Author Topic: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back  (Read 37284 times)


Haruhin

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #360: January 31, 2018, 03:30:07 AM »
Tenía que terminar de cerrar la idea del ataque antes de poder avanzar en otras cosas de la historia.(Me disculpo si hay algunos typos, estoy escribiendo desde mi pc viejo y el teclado es malísimo.)

Después de este aporte ya vendrán más avances sin falta y_y



CAP 14: Ciclos Futuros

La pregunta del pelinaranja resonó por unos instantes en la confundida cabeza de Susumu. Su cuerpo estaba fatigado y si estaba teniendo complicaciones para hacerle frente al chico, realmente era porque su necesidad de salir de Hanasaki lo más pronto posible encabezaba su lista de prioridades.

“¡Oi-“
“Mantén la boca cerrada si no quieres terminar muerto como otros de tus compañeros.” Siseó a la defensiva. Susumu rápidamente se giró sobre sus talones para buscar otra vía de escape, lejos de ese molesto sujeto. Pero parecía que cuando intentaba alejarse, este rápidamente se le acercaba a  pasos discretos… ¿Es que acaso no tenía un mínimo grado de valoración por su vida?”

Susumu frunció levemente el ceño y buscó con una de sus entumecidas manos nuevamente la cadena de su arma. Sería una ejecución tan rápida que el chico ni siquiera se  percataría de  aquello  que le atacó.

“No vayas por ese lado, no hay vías de escape por allá.” Interrumpió.
“¿Por qué me estás ayudando?” Susumu le miró por encima del hombro con los dedos rozando el acero de la cadena. El chico desvió la mirada hacia un costado en ese mismo instante y se rascó  la cabeza un par de veces.

“¿Eso qué importa? Uno no ignora a alguien que está herido y que se ve en apuros” 

Habían dos cosas que al rebel le preocuparon de la misma oración.

“Tu lógica carece de sentido. En situación de ataque velas por tu supervivencia, no de la de otros.”
”Esa es la forma en la que funcionas tú, no yo.”  El chico frunció el ceño. “¿Me harás caso? No vayas por ese lado, busca una ruta segura por el sector de las bodegas del jardín.”
“…”
“¡Vete ya!” Exclamó haciéndole señas con la mano para incitarle a que apresurase su paso lejos del sitio.
El rebel arqueó las cejas confundido pero no se dio más tiempo para juzgar esa peculiar actitud del… ¿temerario? estudiante de Hanasaki. Tenía todo el derecho de desconfiar de él, no le conocía y fácilmente podría de haber trabajado en conjunto con otros de sus compañeros para plantarle una trampa para capturarle… o eso es lo que pensó de primer momento.

El chico era molesto, de eso no cabía duda… pero si había algo de lo que Susumu pudiera hacer mención, es que sus centellantes ojos verdes y la mueca dibujada en su rostro con frustración parecían ser lo bastante reales como para pensar siquiera en que le estaba mintiendo. Por alguna razón, aquel estudiante de Hanasaki le estaba dando una mano.
Sin agregar ni una sola palabra, Susumu hizo un gesto de cabeza y salió corriendo en la dirección indicada por el chico. Sus ágiles pisadas a pesar de su cansancio se perdieron rápidamente entre la oscuridad de la hierba dejando atrás al pelinaranjo que le siguió con la mirada hasta donde fue capaz de hacerlo.
Ichimura Tetsunosuke soltó un pesado suspiro y sintió como lentamente la respiración como su ritmo cardíaco se normalizaba, había estado asustado de convertirse en una víctima del rebel pero aun así intentó mantener la compostura para no hacerlo tan evidente.

“Hablar de esto con Tatsu-nii será muy complicado… No, definitivamente no debo contarle nada.” Se mordió el labio y miró al suelo por un instante, para luego darse la media vuelta con tal de salir corriendo en una dirección opuesta a la del rebel. Mientras sus pasos se hacían más apresurados en dirección al gimnasio.

¿Por qué había ayudado a un rebel a escapar? No estaba seguro.
Pero por un momento al hacerlo sintió una extraña sensación de alivio en su pecho y no pudo reparar en la razón de ello.



En busca de refugio, los estruendos repartidos por todo Hanasaki parecían calmarse con lentitud. Las horas más intensas del ataque parecían haber terminado. Justo allí sentada en uno de los bancos del jardín, Haruhi soltó un pesado suspiro. Su cuerpo magullado y su muñeca hinchada eran muestra de lo arduo de sus esfuerzos por mantener el ritmo de lucha de aquel joven que se había presentado como su rebel para dicha ocasión. Su estilo de pelea era diferente al de sus anteriores asignaciones como Nanaya e incluso su actual entrenador, Rai. No era impulsivo y mucho menos buscaba generar destrucción masiva como lo podían haber hecho los otros dos rebels en el pasado cuando eran cegados por su sed de un buen combate. Aquel pelinegro era totalmente diferente… misterioso y calculador. 

Reparar en esos pequeños detalles que creaban una brecha entre su capacidad y la de su oponente la hicieron sentir débil y muy vulnerable. ¿Estaba realmente al nivel del pelinegro para hacerle frente?

O mejor dicho, ¿Podía  ella portar la responsabilidad de  una HiME teniendo tantas falencias?

Sin un Key en el cual apoyarse porque ya no podía confiar en Kamina, sin un child con el cual trabajar mano a mano en el combate,  sin el desempeño físico que habría esperado tener como el de hace tres años.

Hoy temía de lo que pudiese venir por delante. Pero por ahora, podía archivar su primer encuentro con su rebel como lo más cercano a un empate.


Eureka

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #361: January 31, 2018, 09:53:03 PM »
Hay una parte cuatro que llegará... pronto (?)

#noséquemepasóestemesenseriolosiento

Por postear rápido antes del stop me olvidé, pero mil gracias a Nanami por dejarme usar a Ouma en el HiMEverse. En serio, muchas gracias ;__; <33

32.3






“¿Les parece si les doy el alcance luego?” sugirió Oikawa. “Quiero coordinar con Shinoa cómo y dónde nos encontraremos después del gokon.”
“Oh, bueno.” Bokuto asintió. “De ahí te vemos, entonces. ¡Te mando la dirección del restaurante en un rato!”
“Genial~” Oikawa le sonrió.

El grupo de amigos se alejó progresivamente hasta salir del gimnasio. Para ese entonces, Eureka, Oikawa, Iwaizumi y un par de miembros más del equipo eran los únicos que se habían quedado en las aproximaciones de la cancha. No era extraño que el capitán, su vicecapitán y la mánager se quedaran un rato más luego del entrenamiento para terminar de ordenar el lugar.

Cuando confirmó que el grupo de Bokuto andaba lo suficientemente lejos de ellos como para no poder escucharlos, Oikawa se giró hacia Eureka.

Necesitaba respuestas, puesto que aún no entendía lo que acababa de suceder. Hasta ese entonces, nunca habían encontrado la necesidad de llegar a darse muestras de afecto para probarle al resto que eran pareja, por lo que ni se habían cogido de las manos antes. Y si llegaba a suceder en algún momento, Oikawa imaginó que él sería el que iniciara el contacto. Nunca pensó que Eureka lo haría, y más aún… sin atacarlo de alguna manera (como con corrientes de electricidad, su manera más común de demostrarle su enojo).

“Okay, ¿qué mosca te picó a ti?” le preguntó Oikawa, confundido. “Pensé que me ibas a pasar corriente, como siempre,” dijo, y señaló a sus manos, que aún estaban entrelazadas.
“¡WAAAH!” Eureka fue rápida en soltar el agarre, y hasta dio unos cuantos pasos hacia atrás, creando distancia entre ambos. “Yo… eh— ¡Espera! ¡No hables así! Cualquier persona que te escuche diría que te estoy maltratando físicamente.”
“Bueno, eso no está muy lejos de la realidad.” Oikawa se cruzó de brazos, observándola con curiosidad. “¿Me dices por qué? Aún no me has respondido.”
“¿No… sé?” ofreció ella, insegura. “¿Me nació, supongo?” le dijo, y desvió su mirada a un lado. “Pe—pensé que sería bueno demostrarle a la gente que somos una pareja, y que hacemos ese tipo de cosas.”
“¿A estas alturas del partido?”
“¿S-Sí?”
“…Sospechosa,” dijo Oikawa, observándola. “Eureka-chan, ¿me estás escondiendo algo?” Oikawa le arqueó una ceja.
“¿No?” Eureka le forzó una sonrisa. “¡NO!” dijo, más decidida. “No voy a caer en tu trampa. Estás intentando evadir lo de hace un rato. ¿Cuál era el secreto que mencionó Bokuto antes del partido? Dijo que estaba relacionado contigo…”
“…” Oikawa observó, a unos metros de allí, a Iwaizumi, muy calmado con su celular. Se lamentó, en esos instantes, de haberlo utilizado como reemplazo de sí mismo. Debió ser Sho la víctima. O Anemone. O cualquier otra persona, menos Iwaizumi. “Mira. Si me estás escondiendo algo, bien. Pero a cambio, yo también te esconderé eso. Es por mi integridad física, gracias.”
“Mm…” Eureka observó por sobre el hombro a Iwaizumi, y luego regresó su mirada a Oikawa. “¿Es por Iwaizumi?”
“¡Eek!” Oikawa saltó del susto.
“¡Bingo! ¿Has dicho algo de él?”
“Sí, y es una estupidez. Dejémoslo ahí.”
“Qué, ¿crees que yo voy a ir a contarle?”
“En el caso de que te haga enojar, podrías tener ese as bajo la manga. Por eso no pienso contártelo.”
“Ah, rayos. Bueno, está bien que te protejas… Y luego dices que yo soy la del maltrato,” Eureka rio, pensando en Iwaizumi. “Por cierto… quería hablar contigo sobre algunas cosas.”
“Oh, ¿es por Saeran? Ví que hoy le hablaste.”
“¡Sí!” mencionó Eureka, emocionada. “¡Y es muy buena gente! Sé que se ve super serio y todo pero… es muy amable. Mañana prueba tú por tu cuenta. Alguno de nosotros le va a caer bien… espero.” Eureka suspiró. “Eso no es todo. Quería que hoy fuese nuestra primera batalla… pero no sé cómo terminarás luego del gokon.”
“¿Piensas que voy a tomar?”
“Sí. Y de seguro te irás con una chica linda,” le dijo Eureka, dándole un codazo en el brazo a manera de juego.
“¿¡Estás loca!? ¡Eres mi enamorada! De mentiritas, sí. Pero si me ven con alguien más… no sé, podría arruinar mi reputación.”
“Huh, y yo que pensaba que querías serme fiel,” le bromeó Eureka.
“Por supuesto~” canturreó Oikawa.
Eureka rio. “Bueno, en cualquier caso, me avisas si es que te animas a tener una pequeña pelea. Sólo quiero dejarle en claro a Rizembool que nos odiamos y que somos enemigos jurados.”
“Claro. ¿Te paso la dirección del restaurante del gokon? Podrías darme el alcance luego de la reunión,” sugirió Oikawa. “No como Shinoa, por supuesto.”
“Oh, sí, definitivamente no iré como estoy ahorita. Díctame la dirección y la apunto en una nota de mi celular,” dijo Eureka, y sacó su celular del bolsillo de su pantalón.
Oikawa también sacó el suyo, pero ni bien deslizó el dedo por la pantalla, se detuvo en seco. “Ah. Bokuto-chan aún no me la ha mandado,” dijo Oikawa. “¡Lo siento! Ni bien me la pasa te la mando por whatsapp.”
“Mm… ¿Seguro que no habrá problema con que volvamos a hablar por redes sociales?” preguntó Eureka.
“Podríamos hablar por whatsapp pero aparentar… que nos odiamos. O que te odio. Y te haces la sufrida porque habíamos sido amigos pero un trágico día yo cambié, totalmente, y ahora te odio con todo mi ser…” divagó Oikawa, ensimismado en su fantasía telenovelesca. Eureka soltó una risotada.
“Ya, ya, no lo hagas tan drámatico,” le dijo, aún entre risas. “Me la mandas. Intenta… ser cortante o algo. Vive tu novela, pero tampoco tanto. Puede que suene un poco forzada,” lo animó Eureka.
“Ah, de eso no te preocupes. Si no hubiese elegido comunicaciones, de seguro habría seguido una carrera de artes escénicas. Eso sí, tienes que adaptarte al rol que te toca. Tal vez incluso le podemos meter más drama…” sugirió Oikawa. “Y es que te enamoraste de mí el día que intentaste salvarme. Pero las cosas nunca pasan como queremos.”
“Ya vi cual es tu vocación,” le comentó Eureka, sonriendo. “Bueno. Ya se me ocurrirá qué tipo de personaje quiero ser.”
“Espero que no me defraudes, colega,” le dijo Oikawa, y le extendió el puño.
“¡Claro que no!” Eureka chocó su puño contra el de él, a manera de saludo. “Por todo esto… me imagino que a ti también te gusta escribir guiones.”
“Lo disfruto un montón.” Oikawa sonrió. “No tanto como el vóley, pero muy cerca.”
“Es la rama de audiovisuales que más me entretiene,” comentó Eureka. “Eso y la fotografía, pero no soy buena para ello…” Eureka suspiró. “¡Ah!” exclamó, y Oikawa arqueó una ceja, confundido.
“¿Qué pasó?”
“¡Me olvidé de avisarle al equipo sobre mi proyecto de fotografía! ¿Te acuerdas que quería hacerlo sobre ustedes?”
“Ahh, cierto.”
“Bueno, lo haré el viernes, no me queda de otra,” resignada, Eureka volvió a suspirar una vez más. “En fin, ya me tengo que ir.”
“No hay problema,” le aseguró Oikawa. Observó, en esos instantes, que sólo Iwaizumi y ellos dos se habían quedado en el gimnasio. Tal parecía que el resto ya se había retirado. “Iwa-chan y yo nos encargamos de cerrar el gimnasio.”
“Gracias. Te veo luego.” Eureka le sonrió, y le ondeó la mano mientras se alejaba hacia la banca donde estaba su bolso. Vio cómo ella se despidió de Iwaizumi luego de recoger sus pertenencias, y salió apurada del gimnasio.

Una vez a solas, Oikawa vio pertinente contarle sobre el gokon a Iwaizumi. Todos los miércoles como ese andaban libres luego del entrenamiento, así que era una tradición regresarse al departamento juntos. Esta vez, sin embargo, las cosas serían distintas.




“Iwa-chan, me han invitado a un gokon,” le contó Oikawa. “Los amigos de Bokuto lo han planeado, y me dijeron que las chicas no irían si Sou-chan o yo no íbamos. Así que bueno, acepté.”
“Souji es inteligente y se liberó inmediatamente,” dijo Iwaizumi, y se cruzó de brazos. “Veo que tú no.”
“Bueno, es que Sou-chan sí tiene pareja, y creo que tenía planes con Adachi-san. En cambio yo…” Oikawa se encogió de hombros. “No estoy realmente con Eureka.”
“Yo sé, pero para el resto de personas si son una pareja. Si te ven con alguien más, podría afectar tu popularidad.”
“Aw, Iwa-chan, ¿desde cuándo te importa ese tipo de cosas?” Oikawa sonrió, divertido.
“¿A mí? No. Yo lo digo por ti. No te quiero ver llorándome luego porque la cagaste.”
“Qué buen amigo eres, Iwa-chan~”
“No jodas. Anda y recoje tus cosas que ya debemos cerrar el gimnasio.”
“Yes, sir!”

Oikawa fue rápido en recoger su morral y su bolso de deportes, y juntos caminaron hacia la puerta del gimnasio. Luego de cerrarla con llave, se dirigieron hacia la entrada principal, donde eventualmente tomarían rumbos distintos.

“¿Desde cuándo te interesan los gokon?” preguntó Iwaizumi, mirándolo de reojo.
“No es que me interese realmente,” explicó Oikawa. “Creo que necesito un poco de atención. Supongo.”
“Ah. Cierto que tú vives de eso. Un día sin mujeres suspirando por ti debe ser difícil.”
“Es un infierno,” bromeó Oikawa. “No, pero en serio. Los gokon son bien tontos. Y para gente demasiado desesperada, creo yo. Y de hecho, no tengo por qué ir. Al contrario, Bokuto me debe una. Pero creo que quiero hacer mi acción buena del día.”
“Eso ni tú te lo crees, Shittykawa.” Iwaizumi rio. “Nunca has sido ni serás un buen samaritano. Ya, no te hagas el cojudo y dime lo que pasa.”
“Quiero tomar… un poco. Y probar una teoría que tengo,” comentó Oikawa, un tanto nervioso. “Y en el gokon hay de todo. Así que tengo, al menos, cerveza incluida.”
“¿Qué carajos?” Iwaizumi lo miró, extrañado. “¿Qué mierda piensas hacer?”
“Es que… no te conté, y no te pienso contar, pero metí la pata hace unas semanas. ¿Cuándo salí con Sou-chan y el resto de nuestros amigos rebels?”
“Sí, te vi llorando por un mensaje o no sé qué mierda.”
“Exacto. Quiero ver si ya me pasó o si lo vuelvo a hacer.”
“…” Iwaizumi lo juzgó con la mirada. “¿No es un poco riesgoso? Bokuto es el único que conoces y que irá contigo. Y él es otro idiota como tú.”
“Nah, no creo que me pase algo.”
“No lo digo por ti, cojudo. Lo digo por las chicas que irán.”
“¡Iwa-chan! ¡¿Quién crees que soy?!” le gritó Oikawa, indignado.

Oikawa sabía que, de vez en cuando, había alguna chica a la que le caía mal por su actitud vanidosa y galante. Pero siempre había sido un ser humano decente: sabía qué significaba un “no” y nunca había sido capaz de insistir luego de oírlo. Y no era una hazaña, era simplemente respeto, pero con lo que había visto en las fiestas de su universidad y en otros lugares… sentía de que cada vez era más difícil encontrar gente que pensaba igual que él. Felizmente, sus amigos formaban parte de ese grupo.

“Yo sé, yo sé. No estoy refiriéndome a las cosas que tú piensas. Yo solo digo que no seas tan tarado como siempre y la friegues. Recuerda que para todo el mundo, estás en una relación con Eureka.”
“Sí, por eso. Entiendo que… piensas que tomaré y no sé, besaré a la primera chica en frente de mí o algo. Pero yo sólo quiero ver si le mando un mensaje a alguien o no.”
“¿A quién?”
Oikawa saltó levemente. “A… a alguien.”
“…Huh.” Iwaizumi entrecerró los ojos. “En fin. Insisto en que no seas idiota. Puedes probar tu teoría estúpida en el departamento. Compras sake y listo. Y lo principal: no pones en riesgo tu reputación.”
“Pero no tengo dinero para eso…” Oikawa suspiró. “En todo caso, le diré a Bokuto-chan que no tome, a cambio de mi presencia. Sino le amenazaré con que no voy.” Oikawa sonrió.
“…Suena como una buena idea. Creo.” Iwaizumi no se veía tan seguro. “Bueno. Voy a irme a dormir temprano, así que no hagas mucho ruido cuando regreses.”
“No creo que me tome mucho tiempo. Por cierto… hoy voy a tener mi primera batalla con Eureka.”
“¿Para lo de…?” Iwaizumi no finalizó, pero Oikawa lo entendió sin necesidad de ello. Al igual que Souji, Iwaizumi estaba enterado de la situación con Kuro y del plan de Oikawa de hacerle creer que su cambio de cognición había funcionado a la perfección.
“Exacto. Al menos ese es el plan. Espero… espero no estar tan mareado luego del gokon. Si termina a las 8 o 9… tal vez a las 10 estaré regresando al departamento. Te aviso cualquier cosa.”
“Sí, para pedirte un Uber o algo.”
“Gracias, Iwa-chan~”

Su celular empezó a vibrar, y Oikawa fue rápido en revisar de qué se trataba: era un mensaje de Bokuto, con la dirección del gokon. El restaurante quedaba a un par de cuadras de Rizembool, y se podía llegar en poquísimo tiempo, pero un vistazo a la hora le hizo darse cuenta de que ya andaba un poco tarde. Luego de un golpe rápido de puños con su mejor amigo, Oikawa empezó a correr hacia la puerta.

Esperaba que la teoría de su grupo de radio fuese correcta.










“Que vas a hacer QUÉ”
“Sheesh, Mona.” Eureka rodó los ojos. “No es una operación suicida. No es… la fiesta de la facultad de derecho de Rizembool. Esa si fue medio suicida.”
“Eureka-dono. Quieres ir al gokon. Con tu verdadera identidad. Sin mí. Sin Soul. Completamente indefensa, salvo por tu electricidad.”
“Exacto.” Eureka sonrió, a la vez que se removía la peluca. Para su suerte, el baño del restaurante al que había ido estaba a su total disposición, lo que le facilitaba cambiar de lentes de contacto y peluca afuera de los cubículos. “Así nadie me va a tomar como la enamorada de Oikawa y puedo… investigar por ahí sobre el grupo de Kuro.”
“No, no.” Morgana negó con la cabeza. “¿Qué pasa si se dan cuenta? Además, puede que no vaya gente relacionada a Kuro y te arriesgues por gusto.”
“Pero también hay una pequeña probabilidad de que vayan y yo les pueda sacar información. Si algo me enseñó la fiesta de Rizembool a la que fui, es que los rebels también son estudiantes de mi edad. También hacen cosas estúpidas… A menos de que estén locos. Que también los hay locos, pero bueno, hay rebels de todo tipo, ¿no?”
Morgana sintió los inicios de una migraña. “Es la peor idea que has tenido en mucho tiempo. Peor que el romance no correspondido que planteó Oikawa para ustedes dos.”
“Oye, esa historia sería un best-seller,” lo defendió Eureka, entre risas, e ingresó a uno de los cubículos a cambiarse de ropa.

No había atuendo más cómodo que el buzo que utilizaba como mánager del equipo de vóley de Rizembool, el que vestía más por protocolo que por necesidad, porque no hacía mucha actividad física realmente. Sin embargo, encontraba que a veces le divertía crear combinaciones de atuendos con faldas, blusas y pantalones, en vez de sólo utilizar ropa cómoda.

Sabía que de ley tenía que ir con cualquier otra vestimenta menos el buzo, por lo que agradeció haber guardado una falda larga bonita y una blusa blanca dentro de su bolso. Eso, junto a unas ballerinas que se paseaban siempre en su mochila (por si había necesidad de utilizarlas), podría al menos hacerla pasar desapercibida en un mar de gente bien vestida. 

“La cuestión sería su adaptación… mm, todo depende de la visión del director,” mencionó, ensimismada en sus pensamientos.
“¡Eureka-dono!” le gritó Morgana, exasperado.
“Ay, lo siento, sí, me distraje.” Eureka suspiró. “Mona, tranquilo. No me va a pasar nada. En serio dudo que algún rebel quiera atacarme en pleno gokon.”
“A menos de que sea un loco. Y ya dijiste que los hay.” Morgana rodó los ojos.
“Sí. Bueno, eso no pasará.” Eureka salió del cubículo, una vez cambiada. “Podrías… pasearte por los alrededores, si tanto te molesta que ande sola. Pero no voy a llevarte en mi bolso de ninguna manera.”
“…” Morgana solo atinó a suspirar. “Okay. Eso es mejor que nada.”
“Sólo espero que no me toque en la misma mesa que Oikawa,” dijo, un tanto preocupada. Su amigo se creía el mejor actor del universo, pero a veces le costaba engañar a la gente. Y no estaba tan segura de cómo actuaría si la encontraba justo ahí, en frente de él, en pleno gokon. Podía ser perjudicial para ambos, porque los delataría en el acto. Sin embargo, existía una gran posibilidad de que no les tocara juntos, considerando que Oikawa era sumamente popular y de seguro todo el mundo insistiría en tenerlo en su mesa.
“¿No me dijiste que los amigos de Bokuto mencionaron que ninguna chica iría si él no va? Se van a pelear por él,” comentó Morgana, como si fuera algo sumamente lógico.
“Mm… ¿Aún a pesar de que tiene enamorada?” preguntó Eureka, muy pensativa.
“¿Te molesta eso?”
“Por él no, claro,” Eureka lo negó, entre risas. “Sino por… la falta de moral de aquellas chicas. ¡Imagínate!”
“En el caso de que Oikawa esté con enamorada, sería su culpa también si es que la engaña.”
“Huh. Cierto, tienes razón. Es de ambos lados.”
“Lógico, Eureka-dono.” Morgana le sonrió. “Pero no creo que sea capaz, por más de que no sea tu enamorado de verdad.”
“Lo dices como si lo conocieras de toda una vida.”
“…” Morgana se quedó pensativo, y luego rio. “Eso es imposible. Nací hace una semana, más o menos.”
“Exacto.” Eureka sonrió.

Se aplicó un poco de maquillaje y luego de chequearse por una última vez en el espejo, decidió que estaba lista para aquel evento. Eureka fue rápida en guardar sus cosas en sus bolsos, y recién ahí se dio cuenta de un grave problema.

“Ah,” dijo, muy elocuente, antes de salir del baño. Morgana, que ya había caminado hacia la puerta, se giró hacia ella, con una ceja arqueada.
“¿Qué pasó?”
“No puedo ir con mis dos bolsos. Si Bokuto los ve, me reconocerá.”
“…” Morgana suspiró. “Dámelos. No sé como pero veré dónde los escondo.”
“¡Ay, Mona!” Eureka juntó sus palmas, emocionada. “¡Eres el mejor child del universo!”
“Sí, sí, lo soy,” dijo, muy orgulloso de sí mismo. “¿Tienes al menos un bolsillo donde guardar tu celular y tu billetera?”
“Tengo bolsillo para el celular. Supongo que llevaré la billetera en la mano,” dijo, y suspiró. “Cuidas esos bolsos con tu vida, ¿okay?”
“Sí,” dijo, y saltó hacia el pequeño tragaluz del baño con uno de los bolsos. “A ver si los puedo dejar aquí al menos un rato… y ya de ahí los saco.”
“¿Tal vez con tus poderes de viento los puedes llevar hacia el techo?”
“…Buena idea.” Morgana asintió. “Ya, no importa. Tú anda a tu gokon, de ahí nos vemos.”
“Cuídate, Mona.”
“Tú también, Eureka-dono. Mucha suerte,” le deseó su child, y Eureka asintió.

No contaba con muchas expectativas, pero en el peor de los casos, esperaba que fuese un gokon corriente donde sólo pasaría ratos incómodos al lado de muchos jóvenes solteros.



   



Para cuando dejó Inglaterra, las citas en grupo se habían vuelto comunes en las universidades de su país. Sus primos mayores cursaban, por ese entonces, sus estudios universitarios, y recordaba haberlos oído hablar sobre ese tipo de eventos. Se les llamaba “crewdates”, y habían iniciado en la Universidad de Oxford, pero no demoraron en expandirse por el resto de casas de estudios.

Como conocía sobre las citas en grupo, no se le hacia tan extraña la idea del gokon: si bien le sonaba un poco desesperada, entendía la lógica detrás de esta. Era más sencillo sentirse en confianza rodeados de amigos y otras personas. Las citas de dos podían tornarse muy incómodas en ciertas ocasiones, lo que se buscaba evitar con el gokon. Y tal parecía que eran exitosas en Japón, puesto que se realizaban muy a menudo. Había oído sobre muchos gokon organizados por alumnos de Hanasaki, y no le sorprendía que lo mismo sucediera en Rizembool.

Revisando la dirección que Oikawa le había mandado, Eureka se dirigió hacia el local del gokon. Resultó ser un izakaya, un tipo de pub japonés muy común para estudiantes y trabajadores. Antes de entrar, revisó el cartel pegado en la puerta: anunciaba que el local había sido reservado para la fiesta, y que se desocuparía recién a las 10 de la noche. Confirmando que era, entonces, el local de la dirección, Eureka hizo a un lado sus nervios e ingresó.

Ni bien dio unos pasos dentro del izakaya, Eureka sintió que se desvanecía lentamente. El anfitrión no era nada más ni nada menos que uno de los amigos de Bokuto, justo con el que había conversado una hora atrás. Era de esperarse, realmente, pero se había olvidado de tomar en cuenta ese detalle. Camino a encararlo, Eureka esperó que no la reconociera de vuelta. Tal vez, como no andaba con la peluca y las lentillas que usaba en los entrenamientos, le sería complicado identificarla.

“¡Bienvenida!” le saludó él, muy alegre. Cuando la observó con detenimiento, se mostró un tanto pensativo, pero luego negó con la cabeza. “Disculpa, sentí que te había visto en otro lado. ¿Tu nombre? Y dime quién te pasó la voz para ponerte en su mesa.”
“Me llamo Eureka. Ah… yo…”

Eureka intentó dar con una excusa, pero al revisar las mesas cerca de ella, notó que no conocía a nadie. Mencionar a Oikawa sería demasiado riesgo, sobretodo porque no quería que él notara su presencia. Su amigo podía malinterpretar sus acciones, más aún luego de aquella extraña muestra de afecto que había realizado en frente de los amigos de Bokuto. Eureka aún no entendía de dónde había salido al grandiosa idea de tomarlo de la mano, pero ya tenía suficientes problemas encima y estaba decidida a no prestarle atención a eso.




“¿Tú…?” preguntó el anfitrión, un tanto confundido.
“…” Eureka estaba a punto de darse media vuelta y retirarse, pero por el rabillo del ojo vio que alguien se les acercaba, y optó por quedarse en su sitio.
“¡Es de nuestra mesa!” intervino un chico, quien se colocó a su lado inmediatamente. El muchacho, de cabellos oscuros y sonrisa enigmática, rodeó sus hombros con su brazo, y se giró hacia el amigo de Bokuto. “Pensé que ya no venías,” le dijo a Eureka, como si fueran amigos de mucho tiempo.
“¡Lo siento! Tenía clases hasta tarde,” mintió Eureka, siguiéndole el juego.
“…” el amigo de Bokuto los observó con sospecha, pero se rindió con un suspiro. “Tú siempre con tus mentiras, Ouma.”
“¡No es una mentira! ¡Sí somos amigos!” dijo Ouma, e infló las mejillas, mostrándose muy indignado… e infantil. “Y si lo fuese, ¿qué problema hay con que se quede? Es una chica linda, y estamos en un gokon, Matsukawa. En vez de cuestionarla, deberíamos dejarla pasar de todas maneras. No sabes si van a venir todas las chicas que Bokuto y tú invitaron,” dijo Ouma.
“El evento era exclusivo para alumnos de Rizembool…” recalcó Matsukawa.
“¿Y quién te dice que ella no es una estudiante de Rizembool?”
“Soy de la facultad de comunicaciones…” dijo Eureka.
“¿En serio?” Matsukawa sonrió. “Ah, disculpa. De seguro oíste sobre el gokon gracias a Kotaro, ¿no?”
“Sí… Bokuto lo mencionó durante clases.”
“¡Disculpa! No debí dudar de ti, entonces. ¿Está bien si te quedas en la mesa de Ouma? Porque tenemos también un par de mesas de gente de la facultad, y tal vez te sientes más cómoda—”
“Oh, no, me quedo en la mesa de Ouma-san, gracias.” Eureka sonrió. “Creo que de mi grupo de amigas soy la única que se animó a venir… y no conozco muy bien al resto de chicos de la facultad.”
“Bueno, que te diviertas,” le deseó Matsukawa. Ella asintió.
“Gracias.”
“Ven, te llevo a mi mesa~” le dijo Ouma, y Eureka lo siguió.

En el camino, Eureka miró de reojo a todos los presentes, en busca de Oikawa o de alguna otra cara conocida. Efectivamente: no demoró en localizar a su rebel a unos metros de allí, en la mesa más grande, rodeado de varias chicas. Rodó los ojos al notar que todas se peleaban por su atención: no le sorprendía que Oikawa fuese tan popular, pero a veces le molestaba verlo en vivo y en directo.

Bokuto, junto a sus amigos, estaban sentados con ellos, pero parecía que las jovencitas no los registraban.

Por andar distraída, terminó golpeándose contra la espalda de Ouma, ni bien este se detuvo frente a su mesa. Murmuró unas disculpas por lo bajo, y se hizo a un lado para ver a los amigos del muchacho.

La mala suerte la seguía a donde iba, y no había duda de ello.

Se arrepintió, en esos momentos, de no hacerle caso a Morgana.

“¡Chicooos~!” canturreó Ouma. “Denle una gran bienvenida a nuestra nueva integrante~!”






Su suerte (o falta de esta) había sido capaz de juntar a dos personas muy especiales en esa mesa: primero, el aliado de Kuro, creador de aquel campo de energía en el bosque. Y segundo, aquel rebel de cabellos bicolores con el que se había topado durante el ataque, el anfitrión de la fiesta de derecho, Shouto Todoroki. Le dio curiosidad verlo vendado y con curitas en la cara, pero suponía que se debía a una pelea con su HiME.

Como esperaba, su presencia no pasó desapercibida, puesto que ambos no pudieron esconder su asombro al cruzar miradas con ella. Ouma, quien se encontraba a un lado dispuesto a introducirla, se quedó un tanto extrañado por las reacciones de sus compañeros, pero fue rápido en sacudir la cabeza y hacerles caso omiso.

“Ella es Eureka,” la presentó Ouma, con una sonrisa inmensa.
“Eureka Suoh,” aclaró ella, sonriendo un tanto nerviosa. “Soy de la facultad de comunicaciones. Es un placer,” dijo, e hizo una leve reverencia.
“Ohhhh~” dijo con asombro una rubia de la mesa. “Parece que Shouto y Nea ya te conocen de antes, ¿no?”
“Estás equivocada, Himiko,” dijo muy calmado el aliado de Kuro.
“Eso es imposible…” dijo Eureka.
“Exacto. No sé de qué hablas, Toga-san.”
“Ay, que te dije que me llames Himiko, Shouto~”
“…” Ouma tosió, captando la atención de todos de nuevo. “Bueno, bueno, mejor es que se presenten antes que todo. De hecho, yo también debería presentarme, ahora que lo pienso. Soy Kokichi Ouma, es un gusto Eureka-chan~”
“Mi nombre es Noriko Sonozaki,” dijo una joven de cabellos celestes y mirada calmada.
“¡Himiko Toga!” se presentó la rubia de antes.
“Shouto… Todoroki,” dijo el rebel, esquivando su mirada.
“Soy Nea D. Campbell, un gusto, Eureka,” habló el aliado de Kuro. Eureka notó inmediatamente su dejo inglés, lo que le pareció curioso. De seguro y Nea también era un estudiante de intercambio. O, como ella, tal vez Nea había hecho el intercambio y luego decidió quedarse en Japón.
“Ahora, que ya nos conocemos… ¿Te parece si te sientas junto a Nea?” le ofreció Kokichi. Eureka asintió, y corrió a tomar asiento al lado de él. Vio que Kokichi se sentó en frente de ella, y al lado de Himiko.

La mesa era mucho más larga, y contaba con más personas, pero tal parecía que el grupo de seis del otro lado carecía de alguna relación con el de Ouma. Eureka optó por enfocarse en sus problemas principales, en vez de prestarle atención al resto de comensales.

Francamente, dudaba que Nea y Todoroki hicieran algo en esos momentos. Sin embargo, el ataque a Hanasaki había dejado en claro que los rebels estaban dispuestos a cualquier cosa, y cabía la posibilidad de que la situación en la que se encontraban tan solo fuese una trivialidad para ellos. Eureka tragó saliva, un tanto nerviosa.

A diferencia de la fiesta de derecho, esta vez si estaba en la jaula de los leones: rodeada de enemigos y sin escapatoria.





 


Morgana había decidido confiar en su HiME. Por ello, cumplió con su promesa de esconder los bolsos de Eureka y rondar por el restaurante en caso de que necesitara de su ayuda. Aún a pesar de no estar de acuerdo con ella, sabía que debía respetar su decisión de encargarse por su cuenta del asunto. Si ella quería ir sola, no había por qué impedírselo.

De un momento a otro, su percepción de la situación dio un giro: sintió el temor de Eureka como si fuera el suyo, y supo inmediatamente que su HiME estaba en peligro. Con sumo cuidado, aprovechó que un grupo de gente ingresó al izakaya para deslizarse entre sus pies e ingresar al local. Morgana se dio cuenta de que le sería imposible localizarla desde el suelo, por lo que corrió a subirse a alguno de los estantes cercanos.

Desde el último piso del estante podía observar todo el gokon en su totalidad: las mesas de seis se habían juntado para formar mesas largas de doce personas, y los grupos de hombres y mujeres compartían, en algunos casos, conversaciones muy amenas. En otros casos, la timidez de ambas partes jugaba en contra de ambos. Morgana suponía que, con un poco de alcohol, la situación cambiaría dentro de un rato.

Fue sencillo localizar a Oikawa: el rebel formaba parte de los grupos que más chacota hacía. Se le veía alegre, un tanto… tomado, pero muy feliz de la vida, gritando y tomando como si no hubiese mañana. Y Morgana no veía por qué no: estaba rodeado de varias muchachas embobadas que no se despegaban de su lado. Hasta le dio un poco de pena el grupo de chicos que se había sentado con él, porque las jóvenes ni se volteaban a mirarlos. En el grupo reconoció a Bokuto y a Kuroo, y le dieron ganas de burlarse, pero sólo rio por lo bajo.

Otro de los grupos que, curiosamente, andaba muy movido, era el de su HiME. Como la conocía, sabía que Eureka estaba al borde del llanto, pero ella hacía lo imposible por aparentar andar muy relajada e incluso emocionada por la conversación en la que se había involucrado. En su mesa encontró los motivos de su desesperación: el rebel aliado de Fushimi y el compañero de Kuro, sentados con ella. Y aunque los dos se veían muy incómodos, Morgana pudo darse cuenta de que al menos Nea no tenía buenas intenciones. Todo indicaba que, al terminar el gokon, buscaría pelea.

Morgana se detuvo a pensarlo dos veces antes de pedirle ayuda de Oikawa. Aunque había demostrado poseer un control estupendo de sus poderes aún a pesar del poco tiempo de entrenamiento que llevaba, parecía que andaba muy ebrio como para serle de auxilio a su HiME. Sin embargo, Oikawa era el único al que podía recurrir en esos momentos. Hizumi o Kanone se iban a demorar en llegar al lugar, y si bien podía avisarle a Lelouch… no estaba muy seguro de que él sería de ayuda. Después de todo, recién estaba entrando en contacto con sus poderes.

Mientras se bajaba del estante, rogó al universo que Oikawa no anduviese tan mareado como para no servirle de algo.






     

El aburrimiento lo mataba lentamente. No veía la hora de embriagarse, pero como nunca, su resistencia al alcohol estaba funcionando, y por más de que había tomado sake y cerveza como si no hubiese mañana, aún estaba consciente de sus acciones y de lo que hablaba. Más allá del calor de sus mejillas y de un ligero mareo que no tardaría en desaparecer, Oikawa estaba igual de cuerdo y lúcido que siempre.

La compañía de las chicas de la facultad de administración que estaban en su mesa era sumamente amena, pero su función principal a la hora de asistir al gokon había sido alcanzar un estado de ebriedad similar al de aquella salida con Sho y su grupo, sólo para confirmar si volvía a cometer aquella grave falta de aquel entonces. Según su grupo de radio, eso no iba a suceder de nuevo, pero él no andaba tan seguro de ello. Tenía la certeza de que Luciel le ayudaría a eliminar el mensaje si es que lo enviaba, pero prefería no tener que llegar a eso. Cada segundo que pasaba se encontraba rogando mentalmente por una noche de paz en la que su HiME no le arruinara la vida.

Lo peor de todo era que Eureka era una amiga muy buena, aún a pesar de sus maltratos y curiosidades. Sentía que, incluso, le había agarrado un poco más de confianza que a Marie o a Anemone, a quienes conocía por más o menos un año y medio. Tal vez tantas situaciones extremas y peligrosas habían logrado que ambos se acercaran mucho más rápido de lo que dos amigos lo harían en un mundo normal, donde sólo salían a comer y a pasear y no existían rebels y HiMEs. Después de todo, dos meses era muy poco tiempo como para confiar así en alguien. Curioso, tomando en cuenta sus roles y sus pactos extraños del inicio. 

Oikawa suspiró, llamando la atención de una de las chicas.

“¿Estás bien, Oikawa-san?” le preguntó una de ellas, soltando su agarre en su brazo.
“Sí, sí,” le dijo él, un tanto desanimado.
“Debe estar suspirando por su enamorada,” fue el comentario de Kuroo, quien sonrió de lado desde el otro lado de la mesa.
“¡Shh! Kuroo, ¡no seas así!” le gritó Bokuto, enojado.
“Ay, Bokuto, no estoy diciendo nada extraño. Todo el mundo sabe que Oikawa tiene enamorada, ¿No?”
“Sí,” asintió una de las chicas. “Pero no estamos haciendo nada malo.”
“Oh, no, no lo decía por eso.” Kuroo sonrió. “Es sólo que tal vez… ¿Oikawa extraña a su en—SDFJLKFG” Kuroo no pudo terminar su frase porque Bokuto se lanzó a taparle la boca.
“Ignórenlo, está resentido,” dijo Bokuto.
“¡Tú también, baboso!” le recordó Kuroo.
“¡Tú no ibas a venir, así que no te quejes!” le reclamó Bokuto.

Las chicas rieron ante la conversación de Bokuto y Kuroo, quienes se habían puesto a pelear. Para la sorpresa del grupo, los dos amigos no demoraron en amistarse y reírse junto a ellas. Oikawa también se rio junto a todos: sus amigos eran como un dúo de comedia que nunca dejaba de ser divertido.

Y todo fue felicidad y diversión hasta que procesó las palabras de Kuroo.

“Ah,” dijo, muy elocuente, cuando le cayó el baldazo de agua fría.

Su reacción inmediata fue arrancharle la bebida a una de las chicas y tomársela de golpe. Era una mezcla de shochu y té verde, que le quemó la garganta al pasarla tan rápido, pero Oikawa no le dio importancia. Todo para olvidarse de lo que había escuchado.

“Lo siento,” se disculpó con la dueña del vaso.
“A-Ah, no hay problema,” le aseguró ella, aunque parecía un tanto extrañada por su actitud. Cuando vio de reojo, notó que Kuroo portaba la sonrisa más socarrona del universo, y se llenó de ganas de romperle la cara. Notó, rápidamente, que eso arruinaría el ambiente, y desistió.

Habían mejores cosas que hacer. Como seguir tomando, o… prestarle atención a aquel gato a unos metros de él. Se parecía muchísimo a Morgana, pero no sabía si era él realmente.

El gato le señaló los baños con su cabeza, y se dirigió hacia ellos. Oikawa, intrigado, se levantó de su sitio y lo siguió, sin prestarle importancia a las preguntas de su grupo.










La puerta del baño se cerró ni bien ingresó, y Oikawa no pudo evitar saltar del susto. Aquel sonido lo despertó un poco del pequeño trance etílico por el que pasaba luego de haberse tomado un vaso de shochu y té verde en tiempo récord. Antes de girarse a ver de quién se trataba, caminó hacia el lavabo para echarse un poco de agua en la cara y recuperar algo de lucidez.

Efectivamente, el gato negro que había visto era Morgana, quien acababa de cerrar con pestillo la puerta del baño. En vez de detenerse a pensar en lo difícil que debió haber sido para él conseguir tal hazaña (tomando en cuenta sus patas de gato y su falta de dedos), su parte lúcida le hizo recordar que la presencia del child de su HiME sólo significaba problemas.

“No entiendo qué haces embriagándote en un gokon,” le dijo Morgana, mientras corría a pararse en el lavabo. “Y no me expliques, gracias.”
“No iba a hacerlo de todos modos~” canturreó Oikawa, con una sonrisa. “¿Qué pasó, Mona-chan?”
“…” Morgana suspiró. “No me gusta tener que hacer esto. Pero eres el único que puede ayudar a Eureka-dono.”
“¿En qué se metió Eureka-chan ahora?”
“Pensó que sería una buena idea venir al gokon a investigar sobre Kuro. No tomó en cuenta los riesgos, como le advertí… y… está en la misma mesa de ese rebel de cabellos bicolores—”
“¿Todoroki-chan?” Oikawa rio. “No tienes de qué preocuparte. Él nunca le haría daño.”
“…No es el único.” Morgana suspiró. “También está con aquel joven que ayudó a Kuro. El que creó aquel extraño campo y que lo protegía mientras dormía aquel día del ataque.”
“…Él sí es un poco preocupante. ¿Tú crees que le haga daño? Estamos en un evento público.”
“Me preocupa. El ataque a Hanasaki dejó en claro que son capaces de todo.”
“Es cierto, pero Mona-chan, si salgo y me la llevo de aquí, vamos a llamar demasiada atención. Puede que la identifiquen…”
“Es mejor a pasar riesgos, Oikawa. No sabemos de qué es capaz ese hombre.”
“Mm…” Oikawa se veía pensativo.
“No sólo él, si te soy sincero. Siento algo muy extraño en esa mesa. Hay alguien más en ese grupo que me da mala espina.”
“¿Quién?”
“Es un chico de baja estatura y cabellos oscuros. Cuando decidí ir a buscarte, se fijó en mí… Es como si supiera quién soy.”
“Eh, debe ser alguien muy atento y nada más,” dijo Oikawa. “La verdad es que no sé qué hacer, Mona-chan. Podríamos esperar a las actividades grupales… ¿Eso de que preguntan quién es el más atractivo y me señalan? O el mas sumiso y señalan a Bokuto.”
“¿Bokuto es el más sumiso?” Morgana arqueó una ceja.
“Es un ejemplo.” Oikawa rio. “Pensé que sería el momento ideal pero dudo que la gente se distraiga con esas actividades. Ahhh, soy el menos indicado para esto. Si me paro voy a llamar la atención de todos modos.”
“¿Quieres que Eureka-dono siga corriendo peligro?”
“¡Por supuesto que no! Pero… debo pensar en algo más… más discreto. Lo peor sería que se corra el rumor de que engaño a Shinoa con Eureka o algo así.” 
“Son la misma persona…”
“¡Exacto!”
“Espera,” Morgana pareció darse cuenta de un detalle muy importante. “Tu reputación no importa ahorita.”
“¡No! ¡Espérame tú a mi! Acabo de recordar algo más vital que todo lo que hablamos. Si dices que el aliado de Kuro está aquí… ¿no sería demasiado peligroso salir y relacionarme con ella mientras aparentamos ser enemigos?”
“…Tienes razón.” Morgana asintió. “Me olvidé de pensar en eso. Como eres la única persona que la conoce y está cerca… pensé que tenías que ayudarla de todas formas, pero me olvidé de eso. Mejor… dejémoslo así. Ya veré cómo hago para rescatarla de esa situación.”
“Suerte, Mona-chan.”
“Gracias, la necesitaré,” dijo el Child, y suspiró.

Oikawa salió del baño, y corrió a reunirse de nuevo con su grupo.

Cuando tomó asiento de nuevo, sintió que debía haber hecho algo más, pero la situación se escapaba de sus manos. Si se delataban como amigos, todo se tornaría más peligroso para ambos.

Esperó que Morgana encontrara una solución, mientras retomaba la conversación con sus amigos.





           




“Arara~ Quién diría que la nueva sería la primera en caer~” canturreó Himiko.
“¡Mira quién habla!” Eureka la señaló con su dedo índice, muy indignada, pero se retractó y suspiró.

Sabía que a veces era un tanto descuidada, pero nunca había llegado a tal extremo. Tal vez necesitaba un poco de descanso de todo el tema de HiMEs y rebels y el constante peligro que la rodeaba, pero tomar junto a sus enemigos había sido la peor solución a sus problemas. Y es que en algún momento de aquella noche, había encontrado pertinente ahogar sus penas y miedos con alcohol. Había sido una decisión inmadura y completamente equivocada, considerando que así se dejaba indefensa ante el resto.

Para su suerte, los miembros de su mesa andaba en un estado etílico muy parecido al de ella, por lo que dudaba que quisieran buscar pelea luego del gokon. El único que, para sorpresa de todos, seguía completamente lúcido, era Ouma. La sorpresa se debía al hecho de que él había tomado mucho más que el resto de los presentes, y por más de que todos se habían rendido, él continuaba probando de los tragos que le traían.

“Nishishi~ Himiko-chan, Eureka-chan tiene razón. Tú también estás igual que ella.”
“¡Pero yo he tomado más~!” canturreó Himiko. “Un poco más y Eureka se marea sólo con la tapa de la cerveza.”
“¡Esas son viles mentiras!” le reclamó Eureka, indignada. “¡El que hizo eso fue Todoroki-san!”
“Es que no soy de tomar…” se excusó Todoroki.
“Con mayor razón, no debiste hacerlo,” le resondró Sonozaki. “Además, creo que eso influye en tu recuperación.”
“Ohhh~ ¡Cierto!” dijo Ouma, intrigado por las vendas y curitas de Todoroki. “¿Quién te hizo todo eso, Todoroki-chan?”
“Labrys,” contó Todoroki. “Es una de las unidades de combate.”
“¿Esas robots que sirven de peras de box para los rebels?” comentó Nea.
“Oh, parece que te has equivocado, porque creo que es al revés,” dijo Himiko, entre risas.
“Pues sí. Ella es un modelo especial y hasta ahora no puedo vencerla. De hecho, pelée junto a Minazuki contra ella, pero nos derrotó a ambos sin mucha dificultad.”
“¿Minazuki?” Eureka arqueó una ceja.
“Sí, Sho Minazuki. ¿Lo conoces?” preguntó Todoroki.
“¡Ah!” Eureka exclamó, y le sonrió. “¡Claro! Es el amigo de Souji, no?”
“¡¿Conoces a Souji?!” preguntó Ouma, muy sorprendido.
“¿Sí? ¿Es mi amigo?” le dijo Eureka, confundida.
“¡Ahhh! Todoroki-chan y Sonozaki-chan también son amigos de él. Y yo me muero por conocerlo, es toda una leyenda,” dijo Ouma.
“Souji tiene amigos en todos lados,” comentó Nea. “Gente de nuestra facultad también lo conoce.”
“Pero justo Nea, Kokichi y yo no hemos hablado con él,” se lamentó Himiko. “Qué mala suerte~”
“¿Por qué dicen que es una leyenda?” preguntó Eureka, muy curiosa.
“Oh, es uno de los chicos más populares de Rizembool,” dijo Sonozaki. “Hasta tiene una página en facebook donde se corren rumores sobre él y la gente sube fotos.”
“Wow…”
“Los organizadores lo invitaron, pero no pudo venir,” dijo Ouma. “Pero al menos consiguieron que Todoroki-chan y Oikawa-chan vinieran. Ni bien los vieron en la puerta, los grupos de chicas que andaban indecisas se conglomeraron alrededor para entrar al gokon.”
“Eso fue por Oikawa-san, Ouma-san. No por mí,” dijo Todoroki.
“¡Qué modesto~!” lo molestó Himiko. “Ese es uno de tus atractivos, Shouto~”
 “¿Osea que Todoroki-kun es popular?” preguntó Eureka. Himiko y Ouma asintieron.
“¡Súper popular!”
“Ahh~ Entonces, ¿por qué has venido al gokon?” le preguntó Eureka a Todoroki. “Si eres popular, no se te va a hacer difícil encontrar pareja.”
“¿Estás diciendo que para el resto sí lo es?” Ouma se veía muy indignado.
“¿Supongo?” dijo Eureka. “¿El gokon no es para buscar pareja?”
“Sí, pero a veces te jalan amigos… como nos pasó a mí y a Kokichi,” contó Himiko. “Pero ellos no vinieron, y nos dejaron solos.” Himiko hizo un puchero.
“¿Lo mismo pasó contigo, Nea?” preguntó Eureka.
“Ah… No,” negó él, con una sonrisa. “Vine por una persona en especial. Pero ya luego encontraré el momento de hablar con ella.”
“Huh…” Eureka sonrió. “¿Tu enamorada?”
“¿No?”
“¿Entonces?”
“¿No tengo por qué darte explicaciones?”
“Ah, qué aburrido~” se quejó Eureka.
“Sí, Nea-chan~ ¿Por qué no nos cuentas?” dijo Ouma. Nea rodó los ojos.
“Parece que van a empezar los juegos,” dijo Nea, para distraerlos.
“¿Qué?” Ouma lo miró con curiosidad.

Cuando le hicieron caso a Nea, notaron que Matsukawa se había parado de su mesa y andaba con un micrófono en la mano, rodeando el resto de mesas y paseándose entre los grupos.

“¡Es hora del juego de primeras impresiones!” anunció, emocionado, y todos gritaron muy animados.

Eureka apoyó su cara en sus manos, con el codo en la mesa. El sueño la invadía, y estaba segura de que en cualquier momento caería rendida de golpe. Pero no podía dormirse. No cuando estaba rodeada de peligro y aún no había conseguido información de Kuro.

La oportunidad de compartir mesa con Nea era una en un millón, y tal vez el alcohol le había ayudado a dejar a un lado el miedo y darle paso a su osadía.

No iba a salir de ese lugar de información. No había forma.


« Last Edit: April 18, 2018, 09:39:44 PM by Eureka »


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #362: January 31, 2018, 10:10:09 PM »
Hola... un fic medio apurado pero lo hice yay~ *muere*

48



La visita de la mamá de Sora terminó por sorprender a todos, aunque su presencia en medio de la aparición de Riku sí ayudó a aliviar la transición del peliplateado. Al llegar al aeropuerto, la señora le había dado un fuerte y cálido abrazo como si se reencontrara con un hijo perdido, y rápidamente les comentó que haría todos los arreglos para que Riku pudiera integrarse como un estudiante de Hanasaki y seguir una carrera. Ella no podía creer el milagro de poder volverle a ver, pero tampoco perdió tiempo en aprovechar la oportunidad y estaba dispuesta a apoyarle pese a que todavía no tenía todos los detalles claros.

A Riku le costaba mucho creer en esa hospitalidad incondicional y en ser tratado como parte de la familia. Todo ello hacía más pesado su remordimiento de haberles creído sus enemigos por tantos años, pero al mismo tiempo era muy reconfortante y se sentía en casa con esas personas. De todos modos, le costaría disipar su sentimiento de culpa y falta hacia ellos por todo lo sucedido en el pasado.

Después de una larga cena en un restaurante de primera donde tuvieron variadas conversaciones con aquella simpática señora, le llevaron a su hotel de cinco estrellas para que descansara, ya que al siguiente día tenía un encuentro con alguien a quien había esperado conocer.

Y llegó la mañana. Julie fue conducida por su hijo y amigos por Hanasaki, y ella miraba maravillada a aquel impresionante campus con sus excelentes ánimos de siempre.

“¡Ohh qué precioso lugar!” dijo contenta y distraídamente. “Con razón la matrícula es tan cara. Estamos pagando por algo que lo vale.”
“Hehe, siempre me sorprende la calidad de la universidad,” Kytes sonrió amablemente. Era entretenido cómo así la madre de Sora era muy entusiasta y completamente directa y sincera, y por ello terminaba cayendo bien a todos, aunque a veces su hijo (o su familia en general) terminaba frustrándose por andar en las nubes.
“¿Y por qué no apuntaste a Hanasaki también, Tomaj? Te estás perdiendo de mucho.”
“Estoy bien, Julie, gracias por la consideración,” él sonrió con ironía. “Pero te aseguro que mi universidad también es impresionante y tiene lo suyo. Por algo son universidades rivales.”
“Siempre jugando el rol del amigo lejano y distante, ¿no? Haha, por eso me caes tan bien. Pero procura de no descuidar a tus amiguitos. Yo sé que mi Sora te echa mucho de menos.”
“¡Eso no es verdad!” exclamó el susodicho mientras los demás rieron un poco. “¡Los dos siempre hemos andado con riñas, mamá! No te olvides de eso.”
“Pero déjate de disfuerzos que vas a herir a tu amigo.”
“En verdad, me encuentro muy, pero muy, herido,” dijo Tomaj, quien se cruzó de brazos y sonrió con superioridad mientras miraba a Sora fijamente. “Discúlpate ante mí.”
“¡Tú no te aproveches!”
“Oh y tú tampoco te quedes detrás, Riku,” dijo la señora con una animada sonrisa. Ella sin duda había notado que el peliplateado tendía a quedarse al margen en medio de los demás. “Estás en familia y yo personalmente me alegro un montón de volverte a ver, y te aseguro que tus amigos también, así que anímate.”
“Sí, no tienes que decirlo,” asintió frustrado y un tanto ofuscado, pero se notaba a gusto. “Gracias por todo.”
“Tus padres siempre fueron cercanos a mí y a mi esposo y siempre te he visto como un hijo más. Es lo menos que podría hacer por ti,” le dio un guiño. “¿Y ahora a dónde vamos?”
“¿Qué pregunta es esa, mamá?” Sora negó frustrado. “Tú fuiste quien tuvo la idea de pasear antes de encontrarnos con mis torturadores.”
“¡Ahh, cierto, cierto!” asintió energéticamente. “Entonces vamos para allá, ¿no?”
“Sí, ya casi llegamos,” reportó Kytes. “Íbamos a encontrarnos con Larsa y su mayordomo dentro de ese parque que está hacia el frente.”
“¡Pero qué lindo~! Se ve que tienen muchas pérgolas instaladas. ¡Parece hotel de cinco estrellas!” ella sacó su celular. “¡Voy a tomarme un selfie con una de ellas! ¡No me tardo!”
“¡O-oye!” Sora quiso detenerle, aunque ella fue corriendo a la pérgola al inicio del gran parque que estaba vacía. Dio un suspiro. “Esto no me gusta para nada…”
“¿A qué te refieres?” preguntó Riku, extrañado. “Si bien tengo entendido, ese Solidor es amigo tuyo y te ha ayudado muchas veces. Imagino que no habría problema.”
“No es por él y no le llames así,” negó. No entendía la fijación de sus dos amigos exRebels de referirse a él por su apellido. “Lo digo por su mayordomo. Él apareció después de que Larsa se volviera en mi guardián legal y sin duda no le gustó para nada la idea. Ahora temo que mi mamá haga las cosas más complicadas, o que se meta en líos…”
“Ehm, Jakob se ve un poco intimidante, pero también es una persona muy profesional,” comentó Kytes. “Ya nos lo ha demostrado.”
“Sí, y gusta de hacer la vida imposible a Sora, así que tiene toda mi aprobación,” Tomaj asintió.
“No estás ayudando,” le reprochó Riku.
“Pues con ustedes dos se lleva bien, pero conmigo es otra historia. ¡No tienen ni idea de lo que me hace sufrir en medio de mis estudios! ¡Ya me ha llevado una de sus cuchillas a la yugular tres veces y he recibido múltiples abusos verbales!”
“Sí, sí, lo imagino,” Tomaj se encogió de hombros.
“¡No le restes importancia!”
“Pero, o sea, todo eso habrá ocurrido cuando Solidor no estaba cerca, ¿no es así? Estoy seguro que él tendría la decencia de supervisar a su mayordomo frente a tu madre, así que de eso no tienes que preocuparte.”
“Es un buen punto,” Kytes asintió animado. “Y sé que Jakob tampoco querría hacer quedar mal a Larsa ante alguien que recién conoce. Por eso sé que todo estará bien.”
“Uhh, espero que tengan razón…”

Ellos no tardaron en darle el alcance a Julie, quien pasó el resto del trayecto dentro del parque subiendo sus fotos a Instagram y contó con que los demás le guiaran. Finalmente, el grupo llegó a la pérgola, y vieron que además del par que esperaban había otras dos personas quienes definitivamente se encontraban entretenidas y a la expectativa de qué iba a suceder.




“Hi, boys~♥” canturreó Dakki, quien les dio un guiño.
“D-demonios…” Sora palideció al encontrarse cara a cara con su peor pesadilla, quien al parecer todavía no perdía esa posición contra los maltratos de parte de Jakob.
“Hola, supuse que iba a verte por aquí,” Tomaj sonrió. “Oh, y Ryo también.”
“Por supuesto. No todos los días se oye que Larsa va a conocer a la madre de Sora en directo,” Ryo rió un poco.
“Ehh, si es un poco increíble,” Kytes asintió, un tanto incómodo.
“No me lo hagan más difícil, chicos…” se lamentó Sora, torturado.
“Oh, pero no me voy a olvidar del revivido. ¡Qué bueno que sigues con vida~♥!”
“Gracias, supongo,” Riku alzó una ceja. “Tú eras como una Princess, ¿no? No nos conocimos, así que no tienes que preocuparte por mí.”
“¡Ohohoho~♥! No me importas en lo absoluto, sólo estoy siendo cordial~♥”
“¡Pero qué chica tan hermosa!” exclamó Julie, maravillada con Dakki e ignorando olímpicamente lo que esta acababa de decir para sorpresa de los demás. “Pienso que mi Sora es muy afortunado de tener a una amiga como tú que le anime el día.”
“¡El placer es todo mío, ohoho~♥!”
“…” por su lado, Sora estaba cabizbajo mientras revivía recuerdos de guerra por consecuencia de su exPrincess.
“Esto me indigna,” Jakob estaba con los brazos cruzados y un tic en la ceja. “Todos se están olvidando de la persona más importante aquí.”
“No te inquietes…” Larsa negó, inmutado. “Déjales conversar con calma, puedo esperar.”
“¡No, no, no! ¡Tiene toda la razón, señor mayordomo!” exclamó Julie, quien caminó donde Larsa y le sonrió cálidamente. “No llegamos a hablar en aquel entonces, pero sí recuerdo que vine para el cierre del año escolar hace tres años y te vi. Claro, había un montón de estudiantes, pero haciendo memoria estabas entre todos.”
“Sí, recuerdo ese día,” asintió respetuosamente.
“¡Pero has crecido un montón! ¡Mi Sora siempre andaba quejándose de su estudioso amigo enano, aunque ahora él es el enano!”
“¡N-no digas eso!” le reclamó Sora, en parte molesto por la soltura de su mamá, y en parte aterrado por notar una creciente molestia en el entrecejo del mayordomo. Por otro lado, los demás se encontraban muy animados.
“Eh, sí, he crecido estos últimos años, es de esperarse…” contestó Larsa con leve escepticismo de continuar con dicha conversación.
“¡S-señorito!” por su parte, Jakob se horrorizó por oírle responder ese comentario tan informal e inapropiado para él.
“Ah, pero ahora que lo pienso, había un ruso en el grupo de todos ustedes, ¿no?” continuó Julie. “Sí, era muy apuesto. ¿Qué será de él…?”
“¡Mamá!” gritó Sora mientras los demás espectadores se reían o negaban frustrados.
“É-él ya se graduó y se retiró hace poco,” dijo Kytes, sonriendo incómodo. “Ehh, pero no es el momento para esto… supongo que Larsa se encontrará ocupado con algo…”
“Me encuentro más libre hoy, Kytes, gracias por la consideración,” Larsa asintió y volvió a dirigirse a Julie. “Tengo entendido que usted quería conversar conmigo en medio de su viaje. Adelante, soy todo oídos.”
“Sin duda sí quisiera conversar, pero no tienes por qué ser tan formal,” comentó y le sonrió amigablemente. “Como lo dije en aquella ocasión en que te pedí ser el guardián de mi Sora, a mí me gusta ser apegada a los amigos de mi preciado hijo y sólo quería conocerte un poco mejor. Puedes contar conmigo para lo que necesites.”
“Gracias, consideraré sus palabras,” Larsa asintió, inmutado. “Sólo para confirmar, sigue estando de pie la tutoría por lo que queda del año académico, ¿no es así?”
“Ehem…” Jakob se aclaró la garganta con rapidez para interrumpir la conversación y comenzó a hablar con la más cordial de sus sonrisas. “Señorito, no se olvide que en la última conversación que tuvimos con la señora Aoi, ella estuvo de acuerdo de librarle del deber si su hijo mejoraba su rendimiento tremendamente al final de este semestre.”
“Sí, es muy cierto,” Julie asintió. “Espero que mi Sora sea capaz de remontar sus estudios y no ocuparte tanto de tu valioso tiempo, aunque también deseo que los dos sigan siendo tan buenos amigos sin importar lo que ocurra.”
“Le aseguro que su hijo se encuentra bajo mi riguroso y eficaz método de enseñanza y rendirá los resultados esperados por todos…” dijo Jakob con una venia y una amable sonrisa, para entonces mandar una mirada fugaz y mortal a Sora quien se estremeció en su sitio. “¿No es así, joven Sora?”
“¡S-s-sí!” contestó con torpeza y suma rapidez para evitar recibir algún tipo de reprensión o daño físico y psicológico.
“Ehh, esperemos que sí…” Kytes sonrió incómodo y dio un suspiro. Sí que Sora recibía un trato mucho más cruel de parte de aquel usualmente formal y encantador mayordomo.
“¡Ohohoho, lo hará porque si no lo hace quién sabe lo que será de Sora~!” canturreó Dakki.
“Hahaha, suena a que algo horrible le pasaría, qué divertido~” Julie le encontró gracia y chocó manos con Dakki. Los demás vieron aquella reacción de la madre con distintos niveles de frustración, o entretenimiento en el caso de Tomaj y Ryo. Entonces, Julie miró a su hijo y le dio un guiño. “Ya sabes, querido. Si no te comportas le diré a tu encantadora amiga pelirroja que te lo haga pagar, ¿has entendido?”
“¡Gracias por su bendición~♥! ¡Yo encantada de hacerlo~♥!” exclamó una maravillada Dakki mientras Larsa a su costado le observó frustrado y levemente inquieto.
“¡Ya! ¡Ya párenla, por favor! ¡Ya no puedo más!” Sora se agarró su cabeza con ambas manos y se sacudió aterrado.
“Tranquilo, hijito, tú sabes que me gusta bromear~”
“V-vayamos al punto, o a lo que sea que hemos venido,” pidió Riku, negando. “No sé qué más tenemos que discutir aquí.”
“Ya lo dije, querido Riku. Espero conocer mejor a los amigos de la secundaria de mi Sora, sobre todo al amable de Larsa por su gran ayuda,” la dispersa señora volvió a dirigirse hacia aquel último con una brillante sonrisa.
“Ehm, antes de que inicien la conversación, quisiera pedirle que sea considerada con mi señorito,” dijo Jakob con una leve reverencia, aunque era evidente para algunos que hacía un esfuerzo en permanecerse cordial ante la señora. “Si bien él ha dispuesto de tiempo en el presente día para entretenerle, todavía tenemos asuntos que atender y sería mejor aprovechar el tiempo en lo posible.”
“Está bien, estoy de acuerdo,” Julie asintió animada y miró nuevamente a Larsa. “Sólo deseo hablar un poco contigo y hacerte compañía en lo que paseo por la ciudad. Prometo que te libero ni bien llegue la tarde.”
“Descuide, no se sienta incomodada,” él estuvo de acuerdo. “¿A dónde quisiera ir?”
“Vamos, antes de ponerme a pensar en eso, quiero saber más de ti. Sé que conoces bien a mi Sora y también te has encontrado con mi otro hijo y ahora conmigo, pero yo no sé nada sobre tus orígenes además de que eres de Inglaterra. ¿Cómo está tu familia? ¿Tienes algunos otros encantadores hermanos que conocer?”
“Señora, si me permite, es una falta de respeto que desee hablar con él con tanta ligereza,” advirtió Jakob con intensidad.
“…” Larsa dio un pesado suspiro. “Está bien, Jakob.”
“Pero señorito…”
“Entiendo bien que es la forma de ser de nuestra visitante, aparte que conozco a Sora lo suficiente para saber que no existen malos motivos de por medio, y más bien sería descortés no corresponder el diálogo. Tampoco hay necesidad de revelar mayores detalles,” él sonrió un poco. “Lamentablemente no tengo mucho que reportar en el aspecto familiar, estimada señora Aoi. Mis padres han fallecido hace años y no tengo otros parientes cercanos. Soy el único encargado y heredero de mi familia.”
“¿Eh?” esa revelación cayó sobre Julie como un balde de agua, y ella se vio conmovida. “No puede ser… ¿y ningún hermano?”
“Tengo un hermano mayor… aunque por diversos motivos no se encuentra presente y no es reconocido como parte de mi apellido,” Larsa mantuvo su sonrisa, aunque se notó mínimamente incómodo por compartir ese dato.
“Creo que eso cubre tu ficha familiar, Larsa, no te explayes más,” le pidió Dakki con su característica picardía y tono de voz juguetón, aunque también se le notaba comprensiva con su querido amigo.
“Sí, tampoco pensaba decir más, Dakki. No te preocupes por mí,” asintió al reconocer la consideración que la pelirroja le había dado.
“Me apena que deba expresarse sobre ello ante un pedido inconsciente, señorito,” admitió Jakob.
“Está bien,” él negó y volvió a dirigirse a la señora. “Vayamos a dar el paseo.”
“P-pero…” pese al pedido, Julie continuaba conmovida y dolida por lo recién compartido.
“¿Sucede algo?”
“Ahh, ni quiero imaginar el tipo de vida que has tenido para tratar de darle tan poca importancia… temo que hayas vivido en un ambiente frío y opresivo mientras todos tratan de dictar el tipo de persona que debes ser como el heredero y único representante de tu familia,” luego de decir ello, sacó un pañuelo con el cual se secó una mínima lágrima. “A-aunque imagino que tus padres te habrán querido mucho. ¡Sí, seguro que tu mamá te consintió de pequeño como el niño tan adorable que debiste ser!”
“M-mamá…” Sora frunció el ceño.
“Ehm, no realmente,” Larsa negó y sonrió con leve nostalgia. “Mi madre falleció poco después de que naciera así que nunca la conocí.”
“Ow…” la señora sintió que su corazón se estrujó.
“Pero está bien, he tenido un ambiente muy productivo donde fui criado, y he podido cumplir con las expectativas de mi padre hacia mí. Pienso que mi hogar fue un lugar tranquilo e idóneo pese a no ser lo estándar. Le pido que no se preocupe.”
“Yo personalmente me preocuparía por ti por ser tan rígido y aguafiestas,” Sora rodó los ojos, pero de inmediato se arrepintió al ver la mirada severa de parte de Jakob, lo que le hizo ocultarse detrás de Ryo. “Ihhh, ¡p-perdón!”
“Ya deberías saber que no debes decir todo lo que piensas,” le aconsejó el peliblanco.
“Vaya… hace tanto tiempo que no me quedo sin palabras…” confesó Julie, conmovida por aquella ‘triste’ historia de parte de aquel amigo de su hijo. “No dudo que has estado bajo los mejores cuidados como el joven inteligente, amable y respetuoso que eres…”
“No lo dude, yo he estado a cargo de servirle e instruirle desde su niñez,” reportó Jakob quien se llevó una mano a su pecho.
“Pero pienso que te hace falta un toque más maternal a tu vida,” la mayor se tomó la libertad de agarrarle de los brazos y sonreírle ampliamente. “¡Desde este momento te reconozco como un hijo más para mí!”
“¿P-perdón?” Larsa se sorprendió.
“Haha, descuida, es el trato que da a los amigos de Sora,” Tomaj le restó importancia.
“Sin duda ustedes son como mis hijos también, ¡pero tengo todo el interés de considerar a Larsa como mi hijo adoptado! ¡Tengo que mostrarle que sí existe el amor y la calidez en este mundo!” Julie lo declaró a los cielos al soltar a su nuevo ‘hijo’ y apuntar hacia el cénit. “¡Aprovecharemos este día como si no existiera otro más!”
“¡¿Qué barbaridades dice?!” Jakob se escandalizó.
“No se preocupe, señor mayordomo, que le juro que sí tengo los mejores intereses con su señorito en el presente día. ¡Me dedicaré a engreírle!” exclamó y miró a los demás. “¡Todos vamos al mall que nos toca un largo día de compras para Larsa!”
“¿D-de qué habla? No necesito nada, por favor…” Larsa se negó alarmado, aunque no pudo resistirse porque Dakki de inmediato le agarró de los hombros y lo empujó.
“¡Ohohoho~♥! ¡Me fascina la idea! ¡Vamos a divertirnos~♥!”
“S-suéltame, Dakki.”
“Nunca~♥”

El grupo siguió los pedidos de la señora y fueron hacia el mall más grande y llamativo de la ciudad para ver qué era lo que tenía la madre de Sora en mente.



Por otro lado, Yukko y sus compañeros de clase tenían un hueco de dos horas antes de una clase previo a la hora del almuerzo, y si bien en aquel hueco solían ir a relajarse en alguna cafetería o revisar algunos temas o tareas dados, en ese presente día el plan había sido distinto.

Antes de llegar a Rizembool, Yukko nunca hubiera imaginado que haría algo remotamente útil en un espacio libre, ya que normalmente se la pasaría con la cabeza en las nubes o paseando distraídamente sin nada que hacer, pero su nuevo grupo de amigos le había forzado a volverse en una persona de mejores hábitos para estudiar o socializar más, y sentía que podía alegrarse consigo misma por ello.

Sin embargo, no se sentía muy cómoda con la más reciente elección sobre cómo pasar ese tiempo de dicho día…

“Ah… ah… aguaaa…” Yukko jadeaba mientras corría en una kilométrica y bochornosa pista de atletismo dentro del área de ejercicios de Rizembool, bajo el sol candente del venidero verano. Ni siquiera una mísera brisa se dignaba a darle consuelo y el vapor asfixiante del suelo comenzaba a hacerle perder la resistencia.

Ella terminó por ceder y dejarse caer sentada para recobrar sus energías por un instante, hasta que otro corredor llegó a alcanzarle y se detuvo a su costado con la intención de apoyarle.

“Yukko… ¿estás bien?” le preguntó Hajime, quien también estaba un poco corto de respiración, aunque no al extremo de la otra. Él le extendió una mano. “No te quedes ahí, te ensuciarás.”
“Gracias…” Yukko asintió y se colgó de él para levantarse, lo cual le hizo un poco mal, aunque sus piernas en verdad no le daban para impulsarse. De todos modos, ella se sorprendió porque ese chico no tuvo problemas. “No sabía que eras tan fuerte.”
“¿Eh? No es nada,” negó y se vio confundido. “Más bien sigo un poco fuera de forma por haber estado internado. Fue una sugerencia rara de hacer tanto ejercicio, pero nos viene bien.”
“Ehh, hehe, cierto,” sonrió forzadamente. No le hacía sentirse muy bien que alguien todavía bajo rehabilitación tuviera mayor resistencia que ella, aunque Hajime sí se veía en forma. Entonces, los dos miraron hacia delante en esa inmensa pista y vieron a Hotarumaru continuar con su trote a un ritmo parejo y sumamente enfocado en lo que hacía. “Wow, es imparable.”
“Lo sé, pese a que diga que no tiene mucha stamina, aunque le falta velocidad,” observó Hajime. Él sonrió un poco. “Me alegra que esté tan cometido a lo que debe hacer. Se está tomando estos entrenamientos muy seriamente.”
“Heh, sí, por ello también quise apoyarle cuando nos pidió que entrenáramos…” Yukko entonces pasó a deprimirse y bajar su mirada. “Uhh, pero soy un desastre. No tengo físico.”
“Yo tampoco, poco a poco será, no te desanimes.”

Entonces, los dos fueron sorprendidos por un ruidoso silbato proveniente de un pequeño toldo cercano al costado de la pista. Ahí, vieron a Mai y Tsurumaru cómodamente sentados en unas bancas sin intenciones algunas de correr y acaparando todas las botellas de agua.

“Suficiente descanso, sigan,” les ordenó Mai, con un tono severo.
“¿Y ustedes por qué no se ponen a correr también?” preguntó Hajime, alzando una ceja.
“Haha, si bien todos apoyamos a nuestro pequeño Hotaru-bou a que haga ejercicio, tampoco dijimos que nos sumaríamos a la causa,” comentó Tsurumaru, sonriendo con ironía. “Pero les admiro por dedicarse a hacerlo, así que sigan.”
“Uhh, siento que voy a morir…” Yukko caminó hacia el toldo y fue seguida de Hajime. Ahí los dos vieron que regresaron con las justas antes de que Mai se tomara todas las botellas de agua y agarraron un par. “¿Cómo has podido tomar tantas?”
“Tengo sed,” se encogió de hombros. “Ustedes que desafían al sol y son resistentes al calor no entenderían mi sufrimiento.”
“O-oye…” Hanasaki-chan le miró con leve reproche ya que sentía que estaba al punto de desfallecer por deshidratación.
“Al menos alcanzamos a este par de botellas,” entonces, Hajime se detuvo. “Espera, ¿ya no quedan botellas para Hotarumaru?”
“Le estoy guardando una especialmente. No me subestimes,” Mai se ajustó las gafas.
“Mai ha resguardado una botella del calor del ambiente en su mochila y está lista a extendérsela a Hotaru-bou cuando deje de correr, y así engreírle y acaparar toda su atención,” explicó Tsurumaru, encogiéndose de hombros. “Tiene mucho sentido, ¿no les parece?”
“Sí es una buena idea…” Yukko se frustró un poco porque Mai siempre estaba un paso adelante para interactuar con Hotarumaru. A veces no dejaba de preguntarse si tendría la oportunidad de convertirse en una nee-chan a futuro por cómo Mai lo acaparaba.
“No entiendo por qué andan tratándole así todo el tiempo,” Hajime negó.
“Eres un chico. No lo comprenderías,” se explicó Mai, inmutada.
“Soy un chico y lo comprendo, aunque no me prestaría para esas cosas,” dijo Tsurumaru. “Ah, pero no andes exigiéndote tanto, Hajime. Todavía te encuentras recuperándote.”
“No, más bien preferiría seguir corriendo un poco más,” contestó con incomodidad por aquel recordatorio de parte del otro. “Espero no quedarme fuera de forma.”
“Como hombre esperaría que te desvivieras cada vez que alguien te dice que vigiles tu salud. Y no me has decepcionado,” concluyó Mai.
“No es eso,” le reprochó el otro.

Entonces, el pequeño pelicenizo terminó de completar una vuelta más y fue donde el grupo, quienes estuvieron atentos a su llegada.

“Ah, estoy cansado…” confesó con leve torpeza, aunque tan tranquilo como siempre.
“Buen trabajo,” y tal y como lo había planeado, Mai sacó la botella de agua que tenía guardada para él y se la extendió con una pequeña sonrisa. “Descansa un poco, ¿sí?”
“Hehe, muchas gracias, Mai-neechan~” Hotarumaru le sonrió ampliamente con una alegría que conmovió a los demás, y recibió su bebida para sentarse al costado de Mai. “Gracias a todos por acompañarme, en verdad significa mucho para mí.”
“No es nada, todos felices de apoyarte,” dijo Yukko, animada.
“Sí, y no es una mala idea,” Hajime asintió. “Podríamos hacer entrenamientos así oficiales en lo que queda del semestre, así también nos impulsamos todos a ejercitarnos.”
“Ehh…” Hanasaki-chan sonrió incómoda ante la sugerencia.
“Como gusten, yo les haré barra desde aquí,” comentó Tsurumaru. “Y parece que Mai tiene la misma idea que yo.”
“Te haría bien correr como nosotros, Tsurumaru,” observó el pelicenizo.
“Soy más blanco que una hoja, me quemaría al toque. Aparte que agilidad es lo que menos me falta. Estoy contento con mis entrenamientos esporádicos, Hotaru-bou.”
“Soy bastante ágil también, como en carreras de obstáculos, y me defiendo en artes marciales,” confesó Mai, inmutada.
“¿En serio?” preguntó Yukko, quien intercambió miradas con Hajime.
“Me alegro mucho, Mai-neechan, es impresionante,” el pequeño se alegró.
“No esperaría menos de alguien que estuvo entrenando en una guerrilla en Indonesia por nueve meses, y por ello nunca te subestimaré,” dijo Tsurumaru, entretenido.
“¿Perdón?” Hajime se sorprendió.
“Ehehe… al parecer eso es cierto…” Yukko sonrió incómoda. Casi se había olvidado de aquel detalle lanzado en medio de su semana de orientación.
“Suena a que sería todo un desafío pelear contra ti, Mai-neechan,” a Hotarumaru se le iluminaron los ojos.
“Si bien tengo esas habilidades, mi mayor especialidad es en el manejo de proyectiles y explosivos. Es por eso que nunca me enfrentaría contra ti seriamente,” comentó con naturalidad.
“¿D-de dónde has salido tú…?” preguntó Hajime, inquieto. Nadie le daba indicios que se trataba de alguna broma.
“Hahaha, y como el estudiante asesor tampoco les dejaré enfrentarse. Los dos pueden hacerse mucho daño, y es mejor evitarlo,” comentó Tsurumaru, encogiéndose de hombros. “Porque luego me meten en líos.”
“Ehh, mejor enfócate en el bienestar de los dos…” dijo Yukko.
“Nunca querría lastimar a Mai-neechan, se los aseguro,” Hotarumaru asintió obedientemente. “Quizás ha sido suficiente ejercicio por ahora. No debemos cansarnos mucho. Tenemos un largo día por delante.”

Así, todos dejaron aquel ambiente y caminaron hacia el área donde les tocaba la próxima clase en su currículo.




Pasaron unas horas y todos se encontraban dando un paseo por el mall que quedaba a la orilla del mar en medio de la ciudad. Después de un trayecto en el cual le informaron a Riku sobre lo ocurrido con el antiguo auto de Sora y de un almuerzo en conjunto, la madre se había animado a hacer compras tanto para ella misma como para quien había reconocido como un hijo adicional.

