Author Topic: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back  (Read 497341 times)


Kana

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1095: February 27, 2026, 04:34:01 PM »
Es el fic que subí a principios de febrero, pero traigo las continuaciones y quiero subirlos todos juntos.
La inspiración llegó de golpe, de culpa de las ideas locas que me vienen, del Decamerón y de Nèro.

Acto primero

Por más tiempo del que le habría gustado admitir, Kana caminó por los pasillos del enorme castillo buscando el maldito punto de encuentro con Cain. La ironía de la situación la desesperaba: no encontrarlo la inquietaba tanto como el hecho de seguir avanzando por un lugar que parecía no tener fin. Sala tras sala, corredor tras corredor, el castillo se extendía como un laberinto infinito decidido a burlarse de ella.

Agotada, apoyó la espalda contra una pared en busca de un breve respiro. El alivio duró apenas un segundo. Un gritillo escapó de su boca cuando la pared cedió a sus espaldas y un compartimiento secreto se abrió de golpe. Kana rodó cuesta abajo por un pasadizo estrecho y terminó cayendo de bruces en una sala inundada de luz.
Quedó desparramada en el suelo, con el cabello cubriéndole el rostro. Palpó el piso con sus manos mientras su corazón golpeaba con violencia contra su pecho por el susto y la adrenalina del momento crítico. Durante un instante, llegó a pensar que caería en una mazmorra repleta de picas y que acabaría empalada por alguna trampa del viejo castillo Lancaster.

—No puedes entrar por ahí —dijo una voz —Es un atajo secreto, solo para los Lancaster.

Kana alzó la mirada. Al principio se sintió vulnerable, pero esa sensación se transformó rápidamente en ira cuando se encontró con los ojos verde claro de Cain observándola con abierta desaprobación. La HiME gruñó, ofendida.

—¡No es como si hubiera querido entrar por ahí!— reclamó mientras se ponía de pie —¿Para qué te escondes tanto?

—Era sencillo llegar aquí. Solo tenías que seguir la mínima indicación que te di, ni eso pudiste hacer —rodó los ojos —Bastaba con rodear la sala, subir las escaleras y listo.

—Sí, claro— bufó Kana —Lo cuentas como si fuera tan sencillo entrar en un castillo de mil pisos con mil habitaciones.
—Exageras— restó importancia Cain, acostumbrado a los interminables pasillos de Lancania por ser el dueño del lugar —Tengo poco tiempo. Sé breve.

—Siempre tan simpático— murmuró ella mientras se sacudía el polvo del vestido.

Le tomó unos segundos reunir el valor para sincerarse frente a su adversario.

—Tengo un bloqueo en mis poderes.

—¿Y eso a mí en qué me afecta? —replicó con frialdad —O mejor dicho, ¿por qué debería importarme?

—Ahg… odio esta versión tuya tan amargada.
—A mí me gusta —respondió sin inmutarse —Me siento cómodo siendo yo por fin. Antes tenía que fingir amabilidad y caridad todo el tiempo, pero ese Cain murió… afortunadamente.

El pelinegro observó un cuadro antiguo de uno de sus antepasados. “Los morbosos dirán que he reencarnado bien en este avatar”, pensó con burla.

—En fin— continuó —¿por qué precisamente yo podría ayudarte?

—Porque, desgraciadamente, eres la persona más inteligente que conozco— admitió Kana —Y siempre encuentras las respuestas.

Cain caminó por la sala, analizándola con detenimiento.

—Supongamos que encuentro la respuesta a tu penoso problema —dijo —Supongamos también que estoy de buen humor para ser generoso con tu miseria. Y, considerando el caudal y la peligrosidad de tu poder en energía, espacio y tiempo, dime: ¿por qué habría de arriesgarme a ayudarte?
—¿Tan grave es?— preguntó Kana —¿Tienes miedo?

No lo dijo con burla. En su voz había preocupación genuina. Se dejó caer sobre un sitial, abrumada por la angustia. Cain dejó de mirarla como un felino acechando a su presa y se acercó con cautela a aquella mujer que, en ese momento, era tan peligrosa como una bomba atómica.
No era idiota. Ya había medido antes el volumen de energía incontrolable en esa HiME. Aunque no estaba directamente involucrado en los estudios de Rizembool, al detectar una anomalía que amenazaba mucho más allá de Rizembool y Hanasaki, investigó la fuente de aquel magma de poder desbordado. Irónicamente, lo condujo a Kana Nakiri.
Contra toda lógica de seguridad, Cain le ordenó que mostrara una pequeña dosis de su poder.
Kana se concentró con dificultad. Apenas una chispa débil apareció entre sus dedos.

—¿Ves?— dijo con frustración —Esto es todo lo que pasa. Por más que intento manifestar mi poder, solo logro esto. Incluso siento que gasté lo último que me quedaba al teletransportarme con Allen a Inglaterra.
—Eso es lo que ocurre cuando se deposita un gran poder en personas necias —sentenció Cain —Tú y Walker no han hecho más que atentar contra la integridad de todos jugando a ser HiME y ¿..bufón?

—¿Perdón?— frunció el ceño.

—Has abierto portales sin responsabilidad ni medición— continuó —Has agotado tu energía y, peor aún, has alterado el orden de las cosas. No puedes abrir portales por capricho. Eres una HiME con un poder inmenso que jamás aprendió a controlar.
—¡Es porque tenía un princeso por Key! —lo culpó, dolida.

—Va más allá de HiME y Key —suspiró Cain —Rizembool y Hanasaki llevan siglos funcionando, pero siguen creando soldados prematuros. Otorgan dones a huéspedes incapaces de soportar el caudal energético… y estas son las consecuencias.

—Entonces… ¿esto no tiene que ver con que no tenga Key?

—Me temo que no.
—Si dices que he alterado el ambiente con mi poder — preguntó Kana —Entonces debe haber muchos agujeros de incertidumbre. ¿Cómo puedo remediarlo?

—No puedes— respondió con crudeza —Debes dejar de usar tu poder.

Pensó un instante antes de continuar, sin dejar de notar la expresión molesta de Kana. Tenía que darle un ejemplo que ella pudiera entender y darle sentido.

—Mhh.. Es como Chernóbil. Tú y quienes han portado tu poder son como un reactor RBMK con un diseño defectuoso, sin protocolos de seguridad. Cada uso provoca una reacción en cadena incontrolable. Tras el desastre, solo queda dejar que el tiempo haga su trabajo para ir recomponiendo el ambiente. No existe un antídoto por más “yodo” y “plomo” que metas en el ambiente.
—No puedo creer que no haya solución —protestó —¡Tiene que haber algo!

—A menos que viajes en el tiempo para remediar las cosas — respondió, con un deje de sarcasmo. —lo cual es imposible. No eres compatible con esa línea de génesis, ya que es otra línea de poder distinto al tuyo, aunque compartan similitud. Y aun si lo lograras, las probabilidades de éxito serían… un 0,7 %.

—Odio que seas tan matemático. — Kana se frotó las sienes.

No había solución, pero al menos Cain le había dado una respuesta. Eso le otorgaba un mínimo equilibrio en medio de la incertidumbre. Sin embargo, algo seguía incomodando al inglés, algo que no se le hacía coherente en su hipótesis.

—¿Cuándo fue la última vez que pudiste usar bien tu poder?

—Déjame pensar…
Un ruido los interrumpió. Ambos miraron hacia la ventana y se sorprendieron al ver a Allen intentando entrar torpemente.
—¡Allen!—gritó Kana.

Se levantó de un salto y, presa del pánico al creer que su amigo podía caer desde quién sabe qué altura, activó su poder de manera inconsciente, ignorando todas las advertencias de Cain.

En un parpadeo, los tres fueron envueltos por la luz de la energía de Kana. Un estallido sacudió la sala.
Los sirvientes acudieron alarmados, pero al entrar no encontraron nada fuera de lugar. La sala estaba intacta… y vacía.

Kana, Cain y Allen habían desaparecido por completo.

« Last Edit: February 27, 2026, 04:43:22 PM by Kana »


Kana

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1096: February 27, 2026, 04:42:46 PM »
Acto segundo

Allen, Kana y Cain fueron absorbidos por una especie de agujero oscuro entrando en un remolino de energía.

—¿Qué es lo que pasa?— Kana se aferró del brazo de Allen para no perder de nuevo al peliblanco.
—No lo entiendo bien, pero… Me da la sensación de que no es muy bueno.— balbuceó Allen. Las ventanas del castillo de Lancaster pasaban volando a su alrededor como barajas en un truco de magia barato que los llevaban a espacios inespecífico.

El peliblanco miró a Cain, de quien estaba evitando la mirada. El pelinegro le dedicaba una de aquellas miradas frías y asesinas que, incluso con todos los años que llevaban siendo algo así como “amigos”,  lo seguía inquietando.  ¡Pero necesitaba respuestas!
El pelinegro flotaba con una elegancia insultante, los brazos cruzados y esa expresión de "estoy rodeado de idiotas" que ni el fin del mundo lograba borrar.

—¿Cain? ¿Algún comentario que no sea un insulto?— rogó Allen. —¿Tienes idea de lo que sucede?
—Por supuesto…— Cain estaba de brazos cruzados, sin expresión alguna pese a todo el caos, alzó una ceja y miró con desgano hacia un punto inexistente. —Gracias a que dos idiotas han jugado a ser héroes, se ha quebrado la estructura de tiempo y espacio al detonar energía inconsistente como si nada.
—No me digas que…— Kana miró a Cain, con un sutil ápice de inquietud. No le tenía miedo a ese Judas, pero se notaba que estaba molesto.
—¿Recuerdas cuando dije que no hay modo de sanar la grieta que se creó gracias a sus irresponsables manejos de energía a menos que viajemos al pasado a remediarlo? Pues, aquí lo tienes.— continuó con los brazos cruzados. —Felicidades. Lo han arruinado insuperablemente más de lo que estaba.
—Espera— La HiME parpadeó, confundida. —Si dices que la única forma, que hasta entonces era imposible, de mejorar esto era viajar al pasado, ¿acaso no es bueno que lo estemos haciendo ahora?
—Quizá esto pasó como un milagro para que podamos remediar nuestros errores.— sugirió Allen.
—Ilusos.— Cain suspiró. —¿Saben por qué no existen los viajes al pasado? No sólo porque teórica y practica sean imposible, sino también porque es letalmente peligroso. Cualquier gradualidad que alteren, genera caos en el presente. Un simple suspiro va a generar una reacción de estimulo en un receptor, sea humano sea una vox populis, y cambiará el futuro a algo peor. Si ya estábamos lidiando con el caos de los países en conflictos de ego, a punto de una amenaza nuclear, seguramente, si es que llegamos a volver considerando que esa posibilidad es mínima, encontraremos un mundo totalmente destruido.
—Ay, Cain… Sólo estas siendo pesimista. Que exagerado eres, sólo somos tres estudiantes, no los jinetes del apocalipsis— Allen rio torpemente, auqnue en su interior sabe que el pelinegro tiene razón. De nuevo sobre él, esa mirada juzgadora. —No me digas que somos los responsables del fin del mundo.
—Punto uno, ustedes son dos pobres estudiantes tantos en recurso económico como intelectual. Dos, sabes que esto es así… Nos lo pasaron en Eton, a menos que no hayas prestado atención.
—Ehw.
—Tal vez si no desperdiciaras tu tiempo con vagabundos y te dedicaras a estudiar, no estarías “gravitando” como idiota en un sin fin de universos.
—Espera, ¡yo no tuve la culpa de esto!— Allen le encaró. —Siempre me hechas la culpa de todo lo malo que pasa pero esta vez ni siquiera hice nada.
—Si no te hubieras aparecido como una vil escoria por mi ventana, seguro la loca no hubiera activado su poder para salvarte cuando le dije estrictamente que no lo volviera a hacer si quería evitar esto.
—¿Preferías que se desnucara contra el pavimento?— profirió Kana
—Era mejor opción que esto. — suspiró. Mientras Allen y Kana le reclamaban al unísono, Cain se ensimismó pensando en la situación. Sí, era un caos nuclear y estaban “viajando” en el tiempo, pero Lancaster sentía que había algo más. Algo más allá que una simple reacción en cadena, “¿tal vez un segundo ¨reactor nuclear¨?”
—¡Como sea!— la HiME intentó dejar los rencores de lado. Ahora estaban ante una situación peor. —Tenemos que estar juntos, no podemos darnos el lujo de perdernos. Allen, sujeta a Cain y yo te sujeto a ti, así no nos separaremos.
Allen intentó agarrar a Cain pero este “levitó” alejándose de ellos como si tuvieran la peste negra.
—¡Carajo, Lancaster! No estamos para soportar tus arrogancias. Kana tiene razón, tenemos que estar unidos.
—Prefiero pulverizarme que seguir con ustedes. Tal vez tenga suerte y muera rápido al caer en algún punto de una triste historia de la era medieval.
—¡Como quieras!— le reclamó Kana, agarrando más fuerte a Allen.
—Una cosa más… Cuando el tiempo se curva sobre sí mismo, esa estructura se desmorona. Debemos evitar la paradoja de la Predestinación o “Bucle Causal” intentar evitar un evento, irónicamente sus acciones terminan siendo la causa de ese mismo evento. Lo más probable es que lleguemos a un punto de la historia irrelevante para el asunto actual de la energía de la HiME, así que eviten alterar cualquier cosa.
—¿Entonces por qué dijiste que un viaje en el tiempo solucionaría lo de mi poder?
—Porque si viajabas específicamente al momento en que te ofrecieron ser HiME  y lo rechazabas, no tendrías este problema actual.
—¡Pero así no tendría ningún problema!
—Exacto…— Cain la miró cómo si fuera tonta.
—E-Es que, si nunca hubiera sido HiMe… No creo que haya sido la solución a mi problema.
—Kana…— Cain suspiró, sin abandonar su pose. —Estas en una guerra sin sentido, donde gente REAL muere por una causa absurda. Perdiste a tu familia, perdiste amigos, perdiste la memoria y estuviste en coma, tuviste que “volver a nacer” y volviste a escoger ser HiME y ahora estás a punto de desintegrarte por tu propia energía y vaticinar uno de los finales del mundo ¿En serio crees que no ser HiME no es la solución a tus problemas? Si hubieras dicho No en ese momento, quizá tu vida sería mínimamente tranquila con los problemas clásicos de tu ciclo vital.
—…—
—Te di la respuesta específica sobre mejorar el problema de tu poder si viajábamos al pasado a una fecha exacta. Pero en este nuevo panorama, donde llegaremos a una fecha que no sabemos, ya no solo se trata de tu poder, cualquier cosa que modifiquemos será una consecuencia para el presente y futuro.
—¿Qué deberíamos hacer?— pregunto Allen, aceptando que Cain, una vez más, tenía la razón. En ese sentido, el peliblanco no era tan obstinado como Kana.
—Cada vez que un objeto viaja al pasado, la masa total del universo en ese punto del tiempo aumentaría. Esto violaría la ley de conservación de la energía/masa. Si viajas a ayer, habría dos versiones de tus átomos en el universo, alterando la masa total del sistema de forma abrupta.
—¿En síntesis?
—Sea cual sea la fecha a la que lleguen. Eviten encontrarse con su yo de ese entonces. Eviten cambiar cualquier cosa y por sobre todo y quiero que se lo metan bien en la cabeza: eviten mejorar las cosas del pasado pensando que así en el presente estarán mejor.
—O sea, por ejemplo, si vemos que nuestro yo del pasado es miserable y se va a morir por caerle algo en la cabeza, no debemos interferir en eso.— puntuó Allen. 
—Tal cual. Y por más que me gustaría aplicar la “paradoja del abuelo” y matar a mi antepasado para no existir, nada de ir haciendo eso.— Cain miró la densidad de la energía que los cubría. Cayeron por un par de puertas más y estimó; —Ya falta poco.
—¿Y cómo lo hacemos para volver al presente?— Kana tocó un punto que Cain quería omitir.
—No vamos a volver. No es necesario. Vivan sus vidas en calma.
—¡Cain!— le gritaron los dos.
—…— suspira con frustración. —Tengo una mínima teoría en mi mente que pueda explicar la forma de volver, pero necesito comprobaría y para eso necesito estar solo sin ustedes porque me distraen.
—Pero si te quedas solo puedes morir.— refutó Kana.
—Siempre he anhelado ese momento.— Cain sonrió, sarcástico. —Como sea. Morir por la picadura de un mosquito me suena más atractivo que pasar tiempo con ustedes.
Las puertas y ventanas dejaron de aparecer alrededor de ellos y fueron escupidos a distintos escenarios.

………….

Allen aterrizó de bruces en un callejón que olía a orina de caballo y cera quemada. Al levantarse, el eco de voces en un inglés arcaico le confirmó que seguía en Inglaterra, pero una Inglaterra de antaño.

—Ya veo. Aún estamos en Inglaterra. El poder de Kana, al estar debilitado, no nos sacó del espacio terrenal… Aunque sí me arrojó varios siglos atrás. ¿Me pregunto en qué fecha y lugar han caído Kana y Cain?

Pensó en la mínima posibilidad de que los otros dos estuvieran, al menos, en la misma fecha, pues si estaban en otra parte del mundo podían reencontrarse en algún momento pero si estaban en fechas distintas no sería muy alentador.
Allen decidió buscarlos, siendo precavido considerando las palabras de Cain.

………….

Kana, por su parte, tuvo un aterrizaje más "escénico". Apareció rodando por unos peldaños de piedra hasta quedar a los pies de un estrado. Por poco su cara queda estampada en la piedra. Al levantar la vista, mareada y con ganas de devolver lo que comió, se encontró con una escena sacada de una pesadilla barroca.
Cientos de velas iluminaban un salón donde aristócratas con rostros de vampiro y ropajes pesadísimos la observaban como si fuera un bicho raro.

—¿Quién es esta desharrapada? —susurró una mujer con voz pesada —¿Será un regalo de bodas de mal gusto?

Kana enfocó la vista. Frente a ella, una pareja de novios: una pelirroja que parecía llevar un jardín de rubíes en la cabeza y, a su lado, Licht... o alguien idéntico a Licht, el hermano menor de Cain, con cara de estar asistiendo a su propio entierro. Ambos estaban sentados en unos cetros debajo de un marco decorado por flores blancas.

—Debe ser de la casta de la novia.
—¡No es una de mis invitadas!
—¡Insolente! ¡¿Cómo te atreves a interrumpir al Rey?! —Un viejo con aspecto de pasa seca la agarró del brazo.
—¿Rey? —Kana alzó la mirada y el aliento se le escapó del cuerpo.

Allí estaba él. Sentado en el trono, envuelto en un aura dorada que parecía emanar de su propia piel. ¿Era un ángel? O una versión divina, estática y perfecta del más bello de los ángeles. Parecía una pintura de Botticelli que hubiera cobrado vida solo para juzgar al mundo con su belleza. Pero sus ojos profundamente calipsos clavados en ella hizo que por poco a Kana le diera un síncope.
Reconocía esa mirada.

—¿Henry? —soltó ella, incapaz de contenerse.

El Rey no parpadeó. Estaba en un trance místico, ajeno al escándalo. La Reina, una mujer rubia cuya mirada podía congelar el Támesis, intervino con celos evidentes:

—¿La conoce, Majestad? ¿por qué esta dama lo trata con tanta familiaridad?—

“¿Estoy en otra época de verdad o estoy en una obra de teatro?” Kana estaba muy confundida.

—¿La conoce, majestad?— insistió la Reina, hostigando con su mirada al Rey, pero este ni se movía.
—Tal vez es una espía del infame Ricardo.— sugirió uno de los caballeros reales. Se acercó a Kana y también la miró con suspicacia. —Será mejor que la lleve al interrogatorio.
Kana, viendo que el caballero real ya acariciaba el mango de su espada, activó el modo supervivencia.
—¡No! Soy... Lady Jane Eyre —improvisó, bendiciendo las clases de literatura—. Enviada por... Lady Whistledown para ser doncella. Me desmayé ante la magnificencia de su Majestad.

Trató de inventarse una historia creíble pero debía ser muy cuidadosa. En ese tiempo, mandaban a cortar la cabeza de las mujeres hasta porque se recuperaban de un resfrío acusándolas de brujería por ello. Intentó acordarse de lo que Cain le contó de sus antepasados, pero el maldito siempre fue muy hermético para con los detalles familiares.

—Fui enviada por Lady…Whistledown. Es mi patrona para convertirme en doncella de la corte. Disculpe mi torpeza, su majestad, tropecé al deslumbrarme con su divinidad.— se excusó Kana, haciendo una reverencia.
—Saliste de la nada, ¿no será un acto de brujería?—

El caballero real estaba a punto de tomarla en arresto pero a continuación ocurrió algo que dejó a todos desconcertados y boquiabiertos.
El Rey, que parecía una estatua en estado “catatónico”, se puso de pie. Caminó hacia ella, se arrodilló provocando un jadeo colectivo que casi agota el oxígeno del salón y le tomó la mano con una sonrisa que podría haber redimido a Lucifer.

—Lady Eyre... ¿es usted un ángel enviado por Dios para sacarme de este hastío? —preguntó Henry con una voz de terciopelo.
La consternación fue general. Kana vio que muchos estaban en shock por la “humildad” del monarca hacia aquella atrevida, pero también había mucho recelo y nadie se atrevía a decir nada.
—¡Majestad!— reclamó la Reina, frustrada.

Kana aceptó con cuidado la mano del rubio y se puso de pie, él le pidió que tomara asiento al lado de su trono, ¡el que corresponde a la Reina! pero Kana no era ninguna idiota y sabe que no hay nada más peligroso que una mujer envidiosa así que rechazó con amabilidad la cortesía del Rey pero aceptó estar de pie a un lado de su trono.

—¿Está a gusto con la ceremonia de matrimonio de mis parientes lejanos?
—Es una ceremonia intima y encantadora, mi señor.
—Lady Langley se ha casado con mi primo Lancaster.
—Lady Langley es muy afortunada al volverse parte de su familia, majestad.
—La próxima ceremonia es entre mi primo Arturo y Lady Hargreaves. Será en Lancashire, a orillas del río Lune. Tal vez Lady Eyre quiera asistir.
—Me hace sentir muy honrada, mi señor, pero primero debo conseguir a una noble a la que servir como doncella para poder asistir a tan importantes eventos.
—Decidme, Lady Eyre, ¿vuestra aspiraciones de doncella van dirigidas a la Reina, la duquesa o la condesa?
—Eh— Kana tomó sus manos detrás de su espalda, nerviosa. Hasta ese momento, agradecía llevar ese vestido elegante y las mil joyas compradas en SHEIN porque le estaban permitiendo hacer creer a los demás que venía de una familia decente. —Confío en la voluntad de Dios.— recordó que el Henry que ella conoce es muy, demasiado, exageradamente católico, y supuso que este Henry debía ser similar.
—Una dama con valores que honra a nuestro señor.— El Rey quedó encantado con la respuesta de la joven. No hay nada más preciado para el Rey Lancaster que su Dios. —A la Reina le gustará tenerla por doncella.
—…— Kana miró discretamente a la Reina quien no dejaba de mirarla con odio. “Dudo mucho que esta vieja me quiera tan siquiera con vida”
—Ya tengo suficientes doncellas, majestad.— aclaró la Reina, quien no era ajena a lo que hablaba su Rey.

Henry el Rey ni siquiera miraba a la Reina cuando le hablaba, es más, parecía que nunca fijaba la mirada en los ojos de nadie. Alzó la vista y se quedó por varios minutos en silencio, pensativo, de nuevo sin parpadear. Cuando Kana comenzó a inquietarse por la mirada hostil de la Reina sobre ella, Henry volvió a hablar.

—Dios me dice que seas mi doncella, Lady Eyre.
—¡Su majestad!— rechistó la Reina, colérica. —Las doncellas son para las damas de la corte. Los reyes, tienen a sus caballeros para hacerles compañía y guardia.
Henry mostró las palmas de sus manos hacia el cielo, sin mirar a nadie, todos sabían que significaba eso.
—Dios me ha hablado hoy. Se ha anunciado y me ha dicho que Lady Eyre sea mi doncella. ¡Alabad la voluntad de Dios!
—¡Alabado sea el señor!

La Reina, ofendida por la falta de respeto de su Rey, hizo una reverencia fingiendo tranquilidad pero se retiró poco después, evidentemente molesta.
Bueno, ahora Kana contaba con la protección del Rey Henry Lancaster. Cain no podía decir que no había logrado cosas en su vida.

…………..

Al día siguiente, Kana ya estaba instalada en la corte, protegida por el capricho real. Su guía era Misa Gray, una rubia que hablaba con el aire y que parecía tener una relación complicada con las paredes. Kana llegó a pensar que Misa tenía esquizofrenia.
Misa Gray refunfuñaba, su deber ahora era orientar a esa recién aparecida y no podía desobedecer la orden del Duque de Wellington quien era el perro faldero del Rey y trataba de consentir todas las ocurrencias de su majestad.
Aunque, Misa la tenía difícil… Porque seguramente la Reina no estaba a gusto. Bueno, ella jamás estaba gusto con ninguna de las ocurrencias de su señor esposo.

—¿Dónde está el resto de tus pertenencias?
—¿Eh?
—¿No pretenderás usar ese vestido el resto de la semana?
—Y-Yo… Fuimos víctimas de forajidos al venir hasta acá. No tengo más que este vestido.
Misa la miró con desprecio. —¡Señor de Wellington, la nueva doncella no tiene más vestuarios que el que lleva puesto!
Kana la miró como si fuera una loca, ¿por qué esa chica rubia hablaba sola?
—Tendrás que darle tus vestidos.
—¡¿Qué?! ¡Pero por qué mis vestidos!
—¡¿De dónde salió esa voz?!— Kana dio un respingo, asustada.
—El Duque de Wellington te vigila por los pasadizos —advirtió Misa mientras le lanzaba vestidos viejos —Es un voyerista, pero al Rey le gusta tenerlo cerca.
—…— Ahora sí que la tendría más difícil con ese voyerista por todos lados.
—Cambiate. — Misa notó que la jovencita no estaba muy cómoda con la orden. La rubia giró los ojos, movió un cuadro y así privó a su señor Wellington de observar más de lo necesario.  Escuchó sus pasos indicando su retirada. —Ya no nos puede ver. Se fue. Cámbiate, el Rey quiere que su “doncella” lo acompañe a orar. — la rubia se iba a retirar, pero la cretina de cabellos plateado le agarró del brazo.
—Misa, dime... ¿qué le pasa a nuestro Rey?
—Yo no sé nada.
—No es verdad…— sí tenía una pinta de tontorrona, pero Kana dudaba que esa tal Misa no supiera cosas. —Si el señor de Wellington te escogió para esto es porque te tiene confianza y sabes mucho, sobre todo, como comportarte con los nobles.
—¿Qué tal si te doy uno de estos?— Kana notó que Misa miraba uno de sus anillos de SHEIN. Se sintió malvada al engañarla con esa baratija. Le ofreció uno de los anillos. Misa mordió el anillo (casi rompiéndose un diente) y suspiró.
—Está loco, querida. O bendecido, según a quién le preguntes. A veces pasa meses mudo, como un cadáver. Otras, se levanta con una energía que asusta, diciendo que Dios le susurra al oído. Se escapa nadando hacia Francia o nos obliga a orar hasta que las rodillas nos sangran.

“Un bipolar medieval” pensó Kana “Pobre Henry”

—Nuestro Rey ha estado muy deprimido, así que más te vale que vuelva a ser feliz. De eso depende que conserves tu cabeza. — se apuntó el cuello con sus dos manos, haciendo un gesto con la lengua, burlándose de la tipeja esta. No le daba más que un par de semanas con vida antes de que los reyes se olvidaran de su existencia.
—¿Por qué está deprimido?
—Porque desea ser cardenal pero es Rey.
—Vaya, que dilema.— ¿por qué alguien que es Rey preferiría ser un absurdo religioso?
—Y porque Lord Goldenleonard no ha venido a visitarlo en mucho tiempo. La Reina no aprueba su amistad con un extranjero de tierras frías.
—Suena un poco cruel que lo priven de su amistad.
—Está bien.— Misa meneó una mano, restando importancia. —El Rey y Lord Goldenleonard eran muy escandalosos cuando se encerraban por horas en la alcoba a "conversar". La pobre Reina dejó una marca en el piso de tanto caminar de aquí para allá por sus pobres nervios.
—¿Qué más debería saber de su majestad?— a la pregunta de Kana, instantáneamente Misa le estiró la mano exigiendo otra joya. Kana le tuvo que pasar otro anillo. Que suerte que Misa no sabe que esas baratijas valen menos de un penique.
—Como te dije, debes mantenerlo contento…Verás, el Rey tiene… “dos facetas”—
Misa se quedó pensativa porque no sabía como explicarlo pues en sus tiempos no se conocía nada de diagnósticos o salud mental.
—Desde que era un niño el Rey Henry fue melancólico, nada parecía hacerlo feliz., ¡Nada! siempre teniendo esa expresión angelical pero taciturna. Ese es el Rey al que hemos estado acostumbrado. No te creas que porque esté deprimido no es buen monarca. Cuando está en esa fase, se dedica a proyectos para la prole como, por ejemplo abrir escuelas y beneficiar estudios, lo cual en mi opinión es innecesario. Yo invertiría ese dinero en fiestas y vestidos y seguramente nuestro reino tendría mejor fama.
—¿Y cuál es su otra fase?— Kana terminó de ponerse el vestido y arreglarse el cabello.
—Esta que vez.
—Se ve tranquilo…
—Hace unos años, el Rey estuvo nada más ni nada menos que dieciocho meses en cama, inerte, sin ganas de vivir, mudo, insensible. Ni siquiera se lamentaba, estaba así tendido en su cama sin decir una palabra ni moverse.— Misa hacia gestos y movimientos dignas de una representación teatral. Se tiró a la cama y se fingió muerta.
—Que triste.— Kana sintió compasión por ese joven monarca. Tal parecía que el Henry que ella conoce del presente iba siguiendo sus mismos pasos. —Estaba deprimido.
—¿Deprimido? ¿Qué es eso? Los médicos dijeron que tuvo una crisis nerviosa, un colapso mental o algo así.. Pero mi tía tiene crisis nerviosas y no son así. Ella no se queda tiesa en una cama por meses, sino se pone histérica.— la rubia saltó de la cama, histriónica. —Como sea, un día simplemente se levantó de la cama, ¡tan enérgico y resplandeciente! que todos nos pusimos muy felices contagiados con su nuevo humor. Él dijo que Dios lo escogió y le habla para darle instrucciones. Eramos benditos por tener este monarca guiado por Dios.
—¿Y entonces?
—B-Bueno… A veces se le pasa la mano y se pone demasiado entusiasta con la religión. Pensamos que tiene visiones divinas, pero sus detractores dicen que tiene alucinaciones. Esta “faceta” de él es muy eufórica, amable y sensible, pero muy impredecible. ¡Yo no lo digo, que conste! pero se chismea que la Reina prefiere que el Rey esté en su fase melancólica, porque así ella gobierna tranquila. En cambio, cuando está con esta fase más animada, es el Rey quien toma las riendas y a veces toma decisiones que desconciertan.
—¿Cómo cuales?
—Hmm.— Misa dudó, pero se sintió en confianza con esa cretina. —Retira los fondos a los nobles para dárselo a la educación.
—Eso no es malo. Aunque entiendo que puede enardecer a los nobles detractores y le juega en contra.
—Cuando anda de buen humor siempre luce ligero de ropa y esconde su rostro con una máscara en forma de sol que era de su abuelo el Rey Carlos— A la rubia le gustaba esa parte del humor de su monarca porque era un hombre atractivo y mirar a alguien así en esos tiempos era un lujo. Considerando que los hombres de su edad eran calvos, gordos y desdentados.

Misa hizo una pausa. En verdad, existían varias curiosidades en el Rey que mantenía los pelos de punta en los nobles, tanto en sus retractores que veían cada cosa que hacía o no hacía como un acto de un enajenado mental como también de sus simpatizantes quienes corrían tras él tapando o abalando sus ocurrencias.
Diablos, parecía que aquel pobre ángel estaba muy afectado a su joven edad en su salud mental.

—Y el tema de su primo Ricardo, te recomiendo que no lo toques con su majestad ni con nadie.
—¿Qué pasa con su primo Ricardo?
—Hay una paranoia general de qué quiere quedarse con la corona. Si lo nombras, pueden pensar que eres una espía y… cómo vez, sus caballeros reales tienen un fetiche con ejecutar personas, así que les divierte andar diciendo que medio mundo es simpatizante de Ricardo.

…………….

Kana fue dirigida a una capilla hermosa llena de estatuas de santos, de Cristo y la virgen María. En medio del altar, postrado ante la gran cruz, estaba Henry el Rey orando, su voz suave y serena pacificaba el alma de los oyentes a su alrededor y Kana por mucho tiempo que no sentía tan cálido su corazón.
El Rey estaba rodeado por novicias, así que Kana se acercó con intención de no molestar pero uno de los caballeros del rey le ordenó que se acercara a su majestad con la advertencia de que no se atreviera a molestarlo en su rezo.
En cierto momento, los caballeros y las novicias se retiraron, para darle su espacio de meditación al Rey donde él oraba sus reflexiones y nadie debía escucharlo.

—Si lo perturbas, te cortaré la cabeza yo mismo.— le apuntó un caballero con el dedo.

