Author Topic: Act 1: Overture  (Read 12929 times)


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #75: September 30, 2018, 07:29:24 PM »

Nos conocen vulgarmente como las cortesanas de la zona roja, mujeres que venían a Eastwood con aires de fama y terminaban sucumbiendo ante la pobreza y el fácil dinero de la noche. El lugar se erigió en la zona roja pero estamos alejadas de las llamadas prostitutas. En vez de vender nuestros cuerpos usamos nuestras habilidades para entretener; desde bailes, arte, adivinaciones falsas, cantos hasta conversaciones con cierto grado de sapiencia.

¡Hacemos arte!  Tenemos que estar al día en diferentes ramas de la cultura, pulimos un talento e incluso el término «geisha» quedaría a medio camino de nosotras. La casa de las Cortesanas «Yoi» es un lugar concurrido para borrar el estrés de aquellos/as famosos/as que viven una vida absorta en el día a día. ¡Es como un servicio a la comunidad!  Aquí escuchamos sus problemas y los ayudamos, si así lo desean, o distraemos a nuestros amados clientes.

Kiyogiku es la dueña, la onee sama de la casa y la atracción principal para beber una o dos botellas de sake costoso. Ella sola trajo la idea de una casa de estilo oriental clásico donde las chicas visten con yukatas y kimonos formales para el usuarios y, si lo requieren, otros trajes. Cada chica decide si aceptar  o no, cada trabajadora tiene libre albedrio aquí.

Actualmente tenemos ocho trabajadoras:

» Madam Harbin: de silueta pronunciada con unas curvas de infarto, el rasgo más llamativo del que es poseedora son sus grandes ojos carmín que hacen  juego con el largo y pulcro cabello rojizo. Una de las mejores trabajadoras de la casa y con grandes habilidades en diferentes áreas. Requerida constantemente por los “””nobles””” actuales. Es buena bebedora, tan buena que el cliente gastará el doble y ella apenas tocará el alcohol. No tiene una destreza preferencial, se dice que sus charlas pueden ir de un extremo al otro sin perder el hilo conductor.

» Jessica: mujer exuberante, alegre e inteligente; gran inventora por excelencia y de belleza extraordinaria. Las hebras de ella caen con elegancia hasta pasar la cintura y detenerse en un corte recto y tradicional. Se centra en hablar sobre inventos y la mecánica en general, aunque no se cierra en escuchar a los clientes con una gran sonrisa.

» Tamamo: la nueva, la maiko de todas las onee san’s de aquí. Es sabedora de historia griega, de la medianidad, la iglesia y el paganismo. Le encanta conversar con graduados/as mayores que la puedan ilustrar sobre la vida en esas épocas y es pésima bebedora. El cuerpo de ella no llega a ser tan llamativo como el de las otras pero la alegría que expresa ante los demás es contagiosa.

Las ocho son entrenadas en el uso del maquillaje y el baile, la seducción con sus palabras es algo esencial así que se les enseña a modular la voz. Por lo general son chicas de entre veinte a treinta y cinco; es inusual que acepten chicas de menos edad y menos ilegales ─vamos que entre una multa con altísimos honorarios no es viable en este negocio. Compiten contra Ley, un famoso boliche de la zona. Los horarios son a partir de las nueve hasta las doce de la noche ─haciendo usanza de la vieja ley nippona que prohibía los locales de baile después del “toque de queda”.

La historia de Yoi es tan rica como la de las chicas que contratan, la casa inició como una de té y cuando la depresión llegó se convirtió en lo que es hoy. Hombre y mujeres concurrían con la esperanza de sacar de dentro todo aquello que debían callar. Como le era imposible a Kiyogiku traer los modos y tradiciones japonesas a la ciudad, decidió hacer cambios fundamentales en la actividad, usando como base a las geishas.
« Last Edit: December 02, 2018, 03:47:09 PM by Miyu »




Othinus

Re: Act 1: Overture
« Reply #76: September 30, 2018, 07:33:29 PM »
( 2 ; a )

“Una estudiante que desertó vistiendo pijama, antes de que llegaran las vacaciones de verano dejó la escuela”.

Tarareaba Erio con entusiasmo mientras corta una gran tela color amarillo, queria hacer una paleta de colores neutros para tener de referencia. El chico que fuera a vestir sus creaciones debía de entrar en perfecta armonía con el color favorito de la diseñadora (el amarillo).

“Incluso si la sociedad me llama alienígena, en la sala de espera del universo tal vez nos veamos de nuevo”.


Prosiguió con la tarea propuesta y al ritmo pegadizo de una melodía…  ¡zas!  Corte, corte. La idea de prepararse para la U con patrones e idear a sus modelos predilectos la vuelve loca.

