Me sorprende que casi llego a 10k con dos escenas, pero bueno, terminé el fic del mes! (?) Y para variar tenía los icons así que no tengo que editar luego (aunque quizás rehaga algunos, veremos).
Finally introduced the red devil, milestone reached! (Ignore me (...))117.3.
...
Por ser el último día del evento, aquel sería igualmente el fin de la supervisión que Shu le prestaba a Kokin. Los dos caminaban por Rizembool U, con Shu dirigiendo a paso rápido y el mayor siguiéndole atentamente, mientras terminaba por tomar apuntes en una agenda.
“No tienes por qué continuar en pleno andar,” resopló Shu, con cierta frustración. Continuó con la vista hacia el frente. “El movimiento sólo estropeará tu elegante caligrafía.”
“No es nada que no pueda hacer, lo aseguro…” musitó Kokin, escribiendo con cuidado. “No me resulta complicado. Yamata no Orochi-sama es de movilizarse con frecuencia y he tomado costumbre de tomar nota de todas sus obligaciones. Sólo espero que él esté siguiendo todo lo importante por más que no esté presente para asistirle.”
“Él tiene más gente que tú para encargarse de nimiedades,” se encogió de hombros. Le miró de reojo brevemente. “Entonces yo mismo juzgaré si efectivamente puedes continuar con apuntes que no me hagan recriminar tu elección a caminar simultáneamente.”
“No decepcionaré tus expectativas, Shu…” continuó enfocado en su deber. “Esta agenda te servirá durante un mes. Me aseguré de anotar todos tus compromisos detalladamente.”
“Realmente no era necesario, creo ser lo suficientemente alerto y responsable, pero, al menos lo puedo usar de ejemplo para que Kagehira haga su propia organización,” concluyó, indistinto. “Ese niño a veces se pierde en las nubes.”
“Por cierto, Shu, si no está de más preguntar…”
“Estaba esperando a que lo preguntes, sinceramente,” dijo el pelirrosa, inmutado, sin detener su andar. “No soy Orochi. Siéntete libre de cuestionar mis decisiones.”
“…” Kokin desvió brevemente su mirada antes de continuar. “¿Por qué has elegido salir a caminar ahora? ¿A dónde estamos yendo?” lo meditó un poco, cabizbajo. “Recuerdo bien que te conmoviste de observar a aquel ‘Chibisuke’ en una competencia hace un par de días…”
“No, estamos en el exterior por otro motivo.”
“…espero que no te sientas obligado a serme de anfitrión. Gusto de la quietud de tu estudio. Este evento se está volviendo abrumador para mí…” dijo, un tanto retraído.
“…” Shu finalmente vio a la persona a quien estuvo buscando, a no mucha distancia, y miró a Kokin. “Es por ser tu anfitrión que hemos venido hasta aquí. Supuse que te animaría un poco.”
“¿Hm?” alzó su mirada, y terminó por verse sorprendido. “¡…!”
…
“Es por aquí, señor…” dijo un pequeño, quien agarraba a Jizou de una mano.
“Veo que hay muchas personas presentes, pero no te preocupes,” el policía sonrió al pequeño amable y cálidamente. “Ya casi llegamos al puesto de vigilancia. Ahí podremos encontrar a tus padres de inmediato.”
“¡Sí, muchas gracias!” aquel niño se notaba muy a gusto con el oficial, por más que tenía unos indicios de haber llorado previamente. “Señor, usted es muy amable.”
“…” Jizou sonrió agradecido. “Eres un buen chico. No me cabe duda de que tus padres están muy orgullosos de ti.”
“¡Hehe!”
Ambos iban a continuar caminando, cuando Jizou sintió que un pellizco le agarró de su manga. Se sorprendió y pensó por un segundo que otro niño perdido buscaba de su ayuda.
“…” aunque se quedó en blanco cuando se volteó y vio a Kokin frente a él.
“Jizou…” el otro estaba igual de sorprendido y todavía recuperando su aliento al haber corrido a su alcance. Entonces, luego de aquel aturdido silencio, Kokin soltó su manga, y curiosamente, agarró a Jizou de ambos cachetes.
“K-Kokin…”
“Te ves demasiado pálido, Jizou. ¿Acaso no has dormido lo suficiente? ¿Estas comiendo bien?”
“Suéltame, por favor,” frunció el ceño y retrocedió un paso. Dio un suspiro. “¿Qué haces aquí?”
“Déjame explicar…” dijo Shu, quien finalmente había podido darles el alcance. Este dio un par de respiros profundos. “Tsk, Kokin, no esperes pasar desapercibido si te pones a correr tan intempestivamente. Desentona completamente con tu imagen.”
“L-lo lamento, Shu…” dijo en aprietos.
“Shu, buenos días,” Jizou asintió con leve respeto. “Es un gusto volver a verte.”
“Señor, ¿quiénes son esas personas?” preguntó el niño, perdidamente.
“Son amigos, no te preocupes,” le aseguro con amabilidad, y volvió a mirar al pelirrosa.
“Kokin me ha estado acompañando estos días. Supuse que le haría bien verte,” observó Shu, con su actitud fría de siempre. “Presumo que los dos sólo se cruzan cuando alguien intercede.”
“Vivimos en mundos aparte, es de esperarse,” Jizou asintió.
“Jizou…” comenzó Kokin.
“No es por ser descortés, pero estoy trabajando,” continuó el policía. “No puedo entretenerlos de momento, si me disculpan…”
“¡Eh!” el otro pareció alarmarse al saber que pensaba irse.
“A decir verdad, podrías hacerme un favor,” Shu dio un suspiro y negó. “He sido convocado por un coordinador de mi área sobre el uso de un espacio para un proyecto que tengo pendiente, y él espera verme lo antes posible, pero… no puedo llevar a Kokin conmigo para ello. Si pudieras dejar que te acompañe por una hora como máximo…”
“Eh, pero…” Jizou se vio en aprietos.
“Es verdad, he revisado sus actividades y esta mañana recibió ese mismo correo,” reportó Kokin.
“No es que dude de sus palabras…” finalmente, terminó por desistir. “Esta bien, Shu. Que esta sea mi manera de agradecerte por velar por él.”
“No eres tú quien me debe agradecimiento, descuida,” el pelirrosa se encogió de hombros. “Regresaré pronto.”
Por más que había aceptado el pedido, Jizou se quedó perdido un instante, hasta que, frustrantemente, sintió cómo Kokin le tomó de su mano libre. El policía notó al mayor y al pequeño niño ambos mirarle con los mismos ojos nulos y curiosos como quienes esperaban una decisión de su parte. Si, en cierta manera, un segundo niño había acudido a buscar su ayuda.
…
“Kokin…” el niño asintió y sonrió ampliamente. “¡Es un gusto!”
“Oh…” el mayor observó al pequeño con leve sorpresa.
“Kokin, ¿estás bien?” preguntó este.
“…la mayoría de los niños me tienen miedo, sólo es eso…” comentó, desviando su mirada.
“¿Por qué?” ladeó su cabeza.
“Eh…” ¿por qué? Kokin no supo ni qué contestar. ‘¿Acaso no es obvio?’ pensó decir.
“Kokin y yo tenemos una apariencia poco común. Muchos suelen llevarse una mala impresión de nosotros, por lo distinto que nos vemos,” terminó por explicar Jizou, pacientemente. Ciertamente, no era la primera ni sería la última vez que lo haría.
“Hmm, ya veo…” comentó el niño, mirándoles fijamente.
“Pero puedo notar que tú no piensas así. Nuestra apariencia no es importante a tu parecer.”
“…” el pequeño negó.
“…” y Jizou sonrió. “Es algo que aprecio, y Kokin piensa lo mismo,” miró al otro. “¿No es verdad?”
“Eh…” este asintió, un tanto aturdido. Los niños parecían sacarle de cuadro.
“Hm…” el pequeño volvió a mirar a Kokin fijamente.
“…” y este desvió su mirada. No sabía qué hacer al respecto.
