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HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Mimi Tachikawa on March 31, 2026, 05:32:27 PM »
Hoi hoi minna vengo con fic antes de irme a morir en la cama ando enferma con resfrio ;_;

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Tsukasa siempre había sido alguien obstinado.

Desde pequeño, cuando algo se le metía en la cabeza, no había forma de hacerlo retroceder. Y ahora, con los puños apretados y la respiración agitada, esa determinación brillaba más que nunca.

Todo había empezado por la conversación que tuvo con Tsubasa, todo el sufrimiento que había tenido que pasar su superior…por un secreto al cual el solo desconocía para no ponerlo en peligro

Tsubasa Kazanari… una Hime que no solo cantaba, sino que luchaba. Una mujer cuya voz podía proteger…pero a la misma vez se ponía en peligro para proteger a quienes necesitan su ayuda. Y aun así, cada batalla dejaba marcas que nadie más parecía notar

Por lo cual motivado por las ganas de querer proteger a su superior o más bien para poder sentirse útil frente a todos sus compañeros que tomaron sus caminos con determinación, sabía que era el menor, pero eso no significaba que no podría hacer nada, es entonces que Tsukasa gracias a la recomendación de Marion que aún se encontraba en recuperación, le sugirió ir a un dojo donde un viejo amigo de él había sido su compañero y maestro de entrenamientos.

-Otra vez- dijo una voz tranquila, casi despreocupada.

Ryuusei Oda estaba apoyado contra una columna, con los brazos cruzados y una expresión relajada que contrastaba completamente con la intensidad de Tsukasa. Su cabello castaño caía desordenado sobre sus ojos, y su postura parecía la de alguien que no estaba entrenando… sino simplemente pasando el tiempo.

Pero esa apariencia era engañosa

-Ya lo hice diez veces…-respondió Tsukasa, respirando agitadamente, con el sudor corriendo por su frente.

-Entonces puedes hacer once-contestó Ryusei sin siquiera mirarlo directamente- Aún no hemos entrenado en serio, si te cansas ahora, para la siguiente fase del entrenamiento no durarías ni un minuto.

Tsukasa apretó los dientes, mientras recuperaba la respiración sabía que no podía discutir eso, porque por ahora era la triste realidad.

Volvió a colocarse en posición, elevando los puños frente a su rostro. Sus piernas temblaban ligeramente, pero aun así avanzó.

Golpe,paso,defensa y contraataque.

Pero antes de que pudiera completar la secuencia, Ryusei ya estaba frente a él.

Un movimiento rápido.

Demasiado rápido.

Tsukasa ni siquiera vio el golpe venir hasta que sintió el impacto en su hombro, perdiendo el equilibrio y cayendo al suelo con un sonido seco.

-Mal- dijo Ryusei ahora mirándolo directamente- debes dejar de pensar demasiado.

-¡¿ What do you mean, demasiado?!- replicó Tsukasa, incorporándose con dificultad- Estoy intentando hacerlo bien.
Ryusei soltó una pequeña risa.

-Ese es el problema-

El joven pelirrojo frunció el ceño, claramente confundido.

Ryusei se acercó un poco más, esta vez con una expresión menos despreocupada y más seria.

-Cuando peleas por alguien… no puedes permitirte dudar-explicó- Tu cuerpo tiene que moverse antes que tu mente. Si te detienes a pensar, ya perdiste.

Tsukasa guardó silencio.

Las palabras se le quedaron clavadas,porque no estaba peleando por sí mismo,sino que quería pelear por alguien más.

-Yo no quiero que ella siga arriesgándose sola…- murmuró finalmente- Nee-sama siempre piensa que lo puede resolver todo ella sola, pero no puede…necesita a alguien que pueda ayudarla.

Ryusei lo observó con atención.

Había escuchado algo similar antes.

-Marion decía lo mismo-comentó, casi como si hablara consigo mismo.

Tsukasa alzó la mirada.

-¿Mi hermano? -

-Sí- respondió con una leve sonrisa- Él también entrenó conmigo para proteger a su pequeño hermano, diría que era peor que tú, por cierto.

- ¡¿Peor que yo?!- protestó Tsukasa- No puedo creerlo, mi hermano es muy bueno…-

-Mucho peor-afirmó Ryusei sin dudar- Pero tenía algo que tú todavía no tienes del todo claro.

El pelirrojo se tensó.

- ¿Y qué es? - dijo mirándolo con atención-

Ryusei dio un paso atrás, adoptando nuevamente una postura de combate.

-Convicción- respondió-  No solo querer proteger a los que amas… tienes que estar listo para cargar con lo que eso significa.

Tsukasa apretó los puños.

-Estoy listo-

-No- replicó Ryusei con calma- Estás decidido, cosa que no es lo mismo.

El silencio se hizo pesado entre ellos,el viento se colaba por las ventanas abiertas del dojo, moviendo ligeramente las cortinas.

Tsukasa bajó la mirada por unos segundos, cerro los ojos y recordó sus épocas con Knights, lo bien que lo habían pasado, quería tomar esos recuerdos para llenar su determinación

-Entonces enséñame- dijo finalmente, levantando la mirada con una intensidad renovada- Enséñame a ser alguien en quien Tsubasa-neesama pueda confiar.

