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HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Miyu on December 31, 2024, 10:23:47 AM »
Veo si puedo terminar el cap


6.5 # Paella y yokan.

Rias Gremory's Peerage

KING ha añadido a Ikuse Tobio
KING ha añadido a Shindou Irina
KING ha añadido a Narumi Gen
KING ha añadido a Kiba Yuto

KING cambió el nombre de Ikuse Tobio a PAWN1
KING cambió el nombre de Narumi Gen a PAWN2
KING cambió el nombre de Shindou Irina a BISHOP2
KING cambió el nombre de Kiba Yuto a KNIGHT1

QUEEN: ¿Por qué Tobio onii-sama es PAWN1? Él debe ser King. ¡MHPH!
KING: Akeno, tú sabes que los peones tienen la característica promoción
KING: Cuando un peón logra llegar hasta la última fila del tablero enemigo, puede transformarse en cualquier otra pieza (como una reina, torre, alfil o caballo), excepto en el rey. Casi siempre se elige convertirlo en reina porque es la pieza más fuerte del juego.
KING: ¿Entiendes, Akeno? Tobi es una pieza fundamental y fuerte, de las más útiles.
QUEEN: No le digas Tobi a onii-sama, Rias.
KING: ¿Puedes controlar a tu prima, @PAWN1?
PAWN1: Es algo imposible, Rias, estoy en el trabajo ha ha.
KNIGHT1: Tiempo sin verlos chicos ^^. ¿Cómo están?
KNIGHT1: Las cosas parecen más animadas jaja, suerte Tobio-san.
KNIGHT2: ¿BROOO? ¿KIBA? ¡¿Regresaste a Japón?!
KNIGHT1: No, no. Sigo en el Vaticano. Espero regresar el año que viene, Xenovia ^^
KNIGHT2: Ah compa, creí que podríamos entrenar juntos. El dojo de la U es aburrido sin mi digno rival
BISHOP1: Bienvenidos chicos, que Dios los bendiga a todos y que esta pequeña reunión sea útil para todos. ¡Auch!
KING: ¿Estás bien Asia? Ahhh
BISHOP1: Oré pensando en Dios, perdón Rias senpai
KING: Ten más cuidado, como mi preciada amiga debo velar por ti.
BISHOP1: Ah, gracias senpai. <3
BISHOP1: ¡AUCH! Ah, oré de nuevo por la amabilidad de senpai.
PAWN2: ¿Qué es este grupo?
ROCK1: Hacen que vibre mucho mi celular e intento descansar…
ROCK2: Estoy dando clases, me van a quitar el móvil siendo que soy la profesoraaaaa.
QUEEN: Está el modo “no molestar” aunque un pequeñín como Narumi-chan no lo sabría jamás, fu fu.
PAWN2: ESTA ESTÚPIDA. ¿Es tu prima, Tobi? Si, si lo debe ser…
PANW1: Calma, calma, Narumi.
PAWN2: Me cuentas más tarde de que va todo esto, Tobi. Muchas mujeres, me dan repelús,
PAWN2 abandonó el chat.
KING: ¡Basta chicos! Normalmente este es un grupo de mujeres y Yuto, en esta ocasión los hemos agregado a Tobi y Narumi para celebrar que Koneko es una HiME oficial y entró a Hanasaki U como estudiante. ¡VIVA!
BISHOP1: ¡FELICIDADES KONEKO-CHAN! ¿HiME es algo de honor?
QUEEN: …
KNIGHT2: ¿Vas a contarnos qué es lo que ocurrió hoy en la entrada de la U, Rias senpai?
KING: Sí. Hemos hecho una reserva para comer paella cerca del mar. Vengan todos los que puedan e informaré por mail a Yuto e Irina.
KNIGHT1: Debe ser algo serio si nuestro Rey está siendo tan seria.
QUEEN: Tiene mucho que explicar.
PAWN1: Tengo curiosidad.
ROOK2: ¿COMIDA Y BEBIDA GRATIS? ME APUNTOOOO. ¡RENUNCIO YA A KUOH!
ROOK1: Desinvitada.
ROOK2: NooOoOOo
KING: Basta, basta. Ahí les paso las coordenadas y la reserva.

RIAS NARUMI

Rias Gremory apagó el celular después de enviar la ubicación del restaurante y coordinar cómo el chofer los recogería. La familia Gremory, de alto prestigio, podían permitirse el lujo de poseer autos elegantes y, por supuesto, choferes personales para todo tipo de situaciones como esa tan inusual. De cierta manera se sentía culpable de haber metido a Koneko Toujou en tantos líos.

La pelirroja, de porte elegante incluso en ropa deportiva, estaba a punto de empezar a correr en una de las caminadoras que se encontraban en la sala de ejercicios de su lujoso departamento. El sitio estaba decorado con una alfombra roja amplia, agregando el toque de nobleza a cada paso; al frente del cuarto amplio, grandes ventanales ofrecían una vista espectacular de la ciudad de Tokio, dejando que la luz natural inundara el espacio.

Ella se veía hermosa, como siempre, con su larga cabellera escarlata recogida en una alta coleta que cae en cascada hasta la más allá de su espalda y trasero, resaltando el brillo escandinavo de la sangre que corre por sus venas. Enfunda un conjunto de ropa deportiva que combinaba su propia elegancia y sensualidad: una ajustada camiseta sin mangas de color negro con detalles en rojo que delinean su figura totalmente curvilínea, apretando sus senos un poco y resaltando su figura atlética y unos leggings a juego que acentúan sus largas piernas y firme trasero.

Estaba preparada, punto de empezar a correr en una de las caminadoras que se encontrar en la sala de ejercicios de su lujoso departamento. Alrededor, había una variedad de máquinas de ejercicio: bicicletas estáticas, pesas bien organizadas en un estante metálico y un área de yoga equipada con colchonetas y pelotas. El ambiente estaba impregnado de un aroma fresco y limpio, y el tenue sonido del aire acondicionado añadía una atmósfera relajante al lugar.

Era un espacio que reflejaba perfectamente el estilo de vida de Rias: sofisticado, moderno y cuidado al detalle, justo como ella misma.

— ¿Qué puedo hacer? —se cuestionó la pelirroja mientras se sube a la corredora, modificando la velocidad y el peso.

Las imágenes que vio más temprano la dejaron intranquila, después de todo si Koneko resultaba herida en alguna pelea contra su Rebel, ella jamás se lo perdonaría. El chico albino que se identificó como Gabimaru parecía decidido a atacar y matar a su preciada amiga. ¿Por qué? ¿Quién es Qin Shi Huang? ¿Y el otro albino?

Suspiró mientras comenzaba a correr y a mover sus extremidades lentamente.
Por primera vez se dio cuenta de la posición en que había puesto a Koneko y sus habilidades parecían ser del tipo ofensivas, como un tanke en los moba. Exhaló aire frustrada, si ella no le hubiera dicho que participara en la prueba HiME, las cosas no estarían así.

— ¡QUÉ FRUTRACIÓN! —gritó golpeando el mando de la máquina, el ruido se oyó abruptamente, cargando de tensión el aire pacífico y silencioso—. ¿Y si muere?

Imaginó la sangre de la pequeña gatita tiñendo de rojo sus manos mientras sostiene el cuerpo helado, no. Simplemente la perturbó. Imaginó la sangre de la pequeña gatita tiñendo de rojo sus manos mientras sostenía su el diminuto cuerpo frío y sin vida. Ese pensamiento llegó tan rápido y tan lleno de desesperación, cargada de inesperadas y brutal imágenes vívidas y aterradoras que coparon la mente de Rias. No. Simplemente la perturbó.

El solo hecho de imaginar esa escena le provocó un escalofrío que recorrió la columna, la dejaba helada, después de todo no podía creer que dos niños se estuvieran a punto de batir en duelo a muerte. ¿Por qué? Cerró los ojos vedárseos con fuerza, tratando de desterrar esa visión, pero era imposible que los colores y las formas no se grabaran en su subconsciente pues ver a Koneko a punto de ser herida y salvada tanto por Xenovia Quarta y aquel hombre misterioso llegado de china, Quin Shi Huang, parecían haberse quedado tatuados en su mente.

negándose a desvanecerse y presente para recordarle que lo que le pasara a Koneko Toujou era su culpa. ¿Por qué algo tan horrible se había quedado en su cabeza? Ella adoraba a la pequeña gatita, con sus pequeñas actitudes salvajes y de vagancia, pidiendo siempre youkan y diferentes tipos de comida; con esos ojos dorados llenos de vagancia y desinteres. Era impensable que alguien a quien adoraba tanto como una hermanita pequeña le pudiera acabar en un escenario tan macabro como el que su mente había ideado.

Respiró hondo, obligándose a concentrarse en el presente y en la tarea que estaba haciendo: ejercitando su cuerpo. La habitación estaba en calma, los últimos rayos de sol se filtran por la ventana, bañando de luz cálida el espacio del gimnasio y creando reflejos dorados en las máquinas. Podía escuchar el ruido de sus pasos a trote fuerte y las gotas de sudor bañando la piel tersa en su cuerpo, hasta tener la ropa ceñida al cuerpo. Quería estar completamente ajena de los pensamientos oscuros que habían atravesado su mente por tanto tiempo y la culpa que la corroía por dentro. Era irónico cómo algo tan insignificante, un pequeño tropiezo mental, podía desencadenar una cadena de imágenes tan desgarradoras.

Continuó corriendo media hora más, respirando hondo y exhalando hasta el cansancio, luego fue levantar pesas se dirigió primero al rincón donde tenía una toalla preparada, el celular resguardado y una botella de agua fría ya con gotas de agua cayendo por el plástico. Tomó la tomó con cuidado la botella, sintiendo el peso del líquido y su cuerpo helado y el movimiento rítmico del hielo que se agita cuándo ella lo toma. La sensación fue refrescante al llevar sus labios al pico e inclinar ligeramente la botella para que el agua llegue a sus labios y garganta. Una sensación refrescante que la dejó relajarse un par de minutos y estabilizar sus pensamientos de que todo estaba bien, de que la imagen que había visto no era más que una pesadilla diurna, un producto de su imaginación descontrolada.

El gimnasio del departamento se sentía vacío, perfecto para que los demonios internos la acechen en la cabeza y sin nadie que haga ruido constante en las máquinas o música sonando a tope estaba apacible. Ella, una joven elegante y decidida generalmente, llevaba más de una hora corriendo en la cinta, las mejillas sonrojadas, casi como su cabello, por el esfuerzo de correr en diferentes velocidades y con mechones rojizos adheridos a su frente sudorosa. Su respiración dejaba al descubierto unos hombros fuertes y unas piernas tonificadas a cada paso. Apretó la botella de agua con fuerza, hasta retorcerla entre sus dedos y la tiro aun cesto de basura.

Caminó hacia el área de pesas con la misma energía intensa y la determinación de seguir su entrenamiento una hora más, como mínimo. En una esquina, flexionaba las piernas, sosteniendo una barra cargada con discos. Su respiración seguía siendo profunda, acompasada, mientras sus músculos trabajaban y el sudor seguía cayendo perlando la piel palida de Rias; cada gotas de sudor recorrían su piel, marcando líneas brillantes sobre su espalda y sus brazos.
Por fin ruidos de ella, los sonidos barras chocando contra el suelo y respiración forzada coparon el departamento, pero las vibraciones desde la toalla que aún no había usado, cortó la concentración. El celular vibraba y empezó a sonar con mensajes y llamadas repentinas, había silenciado el grupo de WhatsApp con sus amigas, por lo que no podían ser ellas.

La pelirroja se enderezó, aun sujetando la barra por unos instantes y soltó un suspiro entre jadeos al darse cuenta de que no iba a poder terminar su rutina ese día, nadie la iba a molestar por algo sin importancia. Dejando el peso con cuidado, caminó hacia dónde dejó el móvil, con su pecho subiendo y bajando con rapidez mientras tomaba el teléfono, preguntándose quién interrumpiría justo ahora.

Vio las notificaciones, sorprendida de que quien la andaba acosando era Gen Narumi. Lo recordaba brevemente de la prueba para ser HiME de Koneko y también de las pocas interacciones que tuvieron en el departamento de Akeno y Tobio.

Repasó rápidamente los mensajes, aunque no entendió nada. Era muy lacónico para expresar y monosílabo, no le entendió ni un carajo.

El primer mensaje que vio la hizo arquear una ceja.

"Hablar".

No era un saludo ni una introducción, simplemente una palabra seca, seguida de otra notificación:

"Tonta".

Rias parpadeó, desconcertada. Su pulgar se deslizó por la pantalla, revelando varios mensajes más. Ninguno de ellos tenía sentido.

"Mierda".

"Responde".

"Las mujeres son idiotas".

“¿QUÉ ESTÁS HACIENDO, PRINCESA?”.
 
Su mandíbula se tensó al leer eso dos último. Aunque el contenido era ofensivo, había algo en la forma errática y brusca de los mensajes que le resultaba entre patético y extraño; con palabras llenas de frustración y ningún tipo de coherencia para ella. Por un momento, estuvo a punto de ignorarlo por completo. No conoce lo suficiente a Narumi como para responderle o que le hable con ese tono. ¿Princesa? ¿Y él? Akeno lo mencionó como alguien vago y ególatra.

Gen Narumi.

Un nombre que no esperaba ver para nada entre los mensajes que le llegan a diario. Tenía mails y whats en general de su familia y amigas. No habían intercambiado muchas palabras y sus interacciones habían sido escasas y, para ser francos, irrelevantes. A su vez no tenían una conexión real entre ellos.
Rias dejó escapar un suspiro y se dejó caer en el banco junto a la toalla, sosteniendo el celular en la mano. Repasó nuevamente los mensajes, esperando que se detuvieran con un segundo vistazo, algo hiciera clic en su mente. Pero no, seguían siendo igual de crípticos, igual de cortantes. Sus labios se torcieron en una mueca entre la confusión y el disgusto.

— ¿Qué demonios quiere este tipo? —murmuró para sí misma, dejando que el teléfono descansara en su muslo por un momento, luego de poner “no molestar” en los mensajes para evitar que siguiera sonando, aunque estaba atenta por si algo más llegaba.

Una ridícules total en todo el asunto de los mensajes tan cortos; si de verdad quería decirle algo, ¿no podía usar una oración completa al menos? O mejor aún, ¿por qué siquiera estaba escribiéndole? No eran amigos, tampoco eran conocidos lejanos. Gen Narumi no era más que una figura algo lejana en su vida, hasta se había salido del grupo de Whats dónde es moderadora y KING. Su presencia apenas registró después de esa desfachatez que hizo de rechazar su invitación al grupo.

Pensó en responder, aunque únicamente para decirle que dejara de escribirle tonterías, aún así desechó la idea rápidamente, no valía la pena. Ignorar era la mejor respuesta en este caso, y se sentiría ridícula dándole más atención de la necesaria. Si tenía algo que decirle, que lo hiciera en la noche, en la reunión para comer paella.

Volvió a dejar el teléfono sobre la toalla limpia y se levantó, dispuesta a continuar con su rutina de entrenamiento. Sin embargo, no pudo evitar que su mente volviera a esos mensajes, especialmente al tono agresivo y la elección de palabras, ¿y si tenía algo que ver con Koneko? ¿Hanrá descubierto algo sobre el Rebel o las habilidades de su amiga? Algo era inquietante, aunque también un poco patético, en esa necesidad desesperada de llamar su atención.

— ¿Responderle será lo correcto?

Sacudió la cabeza, intentando despejar las preguntas que la inundaron y tomó la barra para comenzar otra serie de flexiones, justo cuando había empezado una vez más el entrenamiento, el timbre del teléfono volvió a sonar, esta vez no era una notificación, sino una llamada.

Rias dejó caer la barra con un golpe secoo y giró hacia la banca de madera. Su corazón latía con más fuerza de lo normal, sin estar segura si era por el ejercicio o la incomodidad de la situación. Caminó hacia el móvil, respirando profundamente mientras lo tomaba. El nombre en la pantalla confirmó lo que ya temía: Gen Narumi.

El objeto vibraba en su mano, con insistencia de las llamadas de Narumi; Rias dudó en responder, podía dejarlo sonar y seguir ignorándolo, fingir que no había visto ni escuchado nada. Algo dentro de ella le hizo tener un presentimiento, una mezcla de curiosidad y frustración la impulsó a actuar.

Deslizó el dedo por la pantalla y llevó el teléfono a su oído. Su voz salió firme, aunque ligeramente irritada, muy pocas personas lograban sacar ese lado de ella y, por lo general, era su mejor amiga Akeno Himejima.

—¿Qué quieres, Narumi?

El silencio se extendió al otro lado de la línea, roto solo por una respiración pesada y errática que la puso aún más en guardia. Entonces, una voz grave y un tanto desordenada respondió.

—¿Por qué no respondes? Te estuve escribiendo. ¿Acaso la princesita está muy ocupada?

Rias apretó los labios, su paciencia colgando de un hilo y un segundo de colgar.

—Tal vez porque no entiendo nada de lo que dices. Si tienes algo importante que decir, dilo ahora, o no vuelvas a molestarme.

El silencio que siguió fue tenso y asfixiante. Rias pudo imaginar a Narumi tratando de encontrar las palabras y eso solo la hizo sentir más incómoda. Finalmente él habló pero lo que dijo no hizo más que aumentar la confusión.

—No puedo decirlo por teléfono, por si nos están rastreando. En este punto puede que ellos ya sepan nuestros números y estén analizando nuestros pasos. PIENSA.

Que idiota, es lo primero que pensó la pelirroja por un instante, para empezar inundarla de mensajes para decirle que necesitaban verse a solas. ¿A solas? Eso quería decir… en primer lugar una cita con él la iba a rechazar monumentalmente.

—¿Estás bien? —escéptica le preguntó.
—¿Escuchas lo que digo, Gremory?

 Rias casi sintió lástima por él, pero la manera en que había elegido expresar su frustración le impedía bajar la guardia. No era su responsabilidad lidiar con los problemas de alguien que apenas conocía, especialmente si ese alguien decidía empezar con insultos.

—Hablar no es insultar, Narumi. Busca a alguien más para tus crisis. Está Tobi y Akeno —su tono fue cortante, definitivo, y no dejó espacio para que él replicara antes de cortar la llamada.

Rias dejó caer el teléfono, su corazón todavía latiendo con fuerza. Se pasó una mano por el cabello, apartando los mechones sudados de su rostro y respiró profundamente, tratando de calmarse.

—Qué manera de arruinar un buen entrenamiento —susurró para sí misma, volviendo hacia la barra. Sin embargo, esta vez, el peso en su pecho era más difícil de ignorar que cualquier carga física. Aún tenía sus dudas si Narumi quería decirle algo importante sobre Koneko.