“¿Esos son tus ojos reales?” le preguntó.
“…sí lo son. ¿Por qué lo preguntas?”
“Ohh…” se vio impresionado y sonrió ampliamente. “¡Son muy bonitos!”
“Eh…” no evitó pensar en Mika, quien le había dicho algo similar en algún momento.
“Heh, no olvides mantener tus modales, pequeño,” le corrigió Jizou. “No es bueno cuestionar la apariencia de otros.”
“Eh, perdón, es que me gustan sus ojos y…” bajó su mirada.
“Entonces puedes decírselo sin necesidad de preguntar. Nuevamente, agradezco mucho tu amabilidad con nosotros.”
“¡De nada! Gracias por ayudarme también,” entonces, ellos pudieron ver el puesto de vigilancia, donde había otro par de policías hablando con una angustiada pareja. “¡Ah! ¡Mamá! ¡Papá!”
El pequeño se soltó para correr donde sus padres. Kokin observó al niño ser abrazado por su madre a todo dar, y de paso, notó cómo Jizou finalmente se soltó de él para ir a conversar con los otros policías presentes.
“Jefe, me alegro de que usted haya podido encontrar al pequeño,” comentó uno de ellos.
“¿Cuánto tiempo han estado sus padres en este puesto?” cuestionó Jizou.
“Alrededor de diez minutos, pero su búsqueda se ha extendido a más de media hora. Dijeron que no sabían a quién contactar,” reportó el otro.
“Tal parece que no hemos pasado la voz lo suficiente, si no hay consciencia colectiva. Me aseguraré de reportarlo,” se puso a pensar. “Necesitamos encontrar maneras de ofrecer nuestro apoyo a otros más explícitamente…”
Kokin observó al otro dialogar con esos policías y ser el enfoque de ese puesto al apenas haber hecho aparición. Era claramente el superior de dicho ambiente, y la persona que otros buscaban para cualquier duda o cuestión. Todo ello le era demasiado familiar. Confiable, eficiente, esas y otras palabras similares siempre le habían descrito. Jizou siempre había sido un ideal en los ojos de muchos…
…por más que en el presente, en su propio ‘mundo aparte’, usara dicha eficiencia con un enfoque completamente distinto al pasado.
“…” pero aquello no era lo que le importaba. Él sólo tomó su mano ahora soltada con la otra y la apretó ligeramente. La soledad no era algo que podía disipar por su propia cuenta…
“¡Ellos son los que me ayudaron!” exclamó el pequeño, alegremente.
“Le agradecemos sus cuidados,” dijo el padre en lo que la madre también miró hacia Jizou.
“No tienen que agradecer, estamos contentos de poder ayudarles,” Jizou hizo una venia.
“S-sí…” ambos señores se alarmaron ligeramente por la apariencia de aquel supuesto policía… y sin duda se quedaron congelados al mirar hacia Kokin a continuación.
“Eh…” este se afligió ligeramente. Sí, esa reacción era la más común en su día a día.
…
“Jizou…”
“Dime.”
Luego de aquella reunión entre el niño perdido y sus padres, y de que estos pasaran a agradecerles a pesar del shock inicial, Jizou regresó a dar vueltas en busca de ayudar a otros, con Kokin acompañándole. Sin embargo, el policía terminó por decidirse a tomar asiento y actuar de anfitrión del otro, en lugar de Shu.
“¿Qué tan frecuente es que las personas cuestionen tu apariencia, a pesar de tus intenciones?” preguntó el mayor, cabizbajo.
“Todo el tiempo,” contestó el otro.
“…” le miró con leve preocupación.
“Pero es algo a lo que estoy acostumbrado. No me afecta en lo absoluto. Es un instinto necesario que otros duden de alguien con mi apariencia,” contestó tranquilamente, inmutado.
“…podría decir lo mismo de mí, pero…”
“…” le miró de reojo.
“Incluso siendo yo aquel inmerso en las profundidades de Rizembool…”
“La gente siempre te juzgará sin importar dónde estés. No dejes que eso te desaliente.”
“Que otros me teman, quizás sea lo mejor, al igual que tu parecer, pero…” cerró sus ojos. “Me sabe mal que te teman a ti, siendo tú quien anda ayudando a otras personas.”
“No te preocupes por mí, Kokin.”
“…”
“¿Cómo han sido estos días para ti, ahora que te has visto acompañado de Shu? Debe haber sido un cambio de paradigma.”
“…” Kokin se mantuvo cabizbajo.
“Shu posee expectativas de ti, estoy convencido que su supervisión sería positiva para ti, en los pocos momentos que se te puede conceder…”
“Aquellos policías bajo tu cuidado, Jizou…”
“…” el menor le miró atentamente.
“Tú lo sabes bien. No los puedes salvar.”
“…”
“Todos aquellos quienes sufrieron la corrupción de Yamata no Orochi-sama en el muelle y quienes están en el hospital no pueden ser salvados en el presente. Su salud sólo se deteriorará.”
“…”
“No quiero hacerte sentir peor, temo mucho por el peso que llevas luego de lo sucedido, pero…” Kokin dio un suspiro, mirando al piso, con desilusión. “Sólo espero que no te estés haciendo falsas esperanzas. Es la verdad.”
“No necesitas decirme aquello, Kokin, lo sé mejor que nadie,” contestó Jizou, tranquilamente.
“…”
“Es algo que no puedo compartir con nadie más en mi entorno, o los hundiré en desesperanza,” recordó la conversación que había tenido con Samidare al respecto. No, no podía culparle, tampoco pensaba decirle la verdad. Aquel joven policía nunca tuvo la intención de lastimar a nadie con sus planes y sus descuidos. La responsabilidad de los sucesos caía en otra persona.
“…”
“Yo no puedo hacer nada. Si alguien los puede salvar, aquel sería otro ser…” Jizou alzó su mirada al cielo. “Sólo hay una persona quien puede hacerlo…”
“¡…!” Kokin se alertó. “Jizou, tan sólo referirse a él es una sentencia… Yamata no Orochi-sama podría…”
“Kokin, me corresponde recordarte que yo no sirvo a Orochi. Por lo tanto, considero a su némesis como un aliado, y no temo repercusiones. Siendo esa persona capaz de sanar a todos quienes son víctimas de él, sólo puedo rogar que se apiade de aquellos servidores del bien común, y pueda salvarlos…”
“…” oía al otro, quien vivía en su mundo aparte. Era un recuerdo más de dicha realidad. “Es una esperanza vacía. Yamata no Orochi-sama no debe estar lejos de derrotarle definitivamente.”
“…”
“También lo sabes bien…”
“…” Jizou asintió. “Y cuando ello ocurra…”
“…”
“Me pregunto qué sucederá con todos nosotros. No muchos han podido siquiera frenar el avance de Orochi en todos estos años… nadie está consciente de que esa persona siquiera existe.”
“…”
“Pero todos están próximos a percatarse de su ausencia…”
“¿…por qué estás tan decidido a usar tu propia vida para ayudar a los adjuntos a la guerra, si sabes la poca esperanza que a muchos de ellos les queda…?” cuestionó Kokin.
“Kokin,” Jizou se cruzó de brazos y cerró sus ojos. “¿Serías de insinuar que tú sirves a Orochi debido a desesperanza?”
“No lo hago, Jizou,” este negó cadenciosamente. “Yamata no Orochi-sama es mi razón de siquiera existir.”
“Esa es mi respuesta. Yo existo para ayudar a otras personas. Es así de simple.”
“…”
“Si a Orochi sólo le rodeara aquella desesperanza, tú seguirías a su lado. Aquella es la respuesta a la cual has llegado, en algún momento.”
“…pero mi alma se parte en dos…” confesó llevando una mano a su pecho.
“…” Jizou le miró atentamente.
“…” Kokin pasó a mirar sus dos palmas vacías frente a él. “…porque soy un ser incapaz de siquiera dialogar con un niño pequeño que buscaba meramente darme un cumplido.”
