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The Hunger Games / Re: I Volunteer as Tribute! | Hunger Games Kickstarter
« Last post by Shura on May 04, 2026, 10:52:34 AM »Distrito 1
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• Tributo masculino: Nikto
• Tributo femenino: Alicia Dessendre
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Ahí quedan mis tributos.
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Listas y Probaciones / Re: New Probation Time!
« Last post by Cho on April 30, 2026, 11:00:01 PM »
Probaciones pronto.
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HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Eureka on April 30, 2026, 09:48:27 PM »Este mes ha sido HORRIBLE and it gets worse (felizmente ya termina)
Luego edito con topes y otras cosas.

La autopista estaba vacía a esas horas de la noche. Los miles de metros de concreto en frente de ellos solo tenían como compañía los edificios grandes y ostentosos de vitrinas oscuras que bordeaban el camino. Un camino que, si Eureka era sincera, no sabía a dónde los llevaría.
El trayecto de vuelta a casa se había sumido en una calma inigualable. Sin embargo, Eureka sabía que las apariencias engañaban, puesto que Madara tenía la cabeza llena de preguntas que no se atrevía a enunciar… ya sea por misericordia, por pena o por miedo a empeorar su humor.
Sin duda, esa era una gran hazaña para un hombre tan falto de consideración y con prioridades verdaderamente cuestionables. Nunca habría imaginado que Madara sería capaz de respetar su silencio… pero tal vez verla perder las casillas había bastado para motivarlo a actuar de esa manera.
Si bien la vergüenza la invadió al recordar sus exabruptos… Eureka se sintió aliviada al pensar que al menos Madara no se había ganado con el espectáculo principal. De seguro se moría por saber todos los detalles de su discusión con Lelouch… y aunque sentía que le debía una por el fin de semana pasado y por haberlo arrastrado a esa reunión sin previo aviso… la HiME optó por seguir guardando silencio.
Sin embargo, una voz inesperada la sacó de sus pensamientos de un momento a otro.
“¿Iremos a ese lugar, Mikejima-dono?” Preguntó Neuvillette y se acercó al espacio entre el asiento del piloto y del copiloto, curioso.
“¡Ajá!” Madara le sonrió a través del espejo retrovisor. “De hecho, estaba pensando en ir a recoger a alguien más para que nos acompañe.”
“¿Qué?” Eureka lo observó, confundida. “¿A dónde nos vas a llevar? ¡¿Y a quién vas a recoger?!”
“Tranquila, Eureka-san. Es una sorpresa~”
“¡No me gustan las sorpresas!”
“Tal vez esta le gustará, Eureka-dono,” comentó Neuvillette. “Al menos siento… que a mí sí.”
El diminuto tinte de emoción en la voz de Neuvillette llenó de confusión a Eureka. ¿Qué lugar podría emocionar tanto a su Child como para afectar su manera de hablar? ¿Acaso ese había sido el tema de conversación entre él y Madara mientras esperaban que terminara la discusión privada entre ella y su ex?
La chica soltó un suspiro. Por un momento, contempló la opción de negarse a acompañarlos a dondequiera que habían planeado ir. Pero al cruzar miradas con los dos… notó que tal vez era su forma sutil de querer subirle los ánimos. Neuvillette había probado ser un Child muy reservado y respetuoso. Y, firme a sus convicciones, parecía que no planeaba cuestionarle lo que había conversado con Lelouch a solas. Por su lado, Madara no pensaba meterse en lo que no le incumbía.
Quizás el objetivo de ese paseo nocturno era distraerla un poco.
“…Está bien.” Eureka asintió pese a sus dudas.
“¡Excelente!” Madara sonrió de nuevo. “Entonces, ¿podrías llamar a Tooru-saaan~?”
“¿A Oikawa?” La mirada confundida de la HiME le sacó una risa a su acompañante. “¡Oye! ¡No te rías!”
“Bueno… Pensé que sería más divertido ir a ese lugar con él.”
“…¿Qué?”
“…Y Neuvillette-san quiere ir con su papá.”
“No veo ni a Oikawa-dono como mi papá ni a Eureka-dono como mi mamá, Mikejima-dono,” contó Neuvillette. “Sin embargo, debo admitir que el plan de verdad suena más entretenido con su presencia.”
“…” Eureka suspiró. Todo indicaba que ambos habían discutido la posibilidad de integrar a Oikawa a su extraño plan mientras ella había intentado sacarle los ojos a Lelouch. “Bueno. Lo llamaré.”
Su celular había regresado a su posesión después de la cena y yacía en su regazo, imperturbable. Al agarrarlo, la pantalla se encendió y Eureka notó que el centro de notificaciones solo contaba con la previsualización de un mensaje de Oikawa.
Eran buenas noticias.
“…” Su rostro se iluminó ante ello. En cuestión de segundos, desbloqueó su celular y tocó el perfil de contacto de su amigo para llamarlo.
Al cabo de un instante, Oikawa le contestó.
“¿Eh? ¿Eureka-chan? ¿Todo bien?” El castaño sonaba preocupado.
“Ah, em… vi tu mensaje. Me alegra que Iwaizumi esté de acuerdo con la mudanza.”
“¡Sí! Creo que lo que más le emociona es el prospecto de tener como compañero de piso a un dragoncito.”
“…Jeje.” Eureka soltó una risita. “Bueno, tiene sentido. Es lo más cercano que estará de ser amigo de Godzilla. Oye, ¿estás ocupado ahora?”
“Am… ¿no?” Aunque no lo veía, la HiME intuyó que su amigo había arqueado la ceja ante su pregunta rara. “¿Por qué?”
“¿Te gustaría salir a pasear conmigo, con Madara y con Neuvillette? Ese par armó un plan para visitar un lugar misterioso y pensaron que sería lindo que te nos unieras.”
“¡Hola, Tooru-san!” Lo saludó Madara con su voz ensordecedora. Eureka lo fulminó con la mirada mientras activaba el altavoz del teléfono. “¿Dónde estás? ¿En tu casa? ¡Podríamos pasar por ti!”
“¿Eh? Sí, estoy en casa. Llegué hace menos de una hora y acabo de bañarme. Salí a comer con Iwa-chan, Souji-chan y Tomo-chan después de cruzarme contigo, Madara-chan.”
“Ah, eso tiene sentido~ Por eso estaban esperando a sus amigos en esa cafetería”
“…Sí, es nuestro punto de encuentro porque la mayoría de ellos estudia en la Facultad de Ingeniería…” Oikawa se detuvo en seco al darse cuenta de un detalle. “Oye, nunca te lo he dicho, pero se me hace muy extraño que llames a todos por sus nombres. ¡Nadie se refiere a Iwa-chan como <Hajime>!”
“…” Eureka suspiró. Quería comentar que Madara igual usaba un honorífico con todo el mundo, pero se mordió la lengua.
Era obvio que Oikawa se iría por la tangente y hablaría tonterías. Tal vez le daba celos que tratara a su mejor amigo con mucha confianza, pero Madara e Iwaizumi no eran amigos. Solo se saludaban cuando se veían y nada más. Eureka recordaba que ese par y Souji los habían llevado a sus casas después de la fiesta del videoclip, pero hasta donde sabía, no habían interactuado de nuevo después de eso.
Tal parecía que a Oikawa le gustaba exagerar.
“En fin, ¿te unes al plan o no?” Eureka le recordó el punto de aquella llamada. “Madara está que maneja sin rumbo desde que salimos del restaurante, así que sería bueno que te decidas ya para darle la ubicación de tu departamento.”
“…¡W-wah! ¡¿Se fueron a cenar?!”
“Sí, pero no cenamos los tres solos. Luego te cuento. ¡¿Vienes o no?!”
“¡Sí, sí! ¡Está bien! ¿Le das mi dirección o te la paso de nuevo por Line?”
“Mejor pásamela de nuevo por Line… solo por si acaso.”
“Bueno, entonces… nos vemos en un rato, Tooru-san~” se despidió Madara.
“…Supongo.” Oikawa suspiró antes de colgar.
¿Por qué había sonado tan desanimado al final de aquella llamada? Era extraño escucharlo así de quejica y pesumbroso. Sin embargo, Eureka no podía negar que Oikawa a veces se engreía y, cuando lo hacía, era pesado a más no poder. ¿Tal vez le había irritado que le hubieran propuesto esos planes a última minuto? Aunque él era más espontáneo que ella…
O quizás…
“…” Eureka observó a Madara en silencio.
De seguro él era el culpable del cambio de humor de su amigo.
Aun así… la HiME no pensaba tomar bandos en esa situación. Ambos podían ser igual de insufribles si así se lo proponían. Al fin y al cabo, eran muy parecidos… aunque Oikawa intentara negarlo.
El sonido del ringtone de su celular la trajo de vuelta al planeta tierra.
“¿Está bien que ponga la dirección de Oikawa en el Google Maps de tu carro?” Le preguntó al conductor mientras revisaba el mensaje del susodicho.
“¡Sí, eso sería mejor!”
“Queda cerca de Rizembool, así que puedes ir por esa zona y de ahí te ubicas con el Google Maps.”
“Oookay~”
Eureka colocó la dirección en la barra del Google Maps y la aplicación de inmediato mostró la ruta más rápida para llegar al departamento de Oikawa. Esto implicaba ir por un par de autopistas adicionales, pero Eureka sabía que a Madara poco le importaba pagar la tarifa del peaje.
“…Madara, ¿crees que Neuvillette se pueda quedar contigo unos días?” Eureka se dirigió hacia él pese a observar el panorama de la ciudad a través de la ventana del copiloto.
Le había dado vueltas a la idea desde que habían salido del restaurante ya que, hasta ese momento, aún no había contado con una confirmación por parte de Oikawa de que sus planes de mudanza llegarían a concretarse. Todo parecía indicar que sus opciones eran recurrir a Madara o encargarle el Child a Lelouch… pero antes muerta que pedirle un favor a ese tipo.
Al pensar de nuevo en él, su expresión se agrió y tuvo que tragar saliva para no sucumbir al llanto. Aunque al inicio había pensado que el trato era una buena idea, ahora se sentía muy patética por haberlo aceptado… y lo último que quería era demostrarle al susodicho que aún lo consideraba como un contacto en quien podía confiar. Más aun si se trataba de alguien tan valioso como su propio Child. Neuvillette había probado ser sabio en el aspecto emocional —su sermón había sido de gran ayuda—, pero Eureka no podía predecir cómo actuaría en otros entornos… y menos aún si no contaba con alguien para vigilarlo.
Y claro, sus amigos vivían en la mansión de Lelouch. Su Child podría haber compartido con Haruhi, Hizumi, Kanone, Ryoji y Soul. Sin mencionar que, además de ellos, también habría contado con el apoyo del hermano menor de Lelouch, Miharu, y del sirviente leal de los vi Britannia, Yoite. Eureka no podía negar que eran una excelente red de apoyo y que de seguro ayudarían a que Neuvillette se adapte a la vida humana y terrenal.
Pero su cabeza estaba sumida en pura confusión. Por un lado, no dejaba de pensar que debía evitar a Lelouch vi Britannia a toda costa. Una nueva interacción con él podía convertirse en un nuevo intento de suicidio. De por sí, la cena había estado a punto de motivarla a lanzarse por uno de los ventanales del hotel… Le había costado mucho no hacerlo.