En las instalaciones de Grigori.
Narumi se encontraba totalmente inquieto, moviéndose de un lado a otro.

La atmósfera del laboratorio, cargada del zumbido monótono de las luces LED, junto con el constante ritmo de sus propios pasos sobre el suelo de granito blanco, exacerba su impaciencia. La lujosa instalación de Grigori, repleta de equipos de punta tecnológica. Cada superficie relucía bajo la luz artificial y en cada rincón había alguna pantallas flotantes que mostraban información cifrada y gráficos de datos que se deslizaban a través de los monitores.
—Esa idiota, ¿qué le pasa? —refunfuñó con los brazos cruzados. Seguía caminando de un lado a otro sin comprender por qué Rias Gremory lo había mandado al diablo y es que, para él, sus mensajes habían sido totalmente claros y nada ofensivos. Así trataba a todas las mujeres…
La angustia en el pecho de Narumi era casi insoportable. Cada segundo que pasaba repasando lo que escribió y habló con la pelirroja le traía jaquecas, no la entendía y tampoco quería comprenderla, ¿por qué hacerlo? Los mensajes que le había enviado, las llamadas que había realizado todo había sido ignorado por la princesa mimada. Caminaba de un lado a otro por el laboratorio, su respiración entrecortada, su mente dando vueltas a todas las posibilidades.
—Habla con Akeno —Tobio le sugirió, pues ella la conocía mejor que nadie.
Frente a él, el pelinegro permanecía sentado junto a la mesa de cristal, tomando un sorbo de su café con una tranquilidad que parecía inmutable y no solo en esta ocasión, sino siempre. Narumi evitaba mirarlo directamente, necesitaba concentrarse y la quietud de Tobio no hacía más que recordarle lo mucho que las cosas estaban fuera de control y lo nervioso que esta.
Finalmente detuvo sus pasos y giró hacia él, su frustración evidente en la expresión de su rostro y la línea fina en que se convirtieron sus labios.
— ¿No te preocupa nada de esto? — inquirió, su voz más fuerte de lo que había planeado desde un principio— Los mensajes, las llamadas... algo está mal. Ella no debería ignorar así a un superior, Tobio. Esto no tiene sentido.
Tobio alzó la mirada con calma y apoyó una vez más la cerámica contra sus labios para beber otro sorbo de su café antes de responder.
— Tranquilo, Narumi. Hay demasiados factores en juego. Si Rias no responde, debe tener sus razones. Las cosas no siempre funcionan de manera inmediata, ella es una mujer inteligente y sagas, va a pensar en tu llamada.
Narumi apretó los puños hasta dejar los nudillos blancos, sintiendo cómo el ansia crece con cada palabra que le dice su amigo y roommates. Esperar no era una opción para él. La idea de que estuvieran siendo observados, de que alguien pudiera estar interceptando sus mensajes o llamadas, lo carcomía. Se giró para observar el laboratorio, cada pantalla y cada máquina como un posible peligro más porque ahora mostraban estadísticas de Koneko Toujou y el incremento notable en sus capacidades físicas después de la prueba HiME y Azazel le dijo que no se preocupara.
—No es solo eso —indicó en voz baja, aun con un tono que demostraba toda la tensión que sentía y también cierta curiosidad—. Creo que nos están vigilando. Pueden estar escuchando cada cosa que hacemos con nuestros celulares y tener nuestras ubicaciones en tiempo real. ¿No lo ves? Esto no es normal.
Tobio inclinó ligeramente la cabeza, evaluando las palabras del cabellos bicolor sin mostrar ninguna señal de alarma.
—Es posible. Sabemos que estamos en el radar de cierta organización que no entendemos, Rizembool. Pero eso no cambia lo que debemos hacer ahora. Hay prioridades más urgentes que alarmar a Rias y Koneko.
Narumi respiró hondo en un intento inútil de calmarse, cosa que claramente no podía hacer; el deber de su propia paranoias y la intriga de querer saber lo que iban a enfrentar desde hoy lo llenaba por dentro.
—No podemos simplemente ignorar esto —insistió, con un tono más bajo, más para convencerse él mismo que para hablar con Tobio y seguía lleno de tensión. — Estamos en peligro. Si Rias está siendo observada, si esos mensajes están siendo rastreados, podría significar que nuestra seguridad está comprometida. No podemos seguir actuando como si nada estuviera pasando, que Toujou Koneko sea una HiME significa estar bajo ataque.
Tobio dejó su taza en la mesa, el suave tintineo del vidrio resonando en el silencio del laboratorio. Sus orbes se fijaron en los de Narumi más serios ahora.
—Lo sé, Narumi. No hay qie dejaranos que el miedo nos consuma, aparte que eso va contra la ley, hay muchas formas de enjuiciar a Rizembool, no creo que esto vaya más allá de las HiME, por lo que hay que centrarse en la seguridad de Koneko-chan y no podemos actuar basándonos en suposiciones. Necesitamos información sólida antes de movernos.
Dignas palabras de un abogado recibido y en pasantía.
Narumi asintió lentamente, reconociendo la lógica detrás de las palabras de Tobio. Sin embargo, eso no hacía que su ansiedad disminuyera; podía hablarle a Akeno, la prima de Tobio, y preguntarle que opinaba de que Rias le hubiera tratado tan fatalmente.
Ah, de pronto se dio cuenta que estaba demasiado interesado en Rias, ¿por qué?
El laboratorio estaba sumido en un silencio inquietante y más ahora que se cuestionaba el por qué estaba siendo tan insistente con Rias Gremory. Miró al otro de nuevo y después se giró para suspirar; para empezar le había dado el número a Rias, algo que jamás hacia con mujeres porque odia lo ruidosas que son y lo inútiles que son, la prueba de ello es Akeno Himejima. Odiosa, bromista y en celo por su primo segundo…

—Con Gremory vimos lo que le paso a esa enana albina, es imposible no preocuparme por ella, cuándo soy parte del proyecto de investigación de Aza —volvió a hablar de manera más tranquila—. Tienes razón, Tobi. Estoy exagerando.
Aunque el sonido chirriante de las máquinas y cada destello de las pantallas le cargaba el ambiente de tensión, el pesar en los motivos de por qué se preocupaba de la pelirroja lo hizo analizar las cosas de manera más lógica, como mencionó Tobio Ikuse. Narumi se frotó las sienes, tratando de despejar su mente.

Entonces, el sonido del teléfono hizo que ambos hombres miraran el objeto sobre la mesa de vidrio, al lado de la taza de café ya frío. Narumi se giró hacia la mesa dónde vibraba, iluminando la pantalla con un nombre que había estado esperando durante hora y media.

Rias Gremory.

El corazón de Narumi se aceleró. Por fin, después de tanto silencio, ella lo estaba llamando. Sin embargo, una parte de él no podía ignorar la sensación de que esto no iba a traer las respuestas que tanto buscaba.
Tomó el teléfono con una mano y deslizó el dedo en la pantalla para atender el llamado; su mente inundada de preguntas sobre sus sentimientos y la preocupación que sentía por ambas chicas, pero sobre todo en la pelirroja escandinava. Al contestar, apretó los dientes y se preparó para hablar.

—Mierda, ¿por qué tardaste tanto? —dijo con urgencia, sin esperar siquiera un segundo a que lo saludara.
—… —el silencio que emitió desde el lado de la línea fue como un golpe. Por un momento, creyó que la llamada se había cortado, entonces finalmente se escuchó su voz—. Narumi… —la palabra llegó finalmente, con un tono que era diferente, con aprensión y algo más relajada. No tenía el calor que oyó furiosa. Era frío o distante, diferente a cuando habla con sus amigas o Tobi— ¿Qué quieres? Explicate, en poco tendré que salir a la reserva del restaurante.

Narumi sintió un nudo en el estómago. Las palabras que había preparado en su mente se desvanecieron velozmente ante el tono que ella usaba y se trabo con la lengua.

—Gremory, yo… he estado preocupado —expresó él cabellos bicolor, con el fleco tapando los ojos, paso su mano libre por la frente para descubrirse la mirada violácea.
—¿Qué pasa?

Narumi suspiró con cierto disgusto, sin entender sus emociones; Tobi por su lado se levantó al oír que tocaban la puerta del laboratorio, el sonido fue tan suave que apenas lo escuchó.

—¿Estás molesta porque me sali de tu grupo de Whats? —exhalo aire otra vez—, no soy bueno en grupos y me molesta el ruido, trabajo bastante en el proyecto HiME con Aza y me pone de malhumor.
 
Hubo una pausa en ella. Un vacío en la conversación que era peor que cualquier respuesta. Cuando ella volvió a hablar, sus palabras fueron más amables ya siendo ella misma.
 
—Si me molestó —le contestó después de un momento—. Si lo explicas así está bien, espero verte en el restaurante con Tobi. ¿Algo más descubrste?
—Algo así, tengo información de esos dos hombres que vimos en Hanasaki y también un poco de datos nuevos de Toujou —esta vez lo espetó con seriedad—. Tengo motivos para pensar que esos hombres nos podrían vigilar.
—¿Por eso quieres verme? —del otro lado ya empezaba a sonar nerviosa—. En el restaurante podemos charlar con tranquilidad y de paso me ayudarás a explicarles a las chicas lo que estamos medios ahora.
—¿Crees que es buena idea meter a todo tu grupo en esto? —rebatió Narumi sonando desconfiado de los planes de la contraria al teléfono.
—Somos amigas de hace años, si no les digo se enojarán conmigo y Xenovia ya ha visto las habilidades de Koneko y la defendió. Entre todas cuidaremos de nuestra preciada amiga.
—… —suspiró pesadamente, que estupidez querer meter a todo su grupo en peligros que no necesitaban y todas siendo mujeres—. Suenas más como tú ahora.
—¿Eso es un halago? Qué raro de tu parte Narumi —largó una pequeña risa—, si tuviera que decirlo eres bastante tosco y tienes una lengua bastante filosa.
—No te halagué, pero gracias a ti por los tuyos —también se rió el chico.
—Te espero en la paella, te envío la ubicación por Whats. Es un lugar lindo y también irá Tobi.
—Ah, algo me comentó Tobi —bajo la vista a sus pies y luego se giró para buscar a Tobio, aunque él ya no estaba en el cuarto. Le pareció raro, pero logró escuchar también la puerta, supuso que estaría hablando con otra persona fuera del laboratorio.
—Te espero —con tono calmo Rias seguía agregando—, por cierto, soy Rias. Gremory es algo raro para una extranjera.
—Rias —dijo, probando el nombre con su voz—. Nos vemos allá, Rias.
—Bien, nos vemos.

La llamada fue cortada por la misma Rias al terminar de despedirse. Se notaba un poco más nerviosa al último.

Narumi miró la pantalla del teléfono, incrédulo. El silencio que dejó esa llamada fue extraño y ¿dulce? Ahh, estaba preocupado de haberla cagado de nuevo. Sintió cómo el miedo y la incertidumbre se apoderaban de él otra vez, necesitaba de Tobio Ikuse, aún así él no estaba ya allí.