“Erio” la llamo su abuelita desde el comedor y ella con un ‘ya voy’ corrió al encuentro. “¿Podrías ir a comprar algunas cosas en la tienda?” Rechazar el pedido era un no rotundo por lo que asintió y salió de la casa.

Una aspirante a hikkimori como ella aprovecharía la ocasión para visitar la meca otaku de Eastwood y comprar el sustento de sus hobbies.

###

Como ratita se adentró por los pliegues de las calles y entró a la primera tienda discreta del lugar.

“¿Dónde está la sección de doujines yaoi?” preguntó con la respiración apresurada, había corrido para que nadie la viera. Ser descubierta como otaku en el primer día de facultad podría ser un problema.

El chico de la tienda la miró con un rostro sombrío y le marcó una estantería bien al fondo, muy atrás, donde las sombras la ocultaran de la parte de adelante.

“¡Gracias!” dijo sin más y fue por su sangre de alma, vicio principal y amor al arte. Lo último porque así suena menos pervertida. ¿¿¿???

Miro al chico desde el lugar aquel y él sintió la mirada aguda sobre la espalda… ¿sería asesinado?, se preguntó y negó con la cabeza. Las chicas siempre iguales, por ser japonés queriendo ligar con él.

Erio se fijó en la estatura ¿182 cm? Uh, la boca se hizo agua. Apariencia perfecta, mirada profunda y un aura misteriosa. ¡El perfecto modelo que tanto quería! Bueno, lo encontró rapidísimo y eso le extraño. Si esto era una señal de algún dios, lo rechazaría. 

”¡Ah, olvide las cosas!” exclamó y tomó el último trabajo de Momose sensei y algunos de un nuevo grupo al azar, abastecerse fue lo prioritario.

“¿Llevas eso?” le preguntó y ella asintió, los ojos inquisidores de Erio fueron hasta el distintivo de la solapa del uniforme. “Gracias por su compra” le sonrió una vez pagado el producto.

Ella quiso esconderse una vez supo el nombre de ‘Komiyama Yoh’, culpable por haber descubierto aquello pero no iba a dejar que el perfecto modelo de sus sueños se escapara. ¡No! Y corrió con las mejillas sonrojada, como adolescente, a una tienda orgánica a unas cuadras más abajo.

###

Yoh cansado de la actitud de niñas molestas sonreía como príncipe demoníaco, la idea de que alrededor de él pulularan niñas con sueños de casarse con un japonés lo asquea más que nada. Es más, nunca se interesaron en la persona tras el asiático, sólo que su nacionalidad duerma la del sol naciente. Por suerte el auge de los coreanos lo alivió un poco.

Ese día fueron a la tienda varias personas totalmente olvidables pero en la tarde, una chica extraña se ocultó detrás de la cartelera de anuncios ¡sólo para entrar allí! ¿Acaso lo espiaba? ¿¡Desde cuándo!?

“¿Dónde está la sección de doujines yaoi?”

Ay mujer, la voz entrecortada y a trompicones la dejó expuesto como un viejo verde. Rogó porque se fuera pronto y librarse de otro bicho raro. Cada vez que tomaba el turno de la tarde esto pasaba.

Luego de un rato ella se marchó y pensó que finalmente la paz regresaría al local pero se equivocó ¡monumentalmente! La otaku olvidó uno de los libros y corrió a perseguir al cliente.

“¿Me estás dando amor? ¿Debería hacerte enojar? Entre todos los que me evitaban tú estabas mirándome sorprendido” la escuchó murmurar en una intersección y la tomó del hombro para atraer la mirada de la chica.

Unas pupilas de azul claro lo miraron con asombro y el sedoso cabello turquesa resplandecía bajo los destellos del sol. Si este fuera un manga, él se quedaría prendado por ella, ¿acaso el caprichoso destino los juntó? Nah, eso jamás existiría. 

“¡Ah, el perfecto modelo!” dijo ella sin pensar y llegó a los oídos de Yoh. Hombre, que chica tan problemática.
“Olvidaste esto” le tendió el libro con una portada de hombres besándose y ella giró la cabeza y corrió hasta perderse en la lejanía.

Yoh suspiró y presintió que una arruga saldría en la frente.

“¡Hey, brodah!” le saludo un pelirrojo a la distancia, alzando un brazo y con la otra sosteniendo un pucho. “¿Qué haces con una revista porno gay?” y entendió por qué la mujer huyó de él desesperada, casi al punto de parecer una maniática.

Otra arruga se apoderaría de la frente del asiático.


