Author Topic: neverland 2.2: you can (not) fight  (Read 12019 times)


Kora

neverland 2.2: you can (not) fight
« Topic Start: February 23, 2015, 06:12:33 PM »
NEVERLAND 2.2: YOU CAN (NOT) FIGHT

Desde que el GM diera su fatídico anuncio, han pasado doce horas en el mundo exterior. Doce horas traducidas en doce días para los jugadores de Neverland. Precisamente en ese duodécimo día todas las ciudades del juego se han visto asediadas por un poderoso boss, los cuales han sido derrotados tras arduas batallas.

Y es en el día doce, una vez se derrota a su respectivo boss, cuando se vuelve a oír la voz del GM en Neverland.

Quote
Jugadores de Neverland, os felicito por vuestra victoria en el día de hoy. No sabéis cuánto me alegra ver que habéis sabido apreciar mi regalo, ésta prueba que habéis superado con creces...  ahora sé seguro que mis juguetes están en buen estado. Tras terminar éste, llamémoslo pequeño tiempo de prueba, ésta es la hora de daros la gran bienvenida a mi mundo personal.

Sé que algunos os sentís encerrados y que anheláis volver a vuestras frías, sórdidas vidas, pero me gustaría que éste evento os ayudara a daros cuenta de algo esencial. Éste es vuestro mundo ahora también. ¿Cómo si no hubiérais podido derrotar al boss? Habéis luchado hasta el último aliento, unos junto a otros, sacrificando para ganar.

Sois parte de Neverland. Sois los habitantes de éste mundo bajo mi control, en el que os garantizo que tanto la dicha como la adversidad vendrá de mi mano a partes iguales. Aquí, cada hora, minuto y segundo tendrá su valor en oro. ¿Por qué querríais salir? Mirad lo que ha ocurrido hoy. Muchos han muerto, ¿pero os habéis sentido tan vivos alguna vez?

Mirad. Mirad el fruto de vuestro esfuerzo, el reflejo de vuestra fuerza y coraje.

Éste es vuestro mundo. Éstas han sido vuestras decisiones, y éste es el resultado.

En otras ciudades la batalla sigue, en otras ha terminado mucho antes. ¿Créeis que lo habéis hecho mejor que los demás? Pronto lo sabréis. Estad atentos, habitantes de Neverland, porque el juego sólo acaba de empezar.

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En actualización conforme se vaya llegando a este día.
« Last Edit: February 23, 2015, 06:18:11 PM by Kora »


Shura

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #1: March 30, 2015, 08:34:32 AM »
Yeey! Nuevo arco y estrenando tema. Un poco más y me quedo atascada  :o

#34.

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Shura jugueteaba aburrida con el colgante en forma de delfín de su pulsera.

La Party al completo, se encontraba en la iglesia de Prorencia, pero en aquel momento, el ambiente relajado al que estaban acostumbrados, se había hecho tan espeso que podía cortarse con un cuchillo.
Una de las pociones que habían repartido, estaba envenenada, era tan potente como para quitar una vida de golpe. Todos habían bebido, cada uno de una poción hasta acabar con todas, como si se tratase de una macabra ruleta rusa.
Y el desafortunado elegido, había resultado ser Sol.

Era curioso que Sol, hubiera elegido quedarse para reflexionar, en la iglesia de la ciudad. Que era además, el lugar donde todos habían coincidido para acabar conociéndose. Algo muy poco apropiado, cuando te parabas a pensar en cual era la única opción de que un veneno,
se hubiera mezclado en el inventario: alguien lo había puesto ahí.
Quizás no de manera deliberada, pensar en lo contrario no era agradable y no iba a ser de ninguna ayuda. Pero aunque hubiera sido un accidente, el mal ya estaba hecho y Sol se encontraba a una vida de una muerte definitiva.

Joseph miró a sus cuatro compañeros, que también como él, parecían con la cabeza en otra parte o sólo dejaban pasar el tiempo. El Paladin, era el único que se había retirado buscando un momento de soledad que le ayudase a pensar en lo que le había sucedido y en que era lo siguiente que iba a hacer. Ya llevaba un par de horas así, desde que el monstruo hubiera desaparecido y el nuevo mensaje del GM hubiera quedado grabado en Neverland, lo cual tampoco ayudaba a los ánimos del momento. Después de dos semanas encerrados, no estaban más cerca de tener alguna pista del GM y ni mucho menos una idea de como salir de allí.

Caesar también pensaba en lo ocurrido con el tema del veneno, sentado cerca de Jojo, inclinado hacia delante, dándole vueltas a su pitillera plateada buscando su reflejo en esta perdido en sus pensamientos. Recordaba perfectamente como en la ocasión en que habían conocido a Kora de los Crimson Raiders, esta le habían ofrecido algunas pociones a Shura. Quizás el veneno hubiera estado desde el principio en el inventario de los Crimson Raiders y por una fatídica casualidad había acabado en el inventario de su propia Party. ¿Era posible que en los Crimson Raiders tuvieran enemigos tan retorcidos? 
Porque la otra opción… era que los hubieran envenenado deliberadamente. Era una opción que, aunque inconcebible, estaba ahí.
Caesar arrugaba el entrecejo intentando vislumbrar la verdad. A su juicio, Kora no parecía del tipo de persona que pudiera perpetrar un plan tan macabro, era absurdo que hubiera esperado el momento justo y la casualidad de encontrarse y descubrir la eventualidad de que su amiga hubiera perdido una vida, para aprovechar y hacerles eso.
Era una teoría que hacía aguas por todas partes, pero...

-No lo pienses más -Caesar sintió el codo de Joseph clavarse en su costado, sacándole de sus pensamientos y girando la cara y descubriendo el rostro aburrido de su compañero. El mismo rostro que pondría su hubiera tenido que aguantar una conversación larga, aburrida y sin sentido.
El Elementalist alzó una ceja sorprendido, aunque lo pareciera, no era posible que con la simple intuición de su compañero éste hubiera podido leerle la mente.
“Idiota” -igualmente Caesar hizo la prueba.
Joseph arrugó el labio fastidiado, por supuesto que no podía leer la mente, pero con Caesar mirándole fijamente casi como retándole, no era difícil deducir nada bueno.
-¿En qué estás pensando?
-En nada Jojo.
-Bueno, sé en lo que estabas pensando antes, yo también le he dado vueltas por un momento… -miró a su alrededor para asegurarse de que no estaban prestando atención a su conversación, bajando aún más la voz- estoy seguro de que no han sido los Crimson Raiders.
-Yo también lo estoy -saber que coincidían en aquello, le hizo reafirmar su opinión al respecto. 
-Bien.

Pero aún quedaba algo en el aire a lo que Joseph le había estado dando vueltas, estaba convencido de que decirlo en voz alta podría traer problemas en un futuro, pero era mejor equivocarse y ganarse el odio de todos, a que su silencio pusiera en peligro a su amigo.
-Quizás no te hayas dado cuenta porque llegaste después Caesar, pero este grupo es propenso a los accidentes inexplicables
Con un gesto de la cabeza, Caesar giro buscando la dirección que señalaba hacia Nero.
Ya le habían comentado que el Knight había perdido su primera vida cayendo desde Columbia. En un primer accidente donde no habían encontrado un culpable, ni un motivo para producirse.

Aquella insinuación, no le gustó un pelo.
-¿Qué estás insinuando?
-Nada -Joseph ya se sospechaba que Caesar iba a enfadarse por aquello, ahora mismo no necesitaban perder la confianza que se tenían los unos en los otros. No intentó detenerle cuando se puso en pie alejándose de su lado.

-Ya ha pasado un buen rato, creo que es el momento de ir a hablar con Sol al respecto, no puede esperar pasarse toda la vida encerrado en una habitación -Caesar anunció al resto sus intenciones.
-Te acompaño.
-Es preferible que vaya yo solo Nero, no queremos avasallarlo. Cuando terminé lo mejor es que hables tú con él que eres quien mejor lo conoce, además -sacudió la pitillera en el aire- quería aprovechar para fumar, seguramente a Sol también le apetezca.

Esperando la aprobación de Nero, Caesar se dispuso a buscar al Paladin.

 Los pasillos del a iglesia estaban poco iluminados, excepto los que llevaban a las Quest de Acolyte y Priest, que estaban iluminados con luces de los distintos colores que proyectaban las vidrieras. A Caesar le hubiera gustado tener un momento para contemplarlas, pero algo llamó su atención.
Un extraño ambiente flotaba en el aire, había un olor que no lograba situar y que le resultaba atrayente pero a la vez le provocaba una cierta aversión, como el olor de las flores a punto de pudrirse. 
Siguiendo el aroma, poco a poco fue adentrándose en la oscuridad de los pasillos, hasta dar con una puerta al final del mismo.
Su instinto le decía que lo mejor era dar media vuelta, pero Caesar lo ignoro, recordándose que no era ningún cobarde que tuviera que temer a la oscuridad, abriendo la puerta manteniéndose bajo el marco de la misma. Dentro de la habitación había un hombre, y aunque la escasa luz no le permitía reconocerlo con claridad, estaba claro que no se trataba de Sol.

-¿Tú eres Caesar?
El Elementalist no se preguntó como aquel desconocido conocía su nombre, el simple sonido de su voz poseía una sonoridad completamente insinuante y atrayente. Parecía como si aquella persona se relamiera los labios de gusto por haberle encontrado.
-No te preocupes, vamos a ser buenos amigos.
« Last Edit: April 06, 2015, 10:38:25 AM by Shura »


Shura

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #2: April 05, 2015, 08:41:55 PM »
El aporte en el que Shura se convirtió en entrenadora Pokemon...

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#35.

Shura ya no sabía cómo matar el tiempo. Revisando las posiciones de White Mage del juego desde su Omnitool, y comprobando con más remordimiento que orgullo, que su nick estaba en el lugar más alto de la lista.
No le era de extrañar, al ritmo que llevaba de curar y equipar a sus compañeros. Estaba totalmente preparada para subir de Job a Novice, incluso la Quest podía hacerse en aquella iglesia.
Pero, no era lo que quería hacer.

No quería ser Novice, pero ¿era lo correcto tal y como estaban las cosas? Sol no lo aprobaría de ninguna manera, y Shura sentía, que le debía mucho a su equipo. Tenía que asegurarse de que no fuera un capricho y que su decisión fuese la correcta a la larga. En aquellos momentos, había tenido tiempo de pensar en las palabras de Caesar, en lo de convertirse en Monk, deseando que el hombre volviera para hablar con él, preguntarle qué era lo que debía hacer, ya que tenía claro, que aquel no era el mejor momento para precipitar su decisión.
Pero a decir verdad, Caesar hace un buen rato que se había marchado…

-Ahí llegan –Nero anunció la llegada de ambos, o eso pensaba el grupo, pero sólo vieron aparecer a un Sol en actitud taciturna, observándoles de uno en uno, meditando lo que iba a decir a continuación.
-Siento haberos hecho esperar, necesitaba unos momentos a solas para reflexionar en nuestro siguiente movimiento. El ataque de esta mañana nos ha afectado a todos, en mayor o menor medida –nadie dijo nada, por suerte Sol no reparó en las miradas sarcásticas que se mandaron Joseph y Shura-. Pero creo que está claro que nuestro equipo no es tan poderoso como habíamos supuesto. Hablaremos entre todos de los detalles, pero empezar a haceros a la idea, de que vamos a organizar de nuevo la Guild.

-¡Los Made in Heaven vuelven a la carga! –Nero dio un golpe al respaldo del banco que tenía enfrente, por la excitación que mostraba parecía haber estado esperando aquella noticia mucho tiempo.
-¿Es de lo que has hablado con Caesar?
-¿Caesar? –Sol miró a Joseph extrañado, paseando su mirada por el resto de la cámara de la iglesia y percatándose de la ausencia del Elementalis -. No, no me lo he cruzado.
El Thief sacudió la cabeza, sorprendido.
-Pero si hace un buen rato que ha ido a hablar contigo.
-¿Y a mí que me cuentas? Se habrá distraído por ahí.
-Se ve que no conoces a Caesar –Joseph rodó los ojos adivinando que no iba a sacar nada de aquella conversación-. Voy a buscarle.
Pero antes de poder ponerse en pie, el mencionado hizo acto de presencia.

Oculto en el umbral del pasillo por el que antes había aparecido Sol, desde donde los cuatro jugadores se encontraban no podían verle con claridad, oculto entre las sombras el único sorprendido era el Paladin que estaba prácticamente a su lado. Dando un inseguro pasó hacia atrás, confuso cuando se percató de que Caesar le observaba con una mirada perdida, preparando un hechizo que comenzó a formarse sobre la palma alzada de su mano.
 
Sin tiempo para otra cosa que no fuera cubrirse,  Sol salió despedido cayendo de bruces contra los bancos de madera, bufando de dolor mientras el chirrido de la madera arrastrando contra el suelo y rompiéndose resonaba por toda la cámara de la iglesia.
-¡SOL!
 
El Paladín estaba bien, Nero fue el primero en llegar a su lado para comprobarlo, el resto estaba demasiado sorprendido por lo que acababa de suceder y permanecían anclados en el mismo sitio observando a Caesar.
Entró sacudiendo la misma mano con la que había invocado el hechizo, pudieron verle por fin la cara, arrugando el labio con desprecio y con sus ojos mirando por encima de sus compañeros, una mirada que parecía perdida.
-¿Y este se supone que es nuestro líder?  Menudo un inútil –chasqueó la lengua hablando con desdén.
-¡Espera Caesar! ¿Qué se supone que está pasando? –Shura intentó acercarse a su compañero, pero la mano de Joseph sobre su hombro la retuvo en su sitio.
-Ese no es Caesar.
-¿Qué?
-Pues claro que soy yo JOOOOOooojooOOOO –un escalofrío generalizado recorrió a sus compañeros, parecía como si Caesar jugase con las silabas como lo haría un demente, torciendo la mandíbula, moviendo los labios como un pez fuera del agua, estaba luchando contra algo, pero el resto estaba demasiado atemorizado por el momento como para reaccionar.
 
El hombre se llevó las manos hacía el mentón, tapándose firmemente la boca y la nariz, ahogándose mientras resoplaba y gruñía, inclinando medio cuerpo hacía delante, como en una profunda reverencia y dejando colgar los brazos, totalmente inerte e inmóvil durante unos segundos, hasta que comenzó a sacudir los hombros en una risilla. Aun en la misma posición, aquella risilla desembocó en una demente risotada, alzando el rostro donde pudieron ver una torcida expresión y unos ojos aterrorizados de los que desbordaban las lágrimas.

Shura retiró la mirada superada por la macabra escena, abrazándose a Joseph, sintiendo como el sudor y los escalofríos le bajaban por la espalda, era una suerte para él que Shura le estuviera abrazando o se hubiera ido al suelo de la impresión.
Caesar terminó por abrazarse el pecho, poco a poco controlando el ataque de risa.
-Esto es tan excitante… aquí dentro, somos tan poderosos como dioses, no existen los límites, ni las normas, podemos coger lo que se nos antoje, ¿no os dais cuenta? ¡Somos libres!
Su rostro fue reemplazado por una máscara de divertida arrogancia.
-Y vosotros también podéis serlo… Jojo, Shura… venid conmigo –les extendió la mano, esperando su respuesta-, si os negáis, moriréis, como lo van a hacer ahora vuestros amigos.

Antes de poder reaccionar, Caesar volvió a atacar, Doppio quedó encerrado dentro de un hechizo burbuja que para horror del mago, esta comenzaba a llenarse de agua amenazando con ahogarle en un minuto; Nero se puso en guardia frente a Sol, pero fue anulado por un hechizo de agua que lo arrojó lejos del Paladin, que una vez desprotegido sintió un frío muy particular y que venía desde muy dentro: el miedo a la muerte, recordando como aquel arquero que había conseguido quitarle su primera vida, suplicaba por no morir.
-¡No lo hagas Caesar! –Los gritos de Shura no llevaban a ninguna parte, tenía que reaccionar- ¡Detente! ¡Jojo! ¡Detenle con tu arma!
La orden le sacudió, ¡pues claro! Estaba tan asustado que no había caído en la cuenta ¡tenía sus boomerang de bolas!

Antes de que el hechizo que iba a darle muerte cayera sobre Sol, que únicamente atinó a cubrirse la cabeza con los brazos, las manos de Caesar fueron inmovilizadas con un certero lanzamiento de Joseph.
-¡Doppio! ¡Utiliza todas tus fuerzas para lanzar gravedad contra la burbuja!
A punto de ahogarse y ya tragando agua, Doppio intentó aplicar su hechizo de dentro hacía fuera para romper la barrera, poniendo toda su magia en el esfuerzo, hasta que en el último segundo, no dio con sus huesos en el suelo, libre y respirando aire fresco entre  fuertes toses.

Caesar sonreía provocativamente hacía Shura, la chica pudo diferenciar algo extraño en su frente… pero no pudo reconocer nada cuando Sol lo mandó al suelo de un puñetazo, atado como estaba, Caesar cayó sin proferir siquiera un quejido de dolor. Sol alzó su espada por encima de su cabeza dispuesto a dejarla caer sobre el Elementalist.
-¡No! ¡No lo mates!–Shura fue más rápida que el resto, abrazando y forcejeando porque Sol no dejará caer los brazos, apretando los dientes por el esfuerzo y el sentimiento de desasosiego por encontrar a Sol temblando de lo que parecía miedo.
Nero, recuperado del golpe, se había lanzado sobre Caesar para inmovilizarle, sintiendo que el mago preparaba un fuerte hechizo como contraataque.
-¡Haced algo!
 
En respuesta a su llamada, Joseph se puso a su lado, forcejeando para detener a Caesar, y reparando en algo que tenía en lo alto de la frente, escondido por el pelo: era como un extraño parásito, medio enterrado en la piel de su cabeza.
-¡Le están manipulando! –Sin ningún tipo de contemplaciones, Joseph llevó la mano directamente hacía aquel parásito, cerrando el puño y tirando, llevándose a la extraña criatura y algunos cabellos rubios, arrojándola al suelo mientras el ser, expuesto a la luz que se filtraba por las ventanas, se retorcía para finalmente morir en plena combustión, no quedando más que cenizas.
Pero la reacción por parte de Caesar, no era la que esperaron.