“…” el policía sonrió comprensivamente. “Yo también fui torpe con los niños en un inicio. Es algo que uno aprende lentamente…”
“…y soy incluso peor cuidando de mi hermano menor, quien es mejor que yo en todos los sentidos… y tan inalcanzable para mí todo el tiempo… porque vivimos en mundos apartes.”
“…” se sorprendió un poco. Ya veía el punto que había intentado hacer. Resopló. “Yo igualmente temo por ti, Kokin. Orochi es de quebrar el alma a todos a su alrededor, sus expectativas son demasiado grandes.”
“Él es amable conmigo. Me ha permitido pasar estos días con Shu, con aquel amigo en quien podemos confiar. No puedo imaginar que tu vida de policía sea más fácil que la mía.”
“Dudo que podamos ponernos de acuerdo al respecto, Kokin. Me siento en paz ayudando a otras personas, es donde pertenezco. Es el propósito al cual yo llegué en el pasado.”
“Lo sé bien…” dio un descorazonado suspiro.
“Kokin…” el menor se puso de pie y le extendió una mano.
“…” le miró atentamente.
“Si estás dispuesto a olvidar tu presente realidad y la inevitabilidad que nos rodea, ruego a que pongas tu propia alma a descansar,” le pidió, sonriendo un poco. “Hablemos de algo más.”
“…” Kokin tomó su mano dubitativamente. “No has terminado por decirme cómo te sientes, luego de lo sucedido en el muelle.”
“Es porque no amerita conversarlo, porque yo velaré por todos incluso cuando no pueda hacer una diferencia…” le jaló para hacerle ponerse de pie. “Sigamos caminando. Moverte un poco te hará bien.”
“Es injusto…” desvió su mirada, aunque se vio un tanto agradecido. “Eres más un hermano mayor de lo que yo podría ser…”
“Te aseguro que no tiene nada que ver con el rol de hermano. Tú sólo tienes la cabeza en las nubes todo el tiempo,” Jizou negó. “Ayudas a Orochi a organizarse y a velar por su salud, ¿pero quién vela por ti?”
“…” al oír ello, el taciturno Kokin terminó por cubrir su boca con una mano y ahogar una risita.
“…”
“Lo estoy mirando, está frente a mí,” contestó, finalmente sonriendo dichosamente y con torpeza. “Por más que siempre se me escape.”
“…” Jizou sonrió apenado. Si había algo de lo que podía arrepentirse de su presente realidad, era el hecho que no podía mantenerle un ojo encima. “No tienes remedio…”
“Jizou, sospecho que no estás comiendo bien, vamos a que te invite algo.”
“No gracias, no comeré durante el trabajo.”
“Está bien, compraré para llevar, así lo comes luego.”
“No es necesario, te lo aseguro.”
“¿Y cómo estás durmiendo? Tu trabajo no es demasiado estresante, ¿verdad?”
“Te prometo que estoy bien, no es nada que no pueda manejar…” dio un suspiro. Era muy fácil detectar que le había subido los ánimos por esas ganas incesantes que Kokin tenía de tratarle como un niño. Jizou volvía a recordar por qué prefería mantener cierta distancia.
“He estado leyendo algunos libros de autoayuda para ver cómo apoyar a Yamata no Orochi-sama, podría compartirlos contigo,” Kokin asintió y se puso a revisar en su celular. “Tengo la lista por algún lado…”
“No puedo prometer que tendré tiempo para leerlos…” ya veía que tenía que cambiar de tema. “Por cierto, Kokin.”
“Sí, dime.”
“¿Habrás oído sobre él últimamente? Aquel a quien te refieres como nuestro hermano menor.”
“¡Oh!” la mera mención iluminó los ojos de Kokin. Este negó. “Lamentablemente no. Yamata no Orochi-sama parece no haberle prestado atención recientemente. Aquella sería la única forma en la cual sabría algo sobre él.”
“Ya veo.”
“Entonces sospecho que tú tampoco lo has visto. Me pregunto si estará participando en este evento. Sé que es estudiante de Hanasaki.”
“No, no lo haría,” Jizou negó. “Es igual a Shu. No es de inmiscuirse con otras personas. Debe estar en su propio taller enfocado en su disciplina.”
“Ah, quizás Shu lo haya visto recientemente, me aseguraré de preguntarle cuando regrese,” Kokin asintió decidido. “Pensar que hay dos personas a quienes quisiera ver más seguido, aunque… quizás lo mejor es que ninguno de los dos nos encontremos con ese niño. Ruego que se mantenga lejos de esta guerra que nunca nos dejará ir, Jizou.”
“…” asintió. “Por eso mismo lo pregunto. Es una persona muy cuerda, pero es difícil saber lo que puede suceder.”
“A diferencia de nosotros, él no daría miedo a otros, y no tiene por qué hacer a otros temer, pero…” Kokin desvió su mirada. “Si tan solo él fuera a involucrarse, ello podría cambiar…”
“Es mejor que no lo pienses mucho, Kokin,” Jizou negó. “Le he mencionado porque es un recuerdo grato para ti, ¿no es así? No te inmerses en tus propios temores tan rápidamente.”
“Es que es difícil, Jizou…” Kokin llevó una mano a su propio cachete, con cierto pesar. “Es por ser el mayor que no puedo evitar preocuparme por aquellos cercanos a mí. Si tan solo pudiera ser alguien más confiable y velar por ustedes todo el tiempo…”
“No tienes que hacerlo…” dio un suspiro. Nuevamente, tendría que pensar en cambiar de tema. Ya veía que este siempre revolvería alrededor de su obsesiva idea de tratarle como un pequeño. “¿Qué tan familiarizado estás con Rizembool?”
“¿Hm?” se confundió.
“No estamos muy lejos de uno de los edificios de finas artes. Podemos dar una vuelta por ahí.”
“¡Oh!” y nuevamente, Kokin se intrigó, incluso para abrazar a su hermanito de un brazo y dirigírsele casi de forma demandante. “Llévame hacia allá, Jizou.”
“Por favor, mantén tu distancia,” le rogó en lo que se soltaba con cuidado. Su mayor alternaba demasiado entre pretender ser responsable y actuar de manera infantil que no le era fácil leerle. Jizou negó, no podía dejar que los otros policías le vieran ser agarrado así. Luego de un pesado suspiro, se puso a dirigirle.
Sería un momento que compartiría con aquel a quien no siempre podía ver, e incluso aquel a quien, en otras circunstancias, no podría ni tratar como algo distinto a un enemigo. Y pese a ello, pese a que Kokin vivía por su devoción a quien se asemejaba a un monstruo en sus ojos, Jizou continuaría velando por su familiar en las pocas oportunidades que tendría disponible para hacerlo, y sería igualmente correspondido de la misma manera…
…ya que ambos existían por sus respectivos motivos y entendían la naturaleza que compartían, sobre el hecho que los dos seguirían con sus caminos por el mayor tiempo posible, leales a lo que tenía valor para cada uno.
…
Cuando Naoto había comentado sobre su deseo de quedarse en la azotea de Eichi en compañía de este y sus otros invitados usuales, realmente había sido honesta.
Y aquel momento de quietud le regresaba a la mente constantemente, puesto a que se encontraba en medio de una obligación por parte de su inquieto pariente. Si bien había tenido toda la intención de delatar su falta a dicho jefe de su departamento y pedir que dejaran a Eichi en paz, Naoto en parte buscó asegurarse que su primo no fuera a sufrir ninguna represalia severa. No pensaba cuidar de él todo el tiempo, pero al menos le venía bien darle una advertencia.
Por más que ella continuaba agarrando el brazo del otro a manera de transportar a un criminal, Taikei ya se notaba tranquilo y hasta ameno, por más que se encontraba siendo llevado hacia abajo a la oficina de su superior.
“Dime, Naoto,” le preguntó con una sonrisa. “¿Cómo así te conoces con el amo y señor de este edificio?”
