81
Listas y Probaciones / Re: New Probation Time!
« Last post by Puri on June 08, 2026, 05:15:35 PM »Vengo a decir que me reúno uwu
82
Listas y Probaciones / Re: New Probation Time!
« Last post by Cho on May 31, 2026, 11:00:44 PM »
Probaciones pronto.
Debido a una ausencia de más de cuatro meses, Puri queda fuera por tres días, luego de los cuales podrá reunirse nuevamente. Sus listas quedan disponibles para que las demás miembros muestren su interés en los personajes.
Puri as Sayaka Miki (Madoka Magica)
Bishounen Oficial: Tyki Mykk (D. Gray-Man)
Amante: Hikaru Hitachiin (Ouran)
Mascota: Horokeu Usui (Shaman King)
Rebel: Yuri Plisetsky (Yuri!!! on Ice)
Acosador: Aegon Targaryen II (A Song of Ice and Fire)
Boy Next Door: Ren Tao (Shaman King)
Dama de honor: Usagi Tsukino (Sailor Moon)
Dolly Polly: Yuzuriha Amate (Kidou Senshi Gundam: GQuuuuuuX)
Book Boy: Daeron Targaryen -Son of Viserys I- (A Song of Ice and Fire)
Flower girl: Suiseiseki (Rozen Maiden)
Aniki: Charles Xavier (Marvel)
Senpai: Erik Lehnsherr (Marvel)
Kouhai: Yamagi Gilmerton (Gundam: Iron Blooded Orphans)
Femme Fatale: Isuzu Sohma (Fruits Basket)
Friki spot: Norba Shino (Gundam: Iron-blooded Orphans)
Ace: Keith Kogane (Voltron: Legendary Defender)
Game Boy: Jean-Jacques Leroy (Yuri!!! on Ice)
Soulmate: Ilyana Rasputin (Marvel)
Joker: Otabek Altin (Yuri!!! on Ice)
Peacemaker: Kaoru Hitachiin (Ouran High School)
Voyager: Takashi Shirogane (Voltron: Legendary Defender)
Nemesis: Kyoko Sakura (Madoka Magica)
Bitchy Sidekick: Lilia Baranovskaya (Yuri!!! on Ice)
Bastard Sidekick: Aemond Targaryen (A Song of Ice and Fire)
20k: Lucerys Velaryon (A Song of Ice and Fire)
40k: Jacaerys Velaryon (A Song of Ice and Fire)
70k: Joffrey Velaryon (A Song of Ice and Fire)
100k: Shuuji Itou (Kidou Senshi Gundam: GQuuuuuuX)
Reto 2k15: Tsubasa Shibahime (Kare-Kano)
Bishoujo Bitch: Haggar/Honerva (Voltron: Legendary Defender)
Bastard: Enji Todoroki (Boku no Hero Academia)
1. Viktor Nikiforov (Yuri!!! on Ice)
2. Yuuri Katsuki (Yuri!!! on Ice)
3. Isabella Yang (Yuri!!! on Ice)
4. Leo de la Iglesia (Yuri!!! on Ice)
5. Ilyana Rasputin (Marvel)
6. Yakov Feltsman (Yuri!!! on Ice)
7. Anna Kyoyama (Shaman King)
8. Shuuji Itou (Kidou Senshi Gundam: GQuuuuuuX)
9. Scorpius Malfoy (Harry Potter)
10. Joffrey Velaryon (A Song of Ice and Fire)
11. King (Nanatsu no Taizai)
12. Walker Yumasaki (Durarara!!)
13. Erika Karisawa (Durarara!!)
14. Lily Luna Potter (Harry Potter)
15. Draco Malfoy (Harry Potter)
16. Albus Potter (Harry Potter)
17. Mamoru Chiba (Sailor Moon)
18. Tieria Erde (Gundam 00)
19. Neil Dylandy/Lockon Stratos (Gundam 00)
20. Ren Tao (Shaman King)
21.
22. Akito Sohma (Fruits Basket)
23. Shigure Sohma (Fruits Basket)
24. Hatsuharu Sohma (Fruits Basket)
25.
26.
27. Inasa Yoarashi (Boku no Hero Academia)
28. Diane (Nanatsu no Taizai)
29. Kitty Pryde (Marvel)
30. Rhaenyra Targaryen (A Song of Ice and Fire)
31. Daemon Targaryen (A Song of Ice and Fire)
32. Rhaena Targaryen (A Song of Ice and Fire)
33. Helaena Targaryen (A Song of Ice and Fire)
34. Baela Targaryen (A Song of Ice and Fire)
35.
36.
37.
38.
1. Haro (Kidou Senshi Gundam: GQuuuuuuX)
2. Conch (Kidou Senshi Gundam: GQuuuuuuX)
(Si hay algún personaje compartido, por favor avísenme)
Para las demás miembros, siéntanse libres de declarar a los personajes que les interesan en el siguiente quote:
Quote from: Pedidos de Personajes
*miembro interesada* - Nombre de personaje (Serie)
Tienen hasta el miércoles 3 de junio a las 10:00pm hora México d.f. Si hay miembros que coinciden con personajes deseados, pueden intentar llegar a un acuerdo y compartirlos, pero si ello no resulta posible, el consejo definirá una forma en que se podrá decidir quién se quedará con el personaje.
Desde esa fecha, Puri podrá reunirse y reclamar a los personajes no escogidos.
83
HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Eureka on May 31, 2026, 08:51:45 PM »Al final lo dividí en dos porque estoy traumada con que los posts antes te borraban las palabras si se pasaban de 5k (?)

“…” Eureka observó en silencio a Oikawa durante el camino de vuelta al jeep.
“¿Eh? ¿Qué pasa, Eureka-chan?”
“Ah, nada. Es solo que… me intriga saber qué postre me compró Madara,” mintió.
“¡Yo lo vi! ¿Te contó que nos cruzamos en Rizembool?”
“Sí, me dijo.”
“Es un pastel de chocolate. Dudo que se haya malogrado porque ya empezó a hacer frío en las noches.”
“Bueno, creo que estará bien siempre y cuando no tenga frutas o algo así…”
Eureka deasctivó la alarma del carro para abrir la maletera. Al levantar el portón, se encontraron con un cajón organizador lleno de papeles, una manta doblada, una bolsita, un maletín y una caja de herramientas.
“¿No te intriga saber qué guarda Madara-chan en su maletín?” Mencionó Oikawa, acercándose peligrosamente al objeto en cuestión. Sin embargo, se vio obligado a desistir al recibir un manotazo por parte de su amiga.
“Oye, no toques sus cosas. Solo necesitamos la manta y la bolsa…” Al revisarla, Eureka asintió. “Ajá. Lo sabía: aquí está el pastel.”
“…” Oikawa fingió un llanto, pero se resignó a cerrar el portón después de que la HiME recogiera todo lo necesario.
Ambos caminaron unos metros hasta llegar a un punto intermedio entre el carro y la orilla. Cada uno agarró un extremo de la manta para extenderla en la arena y la colocaron en el suelo sin muchos problemas. Sin embargo, el viento que corría cada cierto tiempo en ese lugar amenazaba con mandarla a volar. Oikawa se sacó las zapatillas y las colocó en una de puntas más cercanas a él. En la otra, puso los zapatos de Neuvillette. Eureka hizo lo mismo en su lado: en una esquina, dejó sus zapatos, y en la otra, la ropa de Neuvillette que Oikawa había doblado hacía un rato. Al asegurarse de que la manta estuviera fija, ambos caminaron hasta el centro de esta, donde se sentaron frente al mar.
Si el paseo improvisado hubiera sido de día, habría sido un éxito rotundo: de seguro el sol de octubre ya no quemaba tanto como en pleno julio. La brisa fresca de la mañana habría sido una caricia suave en la piel y no una ráfaga amenazante de viento empedernida en arruinarles la noche. Sin embargo, Eureka debía admitir que todo podría haber sido peor… si hubieran venido un mes después o en pleno invierno.
No era lo ideal, pero sabía que Madara quería subirle los ánimos después del desastre de la cena y, de paso, sacarle una sonrisa a su Child… quien la estaba pasando a lo grande. Neuvillette cantaba de la alegría cada cierto tiempo mientras se zambullía y luego, resurgía entre las olas.
“Los cantos de Hakuryuu-chan son como los de las ballenas, ¿no?”
“Ajá.” Eureka asintió, mientras colocaba la bolsa del pastel a su lado izquierdo. “Me pregunto si podría comunicarse con ellas…”
“Bueno, dudo que se le acerquen aun si pudiera.”
“¡Oye! ¿Estás insinuando que lo excluirían?”
“Bueno, es un dragón. Tiene sentido, ¿no crees?”
“…” Eureka intentó refutarle, pero suspiró resignada. “Supongo.”
La conversación murió en ese instante y Oikawa no pudo evitar sentirse un poco incómodo ante ello. Desde hacía un tiempo sentía la necesidad de preguntarle qué había ocurrido durante la noche como para que aún siguiera con los ojos rojos. ¿Por qué Lelouch la había hecho llorar tanto? Ok, tal vez esa pregunta se respondía sola. Entonces, debía ser más específico.
¿Acaso… Eureka había intentado regresar con él?
Oikawa no era ingenuo ni estúpido. Era obvio que su amiga aún sentía algo por su ex. Al fin y al cabo, nadie sería capaz de olvidar a su primer amor con tanta facilidad y rapidez. Más aún si se trataba de alguien que conocía desde pequeña y, que encima de todo, había sido su mejor amigo casi toda la vida.
No entendía bien los detalles del caso. Oikawa no sabía cuánto tiempo habían estado juntos porque Eureka le había contado que se había mudado a Londres durante algún momento de su pubertad, pero bastaba con saber que habían sido varios años, entre los que pasaron juntos antes de su mudanza y los que pasaron juntos cuando se reencontraron en Japón a inicios de la preparatoria.
“Jeje.” Eureka le sonrió.
“¿E-eh?” La voz de su amiga lo sacó de sus pensamientos. “¿Qué pasa?”
“Ah, es que me estabas mirando muy preocupado. Y eres tan predecible que ya sé en qué estás pensando.”
“A ver, ¿en qué estoy pensando?”
“…Si intenté regresar con Lelouch o algo así.” Eureka desvió la mirada hacia el mar.
“¡Ack!” Oikawa saltó en su sitio, un tanto asustado. “¡¿Acaso has obtenido la habilidad de leerme la mente o algo así?”
“Insisto. Eres muy predecible.”
“…Bueno.”
“¿Bueno qué?”
“¿Qué pasó?” Oikawa retomó su expresión llena de preocupación. “¿Me vas a contar? La verdad, sospecho que Madara-chan se escapó con la excusa de la toalla para obligarte a que hables conmigo.”
“…Wow, es cierto.” Eureka asintió, maravillada con aquella conclusión. “¡Recién le encuentro sentido a todo! De seguro pensó que no le contaría la verdad a él, pero que sí podría hablar al respecto contigo…” Y volteó de nuevo a mirarlo.
“…”
Oikawa no sabía cómo ni por qué… pero algo había cambiado en el ambiente de un momento a otro.
La mirada de Eureka era tan penetrante que lo motivaba a creer que ya había descubierto su secreto. El key agradeció que las luces de los postes no bastaran para iluminar su rostro, puesto que habrían sido capaces de delatarlo: no cabía duda que estaba sonrojado hasta las orejas.
Sin embargo, en medio de la vergüenza, la confusión volvió a apoderarse de él, llenando su mente de preguntas.
¿Cómo era posible que Eureka no hubiera hablado de esto con Madara si él había estado presente? Entonces… ¿el cantante estaba igual de perdido que él? ¿Qué había pasado con Lelouch en realidad?
La situación se le hacía cada vez más y más incomprensible.
“Un momento, ¿qué? Entonces, ¿no has hablado al respecto con Madara…?”
“Lelouch me llamó en la tarde y volvió a hacerlo a las 8 y tanto.” Eureka lo interrumpió mientras se ponía a jugar con la tela de su vestido, distraída. “Le contesté pensando que era Madara porque habíamos quedado en vernos un rato antes de que regresara a Hanasaki para encargarle a Neuvillette a Gojo-sensei… y bueno, pensé que tal vez quería cambiar el punto de encuentro o algo así. Pero no, era Lelouch. Me dijo que quería reunirse conmigo porque quería pedirme un favor.”
“…Mm.” Oikawa asintió.
“Sonaba tan angustiado… y encima de eso, me ofreció que haría lo que le pida a cambio, así que acepté sin pensarlo dos veces. Y fui con Neuvillette y Madara porque sabía que no me iba a alcanzar el tiempo para hacer todo. La verdad, fui con ellos porque mi intención era pedirle que dejara vivir a Neuvillette en su mansión por un tiempo mientras nosotros buscábamos un apartamento que nos permitiera vivir con él y con Iwaizumi.”
“¿Y dónde se reunieron?”
“Lelouch había hecho una reserva en un restaurante francés muy elegante que habíamos visitado antes. Nos alistamos y fuimos los tres al punto de encuentro.”
“Bueno, al fin entiendo por qué tienen estos atuendos.”
“Sí, sé que no suelo vestirme así de formal.” Eureka le sonrió, pero volvió a desviar la mirada. “Lo cierto es que… la cena empezó muy tensa. Lelouch me cuestionó sobre Nea D. Campbell y los Blaiddyd. ¿Recuerdas que fuimos a la plaza de comidas de Singapur con Wolfgang?”
“Ah, claro.” Oikawa asintió. “Es un tipo enigmático, pero en ningún momento me dio mala espina.”
“La verdad, a mí tampoco. Pero no deberíamos fiarnos de alguien como él. Al fin y al cabo, su sirviente es Nea. Quién sabe si está al tanto de todo gracias a él.”
“Mm… ¿Britannia-chan también sospecha de los hermanos Blaiddyd?”
“Sí. Al inicio, me interrogó sobre Nea. Le conté sobre nuestro primer encuentro durante el ataque a Hanasaki… y luego, cuando me crucé con él en el gokon. No lo he visto muchas veces a lo largo de este año, pero basta con decir que me he topado con él en Tokio más veces de las que recuerdo haberme cruzado con él cuando vivíamos en Inglaterra.”
“Y todo es culpa de Rizembool.”
“Exacto.” Eureka suspiró. “Bueno, después de eso, Lelouch empezó a victimizarse y nos pusimos a discutir sobre nuestra relación y por qué terminamos. Fue ahí cuando Madara y Neuvillette se retiraron del salón. Supongo que en esos quince, veinte minutos… Madara le habló sobre el mar.”
“Ah, tiene sentido. Ahora entiendo por qué no sabías nada del plan… y por qué Madara-chan estaba tan perdido respecto al motivo de tu llanto.”
“…” Eureka se llevó las manos a la cara, frustrada. “No te voy a negar que le agradezco que se haya ido, pero me habría gustado que se hubiese quedado. Tal vez las cosas habrían sido distintas si ellos dos no se hubieran ido. Lelouch sabe cómo manipularme a la perfección a solas… y casi me creo su mentira de que, según él, se siente muy arrepentido por todo y sabe que tiene parte de la culpa de lo que sucedió. ¡Me dijo que básicamente había pensado en terminarme desde que VOLVÍ A SER HIME!”
“¡¿QUÉ?! ¡¡¡Eso es muy descarado de su parte!!!”
“Sí. Y eso no es todo: intentó justificarse. Pensó que lo mejor era no decirme nada hasta después… porque podría haber sido muy pesado para mí. ¡Es un imbécil! ¡¿Qué creía?! ¿Que aceptaría tranquila la ruptura en pleno conflicto con Rizembool? ¿En un momento tan tenso como ese? ¡Ay, por favor! ¡Vivíamos juntos! Todo ese asunto me desestabilizó por completo. ¡Aún sigo mal por su culpa!” Eureka se llevó las manos al pelo y tiró levemente de este. Habría jalado con más fuerza de no ser porque aún tenía miedo de quedarse pelada. El decolorante se había convertido en su peor enemigo… junto a su ex.
“Lo siento, Eureka-chan…”
“Hace un rato estaba muy triste. Lloré cuando salí de la cena porque me sentía muy estúpida con todo lo que había sucedido. Últimamente siento que no puedo controlar nada de lo que me pasa. Como si todo se me escapara de las manos. Y lo de Lelouch ha sido la cereza del pastel. ¿Pero ahora? Ahora quiero matarlo, Dios mío. De solo pensar que jugó conmigo para que sea su <espía> o lo que mierda sea… ¡RAAAAH!” Eureka se despeinó, irritada consigo misma.
“¿E-espía?” Oikawa cada vez se veía más y más confundido.
“Bueno, Madara y Neuvillette estuvieron presentes en ese momento. Eh… nada. Cuando me calmé —no sé por qué, la verdad—… volvimos a hablar de Campbell y de los Blaiddyd. Y me dijo que el favor que quería pedirme era que investigara a fondo a esa familia… porque <yo contaba con los poderes necesarios para hacerlo>. A diferencia de él, que es un debilucho y un bueno para nada.”
“Supongo que rechazaste su propuesta, ¿verdad?”
“Sí. No soy tonta, hombre.” Eureka le sonrió. “Aunque… accedí a reunirme con él de vez en cuando para intercambiar información. Así que tal vez soy un POCO tonta. Pero no imbécil. ¡No sé!”
“Con razón Madara-chan se ve muy preocupado.”
“¡¿Y quién no lo estaría?! ¡Hasta yo misma estoy preocupada! No debí haberle dicho que sí. Pero ya me sentía muy estúpida con el simple hecho de haber aceptado su invitación a cenar. Tanto que rechazar esa oferta iba a ser la cosa más ridícula que habría hecho en mucho tiempo. Además, me dijo que aún queda en pie el trueque. Puedo pedirle lo que quiera a cambio. En ese momento, no se me ocurrió nada… y ahora, tampoco. Imagino que tal vez, en un tiempo… le sacaré provecho a eso.”
“Cada cosa que has dicho suena más frustrante y preocupante que la anterior.”
“¡LO SÉ!” Eureka se tumbó en la manta. “¡Me siento tan patética! Volví a ser la tonta y sumisa que se cuestiona cada cosa que hace. Aquella tarada que solo existía para complacer a su pareja. ¡Cuando debería haber aprovechado aquella oportunidad para meterle el puñete que se merecía! ¡UGH! No puedo creer que me juzgó por haber aceptado ser HiME de nuevo.”
“Sonará egoísta, pero me alegra que lo hayas hecho.” Oikawa le esbozó una sonrisa.
“Eres lo único bueno que ha salido de eso. Ah, y Mona y Neuvillette. Hablando de Morgana… tengo que regresar a la mansión HiME para contarle las malas noticias. Esto se siente como tener que despedir a algui…”
Eureka se detuvo en seco al ver la expresión seria en el rostro de su amigo.
“¿Oikawa?” Lo llamó, intrigada, mientras se incorporaba para quedar sentada de nuevo. “¿Estás bien?”
“¿Q-qué? ¡Ah, sí!” El castaño asintió. “Es solo que… me preocupas.”
“Ya te dije: bienvenido al club. Somos varios.”
“Es que esto suena peligrosísimo. No puedo hablar sobre Wolfgang-chan, pero… ya sabemos cómo es Nea-chan.”
“Sí. Lo único que se me ocurre es sobornar a Kokichi. ¿Ellos no trabajan juntos? O trabajaban. No sé.”
“Creo que mi deuda debería haberte enseñado que hacer tratos con Kokichi-chan es muy peligroso.”
“¡Lo sé! ¡¿Qué quieres?! ¡¿Que vaya directo con Nea y lo cuestione?! ¡Ese tipo y Karasu han estado a punto de matarnos! Y aunque Kokichi no es santo de mi devoción, creo que lo mejor sería hablar con él. Quién sabe… tal vez este asunto lo saca del aburrimiento y eso basta para motivarlo a ayudarnos.”
“Quizás la solución es llamar a Britannia-chan y decirle que no podrás hacerlo.”
“…No quiero hablar con él de nuevo. ¿Qué tal si lo haces tú? Ah, eso me encantaría, la verdad.” Los ojos de Eureka comenzaron a brillar de la emoción. “¡Con lo mucho que te odia, sería perfecto!”
“¿Me odia?”
“Sí, admitió que le diste celos o algo así. Aunque no sé si será cierto, tomando en cuenta de que al menos 80 % de las cosas que me ha dicho hoy son mentiras.”
“Bueno… tal vez eso sí es verdad.” Oikawa desvió la mirada, avergonzado.
“¡¿Qué?!”
“Hay algo que no te conté…” mencionó, aún sin mirarla. “Tuvimos una conversación ese día que protegimos a Nanamine-chan. ¿Recuerdas que me quedé con él a solas por un rato?”
“Ah, sí. Te pedí que lo protegieras… aunque luego fuiste a ayudarme. Y te debo una por eso.”
“Bueno… me confesó que estaba muy irritado porque creía que yo era el culpable de que tuvieras tantos enemigos por parte de Rizembool. Y sonó muy sincero, eh. Parecía que tenía ganas de ahorcarme o algo así.”
“Lelouch es así. No creo que haya sido algo personal.”
“Yo sentí que sí. De seguro pensaba que le estaba robando a su novia y no sé qué. Además, luego descubrimos que yo era tu nuevo key. ¡¿Eso no habrá sido una prueba contundente que confirmó su hipótesis?!”
“¡¿Qué hipótesis?!”
“¡Que…!” Oikawa se tapó la cara de la vergüenza. “¡Que lo habías engañado conmigo!”
“Ay, no seas tonto. ¡No lo he engañado contigo!”
“¡Yo sé! Pero su tono y sus palabras me dieron a entender que creía que lo estabas engañando. Sé que no tiene sentido: si nos hubiéramos besado o… bueno.”
“O acostado.”
“S-sí…” El castaño contempló la idea de lanzarse al mar a ahogarse en ese instante. Aunque existía la posibilidad de que Neuvillette lo salvara, la idea sonaba muy tentadora en ese momento. “Te habrías quedado sin poderes, ¿no? O un día… o por siempre.”
“¿Eso les enseñan en el curso de rebels 101?”
“No, tonta. A nosotros no nos enseñan nada. Lo sé porque a ustedes les cuentan los peligros del contacto con los rebels y blablablá.”
“¿Y qué HiME te contó eso? Yo no recuerdo haberlo hecho.”
“Una… que conocí en una fiesta en marzo de este año.”
La joven en cuestión habia sido una de las tres que había conocido en esa reunión. Ni se acordaba del grupo de amigos que había organizado aquella fiesta pequeña de inicios de ciclo o con quiénes había asistido a ese lugar. Lo único que recordaba con claridad era a aquella HiME, una chica guapa y brillante que le había contado sobre el conflicto entre Rizembool y Hanasaki con muchísimos detalles. Su estado de ebriedad la había motivado a hablar del tema en cuestión con un extraño como él, quien la escuchó sin creerle en absoluto. Al fin y al cabo, sonaba como la clase de sandeces que un ebrio diría al borde del coma etílico.
Hasta que lo habló con Souji y confirmó que era cierto.
“Ahhh… ¿Y qué pasó? ¿Por qué no le seguiste hablando?”
“¡N-no es lo que crees! Sí, nos besamos, pero nada más. Y solo hablamos esa noche. No la volví a ver, la verdad… espero que esté bien.”
“Mira tú, qué caballero. Aunque me sorprende que no le hayas hecho el chiste de que eras un rebel y tal vez se quedaba sin poderes.” Eureka le sonrió de lado.
“¡No le creía! ¡¿Por qué lo habría hecho?! ¡Sonaba como un manga de chicas mágicas o algo así!”
“Entonces, ¿cómo llegaste a ser rebel?”
“Bueno, lo hablé con Sou-chan y…” Oikawa suspiró. “Eso me convenció que era cierto.”
“Ah… ¿y luego te reclutaron?”
“Sí. Y ahí ya no me quedaron dudas.”
“Mm.” Eureka observó al mar, pensativa. “Supongo que debo agradecerla a esa extraña. Tal vez estamos aquí solo por ella.”
“…S-sí.”

