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Cargando una hora de sueño, decidió salir al mundo. Un desastre: mal maquillada y con sólo una muda de ropas… ¿cómo había llegado a este punto? Se colocó unas gafas que encontró en el armario y salió con prisas hacia la avenida. Hoy le tocaba trabajar como modelo para una marca de perfumes y a la tarde asistiría al Húngaro Ganessa, por esta semana trabajaría allí como favor a los directivos.
Peino como pudo el cabello rebelde y dejó la piel libre de maquillaje, las chicas en el camerín se encargarían de dejarla perfecta. Lo que más le gustaba de su trabajo como modelo independiente era eso, hacer lo que quisiera, cuando lo quisiera hacer y que la maquillasen maravillosamente.
—Sacaré turno para un spa —susurró antes de encaminarse al parking donde dejó el coche.
Los cabellos pelirrojos de ella se movían con suavidad y el elegante andar de la joven sacaban a relucir tanto su estatus social como profesión, por todas partes del delicado y bien formado cuerpo de Habin salía la palabra “especial” y, de hecho, lo era.
—¡Habin nim! —escuchó desde uno de los costados de la cochera.
Ella vivía en la zona más lujosa de todo Eastwood, en un apartamento que compro con los trabajos que realizaba para una revista de moda así que debía compartir garaje con los demás inquilinos del inmueble: grave error; después de ir a un pub a pasar el rato y beber hasta el amanecer, decidió acostarse con un universitario de diecinueve años que la perseguía por todos lados… ¡ni recordaba su nombre, solo el apodo!
Aceleró el paso y casi consiguió entrar al convertible, casi…
—¡Habin nim! —repitió atrás de ella y la mencionada giró suavemente.
—¿Qué quieres? —le dijo— tengo trabajo…
—Lo siento es que… —el chico estaba nervioso, se notaba como temblaba— no respondes ninguno de mis mensajes.
Lo aterrador era que ella nunca le dio su número ni la dirección en que vivía, aunque al teclear su nombre probablemente estuvieran puestos sus datos en cualquier página.
—¿Por qué debo responder? —se acercó a él y le colocó una mano en el hombro—. Escucha… lo nuestro no fue nada, un revolcadon de fin de semana. ¿Entiendes?
El chico se quedó descolocado unos segundos antes de articular alguna respuesta.
—Pero —soltó y ella inmediatamente lo interrumpió.
—Lo siento, nada de lo que digas ni hagas cambiará mi opinión —suspiró pesadamente—. Gracias por todo y hasta nunca.
Si Jang Do Hyun hubiera sido un chico normal, de personalidad pacífica y en lo absoluto un acosador, se hubiera detenido… pero no, no fue así y lo que siguió fue que una vez Habin se subió al coche, él se dedicó a animarse para proseguir con lo que consideraba su amor predestinado.
En la casa de las Miyamoto todo era un caos, el reloj marcaba las uno y media de la madrugada y Yuma había mensajeado para avisar que ya habían terminado y que se irían a un bar; Fumi le había prometido a Habin presentarle a Shibari y no quería faltar a su palabra, también deseaba saludar a la tomboy y al pelirrojo, ellos habían sido sus dos mejores amigos en USA.
Musashi acababa de llegar de su trabajo en el Lily Fitness Club y fue asaltada rápidamente por la mayor de ellas, Fumi.
—¡Habin llega en quince minutos y los gemelos duermen! —gritó rápidamente, mientras seguía maquillando su rostro, hacía tiempo que dejó los delineadores y los lápices labiales—. Siento tener que dejarte todo, la cena está en el horno, Musashi.
—Tranquila —respondió la otra, dejando sus cosas sobre un mueble y los zapatos en el recibidor—, los niños dormirán hasta tarde. ¡Me encargaré de todo! Hehe~
Los nervios estaban de punta y cuando terminó de maquillarse y vestirse, salió a prisa del departamento. Hoy había elegido llevar uno de sus antiguos atuendos, un vestido de encaje corto, que se ajustaba a la cintura con un lazo de matiz vino, al igual que todo el conjunto, y caminó con prisa hasta fuera.
Las imágenes los tres amigos de Yuma vinieron a la mente e intentó recordar las características de cada uno: Eiji llevaba puesta la banda de líder y se lo imaginó cómo sería con cinco años más. ¿Tendría líneas de expresión? No, aún era relativamente joven para eso; ¿llevaría el cabello de rojo?... sí… su distintivo y algo que no dejaría tan fácilmente aunque la piel trigueña de él desencajara con el rojizo del tinte. La siguiente fue Kon, ella probablemente no hubiera crecido ni un centímetro pero, ¿seguiría tan cool como cuando ambas se emborrachaban? ¿habría conseguido novia? La idea la llenaba de entusiasmo, podían hablar de todo y ponerse al día en seguida; después recordó a xxxxx y xxxxxx, imposible mencionar a uno sin el otro, ojalá no estuvieran peleados o el mundo se vendría abajo.
En la avenida Habin le tocó bocina para alertarla de la ubicación y rápidamente divisó el coche de ella.
“Oh, you let your feet run wild
Time has come as we all
Oh, go down
Yeah but for the fall oh, my
Do you dare to look him right in the eyes?