“Es una larga historia,” contestó la peliazul, con un dejo de dejarle saber que no había punto de hablar al respecto.
“Igual con ese otro chico amigo de él. ¡Totalmente lo reconocí como un idol! Hm…” se puso a pensar duramente. “Es algo de Sakuma…”
“No importa.”
“Aw, pero a mí sí me importa saber. ¿Tú crees que algún día podrían invitarme a ese espacio? ¡Parecían como jardines Elíseos!”
“Que digas que te importa saber sugiere a que tienes intereses por más que acabas de faltar el respeto con tu infiltración,” espetó la otra, dándole un jalón a su agarre a manera de castigarle.
“Uhh…” el otro soltó una pequeña queja, apenado.
“Y me cuesta creer que prestes atención a los idols en primer lugar si no son de tu interés.”
“¡Sí, y el tuyo tampoco!” exclamó el chico, feliz.
“…” Naoto alzó una ceja, impaciente.
“¡Viéndote desde afuera, cualquiera diría que eres una chica que se ha ganado la lotería de tomar el té rodeada de idols y seguro que andarás entre las nubes por eso! ¡Haha, lo cual no tiene nada que ver contigo! ¡Así que apuesto a que te llevas bien con ellos por cosas que no tienen nada que ver a sus profesiones!”
“De nuevo, no vamos a hablar al respecto,” concluyó, decidida. “Estás en problemas por lo que acabas de hacer, no lo olvides.”
“¡Pero Naoto, yo que me alegro de verte!”
“¿Acaso no te sientes remotamente mal?” ella rodó los ojos. “Ya veo que le dan el título de Rebel a cada desequilibrado en Rizembool. Espero que te portes mejor cuando lo seas, pero…” negó frustrada. “No, no espero que ningún ser inteligente se limita ante mayor poderío.”
“Uhh, tú sabes por qué voy a ser un Rebel. Es parte de mi presente pasantía aquí en Rizembool.”
“Ello no desacredita mi declaración que la gente irreverente son quienes son escogidos, Taikei. Más te vale que te comportes y le des la importancia que se merece.”
“Hai, sé que no puedo ganarte fácilmente con argumentos…” bajó la mirada, perdiendo sus energías y mostrándose un tanto apenado y meditabundo… por alrededor de diez segundos. “¡Dime, dime!”
“…”
“¿Sabías que el señor del edificio…?”
“Su nombre es Eichi Tenshouin.”
“¡Sí, ese! ¿Sabías que él fue un Rebel?”
“Sí,” le miró de reojo. “Y veo que tú también.”
“Pues sí, o sea, como un miembro de los Kamuro medio tengo que saber sobre el medio y quiénes son Rebels. No suelo mirar mucho al pasado, sólo algunos casos aislados, aunque definitivamente sabría que la persona en la azotea del mismo edificio de mi facción ha sido un Rebel, ¿no es verdad?”
“Y aun así escogiste intentar infiltrarte a su espacio…” entrecerró sus ojos.
“¡Haha, obviamente sé que fue un Rebel en el pasado, pero no lo es ahora! ¡Sobre todo porque el problema más fue que tenía muchos guardias que me apresaron! ¡Así que estuve a salvo de que se usara magia Rebel contra mí!”
“Y eso no niega en lo absoluto que cometiste una tremenda imprudencia, Taikei,” le reclamó. Naoto resopló. Eso que dijo sobre estar a salvo de ‘magia Rebel’ ni había sido una garantía, ya que no podía predecir a Ritsu lo suficiente, pero no había punto de traer ese tema a flote.
“Perdón, pero igualmente, muchas gracias por preocuparte por mí, Naoto,” él le sonrió como un niño pequeño. “Te aseguro que si en algún momento tú fueras a infiltrarte al espacio de algún exRebel yo también tendría mucho miedo por ti.”
“¿Acaso eso no acaba de invalidar tu previo argumento por completo?” la chica se escandalizó.
“Es que, o sea, no iría a temer por mí mismo, ¡por supuesto que es completamente diferente!” sin embargo, sus rebosantes energías fueron cortadas cuando la otra le dio un corto jalón de orejas. “¡Ahh, duele!”
“Veo que pierdo mi tiempo contigo, no haces sentido alguno,” dijo en lo que lo soltó.
“Ihh…” se agarró su oreja a manera de consolarse, y volvió a ser jalado violentamente para continuar bajando las interminables escaleras de emergencia.
“Me preocupo por ti, pero recuerda que estás en problemas. No te escaparás de tu imprudencia fácilmente,” le miró de reojo, fríamente. “Sin duda yo no dejaré que lo hagas.”
“Ya, no me asustes, por favor…” dijo el otro.
Llegaron al piso donde se encontraba la entrada principal y caminaron rumbo a ella. Naoto no vio nada fuera de lo normal. Hasta le costaba creer que un pasillo tan común y corriente contenía a un supuesto grupo combatiente de Rizembool. Más bien, era fácil creer que aquel era un ambiente de oficinas normales.
“¡Dime!”
“¿Qué quieres?”
“¡Ese dueño de la azotea…!”
“Eichi Tenshoin…”
“¡Sí, sí! ¿Cómo crees que combatió como Rebel? O sea, no puedo decir que soy experto en peleas o algo por el estilo, pero no se ve muy atlético.”
“No sé al respecto…”
“¡¿Tú crees que tuvo orphans guardaespaldas?! ¡Eso se asemejaría mucho a lo que me acaba de pasar! ¡Ahh!” de nuevo otro brusco jalón a manera de indicarle que se detuviera.
“Deja de decir tonterías.”
“Hehe, perdón, Naoto, sólo se me hizo gracioso,” sonrió apenado. “Y obviamente no todos los Rebels somos melee con o sin armas. Hay Rebels más mágicos, así que seguramente él lo fue también.”
“No nos concierne, Taikei.”
“Pero es divertido divagar.”
“¿Acaso tu habilidad de saber quiénes son o han sido Rebels como parte de tu grupo no te permitiría saber sobre sus poderes?” le cuestionó, inmutada. “Que sólo sepas sobre quiénes lo fueron me resulta información muy incompleta.”
“Hm, tienes razón, pero realmente no puedo saber muchos detalles aparte del estatus,” Taikei alzó su mirada, divagando. “Creo que sólo me informarían más sobre alguna persona en particular si fuera parte de algún trabajo o reunión o algo. Quizás mi jefe tema faltar la privacidad de otras personas si lo divulga mucho.”
“…” Naoto asintió para sí. “Eso tiene sentido.”
“¡Pero en serio! ¡Aquel final boss de los campos Elíseos…!”
“Llámalo por su nombre,” le reclamó.
“¡Ni tuvo que ponerse de pie y salir de su pérgola cuando sus guardias me restringieron! ¡Quizás fue todo un Darth Vader y usó la fuerza para estrangular a su HiME o algo! ¡¿Te imaginas?! ¡O es algún personaje todo pro de un shonen que gana una batalla desde su trono o no sé! ¡¿Tú crees que habría podido estrangularme así?!”
“…” finalmente, Naoto llevó su mano libre a su sien mientras el otro se reía de sus propias ocurrencias. Su paciencia se acababa a pasos alargados. Pronto y sería ella misma la responsable de tender y desecar a su propio familiar bajo el sol, como había sugerido Ritsu.
Y fue así que llegaron a la entrada de ese sector dedicado a los Kamuro. A simple vista y por las puertas de vidrio, Naoto podía creer que estaba por ingresar a una oficina académica de cualquier universidad común y corriente. Lo único extraño, pero igualmente mundano, era que no había nadie ocupando la posición de recepcionista.
“…” Naoto dio un suspiro. Y ella que esperaba de librarse de ser la única hablando con el otro. “Parece que hemos llegado en un mal momento.”
“Hm, normalmente suele haber alguien cubriendo este puesto, incluso si la usual recepcionista tiene que ir a hacer algo,” Taikei pasó a mirar hacia los pasillos que continuaban en oficinas. “Mi jefe tiene su oficina al fondo, quizás pueda ir a ver si anda por ahí.”