“…” Eureka observó en silencio a Oikawa durante el camino de vuelta al jeep.
“¿Eh? ¿Qué pasa, Eureka-chan?”
“Ah, nada. Es solo que… me intriga saber qué postre me compró Madara,” mintió.
“¡Yo lo vi! ¿Te contó que nos cruzamos en Rizembool?”
“Sí, me dijo.”
“Es un pastel de chocolate. Dudo que se haya malogrado porque ya empezó a hacer frío en las noches.”
“Bueno, creo que estará bien siempre y cuando no tenga frutas o algo así…”
Eureka deasctivó la alarma del carro para abrir la maletera. Al levantar el portón, se encontraron con un cajón organizador lleno de papeles, una manta doblada, una bolsita, un maletín y una caja de herramientas.
“¿No te intriga saber qué guarda Madara-chan en su maletín?” Mencionó Oikawa, acercándose peligrosamente al objeto en cuestión. Sin embargo, se vio obligado a desistir al recibir un manotazo por parte de su amiga.
“Oye, no toques sus cosas. Solo necesitamos la manta y la bolsa…” Al revisarla, Eureka asintió. “Ajá. Lo sabía: aquí está el pastel.”
“…” Oikawa fingió un llanto, pero se resignó a cerrar el portón después de que la HiME recogiera todo lo necesario.
Ambos caminaron unos metros hasta llegar a un punto intermedio entre el carro y la orilla. Cada uno agarró un extremo de la manta para extenderla en la arena y la colocaron en el suelo sin muchos problemas. Sin embargo, el viento que corría cada cierto tiempo en ese lugar amenazaba con mandarla a volar. Oikawa se sacó las zapatillas y las colocó en una de puntas más cercanas a él. En la otra, puso los zapatos de Neuvillette. Eureka hizo lo mismo en su lado: en una esquina, dejó sus zapatos, y en la otra, la ropa de Neuvillette que Oikawa había doblado hacía un rato. Al asegurarse de que la manta estuviera fija, ambos caminaron hasta el centro de esta, donde se sentaron frente al mar.
Si el paseo improvisado hubiera sido de día, habría sido un éxito rotundo: de seguro el sol de octubre ya no quemaba tanto como en pleno julio. La brisa fresca de la mañana habría sido una caricia suave en la piel y no una ráfaga amenazante de viento empedernida en arruinarles la noche. Sin embargo, Eureka debía admitir que todo podría haber sido peor… si hubieran venido un mes después o en pleno invierno.
No era lo ideal, pero sabía que Madara quería subirle los ánimos después del desastre de la cena y, de paso, sacarle una sonrisa a su Child… quien la estaba pasando a lo grande. Neuvillette cantaba de la alegría cada cierto tiempo mientras se zambullía y luego, resurgía entre las olas.
“Los cantos de Hakuryuu-chan son como los de las ballenas, ¿no?”
“Ajá.” Eureka asintió, mientras colocaba la bolsa del pastel a su lado izquierdo. “Me pregunto si podría comunicarse con ellas…”
“Bueno, dudo que se le acerquen aun si pudiera.”
“¡Oye! ¿Estás insinuando que lo excluirían?”
“Bueno, es un dragón. Tiene sentido, ¿no crees?”
“…” Eureka intentó refutarle, pero suspiró resignada. “Supongo.”
La conversación murió en ese instante y Oikawa no pudo evitar sentirse un poco incómodo ante ello. Desde hacía un tiempo sentía la necesidad de preguntarle qué había ocurrido durante la noche como para que aún siguiera con los ojos rojos. ¿Por qué Lelouch la había hecho llorar tanto? Ok, tal vez esa pregunta se respondía sola. Entonces, debía ser más específico.
¿Acaso… Eureka había intentado regresar con él?
Oikawa no era ingenuo ni estúpido. Era obvio que su amiga aún sentía algo por su ex. Al fin y al cabo, nadie sería capaz de olvidar a su primer amor con tanta facilidad y rapidez. Más aún si se trataba de alguien que conocía desde pequeña y, que encima de todo, había sido su mejor amigo casi toda la vida.
No entendía bien los detalles del caso. Oikawa no sabía cuánto tiempo habían estado juntos porque Eureka le había contado que se había mudado a Londres durante algún momento de su pubertad, pero bastaba con saber que habían sido varios años, entre los que pasaron juntos antes de su mudanza y los que pasaron juntos cuando se reencontraron en Japón a inicios de la preparatoria.
“Jeje.” Eureka le sonrió.
“¿E-eh?” La voz de su amiga lo sacó de sus pensamientos. “¿Qué pasa?”
“Ah, es que me estabas mirando muy preocupado. Y eres tan predecible que ya sé en qué estás pensando.”
“A ver, ¿en qué estoy pensando?”
“…Si intenté regresar con Lelouch o algo así.” Eureka desvió la mirada hacia el mar.
“¡Ack!” Oikawa saltó en su sitio, un tanto asustado. “¡¿Acaso has obtenido la habilidad de leerme la mente o algo así?”
“Insisto. Eres muy predecible.”
“…Bueno.”
“¿Bueno qué?”
“¿Qué pasó?” Oikawa retomó su expresión llena de preocupación. “¿Me vas a contar? La verdad, sospecho que Madara-chan se escapó con la excusa de la toalla para obligarte a que hables conmigo.”
“…Wow, es cierto.” Eureka asintió, maravillada con aquella conclusión. “¡Recién le encuentro sentido a todo! De seguro pensó que no le contaría la verdad a él, pero que sí podría hablar al respecto contigo…” Y volteó de nuevo a mirarlo.
“…”
Oikawa no sabía cómo ni por qué… pero algo había cambiado en el ambiente de un momento a otro.
La mirada de Eureka era tan penetrante que lo motivaba a creer que ya había descubierto su secreto. El key agradeció que las luces de los postes no bastaran para iluminar su rostro, puesto que habrían sido capaces de delatarlo: no cabía duda que estaba sonrojado hasta las orejas.
Sin embargo, en medio de la vergüenza, la confusión volvió a apoderarse de él, llenando su mente de preguntas.
¿Cómo era posible que Eureka no hubiera hablado de esto con Madara si él había estado presente? Entonces… ¿el cantante estaba igual de perdido que él? ¿Qué había pasado con Lelouch en realidad?
La situación se le hacía cada vez más y más incomprensible.
“Un momento, ¿qué? Entonces, ¿no has hablado al respecto con Madara…?”
“Lelouch me llamó en la tarde y volvió a hacerlo a las 8 y tanto.” Eureka lo interrumpió mientras se ponía a jugar con la tela de su vestido, distraída. “Le contesté pensando que era Madara porque habíamos quedado en vernos un rato antes de que regresara a Hanasaki para encargarle a Neuvillette a Gojo-sensei… y bueno, pensé que tal vez quería cambiar el punto de encuentro o algo así. Pero no, era Lelouch. Me dijo que quería reunirse conmigo porque quería pedirme un favor.”
“…Mm.” Oikawa asintió.
“Sonaba tan angustiado… y encima de eso, me ofreció que haría lo que le pida a cambio, así que acepté sin pensarlo dos veces. Y fui con Neuvillette y Madara porque sabía que no me iba a alcanzar el tiempo para hacer todo. La verdad, fui con ellos porque mi intención era pedirle que dejara vivir a Neuvillette en su mansión por un tiempo mientras nosotros buscábamos un apartamento que nos permitiera vivir con él y con Iwaizumi.”
“¿Y dónde se reunieron?”
“Lelouch había hecho una reserva en un restaurante francés muy elegante que habíamos visitado antes. Nos alistamos y fuimos los tres al punto de encuentro.”
“Bueno, al fin entiendo por qué tienen estos atuendos.”
“Sí, sé que no suelo vestirme así de formal.” Eureka le sonrió, pero volvió a desviar la mirada. “Lo cierto es que… la cena empezó muy tensa. Lelouch me cuestionó sobre Nea D. Campbell y los Blaiddyd. ¿Recuerdas que fuimos a la plaza de comidas de Singapur con Wolfgang?”
“Ah, claro.” Oikawa asintió. “Es un tipo enigmático, pero en ningún momento me dio mala espina.”
“La verdad, a mí tampoco. Pero no deberíamos fiarnos de alguien como él. Al fin y al cabo, su sirviente es Nea. Quién sabe si está al tanto de todo gracias a él.”
“Mm… ¿Britannia-chan también sospecha de los hermanos Blaiddyd?”
“Sí. Al inicio, me interrogó sobre Nea. Le conté sobre nuestro primer encuentro durante el ataque a Hanasaki… y luego, cuando me crucé con él en el gokon. No lo he visto muchas veces a lo largo de este año, pero basta con decir que me he topado con él en Tokio más veces de las que recuerdo haberme cruzado con él cuando vivíamos en Inglaterra.”
“Y todo es culpa de Rizembool.”
“Exacto.” Eureka suspiró. “Bueno, después de eso, Lelouch empezó a victimizarse y nos pusimos a discutir sobre nuestra relación y por qué terminamos. Fue ahí cuando Madara y Neuvillette se retiraron del salón. Supongo que en esos quince, veinte minutos… Madara le habló sobre el mar.”
“Ah, tiene sentido. Ahora entiendo por qué no sabías nada del plan… y por qué Madara-chan estaba tan perdido respecto al motivo de tu llanto.”
“…” Eureka se llevó las manos a la cara, frustrada. “No te voy a negar que le agradezco que se haya ido, pero me habría gustado que se hubiese quedado. Tal vez las cosas habrían sido distintas si ellos dos no se hubieran ido. Lelouch sabe cómo manipularme a la perfección a solas… y casi me creo su mentira de que, según él, se siente muy arrepentido por todo y sabe que tiene parte de la culpa de lo que sucedió. ¡Me dijo que básicamente había pensado en terminarme desde que VOLVÍ A SER HIME!”
“¡¿QUÉ?! ¡¡¡Eso es muy descarado de su parte!!!”
“Sí. Y eso no es todo: intentó justificarse. Pensó que lo mejor era no decirme nada hasta después… porque podría haber sido muy pesado para mí. ¡Es un imbécil! ¡¿Qué creía?! ¿Que aceptaría tranquila la ruptura en pleno conflicto con Rizembool? ¿En un momento tan tenso como ese? ¡Ay, por favor! ¡Vivíamos juntos! Todo ese asunto me desestabilizó por completo. ¡Aún sigo mal por su culpa!” Eureka se llevó las manos al pelo y tiró levemente de este. Habría jalado con más fuerza de no ser porque aún tenía miedo de quedarse pelada. El decolorante se había convertido en su peor enemigo… junto a su ex.
“Lo siento, Eureka-chan…”
“Hace un rato estaba muy triste. Lloré cuando salí de la cena porque me sentía muy estúpida con todo lo que había sucedido. Últimamente siento que no puedo controlar nada de lo que me pasa. Como si todo se me escapara de las manos. Y lo de Lelouch ha sido la cereza del pastel. ¿Pero ahora? Ahora quiero matarlo, Dios mío. De solo pensar que jugó conmigo para que sea su <espía> o lo que mierda sea… ¡RAAAAH!” Eureka se despeinó, irritada consigo misma.
“¿E-espía?” Oikawa cada vez se veía más y más confundido.
“Bueno, Madara y Neuvillette estuvieron presentes en ese momento. Eh… nada. Cuando me calmé —no sé por qué, la verdad—… volvimos a hablar de Campbell y de los Blaiddyd. Y me dijo que el favor que quería pedirme era que investigara a fondo a esa familia… porque <yo contaba con los poderes necesarios para hacerlo>. A diferencia de él, que es un debilucho y un bueno para nada.”
“Supongo que rechazaste su propuesta, ¿verdad?”
“Sí. No soy tonta, hombre.” Eureka le sonrió. “Aunque… accedí a reunirme con él de vez en cuando para intercambiar información. Así que tal vez soy un POCO tonta. Pero no imbécil. ¡No sé!”
“Con razón Madara-chan se ve muy preocupado.”
“¡¿Y quién no lo estaría?! ¡Hasta yo misma estoy preocupada! No debí haberle dicho que sí. Pero ya me sentía muy estúpida con el simple hecho de haber aceptado su invitación a cenar. Tanto que rechazar esa oferta iba a ser la cosa más ridícula que habría hecho en mucho tiempo. Además, me dijo que aún queda en pie el trueque. Puedo pedirle lo que quiera a cambio. En ese momento, no se me ocurrió nada… y ahora, tampoco. Imagino que tal vez, en un tiempo… le sacaré provecho a eso.”
“Cada cosa que has dicho suena más frustrante y preocupante que la anterior.”
“¡LO SÉ!” Eureka se tumbó en la manta. “¡Me siento tan patética! Volví a ser la tonta y sumisa que se cuestiona cada cosa que hace. Aquella tarada que solo existía para complacer a su pareja. ¡Cuando debería haber aprovechado aquella oportunidad para meterle el puñete que se merecía! ¡UGH! No puedo creer que me juzgó por haber aceptado ser HiME de nuevo.”
“Sonará egoísta, pero me alegra que lo hayas hecho.” Oikawa le esbozó una sonrisa.
“Eres lo único bueno que ha salido de eso. Ah, y Mona y Neuvillette. Hablando de Morgana… tengo que regresar a la mansión HiME para contarle las malas noticias. Esto se siente como tener que despedir a algui…”
Eureka se detuvo en seco al ver la expresión seria en el rostro de su amigo.
“¿Oikawa?” Lo llamó, intrigada, mientras se incorporaba para quedar sentada de nuevo. “¿Estás bien?”
“¿Q-qué? ¡Ah, sí!” El castaño asintió. “Es solo que… me preocupas.”
“Ya te dije: bienvenido al club. Somos varios.”
“Es que esto suena peligrosísimo. No puedo hablar sobre Wolfgang-chan, pero… ya sabemos cómo es Nea-chan.”
“Sí. Lo único que se me ocurre es sobornar a Kokichi. ¿Ellos no trabajan juntos? O trabajaban. No sé.”
“Creo que mi deuda debería haberte enseñado que hacer tratos con Kokichi-chan es muy peligroso.”
“¡Lo sé! ¡¿Qué quieres?! ¡¿Que vaya directo con Nea y lo cuestione?! ¡Ese tipo y Karasu han estado a punto de matarnos! Y aunque Kokichi no es santo de mi devoción, creo que lo mejor sería hablar con él. Quién sabe… tal vez este asunto lo saca del aburrimiento y eso basta para motivarlo a ayudarnos.”
“Quizás la solución es llamar a Britannia-chan y decirle que no podrás hacerlo.”
“…No quiero hablar con él de nuevo. ¿Qué tal si lo haces tú? Ah, eso me encantaría, la verdad.” Los ojos de Eureka comenzaron a brillar de la emoción. “¡Con lo mucho que te odia, sería perfecto!”
“¿Me odia?”
“Sí, admitió que le diste celos o algo así. Aunque no sé si será cierto, tomando en cuenta de que al menos 80 % de las cosas que me ha dicho hoy son mentiras.”
“Bueno… tal vez eso sí es verdad.” Oikawa desvió la mirada, avergonzado.
“¡¿Qué?!”
“Hay algo que no te conté…” mencionó, aún sin mirarla. “Tuvimos una conversación ese día que protegimos a Nanamine-chan. ¿Recuerdas que me quedé con él a solas por un rato?”
“Ah, sí. Te pedí que lo protegieras… aunque luego fuiste a ayudarme. Y te debo una por eso.”
“Bueno… me confesó que estaba muy irritado porque creía que yo era el culpable de que tuvieras tantos enemigos por parte de Rizembool. Y sonó muy sincero, eh. Parecía que tenía ganas de ahorcarme o algo así.”
“Lelouch es así. No creo que haya sido algo personal.”
“Yo sentí que sí. De seguro pensaba que le estaba robando a su novia y no sé qué. Además, luego descubrimos que yo era tu nuevo key. ¡¿Eso no habrá sido una prueba contundente que confirmó su hipótesis?!”
“¡¿Qué hipótesis?!”
“¡Que…!” Oikawa se tapó la cara de la vergüenza. “¡Que lo habías engañado conmigo!”
“Ay, no seas tonto. ¡No lo he engañado contigo!”
“¡Yo sé! Pero su tono y sus palabras me dieron a entender que creía que lo estabas engañando. Sé que no tiene sentido: si nos hubiéramos besado o… bueno.”
“O acostado.”
“S-sí…” El castaño contempló la idea de lanzarse al mar a ahogarse en ese instante. Aunque existía la posibilidad de que Neuvillette lo salvara, la idea sonaba muy tentadora en ese momento. “Te habrías quedado sin poderes, ¿no? O un día… o por siempre.”
“¿Eso les enseñan en el curso de rebels 101?”
“No, tonta. A nosotros no nos enseñan nada. Lo sé porque a ustedes les cuentan los peligros del contacto con los rebels y blablablá.”
“¿Y qué HiME te contó eso? Yo no recuerdo haberlo hecho.”
“Una… que conocí en una fiesta en marzo de este año.”
La joven en cuestión habia sido una de las tres que había conocido en esa reunión. Ni se acordaba del grupo de amigos que había organizado aquella fiesta pequeña de inicios de ciclo o con quiénes había asistido a ese lugar. Lo único que recordaba con claridad era a aquella HiME, una chica guapa y brillante que le había contado sobre el conflicto entre Rizembool y Hanasaki con muchísimos detalles. Su estado de ebriedad la había motivado a hablar del tema en cuestión con un extraño como él, quien la escuchó sin creerle en absoluto. Al fin y al cabo, sonaba como la clase de sandeces que un ebrio diría al borde del coma etílico.
Hasta que lo habló con Souji y confirmó que era cierto.
“Ahhh… ¿Y qué pasó? ¿Por qué no le seguiste hablando?”
“¡N-no es lo que crees! Sí, nos besamos, pero nada más. Y solo hablamos esa noche. No la volví a ver, la verdad… espero que esté bien.”
“Mira tú, qué caballero. Aunque me sorprende que no le hayas hecho el chiste de que eras un rebel y tal vez se quedaba sin poderes.” Eureka le sonrió de lado.
“¡No le creía! ¡¿Por qué lo habría hecho?! ¡Sonaba como un manga de chicas mágicas o algo así!”
“Entonces, ¿cómo llegaste a ser rebel?”
“Bueno, lo hablé con Sou-chan y…” Oikawa suspiró. “Eso me convenció que era cierto.”
“Ah… ¿y luego te reclutaron?”
“Sí. Y ahí ya no me quedaron dudas.”
“Mm.” Eureka observó al mar, pensativa. “Supongo que debo agradecerla a esa extraña. Tal vez estamos aquí solo por ella.”
“…S-sí.”
84
HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Eureka on May 31, 2026, 08:47:13 PM »Ay u_u vengo con topes después

Himeru no podía negar que estaba irritado con la situación actual: Rinne Amagi le había dicho —de una forma irritante e indirecta— que no le haría caso de ninguna manera. Rehusaba permitirle retomar sus actividades como solista a toda costa.
Había creído que se llevaban un poco mejor ahora que eran compañeros de habitación. Himeru era cordial con él y esperaba recibir cierta cordialidad de su parte. Era lo mínimo que podía hacer, al fin y al cabo.
Además, en ningún momento había indicado que se retiraría de Crazy:B: Himeru pensaba seguir participando en el grupo así como lo dictaban sus obligaciones y su contrato. Sin embargo, Amagi era muy terco… o muy pesado, porque de ninguna manera quería aceptar su petición.
Pero necesitaba volver a los escenarios por su cuenta para que la gente no se olvidara del idol HiMERU y no perdieran de vista a Kaname, quien aún no podía retomar sus actividades como artista. El doctor había dicho que le costaría al menos medio año recuperarse… y la terapia física tendría que ser intensiva para que lograra moverse como antes. Eso, sin contar que tendría que entrenar desde cero de nuevo, puesto que para ese entonces, ya no recordaría del todo los pasos de sus coreografías…
…Al menos aún podía cantar.
“…”
“¿Onii-chan?”
La voz de Kaname lo sacó de sus pensamientos.
“…Ah, lo siento, Kaname.” Himeru le sonrió. “Estoy un poco agotado. Las clases y las actividades de idol son… muy intensas.”
“Lamento que tengas que hacerte pasar por mí en todo ámbito.” Kaname se mostró un poco apenado. “Tengo entendido que tu vida en Estados Unidos era muy tranquila, ¿no? Ya te habías graduado de la universidad, pero ahora tienes que estudiar otra carrera por mi culpa…”
“…Ajá.” Himeru prefirió no ahondar en aquellos detalles. Esa justo era una de las fichas que Rizembool tenía en su poder para atarlo de manos. Su pasado antes de Kaname… dejaba mucho que desear. “Pero aquí estoy y eso es lo que importa.”
“Me alegra que mi papá te haya contactado antes de… bueno, tú sabes. De no ser por ti, no tendría a ningún familiar que pueda velar por mi salud.”
“Debo suponer que papá se sintió culpable de habernos ocultado la existencia del otro por tantos años. Pero, felizmente, te dejó en mis manos.” Himeru sonrió. “Y por más que no pueda venir a verte todos los días, sabes que siempre estoy contigo.”
“¡Lo sé!” Kaname esbozó una sonrisa deslumbrante. “Ah, cierto. ¡Mira! Una de las enfermeras me lo regaló muy emocionada.”
El menor le extendió un peluchito que tenía al lado de la almohada de su camilla. Era una versión caricaturesca de ambos: el idol HiMERU que Kaname y su hermano mayor interpretaban.
Aunque ahora solo Himeru estaba actuando como él.
“¡Es HiMERU!”
“Eres tú, Kaname.” Himeru le sonrió. “Yo solo sigo tu legado. Pero cuando te recuperes, volverás a…”
“¡Eso no es cierto!” Kaname lo interrumpió. “La verdad, yo empecé con ese proyecto. Pero tus consejos permitieron que tome vida. ¡Y me ayudaste con las coreografías y las melodías! Además, cuando empezaste a suplantarme en una que otra presentación… conseguí más fama.”
“Y esa fama está creciendo cada vez más. Cuando te recuperes, serás toda una estrella. Y me aseguraré de que brilles por tu cuenta, cueste lo que cueste.”
Su expresión seria desconcertó a su hermano menor.
“¿Eh?” Kaname ladeó la cabeza, confundido. “¿No te caen tus compañeros de unit? Porque no me molestaría formar parte de ella por un tiempo cuando vuelva a los escenarios.”
“…Un par deja mucho que desear. El otro me hace recordar un poco a ti.”
“Ah, ese debe ser un buen chico como yo.”
“Así es.” Himeru le acarició la cabeza. “Y como buen chico que eres, te irás a dormir ni bien me retire.”
“¡Pero son…!”
“Las diez y media de la noche. Tenemos suerte de que el doctor Uehara y la jefa de las enfermeras se hayan encariñado contigo a lo largo de este año y medio… porque el horario de visita es hasta las seis.” Himeru suspiró. “Pero no podemos pasarnos de la raya.”
Himeru se levantó, pero Kaname lo agarró de la manga de su saco.
“Onii-chan… ¿en serio estás bien?” Le preguntó, preocupado. “Sé que tienes muchas cosas que hacer por mi culpa… y justo por ello me gustaría ayudarte a aliviar esa carga. ¡Solo nos llevamos 6 años! Puedo escucharte si necesitas desahogarte o algo así.”
“…” Himeru volvió a sentarse y le revolvió los cabellos con una sonrisa en el rostro.
Por un momento, pensó en agradecerle por sus cálidas palabras de aliento y por su preocupación. Su intención inicial había sido motivarlo a que se enfoque en su salud y que se mejore pronto, pero… la curiosidad estaba matando al gato.
“Me topé… con Tatsumi Kazehaya,” mencionó, un tanto serio.
“…”
Kaname guardó silencio y bajó la mirada, un tanto apenado. Himeru le había dejado en claro que no aprobaba de su amistad, pero aún no le había cuestionado acerca de lo que había ocurrido un par de días atrás. Y aunque no quería molestarlo, era necesario saber la verdad por temas laborales.
Himeru era un excelente actor… pero no pensaba fingir que sentía algo romántico por una persona tan despreciable como Tatsumi Kazehaya. Si bien quería mucho a su hermano y estaba dispuesto a hacer todo por él, habían ciertas cosas… que se pasaban un poco de la raya.
“¿C-cómo está?” Preguntó el menor de los Tojo sin mirarlo a los ojos. “Me da pena no poder hablarle desde hace…”
“Kaname. Sé que es tu amigo.” Himeru suspiró. “Ya hemos hablado al respecto. No hay problema… por más de que no lo apruebe del todo. Y entiendo que lo extrañes, pero…”
“Sí, sé que no puedo hablar con él. Pero no entiendo… ¿por qué no podemos contarle la verdad?”
“Porque nadie debe enterarse de ello. Es una de las condiciones que me puso Saegusa…”
<Y Rizembool>, pensó, pero optó por omitir esa parte de la oración.
“Tengo entendido que Sazanami también es tu amigo. ¿A él no le quieres contar lo que pasó?”
“…No.” La mirada apenada de Kaname decía más que su respuesta.
“…” Himeru decidió en ese instante que su hermano tenía derecho a guardar secretos. “Está bien. No pienso cuestionarte sobre lo que pasó entre ustedes, pero Tatsumi Kazehaya sí es un tema preocupante.”
“¿Por qué?” Kaname lo observó, curioso.
“Bueno… El lunes en la tarde… sucedió algo que no llegué a contarte. Como te dije, me crucé con él. Me sentía mal y me auxilió. El problema es que pude percibir algo en su mirada que me transmitía… cierto cariño que nunca habías mencionado antes.”
“¡¿E-EH?!”
La indignación en el rostro de Kaname dejó un poco atónito a su hermano, pero lo siguiente que dijo… fue el remate.
“¡Onii-chan, Tatsumi-senpai no era mi novio!”
“¡¿QUÉ?! ¡¡¡Yo nunca dije que lo había sido!!!” Himeru se llevó una mano a la boca, sorprendido. “¡¿Estás sugiriendo que te gusta?!”
“¡¿NO?! ¡Me estás manipulando para que te diga lo que quieres oír!”
“¡Claro que no! ¡Solo quiero que seas sincero conmigo! Porque si te gustaba, no voy a poder fingi—”
“¡¿QUÉ?!” Kaname se llevó las manos a la cara en un intento de tapar el sonrojo de sus mejillas. “¡Te he dicho que no me gustaba! ¡¿Por qué no me entiendes?!”
“¡Kaname…!”
Los hermanos habrían continuado con su discusión de no ser por la interrupción de la puerta. La enfermera personal del menor de los Tojo había entrado a la estancia, un tanto sorprendida por las caras irritadas de los hermanos.
“A-ah, disculpe, señor…” dijo, mirando al hermano mayor. “Pero están haciendo demasiada bulla y eso podría molestar a los demás pacientes hospitalizados en esta ala de la clínica.”
“…Sí.” Himeru asintió. “No se preocupe. Ya me iba a retirar de todos modos.”
“¡¿Qué?!” Kaname lo observó, indignado. “¡Pero no hemos terminado de conversar!”
“Lo sé, pero no podemos abusar de la confianza del personal.” Himeru se levantó y le sonrió a la enfermera. “Además, te ayudará a calmarte. Reflexiona al respecto, ¿está bien? Y mañana me haré un espacio en la tarde para conversar contigo por videollamada…”
“…Bueno,” le dijo Kaname, sin girarse a mirarlo. Se notaba que aún estaba muy resentido y molesto con él.
“…” Himeru suspiró. “Nos vemos el sábado.”
Luego de hacerle una reverencia a la enfermera, el mayor de los Tojo se retiró de la habitación en silencio absoluto.
Camino a la entrada de la clínica, se debatió entre pedir un taxi a los dormitorios de Ensemble Square o quedarse en el departamento que Rizembool le había otorgado a unas cuadras de la clínica. Amagi de seguro le cuestionaría su ausencia la mañana siguiente, pero… estaba demasiado cansado como para lidiar con su zumbido incesante y sus tonterías de siempre.
La discusión con Kaname lo había tomado por sorpresa… y no para bien.
“Buenas noches.”
Himeru se detuvo en seco ante el saludo inesperado y alzó la mirada para buscar al portador de aquella voz oscura.
La figura de un hombre a unos metros de su posición lo descolocó hasta que, en cuestión de segundos, supo de quién se trataba.
“Buenas noches,” le dijo Himeru, acercándose progresivamente a él. A un metro de distancia, le hizo una leve reverencia. “Debo suponer que usted es Kuroda-san, el mánager que Rizembool me asignó a través de Cosmic Production.”
“Así es.” Kuroda sonrió. “Me sorprende que hayas reconocido quién era de inmediato.”
“Nunca mencionaron cómo o cuándo se presentaría,” explicó Himeru… y no pudo evitar soltar un suspiro. Su noche iba de mal en peor. “Supuse que lo haría cuando no estaba con mi grupo o en la universidad… y henos aquí.”
“…” La sonrisa de Kuroda se mantuvo imperturbable en su rostro. “Tienes razón. Me asombra que tus deducciones sean acertadas.”
Himeru pensó que cualquier persona con un poquito de sentido común habría llegado a la misma conclusión que él, pero no hizo comentario al respecto.
“¿Qué tal si vamos a otro lugar a conversar mejor? No solo necesito acordar contigo cómo trabajaremos a partir de hoy, sino que también sería bueno que me actualices con lo que ha ocurrido con tu grupo.”
“…Ajá.” Era lo mejor: le daba un poco de ansiedad que este tipo estuviera cerca de Kaname. “¿Tiene algún lugar en mente?”
Kuroda asintió.
“Sí… y espero que te guste.”

