Author Topic: neverland 0.0: you can (not) remember  (Read 1678 times)


Neko

neverland 0.0: you can (not) remember
« Topic Start: February 29, 2016, 04:10:22 PM »
NEVERLAND 0.0: YOU CAN (NOT) REMEMBER

🌟 Mientras tanto, en otro tiempo, en otro lugar... 🌠


🌟 Primer día de juego abierto al público
  ✦ Ikki/Neko 1, 2, 3, 4

🌟 En algún momento indeterminado
  ✦ Ikkaku & Raiko 1

🌟 Tres semanas antes del día cero
  ✦ Violate/Neko 1, 2, 3, 4
« Last Edit: May 31, 2017, 03:27:14 PM by Neko »


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #1: February 29, 2016, 04:18:26 PM »
Estoy encantada de traer mi primer flashback, donde Neko quiere trepar berserkers, Yuzuriha recibe un regalo y Milo tiene cara de enamorado. Tendrá segunda parte :B

Violate/Neko, 01.
Tres semanas antes del día 0


—¡Ooooh! —gritó Anir, con las manos en las mejillas.

Milo y Yuzu se giraron a verla, preocupados. No por el grito, si no por el malhumor y la apatía que había estado mostrando desde que Bennu le había bloqueado.

—¿Qué pasa, algo que te guste? —preguntó Milo, llevándose el cuello de la botella de tercio a la boca.

—¡Sí! —volvió a decir, animada como hacía días que no la veían.

Yuzuriha echó un vistazo alrededor. Estaban en Rabanastre, completando un par de quest de habilidades para dancer, paseando por el mercado. Tal vez había visto un material raro o un arma especial. Ella no veía nada que pudiera alterar a Neko así.

—¡Eso! —señaló hacia delante entre la multitud.

Milo le puso el brazo sobre los hombros, agachándose un poco para intentar ver lo que ella señalaba. Y arrugó el entrecejo. En el camino que su dedo señalaba, se encontraba alguien, cruzado de brazos.
Milo podía adivinar que era una berserker por su constitución clásica y por el equipo. Las pieles de tigre le rodeaban la cintura, sujetadas por un cinturón de cuero y metal. Tenía la mayor parte de las piernas y el abdomen al descubierto, así como los brazos, aunque los antebrazos estaban protegidos por unos guantes sin dedos parecidos al faldón.
Aún desde esa distancia se podían ver con claridad las cicatrices y la manera en que se le marcaban los músculos.

Milo se bajó las gafas con el índice. Podría haberla tomado por un hombre, pero la cadera era demasiado ancha y la falta de protector pectoral le podía hacer ver dos senos casi tan grandes como la cabeza de Anir.

—Joder, está buena. Quiero su pelo y sus músculos. —dijo después de un silbido de apreciación.

—¡Sí y quiero treparla y lamerle las cicatrices!

Milo se incorporó un poco, viendo como Anir se ajustaba las gafas de aviador en lo alto de la cabeza, con la lengua asomándose entre sus labios y cara de determinación.

—Tú… tienes un problema —dijo al pensar en la cicatriz de Ikki—. Y un tipo.

Anir fue a dar un paso al frente, pero Yuzuriha la paró poniéndole una mano en el hombro.

—¿Estás segura? —le preguntó, con su voz neutra y un arco ciliar levantado.

Anir parpadeó mientras la mirada, ladeando la cabeza.

—Sí, ¿por qué?

Yuzuriha la soltó suavemente, mientras se encogía de hombros. Ajustó su látigo en la cadera y luego volvió a mirarla.

—Nunca habías mostrado ese tipo de interés. —dijo con simpleza.

Anir volvió a mirar a la berserker desconocida y luego a Yuzuriha. Y le dedicó una sonrisita antes de contestar.

—Siempre hay una primera vez para todo. —Y con una mano en alto, sacudiéndola, se despidió mientras se iba con pasos firmes hacia su destino.— ¡Estaré bien!

Cuando Anir se había alejado un poco, Milo le puso la mano a su compañera en la cabeza, ofreciéndole su refresco.

—No te pongas celosa, Yuzu —le habló—. Tú sigues siendo más guapa.

Yuzuriha apretó un poco los labios, pero aceptó el botellín para beber de él mientras miraba a otro lado, intentando esconderle el ligero rubor en sus mejillas. Necesitaba un pañuelo o algo, este equipo iba a matarla.


————

Anir estaba harta de estar deprimida. Los constantes cambios de humor entre enfado y tristeza le cansaban y necesitaba hacer algo. Y cuando había visto a la berserker en el mercado había decidido que eso era lo que iba a hacer: ella.
No le habían atraído muchas mujeres en su vida, pero esta le ponía bruta.

¿Sería la forma en la que fruncía el ceño al verla parada a su lado, carraspeando para atraer su atención? ¿Serían las cicatrices, la forma en la que su pelo revuelto se le metía entre los ojos, cruzándole la nariz?
¿Serían los músculos y el aura de autoridad?

Le recordaba a Bennu, eso estaba claro. Pero había grandes diferencias entre ellos dos. Empezando por el largo de su pelo, siguiendo por sus pechos y acabando en que ella no la tenía bloqueada.

—¡Hola! —saludó después de recibir aquella mirada estoica por cinco segundos, sin amedrentarse—. Me llamo Anir, quiero rol contigo.

La mujer se movió. Había girado la cabeza para ver a aquella muchacha que le carraspeaba a su lado, pero ahora la encaraba con su cuerpo, con los brazos cruzados y la ceja arrugada.

—Yo no roleo. —le dijo, con la sospecha rondándole el rostro.

Anir tomó aire por la nariz, aún más decidida. El ‘no’ ya lo tenía, así que iba a hacer algo que nunca había hecho desde que entró a jugar a ese juego.

—Quiero lemon. —dijo sin más, cruzándose de brazos ella también y levantando la barbilla en pose desafiante.

La berserker levantó las cejas, bajando sus manos hasta sus caderas, echándole una mirada apreciativa que la hizo sentir más pequeña, así que estiró el cuello un poco más.
La berserker accedió a su omnitool, escaneando a Neko mientras parecía pensar en algo. Hizo desaparecer la omnitool de repente y simplemente dijo:

—Violate.

Cuando Anir había escaneado de lejos a la chica, antes de señalársela a sus compañeros de Guild, ese no era el nick que había aparecido en la pantalla, así que suponía que era su nombre.
Anir sonrió, levantando un poco más el pecho.

—¿Eso es un sí? —preguntó, ladeando la cabeza con una sonrisita y haciendo que una de sus coletas topase con su mejilla.

Violate le sonrió de vuelta. Era una sonrisa pequeña con cierto aire de peligro.

—¿Demasiada prisa como para comprarme flores? —le preguntó.

—Si es de lo que gustas, oh, poderosa guerrera… —se encogió de un hombro Anir, con los ojos cerrados.

Y de repente todo su mundo cambió de norte. Anir dio un gritito y abrió los ojos para darse cuenta de que Violate la había agarrado de la cintura, apoyándola en su propia cadera.
La estaba sosteniendo con un sólo brazo. Y vaya brazo.

—Creo que ya he encontrado una. —le soltó Violate mientras empezaba a caminar presuntamente hacia la posada más cercana.

Anir levantó los pies, buscando a sus amigos con la mirada. Estaban unos metros más allá, Yuzuriha la miraba fijamente y Milo levantó el puño mientras vitoreaba.
Ella les sonrió, dedicándoles una uve con los dedos antes de concentrarse en su aparente conquista.

—¿Y a dónde me llevas, diosa guerrera?

—A mi habitación en la Guild. —le dijo, cargándola un poco mejor.

—Oh, ¿tenéis base de Guild en Rabanastre? —le preguntó, con curiosidad, tal vez hasta conocía de qué clan era si era lo suficientemente conocido o tenía algún buen mecánico.

—Sí. —fue lo único que obtuvo por respuesta.

Y Neko pensó que mejor dejaba su curiosidad para luego. Ahora mismo tenía curiosidad por otras cosas…


————

Su cuerpo rebotó en la cama cuando Violate la tiró sin miramientos sobre el colchón. Anir se dio la vuelta para quedar boca arriba, apoyada sobre sus codos. Violate la miraba con una sonrisa sesgada, una mano en la barbilla y otra en la cadera, como pensando que hacer con ella.
Anir le devolvió la sonrisa y con un movimiento de mano el chaleco de piel de tigre y el protector de cuero cayeron al suelo de inmediato. Violate parecía sorprendida por un momento, pero luego gruñó y se encaramó a la cama, encima de la mechanic.

—Impaciente. —la acusó antes de topar su nariz contra el cuello delicado de la chica.

Anir ladeó ligeramente la cabeza, poniendo una mano sobre el pelo oscuro de Violate.

—Esa soy yo. —contestó, peinando un mechón con sus dedos.

Violate la olisqueó sin intentar ocultarlo y una de sus manos se coló debajo de la camiseta de Anir, rozando el sujetador con un pulgar y abriéndole las piernas separando un poco las suyas.

—Hmn… —murmuró Anir, agarrando la cara de Violate con sus manitas antes de dejarle un beso en la nariz.

Violate parpadeó, separándose un poquito para mirarla bien. Volvía a tener el ceño fruncido.

—¿A eso le llamas beso? —preguntó, empujando un poquito el pulgar para tocar la piel caliente del pecho debajo del sujetador.

—Eso es un besito —contestó Anir antes de apretar un poco más sus manos—. Esto es un beso.

Tiró de ella a la vez que levantaba la cara, ladeando la cabeza para encontrarse con sus labios sin chocar narices.
Encontró los labios de Violate abiertos y los abrió aún más al sacar la lengua para lamer el interior con avidez. Estaba mordisqueando el labio inferior de Violate cuando ella respondió, empujando su cabeza hasta que la de Anir se hundió en el colchón.

Anir se encogió un poco, apretando la cadera bien formada de Violate entre sus rodillas, emitiendo gorgoritos en la garganta que apenas se escuchaban mientras Violate le devolvía el trato, lamiendo y mordisqueándole los labios. Su mano se coló debajo del sujetador, pellizcando el pezón sin querer al apretar el pecho entre sus dedos.
Le sobraba mano para agarrarlo, pero lo masajeó bien antes de buscar el cuello para lamerlo.

Anir bufó. Definitivamente había un interés presente, húmedo y caliente entre sus piernas.


————

Milo y Yuzu habían salido de la zona del mercado hacia la plaza, buscando algún sitio donde sentarse y esperar a que su amiga terminase con lo que había ido a hacer.

En Rabanastre hacía calor, pero nada que no se pudiese soportar. Yuzuriha vestía uno de los conjuntos más sencillos que tenía: un simple chaleco y un pantalón cortito a conjunto, con el pecho vendado, mientras que Milo se había decantado por los pantalones vaqueros rotos y una camiseta blanca sin mangas.
Los dos se habían recogido el pelo en coletas altas, esperando que cualquier intento de brisa les refrescase el pescuezo.

No tardaron en elegir un lugar y se sentaron a la sombra de un porche, pidiendo algo para beber de inmediato.

Milo estaba afinando una de sus guitarras VIP mientras Yuzuriha miraba algo en la omnitool, muy concentrada.

—¿Qué haces? —le preguntó Milo.

—Miro el equipo nuevo que ha salido para dancer. —le explicó.

Milo levantó una ceja y dejó de hacer escalas, sorprendido.

—¿No lo iba a hacer Neko ahora?

Yuzuriha no levantó la mirada del catálogo, pasando las páginas con un movimiento de dedo distraído.

—Sí, pero está ocupada —miró de reojo a Milo antes de seguir hablando—. Y supongo que tardará un buen rato en volver.

—Sí, supones bien —suspiró Milo antes de beber de su té frío—. No sé ni cómo lo ha conseguido.

Yuzuriha se encogió de un hombro antes de sonreír despacito, con un poquitín de malicia, apoyando la mejilla en un puño y el codo en la rodilla de la pierna que tenía cruzada sobre la otra.

—Siendo directa. Ella quería, la otra también…

Milo se rió un poco y le dedicó un pequeño rift antes de hacer desaparecer la guitarra entre píxeles.

—Si todo fuera tan fácil… —murmuró, con los codos sobre la mesa, y atrapó la pajita con la lengua antes de volver a beber.

—¡Oh! —exclamó suavemente Yuzu.

—¿Qué, has encontrado algo interesante?

Yuzuriha apretó los labios antes de inclinarse un poco hacia su amigo, señalando lo que le había llamado la atención.

—Pero es VIP —explicó—, vale dinero de verdad.

Milo le agarró de la muñeca para estirar el brazo hacia él y acercó la nariz a la pantalla holográfica de la omnitool.

—No es tan cara, te la puedo comprar —admitió antes de soltarle el brazo para empezar a buscar el arma en el catálogo—. Además, así tendrías donde esconder tus sonrojos.

Yuzuriha le miró con expresión neutra antes de empezar a sonrojarse ligeramente.

—En Rabanastre hace calor. —explicó.

Milo se rió de buena gana antes de clicar ‘comprar como regalo’. Un pitido advirtió a Yuzuriha de que acababan de enviarle una bufanda VIP en color rojo. Y otro pitido le anunció a Milo de que acababa de llegarle un mensaje a la bandeja de entrada.

—¡Ay! —se emocionó, respondiendo de inmediato—. ¡Que se ha conectado!

Yuzuriha agarró su bebida y le quitó la sombrillita antes de lamerla.

—¿El Monsieur? —preguntó, con un ojo cerrado, pensando en empezar a mirar la lista de la gente conectada de la Guild, a ver si alguno estaba cerca.

Milo no tuvo que decirle nada. Su sonrisa enamorada le contestó por si sola.


Continuará


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #2: March 31, 2016, 03:43:32 PM »
Sigue el flashback anterior :v <3

Violate/Neko, 02.
Tres semanas antes del día 0


La camiseta de Neko hacía unos minutos que había volado y Violate no le había preguntado al empezar a desabrocharle el sujetador. Neko tampoco había puesto ninguna pega.
Nop, ninguna. Y menos cuando, después de tirar la prenda por ahí, una de las manos de la berserker la había agarrado de la parte trasera de la cintura, obligándole a arquear la espalda mientras le lamía un pezón.

Anir levantó las manos por encima de su cabeza, gorjeando algo que no tenía muy claro que quería ser.

—Habla —dijo Violate, con una sonrisa breve y sesgada en sus labios—. Si quieres algo, dilo.

Violate lamió el camino de un pezón a otro antes de atraparlo entre los labios y tirar de él.

—¡Todo bien! —dijo Anir, con la voz algo aguda, antes de pegar una rodilla contra la cintura de Violate y mirar hacia abajo—. Aunque llevas… demasiada ropa.

Violate levantó una ceja, con el pezón entre los dientes, rodeándolo con la lengua y succionando antes de liberarlo con un sonido de vacío.
Se sentó sobre sus propios pies, con las piernas separadas y Anir desparramada en la cama, frente a ella.

—Aunque eso lo soluciono pronto —fue el único aviso que recibió Violate antes de que Anir levantase las dos manos y todo su equipo terminara por el suelo.

Violate miró sus propios pechos desnudos y luego una hombrera que daba vueltas sobre sí misma en el piso.
La mechanic tenía que tener buen nivel para haber conseguido eso con tanta facilidad. O mucha suerte. O las dos.
El interés de Violate se encendió un poco más, sobretodo al notar las manitas de Anir que recorrían con afán las cicatrices de su abdomen. Anir la miraba casi con devoción mientras intentaba sentarse a duras penas en la cama y seguir toqueteando cuanta piel tuviese a su alcance.

En ese momento Anir alzó la mirada, chocándola con la de Violate y tras unos segundos de mirarse, se encogió de hombros.

—Ya te he dicho que soy impaciente. —se excusó.

Violate gruñó, sin tener claro si le gustaba la actitud de la chica o le molestaba. Probablemente un poquito de las dos.
La agarró de la parte baja de la espalda y la sentó sobre sus muslos, echándose un poquito hacia atrás para conseguir estirar las piernas.

Anir se relamió los labios, llevando sus manitas enguantadas a la clavícula de Violate antes de acariciar con sus yemas hasta tapar los pezones de la guerrera con sus manos. Se volvió a relamer, mirando a los ojos a Violate antes de sonreírle y dejar caer la cabeza sobre sus tetas, suspirando después.

Violate levantó una ceja y puso una mano encima de la cabeza de Neko, llevando la otra a la cadera de la chica y apretando un poco. Se ganó un gorgorito de satisfacción y que Anir restregase su cara contra sus senos. Parecía que decía algo que sonaba a ‘injusto’, pero no lo pudo oír bien.
Y mientras Violate le rascaba detrás de una oreja y masajeaba una cadera de Anir, ella hociqueó hasta encontrarse con un pezón, que se llevó a la boca. Se dedicó un minuto a jugar con él, tironeando con los dientes, chupando y succionando, antes de soltarlo lo justo como para quitarse los guantes sin dedos, lamerse las yemas y abalanzarse contra el otro pezón, dándole el mismo trato mientras estiraba un poco del primero con sus dedos húmedos de saliva.

Las manos de Violate no se habían quedado quietas, y mientras Anir estaba ocupada en probar sus pechos, ella le había recorrido la espalda y llegado hasta el pantaloncito que llevaba puesto Neko.
Coló los pulgares dentro, por delante, hasta que chocó con la braguita y después de estirar un poco del elástico se decidió a desabrochar la prenda, metiendo una de sus manos directas hacia la entrepierna de Neko, que de repente se levantó un poquito, haciendo amago de cerrar las piernas antes de relajarse y apretarse contra los dedos exploradores de Violate.

La humedad en Anir era evidente y Violate le besó la cabeza mientras ella le agarraba las tetas con las dos mano, apretando un poco, cambiando de un pezón a otro, sin parar de lamer o succionar.
Violate frotó el clítoris una, dos, tres veces, lentamente, antes de hacerlo con un poco más de ritmo. El vientre de Anir chocaba contra el hueso de su mano y la chica movía la cadera con una cadencia regular. Al principio con algo de timidez, que perdió en cuanto los dedos de Violate atraparon su clítoris, estirándolo por un momento antes de volver a frotar.

Violate cambió la posición de su mano, metiéndola más adentro, en busca de la entrada que sabía estaba por allí.
No tardó en encontrarla y frotó un poco los labios de Anir antes de apretar y meter dos dedos hasta el segundo nudillo casi de golpe.

Neko apretó el pezón entre sus labios antes de soltarlo y echar la cabeza hacia atrás encogiéndose de hombros y gimiendo alto.
Violate se relamió los labios antes de atacar el cuello expuesto, mordiendo, apretando los dientes lo justo mientras gruñía. Anir tragó saliva, quedándose quieta mientras la berserker metía y sacaba los dedos con fuerza, bien lubricados gracias a su excitación.

Bajó un poco el ritmo para intentar meter un tercer dedo, que entró con algo más de dificultad y se dedicó a entrar y salir suavemente mientras le lamía el cuello, dejando algún beso aquí y otro allá.
Anir se relajó un poco más, empezando a moverse con la misma cadencia de Violate, que se apoderó de los labios de la mechanic, mordisqueándolos.