“Por favor deja de importunar a otros sin permiso, Taikei,” dijo, frustrada.
“Oh, él es muy informal, seguro se alegraría de verme,” le aseguró el chico, amenamente.
“Debo decir que tu previa acción no te da credibilidad alguna,” observó.
Entonces, Naoto pasó a notar que había una pequeña mariposa posada sobre el teclado del puesto de recepcionista. Se intrigó. Definitivamente no era algo esperado, ni un comportamiento normal para un insecto como tal. Ella observó a la mariposa en lo que Taikei continuó asomándose hacia otras puertas en el pasillo por señales de vida…
…
“Te he instruido de esperar a ser recibido antes de avanzar, Taikei…” comentó una voz tranquila y ligeramente burlesca, la cual apareció tan repentinamente a sus espaldas que asustó al par de primos.
“¡Eh!” Naoto sintió escalofríos al de la nada poder sentir dicha presencia y se volteó. Era una persona… muy peculiar.
“¡Jefe!” por su parte, luego del susto, Taikei terminó por lanzarse a dicho aparecido para darle un abrazo, el cual el otro lo recibió con tanta paciencia como trivialidad.
Desde sus vestimentas tradicionales hasta sus penetrantes y nulos ojos, dicho desconcertante pelirrojo invocaba la apariencia y presencia de mariposas, en los casos en los cuales dichos insectos resultaban aterradores. Naoto tenía experiencia lidiando con algunos casos policiales y solía tener un buen instinto al categorizar a personas dependiendo de la impresión que le daban.
“Buenos días para ti también, Taikei,” contestó dicho jefe en lo que se soltaba. Su tranquila e inmutada sonrisa se mantuvo. “Entiendo que has venido porque te has portado mal, ¿cierto?”
“¡Eh! Ehm, jefe, ¿cómo ya lo sabe?” preguntó el otro, con leves aprietos.
“…” por el aura y sus calculados gestos, Naoto se sentiría lista de categorizar a aquel líder regulador en Rizembool y un supuesto velador de la inmutabilidad de la guerra como otro criminal más, y su trato a su primo desentonaba completamente con su veredicto. Sin duda, Rizembool era como otro planeta.
“Pienso que es algo que tu pariente tiene que decirme,” dicho esto, el pelirrojo se dirigió a la chica, lo cual la despertó. Él hizo una leve reverencia. “Lamento que sea un mal motivo para nuestro primer encuentro, pero agradezco tu vocación de servicio para reportar las faltas de mi subordinado… Naoto Shirogane-san.”
“Eh, s-sí…” frunció el ceño. Supuso era de esperarse. Si su distraído primo iba enterándose quiénes eran Rebels al apenas hacer una pasantía, seguramente dicho ‘jefe’ tenía gran parte de la información de Rizembool en la palma de su mano. “Disculpe, usted es…”
“Nukemaru, aquel es mi nombre,” dijo sin dar rodeos. “Naoto-san, si me permites llamarte así.”
“No hay problema… ehm, Nukemaru-san, si me permite.”
“Hmhm…” el pelirrojo le miró de reojo con leve entretenimiento. “Síganme a mi oficina.”
“Eh, jefe, pero no hay nadie cuidando el puesto. ¿A dónde se fue la señora que siempre está?”
“Ella está ayudando a coordinar las comidas y bebidas que se ofrecerán para la clausura del evento. Nos informaron que faltaban manos y ella se ofreció,” dijo Nukemaru, quien pasó a mirar a la mariposa sobre el teclado. “Y el puesto sí está cubierto por alguien. ¿No lo ven?”
“…” Naoto miró nuevamente a esa mariposa e intercambió miradas con su primo.
“¿Será que no te lo he explicado aún, Taikei?” Nukemaru extendió su mano y la mariposa se posó sobre esta. Acto seguido, alzó su mano con la mariposa para mirar a los dos parientes a través de las alas del insecto. “Las mariposas son mis extensiones, mis ‘orphans’, por explicarlas de algún modo. Siempre que haya una de mis mariposas presentes donde sea, yo poseo ojos y oídos, por lo cual sabré atender a visitantes en caso sea alguien quien merezca mi atención.”
“Ohh…” Taikei se quedó anonadado. “Eso explica por qué hay tantos capullos en tu oficina.”
“Hmhm, exacto,” Nukemaru regresó a caminar hacia su oficina, con dicha mariposa nuevamente regresando a su previa posición sobre el teclado. Naoto la miró una vez más antes de continuar siguiendo a dicha persona.
Efectivamente, era una oficina amplia con varias macetas, donde había varios capullos, incluso una mariposa recién resurgida que secaba sus alas.
“Tengo una pregunta,” dijo Naoto, antes de que la conversación continuara.
“Adelante,” Nukemaru tomó asiento, aunque apoyó ambos pies sobre una maceta al costado de su escritorio.
“Estos orphans…”
“Fufu…” él no evitó reír. “Ciertamente, mis mariposas poseen un vínculo mágico a mí y me obedecen, pero te aseguro que yo no envío a orphans desenfrenados que puedan atacar a cualquier inocente en el camino. Fuera de ser ligeramente más resistentes y longevas que las mariposas regulares, su fisionomía y características son virtualmente iguales a las de cualquier mariposa. Ellas no posan ningún peligro a nadie, sólo me sirven de testigos.”
“Ya veo…”
“Te aseguro que incluso una persona con mi experiencia y más aún con mi rol en Rizembool no correría el riesgo de dejar que orphans anden sueltos, sin importar el control que deban tener.”
“Entiendo, es un alivio…” le había leído perfectamente sin necesidad de darle oportunidad a formular su pregunta. Naoto recién lo conocía, pero era probable que aquel jefe de los Kamuro la había observado varias veces en el pasado.
“¡Oh! ¡Pregunta!” Taikei terminó alzando un brazo.
“Sí, Taikei, dime.”
“¿Tú puedes controlar a cualquier mariposa? O sea, si fueras a la Amazonía, ¿tendrías un ejército de mariposas de inmediato?”
“Vaya, me preocupas que sugieras que aquellas frágiles y delicadas criaturas que viven en una situación desfavorable por el cambio de temperaturas y la invasión humana fueran a ser empleadas como las guerreras que no son, Taikei. Como te imaginas, le he agarrado un gusto a mis más valiosas aliadas.”
“Eh, no fue mi intención, ¡perdón!”
“Pero para contestarte, no, las mariposas que invoco con mis poderes son aparte y distintas que las que se encuentran en la naturaleza,” contestó. Entonces, una leve sonrisa se dibujó en su rostro. “Sin embargo, quizás una compensación de que mis mariposas sean tan frágiles es que pueden reproducirse con mariposas comunes y corrientes, y sus descendientes nacen siendo mariposas conectadas a mí. Por ello mismo ves que me aseguro de cuidar de sus capullos.”
“Oh, ya veo. ¡Qué interesante!” Taikei se animó y pasó a acercarse para observar a la nueva mariposa de cerca. “¡Esta está lista para ser otra trabajadora más! ¿La puedo acariciar?”
“No, déjala tranquila, por favor,” pidió su superior.
“Eh…” por su parte, Naoto pasó a alarmarse. Si es que sus mariposas mágicas podían esparcir dicha magia en la naturaleza mediante reproducción… “¿Cuántas mariposas tienes a tu poder?”
“Pienso que ya he contestado suficientes preguntas, siendo yo quien debería tenerlas en este momento,” observó Nukemaru, con leve gracia. “Dejemos las preguntas sobre población a una clase de ecuaciones diferenciales.”
“…” Naoto acababa de escuchar lo suficiente para quedarse alarmada.
“Ehh…” incluso Taikei sonrió nervioso al captar la indirecta.