“Qué amabilidad” Kana lo miró enojada.
Kana quedó a solas con Henry, siempre vigilada a lo lejos por sus guardias pero aprovechó que estos se distrajeron entre ellos para acercarse un poco más al Rey.
“¿Qué es tanto lo que suplica Henry?”

Sabía que no debía hacerlo, Cain le advirtió que no se metiera ni alterara nada, pero, ¡Kana era muy curiosa!

—Mi Dios, no puedo ver el sol. Enterrado bajo el peso de mi nombre, cada aliento que has regalado se siente igual. Dime ¿es mi destino caer?

“¿Estará preocupado por lo de su primo o por los franceses?”

—Dios, me estoy rompiendo. Dios, me estoy desmoronando. Sálvame de mi mismo. Me estoy ahogando, estoy gritando. Sálvame de este infierno, mi corazón está sangrando. La noche se traga la luz. Estoy solo caminando desnudo por la oscuridad, pero es mi trono reflejos de una vida que no puedo reclamar.— Mantuvo sus manos entrelazadas, concentrado en la oración. —Estas cadenas son pesadas. Mi alma está cansada. Mi fe persiste pero estoy fatigado. ¿Cuándo más puede el alma resistir el peso de la penitencia por sus antepasados?

“Ay, no. Este Henry sufre demasiado. No puedo dejar que sea así.”

—Aun creyendo, estoy pidiendo a gritos; sálvame de mi mismo. Dime, ¿sigues allí?

Kana, olvidando las advertencias de Cain sobre no alterar el pasado, sintió una punzada en el pecho. Se acercó y, con una audacia que habría hecho que le cortaran la cabeza a cualquiera, puso una mano sobre el hombro del Rey de Inglaterra.
Henry se tensó. Los guardias sacaron sus espadas. Pero al ver los ojos encantadores de Lady Eyre, el Rey hizo una señal para que bajaran las armas.

—Su majestad…— No era buena actriz, pero la situación lo ameritaba, como pudo lagrimeó para darle dramatismo. —Sus palabras me han conmovido enormemente hasta el punto de las lágrimas. Es usted tan admirable, mi señor, la devoción de su fe por Dios me llena de esperanza. ¿Cómo lo hace usted para ser tan pasional en su devoción? ¿Puede enseñarme?
—Déjenos solos. Caminaré con Lady Eyre por el jardín. No quiero que me sigan.

……………….

Ya en los jardines, el Rey vestía apenas una túnica blanca, descalzo, luciendo más como un espíritu que como un soberano. Tal vez por la naturaleza inocente de éste es que lo encontraban loco.
Kana evitaba verlo mucho, porque la túnica dejaba notar más de lo prudente en el cuerpo del rey y, prefirió mirar los jardines, jugando con sus manos detrás de su espalda.

—Mi señor, ¿es muy imprudente si le pregunto por qué carga con tanto dolor?
Henry miró al cielo, ese azul infinito que parecía ser el único que lo entendía.
—Porque mi sangre está maldita, Lady Eyre. Siglos de matanzas e incesto corren por mis venas.— el rubio recién se dio cuenta de que le confesó algo tan privado a una persona que acababa de conocer. —Es la primera vez en toda mi vida que me preguntan eso, lady Eyre.
Eso conmovió hasta la médula a Kana, al ver lo triste que era ese pobre Rey.
—Yo creo, que el hecho de nacer ya es un sufrir.— indicó, tan tranquilo, cándido y campante como si no tomara el peso de sus palabras. —¿Usted qué opina, Lady Eyre? Seguramente cree que soy un miserable al despreciar la vida que nuestro creador nos ha otorgado siendo que es él quien me ha escogido para ser su representante en la tierra. No me niegue que no escuchó mis suplicas…
—Pienso que la vida es un regalo que Dios no has dado para ser felices, a pesar del sufrimiento.
—Sabias palabras, mi lady.— asintió.
—Usted…— A Kana le taladraba la imagen mental de Cain llamándola tonta por no hacerle caso, pero quería saber más del antepasado de Henry. —¿Por qué decía que está haciendo penitencia? Es una persona bondadosa y creyente, ¿por qué alguien tan bueno tendría que hacer penitencia?
—Porque en mi habitan los sacrilegios de mis antepasados. El cardenal dice que podemos purificar la herencia de mi sangre con mi penitencia y sacrificio— lo dijo con un aire de oscuridad que se disipó rápido.
—El cardenal es un amargado —soltó Kana sin pensar.

El Rey soltó una carcajada cristalina, la primera en años.

—Tal vez lo sea. Pero dígame, Lady Eyre... si Dios es amor, ¿por qué me ha dado una corona que pesa más que el mundo entero?

Kana lo miró intensamente. En ese momento, no veía a un antepasado, sino al chico que tanto apreciaba, atrapado en una tragedia injusta y superstición. Y supo que, aunque Cain la matara, no iba a dejar que aquel Henry se hundiera en la oscuridad.

—A veces conversar sobre nuestras vidas nos ayudan a aliviarnos del peso de una corona exigente.— en ese tiempo no existían Psicólogos y probablemente este Rey necesitaba urgente uno. ¡Urgente! —Cuénteme su vida, me fascinaría escucharla.
—No tengo mucho que contar. Mi abuelo era el Rey Carlos de Francia, quien se volvió loco. Mi padre Henry V fue un gran monarca, conquistó casi gran parte de Francia para Inglaterra. A los nueve meses me convertí en rey tras la muerte de mi padre y mi pueblo admira que les entregue recursos para que se eduquen y no sean simples campesinos, pero mis nobles aborrecen que sea tan “sensible y débil” porque he perdido gran parte de las tierras que mi padre conquistó pero ellos son incapaces de ver que sustentablemente es imposible sostener una economía para conservar tierras lejanas mientras tu reino vive un déficit a la moneda tras siglos de guerra. Hago lo que puedo, pero no es suficiente.
—Ellos son unos necios. Usted es bueno al cuidar y educar a su pueblo.
—¡Pero mi pueblo también quiere ver mi cabeza rodar! ¡Ja, ja! —se carcajeó el Rey Henry, con una alegría que resultaba más aterradora que un ejército invasor. Se acercó a Kana, invadiendo su espacio personal con una calidez inquietante. —¿Sabe algo, Lady Eyre? Yo hablo con Dios. Él me susurra justo aquí —le tocó el oído a Kana con la punta de un dedo pálido —Me dice qué hacer. Hay impuros que no lo entienden, pero es a mí a quien elige.

Kana asintió, tratando de no temblar. Mientras el Rey hablaba, ella activaba su "diagnóstico mental" de estudiante del siglo XXI: Trastorno afectivo bipolar con síntomas psicóticos o una depresión psicótica. En el DSM-VI, este Henry sería un caso de estudio de diez tomos; en el medievo, era simplemente "el elegido” o “un loco poseído por el diablo”

—Debemos irnos —sentenció él, conduciéndola hacia el lago.

Allí, un noble los esperaba con un niño pequeño de rizos dorados. El pequeño llevaba el emblema de la casa real. El príncipe, intentaba trepar a la góndola como un cachorro torpe.

—¿Es su hijo? —preguntó Kana, sorprendida por la juventud del Rey.
—Fui padre algo viejo... a los quince, creo—respondió Henry con una indiferencia que le heló la sangre a Kana —Suba, Lady Eyre.— la tomó de la cintura con cuidado y la subió a la gondola, atenciones que jamás tuvo con otros.
La tarde transcurría en una calma engañosa. Kana trenzaba flores para el niño mientras el Rey se sumergía en un mutismo sepulcral, mirando el agua como si buscara su propio reflejo en el abismo. El conde, quien era el custodio oficial del príncipe, remaba obedientemente. De pronto, un chapoteo rompió la paz. El príncipe Eduardo había caído al agua.
—¡Eduardo! —gritó el conde, pero se quedó paralizado ante la mirada de Henry.
—¡Hagan algo! —chilló Kana—. ¡Se está ahogando!
—Es la voluntad de Dios —respondió Henry con una calma gélida—. Quizá Dios quiere que aprenda una lección. O quizá quiere llevárselo. No podemos interferir.
El conde apretó los dientes, odiando no poder hacer nada y despreciando internamente lo insufrible que puede ser su rey.
Kana sintió que el mundo se volvía loco.
—¡Su Majestad! Quizá Dios me puso en su camino para decirle que lo salve. ¡Siento que es un mensaje divino! —improvisó ella con desesperación.

Henry la miró, sopesando la "sabiduría" de su nueva doncella. Con la misma desgana con la que uno aparta una mosca, metió la mano en el agua, agarró al niño por el cuello del jubón y lo sacó de un tirón. El pequeño corrió a los brazos del conde, quien le dedicó al Rey una mirada de odio puro antes bajarse de la góndola y retirarse con el menor.

“Dios tiene formas misteriosas de obrar”


Kana

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1097: February 27, 2026, 04:51:23 PM »
Acto Tercero

Había pasado los primeros días en el castillo y Kana no pudo resolver absolutamente nada. Esa tarde, ella y Misa fueron llevadas en carroza a la plaza principal. Al llegar, Misa tuvo que quedarse en el sector destinado para gente de su nivel y Kana fue conducida a un lado del Rey.

—Majestad— le saludó. —Es una obra de teatro, ¿verdad? —preguntó ella al ver los preparativos.
—Algo así —respondió Henry, comiendo una uva con elegancia—. Una ejecución por herejía. Lord Wellington dice que este extranjero tiene la "marca del diablo”
—Así es.— un hombre alto y de cabellos castaños claros habló entre ellos. Kana reconoció su voz, era el mismo tipo que hablaba con Misa entre paredes. El aclamado Duque Wellington. —He encontrado a este extranjero sospechoso fisgoneando en el pueblo. Tiene la marca de satanás en su cara ya deformada por la brujería y la maldad.— argumentó, orgulloso por su “caza”

Empujaron a un tipo a la tarima de la horca, llevaba un saco en la cabeza. Cuando le quitaron el saco al reo, Kana casi sufre un síncope. Era Allen. Su tatuaje en el rostro, en este siglo de supersticiones, era el pasaporte directo al infierno.

—Su majestad, ¿y si es una marca que se ha hecho por accidente?— Kana suplicó que el Rey creyera en sus palabras. —Quizá habría que estudiar mejor su origen antes de proceder.
—Su majestad es quién ha dado autorización para la ejecución.— el duque puso una mano en el hombro del rey. Henry lo miró hacia arriba, sentado en su trono.
—¿Me hablabas, Lord Wellington?— se había distraído con las uvas.
—Le comentaba a su dama que usted ha dado el visto bueno a esta ejecución.
—Hm… No lo recuerdo.
—Mi señor, lo hablamos ayer por la mañana. Recuerde.
—Supongo que tiene razón.— Henry aplastó con su dedo una uva, sacándole el jugo. —Es mi deber limpiar este mundo de los opositores de Dios.
—Así es.— el duque sonrió, encantado. —Es usted un buen monarca por librarnos del mal.
Kana lo miró con rechazo, entendiendo que ese estúpido Duque era quien se divertía con ese tipo de eventos sangrientos.
—Espera, duque de Wellington. ¿Por qué el rostro de ese lacayo del mal se me hace familiar?
—No lo sé, mi señor. Tal vez Dios le habló de él en sus mensajes.
—No.— volvió a mirar hacia arriba, con un halo de repudio hacia su duque. —¿Acaso ese de allí no es el bufón de mi corte?
—…— El duque se quedó pensativo.
—El hijo del conde Walker, ¿lo recuerdas?
—Oh, él…— Wellington se había olvidado de ese tipo. No es que fuera un bufón por naturaleza, pero en una de las ocurrencias del Rey decidió que así lo fuera y degradó al hijo de un noble a ese papel, molesto por poner en duda la existencia de Dios. —Imposible, mi señor. A su bufón le atravesó el corazón con una flecha la semana pasada, ¿no lo recuerda?
—No fui yo.— entrecerró los ojos. —Fue Ricardo cuando quizo clavar una manzana en el árbol con los ojos cerrados. Ricardo siempre quiere romper todo lo que es mío…
—…— Kana se dio cuenta que estaba en medio de un circo de locos y no sabía cómo rescatar a Allen.
—Mi bufón murió la semana pasada. Entonces, ¿cómo es que ahora está aquí de nuevo? ¿Me quieres tomar por tonto, mi buen amigo Wellington? ¿Estás haciendo ejecuciones falsas? 

Wellington guardó la compostura, pero un frío le recorrió la espina dorsal en ese momento. No sólo porque la mirada de su Rey se tornó aterradora, sino porque, ¡tenía razón! hace una semana el “bufón” había muerto y estaba enterrado, ¿cómo era que de nuevo estaba con vida?

—Mi señor, esto es más grave de lo que pensé. No sólo está marcado por la orden del demonio, ¡ha vuelto desde el infierno a podrir al reino con su maldad!

Kana se puso de pie, perdiendo la paciencia. Justo en ese momento le quitaron el banco a Allen y comenzó a ahorcarse. Kana, desesperada, corrió donde Allen y sin darse cuenta activó lo poco que quedaba de su poder y llegó casi "levitando" hacia Allen. Lo sostuvo de los pies para evitar que perdiera el aire.

—¡Brujería!— Wellington la señaló.
—¿Qué deberíamos hacer con su protegida, su majestad?— por fin habló la reina.
—…— el Rey quedó impresionado por lo que veía. Una lágrima silenciosa rodó por su mejilla. —Quémenla.
—¿¡Qué!?— Kana quedó en shock. Definitivamente ese “Henry” no era para nada parecido al que conocía.

………..

Hubo un break en el espectáculo, donde descolgaron a Allen y lo volvieron a poner en la tarima, mientras a Kana la amarraron a la pira.

—Vaya, vaya. Quién diría que tendríamos la ejecución de dos por uno.— satisfecho, Wellington tomó asiento a un lado del Rey. El Rey no respondía a nadie pues estaba ensimismado rezando por esas pobres almas mientras que la Reina sólo alzó una ceja. —No puede negar que he hecho un buen trabajo, mi Reina.
—Tardó con esa aparecida.— mirando a Kana con desprecio. —Pero me inquieta la enigmática “resurrección” del hijo del conde Walker. ¿No crees que esto es demasiado antinatural?

Que su esposo creyera fervientemente en todo lo que la biblia decía no significaba que Margarita fuera igual de cegada por la religión.

—Quizá no estaba muerto cuando le enterramos. Es una explicación más razonable para usted, mi lady.
—Eso suena más creíble, aunque no por ello escalofriante.
En el patio de los condenados, Allen miró hacia Kana y le habló.
—¿Cómo es que hicimos que terminemos aquí a punto de ser ejecutados?
—Justo se me activa el poder de mierda cuando menos lo espero.
—¡Pero yo no hice nada para estar aquí!
—Escuché que creen que eres el bufón del Rey que mataron hace una semana.
—¿Bufón? ¡¿Bufón?! ¡¿BUFÓN?! ¡¿Era el bufón de la familia de Cain?! ¿Qué más denigrante y humillante puede ser mi vida cerca de esta gente?— Allen parecía ofendido.
—¡No deberías preocuparte por esas estupideces y deberías ver el modo de salir de aquí!
—¿Y si usas tu poder de nuevo? Al menos, podrías salvarte tú.
—No podemos interferir con la historia.— Kana suspiró. —Y lamentablemente he intentado activarlo todo este rato, pero no he logrado nada.— la HiME miró hacia dónde estaban los reyes. —¡No quiero morir en el medioevo! ¡No merezco esto!
Los tambores sonaron de nuevo, Kana y Allen se miraron entre ellos preguntándose a cuál de los dos iban a ejecutar primero. Alcanzaron a decirse un “te quiero, amigo” antes de cerrar fuerte los ojos, pero justo en ese momento la voz del Rey, quien había estado ausente, se escuchó.
—¡Ricardo!— exclamó el rubio, siendo tomado por la cintura por Wellington para que no se lanzara del palco a lo loco.
—¡Arresten al duque de Gloucester— exclamó Wellington, agarrando al Rey Henry con un brazo y sosteniendo con el otro brazo a la Reina quien acababa de desmayarse.
Algunos soldados se acercaron al recién aparecido, quien se posicionó entre los dos condenados.
—¡Cain!— por primera vez en mucho tiempo, tanto Allen como Kana se alegraban de volver a verlo. Al menos, no estaba muerto.
—Ricardo de York, queda arrestado por…— un soldado miró al duque de Wellington. No podían arrestar a un duque así como así. Hasta la fecha, no tenían un argumento válido para apresarlo.
—Por aparecerse así como así.— Wellington alzó los hombros, con la reina desmayada haciendo peso y con Henry volviendo a orar. —¡A qué loco se le ocurre venir sin invitación! Hizo que la Reina se desmayara.
—No soy Ricardo…— masculló Cain, entrecerrando los ojos, ofendido por ser confundido con ese rufián del reino.
—Siempre tan bromista, malvado.— dijo el Duque.
—Sus ojos son demasiado claros, no es el duque de Gloucester.— informó el soldado que estaba cerca de Cain.
—¿Y si no eres Ricardo por qué te le pareces tanto? Has atormentado a nuestro pobre Rey por años, es imposible que no seas él.
—No tengo que darte explicaciones a ti, ser inferior e inmundo, sanguijuela de sangre impura que se atreve a manipular a mi casta.

Un gran “Wow” se escuchó entre la multitud. Nunca nadie trató así al duque de Wellington. Escondida, una divertida Misa soltaba una risita por la pokerface de su señor Wellington. Cain avanzó con la arrogancia de quién sabe que es el ser más inteligente en un radio de mil años.

—Estos dos de aquí son mis sirvientes, exijo que se me devuelvan. A menos que me paguen dos reinos por ellos, exijo su liberación.
—Están acusados de herejía y brujería, ¿con qué clase de gente te rodeas, Ricardo?— la Reina recobró la consciencia.
—Ricardo…— lo llamó el Rey, con compasión. —Si vienes conmigo y aceptas el camino de Dios, te perdonaré. Dios sabe cuanto te amo, sangre de mi sangre.
—¿Perdonarme? ¿Tú?
—Ay, no, Cain, no empieces con tus dramas. ¡No es el dulcito de Henry tu hermano! ¡Es un loco que está muy enfermo de su cabecita y tiene como mil siglos de antigüedad!— suplicó Allen.
—Calla, lacayo.— le ordenó a Allen. Disimuladamente en ese momento se acercó a Kana y le puso un extraño collar y para distraer a los presentes le jaló fuerte del cabello. —Esta me salió cara por su exótico cabello y color de ojos.
—¡Oye!
—El collar que te he puesto actúa como bloqueo de energía.— le susurró a Kana.
—¿Y eso?
—Estos días que he estado a solas, estudié y llegué a los cálculos que necesitaba. No eres sólo tú la causante de este fenómeno. Hay un Rebel que ha sido tu parásito por meses y ha absorbido tu energía volviéndola altamente reactiva. Este Rebel también es quien manipula el tiempo, por eso es que llegamos aquí. Era lo que no me calzaba porque tu tipo de energía no es compatible con viajes en el tiempo.
—¿Qué tengo que hacer?
—“Recarga” tu energía, ahora lo puedes hacer ya que bloqueé el canal del Rebel con ese amuleto que confeccioné con “alquimia” ni preguntes de donde conseguí “batería” para su creación.
—¿Por qué huele tan mal?
—Está hecho de materia fecal y una que otra bisutería que pude traer, así se transforman en energía y componentes de batería mediante digestión anaeróbica. El estiércol genera electricidad… Carbón activado para baterías de litio-azufre.
—¡Que asco!
—Sólo obedece. Cuando tu energía esté cargada, nos moverás a los tres por un campo de fuerza lo suficientemente potente para sacarnos de aquí…
—Por qué te quedas pensativo.
—Porque quien nos trajo fue un Rebel parásito. Dudo que este Rebel actúe de buena fe y nos quiera volver a nuestro tiempo… Si no contamos con su “bendición” no encuentro modo de que el salto del tiempo sea efectivo a menos que logres que tu intangibilidad atómica sufra una fractura de watts de poder y puedas lograr agarrar la última hebra de poder por la que el Rebel succiona tu energía. Así usar esa hebra como puente.
—¡¿Y cómo se supone que haga eso?!
—En el momento que demos el salto, supongo que algo te guiará a ello.
—Entiendo. Vuelve a tu papel de Ricardo. — asintió Kana.
—Qué no soy Ricardo…— Cain suspiró. —Y también reclamo a mi lacayo.— apuntó a Allen.  Volviendo a ponerse entre los dos. —A ustedes de nada les va a servir.
—No puedo ir contra la regencia de Dios, pariente mío, bien lo sabes tú. — dijo el Rey. Hizo un gesto de que continuaran con la ejecución. —Pero puedes tomar asiento a mi lado y tener una vista privilegiada de sus últimos suspiros.
Empezaron a chispear fuego en la paja de la hoguera de Kana y volvieron a poner la soga en el cuello de Allen.
—¡Cain! Todavía no tengo mi energía.— miró hacia Allen. —¡Lo van a ahorcar si no salimos de esta!
—No puedo alterar la historia… Lo siento.— miró a la versión original de su maldito hermano. —¿Todavía me ofreces un lugar a tu lado?
—Por supuesto, querido Ricardo.
—Ya empezaron estos locos.— se quejó la Reina, cansada y agotada de la laaarga y extraña relación de amor-odio de esos dos. —Ya estoy harta de tener que soportar este conflicto familiar. Arresten a Ricardo por venir a interrumpir eventos sociales e involucrarse con gente oscura.
—Margarita…— la miró el Rey.
—Después lo liberas como todas las malditas veces lo haces.

El rey giró los ojos y alzó los hombros “Lo que diga la Reina”
Unos soldados se acercaron a Cain y trataron de esposarlo.

—No me toquen, sucios o sino…— miró a Kana, quien con un gesto le indicó que todavía no estaba recargada. —Me obligarán a recurrir a esto.— Sacó su iPhone y comenzó a tomar fotos con flash —¡Si se acercan, capturaré sus almas en este báculo de cristal!
—¡Brujería!— saltaron todos.
—Atrás, mierda.— le tomó una “captura de alma” al verdugo que estaba cerca de Allen. Le mostró la fotografía al verdugo. —Despídete de un año de vida.
—¡Ah!— el hombre se tapó el rostro, como si el saco negro en su cara no lo cubriera.
—¿No que no se podía alterar la historia?— Kana le reclamó. —Pero, claro, cuando te toca a ti estar en riesgo, si se puede alterar todo.

Los soldados retrocedieron aterrados ante la "luz mágica" del iPhone, Cuando iba todo a favor de los tres, justo, JUSTO, el puto teléfono se quedó sin carga y se apagó. Batería baja.

—Maldito seas, Steve Jobs...—susurró Cain. Prepararía una demanda global contra la manzana para cuando volviera a su tiempo.
—¡Por qué no lo cargaste antes de venir!— se quejó Allen.
—Probablemente si no hubiera tenido que usar piezas de mi Iphone para armar el restringidor de energía de la loca, no estaría en esta situación.
—¡Atrápenlo! ¡Su báculo del mal creado por duendes malvados se quedó sin poder oscuro!— ordenó Wellington y se giró orgulloso hacia su Rey. —Su majestad, por fin podemos tener un pretexto válido para ejecutar a Ricardo.
—Pobrecito Ricardo…— Henry se lamentó, en verdad entristecido. —Su cabeza ha de rodar sin poder evitarlo.— miró hacia su pariente. —Lo siento, Ricardo, estiramos lo más que pudimos esta tensión… Pero no puedo salvarte de tu pecado.—
—Cállate, enfermo mental— le masculló de vuelta.
—No entiendo por qué Ricardo me odia tanto. No es mi culpa que él haya nacido negro.— se lamentó el Rey.
—No se preocupe, majestad, ya no tiene que sufrir por él.
« Last Edit: March 09, 2026, 06:40:35 PM by Kana »


Kana

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1098: February 27, 2026, 04:56:00 PM »
El último para terminar esta sub-trama de saltos temporales // Se supone que tiene relación con mis personajes del BT del presente, los personajes que usé en el fic de P&P y personajes de más antigua calaña a modo de línea temporal.

Acto Cuarto

Otra vez se armó un entretiempo en la ejecución para ahora armar tres pedestales distintos. Kana en la hoguera, Allen en la horca y Cain en el cepo para la decapitación.
Todos celebraban que por fin hubiera un argumento justo y válido para ejecutar al villano del reino quien hasta ahora se había liberado de todo.

¡Por fin de acabaría la guerra de las dos rosas!

Los tambores resonaban a más no poder, el primero en ser ejecutado sería “Ricardo”

—¡¿Qué hacemos?!— gritó Allen a sus amigos.
—¡¿Qué hacemos?!— gritó Kana de vuelta.
Los dos parecían esperar una respuesta de Cain.
—…—
—¡Cain!
—Con algo de suerte, me decapitan al primer golpe con la espada así dejo de tener que soportarlos a ustedes.
—¡Esa no puede ser la solución!
El Rey bajó de su palco y a contra todas las advertencias se acercó a “Ricardo”
—Mi querido Ricardo, ¿podría quedarme con tu bella cabeza? Prometo que la cuidaré bien. Dormirá a mi lado en la cama.
—Cállate, loco. Sólo mátame luego. Ni siquiera sabes lo que te espera en el futuro. Castigaré tanto a la versión moderna de ti, que no le quedaran vidas para reencarnar. Deseará nunca haber existido.
—No entiendo de las cosas que me hablas, loquito.— se le acercó mucho al rostro. —¿Qué será de mi vida sin ti?
—…— Cain lo miró de soslayo, inquieto por lo perturbador que era el antepasado de Henry sobre todo, por lo que acababa de hacer. —Un poco de valium y litio habrían hecho de ti un buen hombre, Henry.
—¡Su majestad, aléjese!— exclamó un soldado, consternado al ver que las cuerdas que ataban las manos de “Ricardo” yacían sueltas.
—Ops.— Henry soltó la cuerda y con ello, rápidamente Cain se quitó del cepo escapando de su ejecución.
Pateó al soldado y le quitó la espada, tomando de rehén al Rey.
—Se mueven y lo decapito.
—¡Dios mio!— varios se desmayaron allí mismo.
—Que sensible era la gente de estos tiempos.— puntuó Allen, alegrándose de que Cain sea tan escurridizo y pudiera librarse.
—Ay, por favor.— la reina Margarita giró sus ojos. —Arréstenlo de nuevo. Ricardo no es capaz de matar a Henry ni Henry a Ricardo.
—...— Cain le clavó la espada en el vientre del Rey, dejando a todos petrificados cuando lo vieron sangrar.
—O-Oye, Ricardo… Te estás pasando un poquito.— susurró el Rey.
—¡Cain, no! Es el Henrycito del pasado. No te desquites con la imagen de tu hermano.— Allen entendía que ese no era el Henry que conocen, pero le perturbaba que a Cain no se le moviera ni un pelo al apuñalar a la imagen antepasada de su hermano.
—Ya está muy enfermo y triste. Hay que sacrificarlo como un animal que sólo sufre.
—Vil esperpento del demonio, traidor y orgulloso, ¡Vanidoso pecador! Dios se apiade de tu alma, oh mi señor te ruego que purifiques el alma de Ricardo con tu sangre divina.
—¡Al rey!— ordenó Wellington, quien apareció al lado de la horca sin ser predecible. Pateó a Allen quien cayó con la soga en el cuello ahorcándose. La gente le aplaudió al duque por su hazaña.
—Debo irme.— Cain le dio un beso en la mejilla al Rey antes de soltarlo. —Te apuñalé cerca del bazo, vas a sobrevivir muy a tu pesar. Hasta nunca, Henry el Rey. Vive tu infame historia.

Corrió hasta dónde Allen y cortó con la espada la cuerda liberando a Allen pero perdiendo la espada. Ambos cayeron al sub escenario, fue hasta donde el peliblanco y le soltó de sus ataduras. Allen tosió por la falta de aire.
Cain esperó que cobrara la compostura y dejara de retorcerse únicamente para esto:

—Todo esto es tu culpa.
—¿Mi culpa? ¡¿Por qué?!
—Porque no me obedeces, no me haces caso. Te dije que no te juntaras con ese vagabundo con cabeza de zanahoria. Haces todo lo que ese gusano inútil te dice, pero de mi consejos te alejas.— le clavó el dedo índice en el tatuaje. —Te dije que te prohibía esto y corriste a marcarte la cara con ese idiota. Si no tuvieras esta horrenda cosa en tu cara como un vil preso, no estaríamos en esta situación.
—Oh, sí. Porque seguramente tú habrías resuelto todo.
—Siempre lo resuelvo todo. Tengo que remediar este error en la lógica y no sabes cuánto me tardaré en hacer que Rizembool me apoye para esta desgracia. Sólo porque tú y Kana se dedicaron a jugar y ser estúpidos.
—¡Ni siquiera te preocupas por nosotros realmente! Lo haces para tener más conocimientos, por tu ambición del saber y llenar más tu ego. Te crees perfecto y buscas el modo de tener el control de todo.
—¿Y si fuera así qué? ¿Crees que me desviviría por un par de personas que por selección natural deberían estar fulminados hace años por sus constantes actos de imbecilidades?
—No puedo creer que perdiera tantos años en ser tu amigo.
—Nunca fuiste mi amigo. — se paró lentamente, dejando a Allen boquiabierto. Fue donde Kana y le soltó las amarras. Allen fue hasta ellos, librándose como pudo de los soldados que intentaban atacarlos.
—Creo que puedo intentar hacer el salto ahora.
—No. Aquí, no. Eso alteraría gravemente la historia.
—¿Y tu Iphone no va a alterarla acaso?
—Esta gente es ignorante y crédulos, ¿no ves que creen que era un báculo mágico? se convertirá en un mito que no pueden comprobar porque me llevo conmigo el Iphone y los historiadores creerán que el mito fue una histeria colectiva. Pero si desaparecemos los tres ante la vista de todos, va a ser muy difícil justificarlo con simple ilusionismo. Corramos hacia el río y haremos creer que nos lanzamos al agua y así desaparecimos de la faz de la tierra.
—Entiendo, vamos. — Kana dio unos pasos pero notó cierta tensión entre los otros dos que ni siquiera se miraban. —¿Ahora que les pasa a ustedes?
—No quiero irme a una época donde exista Cain.
—Pues, te puedes quedar aquí. No te insistiremos.
—¡Hey, qué les pasa! ¿Se volvieron locos?— les reclamó Kana. —Ninguno de los tres nos vamos a quedar aquí.— agarró a uno de cada brazo.
—¡No escaparán!— Wellington apareció como un demonio furioso alzando su espada. Al blandir la espada por el aire casi, casi, decapita a Kana pero la chica se salvó por un pelo.
—¡Cuidado!— advirtió la HiME cuando vio que el maldito duque iba a apuñalar a Allen.

Afortunadamente, Cain quitó a Allen del camino poniéndose delante de él pero fue lo más estúpido que hizo en su vida porque ni siquiera tenía una espada o un escudo para hacerle frente a Wellington y el ataque que inicialmente planeaba atravesar el corazón de Allen terminó por clavarse en el abdomen de Cain.

—Justo en el bazo...— maldijo el pelinegro. Se apretó a modo de torniquete la parte donde emanaba sangre, los otros dos fueron hasta él para ayudarlo a correr.
Los tres comenzaron la escapada, pero Wellington y algunos soldados seguían sus pasos entre la multitud.
—No nos va dejar en paz.— Kana se desesperó y justo en ese momento chocaron con una rubia. —Misa— La rubia le pasó una cuchilla a Kana, quien la tomó con las manos temblando. —Y-Yo, no puedo matar al duque.
—Ya viene…— advirtió Misa, mirando cómo el tipo se les acercaba.
—…— Kana miró a Allen quién inmediatamente negó con la cabeza la posibilidad de atacar con un cuchillo a otro ser humano. Instantáneamente, Kana, Allen y hasta Misa fijaron su mirada en Cain.
—Yo no lo voy a hacer. Aunque no lo crean, no soy un criminal.
—Ya apuñalaste al Rey, no creo que el duque te cause más afecto que tu amado pariente.— dijo Misa.
—¡Los mataré a todos!— exclamó Wellington cuando llegó hasta ellos.
—Demonios…— Cain tomó el cuchillo y aunque en verdad intentaba ser un ser humano intachable no tuvo de otra que dar una certera puñalada justo en la yugular de donde emanó un borbotón de sangre.

Hasta nunca, Wellington.

—¡Gracias, Misa!— dijo Kana, antes de agarrar a Cain y a Allen y correr los tres juntos.
Cómo pudieron, escaparon de todo ese show de lunáticos y llegaron hasta el borde del rio. Tiraron algunas de sus prendas al agua para simular un escape por las aguas y desenlace fatal. Después fueron envueltos por la energía de Kana que estalló como si fuera una bobina Tesla con un trueno.
Los tres, desaparecieron. El mundo se fracturó.

…..

—¡AHHHH! —El grito de Kana rasgó el cielo mientras caía al vacío, una silueta solitaria en medio de un azul infinito. El viento le azotaba el rostro, borrando las últimas imágenes de una era de barro y espadas. Había perdido a Cain. Había perdido a Allen. ¡Solo quedaba la gravedad y el trauma!

Mientras tanto, en la penumbra de una capilla iluminada por vitrales que bañaban el suelo de colores amatista, Henry Lancaster parecía una estatua de marfil dedicada a la devoción de los santos de la cristiandad.

