leo antes de seguir. “Una lástima que sea hermana tuya.”
“¿Qué quieres decir, HiME?” preguntó el chico.
“No es más que un cumplido, ya que así insinúo que tu adorable y encantadora hermanita es mil veces mejor que tú. Deberías valorar que tengo una opinión positiva de su pariente…”
“Hanajima-san, es mejor que no busques problemas,” pidió Tsubasa, dando un suspiro. “Es justamente por estar frente a nuestra pequeña acompañante que no quiero que discutan.”
“Pues… entiendo que los dos no se llevan bien,” Elise lo meditó y terminó por hacer una reverencia a Saki. “Hanajima-senpai, lamento mucho cualquier problema o malentendido que haya ocurrido con mi hermano.”
“…” esta parpadeó algo perpleja y terminó por encogerse de hombros. “Eres muy buena para querer continuar con el tema. Lo dejaré ir…”
“¿Ahora alguien más quiere hacerme quedar peor?” Leo entrecerró sus ojos. “Si no tienen nada más que decir, con permiso. Elise, vámonos.”
“Ehh, perdón por las incomodidades, pero espera que apenas llegamos aquí,” dijo la hermanita, en apuros.
“Tú realmente no tienes que hablar con mis compañeros de clase en mi lugar, así que dejemos el asunto por dado.”
“P-pero…”
“¿Dices que la pequeña hablaría por ti?” preguntó Saki, alzando una ceja.
“¿No dijiste que no seguirías?” Leo le miró con desconfianza. Notó a la otra inmutada y claramente sin intenciones de buscar bronca, más bien algo curiosa para variar.
“Supongo que no sabes lo que nos preguntó ese día…”
“Eh, Hanajima-san, no es importante…” Tsubasa sonrió nerviosa.
“¿De qué hablas?” Leo se extrañó.

La explicación no tardó en llegar cuando Elise prestó su atención no muy lejos de los otros tres. Ella no era la única estudiante femenina cautivada por alguien, aunque sí la única de menor edad. En medio de un grupo entre estudiantes estrellas y maestros de distintas instituciones, un pelirrosa que los presentes conocían muy bien tenía el turno de hablar. Monoyoshi mantenía un porte y presentación intachables, un aura sutil y humilde y deslumbraba a su pequeño público con su tono suave de voz, elección de palabras, y semblante etéreo y amable.

Las fans de su secundaria fueron alertadas de su presencia en el instante que tomó las riendas de la conversación, incluso personas completamente ajenas al asunto no podían evitar concederle un par de segundos de atención ya que parecía sacado de otra realidad.

Por supuesto, lo único que le importó a Leo de todo el asunto era el hecho que su hermanita ahora era parte de ese grupo descerebrado que idealizaba al pelirrosa. ¿Acaso él era el único capaz de reconocer al pelirrosa como el obstinado buenito idiota que era?

“Sadamune-kun parece transformarse cuando se toma alguna presentación con seriedad,” comentó Saki, mayormente inmutada, aunque parecía encontrarle algo de gracia.
“Sin duda es admirable la manera en que cautiva a todos a su alrededor,” dijo Tsubasa, alegremente. “Va más allá del carisma. Debe ser algún talento y a la vez gran preparación.”
“¡Senpai es increíble!” Gokotai se sumó al grupo. El peliblanco estaba impresionado e igualmente dirigía gran apreciación al pelirrosa. “¡Tengo que aprender mucho de él!”
“Ehh…” Tenshi llegó al costado del menor, y para variar, estaba frustrada. Resopló. “Pues… eso que has dicho que es preparación es muy cierto, Tsubasa. Mi primito ha sido preparado para representar a su familia desde antes de tener uso de razón, así que entra en su modo de príncipe/ángel/futuro magnate cuando siente que le toca cumplir con su función. Por eso se pone así en eventos sociales.”
“Es realmente un ángel…” musitó Elise, todavía cautivada.
“Tch, oye…” Leo frunció el ceño, casi preocupado. Miró a las chicas de su clase. “¿Quieren decir que mi hermana preguntó por ese payaso de allá?”
“Fufu, te duele, ¿no?” Saki rió por lo bajo.
“Hanajima-san, por favor…” Tsubasa negó. “Pues sí nos hizo algunas preguntas sobre Sadamune-kun, supuse que no estaba en mi lugar decírtelo para no preocuparte, Benoit-san.”
“¿Cómo…?” este se trabó por lo iracundo que estaba, pero desistió en continuar con esa conversación. Leo terminó por caminar donde Monoyoshi luego que este se despidiera del grupo con el cual había estado dialogando.
“Oh, Leo-san, buenas noches,” le saludó alegremente y cortando con su previa presentación, pero se confundió cuando el molesto rubio le agarró de un brazo. “¿E-eh?”
“Ven que tengo algo que decirte,” dijo apretando sus dientes en lo que lo jalaba.
“¡L-Leo, ¿qué estás haciendo?!” Elise se despertó y preocupó considerablemente, para así seguir al par. “¡Espérame!”
“Eh, ¿q-qué pasó?” Gokotai se asustó.
“Descuida, tu senpai no fue aniquilado por un Rebel así que ese tipo no le hará daño,” Saki se encogió de hombros.
“¿P-perdón…?”
“No le tomes en serio, Gokotai-kun, todo está bien,” Tsubasa negó y sonrió tranquilamente.
“Pues, mi primo es inocente de lo que sea que se le acusa, pero me alegra que alguien lo saque de su modo profesional para variar,” Tenshi se guardó una risita. “Chicas, las buscaba porque Enmusubi quería vernos a todas, aquí que vamos donde ella.”
“¿Todo está bien?” preguntó el peliblanco. “Entiendo que esa persona es su mentora HiME. Pues… si necesitan algo de mí, intentaré ayudarles.”
“Si algo estuviera mal seguro que primero lo oiríamos de otra HiME o la misma directora,” Saki se encogió de hombros. “Enmusubi como mucho nos ha hecho brazaletes, así que será algo así.”
“Pero muchas gracias por tus deseos, eres un buen amigo,” Tsubasa asintió. “Siento tener que dejarte por tu cuenta.”
“Está bien,” Gokotai sonrió tímidamente. “La mayoría de mis hermanos están presentes ahora, iré a buscarles. Mucha suerte a todas.”
“Tú también, pequeñín, gracias,” dijo Tenshi y así las chicas partieron camino. “Es un buen niño, me pregunto qué hace adelantándose tanto a sus clases.”
“Parece ser algo de su familia, tiene dos hermanos en nuestra secundaria que también están avanzados para sus edades.”
“…” Saki dio un suspiro. “Es lo suficientemente malo que la directora nos haya forzado a ser voluntarias de hoy por el hecho de ser HiMEs.”
“Eh, sí, vaya manera de pagarnos, seguro que los Rebels andarán metidos en un cuarto VIP por aquí o algo,” Tenshi rodó los ojos.
“Creo que no es bueno seguir alimentando la idea que a los Rebels les tratan mejor,” dijo Tsubasa.
“No es idea, obviamente sucede,” comentó Saki, indistinta. “Ni sé si a todas las HiMEs les tocará hacer voluntariado, pero bueno… quizás somos las manzanas podridas por lo que pasó en el puerto, así que será un castigo.”
“¡Ah! ¡Como sea, no pensemos en eso!” ciertamente probó ser un trigger para Tenshi. Esta sacudió su cabeza. “Tenemos buena comida aquí y todo, pero sinceramente tan aburrida estoy aquí que no me opongo a que nos manden a patrullar las afueras. Prefiero una pelea contra un Rebel que a que me fuercen a imitar a Monoyoshi.”
“No creo que ni Hanasaki quiera eso ya que no te quedaría para nada,” Saki se encogió de hombros. “Para algo tienen HiMEs que pelean, así las dejan ser bárbaras por su lado.”
“Vaya… con esa actitud sí nos merecemos el castigo…” Tsubasa negó frustrada.

...


Miyu

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1015: September 30, 2024, 10:30:26 AM »
edit: me comí una parte del cap lol

08 # Eyes lost in the dark, hands bound by time.

Sus ojos dorados se perdieron por el camino que se hacía casi interminable, con el tiempo transcurriendo lento y el clima fresco de la mañana volviéndose cálido. Mordió el interior de la mejilla para obligarse a sí misma a centrarse, saboreando la sangre cobriza, si rompía el Toretto de Hyuna estaría en grandes problemas.

Intentó pensar en lo que haría a continuación, sin ganas de ir a la universidad y el querer estar sola la llevo a acelerar un poco más el monopatín eléctrico.  Todo le parecía tan lejano y carente de importancia.

Frenó una vez vio la silueta de Cheng Xiaoshi agitando las manos con entusiasmo… le pareció un cachorro en busca de atención. Bajó un pie y detuvo el aparato eléctrico.

—Hey, te estuvimos buscando por todo el Chinatown —le recriminó instantáneamente, tomando el vehículo para que no pudiera huir—. Qiao Ling está preocupada.
—Soy una adulta —sin cambiar de expresión lo contempló un minuto, bajando la mirada instintivamente—. De cualquier forma, debo ir a la U hoy inicia el semestre.

El pelinegro de metro ochenta no le contestó. Empezó a caminar con el aparato a su lado, estaban en una zona comercial, por lo que la gente iba y venía con prisa, algunos a entrando y saliendo de tiendas y cafeterías para desayunar.

—Oye —protestó, siguiéndolo.
—Eres un hobbit al igual que Qiao Ling —la señaló y se mofó burló de ella.

La pelirrosa recordó los ojos oscuros de Qiao Ling y la figura esbelta y atlética, pese a la baja estatura de ella. 

—Soy un poco más alta —suspiró, aun sosteniendo el semblante estoico.
—¿Cuánto mides? —con una sonrisa le preguntó, estaba intentando sacar temas de conversación triviales para romper el hielo.
—Creo que un metro sesenta y dos —la última vez que se midió fue en la secundaria, aunque no había cambiado demasiado o eso creía.
—¡Ah! —se giró y la señalo con una mano, manteniendo el vehículo con la otra—, por dos centímetros le ganas. 
—Aunque somos de diferentes países, compartimos muchas características físicas en común —mencionó casual.
—Nosotros tenemos los ojos más pequeños y nuestros parpados son diferentes —con otra gran mueca de felicidad se señaló el rostro—. También somos más morenos, pensándolo bien… Lu Guang es pálido a extremo. ¿Crees que deba obligarlo a tomar sol?

Ella negó con la cabeza repetidas veces, haciendo que las puntas azuladas del cabello se movieran ligeramente

—No creo, se pondrá rojo y le arderá todo el cuerpo —cambió un poco las facciones a algo pensativa. Los asiáticos tienen la costumbre de cubrirse bastante del sol.
—¡Ah! —la señaló nuevamente—. Al fin cambias de expresión —siguió con la comisura de sus labios levantadas—. Tienes un cabello raro y bonito.
—Gracias —sonrió ligeramente—. Lo tiño siempre que puedo de azul, es un mini universo…
—Hyuna mencionó que cantas también —los dos seguían caminando por las calles concurridas del barrio chino.

Ella se paró en seco sin querer responder eso. Una vez más le empezó a faltar el aire y su mirada se tornó más oscura, más desesperada. Entró en pánico.

—¡Aquí estamos! —exclamó el chico, señalando un local con un llamativo letrero amarillo que rezaba “XGM” en una caligrafía imponente—. Este lugar es increíble, se llama Xialin Noodle House y las dueñas han creado el mejor plato de fideos… ¡¡Bowl of the Girls' Dorm!! ¡Hay que entrar!

Tomó de la mano a Haemiu y entrelazó los dedos con los de ella, arrastrándola junto al monopatín dentro del local. Con el sonido de la campanilla al abrirse la puerta vino una voz femenina que se oyó detrás del mostrador.

—Bienvenido Cheng Xiaoshi, es raro verte sin tus amigos —una mujer mayor de cabellos castaños claros lo saludó con una cálida sonrisa, el traje formal la hacía lucir una comerciante hecha y derecha—. ¿Una cita?
—Es amiga de Qiao Ling —negó con la cabeza, aunque Miu pudo notar algo de vergüenza en sus mejillas, algo extraño en él—. Vinimos por…
 —Sí, sí —giró hacia la cocina—. Dos platos del Bowl of the Girls' Dorm, Lin Zhen, son para Cheng Xiaoshi.

Desde el mostrador de la cocina se asomó una mujer de largas hebras oscuras recogida en una coleta, la señora le sonrió ampliamente y lo saludó con una mano.

—Buenos días Cheng, gracias por venir.

El mencionado soltó a su acompañante y llevó el vehículo hacia una mesa para indicarle a Haemiu que se sentara allí, después se movió entre los demás muebles para llegar al mostrador y hablar un rato con las señoras.

Miu caminó hacia el lugar, sin ver a los demás clientes y tomó asiento, sacando el móvil de inmediato. Las notificaciones explotadas en mensajes y llamadas, desde Qiao Ling, Hyuna, Habin y de sus padres.