Joseph y Nero se apartaron de su lado cuando comenzó a convulsionarse en un baile macabro que consiguió librarle de las ataduras. Recuperando la consciencia y gritando entrecortadamente de dolor, de la herida que había quedado al extraer al extraño parásito, comenzaba a brotar sangre.
Los dos compañeros fueron atacados por su hechizo cuando intentaron acercarse para auxiliarles, era inútil cualquier contacto, Caesar les miraba desesperado, un instante antes de comenzar a arañarse la frente y a golpearse con la cabeza en el suelo.
-¡CAESAR!
No reacciono a la llamada de sus compañeros, arrastrándose hacía el mismo pasillo por el que había aparecido. Escuchando como unas pisadas, atravesaban el pasillo en su dirección, oculto entre las sombras, aunque no pudieran verle con claridad, Joseph y Shura lo reconocieron al instante.

-Qué desperdicio…
Caesar cayó a sus pies, apenas alzando una mano, intentando tocarle como un devoto tocaría una deidad.
-¿Cómo han podido hacerte esto? Lo siento amigo mío, siento que estés sufriendo. Pero para ti, ya no existe la salvación.
Se produjo un golpe seco que nunca vieron llegar, el cuerpo de Caesar quedó tumbado boca abajo inmóvil, entre las sombras no podían discernirlo claramente, no podían ver que había más allá de sus hombros, su nuca no proyectaba sombra, era como si su cabeza no estuviera en su lugar natural.
Tuvieron tiempo de sobra en observarlo, en apenas aquellas milésimas de segundo hasta que el cuerpo de Caesar desapareció en un montón de datos que se dispersaron, indicando que había perdido su primera vida.

Reinó el silenció, la situación era demasiado irreal para identificar el momento. Solo se distinguieron los pasos de Dio, mostrándose ante todos, y sonriendo hacía Shura.

-Hola, mademoiselle.
« Last Edit: April 06, 2015, 10:35:07 AM by Shura »


Kora

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #3: April 12, 2015, 09:51:20 AM »
Estrenando tema B^) y ahora si puedo cerrar el Día D(oce) ya me daré por satisfecha



039victory fanfare (1/?)

La imagen del GM se desvaneció, terminando el mensaje. El silencio permaneció entre ellos, denso y pesado, mientras los jugadores iban apartando su mirada del cielo.

La tormenta se había disipado, pudiendo ver en la distancia cómo los bordes del islote en el que estaban se iban reparando. A ritmo lento, cada losa parpadeaba intermitentemente unos segundos antes de re-aparecer, volviendo a formar los puentes que mantenían unida a la ciudad de Columbia. Poco a poco, la ciudad se recuperaba, reconstruyéndose a sí misma.

Pero aquel lento proceso no parecía ser suficiente para aquellos que habían quedado atrapados, y entre los grupos que se habían formado tras la batalla podía palparse la tensión provocada por las ansias de abandonar el lugar donde habían tenido que entrentarse al boss.

- Los warps siguen sin funcionar.

Maya había lanzado un frasco al suelo, con los mismos resultados del resto del día: ninguno.

- El GM ha dicho que en otras ciudades siguen luchando contra su boss. – Dijo Raiden. – Probablemente no funcionen por el resto del día, o quizá sólo cuando todos terminen.
- De todas formas, yo no iría a la salida manual ahora. – Asintió Asami a su lado. – Todo el mundo irá ahora hacia allí.
- No nos vamos a ir ahora. Todavía tenemos quests que hacer.

Ignorando las miradas que le dirigió el resto del grupo, Raiden abrió la Omnitool, buscando en su lista de contactos. Antes de que otros miembros más impulsivos del grupo dijeran algo de lo que arrepentirse, Asami puso una mano sobre el frío metal que cubría el brazo del Samurai mientras abría comunicación.

- Raiden, Elizabeth ha… quiero decir, quizá no sea la mejor idea…

En el macabro recopilatorio había salido la muerte de muchos jugadores, a cada cuál más cruenta, estúpida o ambas. Entre ellos, el grupo de Crimson Raiders había tenido que ser testigo de cómo Elizabeth había pasado a formar parte de las bajas de aquella batalla. La imagen de la joven deshaciéndose en pequeños píxeles que se alzaban sobre un charco de sangre todavía estaba presente para sus compañeros de equipo.

No por nada fue que volverla a oír, después de lo ocurrido, hiciera que se le erizara el vello a más de uno de ellos.

>¿Raiden? ...Lo siento, chicos.

Aunque teñida de cierta amargura, la voz de Elizabeth sonaba tranquila, como si no hubiera avanzado un paso más hacia una muerte segura.

- No tienes que disculparte por nada. – Replicó el Samurai. – ¿Dónde estás, Songbird?

>Estoy en la feria de alquimistas. Tengo la configuración para aparecer en el último sitio de respawn por el que pase…

- Bien. Puedes adelantarte e ir haciendo la quest de-
- ¿¡Pero qué te pasa a ti!?

Dando una larga zancada para ponerse frente al Samurai, Lockon lo agarró de la muñeca, alejando la Omnitool de su rostro. Inmediatamente, Maya se movió para ponerse entre ambos, apretando el hombro del Gunslinger con una mano.

- ¡Acaba de perder una vida! – Insistió Lockon, asomado sobre Maya por su altura. – ¿¡Cómo vas a exigirle que-!?
- ¡Tranquilo, Neil! – Maya consiguió reunir la suficiente fuerza como para hacerlo retroceder un paso, aunque se giró hacia Raiden con una mirada acusadora. – ¿En serio, Raiden?

>Maya, Lockon… estoy bien. Raiden tiene razón, ahora más que nunca, no tenemos tiempo que perder.

- Elizabeth… ¿Estás segura? – La mujer se dio la vuelta para acercarse al brazo que le tendía Raiden.

>Lo estoy. Os espero en el gremio de alquimistas, ¿vale?

- Ten cuidado, Elizabeth.

Raiden dejó las palabras de Maya como despedida, tras lo cual cerró la comunicación sin decir nada más, apartando la mirada mientras se cruzaba de brazos. La Time Mage suspiró, haciendo un ademán de dirigirse a él antes de cambiar de idea y buscar con la mirada a alguien entre la multitud. Fuera por casualidad o por haber pasado varios días juntas, en ese momento WhiteQueen cruzó la mirada con ella, y alzando una mano para excusarse de sus propios compañeros de guild, se acercó al grupo con pasos rápidos.

- Justo estábamos hablando de vosotros. Tal y como están las cosas, vais a tener que hacer noche aquí, y una posada no sea lo más seguro. – La mujer arqueó una ceja, empezando a hablar con un tono algo recargado. – Los Hellions os invitan cordialmente a quedaros en su base.
- Es lo más seguro. – Asintió Maya. – Gracias.
- Y además, tú ya te conoces el lugar. – WhiteQueen hizo un gesto con la mano, como si le quitara peso a la importancia de su oferta. – He oído que ya se ha reparado el camino hacia el norte de Columbia.
- Tenemos que hacer parada en el Gremio de Alquimistas. Una de nosotros tiene que hacer la quest de Alchemist.

Tímidamente, Kora alzó una mano. Ante la abrumadora presencia de los líderes que se habían alzado, era imposible no sentir cierto reparo antes de hablar. El gesto le hubiera parecido tonto, pero prefería pedir permiso para mantener la sensación de orden que se imponía con la llegada de WhiteQueen, y que tan frágil parecía en aquellos momentos.

- Nosotros… nosotros tenemos que hacer una quest también. – Lanzó una mirada rápida a Hyoga, quien estaba a su lado.
- Para Sorcerer. – Aclaró el otro Black Mage, dándose por aludido. Kora agradeció que éste diera unos pasos para acercarse a ella, sintiéndose algo arropada con su apoyo.
- Oh, eso está bastante cerca de nuestra base. – WhiteQueen se encogió de hombros. – Maya ya conoce el camino, así que os esperaremos allí.
- Podemos ir juntos hasta el Gremio de Alquimistas. – Respondió la mencionada. – Allí nos quedaremos nosotros a esperar a Elizabeth.
- Ya está todo decidido, entonces.

Con su característicos aires de grandeza, WhiteQueen emprendió el camino, haciendo que su capa blanca se sacudiera en el aire unos momentos antes de que girara la cabeza hacia los Crimson Raiders.

- ¿Vamos?

--


>Así que estáis todos bien… bueno, menos Elizabeth... Qué pena...

En la pantalla de la Omnitool el rostro de Lilith se torció en un gesto de pesar, mordiéndose el labio por unos momentos antes de recuperar su expresión habitual.

- Supongo que todo ha ido bien por ahí. – Respondió Maya.

>Oh, sí. Ha habido un incidente, pero bueno, nada preocupante.

Al ser Lilith capaz de ver la expresión de su interlocutora también, no se le escapó la manera en que Maya arqueaba una ceja, y rápidamente agitó una mano frente a la cámara de la Omnitool, rodando los ojos.

>Nada serio, de verdad. Todos estamos bien por aquí.

- No esperaba menos… Me alegro, Lilith. Tened cuidado, ¿vale?

>Lo mismo os digo. Quiero pensar que todo ha terminado por hoy, pero nunca se sabe. Nos vemos mañana.

La comunicación se cortó, y Maya cerró su Omnitool. El grupo de Crimson Raiders había podido echar un vistazo a la conversación, sin que ninguna de las dos objetara, ya que al fin y al cabo, lo que tuvieran que hablar les incumbía a todos ellos. Era un alivio que sus compañeros en Sanctuary siguieran bien, algo que servía para mantener la moral del grupo alta tras la enorme y dura batalla.

Avanzar por la Feria de Alquimistas iba a requerir de aquellos ánimos renovados. Con la reconstrucción automática del juego, los tenderetes controlados por NPCs no habían tardado en volver a abrir, pero aquella era una zona dedicada sobretodo a los Merchants y sus demás clases, y la ausencia de jugadores reales hacía que el lugar resultara vacío en comparación a otras visitas.

- Cómo se nota que falta gente… – Murmuró Jolyne, mirando a los puestos vacíos que conformaban la calle, y Kora asintió a su lado. – Nada que ver con esta mañana.

Al igual que el mercado, la plaza del Gremio de Alquimistas parecía desolada. A excepción de los grupos de jugadores que la atravesaban, la mayoría tratando de evitar contacto con el resto, no parecía haber nadie dispuesto a quedarse más tiempo del necesario en aquella zona crítica. Los pocos que si lo hacían era para entrar en las bases de las Guilds que se alzaban en aquella zona, las cuales destacaban sobre los otros edificios por conservar el daño que habían recibido durante el asedio a la ciudad.

- Estoy temblando de pensar cuánto nos va a costar reparar nuestra base. – WhiteQueen dejó ir un bufido corto.
- Intentad tenerlo para cuando volvamos, si no te importa. – Le replicó Maya, con una media sonrisa.
- Oh, pues claro, hasta pondré que tengamos sábanas de seda para los invitados.
- Mirad, esa debe ser Elizabeth.

Interrumpiendo el juego verbal de las dos mujeres, Asami señaló a una figura sentada en las escaleras que subían a la amplia entrada del Gremio de Alquimistas. A varios metros de distancia era un tanto difícil de reconocer, pero el pelo corto castaño que enmarcaba el rostro y lo enfrascada que parecía en la lectura de un grueso tomo delataban la identidad de la chica.


Cuando se acercaron a Elizabeth, ésta se dio cuenta, cerrando el libro y sujetándolo contra su regazo. Al levantarse sobre el escalón, pudieron ver que llevaba un nuevo traje equipado: el predeterminado para los recién convertidos en Alchemists. Al parecer había tenido tiempo incluso para usar un tinte en éste, cambiando los colores de la tela a unos tonos azul marino.

- Hola. – Saludó ésta, bajando unos pasos mientras hacía desaparecer el libro en su inventario. – Ya estoy lista.
- Creo que eres la única que se lee el lore del juego. – Maya se cruzó de brazos, aunque traía una sonrisa triste en su rostro. – Lo siento, Elizabeth.
- No pasa nada, lo importante es que todo haya salido bien. Además, mira, ahora estamos a la par. – Ladeó la cabeza al sonreír, y Maya le devolvió el gesto con un asentimiento. – Bueno, ahora le toca a Kora y Hyoga, ¿no?

Los dos Black Mages afirmaron con la cabeza, ambos convirtiéndose en el centro de las miradas por unos momentos. Por suerte para ellos, el grupo reanudó la marcha rápidamente, tomando el camino hacia la parada de zepelines que les llevaría a la zona de magos de Columbia.

Habían visto un par flotando entre los islotes, por lo que no era descabellado asumir que algunas rutas ya se habrían reparado. Era mejor probar suerte allí primero antes de volver al enorme puente que unía ambas zonas, el cual podría no haberse reconstruido aún, o si lo había hecho, sería un área con altas probabilidades de conflicto.

La suerte decidió sonreírles, y por primera vez en mucho tiempo, tener que esperar unos minutos para el siguiente zepelín era un auténtico alivio. Al menos, comparado con la alternativa.

- Menos mal… – Suspiró Elizabeth, sentándose en el banco. Al notar cómo alguien se sentaba a su lado, levantó la cabeza, y su mirada se encontró con la de Lockon. Lo saludó con una sonrisa.
- Elizabeth… lo siento. – Dijo el Gunslinger. – Tenía que cubrirte, y lo intenté… pero ya ves de qué ha servido.

Lockon le dirigió una mirada aprensiva, aunque no añadió nada más. Elizabeth había visto la imagen de su muerte: tirada en el suelo, con el estómago abierto en un corte horizontal y un charco de sangre bajo ella extendiéndose rápidamente. Inconscientemente, se llevó una mano al abdomen.

Hubiera insistido en cómo no era su culpa, recordarle que había sido una situación casi imposible de controlar y que lo más apropiado para la situación sería agradecer que no hubieran muerto todos, pero recordaba la frustración que sintió cuando Maya perdió su primera vida. Aún días después, todavía sentía una enorme punzada de culpa y rabia al recordarlo, y no podía negarle aquellos sentimientos a otra persona.

- Está bien. – Llevó su mano hacia el hombro de Lockon, tocándolo con la punta de los dedos antes de apoyar la palma. – Gracias, Neil.

Quizá, con un poco de tiempo, se acostumbrarían.


Kora

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #4: May 30, 2015, 03:20:17 PM »
El traje de Sorc aquí



040victory fanfare (2/2)

La nueva túnica era pesada en comparación a la ligera vestimenta que llevaba antes y el vaivén de la tela contra sus piernas era una sensación extraña después de haber llevado éstas al descubierto durante los días anteriores. Pero al extender el brazo y ver el delicado brocado en el puño de la manga, Kora al menos podía apreciar que el traje de Sorcerer era una prenda superior a su predecesora de Black Mage.

Parecía que había pasado tanto tiempo desde que había llevado las sencillas ropas azules…

- Felicidades.

Hyoga acababa de salir del Colegio de Magia, tirando del pronunciado cuello de su camisa, el cual no era pronunciado como el modelo femenino pero igualmente dejaba poco a la imaginación. Al menos, en su caso, llegaba sólo hasta la mitad de los pectorales y no hasta casi el ombligo.

- Gracias. – Se apartó un mechón blanco de la cara, sonriendo a su nuevo compañero Sorcerer. – ¡Felicidades a ti también!
- Ha valido la pena estudiar tanto, ¿eh? – Con una sonrisa de lado, Hyoga chasqueó la lengua. – Como si no tuviera bastante con la universidad ahí fuera…
- Pues creo que no había estado nunca tan nerviosa para un examen…

Aunque Hyoga pareció encontrar su comentario divertido, dejando ir una risa bajita, Kora sintió un escalofrío al oír sus propias palabras. Parecía un eco de la voz del GM, provocándoles con la idea de una vida más intensa dentro de su juego.

“¿Alguna vez os habéis sentido tan vivos?”

Inspiró hondo para tratar de sacar aquellos pensamientos de su mente, y en su lugar, agradeció internamente haberse dado cuenta de que sería mejor subirse un poco la falda de la túnica para bajar los escalones de la entrada del Colegio. Prefería que la imagen que se les quedara a sus compañeros de equipo de su triunfal ascenso de job fuera elegante, levantando un poco el mentón al caminar.

- Vaya, vaya, parecéis unos señoritos magos de verdad. – Les recibió Maya, con los brazos cruzados. – Enhorabuena.

El comité de bienvenida no era muy grande ya que sólo su party se había quedado a esperarlos, el resto habiéndose marchado con WhiteQueen para adelantar terreno, pero quizá era aquello lo que hacía más especial aquel momento.

Dejando ir los pliegues de la falda, Kora se dejó regalar por las amables palabras de sus compañeras, e incluso Raiden parecía algo más animado que cuando había entrado a hacer la quest.

- La túnica es muy bonita. – Comentó Asami, examinándola de arriba a abajo rápidamente. – Mucho mejor que lo que me dieron a mí cuando me hice Mechanic.
- Me acuerdo que parecía que te fuera a quemar el traje de lo rápido que te cambiaste. – Comentó Elizabeth, y Asami rió bajito, sonrojándose ligeramente.
- Discretito, ¿eh? – Jolyne dio un toque con el dedo a la piel expuesta justo encima de donde terminaba el escote, unos centímetros apenas sobre el ombligo, y Kora se dobló inmediatamente con una risilla.
- Ay, que me haces cosquillas…

Kora se llevó el antebrazo a la zona, cubriéndose con éste para evitar posibles ataques a su sensible piel mientras miraba con los ojos entrecerrados a Jolyne. Aunque pareció divertirse aún más con su gesto, no hizo ningún ademán de continuar con su ofensiva, dejando las cosquillas de Kora como un tema aparte.

- A mí también me gusta el traje… aunque preferiría que fuera morado, ¿o quizás rosa oscuro?
- Puedo hacerte un tinte. – Se ofreció Elizabeth. – Yo lo he hecho con el mío.
- ¿Qué colores hay? – Ante la oferta, Kora levantó las cejas, interesada.
- Deberíamos ponernos en marcha.

La intervención de Raiden había sido repentina, silenciando a las chicas al instante. Sin cambiar de expresión, éste soltó un bufido corto antes de explicarse un poco.

- No me muero de ganas de ir con WhiteQueen, pero no es seguro quedarnos por la ciudad hoy.
- Tiene razón. – Con un suspiro que debía contener todo el dolor que le suponía darle la razón al Samurai, Maya asintió. – Hablaremos de vestidos toda la noche en la base de los Hellions.
- Yo no puedo prometer eso… – Murmuró Hyoga.

