edit: me comí una parte del cap lol
08 # Eyes lost in the dark, hands bound by time. Sus ojos dorados se perdieron por el camino que se hacía casi interminable, con el tiempo transcurriendo lento y el clima fresco de la mañana volviéndose cálido. Mordió el interior de la mejilla para obligarse a sí misma a centrarse, saboreando la sangre cobriza, si rompía el Toretto de Hyuna estaría en grandes problemas.
Intentó pensar en lo que haría a continuación, sin ganas de ir a la universidad y el querer estar sola la llevo a acelerar un poco más el monopatín eléctrico. Todo le parecía tan lejano y carente de importancia.
Frenó una vez vio la silueta de Cheng Xiaoshi agitando las manos con entusiasmo… le pareció un cachorro en busca de atención. Bajó un pie y detuvo el aparato eléctrico.
—Hey, te estuvimos buscando por todo el Chinatown —le recriminó instantáneamente, tomando el vehículo para que no pudiera huir—. Qiao Ling está preocupada.
—Soy una adulta —sin cambiar de expresión lo contempló un minuto, bajando la mirada instintivamente—. De cualquier forma, debo ir a la U hoy inicia el semestre.
El pelinegro de metro ochenta no le contestó. Empezó a caminar con el aparato a su lado, estaban en una zona comercial, por lo que la gente iba y venía con prisa, algunos a entrando y saliendo de tiendas y cafeterías para desayunar.
—Oye —protestó, siguiéndolo.
—Eres un hobbit al igual que Qiao Ling —la señaló y se mofó burló de ella.
La pelirrosa recordó los ojos oscuros de Qiao Ling y la figura esbelta y atlética, pese a la baja estatura de ella.
—Soy un poco más alta —suspiró, aun sosteniendo el semblante estoico.
—¿Cuánto mides? —con una sonrisa le preguntó, estaba intentando sacar temas de conversación triviales para romper el hielo.
—Creo que un metro sesenta y dos —la última vez que se midió fue en la secundaria, aunque no había cambiado demasiado o eso creía.
—¡Ah! —se giró y la señalo con una mano, manteniendo el vehículo con la otra—, por dos centímetros le ganas.
—Aunque somos de diferentes países, compartimos muchas características físicas en común —mencionó casual.
—Nosotros tenemos los ojos más pequeños y nuestros parpados son diferentes —con otra gran mueca de felicidad se señaló el rostro—. También somos más morenos, pensándolo bien… Lu Guang es pálido a extremo. ¿Crees que deba obligarlo a tomar sol?
Ella negó con la cabeza repetidas veces, haciendo que las puntas azuladas del cabello se movieran ligeramente
—No creo, se pondrá rojo y le arderá todo el cuerpo —cambió un poco las facciones a algo pensativa. Los asiáticos tienen la costumbre de cubrirse bastante del sol.
—¡Ah! —la señaló nuevamente—. Al fin cambias de expresión —siguió con la comisura de sus labios levantadas—. Tienes un cabello raro y bonito.
—Gracias —sonrió ligeramente—. Lo tiño siempre que puedo de azul, es un mini universo…
—Hyuna mencionó que cantas también —los dos seguían caminando por las calles concurridas del barrio chino.
Ella se paró en seco sin querer responder eso. Una vez más le empezó a faltar el aire y su mirada se tornó más oscura, más desesperada. Entró en pánico.
—¡Aquí estamos! —exclamó el chico, señalando un local con un llamativo letrero amarillo que rezaba “XGM” en una caligrafía imponente—. Este lugar es increíble, se llama Xialin Noodle House y las dueñas han creado el mejor plato de fideos… ¡¡Bowl of the Girls' Dorm!! ¡Hay que entrar!
Tomó de la mano a Haemiu y entrelazó los dedos con los de ella, arrastrándola junto al monopatín dentro del local. Con el sonido de la campanilla al abrirse la puerta vino una voz femenina que se oyó detrás del mostrador.
—Bienvenido Cheng Xiaoshi, es raro verte sin tus amigos —una mujer mayor de cabellos castaños claros lo saludó con una cálida sonrisa, el traje formal la hacía lucir una comerciante hecha y derecha—. ¿Una cita?
—Es amiga de Qiao Ling —negó con la cabeza, aunque Miu pudo notar algo de vergüenza en sus mejillas, algo extraño en él—. Vinimos por…
—Sí, sí —giró hacia la cocina—. Dos platos del Bowl of the Girls' Dorm, Lin Zhen, son para Cheng Xiaoshi.
Desde el mostrador de la cocina se asomó una mujer de largas hebras oscuras recogida en una coleta, la señora le sonrió ampliamente y lo saludó con una mano.
—Buenos días Cheng, gracias por venir.
El mencionado soltó a su acompañante y llevó el vehículo hacia una mesa para indicarle a Haemiu que se sentara allí, después se movió entre los demás muebles para llegar al mostrador y hablar un rato con las señoras.
Miu caminó hacia el lugar, sin ver a los demás clientes y tomó asiento, sacando el móvil de inmediato. Las notificaciones explotadas en mensajes y llamadas, desde Qiao Ling, Hyuna, Habin y de sus padres.
Suspiró pesadamente, empezando a teclear respuestas para todos.
—¿Te escapaste? —la señora trajeada le alcanzó dos latas de jugo.
—Algo así —bajo la mirada apenada—. Soy mayor de edad.
—Está bien, siempre puedes venir aquí —la señora le dedico una risilla gentil—. Puedes decirme Yu Xia y en la cocina está Lin Zhen.
—¡Gracias! —inclinó la cabeza con respeto—. Soy Yoon Haemiu.
—Estoy segura que te gustarán nuestros fideos —con un guiño de ojo, se marchó tranquilamente de nuevo al mostrador, dejando que Cheng Xiaoshi llevara los platos a la mesa asignada.
Miu miró con interés los bowls de porcelana de los fideos, la superficie del plato todavía despedía un intenso vapor, después inspeccionó los ingredientes que le parecieron bastante normales, aunque el aroma le resulto sutil y fragante de especias y hierbas
—Lu Guang se morirá de envidia al saber que desayuné aquí —rompió los palillos en dos con un pequeño sonido y comenzó a comer—. ¡DELICIOSO!
Sus ojos apuntaron una vez más hacia el cuenco de fideos, con curiosidad tomó los palillos… fijándose en las verduras: tiras de cebolleta fina, brotes de soja, láminas de zanahoria cortadas finamente, setas shiitake suaves y tiernas, todo flotando en un caldo claro y perfumado con notas dulces y ligeramente ahumadas. Entre los ingredientes, trozos de tofu dorado flotan perezosamente, y algunas semillas de sésamo negro estaban dispersas sobre los fideos de grosor mediano.
Con un gesto lento y mirada casi ausente, Haemiu llevó una mano a su largo cabello rosado, cuya vibrante tonalidad se desvanecen en puntas azuladas. Un mechón rebelde le caía sobre el rostro pálido, y, sin mucha prisa, lo apartó con delicadeza, colocándolo detrás de su oreja. Sus dedos rozaron levemente la curva de su oído, siendo la acción un reflejo natural más que un gesto consciente.
Tomó los palillos con cuidado, dividiéndolos con un "crack" apenas perceptible, y los ajustó entre sus dedos. Con delicadeza, sumergió los palillos en el plato y recogió unas hebras de los fideos casi traslucidos. Los levantó del cuenco, dejando que el exceso de caldo escurriera lentamente antes de llevárselos a la boca.
En cuanto probó el primer bocado su expresión se mantuvo impasible y sus labios finos se fruncieron ligeramente; el sabor era único: una mezcla de dulzura y suavidad, con un toque umami que inundaba sus papilas gustativas de una calidez que le hizo recordar a las comidas de su madre adoptiva.
