Author Topic: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back  (Read 30128 times)


Cho

Segunda parte.

55.2.



Alrededor de cuarenta y cinco minutos más tarde, el grupo llegó al festival. Este ocurría en un centro de convenciones grande y cercano de las universidades de Hanasaki y Rizembool, por lo cual había bastante presencia de universitarios y de personas de clase alta en general.

Luego de bajarse del taxi que los había llevado y pasar la entrada principal, los cinco apreciaron el ambiente concurrido de personas con varios kioscos de mercancía de las bandas que se presentaban, puestos donde vendían snacks y bebidas y los amplios caminos que llevaban a los distintos escenarios. Por todavía ser temprano y recién estarse poniendo el sol, las bandas en plena actividad eran en su mayoría locales y poco conocidas, pero la fiesta ya había comenzado y sólo continuaba creciendo en anticipación.

“No me decepcionan que decidan ir a un festival previo a finales, pero, ¿no estamos muy temprano?” preguntó Seija, encogiéndose de hombros. “A estas horas seguro que nadie interesante está tocando nada.”
“No seas tan negativa, Seija, además que para llegar a un festival, todos tuvieron que sacrificarse un montón,” observó Shishiou, impaciente.
“En verdad que sí, Shishiou tiene mucha razón,” agregó Syo. “Una banda que apoyó con parte del OST de mi última serie televisiva va a tocar en poco tiempo, y realmente quería verles,” sonrió animado. “Ellos han estado componiendo música de comerciales o de fondo, y en verdad han estado esperando esta oportunidad de presentarse, así que pienso animarles un montón.”
“Sí, seguro que estarán muy emocionados,” Natsuki asintió. “Busquemos el escenario donde les toca para ocupar buenos sitios.”
“También tenían que ser buenitos, ¿no?” Seija se encogió de hombros. “Oh, y ahora que lo mencionas, sí eres ese chico actor de esa serie que Shinano ha andado viendo.”
“¡Ah, verdad!” Shishiou se sorprendió gratamente.
“Sí,” el pelirrojo asintió. “Me he asegurado de seguir la serie pese a estar en los Estados Unidos y ha sido increíble. Te has convertido en un gran actor, Syo.”
“Oh, gracias por mantenerte al tanto, Shinano,” le agradeció, sonriendo un poco avergonzado. “Hasta el momento la serie ha tenido buenos reviews y las ventas de dvds y bds han ido bien, así que espero que me renueven para una temporada más.”
“Sería estupendo,” dijo Natsuki, conmovido. “Sé lo mucho que te has esmerado para ese rol, Syo-chan, y realmente te lo mereces.”
“Aparte que te queda muy bien el rol de un héroe épico,” agregó Shishiou. “Shinano me había comenzado a mostrar los primeros episodios y ahora sí que tengo que completar la serie.”
“Heh, significa mucho para mí, gracias,” asintió. “Y con más razón tenemos que ir a ver a este grupo, ¿no lo creen?”
“Sí, son del tipo que apoya a sus semejantes, no me sorprende,” Seija se vio desinteresada. “Tengo algo de hambre. Iré a comprarme algo y les daré el alcance, ¿les parece?”
“Tenías que escoger este momento, ¿cierto?” Shinano dio un suspiro, pero no podía quejarse porque sabía lo especial que era la chica. “Bueno, no te tardes, por favor.”
“Es en el stage cuatro, por cierto,” informó Syo. “Hay buena señalización así que no tendrás problemas encontrándonos.”
“Sí, ya, aparte que tu amigo es un grandulón y fácil de reconocer,” asintió, indiferente. “Vámonos, leoncito.”
“Oye, ¿por qué tengo que acompañarte?” le preguntó este, con molestia. “Ve tú. Yo no voy a comer por ti.”
“Tú tampoco comiste mucho, ¿no? Así también dejas que estos tres se pongan al día.”
“Bueno, está bien, y quizás tenga que mantenerte un ojo encima por lo revoltosa que eres,” se frustró. “Enseguida regresamos.”


Ese par fue a deambular por la parte de puestos de comida en lo que los tres amigos siguieron los letreros para llegar al escenario. Conforme se acercaban, pudieron oír la música de dicho lugar, lo cual delataba que la banda anterior continuaba con su turno.

“Esa Seija es media rara, ¿verdad?” preguntó Syo, un tanto frustrado. “Sé que me lo advertiste, Shinano, pero me sorprende que quieras lidiar con alguien como ella.”
“Ehm, al menos parece llevarse bien con Shishiou, y los dos son muy talentosos,” dijo el pelirrojo, sonriendo. “Creo que ya me acostumbré a ella, y también la veo como una amiga, por más difícil que sea.”
“Si la ves así, seguramente sí tiene sus cualidades, Shinano-chan,” comentó Natsuki, animado. Entonces, él miró a un costado donde vio a un grupo de chicas caminar, y se vio atraído hacia ellas. “¡Ohh, qué hermosos llaveros tienen colgando de sus bolsos!”
“Oye, no te escapes, Natsuki,” Syo fue rápido en jalarle del cuello de su camisa, y le miró con reproche. “Tsk, tiendes a distraerte con lo que sea y aquí con facilidad te podemos perder. Intenta mantenerte cerca de nosotros, por favor.”
“Sí, perdón por preocuparte, Syo-chan,” asintió obedientemente y sin borrar su sonrisa, lo cual no inspiró mucha confianza en su amigo al saber que continuaba con la vista y atención perdidas como de costumbre.
“Shinano, ayúdame a vigilarle también, por favor…”
“Descuida, nos vamos a mantener juntos,” asintió, seguro de sus palabras. “Oh, Natsuki, no me has dicho qué llevas haciendo de momento. He estado atento a Syo, aunque no estoy enterado de tus presentes planes.”
“Eres un buen y atento amigo, Shinano-chan,” Natsuki asintió y sonrió con torpeza. “Por eso mismo te ha llamado la atención, ya que me encuentro en otro hiatus. Mi último disco salió poco antes de tu viaje y he pasado este último año comprometido al club de drama de Rizembool y practicando con mis instrumentos musicales. Sólo paso el tiempo componiendo canciones e inspirándome con proyectos personales fuera del ojo público, y por ello espero pacientemente a que me surja otra idea que me haga retornar a desempeñarme en mi profesión.”
“Ohh, tiene sentido,” el pelirrojo sonrió comprensivamente. “Siempre has sido de tomarte tu tiempo, pero por ser tan talentoso nunca tienes por qué preocuparte.”
“Eso es verdad,” Syo dio un suspiro. “Natsuki es un genio musical y por eso puede frenarse y tomarse tantos descansos como guste. A diferencia de él, yo siempre he tenido que exigirme para salir adelante.”
“¡Oh, pero tú eres el mejor y más impresionante actor, Syo-chan!” declaró el tranquilo grandulón con mucha alegría. “Realmente quiero seguir tus pasos e igualar tu habilidad escénica. Este hiatus que estoy tomando es principalmente para lograr esa meta, ya que ando aprendiendo un montón de Wataru-chan y todos nuestros compañeros.”
“También me hace falta lo mismo, debo admitir,” Shinano asintió. “Seija es muy talentosa como actriz y me apoya en lo que se anima, aunque espero poder contar con el tiempo para unirme a ustedes al club de drama. Sería muy divertido volver a tomar clases juntos como hace años.”
“En verdad que sí. Los tres siempre nos hemos apoyado un montón y nos llevamos bien,” Syo asintió y sonrió un poco. “Heh, me daría mucha nostalgia. Es como regresar a mis raíces.”
“Sí, digo lo mismo,” Natsuki sonrió conmovido. En ese instante, ellos llegaron a la entrada del escenario cuatro y observaron que el ambiente seguía concurrido por la presencia de la banda que continuaba tocando. Ellos se detuvieron un momento para juzgar por dónde ingresar, aunque la vista del mayor del grupo se enfocó en un kiosco al costado de la entrada donde bebían distintos tipos de bebidas. “Ohh, creo que se me ha antojado comprarme algo para tomar. ¿Ustedes quisieran algo? Yo invito.”
“Estoy bien, gracias,” Syo negó y miró fijamente al otro. “Sólo asegúrate de no tomarte mucho tiempo y distraerte con nada.”
“No te preocupes, Syo-chan,” asintió. “Regresaré de inmediato. Estoy agradecido de que siempre andes tan al pendiente de mí.”
“Tsk, no me das opción por lo volado que eres,” negó ofuscado y entrecerró sus ojos al notar a su amigo sonreír inmutado. “¡Y eso también! ¡Es como si mis palabras y reclamos nunca te llegaran! ¡Aprende a ser responsable de una maldita vez!”
“¡Syo-chan!” Natsuki se sobresaltó levemente y ladeó la cabeza. “Te ves tenso. ¿Estás bien? ¿No quisieras que te invite una bebida?”
“¡¿De nuevo has filtrado lo que te he dicho?!” comprimió sus puños.
“¡Y-ya, no te inquietes mucho, Syo!” pidió Shinano, levantando sus palmas y sonriendo nervioso. Pasó a mirar al mayor. “Ehh, todo está bien, Natsuki. Syo y yo vamos a ver el espectáculo desde la entrada. Danos el alcance cuando termines.”
“Sí, un momento, por favor,” Natsuki asintió obedientemente y caminó a paso veloz hacia el kiosco que estaba a poca distancia. Por la cantidad de personas, le iba a tocar hacer una larga fila hasta que llegara su turno.

Shinano observó a su amigo más alto por un momento, y sonrió con torpeza. Natsuki, pese a ser el mayor, era en muchos aspectos de personalidad el menor de los tres por ser tan distraído y sensible, y con frecuencia necesitar el apoyo de otras personas. Ese noble gigante era una persona pacífica y bondadosa que no guardaba rencores ni antipatía hacia nadie, y en verdad quería ser amigo de todo con quien se cruzara. Además de ello, contaba con un gran talento para la música que le había llevado a ser un joven compositor de gran renombre y también un cantante reconocido pese a su corta edad.

Por otro lado, Syo pese a ser dos años menor que Natsuki era sin duda el responsable y líder de los tres al poseer una personalidad fuerte y segura de sí misma, y nunca darse por vencido. Sin embargo, su poca paciencia y gran temperamento a veces solía hacerle una persona difícil de tratar e intimidante pese a su infantil y delicada apariencia. De todos modos, su vocación de servicio y fuerte sentido de justicia le hacían un amigo dedicado y leal, razón por la cual siempre había apoyado a Natsuki desde que los dos se volvieron amigos en la niñez. Syo era un reconocido actor que continuaba aumentando sus hazañas con el tiempo, y también poseía talento como músico y cantante, aunque a menor escala de su amigo.

El pelirrojo no dejaba de impresionarse por todo lo que sus amigos habían logrado con el paso del tiempo, y realmente se alegraba de que sus grandes esfuerzos hubieran dado fruto, pero al mismo tiempo se sentía un poco atrasado. Era similar a ver a sus hermanos mayores desenvolverse en sus respectivos quehaceres y notar cómo el tiempo había transcurrido con más lentitud para sí mismo.

“Shinano, ¿estás bien?” le preguntó Syo.
“Oh, eh, sí, perdón,” sonrió incómodo y asintió. “Me distraje.”
“No, no te distrajiste,” el rubio negó, llevó sus manos a sus caderas y miró al otro con severidad. “Te conozco demasiado bien para saber que algo te está incomodando. ¿Qué es?”
“Ehm… sé que no puedo engañarte, Syo, pero es un poco raro compartirlo…” desvió su mirada. “Y no quisiera incomodarte…”
“Estoy seguro que lo que sea que pueda ser es menos problemático que una de las múltiples ocurrencias de Natsuki,” ni bien dijo eso, Syo miró brevemente a dicho rubio que seguía en plena fila y se encontraba meciéndose al ritmo de alguna melodía dentro de su cabeza. Dio un suspiro. “Aparte que somos amigos y quisiera poder apoyarte. ¿Qué ocurre?”
“Bueno…” Shinano se animó un poco con leve culpa y bajó su mirada. “Estaba pensando en todo lo que ustedes han logrado estos últimos años. Son increíbles y luego del sacrificio que han realizado en verdad merecen sus reconocimientos. Sólo que…” sonrió incómodo. “Oírte decir que regresaríamos a nuestras raíces me hizo recordar que nosotros tres comenzamos a tomar clases y apuntar a nuestras metas casi a la misma edad, y me he dado cuenta que me he quedado muy atrás en comparación a ustedes…”
“¿Por qué te comparas, Shinano?” le preguntó, alzando una ceja. Él dio un suspiro, exasperado. “Verte tan dudoso e inseguro es poco característico de ti.”
“Lo sé, perdón.”
“No lo digo para que te disculpes,” frunció el ceño, extrañado y algo preocupado. “Tienes demasiadas cosas en mente para que te ofusques así. No es saludable. A diferencia de Natsuki, a ti tengo que pedirte que no pienses tanto. Las cosas son más simples de lo que crees.”
“Ehh, seguro que sí…” el pelirrojo sonrió al encontrar la mención del otro un tanto graciosa.
“Y no olvides que tú tienes una razón muy válida para haberte quedado atrás…” Syo desvió su mirada. “¿Cómo están las cosas en tu hogar? Espero que eso no esté volviendo a inquietarte.”
“Todo está bien. Ando con unas preocupaciones leves, pero ya todo se ha resuelto,” le contestó con una sonrisa. “Gracias por preguntar.”
“A diferencia de nosotros, tú tuviste problemas familiares serios hace como diez años, y te tomó varios años retornar a tu entrenamiento. Natsuki y yo siempre estuvimos preocupados por ti, y por eso estamos contentos de saber que estás de nuevo tomando viada para ser un modelo,” asintió, y Syo volvió a sonreír con energías. “Por eso mismo, los dos queremos ayudarte en lo que podamos. Luego de todo lo que tuviste que sacrificar por tus hermanos, en verdad mereces toda la ayuda que puedas conseguir, y sería un placer para nosotros.”
“Siempre les he estado muy agradecidos por sus alientos y comprensión,” Shinano asintió y llevó una mano a su pecho. “Ustedes dos han sido como unos hermanos adicionales para mí.”
“Lo mismo digo. Natsuki y tú son como mis hermanos menores,” Syo asintió, pero la alegría se le pasó de inmediato al pensar en el mayor como su menor, y recordó supervisarle. Vio cómo Natsuki andaba hablando entusiasmado con un transeúnte que se había detenido luego de que el grandulón se hubiera emocionado de ver un adorno de su mascota favorita en su mochila. Aquel tercero sonreía incómodo y retraído por los ánimos de ese chico. “Tsk, ¿qué está haciendo ahora? No puede acosar a la gente así.”
“Hehe, está bien, Natsuki es completamente inofensivo,” observó Shinano, entretenido.
“Por su apariencia y altura, no creo que muchos tengan esa impresión,” dio un suspiro frustrado y decidió no ir a llamarle la atención al mayor al notar cómo ese tercero se despidió en buenos términos con Natsuki. “Vaya… me frustra un poco. Natsuki es muy alto y tiene una gran fuerza y habilidad físicas. Hubiera querido ser como él. Eso habría hecho más fácil mi entrenamiento en las artes marciales…”
“Vamos, la altura no lo es todo, Syo,” observó comprensivamente. “Y no puedes menospreciar tus dotes de pelea. Eres muy fuerte y un cinta negra en karate, y tú no requieres de dobles durante las filmaciones,” se emocionó y comprimió sus puños frente a su pecho, con alegría. “¡Te he visto hacer los más impresionantes saltos y participar en las más reñidas peleas en tu más reciente serie! ¡Pienso que eres genial!”
“Heh, no es para tanto,” Syo sonrió algo avergonzado. “Además tú vienes de una familia guerrera, ¿cierto? Eres capaz de pelear con espadas, Shinano. Podría aprender algo de ti.”
“P-pues…” esa mención retrajo al pelirrojo, quien desvió su mirada. “M-mi familia tiene un gran linaje, y puedo declarar con orgullo que todos mis hermanos mayores son maestros con las espadas… p-pero yo me he quedado muy atrás en mi entrenamiento. Podré defenderme mejor que mis menores, pero a veces siento que estoy faltando el respeto a mi familia…”
“No creo que lo hagas, pero yo que tú aprovecharía tu linaje y recursos para entrenar lo más posible,” declaró, sonriendo con decisión. “Incluso has heredado una daga ancestral al igual que tus parientes, ¿cierto?”
“Oh, sí, siempre la traigo conmigo,” asintió alegremente. “Nunca me separo de ella.”
“Asumo que eso incluye este festival…”
“¡Sí! Ninguna excepción.”
“Uhh, ten más cuidado. Si te descubren, te meterían en problemas,” Syo negó.
“Hehe, está bien.”
“Y si te animas a entrenar, podría ayudarte con pelea cuerpo a cuerpo. Es genial tener a un amigo con talento para estas cosas. No puedo compartirlo con Natsuki. Sabes que él se paraliza con cualquier tipo de conflicto por más talento innato que pueda tener…” Syo desvió su mirada, con nervios. “Y bueno, tú sabes bien por qué no es bueno exponer a Natsuki a grandes tensiones…”
“S-sí… hay que evitarlo a todo costo…” Shinano asintió, compartiendo sus nervios. Ese era un secreto que tenían que mantener de todos, incluyendo a su grande y atolondrado amigo. “Espero que Natsuki esté bien…”
“Ha sido así desde que le conocemos. Mientras le mantengamos un ojo encima, no tenemos por qué preocuparnos, aparte que los dos podríamos defenderle,” el rubio le restó importancia.
“Tienes razón,” entonces, el pelirrojo regresó su atención al kiosco de bebidas y se sorprendió. “¿Eh? Syo, Natsuki no está.”
“¿Qué dices?” este se inquietó y miró al kiosco para comprobar la observación. Efectivamente, de un momento a otro, su enorme amigo se había salido de la fila y esfumado pese a que todavía no había llegado su turno de ser atendido. “¡Ahh! ¡Es increíble! ¿A dónde se habrá ido esta vez?”
“Vamos a buscarle,” dijo el menor, apresuradamente.
“Sí, no tenemos de otra.”