Sin embargo, ya había empezado a arrepentirse de pedirle ese favor a Madara. Era un hombre demasiado ocupado como para tener que cuidar a alguien más… y aunque no dudaba que haría un trabajo “decente”, ¿qué pasaría si lo dejara abandonado en el Niki no Kashi mientras buscaba caramelitos y snacks? O en el puesto de takoyaki a un paso de las oficinas de New Dimension.
O peor aún… dentro de las oficinas principales de Ensemble Square.
Esas torres de cuchumil pisos eran demasiado intimidantes.
“Claro, Eureka-san. No hay problema.”
“…Retiro lo dicho.” Eureka suspiró.
“¿Eh?” Madara se giró a observarla un segundo, confundido. “¿Por qué?”
“Al inicio, había pensado pedirle ese favor a Lelouch, pero la verdad… confío más en ti en este momento. Y no quiero que Neuvillette esté tan lejos de mí. La mansión de los vi Britannia no queda tan cerca del centro de Tokyo.”
“Ajá~ ¿Entonces? ¿Por qué ya no quieres que se quede conmigo?”
“Porque eres un idol. Y sales todos los días. No piensas llevar a Neuvillette contigo a todas partes, ¿verdad?”
“¿Ese era el plan~?” Madara se veía un poco confundido.
“¡¿Y qué harás si la gente te pregunta quién es?!”
“¡Les diré que es mi nuevo mánager!” Madara esbozó una gran sonrisa. “Podría darle unos días de descanso al señor Ikutsuki-san.”
“¿Y qué pasa si lo necesito?”
“Bueno, volverá contigo.” La sonrisa de Madara no se inmutó. “Al fin y al cabo, es tu Child. Yo solo pienso cuidarlo, Eureka-san.”
“…” Eureka le dio vueltas al asunto e intentó negarse a la propuesta que ella misma había hecho, pero al final… asintió, resignada. “Está bien. Es que no puede quedarse en la mansión HiME… y aún no sé cuándo me mudaré con Oikawa e Iwaizumi.”
“…” Madara devolvió la mirada a la autopista con una expresión pensativa. “Mm.”
Habría querido preguntarle al respecto. Pero su curiosidad y su intriga no fueron rivales al alivio que la invadió al percatarse de que al menos uno de sus problemas tenía una solución. Momentánea, sí, pero solución, al fin y al cabo.
Ya luego analizaría qué hacer con el resto.
Luego edito con topes y otras cosas.

La autopista estaba vacía a esas horas de la noche. Los miles de metros de concreto en frente de ellos solo tenían como compañía los edificios grandes y ostentosos de vitrinas oscuras que bordeaban el camino. Un camino que, si Eureka era sincera, no sabía a dónde los llevaría.
El trayecto de vuelta a casa se había sumido en una calma inigualable. Sin embargo, Eureka sabía que las apariencias engañaban, puesto que Madara tenía la cabeza llena de preguntas que no se atrevía a enunciar… ya sea por misericordia, por pena o por miedo a empeorar su humor.
Sin duda, esa era una gran hazaña para un hombre tan falto de consideración y con prioridades verdaderamente cuestionables. Nunca habría imaginado que Madara sería capaz de respetar su silencio… pero tal vez verla perder las casillas había bastado para motivarlo a actuar de esa manera.
Si bien la vergüenza la invadió al recordar sus exabruptos… Eureka se sintió aliviada al pensar que al menos Madara no se había ganado con el espectáculo principal. De seguro se moría por saber todos los detalles de su discusión con Lelouch… y aunque sentía que le debía una por el fin de semana pasado y por haberlo arrastrado a esa reunión sin previo aviso… la HiME optó por seguir guardando silencio.
Sin embargo, una voz inesperada la sacó de sus pensamientos de un momento a otro.
“¿Iremos a ese lugar, Mikejima-dono?” Preguntó Neuvillette y se acercó al espacio entre el asiento del piloto y del copiloto, curioso.
“¡Ajá!” Madara le sonrió a través del espejo retrovisor. “De hecho, estaba pensando en ir a recoger a alguien más para que nos acompañe.”
“¿Qué?” Eureka lo observó, confundida. “¿A dónde nos vas a llevar? ¡¿Y a quién vas a recoger?!”
“Tranquila, Eureka-san. Es una sorpresa~”
“¡No me gustan las sorpresas!”
“Tal vez esta le gustará, Eureka-dono,” comentó Neuvillette. “Al menos siento… que a mí sí.”
El diminuto tinte de emoción en la voz de Neuvillette llenó de confusión a Eureka. ¿Qué lugar podría emocionar tanto a su Child como para afectar su manera de hablar? ¿Acaso ese había sido el tema de conversación entre él y Madara mientras esperaban que terminara la discusión privada entre ella y su ex?
La chica soltó un suspiro. Por un momento, contempló la opción de negarse a acompañarlos a dondequiera que habían planeado ir. Pero al cruzar miradas con los dos… notó que tal vez era su forma sutil de querer subirle los ánimos. Neuvillette había probado ser un Child muy reservado y respetuoso. Y, firme a sus convicciones, parecía que no planeaba cuestionarle lo que había conversado con Lelouch a solas. Por su lado, Madara no pensaba meterse en lo que no le incumbía.
Quizás el objetivo de ese paseo nocturno era distraerla un poco.
“…Está bien.” Eureka asintió pese a sus dudas.
“¡Excelente!” Madara sonrió de nuevo. “Entonces, ¿podrías llamar a Tooru-saaan~?”
“¿A Oikawa?” La mirada confundida de la HiME le sacó una risa a su acompañante. “¡Oye! ¡No te rías!”
“Bueno… Pensé que sería más divertido ir a ese lugar con él.”
“…¿Qué?”
“…Y Neuvillette-san quiere ir con su papá.”
“No veo ni a Oikawa-dono como mi papá ni a Eureka-dono como mi mamá, Mikejima-dono,” contó Neuvillette. “Sin embargo, debo admitir que el plan de verdad suena más entretenido con su presencia.”
“…” Eureka suspiró. Todo indicaba que ambos habían discutido la posibilidad de integrar a Oikawa a su extraño plan mientras ella había intentado sacarle los ojos a Lelouch. “Bueno. Lo llamaré.”
Su celular había regresado a su posesión después de la cena y yacía en su regazo, imperturbable. Al agarrarlo, la pantalla se encendió y Eureka notó que el centro de notificaciones solo contaba con la previsualización de un mensaje de Oikawa.
Eran buenas noticias.
Quote
Hoy, 10:23 p. m.De: Oikawa
Hola, Eureka-chan~ ¡Espero que estés bien! Hablé con Iwa-chan y está de acuerdo con lo de la mudanza. ¡Me dijo que este fin de semana iremos a ver departamentos! Pásala lindo con Madara-chan.
“…” Su rostro se iluminó ante ello. En cuestión de segundos, desbloqueó su celular y tocó el perfil de contacto de su amigo para llamarlo.
Al cabo de un instante, Oikawa le contestó.
“¿Eh? ¿Eureka-chan? ¿Todo bien?” El castaño sonaba preocupado.
“Ah, em… vi tu mensaje. Me alegra que Iwaizumi esté de acuerdo con la mudanza.”
“¡Sí! Creo que lo que más le emociona es el prospecto de tener como compañero de piso a un dragoncito.”
“…Jeje.” Eureka soltó una risita. “Bueno, tiene sentido. Es lo más cercano que estará de ser amigo de Godzilla. Oye, ¿estás ocupado ahora?”
“Am… ¿no?” Aunque no lo veía, la HiME intuyó que su amigo había arqueado la ceja ante su pregunta rara. “¿Por qué?”
“¿Te gustaría salir a pasear conmigo, con Madara y con Neuvillette? Ese par armó un plan para visitar un lugar misterioso y pensaron que sería lindo que te nos unieras.”
“¡Hola, Tooru-san!” Lo saludó Madara con su voz ensordecedora. Eureka lo fulminó con la mirada mientras activaba el altavoz del teléfono. “¿Dónde estás? ¿En tu casa? ¡Podríamos pasar por ti!”
“¿Eh? Sí, estoy en casa. Llegué hace menos de una hora y acabo de bañarme. Salí a comer con Iwa-chan, Souji-chan y Tomo-chan después de cruzarme contigo, Madara-chan.”
“Ah, eso tiene sentido~ Por eso estaban esperando a sus amigos en esa cafetería”
“…Sí, es nuestro punto de encuentro porque la mayoría de ellos estudia en la Facultad de Ingeniería…” Oikawa se detuvo en seco al darse cuenta de un detalle. “Oye, nunca te lo he dicho, pero se me hace muy extraño que llames a todos por sus nombres. ¡Nadie se refiere a Iwa-chan como <Hajime>!”
“…” Eureka suspiró. Quería comentar que Madara igual usaba un honorífico con todo el mundo, pero se mordió la lengua.
Era obvio que Oikawa se iría por la tangente y hablaría tonterías. Tal vez le daba celos que tratara a su mejor amigo con mucha confianza, pero Madara e Iwaizumi no eran amigos. Solo se saludaban cuando se veían y nada más. Eureka recordaba que ese par y Souji los habían llevado a sus casas después de la fiesta del videoclip, pero hasta donde sabía, no habían interactuado de nuevo después de eso.
Tal parecía que a Oikawa le gustaba exagerar.
“En fin, ¿te unes al plan o no?” Eureka le recordó el punto de aquella llamada. “Madara está que maneja sin rumbo desde que salimos del restaurante, así que sería bueno que te decidas ya para darle la ubicación de tu departamento.”
“…¡W-wah! ¡¿Se fueron a cenar?!”
“Sí, pero no cenamos los tres solos. Luego te cuento. ¡¿Vienes o no?!”
“¡Sí, sí! ¡Está bien! ¿Le das mi dirección o te la paso de nuevo por Line?”
“Mejor pásamela de nuevo por Line… solo por si acaso.”
“Bueno, entonces… nos vemos en un rato, Tooru-san~” se despidió Madara.
“…Supongo.” Oikawa suspiró antes de colgar.
¿Por qué había sonado tan desanimado al final de aquella llamada? Era extraño escucharlo así de quejica y pesumbroso. Sin embargo, Eureka no podía negar que Oikawa a veces se engreía y, cuando lo hacía, era pesado a más no poder. ¿Tal vez le había irritado que le hubieran propuesto esos planes a última minuto? Aunque él era más espontáneo que ella…
O quizás…
“…” Eureka observó a Madara en silencio.
De seguro él era el culpable del cambio de humor de su amigo.
Aun así… la HiME no pensaba tomar bandos en esa situación. Ambos podían ser igual de insufribles si así se lo proponían. Al fin y al cabo, eran muy parecidos… aunque Oikawa intentara negarlo.
El sonido del ringtone de su celular la trajo de vuelta al planeta tierra.
“¿Está bien que ponga la dirección de Oikawa en el Google Maps de tu carro?” Le preguntó al conductor mientras revisaba el mensaje del susodicho.
“¡Sí, eso sería mejor!”
“Queda cerca de Rizembool, así que puedes ir por esa zona y de ahí te ubicas con el Google Maps.”
“Oookay~”
Eureka colocó la dirección en la barra del Google Maps y la aplicación de inmediato mostró la ruta más rápida para llegar al departamento de Oikawa. Esto implicaba ir por un par de autopistas adicionales, pero Eureka sabía que a Madara poco le importaba pagar la tarifa del peaje.
