Llegó quien menos se esperaban uwu con un nuevo fic, nuevas ideas, y nuevas locuras. Estoy intentando también escribir de manera un poco más descriptiva y aunque no me gustó del todo cómo terminó este fic, es cosa de seguir dándole práctica. Estoy muy emocionada con esto ;;
Strawberry Garden
Todo este embrollo comenzó con Messi Pequeño.
Del nuevo grupo de niños pequeños en la guardería, tenía que admitir que Messi Pequeño era su favorito. No sólo era un niño fácil de cuidar (nunca lloraba, seguía órdenes y solía ayudar siempre que se lo pedía), sino que también era muy dulce. Cuando las niñas estaban entretenidas y no peleándose entre ellas por sentarse en su regazo, Messi pequeño aprovechaba la oportunidad para venir a abrazarla y sentarse encima de ella, buscando su cariño. Además, era también un niño muy risueño y se notaba que era muy inteligente para su edad.
No lo diría frente a otros, pero dentro de sí, Sayaka sabía que en una situación de vida o muerte, sería capaz de arriesgar su vida por él.
Lo cual hacía que la situación fuese mucho más irónica todavía, ya que lo hubiese esperado de cualquiera menos de Messi Pequeño. Pero no, ahí estaba frente a ella su pequeñín, con un semblante de tristeza y decaimiento completamente inhabitual en él. En vez de haberla saludado con una sonrisa y con su habitual juego de esconder un juguete detrás de su espalda para hacer que Sayaka lo correteara para ver qué era, se fue corriendo de frente al salón de juegos y se puso a jugar con legos en silencio. Su mamá sonrió sardónicamente.
“Lo que pasa es que su chef favorito perdió ayer en la competencia.”
“¿Qué competencia?”
“Oh, ¿no has visto el programa de televisión de los chefs famosos?”, preguntó la mujer en lo que terminaba de colgar la chaqueta y mochila del pequeño en su lugar. La mamá de Messi Pequeño era hermosa: pelo oscuro, largo y liso; piel suave, brillante y sin manchas; piernas largas y bien proporcionadas; además de un impecable (y altamente envidiable) sentido de la moda. Aunque se parecía más a su papá, Messi Pequeño también poseía las mejores características de su mamá, como sus ojos claros y algo rasgados, muy llamativos y con una mirada directa y resoluta. En otra vida, habría dado cualquier cosa por ser la segunda madre de un niño tan precioso si encima traía el bonus de una madre tan guapa. “Es un programa en el que chefs se reúnen y tienen que cocinar algo de manera rápida para invitados famosos, pero en formato de competencia…”.
Sayaka empezó a recordar vagamente haber visto publicidad del show en el metro y en algunas tiendas de la ciudad hacía un par de meses. Sin embargo, como buena millennial que jamás accedería a la vivienda propia, ni siquiera tenía una televisión en el cuarto que rentaba, así que casi nunca prestaba atención a la publicidad de los programas de televisión.
“Mira”, la mamá sacó su teléfono y procedió a mostrarle la foto de un hombre incluso más precioso que la mujer que tenía enfrente. Y
precioso era la palabra,
‘guapo’ no alcanzaba a cubrir la belleza celestial que emanaba del sujeto. “Este es su chef favorito. Ayer nos juntamos con la mamá de Emi para que los dos tuvieran una cita de juegos en nuestra casa, así que Lionel se emocionó mucho porque los domingos son días de cocina y quería mostrarle a Emi su chef favorito… Y justo el pobre perdió, por lo que Lionel se la pasó llorando toda la noche.”
“Oh…”, si bien Messi Pequeño y Emi eran muy buenos amigos en la guardería y nunca se habían peleado, Emi tenía una personalidad muy particular. El pequeño podía llegar a ser muy burlón y seguramente se habría reído al verlo llorar. “Pobre Lionel”, murmuró, asegurándose de usar el verdadero nombre del pequeño y no la manera en la que solían diferenciarlo del otro Lionel en la guardería.
“Si crees que Lionel se puso mal, deberías de haber visto cómo se puso Emi”, dijo la mujer riéndose en lo que ajustaba su bolso al hombro, lista para irse y seguir con su día.
Pero antes de que pudiera preguntar a qué se refería con eso de cómo se puso Emi, sucedió la catástrofe.