“¡Chicos, lo compré!” dijo Julie, quien salía de una tienda de electrónicos con una bolsa inmensa que contenía un PS4 Pro. “¡Es la consola, un set de VR y un año de subscripción al Playstation Plus! ¡Ahora Larsa va a poder jugar todos los juegos a su disposición!”
“¡Ohohoho~♥! ¡Pero qué bien por Larsa!” exclamó Dakki, quien sin lugar a dudas estaba más que entretenida por el desconcierto en el rostro de su amigo ante aquel incomprensible regalo.
“N-nuevamente insisto que no es necesario…” comentó el homenajeado, mientras miraba con leve perturbación a aquella bolsa.
“¡Pero tómalo que es tuyo!” Julie le extendió el obsequio, y Jakob fue quien lo recibió inmediatamente.
“Mi señorito no debe cargar tanto peso,” argumentó el mayordomo, quien se veía de mal humor, pero todavía haciendo un intento para contenerse. Él soltó un suspiro exasperado. “¿Qué se supone que espera que mi señorito haga con este objeto?”
“Jugar, ¿qué más?” la señora sonrió gustosamente. “Sé que a la juventud de hoy le encanta estas cosas por cuánto jugaron mis hijos desde pequeños y quisiera que Larsa se lleve este mismo placer, nada más que eso.”
“Tsk, no compare a mi señorito con otras personas,” objetó el mayordomo, incómodo y un poco malhumorado. “Él no lo necesita.”
“Todos somos humanos por dentro, sólo denle la oportunidad,” le dio un guiño y continuó caminando sin darse cuenta del tic en la ceja del dedicado mayordomo. “¡En lo que me vengo con otros regalos también tengo que comprarme atuendos! ¿Alguna sugerencia?”
“¡Hay una tienda que me encanta! ¡Sígueme!” exclamó Dakki. “Siempre es muy divertido comprar atuendos en compañía, ohoho~♥”
“¡Completamente de acuerdo! Y me sentiré más a gusto con una chica tan linda y carismática como tú~”
“¡Ohohoho~♥ quería odiarte por importunar a mi Larsa, pero simplemente no puedo!”
“¡Me alegra que no me odies! ¡En marcha!”

Las dos se adelantaron, y dejaron que los chicos tomaran asiento en unas bancas a esperarles en lo que daban un vistazo a la tienda descrita por Dakki. Mientras que los amigos de la infancia de Sora se la habían pasado o entretenidos o un tanto frustrados, Larsa se notaba exhausto por aquel modo de ser de la señora, mientras que Ryo y Dakki se habían divertido un montón con las múltiples conversaciones e intercambios y Sora no dejó de avergonzarse por las ocurrencias de su mama. Al mismo tiempo, Jakob comenzaba a perder toda paciencia.

“Y pensar que existen humanos como esta mujer…” el mayordomo negó repetidamente. “¿Qué pudo haber sucedido con el mundo?”
“No quiero rechazar su amabilidad… pero…” Larsa bajó su mirada. “Me siento agotado, somos completamente incompatibles…”
“Mi señorito, entonces le aconsejo que nos retiremos en este instante, sin peros.”
“No, Jakob. Pronto terminamos con el paseo. Y no deberíamos irnos intempestivamente.”
“Si bien cansa, Julie es una buena persona,” confesó Tomaj, encogiéndose de hombros. “Siempre fue receptiva y nos dio la bienvenida en su hogar, aparte que nos divierte con sus ocurrencias y las formas en que avergüenza a Sora.”
“Pudiste no haber dicho lo último,” se quejó el susodicho.
“¿Qué? Es cierto y lo sabes.”
“Hehe estoy de acuerdo,” Kytes asintió. “A veces me preocupa porque no se da cuenta de las cosas e improvisa mucho, aunque siempre tiene las mejores intenciones en mente.”
“Sí, supongo…” Riku desvió su mirada. “Te hace sentir en casa.”
“Comprendo que es una buena persona, aunque me tocará acostumbrarme a ella,” dijo Larsa.
“Te llevas bien con Dakki. Yo pienso que eso es mucho más difícil e increíble.”
“Es una amiga de hace muchos años. La conozco bastante bien por más que sea alguien tan difícil y tengo gratos recuerdos del pasado con ella. No le daría muchas vueltas.”
“La describes como una familiar,” comentó Ryo, sonriendo.
“Sí, supongo que la veo como parte de mi familia,” Larsa asintió.
“Y no podemos quitarle los tiempos dorados en que se aliaron como Rebel y Princess para hacerle la vida imposible a Sora,” Tomaj sonrió.
“¡Ihhh, n-no me lo recuerdes!”
“Admito que me hubiera gustado presenciar eso con mis propios ojos,” Jakob sonrió mínimamente complacido.
“Ehh, esos tiempos dieron miedo…” Kytes desvió su mirada.
“También me cae bien la madre de Sora. Ya puedo ver de dónde sacaste tus descuidos y por qué tienes tantos problemas enfocándote en clases,” dijo Ryo, animado.
“Yo no soy tan terrible como ella, se los aseguro,” se defendió Sora, casi ofendido.
“Deberías tratar de defender a tu madre, pero creo que te entiendo,” Larsa negó. “Ahora veo que nunca tuviste muchas oportunidades…”
“¿A qué te refieres con ello?”
“Sora sí es más funcional que ella,” comentó Riku. “También sacó un poco de su padre que es el que se encarga de todo en su hogar.”
“Quizás mínimamente, nunca hay que perder las esperanzas, ¿cierto?” preguntó Tomaj.
“¡Les digo que tengan más fe en mí!”

Los demás rieron ante aquella explosiva reacción y continuaron hablando amenamente en lo que las chicas regresaban de sus compras. No les quedaba mucho más de aquel improvisado paseo.




Luego de varias actividades durante el día, llegó el atardecer y un momento más libre para que Cho pudiera darse un paseo con su grupo habitual. Tal y como Osaka organizó, esa tarde sería el momento en que Roxas diera un pequeño paseo por Rizembool U, en parte para romper un poco el estigma del Key al respecto y también para conocer a la novedosa prima de Osaka.

“Me sorprende que tu hermano y su lacayo ya hayan visitado Rizembool antes que tú,” comentó Tomo, un tanto perpleja.
“No es su lacayo… aunque admito que también me cuesta creerlo,” Roxas negó. Por más que fueran amigos, Horikawa sí era extrañamente servicial y dedicado a Urashima, aunque parecía dispuesto a extender la misma ayuda a quien se la pidiera.
“Supongo que va con Horikawa, él parece listo para lo que sea. Y kotatsu es muy entusiasta y curioso como yo,” Osaka sonrió ampliamente y luego frunció el ceño para apuntar a su primo. “Por ello no tienes excusa hoy.”
“Lo sé, descuida,” él dio un suspiro. “Me toca hacerlo, de todos modos.”
“También es algo que me corresponde, para poder familiarizarme mejor con el enemigo y por el bienestar de mi aruji,” reportó Kashuu, con una sonrisa autosuficiente. “Por más que pueda tener los recuerdos de aruji disponibles, no es lo mismo presenciarlo por mi cuenta. Aunque espero que ello no sea ningún inconveniente.”
“Está bien, en parte me siento más segura contigo a mi lado,” dijo Cho, animada.
“Por supuesto, mi deber es auxiliarte, después de todo,” el arma asintió y llevó sus manos a sus caderas. “Puedes contar conmigo.”
“Ehh, yo soy el Key aquí. Tú no peleas,” se quejó Roxas.
“Aun así, obviamente soy un mayor apoyo moral para ella que tú,” Kashuu negó. “Me da la impresión que sólo andas buscando una pelea.”
“Tú eres el que siempre empieza.”
“No empiecen, por favor,” pidió la HiME, incómoda.
“Y bueno, también es el momento para que conozcan a esa prima de Osaka que se parece tanto a ella, al menos en el aspecto físico,” comentó Tomo, con leve indiferencia.
“¡Sí, Mai-chan es adorable!” exclamó Osaka, contenta.
“No lo es, pero ya saben que no deben tomar las palabras de esta de acá con seriedad,” Tomo se encogió de hombros e ignoró que la otra hiciera un puchero ante su parecer.
“Uhh, pero sí es adorable… Cho, ¿a ti no te pareció cuando la conocimos el otro día?”
“Ehm, ella es un poco difícil, ¿no?”
“Hehe, es sólo su sentido del humor. En verdad es muy linda,” asintió convencida. “Tenemos que apurarnos en ir a la cafetería. Me dijo que no piensa esperarnos por mucho tiempo.”
“Me sorprende que nos ande esperando,” Tomo alzó una ceja. “La vez pasada tuviste que tenderle una emboscada para que no se escapara.”
“Esta vez logré convencerle, no se preocupen. Ya de por sí, me apena que no pudiéramos traer a Horikawa y kotatsu con nosotros, pero sí me pidió que fuéramos pocos.”
“Es un pedido un poco extraño,” Roxas ya comenzaba a hacerse una mala idea de esa prima. “También me sabe mal que le dejáramos la tarea de comprar los víveres a Horikawa por venir de visita, en verdad le debemos.”
“Sí, aunque él tampoco dio su brazo a torcer. Sí quería que viniéramos,” Cho desvió su mirada.
“¡Oh, ahí están!” exclamó la prima.

Ellos finalmente divisaron la cafetería al dar una vuelta por un gran edificio, y vieron tanto a Mai como a Yukko y Hotarumaru en una mesa a las afueras del lugar, y los dos últimos les saludaron al agitar sus manos efusivamente mientras la primera se mantuvo inmutada.

“¡Hola a todos! ¡Es un gusto verles!” exclamó Osaka, quien corrió donde ellos.
“Hehe, igualmente,” Yukko asintió y sonrió un poco. “Me sorprendió cuando Mai nos dijo que quería esperarte, pero no me quejo.”
“Fue inevitable,” Mai dio un suspiro y entonces extendió su palma a su prima. “Lo prometido.”
“Oh, sí, antes que se me olvide,” Osaka sacó un sobre que claramente contenía dinero y se lo dio con toda la voluntad del mundo, mientras que los demás se quedaron anonadados y un tanto frustrados por ese ‘convencimiento’ de parte de Osaka.
“Sabía que algo estaba mal,” Tomo negó, aunque se vio un tanto celosa por la donación dada a esa extraña prima.
“Mai-neechan…” Hotarumaru le miró con leve preocupación.
“Y tú debes ser ese primo del que me han contado,” dijo Mai, mirando a Kashuu atentamente.
“No, te confundes, es el rubio,” le contestó apuntando al otro.
“Hm, interesante. Pareces más cercano a Cho y ambos tienen los ojos de color rojo…”
“S-somos adoptados…” comentó Roxas, con leve incomodidad.
“En fin…” Mai se encogió de hombros y asintió. “Yo soy tu prima Mai Minakami. Me encuentro laborando con el Rebel de tu hermana con explosivos. Mucho gusto.”
“¿Q-q-qué dijiste?” Roxas se quedó en shock.
“O-oye, no digas eso tan libremente,” Yukko se puso nerviosa.
“Es la verdad, y como familia lo mejor es no mantener secretos entre nosotros.”
“¿Hablas en serio?” preguntó el Key. Le vio asentir con toda frescura. “¿Qué haces apoyando al Rebel de tu prima?”
“Apoyo a la industria de los explosivos, no te confundas,” se ajustó las gafas.
“Mai-chan, por favor, no lo hagas difícil,” le suplicó Osaka. “Ya te dije que este tema es delicado con mi primo.”
“Lo hiciste irresistible por ese motivo…”
“Tsk…” Roxas le miró con molestia. Por más que efectivamente pareciera a una Osaka con lentes y cara seria, no le inspiraba nada de empatía.
“Ignórala, claramente te está apuntando,” dijo Kashuu, indiferente. “Mejor vamos al punto de esta reunión, ¿no les parece?”
“¿A qué se refieren?” preguntó Mai, quien se mostró mínimamente confundida por no haber esperado dicho punto.
“Sí, es que pensamos ir mañana sábado a una visita al templo del que te conté, además de seguir el camino agreste que sale de ahí. Dicen que hay riachuelos y un lago y que es hermoso,” resumió Osaka, con muchos ánimos. “¡Va a ser divertido! ¡Y así conoces al resto de nuestros primos! ¿Qué te parece?”
“Pides mucho de mí, Ayumu…”
“¡Por favor!”
“…” Mai negó, pero antes de poder decir algo, vio al pequeño pelicenizo emocionarse.
“Ohh, suena divertido. ¿Puedo ir?” preguntó Hotarumaru con los ojos brillantes.
“¡Claro!” Osaka asintió. “¡Y si quieres traer a algún amigo eres bienvenido!”
“Hehe, muchas gracias~”
“Ehm, yo también quiero ir,” dijo Yukko, levantando una mano.
“¡Bienvenida!”
“…” Mai dio un pesado suspiro. “¿Qué me queda…?”
“¡Yay, entonces hemos quedado! ¡Será divertido, se los prometo! ¡Cuando le cuente a mi amiga miko que muchos piensan visitar se alegrará!”
“Seguro que sí,” Cho asintió. Sin duda más remotamente posibles donadores del templo eran siempre apreciados.

Todos continuaron hablando un poco más e hicieron los planes para poder reunirse antes de que la paciencia de Mai se acabara. Iban a tener un fin de semana bastante entretenido.


Kana

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #363: February 04, 2018, 01:17:00 AM »
Para avanzar a paso de caracol.
Al ver mi lista y los personajes que usé en este fic siento que mi lista es "algo" racista y clasista, pero luego recuerdo que mi HiME es mega pobre y se junta con puros sarnosos y entiendo que la cosa está equilibrada (?)

Es un fic partido en dos, más adelante dejo la otra parte y algunos iconos.

#39.1
—Muy bien, chicos. El tiempo que queda antes del término de la clase pueden entrenar con su dupla en forma libre o pueden usar el tiempo para conversar con sus compañeros sobre qué técnica pueden usar en el campeonato.— Dijo Howl animadamente mientras se quitaba los guantes. —Recuerden que amablemente un alumno infiltrado nos entregó un catastro de los rivales junto con las fortalezas y debilidades de estos. Sé que puede ser una práctica criminal pero básicamente el colaborador suplicó que no lanzara a la basura su investigación.— El rubio embozó una sonrisa divertida. Posteriormente, fue a sentarse en una banca para recibir consulta de algunos alumnos.

—Ah, Lancaster.— Ringabell se manifestó frente al aludido. —No trates de escapar como siempre. Sé que te intimida tener un duelo conmigo, pero, en serio, no será tan dramático.—
—Ah…— Henry jugueteó con el mango de su florete con cierto grado de ansiedad. —No es eso.— Dijo en tono suave, indeciso.
—¿Hm?— Ringabell alzó una ceja, mirando confundido al otro rubio. Parecía como un niño de cinco años que le costaba decir que no a un matón. —No tienes personalidad para enfrentarte a mi o simplemente decirme que no quieres.— Puso sus manos en jarra, mirándolo fastidiado. —Has evitado un encuentro conmigo desde que llegaste.—
—…— Henry miró hacia un costado, observando a una persona que terminaba de acercarse a ellos.
—Tarde, Akselsen… Los dos ya habíamos acordado ser dupla para entrenar.— Un muchacho de cabellera castaña, tez pálida y ojos de color avellana se posicionó a un lado de Henry. Aquel era Gran Lively.
—¡Es mentira! Porque apenas se han hablado el día de hoy.— Ringabell miró consternado a Henry exigiendo una explicación.
—Pues… Justo lo poco que hablamos fue para acordar entrenar juntos.— Contestó Henry, incómodo con esa absurda situación. Desde que había llegado a Japón simplemente se había inserto en un sistema de acoso por parte de ese chico.
—¡AH! ¡No es justo!— Ringabell los encaró, molesto. —Están coludidos contra mi. Especialmente tú, entrometido. Desde que llegaste sólo has conspirado en contra mía.— Señaló a Gran, acusadoramente.
—Ah, ya cállate.— Gran giró los ojos, cansado del otro. —Vete a entrenar con el tal Arlet. Está todo solo allí.— Meneó la mano sin importancia. —Vámonos, Henry.— Los dos se encaminaron prontamente a otra parte del gimnasio.
—¿Con Arlet? ¿En serio? Es como si entrenara con una niña de cinco años…— El rubio giró los ojos, hastiado. Como se vio que era el único que quedaba sin pareja en el gimnasio no tuvo más opción que acercarse a ese chico y preguntarle si quería entrenar con él. Por supuesto, el otro aceptó ya que, pese a que Ringabell era una figura desagradable para Gran y hasta para el sereno Henry, para la mayoría de chicos era un competidor imponente.

Mientras tanto en otra parte del gimnasio Henry y Gran discutían algunos puntos en común respecto a la técnica a usar antes de empezar a entrenar. Antes de comenzar con el encuentro, Gran observó de reojo hacia el otro gimnasio el cual era usado para el entrenamiento femenino de esgrima pero que a esa hora se encontraba solitario ya que las horas de las chicas eran más tempranas que las horas destinadas al entrenamiento de los chicos.
Se dio cuenta de que dos muchachas se encontraban allí entrenando, era Alice Lidell y Edea Lee quienes se encontraban aún allí practicando. Edea fue la primera en notar la mirada de Gran en ellas. Naturalmente Edea lo miró con repulsión y le sacó la lengua como mueca de burla.
Gran soltó un suspiro, abrumado. Prefirió no prestarle atención a una persona tan infantil, Edea era igual de inmadura que Ringabell. Fue en eso que notó como un chico de cabellera castaña y rostro con pecas se acercó a ello cargando su cámara profesional. Howl lo había presentado al inicio del entrenamiento como Warren Graham, un alumno del programa de intercambio que estudiaba en la carrera de fotografía y que les acompañaría durante ese entrenamiento para sacar algunas tomas para la revista de Hanasaki.
—Hola, chicos. ¿Les importaría posar para la fotografía? No es necesario que tomen una postura como si estuvieran practicando porque ya tengo de esas. Sería genial si se giran de perfil hacia la cámara para una toma natural.—
—Ok, pero sé breve.— Dijo Gran.
—¡Gracias!—
Henry y Gran se posicionaron como había recomendado Warren, en poco tiempo el chico comenzó a sacar unas cuantas fotografías.
—Listo, creo que con estas estoy bien.— Apuntó el nombre de ambos en su libreta.
—Ehm, ahora ve a sacarle a otros. Necesitamos espacio.—Dijo Gran.
—No hay problema.— Se despidió con un gesto de mano y se marchó de allí. En el camino se cruzó con el entrenador Howl con quien intercambió un par de comentarios antes de que el mayor siguiera su camino y llegase hasta donde estaba el Lively y el Lancaster.
—Oh, chicos. Que bueno que los encuentro a ambos.— Miró primeramente a Gran. —Hace un tiempo te encargué a ti y a Ringabell que fueran buenos con Henry porque era nuevo aquí y han hecho un buen trabajo con ello pese a que Ringabell se ha vuelto algo más paranoico de lo habitual, haha. Bueno, algo de daño colateral tras una buena acción no está mal.—
—Ni que lo diga…— Dijo Gran.
—En vista de ello, hoy tengo la misma misión para ustedes. Empezaré por ti e incluiré al joven Henry en esto. Luego se lo trasmitiré a Ringabell quien en estos momentos tuvo que llevar al joven Arlet a la enfermería y estará ocupado allá un buen rato.— Howl se acomodó el cabello rubio hacia atrás. Luego miró hacia la entrada del gimnasio. —Pasa, por favor.— Dicho esto, un joven de cabellos rubios apareció desde allí.
—…— Gran lo observó de reojo, parecía el típico alumno nuevo y del tipo alcornoque que parece un cachorro confundido en un nuevo lugar cuando por primera vez lo llevan a pasear. Pero Henry reaccionó distinto, él lo observó primero confuso y luego aún más extrañado. Algo que no pasó desapercibido para Gran.
—Gran, te presento al joven Zorome van der Eynde. Él está aquí por el programa de intercambio cultural de esta temporada y está muy animado en ser parte del equipo de esgrima de Hanasaki.—
Gran prestó atención a las palabras de Howl pensando que nuevamente él y Ringabell tendrían que hacerse cargo de otro chico europeo lo cual no le caía en gracia a esas alturas. Cuando iba a estrechar la mano de aquel joven, notó un arrebato de júbilo en el novato quien pasó por alto a Gran y fue directo hacia Henry.
—¡Henry, que gusto ver que estás bien! Veo que la medicina de salud mental dio buenos resultados contigo.—
—Z-Zorome…Me sorprende verte aquí.— Henry no pudo evitar mostrar una expresión de contracción al ver a aquel chico.
—¡Ah, pero que ni te avisaron!— Zorome se acercó a él y le estrechó la mano, de modo pedante. —De verdad me pone contento verte después de tantos años. Después de tu paso por la academia militar y de tu envío a las misiones de paz, tuviste un sin fin de viajes y no te vi más. Mi hermana me dijo que Maribelle le contó que tuviste problemas depresivos y comprendo que necesitaste tu tiempo, pero, ¿Desaparecer completamente de la socialite de UK? Eso fue demasiado.— Sonrió de medio lado.
—Zorome, me encantaría hablarte de todo esto en otro momento. Esencialmente en compañía de un buen té...— Henry sonrió encantadoramente, fingiendo estar magnamente bien aunque por dentro se sentía profundamente avergonzado por la actitud de ese crío.
—O de whisky. Mamá dice que los Lancaster son muy amigos del whisky.—
—…— Henry empalideció aún más. —Permiso, necesito hacer una llamada.—
—¡Ah, si llamas a tu hermano Cain dale saludos de mi parte! Aunque dudo que sepa quien soy, haha.—
Henry se largó de allí antes de salir como “daño colateral”
—Los dejo, chicos. Espero que se lleven muy bien.— Dijo Howl, canturreando al irse.
—¿Se conocían?— Gran alzó una ceja, más que confundido. Sobre todo por el detalle del whisky ya que pensaba que una persona tan sana, inocente y correcta como Henry no era aficionado a esos tipos de vicios. Lo de mediación tal vez, siempre lo notaba algo ido… y recordando la vez que fue de lleno a involucrarse en un conflicto de una HiME y un Rebel de la nada, consideraba que nadie en su sano juicio haría ese acto kamikaze en su segundo día de clases.
—Sí. Algo así.— Zorome sonrió levemente. —Más bien, su padre era socio del mío, también tenían empresas en asociación con otras familias de Inglaterra. Lo conozco del círculo de herederos de la alta clase y de ex alumnos del  King's College of Our Lady of Eton.—
—Ya con decir eso entiendo que vienen de un mundo bastante exclusivo y lujoso.—
—Bueno, mi familia es parte minoritaria de las inversiones. La de Henry es mucho más rica que la mía.—
—Pero eso no te hace ni menos rico.—
—Ehm, la verdad es que yo preferí dar un paso al costado de ese estilo de vida y me auto exilié de mi familia. Estaba harto de tener “todo fácil” y de vivir como un heredero de un apellido de muchas responsabilidades y protocolos. Entendí que no nací para eso.—
—Tal vez todavía no estás listo, pero seguro que te esperan para que tomes tu destino manejando las inversiones de tu familia.—
—Nah— Zorome restó importancia, gesticulando una expresión de rechazo como si le estuvieran acercando algo descompuesto a sus narices. —No me gusta ese tipo de vida. Además, tengo dos hermanos mayores que están antes de mi.—
—Ah.— Gran ladeó el rostro.
—¿Tú eres el mejor aquí?—
—Uno de los mejores.— Corrigió. —Y ni vayas preguntando quien es bueno aquí porque existe una alimaña que se va a auto proclamar exageradamente.—
—Haha, pasa en todas partes. En fin, me gustaría ponerme a nivel de ustedes. Te confieso que la esgrima no es mi fuerte pero no por eso me voy a consumir en un rincón y esperar ser escogido de los últimos. Así que mientras menos lo esperes, recibirás una invitación de duelo de parte mía.—
—Hm, a ver si logras adecuarte primero aquí.— Le dijo de modo soberbio y desafiante. Primero, porque ya le parecía que era algo prepotente para ser tan insistente. La mayoría de novatos terminaba por abandonar el club prontamente por las exigencias y si ese chico abandonó a su familia por las responsabilidades que conlleva ser parte de la elite, seguro que no podría con el entrenamiento del club. Segundo, porque si se quedaba más de lo esperado seguro se enteraría del detalle de las HiMEs y los Rebels, lo cual lo espantaría de una. Suerte tuvo de no llegar unas semanas antes cuando fue la emboscada de los Rebels.
—¡A que sí!— Zorome seguidamente miró hacia ambos lados, se cruzó de brazos y comenzó a analizar.
—¿Pasa algo?—
—Veo que hay varios chicos extranjeros aquí.—
—Sí.— Gran asintió. —Hanasaki es una de las universidades que recibe más estudiantes de intercambio en Tokyo.—
—¿Tú de dónde vienes?—
—Vengo de norte América. De una familia super normal. Así como para resumir.
—Hey, lamento si te aturdí hace un rato con todo eso de la elite. No fue mi intención.— Dijo algo irritado y avergonzado al mismo tiempo. —Dicen que soy impulsivo… Supongo que no pensé mucho en como hacer mi entrada aquí.—
—No te preocupes. Nunca es fácil ser el nuevo.— Sonrió un poco. —Seguro te adaptas bien aquí.—
—Gracias.— le devolvió la sonrisa. —Oh, aquí viene Henry. Parece que no trae buena cara.—
—Eh, creo que fuiste demasiado explícito con información de su vida personal.
—¿Eh?, no quería. ¡En serio! es que muchas veces digo las cosas antes de pensar. Pero no es con ninguna maldad…— Soltó un suspiro, alzando los hombros. —Henry y su hermano no me conocen mucho, seguro se lo tomarán a mal.—
—Pensé que eran amigos o algo así.—
—No.— Negó. —Los Lancaster no tienen amigos. Por más que trates ser parte de su reducido núcleo social y te esfuerces hasta desangrarte nunca encajas con ellos. A mi con suerte Henry me han dirigido la palabra unas cuatro veces. Su hermano ni una sola vez.—
—Por eso te vengaste y lo vienes a avergonzar.— Bromeó.
—Haha, de verdad no era mi intención.— Pasó una mano por su nuca. —Henry, ¿todo bien?— Dijo al ver que Henry regresaba con ellos.
—No sabía que los demás también estaban aquí.— Contestó Henry, con paciencia.
—¿Los demás?— Cuestionó Gran. —¿A qué te refieres con eso? Más importante, chico de Eton, ¿más se van a inscribir en esgrima?— Fue Gran, esta vez, quien empalideció de terror. No quería una invasión de niños en plena preparación para las nacionales.



**

—¿Estás seguro de eso?— Cain meció suavemente el vaso con whisky que tenía en su mano derecha, observando como el líquido hacia efectos ondulantes.
—Sí.— Henry asintió confiado. Había cruzado medio Tokyo para darle la noticia directamente a su hermano. Era típico del mayor no contestar sus llamadas telefónicas.
—…Hm— Musitó. Dio unos pasos hacia delante hasta quedar frente al enorme ventanal del la sala.
—Ah, hermano, me olvidé felicitarte por la compra del penhtouse.— El rubio contempló fugazmente el sitio donde se encontraba. El lugar tenía una vista espléndida al corazón alto y de la elite de Tokyo. Como ya comenzaba a caer la noche, las luces de los otros edificios y demás construcciones lucían pequeñas y lejanas al a altura en que se encontraban. Un sitio donde se podría sentir un Dios, si así lo quería. Digno de su hermano mayor… últimamente. (¿algo así? https://media.architecturaldigest.com/photos/562a9ae2bbcd911f4a740acf/master/w_640,c_limit/luxury-penthouses-for%2520sale-01.jpg  ,  https://media.architecturaldigest.com/photos/562a9ae4413dc33926735fdc/master/w_640,c_limit/luxury-penthouses-for%2520sale-02.jpg )
—¿Viste a alguno más de ellos por allá?— ignoró el comentario anterior. El joven  dio un pequeño sorbo a su trago.
—No. Sólo a ese chico… Mh…— Trató de memorizar su nombre. —Lo siento. Se me ha ido su nombre.—
—Es que no es realmente algo importante…— Cain le restó importancia, para consuelo de su hermano menor. —Ah, Henry… Has estado bajo mucho estrés últimamente. Un cambio tan drástico de clima, desde la tranquilidad de Gales  a una ciudad tan bulliciosa como Tokyo. Sumándole las exigencias de nuestro abuelo, quien pide tu presencia en su mansión… Debe de ser complicado para el pobre viejo tener a su nieto preferido tan lejos.— Giró los ojos, haciendo una mueca de molestia. Se daba esa licencia pues estaba dandole la espalda a su hermano. Lord Lancaster siempre se jactó de que su nieto Henry era idéntico físicamente a su hijo Richard. Rubios, más alto de la norma común, ojos enormes y azules.
—¿Hice algo que te molestara hoy?— Henry soltó un suspiro, melancólico. Pensaba que quizá había importunado a su hermano mayor con su visita y por eso estaba algo irritado y más sarcástico que de costumbre.
—No.— Cain se volteó para encontrar su mirada. A Henry le costaba un poco sostenerla con la suya. —Has hecho bien en informarme oportunamente. No me hubiese gustado encontrarme con tan desagradable sorpresa de improvisto y tener la guardia baja.—
—¿Crees que ellos tramen algo contra nosotros?— El rubio se frotó la barbilla, pensativo.

Sólo una semana antes había tenido una reunión con su hermano Cain en el edificio comercial del cual los Lancaster eran dueños. Tras indagar por su cuenta, Henry había encontrado ciertos documentos de dudosa procedencia que colocaban en manifiesto situaciones impuras que dictaban que su admirado y venerado tal vez no era el hombre intachable que siempre había pensado.
Por supuesto, en vez de usarlo a su favor, por ejemplo, como un rufián que podría usar esos documentos para chantajear a su abuelo con millonarias sumas de pago y privilegios por su silencio (como tal vez lo hubiera hecho su hermano Edward, de naturaleza resentida…) le pidió a su hermano mayor algo de su tiempo.
Con sentimientos encontrados y dudando hasta último momento, Henry le contó a Cain que había descubierto que su padre, Richard Lancaster, había estafado a sus socios europeos, para quedarse con bienes y tierras  de estos (muy al estilo Lancaster de medioevo) Cain había alzado las cejas cuando escuchaba el secreto que torturaba a Henry, quedando brevemente boquiabierto y sorprendido (por supuesto, sólo estaba fingiendo)
Lo cierto era que el hermano mayor sabía todo lo referente a los movimiento de su padre. En la mente de Cain, mientras Henry le contaba su descubrimiento, cruzaba una y otra vez la palabra “¿Por qué no me sorprende de ti, padre?” pues después de descubrir que su padre tenía amantes desde que ellos eran niños, de que había intrigado para que desheredaran a su tío Vincent por más comportamiento que los podría llevar a desfalco, que jamás mostrase ni un ápice de afecto por ellos incluso en los momentos en que se enfermaban o sufrían, después de todo eso ¿Qué tanto daño le podría hacer a Cain saber de unos cuantos negocios sucios?
Pero debía llevar el papel de la incredulidad para no levantar más sospechas en Henry. Éste había estado investigando a su espalda y eso sí se le había pasado por alto a Cain. Quizá había subestimado mucho a su hermano a quien siempre lo situaba en las “nubes” o como problemas de ansiedad y afectivos tan fatigantes que le inhabilitaban para ser más astuto. Henry era disperso, sí, pero era tan puro y honorable que buscaba la verdad a toda costa (posiblemente para compensar a los que salieran dañado de esas truculencias o, como lo llamaba Cain y su abuelo “el daño colateral”). Y eso le preocupó, porque si había descubierto los negocios secreto de su padre, al menos una minúscula parte de ellos, si Henry seguía investigando sabría que su madre no estaba muerta como creía sino más bien se encontraba condenada a vivir por el resto de su vida en un sanatorio mental.
La mujer no estaba loca, era histérica y, sí, algo de Trastorno Limítrofe de la Personalidad debía tener… Pero eso difiere mucho de una psicosis. Si estaba encerrada allí… Era porque Lord Lancaster, con sus hilos sobre sus marionetas, lo había decidido así.
Si Henry descubría eso, no solo lo odiaría a él por esconder esa verdad, también odiaría a su abuelo y por tanto, e irónicamente, Cain se volvería daño colateral porque de algún modo u otro el monarca lo culparía a él (?)

—No podría darte una respuesta certera… Pero, es evidente que algo sospechoso hay aquí, ¿no lo crees?— El pelinegro se dirigió al bar para servirse un poco más de whisky. Hizo el ademán de que Henry se acercara a él.
—…—

El rubio no pudo evitar pensar en las palabras de ese chico impulsivo de la tarde sobre el mito de los Lancaster y el whisky. Cain jamás había bebido en su vida, siendo férreo defensor de que el alcohol sólo conducía a un letargo innecesario y una via maligna para contaminar el cerebro…Le debatía a su tío Vincent que era una conducta insana y perjudicial, casi inmoral, con bases científicas que avalaban que la sustancia perjudicaba todo lo relacionado a lo neuronal. Cosa que Cain amaba y protegía, valga Dios, era su prodigioso cerebro. Pero desde la fiesta de cumpleaños de Ciel parece que le había tomado el gustito al destilado. Se notaba que su hermano todavía no pasaba por completo bien el sabor del whisky aunque lo disimulara, pero le preocupaba que esa “traba” se desbloqueara. Por primera vez, sintió rabia hacia su tío Vincent, ya que, como decía el abuelo, el más amigable con el whisky era él. Clásico en Henry, pidió perdón internamente por molestarse con su tío.
Notó que Cain sacaba un vaso para él, su hermano le miró esperando que el rubio le dijera que deseaba. Como tardó, Cain decidió por él y tomó una botella de agua purificada.

—¿No tienes brandy?— Se adelantó antes de que vertiera el agua.
—¿En serio?—
—En Gales me es común el brandy escocés.— Mintió. Ni podía procesar unas gotas de vino porque se sentía asqueado. Pero no quería verse como un perdedor o un niño delante de su hermano.
—A decir verdad, tengo justamente un brandy escocés que me envió la tía Carlota. Hice que alguien la cateara antes para evitar morir envenenado.— Bromeó. En un copón grande, le sirvió una dosis pequeña a Henry. Tampoco deseaba torturarlo con su arrebato de “madurez”
—Pero la tía Carlota nos quiere… Es nuestra familia.—
—Henry.— Le entregó el copón. —Eres tan inteligente y te encanta la historia, sé que sabes que los Lancaster son odiados hasta por otros Lancaster.— Le sonrió burlonamente.
—Lo sé. Por eso perdieron guerras cruciales.— Soltó un suspiro. Acercó el cristal a su rostro y olió el aroma del licor. Era de aquellos fuertes. Por suerte antes de viajar a Tokyo había salido con un compañero de armas y bebido de ese tipo de tragos como para reconocer su sabor. Sería patético que alabara el sabor del brandy si de pronto era otro licor que lo pusieron en esa botella para pillar su inexperiencia. Aunque, Cain no perdía el tiempo en esas jugarretas. Edward sí, pero por suerte estaba de vacaciones en Francia.
—Pero en tiempo actual, los Lancaster no deberíamos estar desunidos después de la tragedia de nuestros padres. Desde la muerte de ambos muchos enemigos han intentado aprovecharse de nuestra vulnerabilidad.— Cain hizo el mismo gesto de Henry de hace un rato, el de frotarse la barbilla para reflexionar. —Pero me gustaría evitar que te involucraras en estos temas obscuros…—
—Hermano, es verdad que no podría participar en una trama compleja que involucre afectar a otros… Pero sí quiero que cuentes conmigo para ayudarte a que el apellido Lancaster salga invicto.— Dijo firmemente el rubio. —Por eso quiero que me digas que piensas ahora de toda esta situación.—
Ambos hermanos dieron un sorbo a sus bebidas. Cain habló luego.
—Naturalmente comencé a sospechar cuando llegaron esos familiares lejanos de Francia.— Invitó con un gesto a Henry para que lo siguiera esta vez hacia unos sillones donde tomaron asiento. —Maribelle es bastante insistente conmigo, por más que la he dejado en el limbo.— Henry no pudo evitar soltar una risita disimulada por ese comentario. Desde que a su hermano le habían instaurado esa prometida, él la había omitido. —El hecho de que ella y su familia nos asecharan sin previo aviso fue extraño. Desde que me comentaste de los negocios torcidos de nuestro padre me he puesto a investigar y creo que, irónicamente, nuestro padre no metió manos en las arcas de la fortuna Capetiens.— Lógicamente había averiguado de antes que le dijera Henry. Lo curioso es que no encontró nada que reflejase que la familia Capetiens fuese engañada por las estafas piramidales de su padre. Pero no le parecía real que esa familia únicamente se hayan hecho presente en sus vidas porque debían tener una unión benefactora (del siglo pasado…) —Ese maestro tuyo dijo que estaba en la ruina una vez…—
—Ahá. Dijo que su abuela lo vetó derrochar fortuna. Pero admitió que nos tendió una intriga porque había acordado con su abuela retomar su herencia si lograba que Maribelle se casase contigo.—
—Ah, parece que sigue empeñado en eso… Después de que esa niña con la que te comprometieron huyera de su propia familia.—
—A veces pienso hacer lo mismo que ella si me nombra de nuevo el tema del matrimonio.— Le dio un largo sorbo a su trago, quemándose la garganta al pasarlo. Henry tosió por el ardor. Se aclaró la voz. —Apenas ella se exilió, nuestro abuelo con el líder de otra familia me eligieron nueva prometida.— Pensó unos momentos. —Pienso que si me hubiese enclaustrado en un seminario pensarían que únicamente me consagraría a Dios.—
—Ehw.— O le creerían a los rumores sobre una inclinación homosexual del rubio. —Creo que podemos ver otras estrategias.— Despejó. —Debo suponer que ese niño de la clase de esgrima no sabe que estás hablando en estos momentos conmigo.—
—Ehhh…— No creía que ese rubio fuese tan astuto realmente. —No lo sabe.—
—Él será el primero de nuestros “amigos”— Cain soltó un suspiro.
—Me incomoda pensar que todo el club estará aquí.—
—Por cierto, Henry… Hay algo que me causa curiosidad. ¿Qué te llevó a investigar los movimientos financieros de nuestro padre? Siempre has sido puro de corazón y siento que, de todos nosotros, serías el último en pensar mal de Richard Lancaster.—
—Bueno… Me odiarás por esto pero… Ése día en el cumpleaños de Ciel, quedé petrificado al ver a uno de los camareros. Físicamente se parecía mucho a ti… Ehhh— El rubio alzó las cejas, bajando la mirada. —Nuestra madre siempre fue muy debota a nuestro padre… Pensé que quizá él… fuese un bastado de una aventura.—
—Y consecutivamente lo ibas a compensar por los años de rechazo y falta de pensión alimenticia.— Cain giró los ojos. —Debes dejar de ser tan bueno. La gente comenzará a buscarte para sacar provecho de ti.—
—Vale, igual me ayudó saber que no era ningún hermano perdido. Pero de todos modos le di trabajo, no parecía mal tipo.—
Justo en ese momento, los celulares de ambos emitieron un sonido indicando que un mensaje de texto había llegado. Los dos hermanos se miraron entre ellos.
—¿Qué dice el tuyo?— Preguntó Cain.
—“Lancaster: No se lo creen, ¿cierto? pero los extrañamos tanto que aquí estamos. Seguro que ya están hablando de ello. Los miembros de Saint-Payns nos reuniremos el viernes en B Bar Clastow a las 21:00. No falten!”— Citó. —¿El tuyo?—
—Dice lo mismo. Ambos recibimos la misma invitación.—
—¿Irás?—
—Yo, no. Pero necesito que tú sí. Que seas mis ojos y mis oídos.—

¥   * *
Henry se sentía incómodo de estar en ese compromiso. Se transportó en una de las limosinas de su familia, con el chofer personal que él mismo había contratado. Avilio Bruno. Algo que no le había contado a Cain es que en su búsqueda de la verdad y tras ser descubierto torpemente por el mismo Avilio cuando lo investigaba, el mismo italiano le ayudó a entrar a los archivos codificados de los negocios de su padre.
El joven llevaba un traje de etiqueta de alta costura, el cabello rubio y sedoso lo usaba pulcramente peinado hacia atrás despejando su rostro bien delineado. Llevaba el anillo de los Lancaster en su dedo, y un reloj de oro que le había regalado su abuelo en el aniversario de su nombre. Henry no era desordenado, pero como lucía esa noche difería mucho de su imagen en la universidad llevando el cabello rubio libremente y usando ropa de nerd británico. Esa noche lucía como un hombre atractivo y poderoso.
Tomó el ascensor y en poco tiempo llegó al último piso del edificio donde se encontraba el bar. Llegó puntual, pero los demás también lo hicieron. Estrechó un par de manos con los se encontró de camino y fueron a la mesa reservada.
A las primeras que divisó fue a las hermanas Jenssen. No las había visto hace años y no podría diferenciarlas pues eran muy parecidas. Ambas eran rubias y de ojos claros, pero una llevaba una melena corta y la otra lucía una cabellera larga y trenzada.
—¡Que grande que está Henry!— Comentó una de las chicas a la otra cuando el rubio se sentó en la mesa. Le había tocado al lado de la rubia de pelo largo. —¿Te acuerdas de mi?— Dijo ahora con voz más controlada de exaltación. Como notó que el chico la miraba tranquilo pero tratando de descifrar el misterio, ella le ayudó. —Soy Sharena, ¿te acuerdas cuando de pequeños recolectábamos narcisos amarillos en casa de mis padres cuando tu familia iba a almorzar en mi casa?—
—Lo recuerdo bien.— Henry le sonrió amablemente. Por lógica la otra hermana, la más callada y cabello corto, era Fjorm. —Es un placer volver a verlas.—
—Igualmente.— Asintió gentil Sharena.
—Ha pasado bastante tiempo.— Dijo Fjorm. Se veía un poco incómoda de estar allí. Las dos hermanas estaban usando vestidos de color blanco, sencillo y prudente, con estilo nórdico. El de Fjorm se veía que era largo, mientras que Sharena había optado por un vestido corto y con escote lo que hacía lucir bien sus largas piernas y su admirable cuerpo.
Los tres notaron a los demás que comenzaban a sentarse en la mesa. Fue el momento incómodo donde la mayoría llega en pareja y ellos evidentemente son los solteros aún.
—Hola— Saludó Celica. Una chica de cabello rojo y largo. Era acompañada por un joven apuesto de cabellos verdosos. Henry y las hermanas habían notado que el chico y la chica habían llamado la atención de los presentes por el atractivo de ambos. Celica usaba un vestido azul de satine, ajustado al cuerpo y de tirantes pero recatado y elegante. Llevaba una diadema en su cabeza.
—Que bueno que se animaron.— Dijo el chico de cabello verde. Llevaba un traje elegante pero algo más desordenado en comparación a la presentación de Henry. Aquel era Alm.
—Alm y Celica siguen estando juntos.— Le explicó Sharena para ponerlo al día, Celica y Alm habían sido muy unidos de pequeños y todos los trataban como pareja aunque no tenían nada formal ya que Alm principalmente no se daba cuenta de sus sentimientos hacia su amiga. Sharena aclaró: —Le voy diciendo a Henry estas cosas porque sin duda es el Lancaster que ha pasado más años lejos de todos debido a su formación militar.—
—No te preocupes, me parece un lindo gesto que lo pongas al día.— Dijo Alm, sentándose después de Celica a su lado. —¿No vino tu hermano?—
—No. Tuvo que viajar urgentemente a Alemania por un proyecto de investigación genética.— Y no mentía, pues Cain había aceptado a regañadientes ir de viaje con el doctor Johan lo cual lo liberaba de ese aberrante compromiso social.
—Wow, siempre estimé que Richard era un genio.— Celica se dio cuenta de que algunos le miraban. —Es raro llamarlo por su segundo nombre, ¿vale?— soltó un suspiro. No entendía si era por discordia que Richard hijo no quería ser llamado con el nombre de Richard padre o  si bien simplemente le llamaban Cain, su segundo nombre, para no confundirlo con el padre, y el abuelo…
—Pero ya no podemos decirle Richie.— Bromeó Alm, recordando como le llamaban de niño. Si le decían así de grande podía ser incómodo para el joven.
—Buenas noches.— Dijo un joven de cabello negro y sonrisa fingida. Él estaba acompañado de una dulce muchacha de cabello celeste largo.
—Berkut, Rinea.— Saludó Célica. Los dos le correspondieron. —Oh, y Nat.— Dijo la pelirroja cuando vio que un rubio se asomó detrás de ellos.
—¿Sorprendida?— Dijo Nathan, un chico rubio y de sonrisa ladina.
—Un poco. Pensé que estarías en Oslo por la firma que abrirá tu padre en esa ciudad.—
—Volví pronto.— Miró a Berkut. —Mi estimado Berkut me necesitaba.—
—Necesitaba tus recetas. Dirás.— Berkut aprovechó que Rinea estaba distraída conversando con las hermanas Jenssen para lanzar la broma.
—Haha.—
—Hm, deberían evitar ese juego.— Dijo Alm, negando pero sin molestarse.
—Yo creo que esto ya no es un juego.— Dijo Celica un poco cansada de eso. Puso el cable a tierra haciendo entender que el rubio Lancaster no era parte de los negocios prohibidos de esos dos.
—Bueno.— Berkut cambió de tema. —Estábamos llegando y escuchamos que tu hermano no pudo venir. Vaya, y todo esto era para él. Sin dejarte fuera, claro… ¿Cómo era tu nombre?— Preguntó engreído. Berkut era hijo único de una poderosa familia, misma fortuna que tenía Nathan, se comportaba sobradamente.
—Henry Lancaster.— Respondió sin titubeos el rubio como si al pronunciar su apellido y su nombre toda la vitalidad de la familia de la guerra de “los cien años” latiera fuertemente en él. Lancaster se hace de respetar.
—Ah, Henry. Creo que te recuerdo algo… Lamento mi memoria, pero si no me equivoco siempre preferías estar solo.—
—Creo que te evitaba a ti.— Dijo Celica.
—Por cierto.— Ignoró eso. —Ella es Rinea, es mi novia.— Presentó a la joven de cabellos celestes.
—Es un honor conocer a los amigos de Berkut.—
—Es un gusto.— Respondió Sharena por “todos”
Hasta allí, a Henry le parecía que la situación era soportable.
—No me toques.— Una chica de  cabellos rubios adornado en hermosos bucles llegó acompañada de un joven atractivo de cabellos de color azulado. La chica había gruñido a una muchacha que la había rozado. Después de que la rubia la descalificó en moda, fue hasta el grupo de jóvenes.
—…— Henry se mantuvo serio, pero por dentro se destruyó entero como si le hubiesen lanzado la bomba de Hiroshima en su interior. La conocía de sobra, era Maribelle, la prometida de su hermano. Si bien él no tenía el trato de compromiso con ella, se sentía tan destruido como Cain a su lado (?) esa chica era un demonio. Atrás estaba Marth, quien para Henry quedó anulado por la presencia de Maribelle.
—Oh, mi encantador hermano político. Que emoción que aceptaras la invitación.— Respingó la nariz, miró de un lado a otro. —¿Dónde está Richard?— gruñó.
—Estimada, lamentablemente tuvo un viaje de emergencia por razones de estudios.—
—¡BAH! ése siempre da prioridad a cosas absurdas. En fin.— Se sentó y exigió a un Garzón. Como llegó pronto, los presentes pidieron sus bebidas.
—Marth, que bien luces. Parece que has acaparado muchas miradas.— Dijo Celica, apuntando a ciertas chicas que no dejaban de mirar al peliazul.
—Hm. ¿Cómo estás, Celica?— Cambió el tema. Su amiga se rio por eso pero le contestó animadamente entablando conversación.
—Hola.— Finalmente, un joven de cabellos platinados y ojos rojos llegó allí. Venía con un… adolescente, de cabello gris y ojos del mismo color. —Lamento la demora. Eh, no pude dejarlo solo.— Dijo el mayor, de nombre Corrin, quien había tenido que traer consigo a su primo Daraen.
—…— El más joven se sentó sin más.
—Disculpen.— Corrin negó con la cabeza por la actitud del otro. Iba a ocupar un asiento pero un demogorgon salvaje (?) fue más rápido que él. Una chica de cabello rubio, corto, y muy refinada, se apropió de su asiento.
—Cariño, creo que tendrás que sentarse al lado de la chica rara.— Dijo ella, señalando despectivamente a Fjorm. Ella era Victoria, una integrante del grupo.
—Cuando dijeron que todos los miembros del club de Saint-Payns estarían aquí no bromeaban.— Corrin alzó las cejas, sorprendido. Luego tomó asiento donde la chica le había mandado (?)
—Victoria, querida, que desdicha que SÍ hayas llegado.— Dijo Maribelle.
—Por cierto,— Berkut se arrimó a Maribelle. —¿Richard sigue siendo el filántropo altruista y amigable chico de los tiempos de Eton?—
—¿Qué?— Maribelle chistó. —Si vieras como es hoy. Parece que el desgraciado se quedó mudo en el camino.—
—Hahaha.— Berkut soltó una carcajada. Siempre había tenido piques internos hacia Cain, aunque era unilateral (…)
—¡Ah! Lamento la demora.— Un guapo joven de cabellos azulados con terminaciones amarillas llegó. Saludó a todos brevemente y se sentó. —Ahhh siempre soy el que llega tarde y el último en llegar.— Suspiró, bajando la mirada. Él era Alfonse.
Henry lo recordaba un poco más que al resto (exceptuando a Maribelle y Marth) porque Alfonse era muy unido a Sharena. —No te preocupes. Además creo que falta aquel chico que me contó que estaban aquí. Veo que no ha llegado.—
—¿Rowen? ¿Estás loco?— Berkut arrugó la nariz. El mismo gesto de repulsión imitó Victoria.
—La pobreza no se puede mezclar con nosotros.— Dijo Victoria. —Ha sido desterrado.—
—¿…?— Henry mostró una expresión de confusión.
—Ay, pobre, no sabe lo que está pasando.— Victoria negó con la cabeza.
—¿Yo tampoco entiendo?— Alfonse dejo caer la cabeza hacia un lado, más confundido aún.
—La familia de Rowen tuvo en los últimos años pérdidas de dinero significativa. Lo cual los situó en estatus de millonarios normales.—
—¿Y nosotros que somos?— Preguntó Alfonse.
—MEGA millonarios.— Gruñeron Maribelle y Victoria al mismo tiempo, consternada por la ignorancia de su amigo.
—…O-k.— Alfonse prefirió meterle tema de conversación a Henry para pasar el susto.
—“Niños ricos”— Susurró Daraen, aburrido y cruzado de brazos en su sitio. Miró el vaso de jugo que su primo pidió por él. No le apeteció.
—Pero si tú eres un enano.— Dijo Berkut, quien estaba a su lado.
—…—

Todos los presentes se conocían desde niños. Aunque fuesen de distintos países y hablasen distintos idiomas y fuesen a escuelas distintas, eran parte de una sociedad secreta. Un club de elité. Los de “Saint-Payns” un club de chicos multimillonarios que era bastante restringido. Había sido fundado por sus ancestros hace siglo y sus padres fueron miembros también. Trataba de inculcar en los herederos el conocimiento para manejar los negocios familiares cuando estuvieran listos y fortalecer lazos con sus socios.
Por tiempos, pasaban temporadas todos juntos en un país cursando estudios de intercambios pero la cede “oficial” estaba en Inglaterra y la escuela a la que asistían era King's College of Our Lady of Eton.
En el caso de Henry no había podido seguir bien el hilo de la conexión con esos niños ricos porque su padre lo había inscrito tiempo después en la academia militar de príncipes (…) y tiempo después el mismo Cain se había apartado cuando fue a estudiar unos semestres a Japón.
Después de unos cuantos tragos y varias charlas. Henry recordó que tenía una misión…

—Por cierto, ¿Qué les trajo a todos aquí al mismo tiempo?—
—…— Los presentes intercambiaron miradas entre ellos. —Intercambio cultural, ¿no es lo mismo que tú?— Dijo Celica.
—¿Todos?— Evitó responder.
—Ahá.— Nat se llevó la aceituna del trago de Rinea a la boca la cual comió. —Cosas del club. Tú sabes, eso de adquirir conocimientos supremos y esas cosas. ¿Cómo íbamos a dejar que el Lancaster se nos adelantara en todo? y hasta a ti te movilizó. Así que nos pusimos de acuerdo y nos vinimos como grupo.—
—Ese maldito Lancaster… Siempre creyéndose misterioso y haciendo las cosas en solitario.— Dijo Victoria.
—Nuestro drama king favorito quiere llamar la atención. ¡Les dije!— Berkut formó una sonrisa socarrona y soberbia.
—Hmm… Richard no está por intercambio. Él terminó con éxito sus estudios. Llegó aquí por un proyecto científico y eventualmente está cursando su segunda carrera debido a esto.— Era raro llamar a su hermano por su primer nombre. —No lo tomen como si él los hubiera traicionado, por favor.—
—Es lindo que quieras protegerlo.— Dijo Maribelle, con sarcasmo. —Pero eso no lo libra de ser un desleal con nosotros. Tiene mucho que rendirnos para recibir nuestro perdón.—
—¿Perdón? ¿Y por qué?— Henry enarcó una ceja. Cualquiera diría que era frío y mirador en menos por su actitud, pero la verdad era que estaba desconcertado y preguntaba con la inocencia de un niño.
—Por ser tan arisco y pareciera que nos quisiera evitar de la nada como si tuviéramos alguna enfermedad grave y contagiosa, ¿Qué más?— Maribelle lo miró con rencor. —Creo que ser el chico de oro te hace superficial y no notas las cosas.— Dijo Maribelle, notó que Sharena le pedía que bajase sus revoluciones con la mirada. Pero Maribelle estaba ofendida. —¿Pueden creer que Richard y Henry Lancaster, los más nobles entre los nobles, los más empáticos entre los empáticos, nos desconocieron como familia y amigos? ¡Cuando hemos pasado nuestras infancias juntos! Navidades, matrimonios y demás.
—Maribelle…— Susurró Corrin.
—Déjala. Esto se pone entretenido al fin.— Le dijo Daraen a su primo, mirando con malicia la discusión.
—Yo y Marth y nuestra familia vinimos aquí y nos presentamos en su casa para el cumpleaños del más niño de los Lancaster y ¡Ninguno fue capaz de reconocernos! ni siquiera ese amable tío que tienen del que todas las colegiales hablan que desborda en bondad.—
—…— Marth sólo miró en silencio.
—Lamento ese suceso.— Pidió Henry. —En nombre de mi familia les pido disculpa a ti, a Marth, y a tu familia.— habló con humildad.
—¡Ah! ¡A mi no me engañas angelito!— Gruñó Maribelle. —Que algo debiste haber hecho para que mi prima, tu prometida, saliera huyendo del país para escapar del compromiso.—
—¿Yo?— Si ni siquiera había hablado con esa prima en el cumpleaños de Ciel ni posteriormente.
—Tal vez el Lancaster es un rompecorazones.— Bromeó Nat, mientras le robaba la aceituna, esta vez, a Celica.
—¿Qué tal si vamos a bailar? ¡La música está genial!— Propuso Celica. De inercia tomó a Alm se las manos y lo sacó a bailar.
—Henry, ¿me acompañas?— Sharena se había puesto de pie y le había tendido su fina mano al rubio. Henry la aceptó.
—Gracias por salvarme.— Le susurró cuando ya estaban en la pista y comenzaban a bailar.
—Hay que agradecerle a Celica, en realidad. Ella es creativa. Y Maribelle es algo paranoica.— rio.
—Pero algo de razón tiene… Es mi torpeza haber olvidado.—
—No te preocupes. Pasaste mucho tiempo viajando… Si hasta tuviste que ir a misiones de paz.—
—Parece que sabes de más mi que yo.—
—Haha.— La chica rio espontánea. Henry era distinto a muchos, y parecía ser tan distante e inalcanzable todo el tiempo, pero era de trato fácil de llegar. Notó que el chico se quedó viendo por sobre el hombro de ella. —¿Hm?— Sharena se giró un poco para ver de que se trataba.
—¿Ese no es Ryo Asuka?— Preguntó el rubio.
—Así es.— Sharena estaba sorprendida de verlo allí. —No sabía que lo habían invitado. Pensé que estaba realizando una investigación científica en Estados Unidos. ¿Será que también se ha venido de intercambio?—
—Es extraño, porque él ya se graduó prematuramente de la universidad al igual que mi hermano Richard.—
—O quizá está en la misma postura que Richard, y está investigando algo parecido en Japón.—
—Puede que así sea— Henry posó una mano sobre el hombro de Sharena. Buscó una excusa para liberarse de ellos unos segundos, y le llegó directamente al ver a Alponse sentado observándolos como si les stalkeara de lejos o esperara su oportunidad para bailar. —Creo que alguien quiere bailar contigo.— Sonrió. Apuntó al chico.
—Hm, puede ser... Pero con él puedo bailar todos los días.—
—Creo que me vendría bien un relevo. Quisiera librarte de mi torpeza rítmica.—
—Está bien.— La rubia sonrió.
—Agradezco la pieza concedida.— Dicho esto, Henry hizo una reverencia y se retiro. Instantáneamente Alponse se acercó a Sharena y ambos comenzaron a bailar.

Henry buscó un espacio apartado que le propiciara privacidad. Sacó su teléfono móvil y tecleó un mensaje. "Aquel chico extraño, Ryo Asuka, está aquí también. Todos están aquí." siguió escribiendo reportando a su hermano. Cuando terminó, volvió a la mesa y pidió una soda. Sólo estaría unos minutos más así que debía aprovechar de sacar información.
« Last Edit: June 26, 2018, 04:06:13 PM by Kana »


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #364: February 04, 2018, 11:48:57 PM »
Vengo con otro fic. Voy dejando la primera parte. Aw, escribí de la old gang, qué nostalgia~

Agradezco el tutelaje de Sayi, yay~ (?)

49.1.




Se terminó la semana laboral y llegó el sábado en la mañana. La hora en la cual todos habían quedado a la cima del monte del templo fue a las nueve de la mañana, lo cual significó un descanso esperado de un día de semana, pero todos terminaron adhiriéndose a lo planeado.

“Uwah…” Tomo dio un sonoro bostezo y se sobó sus ojos. “Uhh, me deben por esto.”
“No tenías que venir si no querías,” observó Roxas, con leve impaciencia.
“Tomo-chan, me vas a contagia-aaah…” Osaka terminó bostezando también. “Aw, ahora me ha dado sueño también…”
“¡Vamos! ¡Energías! ¡Este paseo será de lo mejor!” exclamó Urashima, estirando sus brazos hacia el cielo. “¡Hace tanto tiempo que no voy a un templo! ¡Y también hay tanta naturaleza aledaña! ¡Sé que Kamekichi anda tan emocionado como yo!” miró a su tortuga en su hombro. “No es verdad, ¿Kamekichi? ¡Espero que haya muchas tortugas silvestres con las que jugar!”
“Reimu-san nos dijo que sí había, pero tienes que calmarte, Urashima,” le pidió Horikawa amablemente, con una sonrisa. “Temo que tus energías asusten a los animales silvestres.”
“Ohh, hehe, perdón. Voy a contenerme,” sonrió incómodo y se llevó una mano a su nuca. “Es que, si bien me gusta la actividad en la ciudad, la naturaleza es mi verdadero ambiente.”
“Podría decir lo mismo, Urashima,” Nagasone asintió. Ellos se encontraban parados frente al templo, mientras esperaban a que Reimu, Marisa y Youmu salieran al terminar con algunos aperitivos para el picnic que se iban a dar. A su vez, todavía faltaban los invitados de Rizembool, así que les tocaba darles la bienvenida. El Kotetsu mayor miró detenidamente a aquel templo y sonrió con nostalgia. “De niño solía visitar templos con mucha frecuencia. A mi padre siempre se le ha dado por meditar, después de todo.”
“Hehe, sí le gustaría venir de visita algún día, es verdad,” Urashima asintió.
“Ohh, ¿en verdad?” Osaka se entusiasmó. “¡Tenemos que traerle!”
“El señor Kotetsu siempre anda muy ocupado. Espero que haya oportunidad pronto,” comentó Horikawa, con una sonrisa cordial.
“Bueno, supongo ya me tocará conocerlo, aunque su apariencia me intimida,” Tomo se encogió de hombros, indiferente.
“Pues, admito que sí es intimidante,” confesó Roxas, desviando su mirada.
“Aww, pero es lindo,” Osaka se conmovió. “Tiene una apariencia muy respetable y algo aterradora, pero sé que es bueno de corazón.”
“Hahahaha,” Nagasone se rió con ganas. “Ahh, no habría pensado que oiría a alguien decir eso de mi padre, aunque pienso que es verdad. Sólo es cuestión de que lleguen a conocerle, porque no es una persona abierta.”

Mientras ellos continuaron conversando, Cho se había apartado un poco del grupo y miraba fijamente hacia el camino del bosque que llevaba hacia las escaleras del templo, en lo que esperaba a los demás participantes del recorrido.

“Ya no deben tardar en llegar, aruji,” comentó Kashuu, fielmente a su costado como era usual. Él le miró de reojo. “Pero por tu expresión, comprendo que eso no es lo que te tiene expectativa.”
“No lo es…” Cho negó frustrada. “Lo siento, sé que ya no debería estar pensándolo tanto, pero me es inevitable…”
“Si bien te ando dando dicho recordatorio, tampoco es mi interés hacerte sentir en falta,” le sonrió comprensivamente. “Es completamente normal que el recuerdo de tu exRebel te inquiete tanto, y es un tema difícil con el cual lidiar.”
“Sí…”
“Pero ya han sido un par de días y aquel exRebel no se ha aparecido frente a nosotros ni nada sustancial ha cambiado en tu alrededor, aruji. Te aseguro que no tienes de qué preocuparte. Osaka nos reportó que él ya no está afiliado a Rizembool, y que parece más bien en contra de su previa institución.”
“De todos modos, Osaka quería que le fuera a ver, y nos dijo que Riku también esperaba hablar conmigo dentro de poco…”
“¿Y cuál es tu opinión sobre ello?”
“Yo no tengo nada que decirle,” declaró Cho con suma tranquilidad y decisión. “No habremos tenido una buena relación para nada, pero él ha sido mi pasado todos estos años. Eso no lo pienso cambiar, y tampoco pienso tratar de ser una amiga de él. Es innecesario revisarlo más.”
“Te veo cometida a ese punto de vista, y también dicho fantasma del pasado no te afecta ni te da algún sentimiento desmedido. En verdad ya habías cerrado dicho capítulo,” Kashuu se encogió de hombros, con un gesto de alivio. “Entonces todo está bien, aruji, pase lo que pase.”
“Kashuu…” le miró de reojo, un tanto sorprendida.
“Me tienes a mí, y tienes a toda tu familia y amigos. No hay motivo por el cual un fantasma deba hacerte dudar y sentir vulnerable. Eso es todo.”
“…” Cho esbozó una sonrisa y asintió. “Gracias, necesitaba oírlo.”
“Para eso estoy aquí,” sonrió autosuficiente y entonces vio a unas tres personas acercarse desde el bosque. Los invitados comenzaban a llegar.





“Oh, ahí están,” observó Tsurumaru, quien sacudió su mano con una sonrisa. “¡Buenos días!”
“¡Oh! ¡Qué alegría de verte!” exclamó Osaka, quien se acercó para encontrarse con el chico. “Hehe, me sorprendí cuando dijiste que venías.”
“Mis kouhais están yendo a un paseo en medio de un bosque, así que supuse que les acompañaría,” sonrió entretenido. “Y no me viene mal caminar para despejarme.”
“Eh, buenos días,” Cho también se acercó acompañada de su arma. Se le veía un poco confundida de encontrarse con el peliblanco, aunque era evidente que él estaba de un buen humor y con intenciones de pasarla bien. De todos modos, no le sorprendía notar que Kashuu mantenía un mínimo recelo en su expresión.
“¡Yo, HiME!” le saludó con un movimiento de dedos. “¿Sorprendida de verme?”
“Sí… no te imaginaba del tipo que se apuntaría a algo así… ¡ehh, no que haya algo malo en que hayas venido, en verdad que no!”
“¡Hahaha! Tranquila, esperaba una reacción de desconcierto, pero deberías alegrarte porque las sorpresas son muy positivas para la vida,” le dio un guiño. “Hay que aprovechar el día, ¿sí?”
“Pese a tu apariencia sospechosa, sí te ves agradable,” observó Kashuu, alzando una ceja.
“Soy perfectamente inofensivo, descuida,” alzó sus palmas a manera de mostrar que no tenía nada que esconder. “Y tú eres…”
“Kashuu Kiyomitsu. Soy el arma de mi aruji,” contestó con una sonrisa confiada y llevando su mano derecha a su pecho para expresarse con una mínima presunción.
“Ohhh…” dicha introducción sorprendió de sobremanera al peliblanco, quien agarró aquella visible mano del arma y la sacudió en un gesto de saludo. “¡Genial! ¡Había escuchado de Childs y armas con apariencias humanas pero es mi primera vez conociendo una! ¡Haha, mucho gusto!”
“O-oye, suéltame,” el otro se vio perplejo por la emoción de aquel relajado senpai y terminó soltándose con gran desconcierto. “¿Qué haces?”
“Hahaha, perdón, es sólo que me encantan las sorpresas,” él entonces vio que terminó de llamar la atención de los demás presentes.
“¡Ohh, eres el senpai del otro día!” exclamó Urashima, sorprendido.
“Es un gusto volverte a ver,” Horikawa dio una reverencia.
“Sí, lo mismo digo,” Tsurumaru sonrió con ironía. “¿Quién imaginaría que resultaron tan cercanos a este grupo de Hanasaki? El mundo es bastante pequeño.”
“Ehh, ¿y tú quién vendrías a ser?” preguntó Roxas.
“Mi nombre es Tsurumaru Kuninaga, y soy el senpai de Mai quien vendría a ser tu prima, si no me equivoco. Mucho gusto.”
“Sí… yo soy Roxas,” alzó una ceja con leve recelo.
“¿Qué sucede? ¿Causo tanta rareza con mi aparición?”
“Pues, te ves como un Rebel, nada más…” desvió su mirada.
“Haha, aprecio tu honestidad, aunque te aseguro que vengo en son de paz. Me gusta divertirme por encima de todo lo demás.”
“Te expresas con honestidad, y todos venimos con la misma misión,” el Kotetsu mayor le extendió una mano. “Yo soy Nagasone Kotetsu.”
“Creo haber oído de ti, es un gusto,” Tsurumaru le estrujó su mano y sonrió animado. “Veo que no seré el único mayor a cargo de los demás.”
“¡Haha! Aparte de Urashima, pienso que todos aquí son bastante responsables. Yo no me preocuparía tanto de ser un supervisor.”
“Uhh, Nagasone-niichan…” su hermanito se desanimó por la mención.
“Se están olvidando de Osaka,” agregó Tomo, quien miró de reojo a su distraída amiga.
“¿Eh? ¿Dijiste algo, Tomo-chan?”
“Nada, sólo probaste mi punto.”
“Ehh…”

A un costado del grupo que dio la bienvenida al asesor con los brazos abiertos, las kouhai miraban a los demás sin saber cómo presentarse.

“N-no creo que pueda competir con la presencia de Tsurumaru,” comentó Yukko, frustrada.
“Obviamente no,” Mai se ajustó sus gafas. “En fin, al menos nos quita el foco de encima.”
“¡Mai-chan, no te quedes atrás!” Osaka justo se percató de su primita y le agarró de un brazo para jalarla hacia Horikawa y los hermanos Kotetsu. “Chicos, esta es mi primita Mai de la que les hablé. Espero que se lleven bien.”
“Estaba bien pasando desapercibida, Ayumu…” negó.
“¡Mucho gusto, yo soy Urashima Kotetsu! ¡Y te presento a mi tortuga Kamekichi!” dijo efusivamente mientras le extendía su mascota. “¡Hehe, qué divertido es tener tantas primas!”
“A mí no me resulta tan entretenido,” ella negó pacientemente, y miró al otro chico a su costado con leve expectativa.
“Yo soy Horikawa Kunihiro,” se presentó rápidamente y con una leve reverencia. “Oh, veo que traes una funda en la espalda. ¿De casualidad también serás una kendoka?”
“No,” Mai se sacó dicha funda y para sorpresa de la mayoría sacó una escopeta. “Como habían dicho que iríamos a un paseo agreste, supuse que probaría mi suerte cazando algún pato, en caso que me tope con alguno.”
“O-oye, creo que las especies de pato de la zona están protegidas,” comentó Nagasone.
“Soy una estudiante de ciencias de Rizembool. Nosotros no sabemos esas cosas.”
“¡Hahaha! Como era de esperarse de mi estimada Mai,” Tsurumaru se puso a reír. “También es muy probable que no nos encontremos con nadie, pero procura no causar muchos líos, ¿sí?”
“Mai-chan es una excelente francotiradora,” explicó Osaka con los ojos brillantes. “Maneja armas de fuego desde pequeña y ha logrado apuntar con precisión a todos los blancos que solía prepararle, por eso sé que será responsable.”
“Eso más que nada nos deja saber que es letal, no necesariamente responsable,” Tomo alzó una ceja y se encogió de hombros. “En fin, no que nos fuera a apuntar a nosotros, ¿cierto…? ¡AHH!” se asustó al notar que Mai la tenía en la mira con su arma a menos de veinte centímetros.
“Vivimos en una guerra, no te confíes,” le dijo inmutada.
“¡N-No me apuntes, maldición!”
“Hehe, Mai-chan tiene un gran sentido del humor,” Osaka sonrió distraídamente.
“¡Y tú no la apoyes, Osaka!”
“Oookay, atrás, Mai,” Tsurumaru tomó la escopeta con una sonrisa relajada. “Por estas cosas estoy aquí. No quiero que mates a nadie mientras esté presente, ¿de acuerdo?”
“De acuerdo,” Mai asintió. “Esperaré a que nos dispersemos.”
“¡Hahahaha! ¡Bien dicho!”
“¡Ahh, malditos!” reclamó Tomo.

Varios se rieron mientras los Kotetsu intercambiaron miradas confundidas por notar lo distinta que Mai era de Osaka pese a parecer casi gemelas.

“…” y por su lado, Yukko se deprimió al notar que era la única sin una considerable presencia, aunque no tuvo que preocuparse ya que Horikawa se le dirigió amablemente.
“¿Y cuál es tu nombre?”
“Oh, eh, Y-Yukko Aioi, mucho gusto.”
“Igualmente, espero que tengas un día agradable en el paseo.”
“Sí, gracias,” asintió más animada.
“Yukko es la Muggle del grupo así que les aseguro que es inofensiva,” dijo Mai, inmutada.
“Uhh…” eso la volvió a deprimir.
“Me cuesta creer que seas prima de Osaka,” comentó Roxas, con recelo.
“Lo sé,” ajustó sus gafas. “Y a mí me cuesta creer que seas el hijo perdido de tu familia por alrededor de veinte años. Creo que, entre las dos cosas, lo tuyo es más increíble.”
“O-oye, no lo digas con tanta libertad,” se incomodó.
“Ya puedo comprender que te gustan hacer comentarios pesados, pero ten cuidado con lo que dices,” observó Nagasone, quien pese a lo que Mai había dicho no se notaba afectado y sólo le daba un consejo general. “Nunca sabes lo sensible que puede ser una situación.”
“…” asintió. “Poco a poco se acostumbrarán a mis bromas, así que no me preocupo.”
“¿Y dónde está Hotarumaru?” preguntó Cho.
“Hotaru-bou nos envió un mensaje diciendo que se iba a demorar un poco y que nos daría el alcance,” contestó Tsurumaru.
“Debe estar por llegar considerando que tuvimos que detenernos en varias partes de la larga escalera para que Hanasaki-chan recupere el aliento,” Mai se encogió de hombros.
“Es evidente que no estoy en buena forma…” se lamentó la mencionada.
“Por algo dije que eres la Muggle.”
“D-deja de decir eso, por favor…” frunció el ceño.
“A mí me escribió diciéndome que va a venir con una persona más,” comentó Osaka, emocionada. “Ya quiero ver de quién se trata.”
“Estoy segura que no se trata de su guardián. No lo veo dispuesto a subir todas esas gradas ni a caminar en un bosque,” dijo Mai.
“Sí, Akashi nunca vendría a un paseo como este y menos un sábado en la mañana,” Tsurumaru se encogió de hombros y se puso a pensar. “Así que no es él. Nagisa-bou es un cero a la izquierda en la intemperie y si yo no traje a Monaca-chan nadie más lo va a hacer. Tampoco suena a que sus otros amigos vendrían con tan poca antelación, así que sólo queda una persona.”
“¿Quién?” preguntó Yukko, intrigada.
“Están por conocerlo, sé paciente,” él se vio entretenido. “Quiero ver cómo se llevarán con él.”






Entonces, el grupo fue llamado la atención cuando Reimu y sus amigas salieron de la puerta principal del templo con los aperitivos listos y empaquetados. Las tres de inmediato intercambiaron introducciones con los demás y rápidamente se integraron al grupo, a excepción de Youmu quien nuevamente se mostraba un poco huraña ante la presencia de personas de Rizembool, especialmente del peliblanco.

“¡Ohh, te sienta mucho el atuendo de miko!” exclamó Urashima, haciendo una v con sus dedos hacia Reimu. “¡Eres una miko natural!”
“Hehe, gracias por el cumplido,” Reimu sonrió gustosamente y regresó su atención a los recién llegados. “Me alegro que hayan decidido acompañarnos. Siéntanse siempre bienvenidos de venir a visitar, que este templo es un lugar de meditación y sanación, y me encuentro en una plena restauración para brindar mayor comodidad a todos los visitantes.”
“Eres admirable,” Yukko se impresionó. “Hehe, subir todas las gradas fue difícil, pero sí quisiera regresar uno de estos días.”
“Sí es complicado subir hasta la cima del monte, pero es parte de la experiencia. Es muy bueno para tu salud y para tu espíritu,” Reimu asintió mientras irradiaba gran sabiduría.
“Oye, se ha puesto su traje para dar una buena impresión y conseguirse más benefactores, ¿no?” susurró Tomo a Marisa.
“Sí, obvio que lo haría porque ni loca se va a ir a este paseo con su traje de miko,” le contestó Marisa en voz baja. “Y ya sabes lo ambiciosa y desesperada que Reimu es con el dinero.”
“Fue evidente para mí, pero gracias por la confirmación,” se les unió Mai. Las tres notaron que la miko les miró de soslayo con impaciencia.
“Ehem, tenemos que repartirnos estos aperitivos. Yo no los podré cargar sola,” dijo Youmu, quien sostenía varios contenedores de madera envueltos pulcramente en tela.
“Ah, permíteme,” Horikawa se le acercó y se llevó un par.
“Yo también tengo un equipaje ligero, te ayudo con uno,” Tsurumaru se acercó y notó la incomodidad de la peliblanca. “¿Qué pasa? ¿También te parezco Rebel?”
“…me inquieta más que lo reconozcas con tanta indiferencia,” desvió su mirada.
“Hahaha, es que no es un caso aislado, pero descuida, vengo en son de paz. Mi misión es ser un senpai responsable en este paseo. Puedes confiar en mí,” asintió con ánimos y un aura amigable.
“Descuida, Youmu-chan, todo está bien,” le aseguró Osaka.
“Sí, seguramente que sí…” la HiME peliblanca se resignó y dio un suspiro, para entonces aceptar la ayuda que le ofrecía el visitante.
“Espero no haberles hecho esperar mucho, es que la preparación de los bocadillos nos tomó más tiempo del que pensamos,” dijo Reimu.
“Acabamos de llegar, está bien,” Yukko asintió.
“Y aparte de ver cómo Tomo fue apuntada por una escopeta, no te pierdes de mucho,” agregó Kashuu, encogiéndose de hombros.
“Ohh, ¿en verdad pasó eso? Me lo perdí…” Reimu se vio genuinamente apenada por ello.
“Pinche miko, no te alegres de las penurias ajenas,” le reclamó Tomo.
“Verdad que andas trayendo un rifle,” Marisa se acercó a Mai para mirar dicha arma. “¿Qué piensas hacer con eso?”
“Vengo a cazar patos,” contestó sin dar rodeos.
“Ehh, preferiría que no lo hicieras. No creo que esta sea zona de cacería,” comentó Reimu, sonriendo incómoda.
“Sólo si aparecen,” Mai se encogió de hombros.
“T-te digo que no lo hagas…”
“¿Ya somos todos?” preguntó Youmu.
“Falta un invitado más, pero está por llegar,” le informó Cho.

Justo entonces, el grupo notó que dos niños se acercaban caminando por el camino proveniente de las escaleras. Ahí la mayoría de los presentes reconoció al pequeño Hotarumaru, quien cargaba una mochila sobredimensionada y venía acompañado por otro niño pelirrojo más alto que él que era desconocido por casi todos. Este también traía un considerable equipaje. Los dos se apresuraron en dar el alcance a los demás.







“Hola a todos, siento la tardanza,” dijo el pelicenizo mientras hacía una reverencia. Él pasó a sonreír alegremente. “Les presento a-”
“Déjame introducirme, Hotaru,” el pelirrojo dio unos pasos hacia delante y se apuntó a sí mismo con un pulgar. Dicho gesto señaló que poseía una personalidad desenvuelta, fuerte y muy segura de sí mismo. “¡Yo soy Aizen Kunitoshi! ¡Mi nombre se deriva de la deidad protectora Aizen Myou’ou que ilumina mi camino! ¡Es un placer!”
“Debí haber esperado una introducción tan elaborada como esa,” Tsurumaru sonrió. “Ha sido un tiempo, supe que te anotarías.”
“No me presto para cosas serias de la universidad, ¡pero un paseo en medio del bosque es justo lo que haría!” exclamó con muchas energías. A diferencia de Hotarumaru quien sin lugar a dudas pintaba toda la imagen de un pequeño calmado y meditativo, Aizen poseía una voz más grave, poderosa y retumbante con una fuerza de voluntad que sobrepasaba sus pocos años de edad. Debido a ello, los dos parecían los completos opuestos. “¡Pero ya fue suficiente de mí! ¡¿Quiénes son ustedes?!”
“Oh, eh, mi nombre es Yukko Aioi,” se aventuró a presentarse, animada. “Hehe, te ves como un niño muy energético. Pienso que te complementas muy bien con Hotarumaru.”
“Supongo, pero ya pronto estaré dejando de ser un niño. ¡Yo soy muy fuerte!”
“…” Mai miraba a aquel pelirrojo como si analizara a un bizarro insecto, sin saber qué decir.
“¿Qué sucede?” le preguntó Tsurumaru, quien se veía entretenido.
“Intento descifrar cómo nuestra pequeña cosa adorable favorita ha elegido ser amigo de un ser completamente incompatible y distinto a él…” comentó meditativa.
“¿Qué cosas dices, Mai-neechan?” Hotarumaru ladeó su cabeza. “Vamos, Kunitoshi es una muy buena persona. No se retraigan y preséntense, por favor.”
“¡Por supuesto!” Osaka se apuntó. “Llámame Osaka, así es como todos me conocen.”

Ello comentó con otra larga y tediosa presentación de todos los participantes del paseo, y Aizen comenzó a llevarse bien y congeniar con todos, quienes aceptaron su desenvuelta y entusiasta manera de ser sin problemas.

“¿Qué están cargando sobre sus espaldas?” preguntó Marisa.
“Comida. Nos tardamos un poco para tenerlo todo listo,” reportó Hotarumaru.
“Sí, es que tanto Hotaru como yo tenemos apetitos muy voraces,” agregó Aizen. “¡Y descuiden, que hemos preparado de sobra para compartir con todos ustedes!”
“¡Hehe, muchas gracias por eso!” exclamó Urashima, animado.
“También hemos traído bocadillos,” comentó Horikawa. “Espero que sean de su agrado.”
“Estoy segura que sí, si tú eres quien lo preparó,” Cho sonrió.
“Ah, antes de partir, tengo que cambiarme de atuendo. Siento las molestias,” dijo Reimu, sonriendo incómoda. “Ahora vengo.”
“Oh, eh, ¿puedo pedirte un favor?” pidió Yukko, juntando sus palmas. “¿Podrías guardarme la muda de ropa que traje?”
“Claro, me sorprende que hayas traído una muda de ropa.”
“Sí, eh… pues tiendo a tener muy mala suerte a donde vaya, así que traje una muda porque es probable que me desbarranque o me caiga al lago, o algo así… y por ello prefiero no llevarla conmigo para que no se ensucie en el trayecto.”
“Suenas extrañamente preparada,” Tomo alzó una ceja.
“Conociendo su mala suerte, es simplemente vital,” Mai se encogió de hombros.
“Aunque si te andas preparando y anticipando desastres, es como si lo invocaras en ti misma,” comentó Tsurumaru.
“Uhh, espero que no sea el caso,” Yukko negó.
“No te preocupes, dámelo y lo guardo por ti,” se ofreció Reimu. Así, ella recibió una pequeña mochila adicional que Yukko había estado cargando consigo y entró al templo. Mientras la esperaban, se formaron pequeñas conversaciones entre todos.
“Dime, ¿cómo así te conoces con Hotarumaru?” preguntó Yukko a Aizen. La chica se notaba animada e intrigada por saber.
“No necesitas preguntar,” dijo Mai antes de darle la oportunidad del pelirrojo de contestar. “Ya conocemos a dos amigos del middle school de Hotarumaru. Este chico debe ser igual.”
“Tengo curiosidad, es normal que pregunte,” Yukko hizo un puchero, aunque temía que lo más probable era que Mai tuviera razón.