Othinus

Re: Act 1: Overture
« Reply #77: October 31, 2018, 09:57:50 PM »
Cortito y compartido con la Mishu (Miyu), lo de ella esta en color raro  :'(

(2 ; b)

Azotó cuanta puerta osara presentarse frente a ella, nada ni nadie la frenaria en la dramática huida lejos de el tal Komiyama Yoh, dejó la bolsa del supermercado sobre la mesa para ayudar a la abuelita y paso a cerrar la puerta del armario puesto como cuartel general en el cuarto que los parientes prepararon especialmente para ella, hasta que un ruido molesto la atacó, este proveniente del estómago.

Hambre.

Salió a hurtadillas por el balcón del departamento, la pena y vergüenza, la deshonra porque alguien descubriera su hobby del yaoi le impide sacar algo del refri y fue directo hacia las escaleras de incendio, descendiendo con prisa. ¡Una tienda, una tienda!  ¡PUDIIIIIIN, HELADO,  GALLETAS E INCLUSO SECAS VAINILLAS!, coff, coff… compraría algunas cosas y volvería para leer sobre alienígenas.

Escucho ruidos desde abajo del último escalón y de bruces dio con dos pequeñitos de entre cuatro y cinco años correteando de allí para aquí, absortos en el mundo de juegos y risas, sin preocupaciones.

“Nombres” los señalo Erio, los sentía como cómplices de maldades.
—Okuni —dijo la niña, algo sorprendida por ser descubierta en el escondite favorito junto a su hermano gemelo—. Soy la mayor.
—Baren —respondió después que la hermana, dejando a vista quien mandaba entre ambos: Okuni. Aunque ella se ocultó tras él, al percibir como la figura de una extraña persona se les acercaba.

Los dos chicos lucían idénticos, como si uno fuera la parte del sexo opuesto del otro; la diferencia crucial era el parche reposando sobre la cuenca derecha del que respondía al nombre de Baren.

—Somos los Hozumi del segundo B (2 B) —le comentaron al unísono—. ¿Usted, señorita?
—Inuyashiki Erio —los observó con intensidad y sin pestañear.

La jovencita les pareció hermosa, con pupilas tan azules que casi no diferenciaban entre el cielo y el mirar de ella; cabello turquesa les pareció con un brillo tan único que titilaba como los adornos de navidad. Ambos se quedaron absortos en las facciones de Erio.

—Hermano, hermano —lo sujetó de la manga de la yukata y ambos se pusieron en cuclillas, muy cerca del suelo hecho de arenilla y se sujetaron por los hombros. Reunión secreta de los Hozumi—. Tiene las mejillas regordetas, es una l-o-l-i —deletreo lo último como si fuera lo más importante del mundo.

“¡Taimu!” abrió la boquilla en un mal ingles e imitó la pose de los niños y con mirada asesina y memoria para vengarse más tarde los miro fría. “¿QUIÉN TIENE LAS MEJILLAS GORDAS?” les gritó para propinarles un coscorrón a cada uno y sin mezquinas fuerza.
“¡Ittaaa! Eso dolió” hablaron al mismo tiempo a la vez que con las manos tapan la supuesta herida.
“Eso pasa cuando le dicen a una SEÑORITA DE DIECINUEVE AÑOS GORDA Y PENDEJA” sonrió dulcemente hasta las tripas rugio y lo niños comenzaron a reír hasta tirarse al suelo de golpe.
“¡YAAAA!” los pateo con furia y suavidad, con la cara de rojo intenso. Servicios infantiles esto no es lo que parece... ¡NO! [?]
“¿Quieres comer algo, onee san?” mencionó el enano.
“Nuestro piso está antes que el de onee san” sonrió Okuni consintiendo la invitación.

Con bastante pena, Erio caminó tomada de cada lado por uno de los gemelos. Le extrañaba que los chicos enfundaran ropas tan clásicas siendo esta una ciudad luminosa y llena de glamur pero suspiro guiada por el hambre y los chicos diabólicos con sonrisas endemoniadamente adorables la tenían de rehén.
 
El departamento de los Hozumi se mostraba desierto, algo raro para niños en esa edad pero cada familia era un mundo y los pequeñines parecían en buen estado como para intervenir. 


“¡Sabemos cocinar!” la guiaron por la cocina y Baren corrio directo al microondas para encender y presiono botones y así dejar la comida diez minutos.
“Aquí viene el aperitivo” paso apuradisima la hermanita mayor con una charola de comida que fue dentro del aparato.

Erio los aplaudió impresionada de como reparten las tareas para hacer todo a la velocidad de la luz. Pero diez minutos… moriría de inanición  de hambre, ya que sabia ella. ¡Comida, comida, comida! Todo lo que piensa es en eso.