Pese a haber estado muy cerca de ser atendido, Natsuki vio a un grupo de amigos caminar cerca en lo que tomaban varias latas de gaseosas. Esas bebidas no habían estado disponibles en el kiosco y le atrajeron mucho más, por lo cual salió de la fila para buscar la máquina dispensadora que debía estar cerca.

Su caminata le llevó a un pequeño escenario que todavía estaba en plenos preparativos para la noche, y pudo divisar dicha máquina cerca de esa área. Ahí había unas tres chicas que acababan de comprar unas gaseosas y hablaban distraídamente. Al ser esa un área un poco más apartada y casi vacía, esas jóvenes estaban aprovechando la privacidad y el silencio para hablar y revisar sus celulares sin apuros.

Sin embargo, conforme el chico caminaba hacia la máquina, notó que unas tres personas se bajaron de un auto de lunas polarizadas y se acercaron hacia ese grupo de chicas distraídas. El auto estaba en un estacionamiento pequeño adjunto donde había más carros y vanes oficiales y con permiso especial para asistir en la organización del evento, pero cualquiera se daría cuenta que esas personas tenían apariencias y comportamientos sospechosos.

Natsuki se confundió al notar a esos tipos agarrar a una de las chicas de un brazo y comenzar a jalarla, pese a que se resistía y a que sus amigas trataban en vano de empujarlos. Esa escena se tornó bélica instantáneamente y el rubio se acercó corriendo consternado.

“¡Esperen! ¿Qué sucede aquí?” exclamó preocupado. Su llegada en un inicio alertó a los hombres, pero estos sólo necesitaron observar el rostro asustado del rubio para saber que no se trataba de ninguna amenaza.
“¡Lárgate!” gritó uno de los asaltantes.
“¡P-pero…!”
“¡Ayúdenos, por favor!” suplicó una de las chicas a Natsuki, aterrada.
“¡Suéltenme!” gritó la chica que se resistía, pero justo entonces los hombres le agarraron de sus brazos y piernas y trataron de llevársela. “¡Ayuda! ¡Deténganlos, por favor!”
“¡Ehh!” Natsuki tembló un poco y con mucha torpeza alcanzó y agarró a uno de los asaltantes de sus hombros, para halarlo hacia así a manera de detenerle. Su atolondrada acción terminó rindiendo algo de frutos ya que él hizo uso de su inconsciente fuerza y dicho criminal terminó cayéndose al piso estrepitosamente. La chica aprovechó al verse soltada de sus piernas para dar una patada a uno y pudo soltarse del tercero ya que sus amigas le apoyaron jalándole.
“¡Miserable!” le reclamó el agredido, quien se levantó rápidamente y dio un fuerte golpe al rubio en su abdomen.
“Tch…” Natsuki se afligió y cayó sentado al piso, adolorido. Entonces, él alzó su mirada para notar que los otros dos de nuevo habían alcanzado a las chicas y el asaltante frente a él estaba por darle una fuerte patada.

El rubio se paralizó y miró con terror a su atacante para cerrar los ojos fuertemente, pero él no llegó a recibir el golpe.

“¡AAAHHH!” Syo alcanzó al ladrón primero y le dio una certera patada en el rostro que lo dejó casi inconsciente.
“¡S-Syo-chan!” exclamó Natsuki, impresionado. “¡Ehh, h-hay más…!”
“¡En eso estoy!” le contestó a secas y corrió donde los otros dos ladrones.

Syo se acercó a sus oponentes con una gran velocidad. Les vio percibir su presencia y uno de ellos de inmediato corrió para hacerle frente, pero el pequeño rubio no tuvo problemas leyendo a aquel adulto. Fue capaz de esquivar sus golpes con sus rápidos reflejos y en un descuido del mayor logró tomarle de un brazo y levantarle por los aires, para azotarlo contra el concreto.

Su llegada y rápida ejecución dejó boquiabiertos tanto a Natsuki como a las chicas, y el tercer asaltante tuvo que dejar escapar al blanco para pelear contra Syo y defender a sus secuaces. Natsuki se descuidó por observar a su amigo y ver a las chicas huir, y estuvo por recibir un ataque del recuperado ladrón que le había golpeado previamente…

“¡Natsuki!” Shinano finalmente había logrado darle el alcance al veloz de Syo y llegó para empujar a ese enemigo. A diferencia del seguro de su amigo, el pelirrojo se sentía tieso por nervios y sin mucha idea sobre cómo pelear efectivamente, aunque ello no le iba a detener. Vio a ese ladrón recobrarse nuevamente y se preparó para hacerle frente, aunque el pelirrojo tuvo problemas esquivando los ataques y una patada lo barrió hacia atrás.
“¡Ahh! ¡Shinano-chan!” exclamó Natsuki, torturado.
“Huye, Natsuki… llama a ayuda…” le pidió Shinano, quien se levantaba con dificultad.
“P-pero…”
“¡V-ve cuanto antes!” exclamó con una insistencia y demanda que no le caracterizaban, pero que fueron necesarias para forzar a Natsuki a levantarse y alejarse. Era realmente importante que no siguiera expuesto a esa situación, por su propio bien.

El pelirrojo se sentía mareado. Ese golpe le había arrollado y pudo observar sus pertenencias en el piso, aunque no tuvo tiempo para recogerlas por tener que evitar otro ataque. Entonces, recordó a su fiel daga escondida en su pecho y de inmediato la desenvainó.

Al haber sacado su arma, Shinano vio a ese ladrón tensarse. Ello le dio un poco de alivio porque delató que dicho asaltante no estaba armado, pero estaba por averiguar que la situación era mucho más seria de lo que parecía…

“¡AHHH!” Syo terminó por dar un fuerte golpe en la quijada al ladrón con el cual había estado peleando y le vio caer hacia atrás. Al verse libre de ese oponente, él se giró para supervisar a sus amigos…

…y se le heló la sangre al ver a un cuarto oponente que había logrado emboscar a Shinano y lo tenía agarrado de cerca y con una pistola en la sien. El pelirrojo estaba tenso y completamente a la merced de esa nueva amenaza. A simple vista, dicho cuarto asaltante parecía ser el líder, quien hizo un gesto con su rostro para comandar a sus secuaces a que se retiren.

Y estos lo hicieron sin antes lograr agarrar a Syo desprevenido para golpearle en la cabeza e impedirle que les detuviera.

“Seguridad debe estar en camino,” declaró el líder, quien tenía a Shinano apresado con fuerza. “Se nos escapó la muchacha, pero no nos iremos sin las manos vacías. ¡Preparen el escape!”
“¡E-esperen!” Shinano exclamó aterrado, pero fue de inmediato amordazado.
“¿Qué hace un niño como tú con esta arma?” preguntó un ladrón, quien le quitó su daga. “Obviamente tú no te la mereces.”

Syo comprimió sus puños y pudo oír a los criminales apurarse de regreso al vehículo. Él se levantó como pudo y percibió que su vista estaba inestable y sacudida, aparte de sentirse desequilibrado. De todos modos, él corrió como pudo detrás del auto, el cual fue capaz de arrancar antes de llegar a alcanzarle.

Conforme avanzó, el rubio comenzó a recobrar sus sentidos y energías, pero no era contrincante para un auto en movimiento y empezó a quedarse atrás. Él vio que el auto estaba por llegar a las rejas que delimitaban el terreno del festival, y se frustró tremendamente al ver a los guardias abrirlas sin molestarse en revisar las identidades de los pasajeros.

“¡Cierren las rejas! ¡No dejen que se escapen!” gritó a todo dar, pero esos guardias no le hicieron caso inmediato y el auto logró salir de ese sitio para sumergirse en el tránsito de la ciudad. “¡Maldición! ¡Deténganlos!”

Para cuando él llegó, fue muy tarde. Ese vehículo había arrancado a todo dar luego de cruzar las rejas y no había forma de decir hacia dónde se había ido. Los guardias repararon en la emergencia del joven tardíamente y le miraron aturdidos al notar cómo sangraba de un costado de su cabeza, pero Syo hizo caso omiso a su propia herida y agarró del cuello de su camisa al guardia más cercano para sacudirlo y mirarle de cerca con una incontenible furia.

“¡¿Y se supone que son guardias?! ¡¿Cómo demonios pudieron permitir que esas personas salieran sin más?! ¡E incluso entraron aquí a su regalado gusto!” gritó al confundido guardia.
“O-oye, ¿qué sucede? ¿Por qué estás sangrando?” preguntó el otro guardia en un intento de apaciguarle, pero su intromisión sólo hizo que Syo también lo tomara de su camisa con una mano y lo jalara hacia sí.
“¡Fueron unos secuestradores! ¡Los miserables trataron de secuestrar a una chica y se han llevado a uno de mis amigos!” exclamó. “¡Son unos incompetentes!”



“¡Syo-chan!”
“…” Syo reconoció la voz de Natsuki y soltó a los guardias con brusquedad. Vio a su amigo correr acompañado de Shishiou y Seija, y un poco detrás de ellos se acercaban varios de seguridad, con algunos contactando a más refuerzos con sus walkie talkies. Al ver a todas esas personas, Syo descargó su ira en impotencia y comprimió fuertemente sus puños.
“Syo, ¿qué pasó? ¿Estás bien?” preguntó Shishiou, mirando su herida.
“Tsk… Shinano…” dijo entre dientes y bajando su mirada, para temblar un poco.
“E-espera, no me digas que…” Seija comenzó, sorprendida.
“Shinano…chan…” Natsuki abrió sus ojos como platos y llevó sus manos a su rostro. “No… imposible…”
“Nos han informado que hubo un intento de secuestro en esta área,” dijo uno de seguridad al alcanzar a los demás. “La hija de un reconocido magnate fue asediada por tres hombres que salieron de un vehículo de lunas polarizadas.”
“U-un auto con esas descripciones acaba de retirarse…” reportó uno de los guardias de la reja, pálido por la revelación.
“¡Tsk, es injustificable!” gritó Syo, indignado. “¡Es culpa de ustedes de que hayan secuestrado a mi amigo!”
“¡¿Dicen que un joven ha sido secuestrado?!” exclamó uno de seguridad.
“¡¿Cómo fueron capaces de dejar que un vehículo sospechoso no fuera revisado?!” requintó otro a los vigilantes. “¡El acceso a este estacionamiento es severamente monitoreado!”
“¡A-a la entrada todos los autos presentaron la forma con credenciales!” contestó un vigilante, con gran nerviosismo.
“¡Pero tienen que revisar a los pasajeros y el cargo con el cual entran y salen!”

Siguió una discusión acalorada entre los distintos trabajadores del evento mientras unos pocos continuaban informando sobre más detalles de lo ocurrido y más personal se acercaba a toda velocidad, incluyendo a unos paramédicos.

“Ahh, esto no puede estar pasando…” Shishiou sacó de uno de sus bolsillos un celular y una pequeña billetera. “Vi que estas cosas se le cayeron a Shinano.”
“¿Nos vieron?” preguntó Syo, sorprendido.
“Sí, corrimos lo más rápido que pudimos y nos topamos con Natsuki, pero todo se acabó al instante,” Seija negó. “Lástima. Leoncito y yo no habríamos tenido problemas dándoles una paliza, pero lo hecho hecho está.”
“Tsk… no pude protegerle…” el rubio menor se frustró, aunque la chica le dio un par de palmadas en la espalda.
“Oye, oye, te vi pelear de lejos y eres muy bueno para una cara bonita,” comentó Seija, sonriendo con ironía. “Casi me dan ganas de pelear contra ti en este instante.”
“Y de no ser por ti, esos malditos habrían secuestrado a la chica,” recalcó Shishiou. “Aparte que también protegiste a Natsuki.”
“P-pero…”
“Shinano-chan…” Natsuki agarró su cabeza y comenzó a temblar mínimamente. “No puede ser… esto no puede estar pasando…”
“Natsuki…” Syo le miró con leve preocupación.
“N-no pude hacer nada por él… e-es mi culpa que esto haya pasado… s-sí no fuera por mí, Shinano-chan estaría bien…”
“Oye, tranquilo…”
“¡Y-y ahora, ¿qué le ocurrirá a Shinano-chan?! ¡¿Qué piensan hacerle esas personas?!” exclamó mientras sacudió su cabeza repetidamente, aterrado. “¡¿Y qué debería hacer?! ¡N-no quiero que nada malo suceda! ¡P-pero soy incapaz de ayudar! ¡Y-y-yo!”
“¡Natsuki!” Syo le agarró de los brazos y le encaró. “¡Natsuki, detente!”
“¡P-pero yo-!”
“Natsuki, mírame a los ojos,” ordenó pausadamente y con intensidad, para acaparar su atención. Vio a su enorme amigo quedarse quieto y mirarle, aunque respirando un poco agitado. “Escúchame. No te preocupes por Shinano.”
“Pero…”
“Shinano es más fuerte de lo que crees. Y estará bien. Te lo prometo, te lo juro,” declaró. “No estamos solos en esto. Vamos a recibir ayuda de la policía y no dejaremos que esos imbéciles se salgan con las suyas.”
“…” Natsuki asintió y su amigo le soltó.
“Y no te culpes por esto. Sí, te distrajiste por millonésima vez y te apartaste, pero de no ser por ti, esa chica habría sido secuestrada. Yo no hubiera tenido tiempo de alcanzar a los secuestradores si no hubieras intentado auxiliarle,” le sonrió decididamente. “Hiciste lo correcto, así que no seas tan duro contigo mismo.”
“P-pero no pude pelear con ustedes… Syo-chan, estás herido…”
“Esto no es nada. Me he lastimado peor en algunas filmaciones,” sonrió con torpeza y restó importancia al asunto. “Hiciste todo lo que pudiste, así que ahora tranquilo. No podemos dejar que esto nos afecte más de lo que debería. Debemos ser fuertes por Shinano, ¿de acuerdo?”
“S-sí, haré el intento,” Natsuki asintió con seriedad y sonrió un poco. “Gracias, Syo-chan, y… siento las molestias.”
“No te andes disculpando por cosas así,” negó frustrado. “Somos amigos, ¿no?”
“Sí…”

Por su parte, Shishiou observaba al par conversar. En verdad había parecido que Natsuki estuvo cerca de tener un ataque de pánico y se sorprendió de la inmediata y casi profesional reacción de Syo para calmarle, como si no fuera la primera vez que algo semejante ocurría. Entonces, vio a Seija escribir un mensaje de texto.