Ryusei lo observó en silencio durante unos segundos.

Luego, sonrió pero no de forma burlona,sino genuina.

-Bien- respondió limpiándose las manos con sus palmas- Pero no te voy a tratar con cuidado.

-No lo necesito-dijo poniéndose en modo defensivo-

-Más te vale-

Y sin previo aviso, atacó, pero esta vez, Tsukasa estaba listo o al menos, más preparado que antes.

Bloqueó el primer golpe, luego retrocedió ante el segundo e intentó contraatacar.

Pero Ryusei lo esquivó con facilidad y volvió a derribarlo.

Otra vez. Y otra…y otra.

El tiempo pasó sin que ninguno de los dos lo notara.

El sonido de los golpes, las respiraciones agitadas y los pasos sobre la madera llenaban el dojo.

Tsukasa caía… pero siempre se levantaba, tenía las manos temblorosas, el cuerpo adolorido, pero eso no significaba que no se iba a levantar nuevamente

Porque cada vez que cerraba los ojos, veía a todos sus superiores

Y eso era suficiente.

-Detente-dijo finalmente Ryusei, levantando una mano.

Tsukasa se quedó quieto, respirando agitadamente, con el cuerpo inclinado hacia adelante.

- ¿Ya… terminamos…? -

-Por hoy si…-respondió-

El pelirrojo dejó escapar un suspiro de alivio y se dejó caer sentado en el suelo.

-Pensé… que ibas a matarme…-

Ryusei soltó una pequeña risa.

-Si quisiera matarte, no estaríamos teniendo esta conversación-

Tsukasa lo miró de reojo, demasiado cansado para responder.

Hubo un momento de silencio cómodo.

Luego Ryusei se sentó frente a él.

-No estás mal-admitió-De hecho… has heredado el buen instinto de tu hermano…-

Tsukasa levantó la mirada, sorprendido.

- ¿En serio? -

-Sí- continuó- Pero sigues dudando en el último segundo. Como si tuvieras miedo de hacer daño.

El pelirrojo apretó los labios.

-No quiero convertirme en alguien que lastime a otros sin pensar…-

Ryusei asintió lentamente.

-Eso no es malo-dijo- Pero tienes que aprender a diferenciar cuándo contenerte… y cuándo no.

-Si quieres proteger algo importante-añadió Ryusei- a veces tendrás que tomar decisiones que no te gusten.
Tsukasa bajó la mirada.

-Lo sé...-

Y realmente lo sabía porque luchar al lado de su superior no era solo estar a su lado.

Era estar preparado para lo que viniera.

Incluso si eso significaba enfrentarse a cosas que lo asustaban.

-Mañana seguimos- dijo Ryusei, levantándose-Y será peor…-sonriendo maliciosamente-

Tsukasa soltó una risa cansada.

-Genial… justo lo que quería escuchar…-

Ryusei comenzó a caminar hacia la salida, pero se detuvo un momento.

-Tsukasa…-

- ¿Sí? -

-Evita convertirte en alguien como ellos-dijo sin girarse-por lo que me contaste Tsubasa ya tiene demasiados problemas.

El pelirrojo lo miró en silencio.

-Encuentra tu propia forma de pelear-diciendo eso salió del dojo.

Tsukasa se quedó solo, ahora solo se escuchaba su respiración y el leve crujir de la madera.

Se recostó en el suelo, mirando el techo.

-Tsubasa-neesama…-murmuró suavemente-

Y por primera vez… no sintió solo preocupación,sino también motivación.

Se sentó lentamente, ignorando el dolor de su cuerpo.
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matta ne!!!
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HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Miyu on March 31, 2026, 05:23:48 PM »
De nuevo sin imaginacióoon . Iconitos chafas por ser los primeros caps de mi bebaaa <3


Después de comprobar por varios pisos que el edificio estaba vacío, ambos se dirigieron al ascensor, el espacio reducido obligaba a una cercanía incómoda, y aunque Ah Qiang se había colocado respetuosamente a un lado, ella sentía cada uno de sus movimientos, cada respiración, cada pequeño sonido que emitía Big Johnny desde el hombro de su dueño.

—¡Suena muy complicado! —exclamó Ah Qiang, llevándose una mano a la nuca—. Eso suena súper interesante. ¿Qué es?

La pregunta la tomó por sorpresa a Vivian, quien parpadeó, sin saber bien cómo responder. Nadie le había preguntado qué le parecía su carrera, Liu Xiao la había elegido y Qian Jin había tramitado los papeles en Rizembool, ella solo había aceptado.

—Si un poco —respondió escueta, con voz más baja de lo que pretendía—. Aún no he leído los informes de ingreso a la universidad…
—¿No elegiste la carrera, Viv? —Ah Qiang frunció el ceño, pensando—. Eso es un poco egoísta por parte de tu familia.

Esas palabras tan simples, tan directas, hizo que Vivian lo mirara con más atención, el chico —el hombre— la observaba con genuino interés, sin pretensiones, sin esa sonrisa calculada que su hermano usaba para analizar la valía de cada persona.

