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Listas y Probaciones / Re: New Probation Time!
« Last post by Cho on June 30, 2026, 11:58:31 PM »
Probaciones pronto.
Un millón de disculpas por la tardanza (...)
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Unidad de Investigación y Control / Re: Unidad de Investigación y Control — Registro de incidentes y malas decisiones
« Last post by Haruhin on June 30, 2026, 09:43:31 PM »SIDE STORY: 01_1



Fidelio y Fujieda compartieron una mirada por un instante. No se había hecho nada excepcional para que repentinamente el sujeto ahora llamado “Towa” quisiera colaborar.
—Bien. Towa. — Se corrigió Fujieda inmediatamente al reactivar el canal de voz. —Ahora que tenemos tu atención, ¿crees que puedas colaborar con nosotros? No tenemos intención de hacerte daño. Todo lo contrario, quisiéramos encontrar una manera de ayudarte. Mi subordinado aquí me comentaba que llegaste anoche en muy mal estado. —
Towa tras el cristal mantuvo su expresión parca y sin emitir alguna palabra. Era evidente que seguía desconfiando de ellos. Ante eso, Fujieda intentó seguir el hilo de conversación.
—¿Hay algo que quieras compartirnos? El equipo médico ayer hizo sus esfuerzos por estabilizarte, pero aparentemente los imposibilitaste de cumplir con el procedimiento completo. ¿Quisieras hablar acerca de eso? —
—No hay darle demasiadas vueltas a eso. Sus insistencias eran agotadoras, repetían una y otra vez si es que me encontraba bien. — Explicó Towa.
—¿Y qué estabas esperando que hicieran? Su trabajo es precisamente asegurar que te encuentres estable. — Interrumpió acotadamente Fidelio con una mueca, sin poder tragárselo. Fujieda tuvo que ponerle su mano libre en el hombro en un discreto llamado de atención.
—Es su trabajo asegurarse de que efectivamente te encuentras en óptimas condiciones, Towa. No volverán a “insistirte” mientras colabores con el equipo. Y para hacer más breve esta charla, te pedimos un poco de colaboración.—
Fidelio aprovechó para mirar de reojo una vez más a su jefe. Desde esa posición sí podía notar que se notaba interesado en el procedimiento. ¿De qué se estaba perdiendo que no se enteraba de nada? ¿El tipo tras el cristal realmente era tan interesante? Al día por las instalaciones del departamento pasaban criaturas todavía más llamativas a su parecer que el que tenían en frente en dicho momento.
—No quiero sonar demasiado rudo con lo que voy a mencionar, pero eres el único ejemplar que hemos extraído de Shinkoumi con vida, en el tiempo que llevamos investigando la zona.—
—Les hará falta algo más delicadeza con sus equipos. He tenido suerte nada más. —
—No ha sido eso solamente eso, Towa. Es algo serio, por favor. — Fujieda frunció tenue el ceño. —Shinkoumi es una isla artificial, creemos que bajo sus cimientos se encuentra una anomalía de alta categoría, algo que no se puede tomar a la ligera. Entre sus características es posible que esté infectando paulatinamente de manera parasitaria a los habitantes de la isla para acumular reservas de energía suficiente para encontrar una forma de abandonar Shinkoumi y desplazarse a otras costas. Eso es algo que no podemos permitir.—
—Eso sigue sin responder la pregunta por la que yo estoy encerrado aquí. — Acotó Towa.
—Mientras estabas inconsciente te hicimos un escaneo completo. Tus pruebas sanguíneas arrojaron elevadas concentraciones de miasma, básicamente, con la cosa que está pegada como una sanguijuela a la isla de Shinkoumi. — Intervino Fidelio con una mueca. —Estás siendo un huésped de una porción de ese bicho. Si no has llegado en una bolsa de cadáveres hasta aquí, es porque seguramente es una infección a etapa temprana y puede tratarse. A lo que el señor Fujieda quiere llegar, me imagino, es que colabores con nosotros para dar con la ubicación exacta de esa cosa mientras nosotros trabajamos en la forma de curar tu infección. — El de cabello más corto le dio una mirada a su superior. —¿O me equivoco, señor?
—No. Creo que lo has resumido bastante bien. La situación es delicada y apremia establecer un equipo con experiencia. — Fujieda hizo una pausa para dar un ligero suspiro y ajustarse las gafas. —De momento es tu mejor opción, Towa. Esperaremos tu respuesta dentro de 24 horas. —
—¿Qué sucederá conmigo si no obtienen respuesta luego de ese plazo? — Towa cuestionó, pero Fujieda no le dio ninguna respuesta ya que soltó el botón del intercomunicador. Presionar todavía más a la anomalía no le haría conseguir la respuesta que buscaba. Debía de actuar con precaución. —Magnus, por favor solicita el traslado de la anomalía a su celda de contención. Procedan con precaución, no pueden ocurrir incidentes como el del equipo médico el día de ayer.—
—Entendido. —
MAIN STORY: #03

El equipo ya había sido despachado y todavía tenía algunas horas para preparar su equipaje antes de que fueran enviados a Geamăna. Se estaba mentalizando con lo que tendría que empacar para que nada le hiciera falta durante esos dos días en terreno cuando se distrajo con lo que su compañero Albatross comentaba con tanta naturalidad una vez que quedaron solos dentro de la sala de reuniones.
Él definitivamente llevaba más tiempo en la U.I.C, se notaba en lo relajado que estaba con la tarea encargada por el señor Fujieda. Como si ir a cazar fantasmas fuera comparable con algo tan simple como ir a comprar el pan.
– ¡¿Tomarnos selfies con los fantasmas?! – Repitió Vane consternado. – No, eso definitivamente no estaría bien. ¿Q-Qué tal si luego nos tiran un mal de ojo por algo así? – Podía ser posible… ¿no? Si realmente con lo que se iban a encontrar en Rumania eran fantasmas, entonces mínimo alguna tétrica habilidad de ese estilo tendrían que tener.
–Me están haciendo considerar que deberíamos pedir por si acaso algún kit para exorcismos. No sé si existen con ese hombre, pero debería existir algo parecido con sal y talismanes con los que protegernos. –
Yuup. Ya lo había decidido. Una vez saliera a su cuarto por su equipaje, esa sería de las primeras cosas que se preocuparía por conseguir. No quería que luego le sumasen adicionalmente otra clase de responsabilidades por traerse en el cuerpo alguna de esas entidades raras del exterior.
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HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Eureka on June 30, 2026, 07:58:05 PM »Qué mes u_u
Eureka flexionó las piernas, acomodando su vestido para que las cubriera tanto como podía. Ni bien encontró una pose cómoda, las abrazó en un intento de abrigarse aún más, puesto que había empezado a sentir un poco de frío por culpa de la brisa y no tenía nada para cubrirse. En ese momento, se arrepentía de no haber llevado al menos una chompa o un saco, pero había salido tan apurada que ni había contado con el tiempo suficiente como para pensar en ese pequeño detalle.
Además… su plan original había sido solo ir a la cena, dejar a Neuvillette con Lelouch en la mansión Vi Britannia y, al final, regresar a la mansión HiME…
Pero todo le había salido al revés.
“…Sería lindo poder hacer un brindis o algo así, pero no tenemos nada más que el pastel.” Eureka suspiró. “Ni puedo enviarle un mensaje a Mama para que traiga vasos y algo de tomar porque dejé mi celular en el Jeep y… me da demasiada flojera regresar al carro.”
“Si gustas, yo le digo. Aunque no sé cuál es su número.”
“No me lo sé de memoria, genio. Supongo que le enviaré mis deseos a través de ondas telepáticas…” Entre risas, la HiME se presionó las sienes con los dedos índices. “¡Iiih! ¡Madara, trae algo de tomar! ¡Si está calientito, aún mejor!”
“Pfff.” Oikawa sonrió de lado. “Un poco más y le pedirás el sabor de té y la marca.”
“¡Ah! ¡Buena idea! ¡Madara, trae té de frutos rojos!”
“Jaja, Eureka-chan… a veces puedes ser muy ti…”
Oikawa se llevó las manos a la boca antes de decir semejante disparate.
¡¿<Tierna>?!
¡¿Qué rayos le estaba pasando esa noche?! El chico no entendía muy bien por qué, pero sentía que el ambiente tranquilo e íntimo que estaban compartiendo lo estaba motivando a ser más sincero de lo usual. Tal vez en unos meses, un momento como este habría sido perfecto para decirle lo que sentía, pero en estas circunstancias, era demasiado desatinado. Al fin y al cabo, Eureka estaba molesta y triste con su ex. Había pasado por una mala experiencia por culpa del inglés y lo último que necesitaba era sumarle más problemas innecesarios y momentos incómodos a su penas existentes.
Además, era obvio que no era mutuo. Su amiga seguía pensando en Lelouch y también se notaba que le gustaba un poco cierto cantante. Cantante que, en cualquier momento, regresaría de su misión de encontrar una toalla para Neuvillette.
“¿Qué?” Eureka arqueó una ceja. “¿Ti…?”
“Tiiii… ¿NoteintrigasaberporquéMadara-chanseestádemorandotanto?”
“¿Eh?” La confusión en su rostro era visible. “No sé. ¿Tal vez no le quieren prestar una toalla? Y no los culparía. A mí también me asustaría que un completo extraño entre al hotel donde trabajo en plena madrugada para pedirme una toalla. ¿Quién en su sano juicio se metería al mar a estas horas?”
“Yo lo haría si estuviéramos en verano. De hecho, quise hacerlo durante el viaje que hicimos por mi cumpleaños.”
“¿Pero no estuvimos en la playa de noche?” Eureka lo observó, intrigada.
“Sí, pero no nos quedamos hasta la madrugada.”
“Ah… bueno, es cierto. Creo que regresamos a la casa antes de las 11 o algo así. ¿Y por qué no te animaste a ir después? ¿O te quedaste dormido?”
“Porque no quería ir solo…” se lamentó Oikawa. “Eso iba a sonar muy patético, ¿no crees?”
“Nah. ¿Quién te habría juzgado por ir a hacer eso por tu cuenta? ¡Estábamos en verano! Hasta las noches eran calientes. Además, pudiste haberme avisado. Te habría acompañado.”
“Bueno, ahora sé que estás dispuesta a hacerlo.” Oikawa le sonrió. “Así que será para la próxima.”
“¡Ajá!” Eureka le sonrió. “Aunque preferiría que viajáramos a otro lugar en la época de tu cumpleaños. Un día de estos, el calor de Japón me asará hasta no dejar rastro…”
“Sería lindo planear un viaje al extranjero para las vacaciones de verano del año que viene. Pero primero… tenemos que encontrar un departamento.” Oikawa suspiró. “Eso es lo más importante ahora.”
“Sí…”
Eureka volteó el rostro de nuevo hacia el mar, pensativa. Su expresión llena de reflexión pasó a mostrarse acongojada, pero no tardó en recuperar la sonrisa tranquila de hacía unos instantes solo para despistar un poco a su amigo. No quería preocuparlo más de lo que ya lo había hecho.
Al menos… no aún.
Parecía que ese era el momento perfecto para decirle la verdad. La charla con Lelouch le había hecho recordar que no servía de nada guardarse las cosas bajo la excusa de proteger al resto si al final los iba a lastimar de todos modos. En vez de postergar las discusiones complejas y dolorosas, lo mejor era sincerarse con el otro y contarles sus secretos sin tapujos antes de que fuera demasiado tarde.
No quería que Oikawa la resintiera. Aunque conociéndolo, era imposible que lo hiciera. Sin embargo, de seguro creería que Eureka no le habría contado nada porque no confiaba en él. Y tal vez eso lo presionaría a esforzarse de más para poder asistirla en la lucha y protegerla. Pero sus buenas intenciones sonaban contraproducentes en esos momentos, cuando estaban a miras del Campeonato Interuniversitario de Vóley. Era la ocasión perfecta para que Oikawa se luciera y mostrara sus habilidades en la cancha. Así, captaría la atención de algún reclutador que le permitiría jugar en la selección nacional como Ushijima.
Ah, claro. Ese era el motivo por el cual no le había contado nada… y no había pensado en hacerlo por mucho tiempo. No quería distraerlo de sus objetivos y sus metas porque sabía que, a diferencia de Lelouch, Oikawa sí era capaz de poner en pausa sus planes a futuro solo para ayudarla.
Y quizás por eso se merecía aún más ser capaz de luchar por sus sueños y llegar muy lejos.
Le pareció irónico concebir la idea de buscarse un nuevo key justo cuando había nacido Neuvillette ese día, pero… tal vez era necesario. Y si bien entendía que del dicho al hecho había mucho trecho, no quería retener a Oikawa e impedirle que lograra lo que tanto había ansiado durante toda su vida.
Qué gracioso. Lelouch le había dado a entender que era tan egoísta como él… y estaba muy equivocado. Era tan sencillo ser solidaria cuando la otra persona también la consideraba.
“Oye, Oikawa…” Eureka se giró hacia él, un poco temerosa. Si bien no quería espantarlo con lo que iba a decir, sabía que lo desanimaría… y hasta podría meterlo en problemas con Iwaizumi. “Después de pensarlo un poco, creo… que le pediré ayuda a mi hermano.”
“¿Eh? ¿De qué hablas?” Oikawa se veía un poco confundido con sus palabras. “¿Ayuda con qué?”
“Con el tema de la vivienda. Creo que tiene un cuarto libre en su departamento. Podría pedirle a él y a Tatara que cuiden a Neuvillette por un tiempo… hasta que convenza a mi mamá de rentarme un departamento con dos cuartos. Tal vez si él interviene, lograré que ceda y…”
“¡¿Eh?! ¡¿Por qué?! ¡Pero ya le dije a Iwa-chan que…!”
“Lo sé.” Eureka suspiró. “Y lo siento… no quería meterte en aprietos. Pero creo que este problema podría ayudarme a reconectar con mi familia. Los he mantenido alejados de mi vida por andar muy metida en mis cosas y me parece que es un poco injusto. La verdad, no los he visto desde el viaje a Singapur. Y aunque Tatara y Anna de seguro no me resienten, Mikoto…”
“Claro, eso lo entiendo. Es solo que… no sé, supongo que el repentino cambio de parecer se me hace un poco extraño. ¿Hice algo malo…?” La preocupación en su rostro la descolocó un poco.
“¡No, no!” Eureka batió las manos para reforzar sus palabras. “¡No has hecho nada! Al contrario, me has apoyado y lo sigues haciendo.” La HiME deslizó su mano hasta encontrar la de su amigo y la acarició con una sonrisa en el rostro. “Aprecio muchísimo tu amistad. Has estado ahí para mí cuando nunca fue tu obligación… ¡Hasta secuestraste a un niño junto conmigo y Hizumi!”
“Y terminé en las noticias.” Oikawa le sonrió, más contento de lo que ese enunciado debería haberlo puesto.
