Author Topic: Act 1: Overture  (Read 174441 times)


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #75: September 30, 2018, 07:29:24 PM »


4.5 # Take Off.

A las dos y media cargaron la furgoneta con algunos paquetes de entrega para el correo y el amplificador, Joe manejó, con Mitsuki a su lado y Cyan y Luo en la parte trasera, el sonido del motor ahogaba cualquier charla que quisieran tener, pero también disimulaba los nervios de Cyan.

Este era su momento. No para pedir permiso ni para explicar nada, para gritarle al orfanato —a los pasillos, a las normas, a las voces que siempre sabían qué era lo mejor para ella— que ya no era una niña. Que no iba a volver a repetir canciones ajenas en un coro interminable ni a sonreírle a personas que solo se acercaban cuando querían algo de ella. Cyan apretó los dedos, sintió el temblor en el pecho y dejó que el ruido hiciera el resto. No sabía exactamente qué iba a ser después, pero sabía una cosa, que no iba a volver a ser la misma.

Ni ella ni Luo.

Nadie decía nada. Luo apretó la funda de su guitarra contra el pecho, mientras el coche llegaba al orfanato que apareció al final de un camino de gravilla. El sonido llegó primero… un órgano eléctrico saliendo por los altavoces distorsionados del salón de actos. Una voz de mujer, aguda y dulce, guiaba una canción…  Alabare, alabare…

Joe estacionó en un lugar oculto, pero de fácil acceso por si algo salía mal en esa presentación, después de todo ellos no tenían permiso para tocar en el Orfanato y seguramente acarrearía muchos problemas ir contra la música episcopal

Apagó el motor. El silencio que dejó fue llenado solo del canto lejano.

Mitsuki fue la que bajó primero, abrió la portezuela con cuidado y Cyan se quedó en el asiento con la mirada de Luo que la observaba desde el otro lado. Sus dedos jugueteando contra la funda de la guitarra.

—Bajen, es ahora o nunca —musitó Mitsuki.
—¿Saben? Esto me recuerda a los Electric Prunes en el sesenta y ocho —relató Joe, buscando un paquete de cigarros en su chaqueta—. Esos tipos se metieron en una iglesia en Las Vegas para tocar una misa psicodélica que habían grabado. Querían ser espirituales, pero no podían dejar de ser rockeros.

Hizo una pausa, mientras prendía el cigarro y los llevaba a sus labios. De fondo el ruido de la misa, el coro y las voces saturadas llenaban el ambiente.

—Llegaron con unos amplificadores que habrían hecho sangrar los oídos de cualquier santo. En cuanto empezaron a tocar, el volumen era tan brutal que la acústica de la iglesia se volvió loca. Las luces parpadeaban, los equipos hacían cortocircuito y los fieles no sabían si estaban ante Dios o ante el mismísimo diablo. Estaban tan drogados y confundidos que ni siquiera pudieron terminar las canciones, pero ese desastre... ese ruido, se quedó grabado en las paredes para siempre.

Joe les dedicó una última sonrisa de medio lado, ajustando su bota sobre la alfombra de la furgoneta.

—Así que no se preocupen por las normas o por si el sonido se rompe. Aquellos tipos demostraron que, a veces, la única forma de que te escuchen allá arriba es haciendo que el suelo tiemble aquí abajo. Vayan —sentenció—. Hagan que esas paredes sean suyas por un rato, sin miedo al desastre.

Cyan movió la cabeza, asintiendo y Luo empujó se calzó la correa de la guitarra, el aire frío persistía otro año más, junto al olor a tierra mojada mezclado con el olor a mirra y otros más que no supieron distinguir. Caminaron hacia la entrada trasera, el cantico se hizo más fuerte… “alabare, alabare, alabare...”

—Por aquí —señaló Mitsuki hacia un pasillo a la izquierda, se tuvieron que despedir de Luo y Cyan.
Mientras entraban a la misa, una mujer los miró a Joe y Mitsuki, los prejuzgó como esos raros que vendían discos en una época dónde rara vez se compra uno y menos original. Enviados del diablo y pobres.

Joe la saludo con la cabeza y continuó al lado de Mitsuki. Él no era particularmente religioso, aunque si Budista… los asiáticos en general lo eran y menos prejuiciosos, eso seguro.
Mientras tanto, Luo y Cyan se metieron por la puerta de servicio. El canto venía del fondo, más fuerte. Pasaron junto a la cocina, dónde una monja revolvía una olla. Los miró, pero nadie se atrevería a retar a Cyan.
El coro repetía: alabare, alabare. Voces de niños, voces de ancianos, coreando al ritmo del órgano que marcaba el compás. Luo apretó la correa del estuche y Cyan tocó la pared con los dedos, como contando.
Mitsuki y Joe llegaron a una puerta doble, al otro lado, estaba la capilla imponente y pulcra, blanca… filas de bancas, gente de pie, un crucifijo grande, luces violetas, papel picado blanco. El aire olía a incienso y a cera derretida.
Cyan abrió un poco una de las puertas traseras, por dónde entraban los chicos del coro y vio el altar. Un niño con sotana blanca agitaba un incensario. El humo subía en espiral y el padre, de espaldas, levantaba las manos.

—Alabare a mi Señor...

Cyan se colocó la sotana blanca y una máscara en su rostro, debía colarse primera para empezar su canto a capella y que los demás dejaran el escenario.  Ella entró y el órgano cesó. La incomodidad de Cyan era visible, aún así recuperó la compostura y avanzó al centro del escenario, uno de los niños le entregó el micrófono antes de bajar.

El chico se apartó sin mirarla y Cyan quedó sola bajo la luz violeta que se atenuó hasta volverse blanca... una “santa”. El murmullo bajó de inmediato, alguien tosió. El padre giró la cabeza hacia quien tosió, cejas arqueadas, pero no habló.

Cyan apretó el micrófono, primero iba a fingir cantar y cuando el padre estuviera lejos… Take Off! La máscara le sudaba contra la cara, inspiró nerviosa. El primer sonido salió ronco, como si la garganta se le hubiera olvidado el camino. Dio un paso.

“Ohhh, ohhh amazing grace, how sweet the sound. That saved a wretch like me I once was lost, but now am found. Was blind, but now I see”

El padre sin sospechar nada se alejó hacia la primera fila de bancos y se sentó; Luo saltó al escenario con la Strat agarrada por el mástil. El drop-D retumbó antes de que los pies tocaran el escenario, un rasgueo seco en vacío. Aterrizó de cuclillas, el amplificador rugió el A#5 del primer compás y el riff de Take Off salió entero, sin conteo, sin mirar atrás.

“Nothing matters if I fight for my dreams. I'm never giving up on myself. Every moment of my life. I'll carry it on to my highway”

El eco rebotó en las paredes blancas… los niños del coro se giraron y una monja agarró el rosario.
Los dedos de Luo se cerraron en el másti, Índice en la quinta cuerda, tercer traste; anular en la cuarta, quinto; meñique en la segunda, sexto. El slide fue un latigazo: del traste tres al siete sin respirar, la palma de la mano derecha golpeando las cuerdas en mudo entre cada nota. El A # 5 vibró en los clavos del techo.

Cuando cambió al 7-5-3-0 sus dedos no se levantaron: deslizaron con elegancia; el pulgar sujetaba por detrás, la muñeca giró en ángulo exacto para que el cejillo no aplastara el sustain. En el compás cuatro apretó la púa contra las cuerdas y el riff explotó.  El amplificador bufaba; los altavoces del coro chirriaron alimentados por la misma línea.

“I'm not scared of being alone. Already got this. Heading in my own direction.
There's no time for me to look back. Holding on to keep on rising to the sky”

Cyan se adelantó un paso y cantó sin mirar al público. Luo no los miró tampoco. Esa no era canción para esa gente hipócrita, era una para ellos dos, los únicos verdaderos entre tanto blanco y palabras susurradas de amor, junto con peticiones a un Dios. El chico mantuvo sus ojos fijos en el diapasón, cejas fruncidas, cuello inclinado, cuando llegó el puente su mano izquierda se cerró: índice en el quinto traste, los otros dedos extendidos formando un arco. El G7 sonó cuatro veces, cada golpe marcado con un cabeceo seco. Después el A7, una mano entera que se abrió y cerró en un segundo, dejando que la última nota vibrara lo suficiente para que el retorno aullara antes de que Cyan respirara.

“I'll be taking actions, no distractions. I just wanna be who I wanna be. I don't need exceptions, no delusions. Chance is only once, you know. When I'm lost and start to fall, let me fly up more. Go on, I've been waiting for this so long. Fate is calling me, unlock another door and shine the hope inside my heart”

El director del orfanato, y padre, que se sentó en la primera fila, apretó los puños sobre las rodillas, pero no se levantó. Semejante escándalo no se podía dar frente al público.

El riff volvió a abrirse, más rápido. Luo apretó la púa contra las cuerdas y la mano derecha se volvió más rápida… abajo arriba, abajo arriba, sin mute, dejando que cada nota hablara para las personas de la capilla… los dedos de la izquierda saltaban entre trastes  7-5-3-0, 7-5-3-0, la palma apenas rozaba el puente para evitar que el sonido se ahogara.

“I don't need your sympathy, have it my way I don't care what people say, as long as there's a path to make. Moving forward till the end”

Sus dedos apuntaban hacia arriba, mientras se iban moviendo de posición con Luo, por supuesto, tuvieron pequeños fallos pero nada desastrosos. Finalmente estaban actuando para ellos, para Mitsuki y Joe que los apoyaron desde el inicio, cuando todo aquello era un sueño lejano y cantaban practicando en el parque Viretta.

Cyan alzó el micrófono. La última frase la soltó directa al techo: “Fate is calling me, unlock another door and shine the hope inside my heart”. La voz se quebró en el retorno, pero no tembló. Luo cerró con un acorde seco: todas las cuerdas apagadas de golpe, la mano derecha aplastando el sustain. El silencio que quedó fue duro… no esperaban aplausos, no esperaban que a la gente de ahí les gustara su música ni que la entendieran…

En la primera fila, el director apretó los puños con más fuerza, hasta que los nudillos se le pusieron blancos. No se levantó. No podía. El coro, atrás, había dejado de respirar… los miraban atentos tras bambalinas… un sonido nuevo, al que ninguno estaba familiarizado.

—¡BRAVO! ¡ESOS NIÑOS SON EL FUTURO DEL ROCK! —un entusiasmado Joe empezó a Silbar y aplaudir con fuerza, orgulloso de sus alumnos.
—¡Lo hicieron muy bien, Cyan y Luo! —la otra chica se incorporó y aplaudió también. En ese preciso momento, en el corazón de Mitsuki, algo nació en ella, se esa presentación a medio pelo… un “quiero brillar como ellos” seguido de “quiero cantar para mí, como ellos”.

La iglesia entera se encogió una vez entendieron que no era parte del show… algunos seguían con sus oídos tapados y otros, otros escucharon hasta el último. El órganista dio un acorde accidental que sonó a grito cuando se levantó para agarrar a los dos bribones… el Director finalmente dio un paso al frente. Luo no miró a nadie, sus ojos seguían clavados en el mástil, cejas fruncidas, cuello de la guitarra apuntando al techo y Cyan se volvió hacia él, ya sin máscara, la había perdido apenas inició la canción que con tanto amor compusieron ambos.

Bajaron del presbiterio por el mismo lado que entraron. No hubo aplausos en ningún momento, solo el zumbido agudo de un altavoz y el murmullo confuso de la audiencia. Joe dejó de aplaudir, su silbido se cortó en seco y Mitsuki bajó las manos. Observaban desde el fondo, cuando Luo y Cyan desaparecieron por la puerta, ellos también abandonaron el recinto.

—Creo que voy a morir —susurró la de cabellos turquesa, respirando hondo.
—Me tiemblan los dedos, Santaaaa —su acompañante seguía eufórico—. Nos meteremos en muchos líos —su risa y sonrisa amplia admitían que no le importaba en lo más mínimo.
—Es un sentimiento de que estamos vivos, ¿verdad?
—Y que no nos vamos a doblegar ante ellos —agregó el chico.

Giró la cabeza hacia él, ambos caminando sin mirar atrás, Luo con la guitarra colgando en su correa y los dedos de la mano izquierda aún agarrotados alrededor del mástil. Respiraban con la boca abierta, el pecho subía y bajaba rápido, sus ojos buscaron los de ella.
El padre se plató en medio del escenario, mirando al público, a las caras atónitas, a las monjas que se llevaban las manos a la boca. Su rostro era una máscara de calma, aunque por dentro ya estaba pensando el castigo de esos dos niños y, por supuesto, quemar la guitarra.

—Gente —dijo su voz sin alzar el tono, la proyectó, plana y controlada, para llenar la capilla—. Esto ha sido una grave falta de respeto, sentimos las molestias causadas.
En la mente del director la culpa era enteramente de Luo, una mala influencia que hasta tenía antecedentes… solo por buena voluntad lo había aceptado ahí y así le pagaba.
—Ustedes dos, niños —una de las encargadas los detuvo poniéndose al frente.
Cyan sintió que las piernas le pesaban y no se pudo mover, Luo tampoco estaba mejor. No por miedo, sino por pura inercia física, por el agotamiento de haberlo dado todo en tres minutos y medio.
—Cyan. Luo. Ahora.
Esa vez el nombre, dicho tan tajante, la hizo reaccionar. Dio un paso atrás, su pie tropezó con el de Luo, habría caído si el varón no hubiera extendido el brazo y la soltó en seguida. Juntos empezaron a correr, ambos con sus dedos entrelazados para no perderse o que uno se quedara atrás. Esto era unidos o nada.
—He pensado una nueva canción —anunció Luo, emocionado, aunque el sudor seguía corriendo por su frente—. Será como una balda, una guitarra acústica y mi voz cantando “wherever we go ahead light breaks through on the way”.
—Oh, he oído pocas baladas que me gusten… pero la letra suena muy nostálgica.
—November Rain, Nothing Else Matters, Every Rose Has Its Thorn —musitó Luo, acordándose de algunas canciones que le recomendó Mitsuki.
—Me gusta Guns N’ Roses.

Caminaron a paso presuroso, el sonido de sus zapatos era lo único que se oía por los largos pasillos, cuándo llegaron a la parte trasera buscaron instintivamente la a Joe y Mitsuki, su coche… en ese momento el director apareció y no les quitó los ojos de encima. Su mirada decía “les quitaré esa mierda de guitarra, estarán castigados hasta que cumplan dieciocho” seguido de “esto no se queda así”.
Cyan levantó la barbilla, no para provocar, para tragar saliva, la garganta le ardía.
Otra encargada apareció ante ellos, con los brazos cruzados. Movió la cabeza, lenta, de lado a lado, y entornó los ojos antes de volverse hacia los fugitivos.

—¿Así me pagan todo lo que he hecho por ustedes? —cuestionó con odio el director.
—¡No hemos hecho nada malo! —replicó Luo, Cyan se mantenía atrás de él, mirando a la otra mujer.
—Há. Tú eres el peor Luo, deberías estar agradecido de que por mi bondad te abriera las puertas del orfanato. A una desgracia así, lo mejor es la calle.
—¿La calle? —una risa corta, amarga cruzó por los labios de Luo—. Eso es lo que más conoces, por eso lo deseas para otros.
—Cuida tu tono —dio un paso adelante—, todavía estás bajo mi techo.
—¿O qué? ¿Otro castigo? ¿Otra amenaza? —una mirada rápida alrededor—. Esto siempre fue un castigo.
—Bajen la cabeza y vuelvan adentro. Ahora.
—No.
—No sobrevivirán ahí fuera.
—Tal vez —una media sonrisa temblorosa—, pero al menos será nuestra decisión.

En ese preciso instante, la puerta principal de la capilla se abrió detrás de ellos. Joe y Mitsuki salieron. Joe cerró la puerta rápidamente, aislando el murmullo que empezaba a crecer dentro.
Nadie habló todavía, el director se dio cuenta de la otra mala influencia para Cyan… Joe, quien encendió un cigarrillo. La cerilla raspó, la llama iluminó por un segundo su perfil cansado. Aspiró. Soltó el humo hacia arriba, sus ojos finalmente fueron al hombre que intentaba intimidar a los niños, el brillo de las gafas redondas impedía ver el malhumor del ex guitarrista.

—Bien —dijo.
La única palabra que expresó hizo que Cyan lo mirara, buscando en su rostro decepción, enfado o algo.
—Un adulto…. —una ceja alzada, el humo escapando lento—. Te escuché insultarlos desde dentro.
—Este asunto no te concierne —el director parecía enojado.
—Cuando amenazas a críos frente a una capilla, empieza a concernirme bastante y más si se trata de estos dos —Joe avanzó con paso firme hacia el director.
—Apaga eso. Aquí no puedes fumar.
—Curioso —dio una calada más profunda—, te molesta más el cigarro que cómo les hablas.
—Llévate a ese inútil y no vuelvas a poner un pie aquí —señaló a Luo.
—¿Eso es una expulsión o un favor? —se mofó con una risa grave, cansada—. Porque suena a que nos haces el trabajo fácil. También me llevaré a Cyan.
—No tienes autoridad para decidir nada.
—Tal vez —el humo formaba una nube espesa, pasó al lado del director junto con Mitsuki y fue hacia los otros dos niños—, pero sí tengo coche.
—No voy a permitir que hagas nada.
—Ya lo hiciste —una mirada rápida pasó hacia la puerta cerrada—. Desde hace años.
—Cyan… —la voz intentó suavizarse—, vuelve adentro.
—No —fue firme por primera vez la de cabellos turquesa—. Ya elegí.
—Entonces lárguense.
—Eso estamos haciendo —el cigarrillo de Joe cayó al suelo, aplastado con la suela—. Y esta vez no miraran atrás.

Finalmente todo había concluido. Los cuatro se subieron al coche y Joe arrancó lo más rápido que pudo. Cyan y Luo sintieron por primera vez la libertad y el ya no tener que someterse a alguien que solo quería sacar provecho de ellos.
Mitsuki encendió la radio y la primera canción que oyeron fue de alivio, libertad… con Pink Floyd; el motor de la furgoneta rugió, y empezaron su camino lejos del portón mientras los acordes iniciales de Another Brick in the Wall Pt. 2 inundaban el auto. El bajo hipnótico y la voz infantil del coro  “We don’t need no education…” se colaron por las bocinas como algo muy cercano a ellos.
Cyan apoyó la frente contra la ventanilla; el cristal frío devolvía su reflejo turquesa, ahora sin nada de miedo; Luo cerró los ojos y dejó que el “Hey! Teacher, leave them kids alone!” le vibrara en el pecho, como si cada sílaba arrancara un ladrillo del muro que el director —y todos los adultos como él— habían ido apilando durante años.

Joe no dijo nada, condució y aceleró en silencio. Mitsuki, con el mentón apoyado en el respaldo del asiento, tarareaba la melodía mientras los edificios del orfanato se reducían en el retrovisor hasta convertirse en un sitio ajeno, como lo era para ellos dos.

La canción siguió, imparable, y con cada repetición del estribillo los dos jóvenes del orfanato se sentían más libres. No miraron atrás, el humo del cigarro de Joe y la vista hacia delante era todo lo que veían.
Cuando el solo de guitarra llegó, Cyan sonrió por primera vez sin permiso de nadie. La libertad tenía el sabor de una canción antigua y el olor a nuevo de un camino que empezaba justo donde terminaba el asfalto.

A los diez minutos volvieron a su charla habitual de Rock and Roll, con la canción “Drive” de Incubus sonando a todo volumen.

—El slide del quinto al séptimo. Lo hiciste con la muñeca, no con el brazo, por eso chirrió en Take Off, Luo.
Luo bajó la vista a su mano, la abrió y la cerró. La próxima vez lo haría mejor (…) próxima vez… una sonrisa se dibujo entre sus pómulos, ya podía soñar con seguir un sueño difícil y que la hacía sentir él.

“Whatever tomorrow brings, I'll be there. With open arms and open eyes, yeah
Whatever tomorrow brings, I'll be there. I'll be there, yeah, ohh”

—El puente —continuó Joe, volviendo a Cyan—. Cantaste desde aquí —se golpeó el pecho con el dorso de los dedos—. No desde la garganta. Se oyó totalmente.

Cyan no supo qué responder, se había dado cuenta de ese error, pero no le dio vergüenza, quería cantar de nuevo Take Off, ante un público que les aplaudieran, que corearan con ella. Un público destinado a ellos.
Mitsuki tenía ese sentimiento de querer ser como ellos, que, sin nada de experiencia habían comenzado a tocar y cantar, y aún sabiendo las represalias irrumpieron en el orfanato a cantar su historia, su futuro. Sin miedo a que nadie los oyera, a que nadie estuviera para ellos… también significaba que siempre los apoyaría.

—¿Habrá consecuencias? —preguntó Mitsuki, preocupada por sus amigos.
—Valió la pena —afirmó Luo. No le importaba ningún tipo de castigo, aun si debian dormir en un parque.
Joe giró bruscamente la camioneta y su cigarro cayó al suelo del vehículo, su sobrina lo apago rápidamente. 
—Vivirán con nosotros. ¿No está claro eso? Mano de obra barata y explotados, como buenos asiáticos —se rió, era broma, por supuesto.
—¡Trabajaremos duro, Joe! —ambos chicos dijeron a la vez, encontrándose con una risa al final.
Entonces Joe cambió la emisora, la aguja se detuvo en una vieja canción que nunca había llegado a ser hit “Politicians in My Eyes” de la banda Death.
—¿Esto qué es? —preguntó Cyan, extrañado ante el riff frenético y la batería que sonaba a punk.
—Una banda que nadie aplaudió —contestó Joe, soltando el acelerador—. Tres hermanos que grabaron esto en el setenta y cinco; los sellos dijeron que su nombre era “demasiado sombrío” y su sonido “demasiado blanco para unos chicos negros”. Ni una sola sala los contrató, sus cintas se guardaron en un ático más de treinta años.

Luo escuchaba absorto; la voz de David Hackney gritaba “You don’t know who’s in control!” mientras el auto tomaba una intersección.

—¿Y aún así grabaron? —susurró Mitsuki.
—Porque sabían que si no lo hacían, el miedo manejaría el volante toda la vida —respondió Joe, y pisó el acelerador de nuevo—. Así que decidieron ser ellos quienes condujeran.
Joe estacionó frente al Rock Shop y apagó el motor. El silencio regresó, un silencio diferente, de resolución y catarsis por todo lo que había sucedido en ese día. Probablemente tendrían una lucha legal, emancipación o alguna cosa similar contra el orfanato y todo valía la pena para él, porque esos dos criajos lo habían conquistado para no dejar que sus sueños se pudran en una habitación monótona y sacra.
Bajaron los cuatro y el adulto abrió la puerta de la tienda. El interior los recibió con su olor habitual y el polvo de que nadie había entrado ese día o al menos ningún cliente ni malandro. Cerró la puerta tras de sí y echó el cerrojo, después se volvió hacia ellos. Los miró a los tres, uno por uno.
—Hoy no trabajan —dijo—. Hoy vamos a estar de vagos y ordenar las cosas. ¿Bien?
—… —el chico tragó slaiva antes de hablar—. ¿En serio nos podemos quedar aquí?
—No me llames mentiroso —murmuró Joe, tirando la cajetilla vacía al tacho de basura—. Soy un profesional, niño.

Caminó hacia la parte trasera, detrás del mostrador, donde tenía el viejo reproductor de vinilos y las cajas de discos apiladas contra la pared. No buscó por mucho tiempo y sacó un disco, lo sopló, lo colocó en el plato y bajó la aguja.

Un silbido, luego una guitarra eléctrica, cruda, sin pulir, sonando a través de lo que parecía un amplificador a punto de romperse. Seguido de una voz áspera, desgarrada, cantaba sobre autopistas y noches sin fin. No era Take Off. Era algo más antiguo, más rabioso, más triste. “Gimme Danger” de The Stooges.
Joe se apoyó en el mostrador, cruzó los brazos y cerró los ojos.

Cyan se dejó caer en el piso, contra una pila de cajas de amplificadores, Luo se sentó a su lado, la guitarra aún sobre sus piernas. Mitsuki se quedó de pie, junto a la puerta, escuchando.

La música llenó la tienda y si bien no era perfecta, se notaban los fallos y la grabación era pobre, pero… había algo ahí, una verdad y urgencia que atravesaba el ruido y el tiempo.

Cyan apoyó la cabeza en las rodillas para escuchar sin pensar en el orfanato, ni en el director o en los castigos que vendrían. Pensó en el sonido de su propia voz al cantar Take Off, sus errores y lo que mejoraría con el tiempo. Pensó en la mirada de Luo cuando cortaron el último acorde y en el “bien” dicho por Joe.

La canción terminó. El surco del disco siguió girando en silencio un rato antes de que Joe alzara el brazo y levantara la aguja con cuidado.

—Eso —dijo Joe, abriendo los ojos— fue The Stooges en el setenta y uno. Grabado en una cocina. Suena a mierda y cambió todo. Por cierto, no digan insultos o me meteré en problemas.
Luo miró su guitarra. La levantó, la inspeccionó para dejar en claro que ellos fueron diferentes.
—Nuestro sonido… no sonó así.
—No —admitió Joe—. Sonó a ustedes. Con nervios y prisas, sonó a verdad. Eso es lo único que importa cuando bajaron de ese escenario. Es lo que cuenta.
Mitsuki se acercó al mostrador. Sus ojos, siempre observadores, estaban fijos en Joe.
—¿Y ahora?
—Ahora —Joe guardó el disco en su funda—. El director llamarña. Hablaré con él. Ustedes no estarán ni escucharán. Es mi tienda, mi problema.
—No fue su idea —protestó Cyan, levantando la cabeza.
—Son mis alumnos, yo les impartí clases de Rock and Roll. Es mi problema —repitió Joe, y su tono no dejaba lugar a discusión—. Ustedes tienen otro problema.
Los miró con una sonrisa.
—Ahora saben cómo se siente el vacío después de una presentación. El no saber si fue glorioso o un desastre. Ese hueco aquí —se golpeó el esternón—. Ahí es donde nace la siguiente canción o donde muere la banda. Ustedes deciden.
Cyan se puso de pie, las piernas le temblaban un poco aún.
—No va a morir.
Luo se levantó a su lado y asintió una vez, con la barbilla.
—Bien —murmuró Joe otra vez, manteniendo su expresión de felicidad—. Entonces mañana seguiremos practicando. El puente de Take Off sigue siendo un desastre y Cyan, esa última nota…. la sostienes con el diafragma, no con la garganta. Se te quebró.

Cyan sintió que una sonrisa torpe le nacía en la cara.
Joe dio media vuelta y se encaminó hacia la trastienda, quería fumar de nuevo y ya no tenía cigarros. En la puerta, se detuvo.

—Y es mejor que les compremos ropa, no pueden andar con esa ropa del orfanato.

La puerta se cerró tras él y los tres se quedaron solos en la tienda. Cyan miró a Mitsuki, luego a Luo, nadie tenía nada que decir y ella se sentía nerviosa de preguntar la opinión a Mitsuki. Estaban invadiendo su espacio, acaparando a su tío.

—Parece que seremos hermanos adoptivos —ella musitó tranquila—. Es bueno tener con quien compartir mis gustos de música.

Luo descolgó la guitarra y la guardó en su funda. La de cabellos cianes se quedó quieta, oyendo las palabras de la otra chica y esta última abrió la puerta de la sala de empleados.

—Quiero poner una cafetera aquí —murmuró la de cabellos ébanos.

El silencio resonó por la tienda, áspero y nuevo, persistente a lo que estaba por venir; la punta de los dedos de Luo ya no dolía, ni la garganta de Cyan, estaban emocionados por el futuro que vendría. Afuera quedaron los ensayos en voz baja, los pasillos que devolvían regaños, las puertas que se cerraban con llave adentro.

El orfanato ya no existía en ellos, y dentro de ese lugar opresivo, quedó la versión anterior de ellos mismos, la que cantaba liturgias permitidas; Joe les había regalado libertad y esperanza.
Mañana habría que afinar de nuevo, comprobar si el puente aguanta, si la garganta resiste, pero esta noche el único acorde importante ya salió de ellos, el que separa el antes del después.
« Last Edit: January 17, 2026, 10:55:42 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Othinus

Re: Act 1: Overture
« Reply #76: September 30, 2018, 07:33:29 PM »
( 2 ; a )

“Una estudiante que desertó vistiendo pijama, antes de que llegaran las vacaciones de verano dejó la escuela”.

Tarareaba Erio con entusiasmo mientras corta una gran tela color amarillo, queria hacer una paleta de colores neutros para tener de referencia. El chico que fuera a vestir sus creaciones debía de entrar en perfecta armonía con el color favorito de la diseñadora (el amarillo).

“Incluso si la sociedad me llama alienígena, en la sala de espera del universo tal vez nos veamos de nuevo”.


Prosiguió con la tarea propuesta y al ritmo pegadizo de una melodía…  ¡zas!  Corte, corte. La idea de prepararse para la U con patrones e idear a sus modelos predilectos la vuelve loca.

“Erio” la llamo su abuelita desde el comedor y ella con un ‘ya voy’ corrió al encuentro. “¿Podrías ir a comprar algunas cosas en la tienda?” Rechazar el pedido era un no rotundo por lo que asintió y salió de la casa.

Una aspirante a hikkimori como ella aprovecharía la ocasión para visitar la meca otaku de Eastwood y comprar el sustento de sus hobbies.