Anir mantuvo la boca abierta por unos segundos antes de apretar las manos contra los pechos de Violate y empezar a devolverle las mordidas una a una, buscando el interior de la boca ajena con su lengua, siendo ella la que ahora aumentaba la velocidad.

Neko soltó uno de los pecho de Violate para aventurar su manita más abajo, localizando el clítoris de la otra con facilidad. Dudó tan sólo medio segundo antes de apretarlo con dos dedos y buscar un poco más abajo algo de humedad, que no tardó en encontrar.
Volvió más arriba y empezó a frotar en círculos frenéticos que le ganaron un gemido de sorpresa y apreciación por parte de Violate.

Anir apoyó su frente contra uno de los pechos de Violate, intentando regular un poco más su respiración mientras se masturbaban la una a la otra.
Y de repente tuvo una idea.

Levantó la cabeza y besó la barbilla antes de decir.

—Oye… —murmuró—. ¿Alguna vez te has equipado un pene?


Seguirá continuando...


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #3: April 30, 2016, 02:07:40 PM »
Seguimos con el lemon anterior~

Violate/Neko, 03.
Tres semanas antes del día 0


—¿Equipado un pene? —preguntó Violate, extrañada.

Anir le sonrió, apretándole el clítoris un poco más. Violate respondió metiendo los tres dedos hasta el último nudillo y apretando esos nudillos contra la entrada de su vagina.
Anir cerró los ojos y gimió, levantando un poco la cadera antes de hacer fuerza para apretarse contra aquella mano.

—¿Te refieres a un strap-on? —preguntó esta vez, hociqueándole el cuello y lamiéndolo a la espera de una respuesta, mientras sus dedos se movían dentro de Anir.

Tuvo que morder un poco el cuello y volver a preguntar para obtener esa respuesta, sacando poco a poco los dedos de dentro de Anir.

—No, no… —explicó un poco antes de tragar saliva y agitar la cabeza para despejarse.

Las coletas volaron en todas direcciones antes de asentarse encima de los hombros de Neko.

—Equiparlo, en el juego… como una parte de tu cuerpo —dijo la mechanic, dejando de apretar sus dedos contra Violate. Un hilo de humedad se rompió antes de limpiarse contra la sábana—. Como un… eh, un pene de verdad.

Violate arrugó el entrecejo y Anir la miró seria, esperando que no le desagradase la idea.

—No, nunca lo he probado. ¿Y tú?

Anir parpadeó mientras Violate sacaba su mano de dentro de sus pantalones, pringándole el vientre con su propia humedad, extendiendo los dedos para limpiarse en su piel.

—Sí… —confesó—. Está… está bien.

Violate pareció relajarse un poco más mientras se pensaba la propuesta, pero no podía negar que le causaba curiosidad.

—¿Cómo se siente? —preguntó la berserker.

—Diferente, definitivamente bien —opinó, levantándose con piernas temblorosas, sobre la cama, para quitarse el pantaloncito—. ¿Te gustaría probar?

Violate ladeó la cabeza, agarrando el pantaloncito y ayudando a Neko a quitárselo, junto con la ropa interior y todo lo que pudiese molestar.
Anir levantó las manos para quitarse las gafas de aviador que llevaba en la cabeza pero Violate le lamió una costilla, mordisqueándola mientras le agarraba de los codos para impedírselo.

—No te las quites. —le dijo antes de lamerle el ombligo.

Anir bajó las manos, mordiéndose el labio inferior antes de dejarse arrastrar de nuevo sobre los muslos de la mujer.

—Y sobre ese pene… sí.

Anir sonrió, rezumando energía mientras saltaba un poquito sobre las piernas de Violate.

—¿Me lo pongo yo o te lo pones tú? —quiso saber Anir, le daba igual una cosa que otra.

—Yo. —decidió Violate.

Ya que iba a probarlo por primera vez quería saber cómo era aquello. Pasaron unos tres segundos en los que Anir se dedicó a fantasear con aquel glorioso ente de fuerza y poder armado con un pene.
Violate le agarró del culo y Anir volvió a lo que estaba haciendo, carraspeando mientras las manos de la guerrera le amasaban el trasero.

—¿Cómo se hace? —preguntó.

—Cómo cualquier otra parte del equipo —dijo Neko, activando su omnitool—. Mira, aquí tienes las opciones: colores, tamaños, formas…

Neko giró la pantalla de la omnitool para enseñárselo a Violate.

—Elige el que quieras y te lo equipas, así de simple. Si estamos en party te lo puedo equipar yo.

No tardaron mucho en añadir a Violate en la party en la que ya estaba Neko —siendo la que estaba lejos de la base de su guild, era más fácil que así encontrase a sus compañeros después— y luego se dedicaron a cotillear qué formas podía tomar aquel elemento del juego que Violate no había conocido hasta el momento.

—¿Cuál quieres? —preguntó Neko.

—¿Cuál quieres tú? —le devolvió Violate la respuesta.

—¿Yo? Tú eres la que lo va a llevar puesto. —replicó Anir.

—Y a tí a quien voy a metérselo.

Neko estuvo unos segundos callada, mientras un sonrojo se apoderaba de sus mejillas. Carraspeó otra vez mientras se tapaba los ojos con la mano libre.

—Sorpréndeme. —dijo con un hilo de voz y Violate se encogió de hombros antes de elegir uno, llevando el dedo de Anir a la pantalla mientras ella seguía con los ojos empecinadamente cerrados.

—Ya. —le avisó por si acaso.

Con sólo un ojo abierto, Anir pensó en el comando para equipar a un compañero y pronto, un bulto caliente y sólido pegó contra su vientre.
Anir miró hacia abajo, poco a poco, anticipando cómo sería. Y era grande. Un poco más oscuro que la piel de Violate, sin cicatrices, terso y con el glande enrojecido. Tenía claro que aquello no le cabía en la boca.

—¿Qué? —preguntó Violate, levantando una ceja.

—Te… te queda bien, proporcionado.

Si en algún momento lo había dudado, la sonrisa que ahora le dedicaba Violate le hacía claro que ella era todo un predador. Tenía una especie de cualidad canina. Tal vez los lobos sonreían así cuando estaban a punto de cazar un conejo.
Menos mal que Anir era un gato.

Agarró aire antes de soltarlo de golpe y bajó una de sus manitas para ponerla sobre el glande caliente.

—Bueno, al lío. —dijo antes de bajar esa mano por todo el miembro.

Tuvo que usar las dos, subiendo y bajando antes de aventurar una mano un poco más abajo para ver si Violate se había equipado también los testículos.
Los apretó en una mano mientras hundía la cabeza entre los pechos de la berserker. La chica había elegido la experiencia completa, por lo que se veía.
No la podía culpar.

En algún momento Violate la agarró del culo otra vez y gruñó:

—Ya basta de eso. —Antes de levantarla a peso y alinearla con su pene.

Anir cogió aire, poniendo las manos en los hombros de Violate para equilibrarse mejor, notando la punta de la polla haciendo presión contra su clítoris. Se restregó contra él dos, tres veces, antes de que las dos se dieran cuenta de que el ángulo era perfecto.

Anir hizo presión hacia abajo y Violate un poco hacia arriba. Costó un poco, pero el glande se enterró en su interior como si estuviese hecho para estar allí.
Violate la tenía agarrada del culo, pero cambió el lugar de sus manos para apretarle la cadera con los pulgares, intentando que bajase un poco más.
Era una sensación extraña la que estaba sintiendo, pero muy placentera. De alguna forma era como estar en casa. Toda aquella presión en la punta le hacía querer más.

—Espera, espera, espera —repitió Anir con los ojos cerrados y tragando saliva—. Sólo un… poco.

Y sólo un poco fue. La misma Neko se fue dejando caer poco a poco, hasta que no podía bajar más. Tenía las piernas bien abiertas e intentaba equilibrarse como podía con los pies en la cama.
Violate no tardó en volver a agarrarla del culo para ayudarle a subir y bajar una vez. Era delicioso y las dos gimieron casi a la vez.

La berserker gruñó un poco más mientras Anir empezó a poner de su parte para el subir y bajar.
Neko mordisqueó la mandíbula de Violate, hasta que llegó a la barbilla y ella agachó la cabeza para adueñarse de sus labios otra vez.
Los dedos de Anir se entrelazaron detrás de la cabeza de Violate mientras la besaba algo más lentamente que la última vez, pero definitivamente con profundidad. La lengua de la mechanic buscaba adentrarse todo lo posible, manteniendo ese mismo ritmo, lento pero profundo con sus caderas.

En algún momento Violate decidió que ya tenía bastante y agarró a Neko mejor, pegándola a su cuerpo antes de mover las piernas para volver a quedar de rodillas sobre el colchón.
Agarró a Neko por una coleta y tiró del pelo hacia atrás, con la suficiente fuerza como para que Anir se dejase llevar por el movimiento y acabara con la cabeza sobre la cama.

—Ah… —se quejó, arqueando la espalda mientras ladeaba la cabeza y estiraba las manos hacia arriba, buscando la almohada.

Vioalte volvió a agarrarla de la cadera y empezó con embestidas cortas y rápidas, haciendo que Neko se volviese a arquear.

—¡Aaaah! —gimió ahora, más alto, antes de jadear—. Ahí, ahí…

Anir abrió un ojo y estiró una de sus manos hacia su entrepierna, perdiéndola en los pliegues en los que se escondía su clítoris y empezó a frotarlo en círculos, mordiéndose el labio inferior.

Violate soltó su cadera para inclinarse sobre ella, apoyando ambos puños en el colchón. Agarró una de las piernas de Anir, levantándola un poco mientras embestía con más ganas.
Su pelo oscuro se desparramó por encima de sus hombros, cayendo hacia Anir. Volvió a atrapar uno de los pezones de Neko con su boca, rodeando el pezón con la lengua antes de succionarlo y morder con suavidad, tirando de él.

Lo soltó en favor de buscar su cuello, subiendo en un camino de mordidas y lengüetazos. Y cuando llegó a su destino gruñó de nuevo, succionando varias veces por el costado izquierdo del cuello de Anir, estirando del lóbulo cuando lo tuvo al alcance.

—¿Qué te parece esto? —preguntó en su oído, jadeando antes y después de preguntar—. ¿Hmn?

Buscó el otro costado de su cuello para hacer lo mismo, mientras Anir gemía y levantaba la cadera más, con una mano atrapada entre sus cuerpos, frotando con frenesí.

—Perfecto, es perfecto… —respondió antes de aspirar por la nariz y quejarse con gemiditos ahogados.

Violate se volvió a arrodillar en la cama, observando el desastre que estaba hecha Anir, desparramada en la cama, con la cara sonrojada y los ojos húmedos. Su cuello empezaba a mostrar marcas oscuras en la piel.

Le agarró de las rodillas, levantándolas y mirando el lugar donde sus cuerpos estaban unidos. Anir se arqueó un poco para tomar más de su pene, gimoteando en el proceso y Violate sonrió satisfecha.
Anir apretó por dentro y Violate siseó por la sensación placentera. Ahora la que sonreía era Anir.

Violate le soltó las piernas y ella las abrió, sonriéndole ahora con más picardía que antes incluso, mientras movía la espalda en ligeras ondulaciones que le hacían entrar y salir tan poco a poco…

—¿Tanto te gusta follar? —preguntó Violate, poniéndole una de sus manos en el vientre, moviéndola hasta que su pulgar rozó donde sabía que se escondía su clítoris.

Anir suspiró, levantando un poco más la cadera.

—Eres la primera desconocida con quien lo hago. —confesó Anir, estirando los brazos por encima de su cabeza.

—Hmn… —respondió Violate, entrecerrando los ojos.

No tenía muy claro qué pensar de aquella chica. Tenía experiencia. ¿Sería de fuera, de dentro? Y había usado aquello del pene equipado con alguien, así que tendría que haberlo hecho en el juego con anterioridad.
¿Alguna pareja? ¿De rol o de verdad?

Violate le dio una palmada en el costado, agarrándole una pierna para manejar a Anir y obligarla a ponerse de lado, haciendo que el pene se saliera de su interior.
¿A ella que más le daba su pasado? Estaban ahí para follar y de momento la cosa iba viento en popa. Y más que iba a estar.

Anir miró hacia atrás, alarmada. ¿Había dicho algo malo? ¿Sería que Violate no quería continuar?
Violate casi se rió, pero el ruido se quedó atorado en su garganta.

—No me mires así —le dijo mientras reculaba para bajar de la cama—. Y trae ese culito tuyo hasta aquí.

Anir la miró, de pie, con el pene de un rojo furioso y mojado. La mirada inquisitiva no dejaba sitio para decirle que no, aunque Neko lo habría hecho sólo para ver qué hacía aquella diosa guerrera y erecta.

En cambio, se lamió los labios, tragó saliva y abrió la boca, pero la volvió a cerrar antes de asentir con la cabeza y acercarse al borde de la cama arrastrándose hacia abajo.
Cuando tuvo el pie fuera de la cama, Violate le agarró de la cadera, poniéndole el culo en alto y separando sus nalgas con los pulgares.

Anir cogió aire y esperó, quieta donde estaba, esperando. La lengua no tardó mucho tiempo en lamerla entera y Anir abrió los puños sólo para volverlos a cerrar sobre la sábana.
Vale, no estaban parando. Todo estaba bien.
Violate le volvió a lamer, esta vez empujando su lengua dentro de vagina. Todo iba muy bien.


Aún está continuando...


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #4: May 28, 2016, 03:17:58 PM »
Y con esto doy por terminado este flashback pornoso :DDD

Violate/Neko, 04.
Tres semanas antes del día 0


Anir gimió contra el colchón antes de estirar una mano temblorosa y atraer la almohada para poder morderla.
Gemir y jadear era lo único que había hecho en los últimos cinco minutos en los que Violate había decidido mostrarle que la destreza no la tenía sólo en las manos, si no también en la lengua.

—Dios bendito. —gimoteó Anir contra la almohada antes de tragar saliva y notar cierto temblor en sus muslos.

Violate la agarró mejor de la cadera, levantándole un poco más el culo antes de separar su cara de los genitales de Anir, frotando la barbilla por una de las nalgas de la chica para limpiarse.
Anir volvió a gemir, ahora desesperadamente.

La berserker no tardó mucho en levantarse de nuevo, no sin antes morderle un cachete a la mechanic, ganándose una queja casi cómica.

—Ay, ¡ey!

—No te quejarás tanto cuando te vuelva a meter esto. —le dijo Violate, apretando la punta de su pene entre las nalgas de Anir, que levantó un poco más el culo después de dejar salir un suspiro.

Violate no pudo evitar reírse entre dientes antes de resbalar su miembro, apretándolo contra Anir, buscando la calidez de su interior, la humedad que empezaba a echar de menos.
Se hundió en ella, con fuerza, y vio como echaba atrás la cabeza, levantándose sobre sus manos. Violate gruñó y estiró una mano hasta agarrar una de las coletas de Anir, dándole un pequeño tirón.

—¡Ah!

Y Violate dio otro tirón, ahora más suave, obligándole a ladear la cabeza. La berseker se inclinó hacia ella, buscando su oreja.

—¿Notas eso? —le preguntó—. ¿Lo notas?

Anir se mordió el labio inferior, sintiendo el calor debajo de sus ojos y entre sus piernas.
Violate atrapó el lóbulo con los dientes, estirando un poco de él antes de lamer la oreja y volver a preguntar.

—¿Sabes a lo que me refiero? —dijo, moviendo la cadera en círculos, sin salir ni un milímetro de su interior.

Anir dejó salir el aire a trompicones de sus pulmones y asintió con la cabeza. Los testículos de Violate golpeaban contra ella con cada movimiento.

—Lo tienes todo dentro. —le aclaró, para asegurarse de que seguían hablando de lo mismo.

Violate soltó el cabello que seguía agarrando en su puño, dejándolo caer suavemente a la vez que se incorporaba. Neko se volvió a dejar caer sobre el colchón, agarrando la almohada y empujándose hacia atrás, ganándose otra risa profunda de parte de Violate.

—Parece que aún quieres más, ¿tendría que haber cogido uno más grande?

Anir miró hacia atrás y levantó una mano para moverla hacia la bereserker.

—¡No, no, no! —exclamó antes de dejar caer de nuevo la mano— Así está bien, más no.

Violate se echó un poco atrás y empujó hacia delante, ganándose un gemidito.

—¿Asustada de que rompa tu pequeño cuerpo virtual?

Anir decidió esconder la cabeza debajo de la almohada y abrir un poco más las piernas, aunque después de un par de estocadas se la quitó de encima para poder respirar bien, estirando los brazos como si fuera un gato desperezándose.

Violate continuó con un ritmo lento y unas estocadas cortas que hacían saltar a Anir cada vez que tocaba fondo dentro de ella.
Se le estaba haciendo difícil aumentarlo, el interior de Anir le apretaba con ganas, haciendo la fricción deliciosa. Pero necesitaba más, las dos necesitaban más si querían llegar a algún lado.

Violate cerró los ojos, echando la cabeza hacia atrás, haciendo que su pelo se balancerara de un lado a otro, haciéndole cosquillas en la espalda. Tomó aire y lo dejó salir, estirando los dedos antes de aferrarse a la cadera de Anir, saliendo lentamente de ella.
Las dos gruñeron y en la siguiente estocada la habitación se llenó con el sonido de sus gemidos.

Violate se quedó ahí, moviéndose en círculos por unos segundos antes de repetir la acción. Neko golpeó el colchón con un puño y cuando Violate decidió aumentar el ritmo, una de sus manitas se perdió por su cuerpo, buscando algo en su entrepierna.
Rozó con sus dedos el miembro mojado de Violate, que seguía entrando y saliendo con ganas y después de humedecer bien sus yemas, empezó a frotar furiosamente su clítoris, apretando aún más su vagina.

Violate gimió, echando la cabeza hacia atrás y empujando tan fuerte a Anir en su siguiente embestida que si no hubiese sido por la fuerza con que la agarraba, se habría caído sobre el colchón.

—Ah, sí, justo ahí. —dijo Anir entre jadeos.

Violate se inclinó hacia ella y la agarró de la parte frontal del cuello con una mano, incorporándose a la vez que se llevaba a Anir con ella.
Anir gimió, notando los pechos de Violate apretarse contra sus hombros, y giró la cabeza, buscando los ojos de la berserker, que no tardó ni un segundo en apoderarse de su boca.

Anir ronroneó encantada, llevando su mano libre a los dedos que aún la sostenían por la mandíbula, correspondiendo el beso con mordiscos y lamidas, abriendo la boca cuando Violate le gruñó y apretó su lengua contra sus labios.

Violate aún se movía, aunque ahora lo hacía con pequeños empujones, soltando el cuello de Neko y dejando que sus dedos se entrelazasen mientras bajaban por todo el cuerpo de la mechanic, que paró el descenso a la altura de su cadera.

Para su sorpresa, Violate se dejó guiar y apretó los dedos de Neko dejándolos donde ella quería, aunque la otra mano se fue directa a su entrepierna, buscando.
El brazo derecho de Violate apretó el de Anir y su mano, más grande, cubrió la suya, tocando donde el miembro que llevaba equipado las unía.
Violate apretó el dedo contra la entrada, mordiéndole el labio inferior antes de meter de nuevo la lengua en su boca, intentando reclamarla toda para ella, justo en el mismo momento en el que logró forzar su camino dentro de ella con un dedo.