La puerta de la guardería se abrió y entró la mamá de Emi con ojeras muy marcadas y un Emi muy enojado que procedió a lanzar sus zapatos en dirección a su cubículo (sin importarle que ninguno de ellos entrara en él) con gran fuerza. La mamá de Messi Pequeño se encogió de hombros y se dio la vuelta, saludando a la mamá del otro niño y entablando una conversación en lo que daba por sentado que era hora de que Sayaka empezara a trabajar.
“¡Emi!” Saludó con fingida felicidad, pero el muchachito pasó de largo sin saludarla. Ahora, si bien Emi tenía una personalidad muy marcada (léase: nunca quería hacer caso), siempre llegaba a la guardería muy alegre y feliz de ver a su maestra. El irse así de largo y con una cara tan molesta no era usual en él.
“Emi, tu maestra te ha saludado.”
Fue en ese momento que apareció su ángel de la guarda: Yamagi. A diferencia de ella, el joven de cabellos rubios no era un maestro de la guardería, sino el secretario y contador del negocio. Sin embargo, al estar siempre presente durante el tiempo de clases, todos los niños lo conocían y lo adoraban. Yamagi era quien siempre solía sentarse con ellos cuando lloraban, les conversaba de manera dulce y les explicaba las cosas, además de siempre ayudar en caso de que alguno necesitara de una tirita o un abrazo.
Los niños no tenían problema alguno en no escuchar a Sayaka y pasar de ella. ¿Pero Yamagi? No, no, no. Si bien Yamagi era dulce con ellos, también les dejaba en claro que él era quien podía llamar a mamá y papá y decirles que no estaban haciendo caso. Estaba claro que nadie podía meterse con él.
Emi se volteó con el ceño fruncido y murmuró rápidamente: “Hola”, antes de irse.
Sayaka se volteó y vio a la mamá de Emi decirle con los labios “perdón” en lo que terminaba de dejar las cosas del pequeño e irse de ahí con la mamá de Messi Pequeño. La puerta se cerró y dejó ahí a los dos adultos, confundidos por lo que acababa de suceder.
“¿Deberíamos llamar a Shino?” Preguntó Sayaka, teniendo un mal presentimiento.
“Aún es muy temprano como para que haya terminado de ir a hacer los mandados…”, murmuró el otro en lo que consultaba su reloj de muñeca. Sayaka se sintió aliviada de que el chico hubiera captado el mal presentimiento y ni siquiera hubiera cuestionado su súplica por llamar al otro. “Hoy también tienen clase de arte, así que a lo mejor eso los distrae antes de que Shino regrese…”
“Que Dios te escuche”, murmuró, en lo que escuchaba un grito y corría a separar a Emi de las niñas a las que les había estado lanzando legos.
Pero Dios no escuchó. Ni tampoco escucharon los niños ese día a Sayaka, a Yamagi, a Shuuji, e inclusive, a Shino. Básicamente, se armó una pequeña revolución en la guardería, la cual, si bien trataron de contenerla, terminó empeorando al decidir darles lo que querían: poner el episodio de la derrota del chef.
Durante las dos primeras horas, Emi se la pasó contándoles a todos sobre lo triste e injusto que había sido la pérdida del chef en el show de cocina. El problema era que, cuando finalmente lograban callarlo o distraerlo, Messi Pequeño era quien seguía dándole cuerda al asunto y todo regresaba al estado original de caos. Esta era la primera vez que Sayaka veía a su niño precioso portándose de tal manera, sin escucharle, e insistiéndoles a Evie y a Isa-isa (las pobres niñas que habían sufrido de los legos voladores), que si ellas hubiesen visto el episodio también estarían igual de enojadas. Incluso Sveta, la más grande del grupo (y por lo general, la más cuerda…
aunque qué se puede esperar de una niña de seis años, en realidad…), había dictaminado que todos debían ver el show para poder darle ánimos al chef y que así nunca más volviera a perder.