“¿Ves? No puedo exigirte nada más. En la tarde hablamos sobre el Incore… y pensé que quería apoyarte aún más de lo que ya lo hago en el club. Pero creo que cada vez te ocasiono más y más problemas. Es un poco contradictorio, ¿no crees? Mis pensamientos hicieron que Neuvillette naciera… y ahora… me estoy cuestionando si de verdad puedo ayudarte tanto como tú me has ayudado a mí.”
“Bueno, no es una competencia, creo.” Sin soltar su mano, Oikawa se giró hacia el mar, divisando a lo lejos al Child. “Cada uno tiene que dar lo que puede dar. Nunca sería capaz de exigirte más si no puedes. Y que te levantes a las cinco y media de la mañana casi todos los días de la semana para apoyarnos en el club me parece sumamente valioso. La verdad, si te soy sincero… al inicio no pensé que te quedarías con nosotros por tanto tiempo. No por ti, claro. Sino porque el equipo está lleno de pesados.”
“Y ahora peor…” Eureka rio. “Pero está bien. Quiero creer que Kokichi no volverá a volar el gimnasio en pedazos.”
“Yo también…” Oikawa suspiró. “Yo también.”
Las pisadas en la arena que comenzaron a escuchar amenazaban con acercarse muy pronto a ellos. Aquel sonido motivó a Eureka a soltar su agarre y retirar su mano tan solo por precaución. Al fin y al cabo, Madara era pesado y existía la probabilidad de que malinterpretara ese gesto platónico entre ella y su amigo. De ninguna manera le daría la oportunidad de pasarse con sus comentarios. Ser tan cariñosa con su key había sido vergonzoso de por sí… y no quería que nadie resaltara el gesto o ahondara en este como si se tratara de algo grandioso.
Sin embargo, Oikawa se giró a observarla, confundido.
La mirada de Eureka intentó transmitirle un mensaje.
“¡Ahí viene Madara! ¡No podemos dejar que nos vea así o nos molestará!”
La confusión en el rostro de su amigo solo se intensificó.
“…” Eureka se llevó una mano a la frente, decepcionada.
“¡Eureka-san! ¡Tooru-san!” La voz enérgica de Madara hizo que se giraran un poco para ver a su portador.
Madara estaba cada vez más cerca de ellos y, para el alivio de ambos, cargaba un par de toallas dobladas.
“¿Te las prestaron?” preguntó Eureka, curiosa.
“¡No!” Madara sonrió… y la HiME se aguantó las ganas de lanzarse a ahorcarlo. “Me olvidé que muchos hoteles ya no cuentan con personal a estas horas de la madrugada, así que no había nadie a quien pudiera pedirle ese favor. Entonces, se me ocurrió una brillante idea: podía reservar una noche en una de las habitaciones. ¡Al lado de la pantalla de reserva, tienen un pequeño lócker que se desbloquea al confirmar el pago! Y en cada casillero, hay una tarjeta distinta.”
“Eso suena… como un love hotel.” Eureka lo miró con recelo.
“Creo que algunos hoteles están adoptando ese sistema porque así es más fácil lidiar con los oficinistas que llegan tarde a hacer su check-in luego de tomar el último shinkansen.”
“Ah… eso tiene más sentido.” Eureka asintió. “Pero dejando eso a un lado… ¿supongo que entraste al cuarto y sacaste las toallas del baño?”
“¡Ajá!” Madara colocó las toallas en el mantel para poder sacarse los zapatos y sentarse al lado de ambos.
“¿Y qué harás después de que las usemos? ¿Vas a ser el huésped fantasma y se las devolverás al hotel sin dejar rastro? ¿O te piensas quedar a dormir acá en Yuigahama?”
“Am… la verdad, también les reservé cuartos a ustedes,” comentó, mientras al fin tomaba asiento al otro lado de la HiME. “¡Ah, cierto!”
El cantante se alejó de ella para poder quitarse el saco y colocárselo en los hombros.
“Note que tenías frío.”
“¿Y tú no?”
“¡No! ¡Mama es invencible!”
“Puedes ser invencible y morirte de frío, ¿sabes?”
“¡Jajaja! ¡Eso no tiene sentido!”
“¡Un momento!” Oikawa interrumpió su riña carente de lógica. “Dijiste que… nos reservaste cuartos.”
“¡Sí! Tengo las tarjetas de acceso en mi bolsillo. Es solo una noche, así que no se preocupen. Pensé que lo mejor sería dormir unas horas y partir de regreso a Tokio a las seis de la mañana.”
“¡Pero mañana es jueves! ¡Eureka-chan y yo tenemos entrenamiento del equipo de vóley!”
“No nos quedará más opción que llegar un poco tarde.”
“¡NOOO! ¡IWA-CHAN ME VA A MATAR!”
“A veces ser padre es difícil,” le dijo Eureka, dándole un par de palmaditas en el hombro. “¡Pero mira el lado positivo! Neuvillette se está bañando en el mar y está muy feliz.”
El canto alegre del dragón resonó con fuerza, como si los hubiera escuchado y estuviese confirando las palabras de su ama.
“…Sí, es cierto.”
Oikawa se permitió esbozar una sonrisa pese al pequeño problema que lo acecharía en la mañana.
Eureka flexionó las piernas, acomodando su vestido para que las cubriera tanto como podía. Ni bien encontró una pose cómoda, las abrazó en un intento de abrigarse aún más, puesto que había empezado a sentir un poco de frío por culpa de la brisa y no tenía nada para cubrirse. En ese momento, se arrepentía de no haber llevado al menos una chompa o un saco, pero había salido tan apurada que ni había contado con el tiempo suficiente como para pensar en ese pequeño detalle.
Además… su plan original había sido solo ir a la cena, dejar a Neuvillette con Lelouch en la mansión Vi Britannia y, al final, regresar a la mansión HiME…
Pero todo le había salido al revés.
“…Sería lindo poder hacer un brindis o algo así, pero no tenemos nada más que el pastel.” Eureka suspiró. “Ni puedo enviarle un mensaje a Mama para que traiga vasos y algo de tomar porque dejé mi celular en el Jeep y… me da demasiada flojera regresar al carro.”
“Si gustas, yo le digo. Aunque no sé cuál es su número.”
“No me lo sé de memoria, genio. Supongo que le enviaré mis deseos a través de ondas telepáticas…” Entre risas, la HiME se presionó las sienes con los dedos índices. “¡Iiih! ¡Madara, trae algo de tomar! ¡Si está calientito, aún mejor!”
“Pfff.” Oikawa sonrió de lado. “Un poco más y le pedirás el sabor de té y la marca.”
“¡Ah! ¡Buena idea! ¡Madara, trae té de frutos rojos!”
“Jaja, Eureka-chan… a veces puedes ser muy ti…”
Oikawa se llevó las manos a la boca antes de decir semejante disparate.
¡¿<Tierna>?!
¡¿Qué rayos le estaba pasando esa noche?! El chico no entendía muy bien por qué, pero sentía que el ambiente tranquilo e íntimo que estaban compartiendo lo estaba motivando a ser más sincero de lo usual. Tal vez en unos meses, un momento como este habría sido perfecto para decirle lo que sentía, pero en estas circunstancias, era demasiado desatinado. Al fin y al cabo, Eureka estaba molesta y triste con su ex. Había pasado por una mala experiencia por culpa del inglés y lo último que necesitaba era sumarle más problemas innecesarios y momentos incómodos a su penas existentes.
Además, era obvio que no era mutuo. Su amiga seguía pensando en Lelouch y también se notaba que le gustaba un poco cierto cantante. Cantante que, en cualquier momento, regresaría de su misión de encontrar una toalla para Neuvillette.
“¿Qué?” Eureka arqueó una ceja. “¿Ti…?”
“Tiiii… ¿NoteintrigasaberporquéMadara-chanseestádemorandotanto?”
“¿Eh?” La confusión en su rostro era visible. “No sé. ¿Tal vez no le quieren prestar una toalla? Y no los culparía. A mí también me asustaría que un completo extraño entre al hotel donde trabajo en plena madrugada para pedirme una toalla. ¿Quién en su sano juicio se metería al mar a estas horas?”
“Yo lo haría si estuviéramos en verano. De hecho, quise hacerlo durante el viaje que hicimos por mi cumpleaños.”
“¿Pero no estuvimos en la playa de noche?” Eureka lo observó, intrigada.
“Sí, pero no nos quedamos hasta la madrugada.”
“Ah… bueno, es cierto. Creo que regresamos a la casa antes de las 11 o algo así. ¿Y por qué no te animaste a ir después? ¿O te quedaste dormido?”
“Porque no quería ir solo…” se lamentó Oikawa. “Eso iba a sonar muy patético, ¿no crees?”
“Nah. ¿Quién te habría juzgado por ir a hacer eso por tu cuenta? ¡Estábamos en verano! Hasta las noches eran calientes. Además, pudiste haberme avisado. Te habría acompañado.”
“Bueno, ahora sé que estás dispuesta a hacerlo.” Oikawa le sonrió. “Así que será para la próxima.”
“¡Ajá!” Eureka le sonrió. “Aunque preferiría que viajáramos a otro lugar en la época de tu cumpleaños. Un día de estos, el calor de Japón me asará hasta no dejar rastro…”
“Sería lindo planear un viaje al extranjero para las vacaciones de verano del año que viene. Pero primero… tenemos que encontrar un departamento.” Oikawa suspiró. “Eso es lo más importante ahora.”
“Sí…”
Eureka volteó el rostro de nuevo hacia el mar, pensativa. Su expresión llena de reflexión pasó a mostrarse acongojada, pero no tardó en recuperar la sonrisa tranquila de hacía unos instantes solo para despistar un poco a su amigo. No quería preocuparlo más de lo que ya lo había hecho.
Al menos… no aún.
Parecía que ese era el momento perfecto para decirle la verdad. La charla con Lelouch le había hecho recordar que no servía de nada guardarse las cosas bajo la excusa de proteger al resto si al final los iba a lastimar de todos modos. En vez de postergar las discusiones complejas y dolorosas, lo mejor era sincerarse con el otro y contarles sus secretos sin tapujos antes de que fuera demasiado tarde.
No quería que Oikawa la resintiera. Aunque conociéndolo, era imposible que lo hiciera. Sin embargo, de seguro creería que Eureka no le habría contado nada porque no confiaba en él. Y tal vez eso lo presionaría a esforzarse de más para poder asistirla en la lucha y protegerla. Pero sus buenas intenciones sonaban contraproducentes en esos momentos, cuando estaban a miras del Campeonato Interuniversitario de Vóley. Era la ocasión perfecta para que Oikawa se luciera y mostrara sus habilidades en la cancha. Así, captaría la atención de algún reclutador que le permitiría jugar en la selección nacional como Ushijima.
Ah, claro. Ese era el motivo por el cual no le había contado nada… y no había pensado en hacerlo por mucho tiempo. No quería distraerlo de sus objetivos y sus metas porque sabía que, a diferencia de Lelouch, Oikawa sí era capaz de poner en pausa sus planes a futuro solo para ayudarla.
Y quizás por eso se merecía aún más ser capaz de luchar por sus sueños y llegar muy lejos.
Le pareció irónico concebir la idea de buscarse un nuevo key justo cuando había nacido Neuvillette ese día, pero… tal vez era necesario. Y si bien entendía que del dicho al hecho había mucho trecho, no quería retener a Oikawa e impedirle que lograra lo que tanto había ansiado durante toda su vida.
Qué gracioso. Lelouch le había dado a entender que era tan egoísta como él… y estaba muy equivocado. Era tan sencillo ser solidaria cuando la otra persona también la consideraba.
“Oye, Oikawa…” Eureka se giró hacia él, un poco temerosa. Si bien no quería espantarlo con lo que iba a decir, sabía que lo desanimaría… y hasta podría meterlo en problemas con Iwaizumi. “Después de pensarlo un poco, creo… que le pediré ayuda a mi hermano.”
“¿Eh? ¿De qué hablas?” Oikawa se veía un poco confundido con sus palabras. “¿Ayuda con qué?”
“Con el tema de la vivienda. Creo que tiene un cuarto libre en su departamento. Podría pedirle a él y a Tatara que cuiden a Neuvillette por un tiempo… hasta que convenza a mi mamá de rentarme un departamento con dos cuartos. Tal vez si él interviene, lograré que ceda y…”
“¡¿Eh?! ¡¿Por qué?! ¡Pero ya le dije a Iwa-chan que…!”
“Lo sé.” Eureka suspiró. “Y lo siento… no quería meterte en aprietos. Pero creo que este problema podría ayudarme a reconectar con mi familia. Los he mantenido alejados de mi vida por andar muy metida en mis cosas y me parece que es un poco injusto. La verdad, no los he visto desde el viaje a Singapur. Y aunque Tatara y Anna de seguro no me resienten, Mikoto…”
“Claro, eso lo entiendo. Es solo que… no sé, supongo que el repentino cambio de parecer se me hace un poco extraño. ¿Hice algo malo…?” La preocupación en su rostro la descolocó un poco.
“¡No, no!” Eureka batió las manos para reforzar sus palabras. “¡No has hecho nada! Al contrario, me has apoyado y lo sigues haciendo.” La HiME deslizó su mano hasta encontrar la de su amigo y la acarició con una sonrisa en el rostro. “Aprecio muchísimo tu amistad. Has estado ahí para mí cuando nunca fue tu obligación… ¡Hasta secuestraste a un niño junto conmigo y Hizumi!”
“Y terminé en las noticias.” Oikawa le sonrió, más contento de lo que ese enunciado debería haberlo puesto.
“¿Ves? No puedo exigirte nada más. En la tarde hablamos sobre el Incore… y pensé que quería apoyarte aún más de lo que ya lo hago en el club. Pero creo que cada vez te ocasiono más y más problemas. Es un poco contradictorio, ¿no crees? Mis pensamientos hicieron que Neuvillette naciera… y ahora… me estoy cuestionando si de verdad puedo ayudarte tanto como tú me has ayudado a mí.”
“Bueno, no es una competencia, creo.” Sin soltar su mano, Oikawa se giró hacia el mar, divisando a lo lejos al Child. “Cada uno tiene que dar lo que puede dar. Nunca sería capaz de exigirte más si no puedes. Y que te levantes a las cinco y media de la mañana casi todos los días de la semana para apoyarnos en el club me parece sumamente valioso. La verdad, si te soy sincero… al inicio no pensé que te quedarías con nosotros por tanto tiempo. No por ti, claro. Sino porque el equipo está lleno de pesados.”
“Y ahora peor…” Eureka rio. “Pero está bien. Quiero creer que Kokichi no volverá a volar el gimnasio en pedazos.”
“Yo también…” Oikawa suspiró. “Yo también.”
Las pisadas en la arena que comenzaron a escuchar amenazaban con acercarse muy pronto a ellos. Aquel sonido motivó a Eureka a soltar su agarre y retirar su mano tan solo por precaución. Al fin y al cabo, Madara era pesado y existía la probabilidad de que malinterpretara ese gesto platónico entre ella y su amigo. De ninguna manera le daría la oportunidad de pasarse con sus comentarios. Ser tan cariñosa con su key había sido vergonzoso de por sí… y no quería que nadie resaltara el gesto o ahondara en este como si se tratara de algo grandioso.