“¿Qué haces?” preguntó.
“Entre la familia extensa de Shinano y este par de amigos raros que tiene, supuse contactaría a nuestra guía,” observó, mientras enviaba otro mensaje. Seija alzó una ceja al ver una respuesta casi inmediata de aquella supuestamente antisocial guía. “Hm, dice que enseguida viene.”





Y así fue. Tharja llegó a ese evento unos veinte minutos después. La pelinegra fue dirigida a uno de los edificios de seguridad por la entrada principal y se encontró con un ambiente bastante tenso, donde la policía se encontraba hablando con todo aquel que había sido testigo de lo ocurrido. La recién llegada logró divisar al grupo de allegados del pelirrojo y fue donde ellos.

“¿Y bien? ¿Y quién me toca asesinar por extraviar al señorito Toushirou?” preguntó con indiferencia.
“¡Haha, te he echado de menos!” Seija se puso a reír.
“¡Maldición, esto es serio!” exclamó Syo, quien se levantó de un salto de su silla, aunque esa acción le hizo sentirse un poco mareado.
“¡Syo-chan!” Natsuki de inmediato lo agarró y le regresó a su sitio. “Por favor, los paramédicos te han pedido que reposes. Sigues afectado por el golpe que te dieron.”
“Tsk…” Syo desvió su mirada y agarró las vendas en su cabeza con leve incomodidad. Felizmente no tenía ningún trabajo que atender en los próximos días.
“Me expresaré con neutralidad, pero obviamente sé lo serio que es,” Tharja miró a sus alrededores y vio a unas chicas todavía dando sus testimonios. “Además de dejar que la policía se haga cargo de todo esto, ¿se han comunicado con la familia?”
“Sí, un oficial debe haber contactado al hermano mayor hace pocos minutos, si no me equivoco,” observó Shishiou.
“Con esta familia, lo mejor sería que uno de ustedes le llamaran personalmente. ¿Y hay algún veredicto sobre el vehículo?”
“Por más que les diera la información de la marca y la placa, parece que se ha extraviado,” dijo Syo, entrecerrando los ojos. “Todo da la impresión de que son profesionales.”
“Por haber apuntado a la hija de un magnate, sí, más les vale, ¿no?” Seija se encogió de hombros e ignoró a ese temperamental rubio mirarle con cólera. “No hay mucho que podemos hacer.”
“Estoy segura que el Toushirou mayor ya debe estar encargándose de este caso en comunicación constante con la policía, y si ellos no cuentan con más pistas, sólo les toca rezar a que ese carro aparezca pronto,” dijo Tharja. Ella se cruzó se brazos y desvió su mirada, con hastío. “De todos modos, al tratarse de un grupo de secuestradores, tarde o temprano se pondrán en contacto con su familia para pedirles términos de rescate.”
“¿Todo estará bien así no más?” preguntó Natsuki, bajando su mirada. Él no se veía convencido.
“Eso es si asumimos que Shinano va a cooperar con sus secuestradores,” dijo Syo, cabizbajo.
“¿Tú crees que no lo haría?” Shishiou se sorprendió.
“Su celular y billetera se cayeron durante la pelea, así que esos ladrones no tienen forma de saber nada de él a menos que él mismo abra la boca,” le recordó. Syo se mostró ofuscado. “Conociendo a Shinano, no sé qué tan conforme se encuentre colaborando con esos criminales si es que ellos importunarán a su familia de un modo u otro.”
“¿Hablas en serio?” Seija le miró con incomprensión y resopló frustrada. “Uff, qué especial…”
“Tsk, sí suena a su especie, lamentablemente…” para variar, Tharja se mostró mínimamente preocupada. “No dudo de que los secuestradores logren hacerle hablar de algún modo u otro, pero el problema es la cantidad de daño que pueden hacerle hasta que eso ocurra…”
“Shinano-chan…” Natsuki se horrorizó. “Espero que no se exija demasiado…”
“…” Shishiou estaba cabizbajo y sumergido en pensamientos. “Ehm, siendo sinceros…”
“¿Qué?” Tharja le miró y alzó una ceja. “¿Has ocultado algo?”
“Tengo unas sospechas… sólo no quise decir nada porque no llegué a ver a los asaltantes de cerca…” negó para despejar sus dudas y se mostró decidido. “Pero creo saber de qué banda criminal se trata… y tal vez hasta una de sus guaridas más probables…”
“¿Qué? ¿Hablas en serio?” Syo se quedó en shock. “¿Cómo sabrías algo así?”
“S-son cuestiones familiares, dejémoslo así…” Shishiou recordó la conversación que había tenido con su hermanita durante el fin de semana, y sabía que lo mejor era no compartir más detalles sobre sus orígenes a menos que fuera necesario.
“Hehe, ustedes que son muggles no tienen por qué saberlo,” Seija sonrió pícaramente. “Hay ciertos posibles inconvenientes para leoncito y su familia si andan compartiendo información que no deberían sin un motivo válido. Yo en su lugar lo pensaría dos veces.”
“Shinano es un amigo y su familia ha sido muy amable con nosotros, Seija,” recalcó. “Así que pienso que esto es importante.”
“En fin, no tengo que saber detalles, pero vayan diciendo algo si realmente quieren ayudar,” observó Tharja, impaciente. “El tiempo es muy valioso en general.”
“Si estás tan seguro de esto, voy contigo,” Syo se vio decidido.
“Syo-chan, también quiero ir, pero no creo que podríamos ayudar,” Natsuki negó lastimosamente. “Yo no puedo pelear y tú sigues herido. Shinano se preocuparía mucho si no tenemos cuidado.”
“Sí, y dejemos que la policía sirva para algo, ¿no?” Seija se encogió de hombros, y se sorprendió al ver a Shishiou levantarse.
“No, yo pienso ir a lidiar con esto personalmente,” dijo decidido y con sus manos en sus caderas. “Esto no es sólo por Shinano. Me siento identificado con este caso en particular y pienso que podría ayudar.”
“…” Tharja le miró atentamente y terminó por negar. “En fin, no te detendré, pero como dije antes colabora con los policías y los Toushirou con lo que sabes. Ojalá estés en lo cierto.”
“Entendido,” sacó su celular.




El atardecer se oscurecía conforme el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte. Los tonos cálidos que inspiraban al venidero verano inspiraban paz y tranquilidad en una inmutable tarde donde podría no estar sucediendo nada en lo absoluto…

Honebami ingresó a la habitación de Yagen en la residencia de los Toushirou con una bandeja donde traía una pequeña porción de sopa, un vaso de agua y unas pastillas para aliviar el malestar. El peliblanco notó que su hermano menor estaba sentado en su cama y miraba hacia la ventana, sin disposición de realmente descansar.

“Yagen, te traje una merienda,” reportó Honebami, mientras apoyaba la bandeja sobre la mesa de noche. “Toma un poco de sopa antes de la medicina, y descansa un poco, por favor.”
“Gracias por tu ayuda, Honebami,” Yagen sonrió y encontró gracioso que su mayor se encontraba desempeñando el rol del doctor para variar. “¿Cómo están nuestros hermanos?”
“Namazuo ha salido con ellos al centro comercial cercano para pasear. No tienes que preocuparte por ellos,” negó. “Concéntrate en descansar.”
“Ciertamente podemos contar con Namazuo para entretenerles y distraerles. Siempre ha sido muy bueno con ello.”
“…” el peliblanco observó a su menor sonreír con cansancio y leve frustración mientras persistía en observar el atardecer por su ventana. Yagen se mantuvo inmutado. Con el tiempo, Honebami había podido interpretar esa inacción de su parte como una señal de que el científico se encontraba inquieto, o que había algo que no estaba bien. “Yagen… ¿sucede algo?”
“No… no es nada…” negó pacientemente y miró a su hermano. “Siento que tengas que preocuparte por mí, Honebami.”
“Es mi deber velar por tu bienestar…” declaró inmutado, y desvió su mirada. “Mi trabajo se vuelve inconveniente únicamente si soy incapaz de comprender lo que sucede.”
“Tiene sentido…”
“…” le miró atentamente, y el científico finalmente se resignó a explicarse en lo que regresaba su atención a la ventana.
“No vengo muy seguido a casa, todos lo sabemos. Tú vienes más seguido que yo, y seguramente has recibido varias preguntas sobre mí de parte de nuestros hermanitos…”
“…” asintió.
“Como uno de los mayores, y el mayor después de ustedes tres, dignarme a aparecer cuando me encuentro enfermo en este hogar es… vergonzoso, por decir poco…” agachó su cabeza, sonriendo resignado.
“…”
“Preocupar a nuestros hermanos e importunarles así… es realmente injustificable.”
“…” Honebami asintió. Entonces, él caminó hacia la ventana y miró hacia la vista del inmenso jardín de esa casa por un momento.



“Yo… cuando perdí los recuerdos del pasado y dejé de ser el segundo hijo de nuestra familia, tú insististe desde un inicio en que viniera y compartiera con nuestros hermanos…” comenzó a narrar el peliblanco, con sus ojos fijos en el cielo de la tarde. “No poseía un sentimiento de pertenencia. Todos eran desconocidos… fue una gran inconveniencia para mí seguir tus indicaciones, por más que no tuviera opción…”
“…”
“Mi presencia aquí… era inútil…” declaró con neutralidad.
“…”
“Pero… con el tiempo, todos dejaron de ser desconocidos. Son tus hermanos, son mis hermanos. Comprendo que los dos pertenecemos a esta familia, por más que no siempre estemos presentes. También entiendo que este sentimiento existe en nuestros hermanos. Ellos sienten identidad con y hacia nosotros, y si bien somos mayores que la mayoría, nuestros hermanos quieren estar ahí para ayudarnos cuando necesitemos apoyo.”
“…”
“Me dejaste entender con el paso del tiempo que nuestra presencia no es inútil, y que es bienvenida…”
“…”
“Yagen…” Honebami se volteó y se dirigió a su hermano. “Tú que siempre insististe en que visitara a nuestra familia y nuestros allegados por más que yo no sea esa persona del pasado… no entiendo por qué tú debes tratarte distinto, como si tú, a diferencia de mí, no lo merecieras.”
“…” el doctor ensanchó su sonrisa y frunció el ceño. Su expresión denotó tranquilidad, frustración y una pizca de ironía. “Lo que dices tiene sentido, el hecho que no tiene sentido que hable de esta manera…”
“…”
“Siempre he sido más exigente conmigo mismo, y también soy caprichoso, lo suficiente para insistir con mis irracionalidades.”
“No considero que esto sea saludable…”
“Tienes razón, no lo es. Sin duda no en este preciso momento.”
“Necesitas descansar, Yagen. Pienso que tu intensa labor te ha agotado demasiado.”
“…” asintió lentamente. “Lo haré. Gracias por tus palabras, Honebami.”
“…” ladeó su cabeza. “No necesitas agradecerme.”
“Heh…” el doctor se vio animado al observar la mínima confusión en su hermano mayor. Él había logrado levantarle los ánimos con aquellas sinceras palabras. “Siento que podré descansar debidamente, estaré bien. Ya que estamos aquí, tú también intenta reposar. Este hogar siempre ha sido muy reconfortante.”
“Entendido…” hizo una venia. “Avísame en caso necesites algo más.”

Luego de esa conversación, Honebami se retiró y cerró la puerta detrás de sí, mientras esperaba que Yagen finalmente pudiera conciliar el sueño. El peliblanco caminó por el pasillo de habitaciones y, cuando llegó a las escaleras, sintió que su celular comenzó a vibrar.

“…” él sacó su dispositivo y miró la llamada, para ver que se trataba de su hermano mayor.




Pasó alrededor de una hora, y Shishiou caminaba entre unas calles por una zona comercial de la gran ciudad. A simple vista, era un área saturada de negocios y edificios altos que daban una impresión de inseguridad e informalidad. Después de haber dado la información que sabía tanto a los policías como al hermano mayor de Shinano, Shishiou se había encaminado hacia dicha área que sospechaba sería el paradero final de su amigo pelirrojo. Como esperó, la policía no le dio mucho crédito al tampoco haber sido capaz de darles una dirección exacta, así que estaba cometido a ir hacia ese punto en caso pudiera encargarse del asunto.

Y, sorprendentemente, las dos chicas habían decidido acompañarle.

“Este distrito sí se ve como un buen lugar para actividades ilegales,” observó Tharja, mirando a sus alrededores con una pisca de interés. “Por más concurrido que sea, da la impresión que mucho pasaría desapercibido.”
“Oh, sí, en verdad me trae muchos recuerdos,” Seija caminaba con sus brazos cruzados detrás de su cabeza y expresaba gusto y familiaridad de caminar por esa vivaz avenida. “Mi familia es justamente de este distrito y siempre me sentiré en casa por aquí, por más que ya no sea muy bienvenida que digamos.”
“Te desheredaron, ¿no es así?”
“Hm, puedes decirlo, aunque ni que sea la mayor de mi familia. Simplemente se cansaron de mí y yo de ellos,” la rebelde sonrió con leve gusto y se encogió de hombros. “Soy más feliz nadando por mi cuenta y completamente desligada de responsabilidades. Además, con sólo mirar a leoncito estresado con sus responsabilidades me siento mucho mejor.”
“Estoy convencido que eres capaz de cuidarte a ti misma, pero me cuesta creer que te sientas tan feliz de estar tan lejos de tu familia,” observó Shishiou, quien miraba su celular mientras caminaba. “Hmm, no deberíamos estar demasiado lejos, y lo mejor es que caminemos en vez de tomar un taxi…”
“…” Tharja miró al chico con leve desconfianza. “No sabía que existía un app que dictaba direcciones de guaridas de mafiosos.”
“Ehh, no es eso,” el rubio negó y miró a la otra con leve incomodidad. “Sólo tuve que contactar a un allegado de mi familia para que me diera instrucciones sobre cómo llegar. Y pues, nuevamente, mi familia es medio especial por tener esta información, no quisiera entrar en detalles contigo.”
“Vamos, se trata de la disfuncional guía,” Seija se mostró impaciente y frunció el ceño. “Estoy de acuerdo de que no lo compartas con esos perfectitos amigos de Shinano, pero si lo vas a decir entonces que sea ante una persona indiferente, ¿no?”
“Mientras menos lo sepan, será mejor,” Shishiou entrecerró sus ojos. “Esto es serio.”
“Sí, sí, es serio, lo que digas,” rodó lo ojos. “No te olvides que mi familia es exactamente igual a la tuya y yo nunca le he dado la misma importancia. No mistifiques tanto a tus raíces.”
“¡Dudo que tú sepas el significado de seriedad!” le resondró.
“¡Hahahaha! ¡Qué gracioso eres, leoncito!” por su parte, Seija se puso a reír.
“¡Cállate!”
“…” Tharja resopló y les miró de reojo, con desprecio. “Excelente trabajo infiltrándose en la base del enemigo, por cierto.”
“¡Haha! Todavía estamos caminando en la calle como cualquier transeúnte,” dijo la chica, entretenida. “¿Y acaso no te da curiosidad de averiguar el secreto que leoncito se trae?”
“No me importa,” negó. “Sólo suena a que son de familias mafiosas, nada más.”
“Ehh…” Shishiou se sorprendió un poco.
“Vaya, acertaste. Sí te notas brillante,” Seija asintió y sonrió pícaramente. “Pues es eso realmente. Leoncito y yo venimos de familias mafiosas con bastante información sobre nuestros sea allegados o enemigos, por ello él sabría información sobre ciertos criminales. Y, es más, la familia de leoncito es parte de la cúpula de unos de los yakuzas más afluentes en Japón, así que recursos y contactos no les faltan.”
“T-tampoco es como si fuéramos los meros líderes. Sin duda no podría con esa presión,” observó Shishiou, negando.
“No serán la familia líder, pero son de gran confianza y casi semejantes,” Seija dio un suspiro. “Cansas cuando intentas ser humilde. ¿Por qué tratas de ser funcional si tus raíces de por sí son medio torcidas?”
“No todos los mafiosos salimos como tú, histriónica,” le miró con reproche. “No nos insultes.”
“Obviamente no, por algo pueden ser tan aburridos~”
“Ugh…” Tharja se exasperó. “Son terrible compañía. Me hastían con sus riñas.”
“Eh, no quiero ser descortés, pero no tienes por qué acompañarnos,” observó Shishiou.
“Lo sé, pero lamentablemente soy mínimamente responsable por estos Toushirou. Mi familia es allegada a la de ellos y les debemos varias cosas del pasado. Tengo mis manos atadas.”
“Me gusta más cuando eres disfuncional,” observó Seija, entrecerrando sus ojos. “Por tu molesta aura de hermana mayor me causas disgusto y quisiera darte tu merecido.”
“…” la otra le miró de reojo, indiferente. “Y tú me das una gran dicha por tu desprecio.”
“Tsk, bueno, al menos parece que tu disfuncionalidad no peligra…” se cruzó de brazos y rodó los ojos, impaciente.
“¿Y tú qué haces aquí?” preguntó Shishiou a su vieja amiga.
“¿Qué clase de pregunta es esa, leoncito?” se indignó y pasó a emocionarse y estirar sus brazos hacia el cielo. “¡¿Cómo no voy a ser testigo del desenlace del increíble secuestro de Shinano?! ¡No puedo perder ni un solo detalle!”
“N-ni me molestaré en molestarme contigo…” el rubio comprimió sus puños, indignado.
“Y bien, señorito yakuza, ¿cómo piensas enfrentarte a una banda criminal?” preguntó Tharja, mirándole con expectativa. “Somos tres contra un grupo organizado. Si no piensas llamar a refuerzos de tu familia, lo veo imposible.”
“El grupo con el cual lidiamos, por más que tengan experiencia en secuestros al paso, no son muy afluentes ni numerosos, y son reconocidos por sus intereses en negociar,” explicó Shishiou, pensativo y llevando una mano a su mentón. “Esperaba evaluar la situación de lejos y de ahí ponerme en contacto con ellos a ver si podíamos llegar a un acuerdo. Preferiría no recurrir a la fuerza bruta en lo posible.”
“Uff, qué aburrido, yo que esperaba verte dirigir a tus allegados para variar,” Seija negó.
“Recién ando retomando las riendas de mi deber como un heredero y dudo ser reconocido o respetado a estas alturas. Por supuesto que no pienso causar revuelos.”
“Sí te ves más como un trabajador social que un yakuza,” observó Tharja, negando frustrada. “Con esa actitud te morirás de hambre.”
“¡Hahaha, pienso lo mismo!”
“Tsk, ¡cállense!” les reclamó. “También es más posible que Shinano salga lastimado si intentamos atacarles o intimidarles. Tienen un rehén, no es un encuentro justo, y tampoco quiero que sus hermanos tengan que preocuparse por él cuando este tema más me concierne.”
“Estoy convencida que los Toushirou mayores ya se andan movilizando, aunque no sé cuánto alcance tendrán en esta situación,” dijo Tharja, entrecerrando los ojos. “De todos modos, sé que no podemos subestimarles.”
“Ya suena a que todo estará bien, qué pena,” se lamentó Seija, quien ignoró las miradas cansadas de los otros dos. “¡Pero está bien porque estoy convencida que será divertido de todos modos! ¡Sigue guiándonos, leoncito!”
“Tsk, al menos mantente al margen…” le pidió con leve molestia.