El gemido de Anir murió en la lengua de Violate, que movió el dedo dentro de ella. Era una sensación extraña aquella, pero desde luego placentera.
Los dedos que aún se agarraban a la mano izquierda de Violate se apretaron más y cuando por fin dejó ir su boca, Anir jadeó, con los hombros encogidos y los sentidos sobrecargados.

Violate se apiado de ella, sacando el dedo, no antes de haberla visto estremecerse al rozar un lugar en concreto. Sonrió, besándole el cuello después, succionando fuerte mientras sus dedos se unían a los de Anir sobre su clítoris, frotando más lento, pero con ganas.

Y fue Anir la que empezó a moverse de adelante hacia atrás, haciendo que Violate gruñera su aprobación.
Besó el hombro antes de morderlo y dejar que Anir cayera de nuevo en la cama, empujándola más, con la intención de hacer que cayera sobre el colchón. No tardó mucho en conseguirlo.
El pene había salido de dentro de Anir, pero eso no le importaba demasiado, mientras subía las rodillas a la cama, cada una a un lado del cuerpo de la chica, sentándose sobre los muslos de la mechanic y buscando el ángulo perfecto para volver a entrar.

Anir suspiró y levantó un poco la cadera, colando una mano otra vez entre sus piernas y apretando las sábanas con la otra.
El pene de Violate encontró el camino y no perdió tiempo en volver a las arremetidas fuertes y rápidas, con los puños a los lados de la cabeza de Anir, que arqueó la espalda debajo de ella.

—No me… falta mucho. —avisó Anir, con la voz atorada en la garganta.

Violate le besó un hombro antes de confesar que a ella tampoco. Seguía siendo extraño como le hacía sentir aquel miembro, pero la sensación de que algo iba a explotar en ella inminentemente era más o menos parecida.
Violate redobló sus esfuerzos, aplastando un poco a Anir cuando decidió que quería volver a masturbarla. Era divertido sentir como su cuerpo se removía cada vez que una embestida o un toque de sus dedos le hacía estar más cerca del orgasmo.

—¡Aaah! —gritó Anir antes de encogerse entera, apretando las piernas y temblando mientras Violate no paraba de entrar y salir.

Y ahí estaba, ese calor que se expandía por su cuerpo poco a poco antes de dejarle la cabeza cosquilleante, con la misma sensación de entumecimiento que le provocaba beber demasiado rápido un granizado.
Venía lenta, pero segura y cuando por fin ocupó todo su cuerpo, su interior estalló en llamas, contrayéndose sin control alguno, latiendo con fuerza y rapidez.

Violate gruñó otra vez. La estimulación era muy fuerte y no sabía qué hacer, si dejarse llevar a lo más hondo de Anir o seguir montándola.
Cerró los ojos y todo en su mente se puso en blanco. Hociqueó con urgencia, buscando de nuevo el cuello de Anir, que mordió justo antes de dar un par de embestidas y salir del todo, incorporándose para ver como el semen salía de ella en descargas que hicieron saltar a su pene.
Se frotó un poco con la mano, viendo como más semen volvía a salir y una tensión que se había estado acumulando en ella empezó a desaparecer lentamente con su siguiente exhalación.

Se mordió el labio inferior, viendo como Anir se movía lentamente, frotando la frente contra la almohada que había estado mordiendo.
Violate sonrió con un poco de malicia antes de meter su polla de un sólo empujón en el interior aún latiente de Anir, que se giró a mirarla con algo de indignación, aunque el reguerito de saliva que humedecía una de sus comisuras hacia la mejilla le quitaba algo de credibilidad.
Violate salió no sin antes darle una palmada en el culo y se dejó caer a su lado, sudada pero feliz.

Anir volvió a hundir la cabeza en la almohada, contenta con dejar pasar unos minutos para recuperarse antes de averiguar dónde demonios estaba la ducha más cercana.
En algún momento Violate había decidido enredar el pelo de Anir en sus dedos, jugando con él en silencio. Le parecía bonito.

—La próxima vez —dijo Anir, con la voz cansada, bostezando antes de seguir—, te voy a comer entera y te va a gustar.

Violate parpadeó sorprendida antes de buscar los ojos de Anir y levantar una ceja.

—¿Ya te cabrá en la boca? —le preguntó.

Anir levantó un dedito antes de girar la cara hacia la almohada y decir, con sus palabras oyéndose agudas y amortiguadas.

—Sin pene.

Violate no pudo más que reírse mientras le robaba las gafas de aviador para ponérselas ella.


————

—Hola.

Yuzuriha levantó la cabeza, dejando de prestarle atención a su omnitool cuando escuchó la vocecita de Anir saludarle.
Habían pasado horas desde que hubiera visto a su compañera de Guild por última vez y la luz de Rabanastre le daba un color especial a su piel. ¿O sería esa especie de brillo de felicidad que parecía lucir lo que la hacía ver diferente?

Crane frunció el ceño y sus ojos dejaron atrás la expresión de infinito júbilo del rostro de Anir para fijarse en su cuello. En las marcas en su cuello, más concretamente.
La pajita entre sus labios se cayó directa a la copa del cóctel que se estaba bebiendo y por algún motivo sus muslos cruzados sudaron un poquito más.

Anir frunció el ceño y se cruzó de brazos.

—¿Qué? —le preguntó, aunque parecía no poder sacarse del todo el aura de satisfacción y alegría que la rodeaba.

Yuzuriha se reclinó en su asiento, con la omnitool desapareciendo en un remolino de píxeles a la vez que cogía su copa y se llevaba la pajita de nuevo a los labios.
Dio un trago durante el que las dos se miraron fijamente antes de soltar la pajita y sonreír un poquito.

—Al final sí que lo has hecho.

Anir se encogió de hombros antes de dejarse caer en una de las sillas, con las mejillas sonrojadas y algo de nerviosismo.

—Pues sí.

Yuzuriha se rió un poco antes de que Neko se diera cuenta de la ausencia de Milo.

—Que cabrón, te ha dejado sola. —se quejó Anir, mirando el menú de la tienda para tomar algo que le hiciera recuperar stamina.

—Se ha ido con su amorcito, pero me ha prometido comprarme una bufanda VIP.

Cayeron en un silencio cómodo durante unos minutos y justo después de que Anir pidiera su mojito de frambuesa, Crane le dio una patidita por debajo de la mesa.

—Me alegro de que estés mejor.

Anir la miró seria antes de romper su expresión con una sonrisa pícara.

—Ya era hora. —dijo la mechanic, levantando la mano para recibir una palmada de parte de su amiga.


Se acabó :D


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #5: February 26, 2017, 12:09:21 PM »
Le tenía ganas a este flashback. Lo tenía programado casi que desde que empezamos a escribir esta historia y quería ponerlo más o menos después del ataque a las ciudades y antes de mi siguiente arco (sí, sí, ya lo tengo planeado, jor jor jor). Así que :D ¡a disfrutar!

Ikki/Neko, 01.
Primer día de juego al público



Ikki había estado esperando el juego como agua de Mayo, hasta se había asegurado de tener el día de inauguración libre. Ya se había reservado un lugar en las máquinas especiales que habían llegado hace poco. Le había tocado pagar de más.
Y sí, era un soborno. Y no, no le importaba confesarlo. Así de ganas le tenía al maldito juego.

Fue el primero en entrar a la habitación donde estaban las cápsulas y echó un vistazo rápido para saber dónde estaban las cosas.

—Bienvenido —le saludó una voz suave, la chica le estaba sonriendo—. Como esta es tu primera vez, te hablaré sobre los riesgos y las virtudes de las cápsulas.

—He leído el manual. —le dijo Ikki, aún sin mirarla a la cara. Estaba demasiado ocupado fijándose en el sitio donde iba a dormir por un par de horas como para fijarse en ella.

—De todas maneras, es mi deber. Necesito asegurarme de que lo comprendes.

Ikki asintió, con las manos en los bolsillos, aún sin mirarla. La chica empezó a contarle lo que él ya sabía: cómo se conectaba la máquina, el tiempo que podía estar jugando, los peligros de su uso y las maravillas de la tecnología.

—Si las cápsulas o su software se actualizan y alteran de alguna manera los riesgos que pueda sufrir su usuario, le informaré de ello en su primera visita.

—Sí, lo que quieras. —soltó Ikki, empezando a ponerse nervioso.

—Sígame, por favor. ¿Cuándo ha sido la última vez que ha comido, ha ido al baño?

Ikki contestó, casi bufando y por fin lo llevaron hasta la cápsula. La mujer la abrió para él y después de acomodarlo debidamente le volvió a sonreír. Ikki se fijó en ella por primera vez.
El pelo castaño estaba recogido en una coleta y sus ojos eran suaves, al igual que la fina línea de sus labios. Parecía agradable.

—Ha pagado por dos horas, recuerde que en el juego equivale a cuarenta y ocho horas. Estaré esperándole —le aseguró, aún sin cerrar la máquina—. Si quiere terminar antes su sesión no se le devolverá el importe, sólo tiene que terminar su sesión en el juego. Espero que lo pase bien.

Ikki entrecerró los ojos y los cerró cuando vio que la puerta empezaba a encajarse en su sitio. Por un momento sólo pudo oír el sonido de su corazón, hasta que algo le pinchó la piel.
Abrió los ojos de golpe, tensando todo su cuerpo, arqueando la espalda. Intentó gritar, pero la oscuridad se estaba apropiando de su conciencia.



Lo primero que pensó es que estaba flotando en medio del universo. Pero en el espacio no había aire y él podía respirar. Apretó los párpados e intentó abrir los ojos.
La sensación se le hizo rara, era como despertarse, pero no del todo.

—¡Hola! —le saludó una voz alegre—. ¡Elija el nombre de su personaje!

—¿Perso-qué? —preguntó Ikki, llevándose la mano a la frente antes de sacudir la cabeza.

—¿Es Persoqué el nombre de su personaje? Puedo facilitarle un teclado para su mayor comodidad.

Ikki abrió los ojos y empezó a procesar todo lo que tenía alrededor. No notaba ni la más mínima brisa y sólo podía concentrarse en el teclado naranja que tenía delante.
¿Por qué no podía ver nada más?

Carraspeó un poco, intentando ver cómo se sentía aquello. Definitivamente parecía tener una garganta.

—A ver… —murmuró Ikki, mirando un poco más abajo.

Ah, ahí estaban sus manos, aunque parecían un poco artificiales.

—¡Le informo de que su nombre de personaje no tiene porque ser para siempre! Dentro del juego encontrará modos de cambiarlo si le apetece.

—Nombre de personaje… claro. —cayó por fin en la cuenta.

Su cabeza parecía aclararse un poco más y parpadeó un par de veces antes de empezar a teclear.
Le dio a enter.

—¿Es Bennu su nombre de personaje? Está libre.

—Sí. —afirmó Ikki.

—Nombre de personaje adjudicado. ¡Bienvenido, Bennu! Iniciando el editor de personaje.

La luz pasó de tenue a brillante en unos pocos segundos, los suficientes como para no dejarle ciego de repente. Aún así volvió a parpadear.
Y de repente se vio a sí mismo, como en un espejo.

—¿Desea basar su personaje en su aspecto real o quiere seleccionar otro cuerpo?

Ikki entrecerró los ojos. Oh, demonios.

—No sé…

Y realmente no sabía qué hacer. Si el juego era tan realista como prometía y así lo estaba pareciendo, tal vez un aspecto más parecido al suyo sería más fácil de llevar. Pero tampoco quería ir con su cara por aquel mundo, eso le haría demasiado reconocible en la vida real.

—Le recomiendo embellecerse un treinta por ciento. ¿Ha pensado en un job? Elegir un cuerpo físicamente adecuado a su job podría ayudarle en un futuro.

¿Es que la ayudante estaba leyéndole el pensamiento?

—¡Así es! —trinó la voz femenina—. Encontrará más información al respecto en el manual del juego, accesible en cuanto termine su creación de personaje.

—Dios mío… —murmuró, pero no quiso pensar más al respecto, el tiempo que perdía ahí era tiempo que no estaba jugando—. Knight, quiero ser Knight. Aplica eso del embellecimiento o como se diga.

—¡Recibido!
En el espejo, el cuerpo de Ikki se volvió ligeramente más esbelto, algo más alto. Sus hombros seguían siendo igual de anchos, pero su cintura se había vuelto algo más estrecha.
La camisa desapareció para dejar ver unos músculos definidos y su piel adquirió un moreno igualado por todas partes, más suave.
Su barbilla se afinó ligeramente y sus ojos pasaron de azul grisáceo a tener un tinte más violeta.
Sus cejas eran más definidas y delgadas que antes, sin dejar de ser de algún modo gruesas. Hasta su nariz cambió un poco, pero no demasiado. Tal vez un poco menos puntiaguda que antes.

—¿Qué quiere hacer con la cicatriz?

La mandíbula de Ikki, ahora un poco menos cuadrada, se apretó y sus ojos brillaron mientras los estrechaba.

—Quítala —ordenó—. Y cámbiame un poco la voz.

—¡En ello! —pasaron un par de segundos hasta que le preguntó—. Pruebe ahora.

Ikki se quedó callado, sin saber qué decir. Tomó aire. Era una estupidez, pero se sentía idiota diciendo “Hola, hola” o “Probando, un, dos, tres”.

—El color de pelo —dijo al final, la voz estaba bien—. Un poco más claro y… azul. Azul grisáceo. Algo más largo, menos rizado.

Ikki asintió cuando vio los cambios.

—¿Está satisfecho con su avatar? —preguntó la voz.

—Sí.

—¡Perfecto! Puede cambiar su avatar más adelante, encontrará la información dentro del juego. En unos momentos será transferido al tutorial.

—¿Tutorial? —preguntó, no sabía que el juego tuviese tutorial.

No tuvo tiempo para mucho más. Todo se volvió negro otra vez y de repente, en una sucesión de píxeles, el mundo empezó a tomar forma a su alrededor.
Lo primero que oyó fueron los pajaritos y la brisa entre los árboles. Notó el calor del sol en su piel y cerró los ojos por un momento y se dedicó a respirar.
Podía oler la hierba.

Y cuando volvió a abrir los ojos, tan despacio como los había cerrado, oyó un clín. Y algo chocó contra él.

—¡Auch! —dijo una voz que no era la suya.

—¿Pero qué? —se quejó Ikki, llevándose la mano a la cabeza, algo había impactado contra él.

—¡Sal de aquí, idiota!

Unas manitas estaban agarrándole de la pechera de la camisa cuando por fin pudo centrar la vista. Al parecer estaba sentado en el suelo con una desconocida en su regazo.
La chica se levantó de golpe y agarró a Ikki para arrastrarlo un poco más allá.


—¿¡Pero qué haces!? —se quejó él, a rastras por la hierba.

Un pequeño ruido acompañó la aparición de otro personaje, que miró a su alrededor y después de sonreír empezó a trotar en dirección a un gran tablón de noticias del que Ikki no se había percatado.

—Hay que reportar esa mierda, alguien se va a matar ¡Casi te mato! —vociferó la chica, aún de pie, mirando hacia arriba.

Ikki podía ver su pelo claro brillando con el sol que se colaba entre las hojas del árbol hasta el que le había arrastrado. También podía ver su barbilla y sus brazos cruzados. No parecía muy alta, pero desde donde Ikki estaba, desde luego parecía poderosa.

—¿¡Y por qué te enfadas tú!? —gritó Ikki de vuelta, sin entenderla.

Después de todo, al que le había bajado la vida del golpe había sido a él.

La chica pareció tensarse por un segundo antes de mirar hacia abajo y bajar las manos, una en la cintura, otra extendida hacia él. Y una sonrisa pilla en los labios.

—No quiero matar a alguien sin haberme caído mal primero. ¿Cómo te llamas?

Ikki miró aquella manita con aprensión y empezó a levantarse.

—Tranquila, no tardaré en caerte mal. —avisó Ikki, sin tomar su mano y acabando de ponerse en pie.

Ella dejó caer la mano que le había ofrecido y miró hacia arriba. No parecía acobardarse por la altura de Ikki, debía de ser bajita en la vida real. O eso era lo que Ikki había decidido.

—Lo dices como si fuera una promesa. —observó, ladeando la cabeza y llevándose un dedo a la barbilla.

Ikki dejó escapar una carcajada baja y sin humor, cruzándose de brazos.

—Es un hecho.

Ikki se dio la vuelta y empezó a caminar hacia el tablón. Se giró un momento al oír otra campanita y ver al nuevo personaje maravillado por todo lo que podía ver.
Era el primer día, todos eran novatos e Ikki se dijo a sí mismo que pronto iba a dejar de serlo. Conseguiría su primer job antes de salir, esa era su meta.

—Tú no tienes muchos amigos, ¿verdad? —le llegó desde atrás.

La chica le estaba siguiendo. Ikki decidió ignorarla.

—¿Cual es tu nick? —preguntó ahora—. El mío es Neko.

Ikki se paró delante del tablón, junto a otros dos jugadores y la chica.

—¿Y qué te hace pensar que me importa?

—Si quieres caerme mal vas a tener que interactuar conmigo, ¿sabes? Ignorarme no va a funcionar hasta que no seamos amigos.

Ikki entrecerró los ojos y se concentró en las palabras que habían escritas en una de las hojas que parecía brillar. Explicaba nociones básicas del juego y le indicaba qué hacer a continuación.
Miró hacia el edificio cercano. Parecían estar en el patio de algún lugar. Ya había gente entrando y saliendo de aquel sitio.

—Es el castillo de Prorencia. —dijo Neko, fijándose en donde se clavaba la mirada de Ikki.

—¿Y tú cómo lo sabes? —preguntó él, arrugando la nariz.

—Porque salía en las promos que ví la semana pasada. Reconozco la silueta.

Ikki empezó a caminar hacia el castillo. Supuestamente tenía que aprender a interactuar con npcs y usar el menú antes de continuar con el tutorial.

—Pues bien por tí.

Neko suspiró y adelantó a Ikki, corriendo hacia el castillo. Para cuando él llegó dentro, ella ya estaba saliendo.
Terminó la primera parte del tutorial deprisa. No era difícil usar el menú, parecía todo bastante intuitivo una vez sabía qué estaba buscando.

Salió de nuevo, a empezar la parte del tutorial donde tenía que cazar sus primeros monstruos. Neko le vio llegar y levantó la mano para saludarlo. Ikki rodó los ojos.

—¿Vas a estar apareciendo en todas partes? —le preguntó, resignado.

—Es un tutorial, seguimos el mismo orden, no es mi culpa.

Ella se encogió de hombros y se fue de nuevo dentro del castillo. Ikki se quedó mirándola, sin tener muy claro el porqué. Cuando Neko se paró y miró hacia él, sonriéndole de perfil, Ikki apartó la mirada, concentrándose en el monstruito gelatinoso que tenía cerca.
Tuvo que darle al menos cinco cuchillazos antes de oírle chillar y verlo desaparecer en un remolino de píxeles. Se agachó para coger lo que se había desprendido del monstruo y al volver a mirar hacia el castillo ahí seguía ella, que le dio un beso desde lejos y se fue corriendo de nuevo hacia el interior.