---



La luz del atardecer se filtraba por las ventanas en el salón principal de la base de los Hellions, añadiendo tonos violáceos y anaranjados al mármol de las columnas y ornamentos que decoraban las altas paredes que se erguían a su alrededor.

Aún si el asedio de Temperantia había hecho estragos en el edificio, arrancando gran parte de la cúpula cristalina sobre ellos, éste conservaba aún su lujoso, elegante aire que tanto había impresionado a Kora durante su primera visita. Caminando a través del amplio vestíbulo, los bordes de su nueva túnica se deslizaban por las brillantes losas, atascándose momentáneamente en las grietas que se habían formado en algunas o en los bordes de los cascotes que habían caído durante el ataque.

WhiteQueen todavía estaba refunfuñando en voz alta sobre cómo tendrían que arreglar la base ellos mismos con su propio dinero para cuando su grupo había llegado, apenas dedicándoles un breve saludo antes de delegar en su supuesto segundo de a bordo el tema de la distribución de las habitaciones.

- Ya tenéis el acceso desbloqueado a nuestra área de invitados.

Éste no parecía especialmente ilusionado por su nueva tarea, usando un tono seco y el menor número de palabras posibles, todo adornado con una mirada que reflejaba el cansancio tras un largo día.

- Las habitaciones de invitados son de cuatro máximo, ahora os envío quién está asignado a cuál. – Un pitido en las Omnitools del grupo corroboró que Hellion había cumplido con su palabra. – Emma-- WhiteQueen ha decidido que todos debéis estar en vuestra habitación antes de las diez de la noche, y despertar a las ocho. ¿Alguna pregunta?
- Qué horario más estricto… – Murmuró Kora.
- Ya veo que no. Pasad una buena noche, y todo eso.

Rodando los ojos por última vez antes de darse la vuelta, Hellion se alejó de ellos con pasos rápidos para unirse al coro de quejas que estaban formando los miembros de su Guild respecto al enorme coste que iba a suponer reparar una base tan lujosa como la que tenían.

- Tenemos un par de horas antes de volver a nuestras habitaciones, entonces. – Les recordó Maya.
- Hay bastante más gente de la que esperaba. – Dijo Asami tras echar un vistazo a su alrededor.
- La Reina Blanca es más generosa de lo que parece.
- Si tú lo dices… – Elizabeth se encogió de hombros, manteniendo una cara de póker por unos momentos. – Parece que hay bastante por hacer. Podría aprovechar e ir haciendo pociones, hemos hecho un buen agujero en las reservas de la guild.
- Buena idea. – Asintió Asami. – Yo podría ayudar reparando armas y armaduras, más de uno lo va a necesitar.

Con tareas asignadas para las dos, Elizabeth y Asami se separaron del grupo, ofreciendo unos servicios que fueron rápidamente contratados. Maya se marchó con los otros Crimson Raiders, Hyoga anunció que iría haciendo camino a su habitación tras recibir un par de mensajes en la Omnitool, y Raiden… Raiden simplemente desapareció de la vista.

Kora y Jolyne se encontraron sin nada que hacer en las próximas dos horas. La Black Mage había sentido curiosidad hacia su compañera desde que se les unió, a pesar de su posición reacia a establecer contacto profundo en sus primeros momentos. Todavía conservaba un deje defensivo en su actitud, cambiando de tema cuando le preguntaban qué había hecho antes de que sus caminos se cruzaran en el bosque de Prorencia. Especialmente cuando alguien preguntaba acerca de su nick.

- Este lugar es tan pijo. – Jolyne se cruzó de brazos. – ¿Cuántos VIPs se necesitan para poder tener un sitio así como guarida?
- Bastantes, supongo…

Aprovechando una amplia viga que debía haber caído del techo, Kora se sentó en el borde más ancho, frente a su compañera. Estando inclinada unos grados por la posición del trozo de metal, su pie derecho colgaba, rozando el suelo con la punta. Distraídamente, hizo círculos con ésta.

- Es muy diferente de la nuestra. – Asintió Kora. – La verdad, al entrar, hubiera elegido ésta base.
- ¿En serio? – Jolyne arqueó una ceja. – Parece una ópera.
- Sí, me gusta, parece un castillo. – Alzó la vista hacia la pared frente a ella, en la que colgaban los restos de un enorme lienzo, cayendo por la esquina en la que se había roto. – Pero ahora, me gustaría volver a la base de los Crimson Raiders. Preferiría pasar la noche allí, la verdad…

Jolyne ladeó la cabeza ligeramente, dejando caer los párpados. Abrió la boca un momento, apretando los labios inmediatamente y silenciando lo que fuera que iba a decir.

- Pues yo preferiría pasar la noche en mi casa. – Espetó Jolyne en respuesta.
- Oh… bueno, supongo que todos. – Balbuceó Kora. Esperaba que la Monk suavizara su actitud, pero seguía tan dura como siempre. – Pero por ahor-¡Ay!

La viga en la que estaba sentada se desvaneció bajo ella, y Kora tuvo un aterrizaje duro sobre el suelo de mármol. Tardó unos segundos en reaccionar, quedándose sentada con las manos apoyadas en el suelo. Jolyne parecía haberse sobresaltado también, pero no duró demasiado, ya que una sonrisa mal disimulada se le empezaba a dibujar en el rostro. Al menos era más discreta que muchos de los jugadores que las rodeaban, y oyó unas risillas entre la multitud.

- ¡Que estamos de reparaciones, chica! – Le dijo un jugador con la Omnitool abierta, señalando al techo.

Jolyne se acercó a ella, tendiéndole la mano, y Kora se dejó aúpar. Sentía cómo las mejillas le ardían por el rubor al sentirse observada por tanta gente al mismo tiempo, aunque ya habían dejado de mirarla casi todos al tener cosas más importantes que hacer. Al levantarse, se dio unas palmadas para estirar la falda de su túnica.

- Creo que me voy a cambiar al traje que llevaba antes.


Shura

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #5: May 30, 2015, 03:32:57 PM »
#36.



-Hola, mademoiselle.

Todo estaba pasando muy deprisa. Cuando pensaban que estaban a salvo del peligro, que habían logrado sobrevivir, la realidad de aquel juego, volvía para asestar un mazazo de realidad: nunca se está a salvo.
Una vieja amenaza, un cabo suelto llamado Dio, que volvía para cumplir su promesa y matar a Jojo y Shura.

Pero, en vez de retroceder e intentar huir para conservar la vida, Joseph se le abalanzó para atacar. Demasiado rápido, sus compañeros no llegaron a notar la locura en sus ojos. Por el contrario, Dio sonrió con el detalle, no tenía ni la más mínima duda, de que aquella locura, había sido producto de matar al joven rubio de antes.
Aunque Jojo era habilidoso, Dio consiguió esquivar torciendo el cuerpo a un lado, el golpe del boomerang que llevaba en las manos.
-Es inútil.
Dio lanzó su ataque, un zarpazo que le desgarró la ropa y provocó una herida en su costado. Mandando al suelo mientras Shura gritaba de manera heladora, aterrada, y sus compañeros aún estaban procesando lo que estaba sucediendo.
Yéndose al suelo a causa del golpe, pero de Jojo no se podía esperar lo común. El brillo de una bola del boomerang atada a su pie, sólo fue perceptible durante un momento por sus compañeros, dando casi de pleno a Dio, que con cierta dificultad había esquivado la peor parte del golpe, y aun se permitía sonreír con soberbia.

Jojo logró separarse, apretando los dientes y arrugando el labio al darse cuenta de que había fallado el golpe. Sintiendo como Nero tiraba de su brazo para ponerle a salvo cerca del grupo, mientras Shura se encargaba de curar la herida.
-No te sientas frustrado, Joseph Joestar -Dio no borró su sonrisa ni desvió su mirada del chico-, aunque no dejes de sorprenderme, conozco tus trucos.
-Hijo de puta… - Jojo tiró para volver a la batalla, pero además de Nero, Sol también lo mantenía sujeto del hombro para que no cometiera ninguna locura.
-Siento lo de tu amiguito. Pero la culpa de su muerte no es mía: tu le arrancaste aquel parásito mental, seguramente le provocaste un tremendo shock y un enorme dolor. Puede decirse, que el acto de matarle, fue pura piedad.   

Joseph se revolvió intentando librarse del agarre.
-¡JOJO! ¡Tranquilo! ¡Te está engañando!
Shura intentó detenerle, pero apenas tenía fuerzas, sin saber en qué momento había empezado a llorar, simplemente atinando en abrazar a Jojo para convencerle de que no siguiera escuchando aquellas malditas palabras y la risa que había despertado en Dio tras ver aquella reacción.
Joseph apretando los puños, y entrecortando un grito, inclinándose para recogerse sobre el hombro de la chica y compartir aquel terrible dolor.

-¡Cabrón! ¿Quién cojones eres tú? -Sol desenvainó la espada, aunque dentro de él, no encontraba fuerzas para encarar a aquella amenaza.
-Mi nombre es Dio. Y vengo a haceros una propuesta.


Pronto, se explicaran todos los hechos-


Demasiadas cosas habían sucedido aquel día.

La presencia de Dio había sido la insoportable gota que colmó el vaso. No había llegado en son de paz, se había llevado una de las vidas de Caesar, y a dejarles un mensaje a Jojo y Shura, cobrándose también una de las vidas de Doppio como firma de su ultimátum. Terminando por marcharse, por su propio pie, la muestra final de que siempre iba a estar muy cerca de ellos, de que no había manera de librarse de su presencia.

-Oye -Joseph tomó del hombro a Shura que tomaba la iniciativa para apartarse del resto del grupo, demasiado furiosa aun para abrir la boca, sólo poniendo en orden todo lo que le rondaba-. Nosotros nos vamos un momento, tenemos que hablar de lo que ha sucedido.
-¡De aquí no se mueve nadie! -Sol ladró aquello, pero el detalle de que no miraba a la cara de Shura, no le pasó desapercibido.

Ella había tenido que tomar el control de la situación, organizar la batalla cuando Sol dejó salir su personalidad, incapaz de enfrentarse a la situación, sobre todo cuando Doppio había muerto, imaginándose que el seria el siguiente. Nero quizás le perdonase que fuera incapaz de blandir la espada y defenderles, pero ella no. Porque Sol, era el único que podría haberles defendido.

-¿Qué pasa? -Sol ya no podía ignorar el rostro de desprecio de la maga.
-¿Y a tí? -Cada letra la sintió viperina y heladora, con una heladora mirada de soslayo, se dirigió hacía la salida de la iglesia acompañada de Jojo, por supuesto no la detuvo.

Ya afuera, el aire fresco comenzó a revitalizarla. 
-¿Estas bien?
-No lo sé, Jojo -sin terminar de dar su respuesta, que las manos del hombre se apoyaron en sus hombros, caminando hasta su espalda y comenzando a retorcer los dedos en un amago de masaje.
.¿Y ahora estas mejor?
A Shura se le escapó una media risotada, era fantástico tener a alguien como él a su lado, era el apoyo más fuerte con el que contraba, sobre todo cuando de los dos él era el que más había sufrido, ya no tanto por la noticia como si por la muerte de Caesar.

Permanecieron en silencio.
-Ese Dio, me recuerda a Ozymandias…
-¿Quién? -Shura sacudió la cabeza sin saber de qué hablaba.
-¿Has visto Watchmen?
-La he leído… -se encogió de hombros, pero por la noticia pareció alegrarse.
-¡No sabía que también leías cómics! Bueno, al caso: es como si nosotros fuéramos los héroes de Watchmen.
-No son héroes, sólo son personas normales, disfrazándose para cumplir sus fantasías… -Shura miró sus ropas de White Mage, entendiendo por dónde quería ir Joseph- que triste.
-Dio quiere trascender… quizás dejar su huella. Y lo que pretende es dejar un legado.
Cortó la frase en ese momento.
-Un legado que seremos nosotros, ¿verdad?

Eso les había dicho, que había visto su potencial en aquella primera batalla contra él, la camaradería de los dos compañeros. Pero no acababa ahí la cosa.
« Last Edit: March 08, 2016, 04:37:27 PM by Shura »


Kora

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #6: June 24, 2015, 04:15:15 PM »

041let the sea fall

Era una buena vista. Sam se encontraba sentado en una de las mesas alejadas del escenario, cubierto por la galería abalconada del piso superior, dando sensación de que estuviera en una cueva tenuemente iluminadas por las luces que adornaban todo el gran salón.

Las columnas que sostenían el palco sobre él eran doradas y de un sencilo estilo art decó, como todo en aquel lugar, y sin embargo la arquitectura sacada de los cincuenta no era lo más llamativo del lugar. Algunas de las paredes habían sido reemplazadas por altos paneles de cristal, dejando ver el perfil de la luminosa ciudad… sumergida en el agua. Peces y algas formaban la fauna y flora al otro lado de las ventanas. En el escenario, la cantante dejaba ir su voz en una larga nota al mismo tiempo que un gran tiburón pasaba por detrás para desaparecer nadando rápidamente entre los edificios.

Otro tiburón, más pequeño y con forma de mujer, se acercaba hacia él. Sus tacones repicaron sobre el mármol del suelo antes de sentarse a su lado, cruzando sus largas piernas en el asiento. I-No, siempre con su traje rojo ajustado y su extraño sombrero de bruja, todo cuero.

- Felicidades, amor. – Su voz era exageradamente dulce para una sonrisa tan falsa. – Tus amigos en Sanctuary parecen habérselas arreglado bastante bien con el regalito del GM.
- Bueno, al fin y al cabo, ésto sólo era un aviso. Tampoco les vamos a dar tanto crédito, ¿no?

La carcajada de la otra, al menos, parecía sincera aquella vez, llevándose una mano al pecho en un gesto dramático. Sus ojos, aún en la tenue oscuridad, tenían un brillo iridiscente, cambiando de tono con cada ligero movimiento que hacía.

- Oh, querido, a las mujeres no hay nada que nos duela tanto como un hombre que no es sincero.

Sam sólo bebió un trago más de su bebida. Si quería sacar algo de él, iba a tener que esforzarse más. Tras unos momentos sin decir nada más, I-No siguió hablando, su voz empalagosa y provocativa.

- Hmm, callándote sólo echas sal en mis heridas… encima que vengo a ver cómo estás. – Una de las manos de I-No llegó hasta su antebrazo. Sam llevaba un nuevo equipo, negro y ajustado, pero podía sentir las uñas de la mujer ascender poco a poco hacia el bíceps. – Quiero creerte, en serio. Me rompería el corazón si resultara que tu corazón está con-

La hoja de la katana cortó el aire en un silbido corto, deteniéndose a centímetros del cuello de la mujer.

- ¿Quieres terminar la frase?

La sonrisa en el rostro de I-No pasó de ser sutil y sugerente a una mueca tensa, enseñando los dientes como si lo amenazara. Y la mirada, oh, qué mirada le dirigió, entrecerrando los ojos sin parpadear siquiera cuando cerró los dedos alrededor de la hoja roja de la katana.

- Guárdate tus amenazas para tus amiguitos ahí arriba, Jetstream, te van a hacer falta si no quieres que te borre yo misma de éste mundo. – El tono zalamero había desaparecido dejando en su lugar una voz casi gutural. Sus dedos apretaron el metal con tanta fuerza que empezó a caer un hilillo de sangre desde entre los nudillos hasta la muñeca, bajando lentamente. – Todavía estás de prueba, chico nuevo, sólo necesitas que alguien sospeche un poco de ti para que…

I-No terminó la frase deslizando su mano por la katana hasta soltar la punta, con mano salpicada por los ríos de sangre que salían de las heridas en su palma y dedos. Procedió entonces a limpiarse con la lengua, lamiendo lentamente.

- ¿Quieres algo en especial, o sólo has venido a juguetear con mi espada?
- Ohhh, ¿ves? – La mujer soltó una risa gutural, terminando de lamerse las heridas en un movimiento delicado con la punta de la lengua. – Por eso no quiero que te vayas, Jetstream. Jugaría con tu espada todos los días, pero apártala de mi cara por ahora.

Sam le concedió aquella cortesía, envainando su katana por el momento. Al fin y al cabo, podía volver a sacarla tan rápido como lo necesitara.

- Sé lo que estás pensando, Jetstream, pero el GM no planea ponerte a prueba tan pronto.
- Qué desilusión…
- Lo sé, amor, tienes que ser paciente. – La mujer colocó los codos sobre la mesa, echando su cuerpo hacia adelante. – Si eres bueno, prometo asegurarme de reservarte a tu samurai al menos. Pero antes, tus valientes amigos tendrán que demostrar muchas cosas…

Por supuesto que esperarían, Sam había podido deducir eso mucho antes, y lo ocurrido en aquel doceavo día sólo confirmaba sus teorías. Lentamente, asintió, y retomó su bebida. Vació el vaso antes de dejarlo en la mesa.

- Muy inteligente. Dejar que las guilds se conviertan en un bastión de esperanza, y luego aplastarlas para destruir la moral de los supervivientes. – Asintió Sam, con la vista en el escenario. – Los que queden aprenderán su sitio.

Ese sería el destino de los Crimson Raiders: convertirse en otro ejemplo más de que no había resistencia posible. Se sentirían fuertes con cada pequeña victoria para terminar en una cruel derrota.

Oh, Lilith, tendrías que haber elegido mejor…

- Este es un mundo nuevo, Jetstream, un mundo en el que los fuertes gobernarán.
- Un mundo justo, entonces.

I-No asintió, sonriendo ampliamente ante sus palabras, y se acercó hasta que podía ser oída por él en susurros.

- Aún así, sé que te alegra que tus amigos sigan vivos por ahora, Jetstream. Ten cuidado, y procura que sea sólo porque quieres ser tú quien se encargue de ellos…

Antes de que respondiera, la mujer se había levantado, alejándose unos pasos con el movimiento sinuoso de sus caderas. Se dio la vuelta lentamente.

- Pero si quieres, podemos celebrarlo juntos. – Le sonrió de lado, recorriendo el costado de su cuerpo con una mano. – No quiero que tu espada se oxide aquí abajo…

Riendo para sí misma, I-No continuó caminando. Al pasar por uno de los muros de cristal, el tiburón de antes volvió, lanzándose hacia un banco de peces y dejando sólo una nube roja humeante tras de sí.