“¿Tienen pan?” quizás logre sobrevivir si un milagro sucedia “¿pudín, mermelada? ¡ALGO QUE ESTÉ YAAA!” gritó y los pendejitos la callaron de inmediato sin piedad.
“Mamá duerme” dijo el hombrecito en miniatura con el dedito señalador sobre la boca.
“Entra a trabajar dentro de nada” con el mismo gesto terminó la frase la mayorcita.

―¡Ahh~! ―un gigantesco bostezo se hizo presente en el solitario y casi oscuro departamento y la voz de una femenina adormecida comenzó a llenar el lugar, todo parecía revivir a su paso, incluso la mirada de los niños se tornó en redondos ojos que brillaban como perlas―. ¿Volvieron Oku chan y Ren kun? ―los saludó, saliendo del cuarto.

La mujer peinaba sus hebras rosadas con un cepillo, tratando de ahorrar tiempo en la ducha y una mascarilla de aguacate bien distribuida la hacía parecer una ama de casas en sus cuarenta y tantos largos años. Aún llevaba puesto el pijama y Erio se cuestionó el tipo de situación en que vivían, quizás era madre soltera,

―¡Bienvenida! ―aún dormida la saludó cortésmente―. Si quieres algo dulce en la lacena, lejos de los monstruitos, están las chucherías engordadoras de traseros.


“¡También los temibles michelines!”  gustosa de conocer a otra japonesa como ancla a la cultura sonrió sin fijar los ojos en la mascarilla verde. “Erio Inuyashiki, es un verdadero placer”.
“Oh, Mademoiselle, el placer es todo mio” tranquila acarició despeinando a cada hijo. “Tengo marido” adivino el pensamiento de Erio casi al instante y ella sorprendida bajo la cara avergonzada.
“¡LO ZIENTOOOOH!” orz “una mujer tan linda como usted soltera…” con cabeza en el tapiz la reverenció como disculpas repetidas veces.
“Oh, oh, oh” rio cómoda “está bien, mi esposo está en un estado deplorable actualmente y hable de más” el silencio gélido pasó entre los cuatro “Hozumi Tamamo, puedes decirme Tama chan”


El próximo ruido en cortar el ambiente tan cargado fue el sonido de alarma del microondas, la comida ya dejaba olerse agradable y el estómago de Erio correspondió al aroma de la comida de los tallarines chinos.

―Bueno, disfruten. Debo prepararme para mi trabajo y buscar al inútil de mi esposo, gracias por cuidar de mis niños ―le dedicó una gran sonrisa y fue directo al baño para cambiarse a ropas más apropiadas.



Othinus

Re: Act 1: Overture
« Reply #78: November 30, 2018, 11:49:19 AM »
Dejo esto asi bien pobre porque me voy  :-[


(3 ; a)

Intento olvidar a la extraña chica y a que Badou lo vio agitando un doujinshi en la vía pública del género que comprometía su hombría y que jamás repetiría el nombre de esa demografía, ni en mil años. De suerte que la chimenea andante se fue a hacer algunos recados y a visitar a otros amigos.
Yoh dejo que toda la humanidad escapara por la boca, estúpido que es por aceptar un trabajo en una tienda para bichos raros… que si no entran para fastidiarlo, lo hacen para comprar revistar porno de dibujitos.  ¡MIERDA! Gritó para dentro, que las maldiciones se sumergieran en el alma negra de el.

Por la vitrina miro alrededor del local, el lugar desierto y plano, sin personas cerca, le dejo claro que hoy no vendería más de lo que ya había hecho en toda la jornada y mensajeo a la jefa para ver si le permitía irse antes de tiempo. Un no llego como respuesta y suspiró.

“Aaamh” pronto divisó la silueta de una chica con uniforme escolar, con los labios fruncidos carraspeo para llamar la atención del empleado, en este caso  Komiyama Yoh, quien devolvió la mirada con un rostro de perro de pelea.
“¿Sí?” si quería unas palabras de bienvenida, no, estaba muy lejos de Japón.
“¿Dónde están los nuevos mangas?” dijo con la cara totalmente enrojecida, de oreja a oreja, y Yoh le señaló una estantería de las primeras.

Yoh comenzó a meditar sobre el motivo que le trajo hasta Eastwood y la imagen de su hermana le vino a la mente, ella dijo que el primer paso era aquí y luego un paso largo hasta Hollywood.  Suspiró por tercera vez.

“Me publicaron… ¡ME PUBLICARON!” comenzó a gritar la chica con una sonrisa gigantezca, la quiso hacer callar pero como cliente no hay, la dejo ser. “Aaaaah” eufórica tomo la revista de la shonen jump y fue directo hasta la caja registradora, donde dejó el dinero y salio disparada como si el aire se contaminara con la alegría de ella y la cara de pocos amigos.
Yoh ojeo una revista de la misma línea que ella y revisó los nuevos mangas que se serializaban ese mes, entre ellos una tal Mary se asomó a la cabeza, la chica ganó un concurso en que el primer premio era ese, ser publicada.

