Author Topic: Act 1: Overture  (Read 12140 times)


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #75: September 30, 2018, 07:29:24 PM »
Aún no está terminado ni corregido, veré si lo logro a tiempo sino, bueno. uvu




Nos conocen vulgarmente como las cortesanas de la zona roja, mujeres que venían a Eastwood con aires de fama y terminaban sucumbiendo ante la pobreza y el fácil dinero de la noche. El lugar se erigió en la zona roja pero estamos alejadas de las llamadas prostitutas. En vez de vender nuestros cuerpos usamos nuestras habilidades para entretener; desde bailes, arte, adivinaciones falsas, cantos hasta conversaciones con cierto grado de sapiencia.

¡Hacemos arte!  Tenemos que estar al día en diferentes ramas de la cultura, pulimos un talento e incluso el término «geisha» quedaría a medio camino de nosotras. La casa de las Cortesanas «Yoi» es un lugar concurrido para borrar el estrés de aquellos/as famosos/as que viven una vida absorta en el día a día. ¡Es como un servicio a la comunidad!  Aquí escuchamos sus problemas y los ayudamos, si así lo desean, o distraemos a nuestros amados clientes.

Kiyogiku es la dueña, la onee sama de la casa y la atracción principal para beber una o dos botellas de sake costoso. Ella sola trajo la idea de una casa de estilo oriental clásico donde las chicas visten con yukatas y kimonos formales para el usuarios y, si lo requieren, otros trajes. Cada chica decide si aceptar  o no, cada trabajadora tiene libre albedrio aquí.

Actualmente tenemos ocho trabajadoras:

» Madam Harbin: de silueta pronunciada con unas curvas de infarto, el rasgo más llamativo del que es poseedora son sus grandes ojos carmín que hacen  juego con el largo y pulcro cabello rojizo. Una de las mejores trabajadoras de la casa y con grandes habilidades en diferentes áreas. Requerida constantemente por los “””nobles””” actuales. Es buena bebedora, tan buena que el cliente gastará el doble y ella apenas tocará el alcohol. No tiene una destreza preferencial, se dice que sus charlas pueden ir de un extremo al otro sin perder el hilo conductor.

» Jessica: mujer exuberante, alegre e inteligente; gran inventora por excelencia y de belleza extraordinaria. Las hebras de ella caen con elegancia hasta pasar la cintura y detenerse en un corte recto y tradicional. Se centra en hablar sobre inventos y la mecánica en general, aunque no se cierra en escuchar a los clientes con una gran sonrisa.

» Togame: toma el papel de una excéntrica chica de clase alta, vivaz y que a menudo dice “¡cheeerio~!” cuando golpea a alguien. Se enfoca en el arte de las guerras antiguas y juegos de rol donde el principal objetivo sea destruir al rival con una habilidosa estrategia. Así se autoproclama estratega.  Los cabellos platinados de Togame son un llamador para los curiosos que desean saber más de ella.

» Tamamo: la nueva, la maiko de todas las onee san’s de aquí. Es sabedora de historia griega, de la medianidad, la iglesia y el paganismo. Le encanta conversar con graduados/as mayores que la puedan ilustrar sobre la vida en esas épocas y es pésima bebedora. El cuerpo de ella no llega a ser tan llamativo como el de las otras pero la alegría que expresa ante los demás es contagiosa.

Las ocho son entrenadas en el uso del maquillaje y el baile, la seducción con sus palabras es algo esencial así que se les enseña a modular la voz. Por lo general son chicas de entre veinte a treinta y cinco; es inusual que acepten chicas de menos edad y menos ilegales ─vamos que entre una multa con altísimos honorarios no es viable en este negocio. Compiten contra Ley, un famoso boliche de la zona. Los horarios son a partir de las nueve hasta las doce de la noche ─haciendo usanza de la vieja ley nippona que prohibía los locales de baile después del “toque de queda”.

La historia de Yoi es tan rica como la de las chicas que contratan, la casa inició como una de té y cuando la depresión llegó se convirtió en lo que es hoy. Hombre y mujeres concurrían con la esperanza de sacar de dentro todo aquello que debían callar. Como le era imposible a Kiyogiku traer los modos y tradiciones japonesas a la ciudad, decidió hacer cambios fundamentales en la actividad, usando como base a las geishas.




Othinus

Re: Act 1: Overture
« Reply #76: September 30, 2018, 07:33:29 PM »
( 2 ; a )

“Una estudiante que desertó vistiendo pijama, antes de que llegaran las vacaciones de verano dejó la escuela”.

Tarareaba Erio con entusiasmo mientras corta una gran tela color amarillo, queria hacer una paleta de colores neutros para tener de referencia. El chico que fuera a vestir sus creaciones debía de entrar en perfecta armonía con el color favorito de la diseñadora (el amarillo).