Pero estaban por averiguar que no era así…

“Hotaru es mi hermano menor,” contestó Aizen, encogiéndose de hombros.
“W-wait…” la inmutabilidad de Mai se quebró por un muy corto instante de tiempo.
“Hahaha, quería ver cómo ibas a reaccionar ni bien te enteraras,” comentó Tsurumaru. “Y efectivamente no he sido defraudado.”
“¿Son hermanos? ¿En serio?” Yukko también estaba sorprendida.
“Es como si fuera difícil de creer,” Hotarumaru ladeó su cabeza.
“Lo es, al menos con el perezoso de tu guardián lo comprendo por el aura de Rizembool y porque tienen el mismo color de ojos,” dijo Mai cruzada de brazos. “Demando explicaciones.”
“¿De qué explicaciones hablas? Sólo somos hermanos y ya,” Aizen se extrañó. “No andes poniendo peros, así es.”
“Hehe, es sólo que es un poco sorprendente, es que…” Yukko comenzó a explicarse con una sonrisa inquieta y con delicadeza, pero Mai tomó la palabra y fue más contundente al respecto.
“No sabía que existías,” sentenció con una severa mirada.
“¿Qué dices?” el pelirrojo fue un poco sacado de cuadro.
“Supimos rumores sobre el irresponsable guardián antes de conocerle y le hemos visto lo suficiente para comprender que es familia de nuestro Hotarumaru, pero de ti ni supimos tu existencia y eso que estamos cerca de exámenes finales al final del semestre. Hotarumaru en ningún momento te mencionó,” continuó Mai.
“Ehm, supongo que no lo hice…” el pelicenizo se vio incómodo y bajó la mirada.
“¿Hablas en serio?” Aizen se enfadó. “¿Mencionaste a Kuniyuki y no a mí?”
“Y esa es otra cosa más,” agregó Mai, mirando al pelirrojo fijamente. “Me cuesta creer que en verdad sean hermanos porque son distintos. Es como si los dos hubieran sido criados en universos apartes y pertenecieran a distintas clases sociales.”
“Mo…” Hotarumaru se sorprendió por aquella mención.
“O-oye, Mai…” Tsurumaru pasó a inquietarse por esas palabras.
“Bueno, supongo que serán medios hermanos al igual que con el guardián,” la cuatro ojos se encogió de hombros, indiferente. “No tienen por qué ser tan parecidos.”
“En verdad somos hermanos de padre y madre. ¿Qué haces juzgándonos?” reclamó Aizen, molestándose más con la chica. “Tú no eres parte de nuestra familia como para comprender.”
“Sólo expreso mi desconcierto,” Mai se ajustó las gafas. “No saliste como Hotarumaru. Tú no eres adorable, más bien eres muy ruidoso. Pareces salido de un mercado.”
“¿Q-qué dices?”
“…” Hotarumaru ensanchó sus ojos ante dichas palabras y miró a Mai con un poco característico filo en su mirada, como si fuera un animal de presa que reconocía a un posible enemigo.
“Ihh…” Yukko nunca pensó que su hermoso amigo pudiera producirle tantos escalofríos.
“Mai, detente de una vez,” le aconsejó Tsurumaru, quien negó frustrado.
“¿Hm?” ella miró al peliblanco mientras esperaba explicaciones, pero primero terminó por escuchar al pelicenizo.
“Discúlpate…” le pidió Hotarumaru con una desconcertante tranquilidad. La mayor notó que el pequeño le miraba atenta y extrañamente inmutado, aunque con una gran intensidad mientras comprimía sus puños. La tranquila voz del pequeño también se había vuelto un poco más grave y seca, y perdió su característica dulzura.
“Hotaru…” incluso Aizen se vio sorprendido por la molestia en su hermano menor. “T-tranquilo. Se nota que la tipa es una pesada, pero no es nada con lo que no haya lidiado antes. No tienes que meterte en esto.”
“No…” Hotarumaru negó sin dejar de mirar a Mai. “No dejaré que nadie te menosprecie, Kunitoshi. No me importa quién sea…”
“…” Yukko se había quedado sin palabras, y le aliviaba un poco que los demás no se hubieran percatado de la discusión por estar inmersos en sus conversaciones personales. La presente situación le hizo recordar cuando Tsurumaru le comentó sobre el instinto protector que Hotarumaru desarrollaba con sus seres queridos. Temía que algo fuera a desencadenarse.
“Perdón, reconozco que sí me pasé…” Mai negó y desvió su mirada. Sus ojos sí reflejaron un dejo de tristeza y arrepentimiento. “Digo lo que pienso sin filtro, pero no es mi intención ofender. La revelación se prestó para tanto escepticismo.”
“…” Hotarumaru deshizo aquella pasiva molestia en una mirada de incomprensión y desconcierto. “No siempre logro entenderte, Mai-neechan. Comprende que tus palabras pueden ser muy hirientes, y yo no quiero que nos peleemos… por favor…”
“No tiene que ser así,” Mai asintió y al juzgar que el amargo del pequeño había pasado, aprovechó para acercarse y revolverle los cabellos en señal de tregua entre los dos. “Está bien que digas lo que te parece.”
“Ten más cuidado, por favor…” le pidió mientras le miraba nuevamente con esos ojos curiosos en lo que Mai terminaba de acariciarle.
“Aun no entiendo cómo hablaste de Kuniyuki y no de mí,” Aizen alzó una ceja.
“Oh, estoy seguro que yo fui quien mencioné a Akashi, no lo pienses demasiado,” Tsurumaru sonrió con ironía. “Ya sabes que Hotaru-bou es muy reservado y de pocas palabras. Ni mencionó a Nagisa-bou ni Monaca-chan antes que estas chicas los conocieran en persona.”
“Supongo eso tiene sentido,” negó exasperado. “Que ni mencionara a Nagisa preocupa.”
“Eh, no habré visto la necesidad de mencionarles…” Hotarumaru terminó haciendo una reverencia hacia su hermano. “Perdón.”
“Oye, ¿qué te andas disculpando conmigo? Ni que fuera tu superior,” frunció el ceño. “Sólo exprésate un poco más, eso es todo.”
“Lo haré~” le dio un juguetón saludo militar.

En ese momento, Reimu regresó y todos comenzaron a hablar para ponerse de acuerdo sobre la trayectoria, ya que la miko había llegado con un amplio mapa de la zona. Los pequeños hermanos también se acercaron para oír sobre los planes con gran curiosidad, y aquello le dio una buena oportunidad a Tsurumaru de explicar a su par de kouhai lo que había sucedido.

“Evadiste una peligrosa mina, Mai,” comentó el peliblanco, cruzado de brazos, mientras miraba a los dos pequeños integrarse a los demás sin problemas. Él negó un poco. “Estuvo cerca.”
“Suena a que sabes algo importante,” comentó Mai, inmutada.
“Sé que la principal razón por la cual Hotaru-bou no aprueba del todo a Monaca-chan es porque ella siempre para burlándose de su hermano. Además, tus comentarios sobre Aizen-bou siendo de otra clase social es un tema muy recurrente y por lo tanto tabú para ellos. El pobre pelirrojo ha sufrido discriminación toda su vida porque salió más a su humilde lado materno, mientras que Hotaru-bou es la imagen viva de su impecable e idóneo padre.”
“S-suena muy delicado,” Yukko estaba impresionada por toda esa información. No quería ni imaginarse el estado de esa familia.
“Pienso que es injusto que no nos hayas dicho esto de antemano,” Mai frunció el ceño, visiblemente molesta por recién enterarse. “Es tu culpa que Hotarumaru se molestara conmigo.”
“No, no, es tu culpa por no medirte. Agradéceme que te detuve,” se encogió de hombros.
“Uhh…” Yukko se afligió. “Espero que ellos no tengan tantos problemas familiares por esto…”
“Pues, no seré yo quien se los diga, aunque el hecho que los tres hermanos tienen apellidos distintos les debe dar una vaga idea,” Tsurumaru negó. “Pero, pese a todo, en el presente creo que son lo más funcionales y felices que han podido ser. Yo no me preocuparía demasiado.”
“…” las dos chicas intercambiaron miradas y le miraron con leve incomprensión.

La reunión frente al templo terminó ni bien todos caminaron en dirección hacia el sendero que les llevaría al recorrido del día. Pasearían en conjunto hasta llegar al lago, donde cada quien podría darse un pequeño periplo por los distintos caminos que se originaban de ahí, y luego de un picnic estarían regresando para el atardecer, momento en el cual Reimu les invitaría té dentro del templo antes de ir de regreso a casa. A partir de ese instante, sería un día bastante agradable e interesante para todos los presentes.



Después del paseo del día anterior, Larsa fue nuevamente invitado por la madre de Sora a manera de compartir un tranquilo desayuno por una concurrida alameda en el centro de la ciudad. Si bien la señora pensaba quedarse un par de días más, Larsa no tendría tiempo para entretenerla, por lo cual sólo contaban con aquella ocasión para una despedida. El chico hizo un esfuerzo sobrehumano para pedirle a su mayordomo que no le acompañara bajo la promesa que no le tomaría mucho tiempo cumplir con la formalidad, y debido a unos planes que Dakki ya había hecho con Yuyuko para ese día había llegado sólo con Ryo. Por ello, sabía que el encuentro sería más tranquilo y espontáneo.

Claro, quedaba el hecho que la madre de Sora seguía siendo la madre de Sora.

“Termina de comer tus pancakes de plátano y fresas, lindo Larsa~” canturreó Julie, mientras su invitado miraba perdidamente a esa torre de pancakes de la cual sólo había comido el de encima.
“Uhh… intentaré comer un poco más…” dio un pesado suspiro y negó. “No entiendo cómo la gente se acostumbra a comer tanto volumen de carbohidratos para el desayuno.”
“Asumo que nunca has pisado los Estados Unidos,” Tomaj rió un poco.
“Sinceramente no es saludable, aunque admito que extrañaba desayunos así,” Riku negó, pero se vio mínimamente entretenido.
“Y estos postres son tan hermosos. Nunca hubiera imaginado que los japoneses hacían pancakes bailarines,” la madre de Sora levantó su plato y lo movió para volver a admirar la torre de panqueques vibrar y moverse a su ritmo. “¡Me encantan! ¡Tengo que tomar más fotos!”
“Mamá, ya hasta subiste un video,” le recordó Sora, frustrado. “La gente nos está mirando.”
“Hehehe, déjala divertirse, Sora,” dijo Kytes, sonriendo.
“Ese es el problema. No para de divertirse.”
“Ya estás sonando a tu padre, Sora. No te quejes o te saldrán arrugas.”
“¡No me digas eso, mamá!”
“…” Larsa miraba a su amigo reclamarle a su madre y los demás divertirse. Aquella señora se comportaba como si estuviera tratando con gente de su propia edad y se le veía muy cómoda en compañía de todos los presentes.
“Te ves pensativo,” dijo Ryo a su costado.
“Es sólo que se me hace indescriptible,” Larsa negó y sonrió un poco. “Yo nunca le habría hablado así a mi propio padre y pese a haber tenido amigos de la infancia, tampoco fui tan cercano a ellos del modo en que Sora lo es con sus amigos. No me voy a quejar, realmente valoro haber conocido a Dakki, por más que los demás no piensen que seamos compatibles.”
“Entiendo lo que dices,” el peliblanco asintió, animado de ver a su amigo entretenido con ese tema en vez de incomodarse por la informalidad de la situación. “Mi familia también fue opresiva en su mayoría, pero sí tengo recuerdos gratos de mi mamá. Luego de que ella falleciera recuerdo a mi tía ser muy amable conmigo cuando la veía. Es un sentimiento distinto y agradable, pero tampoco me puedo quejar, como lo dices.”
“Me considero afortunado, pese a todo,” dijo Larsa, sonriendo tranquilamente. “Es sólo interesante cómo así veo a la señora Aoi tratar con Sora y sus amigos como si todos fueran iguales y como si no existieran etiquetas que seguir.”
“Sí, ¿verdad?”

Entonces ellos se sorprendieron al recibir un abrazo sorpresa desde detrás de sus sillas. No se percataron que Julie les había oído mientras los otros chicos conversaban entre sí y, conmovida, decidió darles un poco de calidez maternal.

“¡Ahh, no sabía que los dos habían sido privados de sus madres y provenientes de familias tan frías y formales! ¡Vengan aquí, mis preciosos!” exclamó mientras les apachurraba.
“S-señora, no es necesario, por favor suélteme,” dijo Larsa, visiblemente incómodo. Él vio a Ryo también algo confundido, pero a diferencia de sí mismo lo estaba tomando con gracia.
“¡Tomaj, tómanos una foto, por favor!”
“Enseguida~” este rió un poco y sacó su cámara para cumplir con el deseo antes que las dos víctimas del abrazo fueran a librarse. De ahí vio su toma con la señora sonriendo radiante, Larsa avergonzado y mirando a un costado y Ryo riéndose y haciendo una v con sus dedos.
“Ohh, qué lindo, pásamelo por favor,” le pidió Kytes.
“Sí, y a Osaka, y Dakki es un must…” Tomaj ingresó a las conversaciones de Whatsapp.
“…” Larsa le miró torturado.
“¡Y a mí! ¡No te olvides de mí!” exclamó Julie luego de soltar a los chicos.
“Mamá, en serio…” Sora estaba en pleno facepalm por cubrir su rostro de la vergüenza que sentía en ese instante. “Es una cosa que los vengas a conocer y otra que hagas el ridículo, ¿por qué no lo entiendes?”
“Pero ya dije que Larsa es parte de la familia. Y ahora Ryo hermoso también, no te excluiré,” dijo mientras daba un guiño al peliblanco.
“¡Ahh, ¿por qué sigues?!”
“No la vas a detener, Sora. Mejor no te hagas mala sangre,” Riku negó.
“Y quiero resaltar que todos somos iguales aquí,” dijo Julie, apuntando hacia Larsa. “Entiendo ese respeto por los mayores, pero eso no debería poner una pared entre nosotros, y mucho menos ahora que todos ustedes tienen mayoría de edad. Pienso que todos somos amigos y espero que lo puedas comprender.”
“Lo entiendo… es complicado que lo vea así, pero consideraré sus palabras,” asintió respetuosamente y se levantó. “Ehm, disculpen, he visto que Jakob ha intentado llamarme. Voy a salir un momento.”
“¡Te esperamos~!”
“Ya que sales, ¿me puedo comer tus panqueques si ya no los quieres?” preguntó Ryo, sonriendo.
“S-si gustas, si no te es extraño tomar comida ajena,” Larsa le miró con incomprensión.
“Haha, no seas tan formal. Lo digo también porque no te ves con cara de querer terminar.”
“Ya… como gustes…” dio un suspiro. Debía admitir que le hacía un favor.
“Oh, Riku y yo tenemos que salir un rato,” dijo Tomaj.
“¿Eh?” el peliplateado miró al otro confundido.
“Sí, tú ven nomás,” le jaló.


Con ellos fuera del mapa, Sora se sintió un poco más despejado como para dejar el facepalm detrás. Con Ryo comiendo los panqueques y Larsa ausente su madre no tenía por qué hacer más desastres en ese instante.

“Oh, Sora querido, me acabo de acordar, tenía que decirte algo importante.”
“¿De qué hablas?” el hijo se vio un tanto confundido, ya que sabía que seguramente sí era importante como para que su madre se molestara en hacer un preámbulo.
“Sí, eh, a ver, ¿cómo comienzo a explicarlo…?” ella se puso a pensar y organizar sus ideas. “¡Oh! ¿Recuerdas a tu hermano?”
“…” los tres chicos intercambiaron miradas, con Ryo sonriente y los otros dos un tanto preocupados, y volvieron a mirar a la señora.
“Mamá, ¿qué clase de pregunta es esa? Claro que recuerdo a mi hermano,” Sora sintió un tic en la ceja, impaciente.
“¡Hahaha, perdón! ¡Mi mente se cruzó e hice una pregunta tipo como si te acordabas de algo de hace tiempo! ¡Por supuesto que vas a recordar a nuestro Tidus, hahahaha!” continuó riéndose a carcajadas por su ocurrencia.
“Ehh… hehe…” Kytes sonrió nerviosamente, aunque aquella preocupación general sobre si la señora iba a desarrollar algo semejante a Alzheimer algún día acababa de regresar a su mente. “¿Por qué lo menciona?”
“El hermano de Sora es ese hermano mayor que se fugó para seguir su sueño de ser un surfista y fue desheredado, ¿verdad?” preguntó Ryo, animado.
“Uhh, me incomoda que lo preguntes con tanta gracia, Ryo…” se lamentó Sora.
“Sí, ese mismo. Y Sora tiene sólo un hermano así que no hay pierde,” Julie asintió con las mismas energías y buenos ánimos. “No llegué a comentártelo porque esperaba hacer una videollamada o quizás venir, pero tengo unas excelentes noticias.”
“¿Qué pasó? ¿Logró algún título mundial?”
“Ohh, no eso, aunque creo que justo logró algo hace poco, pero no recuerdo qué era,” ella alzó su mirada y lo meditó brevemente, pero sacudió su cabeza para despertarse. “Esperen, no me distraigan,” ella se levantó y agarró las manos de su hijo para mirarle de cerca con ojos brillantes. “¡Tidus se ha retirado del surf, ha hablado con tu padre, y ha vuelto a ser el heredero!”
“¡¿Q-q-qué?!” Sora estalló y se ganó tantas miradas como las que su madre se había ganado por el bullicio de su exclamación. “¿Q-cu-co-cuándo? ¿Q-qué? ¿Por qué?”
“Parece que a Tidus le nació la responsabilidad hace un par de años y anduvo tomando clases online en medio de sus giras para aclimatarse, y hace poco nos sorprendió. No tengo que decir que tu padre se alegró y le perdonó ya que tu hermano está muy cometido a seguir con lo que esperamos de él, ¿no es genial?” la madre se veía muy contenta y orgullosa por ello. “Claro, ha estado años fuera de los estudios y ni terminó el high school así que anda nivelándose, pero todo va bien y ya anda tocando temas del negocio y no se ha intimidado. ¡Tengo grandes esperanzas!”
“…” Sora estaba con los ojos ampliamente abiertos y mirando a su madre completamente anonadado, sin saber qué pensar a decir…
“¿Eso quiere decir que es el turno de Sora de fugarse y ser un surfista internacional?” preguntó Ryo, sonriendo.
“¡Hahahaha!” Kytes no pudo evitar reírse y Julie le acompañó. Sin duda tanto Tomaj como Riku se habrían reído tanto como o más que él si lo hubieran oído.
“¡C-cállense!” reclamó Sora. “¡Esto no es tan simple como ser un surfista o lo que sea! ¡Todos estos años mi vida ha estado regida por el hecho que soy el heredero y debo seguir los pasos de mi papá! ¡¿Y ahora qué se supone que debo hacer?!”
“Siempre está el surf,” insistió Ryo.
“¡No te burles!”
“O sea, simplemente ya no tienes que continuar con tus estudios de negocios y hotelería. Puedes hacerlo, siempre sería genial que mis dos hijos trabajen juntos, aunque también tienes libre albedrío para seguir lo que quieras,” dijo la madre. “Bueeeno, no tanto libre albedrío por más que yo sí lo piense. Tu padre quiere que sigas algo más seguro y con sentido que ser un surfista, aunque sigues teniendo un montón de opciones y cuentas con nuestro apoyo.”
“Eso está bien, porque siempre has estado muy desmotivado, y ahora tienes la opción de buscar algo que te anime más,” dijo Kytes, sonriendo. “Estas son grandes noticias, y sabes que siempre cuentas conmigo para lo que sea.”
“Sí, lo sé, gracias,” Sora asintió, aunque seguía movido por la información. Entonces recordó sus instintos de supervivencia y se levantó.
“¿A dónde vas?” le preguntó su madre.
“Voy a decirle a Larsa que ya no soy el heredero y que el trato está terminado,” dijo rápidamente. “No quiero seguir poniendo mi vida en riesgo con su mayordomo infernal.”
“Quédate donde estas, Soracito. Ya dije varias veces que durará hasta al menos el fin de ciclo,” le observó, determinada. “Y sé paciente que ya se acercan los exámenes finales.”
“¡Pero no sabes lo que es recibir tutoría de él! ¡Es un sacrilegio! ¡Antes de mi intelecto deberías velar por mi integridad y ahora que no soy el heredero ni es tan urgente!”
“Ay, no te vengas con esos dramas. Tu padre y yo ya estamos acostumbrados al cansancio de cómo te quejabas que las clases eran difíciles o que los profesores eran malos o que un bully había destrozado todos tus cuadernos. No esperes que te creamos tus cuentos,” comentó la señora mientras Ryo miraba un tanto confundido hacia Kytes debido al último punto y esté sólo sonrió algo incómodo. “Eres como ese niño que grita que el lobo se acerca muchas veces. Pues el lobo nunca vendrá en tu vida.”
“¡Pero hablo en serio esta vez! ¡Como ese niño lobo en serio que el lobo ha venido esta vez!”
“No uses a mi lobo en mi contra,” cruzó sus brazos y desvió su mirada.
“¡Ahh! ¡Tienes que creerme esta vez, por favor!” le suplicó. “Al menos debería decirle a Larsa para que las sesiones de estudio sean menos o que él sea el único que me dé tutoría o no sé…”
“Estás dando buenos resultados así que las cosas se quedarán tal y como están. Quiero que te estabilices en tus cursos y esta es una oportunidad única. Tienes a un gran amigo con una muy buena voluntad que te está ofreciendo una mano. También es importante para que empieces tus estudios en tu nueva carrera con el pie derecho,” recalcó. “Y Larsa ya sabe todo esto. Se lo dije hace dos semanas.”
“¿…perdón?”
“¡Hahahaha!” Ryo y Kytes se pusieron a reír.
“¡En serio! ¡¿Perdón?!” Sora volvió a estallar e ignoró que las camareras le miraran feo.
“Hahaha, luego de toda la anticipación y de la alegría de tu mamá, esto es un poco anticlimático,” dijo Ryo, secándose una lágrima.
“Haha, sí… ehh, supongo que el mayordomo no lo sabe,” agregó Kytes.
“Oh, sí, Larsa me insistió que él no debía saberlo, y también lo mantuvo en secreto porque le dije que yo quería hablar contigo personalmente,” comentó Julie. “Y ya está. Ohh hijo, me alegro del hermoso momento que hemos compartido cuando te lo revelé~”
“¡No sigas!” insistió el hijo iracundo mientras los otros volvían a recibir su dosis diaria de risas. “¡Ahora mismo voy a buscar a Larsa para reclamarle por no avisarme!”
“No te desquites con él, Sora. Sabes lo obediente y cortés que es,” le pidió Ryo, sonriendo.
“¡Pero no es justo que me lo ocultara!” renegó, un tanto perplejo. “¡¿Por qué demonios no pudo ser como Osaka?! ¡Ella no guarda nada! ¡Ahora sí que no debería continuar con la tutoría! ¡O al menos se lo diré al maldito de Jakob para que él se niegue a enseñarme!”
“P-puede que a él tampoco le siente bien la sorpresa, y eh, puede desquitarse contigo,” dijo Kytes, un poco nervioso.
“Uhh… tienes razón…” Sora cayó sentado en su silla. Mejor dejaba a que Larsa lidiara con aquel terror de su vida.
“Ahora sé paciente y estudia y ten buenos resultados en tus exámenes. Y también intenta ver qué vas a estudiar de aquí en adelante. Es una decisión difícil, pero tienes tiempo y mucho apoyo, y sabes que yo velaré por ti siempre, ¿sí?”
“Uhh… mientras no me consigas otro Jakob te lo agradezco…” Sora dio un pesado suspiro. Realmente le tocaba evaluar todas sus opciones, y era un sentimiento raro porque aquella liberación llegó repleta de incertidumbre. Tomaría su tiempo.


Tomaj y Riku no tardaron en darle el alcance a Larsa, quien había tomado asiento en una banca de la alameda para revisar su celular. Él sólo necesitó enviar un corto mensaje a su mayordomo para asegurarle que todo estaba bien, y al reconocer al par les confesó que había aprovechado la oportunidad de despejarse un poco al no estar acostumbrado a la forma de ser de la señora.

Riku vio que Tomaj pudo leer al otro y aprovechó esa oportunidad para retomar el tema inconcluso con respecto al científico que hizo posible su dada de alta y la liberación de Rizembool, en caso que Larsa tuviera algún tipo de información o punto de vista que darles. Sin lugar a dudas, por más que Tomaj ya no tuviera su poder de la omnisciencia, le quedaba una gran intuición e inteligencia al tratar con otras personas, algo que siempre había sido su fuerte.

“Aquella persona no es alguien a quien haya conocido previamente. Admito que Jakob hace poco recién me comentó de él,” informó Larsa, meditativo. “Sin lugar a dudas, él tuvo muchos elogios guardados hacia dicho joven doctor, y piensa que sería una buena influencia para mí. No está de más decir que desearía que me cambiara de universidad.”
“Heh, está casi de más decirlo ya que es evidente que tu mayordomo es un supremacista de Rizembool, pero, en fin,” Tomaj se encogió de hombros.
“Por tratarse del supuesto sucesor de Dr. Hojo, es increíble que haya decidido confiar en ustedes de aquella manera, aunque pienso que es una decisión muy conveniente al mismo tiempo,” Larsa les miró fijamente. “Yo sé muy bien que ustedes no tienen planes de ir en contra de Rizembool por ningún motivo. Saben lo que les conviene y no se apuntarían a algún rol idealista. Tienen la suficiente suerte de haberse inmiscuido con el antiguo doctor del modo en que lo hicieron y seguir todavía con vida.”
“…” Riku sintió escalofríos por esa observación. Por más que estuviera completamente de acuerdo, le resultaba un poco incómodo e inconcebible que ese chico fuera tan frío y directo.
“¿De qué te sorprendes?” Tomaj sonrió con ironía. “Estamos hablando con un Solidor.”
“Me cuesta creer que ese Sora se haya hecho amigo de alguien como él…”
“Retomemos el tema,” Larsa mostró leve impaciencia y volvió a ser dado atención. “Ese doctor debió haber visto todo ello, y lo más probable es que el propio Shinkouhyou le sirve como un asesor o mentor. Por ello entiendo que lo tiene todo fríamente calculado.”
“¿Eso qué significa?” Riku comprimió sus puños con una entendible tensión. Se sentía casi acorralado o parte de algún tablero.
“Tranquilízate, por favor,” pero Larsa negó y se mostró más animado. “Eso significa que no les tiene en la mira y que calculó su decisión con un poco de intuición y mucha preparación. El status quo se mantendrá precisamente por ello, y lo más probable es que no tengan más de qué preocuparse…” él sonrió un poco. “Creo comprender su modo de ser. Suena a alguien metódico y prudente que no piensa seguir los errores de su maestro de hacerse muchos enemigos o atarearse de tantas responsabilidades.”
“Sí, ahora que tú lo dices, me suena muy probable,” Tomaj asintió. “Y sí, como sabemos que Shinkouhyou le ha servido de consultor entonces debe estar seguro de todo el asunto.”
“No me sabe bien que seamos parte de algún esquema de otra persona,” Riku desvió su mirada.
“Es lo normal, y no tiene por qué ser malo. Deberías acostumbrarte,” dijo Larsa. “Pero…” se puso a pensar. “Tú también perteneciste al grupo de estudiantes bajo la supervisión de Dr. Hojo. ¿En algún momento llegaste a conocer al Dr. Toushirou?”
“No de cerca. Creo que el único científico con el cual traté con frecuencia fue Dr. Hojo.”
“Supongo no me sorprende. Él siempre fue elitista y si bien trató con científicos con mayor profesionalismo, nunca rindió mayor importancia a los luchadores o Rebels, o gente en general fuera de su círculo. Imagino que esa preferencia le llevaría a aislar a su aprendiz.”
“Aun así, sí me llevé la impresión que era un chico tranquilo y analítico, y más prudente que su maestro, sólo que…” Riku desvió su mirada, inquieto. “Oí unos rumores turbios de él de parte de otro Rebel que estuvo también en mi círculo hace años.”
“Sí, no llegaste a decirme sobre esos rumores. He estado al pendiente de que tocaras el tema,” comentó Tomaj, cruzado de brazos.
“¿De qué se trata?” preguntó Larsa.
“Ese Dr. Toushirou ha sido un aprendiz de Dr. Hojo desde la niñez, y también participó en las diversas experimentaciones humanas llevadas a cabo por su maestro. Si no me equivoco, lo ha hecho múltiples veces y demostró ser muy eficaz y profesional como para superar a los demás colaboradores de su maestro en aquel entonces.”
“¿Dices que ese chico ha experimentado en personas desde temprana edad?” Tomaj se sorprendió por esas noticias.
“Sí… también he oído rumores que puede haber experimentado en sí mismo…” entrecerró sus ojos. “E incluso que, por más que parezca ser una persona cercana a su familia, ha realizado experimentos en uno de sus hermanos.”
“¿H-hablas en serio?” esa información probó ser lo suficiente como para inquietar incluso a Tomaj, quien dio un suspiro para liberar un poco de tensión. “Vaya… te hace preguntar de qué más puede ser capaz esa persona.”
“Aun así, no hay certeza que eso sea cierto. O sea, me lo dijo un exRebel que tenía sus propios problemas con ese doctor, aunque eso también puede darle cierta credibilidad.”
“…” Larsa asintió. “Ustedes dos deben saberlo. Dr. Hojo fue reconocido desde siempre por haber experimentado en sí mismo.”
“Sí, eventualmente me enteré de ello…” comentó Tomaj. “Por eso ha trabajado con Rizembool desde el mero inicio de dicha institución. Fue parte del primer grupo de científicos, y gracias a experimentar con un chip en sí mismo logró detener su envejecimiento.”
“…” Riku se incomodó. No estaba seguro si ya lo sabía, o si simplemente no le sorprendía demasiado, pero seguía siendo desconcertante.
“El hecho que el joven doctor haya sido partícipe de experimentos a voluntad propia e incluso que él mismo fuera a dirigirlos sienta bien con la imagen de su maestro. Sería de esperarse que una persona reconocida como el heredero de Dr. Hojo demuestre sus mismos estándares,” comentó Larsa con naturalidad y un poco pensativo. Los otros dos intercambiaron miradas al ver que se mantenía inmutado. “Si bien no esperé oír estos rumores, en retrospectiva tiene sentido que todo pueda ser cierto. Supongo no debería esperar menos del ambiente de trabajo del fallecido Dr. Hojo.”
“Tú también lo conociste, asumo,” dijo Riku.
“A Dr. Hojo sí, aunque fue antes de venir a estudiar la secundaria. Él mostró interés en mí tanto como futuro científico como por un Rebel de mi linaje, y se vio interesado en aceptarme como un nuevo pupilo,” asintió. “No fue nada extraño para mí, pero ya estaba decidido a no inscribirme en Rizembool. He estado consciente desde siempre de muchas anécdotas rodeando el nombre de aquel científico y no quise ser parte de ello.”
“Suena a que puedes iluminarnos bastante,” comentó Tomaj.
“No, ya no hay punto de hablar al respecto,” Larsa negó y les miró con leve severidad. “Dr. Toushirou les pidió silencio, y lo que sea que yo pueda saber no es relevante en lo absoluto. Son en su mayoría asuntos del pasado ya cerrados e inaccesibles para todos. Es suficiente que ustedes lidien con lo que saben.”
“Sí, yo personalmente no quiero saber nada más,” Riku estuvo de acuerdo. “Todavía sigo organizando mi vida, y pensar en aquel científico o en Shinkouhyou me inquieta demasiado.”
“Entonces así se queda la cosa,” Tomaj se levantó de la banca. “Vamos de regreso. Ya se van a preguntar qué fue de nosotros.”
“¿Debemos operar que sí existe una segura tregua con ese joven doctor así sin más?” preguntó el peliplateado, inconforme.
“Es lo mejor de momento. Tengo la impresión que no necesitas preocuparte. Muchos han sido Rebels y se han enterado de secretos y están libres y sin mayores ataduras a cambio de silencio. No veo por qué tu caso sería distinto luego de la oferta que el doctor les dio,” resumió Larsa. “Pero admito que quisiera hablar con él algún día. Siento que es alguien con quien no tendría ningún problema en dialogar.”
“Suena a que son de la misma especie,” Tomaj alzó una ceja.
“Quién sabe… viendo cómo incluso gente de Rizembool como ustedes insisten en referirse hacia mí con mi apellido,” Larsa mostró leve impaciencia y empezó a caminar de regreso al restaurante. “Entiendo que es así como todos me ven.”
“…” Riku intercambió miradas con Tomaj y se apresuró a darle el alcance al otro. “Perdón si te he incomodado. Creo que me cuesta creer que seas un amigo de Sora.”
“A todos nos cuesta y no por ese detalle de que seas un Solidor,” agregó Tomaj. “Y créeme que cuando te llamo por tu apellido o te apunto específicamente no es por faltarte el respeto o discriminarte. Simplemente reconozco tus habilidades y conocimiento. Debes admitir que no hay muchas personas como tú en nuestro ambiente. Por ello hemos venido a hablarte.”
“…” Larsa dio un suspiro. “Supongo que eso tiene sentido. Siento haber tenido esa reacción.”
“No, te comprendo. En Hanasaki sí te han discriminado más, y ahora esa HiME peliblanca no deja de darte ese trato. Estás en tu derecho de demandar respeto,” Tomaj se encogió de hombros. “Incluso una persona con paciencia de tutorear a Sora como tú necesita desahogarse.”
“Y nuevamente, no puedo creer que hayas aguantado a Sora por tanto tiempo,” dijo Riku.
“Fue mi compañero de habitación, terminó siendo inevitable,” Larsa negó. “Y si no le hubiera hecho estudiar habría repetido el primer año de secundaria. Estoy convencido de ello.”
“El hecho que Sora nunca apreció tu apoyo en ese entonces es lo que me confunde. No debiste haberte molestado tanto,” dijo Tomaj.
“En verdad has cuidado de él. Siento decirlo, pero me alegro por ello,” confesó Riku.
“No lo menciones. Por más pesado que sea, sigue siendo uno de mis amigos,” Larsa sonrió con leve nostalgia, y luego dio un suspiro. “Ahora si alguien pudiera hacerle ser responsable…”
“Ese sigue siendo tu trabajo, lamentablemente,” Tomaj rió un poco.

Los tres regresaron al restaurante donde Julie se encontraba pagando la cuenta, y Sora no se aguantó en darles las noticias.

“¡Chicos, no lo van a creer!” exclamó Sora, todavía desconcertado. “¡Tidus ha dejado de ser surfista y es de nuevo el heredero!”
“¿En serio?” Riku se sorprendió.
“¿Qué pasó? ¿Los planetas se alinearon?” preguntó Tomaj, impresionado. “Vaya, y pensar que él no me dijo nada…”
“Oh, veo que tu madre te lo dijo,” Larsa se vio inmutado. “Imaginaba que este desayuno sería un buen momento para la conversación.
“¡Y lo fue!” exclamó Julie, contenta.
“¡¿Cómo me lo pudiste ocultar, Larsa?! ¡Estas son noticias muy increíbles!”
“No me correspondía decírtelo,” contestó sin rodeos.
“¡Pero ya ni necesitamos seguir con esto de la tutoría! ¡AHHH!” Sora descargó su molestia en un corto grito. “No puedo razonar con ustedes.”
“Ya casi estamos en finales, tú tranquilo,” dijo Ryo, sonriendo.
“Y cuentas con todos, te lo hemos asegurado,” agregó Kytes. “Te daré sesiones de estudio para que estés preparado para Jakob.”
“Uhh, creo que ninguno entiende los martirios que paso con ese mayordomo…”
“Ya, todo está pagado,” Julie recogió su cartera y se levantó. “Ahora quiero llevar a Larsa y Ryo a una tienda linda de sweaters para comprarles unas prendas y hacerlos hijos oficiales~”
“E-eso no es necesario, señora,” Larsa extendió sus palmas, incómodo.
“¡Sí que lo es! ¡También compré sweaters para los otros amiguitos de mi hijo!”
“Eso fue hace como quince años y justo antes del invierno. Ahora no es aceptable,” Sora frunció el ceño, impaciente. “Además el verano está a punto de llegar.”
“Pero es una tradición muy linda mía~” Julie insistió. “Ya, me convenciste. Compraré sweaters para todos y hasta para mí y posaremos para Facebook.”
“¡¿Cómo demonios te he convencido de eso, mamá?!” le reclamó mientras los demás se rieron o mostraron gran frustración.

Ellos terminaron llevando a cabo ese espontáneo plan y caminaron juntos por la alameda antes de que Larsa se excusara para regresar a sus quehaceres. Había sido una mañana muy animada que daría lugar a un día tranquilo y cálido para todos.
« Last Edit: April 03, 2018, 11:30:10 PM by Cho »


Sayi

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #365: February 08, 2018, 01:02:27 AM »

Hello gals <3

¡Se vienen anuncios este mes! Estén atentas a los próximas actualizaciones que moverán la historia :>

Como siempre, para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~






Sayi :: 921 palabras
Shura :: 0 palabras
Kora :: 0 palabras
Deidara :: 0 palabras
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Isumi :: 0 palabras
Cho :: 30204 palabras
Kana :: 4187 palabras
Eureka :: 29138 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 2266 palabras
Haruhin :: 856 palabras
Mery :: 0 palabras
Ekha :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Arence :: 0 palabras


Now, let's carry on with those big HiME dreams...

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way


Kana

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #366: February 09, 2018, 08:54:31 PM »
Ese fic está relacionado con el anterior o algo así.
#39.2

"Aquel chico, Ryo Asuka, ¿Me acaba de mandar un mensaje de texto? No comprendo su significado. Dice: —Thanks for all your support and affection. Without your help I would not have succeeded. thank you for being there... !

"Pero... Sólo he cruzado un par de palabras con él en toda mi vida. Sólo lo reconocí por su fotografía de perfil porque aparece relatando en un congreso y allí, en el podium, aparece su nombre. Creo que se equivocó de receptor... Seguro el mensaje lo iba a enviar a otra persona."

"En fin. Volviendo a lo que conversamos... Todos están aquí. ¿Por qué no los recuerdo?"

“La mayoría indica que están en Tokyo por intercambio de estudios. Hay algo de hostilidad en algunos, pero no parecen nombrar asuntos relacionados a los negocios de padre… Ni siquiera en estado de ebriedad.”

"Hermano... ¿Por qué no recuerdo a esta gente ni ciertos parámetros de nuestras vidas? Me siento confundido y extraño"

Cain terminó de leer el último mensaje de texto enviado por su hermano Henry. Pensó que quizá no era buena idea “mover” a Henry de ese modo para hacerlo sentir parte del tema relacionado con los negocios malintencionados de su padre hacia las familias de aquellos chicos ricos. Pero al menos con eso lo distraía de otros secretos más obscuros de los cuales él era consciente. Prefería ver su manipulación como un modo de proteger a Henry.
Sólo al leer los mensajes del rubio, entendía que en cualquier momento su estructura de personalidad se desorganizaría. Esperaba que no volviese a tener un estado de ansiedad descompensado que lo llevase a esos delirios que nadie quería recordar después de que éste volvió del servicio militar. Cain no quería escuchar en su vida a Henry hablando de Dios como un supremo y que todos los hermanos debiese orar por la salvación de sus almas. Al rubio le había costado bastante caro el precio de estar cerca del infierno (Siria, en este caso) para redenciones de su alma con los salmos de la biblia y aturdir a todos sus familiares con su actitud. Afortunadamente, Henry ya no estaba en esa posición y volvia a ser el chico sereno y risueño de siempre... Pero esos mensajes de que se sentía confundido y desorientado, olvidando cosas, a Cain le indicaban que estaba propenso a una descompensación emocional. ¨No ahora, por favor¨pensó el chico para si mismo, girando los ojos.

Pero el mismo estaba en una situación similar. No en plan de acercarse a Dios para salvar su alma... Pero estaba en una situación que sentía que las cosas en cualquier momento escaparían de su control. ¿Hasta cuanto más tendría que mentir? Se había dado cuenta, a su pesar, que de la nada había comenzado a tejer una tela de araña de mentiras y en algún lado de esta él mismo estaba atrapado.
Cuando años atrás se había enterado de que su padre no era el hombre honorable, intachable y admirable que él y todos creían e idolatraban, y cuando hace un mes atrás se encontró con la repugnante verdad que de Kana o Hiyori o como se llamase en realidad nunca estuvo muerta sino que todo había sido una gran mentira, dos de las personas que más estimaba en su vida le habían fallado como seres humanos y defraudado enormemente.

Le habían mentido de un modo humillante y grotesco. Todo el tiempo él había confiado en ellos ciegamente, pero ellos habían aprovechado esa torpeza suya para tomarle el pelo libremente. Su padre para manipularlo de un modo inconsciente a ser su misma imagen y semejanza, y Kana fingiendo estar muerta para ligarlo a ella emocionalmente. Debió verse tan patético todos esos años yendo a la supuesta tumba de Kana para limpiar la lápida y dejarle sus flores favoritas.
Pero… Él estaba haciendo lo mismo.
Se había comportado como Kana y su padre. Era tan mentiroso y groseramente manipulador como ellos dos. El joven se quedó pensativo, mirando hacia un punto inexistente en el suelo como si allí encontrara la respuesta a todos sus dilemas. ¨¿Qué hago ahora?¨ siempre terminaba preguntándose lo mismo. Como tapar tantos vacíos que iba dejando.

—¿Está bien, joven Lancaster?— Preguntó con voz serena.
—…— Cain llevó la mirada hacia aquel hombre rubio de mirada serena que acababa de preguntarle su estado. —Sí.— Asintió.
—Parece perdido.— Dijo Johan, empatizando con él en un intento de falso amparo. —¿Necesita algo en especial?—
—Estoy bien.— Fue un poco tajante, pero sin parecer mal educado. 
—Está bien.— Le sonrió con amabilidad. Posteriormente, él volvió a prestar atención a la pantalla de su portátil para releer el informe de la evolución del plasma sanguíneo que estaba investigando. —¿Quiere una copa de vino? Creo que a los jóvenes les gusta beber algo para suavizar su estado anímico.—
—¿Eh?—  Cain le miró extrañado. Seguidamente negó con la cabeza suavemente. — Ah, no. No acostumbro beber.—Respondió un poco confundido. El rubio era algo torpe en la interacción social por lo visto. —Gracias, de todos modos.—  Dijo más confundido aún.
—Disculpe. Que grosero de mi parte ofrecerle  una bebida alcohólica a un alumno.— Ladeó el rostro, inocentemente. — Debe ser una falta de respeto enorme. Espero que perdone mi desabrupto... No suelo tener muchos visitantes aquí.—
—Ah.—  Y suponía que en ninguna parte. Si bien entendía que Johan Liebheart trataba con muchas personas a diarios, suponía que no le daba importancia en interiorizarse con ellas y por eso no era asertivo en cuanto a interacciones sociales. Aunque tenía carisma... Eso era un punto a su favor. Estaba por seguir analizando la estructura de personalidad de Johan cuando sus pensamientos fueron interferidos por el asunto puntual en que se encontraban.
Por consejo de Johan Liebheart, Cain había viajado con el científico experto en genética humana para analizar unas muestras con las que el científico contaba en su país natal. Estaban ahora en Alemania, en el país del cual el rubio era oriundo, precisamente en el laboratorio del edificio Liebheart. Cain dejo de mirar la pantalla de la computadora de la cual por inercia se había pegado, dio unos pasos y se dirigió al ventanal de aquel enorme y magnífico piso. Acto seguido observó a través de los cristales hacia el exterior, distrayéndose con el hermoso pulmón forestal que rodeaba la torre. Sí, porque la familia Liebheart tenía una torre/edificio de investigación científica para ellos solos. O, al menos, para los pocos Liebheart que quedaban vivos.

Pensó que su abuelo y su padre estaban involucrados en la ciencia como los Liebheart pero siempre mayormente fueron inversionistas, co fundadores y pratocinadores de las investigaciones de esa familia, que era igualmente rica. Pero los Lancaster estaban más vinculados al área de las ciencias política y empresariales como también ligados a la monarquía inglesa por muy desvirtuada que se encontrase en la actualidad. Los títulos nobles al menos les daban un plus extra en la socialité de la clase alta.
Cain siempre había tenido pasión por el conocimiento en el área de la ciencia e investigación, pero su familia eran los “emperadores” del comercio y los cargos políticos de alta importancia, por lo que miraban los laboratorios por encima sin involucrarse del todo. A excepción de su tío Vincent, quien estaba fuertemente vinculado a todo lo que estuviese relacionado con la química.
Los Liebheart, una familia de orígenes suizos germanos, en cambio, era una familia mucho más ligada a los conocimientos científicos desde siglos atrás, teniendo relación incluso con grandes ilustres de la historia mundial. No obstante, a gran diferencia de los Lancaster, los Liebheart eran algo más místicos, igual de herméticos que ellos pero a un extremo mayor. Los Lancaster se involucraban con la política por lo que, aunque no quisieran, debían insertarse mayormente en la sociedad. De por si eran parte de la historia y la corona, siendo sus antepasados reyes y partícipes de la guerra de los cien años y la guerra de las rosas (...).
Por lo contrario, los Liebheart evitaban esos compromisos y su familia ancestral estaba desde siempre ligada a los estudios científicos siendo desvinculado de lo que fuese teológico. En el pasado hasta habían sido perseguidos como herejes, se decía. Habían preferido seguir centrado en la medicina, en la ciencia, y en especial en la genética lo cual perduraba en el presente.
El que Johan tuviese un edificio para investigar en tranquilidad cerca de los alpes, con toda la tecnología que contrarrestaba con los bosques que le rodeaban, y que prefiriese pasar los últimos meses encerrado en los laboratorios de Rizembool (que no dejaban de ser menos) era algo confuso. ¿Para que ir hasta Japón si en su tierra ya lo tenía todo? Aquí ya era Dios.
Muy en el fondo admiraba todo lo que el rubio tenía. Lo cual iba más allá del dinero y el poder… Johan era apenas unos años mayor que él y los demás, pero  tenía el futuro en sus manos. 

—Joven Lancaster, ¿Cuándo cree que pueda viajar?— Interrumpió la reflexión del otro.
—Pensaba hacerlo pronto—
—Mh.— Se volteó para mirarlo. —No quiero que tenga una percepción negativa de mi persona o que sienta que lo expulso inadecuadamente, pero creo que su compañero entrará en un colapso nervioso si no retorna pronto a Tokyo. Eso me preocupa enormemente.
—Ah.— Cain entrecerró los ojos. Con tanto movimiento como que se le olvidada la existencia de Kaneki a veces. Siempre.

El joven había viajado con Johan por invitación de éste para continuar en Alemania con la investigación genética relacionada con la supremacía de una raza de Rebels superior, con unos datos exclusivos que poseía el rubio, pero también habían tenido que aprovechar el viaje para tener que solucionar otro tema imprevisto.
Antes de partir de Tokyo Johan le había comentado que debían llevar con ellos a Ken Kaneki ya que no se había sentido bien los últimos días y necesitaba inducirlo a una hidroterapia de criogenización en sus laboratorios personales de Alemania para devolverle el bienestar al joven.
Cain pensó que al ir a buscar al japonés para viajar con ellos como había solicitado Johan se encontraría con que aquel chico estaba resfriado o con algún cuadro de estrés de importancia pero… se sorprendió de notar que el joven tenía una especia de ¿Hipema? ocular que cubría la esclera de uno de sus ojos por completo de color negro con unas extrañas manchas rojas que daban la impresión de ser una pupila deformativa.

O un golpe demasiado violento que daba una malformación adquirida. Hipema ocular. Lo más lógico.
O alteración inducida de los esquemas genéticos.
O algún error involuntario o voluntario.

Podía ser cualquiera de esas opciones.
Y Johan tenía la respuesta.
Y Cain sentía que el rubio estaba jugando a ser Dios.

“Usted es siniestro” había pensado.

Lo penoso de todo era que el chico en “evolución” era el que menos se daba cuenta de que estaba cerca de un monstruo. Irónicamente Kaneki le tenía cierta devoción a Johan como si éste fuese el ángel celestial que lo salvó hace un año atrás de una trágica muerte. El mismo Johan le había hecho ponerse al tanto de toda esa historia, involucrándolo a su pesar en las experimentaciones “por el bienestar” de ése joven.

—Pediré un vuelo para mañana temprano.— Dijo Cain después de pensarlo. Podía llamar a su abuelo y que le proporcionara un jet privado para volar cuando quisiera pero no le gustaba ser ostentoso y prefería volar como todos los demás. —Le iré a decir que se prepare para mañana.—
—Ok. Les veré a la hora de la cena para despedirme.— Asintió Johan, volviendo a teclear en su portatil a la velocidad de la luz.
—Ok.—  Interpretando la personalidad del científico, Cain sentía que en realidad no se molestaría en presentarse para despedirse de ambos. Era carismático, pero no empático.

Cain salió de la oficina de Johan para dirigirse al hotel cerca de la torre Liebheart, donde el rubio disponía de algunos pisos privados. Como no quedaba tan lejos no se demoró tanto en llegar. Fue hasta el piso donde se estaba quedando el otro alumno, Cain tenía la tarjeta para entrar libremente allí. Lo encontró escribiendo un mensaje en teléfono celular, sentado en un sitial.
Cuando Kaneki sintió la mirada del otro sobre él, le prestó atención.

—Ah, le escribía a mi hermano… No ha sabido de mi desde el evento de los Rebels en Hanasaki… Está preocupado. ¿Puedo decirle dónde estoy?— Le dolía en el alma haber tenido que partir de Tokyo sin avisarle nada a Sho y ya llevaba una semana en Alemania. El pelirrojo no sabía de su paradero y seguramente le habría buscado por todos lados. Tampoco ninguno de sus conocidos sabía de él, excepto Kaworu a quien le había contestado la llamada por error cuando Kaneki estaba convaleciente por la medicación pero el pelinegro le había suplicado que no comentara a nadie donde estaba. Mucho menos a Sho para no alterarlo.
—Claro. No tiene nada de malo informar.— Cain asintió. —Cuéntale que estás avanzando en el proyecto de investigación de la clase. Y como no hay buena conexión en el Campus Terra de Rizembool, no has podido comunicarte.—
—…— Kaneki se visualizó contrariado por la sugerencia de Cain.
—Y que te diste un golpe significativo mientras te encontrabas en terreno.— Hizo mención al problema ocular.
—Uhh.— El pelinegro bajo la mirada, melancólico. —No me gusta mentirle…—
—O si quieres le dices la verdad.— Cain alzó los hombros, enarcando una ceja.
—¡N-N-o! ¡Eso es mucho peor!— Dijo sobre saltado. —No puedo decirle la verdad.— El muchacho se puso de pie caminando hacia el balcón para poder tomar aire. Cain le siguió a paso calmado. Pasaron unos segundos donde reinó el silencio entre ambos mientras la brisa mecía sus cabellos. Los dos miraban hacia el horizonte. —¿Cómo le puedo decir que soy un monstruo?— Dicho esto, se cubrió con la palma de su mano su ojo izquierdo cubriéndolo por completo.
—Puedes decirle que es secuela del accidente que tuviste hace un tiempo. Supongo que lo entenderá—
—Pero no se quedará tranquilo hasta descubrir la verdad. Sé que será así.— Kaneki soltó un suspiro. Aparte de que Sho se preocuparía por la eminente mutación en su ojo izquierdo y buscaría responsables, si el pelirrojo se enteraba del motivo real le exigiría que dejase Rizembool. —El señor Liebheart me explicó que mi cuerpo no es compatible con la tecnología usada para los Rebels. Que por eso estoy teniendo secuelas.—
—¿¡Eres Rebel!?— Dijo casi shockeado por el nuevo conocimiento, pero disimuló el asombro.
—Uhh, Lancaster-san, te lo había comentado como dos o tres veces ya, cuando te dije que no podía acompañarte a escoger electivos esos días porque tenía responsabilidades como Rebel…— Kaneki se sintió algo ofendido. A estas alturas ya debía haber un compromiso más bilateral entre ambos al ser guia de Cain y el otro estudiante de intercambio a cargo de Kaneki.
—Ehhw, verdad.— El joven de ojos verdes se llevó una mano al rostro, cubriendo parte de su boca adoptando una pose reflexiva.
—…— Creía que su compañero entraba en su estado de dispersión.
—Pero siempre puedes abortar el rango de Rebel. Sería inadecuado que te fuercen a cumplir un rol que compromete tu salud y te pone en riesgo vital.—
—El señor Liebheart me dijo que lo más prudente es que renuncie a mi calidad de Rebel, que me dedique a mis estudios y a descansar para que mi cuerpo se recupere por complejo. Incluso me ofreció ser parte de un proyecto de investigación desde el análisis. Pero no es tan sencillo dejar de ser Rebel como parece. Es un compromiso que se hace con la institución, con tus compañeros, y es muy difícil desertar de ello ya que implica una serie de protocolos a seguir y… Ah, creo que te voy a marear con cosas que son absurdas para ti.— Meneó una mano en el aire, sonriendo brevemente. —Perdón por involucrarte en todo esto y hacerte perder el tiempo. No sabía que el señor Liebheart te iba a pedir que vinieras. No exclusivamente por mi porque entiendo que él tiene una afinidad contigo ya que, al igual que yo, admira tu inteligencia y seguramente deseaba intercambiar conocimientos contigo. Perdón de nuevo por restarles tiempo.—
—Deja de disculparte.— Entrecerró los ojos, cansado de la timidez y sumisión del otro. —Esto me sirvió para despejarme un poco de los deberes en Tokyo y de paso adquiero ilustración del laboratorio de ese doctor.—
—¿Sabes hasta cuando nos quedaremos aquí?—
—Justamente, te iba a decir que mañana nos vamos.—
—¡Ah! debo poner todo en orden entonces.— Dijo ilusionado. Estaba ansioso por volver a clases y retomar sus responsabilidades. Había amado estar en el edificio del señor Liebheart y se lamentaba no haber podido disfrutar de su estadia y generosa hospitalidad pero Kaneki era sagradamente responsable con sus estudios y ya no quería seguir presentando certificados médicos para excusarse de las clases. —Menos mal que no tengo casi nada, haha. Permiso, Lancaster-san.— Prontamente se retiró a ordenar sus cosas.
Cain le siguió a paso calmo. Recordó un paquete que había traído con él.
—Por cierto.— Dijo entrando en la gran alcoba de Kaneki. Lo notó empacando en la única maleta de su posesión las pocas cosas que tenía, casi todas nuevas ya que Johan había tenido que comprarle vestuario y demás accesorios en Alemania debido al improvisado viaje. —Creo que será mejor que uses esto mientras tanto.— El joven le extendió un pequeño paquete.
—¿Qué es?— Kaneki la aceptó. Al abrirlo se encontró con un parche ortopédico ocular. —Ehhh, tienes razón.— Asintió un par de veces. Hizo ademán de colocarlo pero le quedaba bastante mal ya que le incomodaba la parte del elástico que pasaba por detrás de su oreja. Además el parche le quedaba chueco. —…—
—…Ahm, déjame…— Cain soltó un suspiro. Se acercó a él y le quitó el parche, seguidamente se lo colocó correctamente con sumo cuidado. Acomodó el cabello que quedaba desordenado del lado del elástico quedando correctamente bien. Lo importante es que cubría bien el ojo izquierdo para no levantar la curiosidad de nadie. —Ya.— Se alejó.
—Gracias. Eh, supongo que así puedo salir a cenar en el restaurant.—
—Hm.— Asintió. Metió las manos en su bolsillo y se dio la media vuelta. —Mañana a las siete en el hall.—
—¿No vas a ir a cenar con el señor Liebheart?—
—No. Prefiero dar un paseo nocturno.—
—Okay. Ten cuidado.—

Tal como dijo y como lo había hecho desde que llegó, prefirió dedicar el tiempo libre en caminar por el bosque y los alrededores de la zona. El aire era maravillosamente puro y pese a la desagradable idea de estar en Alemania con un par de extraños, podía usar ese tiempo libre para despejar su mente.
A la mañana siguiente los dos partieron tempranamente, llegando varias horas después a Tokyo.

* * *

Cuando había pasado un día de su retorno a Japón, el joven heredero Lancaster salió al centro comercial con la intención de pasar a la librería a comprar unos cuantos libros para su lectura personal. Parecía un día normal más y casi le daba la nostalgia de aquellos días de intercambio en Tokyo en Hanasaki en su adolescencia temprana cuando era súper estúpido y super entusiasta con la vida escolar, y salía a ese mismo centro comercial con sus compañeros de la colonia británica en Hanasaki como también con sus compañeros nativos de Japón y pasaban un buen rato adquiriendo libros, visitando tiendas para abastecerse de lo que necesitaban y cosas noñas de aquel entonces.

—Hey.— Dijo una chica de cabellos plateados y ojos color carmesí. Llevaba puesto un hoodie ancho y una falda a tablas, con unas calzas hasta la  rodilla y zapatillas, además usaba una bufanda bastante grande para su delgado cuello y cuerpo.
—¿…?— Cain alzó la mirada dejando de leer el título que le llamó la atención.
—Eh, soy yo.— Dijo algo cohibida, encogiéndose de hombros.
—¿Hm?— Le miró con confusión, luego reconoció su voz. —Ah, tú.— Pronunció desganado. Siguió recorriendo la estantería de libros. —¿Tuviste otro arrebato de identidad y decidiste darte una nueva imagen?—
—Después de que lanzaste tu anillo al mar y me mandaras literalmente al infierno, y que irónicamente apareciera ese portal frente a mi y me absorbiera,— Kana curvó las cejas, incómoda. —Al volver, regresé involuntariamente con esta apariencia. Supongo que tiene que ver con la alteración de la materia al ingresar en una realidad paralela…— Walker le explicaba eso.
—No me interesa.— Dijo el otro, indiferente. No quería escuchar ninguna historia de esa canalla charlatana. Seguro después se hacía pasar por muerta como hace tres años atrás. Cain tomó dos libros los cuales analizó.
—¡Oye! Se que estas molesto. No debieron decirte que morí en la batalla final… Y sé que tengo culpa en ello por no contactarte cuando desperté y explicarte todo. Pero tampoco estaba vacacionando en las playas de Ibiza.— Le replicó molesta. —Además tú tampoco has obrado bien. Debido a tu rencor te inscribiste en Rizembool para desquitarte de Hanasaki y de mi. Rizembool es lo más bajo que alguien puede caer.—
—¿En serio crees que todo esto es por ti y esa… escuela?— Le dijo, sin mirarla. Apiló un tercer libro a su selección. —Deberías evitar pensar que mi vida gira entorno a ello.—
—No creo que de la nada, con tu futuro brillante en Inglaterra, te hayas levantado con ganas de inscribirte en Rizembool.— Kana puso los ojos en blanco. Notó que Cain se alejó y la ignoró por completo. —Tampoco quiero hablar contigo… Pero… Necesito que hagas algo por mi.— Expresó finalmente, con nerviosismo. El joven le dejó hablando sola. —¡Ya!— Le agarró del brazo haciendo que por poco botase los libros seleccionado. Fue brusca y el otro, tan educado y protocolar como un buen chico inglés, miró con desaprobación su arrebato. Kana lo miró enojada, frunció el ceño e infló las mejillas infantilmente. Acto seguido tomó un sobre que llevaba consigo y se lo incrusto en el bolsillo de la chaqueta larga del otro. La pelibranca giró en sus pasos. Se fue.

Después de salir de la librería pasaron unos segundos. Kana soltó un suspiro el cual había contraído de los puros nervios. Ahora era muy difícil lidiar con Cain, quien habría sido su mejor amigo hace años y con quien siempre había sido natural y cómodo tratar con él. Estaba cambiado, distante y extraño.
Esperaba alejarse de allí para ya no tener que responderle más. Igual era cobarde haber hecho eso y escapar pero… Era Kana Arima, vivía huyendo de los problemas y nunca le hacía frente a sus conflictos.

—¿Tú crees que iré a esta cosa?— Cain salió de la librería cargando con una mano una gran bolsa con libros que había comprado y en la otra agitando el sobre de carta. —¿Estás loca?—
—¡Yo ni quería que fueras!— Dijo dándose vuelta para mirarlo. Puso una expresión de súplica. —Ve, por favor. O me van a cuestionar.—
—¿Qué?—
—Que no tengo Key.— ¡Cuan patética!
—¿Y eso en qué me concierne a mi?—Frunció el ceño. Cuando quedó en frente de ella la miró con mayor desaprobación, hacia abajo, pues Kana era pequeña a su lado.
—Porque alguna vez fuiste mi Key.— Kana le miró hacia arriba. Cain siempre había sido alto y delgado, le había conocido con un falso apellido de Hargreaves (oh, hablando de mentirosos que juegan con las identidades…) pero ese día de la pelea con él en su reencuentro se había puesto en rabieta a buscarlo por internet para postear algo malo de él en alguna de sus publicaciones o algo (…) pero se encontró que no era Hargreaves su apellido, sino Lancaster. Y ahora que ya le conocía como Lancaster, le recordaba a las descripciones de Eduardo I de Inglaterra, por su porte rígido y sus piernas largas. —Y allí tienen que ir los Keys… Eh, no tengo y tampoco es como si tú fueras mi Key ahora pero no quiero ser la única que no presente a un Key y luego se pongan a investigar que paso. Ya sabes que si pasa eso y buscan tu paradero verán tu vinculación con Rizembool. En el fondo, es algo provechoso para los dos.— Se cruzó de brazos. Sin desviarle la mirada.
—Ah, claro. Que generoso de tu parte cuidarme con tanto esmero, querida amiga.— Dijo lo último con hipocresía. —Pero si no te das cuenta me mandas a un campamento comandado por ese salvaje energúmeno humano,—
—…— Kana recordó en un flash back que a Cain no le agradaba Leonidas desde Hanasaki. Decía que sus gritos de improviso le crispaban, y que Kana lo mareaba hablando de la admiración que ella tenía por el gran guerrero.
—Donde asistirán todos esos “keys” blasfemos, sucios y con esa enferma necesidad de probar que sirven para algo… ¿A hacer qué? ¿A sudar con ello en una caminata de camping? Olvídalo.—
—Oye, disculpa que no sea una invitación a jugar ajedrez o a una tertulia de los libros de Tolkien o esas cosas ñoñas que te gustan. Pero no puedo cambiar las cosas. ¡Ya te dije que nos conviene a los dos! Sólo preséntate. No es necesario que participes de las actividades.
—Oh, ¿Por qué no mejor invitas a esa paria humana que siempre estaba contigo? ¿Cuál era su insignificante nombre? Seguramente estaría cómodo de coexistir con todos esos salvajes.—
—…— Sabía que se refería a Mihael. —E-Ey, no son sólo salvajes. Ehhhh.— Kana trató de recordar a algunos Keys de antaño. Quizá seguían siendo los mismos si tenía suerte. —Irá el Key de Sayi, ehhh, ¿te acuerdas de él? ehhh. No era salvaje. Era un chico con excelente gusto por el arte.— Ni siquiera sabía si Sayi seguía teniendo el mismo Key o incluso si la pelirosa estaría en una situación similar que ella. —O… O… El Key de Cho-san.— Juntó las palmas de sus manos. —¡Apuesto que jugaban fútbol juntos!— Silencio incómodo. —¿Recuerdas que charlabas con Roxas en las prácticas de kendo?—
—Arima, jamás fui miembro de ese club.— Cain entrecerró los ojos, serio.
—O…O… ¡Ya está! Uno de los keys de Kora… hehe, ¿cómo no te ibas a llevar bien con uno de ellos?— cerró los ojos, ¡Maldito Cain! Seguía indiferente. ¿Que otro key recordaba? —¡Ah! Irá el Key de Eureka.— Con Eureka tenía más contacto últimamente pero ni idea si llevaría a su Key. Tampoco le había preguntado detalles de su vida y no conocía si aún tenía el mismo Key. —Lelouch… Creo que se llamaba… ¡Ah! Pero si debe hasta ser familiar tuyo, las familias ricas británicas se casan entre ellos y seguro tienes algún vínculo con él. Que recuerde, él no era salvaje ni nada…—
—Basta con esto.— Cain le plantó el sobre en el rostro sin quitárselo de la cara de Kana. —Toma tu invitación y dásela a alguien que le importen.—
—¡Ihhh!— Kana balbuceaba con el sobre en su rostro.
—¡Ah! Parece interesante.— Kaworu Nagisa, apareció entre los dos de improvisto, como siempre. Deslizó sus delicados dedos sobre la mano de Cain y le quitó el sobre con suavidad para no dañar a Kana. Acto seguido leyó la carta. —Veo que los de Hanasaki tienen más actividades que fomenta la interacción social y el vínculo con sus pares. Ojalá Rizembool hiciera lo mismo.
—¡Nagisa-san! ¿Qué haces aquí?— Kana le miró sorprendida. —Ahhh, eso no tenías que leerlo.—
—Tranquila, recuerda que sé guardar los secretos de una HiME. Jamás le diría nada a Rizembool.—
—…— Cain lo miró con frivolidad. Ese roedor siempre se aparecía de la nada como si los asechara.
—¿Qué haces aquí, Nagisa-san?—
—Bueno, quería pasear por el centro comercial y comprar algo de ropa para cambiar de pinta y de pronto me encontré con ustedes discutiendo.— El albino miró al otro chico. —Ow, Lancaster-chan, siempre eres serio y retraído pero no es correcto reaccionar así con una dama.—
—Fisgón.—
—¿Qué tal si vamos juntos a esta actividad?—
—¿¡¡Ehhhh!!?— Kana abrió los ojos como plato.
—¿No pueden ir dos personas?—
—N-no es eso. Es que pensarán mal de mi si llevo dos posibles keys…Uh.—
—O pueden pensar que eres una chica con mucha suerte.—
—¿Por qué no vas tú solo?— Le encaró Cain, mirándolo seriamente.
—Oh, ¿Porque creo que eres su key? Después de esa discusión que tuvieron en el muelle donde Kana-chan fue absorbida por aquel portal supongo que tienen algo de historia. La verdad me has sorprendido, Lancaster-chan, porque pensé que eras un chico solitario sin relación con este tipo de eventos.
—Créeme, no tengo nada que ver en esto. Por cierto, no tienes derecho a agregar el honorífico “chan” a mi apellido.— Expresó una mueca de desagrado. —Me retiro. Tengo cosas más interesantes que hacer.— Se dio la media vuelta y se alejó de ambos.
—…— Los dos peliblancos se quedaron mirando en la dirección que el otro joven había tomado.
—Lancaster-chan es una persona muy especial.—
—Eh.— Kana pensó que Cain y Kaworu eras demasiado especiales en tratar, la verdad.
—Kana-chan, ¿Te molestaría si voy a este encuentro?—
—Es que…— Ella bajo la mirada. —Tal vez Cain tiene razón y es algo violento y desagradable para personas como ustedes. No desprecio tu generoso gesto pero la verdad para mi eres una persona super respetable y no me gustaría que estuvieras envuelto en situaciones riesgosas o incómoda.—
—Para nada.— Kaworu meneó una mano en el aire, restandole importancia. —Me gusta estudiar este tipo de conflictos. Tal vez no soy tu Key pero puedo ir en representación de él y hacerme pasar por tu Key para que así no estes en apuros ni tú ni él.—
—Veo que escuchaste todo.— Kana alzó una ceja y torció el labio en una mueca de risa irónica. Kaworu era experto en escuchar las conversaciones ajenas, por lo visto.
—Aham.—
—Ahhhh.— Kana soltó un suspiro. —Perdón por que tengas que pasar por estas cosas. Pero ciertamente me haría bien que alguien fuera como mi “Key” así no hay cuestionamientos hacia mi persona.— Pues gracias al inepto de Mihael, que le había dicho a Miranda y a Fran que ella no tenía Key, seguramente ahora ellas estarían investigando del paradero de Cain y de verdad no quería meterlo en más caos. —No tienes que hacer nada ni destacar, sólo estar allí. Ehhh, cuando quieras irte puedes hacerlo libremente.—
—Será divertido, lo prometo.— Kaworu colocó una mano en el hombro de la chica y la miró con afecto y ternura. —Kana-chan, todo sea por que estés bien.
—…— Arima sintió que las mejillas se le encendieron en carmesí. Suponía que aquel gesto de Kaworu era porque su modo de relacionarse con los demás era pero no pudo evitar sentirse especial con ello. —G-Gracias.—
—Ahora, ¿Te parece si vamos por un par de helados? Yo invito.—
« Last Edit: June 26, 2018, 04:07:09 PM by Kana »


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #367: February 10, 2018, 04:53:03 PM »
Uhh finalmente termino, tomó más tiempo del esperado. A preparar el siguiente...

49.2.







El sendero de piedras que siguieron era un camino sucio y descuidado, ya que había partes en las cuales crecían arbustos, o se observaban unas ocasionales y colapsadas barandas. Sin embargo, era un camino simple de seguir al no encontrarse húmedo ni tener pronunciadas pendientes, y no les faltaba mucho para llegar al lago.

Durante el camino, pudieron disfrutar del canto de distintas especies de aves y del buen clima mientras recibían sombra de los frondosos árboles de la zona. Como el sendero era estrecho, todos formaban una fila y se habían hecho pequeños grupos de personas, quienes conversaban entre sí sobre distintas curiosidades o temas de interés.

“El bosque es encantador, aruji,” comenzó el arma, quien pese a verse a gusto dio un suspiro y se encogió de hombros. “No me gustan paseos de este tipo, pero al menos comprendo que no requiere de ensuciarnos ni mucho esfuerzo.”
“Heh, puedo decir que por eso me gusta también,” Cho sonrió entretenida.
“¡Pero ensuciarse y gozar es la mejor parte!” exclamó Marisa, con una amplia sonrisa. “¡Vamos! ¡Eres una HiME y te vendría bien acostumbrarte!”
“N-no creo que sea necesario, gracias…”
“Sin embargo, no es una mala idea,” Youmu alzó su mirada y observó las ramas que se extendían sobre ellas. “Esos árboles son lo suficiente fuertes como para aguantarnos y el terreno que nos rodea no es muy accidentado. Haría bien como un lugar de entrenamiento.”
“Si algún día te animas a organizarlo, te estaría muy agradecida,” dijo Reimu. “Me vendría muy bien un entrenamiento de agilidad y también tan cerca del templo.”
“Sé que eres una buena corredora, pero sí puedo enseñarte algunas pautas sobre cómo lidiar con obstáculos, entre otros,” Youmu asintió. “Y ahora es más importante que nunca por ser HiME.”
“Pero ya somos tres en nuestro grupo. Podemos apoyarnos mutuamente,” dijo la miko.
“Además que cuentan con dos senpais, ¿no?” Marisa miró a Cho.
“Ehh, p-pienso que Youmu me gana en prácticamente todo lo que envuelve ser HiME,” se apresuró a decir la peliceleste, torturada.
“Pero tú posees experiencia y conocimiento, aruji,” le insistió Kashuu, con leve reproche. “No voy a dejar que te rebajes tan fácilmente.”
“Kashuu tiene razón,” Youmu asintió. “Sé que hay muchas cosas que puedo aprender sobre este enfrenamiento de ti.”
“H-haré lo que pueda para ayudarlas…” Cho dio un suspiro. Temía que sus nuevas compañeras tuvieran expectativas muy altas.
“Haha, no te desanimes tan rápido,” Marisa le dio unas palmaditas en el hombro. “Y dije senpais porque yo también puedo apoyar. No seguiré siendo HiME, pero todavía me queda la sazón.”
“Es bueno saber que puedes hacer más que ser polizonte y ayudante de limpieza,” comentó Reimu, con una sonrisa traviesa.
“¡No te burles de tu senpai, miko mala!”

“Uhh, ¿cuánto falta para llegar?” Tomo frunció el ceño, molesta. “¿Por qué mi maldito grupo de amigos no disfruta de un sábado en casa donde ven películas y piden pizza a domicilio?”
“De nuevo, no tenías que venir,” Roxas negó. También se preguntaba qué había hecho que Tomo se juntara con su grupo en vez de seguir a Osaka o a las HiMEs como siempre lo hacía.
“¡Hahaha! Estoy seguro que Mai se anda preguntando exactamente lo mismo,” comentó Tsurumaru, entretenido. “Pero es bueno que salgas y vivas tu juventud mientras puedas.”
“Eso suena raro viniendo de alguien de tu edad,” Tomo le miró con desconfianza. “Ni que fueras un tsukumogami de siglos de antigüedad para hablar de ese modo.”
“Haha, eso fue muy específico, pequeña,” se animó. “Felizmente que no, de lo contrario no sé qué habría hecho con tanto aburrimiento acumulado. Yo personalmente disfruto de estar aquí.”
“Este bosque ha resultado muy agradable,” Horikawa sonrió ampliamente. “Amaría saltar entre las ramas y correr por los árboles.”
“Urashima y tú podrían quedarse haciendo eso todo el día sin aburrirse,” Nagasone sonrió con leve gracia. “Este lugar sí me recuerda a casa. La residencia principal de los Kotetsu está rodeada de bosques, después de todo.”
“Por lo que he oído, suena a que es un lugar grande e increíble,” dijo Roxas, pensativo.
“Espero que puedas ir a visitarlo pronto. Sé que te sorprenderás gratamente,” comentó Horikawa.
“Eso tenemos que verlo con nuestro padre. También depende de ti, ya que el viaje significaría que conocerías a toda la familia,” comentó Nagasone. “Si bien nosotros somos los centrales, tenemos muchos parientes.”
“Cierto…” se incomodó.
“Tú eres el hermano desaparecido por muchos años, ¿no? Ya puedo comprender esa inquietud dibujada en tu rostro,” Tsurumaru se encogió de hombros.
“¿Cómo lo sabes?”
“Tu prima Osaka se lo dijo a todos por Whatsapp. Entre ello y la búsqueda de Horikawa y tu hermano menor por Rizembool pude hacer la conexión,” contestó tranquilamente. “Pero yo que tú no me hago líos. Será raro, pero la familia es sorprendentemente cálida y reconfortante. Mientras menos pienses sobre ir a conocerlos, será mejor.”
“Puede que tengas razón…” Roxas negó al recordar nuevamente lo escandalosa y comunicativa que era su prima, y todavía le costaba creer que los rumores de la revelación no le llegaron antes de que el mismo señor Kotetsu se apareciera frente a él.
“Bien dicho,” Nagasone asintió, complacido. “Mi familia es un poco complicada en ocasiones, pero en el fondo somos muy unidos y hacemos lo que podemos para exaltar nuestro apellido. Por ello mismo, sé que estarán muy contentos de finalmente conocerte, Roxas.”
“Usted también debe tener una familia muy unida,” concluyó Horikawa, dirigiéndose al peliblanco con muchos ánimos.
“¿Yo? Haha, no, lo decía por un tipo que conozco que tiene un montón de hermanos,” Tsurumaru sonrió con ironía. “Cuando pasa tiempo con ellos, es menos desagradable de lo usual, y sé que su familia es muy funcional.”
“Entonces asumo que tu familia no es tan ideal,” Tomo alzó una ceja.
“Tampoco puedo decir eso,” el peliblanco ensanchó un poco su sonrisa, con leve nostalgia. “Es sólo que yo no tengo parientes. Soy el único con mi apellido. Por eso no sé cómo funcionan las familias, aunque observando a otros me puedo dar una idea.”
“¿Eh?” Horikawa se alarmó por esa tan casual revelación de su parte. Intercambió miradas con Roxas, sin saber qué observarle.
“¡Hahaha!” al final fue Tsurumaru quien disipó esa tensión. “¿Qué sucede? ¿Les inquieté por lo que dije? Heh, no es un tema sensible para mí, así que no le presten atención. Sólo olvídenlo.”
“Eres un bicho raro,” dijo Tomo, extrañada.
“No lo puedo negar,” se encogió de hombros con un gesto de humildad, cuando entonces recordó algo y miró a Nagasone. “Oh, ahora que lo pienso, tu familia es esa famosa familia Kotetsu. Recuerdo que tu hermano menor lo mencionó cuando le conocí en su visita a Rizembool.”
“Sí, ¿por qué lo mencionas?”
“El pequeñín pelicenizo que está caminando hacia el frente ha comenzado un entrenamiento con quien vendría a ser tu padre, si no me equivoco,” Tsurumaru miró a Hotarumaru que estaba al pendiente de una incómoda conversación entre Mai y Aizen.
“Oh, recuerdo que el señor Kotetsu me comentó que iba a instruir a un estudiante de Rizembool bajo un pedido especial de un antiguo colega,” dijo Horikawa.
“¿En serio?” Roxas se confundió.
“También me lo dijo, aunque me sorprende que se trate de ese pequeño,” Nagasone se impresionó notoriamente. “Él debe ser un joven muy fuerte y con talento para las oodachis. De lo contrario, mi padre no le prestaría atención.”
“Has descrito a Hotaru-bou muy bien,” confirmó Tsurumaru. “El pobre ha andado a la expectativa de las lecciones ya que tu padre le dijo que iba a probar su valor antes de ser su instructor permanente. Ello parece que lo ha intimidado un poco.”
“A cualquiera lo intimidaría,” el Kotetsu mayor asintió, sonriendo con ironía. “Podría hablar con el pequeño para levantarle la moral.”

“Es muy lindo, ¿no te parece? Su nombre es Kamekichi,” dijo Urashima con muchos ánimos mientras presentaba su tortuga a Yukko, quien había sentido mucha curiosidad. El chico le extendió su mascota con una amplia sonrisa. “Adelante, puedes agarrarlo.”
“¿E-en serio?”
“¡Sí! ¡Verás que es una tortuga muy amigable!” asintió y le entregó a Kamekichi.
“Heh, sí es lindo. Nunca había visto una tortuga en vivo anteriormente.”
“Uhh, te estás perdiendo de mucho,” comentó Osaka, impresionada. “Tienes que aprovechar esta oportunidad única.”
“¡Estoy de acuerdo!” exclamó el rubio. “¡Entonces tienes mucho de qué hablar con Kamekichi! Puedes cuidarlo por un rato.”
“Oh, eh, gracias,” sonrió torpemente. No había esperado recibir esa invitación y se le hacía un poco raro, aunque sí le gustaba poder lidiar con un animal tan tranquilo y dócil.
“¡Es un gusto! Kamekichi también tiene que conocer a más amigos, ¡y qué mejor momento que este paseo con tantas personas!”
“¡Te digo que sí! ¡Estoy muy consciente del mensaje que Aizen Myou’ou tiene que enseñar!” exclamó Aizen al costado de ellos, quien continuaba discutiendo con Mai.
“Eres un pequeño. No sabes lo que dices,” ella negó, inmutada.
“Por favor, no se peleen…” entre los dos, Hotarumaru se veía un poco preocupado.
“¡Soy muy maduro para mi edad! ¡Y también una persona dedicada y espiritual!” el pelirrojo se enfadó más al ver a la otra negar. “¡Oye! ¡No me subestimes! ¡Eres tú la que no sabe!”
“Te equivocas,” le recalcó, mirándole de reojo. “Soy budista. Conozco bien a ese personaje, y pienso que te faltan años para comprenderlo bien y para desligarte de los placeres de la vida.”
“Uhh, vamos, ya no se anden peleando,” les pidió Urashima, un poco desanimado.
“Y tú tampoco eres precisamente desligada, Mai…” Yukko sonrió incómoda. “Andas con el interés de cazar un pato y también te gustan mucho las cosas adorables.”
“Sí, no niegues tus vicios terrenales, Mai-chan,” observó su prima.
“Me avergüenzan …” Mai negó cadenciosamente. “Es cierto, de todos modos, soy una humana imperfecta que no ha alcanzado el nirvana, pero me resultará imposible mientras tenga a seres tan hermosos y adorables como Hotarumaru a mi costado.”
“Mai-neechan…” este ladeó su cabeza.
“¿Qué dices?” Aizen se extrañó. “¿Y por qué andas llamándole nee-chan a esta loca, Hotaru?”
“Me lo pidió,” el pequeño dio un suspiro. “En serio, no se peleen…”
“Necesito el constante recuerdo de la hermosura presente en este mundo y Hotarumaru me está haciendo un gran servicio,” comentó Mai, cruzándose de brazos. “Luego de conocer a sus otros amigos y notar que ellos no son adorables, me siento muy decepcionada de la humanidad. Espero que Hotarumaru tenga a otros amigos tan adorables como él que conocer, pero estoy empezando a entender que pido demasiado…”
“Qué rara eres,” Aizen se encogió de hombros. “Al menos veo que no te has dejado llevar por la apariencia de Monaca y yo tampoco me llevé una buena impresión de Nagisa cuando lo conocí por primera vez.”
“…” Hotarumaru estaba un tanto nervioso al notar cómo su hermano estaba de acuerdo con algunos puntos negativos de Mai.
“Soy lista y despierta, no me engañan con facilidad,” Mai asintió, y entonces miró a Hotarumaru y le revolvió los cabellos. “Pero está bien, porque preciosidades como este pequeño son tan raras como las perlas, y me alegro de haberme topado con una.”
“Hehe, me alegro mucho por ti, es bueno para el alma,” Osaka asintió. “Muchas gracias por cuidar de mi prima, pequeño~”
“Eh, uhm…” Hotarumaru se puso a pensar sin saber qué decir a esas palabras, y su reacción resultó mucho más adorable que hizo que Mai esbozara una pequeña y cálida sonrisa.
“Uhh…” por su lado, Aizen sintió escalofríos. “No andes aprovechándote de Hotaru así, es raro. Ya pareces una pedófila.”
“…” Mai dejó su acción de inmediato y miró al pelirrojo con unos ojos nulos que claramente albergaban un gran odio.
“Mo…” el pelicenizo se sobresaltó.
“¡Ihh!” Yukko se asustó y se escondió detrás de Urashima.
“M-Mai-chan, tranquila, por favor,” Osaka también se alarmó. “Es sólo un niño…”
“Por respeto a Hotarumaru, no te haré nada,” Mai negó y le miró con gran intensidad. “Eres un irrespetuoso, y nada adorable en lo absoluto. Desconoceré tu existencia en mis alrededores en lo posible precisamente por lo tan no lindo que eres, mocoso.”
“Y tú eres una tremenda loca. ¿Qué tienes con todo eso de lindo y adorable?” recalcó Aizen. Los dos terminaron mirándose con odio mientras chispas se originaban en el aire.
“¡Ya dejen de comportarse así!” reclamó Hotarumaru, quien se ofuscó y les llamó la atención agitando sus puños verticalmente. Él hizo un puchero. “¿Por qué no pueden llevarse bien?”
“Mai-chan, sé más amable, por favor…” dijo Osaka, preocupada.
“Se ve que son personas con ideas muy distintas, pero tienen que hacer un esfuerzo en comunicarse,” comentó Urashima, con una sonrisa. “Si siguen peleando tan obstinadamente sólo se van a lastimar a sí mismos. ¡Aparte que yo estoy esperando ser amigo de todos!”
“Hehe, es una buena meta,” Yukko asintió.
“No que no quiera, pero algo me da a entender que esta chica está siendo difícil a propósito,” reportó Aizen, frustrado. “¿Acaso está asociado a eso de que no soy lindo o lo que sea?”
“En parte, pero soy complicada con todo el mundo,” Mai se encogió de hombros, inmutada. “Yo soy más bien amable con las personas que sí pienso son adorables. De lo contrario, no esperes un trato especial de mi parte. Y no te lo tomes personal.”
“Uhh, es difícil no tomárselo personal…” se lamentó Yukko, cabizbaja.
“Por ejemplo, Ayumu aquí presente siempre fue adorable pese a ser un año mayor que yo, y por ello soy más paciente con ella.”
“Eso es cierto~” canturreó Osaka.
“Y tú te ves todavía adorable pese a estar en la universidad,” comentó Mai a Urashima, mientras le miraba juiciosamente. “Sí, pareces un pequeño que irradia positivismo y ama a toda la humanidad. Eso es adorable. Por ello me limitaré a hacer bullying sólo a tu hermano perdido.”
“Ehm, gracias, pero trata de no ser mala con Roxas-niichan, por favor…” el chico sonrió incómodo por esa mención de que era adorable.
“Temo que no vayas a ser amable con el resto de mis amigos tampoco, Mai-neechan…”
“Dependerá de lo lindos que sean.”
“…me da la impresión que tú no me pasarías si no te pareciera adorable…” dijo el pelicenizo con cierto aire de tristeza.
“Te querría menos, como mínimo,” Mai asintió.
“¡Oye, Mai!” Yukko se alarmó por oírle decirlo tan libremente.
“Ehh…” y efectivamente los demás vieron que Hotarumaru se quedó en shock y bajó su mirada movido y entristecido.
“H-Hotaru, no le tomes tan seriamente…” Aizen se preocupó y le agarró de un hombro, para sonreírle un poco. “Vamos, tú eres mucho más de lo que pareces. ¡Todos lo sabemos!”
“¡Bien dicho! ¡Es muy cierto!” Urashima levantó su pulgar.
“Mai-chan…” Osaka frunció el ceño a su prima, quien ya de por sí se notaba mínimamente confundida y afectada por el impacto que sus palabras tuvieron en su pequeño.
“Discúlpame, Hotarumaru,” le dijo. Era evidente que Mai no había hecho el switch de no ser cruel con su cosa adorable favorita. “Eres mi amigo predilecto de la universidad, y no sólo lo digo porque eres adorable. Confía en mí.”
“…” el pequeño le miró afligido y con una pizca de incomprensión, y terminó asintiendo. “No deberías tener favoritos, Mai-neechan.”
“Soy humana, y por ende me es imposible no tener favoritos,” asintió. “Entre tu hermano y tú, tú serías mi favorito, por ejemplo.”
“N-no necesitabas decirlo,” Aizen entrecerró sus ojos.
“Mai-neechan…” Hotarumaru negó, frustrado.