Oikawa abrió la puerta con cierta expectativa en la mente: imaginaba que Eureka estaría irritada a más no poder, que Madara contaría con una gran sonrisa en el rostro capaz de cegarlo en el acto… y que Neuvillette solo existiría al lado de ambos con una expresión indiferente y en perpetuo silencio.
Pero… solo dos de las tres imágenes que había creado en su mente calzaban con la realidad.
La vestimenta de Eureka le llamó mucho la atención. En otra ocasión, la habría llenado de halagos por su excelente elección de atuendo: su vestido azul iba a juego con sus zapatos y el maquillaje en su rostro resaltaba su belleza.
Se veía hermosa.
Pero la mirada en el rostro de la chica le indicaba que no había tiempo para cumplidos. Aunque intentaba esconderlo con una expresión neutral, sus ojos rojos la delataban. Era obvio que había llorado y que seguía triste por aquel misterioso motivo que la había llevado a sucumbir al llanto.
El primer instinto de Oikawa fue abalanzarse contra el principal sospechoso.
“¡¿Qué le hiciste?!” El key tomó a Madara del cuello de la camisa sin pensarlo dos veces. La fuerza de su agarre (y de su furia) llevó al castaño a retroceder hasta chocar con el muro del balcón del complejo de departamentos.
La reacción de Oikawa tomó por sorpresa a todos los presentes. Neuvillette y Eureka se demoraron en reaccionar para intentar separarlos… y, al cabo de unos instantes, Madara le dio un par de palmaditas a las manos que yacían aferradas a su camisa.
“Yosh, yosh~” le dijo, muy tranquilo.
“¡¿Cómo…?!”
“¡Suéltalo, Oikawa!” Lo interrumpió Eureka, jalándolo por detrás… o, en su defecto, intentando jalarlo. Lo había abrazado por la espalda para alejarlo de Madara, pero era obvio que no iba a poder moverlo ni un centímetro por su peso. “¡Ya basta! ¡¿Qué te pasa?!”
“¡Es obvio que estás así por él!” Le reclamó el key, girándose a mirarla.
“¡¿No?! ¿Quién dijo eso?” Eureka se veía muy confundida.
Al otro lado de los chicos, Neuvillette dejó de intentar interponerse entre ellos. La confusión que sentía por la situación había sido más fuerte que su intención de fomentar la paz entre todos.
“…¿Qué?” Oikawa soltó a Madara en cámara lenta. En ese instante, Eureka hizo lo mismo con él, y pasó a pararse a un lado de Neuvillette. “No entiendo. ¿No le hiciste nada? Entonces, ¿por qué Eureka-chan tiene los ojos rojos?”
“Por Lelouch-san,” le explicó el cantante, muy tranquilo. “Pero no te culpo, Tooru-san~ Yo habría hecho lo mismo que tú si hubiese estado en tu lugar.”
“…” Oikawa suspiró, avergonzado. “Lo siento, Madara-chan.”
“No deberías actuar sin primero confirmar tus sospechas,” le sugirió su amiga.
“Lo lamento, Eureka-chan.” Oikawa se giró a mirarla. “No fue mi intención… P-pensé que él te había hecho daño. ¿Qué pasó?”
“Que no pasó, la verdad. ¿Puedo… contarte todo después?” Eureka desvió la mirada. “Me intriga saber a dónde quieren ir Neuvillette y Madara.”
“…Ah, claro. No te preocupes. Hablamos después.” Oikawa asintió pese a la confusión.
Quedaba claro que se habían reunido con el culpable en algún lugar muy elegante… porque ahora que lo notaba, todos estaban vestidos con atuendos muy formales. Oikawa recién se dio cuenta de que desencajaba en el grupo en ese instante puesto que su vestimenta consistía de una polera básica, un jogger y unas zapatillas. Todo lo opuesto a ellos.
Solo esperaba que el destino de Madara y Neuvillette no fuese otro lugar formal… aunque intuía que el cantante le habría mencionado algo al respecto si hubiera sido así.
“¡Bueeeno!” Madara llamó la atención de todos. “¿Nos vamos?”
“Sí,” les dijo Oikawa. “Iré por mis llaves.”
Oikawa regresó al departamento para recojer sus llaves de la mesita de la entrada. Eso era lo único que le faltaba porque ya estaba listo para la extraña salida nocturna.
“¡Iwa-chan, ya vuelvo!” Le avisó a su amigo con un grito. “¡Saldré un rato!”
“¡Me chupa un huevo!” Le gritó de vuelta Iwaizumi.
“¡Gracias!”
Al cerrar la puerta tras de él, Oikawa notó que Eureka estaba sonriendo un poquito. Tal vez esa interacción cotidiana y estúpida entre él y su mejor amigo la había hecho reír al menos por un instante… y no pudo evitar sentirse agradecido por la presencia de Iwaizumi en su vida.
“Esa es una forma curiosa de despedir a alguien,” comentó Neuvillette, ni bien comenzaron a caminar hacia los ascensores.
“Así se tratan Iwaizumi y Oikawa,” le contó Eureka. “A veces los amigos… parecen rivales.”
“¡Ajá! ¡Iwa-chan y yo somos rivales!” Oikawa sonrió. “Creo que toda amistad debería contar con cierta cuota de competitividad.”
“Sí, pero la violencia… es un poco innecesaria, ¿no crees?” Eureka lo juzgó con la mirada.
“Ah, sí. Aunque ya me acostumbré a la violencia~” Oikawa le aseguró. “Pero, en fin… ¿A dónde vamos?”
“Es una sorpresaaa~” canturreó Madara. “Creo que todos la disfrutaremos. Aunque podríamos decir que el más beneficiado por este plan será Neuvillette-san, la verdad.”
“¿Hakuryuu-chan?” Oikawa lo observó, confundido. “¿Por qué?”
“…” Neuvillette le devolvió la mirada en silencio.
“Am, yo sé que no tiene mucho que ver con lo que acabas de decir, Madara-chan, pero… no me estarán raptando para desquitarse conmigo porque le hice algo a Eureka-chan, ¿verdad?”
“…” Eureka se giró a mirarlo, sumamente indignada ante su comentario. “¿Qué te pasa? Si me hubieras hecho algo malo, te habría electrocutado mañana en frente de todo el equipo de vóley para imponer respeto.”
“Bueno, sí. Eso suena más como tú.”
“…Espera.” Eureka se detuvo en seco. “¿Me hiciste algo?”
“…¿No que yo sepa?” Oikawa le suplicó por piedad con la mirada.
“…Eh, está bien.” Eureka encogió los hombros. “Supongo que te creeré. Pero espero que estés diciendo la verdad o…”
“¡Avancen, avancen!” Madara los empujó a todos sutilmente. “¡Si no se apuran, llegaremos a ese lugar después de la una de la mañana!”
“Bueno, ya es tarde de por sí,” indicó Neuvillette.
“Ajá~” Madara asintió. “Estamos a unos minutos de medianoche.”
“…Apúrate,” le dijo Eureka a Oikawa. “En el carro tendré tiempo para cuestionarte.”
Oikawa tragó saliva y asintió muy asustado, pese a que no cargaba nada en su consciencia.

Los susurros a su alrededor la levantaron poco a poco. Al abrir los ojos, lo primero que Eureka notó fue que estaba en la parte trasera del carro de Madara, apoyada en el hombro de uno de sus acompañantes. Tal parecía que, en algún momento del trayecto, se había quedado dormida por el cansancio de aquel día sumamente agotador.
Sin embargo, la respiración pausada a su lado le indicó que su compañero también había sucumbido a la fatiga. No tuvo que moverse mucho para reconocer que Neuvillette estaba a su lado y, a diferencia de ella, aún no se había despertado.
Eureka tuvo mucho cuidado al alejarse de él para no levantarlo sin querer. En esos instantes, se percató del resto de sus alrededores y de los culpables de los susurros: Madara y Oikawa se encontraban fuera del carro, de seguro en pleno debate sobre si debían despertarlos o no.
Y estaban… en la playa.
Eureka se deslizó por el asiento hasta abrir la puerta del Jeep. El olor de la brisa marina y la arena a un paso de su posición le habrían irritado en cualquier otro momento, pero en ese instante, aquella visita a la playa se sentía como una experiencia un tanto liberadora. Sin pensarlo dos veces, bajó del carro y emprendió el camino hacia las escaleras. Una vez en la arena, se sacó los zapatos y comenzó a correr para darle el alcance a sus amigos, quienes estaban parados cerca de su posición.
“…” Oikawa fue el primero en darse cuenta de que el motivo de su discusión yacía a menos de un metro de ellos. “¡¿Eureka-chan?!”
“Hola.” Eureka le sonrió y luego, le dirigó la mirada a Madara. “¿El lugar misterioso… era la playa?”
“¡Ajá!” Madara sonrió. “Los traje a la playa Yuigahama, la playa central de Kamakura.”
“¡Ah!” La HiME se mostró muy alegre ante ello. “¡Oikawa y yo vinimos junto a nuestros amigos a una playa cerca de aquí para su cumpleaños! Quedaba en Hayama, ¿verdad?”
“Sí.” Oikawa sonrió. “Un amigo de Sho-chan es dueño de un gran terreno en ese lugar.”
“¿Cuándo fue tu cumpleaños, Tooru-san?” Madara lo observó con visible curiosidad en su mirada.
“Hace unos meses, el 20 de julio.” Oikawa sonrió.
“¿Y el tuyo también ya pasó, Eureka-san?”
“Sí, el mío es en febrero.”
“¡¿Qué?! ¡¿Eres mayor que yo?!” Oikawa se mostró asustado ante esa posibilidad. Ahora que lo pensaba, nunca habían hablado sobre el cumpleaños de Eureka.
“No, tonto. Yo cumplí 21 este año. Y tú, 22, ¿no?”
“Ah, sí~”
“…Bueno, en fin.” Eureka suspiró. “¿No deberíamos despertar a Neuvillette? Ahora entiendo por qué decías que él sería el más beneficiado de todos, Mama.”
“Jeje~” Madara sonrió. “Es que se puso a hablarme sobre distintos tipos de agua y le comenté que el mar estaba cerca de aquí. ¡Debieron haber visto su expresión! Se iluminó tanto que sentí que me dejaría ciego.”
“¿Acaso Hakuryuu-chan es un dragón de agua o algo así?”
“No me sorprendería que lo fuera,” comentó Eureka. “Lo vi usando sus poderes de agua para ‘revivir’ unas flores en las afueras de la mansion HiME.”
“¿Huh?” Oikawa se veía muy confundido. “Entonces… ¿puede controlar el agua a su antojo?”
“Algo así, supongo.”
La voz suave de Neuvillette hizo que todos los presentes saltaran del susto y hasta un par (Oikawa y Eureka) gritaran aterrados: el Child los había tomado por sorpresa al integrarse al grupo a hurtadillas y con mucho sigilo. ¡Ni siquiera lo habían escuchado cuando abrió y cerró la puerta del carro para salir a darles el encuentro! Se notaba que el dragón tenía muchas habilidades aparte del control del agua… y esos niveles alarmantes de sigilo eran parte de ellas.
El dragón tuvo la intención de continuar con la explicación de sus habilidades, pero al girar la mirada, pudo observar cómo el mar se extendía hasta el infinito. La curiosidad fue más fuerte que él, tanto así que sus pies se movieron por sí solos hacia la orilla.
“¡Ah, no!” Eureka lo siguió, preocupada por sus zapatos y su atuendo. ¡Le había comprado las prendas esa misma noche! ¡Y el saco que llevaba puesto, junto con la corbata, le pertenecían a Madara! “¡Neuvillette! ¡No puedes meterte al mar con la ropa que llevas puesta!”
“¡Hakuryuu-chan!” Oikawa imitó a su amiga, llamando al Child desesperado. Aunque pudo pasar a Eureka con facilidad, le costó acercarse más al dragón.
“Jaja~ ¡No intenten ir en contra de la naturaleza!” Madara los siguió, entre risas.
“¡Madara! ¡No lo valides!” Le resondró Eureka, molesta.
“¿Qué debería hacer, Eureka-dono?” Le preguntó Neuvillette, ni bien se detuvo a unos metros del punto donde rompían las olas. “¿Me desvisto?”
“…” Eureka asintió. “Sí. Iremos a comprarte una toalla. Si gustas, puedes cambiar a tu forma verdadera,” le gritó.
Cada vez se acercaba más a él… y esperaba alcanzarlo antes de que tirara la ropa al suelo.
Para su suerte, Oikawa llegó antes que ella y se preparó para recoger la ropa del dragón. Neuvillette le sonrió al key y comenzó a sacarse toda las prendas hasta que, una vez desnudo, se desvaneció en un brillo cegador y retomó su forma original.
Madara, Eureka y Oikawa se unieron en el asombro ante aquella hermosa vista. El dragón no había mentido en cuanto su tamaño: medía casi tres metros de alto y un aproximado de cuatro de largo, cosa que habría llamado la atención de cualquier transeunte en una calle concurrida de Shibuya o Shinjuku… pero aquí, en la playa y de madrugada, pasaba desapercibido gracias a la oscuridad del mar y del cielo.
Sus escamas brillaron al entrar en contacto con el agua e iluminaron tenuemente sus alrededores. A medida que se adentraba más al mar, su brillo comenzó a resaltar más y más a diferencia de las luces tenues de los postes. Al cabo de unos instantes, logró zambullirse y, ante su felicidad, emitió un canto que retumbó por todo el lugar. Gracias a la magia HiME (o al menos Eureka suponía que se trataba de eso), su dueña pudo entenderlo: Neuvillette se sentía maravillado por el mar y estaba muy agradecido con Madara por haberlo traído a este lugar.
“Gracias,” le dijo Eureka al castaño, una vez se reunieron junto a Oikawa para ver a Neuvillette a lo lejos. “Neuvillette está cantando de la felicidad.”
“Jojo~ cuando le conté sobre el mar, me dijo que había visto algo similar en tus recuerdos, pero que le intrigaba vivir la experiencia porque, a diferencia del resto… tú parecías detestarlo.”
“Ah, es que no me gusta la playa.” Eureka sonrió. “Detesto la arena, la verdad.”
“Pero estás… sin zapatos,” comentó Oikawa, mientras doblaba los pantalones de Neuvillette. “Ah, claro. Los tacos te habrían incomodado muchísimo.”
“Y ya me estaban doliendo los pies, la verdad.”
“¿Qué tal si armamos un pequeño pícnic improvisado mientras Neuvillette-san disfruta del agua?”
“Hace frío, Madara-chan.” Le indicó Oikawa. “Aunque ya entré en calor gracias a la pequeña carrera que emprendí para evitar que lanzara la ropa al suelo.”
“Ah, hablando de eso… deberíamos ir a comprarle una toalla,” sugirió Eureka. “Tendrá que secarse antes de vestirse de nuevo.”
“Creo que ninguna tienda a la redonda está abierta,” comentó Madara. “Pero podríamos probar con los hoteles.”
“¿Nos venderán una toalla?” Eureka arqueó una ceja, incrédula. “Ni siquiera nos vamos a hospedar…”
“Tranquila, la conseguiré. Les dejo las llaves del carro para que saquen el mantel de pícnic.” Y, dicho esto, Madara le entregó el manojo de llaves a Eureka.
“¿…?” Esta vez, fue Oikawa quien arqueó la ceja. “¿Por qué tienes un mantel de píc…?”
“¡Uno nunca sabe cuándo surgirá la oportunidad de organizar un pícnic improvisado!” Madara le sonrió y comenzó a correr hacia el hotel. “¡Eureka-san, el postrecito que te compré también está en la maletera!”
“¡Ah! ¡Okay, gracias!” Eureka le ondeó la mano para despedirlo.
Madara le devolvió el gesto con una sonrisa, hasta voltearse de nuevo para continuar con su carrera hacia el hotel. La HiME a veces olvidaba que era muy atlético más allá de su nuevo puesto de rebel. De seguro lo habían recultado por eso: era uno de los idols más fornidos de su agencia y de la industria.
Aunque… el cantante le había dado a entender que él había decidido ser rebel por su cuenta. ¿Por qué? Su agenda ya estaba repleta. Lo último que necesitaba era pelear con una HiME encima de todo. Y es que no tenía sentido que un idol de su fama accediera a algo tan ridículo como eso.
Rinne era un caso un poco más comprensible. De seguro había aceptado ser rebel porque se aburría de no hacer nada. Crazy:B no tenía muchos trabajos o compromisos a diferencia de Madara en vista de que habían debutado hace un año… y, encima de todo, ya contaban con varias polémicas, como algunas declaraciones desatinadas de Rinne, el misterio detrás de HiMERU, el pasado del papá de Niki y un largo etcétera.
Tal vez el único inocente ahí era Kohaku.

