Author Topic: neverland 2.2: you can (not) fight  (Read 14708 times)


Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #75: May 31, 2019, 04:40:24 PM »
Aporte cortito orz

66.

—¡Aaaah! —gimió Milo con los ojos cerrados y la cara dirigida al techo.

Estaba sentado en una de las sillas de jardín que tenían esparcidas a un costado de la sala, con los hombros caídos y las piernas estiradas. Llevaba suspirando un rato, pero era la primera vez que lo hacía tan alto.
Yuzuriha le revolvió el pelo, ganándose un gruñido de parte de Milo, que acabó levantándose para empezar a caminar alrededor de su improvisado campamento. Watari roncó en su silla y cerró la boca para sorber la babilla que se le estaba cayendo.

—Tendría que haber hecho la quest de tercer nivel hace mil años —se quejó, dándose golpes en una mano con la otra—. Habría durado más ahí arriba.

Max le lanzó una pelota y Milo la estrujó con una mano después de atraparla.

—Llevas tiempo retrasándolo, ¿verdad? —preguntó el mechanic.

Milo asintió, mirando la pelotita antiestrés en su mano antes de apretarla varias veces y suspirar. Nadie dijo nada más por unos segundos, todo el mundo —o al menos los que están despiertos— sabía que Milo había estado esperando a que Yuzu tuviese el nivel suficiente para avanzar de job, para que así sus habilidades conjuntas tuviesen mayor efecto.

Yuzuriha se levantó de su asiento y sacó dos granizados de café de su inventario y le ofreció uno a Milo.

—Haremos las quests en cuanto salgamos de aquí, no me falta mucho ya. —le aseguró y Milo asintió, aún algo deprimido.

Monica chistó, mirando el filo de su espada que había estado limpiando.

—Si no hubiera perdido dos vidas ya…

Max estiró la mano para posarla con confianza en el hombro de su amiga. No dijo nada, solo apretó un poco y le sonrió.
Monica era consciente de que nadie le estaba culpando, pero aún así aquel pequeño gesto le hice sentirse un poco mejor.

Watari se despertó con otro ronquido y parpadeó confuso, limpiándose los labios con el dorso de la mano. Se levantó de golpe e invocó una forja portátil y mientras bostezaba y se ajustaba las gafas empezó a sacar algunos materiales.

—¿Quieres que te afine la espada? —preguntó a Monica antes de volver a bostezar—. Así hago algo.

Monica miró a su espada y luego a la sonrisa perezosa de Watari y acabó por acercarse para ofrecérsela. Max solía ocuparse del mantenimiento de sus equipos, pero ya que se ofrecía…

—¿Y vosotros? ¿Tenéis algo que necesite arreglo?

Yuzuriha negó con la cabeza y Milo se encogió de hombros.

—Nah, tío, tengo como un montón de kits de afinación. —dijo Milo distraído mientras se fijaba en la información de cambio de job en su omnitool.

—Vips. —rezongó Watari antes de empezar a afilar la espada que MoonPrincess le acababa de entregar.

Milo parpadeó, levantando la cabeza.

—No, pero los kits de afinación de instrumentos se venden en la tienda normal —explicó el bardo, entrecerrando los ojos—. Cualquiera los puede comprar.

Yuzuriha tosió para esconder una risita. Milo la miró con sospecha y luego abrió los ojos mucho, dándose cuenta de algo.

—¿Son muy caros?

—Bastante. —le dijo Max, rascándose la barbilla.

—No, pero… no los compro con dinero real. Bueno, que compro dinero del juego con dinero real. —murmuró Milo antes de llevarse las manos a la cabeza.

—¿Yuzu, yo soy rico?

Esta vez Yuzuriha no escondió su risa.

—¡Pero no soy un rico asqueroso! ¿Verdad?

Crane llevó la mano a la cabeza de Milo, esta vez para acariciarle tranquilizadoramente.

—No, tú eres asquerosamente rico.

Milo pareció calmarse y luego hinchó el pecho, volviendo a su tarea de informarse sobre las quests de Minstrel y Gypsy.

—Ah, bueno. Eso es totalmente diferente —se dijo—. Nada que ver.


————

Avanzar había sido, como Hyoga había predicho, un infierno. Aunque cambiar las armas por unas encantadas con electricidad había ayudado, el grupo había tenido que luchar por cada paso que daban.
Aún así, en relativamente poco tiempo habían llegado al tercer piso. El boss parecía no querer enfrentarse a ellos, pero seguía observándolos desde una distancia prudencial, tal vez esperando el mejor momento para atacar.

Locke, por su parte, había estado usando sus habilidades de stalker para esconderse de un rincón a otro, avanzando, o más bien retrocediendo, con una facilidad envidiable.
Levantó una de sus dagas duales, llevando el mango casi hasta el pecho, observando desde la esquina a la que se había acercado.

—Solo un poco más… —murmuró, escuchando los inconfundibles sonidos de una batalla. Hasta la música ambiental había cambiado para reflejar lo que estaba ocurriendo un piso más abajo.

Locke se pegó a la pared y dio un salto hasta agarrarse a un saliente que decoraba todo el muro. Moverse por allí era difícil y requería concentración, pero no era nada a lo que Locke no estuviese acostumbrado ya.
Poco después había llegado a la escalera y la música de batalla sonaba más fuerte.

—Hmn, tercer piso, nada mal para los novatos. —dijo para sí mismo y se asomó rápidamente, viendo la sombra de una figura al final de la escalera.

Locke se volvió a esconder, tomando aire antes de volver a echar un vistazo, esta vez más lento. Y sí, había visto bien. Desde allí podía apreciar la sombra de alguien o de algo, pero no su cuerpo. Aunque se apostaría sus dagas favoritas a que aquella sombra pertenecía al maldito boss que los había repartido por toda la dungeon, separando a la party y haciendo casi inexistentes sus posibilidades de sobrevivir.

Locke se llevó el pulgar a la boca, dispuesto a morderse la uña del pulgar hasta que se dio cuenta de que llevaba guantes. Chistó casi en silencio y volvió a usar el camuflaje, bajando la escalera un escalón detrás de otro, con todo el sigilo del que era capaz. Ojalá ese hijo de puta estuviese de espaldas… pensó. Así tendría una oportunidad de hacerle un buen daño.

Locke estaba casi al final de la escalera, desde allí podía ver perfectamente la silueta del boss y a algunos de sus compañeros. Y para desgracia de aquel bastardo, estaba dándole la espalda, agarrado a su cayado y descalzo, con una expresión corporal como si no le importase nada en el mundo.
Locke sonrió y levantó sus dos dagas. Esto iba a ser fácil… muy fácil.


Airin

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #76: June 30, 2019, 05:30:18 PM »
hace putoh calor que me fríe el cerebro, pero tengo iconos por una vez
beware, here be monsters




~+50~


En cuanto se hallaron los dos a solas, Orihime no pudo aguantarse más la curiosidad, y preguntó.

—¿De qué iba lo de antes?

—¿Hmm? —Benitora levantó la cabeza de su almuerzo, con la boca llena a dos carrillos de pan con carne y verduras al vapor, intentando no mancharse con la salsa de soja que resbalaba por su barbilla. Masticó a conciencia durante varios segundos, dándose tiempo a pensar en lo que quería decir.— Tú no llegaste a conocer a su hermana, ¿verdad?

La chica negó con la cabeza, y tras agarrar la bolsa de papel donde llevaba la comida, le limpió una gota que estaba a punto de escurrirse sobre su camisa. Su novio le dedicó una sonrisa distraída.

Raiko y él, —dijo refiriéndose a Renji,— no se soportan.

—¿Pero jugaban juntos? Estaba en la party antes de entrar yo, ¿no?

—Si, jugábamos todos en el mismo grupo. Es muy raro, ¿si no aguantas a alguien por qué vas a pasar más tiempo del necesario con esa persona? Lo normal sería pasar de su cara y ya está. —Benitora se encogió de hombros y sorbió parte del caldo del bollo cocido.— Pues Red metió a su hermana en la party al poco de empezar a jugar. Y a ver, Raiko no era una florecilla indefensa ¿eh? Tal como las recibía las soltaba de vuelta.

—Como Ichiban, —dijo Orihime con una sonrisa pequeña. El lancer podía ser brusco, directo, y con una puntería certera para meter el dedo en la llaga, pero a ella siempre la había tratado bien, y le había hecho reír muchas veces hasta hacía apenas un par de días dentro del juego.

—Si, más o menos. Y eran amigos esos dos. —el rogue se rascó la mandíbula con gesto incómodo.— De hecho tenían mucha mejor relación entre ellos que Red con Raiko.

—¿...Pero ?

—Aaahh… No exactamente “pero”. Si soy sincero, si no hubiéramos sido ya amigos y no lo hubiera conocido de antes por mi cuenta me habría salido del grupo a la primera semana, pero Raiko se fue antes. Por lo poco que llegué a ver, Red era bastante abusón con ella. De hecho un par de días antes de salirse tuvieron una bronca importante y Red le soltó un bofetón por llevarle la contraria y hablarle mal. —el rogue frunció el ceño con disgusto al recordar la pelea.

—¿Le hacía bullying a su hermana? —Orihime se llevó una mano a la boca, atónita.

—Erhm, básicamente. —por muchas vueltas que diese, Benitora no encontraba otra forma de definirlo con propiedad.

—A mí nunca me ha tratado mal. No me esperaba algo así de él. —dijo su novia con los labios apretados y los ojos muy abiertos.

—Yo tampoco. Fuera de eso es un tío guay, pero en los últimos tiempos… meh. Ya has visto el plan. Se pone hecho una fiera cada vez que saco el tema, y no sé qué rencores le tiene, no me he querido meter donde no me incumbe, pero ahora está que no hay quién le aguante.

Orihime asintió pensativa, y Benitora aprovechó la pausa en la conversación para acabar de comerse su bollo relleno y el que le quedaba en la bolsa, y dar un par de tragos a la lata de té verde que compartían.

—¿Tú crees que se siente culpable? —preguntó finalmente la chica.

El rogue ladeó la cabeza, parpadeando sin desmerecer la idea.

—Frustrado seguro, desde que se fueron Ichiban y Nightshade. Y como le dije, puedes no llevarte bien con alguien y no por eso desearle todas las plagas del mundo. Pero no es lógico esperar que para bien o para mal las consecuencias de tus actos no te acaben pillando tarde o temprano. —encogió un hombro, firmemente convencido del efecto boomerang del karma.

—Pero, —empezó de nuevo la muchacha con aire reflexivo,— después de lo de ayer, si le ha pasado algo a su hermana…

—Cualquier persona normal se sentiría mal, sí. Imagínate que eres indirectamente responsable de la muerte de tu hermano pequeño, —Benitora le pasó el brazo por los hombros en un gesto de consuelo,— pero si Red se siente culpable, a nosotros no nos lo va a decir.

Orihime frunció los labios, pellizcando y estirándose del inferior de un lado a otro hasta que el chico le apartó la mano, obligándola a poner freno a su tick nervioso de cuando meditaba sobre cosas profundas y potencialmente graves.

—Hime, te oigo pensar, pero no sé en qué idioma.

—Hmmm. —la chica agarró la lata de té verde y la giró entre sus manos varias veces, pensando bien en las palabras que quería usar.

Caminaron un par de minutos sin decirse nada más, hasta que por fin Orihime frenó sus pasos y llevándose una mano a la barbilla se giró hacia su novio.

—Oye, Tora. ¿Has sabido algo de Ichiban y Nightshade?

—Pues, ahora que lo dices, no, pero... —El chico no perdió tiempo en desplegar el panel luminoso de la pantalla de su omnitool, y buscó los nombres de sus antiguos compañeros de party hasta dar con ellos.— Siguen bien, han leveado y todo.

—Ellos se salieron por lo de la hermana de Red, ¿no? Entre otras cosas.

—Principalmente, si. —Benitora creía estar viendo por dónde quería ir la senda de los pensamientos de la chica, y se aventuró a adivinar.— Crees que hayan ido a buscarla, ¿es eso?

—Es… por una cosa que dijo Ichiban, no dejo de pensarlo, y tendría sentido por su parte. ¿Y si les mandas un mensaje a ver qué tal están? Son nuestros amigos después de todo.

—Y de paso hago indagaciones, ¿no? Eres una mente maestra cuando te pones a ello. Terrible, terrible.

Orihime sonrió bajo el brazo del joven.

—Mira, ahora tienes una excusa no excusa real para cotillear como la vieja chismosa que llevas en el fondo de tu alma.

—¡Eh! —Benitora se llevó una mano al pecho con actitud ofendida ante la burla de su novia.— ¡Que sepas que la vieja 'el visillo trabaja muy duro por mantener su comunidad a salvo! ¡Habráse visto, la impertinencia!

.

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n    m a i t e.       ~


Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #77: August 30, 2019, 11:04:40 AM »
AVANCES. MUERTES. YAY.

67.

Todo ocurrió muy rápido. Hiksti estaba bien agarrado a la mano de Hyoga cuando al instante siguiente, el mago notó el tirón… y el calor de la palma de su compañero resbalando entre sus dedos le dejó tan frío que hizo que el tiempo se ralentizase para él.