—Las mujeres solo traen problemas— murmuró, sin apartar la mirada del teléfono y con una mano tapando la boca—. Y no sé si voy a salir de esta.
TOBIO AKENO
El laboratorio le parecía a Tobio algo inerte, frío y estéril, en verdad no le gustaba trabajar ahí en Grigori o más bien pasar tiempo de más entre la cantidad de laboratorios e investigaciones que realizaban en esas instalaciones. Las paredes blancas, impecables, reflejaban la luz de las lámparas empotradas en el techo y el leve ruido de las máquinas llenaba el ambiente con una serenidad que odiaba, en general sabía que, pese a ser horas dónde ya no debería haber nadie, cada cuarto estaba lleno de científicos y ayudantes en batas blancas.
Tobio estaba sentado junto a una mesita de vidrio transparente, sus dedos descansando con calma sobre una taza de porcelana blanca que contenía un café oscuro y humeante. Observaba el líquido, inmerso en sus pensamientos, dejando que el aroma fuerte y reconfortante lo rodeara. Un momento de paz que se extendía por siempre en él. Prefería el aroma a café que al aire cargado con la fragancia metálica de los instrumentos y el aroma extraño de los desinfectantes denso y al que aún no encontraba ningún tipo de acostumbramiento.
Sus dedos acariciaron la taza de porcelana, tibia al tacto y llevó la humeante bebida a los labios. El café amargo y reconfortante es la bebida favorita y el aroma preferido de entre todas las sensaciones que lo inundan. Observó la superficie oscura, viendo en ella reflejos borrosos de las luces LED que cuelgan sobre el techo y de sí mismo, perdido entre los pensamientos de las preocupaciones de Narumi.
Estaba convencido que Akeno, su prima segunda, iba a aceptar la propuesta hecha por la directora de Hanasaki. ¿Qué iba a hacer él? Bebió un sorbo de café algo intranquilo, ala vez que en el exterior parecía imperturbable, a diferencia de Narumi que se arrastra por el cuarto molesto y con los brazos cruzados.
“Akeno, Akeno, Akeno” era en lo unico que lograba resonar en su mente pues estaba preocupado por ella, su rostro se formaba claro y persistente. No quería que ella se metiera en algo tan peligroso por eso las facciones de ella se tornaba discordantes a la versión real o tal cual la recuerda. ¿Aceptaría ser una HiME? La pregunta, antes una mera curiosidad, se había transformado en una obsesión que lo consumía por completo dentro. Se llevó la taza de porcelana a los labios, el calor del café tibio contrastando con la gélida inquietud que le helaba el estómago. Observó la superficie oscura de la bebida, buscando en sus remolinos alguna respuesta, algún presagio que le dijera que debía hacer como primo de Akeno…
¿Tenía derecho a imponerle algo? Después de todo él no había estado en la vida de su pariente hasta adultos, el clan Himejima siempre había sido cruel con los que son expulsados de la línea principal y más si son hijos de gaijins como lo es la pelinegra… incluso corrían rumores de que Shuri, la madre de ella, había sido asesinada por alguien del clan, como si fuera un anime o película… esperaba que no fuera cierto.
En el exterior miraba a Narumi aparentando una calma imperturbable, una máscara cuidadosamente esculpida para ocultar la tormenta de sentimientos internos con los que carga; su mente, por el contrario, estaba llena de pensamientos contradictorios que pugnaban por hacerse oír. ¿Qué haría si ella accedía? ¿Y si rechazaba la propuesta? Las posibilidades se bifurcaban ante él y no podía decidir que hacer… la iba a acompañar, de eso está seguro.
Frente a la mesita de vidrio, su roommates, Narumi, a veces compañero de fatigas y confidente, se retorcía parado, la frustración marcando su rostro mientras hablaba con Rias al teléfono. Tobio conocía bien cada mueca de su amigo, había visto a Narumi así en innumerables ocasiones y hoy esa familiaridad le resultaba extraña, casi ajena, estaba fuera de sus cabales el sujeto.
Las palabras que Narumi y Rias intercambiaban le pareció ajena a las típicas cosas que el genio solía decir y de inmediato entendió que su amigo tenía un crush con la pelirroja; no lo culpaba, Rias Gremory debía ser la segunda belleza que conocía entre todas las mujeres… debajo de Akeno, claro. Akeno… volvió a pensar en ella… ¿Qué clase de futuro le esperaba a Akeno en esa institución? ¿Sería capaz de soportar la presión a la que sería sometida? Tobio conocía a su prima, sabía de su inteligencia, de su tenacidad, pero también de su fragilidad. ¿Podría enfrentarse a un Rebel? Akeno iba a estar en constantes ataques
Un escalofrío recorrió su espalda. Se sentía como un espectador impotente, condenado a presenciar un drama que no podía controlar ni inmiscuirse. La decisión de Akeno marcaría un antes y un después en sus vidas, y él, a pesar de su deseo de protegerla, se sentía incapaz de influir en su destino.  Esperaba que rechazara ser una HiME, aunque estaba convencido que aceptaría para así proteger a Koneko Toujou y no podía culpar a esa niña de lo que su prima decidiera.
Al otro lado del laboratorio, su roommates Narumi seguia hablando por teléfono con la pelirroja. Su tono era bajo pero urgente, una mezcla de inquietud y ansiedad que Tobio decidió ignorar, él debería resolver sus asuntos solos y darse cuenta de sus emociones. Había aprendido a no dejarse afectar por los estados emocionales de los demás; mantenerse alejado era una habilidad que había perfeccionado con el tiempo, especialmente en circunstancias como esta.
Mientras Narumi caminaba de un lado a otro, con el teléfono pegado a la oreja y el ceño fruncido, Tobio se llevó la taza a los labios y tomó un sorbo más. El calor del café era un contraste bienvenido con la frialdad aséptica del laboratorio y el aire acondicionado a veinte grados. Observó la mesa de vidrio, con la taza de café de Narumi ya enfriándose y aún sin ser tocada. Ahh, le dio pena porque perfectamente la hubiera tomado él.
Pronto un golpeteo firme en la puerta rompió la quietud del momento, fue suave, tímido e indeciso, solo él lo escucho o así supuso ya que Narumi no levantó la vista, aún seguia hablando por teléfono y no hizo ningún intento de moverse o mirar a la puerta. El mayor que ya había colocado su taza de nuevo en el platillo con un movimiento delicado, se levantó sin prisa y sin decir nada. Sus movimientos eran deslices sin mucha prisa, cada paso estaba perfectamente calculado. Cruzó el laboratorio, sus zapatos sin cortar la escena del otro hombre hablando con Rias, fue hacia la puerta y giró el pomo con lentitud. Le pareció extraño que alguien estuviera llamando tan tarde la puerta.
Al abrirla, lo primero que vio fue un destello de cabello negro azabache que brilla bajo las luces del pasillo. Akeno Himejima estaba allí, de pie, con una sonrisa tímida y algo nerviosa, pocas veces la había visto así y eso hizo que su corazón empezara a latir fuerte. Su cabello largo estaba recogido en una coleta alta que cae sobre su espalda siendo seda negra hermosa y delicada, y enfundando una falda larga ajustada y una camisa de hombros descubiertos; era una combinación de elegancia y descaro total, se veía adulta y refinada, el abogado tragó saliva muy fuerte, convencido de que Akeno vio como la manzana de Adam se movía de arriba abajo. Tobio sintió que el corazón le daba un vuelco, aunque su expresión permaneció tranquila y con una pequeña sonrisa.
—Hola, Tobio —saludó Akeno, su tono ligero y algo timido, ella no sabía bien por qué había venido allí. El viaje desde los departamentos de Grigori hasta los laboratorios era casi de una hora en GO.
Por un momento, Tobio no supo qué decir. Su mente, usualmente tan clara y ordenada, ahora atrapada en una maraña de emociones que prefería no analizar a profundidad. Finalmente, logró recuperar la compostura.
—Akeno —le respondió, inclinando ligeramente la cabeza a modo de saludo. Su voz era tranquila, aunque notó que su mano aún se aferraba al pomo de la puerta, estaba algo nevioso ¿y quién no lo estaría? necesitaba anclarse a algo para mantenerse firme—. No esperaba verte aquí.
Ella se encogió de hombros, con una sonrisa que bordeaba lo travieso.
—Tampoco yo esperaba venir, de pronto solo quise. Ya sabes, Tobio onii-sama, las cosas cambian, fu fu~. ¿Puedo pasar, o planeas dejarme en el pasillo toda la noche?
Ella sabía que estaba con alguien ahí, escuchó la voz de una mujer y eso la hizo sentir celosa, ya se habían besado, ya habían avanzado en su relación y se atraían mutuamente. He ahí el problema, no habían vuelto a tocar el tema una vez más.
Tobio no se hizo a un lado para permitirle entrar, su mirada no se apartó de ella ni por un momento, parecía embobado por la sacerdotisa. Había algo en la presencia de Akeno que lo desarmaba, algo que siempre lo ha dejado sintiéndose un poco más vulnerable de lo que estaba dispuesto a admitir y de lo que quería estar.
—No puedes —suspiró—, de algún modo Narumi está hablando con Rias por celular.
—¿Oh, la Buchou? —sus ojos recorrieron el cuerpo de su primo de arriba abajo, el cuerpo tan tonificado y masculino de él le encantaba—. ¿No me estás mintiendo?
Él negó con la cabeza repetidas veces y cerró la puerta detrás de él, sin dejar que Akeno observara el cuarto; si veía todas las estadísticas de Koneko en las pantallas o decidía hablar con Narumi, estaba seguro que no dudaría en ser una HiME.
—No tengo motivos para mentirte —sacudió las manos, finalmente alejándose de la puerta—. ¿Viniste por algo específico? Tu padre y Aza no están, se fueron a beber o algo así. También quieren festejar de una manera más “adulta” que Koneko se haya convertido en la primera HiME que Grigori puede estudiar.
—¿También lo festejarás? —comentó con un toque de burla, mientras daba un pequeño paso para mirarlo de frente.
—¿Es algo para festejar? —preguntó, bajando ligeramente la voz como si estuviera compartiendo un secreto consigo mismo.
—No lo sé —respondió ella, cruzando los brazos y poniendose más cerca de él, sus senos casi rozando el pecho del contrario.
Tobio sintió la presión del momento caer sobre sus hombros, pero mantuvo su compostura. El pasillo se extendía en ambas direcciones, vacío y silencioso, salvo por el eco leve de sus propias voces y los pasos ocasionales de alguien en un laboratorio lejano. Las luces del techo emitían un resplandor uniforme, proyectando sombras suaves en el suelo brillante de mármol.
—¿No lo sabes? —repitió él, retrocediendo ligeramente su cuerpo para evitar que sus cuerpos se rocen. La cercanía de Akeno lo ponía inquieto, tanto para retroceder o estaría atrapado en sus juegos de seducción.
—Quizás sí, quizás no —alegó ella con una sonrisa juguetona. Sus ojos brillaban amatistas con ese destello travieso que lo desarmaba cada vez que la veía. Dio otro pequeño paso hacia él, invadiendo su espacio personal sin reservas—. Aunque parece que tú tampoco tienes clara tu postura. ¿Te molesta que Koneko sea una HiME o… te preocupa algo más?
Tobio dejó escapar un suspiro, desviando la mirada momentáneamente hacia el final del pasillo antes de volver a fijarla en ella. Ah, realmente le gustaba mucho Akeno.
—No estoy seguro de que me guste la idea de que una niña tenga que enfrentarse a algo tan peligroso. Y tú... —se detuvo, consciente de que había empezado a decir algo que no debía.
—¿Y yo qué? —inquirió ella, arqueando una ceja mientras daba un paso aún más cerca, tan cerca que Tobio podía oler el leve perfume floral que llevaba. Su voz bajó de tono, adquiriendo una cadencia más íntima y aterciopelada—. ¿Qué pasa conmigo, Tobio onii-sama?
Él tragó saliva. Sabía que debía medir sus palabras, pero cada fibra de su ser le pedía ser honesto con ella y tomarla de la cintura… besarla.
—No quiero que te veas arrastrada por esto. No quiero que tomes una decisión solo porque crees que debes proteger a alguien más. Akeno, tú... —su voz vaciló un momento antes de continuar—. Tienes demasiado valor para mí.
El aire entre ambos pareció hacerse más pesado. Ella lo miró fijamente, su sonrisa habitual transformándose en algo más suave, más sincero y sus mejillas se tiñeron de rojo. Nunca nadie le había dicho algo tan lindo y cerró sus ojos.
—Eso suena casi como si estuvieras preocupado por mí —habló ella, su tono juguetón matizado por una nota de ternura. Levantó una mano, dejando que sus dedos rozaran suavemente el brazo de Tobio—. Es lindo, aún asi sabes que puedo cuidarme sola, ¿verdad?
—No lo dudo —respondió Tobio rápidamente. Sus ojos bajaron por un instante, siguiendo la línea de su brazo hasta sus dedos, antes de volver a mirarla a los ojos de ella, que abrió lentamente. Lo hipnotizaba tan facil—. Precisamente por eso, no significa que quiera que te pongas en peligro innecesariamente, Akeno.
Ella inclinó ligeramente la cabeza, su coleta oscura cayendo hacia un lado mientras sus labios se curvaban en una sonrisa que parecía mezclar desafío y ternura.
—¿Y qué harías si me pusiera en peligro? —cuestionó, bajando la voz hasta casi un susurro.
Tobio sintió un nudo en el estómago. Sin pensar, su mano se movió instintivamente hacia ella, rodeando su muñeca con una firmeza y la atrajo hacia él de un tirón. Su prima quedó prácticamente contra el cuerpo ajeno y lo tuvo que abrazar para sostenerse.
—No lo permitiría —con tono grave, deicido a no dejar que ella se ponga en ningún tipo d edificultad. Su mirada era intensa, fija en los ojos de Akeno—. No mientras esté cerca de ti.
En ese momento el mundo se redujp a los dos. Akeno lo miró con una mezcla de sorpresa y algo más que Tobio sabía lo que era… deseo, amor y lujuria. Todo en él la deseaba y sabía perfectamente.
—Tobip onii-sama —empezó a decir ella, su voz un poco más seria ahora. Sin embargo, no apartó su muñeca, dejando que él mantuviera el contacto.
Antes de que pudiera decir algo más, Tobio dio un paso hacia adelante, acortando aún más la distancia entre ellos. Su otra mano se movió con la misma firmeza controlada, apoyándose suavemente en la cintura de Akeno, deteniéndola antes de que pudiera retroceder.
—No me importa lo que pienses de mí después de esto —con su voz baja pero firme—, quiero que sepas que no estoy listo para dejar que te expongas a algo que pueda lastimarte. Incluso si eso significa enfrentarme a tus decisiones.
Akeno lo miró fijamente, sus ojos amatistas buscando algo en los de él. Por un momento, la sonrisa en sus labios pareció desvanecerse, reemplazada por una expresión de genuina emoción.
—¿Te estás confesando, Tobio onii-sama? —inquirió finalmente, estaba sorprendida de lo honesto y directo que estaba siendo su primo.
Tobio dudó, su mandíbula tensa mientras buscaba las palabras adecuadas. Finalmente, optó por no responder directamente, inclinándose ligeramente hacia ella, a pocos centímetros de besar los labios contrarios y lo suficiente para que sus respiraciones se mezclaran.
Akeno se quedó helada, al final él era quien siempre tomaba la delantera.
—Eres tan serio... Pero, ¿sabes? Esa es una de las cosas que más me gustan de ti.
Sus palabras fueron como un golpe directo al corazón de Tobio, quien sintió cómo el calor subía a su rostro. A pesar de ello, no retrocedió ni apartó las manos de ella. En cambio, su agarre se mantuvo firme, transmitiendo una resolución que no había sentido en mucho tiempo.
—Y tú eres la persona más peligrosa que conozco —respondió él finalmente, su voz teñida de una sinceridad que lo desarmaba tanto como lo fortalecía.
La sonrisa de Akeno volvió, esta vez más seductora. Levantó una mano y la apoyó suavemente en el pecho de Tobio, justo sobre su corazón.
—Entonces parece que estamos en el mismo problema, ¿verdad? —ella expresó, sus palabras apenas un susurro contra sus labios.
El aire en el pasillo parecía haberse detenido. Ambos primos permanecieron inmóviles por un instante casi eterno, sus miradas conectadas ambos ojos violáceos y lleno de emociones aún contradictorias al ser parientes. El mundo a su alrededor se desvaneció; no existía el laboratorio estéril detrás de ellos ni la posibilidad de ser descubiertos. Solo estaban ellos dos frente a frente y a punto de dejarse llevar por todas las emociones acumuladas estas semanas.
Cuando sus labios finalmente se encontraron, una chispa se encendió, al instante un fuego voraz que los consumía desde que se conocieron. El contacto no fue suave ni titubeante; fue urgente, desesperado, ambos deseando desesperadamente ese contacto íntimo. Tobio sintió cómo el calor de Akeno lo envolvía, su sabor inundándolo por completo mientras su mano, firme no obstante protectora y posesiva, se deslizó hacia la larga melena negra que cae como una cascada sobre la espalda de ella. Sus dedos se enredaron en su cabello sedoso, tirando ligeramente para acercarla aún más.
Akeno dejó escapar un suave gemido, apenas un susurro contra sus labios, que hizo que el corazón de Tobio latiera con más rapidez. Sus brazos se alzaron para rodear el cuello de él, presionándose contra su cuerpo quería fundirse con él. Sus labios se movieron con fervor, devorándose el uno al otro con una pasión que habían mantenido contenida durante demasiado tiempo. La forma en que Tobio la sostenía, con una mezcla de necesidad y cuidado, hacía que Akeno se sintiera al mismo tiempo deseada y protegida, su primo logró transmitir todas sus emociones a la perfección, junto a una sensación que nunca antes había experimentado con tanta intensidad en la vida Akeno.
Las manos de Tobio comenzaron a explorar con cautela, bajando desde su cabello hasta la curva de su espalda. Una de ellas se detuvo en su cintura, manteniéndola cerca, mientras la otra se apoyó ligeramente en su mejilla. Sus dedos rozaron la piel cálida y suave de Akeno, trazando un camino que envió un escalofrío a través de su cuerpo.
Por su parte, Akeno no se quedó atrás. Sus labios se entreabrieron, permitiendo que sus lenguas se encontraran en un baile íntimo y lento que pronto se tornó más apasionado. Sus alientos se mezclaron, sus respiraciones se volvieron irregulares, y sus salivas se unieron en un intercambio tan íntimo que les permitió borrar cualquier barrera que hubiera existido entre ellos hasta ese momento. Los digitos de Akeno se tocaron con suavidad el cabello oscuro del contrario, tirando de él ligeramente mientras lo guiaba más profundamente en el beso.
Cada movimiento, cada susurro de sus labios al separarse brevemente solo para volver a encontrarse con más fervor, era una declaración de algo que ambos habían intentado negar durante demasiado tiempo. Ahora se encontraban sumidos en la temporalidad del momento, pues ambos sabían que eran primos e ir más allá de eso era desafiar a todo el clan Himejima, cuándo ellos solo eran unos rechazados y negados de esa familia.
Finalmente, después de lo que parecieron horas pero que en realidad fueron solo unos minutos, ambos comenzaron a desacelerar. Sus labios se separaron lentamente, aunque ninguno de los dos se apartó del otro. Sus frentes se apoyaron juntas, sus respiraciones al compás de la otra, mientras trataban de recuperar el aliento. Tobio mantuvo su mano en la cintura de Akeno, sus dedos apenas rozando la tela de su camisa, mientras que la otra seguía descansando suavemente en su mejilla.
—Akeno... —murmuró él, su voz ronca. No sabía qué más decir, cómo expresar todo lo que sentía en ese punto.
Ella sonrió, una sonrisa dulce pero también llena de travesura y dejó que sus dedos trazaran un leve camino por su mandíbula antes de apoyarlos en su pecho.
—No tienes que decir nada, Tobio —respondió suavemente, aunque sus ojos brillaban con algo más profundo—. Yo también lo siento.
Ambos permanecieron así, inmóviles pero conectados, disfrutando de la cercanía y el calor del otro un tiempo más. El silencio cómodo entre ambos se vio interrumpido por un suave sonido metálico que resonó a sus espaldas. La manija de una puerta giró lentamente y antes de que pudieran reaccionar, esta se abrió con un chirrido que contrastó con la intimidad del momento.
De pie en el umbral, Gen Narumi se encontró con una escena que no esperaba presenciar, aunque ya sabía del tipo de relación que sus roommates mantenían. Sus ojos, apenas entrecerrados por el cansancio, se abrieron por completo al ver a Tobio y Akeno tan cerca. Las manos de ambos todavía descansaban en el otro, mientras sus frentes permanecían juntas en un gesto tan tierno que le dio arcadas.
Por un instante, Gen quedó paralizado. No era alguien que se impresionara fácilmente, pero la intimidad palpable en la escena lo dejó sin palabras. El calor subió rápidamente a sus mejillas, un rubor incómodo que se mezclaba con la molestia de sentirse intruso en algo tan personal.
Sin pronunciar palabra, Gen retrocedió un paso, su mano aun sujetando la puerta. Su mente parecía debatirse entre aclarar su presencia o simplemente desaparecer sin dejar rastro. Optó por lo segundo. Con un movimiento torpe y silencioso, cerró la puerta con un golpe suave que resonó como un eco contenido en el pasillo.
Tobio y Akeno, sobresaltados por el sonido, se finalmente, rompiendo aquel momento. Ambos giraron la cabeza hacia la puerta, sus ojos encontrándose por un instante en una mezcla de sorpresa y una pizca de nerviosismo. Éñ frunció ligeramente el ceño, mientras ella, con una expresión que oscilaba entre la diversión y la vergüenza, dejó escapar un leve suspiro.
Del otro lado de la puerta, Gen apoyó la espalda contra la pared del pasillo, llevando una mano a su rostro a la vez que murmuraba en voz baja:
—No vi nada, no vi nada —repetía para sí mismo, intentando borrar la imagen de su mente, aunque el rubor persistía en sus mejillas. No podía creer lo descarado que era su amigo para estar haciendo ese tipo de cosas en el trabajo, por eso odiaba a las mujeres también.
Por su parte, Tobio y Akeno se miraron nuevamente. Una sonrisa traviesa se dibujó en el rostro de ella, mientras Tobio sacudía ligeramente la cabeza, soltando un suspiro que parecía contener tanto alivio como resignación.
—Parece que logramos incomodar a Gen-chan —se rió Akeno, rompiendo el silencio con una voz suave y llena de humor—. ¿Dijiste que habló con Rias? ¿Por qué motivo?
Tobio no pudo evitar sonreír de lado, no podía creer lo descarada que era su prima y eso lo atraía.
—No tengo idea de cómo vamos a explicar esto —cuchicheó, su tono una mezcla de exasperación y diversión.
Ambos rieron por la situación, la tensión del momento anterior transformándose en algo más ligero.
—Narumi estaba diciendo de querer hablar con Rias de algo importante.
Antes de que él dijera algo más, Akeno infló sus mejillas en un puchero tan infantil y extraño para la personalidad madura de ella que se quedó viéndola de más.
—Rias, Rias, Rias —se cruzó de brazos y giró la cabeza hacia un costado—. Ya deja de llamarla tan informal, Tobi.
El hombre no pudo contener la risa y la abrazó nuevamente, atrayéndola a él.
—¿Celosa ittoko-san? —le habló con cierta malicia y ella como respuesta se sonrojó terriblemente.
—… —asintió, deslizando las pupilas amatistas a su casi pareja—. ¿Está mal, Tobio onii-sama?
El mencionado recordó que, aunque a veces Akeno Himejima podía ser una mujer fuerte, decidida, encantadora, maliciosa y una onee-chan que admirar, también tenía ese lado dulce y puro de una adolescente y ahora joven adulta.
—Me gusta este lado infantil tuyo —susurró, abrazándola un poco más, dejando que la cara de ella se esconda en el hueco del cuello—. Si quieres, le diré Gremory.
—Lo siento Tobi, estoy siendo injusta contigo —exhalo aire un poco nerviosa, envolviéndolo con sus brazos nuevamente—. Es algo inevitable que llames a Buchou, “Rias”.
De pronto, la puerta se volvió a abrir detrás de ellos y Narumi salió un poco, empujando a ambos chicos de allí.
—Si van a hacer ese tipo de cosas, vayan a otro lado —traía el fleco hacia atrás y en punta, por lo que su personalidad cambió a algo más decidida.
—Gen-chan, no estés celoso fu fu~ —lo miró por encima del hombro de su primo y el otro entrecruzó las cejas.
—¿Celoso del besuqueo entre primos? —con indiferencia caminó hacia una de las maquinas expendedoras de energizantes y sacó su celular para que le descontaran el monto de su cuenta bancaria—. Idiotas.
—Lo siento Narumi, las cosas pasaron así —se rió despreocupadamente el otro chico.
—Has sido intoxicado y engatusado por esa mujer —después de guardar el celular y tomar la lata con una mano, señaló a Akeno.
—¿Qué querías hablar con Buchou? —cambió de expresión por completo al hablar de su mejor amiga—. Si la vas a molestar con idioteces, ella es una persona muy ocupada.
—Sobre Toujou Koneko —bebió un trago del energizante y en ese momento, ella se abalanzó sobre él.
—¿Qué es? Necesito saber —el rostro de ella pasó de las risas a uno serio y urgente, si algo compete a Koneko, también a ella y ahí se dio cuenta que Tobio la estaba intentando protegerla, incluso evitando que ella entrara al laboratorio.
Narumi asintió y volvió a entrar al labora tío, esta vez seguido por ambos Himejimas.