—Padre en tus manos, yo encomiendo mi espíritu. ¿Por qué me has abandonado? En tus ojos me abandonaste. En tus pensamientos me abandonaste. En tu corazón me abandonaste.
—¡Oye, esa frase sale en una canción de System of a Down! —exclamó Arthur, apareciendo como un duende hiperactivo detrás de una columna. Con un movimiento rápido de pulgar, le dio play a su Spotify.
Una alocada canción llena de gritos apareció en el ambiente, rompiendo con toda calma. Henry trató de concentrarse en sus oraciones, pero esa música infernal era un gran distractor.
—¿Te gusta?
—...—Henry cerró los ojos, apretando su rosario. Paciencia, Señor. —Arthur, no creo que el Evangelio de Lucas deba ser interpretado con tantos gritos. Y ese cantante... suena muy angustiado. ¿No tienes clases de economía ahora mismo?
—¡Rayos, es verdad! —Arthur pausó la música, dejando un silencio repentino —Nos vemos al atardecer, ¡no te quedes rezando hasta volverte santo!

Henry suspiró aliviado cuando se quedó solo. Pero la paz duró lo que un suspiro. Un grito femenino, agudo y desesperado, rompió el aire exterior. Henry salió a la escalinata de la capilla, justo a tiempo para ver un cometa de cabellos plateados surcando el cielo.

—Que raro… Si he tomado mis medicamentos.— Apretó con curiosidad el rosario en sus manos mientras agudizaba la mirada.
Sus ojos se abrieron de par en par al reconocerla. Era Kana.
El impacto en el centro del lago levantó una columna de agua cristalina que brilló bajo el sol como diamantes. Ella no emergió.
—¡¿Kana?! ¡Dios mío, KANA!

Sin pensarlo, Henry se despojó de su chaqueta y se lanzó al lago con un clavado perfecto. Nadó con desesperación, abriéndose paso en el agua fría hasta que sus dedos rozaron la tela de su vestido. La rodeó por la cintura, sintiendo su cuerpo inerte, y la arrastró hasta la orilla arenosa.
Kana estaba pálida, con los labios entreabiertos y el cabello plateado extendido como una red sobre la hierba. Al ver que no respiraba, el rubio se debatió entre el pudor y lo crítico de la situación. Cerró los ojos con fuerza, su rostro se tiñó de un carmesí profundo y, finalmente, unió sus labios a los de ella en una maniobra de respiración boca a boca.

—Hm…— Kana tosió, expulsando el agua y abriendo los ojos lentamente.
Lo primero que vio fueron unos ojos color calipso brillantes, enmarcados por pestañas doradas que goteaban agua sobre sus mejillas.
—¡AHHH! —Kana saltó hacia atrás, cubriéndose la boca, con el corazón martilleando contra sus costillas. ¡¿El Rey loco me está besando?!
—¡L-lo siento! —Henry se giró rápidamente, cubriéndose el rostro con las manos, con las mejillas ardiendo —No respirabas. Fue una maniobra médica, te lo juro. No quise ofenderte...
Kana parpadeó, la realidad golpeándola de pronto como un puñezato. El aura no era la de un monarca tiránico, sino la de su dulce y torpe Henry.
—¿Henry? ¿Eres tú? ¿Mi dulce Henry, el que no manda a cortar cabezas?
—¿…Sí?— dudó más bien porque no sabía que podía ser catalogado como “dulce”
—¡ERES TÚ! —Ella se lanzó a sus brazos, empapándolo aún más en un abrazo desesperado. —¡Oh, gracias al cielo! Pero no hay tiempo, ¡Henry! Tenemos que salvar a Cain. Well—-Un ladrón lo apuñaló en el bazo y... ¡y tenemos que encontrar a Allen! Lo perdí.
Henry entrecerró los ojos, una pequeña chispa de suspicacia o quizás solo confusión, cruzó su mirada.
—Cain... vaya, ese hombre atrae los problemas como un imán. Pero, ¿Allen? —Se puso de pie, ayudándola a levantarse—. ¿Quién es Allen? ¿Es algún conocido de Cain?
—Henry.— Kana lo observó, extrañada. —Si conoces a Allen Walker, ha sido amigo por años de Cain y tú le tienes mucha estima.
—Lo siento mucho, Kana... de verdad. Pero no conozco a nadie con ese nombre. Jamás he oído hablar de un tal Allen Walker. — Henry le dedicó una mirada llena de compasión, como si ella hubiera sufrido un golpe demasiado fuerte en la cabeza.

En ese momento, Arthur volvió corriendo, entregándole el teléfono a su hermano.

—¡Henry! Te llevaste el mío por error... ¡Oye! ¡¿Por qué estás empapado?! ¡¿Y por qué estás con una chica?! —Arthur miró a Kana con los ojos como platos —¡¿Es tu novia?! ¡¿Pasaste de la Biblia a los romances prohibidos en cinco minutos?!
—Es una amiga, Arthur. No seas descortés.
—Henry, préstame tu  teléfono.—

Kana ni esperó que Henry le respondiera, buscó Instagram o alguna red social en el teléfono del rubio pero no tenía ninguna maldita red social así que tuvo que meterse directamente a sus redes y buscar a Allen para mostrarle una imagen a Henry, pero quedó atónita al no encontrar nada. Ninguna de las fotografías que tenía con Allen existían en su galería.
Entró a los archivos de la escuela Hanasaki, al buscador de alumnos... Nada. No había fotos de Allen en las fiestas de Cain. No había registros de su beca. Ni siquiera aparecía en las fotos grupales donde ella recordaba que él siempre salía haciendo alguna mueca. No existía su nombre.

—Es como si hubiera desaparecido de la faz de la tierra... —susurró Kana, sintiendo que el frío del lago se le instalaba en los huesos
—Bueno, los dejo.— dijo Arthur. —Por cierto, Henry, tío Vincent está haciendo alguna locura en su mansión. Hubo un destello de luz extraña hace un momento. Ten cuidado.
—Cain y Allen... tienen que estar allí. — Kana levantó la cabeza de golpe.
Sin esperar respuesta, Kana tomó la mano de Henry y lo arrastró hacia donde imaginaba que estaba la mansión del profesor Vincent Lancaster.
« Last Edit: March 09, 2026, 06:47:50 PM by Kana »


Eureka

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1099: February 28, 2026, 04:48:17 PM »
Dos partes porque he vuelto a escribir mas de 5k







“¿Mm?”

Madara volvió a hacerle la misma pregunta solo con la mirada… y Oikawa suspiró.

No tenía sentido que su rival le diera pena. Al contrario, el Oikawa de hacía unos meses habría sido capaz de jactarse de ser el key de Eureka en frente del mismísimo Lelouch… pero el de ahora se sentía un poco más compasivo y reflexivo que antes.

De todos modos, sabía que Madara se enteraría de la existencia de Neuvillette dentro de poco tiempo. Si iban a salir a cenar esa noche, lo conocería de seguro… a menos que el Child ya estuviera en manos de Gojo-sensei.

Pero, de todos modos, esconder su existencia solo aplazaría lo inevitable.

“Am… Porque Eureka-chan ya no quiere vivir en la mansión HiME. Acaba de nacer su nuevo Child y…”
“Sí, me contó. ¡Felicidades!”
“¡Gracias! Hehe… me siento orgulloso de él…”

En ese instante, Oikawa recordó un detalle que la HiME le había contado hacía unos días. Eureka le había restado importancia al asunto, pero…

…él no era tan descuidado como su amiga.

“¡E-Espera un momento!” Oikawa se levantó del asiento, indignado, y lo señaló muy molesto. “¡Eres un rebel, Mikejima-chan!”
“¿Sí~?” Madara ladeó la cabeza, confundido.
“No te ves tan avergonzado que digamos,” comentó Iwaizumi, juzgándolo con la mirada.
“Ah…” Madara se rascó la nuca. “Bueno, lo hice porque necesitaba los poderes. No pienso hacerle daño a mi HiME. Aunque aún no me han asignado a nadie…”
“¡Y se repite la historia! ¡NOOOO!” Oikawa se agarró la cabeza en plena crisis nerviosa. Iwaizumi atinó a obligarlo a que vuelva a sentarse… al menos para evitar que toda la gente a su alrededor se enfocara en él.
“¿Qué?” Madara se veía confundido. “¿A qué te refieres?”
“Es que si vas en contra de lo que dice Rizembool… ¡intentarán lavarte el cerebro! ¡Como intentaron hacerlo conmigo!”
“No creo que sea atinado que hablen de estas cosas en una cafetería de la universidad en cuestión, Kusokawa.”
“Tienes razón. Iwa-chan.” Oikawa suspiró. “Bueno, no te retengo más, Mikejima-chan. Pero… pregúntale al respecto a Eureka-chan. Tal vez a ella sí le hagas caso cuando te recomiende que te desligues de ese bando.”
“…” Madara lo observó serio por unos instantes, hasta que su expresión se tornó alegre y despreocupada. “¡Está bien! ¡Muchas gracias por el consejo! ¡Buenas noooches!”

Y en un abrir y cerrar de ojos, se levantó y fue hacia el mostrador para pedir uno de los postres que había estado observando desde hacía un rato.

Oikawa pensó en acercarse a él de nuevo, aunque sabía que sería en vano. Era mejor dejarlo en manos de Eureka.

Su amiga sabría qué hacer con él.







La entrada a la mansión HiME contaba con un pequeño jardín entre la puerta principal y la reja que la dividía del bosque exterior.

En el transcurso de los meses, las autoridades de Hanasaki habían mandado a construir un par de bancas en la zona y una pileta pequeña al centro para darle un poco de vida al lugar. Eureka creía que podían invertir ese dinero en cosas más importantes como el personal de la mansión y la comida que ofrecían… o en otorgarles una beca completa a todas las alumnas que se sacrificaban por la institución. Tenía entendido que algunas habían llegado a obtener hasta 80 % o 90 % de beca… pero no sabía si alguien había usado las leyes para demandar que Hanasaki le pague la carrera entera.

Eso debía ser lo mínimo, tomando en cuenta que de verdad ponían su vida en juego cada día. Incluso, algunas llevaban años en lo mismo: esta no era la primera vez que lo hacían.

Como ella.

“…” Eureka suspiró, sentada en una de las bancas. Se desparramó hasta quedar a punto de caerse, pero se irguió de inmediato para evitar terminar en el suelo.

Aún no entendía muy bien por qué había accedido a salir con Madara. Si bien aún estaba preocupada por él, no podía negar… que le incomodaba recordar cómo el cantante había estado a punto de confesarle que le gustaba. O, tal vez, lo había hecho sin tener que decirlo de forma explícita.

La HiME se sonrojó hasta la punta de las orejas al recordar la expresión preocupada del idol, sus ambiguas palabras y sus abrazos ansiosos. ¿Cómo se suponía que iba a mirarlo a la cara después de lo que había ocurrido entre ellos en los últimos días?

Era extraño. Tal vez todo era más sencillo cuando estaban en compañía de otras personas… como en los ensayos del club.

A unos pasos de su posición, Neuvillette analizaba un arbusto de flores con mucho interés. Eureka observó cómo las tocó y brillaron por un instante en medio de la poca iluminación que había en el parque. Ah, también faltaban faroles. ¿Cómo no habían colocado faroles? A esas horas de la noche nadie sería capaz de ver la belleza del parque si no había ninguna fuente de luz…

Un momento.

¿Qué fue eso?

Eureka corrió hacia su Child, impresionada.

“¿Qué le hiciste a las flores?” Le preguntó, curiosa.
“Solo las toqué y brillaron.”
“Ah… Bueno.” Eureka arqueó una ceja, confundida.
“Puedo controlar el agua, Eureka-dono.” Neuvillette convocó una pequeña esfera de agua en la palma de su mano. “Parece que eso me permite imbuir de “vida” a ciertos seres… como las plantas.”
“¿Y eso te permite controlarlas o algo así?”
“No.” Neuvillette sonrió. “Me permite revivirlas.”
“…” Eureka se preguntó si la habilidad de su Child había nacido justo por haber estado al borde de la muerte tan solo unos días atrás… y se sintió culpable. “…Tengo que ser más fuerte.”
“¿Mm?”
“Em…” La HiME contempló la posibilidad de hablar a fondo sobre los hechos del fin de semana con su Child en ese momento, pero desistió al final. “Solo me había quedado pensando en lo descuidado que está este parque.”
“Las flores no estaban marchitas, Eureka-dono,” aclaró Neuvillette. “Solo necesitaban un poco más de agua.”
“Ah… entonces, ¿por qué dijiste que las puedes revivir?”
“Solo le explicaba mi poder.” Neuvillette acercó la esfera a un grupo de lilas a un paso de ellos. “Aun así, no creo que pueda usarlo más de una vez en el mismo ente.”

Las flores brillaron de nuevo y distrajeron a Eureka, quien tardó en procesar lo que Neuvillette le acababa de decir.

“Ya veo. Bueno, así tiene más sentido. Dudaba que fuera un poder eterno y que pudieras usarlo a tu antojo en cualquier individuo.”
“Es por eso que usted debería tener más cuidado, Eureka-dono.”
“¿Eh?”
“Hablo del fin de semana. No necesita contarme sus sospechas para que sienta en mi interior que usted estuvo a punto de perder la vida.”
“…” La culpa volvió a invadirla ante las palabras de Neuvillette. “Es cierto.”
“Ese enemigo era demasiado poderoso para ustedes. Aun así, entiendo su buena disposición. Creo que cualquier persona habría hecho lo mismo que usted en ese momento.”
“Sí, pero… a cambio de eso, Rinne y Madara han quedado marcados por lo que ocurrió.”
“Me parece que no ha notado un pequeño detalle.”
“¿Qué cosa?”
“En esa situación… cualquiera de los tres habría podido terminar como usted. Según lo que sé, ni Mikejima-dono ni Amagi-dono tienen mucha experiencia como rebels. Sin embargo, cabe acotar que usted estaba al tanto de esto.”
“¿Sugieres que me interpuse en el camino para salvarlos?”
“Puede que haya intentado llamar la atención del enemigo para evitar que salieran heridos. No solo se trata de personas que usted quiere, sino también de idols que admira y aprecia. Creo que piensa que sus vidas son más importantes que la suya.”

Auch. Eso dolió.

Pero Eureka no podía negar que Neuvillette tenía razón.

“Déjeme recordarle un detalle: ellos eligieron luchar en esta batalla.”
“…” Neuvillette era más duro con sus sermones que Morgana.
“Nadie los obligó. Y aun si eso hubiera ocurrido, son personas adultas que pueden tomar sus propias decisiones. No la juzgo por su actuar, pero debe ser un poco más reflexiva.”
“Lo siento, Neuvillette. Gracias por tu sermón.”
“…” Neuvillette la miró, imperturbable. “No sabía que la estaba sermoneando. Disculpe, en todo caso.”
“No, no. Necesitaba que alguien me dijera esa cosas… No quiero ser dura con ese par después de lo que han hecho por mí, pero sí debería decirles lo que me acabas de mencionar.”
“Usted no habría corrido tanto peligro de no ser por Mikejima-dono,” recalcó Neuvillette.
“…” Eureka desvió la mirada. Neuvillette estaba en lo cierto… y, la verdad, hasta el mismo Madara había admitido su culpa. Pero Eureka no habría podido quedarse con los brazos cruzados. Tenía que apoyarlo. Sus protegidos eran chicos inocentes… más allá de las cosas turbias que hacía su familia. “Tienes razón. Aun así, debía ayudarlo. Dos vidas inocentes estaban en juego…”
“Sí, entiendo.” Neuvillette le esbozó una sonrisa pequeña. “No la juzgo por ello. Espero que no piense que estoy criticando su actuar. Solo espero que pueda ser más prevacida para la próxima. Debe confiar en sus amistades. Y en Oikawa-dono.”
“Bueno, él no estaba en Tokyo en ese entonces…”
“Pero debería contarle la verdad. No digo que ahora, por supuesto. Al fin y al cabo, aún no sabe qué ocurrió. Cuando indague más al respecto y tenga una mejor idea de lo sucedido, debería hablar con él.”
“Sí…” Eureka suspiró. “Es cierto. Tienes razón, Neuvillete. Voy a—”

Antes de poder continuar, su celular volvió a sonar. Aunque, a diferencia de hacía un rato, cuando había recibido los mensajes de Madara…

Esta vez la sorprendió el tono de llamada, una melodía tonta que había escogido entre las predeterminadas de su iPhone.

Su instinto la llevó a contestar pensando que era el cantante.

“¿Madara?”
“…” El silencio al otro lado de la línea la llenó de intriga. “Hola, Eureka.”
“…”

Ah.

Lelouch.

Bueno, no podía escaparse de él por el resto del día. Sabía que tarde o temprano la tomaría por sorpresa… como ahora.

“Eh… Hola. Disculpa, vi tu llamada en la tarde, pero estaba ocupada. Dime, ¿qué necesitas? Si es por el tema de mis cosas, no te preocupes, iré pronto a reco…”
“No, tranquila.” La interrumpió. Sonaba como si tuviera prisa. “Puedes tomarte el tiempo que desees. Debes estar muy ocupada y no es como si necesite que despejes pronto ese cuarto. La mansión tiene demasiadas habitaciones disponibles como para hacerte una petición como esa.”
“Am… ¿Okay?” La confusión la invadió aún más que al inicio de la llamada.

Si Lelouch no deseaba eliminar todo rastro de su existencia en la residencia de su familia, entonces… ¿Qué rayos deseaba pedirle? Porque Eureka no era tonta: era obvio que quería pedirle un favor. El tonito complaciente, victimista y tranquilo de su ex le indicaba que estaba mordiéndose la lengua para lograr su cometido.

Qué irritante.

“Entonces, ¿qué deseas…?”
“Asumo que ya no estás ocupada, ¿verdad? ¿O tienes un compromiso?”
“…Algo así.” Era cierto: ya había quedado con Madara en verse un rato antes de ir a dejar a Neuvillette con Gojo. “¿Por qué?”
“Bueno…” El otro lado de la línea se quedó en silencio por unos instantes. “Quería reunirme contigo. Donde puedas, por supuesto. No tienes que venir a la mansión si no deseas.”
“Lelouch, no creo que sea lo más adecuado…”
“No, tranquila. No quiero perturbar tu calma. No sé en qué estás pensando, pero te aseguro que no se trata de eso.”
“Entonces, ¿qué cosa quieres pedirme? Sabes que puedes decirlo sin tantos rodeos, ¿no? No va a ser mejor o peor si lo haces frente a frente.”
“…Es mejor que hablemos en persona. Me sentiría más cómodo de esa forma.”
“Yo no, lo siento. No tengo tiempo para esto—”
“Eureka… No voy a hacerte daño. Al contrario, quiero enmendar mi error.”
“¿Tu ‘error’? ¿No crees que dar a entender que solo has cometido un error es un poco caradura de tu parte?”
“…Sí, lo siento. Cometí varios errores. No volverá a suceder.”
“No me sirve de nada que me prometas eso. Primero, deberías empezar con un poco de sinceridad. Déjate de tonterías. ¿Qué quieres?”
“…Está bien.” Lelouch suspiró. “Quiero que me hagas un favor, pero a cambio, haré lo que me pidas. Lo juro.”
“Mm…” Eureka cruzó miradas con Neuvillette… y se le ocurrió una grandiosa idea. “Okay. ¿Dónde nos reunimos? Y por cierto… no iré sola.”
“¿Qué? Pero tengo que hablar contigo a so—”
“Esa es mi condición. Tómalo o déjalo.”
“¿Irás con Oikawa?” Eureka pudo detectar cierta tirria en la voz de su ex al mencionar a su amigo.
“No, con otra persona. Será una tumba y no se entrometerá, lo prometo.” Eso sonaba demasiado idílico para ser cierto. De seguro Madara le propinaría un puñete a Lelouch al conocerlo y cuestionaría cada cosa que diga. “Pero bueno. ¿A dónde voy?”
“¿Recuerdas ese restaurante francés de tres estrellas Michelin al que te llevé a inicios de año?”
“¡Ah! ¡Claro!”

La HiME se emocionó al recordar los platillos tan deliciosos que había degustado ese día. En serio había valido la pena soportar a Lelouch para probar todo tipo de manjares a lo largo de su relación…

Wow. Eureka había olvidado por completo que Lelouch había sido un novio atento antes de que haya vuelto a ser HiME.

“¿El que estaba en el edificio de Shiseido en Ginza?”
“Sí.”
“¿Pero no tienes que hacer la reserva mínimo con un mes de anticipación?”
“Bueno, tengo contactos.”

Eureka pensó de inmediato en Nea D. Campbell y los Blaiddyd, pero, esta vez, ella fue quien tuvo que morderse la lengua para no mentarle la madre a su ex y cuestionarle sus vínculos con aquellos tipos. Lelouch se había mostrado indignado ante la posibilidad de que Nea fuera un rebel, pero luego, lo había visto tranquilo conversando con el susodicho en la gala de Singapur. ¿Acaso solo había fingido apariencias? ¿O de verdad se llevaba bien con él?

Nea era un misterio. La HiME había recordado su presencia en la alta sociedad inglesa solo al verlo junto a sus amos, Dimitri y Wolfgang, en aquella fiesta. Sin duda había sido muy extraño, más aún tomando en cuenta que no lo había reconocido durante sus encuentros previos a lo largo de la primera mitad del año.

“…¿Eureka?”

Se sintió idiota al notar que lo había estado ignorando por darle prioridad a sus reflexiones.

“¿Qué? Lo siento, me distraje por un segundo.”
“¿…? Te había preguntado a cuántas personas llevarás.”
“…Dos.” Era más práctico llevar a Neuvillette a la cena y luego dejarlo con Gojo más tarde. Así no tenía que luchar contra la hora: no iba a alcanzar a hacer todo a tiempo aun si se forzaba a hacerlo.
“¡¿No dijiste que solo irías con alguien más?!” Eureka sonrió ante la voz irritada de su ex.
“Bueno, la otra ‘persona’ es mi Child.”
“…” Lelouch suspiró. “¿Morgana? ¿Ahora tiene forma huma…?”
“No. Tengo otro Child. Te contaré al respecto durante la cena.”
“…Está bien.” Lelouch optó por no cuestionarle al respecto. “La reserva es a las 9:30 y está a mi nombre. Nos vemos.”
“…Nos vemos.”

Lelouch colgó antes que ella y ese simple detalle la llenó aún más de rabia.

¿Por qué había accedido a verlo? Quizas la urgencia en su voz le había intrigado, pero no era motivo suficiente como para sacrificar su dignidad en dos segundos y aceptar su invitación. Además, no podía negar que había intentado sabotear sus planes al indicarle que iría con un amigo y con su Child: la verdad, solo quería irse a dormir y olvidarse por un rato de sus problemas.

Ah, y claro, revisar los videos que le había conseguido Aventurine.

Entonces, ¿por qué?

Bueno, era más sencillo ocuparse de ese asunto para librarse lo más pronto posible de eso.

“…” Neuvillette regresó a su lado y la observó, confundido. El Child se había dedicado a revisar los jardines a su alrededor mientras ella contestaba la llamada. “Debo suponer que hay un cambio de planes.”
“Sí.” Eureka sonrió. “Vas a conocer a mi antiguo key.”
“Ya veo.” Asintió, tranquilo.
“Vamos a la mansión,” le indicó Eureka, y comenzó a caminar hacia la entrada. “Tengo que cambiarme de ropa… no podré entrar al restaurante con algo casual como la ropa que llevo puesta.”
“¿Yo estoy bien, Eureka-dono?”
“Creo que podemos pedirle a Madara que te preste el saco de uno de sus trajes y una camisa. Pero tus pantalones de vestir y tus mocasines están bien.”
“Qué bueno.” Neuvillette sonrió, aliviado.
“¡Ajá! Imagínate si hubiese dejado todo en manos de Gojo-sensei. ¡Habría sido un desastre! De seguro te habría comprado cualquier cosa. Y hablando de él… tengo que avisarle que no podremos ir a verlo después de su clase. Pienso llevarte directo a su departamento luego de la cena… pero si no se puede, siempre puedo dejarte en la residencia de Lelouch. Al menos debería ser capaz de permitir que descanses una noche en ese lugar. Dijo que haría cualquier cosa por mí a cambio de un favor… así que eso es lo mínimo que podría hacer. Bueno, le enviaré un mensaje a sensei ni bien me termine de alistar.”
“…” Neuvillette asintió en silencio. Sin embargo, se detuvo cuando llegaron a la puerta. “Eureka-dono, tal vez sería bueno que me quede afuera de la mansión.”
“No, tranquilo. Puedes pasar hasta la sala. Pero no recomendaría que subas a los cuartos porque ahí sí podrías causar un disturbio… Al fin y al cabo, las chicas no saben que eres un Child.”
“Mm. Está bien.” Neuvillette asintió.

Eureka lo dejó sentado en la sala y corrió de inmediato rumbo a las escaleras para cambiarse de ropa y alistarse en un santiamén.

Al menos su nueva capacidad la ayudaría a lograr su cometido en menos tiempo.

« Last Edit: April 02, 2026, 11:24:47 PM by Eureka »


Eureka

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1100: February 28, 2026, 04:50:10 PM »
Siento que debo arreglar un poco los topes porque hay algo que no me convence u_u pero ya luego (?) igual me faltan los del resto jaja







Se le hacía extraño quedarse hasta tarde en las oficinas de Ensemble Square sin la compañía de Subaru. No todas las productoras pasaban mucho tiempo con sus idols, pero Anzu buscaba la manera de acompañarlo para poder supervisarlo de cerca, puesto que Subaru a veces decía cosas fuera de lugar. La mayoría de gente era capaz de guardar el secreto, pero Anzu no podía confiar ciegamente en los extraños cuando la industria estaba llena de personas desalmadas que podían sabotear a las estrellas si así lo deseaban. Existía la posibilidad de que ciertos individuos malintencionados sacaran cosas de contexto para hacer que quede mal con el público.

Y Anzu no podía permitirlo.

Ya había intentado hacerle entender que debía cuidar lo que decía, pero Subaru era demasiado despreocupado a veces. Tenía que aprender a ser un poco más reflexivo… pero dudaba que su amigo pusiera de su parte en un futuro cercano.

“…” Anzu se permitió suspirar en voz alta aprovechando que ya quedaban pocos trabajadores en las oficinas. Había ido a la sede central de ES para hacer unos trámites y pedirle al Presidente que le diera un día libre la semana siguiente. Los parciales eran cada vez una amenaza más cercana y, aunque solo estaba llevando dos cursos, quería prepararse para sus exámenes con anticipación. Y si bien la agenda de Subaru no estaba tan cargada últimamente, uno nunca sabía si podía surgir un nuevo compromiso, evento u oportunidad.

Al salir de la oficina, recorrió tranquila el pasillo que la llevaba a los ascensores. Una vez a unos metros de su destino, divisó un rostro conocido y le sonrió mientras se le acercaba.

“¡Hola, Anzu-chan!” La saludó primero Nejire, mientras le ondeaba la mano. Cuando Anzu estuvo más cerca, Nejire se lanzó a abrazarla… y la castaña hizo lo posible por devolverle el abrazo sin demostrar mucha sorpresa u incomodidad. Había olvidado que Subaru no era el único idol cariñoso de la industria… la gran mayoría era así, por algún extraño motivo.
“Hola, Nejire-san.” Anzu intentó hacer una leve reverencia, aunque Nejire se lo impidió con su fuerte agarre.
“¡Te desapareciste por completo!” Nejire al fin la soltó y Anzu soltó un suspiro por inercia. “¿Dónde te habías metido? ¡Mama y yo queríamos que fueras un extra en nuestro videoclip!”
“Ah… no sé qué tan atinado habría sido que un productor aparezca en el videoclip de otros idols… incluso sería controversial si apareciera en el del idol que produce… así que…”
“¿No te hubiera gustado? Creo que nadie lo habría notado.”
“¡Ah!” Anzu se sintió un poco culpable al ver a la cantante un poco triste. “No, me habría encantado. Pero me habría preocupado por ustedes y su reputación. Alguien podría haber sacado a colación aquel detalle si lo notaba.”
“Ah, bueno.” Nejire asintió. “Tiene sentido. Al fin y al cabo, eres muy minuciosa con esos detalles. ¡Pero en fin! ¿Tú también ya te vas a casa?”
“Sí.” Anzu sonrió. “Ya terminé con mis pendientes… y un poco de lo de mañana. Vine a la sede central porque quería hablar con Tenshouin-san. Quería pedir un día libre para prepararme para mis exámenes…”
“Cierto, ya se acercan. ¡Buena suerte!”
“Muchas gracias.”
“Jeje.” Nejire ingresó a la ascensor y Anzu la imitó. “El tiempo se pasa volando. Siento que ayer grabamos el videoclip, pero ya estamos casi a mitad de ciclo. No he sentido el paso de estas semanas.”
“De seguro porque has estado muy ocupada con los preparativos. ¿Cuándo lanzaban el single?”
“La siguiente semana. La canción está muy linda… y el videoclip es precioso. Conseguí que una amiga participara en él aun cuando estaba en contra de hacerlo.”
“¡Oh! ¿Quién…?”
“¿Eureka-chan? Tal vez Mama ya te habló de ella.” Nejire sonrió. “Es una chica un poco alocada, pero de buen corazón.”
“Bueno, si es amiga de Mikejima-san, tiene sentido que no sea tan tranquila que digamos.”
“Ah, Mama la conoció en el rodaje.” Le aclaró Nejire. “De hecho, era mi amiga antes de que también formara una amistad con él.”
“Ya veo. Qué personaje. Es probable que la conozca pronto… Mikejima-san me pidió que la contacte para evitar que la prensa la encuentre cuando salga el videoclip.”
“¿Por qué?” Nejire ladeó la cabeza, confundida. Luego de un breve silencio, saltó en su sitio. “¡AAAH! Claro, podrían pensar que es su pareja. Aunque no tendría sentido porque solo fue una actriz del videoclip, pero…”
“Es que no tiene trayectoria. Mikejima-san de seguro piensa que la prensa lo tomará como: este artista puso a alguien cercano de su entorno en ese puesto a propósito.”
“Mm… Tendría sentido.” Nejire asintió. “Los periodistas siempre exageran todo. De seguro también hablarán de Wakatoshi y de mí.”
“¿…?” Anzu se veía un poco confundida ante sus palabras. “¿A qué te refieres?”
“Ah, bueno…” Nejire sonrió. “Lo que pasa es que yo grabé con un chico, así como Mama lo hizo con Eureka-chan. Pero a diferencia de él, yo…”

Nejire se vio interrumpida por el sonido que emitieron las puertas del ascensor al abrirse. La persona que había tocado el botón se mostró ante ellas con una sonrisa: era Kaoru Hakaze, un idol de Rhythm Link y miembro de Undead. Anzu era amiga de los menores de la unit, Koga y Adonis, con quienes hablaba a menudo. Pero solo había coincidido algunas veces con Kaoru y con Rei Sakuma, el líder del grupo.

Incluso sentía que conocía mejor a Rei que a Kaoru. Lo único que sabía del rubio era que su actitud casanova dejaba mucho que desear. O al menos eso le habían contado otras productoras… Durante las pocas interacciones que había tenido con él, Anzu había sentido que era un chico amable y un poco despreocupado. Tal vez le había soltado una frase coqueta, pero no recordaba haberle dado mucha importancia a ello.

“Buenas noches,” mencionó, e ingresó al ascensor. “Anzu-chan, Nejire-chan.”
“¡Hola!” Nejire le sonrió. “¿Qué tal tu día, Kaoru-kun?”
“Bien. Un poco agotado, como siempre… pero al fin ya terminó.”
“Qué alivio, ¿no?”
“¿Eh?” Anzu los observó, curiosa. “No sabía que ustedes se conocían.”
“Es que coincidimos en el festival que organizó Mama hace un par de meses,” explicó Nejire. “Se presentaron varios grupos como Undead, Akatsuki y Ryuseitai. Y yo fui a cantar como solista.”
“Oh…”
“¿Te da celos, Anzu-chan?” Le preguntó Kaoru con un guiño.
“No…” Anzu contestó sin una pizca de emoción. Le daba igual.

La verdad, ni entendía por qué debía estar celosa. No tenía sentido.

A su lado, Nejire se aguantó la risa.

“Pff.”
“¿Qué pasó?” Anzu se veía intrigada por lo ocurrido. Sin embargo, ni Kaoru ni Nejire tuvieron la intención de esclarecérselo. Y la puerta volvió a interrumpirlos al abrirse en otro piso.

Un par de oficinistas ingresaron al ascensor y les hicieron una reverencia a los tres, quienes les devolvieron el gesto de la misma manera.

“Anzu-chan, Kaoru-kun podría llevarte a tu casa.” El comentario de Nejire irrumpió en el silencio del ascensor, llamando la atención de todos… en especial, de los dos mencionados.
“¡¿Qué…?!” Kaoru no demoró en reacionar ante esto. “¡N-no sé si…!”
“¿Si le incomodaría?” Completó la idol. “¿Qué dices, Anzu-chan?”
“Ah, no hay problema.” Anzu sonrió. “Pienso ir en metro. Aún está funcionando y no tendría sentido gastar de más en otro medio de transporte… o incomodar a un idol con esa tarea.”
“Pero no me molestaría,” le indicó Kaoru. “Te puedo llevar en mi carro.”
“Ah…” Anzu lo observó, curiosa. “¿No te estás quedando en los dormitorios de ES?”
“…” Kaoru saltó un poco en su sitio. “…Sí.”
“Jiji.” Anzu rio. “Nejire-san, ¿por qué lo molestaste con esto? No tendría sentido que salga de ES si está viviendo en los dormitorios.”
“…” Nejire intercambió miradas por un segundo con Kaoru. Anzu no pudo comprender qué mensaje telepático se mandaron, pero intuyó que se habían comunicado durante ese instante.