Suspiró pesadamente, empezando a teclear respuestas para todos.

—¿Te escapaste? —la señora trajeada le alcanzó dos latas de jugo.
—Algo así —bajo la mirada apenada—. Soy mayor de edad.
—Está bien, siempre puedes venir aquí —la señora le dedico una risilla gentil—. Puedes decirme Yu Xia y en la cocina está Lin Zhen.
—¡Gracias! —inclinó la cabeza con respeto—. Soy Yoon Haemiu.
—Estoy segura que te gustarán nuestros fideos —con un guiño de ojo, se marchó tranquilamente de nuevo al mostrador, dejando que Cheng Xiaoshi llevara los platos a la mesa asignada.

Miu miró con interés los bowls de porcelana de los fideos, la superficie del plato todavía despedía un intenso vapor, después inspeccionó los ingredientes que le parecieron bastante normales, aunque el aroma le resulto sutil y fragante de especias y hierbas

—Lu Guang se morirá de envidia al saber que desayuné aquí —rompió los palillos en dos con un pequeño sonido y comenzó a comer—. ¡DELICIOSO!

Sus ojos apuntaron una vez más hacia el cuenco de fideos, con curiosidad tomó los palillos… fijándose en las verduras: tiras de cebolleta fina, brotes de soja, láminas de zanahoria cortadas finamente, setas shiitake suaves y tiernas, todo flotando en un caldo claro y perfumado con notas dulces y ligeramente ahumadas. Entre los ingredientes, trozos de tofu dorado flotan perezosamente, y algunas semillas de sésamo negro estaban dispersas sobre los fideos de grosor mediano.

Con un gesto lento y mirada casi ausente, Haemiu llevó una mano a su largo cabello rosado, cuya vibrante tonalidad se desvanecen en puntas azuladas. Un mechón rebelde le caía sobre el rostro pálido, y, sin mucha prisa, lo apartó con delicadeza, colocándolo detrás de su oreja. Sus dedos rozaron levemente la curva de su oído, siendo la acción un reflejo natural más que un gesto consciente.

Tomó los palillos con cuidado, dividiéndolos con un "crack" apenas perceptible, y los ajustó entre sus dedos. Con delicadeza, sumergió los palillos en el plato y recogió unas hebras de los fideos casi traslucidos. Los levantó del cuenco, dejando que el exceso de caldo escurriera lentamente antes de llevárselos a la boca.

 En cuanto probó el primer bocado su expresión se mantuvo impasible y sus labios finos se fruncieron ligeramente; el sabor era único: una mezcla de dulzura y suavidad, con un toque umami que inundaba sus papilas gustativas de una calidez que le hizo recordar a las comidas de su madre adoptiva.

¿Qué era aquel sabor?

Sus ojos brillaron como el oro por un breve instante, estremeciéndose por la sorpresa del sabor. Cual si algo en esos fideos despertara un recuerdo olvidado, un aroma familiar que no lograba identificar del todo. Involuntariamente, su mirada se desvió hacia Chen Xiaoshi, su amigo, que la observaba en silencio desde el otro lado de la mesa.

No sonrió, ni emitió sonido alguno, no obstante el breve contacto visual entre ellos transmitía complicidad.

Haemiu sintió una culpa profunda que intentó mitigar. El hecho de que ella pudiera probar algo tan delicioso y Sua no la llenó de remordimiento. Odiaba sentirse así.

—香花草 —gesticuló con expresión tranquila, recogió algunos fideos con sus propios palillos y, mientras los probaba, murmuró en chino—. 女寝那一碗.

Palabras que ella no entendió, sobre todo porque el vocabulario en chino y coreanos compartían muy pocas cosas en común y, aunque había aprendido algunas frases en chino, esas palabras específicas escapaban a su comprensión.

Las dueñas del local les sonrieron desde el mostrador, parecían complacidas al ver las expresiones de ambos jóvenes, dando la impresión que fuera un recuerdo cálido y nostálgico de los momentos compartidos entre ellas.

Sin detenerse a preguntar, Haemiu simplemente sonrió internamente con un poco de desprecio hacia ella misma, aun así, no necesitaba emitir palabras exactas para apreciar la belleza y fealdad del momento. Siguió comiendo, concentrada en el sabor que la einundaba, disfrutando cada bocado llena de arrepentimiento por Sua, no iba a derramara lágrimas o al menos nunca en público.

—에이, 나 중국어 모르는데. 멍청이 같네 —pronunció con el entrecejo fruncido la pelirrosa.
—¿Eh? —la miró sorprendido de esas palabras, él sabía inglés y japones, el hangul o hangug-mal le era extraño—. ¿Qué dijiste Yoon Haemiu?
—멍청이 —con una pequeña risa declaró, era su venganza por decir palabras en chino sobre el platillo.

Parpadeó repetidas veces el chico.

—Siento que me has insultado —con sus labios fruncidos expresó su disgusto.
—Algo así—revolvió un poco el cuenco de comida y después bebió un poco de jugo de la lata—. Puedes decirme Haemiu o Miu, como Ling.
—Qué amable de tu parte, hobbit —la señaló con los palillos, casi como un insulto—. ¿Tienes la edad de Qiao Ling?

Ella hizo un gesto de afirmación con la cabeza.

—Vieja —le sonrió con una sonrisa de victoria.
—Cierto, tienes veintiún años —lo observó sin darle mucha importancia, en otros países normales ella era dos años menor, en cambio en corea tiene veintidós— Ling dice que Lu Guang es más confiable que tú y eso que eres mayor…
—Eso es mentira —estrelló ambos puños contra la mesa, en una pequeña rabieta y Miu le hizo un gesto torcido.
—¿Es así? 멍청이 —logró sonreír un instante y ese gesto no pasó desapercibido para Cheng Xiaoshi que la miró sorprendido.
—Te hice reír —su mueca cargada de felicidad se amplió entre las mejillas y se movió ligeramente. Definitivamente el pelinegro parecía un cachorrito grandote.
—No es así —bajo la vista a las pocas verduras que quedaban en su plato—. Gracias por traerme aquí, es un lugar tranquilo.

Cheng Xiaoshi se volvió a reír.

—Fue idea de Qiao Ling, incluso me dio una patada en el trasero para que te fuera a buscar —levantó el plato entre sus manos y bebió la sopa que quedaba allí, depositando la cerámica con sonido sordo.
—Le agradeceré luego —miró su propio plato vacío, lo había arrasado por completo.

Los dos salieron del local después de eso, aún faltaba unas horas para el medio día.

—¿Iras a la universidad? Tengo un curso de fotografía cerca, por si quieres venir o que te acompañe —el pelinegro se montó sobre el monopatín y le tendió la mano hacia la chica.
—Te acompañaré —susurró tomando la mano de él y subiéndose—. Parece que te gusta el Toretto de mi hermana mayor.
—Oh sí, es muy práctico —aceleró un poco, empezando a moverse el monopatín por la acera—. Tengo una patineta, por si algún día quieres aprender.

Ella negó.

—No me gustan esa clase de cosas —de hecho era bastante femenina, a diferencia de Hyuna.
—Imposible —giró la vista sobre el hombro—, nada que sea hermana de Hyuna puede odiar la adrenalina y ser mujer…
—Mi hermana mayor, Habin unnie, es la mujer más elegante que veras —dijo rodeando ligeramente la cintura de él, para estabilizarse y no caerse. 
—Pff —intentó reírse, pero Haemiu le apretó con fuerza los costados de la cintura, hundiendo sus dedos—. ¡AAAAAAAH! 

Perdió el control del monopatín un poco y casi tropiezan contra un coche aparcado cerca del cordón, por suerte consiguió estabilizarse justo a tiempo, girando con brusquedad el manubrio. Haemiu dejó escapar un pequeño grito sin soltar el agarre de la cintura del conductor. Ambos respiraron hondo, intentando no reírse por la situación caótica en la que casi se habían metido.

—¡Eso estuvo cerca! —suspiró él, soltando una risa nerviosa mientras su corazón seguía acelerado por la adrenalina.
—¡Es tu culpa! —protestó Haemiu, sin dejar de abrazarlo, ahora con un tono serio en su voz—. Si no te hubieras burlado de mi hermana, esto no habría pasado.
—Está bien, está bien. No me meto más con “Habin unnie” —respondió entre dientes, con un tono irónico y juguetón, volviendo a concentrarse en el camino—. Pero, en serio, ¿elegante? ¿La hermana mayor de Hyuna? La última vez Hyuna iba tan rápido en monopatín que tiró su guitarra por el camino y le rompió el mástil.
—¡Oye! —exclamó la pelirrosa, golpeando levemente su espalda—. ¡Eso fue un accidente! Y fue porque tú la empujaste accidentalmente, por cierto. ¡Me lo contó todo! Estuvo llorando horas por su Gibson…

Cheng Xiaoshi se rió fuerte mientras avanzaban por la ciclovía, dejando atrás las bromas y los momentos tensos de casi caerse. El viento suave les acariciaba el rostro mientras el día comenzaba a llenarse de sol, un preludio perfecto para la clase de fotografía que les esperaba. Las calles empezaban a llenarse de vida, y podían ver cómo otros estudiantes se dirigían hacia la misma dirección, algunos a pie, otros en bicicletas o patinetas.

La clase de Cheng Xiaoshi quedaba en Hanasaki, algo que la menor no sabía.

—De todas formas, ¿estás emocionado por tu clase de hoy? —preguntó Haemiu, inclinándose ligeramente hacia él para poder hablar con más claridad contra el viento.
—Dicen que vamos a aprender sobre iluminación natural —Cheng traía una pequeña mochila cruzada en la espalda, recién lo notaba Miu, él ajustó su peso mientras el monopatín tomaba una curva suave—. Aunque espero que el profesor no nos aburra con demasiada teoría. ¡Quiero sacar fotos ya!

El resto del viaje continuó tranquilo hasta que finalmente llegaron a la entrada del edificio de la facultad de arte. El área alrededor del campus lo copaban jardines bien cuidados y grandes árboles, creando una atmosfera llena de tranquilidad y relajación. Varias esculturas decoraban el paisaje, algunas modernas y abstractas, otras más tradicionales, el sitio mostraba una sensación de creatividad constante, incluso vieron varios estudiantes con cuadernos de bocetos dibujando y otros posicionando caballetes en sombras.

Se bajaron del monopatín y caminaron por los largos pasillos de la facultad con el aparato al costado, seguido entraron al aula de fotografía. El ambiente dentro era bastante diferente al exterior: luces tenues, paneles reflectores y cámaras colocadas en trípodes les daban la bienvenida. Ya había varios estudiantes acomodándose en sus asientos, todos emocionados por que la clase comenzara pronto.

—Mira, conseguimos buenos asientos —expresó emocionado, señalando una fila cercana al frente.

Justo en ese momento el profesor entró, cargando con una serie de lentes y cámaras profesionales. Les lanzó una sonrisa y comenzó a hablar sobre la importancia de la luz en la fotografía, explicando cómo se puede usar para resaltar distintos aspectos de una imagen. Afortunadamente la clase fue más práctica de lo que esperaban y pronto los estudiantes salieron al patio para experimentar con la luz natural.

Pasaron la siguiente hora probando distintos ángulos, posiciones y enfoques. El chino de cabellos oscuros estaba concentrado, ajustando la cámara mientras su amiga lo observaba desde un banco cercano, disfrutando de la pasión con la que trabaja el pelinegro.

El profesor los liberó poco antes del mediodía, ambos estaban hambrientos después de tanta actividad.

—¿Qué carreras sigues, Miu? —el chico se giró, mientras tomaba sus cosas del asiento.

Ella se quedó de pie, con el vehículo eléctrico al lado.

—Filosofía.
—Vaya, parece difícil y poco interesante —se burló terminando de guardar todo dentro del bolso—. ¿Te parece si almorzamos antes de ir a sacar fotos de la ciudad?
—¿Aún tienes hambre? Después de los fideos chinos estoy llena —parpadeó repetidas veces totalmente atónita.
—El campus tiene muchas tiendas y puestos —los dos salieron del aula—, hoy hay mucha gente…

Caminaron por la zona de comidas del campus, que estaba llenas de tiendas y pequeños cafés, ambos disfrutaban del momento de tranquilidad entre ellos. El sol brillaba alto en el cielo y las sombras de los edificios se proyectaban en el suelo danza de luces y sombras en constante movimiento. Cuando llegaron a un pequeño restaurante, el aroma de la sopa caliente y los ingredientes frescos le hizo gruñir el estómago a Cheng.

—Leí las reseñas de aquí en Google —emocionado señaló una mesa al lado de la ventana—. Vamos a sentarnos allí, así podemos ver a la gente mientras comemos.

Se sentaron y rápidamente ordenaron sus platos. Mientras esperaban, Haemiu miró hacia afuera, con los rayos del sol iluminando su rostro y su cabello rosado resplandeciendo.

—¿Sabes? —mirándola a través del reflejo de la ventana—. Debería sacarte una foto ahora mismo. La luz te favorece demasiado.