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Como ratita se adentró por los pliegues de las calles y entró a la primera tienda discreta del lugar.

“¿Dónde está la sección de doujines yaoi?” preguntó con la respiración apresurada, había corrido para que nadie la viera. Ser descubierta como otaku en el primer día de facultad podría ser un problema.

El chico de la tienda la miró con un rostro sombrío y le marcó una estantería bien al fondo, muy atrás, donde las sombras la ocultaran de la parte de adelante.

“¡Gracias!” dijo sin más y fue por su sangre de alma, vicio principal y amor al arte. Lo último porque así suena menos pervertida. ¿¿¿???

Miro al chico desde el lugar aquel y él sintió la mirada aguda sobre la espalda… ¿sería asesinado?, se preguntó y negó con la cabeza. Las chicas siempre iguales, por ser japonés queriendo ligar con él.

Erio se fijó en la estatura ¿182 cm? Uh, la boca se hizo agua. Apariencia perfecta, mirada profunda y un aura misteriosa. ¡El perfecto modelo que tanto quería! Bueno, lo encontró rapidísimo y eso le extraño. Si esto era una señal de algún dios, lo rechazaría. 

”¡Ah, olvide las cosas!” exclamó y tomó el último trabajo de Momose sensei y algunos de un nuevo grupo al azar, abastecerse fue lo prioritario.

“¿Llevas eso?” le preguntó y ella asintió, los ojos inquisidores de Erio fueron hasta el distintivo de la solapa del uniforme. “Gracias por su compra” le sonrió una vez pagado el producto.

Ella quiso esconderse una vez supo el nombre de ‘Komiyama Yoh’, culpable por haber descubierto aquello pero no iba a dejar que el perfecto modelo de sus sueños se escapara. ¡No! Y corrió con las mejillas sonrojada, como adolescente, a una tienda orgánica a unas cuadras más abajo.

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Yoh cansado de la actitud de niñas molestas sonreía como príncipe demoníaco, la idea de que alrededor de él pulularan niñas con sueños de casarse con un japonés lo asquea más que nada. Es más, nunca se interesaron en la persona tras el asiático, sólo que su nacionalidad duerma la del sol naciente. Por suerte el auge de los coreanos lo alivió un poco.

Ese día fueron a la tienda varias personas totalmente olvidables pero en la tarde, una chica extraña se ocultó detrás de la cartelera de anuncios ¡sólo para entrar allí! ¿Acaso lo espiaba? ¿¡Desde cuándo!?

“¿Dónde está la sección de doujines yaoi?”

Ay mujer, la voz entrecortada y a trompicones la dejó expuesto como un viejo verde. Rogó porque se fuera pronto y librarse de otro bicho raro. Cada vez que tomaba el turno de la tarde esto pasaba.

Luego de un rato ella se marchó y pensó que finalmente la paz regresaría al local pero se equivocó ¡monumentalmente! La otaku olvidó uno de los libros y corrió a perseguir al cliente.

“¿Me estás dando amor? ¿Debería hacerte enojar? Entre todos los que me evitaban tú estabas mirándome sorprendido” la escuchó murmurar en una intersección y la tomó del hombro para atraer la mirada de la chica.

Unas pupilas de azul claro lo miraron con asombro y el sedoso cabello turquesa resplandecía bajo los destellos del sol. Si este fuera un manga, él se quedaría prendado por ella, ¿acaso el caprichoso destino los juntó? Nah, eso jamás existiría. 

“¡Ah, el perfecto modelo!” dijo ella sin pensar y llegó a los oídos de Yoh. Hombre, que chica tan problemática.
“Olvidaste esto” le tendió el libro con una portada de hombres besándose y ella giró la cabeza y corrió hasta perderse en la lejanía.

Yoh suspiró y presintió que una arruga saldría en la frente.

“¡Hey, brodah!” le saludo un pelirrojo a la distancia, alzando un brazo y con la otra sosteniendo un pucho. “¿Qué haces con una revista porno gay?” y entendió por qué la mujer huyó de él desesperada, casi al punto de parecer una maniática.

Otra arruga se apoderaría de la frente del asiático.


Othinus

Re: Act 1: Overture
« Reply #77: October 31, 2018, 09:57:50 PM »
Cortito y compartido con la Mishu (Miyu), lo de ella esta en color raro  :'(

(2 ; b)

Azotó cuanta puerta osara presentarse frente a ella, nada ni nadie la frenaria en la dramática huida lejos de el tal Komiyama Yoh, dejó la bolsa del supermercado sobre la mesa para ayudar a la abuelita y paso a cerrar la puerta del armario puesto como cuartel general en el cuarto que los parientes prepararon especialmente para ella, hasta que un ruido molesto la atacó, este proveniente del estómago.

Hambre.

Salió a hurtadillas por el balcón del departamento, la pena y vergüenza, la deshonra porque alguien descubriera su hobby del yaoi le impide sacar algo del refri y fue directo hacia las escaleras de incendio, descendiendo con prisa. ¡Una tienda, una tienda!  ¡PUDIIIIIIN, HELADO,  GALLETAS E INCLUSO SECAS VAINILLAS!, coff, coff… compraría algunas cosas y volvería para leer sobre alienígenas.

Escucho ruidos desde abajo del último escalón y de bruces dio con dos pequeñitos de entre cuatro y cinco años correteando de allí para aquí, absortos en el mundo de juegos y risas, sin preocupaciones.

“Nombres” los señalo Erio, los sentía como cómplices de maldades.
—Okuni —dijo la niña, algo sorprendida por ser descubierta en el escondite favorito junto a su hermano gemelo—. Soy la mayor.
—Baren —respondió después que la hermana, dejando a vista quien mandaba entre ambos: Okuni. Aunque ella se ocultó tras él, al percibir como la figura de una extraña persona se les acercaba.

Los dos chicos lucían idénticos, como si uno fuera la parte del sexo opuesto del otro; la diferencia crucial era el parche reposando sobre la cuenca derecha del que respondía al nombre de Baren.

—Somos los Hozumi del segundo B (2 B) —le comentaron al unísono—. ¿Usted, señorita?
—Inuyashiki Erio —los observó con intensidad y sin pestañear.

La jovencita les pareció hermosa, con pupilas tan azules que casi no diferenciaban entre el cielo y el mirar de ella; cabello turquesa les pareció con un brillo tan único que titilaba como los adornos de navidad. Ambos se quedaron absortos en las facciones de Erio.

—Hermano, hermano —lo sujetó de la manga de la yukata y ambos se pusieron en cuclillas, muy cerca del suelo hecho de arenilla y se sujetaron por los hombros. Reunión secreta de los Hozumi—. Tiene las mejillas regordetas, es una l-o-l-i —deletreo lo último como si fuera lo más importante del mundo.

“¡Taimu!” abrió la boquilla en un mal ingles e imitó la pose de los niños y con mirada asesina y memoria para vengarse más tarde los miro fría. “¿QUIÉN TIENE LAS MEJILLAS GORDAS?” les gritó para propinarles un coscorrón a cada uno y sin mezquinas fuerza.
“¡Ittaaa! Eso dolió” hablaron al mismo tiempo a la vez que con las manos tapan la supuesta herida.
“Eso pasa cuando le dicen a una SEÑORITA DE DIECINUEVE AÑOS GORDA Y PENDEJA” sonrió dulcemente hasta las tripas rugio y lo niños comenzaron a reír hasta tirarse al suelo de golpe.
“¡YAAAA!” los pateo con furia y suavidad, con la cara de rojo intenso. Servicios infantiles esto no es lo que parece... ¡NO! [?]
“¿Quieres comer algo, onee san?” mencionó el enano.
“Nuestro piso está antes que el de onee san” sonrió Okuni consintiendo la invitación.

Con bastante pena, Erio caminó tomada de cada lado por uno de los gemelos. Le extrañaba que los chicos enfundaran ropas tan clásicas siendo esta una ciudad luminosa y llena de glamur pero suspiro guiada por el hambre y los chicos diabólicos con sonrisas endemoniadamente adorables la tenían de rehén.
 
El departamento de los Hozumi se mostraba desierto, algo raro para niños en esa edad pero cada familia era un mundo y los pequeñines parecían en buen estado como para intervenir. 


“¡Sabemos cocinar!” la guiaron por la cocina y Baren corrio directo al microondas para encender y presiono botones y así dejar la comida diez minutos.
“Aquí viene el aperitivo” paso apuradisima la hermanita mayor con una charola de comida que fue dentro del aparato.

Erio los aplaudió impresionada de como reparten las tareas para hacer todo a la velocidad de la luz. Pero diez minutos… moriría de inanición  de hambre, ya que sabia ella. ¡Comida, comida, comida! Todo lo que piensa es en eso.

“¿Tienen pan?” quizás logre sobrevivir si un milagro sucedia “¿pudín, mermelada? ¡ALGO QUE ESTÉ YAAA!” gritó y los pendejitos la callaron de inmediato sin piedad.
“Mamá duerme” dijo el hombrecito en miniatura con el dedito señalador sobre la boca.
“Entra a trabajar dentro de nada” con el mismo gesto terminó la frase la mayorcita.

―¡Ahh~! ―un gigantesco bostezo se hizo presente en el solitario y casi oscuro departamento y la voz de una femenina adormecida comenzó a llenar el lugar, todo parecía revivir a su paso, incluso la mirada de los niños se tornó en redondos ojos que brillaban como perlas―. ¿Volvieron Oku chan y Ren kun? ―los saludó, saliendo del cuarto.

La mujer peinaba sus hebras rosadas con un cepillo, tratando de ahorrar tiempo en la ducha y una mascarilla de aguacate bien distribuida la hacía parecer una ama de casas en sus cuarenta y tantos largos años. Aún llevaba puesto el pijama y Erio se cuestionó el tipo de situación en que vivían, quizás era madre soltera,

―¡Bienvenida! ―aún dormida la saludó cortésmente―. Si quieres algo dulce en la lacena, lejos de los monstruitos, están las chucherías engordadoras de traseros.


“¡También los temibles michelines!”  gustosa de conocer a otra japonesa como ancla a la cultura sonrió sin fijar los ojos en la mascarilla verde. “Erio Inuyashiki, es un verdadero placer”.
“Oh, Mademoiselle, el placer es todo mio” tranquila acarició despeinando a cada hijo. “Tengo marido” adivino el pensamiento de Erio casi al instante y ella sorprendida bajo la cara avergonzada.
“¡LO ZIENTOOOOH!” orz “una mujer tan linda como usted soltera…” con cabeza en el tapiz la reverenció como disculpas repetidas veces.
“Oh, oh, oh” rio cómoda “está bien, mi esposo está en un estado deplorable actualmente y hable de más” el silencio gélido pasó entre los cuatro “Hozumi Tamamo, puedes decirme Tama chan”


El próximo ruido en cortar el ambiente tan cargado fue el sonido de alarma del microondas, la comida ya dejaba olerse agradable y el estómago de Erio correspondió al aroma de la comida de los tallarines chinos.

―Bueno, disfruten. Debo prepararme para mi trabajo y buscar al inútil de mi esposo, gracias por cuidar de mis niños ―le dedicó una gran sonrisa y fue directo al baño para cambiarse a ropas más apropiadas.



Othinus

Re: Act 1: Overture
« Reply #78: November 30, 2018, 11:49:19 AM »
Dejo esto asi bien pobre porque me voy  :-[


(3 ; a)

Intento olvidar a la extraña chica y a que Badou lo vio agitando un doujinshi en la vía pública del género que comprometía su hombría y que jamás repetiría el nombre de esa demografía, ni en mil años. De suerte que la chimenea andante se fue a hacer algunos recados y a visitar a otros amigos.
Yoh dejo que toda la humanidad escapara por la boca, estúpido que es por aceptar un trabajo en una tienda para bichos raros… que si no entran para fastidiarlo, lo hacen para comprar revistar porno de dibujitos.  ¡MIERDA! Gritó para dentro, que las maldiciones se sumergieran en el alma negra de el.

Por la vitrina miro alrededor del local, el lugar desierto y plano, sin personas cerca, le dejo claro que hoy no vendería más de lo que ya había hecho en toda la jornada y mensajeo a la jefa para ver si le permitía irse antes de tiempo. Un no llego como respuesta y suspiró.

“Aaamh” pronto divisó la silueta de una chica con uniforme escolar, con los labios fruncidos carraspeo para llamar la atención del empleado, en este caso  Komiyama Yoh, quien devolvió la mirada con un rostro de perro de pelea.
“¿Sí?” si quería unas palabras de bienvenida, no, estaba muy lejos de Japón.
“¿Dónde están los nuevos mangas?” dijo con la cara totalmente enrojecida, de oreja a oreja, y Yoh le señaló una estantería de las primeras.

Yoh comenzó a meditar sobre el motivo que le trajo hasta Eastwood y la imagen de su hermana le vino a la mente, ella dijo que el primer paso era aquí y luego un paso largo hasta Hollywood.  Suspiró por tercera vez.

“Me publicaron… ¡ME PUBLICARON!” comenzó a gritar la chica con una sonrisa gigantezca, la quiso hacer callar pero como cliente no hay, la dejo ser. “Aaaaah” eufórica tomo la revista de la shonen jump y fue directo hasta la caja registradora, donde dejó el dinero y salio disparada como si el aire se contaminara con la alegría de ella y la cara de pocos amigos.
Yoh ojeo una revista de la misma línea que ella y revisó los nuevos mangas que se serializaban ese mes, entre ellos una tal Mary se asomó a la cabeza, la chica ganó un concurso en que el primer premio era ese, ser publicada.

“YOOOH” desde fuera el olor a cigarro ya se sentía, alzo la mirada de la revista y se fijó en el sujeto que lo llamo.

Cuarto suspiro.
“La chica de recién si que era un corre caminos” sonrio y largo humo de entre los dientes.
“Y tan ruidosa y desagradable como tú” bajo la vista a la revista con curiosidad por el tipo de historia que planeo la tal Mary.
“QUE OFENSA MÁS GRANDE” gritó divertido, los dos se conocen desde hace tanto que las bromas de ese estilo ya eran como una costumbre, algo de machos, dirian sus amigos. “Si fuera mayor y con relleno donde debe, quizás la cortejaria”.
“¿Cortejar? Ven con otro chiste” si la apariencia poco masculina de Badou desde secundaria ahuyenta a cualquier candidata al puesto de pareja y, de paso, a las pretendientes de el.
“¿Vienes a Ley?”  pregunto antes de sentarse en un banquito frente al lugar de Yoh, donde el mostrador los separa.
“Esos sitios no van conmigo” masculló, leyendo las viñetas del manga.
“Sera divertido, las chicas estaran allí y Asami ya dijo que asistiria” replico.
“No lo hara” un sexto suspiro casi sale. “El novio ni tomado la dejaría ir”.
“Pon algo de música, este lugar es asqueroso y aburrido. Si le sacas partido a tu apariencia, la pasta te llovera”.
“Y tambien niñas molestas de entre doce y quince…” ver lo malo en todo es su especialidad “no las soportaría, lo apuesto”.
“Aquí están las tipas mas raras” alzo una ceja, tomo otro cigarro y lo calo hasta el fondo.
“Igual que en Ley” ambos rieron con complicidad, ninguno de los dos se especializa en conquistas o coqueteos, por eso se llevan bien desde hace tanto tiempo.

Yoh se puso en pies y fue hasta la computadora para poner alguna canción del repertorio; en secudaria intento estar en una banda y luego la dejo, sin haber tocado ni una vez en público.
“Esta te va completamente” sonrio Yoh, subiendo al máximo el volumen de los parlantes.
Entre las carpetas de canciones pirateadas las que más escucha son las de los noventa, rock alternativo  y la sala se inundo con las extraños acordes de Blur, chicas y chicos.

Girls who want boys
Who like boys to be girls
Who do boys like they’re girls
Who do girls like they’re boys
Always should be someone you really love

En la parte de los coros, Badou no dudo en ponerse de pie sobre la silla e imitar el sonido de los “oh, oh ooh” con un movimiento hipnótico de caderas.
“Asqueroso, bájate ya mismo” le tiró el tomo que leía.
“¿Me bajo los pantalones? Oh my…” sonrió con picardía y una pila de objetos estrellaron contra él. 
“Chicos… chicos…” los llamo desde la entrada una señora rara “si quieren les pago el telo fu fu~”
“¡Eeeeh!” las cejas fruncidas llegaron hasta la locutora y la mirada divertida de Badou también. “Jefa”.
“¿Quién más?” la radiante sonrisa de ella los dejo ciegos a ambos. “Yoh, desde hoy hay un nuevo empleado”.  La mujer camino con paso tranquilo y suave, elegante, luciendo a tope el traje ajustado a la figura, que brilla por la tela negra y corta.
Mitsuko Souma, una joven emprendedora que llego a Eastwood cuando tenia doce años y rápidamente llego a la cima de actrices en doramas para la televisión. La figura delineada con curvas y unos senos perfectos y simétricos, junto a la mirada angelical le sumaron puntos al talento.  A Yoh nunca le intereso demasiado las novelas o el cine.
“¿Quién?” bajó la música mientras seguía con la mirada el paso de Mitsuko.
“Quiero tapizar la tienda” los labios carnosos con tono de vino mate le dejo ver una perfecta dentadura.  “Hanemura Megumu” completo ella. “Vendra mañana, sabes que contrato únicamente japoneses” miro con desden al amigo del empleado.
“Para esto mejor manda un mensaje, tu presencia siempre atrae demasiado la atencion” comento, pese a que Mitsuko posee unos tres años más que el, la trata así.
“Visitar esta tienda siempre me da repelus pero hoy no, hay poca gente” lo ignoro.


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #79: November 30, 2018, 09:52:20 PM »
5.1 # Dark dream.

Diez años después.

«Al final, todos se desvanecen. La realidad se transforma frente a mis ojos y mis sueños se disipan sin dejar rastro. ¿Hacia dónde se marchan todos? ¿Por qué me dejan atrás? Mamá… gege… ¿en qué lugar se encuentran? Auxilio, por favor, no deseo permanecer sola… atrapada entre paredes oscuras, todo se esfuma ante mi mirada… no queda nada. Nada. Sálvame, gege».

Despertó. Las sombras ya se habían consumido todo a su alrededor y no logra recordar nada, excepto la sensación de un vórtice extraño arrastrándola hacia las profundidades de un mar sin luz. Un dolor punzante en su sien la devuelve a la realidad, una realidad que detesta y de la cual anhela escapar con desesperación. Incluso los sonidos habituales de la ciudad se atenúan progresivamente, como si viviera sumergida; los ruidos llegan distorsionados y su vista permanece nublada, velada por una bruma persistente.

A sus diecinueve años tiene el impulso obsesivo de ocultarse las miradas que la atormenta, replegarse en su propio caparazón y eludir el mundo exterior. ¿Despertó verdaderamente? Ella sostiene que el tiempo se detuvo hace tantos años que ya no logra percibir su avance. Su destino, asegura, nunca logrará alcanzarla. Su historia, en su propia percepción, concluyó hace ya mucho tiempo, dejándola varada en un presente eterno y silencioso.

Se puso de pie, sus ojos color coral escudriñando el paisaje matutino de Eastwood a través del gran ventanal de la habitación. El mundo que ella conocía, su lugar seguro, se hizo añicos en el pasado. Junto con él, se quebró también su voz, silenciada para siempre y, ahora, atrapada en una promesa que jamás pudo cumplir, solo desea huir, evaporarse de la misma manera en que todos a quienes amó se han desvanecido.

—¿Despertaste? —desde el marco de la puerta, una figura observaba. Era exactamente igual a ella, salvo por las líneas ligeramente más definidas y la estatura un poco mayor. Era su gemelo, su versión masculina—. ¿Te duele algo, Xixi?

Ella negó con la cabeza. Era una mentira, pero no quería inquietarlo. Se giró hacia él esbozando una sonrisa frugal, un gesto pequeño y controlado, ambos poseían la misma melena rosácea, cortada de manera similar, y miradas penetrantes que demostraban lo que habían vivido. Los hermanos Li, pese a tener diecinueve años, conservan rostros de facciones delicadas que los hacen lucir más jóvenes, como detenidos en el tiempo.

—¿En serio? —se cruzó de brazos, avanzando lentamente hacia el centro de la habitación. Su tono no era de enfado, sino de una preocupación profunda y cansada—. Mentir no traerá cosas buenas, Xixi. Lo sabes.

La sonrisa de ella tembló durante unos instantes, casi colapsando, antes de forzarse a mostrar otra cargada de falsa felicidad, a volverse más amplia y sin motivos reales. ¿Cómo podía ser tan egoísta y añadir un peso más a los hombros de Tianchen? Él ya cargaba con suficientes responsabilidades y preocupaciones como para que tenga que asumir una más debido a las emociones complejas y negativas que aquejan a Tianxi.
—El desayuno está listo —suspiró él finalmente, cerrando la distancia y llevando una mano con suavidad a la cabeza de la chica, acariciando su cabello—. Después hablaremos de tu comportamiento extraño. Mentir al hermano más genial y atento está estrictamente prohibido. ¿Vale?

Ella asintió de manera efusiva, un movimiento rápido e indeciso, juntando ambas manos sobre su pecho tratando de evitar más preguntas. Li Tianchen, normalmente poseedor de una personalidad explosiva y volátil con el mundo exterior, se transformaba por completo frente a su hermana menor, Tianxi. La sobreprotección era algo que ambos daban por sentado desde la infancia.

Caminaron por el departamento de tres pisos hasta bajar por las escaleras y entrar en el comedor. Tianxi observaba la espalda de su hermano mayor, su postura erguida y ese andar seguro que siempre había mostrado desde tanto tiempo. Sus recuerdos de él estaban llenos de una calidez intensa, un refugio único donde ella podía relajarse y también, de una culpa profunda, porque nadie había protegido a Tianchen durante los años en que el padre biológico de ambos maltrataba a la familia. Él había sido su escudo, y eso le había costado demasiado a los gemelos.

Pero el pasado nunca regresará, por más que ambos lo persigan.

Frente a ellos, en la mesa del comedor, ya estaban puestos los platos. Un hombre esperaba a que ambos tomaran asiento, ocupando él, como buen padre adoptivo, la cabecera. Acogió a los hermanos Li luego de que sus padres fallecieran; un ex policía y actual abogado de alto perfil, representante legal de varias estrellas y familias influyentes de Eastwood, Qian Jin era una figura imponente incluso en la intimidad de su hogar.

—Buenos días —los saludó, llevando una taza de porcelana fina con café negro recién molido a sus labios. Sorbió un poco antes de continuar, necesitaba esa amargura en su garganta más de lo que podía admitir—. ¿Cómo durmieron? ¿Descansaron bien?

Las preguntas sonaban afables en la superficie, casi paternales, pero no venían de cualquier padre. Venían de Qian Jin, un hombre conocido por su habilidad para identificar los talentos en las personas y encontrar la manera más eficiente de utilizarlos. Su adopción no había sido una excepción a esta regla y ya estaba saboreando de qué manera iba a utilizar a Li Tianchen en la nueva agencia de talentos que se abrió en Eastwood.

—Sí —respondió Tianchen sentándose a la derecha, su voz carente del tono combativo que usaba fuera de casa, pero tampoco cálida sino más bien fría y desinteresada—. Te luciste con este departamento. Nada que ver con los complejos de China.
—Fue gracias a la familia Liu —explicó Qian Jin, con un gesto de satisfacción enmarcado entre sus pómulos—. El próximo cabeza de familia vino de improvisto luego de terminar sus estudios en Bridon. Necesitaba asesoramiento legal inmediato para una transacción de propiedades. Prefirió la discreción de una reunión aquí, en lugar de mi oficina. El trato se cerró en esta misma sala, como agradecimiento, me ofrecieron este piso en el edificio. Una ganga, considerando la zona.

Mientras hablaba sus ojos agudos y evaluadores, pasaron de Tianchen a Tianxi, que se había sentado en silencio a la izquierda. Ella mantenía la mirada baja, fija en el delicado diseño de flores de su plato dónde reposa un croissant salado, lo miró un instante antes de tomarlo con ambas manos y llevarlo a su boca.

—Tianxi —dijo Qian Jin, su tono suavizándose un poco, para evitar confrontación con el mayor de ambos—. Tienes un color mejor hoy. Más descansada.

Ella levantó la vista lo justo para encontrarse con la suya y asintió una vez, dejando de masticar esa masa crujiente y rica. Por supuesto, no intentó sonreír. Qian Jin no valoraba las sonrisas de ningún tipo; le importaban los resultados, la utilidad, la compostura, cosas que ella carecía totalmente.

—Bien —asintió él, intentando pensar en cómo usarla a ella. Para Qian, Xixi no poseía nada destacado y aunque sabía tocar varios instrumentos, el pánico escénico la volvía en algo inútil —. He revisado tu progreso en los ejercicios de escritura que te asignó la doctora Shen. Tu caligrafía ha mejorado, la consistencia es clave, el control sobre la mano refleja control sobre los pensamientos.

Tianxi asintió de nuevo. Los ejercicios eran tediosos, líneas y más líneas, luego caracteres simples, luego frases. Un proceso meticuloso para reconectar su mente con su mano, para sortear el bloqueo que le impedía hablar. A veces sentía que estaba aprendiendo a ser humana de nuevo, desde cero.

—Y tú, Tianchen —continuó Qian Jin, volviéndose hacia el joven de cabellos rosados—. He visto el informe de tu último examen de admisión. Tu puntuación en lógica y debate es excelente. Pero tu ensayo personal… fue descrito como "vehemente" y "poco diplomático". En la carrera de Derecho, la vehemencia sin estrategia es ruido. El próximo borrador lo revisaré yo personalmente.

Tianchen apretó ligeramente los dientes, no quería ir a la universidad pese a tener la edad indicada y tampoco seguir los pasos de su tutor legal… sino fuera por su hermanita que necesitaba esos tratamientos con el psicólogo.

—Entendido —señaló, tomando un sorbo de su propio jugo de naranja.
—No te estoy castigando —aclaró intentando evitar reírse Qian Jin a la par que se sirvia algo de fruta del centro de la mesa. Tenía en claro que movía los finos hilos clavados en Tianchen—. E igual irás conmigo a Chinatown hoy. Eres mi más valiosa inversión y voy a dar un buen uso a tus talentos naturales, hijo. Esa agresión natural que canalizas correctamente en las letras que escribes. Bajo mi guía te harás famoso, no obstante, todo requiere disciplina y requiere eliminar distracciones.

Hizo una pausa, dejando que sus palabras, claras y controladas, se instalaran en la frágil cabecita de su hijo adoptivo. La habitación era perfecta, impecable, como todo lo que Qian Jin controlaba; pero esa perfección era solo la fachada para algo más siniestro. En su mundo real, el de los tribunales y los contratos, las cosas nunca eran tan limpias como relucían al inicio bien dicen que “todo lo que brilla no es oro”; él es un hombre sin escrúpulos cuando se trata de cumplir sus objetivos aún si debe cruzar la fina línea del honor y la verdad. Sabía cuándo presionar, cuándo ceder y, sobre todo, dónde estaba el límite de la ley para poder doblarlo a su favor sin romperlo.

Había acogido a los hermanos Li, sí, pero en su mente no eran hijos a los querer incondicional; eran una pieza más en el tablero, una inversión a largo plazo con un potencial por explotar o al menos así veía a Tianchen. Su tono paternal una fachada para lo que de verdad quería y lo estaba moldeando; decir sobre las actividades de Xixi y su progreso una forma más de atarlo al mayor.

—Por eso pregunto, Tianxi —prosiguió, clavando sus ojos en ella—. ¿Hubo alguna distracción anoche? ¿Algún… sueño o recuerdo que perturbara tu descanso? La doctora Shen mencionó que los episodios de fatiga pueden preceder a un retroceso.

Tianxi sintió que el corazón le latía con fuerza contra el pecho. Negó con la cabeza, esta vez con más fuerza, no quería revelar su estado actual. Sus manos bajaron de inmediato la mesa y se aferraron al borde de su asiento.

Tianchen intervino, su voz un poco más tensa.

—Ella dijo que durmió bien. Ya lo pregunté.
—No te he preguntado a ti —replicó Qian Jin sin alterarse, sin apartar la vista de Tianxi—. Le he preguntado a ella. Y ella puede responder con un sí o un no. Es un ejercicio básico de comunicación. ¿Verdad, Tianxi?

La presión se sentía sobre ella, Tianxi abrió la boca, pero solo salió un sonido de aire, algo incomprensible para los presentes un mutismo. Finalmente, logró mover la cabeza de nuevo. Negación.

Qian Jin la observó un segundo más, luego sonrió de manera astuta, satisfecho o al menos conforme antes de acomodarse las gafas sobre el puente de la nariz.

—Bien. Entonces no hay problema, podemos proceder con la agenda del día. Tianchen, tienes tutoría a las once y Tianxi, la doctora Shen viene a las tres. Hasta entonces, aprovecha para repasar los caracteres nuevos. La familia Liu asistirá a una cena aquí el viernes. Espero que ambos estén presentes y en su mejor forma.

El desayuno continuó igual de rígido, un silencio absoluto cortado por el tintineo de la porcelana en los platos y los pasos de la empleada doméstica en la cocina. Tianxi fingió dar otra mordida a la media luna salada, aunque había perdido el apetito después de oír las falacias del tutor.  Ambos hermanos tenían la sensación de estar atrapados, ser presas bajo las garras de un sujeto aterrador que buscaba la utilidad y el rendimiento en ellos, paredes tan oscuras y opresivas como las pesadillas que era inmersa cada noche Tianxi.