“…Madara, ¿crees que Neuvillette se pueda quedar contigo unos días?” Eureka se dirigió hacia él pese a observar el panorama de la ciudad a través de la ventana del copiloto.
Le había dado vueltas a la idea desde que habían salido del restaurante ya que, hasta ese momento, aún no había contado con una confirmación por parte de Oikawa de que sus planes de mudanza llegarían a concretarse. Todo parecía indicar que sus opciones eran recurrir a Madara o encargarle el Child a Lelouch… pero antes muerta que pedirle un favor a ese tipo.
Al pensar de nuevo en él, su expresión se agrió y tuvo que tragar saliva para no sucumbir al llanto. Aunque al inicio había pensado que el trato era una buena idea, ahora se sentía muy patética por haberlo aceptado… y lo último que quería era demostrarle al susodicho que aún lo consideraba como un contacto en quien podía confiar. Más aun si se trataba de alguien tan valioso como su propio Child. Neuvillette había probado ser sabio en el aspecto emocional —su sermón había sido de gran ayuda—, pero Eureka no podía predecir cómo actuaría en otros entornos… y menos aún si no contaba con alguien para vigilarlo.
Y claro, sus amigos vivían en la mansión de Lelouch. Su Child podría haber compartido con Haruhi, Hizumi, Kanone, Ryoji y Soul. Sin mencionar que, además de ellos, también habría contado con el apoyo del hermano menor de Lelouch, Miharu, y del sirviente leal de los vi Britannia, Yoite. Eureka no podía negar que eran una excelente red de apoyo y que de seguro ayudarían a que Neuvillette se adapte a la vida humana y terrenal.
Pero su cabeza estaba sumida en pura confusión. Por un lado, no dejaba de pensar que debía evitar a Lelouch vi Britannia a toda costa. Una nueva interacción con él podía convertirse en un nuevo intento de suicidio. De por sí, la cena había estado a punto de motivarla a lanzarse por uno de los ventanales del hotel… Le había costado mucho no hacerlo.
Sin embargo, ya había empezado a arrepentirse de pedirle ese favor a Madara. Era un hombre demasiado ocupado como para tener que cuidar a alguien más… y aunque no dudaba que haría un trabajo “decente”, ¿qué pasaría si lo dejara abandonado en el Niki no Kashi mientras buscaba caramelitos y snacks? O en el puesto de takoyaki a un paso de las oficinas de New Dimension.
O peor aún… dentro de las oficinas principales de Ensemble Square.
Esas torres de cuchumil pisos eran demasiado intimidantes.
“Claro, Eureka-san. No hay problema.”
“…Retiro lo dicho.” Eureka suspiró.
“¿Eh?” Madara se giró a observarla un segundo, confundido. “¿Por qué?”
“Al inicio, había pensado pedirle ese favor a Lelouch, pero la verdad… confío más en ti en este momento. Y no quiero que Neuvillette esté tan lejos de mí. La mansión de los vi Britannia no queda tan cerca del centro de Tokyo.”
“Ajá~ ¿Entonces? ¿Por qué ya no quieres que se quede conmigo?”
“Porque eres un idol. Y sales todos los días. No piensas llevar a Neuvillette contigo a todas partes, ¿verdad?”
“¿Ese era el plan~?” Madara se veía un poco confundido.
“¡¿Y qué harás si la gente te pregunta quién es?!”
“¡Les diré que es mi nuevo mánager!” Madara esbozó una gran sonrisa. “Podría darle unos días de descanso al señor Ikutsuki-san.”
“¿Y qué pasa si lo necesito?”
“Bueno, volverá contigo.” La sonrisa de Madara no se inmutó. “Al fin y al cabo, es tu Child. Yo solo pienso cuidarlo, Eureka-san.”
“…” Eureka le dio vueltas al asunto e intentó negarse a la propuesta que ella misma había hecho, pero al final… asintió, resignada. “Está bien. Es que no puede quedarse en la mansión HiME… y aún no sé cuándo me mudaré con Oikawa e Iwaizumi.”
“…” Madara devolvió la mirada a la autopista con una expresión pensativa. “Mm.”
Habría querido preguntarle al respecto. Pero su curiosidad y su intriga no fueron rivales al alivio que la invadió al percatarse de que al menos uno de sus problemas tenía una solución. Momentánea, sí, pero solución, al fin y al cabo.
Ya luego analizaría qué hacer con el resto.
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The Hunger Games / Re: I Volunteer as Tribute! | Hunger Games Kickstarter
« Last post by Sayi on April 30, 2026, 09:33:46 PM »Vamos con la lista~
Distrito 1
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 2
• Tributo masculino:
• Tributo femenino: Shura
Distrito 3
• Tributo masculino:
• Tributo femenino: Neko
Distrito 4
• Tributo masculino:
• Tributo femenino: Sayi
Distrito 5
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 6
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 7
• Tributo masculino:
• Tributo femenino: Nanami
Distrito 8
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 9
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 10
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 11
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 12
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Viendo que somos solo cuatro aún interesadas, por favor actualicen la lista con su segundo tributo. Son libres de elegir el que tributo/distrito que gusten, va en orden de llegada. Yo aún estoy pensando el mio así que regresaré en unos días
.
¿Que les parece si esperamos hasta el 22 de Mayo? Ese fin de semana podríamos dejar el fic introductorio para empezar a escribir. Y si más se anotan aún podríamos darle la bienvenida a carne fresca hasta que la historia este más avanzada.
¡Siéntanse bienvenidas a sugerir ideas!
Distrito 1
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 2
• Tributo masculino:
• Tributo femenino: Shura
Distrito 3
• Tributo masculino:
• Tributo femenino: Neko
Distrito 4
• Tributo masculino:
• Tributo femenino: Sayi
Distrito 5
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 6
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 7
• Tributo masculino:
• Tributo femenino: Nanami
Distrito 8
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 9
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 10
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 11
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Distrito 12
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
Viendo que somos solo cuatro aún interesadas, por favor actualicen la lista con su segundo tributo. Son libres de elegir el que tributo/distrito que gusten, va en orden de llegada. Yo aún estoy pensando el mio así que regresaré en unos días
.¿Que les parece si esperamos hasta el 22 de Mayo? Ese fin de semana podríamos dejar el fic introductorio para empezar a escribir. Y si más se anotan aún podríamos darle la bienvenida a carne fresca hasta que la historia este más avanzada.
¡Siéntanse bienvenidas a sugerir ideas!
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Patio de Juegos / Re: Pride&Prejudice / Chapter III: A London Reverie
« Last post by Sayi on April 30, 2026, 09:23:14 PM »“Acabo de encargarle a Lucille con dos misivas: Una informándole a mi padre dónde me encuentro, y la segunda a mi primo, Albert, para que tanto él como mi tía no se preocupen al no haber llegado a Londres” explicó “Lo primero que debo preocuparme es encontrar una manera de regresar a Bloomington sin levantar más sospechas”
La peliazul caminaba de un lado a otro en la habitación, pensando con mesura los mejores próximos pasos a tomar. El capitán Ackerman la seguía con la mirada, sin moverse de su puesto.
“Si hay una ventaja que esto haya sucedido ahora, es el hecho que toda reputable sociedad se encuentra ocupada con las festividades navideñas. Y si tengo suerte y mis padres no han podido dar alerta de mi desaparición, existe una nimia probabilidad de que este evento no dañe la reputación de mi familia…” se detuvo por un momento, su mirada buscando el suelo. En un hilo de voz, terminó su pensamiento “…mis hermanas, y su futuro…”
Odiaba descubrirse pensando como su madre, preocupándose por algo que en el pasado habría considerado trivial: sus prospectos matrimoniales. Pero, por desgracia, si algo había aprendido en los últimos meses era que, para una mujer, tener la posibilidad de encontrar una pareja (una verdadera pareja, en quien confiar y apoyarse) era la única manera de sobrevivir y prosperar. Y poner en riesgo esa posibilidad, limitar sus opciones por culpa de las acciones irresponsables de su hermana… no podía imaginar una forma más cruel de hacerles daño.
Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas cuando notó una sombra frente a ella. El capitán Ackerman se le había acercado, deteniéndose a unos pies frente suyo. Sayi se disculpó por su exabrupto, pero la respuesta del capitán hizo que las lágrimas se detuvieran de la sorpresa. “Me preguntaba por cuanto tiempo lograría mantener la compostura, considerando por lo que acaba de pasar, señorita Bennet” le dijo, con algo que Sayi solo pudo reconocer como la más diminuta sonrisa.
Era la primera vez que veía semejante expresión en su semblante.
“Dudo que sus padres no hayan alertado a las autoridades, considerando que no la ven hace un par de días. Sin embargo, siento mañana Nochebuena, es probable que las autoridades tengan problemas pidiendo refuerzos, y como dice usted, la noticia quizás no se haya difundido lo suficiente”
Sayi asintió con gravedad “Debo regresar cuanto antes” respondió tras un breve silencio “…pero mañana es Nochebuena, y me temo que no habrá transporte disponible hasta el veintiséis”
El capitán la ofreció un pañuelo para que pudiese secarse las lágrimas. La pelirrosa lo tomó entre sus manos.
“Podemos conseguir que regrese en una carroza militar” propuso “aunque no podrá partir sino hasta mañana por la noche”
Sayi abrió los ojos de la sorpresa. No se había imaginado una oferta tan amable de parte de caballero casi desconocido.
“Capitán… es usted demasiado generoso, pero se que los oficiales están ansiosos por celebrar Nochebuena mañana. No me atrevería de imponerme de tal modo, tan próxima a su partida hacia Bélgica”
Pero el hombre no le permitió desistir. Y cuando la pelirrosa cedió, el capitán dio por terminada la entrevista, pidiéndole que regresase a su habitación a descansar en preparación para su próximo viaje.
La peliazul caminaba de un lado a otro en la habitación, pensando con mesura los mejores próximos pasos a tomar. El capitán Ackerman la seguía con la mirada, sin moverse de su puesto.
“Si hay una ventaja que esto haya sucedido ahora, es el hecho que toda reputable sociedad se encuentra ocupada con las festividades navideñas. Y si tengo suerte y mis padres no han podido dar alerta de mi desaparición, existe una nimia probabilidad de que este evento no dañe la reputación de mi familia…” se detuvo por un momento, su mirada buscando el suelo. En un hilo de voz, terminó su pensamiento “…mis hermanas, y su futuro…”
Odiaba descubrirse pensando como su madre, preocupándose por algo que en el pasado habría considerado trivial: sus prospectos matrimoniales. Pero, por desgracia, si algo había aprendido en los últimos meses era que, para una mujer, tener la posibilidad de encontrar una pareja (una verdadera pareja, en quien confiar y apoyarse) era la única manera de sobrevivir y prosperar. Y poner en riesgo esa posibilidad, limitar sus opciones por culpa de las acciones irresponsables de su hermana… no podía imaginar una forma más cruel de hacerles daño.
Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas cuando notó una sombra frente a ella. El capitán Ackerman se le había acercado, deteniéndose a unos pies frente suyo. Sayi se disculpó por su exabrupto, pero la respuesta del capitán hizo que las lágrimas se detuvieran de la sorpresa. “Me preguntaba por cuanto tiempo lograría mantener la compostura, considerando por lo que acaba de pasar, señorita Bennet” le dijo, con algo que Sayi solo pudo reconocer como la más diminuta sonrisa.