Haemiu bajó la mirada, jugueteando con sus dedos sobre la mesa, su habitual rostro sin vida desvaneciéndose un poco. No le gustaba mucho posar frente a las cámaras, y hacía tiempo que no permitía que nadie, ni siquiera su familia, la fotografiara. Aun así, la manera en que Cheng la miraba, con una mezcla de emociones y entusiasmo, le hizo sentir obligada a aceptar. Sin duda el chino era un cacharrito agradable.

—No he sido buena modelo en mucho tiempo —murmuró la chica, mirando hacia abajo y con una sonrisa tímida dibujándose en sus labios—. No sé si la foto saldrá bien.
—Siempre luces linda —expresó Cheng, sacando su cámara con mucho cuidado de la mochila, debía cuidar de rayarla—. Además, solo es una foto casual. No tienes que preocuparte por nada.

Mientras hablaban el camarero llegó con sus pedidos. Haemiu pidió un té de burbujas, con boba de fresas y leche de almendra, mientras que Cheng Xiaoshi optó por un cuenco grande de ramen con miso. El aroma del ramen llenaba el aire, y el té de burbujas tenía un color rosado pastel que hacía juego con el cabello de ella.

Cheng Xiaoshi empezó a mezclar su ramen con los palillos, inhalando el aroma, con sus ojos virando hacia ella una y otra vez. Haemiu, con el popote entre los labios, se inclinaba ligeramente hacia el ventanal, mirando hacia afuera. Sus ojos dorados, grandes y rasgados, parecían perderse en el paisaje del campus mientras sorbía su boba tea de fresas distraídamente. Su cabello rosado caía suavemente sobre su rostro y los rayos del sol iluminaban la piel de porcelana.

Cheng no pudo resistir la oportunidad. Tomó su cámara del bolso que había dejado en el respaldo de la silla, ajustando rápidamente los parámetros: apertura amplia para lograr un hermoso desenfoque del fondo, velocidad baja para capturar la luz natural, y el ISO perfectamente equilibrado para evitar el grano. El mundo exterior se desvaneció mientras ajustaba su lente, enfocando en esos ojos que parecían contener un universo propio.

—Quédate así, no te muevas —murmuró casi para sí mismo, mientras levantaba la cámara frente a su rostro.

El clic de la cámara resonó en el sitio del pequeño restaurante. La escena era perfecta: Miu absorta en sus pensamientos, con el suave resplandor del sol en su cabello y su expresión serena, cuasi melancólica, mientras bebía de su boba tea. El chino tomó varias fotos más, cambiando sutilmente el ángulo para capturar distintos matices de luz en su rostro.

La contraria parpadeó, un poco sorprendida al escuchar el sonido de la cámara, y lo miró de reojo.

—¿Ya me estás sacando fotos? Ni siquiera me avisaste —bufó ella con una mezcla de molestia y timidez.
—Es que te ves perfecta así —respondió el otro, bajando la cámara para mostrarle una de las imágenes en la pantalla—. Míralo por ti misma.

Ella se inclinó hacia él, curiosa. Al ver la foto, sus ojos se abrieron un poco más. Ahí estaba ella, en una imagen tan natural y hermosa que por un momento se quedó sin palabras. La forma en que el amigo de Hyuna había capturado su esencia era tan genuina que casi no parecía una fotografía, sino un retrato íntimo de un momento en su vida.

—Wow... —susurró Haemiu—. Realmente eres un profesional con talento.
—Heh, ¿lo dudabas? Te ves increíble —respondió con una sonrisa suave, antes de volver a sumergirse en su ramen—. Creo que podrías ser la mejor modelo para mis próximas fotos de la ciudad.

La chica se ruborizó ligeramente y, aunque lo intentaba ocultar sorbiendo más de su té, Cheng notó el leve sonrojo en sus mejillas. El resto del almuerzo transcurrió entre risas y conversaciones ligeras sobre la clase de fotografía, sus planes para el resto del día y algunas bromas sobre las torpezas que solían compartir con Hyuna.

Después de terminar el ramen y el boba tea, ambos se levantaron, listos para continuar con su día. Cheng volvió a colgarse el bolso en la espalda, ajustándola con cuidado mientras Haemiu se estiraba con un gesto perezoso, tomando con lentitud su propia mochila.

—¿Lista para ir a sacar más fotos por la ciudad? —preguntó el muchacho, mientras ambos salían del restaurante.

Haemiu lo miró con una mezcla de diversión y determinación.

—Lista, pero solo si me prometes que también te vas a dejar fotografiar —respondió señalándolo, le había gustado la clase de fotografía—. Es hora de que seas tú el que se ponga frente a la cámara.

Cheng rió y levantó las manos en un gesto de rendición.

—Trato hecho. No te sorprendas si soy más fotogénico que tú. ¿De acuerdo~?

Viendo que había más gente de lo normal, decidieron salir de Hanasaki e ir a la ciudad para fotografiar algunos monumentos de Tokio.



La noche ya había caído sobre la ciudad, y el aire fresco de Tokio estaba lleno de la energía vibrante de la metrópolis. Qiao Ling, Lu Guang, Cheng Xiaoshi y Yoon Haemiu corrían a toda velocidad por las calles iluminadas, esquivando a los transeúntes y apurando el paso hacia el Live House donde la hermana de la pelirrosa, Hyuna, estaba a punto de dar un pequeño concierto.

“Your eyes grow wide at my dazzling entrance
And your heart beats fast, O-K-A-Y”

Se escuchaba desde el interior. La voz potente y tono limpio de su hermana se oía desde la entrada del local, entrada cuyas luces de neón pintaban las calles con tonos vibrantes de rosa, azul y verde, creando un sitio surrealista que los arropaba mientras se dirigían hacia la pequeña fila que se había formado en la puerta.

El patovica los dejó ingresar de inmediato, abriendo la barrera de control de acceso y con un movimiento de cabeza les indicó que ingresaran sin formarse… la menor de los Yoon tragó saliva pesadamente… Hyuna ya sabía que llegaba tarde.

—¡Hyuna unnie lo sabe! —gritó Haemiu, ligeramente agitada mientras apretaba el paso. Su cabello rosado ondeaba detrás de ella, brillando bajo las luces multicolor del letrero de ingreso que decía “Sixth Heaven”.

Cheng, aunque también apurado, no pudo evitar reírse.

—Esa vieja está loca —iba sosteniendo la risa mientras descendían apresurados por las escaleras del local.
—¡CHENG XIAOSHI! —le chilló Qiao Ling, dándole un golpe en la espalda.

Lu Guang callado, con un gesto de resignación, se limitó a bajar las escaleras. Realmente no quería ir allí.

El sonido de la música se intensificaba a medida que se acercaban al centro del Live House y la energía del lugar los rodeaba; el Sixth Heaven es un local icónico de música rock e indie enclavado en las calles de Roppongi. Desde la calle, apenas se veía más que un cartel iluminado con luces de neón parpadeantes y una escalera que descendían hacia el interior del lugar, resguardada por un bouncer.

La cartilla de esa noche ya había comenzado y la vibración de los bajos resonaba en el suelo en sus pies junto con la batería haciendo unas explosiones furiosas en el bombo.

—Mierda —frustrada Haemiu buscó con la mirada y nerviosismo mientras comenzaban a abrirse paso entre la gente que aplaudía eufórica a Hyuna.

Era agotador pasar entre los que se agolpaban cerca del escenario con los brazos extendidos y coreando a la cantante. El interior del Sixth Heaven estaba lleno de gente, sin duda, y los cuerpos se movían al ritmo de la música, con las cabezas agitándose al compás de la banda de rock que tocaba en el escenario.

**

“This is the march of the fools
Endless cheer and applause”

Los reflectores se movían con los acordes, bañando la piel trigueña de Hyuna con un tono amatista, parpadeando en sincronía con la batería y estableciendo una sinfonía de colores que a su vez teñían al público.

Las paredes del local estaban decoradas con carteles de antiguas leyendas del rock japonés e internacional, y la atmósfera era la perfecta mezcla entre lo retro y lo moderno, con una barra en un costado del sitio y las paredes llenas de bebidas y copas.

—¡Por aquí! —gritó Qiao Ling, tomando a su amiga de la muñeca y la guiaba a través de la multitud, abriéndose paso entre cuerpos sudorosos y emocionados. Las personas cantaban, gritaban y algunos ya estaban saltando al ritmo de la banda que hacía vibrar el lugar.

“JUST LAUGH, HEY KICK AND BREAK YA!”

—Me está matando el estrés —susurró la coreana del grupo, mientras finalmente lograban llegar a un punto más despejado cerca del lado del escenario.

Elevó sus pupilas de oro hacia Hyuna, quien comenzó con el espectáculo tomando por completo el escenario señalando al público y riéndose, se veía hermosa y explosiva Cada vez que su voz alcanzaba una nueva nota el lugar entero se estremecía. Haemiu la contempló impresionada, no necesitaba una coreografía para captar la atención; su sola presencia lo hacía.

“Change the game with a single action
Trust me and I'll show you, chi-cheers”

**

Con gotas de sudor resbalando por el rostro y su cabello castañodesordenado y brillante bajo las luces, le daba una apariencia aún más salvaje. Sin perder el ritmo, mientras los instrumentos seguían con la canción, tomó una botella de vidrio que había sobre el escenario y bebió un largo trago de cerveza, luego inclinó la cabeza hacia atrás y escupió el alcohol hacia el aire con un gesto desafiante, formando una nube brillante que se dispersó bajo los reflectores violáceos.

“We only get one life, so I'm living mine for me
'Cause I'm the one from your wildest dreams”

La multitud enloqueció, gritando de emoción mientras Hyuna lanzaba la botella vacía al público, estrellándola en una zona dónde no había nadie. Sin perder una sola nota, ella continuó cantando con una intensidad que electrificaba el lugar y los aplausos se intensificaron.

“I'll create a fantasy in this crazy world
And change it all, I'm going all-in”

Qiao Ling seguía el ritmo del rock rápido, saltando y riendo junto a Cheng Xiaoshi, mientras la energía de la multitud crecía con cada segundo. El contraste con Lu Guang era evidente, quien, incómodo entre la agitación y el sudor de la gente, finalmente había encontrado refugio en la barra, donde preguntaba con una expresión seria si servían café. A su alrededor, la atmósfera caótica lo ponía en alerta, observando cada detalle con cautela… no quería que alguien de dudosa higiene lo tocara.

**

En ese momento Haemiu no podía apartar la vista de su hermana. Hyuna, en el centro del escenario. La vocalista había cerrado los ojos, conectándose con la canción y con la energía cruda del público que la adoraba. En un minuto los abrió de golpe, sus ojos pardos y rasgados apuntaron al público y levantó la mano libre alzándose en el aire ordenando que liberaran así su propia locura, invitándolos a dejarse llevar por completo y volverse totalmente salvajes.

“I hear the song grow louder,”

El volumen de la música subió aún más, y bajó dos dedos para iniciar una cuenta regresiva desde tres.

Tres.

La multitud, ya al borde de la locura rugía en respuesta, saltando al ritmo de la canción. Cheng no se quedó atrás, emocionado por la vibra frenética del momento, Qiao Ling lo empujaba juguetonamente para que saltara más alto.


Dos.

Hyuna bajó otro dedo, mientras la guitarra eléctrica resonaba con más fuerza. La transpiración caía por el rostro de ella y eso no hacía más que intensificar su imagen salvaje y apasionada. Sus movimientos y acciones estaban llenos de libertad, sin ataduras ni preocupaciones.

Uno.

Cuando el último dedo bajó, el beat explotó. La música llegó a su punto máximo, y Hyuna dejó que su voz alcanzara un grito catártico, liberando toda la energía acumulada. La multitud enloqueció, el local vibraba con la fuerza de cientos de cuerpos en movimiento, saltando, agitando sus brazos al ritmo y gritando las letras a todo pulmón.

“JUST LAUGH, HEY KICK AND BREAK YA!”

La pelirrosa observaba cada movimiento de Hyuna, esa libertad que nunca tuvo en Anakt Garden o durante su debut de Idol en Faery; apretó la mandíbula muy fuerte y sin querer comenzó a libera todas esas emociones de las que había dejado de pensar. ¿Y si hubieran sido igual a Hyuna? Ese pensamiento pasó fugaz por su mente y la respuesta la llevaba a replantearse todo… ellas carecían de la personalidad de su hermana, por lo que solo elevó la mirada con tristeza y envidia.
 
Cheng, sin dejar de moverse, sacó su cámara de nuevo, intentando capturar el caos y la magia del concierto. Las luces, la transpiración, las expresiones de locura en los rostros de la gente… era imposible no querer inmortalizar ese momento. Sabía que, aunque las fotos pudieran ser impresionantes, ninguna podría capturar completamente lo que se sentía estar allí, ser parte de esa extraña sensación que Hyuna los hacía percibir.

“Every obstacle in my way
I've crushed them all”

Con la canción llegando a su final, Hyuna dejó el micrófono de lado por un segundo y respiró profundamente, alimentándose de la pasión del público. Los aplausos y gritos no paraban. Era su momento y lo sabía. Las luces la envolvían y cada persona en esa sala estaba completamente bajo su hechizo.