Himeru no podía negar que estaba irritado con la situación actual: Rinne Amagi le había dicho —de una forma irritante e indirecta— que no le haría caso de ninguna manera. Rehusaba permitirle retomar sus actividades como solista a toda costa.
Había creído que se llevaban un poco mejor ahora que eran compañeros de habitación. Himeru era cordial con él y esperaba recibir cierta cordialidad de su parte. Era lo mínimo que podía hacer, al fin y al cabo.
Además, en ningún momento había indicado que se retiraría de Crazy:B: Himeru pensaba seguir participando en el grupo así como lo dictaban sus obligaciones y su contrato. Sin embargo, Amagi era muy terco… o muy pesado, porque de ninguna manera quería aceptar su petición.
Pero necesitaba volver a los escenarios por su cuenta para que la gente no se olvidara del idol HiMERU y no perdieran de vista a Kaname, quien aún no podía retomar sus actividades como artista. El doctor había dicho que le costaría al menos medio año recuperarse… y la terapia física tendría que ser intensiva para que lograra moverse como antes. Eso, sin contar que tendría que entrenar desde cero de nuevo, puesto que para ese entonces, ya no recordaría del todo los pasos de sus coreografías…
…Al menos aún podía cantar.
“…”
“¿Onii-chan?”
La voz de Kaname lo sacó de sus pensamientos.
“…Ah, lo siento, Kaname.” Himeru le sonrió. “Estoy un poco agotado. Las clases y las actividades de idol son… muy intensas.”
“Lamento que tengas que hacerte pasar por mí en todo ámbito.” Kaname se mostró un poco apenado. “Tengo entendido que tu vida en Estados Unidos era muy tranquila, ¿no? Ya te habías graduado de la universidad, pero ahora tienes que estudiar otra carrera por mi culpa…”
“…Ajá.” Himeru prefirió no ahondar en aquellos detalles. Esa justo era una de las fichas que Rizembool tenía en su poder para atarlo de manos. Su pasado antes de Kaname… dejaba mucho que desear. “Pero aquí estoy y eso es lo que importa.”
“Me alegra que mi papá te haya contactado antes de… bueno, tú sabes. De no ser por ti, no tendría a ningún familiar que pueda velar por mi salud.”
“Debo suponer que papá se sintió culpable de habernos ocultado la existencia del otro por tantos años. Pero, felizmente, te dejó en mis manos.” Himeru sonrió. “Y por más que no pueda venir a verte todos los días, sabes que siempre estoy contigo.”
“¡Lo sé!” Kaname esbozó una sonrisa deslumbrante. “Ah, cierto. ¡Mira! Una de las enfermeras me lo regaló muy emocionada.”
El menor le extendió un peluchito que tenía al lado de la almohada de su camilla. Era una versión caricaturesca de ambos: el idol HiMERU que Kaname y su hermano mayor interpretaban.
Aunque ahora solo Himeru estaba actuando como él.
“¡Es HiMERU!”
“Eres tú, Kaname.” Himeru le sonrió. “Yo solo sigo tu legado. Pero cuando te recuperes, volverás a…”
“¡Eso no es cierto!” Kaname lo interrumpió. “La verdad, yo empecé con ese proyecto. Pero tus consejos permitieron que tome vida. ¡Y me ayudaste con las coreografías y las melodías! Además, cuando empezaste a suplantarme en una que otra presentación… conseguí más fama.”
“Y esa fama está creciendo cada vez más. Cuando te recuperes, serás toda una estrella. Y me aseguraré de que brilles por tu cuenta, cueste lo que cueste.”
Su expresión seria desconcertó a su hermano menor.
“¿Eh?” Kaname ladeó la cabeza, confundido. “¿No te caen tus compañeros de unit? Porque no me molestaría formar parte de ella por un tiempo cuando vuelva a los escenarios.”
“…Un par deja mucho que desear. El otro me hace recordar un poco a ti.”
“Ah, ese debe ser un buen chico como yo.”
“Así es.” Himeru le acarició la cabeza. “Y como buen chico que eres, te irás a dormir ni bien me retire.”
“¡Pero son…!”
“Las diez y media de la noche. Tenemos suerte de que el doctor Uehara y la jefa de las enfermeras se hayan encariñado contigo a lo largo de este año y medio… porque el horario de visita es hasta las seis.” Himeru suspiró. “Pero no podemos pasarnos de la raya.”
Himeru se levantó, pero Kaname lo agarró de la manga de su saco.
“Onii-chan… ¿en serio estás bien?” Le preguntó, preocupado. “Sé que tienes muchas cosas que hacer por mi culpa… y justo por ello me gustaría ayudarte a aliviar esa carga. ¡Solo nos llevamos 6 años! Puedo escucharte si necesitas desahogarte o algo así.”
“…” Himeru volvió a sentarse y le revolvió los cabellos con una sonrisa en el rostro.
Por un momento, pensó en agradecerle por sus cálidas palabras de aliento y por su preocupación. Su intención inicial había sido motivarlo a que se enfoque en su salud y que se mejore pronto, pero… la curiosidad estaba matando al gato.
“Me topé… con Tatsumi Kazehaya,” mencionó, un tanto serio.
“…”
Kaname guardó silencio y bajó la mirada, un tanto apenado. Himeru le había dejado en claro que no aprobaba de su amistad, pero aún no le había cuestionado acerca de lo que había ocurrido un par de días atrás. Y aunque no quería molestarlo, era necesario saber la verdad por temas laborales.
Himeru era un excelente actor… pero no pensaba fingir que sentía algo romántico por una persona tan despreciable como Tatsumi Kazehaya. Si bien quería mucho a su hermano y estaba dispuesto a hacer todo por él, habían ciertas cosas… que se pasaban un poco de la raya.
“¿C-cómo está?” Preguntó el menor de los Tojo sin mirarlo a los ojos. “Me da pena no poder hablarle desde hace…”
“Kaname. Sé que es tu amigo.” Himeru suspiró. “Ya hemos hablado al respecto. No hay problema… por más de que no lo apruebe del todo. Y entiendo que lo extrañes, pero…”
“Sí, sé que no puedo hablar con él. Pero no entiendo… ¿por qué no podemos contarle la verdad?”
“Porque nadie debe enterarse de ello. Es una de las condiciones que me puso Saegusa…”
<Y Rizembool>, pensó, pero optó por omitir esa parte de la oración.
“Tengo entendido que Sazanami también es tu amigo. ¿A él no le quieres contar lo que pasó?”
“…No.” La mirada apenada de Kaname decía más que su respuesta.
“…” Himeru decidió en ese instante que su hermano tenía derecho a guardar secretos. “Está bien. No pienso cuestionarte sobre lo que pasó entre ustedes, pero Tatsumi Kazehaya sí es un tema preocupante.”
“¿Por qué?” Kaname lo observó, curioso.
“Bueno… El lunes en la tarde… sucedió algo que no llegué a contarte. Como te dije, me crucé con él. Me sentía mal y me auxilió. El problema es que pude percibir algo en su mirada que me transmitía… cierto cariño que nunca habías mencionado antes.”
“¡¿E-EH?!”
La indignación en el rostro de Kaname dejó un poco atónito a su hermano, pero lo siguiente que dijo… fue el remate.
“¡Onii-chan, Tatsumi-senpai no era mi novio!”
“¡¿QUÉ?! ¡¡¡Yo nunca dije que lo había sido!!!” Himeru se llevó una mano a la boca, sorprendido. “¡¿Estás sugiriendo que te gusta?!”
“¡¿NO?! ¡Me estás manipulando para que te diga lo que quieres oír!”
“¡Claro que no! ¡Solo quiero que seas sincero conmigo! Porque si te gustaba, no voy a poder fingi—”
“¡¿QUÉ?!” Kaname se llevó las manos a la cara en un intento de tapar el sonrojo de sus mejillas. “¡Te he dicho que no me gustaba! ¡¿Por qué no me entiendes?!”
“¡Kaname…!”
Los hermanos habrían continuado con su discusión de no ser por la interrupción de la puerta. La enfermera personal del menor de los Tojo había entrado a la estancia, un tanto sorprendida por las caras irritadas de los hermanos.
“A-ah, disculpe, señor…” dijo, mirando al hermano mayor. “Pero están haciendo demasiada bulla y eso podría molestar a los demás pacientes hospitalizados en esta ala de la clínica.”
“…Sí.” Himeru asintió. “No se preocupe. Ya me iba a retirar de todos modos.”
“¡¿Qué?!” Kaname lo observó, indignado. “¡Pero no hemos terminado de conversar!”
“Lo sé, pero no podemos abusar de la confianza del personal.” Himeru se levantó y le sonrió a la enfermera. “Además, te ayudará a calmarte. Reflexiona al respecto, ¿está bien? Y mañana me haré un espacio en la tarde para conversar contigo por videollamada…”
“…Bueno,” le dijo Kaname, sin girarse a mirarlo. Se notaba que aún estaba muy resentido y molesto con él.
“…” Himeru suspiró. “Nos vemos el sábado.”
Luego de hacerle una reverencia a la enfermera, el mayor de los Tojo se retiró de la habitación en silencio absoluto.
Camino a la entrada de la clínica, se debatió entre pedir un taxi a los dormitorios de Ensemble Square o quedarse en el departamento que Rizembool le había otorgado a unas cuadras de la clínica. Amagi de seguro le cuestionaría su ausencia la mañana siguiente, pero… estaba demasiado cansado como para lidiar con su zumbido incesante y sus tonterías de siempre.
La discusión con Kaname lo había tomado por sorpresa… y no para bien.
“Buenas noches.”
Himeru se detuvo en seco ante el saludo inesperado y alzó la mirada para buscar al portador de aquella voz oscura.
La figura de un hombre a unos metros de su posición lo descolocó hasta que, en cuestión de segundos, supo de quién se trataba.
“Buenas noches,” le dijo Himeru, acercándose progresivamente a él. A un metro de distancia, le hizo una leve reverencia. “Debo suponer que usted es Kuroda-san, el mánager que Rizembool me asignó a través de Cosmic Production.”
“Así es.” Kuroda sonrió. “Me sorprende que hayas reconocido quién era de inmediato.”
“Nunca mencionaron cómo o cuándo se presentaría,” explicó Himeru… y no pudo evitar soltar un suspiro. Su noche iba de mal en peor. “Supuse que lo haría cuando no estaba con mi grupo o en la universidad… y henos aquí.”
“…” La sonrisa de Kuroda se mantuvo imperturbable en su rostro. “Tienes razón. Me asombra que tus deducciones sean acertadas.”
Himeru pensó que cualquier persona con un poquito de sentido común habría llegado a la misma conclusión que él, pero no hizo comentario al respecto.
“¿Qué tal si vamos a otro lugar a conversar mejor? No solo necesito acordar contigo cómo trabajaremos a partir de hoy, sino que también sería bueno que me actualices con lo que ha ocurrido con tu grupo.”
“…Ajá.” Era lo mejor: le daba un poco de ansiedad que este tipo estuviera cerca de Kaname. “¿Tiene algún lugar en mente?”
Kuroda asintió.
“Sí… y espero que te guste.”

Oikawa abrió la puerta con cierta expectativa en la mente: imaginaba que Eureka estaría irritada a más no poder, que Madara contaría con una gran sonrisa en el rostro capaz de cegarlo en el acto… y que Neuvillette solo existiría al lado de ambos con una expresión indiferente y en perpetuo silencio.
Pero… solo dos de las tres imágenes que había creado en su mente calzaban con la realidad.
La vestimenta de Eureka le llamó mucho la atención. En otra ocasión, la habría llenado de halagos por su excelente elección de atuendo: su vestido azul iba a juego con sus zapatos y el maquillaje en su rostro resaltaba su belleza.
Se veía hermosa.
Pero la mirada en el rostro de la chica le indicaba que no había tiempo para cumplidos. Aunque intentaba esconderlo con una expresión neutral, sus ojos rojos la delataban. Era obvio que había llorado y que seguía triste por aquel misterioso motivo que la había llevado a sucumbir al llanto.
El primer instinto de Oikawa fue abalanzarse contra el principal sospechoso.
“¡¿Qué le hiciste?!” El key tomó a Madara del cuello de la camisa sin pensarlo dos veces. La fuerza de su agarre (y de su furia) llevó al castaño a retroceder hasta chocar con el muro del balcón del complejo de departamentos.
La reacción de Oikawa tomó por sorpresa a todos los presentes. Neuvillette y Eureka se demoraron en reaccionar para intentar separarlos… y, al cabo de unos instantes, Madara le dio un par de palmaditas a las manos que yacían aferradas a su camisa.
“Yosh, yosh~” le dijo, muy tranquilo.
“¡¿Cómo…?!”
“¡Suéltalo, Oikawa!” Lo interrumpió Eureka, jalándolo por detrás… o, en su defecto, intentando jalarlo. Lo había abrazado por la espalda para alejarlo de Madara, pero era obvio que no iba a poder moverlo ni un centímetro por su peso. “¡Ya basta! ¡¿Qué te pasa?!”
“¡Es obvio que estás así por él!” Le reclamó el key, girándose a mirarla.
“¡¿No?! ¿Quién dijo eso?” Eureka se veía muy confundida.
Al otro lado de los chicos, Neuvillette dejó de intentar interponerse entre ellos. La confusión que sentía por la situación había sido más fuerte que su intención de fomentar la paz entre todos.
“…¿Qué?” Oikawa soltó a Madara en cámara lenta. En ese instante, Eureka hizo lo mismo con él, y pasó a pararse a un lado de Neuvillette. “No entiendo. ¿No le hiciste nada? Entonces, ¿por qué Eureka-chan tiene los ojos rojos?”
“Por Lelouch-san,” le explicó el cantante, muy tranquilo. “Pero no te culpo, Tooru-san~ Yo habría hecho lo mismo que tú si hubiese estado en tu lugar.”
“…” Oikawa suspiró, avergonzado. “Lo siento, Madara-chan.”
“No deberías actuar sin primero confirmar tus sospechas,” le sugirió su amiga.
“Lo lamento, Eureka-chan.” Oikawa se giró a mirarla. “No fue mi intención… P-pensé que él te había hecho daño. ¿Qué pasó?”
“Que no pasó, la verdad. ¿Puedo… contarte todo después?” Eureka desvió la mirada. “Me intriga saber a dónde quieren ir Neuvillette y Madara.”
“…Ah, claro. No te preocupes. Hablamos después.” Oikawa asintió pese a la confusión.
Quedaba claro que se habían reunido con el culpable en algún lugar muy elegante… porque ahora que lo notaba, todos estaban vestidos con atuendos muy formales. Oikawa recién se dio cuenta de que desencajaba en el grupo en ese instante puesto que su vestimenta consistía de una polera básica, un jogger y unas zapatillas. Todo lo opuesto a ellos.
Solo esperaba que el destino de Madara y Neuvillette no fuese otro lugar formal… aunque intuía que el cantante le habría mencionado algo al respecto si hubiera sido así.
“¡Bueeeno!” Madara llamó la atención de todos. “¿Nos vamos?”
“Sí,” les dijo Oikawa. “Iré por mis llaves.”
Oikawa regresó al departamento para recojer sus llaves de la mesita de la entrada. Eso era lo único que le faltaba porque ya estaba listo para la extraña salida nocturna.
“¡Iwa-chan, ya vuelvo!” Le avisó a su amigo con un grito. “¡Saldré un rato!”
“¡Me chupa un huevo!” Le gritó de vuelta Iwaizumi.
“¡Gracias!”
Al cerrar la puerta tras de él, Oikawa notó que Eureka estaba sonriendo un poquito. Tal vez esa interacción cotidiana y estúpida entre él y su mejor amigo la había hecho reír al menos por un instante… y no pudo evitar sentirse agradecido por la presencia de Iwaizumi en su vida.
“Esa es una forma curiosa de despedir a alguien,” comentó Neuvillette, ni bien comenzaron a caminar hacia los ascensores.
“Así se tratan Iwaizumi y Oikawa,” le contó Eureka. “A veces los amigos… parecen rivales.”
“¡Ajá! ¡Iwa-chan y yo somos rivales!” Oikawa sonrió. “Creo que toda amistad debería contar con cierta cuota de competitividad.”
“Sí, pero la violencia… es un poco innecesaria, ¿no crees?” Eureka lo juzgó con la mirada.
“Ah, sí. Aunque ya me acostumbré a la violencia~” Oikawa le aseguró. “Pero, en fin… ¿A dónde vamos?”
“Es una sorpresaaa~” canturreó Madara. “Creo que todos la disfrutaremos. Aunque podríamos decir que el más beneficiado por este plan será Neuvillette-san, la verdad.”
“¿Hakuryuu-chan?” Oikawa lo observó, confundido. “¿Por qué?”
“…” Neuvillette le devolvió la mirada en silencio.
“Am, yo sé que no tiene mucho que ver con lo que acabas de decir, Madara-chan, pero… no me estarán raptando para desquitarse conmigo porque le hice algo a Eureka-chan, ¿verdad?”
“…” Eureka se giró a mirarlo, sumamente indignada ante su comentario. “¿Qué te pasa? Si me hubieras hecho algo malo, te habría electrocutado mañana en frente de todo el equipo de vóley para imponer respeto.”
“Bueno, sí. Eso suena más como tú.”
“…Espera.” Eureka se detuvo en seco. “¿Me hiciste algo?”
“…¿No que yo sepa?” Oikawa le suplicó por piedad con la mirada.
“…Eh, está bien.” Eureka encogió los hombros. “Supongo que te creeré. Pero espero que estés diciendo la verdad o…”
“¡Avancen, avancen!” Madara los empujó a todos sutilmente. “¡Si no se apuran, llegaremos a ese lugar después de la una de la mañana!”
“Bueno, ya es tarde de por sí,” indicó Neuvillette.
“Ajá~” Madara asintió. “Estamos a unos minutos de medianoche.”
“…Apúrate,” le dijo Eureka a Oikawa. “En el carro tendré tiempo para cuestionarte.”
Oikawa tragó saliva y asintió muy asustado, pese a que no cargaba nada en su consciencia.

Los susurros a su alrededor la levantaron poco a poco. Al abrir los ojos, lo primero que Eureka notó fue que estaba en la parte trasera del carro de Madara, apoyada en el hombro de uno de sus acompañantes. Tal parecía que, en algún momento del trayecto, se había quedado dormida por el cansancio de aquel día sumamente agotador.
Sin embargo, la respiración pausada a su lado le indicó que su compañero también había sucumbido a la fatiga. No tuvo que moverse mucho para reconocer que Neuvillette estaba a su lado y, a diferencia de ella, aún no se había despertado.
Eureka tuvo mucho cuidado al alejarse de él para no levantarlo sin querer. En esos instantes, se percató del resto de sus alrededores y de los culpables de los susurros: Madara y Oikawa se encontraban fuera del carro, de seguro en pleno debate sobre si debían despertarlos o no.
Y estaban… en la playa.
Eureka se deslizó por el asiento hasta abrir la puerta del Jeep. El olor de la brisa marina y la arena a un paso de su posición le habrían irritado en cualquier otro momento, pero en ese instante, aquella visita a la playa se sentía como una experiencia un tanto liberadora. Sin pensarlo dos veces, bajó del carro y emprendió el camino hacia las escaleras. Una vez en la arena, se sacó los zapatos y comenzó a correr para darle el alcance a sus amigos, quienes estaban parados cerca de su posición.
“…” Oikawa fue el primero en darse cuenta de que el motivo de su discusión yacía a menos de un metro de ellos. “¡¿Eureka-chan?!”
“Hola.” Eureka le sonrió y luego, le dirigó la mirada a Madara. “¿El lugar misterioso… era la playa?”
“¡Ajá!” Madara sonrió. “Los traje a la playa Yuigahama, la playa central de Kamakura.”
“¡Ah!” La HiME se mostró muy alegre ante ello. “¡Oikawa y yo vinimos junto a nuestros amigos a una playa cerca de aquí para su cumpleaños! Quedaba en Hayama, ¿verdad?”
“Sí.” Oikawa sonrió. “Un amigo de Sho-chan es dueño de un gran terreno en ese lugar.”
“¿Cuándo fue tu cumpleaños, Tooru-san?” Madara lo observó con visible curiosidad en su mirada.
“Hace unos meses, el 20 de julio.” Oikawa sonrió.
“¿Y el tuyo también ya pasó, Eureka-san?”
“Sí, el mío es en febrero.”
“¡¿Qué?! ¡¿Eres mayor que yo?!” Oikawa se mostró asustado ante esa posibilidad. Ahora que lo pensaba, nunca habían hablado sobre el cumpleaños de Eureka.
“No, tonto. Yo cumplí 21 este año. Y tú, 22, ¿no?”
“Ah, sí~”
“…Bueno, en fin.” Eureka suspiró. “¿No deberíamos despertar a Neuvillette? Ahora entiendo por qué decías que él sería el más beneficiado de todos, Mama.”
“Jeje~” Madara sonrió. “Es que se puso a hablarme sobre distintos tipos de agua y le comenté que el mar estaba cerca de aquí. ¡Debieron haber visto su expresión! Se iluminó tanto que sentí que me dejaría ciego.”
“¿Acaso Hakuryuu-chan es un dragón de agua o algo así?”
“No me sorprendería que lo fuera,” comentó Eureka. “Lo vi usando sus poderes de agua para ‘revivir’ unas flores en las afueras de la mansion HiME.”
“¿Huh?” Oikawa se veía muy confundido. “Entonces… ¿puede controlar el agua a su antojo?”
“Algo así, supongo.”
La voz suave de Neuvillette hizo que todos los presentes saltaran del susto y hasta un par (Oikawa y Eureka) gritaran aterrados: el Child los había tomado por sorpresa al integrarse al grupo a hurtadillas y con mucho sigilo. ¡Ni siquiera lo habían escuchado cuando abrió y cerró la puerta del carro para salir a darles el encuentro! Se notaba que el dragón tenía muchas habilidades aparte del control del agua… y esos niveles alarmantes de sigilo eran parte de ellas.
El dragón tuvo la intención de continuar con la explicación de sus habilidades, pero al girar la mirada, pudo observar cómo el mar se extendía hasta el infinito. La curiosidad fue más fuerte que él, tanto así que sus pies se movieron por sí solos hacia la orilla.
“¡Ah, no!” Eureka lo siguió, preocupada por sus zapatos y su atuendo. ¡Le había comprado las prendas esa misma noche! ¡Y el saco que llevaba puesto, junto con la corbata, le pertenecían a Madara! “¡Neuvillette! ¡No puedes meterte al mar con la ropa que llevas puesta!”
“¡Hakuryuu-chan!” Oikawa imitó a su amiga, llamando al Child desesperado. Aunque pudo pasar a Eureka con facilidad, le costó acercarse más al dragón.
“Jaja~ ¡No intenten ir en contra de la naturaleza!” Madara los siguió, entre risas.
“¡Madara! ¡No lo valides!” Le resondró Eureka, molesta.
“¿Qué debería hacer, Eureka-dono?” Le preguntó Neuvillette, ni bien se detuvo a unos metros del punto donde rompían las olas. “¿Me desvisto?”
“…” Eureka asintió. “Sí. Iremos a comprarte una toalla. Si gustas, puedes cambiar a tu forma verdadera,” le gritó.
Cada vez se acercaba más a él… y esperaba alcanzarlo antes de que tirara la ropa al suelo.
Para su suerte, Oikawa llegó antes que ella y se preparó para recoger la ropa del dragón. Neuvillette le sonrió al key y comenzó a sacarse toda las prendas hasta que, una vez desnudo, se desvaneció en un brillo cegador y retomó su forma original.
Madara, Eureka y Oikawa se unieron en el asombro ante aquella hermosa vista. El dragón no había mentido en cuanto su tamaño: medía casi tres metros de alto y un aproximado de cuatro de largo, cosa que habría llamado la atención de cualquier transeunte en una calle concurrida de Shibuya o Shinjuku… pero aquí, en la playa y de madrugada, pasaba desapercibido gracias a la oscuridad del mar y del cielo.
Sus escamas brillaron al entrar en contacto con el agua e iluminaron tenuemente sus alrededores. A medida que se adentraba más al mar, su brillo comenzó a resaltar más y más a diferencia de las luces tenues de los postes. Al cabo de unos instantes, logró zambullirse y, ante su felicidad, emitió un canto que retumbó por todo el lugar. Gracias a la magia HiME (o al menos Eureka suponía que se trataba de eso), su dueña pudo entenderlo: Neuvillette se sentía maravillado por el mar y estaba muy agradecido con Madara por haberlo traído a este lugar.
“Gracias,” le dijo Eureka al castaño, una vez se reunieron junto a Oikawa para ver a Neuvillette a lo lejos. “Neuvillette está cantando de la felicidad.”
“Jojo~ cuando le conté sobre el mar, me dijo que había visto algo similar en tus recuerdos, pero que le intrigaba vivir la experiencia porque, a diferencia del resto… tú parecías detestarlo.”
“Ah, es que no me gusta la playa.” Eureka sonrió. “Detesto la arena, la verdad.”
“Pero estás… sin zapatos,” comentó Oikawa, mientras doblaba los pantalones de Neuvillette. “Ah, claro. Los tacos te habrían incomodado muchísimo.”
“Y ya me estaban doliendo los pies, la verdad.”
“¿Qué tal si armamos un pequeño pícnic improvisado mientras Neuvillette-san disfruta del agua?”
“Hace frío, Madara-chan.” Le indicó Oikawa. “Aunque ya entré en calor gracias a la pequeña carrera que emprendí para evitar que lanzara la ropa al suelo.”
“Ah, hablando de eso… deberíamos ir a comprarle una toalla,” sugirió Eureka. “Tendrá que secarse antes de vestirse de nuevo.”
“Creo que ninguna tienda a la redonda está abierta,” comentó Madara. “Pero podríamos probar con los hoteles.”
“¿Nos venderán una toalla?” Eureka arqueó una ceja, incrédula. “Ni siquiera nos vamos a hospedar…”
“Tranquila, la conseguiré. Les dejo las llaves del carro para que saquen el mantel de pícnic.” Y, dicho esto, Madara le entregó el manojo de llaves a Eureka.
“¿…?” Esta vez, fue Oikawa quien arqueó la ceja. “¿Por qué tienes un mantel de píc…?”
“¡Uno nunca sabe cuándo surgirá la oportunidad de organizar un pícnic improvisado!” Madara le sonrió y comenzó a correr hacia el hotel. “¡Eureka-san, el postrecito que te compré también está en la maletera!”
“¡Ah! ¡Okay, gracias!” Eureka le ondeó la mano para despedirlo.
Madara le devolvió el gesto con una sonrisa, hasta voltearse de nuevo para continuar con su carrera hacia el hotel. La HiME a veces olvidaba que era muy atlético más allá de su nuevo puesto de rebel. De seguro lo habían recultado por eso: era uno de los idols más fornidos de su agencia y de la industria.
Aunque… el cantante le había dado a entender que él había decidido ser rebel por su cuenta. ¿Por qué? Su agenda ya estaba repleta. Lo último que necesitaba era pelear con una HiME encima de todo. Y es que no tenía sentido que un idol de su fama accediera a algo tan ridículo como eso.
Rinne era un caso un poco más comprensible. De seguro había aceptado ser rebel porque se aburría de no hacer nada. Crazy:B no tenía muchos trabajos o compromisos a diferencia de Madara en vista de que habían debutado hace un año… y, encima de todo, ya contaban con varias polémicas, como algunas declaraciones desatinadas de Rinne, el misterio detrás de HiMERU, el pasado del papá de Niki y un largo etcétera.
Tal vez el único inocente ahí era Kohaku.
85
A Step to the Left / Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Last post by Miyu on May 31, 2026, 08:09:15 PM »De algún modo escribí esto aaa, aunk tengo unas ganas terribles de escribir terror analógico ;;
Falleeeé de nuevo en el tamaño de los iconos jajajajaja (ando editando estooo)
Oppsy, les vengo a invadir el tema huehue <3