Sin embargo, Oikawa se giró a observarla, confundido.
La mirada de Eureka intentó transmitirle un mensaje.
“¡Ahí viene Madara! ¡No podemos dejar que nos vea así o nos molestará!”
La confusión en el rostro de su amigo solo se intensificó.
“…” Eureka se llevó una mano a la frente, decepcionada.
“¡Eureka-san! ¡Tooru-san!” La voz enérgica de Madara hizo que se giraran un poco para ver a su portador.
Madara estaba cada vez más cerca de ellos y, para el alivio de ambos, cargaba un par de toallas dobladas.
“¿Te las prestaron?” preguntó Eureka, curiosa.
“¡No!” Madara sonrió… y la HiME se aguantó las ganas de lanzarse a ahorcarlo. “Me olvidé que muchos hoteles ya no cuentan con personal a estas horas de la madrugada, así que no había nadie a quien pudiera pedirle ese favor. Entonces, se me ocurrió una brillante idea: podía reservar una noche en una de las habitaciones. ¡Al lado de la pantalla de reserva, tienen un pequeño lócker que se desbloquea al confirmar el pago! Y en cada casillero, hay una tarjeta distinta.”
“Eso suena… como un love hotel.” Eureka lo miró con recelo.
“Creo que algunos hoteles están adoptando ese sistema porque así es más fácil lidiar con los oficinistas que llegan tarde a hacer su check-in luego de tomar el último shinkansen.”
“Ah… eso tiene más sentido.” Eureka asintió. “Pero dejando eso a un lado… ¿supongo que entraste al cuarto y sacaste las toallas del baño?”
“¡Ajá!” Madara colocó las toallas en el mantel para poder sacarse los zapatos y sentarse al lado de ambos.
“¿Y qué harás después de que las usemos? ¿Vas a ser el huésped fantasma y se las devolverás al hotel sin dejar rastro? ¿O te piensas quedar a dormir acá en Yuigahama?”
“Am… la verdad, también les reservé cuartos a ustedes,” comentó, mientras al fin tomaba asiento al otro lado de la HiME. “¡Ah, cierto!”
El cantante se alejó de ella para poder quitarse el saco y colocárselo en los hombros.
“Note que tenías frío.”
“¿Y tú no?”
“¡No! ¡Mama es invencible!”
“Puedes ser invencible y morirte de frío, ¿sabes?”
“¡Jajaja! ¡Eso no tiene sentido!”
“¡Un momento!” Oikawa interrumpió su riña carente de lógica. “Dijiste que… nos reservaste cuartos.”
“¡Sí! Tengo las tarjetas de acceso en mi bolsillo. Es solo una noche, así que no se preocupen. Pensé que lo mejor sería dormir unas horas y partir de regreso a Tokio a las seis de la mañana.”
“¡Pero mañana es jueves! ¡Eureka-chan y yo tenemos entrenamiento del equipo de vóley!”
“No nos quedará más opción que llegar un poco tarde.”
“¡NOOO! ¡IWA-CHAN ME VA A MATAR!”
“A veces ser padre es difícil,” le dijo Eureka, dándole un par de palmaditas en el hombro. “¡Pero mira el lado positivo! Neuvillette se está bañando en el mar y está muy feliz.”
El canto alegre del dragón resonó con fuerza, como si los hubiera escuchado y estuviese confirando las palabras de su ama.
“…Sí, es cierto.”
Oikawa se permitió esbozar una sonrisa pese al pequeño problema que lo acecharía en la mañana.
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HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Mimi Tachikawa on June 30, 2026, 07:18:09 PM »Y llegué xDD
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El silencio volvió a sentirse dentro de la tienda.
Mayura seguía observando el pequeño muñeco de madera.
Por más que intentaba convencerse de que simplemente había rebotado sobre la caja, algo dentro de ella le decía que aquello no era una explicación suficiente.
Su intuición rara vez se equivocaba.
-Definitivamente aquí pasan cosas muy raras...- se cruzo de brazos-
Hinata sonrió con la misma tranquilidad de siempre mientras acomodaba unos viejos libros sobre el mostrador.
-Supongo que una tienda de antigüedades debe tener ese ambiente…-
- Es que no me refiero al ambiente...-
Mayura volvió a mirar el muñeco.
-Es como si...- La rubia no llegó a terminar la frase.
Una sensación helada recorrió lentamente la habitación, que la hizo temblar de la cabeza a la punta de los pies.
No era exactamente frío, era como si el aire se hubiera vuelto muy pesado
Los relojes antiguos dejaron de sonar al mismo tiempo.
El tic tac que llenaba la tienda desapareció.
Mayura levantó inmediatamente la cabeza.
Aquello sí era extraño.
Hinata también había dejado de moverse.
Su expresión relajada desapareció por un instante y Mayura lo notó.
-Hinata-kun…-la mirada de Mayura se volvió seria y preocupada-
Él dirigió la mirada hacia la puerta.
-Creo que vamos a tener una visita no deseada…-
La campanilla sonó.
Pero nadie había empujado la puerta.
Esta simplemente se abrió sola,una fuerte ráfaga de viento recorrió toda la tienda.
Los papeles sobre el mostrador salieron volando,las cortinas comenzaron a agitarse.
Y una figura apareció lentamente en la entrada.
Cabello rubio brillante, ojos rojos como rubíes, una sonrisa llena de arrogancia.
Vestía una chaqueta negra con detalles dorados y caminaba con una tranquilidad absoluta, como si el mundo entero le perteneciera.
Mayura frunció ligeramente el ceño.
No conocía a aquel joven, pero algo en él resultaba...Muy peligroso.
El recién llegado estaba recorriendo la tienda con una sola mirada, su expresión era de absoluto desinterés.
-Qué lugar tan vulgar…-
Mayura infló ligeramente las mejillas- Oye, no seas maleducado con este lugar misterioso…-
El rubio apenas desvió la vista hacia ella, dejando escapar una pequeña risa.
-No estaba hablando contigo …-
Mayura cruzó los brazos, visiblemente molesta.
-Pues yo sí estoy hablando contigo-
Hinata soltó un pequeño suspiro.
El desconocido volvió a observar a Mayura con un poco más de interés.
Durante unos segundos ninguno habló.
Hasta que una sonrisa apareció lentamente en el rostro del rubio.
-Ya veo…-
Mayura inclinó ligeramente la cabeza.
-Así que tú eres una Hime…-
El ambiente cambió de inmediato
-…..-Mayura reaccionó sorprendida-
Aquella palabra no era algo que una persona normal conociera.
Ahora en estos momentos no era la chica curiosa que había llegado por aburrimiento, ahora tenia que tomar la actitud de una Hime, lista para pelear y proteger a Hinata-
-¿Quién eres tú?-
El muchacho llevó una mano al pecho con elegancia exagerada.
-Gilgamesh...-Hizo una breve pausa- El Rey…-
Mayura parpadeó.
-¿El rey de qué? -haciendo una expresión de que no lo conocía de nada
Por primera vez Hinata tuvo que contener una risa, para no romper el ambiente
Gilgamesh permaneció completamente inmóvil.
Un pequeño tic apareció en su ceja- Obviamente seré el Rey del mundo entero.
-Sabes que eso suena muy presumido verdad? ...-
Gilgamesh terminó sonriendo.
-Interesante…normalmente las personas bajan la cabeza cuando hablo…-
-Pues déjame decirte que actualmente no soy una chica normal…-
-Eso puedo percibirlo con solo verte…-
Los cristales de una vitrina comenzaron a vibrar, Mayura dio un paso hacia delante de manera instintiva,había reconocido aquella sensación.
-Tu eres un Rebel…-
Hinata retrocedió discretamente, no sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo, pero recordaba los incidentes que habían sucedido en Hanasaki
-Mayura-senpai...-
Ella no apartó la vista del rubio.
-No te preocupes Hinata-kun…yo te protegere…-
Gilgamesh sonrió con satisfacción.
-Excelente que sepas quien soy yo…así no tendré que explicarte nada…-
Una luz dorada apareció alrededor de él.Detrás de su espalda comenzaron a formarse lentamente varios círculos brillantes.
Como puertas suspendidas en el aire.
Mayura sintió un escalofrío,no sabía qué eran exactamente, era la primera vez que tenía a un rebel con un poder tan particular como ese, aún así no retrocedió
-¿Quién es la Hime con la que tienes que pelear? ...-
Gilgamesh respondió con absoluta naturalidad.
-Sakura Kinomoto…-Mayura abrió ligeramente los ojos, no esperaba ese nombre ya que Sakura era unos años menor que ella y pertenecía a un clan poderoso…-
-Entonces...-Frunció el ceño-¿Qué es lo que te trae aquí?
Gilgamesh sonrió como si aquella pregunta fuera absurda.
-Vine a buscarte...-
-Pero yo no soy tu Hime…-
-Lo sé…-
-¿Sabes que lo que haces no tiene sentido verdad? -
-¿Quién dijo que necesitaba una razón?...-Su sonrisa se volvió más amplia- Escuché que había dos Hime bastante interesante en esta ciudad, quería comprobar si era cierto, así que vine a visitarte a ti primero…-
Mayura sintió cómo la presión aumentaba todavía más.
-No pienso pelear contigo…y estoy segura que Tsubasa-san tampoco lo hará…-
-Eso no depende únicamente de ustedes dos…-
En ese mismo instante una de las puertas doradas se abrió lentamente.
Dentro brillaba la punta de una espada.Hinata dio un paso adelante.
-Por favor, les pido que no destruyan la tienda que Oujin-san puede enfadarse conmigo…-
Gilgamesh apenas lo miró.
-¿Quién eres tú? ...-
-Solo un empleado de este lugar...-
-Entonces no molestes y quédate callado…-
Mayura se colocó inmediatamente delante de Hinata.
-No lo molestes, él no tiene nada que ver…-
Gilgamesh arqueó una ceja.
-¿Lo estás protegiendo? ...-
-Pues claro es un kohai a quien debo de proteger…-
-Qué curioso…-
Las armas desaparecieron por un instante.
-Pensé que las Hime solo se cuidaban a ellas mismas…-
Mayura negó con la cabeza.
-Pues claro que no…no puedo permitir que lastimes a alguien que no puede defenderse...-
Hinata la observó en silencio.
Si las cosas empeoraban, él podría pedir ayuda a Oujin y los podría defender.
Pero también sabía que Mayura jamás permitiría que un civil quedara atrapado en una pelea.
Aunque ese "civil" estuviera guardando algún secreto
Gilgamesh soltó una carcajada.
-Excelente...ahora tengo todavía más ganas de luchar contigo.
Mayura apretó los puños.
Buscó instintivamente el vínculo con Flaffy, pero estaba fuera de casa junto a Kuro, por lo cual no contaría para nada con la ayuda de los dos
Gilgamesh lo notó.
-¿Qué sucede?-
Ella respiró hondo.
-No pasa nada…-
Sin Flaffy no podía acceder a todo su poder y Kuro tampoco estaba cerca de ella.
Era la primera vez en mucho tiempo que se encontraba completamente sola.
Gilgamesh dio un paso hacia ella.
-Me parece que ahora sí pareces preocupada…-
Mayura levantó nuevamente la cabeza.
Aunque estuviera en desventaja, no pensaba retroceder.
Detrás de ellos, Hinata desvió discretamente la mirada hacia el antiguo reloj que descansaba sobre la pared del fondo.
La aguja de los segundos comenzó a moverse al revés.
Uno…dos…tres...-
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
-Ya falta poco...-
Mayura seguía sin apartar la vista de Gilgamesh.
-Hinata-kun…-
-¿Sí?...-
-Cuando empiece...-lo miró fijamente-
No terminó la frase, pero él entendió perfectamente.
-Lo sé...- dijo en pose de movimiento
- ¡Corre! -
Hinata negó lentamente con la cabeza.
-No puedo hacerlo…-no se movió ni un centímetro-
Mayura giró apenas unos centímetros.
- ¿Por qué? -
Él sonrió con una tranquilidad que contrastaba completamente con la tensión del ambiente.
-Porque prometí cuidar esta tienda hasta que Oujin-san regresara…-
Justo entonces, la campanilla de la puerta volvió a sonar.
Esta vez, alguien sí había entrado.
Y una voz despreocupada, casi perezosa, rompió el pesado silencio.
-¿Eh? ¿Ya empezaron sin esperarme?-
El ambiente entero pareció contener la respiración. Gilgamesh giró lentamente el rostro hacia la entrada, mientras una sonrisa llena de interés comenzaba a dibujarse en sus labios. Mayura, sin bajar la guardia, sintió por primera vez desde que había empezado aquella extraña situación que el verdadero dueño de la tienda finalmente había regresado. El enfrentamiento, sin embargo, apenas estaba comenzando.
---------------------
Falta una parte más y termino con esta parte xD
Matta nee!!
--------------------
El silencio volvió a sentirse dentro de la tienda.
Mayura seguía observando el pequeño muñeco de madera.
Por más que intentaba convencerse de que simplemente había rebotado sobre la caja, algo dentro de ella le decía que aquello no era una explicación suficiente.
Su intuición rara vez se equivocaba.
-Definitivamente aquí pasan cosas muy raras...- se cruzo de brazos-
Hinata sonrió con la misma tranquilidad de siempre mientras acomodaba unos viejos libros sobre el mostrador.
-Supongo que una tienda de antigüedades debe tener ese ambiente…-
- Es que no me refiero al ambiente...-
Mayura volvió a mirar el muñeco.
-Es como si...- La rubia no llegó a terminar la frase.
Una sensación helada recorrió lentamente la habitación, que la hizo temblar de la cabeza a la punta de los pies.
No era exactamente frío, era como si el aire se hubiera vuelto muy pesado
Los relojes antiguos dejaron de sonar al mismo tiempo.
El tic tac que llenaba la tienda desapareció.
Mayura levantó inmediatamente la cabeza.
Aquello sí era extraño.
Hinata también había dejado de moverse.
Su expresión relajada desapareció por un instante y Mayura lo notó.
-Hinata-kun…-la mirada de Mayura se volvió seria y preocupada-
Él dirigió la mirada hacia la puerta.
-Creo que vamos a tener una visita no deseada…-
La campanilla sonó.
Pero nadie había empujado la puerta.
Esta simplemente se abrió sola,una fuerte ráfaga de viento recorrió toda la tienda.
Los papeles sobre el mostrador salieron volando,las cortinas comenzaron a agitarse.
Y una figura apareció lentamente en la entrada.
Cabello rubio brillante, ojos rojos como rubíes, una sonrisa llena de arrogancia.
Vestía una chaqueta negra con detalles dorados y caminaba con una tranquilidad absoluta, como si el mundo entero le perteneciera.