Los idols eran… muy peculiares.

“Lo siento. Es cierto.” Nejire le sonrió a ambos. “Pero tal vez te podría llevar en otra oportunidad. Como si coinciden en tener que ir a Hanasaki al mismo momento o algo así…”
“Ah, Hakaze-san, ¿tú también estudias en Hanasaki?” Anzu le preguntó, curiosa.
“Sí.” Kaoru sonrió. “Aunque voy a un ritmo completamente distinto que el resto de mis compañeros.”
“Yo también,” admitió Anzu. “No podemos darnos el lujo de llevar todos los cursos que deberíamos por culpa de nuestras responsabilidades.”
“Así es.”
“¡Por eso yo no estudio!” Nejire sonrió, orgullosa de sí misma. “Creo que nuestras carreras son más demandantes que otras. La industria nos exige demasiado.”
“Es cierto, pero yo no pienso quedarme en la industria por siempre,” comentó Anzu. “Imagino que más adelante ejerceré otra cosa.”

El ascensor volvió a interrumpir la conversación cuando sus puertas se abrieron en el primer piso del edificio. Los oficinistas pidieron permiso y salieron luego de hacerles una pequeña reverencia. Anzu, Nejire y Kaoru no tardaron en despedirse de ellos y seguir sus pasos. Al salir con dirección hacia el lobby, saludaron al personal con el que se cruzaron en su camino. Algunos iban camino al ascensor, otros se dirigían a las oficinas ubicadas al otro extremo del pasillo.

Tal parecía que había mucha gente haciendo horas extras por doquier. No era nada extraño en general, pero Anzu no recordaba que la sede central de Ensembel Square hubiera estado tan llena durante esos últimos meses.

Bueno, tenía sentido que todos estuvieran como locos. Esa época del año era muy ajetreada porque varias cosas se juntaban: debuts, álbumes, conciertos y colaboraciones. Sin embargo, Anzu sabía que vería el doble (o el triple) de caras a puertas de diciembre. Navidad era una de las fiestas más complicadas para todos.

“¿Y qué estudi…?”
“¡Yo, nee-san!”

El saludo de Rinne Amagi retumbó por la estancia y los pasillos, ensordeció a todos los presentes en el lobby y, por si fuera poco, interrumpió la pregunta de Kaoru. Anzu se sintió un poco irritada ante el mar de interrupciones: eran tan seguidas que ya había olvidado de qué estaban hablando antes de que ocurrieran. Bueno, si había mencionado “estudios”, de seguro se refería a su carrera, ¿verdad?

“¿Anzu-chan?” La llamó Rinne, curioso por su falta de respuesta. “¿Qué pasó?”
“¿Eh?” Anzu reaccionó recién al tenerlo a un metro de ella. A su lado, Kaoru y Nejire lo saludaron con la mano.
“Hola, Amagi-san.” Saludó Nejire, sin sonreírle. La idol no era muy fan de Rinne.

Aunque la verdad era que tal vez ningún idol de Ensemble Square pensaba algo positivo sobre Rinne… a excepción de Subaru, Hiyori y Madara.

Y claro, sus compañeros de grupo, pero… Anzu sentía que uno de ellos lo detestaba. Siempre veía renegando a Himeru cuando estaba junto con el pelirrojo.

Sin embargo, él era…

“Hola, Amagi-san.” Kaoru fue un poco más amigable que su colega.
“¡Hola, hola!” Rinne le sonrió a todos. “¿Ya se van a casa?”
“Sí.” Nejire asintió.
“Ajá.”
“Ah. Tú también estás en los dormitorios de Starmony, ¿verdad?” Le preguntó Rinne a Kaoru.
“Sí…”
“Bien por ti.” Rinne sonrió. “En fin, lo lamento, pero le prometí a Anzu-chan que la llevaría a casa.”
“…” Anzu lo miró, extrañada… pero Rinne le suplicó con los ojos.

No era común que uno de los tipos más seguros que había conocido en la industria le hiciera ojitos de cordero degollado, pero ya había pasado un par de veces, y Anzu tenía buena memoria. Reconocía la forma en la que Rinne entrecerraba los ojos y el guiño que acentuaba de manera un poco forzada. Eran señales de que estaba pidiéndole auxilio.

Sin embargo, suponía que Kaoru y Nejire no se habían dado cuenta de ello, puesto que no lo conocían tanto. Bueno, ella tampoco… pero al menos era observadora y eso jugaba a favor del pelirrojo.

“¿Eh? ¿Pero no habíamos quedado en que sería mañana?”
“No, era hoy. ¿Dónde quedó tu memoria perfecta y tu sentido de responsabilidad? Qué decepción, producer-chan.”
“Jeje… tienes razón.” Anzu rio. “Bueno, me despido, entonces.”
“…Cuídate, Anzu-chan.” Nejire se veía un poco preocupada.
“Nos vemos pronto.” Kaoru estaba en las mismas.
“Cuídense mucho.”
“¡Sí, sí! Lo que sea. Adiós~” Rinne abrazó por el hombro a Anzu y la alejó del par de idols con un paso relajado, clara contradicción a su estado de ánimo. Prueba de ello era que la mano en su hombro temblaba un poco.

Antes de llegar al estacionamiento, se cruzaron con un par más de trabajadores, a quienes Anzu saludó con una leve reverencia. Rinne los ignoró, optando por caminar con más prisa.

“Al menos podrías saludar, Rinne-san,” mencionó y se removió el brazo de Rinne que rodeaba sus hombros.
“¿No me ves apurado?” Rinne se veía un poco irritado. “¡Esto es de vida o muerte, Anzu-chan! Vamos, en el carro te cuento.”
“Sí… supuse que es algo urgente, por eso mentí y les hice creer que teníamos planes. Aunque de seguro no se lo creyeron del todo porque soné un poco dudosa.”
“¡Gyahaha!” Rinne rio. “¡Eso no importa! Lo importante aquí es que te dejaste llevar por mi mala influencia.”
“No. Eso no es…” Anzu se rindió: no tenía sentido intentar razonar con alguien como Rinne Amagi. Subaru era igual que él y sabía que solo desperdiciaría su tiempo en vano. “Eh… Lo que digas, supongo.”
“¡Así me gusta!”

Ni bien llegaron al estacionamiento abierto en frente de los grandiosos edificios de Ensemble Square, Rinne presionó el botón de la llave de su carro para activar la alarma y señalarles el camino a este. Anzu no podía evitar sentir un rezago de sorpresa ante la efectiva demostración de que el idol tenía carro. Hasta donde ella sabía, el tipo usaba el transporte público o se valía de que sus amigos con carro lo llevaran de un lado a otro. A diferencia de otros grupos, Crazy:B no contaba con escolta personal ni un auto o van de la agencia porque Ibara Saegusa, el productor de la unit y vicepresidente de Cosmic Production, aún no confiaba del todo en su éxito.

Entonces, ¿de dónde había salido el carro? ¿Acaso Saegusa-san se había resignado a darles fondos para conseguir un medio de transporte seguro que le garantizara que Crazy:B no armara revuelo en el metro o que Rinne Amagi no causara estragos en los buses de Tokyo?

Era extraño: los productores a veces también podían ser los representantes de los idols, tal como en su caso con Subaru. Sin embargo, Ibara Saegusa tenía una relación muy curiosa con sus idols. Suponía que se debía a que el hombre también era idol y producer de su propia unit, así que no tenía mucho tiempo para otros grupos… pero Crazy:B era demasiado problemático como para dejarlos actuar por su cuenta. Anzu había pensado en ofrecerle su ayuda en la producción de la unit, pero sentía que el vicepresidente se ofendería ante aquella propuesta.

De todos modos… no podía decir con seguridad que aquella idea le parecía tentadora. Sí, era workaholic, y le encantaba trabajar, pero… ser niñera de un grupo tan caótico como ese… le iba a quitar muchos años de vida.

Tan solo interactuar con Rinne Amagi le quitaba décadas de vida.

“Anzu-chan.” La voz de Rinne la obligó a aterrizar. Había seguido al idol sin pensarlo dos veces… y ya se encontraban al lado de la puerta del copiloto. Rinne se la abrió y le sonrió. “Súbete.”
“…Okay.” Anzu le hizo caso sin cuestionarlo.

La representante no sabía mucho sobre automóviles, pero reconocía que era un antiguo modelo sedán de la marca Volkswagen. El estado interno y externo del vehículo indicaban que había tenido al menos un par de dueños antes de Rinne, así que de seguro era de segunda. Sin embargo, la carroza estaba pulida y el tablero interno se veía renovado, con una radio mucho más innovadora que la que de seguro había tenido al inicio. Era probable que hubiera pasado por un proceso de remodelación y personalización para que aún pudiera funcionar casi dos décadas después de su fabricación.

¿O tal vez tres? Ni sabía cuántos años tenía el vehículo.

Sin embargo, un escarabajo amarillo le sentaba muy bien a Rinne. No sabía si era por el concepto de abejas que tenía su grupo o qué, pero Anzu sentía que su gusto en automóviles tenía mucho sentido.

“¿Cuándo te compraste este carro? Siento que va muy bien con tu personalidad.” Anzu le sonrió. “Imagino que Saegusa-san te lo…”
“Ah, este carro no es mío,” contó Rinne, como si se tratara del clima.
“…” Anzu se detuvo en seco antes de abrocharse el cinturón de seguridad. “¿Lo…? ¿Lo robaste?”
“¿Qué?” Rinne la miró, confundido a más no poder. “¿Qué te pasa, Anzu-chan? ¿Qué concepto tienes de mí? ¿Acaso me ves capaz de robar un carro?”
“…En determinadas circunstancias, sí.”
“…” Rinne soltó una risa. “Okay, okay. Touché. Supongo que sí lo haría en una situación de vida o muerte… ¡como esta!”
“¡¿Ves?! ¡Te lo robaste! ¡Waaah!” Anzu intentó abrir la puerta para salir, pero Rinne la agarró del brazo derecho. “¡NOOO! ¡No voy a ser tu cómplice, Rinne-san! ¡Pídeselo a tu novio!”
“…¿QUÉ?” Rinne casi la deja sorda. “¡¿QUIÉN?! ¡¿NIKI?! ¿Por qué confiaría en ese…?”
“No, no.” Anzu negó con una sonrisa. “HiMERU-san. Mikejima-san me contó tod…”
“Ah, eres muy graciosa, ¿no? Quieres que te confirme el chisme de manera indirecta. Pero no voy a caer en tu trampa, Anzu. ¡Es obvio que Mikeneko-chan no te ha contado nada! ” Rinne soltó una risa que retumbó por cada rincón del escarabajo. “A diferencia de otros idols, yo soy más precavido.”
“No te veo siendo muy precavido si ya sé que te gusta HiMERU-san y que te robaste un carro.”
“¡Ninguna de esas cosas es cierta, mujer!” Rinne estaba a punto de arrancarse el pellejo de la cara. “Ya, está bien. Tú ganas. Te explicaré lo del carro a cambio de que me ayudes.”
“Ah, cierto.” Anzu se soltó del agarre de Rinne y volvió a cerrar la puerta del carro, abrochándose el cinturón como debía haber hecho hace un rato. “¿Estás bien? Te veías muy afectado dentro de ES.”
“Bueno, eso era mentira. Estoy bien.” Rinne encendió el carro y retrocedió para abandonar la playa de estacionamiento. “Exageré un poco para llamar tu atención. Y, felizmente, tú sí caíste en mi trampa.”
“Mm, okay. Aunque espero que sí me lleves a mi casa después.”
“Tranquila~” Rinne canturreó. “Ese es mi objetivo. En el camino te contaré mi problema… y me ayudarás porque eres una buena productora.”
“No soy tu productora.”
“Lo sé. Pero nos quieres como si todos fuéramos tus hijos. Aunque tal vez sería un poco incestuoso decir eso porque sé que a Akehoshi-paisen lo ves como…”
“Rinne-san.” La voz seria de Anzu lo hizo saltar en su sitio. “Te sugiero que escojas con cuidado las siguientes palabras que enunciarás.”
“Jeje~ ¿Qué? ¿Me vas a estrangular o qué?”
“No me retes.” Anzu le sonrió.
« Last Edit: April 01, 2026, 02:24:59 PM by Eureka »


Miyu

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1101: February 28, 2026, 06:05:59 PM »
Como es el primer cap de un arco, iconitos chafas uvu


 

“¿En serio? No lo puedo creer. Que el espectáculo de ballet se haya cancelado es una maldición. ¡Ahhh, con lo que gaste para las entradas!”
“No se puede hacer nada. Gentildonna sufrió una lesión en el tobillo… dudo que pueda volver pronto a las prácticas y mucho menos al escenario.”
“¡Ella es fuerte! Por algo tiene el apodo de gorila. Estoy segura que se levantará y volverá en poco tiempo. Es nuestra Lady.”
“Imposible. Imposible. El famoso doctor Luuk Herssen ya dio el diagnóstico y salió en el X oficial de la compañía.”
“Será un milagro si vuelve. Ya lo dijeron.”

Las charlas a su alrededor parecían ensordecedoras. No es que hablaran fuerte; de hecho, era un murmullo constante, un rumor de fondo que cualquier otra persona habría ignorado sin problema. Pero ella no, cada conversación llegaba a sus oídos con una nitidez irritante, como si quienes hablaban lo hicieran directamente contra su tímpano. Podía distinguir palabras sueltas, fragmentos de frases, risas estúpidas, el tintineo de las cucharas contra las tazas. Todo se fundía a en una masa sonora densa, pegajosa, que se le instalaba en la cabeza y no la dejaba pensar.

Odia el ruido. Odia la forma en que se cuela, que no pide permiso, la obliga a estar presente en un lugar al que no quiere pertenecer. Odia tener que escuchar las estupideces que dice la gente, sus opiniones vacías sobre personas a las que no conocen, sus vidas aparentemente perfectas…

Odia a la gente. No a hay persona concreta, sino al concepto, al animal ruidoso e impredecible que se mueve en manada y ocupa el espacio sin consideración. Ojalá el restaurante estuviera vacío, ojalá su hermano hubiera elegido cualquier otro sitio, ojalá ella estuviera en otro lugar, en cualquier lugar donde el silencio no fuera un lujo, sino el estado natural de las cosas.

“En teatro está el Rey. Quiero verla, tiene tanta majestuosidad y belleza. Es como ver a un rey.”
“Su mirada es lo mejor, me derrite el corazón cuando mira al público.”
“¡Sus monólogos son de primera! ¡Kyaaaa! Pronto estrenará nueva obra, estoy tan feliz por ella. ¿Le compramos flores? ¡Hay que ver el significado de las flores y elegir la mejor… ¡un ramo grande y majestuoso! ¡Como Orfevre!”
“Estoy segura que le gustarán las rosas y que el envoltorio sea dorado. Combinará perfecto con nuestra rey.”
“Oí que Gentildonna y Orfevre tienen sangre mixta. Escuhé que Gentildonna es italiana por parte de madre y japonesa por la línea paternal. ¡¿No es genial?!”
“Eso explica su fuerza y altura. ¿Cuánto mide? Uno sesenta y siete, estoy segura.”
“Oh… Orfevre uno sesenta y cinco, se llevan centímetros. ¡Estoy segura que hacen la pareja perfecta!”

Sin entender palabras o nombres, se sentía perdida, ajena de todas esas personas que parecían vivir vidas tranquilas y alegres. Envidiaba eso. Trató de concentrarse en el café que tenía sobre la mesa, en la calle dónde los rostros de las personas parecían más lejanos a través del cristal.

“¿Escuchaste la nueva canción de Lucky Cyan? ¡Es tan emotiva! Dicen que la canta para un amigo de la infancia con quien perdió contacto hace tiempo.”
“Se volvió mi artista favorita, tengo una playlist exclusiva para ella en Spotify.”
“¿Y Nice? Parece que su carrera como Idol está en caída. No puede destacar en absoluto aquí, debería volver a China.”
“Ni su nombre real sabemos, aparte parece muy falso. Como una impresión en tres d que existe por existir.”
“Es lindo, es su punto bueno y es atlético. Dicen que es homosexual. ¿Será verdad?”
“Oí que también es un gran bailarín de ballet, pero se decantó por Idol.”
“Me gusta más la personalidad de Cyan o Queen. Ella dio un discurso recientemente sobre el feminismo en Hanasaki, ¿verdad? Muy inspiradora.”
“Estará un tiempo en Japón.”

Quien había hecho ese último comentario removió el té con mesura, la cucharilla trazando círculos lentos contra la porcelana. El tintineo, leve pero nítido, alcanzó los oídos de Liu Chixia, siempre alerta al entorno. Sus ojos color borgoña se detuvieron en ella un instante más de lo necesario. Le gustó esa serenidad.

“Yang Yang, ¿la conoces? ¿Cuál era su nombre real?” le preguntó a la dama que estaba por beber un sorbo de té.
“Liu Yuwei” respondió, con una sonrisa formándose delicadamente entre sus pómulos. “Es bastante linda, Queen.”
“Oh cierto, la doctora Rien-san está buscando nuevos aprendices. Leí en una revista que está en la fase final de una investigación con flores. Tiene un nombre chino raro como jutsu o no sé…”
“¿QUÉ? ¿EN SERIO?” una chica de cabellos rosados se levantó de golpe. “¿Rien? ¿La de la prestigiosa universidad de Rizembool y del laboratorio de Grigori? ¡N-no!”
“¿Pasa algo, Luo Li?” cuestionó Yang Yang, dejando la tacita en la mesa. Estaba preocupada, su tono la delataba fácil a tres mesas de distancia.
“¡Quiero trabajar con ella! ¡Es mi sueño, Yang Yang!”
La chica de cabellos negros sostuvo la sonrisa y asintió. “Espero lo consigas, Luo Li. Estoy segura de que lo harás bien.”

Desvió la atención hacia otro punto del restaurante. Su cabello amatista se deslizó sobre su espalda mientras recorría las mesas con la mirada, buscando un nuevo foco de interés.

“Mizi rechazó a Till. Que perra, ¡estoy furiosa! Culpa de ella mi ship se frustró.”
“Hm. ¿Qué ship?”
“IvanTill. Duh. O el IvanLuka…”
“Últimamente están siendo muy populares entre los estudiantes de Hanasaki y Rizembool. ¿Cómo habrá conocido Till a Mizi?”
“Seguro esa perra le habló primero. Tiene ese encanto inocente que atrae a los hombres.”
“Hablando de eso, dicen que los usa y los desecha.”
“¿Ven que es una perra? ¡Qué indignante! Se cree la gran cosa por ser coreana. ¡Los japoneses somos mejor!”
Las otras amigas no dijeron nada, se limitaron a desviar las miradas. Estaban incómodas, más cuando medio restaurante las miraba con cara de disgusto.
“¡Liang Long se volvió a meter en problemas! Esta vez quedó en un correccional por dos semanas debido a una pelea que tuvo contra una escuela rival.”
“Qué desastre, por eso prefiero a los chicos como Ah Qiang. ¡Es tan dulce y animado!”
“Su programa por Streaming está siendo un éxito, se espera que tenga alguna colaboración con Liu Yuwei o Cyan.”
“Será muy interesante ver lo que harán.”
“¿Son mejores amigos? Me duele el corazón de pensar en Little Johnny con novia uhhh…”
“Nonono. Son amigos. Queen ya mencionó que Cyan y Johnny son sus únicos amigos.”
“Shipear a Queen y Cyan se está volviendo mi debilidad.”
“No. No puedes. ¡Ambas son mejores amigas!”
“¡Exacto! Y entre el amor y la amistad hay un solo paso. Liu Yuwei se recuperó de su depresión gracias a las canciones de Cyan. ¡SON LA PAREJA PERFECTA Y EQUILIBRADA!”
El hastío se asentó en su pecho. Llevaba años entrenándose para filtrar estímulos, apartar lo irrelevante y conservar solo lo útil, pero aquello no era información… era ruido disfrazado de conversación. Nombres que se amontonaban sin significado, vidas ajenas que no le importan en lo más mínimo. Queen, Cyan, Little Johnny, Liu Yuwei, Ah Qiang, Liang Long, Ivan, Till, Mizi, Luka, etcétera. Una letanía vacía que se repetía de mesa en mesa como un ritual absurdo.

No hizo el menor esfuerzo por retenerlos. Eran rostros que no conocía, existencias que no le importaban, conflictos que no le pertenecían. Gente hablando de gente. Siempre igual, sin sustancia.

Apoyó la mejilla en la mano y dejó que la mirada se le perdiera un momento en el borde de la taza. Si su hermano hubiera elegido otro sitio, si hubiera propuesto el departamento, como otras veces o si no la hubiera arrastrado hasta este restaurante lleno de voces superfluas y risas que resonaban alto, ninguno de esos nombres le rozaría siquiera los oídos. No tendría que hacer ese esfuerzo constante por no escuchar.

—Perdona la demora, Chixia —finalmente en su campo de visión más directo entró un varón de cabellos violáceos oscuros y una mirada filosa oculta tras las monturas de las gafas.
—Hermano —susurró, levantándose para hacer una leve reverencia.
—Es extraño recibir ese gesto después de años viviendo en Bridon —comentó, extendiendo un ramo de flores de su mano izquierda hacia ella—. ¿Cómo has estado, Chixia?
—Vivian. No me llames Chixia fuera de China, es raro —tomó las flores y las examino por un instante antes de tomar asiento nuevamente e invitarlo a su hermano también.
—Vivian, ¿eh? ¿Entonces soy Xavier?
Levantó la mano para llamar a la camarera, quien vino enseguida.
—Café doble con azúcar, por favor —la sonrisa de él era fría, aunque para los demás la palabra correcta sería educada. Por eso era popular en algunos círculos sociales y entre mujeres.
—Estás haciendo eso de nuevo —le recriminó con la voz, arrojando el ramo de orquídeas sobre la mesa—. Deja de estar coqueteando con las mujeres, es molesto.
—Resulta estimulante. Me permite analizar la conducta humana en estado puro. En el contexto de la adivinación, esto resulta fundamental; durante una partida de alto riesgo, comprender las variables más sutiles del interlocutor se vuelve indispensable. Una alteración en el ritmo respiratorio, una variación en la frecuencia cardíaca, la dilatación pupilar... cada indicio constituye una pieza de información valiosa.
—Que seas ludópata me preocupa, Xiao.
La risa de él salió más alta de lo que pretendía.
—Es algo que no entendías, hermanita. ¿Quieres venir al casino conmigo?
—Por supuesto que no. Aparte… en esos lugares suele haber gente realmente molesta.
—¿Eso crees? Interesante…
—¿Cuánto tiempo planeas quedarte esta vez? Qian Jin me explicó que será una temporada larga, nuestros padres estarán realmente preocupados por el negocio familiar.
—El tiempo necesario. Ya hablé de transferirme a Rizembool y están por Chinatown Félix y Vein.
—Eso me preocupa más —murmuró para sí misma. Ya su taza estaba vacía—. ¿Y bien? ¿Por qué?
—¿Por qué? —inclinó ligeramente el rostro, esbozando una expresión de auténtico regocijo—. Adoleces de la perspicacia necesaria para comprender mis actos, "Vivian Banshee". Ingresaré a Rizembool; un catedrático de renombre me ha ofrecido asistencia en la Cátedra de xxxxxx.
—¡Fantástico! Un loco, para tener en total dos locos… Vein y tú.
—¿Has escuchado algo interesante aquí?

Ella lo pensó por un momento. Oyó tantas cosas sin importancia, sin lógica y con bastante odio, discernir que es útil para Liu Xiao siempre le resultaba difícil.

—Rien está buscando asistentes —hizo memoria de la conversación entre una joven llamada Yang Yang y otra Luo Li.
—Oh. Interesante. Ella también es profesora de Rizembool, una coincidencia nada desdeñable.
—Y también trabaja con Grigori —agregó la hermana menor.
—Grigori. Interesante —entrelazó las manos y apoyó los codos sobre la mesa, el mentón descansando sobre los dedos—. Eso añade una variable significativa. ¿Alguna otra información relevante?
Negó con la cabeza.
—Todo fue irrelevante. Aprendí muchos nombres innecesarios y problemas sin sentido.
—Entiendo. Eso constituye una forma de sentencia, ciertamente.
—Sí —porque ella es otra marioneta en las manos de Liu Xiao. Una prescindible pese a ser de la familia.
—Te incorporarás a Rizembool junto a mí. La decisión está tomada
—la mesera apareció en ese instante, depositando el café humeante frente a él—. ¿Me he explicado con claridad?
—¿Qué? ¡Claro que no! —protestó.
—Mamá y papá insisten en que completes tu formación académica, de lo contrario, las comparaciones con Liu Ming resultarán inevitables.

La calma en Liu Xiao le parecía aterradora, como si no hubiera cabos sueltos nunca en sus planes y estuviera siempre tres pasos delante de todos.

—Hablar de nuestro hermano mayor así… —seguía molesta, aunque Liu Ming había cometido demasiados errores, seguía siendo su hermano mayor, de ambos.
—Que Liu Ming herede Queda Games constituye el peor escenario posible para nosotros, hermana —llevó la taza a sus labios y bebió un sorbo con templanza—. Tú lo sabes, y nuestros padres también. Permitió que el CEO desviara los fondos; la empresa estuvo a punto de quebrar.
—Puede que mi hermano mayor no sea tan capaz, pero no puedes faltarle el respeto así. Es el primogénito y por ley va a heredar la empresa.
—Hermana —la sonrisa de él se tornó más gélida, más depredadora—. La neutralidad, en este contexto, no existe. Quien no está conmigo, se sitúa contra mí. La elección te pertenece.

Un momento de silencio se convirtió en incómodo y lleno de tensión. Las conversaciones volvieron a fluctuar en el ambiente, en los oídos de Vivian.

“Ese es Xavier Banshee… ¡kyaaa! Hace poco apareció en una revista de moda y de jóvenes empresarios. ¡ES MÁS GUAPO EN PERSONA!”
“Es más joven de lo que aparenta.”
“Tiene veinte años.”
“Es como un señorito refinado y…” miró a la joven que lo acompaña. “¿Ella?”
Una de las señoritas en esa mesa sacó el móvil y se puso a googlear.
“Es Vivian Banshee. Hermana menor de diecinueve años.”
“Es linda… los genes de la familia Banshee deben ser realmente buenos.”
“Excepto por Mikhail Banshee o Liu Ming…” la chica del celular seguía leyendo. “Acá informan que dejó a la empresa Liu con grandes pérdidas y encima se volvió loco.”
“Ah… con Hacienda nunca te metas.”
“Trueeee!”
“Pero… ¿qué hacen aquí?”
“Negocios, lo más probable. La empresa está sobre la cuerda floja y necesitan inversionistas.”

Vivian lo pensó por un instante… no. Imposible. Liu Xiao nunca había mostrado interés en el dinero ni heredar la empresa familiar. ¿Por qué ahora? Estaba convencida que, si él quería, podría reconstruir una mejor empresa desde las cenizas.

—¿Y bien? —el café de su hermano reposaba ya frío, apenas a medio consumir—. ¿Has meditado lo suficiente, Vivian?

Tragó saliva pesadamente y su hermano sonrió como respuesta. Ya sabía el estado anímico y, por lo tanto, sus emociones y miedos.

—Lo haré. Lo haré. ¿Bien? Solo déjame en paz.
—He. Aprecio tu discreción cuando eliges permanecer al margen y evitar cuestionamientos ociosos, Chixia.
—No me llames así. Aparte, aún si hago preguntas nunca me las responderás hasta que llegue el momento.
—Demuestras un conocimiento certero de mi naturaleza —ajustó las gafas sobre el puente de la nariz con un único movimiento—. He encomendado a Qian Jin la gestión de todos los procedimientos, incluida la disposición de tu alojamiento.
—Muy noble de tu parte… —con sarcasmo lo dijo y, en respuesta, Liu Xiao se rió.
—No has cambiado en nada, hermana.
—Y tú tampoco. Qian Jin es alguien de temer y lo sabes, aunque trabaje para nuestra familia.
—Constituye un recurso funcional y, por tanto, desechable. Una vez extinguida su funcionalidad, sobrevendrá su obsolescencia definitiva.
—Hablas como un mafioso. ¿Aprendiste de Vein?
Otra sonora risa.
—La gente normal despide a los empleados que ya no son útiles. Eso nada más.
—Qian Jin no es un hombre que se pueda tocar con tanta facilidad —Vivian conocía la verdad, para Liu Xiao todos son prescindibles.


Esa misma noche llegó al departamento que Qian Jin consiguió para ella, ya todos los preparativos estaban hechos para comenzar el año escolar en la Universidad de Rizembool junto a su hermano, incluso la especialización la habían elegido entre Qian Jin y él.

—Asi que Ingeniería de Interfaz Bio-Acústica.. Qué patético el no poder negarme —murmuró, intentando acomodar su equipaje en el sitio.

Sobre la mesa de noche yacían los documentos necesarios para estudiar en Rizembool, la selección de clases, claves y demás cosas que jamás consideró. Mordió su labio inferior hasta lastimarse, un mal hábito que había adquirido cada vez que se sentía presionada.

Antes de seguir pensando, el sonido del timbre cortó su concentración. Se apresuró a ir y abrir la puerta, sin siquiera revisar por el mirador.

—¡Holi vecina! —su entonación alegre la hizo parpadear—. Escuche del casero que una nueva vecina apareció.
—Pyu pyu —en su hombro, un pequeño gatito hacía ruidos.
—Ah, sí. Gracias… ¿quién eres?
—Soy tu vecino del piso superior, Ah Qiang, me dicen Johnny —después señaló al pequeño animal en su hombro—. Y este es mi hijo, Big Johnny.
—Little Johnny —su memoria la llevo de regreso a la cafetería y a aquellas charlas entre mujeres—. Dulce, amigable… —sus pupilas se fijaron en el animal—. Big Johnny…
—En el frente vive una familia de ancianos muy agradable y arriba unas amigas muy, muy importantes.
—Vivian —respondió sin tanto interés—. ¿Necesitas algo concreto de mí?
Años de recudimiento la habían vuelto más cautelosa, callada, porque si no se habla tampoco te hablan.
—No —la sonrisa del chico se mantuvo aún si ella resultaba distante—. Tenía curiosidad, Vivian es un lindo nombre.
—… sí —contestó sin demasiada emoción—. Ah Johnny también.
Muchos asiáticos adoptaban nombres occidentales, pero, aunque usaran sus nombres originales, igual enfrentaban discriminación por ser chinos.
El silencio reinó entre ellos, hasta que Big Johnny saltó sobre la cabeza de ella.
—¡Hijo! —protestó el otro joven—. ¡Regresa!
Vivian miro hacia arriba, de algún modo ese pequeño animal no le molestaba, de hecho, su calidez la reconfortó.
—Está bien, no te preocupes —una diminuta sonrisa apareció entre sus pómulos—. Es bastante lindo Big Johnny.
—¡Es que le caes bien! ¿A que sí, hijo?
—Pyu pyuuu~ —el sonido delicado le gustó a ella.
—¿Hijo? —tomó al pequeñito entre sus manos, un gatito bastante adorable.
—¡Sipi! Mi hijo. Claro, es adoptado, ¿te diste cuenta? —lo mencionaba orgulloso.
—Eso… —no supo que contestar—. ¿Supongo?
—¿Te transferiste para asistir a la U?
—Sí, supongo —murmuró—. ¿Y tú?
—Soy profesor —infló el pecho lleno de orgullo al decir esto—. Tengo veintiocho años. Te sorprendí, ¿verdad?
Abrió los ojos como plato… el chico frente suyo aparentaba ser mucho menor e ingenuo. ¿Profesor? Liu Xiao, comparado con él, tenía más aura de profesor.
—S-sí —no lo ocultó—. ¿De dónde?
—Rizembool, acá la mayoría de residentes está ligado a Rizembool. Estamos cerca del campus, podría darte una guía mañana. Ya falta nada para el nuevo año escolar.
—¡Pyu, pyu! —los grandes ojos de Big Johnny parpadearon ante las caricias suaves y voluntarias de Vivian.
—Ah… eso estaría bien —bajó la mirada a sus pies. Los altos tacones de más de cinco centímetros la hacían lucir estilizada—. ¿Está bien si me das un recorrido por aquí también?
Ah Qiang asintió varias veces, animado por poder hacer una nueva amiga.