Era la primera vez que veía semejante expresión en su semblante.
“Dudo que sus padres no hayan alertado a las autoridades, considerando que no la ven hace un par de días. Sin embargo, siento mañana Nochebuena, es probable que las autoridades tengan problemas pidiendo refuerzos, y como dice usted, la noticia quizás no se haya difundido lo suficiente”
Sayi asintió con gravedad “Debo regresar cuanto antes” respondió tras un breve silencio “…pero mañana es Nochebuena, y me temo que no habrá transporte disponible hasta el veintiséis”
El capitán la ofreció un pañuelo para que pudiese secarse las lágrimas. La pelirrosa lo tomó entre sus manos.
“Podemos conseguir que regrese en una carroza militar” propuso “aunque no podrá partir sino hasta mañana por la noche”
Sayi abrió los ojos de la sorpresa. No se había imaginado una oferta tan amable de parte de caballero casi desconocido.
“Capitán… es usted demasiado generoso, pero se que los oficiales están ansiosos por celebrar Nochebuena mañana. No me atrevería de imponerme de tal modo, tan próxima a su partida hacia Bélgica”
Pero el hombre no le permitió desistir. Y cuando la pelirrosa cedió, el capitán dio por terminada la entrevista, pidiéndole que regresase a su habitación a descansar en preparación para su próximo viaje.
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A Step to the Left / Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Last post by Shura on April 30, 2026, 07:41:56 PM »


Ir en un coche de policía en la parte delantera, da muchísimo prestigio: todos te miran con ojos brillantes, llenos de orgullo por tu labor a la sociedad.
Ir en la parte trasera, es tomar tu dignidad y darle una patada lo más lejos posible.
-Grace…
Quería hablar más alto, pero tenía la espalda doblada como una gamba intentando bajar la cabeza a la altura de las rodillas para que nadie me viera desde fuera.
-Shura… -La rubia conduce despacio, siempre respetando las señales e indicaciones de tráfico, y sin embargo, aunque aparentemente estaba concentrada en la conducción, siempre estaba pensando en otra cosa.
-¿No puedes conducir más rápido? -Protesto en un quejido agónico.
-Es una zona escolar, no se puede superar la velocidad-
-Son las doce, todos están en clase. -La interrumpí poniendo los ojos en blanco.
No, no estaba en la parte de atrás del coche de policía porque hubiera roto la ley, o me llevaran detenida… en realidad, no debería estar quejándome. No podía ir en la parte de delante porque Grace había derramado su café en el asiento del copiloto. La agente de policía me estaba haciendo el favor, habían reportado la presencia de un tipo extraño en uno de los edificios del centro, se había adueñado de uno de los ascensores y gritaba a cualquiera que quisiera subirse con él. Yo quería escribir un articulo para la página donde publicaba que tratase sobre la importancia de la salud mental, así que este sujeto me quedaba como anillo al dedo.
Así que aquí estábamos: mi amiga, agente de policía que me había avisado en el momento en que recibió el aviso, y yo, periodista que nunca decía no a un trabajo.
En realidad, nunca decía que no porque mi trabajo no me daba demasiado dinero. Empecé a estudiar periodismo en el momento en que no pude ser policía. Me quedé demasiado desorientada en la vida cuando, una y otra vez, era rechazada como policía por una de las malditas pruebas que había para obtener plaza… por suerte, la madre de Grace era periodista, fue ella la que me aliento a empezar esta profesión, aunque eso suponía que, de siete generaciones de policía, yo fuera la primera en cortar esta tradición que llevaba en la sangre.
Así que aquí estaba, sin un gran portafolio que enseñar, con Grace queriendo apoyarme igual que hizo su madre antes de morir y en la parte de atrás de un coche de policía para no mancharme el culo de café.
Grace aceleró, apiadándose de mí, aunque cuando nos bajamos del coche, aún tuve que aguantar que una señora contuviera un gritito de impresión al verme salir de la parte de atrás.
-Démonos prisa, dentro de poco terminará el horario laboral de oficinas y empezará a salir todo el mundo. -Grace se ajustó sus gafas mirando el imponente edificio. Quince plantas de oficinas, divididas entre coworking, abogados, compañías de alquiles, transporte y otras que no reconocía.
-¿Será un trabajador descontento?
Esperó a que Grace terminé de hablar con el conserje y venga conmigo.
-Dice que nunca ha visto a ese tipo, parece que las cámaras dejaron de funcionar cuando ese tipo estaba pulsando botones, pero el conserje dice que el ascensor está bloqueado en la planta diez.
-Dime que no tenemos que subir por las escaleras... -Suspiró cansada sabiendo la respuesta.
Grace sonríe para transmitir ánimo.
-El conserje va a bloquear el resto de ascensores para que podamos encontrar a ese hombre, si vamos por la escalera podremos dar con él, luego le llamaré para que ponga en funcionamiento los ascensores y podremos irnos. Ya ha avisado a los responsables de oficina para que cierren las puertas hasta nuevo aviso.
Paso mi mano por mi frente.
-Bien… pues hagámoslo ya.
No me importaba hacer ejercicio, no falle las pruebas a policía por la parte física, simplemente era algo monótono: llegar a una nueva planta, abrir la puerta de emergencia y asomarse a un pequeño rellano donde a cada lado había una puerta cerrada que daba a las diferentes oficinas. Y repetir con la siguiente planta.
-Me recuerda a la academia.
-A las novatadas de la academia. -Sonrió de manera confidencial a Grace mientras cerraba la puerta de la planta cuatro dirigiéndonos a la quinta.
La sonrisa de Grace le ilumino la cara.
-¿Estabas cuando…?
Al abrir la puerta de la quinta planta, las dos nos quemados en silencio.
-Grace, ¿no decías que el conserje había bloqueado los ascensores?
La pantalla numérica indicaba que el ascensor estaba bajando.
-Eso me dijo, quizá se ha equivocado.
Pero las puertas del ascensor se abrieron mostrando a la equivocación: era un hombre joven de veintitantos veintisiete años, tenía el rostro anguloso y por su aspecto extravagante podría ser confundido con un modelo. En sus manos una cámara polaroid, de esas de aspecto retro que no podrías adivinar si funcionaban con tarjeta de memoria o con carrete.
Nos quedamos unos segundo mirándonos, el tipo claramente juzgándonos por estar ahí.
-¿Ese es nuestro hombre?
Seguro que sí, no salió del ascensor y no había nadie más jugando a recorrer todo el edificio.
Cuando el tipo presiona un nuevo botón y empiezan a cerrarse las puertas, me abalanzo a impedir que escapara, bloqueando las puertas con mi cuerpo.
-¡Un momento!
-¡Shura!
Las puertas del ascensor no cedían… y comenzó a moverse cuando tenía medio cuerpo enganchado.
Estaba demasiado conmocionada para asustarme o asumir que lo que estaba pasando era real, aunque el techo se acercará rápidamente a la mitad inferior de mi cuerpo.
Sentí un empujón por detrás y aquel tipo tiro de mi hacía él haciéndome caerle encima.
El ascensor reboto una vez más abriendo las puertas mostrando una horrorizada Grace que subió el desnivel ocasionado por la repentina apertura de la puerta.
-Oh, joder! Shura! Podrías… ¡eso fue una imprudencia! -Estiró la mano ayudándome a ponerme en pie.
-Estoy bien. -Había tenido suerte, así que no le daba demasiadas vueltas al riesgo mortal por el que acababa de pasar.
-Shura… -La voz de Grace sonaba exasperada.
Aquel tipo chasqueó la lengua, molesto.
-¿Qué demonios estáis haciendo? ¡Bajad ahora mismo del ascensor!
-Sí hombre, no me bajo ni de coña. -Miró es escalón que había quedado con la parada automática, no iba a tentar mi suerte por segunda vez.
-Soy de la policía, nos ha avisado el conserje porque está molestando a los trabajadores.
-No estoy haciendo nada ilegal. -Aprieta el labio como si el problema fuéramos nosotras.
-Señor, tiene que salir del edificio. -Insiste Grace demostrando una gran paciencia. -Salga por su propia voluntad ahora y no tendrá problemas, se lo garantizo.
Cansada de todo aquello, pulso el botón del bajo para comenzar a salir… todos nos quedamos paralizados cuando el ascensor comenzó a subir, las puertas no habían llegado a cerrar, así que veíamos pasar piso por piso.
-Grace, te juro que le he dado al piso de abajo. -Insisto a mi amiga, dudando incluso de mí misma, aunque el botón del bajo estaba iluminado, seguíamos ascendiendo.
-Alguien habrá llamado al ascensor. -Dice de manera razonable.
-Esta pasando. -Aquel tipo hablo de manera misteriosa. Se gira hacía nosotras. -¿Sois policías?
-Sí.
-Yo soy periodista… -Busco de manera distraída mi carnet de periodista… para darme cuenta de que no lo tenía, siempre lo tenía en el bolsillo, enganchado al lanyard rojo que me había regalado la madre de Grace. -¡He perdido mi carnet de periodista!
-¿Se te habrá caído antes?
-Ay mierda… ¡cuesta un ojo de la cara renovarse el carnet! -Me lamento con Grace mientras aquel tipo suspira exasperado por ser testigo de aquella situación.
Suena el timbre del ascensor anunciando que hemos llegado a una nueva planta, la número diez. Las puertas se abren al tiempo que la luz del ascensor y pasillo titila, apagándose para encenderse las luces rojas de emergencia produciéndoles a todos un escalofrío.
Pero aquello, no era lo más extraño. Al contrario que el resto de plantas, cuando el ascensor se abrió, no mostro un pequeño rellano con puertas a los lados y la de enfrente como salida de emergencia y acceso a las escaleras, no, los pasillos se extendían, las luces rojas no dejaban claro cuánto, pero puerta tras puerta cerrada podían contarse al menos diez por la derecha y el mismo número a la izquierda.
Nadie menciono lo evidente: el edificio no era tan grande para albergar un espacio tan grande a lo largo.
-¿Es el ático? -Grace intento buscar una explicación lógica, pero su voz denotaba la duda que todos teníamos.
-El edificio tiene quince plantas. -Miró los botones del ascensor que se habían apagado igual que todo. Pulso la planta baja, pero el ascensor no reacciona.
Genial.
-Deja de tocar los botones. -Aquel tipo se cruzó de brazos con indignación, como si estuviéramos estropeando el momento. -No va a moverse tan fácilmente.
Vale, aquello ya era raro.
-¿Y cómo se va a mover? Yo no me bajo de aquí. -Insisto de manera tozuda, pero en el suelo de la planta quince, incluso con aquella escasa luz pude verlo: mi carnet de periodista, además de mi foto, tenía el irremplazable lanyard de la madre de Grace. -Ah, ahí está…
-Shura -Grace me tomo del brazo. Era extraño e inexplicable que el carnet se hubiera perdido en la planta cinco y ahora se encontrará en la planta diez.
-No lo toques. -Me advirtió aquel tipo agarrándome del otro brazo.
Es precisamente, que aquel tipo me tocase lo que me hace mirarlo, primero a la mano y luego a la cara.