Mayura frunció ligeramente el ceño.
No conocía a aquel joven, pero algo en él resultaba...Muy peligroso.
El recién llegado estaba recorriendo la tienda con una sola mirada, su expresión era de absoluto desinterés.
-Qué lugar tan vulgar…-
Mayura infló ligeramente las mejillas- Oye, no seas maleducado con este lugar misterioso…-
El rubio apenas desvió la vista hacia ella, dejando escapar una pequeña risa.
-No estaba hablando contigo …-
Mayura cruzó los brazos, visiblemente molesta.
-Pues yo sí estoy hablando contigo-
Hinata soltó un pequeño suspiro.
El desconocido volvió a observar a Mayura con un poco más de interés.
Durante unos segundos ninguno habló.
Hasta que una sonrisa apareció lentamente en el rostro del rubio.
-Ya veo…-
Mayura inclinó ligeramente la cabeza.
-Así que tú eres una Hime…-
El ambiente cambió de inmediato
-…..-Mayura reaccionó sorprendida-
Aquella palabra no era algo que una persona normal conociera.
Ahora en estos momentos no era la chica curiosa que había llegado por aburrimiento, ahora tenia que tomar la actitud de una Hime, lista para pelear y proteger a Hinata-
-¿Quién eres tú?-
El muchacho llevó una mano al pecho con elegancia exagerada.
-Gilgamesh...-Hizo una breve pausa- El Rey…-
Mayura parpadeó.
-¿El rey de qué? -haciendo una expresión de que no lo conocía de nada
Por primera vez Hinata tuvo que contener una risa, para no romper el ambiente
Gilgamesh permaneció completamente inmóvil.
Un pequeño tic apareció en su ceja- Obviamente seré el Rey del mundo entero.
-Sabes que eso suena muy presumido verdad? ...-
Gilgamesh terminó sonriendo.
-Interesante…normalmente las personas bajan la cabeza cuando hablo…-
-Pues déjame decirte que actualmente no soy una chica normal…-
-Eso puedo percibirlo con solo verte…-
Los cristales de una vitrina comenzaron a vibrar, Mayura dio un paso hacia delante de manera instintiva,había reconocido aquella sensación.
-Tu eres un Rebel…-
Hinata retrocedió discretamente, no sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo, pero recordaba los incidentes que habían sucedido en Hanasaki
-Mayura-senpai...-
Ella no apartó la vista del rubio.
-No te preocupes Hinata-kun…yo te protegere…-
Gilgamesh sonrió con satisfacción.
-Excelente que sepas quien soy yo…así no tendré que explicarte nada…-
Una luz dorada apareció alrededor de él.Detrás de su espalda comenzaron a formarse lentamente varios círculos brillantes.
Como puertas suspendidas en el aire.
Mayura sintió un escalofrío,no sabía qué eran exactamente, era la primera vez que tenía a un rebel con un poder tan particular como ese, aún así no retrocedió
-¿Quién es la Hime con la que tienes que pelear? ...-
Gilgamesh respondió con absoluta naturalidad.
-Sakura Kinomoto…-Mayura abrió ligeramente los ojos, no esperaba ese nombre ya que Sakura era unos años menor que ella y pertenecía a un clan poderoso…-
-Entonces...-Frunció el ceño-¿Qué es lo que te trae aquí?
Gilgamesh sonrió como si aquella pregunta fuera absurda.
-Vine a buscarte...-
-Pero yo no soy tu Hime…-
-Lo sé…-
-¿Sabes que lo que haces no tiene sentido verdad? -
-¿Quién dijo que necesitaba una razón?...-Su sonrisa se volvió más amplia- Escuché que había dos Hime bastante interesante en esta ciudad, quería comprobar si era cierto, así que vine a visitarte a ti primero…-
Mayura sintió cómo la presión aumentaba todavía más.
-No pienso pelear contigo…y estoy segura que Tsubasa-san tampoco lo hará…-
-Eso no depende únicamente de ustedes dos…-
En ese mismo instante una de las puertas doradas se abrió lentamente.
Dentro brillaba la punta de una espada.Hinata dio un paso adelante.
-Por favor, les pido que no destruyan la tienda que Oujin-san puede enfadarse conmigo…-
Gilgamesh apenas lo miró.
-¿Quién eres tú? ...-
-Solo un empleado de este lugar...-
-Entonces no molestes y quédate callado…-
Mayura se colocó inmediatamente delante de Hinata.
-No lo molestes, él no tiene nada que ver…-
Gilgamesh arqueó una ceja.
-¿Lo estás protegiendo? ...-
-Pues claro es un kohai a quien debo de proteger…-
-Qué curioso…-
Las armas desaparecieron por un instante.
-Pensé que las Hime solo se cuidaban a ellas mismas…-
Mayura negó con la cabeza.
-Pues claro que no…no puedo permitir que lastimes a alguien que no puede defenderse...-
Hinata la observó en silencio.
Si las cosas empeoraban, él podría pedir ayuda a Oujin y los podría defender.
Pero también sabía que Mayura jamás permitiría que un civil quedara atrapado en una pelea.
Aunque ese "civil" estuviera guardando algún secreto
Gilgamesh soltó una carcajada.
-Excelente...ahora tengo todavía más ganas de luchar contigo.
Mayura apretó los puños.
Buscó instintivamente el vínculo con Flaffy, pero estaba fuera de casa junto a Kuro, por lo cual no contaría para nada con la ayuda de los dos
Gilgamesh lo notó.
-¿Qué sucede?-
Ella respiró hondo.
-No pasa nada…-
Sin Flaffy no podía acceder a todo su poder y Kuro tampoco estaba cerca de ella.
Era la primera vez en mucho tiempo que se encontraba completamente sola.
Gilgamesh dio un paso hacia ella.
-Me parece que ahora sí pareces preocupada…-
Mayura levantó nuevamente la cabeza.
Aunque estuviera en desventaja, no pensaba retroceder.
Detrás de ellos, Hinata desvió discretamente la mirada hacia el antiguo reloj que descansaba sobre la pared del fondo.
La aguja de los segundos comenzó a moverse al revés.
Uno…dos…tres...-
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
-Ya falta poco...-
Mayura seguía sin apartar la vista de Gilgamesh.
-Hinata-kun…-
-¿Sí?...-
-Cuando empiece...-lo miró fijamente-
No terminó la frase, pero él entendió perfectamente.
-Lo sé...- dijo en pose de movimiento
- ¡Corre! -
Hinata negó lentamente con la cabeza.
-No puedo hacerlo…-no se movió ni un centímetro-
Mayura giró apenas unos centímetros.
- ¿Por qué? -
Él sonrió con una tranquilidad que contrastaba completamente con la tensión del ambiente.
-Porque prometí cuidar esta tienda hasta que Oujin-san regresara…-
Justo entonces, la campanilla de la puerta volvió a sonar.
Esta vez, alguien sí había entrado.
Y una voz despreocupada, casi perezosa, rompió el pesado silencio.
-¿Eh? ¿Ya empezaron sin esperarme?-
El ambiente entero pareció contener la respiración. Gilgamesh giró lentamente el rostro hacia la entrada, mientras una sonrisa llena de interés comenzaba a dibujarse en sus labios. Mayura, sin bajar la guardia, sintió por primera vez desde que había empezado aquella extraña situación que el verdadero dueño de la tienda finalmente había regresado. El enfrentamiento, sin embargo, apenas estaba comenzando.
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Falta una parte más y termino con esta parte xD
Matta nee!!
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The Hunger Games / Re: I Volunteer as Tribute! | Hunger Games Kickstarter
« Last post by Sayi on June 30, 2026, 06:48:56 PM »Posteo para decir que no me he olvidado de esto! Pensaba venir hoy a dejar un fic para empezar el thread oficial, pero la vida ha conspirado en mi contra precisamente hoy (no internet, mi perro fue atacado en el veterinario, mi trabajo esta intentando matarme de stress) asi que no puedo funcionar. Supongo que el universo no quería que empezara un fic para matar a nuestros personajes kkk
Pero mi plan es venir temprano el proximo mes a dejar el intro fic, I promise. Siento estar tan ausente, a veces es difícil organizar la vida...
Pero mi plan es venir temprano el proximo mes a dejar el intro fic, I promise. Siento estar tan ausente, a veces es difícil organizar la vida...
6
A Step to the Left / Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Last post by Shura on June 30, 2026, 04:30:12 PM »Qu¡ero sacar tiempo y poner los iconos de Miyu <3 me encantan!
Sigo con la historia, me tocara editar para poner los encabezados, este mes de junio ha sido satisfactorio y agotador.
-------------------------
Hoy, exactamente a las once de la mañana, era día de pago. Y Shura estaba ahí, a las once y cinco pidiendo café con magdalena con relleno de manzana. Capricho del mes mientras se sentaba para hacer las cuentas del resto del mes.
Estaba esperando en la fila de la concurrida cafetería, envió un mensaje a Grace, algo muy tonto del tipo: “Gracias al artículo del otro día, pude comprarme mi desayuno favorito! Gracias por todo reina, mamasota, diosa, guapa, pibonazo, maserati de la vida, kínder buena… [sigue con al menos diez menciones a las cosas más aleatorias]… Tenemos que quedar pronto! Te invito a una coca cola!”
Cuando envío el mensaje, acaricio la pantalla tragando saliva… todavía no había quedado con Grace desde el día en que paso todo aquello tan extraño con el ascensor y Rohan. No se me olvida la cara de Grace cuando perdí los nervios y, en vez de consolar a mi amiga cuando más lo necesitaba, le dije que su madre estaba muerta.
Me seguía sintiendo como una mierda, pero al menos, iba a pasar aquel mal trago con café y magdalena con relleno de manzana.
Llegó el turno para pedir el desayuno, y al pasar la tarjeta.
-Da tarjeta rechazada. Por favor, inténtelo de nuevo o utilice otra tarjeta. -Se notaba que la camarera intentaba ser lo más correcta posible, aunque claramente en la pantalla indicaba que el rechazo de la tarjeta era por saldo insuficiente. No tenía ni cuatro perras para pagar el desayuno.
-Tiene que ser un error, seguramente en un minuto este arreglado… -Empecé a sentir vértigo, la gente detrás de la fila se impacientaba y solo podía pensar en que no iba a llegar a tiempo el pago del alquiler, quizá no fuera un retraso en el ingreso del salario y le habían hackeado la cuenta del banco y habían robado, o le habían embargado la nómina al tener demasiados pagos acumulados, o…
-Yo pagaré su cuenta. -Una mano se interpuso, extendiendo una tarjeta y apoyándola directamente sobre el datafono antes de darme tiempo para impedirlo.
-No, de verdad que no hace falta. -Me giró para hablar con el amable señor que se había ofrecido a pagar mi cuenta y me quedé boquiabierta: debía medir alrededor del metro noventa, sonrisa amable, barba castaña y unos ojos azules como el cielo en verano. Debía tener alrededor de treinta y ocho años y se notaba que se cuidaba, tenía brazos fuertes y espalda ancha, podía imaginarlo perfectamente llevando una granja y trayendo terneros a este mundo con esos enormes brazos…
-Pero ya está hecho.
Sus palabras me sacaron de mi fantasía. Volví a la realidad recordándome que era una mujer fuerte e independiente que podía pagar su desayuno y controlar sus hormonas.
Doy un paso para acercarme a ese hombre.
-No, de verdad, insisto. -Saqué mi teléfono-. Dame tu número y te hago un bizum.
La risita entre dientes del hombre me derritió un poco por dentro, levanté la mirada y sentí las mejillas calentarse.
-Que manera tan poco sutil para pedirme el teléfono.
-Ah. -Bloqueo total-. No… no no, era para pagarte.
La risita entre dientes fue sustituida por una risa cálida que acabó por hacerme sonreír a mí también.
-Solamente estaba bromeando, aunque no me importaría darte mi teléfono.
Me guiñó un ojo con descaró y levanté las cejas sorprendida. Mi ego se puso por las nubes, ¿aquel hombre estaba coqueteando conmigo? ¿O solo estaba siendo encantador?
Antes de poder procesar la situación, aquel hombre alargo su mano hacía mí.
-Me llamo John.
-Shura. -Le estreché la mano notando lo cálida que era, su piel también era bastante áspera, y no se me pasó desapercibido que mantuvo el agarré unos momentos más mientras esos ojos azules recorrían mi rostro.
-Es todo un placer. -Su voz grave y el modo en que parecía paladear cada palabra me hicieron sentir un agradable escalofrío. -¿Te importa si pido lo mismo que tú para desayunar?
-Ah, solo es un café y magdalena, aquí las hacen rellenas de manzana. -Sacudí la cabeza levantando las cejas, tenía mis dudas de que un desayuno así saciará a un tipo enorme y musculoso como él.
-Suena delicioso. -John pareció distraído mirando mis labios, volteando la cabeza después de echarme otro repaso con la mirada para pedir a la camarera el mismo desayuno que yo estaba esperando.
No estaba tan oxidada como para no darme cuenta de que era un claro caso de coqueteo, aunque sí que me faltaba entrenamiento para saber como reaccionar. Demasiados años con el mismo novio, desde hace meses, exnovio.
Recogí la bandeja con mi desayuno, John estaba atento a mis movimientos, pero no decía nada. El silenció se me hizo extraño y no tardo en romperlo.
-Gracias otra vez por pagarme el desayuno, debería-
-¿Desayunamos juntos?
Yo iba a despedirme, pero aquella invitación me pillo desprevenida.
-Vale. -Dije antes de pensar, por una parte, accediendo porque no quería ser desagradable después de su amabilidad, y por otra, porque tenía ojos en la cara y aquel hombre me alegraba la vista.
Nos apartamos juntos a una de las mesas al lado de la ventana, John sonreía haciendo que el ambiente se sintiera más agradable.
-No conocía esta cafetería, he venido a la ciudad por trabajo.
-¿De qué trabajas? -Agradecía que pareciera tan dispuesto a una conversación, aquella masculinidad que desprendía con cada gesto parecía sacada de un anuncio.
Hizo un gesto con la mano quitándole importancia al tema.
-Trabajo para el ejército, créeme, es más aburrido de lo que la gente piensa, hay mucho papeleo.
-Creo que lo entiendo. -Suspiró melancólica al pensar en mi oportunidad perdida de entrar en la policía. -Yo trabajo como periodista.
-¿De verdad? -Levantó las cejas sorprendido, sonriendo de un modo que pareció que la barba de John se ahuecaba, como el pelo de un cachorrito. -No me suena haberte visto en el telediario, y me acordaría si hubiera visto a una mujer tan guapa como tú.
No pude evitar reír, estaba entrando completamente en el juego de este hombre, pero como bien se dice, a nadie le amarga un dulce.
-No trabajo para la televisión, sencillamente escribo para una revista, una web.
Algo extraño paso por los ojos de John… algo que me hizo parpadear confundida por aquel cambió en el ambiente.
Pero debió ser mi imaginación, porque en cuanto sonrió, hasta el café me sabía más dulce.