“YOOOH” desde fuera el olor a cigarro ya se sentía, alzo la mirada de la revista y se fijó en el sujeto que lo llamo.

Cuarto suspiro.
“La chica de recién si que era un corre caminos” sonrio y largo humo de entre los dientes.
“Y tan ruidosa y desagradable como tú” bajo la vista a la revista con curiosidad por el tipo de historia que planeo la tal Mary.
“QUE OFENSA MÁS GRANDE” gritó divertido, los dos se conocen desde hace tanto que las bromas de ese estilo ya eran como una costumbre, algo de machos, dirian sus amigos. “Si fuera mayor y con relleno donde debe, quizás la cortejaria”.
“¿Cortejar? Ven con otro chiste” si la apariencia poco masculina de Badou desde secundaria ahuyenta a cualquier candidata al puesto de pareja y, de paso, a las pretendientes de el.
“¿Vienes a Ley?”  pregunto antes de sentarse en un banquito frente al lugar de Yoh, donde el mostrador los separa.
“Esos sitios no van conmigo” masculló, leyendo las viñetas del manga.
“Sera divertido, las chicas estaran allí y Asami ya dijo que asistiria” replico.
“No lo hara” un sexto suspiro casi sale. “El novio ni tomado la dejaría ir”.
“Pon algo de música, este lugar es asqueroso y aburrido. Si le sacas partido a tu apariencia, la pasta te llovera”.
“Y tambien niñas molestas de entre doce y quince…” ver lo malo en todo es su especialidad “no las soportaría, lo apuesto”.
“Aquí están las tipas mas raras” alzo una ceja, tomo otro cigarro y lo calo hasta el fondo.
“Igual que en Ley” ambos rieron con complicidad, ninguno de los dos se especializa en conquistas o coqueteos, por eso se llevan bien desde hace tanto tiempo.

Yoh se puso en pies y fue hasta la computadora para poner alguna canción del repertorio; en secudaria intento estar en una banda y luego la dejo, sin haber tocado ni una vez en público.
“Esta te va completamente” sonrio Yoh, subiendo al máximo el volumen de los parlantes.
Entre las carpetas de canciones pirateadas las que más escucha son las de los noventa, rock alternativo  y la sala se inundo con las extraños acordes de Blur, chicas y chicos.

Girls who want boys
Who like boys to be girls
Who do boys like they’re girls
Who do girls like they’re boys
Always should be someone you really love

En la parte de los coros, Badou no dudo en ponerse de pie sobre la silla e imitar el sonido de los “oh, oh ooh” con un movimiento hipnótico de caderas.
“Asqueroso, bájate ya mismo” le tiró el tomo que leía.
“¿Me bajo los pantalones? Oh my…” sonrió con picardía y una pila de objetos estrellaron contra él. 
“Chicos… chicos…” los llamo desde la entrada una señora rara “si quieren les pago el telo fu fu~”
“¡Eeeeh!” las cejas fruncidas llegaron hasta la locutora y la mirada divertida de Badou también. “Jefa”.
“¿Quién más?” la radiante sonrisa de ella los dejo ciegos a ambos. “Yoh, desde hoy hay un nuevo empleado”.  La mujer camino con paso tranquilo y suave, elegante, luciendo a tope el traje ajustado a la figura, que brilla por la tela negra y corta.
Mitsuko Souma, una joven emprendedora que llego a Eastwood cuando tenia doce años y rápidamente llego a la cima de actrices en doramas para la televisión. La figura delineada con curvas y unos senos perfectos y simétricos, junto a la mirada angelical le sumaron puntos al talento.  A Yoh nunca le intereso demasiado las novelas o el cine.
“¿Quién?” bajó la música mientras seguía con la mirada el paso de Mitsuko.
“Quiero tapizar la tienda” los labios carnosos con tono de vino mate le dejo ver una perfecta dentadura.  “Hanemura Megumu” completo ella. “Vendra mañana, sabes que contrato únicamente japoneses” miro con desden al amigo del empleado.
“Para esto mejor manda un mensaje, tu presencia siempre atrae demasiado la atencion” comento, pese a que Mitsuko posee unos tres años más que el, la trata así.
“Visitar esta tienda siempre me da repelus pero hoy no, hay poca gente” lo ignoro.


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #79: November 30, 2018, 09:52:20 PM »
Edito para el iconito chafa, en otro momento lo corrijo. uvu


―Tama nee.