De ese modo, los tres siguieron caminando por ese distrito en lo que se aproximaban al área de interés, para ver cómo podrían manejar la presente situación.




Después de un largo y serpenteante camino, los secuestradores habían llegado a un pequeño almacén donde hicieron contacto con otros secuaces para verificar que sus movimientos no habían sido rastreados y no se encontraban bajo la mira de nadie.

“No se preocupe, los hemos despistado,” reportó uno de los criminales a su líder. “La policía todavía se encuentra buscando el primer auto que utilizamos en la escena del crimen, y no hemos levantado sospechas cuando cambiamos de vehículo.”
“Todo está en orden,” el líder asintió. “Y dentro de poco tiempo, tu compañero debe informarnos cuánto puede obtener por vender aquella daga. Se ve de buen valor.”
“Parece un arma antigua y legítima,” dijo otro. “¿Está seguro que deberíamos venderla? Podríamos hacer uso de un instrumento como tal. Se ve útil.”
“No, no lo necesitamos. Las armas blancas son más una inconveniencia si uno no sabe cómo usarlas y en el mundo de hoy ya son obsoletas. Sólo sirven para dar falsas esperanzas,” sonrió con ironía y miró hacia el rehén que yacía arrodillado y cabizbajo.

Al haber sido apuntado con la pistola y secuestrado por ese grupo, Shinano se mantuvo sumiso y callado por saber que no tenía otra opción. Él había sido transportado en tres vehículos y llevado con brusquedad y agilidad por un camino tan complejo que ni sabía dónde se encontraba. Estaba sin pertenencias, ni su celular, ni dinero, ni documentos, ni siquiera su leal daga que esos criminales iban a vender a su regalado gusto. Se sentía mareado, aturdido y desubicado, al punto en el cual si esas personas fueran a quitarle las ataduras que le apresaban lo más probable era que se quedara inmóvil y paralizado, sin voluntad ni valentía de intentar huir o reclamar.

Su mente estaba en blanco. Luego de pasar un rato esperando que alguien terminara esa pesadilla y sus hermanos fueran a ubicarle, el pelirrojo sólo se concentraba en que la quietud de su situación durara para siempre…

Durante todo el camino, el líder de la banda de criminales había intentado sacarle información sobre sí mismo o su familia, en un inicio con calma y poco a poco con más autoritarismo y bajo amenazas, y esas insistencias le estaban haciendo temer lo que fuera que viniera en el futuro. Él sólo quería acurrucarse e ignorar su existencia, mientras deseaba que no le hicieran daño.

Pero ello no iba a ocurrir, porque el líder instruyó a sus subordinados a que hicieran rondas y regresó su atención al rehén. Este supo que estaba en la mira y se mostró inquieto y asustado, pero mantuvo su mirada fija en el piso.

“Eres una gran molestia, ¿lo sabías?” le preguntó el hombre, caminando hacia él. “Como te lo he dicho una, y otra, y otra vez, tú no eras el blanco que habíamos apuntado. Sabemos todo lo que hay que saber de esa chica que se nos escapó por culpa tuya y de tu amigo. Tú no eres más que daño colateral y ni deberías estar aquí.”
“…”
“Pero, sea cual sea el caso, no es nuestra intención tratarte distinto,” se expresó con un tono meditabundo y caminó alrededor del pelirrojo lentamente. “Nosotros somos un grupo con principios. No tenemos el interés de hacerte daño. Sólo necesitamos subsistir y mantenernos mutuamente, y si tú cooperas con nosotros, todos estaremos bien. Nosotros pediremos una recompensa justa y modesta de tu familia, tú regresarás donde ellos en menos de lo que piensas, y ellos ya no estarán preocupados por ti, porque seguramente lo están, y mucho.”
“…” Shinano agachó más su cabeza.
“…” ese secuestrador miró fijamente al pelirrojo al verle un poco más inquieto. “Sí, obviamente te importa tu familia. Estoy seguro que no confías en nosotros, pero mírate a ti mismo…” se agachó frente al pelirrojo y le miró de cerca por más que el otro evadiera la mirada. “No vas a sacar nada de tu necedad y de esta presente situación. Estás bajo nuestra merced. Nosotros somos los únicos que podemos ayudarte. Dinos tu nombre y algún número al cual llamar. Como te dije, la cooperación nos viene bien a todos y tu silencio no cambiará en nada la situación.”
“…”

Eran palabras simples y directas, y pedir ayuda le convenía más que cualquier otra cosa. Sin embargo, Shinano estaba cometido a resistir y guardar silencio hasta las últimas consecuencias.

Ya había visto a esos criminales arremeter contra esa chica y golpeado a sus amigos, y no quería exponer a su familia, ni siquiera para una supuesta tregua o negociación. Decir su nombre y dar el número de cualquiera de sus hermanos se asemejaba a la traición más grande que pudiera cometer ante su familia, y no se sentía capaz de vivir con esa culpa. Le indignaba pensar en recurrir a sus hermanos y exponerles a ese peligro al que él solo se había metido. Sentía que había fallado, que no era capaz de enfrentarse a dificultades al igual que sus mayores, y que le quedaba ser fuerte y enfrentar la situación, por más miedo e impotencia que pudiera sentir…

Y sabía que la falsa paciencia de ese líder no iba a durar más por lo mucho que este ya le había gritado durante el camino.

“Eres un imbécil, estúpido niño…” dijo en voz baja y con molestia, para tomar al niño de su camisa y levantarle un poco.
“…” ello hizo que Shinano le mirara brevemente con sorpresa y nerviosismo, y este rápidamente desvió su mirada al ver lo iracundo que se encontraba aquel criminal.
“¿Acaso no reparas en tu situación? No intento ser abusivo, pero entiende que estás a nuestra merced. Este no es un hotel para que te quedes sin palabras y tomes tu tiempo en pensar en tus decisiones. ¡Y mírame, te estoy hablando!” le requintó con una potente voz que hizo al pelirrojo tensarse y cerrar sus ojos brevemente, pero no quería mirarle. No quería seguirle la corriente. “¡Tienes que oírme! No te encuentras en una situación de resistirte o argumentar en nuestra contra, así que despierta.”
“…”
“…si lo quieres así…” al término de esas palabras, el adulto le dio un contundente golpe en un lado del rostro, con el cual lo impulsó y envió de costado al suelo.
“Ihh…” Shinano se contuvo para no exclamar ni retorcerse de dolor. Sus oídos silbaron en pleno ensordecimiento y su vista se nubló y agitó, para recuperarse lentamente. Poco a poco, el dolor producto de aquel golpe se hizo más presente e insoportable.
“Esta no es nuestra manera de lidiar con víctimas, pero tenemos trabajo que hacer,” recalcó, mientras comprimía sus puños. “No eres el primer insensato que no desea hablar, y créeme cuando te digo que tenemos formas de hacer hasta los más testarudos colaborar con nosotros…”
“…” él se asustó al oír al otro caminar hacia él, y recibió una fuerte patada en el abdomen que le hizo rodar por el piso.
“Sí habrá consecuencias si no cooperas. Te haré arrepentirte…”

« Last Edit: April 04, 2018, 12:09:58 AM by Cho »


Cho

Tercera parte.

55.3.


No muy lejos del almacén, un par de los secuestradores caminaba por oscuros  callejones desolados llenos de cajas y contenedores de basura. Era muy silencioso, y los hombres surcaban un camino muy conocido y familiar para ellos.

“Es una lástima, ¿no?” dijo uno.
“¿De qué hablas?” preguntó el otro y vio a su compañero alzar la daga con su funda.
“El jefe quiere que vendamos esta cosa, pero se nota a leguas que es fina.”
“Sí, ¿y? ¿Piensas esfumarte con esa espada?”
“¿Qué? ¿Acaso a ti no te llama? Y obvio que no le desobedeceré,” se encogió de hombros para restar importancia al asunto. “Espadas finas y de escuelas de alta gama son tesoros nacionales, y los yakuzas tienen armas de hace siglos que pertenecieron a gente importante.”
“Tsk, no nos compares con esos glorificados. Ellos no tienen una vida dura como nosotros,” se quejó con impaciencia. “Y ya eres muy grande para andar lloriqueando por un juguete, porque eso es lo que es, un estúpido juguete.”
“No lo entiendes,” rodó los ojos y negó. “Pero si esta cosa vale una fortuna, supongo tampoco me importa deshacerme de ella…”
“La próxima vez no hables tonterías si vas a terminar con esa conclusión.”

Ellos siguieron en silencio y llegaron a un punto del camino donde había un contenedor grande de basura colmado hasta la cima. Pasaron al costado y uno de los dos casi se tropieza al no haber notado a una persona sentada al término del contenedor y apoyado en la pared, alguien quien muy inoportunamente había estirado una de sus piernas e invadido el camino.

“Tch, ¡oye quítate!” exclamó el joven con molestia ni bien uno de los dos criminales le llegó a pisar parte de la pierna. Este de inmediato la recogió y alzó una mirada fulminante.
“Cállate, niño tonto. Es tu culpa que me tropezara contigo,” dijo el adulto, impaciente.

Miró al menor de manera despectiva y apreció que era un chico borracho y desarreglado, con ropas sucias y un poco grandes para él. Tenía cabellos oscuros y muy largos, atados en una cola de caballo pero que por su longitud yacían regados por todo el piso y chocaban con el viejo y sucio contenedor de basura. Ese joven tenía una cara de pocos amigos y un rostro ruborizado por la ingesta de alcohol, e incluso agarraba una botella grande de sake con su mano izquierda que estaba medio vacía.

“Hic…” el joven miró al mayor entrecerrando sus ojos como quien enfocaba su vista. “¿Qué miras, idiota?”
“Nada. Piérdete, mocoso,” el adulto decidió ignorarle y siguió caminando con su compañero. La primera impresión que cualquiera se llevaría del chico era que se trataba de algún joven desorientado y revoltoso que se encontraba desperdiciando su vida, y no podía importarle menos.

Sin embargo, no habían visto lo último de él.

“¡Oigan, par de imbéciles! ¡¿A dónde creen que van?!” gritó el chico estruendosamente. El par se volteó con molestia y vieron a ese chico de pie y apuntándoles acusatoriamente. “Hic… ¡no se crean la gran cosa! ¡Se van a arrepentir de meterse conmigo!”
“Vete a casa, niño,” dijo el otro ladrón, quien negó exasperado. “Vámonos, ignórale.”
“¡¿Es que acaso me desprecian por mi edad?!” continuó, siguiendo a ese par que había continuado caminando en un intento de ignorarle. “Hic, ¡les haré saber que soy todo un adulto! ¡Y ustedes…!” se detuvo un momento para dar un pequeño eructo producto del alcohol y recobrarse. “¡…ustedes no saben con quién tratan!”
“Tsk, escucha, mocoso,” dijo el que se había tropezado con él, haciendo caso omiso al consejo del otro de ignorarle. “No me importa qué te crees. Si sigues molestándonos te daremos una paliza. Mejor ve a acurrucarte en tu casa y a lloriquearle a tus padres.”
“Tch…” el chico negó repetidamente. “Son ustedes los perfectos ignorantes e idiotas. ¿Qué sucede?” él dejó su rostro hastiado y formó una sonrisa sardónica y burlesca. “Hehe~ cuando un fastidio como yo busca pelea deberían responder, ¿o es que acaso tienen miedo de un niñito ruidoso y borracho?”
“¡Lárgate de aquí! ¡Te lo advierto!” le reclamó. “¡Agradece que no te he golpeado por obstruir el camino y hacerme tropezar!”
“Ohh, pero sí tienes ganas de pelear, ¿cierto? Veo chispas salir de tu cabeza, ¡hahaha!” el chico rió con ganas y miró brevemente al otro. “Hm, linda daga que te traes. ¿Por qué no ayudas a tu amigo y la usas? Hic…” sonrió malignamente y canturreó. “Vamos, divirtámonos un poco~”
“Estás demente…” dijo el dirigido, quien no sabía si desenvainar la daga ya que a ese joven claramente le faltaba un tornillo.
“Juro que te daré un fuerte golpe si no te callas…” el otro había llegado al límite de su paciencia y comprimía un puño que estaba pronto a dirigirse hacia la cabeza del joven borracho.
“Adelante, si tanto quieres abusar de un niño como yo, hazlo. Es más, te daré una razón,” entonces, ese chico desenvainó una daga de su cinturón que hasta ese punto había pasado desapercibida, y la apuntó hacia los dos con tanta irrelevancia y éxtasis que causó leves escalofríos en ambos. “¡Aviéntense, que les estoy esperando! Hic… ¡si ustedes no toman la iniciativa, yo lo haré!”

Ante esa sorpresiva situación, el par de ladrones no iba a ser capaz de ignorar al chico. El iracundo ladrón no se ahorró las ganas de pelear, pero grandemente subestimó a su oponente. Pese a haber tomado de más y cargar la botella de sake en su siniestra, el joven demostró una gran habilidad en evadirle y buenos reflejos para reaccionar y atacar. Después de hacerle unos cortes superficiales que sorprendieron al mayor, ese chico de cabellos largos aprovechó para darle un fuerte golpe en el abdomen y una patada en la quijada que le derrotó.