Pero para poder darle ánimos, primero tenían que conocer a su nuevo ídolo. Lo cual sonaba lo suficientemente inocente, ¿no? Además, hacía tiempo que no tenían una tarde de cine,
Miss Sayaka, podríamos ver un episodio en la tele y le prometemos que luego hacemos los ejercicios del cuaderno…Fue así como los niños aprovecharon ese fallo de juicio de parte de todos los adultos (que después de tanto griterío ese día, ya mucho juicio no les quedaba. Bastó una mirada de Shino al borde de las lágrimas para convencer a Yamagi), para sentarse a ver el episodio que Sayaka encontró en una página web de mala muerte y puso a regañadientes.
Y ahí fue que perdieron el control por completo. Si bien Yamagi se había asegurado de que se mostrara sólo la parte del episodio en que salía la competencia del susodicho chef, los adultos acabaron con un grupo de niños mucho más enojados que antes porque ahora la ira ya no era individual, sino comunal y compartida. Se armó un alboroto sobre cómo el otro chef no había cocinado tan bien y que claramente no era tan buena persona comparado con el chef Son Jong-won, el cual siempre era respetuoso, gentil y muy, pero muy inteligente.
“¿Saben algo?” Dijo Shino apoyándose en el palo de la escoba y rompiendo el silencio. Hacía cuarenta minutos que habían acabado el turno y todos se encontraban callados, exhaustos y todavía procesando lo ocurrido tras un tremendo día. Shuuji se había ido corriendo antes de que pudieran decir algo, por lo que tenían la tarea adicional de limpiar también el desastre que había dejado tras su clase de arte. “Creo que los niños tienen razón. Jong-won debió de haber ganado.”
“Yo también pensé lo mismo”, murmuró Sayaka con la vista puesta en terminar de dejar listos los libros de ejercicios para el día siguiente. “El desafío claramente decía que tenían que cocinar un amuse-bouche innovador y el otro chef sólo ganó porque cocinó comida china y todos aman la comida china.”
“¿Y tú desde cuándo sabes qué es un amuse-bouche?” Preguntó Yamagi al mismo tiempo que Shino decía: “Oigan, ¿qué es un amuse-bouche?” Sayaka no pudo evitar soltar una carcajada al ver al rubio taparse el rostro de la vergüenza por lo que había dicho, a lo que el otro lo miraba con un leve puchero.
“Bueno”, dijo Shino con una sonrisa, claramente dejando el tema de lado. “Estaba pensando: ¿y si vemos los demás episodios? Como para entender de qué hablan los niños.”
“¿Así como ese día en que tuve que quedarme a dormir en tu casa porque te dio miedo el video de skibidi toilet?” Yamagi alzó una ceja, intentando (y fallando) contener una sonrisa.
“¡¡Hey!!” Respondió ofuscado. “¡¡Esa cosa era del demonio!! ¡¡No hay punto de comparación!!”
“Tralalero tralalá,” murmuró la chica, cerrando un cuaderno y abriendo otro. “No sé cuánto tiempo me demore en esto. ¿Pensabas hoy día? Porque ya van a ser las ocho, y en lo que se demora el metro, las nueve.”
“Además, mañana nos toca venir temprano”, agregó el rubio, saliendo de la cocina y secándose las manos tras haber terminado de lavar los pinceles y haber dejado todo organizado. “No sé si sea buena idea juntarnos hoy.”
Shino se cruzó de brazos, triste por la negación de sus colegas…
…Hasta que recordó que aún le quedaba una carta bajo la manga.
“¿Y si yo compro el sushi para todos?”
Inmediatamente, Sayaka cerró el cuaderno que tenía en la mesa y Yamagi lanzó el trapo sobre su escritorio.
“Siempre podemos llegar más temprano”, dijo el rubio.
“Sí, ya mañana termino lo que estaba haciendo”, asintió la chica.
La medianoche los encontró a los tres en el cuarto de Sayaka, con cajas de sushi tiradas en el piso y latas de cerveza abiertas. Los tres sentados en la cama, pegados uno al lado del otro porque no había más espacio, para ver otro episodio más en la computadora de la chica. Si seguían viendo más capítulos, terminarían amaneciéndose y de ninguna manera llegarían temprano a arreglar todo el desorden antes de que el jefe y los padres de familia lo vieran.
Todo el embrollo había comenzado ese día con Messi Pequeño, pero ninguno de ellos (ni siquiera el mismísimo chef Son Jong-won) se imaginaba cómo esto iba a acabar.