Un niño  de más o menos ocho años corrió hasta las piernas de ella y la abrazó con bastante alegría y ella como respuesta tanteó entre los cabellos para desordenarlo. El día estaba espléndido y radiante, perfecto para salir fuera por la tarde, ya entrando la noche.

—¿Dónde está Sora chan? —le preguntó alegre, los dos hermanos normalmente andaban juntos y en ocasiones un tercero se les unía.
—Escuela —suspiró desanimado—. ¡Quiero jugar, Tama nee!

La familia Kumo se instaló en Eastwood por una vida tranquila, debido a la tasa de criminalidad tan baja, el trabajo como policía del mayor casi que ni era peligroso.

—Mis hijos se encuentran en casa —al ver las pupilas resplandeciente y llenas de vida del chico se alegró—. Están comiendo, ¿por qué no vas con ellos?  Le diré a Tenka que te pase a buscar.
—Sí —asintió él y de un salto se separó de ella y comenzó a girar por alrededor de Tamamo—. ¡Iré, iré!  Ya mismo voy a comer con Okuni y Baren! —luego de dar tres vueltas la despidió y con la misma velocidad se marchó a toda prisa.

Tamamo respiró aliviada por la situación, antes de trabajar encontraría a su marido y luego al mayor de los nube para, al fin, ir directo a Yoi. La jornada laboral recién iniciaría y se quedaría hasta las doce o más, dependiendo del cliente.

—Bien, en marcha —con la vista puesta en el parque comenzó a recorrer y escrutar cada rincón en que él se encontraría, hasta que la silueta de un hombre en la mediana edad  y vestido extravagante se presentó.

Lo observó algunos instantes mientras le daba de comer a las palomas en una banca y alejados de todos. Increíble que se casa con él y que haya tenido dos hijos… a veces se interrogaba sobre el motivo de la decisión pero al ver a los gemelos tan alegres nada más importaba. 

—Emh —las facciones de  ella cambiaron a una asusta y los labios se convirtieron en una línea recta—, ¿irás a casa? Mira que si te escapas nadie dirá nada…
—Irás a trabajar —sin sorprenderse por la presencia de ella, continuó alimentando a los animales.
—Alguien debe hacerlo —el tono usado era más serio y reprobatorio de lo que pensaba.
—Bien… —en ningún momento la observó, el matrimonio de ellos hacía tiempo que se agotó—, le diré a Tenka por ti sobre Chuutarou.
—Bien, te encargo a los niños —respondió. Quizás si fuera una desconocida se hubiera sorprendido, pero no. Lo conocía demasiado bien, los dos se conocían perfectamente como para saber de sobra lo que el contrario pensaba.

Ella giró y se fue sin despedirse, que hiciera lo que quisiera a ella le daba igual la vida de él. A Eastwood habían llegado para que Inori, la hermana menor de Tamamo, comenzara su carrera como cantante y él de policía, en lo que fracasó monumental. Al final la única que traía dinero era ella.
« Last Edit: December 02, 2018, 03:57:35 PM by Miyu »




Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #80: December 09, 2018, 03:39:34 PM »
No sé para qué hago gif si me da paja. xd



Ahh, ¿hace cuánto pasó esto? Los gemelos, mis hijos, tienen ya cinco años y a Tamamo la conocí hace más o menos ese tiempo; nuestra relación era normal, de compañeros en la universidad, ella seguía profesorado en historia y mientras yo me estaba especializando en vida marina. Eran buenos tiempos en Japón, donde rara vez algo interesante sucedía. 

“Hey, vamos a beber una cerveza”, fue lo que uno de mis compañeros dijo al grupo de estudio y nos explicó que irían unas mujeres, nada especial. Me negué rotundamente pero fui arrastrado por uno de ellos.

Es gracioso si lo miro desde este punto, Tamamo apenas había cumplido dieciocho y aún no podía beber pero se bajaba tan rápido el líquido que la mirábamos sorprendidos. Yo apenas toqué bebida. 

“¿Alemán?  Woah la caza de brujas fue tan brutal allí” comenzó con un discurso sobre eso mientras el aguardiente era consumido a prisa. Recuerdo sus mejillas rojas y su voz vivaz parloteando. “Si el Papa Inocencio VIII hubiera sido menos estúpido, manipulable y crédulo o si la gente hubiera tenido dos dedos de frente, si la iglesia y los gobernantes… bueno, ahora dudo que alguien se trague tan fácilmente la superchería. Supongo que por eso vivimos en una buena época, aunque en cualquier momento puede aparecer un Peter Binsfeld” alzó los hombros y sus pupilas doradas apuntaron al infinito, como rememorando viejos textos; largó una risa de borrachera y prosiguió diciendo otro tanto de cosas que olvidé.

Ese fue el primer encuentro. No hubo mucha charla entre nosotros, solo se fijó en mi procedencia, éramos un grupo bastante heterogéneo, aunque fui el único germano.