“Ride the waves of passing time
And run with the wind 'til morning, don't stop”

Con esas últimas palaras la música se detuvo junto a su voz. Hyuna era una ola, potente, devastadora y hermosa que nadie detendría jamás.

Salió del escenario con una sonrisa triunfante, sin mirar hacia atrás y pasando el micrófono al siguiente cantante que iba avanzando con seguridad.

—Ella vino, Till —le sonrió con una pequeña palmada en el hombro para darle ánimos.   

Sonrió de lado cuando su compañera le confirmó que ella había venido. Con un gesto juguetón, sacó la lengua y señaló el micrófono inalámbrico que llevaba pegado a la mejilla, mientras en sus manos descansaba una guitarra eléctrica. Caminó decidido hacia el borde del escenario, sintiendo el peso del momento sobre él, y con un movimiento rápido y casi violento, deslizó la púa por las cuerdas del instrumento. El sonido que emergió fue desgarrador, un alarido que hizo que toda la multitud quedara en silencio, paralizada por la intensidad del momento.
“COME ON!”

El grito resonó por todo el Sixth Heaven, y las luces comenzaron a parpadear de manera caótica, cubriendo el lugar con destellos de neón que iluminaban los rostros de la multitud. La batería entró de inmediato, con un estruendo que hacía vibrar el suelo bajo sus pies, mientras Till, descalzo y desafiante, ignoraba por completo las indicaciones del staff que intentaba dirigir el espectáculo.

“Nothing was my everything
The melody that filled the empty me
It's you, alright”

Su voz se alzó sobre la música, cruda y poco pulida, con una gran cara de emociones que desbordaba el escenario; si Hyuna cantaba por su libertad y sueños, Till lo hacía como si cada acorde fuera un intento desesperado de ser visto. Su interpretación era punk en su esencia más pura: descuidada, desafinada y auténtica. No cantaba para el público, cantaba para una sola persona. La única que importaba: Mizi.

“My feelings are
Error : no better options”

A medida que cantaba, sus orbes se movían inquietas por el público, buscando algo, o mejor dicho, a alguien: Haemiu estaba allí, en algún lugar entre la multitud. Till la conocía, aunque ella no lo sabía. Había visto su sonrisa antes tan brillaba con una intensidad que lo hacía desear más y había escuchado su risa, una que resonaba con la calidez que jamás había podido olvidar.

“A shaking paradigm
I don't care if my world turns upside down”

Pero esa Mizi ya no estaba. Su luz había desaparecido con la muerte de Sua.
Sabía lo que estaba pasando, conocía el dolor que ella llevaba en su corazón desde la muerte de su amiga. Ese dolor la había apagado y Till no podía soportar la idea de que alguien ta brillante desapareciera entre las sombras.

“I wanna know all about you (ya)
No more takin' it slow”

Las luces giraban tumultuosamente alrededor del escenario, cegando a la audiencia de vez en cuando y Till no dejaba de buscar con anhelo a esa mujer. Cada rasgueo en su guitarra era un grito de desesperación, cada palabra un intento de llegar a ella. En medio de la multitud, entre la agitación y el sudor, finalmente la encontró.

“The edelweiss of my feelings that blossomed because of you”

Ahí estaba Haemiu, de pie, con una expresión que parecía perdida, ajena a la locura que la rodeaba. Sus grandes ojos verdes miraban sin realmente ver, atrapados en una tristeza profunda que Till podía reconocer al instante. Él supo en ese momento que tenía que llegar a ella, hacerle entender que, por mucho que doliera, este no era el fin.

Ella no lo conocía, aún así, para él, Hemiu era todo.

“(You'll never know)
I don't wanna stop”

Ambos habían sido parte de Anakt Garden, la agencia que los explotaba desde niños, moldeándolos para ser ídolos a una edad en la que apenas entendían qué significaba esa palabra. Till la había visto crecer entre escenarios y entrenamientos exhaustivos, siempre con Sua a su lado. Juntas, Mizi y Sua parecían invencibles, inseparables. Él las recordaba cantando, jugando, y riendo, el mundo entero solo existía para ellas dos. En esos momentos, había algo en Mizi que lo atrapaba por completo; su sonrisa, su voz, su luz. Era un resplandor que se veía en cada movimiento que hacía, en cada palabra que cantaba.

Till sabía muy bien que Mizi amaba a Sua, y Sua amaba a Mizi y cuándo Sua desapareció, dejó a Mizi sumida en un vacío que nadie parecía poder llenar.

“Don't even think this time’s enough
Cause you baby still it's not enough
(For me, alright?)”

Cantaba con todas sus fuerzas, tratando de romper esa barrera invisible que separaba a Haemiu del resto del mundo. Para Till, Mizi no era solo una ex Idol, ni una conocida perdida en la distancia. Ella había sido su luz en los días más oscuros, en las noches más solitarias, cuando el silencio y la tristeza lo devoraban.

“Don't leave me, lilidadada
Cause you baby still it's not enough”


Till tenía una pequeña versión de ella, un holograma del tamaño de su mano. Era algo que había conseguido en uno de los conciertos más importantes de Mizi, una figura que proyectaba su imagen en miniatura y cantaba fragmentos de sus canciones. No importaba cuántas veces lo hubiera escuchado, cada noche lo activaba y observaba cómo su pequeña Mizi lo iluminaba, aunque fuera en ese formato tan irreal.

“How dare you think this time's enough
Ain't nobody but you're the one that I'm feeling it's love”

Los gritos del público eran ensordecedores, acompañándolo con esa energía veloz y concisa e igual Till solo tenía ojos para ella. Aumentó un poco el ritmo, siguiendo con los movimientos de la pua por las cuerdas de la guitarra y su otra mano tirando de ellas en el mástil. Cada palabra, cada nota, se sentía más desesperada en un intento de atraer directamente su atención.

La multitud seguía saltando, enloquecida, mientras que Till ya no los veía.

“Don't be afraid (come on!)
Woah, woah, woah, woah, woah”

Esperaba que su música pudiera alcanzar ese rincón oscuro donde ella se había perdido hace dos años. quería ser su salvador, como ella lo fue con esa pequeña proyección que era lo que había evitado que se hundiera por completo en su infancia. Incluso por ella es que Till decidió aprender a tocar guitarra y la teoría musical, porque quería tocar a su lado.

Ahí estaba ella.

No en un holograma, no en un escenario lejano, sino en carne y hueso, rodeada de una multitud que no comprendía lo que él sabía: Mizi estaba rota por dentro.

“'Cause I like it better
(Feel like I'm crazy, oh yeah yeah)”

Till seguía en el escenario, con la guitarra apretando en su mano y su mirada fija en la pelirrosa, aun así, ella no lo veía. No lo escuchaba. Por más que intentaba transmitirle a través de su música que este no era el fin, su voz parecía perderse en el vacío.

Siempre había sido así… allí estaba él y ella solo tenía ojos para otros…

“(Come on!)
Woah, woah, woah”

Gritó nuevamente, sintiendo la frustración ahogarlo; las luces seguían parpadeando en flashes y la vio levantando la mirada cuándo Hyuna se acercó a ella y la hizo ver hacia el escenario.

—Miu, mira al escenario. ¿No te gusta la canción? —la tomó del hombro y la giró hacia dónde estaba Till, repondió bajando la mirada rápidamente y negando con la cabeza.
—Hyuna, cantaste increíble —Qiao Ling se unió a ellas totalmente emocionada.
—Jez, lo sé —sonrió amplio, la seguridad desbordaba.

Lu Guang le pasó una botella de agua a la morena, estaba sudorosa y agitada.

—¡GRACIAS! —gritó entusiasmada, ya no insistió que su hermanita viera hacia Till. Supuso que presentarlos no sería lo mejor en ese momento.

En ese momento la canción que sonaba de fondo estaba disminuyendo, ninguno del grupo prestaba particular atención a Till.

—Miu, aquí tienes—Cheng Xiaoshi le trajo una lata de energizante, el bartender había demorado en encontrar una Monster fuerte.

Que un hombre intentara tocarla fue lo que terminó por quebrar a Till. Toda su concentración, todo su esfuerzo, todo lo que había puesto en esa canción y en ese momento se esfumó en un segundo.

Su rabia y frustración explotaron.

“I can't refuse, o-ver-dose”

Sin pensarlo dos veces, levantó la guitarra por encima de su cabeza, y con un grito gutural cargado de impotencia, la estrelló con fuerza contra el escenario. El estruendo fue brutal, la guitarra se hizo añicos al impactar contra la madera, esparciendo astillas por todos lados. El sonido fue tan fuerte que incluso la música pareció desvanecerse por un segundo.

Till, jadeante, con el rostro desfigurado por la desesperación y los cabellos grises tapando parte del rostro pálido y sudoroso miró el escenario con partes de la guitarra destrozada a sus pies descalzos. Su mirada estaba desencajada, cual si el mundo entero hubiera colapsado a su alrededor: la había cagado.
La gente del público quedó atónita por la explosión de furia del coreano. Algunos retrocedieron, otros observaban con una mezcla de confusión, la tensión se sentía palpable en el aire. La energía desenfrenada del concierto ahora se había vuelto una especie de vacío incómodo que fue llenado por aplausos, silbidos y gritos.

Till bajó la cabeza, sus hombros temblando ligeramente mientras trataba de recuperar el aliento. Su desesperación era evidente.

Él había fallado.

Lo comprendió cuándo vio a Haemiu siendo protegida por la otra chica del grupo y la hermana. Se retiró en silencioso, sin ver a la siguiente persona que lo sucedería en el escenario.

—Idiota —le susurró mientras chocaban sus hombros en el pasillo.
—Cállate —levantó la mirada y observó a Iván, Ambos siempre se peleaban, aunque normalmente el pelinegro lo golpeaba sin remordimiento.

Till apretó los dientes, sintiendo cómo la vergüenza y la rabia hervían dentro de él. No era la primera vez que Ivan lo humillaba con esos pequeños comentarios venenosos, pero hoy dolía más, quizás porque sabía que había fallado cuando más lo necesitaba. Ignorando el latido en su pecho que le recordaba su derrota, continuó caminando hacia el grupo donde estaban Hyuna, Miu, Ling, Cheng y Guang que se había agolpado en la barra. Cheng, el más alto del grupo, lesestaba mostrando las fotografías que capturó con su cámara ese día.

—Till —saludó Hyuna, con su usual sonrisa gigantesca, aunque una ligera preocupación se notaba en su mirada—. ¿Estás bien? Esa guitarra parecía cara…
—Sí, sí —el ceniza levantó la mano, tratando de parecer despreocupado, aunque su tono no convencía a nadie.

Hyuna arqueo una ceja.

El escenario era un completo caos después de la última actuación dónde Till había destrozado una guitarra blanca Stratocaster. El Staff entró a limpiar aquel lío con escobas y palas, debían ser rápidos o el público se iría.

Antes de que Till pudiera responder, las luces se atenuaron y el sonido de los gritos femeninos aumentó. Muchos hombres dejaron la parte de adelante del sitio mientras las chicas que apoyaban a Iván empezaban a llenar el local, coreando a gritos su nombre, llamándolo. Las chicas que habían estado esperando el turno de él comenzaron a agitarse en sus lugares y a gritar el nombre, mientras se abarrotaban bajo el escenario esperando verlo.

Los técnicos, vestidos de negro para no destacar, corrían de un lado a otro, recogiendo los restos de la guitarra rota y limpiando cualquier rastro de la actuación anterior. Los pedazos de cuerdas rotas y las astillas de madera que quedaban sobre la tarima eran retirados a toda prisa. Uno de ellos cargaba un pequeño balde con herramientas, otro barría rápido, y uno más revisaba la iluminación mientras el reloj avanzaba implacable.

A medida que el escenario comenzaba a despejarse, un murmullo nervioso se apoderó del público. Las chicas, ansiosas, miraban hacia la tarima mientras sacaban las barritas luminosas de colores brillantes. Eran verdes, rosadas, azules y violetas, todas encendiéndose al mismo tiempo, creando un espectáculo visual que iluminaba sus rostros emocionados.

—¡IVAAAAAAAN! —gritaba una de ellas, con la voz ahogada por la emoción, llena de emoción por ver al Idol que tanto admiraba.

Otras se unieron rápidamente, poco a poco el recinto se llenaba con el eco del mismo nombre, resonando con más fuerza conforme el staff terminaba sus labores. Las manos de las chicas, levantadas hacia el escenario, ondeaban con sus luces en el aire, formando un mar de colores que brillaba intensamente.

Los miembros del staff intercambiaban miradas rápidas, acelerando el ritmo, sabiendo que cada segundo contaba. El suelo fue barrido una última vez, asegurándose de que no quedara ningún rastro de peligro para Iván. Los últimos detalles técnicos se ajustaban, y todo estaba preparado para la gran entrada. La multitud apenas podía contenerse, los gritos se volvieron más altos, más fervientes. Era su turno, y las chicas lo sabían.