Shura

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #7: June 30, 2015, 12:28:36 PM »
PENDIENTE DE BORRAR
« Last Edit: March 08, 2016, 04:37:44 PM by Shura »


Kora

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #8: June 30, 2015, 03:55:43 PM »

042le chevalier de paris (1/2)

El tic-tac del reloj era un agradable ruido de fondo en los silencios que se colaban de vez en cuando, cómodos y tranquilos cuando había tantos años entre los dos presentes en la habitación de la residencia. Era una tarde tranquila, la luz anaranjada del atardecer colándose entre las cortinas, balanceadas ligeramente por la suave brisa.

El más joven de los dos, rubio y de rasgos elegantes, mantenía su atención en el anciano sentado a su lado en el borde de la cama, escuchándole con una sonrisa afectuosa. Sujetaba la mano arrugada de éste, quien apretaba con un ligero temblor en sus viejos dedos.

- Fue una noche tan bonita, Ky, hijo. – Decía el anciano, asintiendo lentamente hasta que su barba tocara el pecho. – Bailando juntos, en el centro de la sala, sólo se os veía a los dos…¿Te acuerdas de ella? Vestida como una princesa, y tú con el uniforme…

Ky asintió, aún sin poder acordarse de ningún baile a lo largo de sus veintiséis años. La edad empezaba a hacer mella en la mente brillante del que había sido su tutor y única figura paterna, oscasionalmente llevando recuerdos a su mente de cosas que nunca habían ocurrido.

- Ojalá las cosas hubieran funcionado entre vosotros dos. Tenía un buen corazón, y te quería. – El anciano suspiró.
- Ojalá, padre.

Ky apretó suavemente su mano. Aquel hombre no era su padre biológico, pues con su edad, podría ser más probable que fuera su abuelo. Pero Kliff Undersn quien lo había criado como a un hijo, acogiendo con brazos abiertos a dos hermanos que acababan de quedarse solos en el mundo. Era más que justo cuidar de él ahora, aunque Ky nunca había sentido que fuera una obligación para él.

- Vas a tener que irte pronto, ¿verdad? – Kliff levantó la vista hacia el reloj en la pared, entrecerrando los ojos para ver bien la hora.
- Sí… – Admitió Ky. – En media hora empieza mi turno.
- ¿Y qué haces apurando hasta el último minuto aquí? – El anciano negó con la cabeza, soltando una risa que parecía más bien un suspiro. – Pasar tu tarde libre visitando a un viejo, a tu edad…
- Me gusta venir aquí, padre.

Kliff volvió a negar con la cabeza, levantando la mano hasta ponerla en el hombro de Ky, donde le dio una palmada.

- Hijo, aunque no te lo creas, voy a estar aquí la semana que viene. Y la otra, y la siguiente. ¡Pero si he sobrevivido una guerra! – Rió el anciano. – La próxima vez, ven sólo media hora, y luego haz algo para ti.
- Lo pensaré… 
- Hazlo, hijo, trabajas tanto y nunca te tomas un respiro. ¿Cuándo ha sido la última vez que has llevado a cenar a una chica? A un Capitán en la Interpol joven y guapo no tienen que faltarle pretendientes…

Aunque normalmente no se tomaba en serio las pullas de sus compañeros de trabajo acerca de su rendimiento laboral, que fuera Kliff quien se lo dijera siempre hacía que se sintiera algo regañado, y notó cómo le subían los colores a la cara. La última persona con la que había salido a cenar era uno de los operativos a su mando, pidiendo comida rápida después de salir de trabajar. El anciano sonrió, apretando su hombro.

- Bueno, no tengas prisa si no tienes con quien salir. Ve al cine, da una vuelta por el parque, échate una siesta. Qué se yo…
- Lo tendré en cuenta. – Asintió Ky, mirando de reojo la hora, lo cual no se le escapó a Kliff.
- Vete ya, hijo. – Kliff le puso una mano en el hombro. – Pero no te olvides de lo que te he dicho.

Ky se levantó, y dejó el libro que habían estado leyendo en el escritorio del anciano, asegurándose de que no faltara de nada antes de girarse para despedirse de éste. Se inclinó para abrazarlo, notando cómo se le iba el aire con una palmada en su espalda.

- Hasta la semana que viene. – Dijo Ky, aún con los brazos en los hombros del otro.
- Gracias por venir a verme, hijo. Te quiero. – El hombre le sonrió.
- Y yo a ti, padre.

Ky besó la frente calva del anciano antes de levantarse del todo, asomándose una última vez antes de desaparecer por la puerta al oír la voz de Kliff.

- ¡Dale recuerdos a tu hermano!
- Lo haré, aunque estoy seguro de que vendrá a visitar mañana o pasado.

Ya conocía bien los pasillos de la residencia, caminando entre ellos mientras saludaba a enfermeras y residentes a los que conocía. Dejó la acreditación de visita en recepción, donde la tomó una recepcionista que se sonrojó al mirarle. Su compañera le dio un codazo, pero la chica sólo se encogió en el asiento y murmuró “que tenga un buen día, agente”.

- Lo mismo digo, señorita. – Le sonrió antes de darse la vuelta, saliendo del edificio.

El agente Kiske podía ser un hombre ocupado y que podía tener cierta obsesión por su trabajo, pero la tarde que dedicaba a visitar la residencia de ancianos era una hora sagrada. Sacó el smartphone de su bolsillo, encendiéndolo. Estaba a punto de volver a colocárselo en el bolsillo cuando el aparato empezó a vibrar sin parar en su mano.

Un montón de llamadas y mensajes entraban en el teléfono, sin parar. Los ojos de Ky se abrieron como platos al ver que tenía casi cincuenta llamadas perdidas y un montón de mensajes, todos de sus compañeros y jefes.

URGENTE
Llámame enseguida, Kiske.
20 llamadas perdidas de Secretaría OCN
capitan por favor responda


Antes de que pudiera siquiera marcar un número, la pantalla de su móvil se iluminó con una llamada entrante de la Secretaría. Tras unos segundos de aturdimiento, recuperó la compostura y respondió rápidamente, aún con el pulso acelerado. Todo tipo de escenarios le iban pasando por la mente. Amenaza terrorista, posible pandemia, secuestros en masa…

- Kiske al habla. – Respondió formalmente, intentando que no su voz no delatara una pizca de nerviosismo.
- ¡Ky, por fin! Sé que es tu hora libre, pero estábamos a punto de enviar una patrulla a por ti.

Ky entrecerró los ojos un momento al imaginar a los agentes de su precinto entrando en la tranquila residencia para sacarlo de allí mismo a rastras, y se sintió ligeramente culpable.

Aún así, reconocía la voz aguda pero famliar de una de los operativos de inteligencia que trabajaba en la Oficina francesa, encargada de la división de París y quien a menudo era su primer informante cuando las agencias internacionales necesitaban ponerse en contacto con él.

- ¿Qué está pasando? – Insistió.
- Oh, dios, voy a decírtelo de la forma más sencilla, pero tienes que creerme.
- ¿Por qué no iba a-?
- Hay gente que se ha quedado atrapada en un videojuego de realidad virtual.
- ¿...Qué?

Su mente había tardado unos momentos en procesar las palabras que la mujer acababa de pronunciar, y por un momento, Ky consideró que todo aquello podría ser simplemente alguna especie de broma colectiva.

- Lo sé, lo sé, es una locura, pero te darán todos los detalles cuando te recoja el vehículo patrulla. Estás en la residencia de siempre, ¿verdad?
- S-Sí, lo estoy. – Ky se pasó una mano por el pelo. – ¿Cómo puede quedarse alguien encerrado en un videojuego…?
- Ky, sé lo que estás pensando, pero ésto no es una broma ni un simulacro. Miles de personas, si no cientos de miles, están encerradas en un videojuego, y ésto es por todo el mundo.
- ¿Pero cómo…?

Cortando su pregunta, un furgón de la policía francesa paró frente a él antes de que cruzara la calle, abriendo la puerta trasera con un fuerte ruido.

- ¡Capitán, vamos! – Desde el interior del vehículo, un agente le llamó. – ¡Hay que darse prisa!
- Ya han llegado, ¿no? – Dijo la voz al otro lado del teléfono. – Buena suerte, Capitán Kiske. Estaremos en contacto.

Respondiendo con un “gracias”, Ky subió al interior del vehículo. Después de saludarlo respetuosamente, el agente cerró los portones, y con el furgón apenas habiendo arrancado, le tendió el uniforme. Ky empezó a vestirse, todavía no muy seguro de qué estaba pasando. Al menos pudo encontrar un poco de alivio en recordar que siempre llevaba la placa y la pistola siempre consigo.

- Capitán Kiske, es una situación crítica. Toda la policía nacional está colaborando con la Interpol a estas alturas.
- ¿Gente dentro de un videojuego? – Preguntó Ky, yendo al grano mientras metía la pierna en el pantalón. – ¿Cómo es eso posible?
- Está ocurriendo a escala global, señor. – El agente desvió la mirada mientras Ky terminaba de vestirse. – Al parecer, la gente se conecta a máquinas de realidad virtual, y ahora, no hay manera de sacarlos.
- ¿Cómo que no? – Ky se terminó de abotonar la camisa interior blanca. – ¿No se pueden… desconectar?

Nunca habiéndose interesado por tal hobby, Ky no era un experto en videojuegos precisamente, pero sabía que una máquina dejaba de funcionar en el momento en que dejara de tener una fuente de energía.

- Señor… la gente muere cuando los desconectan. – Respondió el agente. – Las recreativas donde están los jugadores han estado selladas desde las últimas doce horas. Hemos tenido que abrirlas por la fuerza. Acaban de abrir una en Mortmartre, donde nos dirigimos ahora. Allí le informarán de todo lo que necesita saber.
- ¿Cómo pueden morir al desconectarlos? ¿Y dices que estaban cerradas?

Las preguntas no hacían más que apelotonarse en la mente de Ky. Todavía no podía concebir la idea de que una persona pudiera quedarse encerrada dentro de un videojuego.

- Señor, la tecnología que usa ese juego no es legal. La auténtica realidad virtual está en fase experimental, y quien sea que esté detrás del juego, va un paso por delante de todos los ingenieros actuales.
- Así que alguien los ha encerrado…

El agente asintió con gesto sombrío, con temor en la mirada. No debía saber más que Ky, y aunque parecía dispuesto, parecía que todavía no estaba acostumbrado a enfrentarse a una situación global. Estando ya completamente de uniforme, Ky se acercó a éste, poniéndole una mano en el hombro.

- Llegaremos al fondo de ésto, agente.
- Sí, Capitán. – El agente asintió, con una sonrisa aún algo nerviosa.

La furgoneta se detuvo con un frenazo seco, y la conductora abrió la ventanilla que daba a los asientos delanteros, asomando la cabeza para dirigirse a los dos agentes.

- Es aquí, Capitán. – Le dijo la mujer. – Los agentes del precinto le están esperando,
- Gracias.

Listo para entrar en acción, dejó que el agente que lo había acompañado el trayecto le abriera la puerta de la furgoneta, y Ky bajó de un salto, ajustándose la gorra de policía al tocar el suelo.

Vio que estaba en una callejuela de Montmartre en la que apenas cabían los coches de policía y las ambulancias. Constando sobretodo de edificios viejos que contrastaban con los pocos locales activos, aún así supo rápidamente donde tenía que ir al ver cómo la gente entraba y salía rápidamente de lo que parecía una recreativa.

Agentes de policía, personal sanitario y civiles formaban el público de aquel inquietante espectáculo. Las sirenas de los vehículos policiales y sanitarios retumbaban por un incesante murmullo de órdenes secas, ruido de estática de los walkie-talkies y gritos de los ciudadanos que se amontonaban sobre las vallas que se habían erigido para marcar un camino a la entrada del recinto.

El corazón le dio un vuelco cuando unos paramédicos pasaron una camilla cubierta con un plástico por delante de él, reaccionando automáticamente santiguándose. Aún si le habían informado ya de que había habido muertes, había tenido que verlo para que su mente asimilara que fuera lo que fuera que estuviera pasando con aquel videojuego, ya se estaba cobrando vidas.

- Capitán… – El agente de la furgoneta se asomó, atrayendo su atención. – Contamos con usted.

La confianza que sus compañeros depositaban en él siempre le había dado fuerzas.

- Y yo cuento con todos vosotros.

En la calle, había un reloj antiguo, una reliquia del barrio bohemio que indicaba que todavía faltaban tres minutos para que empezara su turno. Avanzando entre la multitudo con su placa en alto, dos agentes de su unidad salieron a su paso y le saludaron formalmente.

- Agentes. – Ky les devolvió el saludo. – Necesito alguien que me informe completamente de la situación. Ahora mismo.
« Last Edit: July 12, 2015, 08:28:22 AM by Kora »


Shura

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #9: July 05, 2015, 04:40:20 PM »
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#37.

-El GM cambia el mundo, y Dio se conforma con tener un grupo de allegados.
-Pero no te olvides de lo que dijo, Jojo… -Shura tomó asiento en uno de los bancos de piedra que rodeaban la iglesia, con Jojo imitando, dejándose caer de golpe a su lado, entre distraído y molesto.
-Que solamente iba a aceptarnos si nos volvíamos mejores de lo que éramos, que sólo los mejores pueden codearse con el GM.
-¿Entonces Dio tiene relación con el GM?

Joseph no respondió, Dio no parecía de los que tuvieran que alardear con mentiras, además, tampoco les parecía tan extraño que el GM pudiera tener amigos o partidarios.
-Quizás resulte ser nuestra pista más cercana para salir de este juego -Shura no hubiera dicho aquella tontería si no hubiera sentido una gran confianza hacía Joseph. Suspirando largamente, el chico se frotó las rodillas.
-Podemos fiarnos de sus palabras, pero, ¿qué consecuencia nos traerá?
-Tienes razón… no quiero ni imaginarlo -estar junto a alguien que era capaz de matar a sangre fría, sencillamente no-. Entonces, sólo nos queda estar preparados.

-Mira Shura… lo que ha pasado antes con Sol…
-No -le cortó-, Jojo, tu tenias razón, hace tiempo que lo dijiste: sólo es un tipo que está asustado, tan asustado que ha intentado matar a Caesar y no ha movido un dedo por nosotros en la batalla.
-Pero tú nos has dirigido bien.

Shura había tomado el mando de la situación, llamando a Joseph y Nero a atacar a Dio,aprovechando la distracción para correr tras la enorme cruz de piedra de detrás del altar, empujando con todas sus fuerzas sin ser capaz de moverla, llamando a gritos a Sol para que la ayudase, y acabando por pedir ayuda frustrada a Joseph, mientras Dio, como un gato jugando con su presa, atacaba a Nero. El revuelo organizado le había puesto en alerta, peligrando que la cruz cayera sobre Nero, y de nuevo admirando el empeño de los dos jugadores.
Los gritos de Nero pidiéndoles que terminasen su plan aunque fuera seguro que iba a aplastarlo también, y una tremenda muestra final de habilidad de Nero, fue lo que le permitió escapar de la trampa, pero como ya sabían, Dio estaba sobre alerta y tampoco le afectó. El equipo agotado, no hubiera tenido ninguna posibilidad, si Dio en un alarde de soberbia, no les hubiese concedido una tregua con el ultimátum de que esperaba le divirtieran más la próxima vez.
 
 -Sol tenía que haber peleado, ni siquiera eso, tendría que haber sido más fuerte y hubiéramos conseguido plantarle cara. No que, si Dio hubiera querido, nos hubiera matado a todos. Y eso es algo que no puedo permitir que suceda -apretó los puños, enfadada pero llena de determinación.
-¿Qué es lo que pretendes hacer chica de acción?
-Cuando Dio regresé… estaré preparada -se puso en pie lista para entrar, pero las palabras de Joseph la detuvieron.
-Sabes que te apoyó totalmente, pero Sol no nos dejará marchar, o mejor dicho, nunca te dejará marchar.
-¿Sí? Pues que lo vaya asumiendo -no le pasó desapercibida la larga sonrisa en la cara de Joseph, cuando entró en la iglesia, Nero y Sol se giraron directamente hacia ellos.

-¿De qué habéis estado hablando? -Se notaba que Sol estaba nervioso, caminando hacia ellos con pasos pesados e imponentes para recuperar algo de su dignidad perdida, pero Shura no se dejó engañar.
-He decidido dejar el camino para convertirme en Priest, creo que lo mejor para el equipo es entrenar par convertirme en Monk.
-¿¡Qué!? -Era Nero el visiblemente más sorprendido por la noticia-. Pero, ¿por qué así de repente?
-Es algo que llevo meditando últimamente… a mi también me hubiera gustado poder ayudar en la pelea contra el monstruo de hoy, además… Dio es capaz de rastrearnos por culpa de mi sangre, si vuelve a aparecer, no os quiero poner en peligro nunca más.
-¿Ya ti quién demonios te ha hablado de los Monk? -Sol aparentaba una frialdad muy distinta a la que sentía por dentro por aquel mensaje.
Shura se replanteó por un segundo su respuesta, eran Caesar o...
-Los Crimson Raiders.
-Claro, esos perros apaleados y piojosos… siempre andan jodiendo donde no se les llama, y tu eres tan tonta como para creerte que ese camino será la solución a todos nuestros problemas.
-Di lo que quieras, la decisión ya está tomada.
-No, aquí no se ha decidido una mierda, tu me lo habías prometido, por todo lo que he hecho por vosotros -le prometió convertirse en Priest cuando habían ido a buscarla, pero nunca la había visto despreciar de aquel modo sus palabras, y aunque lo observaba, parecía querer ignorarlo a cualquier precio.
-¿Y qué has hecho últimamente por nosotros?
-¡He perdido dos vidas! -Acabó por derribar su fachada de frialdad, no era justo reprocharle ni quisiera humillarle por haber tenido miedo de morir definitivamente.
-¿Así que es por eso? ¿Por eso vale la pena que me convierta en Priest? ¿Sólo por ti? -Prefería no haber sonado tan ácida, pero ya estaba dicho.
-¡Nos vas a matar a todos Shura! ¡Debes convertirte en Priest!
-No lo haré.