Miró a su hermano. Tianchen parecía visiblemente molesto por las declaraciones del hombre, en un esfuerzo por contenerse fijó su atención con intensidad en el vaso de leche que tenía delante. Su mirada se clavó en el líquido blanco, inmóvil, como si pudiera encontrar allí una manera de desvanecer esa rabia que contiene en su interior.

El ceño de Tianchen permanecía fruncido entre sus ojos, ese gesto, pequeño e involuntario, delataba por completo su estado anímico; una irritación profunda, mezclada con la frustración familiar. Por debajo de la mesa, sus pies marcaban con impaciencia un ritmo y en su interior, las ganas de soltar improperios, de contestar con la misma moneda a aquella persona, hervían con fuerza. Sin embargo, el cálculo rápido, el instinto de preservación que años de convivencia le habían enseñado, le impedía actuar. A estas alturas, el hombre sentado a la cabecera, pese a compartir techo, les resultaba más un extraño que un padre. Tianchen tragó en seco, forzándose a desviar la mirada hacia la ventana, rompiendo el contacto visual que alimentaba su ira.

Ambos comprendían, sin necesidad de hablarlo, la verdadera naturaleza de su situación. Aquel hombre no representaba ayuda alguna, ni mucho menos un salvador, su figura era la de un cazador, alguien que los utilizaría sin reparos, extrayendo valor de ellos hasta el último aliento. Ahora, instalados en Eastwood, ese propósito se hacía más evidente… probablemente ya tenía trazado un plan detallado para convertirlos en un activo rentable, en un flujo de dinero o influencia. Eastwood rodeado de luces brillantes y artificiales destinadas a cegarlos.

El primero en levantarse de la mesa fue Qian Jin. Dio las buenas mañanas con un breve saludo y salió del comedor, sus pasos ruidosos resonando en el pasillo. El sonido de la puerta del estudio cerrándose a distancia marcó el fin oficial del desayuno.

Al instante la señora que ayudaba en la casa entró en la habitación, comenzó a recoger los platos y los vasos vacíos sin dirigirles la palabra y de forma eficaz, apilándolos en una bandeja grande. Todas las personas en ese departamento debían comportarse así, de eso no había duda.

Ambos hermanos permanecieron sentados. Xixi no hizo movimiento alguno para intentar levantarse, sabía que si era la primera en hacerlo su hermano la seguiría de inmediato, preocupado por cómo se sentía ella en aquel momento, y luego, puntualmente a las once, él se iría a su tutoría. Ella quedaría entonces en la casa, sola con el silencio opresivo de las habitaciones vacías y atrapada entre las expectativas de Qian Jin y ser una carga constante para su gemelo mayor. 
Observó las manos de Tianchen, que descansaban inertes sobre la mesa, y esperó.

—Ese viejo… —murmuró con un suspiro al final—. Estoy seguro de que por eso lo dejó su esposa, ser así de egoísta tch… que fastidio.

Xixi se rió finalmente, aunque sin sonido.

—¿Quieres dibujar algo? Estoy seguro de que no has abierto los nuevos papeles que te compré ni los marcadores —la señaló una vez que se levantó de su asiento—. También podríamos ir a caminar, aún no hemos visto los alrededores de aquí. ¿Qué quieres hacer, hermanita?

Ella levantó una mano y la llevó hasta quedar apoyada bajo su mentón, su rostro adoptó una expresión pensativa. Luego, bajó la mano y con los dedos índice y medio imitó el paso de alguien caminando sobre la palma de su otra mano.

Ella levantó una mano y la llevó hasta quedar apoyada bajo su mentón. Su rostro adoptó una expresión pensativa, con ambos ojos ligeramente cerrados. Luego, bajó el brazo. Luego, bajó la mano y con los dedos índice y medio imitó el paso de alguien caminando sobre la palma de su otra mano.


—Buena opción —dijo Tianchen, y una sonrisa pequeña, apareció en su rostro por primera vez esa mañana. Se acercó y volvió a acariciar la cabeza de ella con mucho cuidado, deslizando los dedos entre su cabello rosáceo—. Tenemos libre hasta las once. Y son las… —con la mano libre sacó el celular del bolsillo del pantalón y consultó la pantalla— …nueve. Tenemos dos horas completas para pasear. ¿Quieres ir a algún lado en particular?

Tianxi sostenía su sonrisa y negó con la cabeza, haciendo que sus dos coletas se movieran a los lados. No tenía un destino específico, la idea de escapar del departamento, de las paredes que parecían vigilarlos, era suficiente.


—Podríamos seguir Google Maps y ver que hay cerca de aquí o caminar sin rumbo — sugirió Tianchen, bajando la mano con el celular para poder utilizar la pantalla táctil con el pulgar— . Hay un parque a unas seis calles y también una tienda de crepas con muy buenas reseñas. ¿Tienes hambre después de este horrible desayuno?

Ella lo seguía mirando y su sonrisa se tornó un poco cómplice. Asintió una vez, con un movimiento leve de la cabeza. Nunca había sido de comer en exceso y una mordida a la media luna fue suficiente para llenarla, pero el deseo de hacer algo normal, algo que no estuviera programado por Qian Jin, de comer un poste callejero, sentarse en un banco y estar cerca de su gege le parecía una idea maravillosa.

—Crepas, entonces —confirmó Tianchen, guardando el teléfono—. Uhm… primero abrígate bien. Aquí la mañana todavía es fresca. 

Mientras Tianxi se dirigía al perchero cercano a la puerta, Tianchen la observaba con atención cada paso y acción que realizaba, escudriñando en las profundas emociones que contenía Xixi y ese peso de protección que sentía por ella casi instintiva, algo que seguía haciendo después de diez años, por culpa de su padre biológico. Pero junto a ella, siempre venía la otra sensación, la culpa. Culpa porque su vida, sus decisiones, estaban ahora atadas a la de ella dentro del esquema de Qian Jin. Él podía explotar, podía refunfuñar, podía intentar pelear y Tianxi no tenía esa forma de escape tan hosco. Su silencio era una prisión de la que él no podía sacarla y de la que no entendía bien su significado, el por qué había dejado de hablar pues fue varios meses antes que la tragedia sucediera.

Ella regresó con un suéter delgada de color rosa pálido con un moño blanco grande en el cuello. Tianchen tomó la suya del perchero, una chaqueta a deportiva azul, holgada y de estilo urbana, que se ponía casi todos los días.

—Listos —anunció, abriendo la puerta principal del departamento.

Al salir del vestíbulo caminaron por un pasillo hasta llegar al ascensor, como todo aquel piso pertenecía a Qian Jin, el lugar se sentía silencioso salvo por los pasos de las zapatillas de ambos hermanos. Bajaron en el ascensor en silencio., Tianxi se paró junto a él, sus hombros casi rozándose. En el espejo del ascensor, Tianchen la vio mirar sus propios pies y poner ambos brazos de manera incómoda.

—No mires así — dijo él, su voz sonando más suave dentro de la cabina metálica—. Hoy no pensamos en abogados, ni en tutorías, ni en ejercicios de caligrafía. Solo crepas y un parque. ¿Sí?

Tianxi levantó la vista hacia el reflejo de su hermano en el espejo. Sus ojos, del mismo color coral, se encontraron. Ella asintió, lenta y deliberadamente, un pequeño destello de alivio pareció cruzar su mirada junto a una sutil sonrisa.

Las puertas del ascensor se abrieron al lobby, un espacio amplio y decorado con mármol y algunas estatuas griegas, cruzaron hacia la puerta de entrada principal, vigilada por un conserje que les dedicó un gesto formal, era la primera vez que lo veían. Al empujar la pesada puerta de vidrio, el sonido y el aire de Eastwood los envolvieron de lleno, junto al ruido del tráfico, el murmullo lejano de la gente, el cielo abierto nublado.

Tianchen respiró hondo, expandiendo el pecho y a su lado, Tianxi hizo lo mismo, casi de manera sincronizada. Por un momento, solo fueron dos hermanos gemelos en la acera, con dos horas robadas al reloj de alguien más. El plan era simple: caminar hacia la izquierda, seguir la calle principal, y encontrar la tienda de crepas. Un plan insignificante y, por eso mismo, perfecto. Tianchen empezó a caminar y Tianxi lo siguió, ajustando su paso al de él, como siempre.

Tianxi observó el nombre del complejo departamental grabado en letras de metal dorado junto a la entrada. El brillo le resultó casi molesto. Luego alzó la vista, intentando ubicar con la mirada el penthouse que ahora ocupaban los tres, aunque no estaba del todo segura de cuál sería. El edificio se alzaba frente a ellos, enorme, un rascacielos soberbio tanto por su tamaño como por la fachada de cristal que reflejaba el cielo grisáceo de la mañana. Tomson Riviera dominaba el perfil de la zona, demasiado nuevo, demasiado limpio, incluso entre otras construcciones similares y claramente costosas.

El barrio se llamaba Lujiazui. No pertenecía al Chinatown tradicional, pero la cercanía se notaba en ciertos detalles que Tianxi no supo enumerar al principio. Después los fue viendo: algunos caracteres en los anuncios, el diseño cuidadoso de los jardines, las farolas de papel rojo con dragones pintados que colgaban de ciertos postes, y también las estatuas. Dragones otra vez. Este sector era conocido por albergar residencias de empresarios asiáticos influyentes, ejecutivos de grandes corporaciones y una que otra cara reconocible de la farándula internacional. Un distrito de gente adinerada, de riqueza mostrada sin pudor, protegida por seguridad privada y por los vehículos de lujo que entraban y salían de los garajes subterráneos a toda hora.

El edificio Tomson Riviera se erguía frente a un cuerpo de agua artificial, al que llamaban el río cristalino o Huangpu, aunque de río tenía poco. El agua, mantenida en un tono azul verdoso que no parecía del todo natural, estaba impecablemente quieta. Sobre su superficie se deslizaban algunas canoas y botes de remos, siempre lejos, como si formaran parte del decorado y nada más. Una verja baja y elegante separaba los jardines privados de la ribera, donde bancos vacíos y senderos perfectos parecían esperar a residentes que, probablemente, nunca tenían tiempo para sentarse ahí.

Desde donde estaban, Tianxi podía ver la entrada principal, custodiada por dos conserjes de uniforme impecable. Todo encajaba demasiado bien. Era un lugar hecho a la medida de personas como Qian Jin, y al mismo tiempo un sitio donde ellos, los hermanos Li, se sentían fuera de lugar, como piezas prestadas en una vitrina demasiado brillante. Tianxi bajó la vista otra vez, prefiriendo el suelo conocido de la acera a la frialdad imponente de lo que ahora llamaban hogar, aunque todavía no se sentía así.

— …

Tianchen la observó un instante, notando cómo su mirada se perdía en la fachada del edificio. Un suspiro escapó de sus labios antes de que le diera un pequeño golpe suave con el dorso de su mano sobre la parte superior de la cabeza.

—¿En qué piensas, hermanita?

Ella se llevó ambas manos a la zona afectada, fingiendo mayor dolor del que había causado la acción de su hermano, y le sacó la lengua en un acto de burla hacia él.

—Estás siendo un poco grosera hoy —volvió a suspirar él, pero una sonrisa involuntaria asomó en su rostro. Extendió su mano y tomó la de ella, cerrando sus dedos alrededor de los suyos con firmeza—. Vamos, hay que apurarnos. Nos queda menos de dos horas ya.

La empezó a arrastrar suavemente por la vereda, ancha y casi desierta a esta hora. Tianxi ajustó su paso al de él, sus zapatos golpeando el pavimento en un ritmo más rápido en el intento de seguirlo y no fastidiarlo. Sin embargo, volvió la cabeza una vez más, lanzando una última mirada hacia la entrada reluciente del Tomson Riviera, la impresión de estar siendo observada desde las ventanas altas, aunque probablemente fuera su imaginación, no se disipaba de la mentecita de ella.

Tianchen, sin soltar su mano, siguió caminando.

—No mires atrás —susurró, su voz más baja y más seca que nunca—. Mirar atrás no sirve de nada, si Qian Jin nos está vigilando seguramente ya debería haber mandado algún espía a perseguirnos.

Ella miró entonces el perfil de su hermano, enredando sus dedos con los de él y su expresión concentrada en el camino. Con su mano libre, hizo un movimiento breve, los dedos índice y corazón de su mano izquierda caminaron sobre el aire frente a su pecho, y luego señalaron hacia adelante, hacia la calle donde supuestamente estaba la tienda.

—Exacto —asintió él, comprendiendo el gesto—. Las crepas nos esperan y podemos ver que hay en las otras tiendas. Ese es el único objetivo por ahora, lo demás puede esperar.

Tianxi asintió, enfocando su vista en la espalda de su hermano. Apretó un poco más su mano dentro de la de él, agradecida que gege siempre estuviera con ella y fuera su apoyo en todo momento y situación... y luego la culpa, no podía decirle lo aliviada que estaba de estar fuera, de alejarse, aunque fuera por dos horas. No podía expresar con palabras el peso que se levantaba de sus hombros con cada paso que los distanciaba del edificio, el silencio entre ellos dejó de ser incómodo y Tianchen seguía conversando con ella sobre diferentes cosas mientras avanzan juntos por Lijiazui.

—Mira —Tianchen le mostró la pantalla del celular con su mano libre, manteniendo firme el agarre a la suya con la otra—. El río artificial se llama Huangpu, aunque le dicen rio cristalino y se extiende en línea recta hasta el parque Vireta. Parece que todo en esta zona está conectado. Es impresionante, ¿no te parece, Xixi?

Ella dirigió sus pupilas hacia el río frente a la vereda de dónde estaban. La extensión era vasta, una franja azul turquesa que parecía no terminar, disolviéndose en el horizonte celeste. Supuso entonces que el parque que su hermano mencionaba estaba mucho más lejos de lo que creía, luego, su atención se fijó en los barcos que estaban en la superficie, sobre todo las pequeñas embarcaciones con formas redondeadas y pintadas para parecer cisnes y patos blancos; se mecían con suavidad, llevando a alguna pareja o a un niño, en su mente, apareció la palabra "lindo" y después, el deseo egoísta de querer subirse con su hermano a uno de esos barcos algún día.
—Uhmm —Tianchen emitió el sonido, y con un solo vistazo al rostro de Tianxi comprendió lo que deseaba en sus pensamientos. La expresión de anhelo en sus ojos era fácil de leer para él—. Deberíamos pedir un día libre completo, un sábado. Podríamos alquilar uno de esos patos. ¿Qué tal? —propuso, y levantó el dedo meñique de la mano que sostenía el teléfono.
Tianxi miró el dedo meñique extendido, luego su rostro. Su sonrisa se desvaneció un poco, reemplazada por las dudas e inseguridades. ¿Cómo? ¿Cuándo? Qian Jin no aprobaba el tiempo "improductivo". El horario de ambos estaba repleto de compromisos y lecciones y un paseo en barco de pato no encajaba en ninguna celda.

—No se permite dudar, Xixi —con una sonrisa cazó el dedo meñique de la chica y lo enlazó con el suyo con un apretón suave, no la quería lastimar bajo ningún concepto—. Listo. Promesa sellada. Ahora toca buscar en qué momento es oportuno escapar de Qian Jin.

Soltó su mano y reanudó la marcha, su paso había recuperado un ritmo más despreocupado; Tianxi bajo la mirada a su propio dedo meñique por un instante, esa promesa infantil la lleno de felicidad e inconscientemente empezó a anhelar aquella escapada a imaginar como sería y como se sentiría subirse a un bote así,

Caminaron en silencio durante una manzana completa. La atmósfera de Lujiazui era peculiar a esta hora, silenciosa y sin demasiada gente transitando, las aceras pulcras y los autos se escuchaban lejanos, tráfico en las avenidas principales y esquinas más concurridas. Pasaron frente a otros edificios de departamentos, cada uno con nombres en inglés o francés grabados en placas doradas o grandes carteles en vallas, con autos de lujo entrando y salían silenciosamente de los accesos subterráneos y empleados comunes en uniforme impecables que iban y venían, sobre todo los de delivery.

Tianxi observaba todo con mucha curiosidad, inmersa en ese mundo nuevo y diferente que se abría ante ella; antes de ser adoptados por Qian Jin eran una familia “normal”, con un padre trabajador y una madre que había sido modelo antes de casarse. La vida era sencilla y corriente, salvo por los arrebatos de ira que sufría el padre de familia y luego, la tragedia.

—Aquí debe ser —musitó Tianchen, deteniéndose frente a un local pequeño puesto entre una galería de arte contemporáneo y una óptica de diseño. La fachada era sencilla para todo el lujo que la rodeaba, con una ventana donde se veían, efectivamente, una plancha para crepas, algunos topping  ordenados y un mostrador con frutas. El cartel decía "Le Rêve" en letras cursivas.

Al abrirse la puerta, el olor del local los envolvió de inmediato. El aire estaba impregnado de mantequilla caliente y masa recién hecha, con un dulzor suave que no resultaba demasiado empalagoso. Se percibía también el aroma de azúcar fundida y otros olores que Tianxi no reconoció, mezclado con un fondo tibio que recordaba a la plancha encendida, que dejaba claro que allí se cocinaba sin pausa, desde temprano, para cualquiera que se detuviera a entrar.

—¿Entramos? —preguntó Tianchen, mirándola.

Ella asintió con energía, un movimiento que hizo mover sus coletas. Por primera vez desde que salieron, su expresión mostraba un entusiasmo claro, sin demasiadas preocupaciones.

Dentro, el espacio era reducido, con solo tres mesitas de madera y un par de sillas cada una, las paredes estaban cubiertas de fotos en blanco y negro de París. Una campanilla sobre la puerta anunció su entrada y, detrás del mostrador, una adolescente entre los quince o diecisiete años edad con un delantal que debajo traía el uniforme escolar levantó la vista y les sonrió.

—Buenos días, jóvenes. ¿Para llevar o para comer aquí?

Tianxi leyó el nombre de la chica en el gafete que cuelga sobre el delantal, Haru, como la primavera. La pregunta que hizo no la escuchó bien, pero estaba segura de que no había necesidad de pensar en ello, pues gege se encargaría de todo.

—Para comer aquí, por favor —respondió Tianchen, dirigiendo a Tianxi hacia la mesa del fondo, la más alejada de la entrada.

Ella se sentó, colocando las manos sobre la mesa. Sus ojos escudriñaron el menú escrito con tiza en una pizarra detrás del mostrador, había opciones simples: crepas de azúcar y limón, de nutella, de frutas frescas, de jamón y queso.

—¿Cuál quieres? —preguntó Tianchen, siguiendo su mirada—. Yo voy a pedir una de plátano y nutella.

Tianxi señaló con el dedo, suavemente, hacia la opción de frutas frescas: fresas y kiwi. Era la más colorida, la que parecía más alegre en el dibujo tosco de la pizarra.

—… va a ser algo amargo para ti —comentó Tianchen, y se acercó al mostrador para hacer el pedido—. Pediré una de frutilla y crema batida.

Tianchen se acercó al mostrador y habló con la empleada de cabellos cortos y un gris rosáceo. Tianxi observó como sucedía todo, a su hermano inclinándose un poco para escuchar y hablar con la chica, en una postura que intentaba parecer relajada pero que no lograba ocultar del todo la tensión habitual en sus hombros.

Finalmente desvió la mirada hacia la ventana. A través del cristal, el mundo de Lujiazui seguía su curso, con un auto eléctrico pasando sin hacer ruido y de manera parsimoniosa. La culpa, esa compañera constante, se arrastró hasta su conciencia; Tianchen estaba aquí, en una crepería un martes por la mañana, haciendo de padre, de hermano mayor, de guardián. Él debería estar pensando en sus estudios, en sus amigos, en su vida. No en vigilarla a ella, en calcular el tiempo, en esquivar la sombra de Qian Jin. Apretó los dedos sobre la mesa de madera.

Tianchen regresó a la mesa con dos vasos grande de Matcha Latte, era la primera vez que veía una bebida verdosa con crema arriba, sin embargo, supuso que era Matcha debido a la popularidad que tomó en redes sociales. Los colocó con cuidado y eligió una silla para sentarse en la pequeña mesa.


—Dice que en cinco minutos estarán listas —anunció, deslizándose en la silla frente a ella. Su mirada escrutó su rostro—. ¿Todo bien? Pareces… más pensativa que de costumbre.

Ella lo miró y alzó los hombros en un encogimiento leve; no podía explicarlo, ni siquiera con gestos. Cómo separar la felicidad simple del repentino paseo matutino de la tristeza profunda de saberse una carga. En lugar de eso, señaló el vaso de Matcha y luego a él, arqueando una ceja en pregunta. « ¿Y tú? »

—Yo estoy perfecto —contestó él, tomando un sorbo—. O lo que se puede decir perfecto, después de gastar parte de mis ahorros en los gustos delicados de mi dulce hermanita.

Ella sonrió. Tianchen siempre encontraba la manera de aligerar el ambiente, de convertir su protección en una aventura tonta.

La campanilla de la puerta sonó. Tianchen, por reflejo, volvió la cabeza hacia la entrada dónde un hombre con traje entró hablando por teléfono en un tono bajo y urgente. No era nadie que reconocieran. Sin embargo, algo en él —la corte precisa del traje gris, el maletín de cuero negro reluciente que colgaba de su mano— le recordó de inmediato a Qian Jin. La similitud, aunque probablemente superficial, fue suficiente para que hiciera a Tianchen apretar los dientes de forma automática, una reacción instintiva de recelo.

Finalmente, cuando el hombre se dirigió al mostrador sin prestarles atención, el gemelo relajó los hombros y volvió a mirar a su hermana.

—Solo un ejecutivo con una mañana complicada —murmuró, bajando la voz aún más—. Nuestro espía personal tendría mejor pinta, seguro.

Movió la mano en un gesto apático, tratando de restarle importancia. En ese instante, Haru llegó a su mesa con los pedidos, traía dos crepas estilo japonés, servidas en forma de cono dentro de soportes de cartón; la de Tianchen estaba rellena de Nutella, con helado de vainilla en la boca y chispas de chocolate esparcidas, la de Tianxi, tal como él había pedido al final, era de fresa y crema de leche, con bolas de helado de fresa y trozos de fruta fresca encima.

—Provecho, provecho —sonrió muy feliz la dependienta, dando un girito para regresar al mostrador y atender al nuevo cliente—. ¡Bienvenido! ¿Ya sabe qué va a ordenar, señor?

—Wof wof.

A los pies del hombre, un perro mediano de raza shar pei respondió por él. El animal era de un color marrón claro, con sus arrugas características y patas cortas. Avanzó unos pasos rígidos hacia el mostrador, moviendo la cola. El perrito llevaba una corbatita azul a juego con el traje de su dueño.

—Grr, wof —añadió el perro, como dando una opinión.

El hombre suspiró y apoyó una mano en el mostrador, sin dejar el teléfono.

—Una bebida X y algo comestible para él —su voz sonaba fatigada, como si ya hubiera tenido una jornada completa antes del mediodía. Tras sus gafas de montura fina, su mirada parecía ausente, sin interés en estar allí.

—Wof —ladró el shar pei de nuevo, esta vez mirando directamente a Haru.

Tianxi, cuya atención se había desviado por completo de su postre, observaba al animal y sus labios se curvaron hacia arriba, sentía mucha curiosidad por el pequeño perrito, sobre todo cuando vio la pequeña corbata azul anudada cuidadosamente alrededor del cuello arrugado, una sonrisa espontánea y leve asomó a sus labios con más intensidad.

—¡Sí, clientes! ¡En seguida! — Haru se puso de cuclillas, con el menú en manos y se lo enseñó al can—. Para el clientecito, podríamos recomendar nuestra crepa de crema batida simple. Sin chocolate ni demasiada grasa.

—Wof, wof —respondió el perro, con un tono que sonó casi a una afirmación.
—¡Entendido! —anunció la chica, levantándose de un salto y desapareciendo detrás del mostrador con una energía que contrastaba con el letargo del ejecutivo.

Tianchen, con curiosidad, contempló cada expresión de Xixi con una ceja ligeramente enarcada; percibió como la mirada de ella se suavizaba al mirar al perrito y la sonrisa automática que se apodero de sus facciones. Eso era bueno, pero también notó que la crepa, la torre de fresa y helado, seguía intacta.

Tianchen empujó el plato de cerámica hacia Xixi para llamar su atención, sorprendida, desvió la mirada del perro y enfocó a su hermano mayor. Él señaló la crepa con la cabeza.

—Se derrite —pronunció en un tono que pretendía ser seco, pero que no lograba ocultar sus emociones—. Si se hace un charco en la mesa, la moza tendrá más trabajo.

Tianxi miró su crepa, luego a él. Hizo un gesto pequeño con la mano hacia donde estaba el hombre y el can, y levantó los hombros intentando formular una pregunta. « ¿Y eso? »

—Un hombre estresado y un perro con mejor gusto para accesorios que su dueño —resumió Tianchen, tomando su propio cono—. No es asunto nuestro. Nuestro asunto es esto, el tiempo y que nos quedan cuarenta minutos.

Ella asintió, comprendiendo el mensaje. Este era su tiempo libre, para compartir con su único hermano y familiar vivo, sin Qian Jin ni las obligaciones que los atormentan a diario, pero aquel animal gracioso y bonito, era parte de este día y un anécdota que quizás querría recordar para compartirlo con él en un futuro.

Tomó el cono con cuidado. La textura crujiente del exterior cedió bajo sus dedos y dio un mordisco pequeño, la mezcla de la crepa dulce, la crema fresca y el helado se fundió en su lengua, junto al frío de esa combinación. Cerró los ojos por un segundo, saboreando la mezcla de sabores.

Ambos continuaron comiendo, sin embargo, la expresión de Tianchen ya no resultaba relajada. Sus ojos se movían ligeramente entre su crepa y la mesa adyacente.

—Wof, wof —sonó de nuevo, más cerca. Antes de que pudieran reaccionar, el hombre se había sentado en la mesa contigua a la suya, colocando su maletín negro en una silla libre. El shar pei estaba ahora sentado en la silla frente a él, como un comensal más, sus patas delanteras apoyadas en el borde de la mesa.
—Si charlo contigo aquí, me verán como un loco —susurró el hombre, doblando la cabeza hacia un lado, hablando claramente hacia el perro—. Ahu.

—¡¿Por qué?! —una voz robótica, salió de un pequeño dispositivo en el collar del animal, junto a una luz verde que parpadea al ritmo de las palabras.
—Porque los perros no hablan —respondió el hombre, frotándose el puente de la nariz bajo las gafas—. Incluso con un traductor de voz. Y si mi jefe se entera de que salgo de la oficina para tener conversaciones con un perro, me hará quedarme horas extras el resto de la semana.
—Sí, sí. El mago no trabaja horas extras. Wof —la voz robótica no tradujo el último ladrido. La luz verde del collar parpadeó de nuevo.

Tianchen dejó su crepa sobre el plato, su postura se había vuelto rígida. No sabía que esperar de algo tan absurdo e irreal, aunque ya había oído anuncios de las pastillas que alargan la vida de los perros y los traductores, siempre creyó que esas cosas eran falsas. Su mirada se encontró con la de Tianxi, que observaba la escena con los ojos muy abiertos, olvidada por completo de su postre. En su rostro se mezclaban la fascinación y una punzada de ansiedad.

Ella miró a su hermano y levantó ligeramente las manos, con las palmas hacia arriba, en un gesto de incredulidad. « ¿Está pasando esto? ». Tianchen respondió con un leve asentimiento de cabeza, dejando en claro que sí y que bajo ningún motivo había que involucrarse.

—Pero es por un asunto importante, mago —continuó la voz del collar—. Los paseos son parte fundamental para una mente y un cuerpo sano.

 
El hombre, a quien el perro llamaba "mago" , apoyó la frente en la palma de su mano.

El salaryman, a quien el perro llamaba Mago, suspiró profundamente, hundiéndose un poco más en la silla de madera.

—Cinco minutos —murmuró, hablando claramente hacia el perro—. Solo cinco, ¿entendido? Luego volvemos y fin del asunto.
—Diez —corrigió la voz robótica de Ahu.
—Cinco.
—Ocho y medio.
—Cinco —repitió el hombre, esta vez con más firmeza y algo cansado.
El collar emitió un pequeño pitido electrónico.
—Aceptable. Pero caminando, no arrastrando los pies como sueles hacerlo, Mago.
—No soy un Mago—replicó el de cabellos ébanos sin levantar la vista del teléfono—. Estoy exhausto de repetirlo, Ahu.
—Los Magos también suelen decir eso justo antes de que sus identidades sean reveladas —observó Ahu.

El hombre soltó una pequeña risa, que más sano como un sonido nasal extraño. En ese momento Haru trajo en la bandeja de metal la crepa de crema y la lata de refresco de marca X.

—Disfruten —la animada camarera depositó ambas cosas en la mesa y se retiró rápidamente a atender más clientes que habían llegado—. Provecho.
—Gracias —murmuró el godines, mientras Ahu ladraba.

Él abrió la latita, dejando que un sonoro sonido al gas se escuchara en el local y luego le dio un sorbo largo.