“Continuemos,” Nukemaru miró a Taikei de reojo y espero a que este volviera a tomar asiento frente a él. “Supongo no te lo he dicho con todas sus letras, pero es implícito que, al compartir el edificio con un magnate, allegado y exRebel de Rizembool, cualquier posible falta en contra de él nos podría traer grandes inconvenientes. No necesariamente problemas internos, mas la convivencia en Rizembool es uno de los privilegios que no podemos dar por sentado. Pienso entender que tu desenfrenado espíritu juvenil te llevó a cometer este error, pero de todas formas…” dejó de apoyar sus piernas sobre la maceta para mirarle de frente. “Si tienes algo más que decir sobre tus motivos o justificaciones ahora mismo, entonces ruego que lo hagas para dejar este caso cerrado definitivamente.”
“…” Naoto notó un leve incremento de seriedad de parte del jefe, por más que siguiente mostrándose cordial y paciente.
“Ehh… ¿acaso nos has seguido desde las escaleras?” preguntó Taikei.
“Obviamente tiene mariposas en el edificio, como puedo sospechar,” dijo Naoto.
“Estás casi en lo cierto, Naoto-san,” Nukemaru sonrió de lado, con leve ironía. “Soy testigo de toda la conversación que los llevó a ustedes dos hasta aquí. Sin embargo, mi control sobre las mariposas no ha pasado desapercibido dentro de Rizembool, y como resultado, tengo prohibido mantener mariposas en ciertas áreas de Rizembool. Ello incluye los últimos pisos que son propiedad de Eichi Tenshouin.”
“Ya veo…” Naoto se sorprendió. Nuevamente, tenía sentido. Ella se puso a pensar. “Juro haber visto una mariposa ahí una vez.”
“Fufu, entonces te topaste con una completamente normal. Espero que no pases a ver a mis amigas de manera sospechosa a partir de ahora.”
“Siento que será inevitable…” dio un suspiro.
“¿Y bien?” luego de ese pequeño intercambio, esta vez el rostro de Nukemaru adoptó una leve sombra en su frente que acentuó el vacío en sus ojos. Miró a Taikei desde arriba.
“¡E-eh… ¿y… bien…?!” sabía que estaba en aprietos, pero no entendía lo que decía.
“Taikei…” Naoto negó. “Contéstale si tienes algo más que decirle sobre lo que hiciste, o si piensas justificarte de alguna manera,” realmente su primo tenía un gran déficit de atención.
“Eh, ¡n-no, yo sé que estuve mal! ¡Por favor no te molestes mucho conmigo!”
“Cualquiera diría que tu abnegada pariente buscaría ponerte en más problemas, pero más bien te está salvando el pellejo, niño,” Nukemaru se encogió de hombros, con indiferencia y negando ya con menos intensidad.
“No…” Naoto negó y se dirigió al pelirrojo con decisión. “Vengo también para representar a Eichi y pedir que se tomen las acciones necesarias para impedir que esto vuelva a ocurrir. Siento decir que no puedo confiar en el juicio de mi primo del todo, y también espero que Eichi no tenga más inconvenientes, y a su vez, que ustedes no se vean en aprietos por una riña con él.”
“Hm…” Nukemaru se vio un poco intrigado y apoyó su mentón en ambas manos.
“Temo que esto se quede en apenas un susto que Taikei sea capaz de olvidar de ahí a una hora. Eso no solucionaría este asunto, y considero que es algo que le concierne a usted, Nukemaru-san,” Naoto dio un suspiro. “Eichi comentó que ha oído rumores sobre su organización siendo no del todo confiable, por lo tanto, que usted debe velar por que su apariencia cambie a sus ojos.”
“…entiendo, aprecio tu honestidad, Naoto-san,” Nukemaru sonrió suavemente.
“Eh, Naoto…” Taikei tocaba las puntas de sus índices entre sí. “Te prometo que sí aprendí. Mi jefe no me ha castigado aún y tengo miedo cuando lo haga…”
“Pues deberías, sinceramente…”
…
“¿Sabes? Me agradas, Naoto-san,” Nukemaru sonrió aprobatoriamente. Él se ganó la atención de los dos, en lo que río para sí. “Fufu, si tan sólo todo el mundo fuera como tú, sinceramente, mi rol y el rol de los Kamuro no sería necesario, y todos estaríamos en un mejor estado que en el presente, sin necesidad de que un grupo regulador como el mío tuviera que existir.”
“Los Kamuro…” Naoto alzó una ceja.
“¿Conoces el origen de esa palabra?”
“Me recuerda a los Taira.”
“Oh,” entonces, Nukemaru sonrió con gran dicha y dio un aplauso impulsivamente. “Sí, te has ganado mi aprobación. Me alegra que alguien honore el término de nuestros antepasados. Hoy en día todos conocen al término de Kamuro como las asistentes de las geishas, por más que aquel no sea el verdadero origen.”
“Hmm…” Taikei lo meditó fuertemente. “Verdad que no me lo había cuestionado.”
“Los Kamuro eran agentes secretos del clan Taira durante la era Heian, usualmente conformados por niños y jóvenes, tal y como podemos leer en la historia de los Genji,” explicó Nukemaru. “Se les podría comparar, además de sirvientes leales, a policías secretos.”
“Es una apropiada denominación, considerando que estamos en Rizembool,” continuó la peliazul. “Presumo que muchos miembros activos son igualmente jóvenes.”
“No necesariamente. La mayoría de los que trabajan para mí no son muy distintos a policías y gente ya graduada de Rizembool, pero usualmente son los jóvenes los que son permitidos de tener poderes Rebels, y por lo tanto, aquellos a cargo de las misiones especiales más complejas y necesarias para llevar a cabo nuestro rol,” nuevamente miró de reojo a Taikei. “Eso es algo que te esperará tarde o temprano.”
“Sí, supongo que sí. Yorimitsu-sama me dijo al respecto,” este asintió como niño cumplido.
“Bien…” Nukemaru ladeó su cabeza. “Incluso yo me veo más cercano a un joven que un adulto, ya que, digamos, yo no envejezco.”
“Usted no envejece, dice…” observó la peliazul, con cierto escepticismo. No tenía motivos de dudar de sus palabras hasta el momento, por más inaudito que sonara.
“Exacto.”
“…” la chica no dejaba de preguntarse por qué alguien tan supuestamente responsable de información confidencial y el buen comportamiento dentro de Rizembool se encontraría hablando tan abiertamente con ella. “…si la gente se portara bien para empezar, no habría una guerra entre Rizembool y Hanasaki que fuera a requerir control de daños.”
“Fufu, seguramente que no, pero si asumimos que la guerra de todos modos fuera a manufacturarse dentro de una sociedad que muy caprichosamente ha decidido que le gustaría tenerla…”
“…”
“Si todos jugaran bajo las reglas y se portaran bien en medio de los Rebels batallando contra sus HiMEs, yo no tendría que preocuparme de nada más y los Kamuro seríamos completamente equivalentes a los policías cómplices que nos ayudan a mantener el secreto del resto del mundo,” explicó Nukemaru.
“En muchos casos somos iguales a ellos, ¿no? Muchos de nuestro grupo andan ahorita dirigiendo a los visitantes de las olimpiadas y asistiendo a quienes lo necesiten,” dijo Taikei.
“Es cierto, con frecuencia nos comunicamos con dichos policías para ayudarles a saber dónde y cuándo deben aparecer para el encubrimiento. Mis mariposas son las heroínas una y otra vez,” luego de mencionarlo con trivialidad (aunque quizás un cierto dejo de orgullo dirigido a sus mascotas), Nukemaru adoptó decisión en sus ojos, manteniendo su perenne sonrisa tranquila. “Naoto-san, ¿entiendes la naturaleza de Rizembool? Si fueras a comparar a Rizembool con Hanasaki, a los Rebels con las HiMEs, a los ambientes y las formas de ser de ambos bandos, ¿cómo describirías a Rizembool?”
“Hm…” ella se cruzó de brazos y bajó su mirada. “Rizembool… son más logísticos.”