XENOVIA YUTA ASIA
La joven de cabello azul corría con un ritmo acelerado a lo largo del sendero del parque. Su respiración se hacía más fuerte con el golpeteo de sus pies contra el suelo, un sonido cansado pero persistente que acompañaba a los sonidos de la naturaleza y a aquellas personas que cuchicheaban em los asientos o en el césped. Su cabello, corto y sedoso, se movía con cada zancada, reflejando la luz de la tarde intentando capturar la energía del sol. Vestía ropa deportiva sencilla, diseñada para la comodidad y la movilidad, con un ajuste que permitía libertad de movimiento sin resultar restrictivo, algo muy típico de Xenovia que siempre solía usar conjuntos ceñidos a la figura.
El parque estaba tranquilo a esa hora. El sol, ya inclinado hacia el horizonte, bañaba el lugar con tonos cálidos y calurosos aún. Las sombras de los árboles se alargaban sobre las hiervas, creando patrones bonitos en el suelo y grava. El aire tenía un aroma fresco, con un leve toque de humedad y se sentía una brisa ligera que mitigaba el calor de la tarde. Algunos pájaros cantaban desde las ramas, sus trinos entrelazándose con el sonido distante de risas infantiles y conversaciones dispersas.
La joven mantenía una postura erguida mientras corría. Sus brazos se movían más rápido a cada curva que tomaba, doblándolos en un ángulo cómodo para ella y sus piernas se impulsaban con fuerza controlada. El sudor brillaba en su frente y en su cuello, indicando el esfuerzo que estaba realizando. Aunque su expresión era serena, sus ojos mostraban una leve preocupación, estaba centrada en cada paso, cada respiración, y su mente dispersa en lo que vio en la universidad ese día: Koneko siendo atacada por un niño.
A medida que la joven avanzaba, su mente divagaba brevemente hacia el dojo al que se dirigía. Pensaba en su instructor, Michikatsu Tsugikuni y en las lecciones que la esperaban. Sabía que el entrenamiento sería exigente, como siempre, pero también era consciente de los avances que había logrado bajo su tutela. El dojo era un lugar que asociaba con disciplina y mejora personal y aunque el camino hacia la maestría era arduo, también era gratificante.
Recordó cómo ese niño había destrozado la espada de bambú con solo los pies y creado un hueco alrededor del pavimento, las manos aún resonaban y cosquilleaban por la fuerza que tuvo que soportar para que Koneko no saliera lastimada. ¿Acaso lo de HiME estaba relacionado en todo eso?
Al acercarse al final del sendero principal del parque, su ritmo empezó a desacelerarse. Los últimos rayos del sol iluminaban su figura, proyectando una sombra larga frente a ella, esta vez una llena de incertidumbre, ¿Rias y Azazel tenán algo que ver con ese ataque en la U? Su respiración se volvió agitada y no comenzaba a estabilizarse mientras reducía gradualmente la intensidad mientras iba finalizando su carrera. Sus pasos ahora eran más ligeros, pero sus pensamientos más intensos y las escenas en su mente más vividas. Al llegar a una pequeña fuente en el centro del parque, se detuvo completamente.
Llevó sus manos a las rodillas, inclinándose ligeramente hacia adelante mientras recuperaba el aliento. Una gota de sudor rodó desde su sien hasta su mejilla antes de caer al suelo. Permaneció así por un momento, permitiéndose sentir el esfuerzo en sus músculos y la satisfacción de haber completado varias millas de carrera. Después de un rato, se enderezó y se llevó una mano al cuello para secarse con una toalla que había llevado consigo en una mochila.
El dojo no estaba lejos del parque. Desde donde estaba, podía ver el comienzo del camino que llevaba a su lugar de entrenamiento. Las lámparas del parque comenzaban a encenderse, emitiendo una luz cálida que contrastaba con el azul profundo que comenzaba a dominar el cielo. Las primeras estrellas aparecían en el firmamento, anunciando la llegada de la noche.
Sacó el celular de la mochila para ver la cantidad de pasos que había hecho y después de comprobar, se fue a los mensajes y el primer remitente era Kiba Yuto, su rival y mejor amigo, habían entrenado juntos ek Kuoh Academy y también en competiciones dobles ambos habían estado codo a codo, como los KNIGHTS de Rias Gremory que son.
“Xenovia, ¿cómo has estado?”
Le escribió y le adjunto la foto de la estatua del Arcángel Miguel, eso le arrancó una sonrisa a Xenovia; Kiba se había ido al Vaticano por asuntos familiares hacía dos años y desde entonces pocas veces intercambiaron mensajes. Le pareció perfecto a ella, pues así iba a entrear muy duramente para ser más fuerte que ese rubio con aires de princeso.
“Muy romántico, bro” le contestó la peliazul.
Cuando iba a guardar el celular en la mochila, sonó con el timbre característico de llamada y rápidamente vio que era Kiba, apretó el botón de los auriculares inalámbricos para atender y guardó finalmente el objeto.
—¿Hey? —lo saludó, caminando hacia el dojo.
—Xenovia, quería escucharte —desde el otro lado habló rápidamente—. ¿Cómo estás?
—Bien, bien —su voz aún sonaba agitada—. ¿Has estado entrenando todo este tiempo?
—… —hizo una pausa él, para oír la voz de su amiga—. Al igual que tú. Tu voz se oye anormal, ¿has estado corriendo?
Ella se detuvo y levantó la vista a una de las farolas recién encendidas que iluminaban la calle de finales de verano. Algunas personas ya empezaban a ponerse abrigos y otros aprovechando el momento para abrazarse.
—Lo hice, recién termino —cerró los ojos oyendo la voz de él, quien llegó a tiempo para tranquilizarla.
—Suenas preocupada, ¿pasa algo? —del otro lado el tono de Kiba se escuchaba sereno y preocupado, una extraña combinación.
Ella dejó que una sonrisa se posara entre sus mejillas, era increíble como la conocía tan bien.
—Sí —contestó escueta, aún caminando por las calles de Tokio—, de hecho sucedió algo importante con Koneko. ¿Buchou ya te lo contó, Kiba?
—Ahh —suspiró sin mostrar nerviosismo—. Algo así, también me comentó que fuiste atacada.
—A mí no fue —sonó más firme y preocupada al mismo tiempo—. Ese niño casi lastima a Koneko y mis manos…
Xenovia bajó la mirada a sus extremidades. Los dedos estaban algo hinchados y con manchas moradas que empezaban a volverse más visibles. Sentía un entumecimiento extraño, como si sus manos no le pertenecieran del todo, mezclado con un dolor extraño que aumentaba si intentaba moverlos. Cerró la mano lentamente, pero no llegó a cerrarla del todo antes de detenerse; cada articulación parecía resistirse, en una protesta por el esfuerzo que hizo para evitar que Koneko resultara herida.
Sus pies no estaban mejor. La piel estaba enrojecida, con pequeñas marcas donde las astillas de la madera rota habían dejado su rastro. Aún podía sentir el impacto del salto, la presión que había soportado al caer con toda su fuerza para detener los pies desnudos del chico que amenazaba a su amiga. Había sido un acto impulsivo, casi instintivo, pero verlo rendirse había valido la pena, incluso si ahora le costaba moverse.
—Tengo un poco de miedo —masculló sin mucha emoción, que ella tuviera miedo era casi irreal—. Miedo por Koneko y Buchou.
Kiba se lamentó del otro lado del teléfono por estar tan lejos y no poder ayudarla.
—Eres fuerte, estoy seguro que podrás hacer algo —pronunció intentando darle ánimos, lo único que podía hacer por ella en ese instante.
—… —otro silencio largado por la peliazul—. Es fácil decirlo desde otra parte del planeta.
—Tienes razón —calmo le contestó, hasta en una situación así Kiba no perdía los estribos—. Si me lo pides, regresaré a Tokio, a tu lado.
—Eso es —antes que respondiera, vio los cabellos largos y dorados de Asia Argento mientras veía el escaparate de una tienda de ropas—. Lo siento bro, voy a molestar a Asia.
Le cortó la llamada, huyendo de los sentimientos egoístas que tenía. Quería decirle a Kiba que regresara, no solo por los acontecimientos de estos últimos días, sino por algo más profundo que aún no está dispuesta a revelar.
—¡Asia! —agitó una mano para llamar la atención de la rubia que seguía con sus pípilas verdes atrapadas en un lindo vestido blanco.
—¿Xenovia-chan? —se giró al escuchar como gesticulaban su nombre y le sonrió, aunque realmente no se lleva tan bien con Xenovia por pervertida. Aunque como italianas, ambas compartían una conexión única.
—Ese vestido te quedará hermoso, ¿por qué no entramos? —la animó viendo que se había perdido en la boutique de una tienda—, aparte en dos horas tenemos la reserva de Buchou, será un bonito atuendo.
—¿Qué? No, no —negó con la cabeza—. No necesito algo tan caro.
Bajo la vista al suelo, en general ella buscaba una vida austera dónde la palabra de Dios guie su camino. Su aspiración era consagrar su vida a Dios y unirse a una orden religiosa de manera formal y no como catequista ad honorem.
—¿Ehhh? —le sonrió con una expresión divertida—. Qué lástima, es un vestido que podrás usar en varias ocasiones.
Asia empezó a mover los dedos de manera nerviosa, llevando de
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HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Cho on December 31, 2024, 01:47:20 AM »
Quería escribir más, pero mejor me aseguro, y se vienen escenas más largas así que... hasta el próximo mes~

115.5.


“…” Fudou dio un suspiro por enésima vez. “Ya, les daré crédito. Tienen un buen servicio de catering, pero… ¿qué se supone que hacemos aquí?”
“¿Qué dices? Justo es el momento en que puedes revisar sobre las competencias a las cuales te has inscrito y quizás apuntarte a más,” dijo Atsushi, animado. “¡Vamos! He visto que van a hacer competencias de kendo, ¿no te animas?”
“¿Eh? Paso…” rodó los ojos. “Esas cosas de confraternidad no me quedan. Apenas me apunté al examen global…” rechinó los dientes. “Y eso porque no tuve opción.”
“Vaya, deberías no tomarlo en serio. O sea, serán actividades de la universidad, pero nada de lo que hagamos aquí trascenderá mucho. Diviértete un poco.”
“Tch, no creas que soy funcional. La bruja ni vino y bien por ella que no tiene a alguien que la jale a cosas.”
“Hm,” Atsushi se puso a pensar. “Sí lo veo más difícil convencerla a ella que a ti, ni mis hermanos se atreverían… Ichi-nii podría intentarlo, pero es muy amable para presionarle.”
“Heh, quizás la bruja se lo come vivo. Él no la espanta,” Fudou sonrió con ironía.
“¡Oh, pero podríamos pedirle a Jiji!” se animó.
“¿Q-qué?” esa mención hizo que el maki que Fudou estuvo por comer casi se le escape, Luego de ese gesto torpe, el pelimorado le miró de soslayo. “Tch, odio que tengas razón, pero ni menciones a ese creído. Al menos ese tipo para tan satisfecho consigo mismo que ni prestará atención a mi hermana.”
“Haha, siento el susto, aunque qué bueno que no le digas bruja para variar,” Atsushi asintió con gran gusto.
“¡Maldición, no me fastidies!” se ofuscó. “Tsk, pesado tenías que ser. Mejor ve a buscar a tu hermano mayor al igual que todos los niños y déjame solo.”
“Ya, perdón,” se encogió de hombros. “Pero he oído que Ichi-nii suele parar rodeado de gente en Rizembool y no quiero la misma atención. Además, yo sí quiero revisar las actividades y si paro con mis hermanos puede que no tenga tiempo.”
“Pues bien por ti. Únete a esa competencia de kendo o qué se yo.”
“Oh, definitivamente no, medio que estoy en un nivel más alto al promedio, y como un soldado siento que no debo participar de eventos así,” negó y sonrió incómodo. “Ahh… además Yagen me dijo que puedo perder el cuidado si algo me fastidia.”
“Tsk…” Fudou le miró con reproche. “No creas que me he olvidado de cómo me has estampado contra el piso dos veces, insensible.”
“Hai, hai, lo lamento, en serio…” agachó un poco su cabeza.
“Y ni menciones a ese demonio. No está aquí así que ni lo convoques, ¿ya?”
“Con tantos profesores hubiera imaginado que lo vería hablando con ellos, pero ni se apareció para eso,” a diferencia del malhumorado de Fudou, Atsushi se notó desanimado. “Ya ha estado excusado varios días de casa. A mis hermanitos les hubiera gustado verle.”
“La directora dijo que este evento es para los jóvenes, y el imbécil anda tan metido en los calabozos de Rizembool que será más de mil años de viejo por dentro,” resopló. “¿Ahora podemos hablar de otra cosa?”
“Fudou…” Atsushi alzó una ceja. No se molestaría a protestar. Le costaba creer que con ya poco más de un mes de regreso ni había visto al par presentes en un mismo sitio y todavía temía presenciarlo. “En fin, ya estamos donde los puestos de las actividades. ¡A ver si encontramos algo para los dos!”
“Deja de sumarme así, en serio…” le regañó.

El par avanzó un poco, pero antes de llegar a las pancartas con los detalles de las competencias, se toparon con Monoyoshi.

“Oh, Fudou-kun, Atsushi-san, buenas noches,” les saludó amenamente.
“Ah, Monoyoshi, que coincidencia,” el Toushirou se alegró. “¿Vienes a ver las competencias?”
“Hehe, si bien ya me he inscrito en varias, sí quiero revisar si algo más me interesa.”
“Curioso que el señorito no ande en su modo profesional en un evento así,” Fudou alzó una ceja. “Tenía entendido que andarías con la gente de tu clase.”
“Eh, pues…” sonrió incómodo. “Hanajima-san y Hanekawa-san fueron convocadas con las otras HiMEs. Gokotai creo que iba a darle el alcance a sus hermanos y Leo-san… pues creo que está molesto conmigo ahora.”
“Hm,” Atsushi se vio intrigado. Sin duda había bastante que desempacar de esas palabras, pero definitivamente le daba más curiosidad lo de las HiMEs.
“Como sea, al menos no se te dio por perseguir a esas heroínas o como se quieran llamar,” a Fudou le llegó altamente.
“¿Acaso algo sucede entre Hanasaki y Rizembool ahora?” preguntó Atsushi.
“¿Qué sabremos nosotros?” Fudou se encogió de hombros. “En teoría lo único que sucede es que los dos andan en un pacto de hacerse los buenitos frente a las masas con este evento. Tch…” chasqueó la lengua con gran disgusto. “Y conociendo a tu prima y sus allegadas bien serán las verdaderas revoltosas aquí.”
“Eh, no podemos hablar en su lugar, imagino que será complicado, pero sí confío en que las HiMEs tienen las mejores de las intenciones aquí,” el pelirrosa asintió convencido.
“Claro, y lo dices sin prueba de nada, eres demasiado idealista…”
“Bueno, no nos corresponde, no hay punto de pensarlo,” Atsushi dio un suspiro. “Vamos a ver las actividades. Ah, Monoyoshi, y si puedes ayudarme a escoger alguna para Fudou, lo apreciaría.”
“Oh,” el pelirrosa se sorprendió y pasó a sonreír con alegría e ilusión. “¡Sí, con mucho gusto, es una excelente idea!”
“¡Atsu, no le des ideas a este niño!” el pelimorado se amargó. Ahora le tocaba aguantar a dos overachievers esperando mucho de él.



“Ahh…” Hotarumaru abrió su boca ampliamente y se tragó un takoyaki de un solo bocado. El pequeño pelicenizo pasó a sonreír con una dicha inigualable. “Hmm~”
“¿Están ricos, cierto?” le preguntó Mai, atentamente.
“Heh~ hace tiempo que no comía unos takoyakis tan deliciosos,” dijo alegremente. “Tienes que probarlos, Mai-neechan.”
“…” ella negó y, para variar, sonrió mientras le extendía su bandeja. “Estaba pensando buscar otra cosa, así que te dejaré comerte los míos.”
“¡Oh!” los ojos del tranquilo, aunque entusiasta, pequeño se iluminaron. Pasó a mirar a su amiga con curiosidad. “¿En serio? ¿Segura que no quieres comerlos? Si están tan ricos.”
“Tú los disfrutarás mucho más que yo, adelante.”
“Ehehe, muchas gracias, Mai-neechan,” asintió contento y recibió los takoyakis para de inmediato ponerse a comerlos.
“Aw…” Yukko también miraba la escena conmovida. Casi tenía ganas de darle sus propios takoyakis, aunque con su bandeja ya medio comida supuso que sería de mal gusto.
“Haha, Hotaru-bou encantándolas como siempre,” se rió Tsurumaru. Él se encontraba junto con sus kouhais en una de las muchas mesas del recinto en lo que degustaban sus hallazgos del catering. “Pero me sorprende la voracidad que se traen. Asumo que los servidores han dejado enfriar los takoyakis antes de servirlos.”
“Sí, no están muy calientes,” Yukko asintió. “¿No quieres comer algo, Tsurumaru?”
“Más tarde lo haré, sólo pensaba acompañarles un rato,” dijo amenamente. “De paso los uso de conejillos de indias en caso algo esté envenenado.”
“¿Q-qué?” Yukko se pasmó.
“¡Haha, tan atenta con mis ocurrencias como siempre, Hanasaki-chan~!” rió con ganas.
“No digas cosas así, no se bromea con la comida…” Hotarumaru le miró con reproche.
“Sí, lo lamento, Hotaru-bou…” el peliblanco agitó una palma en señal de disculpa, sin borrar su tranquila sonrisa. “No puedo olvidar lo voraz que eres. No te quitaré el gusto que te estás dando.”

Entonces, una quinta persona se apareció frente a ellos.