Entonces, todos finalmente llegaron a un espacio abierto a orillas del lago. Dicho cuerpo de agua tenía un tamaño mediano y alongado, el cual recibía un pequeño riachuelo proveniente de una cascada que yacía más adelante. Había plantas acuáticas hacia esquinas, recibía bastante sombra de árboles y se apreciaban muchas aves habitar el ecosistema. También confirmaron que había un grupo de tortugas silvestres, el cual descansaba en piedras que sobresalían del agua superficial en la orilla.

“¡Más tortugas! ¡Qué genial!” Urashima corrió donde ellas y las miró de cerca con ojos destellantes. “¡Ahhh, qué lindas y son de la misma especie que Kamekichi! ¡A jugar!”
“Urashima, no las fastidies, por favor,” le pidió Horikawa, pacientemente.
“Uhh, sabes que esa no es mi intención…”
“Este me parece un buen lugar para armar el picnic,” dijo Reimu. “Tenemos mucho espacio y una buena vista.”
“Estoy de acuerdo, acá podemos desempacar,” Marisa se sacó lo que cargaba de encima, lo cual en su mayoría eran las telas donde apoyarían todo, entre otros utensilios.
“Si bien estoy de acuerdo en este sitio, ¿no creen que es muy temprano para comer?” preguntó Tsurumaru, mientras reposaba lo que había estado cargando a sus pies. “Pienso que tenemos tiempo para dar una vuelta. Todavía no siento hambre.”
“Sí hay varios caminos que seguir, pienso que es una buena idea,” comentó Cho, pensativa. “El camino de la izquierda lleva hacia la cascada, y el de más a la derecha a un mirador natural donde se ve la ciudad. Los caminos de en medio son para continuar por el trayecto en el bosque, y no los conozco, en verdad…”
“Lo mejor sería irnos por lo que conocemos, aruji,” dijo Kashuu con leve incomodidad. “No me gustaría perderme por el bosque.”
“Tampoco podemos aventurarnos mucho,” opinó Youmu. “Sería lo mejor tener un almuerzo rápido para regresar lo antes posible. Si la noche cae antes de llegar al templo, estaríamos en problemas. No habría visibilidad y no sé qué animales viven por aquí.”
“¡Ohh, pero veríamos las luciérnagas!” Hotarumaru se emocionó. “Hehe, son una de mis cosas favoritas del verano.”
“El camino no es muy firme como para caminar en la oscuridad, Hotaru. Otro día vamos a buscarlas,” dijo Aizen. “Aunque tampoco creo que haya mucho que hacer como para arriesgar quedarnos hasta la noche. Sólo estuvimos caminando poco más de una hora.”
“Pero el camino de ida fue pendiente hacia abajo,” dijo Roxas. “De regreso será más pesado y nos tomará más tiempo.”
“Uhh, tienen razón,” Yukko dio un suspiro. “Ya ando cansada de la ida.”
“Como Hanasaki-chan no me sorprendes,” Mai asintió, cruzada de brazos.
“Ya que estamos aquí, sería un desperdicio no pasear un poco más,” opinó Nagasone. “Podemos detenernos a revisar el mapa para asegurarnos de no tomar mucho tiempo.”
“Sí, y también ponemos una hora de regreso o nos podemos distraer,” Osaka sonrió.

Así, la mayoría se sentó encima de las telas puestas sobre el suelo para mirar el mapa y reconocer los senderos disponibles. Por su parte, Yukko prefirió no participar en esa actividad ya que seguía cansada de la ida, y decidió que tomaría ese break para descansar mientras los demás paseaban antes de almorzar. Ella optó por acercarse a las tortugas, y así también apoyó a Kamekichi en la orilla del lago, el cual caminó con mucha lentitud y curiosidad por sus nuevos alrededores. Yukko sonrió. Le gustaba esa mascota tan tranquila y pacífica.

“¡Ohh, excelente idea!” Urashima terminó por darle el alcance. “¡Kamekichi seguramente está muy a gusto por llegar a este lago! ¡Espero que se haga amigo de las demás tortugas!”
“Hehe, veo que te gustan las tortugas.”
“¡Un montón! ¡Son geniales y divertidas y amigables y no pueden ser subestimadas!” exclamó, y levantó un índice para marcar el último punto. “Hablo en serio. Kamekichi es más rápido de lo que parece. A veces no me doy cuenta, pero ha dado la vuelta por una esquina y desaparece de mi vista. Siento que tengo mucho que aprender de mi mascota.”
“Hehe, te llevas muy bien con él, ¿no es así?”
“Es mi gran acompañante y siempre me presta atención y me escucha, además que ya se acostumbró a quedarse quieto en mi hombro. Me tomó tiempo entrenarle.”
“Seguramente…” sí, esa tortuga debía ser muy tranquila ya que el chico se notaba hiperactivo y movido, y cualquier animal se asustaría de estar sobre su hombro.

Entonces, ellos vieron que unas cuatro personas se les acercaron.

“Dijiste que te ibas a quedar a descansar,” dijo Mai a Yukko.
“Sí…”
“Yo me quedo contigo.”
“¿En serio? ¿Por qué?”
“…” Mai volteó su mirada momentáneamente para confirmar que la miko ya se había ido por el sendero que había escogido. “Este es el mejor lugar para cazar al pato. Esperaré el momento.”
“M-Mai…” Yukko frunció el ceño.
“Intenta no dañar este ecosistema, por favor…” le pidió Hotarumaru, quien se notaba un poco incómodo y meditativo.
“Oh, ¿qué sucede?” le preguntó Urashima, sonriente. “Anímate. Una sonrisa en el rostro te queda mucho mejor.”
“Ehh…” entonces, el pelicenizo le miró y volvió a bajar su cabeza, avergonzado. “Perdón, no supe quién eras…”
“¿Eh? ¿De qué hablas?” se confundió.
“Tsurumaru nos dijo que el señor Kotetsu está entrenando a Hotarumaru,” informó Horikawa.
“¡Woah, ¿en serio?!” el rubio se quedó boquiabierto, lo cual apenó más al menor, aunque Urashima rápidamente se alegró. “¡Eso dice que eres muy fuerte! ¡Qué buenas noticias! ¡Hehe, mi papá sólo entrenaría a alguien con verdadero potencial!”
“Es posible que no tenga dicho potencial, todavía tengo que probarme ante él…”
“No te tomes ese desafío tan seriamente,” le aconsejó Nagasone, con un tono fraternal. “Urashima, vamos a dar una vuelta con este pequeño. Tenemos que alentarle un poco.”
“B-bueno, pero…” él miró hacia las tortugas. “Había esperado jugar con ellas…”
“Las tortugas no se van a ir a ningún lado. Es sólo una vuelta,” dijo su amigo.
“Ya, entonces regreso lo antes posible,” asintió y se dirigió a Yukko. “¿Podrías vigilar a Kamekichi mientras no estoy? Espero que mi mascota pueda divertirse un montón.”
“No te preocupes, pensaba quedarme justo aquí,” asintió, comprometida.
“¡Gracias, ahora vuelvo!”

De ese modo, ellos partieron a tomar uno de los senderos del bosque. Yukko apreció el silencio de la naturaleza que le rodeaba y aspiró el aire fresco mientras escuchaba cantos de aves cercanas. Tenía el privilegio de disfrutar de una sombra cortesía de un frondoso árbol y una refrescante brisa. Pese a la interminable escalera camino al templo y el camino para llegar, podía decir que sí disfrutaba del paseo.

“Te ves muy distraída,” comentó Mai, quien estaba sentada en el punto de picnic donde todos habían dejado sus equipajes, en plena acción de cargar su rifle.
“M-Mai, no perturbes esta hermosa escena…”
“Somos depredadoras por nuestra institución, Hanasaki-chan. Ya vendría a ser hora de que te acostumbres a ello.”
“Siento que usas a Rizembool de excusa demasiadas veces.”
“Quizás, pero mis palabras siguen siendo ciertas,” asintió, convencida. “De todos modos, todavía no veo a patos. Tendré que permanecer vigilante.”
“Uhh, no quiero que lastimes a nada, Mai. Piensa en las tortugas.”
“Las tortugas no comen patos. No son mis enemigas.”
“E-ehh… no en ese sentido, sabes a lo que me refiero…”
“…” Mai terminó de cargar su rifle y lo cerró, para entonces mirar hacia las tortugas y verse mínimamente intrigada. “Hablando de ellas, ¿les has estado prestando atención?”
“¿Eh?” en ese momento, Yukko se giró justo para ver cómo todas las tortugas, Kamekichi incluido, se sumergieron en el agua turbia del lago y nadaron hacia las profundidades. “¡AAHHH! ¡EHH! ¡¿Q-qué?!”
“…” Mai dio un suspiro.
“¡I-imposible! ¿Cuándo llegó al agua?” se agarró su cabeza, horrorizada. “¡No puede ser! ¡Kamekichi! ¡Kamekichi!” Yukko vio a una tortuga emerger y dio un suspiro aliviada, cuando entonces vio a otras dos que intercambiaron miradas con la primera y las tres se volvieron a sumergir para seguir nadando. “¡AAAAHHH! ¡Kamekichi, nooo!”
“Llamando a una tortuga como si fuera un perro que obedece,” Mai negó impaciente. “He perdido todo el respeto que te tenía, Yukko.”
“¡No me hagas sentir peor! ¡Y son de la misma especie! ¡¿Qué voy a hacer?!”

Y fue así que el relajante descanso de Yukko llegó a su fin.



Los que iban a pasear por los alrededores se terminaron dividiendo en tres grupos que siguieron caminos distintos. Cho se había animado a visitar la cascada y fue con su grupo usual, más un visitante.

“Creo que comienzo a sentir la garúa, no estamos muy lejos,” comentó Tsurumaru, animado.
“Oh, y quizás también se oye la caída del agua… aunque las aves están cantando muy fuerte como para notarlo…” Osaka se puso a pensar.
“¿Por qué te pones pensativa? Sigamos caminando nada más,” Tomo se impacientó.
“Aruji, ¿por qué nos habrá seguido este extraño?” preguntó Kashuu en voz baja, cerca de Cho. “Sé que se ve pacífico, pero es inesperado.”
“E-está bien, no siento que nos tengamos que preocupar,” Cho sonrió incómoda.
“Espero que tengas razón…” Roxas negó, frustrado.
“Oigan, estaré acompañando a sus simpáticas amigas, pero les puedo oír,” Tsurumaru se volteó para mirar a los tres menos entusiastas del paseo con una sonrisa cansada. “No les culpo por dudar de mí, pero ya me expliqué previamente.”
“Sí, eh, siento las molestias,” Cho hizo una breve reverencia.
“No, descuida, no hablaba sobre ti,” el mayor se encogió de hombros. “Vine porque buscar la catarata suena a lo más divertido que hacer con este tiempo muerto, y quedarme con mis kouhais en el punto de encuentro habría sido muy aburrido, aunque quién sabe si algo interesante ya se encuentra ocurriendo por ahí.”
“Oh, seguro que Mai-chan ya cazó el pato,” Osaka asintió convencida mientras los demás le miraron un poco confundidos.
“O tal vez esa Hanasaki-chan cumplió con su promesa de caerse a algún lado y ensuciarse,” comentó Tomo, indiferente.
“¡Hahaha! Muy cierto, a mi estimada Hanasaki-chan le pasan todas las calamidades,” el peliblanco rió. “Pero también vine porque sigo teniendo mucha curiosidad sobre un arma que tiene vida. Hanasaki se lleva toda la emoción del asunto.”
“No tengo nada realmente interesante que decir,” comentó Kashuu, con leve impaciencia. “Aprecio tu curiosidad, pero aparte de transformarme en un arma y compartir recuerdos con aruji, no tengo nada de especial.”
“¡Ohh! ¡Eso no lo sabía!” Tsurumaru se emocionó y se acercó bastante al arma con ojos brillantes, lo que hizo que Kashuu diera un paso hacia atrás.
“Ya pareces un depredador, detente.”
“¡Hahaha! Perdón, perdón, me es difícil esconder mis ánimos cuando me emociono. Pero en serio, pienso que es muy interesante y único que compartas tanto con tu aruji,” Tsurumaru miró a Cho. “Ya comprendo que tu arma es un compañero fácil de entender y un gran apoyo.”
“Eh, sí lo es,” Cho asintió, sonriendo.
“Bueno, en eso tienes mucha razón,” Kashuu sonrió autosuficiente. “Aruji y yo somos un equipo y juntos lograremos vencer a nuestro Rebel.”
“Siento que se olvidan de mí muy seguido,” Roxas frunció el ceño.
“Oh, ¿qué sucede? ¿Hay una rivalidad entre los dos?” Tsurumaru se vio perplejo y pasó a reírse para molestia del Key. “Hahaha, qué sorpresa. Y yo que pensaba que ustedes eran una linda y unida familia…”
“Ehm, no que sea muy gracioso…” Cho dio un suspiro, frustrada.
“Bueno, siempre va a haber drama contigo, HiME dramaqueen,” Tomo rodó los ojos.
“Tomo-chan, be nice,” le pidió Osaka con una adorable seriedad.
“Sigue cometiendo más transgresiones contra mi aruji y veré cómo expulsarte de nuestro círculo,” declaró el arma, cruzado de brazos.
“Tsk, no arremetan conmigo…” la exPrincess se alarmó mínimamente.
“¡Hahaha, pese a su disfuncionalidad, son muy entretenidos!” exclamó el peliblanco. “Está muy bien, eso me deja saber que sus días no son monótonos en lo absoluto. Me alegro por ustedes.”
“No es tan divertido como lo parece,” comentó Roxas.
“Aun así, les recomiendo que no anden peleando entre ustedes. En esta guerra, ni las HiMEs ni los Rebels tienen muchas personas con quienes pueden contar. Por ello aprovechen que ustedes están del mismo lado,” Tsurumaru sonrió con simpatía. “Son unas buenas personas. Les deseo toda la suerte que puedan tener.”
“Gracias,” Cho asintió. Ella sonrió un poco con leve incomodidad. Pese a que no podía despejar mucho esa imagen de Rebel que se había hecho del peliblanco, era evidente que ese chico no tenía ningún interés en ser un enemigo y era una persona agradable.
“Los deseos se aprecian. Puede que no seas un mal tipo después de todo,” comentó Kashuu, con una sonrisa de aprobación.
“Hahaha, ya les dije que pueden confiar en mí. En verdad soy más simple de lo que parezco,” él hizo una v con sus dedos. “Lo único que tienen que entender de mí es que odio aburrirme, y por ello siempre estoy intentando entretenerme. Por ello mismo les aseguro que sólo tengo buenas intenciones con ustedes.”
“¡Comprendido!” exclamó Osaka, con mucha alegría.
“La diversión también se puede prestar para cosas malas, pero, en fin, no soy la HiME,” Tomo se encogió de hombros.
“Ehh…” Cho miró a la exPrincess de reojo.
“Oh, ¿eso de allá es la catarata?” preguntó Roxas, quien pudo reconocer un poco de la caída de agua ni bien el camino dio una curva. Luego de haber ido en ascenso por un buen rato, finalmente estaban llegando a parte de la cascada y todos se impresionaron.
“¡Lo es, lo es! ¡Vamos, Tomo-chan!”
“Heh, y parece que tiene un tamaño decente. ¡Vamos!” Tomo se puso a correr con su amiga.
“Así que no estaba muy lejos. ¡No se queden quietos!” Tsurumaru se tomó la libertad de agarrar a Cho y Kashuu de sus muñecas y se puso a correr mientras jalaba a los dos.
“E-ehh…” la HiME estaba un tanto mareada.
“¡O-oye, suéltanos!”
“¡Hahahaha! ¿De qué te quejas? ¡Estoy seguro que es la primera catarata que ves!”
“¡Pero no necesitas jalarme!”
“¡Oigan, espérenme!” Roxas se frustró por volver a ser dejado detrás.



Reimu había sido acompañada por sus amigas y Aizen, quien se había interesado en saber más sobre su templo. Después de seguir el camino, empezaban a observar más claros del bosque, lo que debía indicar que no estaban muy lejos del mirador.

“Oh, entonces no eres originaria de la ciudad. Suena a que la tuviste duro,” dijo el pelirrojo.
“En un inicio, sí, pero luego me encontré con Cho y Roxas y ellos me apoyaron bastante,” Reimu asintió gustosamente. “Sin ellos la adaptación habría sido muy dura. Heh, nunca hubiera adivinado que la vida en la ciudad iba a ser tan difícil.”
“Si lo sabes de antemano, no debiste haberme asediado cuando me encontraste viviendo furtivamente en el templo,” dijo Marisa, haciendo un puchero.
“Velo en el punto de vista de Reimu. Nunca se sabe con los invasores,” Youmu negó. “Ella sólo defendía su propiedad.”
“Uhh…”
“Muy cierto, querida Youmu,” Reimu sonrió triunfalmente.
“Hm, y por ello ahora ayudas a limpiar y mantener el templo, ¿no?” preguntó Aizen a Marisa.
“¡Sí! Pese al susto de muerte y a lo explotadora que es Reimu en ocasiones, me terminé adaptando muy bien y es un hogar tranquilo. Claro, estaré lejos de Hanasaki, aunque no me puedo quejar en lo absoluto.”
“Podría decir lo mismo en mi caso,” el pequeño asintió. “Mi casa también es media disfuncional, pero sigo contento de estar aquí.”
“¿También eres de fuera?” preguntó Youmu.
“Sí, llevo unos tres años viviendo aquí. Antes de eso vivía con la familia de mi mamá,” se mostró un tanto nostálgico, aunque sin perder sus constantes energías. “Fue un gran cambio porque son ambientes completamente distintos, pero me gusta estar en la ciudad. He hecho varios amigos en el colegio y Hotaru es un buen hermano. También es mi deber cuidar de él por ser su mayor, ¿no lo creen?”
“Hehe, eres muy lindo por pensar así, pero te apoyo al cien por ciento,” Marisa levantó un pulgar y le dio un guiño.
“Gracias, pero yo no soy lindo,” Aizen comprimió un puño y lo alzó con una sonrisa confiada. “¡Estoy en camino a ser todo un hombre!”
“Lo serás tarde o temprano, no necesitas convencernos,” Reimu le sonrió. “Dijiste que tú sueles visitar muchos templos, ¿no?”
“Oh, sí, cuando era pequeño solía ir mucho con mi mamá. ¡Me encantaban ir a los festivales que organizaban durante feriados o por el verano! ¡No me perdía de ninguno! ¡Dime, ¿hay planes de un matsuri aquí?!”
“¿Un matsuri? Suena a un proyecto ambicioso…” la miko llevó una mano a un mentón mientras lo consideraba. “Es un poco pronto por haberme mudado recientemente… aunque sí tengo recursos económicos y también cuento con una muy voluntariosa trabajadora. Hehe, podría hacer un intento.”
“…” Marisa se agarró de Youmu como quien temía por su vida.
“¡Eso sería genial! ¡Ojalá que lo puedas organizar! ¡Puedes contar con mi asistencia y si puedo ayudar con algo para ello sólo avísame!”
“Gracias por tu ofrecimiento,” Reimu asintió. Justo entonces, ella vio que la luz incrementó considerablemente a sus alrededores y todos pudieron ver que el camino se abrió al mirador que les dio una vista impecable de un lado de la ciudad y otros montes cercanos.
“¡Ohh! ¡Es una excelente imagen!” exclamó Marisa. Ella sacó su celular para tomar unas fotos.
“Sinceramente, los alrededores del templo también prometen mucha tranquilidad. Es ideal para una sesión de meditación,” Youmu sonrió un poco.
“¡Me dan ganas de gritar por si llego a escuchar el eco!” Aizen se emocionó.
“No sé si habrá eco, aunque adelante,” Reimu se encogió de hombros.
“¡Entonces yo también grito!” Marisa se paró encima de las barandas del mirador y el pelirrojo de inmediato la imitó. “¡Ustedes también!”
“Paso, les espero,” la peliblanca desvió su mirada con cierta incomodidad.
“También paso, sólo procuren no caerse, por favor,” les pidió la miko.
“Confía en nosotros,” Marisa asintió.

El par se puso a gritar hacia el amplio escenario que tenían al frente mientras todos apreciaban esa hermosa vista antes de ir de regreso.



Por otro lado, Hotarumaru fue conducido por uno de los caminos que seguía sumergiéndose dentro del frondoso bosque, y llegaron a una parte tan tupida que era un poco oscura y había varias ramas por encima de sus cabezas.

“…” el pequeño miraba perdidamente a esas ramas con suma curiosidad y fascinación. “El bosque es precioso…”
“¿Verdad? Me parece muy tranquilo y tan lleno de vida,” dijo Horikawa, contento.
“Siento unas ganas enormes de aferrarme a una rama y trepar todos estos árboles,” Urashima tomó un gran respiro. “Ahh, este sí es un aire limpio. ¡¿Quién se anota?!”
“Si te pones a hacer ejercicio ahora, no habrá cuándo pararte,” observó su hermano mayor. “Ya quedamos en que veríamos el árbol sagrado que está más adelante e iríamos de regreso.”
“Está bien, si tú lo dices, Nagasone-niichan. Pero tenemos que regresar, ¿de acuerdo?”
“Claro que sí, tú tranquilo. Incluso sería bueno invitar a nuestro padre. Ah, pero él tendría problemas caminando por esta área por su altura. Correría el riesgo de golpearse con ramas.”
“El señor Kotetsu tiene ciertos complejos con su altura, es verdad,” observó Horikawa.
“¿Por qué?” preguntó Hotarumaru con curiosidad, aunque él se retrajo al notar que llamó la atención de los demás. “Ehh, perdón.”
“¡No, no, está muy bien que preguntes!” exclamó Urashima con una brillante sonrisa. “Hehe, suena un poco raro que alguien con la altura de mi papá se acompleje por ello, ¿no? Es que esa altura muchas veces le causa incomodidades. La mayoría de puertas son muy bajas y le he visto chocarse con lámparas de techo más veces de las que he podido contar.”
“…” asintió. “No lo había pensado así…”
“Haha, es raro hablar con tanta soltura sobre ello, aunque él mismo no lo niega,” Nagasone se encogió de hombros y miró al pelicenizo. “Pareces haberte impresionado por él.”
“Sí, no sé cómo ponerlo en palabras…” Hotarumaru lo meditó un poco. “Es que… pienso que es admirable… es muy grande y fuerte y se ve que es una persona imponente…” sus ojos se iluminaron. “Nunca hubiera pensado que tendría la suerte de poder entrenar bajo la tutela de alguien con todas esas características y hasta proveniente de su respetable familia…” bajó su mirada. “No me siento merecedor…”
“No digas eso. Estoy seguro que sí lo eres,” le alentó Horikawa. “El señor Kotetsu ya debe haber visto tu gran potencial con solo conocerte. Él es una persona amable, aunque también sería directo en negarte tutelaje si así lo considera.”
“De todos modos, suele ser un instructor muy severo. Lo sé por experiencia,” continuó Nagasone, quien se vio mínimamente incómodo por algún posible recuerdo del pasado. “Él espera que le des todo tu esfuerzo y te lo tomes con mucha seriedad. Estoy convencido que por ello te dio ese desafío de que le pruebes tu valor. Quiere ver lo cometido que estás en aprender y continuar con la disciplina de pelear con una oodachi.”
“En verdad que lo estoy, es muy importante para mí,” el pequeño asintió rápidamente.
“Y ya de por sí yo sé que lo vales. ¡Todos lo que lo quieren y lo intentan lo valen!” exclamó Urashima con grandes energías. “Así que no te valores menos por no ser de nuestra familia. Más bien demuéstranos que eres tan o más fuerte que nosotros, porque eres fuerte, ¿verdad?”
“…” Hotarumaru asintió. “Me toca aprender más, pero soy fuerte. No deben subestimarme.”
“Eso está muy bien,” Nagasone le dio un par de palmadas en su hombro.
“Puedes contar con nuestro apoyo,” le ofreció Horikawa, sonriendo. “Si algún día desearías entrenar, eres bienvenido a visitarnos. Nosotros muy gustosamente te atenderemos.”
“Ohh, gracias por la oportunidad,” hizo una reverencia. El pelicenizo sonrió un poco. “Hehe, son muy buenas personas, muy cálidos… me recuerdan a mi madre.”
“Las madres son personas muy cálidas, ¿no es así?” Urashima sintió gustosamente. “Pero entre nosotros también podemos tener esa calidez. Como papá te va a enseñar, seremos casi familia.”
“Es una linda idea, me parece bien,” Nagasone asintió. “No me opongo a otro hermanito.”
“Hehe, muchas gracias…” Hotarumaru sonrió ampliamente y se ruborizó un poco mientras mostraba una gran alegría. “Esperaré a entrenar juntos algún día.”
“Por supuesto, cuando gustes,” dijo Horikawa. Aquel pequeño era un niño muy adorable y humilde, y podía notar que en medio de su amable comportamiento anhelaba aquella calidez que había mencionado. El pelinegro esperaba que pudieran proveerle de al menos un poco.
“¡Ya está, así quedamos!” exclamó Urashima, extendiendo sus brazos hacia arriba. “Ya debemos estar pronto a llegar al árbol. ¡Tengo que verlo y de ahí regresar lo más rápido posible para jugar con las tortugas!”

Ellos continuaron caminando mientras esperaban llegar pronto a la meta para ir de regreso.




Mientras tanto…

“¡Te atrapé!” exclamó Yukko frenética ni bien pudo atrapar a una tortuga más en pleno nado por el lago. La pobre Hanasaki-chan tuvo que despojarse de su celular y otras pertenencias sensibles al agua para ingresar al lago mientras recuperaba todas las tortugas que podía y las dejaba en la orilla, en busca de Kamekichi. Ello resultó en ensuciar sus ropas (y zapatos ya que al intentar entrar sin estos se llevó con la desagradable sorpresa de que el fondo era pantanoso y lleno de algas) con tal de recuperar aquella tranquila pero escurridiza mascota. La pobre llevó al reptil junto con los otros y los contó. “Ocho… ahh, ¿pero cuántos eran? Ni recuerdo… ¿Qué voy a hacer? ¿Qué tal si eran nueve, o diez? ¡Y ni sé si Kamekichi está aquí! ¡Alguien ayuda!”

En ese momento, ella se estremeció y cayó sentada al piso por oír un sonoro disparo que espantó a muchas aves. Yukko regresó a la vida al escuchar a un animal caer al suelo y giró su cabeza para confirmar sus sospechas.

“Misión cumplida,” reportó Mai quien caminaba hacia el pato que muy oportunamente había caído fuera del lago. Ella lo recogió y lo inspeccionó. “De lleno en la cabeza. Bien, no he lastimado la carne…” miró de reojo a Yukko. “Regresa a lo que hacías.”
“¡M-Mai, por favor, tienes que ayudarme!”
“No me meteré al lago.”
“Ihh, es que, p-pero… ¡ahh ni yo sé si eso es lo que debería hacer ahora! ¡Tiene que haber una forma de diferenciar a Kamekichi del resto!” entonces, Yukko apenas pudo agarrar a una intrépida tortuga que había llegado a la orilla. “¡No! ¡Quédate! ¡No he resuelto nada aún!”
“Quizás esa sea, viendo que casi se escapa,” Mai se encogió de hombros, indiferente.
“¡No es el momento de bromas!” Yukko miró instintivamente hacia el agua al notar un movimiento que resultó ser un pez saltarín y dio un pesado suspiro. “Ni sé cuántas tortugas debería haber en el lago… ¿qué puedo hacer?” se levantó y se acercó para mirar atentamente en busca de otras posibles tortugas, pero no vio nada. Se giró a ver a las tortugas en otro fútil intento de diferenciarlas, y se confundió al ver que Mai había llegado para formar una pirámide con seis de las tortugas. “¿Q-qué haces?”
“…” Mai se encogió de hombros mientras las acomodaba para que no se desarmaran.
“¡Ahhh! ¡No estás ayudando, Mai! ¡No les hagas nada! ¡Y no me ignores que estoy sufriendo!” luego de desahogarse, Yukko bajó su mirada y respiró profundamente. “No puedo… no puedo más… este es mi fin, sólo soy humana… ayuda, por favor…”






“¡Wah!” repentinamente, Tsurumaru saltó desde un árbol encima de ellas para asustarlas. Mai se estremeció mínimamente.
“¡AHHH!” por su parte, Yukko se cayó sentada, lo que hizo que volviera a mojarse con la orilla del lago.
“¡Hahahaha! ¡Las logré asustar! ¡No he perdido mi habilidad en lo más mínimo!” el supuesto senpai festejó con muchas energías.
“Deberías saber que no aprecio ser asustada…” Mai dio un suspiro.
“¡Ohh, cazaste un pato! ¡Felicitaciones!” Osaka comenzó a aplaudir y su prima asintió e hizo una v con sus dedos.
“Ihhh…” por su parte, Yukko maldecía y lloraba por su icónica mala suerte.
“¿Qué sucede, Hanasaki-chan?” Tsurumaru se le acercó y le ayudó a levantarse. “Tranquila. Veo que te terminaste cayendo al lago por tus ropas, pero bien trajiste tu muda.”
“Si tan solo fuera eso…”
“¿Qué sucede?” preguntó Cho, con leve preocupación.
“Parece que se hubiera metido adrede por la cantidad de suciedad en sus ropas,” observó Kashuu. Vio que esa chica asintió mínimamente con un infinito pesar.
“Haha, ¿es que acaso no sabes cuál es la tortuga?” preguntó Tsurumaru, riéndose, lo cual causó más desdicha en su kouhai.
“Precisamente,” Mai asintió mientras ajustaba sus gafas. “Es más, no sabemos si Kamekichi está entre estas ocho tortugas o si sigue nadando en las profundidades de este lago.”
“¿Hablan en serio?” Tomo se extrañó. “¿Cómo pudiste dejar que una tortuga se te escape?”
“¡Es más fácil de lo que crees!” exclamó Yukko, quien agarró su cabeza torturada. “¡No sé qué se supone que debo hacer ahora!”
“Uhh…” Osaka intercambió miradas con sus primos y Kashuu. “Pobre kotatsu…”
“Urashima es bien apegado a su tortuga. No sé cómo reaccionaría,” Roxas negó.
“Él es muy amable y seguro entenderá lo que ocurrió, pero…” Cho desvió su mirada.
“Seguramente se deprimirá bastante…” observó Kashuu, con leve pena. “Es una lástima porque es un chico tan alegre…”
“¡Ahhh, no me ayudan!” se quejó Yukko mientras Mai aguantaba unas ganas de reír.
“Haha, ya, ya, cálmate,” le pidió Tsurumaru, sonriendo torpemente. “Ya de por sí, todos debemos reconocer tus esfuerzos en recuperar a la tortuga. En el peor de los casos más tendrán que meterse al lago, pero tú tranquila que hiciste lo que pudiste.”
“Uhh…” asintió sintiéndose un poco mejor.
“No te veo meterte al lago con esas ropas blancas que vistes,” observó Tomo al mayor.
“Haha, por eso dije que ‘más’ se deberían meter. En ningún momento me ofrecí,” confesó, encogiéndose de hombros. “Mantener ropas blancas tan impecables en paseos como este es más difícil de lo que creen.”
“Venir a este paseo vestido así demanda que te ensucies,” dijo Mai, inmutada. Entonces, ella vio al segundo grupo regresar de su recorrido.





“Ohh, Yukko, veo que te ensuciaste,” dijo Reimu, apenada. “¿Todo bien?”
“Uhh…” la dirigida bajó su mirada con un gesto de culpa y se sintió incapaz de explicarse. De todos modos, sabía que alguien más lo haría en su lugar.
“Ella perdió a la tortuga y la ha tenido que cazar en medio del lago. Y ni sabe si es una de todas estas de acá,” comentó Tomo, indiferente. “Así que no es tan inocente como crees.”
“Eres terrible…” Youmu entrecerró sus ojos. “Siento que tengas estas dificultades, Yukko.”
“Tiene que haber alguna forma de diferenciar a Kamekichi,” dijo Marisa. “Si no me apenaría mucho por turtle boy.”
“Horikawa nos vendría bien en estos instantes. Él sabría qué hacer,” dijo Roxas.
“Sí, ese chico mayordomo debe tener la solución, pero la idea sería hablarle sin dejar que Urashima se entere,” observó Tsurumaru.
“Al menos parece que el asunto se puede resolver. Seguramente así será,” Kashuu se encogió de hombros y sonrió un poco. “He visto a Kamekichi por todos lados de la casa y sin supervisión. A estas alturas, ya debe haber una forma de identificarle.”
“Es verdad…” Cho asintió, aunque al mirar a esa pirámide de tortugas e intentar estudiar los detalles de los caparazones de cada una le daba mareos. Sólo un conocedor podría hacerlo.
“Vamos, tengan un poco de fe en Urashima, quizás no tenga problemas reconociendo a su propia mascota, ¿no lo creen?” preguntó Aizen. “¿Y por qué han puesto a las tortugas en pirámide?”
“De nada,” dijo Mai, inmutada. “Soy artista, eso es todo.”
“Hehe, es muy cierto. Mai-chan es artista,” Osaka asintió contenta. “Eso es todo.”
“¿Qué haces dándole cuerda?” Tomo alzó una ceja.
“U-un momento,” Reimu miró a cierto pato que yacía al costado de Mai, y esta por instinto tomó a su presa. “¿Qué es eso?”
“Un peluche,” contestó, inmutada.
“¡No te pases de lista! ¡Te dije que no cazaras aquí!”
“No lo dijiste tan severamente, y no me estoy pasando de lista,” Mai negó con suma paciencia. “Para dar una respuesta tan poco creíble, te estoy tomando el pelo, nada más.”
“Haha, buen punto,” Marisa rió un poco.
“¡Por favor, no quiero que nadie venga a depredar esta área!” exclamó la miko entre molesta y torturada por la idea.
“Muy tarde.”
“Tsk…”
“M-Mai-chan, no hagas enfadar a Reimu-chan, por favor,” Osaka se asustó porque recordaba muy bien ese instante en que Reimu casi arremete contra Marisa cuando la descubrió como inquilina en el templo.
“Ustedes sí que saben levantar los ánimos aquí,” comentó Tsurumaru, entretenido. “Ya tengo la impresión que todo estará bien.”
“Espero… no le den tan poca importancia, por favor…” se lamentó Yukko, sintiéndose ignorada e incomprendida por la mayoría.
“Incluso si la tortuga no está entre las presentes, la encontraremos. Nos aseguraremos de que así sea, puedes confiar en nosotros,” dijo Youmu pacientemente.
“Sí, aparte que suena a una gran actividad en conjunto,” Aizen sonrió con ánimos. “Me divertiría mucho metiéndome al lago y sé que a Hotaru también le gustaría la idea.”
“Hotarumaru es un precioso niño que no debe ensuciarse,” Mai negó. “No lo permitiré.”
“¿Qué haces decidiendo por él?” el pelirrojo le miró extrañado.
“Oh, ahí regresan…” observó Roxas, quien pudo ver que Urashima se había adelantado un poco a los demás e iba a toda carrera hacia las tortugas. Todos se vieron expectativos mientras Yukko sentía que algo apretaba su corazón. Era el momento de la verdad…







“¡Kamekichi!” exclamó Urashima. Este se arrodilló frente a la pirámide de tortugas con una radiante sonrisa. “¡Hehe, se ve que te has divertido mucho! ¡Ven aquí!”

Y, entonces, agarró una de las dos tortugas del segundo nivel de la pirámide, le sonrió con dulzura y se la puso de regreso sobre su hombro sin duda alguna sobre su identidad. Todos intercambiaron miradas y se vieron aliviados.

“…” por su parte, Yukko se dejó caer de costado al piso medio muerta.
“¡Ahh! ¿Qué pasó?” Urashima se preocupó.
“Kotatsu…” Mai llamó su atención. “Tu tortuga, por favor.”
“Eh, sí, aquí está…” se la entregó.
“Mira atentamente,” la cuatro ojos posicionó a Kamekichi junto con las otras tortugas de la pirámide y, con mucha habilidad, empezó a cambiarlas rápidamente de lugar de manera semejante al juego de copas. Ella se detuvo y miró al chico tortuga fijamente.
“Hehe, ¿qué estás haciendo, primita?” Urashima rió un poco y agarró a Kamekichi. “Se ve divertido, pero si lo haces muy seguido el pobre Kamekichi se mareará, ¿no lo crees?”
“Cierto…” ella asintió, miró hacia Yukko y levantó el pulgar a su amiga. “Confirmado.”
“¡Hahahaha! Ya no tenemos que preocuparnos, todos a comer,” anunció Tsurumaru.
“¿Eh? ¿Me estoy perdiendo de algo?” Urashima ladeó su cabeza. Entonces se acordó de un último detalle y se acercó a Yukko. “¡Antes que se me olvide! ¡Muchas gracias por jugar con Kamekichi y darle tanta atención! ¡Te debo una!”
“No… no lo menciones…” Yukko se comenzó a levantar un tanto desposeída. “Tenías razón… no hay que subestimar a las tortugas…”
“¿Qué pasó?”
“Te adelantaste mucho, Urashima,” dijo su amigo, finalmente dándole el alcance.
“¡Horikawa, has llegado para jugar con las tortugas!”
“No, recuerda que tenemos que comer y de ahí irnos.”
“Uhh, pero tú me dijiste que íbamos a jugar,” hizo un puchero.
“Puedes jugar un poco después de comer. Yo paso, estoy bien supervisando.”
“Bueno, si lo dices.”
“Oh, espero que no les hayamos hecho esperar mucho,” dijo Hotarumaru, llegando al final junto con el Kotetsu mayor.
“Acabamos de llegar también, descuida,” Marisa sonrió.
“Hemos tenido un buen timing,” dijo Nagasone. “A comer todos.”
“¡Sí! ¡Muero de hambre!” exclamó Aizen.

Ante ese acuerdo, todos se fueron hacia el punto de picnic para empezar a desempacar toda la comida que habían llevado.

“¡Vamos también!” dijo Urashima a Yukko.
“S-sí, ya voy, vete adelantando…” ella le sonrió incómoda y al verle irse dio un pesado suspiro.
“¿Estás bien?” le preguntó Horikawa, preocupado. “Te ves desanimada y tus ropas están muy sucias. Espero que la tortuga no te haya causado ningún inconveniente.”
“Ehh… pues… ¿d-de casualidad esta tortuga ya tenía antecedentes?”
“Sólo si se descuida, pero no realmente.”
“Uhh… entonces fui yo… se me desapareció en las aguas del lago y me maté buscándola…” se lamentó. “No sabía qué hacer.”
“Siento que ello hubiera ocurrido, pero no tenías que preocuparte. Urashima reconocería a Kamekichi aun si sólo fuera por tacto. Estoy convencido,” Horikawa sonrió. “Y Kamekichi es muy apegado a Urashima también. Es muy probable que hubiera salido del lago para encontrarse con él ni bien le veía.”
“…” ante esa información, Yukko se sentó en posición fetal en el piso.
“E-ehhh… t-tranquila. Siento mucho no haberte dado ninguna pauta antes de irnos.”
“N-no, no es tu culpa…” casi le daba ganas de reclamarle a Urashima, aunque ese chico era muy buena gente y tampoco era responsable.
“Tus ropas están un poco sucias. He traído una muda que puedo prestarte hasta que regresemos al templo.”
“¡Oh, no, está bien, gracias!” sacudió sus palmas. “No quiero incomodar.”
“Insisto,” asintió, sonriendo.
“S-seguro que tampoco me quedaría.”
“Es un buzo, así que es ajustable. Y lo mejor es que no te quedes vistiendo esas ropas sucias y mojadas o podrías enfermarte.”
“Uhh… bueno, muchas gracias, en serio…”
“Está bien, vamos.”

Finalmente, el par también fue donde el grupo para participar en la preparación del picnic y para que Yukko pudiera cambiarse. Con esa pequeña crisis solucionada, todos podrían volver a disfrutar del paseo sin preocupaciones.




Pasó un almuerzo muy relajado y ameno en donde todos compartieron anécdotas y curiosidades. La gente de Hanasaki tocó brevemente algunos sucesos ocurridos en el conflicto de hace tres años con énfasis en las ocurrencias de Osaka y Tomo, y Tsurumaru muy voluntariosamente informó de la odisea de Hanasaki-chan como pokeparada, a lo cual Mai se apuntó para dar detalles. Entre esos y otros temas, el picnic llegó a su fin y todos fueron de regreso para concederse una hora del té antes de regresar a la ciudad.

El grupo fue a paso lento por la pendiente del sendero y nuevamente se formaron grupos de conversación, aunque también había quienes caminaban en silencio y disfrutando de un momento de pausa en medio de la naturaleza.

Yukko había hecho ello en la mayoría del trayecto y caminaba hacia atrás del grupo. Ella estaba vestida de un cómodo buzo rojo prestado por Horikawa. Después de pasar mirando a los árboles, miró a algunos de los grupos. Su mirada se fijó en un muy entusiasta Hotarumaru que se había quedado hablando con Nagasone y Urashima con alegría y muy atento a distintas curiosidades respecto a su instructor. Hanasaki-chan sintió que su corazón se enterneció por esa imagen y sonrió encantada. Si bien su pequeño solía ser moderadamente animado y optimista, se le notaba particularmente feliz.

“Hotaru se ve muy contento, ¿no?” preguntó Aizen a su costado al notar que la chica también andaba al pendiente de su hermano.
“Oh, eh, sí, se me hace adorable,” confesó con una sonrisa. “Había estado retraído antes y estuve un poco preocupada por él. Qué bueno que ha podido congeniar bien con ellos.”
“Sí. Frustra un poco que sea tan reservado. En verdad puede llevarse bien con quien sea,” se encogió de hombros y luego sonrió a Yukko con un gesto de aprobación. “También puedo ver que le mantienes un ojo encima todo el tiempo. Gracias por eso.”
“Hehe, de nada. S-siendo sinceros, él me ayuda a estudiar y es un gran apoyo cuando me estreso o deprimo por algo, así que no es que haga mucho por él…” bajó su mirada, avergonzada.
“Hahaha, no me sorprende. No te hagas líos por ello…” desvió su mirada, incómodo. “Él también me ayuda con los estudios, pese a que yo soy su mayor.”
“Uhh no hablemos de edad, yo les gano por varios años…”
“No te deprimas, sólo decía,” le recriminó con leve impaciencia. Él dio un suspiro y alzó su mirada hacia el cielo. “¿Sabes? Es un poco frustrante… Hotaru es el menor de nuestra familia, pero es el más hábil. Hay muy pocas cosas en las cuales le gano, y no creo que ninguna de ellas sea realmente importante. Se supone que soy mayor que él y que debo asistirle, sobre todo ahora que tiene el título del heredero… pero hay tan poco que puedo hacer.”
“…” Yukko se vio un poco impresionada por oír a ese niño tan energético hablar con absoluta sinceridad y sin dar rodeos.
“Pero aun si los dos somos medio inservibles, estamos ahí por él, ¿cierto?” le preguntó volviendo a sonreír. “Por más increíble que el potencial de Hotaru sea, sigue siendo un humano, y sé que valora a su familia y amigos un montón. Todavía frustra que no tengamos mucho más que ofrecerle, pero esa calidad humana no tiene precio ni se puede sustituir. Es por ello que me mudé a la ciudad a dar mi mejor intento, tanto por él como por mí mismo.”
“Lo que has dicho tiene mucho sentido,” Yukko asintió más animada, pero sintió una gran curiosidad por las últimas palabras que el pequeño había dicho. “Ehm… ¿acaso tú no has vivido con Hotarumaru toda tu vida?”
“N-no, no lo he hecho,” Aizen pareció sacado de cuadro y dio un suspiro con cierta decepción. No se había dado cuenta que se le había escapado dicho detalle. Miró de reojo a la chica incómodo y sacudió su cabeza. “Eres una buena persona, supongo no tengo motivos para escondértelo, y quizás sea bueno que lo sepas.”
“¿S-seguro?” Yukko podía notar que era un tema un poco sensible, pero tampoco quería negarse porque la curiosidad le ganaba.
“Sí, qué más da,” la expresión del pelirrojo se tornó apagada y meditativa, y miró hacia el piso. “Nuestros padres están separados por más que sigan casados por motivos económicos. Si bien mi papá reconoció el potencial de Hotaru desde muy temprana edad y se interesó en darle la mejor educación, yo siempre fui relegado. Nunca fui considerado, ni siquiera me dieron el apellido de Rai, y la separación entre mis padres ocurrió cuando apenas tenía uso de razón… por dicho motivo, recién he podido vivir con Hotaru hace tres años… y él sólo ha podido ver a mamá contadas veces en su vida.”
“E-ehh…” sintió que su corazón se estrujaba por esas noticias. “¿Por qué…?”
“Tsk…” Aizen comprimió sus puños. “Mi papá es una persona detestable. Es elitista, gélido, perfeccionista, materialista, apático… él quiere construir a un heredero, no criarlo, y siempre vio a la familia de mi mamá como malas influencias para Hotaru,” desvió su mirada con molestia. “Seguramente eso mismo piensa de mí, no me sorprendería.”
“…”
“Lo peor de todo es que Hotaru nunca ha puesto peros a ninguno de sus superiores, y estoy convencido que está cometido a seguir lo que se espera de él. Luego de vivir en ese infierno toda su vida, es de esperarse que lo acepte como si fuera completamente normal…”
“No puede ser…” se estremeció.
“Yo podía hacerme una idea de lo que sucedía a distancia. Apenas conocí a Hotaru una vez en mi niñez y siempre me preocupé por él. Por eso llegué a estudiar a Rizembool. Menos mal que Kuniyuki convenció a nuestro papá que me dejara. En el presente no vivimos con nuestro papá y tenemos bastantes libertades. Parece que Hotaru le ha inspirado confianza para dejarnos y Kuniyuki también logró convencerle. Nunca sé cómo puede razonar con él…” negó frustrado.
“…” Yukko volvió a mirar a Hotarumaru, quien continuaba prestando atención al Kotetsu mayor y estaba sonriente. La imagen sólo le hacía sentirse más apenada por todo lo oído. También recordaba que Aizen había mencionado ‘calidad humana’, lo cual tenía mucho sentido.
“Te estoy diciendo todo esto porque sé que tú también te preocupas por Hotaru, y porque me pareces una buena persona. Quiero que le entiendas mejor y le sigas apoyando,” dijo Aizen. “Hotaru tiene muchas cualidades, pero carece de carácter y fuerza de voluntad. Espero que ahora que está menos en la mira de mi papá y que tiene tantos amigos tenga la oportunidad de desarrollarse como realmente debería hacerlo. Tú que lo ves en tus clases puedes ayudarle, quizás hasta con más frecuencia que yo.”
“N-no sé lo que alguien como yo puede hacer, pero lo intentaré…” Yukko asintió. “Gracias por confiar en mí, Aizen.”


“Sí, no sé lo que alguien como tú puede hacer, pero vale el intento,” comentó Mai a un costado, inmutada. Ella notó que los dos se sorprendieron ya que no le habían visto y estaban muy alejados como para ser oídos.
“Esta es una conversación privada,” Aizen se amargó.
“Como la denominada ‘Mai-neechan’, me concierne también,” explicó calmadamente.
“Uhhh, Mai… entonces oíste esta triste historia…” Yukko se conmovió y sus ojos se nublaron de lágrimas, aunque se sorprendió de la respuesta de su amiga.
“Ya me estaba imaginando que había algo detrás de Hotarumaru,” comentó.
“¿Eh?”
“Sólo que no supe la magnitud… es lamentable…” Mai mostró una mínima tristeza en sus ojos. “Pequeños preciosos como él tienden a tener muchos problemas, incluso en una familia más funcional. Son tranquilos, cerrados, propensos a ser puestos mucha presión tanto por los mayores como por sus propios contemporáneos… terminan siendo completamente incomprendidos. No me sorprendería que existan más dilemas y facetas en Hotarumaru de las que conoces, Aizen. Seguramente ni él está consciente de ello…”
“…” el pelirrojo alzó una ceja con incomprensión.
“Pese a mis palabras y mi fijación en Hotarumaru como un niño adorable, él sí me importa. Es un buen niño y merece lo mejor,” comentó Mai, mirando al otro de reojo. “No me sorprende que te cause desconfianza, pero estoy siendo honesta, y lamento que esta sea la realidad de ambos.”
“…”
“También aprovecho para disculparme sinceramente por lo que dije cuando nos conocimos.”
“¿C-cómo que sinceramente?” preguntó Yukko, confundida.
“Cuando me disculpé, canalicé la gran tristeza que sentí por observar a mi preciado pequeño tan molesto conmigo, y cumplí con lo que me pidió con tal de evitar una riña con él. No tuvo nada que ver con su hermano,” Mai miró a Aizen. “No te lo tomes personal.”
“¿Qué quieres decir con que no me lo tome personal?” reclamó el pelirrojo, molesto. “¡Suena a que sí quieres tener una pelea conmigo!”
“Pero luego de oírte, entiendo que sí te debo disculpas. Te preocupas por el pequeño y, al igual que él, haces lo mejor que puedes,” Mai negó. “Estuvo mal decir que no tienes nada que ver con él. Ambos poseen el mismo espíritu, son humildes, amigables y sinceros. Comprendo que sí eres su hermano.”
“…”
“Pero no esperes un trato especial de mi parte.”
“Tampoco esperes que te llame ‘nee-chan’ o algo,” se encogió de hombros.
“Y cuidaré del pequeño,” Mai asintió y alzó al pato que había cazado para inspeccionarlo. “A mi manera, claro está.”
“S-sí, sin duda…” Yukko dio un suspiro, con nervios.

El bosque se abrió y finalmente regresaron al templo. Reimu invitó al grupo a las instalaciones.
« Last Edit: June 14, 2018, 06:33:04 PM by Cho »


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #368: February 13, 2018, 10:14:35 PM »
Otro fic más *corre contra el tiempo* Se viene avalancha de personajes nuevos~

Gracias a Sayi por los gráficos.

50


Otro fin de semana había terminado y era el primer día de la siguiente. Debido a ello se reanudaban varias rutinas, entre ellas el asistir a clases en la universidad, aunque en medio de la mayoría, siempre había personas que parecían trabajar sin descanso alguno.

Después de haber cumplido con su misión de auxiliar a su hermano mayor durante una atareada semana, Honebami ingresaba a la clínica de Rizembool para acudir al laboratorio subterráneo de Yagen, sólo que en esa ocasión se encontraba acompañado.

“Heh, siempre que vengo aquí y entro a los laboratorios me siento VIP,” comentó Namazuo con leve gracia. No obtuvo respuesta del otro, aunque ello solía ser lo habitual, razón por la cual hablaba de corrido sin pensarlo dos veces. “Pero me encanta este privilegio. Este sitio es tan tecnológico y es muy útil poder venir a fastidiar a nuestro hermanito en cualquier momento. Ya debe estar extrañándonos, ¿no lo crees~?”
“…” el peliblanco siguió caminando con la vista hacia el frente, inmutado.
“¿Qué sucede? ¿Estás de nuevo en las nubes?” le preguntó mientras se movía a su alrededor a manera de mirarle de todos los ángulos posibles. Namazuo pudo ver que Honebami frunció mínimamente el ceño para expresar molestia por esa ocurrencia de su parte. “Vamos, sólo ando expresando un poco de curiosidad hacia ti. Déjame divertirme un poco.”
“Estamos por pasar seguridad,” comentó, sacando su carnet de estudiante.
“Oh, cierto, ¿dónde dejé mi pase esta vez…?” empezó a revisar sus bolsillos.

El peliblanco pasó su tarjeta en el lector e ingresó de inmediato. Él tuvo que esperar un poco a que su mellizo ubicara la suya antes de continuar.

“Ya, finalmente,” Namazuo pasó su tarjeta y sonrió ante el sonido de la palanca rotatoria perdiendo su seguro. Él pasó a saludar al guardia, quien le miraba con una inmutable severidad. “¡Oh, hola! Siento el show, ya estoy pasando. ¿Qué tal tu día?”
“…” dicho guardia desvió su mirada hacia un pequeño monitor donde podía ver algunas tomas de cámaras de seguridad cercanas.
“Eh…” el pelinegro se molestó ligeramente al verse ignorado de aquella forma.
“Continuemos…” le recordó Honebami.
“Sí, ya voy,” negó y pasó la palanca para seguir avanzando. Él dio un pesado suspiro. “Ahh, ¿qué le pasa al vigilante? Sólo estaba siendo amigable,” hizo un puchero. “Siempre me ignora.”
“Como vigilante, no tiene obligación de interactuar contigo a menos que sea necesario,” comentó el peliblanco con su usual tono inmutado y mirando hacia el frente. “Lo ideal es que se mantenga enfocado en su rol y objetivo ante todas las personas que pasan por su estación.”
“Supongo tiene sentido, pero sigue frustrando. Y no es bueno que veas las cosas de manera tan fría, Honebami. Somos seres sociales…”
“Pero eres el único como tú…”
“Ehh, no te me pongas filosófico, por favor,” sonrió con torpeza y volvió a animarse. “Pero ya, hemos pasado la trinchera. Ahora sólo nos falta el ascensor y llegamos donde nuestro hermanito. ¿Qué estará haciendo a estas horas?”
“Está trabajando en un nuevo proyecto interdisciplinario. Debe estar haciendo uso de su computadora en estos instantes,” reportó.
“Yagen tiene problemas tomándose las cosas con más calma, ¿no? En verdad me preocupo mucho por él en ocasiones. Por eso tenemos que venir a apoyarle con más frecuencia. ¡Y hasta le trajimos un delicioso postre!”
“…” Honebami miró la pequeña caja de madera empaquetada en una tela que traía frente a sí. “No era necesario…”
“Ya lo dije la vez pasada. Como nuestro hermanito, también hay que engreírlo con algún dulce por más que se resista,” Namazuo sonrió gatunamente. “Y espero poder alimentarle de tantas cosas deliciosas con el paso del tiempo~”
“No es saludable…”
“No seas aguafiestas. Es por su propio bien. Aparte que fuiste tú quien sugirió esta elección, ¿o ya te olvidaste?”
“No me diste opción,” Honebami negó y miró a su mellizo de reojo, con leve molestia. “Yagen no tiene por qué gustar de tus pobremente evaluadas sugerencias. Él disfruta de dulces tradicionales en ocasiones. Nunca le he visto comer un crepé. Por ello me negué.”
“Sí, sí, tiene sentido…” se encogió de hombros y sonrió rendido. “Y quizás sea lo mejor. Los crepés son para comerse en el momento. Otro día le llevaré a un lugar especializado. Ahora que Shinano está por regresar será mucho más fácil.”

Llegaron al ascensor y fueron hacia el nivel subterráneo donde se ubicaba el laboratorio de su hermano menor. A diferencia de la entrada del hospital donde siempre se veía a personas y personal surcando por todos lados y gozaba de mucha iluminación tanto natural como artificial, ese subterráneo era con frecuencia solitario y no poseía ventanas. Una fila de fluorescentes en el techo bastaba para dar suficiente iluminación a los esporádicos transeúntes.

Ellos llegaron a dicho laboratorio e ingresaron luego de que Honebami pasara su tarjeta por el lector de la puerta. El usualmente iluminado ambiente se encontraba en penumbras a excepción del escritorio de Yagen, donde el joven científico había prendido una pequeña lámpara y estaba prendido de su computadora en pleno trabajo. Su concentración se cortó ya que Namazuo de inmediato prendió la iluminación principal de ese laboratorio a la máxima potencia.

“…” el menor entrecerró sus ojos por ese gran incremento de luz y miró a los recién llegados de reojo, con leve cansancio.
“Yagen, ¿cuántas veces te he dicho que no andes a oscuras? Eso no es bueno para tus ojos,” le recriminó Namazuo, levantando un índice. “Y no soy quien debería decirlo. Tú eres el doctor aquí, ¿verdad?”
“Lo sé, digamos que es un capricho personal…” Yagen dio un suspiro y puso su computadora en stand by para atender a sus hermanos. Le venía bien un breve descanso. “Al apagar la luz a mis alrededores siento que puedo concentrarme mejor en lo que tengo al frente.”
“Andas trabajando todo el tiempo y eres muy responsable. Si empiezas a desconcentrarte, eso quiere decir que estás cansado,” negó frustrado y pasó a sonreírle. “Pero ya. Han sido varios días desde que nos vemos, ¿cómo estás?”
“Nada que reportar,” negó. “Espero terminar con mis obligaciones en los próximos días para así tener tiempo libre cuando la familia se reúna, eso es todo,” Yagen pasó a mirar a Honebami y sonrió un poco. “Debes haber tenido una semana agradable ayudando a Ichi-nii, ¿no es así?”
“He cumplido con mi función,” le contestó, inmutado. “Le auxilié en lo posible y terminamos con las obligaciones con un día de anticipación. Ichi-nii ha regresado a su rutina usual.”
“Me alegro. Gracias por la ayuda.”
“No necesitas agradecerme,” negó.
“Cierto, aquí no se agradecen las cosas, somos hermanos,” recalcó Namazuo. “Es lo mismo que nos trae aquí. Supimos que estarías encerrado en tu estación así que te hemos traído unos dulces para amenizar,” se hizo a un costado y con sus palmas señaló la caja de dulces que Honebami traía consigo como quien presentaba algún premio mayor. “¡Ta-da! Son dulces tradicionales como los que te gustan~ Honebami los seleccionó especialmente para ti. ¿Qué tal si te concedes un descanso y los compartimos?”
“…” Yagen observó dicha caja y sonrió frustrado. De ser ocurrencia única de Namazuo se habría negado de inmediato, aunque podía sentir una mínima expectativa de parte de Honebami, a quien llevaba varios días sin ver y quien parecía también cometido a verle descansar, por más que no fuera a decirlo verbalmente. “No era necesario que trajeran dulces. Gracias de todos modos.”
“Tampoco pensé que lo fuera…” Honebami asintió.
“El gesto va más allá del dulce,” insistió Namazuo con leve frustración. Se vio un tanto preocupado. “Si no venimos a revisar cómo estás y quitarte de tus obligaciones un momento, continuarías dándote muchos sobreesfuerzos. A este ritmo te vas a enfermar,” él tomó la caja de Honebami y sonrió. “No dejaré que se nieguen. Tenemos que compartirlos.”
“No es el mejor momento,” Yagen negó.
“¿Por qué no?”
“Si vamos a comerlos, deberíamos al menos preparar un poco de té.”
“…” Honebami asintió. “Sería agradable…”
“No hay problema, yo me encargo~” Namazuo iba a ir a preparar la bebida en una habitación aledaña donde había una pequeña cocina.
“Detente un momento,” Yagen se impacientó. “Tampoco es el mejor momento ya que todavía no he almorzado, y este tipo de aperitivos van mejor con la propia hora del té.”
“¿Todavía no has almorzado? ¿En serio?” el pelinegro mayor se sorprendió. “Entonces no esperemos más. Vamos a una cafetería.”
“No. Tengo que terminar con la parte del trabajo que estoy haciendo, y no necesito de ayuda,” regresó su atención a su computadora. “Iré ni bien concluya con mi plan del día.”
“Pero, ¿qué tan largo es tu plan del día?” Namazuo negó repetidamente. Su hermanito era tan testarudo e inaccesible como de costumbre, y seguía preocupado por aquel estado anímico que tuvo cuando lo vio la semana pasada. Miró hacia Honebami con un poco de súplica para que le apoyara, y para variar su mellizo pareció estar de acuerdo con él.
“Yagen…”
“¿Sucede algo, Honebami?” preguntó mientras volvía a prender la computadora.
“Si bien es cierto que no puedo ayudarte en tu labor, he regresado con el fin de ser de utilidad,” contestó con su característico tono monótono y tranquilo, aunque también demostraba una actitud más atenta y asequible de la usual, algo que transmitió al apoyar su mano izquierda sobre su pecho. “He cumplido con la asistencia a nuestro hermano mayor, y ahora me corresponde acompañarte como normalmente lo hago.”
“…” el científico se mantuvo quieto y meditativo.
“Lo dijiste hace años. Yo soy el único que puede ayudarte. Si niegas mi asistencia, no sé cómo podrás recibir el apoyo que necesitas…” hizo una breve pausa, y bajó su mirada al no recibir una respuesta. “Tampoco sabría qué hacer…”

Namazuo miró a su mellizo con una leve sorpresa. Para que el peliblanco trasmitiera una tristeza de manera tan evidente significaba que la presente situación sí le incomodaba. Yagen también pudo detectarlo y tuvo que volver a activar la hibernación de su computadora, para levantarse de su asiento y encarar a Honebami.

“Si hasta tú te encuentras preocupado por mí, quizás deba oírlo. Lo lamento,” Yagen sonrió resignado y con torpeza. “He tenido varias responsabilidades de las que encargarme la semana pasada y varias todavía están inconclusas. Tendré que aprovechar su visita para darme un descanso de lo que tengo encima, si así insisten…”
“…” Honebami asintió. “Sería lo mejor…”
“Ahh, no sabes cómo me alivia que hayas entrado en razón,” Namazuo se alegró y sonrió ampliamente. “Menos mal que al menos uno de los dos puede convencerte. En verdad espero que me tomes más seriamente algún día… ¡pero no importa ahora! ¡Vamos a almorzar y de ahí regresamos para compartir los dulces!”
“Teníamos algo más que reportar, Namazuo,” le recordó Honebami.
“¡Oh, cierto!”
“¿De qué hablan?” preguntó Yagen, confundido.
“Maeda va a venir de paseo después de sus clases,” respondió Namazuo, animado. “Dijo que hace tiempo que no viene a vernos aquí y que se había animado porque Monaca viene a pasar un rato con Tsurumaru, o algo así.”
“Ya veo…” ante esa mención, el científico sintió un tic en la ceja. “Me perturba que Maeda sea amigo de esa niña.”
“¿Por qué? Ella se me hace muy linda y adorable, y además a ti te llama ‘Yagen-niichan’ y es obvio que te quiere un montón~” miró a Honebami. “¿Tú qué piensas?”
“No tengo comentarios al respecto,” contestó con una neutralidad absoluta.
“Hablamos de una pequeña niña. No entiendo por qué evades el tema…” entonces, Namazuo sacudió su cabeza. “¡Pero no me distraigan! Lo importante es que Maeda viene a pasearse y quedamos en verle, ¿por qué no nos compañas, Yagen? Él ha estado preguntando mucho por ti.”
“…” Yagen miró el reloj en la pared. “Debe estar por salir de sus clases… no le tomaría mucho tiempo en llegar…” dio un suspiro. “Está bien. Ya acepté a descansar. Les acompañaré.”
“¡Genial! ¡Con más razón debemos ir a comer cuanto antes! ¡En marcha!”

En poco tiempo, los tres salieron de ese laboratorio en dirección a un puesto de comida cercano, para así pasar una tarde despejada.



Había pasado alrededor de tres cuartos de hora y Yukko y su grupo de amigos se encontraba ocupando una mesa disponible a la intemperie en Rizembool, la cual muy convenientemente contaba con una refrescante sombra de un árbol cercano. Ellos contaban con unas tres horas de hueco entre clases y habían acudido a esa área para iniciar una sesión de estudio, aunque la súbita aparición de Tsurumaru con un claro interés en dialogar rápidamente frustró el objetivo principal de la junta y todos se la pasaron informando a Hajime sobre el paseo que habían tenido el fin de semana.

“Un templo… ni recuerdo la última vez que fui a uno,” comentó.
“No lo vimos en detalle por el recorrido que dimos, pero eso motiva a volver a ir,” comentó Hotarumaru, sonriendo. “Fue un paseo muy agradable. Espero que la próxima vez nos puedas acompañar, Hinata-kun.”
“Claro, me encantaría, y también tendría que invitar a Ayesha y Nio. Sé que les encantaría,” él asintió animado. “El sábado no pude porque me sentía sin fuerzas. No debo excederme.”
“Sí, es lo mejor,” Yukko asintió. “Espero que te sientas bien ahora.”
“Lo estoy, gracias. No te preocupes.”
“Comienzo a sentir que estos bajones de energías son una excusa perfecta,” dijo Mai, inmutada.
“No es una excusa, en verdad me sentía mal.”
“Sin embargo, el día anterior estuviste corriendo por la pista de atletismo y diste varias vueltas. No puedes negar que es sospechoso.”
“Creo que eso es lo que me cayó mal. En verdad ya quiero mejorarme del todo, deja de probar mi paciencia, por favor,” se quejó.
“Hahaha, ya sabes que tienes que ignorar a nuestra estimada Mai,” Tsurumaru se encogió de hombros, entretenido. “Si no me equivoco, tú mantienes contacto con algunas personas de Hanasaki. Ello debe facilitarte que organices una visita hacia ese templo, considerando que la miko es una HiME.”
“P-pues, no que la conozca, y definitivamente no sabía que era HiME,” se sorprendió.
“Reimu-neechan es una muy buena y amable persona. Nos hizo sentirnos a todos bienvenidos y cómodos cuando nos invitó el té en la tarde,” comentó Hotarumaru, sonriente. “Además nos ofreció muchos deliciosos dulces. Tienes que probarlos algún día.”
“Sí fue muy agradable, y en verdad me sentí a gusto con todos los presentes,” Yukko asintió.
“Es normal. Como Hanasaki-chan, eres compatible con los Hanasakienses,” dijo Mai.
“E-en serio, estudio en Rizembool. Deja de llamarme así, por favor…”
“Es por estudiar en Rizembool y ser tan Hanasaki en tu forma de ser que te bauticé con ese apodo,” le recordó Tsurumaru con un guiño juguetón. “Aprecia mi trato especial hacia ti.”
“Ya suenas como un bully,” Hajime negó en desapruebo. “Bueno, sí me ha gustado todo lo que han descrito sobre ese templo y los senderos con tantas cosas que ver. De todos modos, iré a pasear por allá uno de estos días.”
“Avísame y con mucho gusto te acompaño,” se ofreció Hotarumaru, levantando una mano.
“Yo también,” Mai asintió, cometida. “Cacé un pato y me lo comí ayer. Estuvo delicioso, por ello quiero cazar más.”
“E-e-ehhh…” Yukko sintió incontables escalofríos.
“¿Q-qué has dicho?” Hajime también se quedó en shock.
“¡Hahahaha! Nunca fallas en entretenerme,” y Tsurumaru se rió con ganas. “Si vas a cazar, también voy con ustedes. Quiero ver el instante en que depredas a la naturaleza, que me lo perdí en el paseo.”
“Con gusto,” la cuatro ojos asintió, inmutada.
“Uhh, yo todavía sigo triste por el pato…” comentó Yukko, apenada.
“Como siempre tenías que decir algo para sorprender a todos…” Hajime negó cansado. Tal y como Tsurumaru había dicho en esa conversación, mejor se concentraba en ignorar las cosas desagradables que Mai traía a la mesa.

De repente, el ameno grupo recibió la llegada de un completo desconocido, quien, de forma similar a la de Tsurumaru, hizo una sorpresiva aparición al saltar desde el árbol encima de la mesa y aterrizar con dexteridad en el mero centro de esta. Su llegada probó causar gran sorpresa a todos, especialmente a Yukko.

Ella se cayó de espaldas mientras miraba a aquella persona con gran sorpresa. Se trataba de un chico alto con cabellos plateados muy largos, con un mechón arreglado en una trenza. El desconocido emanaba una gran autoconfianza y habilidad y sonreía con una mezcla de alegría, travesura y sabiduría. Yukko entonces notó que él le miró atentamente como quien reconocía a su objetivo, lo cual le dejó confundida y paralizada.

Aquel momento fue recién el primero de lo que marcaría un nuevo e imprevisto camino para ella en su estancia en Rizembool…



“¡Finalmente te encuentro, Hanasaki-chan mía!” anunció aquel peliplateado con un poderoso y pícaro vozarrón. Él extendió una mano hacia la chica. “¡Pero no te quedes tirada! Ven, apóyate en mi varonil brazo~”
“Ehh… ¿eh?” Yukko ladeó su cabeza y torpemente extendió su mano. Esa persona le jaló con mucha facilidad y le hizo levantarse casi de un salto. “¿Q-quién eres tú?”
“Fufufu, sí ha llegado mi momento de presentarme, ¿no?” él hizo una pronunciada reverencia como si fuera un anfitrión. “¡Soy su estimado Wataru Hibiki para servirles!” él miró con gusto el rostro de rompecabezas de la chica. “Hmhm~ ¿qué sucede? Parece clásico esperar un rostro consternado de tu parte, ¿no es así?”
“Lo es, como Hanasaki-chan, es su rostro standard por habitar en Rizembool,” Mai asintió, convencida y le miró fijamente. “Ahora podrías decirnos qué haces aquí, supongo.”
“Sí, y salte de la mesa, por favor,” observó Hajime, impaciente.
“Enseguida,” ese peliplateado dio un salto mortal y muy habilidosamente aterrizó detrás de la todavía confundida Yukko. “Estoy presente para hablar personalmente con Hanasaki-chan por motivos de gran urgencia, o también puedo consultar con su manager.”
“Hola, manager presente. ¿Qué quieres saber?” preguntó Tsurumaru, alzando una palma. Él notó a Hotarumaru mirarle con reproche. “¿Qué? Se oye divertido. Además, yo la bauticé.”
“¡Ahh, estoy frente a quien la bautizó con tal llamativo apodo! Amazing!!” Wataru rió con gran gusto y continuó hablando con su extraordinario humor y dramático tono de voz. “Sin lugar a dudas, he encontrado que tu cliente posee un potencial en bruto y por ello quería tener una oportunidad de conocerla mejor.”
“Claro, tendría que consultar con su horario primero.”
“P-por favor dejen de hablar como si fuera un objeto…” pidió Yukko, suplicante. Ella se giró para encarar a aquel imponente peliplateado, quien la miraba con su divertida sonrisa y una pizca de expectativa. “Ehh, ¿q-qué quiere decir con ‘potencial’ ehm… señor?”
“Ahh, llámame Hibiki-senpai. Señor fue mi padre que sigue con vida,” le pidió con cierto cansancio mientras los demás intercambiaron miradas por lo que decía. Luego de esa clarificación, él volvió a sonreír y sacó su celular. “Debí asumir que no me recordabas por lo solicitada que estuviste esa tarde.”
“¿Nos hemos visto antes?”
“Aquí estamos los dos, preciosura,” él enseñó dicha foto a toda la mesa, y ellos no tardaron en reconocer el muy particular formato. Aquel peliplateado resultó uno de los muchos jugadores de Pokemon GO que le pidieron a Yukko un selfie aquella tarde en que la pobre era una pokeparada y estaba esperando desesperadamente a su bus. Todos vieron a Wataru sonreír con un guiño y sus dedos en v mientras que Yukko salió mirando a un lado consternada por si su bus finalmente se dignaba a aparecer.
“Pfft-” Mai aguantó sus ganas de reír.
“¡Ahh! ¡Otro! ¡No puede ser!” exclamó Yukko, agarrándose la cabeza.
“¿Cuánta gente te tomó foto así?” preguntó Hajime, sorprendido.
“Muchas, y aparecen nuevas fotos cada día, mi estimado,” contestó Wataru mientras guardaba su celular. “Si tienes curiosidad, existe un Twitter dedicado a Hanasaki-chan watch que ha recolectado la gran mayoría de estas fotos y hace updates de tu queridísima amiga. Personalmente me siento infinitamente agradecido por dicha extraordinaria alma caritativa.”
“Es una de mis cuentas, y de nada,” comentó Mai.
“¡Ahhh! ¡Deja de torturarme, por favor!” gritó Yukko.
“¡Hahahaha! ¡Clásico!” Tsurumaru se rió con ganas.
“Mai-neechan…”
“Pero a lo que iba, ya que no cuento con un regalado tiempo esta tarde…” Wataru hizo una reverencia como interludio para dar el mensaje que le había llevado a presentarse. Él sacó un volante desde el interior de su chaleco que se lo entregó a Yukko. “Como el líder y encargado del venerado club de drama de Rizembool, me encuentro en pleno reclutamiento para el próximo semestre y como siempre ando buscando a personas interesadas en desarrollar su lado humano y artístico en el escenario. Esta es una invitación por si te encuentras interesada.”
“¿U-una invitación?” preguntó, perpleja.
“¿Será que no tienen suficientes miembros?” preguntó Mai, alzando una ceja.
“¡Ohh! ¡Sabía que te había visto en algún lado!” exclamó Tsurumaru, recién cayendo en cuenta sobre la identidad de dicha persona. “Verdad, eres ese senpai excéntrico que entrena a varios estudiantes en las carreras de artes escénicas,” miró hacia Yukko. “Estas son buenas noticias para ti, porque su elenco de estudiantes cercanos tiende a rendir bastante.”
“Ehh… ¿eh?” Yukko continuaba mareándose por todo lo que sucedía.
“Sin lugar a dudas he hecho un gran nombre por mi club, pero el crédito no me lo puedo llevar enteramente por el gran corazón y la desbordante pasión de mis subordinados~” canturreó Wataru con gran dicha y alegría. Él regresó su mirada a Yukko y le dio un guiño. “Y déjame informarte que no suelo ir detrás de nuevos reclutas. Tú llamaste mi atención aquella fatídica tarde y pienso que tu potencial no debe ser desperdiciado. O sea… ¡todos deben haber visto las mil y una caras pasmadas y de absoluta desdicha y desesperación en ese Twitter! ¡Un humano promedio no puede ser tan multifacético para un gradiente tan limitado de emociones! ¡No puedo ni concebir cómo sería si fueras a dominar tu habilidad de moldear tu rostro a voluntad y deleitarnos con tanta miseria!”
“¡¿Q-q-q-qué?!” Yukko no sabía si ofenderse o sentir algún otro sentimiento.
“Pfft-” Mai volvió a ahogar su risa.
“¡Hahahaha! ¡Ya me andaba preguntando por qué me encantaba ver las reacciones de Yukko!” exclamó Tsurumaru. “Te agradezco por ponerlo en una perfecta perspectiva.”
“¡Ahh~ y te agradezco por entenderme! ¡Es un tremendo gusto conocerte!” Wataru terminó agarrando una mano de Tsurumaru con gran fuerza. “¿Tu nombre?”
“Tsurumaru Kuninaga, el gusto es mío.”
“Un nombre perfecto para ti, posees toda la gracia de una grulla.”
“O-oye, ¿acaso te estás enfocando en ver sufrir a Yukko?” le recriminó Hajime, impaciente.
“No me malentiendas, amigo de Hanasaki-chan,” Wataru negó con una sonrisa comprensiva. “La miseria es apenas una de las muchas emociones que pueden transmitirse. Si bien miseria fue lo que vi y me conmovió aquella tarde, sinceramente pienso que tu amiga puede prestarse para mucho más y transmitir una deliciosa mezcolanza de sentimientos a su público. Sí, lo veo, ella pertenece a mi área de especialidad, pero necesito al menos ponerla a prueba en mi club.”
“Ohh… hablas con honestidad, lo puedo sentir…” Hotarumaru asintió.
“Muchas gracias, preciado niño~” Wataru canturreó y fue un tanto desconcertante para todos ver que el peliplateado se ruborizó ni bien posó sus ojos en el pequeño. “Ahh~ un pequeño tan curioso, inocente y bien nutrido, y posees justo las dimensiones que me fascinan~”
“Mo…” el pelicenizo sintió leves escalofríos y ladeó su cabeza.
“Concéntrate en Hanasaki-chan…” Mai miró a Wataru con ferocidad mientras extendía una mano frente a Hotarumaru a manera de protegerlo de un pedófilo en potencia.
“Fufufu~ amo amar a las cosas preciosas que se cruzan en mi camino, pero te aseguro que soy cómicamente inofensivo~” le hizo caso y volvió a mirar a Yukko, quien se sobresaltó porque seguía asustada ante esa reacción que el tipo tuvo con Hotarumaru. “La invitación está hecha, Hanasaki-chan. Ahí tienes cómo contactarme, y espero que puedas decidirte pronto ya que tengo todo un plan de entrenamiento para las venideras vacaciones de verano. Ojalá que no tengas muchos planes este par de meses~”
“Ehhh…” Yukko alternaba entre mirar el volante y mirar a aquel imponente peliplateado sin saber qué decir.
“Pero aun si para desgracia y desilusión mía no te animas a mi club, estate atenta a otros clubs que puedan interesarte para el próximo semestre. Rizembool es amplio y vasto y te haría muy bien desenvolverte más~ Aprovecha que empezaron las inscripciones de extracurriculares.”
“¿Empezaron ya? ¿No era a inicio de semestre?”
“Oh, otra estudiante de primer año que ignora el boletín semanal del correo, qué tragedia…” comentó mientras secaba una mínima lágrima con un pañuelo, lo cual confundió e impacientó un poco a Yukko. “Pero ya, piénsalo y estaré atenta a lo que decidas. ¡Buenos días a todos!”

Aquel peliplateado se despidió con otra pronunciada reverencia y se fue a toda velocidad, saltando como si fuera una bailarina. Su actitud y gran presencia hizo que varios se voltearan y le miraran raro, y en nada de tiempo esa persona se perdió en medio de los estudiantes.