¿Qué era aquel sabor?
Sus ojos brillaron como el oro por un breve instante, estremeciéndose por la sorpresa del sabor. Cual si algo en esos fideos despertara un recuerdo olvidado, un aroma familiar que no lograba identificar del todo. Involuntariamente, su mirada se desvió hacia Chen Xiaoshi, su amigo, que la observaba en silencio desde el otro lado de la mesa.
No sonrió, ni emitió sonido alguno, no obstante el breve contacto visual entre ellos transmitía complicidad.
Haemiu sintió una culpa profunda que intentó mitigar. El hecho de que ella pudiera probar algo tan delicioso y Sua no la llenó de remordimiento. Odiaba sentirse así.
—香花草 —gesticuló con expresión tranquila, recogió algunos fideos con sus propios palillos y, mientras los probaba, murmuró en chino—. 女寝那一碗.
Palabras que ella no entendió, sobre todo porque el vocabulario en chino y coreanos compartían muy pocas cosas en común y, aunque había aprendido algunas frases en chino, esas palabras específicas escapaban a su comprensión.
Las dueñas del local les sonrieron desde el mostrador, parecían complacidas al ver las expresiones de ambos jóvenes, dando la impresión que fuera un recuerdo cálido y nostálgico de los momentos compartidos entre ellas.
Sin detenerse a preguntar, Haemiu simplemente sonrió internamente con un poco de desprecio hacia ella misma, aun así, no necesitaba emitir palabras exactas para apreciar la belleza y fealdad del momento. Siguió comiendo, concentrada en el sabor que la einundaba, disfrutando cada bocado llena de arrepentimiento por Sua, no iba a derramara lágrimas o al menos nunca en público.
—에이, 나 중국어 모르는데. 멍청이 같네 —pronunció con el entrecejo fruncido la pelirrosa.
—¿Eh? —la miró sorprendido de esas palabras, él sabía inglés y japones, el hangul o hangug-mal le era extraño—. ¿Qué dijiste Yoon Haemiu?
—멍청이 —con una pequeña risa declaró, era su venganza por decir palabras en chino sobre el platillo.
Parpadeó repetidas veces el chico.
—Siento que me has insultado —con sus labios fruncidos expresó su disgusto.
—Algo así—revolvió un poco el cuenco de comida y después bebió un poco de jugo de la lata—. Puedes decirme Haemiu o Miu, como Ling.
—Qué amable de tu parte, hobbit —la señaló con los palillos, casi como un insulto—. ¿Tienes la edad de Qiao Ling?
Ella hizo un gesto de afirmación con la cabeza.
—Vieja —le sonrió con una sonrisa de victoria.
—Cierto, tienes veintiún años —lo observó sin darle mucha importancia, en otros países normales ella era dos años menor, en cambio en corea tiene veintidós— Ling dice que Lu Guang es más confiable que tú y eso que eres mayor…
—Eso es mentira —estrelló ambos puños contra la mesa, en una pequeña rabieta y Miu le hizo un gesto torcido.
—¿Es así? 멍청이 —logró sonreír un instante y ese gesto no pasó desapercibido para Cheng Xiaoshi que la miró sorprendido.
—Te hice reír —su mueca cargada de felicidad se amplió entre las mejillas y se movió ligeramente. Definitivamente el pelinegro parecía un cachorrito grandote.
—No es así —bajo la vista a las pocas verduras que quedaban en su plato—. Gracias por traerme aquí, es un lugar tranquilo.
Cheng Xiaoshi se volvió a reír.
—Fue idea de Qiao Ling, incluso me dio una patada en el trasero para que te fuera a buscar —levantó el plato entre sus manos y bebió la sopa que quedaba allí, depositando la cerámica con sonido sordo.
—Le agradeceré luego —miró su propio plato vacío, lo había arrasado por completo.
Los dos salieron del local después de eso, aún faltaba unas horas para el medio día.
—¿Iras a la universidad? Tengo un curso de fotografía cerca, por si quieres venir o que te acompañe —el pelinegro se montó sobre el monopatín y le tendió la mano hacia la chica.
—Te acompañaré —susurró tomando la mano de él y subiéndose—. Parece que te gusta el Toretto de mi hermana mayor.
—Oh sí, es muy práctico —aceleró un poco, empezando a moverse el monopatín por la acera—. Tengo una patineta, por si algún día quieres aprender.
Ella negó.
—No me gustan esa clase de cosas —de hecho era bastante femenina, a diferencia de Hyuna.
—Imposible —giró la vista sobre el hombro—, nada que sea hermana de Hyuna puede odiar la adrenalina y ser mujer…
—Mi hermana mayor, Habin unnie, es la mujer más elegante que veras —dijo rodeando ligeramente la cintura de él, para estabilizarse y no caerse.
—Pff —intentó reírse, pero Haemiu le apretó con fuerza los costados de la cintura, hundiendo sus dedos—. ¡AAAAAAAH!
Perdió el control del monopatín un poco y casi tropiezan contra un coche aparcado cerca del cordón, por suerte consiguió estabilizarse justo a tiempo, girando con brusquedad el manubrio. Haemiu dejó escapar un pequeño grito sin soltar el agarre de la cintura del conductor. Ambos respiraron hondo, intentando no reírse por la situación caótica en la que casi se habían metido.
—¡Eso estuvo cerca! —suspiró él, soltando una risa nerviosa mientras su corazón seguía acelerado por la adrenalina.
—¡Es tu culpa! —protestó Haemiu, sin dejar de abrazarlo, ahora con un tono serio en su voz—. Si no te hubieras burlado de mi hermana, esto no habría pasado.
—Está bien, está bien. No me meto más con “Habin unnie” —respondió entre dientes, con un tono irónico y juguetón, volviendo a concentrarse en el camino—. Pero, en serio, ¿elegante? ¿La hermana mayor de Hyuna? La última vez Hyuna iba tan rápido en monopatín que tiró su guitarra por el camino y le rompió el mástil.
—¡Oye! —exclamó la pelirrosa, golpeando levemente su espalda—. ¡Eso fue un accidente! Y fue porque tú la empujaste accidentalmente, por cierto. ¡Me lo contó todo! Estuvo llorando horas por su Gibson…
Cheng Xiaoshi se rió fuerte mientras avanzaban por la ciclovía, dejando atrás las bromas y los momentos tensos de casi caerse. El viento suave les acariciaba el rostro mientras el día comenzaba a llenarse de sol, un preludio perfecto para la clase de fotografía que les esperaba. Las calles empezaban a llenarse de vida, y podían ver cómo otros estudiantes se dirigían hacia la misma dirección, algunos a pie, otros en bicicletas o patinetas.
La clase de Cheng Xiaoshi quedaba en Hanasaki, algo que la menor no sabía.
—De todas formas, ¿estás emocionado por tu clase de hoy? —preguntó Haemiu, inclinándose ligeramente hacia él para poder hablar con más claridad contra el viento.
—Dicen que vamos a aprender sobre iluminación natural —Cheng traía una pequeña mochila cruzada en la espalda, recién lo notaba Miu, él ajustó su peso mientras el monopatín tomaba una curva suave—. Aunque espero que el profesor no nos aburra con demasiada teoría. ¡Quiero sacar fotos ya!
El resto del viaje continuó tranquilo hasta que finalmente llegaron a la entrada del edificio de la facultad de arte. El área alrededor del campus lo copaban jardines bien cuidados y grandes árboles, creando una atmosfera llena de tranquilidad y relajación. Varias esculturas decoraban el paisaje, algunas modernas y abstractas, otras más tradicionales, el sitio mostraba una sensación de creatividad constante, incluso vieron varios estudiantes con cuadernos de bocetos dibujando y otros posicionando caballetes en sombras.