“Buenas noches, siento incomodarles, pero…” comenzó Komaeda, quien llegó con una bandeja con varios bocadillos. “No encuentro una mesa libre. ¿Podría acompañarles?”
“Oh, eh, hola…” Yukko parpadeó confundida. “Sí puedes, pero… ¿acaso no hay lugares especiales para Rebels?”
“Supongo que no, no podría decir que he notado una gran presencia de Rebels por alguna zona en particular…” Komaeda lo meditó. “Pero tampoco he visto a muchos Rebels que conozca, así que podría haber algo de lo cual no he sido informado…”
“Me sorprende que te dignes a hablarnos sin la presencia de tu sugar baby entre nosotros,” comentó Mai, inmutada.
“¿Perdón?” Komaeda se confundió.
“¡Sugar baby, hahaha!” Tsurumaru se puso a reír.
“Hajime realmente resentiría eso...” por su parte, Yukko dio un suspiro.
“Eh, espero no haberles hecho sentir menospreciados, nunca sería mi intención,” comentó el Rebel, alarmado, y pasó a agachar su mirada con gran autodecepción. “En verdad es lo opuesto. Sinceramente me considero una escoria de Rebel que ni merece llamarse como tal. Si hay una convocatoria especial de Rebels ahora, tiene sentido que no me hayan dejado saber…”
“Por favor no tomes a Mai-neechan en serio, puedes sentarte con nosotros, Komaeda,” Hotarumaru asintió con toda naturalidad. “Mientras más seamos, mejor será.”
“Ah, siempre tan amable, Rai-kun, muchas gracias,” asintió con dicha y tomó asiento. “¿Han oído algo de Hinata-kun? Intenté llamarle, pero no me ha contestado.”
“Hm, chisme de tu sugar baby, tiene sentido…” Mai asintió como si acabara de responderse su duda inicial.
“¿Chisme? N-no, prometo que no participaría en algo de mal gusto que importunara a Hinata-kun o a ustedes,” dijo el Rebel, en aprietos. “S-sólo espero que se encuentre bien.”
“Lo vimos con pocas energías en la última clase de hoy, así que nos dijo que descansaría el resto del día. Quizás esté durmiendo ahora…” Yukko se puso a pensar.
“Si algo urgente fuera a ocurrir, apuesto a que alguno de nosotros ya lo sabría,” Tsurumaru sonrió con ironía y se encogió de hombros. “Es más. Seguro que, en el peor de los casos, Yagen me avisaría para yo decirles a ustedes.”
“Oh, es cierto, Yagen es responsable de él,” Hotarumaru asintió.
“Ah, por supuesto, confío en que el doctor tiene la mejor de las intenciones con todos nosotros,” aquello probó animar y aliviar a Komaeda. “Muchas gracias, Kuninaga-kun.”
“No necesitas ser formal conmigo, es lo menos que podría hacer por mis kouhais,” le restó importancia.
“Tus bocadillos se ven muy ricos, pero te recomiendo que busques los takoyakis,” observó el pequeño, mientras miraba la bandeja de Komaeda con curiosidad. “Son mis favoritos hasta ahora.”
“Haha, muchas gracias por la recomendación, lo haré si todavía me quedo con hambre,” sonrió amablemente y pasó a impresionarse. “Hm, veo que te has acabado dos bandejas y varios otros aperitivos. ¿Será que no almorzaste lo suficiente? Por favor no descuides tu alimentación.”
“Eh…” Hotarumaru bajó su mirada con ligera vergüenza. “Sí comí unos platos enteros en el almuerzo y dulces en el lonche…”
“No hay nada de qué avergonzarse, Hotarumaru. Estás en la edad en que debes comer mucho para crecer,” le aseguró Mai.
“Es su apetito de siempre, y lo considero una bendición. A todos nos gustaría tener tantas ganas de comer tanto,” comentó Tsurumaru, entretenido. “Además que es parte del encanto de Hotaru-bou, ¿no es verdad, chicas?”
“Hehe, sí da gusto verle comer tan feliz,” Yukko rió un poco. Sin duda lo adorable que Hotarumaru se veía al comer también era parte del encanto.
“Ah, siento incomodarte, Rai-kun. Me alegro mucho que seas alguien tan saludable, yo no podría comer ni la tercera parte de lo que comes, ya quisiera poder hacerlo también,” Komaeda asintió convencido. “Definitivamente podrías ser un Rebel ejemplar cuando crezcas…”
“Strike one!” exclamó Mai en lo que apuntaba al Rebel acusatoriamente.
“¿Eh?” Komaeda se asustó y pasó a notar como las chicas se habían alertado, con Yukko nerviosa y Mai mirándole con unos ojos nulos llenos de frialdad.
“Si llegas al strike three te botaremos a patadas,” sentenció.
“E-espera, no lo dije con malas intenciones…”
“Ya te lo he dicho en algún momento. Necesitas dejar de desear que la gente sean Rebels tan abiertamente…” Hotarumaru negó. No era la primera (ni la quinta) vez que Komaeda le calificaba con ese destino, lo cual el pequeño simplemente tomaba como un desatinado cumplido de su parte. “Está bien, Mai-neechan, ya saben que nunca lo seré.”
“Heh,” Tsurumaru apoyó el filo de su rostro en una mano. Esas energías de sus kouhais siempre le caían bastante bien. Entonces, desvió su mirada a poca distancia y detectó a otra persona que, si bien tampoco era desconocida, era mucho más extraña a ellos que el Rebel. “Hm, parece que los de Hanasaki perdieron a alguien…”
“¿Cómo así?” Komaeda fue el primero en reaccionar y, sin duda, era a quien más le concernía identificarla. “¿Altugle-san?”

El Rebel se levantó con la intención de darle el alcance, pero ni bien Ayesha se percató de él, fue ella quien se apresuró a manera de no importunarle al hacerle alejarse de su sitio. La rubia procedió a saludar a todos con una cortés venia.

“Buenas noches, vaya coincidencia,” comentó ella alegremente. “¿Cómo les va?”
“Hm, nada nuevo,” Mai se encogió de hombros.
“Como siempre, es un privilegio que nos encontremos, Altugle-san, me alegro de verte,” dijo Komaeda, asintiendo.
“Haha, tan caballeroso como siempre, Nagito, me avergüenzas un poco,” ella rió con torpeza. “El gusto es todo mío. Justo buscaba una mesa donde comer bocadillos con Nio. ¿Estaría bien si los acompañamos?”
“Sí, por supuesto, será un gusto,” Hotarumaru sonrió, aunque pasó a mirar los asientos vacíos. “Hm, hay espacio para las dos, pero no sé si podrán entrar más personas.”
“Sólo somos Nio y yo, muchas gracias por la consideración,” Ayesha asintió. “Mis amigas de Hanasaki están ocupadas con una actividad por ahora, así que no nos acompañarán.”
“Ah, ya veo,” Yukko asintió. “Eh, espera, con actividad…”
“¿Acaso las intrépidas HiMEs andarán haciendo alguna travesura?” divagó Tsurumaru.
“Eh, no es nada como eso, sólo… querían dar una vuelta al recinto por afuera, pero mi Nio y yo decidimos quedarnos. Tengo que apoyarla con su tarea.”
“Seguramente,” Mai evitó comentarios. De lo poco que conocía a la pequeña, dudaba que también haya sido su decisión. “¿Habrá algún grupo de no HiMEs que se está dando una bocanada de aire fresco? Podría interesarme en salir un rato.”
“¡Oh, justo es el grupo de tu prima!” Ayesha sonrió.
“Ya veo… paso,” negó rendida.
“Hehe, seguro que Osaka se alegraría mucho de verte, Mai…” Yukko sonrió incómoda.
“Por cierto, tanto hablas de tu hermanita, pero, ¿dónde está?” preguntó Tsurumaru, con curiosidad. “No se te vaya a perder.”
“No te preocupes, Nio justo estaba por conseguirnos gelatinas, es que la cola es larga…” Ayesha se giró en dirección al puesto cercano de ese postre… y, como la mayoría sospechó, no había señales de la pequeña. “¿Eh?”
“…” Hotarumaru dio un apenado suspiro.
“Eh, t-tranquila, Ayesha, s-seguro que te estará buscando…” comenzó Yukko.
“Ehm, Altugle-san…” Komaeda apuntó al puesto de gelatinas. “Hay una bandeja abandonada ahí. ¿De casualidad…?”
“¡¿Qué?! ¡Si esa es su bandeja!” la pobre rubia se agarró los cabellos con ambas manos. “¡¿A dónde se fue mi Nio?!”
“T-tranquila, Altugle-san, te ayudaré a buscarla,” le aseguró Komaeda, también un poco alarmado, en lo que los otros cuatro intercambiaron miradas.
“Seguramente se habrá encontrado con algún amigo y se distrajo,” supuso Hotarumaru. “Creo que buscar a sus compañeros es un buen punto de inicio.”
“Bien pensado, Hotaru-bou. Tú sabrías mejor cómo piensa la pequeña,” Tsurumaru sonrió con ironía. “Ya he oído lo traviesa que es esa pequeña HiME de Jiji, así que no me sorprende.”
“Ay, yo que pensé que se portaría bien. ¿Por qué me hace esto?” se preguntó la hermana mayor, con desdicha.
“Eh, te podemos acompañar, no te preocupes,” dijo Yukko.
“…” Mai negó. Ya veía que los demás del grupo tenían todas las intenciones humanitarias de auxiliar a esa aliada de Hanasaki por más que no tenían obligación, quizás a excepción de Tsurumaru quien seguramente sólo lo encontraba entretenido. “¿Qué más da? Demos una vuelta, a ver si la ubicamos.”
“Muchas gracias de todo corazón, prometo que se los repondré,” dijo la rubia, conmovida.




“Hmm… ya se desaparecieron,” Marisa miraba hacia los alrededores con una palma por encima de su vista a manera de cubrir sus ojos de los postes. Ella caminaba junto con Osaka y Kosuzu a los alrededores del gran estadio donde la mayoría de gente disfrutaba de la apertura de las venideras competencias. Ellas se quedaron cerca del edificio a diferencia de los demás grupos de HiMEs quienes sí se aventuraron más hacia la noche.
“Hehe, les ha venido bien el aire fresco de la noche, ¿verdad?” Osaka sonrió ampliamente. “Ahh, qué lindo sería si comenzara una tormenta torrencial. Eso completaría lo divertido de hoy.”
“¿Eh? Pero si no está predicho, no creo que nadie haya traído paraguas,” Kosuzu ladeó la cabeza.
“Haha, eso quiere decir que te gusta la lluvia, ¿no, Osaka?” Marisa se entretuvo. “Seguro que sería divertido ver correr a todo el mundo camino a casa, pero también imagino que Reimu no pararía de quejarse de regreso al templo. Y bueno, aguantarla es el problema.”
“Reimu-san no gustaría de una sorpresa así, pero por más que se ponga de mal humor, nunca deja de dar lo mejor de sí,” Kosuzu asintió inspirada.
“Qué linda, veo que la conoces bien,” Marisa asintió.
“¡Sí! Reimu-san es conocida en mi pueblo por ser una miko tan trabajadora desde pequeña, y pues, tampoco somos muchos ahí así que somos como una comunidad.”
“Eso suena genial, espero que algún día podamos ir todos de visita para allá~” canturreó Osaka.
“Ehh, realmente me gustaría, pero…” la pequeña sonrió en aprietos. “Temería llevar el conflicto para allá si somos tantas HiMEs, así que no sé si sería prudente…”
“Pues sí, es un mal timing también…” Marisa negó. “Y, por cierto, Kosuzu-chan, ¿te sientes bien? Sé que te llevaste una gran impresión.”
“Todavía tengo mucho sobre lo que pensar, pero sí estoy bien, al menos físicamente…” asintió, aunque pasó a cohibirse y bajar su cabeza. “Sólo espero poder ser una HiME fuerte como las demás. Ellas parecen que barren con la mayoría de orphans y a mí casi me come uno débil.”
“Descuida, sé por mi primo que estás entrenando muy duro y confío que te volverás muy fuerte con esas ganas,” Osaka asintió. “Ahora que tienen a dos mentores que les ayudan van a poder hacer más que nosotras en el pasado.”
“¿Tú lo crees?” preguntó Kosuzu, con ilusión. “¿Acaso no tenían mentores antes?”
“Haha, no, para nada. Medio que Fran se prestaba a veces para la mayoría de HiMEs, pero ella es una y creo que hubo una superhiperinflación de HiMEs hacia el final de nuestra batalla hace tres años,” comentó Marisa, riéndose. “Para nuestra situación de pubertas con poderes mágicos repentinos, teníamos menos recursos que mendigos de la calle.”
“Wow, me cuesta creerlo. Enmusubi parece que tiene mucha experiencia.”
“Ehh, pues…” Marisa casi quiso decir ‘¿en serio?’ ya que a su parecer la bienintencionada de esa mentora, fuera de sus poderes prometedores, también tenía la personalidad entusiasta y despistada de una primeriza, pero definitivamente era mucho mejor que nada, aparte que no quería inquietar más a la pequeña Kosuzu. “Sí, o sea, uno oía de HiMEs que venían de familias de HiMEs pasadas que contaban con sus senpais o de millonarias que se costeaban sus entrenadores personales, pero nada que venía de Hanasaki directamente.”
“Lo que sí tuvimos siempre era una casa HiME tal y como la mansión de ahora, pero me hubiera gustado contar con Enmu-chan como mentora cuando solía batallar. Presiento que todas las HiMEs seremos más unidas gracias a su enfoque en que seamos hermanas~” celebró Osaka.
“Sí, ya espero pasar muchos tiempos lindos con todas y aprender un montón de ellas, y de ustedes también como mis antecesoras,” Kosuzu asintió un par de veces con energías.
“Ah, eso de antecesoras me hace sentirme vieja, haha,” Marisa rascó su nuca. Sabía que la menor tenía las mejores intenciones, pero ya podía ver por qué exasperaba tanto a Reimu. Sin duda tenía demasiadas energías.
“Pero… tengo una duda…” entonces, la menor volvió a apagarse y bajó su mirada. Detuvo su andar, lo cual hizo que las dos le esperaran. “Chicas, ¿ustedes también tuvieron sucesos como el del puerto hace tres años?”
“¿Eh?” Osaka se sorprendió e intercambió miradas con Marisa.
“O sea…” la rubia apretó los labios y sonrió apenada. “Tuvimos algo parecido. Unos Rebels fueron a atacar parte del centro de la ciudad y las HiMEs de inmediato acudimos para pararlos y proteger a los civiles. Eso fue un desastre y sin duda de mucha más escala que lo ocurrido en el puerto, pero sí involucró a un área fuera de Hanasaki o Rizembool y a inocentes…”
“Creo que algo así me habían comentado…” Kosuzu asintió, pensativa. “Pero en ese evento, las HiMEs fueron las buenas, las que pelearon por el bien, como debería de ser.”
“Kosuzu-chan…” Osaka se preocupó.
“Ahh… pues…” Marisa negó y desvió su mirada. “A nosotras no nos tocó vivir un suceso tan gris como este último, si a eso te refieres.”
“Todavía no sé qué pensar sobre lo sucedido. Nuestra presencia esa noche causó un conflicto tan severo que perjudicó a todos esos trabajadores, y sé que todas tuvieron buenas intenciones, pero… yo no quiero cometer alguna acción por la cual alguien más salga herido,” musitó cabizbaja. “Ese es mi mayor temor ahora. Yo quiero ayudar a otros, y no ponerlos en riesgo.”
“Eh, sí, entiendo…” Marisa se cruzó de brazos y dio un profundo suspiro. “Vaya, en cierta forma me alegra no haber sido parte de ello, lamento todo el lío. Las chicas todas deberán tener esas mismas dudas que tú, así que no estás sola en ese temor.”
“Sí, seguramente…”
“Pero eso es bueno, no estás sola, Kosuzu-chan,” le alentó Osaka. “¿Sabes? No sé si Cho te habrá comentado, pero yo le di un susto a todos cuando fui una HiME. Por un tiempo todos pensaron que había sido derrotada por mi Rebel y creyeron que estaba muerta.”
“¡¿Q-qué?!” ello probó aterrar y congelar a la niña, quien le miró atónita.
“Ehh… Osaka, Kosuzu-chan medio que todavía no se acostumbra…” comenzó Marisa, sonriendo incómoda.
“En verdad no sé cuántos líos habré causado, pero sí entiendo que Cho y los demás estuvieron más que desconsolados por mí, y yo quise ir a buscarles y decirles que estaba bien, pero al final tuve que esconderme un tiempo para mantenerme segura, y también, para ayudar a todos mis amigos en los momentos más difíciles, ya que nadie esperó que yo volviera a aparecer,” asintió decidida. “Tengo otra prima aparte de Cho que también fue HiME, ella siempre me dice una y otra vez que no debí haber hecho eso, que debió haber otra manera, que le afecté mucho a ella, que mis padres no sabían que hacer, seguro que hay más cosas que nadie me ha dicho, pero aun así, todos hacemos lo mejor que podemos, y veo esas ganas en ti, Kosuzu-chan.”
“Eh…” la pequeña estaba perdida, todavía impresionada, pero a la vez cautivada. Eran unas palabras casi infantiles, quizás desconectadas y un poco ilusas, pero que a la vez reconocían su falta de tacto y se escuchaban como honestas. Asintió lentamente. ‘Todos hacen lo mejor que pueden’ recordó esas palabras de ese incógnito en el puerto que le había salvado.
“No creo que las cosas salgan perfectamente. Cho estudia mucho pero no saca cien en todos los exámenes. Nuestras amigas se entrenan y se lucen en sus quehaceres, pero todas nos equivocamos, y por más que lo hagamos, aun si no podemos hacer nada para evitarlo, siempre hay la oportunidad de ver cómo compensarlo, de alguna manera,” volvió a asentir.
“Eso es muy cierto, estoy totalmente de acuerdo,” Marisa se animó. “¡Eres tan linda, Osaka! ¡Creo que tienes que decírselo a nuestras amigas cuando regresen! ¡Seguramente Enmusubi las ha sacado a dar vueltas precisamente para retornarles esas esperanzas!”
“Hehe, seguro que sí, muchas gracias,” Kosuzu se alivió un poco. Todo lo vivido continuaría dando vueltas en su cabeza, pero debía recordarse de mantenerse con la mente positiva. Tenía que hacerle frente a su presente realidad y hacer su mejor esfuerzo. No podía desalentarse tan rápido luego de un traspiés, apenas estaba comenzando. Ella hizo una breve venia. “Entonces, prometo dar lo mejor de mí, muchas gracias por sus palabras y sus cuidados hacia mí. Espero pronto tener tantas añoranzas como HiME al igual que ustedes.”
“¡Sí, de todas maneras!” exclamó Osaka. “Hehe, esperaré a oír tus anécdotas.”
“Uff, y Osaka y yo de por sí tenemos varias. Si quieres te digo algunas de las mías.”
“¡Me encantaría!” juntó sus manos con ilusión.

De esa manera, las tres chicas continuaron con esa amena caminata que iba a rodear el estadio de la reunión.




Ni bien ellas se alejaron y dieron la vuelta a la gran construcción, un par de niños salieron de su escondite en unos arbustos cercanos a una de las entradas secundarias del recinto.

“Vaya, pensé que nunca se irían,” dijo Luso, quien vio el momento en el cual esas chicas desaparecieron de su campo de visión.
“Uhh, mis piernas casi se entumecen,” Nio se las sobó un poco y se sacudió unas hojas secas de su falda para finalmente ponerse de pie. Dio un suspiro. “Nee-chan ahora se va molestar también por ensuciar mi atuendo…”
“Por lo que me dijiste, ella era la que estaba siendo injusta, además, ¿acaso ensuciarse las ropas no es lo mínimo que le pasa a las HiMEs?” el niño le levantó un pulgar. “¡Pues haces bien!”
“Ay, Luso,” Nio le miró con cansancio, pero a la vez sonrió agradecida.
“¡Ya te ganaste la libertad de tu estricta hermana y yo de mi pesado primo, somos libres!” celebró con ambos brazos hacia arriba y le agarró de una muñeca, para jalarla consigo y ponerse a correr hacia la noche. “¡Ahora vámonos antes que alguien nos vea!”
“¡Espera, no tan rápido!” pidió sorprendida.

Flashback

Hacía un marcado puchero mientras esperaba que esa larga fila de las gelatinas avanzara. Su hermana ya debía estar recibiendo los flanes y a punto de dar vueltas por esa área llena de gente para buscar algún sitio donde sentarse, pero luego del desplante que esta le había causado, Nio sólo quería ir a saludar a sus amigos de la escuela y regresarse a la casa. Sabía muy bien que ser HiME había sido su propia idea y que su hermana mayor intentaba darle el mejor apoyo a su manera, pero resentía cómo esta se había negado a la mera oportunidad de una simple caminata con sus colegas. Así nunca podría ponerse al nivel de las demás.