“Hic… me topé con un inservible…” declaró el chico en susurros, mientras miraba a su oponente en el suelo con desprecio.
“¡¿C-cómo te atreves?!” exclamó el otro, quien finalmente desenvainó la daga y tiró la funda a un costado.
“Oye tú…” el joven miró a su nuevo contrincante y le apuntó con la daga. “¿Acaso harás justicia a esa arma, esa tantou proveniente de una de las escuelas más prestigiosas de espadas de Japón y que fue un objeto de afluencia de muchos señores y líderes durante estos últimos ocho siglos?”
“¿Q-qué dices…?” le miró con incomprensión.
“Hic… aquí entre nos…” pateó ligeramente la cabeza del otro para comprobar que estaba inconsciente. Miró con intensidad al oponente restante. “Se han metido con un grupo de personas que no debieron perturbar, y ahora hay algunos señoritos molestos con ustedes… hic… todo aquel que osa por portar un arma de este calibre tiene un buen motivo para hacerlo…” entrecerró sus ojos y transmitió ira y peligro hacia el ladrón. “…y todos ustedes están por arrepentirse de haber secuestrado a ese niño…”
“…” ello le alertó. ¿Acaso ya sabían su ubicación? ¿Los habían visto? Tenía que reportarlo a los demás para que huyeran, pero no iba a ser posible. Ya era muy tarde…




“¡Miserables!”

El ladrón oyó un grito por encima de él que le paralizó y le hizo voltearse tardíamente. Un joven de cabellos marrones claros había saltado desde la cima de ese edificio y, luego de aterrizar en marcos de ventanas, llegó donde el criminal para darle una patada en la cabeza. Ello fue suficiente para desarmarle y derribarle de un solo ataque.

“Ohh, Gotou, finalmente llegas…” dijo el joven borracho, desinteresado y desviando su mirada. “Ya estaba pensando que habías abandonado la causa y dado por muerto a tu hermanito~”
“Cállate, Fudou…” Gotou agarró al ladrón que yacía en el suelo de su camisa y le miró con una incontenible ira. “¡¿Dónde está?! ¡¿Qué han hecho con Shinano?!”
“…” este se recobró del golpe y la sorpresa e intentó zafarse, pero el chico fue más rápido y le dio un puñete en la cabeza.
“Hic… pierdes tu tiempo, dudo que este par de ineptos colaboren con nosotros…” el borracho rodó los ojos. “Sólo alégrate de que la pista que recibimos de ese ayudante de tu hermano estuvo en lo cierto. Ahora llama a refuerzos para cubrir toda el área…”
“Tsk…” Gotou se levantó y alzó al adulto de su camisa, todavía poseído de una gran furia y odio. Él sacudió al secuestrador con fuerza. “Me aseguraré personalmente de que se pudran en la cárcel… ¡nadie se mete con los Toushirou!”

Luego de su declaración, Gotou impactó la espalda de su enemigo contra la pared con tanta fuerza que le hizo perder el conocimiento, y lo soltó para que se desparramara por el piso. Pese a esa acción, el pelimarrón se notaba todavía tenso y no sabía cómo desahogar su frustración, cuando en eso notó que Fudou le extendió la daga envainada de Shinano.

“Me sorprendería que estos hayan intentado deshacerse de tu hermano. Hic… tómala,” dijo, y sintió un tic en la ceja. “¡Que la tomes! ¡Se me cansa el brazo!”
“…” Gotou asintió y recibió el arma, para mirarla y comprimir su agarre con impotencia. “Tch… y pensar que le vi esta tarde…”
“No te me vengas con lloriqueos. Qué molesto que eres…” desvió su mirada. “Que le hayas visto o no no cambia nada…”
“Siempre me olvido que no tienes empatía,” dio un pesado suspiro. “En fin, tú fuiste quien reconoció esa daga de lejos y los emboscaste,” sonrió frustrado. “Gracias, Fudou. Es obvio que todavía tengo mucho que aprender de ti.”
“Hic…” se vio mínimamente incómodo. “…no actúes como un molesto kouhai, sólo me haces odiarte más…” negó ofuscado. “Ya, apúrate a llamar al glorificado. No podemos dejar a este par de miserables tirados aquí.”
“Tsk, ya llamé a Ichi-nii…” Gotou entrecerró sus ojos por la forma de Fudou de referirse a su hermano mayor. “Dice que ha alertado a la policía y un grupo está a punto de llegar para encarcelarlos, aunque vendrán encubiertos para no levantar sospechas de los demás.”
“Sí, sí, claro…” rodó los ojos, haciendo evidente que le llegaba altamente. Entonces, él notó que el ladrón que había derrotado se movió ligeramente en lo que recobraba el conocimiento, y sonrió complacido. “Ohh, ¿quién se está despertando ahorita~? ¿Todavía quieres pelear~?”
“¿Qué haces?” el Toushirou le miró con incomprensión, pero supo que mejor no decía nada, ya que era evidente que Fudou estaba enfocado en ensañarse con aquella persona.
“…maldito… mocoso…” dijo el hombre a duras penas.
“Hehe~ déjame advertirte que tu pesadilla recién está comenzando…” le miró desde arriba con superioridad. “Hic… y pensar que un inservible como yo te hizo morder el polvo. Pero ya, si colaboras con nosotros quizás te den una sentencia más ligera, ¿no te parece?”
“¿Q-qué… qué dices…?” preguntó, desorientado.
“¿No quieres hablar, ah?” repentinamente, Fudou adoptó una súbita e intensa seriedad y estrelló la botella de sake que traía consigo en el piso a pocos centímetros de la cabeza del ladrón, quien dejó escapar un grito de horror. Luego de eso, el joven le amenazó de cerca con el cuello punzocortante de la botella. “Hic… te haré escupir lo que se me plazca, a menos que quieras que te desfigure ahora mismo…”

Gotou miró con leve miedo a su supuesto aliado. Ese sería un buen momento para pedirle que deje de juegos, pero con toda honestidad él también vivía aterrado por su desequilibrado amigo. Decidió concentrarse en su celular en lo que esperaba por esos agentes encubiertos que apresarían a los ladrones. Se sentía incapaz de abrir ninguna aplicación en su celular, y sólo esperaba recibir algún mensaje de su hermano mayor o noticias del caso, lo que sea que pudiera darle más certeza de que Shinano se encontraba bien.

Estaban cada vez más cerca del destino final…





Después de surcar las partes más transitadas del distrito, Shishiou estaba llegando a una zona con menor actividad, lo cual delataba que no les faltaba mucho para dar con el área de fábricas pequeñas y almacenes hacia donde iban. Fue entonces que ellos se toparon con alguien a quien no habían esperado ver.

“Yo!” Tsurumaru les saludó con una palma y una simpática sonrisa. “A los años, y me sorprende que seas tan sociable, Tharja.”
“A mí no me sorprende verte en una zona peligrosa, por algún motivo,” ella negó, hastiada. “Y estamos en plena emergencia.”
“¿Emergencia? Había oído que este sitio era medio peligroso, pero créanme que me gusta pasear por aquí,” se encogió de hombros. “Hay una tienda de ramen de donde vengo con excelentes menús, y en el camino atrapé a un Snorlax. Suena muy seguro, ¿no?”
“¿Has atrapado a un Snorlax?” Seija se impresionó y sacó su celular, para ingresar a la app. “¿Por dónde estaba?”
“¡Debes estar bromeando!” exclamó Shishiou, indignado. “¡Estamos buscando a Shinano!”
“¿Y? ¿Acaso le haría un favor por no atrapar al Snorlax?” preguntó, encogiéndose de hombros. “O sea, ¿nadie aquí puede atrapar al Snorlax hasta que no demos con el señorito?” negó. “Mal, muy mal, leoncito, no seas ilógico.”
“¡Tú sabes que ese no es el punto, no te hagas! ¡Ya nos dedicamos a atrapar un millón de Bulbasaurs ayer durante Community Day! ¡Concéntrate en Shinano, por favor!”
“¡Hahaha, qué entretenidos son!” Tsurumaru se puso a reír.
“…” Tharja negó con impaciencia y frustración como si fuera la única persona cuerda sobre la faz de la tierra. “Escucha, grulla, el señorito Toushirou ha sido secuestrado y este rubio de aquí dice que se encuentra por esta área. Si no piensas ayudarnos, esfúmate.”
“¿P-perdón?” esas noticias probaron inquietar al peliblanco, para variar. Este se puso pensativo y llevó una mano a su mentón. “Uhh, eso está mal, muy mal… vaya…” sonrió con ironía. “De todos los días que Yagen debía caer enfermo…”
“…” Tharja alzó una ceja, con leve intriga. “¿Qué tiene que ver ese detestable Toushirou en esto? ¿Acaso ese niño hubiera ayudado con la situación?”
“Pues… pensándolo bien, quizás sea lo mejor que él no esté atento al asunto,” Tsurumaru sonrió con gracia. “Ignoren lo que dije, sólo pensaba en voz alta. Pero me han convencido,” se encogió de hombros. “No me llevaré bien con el insoportable, aunque estimo mucho a su familia, y el pobre de Ichi-nii no puede vivir sin sus hermanitos. Les ayudaré.”
“¿Seguro? Es un poco peligroso,” observó Shishiou.
“Yo soy quien debería preguntarte eso,” el peliblanco le miró atentamente, entretenido. “Soy un excelente kendoka y sé cómo defenderme. Si ustedes no tienen credenciales, deberían tomarse esto con más seriedad o llamar a la policía.”
“Esos tombos ya han sido alertados, y leoncito y yo sabemos pelear,” observó Seija. “Oh, aunque no sé si nuestra guía tiene habilidad.”
“No me subestimen,” observó. “Como allegada a los Toushirou, también he sido instruida en técnicas de pelea y defensa personal.”
“Sin duda no hay nada que no puedas hacer,” Tsurumaru asintió y miró a los nuevos. “Tharja aquí es reconocida y apreciada en Rizembool por ser una genio y tener talento para prácticamente cualquier disciplina. Y si no me equivoco también tienes a un hermanito similar a ti, ¿cierto?”
“Tsk déjense de rodeos y sigamos caminando,” ordenó la supuesta genio quien agarró a Shishiou del pescuezo y lo jaló para avanzar. “Sigue guiándonos a menos que quieras atrapar al Snorlax.”
“Ihh, s-suéltame, por favor,” se quejó el rubio, adolorido.
“Hm…” Tsurumaru alzó una ceja. “Qué sorpresa. Es como si hubiera pisado una mina.”
“Sí, no sé…” Seija ladeó la cabeza. “Qué raro. Da la impresión de que no le importa nada.”
“Bueno, no nos quedemos atrás,” el peliblanco sonrió con ironía. “Esto está muy interesante.”
“Sí, buen punto,” asintió, convencida. Ellos siguieron al otro par de cerca.




Luego de que los policías se llevaran a ese par de ladrones, Gotou y Fudou recibieron una llamada de parte de Ichigo, quien les convocó a una calle en medio de aquella zona solitaria ya que tenía grandes noticias que darles. Ese par no necesitó esperar más de cinco minutos y una van se detuvo frente a ellos. Gotou reconoció al conductor como uno de los choferes de su familia, y la puerta corrediza del vehículo se abrió, de donde salió el mayor de los hermanos.

“Bienvenido, Ichi-nii,” dijo Gotou, sonriendo, pero él rápidamente se ofuscó y molestó cuando la primera acción del mayor fue caminar donde él y abrazarle.
“Me alegra mucho que no te haya ocurrido nada, Gotou,” dijo Ichigo, conmovido. “Sin duda eres muy hábil por haberte enfrentado ante esas personas sin problemas.”
“¡S-sí, ahora quítate, por favor!” le reclamó y felizmente fue dejado en paz. Dio un suspiro. “Ichi-nii, ya no soy un niño y he entrenado arduamente por años para saber defenderme. No tenías por qué dudar de mí.”
“No he dudado de tus habilidades, en ningún momento,” el hermano mayor sonrió con gentileza. “Siempre me has demostrado que eres capaz de lo que te propones, y considero que eres el más prudente de mis hermanitos. Has aprendido un montón a lo largo de los años,” hizo una venia. “Me siento orgulloso de ti y sé que tengo mucho que aprender de tus esfuerzos y logros, Gotou.”
“N-no digas eso…” el menor pasó a avergonzarse y desvió su mirada con incomodidad. “Tú eres el más impresionante, Ichi-nii…”
“Me halagas demasiado…” el peliceleste sonrió apenado y se dirigió a Fudou, para darle una venia. “Te agradezco mucho por tu ayuda, Fudou. Sabes que te considero como parte de la familia y me siento eternamente agradecido por ser el apoyo que Gotou necesita.”
“Hic… ahórrate las formalidades, príncipe,” el chico rodó los ojos. “Y, por cierto, le das demasiado crédito a tu distraído hermano. Sin mi vigilia él andaría perdido la mitad del tiempo.”
“¡No exageres!” reclamó el mencionado. “Ya haces sonar que tengo problemas orientándome, lo cual no es cierto. Lo resiento.”
“Lo resientes, ¿ah?” Fudou sonrió entretenido. “Hic… obviamente un niño como tú se resentiría por comentarios sin fundamentos de un insecto como yo,” se encogió de hombros. “No tienes madera de hermano mayor en lo absoluto, enano~”
“¡Tsk, cállate, eso no es verdad!” le apuntó acusatoriamente. “¡Te haré pagar por burlarte de mi altura, lo juro!”
“Hehe, ustedes siempre han sido buenos amigos,” Ichigo rió un poco, animado.
“No me juntes con él, Ichi-nii,” le pidió Gotou, frunciendo el ceño.
“En serio, primero muerto antes de aguantar a un disque amigo como Gotou,” Fudou se cruzó de brazos y desvió su mirada. “Hic… y la amistad es la cosa más estúpida que existe…”
“Pero suficientes distracciones,” Gotou negó ofuscado y entregó la tantou de Shinano a su hermano mayor. “¿Qué noticias tienes de Shinano? Conociéndote, sólo estarías así de tranquilo si todo estuviera bien, Ichi-nii.”
“Es mi deber reportar que las presentes circunstancias sí son favorables, Gotou, aunque todavía no hemos llegado a rescatar a nuestro hermano,” dijo el mayor con una mano en el pecho y un semblante solemne. “Sin embargo, he establecido contactos que me han confirmado su ubicación y han facilitado la neutralización de los integrantes de la banda criminal responsable.”
“Uff, si ese es el caso, no había punto de que viniera,” Fudou se encogió de hombros, cansado. “Con las justas recuperamos la tantou.”
“Su trabajo fue muy importante, Fudou, y también han apoyado a derrotar a dos miembros de ese grupo,” Ichigo asintió y miró la daga en su mano. “Shinano no estaría en paz si fuera a perder este símbolo de nuestra familia.”
“¿Y bien? ¿Cuál es el plan de acción ahora?” preguntó Gotou a su hermano. “¿Deberíamos continuar con la inspección del área y buscar a posibles enemigos? ¿O quizás el camino ya está libre para ir a rescatar a Shinano? ¿Y cómo así han podido dar con su paradero exacto? Su amigo apenas nos dio la referencia de este gran bloque industrial.”