Se bajaron del monopatín y caminaron por los largos pasillos de la facultad con el aparato al costado, seguido entraron al aula de fotografía. El ambiente dentro era bastante diferente al exterior: luces tenues, paneles reflectores y cámaras colocadas en trípodes les daban la bienvenida. Ya había varios estudiantes acomodándose en sus asientos, todos emocionados por que la clase comenzara pronto.
—Mira, conseguimos buenos asientos —expresó emocionado, señalando una fila cercana al frente.
Justo en ese momento el profesor entró, cargando con una serie de lentes y cámaras profesionales. Les lanzó una sonrisa y comenzó a hablar sobre la importancia de la luz en la fotografía, explicando cómo se puede usar para resaltar distintos aspectos de una imagen. Afortunadamente la clase fue más práctica de lo que esperaban y pronto los estudiantes salieron al patio para experimentar con la luz natural.
Pasaron la siguiente hora probando distintos ángulos, posiciones y enfoques. El chino de cabellos oscuros estaba concentrado, ajustando la cámara mientras su amiga lo observaba desde un banco cercano, disfrutando de la pasión con la que trabaja el pelinegro.
El profesor los liberó poco antes del mediodía, ambos estaban hambrientos después de tanta actividad.
—¿Qué carreras sigues, Miu? —el chico se giró, mientras tomaba sus cosas del asiento.
Ella se quedó de pie, con el vehículo eléctrico al lado.
—Filosofía.
—Vaya, parece difícil y poco interesante —se burló terminando de guardar todo dentro del bolso—. ¿Te parece si almorzamos antes de ir a sacar fotos de la ciudad?
—¿Aún tienes hambre? Después de los fideos chinos estoy llena —parpadeó repetidas veces totalmente atónita.
—El campus tiene muchas tiendas y puestos —los dos salieron del aula—, hoy hay mucha gente…
Caminaron por la zona de comidas del campus, que estaba llenas de tiendas y pequeños cafés, ambos disfrutaban del momento de tranquilidad entre ellos. El sol brillaba alto en el cielo y las sombras de los edificios se proyectaban en el suelo danza de luces y sombras en constante movimiento. Cuando llegaron a un pequeño restaurante, el aroma de la sopa caliente y los ingredientes frescos le hizo gruñir el estómago a Cheng.
—Leí las reseñas de aquí en Google —emocionado señaló una mesa al lado de la ventana—. Vamos a sentarnos allí, así podemos ver a la gente mientras comemos.
Se sentaron y rápidamente ordenaron sus platos. Mientras esperaban, Haemiu miró hacia afuera, con los rayos del sol iluminando su rostro y su cabello rosado resplandeciendo.
—¿Sabes? —mirándola a través del reflejo de la ventana—. Debería sacarte una foto ahora mismo. La luz te favorece demasiado.
Haemiu bajó la mirada, jugueteando con sus dedos sobre la mesa, su habitual rostro sin vida desvaneciéndose un poco. No le gustaba mucho posar frente a las cámaras, y hacía tiempo que no permitía que nadie, ni siquiera su familia, la fotografiara. Aun así, la manera en que Cheng la miraba, con una mezcla de emociones y entusiasmo, le hizo sentir obligada a aceptar. Sin duda el chino era un cacharrito agradable.
—No he sido buena modelo en mucho tiempo —murmuró la chica, mirando hacia abajo y con una sonrisa tímida dibujándose en sus labios—. No sé si la foto saldrá bien.
—Siempre luces linda —expresó Cheng, sacando su cámara con mucho cuidado de la mochila, debía cuidar de rayarla—. Además, solo es una foto casual. No tienes que preocuparte por nada.
Mientras hablaban el camarero llegó con sus pedidos. Haemiu pidió un té de burbujas, con boba de fresas y leche de almendra, mientras que Cheng Xiaoshi optó por un cuenco grande de ramen con miso. El aroma del ramen llenaba el aire, y el té de burbujas tenía un color rosado pastel que hacía juego con el cabello de ella.
Cheng Xiaoshi empezó a mezclar su ramen con los palillos, inhalando el aroma, con sus ojos virando hacia ella una y otra vez. Haemiu, con el popote entre los labios, se inclinaba ligeramente hacia el ventanal, mirando hacia afuera. Sus ojos dorados, grandes y rasgados, parecían perderse en el paisaje del campus mientras sorbía su boba tea de fresas distraídamente. Su cabello rosado caía suavemente sobre su rostro y los rayos del sol iluminaban la piel de porcelana.
Cheng no pudo resistir la oportunidad. Tomó su cámara del bolso que había dejado en el respaldo de la silla, ajustando rápidamente los parámetros: apertura amplia para lograr un hermoso desenfoque del fondo, velocidad baja para capturar la luz natural, y el ISO perfectamente equilibrado para evitar el grano. El mundo exterior se desvaneció mientras ajustaba su lente, enfocando en esos ojos que parecían contener un universo propio.
—Quédate así, no te muevas —murmuró casi para sí mismo, mientras levantaba la cámara frente a su rostro.
El clic de la cámara resonó en el sitio del pequeño restaurante. La escena era perfecta: Miu absorta en sus pensamientos, con el suave resplandor del sol en su cabello y su expresión serena, cuasi melancólica, mientras bebía de su boba tea. El chino tomó varias fotos más, cambiando sutilmente el ángulo para capturar distintos matices de luz en su rostro.
La contraria parpadeó, un poco sorprendida al escuchar el sonido de la cámara, y lo miró de reojo.
—¿Ya me estás sacando fotos? Ni siquiera me avisaste —bufó ella con una mezcla de molestia y timidez.
—Es que te ves perfecta así —respondió el otro, bajando la cámara para mostrarle una de las imágenes en la pantalla—. Míralo por ti misma.
Ella se inclinó hacia él, curiosa. Al ver la foto, sus ojos se abrieron un poco más. Ahí estaba ella, en una imagen tan natural y hermosa que por un momento se quedó sin palabras. La forma en que el amigo de Hyuna había capturado su esencia era tan genuina que casi no parecía una fotografía, sino un retrato íntimo de un momento en su vida.
—Wow... —susurró Haemiu—. Realmente eres un profesional con talento.
—Heh, ¿lo dudabas? Te ves increíble —respondió con una sonrisa suave, antes de volver a sumergirse en su ramen—. Creo que podrías ser la mejor modelo para mis próximas fotos de la ciudad.
La chica se ruborizó ligeramente y, aunque lo intentaba ocultar sorbiendo más de su té, Cheng notó el leve sonrojo en sus mejillas. El resto del almuerzo transcurrió entre risas y conversaciones ligeras sobre la clase de fotografía, sus planes para el resto del día y algunas bromas sobre las torpezas que solían compartir con Hyuna.
Después de terminar el ramen y el boba tea, ambos se levantaron, listos para continuar con su día. Cheng volvió a colgarse el bolso en la espalda, ajustándola con cuidado mientras Haemiu se estiraba con un gesto perezoso, tomando con lentitud su propia mochila.
—¿Lista para ir a sacar más fotos por la ciudad? —preguntó el muchacho, mientras ambos salían del restaurante.
Haemiu lo miró con una mezcla de diversión y determinación.
—Lista, pero solo si me prometes que también te vas a dejar fotografiar —respondió señalándolo, le había gustado la clase de fotografía—. Es hora de que seas tú el que se ponga frente a la cámara.
Cheng rió y levantó las manos en un gesto de rendición.
—Trato hecho. No te sorprendas si soy más fotogénico que tú. ¿De acuerdo~?
Viendo que había más gente de lo normal, decidieron salir de Hanasaki e ir a la ciudad para fotografiar algunos monumentos de Tokio.