"Todos los residentes en nuestra área fueron designados como infectados nivel IV. Por lo tanto, se han autorizado las medidas de control necesarias”.
“Hagan lo necesario con los infectados, nuestro objetivo operacional sigue siendo otro”.
*Bzzz* *Bzzz*
“Entendido. Procedan con la purga.”
La transmisión se cortó abruptamente en el instante en que el Mayor Guin confirmó la orden. De inmediato, el sonido de las máquinas al cargar su artillería y el rugido de los motores invadieron el silencio de la avenida desierta. La ciudad en ruinas se vio envuelta bajo el avance implacable de los exoesqueletos de combate.
Para el pequeño contingente militar desplegado, aquella operación representaba solo otro procedimiento rutinario en las calles de Tokio. En los últimos meses, el estado de sitio se había intensificado drásticamente ante el surgimiento de facciones insurgentes; la más radical de ellas extendía sus redes con rapidez por el bajo mundo, reclutando a quienes ya no tenían nada que perder: marginados que el nuevo régimen japonés había expulsado de la sociedad.
La misión principal de los Endlaves y la infantería consistía en actuar como liquidadores, limpiar el perímetro a cualquier costo. Mientras tanto, el comando de élite rastreaba, localizaba y capturaba al líder de la insurrección.
Ya habían transcurrido diez años desde el incidente de la Navidad Perdida. Una década durante la cual Japón tuvo que reconstruirse entre las cenizas, dependiendo de la asistencia de numerosos países y organizaciones que, bajo el pretexto de asistir, se infiltraron en cada esfera del país. La milicia, la política, la educación y la salud; ningún ámbito escapó a una influencia extranjera que justificaba su presencia argumentando la incapacidad nipona para sostenerse por sí misma.
—¿Hay nueva información del Virus Apocalipsis? —preguntó la mujer, incapaz de ocultar el brillo de fascinación en su mirada. Aquel patógeno, de origen desconocido, seguía siendo uno de los mayores misterios de la era moderna.
Las hipótesis sobre su procedencia se multiplicaban, algunos aseguraban que provenía del espacio exterior, mientras otros defendían que había permanecido oculto durante milenios bajo los hielos polares, liberado tras el deshielo de antiguos glaciares.
—Señorita Hall, celebro ver tanto entusiasmo —comentó un hombre de mediana edad mientras levantaba su copa de champán.
La velada se celebraba en la residencia de los Quinwitch, una de las familias más influyentes dentro de la GHQ. Desde la Navidad Perdida, aquella organización internacional respaldada por la ONU había extendido su dominio sobre Japón hasta relegar las instituciones nacionales a un papel secundario. Para muchos, el país apenas conservaba una soberanía simbólica.
La versión oficial extranjera sostenía que esta tutela resultaba indispensable. Incapaz de garantizar su propia seguridad y con una economía sostenida principalmente por capital externo, el gobierno japonés sobrevivía en un estado de fragilidad permanente. Romper aquel vínculo equivaldría a arriesgar un colapso para el que nadie parecía preparado.
—Me sorprende que una dama se interese en temas tan técnicos —intervino otro hombre con tono condescendiente.
—Eso se llama sexismo —respondió con serenidad una mujer de unos treinta y cinco años—. Le recuerdo que la principal investigadora de Sephirah Genomics es una mujer.
La familia Quinwitch no había escatimado en gastos para aquella gala. El amplio salón principal lucía irreconocible bajo una decoración cargada de opulencia y refinamiento, con una gruesa alfombra de terciopelo rojo recorriendo el recinto de extremo a extremo, mientras elegantes sillas de acabados dorados rodeaban mesas cubiertas con manteles de lino impecablemente planchados.
Sobre las bandejas de plata se exhibía una selección de aperitivos cuidadosamente preparados por chefs de renombre de diferentes partes del mundo y los mozos, vestidos con uniformes negros perfectos, se desplazaban entre la multitud ofreciendo copas de champagne, vinos añejos y licores cuyo valor superaba con facilidad el salario anual de un ciudadano común.
—Gracias por acompañarnos esta noche —dijo Stella Quinwitch con una reverencia elegante, sujetando el borde de su vestido largo—. Audrey, vamos —tomó el brazo de la rubia enfundada en un vestido largo verde.
—¡Ah, espera! —susurró Audrey, intentando evitar perder el equilibrio en los tacones.
Ambas empezaron a correr por el largo sitio, evitando tropezar con los demás invitados; Stella solía recibir críticas por su carácter impulsivo y caótico, en contraste con su hermana menor, quien representaba la compostura y la distinción familiar.
—¡Cuidado! —exclamó un hombre de cabello castaño al apartarse justo a tiempo para evitar que su copa se derramara.
—Lo sentimos —respondieron al unísono sin detenerse. No consideraron necesario disculparse ante un japonés.
—Estas mocosas —suspiró el varón, dejando que el líquido llegue a sus labios.
Yahiro llevaba apenas unos meses ocupando un escaño en el parlamento, tiempo suficiente para descubrir cuánto detesta aquellas celebraciones obligatorias que le arruinaban sus planes los fines de semana. Elevó la vista hacia las enormes arañas de cristal colgadas del elevado techo, la luz dorada que desprendían bañaba el salón, arrancando destellos de las copas y las joyas de los invitados.
Qué fastidio.
Risas discretas, conversaciones intrascendentes y sonrisas ensayadas llenaban cada rincón del recinto. Los políticos, empresarios, científicos y altos mandos militares intercambiando cumplidos y promesas falsas, como si el país no estuviera consumiéndose lentamente bajo las insurgencias y el Virus Apocalipsis.
Yahiro exhaló con frustración.
Sus impecables zapatos Oxford de charol resonaban suavemente sobre el mármol mientras avanza entre la multitud; había asistido con un objetivo claro, pero hasta ese momento no había logrado localizar a la persona que buscaba: Liu Xiao.
La familia Xiao figuraba entre los principales inversionistas detrás del programa Endslave y había participado en las primeras etapas de desarrollo y fabricación de aquellas máquinas de guerra que ahora simbolizaban el nuevo orden impuesto.
Toda su atención permanecía enfocada en encontrar a Liu Xiao. Recordaba vagamente su rostro, hombre joven de cabellos negro azulado, una figura difícil de ignorar pese a la discreción con la que acostumbraba moverse. Estaba convencido de haberlo visto en alguna ocasión, quizá cruzando los pasillos de un restaurante o en un bar, sin embargo, aquellos encuentros fugaces nunca le permitieron conocerlo realmente.
Los datos reunidos hasta el momento resultaban escasos, a diferencia de otros herederos de grandes corporaciones, Liu evitaba los escándalos, rara vez concedía entrevistas y mantenía un perfil público sorprendentemente bajo para alguien de su posición; su reputación circulaba con facilidad entre los círculos de poder, algunos lo describían como un prodigio de los negocios y dentro del conglomerado Liu, muchos ya lo consideraban el sucesor inevitable, la persona destinada a heredar el negocio familiar cuya influencia se extendía en diversos ámbitos.
La celebración continuaba en pleno apogeo. Varias parejas se encontraban en el centro de la pista de baile, con sus brazos en la cintura al ritmo de la orquesta, mientras pequeños grupos conversaban entre bebidas.
Fue entonces cuando distinguió un rostro familiar.
Entre los invitados destacaba una mujer de origen chino a quien reconoció de inmediato. Su nombre aparecía con frecuencia en revistas académicas y conferencias internacionales, aunque la mayoría la conocía simplemente como Chris, una renombrada psicóloga. Usando un vestido negro y plata, abierta en la falda, se llevaba la mirada discreta de varios asistentes.
—Chris, cuánto tiempo sin verte —saludó Yahiro mientras acortaba la distancia entre ambos—. Debo admitirlo, luces espectacular.
La aludida no correspondió al cumplido, en lugar de ello, elevó ligeramente la copa a modo de saludo y acompañó el gesto con un leve asentimiento.
—Ha transcurrido bastante desde nuestro último encuentro —respondió con tranquilidad.
Chris permanecía con los brazos cruzados mientras una expresión de hastío cruzaba en su rostro.
—Debo admitirlo, esta celebración resulta considerablemente más bulliciosa de lo habitual.
—En eso coincido contigo, Chris — entre sus pómulos se marcó una tenue sonrisa. Años dentro de la política le habían enseñado a mantener la compostura bajo cualquier circunstancia, por eso había llegado tan lejos en la política—. ¿Cómo has estado?
—Me he encontrado con casos interesantes. Nada fuera de lo común para alguien dedicado a la salud mental en un mundo postapocalíptico —elevó la copa unos centímetros antes de tomar un pequeño sorbo—. Ansiedad, paranoia, traumas de guerra, delirios conspirativos... aunque siendo sincera últimamente resulta difícil distinguir unos de otros. Los “cuerdos” son los peores.
La ironía hizo sonreír a Yahiro.
—Suena agotador.
—Lo es.
La psicóloga inclinó la cabeza y lo observó durante unos segundos con curiosidad, sus ojos dorados analizando cada uno de los gestos del castaño.
—Ahora bien, hablemos de ti. ¿Estás buscando a Liu Xiao?
Yahiro enmudeció por un instante y esa vacilación fue la respuesta que buscaba Chris.
—Vaya —musitó ella—. Así que acerté.
—¿Tan evidente soy?
—Para el resto de los asistentes, no. Para mí, sí. Llevas más de diez minutos escaneando cada rincón del lugar, no pareces interesado en la compañía de cualquier persona y has evitado el contacto visual con quienes te conocen.
Hizo una pausa, tomando otro sorbo de alcohol.
—Y considerando el tipo de evento al que asistimos, Liu Xiao es mi apuesta más segura. ¿Adivine?
Yahiro soltó una risa y luego asintió.
—¿Qué más has deducido? —la observó lleno de diversión.
Chris giró la copa entre los dedos antes de responder.
—Asumes que por compartir nacionalidad conmigo, debo conocerlo.
—¿No es así, Wang Qing?
Un mozo pasó cerca de ellos y Yahiro depositó su bebida vacía en la charola.
—Como si los más de mil millones de chinos nos reuniéramos cada fin de semana para intercambiar información —exhaló Chris, intentando sonar ofendida.
—¿Lo conoces? —la mueca de él se ensanchó.
—Quizás —señaló con el mentón a un grupo de personas que, entre todas las figuras influyentes de esa noche, destacaba un pequeño grupo de invitados de origen chino—. El del centro es Liu Xiao —prosiguió con calma—. La mujer a su derecha es su hermana y los demás pertenecen a círculos bastante exclusivos.
Su mirada se detuvo en uno de ellos. El sujeto, traía su cabello, de un intenso tono rojizo como el fuego, caía recogido en una larga cola de caballo sobre la espalda y unos anteojos redondos y oscuros ocultaban parte de su rostro, impidiendo adivinar la dirección de sus ojos. Reía, como si nada importara aparte de ellos.
—Si aceptas un consejo, evita involucrarte con cierto individuo.
—¿Cuál?
—Vein.
Yahiro siguió la dirección indicada.
—Probablemente sea el más peligroso de todos los presentes.
Una breve risa escapó de Yahiro.
—Me tomas por un ignorante.
Chris no respondió, sabía que él no es la clase de hombre que tienta al destino.
—Vein o Xiao Weiyin —continuó él—. Su nombre aparece en demasiados informes como para pasar desapercibido. Contrabando, mercado negro, mueve todo el contrabando de Normagene. Prácticamente cualquier actividad ilegal termina vinculada a su entorno y al Chinatown.
Los labios de la psicóloga se curvaron apenas hacia arriba, ya no eran una fina línea.
—Forma parte de mi trabajo investigarlo. Algunos incluso afirman que posee más influencia en determinados distritos que las propias autoridades.
—¿Qué buscas de Liu Xiao? —la pregunta de ella fue directa sin ningún rodeo.
Yahiro tomó la bebida de las manos de Chris y la depositó en la charola de otro mozo.
Había ingresado en la política impulsado por una convicción que muchos consideraban ingenua, la de cambiar Japón, recuperar la dignidad nacional y devolver autonomía a un país que seguía dependiendo de intereses extranjeros para sostenerse en pie. Por supuesto, los ideales por sí solos no transforman nada y Yahiro lo sabe de sobra.
El Distrito 24 estaba lleno de manifestantes, activistas y ciudadanos con la misma indignación de él, repartiendo volantes y pancartas, personas honestas y comprometidas al cambio, sin embargo, los ideales no modificaban leyes ni desplazan estructuras de poder. Las acciones sí y Yahiro lo comprendía mejor que nadie, aun así, conocía perfectamente su posición dentro de ese esquema de poder… frente a figuras como los Xiao o individuos como Vein, apenas es un parlamentario recién llegado y no traía absolutamente nada más que un título universitario.
—Con Vein no busco nada —respondió finalmente—. Si continúa moviéndose con total libertad, apropiándose de sectores enteros de Ginza y permitiéndose llamar Chinatown a una parte de la capital japonesa, no es por su fortaleza, es por nuestra debilidad y la incapacidad de quienes ocupamos cargos públicos.
La psicóloga volvió a su expresión normal, donde sus labios forman una fina línea.
—Eso suena peligroso.
—Tal vez.
—¿Y aun así pretendes acercarte a los Xiao?
—Precisamente por eso. Lo necesito.
—Entonces supongo que no lograré hacerte cambiar de opinión —antes de que pudiera replicar, la psicóloga tomó su brazo y comenzó a guiarlo a través del salón… directo hacia la cueva de los lobos.
La distancia se reducía a medida que avanzaban, Yahiro podía distinguir mejor los rostros y escuchar las conversaciones en mandarín.
—Aprovecha y memoriza los nombres —murmuró ella sin perder la compostura—. Te ahorrarás varios dolores de cabeza.
Señaló discretamente a una joven de cabello lila que conversaba junto a Liu Xiao.
—Liu ChiXia. Estudiante universitaria. Inteligente, educada y sorprendentemente normal para pertenecer a esa familia.
Su atención se desplazó hacia un muchacho que sostenía una jarra de cerveza y algo nervioso intentaba hablar.
—El de allí es Xia Fei.
A diferencia del resto, parecía completamente ajeno a la política que domina la gala.
—Modelo profesional —continuó Chris—. Bastante popular en redes, varias campañas publicitarias, algunos contratos internacionales. Nada especialmente relevante para tus intereses.
Por último, su atención recayó sobre dos chicos idénticos que conversaban cerca de una de las mesas laterales. El varón hacía gestos con sus manos. A primera vista parecían demasiado jóvenes para permanecer despiertos a aquellas horas, especialmente en una reunión donde discordaban totalmente.
—Los gemelos —musitó Chris—. Tienen diecinueve años, Li Tianchen y Li Tianxi.
—¿Familia de Xiao?
—No exactamente —la psicóloga negó con suavidad.
—Son hijastros de Qian Jin, uno de los abogados más importantes dentro del círculo de los Liu. Lleva años encargándose de asuntos legales y posee su porpio bufete, exclusivo, los clientes principales son los Liu.
Chris desvió la mirada hacia Liu Xiao y después hacia Vein.
—Los verdaderos problemas están allí.
Yahiro sintió como sus nervios afloraban a medida que ser acercan.
—¿Tienes algo interesante que ofrecerles? —preguntó Chris con genuina curiosidad.La psicóloga mantenía la vista al frente, aunque su curiosidad por develar los planes de él, estaban a flor de piel.
—No —admitió, mostrando una sonrisa encantadora—. Improvisaré.
—Eso no me tranquiliza.
—Mostraré mis habilidades como político. ¿No debería bastar?
Chris negó con la cabeza.
—Ahora me preocupas más.
Antes de que él pudiera responder, la mujer soltó su brazo y dio los últimos pasos por su cuenta.
—Buenas noches —saludó con una ligera inclinación de cabeza—. Los encuentro animados esta noche.
Varias miradas se posaron hacia los recién llegados.
—Tú tampoco pareces aburrida, psicóloga —la voz provenía del pelirrojo, quien fue el primero en darle la bienvenida—. What are you planning this time?
Chris lo ignoró por completo y pasó su atención a Liu ChiXia.
—Espero verte el martes. La semana pasada decidiste ausentarte de nuestra sesión sin previo aviso.
La jovencita reaccionó al ser regañada, y sus labios se apretaron como los capullos de una flor.
—Lo lamento mucho, tuve algunos asuntos a resolver ese d-día —murmuró, aunque su tono y nerviosismo dejaba en evidencia la mentira.
Chris enarcó una ceja.
—¿De verdad?
Liu Xiao giró ligeramente el rostro para ocultar una sonrisa, el intento fue inútil.
—¡Gege!
—Lo siento —respondió él entre pequeñas risas que se le escapan—. Mi hermanita es terrible mintiendo —tapó su boca con la mano, enfundada en un guante negro mientras recuperaba la compostura.
—¡Y-Yo soy una experta! —realizó un pequeño puchero.
—Acabas de demostrar exactamente lo contrario.
—Ekkk… —la joven emitió un sonido de ahogo, que provocó varias sonrisas alrededor del grupo.
—Debo admitir que tiene razón —comentó la psicóloga—. He visto pacientes con delirios paranoides elaborar historias más convincentes.
—¡Chris! —refunfuñó ChiXia.
—¿Qué? Eres inteligente, responsable y educada —la especialista restó importancia moviendo una de sus manos—. Mentir simplemente no está entre tus talentos.
—No seas tan dura con ella, bastante tiene ya con la universidad.
Yahiro se quedó al margen de la conversación, pese a que esperaba ver a un grupo de herederos arrogantes y figuras inaccesibles, ahí estaba la realidad… frente a él se encontraba un hermano mayor burlándose cariñosamente de su hermana menor y una psicóloga incapaz de ignorar una mentira evidente y las risas descontracturando la escena.
—Who are you?
Una sonrisa ladeada apareció en el semblante del pelirrojo.
—What a delightful height.
De todas las posibilidades que había imaginado para aquel encuentro, ninguna incluía que un mafioso internacional iniciara la conversación comentando su estatura; aun así, no retrocedió ni mostró incomodidad.
—Vein... —rezongó ChiXia, llevándose una mano a la frente—. Es Samukawa Yahiro. Forma parte del parlamento japonés.
—¿Ah? —el interés del chino pareció incrementarse—. Eso lo vuelve más interesante. Fu~ should i invite you to dinner?
—Gracias por la presentación —intervino Yahiro antes de que la conversación tomara un rumbo todavía más extraño y realizó una inclinación respetuosa—. Es un placer conocerlos. En efecto, soy Samukawa Yahiro.
—Así que un político —el timbre de Liu Xiao sonó tranquila—, no solemos recibir demasiadas visitas del parlamento en eventos sociales.
—Quizá porque la mayoría considera más seguro mantenerse alejada de ustedes —comentó Chris con total naturalidad.
El grupo permaneció en silencio, junto a los nervios crepitantes de Yahiro; Xia Fei soltó una carcajada primero, seguido de Liu Xiao y por último Vein, aplaudiendo con diversión.
—Wise decision. The kitten has claws —sus labios se curvaron hacia arriba—, aunque ahora siento curiosidad.
Vein centró toda su atención en Yahiro y él supo de inmediato que esto no era una buena señal. Atraer la atención del sujeto más peligroso de la velada sin duda era un auténtico error.
—¿Has venido a hacer amigos, parlamentario? That's hard to believe —la sonrisa de Vein no desapareció.
Cada segundo transcurrido aumentaba la sensación de Yahiro de encontrarse frente a un depredador paciente, lo más inquietante ni siquiera era el pelirrojo, incluso la mirada de ese chico de cabellos rosados -Li Tianchen- se percibía como una amenaza.
—¡Jefe! —antes de que Vein pudiera continuar, el modelo se colocó detrás de él y comenzó a sacudirlo por los hombros de un lado a otro— ¡Así terminarás espantando a cualquiera que intente acercarse!
—Ha-ha. Sorry, sorry.
—No le prestes demasiada atención —dijo Xia Fei mientras soltaba a su superior—. Nuestro jefe es un poco peculiar.
—Esa es una forma elegante de decirlo —murmuró Chris—, yo habría usado "excéntrico".
—I'm right here…
—En cualquier caso, resulta agradable conocer gente nueva —continuó Xia Fei con una sonrisa amistosa.
—Lo mismo digo —la chica de cabellos lilas sonrió con entusiasmo—. Nosotros somos Liu Xiao y ChiXia —señaló a su hermano mayor y después a ella misma.
Yahiro aprovechó la oportunidad, pues tenía a su objetivo al alcance.
—Es un placer, ChiXia-san —tomó la pequeña mano de ella y la besó con pulcritud en sus nudillos, luego estrechó su otra mano con la de Liu Xiao.
—No seas tan formal —la chica se apresuró a decir, ya traía sus mejillas ligeramente coloradas—. Aparte, es un poco vergonzoso que nos traten como si fuéramos nobles.
—¿No lo son? —preguntó Xia Fei.
—¡Xia Fei!
—Solo digo que la mitad de los invitados aquí probablemente harían una reverencia si Liu Xiao se los pidiera.
—Eso es ridículo, Xia Fei.
—No estoy tan seguro —esas palabras provinieron de Vein.
La sonrisa divertida que apareció en su rostro provocó que ChiXia ocultara la cara entre las palmas, totalmente avergonzada.
—Por favor, no lo animes.
—Too late, Mademoiselle.
Yahiro observó el intercambio con atención, anotando cada reacción de los miembros del grupo. Aún le resultaba extraño que gente tan poderosa no fuera arrogante y elitista. Por supuesto, eso no les quitaba la peligrosidad.
—Deberías ir al grano, Yahiro —aconsejó Chris.
El comentario provocó varias miradas curiosas, lo que hizo que Yahiro suspirara bajito. Esperaba acercarse de manera diplomática, aunque realmente no sabía como iniciar una conversación a solas con el heredero de los Liu.
—Tienes razón —se aclaró la garganta y recuperó la compostura que tantas veces había utilizado frente a periodistas.
—Liu Xiao-san, ¿podría concederme unos minutos para conversar?
No era una petición especialmente extraña y tampoco inocente. Liu Xiao lo observó en silencio, los lentes que cubrían sus ojos resplandecieron por la luz de las arañas; Yahiro tuvo el leve presentimiento de que esta no sería una conversación tranquila.
—Por supuesto —respondió con un pequeño asentimiento—. Sería descortés rechazar a un representante del parlamento.
—Hermano —ChiXia tiró del abrigo de él.
—Acompáñeme—señaló uno de los mini bares del sitio—. Vamos a buscar algo para beber.
Esa invitación era para apartarse del resto, aun asi, la mirada de varias personas estaban fijas en ellos dos.
Falleeeé de nuevo en el tamaño de los iconos jajajajaja (ando editando estooo)
Oppsy, les vengo a invadir el tema huehue <3