Al día siguiente, ambos recorrían los pasillos del edificio con tranquilidad, no había nadie en los pasillos y la mayoría de departamentos aparentaban estar vacíos.
—¿No hay nadie? —preguntó Vivian.
Ella llevaba un vestido de estilo gothic lolita en tonos lila oscuro y negro. El vestido tenía múltiples capas, una falda amplia con volantes y bordes de encaje, blusa blanca de mangas largas de obispo y un corsé negro superpuesto con hebillas metálicas, correas cruzadas y cintas grandes en lila.
—Nope, los estudiantes regresan tarde estos días. Al ser vacaciones, es fácil perderse con el tiempo.
—Uh… que irresponsables.
Little Johnny enfunda ropa casual sencilla, pantalones deportivos con grandes bolsillos, camiseta negra, zapatillas comunes y una chaqueta ligera abierta.
—¿Tú crees, Viv?
—¡Pyu, pyu!
—Mi hijo cree que eres muy responsable.
Caminaban lado a lado sin prisa. Los tacones de ella producían sonido contra el piso, mientras el parasol golpeaba suavemente contra su pierna con cada paso.
—¿Qué enseñas, Ah Qiang? —sus mejillas se tiñeron de un leve tono rojizo al oír la palabra “responsable”.
—Enseño en Veterinaria —respondió con una sonrisa brillante—. Me gustan los animales. ¿Y Viv en qué carrera te anotaste?
—Eso… —desvió la mirada al mango de su paraguas—, tomaré varias clases de Ingeniería de Interfaz Bio-Acústica.
Ruido. Lo que más detesta.

« Last Edit: March 20, 2026, 03:31:34 PM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Mimi Tachikawa

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #1102: February 28, 2026, 10:56:15 PM »
Hoi hoi, vengo con fic :3

----------------------------------

El cielo parecía más claro de lo normal, entre el flujo de estudiantes que avanzaban hacia el campus, una figura destacaba con delicadeza: un joven de cabellos rubios con dos colitas, con una bolsa en forma de oso de peluche, vestido castaño con vuelo corto, panties negras hasta las rodillas que acentuaba su silueta esbelta.

Su nombre era Momosuke Oikawa o más conocido en el mundo Idol como Momo.

Algunos lo miraban con curiosidad, otros con abierta sorpresa ya que era un joven idol que vestía de chica. Pero Momo caminaba con la cabeza en alto, con gracia y estilo Vestirse como chica no era un disfraz; era la forma en la que su corazón respiraba mejor, además contaba con sus amigos que lo querían y el grupo al cual pertenecía también era de chicos vestidos de chicas.

Aunque esa mañana… su corazón dolía.

Kanata-san…-

El nombre se deslizó por su mente como una ola suave pero persistente. Había amado en silencio al hermano de su mejor amiga desde que era más jóven. Pero Kanata estaba lejos de su alcance ya que era muy difícil de descifrar, a veces se conectaba a este mundo y en otras ocasiones se iba a su propio mundo profundo e inalcanzable. Momo lo había entendido tarde… y aun así, entenderlo no hacía que doliera menos.

Ya fue suficiente… -murmuró para sí mismo, apretando ligeramente su bolso contra el pecho-No puedo seguir esperando algo que nunca será mío…-suspiró pesadamente.

Sin darse cuenta, sus pasos lo guiaron hacia la parte trasera del campus, donde el antiguo invernadero permanecía cubierto de enredaderas. El vidrio opaco filtraba la luz, creando destellos verdosos que parecían pequeños fragmentos de mar atrapados en tierra firme.

Y allí estaba.

Apoyado contra la pared, observando cómo la luz se reflejaba en los cristales rotos, había un joven que definitivamente no pertenecía a lo ordinario.

Su cabello era corto, flotando como si estuviera sumergido en agua invisible. Los mechones se mezclaban entre azul y celeste claro, con un brillo translúcido que recordaba al cuerpo de una medusa bajo el sol. Su piel era pálida, casi luminosa, y desde su espalda emergían tentáculos suaves, ondulantes, que se movían con elegancia lenta, como si siguieran una corriente marina imperceptible.

Momo parpadeó.

Definitivamente debe ser por falta de sueño – murmuró para si mismo.

El extraño giró el rostro hacia él. Sus ojos tenían un matiz claro, vivaz. Y cuando sonrió, mostró apenas la punta de una lengua azul intensa, del mismo tono que el corazón de una medusa.

-Oh -dijo con voz alegre- Estas brillando mucho!!

Momo se quedó inmóvil.

- ¿Perdón? - dijo hablando un poco sorprendido-

El joven se separó de la pared con ligereza. Sus tentáculos se deslizaron tras él como cintas suaves.

-Tu cabello – dijo con entusiasmo - Es dorado, es … brillante, me encantan las cosas brillantes.

Momo sintió cómo el calor subía por sus mejillas.

- ¿Acaso es esta es tu forma de saludar?

El chico inclinó la cabeza con curiosidad infantil.

-Supongo. Ah, cierto acabo de salir de un laboratorio-sonrió ampliamente- Soy C.B.

Mi nombre es Momosuke Oikawa pero me puedes decir Momo…-con una suave sonrisa- Espera…has salido de un laboratorio??

C.B dio un pequeño paso hacia él, fascinado. Uno de sus tentáculos se movió con suavidad, reflejando destellos azulados bajo el sol.

-Eres como un rayo que se encuentra atrapado en forma humana – Dijo canturreando alegremente-

Momo soltó una risa breve, sorprendido por la naturalidad del comentario.

-Eres extraño, ¿lo sabes? ...aunque me dices que acabas de salir de un laboratorio por lo cual es lógico-

- ¡Gracias! -respondió C.B con entusiasmo genuino.

Aquella respuesta desarmó cualquier incomodidad.

Momo lo observó mejor ahora. Su cuerpo era completamente humano en forma, esbelto y armonioso, pero la presencia de los tentáculos le daba una apariencia peculiar. No intimidaban. Más bien… parecían suaves.

- ¿Siempre… luces así? -preguntó Momo con cautela.

C.B asintió animadamente.

-Sí. Me gusta estar cómodo. Además, así puedo sentir mejor la luz - extendió uno de sus tentáculos hacia un reflejo brillante en el vidrio- Mira cómo resplandece.

Momo lo miró en silencio unos segundos.

No había amenaza en él, ya que se veía que era una persona curiosa y genuina

-¿Estás triste? -dijo C.B de pronto, ladeando el rostro.

Momo suspiró.

- ¿Se ve tan obvio mi estado de ánimo? -

C.B se acercó un poco más, sus ojos claros reflejando el brillo del cabello rubio frente a él.

-Tu luz parpadea -respondió con simpleza-Es como cuando una medusa pierde corriente.

Momo bajó la mirada.

-Me gustaba alguien… -confesó en voz baja- Pero creo que nunca fui una persona que llamara su atención de la manera que yo quería

C.B lo observó en silencio, y por un momento su expresión alegre se suavizó.

-Eso es extraño -dijo finalmente.

- ¿El amor? -

-No -negó con una pequeña sonrisa- Que alguien no quiera mirar algo tan brillante.

Momo sintió que su pecho se apretaba.

-Quizás no todos buscan lo mismo…-

C.B extendió lentamente la mano y con delicadeza, tomó un mechón rubio entre sus dedos pálidos.

- A mí si me gusta- susurró con una sonrisa suave.

Momo se quedó quieto, sorprendido por la cercanía. Notó entonces, más de cerca, el leve tono azul de su lengua cuando C.B habló otra vez.

-Me gustan las cosas que brillan y tu eres una persona que brilla mucho, así que en consecuencia me gusta mirarte-

-Yo… intenté ser suficiente -admitió-Intenté que me mirara como algo más y no como el mejor amigo de su hermana.

C.B inclinó el rostro, sus tentáculos ondulando suavemente detrás de él.

-Conmigo no tendrías porque luchar por dejarte ver -dijo con naturalidad-Porque ya te vi-

El viento movió el vestido de Momo ligeramente. Su corazón latía con fuerza, pero no era el mismo dolor de antes.

Era algo distinto era algo más ligero.

-¿Crees que alguna vez puedas enamorarte de mí? - preguntó Momo en voz baja.

C.B soltó una risa cristalina.

-Sí…ya que eres muy brillantes, por lo cual eres muy valioso, así que si…si me gustas Momo…-

El rubor fue inevitable.

Momo llevó una mano a su pecho. Kanata seguía siendo un recuerdo reciente, una herida que aún no terminaba de cerrarse. Pero acababa de conocer a alguien que lo estaba mirando…aunque aun no estaba seguro si el gustar de C.B era la forma de gustar…-

-Eres peligroso-murmuró Momo con una pequeña sonrisa.

-Solo si intentas apagarme -respondió C.B alegremente.

Un grupo de estudiantes pasó a lo lejos, rompiendo el momento. Momo dio un pequeño paso atrás, aunque su mirada permanecía conectada a la de C.B.

- ¿Tengo que irme a clases…volveré a verte?-preguntó con suavidad.

C.B sonrió ampliamente, mostrando apenas el azul vibrante de su lengua.

-Si sigues brillando así… te encontraré-

Uno de sus tentáculos rozó suavemente la mano de Momo antes de retirarse.

Y cuando Momo parpadeó, C.B ya no estaba frente al invernadero. Solo quedaban pequeños destellos en el vidrio, como si el mar hubiese dejado una huella efímera.

Momo respiró profundo.

Kanata había sido el océano que admiró desde lejos.

Pero quizá… no necesitaba ahogarse para sentir el mar.

Acomodó su vestido, dejó que el sol iluminara su cabello rubio una vez más y caminó hacia el edificio principal.
-----------------------------------------------------------


Kana

Con este ya termino esta idea y me emociona preparar lo que viene <3 *mira a Eureka*

La mansión de Vincent Lancaster en la gran Lancannia siempre había sido el refugio del "miembro descarriado" de la familia. Por eso, cuando una explosión de luz sobrenatural sacudió los cimientos de la mansión, el mundo exterior ni siquiera se inmutó. Para los dueños de las otras mansiones, en decir, sus hermanos, era solo otra excentricidad de Vincent y preferían ignorarlo.

Kana irrumpió en la mansión arrastrando con ella a un Henry, ambos empapados, solo para encontrarse con una escena que parecía sacada de una película de Frankenstein.

Sobre la imponente mesa del comedor, rodeado de cubiertos de plata, candelabros, licor y hojas con apuntes, yacía Cain. Su camisa blanca estaba empapada en un carmesí profundo que goteaba rítmicamente sobre la alfombra persa.

—¡Cain! —gritó Kana, lanzándose hacia él.
—No grites, mujer... —masculló Cain, pálido como el mármol pero manteniendo su petulancia intacta—. Me duele más el tímpano que la perforación en el bazo. Y muévete... me aplastas.
—¿Me estás diciendo gorda?
—…— Cain solo cerró los ojos, incapaz de lidiar con la logística de Kana.

Vincent Lancaster estaba de pie a un lado de la mesa, luciendo un traje de seda impecable pero con una expresión de absoluta confusión. Hasta hace poco, estuvo en el castillo principal de su familia celebrando con los de su sangre, para retirarse a sus aposentos con intenciones de amanecerse con Ratio conversando sobre sus recuerdos en el Eton.
No entendía cómo de la nada alguien apareció y se estrelló violentamente contra su mesa, disipando todo estado de liguera embriaguez en el inglés. 

—Sigo sin entender qué sucede aquí... —murmuró Vincent, con una distancia casi onírica.

A Kana le llamó la atención la actitud de su profesor, puesto que él era afable y muy empatico, por estas mismas cualidades nunca sino hasta hace poco llegó a enterarse que era familiar de Cain y de lo poco que conocía la dinámica familiar entre ellos. El profesor Lancaster siempre profesaba un profundo afecto por todos sus sobrinos, sobre todo por Cain y Henry.

—Vincent, guarda silencio y sostén la lámpara… Justo ahora se corta la luz y nos cae un herido en medio de tu sala.—ordenó un hombre que estaba al otro lado de la mesa. Era de porte erudito, mirada afilada y el único que no parecía perturbado por la situación —Estos jóvenes han cruzado una puerta que tú ni siquiera sabías que existía. Hay una anomalía en su flujo de energía que no se puede ignorar, ¡debemos investigar!

Kana no lo conocía. Henry le explicó escuetamente que se llama Ratio y es amigo de su tío Vincent.

—Está perdiendo mucha sangre… Llamaré a una ambulancia—dijo Henry, sacando su teléfono.
—Ni se te ocurra, idiota —le regaño Cain, intentando incorporarse con un quejido disimulado de dolor—. Un registro clínico de una puñalada sería el fin de nuestro prestigio. La prensa amarilla nos devoraría. Háganlo ustedes. Aquí.
—¡Te vas a morir, Cain! —le recriminó Kana, al borde del colapso.
—Prefiero la muerte a una mancha en mi expediente —sentenció el pelinegro.
Todos los presentes se miraron entre ellos en un silencio que duró poco pero pareció una eternidad.
—Hagámoslo.— dijo Ratio, Vincent asintió no muy convencido y los dos despejaron furtivamente la mesa para que elementos no esterilizados no estuvieran cerca del herido. Un bullicio escueto y varias hojas volando desfilaron efímeramente alrededor de todos. —Niño, ten en cuenta que estás en la sala de un rico y no en un pabellón quirúrgico. No prometo resultados óptimos. Vincent, dale un vaso de whisky.
—Ten.— Obedeció Vincent, dándole un vaso lleno a Cain. —Bébelo, lo vas a necesitar. No tenemos anestesia aquí.
—Tío Vincent, si me bebo todo esto no podré supervisar el proceso quirúrgico.
—¿Tío?— Vincent dejó caer el rostro hacia un lado, extrañado. Cain se le quedó mirando por unos segundos sin comprender su reacción pero dejó de prestarle atención cuando Ratio volvió a hablarle.
—Bebe.— ordenó Ratio. Le quitó la botella de whisky a Vincent y dejo caer el líquido ambar sobre la herida provocando una liguera queja en su “paciente” y después bebió él mismo un largo sorbo. —¿Con qué te apuñalaron?
—Con una espada de hace siglos atrás, probablemente oxidada.
—Vaya, andabas de “curiosito”
—¿…?— Cain no le entendió. Al ver que Ratio era tosco en la maniobra de la esterilización y aguja, optó por beber whisky y “adormecer” un poco el sentido.

Bajo la dirección técnica de Ratio, Kana y Henry tuvieron que convertirse en improvisados enfermeros. Henry, con el rostro lívido, sostenía los instrumentos mientras Kana limpiaba la herida bajo la atenta y crítica mirada de Cain, quien se negaba a perder el conocimiento para "asegurarse de que no hicieran un trabajo mediocre".

—Cuidado con la sutura —siseó Cain —No estás bordando un pañuelo de señorita.
—Mocoso insolente, deberías agradecer que he hecho un buen trabajo.— Ratio cosió los últimos puntos de sutura.
—¡Cállate y deja de ser tan insufrible! ¡Deja que el hombre trabaje tranquilo!—le gritó Kana, enojada aunque en el fondo se preocupaba por Cain.

Mientras Ratio aplicaba una solución antiséptica que quemaba como el fuego, Cain miró el techo, inexpresivo, tratando de procesar el vacío que sentía en la estructura del universo.
Un vacío muy profundo en su pecho, que provocaba un letargo incómodo. 

—¿Y el otro? —preguntó Cain con voz ronca por el agotamiento. —¿Dónde está el “bufón de la marca diabólica en la cara”?
Kana se detuvo en seco. Sus manos temblaron tanto que casi suelta el pañuelo con el que lo limpiaba. Miró a Henry, quien simplemente bajó la mirada, y luego a Vincent, quien alzó una ceja confundido.
—¿De quién hablas? —preguntó Vincent.
—De Allen Walker… Tu alumno “estrella”— respondió Cain.
—Aquí solo están ustedes. No hay ningún Allen Walker aquí, ni en la universidad, ni en mi memoria.
—La Paradoja de la Predestinación... ese estúpido interfirió demasiado. El pasado lo devoró. Allen Walker nunca nació en esta línea temporal, ¿verdad?— Cain soltó una risa seca que terminó en una mueca de dolor.

El silencio en el comedor fue absoluto, roto solo por el tic-tac de un reloj de pie que marcaba el tiempo que pasaba sin que ninguno lo perturbara.

……….

Una vez que la herida fue estabilizada y vendada, Vincent se cruzó de brazos, pensativo, mirando a Cain con una mezcla de lástima e inquietud.

—Me llamaste tío hace unos momentos.— al inglés todavía le quedaba esa inquietud. —Cuando lo correcto es “señor Lancaster”— lo dijo sin intenciones de sonar clasista, pero tenía una duda que le daba vueltas en la cabeza.
—¿Qué te pasa, tío?— Cain lo miró con desprecio, con una sonrisa sorna dibujada. —¿Demasiada ginebra o estás probando químicos ilegales? ¿Acaso te olvidaste de tu sobrino mayor?
—Mhh, ¿cómo te lo explico?— Vincent salió de la sala y luego volvió con una carpeta con registros la cual se la entregó a Cain. —Mi sobrino y heredero Lancaster es Henry. Tú... eres el hijo de un antiguo jardinero. Eres conocido por tus constantes problemas con el alcohol y riñas callejeras.
Cain se quedó petrificado. Sus ojos verde claros se abrieron de par en par mientras leía su propio expediente. A Kana le dio risa su expresión de asombro enmarcada por sus tupidas pestañas, hace tiempo que no veía una expresión clara que no fuera la indiferencia en su rostro.
—¿Qué... qué es esto? —su voz era un susurro gélido—. "¿Empleado de mantenimiento con fama de conflictivo y tendencia a la embriaguez"? ¡¿Yo?! ¡¿Un borracho de clase baja?!
—Lo siento —añadió Vincent—, usted es empleado de mantenimiento de esta mansión. Supongo que el delirio del dolor lo confundió.
—…— Cain entrecerró los ojos, quedándose demasiado quieto lo cual preocupó a Kana. En esto, de pronto le agarró el rostro a Vincent y lo acercó al suyo. —¡Tío Vincent, tengo tu mismo rostro! Soy tu sobrino. Incluso viví un tiempo contigo en la mansión de Tokyo.  No puedo ser un pobre…
—¿Eres empleada de Vincent?— Ratio miró a la chica de cabellos platinados. Era bonita y tranquila, pero Ratio se evitó expresar el comentario de que olía raro… como, sin ir más lejos, a estiércol.
—Ah, Ratio. Ella es alumna mía, Kana. Es una estudiante destacada en Hanasaki. Kana, él es el profesor Ratio Verita de Rizembool. Es un buen amigo mío.
—¿Cómo así yo terminé siendo una escoria y tú tienes una vida decente?— le susurró Cain a Kana, apretando el papel que dictaba su nueva y mediocre realidad.
—Eso se llama karma, Cain. — Kana no pudo evitar una chispa de ironía.
—…—
—Mucho secreto entre ustedes —interrumpió Ratio, quien miraba a Kana con curiosidad -y cierto disgusto por el olor a estiércol que aún emanaba de su collar- —. Ahora, expliquen: ¿qué significa esa luz y cómo es que este "empleado bravucón" apareció de la nada?
—Eh…— Kana miró al profesor Lancaster, sin intenciones de defraudar al erudito. —Usé indebidamente mi poder de HiME que ya venía causando “fracturas” en el espacio y tiempo. Fuimos al pasado por error y cambiamos cosas… Uh, se me ocurrió salvar a un Rey que estaba muy dañado.— miró de reojo a Henry. —Cain apuñaló a un tal Wellingon y Allen sólo se apareció y generó caos por un tatuaje que tiene.— resumió la joven.
—Lo dices como si de la nada se me ocurrió apuñalar a ese tipo. Ustedes me forzaron a hacer algo que no quería.
—No lo sé… Apareces aquí apuñalado y tienes fama de alcohólico conflictivo. ¿Quién nos puede asegurar que no vienes de una riña callejera.
Cain se intentó levantar, ignorando el dolor de la herida, con la dignidad que solo un hombre que lo ha tenido todo puede mantener mientras lo pierde. —Bueno, al menos sigo teniendo mejor gusto que todos ustedes juntos.— unos lentes de sol Versace habían sobrevivido en el bolsillo de su pantalón, se los puso evitando el contacto visual por el resto de la jornada.

Kana sostuvo a Cain del brazo y los dos fueron hasta el ventanal, luego Kana miró a Henry, quien parecía observar todo demasiado quieto.

—Parece que tus "alteraciones" en el pasado te costaron el linaje —comentó Ratio con burla, acomodándose un mechón de cabello hacia atrás con un toque de ironía  —Al salvar al Rey o interferir con Wellington, cambiaste el árbol genealógico. Ya no eres la sangre azul de esta casa. Eres… un simple empleado bravucón y alcohólico.
—¿Te causa risa, Ratio?— lo miró tranquilo, con los ojos entrecerrados. Conocía a Ratio bien, trabajaba en investigaciones científicas con él en Rizembool y aunque Cain lo juzgara de pusilánime, ambos compartían el desprecio hacia Liebert. Aunque con el cambio de línea, quizá ni siquiera Ratio lo conocía.  —“Mi reino por una espada” y ahora ni linaje tengo ¿Y qué se supone que haga ahora? ¿Tomar una escoba y ponerme a barrer?
—Oigan— Kana se puso entre los dos, agitando las manos. —¿Acaso todos olvidaron que aquí falta Allen.
—No conozco a ningún Allen.— puntuó Ratio. —Y no es mi asunto, por lo demás.
—¡Uhg!— Kana miró enojadísima a Ratio. ¡No era como el amable y gentil profesor Lancaster! Este sujeto era un pesado. Ahora, la joven miró a Cain.
—No me mires a mí. Soy un simple empleado… Tal vez debería ir a podar el césped y desplomarme ebrio por allí, mientras tú estudias tu profesión en Hanasaki.
—¡Oye!— pensó en reclamarle que se dejara de joder, que no fuera tan insufrible, ¡que era Allen, SU amigo, el que había desaparecido! pero, por suerte, fue el mismo Cain quien le dio un mensaje alentador.
—No vamos a dejarlo así— Cain miró decididamente a Kana,  la HiME sintió que por fin concordaba en algo con Cain. —Incluso si tenemos que hacer un sacrificio humano, vamos a traer de vuelta a ese infeliz. No puede irse así libremente, sin tener mi critica. Además, planeo recuperar mi lugar…
—Ratio, profesor Vincent, tiene que haber una forma de arreglar esto.— ahora Kana miró animadamente a los dos mayores.
—Siempre hay una forma, querida. Pero el precio para recuperar a un muerto y un trono suele pagarse con algo más que lloriqueos y niñerías.— Ratio sonrió de medio lado, burlándose de ese par y luego miró hacia el destello que aún palpitaba débilmente en techo de la mansión. —Usen lo que queda de esa energía.— el pelimorado volteó a ver a Vincent. —Bueno, ¿mañana nos vamos a ver la carrera de caballos, no?
—Espera, Ratio.— Vincent colocó una mano sobre el hombro de su amigo, mirándolo con súplica. —¿No piensas quedarte a ayudar a estos jóvenes desdichados? Tus conocimientos serán cruciales. Míralos, pobrecitos… están sufriendo por su amigo desaparecido.
—No, gracias. Ellos se metieron en esto y no es mi problema. Yo estoy en Inglaterra porque tú me trajiste a regañadientes a una fiesta de tu clasista y petulante familia, la cual, por cierto, toda la noche me miraron como si fuera un perro pulgoso, pero, por sobre todo, vengo por los libros que me prometiste y por la carrera de caballos del rey.
—Si ayuda a Kana, puedo conseguirle un asiento privilegiado en mi palco.— por fin habló Henry.
—Hm…— no muy convencido, Ratio aceptó a regañadientes. —Sólo lo haré a modo de investigación científica.

Los dos profesores se alejaron un poco a hablar entre ellos y con Henry quien se convirtió en su nuevo benefactor.
Cain optó por sentarse en un sitial y Kana se sentó cerca de él.

—No sé por qué tengo la sospecha de que ese maldito de Henry me robó mi lugar. Míralo, haciendo lo que yo solía hacer… sobornar con dinero y prestigios.
—Bueno, si tú no naciste como parte de esta familia… Supongo que Henry se convirtió en el hijo mayor.— Kana suspiró, tratando de cambiar de tema para que Cain no se amargara más y no le agarre más tirria a Henry de la que ya le tiene. —Oye, ¿crees que puedas hacer uno de estos que no huela tan…mal?— apuntó el collar que anulaba el poder del Rebel parásito.
—Mh…— Cain miró de reojo el collar de Kana. —Sí. No es complicado… Sólo usé el material que tenía cerca en ese momento. Puedo hacer uno mejor que ese.— y lo podía hacer sin que no oliera a mierda, punto importante.
El pelinegro se puso de pie y fue hasta la sala de biblioteca de su tío. Kana le siguió detrás.
—O-Oye, ¿no deberías descansar un poco? Casi te mueres desangrado.
—No fue nada. Además… Tengo que encontrar la verdad sobre la desaparición de Walker.

Mientras Cain rebuscaba entre libros antiguos, Kana se sentó en un sofá y lo miraba con atención. A lo lejos, se escuchaba como Ratio y Vincent arrastraban cosas muy pesadas para armar una improvisada sala de laboratorio en el comedor de Vincent.
Henry llegó a la biblioteca y se sentó a un lado de Kana.

—Gracias por ser tan amable siempre.— le sonrió la HiME al rubio.
—De nada, Kana. Siempre estaré aquí para ayudarte.
—Bah.— Cain giró los ojos, asqueado de esos dos. Después de una hora de lectura, encontró la respuesta. —Aquí está— se volteó hacia esos dos, apuntando una página del libro. Empezó a leer:

“En el juicio de los tres enviados del diablo, la bruja murió al lanzarse al río junto a su patrono quien no resultó ser el primo del Rey sino un impostor. En tanto, el descendiente del diablo, un albino de marca infernal en el rostro fue erradicado del mundo cristiano. La oscuridad del demonio no podía habitar en el reino y el Rey mandó a ejecutar a toda la familia Walker, erradicando de raíz su sangre maligna por completo. Desde el más anciano hasta los recién nacido de su casta, todos fueron ejecutados.”

—Eso explicaría por qué Allen no existen en este presente.— puntuó. —Y eso explica por qué no hay ningún whisky Johnnie Walker en el bar del tío Vincent, porque no existe el legado de la familia Walker a nivel general.
—¡Qué horrible!— exclamó la HiME.
—El Rey Henry, “el loco” en esta línea del tiempo no fue asesinado como debió haber sido y vivió muchos años, su enfermedad mental se desarrolló en su totalidad, por lo que se volvió cruel dejando sus valores y virtudes en el olvido. Con esto conservó la corona en su linaje…— miró al rubio. —Es decir… Que éste no sólo se robó mi lugar en la familia, sino que al no ser los Lancaster destronados la corona siguió en nuestra casa real. 
—¿Henry es de la realeza aquí también? —Kana sintió que el trauma del pasado volvía.
—Mi abuelo es el Rey —confirmó Henry con una sonrisa amable—. Yo no lo seré en muchos años.
—¿Te acuerdas por que te dije que era TAN importante que no cambiaras nada en el pasado?
—Oye, tú te pusiste a sacar fotografías en el medioevo… ¿Cómo explicas que no hayas perjudicado a nadie?
—¿Y crees que ser de clase media no es perjudicarme? En fin. Traer a Allen será más difícil de lo que pensé. No creo que sólo nosotros bastemos para conseguirlo… Necesitamos un potenciador y no creo que haya suficientes bombillas Tesla en Inglaterra que nos ayuden.— cerró el libro. —Iré a hacerte otro restringuidor de energía, eso es más sencillo por ahora— sin más que decir, los dejó solos.
—Henry, ¿me prestas tu teléfono?—

Kana prácticamente se había adueñado del teléfono de Henry. Revisó sus redes sociales y tuvo el impulso intenso de buscar entre sus contactos a Eureka. Necesitaba conversar con ella, contarle por todo lo que estaba pasando, ella era su amiga, HiME como ella por lo que conocía de cerca sus dramas y confidente más cercana.

Justo había un mensaje de Eureka para ella en su bandeja, Era de hace unos días, preguntándole cómo estaba seguramente preocupada al no saber nada de ella.  Eureka estaba en línea así que eso motivó más a Kana en escribirle.
Iba como por un texto de mil hojas de lloriqueo puro a punto de enviarlo cuando se preguntó, ¿era justo preocupar a Eureka con sus problemas? Ella también era amiga de Allen, pero Eureka también estaba pasando por momentos difíciles en su vida en relación a todo lo que conlleva ser una HiME.

Kana suspiró, arrepentida borró todo el mensaje y como Eureka probablemente vio que le estaba mandando un mensaje, Kana sólo optó por decirle:

“Hola, Eureka. He estado un poco estresada entrenando. Espero que estés bien.”
Antes de que Kana le devolviera el teléfono a Henry, Eureka le respondió.
“¡Kana! por fin contestas. Me tenías preocupada. Oye, ¿sabes algo de Allen? Hace días que no lo encuentro.”

Kana dio un salto, con el corazón a punto de salirse del pecho. ¡Eureka lo recordaba! Al ser una HiME, ella era inmune a la reescritura de la historia.

—¡Henry, ella sabe quién es! —gritó Kana, zamarreando a Henry descolocando al rubio.

“¡Eurekaaa!” ahora sí, le escribió un mensaje como de diez mil palabras contándole todo.
Eureka se quedó sin responderle, seguramente procesando todo.
“¿Cómo es que Allen desapareció? ¡¿Qué puedo hacer para ayudar?!”
“¡No lo sé! Me muero, porque todos aquí estamos quebrándonos la cabeza.”
“Voy a viajar a Inglaterra.”
“No quiero molestarte. Te escribo cuando tenga alguna información”


Pero dé un segundo a otro, Eureka ya no estaba más en línea y Kana sabía que no era porque se haya quedado sin batería. Seguro venía en camino.

……….

—No encuentro el modo de hacer funcionar la máquina.— Ratio apretó los últimos engranajes de una extraña y perturbadora máquina que creó en tiempo record. —No puedo pensar en un potenciador lo suficientemente poderoso para hacer funcionar la máquina y generar un shock de energía.— apuntó a Kana con la mirada. —Esta HiME tiene su poder en recuperación, sólo nos servirá para canalizar las últimas vertientes de los hilos de poder que derramó el Rebel pero no será suficiente. Ni aunque estuviera al cien por cierto, logramos la energía que necesitamos.
—¿Y qué deberíamos hacer?— preguntó Kana, preocupada.
—Nada.— Ratio saltó de una improvisada rampla y aterrizó de pie en el suelo. Se limpió el petroleo de las manos en la tela de su pantalón. —Por hoy descansaremos. Llamé a Rizembool para retrasar mi retorno. Ya le di instrucciones a Vincent sobre dineros y materiales que necesito, que, amablemente, nuestro patrono auspiciará.— apretó el hombro de Henry ensuciando con petroleo su perfecto traje. Henry se incomodó un poco, no por el dinero sino por la suciedad.
—Pero Cain dice que mientras avance el tiempo iremos olvidando a Allen.
—Así es.— asintió Ratio, despreocupado. —Pero no puedo sacar un truco de un sombrero como si nada. Necesito pensar…— indicó. —Vincent dejará que se queden aquí mientras resolvemos esto. De momento, todos debemos fingir normalidad, Henry irá a atender sus asuntos, Vincent y yo seguiremos “estudiando los papiros de química” por los que vine…— miró a Kana y Cain. —Tú debes fingir que vienes a aprender de tu profesor y tú… Deberas atender tus quehaceres de empleado.
—…—
—¿Qué? Tienes mala fama en este lugar. Si te desapareces, la jauria Lancaster investigarán tu paradero y si ven que de pronto su trabajador problemático es un ilustrado sospecharán y arruinarán todo.

.......

La noche en Lancannia cayó como un escenario gótico. Mientras Henry descansaba en una suite con sábanas de hilo egipcio y Kana se perdía en los mapas de la biblioteca hasta dormirse en el mismo sillón de la biblioteca, Cain fue escoltado por un mayordomo que no lo reconoció.

—Aquí es.—dijo el hombre, entregándole una llave oxidada —Trata de no llegar ebrio mañana, el señor Vincent tiene invitados y los rosales no se podarán solos.

Cain se quedó de pie frente a una puerta de madera en el ala de servicio. Entró y el impacto fue peor que la puñalada en el bazo. La habitación era un zulo de tres por tres metros. No había vestidor, no había minibar con cristalería tallada, y el aire olía a una mezcla ofensiva de tabaco barato y ginebra de segunda categoría.

—El universo tiene un sentido del humor verdaderamente vulgar…—susurró Cain, quitándose los lentes Versace para inspeccionar el desastre.

Se sentó en el borde de la cama. Pese a ser un lugar destinado para la servidumbre, de todos modos no era inhumano. Al revisar debajo de la almohada, encontró una petaca de metal abollada.
¿Por qué se había quedado tan tranquilo pese a que debía tomar un papel tan humillante? Simple, porque prefería estar en ese cuartucho que seguir soportando al resto de idiotas.
Aunque suene insólito, en algún episodio de su adolescencia hizo un voluntariado y eso lo ayudó a coexistir como un marginal. Así que podría sobrevivir a esa noche.

Pero su TOC fue superior. Se levantó, ignorando el pinchazo de la sutura, y comenzó a limpiar, limpiar y limpiar. Tiró la basura del cuarto con una furia silenciosa, fregó el suelo usando los productos de limpieza al alcance. Algo que no soportaba Cain era la suciedad e irónicamente aunque no estuviera hecho para ser un sirviente siempre tuvo mucho talento para limpiar.
Cerca de la madrugada, Cain se quedó mirando el techo. Pensó en Allen. Recordó al albino, su mirada desafiante y ese tatuaje horrendo que ahora lo había borrado del mapa.