La noche ya había caído sobre la ciudad, y el aire fresco de Tokio estaba lleno de la energía vibrante de la metrópolis. Qiao Ling, Lu Guang, Cheng Xiaoshi y Yoon Haemiu corrían a toda velocidad por las calles iluminadas, esquivando a los transeúntes y apurando el paso hacia el Live House donde la hermana de la pelirrosa, Hyuna, estaba a punto de dar un pequeño concierto.
“Your eyes grow wide at my dazzling entrance
And your heart beats fast, O-K-A-Y”
Se escuchaba desde el interior. La voz potente y tono limpio de su hermana se oía desde la entrada del local, entrada cuyas luces de neón pintaban las calles con tonos vibrantes de rosa, azul y verde, creando un sitio surrealista que los arropaba mientras se dirigían hacia la pequeña fila que se había formado en la puerta.
El patovica los dejó ingresar de inmediato, abriendo la barrera de control de acceso y con un movimiento de cabeza les indicó que ingresaran sin formarse… la menor de los Yoon tragó saliva pesadamente… Hyuna ya sabía que llegaba tarde.
—¡Hyuna unnie lo sabe! —gritó Haemiu, ligeramente agitada mientras apretaba el paso. Su cabello rosado ondeaba detrás de ella, brillando bajo las luces multicolor del letrero de ingreso que decía “Sixth Heaven”.
Cheng, aunque también apurado, no pudo evitar reírse.
—Esa vieja está loca —iba sosteniendo la risa mientras descendían apresurados por las escaleras del local.
—¡CHENG XIAOSHI! —le chilló Qiao Ling, dándole un golpe en la espalda.
Lu Guang callado, con un gesto de resignación, se limitó a bajar las escaleras. Realmente no quería ir allí.
El sonido de la música se intensificaba a medida que se acercaban al centro del Live House y la energía del lugar los rodeaba; el Sixth Heaven es un local icónico de música rock e indie enclavado en las calles de Roppongi. Desde la calle, apenas se veía más que un cartel iluminado con luces de neón parpadeantes y una escalera que descendían hacia el interior del lugar, resguardada por un bouncer.
La cartilla de esa noche ya había comenzado y la vibración de los bajos resonaba en el suelo en sus pies junto con la batería haciendo unas explosiones furiosas en el bombo.
—Mierda —frustrada Haemiu buscó con la mirada y nerviosismo mientras comenzaban a abrirse paso entre la gente que aplaudía eufórica a Hyuna.
Era agotador pasar entre los que se agolpaban cerca del escenario con los brazos extendidos y coreando a la cantante. El interior del Sixth Heaven estaba lleno de gente, sin duda, y los cuerpos se movían al ritmo de la música, con las cabezas agitándose al compás de la banda de rock que tocaba en el escenario.
**
“This is the march of the fools
Endless cheer and applause”
Los reflectores se movían con los acordes, bañando la piel trigueña de Hyuna con un tono amatista, parpadeando en sincronía con la batería y estableciendo una sinfonía de colores que a su vez teñían al público.
Las paredes del local estaban decoradas con carteles de antiguas leyendas del rock japonés e internacional, y la atmósfera era la perfecta mezcla entre lo retro y lo moderno, con una barra en un costado del sitio y las paredes llenas de bebidas y copas.
—¡Por aquí! —gritó Qiao Ling, tomando a su amiga de la muñeca y la guiaba a través de la multitud, abriéndose paso entre cuerpos sudorosos y emocionados. Las personas cantaban, gritaban y algunos ya estaban saltando al ritmo de la banda que hacía vibrar el lugar.
“JUST LAUGH, HEY KICK AND BREAK YA!”
—Me está matando el estrés —susurró la coreana del grupo, mientras finalmente lograban llegar a un punto más despejado cerca del lado del escenario.
Elevó sus pupilas de oro hacia Hyuna, quien comenzó con el espectáculo tomando por completo el escenario señalando al público y riéndose, se veía hermosa y explosiva Cada vez que su voz alcanzaba una nueva nota el lugar entero se estremecía. Haemiu la contempló impresionada, no necesitaba una coreografía para captar la atención; su sola presencia lo hacía.
“Change the game with a single action
Trust me and I'll show you, chi-cheers”
**
Con gotas de sudor resbalando por el rostro y su cabello castañodesordenado y brillante bajo las luces, le daba una apariencia aún más salvaje. Sin perder el ritmo, mientras los instrumentos seguían con la canción, tomó una botella de vidrio que había sobre el escenario y bebió un largo trago de cerveza, luego inclinó la cabeza hacia atrás y escupió el alcohol hacia el aire con un gesto desafiante, formando una nube brillante que se dispersó bajo los reflectores violáceos.
“We only get one life, so I'm living mine for me
'Cause I'm the one from your wildest dreams”
La multitud enloqueció, gritando de emoción mientras Hyuna lanzaba la botella vacía al público, estrellándola en una zona dónde no había nadie. Sin perder una sola nota, ella continuó cantando con una intensidad que electrificaba el lugar y los aplausos se intensificaron.
“I'll create a fantasy in this crazy world
And change it all, I'm going all-in”
Qiao Ling seguía el ritmo del rock rápido, saltando y riendo junto a Cheng Xiaoshi, mientras la energía de la multitud crecía con cada segundo. El contraste con Lu Guang era evidente, quien, incómodo entre la agitación y el sudor de la gente, finalmente había encontrado refugio en la barra, donde preguntaba con una expresión seria si servían café. A su alrededor, la atmósfera caótica lo ponía en alerta, observando cada detalle con cautela… no quería que alguien de dudosa higiene lo tocara.
**
En ese momento Haemiu no podía apartar la vista de su hermana. Hyuna, en el centro del escenario. La vocalista había cerrado los ojos, conectándose con la canción y con la energía cruda del público que la adoraba. En un minuto los abrió de golpe, sus ojos pardos y rasgados apuntaron al público y levantó la mano libre alzándose en el aire ordenando que liberaran así su propia locura, invitándolos a dejarse llevar por completo y volverse totalmente salvajes.
“I hear the song grow louder,”
El volumen de la música subió aún más, y bajó dos dedos para iniciar una cuenta regresiva desde tres.
Tres.
La multitud, ya al borde de la locura rugía en respuesta, saltando al ritmo de la canción. Cheng no se quedó atrás, emocionado por la vibra frenética del momento, Qiao Ling lo empujaba juguetonamente para que saltara más alto.
Dos.
Hyuna bajó otro dedo, mientras la guitarra eléctrica resonaba con más fuerza. La transpiración caía por el rostro de ella y eso no hacía más que intensificar su imagen salvaje y apasionada. Sus movimientos y acciones estaban llenos de libertad, sin ataduras ni preocupaciones.
Uno.
Cuando el último dedo bajó, el beat explotó. La música llegó a su punto máximo, y Hyuna dejó que su voz alcanzara un grito catártico, liberando toda la energía acumulada. La multitud enloqueció, el local vibraba con la fuerza de cientos de cuerpos en movimiento, saltando, agitando sus brazos al ritmo y gritando las letras a todo pulmón.
“JUST LAUGH, HEY KICK AND BREAK YA!”
La pelirrosa observaba cada movimiento de Hyuna, esa libertad que nunca tuvo en Anakt Garden o durante su debut de Idol en Faery; apretó la mandíbula muy fuerte y sin querer comenzó a libera todas esas emociones de las que había dejado de pensar. ¿Y si hubieran sido igual a Hyuna? Ese pensamiento pasó fugaz por su mente y la respuesta la llevaba a replantearse todo… ellas carecían de la personalidad de su hermana, por lo que solo elevó la mirada con tristeza y envidia.
Cheng, sin dejar de moverse, sacó su cámara de nuevo, intentando capturar el caos y la magia del concierto. Las luces, la transpiración, las expresiones de locura en los rostros de la gente… era imposible no querer inmortalizar ese momento. Sabía que, aunque las fotos pudieran ser impresionantes, ninguna podría capturar completamente lo que se sentía estar allí, ser parte de esa extraña sensación que Hyuna los hacía percibir.