Hyoga levantó la vista, sin tener muy claro qué era lo que estaba pasando. Lo único que sabía era que su corazón punzaba en su pecho con el dolor de la traición y sus cejas se fruncieron por la falta de comprensión de lo que estaba ocurriendo.

Hiksti estaba intentando agarrar su espada de fuego con las dos manos, preparando un ataque directo hacia el boss descalzo. Ese que le habían dicho que los teleportaba a todos, al que no había tenido tiempo de escanear, por el que habían salido con esa estrategia de cogerse la mano.
Mano que Hiksti ahora le negaba. ¿Por qué? ¿Estaría ciego de ira? ¿O es que había visto a notathief justo detrás del boss y estaba intentando un ataque conjunto? ¿Estaría distrayendo al boss?

Pero en este caso quien más distraído estaba, sin saberlo, era él.

Ese mismo boss estaba empezando a sonreír al ver que por fin dos de aquellas pequeñas molestias se soltaban. Y sus ojos brillaron en rojo.
Y Hyoga seguía sin comprender. Sólo podía ver dagas alzándose detrás del boss y el reflejo de las llamas detrás de Hiksti. No veía el hombre de nieve que se le acercaba ni los ojos rojos brillar y brillar y brillar...

—¡Hyoga!

Y el tiempo volvió a su fluir habitual. Los sonidos, que Hyoga no había notado embotarse, volvieron todos de repente, con un estruendo.
La voz que había oído era la de Shun, pero el cuerpo delante de él era el de Ikki. Y la lanza que casi le tocaba el vientre pertenecía a un hombre de hielo con armadura. Sus sentidos se centraron en el plic ploc de la sangre de Ikki en el suelo, escurriendo desde la punta de la lanza que lo atravesaba.

—¿Bennu? —preguntó.

No pudo hacer mucho más antes de que Ikki cayera hacia él desplomándose en sus brazos. Poco después las luces a su alrededor lo cegaron y de pronto ya no había luz. Estaba en la oscuridad más intensa que nunca había sentido, con Ikki desangrándose sobre sus muslos.


————

Soltarle la mano no había sido una decisión que hubiera tomado Ikki conscientemente, eso Shun lo sabía bien. Después de todo había sido el propio Shun quien lo había dejado ir al notar que su cuerpo se movía hacia Hyoga, intentando salvarlo.
Ikki era así. Ikki haría cualquier cosa para salvar a un amigo, hasta sacrificarse él mismo. Shun tenía que saberlo bien, después de todo, en eso eran iguales.

Lo que no podría haber adivinado ni en cien años era que, realmente, se iba a sacrificar.

Las pupilas de Shun se dilataron al ver como la lanza atravesaba a su hermano. Y el terror lo dejó paralizado. El guión que habían escrito estaba totalmente olvidado. Shun estaba completamente solo, sin nadie que le agarrase de la mano para guiarle, con la imagen sangrienta de Ikki cayendo grabada a fuego en su retina.


————

Todo iba bien. Lento, pero bien. A este paso y si las cosas seguían igual, en unas horas habrían avanzado hasta el último piso de la Torre de la Insolencia. Dominich podía visualizar su salida triunfal, necesitaba visualizarla… y la iba a hacer realidad.
Aya estaba bebiéndose una poción de maná a su lado mientras él derretía los pies de un muñeco de nieve pequeño con un hechizo básico de fuego cuando oyeron el grito.

—¡Hyoga!

Era la voz de Shun, clara y urgente.
Para cuando Dominich y Aya se giraron a ver qué ocurría, Hiksti corría hacia el boss, Ikki corría hacia Hyoga y una media docena de enemigos corrían hacia Shun.

Aya casi se atragantó con su poción, pero no tardó en invocar un pequeño escudo que frenó el ataque de los monstruos y Dominich, pensando que el peor escenario que se había imaginado en aquella misión estaba pasando, estiró el brazo lanzándose hacia Shun, en un desesperado intento por tocarlo.
Por que si iban a teletransportarlos, tendría que ser juntos.

Las luces verticales a su alrededor, las mismas que los que habían subido antes a la Torre de la Insolencia les habían descrito, empezaron a aparecer y Dominich no llegaba. Notó los dedos de Aya apretarse más en su mano, bien agarrada a él, empujándole hacia Shun.

Aquel metro que aún les separaba parecía una distancia infinita. Y Dominich seguía sin llegar. Y las luces eran cada vez más intensas.

—¡Shun! —llamó Dominich.

Él solo quería llegar… ¡necesitaba llegar!

Shun se dio la vuelta y las lágrimas se desprendieron de sus ojos con el brusco movimiento. Estaba empezando a estirar al brazo cuando el luz se volvió abrumadora.

Agárralo, tócalo. ¡Llega hasta él!

Esos fueron los últimos pensamientos de Dominich mientras notaba una pequeña zarpa rozarle los dedos.

Y entonces todo se hizo blanco.


————

Cuando se apuntó al juego, Locke estaba acostumbrado a jugar solo. Aquel fue uno de los motivos por los que eligió su job. Pero después de conocer a Firehawk y de ser parte de una Guild grande, trabajar en equipo le salía de forma natural.
Había tenido que aprender a coordinarse con más gente, a confiar y a seguir un plan de acción. A veces, a ciegas. Había sido difícil llegar a ese nivel de confianza, pero había valido la pena.

Así que cuando vio que hipo3 soltaba a Hyoga para atacar al boss de frente, supuso que le estaba dando la oportunidad perfecta para acabar con aquel malnacido.

Sí, iba a hacer el mejor crítico que hubiera hecho en su historia como stalker. El boss estaba debidamente distraído y Locke podía ver de reojo aquellas luces verticales blancas empezando a brillar. Sería mejor cargárselo antes de que teleportase a nadie… y en eso estaba pensando mientras levantaba las dagas cuando el fuego de la espada de Hiksti casi lo quemó.
Pudo levantar una daga justo en el último momento para parar el golpe, aunque había conseguido clavar la otra en uno de los hombros del boss.

¿Un hombro? ¡Él estaba apuntando hacia la espalda! ¡Justo en el hueco en el que habría llegado directo al corazón!

Locke empujó la espada de Hiksti con una sola mano, haciéndolo retroceder.

—¿¡Estás loco!? —inquirió Locke, viendo más luces brillar, a parte de las del fuego que cubría la espada de Hiksti.

—¡No lo entiendes! —gritó Hiksti.

No, no lo entendía, pero tampoco tenía tiempo para preguntar. Otra vez esas malditas luces brillantes le rodeaban.
Locke estiró de su daga, sacándola del hombro del boss. Lo último que vio antes de dejar de notar el suelo fueron copos de nieve.

—Mierda… —murmuró.

Cuando las luces se apagaron tenía frente a sí unas columnas muy familiares y escuchó el repiqueteo de unos tacones que parecían de cristal.
Al mirar hacia arriba vio una pierna delicada y unas manos llenas de escarcha. La boss de hielo le sonreía y parecía más que dispuesta a volver a luchar con él.

—… puta.


————

No podía apartar los ojos de él. Bueno, eso no era totalmente cierto, estaba claro que Hiksti también estaba mirando a los monstruos, a su omnitool, incluso a los demás jugadores de su party para mantenerlos a salvo… pero en cuanto tenía la oportunidad, su mirada se desviaba hasta encontrar a Jack.

Porque ese era Jack, Hiksti lo tenía más que claro.

Podía haberse cambiado el color de pelo, pero seguía siendo el mismo capullo juguetón al que le gustaba tocarle las narices a cada rato.

Jack llevaba una semana sin hablarle. Oh, eso tampoco era del todo cierto, a veces le mandaba mensajes a través de su teléfono, pero no le inflaba a textos a las dos de la mañana, tampoco le llamaba sobre las diez (cuando se despertaba) ni había aparecido por el bar de su padre para intentar conseguir una cerveza gratis.
Hiksti tampoco había encontrado a Jack en su casa cuando había ido a fisgar. Tampoco estaba conectado al juego y eso que pasaba sus ratos libres ahí metido.
El arcade en el que solían jugar había cerrado una semana atrás, además. Hiksti había tenido que encontrar otro para seguir jugando.

Todo había sido demasiado extraño, demasiado sospechoso. Y ahora lo veía ahí, en la Torre de la Insolencia, convertido en boss.
Hiksti no sabía lo que estaba pasando, pero necesitaba averiguarlo. Jack era demasiado importante, casi tanto como su hermano. Su corazón le susurraba que tal vez incluso más, pero su cerebro se negaba a oír esas palabras.

Así que cuando vio la sombra de notathief al final de la escalera, cuando lo vio asomarse con sigilo… cuando sintió que Jack estaba en peligro, su cuerpo reaccionó antes de que su mente se enterase de lo que estaba ocurriendo.

Con la espada llameante en alto, un grito en la garganta y decisión en sus ojos, embistió hacia Jack, inconsciente del caos que había acabado de desatar.
Tampoco le importaba.

Atacar a Locke fue fácil porque no estaba pensando, pero ver su cara de ofendido le hizo volver a la realidad. Algo en el pecho de Hiksti ardía de vergüenza y parte de su consciencia se sentía decepción por sus actos.

—¿¡Estás loco!? —le gritó el stalker y Hiksti se obligó a no retroceder.

—¡No lo entiendes!

Cuando Hiksti vio como Locke sacaba la daga del hombro de Jack se preparó para un ataque que no iba a llegar.

—Mierda… —murmuró Locke antes de desaparecer y Hiksti se quedó cara a cara con un Jack que se apoyaba en su cayado mientras se agarraba del hombro sangriento con cara de dolor y sorpresa.

—Jack… ¡Jack! —llamó Hiksti.

El boss levantó la cabeza de golpe y con un solo movimiento de la mano lo mandó hacia atrás unos cuantos metros. Los monstruos alrededor de ellos también se vieron afectados por el ataque. Los más pequeños perecieron y el resto se alejaron, desapareciendo por pasillos y salas oscuras, cuando el boss dirigió sus ojos furiosos hacia ellos.

—Jack. —volvió a llamar Hiksti, bajando la espada hasta que la punta tocó el suelo, dejando un pequeño círculo negro y la marca de las llamas sobre la piedra blanca.

El boss sacudió la cabeza varias veces antes de levantar la vista. Esta vez sus ojos eran de un azul tan claro que parecían casi blancos y algunos mechones de pelo empezaban a clarearse.

—¿Quién es Jack? —preguntó el boss.

—Tú eres Jack.

Hiksti dio un paso adelante y estiró una mano hacia su amigo, de forma tentativa.
Jack se enderezó un poco e intentó alcanzar la mano de Hiksti con dedos temblorosos. Apenas lo tocó se quedó sin aliento y apartó la mano, llevándose aquella palma a un ojo. Apretó el ojo y sacudió la cabeza otra vez.

—Me duele. ¡Me duele, Hiksti!

Escucharle decir su nombre fue algo inesperado, pero la alegría de que le hubiera reconocido se empañó por la desesperación de sus palabras.
Cuando Jack volvió a levantar la cabeza, pudo ver que entre sus dedos entreabiertos su ojo izquierdo refulgía en rojo y los mechones de su pelo que antes se teñían de blanco ahora volvían a ser negros.

—¿Qué te ha pasado? —quiso saber Hiksti, dando otro paso adelante, rozando el hombro sano de Jack.

Él negó con la cabeza.

—No lo sé, solo… solo sé que no aguantaré mucho. Va a… sobreescribirme otra vez.

—¿Quién, qué? —continuó preguntando Hiksti, cada vez más confuso.

Jack se agarró esta vez de los hombros de Hiksti, dejando caer su cayado al suelo que resonó en la sala vacía con el eco de un millón de muertes.
Un ojo azul y otro rojo le miraban con devoción y sufrimiento.

—¡Mátame! —pidió Jack y siguió insistiendo—. ¡Mátame antes de que te mate yo a ti!

Hiksti apretó la empuñadura de su espada con más fuerza.

—No, no… no puedes pedirme eso.

—¡Mátame, he dicho! —gritó Jack, sacudiendo a Hiksti, haciendo que su herida sangrase todavía más.

Fueron unos minutos confusos.
Hiksti solo podía ver el reflejo de las llamas de su espada y la sangre saliendo disparada en todas direcciones. Y los ojos, aquellos ojos dispares que le miraban con gratitud mientras él hundía la hoja de su espada más y más y más adentro.

Jack sonrió y poco después Hiksti caía en la oscuridad más profunda, en el silencio más ominoso que había presenciado nunca.
Lo último que vio antes de caer de rodillas fueron los copos de nieve flotar hacia el techo y el suelo llenarse de escarcha que se derritió nada más tocarla.


Shruikan

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #78: August 31, 2019, 05:28:31 PM »
Capítulo 48: [Shr & Ulq] Oasis secrets

—¡¿Pero qué haces, lerda?!
—¡¿Que qué hago?! ¡Matar cocodrilos es lo que hago!
—¡Pero no así! ¡Primero tienes que usar el dash y luego el Yoko Giri para aumentar las probabilidades de crítico, es de nivel básico! ¡Eres una desgracia para los Samurais y una deshonra para tu família!
—¡¿Cómo voy a usar el dash para atacar si lo necesito para esquivar, caranchoa?!
—¡¿Cara qué?!