—Tienes razón, son egoístas—admitió, dejando que la comisura de sus labios se elevase un poco—. Muy egoístas.
—¡¿Quieres hablar de eso?! —Johnny dio un pequeño salto, haciendo que Big Johnny emitiera un “pyu” de protesta—. O sea, no es justo para ti, no pueden hacer eso. Por eso hay tanta disertación estudiantil…

Vivian no pudo evitar soltar una pequeña risa.

—Es algo que no puede evitar, Ah Johnny. Mi familia ordena y yo obedezco, eso es todo.
—¡Pyu! —Big Johnny alzó las patitas, como si protestara también.

El ascensor llegó a la planta baja con un sonido que hizo que Vivian tensara los hombros. El sonido de la calle se escuchaba sin filtro, aún cuando seguían en el hall del edificio, quiso dar un paso atrás, refugiarse en el ascensor, pero Ah Qiang ya había salido y la miraba con una sonrisa que iluminaba todo el vestíbulo.

—¿Vamos? —preguntó, extendiendo la mano hacia ella—. Te muestro el camino al campus, hay varios atajos sin tanto ruido que podemos tomar.

Vivian miró su mano y la tomó con duda, hasta ahora Johnny no había dado señales que fuera a ser un peligro o alguien realmente vil como su familia.

—Está bien —musitó, dejando que sus dedos rozaran los de él apenas un instante antes de retirar la mano—. El parque suena bastante lindo.

Salieron del edificio y la luz del mediodía la hizo entrecerrar los ojos, por lo que terminó abriendo su parasol, dejando que la tela lila proyectara una sombra sobre su rostro. A su lado, Ah Qiang caminaba con las manos en los bolsillos, tarareando una canción que Vivian reconoció como una de Lucky Cyan.

—¿Te gusta la música? —preguntó él, notando que ella se había quedado en silencio.
—No —respondió rápidamente—. Quiero decir, el ruido es un poco molesto.
—¿Todo el ruido?

La pregunta la hizo detenerse y Ah Qiang también se detuvo, volviéndose hacia ella con la cabeza ladeada, Big Johnny imitó el gesto desde su hombro.

—¿Pyu, pyuuuu?

—No estoy segura, la música clásica quizás no —corrigió, aunque sonaba anticuada.

Él asintió, intentando comprender lo que su amiga decía.

—Entonces —dijo, dando un paso hacia adelante y bajando la voz a un susurro cómplice—, te voy a hablar bajito para que no sea ruido. ¿Está bien?

Ambos siguieron caminando despacio, sin prisa, después de todo ese día les pertenecía solo a ellos o así parecía.

—¿Tu hermano es Liu Xiao? ¡Qué sorpresa! Como tienes un nombre diferente no me había dado cuenta.
—Sí —asintió algo avergonzada—. Está occidentalizado, mi nombre real es Liu Chi-Xia.
—Entiendo, entiendo. ¿Verdad Big Johnny?
—¡Pyu, pyu!
—Mira, por acá doblamos y en tres cuadras llegamos al campus, ese es el parque —iba señalando cada pequeña cosa que se le ocurría—. Esa es la fuente, a mi hijo no le gusta mucho.
—¡Pyu! ¡Pyu pyu! —el pequeño gato erizó el pelaje, indignado.

La risa volvió a escaparse de Vivian antes de que pudiera detenerla, tuvo que cubrir sus labios con los dedos, sorprendida de sí misma.

—Que linda, me recuerdas un poco a Cyan —dijo Ah Qiang, siguiendo con la sonrisa cada vez más amplia.
—¿Cyan? ¿La cantante? —preguntó algo sorprendida.
—Sí. Ella asiste a Rizembool, ahí tengo dos grandes amigas. Después te las presentaré, estoy seguro que se harán muy amigas.

Vivian quería rechazarlo, decirle que no necesitaba su amabilidad ni que la ayudara, pero se encontró caminando a su lado, en silencio, escuchando cómo él le contaba en voz baja los anécdotas de cada rincón que cruzaban: dónde estaba la mejor tienda de fideos o cómo una vez Big Johnny se escapó y lo encontraron tres pisos arriba durmiendo en el balcón de una ancianita.

—Y por acá —señaló finalmente un edificio enorme y vistoso, con ventanales que reflejaban el sol—, está tu facultad de Ingeniería. Pero no te preocupes si te pierdes los primeros días, yo me pierdo todo el tiempo y ya llevo cuatro años aquí.
—Eso no es tranquilizador —comentó Vivian sonriendo.

Big Johnny maulló suavemente y saltó desde el hombro de Ah Qiang hacia el hombro de Vivian, que ella tuvo que inclinar para no dejarlo caer. El pequeño gato se enroscó en su hombro, ronroneando.

—¡Hijo! —Ah Qiang hizo el ademán de alcanzarlo, pero Vivian negó con la cabeza.
—Está bien, es cálido y bonito.

Y era cierto, el peso pequeño sobre su hombro, los ronroneos constantes y la calidez que a través de la tela de su vestido, todo le parecía extrañamente agradable.