“Every obstacle in my way
I've crushed them all”
Con la canción llegando a su final, Hyuna dejó el micrófono de lado por un segundo y respiró profundamente, alimentándose de la pasión del público. Los aplausos y gritos no paraban. Era su momento y lo sabía. Las luces la envolvían y cada persona en esa sala estaba completamente bajo su hechizo.
“Ride the waves of passing time
And run with the wind 'til morning, don't stop”
Con esas últimas palaras la música se detuvo junto a su voz. Hyuna era una ola, potente, devastadora y hermosa que nadie detendría jamás.
Salió del escenario con una sonrisa triunfante, sin mirar hacia atrás y pasando el micrófono al siguiente cantante que iba avanzando con seguridad.
—Ella vino, Till —le sonrió con una pequeña palmada en el hombro para darle ánimos.
Sonrió de lado cuando su compañera le confirmó que ella había venido. Con un gesto juguetón, sacó la lengua y señaló el micrófono inalámbrico que llevaba pegado a la mejilla, mientras en sus manos descansaba una guitarra eléctrica. Caminó decidido hacia el borde del escenario, sintiendo el peso del momento sobre él, y con un movimiento rápido y casi violento, deslizó la púa por las cuerdas del instrumento. El sonido que emergió fue desgarrador, un alarido que hizo que toda la multitud quedara en silencio, paralizada por la intensidad del momento.
“COME ON!”
El grito resonó por todo el Sixth Heaven, y las luces comenzaron a parpadear de manera caótica, cubriendo el lugar con destellos de neón que iluminaban los rostros de la multitud. La batería entró de inmediato, con un estruendo que hacía vibrar el suelo bajo sus pies, mientras Till, descalzo y desafiante, ignoraba por completo las indicaciones del staff que intentaba dirigir el espectáculo.
“Nothing was my everything
The melody that filled the empty me
It's you, alright”
Su voz se alzó sobre la música, cruda y poco pulida, con una gran cara de emociones que desbordaba el escenario; si Hyuna cantaba por su libertad y sueños, Till lo hacía como si cada acorde fuera un intento desesperado de ser visto. Su interpretación era punk en su esencia más pura: descuidada, desafinada y auténtica. No cantaba para el público, cantaba para una sola persona. La única que importaba: Mizi.
“My feelings are
Error : no better options”
A medida que cantaba, sus orbes se movían inquietas por el público, buscando algo, o mejor dicho, a alguien: Haemiu estaba allí, en algún lugar entre la multitud. Till la conocía, aunque ella no lo sabía. Había visto su sonrisa antes tan brillaba con una intensidad que lo hacía desear más y había escuchado su risa, una que resonaba con la calidez que jamás había podido olvidar.
“A shaking paradigm
I don't care if my world turns upside down”
Pero esa Mizi ya no estaba. Su luz había desaparecido con la muerte de Sua.
Sabía lo que estaba pasando, conocía el dolor que ella llevaba en su corazón desde la muerte de su amiga. Ese dolor la había apagado y Till no podía soportar la idea de que alguien ta brillante desapareciera entre las sombras.
“I wanna know all about you (ya)
No more takin' it slow”
Las luces giraban tumultuosamente alrededor del escenario, cegando a la audiencia de vez en cuando y Till no dejaba de buscar con anhelo a esa mujer. Cada rasgueo en su guitarra era un grito de desesperación, cada palabra un intento de llegar a ella. En medio de la multitud, entre la agitación y el sudor, finalmente la encontró.
“The edelweiss of my feelings that blossomed because of you”
Ahí estaba Haemiu, de pie, con una expresión que parecía perdida, ajena a la locura que la rodeaba. Sus grandes ojos verdes miraban sin realmente ver, atrapados en una tristeza profunda que Till podía reconocer al instante. Él supo en ese momento que tenía que llegar a ella, hacerle entender que, por mucho que doliera, este no era el fin.
Ella no lo conocía, aún así, para él, Hemiu era todo.
“(You'll never know)
I don't wanna stop”
Ambos habían sido parte de Anakt Garden, la agencia que los explotaba desde niños, moldeándolos para ser ídolos a una edad en la que apenas entendían qué significaba esa palabra. Till la había visto crecer entre escenarios y entrenamientos exhaustivos, siempre con Sua a su lado. Juntas, Mizi y Sua parecían invencibles, inseparables. Él las recordaba cantando, jugando, y riendo, el mundo entero solo existía para ellas dos. En esos momentos, había algo en Mizi que lo atrapaba por completo; su sonrisa, su voz, su luz. Era un resplandor que se veía en cada movimiento que hacía, en cada palabra que cantaba.
Till sabía muy bien que Mizi amaba a Sua, y Sua amaba a Mizi y cuándo Sua desapareció, dejó a Mizi sumida en un vacío que nadie parecía poder llenar.
“Don't even think this time’s enough
Cause you baby still it's not enough
(For me, alright?)”
Cantaba con todas sus fuerzas, tratando de romper esa barrera invisible que separaba a Haemiu del resto del mundo. Para Till, Mizi no era solo una ex Idol, ni una conocida perdida en la distancia. Ella había sido su luz en los días más oscuros, en las noches más solitarias, cuando el silencio y la tristeza lo devoraban.
“Don't leave me, lilidadada
Cause you baby still it's not enough”
Till tenía una pequeña versión de ella, un holograma del tamaño de su mano. Era algo que había conseguido en uno de los conciertos más importantes de Mizi, una figura que proyectaba su imagen en miniatura y cantaba fragmentos de sus canciones. No importaba cuántas veces lo hubiera escuchado, cada noche lo activaba y observaba cómo su pequeña Mizi lo iluminaba, aunque fuera en ese formato tan irreal.
“How dare you think this time's enough
Ain't nobody but you're the one that I'm feeling it's love”
Los gritos del público eran ensordecedores, acompañándolo con esa energía veloz y concisa e igual Till solo tenía ojos para ella. Aumentó un poco el ritmo, siguiendo con los movimientos de la pua por las cuerdas de la guitarra y su otra mano tirando de ellas en el mástil. Cada palabra, cada nota, se sentía más desesperada en un intento de atraer directamente su atención.
La multitud seguía saltando, enloquecida, mientras que Till ya no los veía.
“Don't be afraid (come on!)
Woah, woah, woah, woah, woah”
Esperaba que su música pudiera alcanzar ese rincón oscuro donde ella se había perdido hace dos años. quería ser su salvador, como ella lo fue con esa pequeña proyección que era lo que había evitado que se hundiera por completo en su infancia. Incluso por ella es que Till decidió aprender a tocar guitarra y la teoría musical, porque quería tocar a su lado.
Ahí estaba ella.
No en un holograma, no en un escenario lejano, sino en carne y hueso, rodeada de una multitud que no comprendía lo que él sabía: Mizi estaba rota por dentro.
“'Cause I like it better
(Feel like I'm crazy, oh yeah yeah)”
Till seguía en el escenario, con la guitarra apretando en su mano y su mirada fija en la pelirrosa, aun así, ella no lo veía. No lo escuchaba. Por más que intentaba transmitirle a través de su música que este no era el fin, su voz parecía perderse en el vacío.
Siempre había sido así… allí estaba él y ella solo tenía ojos para otros…
“(Come on!)
Woah, woah, woah”
Gritó nuevamente, sintiendo la frustración ahogarlo; las luces seguían parpadeando en flashes y la vio levantando la mirada cuándo Hyuna se acercó a ella y la hizo ver hacia el escenario.
—Miu, mira al escenario. ¿No te gusta la canción? —la tomó del hombro y la giró hacia dónde estaba Till, repondió bajando la mirada rápidamente y negando con la cabeza.