La sarta de puyas incesante era la música ambiental con la que estaban entrenando, más que la melodía lenta de tambor que sonaba en ese oasis en medio del desierto. Había un pequeño boss de zona en ese lugar, una gran cocodrilo blanco que habían estado asesinando sin compasión junto a sus lacayos las horas pasadas. “Uno no puede aprender a pelear sin pelear”, había dicho Dragonlord.

Había resultado ser un maestro exigente. Le ponía pequeños desafíos cada vez más difíciles, a voz en grito y sin preparación previa. Aún así, para alguien como Shruikan para quien las clases teóricas siempre habían sido un tedio, este resultaba el método más eficaz.

—¡Así! ¡Ahora, córtale la cabeza! —El Dragoon daba instrucciones mientras se defendía del ataque de los cocodrilos, el doble de grandes que él —. Recuerda que cuanto más rápido te muevas mayor probabilidad de crítico, esa es la gracia del Samurai.

Shruikan sola se enfrentaba al boss, y muy a su pesar debía reconocer que las tácticas de su compañero resultaban eficaces para lidiar con el enorme reptil. Era cierto que al volverse Samurai había visto como su velocidad de ataque y movimiento aumentaba exponencialmente, pero jamás había terminado de aprovechar todo el potencial de esa habilidad.

A base de dar golpes empezaba a comprender el truco, a entender cómo se enlazaban unas técnicas con otras. Incluso había aprendido que algunas que había considerado inútiles podían servirle para matar bichos de un solo golpe si conseguía encadenarlas bien con el resto.

—¡Toma esto! —gritó al tiempo que hacía descender la katana, que hizo un sonido metálico al cortar las escamas blancas del boss. Nunca antes recordaba haber sacado tantos puntos de vida con esa técnica, y mientras el animal yacía agonizando, Shruikan miraba su espada con una expresión maravillada.

—¡No te quedes ahí ensimismada, todavía no hemos terminado por hoy!
—¡Pero bueno, tu eres un negrero!

Desde la orilla, Ulquiorra e Isaak contemplaban el espectáculo. Éste último parecía divertirse con el jaleo que montaban ese par, observándoles de forma serena, mientras que Ulquiorra mantenía su rostro impasible de siempre. Lo cierto era que parecía encontrar más interesante al chico a su lado que no al entrenamiento de los otros dos, y de vez en cuando se le quedaba mirando sin pestañear durante largo rato.

—¿Tienes algún problema? —preguntó entonces Isaak, volviéndose para mirar al Biochemist con su ojo sano.

—Estoy tratando de discernir lo que eres —respondió él sin tapujos —. Pareces y actúas como una persona con voluntad propia. Algo así no podría convertirse en una mascota.

Isaak mantuvo el rostro impasible, aunque sus facciones se enfriaron.

—Tu tampoco eres alguien normal —dijo a su vez—. Nunca has salido de Neverland, ¿me equivoco?

Ulquiorra sólo reaccionó al escuchar la última frase, abriendo los ojos más de lo normal durante un solo instante. Murciélago traicionaba más sus emociones que él y chilló, posándose en su hombro y erizando el pelo como un gato a la defensiva.

—¿Qué es lo que sabes? —preguntó el Biochemist. Hablaba ligeramente más despacio de lo normal, mostrando una inusual cautela.

—No puedo decírtelo. Y no es que no quiera, es que no puedo. —Se señaló la garganta, frotándose luego la yugular con el pulgar. —Pero ni tu ni yo somos muy distintos, creo.

El otro se quedó pensativo, analizando sus palabras. Sabía lo que era verse forzado a guardarse cierta información para uno mismo. De hecho, ambos parecían ser víctimas del mismo proceso.

—Tengo la impresión de que no eres un NPC. Al menos no concebido como tal.

Isaak no confirmó ni desmintió su hipótesis, pero le miraba de forma atenta.

—Y yo tengo la impresión —dijo él a su vez —, de que no fuiste concebido como un jugador.

Ulquiorra desvió la mirada hacia Shruikan y Kanon en el momento en el que el boss volvía a respawnear. Ninguno de los dos era capaz de dar respuestas, así que la única forma que tenían de obtenerlas era dando rodeos y tratando de sacar conclusiones con los retazos que obtenían.

—¿Cómo te convertiste en lo que eres? —Hasta ahora, el Biochemist había mostrado cierto recelo hacia Isaak, incómodo con el misterio y la anomalía que representaba. Pero ahora veía nacer en su interior una nueva emoción: la curiosidad.

—No puedo responder a eso —bufó el otro, molesto no con Ulquiorra, si no con sus propias restricciones —. ¿Quién te hizo un jugador?

—Naoya. ¿Cómo te has dado cuenta?

Isaak alzó las cejas, sorprendido de obtener una respuesta clara y concisa, pero siguió respondiendo con normalidad.

—Puedo saber algunas cosas. Supongo que se podría decir que puedo leer el código de alguna forma, aunque nunca se me ha dado bien la informática, no te sabría explicar el proceso. —Sonrió; había temas que no estaba seguro de poder mencionar, y siempre resultaba agradable cuando no se encontraba con un muro oprimiéndole las ideas —. ¿Tú puedes verlo?

—No exactamente. Sólo la información accesible para los usuarios. Puedo procesarla más rápidamente que un jugador. ¿Por qué viajas con Dragonlord? ¿Por qué eres su mascota?

Esta vez, fue Isaak quien se tensó, frunciendo el ceño. Abrió la boca para hablar, pero volvió a cerrarla tras un segundo de silencio. Solo volvió a abrirla tras un suspiro pensativo.

—Es por una promesa que hice.
—¿A él?
—No, a otra persona. Alguien que murió.
—¿Dragonlord lo sabe? —Ulquiorra siguió con sus preguntas; él no conocía lo que era dar muestras de respeto por la muerte de alguien.

—Estoy seguro de que al menos lo sospecha. Kanon parece tonto, pero no lo es… bueno, no siempre. Algunas veces. Cuando hace falta, supongo. —Se rascó la cabeza —. O sea, sabe que no es normal que sea una mascota, pero nunca me ha preguntado nada al respecto.

—¿Sabe que no puedes darle respuestas?

—No. —Isaak giró la cabeza para mirar a su compañero y sus rasgos se suavizaron, adquiriendo una expresión algo melancólica que Ulquiorra no era capaz de percibir. Por un momento pareció que estuviera viendo a otra persona —. Creo que tiene miedo de obtenerlas.

—¡Eh, tú, el Biochemist!

El susodicho Dragoon interrumpió la conversación que estaban teniendo, haciéndole señas a Ulquiorra para que se acercara. El boss yacía muerto a sus pies de nuevo, aunque esta vez Shruikan no había salido ilesa y tenía un corte bastante feo en el brazo, que se sujetaba en un gesto de dolor.

—Ve a curarla, anda —dijo Kanon, acercándose a ellos y blandiendo el tridente ensangrentado para quitar la sangre.

Ulquiorra se levantó, dispuesto a hacer lo que le decían, e Isaak aprovechó para lanzarle una última pregunta.

—¿Por qué estás tú con ella?
—Son negocios.
—¿Sólo eso?
—Sólo eso.

El Biochemist se alejó. El otro le observó con cierto asombro.

—Pues a mi no me lo parece —murmuró para sí.
"Who would understand you after I die? Who else would march forward by your side?"

"when I think that you will live on all alone henceforth, I can’t help but shed tears…"


Airin

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #79: August 31, 2019, 06:12:46 PM »
/ded posteando desde el más allá, esa wifi ahíii Mini escena de transición porque me vuelvo mañana a mi casa y no sé que hacer con mi vida. :(
No, But, Really.




~+52~


—O sea, ¿trabajabas para su padre?

—No exactamente. Era mi superior cuando entré al cuerpo.

—¿Y ahora?

—No. Distinto departamento —Sephiroth se encogió de hombros. Y distinta forma de entender las cosas, pero eso no lo dijo.

—¿Entonces tenemos la posibilidad remota y marginal de que alguien te eche de menos, tú que eres un miembro respetable de la sociedad, un ciudadano de bien, agente de las fuerzas de seguridad que velan por el debido cumplimiento de la ley y el orden?

Airin echó la cabeza hacia atrás y rodó los ojos intensamente ante la diatriba de Pip, sin ser consciente de la mirada cargada de nerviosismo que intercambiaron Fíli y Kíli detrás de ella. Mirada que sin embargo a Sephiroth no le pasó desapercibida, y sobre la que resolvió preguntar en otro momento, archivándola en su memoria.

—Remota y marginal, —confirmó el samurai con cierto sarcasmo velado,— pero ahí está.

Ikkaku se frotó la barbilla pensativo, rumiando la idea.

—A los que tenéis un trabajo con jefe y horario estable seguro que os echan en falta.

—¡Oh venga ya! —Yumichika lo empujó sin mucho éxito,— ¿Me vas a decir que nadie se va a dar cuenta de que su antro de medianoche favorito no abre? Si acaso habrá un motín de impresentables de callejón.

—¿Tienes un bar? —las orejas metafóricas de Kíli se levantaron con interés. Las literales se movieron ligeramente, llamando la atención de Airin, que no sabía que podía hacer eso.

—Ehh… no exactamente, —contestó el lancer echándose su arma sobre los hombros y dejando reposar las muñecas sobre el mástil mientras caminaban,— es más bien una tasca de barrio sin mayores aspiraciones.

Airin se giró hacia él con gesto de interrogación.

—¿No dijiste que dabas clases de artes marciales en un dojo tradicional?

—¡Y las doy! Por las tardes, cuando los mocosos salen del colegio, hasta la hora de cenar. Y después de cenar abro el local hasta poco antes de que amanezca. O hasta que me canse y me quiera ir a dormir, lo que ocurra primero.

—¡Por eso entrabas a jugar en horas tan raras! —exclamó Airin señalando al lancer con el dedo acusador levantado.

—¿De qué estás hecha que te parece una hora rara después de comer? —Ikkaku se echó a reír, y la pelirroja se giró hacia el resto de sus compañeros de party.

—Tenía clases nocturnas, ¿vale? Culpo a mi horario de convertirme en lechuza. —La chica le sacó la lengua haciendo ‘blergh’ en voz baja.

El archer le dio un codazo amistoso antes de agarrarle de la mano y dirigirse a su hermano con una sonrisa traviesa.

—¿Has visto Fíli? ¡No eres el único trasnochado!

—Ni tú el único cantamañanas, enano. —contestó éste poniéndole una zancadilla llena de espíritu fraternal.


.

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
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Airin

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #80: September 30, 2019, 05:59:10 PM »
todo es bleeergh! Nyx hear me outttt




~+53~


—Última sala del pasillo a mano derecha. —murmuró Nyx repitiendo las indicaciones que le había dado su vecino mientras sacaba la pistola de su cartuchera y comprobaba que todo estaba en orden. Se encaminó por dicho pasillo, avanzando silencioso con el arma en la mano y oteando con cuidado por los cristales de las puertas hasta llegar a la que  quedaba justo al final, que empujó con lentitud.— ¿Prom? No te veo.

Una cabeza rubia se asomó desde detrás de una cápsula hacia el fondo de la sala, donde tenía pinta de estar sentado en el suelo.

—No dispares, eh.

Nyx oyó la voz del chico en directo y desde su auricular, y entrando dentro de la estancia guardó el arma y se dirigió a zancadas hacia Prompto, arrodillándose a su lado y abrazándolo con fuerza. La desesperación con la que el rubio parecía querer esconderse dentro de su chaqueta le dijo todo lo que necesitaba saber sobre él.

—Te tengo, te tengo, estás a salvo.

Por encima del pelo suave y alborotado pudo ver como menos de la mitad de las cápsulas brillaban con luces verdes en sus paneles externos de información. Dedujo que ésas serían las que contenían jugadores aún con vida.
Al menos el mismo número de puertos de juego tenían luces de color rojo que pulsaban rítmicamente.
Apenas una decena estaban claramente vacías y apagadas.

—¿Nyx? —tras unos minutos de silencio la voz nerviosa de Prompto le sacó de sus cavilaciones.

—Mi jefe debería llegar enseguida, y en cuanto lo haga nos pondremos manos a la obra. —Nyx sabía que aquello podía tomarse como una evasiva aunque no lo fuera, pero en esos momentos incluso él se encontraba desubicado. De todas las situaciones peligrosas y descabelladas por las que había pasado, esa no tenía nada, nada que ver con ninguna de las anteriores.

—Quiero… quiero volver a entrar. —la voz del chico tembló un poco, pero tenía ese tono terco y con poso de acero del que se coloreaba Prompto Argentum cuando decidía hacer algo costase lo que costase, sin importar lo que otros dijeran.

—Absolutamente no. De ninguna manera. —El mayor apretó su abrazo sobre el rubio, como si así pudiese detenerlo de cometer estupideces pese a ser un adulto legal e independiente en pleno derecho de arriesgar su vida de forma estúpida.

—Pero Nyx… ¡escúchame!

—He dicho que no.






La omnitool de Ikkaku se iluminó con el sonido de mensaje nuevo sin leer en su bandeja de entrada, y sorprendido se giró a mirar a Yumichika.