Las luces del escenario parpadearon y los focos se alinearon, iluminando el centro justo cuando el último miembro del staff desaparecía detrás del telón, dejando todo perfecto para la estrella de la noche.

Ivan apareció en el escenario con la confianza que lo caracterizaba. Las chicas reaccionaron al instante, sus voces chocaban en una ola de sonido ensordecedor. Las barritas luminosas que sostenían en alto brillaban con fuerza, pintando el entorno con destellos vibrantes. Las luces del escenario destellaron de pronto, cual si se tratara de estrellas fugaces cruzando el cielo en una sincronía fugaz, dejando en claro que todo el momento giraba en torno a él. Cada mirada, cada suspiro, estaba concentrado en una sola figura.

Los ojos negros del coreano, profundos y serenos, se clavaron en el frente, sin vacilar, viendo más allá de la multitud, hacia algo intangible. No necesitaba esforzarse por capturar la atención; ya la tenía. Con un movimiento medido, estiró su brazo hacia el micrófono que el equipo había dejado preparado. Sus dedos rozaron el metal del soporte tocando con suavidad algo vivo, algo preciado. El simple acto de posar su mano sobre el micrófono fue suficiente para enloquecer aún más a las chicas, que lo observaban con una mezcla de devoción y emoción contenida.

"The dark sea gets deeper as you approach..."

El clima en el escenario era intenso. Las luces, que antes parpadeaban con un brillo frío, se transformaron en un resplandor cálido, embelesando a Ivan en un halo que parecía hecho para él. La sala vibraba, pero él seguía impasible, dominando cada segundo de aquel breve pero poderoso instante. Las chicas no dejaban de moverse, levantándose de sus asientos, con las barritas centelleando en sus manos. Los gritos se desbordaban por todos lados, y la energía en la sala era tan fuerte que parecía imposible que fuera contenida.

En dos minutos la canción culminó casi tan rápido y fugaz, siendo una ráfaga que apenas había tocado el aire, se sintió tan efímera, una breve estrofa hubiera llenado el espacio. El público quedó suspendido en el tiempo, incrédulo ante lo breve del momento. Fue un suspiro, un destello. Algunas chicas seguían agitadas, gritando, sin poder procesar lo que acababa de suceder. La intensidad del momento no correspondía a la brevedad de la canción.

“At the end of this story
There is only a cold spot stained with blood…”

Ivan no necesitaba más. El silencio que siguió fue casi tan poderoso al igual los gritos de antes. Y cuando él finalmente dejó el micrófono, el escenario parecía haber sido despojado de toda la energía que él le había dado. Lass chicas seguían ahí, de pie, aun moviéndose, sus corazones latiendo al ritmo de algo que ya había terminado para ellas sin duda perduraría por mucho más tiempo.

El coreano era el más popular en la división masculina de Anakt Garden. Las chicas lo adoraban, las grupis lo seguían donde fuera y su nombre se adulaba en cada lugar en el que decidía hacer una presentación. Para cualquiera que lo viera desde afuera, su vida parecía perfecta: éxito, belleza, talento y dinero, pero todo aquello le resultaba insoportablemente monótono. La rutina de los aplausos y las alabanzas había perdido todo sentido hacía mucho tiempo; los gritos, las luces, el constante bombardeo de atención lo hacían sentir vacío.

 La fama, que para otros era el sueño más deseado, para él era solo un recordatorio constante de lo aburrida que era la vida.

Nada lo sorprendía.

Nada lo emocionaba.

Todo se repetía, siendo un ciclo sin fin que lo arrastraba día tras día. Al principio, las sonrisas y los halagos lo habían entretenido, pronto empezaron a sentirse monótonas y vacías llegando a convertirse en una especie de ruido blanco o de fondo siempre presentes que carencian de significado. Las mismas caras, las mismas palabras de admiración. Todo era tan... predecible. En el fondo Iván odiaba la vida que le había tocado vivir. La comodidad de ser idolatrado, el constante reconocimiento que ya no le decía nada. No había desafíos, no había sorpresas... una y otra vez todo se rebobinaba

Entre todas esas personas una logró romper esa monotonía insoportable: Till.

Cada vez que pensaba en él, sentía emociones que lo impulsaban a ser diferente. Till, con sus inseguridades, su torpeza y sus fracasos constantes, era todo lo que Iván no. Y, por alguna razón, se sentía fascinado en esa personalidad tan única y diferente a las que conocía. En ese hombre encontraba la chispa que la vida le negó. Había algo en la forma en que Till luchaba contra el mundo, contra sí mismo, que le resultaba ¿encantador? Él se esforzaba, a veces demasiado, y fracasaba más veces de las que acertaba y esa lucha era lo que lo hacía interesante, impredecible. Lo que lo hacía real.

Ivan nunca se lo diría que hasta se sentía celoso de su torpeza, de los fracasos que tuvo y también de esa fuerza de voluntad para correr siempre adelante y nunca detenerse. Mientras él se ahogaba en su éxito vacío, Till seguía luchando por encontrar su lugar en el mundo y eso despertaba algo en el pelinegro que lo hacía observarlo constantemente, un acosador a la distancia.

Cada vez que lo veía, sentía una mezcla extraña de deseo y querer protegerlo. No era solo físico, aunque había algo en la forma en que Till lo miraba, entre la inseguridad y sus expresiones desafiantes, que despertaba una necesidad en Ivan. Era más profundo que eso. Till le hacía sentir algo que hacía mucho había dejado de sentir: vivo.

Sabía que su actitud hacia Till era contradictoria. Lo molestaba, lo desafiaba, lo empujaba hasta el límite. A veces lo hacía porque le resultaba divertido, porque le gustaba verlo enfurecido, ese brillo en sus ojos que solo salía cuando estaba cerca de Iván. Otras veces lo hacía porque no sabía cómo manejar lo que sentía. No sabía cómo acercarse a él sin que se viera débil, sin que pareciera que el gran Iván, el intocable, el inalcanzable, se preocupaba por alguien más.

Amar a Till era lo único que lo hacía sentir que su vida no era completamente inútil. Claro que no lo reconocería ni ante sí mismo. En lugar de eso, seguiría como siempre, jugando su propio rol, siendo el ídolo perfecto, el centro de atención. Aunque odiaba su vida, no sabía cómo escapar de ello.

—Él es Till —lo presentó la mayor del grupo, abrazándolo por el hombro con rudeza—. Tiene la edad de Cheng.

El de cabellos cenizas la apartó con un pequeño empujón, estaba con las mejillas ardiendo de vergüenza. Mizi estaba allí, la podía conocer, hablar con ella y decirle que la conocía, la había visto cantar desde mucho antes de Faery.

—Un gusto —gruñó con una voz más dura de lo que pretendía.
—No puede sacar fotos de él, Lu Guang —el chino de cabellos negros abrazó al albino fingiendo mucha pena—. Esa secuencia de la guitarra rompiéndose hubiera sido genial.

Till lo observó con asco, recordando que había estado cerca de Mizi.

—Fue algo rara la presentación —la otra de cabellos cortos negros y ascendencia china se aproximó a él—. Qiao Ling. Tengo la misma edad que Miu, veintidós años
—Un gusto —sonrió tímidamente, rascándose la nuca.
—Ellos son Lu Guang —Ling señaló al albino y después a Cheng que seguía abrazado a él—. Cheng Xiaoshi.
—Mi hermanita menor Yoon Haemiu —Hyuna la empujó para quedara frente al coreano—, le puedes decir Miu.
—Miu —soltó, con las mejillas ardiendo y un ligero temblor al extender la mano para saludarla. Su palma se sintió caliente al tocar la de ella, y por un momento, el bullicio que lo rodeaba se desvaneció.

Miu titubeó, sonrojándose al quedar frente a Till. La presión de todos esos ojos sobre ella parecía ser abrumadora, con una mirada nerviosa que  le pareció a Till adorable.

—¡H-hola! —respondió Miu, su voz casi un susurro. La timidez en ella era muchísima, su rostro rápidamente se volvió un tomate lo que hizo que él sintiera una extraña calidez en su corazón.

A medida que hablaban, Till notó cómo la dinámica del grupo comenzaba a relajarse; todos parecían alegres y amables, el aire pesado de antes se disipo. El miedo sobre llegar a espantar a Miu por su presentación punk se apagó y pudo hablar de algunas cosas con ella. Risas suaves llenaban el aire, y por un momento, sintió que las tensiones que había estado cargando se aliviaban un poco: Ling compartió anécdotas divertidas de sus días con sus amigos, y Cheng, siempre el payaso del grupo, no tardó en imitar a uno de los bailarines que había tenido una caída épica en el último espectáculo.

—¡No puedo creer que haya hecho eso! —exclamó Hyuna, riéndose a carcajadas. El sonido era contagioso, y Till se encontró sonriendo involuntariamente.
—Perdí el control del monopatín porque me distraje —la pelirrosa frunció sus labios y empezó a jugar nerviosa con los dedos—. Cheng solo se rió…
—Es que lo vi todo. TODO —señaló el pelinegro a la chica con una expresión tonta, intentando imitar el rostro que había puesto Miu en ese momento—. Te veías ridícula.
—Por eso te golpee, Cheng Xiaoshi —la hermana adoptiva le dio un golpe en la cabeza.
—¡AHHH, BASTA LING! —empezó a hacer un berrinche, frotando su propia cabeza mientras los demás se reían aún más. La risa era el tipo de sonido que hacía que Till se sintiera más ligero. Se dio cuenta de que estos momentos sencillos, llenos de bromas y complicidad, eran justo lo que necesitaba.

Miu, quien había estado un poco más tranquila todo ese tiempo, empezó a soltarse también; ver a Cheng actuando, siendo un niño caprichoso y a Ling golpeándolo hizo que su risa brotara sin esfuerzo, y hasta sus mejillas se sonrojaron por la diversión. Él no podía evitar mirarla, había algo en su risa que le iluminaba el rostro.

—Tal vez debas usar equipo de seguridad —sugirió Hyuna con una mueca divertida—. Imagínate lo ridículo que te verías—, y Till puede subirse a mi Toretto. ~
—No, gracias —respondió él, levantando las manos en señal de rendición—. Ya tengo suficiente con las actuaciones en el escenario; no necesito añadir más desastres a mi repertorio.
—Vamos, Till. ¡Es muy divertido! —Cheng se cruzó de brazos, con un gesto de desafío. Quería divertirse y hacer un nuevo amigo.
—Eso no suena muy convincente —respondió el mencionado, tratando de mantenerse serio. La verdad es que la idea de unirse a ellos en algo tan loco le intrigaba, aparte nunca se había subido a un monopatín eléctrico. Tal vez una pequeña locura no le haría daño.
—¿Y si hacemos un video? —propuso Hyuna de repente, y sus ojos brillaron con emoción—. Podemos grabarnos tonteando para promocionar nuestras redes sociales. Cheng, Ling y Lu Guang tienen un estudio fotográfico, estaría genial.

La propuesta quedó flotando en el aire mientras todos la contemplaban. Till sintió un cosquilleo de emoción: iba a poder ver de nuevo a Miu y la idea de grabar algo así le parecía emocionante. Se imaginó a sí mismo, balanceándose en un monopatín y haciendo trucos ridículos, y se dio cuenta de que podría ser entretenido.

—Prefiero una patineta —carraspeó recordando que nunca había usado algo así.
—Eso suena… algo peligroso —sonriendo haló Cheng, dándose cuenta de que su corazón latía más rápido—. Estoy dentro.  Lu Guang también, por supuesto.
—¡Sí! ¡Es una gran idea! —exclamó Qiao Ling, con mucho entusiasmo, amaba los deportes extremos—. Tengo patines en mi casa.
 —… —el albino los miró estaban hablando de estupideces y antes de poder decir algo Cheng se lazó sobre él para convencerlo.

Estaba claro que todos se sentían cómodos con el pequeño grupo que se había formado y listos para seguir divirtiéndose juntos.

Mientras el grupo continuaba bromeando y planificando su próxima aventura, Till se dio cuenta de que había pasado más tiempo con ellos en esa noche que con muchas otras personas en meses.

De repente, Cheng miró su reloj y se dio cuenta de que era tarde.

—Chicos, deberíamos irnos a comer algo —sugirió, la morena viendo la expresión de Cheng y que a su alrededor ya solo había gente del Staff—. Hay un lugar de comida rápida a un par de calles de aquí. ¿Qué les parece?

Los demás asintieron con entusiasmo, y así se separaron de la barra en la que estaban bebiendo y bromeando, listos para continuar la noche. Caminaron juntos por las calles iluminadas de Roppongi, el aire fresco de la noche les acariciaba la piel mientras las risas continuaban fluyendo.

Till se sintió algo incómodo, aunque se esforzó por ocultarlo. Estaba caminando al lado de Miu, quien a menudo parecía perdida en sus pensamientos, sonriendo casualmente cuándo sus amigos lo animaban. Él sentía la tristeza en su mirada que le rompía el corazón pese de su naturaleza distante, no podía evitar que un torbellino de emociones se agolpara en su pecho; siempre había sentido algo especial por ella que no se atrevía a admitir.