—Hyuna, cantaste increíble —Qiao Ling se unió a ellas totalmente emocionada.
—Jez, lo sé —sonrió amplio, la seguridad desbordaba.
Lu Guang le pasó una botella de agua a la morena, estaba sudorosa y agitada.
—¡GRACIAS! —gritó entusiasmada, ya no insistió que su hermanita viera hacia Till. Supuso que presentarlos no sería lo mejor en ese momento.
En ese momento la canción que sonaba de fondo estaba disminuyendo, ninguno del grupo prestaba particular atención a Till.
—Miu, aquí tienes—Cheng Xiaoshi le trajo una lata de energizante, el bartender había demorado en encontrar una Monster fuerte.
Que un hombre intentara tocarla fue lo que terminó por quebrar a Till. Toda su concentración, todo su esfuerzo, todo lo que había puesto en esa canción y en ese momento se esfumó en un segundo.
Su rabia y frustración explotaron.
“I can't refuse, o-ver-dose”
Sin pensarlo dos veces, levantó la guitarra por encima de su cabeza, y con un grito gutural cargado de impotencia, la estrelló con fuerza contra el escenario. El estruendo fue brutal, la guitarra se hizo añicos al impactar contra la madera, esparciendo astillas por todos lados. El sonido fue tan fuerte que incluso la música pareció desvanecerse por un segundo.
Till, jadeante, con el rostro desfigurado por la desesperación y los cabellos grises tapando parte del rostro pálido y sudoroso miró el escenario con partes de la guitarra destrozada a sus pies descalzos. Su mirada estaba desencajada, cual si el mundo entero hubiera colapsado a su alrededor: la había cagado.
La gente del público quedó atónita por la explosión de furia del coreano. Algunos retrocedieron, otros observaban con una mezcla de confusión, la tensión se sentía palpable en el aire. La energía desenfrenada del concierto ahora se había vuelto una especie de vacío incómodo que fue llenado por aplausos, silbidos y gritos.
Till bajó la cabeza, sus hombros temblando ligeramente mientras trataba de recuperar el aliento. Su desesperación era evidente.
Él había fallado.
Lo comprendió cuándo vio a Haemiu siendo protegida por la otra chica del grupo y la hermana. Se retiró en silencioso, sin ver a la siguiente persona que lo sucedería en el escenario.
—Idiota —le susurró mientras chocaban sus hombros en el pasillo.
—Cállate —levantó la mirada y observó a Iván, Ambos siempre se peleaban, aunque normalmente el pelinegro lo golpeaba sin remordimiento.
Till apretó los dientes, sintiendo cómo la vergüenza y la rabia hervían dentro de él. No era la primera vez que Ivan lo humillaba con esos pequeños comentarios venenosos, pero hoy dolía más, quizás porque sabía que había fallado cuando más lo necesitaba. Ignorando el latido en su pecho que le recordaba su derrota, continuó caminando hacia el grupo donde estaban Hyuna, Miu, Ling, Cheng y Guang que se había agolpado en la barra. Cheng, el más alto del grupo, lesestaba mostrando las fotografías que capturó con su cámara ese día.
—Till —saludó Hyuna, con su usual sonrisa gigantesca, aunque una ligera preocupación se notaba en su mirada—. ¿Estás bien? Esa guitarra parecía cara…
—Sí, sí —el ceniza levantó la mano, tratando de parecer despreocupado, aunque su tono no convencía a nadie.
Hyuna arqueo una ceja.
El escenario era un completo caos después de la última actuación dónde Till había destrozado una guitarra blanca Stratocaster. El Staff entró a limpiar aquel lío con escobas y palas, debían ser rápidos o el público se iría.
Antes de que Till pudiera responder, las luces se atenuaron y el sonido de los gritos femeninos aumentó. Muchos hombres dejaron la parte de adelante del sitio mientras las chicas que apoyaban a Iván empezaban a llenar el local, coreando a gritos su nombre, llamándolo. Las chicas que habían estado esperando el turno de él comenzaron a agitarse en sus lugares y a gritar el nombre, mientras se abarrotaban bajo el escenario esperando verlo.
Los técnicos, vestidos de negro para no destacar, corrían de un lado a otro, recogiendo los restos de la guitarra rota y limpiando cualquier rastro de la actuación anterior. Los pedazos de cuerdas rotas y las astillas de madera que quedaban sobre la tarima eran retirados a toda prisa. Uno de ellos cargaba un pequeño balde con herramientas, otro barría rápido, y uno más revisaba la iluminación mientras el reloj avanzaba implacable.
A medida que el escenario comenzaba a despejarse, un murmullo nervioso se apoderó del público. Las chicas, ansiosas, miraban hacia la tarima mientras sacaban las barritas luminosas de colores brillantes. Eran verdes, rosadas, azules y violetas, todas encendiéndose al mismo tiempo, creando un espectáculo visual que iluminaba sus rostros emocionados.
—¡IVAAAAAAAN! —gritaba una de ellas, con la voz ahogada por la emoción, llena de emoción por ver al Idol que tanto admiraba.
Otras se unieron rápidamente, poco a poco el recinto se llenaba con el eco del mismo nombre, resonando con más fuerza conforme el staff terminaba sus labores. Las manos de las chicas, levantadas hacia el escenario, ondeaban con sus luces en el aire, formando un mar de colores que brillaba intensamente.
Los miembros del staff intercambiaban miradas rápidas, acelerando el ritmo, sabiendo que cada segundo contaba. El suelo fue barrido una última vez, asegurándose de que no quedara ningún rastro de peligro para Iván. Los últimos detalles técnicos se ajustaban, y todo estaba preparado para la gran entrada. La multitud apenas podía contenerse, los gritos se volvieron más altos, más fervientes. Era su turno, y las chicas lo sabían.
Las luces del escenario parpadearon y los focos se alinearon, iluminando el centro justo cuando el último miembro del staff desaparecía detrás del telón, dejando todo perfecto para la estrella de la noche.
Ivan apareció en el escenario con la confianza que lo caracterizaba. Las chicas reaccionaron al instante, sus voces chocaban en una ola de sonido ensordecedor. Las barritas luminosas que sostenían en alto brillaban con fuerza, pintando el entorno con destellos vibrantes. Las luces del escenario destellaron de pronto, cual si se tratara de estrellas fugaces cruzando el cielo en una sincronía fugaz, dejando en claro que todo el momento giraba en torno a él. Cada mirada, cada suspiro, estaba concentrado en una sola figura.
Los ojos negros del coreano, profundos y serenos, se clavaron en el frente, sin vacilar, viendo más allá de la multitud, hacia algo intangible. No necesitaba esforzarse por capturar la atención; ya la tenía. Con un movimiento medido, estiró su brazo hacia el micrófono que el equipo había dejado preparado. Sus dedos rozaron el metal del soporte tocando con suavidad algo vivo, algo preciado. El simple acto de posar su mano sobre el micrófono fue suficiente para enloquecer aún más a las chicas, que lo observaban con una mezcla de devoción y emoción contenida.
"The dark sea gets deeper as you approach..."
El clima en el escenario era intenso. Las luces, que antes parpadeaban con un brillo frío, se transformaron en un resplandor cálido, embelesando a Ivan en un halo que parecía hecho para él. La sala vibraba, pero él seguía impasible, dominando cada segundo de aquel breve pero poderoso instante. Las chicas no dejaban de moverse, levantándose de sus asientos, con las barritas centelleando en sus manos. Los gritos se desbordaban por todos lados, y la energía en la sala era tan fuerte que parecía imposible que fuera contenida.