-Pareces una mujer con mucho talento, me encantaría leer algo tuyo.
-No tengo talento, bueno, un poco sí, lo suficiente para pagar las facturas. -Bromeó, cada vez más relajada y cómoda con la compañía de John.
Hablamos un poco más de cosas sin importancia, pero un desayuno tan escueto, era sinónimo de un tiempo igual de corto. Y yo debería ir corriendo al banco para ver que las cuentas estuvieran bien.
-Bueno, es un placer haberte conocido John.
-El placer es todo mío Shura. -Parecía contenerse, casi prudente. -Antes de que te marches, ¿sabes algún sitio para cenar en la ciudad?
-Depende de lo que te guste, hay un bufet de sushi por aquí cerca que esta delicioso y es mi favorito.
-Ese estará bien. -Vuelve a hablar con ese tono de voz grave que era condenadamente sexy. Era difícil no distraerse.
-Puedo pasarte la dirección, esta-
-¿Y por qué mejor no te vienes conmigo? Yo invito.
Me quedé con la boca abierta procesando la invitación, mi cerebro ahora mismo era esa meme donde pasaban imágenes del universo profundo con la música de “Somebody that I used to know” en remix.
-Ah.
De nuevo, esa sonrisa arrebatadora.
-¿Ah? ¿Puedo tomarlo como un sí?
Sonrió sacudiendo la cabeza lentamente para intentar recuperar la compostura.
-¿El jueves te va bien? -Yo podía cualquier día… pero eso él no tenía porque saberlo, y aparentando tener agenda, parecía más interesante.
Funciono perfectamente.
-El jueves es perfecto, parece que al final tendré que darte el teléfono. -Me guiñó un ojo de manera confidencial. -Pero te advierto que no voy a aceptar ni un centavo por el desayuno de hoy, y tampoco por el de mañana, si es que sueles venir a este sitio.
-Podría venir… si dejas de insistir en pagarme el desayuno.
John levantó las manos a modo de rendición y yo no pude evitar reír entre dientes. La química entre nosotros dos era notable.
-Eres buena negociando Shura, pero insisto en ser yo el que te invite el jueves a cenar.
No podría pagarme yo misma la cena igualmente.
-Entonces podemos vernos mañana para desayunar también.
Nos dimos los teléfonos y nos despedimos amistosamente, y yo tenía el ego por las nubes. Saqué enseguida mi teléfono para escribir a Grace: “Maemia lo que acaba de pasar! ¿Te puedo llamar!?
Me di cuenta de que los mensajes que le había enviado aquella mañana no los había leído… pero estaba tan contenta que igualmente le envíe un mensaje contándole todo el encuentro con John, incluida las próximas citas.
Miró el teléfono… era tan extraño que Grace no recibiera mis mensajes.
Iba a llamarla, pero John me envió un mensaje y me distraje completamente, acabando por no escribirle a Grace.
------------------------------------------
Al otro lado de la calle, el capitán John Price bajo su teléfono, había estado siguiendo a Shura, acechándola como un halcón, abalanzándose sobre ella cuando había tenido la oportunidad, utilizando sus encantos para asegurarse que ella no sospechará nada.
Descolgó la llamada respondiendo con dos simples palabras.
-Objetivo confirmado.
Sigo con la historia, me tocara editar para poner los encabezados, este mes de junio ha sido satisfactorio y agotador.
-------------------------
Hoy, exactamente a las once de la mañana, era día de pago. Y Shura estaba ahí, a las once y cinco pidiendo café con magdalena con relleno de manzana. Capricho del mes mientras se sentaba para hacer las cuentas del resto del mes.
Estaba esperando en la fila de la concurrida cafetería, envió un mensaje a Grace, algo muy tonto del tipo: “Gracias al artículo del otro día, pude comprarme mi desayuno favorito! Gracias por todo reina, mamasota, diosa, guapa, pibonazo, maserati de la vida, kínder buena… [sigue con al menos diez menciones a las cosas más aleatorias]… Tenemos que quedar pronto! Te invito a una coca cola!”
Cuando envío el mensaje, acaricio la pantalla tragando saliva… todavía no había quedado con Grace desde el día en que paso todo aquello tan extraño con el ascensor y Rohan. No se me olvida la cara de Grace cuando perdí los nervios y, en vez de consolar a mi amiga cuando más lo necesitaba, le dije que su madre estaba muerta.
Me seguía sintiendo como una mierda, pero al menos, iba a pasar aquel mal trago con café y magdalena con relleno de manzana.
Llegó el turno para pedir el desayuno, y al pasar la tarjeta.
-Da tarjeta rechazada. Por favor, inténtelo de nuevo o utilice otra tarjeta. -Se notaba que la camarera intentaba ser lo más correcta posible, aunque claramente en la pantalla indicaba que el rechazo de la tarjeta era por saldo insuficiente. No tenía ni cuatro perras para pagar el desayuno.
-Tiene que ser un error, seguramente en un minuto este arreglado… -Empecé a sentir vértigo, la gente detrás de la fila se impacientaba y solo podía pensar en que no iba a llegar a tiempo el pago del alquiler, quizá no fuera un retraso en el ingreso del salario y le habían hackeado la cuenta del banco y habían robado, o le habían embargado la nómina al tener demasiados pagos acumulados, o…
-Yo pagaré su cuenta. -Una mano se interpuso, extendiendo una tarjeta y apoyándola directamente sobre el datafono antes de darme tiempo para impedirlo.
-No, de verdad que no hace falta. -Me giró para hablar con el amable señor que se había ofrecido a pagar mi cuenta y me quedé boquiabierta: debía medir alrededor del metro noventa, sonrisa amable, barba castaña y unos ojos azules como el cielo en verano. Debía tener alrededor de treinta y ocho años y se notaba que se cuidaba, tenía brazos fuertes y espalda ancha, podía imaginarlo perfectamente llevando una granja y trayendo terneros a este mundo con esos enormes brazos…
-Pero ya está hecho.
Sus palabras me sacaron de mi fantasía. Volví a la realidad recordándome que era una mujer fuerte e independiente que podía pagar su desayuno y controlar sus hormonas.
Doy un paso para acercarme a ese hombre.
-No, de verdad, insisto. -Saqué mi teléfono-. Dame tu número y te hago un bizum.
La risita entre dientes del hombre me derritió un poco por dentro, levanté la mirada y sentí las mejillas calentarse.
-Que manera tan poco sutil para pedirme el teléfono.
-Ah. -Bloqueo total-. No… no no, era para pagarte.
La risita entre dientes fue sustituida por una risa cálida que acabó por hacerme sonreír a mí también.
-Solamente estaba bromeando, aunque no me importaría darte mi teléfono.
Me guiñó un ojo con descaró y levanté las cejas sorprendida. Mi ego se puso por las nubes, ¿aquel hombre estaba coqueteando conmigo? ¿O solo estaba siendo encantador?
Antes de poder procesar la situación, aquel hombre alargo su mano hacía mí.
-Me llamo John.
-Shura. -Le estreché la mano notando lo cálida que era, su piel también era bastante áspera, y no se me pasó desapercibido que mantuvo el agarré unos momentos más mientras esos ojos azules recorrían mi rostro.
-Es todo un placer. -Su voz grave y el modo en que parecía paladear cada palabra me hicieron sentir un agradable escalofrío. -¿Te importa si pido lo mismo que tú para desayunar?
-Ah, solo es un café y magdalena, aquí las hacen rellenas de manzana. -Sacudí la cabeza levantando las cejas, tenía mis dudas de que un desayuno así saciará a un tipo enorme y musculoso como él.
-Suena delicioso. -John pareció distraído mirando mis labios, volteando la cabeza después de echarme otro repaso con la mirada para pedir a la camarera el mismo desayuno que yo estaba esperando.
No estaba tan oxidada como para no darme cuenta de que era un claro caso de coqueteo, aunque sí que me faltaba entrenamiento para saber como reaccionar. Demasiados años con el mismo novio, desde hace meses, exnovio.
Recogí la bandeja con mi desayuno, John estaba atento a mis movimientos, pero no decía nada. El silenció se me hizo extraño y no tardo en romperlo.
-Gracias otra vez por pagarme el desayuno, debería-
-¿Desayunamos juntos?
Yo iba a despedirme, pero aquella invitación me pillo desprevenida.
-Vale. -Dije antes de pensar, por una parte, accediendo porque no quería ser desagradable después de su amabilidad, y por otra, porque tenía ojos en la cara y aquel hombre me alegraba la vista.
Nos apartamos juntos a una de las mesas al lado de la ventana, John sonreía haciendo que el ambiente se sintiera más agradable.
-No conocía esta cafetería, he venido a la ciudad por trabajo.
-¿De qué trabajas? -Agradecía que pareciera tan dispuesto a una conversación, aquella masculinidad que desprendía con cada gesto parecía sacada de un anuncio.
Hizo un gesto con la mano quitándole importancia al tema.
-Trabajo para el ejército, créeme, es más aburrido de lo que la gente piensa, hay mucho papeleo.
-Creo que lo entiendo. -Suspiró melancólica al pensar en mi oportunidad perdida de entrar en la policía. -Yo trabajo como periodista.
-¿De verdad? -Levantó las cejas sorprendido, sonriendo de un modo que pareció que la barba de John se ahuecaba, como el pelo de un cachorrito. -No me suena haberte visto en el telediario, y me acordaría si hubiera visto a una mujer tan guapa como tú.
No pude evitar reír, estaba entrando completamente en el juego de este hombre, pero como bien se dice, a nadie le amarga un dulce.
-No trabajo para la televisión, sencillamente escribo para una revista, una web.
Algo extraño paso por los ojos de John… algo que me hizo parpadear confundida por aquel cambió en el ambiente.
Pero debió ser mi imaginación, porque en cuanto sonrió, hasta el café me sabía más dulce.
-Pareces una mujer con mucho talento, me encantaría leer algo tuyo.
-No tengo talento, bueno, un poco sí, lo suficiente para pagar las facturas. -Bromeó, cada vez más relajada y cómoda con la compañía de John.
Hablamos un poco más de cosas sin importancia, pero un desayuno tan escueto, era sinónimo de un tiempo igual de corto. Y yo debería ir corriendo al banco para ver que las cuentas estuvieran bien.
-Bueno, es un placer haberte conocido John.
-El placer es todo mío Shura. -Parecía contenerse, casi prudente. -Antes de que te marches, ¿sabes algún sitio para cenar en la ciudad?
-Depende de lo que te guste, hay un bufet de sushi por aquí cerca que esta delicioso y es mi favorito.
-Ese estará bien. -Vuelve a hablar con ese tono de voz grave que era condenadamente sexy. Era difícil no distraerse.
-Puedo pasarte la dirección, esta-
-¿Y por qué mejor no te vienes conmigo? Yo invito.
Me quedé con la boca abierta procesando la invitación, mi cerebro ahora mismo era esa meme donde pasaban imágenes del universo profundo con la música de “Somebody that I used to know” en remix.
-Ah.
De nuevo, esa sonrisa arrebatadora.
-¿Ah? ¿Puedo tomarlo como un sí?
Sonrió sacudiendo la cabeza lentamente para intentar recuperar la compostura.
-¿El jueves te va bien? -Yo podía cualquier día… pero eso él no tenía porque saberlo, y aparentando tener agenda, parecía más interesante.
Funciono perfectamente.
-El jueves es perfecto, parece que al final tendré que darte el teléfono. -Me guiñó un ojo de manera confidencial. -Pero te advierto que no voy a aceptar ni un centavo por el desayuno de hoy, y tampoco por el de mañana, si es que sueles venir a este sitio.
-Podría venir… si dejas de insistir en pagarme el desayuno.
John levantó las manos a modo de rendición y yo no pude evitar reír entre dientes. La química entre nosotros dos era notable.
-Eres buena negociando Shura, pero insisto en ser yo el que te invite el jueves a cenar.
No podría pagarme yo misma la cena igualmente.
-Entonces podemos vernos mañana para desayunar también.
Nos dimos los teléfonos y nos despedimos amistosamente, y yo tenía el ego por las nubes. Saqué enseguida mi teléfono para escribir a Grace: “Maemia lo que acaba de pasar! ¿Te puedo llamar!?
Me di cuenta de que los mensajes que le había enviado aquella mañana no los había leído… pero estaba tan contenta que igualmente le envíe un mensaje contándole todo el encuentro con John, incluida las próximas citas.
Miró el teléfono… era tan extraño que Grace no recibiera mis mensajes.
Iba a llamarla, pero John me envió un mensaje y me distraje completamente, acabando por no escribirle a Grace.
------------------------------------------
Al otro lado de la calle, el capitán John Price bajo su teléfono, había estado siguiendo a Shura, acechándola como un halcón, abalanzándose sobre ella cuando había tenido la oportunidad, utilizando sus encantos para asegurarse que ella no sospechará nada.
Descolgó la llamada respondiendo con dos simples palabras.
-Objetivo confirmado.
7
A Step to the Left / Bizamentarios
« Last post by Shura on June 30, 2026, 04:19:05 PM »
¿Tuerta después de leer un aporte?
¿Leyendo con la luz apagada has empezado a escuchar pasos?
Maldice o deja un comentario para hacer que el negro corazón de la autora palpite un poquito.
Recuerda tagear a la autora, poner el enlace o el titulo del aporte para dar contexto y que todas disfrutemos de tus chillidos de pterodactilo.
8
SeeDs in the Garden / Re: SeeDs in the Garden – revival
« Last post by Kora on June 30, 2026, 03:46:24 PM »Las últimas horas de la noche transcurrieron sin más incidentes. Cassian había dormido inmóvil y silencioso como un muerto. Hacía años que no tenía una habitación para él solo: dormitorios durante toda su formación académica, barracones durante el servicio militar. También se había acostumbrado a dormir ajeno al ir y venir de otras personas y, aunque en la cueva permanecía más alerta de lo que lo estaría en un asentamiento habitado, el cansancio era demasiado profundo como para despertarlo cuando el lobo entró o cuando Lievran se dirigió al animal.
Hizo una mueca al incorporarse cuando Lievran lo despertó. Durante un instante, su incomodidad resultaron bastante evidentes antes de que terminara de despejarse y recuperara la compostura. Para entonces, el calefactor ya había consumido toda su carga y su luz se había extinguido, dejando tras de sí únicamente un calor residual.
Se quedó mirando al lobo con expresión aturdida.
¿Seguía soñando?
Al alzar la vista para encontrarse con la de Lievran comprendió que no.
—¿Cuánto tiempo lleva eso ahí? —preguntó, frotándose la cara para borrar el cansancio de sus facciones.
Era evidente que el animal no los había atacado y tampoco parecía tener intención de hacerlo. Aun así, en cuanto Cassian empezó a moverse, el lobo dio un pequeño respingo y retrocedió unos pasos, como si acabara de darse cuenta de que no había un solo humano en la cueva, sino dos.