“Uh, ¿eres Adolf?” recuerdo que así empezó nuestro segundo encuentro, en el campus. “Tienes un nombre para pensar dos veces” rio eufórica. Eso fue en un día tan espléndido como hoy, ya abriendo la noche casi, sus onduladas hebras caían con delicadeza hasta los hombros. “Ah bueno, disculpa, cuando tomo sale mi lado ese. Realmente no quiero que me vean como una traga libros” y otra sonrisa jocosa salió de entre sus cerezos labios; asentí sin prestar atención y me fui a mi sitio de investigación.

—Emh —alguien me llamó desde un punto ciego, su palabras entre severa y suave llegaron a mis oídos—, ¿irás a casa? Mira que si te escapas nadie dirá nada…

Esta tarde, como de costumbre, fui hasta el parque cercano a nuestra casa para alimentar a las palomas. Como ciudad agitada, a esa hora, era un desierto, salvo por algunos músicos o dibujantes que tomaban el paisaje como referencia.

—¿Irás a trabajar? —respondí sin mirarla y ella tampoco hizo ademán para hacerlo y seguí arrojando migas de pan a los animales. La imagen que doy es la de un anciano, lo sé.
—Alguien debe hacerlo —enmudecí ante sus palabras.

“¡Adolf~!” canturreo al llamarme un día. Nos veíamos seguido como amigos, a veces salíamos a tomar algún trago. Nada especial. “Eh, cuando bebes hasta las doce debes ponerte una corbata en la cabeza y desaflojar el traje. ¡Es una regla de vida, de hombres, dEL MUNDO!”, recuerdo reír y haber hecho lo que dijo. Era difícil contestarle con reprobación ante sus ocurrencias.

—Bien… —al final masculle—, le diré a Tenka por ti sobre Chuutarou —la voz potente del chiquillo se escuchó por todo el lugar.

El trabajo de ella no es algo que apruebe aunque estoy seguro que es feliz hablando sobre lo que le apasiona, como lo hacía en antaño y podía platicar por horas sobre cualquier tema que le interesara.

“Mierda, mierda” llegó un día a mi curso a buscarme. Tenía diecinueve años y yo veintitrés, su rostro era de preocupación y terror, nunca la había visto así. “Estoy embarazada” mi sorpresa fue tal que salimos al campus, donde nadie nos oyera. “¡Pero me he cuidado! Estoy segura…”.

—¿De quién es? —le pregunté.
—Uh… —cerró sus ojos, pensando—. No lo sé.

Quedé como un hito de piedra, ¿qué tan mala suerte tenía ella? 

—¡Hey, que estas cosas no pasan en Japón!  Obviamente es tuyo. No soy libertina.

El mohín que hizo fue algo tierno, rara vez veía un puchero pero eso no aliviaba el hecho de que estuviera embarazada. No teníamos una relación romántica pero empezamos a tener una carnal después de un tiempo, nos conocíamos y nos sentíamos a gusto con la presencia del otro; quizás no debimos saltar esa barrera pero lo hicimos, entre besos y charlas de alcohol, aunque rara vez bebí algo de eso.

—Dejaré la U —suspiró—. No tiene sentido y abortar no es una opción.
—Me haré cargo —nunca fui más serio que en esa ocasión y ella sonrió ladina.
—Lo siento… con mi hermanita de trece años pensamos ir a Eastwood en dos y tú, irás a otro lado —alzó los hombros—. Sería complicado hacer transacciones y esas cosas.
—¿Eastwood? —pregunté alzando una ceja.
—Sip, un representante la vino a ver. Quieren que debute en algunos años, la paga será mínima pero bueno, trabajaré y nos la apañaremos de algún modo.
—¿Por qué no tomas esto con calma? Estás en segundo año y aún podríamos pensar que hacer.
—Nah, ¡qué va!  Tengo tres meses y como van las cosas será terrible para mi padre si se mancilla el apellido Hozumi. Es un viejo hecho a la antigua, me mandará al campo o algo así.

A los meses nos casamos; fue difícil, el padre no quería un gaijin como nuero y se resistía a mezclar sangre con alguien como yo pero la idea de que su hija tuviera gemelos en la soltería era peor; la madre fue más abierta y su hermana apática.

—Okuni y Baren, uh… Reinhardt sonaría exótico —sonreía como siempre—. ¿Te gusta?
—¿Quizás segundos nombres latinizados?
—Son como cien por ciento japoneses, lástima que nuestros genes sobrepasaron a los de la supremacía aria —los tenía en brazos a los dos pequeños, debido al parto permaneció unos cuantos días en cama.