Terminó llegando cabizbaja y contrariada al frente de la fila y fue despertada por las insistencias de la persona a cargo del puesto.

“¡Oh, p-perdone!” exclamó la pelimarrón, en aprietos. “¡Dos, por favor!”

Apenas recibió el par de gelatinas en su bandeja, procedió a salir de la fila, pero ni bien lo hizo, se encontró cara a cara con Luso.

“¡Nio, qué coincidencia!” le saludó su compañero de clase, amenamente. “También vengo por gelatinas. Dime, ¿las has probado o también acabas de llegar?”
“Justo las acabo de recibir, no podría decirte, perdón Luso,” sonrió apenada. “Pero todo lo que he comido hasta ahora ha estado tan delicioso que seguro estas serán iguales.”
“Heh, es verdad, ¿no?” llevó sus manos a su nuca. “Estás con tu hermana, si no me equivoco. Por cierto, me escapé de mi primo tonto, ¿podría unirme a ustedes?”
“Eh, pues…” Nio desvió su mirada.
“Y me apena admitirlo, pero podría usar un poco de ayuda para hacer la tarea de describir el evento de hoy. Creo que nuestra profesora me tiene en la lista negra o algo, así que tengo que escribir algo más creativo que ‘la directora dijo blah y la gente estaba bien vestida’. En serio no tengo más que decir.”
“Luso, tienes que hacer más que ese esfuerzo, tampoco esperes que haga tu tarea por ti,” le observó Nio, juiciosamente.
“Hehe, sí prometo que lo haré, bromeé con eso, pero en verdad apreciaría al menos un prompt, que no me puedo enfocar en nada,” sonrió ampliamente, sin ninguna preocupación en el mundo.
“Pues…” algo le hacía dudarle. “Hm… realmente para lenguaje, Ima-chan es mucho mejor que yo…”
“¿En serio? Haha, nunca lo hubiera imaginado, él que huye de las matemáticas.”
“E-es un poco difícil de creer, lo sé,” se animó un poco, aunque continuaba algo frustrada con su presente situación. “Lo siento, Luso, no quiero hablar de la tarea. También me está resultando difícil, por otros motivos…”
“¿Eh? ¿Por qué? ¿Todo bien?” ladeó su cabeza, perdidamente. “¿Estás bien, Nio? O sea, tú la tienes mucho más fácil que yo, eres una HiME…”
“…” justo tenía que darle en la llaga.
“¡Y le puedes dar ese trasfondo de luchadora de Hanasaki y de lo que todo significa para ti! ¡Eso seguro que será divertido!”
“Luso… es que…” Nio le paró. “Verás…”

Terminó por contarle lo que acababa de ocurrir.

“Hm…” Luso llevó una mano a su mentón y meditó con el ceño frunció y los ojos hacia arriba. “O sea tu hermana dice que por tener que hacer tu tarea no puedes salir a pasear con las otras HiMEs, pero que tú estás convencida que lo hizo para resguardarte, y que ni te dio espacio para opinar…”
“Esa es la historia de mi vida, claro, recién soy HiME, pero ante la menor acción de querer hacer algo ‘que no haría una dama’,” rodó los ojos. “de inmediato se cierra y me sugiere hacer otra cosa que sí va con su idea de lo que yo debería ser.”
“¿Por qué? ¿No es tu hermana? ¿Acaso los hermanos no deberían apoyarse en sus travesuras o al menos poder hablar como iguales?” preguntó confundido.
“Pues, es que mi nee-chan medio me cuidó desde que nací. Yo no llegué a conocer a nuestros padres y nuestros abuelos nos consienten, así que ella siente que tiene que educarme bien…”
“Hm, suena difícil, lo siento, Nio…” hizo una mueca de dolor.
“Pero aun así…”
“¡Pero aun así es injusto!” concluyó su amigo. “Y si ella quiere ser como tu madre, pues entonces lo es y ahora mismo puedo decir que está mal y que es terrible que te censure de esa manera. Si ella tenía la idea de que te quedaras dentro del estadio, al menos debió haberte dado espacio para decir tu parecer, ¿no lo crees?”
“Eh…” Nio se vio perdida y asintió anonadada.
“Pero no lo hizo y ahora te arruinó la noche y tus propios planes que ella ni se molestó a saber,” Luso asintió indignado. “Suena igual de densa que mi primo, así que ni es el momento de decir nada que no te va a oír.”
“Sí, eso supuse…” desvió su mirada.
“¡Por eso nos vamos a fugar, Nio!”
“¿P-perdón?” ella se quedó en shock.
“¡Claro! ¡Déjame ayudarte a tener tu noche de HiME y a hacer tu tarea desde el punto de vista que te mereces!” exclamó inspirado y con grandes ánimos. “¡Va a ser muy divertido, además ya me aburría de esta gala! ¡Y si necesitas apoyo te prometo que cuentas conmigo!”
“E-está bien, tú no tienes que defenderme de mi nee-chan ni nada…” negó en apuros.
“¿Entonces te apuntas a mi idea?”
“Eh, pues, c-creo que sí…”
“¡Ya, vamos!” Luso tomó su bandeja y la dejó sobre una mesa cercana. “¡Aprovechemos que no veo a tu hermana!”
“Ehh…”
“Ah, pero antes…” recordó tomar el par de gelatinas en un brazo y la jaló. “¡Ya, ven conmigo!”

Fin del Flashback

Y fue así que comenzó esa inocente, aunque desenfrenada noche. Nio no sabía si le dolía más desobedecer a su hermana o haber dejado su bandeja de comida abandonada para echarla a perder, pero por más incómoda que se sentía, en parte rebelarse ante el usual gaslighting de su superior le dio una bocanada de aire fresco que le había hecho mucha falta.

Sólo esperaba que fuera a ser una noche tranquila y sin nada que lamentar. Necesitaba sentirse alentada y finalmente bajo control de sus propias decisiones para variar.

...
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HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Mimi Tachikawa on December 31, 2024, 01:08:47 AM »
Hoi hoi!! vengo con fic

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Era una noche fría, La luna, llena y brillante, iluminaba con su luz plateada las calles vacías. Las luces dentro de la mansión Kinomoto estaban apagadas, pero las luces del segundo piso permanecían encendidas. Dentro, Sakura estaba sentada sobre su cama, con las piernas cruzadas, abrazando las rodillas. En sus ojos había una tristeza que se desbordaba con cada respiro.

¿Ahora que voy a hacer con tantas cosas que están sucediendo? -Suspiró pesadamente mientras recordaba el ultimo incidente que pasó en la entrada de su casa-

De repente la puerta de la habitación se abrió suavemente y, con una suave sonrisa calmante, Syaoran entró a la habitación visiblemente preocupado por Sakura.

Sakura -dijo, con su voz habitual, firme pero suave-. ¿Puedo hablar contigo?

Sakura levantó la cabeza y lo miró por un instante antes de asentir lentamente. A pesar de su sonrisa habitual, Syaoran podía ver que algo estaba profundamente perturbando a Sakura. La joven le sonrió, pero esa sonrisa no era la que él conocía. Era débil, como una máscara frágil.

-¿Cómo estás? - preguntó él, dejando que la puerta se cerrara detrás de él. Caminó hasta ella, sin querer invadir demasiado su espacio, pero con un deseo evidente de acercarse.

Sakura suspiró y dejó caer su mirada hacia el suelo.

No lo sé. Me siento... diferente últimamente.

Syaoran se sentó junto a ella, un poco más cerca de lo que había planeado, y la observó con atención. No era un secreto para él que la vida de Sakura, debido a su conexión con los poderes espirituales que había despertado debido al lineaje de su familia, estaba siempre en peligro. Pero algo en su actitud esta noche le decía que había algo más que solo los temores de los enemigos. Algo más profundo, más personal.

-¿A qué te refieres? - preguntó, sus ojos fijos en los de ella, tratando de no parecer impaciente, pero sin poder evitar la ansiedad en su voz.

Sakura cerró los ojos por un momento y respiró hondo, como si tratara de encontrar las palabras adecuadas.

-Es... el futuro, Syaoran - dijo al fin, con la voz baja y entrecortada-. Todos los días siento que estoy al borde de perder algo, o peor, perder a las personas que amo. Desde que tengo uso de razón siempre estoy en peligro. No importa lo que haga, no puedo escapar de esto. Los sueños premonitorios nunca se detienen. Y a veces me pregunto, ¿qué pasará cuando ya no pueda más?

Syaoran frunció el ceño. Sabía de los temores de Sakura, pero nunca había visto a la joven tan vulnerable. Sakura Kinomoto, la chica que desde pequeña habia visto tan alegre y animada, afrontando con una sonrisa sus problemas y rescatado su frio corazón le extrañó mucho, la que siempre sonreía con valentía, ahora parecía frágil. Y eso le rompía el corazón.

-No tienes que enfrentarlo sola - dijo, con firmeza-. Yo estoy aquí para ti. Siempre lo estaré.

Sakura lo miró, pero la duda brillaba en sus ojos.

-Pero... ¿qué pasa si algún día no eres suficiente? —preguntó, casi susurrando. Era como si tuviera miedo de la respuesta, pero aún así necesitaba escucharla. El silencio se extendió entre ellos mientras Syaoran procesaba la pregunta.

Syaoran respiró profundo, mirando a Sakura como si nunca hubiera visto una verdad tan clara. Luego, con la mirada fija en ella, le habló en voz baja.

Sakura lo observó con detenimiento, analizando la sinceridad de sus palabras. ¿Cuántas veces lo había visto arriesgar su vida por ella, por sus amigos? ¿Cuántas veces había visto la determinación en sus ojos? Sin embargo, una sombra de duda seguía rondando en su corazón. La angustia de poder predecir el futuro en sus sueños y no poder cambiarlo la consumía lentamente.

-Pero tú no puedes estar siempre a mi lado, Syaoran - dijo finalmente, sus ojos vidriosos, como si estuviera a punto de llorar, pero conteniendo las lágrimas con toda su fuerza.

-Algún día... algún día puede que te alejes de mí. Que decidas que esto ya no vale la pena. Que el miedo... que el peligro es demasiado grande.

Syaoran, por un momento, permaneció en silencio, sopesando las palabras de Sakura. Se acercó un poco más, y sin pensarlo demasiado, tomó su mano suavemente.

-No pienso irme de tu lado. -Su voz era más baja, más segura-. No me importa cuán peligrosa sea tu vida o cuántos enemigos tengamos que enfrentar. No me importa cuántos miedos tengamos. Yo... yo te quiero, Sakura. Y eso significa que siempre estaré a tu lado, luchando contigo.

Sakura lo miró con sorpresa, y por un momento el tiempo pareció detenerse. Su corazón dio un vuelco. ¿Había sido tan obvia su inseguridad, su miedo por lo que el futuro podría traer? ¿Había sido tan evidente cuánto deseaba que él la entendiera, que compartiera sus temores? Pero ahora, al escuchar esas palabras, algo en ella comenzó a suavizarse. El miedo seguía ahí, acechando, pero la calidez que emanaba de Syaoran la envolvía como una manta.

¿Cómo puedes estar tan seguro? - preguntó, en un susurro, casi con temor de que la respuesta pudiera ser demasiado perfecta para ser real.

Syaoran sonrió, pero no era la sonrisa arrogante que a veces se le escapaba, sino una genuina, llena de una ternura que rara vez dejaba ver.
-Porque, Sakura, aunque el futuro sea incierto y el peligro siempre esté presente... no me importa. Si debo enfrentarlo todo para protegerte, lo haré. Porque lo que más quiero en este mundo... eres tú.
Sakura tragó saliva, y por primera vez esa noche, su pecho se alivió un poco. Las palabras de Syaoran, tan firmes, tan llenas de amor, la tranquilizaron de una manera que nada más podría hacer. Sentía un nudo en el estómago, pero al mismo tiempo, una calma que le era ajena. El futuro seguía siendo incierto, pero en ese momento, con Syaoran a su lado, sentía que podía soportarlo.

-Gracias -dijo, su voz más suave ahora, un suspiro de alivio que escapaba entre sus labios.

Syaoran apretó su mano con más fuerza, como una promesa tácita. Luego, sin apartar la vista de ella, agregó:

-El futuro, Sakura... no lo sabemos. Pero te puedo jurar que lo enfrentaremos juntos.

Y, por primera vez en mucho tiempo, Sakura sonrió de verdad. Aunque el miedo seguía siendo una sombra lejana, la presencia de Syaoran, su promesa y su amor, le daba la esperanza que tanto necesitaba para seguir adelante.

Después de dejar a Sakura descansando, salió de la habitación .

- Orthos – murmuró el nombre del child de Sakura, más para sí mismo que para cualquier otra persona. No se podía olvidar que las amenazas siempre estaban al acecho, y aunque su habilidad para defender a Sakura era vasta, había algo en su corazón que no podía callar. Algo que lo mantenía inquieto, temeroso.

De repente, una brisa más fuerte agitó las ramas de los árboles, y una figura etérea apareció frente a él. Era Orthos, el child ángel guardián de Sakura, el ser que había estado al lado de Sakura ultimamente, un ser que parecía flotar entre los cielos y la tierra. Sus alas brillaban con una luz suave, como si de una estrella caída se tratara. Su rostro era sereno, pero en sus ojos había una profundidad que sugería siglos de sabiduría.

Syaoran miró al ángel con una mezcla de respeto y temor. Aunque sabía que Orthos era una presencia poderosa, también comprendía la carga que pesaba sobre él. La vida de Sakura, un ser tan puro y lleno de bondad, estaba siempre en peligro, y eso no solo lo afectaba a él, sino también a Orthos.

-Orthos -dijo Syaoran, su voz firme, pero con un matiz de vulnerabilidad. Necesito hablar contigo.

El ángel asintió lentamente, sin necesidad de palabras, como si ya supiera de qué se trataba. Se acercó a Syaoran, y la distancia entre ellos parecía desvanecerse, como si la presencia de Orthos estuviera diseñada para infundir una paz inexplicable.

-Te escucho, Syaoran Li -respondió Orthos, su voz suave, como el viento mismo, llena de una serenidad inalcanzable para los humanos.

Syaoran respiró hondo, mirando al ángel con los ojos llenos de determinación.

-Se que Sakura está en peligro, y sé que no puedo protegerla solo. Lo que me preocupa no es solo lo que conocemos, los monstruos ... Hay algo más grande, algo que acecha en las sombras, algo que puede llegar a destruirla. Y si eso sucede... -pausó, mirando el suelo un momento, y luego, con mayor fuerza, continuó : Si eso sucede, no sé qué haría. Me siento incapaz.

Orthos observó en silencio, como si sus palabras no fueran ajenas a sus preocupaciones. El ángel guardián conocía la fragilidad humana, y sabía bien lo que Syaoran sentía, pues había sido testigo de su incansable dedicación hacia Sakura. Pero también entendía los límites de lo que un ser humano podía hacer, y los temores que anidaban en su corazón.
—Sakura es muy especial, Syaoran. Su destino está entrelazado con fuerzas que van más allá de lo que puedes comprender completamente. Los peligros que acechan son inevitables, y no siempre puedes enfrentarlos solo. La pureza de su corazón atrae tanto la luz como la oscuridad. Pero, ¿por qué me llamas a mí para este desafío? Sabes que siempre he estado cerca, vigilándola desde las sombras. Estoy aquí para protegerla, como lo he hecho siempre.
Syaoran asintió lentamente, pero su rostro estaba tenso. No era suficiente. Sabía que Orthos tenía el poder, pero había algo más, algo que solo el ángel podría entender, algo que solo Orthos podía ofrecer.
—Te lo agradezco, pero... lo que necesito de ti, Orthos, es algo más. No solo quiero que estés cerca de Sakura como siempre lo has estado. Necesito que tomes un papel más activo. No solo como su protector, sino como su aliado en este combate contra el futuro que nos acecha. Quiero que luches junto a mí, que no solo me observes desde las sombras. Sakura necesita más que un guardián que vigile. Necesita fuerza, una fuerza que no solo puede provenir de mí. Necesito que seas su ángel de la guarda, en cada sentido de la palabra, de una forma más directa.
Orthos lo observó en silencio durante unos momentos, evaluando cada palabra, cada deseo de Syaoran. Sabía que la solicitud de Syaoran no era simple, pero también comprendía el miedo que lo impulsaba. El amor que Syaoran sentía por Sakura era profundo, una fuerza que transcendía las barreras de la mortalidad. Sin embargo, Orthos sabía que enfrentarse a la oscuridad que acechaba requeriría algo más que solo la voluntad de un ser humano.
-Entiendo tu temor, Syaoran -respondió finalmente, su voz suave, como si estuviera compartiendo un peso antiguo. -Comprendo que la amenaza es mayor de lo que tú y Sakura pueden imaginar. Pero hay reglas que no pueden ser alteradas tan fácilmente. El equilibrio entre los mundos, las fuerzas de la luz y la oscuridad, no puede desequilibrarse sin consecuencias.
Syaoran frunció el ceño. Había escuchado eso antes, las advertencias sobre el delicado balance entre los clanes, pero su deseo de proteger a Sakura era más grande que cualquier regla ancestral.
-Entonces, ¿qué sugieres que haga? ¿Debo quedarme de brazos cruzados mientras el futuro nos aplasta? ¡No puedo hacer eso! -exclamó, la desesperación filtrándose en su voz.
Orthos lo miró profundamente, comprendiendo la angustia del joven.
-No estás solo, Syaoran. Pero debes aprender a confiar en algo más que tu propio poder. La luz que protege a Sakura no proviene solo de tu voluntad, sino de la conexión entre todos los seres que la aman y la cuidan. La verdadera protección proviene de ese amor, no de la fuerza física. Si deseas que yo te ayude, tendrás que estar dispuesto a compartir ese amor. Debes confiar en la red de protección que ya existe a su alrededor, no solo en ti mismo.
Syaoran sintió un nudo en el estómago. Lo que Orthos decía tenía sentido, pero al mismo tiempo, la idea de confiar en otros de una forma tan profunda lo aterraba. Aún así, no podía negar que el futuro de Sakura dependía de algo más grande que su propia fuerza.
-Entonces, ¿qué debo hacer? -preguntó, casi en un susurro, consciente de que estaba pidiendo algo que podría cambiar el curso de las cosas.
Orthos sonrió suavemente, y la luz de sus alas se intensificó, como si una nueva energía estuviera surgiendo.
-Debes aprender a dejar ir, Syaoran. La protección más fuerte no proviene del control, sino de la aceptación. Acepta que las fuerzas que protegen a Sakura son más grandes que tú y yo. Y, al hacerlo, también aceptarás la verdad de que, al final, lo que importa no es nuestra fuerza, sino lo que somos capaces de hacer juntos.