“Incluso si la sociedad me llama alienígena, en la sala de espera del universo tal vez nos veamos de nuevo”.


Prosiguió con la tarea propuesta y al ritmo pegadizo de una melodía…  ¡zas!  Corte, corte. La idea de prepararse para la U con patrones e idear a sus modelos predilectos la vuelve loca.

“Erio” la llamo su abuelita desde el comedor y ella con un ‘ya voy’ corrió al encuentro. “¿Podrías ir a comprar algunas cosas en la tienda?” Rechazar el pedido era un no rotundo por lo que asintió y salió de la casa.

Una aspirante a hikkimori como ella aprovecharía la ocasión para visitar la meca otaku de Eastwood y comprar el sustento de sus hobbies.

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Como ratita se adentró por los pliegues de las calles y entró a la primera tienda discreta del lugar.

“¿Dónde está la sección de doujines yaoi?” preguntó con la respiración apresurada, había corrido para que nadie la viera. Ser descubierta como otaku en el primer día de facultad podría ser un problema.

El chico de la tienda la miró con un rostro sombrío y le marcó una estantería bien al fondo, muy atrás, donde las sombras la ocultaran de la parte de adelante.

“¡Gracias!” dijo sin más y fue por su sangre de alma, vicio principal y amor al arte. Lo último porque así suena menos pervertida. ¿¿¿???

Miro al chico desde el lugar aquel y él sintió la mirada aguda sobre la espalda… ¿sería asesinado?, se preguntó y negó con la cabeza. Las chicas siempre iguales, por ser japonés queriendo ligar con él.

Erio se fijó en la estatura ¿182 cm? Uh, la boca se hizo agua. Apariencia perfecta, mirada profunda y un aura misteriosa. ¡El perfecto modelo que tanto quería! Bueno, lo encontró rapidísimo y eso le extraño. Si esto era una señal de algún dios, lo rechazaría. 

”¡Ah, olvide las cosas!” exclamó y tomó el último trabajo de Momose sensei y algunos de un nuevo grupo al azar, abastecerse fue lo prioritario.

“¿Llevas eso?” le preguntó y ella asintió, los ojos inquisidores de Erio fueron hasta el distintivo de la solapa del uniforme. “Gracias por su compra” le sonrió una vez pagado el producto.

Ella quiso esconderse una vez supo el nombre de ‘Komiyama Yoh’, culpable por haber descubierto aquello pero no iba a dejar que el perfecto modelo de sus sueños se escapara. ¡No! Y corrió con las mejillas sonrojada, como adolescente, a una tienda orgánica a unas cuadras más abajo.

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Yoh cansado de la actitud de niñas molestas sonreía como príncipe demoníaco, la idea de que alrededor de él pulularan niñas con sueños de casarse con un japonés lo asquea más que nada. Es más, nunca se interesaron en la persona tras el asiático, sólo que su nacionalidad duerma la del sol naciente. Por suerte el auge de los coreanos lo alivió un poco.

Ese día fueron a la tienda varias personas totalmente olvidables pero en la tarde, una chica extraña se ocultó detrás de la cartelera de anuncios ¡sólo para entrar allí! ¿Acaso lo espiaba? ¿¡Desde cuándo!?

“¿Dónde está la sección de doujines yaoi?”

Ay mujer, la voz entrecortada y a trompicones la dejó expuesto como un viejo verde. Rogó porque se fuera pronto y librarse de otro bicho raro. Cada vez que tomaba el turno de la tarde esto pasaba.

Luego de un rato ella se marchó y pensó que finalmente la paz regresaría al local pero se equivocó ¡monumentalmente! La otaku olvidó uno de los libros y corrió a perseguir al cliente.

“¿Me estás dando amor? ¿Debería hacerte enojar? Entre todos los que me evitaban tú estabas mirándome sorprendido” la escuchó murmurar en una intersección y la tomó del hombro para atraer la mirada de la chica.

Unas pupilas de azul claro lo miraron con asombro y el sedoso cabello turquesa resplandecía bajo los destellos del sol. Si este fuera un manga, él se quedaría prendado por ella, ¿acaso el caprichoso destino los juntó? Nah, eso jamás existiría. 

“¡Ah, el perfecto modelo!” dijo ella sin pensar y llegó a los oídos de Yoh. Hombre, que chica tan problemática.
“Olvidaste esto” le tendió el libro con una portada de hombres besándose y ella giró la cabeza y corrió hasta perderse en la lejanía.

Yoh suspiró y presintió que una arruga saldría en la frente.

“¡Hey, brodah!” le saludo un pelirrojo a la distancia, alzando un brazo y con la otra sosteniendo un pucho. “¿Qué haces con una revista porno gay?” y entendió por qué la mujer huyó de él desesperada, casi al punto de parecer una maniática.

Otra arruga se apoderaría de la frente del asiático.