Cassian observó cómo Lievran parecía sentirse incómodo ante la pregunta, como si lo hubieran sorprendido haciendo algo indebido.
—Entró en la cueva poco después de que os durmierais —explicó el viera—. Buscaba calor, y pensé que se pondría nervioso si intentaba espantarlo. Un lobo solitario no pensará en atacar a un humano salvo que lo acorralen, y huirá en cuanto empecemos a movernos y hacer ruido.
Para demostrarlo, repiqueteó suavemente su cantimplora con los dedos. El sonido sordo resonó por la cueva y el lobo retrocedió otro paso.
Cassian escuchó la explicación de Lievran, incapaz de contener un bostezo a mitad de la respuesta. Había dormido mejor que en mucho tiempo, aunque no tanto como le habría gustado.
—Mmm...
No tenía ni las energías ni la menor inclinación para reprender al viera. En su lugar, probablemente él mismo habría hecho lo mismo con tal de no despertarlo. En cualquier caso, ya no importaba.
Se levantó y empezó a recoger el petate y el mapa. Ajustó los cinturones y las bolsas sujetas a su cintura y se echó el abrigo sobre los hombros, sobresaltando una vez más al lobo. Después plegó el calefactor, ya frío, y lo guardó junto al resto del equipo. Cuando terminó, apenas quedaba rastro de que hubieran pasado allí la noche.
—Ya he preparado mi mochila. Estoy listo para reanudar la marcha, mi señor. Salvo que haya algo que debamos planificar con antelación... —preguntó Lievran, dejando entrever que esperaba alguna explicación sobre lo que les aguardaba durante la jornada.
Un ligero suspiro escapó de los labios de Cassian mientras valoraba cuánto debía contarle.
—Pongámonos en marcha —dijo al fin—. Hablaremos mientras caminamos.
Recogió el hilo que había utilizado para marcar el camino de entrada y empezó a enrollarlo conforme avanzaban, sin dejar de vigilar la brújula.
La salida se encontraba al sur. Había estudiado un mapa aproximado de la red de cuevas antes de partir y lo había repasado de nuevo durante la noche, de modo que tenía una idea bastante clara del recorrido. Por fortuna, no era excesivamente laberíntico.
Cuando echaron a andar, un tenue repiqueteo de garras sobre la piedra volvió a escucharse a cierta distancia tras ellos.
Lievran y Cassian miraron hacia atrás al mismo tiempo y alcanzaron a distinguir al lobo siguiéndolos a una distancia prudente. Su cabeza blanca y peluda asomaba tras una columna de estalagmitas, con un solo ojo brillando en la oscuridad. Se mantenía alejado de ellos y su postura no mostraba amenaza alguna; solo cautela y curiosidad.
Mientras avanzaban por los túneles, iluminando el camino con su antorcha, Cassian era consciente de que el animal continuaba siguiéndolos. No le daba la impresión de que los estuviera acechando para cazarles, así que optó por ignorarlo y concentrarse en encontrar la salida.
Tarde o temprano tendrían que deshacerse de él de algún modo.
Por suerte, la cueva parecía lo bastante segura. No había indicios de peligros recientes, como telarañas o restos de cadáveres. Al poco rato, una tenue brisa comenzó a acariciarles la piel: seca, fría y cortante.
—Lord Solane... —empezó Lievran, volviéndose hacia él con la esperanza de que ya hubiera terminado de despertarse—. ¿Falta mucho para la salida?
—¿Mm...?
Cassian seguía algo torpe por el sueño, aunque sus ojos se volvieron hacia el viera con la viveza habitual.
—Eso espero... —murmuró entre dientes, casi para sí.
Todavía no había podido aliviarse y, por el motivo que fuera, no consideraba apropiado hacerlo dentro de la cueva.
—No... No —se corrigió enseguida, aclarándose la garganta—. La salida no debería estar mucho más lejos. ¿Ocurre algo?
Se puso notablemente más alerta al darse cuenta de que no entendía por qué Lievran le hacía aquella pregunta de improviso. Lanzó una mirada cautelosa por encima del hombro, pero el lobo seguía manteniendo una distancia respetuosa y una actitud relajada.
—Simple curiosidad, mi señor —respondió Lievran de inmediato.
Cassian percibió el cambio en la expresión del viera cuando él se había puesto en guardia.
—Disculpad si os he preocupado.
Resultaba extraño. Lievran era precisamente el tipo de persona que jamás hablaba si no se dirigían antes a él, un hábito que Cassian no dudaba que había adquirido tras toda una vida como esclavo. Aun así, confiaba en que, si hubiera algo más detrás de aquella pregunta, terminaría diciéndoselo.
—Creí que habías visto algo —admitió, negando levemente con la cabeza para indicar que no era necesaria ninguna disculpa.
Entonces reparó en que Lievran también había vuelto la vista hacia su silencioso perseguidor, y luego se giró hacia Cassian.
—No supondrá ningún peligro. Probablemente solo quiera encontrar la salida. Ni siquiera creo que sepa que podríamos darle de comer, y no considerará atacarnos —dijo el viera en voz baja, tratando de tranquilizarlo.
En circunstancias normales, la mente de Cassian ya estaría buscando un significado oculto tras aquella conversación. Pero entre la sinceridad apacible de Lievran y la niebla mental de haberse despertado antes de tiempo, se limitó a estudiar sus facciones durante unos instantes antes de asentir y aceptar la explicación tal como era.
—Mmm. Parece joven. No, no se atreverá.
El lobo continuó trotando tras ellos, sin perderlos de vista.
Dos recodos más los condujeron hasta la boca de la cueva, algo más ancha y menos cubierta por la nieve que la entrada por la que habían accedido. Un viento helado los recibió de inmediato y Cassian se estremeció.
Apartó la nieve de la salida y asomó con cautela para inspeccionar el exterior. Solo cuando estuvo convencido de que era seguro salió al aire libre y, acto seguido, tendió una mano a Lievran para ayudarlo a subir.
Se encontraban en un denso bosque de pinos, aún envuelto por la niebla de la mañana bajo la sombra del acantilado que se alzaba a su espalda. El aire permanecía inmóvil. Había dejado de nevar. No se oía nada y el viento no traía consigo olor alguno.
Una vez se alejaron de la entrada, Cassian volvió la vista para comprobar si el lobo los seguiría. El animal permanecía demasiado cerca de la boca de la cueva como para reunir el valor de salir a la luz.
Lievran aceptó la mano que le tendía y Cassian lo ayudó a subir con un firme apretón. El viento helado los recibió de inmediato, atravesando las capas de ropa, aunque el aire limpio y fresco resultaba un alivio tras tantas horas bajo tierra.
De reojo, Cassian vio la cabeza blanca del lobo asomarse desde la abertura de la cueva. El animal no salió. Permanecía allí, indeciso, observándolos desde el límite entre la oscuridad y la luz.
Si decidía seguirlos un trecho más, poco podían hacer salvo permitírselo.
—Creo que este es un momento y un lugar oportunos para... atender las necesidades de la naturaleza —anunció con cuidado.
Evidentemente no hablaba de plantar árboles, pero dejó el comentario lo bastante ambiguo como para preservar cierta dignidad.
—Haré guardia por ti, si después haces lo mismo por mí.
Evitando la mirada de Lievran, cambió el peso de una pierna a la otra mientras examinaba el sendero que se extendía ante ellos.
Las palabras de Cassian parecieron incomodar a Lievran, aunque el viera se limitó a asentir con educación.
—Por supuesto. Gracias, mi lord.
Cassian observó cómo se internaba entre los pinos. Había escogido un lugar que no estaba demasiado lejos —lo bastante cerca para no despertar sospechas de que pretendiera alejarse, pero suficientemente apartado para quedar fuera de la vista—.
Esperó a que desapareciera entre los árboles antes de exhalar un suspiro contenido.
Había sido una simple cuestión de cortesía dejar que Lievran fuera primero. Era su subordinado y, además, de menor tamaño. Aparte de eso, Cassian no podía estar seguro de si la anatomía del viera le permitía resolver aquella necesidad del mismo modo que él, y tenía el suficiente tacto como para saber que preguntarlo sería de mal gusto.
Lievran era tan estoico como él mismo y, probablemente, antes habría soportado cualquier incomodidad que arriesgarse a cometer un desliz social. Quizá aquella pregunta sobre cuánto faltaba para salir de la cueva había sido, en realidad, su forma discreta de hacerle saber que necesitaba ir al baño.
Pero maldita sea si no estaba pagando cara su caballerosidad.
En cuanto Lievran desapareció de su vista, dejó escapar un suspiro tenso y empezó a pasearse de un lado a otro para distraerse de la presión en su vejiga. Apenas se quedó solo, el lobo salió silenciosamente de entre las sombras. Alzó el hocico y olfateó el aire, reuniendo toda la información que su nariz podía ofrecerle.
Con cautela, Cassian apoyó la mano sobre la empuñadura de su sable-pistola y encaró al animal, sosteniéndole la mirada sin parpadear. Lo último que necesitaba era que la bestia tuviera alguna idea desafortunada ahora que estaba solo.
Pero el lobo ya había descartado por completo la posibilidad de convertirlos en su presa. No tenía ninguna oportunidad.
En lugar de eso, olisqueó un poco los alrededores...
...y acto seguido levantó una pata para marcar como suyo el árbol más cercano.
Chasqueando la lengua con irritación, Cassian apartó la vista.
—Pequeña alimaña... —gruñó entre dientes al cachorro, optando por interpretar el gesto como algo deliberadamente malicioso.
Lievran regresó pronto, afortunadamente.
Apenas reparó en el ligero rubor de sus mejillas ni en la promesa de montar guardia antes de pasar junto a él con cierta rigidez en busca de un lugar donde ni pudiera verlo ni ser visto por su escolta. En cuanto sintió el primer alivio, dejó de importarle si alguien llegaba a interrumpirlo. No siempre había disfrutado de intimidad —la vida militar se encargaba de despojar a cualquiera de esa necesidad tarde o temprano—, pero, cuando podía permitírselo, prefería esperar.
Unos minutos después consiguió recomponerse lo suficiente para regresar. La tensión había desaparecido casi por completo de sus facciones, aunque las mejillas y el interior de las orejas conservaban un leve tono sonrosado.
Solo entonces advirtió que el lobo seguía allí.
—Puede que tengamos que espantarlo —comentó, mirando al animal—. ¿Conoces alguna forma eficaz de ahuyentar a una bestia demasiado curiosa?
Con todo, empezaba a acostumbrarse a su presencia e incluso era posible que sus sentidos les resultaran útiles. Precisamente por eso tenía que marcharse.
Si seguía tras ellos, acabaría muriendo, y Cassian no quería cargar también con ese peso en la conciencia.
Hizo una mueca al incorporarse cuando Lievran lo despertó. Durante un instante, su incomodidad resultaron bastante evidentes antes de que terminara de despejarse y recuperara la compostura. Para entonces, el calefactor ya había consumido toda su carga y su luz se había extinguido, dejando tras de sí únicamente un calor residual.
Se quedó mirando al lobo con expresión aturdida.
¿Seguía soñando?
Al alzar la vista para encontrarse con la de Lievran comprendió que no.
—¿Cuánto tiempo lleva eso ahí? —preguntó, frotándose la cara para borrar el cansancio de sus facciones.
Era evidente que el animal no los había atacado y tampoco parecía tener intención de hacerlo. Aun así, en cuanto Cassian empezó a moverse, el lobo dio un pequeño respingo y retrocedió unos pasos, como si acabara de darse cuenta de que no había un solo humano en la cueva, sino dos.
Cassian observó cómo Lievran parecía sentirse incómodo ante la pregunta, como si lo hubieran sorprendido haciendo algo indebido.
—Entró en la cueva poco después de que os durmierais —explicó el viera—. Buscaba calor, y pensé que se pondría nervioso si intentaba espantarlo. Un lobo solitario no pensará en atacar a un humano salvo que lo acorralen, y huirá en cuanto empecemos a movernos y hacer ruido.
Para demostrarlo, repiqueteó suavemente su cantimplora con los dedos. El sonido sordo resonó por la cueva y el lobo retrocedió otro paso.
Cassian escuchó la explicación de Lievran, incapaz de contener un bostezo a mitad de la respuesta. Había dormido mejor que en mucho tiempo, aunque no tanto como le habría gustado.
—Mmm...
No tenía ni las energías ni la menor inclinación para reprender al viera. En su lugar, probablemente él mismo habría hecho lo mismo con tal de no despertarlo. En cualquier caso, ya no importaba.
Se levantó y empezó a recoger el petate y el mapa. Ajustó los cinturones y las bolsas sujetas a su cintura y se echó el abrigo sobre los hombros, sobresaltando una vez más al lobo. Después plegó el calefactor, ya frío, y lo guardó junto al resto del equipo. Cuando terminó, apenas quedaba rastro de que hubieran pasado allí la noche.
—Ya he preparado mi mochila. Estoy listo para reanudar la marcha, mi señor. Salvo que haya algo que debamos planificar con antelación... —preguntó Lievran, dejando entrever que esperaba alguna explicación sobre lo que les aguardaba durante la jornada.
Un ligero suspiro escapó de los labios de Cassian mientras valoraba cuánto debía contarle.
—Pongámonos en marcha —dijo al fin—. Hablaremos mientras caminamos.
Recogió el hilo que había utilizado para marcar el camino de entrada y empezó a enrollarlo conforme avanzaban, sin dejar de vigilar la brújula.
La salida se encontraba al sur. Había estudiado un mapa aproximado de la red de cuevas antes de partir y lo había repasado de nuevo durante la noche, de modo que tenía una idea bastante clara del recorrido. Por fortuna, no era excesivamente laberíntico.
Cuando echaron a andar, un tenue repiqueteo de garras sobre la piedra volvió a escucharse a cierta distancia tras ellos.
Lievran y Cassian miraron hacia atrás al mismo tiempo y alcanzaron a distinguir al lobo siguiéndolos a una distancia prudente. Su cabeza blanca y peluda asomaba tras una columna de estalagmitas, con un solo ojo brillando en la oscuridad. Se mantenía alejado de ellos y su postura no mostraba amenaza alguna; solo cautela y curiosidad.
Mientras avanzaban por los túneles, iluminando el camino con su antorcha, Cassian era consciente de que el animal continuaba siguiéndolos. No le daba la impresión de que los estuviera acechando para cazarles, así que optó por ignorarlo y concentrarse en encontrar la salida.
Tarde o temprano tendrían que deshacerse de él de algún modo.
Por suerte, la cueva parecía lo bastante segura. No había indicios de peligros recientes, como telarañas o restos de cadáveres. Al poco rato, una tenue brisa comenzó a acariciarles la piel: seca, fría y cortante.
—Lord Solane... —empezó Lievran, volviéndose hacia él con la esperanza de que ya hubiera terminado de despertarse—. ¿Falta mucho para la salida?
—¿Mm...?
Cassian seguía algo torpe por el sueño, aunque sus ojos se volvieron hacia el viera con la viveza habitual.