—Él no es así, lo juro —expresó Ah Qiang—. Big Johnny no suele confiar tanto en las personas. ¡Le has caído bien!
—¿T-tú crees? —preguntó con sus mejillas encendidas.
El hombre frente a ella se quedó callado un segundo.
—Eres muy linda —volvió a reírse.
Vivian sintió algo en el pecho.
—Gracias —susurró—. Por el recorrido.
—¡De nada! —la energía de Ah Qiang volvió de golpe—. Mañana te muestro el resto y pasado y el otro. ¡Hasta que sepas este lugar mejor que yo!
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SeeDs in the Garden / Re: SeeDs in the Garden – revival
« Last post by Kora on March 31, 2026, 04:40:05 PM »
Cada redirección obligaba a Cassian a ajustar su equilibrio, gastando más energía para corregir su avance. Ya estaba jadeando con fuerza para cuando casi dejó a Lievran acorralado contra la pared.

Sus ojos buscaban los del viera. ¿Ya? ¿Tan pronto? parecía preguntar su mirada. ¿Estaba demasiado cansado después de todo? ¿Había sido demasiado, pedirle esto después de un día de marcha y sus desventuras? ¿Le dolía algo?

Ah… no.

Por fin lo entendió. No era nada diferente de cualquiera de las conversaciones que habían tenido hasta ahora.

Sí, mi lord. No, mi lord. Gracias, mi lord.

Como mi lord desee
.

No se estaba defendiendo de verdad. Si los golpes de Cassian eran preguntas y exigencias, los bloqueos de Lievran eran sumisión deferente, cada esquive una respuestas corta, su postura siempre servil.

Una última oportunidad. Cassian recogió el brazo para el golpe decisivo, pero dejó que Lievran oyera su respiración entrecortada, exagerando la dificultad de traer la hoja contra él de manera convincente, fingiendo que la furia del ataque había agotado sus reservas y brindándole al viera la oportunidad de aprovechar la apertura que dejaba en su defensa.

Sus miradas se cruzaron, y Lievran desvió la suya, como si temiera que Cassian se diera cuenta de lo que intentaba solo con la expresión.

Un suspiro tenso escapó por su nariz cuando Lievran rehusó el contacto visual. Rara vez entendía tan bien a los demás como cuando se enfrentaba a ellos en combate, y si la expresión del viera era la única pista, no habría sido tan obvio ni tan decepcionante.

Al darse cuenta de que no podría provocarlo para que atacara, Cassian ejecutó un gesto más elegante, propio de un duelo de esgrima, pivotando su sable-pistola debajo del arma de su compañero y deslizándola por la parte superior de la hoja hasta que sus guardias chocaron.

Cassian terminó presionaba la mano de Lievran contra la pared para mantener su muñeca y su sable-pistola atrapados, mientras empujaba su torso con la palma para fijarlo contra la cueva. Fácilmente podría apartarlo, su control firme pero delicado.

—No estás defendiendo —lo acusó, recuperando el aliento con frustración en un ritmo de jadeos. Luchaba visiblemente para no mostrar su decepción, para luego cerrar los ojos e inclinar la cabeza—. Tú… Lievran —exhaló, todavía jadeante, y suspiró—. No querías hacer esto, ¿verdad?

Los ojos azules de Lievran estaban abiertos de para en par en sorpresa. Su cuerpo estaba rígido; no había necesidad de mantenerlo en su lugar: Lievran no intentaría resistirse, ni parecía capaz de hacerlo. Estaban tan cerca que la luz azul del calefactor delineaba cada rasgo de sus rostros, desde las largas pestañas de Lievran hasta las líneas finas de las cicatrices faciales de Cassian, el enfoque inquisitivo de la mirada del lord y la duda en la del viera.

Cassian trató de leer la expresión de Lievran, preparándose para cualquier posible reacción, pero encontró principalmente… deferencia. Tal como temía.

—Mi lord —suspiró Lievran, su voz áspera y dudosa—. Yo… yo sí… sólo que… —murmuró, desviando la mirada. Sus palabras fallaban; resistirse a su naturaleza entrenada resultaba casi imposible.

Aun después de todos estos años, Cassian no entendía que no podían luchar como iguales —o al menos él no podía. Lievran ahora podía portar la espada cerca de un lord, pero eso no significaba que pudiera usarla contra él.

Toda la anticipación que había sentido al comenzar seguía girando dentro de Cassian, sin ninguna salida posible. No podía decir con certeza por qué lo sujetaba con fuerza del brazo. No había razón para temer que Lievran lo atacara por sorpresa. Desarmar y neutralizar a los adversarios era instintivo, pero…

Cuando confirmó que no estaba en contra de su voluntad, Lievran levantó la mirada. La respuesta era clara en sus ojos.

El pecho de Cassian subía y bajaba con cadencia regular; el sudor se deslizaba bajo el pliegue del cuello.

—No puedes —terminó por Lievran, empezando a asumirlo—. No como yo quisiera.