—¿Por qué me miras a mí? Yo no he sido. —dijo el ninja levantando las manos a la defensiva.

Ikkaku se encogió de hombros y desplegó la pantalla holográfica. Y dejó de andar.

—¡Anda!

—¡Eso mismo te digo yo, anda, no te pares en seco! —protestó Airin frotándose la nariz después de chocarse contra su espalda.

—Aaay, pobrecita, qué tragedia con su nariz perfecta… —Kíli la agarró del brazo y la llevó a su lado, prosiguiendo su camino y retomando su conversación.

Yumichika resopló divertido, mirando el mensaje por encima del hombro del lancer.

—Ah, pues no ha tardado tanto en escribirte. —murmuró enarcando una ceja mientras leía la nota de Shad8ws.


«Hey, estáis bien? Os he visto conectados y leveando, asi que espero que sí. Hime y yo estamos enteros, y Red también, pero está que no hay quien le aguante, aunque creo que está un poco cagao por su hermana. ¿Sabéis si Raiko sigue en el juego?»


—No sé qué hacer, eh. —comentó Ikkaku en voz baja echando una ojeada a su alrededor para comprobar que tenía privacidad pero no se habían quedado solos.— Ahora que lo he leído me sabe mal dejarlo en visto.

—Pero no te da la gana de decirle a Renji que su hermana sigue conectada y ahora estamos con ella, ¿no? —el ninja se enroscó entre los dedos la pequeña trenza que llevaba al lado derecho de su cara, dando pequeños tirones de ella.— Te puedes hacer el loco y si le interesa ¿que pregunte él mismo?

El lancer no desestimó las palabras de su amigo sin más argumentos porque sabía que estaba en lo cierto, pero por otro lado había que tener en cuenta que no era el hermano de Airin el que había preguntado, sino otro de sus antiguos compañeros de juego. No por mucho tiempo, era verdad, pero para lo cabrón que podía ser y lo sucio que jugaba cuando quería, Shado8ws no era un mal tipo. Ikkaku suponía que un poco como cualquiera de ellos, en realidad. Un chaval normal.

—¿Qué? —cuestionó el moreno dándole con el codo contra su brazo.

—¿Qué de qué? —el lancer levantó la vista y echó a andar tras el resto de la party antes de que se alejasen demasiado.

—Que qué le vas a contestar, idiota. —Yumichika rodó los ojos y se sacudió el pelo.— Porque ya tienes puesta la cara de hacer algo porque es lo que crees que es correcto aunque te joda.

—¿A tí qué te parece, imbécil?

—Dale largas.

Ikkaku resopló, le puso la zancadilla con la culata de su lanza y se echó hacia un lado esquivando con habilidad magistral la colleja que había querido y no podido ser la respuesta a su ataque tan gratuíto.

—¿Estáis casados desde hace mucho tiempo? —la pregunta irónica de Kíli le pilló tan honestamente desprevenido que estuvo a punto de tropezarse con sus propios pies.

—Qu.. pero- ¿qué? ¡Oi! ¡Te ríes mocoso! —pero para cuando quiso echarle el guante el arquero ya había salido corriendo entre risas en dirección a su novia e Ikkaku sólo pudo refunfuñar.— Tch, lo que tengo que aguantar, vaya panda.

Después de frotarse las manos por la cara y la cabeza pelada varias veces pensando en cómo contestar al marrón que le había dejado Shad8ws, el lancer desplegó nuevamente la pantalla de su omnitool y empezó a componer un mensaje, ni muy amistoso, ni muy hostil.


«Buenas, ya veo que vosotros seguís en pie, me alegro. Eh, nosotros ni tan mal, pero no veas la que se lió en Palanthas y los bichos que hay sueltos por los mapas. Mira, te lo digo porque me lo preguntas tú. Sí, Raiko anda por ahí.
Y si a su hermano le interesa tanto saber qué ha pasado con ella, que tenga los huevos de preguntarme directamente, aunque sinceramente después del numerito que montó no creo que se atreva.

Dice el mamón este de las plumas que le des un beso a tu novia de su parte, y que no comas demasiados bollos rellenos.»



—Eh, suficiente, así se queda, —rezongó releyéndolo por encima y dándole a enviar.— Veremos.

.

~      H e g o a k    e b a k i    b a n i z k i o,    n e r i a    i z a n g o    z e n,    e z    z u e n    a l d e g i n g o.       ~
~      B a i n a n    h o n e l a,    e z    z e n    g e h i a g o    t x o r i a    i z a n g o,      ~
~      e t a    n i k    t x o r i a    n u e n    m a i t e.       ~


Shruikan

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #81: October 31, 2019, 05:57:43 PM »
Esto iba a ser más largo pero no tengo tiempo ngnhngngng así que aquí está



Fenris había empezado esa visita convencido de que no iba a dejarse impresionar, pero ahora que llevaban rato dando vueltas por la sede de los Señores del Desierto… debía admitir que sí estaba un poco impresionado.

El edificio en sí era enorme. Un poco desmejorado, ciertamente, tras el ataque del Jhen Moran, pero la mayor parte de las instalaciones seguían intactas. Resultaba más que claro que desde un principio había sido una guild de Merchants, porque la cantidad de talleres que tenían era más de la que Fenris había visto en todo su experiencia de juego.

KaleidoRuby estaba más que feliz de mostrarle lo bien equipada y lo bien preparada que estaba la guild para cualquier clase de situaciones. De hecho, era gracias a eso que habían respondido tan rápidamente a la amenaza del Jhen Moran, tal y como se aseguró de dejarle claro.

–Y esta es la cantina –le informó en cuanto llegaron. El sitio era grande y tenía más el aire de un restaurante universitario que de el bar privado que el Knight hubiese esperado encontrar.

–¿Siempre es tan bullicioso? –preguntó en cuanto salieron y se cruzaron con un grupo de personas que cargaba comida hacia la cocina.

–Hemos acogido gente los últimas días tras el ataque. Así que no solemos estar tan ajeteadros, pero el ambiente suele ser el mismo. Al menos ahora tenemos manos de sobra para las reconstrucciones.

–No os tenía por unos buenos samaritanos –confesó él que, sorprendente, estaba teniendo problemas para seguirle el ritmo a la Runemaster a pesar de ser más bajita que él –. Recuerdo que el líder de los Señores del Desierto tenía mala fama.

Ruby se detuvo en seco, y le lanzó una mirada con tal frialdad que Fenris casi la sintió como una puñalada en el pecho.

–Ese era nuestro anterior líder. No lo compares, por favor. Sandfreak es un líder ejemplar. Nunca había visto nadie con tanto talento.

Fenris en parte quiso llevarle la contraria, por costumbre más que nada, pero la chica parecía tan convencida que encontraba pocos argumentos para hacerlo.

–Quizá deberías presentármelo si es tan increíble.

La Runemaster se rio entre dientes, tapándose la boca con el dorso de la mano.

–Si quieres conocerle, está justo ahí.

Señaló hacia un pasillo que terminaba en unas anchas escaleras en espiral. A medio camino, mirando a través de una ventanacon los brazos cruzados sobre el pecho, se encontraba un chico pelirrojo, ataviado con una elegante túnica (¿O era un abrigo?) Como si se hubiese dado cuenta de que le estaban observando, se giró para mirarles.

 El Knight sintió un cosquilleo en el estómago cuando esos ojos aguamarina se encontraron con los suyos y le sonrieron.
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Shruikan

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #82: November 30, 2019, 05:56:37 PM »
Cuando quieres escribir de la Guild pero no de Fenris pero Fenris es el hilo conductor y todo es muy incómodo



Capítilo 50: [Fnr] Words around the table (reprise)

–¿Como llevamos las operaciones?

Por alguna razón, a Fenris le habían arrastrado a lo que, sin exagerar, debía ser una reunión de los mandamases de los Señores del Desierto, aunque fuera una reunión que el calificaría como poco convencional.

Tenía más de cena familiar de Nochebuena que de reunión de negocios.

–Fof momfof fe jan fido ya pof fim –dijo a toda prisa y con la boca llena uno de ellos, el Mechanic grandote que Fenris había conocido al llegar, Franky.

–Traga, hombre, que no se te entiende –. Violate estaba sentada al lado del Knight, y parecía proyectar una extraña sombra protectiva sobre él a pesar de estar relajada, con los pies sobre la mesa y una jarra de vino en la mano. Fenris no sabía si lo agradecía o no.

Franky hizo lo que le decía y tragó con, golpeándose el pecho y suspirando por el esfuerzo, aunque luego se le escapó un eructo. GodHand puso los ojos en blanco, malhumorado después de que le tocase sentarse en el diminuto espacio entre los dos miembros más grandes del grupo. De vez en cuando le echaba malas miradas de reojo a Fenris, aunque éste a penas le prestaba atención.

Sus ojos estaban puestos en Sandfreak.

El chico no era lo que había esperado del jefe de los Señores del Desierto. Había oído cosas del antiguo líder de la guild, por lo general no demasiado halagadoras, así que había esperado que su sucesor fuera alguien todavía peor. Sin embargo, ese chico de aspecto frágil y mirada penetrante le había roto todos los esquemas.

Ahora mismo, el Shapeshifter estaba sentado en la cabecera de la mesa, con los codos apoyados sobre la madera y la barbilla descansando en las palmas cruzadas. Por la escasa pero esclarecedora conversación que habían tenido aquella tarde, el Knight había concluido que se trataba de alguien que prefería escuchar con atención antes de hablar. Y vaya si sus palabras punzaban.

–Digo que los monstruos se han ido ya por fin. Que sepamos las calles están limpias. –Se frotó la nariz y se subió las gafas de sol a la cabeza. Aunque se molestase en apartarlas, éstas siempre terminaban bajando de una forma u otra. –El problema ahora es el estado en el que ha quedado la ciudad.

–¿Deberíamos molestarnos en repararla o los NPC se encargarán de eso? –preguntó KaleidoRuby en voz alta, observando el contenido de su copa mientras le daba vueltas,  aunque parecía estar hablando más para sí misma que para los demás. Por su tono, no era descabellado pensar que había bebido un poco de más.

–No creo que el GM sea tan considerado –comentó GodHand, apuñalando brutalmente un trozo de carne que tenía en el plato –. El muy desgraciado nos mandó un monstruo gigante a nuestras puertas. ¿Para qué iba a limpiar sus propios destrozos? Es más humillante que lo hagamos nosotros.

–¿Alguien ha podido contactar con gente de otra ciudad? –preguntó Sandfreak, hablando por vez primera con su tono sereno y grave.

–Sí. En todas partes es exactamente lo mismo. –La Runemage hizo un aspaviento con la mano, como abarcando Neverland entero. –En otras ciudades ya se han puesto manos a la obra con las reparaciones.

–¿Disponemos de recursos para algo así? Para mí que no va a ser tarea fácil.

–Pero si a tí te encantan esas cosas, ¿de qué te quejas? –El Paladín le dió un codazo a Franky, aunque este fue como si no lo hubiese notado.

–No me quejo. ¿Desmontar y volver a montar la ciudad, desentrañar sus misterios? Sí señor, a cualquier Mechanic le encantaría eso.

–Nerd.

Fenris observaba el intercambio sin decir nada, probando a penas la comida que le habían servido. Se sentía un poco como un intruso en un grupo al que no pertenecía. No se había imaginado que en una Guild grande como aquella los miembros pudiesen ser amigos de esa forma.

–Las reparaciones pueden aligerarse si hacemos de ellas un esfuerzo colaborativo. –Sandfreak miró a la mesa, luego a todos los presentes. –Que nos ayuden los otros jugadores.

–Podemos pedirle a las demás guilds que nos ayuden. Ruby, tú conocías a alguien en Índigo, ¿verdad? –la Berserker señaló a su compañera con la barbilla, aunque la otra ya estaba medio tumbada perezosamente sobre la mesa, el plato a un lado.

La Runemage hizo un ruidito de confirmación, pulgar arriba.

–Puedo ir mañana, si os parece. Estoy segura de que estarán encantadas de echarnos una mano.

–Bien. –Su jefe asintió, conforme y luego su mirada se posó firmemente sobre Fenris –. Que te acompañe él.

El Knight casi se atraganta con su cena. De pronto, toda la atención estaba puesta en él, y los segundos de silencio junto con todas las miradas fueron una de las cosas más pesadas que le habían caído encima en toda su vida.

–¿Él? –bufó GodHand, llevándose un pedazo de carne a la boca con gesto altivo y desdeñoso.

–Sí, él. –Sandfreak habló en tono neutro, aunque había un algo en la forma en la forma de sus palabras que parecía decir “no me hagas repetirlo de nuevo”. El Paladín hizo una mueca.
Fenris, igual de consternado que el resto, preguntó:
–¿Por qué yo?

–Considéralo tu prueba de iniciación. –Por primera vez, el Shapeshifter abandonó su postura rígida para enfrentarse con su cena, todavía sin tocar. –Violate me ha dicho que no te gustan las Guilds, y por tu actitud parece ser cierto. Y sin embargo, estás aquí.

–No por propia voluntad –gruñó el otro.