No habían pasado ni quince minutos en las cuarenta y ocho horas de juego que tenía y ya había recordado porque no le gustaban los juegos online masivos: por la gente.
Bufó y mató a otra gelatina. Iba a ser una larga sesión.
« Last Edit: March 26, 2017, 04:16:16 PM by Neko »


Airin

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #6: February 28, 2017, 04:46:56 PM »
Le flashback!

~+30~When we were young



Los dos luchadores se movían lentamente, describiendo un círculo contínuo sin perder la distancia que los separaba. Se observaban el uno al otro con atención, pendientes de cada detalle, esperando al más mínimo movimiento que pudiera delatar sus respectivos pasos.
Entonces la monk rompió la calma de repente, entrando como una exhalación en el área vital de su oponente, quien inclinó el torso hacia atrás y con una mano giró hacia el frente la lanza que portaba, esquivando el golpe e iniciando un contraataque en un solo gesto.

El lancer empuñó su arma con las dos manos, embistiendo repetidamente hacia delante, dejando el mástil resbalar entre sus dedos para ampliar su rango de alcance, pero la monk fue retrocediendo con una serie de ruedas en distintos ángulos, escapando de la hoja metálica cada vez. El lancer imitó su movimiento con el arma, y la monk aprovechó el asta de madera para darse impulso, elevándose en un salto con una pierna recogida bajo su cuerpo y la otra extendida firmemente hacia su contrincante. El hombre se agachó apurando al máximo sus reflejos, notando sobre su cabeza rapada el tacto sedoso de la tela de los pantalones de la chica, y se dio la vuelta para encararla.

—Te ha ido de un pelo, lancer —dijo la muchacha con ironía.

—Qué hija de puta —respondió él con obvio afecto que desmentía su insulto y una risa ahogada entre dientes.

El hombre volvió a empuñar la lanza, pero ésta vez fue él quien tomó la iniciativa del ataque. Apuntó bajo, casi a la altura de las rodillas, obligando a la monk a saltar de nuevo, abriendo las piernas de par en par. La oyó maldecir en voz baja y sonrió, sabía que si podía hacerle perder los papeles antes de que ella se lo hiciera a él, sería pan comido. Si no, tendría que esforzarse un poco. Pero la chica se dobló en el aire, y cayendo con las manos por delante utilizó los hombros del lancer como amortiguación para su voltereta de aterrizaje. Sin apenas haber llegado a tocar el suelo con los pies la monk estiró un brazo doblado hacia atrás, haciendo impacto con su codo en la parte trasera de las rodillas del hombre, que trastabilló, mientras ella rodaba por el suelo poniéndose de nuevo fuera de su alcance.

—¿Eso no ha sido un golpe bajo? —la sonrisa impía del lancer decía muchas cosas, y ninguna pacífica.

—Si hubiera apuntado más arriba te habrías quejado de que era demasiado íntimo y personal —contestó la chica encogiéndose de hombros pero sin bajar la guardia— Además has empezado tú.

—Íntimo y personal es como quieres que te dé yo a tí —el hombre se pasó la lengua por entre los dientes y el labio superior mientras ladeaba el cuello a derecha e izquierda haciendo crujir sus vértebras.

—No me das miedo —declaró la monk.

—Eso está bien, —dijo él con una sonrisa depredadora llena de dientes— no es miedo lo que quiero darte.

La chica levantó una ceja con cara incrédula, mientras ambos volvían a circunvalar el área de combate.

—Oye, Ichiban, que si tienes algún problemilla sería mejor dejarlo aquí para que no sea demasiado incómodo, ya me entiendes; todos sabemos cómo te emociona romperte la cara con otros —la mirada significativa de la monk le sacó una risotada gutural.

—Ah, Raiko, Raiko, —dijo el lancer sorbiéndose la nariz— tienes la mente tan ágil como las piernas, pero muy sucia. Es un cumplido eh.

Los hombros de la chica se agitaron levemente en una risa silenciosa.

Sin esperar a que Ichiban tomase de nuevo las riendas de la pelea, se impulsó hacia adelante extendiendo un brazo con la mano cerrada en un puño, que el lancer esquivó a duras penas. Disparó su otro puño al frente y alcanzó al hombre en la clavícula en el mismo momento en que notaba la culata adornada de la lanza retroceder e impactar contra sus pies.
Sin espacio para moverse, Raiko encajó el golpe y se agarró a la pechera de la ropa del lancer, haciendo fuerza con todo el peso de su cuerpo hacia atrás, tropezando a propósito con el arma y dejándose caer hacia el suelo, arrastrando consigo al hombre. Golpeó el suelo con un ruido sordo y utilizó las piernas para empujar a Ichiban por encima de ella, usando la fuerza de la inercia para hacer que rodase por tierra.

El lancer se equilibró con su arma y se enderezó antes de lo que habría sido conveniente para la monk, quien no tuvo más remedio que rodar repetidamente de izquierda a derecha para esquivar la hoja de metal que se clavaba en el terreno que había estado ocupando milésimas de segundo antes. Durante unos momentos su pelo rojo se confundió con el penacho que adornaba la lanza.
Raiko se estiró hacia arriba para agarrar la cucaña de madera, harta de eludir estocadas como si fuera una croqueta rebelde, y arqueó la espalda levantando la cadera y alzando las piernas, golpeando a Ichiban con el empeine de un pie en el costado de la cara.
La monk hizo fuerza con los brazos para elevarse toda entera a pulso sobre el mástil de la lanza y engancharse a los hombros del lancer con las piernas, doblando las rodillas para quedar colgada de forma tan segura como pudiera.

El hombre no tuvo más remedio que soltar su arma, en el momento que también la sujetaba su oponente tan de cerca, perdía su utilidad; consiguió girar el torso y pasar un brazo entre ambos para intentar quitarse a la chica de encima, pero sólo la apartó hacia atrás sin llegar a soltar su agarre.
Palmeó con firmeza sobre la cadera de la monk.

—Ya, fiera, que me estrangulas. —resopló a regañadientes.

—Yay. —Raiko sonrió, pero solo aflojó las piernas.— ¿Te rindes?

Si por él fuese, Ichiban habría querido decir que no, nunca, antes muerto que rendido. Pero era sólo un entrenamiento, y no tenía el día especialmente afortunado. Además, había dejado a un ninja con adicción a las compras suelto con la lista de las cosas que necesitaba y que acabaría comprando según le viniese en gana, y tenían que ir a buscar al resto de su party.

—Vale, me rindo por hoy, —concedió sacudiéndose de cuerpo entero a ver si así su particular boa constrictor decidía volver al suelo como las personas normales,— tú ganas esta pelea, ¿vale?

—¡Jajá! —la chica levantó los brazos triunfal.

—Raiko, —Ichiban volvió a palmear su cadera,— que ya sé que suena mal, pero no quiero morir entre tus muslos.

—¡Ah! Perdón, perdón. —Y sin mayor dificultad se descolgó de su percha con un salto casi acrobático, y el lancer pudo apreciar lo agradable que resultaba el aire fresco llegando a sus pulmones sin obstáculos.— Si que estás un poco rojo.

—¿Y que lo digas tú, pelirroja? Eres una jodida amenaza. —Ichiban puso una mano sobre la cabeza de Raiko y le revolvió el pelo con orgullo.

—¿Entonces me vas a invitar a un helado como trofeo de guerra? —la chica le miró con picardía, esperando a ver qué podía sacar de él.

—Si le robas mi cartera a Nightshade te puedes invitar a lo que quieras —rió el hombre echando a andar hacia las puertas de la ciudad.

—Ah, joder.

—Quien ríe el último...

—Mañana vas de rosa, fijo.—comentó Raiko mirando la hora en su omnitool.

—Lo mato.


.
« Last Edit: February 28, 2017, 04:49:34 PM by Airin »

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #7: March 26, 2017, 04:20:43 PM »
Vengo con avatares para flashbaaack. Me encantan. No he cambiado el diseño, solo la distribución y el tamaño, porque amo los avatares que me hizo Kora <3
Pues bueno, Ikki y Neko, aventuras en pañales, segunda parte.


Ikki/Neko, 02.
Primer día de juego al público



Neko. No era la primera vez que usaba ese nick y estaba acostumbrada a que la llamasen así. La mayor pega que le veía era su popularidad. Era difícil ser la primera Neko en cualquier parte. Así que cuando la voz quiso saber cuál iba a ser el nombre de su personaje, Anir ya estaba gritando antes de que completase la pregunta.

—¡Neko!

Y cuando unos segundos después la voz le confirmó que el nombre de personaje estaba libre, Neko no pudo evitar gritar por su victoria.
De todas maneras, aquel momento parecía haber ocurrido un siglo atrás. Y no habían pasado ni dos horas desde aquello.

—Veamos que toca ahora… —murmuraba Neko, apoyada contra los muros del castillo de Prorencia.

Estaba demasiado ocupada mirando su omnitool como para fijarse en el canto de los pajarillos y en como la luz cambiaba con el tiempo transcurrido. Ya casi había completado el tutorial básico. Era algo aburrido, pero ir un paso por delante de Bennu la había tenido entretenida.

Y no sabía su nick porque él se lo hubiese dicho, había tenido que encontrar la opción en la omnitool con la que escanear a alguien y obtener su información básica.

—Bennu… —murmuró Anir.

Si recordaba bien, Bennu era una especie de Fénix en la mitología egipcia. Se rió un poco al verlo en la pradera, consultando su omnitool mientras conejitos y gelatinas saltaban alegres alrededor de su lúgubre figura.

—Ay, pajarito. —dijo Neko antes de negar con la cabeza y consultar su siguiente misión.

Arrugó la nariz. Frunció el ceño. Lo volvió a leer y miró a su alrededor.

Forma parte de una party, rezaba el enunciado. De hecho, al fijarse, vio algunos grupos de usuarios hablando animadamente entre ellos.
Neko sonrió, pensando en acercarse a alguno de los grupos para pedir que la aceptaran en una party. Cuando ya se había decidido por un grupo, vio por el rabillo del ojo como Bennu levantaba la mirada y juraría haberlo visto tragar saliva. Parecía incómodo y Neko bajó el ritmo de sus pasos para mirarlo fijamente.

Si aún continuaban el tutorial al mismo ritmo, Bennu debía encontrarse en el mismo punto, ¿verdad? Ser parte de una party. Neko miró a un lado, ladeando la cabeza. Bueno, simplemente con crear una debía de ser suficiente. Caminó dos pasos más y sus ojos volvieron a recaer en él.

Bennu había colado un dedo enguantado dentro del cuello de su camisa y estaba separando la tela de su piel. ¿Tendría calor o se estaba agobiando? Neko volvió a fruncir el ceño. ¿Y a ella que le importaba?, pensó mientras miraba hacia el grupo que había elegido y caminaba hacia ellos con decisión.
Cinco pasos después paró y miró de nuevo a Bennu, se mordió el labio inferior y suspiró frustrada.

—¿Por qué tengo que ser así? —se preguntó entre dientes mientras encaminaba sus pasos hacia el chico.

No tardó mucho en plantarse delante de él.

—¡Hey! —saludó con más fuerza de la necesaria—. ¿Necesitas una party?

Bennu parpadeó y miró hacia abajo, hacia a ella. Él estrechó los ojos, mirándola como si la estuviese estudiando.

—Ya tengo party. —contestó.

Neko se encogió de hombros y empezó a darse la vuelta.

—Pues hasta luego. —se despidió agitando una mano y sin mirar atrás.

Pero una mano férrea en su hombro paró sus andares. Neko frenó en seco y miró con una ceja inquisitiva levantada al joven que la estaba reteniendo. Bennu la soltó y Neko lo enfrentó de nuevo, cruzándose de brazos y cambiando el peso de pie.

—¿Sí? —preguntó, casi solícita y con una sonrisita en los labios.

—No es… suficiente. —dijo Bennu, invocando la omnitool y mirando el texto otra vez.

Neko parpadeó e intentó mirar qué ponía en la misión, curiosa.

—Necesito estar con alguien más en la party, crearla no era suficiente.

El brazo de Anir brilló naranja y empezó a teclear con prisa.

—¿Cómo se llama la party? —preguntó.

Bennu la miró con el ceño fruncido antes de tomar aire y contestar:

—Qué más da.

—No, en serio, dime el nombre y te mando una solicitud para que me aceptes.

Neko levantó la vista de la pantalla holográfica y pasaron unos segundos mientras se miraban a los ojos. Antes no se había dado cuenta del ligero tinte violeta de sus ojos.

Y entonces cayó.

—No. —dijo ella, alargando la vocal, incrédula.

Bennu se encogió de hombros como toda respuesta. Ni siquiera parecía arrepentido. Neko dio una carcajada y negó con la cabeza, aunque no tardó mucho en buscar la party y enviar una solicitud.

—Ahí va… —anunció justo antes de oír un clín proveniente de la omnitool de Bennu—. Esa debo de ser yo.

Bennu volvió sus ojos de nuevo hacia el menú delante de él y frunció el ceño. Se rascó la sien y luego apretó en algún sitio de su pantalla holográfica.
No tardó demasiado en aceptar a Neko en la party y la chica sonrió, mirando como su misión en el tutorial se daba por cumplida.

—¡Pues ya está! —proclamó Neko—, nuestra asociación se puede dar por cumplida. No ha sido tan doloroso ¿verdad?

Neko palmeó el hombro de Bennu y le sonrió, pensando que ahí se acabarían los asuntos entre los dos.

Pero estaba muy equivocada.

Una nueva misión entró y los dos leyeron el enunciado antes de terminar de despedirse.

—Oh. —dijo Neko.

—Vaya. —completó Bennu.

Y se miraron entre sí. Luego echaron un vistazo al resto de la explanada. Los grupos parecían cada vez más grandes y ahora entendían el por qué. Neko hizo desaparecer la omnitool con una floritura de la mano y volvió a palmear el hombro de Bennu, dejando la mano allí y suspirando antes de mirarle a los ojos. Él todavía le estaba mirando la mano.

—¿Preparado para tu primera dungeon?

Bennu abrió la boca y cogió aire. Acabó desinflándose con un gruñido mientras se tapaba la mitad izquierda de la cara con una mano.



—La primera dungeon del bebé. —canturreó Neko mientras se asomaba desde detrás de un pilar, observando los movimientos de los orcos.

Estaba agachada en el suelo y Bennu tuvo que reírse de la broma, aunque lo hizo bajito. Igualmente, Neko lo tomó como una victoria.

No habían sido los primeros en llegar a la dungeon, si es que aquel lugar se podía considerar una dungeon, y Neko le había pedido a Bennu observar antes de entrar. Menos mal que lo habían hecho.
Se encontraban en algún lugar debajo del castillo de Prorencia. Según la historia de la misión, los orcos habían vivido allí antes que los humanos y el castillo estaba construido encima de una de sus catacumbas, la cual guardaban celosamente.
La party necesitaba entrar y llegar a la última sala, donde, aparte de los huesos de sus antepasados, los guardias vigilaban tesoros robados a la corona de Prorencia.

Neko y Bennu habían observado como los orcos de la entrada habían aniquilado a varios grupos bastante más nutridos que el suyo.

—¿Por qué el juego nos manda aquí con este nivel? —preguntó el chico mientras se asomaba al pasillo, inclinado encima de Neko, allá por arriba suyo.

—Por que tiene que haber una forma de entrar. Eso está claro.

Anir se mordisqueó el labio inferior y sonrió, acuclillada en el suelo, mientras miraba hacia arriba.

—Bennu, creo que ya sé como hacerlo.

Bennu dio un par de pasos hacia atrás y Neko se puso de pie, alisando su faldita de cuero.

—¿Cómo? —preguntó él entre curioso e incrédulo.

—Tenemos que pasar sin que los orcos nos vean. —declaró.

Bennu asintió.

—Eso ya lo hemos intentado cuando estaban matando a otro equipo y casi nos morimos los dos. —añadió, con una mano en la cadera.

Neko se encogió de hombros, quitándole importancia.

—Casi, ellos sí que han muerto.

Bennu rodó los ojos y se acercó mucho a Neko, aplastándola contra el pilar para echar un vistazo a sus enemigos.
Neko se intentó dar la vuelta y se asomó por debajo de él.

—¿Qué planeas? —preguntó Bennu.

Neko sonrió y se removió un poco más. Señaló hacia uno de los orcos, que cargaba un hacha. Y anunció:


—Ahora se va a girar.

Y para sorpresa de Bennu, lo hizo.
Neko miró hacia Bennu, toda dientes y él la miró con los ojos muy abiertos.

—Veras, cuando llevan unos minutos sin luchar, siguen todo el rato el mismo patrón y creo que sé cómo pasar sin que nos vean.

Bennu se echó hacia atrás y ladeó la cabeza.

—¿Estás segura? —quiso saber.

Y ella asintió con la cabeza, preguntándole:

—¿Qué tenemos que perder?




—¿Tenemos que ir tan pegados? —preguntó Bennu entre dientes.

No sabían exactamente cuál era el volumen de voz que los atraía, pero no querían llamar la atención de los guardas. De todas maneras, necesitaban comunicarse.
Bennu y Neko caminaban agarrados de una mano y prácticamente ocupando el mismo espacio.

—Sí. —refunfuñó ella, apretando sus dedos encima de la mano de Ikki y dando tres pasos rápidos a la izquierda, escondiéndose detrás de un pilar y girándose para quedar de frente a su compañero.

Contó hasta cuatro, vocalizando pero sin hablar. Y luego tiró de él para correr hasta el siguiente pilar.

No les quedaba mucho para llegar al pasillo y los nervios estaban a flor de piel.

—Ya casi. —murmuró Bennu, estirando el cuello para observar al orco arquero que bufaba al otro lado del pilar.

Neko tiró de él para que se escondiese poco antes de que el arquero mirara en su dirección.
Respiraron juntos, mirándose a los ojos mientras esperaban su turno.

Y lo peor para Bennu parecían ser las esperas. Así que Neko continuó contando con los labios, tirando de su mano para que le hiciese caso a ella y no a los orcos.

Habían repasado el itinerario, los tiempos y mejorado la ruta un par de veces hasta estar los dos convencidos de que funcionaría. La habían memorizado y ahora estaban a punto de cumplirla.
Sólo tres paradas más.

—Dieciocho. —terminó Neko, saliendo como una flecha de detrás del pilar y directa hacia un portal.

Y el mundo estalló a su alrededor.

Un grupo de novatos entró a gritos y todos los orcos se giraron hacia la entrada del pasillo.

—Oh, mierda. —dijo Neko.

Y en ese momento los orcos entraron en acción. Uno de los orcos habría arrollado a la chica si no fuese porque Ikki la había cogido en volandas y se había dado la vuelta con ella entre brazos.

Se miraron un par de segundos hasta que Neko, azorada y con los brazos rodeando el cuello del chico le gritó:

—¡Corre!

Bennu no lo pensó más y empezó a correr directo a la salida. Saltó por encima de un soporte de velas caído.

—¡Abajo!

Se agachó justo a tiempo para evitar una flecha y Neko estiró las manos para agarrarse al pilar.


—¡Izquierda! —gritó Neko antes de caerse de los brazos de Bennu y esconderse detrás del pilar.