—Eso espero... —murmuró entre dientes, casi para sí.
Todavía no había podido aliviarse y, por el motivo que fuera, no consideraba apropiado hacerlo dentro de la cueva.
—No... No —se corrigió enseguida, aclarándose la garganta—. La salida no debería estar mucho más lejos. ¿Ocurre algo?
Se puso notablemente más alerta al darse cuenta de que no entendía por qué Lievran le hacía aquella pregunta de improviso. Lanzó una mirada cautelosa por encima del hombro, pero el lobo seguía manteniendo una distancia respetuosa y una actitud relajada.
—Simple curiosidad, mi señor —respondió Lievran de inmediato.
Cassian percibió el cambio en la expresión del viera cuando él se había puesto en guardia.
—Disculpad si os he preocupado.
Resultaba extraño. Lievran era precisamente el tipo de persona que jamás hablaba si no se dirigían antes a él, un hábito que Cassian no dudaba que había adquirido tras toda una vida como esclavo. Aun así, confiaba en que, si hubiera algo más detrás de aquella pregunta, terminaría diciéndoselo.
—Creí que habías visto algo —admitió, negando levemente con la cabeza para indicar que no era necesaria ninguna disculpa.
Entonces reparó en que Lievran también había vuelto la vista hacia su silencioso perseguidor, y luego se giró hacia Cassian.
—No supondrá ningún peligro. Probablemente solo quiera encontrar la salida. Ni siquiera creo que sepa que podríamos darle de comer, y no considerará atacarnos —dijo el viera en voz baja, tratando de tranquilizarlo.
En circunstancias normales, la mente de Cassian ya estaría buscando un significado oculto tras aquella conversación. Pero entre la sinceridad apacible de Lievran y la niebla mental de haberse despertado antes de tiempo, se limitó a estudiar sus facciones durante unos instantes antes de asentir y aceptar la explicación tal como era.
—Mmm. Parece joven. No, no se atreverá.
El lobo continuó trotando tras ellos, sin perderlos de vista.
Dos recodos más los condujeron hasta la boca de la cueva, algo más ancha y menos cubierta por la nieve que la entrada por la que habían accedido. Un viento helado los recibió de inmediato y Cassian se estremeció.
Apartó la nieve de la salida y asomó con cautela para inspeccionar el exterior. Solo cuando estuvo convencido de que era seguro salió al aire libre y, acto seguido, tendió una mano a Lievran para ayudarlo a subir.
Se encontraban en un denso bosque de pinos, aún envuelto por la niebla de la mañana bajo la sombra del acantilado que se alzaba a su espalda. El aire permanecía inmóvil. Había dejado de nevar. No se oía nada y el viento no traía consigo olor alguno.
Una vez se alejaron de la entrada, Cassian volvió la vista para comprobar si el lobo los seguiría. El animal permanecía demasiado cerca de la boca de la cueva como para reunir el valor de salir a la luz.
Lievran aceptó la mano que le tendía y Cassian lo ayudó a subir con un firme apretón. El viento helado los recibió de inmediato, atravesando las capas de ropa, aunque el aire limpio y fresco resultaba un alivio tras tantas horas bajo tierra.
De reojo, Cassian vio la cabeza blanca del lobo asomarse desde la abertura de la cueva. El animal no salió. Permanecía allí, indeciso, observándolos desde el límite entre la oscuridad y la luz.
Si decidía seguirlos un trecho más, poco podían hacer salvo permitírselo.
—Creo que este es un momento y un lugar oportunos para... atender las necesidades de la naturaleza —anunció con cuidado.
Evidentemente no hablaba de plantar árboles, pero dejó el comentario lo bastante ambiguo como para preservar cierta dignidad.
—Haré guardia por ti, si después haces lo mismo por mí.
Evitando la mirada de Lievran, cambió el peso de una pierna a la otra mientras examinaba el sendero que se extendía ante ellos.
Las palabras de Cassian parecieron incomodar a Lievran, aunque el viera se limitó a asentir con educación.
—Por supuesto. Gracias, mi lord.
Cassian observó cómo se internaba entre los pinos. Había escogido un lugar que no estaba demasiado lejos —lo bastante cerca para no despertar sospechas de que pretendiera alejarse, pero suficientemente apartado para quedar fuera de la vista—.
Esperó a que desapareciera entre los árboles antes de exhalar un suspiro contenido.
Había sido una simple cuestión de cortesía dejar que Lievran fuera primero. Era su subordinado y, además, de menor tamaño. Aparte de eso, Cassian no podía estar seguro de si la anatomía del viera le permitía resolver aquella necesidad del mismo modo que él, y tenía el suficiente tacto como para saber que preguntarlo sería de mal gusto.
Lievran era tan estoico como él mismo y, probablemente, antes habría soportado cualquier incomodidad que arriesgarse a cometer un desliz social. Quizá aquella pregunta sobre cuánto faltaba para salir de la cueva había sido, en realidad, su forma discreta de hacerle saber que necesitaba ir al baño.
Pero maldita sea si no estaba pagando cara su caballerosidad.
En cuanto Lievran desapareció de su vista, dejó escapar un suspiro tenso y empezó a pasearse de un lado a otro para distraerse de la presión en su vejiga. Apenas se quedó solo, el lobo salió silenciosamente de entre las sombras. Alzó el hocico y olfateó el aire, reuniendo toda la información que su nariz podía ofrecerle.
Con cautela, Cassian apoyó la mano sobre la empuñadura de su sable-pistola y encaró al animal, sosteniéndole la mirada sin parpadear. Lo último que necesitaba era que la bestia tuviera alguna idea desafortunada ahora que estaba solo.
Pero el lobo ya había descartado por completo la posibilidad de convertirlos en su presa. No tenía ninguna oportunidad.
En lugar de eso, olisqueó un poco los alrededores...
...y acto seguido levantó una pata para marcar como suyo el árbol más cercano.
Chasqueando la lengua con irritación, Cassian apartó la vista.
—Pequeña alimaña... —gruñó entre dientes al cachorro, optando por interpretar el gesto como algo deliberadamente malicioso.
Lievran regresó pronto, afortunadamente.
Apenas reparó en el ligero rubor de sus mejillas ni en la promesa de montar guardia antes de pasar junto a él con cierta rigidez en busca de un lugar donde ni pudiera verlo ni ser visto por su escolta. En cuanto sintió el primer alivio, dejó de importarle si alguien llegaba a interrumpirlo. No siempre había disfrutado de intimidad —la vida militar se encargaba de despojar a cualquiera de esa necesidad tarde o temprano—, pero, cuando podía permitírselo, prefería esperar.
Unos minutos después consiguió recomponerse lo suficiente para regresar. La tensión había desaparecido casi por completo de sus facciones, aunque las mejillas y el interior de las orejas conservaban un leve tono sonrosado.
Solo entonces advirtió que el lobo seguía allí.
—Puede que tengamos que espantarlo —comentó, mirando al animal—. ¿Conoces alguna forma eficaz de ahuyentar a una bestia demasiado curiosa?
Con todo, empezaba a acostumbrarse a su presencia e incluso era posible que sus sentidos les resultaran útiles. Precisamente por eso tenía que marcharse.
Si seguía tras ellos, acabaría muriendo, y Cassian no quería cargar también con ese peso en la conciencia.
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MMORPG: Neverland / Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Last post by Neko on June 30, 2026, 10:58:05 AM »Seguimos juntando a la familia
Night Fury y el evento de Sirenas en Mayo 2
Neko y Crane habían terminado los primeros pasos de la quest de inicio y se encontraban en la playa al norte de la aldea pesquera, buscando al personaje no jugable que desbloqueaba la interfaz del evento. Aquello estaba hasta los topes de jugadores y no todos estaban participando activamente en el evento como tal.
Neko podía ver al menos tres redes de volley levantadas en la arena, cinco carritos de merchant decorados cual chiringuito veraniego y un par de healers con chaleco rojo subidos a sillas de madera altas que evidentemente estaban sirviendo de socorristas. Para rematar el cuadro, un montón de sombrillas y toallas coloreaban la playa y la mayoría de personas iban en bañador.
—Con la de playas que hay en el juego… —se quejó Neko.
—Igual están descansando. O tal vez han venido a ver a los demás participar en los eventos. —comentó Crane.
—O sólo tienen ganas de tocar lo… la moral. —apuntó Neko, encogiéndose de hombros.
Crane dejó salir una risita desde detrás de su bufanda y señaló con la cabeza hacia lo que parecía ser el personaje que estaban buscando. Neko asintió de vuelta y las dos empezaron a caminar entre el gentío hacia el hombre de pelo azul y orejas de colorines que les recordaban a las aletas dorsales de un pez tropical.
—¡Bienvenidas! —les saludó mientras agarraba con las dos manos la lira que había tenido apoyada en la cadera—. ¿Qué trae por aquí a dos bellezas como ustedes?
Orphe ladeó la cabeza y sonrió mientras arrancaba unas notas melodiosas a las cuerdas de su lira.
—Venimos a ayudar. —contestó Neko, fijándose en las escamas centelleantes desparramadas por el cuello del NPC. Los brillis sacaban a relucir su urraca interior.
—¡Gracias! Muchísima gente ha oído los llantos de socorro de nuestro pueblo. Nunca diré que no a dos almas que quieren ayudar. Venid.
Orphe estiró el brazo con una floritura elegante y les ofreció la mano. Crane y Neko se miraron entre ellas antes de poner una mano sobre la del NPC casi a la vez. La interfaz del evento se abrió con una explosión de colores delante de ellas antes que encogerse como una bola de papel arrugado y asimilarse en sus omnitools.
—Si necesitáis consejo siempre estoy aquí para guiaros —les recordó el NPC antes de dirigirse a otro grupo de jugadores que estaban esperando su turno—. ¡Bienvenidos!
Neko agarró a Crane por el codo y se la llevó a un rincón debajo de una sombrilla sin ocupar para revisar los mini juegos y la misión que les habían acabado de dar.
Crane se sentó con gracia mientras que Neko dejó caer el culo sobre la toalla.
—No hay mucha historia —señaló Crane—, pero hay un montón de mini juegos.
—¿Te gusta hacer misiones con historia? —curioseó Neko y Crane asintió—. Bueno, tal vez usen este evento para presentarnos algunos NCPs recurrentes, no sería la primera vez.
—Eso estaría bien. —murmuró Crane, moviendo las páginas del evento para ver qué más había.
—Mira esto, por lo visto puedes quedarte la skin de sirena para siempre si estás en el top tres en cualquiera de las listas de ranking del evento.
Las chicas volvieron a cruzar miradas y Neko pudo adivinar que su sonrisa creciente se reflejaba detrás de la bufanda de Crane.
—¿Qué hay que hacer para entrar en esas listas? —indagó Crane mientras buscaba esa información en concreto.
—Hay ranking de cada mini juego, hay otro de puntos en general… ¿Hay uno de más horas nadadas? —preguntó Neko confundida, aunque el siguiente le llamó muchísimo la atención— Oh, ¡hay uno para bardos! Más horas tocando un instrumento mientras mantienes tu forma de sirena… y en el top está el bardo que acabamos de meter en la Guild, mira, Starkrimson se llama.
Crane había apagado su omnitool y estaba mirando por encima del hombro de Neko, leyendo su pantalla.
—Eso es un tipo de manzana. —dijo Crane y Neko se rió sorprendida.
—Ay, luego te lo presento, le vas a caer bien.
Crane se levantó y se sacudió la poca arena que se le había pegado a la ropa, Neko apagó la omnitool después de haber memorizado donde tenía que empezar los minijuegos.
—¿Cuánto tiempo llevas jugando? —preguntó Neko con tono ligero.
—No mucho.
Las dos chicas empezaron a serpentear entre la gente, con Crane siguiendo a Neko hasta que llegaron a su primera parada.
—¿Y qué te atrajo del juego?
Crane miró hacia su izquierda, moviendo todo el peso de su cuerpo hacia ese lado. Parecía pensativa.
—Mi hermano juega, pensé que sería una buena forma de conectar con él.
Neko ladeó la cabeza.
—Por la forma en la que lo dices parece que no ha funcionado.
Crane se frotó la nariz contra la bufanda a rayas blancas y azules antes de bajarla hasta casi el pecho, enseñando la cara entera por primera vez. La verdad era que había elegido un modelo muy atractivo.
—No, no es eso. Entré por mi hermano y me quedé por las historias —comentó, enredando un mechón rubio con el índice—. Es la primera vez que juego con alguien que no es mi hermano.
A Neko le nació una sonrisa inevitable y palmeó el hombro de la otra mujer.
—Quien sabe, igual sales de este evento con más motivos para seguir jugando.
Crane pareció pensar un poco, pero asintió, volviendo a esconder su sonrisa detrás de la bufanda.
—Tal vez.
Se quedaron calladas, el silencio llenándose con el jolgorio de la playa y el rumor del mar. El aire olía a sal y chucherías y Neko se puso los puños en la cintura antes de señalar hacia la entrada de la tienda que tenían enfrente.
—¿Vamos a hacer nuestra skin de sirena? Si esto es como Los Sims voy a tardar una hora mínimo en tenerla hecha.
Crane ahogó una risita antes de asentir y señalar la entrada con la mano, como diciendo “Después de tí.” sin tener que hablar en alto.
—Vamos. —contestó la arquera a la vez que Neko apartaba la tela.
—Dale.
Night Fury y el evento de Sirenas en Mayo 2
Neko y Crane habían terminado los primeros pasos de la quest de inicio y se encontraban en la playa al norte de la aldea pesquera, buscando al personaje no jugable que desbloqueaba la interfaz del evento. Aquello estaba hasta los topes de jugadores y no todos estaban participando activamente en el evento como tal.
Neko podía ver al menos tres redes de volley levantadas en la arena, cinco carritos de merchant decorados cual chiringuito veraniego y un par de healers con chaleco rojo subidos a sillas de madera altas que evidentemente estaban sirviendo de socorristas. Para rematar el cuadro, un montón de sombrillas y toallas coloreaban la playa y la mayoría de personas iban en bañador.
—Con la de playas que hay en el juego… —se quejó Neko.
—Igual están descansando. O tal vez han venido a ver a los demás participar en los eventos. —comentó Crane.
—O sólo tienen ganas de tocar lo… la moral. —apuntó Neko, encogiéndose de hombros.
Crane dejó salir una risita desde detrás de su bufanda y señaló con la cabeza hacia lo que parecía ser el personaje que estaban buscando. Neko asintió de vuelta y las dos empezaron a caminar entre el gentío hacia el hombre de pelo azul y orejas de colorines que les recordaban a las aletas dorsales de un pez tropical.
—¡Bienvenidas! —les saludó mientras agarraba con las dos manos la lira que había tenido apoyada en la cadera—. ¿Qué trae por aquí a dos bellezas como ustedes?
Orphe ladeó la cabeza y sonrió mientras arrancaba unas notas melodiosas a las cuerdas de su lira.