Syaoran lo miró, comprendiendo las palabras del ángel, y un destello de esperanza comenzó a brillar en su corazón. La lucha no se ganaría solo con poder. La lucha sería ganada con la unidad, con el amor que los unía, y con la voluntad de no rendirse.

-Lo intentaré -dijo, con una determinación renovada.

Orthos asintió, su presencia llena de calma y poder.

-Entonces, estaré aquí, siempre que me necesites. Pero recuerda, Syaoran, el verdadero poder radica en el vínculo que compartes con Sakura y los demás. Eso es lo que nos mantendrá a salvo.
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matta ne!!
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Patio de Juegos / Re: Blue Bookmark ❤
« Last post by Eureka on December 30, 2024, 05:33:39 PM »
rapido porque tengo mil pendientes u_u




Era inusual verlo por su cuenta.

Catorce años orbitando alrededor de él habían bastado para identificar algunos de sus hábitos y constantes, como que siempre llegaba tarde a clases, comía al menos cuatro panes de la cantina en el almuerzo y nunca se separaba de Takarai y Oshiro. Esos tres parecían pegados con Super Glue porque iban juntos a todas partes, desde la mañana hasta la hora de salida. Y todo indicaba que el plan era mantenerse así después del colegio: de lo que había escuchado, los tres estaban apuntando a ingresar a la misma universidad.

El único que a veces faltaba en el grupo era Takarai, quien parecía haber encontrado un balance entre el tiempo que le dedicaba a su novio y el que pasaba junto a sus mejores amigos. No entendía aún cómo se había formado esa parejita… y tampoco le interesaba saber, la verdad. Lo que sí había escuchado eran ciertos rumores de cierta tensión que afloró dentro del grupo cuando Nomura empezó a salir con él, pero Shintaro nunca llegó a enterarse de algo sustancioso. Qué pena: el chisme siempre era bienvenido.

Y claro, la ausencia de Takarai podía justificarse, pero… ¿Dónde estaba Oshiro? Ya tenían todo listo para el festival, así que no cabía la posibilidad de justificar su soledad de esa manera. Oshiro y Takarai, así como Hideki, eran parte del comité de escenografía y ellos habían sido los primeros en terminar con sus labores.

¿Cómo era posible que Hideki estuviera solo durante el almuerzo?

Además, ¿qué hacía en el patio? Su grupo solía pasar el almuerzo en la azotea.

Por un instante, pensó en retirarse y buscar otro lugar para comer. Ese no era el único patio libre del colegio.

Pero algo lo motivó a acercarse… un delirio idiota que lo engañaba y le hacía creer que sería capaz de ayudarlo.

Tal vez al fin podría conectar con él.

“Oye, puedo…” Shintaro tragó saliva mientras se acercaba a la banca donde Hideki estaba sentado. “¿Puedo sentarme contigo?”
“¿Eh?” Hideki lo observó, confundido. “¿Quién eres?”
“…” Shintaro se aguantó las ganas de cometer homicidio ahí mismo. “¿Shintaro Kozakura? Estoy en tu clase. ¡Soy tu vecino!”
“…” Hideki ladeó la cabeza. “¿Ah, sí?”
“¡¡¡SÍ!!! Formé parte de tu grupo de amigos de la infancia. ¡Jugamos juntos varias veces!” le reclamó.

La indignación en su rostro sólo confundió más al otro chico.

“Am… no tengo idea.” Hideki sonrió, extrañado por su actitud. “Yo solo recuerdo a Yuki.”
“…Porque sigue siendo tu amigo.”
“¡Exacto!” Hideki asintió. “No recuerdo a nadie más.”
“Ugh…” Shintaro suspiró, irritado. “Bueno, no me respondiste. ¿Puedo sentarme a tu lado o no?”
“Sí, claro~” Hideki movió la bolsa blanca de sus panes para hacerle espacio en la banca.

Aunque enojado, Shintaro tomó asiento a su lado. Con cuidado, removió la tapa de su bento y se dispuso a comer en silencio.

…O eso quiso hacer, pero era difícil ignorar la mirada curiosa de su acompañante.

“¿Qué pasa?”
“¿Tú te preparas el bento?” Le preguntó Hideki.
“N…”
“¿Me invitas un salchipulpo?” Y lo interrumpió de inmediato, sin dejar que responda.
“…Tienes tus panes.”
“¡Pero me antojaste!” Hideki le hizo un puchero. “¡Por favooor!”
“…” Shintaro se resignó y le extendió uno con la ayuda de sus palillos. “Toma.”
“¡Ah!” El rostro del más alto se iluminó. “¡Muchas gracias!”

Hideki tuvo el descaro de acercar sus labios en vez de tomarlo con la mano.

“Mm~” El rostro del pelirrojo bastó para concluir que el sabor había sido de su agrado. “¡Qué rico! ¿Tú lo hiciste?”
“…No.” Shintaro no entendía por qué le contestaba cada pregunta que hacía, pero continuó pese a su confusión. “No me diste tiempo de responderte hace un rato, pero te iba a decir que mi mamá me prepara el bento todos los días.”
“Ah, qué bonito gesto. Me gusta su sazón.” Hideki le dio un mordisco a su pan, observando la cancha vacía de fútbol en frente de ellos.

A lo lejos, Shintaro pudo divisar a uno que otro estudiante corriendo con dirección a los pabellones estudiantiles. De seguro estaban desesperados por continuar con sus labores relacionadas al festival, puesto que faltaba un día para la ceremonia de inauguración y había escuchado que varios salones estaban atrasados en sus proyectos.

Había una gran variedad de propuestas como cafés, casas embrujadas, obras de teatro y puestos de comida. Su clase había elegido montar una obra original y aún no entendía cómo lo habían seleccionado para interpretar al papel principal.

Al menos la historia no era tan mala que digamos.

“Nomura hizo un buen trabajo,” comentó en voz alta, mientras continuaba con su almuerzo. “Me pregunto si hay algo que no sabe hacer bien. Resulta que hasta puede ser un excelente guionista… qué rabia.”
“¿Nomura?”

Shintaro no necesitó girarse a mirarlo: sabía que Hideki portaba la misma mirada confundida de hace un rato.

¿Cómo podía ser tan despistado? Le costaba creer que no reconociera a la pareja de su mejor amigo, uno de los chicos más populares del colegio.

“¿Hisashi Nomura? Es un poco preocupante que no te acuerdes de nadie de tu propia clase.”
“Ah, Hisashin.” Hideki sonrió. “Es que yo no lo conozco por su apellido. Hayato siempre lo llama por su nombre.”
“Pero el resto de salón lo llamamos por su apellido. ¿Acaso no prestas atención?”
“¿La verdad? No.”

Y era cierto: Shintaro no necesitaba ninguna confirmación de su parte. Cada vez que su mirada lo buscaba entre los pupitres del salón, siempre lo encontraba durmiendo o jugando en el celular. Hideki suele parar en su propio mundo, sin darle importancia a los demás. Las únicas excepciones siempre han sido —y siempre serán— Oshiro y Takarai.

Si las parejas de ellos no pueden alcanzar el mismo nivel de importancia en su vida que ese par, es imposible que alguien fuera de su círculo tenga chance de hacerlo.

No tiene sentido que él, un completo extraño, intente acercarse si todo va a ser en vano.

Shintaro observó su almuerzo y suspiró. Había perdido el apetito.

“Mm…”

El sonido que produjo la bolsa de plástico del pan lo trajo de vuelta a la realidad. Cuando se giró a observarlo, lo encontró arrugando el empaque para meterlo en la bolsa grande y blanca que le habían entregado para recolectar todos los gustitos que se daría durante el almuerzo. De reojo, Shintaro pudo identificar al menos otros 5 panes de distintos sabores y rellenos, así como dos jugos de caja y una leche de fresa.

Ah, ¿qué sentido tenía fijarse en esos detalles? Debía apurarse en guardar su comida y buscar otro lugar para almorzar en paz.

Después de todo, había sido una terrible idea darle una oportunidad al chico que tanto atormentaba sus pensamientos.

“Shintaro.”
“…¿S-sí?” El mencionado no podía creer que se había acordado de su nombre. ¿Tal vez…?
“Tienes un grano de arroz en tu mejilla.” Hideki le sonrió.
“¿Eh? Ah, gra…”

La palabra murió en su garganta al ver que el pelirrojo se acercó a su rostro para removerle el grano de arroz y, en un giro para nada inesperado, llevárselo a la boca.

“Mm…” El rostro pensativo de Hideki le intrigaba tanto como su cercanía física. ¿Por qué no había regresado a la distancia inicial que los separaba? Le costaba hilar pensamientos por su culpa.
“¿Qué pasa?” atinó a preguntarle… en vez de alejarse.

Sin duda, era un estúpido.

Quizás más estúpido que la persona en frente de él.

“Me quedé con la intriga,” anunció luego de una pausa, como si Shintaro supiera a lo que se refería.
“¿De qué?”
“De lo que dijo Hayato el otro día.” Su mano acarició su mejilla hasta posar su pulgar en su labio inferior. “Es el único de nosotros que tiene experiencia.”
“Experiencia… ¿e-en qué?”

El camino de la demencia era mejor que confirmar en voz alta sus sospechas.

“Ah… ¿Sexual?” Hideki no sonaba tan seguro de sus palabras. “Aunque no sé si han hecho algo más que besarse… pero yo supongo que sí.”
“¿Y eso te da curiosidad?”
“¿Tú lo has hecho?”

Shintaro se distrajo unos breves instantes por culpa del curioso color de los ojos de Hideki. De cerca podía notar que no eran violetas: los contornos de su iris eran de una tonalidad amarilla suave y preciosa.

Habría apreciado los matices con más atención de no ser porque el sonido de su nombre lo obligó a aterrizar de nuevo.

“¿Shintaro?”
“¡A-AH! Lo siento, me distraje.”
“¿Lo has hecho?” Hideki le preguntó otra vez.
“N-no.”
“¿Y no quieres hacerlo?”

Para su asombro (y susto), el chico se acercó aún más a él.

“No.”
“Pero estamos tan cerca…” ofreció. “¿No te da curiosidad?”
“¿De qué estás hablando? ¡Ya ni entiendo a qué te refieres!”
“¡A esto!”

Una sonrisa fue lo único que recibió como advertencia antes de que el imbécil acortara la poca distancia entre ambos.

El beso fue corto y nada especial. Un simple choque de bocas que olvidaría con el paso del tiempo… o al menos eso esperaba.

Hideki se separó de él en un santiamén, sin algún comentario al respecto. ¡Qué descarado!

Shintaro no iba a pasar por alto tremenda falta de respeto. Indignado, abrió la boca para quejarse, pero el pelirrojo aprovechó aquel descuido de su parte para volver a juntar sus labios con los de él.

Solo que esta vez…

Hideki introdujo su lengua dentro de su boca.

Estaba claro que Hideki no sabía lo que hacía. Shintaro tampoco, la verdad. Pero algo le impedía separarse de él, pese a que necesitara oxígeno al cabo de unos momentos.

Sus manos se aferraron de la camisa de Hideki, mientras que el chico lo tomó del rostro para mantenerlo cerca de él. Quebraron el contacto un par de veces para volver a juntarse de inmediato, una y otra vez…

…Hasta que Hideki se detuvo en seco. Acto seguido, lo tomó de los hombros y, con mucho cuidado, lo alejó de él.

“Jeje~” Hideki soltó una risa despreocupada y le dio un par de golpecitos en los hombros. “¡Eso fue divertido!”
“¡Tarado! ¡Fue mi…!” Shintaro se cortó por la vergüenza.

No podía decirle que había sido su primer beso. ¡Iba a quedar en ridículo! Pero la indignación y la rabia que lo invadían eran tan grandes que se sentía a punto de explotar. Sin una pizca de dignidad, suspiró antes de sellar su destino (y convertirse en el hazmerreír de su salón).

“¡Ese fue mi primer beso!”
“¡Ah!” Hideki se llevó las manos a la boca, visiblemente sorprendido. “¡También fue el mío!”
“¿¡Y a mí qué me importa!?” Shintaro se zafó de su agarre para tomarlo del cuello de la camisa. “¡Lo importante aquí es que me robaste mi primer beso! ¡Todo es tu culpa!”
“Pero… ¡Estamos a mano!” Anunció, muy feliz. “¡Tú me robaste el mío y yo te robé el tuyo!”
“…¡NOOO! ¡TÚ HICISTE TODO! ¡YO SÓLO ME QUEDÉ AHÍ PASMADO COMO UN TONTO!”
“¡Pero me besaste de vuelta!” Le reclamó Hideki, confundido. “¡No entiendo cuál es el problema!”
“¡CÁLLATE!” Shintaro se levantó del asiento y recogió su bento a medio comer, irritado. “¡No te quiero volver a ver!”

Shintaro no le dio tiempo de contestar porque comenzó a trotar en dirección a los pabellones. ¡Lo único que quería era salir de allí de inmediato!

“¿Pero no dijiste que estamos en la misma clase?” Le gritó Hideki, para su mala suerte.
“¡¡¡YA TE DIJE QUE TE CALLEEES!!!”
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MMORPG: Neverland / Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Last post by Airin on December 30, 2024, 03:56:44 PM »
Una vez más yo sin iconos, que se aguanten con los del patio e_e.




~+0.81~

El día que Snake había nacido, una de las primeras cosas que había hecho era ponerse las manos en la cara y levantarse los mofletes con ellas.

—Guau… —había dicho Snake, que no estaba acostumbrado a tocar piel tan suave.

Tampoco estaba acostumbrado a hablar en alto. Al chico le costaba bastante comunicarse verbalmente con los demás. Pero aunque eso le pasase al chico detrás del personaje el personaje no tenía que ser como él… ¿verdad?

Cuando Snake pensó en “ser como él”, de alguna forma retorcida echó de menos las imperfecciones de su cara, así que Snake el novicio se dirigió hacia lo que parecía ser un stand de información para novatos.

—Hola. —saludó bajito al NPC, mordiéndose la lengua para no añadir nada más al final— Necesito información… dice Snake.

Snake cogió aire por la nariz con fuerza, sintiéndose un poco mal por no poder dejar atrás esa costumbre, incluso con una nueva identidad.

—Oh. —el NPC lo miró de arriba a abajo— Ya veo que es usted el jugador Snake. ¡Ha preguntado en el lugar adecuado! ¿Qué es lo que necesita?

El NPC sonrió y después de parecer pensárselo ladeó un poco la cabeza. La acción era un poco torpe, como demasiado estudiada, pero Snake no era quien para criticar la capacidad de comunicación de los demás. O eso pensaba él.

—¿Se puede cambiar uno la cara?, quiso saber Snake.

El NPC pareció volver a pensárselo un poco, incluso le dio tiempo a parpadear, pero acabo respondiéndole con un tono animado.

—Puede acceder al editor de avatar desde su menú. ¿Tiene alguna duda sobre el editor de avatar?

Snake se mordió el labio inferior y apretó los brazos a los lados de su cuerpo. Ya había estado en el editor de avatares y no había encontrado nada parecido a lo que andaba buscando. Aunque igual al principio se le había pasado de largo porque estaba no buscándolo activamente. ¿Quien en su sano juicio querría tener escamas en la cara? Eso no era algo normal, ¿no?

—No… no tengo dudas. —Y después de una larga pausa añadió:— Gracias, señor, se despidió Snake antes de alejarse lentamente.

Y procedió a hacer exactamente eso. Snake caminó durante unos minutos, serpenteando por las calles de una ciudad desconocida, sin saber bien qué buscaba en ese juego. ¿Entretenimiento? ¿Conocer gente nueva sin la barrera que le suponía el mundo real? ¿Un nuevo yo?
No lo tenía claro, pero no empezaba bien si no podía dejar de hacer como que otros hablaban por él.  Otros… técnicamente Snake era él, pero no se sentía él sin sus escamas. Y ahora, lo que tantos años llevaba aborreciendo era lo que iba buscando.

Snake se dio de lleno con algo duro, pero más blandito que un muro. Algo calentito. Algo que le agarró de los brazos y al mirar hacia arriba vio una cara.

—¿Estás bien, muchacho?

Snake parpadeó y sin pensárselo mucho tocó el lado derecho de la mandíbula del desconocido con el que se acababa de chocar.

—Tienes escamas. Dijo Snake.

Al jugador no pareció importarle demasiado que narrase sus propias acciones, simplemente le sonrió.

—Sí, tengo escamas. ¿Te gustan?

En ese momento pasaron dos cosas. Snake se dio cuenta de la pose en la que estaban y que tenían mucha gente alrededor. También se dio cuenta de que no le importa, y que al desconocido tampoco parecía importarle demasiado. Así que los ojos de Snake brillaron con la posibilidad de conseguir esas escamas para sí mismo.

—Sí. Dijo Snake, que también quería escamas para sí mismo.

El desconocido se rió un poco y dio un paso atrás, soltando sus brazos. La mano de Snake cayó despacio y se frotó los dedos, aún notando la aspereza de aquellas escamas verdes. El desconocido le ofreció la mano.

—Yo soy Qingloong, supongo que tú eres Snake.

Snake miró la mano y luego estiró la suya despacio. El jugador, que ahora sabía que se llamaba Qingloong, se la apretó suavito. Por el tipo de vestimenta y equipo que llevaba, Snake supuso que se la podría haber apretado mucho más y una parte de él le agradeció que no lo hiciera. Otra parte quería saber cuanto podía apretar aquella mano enguantada.

—Sí, soy Snake, se presentó Snake.

Qingloong le volvió a sonreír y se rascó la nuca, apartando un mechón largo de su hombro hacia la espalda.

—Eres un novicio ¿verdad? ¿Tienes con quién jugar o te gusta más ir solo?

Snake miró al suelo y luego a los ojos amarillos de Qingloong. También se había puesto pupilas verticales, como él.

—Acabo de nacer. Aún no sé como se juega, confesó Snake.

Qingloong le señaló el camino hacia delante y Snake empezó a andar en esa dirección junto a Qingloong.

—Está bien, nadie nace sabido. Tengo aún una hora de juego y nada qué hacer, podría acompañarte e ir enseñándote como funciona esto. —le dijo Qingloong, con un tono tranquilo que le gustó mucho a Snake— ¿Qué dices?

—Snake se encogió de hombros, tampoco quería molestar, pero una hora no sería demasiada molestia. Está bien, contestó Snake. —Y procedió a encogerse de hombros.

Qingloong se rió un poco. Tenía una risa baja y muy agradable.