Cheng, Ling y Hyuna se divertían hablando y payaseando entre ellos, molestando a Lu Guang.

—La locura es nuestra especialidad —afirmó Hyuna guiñando un ojo, con entusiasmo contagioso.
—No hay forma de que se aburran con esta anciana —añadió Cheng elevando las comisuras de sus labios—, aparte se conoce todos los sitios más alocados de Tokio.
—Así los conocí a ustedes, en la estación de Shibuya, peleando frente a Hachiko —comenzó a mofarse Hyuna recordando ese día, Cheng estaba siendo golpeado por Qiao Ling mientras hablaban en chino.
—Ella me sigue tratando como un niño, al igual que ese día —el pelinegro señaló a su media hermana.

A medida que se acercaban al restaurante, pudieron ver que estaba lleno de gente joven fuera, con una música suave. Era un típico sitio de comida rápida, con asalariados y adolescentes reunidos.

Al llegar al restaurante fueron recibidos por el aroma de las papas fritas recién hechas y las hamburguesas. El lugar era grande, con mesas de plástico y sillas coloridas que parecían poco cómodas y las luces brillantes iluminaban todo el decorado del sitio.

Haemiu y Lu Guang fueron hacia una mesa grande frente a los ventanales y el resto pasó directo hacia el mostrador, dónde un gran menú iluminado mostraba las opciones de hamburguesas, nuggets de pollo y postres.

—Pediré una doble cuarto de libra con queso, extra bacon y salsa especial —Hyuna apoyó los codos en el mostrador y extendió las manos con entusiasmo—, papas fritas grandes y aros de cebolla.
—Uhm —la pelinegra leyó el menú, no tenía tanta hambre—. Tomaré el McFlurry pequeño con galletas Oreo.
—Un Big Mac doble, con queso extra y papas grandes también —repasó con la vista e menú Cheng—. Para Lu Guang una Big con McNuggets y salsa BBQ.
—Ah verdad —la morena se giró hacia Miu pensando en lo que ella querría comer o tomar—. Para Miu frappé de chocolate y un muffin de arándono.

Till dejó pasar un momento, realmente hacía tiempo que no visitaba un lugar así.

El sonido de las máquinas de refrescos y las risas de otros clientes llenaban el aire, mientras los empleados, con sus uniformes rojos y amarillos, se movían rápidamente detrás del mostrador.

—Cuarto de libra con queso, papas fritas grandes y McNuggets —pidió el último de ellos. después de haber observado lo que había elegido el grupo. Tenía un hambre voraz después de haber subido al escenario y destrozar su preciada Fender Stratocaster blanca.

Una vez que hicieron sus pedidos se dirigieron a la mesa donde Haemiu y Lu Guang ya estaban sentados. La conversación fluía con naturalidad entre todos, mientras Till se sentaba cerca de Miu, sintiendo una mezcla de nerviosismo y emoción. A veces desviando su vista hacia ella, esperando captar algo de ella.

—전화번호를 교환할 수 있나요? —finalmente habló con mucha vergüenza el chico, revelando que era coreano. Hyuna se reía a tope con lo que le estaba pidiendo a Miu, pues era muy claro con sus intenciones.

Los ojos dorados de la pelirrosa se abrieron como platos al oír el idioma de Til y también por su petición.  Asintió mientras la sangre se agolpaba en sus mejillas pálidas y sacó el móvil, intercambiando números rápidamente.

—바보 같은! —les gritó la mayor del grupo, aun soltando risas.

Los tres chinos se miraron sorprendidos, esperaban que Till fuera británico o algo así. La atmósfera se sentía ligera y divertida, y aunque Till era consciente de que su corazón latía con fuerza por Miu, decidió disfrutar el momento y dejarse llevar por la alegría del grupo.

—¿Qué tal si vamos al Time Photo Studio? —propuso Cheng mientras terminaban de comer. —Ya es hora de dormir un rato.
—¡Eso suena genial! Habin quiere que empiece a dar clases de canto en el Húngaro Ganessa —exclamó Hyuna con pesadez—. Desde Chinatown es más cercano ir.

Los seis decidieron ir al estudio de fotos de Cheng para continuar con la pequeña velada y poder estar a gusto allí, el lugar quedaba cerca del centro de Shibuya por lo que había muchas formas de irse de allí temprano. 
« Last Edit: October 14, 2024, 08:10:14 PM by Miyu »


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Mimi Tachikawa

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1016: September 30, 2024, 09:58:35 PM »
Hoi hoi vengo con fic expres porque ando enferma ;_;

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El sol brillaba con fuerza en la pequeña ciudad de Tokio, donde la primavera había comenzado a florecer. Las flores de cerezo estaban en plena floración, y el aire estaba impregnado de un dulce aroma que prometía nuevos comienzos. En una acogedora casa de dos pisos, Belldandy, una mujer de belleza serena y corazón generoso, se encontraba en la cocina, preparando un té de hierbas. Su barriguita, que ya mostraba los signos de su embarazo, se movía suavemente mientras se movía de un lado a otro.

A su lado, su hija mayor, Mayura, estaba con una energía contagiosa y una sonrisa brillante, estaba inmersa en la planificación de la boda de su madre. La boda estaba programada para dentro de dos semanas, y Mayura estaba decidida a hacer de este día un momento inolvidable para Belldandy.

“¡Mamá! ¿Te gustaría que el tema de la boda fuera de flores de cerezo? Creo que sería perfecto para esta época del año”, sugirió Mayura, mientras hojeaba una revista de bodas llena de ideas brillantes.

Belldandy sonrió, sintiendo una oleada de amor por su hija. “Me encanta la idea, Mayura. Las flores de cerezo son hermosas y simbolizan nuevos comienzos, justo como este momento en nuestras vidas”.

“¡Genial! Entonces, ¿qué te parece si hacemos una lista de las cosas que necesitamos?” Mayura se sentó en la mesa, sacando un cuaderno y un bolígrafo. “Primero, necesitamos un lugar para la ceremonia. ¿Qué tal el parque cerca de casa? Es perfecto para una boda al aire libre”.

“Sí, el parque sería ideal. Además, hay un hermoso árbol de cerezo allí”, respondió Belldandy, sintiendo que la emoción comenzaba a burbujear en su interior.

Mientras las dos discutían los detalles, Mayura se dio cuenta de que había algo más que debía considerar. “Mamá, ¿quieres que invitemos a mucha gente o prefieres algo más íntimo?”

“Creo que una ceremonia pequeña sería perfecta. Solo nuestros amigos más cercanos y familiares. Quiero que sea un momento especial, lleno de amor y calidez”, dijo Belldandy, acariciando su vientre con ternura.

“¡Entendido! Entonces haré una lista de invitados”, dijo Mayura, escribiendo rápidamente los nombres de las personas más cercanas a su madre. “Y también necesitamos un vestido de novia. ¿Tienes algo en mente?”

Belldandy se sonrojó un poco. “No he pensado mucho en eso. Con el embarazo, he estado más enfocada en lo que viene que en lo que llevo puesto”.

“¡No te preocupes! ¡Vamos a encontrar el vestido perfecto para ti!” exclamó Mayura, llena de entusiasmo. “Podemos ir a la tienda de vestidos de novia este fin de semana. Te prometo que será divertido”.

Los días pasaron rápidamente mientras madre e hija se sumergían en los preparativos. Mayura se encargó de cada detalle: desde la decoración hasta la música, asegurándose de que todo estuviera en su lugar. Belldandy, aunque un poco cansada, disfrutaba cada momento, sintiendo la alegría y el amor que emanaba de su hija.

El fin de semana llegó, y las dos se dirigieron a la tienda de vestidos de novia. Mayura estaba emocionada, mientras que Belldandy sentía un ligero nerviosismo. “¿Y si no encuentro algo que me guste?” preguntó, mirando los hermosos vestidos colgados en las perchas.

"Verás que hay algo hermoso que te gustará". Mayura sonrio ampliamente. "Además a Gaku-san le encantará cualquier vestido que te pongas"

"Es cierto". Belldandy sonrió ampliamente. "buscaré algo que sea muy simple y lindo"
“Yo mientras tanto ando buscando algún vestido bonito que le encante a Otoya-kun”. Mayura sonrio ampliamente. “Afortunadamente podrá venir el día de la boda, así que estaremos los dos juntos en el día mas importante de tu vida mamá” . Mayura hablo emocionadamente.

“Luego ya tengo planeado todo el buffet y las presentaciones, porque será algo pequeño pero será algo inolvidable”.Habló la rubia con mucha emoción.” Así que no habrá un no por respuesta y todo se hará según mis planes”
“Bueno con tal que no se salga del presupuesto todo bien”.Hablo belldandy con una gota en la cabeza.

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Tsubasa seguía en sus conflictos con su carrera de solista y su deber de Hime de pequeña, había encontrado en las notas y melodías un refugio, un lugar donde podía ser ella misma. Sin embargo, a pesar de su amor por el canto, había una sombra que la seguía:el deber de ser una Hime. Tsubasa había asumido la misión de ayudar a quienes la rodeaban. Pero esa carga a menudo la hacía dudar de su propio camino.

Una tarde, mientras ensayaba en su habitación, Tsubasa se miró en el espejo. Su reflejo mostraba a una joven seria, con una mirada decidida pero también llena de incertidumbre. “¿Qué pasaría si no puedo lograr proteger a todos?” se preguntó, dejando caer en la cama. La idea de presentarse en un concierto en vivo la emocionaba, pero también la aterraba. ¿Podía realmente concentrarse en su música mientras sentía el peso de las emociones ajenas?

Decidida a aclarar sus pensamientos, Tsubasa salió a caminar por el parque cercano. El aire fresco le dio un respiro, y mientras paseaba, observó a las personas a su alrededor. Una madre sonreía a su hijo, un anciano leía un libro en un banco, y un grupo de jóvenes reía y disfrutaba de la tarde. Sin embargo, también sintió la tristeza de una mujer sentada sola, con la mirada perdida. Esa conexión emocional la hizo detenerse. “¿Cómo puedo ser artista y seguir protegiendo a los demás?” pensó, sintiendo que su misión la alejaba de su sueño.

Esa noche, Tsubasa se sentó en su escritorio, rodeada de partituras y letras de canciones. Con cada acorde que tocaba, se preguntaba si su música podría ser una forma de ayudar a los demás. “Tal vez, si canto sobre lo que siento, pueda tocar los corazones de las personas”, reflexionó. La idea comenzó a tomar forma en su mente: su música podría ser un refugio, un lugar donde otros pudieran encontrar consuelo.


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« Last Edit: September 30, 2024, 10:12:10 PM by Mimi Tachikawa »


Cho


Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

Sayi :: 0 palabras
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Eureka :: 0 palabras
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Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Cho

Vengo con otra partecita, poco a poco...

115.3.





Pese a que el evento iba a durar unas horas más, había una decente cantidad de personas a las afueras de la entrada del centro de convenciones, entre los trabajadores y algunos invitados que andaban llegando tarde. Por ser de noche, fuera del área iluminada de esa entrada y en los alrededores inmediatos del enorme edificio, el resto de esa zona se encontraba mayormente en penumbras.

A poca distancia y antes de darle el alcance a las luces artificiales, una joven todavía en edad de estar en secundaria corría apresurada y bastante cansada con tal de llegar a su destino. Sin embargo, al estar a punto de dar la última vuelta de la esquina antes del luminoso camino, vio su reflejo en un edificio apagado con lunas de espejos, y tuvo que frenar al seco.

De inmediato deshizo sus dos abundantes y largas colas que partían su largo cabello negro e improvisó un cepillo con sus dedos para arreglarse la desordenada cabellera.

“Uhh… me pareció que me había alborotado la cabeza más de lo usual…” se lamentó en lo que terminaba de arreglarse con apuro. No se le notaba conforme, pero tampoco iba a quedarse mortificándose por su no tan puntual o presentable llegada. Volvió a atarse sus cabellos y se dio una mirada más en la luna frente a sí. Seguramente la falta de luz no le dejaba percatarse de alguna otra imperfección, pero sí estaba mucho mejor que antes. “Bien,” dijo con decisión, o quizás más a manera de alentarse a sí misma.

Pese a ello, no continuó con su corrida. Más bien, dentro de ese angosto, secundario y oscuro camino al aire libre, miró de un lado a otro como quien buscara algo que se le había perdido. No había ninguna otra persona a parte de ella misma… motivo por el cual supuso que lo encontraría.