Yeah”
—¿La hora sad? —le sonrió para saludarla y la otra rió tranquilamente—. Eso empieza como a las ocho, cuando te despiertas en casa ajena y con un ogro a tu lado…
—Perdón por evitar “the longest wave”, cari —dobló el rostro en dirección de la recién llegada e inclinó la cabeza, haciendo que sus labios se contrajeran un poco, como pato—. Vamos. ~
“Because they will run you down
Down till the dark
Yes and they will run you down
Down till you fall
And they will run you down
Down till you go
Yeah so you can't crawl no more”
Los parlantes reproducían una canción de Kaleo, la voz tranquila y potente del vocalista con la explosión de sonidos y la buena combinación del rock blues le encantaba a ambas. Reconoció al instante la canción al abrir la puerta y dejó que “way down we go” penetrase por cada poro del cuerpo antes de subir.
Los tacones de cinco centímetros le hicieron trastabillar y rápidamente colocó el bolso sobre sus rodillas y miró de reojo a la pelirroja que emanaba un aura de gloria y glamour que sólo en sus mejores sueños podría alcanzar ella. Las hebras rojizas de Habin resplandecían como si fueran gemas de la mejor calidad y terminaban por ondularse en las puntas: la perfección según sus estándares de belleza.
“And way down we go, go, go, go, go
Way down we go, go, go, go, go
So way down we go, go, go, go
Because they will run you down
Down till you fall
Oh, way down we go”
—¿Te maquillaste? —fingió sorpresa abriendo los ojos como platos—. ¿Sabes maquillarte?
—Tanto como tú de cocina —dijo en tono irónico. Sabía lo básico y eso significaba… nada.
—¡Mujer! —ofendida le tendió un labial borgoña mate que hacía juego con las prendas de Fumi— pero no te queda con ese cabello —la obligó a deshacer el peinado alto y dejar libre su melena rosada, cuando estuvo ya conforme con la apariencia de su amiga, recién encendió el coche y se alejó de la casa pisando el acelerador a fondo.
Habin traía sobre el tablero del vehículo el celular y varios paquetes de cigarrillos y algunos sueltos, junto al encendedor comprado en el mismo sitio que lo otro, normalmente se olvidaba el suyo en casa.
“Father did you miss me?
I've been locked up a while
I got caught from what I did but took it all in style
Laid to rest all my confession I gave way back when
Now I'm versed in so much worse, so I am back again
And he said”
Una nueva melodía sonó estrepitosamente y las melenas de ambas jóvenes comenzaron a moverse al ritmo de la guitarra.
“For the lines that I take, I'm going to hell
For the love that I make, I'm going to hell”
—¿Going to Hell?
—¡Going to Hell! —confirmó la conductora que sonreía de oreja a oreja, haciendo playback de la voz tan característica de Taylor Momsen—. ¿Y bien?
—¿Qué? —la miró mientras la otra seguía atenta al camino.
Cuando Habin se lo proponía llegaba a ser más misteriosa que las tramas de películas dirigidas por Ingmar Bergman y esta noche no tenía ganas de analizar las actitudes de ella pero, cuando comenzó la nueva canción, supo que la mierda se había prendido y estaba lista para romper el jodido pub con su todo su erotismo.
La vio mejor y se dio cuenta que traía un hermoso vestido con abundante escote y trasparencias en los lugares adecuados para no caer en lo vulgar. El negro resaltaba cada curva del cuerpo y estaba segura que en la parte trasera, ahora apoyada en el asiento de conductor, estaba igual de dotada y perfecta.
“For the way I condescend and never lend a hand
My arrogance is making this head buried in the sand
For the souls I forsake, I'm going to hell
Gettin' married to the devil, you can hear the wedding bells”
—Jez…, querida… —exhaló aire tratando de concentrarse en las calles congestionadas de fin de semana de joda— más te vale que entre tus amigos haya uno ‘partible’ o moriré.
—Pues… ¿puedes partirles los instrumentos? —trató de ocultar el nerviosismo, estaba convencida de que ninguno de ellos se impresionarían de la belleza de Habin porque ellos habían teniendo contacto regular con alguien tan increíble como su mejor amiga.
—Mierda —masculló—, ¿son costosos? Si es así puedo conformarme.
—¡Ah! Tienen un nuevo integrante, algo de Shiro —pronto recordó al miembro que habían reclutado después que ella dejó California, no lo conocía y tampoco estaba convencida de que fuera guapo pero Yuma lo llamo “hombre de pocas palabras” y “siniestro”… quizás Habin agarraría interés en él—, es albino…
Como respuesta la que manejaba comenzó a tararear el tema que seguía reproduciendo el coche.
“Back to these backdoor bitches begging me to behave
Jamming Jesus down my throat note
I don't want to be saved
Ain’t a chain on my brain I'm nobody's slave
I got one foot in the cradle and one in the grave"
Y continuó con la canción Fumiko, intentando seguirle los agudos a la vocalista.
“It's a fucked up world
Sex and love and guns light a cigarette
It’s a fucked up world
What do you get from it
Sex and love and guns light a cigarette”
Desde que ambas jóvenes se conocieron quedó claro una cosa: a Habin le iban los cenizas y si eran unos bastardos… ¡muchísimo mejor!
Las dos terminaron la canción a dueto con Momsen mientras continuaban con el movimiento rítmico de sus cabelleras.
“It's a fucked up world
Sex and love and guns light a cigarette”
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