“…ya veo…” ante esa respuesta, Nukemaru abrió sus ojos ligeramente más de lo normal. Se vio en blanco un instante.
“Eh,” Taikei ladeó su cabeza. Nunca había visto a su jefe tan abiertamente confundido.
“Hmhm…” y luego de ahogar una risita, Nukemaru sonrió con gracia. “Logísticos, has dicho. Pues, debo darte toda la razón. Rizembool cuida y cultiva a su cultura bélica mucho más de lo que Hanasaki ha intentado hacer en todos estos años. Siento mi reacción. Supongo no esperaba una respuesta así de alguien como tú.”
“‘Alguien como yo…’” Naoto le miró escéptica.
“Esperaba algo más en las líneas de ‘caótico’ o ‘desenfrenado’, si pensamos en Rebels como los usuales atacantes con muy pocas preocupaciones,” dijo, encogiéndose de hombros. “Entonces, intentemos otra pregunta.”
“…claro…” ya no entendía qué se encontraba haciendo ahí, sin embargo, su propia curiosidad sobre ese grupo de personas era lo que la mantenía presente.
“Naoto-san, ¿considerarías que la característica primordial de Rizembool que lo lleva a crecer y volverse más poderoso yace dentro de este caos?” preguntó, con una sonrisa perspicaz.
“Por el hecho que ellos son quienes usualmente inician los conflictos, uno podría sentirse tentado a contestar que sí. Sin embargo…” Naoto lo pensó con una mano en su mentón, desviando su mirada. “Que dicho caos esté presente en Rizembool no quiere decir que se le deba lo poderosos que son dentro de la guerra. No sería sabio concluirlo.”
“Sí… realmente me agradas, Naoto…” ensanchó un poco su sonrisa.
“Ehh…” por su parte, Taikei empezó a sentirse un poco nervioso. Nunca había visto a su jefe hablar tanto, ni con él mismo. ¿Estaba ocurriendo algo que no podía captar?
“Hm…” la peliazul se extrañó un poco.
“Oh, he obviado mis modales, mis disculpas, Naoto-san,” dijo con torpeza y gracia a la vez. “Quisiera que la mitad de mis subordinados tuvieran algo de tu masa gris.”
Nukemaru se levantó y caminó hacia una ventana de su ambiente. Él pasó a observar el mundo debajo de su planta un instante.
“Rizembool es, sin lugar a duda, un ambiente donde la anarquía parece reinar. Jóvenes se convierten en Rebels y ganan el permiso prohibido de matar a alguien sin represalias. Si se portan mal o causan estragos, nos tienen a grupos como el mío limpiando sus desarreglos. Los científicos juegan con la creación divina y en muchos casos ‘pretenden’ ser la propia divinidad, en diversos sentidos de dicha palabra. Magnates afiliados a nosotros que buscan ganancias y poderío dentro de este grupo élite alimentan el descontrol humano para generar más del mismo, en una manera que promete ser fructífera para ellos. A simple vista, nosotros en Rizembool somos una masa amorfa, una sopa primordial que busca expandir más sin sentido ni medida.”
“…” Naoto se mantuvo inmutada.
“Pero eso es mentira,” Nukemaru le miró fijamente, con unos ojos penetrantes que podrían punzar el alma a cualquiera.
“¡…!” Taikei sintió escalofríos.
“Si la anarquía reinara en su totalidad, los Rebels serían propensos de destruir al propio Rizembool, pelear contra sus semejantes por riñas juveniles, hasta robar sus poderes para usarlos en desmedida en el mundo de afuera. Los científicos causarían grandes costos injustificables, podrían desencadenarse en pleitos o buscar hacerse de más poder del que les corresponde dentro de nuestro ecosistema. Hasta los magnates intentarían abusar de un poder que se sale de sus límites monetarios preestablecidos. Siendo sinceros, si ignoramos la distracción que es Hanasaki, Rizembool ha crecido tanto que ha llegado al punto de ser su principal enemigo, y puede manifestarse como un experimento trunco que terminará por llevarse a sí mismo a la ruina.”
“…”
“Es por eso que… existen las reglas,” dijo tranquilamente. “Naoto-san, si asumimos que las reglas de la guerra han sido formuladas a manera de permitir que el conflicto no se desencadene de manera destructiva, entonces Rizembool y Hanasaki continuarán existiendo indefinidamente, y ellos continuarán manteniendo este campo de batalla por el tiempo que así lo juzguen. Sin embargo, como es de esperarse de los humanos, no todos son como tú que siguen las guerras y los modales de nuestro entorno. En el momento en que el caos intenta apropiarse de más de lo debido, los Kamuro tenemos que ir detrás de ese desarreglo y ponerlo de nuevo en línea. Nosotros velamos por que los Rebels se comporten dentro de la norma, nos aseguramos de interceder si en algún momento hay tensiones o injusticias entre departamentos, y debemos con frecuencia monitorear los trabajos y proyectos para asegurarnos que no lleven a desencadenantes futuros que puedan ser difíciles de reparar.”
“…” Taikei miró con curiosidad a la nueva mariposa finalmente volar atolondradamente hasta que se posó en el hombro de Nukemaru.
“Es ahí que mi grupo se diferencia de los policías, incluso si con frecuencia cooperamos, por el bien de la gente común, y el bien de nuestras respectivas instituciones,” concluyó el pelirrojo, entretenido. Se encogió de hombros con un dejo de frustración. “Si es que esta guerra es de existir, alguien tiene que asegurarse que no se salga de control, ¿no es verdad?”
“Pero hubo un descontrol en el pasado. Rizembool atacó la ciudad, todavía lo recuerdo,” observó Naoto.
“Por supuesto, yo fui testigo de eso.”
“¿Acaso eso es parte de tu control?”
“No, Naoto-san,” para variar, Nukemaru dejó de sonreír, pese a no perder su calma. “Yo estuve en contra de esa acción, y volvería a estarlo de suceder nuevamente.”
“Entonces…”
“Yo soy igualmente limitado por las reglas. No soy el líder de Rizembool, mi rol es únicamente mantenerlo todo bajo su lugar, sin poder meterme en las decisiones que van por encima de mí. Es… una lástima, a mi parecer, un parecer que seguramente no comparto con todos aquí.”
“Tsk…”
“Pero quizás lo que me permite tener las intenciones de moderar esta desenfrenada guerra es precisamente mi impotencia, Naoto-san,” recalcó, volviendo a sonreír. “De poseer más poder del que tengo en el presente, temería convertirme en un faltante más, si es que nadie es capaz de corregirme. Puede que sea un recordatorio que me es muy necesario.”
“…entiendo…” Naoto terminó por ponerse de pie, tranquilamente.
“Eh, Naoto…” Taikei le miró, algo preocupado.
“Antes que te vayas, me aseguraré de seguir tu consejo y cerciorarme que nadie de mi departamento le cause inconvenientes al heredero de los Tenshouin. No puedo dejar que la reputación de mi grupo se vea lastimada.”
“Me alegra oírlo,” dio un suspiro.
“Y agradezco tu presencia, he disfrutado nuestra conversación,” comentó Nukemaru. Él sonrió con leve ironía. “Por más que considere extraño que alguien como tú sea estudiante de Rizembool y no de Hanasaki.”
“…” Naoto frunció el ceño.
“¿Eh? ¿Y eso… por qué…?” preguntó el otro.
“Luego de oír que un grupo de HiMEs causó estragos en un puerto y que fueron los Rebels quienes detuvieron los daños, ciertamente no estaría mejor en un lugar o en otro,” observó la peliazul, con desaprobación.
“Pero eres inteligente, seguramente ya lo sabías aún sin esas noticias, por más sorprendentes que estas hayan sido,” agregó el jefe, con leve entretenimiento.
“…” sin duda esa persona estaba demasiado acostumbrada a los desastres de la guerra.
“Y hasta pensar que los propios policías a cargo de la vigilia están bajo sospecha de lo sucedido, eso es algo más que a mí me toca investigar.”