“Pareces buscar a alguien…” meditó una voz tranquila y etérea que ya conocía muy bien.
“¡Jin!” ella se giró para ver a un chico de cabellos y ropas blancas, quien tenía unos ojos celestes nublados, como si no pudiera ver por ellos. No pensó dos veces en su tan repentina aparición y corrió los tres metros de distancia para darle un abrazo. “¡Sabía que estabas aquí!”
“…estuve en lo correcto, ya veo…” a pesar de ese brusco acto afectuoso, el peliblanco se mantuvo inmutado y pacientemente esperó a que la otra la soltara. Se le dirigió como si efectivamente pudiera verla, aunque sin perder su extraña distancia por su apariencia.
“¡Dime! ¡¿Quieres venir conmigo?! Ando muy tarde, pero me sentiría mejor si me acompañas.”
“…” el otro negó. “Ese evento al que vas es con invitación, Dash. Yo no poseo una.”
“Pero…”
“Sólo pasaba por aquí,” le concedió una leve sonrisa. “Vine a desearte buena suerte.”
“Eh, ¡gracias!” ella asintió efusivamente, y pasó a dar un suspiro. “Pero siento que quizás estoy haciendo algo mal,” bajó su mirada. “Estaba a punto de salir y Rita me lanzó cuatro tareas del hogar que no tenía que hacer hoy y cuando las hice en tiempo récord me alborotó tanto la cabeza. Pensé que se me iba a zafar del cuello.”
“…” se vio mínimamente intrigado. “¿Piensas que quiso sabotear tu salida?”
“Ehh… ¿está mal que piense eso? ¡P-pero ella siempre vela por mí, si hizo algo como eso es porque tendrá algún buen motivo!” dijo a manera de intentar convencerse, pero volvió a verse insegura y apenada. “Aunque quisiera que me diga cuando se pone a actuar así. No siempre entiendo por qué hace las cosas…”
“…” su oyente se mantuvo inmutado, con su tranquila sonrisa.
“¡Pero no puedo cuestionarme si ya estoy aquí! ¡Tengo que concentrarme en este evento tan importante! ¡Ojalá sí pueda desempeñarme bien en las competencias y me acepten como estudiante en Hanasaki!” asintió un par de veces y volvió a dirigirse a su acompañante. “¿En serio no hay nada que pueda hacer para que me acompañes? ¿Ni siquiera a la entrada? Evades tanto a la gente que me preocupo mucho por ti.”
“Estoy bien, Dash. Por favor, sigue con tu camino,” dijo tranquilamente. “Sabes bien que no me gusta lidiar con mucha gente a la vez.”
“Y aun así, parece que puedo encontrarte cada vez que te busco, me parece que en verdad sí quisieras hablar con otros…”



“¡Ah, ahí estás!” exclamó una chica rubia, quien llegó corriendo junto a un chico que se parecía mucho a ella.
“¡Dash!” exclamó este.
“¡Oh! ¡Rin, Len!” Dash agitó su mano hacia ellos. “¡¿No deberían estar adentro?!”
“¡Eso es justo lo que iba a preguntarte!” Rin sonrió gatunamente y llevó sus manos a las caderas. “¿Acaso no estabas esperando esta noche con tantos ánimos? ¡Es tu oportunidad de unírtenos como estudiante de Hanasaki!”
“S-sí, verdad, perdón por estar tarde, ha sido una tarde accidentada para mí…” desvió su mirada.
“¿Accidentada? ¿Estás bien?” preguntó Len, perplejo.
“Es… una larga historia, ¡pero sí estoy bien, gracias por preguntar!” sonrió incómoda. “Justo le explicaba a Jin que Rita me dio muchas cosas por hacer a último minuto, así que temí por un instante que no iba a llegar.”

Ante la mención del otro, los gemelos se sorprendieron un poco, intercambiaron miradas, y terminaron por dirigirse al peliblanco casi al unísono.

“Oh, ¿estabas aquí?” preguntó Rin, alzando una ceja con un curioso escepticismo.
“Perdón por no notarte antes, eres casi como un fantasma…” dijo Len, con torpeza.
“…” Jin rió por lo bajo un momento, y se mantuvo tan sosegado como siempre. “No tienen que disculparse, lo entiendo perfectamente. ¿Cómo están esta noche?”
“Eh…” Rin se puso a pensar un instante, como si no supiera qué responder.
“¡Sí, justo eso! Deberían estar adentro en este evento tan importante. ¿Están bien? ¿También han tenido un contratiempo?” preguntó Dash.
“Oh, eh, pues no realmente,” Rin se encogió de hombros y sonrió indistinta. “Sólo que la directora se puso a dar in discurso y Len y yo nos aburrimos y quisimos buscarte.”
“¡¿Eh?! ¡¿Ya dio un discurso?! ¡¿Tan tarde estoy?!” la pobre se mortificó.
“No te preocupes, Dash, vimos que era apenas una formalidad, sólo fue para dar la bienvenida a los asistentes, ello recién marcó el inicio de esta noche,” le aseguró Len, con una sonrisa. “Si entramos, podemos buscar la información referente a tus competencias y actividades. Imagino que todos andan haciendo eso ahora mismo.”
“Y aparte de esas cosas serias, he oído que va a haber un delicioso servicio de catering. Ya que has llegado corriendo luego de tus deberes seguro que tendrás hambre, ¿no?” preguntó Rin.
“¡Ah, el catering suena genial!” los ojos de Dash brillaron. “¡Me recuerda a una vez en que trabajé como parte del catering, y qué tentación de devorarme una bandeja entera!”
“Haha, lo puedo imaginar,” Len rió un poco.
“¡Entonces vamos, vamos!” Rin empezó a empujar a Dash. “¡No te quedes con las ganas!”
“P-pero Jin…” Dash se giró, aunque el peliblanco ya no estaba presente. “Eh…”

Los gemelos volvieron a intercambiar miradas curiosas y perdidas.

“Entonces… ¿ya se fue?” preguntó Len, pensativo.
“¿Cómo se fue tan rápido? Debería haberme dado cuenta…” Dash se desanimó.
“Hm… es un poco caprichoso, ¿no lo crees?” Rin se frustró.
“Eh, creo que sólo es un poco tímido, Rin…” la pelinegra sonrió apenada y dio un suspiro. “Pero al igual que Rita, quisiera que se explique un poco conmigo…”
“Lástima que apenas estuvo un instante esta vez, ni llegamos a contestarle…” observó Len.
“Eh, no importa, lo volveremos a ver, supongo,” Rin decidió cambiar de tema y abrazó uno de los brazos de Dash. “Ahora no te distraigas. ¡Ya casi llegas a la meta!”

Rin no esperó un consentimiento o reacción de Dash y la jaló consigo hacia el centro de convenciones. Len se sorprendió y pretendió seguirles, aunque primero dio un último vistazo a ese desolado camino oscuro. Este continuaba tan vacío como todo el rato, pero entendía que ahora ya no había una persona escondida en medio de las tinieblas.

Dio un pesado suspiro y fue tras las dos chicas.


“Listo…” uno de los camareros terminó de ayudar a poner unas pizarras y otros instructivos en uno de los puestos de información relacionados al evento. “¿Necesitan algo más?”
“No, muchas gracias por su ayuda, sentimos incomodarle con esto,” le agradeció una maestra.
“Nos tardamos en comenzar con los preparativos, es una pena que no hayamos terminado antes que llegaran todos,” se lamentó otra señora, quien ponía en orden la mesa de recepción.
“Por eso valoramos mucho el apoyo,” agregó un estudiante voluntario, en plena faena de repartir volantes a interesados.
“Ha sido un placer, con permiso,” ese camarero asintió y procedió a irse. Se acercó a una mesa con mantel vacía, y se confundió ya que su fuente había desaparecido. “¿Eh? ¿Alguien se lo habrá llevado…?” divagó perdido.
“Oye, ¿estás libre?” le llamó uno de sus compañeros de trabajo. “Ven que hay más que repartir.”
“¡Eh, s-sí!” se despertó y le siguió. “¿De casualidad has visto una bandeja que estaba aquí…?”

El otro muchacho se confundió, pero pasó a negar y restarle importancia. Asumió que seguramente alguien más del equipo de catering lo habría recogido y así el par regresó a la cocina…

Con ellos fuera del ambiente, Hannya llegó donde dicha mesa y esperó un instante hasta que un grupo de personas terminara de pasar cerca, para alzar el mantel y descubrir a la persona que se escondía debajo del mismo.

“¡IIHHH!” Shion se asustó y agarró su cabeza con ambas manos, como si temiera que le fueran a dar un zape. Frente a ella estaba la desaparecida bandeja con la mitad de los bocadillos ya consumidos.
“Si tanta hambre tenías puedes ir pidiendo un bocadillo a cada mozo en vez de aprovechar el descuido de un despistado,” Hannya se encogió de hombros. “Hasta alguien con tu voraz hambre se saciaría con todo lo que nos ofrecen.”
“¡N-no puedo, t-todavía no me acostumbro!” ella susurró aterrada y se paralizó al notar que un estudiante a distancia la miraba como bicho raro por andar escondiéndose. “¡Ihh, no me descubras así, por favor!”
“No tienes remedio, Shion-chan…” rodó los ojos y decidió que la acompañaría debajo del mantel, por lo cual también pasó a esconderse. Hannya se tomó la libertad de agarrar uno de los muchos bocadillos restantes. “Tú ni fuiste obligada de estar aquí. Si sólo te vas a esconder entre las mesas, ¿por qué no mejor te vas?”
“Eh, pues…” Shion se avergonzó y desvió su mirada. “Sé que el doctor te ha obligado a asistir… me sentí mal de dejar que vinieras solo, así que pensé en acompañarte.”
“¿Eh?” el rubio alzó una ceja sin verse convencido. Este esperó a que la peliazul tomara un nuevo bocadillo y se lo arrancó.
“¡Ihh!”
“Qué buena mentira, totalmente me di cuenta cuando el peliblanco espantapájaros nos dijo que habría catering y tu boca se hizo agua. No me uses de pretextos, ¿de acuerdo?”
“Ehh, p-pero yo…”
“La más mínima empatía que puedes sentir por mí no se compara en nada con saciar tu hambre,” sonrió traviesamente. “¿O acaso me equivoco?”
“Eh…” Shion tuvo que apretar su estómago que muy oportunamente rugió con fuerza. Ella frunció el ceño. “…si crees eso, ¿por qué me preguntaste qué hacía aquí…?”
“¡Haha! Obviamente tengo la razón, ¿no?” le miró con superioridad. “Sólo me pregunto si es que satisfacer tu gula vale la tortura de estar rodeada de tanta gente que te aterra. Eres una Princess y como mínimo te darían todo lo que quisieras comer sin necesidad de aburridos eventos.”
“Es que… yo sé que debo reintegrarme al colegio muy pronto… tampoco ya no quiero ser tanta carga como lo he estado siendo hasta ahora…” dijo cabizbaja y sin energías. “Sobre todo te soy una carga a ti. Tú eres uno de los responsables por mí, Hannya…”
“Eh, no que tenga que preocuparme desde que el doctor te puso ese collarín que traes,” miró dicho objeto de reojo y con indiferencia.
“Y pues… ¿hay algo en lo que yo pueda ayudarte…? Con tu tarea, al menos…”
“Tch, no me lo recuerdes…” Hannya apretó los dientes con disgusto. “El doctor Toushirou se andará riendo de mí ahora.”
“…” Shion desvió su mirada en lo que continuó comiendo los bocadillos.
“¿Fue tan malo que haya usado mi habilidad en ese par de estudiantes Muggles de Hanasaki? Si esos mismos tanto querían escaparse de la labor de limpiar después de clases, y yo que necesitaba el ambiente sin moros en la costa para emboscar a mi HiME,” se indignó y miró a la chica en búsqueda de comprensión. “¿No tiene sentido que un Rebel haga eso para cumplir con su función? ¿Por qué me tienen que castigar?”
“…yo tampoco entiendo los límites que tenemos, pero no es algo que yo haría, Hannya,” comentó Shion, mirando al piso y con una voz reservada y sin energías. “…el doctor mencionó que tus influencias son tan fuertes que podrías causar que ese par termine perdiéndose en algo.”
“¿Ahh?” Hannya le miró desconociéndola. “Hazme el favor, sólo les removí su sentido del deber esa tarde. Si ese par de cualquieras se desentienden de sus responsabilidades para siempre lo culparía más a alguna parte podrida que ellos traen por dentro. Ese no es mi problema…”
“…” Shion se reservó, aunque su ceño fruncido denotaba disconformidad.
‘Si tanto desestimas la responsabilidad que otros tienen en su día a día, te corresponde integrarte a la sociedad para que aprendas a valorarlo…’ o algo así, sólo palabrerías para que yo también tenga que cumplir con clases y sacarme notas aprobatorias. ¿Acaso no existo únicamente para ser un Rebel? ¿Acaso no es lo que me va mejor? ¿No es el motivo por el cual el doctor Toushirou se interesó en mí en primer lugar? Qué asco…” miró a un costado con repugnancia. “¿Qué clase de reporte del evento se supone que debo entregarle al fin de todos estos días?”
“No creo que sea tan malo, Hannya…” dijo Shion, meditativa, y mirándole.
“¿Cómo demonios no lo es?” le reclamó.
“Puede que lo veamos diferente, pero ahora que estoy preparándome para ser una estudiante normal, me gusta pensar que tengo obligaciones y cosas por hacer que no me atan a Rizembool,” ella sonrió con humildad. “Y puede que sigan siendo tareas, pero… tal vez… es otro tipo de libertad, uno que no tenía hasta ahora.”
“¿Eh?” este entrecerró los ojos con escepticismo.
“Supongo no suena tan liberador… pero sí es algo distinto y… puede ser interesante…” miró a la bandeja en lo que conseguía otro bocadillo. “Lo siento si no te parece igual…”
“Pues no, para nada…” dijo, aunque ya olvidándose del fastidio. Lo tomó como las palabras sonsas e inocentes de una niña. “Cada vez me recuerdas que eres una buenita, Shion-chan. Obviamente pensamos diferente.”
“Sí, supongo…” ella se abrazó las piernas y desvió su mirada.
“¿Y te vas a quedar aquí? Hay un rincón del estadio donde hay más gente de Rizembool, en caso te sientas más cómoda ahí,” la vio estremecerse. “Ni con ellos, ¿ah? Oh, verdad que hasta hay una guardería. Pareces casi una niña por sentarte de esa manera así que encajarías bien.”
“¡N-no, ¿estás loco?!” ella se espantó. “¡¿Y qué tal si ocasiono un desastre?! ¡Definitivamente no quiero lastimar a ningún niño!”
“Si temes por tu descontrol activándose intempestivamente, lo mismo es cierto en cualquier área de este lugar, hasta debajo de esta mesa,” dijo indiferente.
“¡P-por favor no digas eso!” volvió a cubrirse la cabeza con sus manos.
“Heh, ¡bromeo obviamente! ¿Tan en serio me tomas?” sonrió con maldad. “Estamos en la tierra de las amazonas hormonales. Cada una de esas niñas HiMEs son igual de potencialmente peligrosas que nosotros, pero nadie anda anticipándose a que algo malo ocurra, así que tú tranquila. No vale la pena ni pensarlo hasta que ese momento llegue.”
“…” Shion dejó de cubrirse la cabeza. Ella miró a sus manos, luego al piso que le rodeaba, hasta palpó su permanente hambriento estómago para sentirlo ligeramente satisfecho. A diferencia de muchos otros instantes durante su encierro, no había ninguna señal de un posible descontrol.
“No creo que el doctor te hubiera dejado venir si existiera la posibilidad de que fueras a perder el control, obviamente,” Hannya rodó los ojos. “Si hay algo para lo que Rizembool es mejor que para hacer su guerra clandestina es esconderla de las masas y Hanasaki es cómplice en lo mismo, y si nosotros estamos entre tanta muchedumbre es porque nos toca jugar la misma charada de paz. Ahora deja de esconderte y ve por más bocadillos. Ya me estoy aburriendo de estos.”
“Entonces…” ella le miró con un rostro vacío y atento. “¿Puedo comerme el resto?”
“¿En serio? ¿Eso es lo único que te importa? Vaya palabreo que me has hecho desperdiciar,” se indignó.
“Ehh…” se inquietó.
“Sí, anda, trágatelos, mejor que alguien se los acabe,” dijo sacudiendo su mano como si le indicara al perro que eran suyos. Shion hizo precisamente eso. En fin, le haya escuchado o no, esa chica que vivía en un constante estado de nervios e histeria pudo olvidarse de su manojo de temores ante la presencia de tan buena comida.