“Heh, vamos por partes, Gotou-nii…” dijo la voz de un pequeño que estaba saliendo de la van.
“¡Eek!” Gotou reconoció esa voz y se quedó helado al observar a un pequeño rubio de ojos azules que portaba anteojos emerger del interior de la van con laptop en mano y un headset. Se escandalizó al reconocerle. “¡Hakata! ¡¿Qué estás haciendo aquí?! ¡Este sitio es peligroso!”
“Lo sé, pero con ustedes presentes no tengo de qué preocuparme,” él asintió convencido y pasó a mirar a Gotou con leve reproche. “No vuelvas a asustarme así de nuevo, Gotou-nii. Cuando me llamaste para decirme que no ibas a regresar, supe que algo muy serio había ocurrido.”
“Hakata se preocupó y me llamó para preguntarme qué ocurría,” reportó Ichigo, tranquilamente. “Sin lugar a dudas, fue una grata sorpresa saber que nuestro querido hermanito se encontraba en la ciudad, y decidí confiar en él y decirle la verdad. Me ha estado acompañando desde entonces.”
“¿Hablas en serio, Ichi-nii?” Gotou se sorprendió. “¡Hakata es muy joven para involucrarse!”
“Oye, hermano mayor acomplejado…” Fudou negó repetidamente, con cansancio. “Moléstate en pensar en la situación. Confío en que no tienes que sobreproteger a tu hermanito.”
“P-pero…”
“Hic… necesitamos sus dotes informáticos, ¿no lo crees?”
“¡Exacto!” exclamó Hakata con ojos brillantes. Él sonrió con orgullo y autosuficiencia. “He estado ayudando con el monitoreo de la situación y marcando múltiples puntos en un mapa satelital. Ichi-nii recibió el contacto de un miembro de una banda de yakuzas muy importante que nos están ayudando a derrotar a nuestros enemigos.”
“¿Qué dices?” Gotou se quedó anonadado.
“Shishiou, el amigo de Shinano, resultó ser un futuro heredero de dicha organización, y sus ayudantes se preocuparon cuando pidió información con respecto a los criminales con el interés de negociar con ellos,” observó Ichigo. “Los yakuzas se han movilizado para derribar a los oponentes en las sombras y nos contactaron para informarnos y también pedirnos que acudiéramos al lugar de los hechos. Esperan que podamos ayudarles protegiendo a aquel intrépido joven.”
“Nuevamente, no teníamos que ensuciarnos las manos…” observó Fudou.
“Un problema que tuvieron era que estos criminales cuentan con varios almacenes cercanos y no sabemos hacia dónde se ha dirigido ese chico, ni dónde está Shinano,” reportó Hakata, mirando su laptop. Él hizo zoom en una parte del mapa y se la mostró a los demás. “Pero Ichi-nii averiguó las coordenadas de la ubicación de Shinano y este es el lugar. Con esta información, hemos podido ayudar a los yakuzas, quienes se han movilizado para cubrir y atacar los otros almacenes sin riesgos.”
“E-esperen…” con esa última información, Gotou se tensó y miró a su hermano mayor. “¿Cómo conseguiste las coordenadas, Ichi-nii? N-no… no me digas que…”
“…” Ichigo asintió, un poco apesadumbrado. “Me contacté con Honebami.”
“Tsk…” incluso Fudou se mostró aprehensivo. “Está informado… hic… eso no es bueno…”
“No entiendo…” Hakata frunció el ceño, confundido. “Siempre he oído rumores de que Honebami-nii es peligroso, pero a mí me parece todo lo contrario…”
“T-te estás perdiendo de mucho, Hakata. Honebami tiene antecedentes, dejémoslo así,” Gotou negó para disipar escalofríos y se molestó con Ichigo. “Ichi-nii, te dije explícitamente que no le avisaras. Honebami no es confiable cuando reconoce peligro. Sé que es capaz de hacer lo que sea, y seguramente Yagen no está informado para limitarle o hacerle entrar en razón.”
“Sé que corremos un riesgo, pero la vida de Shinano está en juego aquí y tenemos que usar todos los recursos a nuestro alcance para garantizar su seguridad,” explicó el hermano mayor. “Le pedí que no se involucrara en esto…”
“Tch, qué gracioso que eres,” Fudou le cortó y sonrió con ironía. “¿Y esperas que te oiga?”
“No, nunca lo esperé,” continuó el peliceleste, con certeza. “Pero confío en la voluntad de Honebami de preservar la vida de Shinano por encima de todo lo demás, y que sabrá limitarse y primar la misión de acabar con el conflicto. Pese a todavía permanecer reservado y distante de nosotros, Honebami ha seguido su lenta recuperación de su amnesia y se ha mostrado más comprensivo y razonable.”
“…” Gotou desvió su mirada, con pena. “Aun así, tú no lo recuerdas, pero él siempre fue peligroso, incluso antes de aquel incidente…”
“Shh, no sigas, Gotou-nii,” le pidió Hakata, alertado. “No lo menciones a Ichi-nii.”
“No me gusta la tendencia de mantener ese suceso del pasado tabú, Hakata,” Ichigo asintió y sonrió a su hermanito con dulzura. “Estoy bien, no tienes que inquietarte por mí.”
“Ahora que esto se ha agregado a la lista de quehaceres y potenciales peligros, ¿por qué seguimos hablando en la acera?” preguntó Fudou, hastiado. “Tienen una van y un chofer. Vamos detrás de su renegado hermano y rescatemos a Shinano.”
“Cierto, no estamos muy cerca de los almacenes, tenemos que apurarnos,” Hakata asintió. “Los yakuzas están por terminar de asegurar el área. No tendremos problemas avanzando.”
“Sí,” Ichigo asintió. “En marcha.”

Ellos ingresaron a la van. Fudou se sentó en la primera fila y se apoyó en la ventana en un intento de dormitar un poco. Ichigo se sentó a su costado y comenzó a hablar con el chofer para darle las indicaciones sobre hacia dónde ir.

Por su parte, Hakata se sentó en la fila de atrás junto con Gotou. El pequeño se mantuvo concentrado en el mapa de su laptop hasta que recibió otra breve llamada por el auricular.

“Sí… listo, gracias por el dato,” dijo con rapidez y miró el mapa, haciendo zoom. “Hmm, la zona cien metros hacia el noreste no ha sido monitoreada hace más de diez minutos, y parece haber movimiento en la calle cinco… ¡Sí, esperaré el reporte, muchas gracias!”
“¿Qué haces?” preguntó Gotou, ni bien esa llamada terminó. Observó a su hermanito marcar otras partes del mapa con gran dicha. A simple vista, por la alegría del pequeño, cualquiera pensaría que estaba en plena partida victoriosa de algún MMORPG.
“El último almacén secundario ha sido derribado y están continuando con la patrulla del área,” reportó Hakata con gran gusto, para regresar su atención a su laptop y escribir un mensaje. “Lo reportaré a la policía. Ellos están avanzando lentamente para encarcelar a los bandidos derrotados. Pronto ya no tendremos oponentes…”
“Has congeniado bien con nuestro contacto, Hakata,” comentó Ichigo, sonriendo. “En verdad has sido una gran ayuda para todos nosotros esta noche. Sabía que podía confiar en ti.”
“¡Hehe, muchas gracias, Ichi-nii!” Hakata sonrió ampliamente, un poco sonrojado por el halago de su venerado hermano mayor. “Prometo que no les decepcionaré.”
“Siempre has sido muy inteligente, pequeño…” Fudou sonrió con ironía. “Hic… ya te has vuelto más útil que Gotou, sin duda…”
“Tsk…” este frunció el ceño. pero se ahorró los reclamos para no continuar con la discusión. Observó a Hakata escribir el mensaje. “Me alivia que te encuentres tranquilo en medio de todo esto,” sonrió un poco. “Te estás volviendo muy confiable.”
“¿Por qué me estresaría, Gotou-nii?” preguntó Hakata, tipeando rápidamente. “Ichi-nii me explicó toda la situación y es evidente que todo está bajo control,” envió el mensaje y miró a su hermano, para sonreír. “Shinano nos está esperando. No hay que tener caras largas frente a él o se sentirá mal.”
“Tienes mucha razón,” Gotou asintió, animado. Estaba convencido que debía esa tranquilidad de su hermanito a Ichigo, quien siempre irradiaba un aura de paz y seguridad, y sabía cómo supervisar y mantener cada situación bajo control. De todos modos, no podía opacar la impresionante acción de Hakata, su hermanito prodigio que sobresalía entre sus hermanos, y quien poco a poco se asemejaba a Yagen por su gran inteligencia. “Siento no haber podido ayudarte a hacer tu gran entrada.”
“Está bien, esto es más importante,” Hakata ajustó sus gafas y sonrió con perspicacia. “Heh, y pienso que esta entrada ha sido muy impresionante, Gotou-nii,” se cruzó de brazos. “Así que me siento satisfecho.”
“Heh, es verdad,” sonrió frustrado, y al verle regresar su atención a su laptop miró hacia el frente, con leve preocupación.

No les faltaba mucho más y llegarían al lugar de los hechos…



Mientras tanto, el grupo liderado por Shishiou había entrado a esa área de callejones vacíos y oscuros, prontos a llegar a aquel almacén. Durante el camino, todos habían ido informando a Tsurumaru sobre la situación actual y el plan que el rubio tenía en mente.

“¿Negociar con esos secuestradores?” preguntó Tsurumaru, con gran escepticismo. Él sonrió frustrado. “Suenas demasiado idealista si crees con toda honestidad que eso servirá, por más que digas que ese grupo es conocido como negociantes. ¿Qué clase de credibilidad tienes para que decidan oírte sin poner tu vida en riesgo?”
“Sí tengo ciertas credenciales, lo cual preferiría no mencionar contigo…”
“Leoncito es un hijo de yakuzas de alta gama,” resumió Seija, con indiferencia.
“¡Oye! ¡Ya he dicho que esto es un secreto!” exclamó, iracundo.
“Ohh, qué sorpresa,” el peliblanco se impresionó. “Haha, perdón, pero tú pareces uno de los últimos con ese look. ¿Seguro que no dices cosas por decir?”
“¡Hablo en serio!” recalcó Shishiou, quien supuso defendería la verdad al estar a flote. “No inspiraré esa observación, pero sí soy un yakuza, y no deberías subestimarme.”
“A mí tampoco me inspira precaución o respeto alguno, pero por la información sensible que averiguó, da un poco de credibilidad,” dijo Tharja, indiferente. “Eso si asumimos que está en lo cierto y no se encuentra inventando un cuento chino y dirigiéndonos aleatoriamente.”
“Uhh… no sé qué más decirles para defender mi caso…” negó, decepcionado de su realidad.
“Haha, leoncito siempre ha sido muy lindo e ingenuo y bastante buena gente, no les culpo,” Seija se encogió de hombros, entretenida. “Pero es por su persistente buena voluntad que pueden confiar en que les dice la verdad.”
“Sí, eso o en verdad es un imprudente idealista que se hace llamar yakuza sólo para aplastar a los criminales sin realmente serlo,” dijo Tharja, rodando los ojos.
“¡Hahahaha! Ya suena a un héroe de cuento infantil,” Tsurumaru se puso a reír.
“¡Ahhh! ¡¿Por qué no me creen?!” se lamentó el chico.
“Hm, pero…” Seija se detuvo y los demás le imitaron. “¿No les parece raro que estemos caminando tranquilamente y haciendo bromas y que nada ocurra? Según el mapa que leoncito tiene en su celular, estamos a pocas cuadras de nuestro destino…”
“Sí está muy tranquilo…” Shishiou reparó en esa observación y alzó su mirada para comprobar que nadie les miraba desde arriba. “Se podría decir que esas personas deben ser discretas… y con más razón podrían estarnos espiando.”
“Hm, tiendo a tener un sexto sentido para maliciar debidamente, y creo que estamos muy seguros,” entonces, Tsurumaru miró a su celular. “Ohh, uno de mis huevos está listo… ¡ah, y un Dratini! Hoy he tenido mucha suerte.”
“Tch, verdad que hemos estado caminando todo este rato. ¿Por qué no se me ocurrió prender el maldito juego?” renegó Seija, frustrada.
“¡Ustedes dos actúen con más seriedad!” les pidió Shishiou, frustrado.
“Y bajen la voz,” Tharja negó. “Si nos acercamos en plan de hablar y exclamar a nuestro regalado gusto, nos dispararán en la cabeza antes de darnos cuenta. Es el momento de adoptar discreción y cautela.”





“…estoy de acuerdo,” observó Honebami, quien estaba detrás de ellos. Su repentina aparición agarró de sorpresa a todos los presentes, quienes se sobresaltaron y se giraron con rapidez.
“¡Ihhh!” Seija se estremeció y encaró al recién llegado en posición de defensa, como si estuviera dispuesta a pelear con él. “¡M-maldito espectro, nadie burla mi alerta! ¿Qué quieres de mí?”
“Seija, tranquila, es uno de los hermanos de Shinano,” observó Shishiou. “Del aeropuerto, ¿acaso no lo recuerdas?”
“Si me pides que recuerde específicamente a uno de sus hermanos, has perdido la cordura,” le miró con cansancio. “Son demasiados.”
“Tsk…” por su parte, Tharja frunció el ceño y se mostró incómoda. “Tenías que enterarte… por un momento pensé que no tendría que preocuparme de tu familia haciendo un mayor escándalo.”
“Buenas noches…” Honebami hizo una corta reverencia, en señal de saludo.
“Yo! Honebami,” Tsurumaru le saludó con ánimos y levantando una palma. “Es una sorpresa encontrarte por aquí, y como Yagen anda convaleciente sé que nadie te anda jalando de una correa, para variar.”
“…” el dirigido ladeó su cabeza.
“Heh, ¿te confundí?” sonrió con ironía. “En otras palabras, ¿van a rodar cabezas esta noche?”
“…” Honebami le miró inmutado. “Si es necesario…”
“Ehm…” Shishiou alzó una ceja y se sintió un poco nervioso. “Casi pareciera que no estuviera bromeando…”
“Sí, me da raras vibras…” en cambio, Seija se vio animada. “¿Acaso existe disfuncionalidad en esta familia después de todo?”
“Los Toushirou son disfuncionales, que no te engañen,” Tharja negó y miró hacia el recién aparecido. “Nos has estado espiando por un rato, ¿no es así?”
“…” asintió. “Comprendo que Shishiou es quien dio información sobre la ubicación de Shinano por saber sobre los criminales involucrados en el secuestro, y les seguí para escuchar más sobre nuestros enemigos. Son pocos, no tienen varios recursos, tampoco fueron descritos como aguerridos, y creo haber detectado una limpieza de criminales a nuestros alrededores.”
“¿Eh?” Shishiou se confundió y ladeó su cabeza. “¿Cómo así?”
“Te diriges hacia un almacén a una cuadra hacia el frente y otra cuadra a la izquierda, ¿verdad?” preguntó Honebami al rubio.
“Ehh, s-sí…”
“¿Por qué? No es el único almacén propiedad de los enemigos,” observó monótonamente.
“Pues, no tengo certeza sobre dónde podría estar Shinano, pero me pareció el mejor lugar para un escondite, por su ubicación, su cercanía a unas amplias avenidas industriales que se encuentran vacías a estas horas, y también por ser céntrico en relación con las otras bases…” dijo Shishiou, meditativo. “Y llámalo intuición, pero me sentí atraído a ese sitio desde el inicio.”
“…” asintió. “Estás en lo cierto, sí es la ubicación de Shinano.”
“Ohh, si tú lo dices, no hay más punto a discutirlo,” Tsurumaru dio un par de aplausos. “Nada mal, Shishiou, buen trabajo.”
“¿Cómo sabes dónde se encuentra tu hermano?” preguntó Seija, alzando una ceja.
“No te concierne,” Honebami miró hacia el camino restante y avanzó tranquilamente. “Se los digo para que no se acerquen, es peligroso. Yo me encargaré personalmente del rescate.”
“O-oye, espera…” Shishiou iba a seguirle, pero Tharja se interpuso.
“No podrás disuadirle,” dijo la chica, quien desvió su mirada con inquietud. “Sólo nos toca esperar a que nos abra camino antes de ir detrás de él.”
“¿Qué sucede?” el rubio podía detectar que algo estaba mal.
“Pues…” Tsurumaru dio un suspiro y sonrió al otro. “Sólo dejémoslo en que tus negociaciones pacíficas han sido descartadas… este Toushirou se encargará de aniquilar a los criminales.”
“¡Ohh!” los ojos de Seija brillaron. “Si dices la verdad, al menos hay que espiarlo desde la esquina, no podemos perdernos de esto.”
“Supongo no me sorprende verte tan feliz,” observó Tharja, hastiada. “A una persona ideal le llegaría altamente.”
“Ehm, no, está mal que la gente sea agredida…” Shishiou se tensó. “No debemos dejar que esto ocurra. Tenemos que rescatar a Shinano, pero si alguien es gravemente herido en el proceso, la situación se tornaría mucho peor. Y de por sí, me cuesta creer que ese chico puede encargarse de todos los enemigos. No debemos dejarle solo.”
“Hagamos lo que Seija sugirió y miremos con toda comodidad desde la esquina,” observó Tsurumaru, con completa calma. Él sonrió con leve maldad. “Créanme cuando les digo que no tienen de qué preocuparse…”

Ellos comenzaron a avanzar justo en el instante en que Honebami dio la vuelta a la esquina. Pese a ser sólo dos cuadras, los lotes de esa área eran amplios y cada una de esas cuadras medía poco más de cien metros. Los cuatro se apuraron y llegaron a la esquina. Ahí, observaron al joven peliblanco caminar a un ritmo tranquilo hacia el lote al final de esa cuadra. Era el almacén, y había un guardia en la entrada que leía un periódico y todavía no se percataba del joven.