La vergüenza quemó su rostro, teñido de un púrpura escarlata bajo la luz azul. Era inapropiado para su rango y para las circunstancias esperar que un esclavo dejara de lado su posición para complacer sus caprichos.

Soltó la muñeca de Lievran, liberando la presión de su palma. De pronto se sintió incómodo por cómo lo había inmovilizado contra la pared mientras se inclinaba sobre él. Aun así, permaneció cerca.

Podría argumentar que no había nadie para verlos ni delatarlos. Podría insistir en que cualquier corte o moretón sería resultado del curso natural de la misión. Pero, ¿qué razón tenía Lievran para confiar en su palabra?

Sabía que había más en la excursión de lo que Cassian contaba. ¿Cómo estar seguro de que Livius no había organizado toda la escena para poner a prueba su lealtad? ¿O que no era una farsa para ver si podía dañar a sus amos?

Suponiendo que Lievran no soñara con tal cosa, seguía la enseñanza de toda una vida de servidumbre que lo mantenía bajo control. Cassian tenía el privilegio de olvidar la enorme distancia entre ellos. Lievran no.

Retrocedió un paso, cruzó un brazo sobre el torso e inclinó la cabeza ante su compañero de entrenamiento. Cargarlo con protestas inmaduras y anhelos incumplidos sería simplemente cruel.

—Una gran muestra de habilidad por tu parte, Lievran. —dijo, suavizando la voz con sinceridad—. Ningún movimiento superfluo. Completamente centrado. Eres un oponente digno.
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Al final agregué a Shiho para este mes, su entrada bien done de lo que pasa a su alrededor, pero que totalmente se niega a hacer algo al respecto. Todo sea por la encuesta de clima laboral(?)
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Ampliaremos cuando los topes sean más decentes.


#01




¿Por qué este trabajo en particular y no otro?

Cuando le preguntabas la razón por la que seguía aguantando un trabajo en el que se exponía ante más cosas de las que podía estar mentalmente preparado para aguantar, la respuesta de Vane solía ser la misma:
‘¡Porque es divertido!... la paga es buena… y básicamente porque ya no tengo a donde volver.’

Sencillo y especialmente honesto. Una respuesta clásica de su parte.

Sí, el sueldo era decente y le permitía costear sus cuentas, su gato tenía la mejor comida que le podía dar y, además, otro pequeño monto restante lo iba sumando a sus ahorros para su plan de montar a futuro en ese lugar un restaurante. Una idea ambiciosa que se le había metido a la cabeza después de notar que a la comida de la cafetería de la organización, según su criterio, le hacía falta más cariño.

Pero bueno, no podía venir a quejarse. Todo el trabajo de campo que había conocido en su vida antes de la U.I.C era bastante diferente y si bien, una parte de sí extrañaba su hogar en Feendrache, ya no había nada para él allí.
Las guerras se habían encargado de devastar todo. Ya no tenía un estandarte que alzar en las batallas como un antiguo caballero, ni mucho menos un rey al cual proteger. Toda su historia se había limitado en un pestañeo a una vieja armadura desgastada y a su gato que había logrado encontrar después de perder su casa.

Si miraba el vaso medio lleno, estaba vivo, que era lo importante. Y ya por el otro, estaba tremendamente deprimido y eso estaba comenzando a pesarle…

Justo en un día de otoño, la organización había dado con él -o había sido casi al revés- a través de un panfleto de reclutamiento a las afueras de la taberna que había empezado a visitar buscando algunos trabajillos de cazador.
El anuncio tenía dibujos y textos muy llamativos, ofreciendo una mejor calidad de vida en pos de espíritus aventureros, terminando su mensaje con una citación en un lugar y hora específicos.

Vane no lo había pensado mucho. No tenía nada que perder y había mucho que ganar.
Un nuevo propósito y un mejor futuro que lamentablemente su hogar ya no le iba a ofrecer, así que convencido de aquello acudió al punto de reunión.

…Y el resto de aquel encuentro es información borrada de su cabeza porque no recuerda muy bien los detalles.
Había un par de personas uniformadas con trajes nada parecidos a los usados por los habitantes de su tierra. Intercambiaron algunas palabras y luego se vio a sí mismo con una bolsa en la cabeza y con un fuerte olor penetrando su nariz hasta hacerlo perder el conocimiento.

Fuera de la enorme nebulosa en su cerebro ahora podía destacar algo: ¡Había conseguido un nuevo empleo!

Aunque no entendía muy bien cómo había sido posible sin pruebas o al menos una entrevista. De un día para otro después de recuperar el conocimiento, un hombre de traje (al que conocería más tarde como el asistente de su jefa) le comentó que se integraría a un nuevo escuadrón de equipo de campo y sería presentado a sus dos nuevos compañeros.

—Y nos faltaría registrar aquí tu nombre en ficha para mantenerte en la base de datos.—

—A-Ah, soy Vane Feendrache, señor.—

Solicitud para el uniforme, su nueva credencial y también detalles de sus colegas, serían ajustados para la próxima misión en donde su rutina comenzaría a cambiar drásticamente.