La salida del pasillo estaba tan cerca que casi podía tocarla, pero a regañadientes, Bennu le hizo caso a la chica. Ya había probado ser buena estratega, después de todo.
Neko señaló un saliente en el pilar y le dijo.

—Súbeme.

—¿Y yo qué? —preguntó Bennu.

Neko le agarró de la pechera y estiró de él hacia abajo.

—¡Estúpido! ¡Voy a hacer de cebo!

Bennu abrió la boca y gritó de vuelta.

—¡Y tú qué!

Neko rodó los ojos y señaló una lámpara de araña.

—Más te vale agarrarme bien cuando salte de esa cosa. —le advirtió.

Y lo hizo. Bennu levantó a Neko hasta que se agarró al saliente y después de mirar desde arriba como estaba el panorama, señaló al chico cuando salir corriendo hacia el pasillo.

—¡Eh! —gritó desde el pilar, cortando la persecución que uno de los guardas había empezado hacia su compañero.

El orco embistió el pilar, enfurecido y una flecha silbó hacia ella. Neko la esquivó por poco y saltó hacia la lámpara con el siguiente envite del orco. y aprovechando la inercia rodó hasta dejarse caer en dirección a Bennu.

Cayó justo encima de él y los dos terminaron resbalando por el pasillo oscuro, levantándose en un lío de extremidades. Y agarrados de la mano, jadeando por el esfuerzo, corrieron hasta un lugar seguro, riendo por la adrenalina.


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #8: April 28, 2017, 03:55:39 PM »
Y seguimos con los primeros días de juego de Neko e Ikki. Llevaba mucho tiempo queriendo introducir a Tanlaus ¡y aquí está!

Ikki/Neko, 03.
Segundo día de juego



Ikki estaba sentado en un banco en Prorencia, con los dos codos en las rodillas y las manos delante de sus labios y el ceño fruncido, mientras observaba fijamente el punto en el que se había despedido el día anterior de Neko.
Llevaba media hora allí sentado, mirando insistentemente aquel lugar, diciéndose a sí mismo que sólo estaba descansando.

Chistó cuando otro pensamiento pasó por su cabeza: aquello era una pérdida de tiempo y dinero.

—¿Qué estoy haciendo? —se preguntó antes de levantarse y miró alrededor.

Compraría algunos objetos y se marcharía a entrenar, después de todo aún no había hecho la quest de cambio de job… aunque él y Neko habían sido de los primeros en completar la mazmorra del tutorial.

Ikki había estado tan eufórico en ese momento que hasta le había revuelto el pelo a Neko cuando ella le había abrazado de alegría.
Ikki volvió a chistar, haciendo las compras. Neko le había asegurado que se conectaría al día siguiente a la misma hora y ya era el momento. Pero no estaba.

Media hora era más que suficiente espera, ¿no? Aunque haciendo los cálculos… eso equivalía ¿a qué? ¿Poco más de un minuto allá afuera?

—Y dos cafés, de esos para llevar. Fríos. —indicó Ikki, estirando el dedo para señalarlos.

Ya estaba bien, iría a la plaza de Prorencia, buscaría un npc y se informaría del siguiente paso a dar para convertirse en Knight. Bueno, en Soldier, primero necesitaba ser Soldier.
¿Entonces qué hacía de nuevo frente al sitio donde se despidió de Neko ayer?

Ikki apretó los dos cafés en sus manos. Y de repente lo vio, los píxeles revoloteando antes de formar una figura, que miró de un lado a otro antes de suspirar y activar su omnitool.
Ikki abrió la boca y tomó aire. Los cafés en sus manos temblaron y notó una vibración en el pecho de la que no se pudo librar hasta llamarla.

—¡Neko!

La chica levantó la cabeza y se giró para mirarle. La sonrisa se formó poco a poco en sus labios, pero para cuando se acercó a él ya le ocupaba buena parte de la cara.

—¡Bennu! —y de repente se dio cuenta de los cafés—. ¿Llevas mucho rato aquí?

—Nah, acabo de llegar. —mintió, encogiéndose de hombros y rascándose la nariz contra el brazo.

La sonrisa de Neko bajó su intensidad y subió en travesura.

—¿Pronto y con cafés? —preguntó antes de palmearle un hombro—. Si al final vas a valer la pena.

Neko agarró uno de los cafés, entre las quejas de Ikki, que aseguraba que no era para ella, pero la chica se lo empezó a beber igualmente.

—¿Cuál es el plan de hoy? —curioseó, empezando a caminar.

—Quest de job. —informó Ikki, sacudiendo su café antes de quitarle la tapa para poder beberlo.

Neko le dio un codazo amistoso mientras entraban en la plaza principal de Prorencia. Había bastante gente para ser sólo el segundo día de juego.

—¿Qué quieres ser?

Ikki se sentó en el borde de una fuente y miró su reflejo en el agua, esperando a que Neko se acomodase a su lado. La chica cruzó las piernas y se agarró de un tobillo mientras le miraba, expectante.

—Knight, así que tengo que hacer la quest de soldier.

—Ooh —exclamó Neko, sonriendo contra el vaso reciclable de café—. Entonces lo tienes cerca.

Ikki asintió, con una mano en el bolsillo del pantalón y las piernas estiradas, un pie encima del otro. El sol era agradable y un árbol les daba la suficiente sombra a sus cabezas.

—¿Y tú, lo tienes claro? —quiso saber Ikki, mirando de reojo a Neko, que se removió en su asiento, envarando la espalda y carraspeando antes de responder.

—¡Clarísimo! —gritó antes de levantar un puño tembloroso, con la mirada brillante clavada en el horizonte—. ¡Voy a ser mecánico!

Luego le sonrió, encogiendo un poco los hombros y dejando el vaso en el borde de la fuente. El agua no paraba de sonar, reflejando una tenue luz cambiante sobre sus cuerpos.

—Así que me tengo que aventurar fuera de la ciudad… Me toca ir a Columbia a hacer la quest de merchant —dijo antes de hacer una mueca de inconformidad—. Aunque sí que tengo curiosidad por ver la ciudad en el aire.

Neko levantó el café y observó un poco el envase antes de volverle a dar un trago.
Ikki había ido moviendo la cara hacia ella sin apenas darse cuenta y volvió a girarla hacia el frente antes de frotarse la nariz con un nudillo.

Los dos se quedaron callados, sin saber que decir a continuación, aunque para sorpresa de Ikki, parecía que Neko podía estar cinco minutos sin decir nada y no hacer el momento incómodo.

—Se me ha acabado el café. —dijo Neko de repente, sacudiendo el vaso.

Ikki imitó el gesto, a él sólo le quedaba un trago, que bebió con prisa antes de levantarse.

—Es hora de hacer la quest. —declaró Ikki y vio a Neko asentir por el rabillo del ojo.

Ella aún estaba sentada, con las piernas cruzadas, en el borde de la fuente y él la miró, esperando que dijese algo, lo que fuera. Pero pasaron unos segundos en los que sólo se miraron.
Y luego intentaron hablar a la vez.

—Supongo que… —empezó Ikki.

—Entonces, nosotros… —dijo a la vez Neko.

Se callaron otra vez e Ikki chistó cuando Neko empezó a pasarse los dedos por el pelo, centrada en mirarse las puntas.

Ikki suspiró y abrió la boca de nuevo.

—¡Eh, vosotros dos! —se oyó antes de que Ikki pudiese decir nada.

De todas maneras, ¿que pretendía decir? ¿Despedirse, invitarla a hacer la quest con él? Ikki frunció el ceño y miró al recién llegado.
Era un chico alto, desgarbado, pero con los hombros anchos. Tenía la piel morena y el pelo salvaje y llevaba un bulto oscuro que se movía entre sus brazos.

—¡Tanlaus, espera! —le llamó otro jugador que caminaba rápido tras su estela.

Neko se señaló a sí misma.

—¿Nosotros? —preguntó.

—¡Sí, vosotros! —repondió el que parecía ser Tanlaus.

Cuando se paró a un par de metros pudieron ver que lo que llevaba en brazos parecía ser un dragón. Un dragón bebé, específicamente.
Neko se puso de pie de un salto.

—¿¡De dónde has sacado eso!? —inquirió, acercándose hasta casi tocarle los mofletes al bebé dragón—. ¿Puedo tocarlo?

Tanlaus se rió entre dientes afilados e Ikki se cruzó de brazos, apretando los labios y mirando al recién llegado con una mueca de inconformidad.

—¡Claro que puedes! —aseguró Tanlaus antes de rascarle la barbilla al dragoncito—. Se llama Night Fury, me lo dieron como premio por haber sido beta-tester. ¡Es único y sólo lo tengo yo!

La sonrisa de Tanlaus era contagiosa, aunque parecía que Ikki y el otro recién llegado eran inmunes.
El otro chico, rubio, con parte del pelo luchando contra la ley de la gravedad —y ganando la batalla—, puso una mano en el hombro de Tanlaus y le miró con el ceño ligeramente fruncido. No parecía capaz de muchas expresiones faciales.

—Te he dicho que me esperes. —regañó casi sin resuello.

—Ay, ¡pero que cosa más bonita! —decía Neko mientras rascaba detrás de lo que parecían las orejas del dragón.

La mascota sacó la lengua y entrecerró los ojos, obviamente satisfecho con el trato que estaba recibiendo. Y aunque pudiera parecer que Neko estaba hablando del dragón, en realidad estaba mirando al rubio.

Ikki carraspeó, con una mano en la cadera y la otra sobre la empuñadura de la espada que acababa de equiparse.

—¿Y tú qué se supone que quieres? —gruñó, acercándose un paso más hacia Tanlaus y ladeando la cabeza.

El rubio levantó la barbilla, agarrando también la empuñadura de su espada y mirando a Ikki de forma atenta.
Night Fury gorjeó entre los brazos de Tanlaus, removiéndose como el bebé bien atendido, gordo y feliz que era y Neko miró de Ikki al rubio con cara de no saber lo que estaba pasando.

Tanlaus se rió entredientes otra vez.

—¡Reclutas!

—¿Qué? —preguntó Neko, un poco más descolocada que antes.

—Reclutas —repitió más bajo Tanlaus—. Busco gente que se una a mi Guild. Que todavía no he creado, ¡pero estoy en ello!

Tanlaus miró sonriente de Neko a Bennu.

—¿Qué, os interesa? —preguntó—. He sido beta-tester, sé un montón sobre el juego y os podría ayudar.

Tanlaus agarró a su dragoncito con un sólo brazo y se señaló con un pulgar mientras guiñaba un ojo, sonriendo.
El rubio a sus espaldas rodó los ojos, relajando un poco su pose.

Neko miró hacia Ikki, mientras Night Fury le olisqueaba los dedos e intentaba escaparse del brazo de Tanlaus para irse con la chica. Ikki levantó una ceja, mirando a Neko de vuelta, que al final había acabado con el dragón en su hombro y sacudiéndose mientras estiraba unas alas demasiado pequeñas para hacer volar su cuerpo rechoncho.

—Mira, Cloud, a Desdentao le gusta la chica —declaró Tanlaus, con una sonrisa demasiado feliz en los labios—. Nos la quedamos.

—No te puedes quedar a la gente. —le dijo en el tono de alguien que había tenido que recordar aquello más de una vez en un corto espacio de tiempo.

Tanlaus entrompó los labios, frunciendo el ceño y suspirando mientras se desinflaba entero. Hasta llegó a acuclillarse y todo.
Ikki se cruzó de brazos, mirando a aquel desconocido como si fuese un puzzle especialmente difícil.

—¿Desdentao? —preguntó Neko, con las manos cerca del cuerpo del dragón, sin llegarlo a tocar, que ahora trepaba por su cabeza torpemente—. Ay, auch.

—Tiene dientes retractiles, por eso le llama así… aunque su nombre oficial es Night Fury. —explicó el que debía llamarse Cloud.

—Ah, ya veo.

El dragoncito dio un par de vueltas en la cabeza de Neko antes de tumbarse y sonreír. Parecía bastante pagado de sí mismo. De repente bostezó y agachó la cabeza, acomodándose un poco mejor.
Neko intentó no mover mucho para que no se cayera la mascota.

—No nos interesa. —volvió Ikki al tema, ganándose un puchero de Neko.

—¿No? —preguntó la chica, sin mirarle porque no quería despertar al dragón.

—No. —contestó Ikki, como si fuera obvio.

Tanlaus miró a Cloud desde el suelo y luego se levantó, agarrando a su mascota con un suspiro y acomodándolo contra su pecho.

—Vaya… es una pena.

Neko puso los brazos en jarras y frunció el ceño, mirando a Ikki.

—¿Y por qué no? —le preguntó—. Puede ser una gran oportunidad.

Ikki apretó los labios y chistó antes de agarrar a Neko de un codo y llevársela unos metros más allá. Cloud y Tanlaus se volvieron a mirar entre ellos.

—Hay muchas cosas que hacer, la quest, subir de nivel, conseguir algo de equipo… —enumeró Ikki, siseando casi frente con frente con Neko.

—¿Y no crees que una Guild nos podría ayudar con todo eso?

Ikki dio un suspiro exasperado antes de contestar.

—Si tuvieran más nivel sí, pero ahora mismo todo el mundo tiene el mismo nivel. ¿En que nos ayuda? Además, no conoces a esos tíos de nada.

Neko se echó un poquito hacia atrás antes de darle un golpe con el dedo en el pecho.

—A tí tampoco te conocía hasta ayer. ¿Qué clase de excusa es esa?

—¡Si no queréis no pasa nada! —intervino Tanlaus.

Neko entornó los ojos un poco más e Ikki miró hacia otro lado, bufando. Y luego ella se dio la vuelta con una sonrisa dulce en los labios, dando una palmadita satisfecha.
Ikki empezó a verle lo merchant.

—¿Por qué no nos agregamos como amigos y seguimos hablando en otro momento? —Y puso una mano en el brazo de Ikki—. Mi amigo y yo vamos a hacer unas cuantas cosas que tenemos pendientes y más tarde nos vemos. ¿De acuerdo?

Tanlaus miró de nuevo a Cloud, con cara de sorpresa y luego le sonrió con muchos, muchos dientes afilados. Se giró hacia Neko y extendió un brazo, con la mano abierta.

—¡Trato!
« Last Edit: April 28, 2017, 05:51:25 PM by Neko »


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #9: May 31, 2017, 03:21:13 PM »
Ahora toca cambiar de job. Pero no será difícil... ¿verdad?

Ikki/Neko, 04.
Segundo día de juego



La ciudad parecía bastante animada en ese momento. La gente caminaba de aquí para allá, sola o en grupos y la mayoría con un nivel parecido.

—¿A dónde vamos? —preguntó Neko, esquivando a un jugador que venía de frente, distraído porque estaba hablando con alguien más—. ¿Cada vez hay más gente o me lo parece a mí?

—A la guarnición. —explicó Ikki, parando para que Neko le alcanzase.

La chica arrugó las cejas y se agarró de la manga de Ikki para no perderlo.

—¿A qué? ¡Ay! —se quejó cuando alguien chocó con ella—. ¿Es que regalan algo?

Ikki se volvió a parar y se giró para mirar a Neko. Sus ojos parecían aún más violetas con la luz gris azulada que rebotaba en las paredes del edificio.

—No regalan nada —explicó antes de cruzarse de brazos y señalar al cartel de la guarnición con la cabeza—. Es donde se empieza la quest de soldier.

Neko había soltado la manga de Bennu y se miró las manos antes de mirarle a él.

—Ah… ya veo. Entonces supongo que yo… —empezó, dándose un golpe en la palma con el puño cerrado y señalando hacia atrás con un pulgar—. Supongo que nos podemos ver luego.

Se quedaron en silencio, aunque entre el sonido de una fuente cercana, los jugadores ruidosos y los pajarillos en los tejados, no es que se pudiera decir que su silencio fuera muy relevante.
Ikki suspiró, casi bufando y agarró a Neko del hombro para obligarla a avanzar.

—¡Ey! —se quejó ella, caminando a trompicones.

—Vienes, me acompañas en mi quest y luego te acompaño yo a la tuya.

Neko chistó, enfadada porque no se le había ocurrido a ella antes y porque Ikki seguía arrastrándola entre el gentío.

—¡Vale, chaval! ¡Te acompaño, no hace falta que me secuestres!

Ikki paró de caminar y miró a su alrededor antes de mirar a la chica y soltarla despacio. Y contestó entre dientes.

—No te estoy secuestrando.

Neko le echó una mirada de arriba a abajo, con los brazos cruzados y luego se tragó una risa, antes de sonreírle coqueta.

—Ya te he dicho que no te hace falta —repitió antes de darle una palmada en el pecho—. ¡Vamos Gruñón, antes de que se nos cuele la mitad de la marabunta!

—¿Gruñón? —le preguntó mientras los dos caminaban hacia la guarnición.

Neko se encogió de hombros.

—Tu nombre de enano.



De la guarnición al cuartel, del cuartel al castillo, del castillo a la puerta y de ahí de nuevo a la guarnición.

—Por dios, y yo que creía que la quest de soldier sería más de matar bichos y menos de dar vueltas como una peonza. —rezongó Neko, arrastrando los pies mientras caminaba.

Ikki chistó, había pensado justo lo mismo. Esperaba que las demás quests fueran más… dinámicas.

—A mi que me importa que el cuñado del sargento haya perdido una joya. Que alguien me lo explique. —gruñó Ikki, con dicho anillo en su puño cerrado.

—No sé, lamer culos es algo que hace la gente para ascender de rango. —explicó Neko, encogiéndose de hombros antes de entrelazar sus dedos detrás de la nuca.

—Ahora recuerdo porque no me gusta la gente… —farfulló, rodando los ojos.

Un par de minutos después, camino al cuartel, por segunda vez, Neko volvió a entablar conversación.

—Oye, ¿te has dado cuenta de que casi todos llevamos la misma ropa? —expuso—. Es difícil reconocer a la gente si todos llevamos el mismo equipo, los mismos colores, peinados parecidos…

—¿Y eso me importa por?

—No es que importe, es que ahora no sé si he visto a ese tipo antes o no. Como merchant necesito conocer a mi clientela —continuó, ahora con una mano en la barbilla y cara pensativa—. Necesito reconocerlos y separar los clientes buenos de los malos a primera vista.

Ikki dejó salir una carcajada ronca desde el fondo de la garganta.

—Lo tienes mal, el aspecto se puede cambiar dentro del juego, incluso el nombre de tu personaje, el job… Además, en una semana o dos ya habrá más variedad de niveles.

Neko suspiró y se quedó plantada mirando a Ikki de forma calculadora antes de sonreírle satisfecha.

—Es verdad, se puede cambiar el aspecto… Tengo que buscar como.

Ikki rodó los ojos, entrando al cuartel para entregar el maldito anillo mientras su compañera se quedaba fuera, buscando información en su omnitool.



Neko retrocedió y acabó chocando contra la espalda de Ikki, que la miró por encima del hombro antes de fijarse en el lobo que gruñía hacia él. O mejor dicho, lobos, en plural.

—Maldita sea… —masculló, apretando más sus dedos en el mango de su espada.

Por lo menos ya no era una daga, aunque la diferencia de daño que podía hacer con ella tampoco era tanta. Pero un poco de consuelo era mejor que ninguno.