“Esto fue… raro…” concluyó Hajime a falta de una palabra más exacta.
“A mí me llamó la atención. Se ve como una persona muy entretenida,” Hotarumaru sonrió.
“No está bien que lo pienses,” Mai negó severamente. “Si te vuelves a encontrar con él a solas y te ofrece un dulce, corre por tu vida.”
“Mai-neechan…” le miró con un muy leve temor.
“Hahaha, a mí me cayó genial. Espero que nuestra Hanasaki-chan acepte para así tener más oportunidades de encontrarnos con él,” comentó Tsurumaru, entretenido. Él miró a la susodicha. “¿Y bien? ¿Qué te pareció?”
“Todavía no sé cómo tomármelo…” Yukko miró ese volante donde salía una foto de un joven en plena actuación que recibía la luz en un oscuro escenario, y en la parte de abajo se describían los datos del club y el correo del mismo. Ella se notaba extrañada. “Drama suena divertido, quizás, pero no sé qué decir. Nunca he pertenecido a un club y admito que ese senpai me intimidó.”
“No te culpo por eso, es demasiado extravagante,” Hajime dio un suspiro. “Pero si te llama la atención, piénsalo un poco. Es verdad que envolverte en actividades te puede caer bien.”
“Lo pensaré…” también estaba el hecho que su tiempo libre se reduciría, aunque sabía que debía cambiar esa inactividad suya, especialmente porque la mayoría de gente que conocía sí tenía algún compromiso extracurricular. De todos modos, ella continuó confundida.
“Sigues considerándolo…” observó Mai con seriedad. “Déjame ponerlo en términos más simples para que te decidas.”
“¿C-cómo así?” Yukko le miró extrañada.
“¿Deseas otro Tsurumaru más en tu vida?” le preguntó y vio a su amiga inquietarse por esa posibilidad. “La forma en que congeniaron y sus comentarios creativos con respecto a ti debe darte una pista sobre lo que te esperaría en su club de drama.”
“E-ehhh…”
“¡Hahahaha! Vamos, no es que sea terrible contigo. Somos amigos,” le recordó el peliblanco con una simpática sonrisa. “Y nos hemos divertido mucho este semestre, ¿no te parece?”
“P-pues, sí…” sonrió forzadamente ya que volvió a recordar su odisea con Pokemon GO y aquel cadáver que encontró en la semana de orientación a la universidad.
“Espero que ese comentario no te desanime, Yukko,” Hotarumaru le animó, con una pequeña sonrisa. “Si ese chico acudió especialmente para hablar contigo, significa que tienes potencial, y si te gusta la idea, entonces te recomiendo que lo hagas. Pero todo depende de ti únicamente.”
“Gracias, Hotarumaru…” Yukko sonrió encantada por recibir esa dedicación de parte del adorable pequeño, y asintió.
“Deberíamos tratar de estudiar un poco. El tiempo se ha ido de corrido,” les recordó Hajime. “Y tengo varias cosas que repasar.”
“Tsurumaru aquí hace imposible que estudiemos, no que yo lo necesite,” Mai se encogió de hombros y miró de reojo al peliblanco. “Y aparte de revivir el fin de semana y conocer a un semejante, ¿qué te trae por aquí?”
“Principalmente vine para eso. Me estaba sintiendo aburrido y ustedes siempre me levantan el humor,” confesó con completa comodidad y honestidad. “Aunque mi permanencia aquí me ha hecho avisar a un par de visitantes a la universidad a que se encuentren conmigo justo en este sitio, y por ello no puedo irme hasta que lleguen.”
“¿A quiénes estás esperando?” preguntó Yukko, sorprendida.
“Oh, y justo se acercan,” el mayor alzó su mano para pasarles la voz.

Los demás observaron a aquel par, y fue fácil identificarles ya que Monaca era una de esas personas y como siempre estaba en su silla de ruedas. A su costado había otro niño de cabellos lacios de color castaño claro que le llegaban al mentón. Ese pequeño conversaba amenamente con la chica y se le notaba muy atento, gentil y servicial. Los dos llegaron y saludaron a todos con amabilidad y cortesía.




“Buenas tardes,” dijo Monaca con una simpática sonrisa. “Es siempre agradable encontrarme con los amigos de Tsuru-niichan.”
“Es un placer conocerles,” el otro pequeño hizo una pronunciada reverencia mientras sonreía. “Mi nombre es Maeda Toushirou.”
“Oh, mucho gusto. Yo soy Yukko Aioi,” ella le sonrió encantada. Era un pequeño muy educado y también bastante adorable, quizás no al nivel de Hotarumaru, pero seguía siendo resaltante.
“Mai,” alzó una palma en señal de saludo.
“Mi nombre es Hajime Hinata, un gusto también,” el chico le miró atentamente. “Hm, Toushirou… ¿De casualidad eres un hermano del Dr. Toushirou?”
“¡Ohh!” aquella mención hizo desaparecer la cortesía de Maeda, quien se vio muy animado y contento. “¿Ustedes conocen a Yagen-niisan?”
“Él es uno de los doctores a cargo de mí. Ehh, sigo en recuperación luego de una hospitalización,” sonrió un poco incómodo. “Tu hermano es un gran profesional. Le tengo respeto pese a que es unos años menor que yo.”
“También está el hecho que Tsurumaru parece ser su némesis y los dos tienen esporádicos encuentros en los cuales no paran de discutir,” agregó Mai, encogiéndose de hombros.
“Heh, supongo no me sorprende…” el pequeño sonrió incómodo.
“Sí, todos los hermanos de Yagen saben que no nos llevamos bien. No hay punto de traerlo a la mesa, mi estimada Mai,” comentó el peliblanco, sonriendo con leve frustración.
“Pero yo pienso que es genial tener a alguien con quien discutir. La discusión es lo que nos vuelve más cercanos, y también puede ser muy divertido,” comentó Monaca, contenta. “Oír a Yagen-niichan y Tsuru-niichan renegar entre sí me hace sentirme en casa.”
“Sí discuten lo suficiente como para que lo veas de ese modo…” se lamentó Hotarumaru.
“Ha sido un tiempo, Hotarumaru-san,” le saludó Maeda, gratamente. “Espero que te esté yendo muy bien en la universidad.”
“Hehe, todo bien por aquí. Espero lo mismo de ti,” asintió, con una pequeña sonrisa.
“Debo admitir que se siente tu ausencia, aunque nuestro grupo de amigos continúa siendo tan animado como de costumbre,” le reportó con un tono meditativo y tranquilo. “Ahora que se acercan las vacaciones de verano, me encantaría encontrarnos para revivir los viejos tiempos y ponernos al día.”
“Con gusto~ también quiero ver a los demás~” canturreó alegremente.
“Aw, son muy lindos, ¿no?” preguntó Yukko a Mai, encantada de verles dialogar.
“…” Mai asintió, mientras les observaba conversar con ánimos. “No es rival de nuestro preciado Hotarumaru, pero no me siento con el impulso de hacerle bullying, así que es adorable.”
“¿Hacerle bullying a un hermanito de Yagen-niisan? No sabía que te gustaba vivir peligrosamente, Mai,” comentó Monaca, con una sonrisa traviesa.
“Si bien confío en la intuición de Mai, no está de más decir que Yagen está al pendiente de sus hermanos y los sobreprotege a su modo. Meterse con cualquiera de ellos equivale a ganarse su odio, y ni quiero empezar a explicarles lo terrible que eso es,” explicó Tsurumaru.
“El doctor sí se ve que tiene un gran carácter, pero no sé cuán seriamente debo tomarme tus palabras,” Hajime alzó una ceja.
“P-pues…” Yukko sí se notaba un poco aprehensiva, ya que ese joven doctor siempre le había dado leves escalofríos.
“Hehehe~” Monaca sonrió gustosamente y se reservó comentarios. “Cambiando de tema, he venido para pasar toda una tarde tranquila junto con Tsuru-niichan para que me engría un poco. Había pensado unirme a ustedes a su próxima clase por curiosidad. ¿Qué piensan?”
“Como gustes,” Mai se encogió de hombros. “Eres de middle school y estás postrada en una silla de ruedas, así que todavía no sabes el placer que es evadir clases.”
“Oye, no digas cosas tan crueles,” le recriminó Hajime.
“Ella sí que es mala, ¿no?” Monaca infló los cachetes. Terminó por cruzarse de brazos y desviar su rostro a un costado en un gesto molesto y caprichoso. “Me preocupo mucho por el tipo de personas que pasan tanto tiempo con Tsuru-niichan todos los días.”
“Deberías saber que es más cuestión de sentirse mal por mis pobres kouhais,” le corrigió con una sonrisa pícara. “Por algo soy extremadamente disfuncional.”
“¡Pero eres el mejor, Tsuru-niichan!” exclamó la pequeña extendiendo sus brazos hacia él. Ante esas palabras, los otros dos pequeños le prestaron atención.
“¿Sucede algo, Monaca?” preguntó Hotarumaru, ladeando la cabeza.
“Nada muy importante, Rai-kun. Sólo decía que tenía ánimos de acompañarles en su siguiente clase,” contestó animada. “¿No crees que sería genial volver a ocupar un mismo salón?”
“Tus clases han terminado por hoy. Si quieres acompañarnos no te detendré, pero seguramente te puedes aburrir.”
“Tú corres el riesgo de ser aburrido por decir esas cosas. Y yo que estaba tan contenta con mi idea de pasar más tiempo contigo…”
“Eh, no es mi intención de detenerte, ya te lo dije,” dio un suspiro. “A veces pienso que no hay una forma correcta de contestarte…”
“Te hace falta más sensibilidad, Rai-kun. Pero está bien, te perdono~ Lo importante es que vamos a tener un momento juntos, aparte sabes que yo también soy muy inteligente y no creo perderme mucho en tu materia. ¿Qué te toca a continuación?”
“Cálculo…”
“Son matemáticas, no mis favoritas, pero las sé dominar,” asintió convencida y miró a su otro amigo. “Maeda-kun, ¿no quisieras acompañarnos también?”
“Siento decir que no tengo la misma capacidad y genialidad de ustedes. Mis disculpas,” contestó con una mano sobre su pecho. “Además mis hermanos me están esperando. Debería ir a encontrarme con ellos pronto.”
“Es un buen punto. El tiempo de Yagen-niichan es valioso, y ya que te va a dedicar un instante, es tu responsabilidad que lo aproveches,” pese a sus relativamente filosas palabras, la peliverde sonrió con calidez. “Me alegro mucho por ti, Maeda-kun. Sé que habías esperado pasar una tarde con tus hermanos.”
“Muchas gracias, Monaca-san,” le hizo una reverencia.
“Hehe, se nota que eres muy apegado a tus hermanos, ¿no es así?” preguntó Yukko, sonriendo.
“Es normal. Somos familia, y nosotros los Toushirou somos muy unidos y dedicados el uno al otro. Me siento orgulloso todos los días de pertenecer a mi linaje,” el pequeño cerró sus ojos, agarró su pecho suavemente y sonrió con una gran paz interior. “Si bien soy uno de los menores, está en mi deber esforzarme a seguir los logros de mis hermanos y responderles debidamente,” volvió a abrir los ojos, y sonrió ampliamente. “Mis hermanos son todos excepcionales. Ustedes ya deben tener una idea de todo lo que Yagen-niisan ha logrado hacer como un científico de esta universidad, e Ichi-nii, nuestro hermano mayor, es un ejemplo completo de persona. Algún día espero ser alguien remotamente comparable a ellos.”
“…” Hajime se vio sorprendido. “Estás muy cometido a tu vocación.”
“¡Por supuesto!” contestó con una sonrisa decidida y dando un saludo militar.
“Tarde o temprano verán a la familia reunida y comprenderán que no es un caso aislado,” observó Tsurumaru. “A mí me costó creerlo cuando lo presencié por primera vez.”
“Digo lo mismo, pero ya me acostumbré a esa fijación que se tienen mutuamente,” comentó Monaca, sonriendo frustrada. “Hubiera esperado que al menos Yagen-niichan no fuera tan apegado a sus hermanos por tratarse del doctor, pero es evidente que no es así.”
“Yagen-niisan es muy leal a nuestra familia por más que suele estar ocupado. Es evidente para todos nosotros,” comentó Maeda. “Y como mi hermano, le tengo gran respeto y admiración.”
“Lo sé muy bien, y pienso que tu familia es muy increíble,” dijo Hotarumaru, convencido. “Son tan cercanos y entusiastas y cariñosos, y atentos y preocupados por cada uno. Siempre que les voy a visitar, me siento en casa con ustedes.”
“Me alegra que lo veas así, Hotarumaru-san. Eres siempre bienvenido,” asintió.
“Uhh…” a Yukko se le encogió el corazón por oír eso de su pequeño luego de lo que su hermano había compartido con ella durante el paseo del sábado. Ella notó que su pequeño alarido atrajo atención a sí, por lo cual tuvo que venirse con la primera cosa dentro de su cabeza. “¡Ehh! ¡M-Maeda, eres amigo de Hotarumaru del middle school, ¿verdad?!”
“Sí, estudio en Rizembool middle junto con Monaca-san,” contestó mientras intercambiaba miradas con su amiga, quien le sonrió de vuelta. “No tiendo a venir a visitar la universidad con frecuencia, pero esta tarde tuve la fortuna de que Monaca-san quería venir más temprano después de clases y quiso que la acompañara.”
“Eres siempre un buen escolta, Maeda-kun,” comentó la pequeña con mucho gusto. “Eres tranquilo, servicial, atento y siempre sabes qué decir y cómo dialogar conmigo. Shingetsu-kun podría aprender mucho de ti.”
“…” ante ello, Hotarumaru hizo un puchero. “Nagisa hace lo que puede y tú siempre eres muy demandante con él, Monaca.”
“Sabes que bromeo, Rai-kun. Shingetsu-kun es nuestro especial y sensible amigo, después de todo, y aprecio mucho la dedicación que nos brinda en cada momento,” la pequeña rió un poco. “Hehe, no bromeas cuando te refieres a él como un hermanito, por más que sea mayor que tú.”
“Pese a su linda apariencia, Hotarumaru sí ha resultado ser un pequeño inteligente y maduro,” comentó Mai, inmutada. “Por algo está en la universidad a pesar de ser menor que ustedes.”
“Ehm, siendo sinceros, yo soy menor que Hotarumaru-san,” comentó Maeda, sonriendo.
“¿En serio?” Hajime se sorprendió. “Pareces mayor que él.”
“Maeda es uno de los Toushirou más pequeños, con sólo once años de edad,” comentó Tsurumaru, quien comenzaba a encontrar gusto de ser el ‘guía’ de aquella escena. “Es visiblemente menor que Monaca-chan o Nagisa-bou, pero Hotaru-bou por más de ser mayor que Maeda por un año, sigue siendo más pequeño que todos los demás.”
“N-no necesitabas decirlo…” Hotarumaru se avergonzó y bajó su mirada con tristeza. “No sé por qué no estoy creciendo… Kuniyuki es alto y Kunitoshi se ve mucho mayor que yo…”
“¡C-crecerás, estoy convencida!” exclamó Yukko en un intento de animarle.
“No escuches a Yukko. Eres perfectamente ideal y adorable tal y como estás,” dijo Mai.
“Hehe, pienso exactamente lo mismo,” Monaca asintió. “Tú eres muy lindo, Rai-kun.”
“Y ahora que tu enamorada lo ha dicho, deberías aceptarlo,” la cuatro ojos asintió, inmutada.
“¡M-Mai-neechan!” Hotarumaru se alarmó de oír dicha broma tan repentinamente y siguió un corto silencio en lo que esta se asentaba. Ya estaba dicha y no podía cambiar la realidad.
“¿Enamorada?” Monaca ladeó la cabeza e intercambió miradas con Maeda. Acto seguido, los dos perdieron la compostura y se pusieron a reír con ganas. “¡Hahahaha!”
“…” el pelicenizo se lamentó de aquella reacción de sus amigos.
“¡Miren todos! ¡Soy la enamorada de Rai-kun! ¡Ahora soy más adorable!” exclamó la peliverde, extendiendo sus manos hacia arriba. Ella mandó un beso volado a Hotarumaru. “Está bien, Rai-kun, siempre supe que eras un tsundere hacia mí, pero me encantas~”
“…” el pequeño tembló mínimamente.
“¿Acaso deberíamos darle las noticias a Shingetsu-kun?” preguntó Maeda, todavía riéndose.
“¡Ohh! ¡Déjenme hacerlo, por favor!” esta vez Tsurumaru se unió. “¡Tengo que ver el momento en que su corazón se quiebra irreparablemente como en esa escena de los Simpson! ¡Prometo que lo grabaré para ustedes!”
“¿Qué clase de senpai se supone que eres?” preguntó Hajime, frustrado.
“¡N-no! ¡No le hagan esto a Nagisa!” Hotarumaru se alertó y se enfadó. “¡Ya es suficiente!”
“No, este es sólo el inicio de nuestro noviazgo~” continuó Monaca, aparentando una actitud conmovida y enamoradiza. “¿Qué fue lo que te hizo enamorarte de mí? Fueron mis galletas y pasteles preparados con amor, ¿cierto? ¡Ahh! ¡Tengo que pensar en todos los preparativos para nuestra fatídica boda!”
“P-por favor detente de una vez…” le pidió, consternado.
“Ehh… c-creo que ya nos reímos lo suficiente…” Maeda sonrió incómodo al notar el estado anímico de su amigo.
“¡Pero ni he modificado mi estado en Facebook!” Monaca sacó su celular.
“¡Dije que basta!” insistió Hotarumaru, agitando sus brazos e inflando sus cachetes.
“Tengo que poner que ya no me encuentro disponible y taggearte, querido Rai-kun~” canturreó. “Es muy importante que ya no le esté dando a Shingetsu-kun más falsas esperanzas, ¿no?”
“M-Monaca-san…” Maeda se preocupó.
“Y él como nuestro preciado amigo debería alegrarse mucho por nosotros. ¡Mejor le aviso por mensaje antes de hacerlo oficial!”
“Al menos dame ese placer a mí, Monaca-chan,” Tsurumaru sacó su celular. “Veamos… Messenger… Nagisa… ¡oh, y hasta está en línea! Qué sorpresa. ¡Es obra del destino!”
“¡Detente, Tsurumaru!” el pelicenizo no lo aguantó más y sucumbió ante sus impulsos. Él empujó el lado de su mesa desde abajo y provocó que aquel mueble se volcara hacia el peliblanco sin ninguna dificultad. Tsurumaru tuvo que actuar rápido y saltar para evadir aquella mesa mientras que Hajime que estuvo sentado en un rincón de ese lado tuvo que lanzarse al piso.
“…” este miró con desconcierto a aquella volcada mesa de madera. Levantar ese grande y pesado mueble de un intento no era fácil.
“Ahh, Hotarumaru-san…” Maeda se inquietó y caminó donde su amigo. “Debes controlarte, por favor. Pudiste haber lastimado a alguien.”
“Mo…” el pelicenizo se quedó en blanco y miró a los demás rápidamente, sorprendido. Podía ver que le miraban con atención, al igual que personas cercanas de otras mesas.
“Ya, lo siento mucho, Hotaru-bou,” Tsurumaru se soltó de una rama del árbol encima de ellos para aterrizar en el piso. Le sonrió pacientemente. “No debiste tomarnos tan seriamente. Créeme que sé lo mucho que te preocupas por tu amigo y que tampoco le traicionarías con Monaca-chan. ¡Haha, sigo impresionado por la gran fuerza que tienes!”
“Rai-kun es muy fuerte para ser el más pequeño de nosotros, por eso tengo un montón de esperanzas con él,” dijo Monaca, sonriendo con alegría. “Hehe, y siempre le he considerado un adorable hermanito. Sólo le estaba tomando el pelo~”
“Lo siento mucho,” Maeda hizo una pronunciada reverencia a Hotarumaru. “Esta broma se extendió demasiado. Los tres estamos arrepentidos por incomodarte tanto.”
“N-no, no te disculpes. Sé que eres un buen chico, Maeda…” Hotarumaru se incomodó y movió sus manos. “A mí también se me pasó la mano, eh…” él se giró a Hajime que se estaba levantando, y bajó su mirada. “P-perdón…”
“Ya pasó, sólo no tengas reacciones de ese tipo…” él negó.
“S-sí…” asintió, cabizbajo.
“Mis disculpas, pero debo retirarme. Namazuo-niisan acaba de avisarme que se encuentran disponibles para recibirme,” reportó el Toushirou, quien dio una venia hacia todos los presentes. “Ha sido un gusto conocerles, espero que podamos coincidir en otro momento.”
“Oh, eh, sí, igualmente,” Yukko terminó imitando su gesto por inercia, todavía impresionada por la cortesía y formalidad del pequeño.
“…” Mai asintió y alzó una palma, inmutada. “Nos vemos.”

De ese modo, aquel pequeño se despidió y se aventuró en la universidad, la cual demostró ya conocer al estar enfocado en seguir un camino definido. Los que quedaban vieron a Hotarumaru agarrar la mesa y volver a ponerla de pie silenciosamente.

“Ehh…” Yukko quería decirle algo para tratar de animarle, aunque no le salían las palabras. Entonces, tanto ella como los demás vieron al pequeño recoger sus cosas y mirar de reojo a Mai.
“No eres mi nee-chan,” sentenció con molestia y se fue caminando.

De nuevo, ocurrió otro silencio en el cual los demás intercambiaron miradas incómodas, salvo Monaca que estaba tan contenta como de costumbre.

“Vaya, creo que ninguno de nosotros esperó esa reacción de nuestro Hotaru-bou…” dijo Tsurumaru, rompiendo el silencio. Él se acercó a la inmutable y le agarró de un hombro. “¿Te encuentras bien, Mai?”
“…” ella se veía mínimamente en shock y terminó por caerse sentada al piso.
“¡M-Mai!” Yukko se aterró. Para alguien que no expresaba sus emociones, una pérdida de energías de aquel tipo era preocupante. “¡Mai, está bien! ¡Y-ya se le pasará!”
“Quisiera compartir tu optimismo, chica cuyo nombre no recuerdo, pero nunca he visto a Rai-kun molestarse tanto con alguien. Bueno, con Akashi-niichan se para molestando a menudo, aunque también de forma diferente,” reportó Monaca, maravillada. “Siento que podría aprender algo de Mai si logró colmar la paciencia de mi adorable amiguito.”
“No es la primera vez que Mai hace esta broma, y Hotarumaru ya se lo había advertido,” dijo Hajime, frustrado. Nunca pensó que sentiría una pizca de empatía hacia esa chica, pero sí se le notaba descorazonada.
“Es eso, más que nada, y la vez pasada a Akashi casi le pasa algo cuando la escuchó,” comentó Tsurumaru, entretenido. Él dio un suspiro y se agachó para darle el pésame a Mai. “Lo lamento mucho, en verdad debiste disculparte con él cuando tuviste la oportunidad, pero Hotaru-bou no es rencoroso. De todos modos, te aconsejo que busques un modo de reponerle, ¿sí?”
“…” Mai asintió y frunció el ceño para así levantarse del piso con energías renovadas. “Eso quiere decir que debo usar el resto del descanso para encontrar la solución. Me voy. Nos vemos en clase.”
“S-sí…” Yukko le miró atentamente y su amiga recogió sus cosas para irse corriendo.
“Ahora comprendo por qué eres tan apegado a tus kouhai, Tsuru-niichan. Son muy llamativos y divertidos, me alegro por ti,” dijo la pequeña. “Oh, ¿podrías llevarme a comer un dulce antes de ir a la clase? ¡Quiero pasar un poco de tiempo a solas contigo!”
“Claro, claro, estoy a tu disposición,” el peliblanco le dio unas palmaditas en la cabeza, lo que hizo que Monaca sonriera ampliamente y se sonrojara de alegría. Tsurumaru miró a los otros. “Vayan a disfrutar de su descanso, nos encontramos en su clase.”
“Sí, igualmente,” Hajime asintió.
“¡No falten!” exclamó la pequeña y ella partió camino acompañado del mayor. Al final sólo quedaron Yukko y Hajime, quienes intercambiaron miradas cansadas.
“Se frustró nuestro estudio…” se lamentó la chica. “Perdón, no te seré de ayuda aun si intentamos estudiar juntos.”
“L-lo mismo digo, lo siento,” admitió el chico, apesadumbrado. “Creo que iré a reposar un rato antes de la clase. Nos vemos ahí.”
“Sí, está bien,” asintió. Yukko se sorprendió por encontrarse inesperadamente solitaria, y le tocaría ver cómo ocupar ese tiempo.

De aquel modo, todos en el grupo inicial terminaron por tomar sus caminos por separado antes de asistir a la próxima clase.



El camino fue corto y Maeda llegó a un espacio más recluido de la universidad entre pequeños puestos de comida que pasaban mayormente desapercibidos. Fue ahí que vio a sus hermanos ocupando una pequeña mesa circular que contaba con una sombrilla. Namazuo le pasó la voz al agitar un brazo y hasta se levantó para darle el alcance. Sus otros dos hermanos también se pusieron de pie a manera de saludarle.

“¡Maeda! ¡Ya estás aquí!” Namazuo le dio un fuerte abrazo. “Aww, tan pequeñito como siempre. Ha sido demasiado tiempo sin verte~”
“Nos hemos visto para el desayuno en casa, Namazuo-niisan,” le recordó, sonriendo con gracia.
“Ven, ven. Te he comprado un milkshake de fresa. Esta tienda prepara postres deliciosos, y este debe ser el más saludable de todos.”
“Muchas gracias,” hizo una reverencia. “Aprecio mucho el gesto, aunque no tenías que hacerlo.”
“Aw, tú sólo déjate querer,” él dio pequeños empujoncitos a su hermanito para que acudiera a la mesa que estaban ocupando.
“Buenas tardes, Yagen-niisan, Honebami-niisan,” saludó el pequeño respetuosamente.
“Buenas tardes…” contestó Honebami, asintiendo mínimamente.
“Han sido varios días, Maeda,” observó Yagen, con una sonrisa tranquila. “¿Todo bien?”
“Sí, todo bien, Yagen-niisan. Me siento muy afortunado por poder encontrarme contigo,” asintió con muchos ánimos. “Espero que te esté yendo muy bien con tus investigaciones.”
“Recientemente no he estado enfocado en estudios. He tenido que participar en distintos proyectos interdisciplinarios bajo pedido de la universidad para el diseño e implementación de una nueva generación de sistemas expertos en el área de medicina…” entonces, Yagen se detuvo a sí mismo con un poco de sorpresa y sonrió frustrado. “Perdón, suelo ponerme a hablar de más cuando menciono mis trabajos, pese a que no son de interés general.”
“¡No digas eso, Yagen-niisan! ¡Suena muy complicado e interesante!” exclamó Maeda, emocionado y con los ojos brillantes. “¡Quisiera que me dijeras mucho más!”
“…” Honebami asintió, inmutado. “Sí es interesante…”
“Siempre te tendré respeto por dedicarte y comprender tanto de estas cosas difíciles, hermanito,” dijo Namazuo, volviendo a tomar su sitio. Él sonrió incómodo. “Nunca comprenderé de qué hablas, pero te tomo la palabra.”
“Tratándolo con indiferencia, como de costumbre,” Yagen negó.
“Hehe, lo siento mucho. ¡Oh, pero justo andabas trabajando en algún software en tu laboratorio! ¿Por qué no llevamos a Maeda a que vea lo que estás haciendo?”
“¡Ohh! ¿Podría ir?” preguntó el pequeño, ilusionado. Ese sentimiento no le duró mucho ya que pudo observar a su hermano mayor sonreír apenado y negar.
“Lo siento. No me gusta llevar invitados a mi laboratorio,” contestó con leve incomodidad.
“Vamos, es sólo un corto paseo,” insistió Namazuo.
“Está bien, Namazuo-niisan,” Maeda sonrió con leve tristeza, pero estaba en paz con la decisión. “Aquel laboratorio es el espacio de Yagen-niisan, y si no desea visitantes, debo respetarlo. Espero que algún día se dé la oportunidad. De momento seré paciente.”
“Uhh, se nota claramente lo mucho que desearías visitarlo…” miró a su gemelo en un intento de buscar respaldo. “¿No crees que se podría hacer una excepción, Honebami?”
“No tengo comentarios al respecto,” el peliblanco se mantuvo inmutado.
“Siento decirlo, pero es este concepto de excepciones lo que complica las cosas,” comentó Yagen, con firmeza. “Mi ambiente de trabajo es muy formal y procuro mantener las normas. Por ello sólo debo dejar entrar a personas con verdaderos roles en mi edificio. Tú deberías sentirte agradecido de tener el pase.”
“Sí, en verdad no sé por qué lo tengo, pero no me puedo quejar,” dio un pesado suspiro. “Incluso Ichi-nii quisiera visitarte, pero tampoco tiene la autorización de hacerlo.”
“Ichi-nii tiene demasiadas responsabilidades y su tiempo es muy valioso. Temo que darle el permiso significaría que intente ayudarme con quehaceres que no le corresponden.”
“…” Honebami asintió. “Es lo más probable…”
“Ahh, pero no es bueno que sean tan cuadrados…” Namazuo negó y se rindió al respecto. Lo mejor era dejar ese tema de lado y cambiar a algo más ameno, ya que uno de sus pequeños hermanitos les estaba acompañando. “En fin, tenemos que concentrarnos en lo más importante ahora, ¿no es así? ¿No están también muy emocionados?”
“¿Te refieres a la llegada de Shinano?” preguntó Yagen.
“¡Por supuesto! ¿A qué más me referiría?”
“¡Ahh! ¡Es increíble pensar que Shinano-niisan estará aquí en esta semana!” Maeda junto sus manos y se emocionó. “Estoy muy feliz por ello. Su ausencia se ha sentido bastante.”
“En verdad que sí. Ha sido raro estar solo en el rol del animador y el cariñoso de la familia por tanto tiempo, y obviamente quiero apachurrarle a él también,” Namazuo sonrió gatunamente. “Honebami, ¿no estás animado por su retorno?”
“Será agradable volver a verle… pero…” desvió su mirada, incómodo. “Nunca he comprendido la fijación de Shinano de hacer tanto contacto físico con los demás…”
“A mí me frustra también. Tendré que ser paciente,” Yagen dio un suspiro.
“Ustedes no pueden ser tan quisquillosos. Si les incomoda tanto el contacto físico, significa que no han tenido el suficiente contacto con la sociedad,” concluyó Namazuo. Él extendió sus brazos a los costados y sonrió ampliamente. “¡Puedo ayudarles con eso! ¡Uno de ustedes abráceme!”
“…” ambos le miraron con cansancio y molestia.
“N-Namazuo-niisan, pienso que les pides demasiado…” observó Maeda, sonriendo incómodo. “Procura no causarles inconveniencias, por favor.”
“Al menos tú sí te dejas abrazar y engreír,” Namazuo se contentó con acariciar la cabeza del pequeño brevemente. “Y no te olvides de tomar el milkshake que te compré.”
“Sí, enseguida.”
“Pronto se terminan las clases. Los exámenes finales deben estar a la vuelta de la esquina,” observó Yagen, quien miró a su hermano menor. “¿Cómo te está yendo en el colegio, Maeda?”
“Felizmente bien. He mantenido un buen promedio en todos mis cursos,” le contestó con alegría y un leve orgullo personal. “De todos modos, Hirano y yo estamos estudiando arduamente para rendir en los exámenes. Ichi-nii nos dijo que organizará un viaje durante las vacaciones de verano para todos, así que nos toca merecernos su dedicación.”
“Los dos son muy capaces. Confío en que sobrepasarán nuestras expectativas,” observó Honebami, monótonamente.
“Me siento honorado por tus palabras, Honebami-niisan. Nos esforzaremos.”
“Sí, eh… yo también me esforzaré…” Namazuo sonrió torpemente.
“Más te vale que no nos decepciones, Namazuo,” Yagen le miró con leve molestia. “No me molesté en preguntarte porque eres mi mayor, pero me has hecho recordar que tus notas dejan mucho que desear.”
“Uhh, tú sabes que en cuestiones de estudio eres décadas mayor que yo, hermanito,” Namazuo hizo un puchero. “Y ten fe en mí, porque me encuentro bajo sesiones de repaso.”
“Es verdad,” Yagen asintió. “Tengo fe en Honebami que es quien te está apoyando con tutoría. Por ello mismo, asumo que lograrás pasar este semestre sin nada que lamentar.”
“Haré todo lo posible,” Honebami asintió, seriamente.
“¡Ya, no me traten como un caso perdido!” les reclamó el mellizo pelinegro. La molestia de Namazuo no duró mucho porque notó que Maeda se había puesto a reír modestamente y se encontraba muy animado por el intercambio que presenciaba. Ello le hizo sonreír. Sabía cuánto anhelaban los pequeños de pasar más tiempo con Yagen y Honebami, quienes solían estar sumergidos en sus obligaciones dentro de la universidad. Felizmente sabía que Shinano haría posible sacar a ese par de su burbuja y unir más a la familia, por su forma de ser y por cómo este se llevaba con Yagen.
“…” entonces, el peliblanco pareció acordarse de algo, y sacó la caja de dulces. “Este es un buen momento para compartir estos dulces tradicionales,” le quitó la envoltura de tela y la abrió para revelar esos dulces de alta calidad. “Sírvanse, por favor.”
“¡Ohh, muchas gracias, Honebami-niisan!” exclamó Maeda, quien de inmediato tomó unos dangos y los degustó en compañía de su milkshake. “¡Ahh, está delicioso!”
“A mí también me encantan~” dijo Namazuo, quien también tomó uno. “Hehe, tienes un gran ojo para estas cosas, Honebami.”
“…” este asintió, inmutado. “Me alivia saber que es de su agrado…”
“¡Pero no se queden atrás! ¡Coman algo!”
“Iré por un poco de té,” Honebami se levantó.
“Pienso lo mismo. Estos dulces se degustan mejor con una infusión,” Yagen asintió. “También iré por té para mí.”
“Yo me encargo, Yagen,” el peliblanco negó. “Espérame un momento, por favor.”
“Bueno, si insistes…”

Los hermanos continuaron pasando una tarde en compañía mientras conversaban de temas ligeros y sobre las expectativas que tenían tanto de la reunión de los hermanos como de las venideras vacaciones.



El descanso llegó a su fin y Yukko fue al auditorio de su próxima clase. Se sentó en su sitio usual donde Hajime había estado esperando a todos, y Tsurumaru y Monaca no tardaron en unírseles. Un poco después, llegó un Hotarumaru apenado y avergonzado, que se mostraba retraído.

“Yo, Hotaru-bou,” Tsurumaru le saludó al levantar una palma, y luego se rió un poco por notar esa actitud tan baja de energías de su parte. “Oye, ¿qué sucede? Ya se te debió pasar la molestia de antes, ¿no lo crees?”
“Ya no estoy molesto…” él asintió, y pasó a dirigirse hacia Hajime. “Lo siento…”
“¿De qué te disculpas?” le preguntó el chico, confundido.
“Por lo de antes… pude haberte hecho daño…”
“Oh, ya veo…” recién recordó lo sucedido, y negó exasperado. “No, olvídalo. Esto ya pasó, deja de sentirte tan culpable.”
“P-pero…” el pequeño alzó su mirada y demostró que estaba casi al borde de las lágrimas.
“V-vamos, créeme que te comprendo con los arranques. Ese Komaeda me ha hecho sentir el impulso de volcar muchas mesas en todo el tiempo que le conozco,” bromeó y vio al pequeño ladear la cabeza. Hajime le sonrió un poco y le revolvió los cabellos. “Ahora tranquilo. No pasó nada y no estoy molesto contigo. Sólo ten más cuidado la próxima vez.”
“Sí, lo tendré…” asintió.
“Toma asiento, no te quedes de pie.”
“Rai-kun, hay un espacio a mi costado,” le pidió Monaca, sonriendo amablemente. El pequeño le hizo caso y tomó el asiento disponible, que estaba al rincón de la mesa. “Te quedaste pensando mucho con lo sucedido. Eres una buena persona, por considerarlo tanto.”
“No fue un comportamiento aceptable…” él le miró de reojo, con leve reproche. “Y espero poder pedirte que no vuelvas a molestarme así, Monaca…”
“Sin lugar a dudas no se trata tanto que te haya molestado a ti, sino haber mencionado sobre molestar a Shingetsu-kun con el tema, ¿no es así?” le preguntó con una pizca de inocencia. Ver la impaciencia crecer en el pelicenizo se lo comprobó. “Está bien, no lo volveré a hacer. Yo quiero estar en paz con todos mis amigos.”
“Es lo que también quiero…” él dio un suspiro. Después de ese par de conversaciones, se vio más liberado del tema, aunque fue evidente que algo quedaba inconcluso.
“¿Sucede algo?” le preguntó Yukko.
“El auditorio se está llenando. Es casi hora de comenzar con la clase,” comentó meditativo, y bajó su mirada. “Me pregunto si va a venir.”
“Por tratarse de Mai, diría que es probable que falte bajo situaciones normales, pero estoy convencido que esta vez sí vendrá,” comentó Tsurumaru, sonriendo con indiferencia. “Sé que ella no va a querer que las cosas se queden así.”
“Me pregunto si fui muy dura con ella…”
“Oye, ella es la que te jugó esa broma de mal gusto. Es normal que te haya impacientado. Tampoco te recomiendo que le sigas el juego a cada rato,” se encogió de hombros. “Tú espérate a que aparezca para hablar del tema con ella, si tanto te incomoda.”

Yukko observó al pequeño quien estaba un tanto preocupado por Mai, pese a su previa molestia y el hecho que ella sí había hecho algo que él varias veces le había insistido que desistiera. Ello le hizo recordar lo hermoso y adorable que Hotarumaru podía ser.

Y entonces llegó la última miembro del grupo. Mai entró a paso rápido al no tener mucho tiempo antes de que se apareciera el profesor, y fue directamente hacia el pelicenizo con una pequeña caja en manos. Ella apoyó ese contenedor frente al pequeño, quien se sorprendió.

“Esto es…”
“Me arrepiento por insistir en esa broma. Acepta este postre exclusivo como una disculpa,” dijo Mai, con su característico tono neutral, aunque demostrando algo de amabilidad en su semblante. Ella también estaba un poco corta de aliento, lo que delataba que había pasado el resto del descanso en plena carrera.
“Ohh, qué increíble,” Monaca se sorprendió. “Esa marca es de una pastelería en el centro de la ciudad muy demandada que produce cantidades limitadas de sus postres diariamente. No pensé que fuera posible lograr esta hazaña en tan poco tiempo.”
“Tengo mis recursos,” Mai ajustó sus gafas. “Además, nuestro pequeño lo vale.”
“Hehe, es muy cierto.”
“Mo…” Hotarumaru se impresionó por ello y miró a Mai, hasta que un par de lágrimas se rebalsaron de sus ojos.
“¡Hahaha! Alégrate. Tienes a una amiga que te estima mucho para dedicarte esto. Te aconsejo que lo aproveches,” dijo Tsurumaru.
“…” él asintió. “Yo, eh, perdón por lo de antes…”
“No, yo soy quien debe disculparse…” Mai le sonrió un poco y le revolvió los cabellos. “Ahora disfruta de tu postre.”
“Sí,” Hotarumaru sonrió ampliamente con mucha alegría. “Muchas gracias, Mai-neechan.”
“…” Mai asintió y fue a tomar el asiento que quedaba entre Tsurumaru y Yukko. Ella observó brevemente al pequeño hablar fascinado con Monaca luego de desempacar ese impecable y muy bien presentado postre, y entonces aspiró con gran alivio y llena de vida. “Todo está en su lugar.”
“Haha, sin duda. Sigues siendo la nee-chan,” Tsurumaru sonrió con ironía.
“Heh, me alegro mucho por ti,” dijo Yukko, animada. Si bien le incomodaba un poco que todavía no había tenido la oportunidad de revolver los cabellos de Hotarumaru como el resto de sus amigos, decidió enfocarse en la dicha de su amiga, quien logró reparar la situación.
“¿Acaso soy el único que encuentra esta obsesión de Mai de ser su ‘nee-chan’ desconcertante?” preguntó Hajime, extrañado.

El profesor llegó y la clase comenzó, con el grupo de amigos retornando a la dinámica usual y sin más asuntos que atender. El ambiente regresó a su paz de siempre.


Eureka

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #369: February 17, 2018, 12:12:50 AM »
Partes finales de ese aporte larguísimo que hice LO SIENTOOO

32.4


   

Hizumi era una de las personas más tacañas que había conocido en su vida.

No lo culpaba, realmente: su tutor le daba una mensualidad muy pequeña, y como no sabía medirse, Hizumi terminaba gastándose casi todo a mitad de mes. Era increíble cómo conseguía sobrevivir durante la otra mitad: Maka estaba segura de que, al menos, los taxis que pagaba eran gracias a la tarjeta de crédito de Lelouch, el enamorado de Eureka. ¿Cómo había llegado a su posesión? Era un misterio que aún nadie podía resolver.

Maka sabía que los inquilinos de la mansión Vi Britannia le habían hecho una intervención, puesto que los gastos de Hizumi se estaban excediendo y habían llegado a un límite. Y aunque había cambiado para bien, aún se daba sus gustos de vez en cuando. Sin embargo, nunca había sido de compartir, y eso seguía intacto. Por ello, cuando la invitó a comer, Maka supo inmediatamente que algo había sucedido. Tal vez Hizumi necesitaba un favor y de seguro él creía que era la mejor manera de engatusarla para que lo ayude.

Pero ella no había sido la única invitada. En la puerta del bufet encontró a Soul, quien al igual que ella, esperaba la llegada de Hizumi.

“¿Hizumi también…?”
“Sí.” Soul asintió. “No fue muy específico con su invitación, eso sí.”
“Mm, sigue intentando ser un misterio, como siempre.” Maka rodó los ojos.

Maka dudó por unos instantes de sacar el tema a la luz, pero en vista de que aún no llegaba Hizumi, notó que la oportunidad era perfecta.

“Supongo que tú sí sabías sobre su pasado,” mencionó Maka.
“¿Lo de Rizembool?” preguntó Soul.
“Ajá. No sé por qué pensé que con tu tema y el de Eu se cerraría todo, pero faltaban más personas, al parecer.”
“Casi todo nuestro entorno se vio involucrado de alguna u otra manera. Pero explicar cómo y quiénes nos habían ayudado… o habían sido nuestros enemigos… pues era un poco complicado. Hizumi y Eureka querían dejar atrás todo el conflicto. Ninguno pensó que se retomaría la pelea,” dijo Soul.
“Por eso Toe, yo y el resto de sus amigos nunca nos enteramos de nada.”
“Y era mejor así. Pero el ataque…”
“Sí, justo hablé de eso hace unos días con Eu. Me ha dicho que tenga muchísimo cuidado. ¿Te comentó…?” empezó Maka, pero se cortó de la vergüenza.
“¿Qué cosa?” Soul arqueó una ceja.
“Quiere que… uh…” Maka desvió la mirada, avergonzada. “Quiere que estés conmigo. Que me acompañes a todos lados… y eso.”
“¿Eh?” Soul se demoró en captarla. “¡¿EEEEH?! ¡No puede disponer así de mi vida!”
“Es tu dueña, después de todo…” mencionó Maka, pensativa.
“¡Eso no le da derecho, de todas maneras!”
“¡Yo sé! ¡No creas que me gusta la idea! No quiero que nadie me proteja. Al contrario, yo quiero ayudar.”
“Me sorprende aún que no hayas hablado con Miranda.”
“Para cuando me animé, estábamos a semanas de parciales…” contó Maka. “Y bueno, no sé, ¿me olvidé, supongo?” dijo Maka, y le sacó la lengua.

Maka se sentía un poco mal por mentirle, pero lo cierto era que desde aquella conversación que tuvieron, ella había entrenado por su cuenta. Junto a Noiz, se había metido a clases de judo y tae kwon do, y estaba yendo al gimnasio regularmente. La prueba HiME demandaba un montón de resistencia física, y como nunca había hecho ejercicio en su vida, suponía que fallaría de intentar darla sin previa preparación. No podía decir que se encontraba en las mejores condiciones, pero al menos había progresado considerablemente, y luego del ataque a Hanasaki, sus ganas de postular habían aumentado. No podía quedarse de brazos cruzados, más aún cuando sus amigos y el resto de estudiantes corrían tanto peligro.

“Si no me quieres tener como guardaespaldas, lo mejor es que vayas a discutirlo con ella.”
“¿Ah?” Maka arqueó una ceja. “¿Osea que sí accederás a la propuesta de Eu?”
“…Supongo. No es que me cueste, tampoco. Estudiamos en la misma facultad, ¿no?”
“Cierto~” Maka asintió. “Gracias, Soul. Pero no te preocupes. No te quitaré tiempo. Prometo que pronto hablaré con Miranda.”
“Sobre eso—”
“¡Yahoo~!” los saludó una voz conocida, y observaron cómo Hizumi corrió hacia ellos hasta unírseles.

Se veía que venía de un lugar distinto a la universidad, por su falta de morral y su ropa un tanto formal, pero Maka y Soul intercambiaron miradas y acordaron, mentalmente, en no preguntar al respecto. Ya luego saldría aquel tema de conversación. Lo importante era indagar el motivo detrás de la extraña invitación de Hizumi.

“¿Los hice esperar mucho?”
“No.” Maka le sonrió. “Llegamos hace un rato.”
“¡Genial! Bueno, vamos, vamos.”

Hizumi se les adelantó, corriendo hacia la entrada del restaurante. Maka y Soul cruzaron sus miradas, igual de confundidos que antes. La reunión, cada vez, se hacía más… peculiar.






           
       

“¿Quién es la persona más popular?” preguntó Matsukawa.

El juego de ronda de preguntas seguía en pie, y Eureka quería morirse. Era demasiado para ella.
 
Aquellos segundos de tensión se volvieron eternos, más aún cuando al cabo del tiempo de elección, todo el mundo señaló a Oikawa, mientras que Eureka optó por señalar a Todoroki. Matsukawa notó esto, y se acercó a la mesa de la HiME con una sonrisa.
 
“Bueno, no puedo culparte, Eureka. Todoroki también es muy popular,” comentó Matsukawa, entre risas. Todos los presentes lo acompañaron, y Eureka rio, aunque andaba un poco enojada por el juego. Aún no le acertaba a nada, y encima, se había equivocado en una pregunta como esa. Justo la que llamaba más la atención.
 
De seguro Oikawa ya estaba al tanto de su presencia.
 
“Parece que estoy de mala racha,” comentó Eureka. Himiko y Ouma rieron.
“¡Y esa fue la última ronda!” anunció Matsukawa, y todos los presentes gritaron de la emoción. “Ahora sigue el juego de la liga. Cada uno colocará un pedazo de apio en su boca y pasará la liga con la verdura. Tengan en cuenta de que pueden cortar el apio cuanto deseen~” canturreó, y los mozos se acercaron a las mesas con copas llenas de verduras.
 
Aunque lo sentía ridículo, no le quedaba de otra que participar del juego. Confiaba en que Nea no se aprovecharía de la situación, puesto que se veía muy caballero aún a pesar de su alianza con Kuro… pero no podía decir lo mismo del chico a su izquierda, que no pertenecía al grupo de Ouma.
 
Armándose de valor, se tomó de un solo trago lo que le quedaba del shochu que había pedido. Cogió uno de los apios más largos y se lo colocó en la boca. Cuando a Nea le tocó pasarle la liga, todo ocurrió sin problema alguno. Al girarse a su otro costado, rodó los ojos cuando cruzó su mirada con la del chico.
 
Era una de las situaciones más incómodas de su vida. Y tal vez… debió verlo venir, pero en su defensa, era algo que nunca había imaginado que pasaría.
 
Cuando intentó pasarle la liga al chico de al lado, este abrió los ojos de la sorpresa, tembló por unos instantes y cayó hacia atrás, inconsciente.
 
“…” Eureka se quedó observándolo, descolocada. No entendía lo que acababa de pasar.
 
Los miembros del grupo del lado pegaron el grito al cielo cuando vieron al chico en el suelo. Eureka intentó ayudarlos, pero el grupo sólo le dedicó una mirada de odio y consiguieron alejarla. Sus amigos lo levantaron, y lo dejaron recostado sobre la mesa. Uno corrió a traerle agua, y otro fue a pedir ayuda a los mozos del izakaya.
 
Cuando se sacó la verdura de la boca, Eureka notó que su mano estaba rodeada de finas corrientes celestes de electricidad. Intentó apagarlas, pero por más esfuerzo que hacía, su poder seguía activado. Esa era la causa del desmayo del joven de la otra mesa.
 
Supuso que se debía a su estado etílico, que le impedía controlar sus poderes.
 
“Wow,” escuchó que dijo Ouma, observando al grupo de al lado. “La posibilidad de besarte lo mató de un paro.”
“¿Positiva o negativamente?” le preguntó Eureka, con una ceja arqueada.
“Mm~ ¿Cuál será?” bromeó él, con una sonrisa.
“…” Eureka le frunció el ceño, y agradeció que justo Himiko le habló a Ouma y lo distrajo, puesto que esto le permitió enfocarse de nuevo en el tema de aquella noche: el poco control sobre sus poderes. El alcohol en sus venas le impedía ser consciente de sus palabras y acciones, pero aún contaba con la lucidez necesaria como para recordar su objetivo.
 
Una idea terrible y alocada cruzó su mente. Aprovechando su lugar, colocó su mano en el brazo de Nea, quien saltó en su sitio al sentir la electricidad en su cuerpo.
 
“¿Quieres mandar a otra persona al hospital?” le dijo Nea, por lo bajo.
“Sólo quiero información.”
“…” Nea la miró con sospecha. Usó la mano que no tenía sobre la mesa para convocar una pequeña llama de fuego, que acercó hasta dejarla a centímetros de la manga de la blusa de Eureka.
“Ah, quieres jugar sucio,” dijo Eureka, observando el fuego.
“Tú fuiste la que empezó~ No tenía intenciones de pelear contigo, realmente.”
“Eres un rebel, ¿no?”
“Mm.” Nea se hizo el pensativo. “¿Creo que te lo dije hace un rato? No tengo por qué darte explicaciones.”
“Eres idéntico a tu amigo,” dijo Eureka, y rodó los ojos. “Hasta dicen exactamente lo mismo.”
“Oh, hablas de… ¿cómo lo llamabas tú? ¿Kuro?” Nea rio. “Lo siento, sweetie, pero no vas a conseguir nada de mí. Y dudo que alguien en esta fiesta sea capaz de darte la información que deseas, así que por gusto te arriesgaste a venir.”
“…” Eureka sabía que su mirada de odio puro no era capaz de transmitir todo lo que sentía, pero al menos hizo el intento de intimidar a Nea. Antes de soltar su agarre, le transmitió una corriente eléctrica mucho más alta, y sonrió ante la mueca de dolor que Nea no pudo ocultar. Sin embargo, él actuó de la misma manera, quemándole la manga de la blusa y hasta un poco de su brazo.
“Uh…” una voz interrumpió aquella riña. Se trataba de Todoroki, quien los observaba con visible curiosidad en sus ojos. “¿Todo bien?”
“Sí, sí. Es sólo que Eureka se ha pasado un poco de copas. ¿No?” comentó Nea. Eureka negó con la cabeza.
“No, aún no. Puedo quedarme un rato más.”
“Me avisas cuando ya no puedas. Te iré a embarcar en un taxi.”
“Oh, no, gracias.”
“…” Todoroki no despegó la mirada de ellos, como intentando descifrar lo que ocurría. Sin embargo, se resignó, y giró su atención hacia el vaso de whisky en sus manos.
 
La conversación en la mesa volvió a retomarse, aún a pesar de la visible tensión entre Nea y Eureka.
 



   
 

La conversación, hasta ese entonces, había sido completamente mundana. Maka sentía que Hizumi andaba evadiendo el tema del ataque y las HiMEs a propósito… hasta que, luego de regresar con un plato lleno de variedades de carne y pollo, Hizumi se sentó en la mesa con una expresión un tanto seria.

Okay, no era tanta seriedad como parecía. Pero al menos no sonreía, y eso era un gran indicador en él, considerando que siempre andaba muy alegre por la vida.

“Maka, la verdad es que… Soul y yo te hemos invitado aquí por un tema en especial.”
“¿Yo también? Tú me llamaste—”
“Shh,” Hizumi interrumpió a Soul. “Tú fuiste el que me contó, así que… también estás involucrado.”
“¿Qué cosa te contó?” Maka arqueó una ceja.
“Oh, nada,” Hizumi se llevó un pedazo de bife a la boca. Dio un sorbo a su bebida, y luego de pasar la comida, le sonrió. “Eso de que quieres ser HiME.”
“¡¿LE CONTASTE?!” gritó Maka, indignada.
“No tenía de otra,” dijo Soul. “Era a él o a Eureka. No podía guardarme algo así para mí solo, sobre todo cuando podías correr peligro por ello…”
“Y Eu andaba un poco… complicada por ese tiempo. Con lo del secuestro y sus miles de aventuras…” Hizumi rio. “Esa chica siempre consigue meterse en problemas.”
“Es cierto. Pero espera— Yo te conté eso hace meses, Hizumi.” Soul se veía un tanto confundido.
“¡Exacto! Y por ese entonces consideré reunirnos para hablar de eso, pero… sentí que no era tan necesario. Luego de eso, nunca más me hablaste de nuevo del tema, así que imaginé que Maka se había rendido.”
“Pero el ataque…” habló Maka, y Hizumi asintió.
“Eso. Conociéndote, el ataque te ha dado más motivos para postular a ser HiME. Antes de hablar sobre eso, creo que debería contarte acerca de lo que te prometí ese día.”
“Mm.” Maka asintió.
“Fui rebel, como Kanone mencionó ese día. Supongo que fue mi tutor el que me recomendó, y como era muy atlético y dedicado, Rizembool vio potencial en mí. Y bueno, nada, cumplí con mi rol al pie de la letra. Era de ese tipo de rebels desalmados que sólo les importaba cumplir con su cometido. Hasta que… uh…”
“¿Hasta que conociste a Soul y a Eu?”
“S-sí.” Como nunca, Hizumi se veía un tanto avergonzado, lo que se le hizo muy tierno a Maka. “Poco a poco me desligué de Rizembool. Y terminé en Hanasaki. Fin de la historia.”
“¿Y lo de Kanone?”
“Esa historia es para otro día.”
“¡No! ¡Me prometiste que no esconderías más cosas!” le recriminó Maka. Hizumi suspiró.
“Okay, okay. Esta es un… poco más densa, te advierto.”
“No importa.”
“…” Hizumi sonrió. “Creo que nunca he conocido a alguien tan obstinada como tú, Maka.”
“Y yo a alguien tan tacaño como tú, pero… parece que has cambiado un poco.”
“…” Hizumi rio, y asintió. “Puede ser…” dijo, e hizo a un lado su plato para apoyar los codos en la mesa. “Bueno. Mi tutor tiene una malísima relación con Kanone desde hace muchísimo tiempo. No entiendo ni cómo ni por qué: Kiyotaka nos lleva como 6 años. Aun no comprendo cómo alguien de su edad odiaría a alguien de la mía. Y como te digo, es de hace mucho tiempo. Tal vez en ese entonces… ¿Kanone tenía dieciséis?”
“¿Qué te puede hacer alguien de esa edad?”
“¡Exacto! Misterios de la vida. Pero de ahí recuerdo que hablamos de Kiyotaka, y él está medio loco, así que tiene sentido, creo…” Hizumi rio. “Uh… sigo. Kiyotaka me dijo que Rizembool había ordenado la ‘desaparición’ de Kanone, por su traición a la institución.”
“¿Pero tú no habías hecho lo mismo?” Maka sonaba muy confundida.
“Sí, pero la diferencia es que… yo sí cumplí con mi misión. Esto no lo sabe Eureka, así que no se lo cuenten, por favor. Mi HiME…”
“No necesitas decirlo, entendemos a lo que te refieres,” comentó Soul.
“Para cuando me hice amigo de ti y de Eureka, y me había dado cuenta de lo equivocada que era la visión de Rizembool… pues ya era muy tarde. Y ningún rol de apoyo a las HiMEs, ninguna batalla ganada a su favor borraría lo que había hecho. Cuando Kiyotaka me ordenó eso pues… pensé que no tenía de otra que seguir sus órdenes. Y lo hice. La noticia de la muerte de Kanone afectó muchísimo a Eureka, y como era de esperarse, dejamos de ser amigos.”
“Pero justo esto sucedió a vísperas de la batalla final. Justo por la muerte de Kanone, muchos de los amigos que tenían en común se alejaron de ella, porque sabían que ella conocía a Hizumi y no había podido hacer nada al respecto,” dijo Soul.
“¡Pero no era su culpa!” dijo Maka. “¡Ella no tenía nada que ver!”
“A Sai y al resto no les importó. Por ese entonces aún no estaba en una relación con Lelouch, así que tampoco contábamos con él,” contó Soul. “De alguna manera conseguimos que Hizumi regrese con nosotros… pero en un inicio, nos fue difícil retomar la amistad.”
“Y no los culpo, realmente.” Hizumi sonrió, aunque se notaba un tinte de arrepentimiento en sus ojos. “Y esa es la historia.”
“Hay algo que no entiendo. ¿Cómo Kanone sigue con vida?”
“Ah, eso ni yo lo entiendo. Pero me dijo que conocía a una HiME que curó sus heridas o algo así… la verdad no estoy muy seguro.” Dijo Hizumi. “Él y Ryoji son más misteriosos que yo… a veces.”
“Ryoji es el amigo de Kanone y colega de su antiguo trabajo,” le explicó Soul a Maka.
“Ah…” Maka asintió. “Hay un montón de gente que se metió en esto, por lo que veo.”
“Más de la que imaginas. Creo que si estudiaste la secundaria en Hanasaki hace tres años, hay una probabilidad de que hayas vivido la batalla HiME-rebel de cerca,” comentó Hizumi.
“Éramos menos estudiantes en esos tiempos,” dijo Soul. “Como la universidad admite a alumnos de todas las escuelas, la comunidad es muchísimo más grande que en ese entonces.”
“Hm. Y pensar que todo eso ocurrió en su secundaria. Mientras que la mía fue puros exámenes, rumores y bailes anticuados.”
“A veces hubiese preferido una vida estudiantil así,” se lamentó Hizumi. “O dormir por varios años, como Soul.”
“Créeme, no quieres algo así. Tengo crisis existenciales de vez en cuando.”
“¿Imagino que aún piensas en tu creador?” preguntó Hizumi, preocupado.
“Sí. Llegué a preguntarle al respecto a Miranda, y me comentó que existieron HiMEs dedicadas a la confección de armas mágicas, pero no me pudo dar los datos exactos de las chicas. Algo de que es muy confidencial y eso.”
“Mm.” Maka asintió. “No creo que sea pertinente compartir esa información…”
“Pero no soy cualquier persona,” comentó Soul, un poco enojado. “Soy un arma. Fui creado para auxiliar a las HiMEs. No debería desconfiar de mí.”
“¿Lo has hablado con Eu? Fácil a ella sí le puede contar,” dijo Maka.
“…Se lo mencionaré, no me queda de otra. Pero yo quería encargarme de eso por mi cuenta. La veo muy… cargada, últimamente.”
“Lo de su rebel fue una sorpresa,” comentó Maka.
“Para todos, realmente. Oikawa… no sé, sentía que no podía fiarme de él, pero luego de ver cómo luchó junto a ella… es difícil creerme el cuento de que la traicionará. Mona piensa igual.”
“Mona es…” Maka se veía confundida.
“Oh, Mona es el apodo de Morgana, el Child de Eureka,” comentó Soul. “¿Te acuerdas del gato negro…?”
“Sí, claro. Pero no sé qué es un Child…”
“Es el… eh, en un rato llegaremos a explicarte eso. Está incluido en nuestra charla sobre las HiMEs,” dijo Hizumi.
“Soul, ¿por qué Eu está cargada, entonces? Si dices que su rebel es bueno…”
“Ah, es que hoy… Hizumi y yo y vimos a Lelouch muy enojado. De seguro está relacionado con Oikawa,” comentó Soul. “Y la ví un poco deprimida por eso, antes de que se fuera a sus clases.”
“Ojalá puedan solucionar sus problemas pronto. Aún me duele haberme perdido del bufet del desayuno…” lloró Hizumi.
“Tú sólo piensas en comida, ¿no?” comentó Soul.
“¡Sí!” Hizumi asintió, sonriendo.
“¿Y a la amiga de Eu qué tal le fue?” preguntó Maka, interesada en el tema. “El día del ataque.”
“Creo que más o menos. Salió herida de la batalla con su rebel… parece que le rompió la muñeca, o algo así. Está con yeso, y dice que le tomará un poco de tiempo recuperar la movilidad.”
“Ah… Es suerte, ¿No? Te pueden tocar rebels como el de Eu, o rebels como el de su amiga.”
“Sí, todo es suerte. Y justo por eso quería hablar contigo sobre las HiMEs, también—”
“Espera, Hizumi.” Maka lo interrumpió: tomó su mano y lo miró a los ojos. “Quería agradecerte por contarme todas esas cosas.”
“A-ah,” Hizumi se sonrojó hasta las orejas, y desvió la mirada. “S-sí, no hay problema.”
A su lado, Soul soltó una carcajada. “Lo rompiste, Maka. Eso es algo que nunca antes nadie había logrado.”
“¡Cállate, Soul!” le gritó Hizumi, enojado, pero esto sólo consiguió que Maka empezara a reír también. “Ya, basta, tenemos que hablar de cosas serias.”
Soul se calmó para poder retomar la conversación. “Bueno, hemos estado hablando de cosas serias.”
“¡Sí! Pero son cosas pasadas. Lo de Maka es el futuro. Y no es un futuro tan… bonito que digamos.”
“¿Lo dices por mi intención de ser HiME?” preguntó Maka.
“Oh, Maka. You sweet, sweet, girl. No es una intención. Vas a ser HiME. Te conozco por… ¿cuántos años? ¿uno y medio? ¿casi dos? Pero creo que es suficiente como para darme cuenta de que lo harás, por más de que intentemos disuadirte,” dijo Hizumi.
“Aw, Hizumi, se nota que me conoces.” Maka sonrió.
“Eres igual de terca que cierta persona que conocemos,” comentó Soul, rodando los ojos.
“Por algo somos buenas amigas~”
“Bueno, Soul creo que ya te dijo todos los peligros de ser HiME. Ahora todo se ha complicado aún más, por el ataque a los estudiantes. Rizembool nunca ha sido muy… amigo de las convenciones sociales, pero ahora parece que ya ni le importan. Toda la comunidad estudiantil de Hanasaki está en peligro.”
“Sí, estoy consciente de eso. Y con lo del rebel de Eu… pues me queda claro que tampoco tienen consideración con los suyos.”
“Nunca la han tenido, como pasó con Kanone. Ahora parece que se han ablandado un poco, pero eso no quita que cualquier persona relacionada a ambos bandos está en peligro. Por más de que te toque un rebel como Oikawa, de alguna manera encontrarás un oponente. No te salvas de la batalla.”
“Ajá.”
“Pero… supongo que sabes de los keys, ¿no?”
“¿Key?” Maka arqueó una ceja.
“El key. La persona más importante para la HiME, la que potencia sus poderes. ¿Has pensado en quién sería tu key, Maka? Porque esa persona será un blanco para tu rebel, también.”
“Mi key…” Maka se llevó un dedo índice al mentón, en un gesto pensativo. Nunca había oído sobre los keys, o al menos no recordaba nada al respecto. Aquella vez que conversó con Soul sobre el tema, su amigo no le había mencionado sobre ellos. Ni sobre el Child, pero sabía que también se lo explicarían en breve.

El tema del key era demasiado complejo. Podía ser su hermano, porque le tenía un tremendo cariño a Noiz, aún a pesar de sus frecuentes peleas. Su padre, definitivamente, no lo era, porque lo resentía por su actitud casanova. ¿Tal vez su madre…? La admiraba muchísimo y la tenía constantemente en sus pensamientos. Era difícil vivir tan lejos de ella, pero siempre sonreía al recordar que las vacaciones las pasaba siempre con ella.

De casualidad, cometió el error de observar a sus amigos, y un pensamiento un tanto alocado cruzó por su mente.

Tal vez…

“¡JAJAJAJA!” gritó Maka, roja hasta las orejas. “¡No hay manera! ¡NO!”
“¿Maka?” Soul la observó, muy curioso. “¿Estás bi—?”
“¡NADA! Síganme contando sobre las HiMEs. Quiero saber todo para estar preparada.”
“…” Hizumi y Soul intercambiaron miradas de pura confusión.

Aun así, asintieron.
 



 




La preocupación lo carcomía lentamente.
 
Le era imposible concentrarse en la comida y bebida en frente suyo, en las chicas a su alrededor, o en la conversación de la mesa. Su mente sólo giraba alrededor de su HiME, quien andaba a pocas mesas de allí y al lado de un enemigo. El aliado de Kuro se veía capaz de cualquier cosa, y aunque había confiado en Morgana para que salvara a Eureka, todo indicaba que el Child aún no encontraba una solución.
 
Una chica se le acercó con apio en la boca para continuar con el juego de la liga. Oikawa, que había estado bebiendo sin despegar su mirada de la mesa de Eureka, se sorprendió al ver que uno de los chicos de la mesa de su HiME cayó inconsciente. Atribuyéndolo a algo relacionado con el enemigo, se deshizo en excusas y se levantó de la mesa. En vista de que Eureka estaba muy mal como para discernir el peligro que corría, y Morgana no podía actuar debido a la situación, Oikawa supo que debía hacer a un lado el tema de Kuro y salvar a su amiga.
 
En el trayecto, notó que el aliado de Kuro y ella se habían puesto a conversar. Para no parecer muy oportuno, se dirigió hacia los baños, y desde ese pasillo observó lo que sucedía. Tenía que encontrar el momento perfecto para llegar hacia ella y aparentar que se la llevaba fuera del local para una pelea de HiME y rebel. La actuación era uno de sus dones, y había estado esperando que llegara aquel momento en que lo pondría en práctica.
 
Sintió una presión en su zapatilla, y notó que Morgana le estaba pisando el pie para captar su atención. Aprovechando la ausencia de mozos en la zona, Morgana se dirigió hacia él.
 
“La tiene amenazada,” le comentó. “Anda y sácala de ahí, por favor.”
“Pero Kuro—” intentó explicarlo, pero en su mente, Kuro ya no era un inconveniente.
“Ya luego veremos cómo salimos de eso.” Morgana se veía muy ansioso. “Mi HiME está en peligro y no puedo hacer nada. Por favor, ayúdala.”
“No te preocupes, Mona-chan~” Oikawa le sonrió. “Déjamelo a mí.”
“No estoy muy seguro de qué tan lúcido estás, así que me preocupa un poco que te lo deje a ti, pero no tengo de otra.”
“¡Qué malo! Estoy más lúcido que antes. Parece que ya se me está pasando, así que no te preocupes.”
“…” Morgana suspiró. “Okay.”
 
Morgana caminó en la dirección contraria, hacia la salida de empleados. Oikawa, luego de un gran suspiro y una pep-talk mental, caminó hacia la mesa de su HiME, con una expresión muy seria y un paso muy decidido.
 
Le importó poco las miradas curiosas que se dirigieron hacia él. Sabía que de alguna u otra forma esto afectaría su reputación, pero poco le importaba si se trataba de salvar a su amiga. La verdad era que, a esas alturas, aquella trivialidad y lo de Kuro habían pasado a segundo plano. Su prioridad era sacar a Eureka de allí cueste lo que cueste.
 
Se detuvo justo detrás de ella, y le tocó el hombro. Eureka se giró hacia él, y cuando lo reconoció, su expresión de enojo se contorsionó rápidamente en asombro puro. Oikawa ni le dejó hablar, porque la tomó del brazo y la sacó de allí rápidamente.




   
 
 
Un alivio infinito lo invadió cuando cruzaron la puerta del izakaya, saliendo a la calle sin ningún inconveniente.

Eureka lo miró, confundida. Parecía que aún no procesaba lo que había sucedido.
 
Pero eso cambió en cuestión de segundos.
 
“¡Acabas de arruinar todo!” le reclamó ella, indignada. “¡Ahora…! ¡Ahora Kuro sabrá que estás bien! ¡Que seguimos siendo amigos!”
“¡No, no te alteres!” le rogó Oikawa. “¿No viste mi cara?”
“Te veías… enojado. ¿Te molesta que haya venido?”
“Bueno, intentaba aparentarlo para hacerles creer que hemos salido a pelear.”
“…” Eureka se aguantó la risa por unos instantes, hasta que no pudo más e irrumpió en carcajadas. “Esa es la peor idea que has tenido en mucho tiempo. Peor que la del amor no correspondido, por cierto.”
“¡¿Y esta?! ¿La tuya? ¡De venir al gokon y sentarte justo al lado de… de ese hombre!”
“Osea que sí estás enojado.” Eureka se cruzó de brazos.
“¡Pero por supuesto! Mona-chan y yo no sabíamos que hacer. Y eso que yo estaba medio ebrio hasta hace un rato… pero ya, no, eso no importa.” Oikawa sacudió la cabeza, y se arrepintió inmediatamente por el dolor y el mareo que sintió. “Ah, mierda, esa fue una terrible idea.”
“Y luego dices que yo soy la de las malas id—”
“¡Eureka!” Oikawa la agarró desprevenida al mencionar su nombre sin sufijos. Cogiéndola de los hombros, la obligó a encararlo. “¿En qué estabas pensando? ¡En serio! No te quiero reclamar nada, pero… ha sido muy arriesgado. No sé qué hubiese pasado si yo no estaba.”
“No necesitaba de tu ayuda.”
“Ah, ¿no? ¿Y qué es esto?” le dijo Oikawa, tomando su brazo. “Te lo ha hecho él, ¿no?”
“…” Eureka suspiró. “Sí. Pequé de osada y me hirió en el proceso. Yo… no pensé que esto pasaría. A lo mucho imaginé que me tocaría con algún rebel, pero no con él.”
“…” Oikawa se llevó una mano a la frente. “¿Recuerdas que tienes mala suerte?”
“¡Lo sé! Y me molesta como no tienes idea. Este es el peor escenario, en serio.”
“¿Por qué viniste a buscar información?”
“Supongo que… quería ayudarte de algún modo. Tú eres el que más corre peligro por Kuro, después de todo. La posibilidad de que te manipulen es aterradora. Y bueno, la gente toma de más y a veces pues… a veces también hablan de más, así que el gokon era la oportunidad perfecta. No pensé que él iría, pero supuse que alguien más del círculo de Kuro lo haría. Encontrarme con él fue suerte. Pero Nea D. Campbell es todo un sujeto.”
“¿Ese es el nombre de…?”
“Sí, del compañero de Kuro. Lo cierto es que, al menos, conseguí enterarme de que buscaba a una persona en ese gokon. Buscaba hablar con una chica…”
“¿Una chica?”
“Sí, eso es lo que dijo. Puede que haya estado mintiendo, pero no fue una respuesta exclusiva para mí, sino para toda la mesa. Tal vez… era cierto.”
“Sí.” Oikawa asintió. “Dudo que gente como él sea de este tipo de eventos. Al igual que Todoroki-chan…”
“Él también fue un grave problema… aunque se ve que es una buena persona, a pesar de su rol.”
“Mona-chan me habló sobre los dos, pero sabía que Todoroki-chan no te haría daño. El que sí me preocupaba era Campbell… y cuando lo ví interactuando contigo, supe que tenía que actuar. Mona-chan me confirmó que te amenazaba, y por eso fui y te saqué de ahí.”
“Gracias,” le dijo Eureka, llena de sinceridad. “Sé que te dije hace un rato que no necesitaba tu ayuda, pero tal vez… te mentí un poco. Sé que me viste muy sorprendida, pero no cabía en mi felicidad cuando me sacaste de ahí.”
“No podía dejarte sola.” Oikawa le sonrió. “Y… sí, tal vez esto sólo nos va a causar más problemas, pero Mona-chan me dijo que nos arreglaríamos de alguna manera.”
“Y tú confías en las sabias palabras de Mona, al parecer,” comentó Eureka, entre risas.
“¡Pues sí! Confío en que se vendrá con alguna estrategia o algo.”
“Yo… haré lo posible para compensártelo. Debí… consultarte, pero no sabía si estarías de acuerdo.”
“¡Por supuesto que no! A menos de que hubieses venido como Shinoa. Pero para un gokon, venir con enamorada pues… es una falta a las reglas.”
“Sí, por eso mismo no te lo sugerí.”
“¿Eso era lo que me escondías?” Oikawa arqueó una ceja.
“Sí, se me ocurrió ni bien Bokuto mencionó el gokon… y lo de tomar tu mano fue un truco para distraerte.”
“Huh, sneaky~” canturreó Oikawa.
“Ahora, es tu turno de contarme tu secreto,” le dijo Eureka. “¡Prometo que no le diré nada a Iwaizumi!”
“…” Oikawa la observó, con los ojos entrecerrados. “¿Y si te hago enojar luego?”
“Igual. Se queda entre nosotros.”
“…”
“¡Ay, vamos! ¡Cuéntame!” le urgió Eureka, jalándolo de las solapas de su saco.
“…” Oikawa soltó un gran suspiro, y luego se armó de valor. Esa mentira se iba a transformar en una bola de nieve que lo arrastraría cuesta abajo tarde o temprano, pero prefería cualquier otra cosa en vez de contarle la verdad a Eureka. “Parecequeaiwachanlegustaalguienje”
“¿Puedes ir más lento?”
“Parece… que a Iwa-chan le gusta alguien.”
“¿Marie?” Eureka arqueó una ceja.
“Supongo. No me ha dicho quién exactamente, pero sí, parece que es Marie. Y está… un poco sensible por el tema, piensa que no es correspondido. Es tan despistado que ni se da cuenta de que es mutuo.”
“¡Waaaah!” Eureka juntó sus manos, con una expresión de emoción pura. “¡Oikawa!”
“Tu cara no me da buenas noticias.”
“¡Oikawa!” Eureka ignoró su comentario y lo tomó de las manos. “¡Nuestro momento ha llegado!”
“¿De qué?”
“¡De ser celestinos! ¡Tenemos que juntar a ese par!”
“¿No?” le ofreció Oikawa, inseguro. “Debes dejar que las cosas fluyan—”
“¡Tonterías! Siempre hay que darle un pequeño empujón a la gente,” dijo Eureka. Pareció recordar algo en especial, y su expresión pasó a una deprimida en un abrir y cerrar de ojos. “Así… hicieron conmigo y Lelouch.”
“¿Estás bien?”
“No,” le confesó Eureka, un tanto desanimada. La HiME soltó sus manos, sacudió la cabeza y se dio unas pequeñas palmadas en la cara. “¡Eso no importa ahora! Ya se me pasará.”
“…” Oikawa se veía en plena disyuntiva de preguntarle acerca del tema, pero desistió. “Si luego quieres hablar del tema, soy todo oídos. El gran Oikawa-san está a tu disposición.” Oikawa le sonrió.
“Gracias, Oikawa.” Aún a pesar de sus ánimos, Eureka le devolvió la sonrisa. “Tal vez… luego. Ahora, ven conmigo.” Eureka lo tomó del brazo, y lo jaló hasta llegar al callejón junto a él. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos de la avenida como para que nadie los vea, Eureka se giró hacia Oikawa. “Dame un puñetazo,” le dijo, sin más, como si fuera una rutina de todos los días.
“¿…Perdón?” la cara de Oikawa era un poema.
“Que me des un puñetazo. Con todas las fuerzas que tengas. Uno bien fuerte, aquí, en mi cara,” le dijo, tocando sus mejillas.
“¿Estás bien?” Oikawa palpó su frente. “Estás un poco caliente, pero debe ser por el ambiente del gok—”
“No, Oikawa. Estoy lúcida, y muy consciente de lo que acabo de pedirte. Necesito que me golpees. Necesitamos aparentar que en serio hemos peleado.”
“¿¡Y planeas regresar al gokon así!?”
“No. Nos quedaremos acá, en el callejón, y luego interceptaré a la gente de mi mesa para pedirles mi billetera. En tu caso, de seguro, Bokuto tendrá tus cosas.”
“Ah, no, yo salí con mis cosas.” Oikawa sonrió, y sacó su billetera, su celular y sus llaves de su bolsillo para demostrárselo. Ante la cara de enojo de su HiME, Oikawa guardó todo de nuevo inmediatamente.
“Entonces te podrás ir a tu casa luego de esto.” Eureka suspiró. Debió haber cogido sus cosas ni bien sintió que Oikawa se la iba a llevar fuera del local. “Pero yo si me debo quedar por mi billetera… Ojalá que alguno la guarde.” Eureka suspiró. “En el peor de los casos, si nadie la tiene, puedo ingresar al izakaya y preguntar por ella.”
“…Mientras sangras por varias partes del cuerpo.”
“¿¡Tienes una mejor idea!?”
“¡No! ¡Pero no voy a golpearte!”
“¡Eres mi rebel! Sí, también eres mi amigo. ¿Pero recuerdas que quedamos en que íbamos a hacerles creer que sí estábamos cumpliendo nuestros roles? ¿Y que eso implicaba golpearnos y herirnos?”
“¡Pero una cosa es decirlo y otra cosa es hacerlo!”
 
Eureka estuvo a punto de refutarle, pero unos sonidos de raspones interrumpieron su argumento. Oikawa fue rápido en abrir la puerta al lado de ambos, de donde salió Morgana a unírseles. Tal parecía que aquella puerta era la salida de empleados.
 



     
 

“¡Monaaaaa!” Eureka sonrió. Su Child corrió a sus brazos, y el reencuentro fue bello… hasta que Eureka sintió las garras de Morgana en su cara. “¡AY AY AY AY! ¡NO ME ARAÑEES!”
“¡Por babosa!” le gritó Morgana, indignado. “Si Oikawa no estaba acá, ¡quién sabe qué hubiese pasado!”
“Eso mismo le dije yo.”
“No necesito otro sermón, gracias.” Eureka suspiró.
“No. No necesitas otro. ¡Lo que necesitas es disciplina!” se quejó Morgana. “Lelouch-dono tiene un poco de razón al reclamarte por siempre querer hacer las cosas por tu cuenta.”
“¿Tú cómo sabes es—? Ah.” Eureka volvió a suspirar. “Ya ni sé para qué pregunto. Tú sabes todo sobre mí.”
“Exacto.” Morgana asintió. “Bueno, todo lo que pasó antes de que naciera… y esa discusión estaba incluida en eso.”
“¿Supongo que es algo propio de HiME y Child?” dijo Oikawa, un tanto confundido.
“Sí.” Eureka asintió. “En fin.” Eureka colocó a Morgana en el suelo, y volvió a girarse hacia su rebel. “Oikawa, golpéame.”
“¿Qué?” preguntó Morgana. 
“Tenemos que aparentar que hemos peleado. Por eso le estoy pidiendo que me golpee.”
“Mona-chan, dile que es una idea muy descabellada, por favor.”
“…” Morgana se quedó en silencio unos segundos, y luego, negó con la cabeza. “No, es una buena idea.”
“…Dios mío, ustedes dos están locos.”
“Oikawa,” empezó Eureka, acercándose a él. “Si tú no empiezas, yo lo haré.”
“¡Aún no he aceptado!” le recordó Oikawa, indignado.
“¡Yo sé que suena terrible! Nunca golpearía a un amigo, así como si nada. Pero no nos queda de otra. Si Nea nos ve…”
“…” Oikawa guardó silencio por unos instantes.

Su rol como rebel implicaba herir a una persona, y recordaba haber aceptado sin mucho cuidado cuando los superiores le hablaron sobre ello. Sin embargo, nunca se había puesto a pensar detenidamente en ello. Tal vez la idea no sonaba tan extraña si su HiME aún no estaba definida, pero ahora que conocía a Eureka, hacerlo era imposible para él. Y no sólo se debía a que su HiME era su amiga: sea quien sea, era una joven, y no podía caberle en la cabeza un mundo en el que pudiese dañar a alguien más y no sentir nada al respecto.

Pero Eureka tenía razón. Iba a ser perjudicial para ambos si no aparentaban cumplir con sus roles.

La idea de ser manipulado por alguien más le aterraba. Más que por sí mismo, le asustaba la posibilidad de que Eureka corriese riesgo por su culpa, sin poder cambiar la situación de ninguna manera. Y si existía la manera de evitar eso, tenían que aprovecharla.

“…Okay.” Oikawa asintió. “Pero me golpeas primero tú a mí.”
“Está bien.”
“Con todas tus fuerzas. Okay, no todas, pero la mayoría,” le dijo Oikawa, mientras se agachaba un poco para que ella pudiese alcanzar su rostro.

Eureka preparó su puño, comprimiéndolo por unos breves instantes. Cuando vio que Oikawa había cerrado sus ojos, se dio cuenta de que era su oportunidad. En el trayecto del golpe, aminoró su fuerza, pero su puño impactó limpiamente en el pómulo de su rebel. Oikawa retrocedió unos pasos, cogiéndose la cara, pero le indicó con un pulgar arriba que todo andaba bien. O algo así.

“Es tu turno,” le dijo Eureka.
“Ahhhh…” se lamentó Oikawa, quejándose por lo bajo del dolor. “Mira que eres pequeña y aun así tienes fuerza.”
“Fui HiME hace unos años, ¿te olvidas? Y necesito cierto nivel de fuerza como para poder cargar a Soul en su forma de oz.”
“Cierto. Soul-chan pesa un montón…”
“Ya, es tu turno.”

Esta vez, Eureka fue la que cerró sus ojos, y Oikawa comprimió su puño. Por más de que le había prometido un nivel considerable de fuerza, se arrepintió, y la golpeó en la mejilla con una potencia media. Esto, sin embargo, no evitó que la piel de Eureka se lesionara, y al igual que él, su HiME retrocedió unos pasos por el impacto.