-¿Por qué? ¿Qué esta pasando aquí? -Me sentía enfadada, estaba claro que había algo que se nos escapaba a Grace y a mí, podía sentirse que el ambiente estaba tenso, algo había cambiado, algo bajo la piel exigía buscar una salida a una situación que no llegaba a comprender.
El tipo no pareció vacilar al contestar.
-Somos parte de un ritual… los tres.
-Tendrás que ser más específico. -Chasqueo la lengua perdiendo la paciencia.
-Sería bueno comenzar desde el principio. -Intervino Grace demostrando profesionalidad y aplomo pese a que estaba visiblemente nerviosa. -Soy Grace Ashcroft, de la policía… -Grace me miró esperanzada de que tomara aquella rama de olivo y fuera cordial con el tipo que nos había metido en esta situación.
-Shura Redfield… -Señaló la acreditación en el suelo hacía mi acreditación. -Periodista.
-Rohan Kishibe.
-¿Modelo? -Pregunta sonriendo Grace ver que el hombre no dice nada más.
-Mangaka. -Corrige apoyando una mano en la cadera.
-Vale, ¿a qué te refieres con que estamos en un ritual? -Estaba claro que o empezábamos a sonsacarle información o estaríamos ahí todo el día.
Rohan señala los botones apagados del ascensor.
-Se toma el ascensor en la planta baja, se sube al cuarto piso, luego se baja al segundo, sexto, -su dedo recorre toda la secuencia. - Decimo, quinto… y se pulsa de nuevo planta baja.
Justo la quinta planta era donde nos habíamos subido al ascensor.
-Sí, yo pulse la planta baja… pero esto no es la planta baja.
-Es porque el ritual salió bien, estamos en la decima planta y a la vez no estamos. -Señaló fuera del ascensor. - Estamos en otra dimensión.
Grace y yo nos miramos… habíamos visto las suficientes películas para poder adaptarnos a una situación así, y al mismo tiempo el sentido común no nos permitía abrir la boca y confirmarlo.
-Oh por dios… -Rohan puso los ojos en blanco. - ¡Solo mirar a vuestro alrededor!
-Vale, vale, es increíble, pero es lo único con sentido.
-No hubiera utilizado la palabra “sentido” para describir esto… -Murmuro Grace por lo bajo.
-¿Y qué hacemos aquí?
Rohan levantó su cámara.
-Documentarme para mi nuevo manga.
-¿Haces que llamen a la policía, vas a otra dimensión… para documentarte? -No puedo evitar un tic de sonrisa en la comisura de mi labio, culpa mía y de los nervios. - ¿Y cómo volvemos?
-Sí, por favor. -La rubia se froto los brazos mordiéndose el labio inferior, no podía culparla, la sensación a nuestro alrededor era opresiva, como si estuviéramos en el ojo del huracán.
-Debemos volver desde este mismo ascensor repitiendo la secuencia a la inversa.
Yo no me acordaba ni de lo que había comido ayer como para recordar dos números seguidos de los que Rohan había dicho.
-Vale… -Grace levanta los dedos a medida que va contando. -Bajo, cinco, diez, seis, dos, cuatro y bajo… pero este ascensor no funciona.
Rohan, aparentemente cansado de hablar, da un paso fuera del ascensor. Seguido por Grace que, en su aptitud de servir y proteger, se tomaba muy enserio la parte de proteger. Apoyó la mano de manera amable en el hombro de Rohan para instarle a parar.
-¿Es seguro salir del ascensor?
-¿Lo preguntas enserio?
-Oye, no cuesta nada ser amable. -El nerviosismo de Grace me envalentonaba para enfrentarme a Rohan, aquel tipo aparentemente parecía imperturbable con toda la situación. Aunque era solo aparente. -Han llamado a la policía por tu culpa, mi amiga solo quiere ayudarte, estamos todos en el mismo problema… y yo me llevo esto.
Salgo del ascensor para tomar mi carnet de periodista y guardármelo en el bolsillo.
Todos miramos al ascensor, por un momento pensando lo peor, que se cerraría y desaparecería sin nosotros.
Creo que todos suspiramos aliviados al comprobar que seguía ahí.
Rohan parecía reflexionar sobre mis palabras, frustrado, pero al menos las escuchó y pareció dispuesto a ser más cooperativo.
-No deberías tomar nada de otra dimensión. -Señala con la barbilla el bolsillo donde había guardado el carnet.
-Bueno, quizá. -Resaltó aquella última palabra. - Pero esto es mío y no me sobran doscientos pavos para renovarlo.
La maldición de la pobreza si que era algo real.
-¿Y qué tenemos que hacer para marcharnos de aquí? ¿Cómo podemos hacer que funcione el ascensor?
-¿Podemos ir por las escaleras de servicio? -Me acercó para tirar de la apertura de la pesada puerta, y me detengo a tiempo antes de empujar.
El tirador se sentía… caliente, no, no solo eso, era como si fuera terciopelo caliente, húmedo, vivo. Y tras la puerta, se escuchaba el sonido de algo masticando, dientes apretados, casi conteniendo la respiración, esperando a que algo entrase cruzando el umbral para ser… devorado.
Doy un paso atrás simplemente porque el instinto de conservación me hizo alejarme de aquella puerta en vez de intentar comprender que estaba pasando.
-¿Qué pasa? -La voz de Grace era nerviosa, hablando de manera entrecortada a causa del miedo.
-No se puede ir por ahí. -Digo de manera misteriosa, dándome cuenta que era la segunda vez en apenas unos minutos en los que había evitado un destino fatal gracias a la suerte. Demasiada suerte, una advertencia que exclamaba que un solo tropiezo podría llevarme a la muerte.
Me acercó a Rohan, no podría decir que estuviera tranquilo, pero al menos parecía saber algo que el resto no sabíamos.
-¿Qué significa estar en otra dimensión?
Ahora mismo, creería en lo que fuera para salir de ahí.

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SeeDs in the Garden / Re: SeeDs in the Garden – revival
« Last post by Kora on April 30, 2026, 06:18:04 PM »Tener a Lord Solane sobre él, acorralándolo contra la pared, despertó en Lievran dos impulsos opuestos.
Una mitad quiso encogerse por el miedo, recordando momentos parecidos en los que Lord Livius lo arrinconaba sin darle opción a desafiar su autoridad. La otra mitad reconocía que la mirada de Lord Solane no era cruel ni amenazante; si acaso, era todo lo contrario… y eso lo hacía peor. Era casi… reconfortante.
Lievran limitó a soltar un suspiro cuando Lord Solane señaló por fin el motivo. Sí, se sentía aliviado de que lo hubiera entendido, pero también le quemaba por dentro, con una mezcla de arrepentimiento y dolor, al recordar una vez más cuál era su lugar en el mundo después de haber rozado, aunque fuera por un instante, algo distinto. Su sable-espada casi se le escapó de los dedos cuando Lord Solane le soltó la muñeca, y aprovechó para apartar la mirada.
—Yo… —empezó, con la voz vacilante—. Perdonadme, mi lord. No he sido capaz de cumplir con vuestras expectativas.
Las palabras salieron solas, automáticas, fruto de años de costumbre. Siempre debía disculparse, sin importar cuánta culpa tuviera realmente. En el fondo, odiaba lo que aquello decía de él, pero permitirse siquiera pensar en rebelarse era demasiado peligroso, y mucho más demostrarlo.
Sus ojos se abrieron con sorpresa cuando Lord Solane se inclinó ante él. Una incomodidad inmediata lo recorrió.
—Lord Solane, por favor… —pidió, esta vez usando su nombre, alargando una mano hacia su hombro para hacerle incorporarse.
Se detuvo a medio gesto, cerrando los dedos en un puño flojo. Luego hizo una mueca al escuchar el elogio.
Eres un oponente digno.
Algo se le apretó en el pecho, subiéndole hasta la garganta.
—…Gracias, mi lord —añadió finalmente, con una emoción que no podía identificar, mucho menos describir.
Bajó la cabeza en señal de respeto, tragando saliva.
Cuando Lord Solane se irguió y dio por terminada la situación, Lievran soltó aire por la nariz, aún con el pulso acelerado. Lo mejor era dejar aquello atrás.
—Suficiente —suspiró Lord Solane, tirando del cuello de su ropa mientras se incorporaba y enfundaba su gunblade—. Estoy seguro de que querrás sentarte y descansar.
Inclinó la cabeza en dirección a los jergones y empezó a caminar hacia ellos. Lievran no pudo evitar fijarse en cómo apoyaba ligeramente más peso en una pierna; su rodilla debía de estar resentida, aunque no dijo nada. Algo sutil, pero evidente para alguien atento.
Lievran hizo una leve mueca, sintiendo un atisbo de culpa. Tal vez no debería haber aceptado el combate… o al menos debería haber fingido mejor la derrota. O haber sido sincero desde el principio.
—Sí, me vendría bien descansar, Lord Solane —admitió en voz baja, levantando poco a poco la cabeza.
Le dio las gracias otra vez cuando tomó su cantimplora y se la entregó. Aún le resultaba extraño ver a alguien de su estatus ignorar las convenciones de esa forma, ocupándose de tareas que no le correspondían. Solo de imaginar que alguien pudiera verlos, un escalofrío le recorrió la espalda.
De vuelta en el campamento, trató de mantenerse ocupado. Cuando Lord Solane regresó, Lievran ya había dividido las raciones en dos partes iguales y preparado lo necesario para pasar la noche. Mantener las manos ocupadas le ayudó a calmarse.
No tenía demasiada hambre, pero el cansancio en los huesos y el leve dolor en las sienes le recordaban que debía comer algo si quería recuperar fuerzas.
—¿Necesitas beber algo? —preguntó Lord Solane.
—Sí, Lord Solane —respondió Lievran.
Sin esperar demasiado, Lord Solane tomó su propia cantimplora y también la de Lievran cuando este asintió, y se dirigió a uno de los pequeños regueros de agua que corrían por la pared de la cueva, a poca distancia de donde habían montado el campamento. Lievran lo observó en silencio mientras llenaba ambas, humedecía su mano y aprovechaba para limpiarse el rostro y el cuello, antes de pasarse los dedos por el cabello.
Después de llenar las cantimploras, Lord Solane regresó al calor del calefactor y se sentó. Lievran notó cómo su mirada se posaba brevemente en lo que él había estado haciendo; parecía apenas consciente de que se había mantenido ocupado mientras él se alejaba, sin prestar demasiada atención a los detalles.
La idea de comer no le resultaba especialmente atractiva a Lievran, pero sabía que no podían continuar al día siguiente con el estómago vacío.
—Come todo lo que puedas —le indicó Lord Solane—. Aún nos queda camino mañana.
Lievran asintió levemente y continuó con sus raciones. Como siempre, eran densas en nutrientes, pero su textura, una pasta liofilizada espesa, se deshacía en la boca como tiza húmeda. Recordó las palabras de uno de sus instructores de campo: era comida que se soportaba, no que se disfrutaba. Aun así, no se quejó. Al menos no tardaba mucho en consumirla.
También preparó una sopa en polvo en la misma taza que había usado antes para derretir nieve. Vertió un poco de agua y la dejó calentarse junto al calefactor. No tenía nada de apetecible, tibia y espesa como era, pero resultaba fácil de ingerir y aportaba las calorías necesarias.