"Todos los residentes en nuestra área fueron designados como infectados nivel IV. Por lo tanto, se han autorizado las medidas de control necesarias”.
“Hagan lo necesario con los infectados, nuestro objetivo operacional sigue siendo otro”.
*Bzzz* *Bzzz*
“Entendido. Procedan con la purga.”
La transmisión se cortó abruptamente en el instante en que el Mayor Guin confirmó la orden. De inmediato, el sonido de las máquinas al cargar su artillería y el rugido de los motores invadieron el silencio de la avenida desierta. La ciudad en ruinas se vio envuelta bajo el avance implacable de los exoesqueletos de combate.
Para el pequeño contingente militar desplegado, aquella operación representaba solo otro procedimiento rutinario en las calles de Tokio. En los últimos meses, el estado de sitio se había intensificado drásticamente ante el surgimiento de facciones insurgentes; la más radical de ellas extendía sus redes con rapidez por el bajo mundo, reclutando a quienes ya no tenían nada que perder: marginados que el nuevo régimen japonés había expulsado de la sociedad.
La misión principal de los Endlaves y la infantería consistía en actuar como liquidadores, limpiar el perímetro a cualquier costo. Mientras tanto, el comando de élite rastreaba, localizaba y capturaba al líder de la insurrección.
Ya habían transcurrido diez años desde el incidente de la Navidad Perdida. Una década durante la cual Japón tuvo que reconstruirse entre las cenizas, dependiendo de la asistencia de numerosos países y organizaciones que, bajo el pretexto de asistir, se infiltraron en cada esfera del país. La milicia, la política, la educación y la salud; ningún ámbito escapó a una influencia extranjera que justificaba su presencia argumentando la incapacidad nipona para sostenerse por sí misma.
—¿Hay nueva información del Virus Apocalipsis? —preguntó la mujer, incapaz de ocultar el brillo de fascinación en su mirada. Aquel patógeno, de origen desconocido, seguía siendo uno de los mayores misterios de la era moderna.
Las hipótesis sobre su procedencia se multiplicaban, algunos aseguraban que provenía del espacio exterior, mientras otros defendían que había permanecido oculto durante milenios bajo los hielos polares, liberado tras el deshielo de antiguos glaciares.
—Señorita Hall, celebro ver tanto entusiasmo —comentó un hombre de mediana edad mientras levantaba su copa de champán.
La velada se celebraba en la residencia de los Quinwitch, una de las familias más influyentes dentro de la GHQ. Desde la Navidad Perdida, aquella organización internacional respaldada por la ONU había extendido su dominio sobre Japón hasta relegar las instituciones nacionales a un papel secundario. Para muchos, el país apenas conservaba una soberanía simbólica.
La versión oficial extranjera sostenía que esta tutela resultaba indispensable. Incapaz de garantizar su propia seguridad y con una economía sostenida principalmente por capital externo, el gobierno japonés sobrevivía en un estado de fragilidad permanente. Romper aquel vínculo equivaldría a arriesgar un colapso para el que nadie parecía preparado.
—Me sorprende que una dama se interese en temas tan técnicos —intervino otro hombre con tono condescendiente.
—Eso se llama sexismo —respondió con serenidad una mujer de unos treinta y cinco años—. Le recuerdo que la principal investigadora de Sephirah Genomics es una mujer.
La familia Quinwitch no había escatimado en gastos para aquella gala. El amplio salón principal lucía irreconocible bajo una decoración cargada de opulencia y refinamiento, con una gruesa alfombra de terciopelo rojo recorriendo el recinto de extremo a extremo, mientras elegantes sillas de acabados dorados rodeaban mesas cubiertas con manteles de lino impecablemente planchados.
Sobre las bandejas de plata se exhibía una selección de aperitivos cuidadosamente preparados por chefs de renombre de diferentes partes del mundo y los mozos, vestidos con uniformes negros perfectos, se desplazaban entre la multitud ofreciendo copas de champagne, vinos añejos y licores cuyo valor superaba con facilidad el salario anual de un ciudadano común.
—Gracias por acompañarnos esta noche —dijo Stella Quinwitch con una reverencia elegante, sujetando el borde de su vestido largo—. Audrey, vamos —tomó el brazo de la rubia enfundada en un vestido largo verde.
—¡Ah, espera! —susurró Audrey, intentando evitar perder el equilibrio en los tacones.
Ambas empezaron a correr por el largo sitio, evitando tropezar con los demás invitados; Stella solía recibir críticas por su carácter impulsivo y caótico, en contraste con su hermana menor, quien representaba la compostura y la distinción familiar.
—¡Cuidado! —exclamó un hombre de cabello castaño al apartarse justo a tiempo para evitar que su copa se derramara.
—Lo sentimos —respondieron al unísono sin detenerse. No consideraron necesario disculparse ante un japonés.
—Estas mocosas —suspiró el varón, dejando que el líquido llegue a sus labios.
Yahiro llevaba apenas unos meses ocupando un escaño en el parlamento, tiempo suficiente para descubrir cuánto detesta aquellas celebraciones obligatorias que le arruinaban sus planes los fines de semana. Elevó la vista hacia las enormes arañas de cristal colgadas del elevado techo, la luz dorada que desprendían bañaba el salón, arrancando destellos de las copas y las joyas de los invitados.
Qué fastidio.
Risas discretas, conversaciones intrascendentes y sonrisas ensayadas llenaban cada rincón del recinto. Los políticos, empresarios, científicos y altos mandos militares intercambiando cumplidos y promesas falsas, como si el país no estuviera consumiéndose lentamente bajo las insurgencias y el Virus Apocalipsis.
Yahiro exhaló con frustración.
Sus impecables zapatos Oxford de charol resonaban suavemente sobre el mármol mientras avanza entre la multitud; había asistido con un objetivo claro, pero hasta ese momento no había logrado localizar a la persona que buscaba: Liu Xiao.
La familia Xiao figuraba entre los principales inversionistas detrás del programa Endslave y había participado en las primeras etapas de desarrollo y fabricación de aquellas máquinas de guerra que ahora simbolizaban el nuevo orden impuesto.
Toda su atención permanecía enfocada en encontrar a Liu Xiao. Recordaba vagamente su rostro, hombre joven de cabellos negro azulado, una figura difícil de ignorar pese a la discreción con la que acostumbraba moverse. Estaba convencido de haberlo visto en alguna ocasión, quizá cruzando los pasillos de un restaurante o en un bar, sin embargo, aquellos encuentros fugaces nunca le permitieron conocerlo realmente.
Los datos reunidos hasta el momento resultaban escasos, a diferencia de otros herederos de grandes corporaciones, Liu evitaba los escándalos, rara vez concedía entrevistas y mantenía un perfil público sorprendentemente bajo para alguien de su posición; su reputación circulaba con facilidad entre los círculos de poder, algunos lo describían como un prodigio de los negocios y dentro del conglomerado Liu, muchos ya lo consideraban el sucesor inevitable, la persona destinada a heredar el negocio familiar cuya influencia se extendía en diversos ámbitos.
La celebración continuaba en pleno apogeo. Varias parejas se encontraban en el centro de la pista de baile, con sus brazos en la cintura al ritmo de la orquesta, mientras pequeños grupos conversaban entre bebidas.
Fue entonces cuando distinguió un rostro familiar.
Entre los invitados destacaba una mujer de origen chino a quien reconoció de inmediato. Su nombre aparecía con frecuencia en revistas académicas y conferencias internacionales, aunque la mayoría la conocía simplemente como Chris, una renombrada psicóloga. Usando un vestido negro y plata, abierta en la falda, se llevaba la mirada discreta de varios asistentes.
—Chris, cuánto tiempo sin verte —saludó Yahiro mientras acortaba la distancia entre ambos—. Debo admitirlo, luces espectacular.
La aludida no correspondió al cumplido, en lugar de ello, elevó ligeramente la copa a modo de saludo y acompañó el gesto con un leve asentimiento.
—Ha transcurrido bastante desde nuestro último encuentro —respondió con tranquilidad.
Chris permanecía con los brazos cruzados mientras una expresión de hastío cruzaba en su rostro.
—Debo admitirlo, esta celebración resulta considerablemente más bulliciosa de lo habitual.
—En eso coincido contigo, Chris — entre sus pómulos se marcó una tenue sonrisa. Años dentro de la política le habían enseñado a mantener la compostura bajo cualquier circunstancia, por eso había llegado tan lejos en la política—. ¿Cómo has estado?
—Me he encontrado con casos interesantes. Nada fuera de lo común para alguien dedicado a la salud mental en un mundo postapocalíptico —elevó la copa unos centímetros antes de tomar un pequeño sorbo—. Ansiedad, paranoia, traumas de guerra, delirios conspirativos... aunque siendo sincera últimamente resulta difícil distinguir unos de otros. Los “cuerdos” son los peores.
La ironía hizo sonreír a Yahiro.
—Suena agotador.
—Lo es.
La psicóloga inclinó la cabeza y lo observó durante unos segundos con curiosidad, sus ojos dorados analizando cada uno de los gestos del castaño.
—Ahora bien, hablemos de ti. ¿Estás buscando a Liu Xiao?
Yahiro enmudeció por un instante y esa vacilación fue la respuesta que buscaba Chris.
—Vaya —musitó ella—. Así que acerté.
—¿Tan evidente soy?
—Para el resto de los asistentes, no. Para mí, sí. Llevas más de diez minutos escaneando cada rincón del lugar, no pareces interesado en la compañía de cualquier persona y has evitado el contacto visual con quienes te conocen.
Hizo una pausa, tomando otro sorbo de alcohol.
—Y considerando el tipo de evento al que asistimos, Liu Xiao es mi apuesta más segura. ¿Adivine?
Yahiro soltó una risa y luego asintió.
—¿Qué más has deducido? —la observó lleno de diversión.
Chris giró la copa entre los dedos antes de responder.
—Asumes que por compartir nacionalidad conmigo, debo conocerlo.
—¿No es así, Wang Qing?
Un mozo pasó cerca de ellos y Yahiro depositó su bebida vacía en la charola.
—Como si los más de mil millones de chinos nos reuniéramos cada fin de semana para intercambiar información —exhaló Chris, intentando sonar ofendida.
—¿Lo conoces? —la mueca de él se ensanchó.
—Quizás —señaló con el mentón a un grupo de personas que, entre todas las figuras influyentes de esa noche, destacaba un pequeño grupo de invitados de origen chino—. El del centro es Liu Xiao —prosiguió con calma—. La mujer a su derecha es su hermana y los demás pertenecen a círculos bastante exclusivos.
Su mirada se detuvo en uno de ellos. El sujeto, traía su cabello, de un intenso tono rojizo como el fuego, caía recogido en una larga cola de caballo sobre la espalda y unos anteojos redondos y oscuros ocultaban parte de su rostro, impidiendo adivinar la dirección de sus ojos. Reía, como si nada importara aparte de ellos.
—Si aceptas un consejo, evita involucrarte con cierto individuo.
—¿Cuál?
—Vein.
Yahiro siguió la dirección indicada.
—Probablemente sea el más peligroso de todos los presentes.
Una breve risa escapó de Yahiro.
—Me tomas por un ignorante.
Chris no respondió, sabía que él no es la clase de hombre que tienta al destino.
—Vein o Xiao Weiyin —continuó él—. Su nombre aparece en demasiados informes como para pasar desapercibido. Contrabando, mercado negro, mueve todo el contrabando de Normagene. Prácticamente cualquier actividad ilegal termina vinculada a su entorno y al Chinatown.
Los labios de la psicóloga se curvaron apenas hacia arriba, ya no eran una fina línea.
—Forma parte de mi trabajo investigarlo. Algunos incluso afirman que posee más influencia en determinados distritos que las propias autoridades.
—¿Qué buscas de Liu Xiao? —la pregunta de ella fue directa sin ningún rodeo.
Yahiro tomó la bebida de las manos de Chris y la depositó en la charola de otro mozo.
Había ingresado en la política impulsado por una convicción que muchos consideraban ingenua, la de cambiar Japón, recuperar la dignidad nacional y devolver autonomía a un país que seguía dependiendo de intereses extranjeros para sostenerse en pie. Por supuesto, los ideales por sí solos no transforman nada y Yahiro lo sabe de sobra.
El Distrito 24 estaba lleno de manifestantes, activistas y ciudadanos con la misma indignación de él, repartiendo volantes y pancartas, personas honestas y comprometidas al cambio, sin embargo, los ideales no modificaban leyes ni desplazan estructuras de poder. Las acciones sí y Yahiro lo comprendía mejor que nadie, aun así, conocía perfectamente su posición dentro de ese esquema de poder… frente a figuras como los Xiao o individuos como Vein, apenas es un parlamentario recién llegado y no traía absolutamente nada más que un título universitario.
—Con Vein no busco nada —respondió finalmente—. Si continúa moviéndose con total libertad, apropiándose de sectores enteros de Ginza y permitiéndose llamar Chinatown a una parte de la capital japonesa, no es por su fortaleza, es por nuestra debilidad y la incapacidad de quienes ocupamos cargos públicos.
La psicóloga volvió a su expresión normal, donde sus labios forman una fina línea.
—Eso suena peligroso.
—Tal vez.
—¿Y aun así pretendes acercarte a los Xiao?
—Precisamente por eso. Lo necesito.
—Entonces supongo que no lograré hacerte cambiar de opinión —antes de que pudiera replicar, la psicóloga tomó su brazo y comenzó a guiarlo a través del salón… directo hacia la cueva de los lobos.
La distancia se reducía a medida que avanzaban, Yahiro podía distinguir mejor los rostros y escuchar las conversaciones en mandarín.
—Aprovecha y memoriza los nombres —murmuró ella sin perder la compostura—. Te ahorrarás varios dolores de cabeza.
Señaló discretamente a una joven de cabello lila que conversaba junto a Liu Xiao.
—Liu ChiXia. Estudiante universitaria. Inteligente, educada y sorprendentemente normal para pertenecer a esa familia.
Su atención se desplazó hacia un muchacho que sostenía una jarra de cerveza y algo nervioso intentaba hablar.
—El de allí es Xia Fei.
A diferencia del resto, parecía completamente ajeno a la política que domina la gala.
—Modelo profesional —continuó Chris—. Bastante popular en redes, varias campañas publicitarias, algunos contratos internacionales. Nada especialmente relevante para tus intereses.
Por último, su atención recayó sobre dos chicos idénticos que conversaban cerca de una de las mesas laterales. El varón hacía gestos con sus manos. A primera vista parecían demasiado jóvenes para permanecer despiertos a aquellas horas, especialmente en una reunión donde discordaban totalmente.
—Los gemelos —musitó Chris—. Tienen diecinueve años, Li Tianchen y Li Tianxi.
—¿Familia de Xiao?
—No exactamente —la psicóloga negó con suavidad.
—Son hijastros de Qian Jin, uno de los abogados más importantes dentro del círculo de los Liu. Lleva años encargándose de asuntos legales y posee su porpio bufete, exclusivo, los clientes principales son los Liu.
Chris desvió la mirada hacia Liu Xiao y después hacia Vein.
—Los verdaderos problemas están allí.
Yahiro sintió como sus nervios afloraban a medida que ser acercan.
—¿Tienes algo interesante que ofrecerles? —preguntó Chris con genuina curiosidad.La psicóloga mantenía la vista al frente, aunque su curiosidad por develar los planes de él, estaban a flor de piel.
—No —admitió, mostrando una sonrisa encantadora—. Improvisaré.
—Eso no me tranquiliza.
—Mostraré mis habilidades como político. ¿No debería bastar?
Chris negó con la cabeza.
—Ahora me preocupas más.
Antes de que él pudiera responder, la mujer soltó su brazo y dio los últimos pasos por su cuenta.
—Buenas noches —saludó con una ligera inclinación de cabeza—. Los encuentro animados esta noche.
Varias miradas se posaron hacia los recién llegados.
—Tú tampoco pareces aburrida, psicóloga —la voz provenía del pelirrojo, quien fue el primero en darle la bienvenida—. What are you planning this time?
Chris lo ignoró por completo y pasó su atención a Liu ChiXia.
—Espero verte el martes. La semana pasada decidiste ausentarte de nuestra sesión sin previo aviso.
La jovencita reaccionó al ser regañada, y sus labios se apretaron como los capullos de una flor.
—Lo lamento mucho, tuve algunos asuntos a resolver ese d-día —murmuró, aunque su tono y nerviosismo dejaba en evidencia la mentira.
Chris enarcó una ceja.
—¿De verdad?
Liu Xiao giró ligeramente el rostro para ocultar una sonrisa, el intento fue inútil.
—¡Gege!
—Lo siento —respondió él entre pequeñas risas que se le escapan—. Mi hermanita es terrible mintiendo —tapó su boca con la mano, enfundada en un guante negro mientras recuperaba la compostura.
—¡Y-Yo soy una experta! —realizó un pequeño puchero.
—Acabas de demostrar exactamente lo contrario.
—Ekkk… —la joven emitió un sonido de ahogo, que provocó varias sonrisas alrededor del grupo.
—Debo admitir que tiene razón —comentó la psicóloga—. He visto pacientes con delirios paranoides elaborar historias más convincentes.
—¡Chris! —refunfuñó ChiXia.
—¿Qué? Eres inteligente, responsable y educada —la especialista restó importancia moviendo una de sus manos—. Mentir simplemente no está entre tus talentos.
—No seas tan dura con ella, bastante tiene ya con la universidad.
Yahiro se quedó al margen de la conversación, pese a que esperaba ver a un grupo de herederos arrogantes y figuras inaccesibles, ahí estaba la realidad… frente a él se encontraba un hermano mayor burlándose cariñosamente de su hermana menor y una psicóloga incapaz de ignorar una mentira evidente y las risas descontracturando la escena.
—Who are you?
Una sonrisa ladeada apareció en el semblante del pelirrojo.
—What a delightful height.
De todas las posibilidades que había imaginado para aquel encuentro, ninguna incluía que un mafioso internacional iniciara la conversación comentando su estatura; aun así, no retrocedió ni mostró incomodidad.
—Vein... —rezongó ChiXia, llevándose una mano a la frente—. Es Samukawa Yahiro. Forma parte del parlamento japonés.
—¿Ah? —el interés del chino pareció incrementarse—. Eso lo vuelve más interesante. Fu~ should i invite you to dinner?
—Gracias por la presentación —intervino Yahiro antes de que la conversación tomara un rumbo todavía más extraño y realizó una inclinación respetuosa—. Es un placer conocerlos. En efecto, soy Samukawa Yahiro.
—Así que un político —el timbre de Liu Xiao sonó tranquila—, no solemos recibir demasiadas visitas del parlamento en eventos sociales.
—Quizá porque la mayoría considera más seguro mantenerse alejada de ustedes —comentó Chris con total naturalidad.
El grupo permaneció en silencio, junto a los nervios crepitantes de Yahiro; Xia Fei soltó una carcajada primero, seguido de Liu Xiao y por último Vein, aplaudiendo con diversión.
—Wise decision. The kitten has claws —sus labios se curvaron hacia arriba—, aunque ahora siento curiosidad.
Vein centró toda su atención en Yahiro y él supo de inmediato que esto no era una buena señal. Atraer la atención del sujeto más peligroso de la velada sin duda era un auténtico error.
—¿Has venido a hacer amigos, parlamentario? That's hard to believe —la sonrisa de Vein no desapareció.
Cada segundo transcurrido aumentaba la sensación de Yahiro de encontrarse frente a un depredador paciente, lo más inquietante ni siquiera era el pelirrojo, incluso la mirada de ese chico de cabellos rosados -Li Tianchen- se percibía como una amenaza.
—¡Jefe! —antes de que Vein pudiera continuar, el modelo se colocó detrás de él y comenzó a sacudirlo por los hombros de un lado a otro— ¡Así terminarás espantando a cualquiera que intente acercarse!
—Ha-ha. Sorry, sorry.
—No le prestes demasiada atención —dijo Xia Fei mientras soltaba a su superior—. Nuestro jefe es un poco peculiar.
—Esa es una forma elegante de decirlo —murmuró Chris—, yo habría usado "excéntrico".
—I'm right here…
—En cualquier caso, resulta agradable conocer gente nueva —continuó Xia Fei con una sonrisa amistosa.
—Lo mismo digo —la chica de cabellos lilas sonrió con entusiasmo—. Nosotros somos Liu Xiao y ChiXia —señaló a su hermano mayor y después a ella misma.
Yahiro aprovechó la oportunidad, pues tenía a su objetivo al alcance.
—Es un placer, ChiXia-san —tomó la pequeña mano de ella y la besó con pulcritud en sus nudillos, luego estrechó su otra mano con la de Liu Xiao.
—No seas tan formal —la chica se apresuró a decir, ya traía sus mejillas ligeramente coloradas—. Aparte, es un poco vergonzoso que nos traten como si fuéramos nobles.
—¿No lo son? —preguntó Xia Fei.
—¡Xia Fei!
—Solo digo que la mitad de los invitados aquí probablemente harían una reverencia si Liu Xiao se los pidiera.
—Eso es ridículo, Xia Fei.
—No estoy tan seguro —esas palabras provinieron de Vein.
La sonrisa divertida que apareció en su rostro provocó que ChiXia ocultara la cara entre las palmas, totalmente avergonzada.
—Por favor, no lo animes.
—Too late, Mademoiselle.
Yahiro observó el intercambio con atención, anotando cada reacción de los miembros del grupo. Aún le resultaba extraño que gente tan poderosa no fuera arrogante y elitista. Por supuesto, eso no les quitaba la peligrosidad.
—Deberías ir al grano, Yahiro —aconsejó Chris.
El comentario provocó varias miradas curiosas, lo que hizo que Yahiro suspirara bajito. Esperaba acercarse de manera diplomática, aunque realmente no sabía como iniciar una conversación a solas con el heredero de los Liu.
—Tienes razón —se aclaró la garganta y recuperó la compostura que tantas veces había utilizado frente a periodistas.
—Liu Xiao-san, ¿podría concederme unos minutos para conversar?
No era una petición especialmente extraña y tampoco inocente. Liu Xiao lo observó en silencio, los lentes que cubrían sus ojos resplandecieron por la luz de las arañas; Yahiro tuvo el leve presentimiento de que esta no sería una conversación tranquila.
—Por supuesto —respondió con un pequeño asentimiento—. Sería descortés rechazar a un representante del parlamento.
—Hermano —ChiXia tiró del abrigo de él.
—Acompáñeme—señaló uno de los mini bares del sitio—. Vamos a buscar algo para beber.
Esa invitación era para apartarse del resto, aun asi, la mirada de varias personas estaban fijas en ellos dos.
86
Unidad de Investigación y Control / Re: Unidad de Investigación y Control — Registro de incidentes y malas decisiones
« Last post by Ekha on May 31, 2026, 07:53:46 PM »Caso XX2
- Cuando la investigación que debía resolver el incidente se convierte en la víctima del incidente -