“AY AY AY AY,” se quejó ella. “Pensé que sería más doloroso, tomando en cuenta tus saques en vóley, pero parece que te has contenido un montón.”
“…No pude evitarlo,” le dijo Oikawa, sin mirarla a los ojos.
“Lo peor es que igual me duele un montón,” lloró Eureka.
“Les cuento que dos puñetazos no hacen una pelea,” mencionó Morgana. “Así que sigan, por favor.”
“Es tan fácil decirlo cuando tú no lo haces, Mona-chan.”
“Ahora que lo pienso… Mona, tú también deberías hacer como nosotros. No sé si Oikawa o yo, pero debemos herirte. O hazlo tú solo, pero no te salvas. Se le hará raro a Nea si es que te ve ileso. Y si no te apareces, también será extraño, porque el Child siempre anda con su HiME.”
“Sí, sí,” dijo Morgana, retomando su forma original. Un haz de luz rodeó su pata, hasta que una pequeña espada curva se materializó en ella. “Bueno, ahora tenemos un arma. Ya no tienes que sacar a Soul de donde ande ahorita.”
“¿Sabes si tenía planes en la noche?”
“No tengo idea,” dijo Morgana. “De seguro salió con Hizumi y Maka.”
“…Mm. Bueno, dame la espada. Tengo que cortar mi falda y blusa,” mencionó Eureka, desganada. “Ah, adoraba esta falda. No sabes cuánto me duele esto.”
“¿Más que el puñete?” preguntó Oikawa.
“Eso no es nada en comparación al sacrilegio que haré.” Eureka suspiró. “Y tú también debes rasgar tus ropas, no te salvas.”
“¡Pero este saco—!”
“Nada, todos vamos a salir perdiendo. Nadie se escapa.” 

HiME y rebel se dispusieron a hacerse cortes en las extremidades, rasgando sus ropas en el proceso. Unos cuantos puñetes más, un golpe con sus elementos, y ya estaban listos, aparentemente.

Oikawa terminó con un ojo morado y un moretón en la cara, con su saco y jean hechos un completo desastre. Eureka, por su parte, portaba un moretón en la mejilla y sangraba por la nariz. Al igual que su rebel, terminó con heridas en el cuerpo y las ropas cortadas. Morgana también se había hecho cortes como ellos, aunque en menor cantidad.

Había llegado un momento en la noche en que el dolor era tanto que ya ni lo sentían. Estaban completamente entumecidos, con moretones y cortes que sangraban por doquier. Lo único que les aliviaba un poco el malestar era la pared en la que se habían apoyado, mientras esperaban que el gokon finalice.

“Ahhhh… No sé cómo vamos a ir al entrenamiento de mañana,” dijo Eureka. “Si vamos así, nos delataremos de cualquier forma.”
“Siempre puedo decirle a Iwa-chan que fabrique una excusa por nosotros. Como somos pareja… pues… ¿nos contagiamos el resfrío? Yo te lo contagié, ahora que lo pienso. Y supongo que recaí.”
“No sé quién se va a creer eso.”
“O… podríamos decir la verdad. Osea, que yo me encontré con mi HiME. Que soy un rebel y que me estás cuidando.”
“¿…Ser rebel no afectaría tu reputación?”
“¿No sé?” Oikawa rio. “No sé si están mal vistos en mi universidad. ¿En la tuya cómo es?”
“Somos un mito y nada más. Luego del ataque… creo que eso ha cambiado un poco. Pero la gente que conoce sobre nosotras y lo ha visto pues… ¿piensa que somos heroínas?”
“De seguro algo similar pasa con Rizembool.”
“Por cierto…” Eureka lo observó, curiosa. “Pudiste haberte ido hace rato. ¿Por qué te has quedado a esperar conmigo?”
“¿Qué pasa si te desmayas por perder sangre?” Oikawa sonrió. “Me sentiría culpable.”
“…No debes preocuparte por mí. Y esto no lo has causado tú, esto ha sido por mi culpa.”
“Mm, mm.” Oikawa negó con la cabeza. “Osea, sí, para qué, es tu culpa. Pero ya pasó. No tengo por qué reclamarte por ello. Y al final yo accedí a esto, ¿no?”
“Bueno, sí…”
“¿Entonces?”
“Pero no tenías por qué esperar conmigo… podías regresar a tu casa a tratar tus heridas…”
“No.” Oikawa sonrió. “Lo justo es que nos regresemos a nuestras casas al mismo tiempo. No uno antes que el otro.”
“Wow, a veces eres un buen amigo.”
“¿¡A veces!?”

Eureka irrumpió en carcajadas, junto con Morgana. Oikawa intentó juzgarlos, pero empezó a reírse con ellos. En algún momento, sin embargo, las risas se transformaron en llantos, porque hasta reír era doloroso para los tres.

“Quiero un doctor. Una enfermera. Lo que sea,” suplicó Oikawa.
“Yo quiero— Espera. ¿Escuchas eso?”

El sonido de algarabía, proveniente de la avenida, los hizo caer en cuenta de que el gokon por fin había terminado.

“Okay. ¿Cuál era el plan?”
“Voy, recojo mi billetera y nos regresamos a nuestras casas al fin. Listo.”
“¿En el mismo taxi o…?”
“¿¡Estás idiota!? ¿Quieres que estos golpes sean por gusto?”
“Pero podríamos regresarnos juntos, si es que Nea ya no está en los alrededores.”
“…” Eureka suspiró. “Contigo no se puede. Espérenme, ya regreso.”

Eureka corrió hacia la calle, aún a pesar del dolor en todo su cuerpo. Encontró a los chicos del gokon, pero no halló a ninguno de los miembros de su mesa. Parecía que todos se habían retirado antes de que ella intentase buscarlos.

Lamentablemente, su estado llamó la atención de la gente, quienes la observaron con mucha curiosidad. Eureka los ignoró, mientras ingresaba al izakaya.

Eureka recibió las mismas reacciones por parte del staff, pero ignoró sus miradas curiosas y se acercó a uno de los mozos.

“Buenas noches. Disculpe, yo… vine al gokon que acaba de finalizar. Estaba en aquella mesa,” dijo Eureka, y señaló la mesa. “Dejé mi billetera ahí. ¿Sabe si alguien…?”
“Oh, claro. Un joven de cabellos oscuros la cogió por usted. Se fue al baño hace unos instantes… podría esperarlo afuera de este.”
“Genial, gracias.”

La descripción del mozo no era muy específica, pero Eureka sabía de quién hablaba. Era de esperarse que no se libraría de Nea tan fácilmente. Suspiró, imaginando que tendría que pelear contra él aún a pesar de las heridas que portaba. Tal vez… todo había sido en vano, y él terminaría dándose cuenta de la farsa que habían creado.

Con los ánimos por los suelos, se dirigió al pasillo de los baños, y se recostó en la pared en frente del baño de hombres a esperarlo. Unos minutos pasaron, y le sorprendió que Nea no se apareciese. Muerta de la intriga, resolvió que lo mejor sería entrar al baño a buscarlo. Luego de revisar que no hubiese moros en la costa, ingresó al baño, en busca de Nea.

No encontró rastro de él. El lugar estaba completamente vacío, y salió de nuevo al pasillo, confundida.

Ahí fue que notó que la puerta al callejón estaba entreabierta, y todo cayó en su lugar.

Eureka la abrió de golpe, esperando ver a Nea…

…Pero era otra la persona que encaraba a Oikawa y a Morgana.

Ouma Kokichi.
« Last Edit: June 19, 2018, 09:20:39 PM by Eureka »


Eureka

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #370: February 17, 2018, 12:15:09 AM »
Y FIN. Osea, hay más, pero al menos ya terminé este aporte eterno :'c



32.5






“¿Ouma…san?” lo llamó Eureka, muy confundida.
“¡Ah! ¡Eureka-chan!” Ouma le sonrió. “Te dije mil veces que me llamaras por mi nombre, ¿no te acuerdas? Ko-ki-chi. Muy sencillo~”
“Uhh… Kokichi.” Mencionó ella, insegura. “¿Tienes mi billetera?”
“Claro~” canturreó Ouma. “Te la guardé. Pero antes debes presentarme con Oikawa-chan. ¡No me dijiste que lo conocías!”
“…” Eureka no pudo evitar la sorpresa que se reflejó en su rostro. ¿Oikawa le había hablado de ella? ¿Quizá… intuía que eran amigos por lo que había sucedido dentro del gokon? Después de todo, habían salido juntos del izakaya.

¿O tal vez era que Ouma sabía más de lo que aparentaba?

Sea lo que fuese, algo en lo que Ouma le había dicho no le cuadraba del todo.

“Oikawa es mi rebel…”
“Oh, sí, yo sé. Pero también son muy buenos amigos.” Ouma sonrió ante la incredulidad en el rostro de la HiME. “Descuida, Oikawa no me ha dicho nada. Yo sé todo~”
“¿Quién…?” dijo Oikawa, quien andaba igual de sorprendido que ella. Lo mismo sucedía con Morgana, quien adoptó una postura de combate en el acto.
“Morgana-chan parece que es muy inteligente y ya sacó quién soy~” Ouma rio. “Me presento formalmente. Soy Karasu. Espera, no. Ustedes lo llamaban… ¿Kuro? Sí, Kuro. Es un gusto~”
“No.” Oikawa negó con la cabeza. “Kuro era más alto… y tenía otro tono de voz.”
“¿Mm? ¿Tú crees? ¿Qué pasa si manipulé a alguien más para hacerse pasar por mí?” ofreció Ouma, con una sonrisa.
“¿Y por qué escondió su rostro, entonces?” preguntó Eureka.
“Porque es melodramático. No sé.” Ouma rodó los ojos. “Sólo le pedí que se haga pasar por mí. No sabía que llevaría ese extraño atuendo y la máscara.”
“No, no hay forma… De ser así, Nea te hubiese reconocido en el gokon,” mencionó Eureka, y corrió al lado de Oikawa y Morgana, para encarar juntos a Ouma.
“¿Y quién dice que no lo hizo, pero fingió no conocerme?”
“Ouma está mintiendo,” dijo Morgana. “No sé cómo obtuvo toda esta información, pero es imposible que sea Kuro… o Karasu, según él. ¿Recuerdan su actitud? Él no hablaba más de la cuenta.”
“…” Ouma suspiró. “Sheesh, okay, no soy Karasu. ¡Qué aburridos!”
“Wow, te rendiste rápido,” comentó Eureka.
“Sí, no me sirve de nada aparentar ser Karasu si no gano nada con eso. Era sólo para asustarlos~” dijo Ouma, y con un chasqueo de sus dedos, el callejón pareció expandirse mucho más.
“Es como la habilidad de Nea,” comentó Eureka. Oikawa y Morgana asintieron, observando a Ouma con sospecha.
“Verán…” Kokichi se paseó por el callejón mientras hablaba, hasta detenerse a varios metros de ellos. “Nea y yo no somos estúpidos. Notamos que Karasu no logró cambiar el parecer de Oikawa. Y por más de que estén así de heridos, nadie se va a creer su farsa. ¡No hay forma~!” Ouma rio. “Me queda bien claro que han evitado herirse en sus zonas vitales. Hasta tuvieron mucho cuidado con sus puñetazos y golpes… Así que lo sientooo, pero todo esto lo han hecho por gusto.”
“…” Eureka comprimió los puños de la ira. Suponía que había una gran posibilidad de que su plan no funcionara, pero enfrentarse a la realidad era algo distinto.
“Es una pena. Eureka-chan, hemos visto que te haces pasar por la mánager del equipo de vóley, y eso no ha cambiado luego del ataque. Esa reunión que tuvieron en tu casa los delató, realmente. Por más de que Oikawa y su amigo sintieron que nadie los seguía, yo... me di cuenta de todo.”
“Y cuando viste que Oikawa me sacó del gokon, justo luego de la riña con Nea…”
“¿Era muy perfecto para ser cierto?” dijo Ouma, sonriendo. “Ahí lo confirmaron. Y esta pelea es demasiado forzada,” comentó, gesticulando con sus manos hacia el estado de ambos. “Tomando en cuenta que han sido rebel y HiME por más de dos meses y nunca han peleado.”
“Somos demasiado estúpidos,” dijo Eureka. “En especial yo.”
“No es tu culpa, Eureka-chan. Yo… debí pedirte que renuncies como mánager luego del ataque.”
“Eso también habría levantado nuestras sospechas~ Estábamos observándolos, y nos íbamos a dar cuenta de las inconsistencias en sus acciones de todas maneras. Karasu, Nea, y el resto de miembros de ese comité… sabemos cómo actúa alguien que fue manipulado. El cambio es drástico. Les deja de importar la etiqueta o las convenciones sociales. El rebel sólo buscará acabar con su HiME, cueste lo que cueste. Pero ustedes tuvieron mucho cuidado con la situación. Estaba claro que Oikawa seguía priorizando tu amistad contigo sobre su puesto de rebel.”
“No íbamos a engañarlos de ninguna manera, ¿no?” dijo Oikawa.
“No~ Pero tú no eres el único rebel que está desviándose de lo planeado, son más de lo que esperábamos. Reclutar en masa nos ha salido como tiro por la culata…” Ouma suspiró exageradamente. “Por más de que si hayan rebels dignos de sus roles. Bueno, supongo que hay de todo.”
“No entiendo… ¿Ustedes no son rebels? Hablas como si fueras parte del comité,” comentó Eureka.
“Pues mi familia lo es~ somos de los que más donan a la universidad. Y conseguí un puesto de rebel por ahí… ¿Aunque creo que ya no lo soy? Oh, pero Nea sí es rebel. Karasu es parte de la administración, y el líder de nuestro grupo.”
“¿Por qué eres tú el que se ha quedado a hablar con nosotros?” preguntó Eureka, sospechando de sus intenciones.
“Porque Nea tenía cosas que hacer: se fue a buscar a la chica que mencionó en el gokon. ¿Quién es ella? Dundundun~ Ya se acabaron las preguntas disponibles que tenían, es una pena.”
“No íbamos a preguntar por ella…” comentó Morgana.
“¿En serio? Pues les convenía…”
“¿Cómo—?”
“¡No más preguntas!” les reclamó Ouma, con un puchero. Su actitud dio un giro de 180 grados cuando volvió a portar su sonrisa socarrona luego de aquel gesto infantil.

Ouma extendió su brazo, y de su palma emanó un haz de luz. Luego de unos instantes, la silueta de luz tomó forma hasta materializarse en un mazo grande de apariencia infantil y colores vibrantes. Él lo manejaba con mucha facilidad, sin importarle el peso del arma.

Oikawa y Eureka sabían que, eventualmente, pelearían contra él, pero Ouma no les dio la chance de reaccionar a tiempo, puesto que acortó la distancia entre ambos grupos en cuestión de segundos, y blandió su mazo con todas las intenciones de hacerlos polvo.

HiME, Rebel y Child se resguardaron del ataque con sus propios brazos, esperando lo peor. Pero en el último segundo antes del impacto, Oikawa había conseguido crear una barrera de tierra, la que surgió del suelo y aminoró el golpe. Los trozos de la ‘pared’ salieron por los aires, lo que les dio la ventaja de dispersarse por distintos lados del callejón.

Eureka tuvo la intención de mencionar a los transeúntes de la vía pública, pero sabía que sería un detalle más para Ouma, a juzgar por la charla que acababan de tener. No tenía de otra que proteger a los civiles en el caso de que se viesen involucrados, pero esperaba que su contrincante contase con, al menos, un poquito de etiqueta como para no involucrar gente inocente en la batalla.

La HiME convocó su arma en sus manos, aprovechando una distracción de Ouma, quien peleaba contra Oikawa. Su oz se materializó en sus manos en cuestión de segundos, y en el reflejo de la hoja vio a Soul, sonriéndole como siempre.

       




Aquella expresión se tornó en preocupación pura cuando notó el estado en el que se encontraba su dueña y amiga. Su mirada hizo la pregunta antes de que él la formulase, y Eureka se le adelantó, para ahorrar tiempo.

“No te preocupes, estoy bien. Ya luego te explico.”
“Mn.” Soul asintió. “No te sobreesfuerces, ¿sí? Siempre podemos escapar.”

Eureka tuvo la intención de explicarle sobre los civiles, pero contaba con la sensación de que Oikawa y Morgana necesitaban un respiro. Efectivamente, al girarse hacia ellos, los vio un poco atados de manos, y es que Ouma había decidido convocar a un par de orphans justo en esos momentos. Las criaturas, a diferencia del resto que había visto antes, estaban ligeramente estilizadas como caricaturas. El tema de Ouma se inspiraba en lo infantil, e iba de la mano con su personalidad… o lo poco que había visto de esa. Realmente, para ese entonces, ya nada le sorprendía.

Los orphans lograron separar a Morgana y a Oikawa: el Child terminó retrocediendo hasta llegar al extremo del callejón, mientras que Oikawa terminó saliendo a la avenida para evadir los ataques del par de criaturas que iban detrás de él. Ouma desapareció de un momento a otro, hasta reaparecer en frente de ella, blandiendo su mazo con la sonrisa más radiante del universo. Con un poco de suerte, Eureka logró protegerse del ataque, deteniendo el impacto con el mango de su oz. El duelo de resistencia duró poco, porque en cuestión de segundos, Ouma logró golpearla con el mazo desde su lado derecho. El ataque la mandó volando a la pared más cercana, y el impacto contra esta la dejó muy aturdida y doliendo por todos lados.

“¿Estás bien?” le preguntó Soul.
“¿La verdad? No. Pero no puedo hacer nada ahorita.” Eureka comprimió sus puños en el mango, y luego, saltó de nuevo hacia la batalla.
“Ahhh~ Eureka-chan, eres un poco lenta,” se quejó Ouma. “No sé por qué esperé un poco más de velocidad… ¿Hasta siento que Oikawa es más rápido que tú?”
“Él juega vóley. Yo me rasco la panza.”
“Ah, claro, eso debe darle más resistencia y velocidad,” dijo Ouma. “Mm. En fin~”

Por el rabillo del ojo, Eureka vio que Oikawa había regresado al callejón, y peleaba, al igual que Morgana, contra varios orphans. Tal parecía que si vencían a alguno, aparecían dos más. Era muy frustrante, pero no podía hacer nada para ayudarlos. Sus manos estaban llenas con Ouma. Al igual que Karasu, el rebel era de temer.

En vez de correr a atacarla, Ouma saltó en su sitio, y golpeó el pavimento con su mazo. El ataque, además de destruir el cemento, generó una onda sonora que los incapacitó por unos instantes, y los orphans se aprovecharon de aquella distracción para atacarlos. Oikawa, sin embargo, consiguió crear barreras de tierra en frente de sí mismo y de sus amigos, protegiéndolos de los ataques. Los tres actuaron de la misma manera, lanzándose al ataque luego de la destrucción de sus escudos.

Con la hoja de su oz, Eureka logró arrancharle el mazo a Ouma, aprovechando un despiste por parte del rebel. El mazo terminó volando por los aires, hasta caer en el tercer piso de las escaleras de emergencia del edificio vecino.

Ouma hizo un puchero, y Eureka rio. La HiME extendió su mano hacia él, convocando corrientes de electricidad que se dirigieron hacia el rebel rápidamente. Eureka cerró los ojos, y sonrió, confiada de su ataque, pero le sorprendió escuchar un estridente sonido en vez de una queja por parte de Ouma. Cuando abrió los ojos para revisar qué había sucedido, se encontró con que Ouma poseía su mazo de nuevo, y con este, se le había hecho sencillo deflectar las corrientes eléctricas hacia un lado.

“¿Te olvidas de que lo puedo convocar cuando se me antoje~?” le recordó él, con una sonrisa. Eureka soltó un grito de la frustración, enojada por haber fallado.

Ambos se encontraron a medio camino, y empezaron a propinar golpes con sus armas, intentando encontrar un momento en el que su oponente se distrajera para poder herirlo. Eureka giraba en su eje y golpeaba con la oz, pero Ouma tenía la misma agilidad de ella y se defendía con mucha facilidad. Luego de un salto, el piso se le hizo de gelatina y Eureka no pudo evitar golpear sin buena puntería: el roce entre sus armas produjo de nuevo la onda sonora de hacía unos instantes. El sonido le afectó, pero en menor medida, lo que dio un pequeño intervalo de segundos para reaccionar y evadir el golpe limpio de Ouma con su mazo. El pavimento se destruyó ante el impacto, y ahí recién noto que aquel callejón estaba pasando a mejor vida. Eureka tomó distancia, así como Ouma, para planear rápidamente su siguiente movimiento.

Para ese entonces, Oikawa y Morgana habían derrotado a los orphans de Ouma. Ni bien el último se desvaneció en la nada, el rebel y el child corrieron al lado de Eureka, para darle frente a Ouma en grupo.

…O al menos ese era el plan. 

De un momento a otro, sus alrededores perdieron definición, hasta que todo se tornó completamente negro. Eureka se tambaleó en su sitio, hasta soltar su arma y caer al suelo. Felizmente, Oikawa corrió a sostenerla antes de que tocara el piso.

“¿Qué le hiciste, Ouma?” preguntó Morgana. Ouma rio.
“¿Yo? Nada. Sólo ha perdido sangre. Les recomiendo que la lleven a un doctor lo más rápido posible.”

Con un gesto de sus manos, Ouma consiguió que su mazo desapareciese. Luego de una sonrisa y una señal de paz con sus dedos, él también se desvaneció en la nada.

Libres de peligro, Morgana, Soul y Oikawa se giraron de nuevo hacia Eureka, quien yacía inconsciente.

“Bueno, bueno, no hay que entrar en pánico,” comentó Oikawa. “Después de todo, Souji-chan, Kanone y Hizumi deben haber visto este tipo de casos antes, entre ellos o sus amigo—”
“Oikawa, Eureka necesita un doctor,” dijo Soul. “Hizumi es mi mejor amigo, pero en la vida le dejaría que se encargue de Eureka, más aún en el estado en que se encuentra. ¿Qué pasó?”
“Ahorita no podemos perder tiempo en explicaciones,” dijo Morgana. “Debemos contactar a un médico y rápido.”
“Deberíamos llevarla al hospital…” sugirió Soul.
“No, creo que nuestras heridas serían demasiado difíciles de explicar,” dijo Oikawa. “Voy a llamar a Luciel-chan, de seguro él conoce a algún médico que nos pueda ayudar.”
“Y que, coincidentalmente, tenga una clínica,” dijo Soul, arqueando una ceja.
“Soul-chan, no desconfíes de Luciel-chan. Él tiene todo tipo de contactos.”
“¿Recuerdas lo del hermano de Kanone?” dijo Morgana. Soul lo observó receloso.
“Pero tú no—”
“Fue Luciel el que salvó a Oikawa, Hizumi y Eureka-dono del problema con el tutor del hermano de Kanone.”
“Ah… claro. Creo que Eu lo llama… ¿Seven?”
“¿Pueden dejar de hablar sobre eso y pedirme una ambulancia o algo?” los interrumpió Eureka, quien sonaba al borde del desmayo.
“¡Eureka-chan! ¡Estás consciente!”
“Sí, pero no sé cuánto más dure. Llamen a Souji, que él de seguro sabrá qué podemos hacer.”
“Intentaré con él y con Luciel-chan, tranquila.”

Eureka asintió, con las pocas energías que le quedaban. La tentación de perder el conocimiento era tanta que se debatía entre la consciencia y el desmayo.

Antes de desmayarse, Eureka escuchó que Oikawa hablaba con Seven. Quiso quejarse de esto, pero para cuando intentó hablar, fue muy tarde, y cayó inconsciente.




     

Efectivamente: Seven conocía a varios doctores dispuestos a ayudarlos.

Por su trabajo como hacker, Seven era el blanco de varias organizaciones, por lo que le era imposible delatar su identidad en cuestiones mundanas. Para él, estaba descartado ir a hospitales o clínicas, a menos de que sea portando identificaciones falsas. Pero se sentía mucho más cómodo con los doctores que conocía, a quienes podía confiarles sus datos personales sin problema alguno. Justo uno de ellos era dueño de una cadena de clínicas clandestinas, dedicadas al servicio de una de las familias mafiosas más poderosas de la capital.

Por ello, no les sorprendió ver que la clínica a la que habían acudido estaba llena de mafiosos. Sin embargo, era difícil ocultar el miedo que sentían al encontrarse en aquel peligroso lugar. Aun así, Oikawa, Soul y Morgana hicieron a un lado su temor para enfocarse en el estado de Eureka.

Souji había llegado al poco tiempo a acompañarlos. Al igual que Seven, era el que más tranquilo se veía, aun a pesar del entorno en el que se encontraban. A Oikawa se le hizo muy normal, puesto que era difícil ver a Souji con miedo.

El doctor se llevó a Eureka en una camilla, y a regañadientes, sus ayudantes hicieron lo mismo con Oikawa y Morgana. El Child intentó negarse, pero el doctor afirmó que estaba en buenas manos. La sonrisa segura de Seven logró convencer al Child, y entró junto a uno de los asistentes al cuarto de operación aledaño a los de Oikawa y Eureka.

La espera se les hizo eterna a Soul y a Souji, quienes se apenaron un poco al no poder compartir su preocupación con el resto de sus amigos. Souji tenía la intención de avisarle a Iwaizumi y Arakita, y Soul sentía que debía hacer lo mismo con Hizumi, Lelouch y Maka, pero ambos sabían que era muy arriesgado llamarlos a aquella clínica, por más de que Seven les había asegurado que nada les pasaría.

“Deberíamos mandarles aunque sea un mensaje de texto.”
“¿Tú crees?” Souji suspiró. “Siento que sólo conseguiremos preocuparlos por gusto.”
“Lo sé, pero no podemos ser los únicos al tanto de esto. ¿Iwaizumi no es su mejor amigo? Debería saber…”
“¿Te parece si les avisamos luego de hablar con el doctor?” sugirió Souji.
“…” Soul pareció dudarlo por unos momentos, pero terminó asintiendo. “Sí, está bien.”
“No se preocupen tanto,” les dijo Seven. “Este doctor es un genio. Es capaz de curar a los de la mafia en cuestión de un par de horas.”
“Esperemos que así sea, Seven,” dijo Souji.

Seven asintió, y le esbozó una sonrisa. Al ver que no había mucho que hacer mientras esperaban las noticias, sacó su laptop y se puso a trabajar en uno de sus encargos.

Por su lado, Soul aún se debatía entre avisarle a sus amigos sobre el estado de Eureka. Sentía que debía explicar su ausencia con Hizumi y Maka, ya que había desaparecido de un momento a otro por la batalla de Eureka. Para su suerte –o falta de esta—, su celular empezó a sonar. En la pantalla salía el nombre de Maka.

Soul suspiró, a la vez que deslizaba el dedo por la pantalla para contestarle, y se llevaba el celular a la oreja.

“¿Aló?”
¡Soul!” la potente voz de Maka lo obligó a alejarse un poco del celular.
“Maka, casi me rompes el tímp—”
Disculpa, quise llamarte ni bien desapareciste pero Hizumi me pidió que no lo hiciera. Íbamos a distraerte… ¡Pero ya pasaron más de dos horas! ¿Estás bien? ¿Qué pasó? ¿Cómo está Eu?
¡No nos mientas!” habló Hizumi. “¡De seguro Eureka se volvió a meter en problemas
“Algo… así.”
¿Dónde están?
“Es peligroso. No puedo pedirles que vengan acá…”
Soul, quieras o no vamos a ir. Recuerda que es imposible hacer que Maka te haga caso,” dijo Hizumi.
¡Exacto” dijo Maka, orgullosa. “Esperen, siento que se están burlando de mí…
Algo así~
“…” Soul suspiró. De reojo, vio la sonrisa comprensiva de Souji, quien se compadecía un poco de él. “Está bien. Les mandaré la dirección por mensaje de texto.”
¿Dónde están?
“Es una clínica… o algo así. Aquí les explicaré todo.”
¡Ahí vamos!” dijo Maka. “Te veremos luego.
“Cuídense,” les rogó Soul.

Ni bien Maka le colgó, Soul guardó su celular en su bolsillo. Se acomodó un poco en la banca, puesto que andar en la misma posición por más de una hora… le estaba dando un terrible dolor de espalda.

“Tu amiga suena muy testaruda, Soul-san,” le dijo Souji.
“¿Hablas de Maka?”
“Exacto.” Souji sonrió. “Sé que Hizumi es alocado, y a veces es terco, pero parece que Maka-san le gana en eso. Aún me sorprende que le haya obligado a Hizumi a llevarla con él. Se veía muy empeñada en encontrarte a ti y a Eureka, el día del ataque.”
“Maka es así. De hecho… quiere ser HiME. Justo nos habíamos reunido los tres para discutir de eso, antes de que Eureka me convocase para ayudarla. No fue con la intención de disuadirla, porque Maka ya se lo propuso y será imposible convencerla de lo contrario. Sino más… para advertirle de lo que se viene.”
“Mm, me alegra que la apoyen,” dijo Souji. “¿Supongo que está pensando en hablar con Miranda lo más pronto posible?”
“Sí, esa es la idea. Aunque es curioso… hablamos de esto hace unos meses, cuando le contamos sobre las HiMEs y rebels y sobre quién soy realmente. Allí me dijo que quería ser una HiME.”
“Mm.” Souji se mostró pensativo. “¿Tal vez aún no se sentía preparada del todo?”
“Puede ser…” Soul asintió. “Sólo cruzo los dedos. Espero que, si pasa la prueba, no le toque un rebel terrible. No sé qué podríamos hacer si… le toca alguien peligroso.”
“Se nota que te preocupa un montón.” Souji sonrió.
“Es inevitable.” Soul suspiró. “Maka es… muy única. Al igual que Eureka, parece que se mete en problemas a donde va. Hasta incluso un poco más que ella… y eso no me deja tranquilo.”
“Mm… yo creo que ese tipo de personas son las más interesantes.” Souji rio. “No me gustaría andar con una persona aburrida. Por eso soy amigo de Oikawa.”
“Ah, él también es como Eureka y Maka, ¿no?”
“Sí. Los problemas lo siguen a donde vaya. Pero a veces él se los busca, si te soy sincero. Aunque creo que lo mismo sucede con Eu, ahora que lo pienso. Al menos lo de hoy… pues ha sido por su culpa.”
“…” Soul no pudo evitar suspirar nuevamente. Su dueña y su mejor amiga estaban decididas a perturbar su sueño por el resto de sus días. “No sé qué haré cuando Maka también sea HiME.”
“Vivirás preocupado día y noche, por lo que veo~”
“…Sí…” Fue ahí, recién, que Soul se dio cuenta de lo sencillo que se le había hecho contarle su vida y un poco más a Souji. Sabía que era buen amigo de Hizumi y Eureka… pero le sorprendía un poco la confianza que transmitía. Eran pocas las personas con las que se podía abrir de esa manera, más aún si es que no las conocía del todo. “Ah, disculpa. Parece que he hablado de más…”
“No hay problema. Eres amigo de Hizumi y Eureka, y gracias a ti Oikawa está bien, así que al contrario, te debo una muy grande. Muchas gracias por mantenerlos a salvo. Podrías haber dudado de él, pero al igual que Morgana, parece que confías en Oikawa.”
“Mm, no te preocupes.” Soul le sonrió. “Se ve que Oikawa no quiere hacerle daño a Eureka. Y ya no puedo seguir peleando con ella por eso… son buenos amigos, y debo aceptarlo.”
“Por más de que te cueste… por la victoria de Rizembool, ¿supongo?” Souji rio.

Hacía unas semanas se había llevado a cabo un partido amistoso entre los equipos de vóley de Rizembool y Hanasaki. Por la inclusión de Ushijima, y la compenetración y experiencia del equipo de Oikawa, Rizembool había vencido a Hanasaki. El partido estuvo muy reñido, pero una derrota era una derrota, después de todo. Los resultados terminaron deprimiendo a gran parte del equipo de Hanasaki.

Souji se había enterado de todo gracias a Oikawa, quien no dejó de canturrear su victoria por toda la semana posterior al partido. Sin embargo, era muy gracioso ver cómo se deprimía en el acto cuando Yasutomo le recordaba que la derrota de Hanasaki se debía, en parte, a la inclusión de Ushijima en el equipo.

“Aunque no lo creas, no me molesta tanto eso,” confesó Soul. “Ya pasó un tiempo de ello y… el vóley es un pasatiempo para mí, a diferencia de otros miembros del equipo.” Soul se sintió un poco culpable por ello.
“Eso mismo dice Hizumi,” dijo Souji. “Pero no entiendo. Entonces, ¿por qué no confiabas en Oikawa antes?”
“Supongo que… me preocupaba que sea rebel. Pero luego recordé que Hizumi fue rebel, y Kanone también…”
“Yo también lo fui~” canturreó Souji.
“Todo el mundo ha sido rebel, al parecer. Tal vez por eso… estoy un poco más abierto de mente. Kanone y Hizumi han cambiado un montón desde la primera vez que los conocí. Lo mismo pasó con el primer rebel de Haruhi, la amiga de Eureka.”
“La oportunidad de cambiar está dentro de todos,” dijo Souji. “Mi pareja… él era completamente distinto cuando lo conocí.”
“Ah, creo que me acuerdo de él… Estuvo en el ataque, ¿no?”
“Sí. Él también fue rebel, como yo. Ahora… bueno, no puedo decir que es otra persona, pero ha cambiado para bien.”
“Ahhh~ Parece que es una moda pasarse al lado de los ‘buenos’ si eres rebel,” comentó Seven, sorprendiéndolo a ambos.
“¿Algo… así? Yo aún no sé de que lado estoy, pero sólo quiero que mis amigos se encuentren bien,” comentó Souji.
“Mm, mm. Tienes razón. Después de todo, no sabemos quién inició la pelea… si fue Rizembool, o Hanasaki,” dijo Seven.
“Nunca me había puesto a reflexionar sobre eso.” Soul se mostró sorprendido. “Por cierto, pensé que estabas muy enfocado en tu trabajo, Luciel.”
“Sí. Al inicio. Pero de ahí me distraje escuchando su conversación. Además… así, hablando, se nos va a pasar el rato. Idealmente, también, un poco de la preocupación.”
“Gracias por preocuparte por Eureka y Oikawa, Luciel-san. Y por salvarlos de todas sus ocurrencias.”
“Oh~ Pues son mis amigos también. Eureka me debe quinientos dólares, y Oikawa, su vida, pero les tengo un cariño muy grande.”
“…Prefiero no preguntar los motivos detrás de esas deudas.” Souji le sonrió, aunque se veía un poco preocupado.
“Mejor no~” Seven rio.



   


“Esto es…”

Hizumi optó por no completar la frase de Maka. Todo menos aceptar que se encontraban en aquel lugar.

La dirección que Soul les había mandado por mensaje de texto daba con una clínica clandestina rodeada de mafiosos por doquier. Hizumi y Maka exudaban intepridez, pero… se sentían muy diminutos y frágiles en aquel lugar. Mientras caminaban por el pasaje que los llevaba a la puerta de la clínica, percibieron las miradas de pocos amigos que los yakuzas les dedicaban. Las ganas de salirse corriendo de allí los invadió a ambos durante toda la caminata.

Esperaron que el panorama fuese distinto dentro de la clínica, pero para su mala suerte, era idéntico que los exteriores, a excepción de la presencia de enfermeros, técnicos y doctores, que corrían de un lado a otro atendiendo a los pacientes. Maka y Hizumi se demoraron en reaccionar. Al verlos un tanto perdidos, una enfermera se les acercó, curiosa.

“¡Buenas noches!” los saludó, con mucha energía. “¿Tienen alguna emergencia? Nos estamos demorando alrededor de una hora en atender a los recién llegados…”
“Oh, no, no.” Maka intentó sonreír, pero falló súbitamente. Hizumi notó su mueca y se tapó la boca para evitar que se le escapara la risa. “Venimos a visitar a unos amigos. ¿Creo que llegaron hace un par de horas?”
“Sino, no se preocupe, nosotros vemos cómo llegamos—”
“¿Cómo se llaman los pacientes?” la enfermera interrumpió a Hizumi.
“Eureka Suoh y… Tooru Oikawa,” dijo Hizumi.
“¿Vinieron con un gatito?”

Maka y Hizumi intercambiaron miradas llenas de confusión, pero cuando se giraron hacia la enfermera, asintieron.

“¿Sí?”
“¡Oh! Están en el tercer piso. El mismísimo Dr. Stein quiso encargarse de las operaciones de los tres. Me dijo que no había de qué preocuparse porque sólo se trataba de suturar las heridas y tratar los golpes… pero por algún motivo, los tres amigos de los pacientes estaban muy preocupados,” comentó la enfermera, un poco confundida.
“Ah, eso es un alivio,” dijo Maka, un poco más tranquila. “¿El tercer piso, me dijo?”
“Sí. Pueden tomar el ascensor. Cuando lleguen al tercer piso, toman el corredor derecho y al final doblan a la izquierda. Verán a lo lejos la sala de espera.”
“¡Muchas gracias!”
“No hay de qué.”

Maka y Hizumi le esbozaron una sonrisa, y luego, corrieron hacia los ascensores. Aprovecharon que justo la puerta de uno estaba cerrándose para detenerla con sus pies, e ingresaron, junto a un par de pacientes. Hizumi presionó el botón del piso tres, y esperaron en silencio a llegar a su destino.

Los dos fueron los primeros en salir del ascensor ni bien se abrió en el tercer piso, y corrieron en dirección a la sala de espera.

Para su sorpresa, no encontraron a sus amigos allí. Maka sacó su celular, dispuesta a llamar a Soul, pero se detuvo al escuchar una conversación muy alta entre varias personas. Parecía que provenía de uno de los cuartos en frente de ellos.

Antes de acercarse a chequear, la puerta se abrió, y vieron cómo Oikawa salió en silla de ruedas del cuarto. Morgana estaba en el regazo del rebel, y los dos andaban en compañía de Soul, Souji y de un pelirrojo de gafas amarillas.

           




 

“¡Soul! ¡Estás bien!” Maka se veía muy alegre. De un momento a otro, pareció notar la ausencia de Eureka, y sus ánimos se fueron en picada. “Pero Eu…”
“Oh, Eureka-chan está descansando,” dijo Oikawa.

Maka y Hizumi notaron el ojo morado que portaba. Con el tratamiento que le habían dado, la inflamación había bajado considerablemente, pero estaba claro que demoraría unos días en sanar del todo. Además, portaba vendas alrededor de la cabeza, y una que otra bandita en sus mejillas.

“El Doctor Stein dice que despertará muy pronto,”  dijo Souji.
“Tuvieron que hacerle una transfusión de plasma y de sangre,” contó Soul.
“Por cierto… ¿a dónde se iban?” preguntó Hizumi, observando la silla de ruedas.
“Oikawa no dejaba de quejarse. Nos tiene hartos con que quiere acompañar a Eureka…” contó Souji.
“¡Pero el doctor dijo que es mejor si le hacemos compañía!” dijo Oikawa.
“No sé qué tanto deberíamos confiar en él,” se lamentó Soul. Morgana maulló, y Hizumi ladeó la cabeza, confundido.
“¿Qué dijo Morgana?”
“Ah, que deberíamos creer en el doctor,” explicó Soul.
“Me sorprende que Mona-chan diga algo así, pero no me quejo de que esté de mi lado.” Oikawa sonrió.
“Con tal de que no hagamos tanta bulla dentro, no veo problema. Más bien… deberíamos… entrar ya al cuarto de Eureka. Estamos ocasionándole molestias al resto de visitantes,” mencionó Souji, mirando de reojo a los pacientes y al personal de la clínica.
“¡Sí!”

El grupo se apresuró en ingresar al cuarto de al lado, donde se encontraba su amiga HiME. Encontraron a Eureka en completa calma, descansando en su camilla. Sus heridas y golpes habían sido tratados, pero aún estaba conectada a una bolsa de sangre.

“Antes que me olvide, Hizumi, Maka, él es Luciel, es un amigo de Eureka y de Oikawa,” lo presentó Souji.
“Luciel-chan nos ha salvado de muchas. Le debemos… dinero y mi vida,” contó Oikawa, y Seven sonrió enigmáticamente.
“Si no fuera por él, no estaríamos aquí,” dijo Soul.
“Gracias, Luciel,” le dijo Maka.
“¡Ah!” Hizumi exclamó, luego de un momento de claridad. “¡Tú eres Seven!”
“¡Exacto~!”
“¡El hacker!”
“¡Ajá~!”
“¡Luego me das tu número, por favor!”
“¡Okay~!”
“…Parece que no te olvidas del día del ataque,” dijo Maka.
“Tu hermano nos ayudó esa vez, pero es mejor tener varios contactos, ¿no?” Hizumi le guiñó un ojo.
“…” Maka suspiró. “En fin,” dijo, y se giró hacia el grupo. “¿Nos podrían contar qué pasó?”
“Sí, es algo que yo también quiero escuchar con detalle,” dijo Souji.
“Creo que todos aquí estamos igual de perdidos. Los únicos que saben más o menos qué ha pasado son Oikawa y Morgana,” habló Seven.
“¿Soul?” Maka lo miró, y Soul negó con la cabeza.
“Yo aparecí al inicio de la batalla, pero no sé quién era nuestro enemigo,” dijo Soul. “Así que Oikawa y Morgana deben contarnos todo.”
“…Es un poco largo…” dijo Oikawa. “Mona-chan, ¿no hay manera de que el resto te pueda entender?” El Child negó con la cabeza. “Aw, rayos. Es que hay cosas que tú sabes, como lo del plan de Eureka-chan.”
“¿Sabes? Eso me ha parecido extraño desde su aparición. Me acuerdo que los otros Childs de Eureka se podían comunicar con nosotros sin problemas…” contó Hizumi, intrigado.
“¿Tal vez tenían un truco? Como… no sé, darle palmaditas en la cabeza,” sugirió Seven, y acto seguido, llevó a cabo su teoría. Morgana casi lo araña, pero el pelirrojo fue lo suficientemente rápido para esquivar su ataque justo a tiempo. Cuando empezó a maullar, Seven se mostró sorprendido. “Oh. Ya lo entiendo.”
“¡Eso es imposible!” dijo Hizumi… quien aún a pesar de sus palabras, se acercó a Morgana y repitió la misma acción de Seven, al darle un par de toques en la cabeza al Child. “Ah. Seven tenía razón.”
“…” Maka y Souji intercambiaron miradas, y juntos fueron a imitar a Seven y a Hizumi.
“¡Dejen de golpearme en la cabeza!” se quejó Morgana.
“El truco era tratarlo como un gato normal…” comentó Maka, muy curiosa.
“¡BASTAAA! ¡NO SOY UN GATOO!”
“Bueno, ahora que eso está resuelto, ya tienes un compañero de relato, Oikawa. Así que cuéntanos qué pasó.”
“¡Claro~!”

Oikawa y Morgana empezaron a relatar los sucesos de aquella noche: la invitación a gokon por parte de Bokuto, el terrible plan de Eureka y los eventos que se llevaron a cabo en la fiesta y en las afueras del izakaya. Ya que faltaba la perspectiva de Eureka, aún existían un par de cabos sueltos como la conversación que sostuvo con Nea, el compañero y asistente de Karasu, pero el grupo pudo hacerse una idea general de todo al final del relato.

Hizumi, Maka y Soul no pudieron evitar rodar los ojos ante la falta de criterio de Eureka. Había sido demasiado arriesgado asistir al gokon sin ayuda de nadie. Al observarla, se dieron cuenta de que no podían hacer nada respecto a la frustración que sentían, y optaron por guardarse sus comentarios para luego.

“Es muy descuidada,” comentó Seven, leyéndole los pensamientos al resto.
“Totalmente.” Maka suspiró.
“…El burro hablando de orejas~” canturreó Hizumi.
“Maka… ¡Chop!” exclamó Maka, y le dio un limpio golpe en la gabeza a Hizumi.
“AY AY AY”
“No necesitamos más gente en emergencias, Maka,” dijo Seven, entre risas.
“Por cierto, creo que deberíamos retirarnos,” comentó Souji. “Eureka necesita descansar…”
“Sí, tienen razón. Yo debo regresar a mi departamento para terminar con unos encargos, así que volveré en la mañana,” se excusó Seven. “Los veo luego. Me llaman cualquier cosa~”
“Gracias, Luciel-chan,” le dijo Oikawa.
“No prob~ Cuídense, nos vemos~” le dijo al grupo, y luego de ondearles la mano, salió de la habitación.
“Yo tengo que regresar a mi casa por unas cosas, y también debo avisarle a mis padres que pasaré la noche aquí. ¿Ustedes qué harán?” le preguntó Souji al resto.
“Yo no creo que pueda visitar a Eu mañana porque justo tengo clases todo el día, pero me quedaré con ella toda la noche… o madrugada, porque ya son más de las 12,” dijo Maka. “Debo llamar a mi papá, eso sí. Hizumi, tú deberías contactar a Lelouch. De seguro anda preocupado, ya es tarde y no sabe nada de ella.”
“Yo iré a la mansión a explicarles lo que ha pasado. De seguro querrán venir a verla, así que volveré más tarde.” Hizumi les sonrió, y se giró hacia la puerta. Luego de un suspiro, salió del cuarto.
“Soul, ¿tú también te quedarás?” preguntó Morgana, y saltó del regazo de Oikawa hacia la camilla de Eureka.
“Sí, claro.” Soul asintió.
“Yo también me quedaré~” habló Oikawa.
“No, tú debes regresar a tu cuarto,” le dijo Souji.
“¡P-Pero Souji-chan! ¡Yo estoy bien!”
“Aún no. Tienes que descansar. Además, debes explicarle a Iwaizumi todo lo que ha pasado. Y no creo que quieras tener esa conversación en frente de todos.”
“Eh…” Oikawa sintió escalofríos. “¿Iwa-chan ya está viniendo?”
“Lo llamé ni bien el doctor nos dijo que te encontrabas fuera de peligro. De seguro y llega en un rato.”
“…” Oikawa suspiró. “Okay. ¡Pero más tarde venimos a visitarla!”
“Sí, sí.” Souji sonrió. “Ah. Debí decirle a Hizumi que nos fuéramos juntos. Se veía muy asustado por los yakuzas que hay en la clínica…”
“Es muy tarde para eso,” dijo Maka, entre risas.

Souji y Oikawa se despidieron, a la vez que Souji conducía la silla de ruedas de Oikawa fuera de la habitación.

El cuarto se sintió vacío de un momento a otro y, por unos breves instantes, el silencio se apoderó de la escena. Morgana se acurrucó en las sábanas de la camilla, mientras que Soul y Maka tomaron asientos en los sofás del extremo opuesto de la habitación. Maka sacó un libro de su bolso, dispuesta a leerlo, pero percibió la mirada de Soul posada en ella, y se giró hacia él.

“Quería disculparme por desaparecer hoy, así de la nada. Es algo que no puedo controlar, y lo sé, pero me parece que fue el peor momento para hacerlo. Aquella discusión que teníamos sobre tu intención de ser HiME era muy importante y no debí—”
“Mm, mm.” Maka negó con la cabeza. “No fue tu culpa. Eu te necesitaba a su lado. Al contrario, me alegra que la hayas podido ayudar.”
“Es solo que… me preocupa un poco todo esto. Eureka no es novata, ya ha tenido varios rebels y sabe cómo manejarse, y sin embargo ha terminado muy herida. No sé qué te pueda pasar si tú también eres HiME.”
“Soul.” Maka le sonrió. “Voy a estar bien. En serio, no te preocupes. Y si necesito ayuda… te avisaré de todas maneras.”
“…” Soul suspiró. “Espero que cumplas con tu palabra.”
“¡Por supuesto!”

Soul asintió, y le sonrió de vuelta.

Aún no estaba del todo convencido, pero ya se las ingeniaría para ayudarla pase lo que pase.


« Last Edit: June 30, 2018, 10:06:02 PM by Eureka »


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #371: February 17, 2018, 10:55:17 PM »
So much to write, so little time~ (...)

51




La vida está llena de colores. Es gracias a estos que todas las personas pueden dibujar el mundo que les rodea. Los colores están a cargo de distinguir, animar o inspirar, y son una parte tan importante del mundo sentiente que se convierten en una característica de cada persona u objeto.

Existen colores cálidos y colores fríos. También colores chillones y colores sobrios, o colores fuertes y colores tenues. Algunos colores podrían describirse con una mezcla de esos adjetivos, otros podrían necesitar mayores detalles, pero todos esos colores terminan siendo comprendidos y aceptados por las personas tan general.

La luz y el inmenso prisma que trae son conceptos muy arraigados en la propia existencia de todas las especies videntes que habitan en el planeta, y aparte del goce o la utilidad de la vista, no queda espacio para incomprensión o extrañeza en los colores en sí.

Sin embargo, en medio de aquella certitud, surgen colores visibles para muy pocos. Estos son colores sigilosos, relativos, vivos, caprichosos y dotados de mayores características. Algunos colores ríen, otros lloran. Unos disfrutan de infestar a palabras y letras, y otros a números o al eje temporal, y todos ellos se originan y se proyectan de la vida, las emociones, las personas o el lenguaje, y comienzan a bailar e inundar el invisible aire como notas de una compleja sinfonía.

Estos colores dependen de quien los ve al no ser universales y añaden una dimensión adicional a todo objeto de donde se originan. Lamentablemente, al momento en que una persona promedio alza su mirada para captar a los traviesos colores, no es capaz de verlos, y nunca los verá. La mayoría debe sólo contentarse con la asociación del rojo con la alegría o ira, el azul con la tristeza, el amarillo con el miedo y el anaranjado con el peligro, y perderse de la gama de los demás colores que no existen para su percepción.

Aquellos videntes de esos traviesos colores muchas veces se encuentran solos y comprenden las cosas de forma distinta, sin ser capaces de trasmitir su experiencia hacia los demás…



Era un vuelo tranquilo, pero llevaban siendo varias horas desde la partida. Se veía la noche desde la ventana en un asiento de primera clase, y la mayoría de pasajeros aprovechaban las luces apagadas de la cabina para dormitar. Una señora viajaba con su hijo, quien ocupaba el asiento al costado de la ventana, y a quien miraba detenidamente con una mezcla de gran afecto, preocupación y soledad.

El joven rubio había pasado el vuelo jugando con sus consolas portátiles, y estaba en plena partida de Mario Kart en su 3DS. El pequeño jugaba con alegría y sin una sola preocupación en su semblante, y apuntaba a conseguir el primer lugar en la última vuelta de la cuarta carrera, lo que felizmente se le fue concedido aquella vez.

“Hehe~ lo hice~” canturreó al ver a su corredor cruzar la línea de meta y celebrar en la animación posterior a la carrera. Ganar en 150cc y con una puntuación perfecta no era extraño para él, pero siempre iría a celebrar aquel momento. Él se giró a la mayor, con una sonrisa. “¿Viste, mamá? Lo volví a hacer.”
“Lo vi, felicitaciones,” le dijo. Ella agarró a su pequeño por la nuca y se lo llevó hacia sí, para darle un beso en su frente. Su acción fue cadenciosa y nostálgica, algo que el menor detectó y él le miró atentamente.
“¿Estás bien, mamá?” preguntó, ladeando su cabeza.
“Ya te estoy echando de menos, si debo ser sincera. Pero tú tranquilo, mi pequeño Sora,” la madre le sonrió con amabilidad y calidez. “Es sólo la nostalgia de mi posición.”
“Yo también te echaré mucho de menos, mamá,” le comunicó, asintiendo. A diferencia de la señora, el chico estaba en paz con la situación y se encontraba positivo, por más que sí hubiera un poco de tristeza en su sonrisa. “Pero estaremos en contacto todo el tiempo, ¿no? También pienso que esta es una gran oportunidad para mí. Y siendo sinceros…” él amplió su sonrisa. “Siempre esperé el momento en el cual sería capaz de vivir con mis hermanos. Sé que me divertiré mucho y nunca me aburriré.”
“…” la señora asintió. “Me alegro mucho por ti, y que esta oportunidad se pueda dar finalmente, que ellos estén en la ciudad…”

La madre revolvió los cabellos a su pequeño para celebrar el vuelco que la vida de Sora había dado con tan poca anticipación.

Su hijo menor siempre había sido especial en más de un sentido. Sora era capaz de ver aquellos colores invisibles para la mayoría, y solía mencionarlos en sus conversaciones con los demás y al momento de recordar personas e incluso sus nombres. Por ese motivo, el chico había resultado incapaz de aprender o comunicarse de una manera estándar y fácil de comprender para otros. La mamá se había sorprendido en más de una ocasión que Sora no supiera algunos sustantivos de uso común o nombres de personas, y en vez de ello solía describirlos a base de colores que, según él, eran inconfundibles. El hecho que el no llegara a siquiera decir qué colores veía en cada ocasión sólo resultaba más complicado. Su uso del lenguaje solía ser simple y en varios casos limitado, y en su propia escuela muchos profesores habían expresado dificultad en poder conectar con él por más que Sora fuese muy amigable y acomedido a lo que se le pidiera.

Esa característica suya se convirtió en su mayor impedimento a lograr sus metas. Como hijo de una madre artista con experiencia en actuación y presencia en los medios, el pequeño quiso desarrollarse como actor, pero la competencia en los Estados Unidos era grande, además de su etnicidad que dificultaba la disponibilidad de oportunidades. Su madre hizo lo mejor de sí para apoyarle y vigilarle, pero las pocas experiencias del menor no fueron muy positivas por las particularidades del menor.

Ante ello, Sora se interesó en la imagen y popularidad de los idols en Japón y se fascinó con la posibilidad de ser uno. Él estuvo intentando contactarse con algunas agencias en búsqueda de ser reconocido y, luego de un tiempo considerable, recibió el mensaje de una persona inesperada. Aquel era un joven con una trayectoria en el mundo del escenario resaltante y envidiable, quien tenía múltiples talentos y hazañas en su hoja de vida de las cuales alardear, y mantenía una imagen y presencia reconocibles y respetadas en su ámbito. Si bien no era un manager o de una agencia grande, seguía siendo una persona que abría las puertas al menor, y también que había hecho contacto con Sora al enterarse de su gran particularidad.

Sin embargo, la señora no era capaz de alegrarse de la misma forma que su pequeño por diversas razones, y la primera de todas era porque aquel joven maestro radicaba en una universidad cuyo nombre había esperado nunca más volver a leer: Rizembool. De todos modos, ella no quiso negarse al sueño y las ansias de su hijo sin antes considerar la posibilidad, y por el nombre de esa tenebrosa institución tuvo que hacer contacto con su previo esposo. Fue entonces que se enteró de un desarrollo increíble: el hijo desaparecido de ambos acababa de ser encontrado, y su familia nuclear estaba por instalarse en una casa en la misma ciudad que Rizembool y Hanasaki.

Ante todo ello, la señora Harukawa tenía que ir de visita a Japón obligatoriamente y, por la disponibilidad de un hogar para Sora, él iría a instalarse ahí y atender Rizembool al igual que su futuro maestro. El pequeño iba a ser recibido con los brazos abiertos por sus hermanos y todo ya se encontraba fríamente calculado y en orden.

Aunque, a su vez, ese cambio significaría que la madre estaría sola indefinidamente. Ella tenía contratos y obligaciones que cumplir en el occidente, y por ello tendría que despedirse de su pequeño rayo de sol a quien había criado y protegido desde el mero inicio. A la madre se le partía el corazón, pero no quería restringir al menor. Debía dejarle vivir su vida y apoyarle en lo que pudiera, ya que Sora se había mostrado dispuesto a partir del nido y en su nuevo hogar contaba con un gran e incondicional apoyo…



Pero la señora tenía mucho miedo. Siempre había temido que quitarle los ojos de encima a su hijo menor significaría separarse de él por el resto de su vida. Temía mucho a las ramas de aquella familia en Japón que lo cuidaría… le paralizaba pensar en la remota posibilidad que esas horribles personas fueran a enterarse de la verdad y le arrebataran a Sora, del mismo modo en que lo habían hecho con sus otros hijos…



“Este color lo conozco…”
“…” la madre se despertó y vio a su pequeño Sora mirarle atentamente.
“Está muy oscuro a tu alrededor.”
“¿Quieres que prenda la luz?”
“No hablo de eso…” Sora negó con leve impaciencia. “Ese color que te rodea es un color oscuro, es un color que no te sienta, pero es un color con el que te veo a menudo.”
“Sora…”
“¿Por qué invocas este color, mamá? ¿Qué es lo que te presiona? ¿A qué le tienes miedo?”
“…lo lamento…” ella sonrió comprensivamente y volvió a acariciar la cabeza de su hijo. Como paralelo a poder ver esos colores, Sora había desarrollado una gran habilidad de observación y una muy precisa intuición y comprensión de otros, algo que siempre le costaba expresar. “Es una melancolía con la cual cargo. No sé qué puedo hacer para que no tengas que verla, pero no te preocupes por mí.”
“Hm…” este frunció el ceño, no convencido.
“Déjame descansar un poco y se me pasará. Tú también intenta dormir.”
“Sí, lo haré,” asintió. “Tenemos que tener energías para cuando lleguemos. Es importante.”
“Lo es, buenas noches.”

Faltaban unas pocas horas más, y sus vidas iniciarían el programado e inevitable cambio.






Era el inicio de otro día. Luego de unos apurados preparativos en el fin de semana y el día anterior, Cho y su familia fueron al aeropuerto para poder recibir a un par de personas importantes que los nuevos integrantes de la familia Kotetsu estaban por conocer. Después de estacionarse, el grupo ingresó al edificio para darle la bienvenida a los viajeros.

“¡Me cuesta creer que vamos a ver a mamá en tan sólo unos minutos! ¡Ha sido mucho tiempo!” exclamó Urashima, feliz de la vida, y agarró a su tortuga para mirarla atentamente. “¿No estás feliz, Kamekichi? Tú sólo la has visto una vez, pero es una persona muy genial.”
“En verdad que lo es. Siempre fue amable y atenta,” dijo Nagasone, caminando a la par con Roxas. “Y estoy seguro que estará muy contenta de finalmente verte.”
“Sí, admito que tengo curiosidad…” Roxas asintió, incómodo. No sabía qué pensar con respecto a conocer a su progenitora, ya que aquella duda existencial había sido desterrada de su mente hace varios años como algo que nunca iba a ocurrir, pero le tocaba acostumbrarse a su nueva e idónea realidad.
“Hm, ya quiero ver cómo es la señora Kotetsu,” dijo Osaka, meditabunda, quien caminaba detrás de los hermanos junto con Cho, Kashuu y Horikawa. “Por la forma de ser de kotatsu, asumo que será entusiasta y desenvuelta.”
“Cierto, además Roxas también fue así de pequeño,” Cho sonrió con nostalgia.
“Una lástima que no se haya quedado así de agradable…” se lamentó el arma.
“Ehm, tengo entendido que solía ser intrépida de joven, pero ha madurado y es una madre cálida. Ella es la señora Harukawa ahora, por cómo los padres terminaron divorciándose,” dijo Horikawa, amablemente. “Lo mejor sería mantener esa distinción ya que las cosas no están muy resueltas que digamos.”
“Sí, gracias por la observación,” la peliceleste asintió y miró con un poco de preocupación a Urashima quien no dejaba de dar comentarios entusiastas a Roxas sobre su madre. La HiME había podido entender que la madre estuvo fuera del Japón por muchos años, y que no había tenido mayor contacto con sus hijos mayores por la distancia y problemas familiares, pero sin duda no sabía la imagen completa del asunto.
“Por lo que dices, esta familia tiene varios líos internos,” dijo Kashuu.
“La historia es complicada, Kashuu-san,” Horikawa sonrió con tristeza. “Pienso que debería informarles, pero ahora no es un buen momento. Estamos por encontrarnos con la señora Harukawa y su hijo menor, y también prefería no hablar sobre esto en un lugar donde Urashima pueda oírnos.”
“Eres muy considerado con tu amigo. Por algo me caes bien,” el arma sonrió y asintió.
“Oh, pero pensé que la mamá era estadounidense, ¿por qué tiene un apellido japonés?” preguntó Osaka, confundida.
“Es un buen punto,” Cho se impresionó por aquel detalle.
“Ella cambió su nombre cuando vino al Japón en su juventud para poder encajar mejor, ya que nombres extranjeros no siempre son bien aceptados,” contestó Horikawa. “También terminó siendo una necesidad para poder contraer matrimonio con el heredero de los Kotetsu debido a las rigurosas exigencias y elitismo de esa familia.”
“Sin lugar a dudas, los dos hijos Kotetsu que hemos conocido no pintan esa imagen de elitismo en lo absoluto. Son muy humildes,” observó el arma, un tanto extrañado.
“El señor Kotetsu es como ellos, por más que a veces parezca lo contrario. Sin embargo, la familia Kotetsu es muy amplia y la mayoría sí mantienen su nombre en lo alto al extremo. Ello parece ser inevitable, lamentablemente, sí son muy reconocidos y venerados,” Horikawa sonrió rendido y negó. “Pero, pese a la realidad, lo importante es que Urashima va a poder ver a su madre luego de esperarlo con tantas ansias. Hay que alegrarnos por esta visita, y también porque el pequeño Sora se quedará con nosotros y será capaz de vivir con sus hermanos.”
“Hehe, yo también me alegro por eso,” Osaka asintió. “Con todo lo que hemos oído sobre el pequeño, suena a un niño muy lindo que congeniará con nuestro hogar.”

Ellos llegaron al lobby donde salían los pasajeros provenientes de Los Ángeles, y tuvieron una espera de alrededor de diez minutos cuando divisaron a los dos viajeros. Urashima no se hizo esperar y corrió directamente a su madre.




“¡Mamá!”
“Urashima…” la señora se conmovió al ver a su hijo y sus ojos se nublaron de lágrimas. Fue entonces que los dos se dieron un fuerte abrazo. La mayor dejó escapar sus lágrimas mientras acariciaba a su pequeño.
“¡Estoy tan feliz de verte!” exclamó el chico, sumamente contento. No había lágrimas para él, ya que se sentía simple y llanamente dichoso de contar con esa oportunidad. Los demás esperaron a que ellos terminaran con su abrazo antes de continuar con las presentaciones.
“Te ves sano y alegre como siempre, Urashima,” dijo la madre, sonriendo.
“¡Sí, yo estoy muy bien y veo que tú también! ¡Sigues igual de linda!” él alzó a su mascota. “Kamekichi dice hola. Te acuerdas de Kamekichi, ¿verdad?”
“Hehe, claro que sí, sigue a tu lado como la vez anterior,” la señora sonrió con torpeza. “Siempre te han gustado las tortugas.”
“¡Por supuesto!” él pasó a mirar a su hermanito. “¡Y Sora! ¡Qué alegría! ¡Veo que has crecido!”
“¿Tú crees? No me he dado cuenta…” el pequeño alzó su mirada hacia sus cabellos con cierta confusión, pero rápidamente dejó eso de lado para mirar a Urashima. “Haha, continúas irradiando el mismo arcoíris de colores. Son colores muy felices. Me gusta mucho.”
“Ahh~ en verdad quisiera tomar prestado tus ojos en ocasiones, Sora~” Urashima le revolvió los cabellos. “¡Me gustaría saber cómo tú ves a Kamekichi!”
“Estás más crecido y apuesto, Nagasone,” dijo la madre a su hijo mayor, alegremente. “Cada vez te pareces más a tu padre.”
“Heh, gracias, pero todavía siento que no le llego a los talones,” confesó con ánimos. Él adoptó una actitud más asequible y una sonrisa cálida. “¿Cómo has estado, mamá? Temo que continúes deprimiéndote sin motivos.”
“Les he echado mucho de menos, es inevitable que permanezca preocupada por ustedes…” ella miró hacia Urashima quien conversaba amenamente con su hermanito. “Pero veo que Urashima sigue feliz y animado. Su familia le ha cuidado muy bien, pese a todo.”
“Urashima está contento como es de costumbre. Lo único que siempre anhela es verte y que la familia vuelva a ser unida,” comentó el mayor. “Lo demás está garantizado para él.”
“Sí, tiene sentido,” sonrió con tristeza, ya que aquel hermoso deseo seguía siendo imposible.

Fue entonces que la madre posó sus ojos en su hijo desaparecido y se quedó en trance. Ella volvió a derramar unas lágrimas y no se contuvo a ir y darle un abrazo. Roxas se sorprendió por aquella acción y esa cercanía con una persona que acababa de conocer. Él pudo sentir la fuerza de dicho abrazo y el cariño que le transmitió, además de una profunda tristeza que comenzaba a encontrar desahogo luego de tantos años.

“Me alegro de finalmente verte, mi querido hijo…” ella le soltó y le miró de cerca mientras continuaba llorando sin poder detener sus lágrimas. Le sonreía con ternura. “Eres la imagen viva de tu abuelo. Heh, incluso compartes su nombre…”
“…”
“Soy tan feliz de volverte a ver…” al dar ese mensaje, volvió a abrazarle con fuerza.

Cho observó a su hermano recibiendo tanta atención de su madre biológica, y la HiME no supo cómo poner en palabras lo que esa imagen le hacía sentir. Le alegraba saber que Roxas contaba con una familia tan unida que sin duda lo quería un montón, pero también le hacía sentirse extrañamente sola. A su vez, la peliceleste no dejaba de preguntarse si ese milagro de reencontrarse con su verdadera familia llegaría a ocurrirle, aunque el presente status quo era tan positivo para todos que quizás lo mejor era no complicarlo más.

“Hehe, la mamá es muy bonita,” comentó Osaka, animada.
“En verdad que lo es, y sabe mantener su apariencia pese a su edad,” Kashuu asintió.
“La señora Harukawa es una actriz y ha tenido muchas apariciones en los medios,” informó Horikawa. “No es muy famosa como para ser reconocida aquí, pero dicen que sí tiene esa fama en los Estados Unidos.”
“Vaya, es increíble…” Cho se quedó anonadada.
“¡Es verdad, mi mamá es increíble!” exclamó Urashima, quien se acercó junto con Sora y Nagasone en lo que esperaba a que la madre conversara un poco con Roxas. “¡Les presento a mi querido hermanito!”
“Soy Sora Harukawa,” dijo haciendo una reverencia con una sonrisa simpática. “Ustedes son la familia de Roxas, ¿no es así? Es un gusto finalmente conocerles.”
“Lo mismo digo~” Osaka se animó. “Aw, eres tan lindo. Quisiera apachurrarte.”
“Deberías presentarte…” le dijo Cho, sonriendo incómoda. “Yo soy Cho Tanaka. Es un placer.”
“Oh, sí, llámame Osaka. Mucho gusto.”
“Y yo soy Kashuu Kiyomitsu, espero que nos llevemos bien.”
“¡Hihi! ¡Espero lo mismo!” Sora asintió y se puso a pensar. “Hmm, me tomará un poco de tiempo acordarme de estos nombres… aunque sí puedo ver que tienen colores muy distintos. Recordarles a ustedes será muy sencillo.”
“¿Colores?” Osaka ladeó su cabeza.
“Sora tiene sinestesia. Él puede ver colores de personas, conceptos y sonidos, y se guía por ellos,” les informó Nagasone.
“Ohh, qué interesante,” Cho se impresionó y asintió.
“¿Verdad que es genial?” preguntó Urashima, emocionado. “Pienso que es muy divertido y útil que pueda hacerlo. Siempre he tenido curiosidad por esa habilidad. ¡Es casi magia!”
“Realmente existen teorías científicas sobre aquel fenómeno particular, Urashima,” le recordó Horikawa, sonriendo. “Si quieres te puedo hacer recordar esa explicación.”
“Uhh, aprecio la voluntad, pero no te entendí la primera vez. Dejémoslo en magia…”
“¿Hm? Pero no veo al padre de ustedes por ningún lado…” Sora miró de un lado a otro.
“Papá tenía varias cosas que hacer hoy y recién se desocupa en la noche,” Nagasone negó un poco frustrado. “Sabía que tenía que hacérselo recordar. Él es un poco volado.”
“Está bien, ya nos encontraremos con él pronto,” el recién llegado asintió y sonrió. “¿Y qué vamos a hacer ahora?”
“¡Vamos a comer!” exclamó Urashima. “¿Tienes algún pedido especial? Seguramente la comida en el avión no fue suficiente.”
“Sí podríamos comer un desayuno, Urashima,” dijo la madre, quien se acercó a los demás. “No tengo ningún pedido. Quiero que seas tú quien escoja.”
“¡Ohh, entonces no les decepcionaré!” él se mostró muy alegre por esa oportunidad.
“Vamos a dejar las maletas en casa y luego a comer,” dijo Nagasone, quien sacó sus llaves. “Hmm, pero ahora somos dos personas más. Ya no vamos a entrar en la van.”
“Está bien, Nagasone-san. Aruji, Osaka y yo tomaremos un taxi a donde sea necesario,” dijo Kashuu con una sonrisa.
“Oh, y les acompaño,” Horikawa se sumó. “Así garantizamos que todas las maletas quepan en el vehículo cómodamente.”
“Claro, gracias por el ofrecimiento.”
“Eh…” Roxas se quedó en blanco. Cayó en cuenta que iba a viajar con sus hermanos y su madre sin ningún tipo de apoyo externo a la familia.
“Roxas-niichan, no te intimides. ¡No te quedes atrás!” le animó Urashima, quien le abrazó por los hombros. “¡Todos tenemos un montón que conversar!”

Todos caminaron juntos hacia el exterior donde la familia Kotetsu cruzó las vías de carros para acceder al estacionamiento, mientras los demás tomaron uno de los taxis disponibles. Iban a tener un día bastante ameno en el cual los nuevos en el círculo se pondrían al tanto de información importante relacionada a esa familia.



La mañana había pasado sin novedades y llegó la hora de almorzar en Rizembool U. Hotarumaru fue a reencontrarse con sus amigos después de su segundo entrenamiento con su nuevo instructor, del cual había regresado con tantos ánimos y alegría como la vez anterior, además de un apetito voraz.

“Suena a que te fue muy bien, ¿no es así, Hotaru-bou?” preguntó Tsurumaru al ver al pequeño regresar junto con Hajime con lo que iban a comer. “Ohh, ese sí que es un banquete.”
“Quemé muchas energías. Tengo que reponerlas,” contestó el pequeño radiante de alegría. “Hehe, fue divertido, aunque sí me hizo la observación que debo seguir entrenando y ampliando mi resistencia y stamina.”
“Ya hemos acordado que seguiremos corriendo en nuestros descansos más largos,” le recordó Hajime, asintiendo. “Tú no te preocupes, que confío plenamente en ti.”
“Todos lo hacemos,” Mai asintió, inmutada. “Prefiero no correr con este clima veraniego, pero te alentaré y te esperaré con una refrescante bebida, y Hanasaki-chan correrá por todos.”
“Ehh…” Yukko dio un suspiro. “Haré lo que pueda, supongo…”
“Pero no se queden quietas, chicas,” Tsurumaru les sonrió. “Los chicos ya regresamos. Es hora de que ustedes vayan a comprar sus almuerzos.”
“Oh, sí, deben apurarse porque la gente está llegando,” observó Hotarumaru.

De aquel modo, las chicas se levantaron para ir a buscar algo de su apetito. Yukko estuvo por irse por el menú de hamburguesas, pero vio a Mai hacer la fila de las ensaladas y también el hecho que dicha fila tenía a mucho menos personas, razón por la cual decidió acompañarle.

“Es extraño ver que te animes por una ensalada,” observó la cuatro ojos.
“Bueno, así no me tardo mucho, heh. Además no duele probar.”
“Sin embargo te estás arriesgando,” negó como si su amiga fuera un caso perdido. “Y si bien yo he incorporado las ensaladas a mi dieta desde que tengo uso de razón, debo reconocer que comerlas es un gusto adquirido. Esta universidad las prepara de buena calidad, pero puede que no te guste para nada y te traumes de por vida.”
“Ehm, Mai, es una ensalada,” frunció el ceño.
“Lo es, pero ya muchas veces te he dicho que Rizembool es tierra de nadie,” asintió con una entera certeza. “Como Hanasaki-chan, ten mucho cuidado.”
“No entiendo por qué siempre intentas asustarme con eso,” Yukko decidió no dejar que Mai fuera a meterse en su cabeza y mantuvo su posición en la fila.

Ambas fueron atendidas en poco tiempo, y ahí Yukko comprendió que era un salad bar donde pedían los vegetales que querían poner a su porción además de las salsas. Yukko terminó poniendo un poco de más al no tener experiencia y se arrepintió cuando su ensalada salió más cara de lo que había esperado gastar para su almuerzo, pero ya no había punto de lamentarlo.

Las chicas caminaron de regreso hacia la mesa, cuando entonces Yukko fue atraída por algo raro en un jardín aledaño a esa cafetería y se quedó detrás.

“Mai, ¿qué es eso?”
“¿A qué te refieres?” Mai miró indiferente hacia un grupo de arbustos donde apenas se veía el cuerpo de una persona. “Oh, debe ser un muerto. Ignóralo.”
“¡N-no digas esas cosas!” Yukko se aterró y vio a su amiga negar frustrada.
“Por algo digo que eres Hanasaki-chan. No te impresiones por una inocente broma.”
“Uhh, pero vamos, no podemos dejarle ahí.”

Yukko se aventuró a caminar a esos solitarios y frondosos arbustos. Mai le miró momentáneamente y decidió seguirle. Ella asumía que se trataba de algún estudiante que aprovechaba las sombras de esas plantas para dormir y en general no se molestaría en acudir en auxilio de nadie, especialmente si no se lo pedían, pero supuso que no perdía nada siguiendo a su amiga ya que ella solía meterse en todo tipo de situaciones sin intentarlo.

Al llegar, las dos vieron a un chico de cabellos negros cortos y abundantes inconsciente y boca abajo con ambas manos extendidas frente a él, como si hubiera gateado o intentado pedir ayuda.

“¡Ihhhh!” Yukko se estremeció y dio un paso hacia atrás. “¡M-M-Mai, ¿qué hacemos?!” le vio tomar una foto. “¡Oye!”
“Hm, esto se va a Instagram. Se ve como un muerto muy espontáneo…”
“¡En serio! ¡He visto flashbacks de la morgue! ¡Tenemos que hacer algo!” entonces vio a su amiga recoger una ramita del suelo y clavarla suavemente a un hombro del chico.
“Poke poke… poke poke…” dijo Mai monótonamente y en voz baja.
“¡AAHHH! ¡Detente, por favor!”

No fue claro si fue la ramita o la voz de Yukko lo que causó que esa persona reaccionara, pero ambas vieron a ese chico soltar un perezoso quejido y comenzar a moverse mínimamente. Así, Mai dejó la ramita y se levantó.



“Hola, eh, ¿te encuentras bien?” le preguntó Yukko.
“…sueño…”
“¿Eh?” Hanasaki-chan vio a ese ser levantarse muy perezosamente y con cierta torpeza e inestabilidad, cabizbajo. Este alzó su mirada lentamente y la voluntariosa chica terminó aterrada por ver unos furiosos ojos carmesí fulminantes que transmitían un peligro primordial.
“¿…quién se atrevió a despertarme…?” preguntó el chico lentamente con una voz de ultratumba y arrastrando las palabras.
“¡Ihhhh!” la pobre pasó a temer por su vida.
“Hm, parece que te has topado con un Rebel sediento de sangre,” Mai se encogió de hombros y se dio media vuelta. “Suerte.”
“¡AHHH! ¡No! ¡Eh! ¡¿EEHHHH?!”
“¿Hm?” una vez pasada esa ira instintiva, el chico dio un sonoro y largo bostezo y miró a Yukko con leve confusión, para bajar su nivel de peligro al mínimo. “¿Hana-chan?”
“¿Eh?” Yukko se quedó en blanco.
“¿Qué quieres de mí, Hana-chan? ¿No ves que estoy durmiendo?” le preguntó con leve reproche y frunciendo el ceño.
“Ehm… p-perdón, pero… ¿nos conocemos?”
“¿No me recuerdas? Vaya, y eso que yo hice un esfuerzo en recordarte,” comentó, decepcionado.
“Oigan, ¿qué sucede aquí?” preguntó Tsurumaru, quien se acercó con Hotarumaru cuando ambos oyeron uno de los muchos gritos de Yukko. El peliblanco se sorprendió. “Ohh, Ritsu, qué milagro encontrarte en el exterior.”
“Uhh… Tsuru-kun… buenos días…” dijo con gran pereza y sobándose los ojos.
“Buenas tardes,” le corrigió el pelicenizo, quien se dio la libertad de agarrarle de un brazo. “Ven. No deberías quedarte dormido en el jardín todo el tiempo. Tus ropas están sucias.”
“Otro conocido de ustedes, como puedo ver,” dijo Mai, inmutada, en lo que veía Hotarumaru jalar al semi-inconsciente Ritsu hacia la mesa que estaban ocupando.
“Sí, nos topamos con él con mucha frecuencia. Es amigo de Namazuo y de los Toushirou en general,” dijo Tsurumaru. Él vio a Yukko todavía asustada. “¿Qué pasó? ¿Pensaste que estaba inconsciente y le despertaste? Hahaha, Ritsu odia que lo despierten, pero no le des importancia. Es un buen chico en verdad.”
“E-espero…”

Ellos también regresaron a la mesa justo para oír al pelinegro presentarse ante Hajime.

“Ritsu Sakuma…” dijo para hacer una pausa y volver a dar un gran bostezo. “Mucho gusto…”
“Hajime Hinata, igualmente,” dijo el chico mientras alzaba una ceja. “Te ves muy cansado. ¿No pudiste dormir bien anoche?”
“No, no es eso…” este negó. “Yo no duermo en la noche.”
“¿Ehh?” Hajime le miró con gran preocupación. “¿Cómo puedes hacerte eso? No dormir bien lleva a muchos desarreglos en la salud. Tienes que tener cuidado…”
“Uhh… recién nos conocemos…” el pelinegro se mostró incómodo ya que le tocaba explicar su especial motivo. “Qué pereza…”
“¿Pereza de qué?”
“Ritsu tiene un ritmo circadiano invertido,” reportó Hotarumaru.
“Hm…” eso picó la curiosidad de Mai. “¿Acaso es un ser humano nocturno?”
“Suena muy increíble, pero hasta Yagen lo encontró fascinante y corrió unas pruebas. Terminó corroborándolo,” dijo Tsurumaru.
“Heh, gracias por ahorrarme el trabajo,” Ritsu sonrió y volvió a dar otro bostezo. “Uhh… no saben lo tedioso que es explicarme cada vez que me encuentro con alguien nuevo…”
“S-si es así, no deberías estar despierto ahora…” Hajime se notaba sacado de cuadro. “Deberías irte a descansar.”
“Eso hacía… aunque no es tan fácil, lamentablemente…” negó impaciente. “Es evidente que humanos nocturnos son una gran rareza, y esta sociedad es de diurnos. Como un estudiante aquí también tengo que esforzarme en asistir a mis clases al menos la mitad del tiempo. Por ello siempre tengo sueño.”
“Suena horrible…” Yukko se compadeció del chico, y pasó a estremecerse un poco cuando este le miró por más que ya no tenía la energía iracunda de antes.
“Ahora supongo no te olvidarás de mí, Hana-chan,” comentó, cruzándose de brazos y sonriendo.
“S-sólo para confirmar… ¿dónde nos conocimos?”
“Tendré que refrescarte la memoria…” el chico sacó su celular y mostró a todos una foto que ya habían visto antes, pero compartida por alguien más. Ahí estaba Yukko en su infame tarde como pokeparada y enfocada a un lado consternada en busca de su bus, mientras tanto Ritsu como Namazuo aparecían sonriendo y mirando a la cámara.
“Pfft-” Mai volvió a contener su risa.
“¡AAHHH! ¡Otro más de esa tarde!” Yukko se quedó en shock. “¿Cuánta gente más me conoce por aquel momento?”
“Hahaha, a estas alturas, la pregunta más bien es quién no te conoce por esa tarde,” comentó Tsurumaru, entretenido.
“Uhh…”
“Sé más amable, Tsurumaru,” observó Hotarumaru.
“No veo por qué esperabas que ella te fuera a recordar si en esa tarde muchas personas se le acercaron por una foto,” dijo Hajime.
“Haces un punto válido, pero me sorprendió porque yo tiendo a ser recordado,” contestó Ritsu.
“¿A qué te refieres con ello?” el pelimarrón alzó una ceja con leve indignación. “Suena a que tienes un ego muy grande.”
“Entiendo por dónde vienen tus sospechas, pero no lo digo por eso. O sea, soy nocturno, medio vampírico y tengo una personalidad complicada. Realmente soy una rareza en varios aspectos, por si no te has dado cuenta.”
“Ya comenzaba a hacerme una idea…” se frustró y dio un suspiro.
“Fufufu, bien, es bueno que lo reconozcas…” sonrió satisfecho.

De repente, dos personas se acercaron al grupo a paso rápido al finalmente dar con quien habían esperado encontrarse.