Joseph con una tosecilla teatral, se metió dentro de la conversación.
-Creo que tu falta de delicadeza a la hora de anunciar tu decisión, es la muestra más auténtica de que has nacido para convertirte en Monk.
-Shura -Nero parecía avergonzado-, no tienes que hacerlo por nosotros, yo dentro de poco me volveré más fuerte, lo prometo.
-No me cabe duda Nero, de todos nosotros tú eres el más valiente, y nada me gustaría más que luchar a tu lado.
-¡No tienes ni idea de lo que hablas! Escúchame -la tomó bruscamente por la muñeca para que le prestará atención, y aunque se lo consintió, no parecía que Shura fuese a aguantar demasiado aquella situación-. Tienes que escucharme Shura, hay muchas cosas que desconoces del juego, y la más importante es la mejor habilidad de todas, y esa es la de los Priest, que pueden devolver la vida de los aliados. ¿No te das cuenta? Podrías haber salvado a Caesar o a Doppio sin mover un dedo, puedes ayudar a todo el mundo.
Shura parpadeó sorprendida, pero de nuevo volvió a reafirmarse en su decisión con aquello de que Sol nunca hubiera resaltado las cualidades de otro Job que no fuese el suyo.
-Mientes, estás desesperado.
-Shura, Sol dice la verdad -Nero intervino.
-Tu nunca le llevarias la contraria a Sol -Shura apartó la mirada de Nero, era la primera vez que le veía enfadado contra ella.
-¡Oír! Esta discusión sobra, ella ha tomado su decisión. Y quien quiera convertirse en Priest, que lo haga por él mismo.
-¡No no! ¡Shura, tienes que creerme!

De un modo que nadie se esperó, Sol se abrazó a una sorprendida Shura, rodeandole por el pecho, apoyando la cabeza contra su hombro, apretándose contra ella con desesperada posesión.
-¡No te vayas! ¡No me dejes!   
El resto de sus compañeros no se atrevió a decir nada, Shura inicialmente paralizada por la sorpresa comenzaba a penetrar en la desesperación de Sol, no podía enfadarse o seguir ignorándolo, era alguien que tenía miedo de morir, ella también sufriría lo innombrable por perderle. Y aunque quizás, aquel fuera su último intento por convencerla, no había vuelta atrás.
-No voy a dejaros, nunca, todos sois más que mis amigos -titubeo al mover sus brazos, acabando por abrazarle por la cintura para acercarlo delicadamente, y aunque siempre hubiera saltado a la vista, sintió su ancha espalda y lo musculoso que era, ¿cómo podía tener siquiera una duda un tipo como aquel? Dependiendo de alguien como ella, que apenas empezaba a aprender sobre aquel mundo.
-Pero Sol, no puedo cumplir con tus expectativas… -le empujó separándose de su lado, ambos con la cabeza baja-. No es una elección, es lo que somos, ahora lo entiendo.
Se hizo el silencio entre los cuatro, roto cuando Shura hablo finalmente.   
-Voy a ir a la pensión a por mis cosas, luego me marcharé. Sol, quiero pedirte… volveré, así que por favor, esperadme, por favor.
Como si fuera una última muestra de dignidad perdida, Sol le dio la espalda y sin mediar palabra, se adelantó a todos en salir de la iglesia de Prorencia.

Un momento de calma después, sus otros dos compañeros se acercaron a ella, siendo la palmada de Joseph en su espalda, la que le animó a salir de la iglesia poniendo rumbo a la pensión.
-Nero, ¿qué ha pasado con Caesar y Doppio? -Todos agradecieron que Joseph rompiera el hielo después de toda aquella situación.
-Doppio habrá aparecido en la sede de los Made in Heaven, Caesar no se, ¿no te ha dejado ningún mensaje?
-No se como demonios se mira este trasto…
-Puedes empezar por abrirlo… -no lo había dicho de malas, pero al ver las dudas de Joseph en aquel sencillo paso, se apiadó y le echo una mano-. Ahí en la ventana brillante que tiene un número, eso es el número de mensajes sin leer.

Efectivamente uno era de Caesar, avisando que estaba bien, que estaba en Columbia, donde también otro monstruo había hecho estragos, que de momento los Warp no funcionaban y que volvería en cuanto estuviera arreglado.

-Tendrías que responder y… ¿Jojo? ¿Por que tienes tus stats tan bajos?
-¿Tan importantes son?
-¿Nunca los has subido? -Parecía que le hubieran dado un puñetazo con aquello, pero Nero enseguida comenzó a modificar y añadir los puntos de experiencia que Joseph había ido ganando. Shura sabía que, aunque fuera poco tiempo, los iba a echar mucho de menos.
-Nero… ¿puedes explicarme como hacer para encontraros? O… para saber que estais bien. 
Nero le apartó la vista, mirando por un momento hacía ninguna parte, acabando por suspirar y acercarse hacía Shura.
-Mira se hace así… -Le volvió la palma hacia arriba, sosteniéndole la mano mientras que con la que tenía libre, le iba explicando donde tenía que ir y lo que tenía que mirar-. Y mientras nos conserves en la Party, siempre podrás saber dónde estamos, y también nosotros sabremos que estas bien.   
-Muchas gracias Nero, y lo siento, no quería decir que tu no tuvieras…
-Déjalo, estas perdonada.
-Pero Nero, no quiero despedirme de ti así, lo siento de verdad, estaba muy enfadada y no sabía lo que decía.
-Tranquila, aunque no dejes de sorprenderme, te conozco bien -se rasco la nariz avergonzado-. Cuídate mucho, y de verdad que no le des más vueltas, lo único que espero es que regreses pronto.
-Lo haré.
-Bien… pero Shura, Sol no te mentía -apreció que ella volvía a sentirse incómoda y se apresuró en decir otra cosa-, mejor me marcho a por Doppio. Cuídate mucho Shura, tienes que regresar antes de que lo haga Dio.
-Gracias Nero.
Se quedó despidiendo al chico hasta que desapareció por uno de los caminos, en dirección a la parte más destrozada de la ciudad.

Con Joseph a su lado, llegaron hasta la pensión, Shura no tardó en organizar sus cosas, lista para partir, justo saliendo al pasillo para ver como Sol entraba en su dormitorio cerrando de un portazo.
La chica se acercó llamando a la puerta.
-¿Sol? ¿Puedo entrar? -No hubo respuesta-. Volveré pronto Sol, yo, siento ser tan egoísta… quiero, que aunque todo se vaya a la mierda, quiero estar con vosotros.
No hubo respuesta, quizás ni la hubiera escuchado y quizás fuese mejor así.
-Hasta pronto, Sol.

Cuando salió fuera, no era la única lista para marcharse: Jojo también parecía listo para partir.
Shura no se sorprendió, algo se estaba oliendo, sintiendo un afecto especial por su compañero que le hizo sonreír con ternura.
-Ahora vas a decir… -la chica se adelantó a su famosa frase-, “yo me voy contigo”.
-Y tu me vas a responder: “esto es algo que tengo que hacer yo sola”.
Shura con una felicidad fruto de la amistad, se abrazó a Joseph que la correspondió, nunca hubieran esperado encontrar dentro del juego, un apoyo tan fuerte y leal en el otro.
-Shura, hemos estado desde el principio juntos -la beso en la coronilla, apretando el abrazo haciendo que la chica se resolviese para acomodarse-, te voy a echar muchísimo de menos. Cuídate mucho, y recuerda que nadie te reprochara nada si te echas atrás… sobre todo Sol.
A Shura se le escapó una risotada.
-Aunque por favor Shura, tu intenta hacerte una mujer de acción o tendremos que soportar por toda la eternidad sus aires de superioridad.
-Gracias Jojo… y volveré pronto, te lo prometo.
-No hay Jojo sin Shura.
-No hay Shura sin su Jojo -reiteró ella mientras los dos amigos se sonreían-. Cuídate Jojo.

Se separaron, con Shura alejándose sin mirar atrás, o por lo menos hasta el camino que les perdía de vista, donde se giró despidiéndose airosamente de Joseph sacudiendo la mano, sonriendo cuando él también le despidió, hasta que Shura se lanzó a la carrera para alejarse, necesitaba correr en aquel momento, que el aire la despejase para asegurarse de que no iba a echarse atrás. Sintiéndose sola y desprotegida, era muy bonito querer cumplir su propósito, pero… no sabía ni por dónde empezar, ni a qué ciudad tenía que ir, ni a quién recurrir, ni…

Fue en ese momento cuando lo sintió.
Atada a un saliente de la ropa, estaba la bufanda de Joseph atada con un nudo a esta, tenía que haber sido cuando la abrazó qué había aprovechado.
Era un gesto muy simple, para algunos una tontería, ella ni siquiera podía explicarlo, pero que le confiase aquel objeto tan suyo, le hacía sentirse menos sola.
« Last Edit: March 08, 2016, 04:38:29 PM by Shura »


Kora

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #10: July 05, 2015, 05:21:03 PM »

043le chevalier de paris (2/2)

- Agentes. – Ky les devolvió el saludo. – Necesito alguien que me informe completamente de la situación. Ahora mismo.

Los dos agentes asintieron y le señalaron el camino hacia la entrada de la recreativa, vallado con el cinturón policial. Siguiendo el paso de Ky, la más joven del dúo se acercó a él, con una tablet en la mano en la que pasaban rápidamente palabras, números y estadísticas.

- Estamos en alerta global, Capitán. – Le dijo la agente. – Las víctimas se encuentran en una realidad virtual de la que es imposible sacarlos.
- Mueren al ser desconectados. – Asintió Ky.
- Bueno… algunos quedan en estado vegetal. Muerte cerebral. – Explicó la mujer, haciendo una mueca. – Los analistas han deducido que el software dicta los parámetros necesarios para la desconexión, y si se hace a la fuerza, interfiere con… ay, no sé las palabras técnicas, pero produce un apagón general.
- Me hago la idea…

Ky frunció el ceño, pasando por debajo de la cinta policial que hacía de barrera en el portal del salón recreativo. Al levantar la vista, vio la persiana metálica con la marca en medio que había dejado la prensa hidráulica.

- ¿Cómo los han encerrado? – Preguntó, señalando hacia arriba.
- La compañía del juego tiene derecho a hacer reformas en los locales en que instala sus máquinas, incluso si son vivienda privada. Cuando se produjo el cierre del servidor, cortaron cualquier tipo de comunicación y se cerraron todas las recreativas… y hogares.
- ¿Hogares? – Ky abrió los ojos en sorpresa. – ¿Hay personas encerradas en su casa ahora mismo?
- La mayoría han sido rescatados ya o incluso han conseguido escapar. Los que no están en el videojuego, claro.

Con un bufido, Ky se frotó la sien, tratando de absorber la información. Su prioridad en aquellos momentos era llegar hasta quien estuviera detrás de todo aquello y detenerlo cuanto antes.

Se adentró en el salón con paso lento. No era muy grande y el local parecía más bien viejo. Las paredes desgastadas contrastaban con la maquinaria de alta tecnología que se alineaba en las paredes. Además de las otras máquinas de videojuegos más tradicionales, los jugadores estaban recostados en sillones blancos, con las manos sujetas en los reposabrazos. Un casco alargado les cubría hasta la mitad del rostro, y llevaban una muñequera de la que salía un pequeño tubo que daba a una bolsita con líquido dentro. Al levantar una de ellas, leyó que era un suero con nutrientes esenciales. Vio que los paramédicos iban renovando las bolsas con unas más grandes y, suponía, de composición más rica.

La máquina a la que se había acercado tenía a un chico acostado en ella. En el reposabrazos, un pequeño monitor mostraba que su ritmo cardíaco era estable, aunque pitaba algo más rápido de lo normal. Ky aprovechó para estudiar mejor la máquina, y vio que un largo y ancho cable salía por detrás del cabezal del sillón, a la altura de la nuca. Éste seguía por toda la espalda de la silla, con algunos otros cables menores saliendo por los lados como las vertientes de un río y desapareciendo por las paredes o el suelo.

- ¿Y han estado doce horas encerrados? – Preguntó a los dos agentes.
- Sí… no ha sido bueno para nadie.

El otro agente señaló con el pulgar a un chaval cubierto con una manta, sentado tras el escritorio de la entrada. A su lado un hombre tomaba notas.

- Todavía está en shock. – Le informó la agente. – Tampoco puede decirnos mucho más de lo que ya sabemos.
- Aún así, quiero leer el informe de los paramédicos y saber su versión de los hechos. – Ky suspiró. – Necesito más información.
- Creo que puedo ayudarle, Capitán Kiske.


Ky levantó la cabeza, sobresaltado ante la voz tronante que había irrumpido la conversación. Un agente de policía, alto y fornido, se había plantado frente a él. Le sorprendió no haberlo visto antes, pues era un hombre llamativo como poco: su pelo, tan pálido que parecía blanco y engominado hacia arriba como una columna cortada en recto.

- Permítame presentarme. – El hombre le dirigió una media sonrisa y le tendió una mano. – Soy el Detective del Precinto de Montmartre, Jean Pierre Polnareff.
- E-Encantado, Detective Polnareff. – Ky le estrechó la mano, recibiendo un par de efusivas sacudidas. – Cuénteme más.
- Por supuesto. He llegado hace casi una hora, cuando todavía estaban levantando la persiana. – El Detective señaló a la entrada con el pulgar. – No querría haber estado aquí… creo que no podré olvidar el olor.

Por instinto, Ky arrugó la nariz. Podía imaginarse en qué estado se encontraría un grupo de gente tras doce horas completamente encerrados.

- Todo sea dicho, hemos tenido suerte. – Continuó Polnareff. – En algunas recreativas los empleados han desconectado a todos intentando sacarlos, o cosas peores. Al menos aquí no ha muerto nadie, al menos a mano del encargado. Los chicos me han contado que en América uno se ha vuelto loco, los ha desconectado a todos, ha matado a su compañero y luego se ha suicidado…

El rostro del Detective se cubrió en una mueca severa mientras le contaba la tétrica anécdota. Ky cerró los ojos, imaginando cuántos escenarios similares podrían haber sucedido, y encontrando sólo consuelo en el hecho de que al menos, la policía ya estaba al tanto.

- A lo que iba. La alarma ha saltado por lo más sencillo del mundo: los niños.
- Espere. – Ky levantó una mano. – ¿Hay menores?

Parecía que con cada minuto que pasara encontraba un nuevo motivo para que se horrorizara aún más.

- Sí… cuando algunos chiquillos tardaban en volver a casa y no se les podía localizar, la policía ha empezado a investigar. – Asintió el Detective Polnareff. – A las seis horas ya estábamos buscando en todas las recreativas de Francia.
- Detective, por favor, explíqueme qué está pasando en el juego. – Ky se frotó la sien, mirando a su alrededor. – Tengo que hablar con un técnico.
- Oh, Capitán, por eso he dicho que puedo ayudarle. – Polnareff se señaló el pecho con el pulgar.
- ¿Es técnico también? – Ky levantó la vista hacia él.
- No, soy algo mejor. – El Detective le dedicó una sonrisa. – Soy un experto en el juego.

Al oírle, Ky consideró que aquel hombre estaba mostrando demasiado optimismo para alguien que podría estar en aquellos momentos encerrado en un videojuego.

- Todavía estamos analizando las grabaciones, pero sabemos lo que ha ocurrido dentro del juego cuando se cerraron los servidores. – Polnareff levantó un índice. – Es mejor que lo vea.

El Detective sacó una tablet, colocándose a su lado mientras elegía un archivo de vídeo. Ky vio una ciudad de arquitectura europea clásica llena de gente ataviada con extraños disfraces. Algunos iban en grupo charlando animadamente mientras que otros caminaban en solitario, pero todos miraron al cielo cuando en éste salió una pantalla.

Bienvenidos a mi mundo personal…

La grabación fue pausada por Polnareff, pero con los pocos segundos que pudo ver tras el fatídico anuncio supo que el pánico había cundido en la ciudad.

- ¿Y llevan casi doce horas así?
- ...Capitán… – La mirada que le dirigió el Detective ya le dijo todo. Éste guardó la tablet con gesto sombrío. – Una hora aquí, es un día allí.

Ky sintió vértigo sólo de pensar en la situación dentro del juego: miles de civiles encerrados en estado crítico durante casi dos semanas sin ningún prospecto de salida. Aquello era una pesadilla.

- ¿Pero quién está detrás de ésto?
- No lo sabemos, Capitán. Todas las empresas supuestamente relacionadas son fantasmas, y no hay manera de encontrar un rastro que no termine en un callejón sin salida. – El Detective negó con la cabeza. – Hasta ahora hemos centrado nuestros esfuerzos en sacar a la gente, pero no hay manera.
- Tenemos que encontrar a… a como se llame. – Ky hizo un gesto con la mano.
- El GM. – Confirmó el Detective. – Game Master.

El agente que lo había acompañado hasta allí se acercó con una tablet grande. En la parte superior de la pantalla podía ver diferentes escenarios en primera persona de ciudades y parajes inspirados en diversas partes del mundo, mientras que la mitad inferior dejaba espacio a una multitud de estadísticas.

- Hemos conseguido sacar los ránkings de la base de datos. – Le aclaró el agente, lo cual significaba poco para Ky, quien se giró hacia el Detective.
- Ahora podemos saber quienes son los mejores jugadores. – Polnareff se asomó para mirar en la tableta, tocando varias opciones para comprobar diferentes listados.

Polnareff siguió revisando estadísticas y listados, murmurando comentarios mientras leía. Pareció reconocer el nombre de algunos jugadores, y Ky trató de aprender al vuelo todo lo que podía sobre los jobs y niveles del susodicho juego. Nunca había sido un fanático de los videojuegos, pero al menos se iba haciendo a la idea del sistema básico del juego.

Satisfecho con lo que había visto, Polnareff le tendió la tablet, volviendo su atención en el agente recién llegado. Con pesadez en el pecho, Ky seleccionó en el menú la opción para ver las estadísticas de vidas perdidas. Vio que el porcentaje de gente con las tres vidas era cada vez menor, y casi la mitad de jugadores había perdido al menos una vida.

- Al menos se han quedado dentro bastantes jugadores de nivel alto. – Oyó comentar a Polnareff.
- ¿Eso es bueno…? – Dedujo Ky.
- ¡Por supuesto! – Asintió el otro, girándose hacia él. – Si hay jugadores de nivel alto, éstos podrán proteger a los más débiles.

Ky meditó unos segundos sobre lo que Polnareff acababa de decirle. Una idea se estaba formando en su mente, y aunque le intimidaba no tener conocimiento previo sobre el mismo juego, en aquella situación cualquier idea debía ser considerada.