Mientras esperaba a que se calentara, observó el mapa que Lord Solane había desplegado. Colocaba pequeñas piedras sobre él con cuidado, como si se tratara de un tablero de juego. Lievran siguió el gesto en silencio, sin preguntar por el número de piedras ni su disposición. Simplemente memorizó lo que podía del trayecto.
—Tomaré la primera guardia y te despertaré cuando te toque —decidió Lord Solane. Lievran alzó la vista hacia él. No parecía una orden estricta, pero tampoco algo que debiera cuestionar. —Debes de estar exhausto. Ocúpate de lo que necesites y descansa.
Lievran inclinó la cabeza.
—Sí, Lord Solane.
Aun así, no pudo evitar añadir, con cautela:
—Mi lord, también deberíais descansar. No necesito más de cuatro horas de sueño… incluso menos si planeamos detenernos ocho.
Aceptaría lo que él decidiera, como siempre.
Tras tomar parte de la sopa —si es que podía llamarse así—, dejó el resto a un lado y dio a entender que iba a dormir. Se recostó sobre su lecho, sobre la plataforma de roca, dándole la espalda a Lord Solane y acurrucándose hacia la pared. No tardó en quedarse dormido.
El descanso, sin embargo, no fue tan tranquilo como esperaba.
Cuando Lord Solane lo sacudió para despertarlo, Lievran se incorporó con el corazón desbocado. Tenía la sensación de haber estado agitándose y murmurando en sueños. El recuerdo se le escapaba de la mente como un pez entre las manos, aunque le quedó la vaga impresión de que Lord Livius había estado presente.
Se frotó los ojos mientras se sentaba, obligándose a despejarse por completo para relevar a Lord Solane en la guardia.
Una mitad quiso encogerse por el miedo, recordando momentos parecidos en los que Lord Livius lo arrinconaba sin darle opción a desafiar su autoridad. La otra mitad reconocía que la mirada de Lord Solane no era cruel ni amenazante; si acaso, era todo lo contrario… y eso lo hacía peor. Era casi… reconfortante.
Lievran limitó a soltar un suspiro cuando Lord Solane señaló por fin el motivo. Sí, se sentía aliviado de que lo hubiera entendido, pero también le quemaba por dentro, con una mezcla de arrepentimiento y dolor, al recordar una vez más cuál era su lugar en el mundo después de haber rozado, aunque fuera por un instante, algo distinto. Su sable-espada casi se le escapó de los dedos cuando Lord Solane le soltó la muñeca, y aprovechó para apartar la mirada.
—Yo… —empezó, con la voz vacilante—. Perdonadme, mi lord. No he sido capaz de cumplir con vuestras expectativas.
Las palabras salieron solas, automáticas, fruto de años de costumbre. Siempre debía disculparse, sin importar cuánta culpa tuviera realmente. En el fondo, odiaba lo que aquello decía de él, pero permitirse siquiera pensar en rebelarse era demasiado peligroso, y mucho más demostrarlo.
Sus ojos se abrieron con sorpresa cuando Lord Solane se inclinó ante él. Una incomodidad inmediata lo recorrió.
—Lord Solane, por favor… —pidió, esta vez usando su nombre, alargando una mano hacia su hombro para hacerle incorporarse.
Se detuvo a medio gesto, cerrando los dedos en un puño flojo. Luego hizo una mueca al escuchar el elogio.
Eres un oponente digno.
Algo se le apretó en el pecho, subiéndole hasta la garganta.
—…Gracias, mi lord —añadió finalmente, con una emoción que no podía identificar, mucho menos describir.
Bajó la cabeza en señal de respeto, tragando saliva.
Cuando Lord Solane se irguió y dio por terminada la situación, Lievran soltó aire por la nariz, aún con el pulso acelerado. Lo mejor era dejar aquello atrás.
—Suficiente —suspiró Lord Solane, tirando del cuello de su ropa mientras se incorporaba y enfundaba su gunblade—. Estoy seguro de que querrás sentarte y descansar.
Inclinó la cabeza en dirección a los jergones y empezó a caminar hacia ellos. Lievran no pudo evitar fijarse en cómo apoyaba ligeramente más peso en una pierna; su rodilla debía de estar resentida, aunque no dijo nada. Algo sutil, pero evidente para alguien atento.
Lievran hizo una leve mueca, sintiendo un atisbo de culpa. Tal vez no debería haber aceptado el combate… o al menos debería haber fingido mejor la derrota. O haber sido sincero desde el principio.
—Sí, me vendría bien descansar, Lord Solane —admitió en voz baja, levantando poco a poco la cabeza.
Le dio las gracias otra vez cuando tomó su cantimplora y se la entregó. Aún le resultaba extraño ver a alguien de su estatus ignorar las convenciones de esa forma, ocupándose de tareas que no le correspondían. Solo de imaginar que alguien pudiera verlos, un escalofrío le recorrió la espalda.
De vuelta en el campamento, trató de mantenerse ocupado. Cuando Lord Solane regresó, Lievran ya había dividido las raciones en dos partes iguales y preparado lo necesario para pasar la noche. Mantener las manos ocupadas le ayudó a calmarse.
No tenía demasiada hambre, pero el cansancio en los huesos y el leve dolor en las sienes le recordaban que debía comer algo si quería recuperar fuerzas.
—¿Necesitas beber algo? —preguntó Lord Solane.
—Sí, Lord Solane —respondió Lievran.
Sin esperar demasiado, Lord Solane tomó su propia cantimplora y también la de Lievran cuando este asintió, y se dirigió a uno de los pequeños regueros de agua que corrían por la pared de la cueva, a poca distancia de donde habían montado el campamento. Lievran lo observó en silencio mientras llenaba ambas, humedecía su mano y aprovechaba para limpiarse el rostro y el cuello, antes de pasarse los dedos por el cabello.
Después de llenar las cantimploras, Lord Solane regresó al calor del calefactor y se sentó. Lievran notó cómo su mirada se posaba brevemente en lo que él había estado haciendo; parecía apenas consciente de que se había mantenido ocupado mientras él se alejaba, sin prestar demasiada atención a los detalles.
La idea de comer no le resultaba especialmente atractiva a Lievran, pero sabía que no podían continuar al día siguiente con el estómago vacío.
—Come todo lo que puedas —le indicó Lord Solane—. Aún nos queda camino mañana.
Lievran asintió levemente y continuó con sus raciones. Como siempre, eran densas en nutrientes, pero su textura, una pasta liofilizada espesa, se deshacía en la boca como tiza húmeda. Recordó las palabras de uno de sus instructores de campo: era comida que se soportaba, no que se disfrutaba. Aun así, no se quejó. Al menos no tardaba mucho en consumirla.
También preparó una sopa en polvo en la misma taza que había usado antes para derretir nieve. Vertió un poco de agua y la dejó calentarse junto al calefactor. No tenía nada de apetecible, tibia y espesa como era, pero resultaba fácil de ingerir y aportaba las calorías necesarias.
Mientras esperaba a que se calentara, observó el mapa que Lord Solane había desplegado. Colocaba pequeñas piedras sobre él con cuidado, como si se tratara de un tablero de juego. Lievran siguió el gesto en silencio, sin preguntar por el número de piedras ni su disposición. Simplemente memorizó lo que podía del trayecto.
—Tomaré la primera guardia y te despertaré cuando te toque —decidió Lord Solane. Lievran alzó la vista hacia él. No parecía una orden estricta, pero tampoco algo que debiera cuestionar. —Debes de estar exhausto. Ocúpate de lo que necesites y descansa.
Lievran inclinó la cabeza.
—Sí, Lord Solane.
Aun así, no pudo evitar añadir, con cautela:
—Mi lord, también deberíais descansar. No necesito más de cuatro horas de sueño… incluso menos si planeamos detenernos ocho.
Aceptaría lo que él decidiera, como siempre.
Tras tomar parte de la sopa —si es que podía llamarse así—, dejó el resto a un lado y dio a entender que iba a dormir. Se recostó sobre su lecho, sobre la plataforma de roca, dándole la espalda a Lord Solane y acurrucándose hacia la pared. No tardó en quedarse dormido.
El descanso, sin embargo, no fue tan tranquilo como esperaba.
Cuando Lord Solane lo sacudió para despertarlo, Lievran se incorporó con el corazón desbocado. Tenía la sensación de haber estado agitándose y murmurando en sueños. El recuerdo se le escapaba de la mente como un pez entre las manos, aunque le quedó la vaga impresión de que Lord Livius había estado presente.
Se frotó los ojos mientras se sentaba, obligándose a despejarse por completo para relevar a Lord Solane en la guardia.
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Patio de Juegos / Re: Lemuria
« Last post by Miyu on April 30, 2026, 06:17:47 PM »Esto iba para uno de los foritos de terror, pero me da vergüenza publicar algo de último momento y sin corregir jajajaja. Lo dejo aquí y después dejaré algo 🫶🏻
La cotidianidad se vuelve en una práctica de horarios fijos y planes rebobinados. Cada jornada es un idéntico al anterior, donde las mismas tareas se encadenan en un bucle previsible. Al final, esa repetición constante de actos y compromisos vuelve la vida algo rutinaria, hasta el hartazgo.
Bostezó.
Un bucle aburrido. Monótono.
Levantarse, ducharse, comer, trabajar, ver el celular, comer, dormir. Simple, sin desafíos a las certezas internas.
—Hace bastante calor este mes —musitó al bajar por las escaleras en su departamento, esperando que su madre estuviera abajo—. Mamá, me ducharé primero, tengo que salir temprano hoy.
—Está bien, cariño. Ya prepare tu almuerzo —la vocecilla de la madre llega desde la cocina, suave y amorosa.
Aquel departamento es uno de tantos en Yangshuo, una familia común viviendo una vida corriente en China. La mujer tarareando una canción junto al sonido de parlantes del celular y el sonido de la ciudad estrepitosa filtrándose por las ventanas abiertas.
—Hoy vendrán a reparar el aire —expresó la madre, aún cantando—. ¿Estarás a la tarde, Chi?
La hija a punto de meterse en el baño, se detuvo y lo pensó un momento.
—Mhhh, no creo —la chica dejó la mano suspendida en el picaporte antes de girarlo—. Le diré a gege.
—Le mandaré un mensaje ahora, cariño. No te preocupes.
La chica giró el picaporte y entró al pequeño baño, cerró la puerta con cuidado, como siempre hacía y dejó que el vapor comenzara a llenar el espacio apenas abrió la ducha. El agua salió tibia al principio, luego más caliente, y suspiró al sentirla caer sobre sus hombros. El calor del mes hace que su cuerpo se sintiera más pesado y sus motivaciones para ir al instituto decaen considerablemente durante estos meses y la ducha era el único momento del día en que se sentía un poco aliviada. Más ahora que el aire acondicionado estaba muerto desde hace unas semanas atrás,
Mientras tanto, en la cocina, la madre secó sus manos en el delantal y tomó el celular para mandarle el mensaje. Si no lograba encontrar a su hijo mayor, la situación con los técnicos empeoraría y seguramente tendrían que esperar otra semana para poder instalar todo.
«Xiaoshi, hoy vienen a reparar el aire acondicionado. ¿Puedes estar en casa por la tarde? Chi no va a llegar temprano y eres nuestra salvación, por favor contestame.»