En dos minutos la canción culminó casi tan rápido y fugaz, siendo una ráfaga que apenas había tocado el aire, se sintió tan efímera, una breve estrofa hubiera llenado el espacio. El público quedó suspendido en el tiempo, incrédulo ante lo breve del momento. Fue un suspiro, un destello. Algunas chicas seguían agitadas, gritando, sin poder procesar lo que acababa de suceder. La intensidad del momento no correspondía a la brevedad de la canción.
“At the end of this story
There is only a cold spot stained with blood…”
Ivan no necesitaba más. El silencio que siguió fue casi tan poderoso al igual los gritos de antes. Y cuando él finalmente dejó el micrófono, el escenario parecía haber sido despojado de toda la energía que él le había dado. Lass chicas seguían ahí, de pie, aun moviéndose, sus corazones latiendo al ritmo de algo que ya había terminado para ellas sin duda perduraría por mucho más tiempo.
El coreano era el más popular en la división masculina de Anakt Garden. Las chicas lo adoraban, las grupis lo seguían donde fuera y su nombre se adulaba en cada lugar en el que decidía hacer una presentación. Para cualquiera que lo viera desde afuera, su vida parecía perfecta: éxito, belleza, talento y dinero, pero todo aquello le resultaba insoportablemente monótono. La rutina de los aplausos y las alabanzas había perdido todo sentido hacía mucho tiempo; los gritos, las luces, el constante bombardeo de atención lo hacían sentir vacío.
La fama, que para otros era el sueño más deseado, para él era solo un recordatorio constante de lo aburrida que era la vida.
Nada lo sorprendía.
Nada lo emocionaba.
Todo se repetía, siendo un ciclo sin fin que lo arrastraba día tras día. Al principio, las sonrisas y los halagos lo habían entretenido, pronto empezaron a sentirse monótonas y vacías llegando a convertirse en una especie de ruido blanco o de fondo siempre presentes que carencian de significado. Las mismas caras, las mismas palabras de admiración. Todo era tan... predecible. En el fondo Iván odiaba la vida que le había tocado vivir. La comodidad de ser idolatrado, el constante reconocimiento que ya no le decía nada. No había desafíos, no había sorpresas... una y otra vez todo se rebobinaba
Entre todas esas personas una logró romper esa monotonía insoportable: Till.
Cada vez que pensaba en él, sentía emociones que lo impulsaban a ser diferente. Till, con sus inseguridades, su torpeza y sus fracasos constantes, era todo lo que Iván no. Y, por alguna razón, se sentía fascinado en esa personalidad tan única y diferente a las que conocía. En ese hombre encontraba la chispa que la vida le negó. Había algo en la forma en que Till luchaba contra el mundo, contra sí mismo, que le resultaba ¿encantador? Él se esforzaba, a veces demasiado, y fracasaba más veces de las que acertaba y esa lucha era lo que lo hacía interesante, impredecible. Lo que lo hacía real.
Ivan nunca se lo diría que hasta se sentía celoso de su torpeza, de los fracasos que tuvo y también de esa fuerza de voluntad para correr siempre adelante y nunca detenerse. Mientras él se ahogaba en su éxito vacío, Till seguía luchando por encontrar su lugar en el mundo y eso despertaba algo en el pelinegro que lo hacía observarlo constantemente, un acosador a la distancia.
Cada vez que lo veía, sentía una mezcla extraña de deseo y querer protegerlo. No era solo físico, aunque había algo en la forma en que Till lo miraba, entre la inseguridad y sus expresiones desafiantes, que despertaba una necesidad en Ivan. Era más profundo que eso. Till le hacía sentir algo que hacía mucho había dejado de sentir: vivo.
Sabía que su actitud hacia Till era contradictoria. Lo molestaba, lo desafiaba, lo empujaba hasta el límite. A veces lo hacía porque le resultaba divertido, porque le gustaba verlo enfurecido, ese brillo en sus ojos que solo salía cuando estaba cerca de Iván. Otras veces lo hacía porque no sabía cómo manejar lo que sentía. No sabía cómo acercarse a él sin que se viera débil, sin que pareciera que el gran Iván, el intocable, el inalcanzable, se preocupaba por alguien más.
Amar a Till era lo único que lo hacía sentir que su vida no era completamente inútil. Claro que no lo reconocería ni ante sí mismo. En lugar de eso, seguiría como siempre, jugando su propio rol, siendo el ídolo perfecto, el centro de atención. Aunque odiaba su vida, no sabía cómo escapar de ello.
—Él es Till —lo presentó la mayor del grupo, abrazándolo por el hombro con rudeza—. Tiene la edad de Cheng.
El de cabellos cenizas la apartó con un pequeño empujón, estaba con las mejillas ardiendo de vergüenza. Mizi estaba allí, la podía conocer, hablar con ella y decirle que la conocía, la había visto cantar desde mucho antes de Faery.
—Un gusto —gruñó con una voz más dura de lo que pretendía.
—No puede sacar fotos de él, Lu Guang —el chino de cabellos negros abrazó al albino fingiendo mucha pena—. Esa secuencia de la guitarra rompiéndose hubiera sido genial.
Till lo observó con asco, recordando que había estado cerca de Mizi.
—Fue algo rara la presentación —la otra de cabellos cortos negros y ascendencia china se aproximó a él—. Qiao Ling. Tengo la misma edad que Miu, veintidós años
—Un gusto —sonrió tímidamente, rascándose la nuca.
—Ellos son Lu Guang —Ling señaló al albino y después a Cheng que seguía abrazado a él—. Cheng Xiaoshi.
—Mi hermanita menor Yoon Haemiu —Hyuna la empujó para quedara frente al coreano—, le puedes decir Miu.
—Miu —soltó, con las mejillas ardiendo y un ligero temblor al extender la mano para saludarla. Su palma se sintió caliente al tocar la de ella, y por un momento, el bullicio que lo rodeaba se desvaneció.
Miu titubeó, sonrojándose al quedar frente a Till. La presión de todos esos ojos sobre ella parecía ser abrumadora, con una mirada nerviosa que le pareció a Till adorable.
—¡H-hola! —respondió Miu, su voz casi un susurro. La timidez en ella era muchísima, su rostro rápidamente se volvió un tomate lo que hizo que él sintiera una extraña calidez en su corazón.
A medida que hablaban, Till notó cómo la dinámica del grupo comenzaba a relajarse; todos parecían alegres y amables, el aire pesado de antes se disipo. El miedo sobre llegar a espantar a Miu por su presentación punk se apagó y pudo hablar de algunas cosas con ella. Risas suaves llenaban el aire, y por un momento, sintió que las tensiones que había estado cargando se aliviaban un poco: Ling compartió anécdotas divertidas de sus días con sus amigos, y Cheng, siempre el payaso del grupo, no tardó en imitar a uno de los bailarines que había tenido una caída épica en el último espectáculo.
—¡No puedo creer que haya hecho eso! —exclamó Hyuna, riéndose a carcajadas. El sonido era contagioso, y Till se encontró sonriendo involuntariamente.
—Perdí el control del monopatín porque me distraje —la pelirrosa frunció sus labios y empezó a jugar nerviosa con los dedos—. Cheng solo se rió…
—Es que lo vi todo. TODO —señaló el pelinegro a la chica con una expresión tonta, intentando imitar el rostro que había puesto Miu en ese momento—. Te veías ridícula.
—Por eso te golpee, Cheng Xiaoshi —la hermana adoptiva le dio un golpe en la cabeza.
—¡AHHH, BASTA LING! —empezó a hacer un berrinche, frotando su propia cabeza mientras los demás se reían aún más. La risa era el tipo de sonido que hacía que Till se sintiera más ligero. Se dio cuenta de que estos momentos sencillos, llenos de bromas y complicidad, eran justo lo que necesitaba.