Sandfreak se rió por debajo de la nariz y le miró con aire divertido.

–¿Ah, no?

Fenris sintió como le subía el calor a las orejas.

–Entiendo que no te gustemos. Entiendo que estés aquí por necesidad. Pero si vas a formar parte de mi Guild, necesito confiar en tí. Quizás tú también descubrirás que puedes confiar en nosotros. Puedes ganar mucho si estás dispuesto a ello. ¿Qué me dices?

Quería decirle que no, obviamente. Con cada una de sus palabras (maldita fuera la seguridad con la que hablaba), el Knight quería confiar en él, sí, pero también huir lo más lejos posible. ¿Cuántas veces no había visto gente siendo manipulada con palabras dulces?

Sin embargo, no tenía dónde huir. Sus amigos estaban desperdigados quién sabía dónde, y ninguno de ellos parecía haber hecho ademán de ponerse en contacto con él. Recordó el rostro furioso de Shruikan y le quedó un sabor amargo en la boca.

Cuando le devolvió la mirada al Shapeshifter, sus ojos estaban llenos de convicción.
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Shruikan

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #83: December 31, 2019, 12:47:35 PM »
Capítulo 51: [VOID]

Naoya observaba el cielo de Sin City, inusualmente despejado. Lo había estado desde que la ciudad (y todas las de Neverland, por lo que le habían comentado sus fuentes) había sufrido el ataque de un Boss varios días atrás, pero ni el sol había conseguido despejar el aura gris que desde siempre rodeaba la ciudad.

En vez de eso, un sol blanco y deslumbrante brillaba encima, volviendo las sombras más oscuras, las luces más brillantes, hasta que el mundo se había visto reducido a una ciudad en blanco y negro, sin matices.

El Summoner chistó, jugueteando nerviosamente con una gema esférica entre sus dedos. La piedra gema no era más grande que una pelota de golf y de un negro tan intenso que ninguna luz se reflejaba en su superfície.

Naoya se la guardó en el bolsillo y se ajustó el kimono abierto sobre los hombros, dándole la espalda a la ventana. Su “invitado” recabó de nuevo toda su atención, aunque llamarle así era más que nada una formalidad.

¿Qué clase de invitado se llevaba a un piso vacío de un bloque abandonado?

El chico parecía entender perfectamente cuál era su situación, porque en ningún momento había protestado, suplicado o forcejeado con las cadenas que le ataban al suelo, proyectándose desde pequeños portales llameantes. Seguía a Naoya con sus ojos azul claro y el rostro ensangrentado, pero completamente frío y vacío de expresión.

—Así que no vas a hablar, ¿eh? —dijo el Summoner, cruzándose de brazos, escondiendo las manos entre las mangas anchas del kimono verde.

—Ya te he dicho todo lo que sé. —El chico, un Fencer de nivel medio, respondió con voz neutra. A nivel de stats era un jugador promedio, con equipo promedio y sin logros a destacar. Sin embargo, Naoya sabía que ése era exactamente su propósito.

—Tonterías. No me has dicho nada que no supiera ya; trabajas para el GM, y él te mandó eliminarme. Justo cuando mandó el boss a destruir la ciudad para no alzar sospechas, muy ingenioso. Aunque ha tardado lo suyo, ha decir verdad. También tengo una idea bastante clara del por qué. —Se encogió de hombros en un gesto desenfadado, pero la mirada que le lanzó al chico era tremendamente afilada —. No, no; lo que a mí me interesa no son los motivos, si no los métodos.

Nada en la expresión del Fencer cambió, ni su expresión ni su mirada. ni siquiera parpadeó.

—¿Sigues sin saber nada? —El tono dulzón que usó Naoya sugería que si recordaba algo, lo recordase rápido.

No hubo respuesta. El Summoner tomó aire y lo dejó ir de forma lenta. Luego le pegó una patada al otro en la cara que hizo que se encorbase sobre sí mismo, manchando el suelo de sangre. Inmediatamente, las cadenas que le apresaban tiraron con más fuerza hasta tumbarle en el suelo.

—Menudo inútil. Ni para asesinar sirves.

El otro no contestó. Por primera vez su rostro mostraba un gesto dolorido, pero la expresión no terminó de llegar a sus ojos.

—Pero a lo mejor sí puedes servirme para algo. —Se arrodilló a su lado acompañado por el susurro de sus telas rozando el suelo. Volvió a sacarse la gema negra del bolsillo, alzándola a la vista del otro. —¿Sabes qué es esto?

El Fencer lo miró con atención y un admirable aire analítico a pesar de su situación.

—Es una Piedra de Invocación.

—Exacto. Pero ésta es especial. —Naoya volvió a guardar la gema en su mano. —Hace tiempo que he entendido cómo funciona el juego del GM; Neverland es su escenario, y nosotros, sus marionetas. Él lo ve todo, porque él lo ha creado. Pero… uno no puede crear un mundo vivo y esperar a que éste permanezca sin cambios.

Se movió lo justo para poder soltar la esfera sobre el chico. La gema cayó a plomo hasta que se detuvo en seco, suspendida en el aire a medio metro de la espalda del otro.

—No me gusta que me hayáis obligado a ésto. —La sonrisa habitual del Summoner había desaparecido. Con la mirada ladeada, sus ojos no eran más que dos finas rendijas rojas. —Mi intención era pasar tan desapercibido como pudiese, ¿sabes? El que te haya enviado significa que el GM ya sabe lo que he estado haciendo. No tiene sentido seguir escondiéndose, pero tampoco pienso bailar a su son.

—No puedes… —empezó a decir el otro, pero Naoya le interrumpió con un pie en la cabeza.

—Claro que puedo. Si alguien puede enfrentarse al GM en su propio juego, ese soy yo. Y tú me vas a ayudar.

La gema flotante hizo un ruido. Fue algo muy ténue, a penas perceptible, pero casi sonó como un grito en la distancia. Medio de dolor. Medio de ira. Luego empezó a rodearla una aura rojiza.

El Fencer lo veía por el rabillo del ojo y frunció el ceño ligeramente.

—¿Qué es eso? —terminó preguntando. No se apreciaba en su voz, pero por primera vez, sintió una punzada de miedo, algo visceral.

—Ya lo has dicho antes. Es una Piedra de Invocación. Aunque ninguna como las que has visto antes.

El chico sintió algo frío contra su espalda. La piedra había empezado a rezumar un líquido espeso y oscuro que caía en goterones gordos. La frialdad inicial dio paso a una quemazón insoportable. Iba más allá del calor. Era como si le estuviera derritiendo la piel. Soltó un gemido quedo entre dientes, pero Naoya lo oyó igual.

—Tranquilo. Sólo te va a doler al principio. Creo.

Algo más empezó a surgir de la gema. El líquido seguía derramándose con insistencia, pero luego algo parecido a patas o tentáculos de luz oscura lo acompañaron. Algo que segundos más tarde resultaron ser manos, tanteando en el aire, intentando cerrarse sobre cualquier cosa que pudieran encontrar con una extraña desesperación.

—Interesante. No había hecho esto hasta ahora.

Las manos encontraron la espalda del Fencer. Si creía que el fango negro había sido doloroso, no se podía comparar con esto. Iba más allá del dolor. Notó como los dedos se presionaban contra él, como luego se hundían dentro de él. Y todo aquello que tocaban se parecía deshacerse en nada.

Ni siquiera pudo gritar. Con los ojos abiertos de par en par, sólo podía sentir como más y más de esas manos se agarraban a él, se metían en su interior, y poco a poco deshacían la conciencia que le ataba a ese cuerpo hecho de datos. Su apariencia se distorsionaba, como si lo borrasen, y rápidamente su apariencia empezó a estar plagada de parches negros.

Ser consciente de como su ser se convertía en nada era lo más terrorífico que había experimentado nunca.

Algo cruzó su rostro. Abrió la boca para hablar, o gritar, de forma instintiva, pero justo entonces una mano llegó a su rostro. El Fencer sintió como perdía la sensibilidad en la parte inferior de su rostro. Luego, dejó de ver nada.

Naoya observó con interés como poco a poco la identidad de aquel chico era devorada y destruida, dejando tras de sí un cascarón negro y vacío, como un maniquí. Esa debía ser la forma base que tomaban los cuerpos en el juego antes de personalizarse, seguramente.

El festín prosiguió durante varios minutos más hasta que se detuvo de repente. Las manos abandonaron la gema para introducirse en el cuerpo vacío como gusanos. La gema finalmente cayó, golpeando el cuerpo y luego rodando hacia el suelo, donde se quedó entre un charco de fango negro y humeante.

El Summoner esperó varios segundos a ver si sucedía algo más, pero no hubo ninguna otra muestra de actividad.

—Qué raro. —Tal y como había diseñado la esfera, tenía que ocurrir algo más, una transformación de algún tipo, pero el cuerpo se mantuvo inerte, completamente vacío.

Luego llamaron a la puerta.

Su cabeza se movió como un resorte, con los ojos muy abiertos. Nadie podía saber que estaba ahí. Nadie salvo…

Refunfuñó entre dientes y se acercó a la entrada, abriendo la puerta de forma brusca.

—Espero que tengas una buena ex-...

Se calló de pronto. Ahí no estaba ninguno de sus lacayos. En su lugar, había dos mujeres que no había visto nunca, junto a otra que le resultaba extrañamente familiar. Él se había encontrado con esa chica en algún lado.

—¡Naoya! —Dijo Seras, con ambas manos en el marco de la puerta. En sus ojos había el brillo de la convicción —. ¡Necesito tu ayuda!
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Shruikan

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #84: February 29, 2020, 08:17:06 PM »


Artoria estaba tan falta de aliento cuando por fin llegó que tuvo que apoyarse contra la reja de la tienda. La garganta le ardía y se sentía mareada y las pocas personas que iban por la calle a esas horas de la noche le echaron miradas curiosas y hasta desconfiadas.

No le importó. Cuando se hubo recobrado lo suficiente, miró hacia el interior del centro de juegos, apoyando la frente contra el cristal. El local estaba a oscuras, iluminado sólo por el resplandor de la maquinaria. Desde el exterior, veía como las cápsulas de juego estaban indudablemente encendidas pero no había nadie alrededor comprobándolas.

Gente jugando pero lugares vacíos y encerrados. Igual que en los anteriores.

Intentó distinguir algo dentro, bolsos, abrigos… Algo que le diera una pista. Pero Artoria no consiguió reconocer ninguno. Trató de llamar otra vez, recibiendo el mensaje familiar que decía “el número al que llama está apagado o fuera de cobertura”.

Casi lanza el móvil al suelo de la frustración.

—Maldita sea… —Cerró los ojos, apoyando el peso en las rodillas —. ¿Dónde estás…?

Ya había inspeccionado todos los centros de juego de la zona. ¿Debería buscar más lejos? Normalmente ella no iba fuera del barrio cuando salía a jugar. Pero hoy iba con su hermano. A lo mejor él se la llevó cerca de su casa. ¿Debería llamarle a él también…?

Lo intentó. Le saltó el contestador. Maldijo de nuevo.

Se quedó de pie ahí unos momentos, teléfono en mano y con todo el aire de una persona derrotada. Sin embargo, Artoria no era una persona que se rindiera fácilmente.

Tomó aire y con pasos rápidos regresó a su casa. En medio de los altos edificios de la ciudad, Artoria había conseguido encontrar una casita antigua y pequeña, abandonada desde hacía décadas. Había conseguido arreglarla con ciertos contactos, incluso había trabajado ella misma arreglando el suelo y el techo. Incluso había puesto una verja de madera y un jardín que su esposa había estado cuidando hasta devolverle una frondosidad que no había visto.

Las flores seguían ahí, abiertas ante la luz de la luna.

Entró y se paseó por la casa. No había señales de que hubiese regresado nadie. Revisó el teléfono pero no había respuestas a sus llamadas ni información en las redes. Era horrible, esa incerteza.

Estuvo un rato así, mirándose las manos vacías. El silencio se le hacía insoportable. No era que su hogar fuera muy ruidoso; los ratos que compartían con su mujer solían estar más exentos de palabras que llenos de ellas, pero eso nunca había sido un problema. A Artoria le gustaba su silencio; envolvente y plácido como un buen sueño reparador.

No tenía nada que ver con el que la aplastaba ahora, frío y pesado.

Se puso de pie. No iba a conseguir nada aquí sentada, auto compadeciéndose. Cogió la chaqueta y se dispuso a salir, tomando la moto esta vez. Iría a la casa de su cuñado. Quizá los encontraría allí. Quizás estaban en el centro de juegos que quedaba cerca. Quizás…

El aire frío le azotaba la cara. Se había dejado el casco (su yo habitual se habría reprochado duramente por ello) y su coleta ondeaba tras ella. No había casi nadie en la carretera, y Artoria avanzaba los coches con una saeta. Los edificios se volvieron más altos y lujosos hasta volverse más pequeños otra vez, más humildes.

Encontró la casa con las luces apagadas y la puerta cerrada. Ni siquiera el gran perro de su cuñado estaba ahí, lo cual le pareció raro. Nunca había encontrado un perro más leal que ése, ni siquiera el que ella había criado antes de casarse.