Envió el mensaje y dejó el teléfono sobre la mesa y luego subió un poco el volumen del parlante. La radio local estaba encendida, como todas las mañanas, y la voz del locutor sonaba tranquila, mientras daba las noticias del día:
—…y en el norte de la provincia, las autoridades piden a la población mantener la calma. Se han reportado varios casos aislados de mordidas en personas, principalmente en zonas rurales. Los afectados describen animales agresivos, posiblemente perros callejeros o incluso murciélagos, se recomienda no acercarse a animales enfermos o de comportamiento extraño y asistir al primer centro de salud cercano si ha tenido contacto con alguno de estos animales infectados. Repetimos: mantengan la calma, son casos aislados, el gobierno sigue investigando.
La madre frunció el ceño un segundo, pero siguió tarareando la misma canción de antes, como si no quisiera dejar que esa noticia le arruinara la mañana. Era una estupidez preocuparse por cosas que parecen tan lejanas a ellos y más siendo que viven en una urbe. Hace un par de días habían eliminado cualquier animal que pudiera estar contagiado o con síntomas de enfermedad.
Chi salió del baño envuelta en una toalla, con el cabello violeta todavía húmedo y fue directo a su cuarto para cambiarse rápido al uniforme del instituto… falda plisada y camisa blanca. Nada diferente.
Salió cepillando su largo cabello violeta y entró a la cocina casi corriendo, fijando la vista en el reloj de pared.
—¿Te respondió, gege? —pregunto curiosa, pues rara vez Xiaoshi atendía.
—No. Está niño —suspiró la madre—. Le enviaré un mensaje a Qiao Ling, ella debe estar con Xiaoshi.
—Ese es un buen plan, mamá —sonrió Chixia, tomando el almuerzo cuidadosamente envuelto—. ¿Que cocinaste hoy, mami?
—Es una sorpresa —le devolvió la sonrisa—. Puse un rico postre de recompensa.
Los ojitos bermellón resplandecieron ante la idea de algo dulce y se abalanzó para abrazarla. Estando muy emocionada.
—Gracias mamá, lo esperaré con ansias al almuerzo —dijo y le dio un beso rápido en la mejilla.
La madre sonrió y le acomodó un mechón lavanda detrás de la oreja.
—Cuídate, no corras tanto. Y come todo.
Chixia ya estaba en la puerta, metiendo el bento en su mochila; afuera el calor pegaba fuerte otra vez y bajó las escaleras del edificio a toda prisa, el cabello todavía un poco mojado le pegaba en la espalda.
La radio seguía sonando bajito en la cocina mientras la madre lavaba los platos. El locutor repetía lo mismo de las mordidas y los animales extraños, pero ella ya no prestaba atención.
En la primera intersección reconoció a uno de sus compañeros y levantó la mano para llamar su atención.
—Oberon, Oberon —corrio hacia él, su sonrisa cálida seguía presente en ella.
Chi corrió unos pasos más hasta alcanzarlo en la esquina.
—Oberon, Oberon —llamó otra vez, agitada.
El chico de cabello oscuro se dio vuelta con esa media sonrisa que siempre parecía burlona. Llevaba el mismo uniforme, pero lo usaba con la corbata floja y la camisa un poco abierta por el calor.
—Llegas tarde otra vez, Chixia —murmuró sin dejar de caminar—. ¿Otra vez te quedaste dormida mirando el techo?
Ella se puso a su lado y ajustó el paso al de él.
—No me quedé dormida —respondió ella, bufando—. Es que el calor me deja lenta. Además mamá preparó el almuerzo más tarde que de costumbre.
Oberon soltó una risa baja y miró de reojo el mechón violeta que le caía sobre la cara.
—Siempre tienes una excusa. Ayer fue “el bus pasó muy lleno”, anteayer “me dolía la cabeza”. Hoy es el calor. Mañana será que un ovni te secuestro.
Chixia le dio un empujoncito suave en el brazo sin dejar de sonreír.
—No seas malo. Tú tampoco caminas tan rápido ¿o es que quieres llegar temprano para dormir en el último banco otra vez?
—Exacto —contestó él, encogiéndose de hombros—. El aire del aula es el único lugar fresco que queda en todo el instituto. Si no duermo ahí, me derrito antes del recreo.
Siguieron caminando juntos por la acera estrecham Oberon metió las manos en los bolsillos y miró hacia adelante con esa expresión medio distraída, medio divertida que siempre tenía.
—¿Vas a ir a la práctica de básquet después de clase? —preguntó ella, tratando de no sonar demasiado interesada.
—Depende —respondió él—. Si el entrenador sigue gritando como ayer, probablemente me escape por la puerta de atrás. ¿Tú?
Chixia hizo una mueca.
—Tengo que estudiar para el examen de la próxima semana. Mamá me va a matar si saco otra nota baja.
Oberon soltó una carcajada corta.
—Entonces nos vemos en el infierno del aula, princesa del tercero.
Ella le sacó la lengua.
La cotidianidad se vuelve en una práctica de horarios fijos y planes rebobinados. Cada jornada es un idéntico al anterior, donde las mismas tareas se encadenan en un bucle previsible. Al final, esa repetición constante de actos y compromisos vuelve la vida algo rutinaria, hasta el hartazgo.
Bostezó.
Un bucle aburrido. Monótono.
Levantarse, ducharse, comer, trabajar, ver el celular, comer, dormir. Simple, sin desafíos a las certezas internas.
—Hace bastante calor este mes —musitó al bajar por las escaleras en su departamento, esperando que su madre estuviera abajo—. Mamá, me ducharé primero, tengo que salir temprano hoy.
—Está bien, cariño. Ya prepare tu almuerzo —la vocecilla de la madre llega desde la cocina, suave y amorosa.
Aquel departamento es uno de tantos en Yangshuo, una familia común viviendo una vida corriente en China. La mujer tarareando una canción junto al sonido de parlantes del celular y el sonido de la ciudad estrepitosa filtrándose por las ventanas abiertas.
—Hoy vendrán a reparar el aire —expresó la madre, aún cantando—. ¿Estarás a la tarde, Chi?
La hija a punto de meterse en el baño, se detuvo y lo pensó un momento.
—Mhhh, no creo —la chica dejó la mano suspendida en el picaporte antes de girarlo—. Le diré a gege.
—Le mandaré un mensaje ahora, cariño. No te preocupes.
La chica giró el picaporte y entró al pequeño baño, cerró la puerta con cuidado, como siempre hacía y dejó que el vapor comenzara a llenar el espacio apenas abrió la ducha. El agua salió tibia al principio, luego más caliente, y suspiró al sentirla caer sobre sus hombros. El calor del mes hace que su cuerpo se sintiera más pesado y sus motivaciones para ir al instituto decaen considerablemente durante estos meses y la ducha era el único momento del día en que se sentía un poco aliviada. Más ahora que el aire acondicionado estaba muerto desde hace unas semanas atrás,
Mientras tanto, en la cocina, la madre secó sus manos en el delantal y tomó el celular para mandarle el mensaje. Si no lograba encontrar a su hijo mayor, la situación con los técnicos empeoraría y seguramente tendrían que esperar otra semana para poder instalar todo.
«Xiaoshi, hoy vienen a reparar el aire acondicionado. ¿Puedes estar en casa por la tarde? Chi no va a llegar temprano y eres nuestra salvación, por favor contestame.»
Envió el mensaje y dejó el teléfono sobre la mesa y luego subió un poco el volumen del parlante. La radio local estaba encendida, como todas las mañanas, y la voz del locutor sonaba tranquila, mientras daba las noticias del día:
—…y en el norte de la provincia, las autoridades piden a la población mantener la calma. Se han reportado varios casos aislados de mordidas en personas, principalmente en zonas rurales. Los afectados describen animales agresivos, posiblemente perros callejeros o incluso murciélagos, se recomienda no acercarse a animales enfermos o de comportamiento extraño y asistir al primer centro de salud cercano si ha tenido contacto con alguno de estos animales infectados. Repetimos: mantengan la calma, son casos aislados, el gobierno sigue investigando.
La madre frunció el ceño un segundo, pero siguió tarareando la misma canción de antes, como si no quisiera dejar que esa noticia le arruinara la mañana. Era una estupidez preocuparse por cosas que parecen tan lejanas a ellos y más siendo que viven en una urbe. Hace un par de días habían eliminado cualquier animal que pudiera estar contagiado o con síntomas de enfermedad.
Chi salió del baño envuelta en una toalla, con el cabello violeta todavía húmedo y fue directo a su cuarto para cambiarse rápido al uniforme del instituto… falda plisada y camisa blanca. Nada diferente.
Salió cepillando su largo cabello violeta y entró a la cocina casi corriendo, fijando la vista en el reloj de pared.
—¿Te respondió, gege? —pregunto curiosa, pues rara vez Xiaoshi atendía.
—No. Está niño —suspiró la madre—. Le enviaré un mensaje a Qiao Ling, ella debe estar con Xiaoshi.
—Ese es un buen plan, mamá —sonrió Chixia, tomando el almuerzo cuidadosamente envuelto—. ¿Que cocinaste hoy, mami?
—Es una sorpresa —le devolvió la sonrisa—. Puse un rico postre de recompensa.
Los ojitos bermellón resplandecieron ante la idea de algo dulce y se abalanzó para abrazarla. Estando muy emocionada.
—Gracias mamá, lo esperaré con ansias al almuerzo —dijo y le dio un beso rápido en la mejilla.
La madre sonrió y le acomodó un mechón lavanda detrás de la oreja.
—Cuídate, no corras tanto. Y come todo.
Chixia ya estaba en la puerta, metiendo el bento en su mochila; afuera el calor pegaba fuerte otra vez y bajó las escaleras del edificio a toda prisa, el cabello todavía un poco mojado le pegaba en la espalda.
La radio seguía sonando bajito en la cocina mientras la madre lavaba los platos. El locutor repetía lo mismo de las mordidas y los animales extraños, pero ella ya no prestaba atención.
En la primera intersección reconoció a uno de sus compañeros y levantó la mano para llamar su atención.
—Oberon, Oberon —corrio hacia él, su sonrisa cálida seguía presente en ella.
Chi corrió unos pasos más hasta alcanzarlo en la esquina.
—Oberon, Oberon —llamó otra vez, agitada.
El chico de cabello oscuro se dio vuelta con esa media sonrisa que siempre parecía burlona. Llevaba el mismo uniforme, pero lo usaba con la corbata floja y la camisa un poco abierta por el calor.
—Llegas tarde otra vez, Chixia —murmuró sin dejar de caminar—. ¿Otra vez te quedaste dormida mirando el techo?
Ella se puso a su lado y ajustó el paso al de él.
—No me quedé dormida —respondió ella, bufando—. Es que el calor me deja lenta. Además mamá preparó el almuerzo más tarde que de costumbre.
Oberon soltó una risa baja y miró de reojo el mechón violeta que le caía sobre la cara.
—Siempre tienes una excusa. Ayer fue “el bus pasó muy lleno”, anteayer “me dolía la cabeza”. Hoy es el calor. Mañana será que un ovni te secuestro.
Chixia le dio un empujoncito suave en el brazo sin dejar de sonreír.
—No seas malo. Tú tampoco caminas tan rápido ¿o es que quieres llegar temprano para dormir en el último banco otra vez?
—Exacto —contestó él, encogiéndose de hombros—. El aire del aula es el único lugar fresco que queda en todo el instituto. Si no duermo ahí, me derrito antes del recreo.