—Este lugar… —murmuró después, dejando la lata y mirando alrededor sin verdadero interés—. Es bastante molesto.
—¿Eastwood o el local? —cuestionó Ahu—. En cualquier caso, eres alguien muy extraño y sombrío, casi como esa niña de ahí —ojeo rápidamente a Tianxi.

Tianxi se tensó apenas oyó las palabras del animal, sabía bien que esas palabras iban hacia ella y la hacían sentir expuesta, nadie le había lanzado palabras tan directas. Nunca. 

Tianchen notó el cambio en su postura al instante y su mandíbula se apretó.
—No mires hacia allá —susurró, manteniendo la vista fija en su hermana y sin mover apenas los labios—. Termina tu comida, nos vamos.

Pero la advertencia llegó tarde.

Ahu había girado la cabeza, sus ojos oscuros y profundos posándose directamente en Tianxi; la observó durante un par de segundos y ella se sintió analizada, peor que cuando visitaba al psicólogo que Qian Jin contrató.

—Ella huele extraño —declaró la voz del collar con total naturalidad. El Mago suspiro y prefirió evitar meterse en ese tipo de conversaciones—. Interesante perfil olfativo.

Su acompañante bebió otro trago de la bebida y cerró sus ojos, exasperado por tener que involucrarse.

—Ahu, basta.
—¿Qué? Es normal preocuparse por una chica que huele fatal.
—Fatal —gruñó él, ajustándose las gafas con un gesto nervioso. Finalmente, se volvió hacia la mesa de los gemelos y pidió disculpas con la cabeza—. Discúlpenlo, por favor —musitó, sin lograr sostener la mirada de Tianchen por más de un segundo—. El firmware de sinceridad tiene un… umbral de filtrado bajo. No era su intención incomodar.

Tianchen no respondió de inmediato. Su silencio fue denso, lleno de hostilidad que no iba a poder contener por mucho tiempo. Qian Jin le ordenó mantener un perfil bajo, evitar los conflictos puesto que iba a lanzar una carrera como rapero.

—No hay problema —su voz fue áspera, dejaba claro que sí lo había, y que preferiría estar en cualquier otro lugar. Frente al perro… rompiendo ese dispositivo.

Mago exhaló aire aliviado, agradeciendo el fin de la interacción, y volvió a su teléfono.

Ahu, sin embargo, no parecía satisfecho con la interacción y siguió mirando a Tianxi. Movió la cola ligeramente a modo de saludo, luego emitió un suave gruñido que el collar no tradujo.

El Mago no dijo nada, solo apuró el resto de su lata X.

En su mesa, Tianchen dejó algunos billetes bajo el plato y se levantó, su movimiento fue brusco, pero quería salir de ahí de inmediato.

—Vamos —ordenó a su hermana, sin darle opción.

Tianxi se levantó y siguió a su hermano hacia la puerta y miró una última vez hacia la mesa contigua. Ahu la observaba, quieto.

Al salir a la calle el clima estaba más cálido, aunque no lo suficiente para sacarse las chaquetas, caminó unos pasos y se detuvo, volviéndose hacia ella.

—¿Estás bien? —preguntó, su mirada filosa y los puños apretados.

Ella asintió. Luego, tocó su propio hombro y señaló en dirección a la crepería, haciendo un gesto pequeño con la mano, intentando decir « fue raro, pero está bien ».

—Sí, fue raro —convino Tianchen, apretando más los puños—. Bastante extraño, debe ser alguna estrella de Eastwood o un ventrílocuo. El perro una marioneta o algo así.

Ella sabía que se refería, pero ese animal era raro de una manera diferente… solo un perro que decía lo que olía. Supuso que las hormonas revelaban más de lo que podían estudiar con análisis y exámenes.

Tianchen consultó su reloj y maldijo en voz baja.

—Corremos —ordenó Tianchen, y no, no fue una sugerencia. Ya estaban por llegar tarde y eso significaba una situación que se salía de su control.

Comenzaron a caminar a un ritmo veloz, a unos pasos de empezar a trotar ligeramente; Tianxi tomó la mano de su hermano mayor, a la vez que intentaba seguir los pasos amplios de él, su respiración se volvió más agitada después de unos metros. Las calles de Lujiazui, antes tan vacías y silenciosas, ahora cobraba un poco más de vida. Cada semáforo, cada persona que caminaba despacio frente a ellos, era una pequeña frustración más para la psique de Tianchen.

Tianchen no soltaba su mano. Su agarre se transformó más firme mientras corrían, ella notaba cómo su hermano escaneaba el camino con la mirada, intentando que ambos no se tropezaran con ningún peatón.

Pasaron junto al río artificial Huangpu, los botes con forma de cisne seguían deslizándose con la misma calma indiferente y otras embarcaciones más grandes. Nada cambiaba, salvo ellos que estaban asustados por enfurecer a su padre adoptivo llegando tarde a la agenda programada para ese día.

—Por aquí —jadeó Tianchen, girando con brusquedad hacia una calle lateral más angosta que no había considerado antes como opción viable para acortar el camino. El entorno cambió de inmediato, con edificios que dejaban de mostrar fachadas cuidadas y pasaban a exponer muros de ladrillo, accesos secundarios y zonas de servicio que revelaban una parte menos estética de Lujiazui.

Al final de la calle la silueta del Tomson Riviera volvió a imponerse frente a ellos como ese gran edificio residencial dónde los esperaba las responsabilidades de un nuevo comienzo, uno atrapado.
Tianchen se detuvo a unos centímetros de la entrada, soltando la mano de Tianxi para inclinarse hacia adelante y apoyar las manos en las rodillas, concentrado en regular su respiración. Su expresión mostraba la tensión del horario casi perdido.

—Escucha —espetó sin mirarla, todavía recuperando el aire—. Entramos por la puerta principal y actuamos con normalidad. Saludamos al conserje si es necesario y subimos directo, si Qian Jin pregunta decimos que el paseo fue tranquilo, compramos algo para leer y volvimos. No mencionamos creperías ni perros ni nada fuera de eso. Lo sabes, ¿verdad?

Tianxi asintió despacio, pasando los dedos por la muñeca donde aún quedaban marcas visibles de la presión con la que él la había sujetado durante el trayecto. Entendía que mentir en un momento así era necesaria y comprendía que cada pequeño desvío del plan implicaba una carga que Tianchen asumiría por ella ante ese hombre. Esa idea se le asentó en el estómago con incomodidad.

Él se incorporó, acomodó la chaqueta con movimientos automáticos y pasó la mano por el cabello rosado para ordenarlo, retomando la actitud que se esperaba de él dentro de ese espacio. La premura no había desaparecido del todo, aunque ahora estaba más controlado.

—¿Lista? —preguntó.

Ella tomó aire y confirmó sin decir nada.

Los conserjes de la entrada los identificaron de inmediato, uno de ellos, ya mayor, les dirigió un saludo breve.

—Buenos días, jóvenes Li —en tono momento fue profesional.
—Buenos días —respondió Tianchen sin modificar el ritmo al que caminaba.

 Se detuvieron frente al ascensor a esperar a que sus puertas se abrieran, ese tiempo en que tardó en descender se hizo largo, Tianchen ya se veía más nervioso que nunca. 

—No me olvidé de la promesa —susurró él—, buscaré tiempo y ahorrare dinero para ir juntos al río. Un hermano genial debe serlo hasta el último.

La de cabellos rosados asintió con una sonrisa.

—Es cuestión de ordenar las cosas y mentir un poquito más.

Al abrirse las puertas, entraron sin demora. El mayor pulsó el botón del piso correspondiente y el ascensor comenzó a subir lentamente. Él mantenía la vista fija al frente, con la mandíbula rígida, concentrado en algo que no compartía. Ella extendió la mano y apoyó los dedos sobre su brazo, intentando tranquilizarlo.

Tianchen reaccionó al contacto y bajó la mirada hacia ella, parpadeando.

Tianxi le dedicó una sonrisa pequeña, sin intención de decir nada más. Era una forma de agradecerle aquella escapada que los había sacado de esa rutina asfixiante y las palabras peyorativas de Qian Jin, haciendo que la expresión del chico se relajara un poco.

El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron hacia el pasillo alfombrado que conducía a su departamento.

—Recuerda mantenerte detrás de mí, Xixi.

Tianchen salió primero, con la postura erguida y los hombros firmes, preparado para afrontar lo que esperaba y proteger a su querida hermanita, quien lo siguió sin dudar.

Las clases de tutoría habían concluido a las catorce horas, Tianchen se dirigió junto a Qian Jin al corazón del barrio chino antes de volver al departamento donde Tianxi lo esperaba. Caminaban por calles más estrechas, con letreros en caracteres brillantes, olores a especias picantes y estatuas de dragón.
—Fue un poco aburrido —bostezó Tianchen, dejando que el hombre lo guiara hacia un edificio aún más alto e imponente que el Tomson Riviera—. Preferiría seguir una carrera con algo con más acción. Policía, o algo por el estilo.
« Last Edit: January 17, 2026, 11:01:45 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #80: December 09, 2018, 03:39:34 PM »
5.2 # Dark Dream.

Los niños que cargan con ciertos antecedentes o traumas en su infancia, sin embargo, rara vez superan los filtros de esos organismos. Qian Jin se lo había recordado en más de una ocasión, de manera clara y pobjetiva y que para mantener el estatus de “hijo adoptivo”, con todo lo que ello implicaba —seguridad, educación, un techo sobre la cabeza de su hermana—, la ruta estaba trazada: Derecho. Nada más se discutía.
—… — repasó el nombre grabado en el mármol negro de la entrada: CT Talent Agency. Había oído hablar de ellos a través de Qian Jin y de breves menciones en las noticias. Una empresa con varias divisiones que manejaba numerosos talentos—. ¿La compañía de los Liu?  —preguntó, intentando sonar indiferente.
—Sí —confirmó Qian Jin, acomodando las gafas sobre el puente de su nariz con el dedo corazón—. En este momento, en Chinatown, hay dos entidades que tienen gran peso y esta es una, la otra es una agencia manejada por un individuo que se hace llamar Vein. Los Liu se especializan en música, baile, televisión y videojuegos… cosas más… públicas. Vein opera en un espectro distinto: teatro, modelos, publicidad de cierto nivel. También se sugiere que maneja intereses menos visibles en el barrio. Es una presencia con la que es preferible no interferir. Un tipo de sombra que uno no quiere como enemigo.

—Vaya, un sujeto peligroso al que conoces… —murmuró Tianchen, sin poder evitar un dejo de sarcasmo—. Como ese Xiaoma. Un buen peroo tan tonto que obedecía órdenes sin pensar. He.

Qian Jin esbozó una sonrisa delgada, casi imperceptible.

—Xiaoma terminó entre rejas por su incapacidad para seguir instrucciones  —señaló, su voz era plana, sin emociones—. Un instrumento es valioso solo mientras demuestra dos cualidades, obediencia absoluta y la inteligencia necesaria para ejecutar las órdenes correctamente. La falta de cualquiera de las dos lo vuelve prescindible, un riesgo, más que un beneficio.

Tianchen contuvo de dar una respuesta. Las palabras no eran una simple lección; eran una advertencia directa de que él también podría volverse en algo inútil de lo cual deshacerse. Él y su hermana lo eran, simples instrumentos bajo las manos de Qian Jin, ya quería dejar la conversación en ese punto.

El abogado empujó la pesada puerta de vidrio, el interior del vestíbulo era opulento como el rascacielos dónde viven actualmente… luces tenues, muebles de diseño minimalista, una recepcionista que los observó con una sonrisa profesional y falsa, como los implantes que lleva.

—Señor Qian. Lo esperan en la sala de reuniones tres —dijo ella, sin necesidad de que él se identificara.
—Gracias.

Subieron en un ascensor panorámico. Tianchen miraba a través del cristal cómo el paisaje de Chinatown se desplegaba bajo ellos, los techos tradicionales y edificios nuevos formaban un paisaje hermoso. Se preguntó, no por primera vez, qué hacían allí, Qian Jin no solía llevarlo a reuniones de trabajo.

La sala de reuniones era un cubo blanco con una mesa larga de madera oscura. Dentro, un hombre de mediana edad, con un traje que costaba más que todo lo que Tianchen había poseído en su vida, se levantó para saludarlos.

—Jin, puntual como siempre.
—Liu. No vale la pena perder el tiempo de nadie.

Los apretones de manos fueron meras formalidades, las sonrisas corteses y vacías. El hombre era el CEO de todo CT Talent Agency, un hombre con lentes estilo Windsor que parecía estar bebiendo Whisky pese la hora. Miró a Tianchen con curiosidad.

—¿Y este joven es…?
—Mi pupilo, Tianchen. Considero valioso que comience a familiarizarse con el entorno donde podría desenvolverse en el futuro —explicó Qian Jin, colocando una mano ligera sobre el hombro de Tianchen. El gesto parecía paternal, pero la presión de los dedos era firme, delineando los límites—. Posee un talento en estado inicial y un instinto agresivo poco común; por ese motivo lo incorporé a la división artística. Se dedica al rap y tengo entendido que Liu Xiao, su hijo menor, se encuentra actualmente en la búsqueda de un rapero.

Liu siguió analizando al chico de cabellos rosados, evaluando a Tianchen con una mirada que parecía calcular su potencial de mercado.

—Interesante. Nunca esperé que tus propias ambiciones fueran tan formidables.

La conversación fue desplazándose hacia acuerdos discográficos, cláusulas de exclusividad, derechos de autor y conflictos derivados de artistas que intentaban romper contratos o cambiar de sello antes de tiempo. Tianchen no dominaba todavía todos los términos, aunque reconocía varios por sus estudios y entendía el trasfondo general. Qian Jin hablaba con una serenidad constante, desglosando cada punto con exactitud, moviéndose con total comodidad en el terreno legal, siempre con la misma sonrisa astuta que no revelaba nada más de lo necesario.

En un momento, Liu mencionó un nombre de « Vein » y un silencio breve cayó sobre la mesa.

—Es un asunto delicado —espetó Liu, jugando con el pisapapeles de cristal sobre el escritorio—. Su forma de aparecer en escena es… invasiva. Prefiero mantener una relación formal antes que provocar una disputa directa. No es conveniente para nadie, pero…
—La cautela también es una estrategia —respondió Qian Jin, asintiendo—. En este sector es fundamental conocer el alcance de cada figura antes de cruzar ciertas líneas. Me aseguraré de que cualquier colaboración o acuerdo con él quede claramente delimitado. En términos contractuales y creativos.

La manera en que lo dijo no resultó tranquilizadora, sonó como si lo fuera a mantener vigilado para tener límites definidos.

Tianchen observó a Qian Jin mientras hablaba de mantener distancia con alguien cuya influencia no se limitaba al ámbito musical; sintió incomodidad persistente, difícil de ignorar y que ya no se trataba únicamente de acuerdos o carreras artísticas. Qian Jin veía la industria como un sistema jerárquico donde los contratos servían para asegurar control y cada oportunidad tenía un precio implícito.

—Tenemos un problema con este grupo —Liu chasqueó los dedos y al instante una música juvenil llenó la sala desde parlantes ocultos. Era una canción de rock pop, cantada en mandarín por tres voces entrelazadas. Las letras sonaban animadas y con una energía juvenil contagiosa, pero si uno escuchaba con atención, había una capa de tristeza y una búsqueda de esperanza en cada estrofa.

“I don't want every single destination to end up meaningless. I don't want to follow the rules and get used to withering…”

La canción sonó durante un puente completo antes de que Liu silenciara la música con otro gesto.

—Este es el trío que Xiao, mi hijo menor, está obsesionado en superar. Quiere borrarlos de las listas, quitarles su espacio. Para lograrlo, ha tomado una decisión… impetuosa. Se ha acercado a Vein.

Qian Jin no mostró sorpresa. Solo inclinó la cabeza ligeramente, invitándolo a continuar.

—Vein —prosiguió Liu— ve una oportunidad. Pero no quiere ensuciar sus manos directamente con el lado musical. Prefiere delegar esa parte, externalizarla, para mantener sus propias operaciones limpias. Me ha propuesto un acuerdo y yo, a través de esta agencia, debo proporcionar el talento que pueda enfrentar y desplazar a este grupo. Necesitamos un nuevo proyecto, algo fresco. Un guitarrista principal con actitud, que pueda rapear con agresividad y un pianista con técnica excepcional, que le dé una sensación más… melancólica, única.

Mientras Liu hablaba, sus ojos se posaron en Tianchen, quien permanecía de pie junto a la silla de Qian Jin, sintiendo cómo la conversación tomaba un giro peligroso y personal.

—Tu pupilo —agregó Liu, dirigiéndose de nuevo a Qian Jin— tiene el tipo de presencia que podría funcionar para la parte frontal. Es joven, tiene esa chispa de rebeldía que se puede dirigir. Pero necesitaría entrenamiento vocal intensivo, coaching de imagen y luego está el otro componente. El pianista, tú mencionaste que su hermana gemela posee un talento notable con varios instrumentos.

Qian Jin asintió con calma, reposando el mentón sobre la palma de su mano.

—Tianxi posee una habilidad técnica prodigiosa en múltiples instrumentos para su edad, resultado de una memoria auditiva excepcional. Sin embargo, su condición la hace  no apta para un escenario tradicional… sufre de mutismo selectivo severo, agravado por el trauma. No podría interactuar con una audiencia, ni siquiera levantarse ante los aplausos.

Liu frunció el ceño con frustración.

—Es una pena que sea tan inútil. Un pianista que no puede presentarse en vivo es como un coche de carreras sin ruedas. Bonito , pero inútil para la pista.
—No necesariamente —replicó Qian Jin, su voz suave e inflexible—. Todo depende de la historia. Una prodigio silenciosa, una joven misteriosa que solo se comunica a través del piano, podría ser una historia poderosa, una narrativa con la que el público se verá identificada. Se filmarían sesiones de estudio, primeros planos de sus manos, se construiría un aura de enigma. El mutismo dejaría de ser una discapacidad para convertirse en un elemento distintivo de la banda. Por supuesto, requeriría un entorno controlado, un manejo muy cuidadoso de la estética y la temática de cada canción.

Tianchen sintió que la sangre le hervía. Estaban hablando de su hermana como si fuera un producto defectuoso al que había que encontrarle una etiqueta atractiva. Su puño se apretó a un costado.

—La idea tiene mérito —concedió Liu, pensativo—. Esto conlleva a un riesgo demasiado alto. Una crisis de ansiedad en medio de una sesión, una mala reacción podría arruinar la inversión, ni hablar de presentaciones en vivo. Y el componente principal —miró a Tianchen— es volátil. Se le nota en los ojos. Tiene resentimiento hacia nosotros.
—El resentimiento, está presente en los mejores raperos —argumentó Qian Jin sin retroceder—. Y la volatilidad puede ser contenida mediante incentivos y consecuencias claras. Ellos comprenden el valor de la estabilidad que yo proporciono. Su lealtad está asegurada por su situación de dependencia mutua.

Las palabras eran tan frías. Tianchen entendió el mensaje perfectamente: si querían mantener su frágil seguridad, su refugio frente a cosas peores, debían aceptar ser las piezas en este nuevo juego.

—Necesito una demostración —dijo Liu, decidido—. Del chico, primero. Que rapee algo, lo que sea. Que demuestre que tiene esa agresividad útil que dices. De la chica… veré grabaciones de ella tocando. Si el material es tan bueno como sugieres, podríamos proceder con un contrato de desarrollo. Bajo tus términos, por supuesto, Jin. Tú manejas el aspecto legal y la custodia de los talentos.

Qian Jin asintió, una sonrisa profesional dibujándose en sus labios.

—Por supuesto. Prepararé una evaluación. Tianchen tiene material propio. En cuanto a Tianxi, tengo registros de sus ejercicios, te los haré llegar.
—Habla con mi hijo, es el indicado. Después de todo él será la voz principal del proyecto. Proyecto Hýbris.

La reunión había terminado en ese momento, sin nada más que hablar con el CEO Liu. Ahora el siguiente paso era encontrarse con Liu Xiao, a quien recordaba Qian Jin como un joven excepcionalmente talentoso y un genio. Tenían suerte de que el el próximo heredero fuera él y no el fallecido primogénito.

— … —se detuvo en el largo pasillo, la frustración estaba a tope en él—. No somos tus marionetas.

Qian Jin ni siquiera giró la cabeza para mirarlo.

—He —una media sonrisa se dibujó en él —. Qué ingenuo, todos somos marionetas de algo, en tu caso del pasado, dejas que te controlen debido a tu hermana, a tus traumas. La única diferencia inteligente es elegir qué hilos te mueven y quién los sostiene. Los hilos que yo ofrezco les dan un escenario, recursos, protección, los hilos que ofrece el mundo allá afuera los dejarían deshechos en una esquina. Es una elección sencilla. Hablaré con Tianxi esta noche y tú empezarás a preparar tu mejor material. Es una orden.

Caminaron varios pisos más, subiendo por escaleras de servicio que olían a limpio y desinfectante reciente. Se cruzaron con secretarias que avanzaban con tabletas y vasos de café, saludándose apenas con breves movimientos de cabeza, atrapadas en su propia prisa. Qian Jin no volvió a mencionar el tema de la agencia durante el resto del trayecto. Para él, el asunto estaba resuelto: después de años de inversión —gastos, tutorías, tratamientos para Tianxi— había llegado el momento de que su pupilo empezara a demostrar su valor.

Se detuvieron frente a una puerta de metal cubierta de un ébano sin brillo, minimalista, cuyo letrero se lee “Proyecto Hýbris”.

Tianchen observó el nombre, una palabra extraña que no reconocía.

—Recuerda ser formal con Liu Xiao —dictó Qian Jin, colocando una mano en el pomo pero sin girarlo aún—. Es el miembro más perspicaz de su familia, y será tu supervisor directo si esto avanza. Tu futuro, en muchos sentidos, depende de la impresión que causes ahora.
—¿Hýbris? —preguntó Tianchen, ignorando por un momento la advertencia y señalando el letrero—. ¿Qué significa?
—Es un término antiguo, del griego —resonó una voz suave y elegante desde detrás de ellos, antes de que Qian Jin pudiera responder—. Se refiere a un exceso de confianza, una arrogancia tan desmedida que desafía a los dioses y que, por regla general, termina en ruina.

Tianchen se giró hacia dónde provenía la voz.
El hombre era alto, de cabello azul oscuro que asomaba bajo un sombrero buntal, y sus gafas de montura fina centellearon con la luz del pasillo. Su sonrisa era sagaz, y en ella Tianchen reconoció el mismo filo familiar que a veces veía en Qian Jin.

—La caída del que se cree invencible —continuó—. El castigo por aspirar demasiado alto.
Sus labios se curvaron apenas.
—Un nombre irónico, ¿no creen? Advertir sobre la caída justo cuando se apunta a la cima. Eso es lo que hace interesante el juego.

—Liu Xiao —saludó Qian Jin, sin rastro de sorpresa.
—Disculpen la tardanza, tuve asuntos que atender —expresó Liu Xiao, deslizando las manos en los bolsillos de su gabardina—. Ya revisé el dosier de mi padre. Así que tú eres Li Tianchen. Un placer.

Su mirada, ahora sin la barrera del reflejo en los lentes, se posó en Tianchen. Era una mirada clara, inquisitiva, que parecía escarbar no en la superficie, sino en los impulsos que latían debajo.

—Al final —continuó Liu Xiao, señalando el pasillo, la puerta del proyecto, todo ese circo— esto siempre va a lo mismo: al nervio. A lo que queda cuando ya no puedes esconderte detrás de nada. La gente puede mentir, adornarse, vender una historia bonita. Puede actuar, incluso convencerse de su propio papel. Pero hay una cosa que no se puede falsificar antes de pisar un escenario: el ritmo del corazón ante el vacío.
Hizo una breve pausa.
—La prisa. El miedo. La rabia. Eso crudo. Eso es lo que yo escucho. Ahí es donde juego yo. Eso es lo que yo escucho. Ese es mi territorio. Así que, dime, Tianchen… cuando te subas a esa tarima imaginaria, ¿qué latido traerás? ¿El de una presa asustada, o el de alguien que, al menos, está dispuesto a fingir que es cazador?

Su tono era conversacional, casi amable, eso resultaba inquietante. No preguntaba sobre su habilidad musical, indagaba sobre la naturaleza, midiendo de lo que era capaz Li Tianchen.
El juego, como él decía, ya había comenzado y las piezas estaban puestas sobre el tablero.

—Bienvenidos a mi despacho —dijo finalmente.

Los tres entraron a una sala de reuniones amplia, del mismo tono monótono y minimalista que todo el piso y la anterior oficina. De inmediato, una asistente trajo tres tazas de café negro en silencio, colocándolas sobre la mesa de cristal antes de retirarse.
Mientras tomaban asiento, una música comenzó a sonar desde los parlantes, una mezcla con bases de jazz progresivo, guitarras distorsionadas de rock y un ritmo electrónico pulsante. Las voces entrelazaban mandarín e inglés con fluidez.

“Here is a hunter, breathing under chessboard. Setting the trap, I'm waiting for you down the hole. Would you ever want to become my friend? Falling in the dark is your destiny…”

—La premisa del proyecto es antagónica —explicó Liu Xiao, reclinándose en su silla con la taza de café entre las manos. Su sonrisa era delgada, taimada —. La narrativa es la del cazador que juega con su presa. Una dinámica de superioridad, el contraste es clave. Nuestro objetivo es el trío que necesita ser desplazado, Shiguan Dailiren, que opera en el extremo opuesto. Venden esperanza, hablan de destinos cambiantes y optimismo vacío. Un sentimentalismo que me provoca ganas de borrarlos.

Hizo una pausa, tomando un sorbo.

—El líder, Cheng Xiaoshi, es un sentimental —continuó—. Cree de verdad en la empatía. Un idealista. Y en este negocio eso solo significa una cosa, un ingenuo que tuvo mucha suerte. A su lado están Qiao Ling y Lu Guang. Este último… —hizo una pausa breve—, es distinto. Ese sí piensa. Calcula. No se deja arrastrar por emociones baratas. Es un jugador serio en un tablero lleno de novatos. Por eso mismo, es el primero que hay que sacar de la partida.

Miró a Tianchen por encima del borde de su taza, sin apuro.

—Tú, en cambio, tienes cólera. La de alguien a quien le quitaron todo y no ha podido recuperarlo. Eso sirve y mucho. Pero la rabia sola no vale nada; sin dirección eres solo una presa fácil de atrapar. Yo pongo el rumbo, tú pones el latido que hace creíble al cazador.

Inclinó la cabeza apenas, jugando con la taza de café en su mano.

—¿Lo entiendes? Esto no va de hacer música. Va de una guerra cultural, y el sonido es solo el arma. Y en cualquier guerra… la compasión es siempre la primera en caer.

Tianchen dejó escapar una risa breve, amarga. Lo entendía y demasiado bien. Mejor que cualquiera.

—¿Sabes lo que es el fuego prometeico? —preguntó Liu Xiao, dejando su taza sobre la mesa de cristal—. No el mito infantil, sino la esencia: robar el elemento divino para dárselo a los mortales, sabiendo que el castigo será la eternidad atado a una roca, con un buitre devorándote las entrañas día tras día. Un acto de arrogancia suprema, de desafío puramente y de un dolor infinito.

Se levantó y caminó lentamente hacia la pared, donde un proyector se encendió mostrando la letra de la canción.

—Eso será el primer sencillo: « Prometheus » . Pero no será sobre el héroe. Será sobre el precio, sobre el robo, la caída y la venganza de quien ya no tiene nada que perder —explicó, su dedo siguiendo los versos en la pantalla—. La letra no habla de esperanza. Habla de arrastrar a todos consigo al vacío. De convertir el dolor en un arma y la desesperación en un espectáculo. « Stealing the gods' torch. Falling off the tallest cliffs ».

Se volvió hacia Tianchen, sus ojos tras las gafas lo estaban analizando y a esa expresión del de hebras rosadas que parecía inmerso.

—Tu voz tiene que sonar a eso. A alguien que ya ha aceptado el abismo, no a un rebelde que grita por justicia. A un condenado que disfruta de ver arder el mundo. La rabia que tienes, ese resentimiento por todo lo que te han quitado, por la jaula en la que vives… no la suprimas, conviértela en esto —señaló la pantalla.

Tianchen leyó los versos: « Taste my pain » « People with no place to go waiting for the world to fall apart ». Las palabras resonaron en un lugar oscuro y de resignación dentro de él, dónde eso es lo que siente tantas veces en su día a día: un vacío profundo, un deseo de que todo se derrumbe.

—Es muy oscuro —logró decir, su voz más áspera de lo habitual.
—Es real. Yo no pretendo hablar de falsas esperanzas ni un futuro limpio—corrigió Liu Xiao sin pizca de empatía—. La oscuridad que quiero transmitir es la de un corazón real. El mercado está saturado de luz falsa, de esperanzas como las de Shiguan Dailiren. Esto es algo que no pueden fingir, la credibilidad de la perdición.
—Y mi hermana —preguntó Tianchen, conteniendo la duda en su tono—. ¿Dónde encaja en esto?

Liu Xiao sonrió.

— « The devil retreating into her black and white keys » . Esa línea. El piano será la sombra, la que otorga el mal. La parte instrumental, especialmente los puentes y los solos, tendrán esa cualidad de "diablo en las teclas". Elegante, impecable, pero despiadada en su ejecución técnica. El cazador silencioso que acecha tras la música.