Dejó la moto aparcada al frente de la casa y se fue andando por el barrio. Todavía más vacío que el suyo, sólo los gatos callejeros le hacían compañía mientras trataba de encontrar el centro de juego, mirando el mapa en su teléfono. Llegó al final a una encrucijada entre calles; una farola vieja y torcida parpadea con una luz pálida iluminando las tiendas cerradas y llenas de pintadas. El local que buscaba estaba justo debajo del foco.

Artoria hubiese procedido a acercarse, a golpear la persiana y tratar de llamar la atención de quien fuera que estuviese dentro. Por las apariencias, parecería que iba a tener tanto éxito aquí como había tenido en todos los otros sitios antes.

Sin embargo, había algo distinto esta vez. Había una persona golpeando la persiana con rabia, pateando el metal hasta avollarlo. Por el aspecto, parecía que había estado haciéndolo un buen rato. No decía nada, solo apretaba los dientes con rabia.

—¿Qué haces?

El tipo se detuvo girándose hacia ella. En ese momento Artoria se planteó que quizás eso no había sido una buena idea, que ese tipo alto y pelirrojo y con cara bonita pero enfadada podía no ser más que un loco.

—Tú. —La señaló, y luego señaló al centro de juego —. ¿Vienes aquí?

Artoria le miró. Luego miró al local. Luego le miró otra vez.

—Puede —respondió simplemente, con gesto severo. Agarró las llaves que tenía en el bolsillo con más fuerza.

El otro también se llevó la mano en el bolsillo, pero sacó algo bastante distinto.

—Pues ya puedes empezar a hablar —dijo, alzando la placa que resplandeció ante la luz titilante de la farola —. Y más vale que vayas rápido.
"Who would understand you after I die? Who else would march forward by your side?"

"when I think that you will live on all alone henceforth, I can’t help but shed tears…"


Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #85: March 31, 2020, 02:18:28 PM »
MÁS MUERTES. Bueno, muerte, en singular.

68.

Locke tenía los puños bien cerrados sobre los mangos de sus dagas y movió el pie por el suelo para equilibrarse mejor, sin perder de vista a la Boss que se acercaba con una sonrisa de autosuficiencia.
Nada más importaba, solo su presa, Locke tenía toda su atención sobre ella. Así que cuando un hechizo básico de fuego dibujó un arco por encima de su cabeza dando de lleno en el hombro de la boss, Locke se quedó más que sorprendido.

—¿Le he dado? —preguntó Deadend, con… algo en los brazos.

¿Qué mierda era aquello? Parecía blanco y esponjoso pero tenía la cara y las orejitas y las zarpas negras. Le miraba con ojos grandes y redondos y se removió un poco antes de volver a quedarse quieto y aparentemente apático.
SleepingBeauty les alcanzó y unos círculos de invocación le rodearon las muñecas antes de que un débil escudo mágico se levantase ante ellos, a tiempo de romperse contra el contraataque de hielo de la boss, que gruñó frustrada.

Locke volvió a centrarse en el enemigo, levantando de nuevo las dagas. Si eran tres tendrían más posibilidades de sobrevivir. Y de repente un buff tras otro empezó a aparecer en su barra de estado.
Miró de reojo hacia una nueva figura que estaba saliendo de la oscuridad para pararse a su lado. Era el chico del pelo verde, Andromeda.
La chica pareció echarle un vistazo preocupada y Andromeda sonrió con cierto tinte de nerviosismo.

—Estará bien, tiene que estarlo —dijo Andromeda, antes de ponerse serio y cambiar su lenguaje corporal por uno mucho más confiado—. ¡Vamos, equipo!

La música cambió de repente, volviéndose mucho más violenta al mismo tiempo en el que la boss levantaba la pierna y hacía chocar su zapato contra el suelo, creando un gran círculo de hielo que se acercaba a ellos raudo.
Esto iba a ser divertido…


————

En el silencio de la sala lo único que se podía escuchar era la respiración agonizante de Ikki. Su vida iba escapándose poco a poco, desapareciendo de su barra de forma lenta pero segura. Bennu tosió.
Hyoga, por su lado, tomó aire entre los dientes.

—Ikki… —bajó la mirada al llamarlo. Su rostro pálido reflejaba la poca luz del ambiente, tenía sangre en la comisura del labio que Hyoga limpió sin pensarlo—. ¡Ikki!

Bennu tenía la mirada distante, estaba intentando encontrar algún objeto de curación en su arsenal, pero no encontraba nada que le sirviera para detener el sangrado y curarse.
Hyoga parecía igual de desesperado, apretando su mano contra la herida que seguía sangrando. Sus pupilas temblaban, de un lado a otro y maldijo en un idioma que Ikki no pudo reconocer.

—La vida… —murmuró el mago—. Chúpame la vida.

Ikki gruñó y sus ojos se volvieron rojos. Hyoga notó un tirón extraño que paró de repente, demasiado pronto. Bennu sacudió la cabeza antes de toser y la mano de Hyoga se manchó aún más de sangre.

—Te mataré. —gruñó Ikki, empezando a notar los ojos pesados.

Habría preferido morir de un buen golpe, en medio de la batalla, y no caído en los brazos de… ¿de un amigo?

—Pues mátame, pero no te mueras. —insistió Hyoga, inclinándose un poco más sobre Ikki.

La risa le hizo toser una vez más y cuando miró hacia arriba a Ikki le pareció ver que los ojos de Hyoga brillaban con un reflejo inusual.
Bennu levantó la mano enguantada, apenas rozando una mejilla de Hyoga.

—Si te mato Shun se pondrá triste. —se excusó Ikki, notando como su barra de vida se vaciaba sin frenos.

Hyoga negó con la cabeza y las lágrimas por fin se desprendieron de sus ojos.

—Se pondrá más triste si te mueres tú. —contestó con la voz temblorosa.

Oh, eso era verdad. Ikki apretó los dientes y pensó que más le valía a la Torre no matar también a su hermano, o la acabaría quemando entera hasta reducirla a cenizas.

—¿Por qué lo has hecho? —preguntó Hyoga, con la barbilla alta, intentando mirar a cualquier parte menos al hombre sobre sus muslos.

No encontraba la fuerza para ver lo que sabía que estaba a punto de ocurrir.

—No sé, mi cuerpo se movió solo.

Hyoga frunció el ceño y miró hacia abajo.

—¡Eso es una cita de un anime! —protestó Hyoga— ¡Ikki, te estás muriendo! ¡Sé un poco más serio!

Ikki se rió y sus labios se volvieron a teñir de sangre. Esa vez, al levantar la mano tocó la mejilla de Hyoga, apoyando toda la palma sobre la piel caliente.

—Pero es verdad… —musitó acariciando el pómulo con el pulgar, le quedaban tres segundos antes de que se le acabase la vida—. Eh, Hyoga. Igual no me caes tan mal.

El cuerpo de Bennu empezó a brillar y deshacerse en un pequeñas espirales de píxeles naranjas. Hyoga esperó a que todas desaparecieran antes de abrazarse a sí mismo, dejando que las emociones salieran en un llanto desesperado en medio de la sala oscura y vacía, solo.

« Last Edit: April 30, 2020, 04:35:41 PM by Neko »


Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #86: April 30, 2020, 06:10:11 PM »
PELEA. PELEA. PELEA!

69.

Locke se lamió los labios antes de sonreír de costado, dejando ver uno de sus colmillos. Su sonrisa tenía un tinte salvaje y las cadenas que colgaban de su chaleco se movieron con suavidad, sin capturar ningún tipo de luz del ambiente.

Aya se ajustó el gorrito gris, levantando la barbilla y adelantando el pie, rompiendo algo de escarcha con sus botas blancas.
Shun se llevó las manos al colgante que llevaba casi a la altura del vientre, cerrando los ojos y activando el bonus de la cruz de plata, preparándose para la batalla.

Dominich levantó una mano enguantada hacia la boss, extendiendo los dedos, con la palma apuntando hacia el monstruo. Su tótem se agarró a su hombro, rascando sus uñitas negras contra la media capa del mago e intentando lamerle el forro rojo del cuello.

—¡Ay! —se quejó el mago, levantando la barbilla y arrugando el entrecejo.

Aya se mordió los labios para no reír y hasta la boss parecía confundida por la escena. Shun abrió los ojos, extrañado por no haber sido atacado inmediatamente y la sonrisa de Locke se ensanchó un poquito más.
Había estado de pie, con las dagas en alto y de repente estaba girando en el aire y preparado para aterrizar en la cara de la boss. Ella chistó, echándose el flequillo hacia atrás y acariciando su trenza oscura. Aprovechó el mismo movimiento para levantar la mano y congelar a Locke justo en el momento en el que iba a hacer blanco en ella.

La boss palmeó la mejilla de Locke y lo empujó a un lado. A Aya le dio el tiempo justo a echarle un hechizo de descongelación que había acabado de aprender cuando iban por el segundo piso de la Torre. Locke cayó sobre su costado, pero rodó y activó el modo sigilo para correr entre los pilares de uno de los costados de la sala.
La boss estaba sonriendo, brazos en alto y caminando como si el mundo fuera suyo. Pequeños hombrecillos de nieve negros se materializaron desde el suelo, rebotando por todas partes. Aquellas pequeñas bolas de energía no paraban de reír y no parecían tener ningún propósito más allá de saltar, pero cuando una hizo contacto con la falda de Aya, el tul del frente se escarchó, rompiendo la tela en miles de píxeles blancos.

Dominich volvió a usar el mismo pulso eléctrico con el que había empezado su batalla al entrar a la Torre de la Insolencia. Mientras tanto, su tótem se había acomodado en su cabeza y estaba lamiéndole el pelo, intentando poner orden en aquella masa oscura y consiguiendo todo lo contrario.

Los hombrecillos de nieve gritaron con un cierto aire de decepción, aunque algunos continuaron riendo como si el bajón en su barra de vida no fuera con ellos. La boss se inclinó hacia delante, barbilla en alto y movimiento fluido en el brazo, casi parecía una bailarina.
El ataque que había preparado murió a medio camino cuando una de las dagas de Locke se clavó en ese brazo con tanta fuerza que lo llegó a atravesar. La boss gimió, cayendo de rodillas y Locke apretó todavía más hasta que la daga se hundió en el suelo.

Shun había preparado su cura más potente para recuperar a Locke mientras Aya miraba en su diagrama de habilidades, para ver si encontraba algo que pudiera ser de ayuda.
Locke levantó la mano izquierda, dispuesto a rematar a la boss con un corte limpio en la nuca. Bajó el puño con toda su fuerza a la vez que notaba como la cura le rellenaba la vida. La daga tocó piel, atravesándola y Locke ya estaba sonriendo de nuevo, viendo su perfect kill a cámara lenta cuando de reojo vio el destello del hielo oscuro en el suelo y la mano libre de la boss encima de los dibujos de hielo que se estaban formando a toda prisa y en dirección a su equipo de apoyo.

Locke levantó las dos dagas y prácticamente voló por encima del hielo derribando a Shun justo a tiempo. Los dos resbalaron por el suelo hasta darse de bruces con una pared. Aya había gritado cuando el tótem de Dominich le cayó encima y el pobre totemist se quedó pegado al suelo viendo con impotencia como el hielo negro le cubría las piernas, aunque no dudó ni dos segundos en recitar uno de sus pergaminos de fuego. No solo revirtió el conjuro en sus piernas, si no que acabó con unos pocos de los hombrecillos de nieve negros que intentaban treparle, aprovechando que parecía anclado al suelo.

La boss se levantó despacio, con un brazo totalmente laxo y cara de pocos amigos. La sangre se escurría en un reguero rojo que contrastaba con su piel de alabastro y la tela oscura de su manga rota.
Dominich aprovechó la pausa para escanear a su enemigo.

—La Reina del Hielo, Elsa. —dijo en alto mientras Locke y Shun se ayudaban el uno al otro a levantarse.

Su tótem se arrastró perezoso hacia él, para terminó por pisar el hielo negro y se dejó deslizar dando vueltas por el suelo de la sala, bostezando. Mientras tanto, Aya se agarró al pilar cercano para tenerse en pie.

Y en ese momento fue el turno de Locke para chistar, frotándose los labios con el dorso enguantado de una de sus manos. Y con una sonrisa torcida, dijo:

—Demonios, señorita.


————

Hiro atravesó a uno de los ángeles con su puño, riéndose con nerviosismo cuando el monstruo se desintegró entre píxeles naranjas y plumas blancas. Otro de aquellos seres con más abdominales de los que eran legales y mucha, pero que mucha piel al descubierto, le atacó por detrás, clavándole la empuñadura de su espada en la parte baja de la espalda.

—¡Atención! ¡Daños integrales en la columna vertebral!

—¡Ya me he dado cuenta! —gritó Hiro desde el suelo, levantando la cabeza a tiempo de ver como Equipaje saltaba por encima de él y abría la tapa llena de dientes para morder al Divine Angel que le había acabado de derribar sin esfuerzo alguno.

Baymax se arrodilló a su lado y rompió una poción encima de su espalda adolorida, mientras tanto uno de los veinte Divine Angel que supuestamente estaban deseando invadir el Palacio del Emperador Baium se reclinó en el robot, apoyando el codo en su cabeza blanca con todo el peso de su increíble figura. Incluso había llegado a quitarse el guantelete para contemplar bien sus uñas impolutas.