“¿Perdón?” Naoto se sorprendió.
“Serían los menos sospechosos en dicho escenario, ¿no es así? Supongo me puedo alegrar que haya más de un departamento de control que vigila la guerra, así nos podemos monitorear mutuamente, pero… no, lamento siquiera mencionarlo, no te corresponde, Naoto-san.”
“…”
“Naoto…” Taikei podía ver que su prima andaba un tanto mortificada.
“Taikei, ya que estás aquí,” Nukemaru se le dirigió. “Me toca dar unas vueltas a supervisar a mis subordinados. ¿Qué tal si me acompañas? Así los conoces mejor.”
“Eh, pero yo…”
“Insisto, no has completado tus horas de trabajo de esta semana, así podrías terminar lo que te tocaba mañana.”
“Ehh…”
“No te preocupes por mí, Taikei, pensaba irme a casa,” entonces, Naoto volvió a encarar a Nukemaru. Sí, podía considerarlo también como un ‘criminal’ de dicha guerra, lo cual era de esperarse. Sabía que su control, por vivir precisamente en un lugar tan caótico, no debía tampoco seguir sus propias reglas con frecuencia. “Igualmente, ha sido una conversación interesante.”
“Espero que nos volvamos a ver en directo, ve con cuidado…”
…
Mokou había pensado en que regresarían sin retrasos a su apartamento en Rizembool. Sin embargo, luego de las insistencias que recibió, ella optó por esperarle. ¿Qué podía decir? Su amigo se comportaba como un alegre e inquieto niño con frecuencia… por más que no lo fuera.
Entonces, ella fue abrazada desde atrás. Aquella acción que usualmente le haría dar una vuelta mortal a quien se osara por sorprenderla así le resultó indistinta, por saber precisamente de quién se trataba.
“¡Ya volví! ¡Mira, mira!” exclamó ese joven peliblanco, quien saltó para soltarla y así extender sus brazos y piernas. Ese chico vestía con el uniforme de la secundaria de Hanasaki. “Dime, ¿crees que me queda bien?”
“Heh, totalmente, se nota que encajarás en ese lugar,” dijo amenamente, y acarició el chico en la cabeza. “Por lo buenito que te ves.”
“Hm, pero ‘buenito’ no suena a un cumplido, Mokou-san,” el otro le miró con unos ojos casi suplicantes.
“Haha, aunque lo es, especialmente si vas a comenzar como un estudiante de Hanasaki justo después de las olimpiadas,” agregó la peliblanca.
“Me apena que no podamos estudiar en el mismo instituto, no vamos a poder vernos tan seguido como siempre,” observó, un poco desanimado.
“Lo dices como si no fuéramos a encontrarnos después de clases,” la chica resopló. Ella miró al cielo un momento.
“Oh…” el otro se intrigó por su repentina quietud y le imitó.
“…” tantas cosas habían pasado. Quizás muy pocos podían ser capaces de entender lo que la larga existencia de Mokou traía, y menos podrían entender la realidad de su simple y bondadoso amigo. De todos modos, incluso si no esperaba dicha comprensión, era esa innata inocencia de Hanasaki lo cual seguramente le haría mucho bien una vez él se acoplara a ese punto, como una persona normal. Luego de su contemplación, sonrió rendida. “Tú necesitas este cambio en tu vida, te aseguro que pronto no dejarás de anhelar despertarte en las mañanas y correr de regreso a clases, ya que ese es tu temperamento.”
“Eh…”
“Confía en mí, Genkuro,” le sonrió ampliamente.
“…” el chico terminó por asentir, meditabundo. “Entonces…” él lo pensó y sonrió agradecido. “Te deseo lo mismo, Mokou-san. Espero que disfrutes un montón de la universidad aquí.”
“Ugh, no hablaba sobre mí, esa nunca seré yo,” rodó los ojos. “Yo quiero que la mitad del mundo se muera.”
“¡Eh! No digas eso, por favor,” el otro se alarmó.
“No es en serio, pero dan ganas con frecuencia,” diría ‘tú entiendes’, pero no, un idealista como él ni lo diría de broma. Terminó por sonreírle indistinta. “Ahora regresemos antes de que ensucies tu nuevo uniforme. Tienes que cambiarte si esperas que te consiga algo de comer.”
“¡Sí!” se puso a caminar junto a la otra, a paso apurado, y con una amplia sonrisa. “Siento hacerte esperar, es que ya quería hacerme una idea de cómo caminaré con este traje.”
“Haha, ¿qué cosas dices? Ni que fuera la primera vez que caminas.”
Por otro lado, Nukemaru caminaba acompañado de Taikei, apenas saliendo del edificio. El usualmente alegre peligris se notaba curiosamente mortificado.
“Jefe, ¿por qué le dijiste todo eso a Naoto al final?” preguntó angustiado.
“¿Hm? ¿Y por qué no? Sólo estábamos teniendo una conversación,” dijo el pelirrojo, caminando con una sonrisa que parecía dichosa por el simple hecho de admirar el presente día.
“Es que no sabes lo obsesiva que es, te apuesto a que con ese pequeño detalle de los policías del puerto la tendrás investigando por su cuenta y quizás hasta interrogando a la gente, ¡y no quiero que se meta en problemas!”
“Fufu, realmente es un ejemplo de estudiante y persona, lo dije con completa honestidad.”
“¿…acaso ya me estás castigando por portarme mal?” se lamentó, cabizbajo. “Por favor no le des problemas por mi culpa.”
“Tranquilo. Ella es una adulta, ¿no es así? Deja que tome sus propias decisiones.”
“Pero jefe… ¿o es que acaso quieres que ella investigue por ti en lo que tú la espías con mariposas?”
“No pensé que tuvieras tan mala opinión sobre mí, Taikei, para creer que haría a alguien investigar por mí indirectamente y sin remuneración,” Nukemaru se puso a pensar. “Y yo que pensé que me tenías respeto.”
“Eh, n-no es que no se lo tenga, ¡sólo temo por mi prima!”
“Fufu, ‘no temas por ella’, te diría, por lo sensata que claramente es, aunque…”
Entonces, Nukemaru se detuvo y se vio sorprendido cuando sus ojos se cruzaron con los de Mokou. Al reconocerla, el pelirrojo terminó por genuina y alegremente sonreírle en lo que alzó una palma para saludarle.
“!!!” y por su parte, el rostro de Mokou se puso azul como quien sufrió de un susto que hizo que su estómago se volcara. “Tsk…”
Lo conocía demasiado bien, y sabía sobre su responsabilidad en Rizembool en el presente, como un miembro de su propia alma mater y alguien quien vendría a estar ‘de su lado’…
No, ese diablo no estaba del lado de nadie.
“Mokou-san, ¿te sientes bien?” preguntó Genkuro a su costado, atentamente.
“Tch, ¡n-no es nada, Genkuro! ¡Vámonos ya!” exclamó y lo condujo para alejarse del pelirrojo como una madre que apartaba a su hijo de una chusma.
…
“Ehm… esa chica, ¿quién es…?” preguntó Taikei, cada vez más perdido e inquieto.
“Oh, es una conocida. Y me alegra ver que se acuerda de mí,” contestó gustosamente, como si dicho encuentro le hubiera iluminado el día.
“Ehh…”
“Y sobre tu prima… Taikei, con el tiempo vas a entender mi manera de hacer las cosas. Sólo déjame decirte…” sonrió con perspicacia. “Que yo nunca digo nada innecesario. Lo que fuera a ocurrir o no ocurrir por nuestra plática… quizás es porque tiene que suceder, ¿no te parece?”
“Hm…” lo pensó duramente.
“Ah, veo al primer par que buscábamos. Por aquí,” caminó en esa dirección.
“¡Ahh, jefe, por favor dígame más que no entiendo!” le suplicó en lo que le daba el alcance.
Las actividades continuaron, ya más cerca a que los eventos del último día de las olimpiadas dieran paso a la clausura.
...