“¡Ritsu-chan!” exclamó Namazuo. Él llegó donde su amigo y le dio un fuerte abrazo. “¡Aquí estás! No te nos vuelvas a desaparecer, ¿de acuerdo?”
“Suéltame, Nama-kun,” este se sacudió para liberarse.
“Ritsu, ya es hora de almorzar. Habíamos quedado en vernos para eso,” le recordó una chica que había llegado con Namazuo. Ella tenía una apariencia muy sencilla y andrógina, con cabellos y ojos de color azul, y una pinta inteligente y práctica.
“Oh, es verdad. Perdón…” dio un profundo suspiro. “Uhh… ahora que lo mencionan, tengo hambre. Puedo comer algo.”
“Para eso estamos aquí~” Namazuo hizo un saludo militar y pasó a mirar a los demás. “¡Hola a todos, es un gusto verles! No se preocupen, nosotros nos encargamos de Ritsu. Gracias por mantenerle un ojo encima~”
“Eh, ¿Mai?” la chica peliazul se sorprendió por reconocer a alguien en ese grupo.
“¿Se conocen?” preguntó Yukko, impresionada. Ya se había acostumbrado a conocer a todos en Rizembool por medio de Tsurumaru que le costaba creer esa situación.
“Sí, estamos en el club de balística,” contestó Mai, encogiéndose de hombros. Ella se dirigió a su compañera de club. “No habría esperado que alguien como tú tuviera amigos como ellos.”
“Uhh, ¿a qué te refieres?” Namazuo se extrañó por esa observación.
“Ignórala, a ella le gusta desesperar a la gente, en caso que no la conozcas,” dijo la peliazul, rodando los ojos. “Y lo mismo digo, Mai. No te considero compatible con personas amigables.”
“Es conveniente,” se encogió de hombros, indiferente. “Y puedo agregar que no pensé que pasarías tanto rato sin introducirte propiamente.”
“Ah, mis disculpas,” la chica se dirigió a todos. “Mi nombre es Naoto Shirogane.”
“Yo soy Hotarumaru Rai. Mucho gusto,” el pequeño le sonrió. “Creo recordar que Namazuo te ha mencionado en ocasiones. Me alegro de finalmente conocerte.”
“Lo mismo digo. Y yo soy Tsurumaru Kuninaga,” el peliblanco levantó una palma. “Heh, te ves joven, más que tu par de amigos, aunque noto que eres más responsable que los dos.”
“Sí, pero nos viene bien. Podemos contar con Nao-chan para lo que necesitamos. Es muy lista,” observó Ritsu, cruzado de brazos.
“Te he dicho que no me llames así,” la chica entrecerró sus ojos.
“Heh, me alegro de conocer a una amiga de tu club, Mai,” dijo Yukko.
“No somos amigas,” Mai le cortó.
“Oh, eh, perdón,” desvió su mirada.
“Tampoco somos enemigas.”
“¿…eh?”
“Mai y yo principalmente coexistimos, pero nos hemos reconocido mutuamente, diría yo,” reportó Naoto, inmutada.
“Sí. Las dos tenemos antecedentes con el uso de armas de fuego y otras armas relacionadas,” Mai asintió. “En cierto modo, somos las mejores en nuestro grupo y eso nos ha convertido en rivales automáticas.”
“¡Ohh! ¡Para competir contigo, Mai debe ser muy buena!” Namazuo se emocionó.
“Ella me verá como rival, aunque no es algo en lo que escojo participar,” Naoto dio un suspiro. “He simplemente reconocido su gran habilidad, pero no me presto para competencias.”
“Tan práctica como siempre, Nao-chan~” canturreó Ritsu.
“Tratarme con esa indiferencia me está obligando a verte como enemiga,” dijo Mai, inmutada.
“¿Por qué siempre intentas molestar a los demás?” se quejó Hajime.
“No le prestes mucha atención o continuará. Tiene esa manía con algunas personas del club, y veo que también se extiende a sus amigos,” dijo Naoto. Ella esbozó una pequeña sonrisa. “Ha sido un gusto conocerles, pero temo que tenemos que irnos. Debo asistir a una clase pronto y tengo que almorzar.”
“Está bien. Espero que algún día tengan tiempo para acompañarnos,” Hotarumaru asintió.
“Vamos, Ritsu-chan,” Namazuo ayudó a su somnoliento amigo a levantarse.
“Sí… creo que quiero darme una siesta primero, Nama-kun.”
“Ya oíste que Naoto tiene que almorzar ahora. Sé paciente,” le habló con amabilidad. “Y despídete que todos.”
“Hasta luego…” dijo el chico levantando una palma y cabizbajo por su pereza.
“¡Que les vaya bien!” dijo Namazuo, contento.

El grupo de tres amigos se marchó y los demás se quedaron para conversar entre sí y terminar con sus almuerzos. Ese encuentro había sido muy imprevisto, aunque a ese ritmo continuaban familiarizándose con más personas en esa universidad.


Después de compartir un agradable desayuno, todos regresaron a la casa para dejar a los viajeros darse una siesta hasta la hora del almuerzo. A diferencia del desayuno, la comida fue preparada por Horikawa y la disfrutaron en la comodidad de ese hogar. Después de pasar tiempo con su familia y metido en varias conversaciones amenas, Roxas comenzó a sentirse más cómodo con ellos e interesado en saber más, aunque después del almuerzo volvió a darse con la sorpresa que los no pertenecientes a la familia nuclear volvieron a excusarse para realizar unas compras en el supermercado y dejarles solos.

Fue entonces que Sora subió a su nueva habitación que compartiría con Urashima para desempacar y amoblarla. Tanto Urashima como Nagasone se ofrecieron para ayudarle con esa labor, y de ese modo Roxas se quedó a solas con su madre. Los dos salieron del edificio y fueron hacia la piscina en la parte trasera de la casa, donde se sentaron en las largas sillas plegables.

“Este hogar es muy cómodo. Sin duda fue una sabia elección,” comentó la señora, mientras miraba hacia los árboles encima de la piscina. Ella se notaba a gusto y sonreía, pero no lo suficientemente cómoda como para recostarse en aquella silla. Eso fue indicador que la conversación que tendrían iba a ser intensa y sería. “Sé que no debo preocuparme por ustedes.”
“…” Roxas asintió y desvió la mirada. “De todos modos, quisiera que pudieras venir con frecuencia, al menos cuando sea posible.”
“Espero que sí…” la mayor se mostró sorprendida. “Y me gustaría pensar que tu pedido se debe a que quieres reconectar conmigo.”
“Ehh… s-siendo sinceros, lo digo por Urashima…”
“…”
“Él se ve más contento de lo usual contigo presente, y oí varios comentarios sobre ti estos últimos días… claro que quisiera poder conocerte mejor, por más que me cueste ser cercano a ti… pero estoy seguro que mis hermanos lo desearían mucho más, lo digan o no…”
“…” la señora sonrió con dulzura y se dio la libertad de revolver un poco los cabellos de Roxas, por más que él se extrañara de aquel gesto al cual no estaba acostumbrado. “Eres un buen chico y me alegro mucho de oír eso. Créeme que sí pienso venir más seguido, sobre todo ahora que están instalados en la ciudad. Antes, ir a visitar la residencia principal de los Kotetsu me era prácticamente prohibido. Debes saber que las circunstancias son muy complicadas.”
“He oído algo como ello…”
“…” ella le soltó y le dedicó una sonrisa triste, para entonces bajar su mirada. “Siento mucho que no tenga una familia más unida que ofrecerte luego de que hayas aparecido.”
“Eh, no te disculpes. Estoy seguro que nadie hubiera deseado que los problemas ocurrieran…” bajó su mirada también. “Sea lo que sea que haya ocurrido…”
“Tengo que decírtelo. Es importante que lo sepas, como mi hijo…”
“…” eso hizo que Roxas volviera a dirigirle la mirada. Observó a su madre triste y en un leve conflicto que nunca querría compartir con nadie. Algo que le había llamado la atención era el hecho que se hubiera disculpado sobre el estado de la familia, y en verdad quería saber por qué lo decía… aunque al mismo tiempo sabía que debía ser un tema muy difícil como para juzgar.
“Ya debes estar informado que los Kotetsu son una familia muy reconocida dentro de este país. Son tradicionales, de alta gama, se consideran superiores que la mayoría. Esa característica define el propio egocentrismo de varios de sus miembros…” la madre desvió su mirada mientras arrugaba su expresión en molestia e impotencia. “Yo como una extranjera y persona de clase media nunca fui aprobada por ellos. Los Kotetsu querían que tu padre se casara con alguien semejante a él, aunque él nunca siguió con lo que le pidieron. Fue por ello que mi convivencia en esa imponente residencia nunca fue realmente agradable para mí porque no llegué a ser bienvenida por la mayoría, pero ellos fueron corteses por mi posición como la madre de los futuros herederos…”
“…”
“Pero ello cambió cuando te perdimos…”
“…” Roxas se impresionó.
“Roxas, te pido que no tomes lo que estoy por decirte como personal. Estos problemas no te corresponden a ti. No eres responsable en lo absoluto… sólo son líos que los propios adultos nos hacemos de manera irracional…”
“…”
“Cuando ocurrió el incidente en el cual te raptaron y desapareciste, yo te estuve cuidando aquella noche, y sucedió en una ciudad en medio de un viaje de negocios de tu padre… todos los Kotetsu me culparon por ello y nunca me lo perdonaron. Yo fui la responsable de ti ese momento y no pude detener a los secuestradores cuando te capturaron…”
“P-pero, ¿por qué te culparían?” preguntó, consternado. “No hay forma que una sola persona pueda hacer algo contra un grupo como ese. Te hubieran podido hacer mucho daño.”
“Lo sé, y es fácil concluirlo. Eso no cambia cómo uno se ve a sí mismo…” la señora sonrió con tristeza, cabizbaja. “Yo me sentí responsable y la familia a su vez me culpó… me sentí diminuta, impotente, incapaz de cuidar de mis otros dos hijos… Urashima era apenas un bebé y me aterraba pensar que no era lo suficiente para él… recuerdo esos días…”

Ella lloraba en silencio en lo que esos amargos recuerdos florecían y le afligían. Aquella historia no estaba cerrada para ella por cómo seguía afectándole. Roxas se preocupó por verle tan afectada, pero no sabía qué decirle. Él reconocía que su debilidad era ser un apoyo emocional para otras personas por cómo tuvo tantas dificultades de conectar con Cho, y en verdad le inquietaba que no podía hacer nada por aquella señora que lo quería como un hijo.

Y quizás no había nada que podía hacer aparte de escuchar y darle apoyo.

“Pero…” Roxas frunció el ceño. “¿Dónde se supone que figura mi padre en todo esto? Él quizás no fue responsable, ¿pero no se supone que debería apoyarte en contra de su familia?”
“Tarou sí me apoyó e hizo lo que pudo para defenderme desde un inicio, desde que nos casamos y tuvimos a nuestro primer hijo… pero él tampoco fue capaz de protegerme todo el tiempo. Siempre estuvo muy ocupado y tenía demasiado que balancear. Todavía lo tiene…” bajó su mirada. “Y yo terminé sintiéndome desmerecedora de su atención y protección. Tuve que salir de ese lugar tan tóxico o no hubiera podido soportarlo más…”
“Pero… ¿qué pasó con Urashima o Nagasone…?”
“Los Kotetsu se opusieron a que me los llevara. Ellos se apropiaron de sus herederos, y alguien como yo no pudo hacer nada contra ellos. Ni bien tuve la intención de irme al menos por una temporada para estar con mi familia, fui desterrada y me amenazaron con nunca regresar. Eso ocurrió en medio de un viaje de tu padre, y ni bien él se enteró al regresar quiso ver cómo reparar la situación… pero fue imposible…”
“¿P-por qué…?”
“Roxas… yo hice algo imperdonable…”





Mientras tanto, el grupo realizando las compras en el supermercado había hecho una pequeña pausa al completar con la lista, y antes de ir a pagar en caja se detuvieron en un rincón del establecimiento, donde Horikawa finalmente pudo informarles sobre la situación de la familia.

“¿…dices que la señora tuvo a su hijo menor fuera del matrimonio?” preguntó Osaka, sorprendida, y vio a Horikawa asentir cabizbajo.
“Si ya de por sí ella no fue bien vista por sus orígenes, no había forma de que fuera aceptada de vuelta luego de una infidelidad…” Kashuu desvió su mirada, apenado. “Es una gran lástima que las cosas hayan resultado así…”
“Sí recuerdo que nos dijeron que Sora no era un Kotetsu… pero no imaginé que por este motivo en particular…” Cho bajó su mirada. “No quiero imaginar cómo se lo tomaron los hijos, o el señor Kotetsu en sí…”
“Nagasone-san siempre defendió a su madre. Él estuvo consciente del trato que le dieron e incluso después de las noticias no le culpó. Claro, sé que le habrá echado mucho de menos. Debe haber sido trágico quedarse sin su madre tan repentinamente…” él pasó a sonreír con torpeza. “Y es de esperarse que Urashima tampoco lo haya visto mal. Él apenas tenía tres años cuando su madre se fue y casi no recuerda los viejos tiempos… pero sea como sea, él nunca guarda antipatía por nadie y acepta a todos de corazón. Siempre ha sido así…”
“Sí lo parece… no puedo evitar compadecerme por él…” Kashuu dio un suspiro.
“¿Y el señor Kotetsu?” preguntó Osaka.
“Sé que debe haberse decepcionado, pero eso es todo lo que puedo decir. Es imposible descifrar lo que siente o cómo las cosas le parecen, incluso para mí,” contestó, apenado. “Aun así, él ha decidido enfocarse más en sus hijos que en sí mismo. Ha permitido que su madre se encuentre con ellos en las pocas oportunidades que estaban de viaje fuera de su hogar y siempre la ha tratado con cortesía, por más que se muestre frío y distante con ella.”
“Tampoco nos concierne mucho lo que él pueda sentir. Merece su privacidad…” Cho bajó su mirada, consternada por las noticias. “Horikawa, muchas gracias por informarnos.”
“Al menos nos sirve para ser cuidadosos y no tocar ningún tema sensible,” dijo Kashuu. “Y pues, no sé si hay mucho que podemos hacer por ellos, pero lo tendremos en cuenta.”
“Ahora que Sora ha venido y será cercano a sus hermanos, pienso que lo mejor de nuestra parte es velar por la tranquilidad y felicidad de la familia. Eso es lo que pienso hacer,” dijo Horikawa, con una sonrisa.
“Estoy de acuerdo,” Osaka asintió. “Puedes contar con nosotros.”
“Muchas gracias, Osaka.”
“No necesitas agradecer. Realmente es lo menos que podemos hacer por nuestra parte,” dijo Kashuu, animado. “Y todos ustedes son un gran apoyo a mi aruji. Estoy feliz de ayudar.”
“En verdad que sí…” Cho sonrió un poco y pensó en Roxas, quien quizás también se iba enterando de algunas de esas cosas en el hogar. Debía ser duro para él tener que lidiar con todo, motivo por el cual pensaba hablar con él y Osaka después de la cena. “Debemos regresar.”




Roxas acababa de oír el mismo relato, aunque con unos detalles más, sobre cómo su madre fue de inmediato acogida por su familia en los Estados Unidos ni bien fue desterrada de la residencia Kotetsu, y cómo había decidido que ella cuidaría a su hijo sola y sin iniciar otra relación.

“Después de todo esto, debes estar pensando que no tengo derecho de decir estas palabras… pero realmente amé a tu padre mucho más que a cualquier otro y nunca hubiera podido reemplazarle,” confesó, cabizbaja y descorazonada mientras hablaba con un tono triste y bajo. “Tarou no tiene por qué perdonarme por lo que he hecho. Él ha sido muy gentil de permitirme ver a mis hijos en las pocas oportunidades posibles y ha dejado en claro que nuestro deber es con ustedes. Por ello mismo quiero venir cuando sea posible, para cuidar de ustedes, por más que ya no haya vuelta atrás al pasado…” ella miró a su hijo, con una sonrisa rendida. “Siento mucho que esto sea lo que tenía para ti… pero era importante que lo supieras…”
“…” Roxas asintió y frunció el ceño. No sabía qué decir sobre la historia. La madre en cierta forma traicionó a su familia y abandonó a sus hijos, por más que hubiera estado en una situación tan compleja y dura para ella. Ello solo le haría condenarla él mismo al igual que aquellos parientes que todavía no conocía… pero a su vez notaba el sufrimiento de su madre y cómo parecía cargar con esa culpa eternamente… cómo sentía la necesidad de disculparse en cada momento dado por todo lo sucedido, hasta de su propia desaparición hace dos décadas. Pese a todo lo que acababa de oír, ver a una persona sufrir tanto y constantemente le inspiraba simpatía, y él también deseaba que hubiera una forma en que sus hermanos no tuvieran que sufrir de manera perpetua por un error ajeno de hace varios años… “No le veo solución a todo esto… me da mucha pena que sea así…”
“…”
“Siento… que hayas tenido que vivir todo esto, en verdad…” dijo, desviando la mirada. Sólo le quedaba mantenerse neutral. “Tsk… tu actitud me recuerda a mi hermana… ella también se culpa de todo… por favor, no lo hagas. No es saludable y no hay punto de hacerlo…”
“…” la madre se sorprendió un poco por esas palabras.
“N-no sé qué decir aparte de que no quiero que ustedes tengan que sufrir más… ha sido mucho tiempo, ¿no? Con sólo ver a Urashima y Nagasone sé que a ellos no les importa. Están muy felices de verte y de tener estos días contigo. Es por eso que quiero que te concentres en ser feliz con ellos también…” bajó su mirada, avergonzado de tener que ser tan honesto. “S-sí haces eso, entonces a mí tampoco me importará lo que pasó…”
“Roxas…”
“Porque el hecho que ellos puedan verte ahora y de poder vivir con Sora importa mucho más que riñas y equivocaciones del pasado. Este momento, estas circunstancias del presente, esto es mucho más valioso que lo demás. La familia es lo más importante. No deberíamos concentrarnos en otras cosas, al menos no ahora que todos estamos aquí…”
“Tienes razón… muchas gracias…” la señora sonrió con torpeza y unas lágrimas en sus ojos en lo que encontraba tranquilidad luego de aquella conversación. “La familia es lo más importante… eso es lo que Urashima siempre dice. ¿Lo habrás sacado de él?”
“Ehh, es posible…” ello sorprendió un poco a Roxas, quien se avergonzó.
“Hehe, su optimismo y calidez son contagiosos, y verás que Sora es igual que él,” ella asintió. “Tú eres noble y preocupado, e intentas ser responsable por más que te cueste o tengas dificultades. Te pareces más a Nagasone, y ambos se parecen más a su padre que a mí en su forma de ser. Si no es mucho pedir, quiero que cuides de tus hermanos menores. Los dos son todavía muy inocentes y tienen mucho que aprender.”
“Ehh, sí, no te preocupes…” le hacía raro aceptar a un pedido así por todavía estarse ubicando en su encontrada familia, pero estaba cometido a apoyar a los Kotetsu, y Sora también irradiaba esa misma aura, y sabía que llegaría a conectarse con él como con los demás. “Realmente quiero hacerlo y haré todo lo posible…”
“Me alivia oírte decirlo…” asintió.
“Podríamos ir de regreso. Ya deben estar terminando de organizar la habitación…”
“Ve yendo…” la madre sonrió con torpeza. “Tengo que esperar a que mi rostro borre la tristeza o preocuparé a los demás. Les doy el alcance…”
“S-sí…” Roxas se levantó, pero sintió que no fue capaz de dejarle sola así sin más y volvió a tomar asiento. “No, me sabe mal dejarte sola. Vamos juntos cuando lo decidas…”
“Heh, muchas gracias…” ella rió un poco y se vio a gusto por la compañía.

Fue una corta espera y al final fueron ellos los sorprendidos por los otros tres, quienes tenían la idea de tomar algún refresco en lo que los demás regresaban de las compras. De aquel modo, tuvieron una tarde tranquila y en compañía que sentó muy bien en los recién llegados.




Llegó la noche. Había pasado cerca de dos horas luego de la cena en casa y era hora de todos de dormir ya que les esperaban clases al día siguiente. Pese a la recomendación de que se adaptara al cambio horario, Sora insistió en que quería iniciar con sus clases lo antes posible, y como la transferencia ya se había dado y procesado no tendría problemas comenzando al siguiente día, aunque sí le tocaba dormir temprano.

De aquel modo, la señora Harukawa se despidió de todos que iban a descansar y preparar sus cosas, y se quedó viendo televisión en la sala adjunta a la puerta de entrada de la casa. Ella estaba un poco cansada y le vendría bien descansar, aunque antes de pensar en tomar un taxi a un hotel se encontraba esperando a que el dueño de casa regresara, tal y como Horikawa reportó que lo haría pese a su ocupado horario. El señor Kotetsu no se hizo esperar mucho más e ingresó a su hogar, para reencontrarse con su exesposa.

“…” le miró inmutado y asintió en señal de saludo. “Ha sido un tiempo.”
“Sí lo ha sido, Tarou…” la señora se levantó y sonrió con torpeza. “Esperaba verte.”
“Lamento mi tardanza, he estado ocupado.”
“Está bien, sí me lo informaron. Sé toda la carga que tienes sobre tus hombros…” ella dio unos pasos para acortar la distancia, aunque vio al otro caminar para ingresar más al edificio, como una forma discreta de rechazar la cercanía.
“Espero que tu viaje haya sido cómodo,” comentó mientras caminaba y le daba la espalda. “También deseo que tu estadía en este hogar sea armoniosa. Estoy convencido que todos te darán una cálida estancia,” se detuvo y le miró de reojo. “Te quedas hasta el fin de semana, ¿cierto?”
“Sí,” asintió.
“Siento decir que no seré capaz de pasar mucho tiempo con ustedes durante esta semana, así que estás a cargo de este hogar hasta tu retorno. Confío en que velarás por el bienestar de nuestros hijos. Vine para decirte esto, también para desearte lo mejor.”
“¿Qué estás diciendo?” la señora se extrañó. “¿Te estás yendo a algún lado? Acabas de regresar.”
“Eres libre de usar mi habitación para hospedarte. Iré a un hotel no muy lejos de aquí. No tienes que incomodarte.”
“E-espera, no seas irracional. Este es tu hogar y yo soy quien debería buscar alojamiento.”
“Lo hago porque es lo que viene mejor a todos aquí. A diferencia de mí, tendrás menos oportunidades de acercarte a la familia y tu tiempo es corto,” él afiló sus ojos con severidad, para marcar su decisión y evadir más objeciones. “Espero que lo aproveches.”
“Tarou…” la frialdad y fuerte presencia de su previo marido se había marcado más con el tiempo y le dejó sin capacidad de intentar razonar con él. Si bien él siempre había sido una persona parca y difícil de llegar a conocer, hace varios años sí fue alguien más asequible y abierto al diálogo, pero la señora Harukawa sabía que él no le volvería a conceder ese amable trato. Al igual que ella, Taroutachi mantenía los sucesos del pasado muy presentes en sí mismo y la historia tampoco estaba cerrada para él, pero el parecer de él era un misterio para ella.
“Había esperado saludar a tu hijo y darle la bienvenida, pero comprendo que es muy tarde. Tendré que encargarte que le des mis deseos,” dijo, para asentir. “No te quedes despierta por mucho, debes estar agotada. Buenas noches…”
“…” ella asintió de regreso y desvió su mirada. No tenía nada más que podía decirle…




“¿Papá?”
“…” el señor Kotetsu detuvo su andar para ver que Urashima y Sora habían llegado a ese espacio abierto desde las escaleras, seguramente por buscar algo de tomar.
“¿A dónde estás yendo?” preguntó Urashima, confundido.
“Tu madre se hospedará en mi habitación. Estoy yendo a un hotel cercano,” reportó con su característica inmutabilidad. Él decidió acercarse a los dos y observó atentamente a Sora, quien agarraba a su hermano de un brazo y se veía impresionado por el padre. “He venido para saludarles esta noche. Te extiendo la bienvenida a este hogar, espero que te sientas a gusto. Puedes contar con nosotros para lo que necesites.”
“Hm, sí…” él asintió, mirando al mayor casi como si lo absorbiera. “Muchas gracias.”
“Ahora vayan a dormir, se hace tarde,” les dijo con un tono levemente amable y volvió a caminar hacia la salida.
“E-espera,” Urashima bajó su mirada. “Supongo que entiendo que te vayas por hoy… ¿pero puedes venir para el desayuno mañana? Por favor, al menos pasemos un momento juntos.”
“…” lo meditó un poco. “Mañana tengo que partir a un viaje,” dio un suspiro y le miró. “Puede ser temprano.”
“¡Sí! ¡De todos modos tenemos que asistir a clases!”
“Si así lo deseas, Urashima…” asintió rendido.
“¡Sí, lo esperaré!” Urashima hizo una reverencia y sonrió contento. “¡Muchas gracias!”
“No me lo agradezcas,” el padre negó. “Es normal que desees este encuentro que se da en pocas situaciones, y también que demandes algo importante para ti. Y es mi deber oírte.”
“Hehe, creo que me estoy perdiendo en lo que dices, pero lo importante es que somos familia. Tenemos que valorar eso sobre lo demás.”
“Es cierto…” Taroutachi le dedicó una tranquila sonrisa que hizo a su hijo sonreír más.
“…” Sora se quedó cautivado por aquel breve gesto del padre.
“Si nos vamos a ver mañana, espero verles descansados. Buenas noches a los dos.”
“¡Igualmente!” exclamó Urashima.
“Sí, buenas noches,” Sora asintió con torpeza.

El señor Kotetsu se retiró y regresó al vehículo que lo había traído, para así retirarse.

“En verdad eres el único que pudo haberle convencido, Urashima,” observó la madre, quien sonreía con tristeza.
“Pero no te veas tan triste, mamá. Vamos a tener a papá con nosotros para el desayuno,” le animó con grandes energías.
“Sí, me alegro,” asintió. “¿Han venido por algo para tomar?”
“Tenemos un poco de sed,” Sora asintió, pensativo.
“¿Qué tienes en mente, Sora?” le preguntó su madre.
“Hm…” el pequeño se cruzó de brazos. “Él… siempre me dio un poco de miedo…”
“¿Papá?” Urashima ladeó la cabeza. “Dará miedo cuando se molesta con alguien, pero sólo tiene una cara seria.”
“…” Sora asintió, y sonrió un poco. “Su sonrisa no era aterradora. Lo pude ver. Él tiene un color ligero, fácil de ver… tranquilo… es un color simple, que da tranquilidad por dentro…” se llevó una mano a su pecho para demostrar lo que decía.
“Pienso que tienes mucha razón…” la señora se vio animada por oírle decirlo. “No tienes qué temer, te lo aseguro.”
“Sí da un sentimiento así, me alegra que lo notaras,” Urashima asintió con alegría. “Aunque tenemos que oírle. Hora de ir a dormir. Y tú también, mamá.”
“Sí, sólo esperaba a tu padre. Ya puedo descansar,” asintió. “Pero vamos por un poco de agua. No quiero que se duerman con sed.”
“¡Vamos!” dijo Sora, animado.

De ese modo, se terminó el día para todos dentro de ese hogar. Ellos tuvieron un día tranquilo, un poco meditativo y con un final provechoso y prometedor, y tendrían más para compartir.
« Last Edit: April 03, 2018, 11:35:43 PM by Cho »


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #372: February 20, 2018, 06:07:41 PM »
*continuando a toda carrera* introduzco también a unos personajes de Mimi, gracias por la aprobación~

52



Era temprano en la mañana y después de un desayuno en familia era momento de que Sora asistiera a su primer día de clases. El pequeño encuentro con el señor Kotetsu para desayunar fue un momento con una leve tensión debido a la distancia que los dos adultos mantenían, aunque ambos fueron receptivos y se esforzaron para atender a los demás a su manera. Ese momento fue principalmente muy atesorado por Urashima, quien no paró de sacar conversación a sus progenitores y de animar a todos, quienes se vieron contentos y a gusto por su gran humor.

Ni bien el padre se retiró para viajar, Nagasone y la señora Harukawa llevaron a los hermanos y Horikawa hacia la secundaria de Rizembool, donde Sora debía presentar sus papeles para así ser aceptado en iniciar. Al tratarse del final del semestre, él utilizaría esos días mayormente para aclimatarse y ser presentado temas y materia a revisar que no había cubierto en su colegio de los Estados Unidos, y recién comenzaría como un estudiante normal y sujeto a evaluaciones después de las vacaciones de verano.

Los mayores simplemente les dejaron ya que la señora tenía a otras personas con las que encontrarse y un plan de compras, por lo cual era labor de Roxas y Urashima de vigilar a su hermanito y asegurarse de que iniciara sin dificultades antes de ir junto con Horikawa a la universidad de Hanasaki para las clases del día.

La entrega de documentos fue rápida y Sora fue dado el uniforme en su talla, el cual fue a ponérselo en lo que los otros tres le esperaron. En poco tiempo, el hermano menor salió vestido de dicho uniforme y les dio un saludo militar.

“¡Sora está listo para el combate!” exclamó con un tono juguetón y muy contento.
“¡Ohh! ¡Qué uniforme más genial!” Urashima se emocionó. “¡Te queda muy bien! ¿No piensas lo mismo que yo, Kamekichi?”
“Hehe~ tus palabras tienen un color muy lindo. Qué alegría~”
“Sí te sienta bien,” Horikawa asintió y le extendió su mochila. “Aquí tienes.”
“¡Gracias!” él la recibió y pasó a observar a Roxas. “¿Todo bien? No te ves de tu color usual…”
“Oh, eh, sí… sólo recordaba cosas sin sentido…” él sonrió incómodo y dio un suspiro. “Ahh… hace tres años no hubiera querido pisar esta secundaria por nada del mundo. Sólo vine aquí para la batalla final entre las escuelas.”
“¡Verdad! ¡Tú fuiste parte de esa batalla, Roxas-niichan!” observó Urashima, sorprendido.
“S-sí, y no tan fuerte, por favor,” el Key se inquietó ya que seguían dentro de la secretaría mientras esperaban al estudiante que ayudaría a Sora con un tour. Felizmente nadie parecía prestarles atención.
“Ohh, mamá si mencionó algo sobre eso. Ella dice que fue una ‘HiME’,” dijo Sora, pensativo. “También dijo que Cho era una HiME.”
“Sí,” Horikawa asintió, y por cortesía miró a los alrededores para confirmar que nadie les estaba dirigiendo la mirada. “Si tienes dudas, con gusto te las despejaré cuando regresemos a casa después de tu horario de hoy, pero como Rizembool es la institución rival a Hanasaki lo mejor es que no lo menciones aquí tan abiertamente, ¿has comprendido?”
“¡Sí, Sora comprende!” exclamó con gusto. “¡Y una vez que Sora aprende algo nunca se olvida!”
“¡Y nos haces orgullosos!” dijo Urashima, estirando sus brazos hacia arriba. “¡No sé sobre esta escuela, pero yo que estudio en Hanasaki pienso que es muy genial! ¡Estoy convencido que te divertirás mucho hoy! Ojalá pudiéramos acompañarte en la tarde, pero tenemos una práctica de kendo que atender.”
“Está bien, Cho y Osaka me ayudarán,” Sora sonrió.
“Quizás es lo mejor. Ellas conocen la universidad de Rizembool mejor que nosotros,” comentó Horikawa, satisfecho.
“Sí, increíblemente…” Roxas negó. Sin duda HiMEs y exHiMEs no deberían exponerse así, pero no había punto de renegar. “¿Ya te has puesto de acuerdo con tu prospecto de maestro?”
“¡Sí! Él se mostró complacido en el correo y me extendió las direcciones en el campus,” contestó con grandes ánimos. “¡Sora está muy emocionado de finalmente conocerle!”
“Nos dices qué tal te fue, y espero poder conocer a tu maestro algún día,” dijo Urashima, sonriendo. “Por lo contento que estás, sé que se trata de alguien excepcional.”
“Hehe~ sí lo es, tendrían que ver todas las hazañas que ha realizado en el mundo del espectáculo,” asintió dos veces. “Oh, pero no tienen por qué quedarse tanto tiempo. ¡Sora está muy bien y puede esperar a su estudiante asesor por su cuenta!”
“Ya que estamos aquí supongo no duele conocerle. Ni bien aparezca iremos a nuestra universidad, descuida,” dijo Roxas. En verdad no sabía qué esperar de estudiantes de Rizembool en general por los antecedentes que conocía, pero tenía que recordar que los tiempos cambiaban y que en el presente eran las universidades las más envueltas en el asunto, además que la secundaria de Rizembool había sido completamente reconstruida y hasta admitían estudiantes del género femenino. Imaginaba que no tenía nada que temer.



Fue entonces que un chico entró a esa secretaría a un ritmo casi de trote. Era un joven de cabellos azules y ojos ámbar que también irradiaba grandes energías y un aura amigable. Él miró a los cuatro y se confundió un poco.

“¿Eh? Me dijeron que había un chico nuevo, pero ustedes son cuatro…”
“Sólo uno de nosotros comienza clases aquí,” Horikawa sonrió. “Venimos para acompañarle por ser su primer día…”
“¡Yo soy Urashima Kotetsu! ¡Es un placer!” exclamó efusivamente y al punto de extrañar al peliazul, hasta que Roxas a agarró a su hermano de un hombro y le jaló.
“Oye, deja que Sora se introduzca primero,” le reclamó con leve impaciencia.
“Ehh, perdón…”
“¡Hola! ¡Mi nombre es Sora Harukawa, mucho gusto!” se presentó el pequeño.
“Okay, entonces comprendo que tú eres a quien tengo que guiar…”
“Sí, Sora está a tu disposición,” asintió. “Gracias por la ayuda, eh…”
“¡Yo soy Taikogane Sadamune!” exclamó el peliazul apuntándose a sí mismo y con una sonrisa orgullosa y autosuficiente. “¡Pero pueden llamarme Sada-chan! No te preocupes, Sora, que con mi ayuda no tendrás ningún problema adaptándote a esta escuela.”
“¡Entendido, muchas gracias!”
“Me anima oír eso. Yo soy Horikawa Kunihiro.”
“Y yo soy Roxas Tanaka. Gracias por cuidar de nuestro hermano menor.”
“Claro, de nad-” Taikogane se detuvo y frunció el ceño. “¿Hermano? Hmm, ¿y cómo así los cuatro tienen apellidos distintos?”
“Ehm, es una larga historia…” Roxas negó, sin saber por dónde pensar.
“¿Hoho? ¿Te confunde?” Sora ladeó su cabeza. “Pero que yo sepa un nombre es una dimensión trivial. Lo que importa es lo que se siente y los colores que se ven cuando todos están juntos. Hehe~ y pienso que nosotros invocamos un lindo color cuando nos ponemos a hablar.”
“¡Me ha encantado lo que has dicho por más que no lo entienda bien!” exclamó Urashima.
“Ehh, sí…” el peliazul alzó una ceja, con incomprensión. “¿A qué te refieres con colores?”
“Sora tiene sinestesia,” explicó Horikawa. “Es una condición en la cual se ven colores surgir a partir de la percepción de los otros sentidos, como el oído o el olfato.”
“Hm, suena interesante…” se puso a pensar como quien también tenía problemas de procesarlo, y decidió dejarlo de lado. “Bueno, debe ser muy divertido ver las cosas de un modo tan particular, pienso que es muy ‘cool’ a su manera. Oh, y no quise decir que había algo malo con que tuvieran apellidos distintos, fue mera curiosidad…” él sonrió rendido y se vio un tanto frustrado. “Sin duda compartir un apellido tampoco hace a una familia unida…”
“¿Eh?” Urashima se confundió.
“Oh, nada, nada,” él negó y sonrió con torpeza. “No tenemos mucho tiempo. El profesor nos debe estar esperando para introducir a Sora, así que tenemos que irnos.”
“Está bien, nosotros también debemos ir de regreso a Hanasaki,” dijo Horikawa. “Les deseo un buen día.”
“Claro, lo mismo digo,” Taikogane asintió con una sonrisa. “Vayan con cuidado.”

Las despedidas fueron breves y así los tres mayores fueron hacia la universidad mientras los otros dos caminaron por los pasillos de esa gran secundaria para acudir a su salón.


Los dos nuevos compañeros de clase caminaron juntos mientras hablaban amenamente entre sí y se conocían un poco mejor.

“Así que eres de Estados Unidos,” Taikogane sonrió ampliamente. “¡Me alegra! ¡Sé que es un lugar muy divertido donde vivir!”
“Siempre ha sido divertido, pero Japón es divertido también, y ya quiero conocerlo mejor,” asintió, sonriente.
“Lo que dices es muy cierto,” le dio un guiño. “La vida es muy movida y variada aquí, y todos podemos ser tan cool como queramos. Uno de estos días podría mostrarte algunos sitios en la ciudad que pienso valen la pena. Sería todo un placer.”
“¡Hehe~ muchas gracias! ¡Sora quiere conocer lo más posible!”
“Hm, pero tengo curiosidad. ¿Qué haces estudiando aquí en Rizembool si tus hermanos estudian en Hanasaki?” preguntó Taikogane. “¿Será que te parece que Rizembool es más cool?”
“Hm… Sora entiende que ser cool es muy importante para Sada-chan…” se puso a pensar.
“Sí, puedes decir que lo es,” sonrió con torpeza.
“No sé sobre lo que ves como más ‘cool’ aquí, aunque la razón es simple…” Sora levantó su índice para hacer un punto. “Sora quiso estar en la misma institución de su maestro.”
“¿Maestro?” Taikogane parpadeó con cierta perplejidad. “¿Qué quieres decir con maestro?”
“Sora está aquí porque un maestro muy hábil e increíble se interesó en él y quiere entrenarle para ser un idol de primera. ¡Maestro es lo mejor que hay!” exclamó alegremente.
“Oh, entonces quieres ser un idol. ¡Muy bien!” le levantó un pulgar. “¡Lo apruebo! ¡Los idols son cool y te ves muy decidido!”
“¡Haha, qué alegría oírlo!”
“¿Es que acaso tu maestro estudia en Rizembool U?”
“¡Sí! ¡Sora finalmente lo conocerá después de clases!”
“¡Ohh! ¡Si tanto quieres ir a Rizembool en la tarde, vamos juntos!” dijo el peliazul. “No eres el único con un senpai increíble que estudia ahí, después de todo.”
“¿En serio?” se sorprendió.
“¡Sí! ¡Micchan es la persona más cool que existe en la tierra y podría decir que es mi razón de estudiar en Rizembool en primer lugar!” confesó mientras llevaba sus manos detrás de su nuca y sonreía tranquilamente, mirando fijamente al techo. “Siempre que voy a visitarle me divierto un montón y aprendo algo nuevo. Simplemente no puedo explicarte lo genial que es Micchan.”
“Tal vez no, pero Sora comprende lo que sientes. Fluye como un muy lindo y vivaz color que proviene de ti. De eso no hay duda,” asintió. “Micchan suena a una persona muy importante.”
“Sí que lo es, lo conozco desde que tengo uso de razón y en cierta forma es el hermano que nunca tuve,” admitió con gran alegría y orgullo. “Y es extremadamente cool. Tienes que conocerlo algún día.”
“¡Sería divertido! No será hoy, pero espero que sea pronto.”
“¡De todos modos! ¡Cuenta conmigo! Oh, ya estamos llegando. Cuando comience el descanso continuamos hablando, de paso que te doy el tour a todo el colegio, ¿de acuerdo?”
“¡Sí!”

Ellos ingresaron al salón donde el profesor dejó que Sora pudiera introducirse frente a sus nuevos compañeros de clase, y así comenzó un buen primer día en su nuevo colegio.



Las horas transcurrieron con rapidez y llegó el mediodía, momento en el cual Yukko y sus amigos fueron a almorzar en una cafetería cercana a su próxima clase. No contaban con mucho tiempo ese día, por lo cual el almuerzo debía ser rápido y puntual.

Sin embargo, ni bien Yukko regresó a sentarse luego de ir a comprar su merienda, se topó con la sorpresa que aquel senpai del club de drama se había aparecido con bandeja y todo y estaba sentado con sus compañeros mientras hablaba muy amenamente. Su diálogo era casi un monólogo ya que los demás le miraban con curiosidad o leve frustración.

“…y esa es la historia sobre cómo fui capaz de conseguir mi antifaz favorito. Fufufu, ustedes todavía no lo saben, pero a mí me encantan las máscaras. Me hacen sentir como si pudiera transformarme en otra persona…” él vio a Yukko que estaba parada al costado de la mesa sin todavía procesar su tan inesperada aparición. “¡Hanasaki-chan! ¡A los años, querida! ¡Siéntate por favor o la comida se te enfriará!”
“Ehh…” ella terminó por ocupar al asiento frente a él como quien tenía precaución con aquel loco. Menos mal que Wataru no se encontraba incomodando a Hajime sentado en su lado, pero Mai se notaba a la defensiva como quien quería proteger la integridad de Hotarumaru. “¿Q-qué haces aquí, eh… Hi…biki-senpai?”
“¡Bingo, recordaste mi nombre!” él dio un guiño. “Quise hablar contigo nuevamente para ver si podía picar más tu interés en unirte al club de drama,” él se afligió y sacó un pañuelo para secarse alguna imaginaria lágrima. “Han sido dos largos días y no he recibido respuesta.”
“P-pues…” Yukko se confundió y frunció el ceño. “Sé que me dijiste que no me tomara mucho tiempo… pero este ya es un plazo muy corto, aparte que es para recién unirme para después de las vacaciones de verano…”
“Si bien ese sería el horario definido por la universidad, siempre intento planear actividades y prácticas con mucha anticipación, y ya te informé sobre el plan de prácticas que tendré durante vacaciones, por si te interesan las vacaciones útiles.”
“Suena interesante, pero…”
“Espero que no intentes ponerle mucha presión,” dijo Hajime. “Debes comprender que estas son noticias para ella.”
“Ciertamente no desearía a una sola persona en mi club que se haya unido por los motivos incorrectos como la presión externa,” se explicó Wataru con gran gusto. “Y es por ello que vine para ofrecerte una oportunidad de ver a mi gran elenco en acción, Hanasaki-chan.”
“¿A qué te refieres?” Yukko ladeó su cabeza y se sorprendió de que aquel peliplateado le extendiera un par de boletos de teatro. Estos tenían toda la pinta de ser de una función de primera por los detalles y la calidad.
“Ohh, ¿son entradas?” preguntó Hotarumaru, impresionado por dichos brillantes boletos.
“Efectivamente, hermoso shota,” comentó con gran placer. “Esta noche estaremos exhibiendo una obra en el anfiteatro principal de la facultad de artes escénicas.”
“Hm…” Mai se vio interesada en esos boletos por un motivo distinto. “Oí que esa obra había vendido todas sus entradas en poco tiempo y que hay scalpers inflando precios de reventa.”
“¿Hablas en serio?” Hajime se sorprendió. “Es difícil de creer por tratarse de una obra dentro de esta universidad.”
“Mis hermosos kouhais han logrado grandes hazañas en obras de mayor presupuesto que se exhiben en el mero centro de la universidad. Si bien esta obra es más un ensayo que una verdadera función y una forma de recaudar fondos adicionales, ya tenemos a suficientes seguidores fuera de Rizembool que no se pierden de nuestras creaciones, y con sólo tres funciones las entradas no bastan para todos,” explicó Wataru, quien miró atentamente a Yukko. “Yo no tengo dificultades en separar tickets y aprovecho esta oportunidad para ofrecerte estas entradas para la última función de esta noche.”
“¿P-para hoy?” Yukko se quedó en shock. No comprendía por qué esa persona operaba con tan poco tiempo para sus planes, pero realmente parecía alguien sin frenos que se estrellaba contra la vida en sí por su forma de ser. Ella miró a los boletos con leve culpa. Por más que el peliplateado haya insistido en no forzar a nadie, ella ahora se sentía en deuda por él por esa oportunidad.
“¿Estás bien, Yukko?” preguntó Hotarumaru por notar su tortura interna.
“Reconozco esa expresión, Hanasaki-chan,” Wataru sonrió comprensivamente. “No pienses en estos boletos como una obligación o un compromiso. Estos son simplemente un regalo que no me cuestan nada en lo absoluto y mi manera de dedicarte atención ante aquel potencial que yo puedo ver en ti. También quiero que puedas ver con tus propios ojos lo que el club de drama tiene que ofrecerte para que así no tomes una decisión a ciegas. Es sólo justo que lo hagas.”
“S-sí, gracias…” eso le hizo aceptar los boletos y los miró impresionada. “Eh, pero son dos.”
“Asumo que te encuentras intimidada de ir por tu cuenta, así que es también mi regalo que lleves a un acompañante,” Wataru le dio un guiño y sonrió pícaramente, para entonces levantarse con bandeja y todo. “Eso sería todo. Me voy que mis kouhais me esperan en nuestra mesa. ¡Te espero a las siete! ¡O más bien a cuatro para las siete que no se permiten tardanzas! ¡Adiós~!”

Con ello, aquel ruidoso y excéntrico senpai se fue saltando de un pie hacia otro extremo del área de mesas, donde se pudo ver a varios estudiantes esperándole. Yukko notó que sin duda no todos le daban la bienvenida con los brazos abiertos ya que había al menos un par que se notaban exasperados por su forma excéntrica de ser, aunque era evidente que ese peliplateado sí tenía la dedicada atención de todos. Hanasaki-chan se confundió al ver a Wataru voltearse brevemente y mandarle un beso volado, lo que le hizo desviar la mirada de inmediato.

“Supongo que por ser Hanasaki-chan no tienes obligación aparte de ir,” dijo Mai, inmutada.
“I-iré… no es que tengamos clases a esa hora tampoco…” Yukko dio un suspiro.
“Ahora viene la pregunta de cuál de tus amigos importa más para ti,” continuó Mai.
“¿Eh?” Yukko palideció.
“Sí, es como si tuvieras que salvar sólo a uno de una balacera con ese boleto que tienes en mano y vivir eternamente con tu decisión y el hecho que tuviste favoritismo,” ajustó sus gafas.
“¡N-nunca podría hacer eso!”
“Ya no la fastidies, Mai,” Hajime le llamó la atención y negó. “Suena interesante, pero las artes escénicas no son lo mío, así que no tienes que molestarte por escogerme.”
“Ehh, está bien,” Yukko asintió y sonrió un poco. “Gracias por animarme.”
“Aparte que todos sabemos que seguramente es el hospitalizado el que te importa menos,” Mai se encogió de hombros.
“¡Cállate!” le reclamó el chico.
“Ehh, no sientas presión, Yukko. Esta función es especialmente para ti,” le recordó Hotarumaru. “Si te es difícil escoger a alguien, también puedes ir sola. No hay ningún problema.”
“Pues, siendo sincera, sí me sentiría más cómoda si fuera con alguien…” esas lindas palabras del hermoso pequeño resolvieron todas sus dudas. “Ehh, Hotarumaru, si no estás ocupado esta noche quisiera que me acompañas.”
“¿En serio?” el pelicenizo se sorprendió, y de inmediato miró a Mai. “Mai-neechan, ¿a ti no te gustaría ir?”
“Todos te vimos impresionado por la invitación, estoy bien,” Mai asintió, inmutada. “Además lo más probable era que hubiera revendido ese boleto a tres veces su precio, así que descuida.”
“S-sí…” el pequeño le miró con incomprensión y pasó a girarse a Yukko, para sonreír. “Con mucho gusto te acompañaré. Sé que nos divertiremos un montón.”
“Aw, muchas gracias,” Yukko se sintió dichosa y asintió. La carga de haber recibido esos boletos acababa de disminuirse bastante por sus buenos ánimos.
“Eso sí…” Mai miró severamente a Yukko. “Te encargo que protejas a Hotarumaru de ese potencialmente pedófilo senpai. Si algo le ocurre a nuestro pequeño, te usaré como blanco en mis prácticas de tiro, ¿has entendido?”
“¡Ihhh! ¡S-sí!” Yukko tembló ligeramente y tragó saliva.
“Estoy seguro que todo estará bien. No hay de qué preocuparse,” observó Hajime, impaciente. “Sólo concéntrense en aprovechar esas entradas. Nos cuentan qué tal les fue mañana.”
“Por supuesto~” Hotarumaru hizo un saludo militar y sonrió alegremente.

Los planes para la noche estaban hechos y Yukko disfrutaría de una muy improvisada obra de teatro en compañía del lindo pequeño del grupo. Pese a las pequeñas raras vibras que aquel senpai le trasmitía, Yukko se sentía muy curiosa de saber qué más podría sacar de esa experiencia y casi lo esperaba con muchas ansias. Para variar, ella podía notar que quizás sí había algo en Rizembool a lo que era más afín.




Llegó la tarde y las clases del colegio terminaron. A diferencia de algunos estudiantes con diversas obligaciones extracurriculares o la necesidad de limpiar después de clases, un pequeño de cabellos castaños oscuros se despidió rápidamente de sus amigos para regresar a su casa lo antes posible y estudiar dentro de su habitación sin interrupción alguna.

Era lo usual en él, quien muchas veces solía ser dado apodos o quejas por sus compañeros de colegio al estar tan enfocado en mantener su intachable promedio, pero nunca dejaba que nada lo desanimara de sus metas. Él sabía que tenía varios hermanos mayores que daban lo mejor de sí en sus respectivas áreas y consideraba su esfuerzo como necesario y una dedicación hacia ellos, aparte de que él mismo quería llegar a lo más alto en sus estudios como fuera posible, y por estar tan cerca de los exámenes de final de semestre debía dar un empuje adicional a sus esfuerzos.

De repente, una persona ingresó a su habitación, alguien que él pudo reconocer sólo por oír sus pasos sigilosos y reconocer sus intentos de hacer el menor ruido posible por cómo cerró la puerta detrás de él. Sabía que lo hacía para no desconcentrarle, aunque de todos modos ello fue inevitable y sonrió por la consideración. Optó por darse un pequeño descanso para girarse y dirigirle su atención.

Tal y como pensó, se trataba de Maeda, su gemelo menor, quien le había traído un poco de té y unos pocos y discretos aperitivos, como solía hacer cada vez que se ponía a estudiar.

“Te traje una merienda, Hirano,” dijo el menor animadamente. “Espero que sea de tu agrado.”
“Gracias por el gesto, Maeda,” sonrió con torpeza. “Pienso que es muy pronto para darme un respiro como este, pero aprecio la dedicación. Al menos trajiste una taza para ti.”
“Sí, el té se disfruta mejor en compañía,” asintió y se puso a servirlo en las tazas para que comenzara a enfriarse. “Veo que sigues tan dedicado en estudiar como los previos días.”
“Tengo que hacerlo. No quiero perder posiciones en el ranking,” Hirano dio un suspiro. “No sabes lo difícil que es mantenerme en el primer lugar de mi salón, y mis amigos más cercanos me siguen en las siguientes posiciones.”
“Heh, tienes el privilegio de poder estudiar junto a Imanotsurugi-san y Nio-san. Comprendo que los dos son muy habilidosos,” asintió, mostrando respeto hacia ambas personas.
“Pues, Imanotsurugi-san es un cero a la izquierda en matemáticas, pero sí rinde en lo demás, aunque no le da tanta seriedad,” Hirano negó un poco ofuscado.
“Heh, es de esperarse de él, pero no hay que subestimarle,” Maeda se vio entretenido. “Y entiendo cómo te sientes. Nagisa-san, Hotarumaru-san y Monaca-san son queridos compañeros con una inteligencia superior a la de la gran mayoría, aunque reconozco que tú también me ganas por mucho, Hirano. Mis habilidades escolares están muy por debajo de todos ustedes.”
“No es para que digas eso, Maeda,” Hirano se preocupó por su gemelo y entonces notó con leve incomodidad que, a diferencia de Maeda, Hirano no estaba tan familiarizado con sus amigos. Eso se debía al recelo de Hirano con respecto a Rizembool y el hecho que intentaba evadir dicha institución, mientras que Maeda varias veces había acompañado a su gemelo mayor en salidas con sus compañeros de Hanasaki.
“¿Sucede algo?” preguntó Maeda con curiosidad al notar la incomodidad de su hermano.
“No es nada importante, siento las molestias,” Hirano sonrió torpemente y desvió su mirada. “Es sólo que he notado que aparte de Hotarumaru-san y su hermano, no he tenido la oportunidad de conocer al resto de tus amigos.”
“Es cierto que no se ha dado la oportunidad…” Maeda se puso a pensar. “Nuestros encuentros suelen rodear alrededor de Rizembool ya que varios de mis amigos tienen obligaciones dentro del colegio y la universidad que les mantienen muy ocupados. También, comprendo que tú no deseas visitar Rizembool si es que puedes evitarlo…”
“Sé que esta actitud es incorrecta de mi parte por cómo nuestros hermanos mayores estudian en esa universidad, y cómo Yagen-niisan se desempeña como un doctor y científico de alta categoría…” comentó con cierta pena. “Sin embargo, condeno aquella decisión de los dirigentes de Rizembool de crear a los Rebels y realizar tantos daños en Hanasaki…” entrecerró sus ojos. “Por más que hubiéramos sido muy pequeños para ver lo ocurrido hace tres años a nuestros alrededores, Rizembool fue responsable de tantas atrocidades que sucedieron en Hanasaki y en la ciudad, y tantos inocentes perecieron por culpa de ellos…”
“Hirano…” Maeda le miró con pena y preocupación por notar lo afectado que estaba.
“Acudir a Rizembool me hace sentir incómodo, y siento que es una falta de respeto de mi parte por ignorar todo lo ocurrido.”
“Pero no todo lo que hay en Rizembool son Rebels, Hirano,” comentó tranquilamente.
“Lo sé, nuestros hermanos estudian ahí… es sólo que…”
“Es suficiente…” Maeda le sonrió con una gran paz interior y le extendió su taza de té. “No te angusties más, Hirano. Toma, te he traído este té especialmente para ti.”
“Gracias…” él asintió y recibió la infusión, para verse apenado. “Siento mencionar todo esto, Maeda. Sé que no desearías tener que oírme expresarme de este modo sobre tu institución.”
“No, más bien me siento dichoso de poder oírte. Del mismo modo en el cual tú me apoyas con los estudios, yo quiero asistirte en el bienestar personal, y sé muy bien que tus grandes esfuerzos tienden a inquietarte y desestabilizarse. Por eso estoy aquí.”
“Maeda…”
“Sólo quisiera decir que hay tantas personas excepcionales en Rizembool que realizan labores benéficas por otros y que realmente desean crecer para aportar en la sociedad. Yo conozco a muchos de ellos,” dijo Maeda, muy gustosamente. “Los Rebels son también un concepto que rechazo y que nunca apoyaría, pero no quiero que las vidas de personas excepcionales sean manchadas por culpa de ellos.”
“Tiene sentido lo que dices…” bajó su mirada.
“Yo me siento agradecido con Rizembool por haber ayudado a Yagen-niisan a convertirse en el científico que es en el presente, y también por brindar tan buena preparación a nuestros hermanos mayores para así velar por el futuro de nuestra familia,” comentó mientras llevaba una mano a su pecho y sonreía con tranquilidad. “Pero, principalmente, mi lealtad yace en nuestros hermanos, y el motivo principal de mis estudios en Rizembool es porque deseo seguir sus pasos. Nuestra familia significa todo para mí.”
“Lo sé, todos lo sabemos, Maeda. Siempre has representado la lealtad en nuestra familia.”
“Sigo muy joven. Soy el menor de todos ustedes, así que tengo tanto que hacer para estar a la par y serles de utilidad, del mismo modo en el cual ustedes han sido tan buenos conmigo,” comentó con gran dicha y alegría. “Y también quiero velar por la gran promesa que eres para nosotros debido a tu resaltante inteligencia, Hirano. Me considero una persona pacífica y tranquila, y sé que soy capaz de contagiar la paz y el bienestar en todos ustedes, así que quiero que confíes en mí para lo que necesites.”
“Realmente lo aprecio, pero…” Hirano le miró con leve reproche. “Tampoco puedes descuidarte a ti mismo. Tú también tienes que sobresalir y escoger tu propio camino.”
“Sé que ocurrirá tarde o temprano,” sonrió torpemente. “De momento, me siento muy feliz asistiendo a todos en casa.”
“Lo sé, y aprecio la dedicación que me das. Y esa misma dedicación será la que te daré,” el gemelo mayor asintió, decidido. “Estudiemos juntos. Te apoyaré en los temas que necesitas.”
“¿Seguro? Te ves muy ocupado ahora, Hirano,” se sorprendió.
“Por supuesto, y está demostrado que la fijación de conocimiento aprendido se realiza mejor en sesiones de estudio en conjunto,” declaró con certeza. “Así que estudiar contigo también me ayudará, por lo cual espero que no me des más razones para negarte.”
“Haha, ya lo has hecho muy difícil,” Maeda se puso a reír y asintió radiante de alegría. “Sí, con mucho gusto.”

Los dos gemelos eran los hermanos menores de los Toushirou, con apenas once años de edad. Sin embargo, su corta edad fue una motivación para ambos de apuntar a crecer y comportarse como personas más maduras y responsables, al punto en el cual no daban la impresión de ser los menores de su familia pese a su apariencia. Hirano demostró una habilidad académica envidiable desde temprana edad y una facilidad de aprendizaje que le convirtió en otro de los Toushirou prodigio, aunque él todavía no encontraba su área de interés personal. Por otro lado, Maeda necesitaba del apoyo de su gemelo mayor para mantener el ritmo avanzado de educación y estar dos años adelantado en el colegio, al igual que la mayoría de sus parientes. Sin embargo, el menor tenía una increíble inteligencia emocional como fuerte que empleaba para ser el apoyo incondicional de todos en casa.

Como gemelos, los dos eran en muchos aspectos compatibles y opuestos. Hirano operaba bajo principios morales muy severos y siempre velaba por la justicia y lo considerado correcto. Él también era muy racional y no tenía reparos de reclamar incluso a sus propios hermanos mayores cuando cometían un error o hacían algo que no le parecía prudente, aparte de ser una persona muy lógica y metódica que se aferraba a las reglas. Por otro lado, Maeda siempre se concentró en un principio personal muy universal e importante para él: la lealtad hacia sus hermanos. Ello era lo que regía su vida, y su devoción hacia sus hermanos mayores era inigualable, por más que los Toushirou fueran ya reconocidos por la gran lealtad que mantenían mutuamente. Aparte de ello, el menor siempre buscaba en velar por la paz y la armonía en general y era muy voluntarioso de ayudar a todos, mientras que Hirano, pese a ser acomedido, estaba más propenso a cuestionar y exigir en vez de ser innecesariamente servicial y ciego a la buena voluntad.

Era por ello que Hirano había adoptado una misión de vigilar a su hermano menor y de defenderle de todos, al igual de hacer a Maeda entrar en razón con frecuencia y usar la cabeza debido a la inocencia e ingenuidad que le caracterizaba.

Ellos apenas se habían puesto a revisar los temas en el libro de Hirano para ubicar áreas difíciles para Maeda cuando la puerta de la habitación se abrió con rapidez. Los dos se giraron y observaron a dos de sus hermanos entrar con un poco de urgencia.

“¡Hirano! ¡Maeda!” llamó un pelirrosa con cierta alarma. “¡Vengan, es urgente!”
“¿Qué sucede, Akita?” preguntó Maeda, con leve preocupación. Sin embargo, la conversación se vio interrumpida por el otro recién llegado, cuyos ojos se iluminaron al observar los dulces en la bandeja de té.
“¡Ohh! ¡Se ven deliciosos!” exclamó ese chico de cabellos castaños claros, que se acercó a la bandeja y la miró muy de cerca. “¿Puedo comerlos? ¿Puedo? ¿Puedo?”
“Sí, seguramente tú lo vas a disfrutar más que nosotros, Houchou…” Hirano asintió y dio un suspiro. Luego de observar a su hermano mayor comenzar a degustar los dulces con mucha dicha, se dirigió a Akita. “¿Todo está bien?”
“Namazuo-niisan y Honebami-niisan nos han recogido del colegio,” les informó. “Es por Gokotai, se ha enfermado durante el día y tiene fiebre. Está en cama.”
“Qué terrible,” Maeda asintió. “Tenemos que ir a verle de inmediato.”

De aquel modo, los cuatro se apuraron por uno de los pasillos de aquella grande y cómoda mansión de los Toushirou hasta llegar a la habitación de Gokotai. Entraron y vieron a Namazuo terminando de acomodar las almohadas detrás del pequeño peliblanco, quien estaba tapado de mantas y se le notaba más pálido de lo usual, con sus cinco tigres cachorros recostados sobre su cama rodeándole y mirándole con cierta expectativa y preocupación. Honebami estaba sentado en una silla aledaña a la cama mientras vigilaba a los dos, y fue él quien observó a los otros cuatro ingresar.




“Gokotai, ¿estás bien?” preguntó Hirano, acercándosele.
“Hirano, todos…” el peliblanco les miró atentamente y entonces sus ojos se llenaron de lágrimas. “Perdón… perdón por hacerles preocupar… perdón por enfermarme…”
“No te disculpes, por favor,” le pidió Akita, preocupado. “Debí haberme dado cuenta que no te estabas sintiendo bien. No debimos habernos quedado a esa sesión de estudio después de clases…” bajó su mirada. “Perdón, sé que actué muy tarde.”
“¡Ah, eh, n-no te disculpes! ¡Y-yo soy quien se enfermó!”
“Ya, ya, tranquilos,” Namazuo les sonrió con dulzura y acarició a los dos en la cabeza. “Heh, aquí no hay ningún culpable ni la necesidad de pedir disculpas. Lo importante es que ya estamos en casa y en compañía y mientras nos mantengamos juntos todo estará bien. ¡Hay que disfrutar este momento de la mejor manera posible!”
“Son palabras muy sabias, Namazuo-niisan,” Maeda asintió. “Estoy de acuerdo.”
“¡Podemos preparar té y dulces para todos! ¡Y lo compartimos aquí!” sugirió Houchou con muchas energías. “Así acompañamos a Gokotai y pasamos un momento muy lindo.”
“…” Honebami asintió, inmutado. “Me parece bien…”
“Entonces tenemos que ir a preparar el té,” dijo Hirano. “Vuelvo enseguida.”
“Yo me puedo encargar de eso, soy uno de los mayores,” Namazuo sonrió. “Y realmente quiero engreír a todos ustedes lo más posible~ ¿Tienen algún pedido en especial?”
“Confiamos en lo que decidas, Namazuo-niisan,” Akita sonrió amablemente.
“¡Oh! ¡Yo tengo muchas sugerencias!” Houchou alzó su mano, entusiasmado. “¡Voy contigo, así tú preparas el té mientras yo alisto los mejores dulces para todos!”
“Muchas gracias por el ofrecimiento,” dijo Maeda. “Tus gustos son reconocidos.”
“Hehe~ ¡Por supuesto!” Houchou se vio contento por el cumplido y sonrió ampliamente.

Como uno de los menores, Houchou tenía un comportamiento más afín a un pequeño de su edad. Su personalidad era vivaz, juguetona y quizás un poco caprichosa, pero en el fondo era alguien cariñoso y apegado a su familia, con la capacidad de conectar con otros y saber tratar con cada tipo de situación social de manera desenvuelta y segura. Además de ello, Houchou tenía un gran gusto por todos los tipos de dulces y paraba comiéndolos y recolectándolos en cada oportunidad, razón por la cual había comenzado a desarrollar dotes en la repostería y cocina.

“También deberíamos preguntarle a Gokotai si necesita algo más,” observó Akita, quien podía notar que su mellizo seguía un tanto incómodo y meditativo.

Akita, al igual que Gokotai, eran los mayores entre los pequeños de los Toushirou. El pelirrosa todavía poseía aquella curiosidad infantil y personalidad amigable e inocente como parte de los hermanos menores, pero Akita había demostrado ser muy observador y meditativo para alguien de su edad, al punto en el cual consideraba y analizaba situaciones con frecuencia invisibles para sus otros contemporáneos. Él también tenía gran afinidad a la naturaleza y el medio ambiente, motivo por el cual podía quedarse mirando al firmamento de manera indefinida y con gran fascinación, mientras se hacía interrogantes universales sobre el vasto mundo que le rodeaba.

“Ehh… yo estoy bien, en verdad me siento muy a gusto con la consideración de todos…” contestó el peliblanco, con leve incomodidad. “Siento llamar tanto la atención…”
“Está bien, necesitas nuestro apoyo ahora que te encuentras enfermo,” insistió el pelirrosa. “Yo sé que no te sientes muy bien, sabes que puedo leerte a la perfección.”
“P-pero siempre me ando enfermando… no es justo para ustedes…” Gokotai bajó su mirada y jaló sus mantas en un intento de esconder su rostro.

Pese a ser el mayor de los hermanitos, Gokotai solía comportarse como el menor de todos ellos al ser un joven débil, enfermizo, fácil de asustar o intimidar y con una muy baja autoestima. El pequeño necesitaba apoyo y cariño constantes de sus hermanos debido a su forma de ser y por ello los demás solían darle una especial atención para hacerle sentirse a gusto y bienvenido. Aquella debilidad de carácter, como un intercambio equivalente, derivaba de sus mayores fortalezas. Gokotai era un ser muy dulce, empático y de gran corazón, quien podía ponerse en el lugar de quien sea y sentir sus goces y aflicciones como si fueran las suyas, además de ser alguien que amaba a las personas y deseaba de todo corazón el bienestar de los demás, sin espacio para odios o rencores. Debido a ello, él siempre quería recibir cariño y cercanía de sus hermanos, y aquella solía ser una necesidad permanente en él. Sus deseos y empatía se extendían también a los animales, razón por la cual podía formar una conexión única con sus cinco tigres mascotas que le obedecían fielmente.

“Gokotai…” la voz tranquila de Honebami fue lo que hizo que el pequeño dejara de esconderse, y miró atentamente a su hermano mayor, quien se mostraba dispuesto a asistirle. “¿Existe algo en lo que pueda ayudarte?”
“Ehh…”
“Comprendo que el afecto que tanto necesitas es una de mis debilidades…” confesó con leve incomodidad. “Sin embargo, he venido para supervisar tu salud, por más que no pueda brindarte el mismo apoyo que Namazuo y nuestros hermanos son capaces de darte…”
“Eso no es verdad,” dijo Houchou. “Sólo el hecho que estás aquí significa un montón. Además, tú fuiste el que condujo y por eso todos estamos tranquilos y a salvo en casa sin haber temido por nuestras vidas en el camino de regreso.”
“Ese es un buen punto,” Hirano asintió con pesar mientras Akita y Maeda reían un poco.
“Uhh, no es mi intención asustarles con mi manejo, en serio,” Namazuo hizo un puchero.
“H-Honebami-niisan…” Gokotai asintió y miró a su mesa de noche, donde descansaban unos libros de cuentos para niños. “Ehm… a veces los leo antes de dormir para relajarme… ¿p-podrías leerme uno, por favor?”
“…” Honebami se vio intrigado por ese pedido.
“¡Ohh, excelente idea!” Akita se emocionó y sonrió gustosamente. “La voz de Honebami-niisan es muy tranquila y melodiosa. Yo también quiero oírle.”
“Heh, me trae muchos recuerdos de los días en que Ichi-nii nos leía un cuento después de terminar con la cena,” dijo Maeda, tranquilamente. “Me gustaría revivirlo.”
“¡Verdad! ¡De todos modos tenemos que pedírselo!” exclamó Houchou.
“Vamos, Honebami, no hagas esperar a tu público~” canturreó Namazuo, sonriendo.
“…” este asintió y tomó el delgado libro de cuentos que estaba en la cima de esa pequeña torre. Le dio un leve vistazo y abrió la carátula para familiarizarse con el contenido. Dentro de aquel calmado y silencioso momento, el hermano mayor sintió una paz interior que le hizo esbozar una pequeña sonrisa, con la cual se dirigió a los demás.

Todos los pequeños miraron atentamente a Honebami, conmovidos por evidenciar uno de los escasos momentos en los cuales sonreía con esa suavidad y ternura propias de él. El usualmente inmutable y taciturno peliblanco tendía a actuar con distancia y frialdad incluso dentro de su propia familia, por más que se comportara atenta y servicialmente con sus hermanos, y ello hacía que un momento como el presente fuera tan atesorado por todos.

“…” Gokotai sonrió maravillado. “Hehe…”
“¡Awww!” y, para variar, Namazuo se emocionó tanto como los pequeños y no resistió el impulso de abrazar a su mellizo. “¡Me encanta tu sonrisa! ¡Deberías sonreír más seguido! ¡Vamos, tienes que hacerlo y leernos ese cuento, Honebami-niisan~!”
“S-suéltame…” le reclamó Honebami, mirándole con impaciencia y molestia.
“¡Namazuo-niisan, estás arruinando el momento!” le reclamó Hirano mientras los otros pequeños se pusieron a reír.
“Perdón, perdón, es que sinceramente quisiera que todos en la universidad pudieran conocer este lado de Honebami,” confesó Namazuo, sonriendo torpemente. “¡Pero ya nos hemos puesto de acuerdo! ¡Hay que preparar el té, los dulces y sentarnos para la sesión de cuentos!”
“Hay que ayudar con los preparativos, así lo haremos más rápido,” dijo el pelirrosa.

De aquel modo, los hermanos se organizaron para preparar la merienda y poder compartir ese corto y lindo momento con Gokotai antes de dejarle descansar por el resto del día. Ellos pasaron otra tranquila y cálida tarde, típica de la residencia de los Toushirou.



Después de librarse de sus actividades del día, Cho se encontró con Osaka y fueron a Rizembool U para encontrarse con Sora, quien llegó ahí en compañía de Taikogane. La peliceleste se había sorprendido gratamente de que su nuevo hermanito pudiera hacerse de amigos tan rápido, y a su vez se sorprendió cuando Ayesha se interesó en acompañarle de nuevo a Rizembool y hasta invitó a su pequeña hermana.

El motivo de ese desarrollo había sido inesperado. Cho recibió los datos del lugar en Rizembool donde el futuro maestro de Sora solía estar y, al tener su nombre en la mano y ser visto por Ayesha, su compañera de clase le informó que aquel joven era también un químico y estaba trabajando en algunos proyectos de su interés en esa universidad, razón por la cual pidió a su amiga que le dejara acompañarle para conocerle en persona.

Después de un breve encuentro con Taikogane antes de que este se marchara a buscar a su propio senpai, el grupo de Hanasaki y Sora caminaron en búsqueda de esa facultad de química para dar con el laboratorio del chico.

“Hoho~ ha sido una gran sorpresa para Sora también enterarse que maestro es químico,” observó el pequeño rubio, animado. “¡Debe ser una persona muy inteligente!”
“Estoy segura que sí,” Ayesha asintió, sonriendo gustosamente. “Sakasaki-san ha contribuido en proyectos relacionados a la limpieza del medio ambiente y la purificación del aire. Me he enterado por leer boletines sobre jóvenes emprendedores y he quedado gratamente sorprendida. Pensar que también es un idol con fama…”
“Eso me deja entender que es un chico divertido, ya espero conocerlo,” dijo Nio, animada. “Gracias por avisarme, onee-chan. Sí recuerdo leer ese boletín, pero aparte de eso me da mucha curiosidad conocer a alguien con sus hazañas.”
“Pienso lo mismo,” Kashuu asintió. “Heh, noto que las dos son muy disciplinadas con sus estudios para estar tan informadas de los avances científicos en el medio. Me alegro de que sean amigas de mi aruji.”
“Ohh, no digas eso, Kashuu,” Ayesha sonrió apenada y llevó una mano frente a sus labios. “Yo más bien me siento dichosa de ser amiga de Cho. Congeniamos muy bien y siempre estamos trabajando en conjunto en las prácticas de laboratorio.”
“Gracias por el cumplido, aunque soy yo la que se siente desmerecedora de ti. Eres muy inteligente y me ayudas a estudiar,” dijo Cho, sonriendo con torpeza.
“Aw, las dos son tan lindas,” comentó Osaka. “Por eso son amigas y compañeras.”
“Estoy de acuerdo,” Nio asintió. “Y pienso que es genial que mi onee-chan tenga a una amiga llamada aldehído. ¡Suena muy apropiado!”
“¿Eh?” Cho se sorprendió y cayó en cuenta a qué se refería. “C-cierto, nunca lo pensé…”
“¡Nio! ¡No deberías faltarle el respeto a Cho!” Ayesha le llamó la atención.
“Perdón, no lo dije con intenciones de ofender,” Nio asintió como señal de respeto. “A mí me parece muy lindo y me dan ganas de llamarte así desde ahora.”
“S-supongo está bien…” la peliceleste ladeó la cabeza, no muy segura.
“No tienes que defenderla, Cho…” Ayesha negó, frustrada.
“¿Aldehído?” preguntó Osaka, perdida.
“No te molestes en entender, Osaka. Es un chiste químico,” Kashuu se encogió de hombros con una sonrisa rendida. “Sé estas cosas por compartir conocimiento con mi aruji. En fin, si mi aruji está bien con ese apodo, no me negaré.”
“Hm… ¿qué será aldehído…?” se preguntó Sora, en voz baja.
“Es un misterio…” Osaka asintió con solemnidad.

El camino no duró mucho más y llegaron a la facultad de química. A diferencia de la pequeña y acogedora, aunque moderna, facultad de química de Hanasaki, la de Rizembool era al menos tres veces más grande y contaba con una gran cantidad de estudiantes que caminaban por doquier. Ello impresionó a Cho, Ayesha y Nio, quienes tuvieron que detenerse a preguntar por direcciones en la secretaría al costado de la entrada para hallar el laboratorio. Dicho lugar estuvo en la planta baja y frente a una pequeña área verde donde había un kiosco. Al ser un lugar abierto y cerca de una salida secundaria, la HiME se sintió aliviada. No le hubiera gustado tener que llegar a algún laboratorio subterráneo en el corazón de un edificio, ya que ello le daría pesadillas de la previa batalla final.

Al llegar, los seis observaron un papel pegado en la puerta que les invitaba a pasar sin tocar. Luego de intercambiar miradas, siguieron la indicación y se toparon con un simple laboratorio y varios estantes asegurados que guardaban distintos compuestos químicos y algunos instrumentos básicos para prácticas. El ambiente fue lo suficientemente amplio y abierto para notar que no había nadie, pero entonces vieron que al costado de la entrada había unas escaleras que descendían a un sótano. Las tomaron y se encontraron con un ambiente abierto, amoblado y más cómodo, aunque también oscuro por la poca luz natural que entraba, pero igual de espacioso que el piso de arriba. Sin duda había sido modificado para albergar a una persona ya que casi tenía pinta de un apartamento individual.




Y fue entonces que divisaron a aquel estudiante. Hacia el fondo del ambiente había un chico que les daba la espalda y estaba sentado en el suelo mientras leía algunos documentos desparramados a su alrededor. Esa persona no había haberse percatado de ellos, además de tener puestos unos audífonos conectados a su celular. Ese joven tenía una estatura promedio y era bastante delgado con facciones finas y delicadas, aunque tenía un cabello lacio y cortado desparejo que estaba pintado de blanco y rojo, lo que le proveía de un aura rebelde.

“Hm, me sorprende, sinceramente,” comentó Kashuu quien al igual que los demás se detuvo a cierta distancia de ese joven. “Estamos en Rizembool y deja la puerta desatendida. Cualquier desquiciado le aniquilaría antes de poder levantarse.”
“N-no digas esas cosas, por favor,” le pidió Cho, incómoda. “No es cortés de tu parte.”
“Cortés… cortesía…” Sora asintió. “Mamá dijo que se debe ser cortés en las introducciones, pero hm… Sora no sabe cómo actuar en esta situación en particular…”
“Hehe, podemos intentar asustarle. Puede ser divertido,” sugirió Osaka.
“M-mejor no, no sabemos cómo reaccionaría. Ojalá no hayamos llegado en un momento inoportuno para él…” expresó Ayesha, incómoda, sin saber cómo acercársele.
“También estamos frente a una figura de Rizembool, ¿cierto?” Nio sonrió. “Felizmente contamos con la HiME llamada aldehído con experiencia para iluminarnos el camino.”
“Uhh, ya te dije que no le llames así, Nio,” le reclamó su hermana mayor.



“Hmhm…” aquel bizarro pelirrojo soltó una risa gutural que hizo que todos se sobresaltaran y le prestaran atención. Ese chico se expresó con una voz relajada y un tono juguetón, tranquilo y muy ligeramente perverso. “¿Aldehído? ¿Acaso el nombre de aquella HiME es Cho?”
“Oh, nos está escuchando,” observó Nio, quien tragó saliva. Aquel chico se quitó los audífonos y se levantó, para finalmente mirar a los presentes con una traviesa sonrisa.
“Bienvenidos sean a mis aposentos. Mi nombre es Natsume Sakasaki,” dijo mientras hacía una reverencia un tanto teatrera con mucha gracia. “Heh, son un grupo más grande del que había esperado, no que me moleste. Se ven simpáticos.”
“¡Muchas gracias por el cumplido! ¡Yo soy Osaka, un gusto!”
“Y yo Nio Altugle,” la pequeña sonrió animada. “Te me haces muy agradable. Este laboratorio parece muy personalizado y seguramente te puedes dar muchas libertades aquí.”
“Tienes un gran ojo, pequeña,” el chico asintió. “No tantas libertades como quisiera, pero ser parte de diversos programas de química de Rizembool sí me permite realizar proyectos y experimentos personales en mi tiempo libre, además de acceso a varios compuestos químicos.”
“Estoy al tanto de sus más recientes hazañas para limpiar el medio ambiente y le tengo mucho respeto, joven Sakasaki,” Ayesha asintió, maravillada. “Es un placer conocerle. Mi nombre es Ayesha Altugle.”
“No me des tanto crédito. Dichos proyectos fueron aburridos y más una obligación. Prefiero ser reconocido por cosas de mayor gusto personal,” confesó con leve frustración. “Pero creo reconocer el apellido de ustedes. Son de una familia de químicos y científicos famosos, ¿no es así? Por ello quizás yo soy quien debería rendirles homenaje.”
“No digas esas cosas,” Ayesha se avergonzó y sonrió gustosamente. “Recién estamos en plena fase de estudio.”
“Sin embargo, dice un poco de sus aptitudes, ¿no es así?” Natsume pasó a mirar a Cho, quien se retrajo por la segura actitud del chico y esos ojos penetrantes que poseía. “Creo ya conocer tu nombre, pero no me haría mal oírlo de ti.”
“S-sí, mi nombre es Cho Tanaka,” dijo la peliceleste. “Mucho gusto.”
“El gusto es mío,” él se cruzó de brazos y rió por lo bajó. “Aldehído, ¿huh?”
“Ehh…”
“Espero que no pienses burlarte de mi aruji de ese modo,” le reclamó Kashuu.
“Hasta tú deberías reconocer que es gracioso, pero es un chiste inocente. Y por llamarle aruji, ¿qué relación tienes con la HiME?”
“Soy su arma, y por ello es mi deber permanecer a su lado,” contestó con cierto orgullo. “Yo soy Kashuu Kiyomitsu.”
“Interesante, me aseguraré de recordarlo,” al terminar con los invitados secundarios, Natsume observó a Sora atentamente, con una amable sonrisa. “Has estado muy callado, Sora, y eso que finalmente nos vemos de manera presencial.”
“Sora esperaba a que los demás hablaran, es la cortesía que debo tener,” contestó con una amena sonrisa. “Y Sora también miraba a maestro muy atentamente. Tu color es muy bonito.”
“Ciertamente eres un pequeño obediente y encantador, ¿no es así? Me gusta, será un placer tenerte bajo mi cuidado,” Natsume se vio complacido. “Y te debo dedicación por llamarme maestro. Quién pensaría que llegaría el día en que acepte a un discípulo…”
“Maestro, una pregunta,” dijo levantando una mano.
“Dime.”
“¿Qué es aldehído?”
“Un aldehído es una sustancia química orgánica con una estructura específica en su composición: el grupo funcional –CHO,” comentó y de inmediato recordó que no todos entenderían una explicación muy elaborada, por lo cual decidió enfocarse en algún ejemplo. “Muchos aldehídos son solventes. El más conocido es el formol que se usa para preservar a los cadáveres. Como mi discípulo tendrás que aprender varias cosas químicas. ¿Has comprendido?”
“¡Sí! ¡Sora lo recordará!”
“Uhh, así que eso es…” Osaka sintió escalofríos. “No es un apodo bonito…”
“Sin duda no lo es, y una damisela debería tener un apodo más afín a ella,” Natsume pasó a mirar a Cho y le sonrió pícaramente, para entonces darle un guiño. “¿No lo crees, koneko-chan~?”
“¿Eh?” Cho se sorprendió y avergonzó por dicho apodo.
“¿Por qué le llamas así?” reclamó Kashuu, quien se molestó de ver que el pelirrojo rió brevemente ante su reacción.
“Heh, es mi manera de rendir homenaje a las chicas simpáticas. Yo siento gran empatía por personas inocentes y educadas, sin lugar a duda me gustan los niños por ese motivo,” al decir esas palabras, él miró a Sora y Nio y les sonrió gustosamente, y pasó a mirar a Ayesha. “Tú pareces una inocente paloma. Por ello, pienso llamarte kotori-chan, ¿te parece?”
“Ehh, b-bueno, supongo no hay ningún problema con ello…” Ayesha bajó su mirada levemente ruborizada y en conflicto sobre si debía permitir ese apodo.
“Aww, ¿acaso yo no soy un lindo animal?” preguntó Nio con expectativa.
“Hmhm, eres más como un pequeño retoño, hana-chan~” canturreó.
“Está bien, me gusta,” asintió, satisfecha.
“Este juego de los apodos se está envejeciendo. ¿Alguien más quiere uno antes de que me aburra?” preguntó Natsume con leve cansancio y encogiéndose de hombros.
“Estoy bien, gracias,” Osaka sonrió. “A veces me olvido que Osaka no es mi verdadero nombre, así que prefiero no complicarme más la vida o me olvidaré a mí misma.”
“Yo todavía no estoy conforme de que llames a aruji como se te plazca,” dijo Kashuu.
“E-está bien, Kashuu, no me molesta,” Cho sonrió incómoda. Sin duda era mejor que aldehído, aunque temía que Roxas se molestara en caso de oír dicho apodo.
“Si tu aruji está conforme, no deberías negarte, ¿cierto?” preguntó Natsume con leve indiferencia, y vio con cierto gusto a aquella arma ahorrarse las palabras. “Otra cosa. Las primeras impresiones son muy importantes, y por ello no deberías andar comentando tan campalmente que alguien puede matarme a mis espaldas, cuando no estaba escuchando música y estuve monitoreando la llegada de todos mediante una serie de cámaras de seguridad.”
“¿Hablas en serio?” Kashuu se sorprendió. “Entonces, ¿por qué actuaste tan desconectado?”
“Hm, no lo sé, se me hizo entretenido, supongo,” sonrió con ironía. “Y también es una buena estrategia para medir el tipo de persona que cada uno de ustedes puede ser. Heh, pero admito que sí tuviste razón al decir que es un gran descuido. Obviamente lo parece ser.”
“¡Oh, maestro es muy atento a todo!” exclamó Sora, sorprendido.
“Sin lugar a dudas tienes un espíritu rebelde y eres inteligente para que Rizembool te haya dado un laboratorio,” comentó Nio, cuyos ojos brillaron de admiración. “¡Eres mi modelo a seguir!”
“Ehhh…” por su parte, Ayesha parecía sentir un poco de miedo.
“Oh, no había esperado ganarme la apreciación de hana-chan, me siendo honorado,” Natsume se sorprendió un poco y sonrió torpemente. “Viendo cómo son varios, les invito a pasar un momento en mi espacio para conocernos mejor. He preparado galletas.”
“¡Muchas gracias!” exclamó Osaka, contenta.
“E-en verdad, gracias por la invitación,” Cho asintió.
“Con gusto, koneko-chan~” Natsume se vio complacido y miró brevemente a Kashuu, quien se mostraba más conforme con dicho apodo, por lo cual supo que no iba a poder molestar al arma con ello desde aquel momento. En parte una lástima al perder la habilidad de molestarle, pero también era conveniente en caso que pudiera llevarse bien con dicha persona. Sin lugar a dudas, la travesura y prudencia coexistían en aquel pelirrojo.