- Detective… ¿No hay ninguna manera de ayudarlos desde fuera?
- No, no se pueden cambiar los parámetros del juego y tampoco hay manera de activar personajes de forma remota. – Polnareff negó con la cabeza.
- ¿Y si alguien pudiera meterse? – Insistió Ky.
- Capitán, creo que sé lo que quiere probar, pero es imposible. – El otro le puso una mano en el hombro. – Los servidores están completamente blindados. En Alemania un voluntario ha intentado entrar, y ha quedado en coma, ni siquiera se han atrevido a desconectarlo.

La frustración crecía dentro de Ky. No podían sacar a nadie, y ni siquiera podían mandar ayuda. En aquellos momentos debía reinar el caos en el mundo virtual, donde no sabrían ni si les habían encontrado. Si tan sólo pudiera al menos enviarles un mensaje para asegurarles de que estaban al tanto y que harían todo lo que pudieran por sacarles cuanto antes…

Pero tal y como lo explicaba el Detective Polnareff, estaban perdiendo el tiempo. No, los tejemanejes del servidor eran asunto de los técnicos. La tarea para Ky era otra.

- Además, las cuentas sólo se activan cuando su usuario original está conectado. – Siguió explicando Polnareff, frotándose la barbilla. – Pero el servidor está cerrado de forma que no se puede entrar, igualmente.
- Entonces tendremos que detener al GM. – Respondió Ky. – Centraremos nuestros esfuerzos en rastrearle.
- Estoy de acuerdo, Capitán. – Polnareff asintió. – Cuente conmigo.

Ky bajó la vista hacia la tablet, donde la estadística de muertes por día seguía su paso inexorable. Cada segundo que perdían allí fuera debían ser horas dentro.

De repente, vio que la línea de la estadística empezaba a alzarse. Había observado el tenue zig-zag de ésta, con un pico en descenso en los primeros tres días y fluctuando ligeramente durante el resto. Pero en el día doce empezaba a haber un ascenso cada vez más pronunciado del número de muertes.

- ¿Qué está pasando? – Ky le enseñó la tablet.
- Está muriendo mucha gente… – El Detective abrió los ojos, y se giró hacia el otro agente. – ¡Pongan las cámaras! ¡En tiempo real!
- Pero todavía no hemos terminado de revisar-
- ¡Hacedle caso! – Interrumpió Ky al agente, viendo que el pico seguía ascendiendo.

En la pared había una amplia pantalla de vidrio que se encendió cuando uno de los técnicos activó varias pantallas en primera persona que mostraban lo que estaba ocurriendo dentro del juego.

Las pantallas en las que se mostraban ciudades se veía un ser titánico arrasando con todo lo que encontraba a su paso.

- Dios mío, están atacando las ciudades… – Murmuró Polnareff.
- ¿Eso es normal?

El Detective no podía apartar la mirada de las pantallas, pero había oído claramente a Ky. Se mordió el labio inferior, bufando antes de contestar.

- No, Capitán, eso no es normal.
« Last Edit: July 12, 2015, 08:54:57 AM by Kora »


Shura

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #11: July 09, 2015, 08:44:49 PM »
#38.


Shura había pasado la noche de manera respetable, aunque no era de extrañar cuando sin proponérselo, sus pies le habían llevado al mismo claro que una vez compartió con su Party, cuando ella aún era Novice e iban de camino para que tomase la Quest de White Mage.

No recordaba doce días más largos en su vida, pero a la vez, era como si el tiempo hubiera corrido demasiado rápido hasta encontrarse en ese momento y aún lo siguiera haciendo.
Sola y sin habilidades de combate, le obligaron a exprimir su ingenio para sacar puntos de habilidad de cualquier parte.
Pero tras utilizar una rama a modo de maza, y que tres Poring hubieran optado por el suicidio dejándose caer en el río, en vez de darle a ella los puntos de experiencia por su muerte, Shura comenzó a impacientarse y a utilizar la fuerza bruta, atrapando a su primer Poring y acorralándole a base de patadas, total, si este le descontaba puntos de vida, la White Mage siempre podía curarse.

Pero cuando estaba apunto de rematar a su primera víctima del juego… algo se agitó entre los árboles, detrás suyo, demasiado descarado como para tratarse de un movimiento provocado por el viento. Shura no se molestó ni en sentirse fastidiada por haber dejado de lado la oportunidad de sumar aquella experiencia, como una flecha, se lanzó a la carrera para alejarse de lo que fuera que había entre el bosque. Era un instinto muy básico y cuando Shura dejó de correr por falta de aire, sintió que la soledad la había asilvestrado para aguantar mejor, tener que valerse por una misma, hacía que te adaptases.

Un par de metros por delante, se encontraba el río que le había salvado el primer día del juego, imitar a los Poring y lanzarse al agua para escapar de un enemigo, no le parecía una mala idea, pero casi prefería evitarlo. De momento, lo más seguro le parecía seguir el curso del río, eventualmente se toparía con una ciudad, o una pista de lo que tenía que hacer para convertirse en Monk, de momento tenía que hacerse más fuerte.
El sonido a través de los árboles se volvió a escuchar, ahora que lo escuchaba por segunda vez, hubo algo que le llamó la atención, lo pensó mientras volvía a la carrera, y es que, sí se trataba de algún monstruo que la acechaba para atacar, ¿por qué hacía tanto escándalo cuando estaba cerca? Era como si el sonido fuera provocado como advertencia, pero no iba a quedarse para comprobarlo.

La segunda carrera se terminó mucho antes que la primera… a Shura le ardía el pecho, no había sabido llevar tan bien la respiración, el sonido regresó por segunda vez como advertencia de que no era momento de descansar, pero apenas Shura pudo recorrer otros veinte metros hasta que el dolor en el costado por el flato le hiciera inclinarse, unos trotes más la mandaron al suelo cuando en una pierna le dio un calambre. Incapaz de caminar un sólo paso, Shura escuchó un rugido a su espalda, pero el sonido venía de mucho más lejos de lo que se había movido la maleza del bosque.
Antes de llegar a preguntarse qué estaba pasando, que del frondoso bosque frente a ella, surgió una nueva aparición.

Shura alzó un grito de sorpresa que quedó sólo en eso, al reconocer las botas y el abrigo rojo de quién estaba frente a ella: de todos los jugadores que se extenderían por Neverland, había ido a topar con el más molesto, Redgrave, su nombre era Dante, y era el molesto Gunslinger que fuera del juego, se aprovechaba de su amigo Nero.
Pero Dante parecía no haber reparado en su presencia, mirando a algún punto por detrás de la White Mage, desenfundando su pistola y adentrándose en el bosque, rumbo a donde había surgido el rugido. 

X

El primer instinto de Shura quería ser alejarse del rugido, de la batalla o de lo que fuera que sucediese. Pero… tenía que ser más racional, si seguía huyendo sin saber de qué, más pronto que tarde acabaría por agotarse y ser una presa fácil. Opto por seguir los pasos de Dante, rápida pero cautelosamente. No tardó en encontrarlo, a sus pies, una criatura que reconocía muy bien… un tigre dientes de sable que tenía recubriendo su pelaje, una armadura de piedra que le surgía directa de la carne. El mismo monstruo que la había acosado el primer día.
-¿¡Esa cosa venía otra vez a por mi!? -Su voz sonó con horrorosa sorpresa, yendo junto a Dante para observar mejor, la carne de piedra de la criatura tenía profundos cortes por los que brotaba la sangre -...¿Está muerto?
Como si las palabras hubieran bastado, el monstruo agitó sus patas con un gruñido gutural, Shura se colocó detrás de Dante, que disparó a bocajarro a la cabeza de la criatura, que esta vez, si inmóvil, se deshizo entre una luz azulada, dejando objetos y experiencia para el Gunslinger.
-Ahora sí -girando la pistola entre sus dedos, como si de un cowboy se tratase, enfundó la pistola, todo sin apartar la mirada de los objetos.

-Gracias… por matar a ese bicho.
-De nada.
-Bueno, pues adiós -Shura iba a continuar su camino río abajo.
-Eres Shura, ¿verdad? Es difícil olvidarte.
La chica puso los ojos en blanco hastiada aprovechando que le daba la espalda, girándose para comprobar que Dante la miraba con gesto conciliador.
-Y tu eres Redgrave.
-Llámame Dante, bueno, si quieres -Dante rodó los ojos mientras Shura asentía-. ¿Dónde está el resto de tu Party? ¿Os habéis separado?
-No es nada de lo que piensas.
-Lo entiendo -el chico levantó las manos mostrando las palmas de modo pacificador- no pretendo darte consejos si no los quieres, pero ten cuidado de seguir este camino tú sola, hay criaturas peligrosas.
El modo en que Dante le hablaba, vigilando cada palabra y con pies de plomo para no molestarla, le hizo relajarse y darle un poco más de margen que la frialdad que le brindaba como castigo personal a su comportamiento con Nero.
-Te acepto el consejo, la verdad que sólo he salido a la caza de un par de monstruos, por la experiencia, pero no quiero darme de morros con el peligro.
-Si lo que necesitas es un tanque, puedo ayudarte. Estamos viajando rumbo hacía Gabaldia, un miembro más no nos molestara, además, todos somos Job definitivo, nadie tendrá problemas en que busques experiencia… bueno, ya sabes, si tu quieres -Dante estaba molesto de parecer un calzonazos con aquella coletilla, pero no tenía la conciencia tan tranquila al lado de la chica como para no estar nervioso.

Shura le sostuvo la mirada al Gunslinger como si lo retase, para que no pareciera que iba a ceder tan fácilmente. Pero en su cabeza, estaba celebrando su suerte y aquella oportunidad, ¿cuánto tiempo iba a conservar sus vidas ella sola y sin ningún modo de atacar? Y aunque Dante no le caía bien, su seguridad era más importante, además de los esfuerzos del chico por agradar, Shura decidió, que igualmente seguiría un poco más en aquella actitud fría y prepotente. Como venganza por lo de Nero.
-Acepto tu propuesta, llévame ante tu líder.



xX

Gyro estaba recostado a la sombra de un árbol, sencillamente descansando en aquel claro del bosque tan lleno de paz. Alguna cancioncilla se le pasaba por la mente, pero lo que ahora le escamaba, que al mover los dedos dentro de sus botas con espuelas, era sentir una molesta piedrecita  clavarse en la carne.
Por cosas como aquellas que detestaba avanzar a pie, con enfado, se quitó la bota, sacudiéndola sin resultado, buscando con las yemas de los dedos por encima de la plantilla, aprovechando para arrancar un par de bolas de hilos que se habían formado pero sin terminar de dar con la piedra hasta que se quitó el calcetín, y preguntándose, cómo demonios había llegado hasta ahí, viendo como caía como tan poca cosa que era y lo molesta que resultaba. Toqueteándose los dedos de los pies por asegurarse de que no había más, que Dante apareció, acompañado de alguien a quien no había visto en la vida.
-¿Quién es esa? -Aún descalzo de un pie, el Bard se puso en pie alerta.
-Relaja los caballos Gyro -Dante endureció su tono de voz para no hacerse de interrumpir-. Se llama Shura, la conocí en Prorencia, ahora viaja sola y necesita un tanque que la acompañe, se viene con nosotros.

Después de conocer a su grupo, que Shura entendió aquel baile de machos: cuando uno quiere algo, en vez de llorar como niños, hablan de manera directa y enfadados que solo les faltaría eso de “pues ahora no respiro”... como niños.
De modo que de momento sólo esperó por ver qué decía el otro.

-Los tres somos Job definitivo, no va a aguantar nuestro ritmo, déjala en Prorencia, o donde la hayas encontrado, no vamos a tardar en levantar el campamento -apartó la mirada de Dante para mirar a Shura-, ya ves que no es nada personal.
-Bastará con que siga mi ritmo, yo digo que se viene con nosotros.
-¿Puede aportar algo de utilidad? ¿O solo has venido para robar experiencia?
-Me conformo con quedarme con la experiencia que le corresponda a Redgrave -se encogió de hombros soportando la mirada arbitraria de Gyro.
-¡Venga ya Gyro! Tu no necesitas experiencia para nada -aún las quejas de Dante, ninguno de los dos le prestaba atención.

-¿Y si te mueres? ¿También se lo vas a agradecer a Redgrave?
-Diré que es mala suerte. Por lo demás ya soy mayorcita, se atarme los zapatos yo sólita -entraría en aquel baile de machos y testosterona. 
-Sobre todo cuando tus botas de White Mage no llevan cordones -Gyro señaló con la cabeza las cómodas botas de viaje , ya no tan blancas por la suciedad del camino, que llevaba la chica.
-Es más apañado que correr descalzo por el bosque -Shura le imitó, señalando con la cabeza su pie descalzo-, hay que tenerlos bien puestos para ir así.
No todo se gana con comentarios cortantes, a veces un cumplido, por raro que sea, también sabe hacerse ganar territorio.
-Este pie es casi tan duro como mis bolas -Gyro bajó la vista sin querer dejarse avergonzar por el detalle, y al levantar la mirada le dedicó una sonrisa socarrona enseñándole los dientes- por eso me llaman “Steelballz”.
Shura no tenía ni idea de a qué se refería, sin poder disimular una mirada extrañada, que Gyro, con un chasquido de su lengua como intentando sorprenderla, hizo aparecer una bola de metal en su mano. Al principio Shura pensó que se trataba de una pelota, pero la esfera de metal, comenzó a girar con tanta velocidad, que creaba pequeños silbidos en el aire.
Pero ahí no quedaba el truco, no la había visto por encontrarse prácticamente en la sombra de la primera bola, pero el movimiento de la primera bola revelaba esta segunda, que en un momento golpeó a la primera, produciendo un chasquido metálico y  mandando el metal a la cara de Shura, que cerró los ojos como acto reflejo para sentir como su flequillo se revolvía por el aire creado alrededor de la esfera, justo a tiempo en el que la chica abría los ojos, que la esfera regresó como un boomerang al lado de la otra.
-Son… ¿bolas de acero?
-¡Exacto! ¡Lo has pillado al vuelo! -La señaló mientras volvía a guardar las bolas en su funda.

Shura se tomó unos treinta segundos en enlazarlo todo… lo del nick y las bolas de metal estaba cantado… pero, lo de pillarlo “al vuelo” ¿era por eso que le había lanzado la bola a la cara? ¿¡Eso era un chiste!?
-La has guardado muy rápido como para llegar a pillarlo… -estaba tan nerviosa que cuando Gyro soltó una risa entre dientes, ella también se comenzó a reír. Los peores chistes de su vida.

Dante no se había enterado de nada… pero parecía que Gyro comenzaba a aceptar a la chica en el grupo.
-Entonces…
-No, no tiene mi bendición, nada personal, Sugus -Gyro se encogió de hombros-. Que sea Bayonetta quién rompa el empate.
El Gunslinger no estaba nada convencido con la respuesta, acercándose a Shura de manera confidencial.
-Escúchame, podemos quedarnos por la zona los dos y yo ayudarte a subir… la verdad, que hace tiempo que quiero decirte que…
-¿Qué estáis haciendo chicos? ¿A quién habéis invitado a jugar mientras mamá no estaba en casa?

X
X


Una mujer despampanante, vestida con una segunda piel de brillante tela negra, apareció en el claro, con una mano apoyada en las caderas que sacudía con cada paso firme que daba. Su rostro afilado, estaba enmarcado por unas bonitas gafas, tenía unos espectaculares ojos del color del mar de noche salpicado de las estrellas del firmamento.
Aunque su apariencia, invitaba a caer en la admiración, mirar a aquella mujer, traía la idea de la elegancia de una pantera, su sigilo y lo letal que resultaba cuando se proponía cazar.
-Bayonetta, esta es Shura. Quiero que se una al equipo.
-Yo no estoy a favor.
Los dos expusieron su opinión, pero Bayonetta no dejaba de escudriñar a Shura, sin ningún tipo de pudor a la hora de mirarla de arriba abajo.
-¿Eres una White Mage de verdad?
-Sí -el tono de voz de Bayonetta, se le antojo a Shura como si esta quisiera indagar mucho más.
-¿Estas sola?
Siendo realistas, lo estaba ahora mismo, pero decirlo así en voz alta… pero pensar lo contrario era un error, necesitaba hacerse más fuerte y sólo podía hacerlo lejos de su grupo.
-Sí.
Bayonetta vio lo que buscaba en su mirada.
-Se viene con nosotros -su sentencia finalizó cualquier discusión, Shura respiró más tranquila.

-¿¡Qué!? -Gyro no se podía creer que hubiera tenido que ser tan fácil.
-¡SI! -Dante sobre todo, celebró haber quedado por encima de Gyro.
« Last Edit: March 08, 2016, 04:39:03 PM by Shura »


Kora

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #12: July 12, 2015, 10:06:16 AM »
Aclaro: este fic es reposteado del mes anterior para poner los otros dos antes.


044the day after

- Sólo falta que empecemos todos a cantar a coro, y tendríamos una escena sacada de un musical.

Lilith levantó la vista de la Omnitool, arqueando una ceja hacia su compañero. Orgulloso de su metáfora, Dick le dedicó una sonrisa de lado y una palmada en el hombro.

- ¿No lo ves? Todos trabajando a una, cantando sobre lo rutinaria que es la vida en éste humilde pueblo…

A su alrededor, podía ver miembros de los Crimson Raiders corretear de un lado a otro, intercambiando botellas, materiales y dinero. Por la mañana, los equipos habían salido temprano a subir de nivel o buscar materiales, dejando al resto trabajar en un ajetreado Sanctuary. Los que no estaban aprendiendo habilidades de jugadores de niveles estaban colaborando en el proceso de reabastecer a la Guild de pociones y vigores o mejorando armas y armaduras. No había nadie que estuviera parado.

- Es verdad, deberíamos estar cantando la canción del principio de Los Miserables.
- Estaba pensando en algo más animado, pero vale. – Suspiró Dick. – Al menos que sea la de la segunda vez, la que termina con el dueto de Enjolras y Grantaire.
- No sé quienes son esos.

Lilith se encogió de hombros. Su conocimiento de musicales no era muy extenso, precisamente, y sólo había visto la versión de Hollywood una vez… en el colegio. Un mensaje parpadeó en su bandeja de entrada: una party había conseguido todas las plumas de arpía que les habían encargado. Reenvió el mensaje rápidamente al Mechanic interesado.

- El de la casaca roja, mujer. – Continuando a la suya, Dick gesticuló sobre su pecho. – El que muere.
- ¿No mueren todos al final de la película? – Lilith trató de disimular una sonrisa.
- ¿La película? Ahora sí que estoy ofendido.