—Bien, esto está chupado. —murmuró Neko, mirando a los lobos que intentaban rodearles.

—¿Cómo puedes decir eso? Hay seis lobos y apenas hemos podido con cuatro antes.

Neko movió un poco el pie por el suelo, posicionándose mejor.

—¿No querías más emoción en la quest, querido Bennu?

—Sí, pero se supone que tengo que matarlos sin morirme para pasar esta parte. No quiero ser como el pringado de antes, lo hemos visto venir ya tres veces.

—Pues céntrate en tu enemigo. Los dos grises son míos, los marrones para tí.

Los lobos gruñeron más alto, parecía que estaban casteando algún tipo de habilidad en equipo.
Y entonces se oyó.

Kupó.

Ikki parpadeó extrañado. Hasta uno de los lobos pareció desconcertado, gañendo y ladeando la cabeza.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó Ikki.

—Cuando te diga agachate y rueda a tu derecha. —susurró Neko de vuelta.

—¿Pero…?

Uno de los lobos aulló.

—¡Ahora!

E Ikki no pudo hacer otra cosa que seguir las recomendaciones de su compañera. Los lobos saltaron hacia ellos y Neko levantó el escudo que le había pedido a Bennu al mismo tiempo que se agachaba.

Ikki estaba fuera del grupo, pero veía a los lobos rascar y gruñir, centrados en la presa dentro del círculo. El escudo no era tan bueno, no aguantaría tanto.

—¡Neko! —gritó Ikki quedándose helado por un segundo antes de recordar lo que había dicho la chica.

Los marrones son míos, recordó, oyendo varias veces el sonidito que le había sorprendido antes.
Atacó al primer lobo por la espalda. Ya estaba debilitado y los demás, extrañamente, no hicieron nada por defenderlo.
Ikki se encargó de un segundo y tercer lobo lo más rápido que pudo y luego vio como uno de los lobos grises había hecho presa de la pierna de Neko, arrastrándola por el suelo del bosque.

Dudo por un momento, pero al final se enfrentó contra el último lobo marrón, completando la misión que tenía en curso en ese momento.
Cuando se giró para ver el estado de Neko, la vio dándole golpes al morro al lobo gris que le mordía la pierna con el canto del escudo, al ritmo de los kupós que parecían salir de algún lugar cercano a ella. El otro lobo gris estaba en el suelo, con una daga clavada en el cuello y empezó a desaparecer en un remolino de píxeles.

Para cuando Ikki llegó hasta ella el lobo gruñó antes de gañir y se dejó caer al suelo. Neko se alejó del monstruo y se miró la pierna con cara de horror.

—Esto se parece a cuando me caí en bici con doce años. —comentó.

Ikki rodó los ojos antes de arrodillarse a su lado y sacar un par de cosas de su inventario.

—Tómate la poción —le instruyó mientras él empezaba con el vendaje y preguntó en parte por curiosidad y en parte por distraerla—. ¿Cómo sabías que era mejor matar a los marrones?

Neko se terminó la poción y abrió su omnitool antes de responder.

—Extrañamente, no tienen instinto de manada, se dedican a proteger a los grises —y mientras leía algo en su pantalla virtual frunció el ceño y desvió su mirada hacia el vendaje—. ¿Eres enfermero o es cosa del juego? El vendaje está muy bien.

—Mitad y mitad. Me gusta el deporte, saber cómo hacer un vendaje es útil, pero esto parece que se hace en autopiloto o algo así.

Neko ladeó la cabeza, llevándose de nuevo la botellita a los labios, probando si quedaba algo mientras pensaba en lo que había dicho.

—No te hacía deportista, no parece que te vayan las actividades en equipo.

Ikki se levantó, ofreciéndole la mano a Neko, que desactivó la omnitool y se dejó levantar.

—Ni me gustan. Vámonos de aquí antes de que respawneen los lobos.

Neko asintió y se dejó ayudar hasta que la herida parecía que había sanado bien.

—Por cierto ¿qué era ese ruido de antes? —preguntó por fin Ikki, cuando ya estaban de nuevo cerca de Prontera.

—El sonido de mi gente —le confesó Neko antes de puntualizar—. Personalicé el sonido de los mensajes, era Tanlaus.

—¿Quién?

—El chico de antes, ya sabes, moreno, con un dragón bebé perfecto y precioso y regordete. Quería saber si hemos terminado con nuestros asuntos.

Ikki bufó, pero estaba empezando a aprender que con esta chica no siempre podía ganar. Sobretodo cuando se giró y le dijo que estaba bien. Sobretodo cuando la vio sonreírle como si le acabase de hacer el mejor regalo del mundo.



—¿Quién es la cosa más bonita del mundo? —preguntó Neko al bebé de dragón que ahora mismo estaba tirado panza arriba en su regazo, retorciéndose por las cosquillitas que le estaba haciendo—. ¡Tú!

Neko levantó las manos y el dragón estiró todas sus patas, regalándole una sonrisa sin dientes.

—Por dios, adoro este bicho.

Tanlaus se rió a su lado, antes de sorber de su batido a través de la pajita.

—Es adorable, ¿verdad? Tendrías que verlo crecido. ¡Es enorme y letal!

Ikki alcanzó su cerveza y giró la cara para no mirar toda esa ternura a su lado, mientras se llevaba su bebida a los labios y se los manchaba de espuma. Dejó la pinta en la mesa y se los lamió. Luego se dio cuenta de que SOLDIER04 le estaba mirando muy fijamente.

—¿Qué? —preguntó, algo seco.

Cloud parpadeó una vez y se inclinó hacia la mesa, ligeramente a su derecha, donde estaba Ikki.

—¿Cómo llevas la quest de soldier? —preguntó el rubio, parecía honestamente curioso.

Ikki se descolocó por un momento.

—Bien, casi completa. —informó, cogiendo un puñado de palomitas del bol que había en la mesa.

—¿Qué tal la parte de los lobos?

Y entonces Ikki lo vio. Cloud se estaba frotando las manos por debajo de la mesa. ¿Podría ser nerviosismo? Tal vez quería comparar sus resultados.
Ikki tosió antes de explicar.

—A la primera y sin problemas.

Cloud chistó, agachando la cabeza y Neko le señaló con un dedo acusador.

—¡Eh! ¡La has pasado sin morir porque yo estaba allí para ayudarte!

Ikki quiso refutar aquello, pero sólo se quedó con la boca abierta y cara de indignación, sin encontrar las palabras.
Cloud levantó la cabeza.

—¿Se podía hacer con alguien más? —preguntó—. La pasé a la primera, pero casi me muero. Habría sido más fácil con un compañero.

—¿Ves como te había dicho que podía acompañarte hasta la cueva? —regañó Tanlaus, con un gesto de infantil decepción—. ¡Lo sabía!

—¿Y por qué no lo intentaste? —preguntó Neko, rascando detrás de las orejas al dragón, que emitía gorgoritos de felicidad.

De vez en cuando enroscaba la cola en el brazo de Neko y se removía feliz.

—No sé, iban todos solos.

—Pues son todos unos idiotas. —sentenció Neko.

Y los tres chicos se quedaron mirando como la jovencita agarraba al dragón y lo levantaba por encima de la cabeza, sacudiéndolo.

—¿A qué sí? ¿A que son unos idiotas?

Y el pequeñín se rió. Una risa dragonesca, llena de siseos y gruñidos, pero una risa ni más ni menos. Ninguno lo podía negar. La estampa era demasiado adorable.
Tanlaus se rió con la chica y el dragón, mientras Ikki y Cloud decidían apartar la mirada como si la imagen les quemara la retina. O tal vez lo que pasaba es que les derretía el corazón.


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #10: June 30, 2017, 03:00:12 PM »
Cortitooo, pero bueno

Camus/Milo, 01
En algún momento antes del cierre del juego


————

Crane levantó la mirada de su té frío hasta que sus ojos se fueron a topar con una figura conocida. Starkrimson estaba sentado unas mesas más allá, guitarra apoyada en el muslo, tocando acordes antes de apuntar algo en un papel.
La chica se llevó el vaso a la boca, dando un traguito mientras escuchaba a Starkrimson empezar la melodía desde el principio. Parecía estar componiendo algo. Y eso le gustaba de él.

Yuzuriha cerró los ojos, sintiéndose un paz aún con las chicharras cantando a toda potencia en el calor del mediodía en Rabanastre.
Llevaba un tiempo observando al bardo y una de las cosas que tenía que decir a su favor era que era mucho más calmado cuando creía que no le observaban. De alguna manera se le hacía familiar, esos rasgos… aunque el pelo violeta le estaba despistando.

Acabó por mirar a otro lado cuando vio como Starkrimson atendía algún mensaje en su omnitool y su expresión pasaba de concentrada a expectante y alegre.
Crane suspiró, removiendo el contenido de su vaso agitándolo con suavidad y volvió a fijarse en la hora. Se suponía que su hermano debería de haber llegado ya, pero allí estaba, sola, esperando.
Envidiando a alguien que no conocía en realidad sólo porque era obvio que su soledad iba a ser interrumpida de forma grata.

—¿A qué extremos estamos llegando? —le preguntó al fondo del vaso y se terminó su té de un trago antes de levantarse y recoger el arco que había dejado descansando sobre el banco.

Sin más, se fue.


————

Monsieur Glaçon no era alguien que gritase a menos que la ocasión lo ameritase, pero llamar a Starkrimson y verle levantar la cabeza y sonreírle como si no existiese nada mejor en la creación, merecía la pena.
Aunque esta vez esa sonrisa se vio empañada por la confusión. Stark se había levantado y su guitarra desapareció en el aire en jirones de píxeles.

Monsieur abrió los brazos y ladeó un poco la cabeza.

—¿Te gusta? —le preguntó, levantando una de sus cejas despeinadas.

Milo tuvo el impulso de peinarla, pero, maldita fuera, se había vuelto a poner las gafas.
Acabó por abrir los brazos, encogiendo los hombros y abriendo las manos, sin saber qué decir.
Monsieur se acercó con una sonrisita y le abrazó. Milo cerró sus brazos alrededor de su cuello y agarró un puñado de pelo rojo.

—No sé qué decir —acabó por confesar sin soltar a Monsieur—. Es bonito. E irónico.

Monsieur se separó, agarrándole de los hombros.

—¿Es porque soy un Elementalist de Hielo? —curioseó y Milo le apartó el flequillo para peinarle las cejas porque no se aguantaba más—. Déjalo, van a volver a despeinarse, son así.

Starkrimson se mordió el labio inferior, porque había estado apunto de preguntarle si sus cejas eran así en el exterior, pero eso iba en contra de sus reglas.

—¿Por qué rojo? —acabó por preguntar. Quería saberlo.

Monsieur tardó un poco en responder, frotando los brazos de Milo hasta llegar a sus manos, agarrándolas. Levantó las dos manos y se las llevó hasta los labios, besando los nudillos mientras le miraba a los ojos, antes de sonreírle de costado, aún con los dedos presionados contra su boca.
Ay, las cosas que le hacía esa sonrisa a Milo.

—Por cambiar, es más… cómodo.

Milo parpadeó, apretando las manos de Monsieur entre sus dedos. Hasta que cayó en cuenta, abriendo la boca y volviéndola a cerrar. Pero no pudo evitarlo.

—¡Eres pelirrojo! —dijo de repente—. Nunca me lo habría imaginado.

Starkrimson miró hacia la manta que cubría la terraza de la taberna donde había estado componiendo canciones en la última hora. Y luego de nuevo a Monsieur, que le sonreía con algo de vergüenza.

—Ahora me pregunto si tienes pecas… —musitó, aunque antes de que su pareja en el juego le reprendiera por su curiosidad, estiró el cuello para besarle.

El beso fue largo, aunque casto. Y los dos se separaron con una sonrisa estúpida pintada en sus caras.
Milo cambió su cara pronto, por un mohín inconforme.

—Ahora ya no vamos a juego… —se quejó, mordiéndose el labio inferior.

—¿No has pensado en cambiarte el color de pelo? —le preguntó Monsieur antes de inclinarse hasta susurrarle en el oído—. Apuesto a que te quedaría bien el rubio, mon chéri.

Y fueron las palabras las que le dejaron azorado, pero el aliento se lo quitaron los dientes de Monsieur cerrándose en su lóbulo.

—¿Qué te parece si te devoro mientras vas pensando si quieres cambiarte el color de pelo o no?

Milo tragó saliva y asintió tan rápidamente que luego se notó mareado.

—Muy bien, mon pomme —asintió Monsieur, soltando una de las manos de Milo para abrirle la otra y besarle en la palma—. Vayamos en busca de la intimidad.

Starkrimson se rió nervioso antes de mirar alrededor y suspirar enamorado. Aaah, y pensar que él era el bardo…


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #11: July 31, 2017, 03:14:54 PM »
Y otro cambio de job. Tengo que arreglar el desastre que ha hecho photobucket con los avatares :/ pero el mes que viene lo dejo todo bonito :> promise.

Ikki/Neko, 05.
Segundo y tercer día de juego


————

Era tarde para cuando terminaron la quest de Soldier y Neko e Ikki estaban de pie, en medio de la plaza principal de Prorencia, ella bebiendo un batido y él una cerveza mientras dilucidaban qué hacer a continuación.

—Creo que… deberíamos buscar una posada. —terminó por decir Neko, echando un vistazo hacia su compañero de party.

Ikki suspiró, se temía ese momento.

—¿No son muy caras? —replicó Bennu—. Mejor hacemos acampada.

—Hay que comprar una tienda y buscar un sitio, es más caro ir de acampada. —rechistó Neko.

—Pues nos dormimos en un banco. —añadió Bennu, encogiéndose de hombros.

—A lo indigente —Neko le dio una palmada en la espalda—. Chico, tienes estilo ¿eh?

Ikki se volvió a encoger de hombros, aunque esta vez apoyó un brazo en el hombro de Neko, levantando esa mano en una floritura descuidada.

—¿Qué puedo decir? Soy un encanto.

La palmada que le dio Neko fue tan fuerte que le enderezó y Bennu acabó por chistar. La chica señaló a una de las posadas, con cara de no admitir un no como respuesta.

—Esa es la mejor que hay por aquí cerca, por lo que he podido averiguar. Vamos antes de que no queden habitaciones.

—¿Eso puede pasar? —preguntó Bennu, ladeando la cabeza mientras caminaba detrás de Neko, cerveza en mano.

—Ni idea, pero mejor no arriesgarse.

No tardaron en reservar una habitación y pedir algo de cenar, sentándose en el comedor medio vacío. La ambientación daba en el clavo y la mayoría de comensales estaban cansados después de un día largo, así que no había demasiado ruido.
Sentados ya en la mesa, la comida no tardó en llegar y se quedaron callados mientras se alimentaban.

—Este estofado… —dijo Neko, cuando ya había limpiado medio plato—. Está muy bueno.

Ikki asintió, con la boca llena.

—Ojalá tuviera la receta, a mi padre le gustaría.

Ikki volvió a asentir y luego empezó a masticar más lento, mirando a su compañera. Por un momento se preguntó qué edad tendría. Si vivía con su padre, cuál era su aspecto real…
Se pasó la lengua entre los dientes, limpiándolos de restos de carne mientras la miraba de arriba a abajo. No tenía caso preguntarse nada de eso, había venido al juego a evadirse, ¿no?
Bennu negó con la cabeza antes de meterse la cuchara cargada en la boca otra vez.

—¿Pasa algo? —le preguntó Neko, que se había dado cuenta de que la observaba—. ¿Tengo algo en la cara? ¿Los dientes?

Neko intentó limpiarse con una servilleta, pero no notaba nada.
Ikki ladeó la cabeza, mirándola con curiosidad.

—Tienes una miga. —le dijo, serio.

—¿Dónde? —preguntó Neko otra vez, intentando quitársela.

Ikki levantó el brazo, alargando la mano hasta tocar la frente de Neko y pasarle la palma entera por toda la cara, frotando hacia abajo.

—Pues no se va.

—Ay, ¡ey! ¿Dónde? —insistió la chica.

Ikki agarró su servilleta, aún con cara seria y empezó a frotarla contra la nariz de Neko.

—Nada, que no se va.

Neko abrió la boca. La cerró. Agarró la servilleta de Bennu y le pegó con ella, haciendo que Bennu se riera mientras intentaba recobrar la prenda perdida.

—¡Eso es mi nariz, idiota!

Acabaron la cena entre bromas y algún que otro pisotón y se levantaron casi al unísono, caminando en silencio hacia las habitaciones.

—Oye… —empezó Neko, rascándose la barbilla—. ¿Cuántas horas has pagado hoy?

—Dos —contestó Bennu—. ¿Y tú?

—Dos también, aún nos queda más de un día. —Neko estaba sonriendo, caminando casi a saltitos.

—Mañana… mañana podemos hacer tu quest. —ofreció Ikki.

—Esa es la idea.

Neko asintió, con la sonrisa un poco más pequeña, más cansada, justo antes de bostezar.

—Esa es la habitación. —señaló, sacando la llave.

Se turnaron para usar el baño y para cuando Ikki salió, duchado y con el conjunto más básico del juego equipado —un sencillo pantalón de tela fina que intentaba ser blanca hasta media espinilla—, Neko le esperaba sentada en la cama con la omnitool abierta.
Llevaba un camisón y parecía estar chateando con alguien.

Bennu se sentó en su cama, sin saber muy bien qué decir. Se frotó los muslos y al final decidió tumbarse en la cama, tapándose.

—Estoy hablando con Tanlaus —empezó a decir Neko—, le he dicho que mañana estaremos en Columbia y nos ha dado ánimos.

La omnitool de Neko desapareció y la chica empezó a meterse bajo las sábanas.
Segundos después, justo cuando el susurro de la tela terminó, cuando Bennu empezaba a cerrar los ojos para dormir, escuchó a Neko hablarle de nuevo.

—¿Cómo será dormir aquí?

—Ni idea —contestó Ikki—. Duérmete y averígualo.

—Eres un soso, Bennu.

—Buenas noches, Neko. —insistió Ikki, con el tono cansado.

Y cuando empezaba a dormirse la escuchó decir tras un bostezo:

—Buenas noches, pajarito.


————

—¿¡Qué quiere decir que no podemos subir a Columbia!? —vociferó Neko, con las manos en la cadera, mirando a la npc como si estuviese loca.

—Hay un bug ahora mismo en la ciudad y se recomienda a los jugadores esperar hasta que esté solucionado para visitarla. Lo sentimos mucho y rogamos que nos disculpen. —informó la npc con una sonrisa en los labios, sin perder la calma en ningún momento.

Neko empezó a dar vueltas sobre sí misma mientras la cola que se estaba formando detrás de ellos empezaba a estar cada vez más nutrida.

—¿Y si subimos de todas maneras? —preguntó.

—El riesgo a caer al vacío es del noventa y dos por ciento, hay un problema con la consistencia de los suelos. —contestó la npc, aún con su sonrisa complaciente.

—¡Pero tengo que hacer la quest de merchant! —gritó Neko, levantando los brazos.

Bennu tuvo que reprimir una risa y toser para disimularla.

—¡Oh! ¡No se preocupe por eso! —se emocionó la npc, dando una palmadita—. La quest de merchant se ha recolocado y por el momento se puede hacer en una ruta diferente, puede empezarla aquí mismo.