…Y lo que habían sido semanas trabajando para la U.I.C de pronto se habían vuelto meses.
Pero por muchas ganas y empeño que le pusiera a las misiones, el resultado terminaba siendo más un desastre que otra cosa. De hecho, ya estaba más que advertido según su última evaluación de desempeño del semestre -cosas elaboradas por cortesía del asistente de la jefa- donde había quedado claro que apenas volviese a destruir otro mobiliario perteneciente a agentes de otros sectores dimensionales, tendría que empezar a reconsiderar una reasignación en otro departamento. Los gastos de expedición estaban creciendo exponencialmente desde que se había consolidado en su equipo.

¡Era injusto! Solamente le estaban cargando el muerto por ser el recluta más nuevo, no tenía nada que ver con que tras su inclusión los reportes comenzaron a mostrar números todavía más preocupantes en la sección de gastos.
Pero no importaba, en la próxima expedición arreglaría eso. De los tropiezos había aprendido de sus errores y se aseguraría de no volver a cometerlos (o hacer el intento con su mayor esfuerzo, eso también contaba ¿no?).

Al menos, para esta nueva reunión en el despacho con sus superiores para hablar de su última misión iba a demostrar la mejoría en su desempeño. Iba a explicar todo con lujo de detalles, hasta con tablas de los gastos que habían hecho durante el viaje (se iban a ver reflejadas hasta las veces en las que se había tirado la cadena del baño si era necesario).

Ahora sí iba a ser imposible que le llamasen la atención con tal cuidado del detalle.

—Vane. Adelante por favor, háblanos de tu reporte.— Le dijo la voz masculina de su superior.

Nervioso tragó saliva y comenzó.
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Unidad de Investigación y Control / Estática, susurros y malas decisiones
« Last post by Ekha on March 30, 2026, 01:01:03 AM »
Digamos que seré decente y esto será bien organizado y tendremos enlaces a todo lo que escriba y será un espacio para comentarios decente...

Decente...

En constante actualización XD recemos porque no lo olvide.
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Caso XX0
- Cuando el Caos dice hola y lo saludas de vuelta -


El documento no tenía nada realmente llamativo a simple vista.
Papel blanco, texto ordenado, bloques censurados, como si alguien hubiera decidido que ocultar información era más importante que hacerla útil. Nada fuera de lo común, al menos no para los estándares de la UIC.

Flat ladeó la cabeza mientras leía, desde la comodidad de uno de los sillones de una oficina bastante elegante, pero llena de carpetas, libros y muchos documentos curiosamente ordenados.

—…Suena dramático, me gusta —murmuró mientras leía en voz baja, más por costumbre que por necesidad.

Quote
Los denominados Camera Obscura constituyen dispositivos ópticos no convencionales cuyo comportamiento ha sido incorrectamente atribuido a causas sobrenaturales.

El presente análisis parte de la premisa de que dichos fenómenos, aunque no comprendidos completamente, obedecen a principios sistemáticos.

Las palabras estaban frente a él, pero no terminaban de encajar del todo. Era como si intentaran dar forma a algo que realmente no debería poder ser descrito.

—Oh, ya veo.

Sonrió mientras se recargaba completamente en el respaldo de la silla, sosteniendo el documento contra la luz de la lámpara como si eso fuera a revelar algo oculto entre las líneas censuradas.

—¿Incorrectamente atribuido a causas sobrenaturales…? Eso es interesante.

Volvió a inclinarse hacia adelante, acomodando el documento en el escritorio de forma que la posición le permitiera leer con atención.

Quote
El dispositivo no genera el fenómeno. 
Lo regula.

—Tiene sentido. Entonces no es lo que ves… es lo que te dejan ver.

Tamborileó los dedos en la orilla del escritorio y pasó a otra página.
Quote
El sistema digital eliminó restricciones presentes en los dispositivos originales.

—Esto suena a que alguien no quiso escribir que algo salió terriblemente mal.

Cerró el archivo despacio, con suavidad. Lo acomodó frente a él en el escritorio y se recargó nuevamente en el respaldo de la silla.

—Me agrada este lugar.

Volteó en dirección a la puerta, como si acabara de recordar algo.

—Aunque… debería preguntarle a alguien cuánto tiempo se supone que voy a estar aquí.

Silencio. Dado que esto no era una historia convencional, nadie entró con ese timing perfecto de escena bien calibrada para brindarle alguna de las respuestas que buscaba.

Frunció el ceño, pero Flat no parecía muy preocupado al respecto, solo curioso.

—Bueno, si es así…

Se acercó de nuevo al escritorio y abrió nuevamente el archivo.




—Ese archivo no es de acceso público.

La voz no parecía particularmente dura, ni como si estuviera regañando a Flat, simplemente aclarando algo que era un hecho. Flat dio un leve respingo, pero no levantó la vista de inmediato. Al contrario, solo pasó la página antes de voltear.

—¿Te refieres a esto?

Levantó el documento y lo sostuvo un poco más arriba de su cabeza, como si eso fuese de ayuda para identificarlo mejor.

—Tienes razón, definitivamente no parece algo apto para el público.