—Walker... —susurró a la oscuridad —Más vale que estés vivo en algún rincón del tiempo. Porque si tengo que limpiar y soportar la cara de caridad de Henry por mucho tiempo, voy a necesitar a alguien a quien culpar... y tú eres el candidato perfecto. Yo mismo te “resucitaré” para matarte de nuevo.

Cain cerró los ojos y cuando pensó en descansar un poco, en la oscuridad de la noche una mirada al asecho hizo que abriera lentamente los ojos de nuevo. Se encontró frente a su rostro con otra persona.

—Estuve pensando…— Vincent como un lunático de la nada apareció en el cuarto y lo hostigó con su presencia sin respetar su espacio. —Que quizá tienes razón. Eres mi familia.
—…— Genial, justo que quería estar solo aparecía su tío.
—Pero no creo que seas mi sobrino… Mis hermanos no son tan descuidados.— sonrió, suavemente. —Tal vez… Tal vez seas mi hijo. Tienes razón, nos parecemos mucho.
—…—
—Y no creo que sea correcto que cumplas oficios de un empleado. He decidido reconocerte como mi hijo.
—Vete a descansar… Tío Vincent.— Cain lo ignoró, se dio la vuelta y fingió estar dormido.

….

A la mañana siguiente, todos se encontraban en la biblioteca, tratando de encontrar respuestas al enigma de Allen.

—Vincent… ¿y tu “sobrino”? necesitamos que esté aquí, aunque sea un don nadie sabe bastante de ciencia.
—Huyó.—dijo Vincent, deprimido.
—¿Cómo que huyo?— Ratio y Kana saltaron al unísono.
—Se estresó porque le dije que quizá era mi hijo… Prefirió escapar que ser mi familia.

Justo en ese momento en que Kana y Ratio estaban al punto del colapso, un mayordomo golpeó la puerta y entró en la biblioteca acompañado de un par de mayordomos y dos sirvientas. Para relajo de todos, Cain entró después.
Mientras el mayordomo en jefe iba sirviendo las delicias en la improvisada mesa, Cain se acercó a un florero donde puso unas rosas.

—¿Qué crees que haces?— Kana se le acercó, susurrándole enojada. —Te desapareciste y perdimos muchas horas.
—Hago mi trabajo.— acomodó con cuidado las flores.
—¿Esta es una especie de colapso nervioso pero en frío?
—No.— susurró. —Alejarme de ustedes me hace pensar mejor.
—¿Y en qué pensaste?— ahora, Ratio se le acercó, mirando con incomodidad como los sirvientes mimaban a Henry y a Vincent a lo lejos.
—Que tu máquina es una porquería.
—…—
—Pero que la necesitamos… Sólo que nos falta un “giratiempos” no nos sirve la energía sino la velocidad para romper el tiempo. Porque la energía se la drenaremos al Rebel parásito sin necesidad de tocar la energía de Kana.— terminó con las flores. —Pero nos falta el componente principal. 
—La velocidad. Pero no una velocidad cualquiera, esto sólo se logra con velocidad de la luz.— asintió Ratio, encontrándole sentido a todo.
—Pero no sé como crear algo que potencie la velocidad de la luz y meterlo dentro de tu máquina.
—Yo, sí.— dijo Ratio. —Necesitamos una “bateria” humana. — miró a Kana. —¿No conoces alguna HiME que tenga como capacidad la velocidad?
—Sí.— asintió. —Pero Eureka no ha desarrollado su poder y… No quiero ponerla dentro de una máquina y que corra peligro.
—Es eso o nada.—
—Me niego a perder a otro amigo.— Kana se cruzó de brazos. —Debe haber otra forma.
—¿Las mujeres siempre son tan difíciles?— Ratio miró a Cain buscando respuestas, el más joven solo se alzó de hombros. —En fin. Necesitamos trabajar arduamente para afinar la máquina y si pierdes el tiempo cortando florecitas nos retrasaremos más.— llamó con un gesto de manos a Vincent. —Despacha a todos tus empleados hasta que consigamos traer a ese sujeto “Walker”
—¿A todos?— Vincent alzó una ceja, un tanto preocupado. —¿Planeas que nos atendamos nosotros mismos?
—No seas tan cómodo, Vincent. Necesito que todos nosotros trabajemos en este proyecto y si tu mayordomo sigue quitándome a tu “sobrino” nos vamos a atrasar.
—¿Hasta quieres de despida a mis queridas sirvientas? Ellas siempre han sido muy discretas.— miró de reojo a unas mellizas.
—Okay… A todos menos a tus sirvientas. Sólo porque no quiero ponerme a cocinar para todos.
—Bien.— Vincent aplaudió llamando la atención de sus empleados. —Los quiero a todos fuera por un par de semanas, menos a ustedes dos.— ordenó.


Kana

Un estruendo inquietante se escuchó provenir de la mansión de Vincent, Ratio seguía armando y desarmando la dichosa máquina que supuestamente traería a Allen de regreso. El profesor, Cain y Vincent estaban en esa actividad mientras Kana y Henry paseaban por los jardines de la mansión.
Kana no dejaba de mirar en dirección a la mansión, mientras Henry se distraía metiendo su mano en el agua de la pileta y jugando con el cristalino líquido.

—Confía en ellos, traerán a tu amigo de regreso.
—Estoy preocupada, Henry.— la HiME suspiró, sin ocultar su inquietud. —Me gustaría tener un uno por ciento de la calma de la que eres dueño. ¿Cómo lo haces?
—Trato de no angustiarme sino más bien pensar en las soluciones y si no hay soluciones de todos modos evito angustiarme porque la angustia no resolverá nada. — respondió con simpleza y amabilidad. —Y siempre te he tenido a ti para darme serenidad.

Kana se sentó en el borde de la pileta, cerca del rubio. Los dos se miraron a los ojos con interés.

—Eres la primera persona en el planeta que me dice que puede estar tranquila a mi lado. Suelo dar el efecto contrario.
—Puede que seas a veces… toda una caja de Pandora, pero mi mundo está en paz cuando tú estás aquí.

Desde que Kana estaba en esa nueva realidad, había notado que Henry tenía una actitud más cercana a ella, igual de principesca que siempre, pero, ahora que lo analizaba, no era tan estrictamente protocolar.
Kana no pudo sostenerle más tiempo los ojos calipso del rubio y optó por desviar la mirada, sintiéndose algo extrañado.

—A-Ah, Henry… Si no te molesta, ¿me puedes contar un poco como es mi vida en esta realidad?
—Hm…— el rubio alzó la vista hacia el cielo, pensando en un resumen de algo que parecía un libro del Quijote. —Vienes de la familia Nakiri, eres hija única por tanto heredera.
—…— Vaya, todas las veces que deseó que Ryota Kise no fuera su hermano parece que sus plegarias fueron escuchadas. Ahora le dolía en el alma que fuera así.
—Has estudiado en Hanasaki toda tu vida, eres HiME desde siempre y eres buena alumna. De hecho, mi tío Vincent siempre habla cosas buenas de tí.
—Suena como una bonita vida…— todo lo contrario a su caótica vida real. Jugó un poco con sus manos y dudó unos momentos, pero se atrevió a preguntar. —¿Cómo es nuestra relación?
—¿No lo recuerdas?— su tono de voz ligeramente marcado por una discreta decepción.
—Disculpa…

El rubio tomó el rostro de la peliplateada con ambas manos y se acercó invasivamente a su rostro restando casi toda distancia entre ellos.

—Hemos sido amigos por muchos años… Incluso, soy tu Key.
—¿¡QUE!?
—¿Qué?
—¡Es que! ¡AH!— Kana dio un salto, así como su propio corazón dio un vuelco en su pecho. En vez de estampar la mano en la piedra de la pileta se apoyó en el agua y medio cayó en la pileta.
—¡Kana!— Henry la sujetó.
—L-Lo siento… es que, me sorprendió mucho saber que eres mi Key.— Kana musitó para sí misma. —Vaya, en esta vida parece que tengo todo bien… Incluso un Key lindo que va a ser futuro rey.— se aferró al brazo de Henry. —¿Hay algo más que deba saber?
—Mh…— pensó que dijo todo lo necesario, pero recordó un detalle. Consigo llevaba un bolso del cual sacó un extraño huevo casi del tamaño de un huevo de una avestruz, sólo que era color jade y brillaba. —En una de tus últimas peleas con tu Rebel, este huevo surgió. Desde entonces, lo llevas a todos lados. Lo he estado cuidando mientras tanto.— tomó una mano de Kana y se lo depositó en la mano.
—…— Kana parpadeó, incrédula. —¿Y-Yo… tengo Child?— casi se vuelve a caer a la pileta de la impresión. La última vez que tuvo un Child fue miles de años atrás cuando Cain era su Key. —¿Sabes, Henry? Creo que es mejor que sigas cuidándolo. Está mejor contigo.— se lo entregó a Henry quien volvió a guardarlo.
—Gracias por confiar en mi. Aunque la última vez olvidé el huevo en el despacho del alcalde.
—Oh, bueno… De todos modos, eres mejor cuidador que yo.— Kana le sonrió. —Entonces tenemos un Child, supongo…— pensó. —¿Será una lagartija o un ave?
—Tengo la impresión que debe ser un reptil.— le sonrió Henry, pero su sonrisa se borró para pasar a mostrarse preocupado cuando notó que Kana se desvanecía en sus brazos. —¡Kana!

Cargó a Kana en brazos, notando que la joven sangraba de la nariz. Fue a toda prisa hacia la mansión para pedirles ayudas a los expertos y sólo entonces notó que el rostro de Kana no sólo se teñía con la sangre de la HiME.
Él mismo estaba sangrando de la nariz.

Interrumpió en la sala de Vincent, pidiendo ayuda.

—¡Por favor, ayudenme! Kana se desmayó y—-

Notó que Ratio giraba un enorme engranaje sin poder soltarlo ya que perdería el esfuerzo realizado, pero a Henry le llamó la atención que no dejaba de reclamarle a Cain quien, al igual que ellos, sangraba de la nariz.

—Te dije que vayas a limpiarte, vas a dejar todo ensangrentado. Puedo soportar la presión del engranaje solo.
—No. Si lo suelto ahora, se rodará.
—¿Cain? ¿Tú también estás sangrando?

Cain observó a Henry, notando que éste y Kana también tenían un derrame nasal. Sujetó un poco más la llave que con Ratio giraban hasta que por fin pudieron darle el vuelco. Sólo entonces, se puso un pañuelo en la nariz.

—¿Alguna idea?— Cain miró a Ratio.
—Pues… Probablemente sus curiosas versiones en otros multiversos están muriendo dado que ustedes han estado jugando con energía, eso altera todo orden— Ratio se secó el sudor de la frente con el antebrazo.
—Demonios, ¿eso quiere decir que…?— Cain y Ratio se miraron, impactados. Los dos corrieron hacia el ventanal y miraron hacia el cielo.
—Allí está…— suspiró Ratio. —La falla, la “grieta” que se abrió con todo el drenaje y dispersión de la energía.
—¿Alguien… podría explicarme?— dijo Henry, recostando a Kana en el sofá.
—No sólo hemos cambiado nuestra realidad… Sino la de los multiuniversos. Además, abrimos esa grieta, lo que quiere decir que… En cualquier momento la energía explotará y este mundo, o parte de él, colapsará. Como el efecto de varias bombas nucleares. Tal como le advertí a la loca.— Cain suspiró, tirando el pañuelo ensangrentado al tacho de basura.
—Entonces no sólo debemos traer a Allen, que irónicamente se volvió en el “equilibrio”— es decir, que si traían a Allen y volvían a sus realidades, todo ese impacto se detendría. —Sino que debemos evitar un pseudo-apocalipsis. Quien diría que un trio de niñatos iba a probocar tanto daño.— miró a Cain. —¿Estás consciente que el comité de energía de Rizembool te impondrá cargos por esto cuando se resuelva?
—¿Y por qué a mi? Yo no provoqué esto. Ni siquiera tengo “poderes”
—¿Alguien puede atender a Kana? Ella se desmayó.
—Ah, va a estar bien.— dijo Cain despectivo.
—P-Pero.
—Tírala por allí. Necesito ese sofá para descansar.— puntuó Ratio, exigente de su descanso.
—…— Henry los miró de reojo, sin comprender como podían ser tan insensibles. —¿Por qué ella se desmayó y nosotros no?
—Porque es mujer…— dijo Ratio, con toda lógica pero sonando muy brusco en su sinceridad.
—No.— dijo Cain, mirando de reojo a Kana con cierta repulsión como si se tratara de un perro atropellado. —También es porque su Rebel sigue drenandole energía a pesar del restringidor que le di. Debe ser un Rebel muy inusual y fuerte… No tengo registros de este tipo de persona.— miró a Ratio.
—Ni yo.— dijo el profesor, prefiriendo cambiar de tema. Notó que Henry dejó un raro huevo cerca de Kana. —¿Para qué le pones esa cosa?
—Es su Child, ¿quizá le da fuerzas?— en realidad, Henry se declaraba muy ignorante en temas de magias.
—Un momento, ¿cómo que Child?— Ratio miró al par en el sofá. —¿Eres su Key? ¿Por qué no lo dijiste antes?
—No lo sé. No pensé que fuera crucial.
—Cuando ustedes dos discutían, escuché que ella dijo que eras un Key muy inútil en el pasado.— Ratio miró a Cain, con cierta ironía.
—Metiche…
—Bah, se pelean delante de todos, TODO el tiempo. En fin, si se supone que en la realidad correcta tú y Henry son hermanos, entonces Kana… ¿se metió con los dos?
—¿Qué?— Cain alzó una ceja, indignado. —Maldita arpía. Siempre supe que era una loca traidora.— tomó un vaso de agua y se la lanzó a la cara a Kana. —Despierta, canalla.
—¡AH!— Kana dio un saltito en el sofá. —¿Qué pasa?— se encontró con la mirada felina y juzgadora de Cain. —¿Qué tienes ahora?
—¿Cómo es que Henry es tu Key?— apuntó al huevo.
—¿Así que pasaste del hermano mayor al hermano menor?— Ratio metió carbón.
—¡Cállense!— la chica los miró ofendida. Abrazó su huevo. —Yo no decidí que esto pasara.
—Me largo.—
—¿A dónde vas? Todavía tienes que hacernos de comer.— le reclamó Ratio a Cain pero este lo miró con desprecio antes de marcharse.



Antes de irse, Cain había saqueado la billetera de Ratio sin que este lo notara. Quiso excusarse con sus malos hábitos de su “versión actual” pero lo cierto es que no tenía ni un solo euro para comprarse algo por su cuenta.

Entró en un bar clásico de Londres y se sentó en la barra. Tal vez era momento de hacerle honor a su vida actual de indigente y alcohólico.
Sólo por curiosidad, le preguntó al barman.

—¿Tiene Johnnie Walker?
—¿Walker? ¿Qué es eso? No existe. Oye… nos tienes que pagar todo lo que te bebiste la semana pasada.
—…—
—Y no aceptaré sobornos.
—Silencio…— le pasó todo el dinero que le sacó a Ratio. —Un Macallan.
—Ok.— hizo lo que le ordenó, guardando el dinero que le pasó. —No hagas desmanes o te echaré de aquí.— le advirtió antes de irse.
—…— Cain observó el licor, pero antes de beber miró de reojo a la suripanta que se sentó a su lado. —Deja de seguirme.
—Tenemos que volver para traer a Allen.
—¿Para qué?— Cain miró de soslayo a Kana, quien lo había seguido y se sentó a su lado.
—¿Cómo para qué? ¡Es tu mejor amigo!
—No tengo amigos…
—¡Ya empezaste con tus cosas emos!— refunfuñó, agarrando el trago de Cain y bebiendo un gran sorbo. —Ahg, esto quema.
—Te lo estás bebiendo todo…
—Tienes que volver con Ratio. Quedó hecho una furia porque te fuiste.

La música de fondo sonó, los dos por unos momentos se quedaron en un largo silencio escuchando la letra. Después de una pausa muy larga, Cain le habló.

—La primera vez que vine aquí es porque Walker me trajo. Yo… Sabes que en ese entonces era muy “protocolar” y supongo que era una versión más amable de lo que ahora soy. Walker insistía en que rompiéramos las reglas, en que hiciéramos “cosas de adultos” y vinimos aquí con credenciales falsas. Se mareó con el primer vaso… Teníamos que volver y yo no podía llamar a alguno de mis choferes porque prefería morir a que alguien supiera qué cometí un error. No tenía idea de cómo tomar un metro o un taxi, así que lo tuve que llevar a rastras a su casa. Su mamá estaba trabajando a esa hora… ¿y tenía un hermano menor? ni me acuerdo, pero no me dio para cuidar de él y lo arrojé a su cuarto como pude y escapé. Al día siguiente preguntó qué pasó porque se sentía fatal y yo le dije que nunca fuimos al bar, que me arrepentí antes de ir y me fui. Le dije que se había ido con esa paria de amigo que tiene…
—Lavi.— corrigió.
—Sí.— curvó una ceja. —Como sea. Walker creía cada palabra que yo le decía. Nunca dudó de mi pero siempre confiaba en que lo sacaría de todos los problemas.
—Siempre ha acudido a ti para encontrar respuestas… Pese a que lo tratas mal.
—…—
—Tienes que admitir que a veces te pasas.
—Es porque no me obedece y me saca de quicio.— bebió de su vaso. —Tú, igual. Por eso sus vidas son penosas.
—Pero esa no es la primera vez que bebieron.
—…—
—Allen me contó que cuando tenían como quince, abrieron un whisky de 800 euros de tu papá y lo bebieron. Que tuvo que quedarse contigo porque le daba miedo que su mamá se enterara.
—Ese maldito… ¿Por qué cuenta cosas que son privadas?
—Pero habló maravillas de ti. Que no bebiste casi nada porque eras muy correcto y que cuidaste de él para que nadie supiera que hicieron.
—¿Haz pensado que tal vez sea mejor que dejemos las cosas como están?
—¿Qué?— Kana lo miró en shock al ver que Cain le salía con eso de la nada pese a lo emotivo del momento.
—Tú… tienes todo lo que nunca tuviste. Es tu mejor destino.
—¡Pero Allen desapareció y tú ya no eres un Lancaster!
—Tal vez pueda vivir con esto…— suspiró. —Y estoy seguro de que Walker preferiría desaparecer a cambio de que tú tengas esta vida que ahora tienes.
—…— Kana parpadeó, sin poder procesar sus palabras. Después de un momento largo, respondió. —Me indigna que creas que prefiero quedarme con esta vida sin importarme cómo los haya perjudicado.
—Tal vez sea lo mejor…— reiteró.
—…— Kana lo miró enojada.
—Walker me dijo que… Si alguna vez pasaba algo así, que decidiera lo mejor para ti a costa de él.
—…— bajó la cabeza, angustiada, apretando sus puños. —Ninguno de los dos tiene derecho a decidir lo que es mejor para mi. Yo quiero a Allen de vuelta y quiero que tú recuperes tu maldito legado. Si no me ayudas, me meteré yo misma a la jodida máquina de Ratio para hacer volver a Allen.
—¿Si sabes que si te metes allí sin tener el poder de la velocidad te quedarías calcinada como una salchicha en el microondas?
—¿Q-Qué?
—Ah… Eres tan tonta.— bebió lo que quedaba de su trago.
—Por suerte el jardinero de los Lancaster puede solucionar los enigmas.— lo agarró del brazo y lo jaló llevándolo consigo. —Y sé que te haces en insufrible, pero extrañas mucho a Allen. Sólo que necesitas que un tercero exprese lo que sientes.
« Last Edit: March 09, 2026, 07:08:57 PM by Kana »


Cho

(Probaciones este mes incluyen los dos posts anteriores)


Hello gals <3

Para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~

*top 4*

*conteo*

Sayi :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Cho :: 8623 palabras
Kana :: 11595 palabras
Eureka :: 6075 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 1205 palabras
Mery :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Miyu :: 3228 palabras


Now, let's carry on with those big HiME dreams...


Cho

Me sorprende que casi llego a 10k con dos escenas, pero bueno, terminé el fic del mes! (?) Y para variar tenía los icons así que no tengo que editar luego (aunque quizás rehaga algunos, veremos).

Finally introduced the red devil, milestone reached! (Ignore me (...))

117.3.

...


Por ser el último día del evento, aquel sería igualmente el fin de la supervisión que Shu le prestaba a Kokin. Los dos caminaban por Rizembool U, con Shu dirigiendo a paso rápido y el mayor siguiéndole atentamente, mientras terminaba por tomar apuntes en una agenda.

“No tienes por qué continuar en pleno andar,” resopló Shu, con cierta frustración. Continuó con la vista hacia el frente. “El movimiento sólo estropeará tu elegante caligrafía.”
“No es nada que no pueda hacer, lo aseguro…” musitó Kokin, escribiendo con cuidado. “No me resulta complicado. Yamata no Orochi-sama es de movilizarse con frecuencia y he tomado costumbre de tomar nota de todas sus obligaciones. Sólo espero que él esté siguiendo todo lo importante por más que no esté presente para asistirle.”
“Él tiene más gente que tú para encargarse de nimiedades,” se encogió de hombros. Le miró de reojo brevemente. “Entonces yo mismo juzgaré si efectivamente puedes continuar con apuntes que no me hagan recriminar tu elección a caminar simultáneamente.”
“No decepcionaré tus expectativas, Shu…” continuó enfocado en su deber. “Esta agenda te servirá durante un mes. Me aseguré de anotar todos tus compromisos detalladamente.”
“Realmente no era necesario, creo ser lo suficientemente alerto y responsable, pero, al menos lo puedo usar de ejemplo para que Kagehira haga su propia organización,” concluyó, indistinto. “Ese niño a veces se pierde en las nubes.”
“Por cierto, Shu, si no está de más preguntar…”
“Estaba esperando a que lo preguntes, sinceramente,” dijo el pelirrosa, inmutado, sin detener su andar. “No soy Orochi. Siéntete libre de cuestionar mis decisiones.”
“…” Kokin desvió brevemente su mirada antes de continuar. “¿Por qué has elegido salir a caminar ahora? ¿A dónde estamos yendo?” lo meditó un poco, cabizbajo. “Recuerdo bien que te conmoviste de observar a aquel ‘Chibisuke’ en una competencia hace un par de días…”
“No, estamos en el exterior por otro motivo.”
“…espero que no te sientas obligado a serme de anfitrión. Gusto de la quietud de tu estudio. Este evento se está volviendo abrumador para mí…” dijo, un tanto retraído.
“…” Shu finalmente vio a la persona a quien estuvo buscando, a no mucha distancia, y miró a Kokin. “Es por ser tu anfitrión que hemos venido hasta aquí. Supuse que te animaría un poco.”
“¿Hm?” alzó su mirada, y terminó por verse sorprendido. “¡…!”



“Es por aquí, señor…” dijo un pequeño, quien agarraba a Jizou de una mano.
“Veo que hay muchas personas presentes, pero no te preocupes,” el policía sonrió al pequeño amable y cálidamente. “Ya casi llegamos al puesto de vigilancia. Ahí podremos encontrar a tus padres de inmediato.”
“¡Sí, muchas gracias!” aquel niño se notaba muy a gusto con el oficial, por más que tenía unos indicios de haber llorado previamente. “Señor, usted es muy amable.”
“…” Jizou sonrió agradecido. “Eres un buen chico. No me cabe duda de que tus padres están muy orgullosos de ti.”
“¡Hehe!”

Ambos iban a continuar caminando, cuando Jizou sintió que un pellizco le agarró de su manga. Se sorprendió y pensó por un segundo que otro niño perdido buscaba de su ayuda.

“…” aunque se quedó en blanco cuando se volteó y vio a Kokin frente a él.
“Jizou…” el otro estaba igual de sorprendido y todavía recuperando su aliento al haber corrido a su alcance. Entonces, luego de aquel aturdido silencio, Kokin soltó su manga, y curiosamente, agarró a Jizou de ambos cachetes.
“K-Kokin…”
“Te ves demasiado pálido, Jizou. ¿Acaso no has dormido lo suficiente? ¿Estas comiendo bien?”
“Suéltame, por favor,” frunció el ceño y retrocedió un paso. Dio un suspiro. “¿Qué haces aquí?”
“Déjame explicar…” dijo Shu, quien finalmente había podido darles el alcance. Este dio un par de respiros profundos. “Tsk, Kokin, no esperes pasar desapercibido si te pones a correr tan intempestivamente. Desentona completamente con tu imagen.”
“L-lo lamento, Shu…” dijo en aprietos.
“Shu, buenos días,” Jizou asintió con leve respeto. “Es un gusto volver a verte.”
“Señor, ¿quiénes son esas personas?” preguntó el niño, perdidamente.
“Son amigos, no te preocupes,” le aseguro con amabilidad, y volvió a mirar al pelirrosa.
“Kokin me ha estado acompañando estos días. Supuse que le haría bien verte,” observó Shu, con su actitud fría de siempre. “Presumo que los dos sólo se cruzan cuando alguien intercede.”
“Vivimos en mundos aparte, es de esperarse,” Jizou asintió.
“Jizou…” comenzó Kokin.
“No es por ser descortés, pero estoy trabajando,” continuó el policía. “No puedo entretenerlos de momento, si me disculpan…”
“¡Eh!” el otro pareció alarmarse al saber que pensaba irse.
“A decir verdad, podrías hacerme un favor,” Shu dio un suspiro y negó. “He sido convocado por un coordinador de mi área sobre el uso de un espacio para un proyecto que tengo pendiente, y él espera verme lo antes posible, pero… no puedo llevar a Kokin conmigo para ello. Si pudieras dejar que te acompañe por una hora como máximo…”
“Eh, pero…” Jizou se vio en aprietos.
“Es verdad, he revisado sus actividades y esta mañana recibió ese mismo correo,” reportó Kokin.
“No es que dude de sus palabras…” finalmente, terminó por desistir. “Esta bien, Shu. Que esta sea mi manera de agradecerte por velar por él.”
“No eres tú quien me debe agradecimiento, descuida,” el pelirrosa se encogió de hombros. “Regresaré pronto.”

Por más que había aceptado el pedido, Jizou se quedó perdido un instante, hasta que, frustrantemente, sintió cómo Kokin le tomó de su mano libre. El policía notó al mayor y al pequeño niño ambos mirarle con los mismos ojos nulos y curiosos como quienes esperaban una decisión de su parte. Si, en cierta manera, un segundo niño había acudido a buscar su ayuda.




“Kokin…” el niño asintió y sonrió ampliamente. “¡Es un gusto!”
“Oh…” el mayor observó al pequeño con leve sorpresa.
“Kokin, ¿estás bien?” preguntó este.
“…la mayoría de los niños me tienen miedo, sólo es eso…” comentó, desviando su mirada.
“¿Por qué?” ladeó su cabeza.
“Eh…” ¿por qué? Kokin no supo ni qué contestar. ‘¿Acaso no es obvio?’ pensó decir.
“Kokin y yo tenemos una apariencia poco común. Muchos suelen llevarse una mala impresión de nosotros, por lo distinto que nos vemos,” terminó por explicar Jizou, pacientemente. Ciertamente, no era la primera ni sería la última vez que lo haría.
“Hmm, ya veo…” comentó el niño, mirándoles fijamente.
“Pero puedo notar que tú no piensas así. Nuestra apariencia no es importante a tu parecer.”
“…” el pequeño negó.
“…” y Jizou sonrió. “Es algo que aprecio, y Kokin piensa lo mismo,” miró al otro. “¿No es verdad?”
“Eh…” este asintió, un tanto aturdido. Los niños parecían sacarle de cuadro.
“Hm…” el pequeño volvió a mirar a Kokin fijamente.
“…” y este desvió su mirada. No sabía qué hacer al respecto.
“¿Esos son tus ojos reales?” le preguntó.
“…sí lo son. ¿Por qué lo preguntas?”
“Ohh…” se vio impresionado y sonrió ampliamente. “¡Son muy bonitos!”
“Eh…” no evitó pensar en Mika, quien le había dicho algo similar en algún momento.
“Heh, no olvides mantener tus modales, pequeño,” le corrigió Jizou. “No es bueno cuestionar la apariencia de otros.”
“Eh, perdón, es que me gustan sus ojos y…” bajó su mirada.
“Entonces puedes decírselo sin necesidad de preguntar. Nuevamente, agradezco mucho tu amabilidad con nosotros.”
“¡De nada! Gracias por ayudarme también,” entonces, ellos pudieron ver el puesto de vigilancia, donde había otro par de policías hablando con una angustiada pareja. “¡Ah! ¡Mamá! ¡Papá!”

El pequeño se soltó para correr donde sus padres. Kokin observó al niño ser abrazado por su madre a todo dar, y de paso, notó cómo Jizou finalmente se soltó de él para ir a conversar con los otros policías presentes.

“Jefe, me alegro de que usted haya podido encontrar al pequeño,” comentó uno de ellos.
“¿Cuánto tiempo han estado sus padres en este puesto?” cuestionó Jizou.
“Alrededor de diez minutos, pero su búsqueda se ha extendido a más de media hora. Dijeron que no sabían a quién contactar,” reportó el otro.
“Tal parece que no hemos pasado la voz lo suficiente, si no hay consciencia colectiva. Me aseguraré de reportarlo,” se puso a pensar. “Necesitamos encontrar maneras de ofrecer nuestro apoyo a otros más explícitamente…”

Kokin observó al otro dialogar con esos policías y ser el enfoque de ese puesto al apenas haber hecho aparición. Era claramente el superior de dicho ambiente, y la persona que otros buscaban para cualquier duda o cuestión. Todo ello le era demasiado familiar. Confiable, eficiente, esas y otras palabras similares siempre le habían descrito. Jizou siempre había sido un ideal en los ojos de muchos…

…por más que en el presente, en su propio ‘mundo aparte’, usara dicha eficiencia con un enfoque completamente distinto al pasado.

“…” pero aquello no era lo que le importaba. Él sólo tomó su mano ahora soltada con la otra y la apretó ligeramente. La soledad no era algo que podía disipar por su propia cuenta…

“¡Ellos son los que me ayudaron!” exclamó el pequeño, alegremente.
“Le agradecemos sus cuidados,” dijo el padre en lo que la madre también miró hacia Jizou.
“No tienen que agradecer, estamos contentos de poder ayudarles,” Jizou hizo una venia.
“S-sí…” ambos señores se alarmaron ligeramente por la apariencia de aquel supuesto policía… y sin duda se quedaron congelados al mirar hacia Kokin a continuación.
“Eh…” este se afligió ligeramente. Sí, esa reacción era la más común en su día a día.



“Jizou…”
“Dime.”

Luego de aquella reunión entre el niño perdido y sus padres, y de que estos pasaran a agradecerles a pesar del shock inicial, Jizou regresó a dar vueltas en busca de ayudar a otros, con Kokin acompañándole. Sin embargo, el policía terminó por decidirse a tomar asiento y actuar de anfitrión del otro, en lugar de Shu.