La descripción era brillante, casi poética, y por eso mismo era más aterradora. Estaban diseñando una imagen para Tianxi que explotaba su trauma, que la recreaba como algo maquiavélico y cuyo sonido cerraba todo el esquema de maldad.

—Ella no… —comenzó Tianchen, pero la mano de Qian Jin se posó en su hombro delgado.
—La psicóloga ha estado trabajando con ella —aseguró el abogado, apretando más su mano—. Estará en estudios de grabación privados, sin audiencia, sin presión. Será la forma más segura de que su talento sea aprovechado, sin exponerla. Piénsalo, no la puedes proteger por siempre.

Protectora, la palabra sonó hueca. Tianchen miró a Qian Jin, luego a Liu Xiao, que observaba el intercambio con curiosidad.

—Necesito una decisión —replicó Liu Xiao, chasqueando los dedos para que apagaran el proyector—. El cronograma es ajustado, Tianchen, grabarás una maqueta de prueba con estas dos estrofas —señaló unos versos específicos en la pantalla—. Quiero oír al cazador en ti. El de alguien que ya ha robado el fuego y no le importa quemarse. Tienes cuarenta y ocho horas. Tu hermana puede empezar con los arreglos de piano a partir de las particiones que le enviaré.


No era una oferta sino más bien un ultimátum con cierto tono de cortesía, falsa, por supuesto, en los labios de Liu Xiao.

—Y si decimos que no? —indagó Tianchen, desafiando la mano que aún pesaba en su hombro.

Liu Xiao se encogió levemente de hombros.

—Entonces no eres el cazador. Eres la presa que rechazó la única oportunidad de… escapar… —escapar de Qian Jin, pero no lo diría tan fácilmente para que el abogado sospechara.

La propuesta de Liu Xiao ya estaba hecha, quedaba en manos de quien no tiene control de su propio destino. Tianchen no respondió de inmediato, sentía la presión de la mano de Qian Jin en su hombro, era una cadena que lo ataba profundamente.

—No es una cuestión de querer —intervino Qian Jin sin sacar su mano ni esa sonrisa falsa que ya estaba enfermando al pelirrosado—. Te está dando una oportunidad única, lo que deseabas. Liu Xiao ofrece visibilidad, recursos, una plataforma y la más beneficiada en esto la que ganará más estabilidad es Tianxi.

Liu Xiao observaba el intercambio con interés, ya había captado la dinámica de ellos dos.

—El miedo es natural —dijo, sin un ápice de condescendencia—. Y es un lujo que no puedes permitirte. Firmar no es un acto de fe, es una jugada ganada. Negarte te deja sin nada. La decisión es lógica.

Tianchen miró dónde había estado la pantalla y recordó los versos de « Prometheus ». " People with no place to go" . Esa era su verdad y la de Tianxi. Asintió, no tenía elección. Ninguno de los dos la ha tenido nunca.

—Cuarenta y ocho horas —repitió Tianchen, dando aviso que mandaría la maqueta de su voz en ese tiempo estipulado.
—Excelente —Liu Xiao se acercó y extendió una mano. Su apretón fue firme y cargado de esa mueca ladina. Ahora creía más que nunca que era simple marioneta—. Bienvenido al Proyecto Hýbris. Envía la maqueta a esta dirección de mail. Haré los arreglos para tu hermana.

La reunión por fin había terminado. En el ascensor de regreso el silencio era absoluto. Qian Jin no hizo comentarios y Tianchen miraba su reflejo distorsionado en las puertas metálicas. ¿Qué sentía en ese momento? No era excitación ni ambición, sino un vacío y su nueva máscara la de un “cazador”. Era consciente que, en realidad, el contrato se había firmado mucho antes de que él abriera la boca. Su papel era actuar como un cazador en el juego, una pieza más en el tablero de Liu Xiao, al que había impulsado por Qian Jin. ¿Cómo se lo diría a su hermanita?
« Last Edit: January 17, 2026, 11:06:52 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Eureka

Re: Act 1: Overture
« Reply #81: December 31, 2018, 01:48:25 AM »
Reseteo mi historia en el DD. Disculpen u_u
« Last Edit: July 11, 2024, 08:04:01 PM by Eureka »


Mimi Tachikawa

Re: Act 1: Overture
« Reply #82: December 31, 2018, 02:36:13 AM »
Yo tambien ando con la inspiracion y pues me uno xDD


Era un nuevo dia de trabajo en la vida de Tsubasa Kazanari, aunque el dia de hoy era un dia especial ya que era su cumpleaños numero 23, desde los 16 años Tsubasa habia ingresado al mundo de la música, era muy popular y muy querida por sus fanáticos, ya que a pesar de su complicada agenda siempre se daba tiempo para responder los mensajes de sus fanáticos por Twitter e Instagram, ademas que siempre se quedaba a firmar autógrafos hasta que terminara la larga cola de fanáticos. Solamente tenia un dia donde solo se lo dedicaba a ella y esta era el dia de su cumpleaños.
Se encontraba durmiendo en su habitacion, cuando la puerta se abrió y las cortinas de las ventanas se corrieron para que la luz del sol alumbrara aquella limpia y pulcra habitacion

Tsubasa-sama ya es hora de que despiertes…- un joven de cabellos castaños rubios amarrados en una coleta y vestia ropa de mayordomo le movia suavemente para despertarla-

Uhm??...- la joven peliazul abria los ojos lentamente- Miyauchi-san…buenos días…-

Que tengas un muy feliz cumpleaños…- le dijo con una suave sonrisa y le dio una pequeña bolsa de regalo-

Muchas gracias…siempre acordándote de mi cumpleaños…- dijo cogiendo el regalo y lo abrió, cuando vio que era un broche en forma mariposa- es muy hermoso…me lo pondré ahora mismo…-le dijo emocionada-

De nada…solo es un pequeño detalle…- le dijo mientras empezaba a llevarse las sabanas-como todos los años el dia de hoy no hay nada en la agenda, asi que puede tomarse todo el dia para hacer lo que mas quieras…-

Muchas gracias por hacer también de mi agente porque en verdad no puedo confiar en nadie mas que en ti…después de la muerte de mis padres, eres la persona mas importante en mi vida y no seria la persona que soy si no estuvieras aquí a mi lado-

No soy digno para tantas palabras de afecto Tsubasa-sama pero siempre hare lo mejor que pueda para que seas feliz haciendo lo que mas quieres…-

Y te lo agradesco mucho…- sonriéndole suavemente-y Hajime ya se levanto??-

Hajime-sama se encuentra preparando el desayuno para su querida hermana…-

Le dije que íbamos a comer los tres afuera…-suspiro pesadamente- pero como siempre le gusta hacer las cosas de esa manera…bueno después de tomar el desayuno saldremos a pasear por la ciudad deacuerdo?-

Esta bien…entonces preparare el auto y me cambiare para poder acompañarlos a los 2 sin llamar mucho la atención…-

Muchas gracias ahora si me cambiare…-

En la cocina se encontraba Hajime el hermano menor de Tsubasa que tiene 17 años, al igual que Tsubasa, Hajime era un idol aunque este pertenecia a un grupo a diferencia de su hermana que era solista, Hajime al igual que Tsubasa fue bendecido con una hermosa y angelical voz, muchas veces las agencias querían tenerlo como solista pero el joven no queria y queria seguir con sus amigos, también adoraba a Miyauchi como si fuera su padre ya que él los crio a ambos.

Tsubasa finalmente se acerco al comedor ya estaba vestida con ropa casual y una gorra de color azul con lentes oscuros para no llamar la atención

Y asi parece que fuera yo??...- dijo observando a su hermano que terminaba de servir el desayuno- buenos días querido Hajime…-

Oneechan!! Feliz cumpleaños!!! Y si te ves irreconocible…-corrio a abrazarla- feliz cumpleaños!!-

Le devolvió el abrazo afectuosamente- muchas gracias querido hermanito…- le dio un beso en la frente- te dije que íbamos a salir desde temprano-

Pero queria hacer el desayuno ya que pocas veces podemos estar juntos como familia debido a los complicados horarios que ambos tenemos, y queria prepararte algo especial por ser un dia especial…-

Muchas gracias…lo aprecio de todo corazón..tienes razón… mañana tengo que participar en una miniserie como invitada y tu comienzas tu gira con Ra*bits…- se quito la gorra y los lentes y los dejo a un lado- tengo muchos planes para hacer los tres…-

Miyauchi también apareció en escena y ya no vestia el traje de mayordomo sino vestia con ropa mas informal claro que el cabello lo tenia amarrado

Hajime-sama yo iba a servir el desayuno asi habíamos quedado-

Pero Miyauchi-san también es tu dia de descanso y como trabajas mucho por ambos al menos yo podía hacer esto…asi que me perdonas??-

Claro que lo hare…-le dijo sonriéndole-

Es verdad también es el dia de descanso de Miyauchi-san y como familia los tres tenemos que relajarnos mucho y que mejor que ir a la playa…-

Es una buena idea oneechan…entonces debere de preparar algo para comer y los trajes de baño y las toallas…-

Pero Hajime…-

Nada de peros oneechan tenemos que ahorrar y no podemos darnos el lujo de comer en la calle…-

Esta bien…-dijo con una gota en la cabeza, cuando el teléfono sono- disculpen un momento voy a contestar, se alejo del lugar y contesto- alo?

Tsubasa!! Feliz cumpleaños!!!! Espero que tengas un espacio para reunirnos y celebrar como se debe tu dia no??

Maria-san…muchas gracias por tus saludos, pero no estabas en la grabación del live-action del manga de Fruits Basket?-

Lo estoy, pero pedí que mi dia libre sea el dia de hoy para poder estar contigo en tu cumpleaños…aunque me dijieron que no, al menos tengo espacio libre para hoy en la noche ya que mañana descansaré-

Uhm…a que hora de la noche?-

Supongo que a las 8 de la noche, estare preparándote una gran sorpresa y mas te vale que vengas porque sino no te lo voy a perdonar, no te preocupes por la prensa que les pedi a la gente de mi agencia que arregle todo para dar información falsa y asi que no nos molesten en este dia especial para ti…-

Bueno esta bien ire…va a ser en tu departamento?-

Pues claro…no podemos ir a lugares que llamen la atención…-

Tienes razón…entonces nos vemos a esa hora…-

Muy bien…nos vemos a esa hora y saludos a Hajime e Ichirou-san!!...- colgó-

La peliazul suspiro pesadamente-

Quien era ¿?Maria-san??-

Si, solo queria saber si podía reunirme con ella y pues le dije que si porque ya sabes como es ella si le digo que no es capaz de secuestrarme…-

Es cierto-rio divertido- entonces iremos a la playa un momento a relajarnos y luego llegamos temprano a casa para que te alistes y puedas ir donde Maria-san…-

Pero y nuestro tiempo juntos?-

Vamos a pasar varias horas juntos asi que no hay problema oneechan es tu cumpleaños y también debes de verte con los amigos que te quieren mucho-

Por eso te quiero mucho Hajime por ser un hermanito tan lindo…- le acaricio suavemente los cabellos.
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Othinus

Re: Act 1: Overture
« Reply #83: December 31, 2018, 12:30:38 PM »
Bienvenidas chicas, que disfruten fickeando aqui harto! <3


( 4 ; a )

Esa noche a Yoh lo arrastraron miserable hacía Ley, que es uno de los tantos pubs de moda en la ciudad. Vestido con una camiseta negra sin mangas y un jean bombilla, el bastardo brilla con elegancia atrás de los cabellos desordenados. “Chino bastardo” le oyó maldecir a Badou alguna que otra vez, más cuando acapara la sonrisa de Reika.

“¿Qué quieres para beber?” preguntó el barman al gruñón de Yoh, quien se sentó en la barra.
“Con suerte y termino una birra” dijo con una ínfima sonrisa.  Normalmente escogería un asiento bien lejos de cualquier humano con aspiraciones a iniciar una conversación con él, pero el calor del lugar lo hizo elegir un sitio bien cercano al único aire acondicionado, que para su desgracia queda detrás del mozo.
“¿Y si invito algo más fuerte y costoso?” inició la charla una mujer de treinta a treinta y cinco años, con maquillaje suficiente para preferir el calor insoportable al espantoso perfume.
“Mejor empiezo mi abstinencia total de alcohol. Dame algo sin nada, un energizante” la ignoró total.
“¿Qué crees que haces?” levantó la voz alentada por la bebida acabada en la copa de cristal.
“Señora, haga silencio. Entre sus griterios, el perfume barato que usa y los parlantes de quinta categoría de Ley me estoy muriendo” expresó cansado del trabajo, de ser arrastrado por sus amigos y de lo vivido ese día. La chica que conoció, específicamente sus grandes ojos como el cielo, lo atormentan como sombras por alguna extraña razón. 

La mujer con el autoestima por el suelo sujetó la copa de cristal y la lanzó contra la barra, el objetivo es Yoh pero lo esquivó rápido debido al acostumbramiento de tener amigos borrachines e impredecibles. 

“Aquí no se puede pelear” la seguridad de la puerta arrastró a la mujer fuera del establecimiento y Yoh respiró de alivio, viendo el lado bueno logró entretenerse por unos cinco minutos.

Volviendo al pensamiento que lo atarea, penso en helado crema del cielo y susurró “sabroso” casi sin pensarlo. <- Lo que pasa cuando los niños buenos saltan sus comidas.

En fin, ya sentado en el sitio privilegiado donde el aire fresco del aire le da, decidió sacar el celular y fijarse en facebook si algún conocido reconocía a la extraña y desquiciada niña, por que claro, ignora que de hecho Erio es ya toda una adulta no hecha ni derecha pero por ahí anda.

“Hombre, al menos te hubiera mojado o que se yo” al lado de él cogió el lugar otra señorita, aunque esta sonrió amable.
“Iwasawa, bienvenida” la saludó el cantinero, trayendo una lata grande de energizante para Yoh, junto a un vaso. “¿Quieres lo de siempre?”
“Sí, el primer grupo telonero se retrasó y bueno, tengo tiempo” la voz suave y tranquila de la mujer lo dejo a gusto. ¡Las demás mujeres con las que se topa deberían aprender de ella!
“Ser rockero ya no es rentable” sonrió detrás de la barra el sujeto. “Ahora traigo el café, Iwasawa”.

Yoh la miró de reojo, bastante intrigado por ella.

“¿Buscas a alguien?” señaló el teléfono, que se encuentra en la página de búsqueda en Facebook.
“Sí, una niña bastante excéntrica” respondió con honestidad.
“¿Eh—?” la curvatura en los labios de Iwasawa hizo que la interrumpiera antes de terminar de formar una oración.
“La chica olvidó una compra donde trabajo” apresuró en decir.
“Ya veo” contempló pensativa “¿eres Komiyama Yoh?  Si me dices alguna forma de reconocerla le diré que la buscas”.
“Mn” pensó “cabellos y ojos como el cielo, destellan y las pupilas son penetrantes, creo que si te sientes calada hasta el alma por su mirar… es ella” pronunció “¿cómo sabes mi nombre?
“Eras un poco famoso en el mundo deportivo, el básquet, creo. Intentaré estar atenta a la chica pero con esa descripción tan vaga… “
“Es que no entiendes, si la encuentras sabras que es ella porque asi es” suspiró y luego bebio de un trago el líquido en el vaso, estrellando el vidrio contra la barra “ella es notable a primeras. Te aseguro eso”.
“Ok, ok. Soy Iwasawa Masami. Trabajo de telonera en varios lugares con una banda, Girls Dead Monster, espero verte por aquí seguido” el mesero trajo el café que ordeno, con hielo y lo bebio rápido. “Nos vemos, Yoh”.

Sin despedirse apropiado, Yoh suspiro pesado. Las mujeres alrededor de él siempre son raras. Sí, definitivo.


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #84: February 23, 2019, 06:49:53 PM »

6 # Joe’s Rock Shop.

La tienda Joe’s Rock Shop estaba sumida en su silencio habitual para la hora que marcaba el reloj de pared. Un chico de cabello corto y desaliñado bajó por las escaleras de madera, cuyos peldaños crujieron con un sonido bajo sus pies. Su primer movimiento fue dirigirse hacia los interruptores junto a la entrada. Al accionarlos, las luces fluorescentes parpadearon una vez antes de iluminar por completo el local.

Bajo la luz blanca, aparecieron las estanterías abarrotadas, filas de CDs organizadas con un orden que solo él entendía, pósters de grupos cuya fama se había desvanecido hacía años y algunos materiales promocionales nuevos que parecían fuera de lugar entre tantas antiguas leyendas. El chico, Koga Mitsuki, bostezó ampliamente antes de llevarse un cubre bocas negro al rostro y se dirigió a la pequeña sala trasera destinada al personal.

Allí preparó café. Vertió los granos molidos en el filtro, añadió agua caliente a la cafetera. Buscaba una infusión fuerte y amarga, del tipo que golpea el paladar y despeja la mente de inmediato. Mientras goteaba, regresó al mostrador principal.

Encendió el viejo ordenador, cuya pantalla tardó unos segundos en parpadear y mostrar el escritorio, sin perder tiempo, abrió la aplicación de Spotify de música y seleccionó una lista de reproducción titulada simplemente "miércoles". La primera canción Hellbound de Jerry Cantrell, comenzó a sonar a través de los parlantes estéreos montados en las esquinas del techo. El sonido de una guitarra pesada y distorsionada llenó de inmediato el espacio vacío, ahogando el silencio.

Koga Mitsuki, copropietario de la tienda, era también estudiante universitario de primer año. Vivía con la escasa rentabilidad que generaba este local, un ingreso miserable que apenas le permitía cubrir gastos; el problema era la especialización de la tienda, Joe's Rock Shop se dedicaba al rock y sus derivados, géneros que ya no atraían a las multitudes. Si se hubiera llenado el lugar con mercancía de grupos de K-Pop, con cajas de lipstick brillante y álbumes de edición especial, probablemente la clientela habría sido constante. Pero esa no era la tienda que Mitsuki y su tío habían querido mantener.

Después de buscar el café y servirlo en una taza de porcelana, se fue a sentar en el mostrador y, mientras bebía un sorbo de aquel líquido amargo empezó a repasar las tareas del día: revisar el inventario, actualizar el catálogo online, tal vez intentar limpiar el polvo de las cubiertas de los vinilos más viejos. Otra jornada más esperando que, por casualidad, alguien con los mismos gustos anacrónicos decidiera cruzar la puerta.

—¿Ya estás despierta? —el tío bajó por las mismas escaleras e imitó a Mitsuki, bostezando y caminando hacia la cafetera.
—Sí, hoy no tengo universidad —explicó ella con una sonrisa, el barbijo había quedado relegado a su mentón—. Hoy tiene jornada completa Shabana, pensé en sustituirlo por la mañana y de tarde ya él puede encargarse de la tienda o quizás lo acompañe, no lo sé. No tengo mucho por hacer hoy.
—… está amargo —al beber un trago, el tío sacó de inmediato la lengua de su boca—. Mitsu-chaaaan, esto te hará doler el estómago.
—Te hace falta más aura, tío —bajó los dedos índice, corazón y anular, haciendo la señal de cuernos. Sus uñas estaban pintadas de negro.
—Es muy temprano —suspiró, buscando el azúcar para agregarle al café——. Y esto muy amargo y fuerte para una niña.
—Ya sé que está amargo —replicó Mitsuki, observando cómo su tío revolvía el azúcar en su taza con una cuchara que tintineó contra la porcelana—. Es la dosis necesaria para enfrentar un miércoles.

Su tío, Joe, sacudió la cabeza con una media sonrisa. Llevaba una camisa a cuadrados demasiado grande para él, remangada hasta los codos.

—Un miércoles aquí es lo mismo que un lunes. Silencioso. Al menos con Shabana por la tarde tal vez entre algún turista perdido buscando un recuerdo de ‘grupo japonés famoso’. —bebió otro sorbo, esta vez sin hacer muecas—. ¿Y tú? Si no tienes clase, ¿vas a pasarte el día entre estas cuatro paredes otra vez? Tienes que buscar amigas y pronto, así la tienda se animará un poco.

Mitsuki se encogió de hombros, jugueteando con el borde de su taza.

—Pensaba revisar el inventario de los CD’s del sótano. Hay cajas que no hemos abierto desde que… bueno, desde hace años. A lo mejor encontramos algo que valga algo, aunque sea para venderlo online.
—Eso es más trabajo del que parece —advirtió Joe, apoyándose contra el mostrador—. Y polvo. Mucho polvo. Pero si insistes, yo te ayudo después de almorzar. Antes tengo que hacer algunos recados y recoger a una amiga del aeropuerto.
—¿Quién es? —su interés fue de inmediato a la amiga de su tío Mitsuki, la gente que Joe conocía era de antiguos grupos de rock, miembros de la escena under de la noche que ya habían dejado esa vida y muy, muy pocos habían triunfado. Si venía en avión debía tener dinero.

La canción en los altavoces cambió a algo un poco más rápido, una batería marcando un ritmo más presuroso. Joe miró hacia los parlantes.

—¿Eso es nuevo?
—Nuevo no. De los noventa. Lo agregué a la lista la semana pasada. ¿Te gusta? E intentado buscar “nueva música vieja”.
—Es ruidoso —sentenció Joe, aunque su tono era de aprobación—. Adecuado para ahuyentar a los clientes que buscan discos de chicas del K-Pop. La semana pasada entró un grupo de kpopers y se fueron molestas…

Mitsuki rio por fin.

—Bueno, quizás alguna de ellas se podría llegar a interesar en este tipo de música. Eso sería realmente genial.

Joe terminó su café y dejó la taza en el fregadero pequeño que había en la sala del personal, detrás del mostrador en una habitación separada.

—Bueno, mejor iré al aeropuerto, antes de que Habin se enoje. Tú, si vas a bajar al sótano, lleva una mascarilla de verdad y no solo para decorar la barbilla. Y enciende la luz del fondo, que la bombilla del pasillo sigue fundida.

—Sí, jefe —respondió Mitsuki, haciendo un saludo militar ficticio con el dorso de su mano.

Una vez que Joe se retiró de la tienda, Mitsuki respiró hondo. El olor a café viejo y papel envejecido era el aroma que más le gustaba, miró el local vacío, iluminado por la luz artificial que hacía brillar el plástico de las fundas de los CDs y luego se ajustó bien la mascarilla sobre la nariz y la boca, se aseguró de que el teléfono estuviera en su bolsillo y se dirigió hacia la puerta trasera que conducía al sótano. Antes de abrirla, echó un último vistazo a la tienda silenciosa. Hoy, como casi todos los días, el rock sonaría para ella sola y, por ahora, eso le bastaba.

Koga Mitsuki era una joven japonesa de veinte años como muchas otras. Se había tomado un año sabático antes de comenzar la universidad, la duda persistente sobre qué carrera elegir, o incluso si deseaba seguir alguna, la había llevado a hacer esa pausa. En el fondo, su verdadera aspiración era otra, formar una banda, tener su propio público y poder enorgullecerse del género que había amado desde la infancia.

Esa pasión por el rock no era casualidad. Tras el fallecimiento de sus padres la música y su tío Joe se convirtieron en sus únicos pilares en la oscuridad. El rock, en particular, era más que un gusto, era un espacio seguro donde podía ser imperfecta, ruidosa o vulnerable, sin temor a ser juzgada.

En ese instante “Boys Don’t Cry” de The Cure sonaba de fondo.

Esa mañana fue sencilla, acomodó las cosas y empaquetó algunos pedidos para enviarlos en la tarde. Vivir en Eastwood hacía más sencillo poder ganar dinero con ventas online o vender productos firmados para aumentar el precio.

—Tarde más de lo que pensaba —hizo sonar su muñeca una vez terminó de envolver el último disco y miró el reloj en la pared—. Ya son las doce, Shabana ya debe estar viniendo.
—Ya estoy acá —su rostro se veía desganado, como siempre—. Buenas tardes, Koga.
—Oh —una sonrisa se dibujó entre sus pómulos—. La próxima vez avisa, estaba tan distraída que no te vi.

Gyutaro soltó un bufido, rascándose la nuca con sus uñas largas y descuidadas. Evitó la mirada de la chica, enfocándose en un estante de revistas mal acomodadas.

—¿Avisar? —murmuró con su voz rasposa—. La gente suele notar cuando entro a una habitación... normalmente dan un paso atrás o se agarran la billetera. No sabía que me había vuelto invisible.

Se acercó al mostrador con pasos pesados, dejando su mochila vieja en el cuarto de empleados.

—No deberías sonreírle así a cualquiera que entra por esa puerta, Koga —añadió, entornando sus ojos mientras la observaba de reojo—. Hay mucha gente con suerte en este barrio, gente con caras bonitas y corazones podridos que se aprovecharían de alguien tan distraída.

Hizo una pausa, y por un breve segundo, su mirada se suavizó antes de volver a su habitual expresión de fastidio.

—¿Te dejó mucho trabajo el turno de la mañana? Si el gerente volvió a dejarte las cajas pesadas a ti, dímelo. No me cuesta nada reacomodarlas de un golpe.
—No, no —respondió Mitsuki rápidamente, negando con la cabeza—. No fueron cajas pesadas. Solo estos pedidos online y ya están listos. —hizo un gesto hacia los paquetes ordenados sobre el mostrador—. Y no sonrío así a cualquiera, Shabana. Te sonrío a ti porque te conozco, a los demás les doy la sonrisa estándar de empleada. Tiene diferencia, créeme.

Gyutaro gruñó, un sonido que podía significar cualquier cosa y se acercó a los paquetes, revisandolos con una mirada crítica.

—La dirección de este tiene los números muy juntos —señaló con un dedo—. El repartidor podría confundirse. Voy a reescribirla.

Sin esperar respuesta, buscó un rotulador grueso detrás del mostrador y empezó a trazar los números con caligrafía sorprendentemente clara y ordenada, que contrastaba con su apariencia descuidada.

Mitsuki observó, sin sorprenderse, sabía que detrás de su actitud áspera, Gyutaro era buen empleado. Era una de las razones por las que Joe lo había contratado y mantenido a pesar de tener una actitud tosca con los dueños y los clientes.

—¿Qué estás escuchando? —preguntó Gyutaro de pronto, sin levantar la vista del paquete.
—La lista del miércoles —indicó Mitsuki, animándose—. Ahora va « Would? » de Alice in Chains. ¿La conoces?
—Suena a algo que pondría un cuarentón calvo  —murmuró él, terminando de escribir y tapando el rotulador—. Sí, la conozco. No está tan mal.

Era el mayor elogio que Mitsuki podía esperar de él.

—Gracias por reescribir la dirección —dijo, mientras él empezaba a organizar los paquetes por tamaño, preparándolos para la recogida de la tarde.
—No es nada —murmuró. Luego, tras un breve silencio incómodo, añadió—: ¿Comiste algo ya, o te has pasado la mañana solo con ese café venenoso?

Mitsuki se rio.

—Solo café. ¿Me estás regañando, Shabana?
—Estoy haciendo una pregunta. Hay unos bollos de curry en el microondas del fondo, del almuerzo de ayer. Si no los quieres, me los como yo.
—Los quiero —apresuró a decir Mitsuki rápidamente, y una sonrisa de agradecimiento le iluminó el rostro—. Compartamos.

Gyutaro asintió, evitando de nuevo su mirada y cargó varios paquetes para llevarlos al área de envíos. Mitsuki fue hacia la trastienda a buscar el bollo y encendió el microondas. La dinámica de ellos era siempre así, él se quejaba y gruñía, pero se fijaba en los detalles que ella pasaba por alto, en las cosas pequeñas que necesitaba.

Regresó con el bollo caliente en una mano. La música seguía sonando y Gyutaro movía cajas. Era otro miércoles cualquiera en Joe's Rock Shop, siguiendo la rutina que implicaba trabajar en una tienda sin tantos clientes y, por lo tanto, sin tanto trabajo.

Shabana Gyutaro llevaba tres meses trabajando en la tienda. Tenía recién dieciocho años y aún cursaba su último año de secundaria alta; su mudanza a Eastwood se había producido con su hermana menor, Ume, en busca de un nuevo comienzo. Como muchos en la ciudad, llegaba persiguiendo una oportunidad, aunque en su caso la prioridad era más un sueldo estable y un techo seguro para los dos. La vida le había exigido madurar rápido, y en su rostro a menudo desganado y en sus modales ásperos se notaba el peso de esa responsabilidad.

La tarde transcurría con la misma monotonía de cada día, rota solo por la música constante de los parlantes y el intercambio esporádico de palabras entre Mitsuki y Gyutaro. Habían pasado el rato con tareas menores y Mitsuki, aburrida, insisitió en pintarle las uñas de negro a Gyutaro, quien, tras refunfuñar, terminó cediendo con los puños cerrados y la mirada clavada en el techo. Luego, ambos se dedicaron a sus propios deberes de clases, esparciendo cuadernos sobre el mostrador.

—Qué sorpresa que estés en matemáticas avanzadas —canturreó ella en un tono alegre, señalando un ejercicio complejo en su libro—. ¡Mi primer amigo genio!

Gyutaro, que revisaba el inventario en una libreta, levantó lentamente una ceja sin apartar los ojos de los números.

—¿Amigo? ¿Desde cuándo? —preguntó, su voz tan rasposa como siempre—. Eres mi jefe o la sobrina de mi jefe. Eso es todo. Tch… hacerse amigo de una mujer solo trae problemas y pérdida de tiempo.
—¡Oye! —protestó Mitsuki, golpeando suavemente la mesa con el lápiz—. Estoy segura de que soy tu única amiga aquí. Además, soy tu senpai en esto del trabajo —añadió, levantando el dedo índice con aire de superioridad—. Así que mejor sé respetuoso o te recorto el sueldo.