—Quería decir una hora en el arcade… Lo que viene a ser un día entero aquí dentro. Creo que es tiempo suficiente para enseñarte alguna que otra cosa y asegurarme de que disfrutas del juego.

Snake abrió la boca y la volvió a cerrar. ¿Todo un día? ¿Alguien quería pasar todo un día con él después de haber hablado como lo hacía siempre? ¿No le parecía raro? ¿No… no le daba repelús?

—Si quieres. —añadió Qingloong— La primera vez que entré me apadrinó alguien que me encontró en la taberna más perdido que un topo en una playa. Digamos que así le puedo devolver el favor.

Snake metió la nariz dentro del pañuelo que llevaba al rededor del cuello y asintió.

—Me aseguraré de decirte como conseguir escamas, le van muy bien a tu nombre.

Y Snake sonrió dentro del pañuelo antes de carraspear y sacar la cara de allí dentro.

—Sí, sí quiero. Escamas, quiero decir. Aclaró Snake algo avergonzado.

Qingloong se volvió a reír. A Snake le estaba empezando a gustar ese sonido.



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MMORPG: Neverland / Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Last post by Neko on December 29, 2024, 12:23:15 PM »
¿He dicho ya que amo a Kachinis?




      Anir + Kachina



El cielo sobre Columbia estaba empezando a tomar un color más amarillo y violeta según el sol simulado iba desapareciendo detrás del horizonte artificial, así que las luces de la ciudad se encendieron poco a poco, dándole otro ambiente a las calles llenas de jugadores.

—Verás —empezó Neko, balanceando alegremente la mano con la que agarraba a Ochotona—. Ser merchant no es sólo un trabajo, es… prácticamente es una forma de vida.

Ochotona ladeó la cabeza, parpadeando con curiosidad.

—Muchas de las habilidades que puedes conseguir a niveles bajos están enfocadas en la compra venta de objetos.

—Sí… —afirmó Ochotona—. Pero yo quiero jugar de otra manera.

Neko asintió, tomando la primera esquina a la izquierda para cambiar de camino.


—Y no hay nada de malo en ello. Pero vamos a explorar primero las habilidades que ya deberías haber desbloqueado.

Ochotona se miró las botas, entrompando los labios.

—Bueno.

Y un minuto después Neko se paró, señalando con la cabeza hacia el centro de la plaza a la que habían llegado.

—Esto, querida merchant, es el mercado.

Ochotona miró a su alrededor. Bullicio era la palabra que mejor describía lo que tenía en frente. Cables con lucecitas colgaban de una farola a otra por debajo de las copas de los árboles que se mecían con suavidad. Las voces de la gente rebotaban contra las paredes de los edificios y un número indefinido de carritos aparcados de forma ordenada ofrecían ofertas nunca antes vistas. Un camino de piedra recorría la plaza de un lado a otro y varios más pequeños te llevaban entre los carros de venta, puestos de comida y hacia otro tipo de atracciones, como el escenario donde un par de bardos y tres bailarinas estaban ofreciendo una actuación.
Ochotona había estado antes en el mercado y le gustaba el sitio para pasar un rato divertido. Era un lugar concurrido y se hacía fácil perder el tiempo simplemente observando a los demás.

—Ya he estado aquí. —contestó la chica, apretando la mano de Neko entre sus dedos.

Neko le apretó la mano de vuelta y tiró un poquito de ella para llamar su atención. Cuando Ochotona se giró a mirarle, la otra merchant tenía una expresión seria en la cara.

—Lo suponía, pero quiero que lo veas desde otro punto de vista.

Ochotona volvió a parpadear y ladeó la cabeza, llevándose la mano libre a la barbilla.

—¿Vamos a subir al tejado?

Neko abrió y cerró la boca e intentó reprimir una sonrisa sin conseguirlo.

—No, no es eso. Necesitas verlo desde el punto de vista de un vendedor —Neko le palmeó la cabeza, bajándole la visera un poquito sin querer—. Vamos a los puestos.

Y Ochotona le siguió entre pasillos repletos de gente. Neko empezó a explicarle cómo funcionaba el delicado equilibrio de la economía en Neverland y de alguna manera acabaron sentadas en una mesa de picnic con un montón de comida y algún que otro trasto que habían comprado en los carros.

—¿Y bien? —preguntó Neko antes de darle un mordisco redondo a su manzana cubierta de caramelo.

Ochotona se encogió de hombros, sin saber qué añadir, usando el espacio en silencio que le daba la consumición de comida para pensar.

—Todo eso está muy bien, pero no es que me atraiga mucho —murmuró Ochotona antes de añadir con más volumen:— ¡Quiero decir! Vengo aquí a distraerme, no a montar un negocio.

Ochotona había hablado en alto y con fervor, segura de poder transmitir sus sentimientos hacia la amable merchant que ahora le ayudaría a cambiar de job. ¿Verdad?
Entonces fue cuando la vio sonreír como si tuviera un plan y estuviera marchando estupendamente. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Ochotona.

—Y es por eso que el job te aburre —explicó Neko, reclinándose en la mesa y cruzando una pierna encima de la otra—. Ahora mismo todas tus habilidades sólo sirven para… esto.

Y señaló vagamente con la manzana hacia los carros aparcados en hileras, esperando a que algún jugador se dejase el dinero en los objetos que ofrecían.

—Pero querida merchant, ser merchant es mucho más que esto —le aseguró, inclinándose hacia Ochotona y entrecerrando los ojos—. Un merchant también puede ser un héroe.

En ese momento lo vio con claridad. Ochotona vio el error que había cometido al describir su job deseado. En ese momento supo que Neko nunca le dejaría cambiar de job. Iba a ser merchant para toda la vida.

—V-vale…

Bueno, siempre le quedaba borrar la cuenta y empezar de cero. ¿Verdad?

Neko se apoyó con los dos codos en la mesa que tenía a su espalda y miró hacia la bóveda de hojas que les resguardaba del frío de la noche. Las lucecitas titilaban creando un efecto de lo más encantador.

—Dime, a ti te da igual la clase mientras seas de un tipo ofensivo, ¿verdad?

Neko rompió un trozo de caramelo y manzana con los dientes y empezó a masticar con fuerza mientras seguía mirando las luces que adornaban el mercado. El cielo estaba cada vez más oscuro.

Ochotona se miró las manos, balanceando los pies que no tocaban el suelo.

—Bueno… Pues alguna preferencia sí que tengo.

Ante estas palabras, Neko pareció interesarse aún más en su nueva amiga.

—Oh, cuéntame, así puedo aconsejarte la clase de merchant que más te pueda gustar. —le dijo con ojos brillantes.

Ochotona cogió aire y lo dejó ir de golpe, llenándose de una vacilante confianza que no le servía de mucho aún.
Bueno… allá iban sus pensamientos.

—Creo que no me gustaría ser Soldier, pero Paladin o Barbarian sí que me gusta. Lancer me gusta, pero dragoon… no sé. —Ochotona levantó una mano y empezó a contar dedos con la otra mano—. Thief no es lo mío y Archer no creo que se me de bien. ¡Pero dancer! Aahhh… aunque el break dance es más mi rollo, ¿sabes? Lo de encadenar magias no me va, yo quiero algo más cuerpo a cuerpo.

Ochotona dejó de hablar y levantó sus ojos azules hacia los turquesa de Neko.

—No sé si me explico. —añadió Ochotona con dudas.

Neko asintió.

—Creo que sí, buscas algo directo.

Ochotona dijo que sí con la cabeza.

—Prefieres el unga bunga a los combos, porque si no habrías mencionado Monk.

Ochotona pareció pensárselo, pero acabó asintiendo otra vez.

—No quieres algo que necesite agilidad, buscas algo que use más la fuerza bruta. —continuó describiendo Neko.

Ochotona se encogió de hombros con cara de que lo que decía Neko era evidente.

—Pero no quieres mecánicas complicadas o de juego sucio porque no quieres ser Dark Knight ni Thief.

—Supongo. —contestó la chica.

Neko sonrió enseñando todos los dientes que podía. Ochotona tenía bien claro que aquella merchant era una predadora.

—Dime, ¿has probado a matar a los enemigos a carrazos?

Ochotona se quedó en blanco.

—¿Se puede hacer eso? —preguntó confundida.

Neko guardó el resto de la manzana cubierta de caramelo que no se había acabado en su inventario, haciéndola desaparecer en un remolino de píxeles y se levantó, sacudiéndose el pantalón a la altura de los muslos.

—Oh, cariño. Se puede hacer eso y mucho más. Vamos abajo.

—¿Abajo? —repitió Ochotona, levantándose también—. ¿Abajo dónde?

Neko miró un momento su omnitool e inició un intercambio de objetos con Ochotona.

—Acepta —le dijo mientras empezaba a cargar el intercambio con un par de sets de equipo y alguna que otra arma—. Vamos a Esther’s Plain, a matar cosas.

—P-pero casi no hago daño —avisó Ochotona mientras observaba como el intercambio se llenaba con rapidez de objetos—. Ay, dios mío, ¿dónde voy a poner todo eso?

Neko seguía añadiendo objetos de lo más aleatorio al intercambio.

—En tu carro. Y luego lo usas para masacrar a tus enemigos.

Ochotona abrió la boca muy grande y tomó aire muy audiblemente. Y después dijo muy, pero que muy bajito.


—Pero yo no tengo carro…

Neko dejó de poner objetos en el intercambio y después se giró lentamente a mirar a la merchant novata.
El grito que dio se oyó en toda la plaza. Por lo menos esta vez Ochotona se esperaba la reacción.

—¿¡Quéeeee!?
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Downtown District / Re: Act 1: Overture
« Last post by Kana on December 26, 2024, 06:16:26 PM »

—Un poco más de rubor nunca va a ser un pecado— La rubia curvó las cejas y apretó los labios en una línea recta, demasiado concentrada para prestar atención en otra cosa que no fuera el rostro de la estrella sentad frénele a ella. —¡AH!
—¿Qué pasa?— Alissa pregunta preocupada, el gritillo de Misa la perturbó.
—¡Es que soy la mejor maquilladora de todas!— deja la brocha sobre el tocador, toma su teléfono celular y comienza a grabar un Live. Pone la cámara en selfie y se graba a ella y a Alissa, para luego dar vueltas en círculos. —Aquí estoy de nuevo! Como pueden ver, ya he terminado de maquillar a la hermosa Alissa quien está lista para su presentación de hoy. Denme like si les gustó mi trabajo y síganme para que no se pierdan mis videos. Xoxo!— cortó la transmisión —Muchas personas están viendo los videos.—
Misa era la mas emocionada con esas oportunidades. Era una influencer en ascensión y maquilladora. Por otro lado, contaba con la ventaja de ser amiga desde la escuela de la cantante Alissa.
—Gracias por maquillarme, MisaMisa— sonrió Alissa, la joven se contempló en el reflejo del espejo fijándose que todo estuviera en orden.
—Me encanta maquillarte, ya sea para una presentación como cantante o como cuando te quieres infiltrar en la ciudad como ciudadana común y corriente. ¿Cómo te fue en tu última escapada?
—Bien, se podría decir.
—Uy, no suenas muy convencida.
—O sea, nadie me descubrió. Pero tuve que compartir mesa con un chico en la tienda de udon y yo quería privacidad. Me hizo preguntas y no estuve tan cómoda pero después no sé como terminé conversando con él.
—¡Que bien, Lissa-chan! Puede ser la oportunidad para que conozcas a un buen chico.
—Oye, tampoco seas tan drástica.
—No es ser drástica, solo que…— la rubia bajo su efusividad —Puede ayudarte a superar lo que pasó
—Todavía es muy pronto para ir a conocer a otro chico, Misa— Alissa suspiró, entendía que las intenciones de Misa eran buenas pero ella iba a un ritmo más cuidadoso que el que esperaba la rubia.
—Bueno, cambiando de tema. Espero que destruyas a esa bitch de Asuka en el ranking. Siempre fuiste la mejor de la banda y esas envidiosas
—¡Estoy hecha todo nervios! Sólo te lo digo a ti, pero me pone ansiosa tener que salir Justo después de Lillia, mi ex bandgirl. Uff, fuera de aquí tengo que seguir mostrándome fuerte y engreída para que no se sientan superior a mi.
—Haberte hecho solista las llenó de envidia.— Misa se rio de esas tontas.
En ese momento, un coordinador golpeó la puerta indicándole a Alissa que ya debía salir. Alissa dejo su teléfono celular sobre el tocador, Misa la siguió y la grabaría tras bambalinas.



—¡Woah! Esa presentación fue fantástica— Misa todavía flasheaba con el show de su amiga Alissa. Las dos entraron de regreso en el camarino de la cantante. —Todos mis seguidores amaron la presentación. Simplemente eres grandiosa y Misa-chan tiene mucho que ver en tu éxito.
—Así es— le dio unas palmaditas en la cabeza de la rubia —Gracias MisaMisa por tu apoyo. — Alissa fue hasta el tocador y tomó su teléfono celular el cual había dejado allí. Chequeó todas las interminables llamadas y mensajes que tenía allí, mientras pasaba el dedo por la pantalla y su rostro se iluminaba por el brillo del teléfono, notó un número que no tenía registrado pero que se lo sabia de memoria.

Hace un año que no se comunicaban ninguno de los dos, ¿por qué él la llamaría? Dudo si devolverle la llamada. Quiza marcó por equivocación.
Pero una corazonada fue más potente que la razón. Llamó al número sin mucha fe, puesto que la llamada que él le hizo fue hace horas.
Abrió los ojos sorprendida cuando le contestaron después de un rato. No iba a negar que tenia miedo, su corazón le latió rápido y un temblor se apodero de su cuerpo. Estaba angustiada, tenia miedo del contenido de esa llamada.
—¿Hola?
—¿…Kazutora?— Alissa se demoró en hablar. —¿Por qué me llamaste? — preguntó seria la cantante, aunque por dentro tenia mucho miedo. La ultima vez que Kazutora la llamó esa llamada la destrozó por dentro cuando le comunicó una terrible noticia.
Esos recuerdos volvieron a su mente. Una noche de lluvia, una llamada de madrugada, Kazutora comunicándole la peor noticia del mundo, ella cayendo de rodillas en shock sin contener las lágrimas.
Era imposible que le dijera hoy algo peor que esa vez.
—…Lo siento, me equivoqué de número.— respondió ronco, después de un momento demasiado largo de silencio. —Perdón
—Entiendo.
—Adiós
—¿Estás…bien?—
Lo escuchaba arrastrando las palabras, con la voz apagada y extraño. No hablaba con él hace años, pero intuía que algo le sucedía. No quería pensar que Kazutora estuviera en problemas a esa altura, el chico rebelde y autodestructivo desapareció después de irse de Lost Heaven, sabia por otros que en MoonLight Kazutora estaba más tranquilo y maduro. Pero escucharlo así, le recordó a esos tiempos de antaño cuando se hacia daños a si mismos con conductas de riesgo.
—Sí
—¿Seguro?
—…— De nuevo una pausa demasiado larga que crea incertidumbre —La verdad…no. Pienso en él a menudo… Me siento culpable, Alissa, por él y por ti. Hoy lo recordé más que nunca… Y no sé si estoy en el lugar correcto.
—¿Dónde estas?
—Alissa… No quiero que pierdas el tiempo.
—Dame la dirección— El tono de Alissa fue tajante y severo. Kazutora dudo mucho en responder a su pregunta pero se decidió después a darle una ubicación. Alissa le cortó no sin antes indicarle que no se moviera de allí. —Misa
—Dime—Se estaba entreteniendo comiéndose los bombones que le mandaron a Alissa pero no pasó por alto la preocupación de su amiga en toda la llamada que tuvo.
—Necesito que me acompañes a un lugar ahora.
—¡P-Pero, p-ero!— Casi se atraganta con un chocolate —ahora viene tu entrevista y después la fiesta VIP, ¡no puedes dejar a los reporteros botados!
—Es una emergencia.— tomó su abrigo y sus cosas, fue hasta la puerta. —Tienes que venir conmigo porque no puedo ir sola a esos lugares… Además, me lo vas a agradecer cuando veas con quien me voy a reunir.— sonrió, encantadora como siempre.
78
Listas y Probaciones / Re: New Probation Time!
« Last post by Cho on December 25, 2024, 01:24:41 AM »
Hola a todas, vengo a avisar que el stop sign será dejado el martes 31 de diciembre a las 10:00pm hora México d.f.

Countdown

¡Feliz navidad, chicas!
79
HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Cho on December 15, 2024, 02:06:27 PM »

Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

Sayi :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 1759 palabras
Kana :: 1469 palabras
Eureka :: 0 palabras
Puri :: 702 palabras
Mimi Tachikawa :: 1238 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 0 palabras


Now, let's carry on with those big HiME dreams...
80
Listas y Probaciones / Re: New Probation Time!
« Last post by Cho on December 15, 2024, 02:04:38 PM »
Este es el conteo total del mes de Noviembre 2024

*header*

Quote
Sayi :: 0 palabras
Kora :: 0 palabras
Cho :: 1759 palabras
Kana :: 1469 palabras
Eureka :: 1043 palabras
Puri :: 702 palabras
Mimi Tachikawa :: 1238 palabras
Neko :: 1350 palabras
Airin :: 830 palabras
Apple :: 1428 palabras
Miyu :: 2056 palabras



Main Projects

A continuación el conteo para los proyectos principales:


MMORPG: Neverland
C  O  N  T  E  O

República de las Naciones Unidas
C  O  N  T  E  O

One-Shot Project
C  O  N  T  E  O
Kora :: 0 palabras
Neko :: 1350 palabras
Airin :: 830 palabras
Shruikan :: 0 palabras
Eureka :: 0 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 0 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Sayi :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 0 palabras
Kana :: 0 palabras
Eureka :: 0 palabras
Puri :: 0 palabras
Mery :: 0 palabras
Neko :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras



Side Projects

Y ahora el conteo para los proyectos secundarios~


HiMEverse
C  O  N  T  E  O

Downtown District
C  O  N  T  E  O

Seeds in the Garden
C  O  N  T  E  O
Sayi :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 1759 palabras
Kana :: 1469 palabras
Eureka :: 0 palabras
Puri :: 702 palabras
Mimi Tachikawa :: 1238 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 0 palabras
Sayi :: 0 palabras
Kora :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 0 palabras
Kana :: 4814 palabras
Eureka :: 0 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 0 palabras
Kora :: 0 palabras
Neko :: 0 palabras
Airin :: 0 palabras 
Shruikan :: 0 palabras

Moonlight Garden
C  O  N  T  E  O

Patio de Juegos
C  O  N  T  E  O

Actividades
C  O  N  T  E  O
Eureka :: 1043 palabras
Miyu :: 2056 palabras



Las palabras se agregarán a su contador y podrán ser usadas en el tema de canje de palabras.

Happy writing~
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