Me levanté del asiento y fui a buscar a Tenka Kumo, el mayor de la familia nube. Tienen un pequeño restaurante japonés en una avenida concurrida, desconozco si el local es conocido o no.

—¡Ah! ¿Adolf? Bienvenido. ~

En cuanto entré fui recibido por las palabras de a quien buscaba vestído con el uniforme de cocinero de sushi.

—Buenas tardes —contesté—. Chuutarou se encuentra en casa, jugando con los gemelos.
—¿Otra vez?  Agh, ese niño. Ustedes lo consienten demasiado —el hermano del medio, Soramaru, traía en manos algunas bandejas de bambú, como en los centros de aguas termales y vestía el mismo uniforme pero con betas rojas y blanco con negro.
—Tamamo lo adora y los niños son buenos amigos entre ellos.


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Estaciono a dos cuadras de Yoi, con tacones de diez centímetros ni loca caminaría más de eso y bajo con elegancia. El sobretodo crema marbella le ajusta a donde debía, dejando a la vista sus seductoras curvas y una encantadora delantera que cubría con elegancia.
Caminó a paso de diva dejando tras de sí  su Bentley Continental GT Speed Convertible negro y marchó lento. Ese auto era su bebé, el mejor regalo que se había hecho, al mudarse de Seúl pensó que no iba a tener oportunidad de usarlo pero, para nada.

Hermosa, diría cualquiera que la viera y lo sabía. Sus largas y esbeltas piernas al descubierto eran atrapadas en unos tacones carmín de diez centímetros y, con ellos,  Atravesó esos metros en unos minutos que le parecieron eternos.

—“Oh, the shark, babe, has such teeth, dear. And it shows them pearly white. Just a jackknife has old. MacHeath, babe. And he keeps it, ah, out of sight”.

La música estalló en los oídos de Harbin y bajó unos centímetros sus anteojos de sol marca Fatheadz, recuerdo del viaje que realizó en vacaciones a América.

—Querida, ¿quieres que cometa un crimen bien  sangriento? —como burla dijo—. Hazle un favor al mundo y ve al Starbuck. Compra un Fresa Cream Frappuccino para mí.
—“ Ya know when that shark bites with his teeth, babe. Scarlet billows start to spread. Fancy gloves, oh, wears old MacHeath, babe, so there's never, never a trace of red” Apuesto a que nunca has visto un cuchillo ni tenedor o una cocina… —sonrió Tamamo ampliamente—, iré pero será del más barato… o sea del quiosco de la esquina. ~ 
—¿Quieres apostar? ¡Vamos! —se acercó a la chica y la abrazó amistosamente—, quiero uno de la Greenwich Avenue, pero me conformo con el más simple de Eastwood.
—¿Y un escupitajo de mi parte como el más bello ornamento de todos?  <3
—¡Vamos, soy tu superior —las largas y esculpidas uñas casaron las mejillas de la otra chica— y tu mejor amiga!

En efecto, desde que Harbin se topó con Tamamo ambas se hicieron inseparables, quizás porque la chica alegre y encantadora alegraba sus tardes o porque, a diferencia de otros, la trataba como igual y no buscaba sus favores. La piel de porcelana de Tamamo se tornó rojiza bajo las yemas de ella y la soltó.

—Iré, pero no por tú frappu… —suspiró por la petición desconsiderada de Harbin—. Es un dolor de traseros llegar hasta la intersección y cruzarse con pendejos ricachones haciéndose las grandes estrellas cuando ni talento tienen…

Harbin asintió y al avance la melena escarlata de ella la acompañó, con ondas tan perfectas que derretía cualquier cosa en su trayecto. La otra con hebras chicle que resalta la piel alabastro y ojos dorados para completar, se sintió aliviada de que se conformara con un simple café aunque debía ser Frappuccino…

—Un batido con leche bajo en calorías, hielo y helado de fresas, ¿sí?  —la volvió a abrazar con fuerza—, por eso eres mi besty.
—¿Besty o mula de carga? —chilló con voz entre ofendida y divertida—. “Mr. Meier reported missing. Like so many wealthy men: Mack the knife acquired his cashbox. God alone knows how or when”.

Harbin la empujo para que saliera de una vez por todas por la bebida o la canción  la volvería una homicida de codazos.

—MAG-NI-FI-CENT~!  —trató de contener la risa o la elegancia saldría volando y se adentró para saludar al resto de mujeres.

La primera en recibirla fue Jessica, quien le sonrió amable le ofreció una taza de café, a lo que negó efusiva en espera de su droga barata a falta de la costosa; las siguientes fueron las demás chicas y por último las dos encargadas, de quienes olvidó los nombres.
« Last Edit: December 09, 2018, 05:07:09 PM by Miyu »