Gyutaro soltó un bufido breve y seco, lo más parecido a una risa que ella había escuchado de él.

—Há. No me hagas reír. Mi sueldo ya es tan bajo que un recorte sería caridad. Y no, no eres mi senpai. Eres una chica con llaves de la tienda, nada más.
—¡¿Ehhh-?! ¿Y por qué no? —insistió Mitsuki, inclinándose hacia él con los codos en el mostrador.

Gyutaro cerró la libreta con un golpe y por fin la miró directamente, sus ojos estrechos mostrando una mezcla de fastidio.

—Porque no y punto final —replicó, como si eso lo explicara todo—. Un senpai se gana el respeto, no lo exige solo por llegar primero. Y la amistad… —hizo una pausa, buscando las palabras con visible incomodidad— la amistad es algo que se demuestra, no que se anuncia. Ahora, si terminaste de pintarme las uñas y de hacer tus deberes, hay que revisar los vinilos que bajaste esta mañana. Algunos de esos discos viejos podrían valer algo si no están rayados. Eso sí es útil.

Se levantó y se dirigió hacia las cajas cerca de la entrada, poniendo fin a la discusión. Mitsuki lo observó ir, una sonrisa pequeña y testaruda en sus labios se formó, sabía que Gyutaro ya la consideraba algo más que una simple jefa.

—Oye, aún no están secas —gritó desde el mostrador—. ¡Vas a arruinar la manicura y los discos!
—Es tu culpa y tus caprichos —el chico llevaba unos jeans oscuros rotos y una camiseta blanca sencilla, aunque estaba desalineado así era su estilo. Incluso su cabello color musgo estaba en un orden despeinado, si no fuera por esa piel pálida enfermiza y las manchas como tinta en su rostro y brazos, probablemente podría tener un empleo mejor remunerado.
—Ugh —tragó saliva. Atrapada—. Te ayudo.

Fue rápidamente tras de él, agarrando la caja que el adolescente estaba por abrir y lo hizo ella misma.

—Badmotorfinger —dijo de memoria Gyutaro, la portada era de Soundgarden aunque la imagen poco atractiva comercialmente—. Vender, vende.

La propietaria tomó el CD que indicó Gyutaro y lo revisó.

—Pero con cuidado —gruñó él, aunque dejó que ella manejara el disco a su antojo. Se quedó a su lado, con las manos medio levantadas, como si estuviera listo para intervenir si ella lo rayaba. Los dedos con el esmalte aún fresco es algo que preferiría olvidar.

Mitsuki sacó el disco de su funda interior y lo sostuvo a la luz, escudriñando la superficie en busca de arañazos profundos o alguna malformación.

—Está en buen estado. Algunas marcas de polvo, nada serio —dictaminó, y luego leyó la etiqueta del centro—. Primera edición. Podríamos ponerle un buen precio.
—Ya sé —expresó Gyutaro, su voz más cerca de lo que ella esperaba. Había inclinado la cabeza para mirar también, su cabello desordenado rozándole casi el hombro—. Por eso dije que vende. Es buen material y de calidad.

Ella asintió, volviendo a colocar el disco en su funda con cuidado. En ese instante vio a Gyutaro, intentando ocultar las uñas pintadas.

—¿Te molestan? —preguntó, señalando sus uñas con la barbilla.
—Son incómodas —admitió él, retirando la mirada—. Pero se secarán o se astillarán. Da igual.
—No da igual —replicó Mitsuki, colocando el vinilo a un lado y tomando la siguiente caja—. Fue mi idea, así que me responsabilizo. Si se astillan, te las repinto.

Gyutaro no respondió. En lugar de eso, tomó otro disco de la caja que ella había abierto, esta vez era uno menos conocido, de una banda de garage de los noventa. Lo observó con una concentración intensa, intentando recordar quienes eran.

—Este no —dijo al fin, dejándolo a un lado—. La portada está fea y el nombre no es tan conocido. No atraerá a nadie, quizás para una rebaja o los discos de diez por quince dólares.
—¿Juzgamos los discos por la portada ahora? —preguntó Mitsuki con una sonrisa burlona.
—Siempre se ha hecho —replicó él, sin negar la ironía—. La primera impresión es la que hace que alguien lo levante del estante. Si la portada parece hecha por un niño de cinco años, nadie lo tocará, sin importar lo bueno que sea dentro. Es marketing básico, cualquiera lo sabe.
—Entonces, ¿deberíamos ponerle una funda nueva? —preguntó ella, solo medio en broma.
—Demasiado trabajo para algo que probablemente no valga ni diez dólares —concluyó Gyutaro, pasando a la siguiente caja. Su movimiento era brusco, pero Mitsuki notó que usaba más la yema de los dedos que las uñas para abrirla.

Ambos siguieron abriendo cajas lado a lado, el silencio entre ellos ahora cómodo, ocupado solo por el cartón o el plástico al abrirse y la música persistente que salía de los altavoces, hasta que la campañilla de la puerta sonó y el primer cliente del día entro.

—¡Bienvenido! —musitó entusiasmada la chica, aunque se colocó rápidamente el cubre bocas.

El personaje que ingresó traía el entrecejo marcado, aunque sus mejillas ardían de vergüenza.

—¡Ah! —no se esperó aquel saludo—. Sí, sí. Hola.

El cliente que entró era un joven que tenía el entrecejo marcado por una expresión de preocupación constante, aún así sus mejillas estaban sonrojadas, como si el simple acto de entrar le causara vergüenza.

—¡Ah! —exclamó él, sobresaltado por el saludo—. Sí, sí. Hola.

Ingresó casi a la fuerza, con movimientos rígidos y se dirigió directamente a la sección más alejada del mostrador, quería estar muy muy lejos de las dos personas que atendían el local.

—Sigamos —Mitsuki le sonrió a Gyutaro, señalando los discos que tenían frente a sí. Retomaron la tarea de separar los que podrían venderse a buen precio de los que irían a lotes de oferta.
—Cliente raro —murmuró Gyutaro, sin levantar la vista del disco que estaba inspeccionando, su tono era plano, sin curiosidad real. Era la primera vez que veían a ese tipo y le pareció demasiado sospechoso.
Mitsuki asintió, pero no pudo evitar echar miradas furtivas hacia el pasillo donde el joven se había refugiado. Lo veía pasar los dedos por los lomos de los vinilos con una lentitud exagerada y sin sacar ninguno. Parecía más interesado en parecer ocupado que en buscar algo en concreto.

—¿Crees que necesita ayuda? —susurró Mitsuki, inclinándose un poco hacia Gyutaro.
—Si necesitara ayuda, la pediría —respondió él en voz baja—. O se iría. Ahora está bloqueando el pasillo de los discos de punk ochentas. Nadie que busque algo ahí se toma tanto tiempo. Debe estar por robar.

Tenía razón. El chico estaba parado justo frente a una sección que normalmente solo atraía a conocedores muy específicos. Gyutaro suspiró y dejó el disco que tenía en las manos.

—Si no te concentras, vas a catalogar este Nevermind como género ‘synth-pop’ otra vez —le dijo a Mitsuki, aunque su mirada se desvió una vez más hacia el cliente.
—No fue mi culpa que la letra fuera cursiva —protestó ella en un susurro, con una gota de sudor en su mejilla.

Finalmente, el joven tomó un disco al azar —una compilación de blues que rara vez llamaba la atención— y se acercó al mostrador con pasos indecisos. Mantenía la cabeza gacha.

—¿Lo va a llevar? —preguntó la que posee apariencia de chico hermoso, intentando no asustarlo.
—Sí. Esto, por favor —dijo él, colocando el CD sobre el mostrador sin hacer contacto visual, su voz era apenas audible sobre la música.

Gyutaro, mientras tanto, fingía estar absorto en la etiqueta de un CD, pero observaba la interacción de reojo. Cuando el joven sacó una cartera sencilla para pagar, Gyutaro notó que sus manos temblaban ligeramente.
La transacción fue rápida y silenciosa. Mitsuki le dio el cambio y metió el disco en una bolsa de papel, antes de dársela al chico.

—Gracias. Vuelva pronto —formuló y el joven ya se giraba, asintiendo con la la cabeza mientras intentaba salir casi a tropezones, haciendo sonar la campanilla con más fuerza de la necesaria.

La puerta se cerró. El silencio volvió, ahora un poco más incómodo.

—Ves —habló Mitsuki, exhalando—. Solo un chico tímido. Nada raro.
—Tímido, nervioso y comprando un disco de blues a las tres de la tarde un miércoles —enumeró Gyutaro, volviendo a su caja—. Sí, totalmente normal.
—Cínico —replicó ella, sin verdadero reproche, con una sonrisa que estaba formando suave. Sabía que Gyutaro tenía un punto, en una tienda como la suya, cada cliente tenía un estilo propio, normalmente hombres mayores diciendo en voz alta “la música de ahora no es música” y agregando después “en mis tiempo bla bla bla” y este joven había sido tímido y de aproximadamente veinte años.
Agarró otro vinilo y sopló el polvo de la portada, dejando que la música de los altavoces llenara de nuevo el espacio vacío que el cliente había dejado atrás.

Otro cliente entró poco después de las cinco y media de la tarde, justo cuando Joe, ya con su chaqueta puesta, cargaba las últimas cajas de pedidos para llevarlas al centro de envíos.

—Nos vemos más tarde —saludó el tío, alzando brevemente la mano mientras con la otra aseguraba una pila de paquetes—. Shabana, cierra tú si me demoro. Disculpa, Shion, hoy no puedo charlar.
—No hay problema, Joe. Es un honor igualmente poder conversar con Shabana-san y Koga-chan —respondió el recién llegado, dirigiendo su voz hacia el mostrador con una sonrisa gentil.

El hombre, Shion, tenía el cabello completamente blanco y llevaba los ojos permanentemente cerrados, un detalle que no parecía limitar su orientación en el espacio conocido de la tienda. Mitsuki lo reconocía de inmediato como un coreógrafo de espadas de renombre, consultado por estudios de cine y televisión por sus secuencias de acción elegantes.

—Buenas tardes, Shion-san —lo saludó Mitsuki desde detrás del mostrador, ajustándose el cubrebocas—. ¿Buscas algo en especial hoy?
—Sí, por favor —asintió Shion, dirigiéndose sin vacilar hacia el sonido de su voz—. Necesito inspiración. Busco un grupo japonés, algo que pueda derivar en una escena de confrontación moderna.
—Los japoneses no tienen tan buen rock —soltó Gyutaro de inmediato, sin levantar la vista de la caja de discos que estaba sellando. Su tono era más un hecho declarado que una opinión.
—¡Qué dices! —protestó Mitsuki, girándose hacia él—. Hay bandas míticas y muchas nuevas con un sonido increíble.
—Míticas, sí —concedió Gyutaro, por fin mirándola—. Como X Japan o Loudness. Pero son de una época. Hablo del sonido de ahora, la escena japonesa actual o suena a visual kei o a city pop revival que no sirve para una pelea de espadas.

Shion soltó una risa suave interesado en la discusión de ambos chicos.

—Me intriga la distinción. El visual kei es en esencia puro teatro. Ptienes razón, a veces el sonido queda sepultado por el espectáculo.
—Exacto —asintió Gyutaro, sorprendido de que el cliente no se ofendiera—. Es como vender un disco por la portada. Puede ser impresionante, pero al final es solo decoración.
—Pero hay bandas que equilibran ambas —intervino Mitsuki, entusiasmada. Se acercó a un estante específico y sacó un disco—. Toma, Dir En Grey. Su evolución es brutal. Empezaron con un visual kei muy marcado y su música evolucionó más pesada.

Shion inclinó la cabeza, considerándolo.

—Podría, ciertamente —murmuró Shion, pensativo.
—No lo sé —arbitró Gyutaro—. Si quieres algo con más groove, con un ritmo que pueda marcar un duelo, tendrías que ir a cosas como Babymetal. Sí. Sí lo sé —añadió, ante la mirada sorprendida de Mitsuki—. Tienen una estética kawaii mezclada con death metal, pero la base instrumental es perfecta y en una coreografía quedará bien.

Shion pareció genuinamente intrigado por esa idea.

—Sí, eso podría traducirse en movimientos que comienzan fluidos y se rompen en golpes secos. Interesante.

—También está The Gazette —agregó Mitsuki, no queriendo ceder—. Tienen canciones como FILTH cuero y metal.

Gyutaro la miró, y por un instante, Mitsuki creyó ver un destello de aprobación en sus ojos estrechos. Él también conocía esas referencias.

—Si quiere algo menos metal y más experimental e igualmente japonés en su esencia, está Boris —añadió Gyutaro, sin entusiasmo en la discusión, él no era un otaku de la música como Koga—. Drone, doom, sludge. Para un soudtrack de pelea tienen bastante ritmo y sin vocal.

Shion guardó silencio un momento, procesando las opciones y una sonrisa de verdadero disfrute se dibujó en su rostro.

—Esto es mejor que cualquier búsqueda en internet. Me han dado tantas ideas. Es exactamente lo que necesitaba, tomaré prestadas sus recomendaciones —dijo, inclinándose levemente en un gesto de gratitud—. Y quizás me lleve este Dir En Grey y otro de Boris para empezar. Suena a un buen punto de partida.

Mitsuki sonrió muy satisfecha, mientras procesaba la venta, pensó que, a veces, la tienda era increíblemente interesante y las charlas con Gyutaro disfrutables cuando hablan de música.

Las seis en punto se marcaron en el viejo reloj de pared, seguido por el tono de llamada de Gyutaro en su celular y los primeros acordes inconfundibles de Lithium de Nirvana sonaron a tope.

Koga Mitsuki dejó el disco que estaba limpiando sobre el mostrador, girando su cabeza hacia él con rapidez y los ojos rasgados abiertos con genuino asombro. Su mirada saltó del teléfono a la cara de Gyutaro, luego de vuelta al teléfono. Había asumido, por su actitud y sus comentarios ácidos, que su gusto musical estaba puestos exclusivamente en metal. Que algo del grunge, y menos Nirvana, sonara en su teléfono era una revelación inesperada.

Él captó al instante el foco de su atención y el  pánico cruzó su rostro antes de que la habitual mueca de fastidio lograra instalarse. Apagó la llamada con un movimiento brusco del pulgar.

—A veces también puedo escuchar a tipos depresivos, ¿sabes? —masculló, desviando la mirada hacia un estante de revistas. Esperó que el movimiento no dejara ver el calor que sentía subir por su cuello hacia las mejillas.
—¡HA HA HA! INCREÍBLE, VIEJO —estalló Mitsuki, sin poder contener una carcajada abierta que hizo que Gyutaro se encogiera un poco. Ella comenzó a golpear suavemente la punta de su zapato contra la pata del mostrador, marcando el ritmo de la batería que ya no sonaba—. Dave Grohl le da el alma al grupo.

Gyutaro se encogió de hombros, forzando un aire de indiferencia mientras jugueteaba con el teléfono en su mano.

—Sí, bueno. No está mal, supongo.
—¿Y Kurt Cobain? —insistió Mitsuki, recostándose contra el mostrador con una sonrisa de complicidad—. Él aporta la depresión y la guitarra, claro.

Él la miró de reojo, sorprendido una vez más por la canción que escuchó, mientras de fondo sonaba Song 2 de Blur. Tragó saliva.
—Algo así —admitió, casi en un susurro—. No es mi favorito de todos. Pero esa canción… "I'm so happy 'cause today I found my friends, they're in my head" es una mentira tan obvia que duele.,, Bueno, ya sabes.

Mitsuki asintió, su expresión burlona se suavizó un poco. No esperaba esa reflexión.

—Es lo que lo hace genial.

—No dije que fuera genial —se corrigió él rápidamente, recuperando parte de su hosquedad—. Dije que no está mal y que a veces la escucho. No hagas un drama.
—Claro, claro —respondió Mitsuki, alzando las manos en señal de rendimiento—. Tu secreto a voces está a salvo conmigo. Solo pensaré que el temible Gyutaro Shabana tiene un lado nostálgico y grunge. Nada del otro mundo.

Él lanzó un gruñido, pero no hubo verdadera irritación en él. Guardó el teléfono en el bolsillo trasero de sus jeans rotos.

—Tengo que ir a buscar a mi hermanita, ¿estarás bien por tu cuenta? Joe se está tardando más tiempo de lo esperado —preguntó, cambiando abruptamente de tema y señalando con la cabeza las cajas restantes.

Mitsuki sonrió.

—Sí, sí. A trabajar. Prometo que la próxima playlist incluirá algo de Nevermind. Solo para ambientar. Buena suerte con Ume-chan.

Gyutaro no respondió. Se dirigió a la pequeña sala de empleados y tomó su mochila desgastada de un gancho. El último vestigio de rubor había desaparecido por completo de su rostro, reemplazado por su expresión habitual de concentración. Al regresar al área principal, vio a Mitsuki acomodando otra caja de un CD, limpiando con cuidado y dejándolo en una pila de rebajas.

—¿Quieres algo de la tienda de conveniencia? —preguntó él, ajustando la correa de la mochila sobre su hombro—. Voy a pasar por el supermercado y compraré alguna sopa instantánea para Ume.
—Cerveza —intentó decir con su cara más seria.
—Aún soy menor de edad para comprar eso.
—¡¿Ehhhhhh-?! Tienes dieciocho, ¿verdad?
—Sí y soy mayor a los veinte. Estás vieja, Koga.
—Y tú muy joven, Shabana.

Gyutaro la miró con una expresión plana con un brillo de diversión burlona asomandose en sus ojos.

—Veinte años no es vieja, es experimentada. En términos de tienda de discos, eso significa que sabes dónde está cada cosa y, por lo tanto, soy tu senpai. ¿Cuándo me dirás así? — Mitsuki puso las manos en las caderas.
—Experimentada, ¿eh? Bueno, puedes recordarte que aún necesitas terminar de etiquetar los vinilos de la caja de ofertas — él suspiró, dejando su mochila sobre una silla — ¿Cuál quieres tú, Koga? ¿La de pollo con fideos o la picante? —preguntó, como si fuera la pregunta más lógica del mundo.
—¿Ume-chan tolera lo picante?
—Más que yo —admitió Gyutaro, dirigiéndose hacia la pequeña nevera que tenían para el personal, donde a veces guardaban bebidas y comida rápida—. A mí me da acidez.
—Ugh, a mi me gusta de todo, aunque preferiría evitar lo picante también —expresó Mitsuki, acercándose al mostrador de nuevo y revisando la lista de tareas pendientes en su cuaderno—. Y agrega unas galletas de arroz. Las verdes, no las blancas, tienen mejor textura.

Gyutaro se detuvo y sacó una lata de té frío en la mano y luego la miró con curiosidad.

—¿Desde cuándo eres experta en los antojos de mi hermana?
—No soy experta —replicó Mitsuki, sin levantar la vista—. Pero la última vez que vino, se comió tres paquetes de esas galletas y leía esas revistas de K-Pop mientras esperaba a que terminaras tu turno.

Él refunfuñó, pero tomó nota mentalmente, finalmente abrió la lata y bebió un trago.

—¿Y tú? ¿No quieres nada? Tu tío dijo que había sobras de gyudon del almuerzo, en el contenedor azul.
—Lo sé —mencionó Mitsuki—. Hoy tengo antojo de fideos. Iba a pedir algo a domicilio después de que te fueras. ¿Quieres que pida extra para ustedes? El lugar de la esquina tiene esa salsa de miso que a Ume le gustó la vez pasada.

Gyutaro dudó. Su primera reacción fue negarse, cerrarse, no obstante, recordó la cara de Ume iluminándose con esos fideos la semana anterior y la salsa picante.

—… solo si no es molestia. Te paso el dinero.
—No es molestia —respondió Mitsuki, con un tono casual que pretendía restar importancia—. Y ya me pagas después o lo descontamos de tu próximo error de inventario, lo que ocurra primero.
—No cometo errores de inventario —protestó él.
—El lunes pasado catalogaste un sencillo de B’z como música ambiental para dentista. Un atentado al buen gusto.
—¡Tenía un solo instrumental de dos minutos! —exclamó Gyutaro, defendiéndose—. Sonaba a lo que pondrían mientras te sacan una muela o en un ascensor de mala muerte.

Mitsuki rio, y esta vez él no pudo evitar que una esquina de su boca se levantara levemente en una sonrisa.

—Bueno, para compensar, puedes ayudarme a decidir algo —musitó Mitsuki, sacando su teléfono—. Estoy entre los fideos con pollo karaage o los de curry. Ustedes eligen el otro, así probamos dos estilos.

Gyutaro pensó por un momento.

—Ume elige el curry. Siempre elige curry.
—Perfecto. Entonces yo pido el pollo y unas gyozas para compartir, porque hoy fuimos buenos y atendimos a un cliente famoso.
—Tú fuiste buena —corrigió él—. Yo solo dije que los japoneses no tienen buen rock.
—Y luego procediste a dar un discurso sobre Babymetal y Boris, eso cuenta como servicio al cliente experto.

Gyutaro no supo cómo rebatir eso, así que se encogió de hombros y fue a buscar su mochila de nuevo. El ambiente en la tienda era tranquilo, el sonido de fondo ahora pasó a Wonderwall de Oasis y por la ventana del local el cielo se iba tornando anaranjado. Ya tocaba buscar a Ume de la secundaria.

—Voy a la tienda de conveniencia y luego por Ume —anunció Gyutaro, encaminándose hacia la puerta—. Luego vuelvo a terminar el etiquetado. No pidas la comida hasta que yo regrese, para que no llegue fría.
—Sí, señor —dijo Mitsuki.

Él salió haciendo sonar la campanilla. Mitsuki observó la puerta cerrarse y luego miró el teléfono, seleccionando el restaurante. La conversación no había sido nada del otro mundo, solo planes para cenar y bromas tontas, mandó un mensaje a su tío para saber si quería algo del delivery y esperó su mensaje. Gyutaro ya había desaparecido de su campo de visión.

El joven caminaba con parsimonia por la acera, las manos puestas en los bolsillos de sus texanos negros y, a través de sus cascos, la música Slipknot llenaba sus oídos, ahogando los sonidos vespertinos. En ese preciso momento era é y la música estridente, nada más. Ni sus pensamientos u obligaciones atormentando su mente.

Doblo en la esquina donde rápidamente divisó el letrero del Seven Eleven; empujó la puerta y el interior lo recibió con olor a café recalentado y el aire acondicionado a menos de veinte grados. Un dependiente adolescente levantó la vista desde su teléfono detrás del mostrador y lo saludó inclinándose, aunque trataban de tomar algunas costumbres japonesas, en general la etiqueta no era algo que imitaban.
Los ojos del chico se detuvieron en la apariencia de Gyutaro, observando un instante en las manchas oscuras que salpicaban gran parte de su piel; en el rostro, brazos, piernas y quién sabe dónde más, antes de volver rápidamente a la pantalla con una expresión neutra. Era una reacción que Gyutaro conocía bien; la había visto decenas de veces en sus compañeros de clases y en clientes curiosos, intentando olvidar esa mirada que lo juzgaba y lo veía como algo contagioso.

Se dirigió directamente al pasillo de los snacks, tomó lo primero que vio, las papas fritas con sabor picante, dos paquetes de mix de frutos secos y un par de barras de chocolate y las galletas que Mitsuki dijo que le gustaban a Ume. Para beber eligió una botella grande de té verde sin azúcar y dos latas de una soda barata de melón que a Ume le encantaba, a pesar de ser demasiado dulce.

Al acercarse al mostrador, el dependiente comenzó a escanear los productos intentando evitar mirar al cliente. Gyutaro notó cómo su mirada se posaba fugaz en sus uñas pintadas de negro y apretó ligeramente la mandíbula, pero no dijo nada. Pagó en efectivo, contando las monedas y guardó la compra en su mochila gastada.

—Que tenga buen día —murmuró el adolescente.

Gyutaro no hizo nada, ni correspondió el saludo y cuando estuvo de vuelta en la calle, se colocó de nuevo los auriculares. Caminó otras tres calles, alejándose de la zona comercial, hasta llegar a la secundaria dónde debe recoger a Ume.
Se plantó frente a la entrada principal, con las manos en los bolsillos y la espalda encorvada, aún así no se apoyó en la valla y tampoco revisó el teléfono. Solo esperó a Ume. Los estudiantes que salían en pequeños grupos ruidosos lo miraban de reojo. Su presencia allí no pasaba desapercibida y es que se había ganado una reputación el mes anterior, cuando un alumno de último año con demasiada confianza intentó acercarse a Ume con intenciones de cortejo y Gyutaro le dejó marcado su puño seco y bien colocado en el centro del rostro del joven. El mensaje quedó claro, y desde entonces, las miradas hacia él eran una mezcla de curiosidad y cautela evidente.

—¡Hermanito, llegas tarde! —exclamó Ume, llegando a su altura con una sonrisa que pronto se tornó en una leve queja—. ¿Trajiste algo?
—Sí —respondió él, su mirada aún enfocada en las personas detrás de ella, evaluando posibles amenazas—. Bocadillos y tu soda. Tenemos que ir a la tienda de Koga ahora. La cena va para allá.
Ume frunció la nariz, poniendo inmediatamente los brazos en jarra.
—Ew… ¿con esa marimacha? Paso. No quiero.

Gyutaro bajó la vista hacia ella y exhaló aire pesadamente.

—Koga va a pedir fideos. Curry para nosotros, pollo para ella y gyozas para compartir.

El anuncio del menú hizo titubear a Ume por un instante, pero recuperó su postura.

—Eso no quita que sea una mala influencia para ti —replicó, y su mirada se dirigió de forma deliberada a las manos de Gyutaro, a las uñas pintadas de negro que aún llevaba—. ¿Qué es eso? Te está cambiando de a poco.

Gyutaro miró sus propias uñas, luego a su hermana. No se defendió. No dijo que había sido idea de Koga, ni que a él le daba igual, en lugar de eso, dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección a la tienda de discos, asumiendo que ella lo seguiría.
—No es una influencia —dijo por fin, cuando Ume se puso a su lado, arrastrando los pies un poco—. Es una jefa que da tiempo libre, pide comida para nosotros y nos ayuda, junto a Joe.
—Te pinta las uñas —insistió Ume, como si ese fuera el crimen definitivo.
—Y tú me pintaste el pelo de verde una vez con un rotulador lavable. ¿Eso te convierte en una mala influencia? —preguntó él.
—¡Eso es diferente! ¡Yo tenía seis años!
—Y ella tiene veinte y su estética es bastante atractiva —hizo una pausa breve, después de darse cuenta de sus palabras se apretó el puente de la nariz con frustración—. ¿Ves ? lo que me haces decir ?  Idiota, cállate. Es amable, junto a Joe nos han apoyado bastante desde que llegamos a Eastwood.

Ume guardó silencio durante el resto del camino, procesando sus palabras y molestándose cada vez más con Gyutaro. No estaba convencida, nada le haría cambiar de opinión que su querido hermano mayor había sido atrapado por la amabilidad de una mujer extraña. ¡Había sido seducido mientras ella no estaba!

Cuando llegaron a Joe's Rock Shop, a través del cristal se veía a Mitsuki detrás del mostrador, hojeando una revista de música. Gyutaro abrió la puerta, haciendo sonar la campanilla, ella levantó la vista y una sonrisa amplia apareció en su rostro al verlos.

—¡Llegaron! Perfecto, justo iba a pedir —anunció, y su mirada fue directamente a Ume—. Hola, Ume chan. ¿Lista para el curry picante?

Ume, ante la calidez directa e indiscutible del saludo, no pudo mantener el ceño fruncido por mucho más tiempo y asintió ligeramente, casi imperceptible, un pequeño asentimiento, casi imperceptible fue su respuesta.

—Pero no te doy permiso para ser amiga de mi onii chan —espetó molesta, aunque su rostro era tan lindo que Mitsuki la observó más del tiempo permitido.
—¿Eh? ¿No podemos ser amigos? Uh… —Mitsuki parpadeó, desconcertada por la declaración tan directa. No pareció ofenderse, sino sentirse más curioso tras la declaración de Ume. Bajó la revista y se apoyó en el mostrador—. ¿Hay alguna regla específica o es solo un veto general?

Gyutaro cerró los ojos por un segundo, ya algo cansado de las mismas discusiones con su hermanita menor.

—Ume, no empieces.
—¡No estoy empezando nada! —protestó la albina, cruzando los brazos con más fuerza—. Solo estoy estableciendo límites. Tú eres mi hermano y y o decido quién es buena para ti.
—Esa lógica es terrible —murmuró Gyutaro, pero se quedó junto a la puerta, observando, sin ganas de querer interferir es esa discusión. Mitsuki sabía como controlarla y no era una mala chica como para ofenderse de los comentarios de Ume.

Mitsuki miró a Ume con seriedad, asintiendo lentamente.

—Entiendo que seas muy protectora Shabana y a él le hace falta alguien que lo cuide —dijo, y notó cómo Gyutaro fruncía el ceño más—. Pero, permíteme una pregunta, Ume chan. ¿Qué es lo que exactamente te molesta de mí? ¿Qué hice para ganarme tu desprecio?

Ume pareció sorprendida de que la hubiera escuchado antes y se mordió el labio inferior, dudando.