Miu, quien había estado un poco más tranquila todo ese tiempo, empezó a soltarse también; ver a Cheng actuando, siendo un niño caprichoso y a Ling golpeándolo hizo que su risa brotara sin esfuerzo, y hasta sus mejillas se sonrojaron por la diversión. Él no podía evitar mirarla, había algo en su risa que le iluminaba el rostro.
—Tal vez debas usar equipo de seguridad —sugirió Hyuna con una mueca divertida—. Imagínate lo ridículo que te verías—, y Till puede subirse a mi Toretto. ~
—No, gracias —respondió él, levantando las manos en señal de rendición—. Ya tengo suficiente con las actuaciones en el escenario; no necesito añadir más desastres a mi repertorio.
—Vamos, Till. ¡Es muy divertido! —Cheng se cruzó de brazos, con un gesto de desafío. Quería divertirse y hacer un nuevo amigo.
—Eso no suena muy convincente —respondió el mencionado, tratando de mantenerse serio. La verdad es que la idea de unirse a ellos en algo tan loco le intrigaba, aparte nunca se había subido a un monopatín eléctrico. Tal vez una pequeña locura no le haría daño.
—¿Y si hacemos un video? —propuso Hyuna de repente, y sus ojos brillaron con emoción—. Podemos grabarnos tonteando para promocionar nuestras redes sociales. Cheng, Ling y Lu Guang tienen un estudio fotográfico, estaría genial.
La propuesta quedó flotando en el aire mientras todos la contemplaban. Till sintió un cosquilleo de emoción: iba a poder ver de nuevo a Miu y la idea de grabar algo así le parecía emocionante. Se imaginó a sí mismo, balanceándose en un monopatín y haciendo trucos ridículos, y se dio cuenta de que podría ser entretenido.
—Prefiero una patineta —carraspeó recordando que nunca había usado algo así.
—Eso suena… algo peligroso —sonriendo haló Cheng, dándose cuenta de que su corazón latía más rápido—. Estoy dentro. Lu Guang también, por supuesto.
—¡Sí! ¡Es una gran idea! —exclamó Qiao Ling, con mucho entusiasmo, amaba los deportes extremos—. Tengo patines en mi casa.
—… —el albino los miró estaban hablando de estupideces y antes de poder decir algo Cheng se lazó sobre él para convencerlo.
Estaba claro que todos se sentían cómodos con el pequeño grupo que se había formado y listos para seguir divirtiéndose juntos.
Mientras el grupo continuaba bromeando y planificando su próxima aventura, Till se dio cuenta de que había pasado más tiempo con ellos en esa noche que con muchas otras personas en meses.
De repente, Cheng miró su reloj y se dio cuenta de que era tarde.
—Chicos, deberíamos irnos a comer algo —sugirió, la morena viendo la expresión de Cheng y que a su alrededor ya solo había gente del Staff—. Hay un lugar de comida rápida a un par de calles de aquí. ¿Qué les parece?
Los demás asintieron con entusiasmo, y así se separaron de la barra en la que estaban bebiendo y bromeando, listos para continuar la noche. Caminaron juntos por las calles iluminadas de Roppongi, el aire fresco de la noche les acariciaba la piel mientras las risas continuaban fluyendo.
Till se sintió algo incómodo, aunque se esforzó por ocultarlo. Estaba caminando al lado de Miu, quien a menudo parecía perdida en sus pensamientos, sonriendo casualmente cuándo sus amigos lo animaban. Él sentía la tristeza en su mirada que le rompía el corazón pese de su naturaleza distante, no podía evitar que un torbellino de emociones se agolpara en su pecho; siempre había sentido algo especial por ella que no se atrevía a admitir.
Cheng, Ling y Hyuna se divertían hablando y payaseando entre ellos, molestando a Lu Guang.
—La locura es nuestra especialidad —afirmó Hyuna guiñando un ojo, con entusiasmo contagioso.
—No hay forma de que se aburran con esta anciana —añadió Cheng elevando las comisuras de sus labios—, aparte se conoce todos los sitios más alocados de Tokio.
—Así los conocí a ustedes, en la estación de Shibuya, peleando frente a Hachiko —comenzó a mofarse Hyuna recordando ese día, Cheng estaba siendo golpeado por Qiao Ling mientras hablaban en chino.
—Ella me sigue tratando como un niño, al igual que ese día —el pelinegro señaló a su media hermana.
A medida que se acercaban al restaurante, pudieron ver que estaba lleno de gente joven fuera, con una música suave. Era un típico sitio de comida rápida, con asalariados y adolescentes reunidos.
Al llegar al restaurante fueron recibidos por el aroma de las papas fritas recién hechas y las hamburguesas. El lugar era grande, con mesas de plástico y sillas coloridas que parecían poco cómodas y las luces brillantes iluminaban todo el decorado del sitio.
Haemiu y Lu Guang fueron hacia una mesa grande frente a los ventanales y el resto pasó directo hacia el mostrador, dónde un gran menú iluminado mostraba las opciones de hamburguesas, nuggets de pollo y postres.
—Pediré una doble cuarto de libra con queso, extra bacon y salsa especial —Hyuna apoyó los codos en el mostrador y extendió las manos con entusiasmo—, papas fritas grandes y aros de cebolla.
—Uhm —la pelinegra leyó el menú, no tenía tanta hambre—. Tomaré el McFlurry pequeño con galletas Oreo.
—Un Big Mac doble, con queso extra y papas grandes también —repasó con la vista e menú Cheng—. Para Lu Guang una Big con McNuggets y salsa BBQ.
—Ah verdad —la morena se giró hacia Miu pensando en lo que ella querría comer o tomar—. Para Miu frappé de chocolate y un muffin de arándono.
Till dejó pasar un momento, realmente hacía tiempo que no visitaba un lugar así.
El sonido de las máquinas de refrescos y las risas de otros clientes llenaban el aire, mientras los empleados, con sus uniformes rojos y amarillos, se movían rápidamente detrás del mostrador.
—Cuarto de libra con queso, papas fritas grandes y McNuggets —pidió el último de ellos. después de haber observado lo que había elegido el grupo. Tenía un hambre voraz después de haber subido al escenario y destrozar su preciada Fender Stratocaster blanca.
Una vez que hicieron sus pedidos se dirigieron a la mesa donde Haemiu y Lu Guang ya estaban sentados. La conversación fluía con naturalidad entre todos, mientras Till se sentaba cerca de Miu, sintiendo una mezcla de nerviosismo y emoción. A veces desviando su vista hacia ella, esperando captar algo de ella.
—전화번호를 교환할 수 있나요? —finalmente habló con mucha vergüenza el chico, revelando que era coreano. Hyuna se reía a tope con lo que le estaba pidiendo a Miu, pues era muy claro con sus intenciones.
Los ojos dorados de la pelirrosa se abrieron como platos al oír el idioma de Til y también por su petición. Asintió mientras la sangre se agolpaba en sus mejillas pálidas y sacó el móvil, intercambiando números rápidamente.
—바보 같은! —les gritó la mayor del grupo, aun soltando risas.
Los tres chinos se miraron sorprendidos, esperaban que Till fuera británico o algo así. La atmósfera se sentía ligera y divertida, y aunque Till era consciente de que su corazón latía con fuerza por Miu, decidió disfrutar el momento y dejarse llevar por la alegría del grupo.
—¿Qué tal si vamos al Time Photo Studio? —propuso Cheng mientras terminaban de comer. —Ya es hora de dormir un rato.
—¡Eso suena genial! Habin quiere que empiece a dar clases de canto en el Húngaro Ganessa —exclamó Hyuna con pesadez—. Desde Chinatown es más cercano ir.
Los seis decidieron ir al estudio de fotos de Cheng para continuar con la pequeña velada y poder estar a gusto allí, el lugar quedaba cerca del centro de Shibuya por lo que había muchas formas de irse de allí temprano.