La lista no era particularmente larga… y eso la hacía más difícil de justificar.
Alain revisó el primer nombre.
Flat Escardos.
Su expresión no cambió mucho… o al menos no de una forma excesivamente notoria. De cualquier forma, no significaba nada bueno.
Albatross.
Nada bueno había ocurrido la última vez que escuchó ese nombre y sospechaba que las veces anteriores tampoco.
El tercer nombre le resultó menos familiar, al menos los otros dos eran, de menos, criminales para sus estándares.
Vane Feendrache.
Esperaba que fuese una persona razonable al menos. Alguien que pudiera controlar a los otros dos.
Volvió al inicio del documento. Era la autorización que había llegado a su escritorio antes de medio día. La liberación temporal de los dispositivos para pruebas de campo.
Todo en orden. Todo aprobado. Todo firmado por las personas correspondientes, como debía ser.
Bajó nuevamente a la sección de personal. Los nombres seguían siendo los mismos.
Una verdadera lástima.
—¿Algún problema?
La voz de Fujieda llegó desde el otro lado del despacho. Alain apenas y levantó la vista del documento.
—¿Por qué ellos?
La respuesta llegó con la misma rapidez y tono de alguien que recita algo que ya ha tenido que explicar demasiadas veces.
—Experiencia de campo.
Recordó a Flat Escardos y su desastroso encuentro con él tiempo atrás.
— Entiendo.
—Capacidad de adaptación.
Alain recordó fragmentos que alguna vez había tenido la desgracia de leer de los informes de Albatross. Imposible olvidar un nombre con semejante trademark.
— Y disposición para trabajar bajo presión.
Alain observó nuevamente la hoja y después a Fujieda. Su vista, definitivamente, comprendía que la hoja y Fujieda, en ese momento, eran casi la misma entidad administrativa.
La conversación había terminado, no porque estuviese convencido, sino porque había comprendido que no obtendría una respuesta mejor.
Firmó la autorización.
Meses de investigación, de reconstrucciones históricas, pruebas, análisis, hipótesis, debates interminables…
Todo reducido a una firma al final de un documento administrativo.
— Entiendo.
No entendía absolutamente nada.
Mientras Fujieda abandonaba la oficina con la autorización, Alain apoyó su frente contra el respaldo de la silla y cerró los ojos.
Al menos Geamăna estaba en otro continente. Si algo salía mal, la explosión ocurriría lejos de su escritorio.
Alain observó el archivador apoyado sobre la esquina de su escritorio.
Meses.
Meses de documentos, registros, pruebas. Reconstrucciones históricas. Teorías e hipótesis descartadas y otras cuestionablemente esotéricas que seguían negándose a desaparecer.
Meses intentando determinar si estaban siguiendo un patrón real o imaginándolos donde no existían.
Y ahora la fase de investigación había terminado de forma oficial. No por su mano ni la de René. Administrativamente.
La siguiente parte dependía de otros, lo cual era una frase perfectamente razonable hasta que uno recordaba quiénes eran los otros.
Suspiró.
La aplicación estaba lista. Los dispositivos preparados. Los protocolos finalizados. Incluso los permisos estaban listos. Todo había sido controlado hasta donde podía existir una idea de control en un escenario tan irregular como ese, en una investigación tan densa y tan carente de tiempo. Precisamente en ese punto, comenzaba la parte problemática, porque las variables humanas nunca habían respetado tiempo, forma ni protocolos. Y mucho menos cuando respondían a nombres como Flat Escardos o Albatross.
Alain cerró el archivador no porque hubiera terminado de utilizarlo sino porque seguír observándolo no cambiaría nada.
La misión estaba aprobada.
Los dispositivos estaban asignados.
Y, en algún lugar del edificio, tres individuos completamente ajenos a meses de discusiones académicas se convertirían en personal activo de la fase más importante del proyecto.
Al universo parecía no importarle si Alain Guillotin aceptaba o no la idea.
Consideró buscar a René, sólo por un instante, y después recordó que la respuesta más probable que recibiría de él sería entusiasmo.
Decidió sufrir en silencio.
Para cuando regresó a su oficina, el proceso ya era irreversible. No porque la misión hubiese comenzado, sino porque los teléfonos ya habían cambiado de propietario.
Alain observó la copia de la autorización, debidamente enviada para archivación por Fujieda. Todo seguía siendo estrictamente correcto. Claro, Fujieda jamás se equivocaría en un protocolo. Y eso le irritaba bastante en ese momento.
Cero errores, cero omisiones. Ningún paso pendiente.
Cualquier desastre futuro, gracias ello, sería una consecuencia perfectamente documentada que no afectaría la carrera de absolutamente nadie administrativamente hablando.
A estas alturas, los dispositivos estaban ya en las manos de sus nuevos usuarios, los mismos que ahora tenían acceso a una aplicación construida sobre meses de investigación y sonrisas que él desaprobaba, fenómenos insuficientemente comprendidos y una cantidad preocupante de advertencias ignoradas durante el desarrollo.
Suspiró con cierto pesar que normalmente no se permitía sentir.
No le preocupaba la aplicación, tampoco los protocolos. Incluso las anomalías le inspiraban más confianza. Lo que realmente le ocasionaba cierta reserva eran las baterías, porque la experiencia le había enseñado que cualquier objeto capaz de almacenar suficiente energía era capaz de explotar eventualmente. Y acababan de entregar tres.
A Flat.
A Albatross.
Y a un hombre en el que todavía depositaba esperanzas poco razonables.
…
Quizá todavía estaba a tiempo de llamar a Fujieda. No para cancelar la misión, eso era imposible. Para sugerir extintores adicionales.
La idea se mantuvo extremadamente viva durante otros diez segundos. Después decidió que tampoco quería explicarle esa conversación a la directora.
El problema ahora pertenecía a otro continente.
87
Downtown District / Re: Act 1: Overture
« Last post by Kana on May 31, 2026, 06:51:45 PM »Le molestaba el vibrar de su móvil a un lado de su cara en la almohada. Era como la tercera vez que lo llamaban pero no quería contestar. Mantuvo los brazos cruzados detrás de su nuca, mirando el techo sin pensar en nada particular. Llevaba así una o dos horas.
Era de esos días que no tenía ánimo de nada.
Por fin su móvil dejo de vibrar. Subió la canción que escuchaba al máximo del volumen, recibiendo unos cuantos golpes de puño en la pared que daba a la casa del vecino.
Suspiró, cómodo en ese letargo.
I hear you're feeling down
Well, I can ease your pain
And get you on your feet again
There is no pain, you are receding
“Así debió sentirse Syd Barret” pensó.
Por fin después de un letargo inumanamente largo, el pelicastaño de ojos verdes tomó su teléfono movil, pasando los mensajes de la pantalla donde uno que otro le preguntaba que estaba haciendo, que en donde estaba, por qué no respondía la llamadas y la más exigente: ¿por qué faltó al ensayo de hoy?
A distant ship, smoke on the horizon
You are only coming through in waves Your lips move, but I can't hear what you're saying
I have become comfortably numb
La verdad. Faltó por faltar. No tenía ganas de ir a tocar con los chicos. Estaba algo desmotivado, sin proyección musical a futuro, sentía que tal vez estaba perdiendo el tiempo quedándose allí.
Oikawa tenía mucho entusiasmo con la banda que crearon, pero Eren no entendía bien su papel allí. Oikawa y él fueron compañeros de escuela y se llevaban bien, al graduarse, seguían coincidiendo y quedando en encontrarse de vez en cuando, por eso seguían en contacto.
Mientras Oikawa estaba muy animado en crear una banda musical, Eren se preguntaba qué rayos debería hacer con su futuro. Había hecho los exámenes para la universidad y quedó en la carrera de Derecho, pero, en lo que iba del semestre no había ido a casi ninguna clase y es porque las primeras que fue se preguntó si realmente era eso lo que quería.
Qué incómodo era decidir. Sobre todo, si eres el hijo del segundo matrimonio de un respetado doctor y tu hermano mayor es un político de renombre.
A Eren se le exigía brillar, pero no había forma en que él brillara. No tenía talento en la política, tampoco tenía ganas de tener un futuro en realidad.
Oikawa todo el tiempo le insistía que se uniera a su banda, que necesitaba a alguien en la batería y siempre le tiraba ánimos y flores que lo hacía bien, pero Eren no sabía si realmente era lo suyo. Además de Oikawa, en la banda estaba Kaneki y su tonto hermano Sho y si bien lograban hacer todos juntos buena música, no tenían manager y pasaban más peleando que coincidiendo. Sobre todo él con Sho. Casi no soportaba estar en el mismo planeta que el pelirrojo.
Pero quedarse viviendo en la casa de su mamá mucho menos era una opción aceptable.
Así que aceptó una indignante condición: vivir en una habitación con una dealer, quien vivía con un grupo de jóvenes de la misma calaña en lo que parecía ser un edificio tomado.
Por supuesto, Eren no le contaba esa parte de su historia a nadie. Había salido de la casa de su mamá y eso era lo importante, lo otro eran detalles. A sus conocidos les decía que rentaba algo barato a los bordes de la ciudad, jamás les diría que vivía de parásito de una parásita.
Lo que más le molestaba del lugar es que todos los días hacían fiestas en la sala, bebían alcohol y se drogaban con la música en exceso.
Él se quedaba en el cuarto sin compartir con el resto, otras veces prefería hacer turnos en su trabajo donde era mesero en un Johnny Rockets y el resto del día lo pasaba con Oikawa y los demás.
Hablando de Johnny Rockets, esa era otra vergüenza que trataba de omitir en sus conversaciones. Se sentía tan ridículo en ese traje de los años sesenta sacado de Grease, pero peor la pasaba cuando lo obligaban a decir esa tonta frase “Hello! Hello!” al menos ya no lo forzaban a cantar ni a bailar ese ridículo baile para recibir a los clientes.
En fin. Al menos, en esa habitación tenía televisor y podía desconectarse un poco de lo que pasaba afuera de las paredes. Prendió la TV y por mas zapping que hizo sólo vio una noticia en común: se cumplía un año desde el fallecimiento del vocalista de Lost Heaven.
Se quedó un tanto viendo su biografía, su carrera musical y las circunstancias de su muerte.
—Épico. Murió siendo un rock star de verdad.
Entonces pensó que quizá ser miserable era un plus para volverte un músico importante, sea cual sea tu destino final. Porque el vocalista de Lost Heaven tenía una vida más difícil que la suya y terminó siendo un grande.
Quizá su banda musical podía llegar a brillar si se esforzaban más. Era algo tarde para ir con los chicos a ensayar, pero si mañana se reunirían haría el esfuerzo por ir.
Ya eran las diez de la noche cuando una extraña llegó y entró en el cuarto, estaba sólo con ropa interior y se lanzó a la cama donde estaba Eren. Empezó a ser invasiva con él, sujetandose de su cuello y forzando a besarla, así que Eren se la quitó de encima y le pidió que saliera, pero la tipa se quedó dormida allí.
Sin más remedio, él fue quien tuvo que salir. Tomó su mochila y salió a la calle. Ya cuando estaba cerca del muelle, encendió un cigarrillo y pasó su cabello lacio atrás de su oreja. Le relajaba el mar.
Pero sus ojos se abrieron enormemente y su cigarrillo cayó al agua cuando a su costado vio que una joven estaba parada justo en la baranda.
¿Se iba a lanzar?
Era de esos días que no tenía ánimo de nada.
Por fin su móvil dejo de vibrar. Subió la canción que escuchaba al máximo del volumen, recibiendo unos cuantos golpes de puño en la pared que daba a la casa del vecino.
Suspiró, cómodo en ese letargo.
I hear you're feeling down
Well, I can ease your pain
And get you on your feet again
There is no pain, you are receding
“Así debió sentirse Syd Barret” pensó.
Por fin después de un letargo inumanamente largo, el pelicastaño de ojos verdes tomó su teléfono movil, pasando los mensajes de la pantalla donde uno que otro le preguntaba que estaba haciendo, que en donde estaba, por qué no respondía la llamadas y la más exigente: ¿por qué faltó al ensayo de hoy?
A distant ship, smoke on the horizon
You are only coming through in waves Your lips move, but I can't hear what you're saying
I have become comfortably numb
La verdad. Faltó por faltar. No tenía ganas de ir a tocar con los chicos. Estaba algo desmotivado, sin proyección musical a futuro, sentía que tal vez estaba perdiendo el tiempo quedándose allí.
Oikawa tenía mucho entusiasmo con la banda que crearon, pero Eren no entendía bien su papel allí. Oikawa y él fueron compañeros de escuela y se llevaban bien, al graduarse, seguían coincidiendo y quedando en encontrarse de vez en cuando, por eso seguían en contacto.
Mientras Oikawa estaba muy animado en crear una banda musical, Eren se preguntaba qué rayos debería hacer con su futuro. Había hecho los exámenes para la universidad y quedó en la carrera de Derecho, pero, en lo que iba del semestre no había ido a casi ninguna clase y es porque las primeras que fue se preguntó si realmente era eso lo que quería.
Qué incómodo era decidir. Sobre todo, si eres el hijo del segundo matrimonio de un respetado doctor y tu hermano mayor es un político de renombre.
A Eren se le exigía brillar, pero no había forma en que él brillara. No tenía talento en la política, tampoco tenía ganas de tener un futuro en realidad.
Oikawa todo el tiempo le insistía que se uniera a su banda, que necesitaba a alguien en la batería y siempre le tiraba ánimos y flores que lo hacía bien, pero Eren no sabía si realmente era lo suyo. Además de Oikawa, en la banda estaba Kaneki y su tonto hermano Sho y si bien lograban hacer todos juntos buena música, no tenían manager y pasaban más peleando que coincidiendo. Sobre todo él con Sho. Casi no soportaba estar en el mismo planeta que el pelirrojo.
Pero quedarse viviendo en la casa de su mamá mucho menos era una opción aceptable.
Así que aceptó una indignante condición: vivir en una habitación con una dealer, quien vivía con un grupo de jóvenes de la misma calaña en lo que parecía ser un edificio tomado.
Por supuesto, Eren no le contaba esa parte de su historia a nadie. Había salido de la casa de su mamá y eso era lo importante, lo otro eran detalles. A sus conocidos les decía que rentaba algo barato a los bordes de la ciudad, jamás les diría que vivía de parásito de una parásita.
Lo que más le molestaba del lugar es que todos los días hacían fiestas en la sala, bebían alcohol y se drogaban con la música en exceso.
Él se quedaba en el cuarto sin compartir con el resto, otras veces prefería hacer turnos en su trabajo donde era mesero en un Johnny Rockets y el resto del día lo pasaba con Oikawa y los demás.
Hablando de Johnny Rockets, esa era otra vergüenza que trataba de omitir en sus conversaciones. Se sentía tan ridículo en ese traje de los años sesenta sacado de Grease, pero peor la pasaba cuando lo obligaban a decir esa tonta frase “Hello! Hello!” al menos ya no lo forzaban a cantar ni a bailar ese ridículo baile para recibir a los clientes.
En fin. Al menos, en esa habitación tenía televisor y podía desconectarse un poco de lo que pasaba afuera de las paredes. Prendió la TV y por mas zapping que hizo sólo vio una noticia en común: se cumplía un año desde el fallecimiento del vocalista de Lost Heaven.
Se quedó un tanto viendo su biografía, su carrera musical y las circunstancias de su muerte.
—Épico. Murió siendo un rock star de verdad.
Entonces pensó que quizá ser miserable era un plus para volverte un músico importante, sea cual sea tu destino final. Porque el vocalista de Lost Heaven tenía una vida más difícil que la suya y terminó siendo un grande.
Quizá su banda musical podía llegar a brillar si se esforzaban más. Era algo tarde para ir con los chicos a ensayar, pero si mañana se reunirían haría el esfuerzo por ir.
Ya eran las diez de la noche cuando una extraña llegó y entró en el cuarto, estaba sólo con ropa interior y se lanzó a la cama donde estaba Eren. Empezó a ser invasiva con él, sujetandose de su cuello y forzando a besarla, así que Eren se la quitó de encima y le pidió que saliera, pero la tipa se quedó dormida allí.
Sin más remedio, él fue quien tuvo que salir. Tomó su mochila y salió a la calle. Ya cuando estaba cerca del muelle, encendió un cigarrillo y pasó su cabello lacio atrás de su oreja. Le relajaba el mar.
Pero sus ojos se abrieron enormemente y su cigarrillo cayó al agua cuando a su costado vio que una joven estaba parada justo en la baranda.
¿Se iba a lanzar?
88
SeeDs in the Garden / Re: SeeDs in the Garden – revival
« Last post by Kora on May 31, 2026, 06:13:42 PM »En cuanto ocupó el lugar de Lievran, Lord Solane cayó dormido casi al instante. En cuestión de moments, su respiración se volvió lenta y profunda.
Para cuando el ritmo de su respiración se estabilizó por completo, Lievran ya estaba totalmente despierto. Aquello era lo normal para él, después de todo. Muchas noches dormía apenas cuatro o cinco horas, se levantaba para atender cualquier obligación en la Casa Domine y luego regresaba a descansar unas pocas horas más. Aprovechó la tranquilidad para recoger y limpiar los utensilios que habían usado, guardándolos después en sus respectivas mochilas.
Por un instante, su mirada se posó sobre el equipaje de Lord Solane. Sintió una leve curiosidad por su contenido, pero sabía perfectamente que no debía tocar nada sin su permiso.
Su guardia transcurrió en relativa calma. Lord Solane había dejado el mapa desplegado a su lado, y Lievran dudaba que hubiera sido un descuido por su parte. La disposición de las piedras sobre el pergamino le ofrecía ciertas pistas. Más allá de las cuevas donde se encontraban, las líneas del relieve mostraban un valle por el que debía continuar su ruta.
Lord Solane tenía que saber lo que estaba revelando al dejar aquello a la vista. Y, de algún modo, Lievran tenía la sensación de que esa había sido su intención.
Volvió a estudiar el mapa con atención, memorizando los puntos donde parecía esperarse algún problema. La ruta no resultaba tan segura como le habían hecho creer durante el informe inicial, al parecer. Lo que más le llamó la atención fue que los posibles peligros parecían proceder de posiciones elevadas, lo que sugería emboscadas preparadas de antemano.
Estaba claro que Lord Solane sabía mucho más sobre la misión que Lievran. Tendría que estar preparado.
Horas más tarde, cuando la madrugada comenzaba a acercarse, sus sensibles oídos captaron un sonido tenue.
Cuatro patas desplazándose sobre la roca.
El suave tic-tic de unas uñas contra la piedra hizo que Lievran abandonara inmediatamente el estudio del mapa y levantara la cabeza. Poco después apareció un visitante en el borde de la luz azulada del calefactor.
Un único par de ojos cian brilló en la oscuridad.
Lievran estuvo a punto de despertar a Lord Solane, pero se contuvo al ver que no había señales inmediatas de agresividad. La criatura avanzó despacio.
Era un lobo joven y solitario. Su hocico se movía nerviosamente mientras olfateaba el aire. No mostraba hostilidad alguna; solo la curiosidad cautelosa de un animal que probablemente jamás había visto a un humano de cerca.
Era delgado, de pelaje blanco y descuidado, con algunos arañazos visibles sobre el hocico. Aún conservaba la torpeza propia de un cachorro grande; sus patas parecían demasiado largas para su cuerpo. No debía tener más de un año.
Los lobos jóvenes que vagaban solos eran poco comunes. Tampoco consideraban a los hombres una presa viable. Si acaso, eran los hombres quienes representaban una amenaza para ellos, por lo que el hecho de acercarse tanto indicaba que estaba desesperado.
Era posible que el lobo hubiera perdido a su manada en la misma tormenta que ellos habían tenido que atravesar para llegar a la cueva, y que solo necesitara aguantar la noche hasta que amainara. Pero esa era la interpretación más optimista de su situación. El Norte era una tierra fría e implacable, llena de peligros. La mayoría de las bestias se adaptaban para sobrevivir el tiempo justo para perpetuar su linaje. Cualquier longevidad que consiguieran más allá de eso era una bendición.
El lobo parecía saber perfectamente que, aunque tuviera el estómago vacío, los humanos no eran una presa viable para él por sí solo. Quizá habría sido diferente si hubiera estado acompañado por su manada, pero Lievran pesaba más que él y, además, se mantenía demasiado alerta como para que valiera la pena intentar algo.
Compartir el calor del calefactor parecía ser suficiente para su invitado.
Y aunque los animales desesperados podían ser peligrosos, mientras tuviera espacio para huir, escogería escapar antes que pelear.
Cuando Lievran se movió ligeramente, el lobo se sobresaltó y retrocedió un paso. Aun así, al no verse expulsado, volvió a acercarse poco a poco.
Lievran apoyó una mano sobre la empuñadura de su gunblade. Después de lo ocurrido en el lago helado, no pensaba conceder segundas oportunidades a nada.
Finalmente, el lobo se sentó, y tras unos momentos más, terminó tumbándose justo en el límite del resplandor del calefactor.
Lievran no apartó la vigilancia del animal, aunque tampoco hizo ademán de expulsarlo. No pudo evitar sentir cierta simpatía por él... era joven y estaba solo. Quizá había perdido a su manada ante algún depredador mayor. Los lobos estaban lejos de ocupar la cima de la cadena alimentaria en el Norte.
O tal vez había sido expulsado por los suyos.
Como Lievran permaneció quieto, el animal permaneció recostado sobre su vientre, manteniendo una distancia prudente pero lo bastante cerca como para disfrutar del calor. Y también lo bastante cerca para que llegara hasta Lievran el olor a bosque, tierra mojada y pelaje de animal.
Lievran estaba acostumbrado al olor de los perros. Lord Livius tenía afición por la cría canina. Principalmente mantenía líneas de exhibición: animales nobles, obedientes y enormes, aunque no especialmente inteligentes. También criaba perros de guerra, cuya ferocidad dejaba claro que no eran mascotas.
Lievran no guardaba buenos recuerdos de estos últimos, pero aun así, aquel lobo no se parecía a ninguno de ellos. El lobo tenía por delante una vida dura, brutal y probablemente corta, pero si había algo que podía decirse de él, era que sería libre. No tenía un amo como los perros de Lord Livius. No había nacido para servir.
Si la suerte lo acompañaba, viviría y moriría sin llegar a conocer jamás las cadenas.
—No tengo comida para ti, lo siento —le dijo en voz baja.
Las orejas del animal se levantaron de inmediato al escucharle, y alzó la cabeza para mirarlo.
Las raciones eran limitadas. No podían permitirse compartirlas.
—...Pero puedes quedarte un rato.
El lobo siguió observándolo sin moverse.
Lievran se permitió pensar que no era una mala compañía. Si sus sentidos eran agudos, los de un lobo lo serían aún más. Cualquier visitante indeseado tendría dificultades para acercarse sin alertar a ambos. Y con ese razonamiento, justificó el dejar que se quedara.
Sólo esperaba que Lord Solane pensara lo mismo cuando despertara.
Observar al lobo dormitar, con el pelaje elevándose y descendiendo al ritmo de su respiración, resultó extrañamente reconfortante. Lievran jamás lo habría admitido en voz alta, pero hubo momentos en los que sintió la tentación de acariciarlo, aunque el lobo nunca lo hubiera permitido. En el mejor de los casos se apartaría; en el peor, le mordería. Y lo último que necesitaban era una herida infectada por las bacterias de la boca de un animal salvaje.
Ni siquiera podía entretenerse jugando con él para matar el tiempo. Lanzar cualquier objeto probablemente sería interpretado como una agresión.
Al final, las criaturas salvajes estaban destinadas a ser libres, lejos de la mano del hombre.
La luz del calefactor terminó por extinguirse hasta desaparecer por completo, obligando a Lievran a dejar encendida su linterna para usarla como una improvisada lámpara de campamento. Por inofensivo que pareciera el lobo, no iba a quedarse a oscuras con un animal salvaje cerca.
Cuando el cronómetro de Lord Solane marcó el final de su turno de vigilancia, Lievran se inclinó para despertarlo con suavidad. Las orejas del lobo se alzaron en cuanto percibió su movimiento, y se tensaron todavía más cuando Lord Solane comenzó a incorporarse... pero se mantuvo quieto.
Para cuando el ritmo de su respiración se estabilizó por completo, Lievran ya estaba totalmente despierto. Aquello era lo normal para él, después de todo. Muchas noches dormía apenas cuatro o cinco horas, se levantaba para atender cualquier obligación en la Casa Domine y luego regresaba a descansar unas pocas horas más. Aprovechó la tranquilidad para recoger y limpiar los utensilios que habían usado, guardándolos después en sus respectivas mochilas.
Por un instante, su mirada se posó sobre el equipaje de Lord Solane. Sintió una leve curiosidad por su contenido, pero sabía perfectamente que no debía tocar nada sin su permiso.
Su guardia transcurrió en relativa calma. Lord Solane había dejado el mapa desplegado a su lado, y Lievran dudaba que hubiera sido un descuido por su parte. La disposición de las piedras sobre el pergamino le ofrecía ciertas pistas. Más allá de las cuevas donde se encontraban, las líneas del relieve mostraban un valle por el que debía continuar su ruta.
Lord Solane tenía que saber lo que estaba revelando al dejar aquello a la vista. Y, de algún modo, Lievran tenía la sensación de que esa había sido su intención.
Volvió a estudiar el mapa con atención, memorizando los puntos donde parecía esperarse algún problema. La ruta no resultaba tan segura como le habían hecho creer durante el informe inicial, al parecer. Lo que más le llamó la atención fue que los posibles peligros parecían proceder de posiciones elevadas, lo que sugería emboscadas preparadas de antemano.
Estaba claro que Lord Solane sabía mucho más sobre la misión que Lievran. Tendría que estar preparado.
Horas más tarde, cuando la madrugada comenzaba a acercarse, sus sensibles oídos captaron un sonido tenue.
Cuatro patas desplazándose sobre la roca.
El suave tic-tic de unas uñas contra la piedra hizo que Lievran abandonara inmediatamente el estudio del mapa y levantara la cabeza. Poco después apareció un visitante en el borde de la luz azulada del calefactor.
Un único par de ojos cian brilló en la oscuridad.
Lievran estuvo a punto de despertar a Lord Solane, pero se contuvo al ver que no había señales inmediatas de agresividad. La criatura avanzó despacio.
Era un lobo joven y solitario. Su hocico se movía nerviosamente mientras olfateaba el aire. No mostraba hostilidad alguna; solo la curiosidad cautelosa de un animal que probablemente jamás había visto a un humano de cerca.
Era delgado, de pelaje blanco y descuidado, con algunos arañazos visibles sobre el hocico. Aún conservaba la torpeza propia de un cachorro grande; sus patas parecían demasiado largas para su cuerpo. No debía tener más de un año.
Los lobos jóvenes que vagaban solos eran poco comunes. Tampoco consideraban a los hombres una presa viable. Si acaso, eran los hombres quienes representaban una amenaza para ellos, por lo que el hecho de acercarse tanto indicaba que estaba desesperado.
Era posible que el lobo hubiera perdido a su manada en la misma tormenta que ellos habían tenido que atravesar para llegar a la cueva, y que solo necesitara aguantar la noche hasta que amainara. Pero esa era la interpretación más optimista de su situación. El Norte era una tierra fría e implacable, llena de peligros. La mayoría de las bestias se adaptaban para sobrevivir el tiempo justo para perpetuar su linaje. Cualquier longevidad que consiguieran más allá de eso era una bendición.
El lobo parecía saber perfectamente que, aunque tuviera el estómago vacío, los humanos no eran una presa viable para él por sí solo. Quizá habría sido diferente si hubiera estado acompañado por su manada, pero Lievran pesaba más que él y, además, se mantenía demasiado alerta como para que valiera la pena intentar algo.
Compartir el calor del calefactor parecía ser suficiente para su invitado.
Y aunque los animales desesperados podían ser peligrosos, mientras tuviera espacio para huir, escogería escapar antes que pelear.
Cuando Lievran se movió ligeramente, el lobo se sobresaltó y retrocedió un paso. Aun así, al no verse expulsado, volvió a acercarse poco a poco.
Lievran apoyó una mano sobre la empuñadura de su gunblade. Después de lo ocurrido en el lago helado, no pensaba conceder segundas oportunidades a nada.
Finalmente, el lobo se sentó, y tras unos momentos más, terminó tumbándose justo en el límite del resplandor del calefactor.
Lievran no apartó la vigilancia del animal, aunque tampoco hizo ademán de expulsarlo. No pudo evitar sentir cierta simpatía por él... era joven y estaba solo. Quizá había perdido a su manada ante algún depredador mayor. Los lobos estaban lejos de ocupar la cima de la cadena alimentaria en el Norte.
O tal vez había sido expulsado por los suyos.
Como Lievran permaneció quieto, el animal permaneció recostado sobre su vientre, manteniendo una distancia prudente pero lo bastante cerca como para disfrutar del calor. Y también lo bastante cerca para que llegara hasta Lievran el olor a bosque, tierra mojada y pelaje de animal.
Lievran estaba acostumbrado al olor de los perros. Lord Livius tenía afición por la cría canina. Principalmente mantenía líneas de exhibición: animales nobles, obedientes y enormes, aunque no especialmente inteligentes. También criaba perros de guerra, cuya ferocidad dejaba claro que no eran mascotas.
Lievran no guardaba buenos recuerdos de estos últimos, pero aun así, aquel lobo no se parecía a ninguno de ellos. El lobo tenía por delante una vida dura, brutal y probablemente corta, pero si había algo que podía decirse de él, era que sería libre. No tenía un amo como los perros de Lord Livius. No había nacido para servir.
Si la suerte lo acompañaba, viviría y moriría sin llegar a conocer jamás las cadenas.
—No tengo comida para ti, lo siento —le dijo en voz baja.
Las orejas del animal se levantaron de inmediato al escucharle, y alzó la cabeza para mirarlo.
Las raciones eran limitadas. No podían permitirse compartirlas.
—...Pero puedes quedarte un rato.
El lobo siguió observándolo sin moverse.
Lievran se permitió pensar que no era una mala compañía. Si sus sentidos eran agudos, los de un lobo lo serían aún más. Cualquier visitante indeseado tendría dificultades para acercarse sin alertar a ambos. Y con ese razonamiento, justificó el dejar que se quedara.
Sólo esperaba que Lord Solane pensara lo mismo cuando despertara.
Observar al lobo dormitar, con el pelaje elevándose y descendiendo al ritmo de su respiración, resultó extrañamente reconfortante. Lievran jamás lo habría admitido en voz alta, pero hubo momentos en los que sintió la tentación de acariciarlo, aunque el lobo nunca lo hubiera permitido. En el mejor de los casos se apartaría; en el peor, le mordería. Y lo último que necesitaban era una herida infectada por las bacterias de la boca de un animal salvaje.
Ni siquiera podía entretenerse jugando con él para matar el tiempo. Lanzar cualquier objeto probablemente sería interpretado como una agresión.
Al final, las criaturas salvajes estaban destinadas a ser libres, lejos de la mano del hombre.
La luz del calefactor terminó por extinguirse hasta desaparecer por completo, obligando a Lievran a dejar encendida su linterna para usarla como una improvisada lámpara de campamento. Por inofensivo que pareciera el lobo, no iba a quedarse a oscuras con un animal salvaje cerca.
Cuando el cronómetro de Lord Solane marcó el final de su turno de vigilancia, Lievran se inclinó para despertarlo con suavidad. Las orejas del lobo se alzaron en cuanto percibió su movimiento, y se tensaron todavía más cuando Lord Solane comenzó a incorporarse... pero se mantuvo quieto.
89
Unidad de Investigación y Control / Re: Unidad de Investigación y Control — Registro de incidentes y malas decisiones
« Last post by Haruhin on May 31, 2026, 06:07:22 PM »Hola soy Haru y esto es jackass 