— … eres demasiado… tonta y te ríes mucho. ¡Y lo miras demasiado! A él no le gusta que lo miren y tampoco que estén cerca chicas.
—Ah eso es…. —Mitsuki intentó no reirse—. Y en cuanto a mirarlo… —hizo una pausa, eligiendo sus palabras con cuidado—. Es mi compañero de trabajo. ¿Es tan raro? Aparte… no entiendo qué tiene que ver con que sea mujer.

Ume no supo responder de inmediate ante la lógica simple y no dejaba espacio para el drama que ella quizás esperaba. Titubeó.

—… y las uñas… se las pintaste.
—Eso fue un capricho mío porque estaba aburrida —admitió Mitsuki con honestidad—. Él pudo haberse negado, aún así aceptó. Eso significa que confía lo suficiente en mí para permitir algo tan tonto. ¿No es eso algo bueno?

Gyutaro carraspeó, visiblemente incómodo con todo esto.

—Ya basta de hablar de mis uñas.

En ese momento, el timbre del teléfono de Mitsuki sonó, los ojos oscuros de ella brillaron con intensidad al ver que se trataba del repartidor.

—La comida está aquí —anunció, y su tono recuperó parte de su energía habitual—. Ume chan, ¿me ayudas a preparar la mesa en la trastienda? Hay unos taburetes y podemos usar esa mesa baja. Tu hermano puede buscar el pedido.

Fue una distracción perfecta, Koga ya no sabía como escapar de las palabras de la menor y seguramente los hermanos tendrían la misma hambre que ella después de un día tan largo. Ume con un movimiento brusco siguió a Mitsuki detrás del mostrador, hacia la pequeña sala del personal.

Gyutaro los siguió con la mirada, luego se giró para abrir la puerta y retirar el pedido de las manos del repartidor. Ume, al pasar junto al mostrador, vio las dos tazas de café vacías de esa mañana, la revista abierta en una página sobre guitarras vintage, y el rotulador negro con el que Mitsuki había etiquetado los discos. Nunca había visto la rutinaria vida de su hermano tan tranquila, sin ojos escrutadores sobre él y eso, aunque no quisiera admitirlo, le alegró. Muy en el fondo.

—Pon algo de música para chicas lindas como yo —volvió a tu tono habitual—. Estoy cansada de esa música ruidosa de ustedes.
—¡¿Qué?! —tragó saliva pesadamente Koga—. ¡El rock no es música ruidosa!  Tiene historia, técnica, ¡UN PASADO!

Ume puso los ojos en blanco. Estar con una otaku de la música debía ser el mayor castigo del mundo. Suspiró molesta.

—Aburrido. ¿Cuántos de esos viejos siguen vivos?
—¿Q-Q-Q-Q-Q-Q QUÉ DIJISTE? ¡El año pasado fallecieron Ozzy Osbourne, Ace Frehley, Brian Wilson, Rick Davies. Mick Ralphs, Barry Goldberg y… y muchos más! ¡¡Que impertinencia!! Estamos de luto por tantos íconos, pilares fundamentales de nuestra cultura no has dejado.
—¿Y quiénes son esos? —preguntó, alzando la voz para superar la de Mitsuki y la música mientras se cubre ambos oídos con sus manos.

Gyutaro, que había estado en silencio después de recibir la comida calentita del repartidor, se acercó a ambas mujeres rápidamente y dejó las cajas sobre la mesa de la habitación. 

—Ume, cállate. Ahora —le advirtió posando su mirada en ella.

No levantó la voz, pero sus palabras cambiaron el ambiente del local. Mitsuki, todavía jadeando levemente por la indignación notó el cambio sutil en el lugar.

—Ozzy Osbourne —prosiguió a explicar Mitsuki, bajando el volumen de la música con el control a distancia— … era el príncipe de la oscuridad, el loco que mordió la cabeza a un murciélago en el escenario. Ace Frehley fue el primer guitarrista principal de Kiss y el fundador de The Spaceman tienes que ver su Smoking Guitar. Brian Wilson creó sonidos que nadie más imaginaba en The Beach Boys. Cada uno de ellos son parte de la cultura, cimientos ¡¡¡Y NO LO ENTENDERÍAS!!!

Ume bajó las manos de sus orejas.

—Sigo sin saber quienes son —movió su mano para restar importancia—. Tampoco es que me importe mucho.
—Necesitamos un curso intensivo de Rock para tu hermanita, Shabana —se rió Mitsuki, entendía que cada persona tenía gustos diferentes y ella debía respetar eso.
—Ew. Paso. Estoy segura de que me tendrás despierta horas hablando de música viejísima —negó con la cabeza.
—Claro que no —exclamó Mitsuki, acercándose a ella.
—Ni lo intentes Koga, a ella no le interesa saber. Será una perdida de tiempo y de ganas a Ume solo le interesa ganar la discusión, aunque sea pateando algo que para otros es importante.

Las palabras fueron directas y duras, Gyutaro empezó a colocar las cajitas blancas de cartón sobre la mesa y las gyozas en un plato. Ya quería comer y dejar atrás toda esta maraña de problemas antes de Ume explote y haga un desastre.

Su mirada se clavó en Ume, que abrió la boca para protestar.

—Yo solo quiero poner algo que me gusta a mí, mientras comemos —insistió Ume—. ¿Tienes Spotify, Koga san? Te paso mi playlist.

Mitsuki miró a Gyutaro, buscando alguna respuesta, que se la llevara o le piusiera una empanadilla en la boca. Él se encogió de hombros que decía "yo solo quiero comer".

—Está bien —cedió Mitsuki, con un suspiro de derrota—. Pasámela. Te advierto que si suena algo demasiado cursi moriré en la sala de empleados y entonces mi tío jamás podrá vender un CD.

Rápidamente Ume tomó el teléfono, abrió la aplicación y conectó su playlist y ya unos segundos después los primeros compases de una canción de K-pop llenaron la pequeña trastienda.

—¿Cómo se llama? —preguntó Koga, el sonido lo había escuchado varias veces… en todas partes.
—APT de Rosè y Bruno Mars —respondió orgullosa, la canción estaba entre su top diez de mejores canciones del año pasado.

Él mientras tanto servía el curry en el plato de Ume y después en el suyo.  Notó que su hermana parecía satisfecha por haber ganado esa pequeña batalla con Mitsuki, aunque ella era muy calmada para caer en tales provocaciones.

Los tres se sentaron a probar la comida rápida china que aún estaba caliente. El sabor picante del curry le pareció suave a Gyutaro y Ume rápidamente repitió, las empanadillas estaban ricas y la comida de Mitsuki casi se enfriaba por haber tardado tanto mientras respondía mensajes en su celular.

—¿Son tus amigas? —Gyutaro dejó los palillos sobre el plato, indicando que ya había terminado.
—Yeah. Quieren reunirse para ver una obra de teatro con Luka —Mitsuki seguía tecleando, leyendo y apagando el celular—. Ume debería venir, es una reunión de japonesas.
—Luka me gusta —agregó la más pequeña—. Tiene esa aura elegante y cutis hermoso que atrae.
—¿Te cuento para la reunión, Ume chan?
—Sí, supongo. ¿De qué va la obra?
—No estoy segura, pero será un dueto con Mizi.

Mientras ellos comían con tranquilidad y la conversación se mantenía ligera, comentando algunos detalles sobre la música que sonaba en los parlantes y los detalles de la próxima función que Luka y Mizi tendrían en el centro cultural “Húngaro Ganessa”.  Los tres estaban cómodos, concentrados en sus platos y en intercambiar opiniones sobre diferentes temas y las amigas de Mitsuki, que siendo japonesas todas, preferían juntarse entre ellas.

—¡Hola! ¿Hay alguien? —un chico joven de cabellos cortos y rosados, ya fastidiado por la espera, aplaudió para llamar la atención de los empleados—. ¿Está abierto o no?

Atrás de él se escondía una chica de unos centímetros más bajo con el mismo color de cabellos sujetado en dos coletas.

El sonido de las palmadas fuertes y la voz impaciente llegaron a la puerta de la trastienda, rompiendo ese momento de relajación. Igual ya faltaba una hora para el cierre del día en Joe’s Rock Shop.

Mitsuki se sobresaltó, dejando sus palillos a medio camino, Gyutaro alzó la vista al instante, sus ojos, un segundo antes cansados, ahora alerta y ligeramente irritados por la interrupción y a Ume todo esto no le importa, dándole igual, pues no es una empleada.

—Clientes —cuchicheó Mitsuki, limpiándose rápidamente las manos con una servilleta y poniéndose de pie—. En un miércoles y a punto de cerrar… es un milagro. ¡Pidan un deseo!
—Un milagro ruidoso —gruñó Gyutaro, pero también se levantó, dejando su comida a medias. Era su trabajo, después de todo
« Last Edit: January 17, 2026, 11:09:51 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Apple

Re: Act 1: Overture
« Reply #85: February 27, 2019, 11:00:05 PM »
Tengo que editar y hacer topes omg ;_;

Despertó aturdida, algo ya de costumbre. Tardó unos minutos en recordar donde se encontraba y con torpeza se levantó de la cama para asomarse por la ventana. Estaba en la habitación de huéspedes del apartamento de Sakuya y afuera las luces de la ciudad todavía alumbraban y apenas se veían unos autos por la calle.

La ansiedad que usualmente la acompañaba por las madrugadas estaba ausente. Nunca se acostumbró a dormir en hoteles y hasta el momento no tenía su propia residencia permanente. Se la pasaba de un lado a otro y el departamento de Sakuya era lo más cercano a un hogar que tenía en Eastwood.

Revisó su teléfono, eran las 4:28 a.m. Tenía varios mensajes, eso no era sorpresa, pero el único que le interesó fue el de Tasuku Kurosaki invitándola a tomar un trago por la tarde. No le pareció rara la hora, Tatsu usualmente se levantaba después de las 12 después de pasar la mayoría de sus noches ocupado con su guitarra.  Sheryl no dudó en aceptar la invitación, Kurosaki le agradaba bastante y supuso que el guitarrista estaba inquieto ante la situación de Sakuya.
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No era raro encontrar celebridades en los bares de Eastwood. Era una de las capitales del entretenimiento y los famosos, como cualquier mortal, necesitan un buen daiquiri de vez en cuando.

El Bling Ring era un bar sencillo pero querido entre los rockstars y otros VIP. Cuando Sheryl entró los aullidos del dios dorado conocido como Robert Plant salían de la rocola. Con el vestidito rojo de satín que llevaba llamo la atención de un par de conocidos y otros desconocidos. Saludo de lejos a los que conocía y se dirigió a la mesa de siempre.  La misma mesa donde su padre solía sentarse con su banda y donde los integrantes de DeVils se solían sentar ahora.

Ahí estaba Tesuku Kurosaki, con lentes oscuros y su típica chaqueta de cuero, tan sensual y peligroso. Sheryl no negaba que se sentía atraída por él, pero había una regla implícita en el mundo de la música donde no salías con la hermana de uno de tus compañeros de banda.

-¿Sakuya te dejó salir de la casa así?- preguntó Tesuku con un cigarrillo entre los labios.

-¿Qué? ¿No te gusta?

Tesuku solo gruñó. Que Sheryl coqueteara con él lo ponía en una situación muy incómoda.

-¿Quieres tomar algo?

-Una copa de rosé estaría bien.

-No sé si tienen esas cosas de princesas por aquí- gruñó Tesuku antes de llamar al bartender -¡hey! Una copa de rosé y  otra pinta de Guinness por aquí.

Cuando llegaron sus bebidas ambos bebieron en silencio. Tetsu parecía en su ambiente con su cerveza oscura en la mano y escuchando la energética melodía de Crazy Train de Ozzy Osborne. Para Sheryl esta reunión era casi como traicionar a Sakuya, pero sabía que Tatsu dejo ir su oportunidad de volverse solista y sintió que le debía  una explicación por lo menos.

-¿Quieres hablar de lo Sakuya?

-Mjm- el rubio encendió un cigarrillo –es cargante que no sea sincero con nosotros.

-Yo creo que toda la situación es injusta para los cuatro- Sheryl empezó a juguetear con la caja de cigarros de Tetsu –Sakuya los quiere mucho y disfruta mucho tocar con ustedes pero bueno… conoció a alguien y quiere casarse.

Tesuku Kurosaki nunca trato tanto de mantener su “cool” hasta ese momento. Alzo una ceja y vio a Sheryl fijamente a través de sus lentes oscuros. Espero un momento en silencio esperando a que la rubia rompiera en una carcajada confesándole que todo era una broma. Secretamente Tatsu mantenía la teoría de que Sakuya tenía alguna enfermedad terminal, a lo Freddie Mercury, y que deseaba alejarse del mundo del espectáculo para que sus fans no presenciaran su caída. Pero nunca imagino que Sakuya quisiera casarse.

-Es la nueva compositora de la banda…- continuó Sheryl –tienen como 8 meses viéndose de esa manera.

-Así que… esa chica. Nunca me lo hubiera imaginado. Vaya líder, nos deja por una mujer y encima tiene la audacia de ocultárnoslo.

-Ya sabes cómo son las cosas… ella es tímida a morir.  Y conociendo a las fans de Sakuya, la destrozarían en mil pedazos. El solo quiere protegerla a ella y a ustedes.

Tesuku aun procesaba todas esas palabras. ¿Resentía a Sakuya por querer casarse? Definitivamente no. Lo que le dolía era que Sakuya no se lo hubiera contado a él personalmente. Sin querer apretó el vaso con la cerveza oscura hasta que sus nodillos se volvieron blancos. Solo la cálida sensación de la mano de Sheryl sobre la suya lo sacó de ese trance.

-¿Crees que por lo menos nos invite a su fiesta de compromiso?- bromeó al final. Era raro en él, pero en ese momento era lo único que pudo hacer.

-Pues claro, yo misma estoy organizando una pequeña recepción.

-Creo que me harán falta un par de pintas para poder entender bien todo- admitió el.

-¿Quieres que te acompañe a tu apartamento hoy?

Bajo otras condiciones Tesuku hubiera rechazado la pecaminosa preposición de la rubia. Pero esa noche no pudo resistirse. Por supuesto, su intención no era la de vengarse de Sakuya acostándose con su hermana pero…

-Sakuya no puede saberlo.

-Por supuesto que no- aseguró ella guiñándole el ojo de manera coqueta –Nunca lo sabrá.


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #86: March 23, 2019, 11:27:44 PM »
6.1 # Joe's Rock Shop.

Mitsuki salió primero a la tienda. Los vio de inmediato y le pareció adorable la escena; un chico de pelo rosado corto y desordenado, de pie con las manos en las caderas y una expresión de fastidio auténtico, detrás de él, escondiéndose a su espalda, una chica con el mismo tono rosado en dos coletas miraba el suelo con timidez.

—¡Hola! Disculpen la espera —saludo alegre Mitsuki mientras se acerca al mostrador—. Estábamos en la trastienda. La tienda está abierta, sí. ¿En qué puedo ayudarles?

El chico rosado la escrutó de arriba abajo, sin disimular su evaluación.

—Por fin. Pensé que esto era una tienda automática o algo así… bueno. Busco algo específico. ¿Tienes algo de Shiguang Dailiren?

Detrás de Mitsuki, Gyutaro había salido y se apoyaba en el marco de la puerta de la trastienda, los brazos cruzados, observando.

—Shiwan dailiren… —Mitsuki repitió mal, pasando mentalmente por el inventario—. Eh… aquí es una tienda de Rock… dudo mucho que tengamos eso.

El rostro del chico se ensombreció.

—Tch. Lo sabía. No puedo esperar nada de lugares así. Es Shiguang Dailiren —giró bruscamente hacia la chica de las coletas—. Vamos, Xixi.

La chica asintió levemente, sin levantar la vista.

—Pero, podríamos ver —intervino Mitsuki, tratando de ser útil—. Es la primera que oigo alguna banda de China. ¿Quieren que busque en Google si lo podemos agregar al catálogo? ¿Qué música tocan?
—No —cortó el chico con decisión—. No necesito la ayuda de ustedes, ya demostraron ser inútiles.

Su tono era áspero y tenso, no había tiendas físicas de CD’s y necesitaba algún sencillo o álbum de Shiguan Dailiren lo más pronto posible, para estudiar a sus competidores. Xixi inesperadadamente, tocó suavemente el brazo de su hermano, intentando calmarlo calmarlo. Él respiró hondo.

—Disculpa, estoy estresado —trató de disculparse, aunque no sonaba muy arrepentido—. Es que… es importante. Estoy componiendo una canción y necesito ese estilo… una contestación a sus canciones y no encuentro nada para hoy.

Gyutaro, que había permanecido en silencio, habló desde la puerta, su voz rasposa llamando la atención de todos.

—Es Rock progresivo e indie, a veces pop y rap. ¿Enemigos son?

Tianchen lo miró, desafiante.

—Sí. ¿Algún problema?

Gyutaro lo consideró por un momento, y luego, simplemente fue hacia el mostrador y a su propia Playlist en Spotify.

“The tiniest of whirlwinds disturb the stagnant dust, and there was that familiar narration by my ears. I understood I had to return. There'll always be a next storm to bury it. Future, future. Our existence”

—Son ellos… —concedió. Se acercó un poco más, sus ojos recorriendo a Gyutaro—. ¿Tienes el CD? El nombre exacto del álbum o algo.

La chica pareció sorprendida por la exactitud y tranquilidad con que actuó Gyutaro, algo que hace un mes atrás habría sido imposible..

—Sí y no. En la tienda no está, pero lo tengo en mi casa. Compra personal —la sonrisa de él se hizo más amplia, casi maligna—. Pide disculpas por el trato a Koga y quizás te lo preste. Puede que tengamos alguna copia en "Misceláneo - Soundtracks / Experimental". La trajimos arriba la semana pasada pero no la catalogamos aún.

Gyutaro se volvió hacia Mitsuki.

—No es necesaria una disculpa, si podemos ayudar y vender, estaremos felices —Mitsuki lo miró, impresionada. Ella no recordaba esa caja y sin decir nada, fue hacia una pila de cajas cerca del almacén y, efectivamente, encontró una caja de cartón gris y polvorienta con esa descripción escrita con rotulador negro. No dudo en llevarla al mostrador.

Mientras Mitsuki y Gyutaro comenzaban a buscar entre los discos, Ume se había acercado a los estantes lejanos ya aburrida de tener que esperar, inspeccionó los estantes.

—Qué extraña portada —indagó sin rodeos Ume, sosteniendo en manos un álbum todo negro con letras extrañas.

Tianchen miró fijamente a Gyutaro. La arrogancia en su rostro luchaba contra la necesidad de obtener ese maldito disco y Xixi, a su lado, tiró suavemente de la manga de su cazadora otra vez.

—… Está bien —confirió Tianchen finalmente, las palabras saliendo con dificultad, atoradas en su garganta debido a que él nunca se disculpa o al menos no a los demás, con Tianxi sí—. Lo siento por llamarte inútil y a tu compañera también. —La disculpa sonó forzada, pero al menos estaba dicha.

Gyutaro lo observó un momento más, luego asintió una vez.

—Bien. La caja está ahí, a ver si tienen suerte.

Mitsuki ya había abierto la caja gris y comenzaba a sacar discos, revisando rápidamente las portadas y los lomos. Eran una mezcla extraña: bandas sonoras de películas de culto, rarezas de new wave, discos de spoken word, y algunas grabaciones de world music.

—¿Alguna idea de cómo podría estar etiquetado? —preguntó Mitsuki, pasando un disco a Gyutaro.
—Si está, debes identificarlos por las letras en mandarín y que son tres chicos en un descapotable —respondió Gyutaro, tomando otro objeto de la caja—. Shiguang Dailiren significa algo así como "mensajeros del tiempo", ¿no? Podría estar bajo “ S” o “T”.

Mientras tanto, Ume, aburrida de escucharlos, se había acercado más a Xixi, quien seguía quieta cerca de la puerta, se sobresaltó cuando vio a la chica muy cerca de ella y sosteniendo en alto el álbum negro con letras extrañas que había encontrado.

—¿Y esto? —preguntó Ume, acercándose a Xixi pues sus edades debían ser similares—. ¿Tú entiendes estos garabatos? ¿Te gusta este tipo de música?

De fondo cambió la canción a otra de Shiguang Dailiren bajo el título de “Break!”

“I got this story about time. That you gotta live and dive. Go click the parallel line
Fate's in control, play your role. You ain't just a tool”.

Xixi dio un leve respingo al ser abordada directamente y bajó la vista hacia el disco que Ume le mostraba. Sus ojos, del color coral que tanto llamaba la atención, se enfocaron en la portada.

Negó lentamente con la cabeza.

—Se les dice logos ilegibles, en general son de Death Metal —respondió Gyutaro sin levantar la vista de los discos que revisaba—. Sanguisugabogg, son de Estados Unidos, tocan algo más oscuro que el Death Metal y más pesado. El vocalista, Devin Swank, canta con gritos guturales muy profundos. Guárdalo con cuidado, ese álbum cuesta más de lo que gano en un mes.

Ume puso los ojos en blanco, pero colocó el disco de vuelta en el estante con un poco más de cuidado. Su atención volvió a Xixi.

—¿Por qué no hablas? —preguntó con franqueza.

Tianchen se tensó de inmediato y giró hacia ellas.

—No le dirijas la palabra a mi hermana —ordenó con un tono cortante.
—Ume —intervino su hermano con una advertencia—. Ve atrás.

Xixi no parecía molesta por la pregunta que hizo la otra chica. Contempló a Ume por un segundo y luego le sonrió con suavidad; ante sus ojos, esa chica extraña y segura de sí, había sido lo más interesante que le sucedió estos últimos días.

—Ah, como sea —se encogió de hombros y se alejó, volviendo a curiosear en otros estantes.
—¡AQUÍ! —exclamó Mitsuki de pronto, sacando un CD con una portada que mostraba una fotografía desenfocada de la playa y los tres chicos en un auto rojo descapotable. Las letras en inglés decían “Shiguang Dailiren” —. ¿Es este?

Tianchen se abalanzó hacia el mostrador, tomando el CD con manos casi temblorosas y Xixi se acercó también, asomándose por encima de su hombro.

—Sí —confirmó Tianchen, exhalando aire de alivio—. Es el EP debut. Tiene las tres primeras canciones que lanzaron. “3, 2, 1!” está aquí… ¡Sí! ¿Cuánto? —preguntó, ya buscando su cartera.

Gyutaro tomó el CD de sus manos con suavidad, era un producto de nicho y difícil de conseguir.

—Un momento —espetó. Lo abrió y revisó que el disco estuviera en buen estado, sin rayaduras visibles ni nada fuera de lugar. Luego miró una pequeña etiqueta pegada en el interior de la funda—. Este es inventario viejo, tiene el código anterior de Joe. —consultó un cuaderno desgastado que había bajo el mostrador—. Cincuenta dólares.
—Cincuenta está bien —aceptó Tianchen inmediatamente, sacando billetes.
—Espera —Gyutaro lo detuvo con un gesto—. ¿Tienes reproductor de CD? Que extraño que alguien tan joven tenga un reproductor, vendemos en la tienda.
—Tengo un reproductor portátil en casa —apresuró Tianchen, ya estaba impaciente.

Tianchen lo miró, desconfiado y Gyutaro se encogió de hombros.

— … —lo pensó un minuto—. ¿A cuánto?

Tianchen intercambió una mirada con Xixi.

—El reproductor a treinta, entonces sería ochenta dolares —sonrió Gyutaro.
—Está bien —suspiró, contando más billetes.
—Bueno —Gyutaro tomó el dinero y guardó el EP en una bolsa de papel. Luego sacó su teléfono—. Dame tu número, así busco el otro álbum que falta y te aviso. Se llama “Surprising Click!”.

Mientras intercambiaban contactos, Mitsuki observaba la escena con una mezcla de asombro y orgullo. Gyutaro, el chico hosco y antisocial, estaba no solo haciendo una venta, sino estableciendo una especie de amistad musical con un completo extraño. Era un lado de él que rara vez veía.

—Listo. Xixi, vamos.

—Gracias —los despidió a Gyutaro—. Te escribo cuando encontremos el álbum.
—Asegúrate de hacerlo —respondió Tianchen.

Los hermanos Li salieron, la campanilla anunciando su partida y la tienda volvió a sumirse en el silencio, ahora más profundo.

Ume dejó de revisar estantes y bostezó.

—Qué gente más rara —comentó, volviendo a la trastienda para terminar su comida—. Esa canción no sonaba tan mal… pero es chino…

Gyutaro y Mitsuki se quedaron un momento junto al mostrador, observando la puerta cerrada.

—Normal, son de nacionalidad China. El chico se llama Li Tianchen.
—Y el grupo que buscaba se llama Shiguang Dailiren —murmuró Mitsuki—. Nunca los había escuchado. ¿Son buenos?
—Técnicamente, sí —admitió Gyutaro, comenzando a ordenar los discos que habían sacado de la caja gris de vuelta a su lugar—. No son de mi agrado, me gusta más el metal. Pero las letras son… inteligentes. Habla de la repetición, de estar atrapado en un ciclo. Se siente personal.

La jefa lo miró, sorprendida por el análisis.

—Parece que te caen bien.
—No es cuestión de que me caigan bien —replicó él, evitando su mirada—. Es cuestión de respetar el trabajo bien hecho.
—¿Cómo Jawbox? —preguntó Mitsuki.
—Sí —dijo él, sin dudar—. Una lástima que la gente prefiera música para evitar pensar y Jawbox no son para oírlos en la radio o cuando limpias, cocinas, vives tu día a día.

Mitsuki sonrió, ese es el Gyutaro que conoce… pragmático y desconfiado

Juntos, terminaron de guardar la caja y limpiaron el mostrador, mientras Ume terminaba su comida y ya estaba medio dormitando en un taburete. Eran casi la hora de cierre.

—Hoy fue un día muy animado —comentó Mitsuki, apagando las luces principales, dejando solo la iluminación tenue de seguridad.
—Fue un día —corrigió Gyutaro, poniéndose su chaqueta—. Con clientes raros, discusiones sobre música y cátedra de música. Lo normal contigo, Koga.

Mitsuki rio suavemente. Para él, tal vez esto era normal, pero para ella la música es algo que no puede compartir siempre y menos con conocidos y eso que su vida gira en torno al Rock. Fue un día divertido y anotó en su mente el nombre de Shiguang Dailiren para escucharlos apenas cierre aquí y suba las escaleras a su cuarto.

Gyutaro cerró la puerta con llave y el cartel de "cerrado" colgando hacia fuera, Mitsuki, por su lado, subió las escaleras hacia su casa. Eastwood recibió a los hermanos Shabana con su aire nocturno fresco y Ume, medio dormida, se aferró al brazo de su hermano. Caminaron hacia la esquina antes de dirigirse en la dirección opuesta, hacia su apartamento.
« Last Edit: January 17, 2026, 11:13:27 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Othinus

Re: Act 1: Overture
« Reply #87: April 30, 2019, 06:46:55 PM »
🌊🌊 Olitas del mar! 🌊
Presentando a Hikawa y Kuwabara  :)


( 4 ; b )


"Parece que tienes problemas" alguien lo abrazo por los hombros "bebé, deja que mami te de tus medicinas"
"Kuwabara mejor que te apartes o yo…" Yoh lo miro por el rabillo del ojo y frunció las cejas. "Qué raro que tu novio este desaparecido esta noche".
"Va a escuchar el palpitar de mi corazón y va a venir corriendo. ¡Lo apuesto!”

Escéptico el otro muchacho bajo la vista hasta la cremallera de Kuwabara y los misterios del mundo se revolvieron o casi.

“Asco” repitió varias veces en voz baja y volvió la vista al vaso de cerveza “mierda, el llamado que haces a Hikawa es un asco”.
“Ajá, el viene siempre con mi palpitar” contesto con una sonrisa.
“Mejor me voy, tanto marico por aquí me da repelús. Hay boliches homos”.
“¿Qué? ¿Quieres probar?”
“¡Por supuesto!” cuando Yoh sonrio de manera espeluznante, Kuwabara supo de inmediato que si sugería algo así una vez mas iba a ser un castrato. 
“Bien, bien… el infeliz de Hikawa se perdió. El trabajo lo tiene ocupado”

El hombre tomo asiento al lado de Yoh y ordeno al dueño rápido una bebida.
 