La npc señaló un stand un poco más allá, dentro del faro en el que se encontraban las sillas de ascensión, la manera “manual” de subir a Columbia.

—Menos mal —masculló Neko, agarrando a Bennu por la pechera para que la siguiese—. ¡Vamos!

—¡Ey! —se quejó Ikki, intentando desahacerse de ella.

Neko no tardó en informarse sobre todo lo que tenía que hacer y mientras tanto, Ikki se quedó mirando las paredes del edificio, curioseando las sillas.
Oyó un grito lejano y un ruido en el agua y se acercó a una ventana para ver qué estaba pasando. Dos personas más cayeron del cielo contra el agua y el sonido que anunciaba la muerte de un jugador resonó lejano entre las olas del mar.

—No mentían con lo del bug —murmuró Bennu, mirando hacia Neko—. ¿Has visto eso?

La chica estaba un poco blanca y tenía los ojos muy abiertos, acercándose a la ventana como si un monstruo fuese a salir por la ventana para comérsela. Después de curiosear y ver a otra persona caer de Columbia suspiró derrotada.

—Con las ganas que tenía de ver la ciudad flotante… —dijo con pesar en su voz.

—Ya habrán otras oportunidades —sentenció Ikki, poniendo una mano sobre la cabeza de Neko antes de darse la vuelta y cruzarse de brazos, empezando a caminar—. Vamos, novicia.

Neko gruñó y correteó detrás de él antes de empezar a parlotear, explicándole la primera parte de su quest.

Coger el portal hasta Eryut village había sido la parte sencilla.

—Quédate aquí si quieres —dijo Neko, señalando un bar con terraza—. Porque voy a estar dando vueltas un rato.

Y dejó unas monedas sobre la mesa, guiñándole un ojo antes de decirle que esa bebida corría de su cuenta.
Bennu no puso pegas y pasó el rato observando a la gente que iba a venía. Había pasado una media hora e Ikki estaba pensando en pedirse otra bebida cuando Neko apareció, quitándose el sudor de la frente con un brazo y dándole una palmada a Bennu con el hombro.

—Hay que ir a Two Rivers —anunció, dejándose caer sobre una silla antes de estirar los brazos sobre la mesa y plantar la cara allí—. Estoy muerta y aún tenemos que ir a Two Rivers.

Neko llamó a un camarero y pidió dos cafés fríos para llevar. Ikki ladeó la cabeza.

—¿Cuál es el problema? El portal está ahí al lado, nos lo podemos pagar.

Neko golpeó la mesa con las dos palmas a la vez y luego señaló a Bennu.

—¡Ese es el problema! No puedo ir en portales —explicó—. Me han asegurado que han bajado el nivel de los monstruos por esta quest y si vamos por el camino no deberían salir muchos. Pero tardaré medio siglo en completar la quest, porque después pueden mandarme a Ding Ding Dell o a Amatsu.

Ikki frunció el ceño.

—¿Cómo sabes tanto? —indagó.

—Oh, he estado viendo los rankings de merchants y he enviado mensajes a los que ya habían conseguido el job mientras hacía los recados.

Ikki se reclinó un poco en su asiento. Desde luego, a él no se le habría ocurrido, aunque era alérgico a la gente, así que no le extrañaría a nadie.

—Vale… ¿Entonces qué hacemos? ¿Vamos a pie?

—Es lo que han hecho los demás… —empezó Neko antes de arrugar la poca nariz que tenía.

Ikki sonrió sin querer al verla pensar. Casi podía escuchar los engranajes en su cabeza.

—Pero son todos unos idiotas. —citó Bennu, con la cabeza ladeada y una sonrisa de autosuficiencia creciendo en sus labios.

Neko parecía concentrada, hasta que empezó a sonreír, mirando a Bennu.

—Sí que lo son —y se levantó de repente, agarrando a Bennu de la cabeza para darle un beso en la coronilla—. ¡Lo son!

Y echó a correr, casi atropellando al camarero.

—¡Mis bebidas! Perdón, gracias —se disculpó antes de tomarlas y ofreció una a su compañero—. ¡Vamos, Bennu!

Después de tomar el café y seguirla casi al trote, contagiado por la energía de Neko, se animó a preguntar.

—¿Y cual es el gran plan?

—Lo vas a saber en cuanto le demos la vuelta a la esquina.

Ikki rodó los ojos y le dio un trago al café. Y dieron la vuelta a la esquina. Y lo vio.
El establo. Ikki parpadeó lento antes de verse arrastrado por la mano de Neko en su pechera por segunda vez en ese día.

—¿¡Chocobos!? —preguntó, incrédulo—. ¿No son muy caros?

—Para tí todo es caro. —se quejó Neko.

—¿Y tú eres la futura merchant?

Neko paró de golpe y se giró a mirar a Bennu con intensidad. Y luego explicó su punto con calma.

—Sí y cuanto antes me convierta en merchant antes tendré descuentos en tiendas, en establos, en alquileres de vehículos y antes recuperaré lo que invierta ahora. ¿Entiendes, pajarito?

Bennu la miró con la misma intensidad. Y frunció el ceño.

—Anoche también me llamaste pajarito.

—¿Eres Bennu, no? Eso es un pájaro, no es mi culpa —Neko se encogió de hombros e Ikki rodó los ojos.

—Es un ave legendaria, no un… pajarito. ¿Y si te llamo yo… gatito?

Ikki pensó en lo que acababa de decir y acabó por hacer una mueca de angustia, como si necesitase lavarle la boca después de decir algo tan tierno. Neko no cambió la cara, en cambio chocó su café contra el de Ikki y se dio la vuelta.

—¡No tenemos todo el día, vámonos! —aunque luego volvió a darse la vuelta para mirar a Ikki y caminar hacia atrás—.  Bueno, en realidad sí tenemos todo el día, pero me gustaría llegar a mi tercer destino antes de tener que irnos.

La sonrisa que le dedicó Neko esta vez era tan descarada que a Ikki le entraron ganas de reír, pero simplemente rodó los ojos, negando con la cabeza mientras luchaba contra la sonrisa que se empeñaba en estirar sus labios.

—Está bien, ¡está bien! —vociferó Ikki de vuelta antes de murmurar—. Chocobos…

Seguía sin tener muy claro qué pensar de todo aquel asunto, mientras se acercaban deprisa hacia el establo.


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #12: August 31, 2017, 12:11:52 PM »
No he tenido tiempo para hacer lo de los avatares :_D Pero traigo capítulo. Llevo todo el mes escribiéndolo a ratitos, omá.

Ikki/Neko, 06.
Segundo día de juego


————

Ya estaban en el establo y para Bennu cualquier momento cercano era bueno para salir de ahí. No es que le dieran miedo los chocobos, simplemente nunca había montado en uno, aunque sí que tenía muy malos recuerdos del último vehículo que había conducido.

—Tómate tu tiempo, Bennu —dijo Neko, acariciando el pico de un chocobo con ojo crítico—. Elegir un buen chocobo es crucial. Necesita ser rápido.

Ikki se cruzó de brazos, claramente incómodo.

—¿Y tú te crees que esto es como examinar a un caballo antes de comprarlo? Son píxeles, por la madre del cordero.

Neko se dio la vuelta, dedo en alto, sacudiéndolo de un lado a otro.

—¿Y tú te crees que soy tonta? Estoy mirándoles los stats y el precio, comparando.

Ikki bufó y le dio la espalda, con los hombros crispados.

—Necesitamos chocobos rápidos, pero resistentes. No necesito que sean demasiado fuertes, no los quiero para batalla, los quiero para llegar rápido.

—¿Y si tú vas en chocobo y yo cojo el portal? —preguntó Ikki, mirando el techo de madera como si fuese fascinante.

El sonido de indignación de Neko se oyó en todo el establo.

—¿Me dejarías sola ante el peligro? —preguntó con tono juguetón—. ¿A mí, que te he ayudado ya tantas veces?

—No seas exagerada. —pidió Ikki, hundiendo la cabeza entre los hombros y rodando los ojos.

Neko cambió el peso de pie, ladeando la cadera y empezando a enumerar mientras iba tocándose los dedos de la mano izquierda con el índice de la derecha.

—Veamos, te aparté del punto de nacimiento para que no te arrollase nadie más.

—Te caíste encima de mí. —contrapuso Ikki.

—Y te ayudé con la quest de la party.

—Eso fue ayuda mutua. —contestó él.

—Si no fuera por mí habrías muerto en la primera dungeon.

—Bah, y tú también.

—Además de ayudarte a hacer amigos, acompañarte en tu quest de Soldier y asegurarme de que la completaras —añadió ella—. Eso son muchas cosas.

—Ninguna que te haya pedido. —dijo Ikki, dándose la vuelta para encararla y ladeando la cabeza, barbilla arriba.

—¿Perdona? Discrepo.

—Señores, ¿están aquí para alquilar chocobos? —preguntó el npc de turno, frotándose las manos enguantadas—. Permítanme mostrarles nuestra oferta de adopción: Apadrine un chocobo.

Y los dos se giraron lentamente a mirar al npc. Pasaron unos segundos de silencio donde se oyeron los gorjeos de los chocobos y el rascar de uñas contra el suelo.
Neko sonrió emocionada y con interés en los ojos.

—¡Por favor, ilumíname!

—Ay, por dios… —murmuró Ikki, llevándose la mano a la cara.

Estaba empezando a pensar que no saldrían nunca de ahí y eso que era ella la que tenía prisa.
El npc infló el pecho y empezó a enumerar las muchas ventajas que suponía apadrinar a un chocobo: Uso exclusivo, poder encontrarlo en cualquier establo, subida de nivel paulatina y mejores cuidados para el chocobo, que se traducían en un menor tiempo de recuperación.

—¿Y cuánto cuesta? —quiso saber la chica.

—Sígame a recepción, allí tenemos los precios de las ofertas.

Neko empezó a seguir al vendedor tan campante, pero se dio la vuelta para darle un golpe en el pecho a Ikki, mirándole con decisión.

—Espérame, no tardo. —y asintió con la cabeza antes de corretear para alcanzar al npc.

—Vaya idiotez… —murmuró Ikki, girándose y dando un par de pasos hacia atrás cuando vio que un chocobo rojo le miraba con mucho interés y muy de cerca—. Ah, mierda.

Y una cabeza emplumada apareció justo por encima de su hombro. El pico era grande y las plumas de un rojo desvaído.
Bennu se quedó muy quieto. El animal ladeó la cabeza. Y graznó.

—¡Ah, mierda! —gritó esta vez Ikki, apartándose de golpe y llevándose la mano enguantada al oído—. ¿¡Es que me quieres dejar sordo!?

Cuando se giró para ver al chocobo se dio cuenta de que tenía el plumaje mayoritariamente verde. El chocobo se estaba inflando, erizando las plumas hasta que se sacudió entero, aleteando un poco y graznando una vez más.

—Maldito pájaro.

El chocobo se puso de pie, todo lo alto que era y separó las plumas de la cola, moviendo el trasero para airearlas. Tenía plumas azules mezcladas con las suyas verdes allá abajo. Graznó otra vez y el rojo le contestó.

Ikki volvió a caminar hacia atrás, resbalándose y yéndose al suelo justo en el momento en el que escuchó a su compañera gritar desde la otra punta del establecimiento.

—¿¡Qué!? —vociferó Neko, alargando la sílaba demasiado—. ¡Eso es muy caro!

Y, para sorpresa de Ikki, que se estaba levantando rápido para que nadie le viera tirado en el suelo, sonaba más desilusionada que ofendida.
Pronto escuchó los pasos rápidos de la mechanic acercándose y para cuando ésta llegó, Ikki ya estaba de pie y se había sacudido la ropa.

—Es muy caro. —se quejó Neko, con una mueca de desilusión en su cara, aunque no tardó en animarse—. Pero todo se andará...

Y después de echarle un vistazo a Bennu de arriba a abajo, se puso una mano en la cintura y levantó una ceja, preguntando:

—¿Te ha pasado algo?

—¿A mí, qué me tiene que pasar? —contestó Ikki con autosuficiencia.

El chocobo verde se estiró y graznó de nuevo, bien alto. Ikki chistó y Neko se giró a mirar al pájaro.

—Hmn, este no lo había visto… —murmuró antes de acercarse con la mano abierta, sacando una verdura de la bolsa para ofrecérsela al chocobo.

El chocobo agachó la cabeza, manso, y empezó a comer mientras Neko le rascaba el cuello. Y gorjeó, obviamente feliz con el trato que estaba recibiendo.

—Pues tiene justo lo que estoy buscando. —sentenció Neko, mientras ojeaba los stats y el precio de alquiler.

—No, ¡no, no! Ese no. —vetó Bennu, moviendo los brazos en una clara negativa.

—¿Y a tí que más te da? Para ti voy a coger el azul y blanco que hay más al fondo.

—Que mejor me voy en portal. —insistió de nuevo el chico.

—Ni se te ocurra, soldado —chistó Neko, entrecerrando los ojos—. Ahora mismo voy a pagar por los dos chocobos, te vas a montar en el tuyo y vamos a llegar a Two Rivers antes de que se nos termine la sesión de hoy, ¿entendido?

No hizo falta contestar con palabras, el gruñido resignado de Bennu lo dijo todo.


————

—¿Estás segura de que es por aquí? —preguntó Bennu con la nariz arrugada, mirando al horizonte.

Tampoco es que pudiera ver mucho, el lugar estaba lleno de árboles. Árboles que pasaban demasiado rápido para su gusto, el maldito chocobo blanco y azul era rápido con ganas.
Ikki se estaba mareando. ¿Sería alguna especie de estado alterado o que su cuerpo real recordaba la sensación de ir en moto? Y el golpe… el golpe contra el suelo.

—Pues no —contestó Neko—, ¿te crees que he venido por aquí alguna vez? Pero según el mapa llevamos más de la mitad recorrido.

Ikki apretó los dientes y se agarró mejor al chocobo. Se concentró en la potencia de las patas debajo de él, en las sacudidas del cuerpo del pájaro cada vez que saltaba. En las diferencias que podía encontrar.

Neko echó un vistazo rápido hacia Bennu, extrañada por el silencio. Estaba empezando a preocuparse. Su compañero de party no era el chico más hablador del mundo, pero por el tiempo que había pasado con él, se le hacía extraño que no respondiese a una provocación como esa.
La mechanic empezó a frenar a su chocobo y Bennu hizo lo mismo al darse cuenta.

—¿Qué ocurre? —preguntó Ikki, intentando que su montura dejase de caminar de lado.

El chocobo sacudió la cabeza antes de aquietarse.

—Pues, ya llevamos la mitad del camino, podríamos descansar un poco —ofreció Neko, encogiéndose de hombros—. Tomar algo, disfrutar del paisaje.

Ikki frunció el ceño y el chocobo verde de cara roja de Neko graznó, gorjeando cuando Neko le rascó el cuello.
Neko no esperó respuesta, desmontó y empezó a guiar a su chocobo hacia lo que parecía un claro un poco más adelante.

—Vamos.

Ikki la imitó poco después y dejaron a los pájaros sueltos mientras sacaban unas pocas provisiones de sus respectivos inventarios.

El silencio se impuso, como un tercer miembro de la party, entre los dos y poco más se podía escuchar a parte de los ruidos propios de la selva.
Bennu miraba el suelo entre sus pies mientras Neko le lanzaba miradas furtivas, creyendo ver pequeños retazos de su alma.

Parecía disgustado por algo, pero eso era lo habitual en él. Aunque un tinte de tristeza se mezclaba entre sus facciones. Algo que Neko nunca le había visto. Enfadado, tozudo, ácido y amargo sí. Pero nunca triste.

Entre bocado y bocado, Neko dejó caer la rodilla, dando golpecitos con ella sobre el muslo de Bennu. Ikki le miró, dientes y lengua masticando mientras su ceja se levantaba, en un gesto entre la irritación y la curiosidad.

—¿Qué quieres? —preguntó después de tragar y darse cuenta de que Neko no iba a decir nada de inmediato.

—Nada —confesó Neko—. Sólo estaba pensando qué ruta seguir. No hemos estado siguiendo el camino y nos hemos desecho de todos los monstruos simplemente corriendo más que ellos.

—¿Y cuál es el problema? —quiso saber Ikki.

Neko chistó antes de bajar su sándwich para apoyar los codos encima de las piernas.

—No sé, se me hace extraño que sea tan fácil. No hay lagunas ni pantanos marcados en el mapa, pero ¿y si hay alguna pared escarpada o un punto de aparición de monstruos o algo así?

Ikki se recostó en el tronco del árbol que tenía detrás, bebiendo de su termo.

—Tú misma has dicho que han bajado el nivel de los monstruos de la zona por el bug en Columbia.

Neko giró la cabeza hacia un costado, mirando a todas partes menos a su compañero. Bennu frunció el ceño.

—No me habrás mentido.

—¡No, no! —aseguró con vehemencia, antes de rascarse la nuca—. Pero estamos lejos del camino, así que… no tengo claro si los monstruos de por aquí… han recibido esa reducción o no. ¡Pero este camino es más recto!

Ikki suspiró, dejando caer la cabeza hacia atrás mientras estiraba las piernas.

—¿Qué? —preguntó Anir, mirando como Ikki se llevaba una mano a la cara.

—Eres un caso, ¿lo sabías?

—Me lo suelen decir los hombres de mi vida —informó la chica.

Y los hombros de Ikki se sacudieron. Al principio era algo casi imperceptible y Neko le preguntó qué le pasaba, algo alarmada.

—¿Estás bien? ¿Qué te pasa? —preguntó Neko, preocupada, mientras empujaba el hombro de Bennu con una mano.

Ikki se dejó caer hacia el lado y empezó a reír.

Neko abrió la boca, la cerró. Frunció el ceño, se enfadó… y luego simplemente se rió con él, encogiéndose de hombros.

—Eres un capullo, Bennu. —le dijo, dándole una patada amistosa.

Ikki respondió agarrándola del tobillo y tirando de él. Y así, rodando por el suelo entre grititos y risas, con hojas y tierra empezando a ensuciarles, es como les encontró el chupacabras.
El gruñido que vino de entre los árboles les dejó helados y Bennu levantó la cabeza mientras Neko la giraba hacia los ojos rojos, brillantes entre la oscuridad.

—Mierda. —masculló ella mientras él se levantaba al grito de ‘¡Joder!’.

Ikki apenas había invocado su espada cuando la criatura salió de entre los árboles y Neko la escaneaba con la omnitool.

—Dime algo. —murmuró Ikki, después de lamerse los labios.

—Eh, tenemos un problema. —respondió Neko mientras el chupacabras empezaba a correr, fauces abiertas y saltaba hacia ellos.

Neko estaba calibrando las posibilidades, escudo de Ikki en mano cuando un graznido que provenía desde la otra punta del claro se oyó por encima de los gruñidos del chupacabras.
Ikki notó la sombra encima de él y cuando miró hacia arriba sólo pudo ver patas amarillas y plumas verdes.

El chocobo de Neko estaba saltando por encima de él, y aterrizó sobre el chupacabras tirándolo al suelo, con las alas desplegadas. Y lo único que pudieron hacer ellos dos fue mirar atónitos como la batalla comenzaba.