Alain Guillotin permaneció en el mismo sitio. No avanzó todavía. Solo se limitó a observar al chico rubio despreocupado. Aquel que sostenía el archivo en una sección marcada, con anotaciones internas visibles, segmentos censurados y datos técnicos que él conocía de memoria.

—¿Cómo lo obtuviste?

Flat dejó el archivo nuevamente sobre el escritorio, se cruzó de brazos y ladeó ligeramente la cabeza, pensativo.

—Estaba en el escritorio… Bueno, técnicamente estaba debajo de otros tres archivos en esa montaña de documentos de enfrente, pero eso cuenta como “en el escritorio”, ¿no?

Alain exhaló lentamente, como si ya estuviera ajustando algo en su cabeza.

—No.

Flat asintió, como si eso fuera una corrección perfectamente razonable en estas circunstancias.

—Entiendo.

Ladeó la cabeza nuevamente mientras cerraba los ojos.

—Debo decir que la parte donde mencionan a la persona que inventó ese objeto es bastante interesante. Especialmente la teoría de que es posible que quisiera investigar su influencia en diferentes entornos.

Alain no respondió de inmediato. No porque no tuviera qué decir, sino porque no le gustaba la facilidad con la que el chico había llegado a esa conclusión.

—Aléjate de ese documento —dijo Alain, esta vez sin margen para interpretación.

—¿Por qué? —Flat volteó con ese rostro de frustración, como si le hubieran dicho a un niño pequeño que no podía comer helado.

Alain sostuvo la mirada un segundo más de lo necesario. No por desafío, sino porque algo no terminaba de encajar.

—Porque no tienes autorización para leerlo.

Flat parpadeó.

—Oh… —miró el documento—. Eso explicaría por qué está tan censurado.

Alain dio un paso al frente.

—Repito, aléjate de ese documento.

Flat dudó un momento antes de levantarse.

—No iba a quedarme con él —dijo al fin—. Solo quería terminar la última parte.

Finalmente, Flat se alejó del escritorio y, por ende, de la silla que había estado ocupando frente a él. Alain se acercó, sin prisa, pero con paso decidido, y recogió el archivo.

—A partir de ahora no tienes permiso para revisar ningún documento sin autorización directa —finalizó Alain Guillotin con voz clara y seca.

Flat no pudo hacer más que asentir.

—Entiendo. Entonces… ¿a quién le pido autorización?

Alain, quien sentía que su paciencia estaba siendo probada por alguna extraña prueba laboral (no tanto por el destino), lo miró, miró de reojo el archivo y volvió su mirada al chico.

—A mí.

Flat sonrió.

—¡Perfecto! Entonces… ¿puedo seguir leyendo?

Alain sintió un ligero tic en el ojo.

—No.

—Ok, supongo que buscaré algo más que leer.

—No lo harás.

La respuesta no vino de Alain. En la entrada de la habitación se encontraba un hombre de traje impecable, con una carpeta en mano, que se acercó con un movimiento preciso.

No miró a Flat primero. Observó a Alain y al archivo que todavía sostenía.

—Ese documento no estaba programado para revisión el día de hoy.

—No lo estaba.

El secretario asintió y desvió su atención hacia Flat.

—Flat Escardos.

Flat alzó la mano, como si estuviera en un salón de clases.

—Ese soy yo.

—Se te ha asignado material acorde a tu nivel de acceso actual.

El rostro de Flat se iluminó cuando el secretario de Olga Marie le extendió otra carpeta. La tomó casi de inmediato y comenzó a hojearla.

—¿Tengo que entregar algo después de leer esto?

—Es una asignación. Se espera un informe al finalizarla.

Flat pasó una página más, pero más lento.

—¿Es obligatorio?

—Inevitable.

Revisó con atención una sección.

—¿Hay más de estos?

El secretario se dio la vuelta, dispuesto a retirarse.

—Si completas este —dijo—, se evaluará.

Y se retiró.

Flat no levantó la vista hasta terminar de leer el documento. Alain solo esperaba que tuviera la decencia de salir de la habitación y no volver a toparse con él en algún tiempo futuro.

—Definitivamente me voy a quedar —murmuró el chico, al fin—. Al menos hasta que deje de ser interesante.

Alain suspiró. No auguraba nada bueno para él. Debería hablar con el secretario general para establecer una mejor vigilancia en el área de Archivos.

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Planeación / Re: Dudas, quejas, sugerencias
« Last post by Haruhin on March 29, 2026, 09:18:59 PM »
We love u Ekha por sintetizar todo a prueba de dummies como yo ♥

Honestamente mis dudas quedaron resueltas de antes así que nada más queda ponerse a escribir, ¡ánimos a todas! /o/
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Holii, esta es mi thread para comentar las aventuras de mis pollos dentro de la org.

Como dice el título, tengo planeado tirar varios personajes, los cuales todos son más inteligentes que Albatross y yo combinados. Grande mi hijo que me ayuda a compensar las neuronas que tienen los otros, escribirlo de verdad es un respiro. Por eso es el prota y no la panda de cerebritos que son los otros. Ya iré revelando de a poco sus identidades 👁️👄👁️

Así que les invito a sentarse y disfrutar de las historias de esta gente~
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Main story;01

Decir que había terminado en este sitio por error sería bajarle el perfil al asunto en exceso, pero tampoco era como que tuviese sentido cuestionarse el motivo a esta altura.