Hannya decidió esperarla para así forzarle a salir de ese escondite. En verdad era una velada aburrida y nada afín a su persona, pero estaba resignado a jugar ese rol por esa noche. No podía negar que sí le debía varios favores al doctor Toushirou así que sería paciente con sus caprichos de momento.

Sólo era una lástima que no pudiera unirse a los agentes de Rizembool que sí estaban posicionados fuera del recinto en caso alguna revoltosa de Hanasaki se atreviera a aguar la supuesta tregua de esa noche.

...


Eureka

Feliz Halloween, chicas~






“Eureka-chan, ¡es obvio que no estás bien!”

Oikawa sonaba muy indignado.

Y aunque quisiera, Eureka no podía culparlo.

“…” La HiME volvió a suspirar: parecía que estaba destinada a decirle la verdad. Las excusas se le habían acabado y ya no tenía escapatoria. Debía resignarse.

Pero en un chispazo de iluminación, sus neuronas conectaron y le otorgaron una última salida: Kokichi.

“La verdad, no.” Eureka observó a los transeúntes que pasaban cerca de ellos con una mirada llena de preocupación. El sentimiento, en parte, no era mentira: sí estaba preocupada por todo el asunto del fin de semana… y también por la extraña disposición de su rebel a cooperar con ella.

Aun así, no podía contarle acerca de la verdadera naturaleza de su ansiedad: no quería distraerlo de sus obligaciones con el club y el campeonato que cada vez estaba más cerca.

“Es… Kokichi. Sé que está feliz por arruinarnos la vida en nuestros clubs, pero… me sorprende un poco que no se le haya ocurrido algo más grandioso y terrible para jugar con nosotros.”
“Como… ¿un ataque?” Sugirió Oikawa, pensativo.
“¡Exacto! El ciclo pasado voló en pedazos parte de tu gimnasio… ¿Qué lo detiene de hacer algo similar en este semestre? Es extraño que llevemos más de un mes sin sufrir por su culpa.”
“¿Y eso te preocupa?”
“…Sí.” Eureka asintió, derrotada. “No lo puedo negar. No quiero que salgas herido, más aún cuando se acerca el campeonato. Sé que te has estado preparando desde el inicio de este año y falta sólo un mes y medio.”
“Tranquila. Ya te dije que yo me las arreglo.” Oikawa le sonrió. “No puedo dejarte a tu suerte. Sería injusto, ¿no crees? No sólo soy tu amigo. ¡También soy tu key!”
“…” Le costaba escucharlo sin sentirse un poco afectada por el peso de aquellas palabras. “Lo sé. Pero me sentiría muy mal si llegara a pasarte algo.”
“¿No vamos a entrenar con Gojo-sensei? Estoy seguro de que mejoraremos un montón gracias a él. Puede que sea medio pesado, pero el reto que me planteó en el campamento fue mucho más provechoso de lo que imaginé. ¡Y viste la espada que saqué gracias a eso!”
“Eso me deja más tranquila.” Eureka le sonrió. “Hiciste un buen trabajo.”
“…¿No te estás burlando?” Oikawa le arqueó una ceja, extrañado.
“¡Lo digo en serio! Sé que te esforzaste un montón. Aún… me siento culpable por no haberte dicho nada sobre el campamento.”
“Bueno, no hay problema. Ya pasó y todo bien.” Oikawa le sonrió. “Aunque Mona-chan y tú no deberían flojear tanto. ¿Qué hicieron todo el fin de semana aparte de embutirse comida en el buffet?”
“…Ver Tiktoks.” Eureka soltó un par de risitas nerviosas. “Esa red social es un agujero negro. Te chupa el tiempo y las energías.”
“¿Tú crees que si le hacemos una cuenta de Tiktok al equipo, llamaríamos la atención?”
“¿Por qué?”
“Aún tenemos que vender polos y mercancía… No he saldado mi deuda con Kokichi-chan.”
“¿Quién te manda a hacer tratos con el diablo?”

Eureka quiso zamaquearse a sí misma luego de decirlo. ¡Tenía absoluta razón! ¡Nadie debería intentar conciliar con el enemigo, y ella no era la excepción!

Wow, a veces se pasaba de estúpida.

“¡Estaba desesperado! Y al final, sí nos ayudó. Pero bueno… ¡No me has dicho qué opinas!”
“Sería… curioso. Podríamos intentarlo. Pero no pienso encargarme de la cuenta.”
“¡Ay, vamos! ¿A quién le voy a pedir el favor? ¿A Toga-chan?”
“Podría mantenerla distraíd… ¡Claro que no! Bueno, no sé. Tal vez estaría dispuesta a hacerlo. Y si la superviso, saldría todo bien.”
“¿Ves?” Oikawa infló el pecho, orgulloso de su idea. “¡Es perfecto!”
“Eso no quita que ande preocupada por ese gremlin morado.”
“Haha, ahora ya no eres su geme—” Oikawa se vio interrumpido por un chispazo de electricidad. “¡AAAY! ¡ERA UNA BROMA!”
“No me agradó en absoluto. En fin.” Eureka sacó su celular: ya estaba 20 minutos tarde. “Estoy tan tarde que ya ni sé si ir a clase.”
“¡Ay, no!” Oikawa se mostró un tanto preocupado al respecto. “¿Y si corres? ¿No eres hiperveloz ahora?”
“Es cierto. Pero me da vergüenza cruzar miradas con el profesor cuando entro al salón después de los 15 minutos de tolerancia. Prefiero que no me vea y se decepcione de mi ausencia… sin tener que enfrentarme a eso.”
“Me sorprende que seas tan aplicada para lo mucho que faltas a clases.”
“¡No es mi culpa! Todo este asunto de las HiMEs me ha arruinado la asistencia perfecta que solía tener.”
“¿Pero no fuiste HiME en tus primeros años de secundaria alta?”
“Sí. Aun así, ni bien retomé la normalidad, volví a asistir sin falta.”
“Ah, ya veo. Yo no soy tan aplicado, la verdad. Pero tampoco me gusta faltar.”
“Pese a que has tenido que hacerlo.”
“Sí. Aunque era divertido perderse clases por los campeonatos de vóley. Ah, estoy emocionado por el Incore~”
“Yo también. Nunca he asistido a un campeonato de esa magnitud.”
“¿En serio?”
“Es que no me interesaban los deportes hasta que te conocí. Y creo que ya te lo dije: la pasión que tú y tus amigos sienten por el vóley es muy contagiosa. Siento que formo parte de su equipo y que también lucharé por la copa.”
“Bueno, lo harás. Eres nuestra mánager.” Oikawa sonrió.
“Me gustaría hacer algo más que ordenar las toallas y llenar sus tomatodos, pero aprecio que me tomes en cuenta.” Eureka le devolvió la sonrisa.
“¡Nunca lo dudes!”

Las amplias sonrisas de los dos se transformaron en carcajadas cómplices en cuestión de segundos. Podía sonar cliché, pero Eureka apreciaba mucho la presencia de Oikawa en su vida. Sentía que era la perfecta antítesis de Lelouch, que siempre le reclamaba por meterse en problemas sin al menos intentar ayudarla de alguna manera.

Oikawa, aunque más pesado y egocéntrico, siempre estaba dispuesto a extenderle una mano. Sus palabras sonaban completamente genuinas justo porque siempre había demostrado que la apoyaría pase lo que pase.

¡Si hasta lo había hecho cuando era su rebel!

Era refrescante tener a alguien a su lado en quien podía confiar plenamente.

Y justo por eso… tenía que protegerlo.

Eureka abrió la boca con la intención de sugerir un nuevo plan para pasar la tarde en vista de que se ausentaría de sus clases… pero un destello de luz en frente de ambos la interrumpió. En medio del haz, yacía una figura alta y esbelta de cabellos largos y claros y… visible desnudez. Cuando la luz se disipó y al fin pudieron ver lo que tenían en frente de ellos, encontraron a un hombre de mirada tranquila que se desmayó cuando pisó el cemento debajo de él.




Oikawa corrió a agarrarlo antes de que se golpeara contra el pavimento, pero gritó al notar que estaba sin ropa.

“¡¿Q-QUIÉN ES…?!”
“¡NO TENGO IDEA!” gritó Eureka, igual de sorprendida que su amigo. “¡Lo importante ahora es cubrirlo!”
“¡Sí!”

Eureka se removió el saco para taparlo con este. Para su suerte, ese día había salido con una gabardina larga por culpa del frío que sentía ahora que se había cortado el pelo.

Al estar más cerca de él, la HiME notó que el hombre tenía un color de cabello similar al de ella… pero disipó cualquier pensamiento loco que cruzó por su mente al ver los mechones azules que se mezclaban con los blancos.

“Debe estar relacionado con la magia HiME, ¿no?” sugirió Oikawa, observando al extraño en sus brazos. “¡Ah! ¡No me digas que es tu nuevo key!”
“¡Claro que no, sonso!” Eureka se indignó ante aquel comentario. “¡En fin! ¡No importa! ¡Vamos a llevarlo a otra parte! La gente nos está mirando…”
“Pero no podemos entrar a tu universidad con una persona desmayada…”
“No. ¿Tienes algún amigo que viva cerca de Hanasaki o Rizembool?”
“¿Alguno que me acepte meter a su casa el cuerpo inerte de un extraño?” Oikawa la juzgó.
“…” Eureka suspiró. “Podríamos llevarlo a la mansión HiME, pero dudo que lo dejen entrar. ¡Y menos a ti! Por eso te pregunté si había alguien que podía ayudarnos.”
“Mm…” Oikawa suspiró. “No sé qué tan buena idea sea, pero…”
“¿Pero?”
“Podríamos pedirle ayuda a Gojo-sensei.”
“…”

Eureka quiso matarse ahí mismo.

“Lo llamaré. No queda de otra.”

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