“¿Qué tan frecuente es que las personas cuestionen tu apariencia, a pesar de tus intenciones?” preguntó el mayor, cabizbajo.
“Todo el tiempo,” contestó el otro.
“…” le miró con leve preocupación.
“Pero es algo a lo que estoy acostumbrado. No me afecta en lo absoluto. Es un instinto necesario que otros duden de alguien con mi apariencia,” contestó tranquilamente, inmutado.
“…podría decir lo mismo de mí, pero…”
“…” le miró de reojo.
“Incluso siendo yo aquel inmerso en las profundidades de Rizembool…”
“La gente siempre te juzgará sin importar dónde estés. No dejes que eso te desaliente.”
“Que otros me teman, quizás sea lo mejor, al igual que tu parecer, pero…” cerró sus ojos. “Me sabe mal que te teman a ti, siendo tú quien anda ayudando a otras personas.”
“No te preocupes por mí, Kokin.”
“…”
“¿Cómo han sido estos días para ti, ahora que te has visto acompañado de Shu? Debe haber sido un cambio de paradigma.”
“…” Kokin se mantuvo cabizbajo.
“Shu posee expectativas de ti, estoy convencido que su supervisión sería positiva para ti, en los pocos momentos que se te puede conceder…”
“Aquellos policías bajo tu cuidado, Jizou…”
“…” el menor le miró atentamente.
“Tú lo sabes bien. No los puedes salvar.”
“…”
“Todos aquellos quienes sufrieron la corrupción de Yamata no Orochi-sama en el muelle y quienes están en el hospital no pueden ser salvados en el presente. Su salud sólo se deteriorará.”
“…”
“No quiero hacerte sentir peor, temo mucho por el peso que llevas luego de lo sucedido, pero…” Kokin dio un suspiro, mirando al piso, con desilusión. “Sólo espero que no te estés haciendo falsas esperanzas. Es la verdad.”
“No necesitas decirme aquello, Kokin, lo sé mejor que nadie,” contestó Jizou, tranquilamente.
“…”
“Es algo que no puedo compartir con nadie más en mi entorno, o los hundiré en desesperanza,” recordó la conversación que había tenido con Samidare al respecto. No, no podía culparle, tampoco pensaba decirle la verdad. Aquel joven policía nunca tuvo la intención de lastimar a nadie con sus planes y sus descuidos. La responsabilidad de los sucesos caía en otra persona.
“…”
“Yo no puedo hacer nada. Si alguien los puede salvar, aquel sería otro ser…” Jizou alzó su mirada al cielo. “Sólo hay una persona quien puede hacerlo…”
“¡…!” Kokin se alertó. “Jizou, tan sólo referirse a él es una sentencia… Yamata no Orochi-sama podría…”
“Kokin, me corresponde recordarte que yo no sirvo a Orochi. Por lo tanto, considero a su némesis como un aliado, y no temo repercusiones. Siendo esa persona capaz de sanar a todos quienes son víctimas de él, sólo puedo rogar que se apiade de aquellos servidores del bien común, y pueda salvarlos…”
“…” oía al otro, quien vivía en su mundo aparte. Era un recuerdo más de dicha realidad. “Es una esperanza vacía. Yamata no Orochi-sama no debe estar lejos de derrotarle definitivamente.”
“…”
“También lo sabes bien…”
“…” Jizou asintió. “Y cuando ello ocurra…”
“…”
“Me pregunto qué sucederá con todos nosotros. No muchos han podido siquiera frenar el avance de Orochi en todos estos años… nadie está consciente de que esa persona siquiera existe.”
“…”
“Pero todos están próximos a percatarse de su ausencia…”
“¿…por qué estás tan decidido a usar tu propia vida para ayudar a los adjuntos a la guerra, si sabes la poca esperanza que a muchos de ellos les queda…?” cuestionó Kokin.
“Kokin,” Jizou se cruzó de brazos y cerró sus ojos. “¿Serías de insinuar que tú sirves a Orochi debido a desesperanza?”
“No lo hago, Jizou,” este negó cadenciosamente. “Yamata no Orochi-sama es mi razón de siquiera existir.”
“Esa es mi respuesta. Yo existo para ayudar a otras personas. Es así de simple.”
“…”
“Si a Orochi sólo le rodeara aquella desesperanza, tú seguirías a su lado. Aquella es la respuesta a la cual has llegado, en algún momento.”
“…pero mi alma se parte en dos…” confesó llevando una mano a su pecho.
“…” Jizou le miró atentamente.
“…” Kokin pasó a mirar sus dos palmas vacías frente a él. “…porque soy un ser incapaz de siquiera dialogar con un niño pequeño que buscaba meramente darme un cumplido.”
“…” el policía sonrió comprensivamente. “Yo también fui torpe con los niños en un inicio. Es algo que uno aprende lentamente…”
“…y soy incluso peor cuidando de mi hermano menor, quien es mejor que yo en todos los sentidos… y tan inalcanzable para mí todo el tiempo… porque vivimos en mundos apartes.”
“…” se sorprendió un poco. Ya veía el punto que había intentado hacer. Resopló. “Yo igualmente temo por ti, Kokin. Orochi es de quebrar el alma a todos a su alrededor, sus expectativas son demasiado grandes.”
“Él es amable conmigo. Me ha permitido pasar estos días con Shu, con aquel amigo en quien podemos confiar. No puedo imaginar que tu vida de policía sea más fácil que la mía.”
“Dudo que podamos ponernos de acuerdo al respecto, Kokin. Me siento en paz ayudando a otras personas, es donde pertenezco. Es el propósito al cual yo llegué en el pasado.”
“Lo sé bien…” dio un descorazonado suspiro.
“Kokin…” el menor se puso de pie y le extendió una mano.
“…” le miró atentamente.
“Si estás dispuesto a olvidar tu presente realidad y la inevitabilidad que nos rodea, ruego a que pongas tu propia alma a descansar,” le pidió, sonriendo un poco. “Hablemos de algo más.”
“…” Kokin tomó su mano dubitativamente. “No has terminado por decirme cómo te sientes, luego de lo sucedido en el muelle.”
“Es porque no amerita conversarlo, porque yo velaré por todos incluso cuando no pueda hacer una diferencia…” le jaló para hacerle ponerse de pie. “Sigamos caminando. Moverte un poco te hará bien.”
“Es injusto…” desvió su mirada, aunque se vio un tanto agradecido. “Eres más un hermano mayor de lo que yo podría ser…”
“Te aseguro que no tiene nada que ver con el rol de hermano. Tú sólo tienes la cabeza en las nubes todo el tiempo,” Jizou negó. “Ayudas a Orochi a organizarse y a velar por su salud, ¿pero quién vela por ti?”
“…” al oír ello, el taciturno Kokin terminó por cubrir su boca con una mano y ahogar una risita.
“…”
“Lo estoy mirando, está frente a mí,” contestó, finalmente sonriendo dichosamente y con torpeza. “Por más que siempre se me escape.”
“…” Jizou sonrió apenado. Si había algo de lo que podía arrepentirse de su presente realidad, era el hecho que no podía mantenerle un ojo encima. “No tienes remedio…”
“Jizou, sospecho que no estás comiendo bien, vamos a que te invite algo.”
“No gracias, no comeré durante el trabajo.”
“Está bien, compraré para llevar, así lo comes luego.”
“No es necesario, te lo aseguro.”
“¿Y cómo estás durmiendo? Tu trabajo no es demasiado estresante, ¿verdad?”
“Te prometo que estoy bien, no es nada que no pueda manejar…” dio un suspiro. Era muy fácil detectar que le había subido los ánimos por esas ganas incesantes que Kokin tenía de tratarle como un niño. Jizou volvía a recordar por qué prefería mantener cierta distancia.
“He estado leyendo algunos libros de autoayuda para ver cómo apoyar a Yamata no Orochi-sama, podría compartirlos contigo,” Kokin asintió y se puso a revisar en su celular. “Tengo la lista por algún lado…”
“No puedo prometer que tendré tiempo para leerlos…” ya veía que tenía que cambiar de tema. “Por cierto, Kokin.”
“Sí, dime.”
“¿Habrás oído sobre él últimamente? Aquel a quien te refieres como nuestro hermano menor.”
“¡Oh!” la mera mención iluminó los ojos de Kokin. Este negó. “Lamentablemente no. Yamata no Orochi-sama parece no haberle prestado atención recientemente. Aquella sería la única forma en la cual sabría algo sobre él.”
“Ya veo.”
“Entonces sospecho que tú tampoco lo has visto. Me pregunto si estará participando en este evento. Sé que es estudiante de Hanasaki.”
“No, no lo haría,” Jizou negó. “Es igual a Shu. No es de inmiscuirse con otras personas. Debe estar en su propio taller enfocado en su disciplina.”
“Ah, quizás Shu lo haya visto recientemente, me aseguraré de preguntarle cuando regrese,” Kokin asintió decidido. “Pensar que hay dos personas a quienes quisiera ver más seguido, aunque… quizás lo mejor es que ninguno de los dos nos encontremos con ese niño. Ruego que se mantenga lejos de esta guerra que nunca nos dejará ir, Jizou.”
“…” asintió. “Por eso mismo lo pregunto. Es una persona muy cuerda, pero es difícil saber lo que puede suceder.”
“A diferencia de nosotros, él no daría miedo a otros, y no tiene por qué hacer a otros temer, pero…” Kokin desvió su mirada. “Si tan solo él fuera a involucrarse, ello podría cambiar…”
“Es mejor que no lo pienses mucho, Kokin,” Jizou negó. “Le he mencionado porque es un recuerdo grato para ti, ¿no es así? No te inmerses en tus propios temores tan rápidamente.”
“Es que es difícil, Jizou…” Kokin llevó una mano a su propio cachete, con cierto pesar. “Es por ser el mayor que no puedo evitar preocuparme por aquellos cercanos a mí. Si tan solo pudiera ser alguien más confiable y velar por ustedes todo el tiempo…”
“No tienes que hacerlo…” dio un suspiro. Nuevamente, tendría que pensar en cambiar de tema. Ya veía que este siempre revolvería alrededor de su obsesiva idea de tratarle como un pequeño. “¿Qué tan familiarizado estás con Rizembool?”
“¿Hm?” se confundió.
“No estamos muy lejos de uno de los edificios de finas artes. Podemos dar una vuelta por ahí.”
“¡Oh!” y nuevamente, Kokin se intrigó, incluso para abrazar a su hermanito de un brazo y dirigírsele casi de forma demandante. “Llévame hacia allá, Jizou.”
“Por favor, mantén tu distancia,” le rogó en lo que se soltaba con cuidado. Su mayor alternaba demasiado entre pretender ser responsable y actuar de manera infantil que no le era fácil leerle. Jizou negó, no podía dejar que los otros policías le vieran ser agarrado así. Luego de un pesado suspiro, se puso a dirigirle.

Sería un momento que compartiría con aquel a quien no siempre podía ver, e incluso aquel a quien, en otras circunstancias, no podría ni tratar como algo distinto a un enemigo. Y pese a ello, pese a que Kokin vivía por su devoción a quien se asemejaba a un monstruo en sus ojos, Jizou continuaría velando por su familiar en las pocas oportunidades que tendría disponible para hacerlo, y sería igualmente correspondido de la misma manera…

…ya que ambos existían por sus respectivos motivos y entendían la naturaleza que compartían, sobre el hecho que los dos seguirían con sus caminos por el mayor tiempo posible, leales a lo que tenía valor para cada uno.




Cuando Naoto había comentado sobre su deseo de quedarse en la azotea de Eichi en compañía de este y sus otros invitados usuales, realmente había sido honesta.

Y aquel momento de quietud le regresaba a la mente constantemente, puesto a que se encontraba en medio de una obligación por parte de su inquieto pariente. Si bien había tenido toda la intención de delatar su falta a dicho jefe de su departamento y pedir que dejaran a Eichi en paz, Naoto en parte buscó asegurarse que su primo no fuera a sufrir ninguna represalia severa. No pensaba cuidar de él todo el tiempo, pero al menos le venía bien darle una advertencia.

Por más que ella continuaba agarrando el brazo del otro a manera de transportar a un criminal, Taikei ya se notaba tranquilo y hasta ameno, por más que se encontraba siendo llevado hacia abajo a la oficina de su superior.

“Dime, Naoto,” le preguntó con una sonrisa. “¿Cómo así te conoces con el amo y señor de este edificio?”
“Es una larga historia,” contestó la peliazul, con un dejo de dejarle saber que no había punto de hablar al respecto.
“Igual con ese otro chico amigo de él. ¡Totalmente lo reconocí como un idol! Hm…” se puso a pensar duramente. “Es algo de Sakuma…”
“No importa.”
“Aw, pero a mí sí me importa saber. ¿Tú crees que algún día podrían invitarme a ese espacio? ¡Parecían como jardines Elíseos!”
“Que digas que te importa saber sugiere a que tienes intereses por más que acabas de faltar el respeto con tu infiltración,” espetó la otra, dándole un jalón a su agarre a manera de castigarle.
“Uhh…” el otro soltó una pequeña queja, apenado.
“Y me cuesta creer que prestes atención a los idols en primer lugar si no son de tu interés.”
“¡Sí, y el tuyo tampoco!” exclamó el chico, feliz.
“…” Naoto alzó una ceja, impaciente.
“¡Viéndote desde afuera, cualquiera diría que eres una chica que se ha ganado la lotería de tomar el té rodeada de idols y seguro que andarás entre las nubes por eso! ¡Haha, lo cual no tiene nada que ver contigo! ¡Así que apuesto a que te llevas bien con ellos por cosas que no tienen nada que ver a sus profesiones!”
“De nuevo, no vamos a hablar al respecto,” concluyó, decidida. “Estás en problemas por lo que acabas de hacer, no lo olvides.”
“¡Pero Naoto, yo que me alegro de verte!”
“¿Acaso no te sientes remotamente mal?” ella rodó los ojos. “Ya veo que le dan el título de Rebel a cada desequilibrado en Rizembool. Espero que te portes mejor cuando lo seas, pero…” negó frustrada. “No, no espero que ningún ser inteligente se limita ante mayor poderío.”
“Uhh, tú sabes por qué voy a ser un Rebel. Es parte de mi presente pasantía aquí en Rizembool.”
“Ello no desacredita mi declaración que la gente irreverente son quienes son escogidos, Taikei. Más te vale que te comportes y le des la importancia que se merece.”
“Hai, sé que no puedo ganarte fácilmente con argumentos…” bajó la mirada, perdiendo sus energías y mostrándose un tanto apenado y meditabundo… por alrededor de diez segundos. “¡Dime, dime!”
“…”
“¿Sabías que el señor del edificio…?”
“Su nombre es Eichi Tenshouin.”
“¡Sí, ese! ¿Sabías que él fue un Rebel?”
“Sí,” le miró de reojo. “Y veo que tú también.”
“Pues sí, o sea, como un miembro de los Kamuro medio tengo que saber sobre el medio y quiénes son Rebels. No suelo mirar mucho al pasado, sólo algunos casos aislados, aunque definitivamente sabría que la persona en la azotea del mismo edificio de mi facción ha sido un Rebel, ¿no es verdad?”
“Y aun así escogiste intentar infiltrarte a su espacio…” entrecerró sus ojos.
“¡Haha, obviamente sé que fue un Rebel en el pasado, pero no lo es ahora! ¡Sobre todo porque el problema más fue que tenía muchos guardias que me apresaron! ¡Así que estuve a salvo de que se usara magia Rebel contra mí!”
“Y eso no niega en lo absoluto que cometiste una tremenda imprudencia, Taikei,” le reclamó. Naoto resopló. Eso que dijo sobre estar a salvo de ‘magia Rebel’ ni había sido una garantía, ya que no podía predecir a Ritsu lo suficiente, pero no había punto de traer ese tema a flote.
“Perdón, pero igualmente, muchas gracias por preocuparte por mí, Naoto,” él le sonrió como un niño pequeño. “Te aseguro que si en algún momento tú fueras a infiltrarte al espacio de algún exRebel yo también tendría mucho miedo por ti.”
“¿Acaso eso no acaba de invalidar tu previo argumento por completo?” la chica se escandalizó.
“Es que, o sea, no iría a temer por mí mismo, ¡por supuesto que es completamente diferente!” sin embargo, sus rebosantes energías fueron cortadas cuando la otra le dio un corto jalón de orejas. “¡Ahh, duele!”
“Veo que pierdo mi tiempo contigo, no haces sentido alguno,” dijo en lo que lo soltó.
“Ihh…” se agarró su oreja a manera de consolarse, y volvió a ser jalado violentamente para continuar bajando las interminables escaleras de emergencia.
“Me preocupo por ti, pero recuerda que estás en problemas. No te escaparás de tu imprudencia fácilmente,” le miró de reojo, fríamente. “Sin duda yo no dejaré que lo hagas.”
“Ya, no me asustes, por favor…” dijo el otro.

Llegaron al piso donde se encontraba la entrada principal y caminaron rumbo a ella. Naoto no vio nada fuera de lo normal. Hasta le costaba creer que un pasillo tan común y corriente contenía a un supuesto grupo combatiente de Rizembool. Más bien, era fácil creer que aquel era un ambiente de oficinas normales.

“¡Dime!”
“¿Qué quieres?”
“¡Ese dueño de la azotea…!”
“Eichi Tenshoin…”
“¡Sí, sí! ¿Cómo crees que combatió como Rebel? O sea, no puedo decir que soy experto en peleas o algo por el estilo, pero no se ve muy atlético.”
“No sé al respecto…”
“¡¿Tú crees que tuvo orphans guardaespaldas?! ¡Eso se asemejaría mucho a lo que me acaba de pasar! ¡Ahh!” de nuevo otro brusco jalón a manera de indicarle que se detuviera.
“Deja de decir tonterías.”
“Hehe, perdón, Naoto, sólo se me hizo gracioso,” sonrió apenado. “Y obviamente no todos los Rebels somos melee con o sin armas. Hay Rebels más mágicos, así que seguramente él lo fue también.”
“No nos concierne, Taikei.”
“Pero es divertido divagar.”
“¿Acaso tu habilidad de saber quiénes son o han sido Rebels como parte de tu grupo no te permitiría saber sobre sus poderes?” le cuestionó, inmutada. “Que sólo sepas sobre quiénes lo fueron me resulta información muy incompleta.”
“Hm, tienes razón, pero realmente no puedo saber muchos detalles aparte del estatus,” Taikei alzó su mirada, divagando. “Creo que sólo me informarían más sobre alguna persona en particular si fuera parte de algún trabajo o reunión o algo. Quizás mi jefe tema faltar la privacidad de otras personas si lo divulga mucho.”
“…” Naoto asintió para sí. “Eso tiene sentido.”
“¡Pero en serio! ¡Aquel final boss de los campos Elíseos…!”
“Llámalo por su nombre,” le reclamó.
“¡Ni tuvo que ponerse de pie y salir de su pérgola cuando sus guardias me restringieron! ¡Quizás fue todo un Darth Vader y usó la fuerza para estrangular a su HiME o algo! ¡¿Te imaginas?! ¡O es algún personaje todo pro de un shonen que gana una batalla desde su trono o no sé! ¡¿Tú crees que habría podido estrangularme así?!”
“…” finalmente, Naoto llevó su mano libre a su sien mientras el otro se reía de sus propias ocurrencias. Su paciencia se acababa a pasos alargados. Pronto y sería ella misma la responsable de tender y desecar a su propio familiar bajo el sol, como había sugerido Ritsu.

Y fue así que llegaron a la entrada de ese sector dedicado a los Kamuro. A simple vista y por las puertas de vidrio, Naoto podía creer que estaba por ingresar a una oficina académica de cualquier universidad común y corriente. Lo único extraño, pero igualmente mundano, era que no había nadie ocupando la posición de recepcionista.

“…” Naoto dio un suspiro. Y ella que esperaba de librarse de ser la única hablando con el otro. “Parece que hemos llegado en un mal momento.”
“Hm, normalmente suele haber alguien cubriendo este puesto, incluso si la usual recepcionista tiene que ir a hacer algo,” Taikei pasó a mirar hacia los pasillos que continuaban en oficinas. “Mi jefe tiene su oficina al fondo, quizás pueda ir a ver si anda por ahí.”
“Por favor deja de importunar a otros sin permiso, Taikei,” dijo, frustrada.
“Oh, él es muy informal, seguro se alegraría de verme,” le aseguró el chico, amenamente.
“Debo decir que tu previa acción no te da credibilidad alguna,” observó.

Entonces, Naoto pasó a notar que había una pequeña mariposa posada sobre el teclado del puesto de recepcionista. Se intrigó. Definitivamente no era algo esperado, ni un comportamiento normal para un insecto como tal. Ella observó a la mariposa en lo que Taikei continuó asomándose hacia otras puertas en el pasillo por señales de vida…




“Te he instruido de esperar a ser recibido antes de avanzar, Taikei…” comentó una voz tranquila y ligeramente burlesca, la cual apareció tan repentinamente a sus espaldas que asustó al par de primos.
“¡Eh!” Naoto sintió escalofríos al de la nada poder sentir dicha presencia y se volteó. Era una persona… muy peculiar.
“¡Jefe!” por su parte, luego del susto, Taikei terminó por lanzarse a dicho aparecido para darle un abrazo, el cual el otro lo recibió con tanta paciencia como trivialidad.

Desde sus vestimentas tradicionales hasta sus penetrantes y nulos ojos, dicho desconcertante pelirrojo invocaba la apariencia y presencia de mariposas, en los casos en los cuales dichos insectos resultaban aterradores. Naoto tenía experiencia lidiando con algunos casos policiales y solía tener un buen instinto al categorizar a personas dependiendo de la impresión que le daban.

“Buenos días para ti también, Taikei,” contestó dicho jefe en lo que se soltaba. Su tranquila e inmutada sonrisa se mantuvo. “Entiendo que has venido porque te has portado mal, ¿cierto?”
“¡Eh! Ehm, jefe, ¿cómo ya lo sabe?” preguntó el otro, con leves aprietos.
“…” por el aura y sus calculados gestos, Naoto se sentiría lista de categorizar a aquel líder regulador en Rizembool y un supuesto velador de la inmutabilidad de la guerra como otro criminal más, y su trato a su primo desentonaba completamente con su veredicto. Sin duda, Rizembool era como otro planeta.
“Pienso que es algo que tu pariente tiene que decirme,” dicho esto, el pelirrojo se dirigió a la chica, lo cual la despertó. Él hizo una leve reverencia. “Lamento que sea un mal motivo para nuestro primer encuentro, pero agradezco tu vocación de servicio para reportar las faltas de mi subordinado… Naoto Shirogane-san.”
“Eh, s-sí…” frunció el ceño. Supuso era de esperarse. Si su distraído primo iba enterándose quiénes eran Rebels al apenas hacer una pasantía, seguramente dicho ‘jefe’ tenía gran parte de la información de Rizembool en la palma de su mano. “Disculpe, usted es…”
“Nukemaru, aquel es mi nombre,” dijo sin dar rodeos. “Naoto-san, si me permites llamarte así.”
“No hay problema… ehm, Nukemaru-san, si me permite.”
“Hmhm…” el pelirrojo le miró de reojo con leve entretenimiento. “Síganme a mi oficina.”
“Eh, jefe, pero no hay nadie cuidando el puesto. ¿A dónde se fue la señora que siempre está?”
“Ella está ayudando a coordinar las comidas y bebidas que se ofrecerán para la clausura del evento. Nos informaron que faltaban manos y ella se ofreció,” dijo Nukemaru, quien pasó a mirar a la mariposa sobre el teclado. “Y el puesto sí está cubierto por alguien. ¿No lo ven?”
“…” Naoto miró nuevamente a esa mariposa e intercambió miradas con su primo.
“¿Será que no te lo he explicado aún, Taikei?” Nukemaru extendió su mano y la mariposa se posó sobre esta. Acto seguido, alzó su mano con la mariposa para mirar a los dos parientes a través de las alas del insecto. “Las mariposas son mis extensiones, mis ‘orphans’, por explicarlas de algún modo. Siempre que haya una de mis mariposas presentes donde sea, yo poseo ojos y oídos, por lo cual sabré atender a visitantes en caso sea alguien quien merezca mi atención.”
“Ohh…” Taikei se quedó anonadado. “Eso explica por qué hay tantos capullos en tu oficina.”
“Hmhm, exacto,” Nukemaru regresó a caminar hacia su oficina, con dicha mariposa nuevamente regresando a su previa posición sobre el teclado. Naoto la miró una vez más antes de continuar siguiendo a dicha persona.

Efectivamente, era una oficina amplia con varias macetas, donde había varios capullos, incluso una mariposa recién resurgida que secaba sus alas.

“Tengo una pregunta,” dijo Naoto, antes de que la conversación continuara.
“Adelante,” Nukemaru tomó asiento, aunque apoyó ambos pies sobre una maceta al costado de su escritorio.
“Estos orphans…”
“Fufu…” él no evitó reír. “Ciertamente, mis mariposas poseen un vínculo mágico a mí y me obedecen, pero te aseguro que yo no envío a orphans desenfrenados que puedan atacar a cualquier inocente en el camino. Fuera de ser ligeramente más resistentes y longevas que las mariposas regulares, su fisionomía y características son virtualmente iguales a las de cualquier mariposa. Ellas no posan ningún peligro a nadie, sólo me sirven de testigos.”
“Ya veo…”
“Te aseguro que incluso una persona con mi experiencia y más aún con mi rol en Rizembool no correría el riesgo de dejar que orphans anden sueltos, sin importar el control que deban tener.”
“Entiendo, es un alivio…” le había leído perfectamente sin necesidad de darle oportunidad a formular su pregunta. Naoto recién lo conocía, pero era probable que aquel jefe de los Kamuro la había observado varias veces en el pasado.
“¡Oh! ¡Pregunta!” Taikei terminó alzando un brazo.
“Sí, Taikei, dime.”
“¿Tú puedes controlar a cualquier mariposa? O sea, si fueras a la Amazonía, ¿tendrías un ejército de mariposas de inmediato?”
“Vaya, me preocupas que sugieras que aquellas frágiles y delicadas criaturas que viven en una situación desfavorable por el cambio de temperaturas y la invasión humana fueran a ser empleadas como las guerreras que no son, Taikei. Como te imaginas, le he agarrado un gusto a mis más valiosas aliadas.”
“Eh, no fue mi intención, ¡perdón!”
“Pero para contestarte, no, las mariposas que invoco con mis poderes son aparte y distintas que las que se encuentran en la naturaleza,” contestó. Entonces, una leve sonrisa se dibujó en su rostro. “Sin embargo, quizás una compensación de que mis mariposas sean tan frágiles es que pueden reproducirse con mariposas comunes y corrientes, y sus descendientes nacen siendo mariposas conectadas a mí. Por ello mismo ves que me aseguro de cuidar de sus capullos.”
“Oh, ya veo. ¡Qué interesante!” Taikei se animó y pasó a acercarse para observar a la nueva mariposa de cerca. “¡Esta está lista para ser otra trabajadora más! ¿La puedo acariciar?”
“No, déjala tranquila, por favor,” pidió su superior.
“Eh…” por su parte, Naoto pasó a alarmarse. Si es que sus mariposas mágicas podían esparcir dicha magia en la naturaleza mediante reproducción… “¿Cuántas mariposas tienes a tu poder?”
“Pienso que ya he contestado suficientes preguntas, siendo yo quien debería tenerlas en este momento,” observó Nukemaru, con leve gracia. “Dejemos las preguntas sobre población a una clase de ecuaciones diferenciales.”
“…” Naoto acababa de escuchar lo suficiente para quedarse alarmada.
“Ehh…” incluso Taikei sonrió nervioso al captar la indirecta.
“Continuemos,” Nukemaru miró a Taikei de reojo y espero a que este volviera a tomar asiento frente a él. “Supongo no te lo he dicho con todas sus letras, pero es implícito que, al compartir el edificio con un magnate, allegado y exRebel de Rizembool, cualquier posible falta en contra de él nos podría traer grandes inconvenientes. No necesariamente problemas internos, mas la convivencia en Rizembool es uno de los privilegios que no podemos dar por sentado. Pienso entender que tu desenfrenado espíritu juvenil te llevó a cometer este error, pero de todas formas…” dejó de apoyar sus piernas sobre la maceta para mirarle de frente. “Si tienes algo más que decir sobre tus motivos o justificaciones ahora mismo, entonces ruego que lo hagas para dejar este caso cerrado definitivamente.”
“…” Naoto notó un leve incremento de seriedad de parte del jefe, por más que siguiente mostrándose cordial y paciente.
“Ehh… ¿acaso nos has seguido desde las escaleras?” preguntó Taikei.
“Obviamente tiene mariposas en el edificio, como puedo sospechar,” dijo Naoto.
“Estás casi en lo cierto, Naoto-san,” Nukemaru sonrió de lado, con leve ironía. “Soy testigo de toda la conversación que los llevó a ustedes dos hasta aquí. Sin embargo, mi control sobre las mariposas no ha pasado desapercibido dentro de Rizembool, y como resultado, tengo prohibido mantener mariposas en ciertas áreas de Rizembool. Ello incluye los últimos pisos que son propiedad de Eichi Tenshouin.”
“Ya veo…” Naoto se sorprendió. Nuevamente, tenía sentido. Ella se puso a pensar. “Juro haber visto una mariposa ahí una vez.”
“Fufu, entonces te topaste con una completamente normal. Espero que no pases a ver a mis amigas de manera sospechosa a partir de ahora.”
“Siento que será inevitable…” dio un suspiro.
“¿Y bien?” luego de ese pequeño intercambio, esta vez el rostro de Nukemaru adoptó una leve sombra en su frente que acentuó el vacío en sus ojos. Miró a Taikei desde arriba.
“¡E-eh… ¿y… bien…?!” sabía que estaba en aprietos, pero no entendía lo que decía.
“Taikei…” Naoto negó. “Contéstale si tienes algo más que decirle sobre lo que hiciste, o si piensas justificarte de alguna manera,” realmente su primo tenía un gran déficit de atención.
“Eh, ¡n-no, yo sé que estuve mal! ¡Por favor no te molestes mucho conmigo!”
“Cualquiera diría que tu abnegada pariente buscaría ponerte en más problemas, pero más bien te está salvando el pellejo, niño,” Nukemaru se encogió de hombros, con indiferencia y negando ya con menos intensidad.
“No…” Naoto negó y se dirigió al pelirrojo con decisión. “Vengo también para representar a Eichi y pedir que se tomen las acciones necesarias para impedir que esto vuelva a ocurrir. Siento decir que no puedo confiar en el juicio de mi primo del todo, y también espero que Eichi no tenga más inconvenientes, y a su vez, que ustedes no se vean en aprietos por una riña con él.”
“Hm…” Nukemaru se vio un poco intrigado y apoyó su mentón en ambas manos.
“Temo que esto se quede en apenas un susto que Taikei sea capaz de olvidar de ahí a una hora. Eso no solucionaría este asunto, y considero que es algo que le concierne a usted, Nukemaru-san,” Naoto dio un suspiro. “Eichi comentó que ha oído rumores sobre su organización siendo no del todo confiable, por lo tanto, que usted debe velar por que su apariencia cambie a sus ojos.”
“…entiendo, aprecio tu honestidad, Naoto-san,” Nukemaru sonrió suavemente.
“Eh, Naoto…” Taikei tocaba las puntas de sus índices entre sí. “Te prometo que sí aprendí. Mi jefe no me ha castigado aún y tengo miedo cuando lo haga…”
“Pues deberías, sinceramente…”



“¿Sabes? Me agradas, Naoto-san,” Nukemaru sonrió aprobatoriamente. Él se ganó la atención de los dos, en lo que río para sí. “Fufu, si tan sólo todo el mundo fuera como tú, sinceramente, mi rol y el rol de los Kamuro no sería necesario, y todos estaríamos en un mejor estado que en el presente, sin necesidad de que un grupo regulador como el mío tuviera que existir.”
“Los Kamuro…” Naoto alzó una ceja.
“¿Conoces el origen de esa palabra?”
“Me recuerda a los Taira.”
“Oh,” entonces, Nukemaru sonrió con gran dicha y dio un aplauso impulsivamente. “Sí, te has ganado mi aprobación. Me alegra que alguien honore el término de nuestros antepasados. Hoy en día todos conocen al término de Kamuro como las asistentes de las geishas, por más que aquel no sea el verdadero origen.”
“Hmm…” Taikei lo meditó fuertemente. “Verdad que no me lo había cuestionado.”
“Los Kamuro eran agentes secretos del clan Taira durante la era Heian, usualmente conformados por niños y jóvenes, tal y como podemos leer en la historia de los Genji,” explicó Nukemaru. “Se les podría comparar, además de sirvientes leales, a policías secretos.”
“Es una apropiada denominación, considerando que estamos en Rizembool,” continuó la peliazul. “Presumo que muchos miembros activos son igualmente jóvenes.”
“No necesariamente. La mayoría de los que trabajan para mí no son muy distintos a policías y gente ya graduada de Rizembool, pero usualmente son los jóvenes los que son permitidos de tener poderes Rebels, y por lo tanto, aquellos a cargo de las misiones especiales más complejas y necesarias para llevar a cabo nuestro rol,” nuevamente miró de reojo a Taikei. “Eso es algo que te esperará tarde o temprano.”
“Sí, supongo que sí. Yorimitsu-sama me dijo al respecto,” este asintió como niño cumplido.
“Bien…” Nukemaru ladeó su cabeza. “Incluso yo me veo más cercano a un joven que un adulto, ya que, digamos, yo no envejezco.”
“Usted no envejece, dice…” observó la peliazul, con cierto escepticismo. No tenía motivos de dudar de sus palabras hasta el momento, por más inaudito que sonara.
“Exacto.”
“…” la chica no dejaba de preguntarse por qué alguien tan supuestamente responsable de información confidencial y el buen comportamiento dentro de Rizembool se encontraría hablando tan abiertamente con ella. “…si la gente se portara bien para empezar, no habría una guerra entre Rizembool y Hanasaki que fuera a requerir control de daños.”
“Fufu, seguramente que no, pero si asumimos que la guerra de todos modos fuera a manufacturarse dentro de una sociedad que muy caprichosamente ha decidido que le gustaría tenerla…”
“…”
“Si todos jugaran bajo las reglas y se portaran bien en medio de los Rebels batallando contra sus HiMEs, yo no tendría que preocuparme de nada más y los Kamuro seríamos completamente equivalentes a los policías cómplices que nos ayudan a mantener el secreto del resto del mundo,” explicó Nukemaru.
“En muchos casos somos iguales a ellos, ¿no? Muchos de nuestro grupo andan ahorita dirigiendo a los visitantes de las olimpiadas y asistiendo a quienes lo necesiten,” dijo Taikei.
“Es cierto, con frecuencia nos comunicamos con dichos policías para ayudarles a saber dónde y cuándo deben aparecer para el encubrimiento. Mis mariposas son las heroínas una y otra vez,” luego de mencionarlo con trivialidad (aunque quizás un cierto dejo de orgullo dirigido a sus mascotas), Nukemaru adoptó decisión en sus ojos, manteniendo su perenne sonrisa tranquila. “Naoto-san, ¿entiendes la naturaleza de Rizembool? Si fueras a comparar a Rizembool con Hanasaki, a los Rebels con las HiMEs, a los ambientes y las formas de ser de ambos bandos, ¿cómo describirías a Rizembool?”
“Hm…” ella se cruzó de brazos y bajó su mirada. “Rizembool… son más logísticos.”
“…ya veo…” ante esa respuesta, Nukemaru abrió sus ojos ligeramente más de lo normal. Se vio en blanco un instante.
“Eh,” Taikei ladeó su cabeza. Nunca había visto a su jefe tan abiertamente confundido.
“Hmhm…” y luego de ahogar una risita, Nukemaru sonrió con gracia. “Logísticos, has dicho. Pues, debo darte toda la razón. Rizembool cuida y cultiva a su cultura bélica mucho más de lo que Hanasaki ha intentado hacer en todos estos años. Siento mi reacción. Supongo no esperaba una respuesta así de alguien como tú.”
“‘Alguien como yo…’” Naoto le miró escéptica.
“Esperaba algo más en las líneas de ‘caótico’ o ‘desenfrenado’, si pensamos en Rebels como los usuales atacantes con muy pocas preocupaciones,” dijo, encogiéndose de hombros. “Entonces, intentemos otra pregunta.”
“…claro…” ya no entendía qué se encontraba haciendo ahí, sin embargo, su propia curiosidad sobre ese grupo de personas era lo que la mantenía presente.
“Naoto-san, ¿considerarías que la característica primordial de Rizembool que lo lleva a crecer y volverse más poderoso yace dentro de este caos?” preguntó, con una sonrisa perspicaz.
“Por el hecho que ellos son quienes usualmente inician los conflictos, uno podría sentirse tentado a contestar que sí. Sin embargo…” Naoto lo pensó con una mano en su mentón, desviando su mirada. “Que dicho caos esté presente en Rizembool no quiere decir que se le deba lo poderosos que son dentro de la guerra. No sería sabio concluirlo.”
“Sí… realmente me agradas, Naoto…” ensanchó un poco su sonrisa.
“Ehh…” por su parte, Taikei empezó a sentirse un poco nervioso. Nunca había visto a su jefe hablar tanto, ni con él mismo. ¿Estaba ocurriendo algo que no podía captar?
“Hm…” la peliazul se extrañó un poco.
“Oh, he obviado mis modales, mis disculpas, Naoto-san,” dijo con torpeza y gracia a la vez. “Quisiera que la mitad de mis subordinados tuvieran algo de tu masa gris.”