Siguieron caminando juntos por la acera estrecham Oberon metió las manos en los bolsillos y miró hacia adelante con esa expresión medio distraída, medio divertida que siempre tenía.
—¿Vas a ir a la práctica de básquet después de clase? —preguntó ella, tratando de no sonar demasiado interesada.
—Depende —respondió él—. Si el entrenador sigue gritando como ayer, probablemente me escape por la puerta de atrás. ¿Tú?
Chixia hizo una mueca.
—Tengo que estudiar para el examen de la próxima semana. Mamá me va a matar si saco otra nota baja.
Oberon soltó una carcajada corta.
—Entonces nos vemos en el infierno del aula, princesa del tercero.
Ella le sacó la lengua.
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A Step to the Left / Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Last post by Neko on April 30, 2026, 05:23:58 PM »
[Ikki/Hyoga - Full Moon]

La puerta se cerró con un sonido fuerte que hizo eco en mitad de la oscuridad de la noche.
—Otra vez… —musitó Hyoga mientras se ponía la chaqueta y se alejaba a todo correr de la casa que compartía con aquel hombre que había desaparecido.
El rubio maldijo entre dientes mientras se abrochaba los botones. No era la primera vez que Ikki desaparecía a esas horas de la noche. Siempre volvía cerca del amanecer, con alguna excusa lista para sacarla del bolsillo.
—¿Por qué? —se preguntaba Hyoga— Maldita sea…
Al principio nunca había sido así, parecía tan seguro de si mismo. Acosándolo hasta que no pudo más que confiar en él, en que aquel amor nunca tendría fin.
Y desde luego no había terminado. Hyoga seguía tan enamorado como el primer día, pero sospechaba que Ikki le ocultaba algo y las respuestas más lógicas eran dolorosas de creer.
—Casi prefiero que esté metido en algún lío.
Hyoga dejó de caminar, mirando hacia sus pies. El camino de tierra estaba ligeramente húmedo a causa de la niebla que había inundado el pueblo en cuanto se había puesto el sol.
Más que niebla parecía que alguna nube había decidido visitar el lugar para pasar un rato por la noche. Era espesa y baja, aunque no le permitía verse muy bien los pies podía distinguir perfectamente las casas a cien metros de sí mismo.
Hyoga se mordisqueó los labios nervioso, mirando a todas partes. ¿Dónde podría estar aquel bastardo malnacido? ¿Cómo osaba hacerle renunciar a todo lo que era sagrado en su vida, romper todas las barreras, admitirlo como su compañero para la eternidad y luego abandonarle así durante al menos tres noches seguidas cada mes?
—Ah, no… —murmuró mientras seguía adelante, embarrando sus botas de cuero al empezar a correr— Eso sí que no.
Tragó saliva, notaba la garganta seca. Ikki había corrido hasta el refugio más cercano que conocía. En este caso era un granero.
El moreno tosió un par de veces, notando el sabor de la sangre en su boca. No era suya.
Se limpió los labios con el dorso de la mano mientras andaba dando tumbos por el lugar. No llevaba la camisa de trabajo con la que había salido de casa. Tampoco tenía calzado y los bajos del pantalón estaban hechos unos zorros.
Ikki jadeaba, intentando hacer llegar el aire a sus pulmones cansados. Se miró las manos, tenía tierra bajo las uñas. El hombre sacudió la cabeza cuando su vista empezó a nublarse. Tratando de fijar sus pupilas en algo que no le trastornara. Buscó un sitio donde descansar y poner orden en su mente de nuevo.
Un montón de paja que parecía limpia le pareció perfecto. Ikki tuvo la decencia de echar una manta que encontró colgada de un clavo en un poste de madera encima de la paja antes dejarse caer sentado.
Despegó el pelo de su frente, echando el cabello hacia atrás y resoplando.
El olor de la sangre le llegaba claramente a la nariz. Tenía la barbilla y el pecho embarrados en ella. Afortunadamente, aunque no para ellas, provenía de unas pocas gallinas que se habían cruzado en su camino y en las que había dejado caer toda la rabia y la frustración que venía acarreando.
Apretó la parte baja de sus palmas contra los ojos. A veces se preguntaba si habría sido mejor dejar las cosas como estaban, haber dejado que Hyoga fuera una imagen a la que adorar desde el otro lado del río. Podría haberle ahorrado el dolor que tenía claro que esa noche le iba a provocar.
Después de todo, había llegado ahí huyendo de los sonidos lejanos de una turba enfurecida.
Y la luna, oh, la luna… la que le estaba llamando desde el cielo.
El cazador apartó la antorcha de la huella al mismo tiempo en el que se levantaba. Se giró para hablar con el hijo del alcalde, con una cara seria.
Ese hombre no tenía muchos amigos en el pueblo, pero era un ciudadano que siempre colaboraba cuando hacía falta y que siempre había respetado a los demás. Nunca escondía nada, así que cuando se apartó del grupo armado con hoces, arados y otros instrumentos del campo, con el susodicho hijo mayor del alcalde… todo el mundo supo que había algo que iba mal.
—Habla de una vez, me estás poniendo más nervioso. —balbuceó hacia el cazador después de treinta segundos de silencio.
—No quiero seguir ese rastro. —espetó el cazador, con un tono que no admitía protesta y aún así el joven lo intentó.
—Pero…
—¿Pero?
El joven tragó saliva y echó una mirada a los hombres del pueblo que habían salido esa noche con ellos. Las luces de las antorchas les hacían parecer demonios.
Y allí, en el lenguaje corporal de aquella masa se encontraba el gran pero. El rumor se había extendido por la población para dejar de serlo en los últimos meses, ahora era un hecho. Algún animal había estado matando ganado, pero no comía nada. Estaba claro, era un lobo solitario. Un lobo solitario, loco y lo suficientemente fuerte y atrevido como para matar a un par de vacas cuando el toro estaba dentro del mismo redil.
Hartos de los destrozos, habían salido a hostigar al animal. Y ahora el cazador le ordenaba que dejara de hacerlo.
—Lo que estoy siguiendo no son huellas de lobo —explicó y después negó con la cabeza—. Seguiré el rastro, pero no prometo nada.
Hyoga apretó los brazos contra su pecho, calentando sus manos bajo las axilas. La niebla era menos densa en las afueras del pueblo, pero estaba mucho más dispersa. Y a él no se le había ocurrido traer ni una antorcha por lo menos.
La ropa se le estaba humedeciendo. La sensación en sus mejillas era bienvenida, el frío le hacía pensar mucho mejor. Calmaba su instinto y le ayudaba a concentrarse en su tarea: buscar a Ikki.
Hyoga suspiró frustrado cuando llegó a una encrucijada. No estaba muy lejos del bosque, no era una buena idea acercarse tanto a los árboles. Sería fácil perderse allí dentro.
—¿Dónde te has metido? —se preguntó el rubio.
No sabía cuanto tiempo llevaba andando, no sabía ni como lo iba a encontrar. Parecía que vagar pocas horas antes de la madrugada a las afueras no era su mejor opción. Sobretodo con los rumores de un lobo loco que había oído ya en todas partes.
—¿No lo iban a hostigar esta noche? —murmuró mientras frotaba sus manos y miraba de un lado a otro, decidiendo donde ir ahora.
Hyoga no tenía una opinión formada al respecto de la patrulla nocturna, pero Ikki gruñía cada vez que oía algo por el pueblo. El rubio se quitó la humedad de la cara con un pañuelo que sacó de su chaqueta y empezó a andar sin mirar por donde iba.
Tan distraído estaba que no se dio cuenta de que había tropezado con algo hasta que se vio cayendo contra el barro del camino. Consiguió mantener el equilibrio con un par de zancadas largas y volvió sobre sus pasos para comprobar que había sido aquello.
Lo cogió y levantó el objeto hacia la luz de la luna llena.
—Este zapato… —dejó salir de su garganta estrangulada por todo lo que estaba empezando a sentir— ¡Es de Ikki!
Ikki apretó la cabeza entre sus manos, gruñendo mientras notaba a la rabia abrirse camino a codazos hacia la parte racional de su cerebro.
—¡No! —gritó sin poderle evitarlo.
Sacó el aire por la nariz indignado consigo mismo. Se suponía que no quería hacer ruidos para que no le encontraran. Tal vez sería mejor dejarse ver. Dejarse matar por el pueblo en el que había vivido esos años con Hyoga, con la pareja que él había elegido para siempre.
—"Siempre" es más corto de lo que había pensado… je, je. —murmuró con una nota triste.
Otra vez, aquel desespero que le desgarraba el corazón aumentó hasta convertirlo en un ser lleno de sed de sangre.
Pero él no era así, él podía controlarlo ¿Por qué se comportaba como un mero licántropo desquiciado? ¿Por qué justo cuando se suponía que debía ser feliz? Cuando se suponía que lo tenía todo.
Notó el cambio, mucho más lento que su grácil transformación habitual, mucho más doloroso. Ikki no soportaba aquel aspecto, pero en aquel estado no podía decidir sus acciones, sólo era una pequeña consciencia atrapada viendo el horror del que era capaz aquel cuerpo.
Un ruido llamó la atención de sus orejas y su cuerpo se volvió repentinamente hacia la puerta. Ikki estaba seguro de haberla cerrado bien cerrada.
—Tendría que haberlo imaginado. —la voz de Hyoga chocó en sus tímpanos.
Ikki se paralizó, una sensación de desesperación se apoderó de él cuando notó el gruñido en su garganta.
Hyoga entró en el granero, cerrando la puerta a su espalda. Abrió los brazos con una sonrisa mientras el cuerpo de Ikki se movía como la bala de un cañón hacia un barco enemigo.
En aquel momento, a un par de horas del amanecer, cuando el mundo empezaba a ser mucho más frío que el resto de la noche y después de haber caminado de aquí para allá sin resultado alguno, la turba estaba mucho más cansada aunque igual de enfurecida que al principio.
El rastro les acercaba al bosque, lugar por el que aún estaban discutiendo, tras diez minutos de debate, si era apropiado marchar enfurecidamente o no.
El cazador había tomado ese tiempo para sí mismo. Se encontraba sentado encima de un viejo tocón al lado del camino y fumaba de forma relajada, iluminado por el reflejo de las brasas en su pipa. Esperaba a la resolución, pero fuera cual fuera el resultado, él ya se había adelantado y sabía a la perfección hacia donde llevaban las huellas. Así que sus ojos estaban fijos, aunque discretamente, en el granero más allá. Si tenía que correr por su vida lo haría.
El hijo del alcalde se acercó a él justo después de que algo le llamase la atención, algo que le había plantado una sonrisa satisfecha en medio de su barba.
—Hemos decidido parar por hoy —informó—. ¿Podría acompañarnos mañana?
El hombre se levantó y sacudió su ropa con la mano libre para quitarse la humedad de la niebla de encima.
—No creo que sea necesario, hijo.
—¿Y eso por qué? —preguntó el joven con una expresión confundida en su rostro.
El cazador fumó lentamente antes de responder con misterio.
—Ya lo verás, hijo. Ya lo verás.
Levantó una ceja aún con la sonrisa en sus labios y sin más se alejó de la pequeña multitud, derecho hacia su casa.
Después de todo, estaba seguro de haber visto a un par de lobos, uno claro y otro oscuro, saliendo del granero.

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HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Kana on April 29, 2026, 07:29:19 PM »Lo borré porque me quedó horrible
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