Este avanzó con completa calma y una incomprensible rigidez al mismo tiempo, como si realmente se tratara de un espectro o un zombie. Visto desde lejos y bajo las luces artificiales de la noche, aquel Toushirou parecía casi poseído por una tétrica fuerza fantasmal.

“Me inspira escalofríos…” Shishiou tragó saliva. “¿Seguros que está bien que le dejemos aventurarse por su cuenta? Deberíamos intentar emboscar al enemigo.”
“Si él se encuentra en plan de atraer atención, debe tener un buen motivo para hacerlo,” dijo Tsurumaru. Sonrió malignamente. “A mi parecer, está contando con un plan de intimidación y desconcierto por encima de lo demás… esperaré a ser sorprendido…”
“Tsk, tú y tus estúpidas sorpresas. Eres un irresponsable,” observó Tharja. Ella se veía cada vez más estresada, y su calmada indiferencia comenzaba a desbaratarse. “Si ese es su plan, está jugando muy peligrosamente. Pueden usar a Shinano como escudo, o hacerle daño como represalia.”
“Si ese grupo más recurre a negociaciones y a tenerlo todo fríamente calculado, quizás no repare en qué hacer ante un ataque sorpresa, por eso lo digo,” Tsurumaru se encogió de hombros y sonrió con humildad. “Tranquila, Tharja. ¿Qué haces ofuscándote?”
“…” ella desvió su mirada.
“Pero, ¿qué hace uno de los hermanos del dulce y cabeza hueca Shinano en una misión suicida?” preguntó Seija. “¿Acaso Shinano es el único que no está listo para el combate?”
“Pues, es una buena pregunta, porque no dudo que Yagen hubiera sido capaz de derrotar a estos secuestradores antes de dejarse atrapar,” Tsurumaru se puso a pensar. “Los mayores en esta familia son todos luchadores, mientras que los pequeños con las justas tienen sus dagas como un memento familiar, y parece que no hay un intermedio entre ambos extremos.”
“Aun así…” Shishiou observó a aquel peliblanco que estaba a mitad del camino, todavía no alertando al guardia. Definitivamente, ese chico parecía tener una presencia nula. “No me considero el mejor, pero tengo mucha experiencia con las espadas, y nunca haría algo como esto. Estoy seguro que tú tampoco, Tsurumaru, y por más loca que Seija pueda ser tampoco invadiría una base enemiga sin discreción ni aliados.”
“…ese Toushirou que ven adelante siempre ha sido sobrenatural…” comentó Tharja, quien se encontraba mordiendo la uña de uno de sus pulgares mientras meditaba sobre qué debía hacer. “Él es el más tranquilo de su familia, pero, a su vez, es el más peligroso de ellos.”
“…” Tsurumaru le miró con una pizca de curiosidad, al igual que el otro par. Por el presente estrés de aquella complicada chica, iban a oír un poco de información adicional que normalmente no se molestaría en compartir.
“Desde temprana edad, cada Toushirou fue asignado una espada del repertorio de armas de su familia por el linaje de guerreros que poseen,” comenzó a narrar, sin despegar su mirada de Honebami. “Él fue dado una de las espadas más reconocidas y aclamadas, pero una con la reputación de ser una espada poseída, y maldita…” entrecerró sus ojos. “Su arma tiene varias leyendas de lastimar y asesinar a personas bajo voluntad propia, como si estuviera viva, y es comparada con espadas más famosas que se dice que enloquecen a sus propietarios…”
“Interesante… para variar… no sabía esa historia…” Tsurumaru sonrió malignamente. “Qué grata sorpresa…”
“…” Tharja le miró de soslayo y regresó su atención al Toushirou. “Él parece ser la encarnación de su espada por su impredecible naturaleza.”
“Heh…” Tsurumaru afiló sus ojos y miró atentamente a Honebami. “Estoy seguro que Rizembool gozaría si compartieras esa historia con ellos, Tharja…”
“¿Qué tonterías dices?” ella le miró con desconfianza.

Entonces, el guardia pasó una página en su periódico y ello le hizo mirar de reojo hacia la calle frente a él. Se levantó como resorte al detectar a un extraño chico peliblanco caminar lentamente hacia él, a una distancia de veinte metros. La alarma que sintió ese guardia fue intensa, como si se tratara de una aparición en plena desolada noche, y con sólo ver el rostro vacío de aquel chico supo que era una amenaza.

Su primer instinto fue sacar su celular para avisar sobre el intruso, pero aquel fue el detonante. Honebami sacó una pistola y disparó al dispositivo para inhabilitarlo.

“¡AAHHH!” ese disparo y la perforación del celular causó una explosión en la mano del guardián, y este vio su brazo y parte de su torso cubrirse rápidamente en llamas.

“Tsk, demonios…” Tsurumaru se preocupó y vio a Tharja no pensarlo dos veces y correr a toda carrera hacia el lugar de los hechos. El peliblanco hizo lo mismo.
“¿Qué sucede ahora?” preguntó Seija, quien vio a Shishiou correr detrás de los dos. “¡O-oye!”
“¡No sé qué es, pero algo serio ocurre!” dijo el rubio.
“Qué horrible coincidencia… tenía que explotar…” Tharja estaba tensa.
“Si exponemos a Honebami al fuego por mucho tiempo, esto se volverá más peligroso…” observó Tsurumaru.

“…” el guardia vio a ese chico detenerse temporalmente ante la explosión, y con su mano pudiente sacó su pistola para dispararle.

El gesto fue suficiente para despertar a Honebami, quien corrió hacia su enemigo. Los demás vieron al criminal disparar, pero notaron que el joven hizo lo mismo. De esos disparos sólo pudieron presenciar los estruendosos sonidos, porque fue como si las balas no hubieran impactado contra nada.

“¿Q-qué…?” ese guardia se confundió y se quedó atónito. ¿Acaso… ese chico había interceptado las dos balas a propósito? ¿Era eso posible?

Honebami llegó donde esa persona, le agarró de su rostro con una mano, y estrelló su cráneo contra el concreto. De ahí se levantó y miró hacia las llamas que ardían en el inconsciente cuerpo como si le estuvieran hipnotizando.

“Calor… hace calor…” dijo en voz baja, levemente alterado. Él agarró un costado de su cabeza con su mano libre. “D-duele…”
“¡No mires al fuego, idiota!” gritó Tharja, quien vio a tres personas salir desde el interior del almacén, armados con pistolas.
“¡¿Quién está ahí?!” ellos presenciaron a aquel extraño peliblanco. “¡No te muevas!”
“…” Honebami ladeó la cabeza para mirarles de costado, ausente.

Su lúgubre respuesta fue recibida con disparos que el peliblanco evitó al agacharse y acercarse a gran velocidad. Dio limpios y contundentes golpes a los tres, quienes fueron impulsados y dejados fuera de combate. Con el camino despejado, Honebami ingresó al almacén.

“Bueno, no ha matado a nadie,” Tsurumaru negó y se vio aliviado. “Le creo capaz, así que podemos alegrarnos de eso.”
“Tsk… está alterado. El fuego le ha sacado de sus cabales…” dijo Tharja. “…y si encuentra a Shinano rodeado de ladrones, quizás sí rompa su prudencia y asesine a alguien… no puedo permitir que eso ocurra…”
“…” el otro asintió. “Pues sí, me apenaría mucho por Ichi-nii si le dejamos hacer lo que quiera, y Yagen nunca me dejaría en paz,” sonrió decidido. “Estamos por alcanzarle, prepárate.”





“¡Huyan todos! ¡Olviden al rehén!” exclamaba el líder en medio del caos. Le quedaban dos de sus secuaces quienes recogían las últimas cosas antes de tomar la puerta trasera. Era evidente que los refuerzos que habían enviado no contendrían el ataque por mucho.
“¡Todo está listo! ¡Hay que huir!” reportó uno de ellos. Él miró a su compañero. “¡Presiona el botón para abrir la puerta de atrás!”
“¡Enseguida!” ese corrió hacia la salida.

Shinano yacía echado en el piso, aterrado por la situación y los múltiples disparos y gritos que había estado oyendo. El pelirrojo tuvo que soportar más golpes de parte del líder, quien intentó hacerle hablar, aunque este no le había agredido constantemente para así preservarle en lo posible ni causarle daños que pudieran convertirse en una inconveniencia. Sin embargo, las heridas y hematomas del pelirrojo eran considerables y el joven estaba paralizado por miedo e incertidumbre. No había dicho una sola palabra desde que había sido secuestrado, pero en aquel instante en el cual estaba siendo abandonado a su suerte en medio de la balacera realmente quería implorar por su vida.

Un par de segundos antes de que el secuestrador presionara el botón para la puerta levadiza, ocurrió un apagón general que cubrió ese ambiente en completa penumbra.

“¡¿Q-qué sucede?!” preguntó el líder, este sacó su pistola como precaución.
“N-no se preocupe, el generador debe estar por activarse,” reportó uno de sus subordinados.

El pelirrojo percibió su corazón detenerse por un par de segundos ante aquel desarrollo. Repentinamente, en medio de la oscuridad, sintió que alguien le agarró y le levantó.

“¡Ihhh!” dejó escapar un alarido, temiendo algún ataque, pero se sorprendió al sentir que fue transportado hacia el frente del almacén, lejos de los criminales que trataban escapar, y depositado con cuidado sobre el piso. Unos segundos después, el generador iluminó ese almacén con luces auxiliares, y se quedó en shock al ver a Honebami de pie en medio del amplio espacio, encarando a los adultos. “¡He-hermano!”
“¿Q-qué?” preguntó uno de los subordinados, alarmado.
“Ustedes son responsables del daño producido a Shinano, ¿verdad?” preguntó Honebami, pausadamente. Él tenía ojos nulos y ampliamente abiertos que comunicaban una fría y pasiva ira. “Imperdonable…”
“Tsk, tú…” el líder le apuntó con la pistola. “¡Quieto! ¡Si te mueves, l-les dispararé! ¡No ocurrirá nada en lo absoluto si nos dejas irnos!”
“…” el peliblanco se mantuvo inmutado, mirándoles con esos ojos aterradores.

Entonces, Tsurumaru y Tharja llegaron a ese lugar y de inmediato se acercaron donde Shinano para quitarle las ataduras. El líder de los secuestradores supo que no sería capaz de escapar, y decidió descargar su furia al apuntar hacia Shinano y dispararle.

Sin embargo, Honebami tuvo reflejos y agilidad sobrehumana que le hizo alcanzar al criminal, agarrarle del brazo y levantar su pistola. La bala impactó una de las luces auxiliares. Acto seguido, el peliblanco torció y quebró el brazo de su oponente.

“¡AAAGRRHHH!” él dio un grito largo y desgarrador, y fue lanzado a un costado, anulado. Se cayó estrepitosamente en el piso donde agarró su fracturado brazo con la mano opuesta y se retorció de dolor.
“…” Tharja había observado con leve sorpresa aquella acción del peliblanco. Esos reflejos y velocidad no eran humanos. Su habilidad de parar un disparo con otro tampoco lo era. Él hacía las pistolas completamente obsoletas. Sabía que los tres Toushirou mayores eran excelentes luchadores… pero tenía un mal sabor en la boca. Algo no encajaba en su habilidad.
“Listo, eso sería todo,” Tsurumaru terminó de deshacer la última atadura en los tobillos de Shinano, y le sonrió. “Estás a salvo.”
“¡Shinano!” exclamó Shishiou, quien ingresó junto con Seija. Este corrió donde el pelirrojo y le agarró de los brazos. “¿Estás bien? Tranquilo, hemos venido por ti.”
“Ehh…” Shinano miraba a su amigo con sus ojos ampliamente abiertos, todavía no procesando su realidad, y asintió mínimamente. Sin embargo, de inmediato se giró y miró hacia su hermano. “N-nii-san…”

Todos vieron a Honebami terminar de derribar al par de secuestradores restantes. A diferencia de los previos enemigos, estos terminaron con mayores heridas y algunas posibles fracturas en sus extremidades. La batalla había acabado… pero el peliblanco tenía una acción pendiente.

Fue evidente para todos lo que él tenía en mente cuando volvió a sacar su pistola y la apuntó hacia el líder con una actitud desposeída.

“¡E-e-espera! ¡D-detente, por favor!” exclamó el blanco, aterrado y temblando. “¡P-piedad!”
“Silencio…” sentenció Honebami con una voz profunda y apagada. Él tensó su presión en el gatillo, a punto de disparar.
“¡Nii-san!” justo en aquel momento, Shinano había podido correr donde su hermano mayor, y se aferró a él en un fuerte abrazo.
“¡…!” aquel inesperado contacto físico fue como una corriente interna que sacó a Honebami de su ensimismamiento. Su rostro se sorprendió y regresó a la vida, soltó su pistola y miró a su hermanito quien había pegado su rostro en su pecho y lloraba desconsoladamente.
“¡Nii-san! ¡Nii-san!” exclamó el pelirrojo repetidamente, en lo que sollozaba y le abrazaba con fuerza. Lágrimas corrían de sus ojos como cascadas y temblaba levemente mientras comenzaba a descargar la tensión acumulada de aquella traumática experiencia. “¡Honebami-nii… has venido! ¡Yo… tuve mucho miedo!”
“…” el mayor oyó a su acelerado hermano y sintió su temblor y constantes sollozos e intentos de abrazarle con más fuerza. Habiendo despertado de su estado bélico, Honebami formó un semblante apenado y derrotado. Se sintió incapaz de poder reconfortar a su hermano menor luego de una situación tan difícil para él. Atinó a usar una mano y agarrarle la cabeza con suavidad para traerlo más hacia sí, por más que el contacto físico le incomodara. “Tranquilo…”
“…” Shinano asintió un par de veces y se quedó llorando en silencio, en lo que intentaba calmarse un poco.

Los otros cuatro intercambiaron miradas incómodas, aunque también aliviadas, y se acercaron hacia los hermanos. Justo en ese instante, oyeron varios pasos ingresar al almacén y pudieron ver a más hermanos entrar, junto con un grupo de hombres con apariencias rudas.