El hacha de Neko no tardó en silbar en el aire, cortándole el brazo libre.

—¡Ey! —protestó en ángel, con un tono de total indignación.

Neko se encogió de hombros, como si la queja no fuera con ella.

—No lo estabas usando, ¿verdad? —le dijo antes de sonreír con los dientes bien al descubierto.

El ángel bufó antes de tirar el guantelete al suelo y empuñar su espada con la mano que aún le quedaba. Equipaje apareció de la nada  y le mordió un tobillo al ángel. Neko aprovechó el cepo, levantando el hacha  y dejándola caer en un corte en diagonal, acabando con el Divine Angel  con facilidad.

Hiro se levantó con ayuda de Baymax y bufó, cansado y confundido.

—¿No habías dicho antes que estos ángeles eran huesos duros de roer?

—Normalmente lo son —admitió Neko, con una ceja levantada y la mano apoyada en al cadera—, pero estoy empezando a pensar que están aburridos de estar aquí doce días sin ningún tipo de acción.

Hiro estiró el brazo hacia su derecha, palma en vertical y lanzó un pulso hacia el ángel que se les estaba acercando, consiguiendo que se cayera al suelo. Hiro no se quería ni girar, no necesitaba ver que tenían los Divine Angels debajo de aquella pequeña pieza de armadura que apenas les tapaba la entrepierna.

—¿Quieres decir que están jugando con nosotros?

Neko sacó una bomba del inventario, le quitó el seguro y la echó por detrás de su hombro. Equipaje la siguió con prisa un par de metros antes de detenerse en seco y erguirse lo más posible con sus cortas piernas.

—Es lo más probable. —dijo mientras uno de los bots fijaba el lugar de detonación de la bomba, acabando con dos ángeles de una.

Hiro agarró aire y luego lo dejó salir de golpe y señalando al ángel en el suelo.

—Baymax, ese ángel necesita un abrazo.

Los ojillos negros de Baymax brillaron.

—Pero tírate en bomba, que le hace ilusión.

Baymax se dio la vuelta y después de un par de pasos algo descoordinados, levantó los brazos y dio un saltito, dejándose caer sobre el Divine Angel con todo su peso. Pronto Baymax se vio rodeado de plumitas blancas y píxeles naranjas. El pobre robot pareció cofundido por un momento.

—Ese ángel ya no necesita nada. —comunicó Baymax y Hiro no pudo más que sonreír de lado, con los brazos cruzados.

A Neko le dio tal ataque de risa que acabó con las manos en las rodillas. Maldito crío, al final le iba a caer bien.


Shruikan

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #87: April 30, 2020, 07:38:35 PM »
El olor del aceite requemado le traía recuerdos y al mismo tiempo le resultaba terriblemente repugnante. Artoria no sabía que le resultaba más difícil de soportar, si eso o el ruido de la discoteca de enfrente y de la gente borracha, gritando y riendo y apretujándose demasiado cerca como para que se sintiera cómoda.

Su compañero no había abierto la boca desde que habían empezado a hacer cola, aunque la brusquedad y el gesto huraño de su rostro habían disminuido considerablemente ahora que ya habían hablado algunas cosas y no parecía considerarla alguna especie de criminal a la fuga. Resultaba casi risible.

Debían dar una pinta de lo más extraña: ella, con la chaqueta impermeable de cintura para arriba y los pantalones de traje de cintura para abajo. Él, bastante más alto, con esa gabardina de cuero rojo que parecía haber visto demasiados años de lo que tendrían que haberle tocado.

El cocinero les recibió sin demasiada emoción; Artoria no podía culparle. A nadie le apetecía estar en un carro de comida a las 3 de la mañana vendiéndole comida basura a montones de jóvenes embriagados. A ella no le hacía especialmente ilusión la comida grasienta, pero el hambre les había vencido a ambos. Parecía que el detective llevaba tan mala noche como ella.

—¿Qué quieres? Yo invito —le dijo una vez estuvieron en el mostrador, sacando la cartera antes de que ella tuviera siquiera la oportunidad de procesar lo que acababa de decirle.

—Pues… —Artoria miró los carteles de comida pegados en la parte alta de la pared. Arrugó ligeramente la nariz, como si no se creyera que realmente fuese a comer algo así voluntariamente —. Creo que me quedaré con la hamburguesa. Sin patatas. Y una cerveza.

“O dos”, pensó, aunque no lo dijo. El hombre le miró por unos momentos con sus ojos claros. No sabía si había seriedad o burla en su mirada; a Artoria le resultaba difícil leer su expresión.

—Muy bien. Una hamburguesa, dos frankfurts de los grandes, una de patatas y dos cervezas —le indicó al cocinero —. Ah, y una de churros también.

—¿De verdad vas a comerte todo eso? —le preguntó ella, arqueando una ceja, dudando más de la resistencia de su estómago que no de su voluntad.

—Claro que sí. Y tú también.

Terminaron cargando la comida hacia alguna acera vacía. Artoria no podía negar que aquello le traía un poco de nostalgia de cuando era más joven y se iban de fiesta con su hermano Kay y el resto de sus amigos. Y Merlín. Cómo olvidarse de Merlín. Era de esa clase de tutores legales que se iba de fiesta contigo con la excusa de controlarte y terminaba en peor estado que tu.

Una leve sonrisa le adornaba el rostro cuando por fin encontraron un sitio más o menos limpio y apartado; la música y los gritos seguían escuchándose, aunque al menos ahora quedaban a una distancia cómoda. El detective casi se dejó caer, sentándose en la hierba seca con un suspiro. No tardó ni dos minutos en dar el primer bocado a uno de sus frankfurt, masticándolo como si fuera el culpable de aquella noche horrible. Ella terminó imitándole poco después.

—Así pues —empezó él al cabo de un rato —. Dices que tu mujer ha desaparecido, ¿no?

—¿Hm? —Artoria se giró a mirarle con la boca llena.

—En primer lugar, lamento oír eso. —Hizo una pausa en la que aprovechó para dar otro bocado y un trago de cerveza —. En segundo lugar, no es la primera desaparición de la que me entero esta noche y, a riesgo de sonar muy pesimista, dudo que sea la última.

—¿Quieres decir que hay más gente desaparecida? —El rostro de su mujer le vino a la mente y Artoria sintió una dolorosa punzada en el corazón.

—Eso es justo lo que he dicho, sí.

Dejó de comer un instante y le echó una larga mirada, como analizándola en silencio. Artoria le sostuvo la mirada con firmeza, y el detective debió ver algo que terminó gustándole porque sonrió, aunque no era una sonrisa alegre.

—No debería contarte esto. A decir verdad, la policía todavía no se ha movilizado oficialmente, todavía no sabemos muy bien lo que está pasando. Todo lo que sabemos es que parecen haber varios fallos en el sistema del juego Neverland. Las cápsulas no se desactivan y, como has podido ver, los centros de juego están cerrados.

Artoria sintió que el corazón le latía más despacio y más fuerte. ¿Significaba eso entonces que Gwyndolin estaba atrapada en alguna parte? Podría ser que estuviera en alguna de las cápsulas cerca de casa y que no la hubiese visto por eso. Podría estar atrapada, podría…

Se le hizo un nudo en el estómago. La comida no ayudó.

—Normalmente te diría que te olvidaras del asunto y que lo dejaras todo en mis manos. —El detective se señaló el pecho en un gesto melodramático.

—¿Y crees que puedes resolver este asunto? La última vez que te vi trabajar en ello estabas intentando derribar la puerta de un local a patadas.

—Ya, ya. Lo que intento decirte es que ambos tenemos motivos para investigar este asunto y creo que podemos beneficiarnos mutuamente si trabajamos juntos.

Artoria mostró cierta incredulidad.

—¿Cómo esperas poder ayudarme tú solo?

El otro le sonrió. Se limpió la mano con una servilleta antes de ofrecérsela.

—Soy Génesis Rhapsodos. Creo que has oído hablar de mí.
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Neko

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #88: May 31, 2020, 12:56:11 PM »
CLIFFHANGEEEER

70.

Shun no tenía muy claro cuánto tiempo llevaban luchando contra la Reina del Hielo, pero seguro que era menos de lo que a él le parecía. Y es que no podía dejar de preocuparse por su hermano. ¡Ya debería estar allí con ellos! ¿¡Dónde se habría metido!?

—¡Andromeda! —escuchó el grito justo antes de ver una de las dagas de Locke clavarse en un hombrecillo de nieve negra que se había acercado demasiado a él.

Shun frunció el ceño. Necesitaba concentrarse, ¡sus compañeros dependían de él! Empezó a preparar una habilidad para subir la defensa mágica de la party cuando la Boss levantó el único brazo que aún tenía móvil y gritó estrellando la palma de la mano contra el suelo. Pero ya estaban preparados, ya habían visto esa habilidad una vez… ¿o no?

El hielo negro se propagó con rapidez, igual que antes, lo que les vino por sorpresa fueron las estalagmitas que surgían de él, como estacas de hielo oscuro y afilado.

—¡Aah! —gritó Dominich cuando una le atravesó la pierna pese a la débil barrera mágica que Aya había conseguido invocar en el último momento.

Locke había podido cortar algunas de las estacas de hielo antes de que alcanzasen a los dos curanderos, pero había salido lleno de rasguños y una parte importante de su barra de vida había bajado de golpe.
Los hombrecillos de nieve habían aprovechado la distracción para lanzarse sobre el brazo derecho de Shun, donde extrañamente, empezaron a derretirse con un ruidillo agonizante.
Shun se sacudió el brazo, siseando de dolor. Cuando se deshizo de los restos pudo ver su brazo quemado y sus puntos de vida cayendo en picado.

Aya levantó las dos manos hacia el techo, recitando una cura de grupo que sabía que la iba a dejar sin puntos de magia, pero era lo mejor que podía hacer por el equipo en ese momento.

—¿Estáis bien? —preguntó en cuanto terminó el hechizo.

Shun se miró el brazo, donde algunas esferas de luz azul aún bailaban sobre su piel, dejándola como nueva. Locke sacudió la cabeza y levantó sus dagas mientras Dominich se arrancaba la parte de la pernera que se había quedado colgando, luchando con su tótem que le tiraba del pelo sin ninguna consideración.

Elsa les miraba con una sonrisa que no prometía nada bueno. Aunque Dominich no pudo apreciar la sonrisa, su tótem había conseguido echarle la cabeza hacia atrás con tanto tirón.
Fue entonces cuando las estalactitas cayeron sobre ellos.

Dominich levantó el brazo por instinto y sus ojos reflejaron el fuego del hechizo que recitó de memoria, consumiendo su último pergamino y quemando todo el techo de la habitación en la que estaban.
Dominich cayó de rodillas mientras algunos de los pedazos de hielo conseguían rebasar el fuego. Esa vez Aya no tenía magia suficiente para crear un escudo y Locke empujó a los dos magos blancos para sacarlos del camino de las estacas.

Cuando el fuego dejó de rugir y el hielo de chirriar sobre el suelo castigado Shun parpadeó y se encontró con la imagen de sus amigos caídos y la realidad de sus vidas pendiendo de un hilo.

La Reina del Hielo estaba de pie, pero respiraba con dificultad. Dominich estaba agotado y Locke estaba clavado al suelo por una de las estalactitas. Aya parecía al punto de un ataque de nervios.

—No me queda magia, no me queda magia…

Locke estiró la mano y agarró el mango de una de las dagas que se le había escapado, levantó la cabeza y miró con una extraña tranquilidad hacia Aya, sonriendo.

—Ey… ¿Eres un acólito o no? ¡Reza!

Aya se movió y aún temblando se arrodilló, parpadeando un par de veces para centrarse. Shun se levantó detrás de ella, terminando el hechizo que había dejado a medias.
La chica juntó las manos, entrecruzando los dedos y con los ojos cerrados empezó a rezar. Una luz blanca surgió de ella y la brisa cálida empezó a llenar la sala.

Locke gruñó mientras se estiraba para quitarse la estaca de hielo y se dio la vuelta, sentándose en el suelo, de frente a la boss que seguía quieta pero con los ojos clavados en el rogue, recuperándose.
Locke se levantó y lanzó la estaca hacia Elsa, que lo frenó simplemente levantando una mano. El hielo cayó y ella dio un par de pasos hacia atrás, replegándose. Por los cálculos de Locke, no tardaría mucho en invocar a su séquito otra vez.

Shun aprovechó el momento para aplicar unos pocos buffs básicos más y Locke agarró a Dominich y lo arrastró hacia los otros dos.

—Nos está dando una paliza. —dijo, como si no fuera obvio.

El tótem de Dominich le miró y luego se dejó deslizar por la espalda de Dominich hacia el suelo, arrastrándose tras un pilar, como si la cosa no fuera con él.

—¡Eh! ¡Vuelve aquí especie de…! —empezó Locke, pero terminó por señalar el camino que había tomado el tótem—. No sé qué es eso ¿Qué es eso?

—Un possum… raro —dijo Dominich, parpadeando—. Me gustaban de pequeño.