Aún detrás del antifaz que llevaba, podía ver claramente cómo el Stalker levantaba las cejas en exagerado ultraje.

- No sabía de tu pasión por los musicales, Dick. – Le echó aquella pulla con un codazo. – ¿Soñabas de pequeño con pisar Broadway?
- Te ríes, pero la verdad es que sí. – Admitió el hombre. – Todo mi potencial, echado a perder…
- Oh, no eches la toalla tan pronto. Ya tienes el uniforme y la placa, siempre puedes ofrecer tu talento interpretativo para alguna despedida de soltera…
- Sigues sin pillarme desprevenido. – Sonrió Dick. – No eres la primera persona que me sugiere eso.
- ¿Lo has hecho alguna vez?
- ¿Y tú vas a decirme que de pequeña ya soñabas con irte a pegar tiros en Oriente Medio?

Lilith suspiró, apartándose el pelo de la cara mientras murmuraba “qué gratuito…”, lo cual sólo hizo reír a su compañero.

- Es broma, es broma, aunque no te voy a preguntar sobre el tema. – El hombre levantó ambas palmas. – Creo que es algo que no quiero saber. Además, no hubiéramos llegado tan lejos de no ser por tu experiencia.
- No te hagas el humilde. – Lilith puso los ojos en blanco. – Tú has sido esencial para llegar tan lejos, Detective Grayson.
- Gracias, eh… esto… – Dick entrecerró los ojos. – ¿Qué rango se supone que tienes? ¿Tenéis rango?
- Capitán sirve. – Respondió Lilith, encogiéndose de hombros.

Ambos tenían razón. La Guild hubiera tenido muchos más problemas de no ser por la práctica que sus dos co-líderes traían del mundo exterior en el campo militar y policial, respectivamente. Habían conseguido poner orden en las primeras horas del cierre del servidor, y apenas un día después del ataque del GM a las ciudades, se habían reabastecido ya de casi la mitad de los recursos perdidos el día anterior.

No sabían cuánto podrían durar así, pues aunque habían conseguido crear un poco de orden en aquel caótico mundo, era un equilibrio frágil. Lilith esperaba que pudiera mantenerse el tiempo suficiente.

- Hablando de capitanes, ¿cómo crees que se estarán tomando las cosas ahí afuera? – Lilith giró la vista hacia Dick. – ¿Puedo confiar en los agentes de la ley?
- Hmm… – Éste se frotó la barbilla. – Lo he estado pensando, la verdad. Llevamos casi trece días, así que han pasado doce horas ahí fuera. Considerando que en algunos sitios ya habrá pasado incluso de medianoche, y que hay niños… la policía ya estará al tanto. Es posible que incluso estén intentando sacarnos ya.
- Si nos han encontrado, deberían habernos sacado ya. – Lilith frunció el ceño. Había algo que no terminaba de cuadrarle. – No, tiene que haber un motivo por el que no estamos fuera…
- Sé a lo que te refieres.

El tono de Dick era serio, dejando a un lado la jovialidad con la que había estado tratándola unos momentos atrás. Tenía el dedo aún en la barbilla y el ceño fruncido, como un buen detective intentando resolver un caso.

- No puede ser tan sencillo como desconectarnos de un tirón al cable. – Dick negó con la cabeza. – El GM dijo que había estado experimentando.
- Algunos jugadores morían súbitamente horas antes del cierre. – Recordó Lilith.
- Ha construido un mundo perfecto para encerrarnos en él con tecnología puntera, una tecnología además ilegal. Sería absurdo que pudieran apretar un botón fuera y sacarnos… No, va a ser mucho más complicado salir de aquí.

Lilith miró a sus compañeros de Guild en la calle, saliendo y entrando de la base en un ritmo incesante. Eran su responsabilidad, su deber. Cada vez que hablaba con alguno podía ver la pregunta en sus ojos: “¿cuándo vamos a salir de aquí?”. No tener la respuesta le llenaba de rabia, o al menos, algo parecido a la ira que servía para callar la voz de su propio miedo.

Notó la mano de Dick apretarle el hombro, y aunque su semblante era aún serio, su sonrisa aliviaba la pesadez que sentía sobre ella.

- Confía en los de fuera, Lilith. Nosotros tenemos que encargarnos de los de dentro… y eso ya es mucho.

Cuando asintió, Dick extendió el brazo para rodearle los hombros en un medio abrazo, retomando su paseo.

- ¿Ves? Somos como Enjolras y Grantaire.
- Ya te he dicho que no sé quienes son esos…

--

- ¡Espera, Raiden!

A brincos, Kora recorrió dos zancadas hasta alcanzar al Samurai, la corta distancia que los separaba. A pesar de todo lo que había renegado y lo que le quedaba por renegar, no dejaba que la chica fuera mucho más lejos de él.

- Te he dicho que deberías estar con gente de tu nivel. – Le espetó Raiden. – Caminas demasiado lento.
- ¡Sólo estamos buscando un monstruo al que vas a cargarte de un sólo golpe! – Bufó Kora.
- Lo cual habría hecho ya si no tuviera que pararme cada tres minutos.
- ¡Lo cual habrías hecho ya si no te quedaras quejándote cada vez que te pido que pares un momento!

Con un último gruñido, Raiden retomó la marcha.

- Y además, hubiéramos llegado antes si hubiéramos hecho todo el camino con el coche. – Insistió Kora, cruzándose de brazos.

Su destino estaba lejos de Sanctuary, a medio camino de ésta y Prorencia. Habían tenido suerte de que una de las partys buscando subir de experiencia hubiera accedido a llevarles a través de la tundra en uno de los jeeps de la Guild, ahorrándoles un largo paseo y el tener que enfrentarse a las hordas de bandidos que acechaban la zona. Sólo les quedaba un corto trayecto a pie hasta el área que buscaban.

Kora había decidido en un principio que a ella tampoco podría costarle mucho. aunque al ver cómo su bota se hundía en la nieve, sólo admitiría para sí misma que quizá había sobreestimado sus habilidades. El único consuelo era haber deshechado la de Sorcerer al nada más volver de Columbia aquella mañana, y los pantalones cortos sobre medias ajustadas que llevaba eran mucho más útiles para saltar por aquellos parajes nevados.

En el horizonte se dibujaba la silueta del bosque de Prorencia, y por el camino se alzaban montículos de roca. A su paso, Raiden los examinaba, buscando uno que tuviera una entrada para poder sacar al mini-boss de su guarida, al mismo tiempo que se encargaba de cualquier enemigo que pudiera atacarles.

Dispuesta a ayudarlo a despejar el área, Kora no perdía ocasión para lanzar llamaradas o rayos a cualquier oso-garra que se acercara a ella, en venganza por la cicatriz que le quedaba en el brazo desde el primer día.

- Por aquí es donde nos conocimos… – Musitó para sí misma.
- Es más lejos. – Le recordó el Samurai. – Más cerca de Prorencia.
- ¡Sí que te acuerdas!

No pudo evitar la sonrisa que se le dibujó en el rostro. Era obvio que Raiden no era una persona despistada precisamente, siempre atento a sus alrededores, pero poder pensar que quizá atesoraba aquel detalle con la misma intensidad con la que ella lo hacía…

- Pues claro que me acuerdo. – Respondió Raiden, de espaldas a ella mientras examinaba un agujero en un montículo bajo. – Ahí es donde escuchamos el mensaje del GM.
- Oh… – Se mordió el labio inferior, intentando ignorar el pinchazo de decepción. – Es verdad…
- Moonshine, es aquí. – Concluyó el Samurai, aparentemente no habiéndola escuchado aquella vez. – Tráeme el cebo.

Kora buscó en el inventario y sacó un paquete del bolsillo en su cinturón. Tal y como Raiden le había ordenado cuando habían salido de la ciudad, se apartó unas cuantas zancadas para dejar espacio al Samurai. Éste estaba listo, con la katana alzada, mientras un rugido se oía bajo tierra.

El monstruo no era muy diferente de los oso-garra que habitaban aquella zona, excepto que era más grande en todos los aspectos. Especialmente en sus zarpas, las cuales brillaban negras como el ónice en la luz del atardecer. Pero éstas no fueron rival para Raiden, quien lo atrajo fuera de su madriguera para atacarle con rápidos cortes mientras esquivaba los zarpazos del monstruo. Éste apenas tardó un par de minutos en caer al suelo con un agónico rugido.

- Qué rápido…

Mientras el cuerpo del monstruo desaparecía en píxeles, dejando el botín tras de sí, Kora dio unas palmaditas desde donde estaba. Raiden recuperó los ítems rápidamente, satisfecho con el material que habían encontrado.

- No es para tanto. – Se giró hacia Kora. – Hasta tú podrías haberlo derrotado si te hiciera yo de tanque. Venga, vámonos. Aquila nos recogerá en el sur de la bahía helada.
- ¿Eso ha sido un halago? – La Black Mage alzó las cejas, sin disimular una sonrisa pícara. – ¿Te encuentras bien?

Caminando en dirección opuesta por la que habían venido, el Samurai sólo se encogió de hombros, avivando la curiosidad de Kora. Quizá el mini-boss no tardaría mucho en respawnearse, y podría probar la teoría de Raiden…

Kora salió de su ensimismamiento, dándose cuenta de que iba a quedarse atrás otra vez, y retomó la marcha cuando se dio cuenta de que el Samurai se había quedado quieto a unos metros ella. Durante la marcha se había acostumbrado inconscientemente al ritmo de pasos y paradas de su compañeros, dándose cuenta de que se había detenido antes de tiempo.

- ¿Raiden…?
- Moonshine… – Se giró hacia ella, desenvainando la espada lentamente. – Usa un warp y vuelve a Sanctuary.


Shura

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #13: July 12, 2015, 09:01:30 PM »
#39.

X
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Caía la tarde y los cuatro miembros iban abriéndose camino, rumbo por el bosque en dirección oeste. No parecía un grupo muy hablador, de vez en cuando Gyro tarareaba entre dientes, un par de palabras como “pizza” y “mozzarella” con cierto soniquete, pero el resto del camino lo hacían en silencio.

Shura no estaba acostumbrada del todo a su nuevo equipo, Dante era el que caminaba más cerca de ella, y aunque no le caía del todo bien, prefería tener una conversación antes que aquel silencio, además de que estaba cansada.
-¿Cuándo vamos a parar? -Procuró hablar de manera en que, al menos Gyro, no escuchará su pregunta a modo de protesta.
-Pronto se hará de noche, será cuestión de ir acampando -miró hacía los lados, pero sin terminar de detenerse o seguir al resto.
-¿Este ha sido siempre tu grupo? ¿Cómo os conocisteis?
Dante rodó los ojos sonriendo porque la chica se animase a conversar con él.
-Qué va yo viajo solo. Nos encontramos por casualidad y coincidio que vamos en la misma dirección, los tres estábamos fuera después del ataque a las ciudades, pero regresamos para cargar suministros al siguiente día, ya sabes que a partir de ahora las cosas con el GM pueden ponerse mucho más duras.
-Vaya que sí pueden ponerse duras… -Shura volvió a sentir ese pinchazo de angustia e impaciencia por convertirse en Monk.
-Si quieres puedes quedarte conmigo en Gabaldia, mañana por la mañana tomaremos el tren, y esa es la primera parada.
-Lo que me gustaría es empezar a matar algunos monstruos, necesito mejorar mis stats de fuerza.
Ninguno de sus compañeros se percató del detalle, pero Bayonetta había volteado la cara lo suficiente como para observar a Shura por el rabillo del ojo, y sonreír por el comentario.
-Pues mucho no vas a poder cazar ahora -Dante lanzó un silbido como si fuera un globo desinflándose-, Gyro utiliza sus habilidades de Bard para mantener a las criaturas alejadas
Shura reprimió una queja por aquello.
-Estamos cerca del río, será mejor que acampemos antes de que se haga más tarde -Bayonetta dio un par de palmadas al aire para que le prestaran atención-. Dante, Gyro, ¿por qué no empezáis a montar al campamento? Shura, ¿te vienes conmigo?
-Vale -aunque no la conociera, aquella actitud le producía bastante simpatía, y que prefería ahorrarse el esfuerzo de montar el campamento.

-Otra noche igual, esa Umbrabitch… -Gyro se aseguró de que no estuvieran cerca cuando comenzó a protestar-, se tiene su nick bien ganado. Tengo ganas de que llegue mañana y perderla de vista.
-Ey, Gyro… ¿estas seguro? -La sonrisa de Dante era el reflejo de la picardía, no necesitaba los cuernos ni cola de demonio para deducir que nada bueno se traía entre manos.
-¿Qué?
-Está claro que Bayonetta ha mencionado el río por un motivo, y se ha llevado a Shura, se trata de un momento de chicas, y las dos van a disfrutar de un baño.
Gyro, lentamente, fue dibujando una sonrisa muy similar a la de su compañero, había que admitir, que aunque Bayonetta no le agradaba, tenía un cuerpo de infarto, de esos que en la vida verías en directo.
-¿Y qué estás sugiriendo?
-Llevamos todo el día caminando… ¿acaso no nos merecemos un baño?
-Tienes razón, ¿y sí vamos en la misma dirección que ellas? Es mejor estar unidos, por si nos atacan. 



x

-Dime Shura,  ¿te sientes cómoda viajando con nosotros?
Bayonetta hizo una coqueta inclinación de cabeza, sin dejar de sonreír de aquella manera felina, no era nada premeditado, formaba parte de su naturalidad, aunque podía imaginarse que era una persona que sabía utilizar bien sus encantos personales.
-He tenido mis roces con Redgrave, bueno, Dante.
-Puedo entenderlo -Bayonetta parecía que hablaba con toda la amplitud que a la que la palabra podría referirse.
-Nada de lo que preocuparse, seguiré mi camino con él mañana -esperaba así quitarle hierro a la situación, era normal que la líder nata del grupo, se interesase y conociera la relación de la recién llegada.
-Antes escuché que quieres subir de nivel, no pienses que me quiero meter donde no me llaman.
-No te preocupes, no es nada que mantenga en secreto -le devolvió la sonrisa cuando se detuvieron a la orilla del río, justo donde se formaba un meandro y donde el agua estaba más tranquila, los últimos rayos del sol comenzaban a desaparecer distinguiendo un agua limpia y casi cristalina, quizás fuera porque aquella noche el cielo estaba despejado y había una brillante luna llena o porque era parte de la magia de encontrarse dentro de un RPG, pero el agua desprendía una tenue luz entre azulada y malva que les iluminaba.
-¿Tomamos un baño?

Shura asintió, dándole la espalda a Bayonetta para concederse una cierta intimidad, aun desnuda, Shura se cubría pudorosamente el pecho con la ropa que se había quitado, nunca se había bañado a la intemperie y no estaba segura de donde dejar la ropa. Desde el agua, Bayonetta le hacía señales para que se acercase.
-No te preocupes, no está fría. 
Acabó por dejar la ropa en el suelo, cerca de la orilla para tenerla a mano y meterse en el agua junto con la mujer, que parecía complacida con su compañía, ofreciéndole la mano para que no resbalase, y acto después dejándose escurrir, relajada, para quedar aún más sumergida.
-Hace tanto tiempo que no me bañaba acompañada…
-Oh -Shura no supo por donde agarrar aquello, pero tenía esa sensación de que Bayonetta quería iniciar una conversación-. Te… ¿te refieres a Dante y Gyro?
Bayonetta salió del agua mirando perpleja a Shura, para después arrancar en una risa que agitó el agua.
-No, no, ni mucho menos es lo que te imaginas Shura… me refería a bañarme con otra mujer.
Shura comenzó a reírse acompañando a Bayonetta, era mejor dejar el malentendido así.
-Perdona, estoy en la parra. En mi Party todos son hombres, así que aún no he podido compartir un baño.
-Ya veo -aunque Shura no entendía qué era lo que Bayonetta veía a través de aquellas gafas-, nosotras antes también estábamos en una Party, el resto de nuestros compañeros eran todos hombres, cuando aún éramos White Mages.
Bayonetta parecía algo melancólica al recordar aquello.
-¿Quieres hablarme de lo que pasó?
-Por eso te he traído aquí, los otros dos no saben nada de lo que voy a contarte, pero para ti, quizás sea una historia que ya conoces. Deja que te cepille el pelo mientras te hablo, Shura.

No sabía por qué ella tenía que conocer de aquella historia, dándole la espalda, Shura se deshizo los moños, sacudiendo la cabeza para permitir que su larga melena castaño oscuro se soltará. Bayonetta era delicada, mojando el pelo y acariciándolo con la punta de los dedos.   
-Jeanne y yo entramos juntas a este juego, a Jeanne no le hacía tanta gracia, pero, ¿quién puede decirle que no a los trapitos del juego?
Rieron de manera confidencial, luego Bayonetta siguió su relato.
-Acabamos por unirnos a una pequeña Party, debés saber que es muy difícil para un novicio llegar lejos solos… el caso, es que consiguieron convencernos para el papel de White Mage, ¿algo de lo que te digo te resulta familiar?
-Sí… pero, bueno, no me parece que ser White Mage sea algo malo de por sí -era inevitable ver los paralelismos en sus historias, pero el tinte misterioso en la voz de Bayonetta, le revelaba que la historia no iba a terminar a su gusto.
-Por supuesto que no… era divertido ser de utilidad a nuestros compañeros, y cuando ascendimos a Adep… cariño, vestirse de monja para hacer travesuras, le da un mayor encanto a estos trapitos.
Shura dejó escapar el aire entre sus labios a modo de risa.
-Pero todo se torció, ¿adivinas en qué día Shura?
-¿Cuando cerraron el RPG?
-Exacto -sonrió complacida-, ya no se trataba de un juego, era supervivencia… y en nuestra Party comenzaron a tomarse muy en serio nuestro entrenamiento y en que dedicabamos cada punto de stat, se lamentaban y no dejaban de preguntarse si no convendría más que nos convirtieramos en…
-Cleric… -de nuevo la felicito por acertar, pero Shura cada vez se sentía más vacía por aquella historia.
Bayonetta guardó silencio un momento, sintiendo empatía por las dudas y decepción que sentía en aquel momento la White Mage.