De ese modo, todos compartieron dichas galletas mientras oían a aquel simpático pelirrojo hablar tanto de sus dotes artísticos como de sus proyectos académicos, y en poco tiempo ellos se pusieron a jugar videojuegos en aquel sótano, con lo cual Sora se mostró muy a gusto.

Ellos pasaron una tarde tranquila y relajada, y quedaron para volver a encontrarse dentro de unos días al haber congeniado bien.


El sol de la tarde se despidió y con ello vino la noche. Después de su última clase del día, Yukko y Hotarumaru acudieron a aquel anfiteatro para la función. En ese lugar, pudieron observar a varias personas que hacían fila para ingresar, por lo cual les imitaron. Desde el mero inicio Yukko se sintió fuera de lugar porque la mayoría de personas en el público se habían dedicado a vestirse apropiadamente, aunque también había otros universitarios que llegaron con ropa casual. Ello le hizo apreciar más a su pequeño, quien solía vestirse con ropas presentables, lo cual no siempre era notorio para ella al enfocarse en lo adorable que era.

Aquel anfiteatro era un lugar pulcro y cómodo, con sillas bien mantenidas, pasillos anchos y buena visibilidad, además de una bien pensada acústica. Como una estructura de su categoría, era un ambiente sin techo que inspiraba a un sentimiento clásico de un coliseo, aunque decoraciones especiales para la obra de la noche invocaban el tema que ese elenco interpretaría.

“Los boletos dicen que veremos una obra inspirada en Robin Hood,” observó Hotarumaru luego de ocupar los asientos asignados junto con Yukko. “Será interesante. Nunca me he dedicado a leer las historias relacionadas con ese personaje.”
“Cierto, yo tampoco,” Yukko sonrió torpemente. Ella apenas sabía que ese personaje existía, era bueno con el arco y flecha y robaba a los ricos para darle a los pobres.
“Hm, te ves un poco incómoda, Yukko.”
“Oh, eh, no es nada, sólo que me cuesta creer este acto de buena voluntad de que ese senpai nos regaló las entradas.”
“Si bien no es de esperarse normalmente, confío en sus palabras,” el pequeño sonrió. “En verdad es una buena persona y me alegro mucho por ti de que recibas esta oportunidad.”
“Gracias… ehh, Hotarumaru.”
“¿Sí?” le miró con curiosidad al notarle inquieta.
“¿Tú crees que me iría bien si me uno al club de drama?”
“Hm, es posible. No conozco tus dotes artísticos así que no puedo juzgarte, pero si a ti te gusta y le dedicas mucho esfuerzo, entonces siento que es posible que te vaya bien.”
“¿En verdad?”
“Claro que sí,” le sonrió ampliamente. “Tú tienes un gran corazón, Yukko, por eso lo digo.”
“Ohh…” ese comentario le llegó a lo más profundo y Yukko se sintió muy dichosa de recibir un cumplido tan puro de parte de su pequeño amigo. “G-gracias, significa mucho para mí.”
“Te has visto interesada en esa oferta bastante. Por ello diría que lo intentes, pero tampoco quiero ponerte presión.”
“Sí, lo sé… en parte es por lo que Hibiki-senpai me dijo…”
“¿Qué te dijo?”
“Un pequeño prodigio como tú no lo entendería, pero…” Yukko se lamentó un poco. “Nadie nunca antes me había dicho que tenía potencial para algo, ni siquiera mis padres.”
“Ya veo…” él ladeó la cabeza.
“S-suena muy deprimente decirlo, pero es la verdad, y por ello me siento tan interesada en poder sumarme a algo para lo que quizás sí sea buena, sobre todo si el propio líder lo dijo…”
“Lo entiendo,” Hotarumaru asintió. “Pero no te preocupes por lo que otros te digan. Lo importante es que seas feliz, Yukko, eso me haría feliz a mí también.”
“G-gracias~” Yukko sonrió como si ascendiera a los cielos. Ya entendía por qué Mai acaparaba tanto la atención del pequeño. Lo único que faltaba para que ese momento fuera perfecto era que le llamara ‘nee-chan’, pero sabía que ya era mucho pedir.

Entonces, las luces se apagaron y ocurrió la tercera llamada, lo que inició la función. Yukko miró atentamente a la obra comenzar con un grupo liderado por el sheriff de Nottingham, quien se encontraba tras la búsqueda de Robin Hood y su pandilla. En aquella escena llena de una curiosa mezcla de tensión y comedia hubo una breve aparición del personaje titular, acompañado por unos secuaces que le ayudaron a burlar las fuerzas del orden y se marcó la rivalidad de ambos grupos de personajes.

Distintas escenas siguieron, sea en la ciudad con aldeanos conversando, en la propia oficina del sheriff o siguiendo a los intrépidos miembros del bando de Robin Hood. Además de las actuaciones llenas de vida de cada estudiante participante, Yukko estaba sorprendida por la sincronización de todos y cómo las escenas fluían y se encajaban muy bien. Por los cambios de escenario, bastantes personas del backstage debían de apurarse en los pequeños apagones para cambiar la escenografía, y todo era hecho a la perfección y con un toque de gracia.

Entonces, entre todas las escenas, Yukko se sorprendió en reconocer a Wataru interpretando un rol de mujer en Lady Marian como una respetada y digna dama de clase alta. Su primera reacción fue de gran extrañeza, pero hasta ella se quedó absorbida por la interpretación de ese personaje. Ese peliplateado fue capaz de ajustar su manera de hablar, gestos y movimientos para transformarse en aquella mujer, y tenía una indescriptible presencia escénica para acaparar la atención de todo el público. En un instante, Yukko pensó que él le miró directamente a los ojos, aunque dicho efecto pudo haber sido recibido de aquel modo por un buen grupo de espectadores.

La función continuó, y lo que había comenzado como escenas fluidas e intercambiables comenzó a tener un sentido coherente y formar una trama conforme Robin Hood mostró madurez y responsabilidad hacia los pobres, además de verse atraído por las gracias de Lady Marian y decidir ser una persona digna de competir por su amor contra otros contrincantes. Por ello y otros conflictos adicionales, el público absorbido empezó a festejar las victorias de la rebelde pandilla, reírse ante sus torpezas y sentir afecto y preocupación durante sus dificultades.

Al igual que muchos espectadores, Hotarumaru se entretenía por ese vistoso espectáculo lleno de imaginación y vida, y él miró a Yukko a su costado hipnotizada y atraída por lo que se encontraba viendo. Aquello sorprendió al pequeño, pero no tardó en alegrarse mucho por su insegura amiga, quien sin duda ya sabía cómo responder ante la invitación de Wataru de unirse a su club de drama.



La obra terminó frente a un estallido de aplausos y exclamaciones llenas de deleite.
« Last Edit: April 03, 2018, 11:40:35 PM by Cho »


Mimi Tachikawa

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #373: February 22, 2018, 12:09:27 AM »
Hoi hoi minna vengo con post!!! luego edito con pics <3 falto indicar es un fic compartido con Cho


Habia pasado más de 5 años que Mao habia abandonado Japón, en parte lo hizo por estudios y en otra parte lo hizo para promocionarse como idol con su grupo Trickstar, pero le preocupaba mucho su amigo de infancia Ritsu ya que sabia lo mal que lo habia pasado cuando Rei desaparecio de la nada y su posterior vida como miembro de Knights, estudiante de Rizembool y su vida siendo el menor del misterio Sakuma Rei, ambos jóvenes se comunicaban seguido porque Mao sabia que Ritsu era de las personas que odiaba que sus seres queridos se alejen de él, en parte sentía algo de culpa al engreírlo mucho y siempre protegerlo ante cualquier cosa que pudiese lastimarlo, el pelirojo podía notar aliviado que en Rizembool tenia amigos que lo estimaban mucho asi que en parte estaba tranquilo, pero lo que deseaba era que ambos Sakuma se amistaran y volvieran a ser los hermanos cercanos de antes, asi que con el dinero que habia juntado en esos 5 años compro los pasajes de regreso, ademas de arreglar su traslado de la universidad donde estudia en los Estados Unidos para estudiar en Hanasaki

Ahora nuevamente estaba en el aeropuerto de Japón, con una mochila y una maleta llena de recuerdos para Rei y Ritsu, y claro también para Suga y Sitri que también eran sus amigos, al momento de salir de la sala de embarque se encontró con un rostro conocido, un joven de cabellos pelicenizos de cabellos cortos en la parte de la nuca y dos mechones largos que se deslizaban por sus hombros de ojos azules, con pantalones de color negro y una polera blanca, entre sus brazos tenia una bolsa de dulces que comia impacientemente a la llegada de su amigo

Por fin llegaste Mao!!! Dijiste que vendrías en el vuelo de las 5 de la tarde pero has venido a las 7 de la noche!! Me has hecho esperar por gusto…- con el ceño fruncido mientras seguía comiendo sus dulces-

Me parece que has mirado mal el mensaje te envie el dia de ayer… dije que estaría llegando a las 7 y que podrias llegar a partir de las 5…-

Es en serio??...-saco su celular para ver el mensaje-es cierto…- dijo suspirando pesadamente para observar curioso en la maleta-
Son los recuerdos que traje…y que abrire cuando lleguemos a la casa…asi que tendras que esperar …-dijo riendo divertido-
Uhm…Mao malo…- se cruzo de brazos-
Como esta Mayura??...-

Ella ya despertó y ahora se esta recuperando, Kou-chan se fue a visitarla y me dijo que lo disculparas…-
No hay problema, al menos estoy aliviado que se encuentre bien ya que se nota que Suga la estima mucho-

Es como una hermana para él…si vieras lo angustiado que estaba…-

Me imagino con lo preocupon que es…-

Asi como cierta persona que conozco…-observando al pelirojo-

Bueno Sitri quisiera hacer algo mas antes de ir a la casa de Suga, no se si podrias llevarte mis cosas? Prometo que cuando regrese seras el primero en recibir todo lo que te traje deacuerdo?-

Aprovechas porque traje el auto y puedo llevarlo sin problemas…bueno  solo porque estas de vuelta...-dijo cogiendo la maleta y se retiro-

Mientras que Mao cogio un taxi para luego marcar un numero de celular

Los días se volvían cada vez más largos por la cercanía al verano, y el cielo de las siete de la tarde todavía tenía una leve tonalidad azul clara luego de pasado el ocaso, con el sol aún despidiéndose. Dicha permanencia de la luz diurna, pese a ser bienvenida por la mayoría, era contraproducente para unos pocos, quienes preferían vivir en la oscuridad. Debajo de un frondoso árbol en un pequeño bosque cercano a la facultad de comunicaciones de Rizembool U se encontraba Ritsu durmiendo plácidamente. Por la hora y el lugar, no existía ni un alma cercana que fuera a perturbar su siesta, pero ello cambió cuando su celular comenzó a sonar por una llamada entrante.

“…” la primera reacción instintiva del chico fue presionar el botón del costado de su aparato para silenciar la llamada, como quien apagaba un ruidoso despertador. Ello sirvió momentáneamente, pero quien llamaba volvió a insistir, y el pelinegro supo en ese instante que no podría ignorar la alerta. Él contestó con pereza y somnolencia.

“Uhh… ¿aló…?”

“Ritsu, soy yo. Despiértate de una vez,” dijo la voz demandante de Mao desde el otro lado del auricular. “Es casi de noche. Ya deberías estar más lúcido.”

“Maa-kun…” Ritsu le reconoció con una ligera sorpresa, todavía sobándose los ojos. “Sí eres Maa-kun…”

“Te dije que regresaba hoy, ¿lo recuerdas?” “Hm… me dijiste un día y una hora…” dio un sonoro bostezo.

“Dame un momento. No estoy seguro de qué día es, tengo que despertarme más…”

“Ahh, no has cambiado en lo absoluto…” se quejó, aunque su tono de voz denotó también un poco de nostalgia por aquel intercambio. “Estoy en el aeropuerto a punto de tomar un taxi. Recuerdas el lugar donde quedamos vernos, ¿verdad?”

“¿Ya has llegado?” preguntó un poco sorprendido. Le oyó dar un suspiro.

“Sí. Te estoy llamando por teléfono en vez de Skype.”

“Oh, cierto…”

“Es hora punta, así que ve yendo cuanto antes.”

 “Pero no hay certeza de que tú vayas a llegar primero, ¿cierto?” Ritsu frunció el ceño y su voz se oyó algo impaciente. “No quiero tener que esperarte en un local…”

“Sigues siendo igual que siempre. Vamos, Ritsu, han sido cinco años desde que nos hemos visto.”

“Lo sé y eso quiere decir que te he esperado esos cinco años, ¿no? Llegar primero significa que te esperaría aún más tiempo, y te tengo que culpar por ello. Eso está muy mal, Maa-kun.”

“¿Qué cosas dices?” Mao se expresó con impaciencia y un poco de desaire. “Y yo que andaba esperando nuestro reencuentro con tantas ansias. Somos amigos desde la infancia, Ritsu, hazme este favor.”

“Fufufu…” luego de oír esas palabras, Ritsu sonrió traviesamente y se animó un poco. “Tú tampoco has cambiado, Maa-kun. Tan directo y preocupado como siempre, y muy atento por más que te complique cada situación. Suena a que disfrutaré verte esta noche si todavía sigue siendo tan fácil hacerte reaccionar así.”

“No te comportes de esta manera, Ritsu…” dio un suspiro, exasperado.

 “Bienvenido, Maa-kun,” le contestó con un poco más de calidez. “Estoy yendo en este instante. Espero que no me decepciones.” La conversación terminó y Ritsu se levantó para ir a aquel reencuentro que había estado esperando por bastante tiempo. Con la noche llegando y esas expectativas a punto de cumplirse, él sabía que contaba con suficientes energías para no quedarse dormido en el trayecto.


En el Taxi Mao observaba como la noche empezaba a mostrarse tiñiendo el cielo de un oscuro profundo, al mismo tiempo que las estrellas empezaban a salir, como dejando el escenario listo para el esperado encuentro con su amigo de la infancia Ritsu, miraba nuevamente el celular y vio que habia recibido un mensaje de texto Debe de ser Sakuma-senpai...-rio suavemente- "Asi que Isara-kun ya volvio a Japón? Me imagino que lo primero que has hecho es ver a Ritsu, espero que ahora que has vuelto puedas ayudarlo y apoyarlo, como veras Ritsu aun me odia asi que es imposible por el momento estar con ustedes y celebrar tu llegada, imagino que despues de visitarlo vendras al hospital a verme no? hay muchas cosas que debemos de hablar en privado" Como siempre dejandome en medio de sus lios..-suspiro pesadamente para responderle con un -"Lo se y no te preocupes que igual esta en mi itinerario ir a vistarte"-guardo el celular y volvio a posar su mirada hacia la ventana- ya falta poco para llegar...-acomodo sus cosas y cuando el taxi lo dejo en el lugar del encuentro, le pago al taxista para luego bajar y acercarse al lugar del encuentro, donde podia observar a Ritsu que bostezaba con pereza mientras esbozaba una ligera sonrisa Al menos aun sigues despierto...no has cambiado en nada Ritsu...- Has llegado un par de minutos tarde Maa-kun...- Que bonita manera de saludar...-dijo suspirando pesadamente-

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Yamato se encontraba en la azotea de la escuela, tenia su armonica entre sus manos y empezo a tocarla para despejarse de sus preocupaciones, ahora que estaba involucrado al 100% con Shun ya no podía ir seguido a visitar a Riku, no podría mirarlo a los ojos, odiaba mentirle pero si lo dejaba de visitar también podría causar una tristeza en el pelirojo, estaba en una encucrijada, pero lo que nunca cambiaria era el amor que sentía por el pelirojo alegre de buenos sentimientos

Asi que estabas en este lugar…-

El rubio giro a mirar al escuchar una voz que lo sacaba de sus pensamientos, observo a la persona que estaba frente a él que era físicamente parecido a Riku solo que el cabello era plateados y ojos de color violeta, ademas que esta mirada era fría, todo lo contrario del novio de este

Kujo Tenn que quieres aquí? Creía que ya no volveria a verte nunca mas…-

Yo tampoco tenia el deseo de verte, pero antes de alejarme completamente de Riku te dije que si sentía que lo ponías en peligro iba a volver y te lo iba arrebatar de tu lado, asi que el momento ha llegado…-

Eso si te lo permito, después de abandonarlo asi como si nada quieres volver a tenerlo? Por mas hermano de él que seas lo déjaste muy mal anímicamente y aún sigue resintiendo tu ausencia

Lo que suceda entre los dos no es asunto tuyo, tu ahora lo has puesto en grave peligro al involucrarlo con Shimotsuki Shun…-

Tu como sabes??...-

No tienes porque saberlo pero ahora me llevare a Riku para que nunca te vuelvas a acercar a él-

Eso si es yo lo permito…- lo miro desafiante-

Basta basta de pelear queridos niños…

En medio de los dos jóvenes apareció Tsubaki Daidoji con su yukata de color negro y sus acostumbrados lentes oscuros que ocultaban sus intenciones oscuras

Que haces aquí Tsubaki-san?...-dijo Tenn con un poco de molestia- estaba en medio de una conversación seria con él…-
Asi que tu eres Tsubaki Daidoji…el padre de la Hime de Shun…-

Y tu eres el key de Shun no es cierto?? Yamato Ishida…-observandolo de arriba hacia abajo- tienes un buen potencial como para ser solo un apoyo…-giro a voltear al pelicenizo que estaba cruzado de brazos

Que interesante que no se lleven bien a pesar de amar a la misma persona…claro de diferente manera…-rio ampliamente- son unos chicos interesantes…sobre todo mi querido  hijo Tenn Kujo…-

El rubio se cruzo de brazos-Ahora Riku estará en mayor peligro, asi que ahoras eres un Daidoji?

Eso no tiene nada ver contigo…-dijo cruzado de brazos- a Tsubaki-san le encanta exagerar las cosas
Riku Nanase, hermano mellizo de Tenn, quien padece una enfermedad desconocida lo cual lo tiene postrado en una habitacion de hospital, un bello chico dotado con una hermosa voz que se esta marchitando en un horrible lugar como una habitacion de hospital, mientras que sus dos caballeros cuidando de él en las sombras, como quisiera posar mis manos en su delicado cuerpo y llevármelo para hacerlo miembro de mi familia

Ni te atrevas…-dijieron los dos jóvenes mirándole con ganas de matarlo-

Que miedo…-rio divertido para luego alzar su mirada- amo estar en Rizembool después de tanto tiempo, siento el ambiente tan pesado que es un deleite para mi…-dijo el pelinegro acomodándose los lentes- Hay tantas cosas que debo de planear…asi que querido Tenn debemos de ir a la mansión para que puedas alistarte y visitar a tu hermana…-

Si no me queda mas opción lo hare…-dijo suspirando pesadamente-

Hasta siento lastima por Mayura Daidoji al tener personas como ustedes alrededor suyo…-cruzado de brazos- como yo no tengo nada que ver en este asunto será mejor que me vaya …-caminando al lado de Tsubaki- No suelo amenazar pero mas le vale que no se meta que Riku …-

Uy… que miedo…-

El rubio desaparecio de la escena, dejando a los otros dos solos

Tal parece que has dejado a tu hermano en buenas manos…asi que deberías de estar tranquilo querido Tenn…-

Quizas tengas razón…por el momento esta a salvo…ahora visitaré a mi nueva hermana no es ciero?-

Seguro que amaras a tu hermana…-rio divertido- pero recuerda que es parte de Hanasaki y es nuestra enemiga-

Aun no logro entender el por que tanto odio hacia ella? Si no tiene nada que ver lo que sucedió contigo según lo que me has contado-
Es una larga historia querido hijo-sonrio maliciosamente- ademas no es divertido ver como algo frágil y hermoso empiece a hacerse pedazos? Es algo inevitable en este mundo, se que lo llegaras a comprender algún dia-

No creo que comparta la misma visión de vida como tu

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“Sí dije que no quería esperarte más, ¿no es así? En fin…” Ritsu ensanchó su sonrisa y, de un momento a otro, sorprendió a su amigo al darle un fuerte abrazo.

“¡O-oye!” el pelirrojo se quedó estático en lo que su caprichoso amigo mantenía aquel espontáneo y firme abrazo. Pese a tener el impulso de cortar con el gesto, Mao no evitó ponerse a pensar en lo que el pelinegro tenía en su cabeza. Seguramente se había estado sintiendo muy nostálgico y solitario, y aquella meditación le inspiró un ligero cargo de consciencia por haberse ido tantos años pese a haber mantenido comunicación constante. Además de ello, él también echó de menos a su viejo amigo, y esa muestra de afecto era bienvenida luego de ver oído tantos reclamos de su parte. No supo qué esperar al verle, aunque lidiar con su impredecible y engreído amigo una vez más si le hizo sentirse de vuelta en casa. Y entonces el pelirrojo sintió a su amigo pegar su rostro hacia su nuca, lo cual le resultó adicionalmente incómodo.

“¿Qué haces?” “Hmm… tu aroma es un poco distinto ahora, Maa-kun~” canturreó, lo que hizo que Mao sintiera su aliento muy de cerca.

“¡Quítate!” ello fue lo que le hizo empujar a su amigo hacia atrás para quitárselo de encima. El pelirrojo se mostró iracundo y avergonzado mientras Ritsu se puso a reír por lo bajo.

“Fufufu, ¿qué sucede?” le preguntó con una sonrisa traviesa. “Yo identifico a mis seres queridos por sus aromas. Es algo que los dos sabemos sobre mí. Sigues siendo un niño vergonzoso, ¿no es así?”

“Ah, no puedo contigo,” llevó sus manos a sus caderas y negó, frustrado.

 “Ese comportamiento no es aceptable. Deberías meditar tus acciones más seguido.”

“Se trata de ti y tú me comprendes. No es que tenga que pensarlo mucho,” Ritsu se encogió de hombros con leve cansancio. “Nos estamos viendo después de tiempo. No quiero tener que oír tus llamadas de atención tan pronto.”

“Puedo decir lo mismo con tus pedidos y demandas…” agregó Mao, mirándole con incomprensión por aquel reclamo de su parte. “Sí nos vendría mejor hablar de otra cosa.”

“¿De qué es lo que quieres hablar?” preguntó, confundido. “Aparte de hacerte recordar tu ausencia y del hecho que he podido probar que sí estás aquí por contacto físico, no sabría qué más decirte.”

“No veo por qué tendrías que cuestionarlo. Hace tiempo que no nos vemos, Ritsu. Esta reunión no nos da para mucho, pero al menos quisiera que me cuentes cómo estás.”

 “Hmm…” alzó su mirada mientras consideraba esa pregunta, pero demostró que su mente estaba en blanco. “Intento pensar en qué más decirte además de mis reportes por medio de Skype, pero no logro venirme con algo. Aunque no me quejo,” sonrió un poco. “Muchas veces la falta de noticias son buenas noticias, y sabes que mi rutina es muy tranquila y monótona últimamente. No puedo quejarme.”

“Lo que dices tiene sentido…” sabía que ponerse a hablar de temas más personales o complicados sería difícil en aquel primer encuentro, aunque sí le aliviaba notar que su amigo estaba contento y tranquilo, al menos sin nada urgente que atender.

 “Estoy estudiando una carrera en Rizembool, más que nada como un muy improbable plan B, pero dicho lugar es principalmente mi hogar. Me mudé de mi casa a esa institución poco después de que tú te fueras, y cuento con algunos amigos. Espero que puedas conocerlos pronto,” sonrió un poco. “Eso sería todo. Tengo un mayor interés en oír lo que Maa-kun se trae en manos en el presente. ¿Qué tal si me iluminas?”


El pelirojo de cabellos cortos y rebeldes suspiro pesadamente, no le gustaba la idea de que Ritsu siguiera en Rizembool, el tambien habia pasado una temporada en dicha escuela solo por capricho de Ritsu hasta que se tuvo que mudar, desde un principio tenia el presentimiento que jamas encajaria en un lugar como ese, apreto fuertemente sus manos porque tenia ganas de regañarlo, pero tomo aire para luego empezar a hablar -Bueno hemos tenido muy duros momentos pero me logré acostumbrar a mi vida en Estados Unidos, dicho sea de paso estuve de pequeñas giras con Trickstar...y pues tambien decidi estudiar en la universiad y tomar la carrera de administracion de empresas...aunque quizas con mi traslado a Hanasaki busque otra carrera para estudiar...-

Dijo mientras observaba al pelienegro que parecia no estar muy feliz de escuchar que estaria en otra universidad distinta a la suya No te preocupes que te ire a visitar todos los dias-

“Espero que cumplas tu promesa, vaya forma de desilusionarme…” Ritsu rodó los ojos.

“Debes haberte dado cuenta que nunca fui compatible con Rizembool. No me sentía a gusto ahí y soy más afín a Hanasaki.”

“Supongo que tienes razón…” contestó con desgano y una pizca de indiferencia, y desvió la mirada. “Eres una buena persona, Maa-kun, pero eso te hace aburrido y no siempre es el modo más eficaz de vivir, aunque creo ya haberme acostumbrado a que seas mi amigo Hufflepuff.”

 “¿Qué quieres decir con eso?” se impacientó.

“Fufufu, pero está bien. Gente como tú es importante en la vida. Siempre has sido un gran apoyo para mí y ahora que estás de regreso espero que retomes donde te quedaste…” comentó con un dejo maligno y una sonrisa entretenida mientras se cruzaba de brazos.

“A veces me pregunto por qué tengo que ayudarte tanto si me tratas así…”

“Estoy convencido que eres igual de voluntarioso con quien sea que te pide ayuda, especialmente con tu conjunto de Trickstar. Por ese último detalle espero que no me dejes de lado tan fácilmente.”

“La forma en la que llevo mis asuntos profesionales no tiene que ver con nuestra amistad, Ritsu. No te dejaría a un lado por ellos, del mismo modo en el cual no descuidaría a mis otros amigos y a mi grupo por ti,” le aclaró con paciencia. “Y tú mismo lo debes comprender bien, ¿no es así? Eres un idol al igual que yo.”

“Tiene sentido…” ante aquella observación, Ritsu mostró una ligera ausencia y mal humor. Él se encogió de hombros en un intento de disiparlo. “De Knights quedo sólo yo, pero sí entiendo lo que dices.”

“Ritsu…” Mao notó la ligera incomodidad en el pelinegro. “¿Todo está bien?”

“Sabes que hay un par de mis antiguos compañeros que continúan peleados, eso es todo,” recalcó con leve severidad para dejar el asunto detrás. “Lo que sucede con Knights nos concierne a nosotros los caballeros únicamente.”

“Ahh, sé que no puedo renegar contigo…”

“Pero aparte de ello, mi propia carrera solitaria está rindiendo frutos,” comentó el pelinegro con una distraída sonrisa. Su expresión denotaba diversión y orgullo personal por sus hazañas, aunque curiosamente también le dedicaba cierta indiferencia. “Estoy empezando a volverme un rostro más reconocible, y recientemente he estado haciendo presencia en algunos eventos importantes. Mi agenda no termina ahí tampoco.”

 “Siempre has tenido talento escénico, realmente no me sorprende.”

“Lo que me importa de todo esto que es me he demostrado a mí mismo que puedo triunfar por mis propios medios. Knights fue el motivo de mi inicio, y en el presente ya no tengo que vivir bajo la sombra de nadie.”

Mao se incomodó por esas palabras. Por más que Ritsu no lo hubiera mencionado directamente, él no se había referido a ninguno de los ex-compañeros de Knights con respecto a ser una sombra.

 El pelirrojo supo que su amigo se refería a su hermano mayor, quien había sido un muy notorio idol en su momento y que todavía era mencionado a la par de su menor. El hecho de que Ritsu fuera una perpetua sombra de Rei no ayudaba la brecha que se había generado entre ambos, y casi parecía que Ritsu estaba perfectamente contento al aprovechar dicho detalle adicional para hacer crecer esa distancia. Ello era algo que Mao rechazaba rotundamente al desear que los problemas entre sus dos viejos amigos pudieran solucionarse tarde o temprano.


Maa-kun te quedaste muy pensativo…-dijo picándole la nariz con su dedo, el pelinegro sabia que cuando su amigo empezaba a pensar de mas lograba desconectarse del mundo-oye deja de pensar de mas y ponme mas atención…oi oi…-

Eh?...-el pelirojo salio de sus pensamientos y vio a un pelinegro visiblemente fastiado- lo siento Ritsu…bueno como ya nos pusimos al dia en algo en estos años que no nos hemos visto pues es hora que nos distraigamos comiendo y abriendo tus regalos que traje de mi viaje antes de que te quedes dormido otra vez, me imagino que no has traido tu automóvil no es cierto?-

Lo traje porque sabia que me ibas a dejar a mi casa después de la reunión porque no estoy del todo seguro si podre quedarme mas tiempo despierto…-bostezo ligeramente- sabes lo mucho que debo de dormir y solo por ti estoy haciendo el gran esfuerzo-

En serio aun me sorprende que te hayan entregado tu licencia de conducir…-

Maa-kun estas celoso porque no tienes auto …-

No es que tengo solo que no quiero…-suspirando pesadamente- prefiero manejar bicicleta y ejercitarme

Que aburrido…-canturreo pícaramente- bueno entonces terminemos de comer, dame mis regalos y llévame al cine hay una película muy interesante en la cartelera

Dudo que sigas despierto para ir al cine…-

Ambos chicos siguieron conversando pero ya mas animadamente, Mao sabia que habia llegado en el momento adecuado para al menos poder lograr a tranquilizar en algo al agitado corazón de su amigo de la infancia, quizás mas adelante podría lograr que ambos hermanos hicieran las pases, por el momento no iba a decirle que también iba a ver al Sakuma mayor para no provocar al celoso amigo que tenia cuando se trataba de el

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matta ne!!!

Mimi-chan
« Last Edit: February 27, 2018, 08:15:57 PM by Cho »


Cho

Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Reply #374: February 27, 2018, 08:19:04 PM »
Uhh, todavía me faltan más fics... espero poder escribirlos pronto. Este me quedó muy largo así que lo divido en dos.

Edito con los icons que faltan.

53.1.



Era la mañana siguiente y el grupo de Yukko se había reunido a tomar el desayuno antes de la primera clase del día. Durante esa merienda, tanto Yukko como Hotarumaru se pasaron comentando a sus amigos sobre la función del día anterior con muchos detalles y ánimos.

“Oh, y fue ahí que comenzó otro combate,” dijo el pelicenizo, con sus ojos brillantes. “Hehe, les salió muy realista. Se podía sentir la tensión y en verdad parecía que los actores se estaban golpeando y atacando.”
“El Robin Hood también tenía mucha pasión y resaltaba entre los demás,” agregó Yukko.
“Sí, ¿verdad?” el pequeño sonrió gustosamente. “Fue fácil encariñarse con él.”
“Los dos se divirtieron un montón, me alegro de oírlo,” Hajime asintió, sonriendo. “Me alegra que la hayan pasado bien. Esas dos entradas fueron un gran obsequio.”
“Sí, fue genial. Nunca había ido a una función de teatro y ahora veo que me he perdido de mucho,” dijo Yukko, alegremente.
“Yo había ido a algunas en el pasado, y en verdad me gusta mucho ir. Cada vez que voy me adentro en la trama y me divierto con los personajes,” dijo Hotarumaru, contento y radiante de alegría. “Y esa obra estuvo tan llena de energías y vida que me encantó. Hehe, gracias por haberme invitado, Yukko.”
“Aw, fue todo un placer,” la chica sonrió al pequeño, pero rápidamente se detuvo porque detectó la mirada severa de Mai en ella. Yukko le miró con cierto temor y notó que Mai hizo una pausa en comer su desayuno para abrazar a Hotarumaru de costado.
“Mo…” el pequeño se sorprendió y miró de reojo a Mai. “Mai-neechan, ¿estás bien?”
“Lo estoy. Tú sólo déjate querer por mí,” dijo ella, inmutada. “Te he echado de menos.”
“S-sí, aunque nos hemos visto ayer…” de todos modos Hotarumaru fue pasivo y se dejó abrazar.
“…” Yukko dio un suspiro. De inmediato comprendió que Mai estaba celosa por la alegría de Hotarumaru y el tiempo que había pasado en la obra sin ella. Supuso que era de esperarse.
“Siempre tan especial, Mai…” Hajime rodó los ojos al también comprender lo que ocurría.

En ese momento, llegó un quinto miembro a la mesa, quien se sentó al costado de Yukko y comenzó a cortar sus pancakes con alegría y tarareando una canción. Se trataba del peliplateado, quien se dio el tiempo para degustar un primer pedazo de pancake antes de hablarles.

“¡YUM! ¡Delicioso! ¡Un buen desayuno para un buen día!” dijo para sí mismo con su juguetón vozarrón y miró a los demás. “¡Y buenos días a todos, mis estimados! ¡Aquí está su Wataru Hibiki para servirles~!”
“¡Ohh! ¡La obra estuvo extraordinaria, senpai!” dijo Hotarumaru, emocionado. “¡Y usted hizo un espléndido rol como Lady Marian!”
“¡Ahhh!” Wataru se emocionó tanto por el elogio que primero se sonrojó antes de formular una apropiada respuesta. “¡Y encima de mi fortuna recibo halagos de un precioso shota! Amazing! ¡Agradezco tus tan sinceras y sentidas palabras, mi pequeño!”
“Hehe, estaré al pendiente de sus próximas obras.”
“No existe un mayor gusto para mí que oírte decir eso. Te aseguro que no voy a decepcionar tus expectativas~” el peliplateado preparó un generoso pedazo de pancake que recogió con un tenedor y lo extendió al pequeño. “¿No quieres un poco de mi desayuno? Di, ahh~”
“Mantén tu distancia, pedófilo,” Mai abrazó a Hotarumaru como madre protegiendo a su hijo.
“Sí que la gente malinterpreta mis gestos, ¿cierto?” Wataru se desanimó y se encogió de hombros. “Aunque debo pensar en mis acciones con cuidado. No es la primera vez que me llaman pedófilo en lo que va del día~”
“Ehh…” Yukko se inquietó por ese detalle e intercambió miradas con Hajime.
“Aunque enfoquémonos en lo que vine,” el peliplateado miró a Yukko a su costado con unos ojos saltones y una sonrisa pícara. “¿Qué te pareció la función de ayer?”
“Fue muy divertida y elaborada e interesante… y no sé qué más adjetivos usar, pero en verdad me sorprendió,” confesó Yukko, contenta. “No supe qué esperar, pero esto sobrepasó todas mis expectativas. Realmente me confundí al ver a Robin Hood un poco rebelde en un inicio, pero sí se desarrolló como un héroe.”
“Ah, oírte es como respirar una bocanada de aire fresco, Hanasaki-chan mía,” comentó complacido, y le guiñó un ojo. “Las historias de Robin Hood son muy antiguas, y si bien la imagen de ese justiciero que vela por los pobres data casi desde los inicios de su fama en Inglaterra, en un mero inicio aquel personaje fue más un forajido que otra cosa, e incluso su preocupación por los pobres se plasmó como un capricho de su parte inicialmente. Quise aprovechar ese contraste para desarrollar a Robin Hood conforme escribí nuestra adaptación.”
“¡Wow, ¿tú escribiste la obra también?!” Yukko abrió sus ojos como platos.
“¡Siento la admiración hacia mí provenir de todos tus poros! ¡Qué delicioso aroma!” exclamó mientras los otros cuatro se incomodaron por esas palabras e intercambiaron miradas. “Entonces, ¿ya te has decidido si te unes a mi club de drama?”
“P-pues, m-mientras no intentes inquietarme tanto ni llevarme a ver un muerto ni convertirme en una pokeparada…” Yukko dio un pesado suspiro para disipar esos miedos. “Sí, me encantaría.”
“Amazing!” exclamó con gran dicha y levantándose para extender sus brazos hacia el sol. “¡He sido bendecido por el propio Helios! ¡Ahora puedo llevar a cabo mi plan maestro y conquistar el mundo! ¡Ya he capturado a todas las Princesses of Heart!”
“¿Q-q-qué?” Yukko se asustó.
“Está delirando, obviamente,” Mai se encogió de hombros, inmutada.
“¡Es que no sabes lo excelente y maravilloso que esto es!” exclamó el peliplateado. “¡En verdad siento que este club puede ser muy positivo para ti y un gran cambio en tu vida! ¡Te aseguro que te sentirás bienvenida! ¡Y siento decirlo, pero no te queda bien ser una estudiante de ingeniería! ¡Concuerdo en que el apodo de Hanasaki-chan te queda bien justamente porque no vas con el estándar de Rizembool de tecnología y ciencias y te creo más para humanidades!”
“Uhh…” Yukko bajó su mirada, ya no muy segura si era tan buena idea aceptar, pero quería al menos darle un intento.
“Oye, no te pases,” reclamó Hajime, impaciente.
“Bueno, para variar estamos de acuerdo en algo,” comentó Mai.
“Mai-neechan…” Hotarumaru le miró con leve reproche.
“Oh, pero no me malentiendan. No está nada mal estudiar una carrera de esas aquí, sin duda que no, aparte que la cosa más hermosa para mí en toda la faz de la tierra es un científico en Rizembool, por lo que las ciencias son igual de adorables para mí~” Wataru le dio un guiño a Yukko, con una sonrisa pícara. “Ahora que he oído tu interés, quiero que vengas a observar la práctica que tendremos el próximo lunes,” él sacó una tarjeta con las indicaciones de cómo llegar. “Artes escénicas, salón de práctica B, 3pm, no hay pierde.”
“S-sí, gracias…” Yukko asintió. Justo a esa hora terminaba una de sus clases, por lo cual le tocaría apurarse.
“¡Nos vemos, preciosura!” dicho esto, Wataru tomó su bandeja y volvió a correr a la distante mesa, donde dejó su comida en su sitio y pasó a abrazar a algunos de sus kouhais con gran dicha y alegría, por más que no todos se vieran contentos por el gesto.

“Listo,” Mai asintió. “Tienes a un segundo Tsurumaru en tu vida.”
“Uhh, no digas eso, Mai…” Yukko se inquietó.
“Bueno, es verdad. No es Tsurumaru, después de todo,” se ajustó los lentes. “Puede ser peor.”
“E-en serio…” sintió un tic en la ceja.
“Pues, aparte de su personalidad rara, por cómo disfrutaron de esa obra, estoy seguro que sí es alguien prometedor,” dijo Hajime, negando antes las palabras de Mai. “No te inquietes tampoco, Yukko, que todavía tienes esa práctica del lunes para observar.”
“Es verdad,” Hotarumaru sonrió. “Seguramente será divertido y te irá bien.”
“Gracias por los deseos, chicos,” Yukko asintió. Sería cuestión de probar cómo le iba.

De aquel modo, ellos continuaron con el desayuno antes de asistir a la primera clase del día.


Pasaron varias horas y llegó la tarde en aquella ciudad. El aeropuerto de Narita estaba tan transitado y ocupado como de costumbre, mientras muchos viajeros iban y venían para seguir con sus atareadas vidas. En medio de todos los viajeros provenientes del extranjero que recogían sus maletas, un pelirrojo terminaba de subir su último equipaje con la ayuda de un compañero de viajes, mientras una tercera chica desinteresada les esperaba. Con esa maleta subida en uno de los carritos, los tres empujaron esos coches para pasar por el chequeo de aduanas, y contaron con la suerte de que nos los revisaran.

“¡Victoria!” exclamó la chica con grandes energías luego de salir de aquel ambiente. Ella era una chica de cabellos salvajes y cortos de color negro, con varios mechones blancos y rojos que le daba una pinta salvaje, además de sus brillantes ojos carmesí. “¡Esos malditos de la aduana no me quitarán nada esta vez!”
“¿Qué has empacado exactamente como para que te lo fueran a quitar?” preguntó el chico mayor. Este tenía unos cabellos rubios puntiagudos recogidos en una cola de caballo, con un buen mechón armado en una amplia trenza, que también le daban cierta aura traviesa, aunque parecía tener los pies mucho más en la tierra que la otra.
“Los secretos de las mujeres no te conciernen, leoncito~” canturreó la pelinegra mientras le miraba con cierta maldad y burla.
“Estoy seguro que lo que sea que escondes en tu maleta no se asocia con tu supuesta feminidad, maldita histriónica,” observó a regañadientes. Entonces, él con las justas evadió una patada de la otra. “¡Oye, ¿qué haces?!”
“Fufu, no sé,” pese a aquel comentario del otro, la chica estaba complacida y contenta al haberle molestado tanto. “Sólo me pareció divertido pegarte. Hemos estado doce horas en el avión, necesito estirar mis piernas.”
“Tsk, al menos aguántate a que salgamos, ¿quieres que nos arresten?”
“Oh, buen punto,” ella asintió. “Hace tiempo que no soy arrestada. ¿No sería gracioso que nos arresten ahora, leoncito?”
“¡No, detente!” el rubio vio que la otra le hizo caso omiso al intentar patearle otra vez. “¡Párala ya, maldita!”
“¡Oigan!” el pelirrojo que iba delante de ellos se detuvo para mirarles con reproche y levantar un índice. Ese chico era mucho menor que los otros dos al todavía no ser mayor de edad, y además de sus vistosos cabellos que resaltaban, tenía unos únicos e inocentes ojos aguamarina con un gradiente y brillo rojos. “Están por encontrarse con mis hermanos, les pido que se controlen frente a ellos, ¿de acuerdo? Esto es muy importante para mí.”
“Lo siento, Shinano, créeme que quiero comportarme también,” dijo el rubio, apenado.
“Es que leoncito sigue siendo tan rebelde como siempre,” la chica se encogió de hombros.
“¡No soy yo!”
“Yo sé que Shishiou es el bueno de los dos,” Shinano miró a la chica con frustración. “Seija, por favor, respeto tu forma salvaje y contradictoria de ser, pero sólo quiero que te comportes frente a mis hermanos menores. Temo que les vayas a asustar.”
“Si yo les llego a asustar, significaría que no tienen suficiente experiencia con el mundo de afuera, ¿no?” la chica se encogió de hombros, y sonrió traviesamente. “¿Pero en verdad es tan importante que me porte bien frente a tu familia?”
“¡Por supuesto que sí! ¡Ya lo he dicho varias veces!”
“¿Seguro~?”
“¡Lo es! ¡No insistas más, por favor!”
“¡O-oye!” Shishiou se alarmó y se acercó al joven, para hablarle en susurros apurados. “¡¿Q-qué crees que estás haciendo?! ¡Si le dices algo así a Seija con tanta urgencia, sólo la estás incentivando a que haga lo contrario!”
“¿Eh?” el pelirrojo se preocupó.
“Tú sabes cómo es. Va contra la corriente aún si no le conviene.”
“Oigan, chicos, les puedo oír~” canturreó la chica, claramente entretenida al ver la preocupación y el sufrimiento de los dos.
“Uhh, en serio, hazme el favor, Seija…” pidió Shinano, incómodo y juntando sus palmas.
“Hmm, quizás lo haga y quizás no~”
“Tsk, ya conozco esa expresión tuya,” Shishiou la encaró y le apuntó acusatoriamente. “Oye, sabes que la familia es muy importante para Shinano, y si no piensas hacerle caso por el sentido común, al menos recuerda que tú en cierta forma estás siendo empleada por ellos.”
“Lo sé, lo sé,” ella negó cansinamente. “Sí que no tienen sentido del humor. ¿O es que acaso te ofreces a que te dé un zape en la cabeza cada vez que sienta un impulso de hacerles bullying?”
“¡O-obviamente tampoco quiero eso!” exclamó, irritado.
“Vamos, por favor, tenemos que avanzar,” pidió el pelirrojo. “Ya nos están esperando.”
“Uhh, gracias por ofrecerte a dejarnos en nuestras viviendas,” dijo Shishiou, un poco agotado por tener que lidiar con la otra.
“De nada, es lo menos que puedo hacer por ustedes por haberme apoyado tanto,” Shinano asintió, sonriendo.
“Bueno, tomaré la buena voluntad, me conviene,” Seija se encogió de hombros y continuó empujando el carrito de maletas que le tocaba llevar. Los otros dos intercambiaron miradas mientras esperaban que esa complicada pleitista sí se fuera a portar decentemente.

Ellos continuaron el largo pasillo y, ni bien llegaron a la salida, Shinano reconoció a su numerosa familia, quienes le esperaban con un vistoso banner hecho a mano. El pelirrojo aceleró su carrito y se adelantó para darse un fuerte abrazo con todos.

“Uff, no mentías cuando dijiste que eran muchos, leoncito,” Seija alzó una ceja. “¿Es que acaso son una familia de mormones?”
“Cuida tu boca con ellos, por favor,” Shishiou negó, frustrado.
“¿Qué? Sólo decía.”





Shinano detuvo su carrito frente a su familia y corrió a encontrarse con los pequeños, quienes se abalanzaron para así compartir fuertes abrazos con el pelirrojo. Mientras tanto, los tres mayores mantuvieron su distancia y esperaron pacientemente su turno.

“¡Shinano-niisan!” exclamó Maeda, quien junto con Houchou logró ser uno de los dos que le dieron un abrazo antes que los demás. “¡Ya estás aquí, me siento afortunado!”
“Yo también me alegro mucho de verte, Maeda,” el pelirrojo le sonrió simpáticamente.
“¡Tienes un montón de cosas que decirnos, Shinano-niisan!” dijo Houchou, quien se emocionó de un momento a otro. “¡Ohh, ¿y me trajiste los dulces que te pedí?!”
“Por supuesto, y hasta más,” le dio un guiño. “Tres de mis cinco maletas son regalos para todos ustedes, sólo esperen a que lleguemos a casa y me ponga a desempacar.”
“¡Yay~! ¡Muchas gracias!” Houchou sonrió gustosamente mientras Shinano le revolvió los cabellos a él y Maeda.
“Tengo muchos más cariños que darles, ahora déjenme saludar a sus hermanos,” le pidió amablemente y ellos le soltaron para así dejarle recibir a los otros dos pequeños.
“¿Cómo estuvo tu vuelo, Shinano-niisan?” preguntó Akita, quien de inmediato aprovechó la disponibilidad del mayor para abrazarle.
“Muy bien, un poco largo pero tranquilo. Soy feliz de estar con ustedes,” asintió gustosamente y luego de revolverle los cabellos fue soltado, para así observar a Hirano y sonreírle.
“Verte me causa mucha dicha, Shinano-niisan,” dijo Hirano, quien sonrió e hizo una reverencia. “Bienvenido, me alegro mucho de que estés de regreso nuevamente.”
“Yo también estoy muy contento, y ya veo que estás intentando ser más maduro y correcto de lo que recordaba,” Shinano sonrió gustosamente, pero no se ahorró las ganas y también le dio un fuerte abrazo.
“Ehh…”
“¿Por qué lo intentas evitar? Yo sé que tú tienes tantas ganas como tus hermanos de abrazarme, está escrito por todo tu rostro. Intenta no ser tan estricto contigo mismo cuando estemos juntos en familia, ¿de acuerdo?” le aconsejó y sintió cómo su hermanito pasó a relajarse y aceptar su gesto por escuchar sus palabras.
“Lo recordaré,” Hirano le soltó y sonrió algo avergonzado.
“¡Shinano-niisan! ¿Viste la pancarta que te hicimos?” preguntó Houchou.
“¡Claro que sí, me ayudó a encontrarles! ¡Está muy bonita y bien hecha! ¡Buen trabajo!” el pelirrojo les levantó un pulgar y les dio un guiño, para así observar a los pequeños festejar y conversar entre sí con mucha dicha. Ello le enterneció el corazón, y finalmente llegó su momento de ser un hermano menor ante los tres que estaban al pendiente de él.

“Shinano, bienvenido a casa,” dijo Ichigo, con una cálida sonrisa.
“¡Ichi-nii!” el pelirrojo ya no pudo contenerse y se lanzó directo al pecho del mayor de los Toushirou, quien le recibió con calidez y le dio un abrazo. Después de frotar su rostro contra la camisa de su hermano mayor, Shinano alzó su mirada sin disminuir la distancia y miró al peliceleste con ojos brillantes y alegres. “¡Ahh, qué alegría! ¡Había extrañado tus abrazos!”
“Yo también he extrañado abrazarte, y me alegro mucho de ver que sigues tan contento y cercano como de costumbre,” Ichigo ensanchó su sonrisa. “Cuento contigo para seguir animando la casa y cuidar de nuestros hermanitos, y también para pasar más momentos en compañía.”
“¡Por supuesto!” el pelirrojo dejó de abrazarle para darle un saludo militar, sonriendo decidido. Su porte formal no le duró mucho ya que Namazuo se le lanzó encima para abrazarle y revolverle los cabellos con gran efusividad.
“¡Shinano! ¡Sigues tan precioso como siempre!” exclamó el pelinegro mientras lo apachurraba. Se acercó a su hermanito para sobar su mejilla contra la de él. “Te he echado tanto de menos~”
“Ehh, hahaha, yo también, Namazuo-nii,” Shinano sonrió con torpeza. “Estoy bajo tu cuidado nuevamente, si no es molestia.”
“¡Por supuesto que no, yo encantado!” Namazuo le soltó y se mostró muy alegre. “¡Ahh~ y verdad que tú sí me rindes respeto como hermano mayor, a diferencia de tus otros tres malagradecidos hermanos! Ahh, no sabes lo que me duele cada vez que Yagen me critica o ignora mis intentos de cuidarle…”
“L-lo imagino…” la sonrisa de Shinano se contagió de una leve tristeza por la mención de justamente esos tres hermanos contemporáneos a él que no estaban ahí para recibirle, pero de inmediato lo olvidó para dirigirse a su otro hermano mayor presente.
“…” Honebami se tensó brevemente, pero volvió a recuperar su compostura, para asentir y dirigirle un saludo. “Ha sido un tiempo, Shinano…”
“En verdad que sí, Honebami-nii…” el pelirrojo asintió de manera obediente, pero, tal y como los demás esperaron, Shinano no se ahorró las ganas de abrazar incluso a ese hermano que odiaba el contacto físico.
“…!” este se sorprendió y se quedó petrificado en su sitio, mientras esperaba que su menor saciara esa necesidad suya.
“Muchas gracias por venir a recibirme, significa un montón para mí, en verdad,” comentó, y dejó de abrazarle para darle una dulce sonrisa.

Sabía que su hermano peliblanco era una persona retraída, distante y especial en varios sentidos, pero el hecho que se hubiera aparecido en aquel emotivo momento en contra de sus instintos era mucho que decir. Shinano le vio asentir nuevamente y, de aquel modo, le tocaba presentar a sus dos compañeros de viaje, quienes habían mantenido cierta distancia en lo que esa familia terminaba con los saludos.

“Hermanos, aquí están Shishiou y Seija,” dijo, alegremente. “Ellos me están ayudando mucho con mis planes a futuro y me han apoyado bastante durante mis estudios en los Estados Unidos. Espero que se puedan llevar bien.”
“¡Hola a todos!” Shishiou les saludó animado y movió una palma. “Nos vimos una vez, ¿se acuerdan de mí?”
“Buenas tardes, por supuesto que sí,” dijo Maeda, quien le dio una respetuosa reverencia y le sonrió. “Le agradezco por haber cuidado a Shinano-niisan.”
“Ha sido todo un gusto. Su hermano es una gran persona.”
“En verdad que lo es,” Akita sonrió dulcemente. “Ustedes siempre serán bienvenidos.”
“Claro, lo consideraré si algún día tengo hambre,” dijo Seija con cierta pereza, y ella de inmediato notó tanto a Shishiou como a Shinano mirarle con reproche. “¿Qué?”
“Bienvenida, Seija-san,” Hirano asintió. “Esta es nuestra primera vez encontrándonos con usted, si no me equivoco.”
“Sí, fue alguien con quien se toparon allá en América, si mal no recuerdo,” dijo Namazuo. “Bueno, si eres amiga de Shinano, sin lugar a dudas que eres amiga de todos nosotros.”
“Sí, lo que digas,” volvió a encogerse de hombros, aunque Seija parecía cada vez más molesta y hastiada de todo el positivismo de esa familia. “Y pues, no mentía con eso de ir a comer donde ustedes, porsiacaso.”
“O-oye…” Shinano hizo un puchero.
“Pues, sí cocinamos muy rico en casa, y mis platillos me salen cada vez mejor,” Houchou se emocionó. “¡Ohh, tenemos que hacer planes para todo un banquete!”
“Por supuesto, sería un agrado hacer un evento en el cual podamos invitar a todos los amigos de la familia,” Ichigo sonrió complacido y llevó una mano a su pecho. “Y sería un honor invitarlos a los dos, Shishiou-san, Seija-san.”
“¡Oh, gracias por la oferta, yo encantado!” Shishiou sonrió.
“Yo también…” Seija dio un suspiro y terminó por darle un zape al rubio como quien descargaba una indeseable energía negativa.
“¡Ah, déjame!” le reclamó. Sin duda, Seija cumplió su palabra de golpearle cada vez que sintiera el impulso de portarse mal.
“V-vamos de regreso, tenemos que subir todas estas maletas al carro,” dijo Shinano, incómodo, al comprender que la rara buena voluntad de Seija de comportarse estaba llegando a su límite. “Ehh, supongo han venido en dos autos, ¿no?”
“¡Claro! ¡No habría manera de que todos entráramos en uno solo!” exclamó Namazuo, contento, aunque pasó a dar un frustrado suspiro. “Pero de nuevo no me dejaron conducir…”
“Es lo mejor…” Honebami asintió, inmutado.

De ese modo, todos se pusieron de acuerdo para abordar los dos carros. Ichigo estaría a cargo de llevar a Namazuo y los viajeros ya que haría las paradas para dejar a los acompañantes de Shinano en sus respectivos lugares antes de ir a casa, mientras que Honebami transportaría a los hermanitos y el equipaje del pelirrojo directo a la residencia de los Toushirou.

En el camino a los estacionamientos, Shishiou de inmediato congenió bien con los pequeños que caminaban hacia el frente, mientras que Seija aprovechaba cada momento para hacer una broma sobre el rubio o darle uno que otro zape. Pese a ese ligero maltrato físico, las reacciones cómicas del rubio hacían que los pequeños encontraran ese intercambio como cómico.

Por su parte, Shinano caminó junto con los hermanos mayores. Él observó al pobre de Shishiou recibir otro zape y se hizo una nota mental de recompensarle por el mal rato y el favor de desplazar las malas intenciones de la otra. De ahí, dio un suspiro y se vio un poco desanimado.

“¿Te encuentras bien, Shinano?” preguntó el peliceleste, atentamente.
“Uhh, sonará malagradecido y caprichoso de mi parte, pero hubiera querido encontrarme con todos en esta ocasión…” dijo el pelirrojo, meditabundo. “Gokotai sigue enfermo de la gripe, si no me equivoco.”
“Lo está. Nuestro hermano menor tenía ansias de venir, pero intentar asistir a clases hoy no le sentó bien, y tememos que padezca una recaída,” le informó Ichigo con amabilidad. “Él nos está esperando en casa, así que asegúrate de darle muchas atenciones cuando lo veas.”
“Por supuesto, conociéndole debe sentirse culpable y mortificado, así que le engreiré en lo que queda del día,” Shinano asintió decidido.
“Aunque entiendo por dónde viene tu lamento, Shinano,” Namazuo no ignoró la previa inquietud de su pelirrojo favorito y le sonrió comprensivamente. “Los tres hermanos con los que fuiste más cercano durante tu niñez continúan desaparecidos y dispersos.”
“Sí…” dio un suspiro. “Han sido así por ya varios años y me preocupa. Aunque bueno, Hakata tampoco ha llegado, aunque él está estudiando en otra parte del Japón y me dijo que espera venir dentro de dos semanas.”
“Gotou no pudo venir hoy porque tuvo un viaje de emergencia, según me informó,” observó el peliceleste, sonriéndole. “Pero dice que es por un motivo importante y que te lo repondrá. Él va a intentar regresar el sábado y puedes ir a visitarle en su apartamento en la ciudad.”
“Hm, me pregunto qué estará planeando. Él que siempre se ha creído especial…”
“Haha, pero tú también te crees muy especial, ¿no es así, Shinano?” le recordó Namazuo.
“Bueno sí, en muchos aspectos soy un gran tesoro,” el pelirrojo sonrió animado y autosuficiente. “Desde que era muy pequeño, nuestros padres insistieron en mi potencial y estoy convencido que puedo salir adelante y honorarles,” asintió motivado y decidido.
“…” Ichigo le miró con ternura. Su pequeño pelirrojo era una persona muy dulce y que gustaba animar y contagiar su positivismo, y pese a ser un poco débil de carácter y un tanto ingenuo realmente tenía una buena autoestima. Desde pequeño insistió en cómo sus padres le habían enseñado su valor y gran potencial al haberle llamado ‘tesoro’ repetidamente, y fue ese incentivo lo que logró que Shinano siguiera con su sueño de ser una gran figura pública y dotado en las artes escénicas en contra de todas las adversidades.
“Aunque bueno… en verdad deseo que todos podamos estar juntos, como en el pasado,” comentó el pelirrojo, sonriendo con nostalgia.
“Ocurrirá tarde o temprano, y sin duda más temprano que tarde~” Namazuo le dio un guiño. “Te verás frecuentemente con Gotou y Hakata en nada de tiempo, aunque no sé qué decir sobre tus otros dos hermanos mayores.”
“Atsushi continúa con su entrenamiento militar…” recordó Honebami, mirando hacia el frente. “Regresará en unos meses…”
“Cierto, pronto cumplirá con su deber y se reintegrará luego de su larga ausencia,” Ichigo sonrió.
“Y Yagen es un cantar completamente distinto…” Namazuo dio un pesado suspiro. “Él que siempre ha estado en la ciudad, pero vive en Rizembool inmerso en sus deberes y mantiene una gran distancia de nosotros…”
“Debí imaginar que era mucho pedir que viniera a darme la bienvenida…” Shinano sonrió incómodo y se apenó mínimamente. “A veces no le logro comprender…”
“Uhh, como su hermano mayor, tengo que enseñarle una lección,” el pelinegro hizo un puchero.
“Si intentas llamarle la atención, puede que le animes a comportarse mal. Siempre he notado que nuestro responsable y académico Yagen posee una chispa traviesa,” dijo Ichigo, quien pese a la mención se mostró contento, como si encontrara aquel detalle del científico muy adorable. “Hablé con Yagen hace poco más de una semana y él me dijo que estaba haciendo un esfuerzo por terminar una lista de quehaceres para así tomarse días libres para las vacaciones. Ese debe ser el motivo de su ausencia.”
“Aun así…” Shinano negó. “En fin, mañana iré a dar un tour por Rizembool a manera de familiarizarme antes de iniciar mis clases en el próximo semestre, así que veré cómo encontrarme con él.”
“Heh, mejor te dejo el trabajo de hablar con Yagen. Él siempre te ha oído, después de todo,” comentó Namazuo, satisfecho. “Oh, pero lo más probable es que pare en su laboratorio todo el día y el acceso a ese bloque es restringido.”
“Está bien,” Shinano sonrió pícaramente. “Creo tener una idea sobre cómo entrar…”
“¿Qué tienes en mente, Shinano?” preguntó Ichigo, con leve preocupación. “Por favor, intenta no meterte en problemas.”
“Estaré bien, Ichi-nii, tú no te preocupes,” le sonrió alegremente.

Entonces, el grupo llegó al par de autos que los transportarían fuera del aeropuerto y se dividieron como habían acordado. Después de dejar a sus compañeros de viaje en sus respectivas residencias, Shinano finalmente llegó a casa para disfrutar de una gran cena y compartir con sus hermanos luego de un año fuera del país. El pelirrojo disfrutó mucho de aquella tarde y se fue a dormir temprano para así tener suficientes energías para lo que le esperaba al día siguiente.

De ese modo, pasó la noche y llegó un nuevo y agradable día que marcó el inicio de su estatus como futuro estudiante de Rizembool.




Los tres quedaron para encontrarse al día siguiente en la secretaría principal de Rizembool U y así poder dar un tour por la universidad. Una vez llegaron, Shinano acudió a pedir su carnet de estudiante y presentar lo que faltaba de su documentación y los otros dos le imitaron para así terminar con esas formalidades. Una vez eso concluyó, el pelirrojo preguntó si existía la posibilidad de ser guiados por una persona por la universidad y, después de que la secretaria que les asistía consultara con unos de sus compañeros, él recibió la afirmativa y la indicación de que esperaran a que una guía disponible acudiera para enseñarles el campus.

“Me cuesta creer que hayan aceptado así sin más,” observó Shishiou, todavía sorprendido.
“Nunca duele preguntar,” dijo Shinano, sonriendo. “Me sabe un poco mal pedirlo, pero mis hermanos mayores están ocupados con clases, o lo que sea que Yagen está haciendo.”
“Por mi bien, si tengo que aguantar más de tu familia extremadamente positiva me vería forzada a degollarme,” Seija rodó los ojos y agarró un panfleto de la universidad mientras lo miraba con absoluta indiferencia. “Me cuesta creer que existen familias como la tuya.”
“Lo dices como si fuera malo,” el pelirrojo le miró con incomprensión. “Los Toushirou siempre hemos sido unidos y nuestra principal característica es la lealtad a nuestra familia. Eso es algo que nadie nunca cambiará.”
“Supongo que la gente nunca lo catalogará como malo, pero es aburrido, y a mí me resulta súper empalagoso. Tienes que entenderme.”
“Me pregunto si tus quejas vienen del hecho que a ti te desterraron de tu hogar,” observó Shishiou, frustrado.
“¿Qué cosas preguntas, leoncito? Por supuesto que no es por eso. Vamos, tú me conoces bien,” Seija rió un poco y sonrió con leve maldad. “El hecho que mis padres me hayan corrido es lo que me dio las libertades que tengo hoy en día, y en parte es una forma en la cual me han declarado como alguien problemático que se puede meter en su camino. No soy inservible.”
“Sí que no has cambiado…” el rubio negó. “A veces no sé por qué pierdo mi tiempo contigo.”
“Hahaha, ¿cierto~?”
“Uhh…” Shinano se estremeció. Esa chica era sin duda malévola en muchos aspectos. “Creo que yo no podría seguir adelante si me desterraran de mi familia de algún modo…”
“Eso no pasará. Todos te quieren mucho y tú los quieres también y los cuidas a tu manera,” le animó Shishiou, sonriéndole.
“Hehe, lo sé, no hay forma que me fuera a ocurrir, gracias por recordármelo.”
“Ugh, ya no anden diciendo esas cosas tontas,” Seija desvió su mirada con cansancio y miró hacia fuera del edificio, donde había varios estudiantes yendo hacia sus clases. Entre todos ellos, observó a un par que caminaban con katanas reales y se confundían a la perfección con los demás, lo cual llamó su atención. “Oh, pero ahora que recuerdo esta universidad tiene cierta mala fama como un lugar bélico y peligroso, ¿no es así?”
“Pues sí…” Shishiou negó, frustrado. “Aquí hay Rebels. ¿No recuerdas que te lo expliqué?”
“Ohh, Rebels, suena muy entretenido~” Seija se emocionó por la mención. “Vamos, dime más, ¿qué hacen estos Rebels?”
“No quiero volver a repetirme, Seija.”
“Pero me cuesta creer que me dijiste algo potencialmente peligroso y que no lo recuerde.”
“Uhh, ya, está bien,” se encogió de hombros. “Esta vez no te olvides. Los Rebels son estudiantes masculinos de Rizembool que tienen poderes mágicos y atacan a unas estudiantes femeninas de Hanasaki con poderes llamadas HiMEs. Mi hermanita fue una HiME, ¿o también te olvidaste?”
“Ahh, ya veo por qué me olvidé,” la pelinegra sonrió con ironía. “Si vas a meter a tu hermanita en nuestra conversación por supuesto que no voy a prestar tanta atención.”
“Tsk, ¿cuántas veces te he pedido que te lleves mejor con ella?”
“Oye, dile eso a ella también. Es obvio que el odio es mutuo,” se encogió de hombros con indiferencia, aunque también una traviesa sonrisa en sus labios.
“Bueno, es verdad…” Shishiou dio un pesado suspiro y sintió un tic en la ceja por saber que a Seija le entretenía lo mal que se llevaba con su hermana menor. “Pero al menos tendrías que hacer el favor a las personas de interesarte mínimamente por sus seres queridos.”
“No seas irracional, leoncito.”
“¡No soy irracional! ¡Es como las cosas tienen que ser!”
“Pero no esperes mucho de mí, si es que ahora al parecer tengo la obligación de recordar no sé cuántos cuchucientos nombres de los hermanitos de Shinano,” se quejó, hastiada. “Y tampoco te andes molestando por culpa de tu tonta hermana. ¿No ves lo mala que es?”
“¡Tú eres la que me hace molestar como siempre, histriónica!” exclamó mientras le apuntaba acusatoriamente. “Y este es un tema muy serio. Los Rebels apuntan a quitarle la vida a sus HiMEs y es una batalla con desencadenantes terribles. Obviamente me incomoda.”
“Ya, pero no hay por qué inquietarse tanto. No es como si tu hermanita hubiera muerto por culpa de su Rebel, ¿cierto?” preguntó indiferente, pero entonces pasó a sorprenderse. “Espera, ¿o es que acaso sí murió y me lo dijiste y te ignoré porque la mencionaste? ¡No es justo que me escondas su muerte, leoncito!”
“¡Cállate! ¡Ella sigue con vida!” estalló iracundo.
“¡Hahahahaha!” Seija se mató de risa ante la reacción del otro, para empeorar la situación.
“¡Maldita bruja!” Shishiou no se ahorró las ganas de golpearle, y como de costumbre ella probó ser muy ágil para levantarse de un salto y empezar a evadir sus golpes pese a que su fuerte risa todavía no paraba.
“¡Hahaha! ¡Ella es la bruja, hahaha!” exclamó partiéndose de risa y todavía evadiendo al otro.
“¡Ya, deténganse, por favor!” les pidió Shinano con nerviosismo y alzando sus palmas. “Nos van a echar de secretaría si no se comportan.”

El pelirrojo dio un pesado suspiro y supo que le tocaba esperar al menos un poco a que se calmaran antes de volver a insistir. La dinámica de ese par solía ser así, y Shinano se había enterado que, pese a que Seija estuvo radicando en los Estados Unidos antes de conocerles, los dos habían sido amigos de la infancia y se conocían muy bien. Ello lamentablemente sólo significa que la problemática pelinegra no tenía reparos ni tabús al lidiar con Shishiou y claramente amaba desesperarle al sin duda sentirse ‘a gusto’ con él. A veces el pelirrojo no sabía por qué la habían aceptado en el grupo, pero la chica sí probaba ser talentosa como modista y diseñadora, aparte de saber leer bien a la gente.



En ese momento, una persona ingresó a la secretaría. Esta observó brevemente a Shinano, dio un ofuscado suspiro, y entrecerró sus ojos para darles un contundente mensaje.

“Insectos, cállense de una maldita vez…” dijo con una voz oscura y leve, pero lo suficientemente poderosa como para llamar la atención del par, quienes se confundieron, intercambiaron miradas y miraron con atención a la recién llegada.

Se trataba de una chica alta, esbelta y de impresionante figura, con unos largos cabellos azabache y ojos grises oscuros que reflejaban una permanente distancia y mal humor. A una simple vista, ella parecía alguien presentable y una mujer de envidiable apariencia que sería capaz de atraer a quien sea, pero sólo bastaba mirar a sus ojos llenos de antipatía y hastío y su rostro oscurecido por su cabello para captar cierto peligro provenir de ella.

“Ustedes vendrían a ser los especiales a quienes tengo que dar un tour, ¿cierto?” preguntó con indiferencia, y negó ofuscada. “Ya, vengan, síganme para acabar con esa tontería.”
“Ehh…” Shishiou ladeó su cabeza. “¿Tú eres nuestra guía…?”
“Interesante elección,” Seija se veía intrigada.
“¡Ohh!” por su lado, Shinano se sorprendió y pasó a alegrarse, para romper con el misterio y distancia de la guía. Él sonrió ampliamente y corrió para abrazarle. “¡Onee-san!”

El pelirrojo le dio un fuerte abrazo e incluso pegó su rostro al pecho de esa chica, como si se tratara de un niño buscando mimos de su madre. Shishiou estaba un poco preocupado ya que esa acción iba en contra de los instintos básicos de supervivencia. Sin embargo, aquella chica le miró con cansancio y leve hastío y esperó un poco antes de golpear la frente del pelirrojo con un chasquido de dedos para indicarle que había sido suficiente.

“Ehh, hehe, perdón, es que me alegro mucho de verte,” dijo Shinano, volviendo a tomar distancia y sonriendo con torpeza mientras agarraba su frente. Esa pequeña agresión no le había quitado la felicidad de encontrarse con su mayor. “No pensé que nos veríamos tan pronto, onee-san.”
“No me llames así,” le dijo cansada y rodando los ojos. “Tú siempre has sido el Toushirou cariñoso y sin concepto del espacio personal, pero sabes que no pienso engreírte.”
“Sí, perdóname,” asintió y se giró a sus compañeros. “Oh, déjenme presentarle a Tharja. Ella es cercana a mi familia.”
“¿Una hermana más?” preguntó Seija, escéptica.
“No, pero varios de los menores de su exaltada familia me llaman así, por más que deteste que lo hagan,” contestó con molestia.
“Es que eres lo más cercana a una hermana mayor que tenemos,” dijo Shinano, animado.
“Con el supuestamente perfecto hermano mayor que se traen, no me necesitan. Y yo ya tengo a un inepto hermano menor y no quiero a más,” se encogió de hombros. “Perfectos como ustedes deberían dejar que los disfuncionales como nosotros seamos infelices.”
“¿Por qué dices eso?” el pelirrojo se confundió.
“Pfft, acepto lo que dices rotundamente,” Seija se animó. “Menos mal que no soy la única que condena a esa nauseabunda familia.”
“También me desagradan los desagradables,” sentenció Tharja, mirando a la otra de reojo.
“Ohh, pero las dos somos desagradables, ¿no es así?” la otra se notaba contenta al haber reconocido a otro ser semejante. “Tengo la impresión que nos podemos llevar muy bien.”
“Uhh…” Shishiou sintió escalofríos y negó. Si bien podía ser reconfortante que hubiera alguien por ahí por quien Seija no sintiera una muy declarada antipatía, esperaba que ese par no fuera a congeniar, aunque el simple hecho de que estudiaran en Rizembool podía ser demasiado potencial para su caótica amiga.
“Como dije, vamos a dar el tour de una buena vez. No tengo todo el tiempo del día. Espero que no crean que vivo a la expectativa de visitantes que quieren tours para que Rizembool me saque del calabozo,” dijo Tharja, malhumorada.
“Ehh, perdón por el pedido. Mis hermanos no estaban disponibles,” dijo Shinano, quien bajó la mirada. “Si es una gran molestia para ti, podemos arreglárnoslas.”
“…” ella desvió su mirada. “Ya estoy aquí. Vamos nomás.”
“Gracias por el favor,” Shishiou le agradeció y sonrió gustosamente. Pese a esa complicada personalidad, Tharja parecía ser una buena persona por dentro y apreciaba esa dedicación. De todos modos, encontraba interesante que por su forma de ser fuera una estudiante que se prestaba para ese tipo de asistencias.

Al terminar con las introducciones, los cuatro comenzaron a caminar por Rizembool. Fue una caminata ágil, con Tharja sirviendo de una muy desinteresada guía que apuntaba a mencionar lo obvio, como que había una cafetería frente a sus ojos o que se aproximaban a algún edificio grande de una facultad que no les interesaba. Por ello, Shinano le pidió que les llevara al área artística de la universidad ya que esa era la zona que más iban a frecuentar ni bien empezaran clases, por lo cual fueron hacia esa dirección.

“Mi labor se resumirá a llevarles a ese sitio, ya que no conozco esa facultad,” dijo la guía mientras caminaban, y ella miró a Shinano de reojo. “Creo recordar vagamente que eras medio artístico, ¿no es verdad?”
“Sí,” asintió mientras sonreía como un niño obediente que respondía una pregunta en clase. “Yo quiero ser una persona con gran presencia pública cuando sea grande. Nunca seré un propio representante de la familia como Ichi-nii y mis hermanos mayores, pero también espero hacer resaltar el nombre Toushirou como sea posible, y como mi orientación siempre fueron las artes, estoy esperando desarrollarme como un modelo. Shishiou y Seija me están apoyando con eso.”
“Nos hemos juntado porque tenemos aptitudes distintas,” dijo el rubio, sonriendo y se apuntó a sí mismo con energías. “Yo he iniciado una línea de ropa hace un par de años y ya he tenido cierto éxito internacional, y Seija se ha paseado por América como una actriz avant-garde. Los Toushirou terminaron contactándonos para apoyar a Shinano.”
“Así que parece que el señorito tiene que aprender cosas de sus vasallos, o algo así,” dijo Seija, encogiéndose de hombros.
“Prefiero pensar que somos amigos y compañeros, Seija,” observó Shinano, con leve reproche.
“Si tu familia los contactó y quizás hasta los ha contratado, obviamente tu ‘vasalla’ puede sacar esas conclusiones,” Tharja rodó los ojos. “Y ya frustra oír que ustedes tienen tanta ayuda.”
“En serio, qué familia tan perfecta,” se quejó Seija, hastiada.
“Ya, déjenle en paz,” Shishiou negó, impaciente.
“Pero pienso que la meta de ser un modelo es algo un poco simple, sobre todo si no piensas seguir otras carreras,” comentó la guía, alzando una ceja. “Y también considerando lo que tus hermanos mayores han hecho con sus vidas…”
“E-ehh…” eso hizo que Shinano se incomodara.
“Ohh, me encanta, directo a la yugular~” Seija sonrió malignamente. “Hasta alguien tan desinteresado como yo sabe que ese es un punto débil para él.”
“Dirás eso, pero hay supermodelos muy reconocidos y que han logrado mucho más que desfilar en las pasarelas,” observó Shishiou a Tharja. Él sonrió con orgullo. “Pese a mi corta trayectoria, he tenido la oportunidad de conocer a un par de modelos famosos, y puedes apreciar lo talentosos y maestros que son como personas reconocidas.”
“Reitero lo que dije, porque esas personas han logrado su estatus al ser más que modelos,” continuó Tharja, inmutada. “Tienen preparación y aptitudes variadas mucho más allá de su apariencia y conocimiento de sus cuerpos. Realmente no me importa lo que Shinano haga con su vida, pero al menos debería tener más información.”
“Estoy seguro que me estoy perdiendo de mucho aún, pero sí lo he tomado en consideración,” él asintió, decidido. “Estaba tomando clases en un instituto especializado en los Estados Unidos y ahora he regresado porque he sido ofrecido una oportunidad de estudiar bajo un idol retirado que tuvo mucha fama en su época. Oh, pero él no sólo fue un idol, también se desempeña como productor y entrenador, y al parecer tiene muchos recursos y sabe cómo movilizarse en el medio,” Shinano se emocionó. “Y pensar que esa persona me contactó porque le causé interés. Sé que puedo aprender mucho de él.”
“Hm, al menos cuentas con eso,” Tharja se encogió de hombros. Ella se detuvo. “Bueno, aquí estamos. Los varios edificios a continuación comprenden una gran cantidad de carreras artísticas, como diseño gráfico, bellas artes, música, actuación, entre otras cosas. No vengo por aquí así que no me importa realmente.”
“Es muy amplio,” Shishiou se impresionó. “¡Ohh! ¡Y eso de allá parece un anfiteatro enorme!”
“No tienen un mal gusto, sobre todo por tratarse de una universidad de ciencias,” Seija se vio satisfecha y ambos continuaron caminando para darse un rápido recorrido entre los edificios. Los otros dos les siguieron de cerca.
“Oh, antes que se me olvide,” Shinano se dirigió a Tharja. “¿Cómo está tu hermano?”
“Hm, borracho e inservible como siempre,” comentó con leve hastío.
“Ehh…” el pelirrojo sonrió incómodo. “M-mándale mis saludos, por favor.”
“Lo más probable es que lo veas antes que yo,” recalcó, mirándole de reojo. “Ya que el borracho pasa tanto tiempo junto a tu hermano de cabellos puntiagudos…”
“Hehe, es cierto. Pienso ir a ver a Gotou mañana así que quizás me lo encuentre.”
“Oh, adviértele que mi hermano muerde.”
“¿Eh?” eso le confundió.
“Ohh, ¿cómo así muerde?” preguntó Seija, interesada.
“No te metas, por favor…” Shishiou se frustró.
“Hm, nada, tuvimos una pelea y me mordió,” Tharja miró a su mano donde efectivamente pudieron ver ciertas marcas de una mordedura. Ella no le prestó mayor atención.
“Ihhh… e-estará peor que la última vez que lo vi…” el pelirrojo sintió escalofríos.
“S-siento que te haya pasado eso,” el rubio le dio el pésame, pero la otra se sacudió para que la soltara y le miró de soslayo.
“No hagas drama, además peleas entre nosotros son normales. Nos odiamos, después de todo,” se encogió de hombros, indiferente. “Y luego de que me mordiera, yo le di una patada contundente en la cabeza. Por ende, gané,” así, Tharja continuó caminando inmutada mientras los chicos le miraban con miedo y Seija reía un poco.
“Sí que me caes bien, y no digo eso a menudo,” comentó, animada. “Ahh, ojalá tuviera un hermano al que patear también, pero tendré que contentarme abusando a leoncito.”
“¡No te atrevas!” le reclamó Shishiou.
“Ehh…” Shinano sonrió incómodo. En verdad se preocupaba de la dinámica de Tharja con su hermano y del hecho que ambos tenían personalidades muy disfuncionales. Ojalá las cosas no fueran a salirse de control en su familia.

Ellos no continuaron mucho más antes de toparse con alguien familiar para un par. Se trataba de Tsurumaru, quien justo salía de la facultad de artes escénicas. Este no tardó en posar sus ojos en Tharja y se vio intrigado.



“¡Ohh, Tharja, qué sorpresa! Haha, ¿ves que el sol no derrite?” comentó entretenido. “¿Qué te trae por aquí?”
“De guía,” se encogió de hombros. “Y te puedo preguntar lo mismo, tú que eres científico.”
“Programador, y créeme que quisiera ser un estudiante de teatro mil veces más que mi impuesto oficio por Rizembool, pero bueno…” se encogió de hombros, sonriendo frustrado. “Me topé con un senpai que quiere ser senpai de una de mis kouhais y nos entretuvimos tanto hablando sobre ella que terminé acompañándole hasta aquí, aunque ya iba de regreso a mis aposentos. En fin,” él miró a los otros tres y les sonrió, para agitar una mano en señal de saludo. “Mis felicitaciones por sobrevivir la guía de Tharja, ojalá les vaya bien por Rizembool.”
“Oye, Tsurumaru, ¿acaso no me reconoces?” preguntó Shinano, confundido.
“Oh, suena a que me conoces,” este intentó hacer memoria. “No, no te recuerdo. ¿Quién eras?”
“Uhh, soy Shinano, ¿hermano de Yagen?”
“¿En serio? ¡Hahahaha!” el peliblanco se rió con ganas. “¡Con razón no te recordaba! Perdón, es que ustedes son demasiados.”
“Muy buen punto,” observó Seija.
“Oye…” Shishiou le miró impaciente.
“Pero yo sí te recuerdo, Tsurumaru…”
“Ponte en mi lugar, pequeño,” se encogió de hombros con toda naturalidad. “Yo sólo soy uno y me considero fácil de distinguir por mi característica apariencia blanca, mientras que, ¿cuántos eran ustedes de nuevo? ¿Diez? ¿Doce?”
“Yo también he perdido la cuenta,” comentó Tharja, desviando su mirada. “Pero sí es un Toushirou, lo certifico.”
“¡Hahahaha, gracias por el certificado!” Tsurumaru se rió ampliamente.
“Uhh, al menos intenta recordarme desde ahora…”
“Aunque sí creo haber oído a Namazuo decir recientemente que un hermanito estaba por regresar del extranjero. Supongo ese eres tú.”
“Lo soy…” dio un suspiro. “Aunque esperaba verte, Tsurumaru. Tengo un favor que pedirte.”
“Depende de lo que quieras, soy todo oídos,” sonrió traviesamente. “Sobre todo si eso envuelve molestar a Yagen.”
“Haha, entonces sí me ayudarás,” Shinano dibujó una sonrisa pícara en su rostro. “¿Podrías acompañarnos mientras te lo explico?”

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