Nukemaru se levantó y caminó hacia una ventana de su ambiente. Él pasó a observar el mundo debajo de su planta un instante.

“Rizembool es, sin lugar a duda, un ambiente donde la anarquía parece reinar. Jóvenes se convierten en Rebels y ganan el permiso prohibido de matar a alguien sin represalias. Si se portan mal o causan estragos, nos tienen a grupos como el mío limpiando sus desarreglos. Los científicos juegan con la creación divina y en muchos casos ‘pretenden’ ser la propia divinidad, en diversos sentidos de dicha palabra. Magnates afiliados a nosotros que buscan ganancias y poderío dentro de este grupo élite alimentan el descontrol humano para generar más del mismo, en una manera que promete ser fructífera para ellos. A simple vista, nosotros en Rizembool somos una masa amorfa, una sopa primordial que busca expandir más sin sentido ni medida.”
“…” Naoto se mantuvo inmutada.
“Pero eso es mentira,” Nukemaru le miró fijamente, con unos ojos penetrantes que podrían punzar el alma a cualquiera.
“¡…!” Taikei sintió escalofríos.
“Si la anarquía reinara en su totalidad, los Rebels serían propensos de destruir al propio Rizembool, pelear contra sus semejantes por riñas juveniles, hasta robar sus poderes para usarlos en desmedida en el mundo de afuera. Los científicos causarían grandes costos injustificables, podrían desencadenarse en pleitos o buscar hacerse de más poder del que les corresponde dentro de nuestro ecosistema. Hasta los magnates intentarían abusar de un poder que se sale de sus límites monetarios preestablecidos. Siendo sinceros, si ignoramos la distracción que es Hanasaki, Rizembool ha crecido tanto que ha llegado al punto de ser su principal enemigo, y puede manifestarse como un experimento trunco que terminará por llevarse a sí mismo a la ruina.”
“…”
“Es por eso que… existen las reglas,” dijo tranquilamente. “Naoto-san, si asumimos que las reglas de la guerra han sido formuladas a manera de permitir que el conflicto no se desencadene de manera destructiva, entonces Rizembool y Hanasaki continuarán existiendo indefinidamente, y ellos continuarán manteniendo este campo de batalla por el tiempo que así lo juzguen. Sin embargo, como es de esperarse de los humanos, no todos son como tú que siguen las guerras y los modales de nuestro entorno. En el momento en que el caos intenta apropiarse de más de lo debido, los Kamuro tenemos que ir detrás de ese desarreglo y ponerlo de nuevo en línea. Nosotros velamos por que los Rebels se comporten dentro de la norma, nos aseguramos de interceder si en algún momento hay tensiones o injusticias entre departamentos, y debemos con frecuencia monitorear los trabajos y proyectos para asegurarnos que no lleven a desencadenantes futuros que puedan ser difíciles de reparar.”
“…” Taikei miró con curiosidad a la nueva mariposa finalmente volar atolondradamente hasta que se posó en el hombro de Nukemaru.
“Es ahí que mi grupo se diferencia de los policías, incluso si con frecuencia cooperamos, por el bien de la gente común, y el bien de nuestras respectivas instituciones,” concluyó el pelirrojo, entretenido. Se encogió de hombros con un dejo de frustración. “Si es que esta guerra es de existir, alguien tiene que asegurarse que no se salga de control, ¿no es verdad?”
“Pero hubo un descontrol en el pasado. Rizembool atacó la ciudad, todavía lo recuerdo,” observó Naoto.
“Por supuesto, yo fui testigo de eso.”
“¿Acaso eso es parte de tu control?”
“No, Naoto-san,” para variar, Nukemaru dejó de sonreír, pese a no perder su calma. “Yo estuve en contra de esa acción, y volvería a estarlo de suceder nuevamente.”
“Entonces…”
“Yo soy igualmente limitado por las reglas. No soy el líder de Rizembool, mi rol es únicamente mantenerlo todo bajo su lugar, sin poder meterme en las decisiones que van por encima de mí. Es… una lástima, a mi parecer, un parecer que seguramente no comparto con todos aquí.”
“Tsk…”
“Pero quizás lo que me permite tener las intenciones de moderar esta desenfrenada guerra es precisamente mi impotencia, Naoto-san,” recalcó, volviendo a sonreír. “De poseer más poder del que tengo en el presente, temería convertirme en un faltante más, si es que nadie es capaz de corregirme. Puede que sea un recordatorio que me es muy necesario.”
“…entiendo…” Naoto terminó por ponerse de pie, tranquilamente.
“Eh, Naoto…” Taikei le miró, algo preocupado.
“Antes que te vayas, me aseguraré de seguir tu consejo y cerciorarme que nadie de mi departamento le cause inconvenientes al heredero de los Tenshouin. No puedo dejar que la reputación de mi grupo se vea lastimada.”
“Me alegra oírlo,” dio un suspiro.
“Y agradezco tu presencia, he disfrutado nuestra conversación,” comentó Nukemaru. Él sonrió con leve ironía. “Por más que considere extraño que alguien como tú sea estudiante de Rizembool y no de Hanasaki.”
“…” Naoto frunció el ceño.
“¿Eh? ¿Y eso… por qué…?” preguntó el otro.
“Luego de oír que un grupo de HiMEs causó estragos en un puerto y que fueron los Rebels quienes detuvieron los daños, ciertamente no estaría mejor en un lugar o en otro,” observó la peliazul, con desaprobación.
“Pero eres inteligente, seguramente ya lo sabías aún sin esas noticias, por más sorprendentes que estas hayan sido,” agregó el jefe, con leve entretenimiento.
“…” sin duda esa persona estaba demasiado acostumbrada a los desastres de la guerra.
“Y hasta pensar que los propios policías a cargo de la vigilia están bajo sospecha de lo sucedido, eso es algo más que a mí me toca investigar.”
“¿Perdón?” Naoto se sorprendió.
“Serían los menos sospechosos en dicho escenario, ¿no es así? Supongo me puedo alegrar que haya más de un departamento de control que vigila la guerra, así nos podemos monitorear mutuamente, pero… no, lamento siquiera mencionarlo, no te corresponde, Naoto-san.”
“…”
“Naoto…” Taikei podía ver que su prima andaba un tanto mortificada.
“Taikei, ya que estás aquí,” Nukemaru se le dirigió. “Me toca dar unas vueltas a supervisar a mis subordinados. ¿Qué tal si me acompañas? Así los conoces mejor.”
“Eh, pero yo…”
“Insisto, no has completado tus horas de trabajo de esta semana, así podrías terminar lo que te tocaba mañana.”
“Ehh…”
“No te preocupes por mí, Taikei, pensaba irme a casa,” entonces, Naoto volvió a encarar a Nukemaru. Sí, podía considerarlo también como un ‘criminal’ de dicha guerra, lo cual era de esperarse. Sabía que su control, por vivir precisamente en un lugar tan caótico, no debía tampoco seguir sus propias reglas con frecuencia. “Igualmente, ha sido una conversación interesante.”
“Espero que nos volvamos a ver en directo, ve con cuidado…”





Mokou había pensado en que regresarían sin retrasos a su apartamento en Rizembool. Sin embargo, luego de las insistencias que recibió, ella optó por esperarle. ¿Qué podía decir? Su amigo se comportaba como un alegre e inquieto niño con frecuencia… por más que no lo fuera.

Entonces, ella fue abrazada desde atrás. Aquella acción que usualmente le haría dar una vuelta mortal a quien se osara por sorprenderla así le resultó indistinta, por saber precisamente de quién se trataba.

“¡Ya volví! ¡Mira, mira!” exclamó ese joven peliblanco, quien saltó para soltarla y así extender sus brazos y piernas. Ese chico vestía con el uniforme de la secundaria de Hanasaki. “Dime, ¿crees que me queda bien?”
“Heh, totalmente, se nota que encajarás en ese lugar,” dijo amenamente, y acarició el chico en la cabeza. “Por lo buenito que te ves.”
“Hm, pero ‘buenito’ no suena a un cumplido, Mokou-san,” el otro le miró con unos ojos casi suplicantes.
“Haha, aunque lo es, especialmente si vas a comenzar como un estudiante de Hanasaki justo después de las olimpiadas,” agregó la peliblanca.
“Me apena que no podamos estudiar en el mismo instituto, no vamos a poder vernos tan seguido como siempre,” observó, un poco desanimado.
“Lo dices como si no fuéramos a encontrarnos después de clases,” la chica resopló. Ella miró al cielo un momento.
“Oh…” el otro se intrigó por su repentina quietud y le imitó.
“…” tantas cosas habían pasado. Quizás muy pocos podían ser capaces de entender lo que la larga existencia de Mokou traía, y menos podrían entender la realidad de su simple y bondadoso amigo. De todos modos, incluso si no esperaba dicha comprensión, era esa innata inocencia de Hanasaki lo cual seguramente le haría mucho bien una vez él se acoplara a ese punto, como una persona normal. Luego de su contemplación, sonrió rendida. “Tú necesitas este cambio en tu vida, te aseguro que pronto no dejarás de anhelar despertarte en las mañanas y correr de regreso a clases, ya que ese es tu temperamento.”
“Eh…”
“Confía en mí, Genkuro,” le sonrió ampliamente.
“…” el chico terminó por asentir, meditabundo. “Entonces…” él lo pensó y sonrió agradecido. “Te deseo lo mismo, Mokou-san. Espero que disfrutes un montón de la universidad aquí.”
“Ugh, no hablaba sobre mí, esa nunca seré yo,” rodó los ojos. “Yo quiero que la mitad del mundo se muera.”
“¡Eh! No digas eso, por favor,” el otro se alarmó.
“No es en serio, pero dan ganas con frecuencia,” diría ‘tú entiendes’, pero no, un idealista como él ni lo diría de broma. Terminó por sonreírle indistinta. “Ahora regresemos antes de que ensucies tu nuevo uniforme. Tienes que cambiarte si esperas que te consiga algo de comer.”
“¡Sí!” se puso a caminar junto a la otra, a paso apurado, y con una amplia sonrisa. “Siento hacerte esperar, es que ya quería hacerme una idea de cómo caminaré con este traje.”
“Haha, ¿qué cosas dices? Ni que fuera la primera vez que caminas.”

Por otro lado, Nukemaru caminaba acompañado de Taikei, apenas saliendo del edificio. El usualmente alegre peligris se notaba curiosamente mortificado.

“Jefe, ¿por qué le dijiste todo eso a Naoto al final?” preguntó angustiado.
“¿Hm? ¿Y por qué no? Sólo estábamos teniendo una conversación,” dijo el pelirrojo, caminando con una sonrisa que parecía dichosa por el simple hecho de admirar el presente día.
“Es que no sabes lo obsesiva que es, te apuesto a que con ese pequeño detalle de los policías del puerto la tendrás investigando por su cuenta y quizás hasta interrogando a la gente, ¡y no quiero que se meta en problemas!”
“Fufu, realmente es un ejemplo de estudiante y persona, lo dije con completa honestidad.”
“¿…acaso ya me estás castigando por portarme mal?” se lamentó, cabizbajo. “Por favor no le des problemas por mi culpa.”
“Tranquilo. Ella es una adulta, ¿no es así? Deja que tome sus propias decisiones.”
“Pero jefe… ¿o es que acaso quieres que ella investigue por ti en lo que tú la espías con mariposas?”
“No pensé que tuvieras tan mala opinión sobre mí, Taikei, para creer que haría a alguien investigar por mí indirectamente y sin remuneración,” Nukemaru se puso a pensar. “Y yo que pensé que me tenías respeto.”
“Eh, n-no es que no se lo tenga, ¡sólo temo por mi prima!”
“Fufu, ‘no temas por ella’, te diría, por lo sensata que claramente es, aunque…”

Entonces, Nukemaru se detuvo y se vio sorprendido cuando sus ojos se cruzaron con los de Mokou. Al reconocerla, el pelirrojo terminó por genuina y alegremente sonreírle en lo que alzó una palma para saludarle.

“!!!” y por su parte, el rostro de Mokou se puso azul como quien sufrió de un susto que hizo que su estómago se volcara. “Tsk…”

Lo conocía demasiado bien, y sabía sobre su responsabilidad en Rizembool en el presente, como un miembro de su propia alma mater y alguien quien vendría a estar ‘de su lado’…

No, ese diablo no estaba del lado de nadie.

“Mokou-san, ¿te sientes bien?” preguntó Genkuro a su costado, atentamente.
“Tch, ¡n-no es nada, Genkuro! ¡Vámonos ya!” exclamó y lo condujo para alejarse del pelirrojo como una madre que apartaba a su hijo de una chusma.



“Ehm… esa chica, ¿quién es…?” preguntó Taikei, cada vez más perdido e inquieto.
“Oh, es una conocida. Y me alegra ver que se acuerda de mí,” contestó gustosamente, como si dicho encuentro le hubiera iluminado el día.
“Ehh…”
“Y sobre tu prima… Taikei, con el tiempo vas a entender mi manera de hacer las cosas. Sólo déjame decirte…” sonrió con perspicacia. “Que yo nunca digo nada innecesario. Lo que fuera a ocurrir o no ocurrir por nuestra plática… quizás es porque tiene que suceder, ¿no te parece?”
“Hm…” lo pensó duramente.
“Ah, veo al primer par que buscábamos. Por aquí,” caminó en esa dirección.
“¡Ahh, jefe, por favor dígame más que no entiendo!” le suplicó en lo que le daba el alcance.

Las actividades continuaron, ya más cerca a que los eventos del último día de las olimpiadas dieran paso a la clausura.
...


Miyu

De nuevo sin imaginacióoon . Iconitos chafas por ser los primeros caps de mi bebaaa <3


Después de comprobar por varios pisos que el edificio estaba vacío, ambos se dirigieron al ascensor, el espacio reducido obligaba a una cercanía incómoda, y aunque Ah Qiang se había colocado respetuosamente a un lado, ella sentía cada uno de sus movimientos, cada respiración, cada pequeño sonido que emitía Big Johnny desde el hombro de su dueño.

—¡Suena muy complicado! —exclamó Ah Qiang, llevándose una mano a la nuca—. Eso suena súper interesante. ¿Qué es?

La pregunta la tomó por sorpresa a Vivian, quien parpadeó, sin saber bien cómo responder. Nadie le había preguntado qué le parecía su carrera, Liu Xiao la había elegido y Qian Jin había tramitado los papeles en Rizembool, ella solo había aceptado.

—Si un poco —respondió escueta, con voz más baja de lo que pretendía—. Aún no he leído los informes de ingreso a la universidad…
—¿No elegiste la carrera, Viv? —Ah Qiang frunció el ceño, pensando—. Eso es un poco egoísta por parte de tu familia.

Esas palabras tan simples, tan directas, hizo que Vivian lo mirara con más atención, el chico —el hombre— la observaba con genuino interés, sin pretensiones, sin esa sonrisa calculada que su hermano usaba para analizar la valía de cada persona.

—Tienes razón, son egoístas—admitió, dejando que la comisura de sus labios se elevase un poco—. Muy egoístas.
—¡¿Quieres hablar de eso?! —Johnny dio un pequeño salto, haciendo que Big Johnny emitiera un “pyu” de protesta—. O sea, no es justo para ti, no pueden hacer eso. Por eso hay tanta disertación estudiantil…

Vivian no pudo evitar soltar una pequeña risa.

—Es algo que no puede evitar, Ah Johnny. Mi familia ordena y yo obedezco, eso es todo.
—¡Pyu! —Big Johnny alzó las patitas, como si protestara también.

El ascensor llegó a la planta baja con un sonido que hizo que Vivian tensara los hombros. El sonido de la calle se escuchaba sin filtro, aún cuando seguían en el hall del edificio, quiso dar un paso atrás, refugiarse en el ascensor, pero Ah Qiang ya había salido y la miraba con una sonrisa que iluminaba todo el vestíbulo.

—¿Vamos? —preguntó, extendiendo la mano hacia ella—. Te muestro el camino al campus, hay varios atajos sin tanto ruido que podemos tomar.

Vivian miró su mano y la tomó con duda, hasta ahora Johnny no había dado señales que fuera a ser un peligro o alguien realmente vil como su familia.

—Está bien —musitó, dejando que sus dedos rozaran los de él apenas un instante antes de retirar la mano—. El parque suena bastante lindo.

Salieron del edificio y la luz del mediodía la hizo entrecerrar los ojos, por lo que terminó abriendo su parasol, dejando que la tela lila proyectara una sombra sobre su rostro. A su lado, Ah Qiang caminaba con las manos en los bolsillos, tarareando una canción que Vivian reconoció como una de Lucky Cyan.

—¿Te gusta la música? —preguntó él, notando que ella se había quedado en silencio.
—No —respondió rápidamente—. Quiero decir, el ruido es un poco molesto.
—¿Todo el ruido?

La pregunta la hizo detenerse y Ah Qiang también se detuvo, volviéndose hacia ella con la cabeza ladeada, Big Johnny imitó el gesto desde su hombro.

—¿Pyu, pyuuuu?

—No estoy segura, la música clásica quizás no —corrigió, aunque sonaba anticuada.

Él asintió, intentando comprender lo que su amiga decía.

—Entonces —dijo, dando un paso hacia adelante y bajando la voz a un susurro cómplice—, te voy a hablar bajito para que no sea ruido. ¿Está bien?

Ambos siguieron caminando despacio, sin prisa, después de todo ese día les pertenecía solo a ellos o así parecía.

—¿Tu hermano es Liu Xiao? ¡Qué sorpresa! Como tienes un nombre diferente no me había dado cuenta.
—Sí —asintió algo avergonzada—. Está occidentalizado, mi nombre real es Liu Chi-Xia.
—Entiendo, entiendo. ¿Verdad Big Johnny?
—¡Pyu, pyu!
—Mira, por acá doblamos y en tres cuadras llegamos al campus, ese es el parque —iba señalando cada pequeña cosa que se le ocurría—. Esa es la fuente, a mi hijo no le gusta mucho.
—¡Pyu! ¡Pyu pyu! —el pequeño gato erizó el pelaje, indignado.

La risa volvió a escaparse de Vivian antes de que pudiera detenerla, tuvo que cubrir sus labios con los dedos, sorprendida de sí misma.

—Que linda, me recuerdas un poco a Cyan —dijo Ah Qiang, siguiendo con la sonrisa cada vez más amplia.
—¿Cyan? ¿La cantante? —preguntó algo sorprendida.
—Sí. Ella asiste a Rizembool, ahí tengo dos grandes amigas. Después te las presentaré, estoy seguro que se harán muy amigas.

Vivian quería rechazarlo, decirle que no necesitaba su amabilidad ni que la ayudara, pero se encontró caminando a su lado, en silencio, escuchando cómo él le contaba en voz baja los anécdotas de cada rincón que cruzaban: dónde estaba la mejor tienda de fideos o cómo una vez Big Johnny se escapó y lo encontraron tres pisos arriba durmiendo en el balcón de una ancianita.

—Y por acá —señaló finalmente un edificio enorme y vistoso, con ventanales que reflejaban el sol—, está tu facultad de Ingeniería. Pero no te preocupes si te pierdes los primeros días, yo me pierdo todo el tiempo y ya llevo cuatro años aquí.
—Eso no es tranquilizador —comentó Vivian sonriendo.

Big Johnny maulló suavemente y saltó desde el hombro de Ah Qiang hacia el hombro de Vivian, que ella tuvo que inclinar para no dejarlo caer. El pequeño gato se enroscó en su hombro, ronroneando.

—¡Hijo! —Ah Qiang hizo el ademán de alcanzarlo, pero Vivian negó con la cabeza.
—Está bien, es cálido y bonito.

Y era cierto, el peso pequeño sobre su hombro, los ronroneos constantes y la calidez que a través de la tela de su vestido, todo le parecía extrañamente agradable.

—Él no es así, lo juro —expresó Ah Qiang—. Big Johnny no suele confiar tanto en las personas. ¡Le has caído bien!
—¿T-tú crees? —preguntó con sus mejillas encendidas.
El hombre frente a ella se quedó callado un segundo.
—Eres muy linda —volvió a reírse.
Vivian sintió algo en el pecho.
—Gracias —susurró—. Por el recorrido.
—¡De nada! —la energía de Ah Qiang volvió de golpe—. Mañana te muestro el resto y pasado y el otro. ¡Hasta que sepas este lugar mejor que yo!
« Last Edit: March 31, 2026, 05:47:23 PM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Mimi Tachikawa

Hoi hoi minna vengo con fic antes de irme a morir en la cama ando enferma con resfrio ;_;

-------------------------------

Tsukasa siempre había sido alguien obstinado.

Desde pequeño, cuando algo se le metía en la cabeza, no había forma de hacerlo retroceder. Y ahora, con los puños apretados y la respiración agitada, esa determinación brillaba más que nunca.

Todo había empezado por la conversación que tuvo con Tsubasa, todo el sufrimiento que había tenido que pasar su superior…por un secreto al cual el solo desconocía para no ponerlo en peligro

Tsubasa Kazanari… una Hime que no solo cantaba, sino que luchaba. Una mujer cuya voz podía proteger…pero a la misma vez se ponía en peligro para proteger a quienes necesitan su ayuda. Y aun así, cada batalla dejaba marcas que nadie más parecía notar

Por lo cual motivado por las ganas de querer proteger a su superior o más bien para poder sentirse útil frente a todos sus compañeros que tomaron sus caminos con determinación, sabía que era el menor, pero eso no significaba que no podría hacer nada, es entonces que Tsukasa gracias a la recomendación de Marion que aún se encontraba en recuperación, le sugirió ir a un dojo donde un viejo amigo de él había sido su compañero y maestro de entrenamientos.

-Otra vez- dijo una voz tranquila, casi despreocupada.

Ryuusei Oda estaba apoyado contra una columna, con los brazos cruzados y una expresión relajada que contrastaba completamente con la intensidad de Tsukasa. Su cabello castaño caía desordenado sobre sus ojos, y su postura parecía la de alguien que no estaba entrenando… sino simplemente pasando el tiempo.

Pero esa apariencia era engañosa

-Ya lo hice diez veces…-respondió Tsukasa, respirando agitadamente, con el sudor corriendo por su frente.

-Entonces puedes hacer once-contestó Ryusei sin siquiera mirarlo directamente- Aún no hemos entrenado en serio, si te cansas ahora, para la siguiente fase del entrenamiento no durarías ni un minuto.

Tsukasa apretó los dientes, mientras recuperaba la respiración sabía que no podía discutir eso, porque por ahora era la triste realidad.

Volvió a colocarse en posición, elevando los puños frente a su rostro. Sus piernas temblaban ligeramente, pero aun así avanzó.

Golpe,paso,defensa y contraataque.

Pero antes de que pudiera completar la secuencia, Ryusei ya estaba frente a él.

Un movimiento rápido.

Demasiado rápido.

Tsukasa ni siquiera vio el golpe venir hasta que sintió el impacto en su hombro, perdiendo el equilibrio y cayendo al suelo con un sonido seco.

-Mal- dijo Ryusei ahora mirándolo directamente- debes dejar de pensar demasiado.

-¡¿ What do you mean, demasiado?!- replicó Tsukasa, incorporándose con dificultad- Estoy intentando hacerlo bien.
Ryusei soltó una pequeña risa.

-Ese es el problema-

El joven pelirrojo frunció el ceño, claramente confundido.

Ryusei se acercó un poco más, esta vez con una expresión menos despreocupada y más seria.

-Cuando peleas por alguien… no puedes permitirte dudar-explicó- Tu cuerpo tiene que moverse antes que tu mente. Si te detienes a pensar, ya perdiste.

Tsukasa guardó silencio.

Las palabras se le quedaron clavadas,porque no estaba peleando por sí mismo,sino que quería pelear por alguien más.

-Yo no quiero que ella siga arriesgándose sola…- murmuró finalmente- Nee-sama siempre piensa que lo puede resolver todo ella sola, pero no puede…necesita a alguien que pueda ayudarla.

Ryusei lo observó con atención.

Había escuchado algo similar antes.

-Marion decía lo mismo-comentó, casi como si hablara consigo mismo.

Tsukasa alzó la mirada.

-¿Mi hermano? -

-Sí- respondió con una leve sonrisa- Él también entrenó conmigo para proteger a su pequeño hermano, diría que era peor que tú, por cierto.

- ¡¿Peor que yo?!- protestó Tsukasa- No puedo creerlo, mi hermano es muy bueno…-

-Mucho peor-afirmó Ryusei sin dudar- Pero tenía algo que tú todavía no tienes del todo claro.

El pelirrojo se tensó.

- ¿Y qué es? - dijo mirándolo con atención-

Ryusei dio un paso atrás, adoptando nuevamente una postura de combate.

-Convicción- respondió-  No solo querer proteger a los que amas… tienes que estar listo para cargar con lo que eso significa.

Tsukasa apretó los puños.

-Estoy listo-

-No- replicó Ryusei con calma- Estás decidido, cosa que no es lo mismo.

El silencio se hizo pesado entre ellos,el viento se colaba por las ventanas abiertas del dojo, moviendo ligeramente las cortinas.

Tsukasa bajó la mirada por unos segundos, cerro los ojos y recordó sus épocas con Knights, lo bien que lo habían pasado, quería tomar esos recuerdos para llenar su determinación

-Entonces enséñame- dijo finalmente, levantando la mirada con una intensidad renovada- Enséñame a ser alguien en quien Tsubasa-neesama pueda confiar.

Ryusei lo observó en silencio durante unos segundos.

Luego, sonrió pero no de forma burlona,sino genuina.

-Bien- respondió limpiándose las manos con sus palmas- Pero no te voy a tratar con cuidado.

-No lo necesito-dijo poniéndose en modo defensivo-

-Más te vale-

Y sin previo aviso, atacó, pero esta vez, Tsukasa estaba listo o al menos, más preparado que antes.

Bloqueó el primer golpe, luego retrocedió ante el segundo e intentó contraatacar.

Pero Ryusei lo esquivó con facilidad y volvió a derribarlo.

Otra vez. Y otra…y otra.

El tiempo pasó sin que ninguno de los dos lo notara.

El sonido de los golpes, las respiraciones agitadas y los pasos sobre la madera llenaban el dojo.

Tsukasa caía… pero siempre se levantaba, tenía las manos temblorosas, el cuerpo adolorido, pero eso no significaba que no se iba a levantar nuevamente

Porque cada vez que cerraba los ojos, veía a todos sus superiores

Y eso era suficiente.

-Detente-dijo finalmente Ryusei, levantando una mano.

Tsukasa se quedó quieto, respirando agitadamente, con el cuerpo inclinado hacia adelante.

- ¿Ya… terminamos…? -

-Por hoy si…-respondió-

El pelirrojo dejó escapar un suspiro de alivio y se dejó caer sentado en el suelo.

-Pensé… que ibas a matarme…-

Ryusei soltó una pequeña risa.

-Si quisiera matarte, no estaríamos teniendo esta conversación-

Tsukasa lo miró de reojo, demasiado cansado para responder.

Hubo un momento de silencio cómodo.

Luego Ryusei se sentó frente a él.

-No estás mal-admitió-De hecho… has heredado el buen instinto de tu hermano…-

Tsukasa levantó la mirada, sorprendido.

- ¿En serio? -

-Sí- continuó- Pero sigues dudando en el último segundo. Como si tuvieras miedo de hacer daño.

El pelirrojo apretó los labios.

-No quiero convertirme en alguien que lastime a otros sin pensar…-

Ryusei asintió lentamente.

-Eso no es malo-dijo- Pero tienes que aprender a diferenciar cuándo contenerte… y cuándo no.

-Si quieres proteger algo importante-añadió Ryusei- a veces tendrás que tomar decisiones que no te gusten.
Tsukasa bajó la mirada.

-Lo sé...-

Y realmente lo sabía porque luchar al lado de su superior no era solo estar a su lado.

Era estar preparado para lo que viniera.

Incluso si eso significaba enfrentarse a cosas que lo asustaban.

-Mañana seguimos- dijo Ryusei, levantándose-Y será peor…-sonriendo maliciosamente-

Tsukasa soltó una risa cansada.

-Genial… justo lo que quería escuchar…-

Ryusei comenzó a caminar hacia la salida, pero se detuvo un momento.

-Tsukasa…-

- ¿Sí? -

-Evita convertirte en alguien como ellos-dijo sin girarse-por lo que me contaste Tsubasa ya tiene demasiados problemas.

El pelirrojo lo miró en silencio.

-Encuentra tu propia forma de pelear-diciendo eso salió del dojo.

Tsukasa se quedó solo, ahora solo se escuchaba su respiración y el leve crujir de la madera.

Se recostó en el suelo, mirando el techo.

-Tsubasa-neesama…-murmuró suavemente-

Y por primera vez… no sintió solo preocupación,sino también motivación.

Se sentó lentamente, ignorando el dolor de su cuerpo.
------------------------------------------------------------

matta ne!!!


Sayi

El ajetreo por la llegada de Kaien finalmente comenzó a asentarse una vez el reloj marcó las once de la noche, considerando que se trataba de un día de semana. Sus hermanastras fueron las primeras en retirarse, culpando un examen a primera hora de la mañana. Sayi se retiró después, culpando a un entrenamiento temprano pero ofreciéndose felizmente a darle el alcance en la oficina de admisiones apenas regresara del dojo. Bou se retiró después, para la alegría de Izumi, y una vez los invitados se hubiesen marchado tanto ella como Hiro se retiraron a dormir.

Hige se negó a dejarlo ir hasta que se hubiese acostumbrado a su presencia, por lo que el castaño se hizo de unos cojines del sofa y se armó su propio nido al pie de la cama de Kaien. Ya cómodo en su cama, el pelinegro observó al Child dormir tranquilamente, desparramado entre los multiples cojines y mantas, y en el silencio de la noche sintió la confirmación que había tomado la decisión correcta en regresar.

Unos golpes en la puerta llamaron su atención. Ichigo se encontraba de pie en la entrada de su habitación.

“Ah, me olvide que decidiste pasar la noche aquí”
“Ouch” respondió el rubio, entrando a la recámara y tomando asiento en su antiguo escritorio “¿Acaso no es normal querer recordar como eran las cosas cuando éramos niños?… claro está, sin la criatura mágica que ahora descansa en el suelo”

Kaien asintió, dándole la razón, habían sido años desde que habían convivido bajo el mismo techo. Y ahora no había una fecha límite entre ellos; juntos futuro previsible.

“¿Que vas a hacer, ahora que regresaste a Japón?” le preguntó Ichigo “Pensé que te querrías quedar en Australia luego de la universidad, y casarte con alguna australiana rubia”
“Aún puedo casarme con una australiana…”
“Bien, porque me gusta la idea de sobrinos rubios”
“Pero, para responder tu pregunta… no lo sé” le respondió, encogiéndose de hombros “Simplemente se siente el lugar donde quiero estar”
“No tiene nada que ver con Sayi siendo HiME, y el hecho que tenga un Rebel sin escrúpulos…”
“Claro que es por eso, pero además de ayudar a Sayi, quiero poner fin a Rizembool. Siento que es mi deber, como algo que no logré derrotar hace cuatro años”

Ichigo sonrió para si mismo. El sentido de deber de su hermano siempre había sido mayor al suyo. Y esta ocasión era solo otro recordatorio de ello.

“Eso es muy noble de tu parte pero” dijo Ichigo “Necesitas poderes para hacerle frente a Rizembool. Se que eres muy fuerte, pero la única manera que tu poder se amplifique…”
“…es convirtiéndome en el Key de una HiME” Kaien terminó su pensamiento.

Sin embargo, no se detuvo ahí. Y lo que dijo a continuación tomó a Ichigo por total sorpresa.

“Y creo que es lo primero que me tocaría evaluar”

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way