-Por supuesto Jeanne y yo, nos cansamos del juego que se traía nuestra Party y decidimos irnos… ahí comenzó nuestro infierno, tuvimos que luchar con nuestros propios amigos para poder marcharnos, nos amenazaron e intentaron matarnos para, según ellos, hacernos entrar en razón, que lo que debíamos hacer era ayudar al grupo… del modo en que ellos querían. Conseguimos escapar… pero nos la juraron en el momento en que decidimos tomar el Job de Fallen Angel. Jeanne y yo nos separamos para buscar recursos… pero desde hace cuatro días que no se nada de ella. Creo que la han secuestrado.
-¿Y sabes donde puede estar? -Shura se giró para ver la mirada frustrada de la mujer.
-No, su procedimiento habitual es borrar las listas de contactos, así se aseguran de que no puedan ser encontrados.
Shura sintió un escalofrío por aquello, llevándose la mano hacia el brazo donde estaba la Omnitool… si ella perdía su información, quizás no volviera a saber nada de sus amigos.
 
-Shura, quieres hacerte más fuerte por regresar con tu Party, ¿no es verdad?
-La historia que me has contado… es similar a la mía, pero ellos no son mi Party, son mis amigos.
-Una persona desesperada no reconoce a sus amigos… sobre todo si piensan que les has dado la espalda -Bayonetta apoyó sus manos sobre los hombros de Shura sintiendo la tensión de la chica-. Puede que me equivoque con tus amigos, pero quiero que medites bien sobre lo que te he contado, y si tienes que correr, cuenta conmigo para ayudarte, no volveré a dejar sola a alguien en nuestra situación.
-Gracias… -Shura reprimió las ganas de derramar lágrimas, ninguno de sus amigos era así, ni siquiera Sol, ¿y qué sería de ella si Caesar o Jojo quisieran hacerle daño? No quería pensarlo, no quería sentir que en aquel mundo estaba sola.

-Bayonetta… ¿crees que Jeanne está bien?
La mujer se apartó de Shura, saliendo del agua dando por finalizado el baño. Se había hecho aquella pregunta muchas veces, pero conociendo de lo que eran capaces...
-Creo que esta muerta.
 


x

-Ven Shura, vamos a darnos un baño…

Bayonetta le alargó las manos a una tímida Shura que nada más pisar el agua sintió un escalofrío.
-Está helada…
-No seas tonta, ya verás que pronto te acostumbras y entras en calor… -Bayonetta dio un pellizco al blanco trasero de la asiática, que con un respingo se quejo mientras la otra comenzaba a reír.

Escondidos detrás de unos matorrales, a una distancia prudencial, pero lo suficientemente cerca para verlas y escucharlas, Gyro y Dante, con la sonrisa inicial aun pegada a sus caras, se dedicaban a espiarlas.
-¡Te dije que era aquí!
-Nyo-ho! Tienes buen olfato… pero ahora en silencio, si nos descubren, nos matan -Gyro golpeó a Dante que se le escapó una risa por el comentario, recibiendo otro golpe de Dante a modo de respuesta por el que le había dado.
Prestando más atención, exprimieron todas las neuronas en comprender que estaba pasando con las dos mujeres mientras se bañaban… con la tontería de antes tenían que haberse perdido algo muy importante, porque Bayonetta comenzó a tirar de los pezones de Shura con la chica dando pequeñas exclamaciones entre dolor y excitación.

-¿Verdad que ya estas entrando en calor Shura?
Shura inclinó la cabeza hacía delante, besando a Bayonetta de modo que sus lenguas acabarán entremezcladas, separándose lo justo para recuperar el aliento mientras seguían peleandose, los pellizcos de Bayonetta se convirtieron en un magreo intenso y casi sin piedad, dejando marcas rojas en los pechos de la joven y arrancándole unos gemidos intensos entremezclados con súplicas de más, abrazando a Bayonetta con sus manos que no sabían por dónde parar, acabando en los pechos de ella, levantandolos a la altura de su boca y lamiendolos con devoción.
-Vaya Shura… no lo haces nada mal -con aquel halago, que Shura se lanzó a intentar meter todo aquel pecho en su boca sin llegar a abarcar apenas una poca de carne, sonriendo excitada-. ¿Ya has entrado en calor?

-¡¡Pero que demonios esta…!! -Dante estaba en shock por la escena, fue la mano de Gyro sobre su hombro el que lo trajo a la realidad, girando dispuesto a celebrar que eran espectadores del premio gordo soñado por cualquier hombre, y encontrando el gesto serio de Gyro.
-Vamonos Dante.
-¿Pero que dices tio? -Le dio un codazo para sacudirse el brazo-. Yo no me pierdo el espectáculo.
-Dante… -Gyro parecía nervioso, pero ganando el sentido común-, entra en razón, ellas están en un momento muy privado, necesitan relajarse, yo que sé… pero no estamos invitados, y seguro que no quieren que estemos mirando.
-¡Déjame en paz tio! ¡Largate con la monserga a otra parte!
-Eres un capullo Dante… -dio una patada a su lado para salpicar de tierra el abrigo, poniéndose en pie y marchándose del lugar.
-Que sí, que sí…

Prestando más atención, Dante vio como la mano de Bayonetta entraba dentro del agua entre las piernas de Shura que se sacudía cada vez que Bayonetta hacía fuerza con el brazo.
-Veo que si estas muy caliente, ¿te gusta?

El eco de las palabras de Bayonetta, se entremezclo con los gemidos en su punto más alto, mezclandose una y otra vez hasta que casi parecía una risa siniestra, las sacudidas de los dos cuerpos de mujer crearon una danza que las elevó en el aire como tiradas por hilos invisibles, riendo y contorsionandose de un modo muy poco humano.
En su ascenso arrastraron a Dante, que había caído en la trampa.



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« Last Edit: March 08, 2016, 04:41:29 PM by Shura »


Shura

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #14: July 26, 2015, 07:31:07 PM »
Ois, se me olvidaba, el enemigo que menciono es este

#40.

X
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-Ese Redgrave... so capullo -Gyro regresaba al campamento pateando todas las piedras que encontraba por el camino, distrayendo su mente en insultar de todas las maneras a Dante en vez de pensar en lo que había presenciado en el lago... la cual era la perfecta escena de tortilleo que podía presenciar un hombre, nunca se hubiera imaginado que Bayonetta pudiera ser tan dominante, y Shura tan complaciente...
-¡Dante! Cabrón desvergonzado, valiente hijo de... -Gyro llegó a la altura del campamento, agarrándose a la corteza del árbol más cercano, para no caer al suelo del susto-. ¿¡Pero qué estáis haciendo aquí!?

Bayonetta y Shura se giraron sorprendidas por la exagerada reacción.

-Terminamos de bañarnos y regresamos -Shura levantó la ceja extrañada.
-¿Dónde esperabas encontrarnos? ¿En el río? Chico travieso... -Bayonetta pasó la punta de la lengua por su labio inferior, mientras parecía que el brillo negro como el azabache de un hechizo, brillaba en la punta de sus dedos.
-Luego hablamos sobre eso -Gyro no se percató del hechizo, pero tenía que alejar la atención de aquello para que le escuchasen-, había dos chicas como vosotras, allí en el lago...
-Te dije que hicimos bien en desviarnos -Bayonetta suspiró resuelta hacía Shura, negando haber seguido la dirección que señalaba el Bard.
-Entonces... Dante se ha quedado en aquel lugar, seguro que está en peligro por algún monstruo. -Una vez que había encontrado la explicación, la situación con Dante le pareció totalmente indiferente.
-Que mal me sabe.

Bayonetta y Gyro, dejaron el tema en el aire como si no fuera con ellos y pensaran en dejarlo ahí, y quizás no les faltase razón, pero...
-Peor me sabe tener que ser yo quién lo diga, pero, ¿no tendríamos que hacer algo?
-Ojalá pudiéramos negarnos... pero mira, por ahí viene Dante.

Bayonetta lo señaló con su largo dedo, un aura amenazante alrededor de la mujer comenzó a crearse cuando se puso en pie y avanzó al encuentro de Dante, seguida de cerca por Gyro que había tomado sus armas y parecía dispuesto a lanzar el primer ataque.
A medida que se acercaba, notaron que el movimiento de Dante era errático, se balanceaba en una mala imitación de caminar cuando sus pies apenas llegaban a tocar el suelo. Y en su cara, el pelo lacio le caía sobre los ojos que apenas se veían y tenían un color blanquecino, su boca se mantenía fuertemente cerrada, apretando los dientes y respirando forzadamente entre estos, como si aún dentro de él, algo se estuviera resistiendo con todas sus fuerzas a ser manipulado.
-¿Te lo has estado pasando bien? -Bayonetta también parecía lista para atacar.
-¡Esperad! ¡Creo que esta...! Poseído...
No escucharon las palabras de Shura, los brazos se pegaron a los costados de Dante, atados con una especie de cabellos negros dando un aire similar a alguna película de terror japonesa, Gyro lanzó la bola de metal, que impactó directamente contra la frente de Dante. Pero más allá de resultar un ataque realizado para acabar con Dante, parecía más bien una paliza por escarmiento... o por tortura, según se mirase.
-¡Eso te pasa por capullo Dante! -Gyro le había dejado una marca roja en toda la frente que pronto se transformaría en chichón.
-¿Sabes lo que se le hace a un animal salido? Pues eso mismo te espera... Shura, ven tu también, ya verás que divertido.
Bayonetta la invitó esbozando una sonrisa, mientras Dante babeaba lanzando dentelladas al aire, intentando librarse de las ataduras para atacar. Entonces por un momento, todos lo vieron claro, sobre la cabeza de Dante, un largo tentáculo brillo de color azul neón, sólo fue un instante, pero fue más que suficiente.
-¡Ahí va otra! -Gyro lanzó su segundo boomerang de bola de metal, dando de lleno a la protuberancia, cortándola al tiempo que el cuerpo de Dante caía inconsciente al suelo.
Por detrás de los árboles, cerca de su posición, un grito grave y casi gutural, se alzó con dolor... el equipo forzó la vista para reconocer a la criatura... dibujandose una enorme y fea cara justo delante de ellos.

Bayonetta abrazó a Shura saltando a un lado, arrastrando con ellas el cuerpo de Dante, Gyro saltó en la dirección contraria, y todos pudieron evitar que aquella enorme boca de dientes afilados, les tragase a todos como era su intención cuando se abalanzó donde segundos antes habían estado.
-¡MISERABLES! -El grito surgió de la enorme criatura, era una rana enorme y gorda que parecía hecha de hielo, excepto por su horrible y chata nariz casi humana, la criatura comenzó a girarse lentamente en el esfuerzo que le suponía mover su propia mole con unas patas tan pequeñas.
-¿¡Ha hablado!? -Shura era la única que alucinaba con el detalle, manteniéndose a resguardo curando a Dante mientras los otros dos estaban listos para atacar.
Vieron que la criatura tenia otros dos tentáculos que le salían de la cabeza, los cuales eran dos formas femeninas iguales a las de Shura y Bayonetta, pero brillantes como si en su interior se encontrase la misma sangre azul neón que habían visto brillar antes.
-Tiene buen gusto a la hora de elegir señuelos -Bayonetta le guiñó un ojo a Shura-, pero en todo lo demás, eres más feo que Satanás.
-Deja que te libremos de tu presencia -los boomerang de Gyro, acababan de llegar a sus manos.

La rana se infló tanto que acabó por levantar las patas delanteras, soltando todo el aire en un grito de frustración y escupiendo una mezcla de una baba del color y aspecto del lodo de ciénaga.
-¡ESCORIAA! ¡SE SUPONÍA QUE ERA VUESTRO AMIGO! ¡SOIS BASURA POR TRATARLE COMO UN PEDAZO DE MIERDA!
-Ojo, que ahora los monstruos nos dan lecciones de moralidad, lo que me faltaba por oír... y ya su aliento, es lo que me faltaba por oler.
-¿Gyro? Mátalo ya, antes de que me tenga que encargar yo -Bayonetta puso los brazos en jarras impacientándose.
-No tan rápido.

Giraron en dirección a Dante, que era el que había hablado, Shura se había dedicado a curarle, pero no esperó aquella reacción. Como empujado por un resorte que lo levantase directamente desde el suelo como si no pesase un gramo, Dante se ergio, avanzando unos pasos hasta que Bayonetta y Gyro le abrieron paso encarando al maldito sapo. El Gunslinger aún no estaba recuperado y tenía sangre cayendo desde su frente, pero tenía el ceño tan fruncido y una mirada asesina, como señal de que lo mejor, era no meterse con él en aquellos momentos.
-Este es mio.
Sus compañeros se apartaron, dejando el margen suficiente para la batalla.

El sapo abrió las aletas de la nariz, olisqueando el aire, en aquellos ojos crueles de la criatura, casi podías ver los engranajes de su mente moviéndose, como buscando la trampa de que le atacase alguien tan debilitado, casi subestímandole en una risa maliciosa.
-¿Te ríes? ¿Eh? ¡Te vas a reír pero con razón! -Los ojos de Dante se ensombrecieron, pero no era algo natural de su enfado, era como si la sangre se hubiera acumulado alrededor de sus párpados y el flujo se hubiera detenido, dándole el aspecto de que portaba una máscara oscura, donde brillaban ojos de odio y sed de venganza.
Dante salió a la carrera de cara al monstruo, que reacciono abriendo la boca para que el Gunslinger entrase directamente en su interior, Dante desapareció cuando el sapo dio una dentellada... paladeando un momento para darse cuenta de que el humano no estaba en su boca.
Giro los ojos sin dar con él, recibiendo el primer balazo en pleno ojo derecho.
Gritando de dolor y rabia, el monstruo al saber que era demasiado lento para girar, optó por atacar a todas partes, su lomo se cubrió de pedazos de hielo que se rompían y resquebrajaban hasta parecer lanzas que le sobresalían, hinchando su cuerpo para lanzarlas en todas direcciones a gran velocidad.
Ninguna dio en el blanco.

-Estoy aquí. -Dante movía la mano a modo de saludo desde una de las ramas más altas. El sapo escupió lodo en su dirección, sin dar en el blanco porque este había desaparecido.
-¡Muy lento! -Desde el suelo, resonó la fuerte explosión de una escopeta, iluminando a Dante y alzando por los aires al sapo entre gruñidos frustrados de dolor.
Tirando la escopeta hacia su espalda, como si deshechase una lata de refresco vacía, cruzó las manos por delante del pecho para alcanzar las pistolas gemelas que guardaba a los costados, desenfundandolas, girando entre sus dedos y desprendiendo reflejos plateados y de azabache del metal brillando a la luna de la noche, Dante comenzó a disparar  una lluvia de balas con tal rapidez y fuerza, que mantenía al sapo por los aires. 
Las balas se detuvieron y la criatura cayó al suelo con tanta fuerza que hizo temblar la tierra a su alrededor, pero aquel medio segundo fue toda la paz que le concedió Dante. Girando sobre sí mismo, describiendo un amplio círculo con el vuelo de su gabardina roja, de debajo de esta comenzó a surgir una cadena de metal negro, que iba rodeando al Gunslinger sin llegar a tocarle, hasta quedar parcialmente encerrado en una cabina. Arrugando el labio en una sonrisa de macabra satisfacción, empujó el tablón de mandos frente a él, y de la cabina, comenzaron a surgir balas y proyectiles directos hacia el enemigo, envuelto entre el polvo y la metralla, solo se escuchaban sus gritos de agonía. Aquel maldito sapo estaba acabado.

Pero cuando el polvo levantado, volvió a posarse en el suelo, no quedaba ni rastro de la criatura. Dante comprobó en su Omnitool, que los puntos de experiencia no habían subido, ni tampoco quedaba ningún otro ítem, lo cual significaba…
-Oh, mierda…
Escuchó los pasos del resto del grupo en su dirección.
-¿Ya has acabado con esa molestia? -Bayonetta hizo la pregunta mirando directamente hacia el Gunslinger, poniendo los brazos en jarras con total confianza.
-¿Podemos irnos ya? Quiero meterme en la tienda antes de que comiencen a comernos los mosquitos.
Shura iba a añadir algo de que dudaba que allí hubieran mosquitos como en la vida real, pero un sonido a su espalda la alteró, dándose la vuelta justo para ver un doble de cuerpo de ella misma pero pálido y con una mortecina luz azulada saliendo de debajo de su piel, abalanzarse para atravesarla con las dagas en que se habían convertido sus brazos.
Alzó un grito el segundo justo para ver la cara de aquel doble, con una mueca en una macabra sonrisa muy similar a la de las máscaras de teatro.
La empujaron hacia atrás, cuando Dante la tomó del hombro, ayudado por la posición de la chica, apuntando por delante de ella una de sus pistolas, Shura era capaz de ver la trayectoria del cañón, y fue testigo de primera mano, de cómo la bala impactó en su doble entre los ojos, cayendo para atrás con fuerza.

La segunda bala pareció perderse entre el bosque… hasta que el sonido de cristales de hielo resquebrajándose y explotando, les reveló que su enemigo había muerto.
-Ahora sí. -Dante sonrió con autosuficiencia mientras enfundaba el arma.

Separándose de Shura encogiéndose de hombros, sin parecer esperar nada de ella. Mientras la chica intentaba recuperarse del shock, por su mente vagaba un pensamiento.
“Me ha salvado la vida.”
Era verdad, aunque él mismo había provocado aquello, técnicamente hablando… ¿era correcto agradecerle algo que era su obligación arreglar?

Aunque sabía que era mezquina, Shura siguió tozuda, girando la cara y sin dedicarle una mirada a Dante que ya se acercaba a la zona donde el monstruo había dejado caer los preciados items.
-Es hora de que regresemos al campamento -la mano de Bayonetta sobre su hombro, le hizo volver al presente, asintiendo y comenzando a seguirla, percatándose entonces, de que en algunos árboles quedaban señales de las balas de Dante.
“¿Puede que sea la segunda vez hoy que me salva la vida?”
Con tantas emociones casi se había olvidado de aquel maldito tigre al que Dante había cortado hasta matarlo…

Entonces una revelación, le fulmino la mente como un rayo, por poco perdiendo el equilibrio, excusando su torpeza con los demás alegando un desnivel en el suelo. Ocultando al resto sus temores.
Pero… ¿cómo no había podido darse cuenta antes? Dante era Gunslinger, y las heridas de la criatura de aquella mañana, eran cortes, no balazos.
Shura sintió un pinchazo en la nuca, un mal presentimiento que la obligó a girarse y forzar la vista en la oscuridad.
Estaba completamente segura de aquello.

Había alguien siguiéndola.
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