—Venimos a ayudar. —contestó Neko, fijándose en las escamas centelleantes desparramadas por el cuello del NPC. Los brillis sacaban a relucir su urraca interior.
—¡Gracias! Muchísima gente ha oído los llantos de socorro de nuestro pueblo. Nunca diré que no a dos almas que quieren ayudar. Venid.
Orphe estiró el brazo con una floritura elegante y les ofreció la mano. Crane y Neko se miraron entre ellas antes de poner una mano sobre la del NPC casi a la vez. La interfaz del evento se abrió con una explosión de colores delante de ellas antes que encogerse como una bola de papel arrugado y asimilarse en sus omnitools.
—Si necesitáis consejo siempre estoy aquí para guiaros —les recordó el NPC antes de dirigirse a otro grupo de jugadores que estaban esperando su turno—. ¡Bienvenidos!
Neko agarró a Crane por el codo y se la llevó a un rincón debajo de una sombrilla sin ocupar para revisar los mini juegos y la misión que les habían acabado de dar.
Crane se sentó con gracia mientras que Neko dejó caer el culo sobre la toalla.
—No hay mucha historia —señaló Crane—, pero hay un montón de mini juegos.
—¿Te gusta hacer misiones con historia? —curioseó Neko y Crane asintió—. Bueno, tal vez usen este evento para presentarnos algunos NCPs recurrentes, no sería la primera vez.
—Eso estaría bien. —murmuró Crane, moviendo las páginas del evento para ver qué más había.
—Mira esto, por lo visto puedes quedarte la skin de sirena para siempre si estás en el top tres en cualquiera de las listas de ranking del evento.
Las chicas volvieron a cruzar miradas y Neko pudo adivinar que su sonrisa creciente se reflejaba detrás de la bufanda de Crane.
—¿Qué hay que hacer para entrar en esas listas? —indagó Crane mientras buscaba esa información en concreto.
—Hay ranking de cada mini juego, hay otro de puntos en general… ¿Hay uno de más horas nadadas? —preguntó Neko confundida, aunque el siguiente le llamó muchísimo la atención— Oh, ¡hay uno para bardos! Más horas tocando un instrumento mientras mantienes tu forma de sirena… y en el top está el bardo que acabamos de meter en la Guild, mira, Starkrimson se llama.
Crane había apagado su omnitool y estaba mirando por encima del hombro de Neko, leyendo su pantalla.
—Eso es un tipo de manzana. —dijo Crane y Neko se rió sorprendida.
—Ay, luego te lo presento, le vas a caer bien.
Crane se levantó y se sacudió la poca arena que se le había pegado a la ropa, Neko apagó la omnitool después de haber memorizado donde tenía que empezar los minijuegos.
—¿Cuánto tiempo llevas jugando? —preguntó Neko con tono ligero.
—No mucho.
Las dos chicas empezaron a serpentear entre la gente, con Crane siguiendo a Neko hasta que llegaron a su primera parada.
—¿Y qué te atrajo del juego?
Crane miró hacia su izquierda, moviendo todo el peso de su cuerpo hacia ese lado. Parecía pensativa.
—Mi hermano juega, pensé que sería una buena forma de conectar con él.
Neko ladeó la cabeza.
—Por la forma en la que lo dices parece que no ha funcionado.
Crane se frotó la nariz contra la bufanda a rayas blancas y azules antes de bajarla hasta casi el pecho, enseñando la cara entera por primera vez. La verdad era que había elegido un modelo muy atractivo.
—No, no es eso. Entré por mi hermano y me quedé por las historias —comentó, enredando un mechón rubio con el índice—. Es la primera vez que juego con alguien que no es mi hermano.
A Neko le nació una sonrisa inevitable y palmeó el hombro de la otra mujer.
—Quien sabe, igual sales de este evento con más motivos para seguir jugando.
Crane pareció pensar un poco, pero asintió, volviendo a esconder su sonrisa detrás de la bufanda.
—Tal vez.
Se quedaron calladas, el silencio llenándose con el jolgorio de la playa y el rumor del mar. El aire olía a sal y chucherías y Neko se puso los puños en la cintura antes de señalar hacia la entrada de la tienda que tenían enfrente.
—¿Vamos a hacer nuestra skin de sirena? Si esto es como Los Sims voy a tardar una hora mínimo en tenerla hecha.
Crane ahogó una risita antes de asentir y señalar la entrada con la mano, como diciendo “Después de tí.” sin tener que hablar en alto.
—Vamos. —contestó la arquera a la vez que Neko apartaba la tela.
—Dale.
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A Step to the Left / Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Last post by Airin on June 30, 2026, 10:55:02 AM »Yo quería haberlo terminado para el solsticio pero la ola de calor casi me fríe las dos neuronas que me quedan :_D Allé va.


[ Donibaneko Gaua - Jondane Johane ]
De entre los árboles empezaron a salir numerosas figuras que avanzaban a través de la oscuridad con ritmo susurrante hacia el descampado, sus pasos seguros y ligeros siguiendo el murmullo de una melodía apenas recordada de tiempos antiguos.
Congregándose poco a poco de manera ordenada fueron situándose una tras otra en fila, agarrándose de las manos hasta formar una cadena que terminó por cerrar en círculo en torno a un montón de troncos aparentemente abandonados.
Completaron un par de vueltas alrededor de los leños antes de alcanzar el punto en el que todo el grupo se movía sincronizado y parecía incluso respirar como si fueran una sola unidad.
Como una inspiración colectiva una pequeña corriente de aire agitó hierbas, hojas, y ropas, y un brillo rojizo parpadeó bajo el corazón de la madera al mismo tiempo que se alzaron las primeras voces.
—Los años llegan y van pasando en orden uno tras otro. —llamaron a la canción.
—Un nuevo fuego nace otra vez en el sol del carnaval. —contestó el resto del coro.
—A la izquierda el invierno, a la derecha la luz, salta adelante bailarín, dando la vuelta, soltando las manos, marcando el ruedo del fuego. —resonaron todas a la vez soltándose de la cadena para girar sobre sí mismas y volver a agarrarse manteniendo el tiempo de los pasos.
Con el acompañamiento rítmico de sus pisadas, el ascua que había surgido palpitó encendiéndose según aumentaba el volumen de las voces en su llamada y respuesta.
—Polvo de estrellas que nos das vida, eres tú Madre Tierra.
—La creadora de tus dos hijas, la Luna que brilla y el Sol.
—A la izquierda el invierno, a la derecha la luz, salta adelante bailarín, dando la vuelta, soltando las manos, marcando el ruedo del fuego.
Ttu-ttun ttu-ttun, ttu-ttun ttu-ttun, como si fuera un latido pequeñas llamas empezaron a lamer la base de los troncos apilados. Decenas de pies saltaron ligeros y cayeron a la vez entre el rumor de faldas agitadas.
—En lo más alto está nuestra estrella blanca y roja iluminada.
—Sol tú que haces días y noches, tú que conoces los tiempos.
—A la izquierda el invierno, a la derecha la luz, salta adelante bailarín, dando la vuelta, soltando las manos, marcando el ruedo del fuego. —se repitió de nuevo el fraseo que parecía alimentar la fuerza de las llamas cada vez más potentes.
El círculo que había empezado lento y solemne seguía girando, cada vez más decidido, las voces cada vez más altas, los pasos cada vez más sólidos y las manos encadenadas levantándose cada vez con más energía.
—Todo lo que sube a lo alto tarde o temprano bajará.
—Las estaciones siguen cambiando, el día a la noche engendrará.
La hoguera rugió alta y viva en el centro del círculo proyectando su luz anaranjada sobre el prado y las figuras que bailaban en mitad de la noche.
—A la izquierda el invierno, a la derecha la luz, salta adelante bailarín, dando la vuelta, soltando las manos, marcando el ruedo del fuego. Larailaraila larailaraila larailaraila lailará~ —Un sonido penetrante como un grito agudo y sostenido que vibró largos segundos en la misma nota se elevó por encima del coro y levantó las ascuas con un chisporroteo embravecido como si fueran estrellas salpicando sobre la oscuridad.
El grupo frenó, todas a una en el mismo compás. Dos latidos después un par de manos se soltó rompiendo la cadena, y las pisadas resonaron firmes marchando hasta abrir el círculo delimitando un principio y un final.
La primera danzante elevó la mano que mantenía enlazada y sin desasirse avanzó en cabriolas ágiles hacia la izquierda y la derecha, marcando un amago hacia adelante y entrecruzando los pies al saltar. Giró en una vuelta sobre sí misma hacia el interior del círculo y levantó una pierna tan alto que varias sayas relucieron frente al fuego. Repitió los pasos varias veces antes de completar su baile y cuando lo hizo soltó su mano al fin de la cadena.
Se alisó las faldas y acercándose a la hoguera recogió un pedazo de madera que ardía por un costado, y se irguió al margen del círculo, antorcha en mano.
La siguiente en encabezar la marcha volvió a seguir los mismos movimientos, ligera y grácil; y cuando terminó su danza paró también a recoger una rama humeante, y se colocó como otra luminaria a poca distancia de su predecesora.
Una tras otra fueron replicando el baile hasta que todas hubieron recolectado sucesivos fragmentos de madera ardiendo y cerrado de nuevo el círculo en torno a la hoguera. Una ráfaga de aire corrió por el descampado, haciendo temblar las llamas de forma extraña, acallando la fogata y avivando las antorchas.
De la misma manera que habían comenzado la velada, las figuras fueron ordenándose en una fila siguiendo el mismo compás de pasos y una melodía murmurada; y poco a poco fueron abandonando el prado como una columna de luces que centelleaba entre los árboles al mismo tiempo que la hoguera perdía fuerza.
Cuando el fuego terminó de consumirse ya no quedaba rastro de las danzantes en la noche, ni tampoco signos más allá de ceniza vieja de que hubiera habido ni fogata ni encuentro.


[ Donibaneko Gaua - Jondane Johane ]
De entre los árboles empezaron a salir numerosas figuras que avanzaban a través de la oscuridad con ritmo susurrante hacia el descampado, sus pasos seguros y ligeros siguiendo el murmullo de una melodía apenas recordada de tiempos antiguos.
Congregándose poco a poco de manera ordenada fueron situándose una tras otra en fila, agarrándose de las manos hasta formar una cadena que terminó por cerrar en círculo en torno a un montón de troncos aparentemente abandonados.
Completaron un par de vueltas alrededor de los leños antes de alcanzar el punto en el que todo el grupo se movía sincronizado y parecía incluso respirar como si fueran una sola unidad.
Como una inspiración colectiva una pequeña corriente de aire agitó hierbas, hojas, y ropas, y un brillo rojizo parpadeó bajo el corazón de la madera al mismo tiempo que se alzaron las primeras voces.
—Los años llegan y van pasando en orden uno tras otro. —llamaron a la canción.
—Un nuevo fuego nace otra vez en el sol del carnaval. —contestó el resto del coro.
—A la izquierda el invierno, a la derecha la luz, salta adelante bailarín, dando la vuelta, soltando las manos, marcando el ruedo del fuego. —resonaron todas a la vez soltándose de la cadena para girar sobre sí mismas y volver a agarrarse manteniendo el tiempo de los pasos.
Con el acompañamiento rítmico de sus pisadas, el ascua que había surgido palpitó encendiéndose según aumentaba el volumen de las voces en su llamada y respuesta.
—Polvo de estrellas que nos das vida, eres tú Madre Tierra.
—La creadora de tus dos hijas, la Luna que brilla y el Sol.
—A la izquierda el invierno, a la derecha la luz, salta adelante bailarín, dando la vuelta, soltando las manos, marcando el ruedo del fuego.
Ttu-ttun ttu-ttun, ttu-ttun ttu-ttun, como si fuera un latido pequeñas llamas empezaron a lamer la base de los troncos apilados. Decenas de pies saltaron ligeros y cayeron a la vez entre el rumor de faldas agitadas.
—En lo más alto está nuestra estrella blanca y roja iluminada.
—Sol tú que haces días y noches, tú que conoces los tiempos.
—A la izquierda el invierno, a la derecha la luz, salta adelante bailarín, dando la vuelta, soltando las manos, marcando el ruedo del fuego. —se repitió de nuevo el fraseo que parecía alimentar la fuerza de las llamas cada vez más potentes.
El círculo que había empezado lento y solemne seguía girando, cada vez más decidido, las voces cada vez más altas, los pasos cada vez más sólidos y las manos encadenadas levantándose cada vez con más energía.
—Todo lo que sube a lo alto tarde o temprano bajará.
—Las estaciones siguen cambiando, el día a la noche engendrará.
La hoguera rugió alta y viva en el centro del círculo proyectando su luz anaranjada sobre el prado y las figuras que bailaban en mitad de la noche.
—A la izquierda el invierno, a la derecha la luz, salta adelante bailarín, dando la vuelta, soltando las manos, marcando el ruedo del fuego. Larailaraila larailaraila larailaraila lailará~ —Un sonido penetrante como un grito agudo y sostenido que vibró largos segundos en la misma nota se elevó por encima del coro y levantó las ascuas con un chisporroteo embravecido como si fueran estrellas salpicando sobre la oscuridad.
El grupo frenó, todas a una en el mismo compás. Dos latidos después un par de manos se soltó rompiendo la cadena, y las pisadas resonaron firmes marchando hasta abrir el círculo delimitando un principio y un final.
La primera danzante elevó la mano que mantenía enlazada y sin desasirse avanzó en cabriolas ágiles hacia la izquierda y la derecha, marcando un amago hacia adelante y entrecruzando los pies al saltar. Giró en una vuelta sobre sí misma hacia el interior del círculo y levantó una pierna tan alto que varias sayas relucieron frente al fuego. Repitió los pasos varias veces antes de completar su baile y cuando lo hizo soltó su mano al fin de la cadena.
Se alisó las faldas y acercándose a la hoguera recogió un pedazo de madera que ardía por un costado, y se irguió al margen del círculo, antorcha en mano.
La siguiente en encabezar la marcha volvió a seguir los mismos movimientos, ligera y grácil; y cuando terminó su danza paró también a recoger una rama humeante, y se colocó como otra luminaria a poca distancia de su predecesora.
Una tras otra fueron replicando el baile hasta que todas hubieron recolectado sucesivos fragmentos de madera ardiendo y cerrado de nuevo el círculo en torno a la hoguera. Una ráfaga de aire corrió por el descampado, haciendo temblar las llamas de forma extraña, acallando la fogata y avivando las antorchas.
De la misma manera que habían comenzado la velada, las figuras fueron ordenándose en una fila siguiendo el mismo compás de pasos y una melodía murmurada; y poco a poco fueron abandonando el prado como una columna de luces que centelleaba entre los árboles al mismo tiempo que la hoguera perdía fuerza.
Cuando el fuego terminó de consumirse ya no quedaba rastro de las danzantes en la noche, ni tampoco signos más allá de ceniza vieja de que hubiera habido ni fogata ni encuentro.
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