La situación había sido simple: se metió donde no debía totalmente sabiendo que era peligroso y el destino dictaminó que debía pagar por ello. Ni más, ni menos.

Quizá alguien más arriba o con más cerebro que él diría que totalmente fue su culpa y que todo esto se hubiese podido evitar leyendo las advertencias que alguien amablemente le había entregado, pero bah, ya no valía la pena escuchar ese viejo argumento.

Lo importante era el desenlace: estaba vivo. Condenado de por vida a hacer mandados y escribir informes, pero vivo. Con una habilidad que le traía más problemas que ventajas y le obligaba a usar gafas negras a todas horas, pero vivo.

Y no es como que no le gustase su trabajo.

Es verdad que preferiría no escuchar a la directora volarle el oído cada vez que regresan de una misión o que el asistente de ésta no pareciese que llevaba un palo cruzado por todo el—, pero aprendió a aceptar las cosas buenas de la vida.

Como, por ejemplo, seguir vivo. Muy importante cosa a remarcar a decir verdad.

¿Hemos mencionado lo mucho que Albatross agradece continuar con pulso? ¿No? Pues lo hace, y mucho.

Cuando la organización le encontró años atrás, él ya estaba rezando sus últimas oraciones. Después de todo estaba bañado en sangre que no podía asegurar que no fuese suya, atado a lo que parecía una mesa de sacrificio humano y vendado para no ver los rostros de los lunáticos que lo habían capturado.

Tal vez unos minutos más tarde y hubiese sido el aperitivo de algún demonio.

Si le preguntan, está bastante feliz de no haber terminado siendo un snack. Por los rumores que ha escuchado de otros miembros de la organización, era una de las peores formas de dejar este mundo.

Así que definitivamente había sido afortunado.

Tal vez por eso es de los pocos que se toma este trabajo con tanta tranquilidad. Si había algo en lo que confiase ciegamente (jajá), era en la capacidad que tenía la organización de salvarle el culo cuando más lo necesitase.

Claro, todo mientras fuese útil. Y lamentablemente para todos los altos cargos de este sitio: era absurdamente bueno en lo que hacía. Está bien, quizá es mucho robarse el mérito cuando es un trabajo en equipo. Como sea, su equipo es absurdamente bueno en lo que hace, ¿mejor?

Por eso podía caminar sin miedo por aquel edificio antiguo mientras reía al imaginar la expresión de la directora al leer el informe que había entregado a primera hora.

Se había esforzado en hacerlo más caótico de lo necesario, al fin y al cabo, a ella le faltaba algo de emoción en su vida. No debía ser muy divertido leer torres de papeles hablando de lo mismo, o en el peor de los casos, hablando de cómo más gente había muerto porque habían fallado o llegado tarde.

Así que un informe en formato de épica con sólo pérdidas materiales debía ser como un regalo de los reyes magos.

¿No era el deber de los empleados alegrar la vida de sus superiores de cierta forma? ¿No? Bueno, qué mal. Él ya se lo había tomado como una de sus tareas personales. Además, había acompañado toda la narración con caricaturas dibujos ilustrativos para explicar de mejor manera todo el asunto.

Ahora solo le tocaba esperar que lo llamasen a la oficina principal para recolectar los frutos de su esfuerzo.

Aunque quizás, solo quizás, debería advertirles a sus compañeros de su obra benéfica de esta vez. Así al menos estarían preparados para los retos de esta ocasión.



Side story;01

Lo primero que nota tras escuchar que los idiotas han hecho de las suyas otra vez, es que su café está frío. Ambas señales indican que será un día largo, de esos que le hacen cuestionar el motivo por el cual continúa en esta organización.

Puede ver desde su oficina que los demás administrativos se posicionan para ver el espectáculo que está por montarse con la esperanza de entretenimiento gratuito y que incluso algunos abren apuestas sobre si la directora quebrará algo en esta ocasión.

Siempre es igual.


Debería hacer algo al respecto, pero su café está frío y el circo que está por empezar subirá la percepción de buen clima laboral del equipo. Todavía no está segura del porqué de ello, pero la encuesta mensual lo refleja. A la mayoría de los presentes en la primera planta les encanta ver a Olga Marie perder los estribos por culpa de tres cabezas rubias.

Los testimonios incluso relatan que cuando ocurre en el día libre de alguien, esa persona lo toma como un mal augurio. Llega a ser sorprendente la cantidad de compensaciones que se han solicitado por lo mismo.

Así que cualquier cosa que haga que menos gente deba terminar en terapia o pida dinero extra es algo bueno, está segura que los ejecutivos están de acuerdo. Incluso si es sacrificar al trío de idiotas. Además, los tres ya están acostumbrados a todo esto y saben que se merecen la reprimenda.

Quizá debería pensar más en la salud de su directora, no obstante para eso está el señor Fujieda. Después de todo, ella debe velar por el bienestar de los empleados, no de su jefa.

Con eso en mente decide que necesita otro café.
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