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #13: September 30, 2017, 01:34:35 PM »
Maldito photobucket.

Ikki/Neko, 07.
Segundo día de juego


————

Las pisadas del chocobo sonaban casi mudas sobre el camino de tierra. Neko se bamboleaba suavemente, con las riendas flojas entre sus dedos. Miraba el horizonte, cansada y Bennu tuvo que llamarla un par de veces para hacerse con su atención.

—Estoy distraída. —anunció Neko a modo de disculpa, mirando hacia su compañero de party.

—Estás agotada, estás perdiendo la concentración. —le corrigió Bennu, con el ceño fruncido, sentado bien recto sobre su chocobo.

Neko rodó los ojos, haciendo un esfuerzo por durar despierta unos minutos más.

—Perdone usted, señor. Verá, es que he tenido que usar todos mis puntos de habilidad de novata haciéndome pasar por muerta y curándome cuando podía.

Bennu soltó una cosa carcajada burlona antes de contestar.

—Ya te dije que hacer de cebo no era una buena idea. Aunque debo confesar que ha sido divertido verte correr por todo el claro, llamar al chupacabras y caerte muerta justo antes de que te alcanzara.

Neko echó la cabeza hacia atrás, gimiendo cansada.

—No me da el cráneo para rodar tanto los ojos —musitó antes de frotarse los párpados con el hueso de encima de la muñeca y luego habló más alto, mucho más segura de sí misma—. Bueno, la cuestión es que hemos salido con vida y los chocobos están bien.

Anir palmeó el cuello de su chocobo que trinó, contento por la atención.
Bennu tosió un poco y volvió a llamar a su compañera.

—¿Qué quieres, qué pasa? —preguntó esta vez.

—Acabamos de pasar un cartel que ponía “Two Rivers, un kilómetro”.

Neko levantó un poco más la cabeza, abriendo mucho los ojos antes de entrecerrarlos.

—¿¡Y no sabes decirlo antes!? —fue lo único que dijo antes de salir disparada, a la carrera.

Bennu chistó antes de negar con la cabeza. Pero se acabó riendo suavemente antes de seguir la estela de la novata.


————

Lo primero que había hecho Neko nada más llegar a una de las puertas de la ciudad fue buscar en el mapa el establo de chocobos más cercano.

—Te echaré de menos —aseguró, frotándole el cuello emplumado al chocobo verde y abrazándolo después—. Gracias por salvarme la vida.

Bennu se cruzó de brazos a su lado, levantando un ceja. Neko se separó del chocobo con una sonrisa y luego se fijó en la expresión recelosa que traía su compañero de party en ese momento.
Y Neko sonrió.

—¿Qué? ¿Tienes envidia, pajarito? ¿Tú también quieres un abrazo? —preguntó, acercándose con los brazos abiertos.

Ikki frunció más el ceño.

—No soy un pajarito, ellos son pajaritos. ¡No te acerques! —avisó, dando unos cuantos pasos vacilantes hacia atrás.

—Aw, ¿el pajarito me va a picar si le doy mimos? —preguntó Neko, con tono juguetón, aunque bajó los brazos y dejó de acercarse a Bennu—. Bueno, está bien. Tengo tiempo para entrenarte.

Y la chica se encogió de hombros antes de andar con pasos confiados hacia la salida.
Ikki gruñó un poco, miró al chocobo verde, que le graznó alto y claro, y gruñó un poco más antes de seguir a Neko.
Se le estaba haciendo una costumbre, esto de seguirla.

—¿Cómo que entrenarme? —preguntó, cuando llegó a su lado.

—No me hagas caso, estoy cansada. —dijo sin más, moviendo una mano en el aire para quitarle importancia a sus palabras.

Ikki volvió a gruñir, porque nunca dejaba ir una buena estrategia. Y Neko se rió entre dientes antes de darle una palmada en el hombro.

—No nos queda mucho tiempo. Será mejor que busquemos una posada.

No se fijaron mucho en la ciudad. Era de noche y los farolillos de colores llamaron la atención de Neko, que señaló hacia el establecimiento.

—Eso ha sido rápido. —admitió Bennu, apretando el paso.

Pidieron dos habitaciones individuales, con la suerte de conseguirlas una enfrente de la otra, y discutieron un poco más porque Neko quería pagarle la estancia a Bennu.

—¡Pero es mi quest!

—Te vas a quedar sin dinero y después tendré que prestarte. Y tú no te gastaste nada durante mi quest porque ya estábamos en Prorencia.

—Pues vaya futura prestamista estaré hecha si dejo que eso pase. —comentó Neko, parpadeando para intentar enfocar la visión.

—¿Es porque vas para merchant o te quieres hacer productora ahí afuera?

Neko se rió, tanto que le empezó a doler la cabeza.

—Paga tu parte esta vez, ya me has pagado en risas. —murmuró Neko, con los hombros aún sacudiéndose, mientras se secaba una lágrima con los nudillos.

Se giró para mirarle, sonriéndole. E Ikki notó el momento exacto en el que el cosquilleo empezó en su espalda, viajando hasta la nuca, erizándole el vello.
Notó el sonrojo subir y tomar control de sus mejillas y se apresuró a terminar la transacción con el npc que regentaba el local, por tener algo que hacer mientras intentaba disimularlo.

Neko se agarró de la camisa de Bennu mientras caminaban hacia sus habitaciones, argumentando que estaba demasiado dormida como para ver por donde pisaba y sacó la llave de su cuarto a regañadientes.

—Buenas noches, Bennu. —deseó Neko con una sonrisa, antes de bostezar y girar la llave en la cerradura.

Bennu apretó los labios.

—Ikki.

Neko parpadeó, sorprendida. Aunque el más sorprendido era él. Encaró de nuevo al soldier y ladeó la cabeza antes de decir.

—Anir.

—Anir. —repitió Ikki, asintiendo, grabando el nombre en su memoria.

Notó la mano en su codo y levantó la cabeza justo cuando Anir chocó sus labios contra la mandíbula perfectamente afeitada de Ikki.

—Buenas noches, Ikki. —dijo esta vez, con la voz más grave, más soñolienta y privada.

Y se apartó sonriéndole aún, cerrando la puerta despacio, mirando hacia él una última vez antes de que se pudiese oír el clic del pestillo colocándose en su sitio.

El mundo estaba en silencio en ese momento, pero el interior de Ikki rugía. Y se quedó ahí, mirando la puerta por cinco largos segundos antes de tomar aire y dirigirse hacia su propia puerta, abriendo con prisas y cerrando con fuerza antes de empezar a dar vueltas como un león enjaulado.

—No debería de haber hecho eso.


Neko

Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Reply #14: November 30, 2017, 07:11:20 PM »
Maldito photobucket versión 2.

Tanlaus/Cloud, 01.
En la Beta


————

Tanlaus tenía la piel clara, el pelo negro y los ojos verdes. Sus colmillos se clavaban en la pajita del bubble-tea que se estaba tomando, mientras miraba con desgana al gentío que le rodeaba.
Estaba en la plaza de una de las nuevas ciudades que habían añadido al juego. Aún estaba en sus primeras fases, pero ya tenía mucho contenido y la cantidad de testers había subido bastante. ¡Mira, hasta había gente que no conocía!

Tanlaus suspiró y dejó el bubble-tea a un lado para entrompar los labios y entrecerrar aún más los ojos.
Era una tarde aburrida y no le apetecía mucho estar conectado sólo para pasar calor. Se levantó y empezó a pasear por el mercado, en busca de algún bug. Estaba mirando unas cortinas con estampados exóticos cuando escuchó a dos chiquillas cotillear al otro lado de las telas.

—¿Has oído lo que dicen? —empezó una, bajando la voz.

—Pues si no me lo dices… —contestó la segunda, que recibió una palmada para que no hablase tan alto.

Lo único que estaban haciendo con su comportamiento sospechoso era interesar más a Tanlaus.

—Hay… hay dos que han podido tener sexo.

Tanlaus levantó las cejas, la segunda chica dio un gritito antes de reírse.

—¿Qué dices? Ya probamos la semana pasada y no se podía.

El silencio se condensó en el aire y Tanlaus intentó echar un vistazo a las chicas discretamente.
Una de ellas estaba de puntillas, diciéndole algo a la otra al oído, que se apartó de repente.

—¿¡En serio!?

—¡Pero no grites! —exclamó sonrojada antes de darse cuenta de que alguien les observaba.

Tanlaus les sonrió y la más bajita agarró a su amiga y se la llevó a rastras refunfuñando. Mientras, él, se dio golpecitos con dos dedos en la barbilla y sonrió interesado.

—Vaya, vaya… que interesante.


————

Cloud estaba mirando el fondo de su vaso y suspiró al darse cuenta de que estaba vacío. Era la primera vez en su vida que se sentía borracho. Era raro… Sólo esperaba que después no continuara esto con una resaca de aupa.
Se intentó levantar, pero perdió pie y no se fue al suelo porque alguien le agarró del brazo.

—¡Ey! Cuidado ahí…

Cloud se giró rápido, y no se dio cuenta del error del cálculo porque estaba lo suficientemente borracho como para no notar algo más de mareo añadido.

—Ey… —sonrió al recién llegado.

Levantó una mano y le apartó un mechón de la cara. Era negro, como el pelo de Zack, aunque los ojos brillantes que le observaban con preocupación eran de un verde intenso, no azules.

—Tú no eres Zack.

—No, no soy Zack. ¿Zack es tu amigo, estáis en la misma party? ¿Cuál es su nick, quieres que le avise?

Cloud parpadeó, confundido por tantos sonidos… palabras, eran palabras. De alguna manera su comprensión llegó tarde, pero certera.

—No, Zack no juega. No está… Estoy borracho pero hablo bien, es raro.

El desconocido sonrió e intentó sentarlo en la mesa en el taburete que había estado usando hasta ahora.

—Mira, puedes reportar eso para que lo mejoren.

Cloud miraba al infinito que eran los ojos verdes de esta persona.

—No sé tu nombre. Yo soy MECHANIC07. ¿Y tú?

—Night Fury, pero me puedes Tan. ¿Juegas con alguien?

Cloud negó con la cabeza y luego levantó la mano para tocarle la mejilla, justo donde Zack tenía una cicatriz. No, no era él, pero se parecían… ¿podría ser que sí que hubiese entrado a probar el juego al final?
Pero decía que era peligroso y Cloud estaba jugando a escondidas de su mejor amigo.

—Eres muy guapo. Y no, juego solo —contestó por fin Cloud—. Nunca he estado borracho. He bebido. Mucho, más que aquí, pero no me emborracho.

Tan miró hacia un lado antes de rascarse la barbilla y acabó por sacar algo de su inventario.

—Anda, bébete esto. —le indicó, dándole una botellita que Cloud aún no había visto en sus pocos días de juego.

—¿Me quieres emborrachar más?

Tan se rió, tanto que se dio una palmada en la rodilla y casi se cayó del taburete donde se había sentado.

—No, ¡no! Es una poción para quitar estados alterados, te quitará la borrachera y cualquier efecto adverso que tengas. También se carga los buffs, pero no creo que los necesites ahora mismo.

Cloud asintió, pero como era un desconfiado por naturaleza escaneó la poción para ver que era exactamente lo que le estaban diciendo. Y se la tomó de un trago.
Una gotita de líquido azul se le escurrió del labio y antes de que pudiese limpiárselo, Night Fury se lo quitó con el pulgar, agarrándole de la barbilla.

—Tú también eres muy guapo. —le dijo antes de sonreír coqueto.

El efecto de la borrachera se le bajó de golpe y Cloud se puso blanco para ponerse rojo después, tartamudeando antes de tomar el control de sus ruidos de nuevo.

—No he dicho eso… —murmuró.

Tan le soltó la barbilla y se rió un poco más, pidiendo un trago al camarero, que no tardó en ponérselo.

—Bienvenido al mundo de los sobrios.

Cloud miró la bebida de su nuevo conocido antes de responder.

—Parece que no quieras quedarte mucho tiempo entre nosotros.

Tan se encogió de hombros y luego le dijo:

—Es sin alcohol.

Pidió otra para Cloud y se quedaron un rato hablando. Un largo y muy interesante rato.


————

Tanlaus había dejado el flirteo en algunas frases sugerentes aquí y allá, además, era divertido ver como MECHANIC07 se sonrojaba antes de meterse algo en la boca para no tener que responder mientras miraba hacia cualquier otro lado.
Tanlaus suspiró y el chico ladeó la cabeza, levantando una ceja.

—No sé si coger una habitación y quedarme un rato más o si dejarlo por hoy. ¿Qué vas a hacer tú?

El chico pareció pensárselo, pero al final acabó por contestar.

—Llevo casi un día aquí dentro… creo que me quedaré otro más antes de irme.

Tanlaus asintió y se levantó del taburete.

—Entonces me quedaré otro día más —dijo decidido, mirando hacia delante antes de girarse para sonreírle a su nuevo amigo—. ¿Quieres que juguemos juntos?

—Uh… —dijo MECHANIC07, pareciendo algo cohibido, pero terminó por levantarse y tartamudear que estaría bien.

Así que Tanlaus pagó las bebidas de los dos y pastoreó al otro chico hasta la recepción de la taberna.


————

—¡Eso es muy caro! —se quejó Cloud, gruñéndole al npc para que les bajase el precio de las habitaciones.

Tanlaus se echó a reír, era gracioso ver lo agresivo que se estaba poniendo Cloud ahora, cuando antes no le salían las palabras sólo por un coqueteo ligero.
Le dejó las negociaciones mientras él pegaba la nariz a una pecera que habían puesto en la pared. Oh, peces de colores… ¿A quién se le ocurría poner esas cosas allí? Con lo que entretenían.

Un carraspeo a su espalda le llamó la atención, pero no dejó de mirar a los peces hasta que algo sonó tintineante a un costado de su cabeza.

—¡Llaves! —gritó Tanlaus intentando cogerlas, pero Cloud apartó el brazo demasiado deprisa.

Estaba algo sonrojado, pero Tanlaus lo atribuyó a la riña.

—Vamos.

No tardaron mucho en estar en el pasillo y Tanlaus miraba las puertas, sin saber cual era la suya. Cloud abrió una habitación, pero Tanlaus se quedó fuera, balanceándose sobre sus pies, con las manos en los bolsillos y una sonrisa felina en los labios.

—Bueno, ¿y dónde duermo yo?

Cloud seguía sonrojado, con el ceño fruncido y lo miraba fijamente.
Tanlaus dejó de balancearse y ladeó la cabeza, esperando. Al final, Cloud suspiró y le agarró de la pechera de la camisa con un puño, metiéndolo a la fuerza en la habitación.

—Me había dado la impresión de que querías compartir cuarto.

Tanlaus parpadeó confundido en un principio, pero luego sonrió y cerró la puerta con el pie. Dio un vistazo rápido. Cloud seguía agarrándole de la camisa, cada vez más sonrojado.
Y Tanlaus le miró pillo.

—¿También te había dado la impresión de que quería compartir cama? —le preguntó.

Cloud notó el calor en la nariz, pero bufó y tiró de Tan hasta tenerlo a menos de cinco centímetros de su cara.

—Podría decirse.

La frase era descarada, pero el tono no era tan seguro como le habría gustado. Tanlaus se rió bajito, pero aún así lo besó. Por el puño tembloroso, por la terquedad en sus ojos y porque se había fijado en aquellos labios desde que lo había visto borracho bebiendo en el bar.
Cloud se tuvo que poner de puntillas para apretar sus labios contra los de Tanlaus, que acabó agarrándolo de la nuca, enredando sus dedos con la coleta rubia del mecánico. Coud se agarró de su cintura y le acabó apretando la cadera con los pulgares mientras el beso pasaba de inocente a lujurioso.

Tanlaus se lamió los labios al separarse un poco y soltó la coleta de Cloud de su amarre, sonriendo sobre la boca húmeda del rubio.

—Esta mañana he oído una cosa muy interesante —le dijo antes de besarle la mejilla y después el pómulo, llegando hasta el oído—. Según dicen han implementado orgasmos.

El cuerpo de Cloud tembló a su lado y le escuchó tomar aire.

—¿A que antes no se podía…?

Tanlaus se separó de golpe, mirándole a la cara.

—¿No lo sabías?

Y Cloud se encogió de hombros, diciéndole que apenas era su tercer día de juego. Tanlaus se rió un poco más y le besó la frente.

—Por favor, dime como te llamas.

—… Cloud. —acabó contestando.

Y Cloud pensó que todo terminaba ahí, así que suspiró y empezó a darse la vuelta, yéndose cabizbajo hacia la cama. La mano que agarró la suya le sorprendió de verdad. Y el cuerpo de Tanlaus detrás de él, abrazándole por la espalda, le pareció lo más real que había sentido en mucho tiempo.

—Tanlaus —le dijo, con la barbilla apoyada encima de su cabeza y las manos recorriendo sus pectorales, traviesas—. Ahora ya sabes lo que tienes que gritar en la cama.

Cloud se atragantó con la saliva y ahora fue él quien terminó a carcajadas mientras Tanlaus le quitaba los tirantes y le desabrochaba el pantalón con mucho atino.

—Eres de lo que no hay ¿verdad?

—Rompieron el molde, exacto.

Cloud se dio la vuelta como pudo y se agarró del cuello de Tanlaus.

—Tendrían miedo de que explotase el mundo.

Tanlaus le empujó hasta sentarlo en la cama y se arrodilló para empezar a quitarle las botas, estirando del peto vaquero para lanzarlo por ahí.
Cloud le sonreía desde el colchón. Su pelo rubio le tapaba un ojo y abrió las piernas con descaro, aún vestido con la ropa interior y una camiseta sin mangas holgada, blanca, con manchas de grasa.
Estaba hecho todo un mecánico clásico.

—Por eso me metieron aquí. —contestó Tanlaus, dándole un mordisquito en la rodilla antes de besarla, dejando un reguero de besos hasta el ombligo.

Cloud se había abierto más de piernas, haciéndole sitio, y se dejó caer al colchón cuando Tanlaus empezó a besarle, agarrándole de nuevo del cuello para llevárselo con él.
Las manos de Tanlaus le acariciaban los costados de los muslos y si mientras le besaba intensamente Cloud estaba pensando en ojos azules en vez de verdes, nadie podía echárselo en cara más que él mismo.

Tanlaus le estaba besando la mandíbula y ahora bajaba por el cuello, cuando de repente levantó la cabeza, apoyándose en el colchón.

—Hostia, no te he preguntado qué prefieres. ¿Arriba o abajo?

Cloud lo miró serio.

—Cómo si es de lado.

Tanlaus rodó los ojos y le sacó la lengua. Empezó a empujar a Cloud para que se metiera dentro de la cama y se incorporó lo suficiente como para quitarse el pantalón y el calzado.

—No, quiero decir…

—Sé que quieres decir —le cortó Cloud—. Mi respuesta sigue siendo la misma.

Tanlaus se dio unos segundos para ver a Cloud, para verdaderamente verlo. Tumbado en la cama, con los brazos por encima de la cabeza y la sonrisa perezosa.
Podía ver la línea llena de su pene apretado contra el calzoncillo y los músculos de sus abdominales tensos.

Sonrió, lamiéndose los dientes esta vez.

Oh, sí, no le importaría de lado.