Cuando se inclinó en el respaldo de su silla, soltó un respiro pesado y se masajeó el puente de la nariz. No servía para esto, todavía no podía acostumbrarse.
Pero si ponía en una balanza los beneficios versus las molestias, lo primero solía ganar, siempre.
—Me lo vas a hacer más fácil si colaboras. ¿Quieres hablar del sitio en el que estabas confinado antes de que fueras traído aquí? — Su dedo presionó el comunicador que lo separaba de un hermético cuarto donde detrás de un grueso vidrio polarizado se encontraba la silueta de otro hombre.
Nada. Ni un murmullo salió del recién ingresado, el cual desde la cámara de vigilancia lucía más hastiado que incómodo con la situación.
Fidelio estaba perdiendo la paciencia y estaba a punto de maldecir hasta a sus muertos, pero se mordió la lengua para no hacer ningún escándalo en la sala. Si estaba al mando del ingreso no iba a ponerse en vergüenza frente a los otros miembros del equipo de análisis de anomalías.
Sus labios permanecieron sellados, pero en su lugar en el asiento su cola se sacudió como un latigazo un par de veces. En situaciones como estas, donde las anomalías no ponían de su parte para realizar un ingreso a la base de datos era cuando preferiría ser parte de la división de campo. Así al menos también podría asegurarse que Basilio, su hermano pequeño, no hiciera nada estúpido y pudiera terminar gravemente herido…
Pero su evaluación había arrojado que su desempeño tenía más cabida lejos de los trabajos en terreno. Centrado en la investigación y el análisis de seres tanto más inusuales que él.
—Bien, haz lo que quieras. Tómate un descanso y volveremos a interrogarte veinte minutos. — Comentó antes de ponerse de pie, listo y dispuesto para subir momentáneamente en su break para prender un cigarro y ponerse al día por teléfono con su hermano al que no había visto en tres días.
Sin embargo, su plan original quedó interrumpido cuando la figura del asistente de la directora cruzó el umbral con el semblante estoico que le era habitual.
¿Qué hacía ahí ese estirado de las plantas altas ahí abajo? Nadie le había avisado que contarían con su visita en medio de un procedimiento.



—Señor Fujieda. — Dijo mecánicamente con las manos en los bolsillos de su bata abierta. —No esperábamos que viniera personalmente para presenciar el registro. — Cosa que era cierta. Generalmente este tipo de cosas se hacían por el día sin mayores intervenciones de otros equipos u administrativos.
—Fidelio. — Saludó primero. —Lamento interrumpirles el procedimiento. Pero por lo visto, la información de que yo supervisaría este ingreso no les llegó a ustedes. —
Fidelio pudo notar por un breve momento que la expresión de su superior se endurecía (si es que eso era medianamente posible) un poco más al darle un vistazo al sujeto que estaba tras el otro lado del cristal.
— Debió haber un problema de comunicación, no nos llegó un correo al respecto. ¿Le puedo ofrecer un asiento? —
—No hace falta. Como dije, quiero interrumpir su trabajo lo menos posible. ¿Puedes hablarme un poco del sujeto de ingreso? —
Fidelio volteó la mirada una vez hacia el cristal, pensativo. —Anomalía ingresada durante la tarde de ayer. Se registró bajo ID número #25126. Se estabilizó durante la madrugada ya que llegó en mal en estado, deshidratado y con múltiples laceraciones. Se presume que podría ser dueño de algún tipo de habilidad de control mental, ya que algunos miembros del equipo médico que lo revisaron ayer reportaron signos de fatiga y lagunas mentales durante la revisión del sujeto. —
—Ya veo. ¿Ha querido hablar más acerca del incidente del control médico? —
—No ha abierto la boca desde que lo derivaron a nuestro departamento. Intenté mantener una conversación con él, pero no hubo caso. — Fidelio hizo una pausa acompañada de una mueca. —Y también tratamos de obtener un previo registro de su identidad, pero las bases lo muestran sin antecedentes. Ni siquiera tenemos su nombre. Es todo lo que tenemos, señor. —
—¿El canal de voz sigue activo? —
—¿Uh? ¿Quiere conversar con el sujeto? —
—Fue extraído en la misión de Shinkoumi, ¿no? Era un lugar complicado, no me extraña que no tenga muchas ganas de colaborar con nosotros. — Fujieda se acercó un poco más al escritorio de su subordinado, cerca del micrófono. —Abre el canal de audio, intentaremos establecer contacto una vez más. —
—A la orden. —
Sin estar del todo convencido, Fidelio hizo caso a la instrucción de Fujieda, presionando el tablero de su mesa de trabajo que activó la señal de audio de la celda. Debía tener sus razones para querer participar activamente del procedimiento y estaría mintiendo si dijera que no le causaba cierta curiosidad.
—#25126. ¿Me escuchas con claridad?—
Silencio absoluto. La anomalía se mantuvo en su asiento con la misma expresión que había tenido desde un principio. Fujieda quiso continuar para establecer contacto.— Te encuentras ahora mismo en las dependencias de la U.I.C. Solicitamos de tu colaboración.—
—Towa.— Se escuchó desde otra voz masculina y ajena en la sala, cosa que hizo que Fidelio y los otros miembros de la sala se mirasen con sorpresa. Fujieda frunció ligeramente el ceño y volvió a activar el canal de voz.
—¿Disculpa?—
—Prefiero ser llamado así. Es menos agotador que oírlos decir una serie de números.—

#SIDE STORY: 01

Cuando se inclinó en el respaldo de su silla, soltó un respiro pesado y se masajeó el puente de la nariz. No servía para esto, todavía no podía acostumbrarse.
Pero si ponía en una balanza los beneficios versus las molestias, lo primero solía ganar, siempre.
—Me lo vas a hacer más fácil si colaboras. ¿Quieres hablar del sitio en el que estabas confinado antes de que fueras traído aquí? — Su dedo presionó el comunicador que lo separaba de un hermético cuarto donde detrás de un grueso vidrio polarizado se encontraba la silueta de otro hombre.
Nada. Ni un murmullo salió del recién ingresado, el cual desde la cámara de vigilancia lucía más hastiado que incómodo con la situación.
Fidelio estaba perdiendo la paciencia y estaba a punto de maldecir hasta a sus muertos, pero se mordió la lengua para no hacer ningún escándalo en la sala. Si estaba al mando del ingreso no iba a ponerse en vergüenza frente a los otros miembros del equipo de análisis de anomalías.
Sus labios permanecieron sellados, pero en su lugar en el asiento su cola se sacudió como un latigazo un par de veces. En situaciones como estas, donde las anomalías no ponían de su parte para realizar un ingreso a la base de datos era cuando preferiría ser parte de la división de campo. Así al menos también podría asegurarse que Basilio, su hermano pequeño, no hiciera nada estúpido y pudiera terminar gravemente herido…
Pero su evaluación había arrojado que su desempeño tenía más cabida lejos de los trabajos en terreno. Centrado en la investigación y el análisis de seres tanto más inusuales que él.
—Bien, haz lo que quieras. Tómate un descanso y volveremos a interrogarte veinte minutos. — Comentó antes de ponerse de pie, listo y dispuesto para subir momentáneamente en su break para prender un cigarro y ponerse al día por teléfono con su hermano al que no había visto en tres días.
Sin embargo, su plan original quedó interrumpido cuando la figura del asistente de la directora cruzó el umbral con el semblante estoico que le era habitual.
¿Qué hacía ahí ese estirado de las plantas altas ahí abajo? Nadie le había avisado que contarían con su visita en medio de un procedimiento.



—Señor Fujieda. — Dijo mecánicamente con las manos en los bolsillos de su bata abierta. —No esperábamos que viniera personalmente para presenciar el registro. — Cosa que era cierta. Generalmente este tipo de cosas se hacían por el día sin mayores intervenciones de otros equipos u administrativos.
—Fidelio. — Saludó primero. —Lamento interrumpirles el procedimiento. Pero por lo visto, la información de que yo supervisaría este ingreso no les llegó a ustedes. —
Fidelio pudo notar por un breve momento que la expresión de su superior se endurecía (si es que eso era medianamente posible) un poco más al darle un vistazo al sujeto que estaba tras el otro lado del cristal.
— Debió haber un problema de comunicación, no nos llegó un correo al respecto. ¿Le puedo ofrecer un asiento? —
—No hace falta. Como dije, quiero interrumpir su trabajo lo menos posible. ¿Puedes hablarme un poco del sujeto de ingreso? —
Fidelio volteó la mirada una vez hacia el cristal, pensativo. —Anomalía ingresada durante la tarde de ayer. Se registró bajo ID número #25126. Se estabilizó durante la madrugada ya que llegó en mal en estado, deshidratado y con múltiples laceraciones. Se presume que podría ser dueño de algún tipo de habilidad de control mental, ya que algunos miembros del equipo médico que lo revisaron ayer reportaron signos de fatiga y lagunas mentales durante la revisión del sujeto. —
—Ya veo. ¿Ha querido hablar más acerca del incidente del control médico? —
—No ha abierto la boca desde que lo derivaron a nuestro departamento. Intenté mantener una conversación con él, pero no hubo caso. — Fidelio hizo una pausa acompañada de una mueca. —Y también tratamos de obtener un previo registro de su identidad, pero las bases lo muestran sin antecedentes. Ni siquiera tenemos su nombre. Es todo lo que tenemos, señor. —
—¿El canal de voz sigue activo? —
—¿Uh? ¿Quiere conversar con el sujeto? —
—Fue extraído en la misión de Shinkoumi, ¿no? Era un lugar complicado, no me extraña que no tenga muchas ganas de colaborar con nosotros. — Fujieda se acercó un poco más al escritorio de su subordinado, cerca del micrófono. —Abre el canal de audio, intentaremos establecer contacto una vez más. —
—A la orden. —
Sin estar del todo convencido, Fidelio hizo caso a la instrucción de Fujieda, presionando el tablero de su mesa de trabajo que activó la señal de audio de la celda. Debía tener sus razones para querer participar activamente del procedimiento y estaría mintiendo si dijera que no le causaba cierta curiosidad.
—#25126. ¿Me escuchas con claridad?—
Silencio absoluto. La anomalía se mantuvo en su asiento con la misma expresión que había tenido desde un principio. Fujieda quiso continuar para establecer contacto.— Te encuentras ahora mismo en las dependencias de la U.I.C. Solicitamos de tu colaboración.—
—Towa.— Se escuchó desde otra voz masculina y ajena en la sala, cosa que hizo que Fidelio y los otros miembros de la sala se mirasen con sorpresa. Fujieda frunció ligeramente el ceño y volvió a activar el canal de voz.
—¿Disculpa?—
—Prefiero ser llamado así. Es menos agotador que oírlos decir una serie de números.—
90
A Step to the Left / Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Last post by Airin on May 31, 2026, 05:55:01 PM »


[ Rusalka - Slippery when wet ]
Las aguas del lago brillaban tranquilas a la luz dorada de la tarde y la brisa mecía la hierba alta y espesa que ocultaba la orilla.
—¿Es aquí donde se vio el cuerpo?
—Por aquí más o menos, no sabemos el sitio exacto porque la frase de la semana es “es complicado de asegurar con certeza”.
El hombre se levantó de donde se había acuclillado para observar el terreno de cerca, y echó un vistazo a su alrededor entrecerrando los ojos. Su mirada fría y azul estudió a su ayudante.
—¿Nadie más del circo ha querido hablar?
—Ninguno. Que no quieren atraer más mala suerte dicen. Una panda de supersticiosos es lo que son.
—Hmm. —El hombre ladeó ligeramente la cabeza intentando encajar las piezas del puzzle que le rondaban sueltas.
—O ha sido alguno de esos frikis y se están tapando entre ellos, que tampoco me extrañaría.
—¿Y por qué harían algo así?
—Ni idea, ya sabes el tipo de gente que son… —Su ayudante rodó los ojos con gesto claro de desprecio.
—Soldado. —le avisó.— Te estás dejando en mal lugar tú solo.
El joven se irguió todo lo alto que era y cuadró los hombros ofendido ante la recriminación.
—¡Yo solo digo-!
—Pues no lo digas. —cortó el Mariscal.— Ese tipo de gente ha perdido un amigo, un hijo, un hermano. Y lo ha hecho durante tu guardia. ¿Qué estaban haciendo tus hombres si nadie vio nada?
El joven apretó los dientes y asintió recriminado, maldiciendo en su mente al par de subordinados que aún faltaban por dar su reporte.
—Volveré a hacer otra ronda de preguntas.
—Asegúrate de ello. —El comandante lo despidió con un gesto y volvió a poner su atención en la vegetación que se adentraba en el agua. El viento no conseguía ondular la superficie del lago.
Unos ojos luminosos se abrieron en la penumbra de las corrientes frías que agitaban las profundidades. Se le había hecho muy tarde, pero ya estaba a salvo. Ahora solo tenía que volver a casa.
Una figura pálida se tambaleó entre los matorrales revolviendo la niebla en forma de jirones. Con una mano extendida hacia delante y la otra apretando con fuerza contra su cuello, parecía ir deshaciéndose también con cada paso que daba.
Cayó por fin de rodillas dejando escapar un ruido ahogado antes de desplomarse sobre su frente.
Tras varios segundos inmóvil el cuerpo se agitó intentando sin éxito volver a levantarse. Su mano libre se estiró hasta agarrar puñados de hierba y con un quejido lastimero y tembloroso que no cesaba consiguió arrastrarse hacia delante con esfuerzo.
Una vez, y otra, y otra más; hasta que en vez de terreno sólido sus dedos tocaron el agua y la orilla desapareció sumergiéndose bajo su peso. Las burbujas escaparon a su alrededor mientras el líquido se cerraba sobre su cabeza.
Los puestos de comida aquí y allá, la música pegadiza, los niños corriendo y empujando entre la gente y haciendo ‘aaahh’ y ‘ooohh’ entre los puestos de magia, las exhibiciones casuales de acrobacias y las jaulas de las fieras. La algarabía de sonidos, olores y colores, era más que suficiente para dar dolor de cabeza a cualquiera, pero el circo estaba en la ciudad y la energía del caos parecía empaparlo todo a su alrededor.
Dos hombres jóvenes de piel morena, poca ropa y aspecto adornadamente exótico conversaban bajo un toldo lleno de armas relucientes con una muchacha pelirroja que parecía ser la bailarina de espadas. Un poco más lejos un joven de pelo negro y piel blanca casi translúcida como un espectro decoraba con un pincel entintado los hombros y la espalda de un hombre barbudo e inmenso que miraba con interés el desarrollo de una partida de dardos en el siguiente puesto.
La multitud contuvo un grito de forma colectiva al ver a un chico resbalar y caer de la cuerda a varios metros del suelo sobre la que había estado corriendo y saltando, sólo para vitorear cuando en el último momento la agarró con ambas manos para voltearse varias veces con impulso y volver de un salto a ella, saludando a su público.
En un rincón sombreado entre varias tiendas de empleados un joven de cabello blanco se estiró con pereza tras una siesta improvisada y se quitó la camisa dispuesto a retocar su apariencia para la función de esa noche.
—Podría darte mucho más que lo que esté dispuesto a pagar por tí cualquiera de esos indigentes. —dijo una voz arrogante a sus espaldas.
La serpiente que había pasado desapercibida camuflada como una soga sobre un barril se irguió siseando amenazante al mismo tiempo que el joven se dio la vuelta enfrentando a dos figuras de uniforme.
—Nah, yo no me molestaría en pagar, seguro que es de esos que está acostumbrado a conseguir las cosas por ser bonito y conformarse con lo que le den, no hay más que verlo.
Unos ojos dorados y brillantes los observaron con una expresión en la conjunción a medio camino entre enojo, desprecio e indiferencia.
—Esta zona es sólo para empleados del circo. —dijo el joven con firmeza acercando una mano hacia la serpiente.— Vamos Óscar.
—Ten más respeto a ley, niñato. —el segundo de los hombres se plantó intimidante ante él y lo agarró de un brazo con violencia.— Sólo por eso ahora vas a venir con nosotros quieras o no.
La serpiente se lanzó directa a su cara y su chillido se perdió anónimo entre el alboroto de los espectáculos. El joven se retorció aprovechando su terror para golpearlo y escapar del agarre quedando frente a frente contra el primer hombre y el cuchillo que había aparecido en su mano.
El tipo se abalanzó sobre él con el filo en alto y todo se convirtió en un remolino de golpes y fintas, puñetazos, patadas y mordiscos, cabezazos y revolcones por el suelo hasta que un sonoro ‘crack’ puso fin a la vorágine. El joven se llevó una mano temblorosa a la garganta, intentando contener la sangre que escapaba sin impedimentos y escurría por su pecho.
—¿Snake? ¿Qué demonios? —un muchacho moreno y vestido de oscuro se asomó alarmado tras una tienda y corrió hacia él.
—… —El joven apretó su camisa contra la herida mientras la serpiente se enroscaba alrededor de su pierna y frotaba su lengua contra él.
—No importa, yo me encargo de esto. —dijo frunciendo el ceño con los ojos negros fijos en los dos cuerpos sin vida que yacían en el suelo. Unas pequeñas llamas negras danzaron entre sus dedos antes de tomar fuerza y empezar a consumir los cadáveres sin rastro de cenizas.— Vé, no estamos lejos, tienes tiempo.
Snake asintió y se alejó entre las tiendas del personal con paso aturdido pero veloz. Esa noche tendrían que intercambiar su número por otro distinto, pero pronto estaría bien. Ahora sólo tenía que conseguir llegar con vida al lago.
Recent Posts