“Me preocupas tu, enseñando a niños jóvenes. ¿Tu rabo distingue entre lo que está bien o no?”·
“Tengo a Hikawa” masculló el rubio “es el único que me importa”
“Creo que lo sofocas”
“En lo más mínimo. En cualquier momento llegara un mensaje de el e iremos a un hotel”
“Mucha informacion” suspiro desganado “a mi me importa poco y nada tus amoríos con Hikawa. Me conformo con que no te quedes ebrio, estires tu trucha de más y persigas a cualquiera apestando a mal aliento. Es decir, evita hacerme pasar vergüenza Kuwabara”.
“Algo imposible” alguien rio en voz baja atrás de ellos dos “Kazuo es bueno en eso” el humo a cigarro volo entre los dos sentados y Kuwabara de un salto abrazó a la persona que llego.
“Te eperaba Hikawa” lo beso en la mejilla, apunto a los labios pero el contrario giro el rostro.
“Estoy fumando” lo salvo de una quemadura segura.
“¿Bebes con nosotros?” preguntó su pareja, Yoh ya se bajo el vaso y pidio otra, por su lado a Kuwabara recién le alcanzaron el alcohol.
“Esta sera mi última, quiero dormir. Tengo trabajo mañana y debo encontrar a una pendeja que se olvidó sus mangas gays en mi tienda”
“¿Cómo es?” preguntó curioso Kuwabara, la idea de que Yoh Komiyama, el tempano glacial, el hombre más frío del mundo, se interesara en alguien debía ser un suceso inesperado.
“Una chica de cabellos y ojos raros, estatura promedio o un poco más baja, era rara…” no al mismo nivel que Kuwabara pero si rara.
“Explicate más” tomo asiento en la barra Hikawa, muy cerca del acompañante y le robo la bebida, junto al cenicero.
“Como el cielo, la gama de colores de ella eran como el cielo y brillantes, me parecio rara… dijo algo de modelo perfecto”
“Quizas es una loca que hace doujinshi o una acosadora, si es así volverá” contestó Hikawa.
“Espero que no y menos cuando este en la tienda Badou o las cosas serán peores”.
“¡Mierda! Eso va a estar interesante” sonrio Kuwabara.

El más joven de los cuatro dejo lo que debía sobre el mostrador y se levanto del asiento, después de todo Yoh ya pocas veces disfrutaba de fiestas y cada vez más le empezaron a gustar cosas serenas como ver Netflix los fines de semana y evitar a toda costa al sexo opuesto.

“Nos vemos chicos” se despidió Yoh y los dos hombres le correspondieron.


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #88: April 30, 2019, 09:58:31 PM »
7 # Don't ask about the past.

Unos meses antes.
Los chicos habían decidido crear un grupo de Rock independiente, con bases en Idols del K-Pop pero sin olvidarse de sus ráices“Shiguang Dailiren” —Detectives del Tiempo— nació así, con la temática de viajes en el tiempo a través de fotos y su lema: el pasado no determina el futuro.
La premisa era simple, tres reglas que debían cumplir al sumergirse en una imagen:
— Solo tienes doce horas.
— Sigue mis órdenes.
— No toques el pasado ni el futuro.
Y la regla fundamental para que todo funcione: “Don’t ask about the past”.

La idea surgió entre cuencos de ramen picante y latas vacías de cerveza de cangrejo —esa lager ligera que se bebe en Shanghai cuando llega la temporada de cangrejo peludo—, mientras discutían sobre la primera canción y el tipo de música que querían hacer, manteniendo siempre la temática establecida.

—¡Para el público internacional me llamaré Toki en Japón y Charles en anglosajón! —el que habló es el más impulsivo de los tres y, quien generalmente los arrastra a sus problemas.
—Imbécil —murmuró Lu Guang, ya con la cara contra la mesa de madera. No soportaba el picante y menos cerveza con tal graduación.
—¡Lu Guang será Lucas y en japones Hikaru! Suena como a brillo brillo—expresó con una sonrisa radiante.
—Es una perdida de tiempo, Xiaoshi. Yo digo que debemos ocultarte y la estrella central sea Wang Wang —Ling Qiao habló, elevando la latita al cielo—. Aparte, ni sabes tocar la guitarra bien, vas a terminar endeudándote más.
—¡Mi cara es la más bella de todas! —protestó, haciendo una pose cool con el dedo índice y pulgar—. Qiao será la batera, oculta siempre, para que nadie vea su feo corazón.
—¡ÓYEME CHENG XIAOSHI! —se puso de pie de un salto, apretando la lata fría contra la frente de Xiaoshi—. ¡Soy mucho más linda y adorable que tú! Pero… si puedo tocar la batería… que mi seudónimo en japones sea Rin y Jo para el resto del mundo.

La lata fría dejó una marca circular y húmeda en la frente de pelinegro, no se movió. Sonrió, con esa sonrisa amplia y descarada que siempre significaba su triunfo sobre Qiao Ling.

—Tu feo corazón late más rápido cuando estás enojada —se tocó la frente, fingiendo dolor.
—Tampoco exageres, Cheng Xiaoshi.

Lu Guang levantó la cabeza de la mesa, un hilillo de saliva conectaba su mentón con la mesa… la perfecta carita de bebé del albino manchada descaradamente… parpadeó, lentamente, alejando la niebla del picante y el alcohol.
—¿Qué pasa? —preguntó secamente.
—Na… na… pppppfffff —la risa del pelinegro estalló en la tienda de ramen, Qiao Ling trató de taparle la boca pero seguía riéndose—. Descuidadoooo, pfffffff.
—¿…? ¿Qué dices? —ante la mirada de Ling, sus mejillas se sonrojaron y rápidamente limpió su mentón con el dorso de la camisa blanca que usa—. ¿Te parece gracioso?
—¡Por supuesto! El príncipe perfecto, manchado por su incompetencia al alcohol y el picante.
—Doce horas —murmuró, su voz ronca—. Ese es el límite. En la música también. Si no tenemos una canción en doce horas, este grupo muere antes de nacer.
—¡¿QUÉEEE?! —Xiaoshi parpadeó confundido—. Eso es imposible y tenemos de antagonista a ti… o sea que solo Qiao Ling y yo queremos esto.
—Yo no. Tú.

El silencio cayó entre los tres, Lu Guang podía ser muy firme cuando se lo proponía y la idea de un grupo llamado “Shiguang Dailiren” le parecía absurdo, ya tenían suficiente trabajo con el estudio fotográfico; fuera, el sonido del tráfico nocturno de Eastwood se filtraba por la ventana del local, ubicado en Chinatown.

—Doce horas —repitió Xiaoshi, la broma desapareció de sus ojos—. Acepto tu reto, Lu Guang. Si pierdes, tendrás que tocar el bajo.

Sacó su teléfono y programó la alarma en doce horas exactas, ese iba a ser el límite y todo lo que Cheng Xiaoshi necesitaba para mostrar todo su talento y belleza —según él mismo belleza—.  La alarma del teléfono marcaba un conteo rojo e implacable: 11:59:23. Cheng Xiaoshi deslizó el dispositivo al centro de la mesa de madera manchada por las gotas de sudor de las latitas.

Lu Guang no apartó la vista del reloj, su expresión plana, sin reflajar ningún tipo de emoción, sin mostrar duda ni desafío.

—El tiempo empezó —musitó Lu Guang—. Después no vengas llorando.
—¿Aquí? —preguntó Qiao Ling, barriendo con el brazo las latas vacías—. ¿En la tienda de ramen?
—Las reglas no especifican lugar —replicó Xiaoshi. Su tono había cambiado, la risa dio lugar a un tono tenso—. Solo el límite. Lu Guang, necesito una base. Ahora.

Lu Guang respiró hondo, el sonido salió como algo frustrado y el picante aún le quemaba la garganta. Cerró los ojos con fuerza, no tenía instrumento ni nada con que comenzar… pero golpeó ligeramente los dedos sobre la mesa en un patrón de dos notas, profundo y sostenido, luego un salto ascendente rápido. Tump tump… tss tump. Lo repitió. Era un ritmo de bajo.

—Está bien —asintió Xiaoshi. Sacó su libreta de bocetos, la que usaba para apuntar encargos de fotos y, en una página en blanco, garabateó cifrados: Am, F, G, C—. Qiao, marca el compás. En cuatro.

Qiao Ling tomó sus palillos y por un segundo dudó, luego golpeó el borde de su cuenco vacío. Un ting claro y hueco. Uno, dos, tres, cuatro, sostenido. Como indicó su hermanastro.
—No es un ritmo de batería —protestó él—. Es aburrido.
—Es un corazón —corrigió Xiaoshi, sin mirarla—. El corazón de alguien que solo ve el tiempo que le queda. Ahora cállate y mantén el pulso, Ling.

Lu Guang continuó con su golpeteo en la mesa, ajustando el tempo al de Qiao Ling; los sonidos incongruentes —el tic-tac digital, el golpeteo de dedos, el dong de la madera contra la cerámica— se entrelazaron. Formaron una estructura extraña y poco armoniosa, pero era un comienzo. Los comienzos siempre son así y no quiere un final que carezca de sentido.

Xiaoshi mordió el extremo de su lápiz, mirando los acordes escritos, pero no veñia la chispa de la musa; veía el reloj avanzando inexorable, recordaba las fotografía que había usado para catapultar al “Time Photo Studio” a la fama y como, por la belleza de los tres, les habían sugerido crear un grupo de música, después de todo están en Eastwood, luces y fama sobra.

—Primera línea —dijo, y su voz surgió como un susurro ronco, ajustándose al patrón de Lu Guang—. El reloj en la pared tiene polvo en sus manecillas.
Escribió, no era poético, era observación y sin tiempo… prefirió anotar algo.
—No pega —suspiró Lu Guang—. Le falta algo.
—¡Shh, Lu Guang! Segunda… “el bajo repite lo que ya no quiere decir”.
Lu Guang dejó de golpetear con sus dedos.
—No —conciso, contundente—. Carece de sentido.
—Sigue —ordenó Xiaoshi, sin alzar la vista—. Carece….
—Es una letra estúpida —protestó el albino.
—Es solo un boceto, Lu Guang y es nuestra letra. Tercera línea… “la batería marca un compás que nadie pidió”.
Qiao Ling dejó de marcar el ritmo, dejando que el silencio volviera.
—¿Esto es un ataque contra mí? ¡CHENG XIAOSHI!
—Es la verdad —el mencionado alzó la mirada por fin. Sus ojos no tenían la alegría habitual de bufón. Eran oscuros, intensos—. ¿O mentimos en nuestra primera canción? El grupo se llama “Detectives del Tiempo”. Detectives. Buscamos la verdad escondida en el tiempo, en los recuerdos. Esta es la verdad de ahora, Lu Guang piensa que esto es una pérdida de tiempo, tú piensas que soy un inútil al que no se le puede confiar nada… yo solo quiero probar que podemos hacer algo antes de que el tiempo se acabe. Doce horas, el límite, ¿qué pasará después? ¿Moriremos sin hacer que nuestras vidas tengan sentido?

Nadie respondió. El tráfico exterior pareció aumentar de volumen, un rugido lejano que subrayaba el silencio dentro.

Lu Guang volvió a golpetear la mesa, el mismo patrón que Xiaoshi le indicó, esta vez más fuerte. Un thump thump… tss thump que ahora sonaba a desafío, no a resignación.

—Continúa —dijo Lu Guang, su voz más ronca que antes.

Qiao Ling exhaló. Los palillos de madera volvieron a chocaron contra el cuenco de cerámica… ting, ting, ting, dong; Xiaoshi esbozó una mueca que no era una sonrisa. Escribió más rápido.

La primera hora pasó así, entre peleas, borrones y más sonidos… la tiende de ramen “Xialin Noodle House” seguía abierta y aún con varios clientes dispersos. La chef Lin Zhen, una mujer de cabellos oscuros y de ojos amables, con un delantal rosado bastante lindo, los observaba desde detrás del mostrador sin decir palabra, secando el mismo vaso una y otra vez. No les pidió que se fueran y menos cuando la otra propietaria, Yu Xia, estaba enterrada en papeles sobre la barra.

Para la tercera hora, tenían un esqueleto que se armaba y borraba a los segundos, aunque si una melodía “na nanana, na nanana” que iban a usar en alguna parte. La progresión de acordes se había expandido un poquito, Lu Guang, usando dos palillos, había diferenciado las notas graves y agudas de su línea de bajo imaginario; Qiao Ling desarrolló un ritmo de hi-hat con los palillos sobre el borde de un platillo de metal pedido prestado, y un golpe de caja con el puño cerrado amortiguado sobre una pila de servilletas.

Xiaoshi había escrito tres estrofas. Hablaban de sentimientos de pérdida, confusión y estancamiento emocional; expresó en letras que no puede encontrarse a sí mismo fuera del espejo, de escaleras que llevan al cuarto oscuro, rutina destructiva y miedo a lo desconocido. De que caminó muy lejos, pero solo dio vueltas y regresó al punto de partida. Estancamiento emocional… después de todo, ¿querer viajar al pasado no es por eso?

—Necesitamos un coro —murmuró Xiaoshi con la voz ronca por hablar y tararear—. Algo que una todo.
—El na na na —los ojitos oscuros de Qiao Ling brillaron, aunque sus brazos empezaban a cansarse—. Na nanana nanana nanana. The future exists because of us!
—Demasiado repetitivo… aparte ¿cantaremos los tres? Me niego a cantar —refunfuñó Lu Guang, masajeándose sus dedos—. No lo arruines Xiaoshi y haz algo bueno.

Xiaoshi miró el reloj del teléfono. 07:14:08. El tiempo se escapaba de sus manos y sentía que el proyecto fracasaría. Sintió un pinchazo de pánico real, un sudor frío en la nuca. Si fallaban aquí, en su tienda de ramen favorita, el grupo moriría. Y algo más entre ellos se acabaría.

—I’ll choose to sing loudly for us… na nanana na nanana na nanana —dijo de pronto—. Na nanana, na nanana The future exists because of us!

Los otros dos se quedaron quietos, escuchando la canción que cantaba a medias Xiaoshi.

—¿Qué tal? ¿Suena bien? —continuó él, la idea comenzaba a tomar forma con lentitud—. Imagino que cada uno cantará un “na nanana na nanana na nanana” y después los tres juntos. Quiero poner mi alma aquí, ¿saben?

¿Por qué quería cantar con tanto fervor? No era por fama, ni algo pasajero, definitivamente quería brillar con sus mejores amigos en la juventud, disfrutar al máximo de esta y, por supuesto, cantar para ellos. ¿Se sentían igual Lu Guang y Qiao Ling?
Lu Guang asintió, una vez, un movimiento casi imperceptible.
—Sí. Ya no tengo quejas —suspiró.
Qiao Ling probó un redoble con los nudillos sobre la mesa, acelerando hacia un clímax.
—Funciona. Suena a una canción juvenil y dónde queremos avanzar, juntos.

El coro se construyó a partir de ahí, coro que era climax, varias repeticiones de “na nanana na nanana na nanana”, armónicas, suaves, seguidas de un futuro brillante. “Future, future, our existence”.

Para la sexta hora, Lin Zhen les sirvió té verde sin pedírselo, fresco y reconfortante.  Tres tazas que colocó silenciosamente en el borde de su mesa, los chicos bebieron. El líquido amargo los hizo darse cuenta de la realidad, de la hora y que ya no quedaban clientes, solo la co-propietaria aún sumergida en papeles.

Cheng Xiaoshi sentía la presión en los huesos,hace horas que ya no era una broma, ni un desafío caprichoso sino algo que reflejara su amistad y verdad trascendental; la canción se había convertido en una entidad viva, hambrienta, que demandaba ser perfeccionada.

Discutieron sobre un puente, Lu Guang quería un descenso a solo el bajo y la voz… Qiao Ling insistía en un silencio total antes del último coro, Xiaoshi estaba repleto de ideas, aunque decidió mantener un tono juvenil y una canción sencilla, como la amistad de ellos, pero que pudiera perdurar en la mente y corazones de quienes los escuchasen.

Cuando el reloj marcó 01:30:17 se dejaron caer sobre la mesa del restaurante. La canción estaba completa… la letra llenaba dos páginas de la libreta de bocetos, garabateada con flechas, tachones y anotaciones al margen. La estructura simple y pegadiza, los tres cantarían por separado y juntos.

—Ahora necesitamos grabarla —indicó Xiaoshi, su energía repentinamente se agotó—. Pero no tenemos…
—El estudio —terminó Lu Guang y se levantó. Su camisa blanca estaba arrugada, su pelo albino desordenado, parecía mayor de lo que es en verdad y agotado—. Podemos ver que hacer y recurrir a Yoon Habin.
—¡Es cierto! ¡Yoon Habin nos debe una! —el pelinegro le hizo ojitos a Qiao Ling, sabiendo que ambas tenían una buena amistad.
Qiao Ling los miró a uno y al otro.
—Es trampa. Me niego a usar a la jiějie Yoon Habin para esto, Cheng Xiaoshi.
—No es trampa —replicó Xiaoshi, también se puso de pie. Su cuerpo le dolía y negaba a reaccionar como quería—. Es coherente. Somos Detectives del Tiempo, usamos el tiempo y todo lo que esté a nuestro alcance. Esta canción nació en doce horas y debe grabarse en el mismo tipo de tiempo. Prestado. Concentrado. Un detective usa las herramientas a su disposición para resolver el caso y este es nuestro caso.
—… tu idiotez me saca de quicio, Cheng Xiaoshi —murmuró Qiao Ling, cruzando el entrecejo.

No hubo más debate después de aquello, pagaron a la dueña y agradecieron por las bebidas, sin ella esta noche no hubiera sido tan productiva. Tener un lugar así, donde pasar el tiempo, a los tres les gustaba.

Salieron del restaurante y, en la fría calle del Chinatown, justo enfrente del callejón que llevaba al estudio fotográfico, Xiaoshi sacó su teléfono. No guardaba una imagen del local vacío esta vez; había capturado otra hacía una hora, sin que nadie lo notara, una de Lu Guang y Qiao Ling, absortos, convirtiendo cubiertos y cuencos en música bajo el fluorescente del puesto de ramen. Una foto del ahora, lista para volverse el ayer que necesitaban.
« Last Edit: January 17, 2026, 11:18:59 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜


Miyu

Re: Act 1: Overture
« Reply #89: May 31, 2019, 04:43:59 PM »
7.2 # Don't ask about the past.

 La mostró a los otros dos. En la pantalla, ellos parecían extraños, intensos, conectados por algo más grande que un proyecto nacido de las ideas estúpidas de Xiaoshi.

—Regla uno —susurró Guang—. Tienes doce horas. Dos, sigue mis órdenes, tres no modifiques el pasado ni el futuro y la última que no es una regla… don’t ask about the past.

Antes de que pudieran responder, Xiaoshi pulsó la pantalla.

—¿Entonces en nuestra temática seguiremos esas directrices? ¡Aburridooo! —el pelinegro tomó otra foto, a la noche al de hebras cenizas con su mirada azulada seria.
 
El estudio los recibió en silencio, con las luces apagadas y el olor al cuarto negro en el aire. Este lugar, el hogar de los tres, dónde sus sueños empiezan con un click.

Se movieron rápidamente, porque habían decidido grabar el EP en doce horas y para ello necesitaban la eficiencia. Lu Guang no tardó en encender el equipo y conectar los instrumentos de verdad y las cámaras. Qiao Ling se sentó en el taburete de la batería, ajustando la altura de los platillos en silencio.

—Si es juventud, debe ser nosotros yendo a la playa y dar un concierto en el mar. Con ropa bonita… ¡no hay nada más juvenil! —sonrió la chica, haciendo girar entre sus dedos las baquetas.
—Tiene sentido —Guang se colocó la correa del bajo y empezó a afinar el instrumento, una Fender Player II Precision Bass, Polar White.
—Que sea algo muy casero, entonces y damos los últimos toques con una pantalla verde y edición. ¿Puedes encargarte de eso, Qiao Ling? —el pelinegro puso un micrófono cerca de ellos y después buscó su guitarra en el estuche. La de él una Gibson Les Paul, Heritage Cherry Sunburst.

Miró a sus compañeros y la cuenta regresiva comenzó, como el nombre de su canción: 3, 2, 1! El clic de Lu Guang activando el metrónomo de la consola fue el indicador perfecto… un pitido electrónico en cuatro cuartos. Luego, el ruido.

—I can't seem to see myself outside the mirror. I seem to count the steps to the darkroom every day. I seem to have walked far away, but I just circle back to the place where I started —la voz de Xiaoshi salió primera, sin ningún instrumento acompañándolo. Luego agregarían algún efecto.
—I don't want every end point to be meaningless. I don't want to follow the rules and get used to withering —la voz del albino comenzó junto con los instrumentos, aunque el centro de todo era la letra… ellos.

La guitarra entra con un clean suave, usando un compás de 4/4 con acordes abiertos en Ab mayor. El sonido es ligero, sin drive, y el uso de delay y reverb fue controlado. El bajo sigue la línea fundamental de cada acorde, con una dinámica contenida, sin slap ni pop, solo una pulsación constante y profunda que refuerza el ritmo sin destacar, por su parte la batería mantiene un patrón simple: kick en 1 y 3, snare en 2 y 4, y hi-hat en corcheos cerrados, sin fills ni breaks, creando una base estable y suave que no interfiere con la voz de ellos.

—Shooting away the rain and sunshine —la chica fue la última, su tono dulce y amable complementando la de ellos.
—Leave our tracks —cantaron los tres juntos.
—Chasing the distance of time, your light is hidden in your eyes. Ended the solo journey that I was forced to take alone —de Vuelta a Xiaoshi, su tono el más fuerte de los tres.

Fueron cantando los tres cada parte y algunas juntos, esta, la culminación de doce horas de conflicto, tensión y creación al límite. La grabación no fue perfecta, la voz de Xiaoshi se quebró en el último grito del coro, Qiao Ling se adelantó ligeramente en un redoble, pero Lu Guang mantuvo el ritmo tranquilamente, pese a ser el que estaba temblando de vergüenza.

—Na nanana na nanana na nanana. The future na nanana na nanana na nanana. Na nanana na nanana na nanana. Exists because of us —otra vez los tres juntos y era la recta final.
—This tiny whirlwind stirs up stagnant dust —continuó el pelinegro.
—Still the same familiar narration. I understand that I have to come back
There will always be another storm coming just to bury it —de nuevo los tres juntos.
—The future. The future —fue el turno del albino.
—Our existence is it pure whiteness or falling into new haze? Whether everything changes or not, I will waiting for you to come back. Counting down from three, two, one, it’s time to clapour hand. I choose sing for us —terminaron los tres juntos, después añadirían aplausos en varias partes de la canción.

Cuando el último acorde se desvaneció en el zumbido de los amplificadores, el silencio que siguió fue distinto, copado por la emoción de lo que habían hecho y que, pese a no ser un trabajo perfecto, eran ellos… cantando para ellos.

Xiaoshi miró el reloj de la pared, la sesión de grabación había durado cuarenta y siete minutos dentro de sus doce horas prestadas y ahora era tiempo de descansar, ya el sol se asomaba por los ventanales del estudio fotográfico y el cansancio se hacía visible en cada uno.
Lu Guang apagó el metrónomo y colocó el bajo en el soporte.

—Que las habilidades se activen con un choque de manos. Ese clap que se forma en los aplausos va a quedar bien en las canciones —no quería admitirlo, pero tampoco rebajar todo el trabajo creativo de su mejor amigo.
—¿Somos nosotros? —preguntó incrédula Qiao Ling, escuchando la grabación. A sus oídos esto era perfecto, ellos.
—Lo sé. Soy genial hehe —se rió el pelinegro.

Qiao Ling se levantó del taburete, estirando los brazos sobre la cabeza. Una sonrisa pequeña jugueteando en sus labios.

—Tampoco te pases Cheng Xiaoshi y devuelveme el dinero de la renta.
—Si esto tiene éxito, te invitaré a comer carne. CARNE DE RES —la sonrisa de él era tan radiante como el mismo sol.

Presionó play para oír la canción de nuevo, faltaban efectos, pero era juvenil y simple. Hablando de lo que querían.

La escucharon de pie, en el centro del estudio, mientras la primera luz verdadera del día se filtraba por los vidrios amplios e iluminaban todo a su paso. Porque después de la oscuridad viene la luz.

Cuando terminó, Xiaoshi detuvo la cinta. Se volvió hacia Lu Guang.

—Perdiste y ahora tocarás el bajo siempre en Shiguang Dailiren —su tono era de burla total—. ¡El gran e invencible Lu Guang perdiooo!

Lu Guang sostuvo su mirada, más amarga que nunca.

—Imbécil —sacó el cable USB de la consola y conectó la cinta maestra a su propio teléfono. Con unos toques, subió el archivo crudo a un servicio de almacenamiento en la nube. Luego, mostró la pantalla a Cheng Xiaoshi y Qiao Ling.

En la pantalla, el nombre del archivo brillaba con letras claras: Shiguang Dailiren; 3, 2, 1!  (demo).

—El grupo acaba de nacer —susurró Lu Guang—, y ya tenemos nuestra primera evidencia.

Xiaoshi soltó una risa. Era una risa cansada, aliviada, libre de toda pretensión; Qiao Ling se unió, un sonoro estallido que resonó en el estudio vacío.

Fueron hacia otra sala del estudio, dónde se encuentra un pequeño solario y dos sillones, uno grande y rojo, dónde Lu Guang y Cheng Xiaoshi se apoderaron rápido, el restante de la chica.

—¿Y ahora? —preguntó Qiao Ling, parpadeando contra la luz.
—Ahora —pensó un segundo—, no miramos atrás.
—Regla uno: solo tenemos doce horas —mencionó el albino, su dedo tocando la pantalla del celular—. Regla dos: sigue mis órdenes y regla tres, no cambies el pasado ni el futuro. Debemos guiarnos por eso.
Cheng Xiaoshi se frotó los ojos.
—Sí, sí. Don’t ask about the past.
—No preguntes por el pasado —recitó Qiao, su voz más baja—. No preguntes cómo es que Xiaoshi sigue vivo y endeudado. No preguntes por qué se cree el número uno ni por qué Wang Wang lo sigue soportanto.
—¡Hey, hey! Soy el líder, Lu Guang estaría perdido sin mí —Xiaoshi cerró sus ojos con pretensión—. El pasado no determina el futuro. Pero podemos pedirle prestado un equipo. Vamos con Yoon Habin.
—Te autoproclamaste líder. Prefiero ser dirigida por alguien tan capaz y hermoso como Wang Wang —se cruzó de brazos la mujer—. Aparte, jiějie Yoon Habin te va a matar.
—Vamos con Yoon Habin. Después seguimos discutiendo —repitió Xiaoshi, ya medio dormido—. No me va a matar, porque tú le pediras el favor… Ling Qiao.
—Te va a matar —confirmó Lu Guang, cerrando los ojos—. Y yo no voy a defenderte esta vez.
Qiao Ling rió bajito, abrazando un cojín.
—Mentira, siempre lo defiendes. Solo que con cara rabiosa.
—Porque es un funeral —respondió el albino—. Mi cara, cada vez que se le ocurre una idea.
Los dos hermanastros comenzaron a reír, afuera, el sol ya estaba alto y el ruido lejano de la ciudad empezaba a asomarse. Xiaoshi abrió un ojo.
—Oigan… —murmuró—. ¿Se dan cuenta de que lo hicimos?
—¿Qué cosa? —preguntó Qiao Ling, sin moverse.
—No viajamos en el tiempo, so usamos fotos, no rompimos nada. Y aun así… —sonrió—. Doce horas bastaron.
Lu Guang no respondió de inmediato. Giró un poco el rostro, mirando el techo.
—Tal vez por eso funcionó —dijo al final—. Porque esta vez no intentamos arreglar nada. Solo… estuvimos aquí.
Qiao Ling asintió.
—Así es la juventud pura. Caótica y sin garantías. Sin mirar atrás, porque el pasado no determina nuestro futuro.
—¡Exacto! —Xiaoshi se incorporó de golpe—. Esa va a ser nuestra imagen. Nada de perfección, nada de ídolos inalcanzables. Somos tres idiotas cansados, haciendo música en un estudio fotográfico y cantando para nosotros. Para inmortalizarnos como lo hacen las fotografías con un click.
—Habla por ti —gruñó Lu Guang—. Yo soy un idiota competente.
Rieron de nuevo los dos hermanastros.
El teléfono de Xiaoshi vibró de pronto con un mensaje nuevo. Él lo leyó y abrió los ojos de par en par.
—Chicos… —tragó saliva—. Yoon Habin ya escuchó el demo.
—¿Qué? —Qiao Ling se sentó de golpe más recta que nunca.
—Lo subiste con tu nombre real, ¿verdad? —Lu Guang lo miró con horror.
—Eh… —Xiaoshi sonrió, nervioso—. Dice “vengan al Húngaro Ganessa. Ahora.”
El silencio se presentó por primera vez entre los tres.
—Bueno —Qiao Ling se puso de pie, estirándose—. Supongo que el futuro ya empezó.
Lu Guang tomó su chaqueta.
—Y esta vez —musitó—, no hay foto de regreso.
Xiaoshi alzó el puño, entusiasmado.
—Agentes del Tiempo, en marcha.
« Last Edit: January 17, 2026, 11:23:06 AM by Miyu »

❛ 𝖳𝗁𝖾 𝗁𝗎𝗇𝗍𝖾𝗋 𝖻𝗋𝖾𝖺𝗍𝗁𝖾𝗌 𝖻𝖾𝗇𝖾𝖺𝗍𝗁 𝗍𝗁𝖾 𝖼𝗁𝖾𝗌𝗌𝖻𝗈𝖺𝗋𝖽, 𝗐𝖺𝗍𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗍𝗁𝖾 𝗉𝗎𝗉𝗉𝖾𝗍𝗌 𝗋𝗎𝗇 𝖿𝗈𝗋 𝖿𝗎𝗇;
𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾 𝗂𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝖺 𝗌𝗎𝗀𝖺𝗋-𝖼𝗈𝖺𝗍𝖾𝖽 𝖼𝗎𝗋𝗌𝖾 𝖻𝖾𝖿𝗈𝗋𝖾 𝗍𝗁𝖾 𝗇𝖾𝗑𝗍 𝗋𝗈𝗎𝗇𝖽 𝗁𝖺𝗌 𝖻𝖾𝗀𝗎𝗇. ❜