—¿Estás mejor? —preguntó Shun, con una mano en el hombro del mago, que asintió tragando saliva.

El tótem volvió arrastrando algo y Dominich se agachó para abrir el cofre que nadie había visto al entrar. El animal parecía muy contento consigo mismo, dentro de la monotonía de sus facciones, rascándose detrás de la oreja y bostezando después.

—¡Hechizos de fuego! —exclamó Dominich, añadiéndolos a su inventario, aunque había algo más—. ¿Y qué es esto?

—Lo averiguaremos después —concluyó Locke, dagas en alto—. Esta vez viene con los refuerzos grandes.

Dos hombres de nieve gigantes, armados con garrotes, se dirigían con parsimonia hacia ellos. Dominich se fijó bien en los nuevos hechizos de fuego que había conseguido y miró los puntos de magia que había recuperado y tuvo una idea.
Corrió hasta situarse delante de Locke, se arrodilló y recitó el pergamino de fuego de área a la altura del suelo.

Los gigantes de nieve gruñeron y sus pies empezaron a descongelarse poco a poco, aunque también apagaban el fuego según avanzaban por la zona en llamas, creando un pasillo para su jefa.

—Se me olvidaba que eran de hielo y agua… —chistó Dominich que sintió la pesadez de la falta de puntos de magia casi de inmediato.

Locke le agarró del cuello de la capa y sin ningún tipo de ceremonia lo echó hacia atrás, otra vez en zona segura. Con Dominich fuera de combate a Locke se le iba a hacer aún más difícil defender a los magos blancos y atacar al jefe al mismo tiempo.

—Maldita sea… —se quejó—. Voy a tener que dejaros desprotegidos si quiero hacerle daño.

Entonces algo clicó en Shun que invocó su omnitool mientras echaba un vistazo a los puntos de experiencia que había ido acumulando mientras mataban al séquito de la Reina del Hielo.
Sonrió, clicando para desbloquear una habilidad que había querido probar desde que había visto el trabajo de Santo.

—¡Puedo ayudar! ¡Soy Adept, tengo hechizos de ataque!

Locke frunció un poco el ceño, lamiéndose los labios.

—¿Has desbloqueado sagrado? —preguntó, sorprendido pero esperanzado.

—Ahora mismo.

Locke se giró a mirar a Shun.

—¿Y a qué estás esperando?

Shun se puso a la altura de Locke y echó los hombros hacia atrás, palmas vueltas hacia sus enemigos, mientras se fijaba en los objetivos a batir. Sabía perfectamente a qué estaba esperando, esperaba a que su hermano le enseñase a atacar, necesitaba que le dijera qué hacer, qué le aconsejara como siempre hacía.
Echó una mirada a la entrada de la sala, pero allí no había nadie.

—No sé atacar. —confesó.

—Tú sólo apunta y lanza, ya habrá tiempo de aprender estrategias.

—¿A quién? —preguntó Shun, mirando a los dos hombres de nieve que estaban ya demasiado cerca, mientras Elsa se paseaba entre el poco fuego que aún ardía en el suelo.

—¡A quién sea, pero hazlo ya! —contestó Locke, mirando de un gigante a otro.

Shun levantó las dos manos al frente, activando Sagrado mientras cerraba los ojos y se oía recitar unas palabras que nunca había pronunciado antes.
Cuando los volvió a abrir, los dos hombres de nieve estaban girados, mirando hacia atrás en total silencio y Elsa estaba en el suelo, cubriéndose un ojo con la mano buena y totalmente sorprendida.

A Shun no le dio tiempo a pensar en lo que había ocurrido ya que pasaron dos cosas al mismo tiempo: los hombres de nieve rugieron y Locke le agarró de los hombros, sacudiéndole.

—¡Dime que has desbloqueado la bendición de armas!

—¿Qué? Sí, ¿por qué? —los gritos de los gigantes estaban muy cerca y uno de los garrotes se estrelló contra el suelo, apenas a un palmo de Shun, que se giró para ver como Elsa se quitaba la mano del ojo y donde antes había podido ver un ojo rojo, ahora vio uno azul y la cara de sorpresa de la Reina mutó a rabia—. Oh.

Un segundo garrote se estrelló contra el piso, acabando con el fuego del suelo y Elsa se levantó con un grito de impotencia.

Locke miró hacia los dos magos que estaban protegiendo y se agachó a recoger sus dagas, que había soltado al darse cuenta de lo que podía ser un buen plan y asintió hacia Aya. Shun levantó las manos acercándolas hacia las dagas y la luz de la bendición inundó la sala.

Otro garrote cayó sobre ellos, pero esta vez Aya había podido crear el escudo a tiempo, que se resquebrajó con el primer impacto, pero se rompió con el segundo, dejando un montón de cristales etéreos desperdigados por la sala.

Los hombres de nieve miraron el lugar donde habían estado sus dos presas con confusión, ¿dónde se habían metido? Se giraron a mirar a su Reina para recibir más órdenes, aunque los pobres ya se habían derretido hasta la rodilla.
Ella bufó y se echó el pelo hacia atrás con la mano, dejando a la vista un mechón blanco encima de su ojo ahora azul. Su barra de vida había sufrido un buen revés y por la mirada de odio, quería a ese adepto bien muerto.

Dominich estaba sentado en el suelo, apoyado en la pared con la cabeza gacha, justo frente a la Boss y Aya se interpuso entre los dos, creando otra barrera que sabía que no aguantaría mucho, pero haría todo lo que estuviera en su mano para protegerle.

La Reina del Hielo sonrió y caminó entre sus dos hombres de nieve, elegante y letal. Tenía una mano y la barbilla levantadas y claras intenciones de acabar con ellos. El aire volvía a estar frío y las puntas de sus dedos se estaban poniendo negras mientras preparaba un ataque que probablemente aún no habían visto.

A duras penas, levantó el brazo izquierdo, aún cubierto de sangre congelada, apuntando hacia ellos y flexionó el derecho casi como si estuviera sosteniendo una flecha entre los dedos.
El aire se movía en espirales y el agua del ambiente se condensó encima de su brazo izquierdo, formando la flecha que indudablemente tenía que ir allí. Y con un movimiento limpió la soltó.


Shruikan

Re: neverland 2.2: you can (not) fight
« Reply #89: May 31, 2020, 07:18:30 PM »
Seras se había despertado bajo un techo que no reconocía. Tardó varios segundos en reaccionar, pues lo último que recordaba eran las calles de Rabanastre en pleno ataque, la tormenta de arena, el ruido de los edificios al desmoronarse y luego…

Parpadeó, llevándose una mano a la cabeza y después al pecho. No le dolía. Estaba intacta. Lo cual resultaba un tanto chocante, incluso perturbador, cuando lo último que recordaba era un edificio cayéndole encima.

El corazón le latió con fuerza un par de veces, provocando que se le extendiera una sensación desagradable de la cabeza a los pies.

"Respira", se dijo, reconociendo los primeros síntomas de la ansiedad. "Recuerda tu entrenamiento".

Lo bueno de ser policía en la vida real es que la habían preparado para situaciones así. A pesar de ello, cuando se sintió más calmada y trató de levantarse al cabo de un rato, las piernas le temblaban.

Inspeccionó el lugar, reconociéndolo como la iglesia lúgubre y decadente de Sin City. Parecía que hubiese pasado una eternidad desde que estuvieron ahí; Seras se había olvidado de configurar su punto de respawneo a Rabanastre u otro sitio más cercano. Lo que significaba que sus amigos estaban al otro lado del desierto.

Se sintió perdida unos instantes. A su alrededor había gente en su misma condición, con aire perdido, frustrado, derrotado. Trató que aquello no la afectase.

Salió al exterior. La ciudad no había cambiado mucho desde su visita, con la misma música lúgubre y la lluvia incesante, pero había nuevas señales de destrucción. Edificios quemados y medio destruidos, asfaltos resquebrajados, farolas destrozadas en el suelo.

Algo había sucedido de la misma escala aquí que en Rabanastre.

–Disculpa –preguntó a un Assassin que estaba en la entrada, poniéndole una mano al hombro para llamar su atención –. ¿Qué ha pasado aquí?

El hombre rotó el hombro, rehuyendo el contacto con una mueca malhumorada.

–¿No te has enterado? ¿En qué mazmorra andabas metida? –dijo, con un tono más exhausto que enfadado –. Todas las ciudades han sido atacadas por monstruos.

–¿Todas…? –repitió con un hilillo de voz.

–Todas.

Fue lo último que dijo antes de alejarse, cabizbajo bajo la lluvia. Seras no se atrevió a seguirle.

Se quedó por unos momentos bajo el porche mirando llover, pensando en lo que podía hacer ahora. Lo principal era reunirse con sus amigos, ¿Pero cómo iba a llegar a otra ciudad sola…?

–¡Claro, los cristales! –recordó, llevándose por inercia la mano al bolsillo. No era como si realmente tuviera el warp ahí, pero era el gesto que hacía cada vez que quería abrir el inventario.

Efectivamente, cuando lo comprobó, el objeto seguía allí, perfectamente alojado en uno de sus espacios. Ahora sólo tenía que ir a un punto de teletransporte, a ver si se acordaba de donde era…

Se abrió paso por las calles, protegiéndose como pudo de la lluvia. Buscaba una fuente, recordaba la fuente. Tuvo que caminar bastante rato, entre que no recordaba la ciudad y que muchas calles habían quedado destruidas, pero al final la encontró.

Destacaba en esa ciudad como una flor en un desierto, de arquitectura pintoresca y florida que no terminaba de encajar con la estética agreste y decadente de Sin City. Había nombres flotando encima de la fuente, el holograma habitual desde que ese encierro había empezado en el que se listaban todos aquellos que habían perdido todas las vidas. La lista había crecido mucho desde la última vez, y Seras contempló horrorizada los nombres destacados en dorado.

Temiendo lo peor, estuvo un rato buscando nombres familiares, suspirando cuando tras un par de minutos no encontró ninguno de sus amigos. Sacó el cristal del warp, dispuesta a transportarse hacia Rabanastre, pero cuando lo partió, en vez de los brillos y chispas de luz que esperaba no ocurrió… nada. Solo unas volutas de humo púrpura que se desvanecieron en el aire.

–¿Eh? –exclamó Seras, incrédula. –¿Por qué no funciona?

–¿Pero qué haces? –una White Mage que había estado sanando jugadores en la plaza la miró desconcertada –. ¿Que no sabes que los warps no sirven? No se han restablecido desde que atacó el boss.

Seras la miró incrédula y luego al cristal hecho pedazos. Se le hizo un nudo en el estómago por unos momentos antes de volver a alzar la cabeza con decisión. Si no podía llegar de forma rápida, tendría que hacerlo por métodos tradicionales.

Sin pensarlo demasiado, quizá incluso de forma imprudente, se dirigió a las puertas de la ciudad. Ni siquiera había considerado el equipo que tenía cuando se aventuró al exterior, comprobando únicamente las pociones de salud (unas quatro que le había dado Ulquiorra) y elixires de frío que habían sobrado la última vez que habían rondado por el desierto.

Era media mañana cuando se aventuró, y lo que había parecido una decisión acertada pronto dejó de hacerlo cuando el sol del mediodía la encontró al descubierto. Dio las gracias por los elixires que le permitieron soportar el calor, pero era evidente que no le durarían para toda la travesía.

Cuando se preguntaba si habría algún punto entre las ciudades en las que reponer inventario y fuerzas (estaba segura que debía haber alguno, aunque no recordaba que hubiesen hecho esa ruta) divisó una nube de polvo en el horizonte. No parecía una tormenta, y Seras siguió avanzando, incluso cuando la misteriosa nube se acercaba más y más.

Demasiado tarde, consideró que podría tratarse un enemigo, uno de esos Espíritus del Desierto al que tanto les había costado derrotar en equipo y se quedó paralizada. Aún cuando sacó su arma, era consciente de que no podría hacer nada ella sola contra un boss de zona como ese. Sin embargo, sus temores pronto resultaron infundados pues no se trataba de ningún monstruo.

Era una moto. Una moto con sidecar.

El flamante azul marino destacaba en la arena como una mancha oscura, imposible de pasar por alto. Quien fuera que conduciese, debió verla, porque en algún momento viró el rumbo para acercarse. Seras tuvo que taparse la cara con el brazo cuando el vehículo se detuvo a su lado, levantando una pequeña polvareda.

Se trataba de dos mujeres. Ambas vestidas con trajes de policía (poco realistas y un tanto provocativos, si tenía que decirlo), con gafas de sol y sombrero incluidos. Incluso el sidecar, ahora que lo veía de cerca, estaba pintado como un coche de policía, con luces y todo en la parte trasera de la moto.

La conductora, una mujer de pelo negro lacio largo, la miraba con evidente sospecha incluso detrás de sus cristales oscuros, mientras que la otra, de un flamante cabello rosado le sonreía, repantingada como una reina en el hueco del sidecar.

–Hola, cariño –. Le dijo, y Seras creyó que le guiñaba un ojo –. ¿Qué hace una chica como tú en un lugar como este?
"Who would understand you after I die? Who else would march forward by your side?"

"when I think that you will live on all alone henceforth, I can’t help but shed tears…"