“…” Ichigo observó a sus dos hermanos y rompió su tranquilo semblante. Vio a su pequeño pelirrojo llorando y malherido, lo cual se sintió como un punzón en su alma.
“Ichi-nii…” Honebami asintió y empujó levemente a Shinano para que le soltara. Este vio la presencia del mayor de su familia e inmediatamente acudió donde él.
“¡Shinano!” Ichigo le recibió y le dio un abrazo.
“¡Ichi-nii!”
“¿Cómo te sientes? ¿Qué te duele? ¿Necesitas algo?” le preguntó con una voz tranquila, pero inundada de tristeza, y apretó un poco más su abrazo. “Es un gran alivio y alegría para mí finalmente dar contigo. Te daremos todo lo que pidas. Ya no temas. Estás a salvo y todo está bajo control.”
“Sí, sí, gracias…”

“Tú debes ser el miserable que orquestó el secuestro…” Gotou se acercó hacia el líder, quien se encontraba anonadado por todo lo ocurrido, y le miró desde arriba con los brazos cruzados. “Te vas a arrepentir de todo esto…”
“D-desgraciados…” él rechinó los dientes y miró al pelimarrón con un odio profundo.
“Ustedes son la escoria de la sociedad,” declaró el chico. “Y no creas que la familia de su blanco original ha ignorado su acción por más que la joven se les escapó,” entrecerró sus ojos. “Entre ellos y nosotros, nos aseguraremos de que no salgan libres.”
“Tch…”
“Oye, nosotros nos encargamos de él,” reportó uno de los hombres que habían ingresado con los hermanos. “La policía está en camino y nos encontramos recolectando a todos los malnacidos.”
“Oh, gracias por su ayuda,” Gotou sonrió y asintió. “Se los encargo,” él se dio media vuelta y caminó donde sus hermanos. Observó con gran alivio a Ichigo mantener el abrazo y decirle palabras reconfortantes a Shinano, quien sonreía en pleno llanto y asentía repetidamente. Entonces, posó su mirada en Honebami. “Asumo que todo lo que ocurrió aquí fue obra tuya. Admito que hiciste un buen trabajo, aunque quizás fuiste un poco duro,” desvió su mirada. “Me siento aliviado de que no hayas matado a nadie…”
“…” Honebami asintió. “Estuvo cerca.”
“Tsk, n-no lo digas con tanta indiferencia,” reclamó Gotou, entre molesto y perturbado. Su peliblanco hermano solía responder con tanta honestidad y puntualidad que con frecuencia terminaba diciendo comentarios que le hacían incomodar. Dio un pesado suspiro. “Y hasta noto que desconectaste la fuente de poder principal de energía. No es una mala idea.”
“Tengo vasto conocimiento sobre circuitos y fuentes eléctricas por mis proyectos en Rizembool…” reportó, inmutado.
“Sí, supongo tiene sentido…” entonces, Gotou fue sorprendido por Shinano, quien también le dio un fuerte abrazo.
“¡Gotou!” exclamó Shinano. Luego de haber recibido bastante consuelo y apoyo del mayor, el pelirrojo se notaba muy contento de estar rodeado de sus hermanos, y sonreía con una sincera, aunque quebradiza, sonrisa.
“Shinano…” este apartó al pelirrojo para mirarle con cuidado. Vio cómo este tenía moretones en sus extremidades y un muy notorio ojo morado, y sabía que más debía esconderse debajo de su vestimenta. Su preocupación fue muy evidente. “¿…qué es lo que te han hecho?”
“D-debe ser notorio, no he podido verme en un espejo…” dijo Shinano, quien bajó su mirada apenado y con sus labios temblando. “L-lo siento, Gotou…”
“Idiota,” este le sacudió para que le mirara. “No te atrevas a disculparte por esto, ¿de acuerdo? No es tu culpa, nunca lo será, y yo definitivamente no te perdonaré si decides responsabilizarte por esto. ¿Has entendido?”
 “S-sí…” asintió con torpeza y vio los ojos de su hermano inundarse de lágrimas, para finalmente corresponderle el abrazo. “Ehh…”
“…estuve muy preocupado por ti, Shinano…” confesó en voz baja. “Ya no pienses más en lo ocurrido… no dejaré que te vuelva a suceder nada remotamente semejante… lo juro…”

“Bueno, la familia ha vuelto a ser perfecta,” observó Seija, rodando los ojos. “Y ese hermano asesino se desactivó y parece que hasta desapareció en medio de sus hermanos, qué aburrido.”
“Ese es su rol usual, y mejor que sea así,” Tsurumaru se encogió de hombros y sonrió relajado. “Honebami me cae bien cuando está en su modo pacífico, después de todo.”
“¿Y quiénes son estas personas que entraron con los hermanos?” preguntó Tharja, quien miraba con desconfianza a esos hombres apresar y recoger a los secuestradores. No que le importara lo suficiente como para detenerles, pero la duda seguía en el aire. “Se ven sospechosos.”
“No me digan…” Shishiou tuvo una sospecha, la cual fue confirmada con la aparición de otro hombre, quien entró a ese ambiente y al detectar al rubio caminó donde él y sorprendentemente se arrodilló ante este.
“Shishiou-sama,” dijo con un vozarrón y un tono de respeto. “No tiene de qué preocuparse. Fuimos informados sobre este acontecimiento y le aseguro que hemos derrotado y entregado a esta banda criminal a las autoridades. Ellos nunca más volverán a importunarle.”
“E-espera, ¿hablas en serio?” preguntó en shock. “¡P-pero les dije que no tenían que involucrarse en todo esto!”
“Usted es un miembro importante de nuestra familia y su rol en un futuro será de supervisar y delegar. Es importante que preservemos su bienestar, y debería confiar más en nosotros,” se levantó del piso y le miró con leve severidad. “Su padre dice que quiere hablar con usted cuando tenga disponible. Se encuentra furioso por su imprudencia y quiere enseñarle una lección.”
“Ahh, debes estar bromeando…”
“Con permiso…” esa persona se retiró a paso acelerado.
“Ya, eres un yakuza, te creo,” dijo Tharja, con gran indiferencia.
“¡Y pese a no llegar a mover ni un dedo, leoncito ayudó a salvar el día, haha!” exclamó Seija, entretenida. “Indirecta e inconscientemente, pero cuenta, ¿cierto?”
“Haha, sin duda,” Tsurumaru asintió.




Entonces, vieron a una persona más ingresar, quien miraba distraídamente a esos yakuzas entrar y salir como si estuvieran en su casa.

“Oigan, alguien dejó a un tipo inconsciente con espasmos musculares y medio cuerpo en llamas…” dijo Fudou, quien dio un gran bostezo y se sobó los ojos. “Uhh… alguien apáguelo… ¡AAAHHH!”

Este gritó al ver a Tharja como si hubiera visto a una araña gigante, e instintivamente sacó su daga y se la apuntó.

“¿Por qué haces tanto teatro, borracho?” preguntó la chica, hastiada. “Sólo soy yo.”
“¡B-bruja! ¡Eres literalmente la última persona que esperaba ver aquí!” exclamó. “Hic… ¡casi me das un paro!”
“Y yo no me sorprendo para nada. Obviamente eres un insecto ebrio que se presta como subordinado y cosas semejantes.”
“Tch…” le miró con profundo odio.
“¡Hahaha, qué hermosa bienvenida!” Tsurumaru se rió con ganas. “¿Se conocen? Esperen… se ven igualmente antisociales. ¿Acaso los dos son hermanos?”
“Hic… esto no te concierne…” Fudou desvió su mirada y guardó su daga. “Esta bruja no debería estar aquí, nada más…”
“Y sí, lastimosamente somos hermanos, no le den más líos,” confesó Tharja, con disgusto.
“Ohh, mucho gusto,” Seija sonrió al chico. “Tu hermana es muy divertida y tú tienes potencial. ¿Odias al mundo tanto como ella?”
“¿Quién es esta chiflada?” preguntó Fudou, apuntándole con gran desinterés.

Esa conversación se cortó ya que los Toushirou se acercaron hacia ellos.

“Antes que nada, les debo a cada uno de ustedes mi más sentido y sincero agradecimiento,” dijo Ichigo, con su mano derecha sobre su pecho y haciendo una pronunciada venia. Él les sonrió con calidez y gentileza. “Su presencia aquí significa todo para mi familia, y me sentiré en perpetua deuda con ustedes. Somos muy afortunados al haber contado con su apoyo en medio de esta situación, y gracias a ustedes mi querido hermano se encuentra a salvo.”
“En verdad muchas gracias,” Shinano hizo una reverencia igual y miró a todos con ojos conmovidos y temblantes. “Gracias… muchas gracias, hehe, siento que no dejaré de decirlo…”
“Yo realmente no llegué a hacer nada, sólo me alegro que estés bien,” confesó Tsurumaru.
“Digo lo mismo,” Shishiou asintió y se acercó donde su amigo para extenderle su celular y billetera. Le sonrió animado. “Finalmente puedo devolvértelo.”
“Gracias, Shishiou,” asintió y recuperó sus pertenencias.
“Aquí tienes,” por su parte, Ichigo le extendió su daga. “Gotou y Fudou la recuperaron. Ellos saben lo mucho que esta daga significa para ti y lucharon para conseguirla en tu nombre.”
“Hic… hazme el favor…” Fudou rodó los ojos y recibió un codazo de su hermana. “Tch, ¡oye!”
“Volveré a patearte en la cabeza si no te callas,” le miró de soslayo y notó que esa amenaza fue suficiente para ofuscarle y hacerle desviar su atención con aprehensión e indignación.
“Sí, muchas gracias, en verdad…” ello causó que los ojos del pelirrojo volvieran a inundarse de lágrimas.
“No sé qué más tienen que hacer por aquí, pero lleven a su hermanito a descansar,” sugirió Tsurumaru, encogiéndose de hombros. “Y atiéndanle que está herido.”
“Sí, estamos en eso,” Gotou asintió. “Hakata nos está esperando en la van.”
“¿Hakata está aquí?” Shinano se quedó en shock.
“¿Quién es ese?” Seija se extrañó.
“Otro hermano, no le den importancia,” Tharja se encogió de hombros.
“O-oye, seremos varios, pero no le desprecies, por favor,” Gotou entrecerró sus ojos.
“Estoy convencido que esas no fueron las intenciones de nuestra estimada amiga,” observó Ichigo, quien no notó a Tharja negar con hastío por la forma en la cual se refirió a ella. “Salgamos, nos toca dar unos últimos reportes a la policía, y luego podremos retirarnos. Se hace tarde y todos deben estar muy cansados.”





Al terminar con su deber de reportar lo ocurrido, el grupo regresó a una zona más céntrica de la ciudad donde cada quien se despidió. Los Toushirou llevaron a Shinano a una clínica donde recibió atención médica. Ahí pudieron descartar daños severos, pero le recomendaron que mantuviera reposo por varios días.

Una vez terminada la asistencia, fueron de regreso a casa. A esas horas, sabían que sus otros hermanos debían estar descansando, inconscientes sobre lo que había sucedido. Shinano continuaba asustado y tenso, pero se sentía mejor y había podido comunicarse con Syo y Natsuki, quienes se alegraron y aliviaron de que se encontrara bien.

“¿Seguro que estás bien, Shinano?” preguntó Hakata mientras todos ingresaban por la puerta principal de la gran residencia. El pequeño se veía un poco asustado.
“Sí lo estoy, ya te lo aseguré,” el pelirrojo asintió y le dedicó una simpática sonrisa. Felizmente había podido recobrar la compostura cuando ingresó a la van, pero el pequeño rubio era despierto y comprendió la severidad del caso cuando vio a su hermano mal herido. Ello le hizo dejar su laptop de lado y mantenerse todo el camino de regreso agarrando a Shinano de un brazo, en un intento de reconfortarle. Ello fue bienvenido por el pelirrojo, ya que Hakata solía ser muy orgulloso y autosuficiente como para ser abiertamente cariñoso con él.
“…” Honebami se vio alerta. “He oído ruido. Alguien está despierto.”
“Parece que es en la cocina principal,” observó Ichigo.

Todos fueron hacia ese ambiente y se toparon con la sorpresa de ver a Yagen despierto y esperando a una tetera en lo que revisaba distraídamente su celular.

“¿Qué haces despierto, Yagen?” pregunto Gotou, alzando una ceja. “¿Acaso no estabas en tu lecho de muerte?”
“Hmhm…” Yagen dio una breve risa gutural. “¿Y qué haces tú aquí, Gotou? Pensé que te enorgullecías de vivir como ermitaño…”

El doctor levantó su mirada y, al ver la selección de hermanos que regresaban tarde, supo que algo estaba mal. Él de inmediato notó el ojo morado en Shinano, y cómo él se incomodó y desvió su mirada.

“Esperen, ¿qué está ocurriendo?” preguntó y se acercó al pelirrojo. “¿Qué sucedió, Shinano?”
“E-ehh…” este no supo qué responder.
“No deberías estar levantado, Yagen…” observó Honebami.
“Tsk, no te vengas con esto ahora,” reclamó, impaciente. “Sé que me pierdo de algo muy serio aquí,” miró a Hakata y se le dirigió con más atención. “No sabía que estabas de regreso. ¿Estás bien?”
“Yo estoy bien, Yagen-nii… pero…”
“Es justo que lo sepas, Yagen,” Ichigo sonrió rendido. “Gotou, Shinano, hablen con Yagen. Mañana informaremos al resto de nuestros hermanos sobre lo sucedido. Por mientras, asegúrense de descansar cuanto antes. Es pasada la medianoche.”

El caótico día había llegado a su fin, pero quedaban secuelas y cabos sueltos que resolver antes de pasar a la siguiente página.
« Last Edit: April 24, 2018, 12:13:00 AM by Cho »


Mimi Tachikawa

Aqui vengo a dejar 2 fics, vamos con el primero!!!


Era de noche y Tsubasa se encontraba echada en su cama como siempre sumergida en sus pensamientos, recordando el encuentro con Izumi y luego la presentación de Yamanbagiri y Midare como sus nuevos maestros, podría ser una noche tranquila, pero el menor de sus maestros Midare Toushiro se encontraba durmiendo al lado suyo abrazándola fuertemente mientras empezaba a temblar, la peliazul estaba preocupada pero no queria levantarlo, pero tenia que hacerlo porque cada vez sentía que el rubio se quejaba entre sueños y empezaba a moverse con desesperación

Midare-kun…-le movio ligeramente-despierta…ya paso…ya paso…-

El rubio empezo a abrir los ojos lentamente-uhm? Tsubasa-chan…-la veía adormilado- lo siento te asuste?-

Un poco…pero es normal que tengas este tipo de sueños? O es la primera vez que te sucede?...-

El doctor que me atendia cuando era pequeño me dijo que debe de ser algo que me sucedió antes de perder mi memoria…y hoy olvide de tomar mis pastillas por la emoción de conocerte…asi que siento mucho que me hayas visto de esa manera…-

No te preocupes, pero nunca debes de olvidar tomar tus medicinas…para que no vuelvas a tener ese tipo de sueños, te puedo comprender porque yo también tenia pesadillas, aunque en mi caso esto termino cuando por fin pude vencer mis temores y enfocarme en mis metas,pero tu caso es mas complejo porque has perdido la memoria de niño…uhmm no sabría como ayudarte…-observo al rubio que volvió a quedarse dormido, la peliazul sonrio levemente y  le acaricio suavemente los cabellos- de seguro fue algo muy traumatico…eres un excelente sensei para ser mi primer dia de entrenamiento , asi que hare lo posible también para protegerte a ti y a Yamanbagiri-san…-se levanto de la cama para acercarse a la ventana ya abrirla asi el viento jugaba con sus largos cabellos-

Aunque tenga que volver a pelear contra Izumi-kun…los protegeré a todos y demostrare que ser la espada perfecta que tanto deseaban en mi familia…no volverá a pasar esa tragedia de años atrás…juro que eso no sucederá otra vez…-
-----------------------------


Chiaki Morisawa tenia entre sus brazos a un joven rubio que estaba desmayado, detrás de ellos se encontraban un grupo de hombres con navajas y palos de madera que los perseguían, el Ryusei Red se habia quitado todas la vendas para defender al rubio cuando este estaba a punto de ser asesinado, ahora el joven también era un blanco para los hombres que los perseguían, eran demasiados para él, asi que no se le ocurrio mejor idea de llamar a su maestro y conocido suyo Izuminokami Kanesada para pedirle ayuda, sabia que debía correr para llegar cerca de la casa de su maestro, cada se hacia mas dificultoso su caminar el rubio mas bajito estaba ardiendo en fiebre, la situación era muy caotica, no se dio cuenta que habia tropezado con una piedra que cayo al suelo sin dejar de proteger al menor, cuando los hombres se lanzaron a atacarlo, una persona se coloco delante de Chiaki

Perdona por llegar tarde, pero yo me encargare de ellos…- Kanesada se encontraba de regreso de su trabajo y afortunadamente siempre llevaba su espada de madera de kendo a todas partes, sonrio confiadamente y se lanzo hacia el ataque-

Chiaki!!...-Kanata hizo su aparición corriendo hacia él preocupado-

Kanata!! Llegaste en un momento justo, por favor llevatelo al hospital esta ardiendo en fiebre…-le entrego al pequeño rubio-

Otra vez metiéndote en problemas?...-

No podía dejarlo solo a su suerte…esas personas estuvieron apunto de matarlo…los hombres que estaban con él están muertos, no tiene a nadie mas que a mi…asi que por favor te lo encargo…-

Deacuerdo…- dijo cargando al niño rubio para irse con el taxi que lo estaba esperando-

Uno de los hombres se dio cuenta de eso y se acerco hacia ellos, pero Chiaki con una patada lo detuvo- no permitiré que los sigas…-

Chiaki perdona se me fue uno…-dijo el pelinegro que estaba venciendo a sus oponentes uno a uno- asi que te lo encargo…-

No se preocupe maestro que yo me encargo…-dijo apretando sus puños-

Tanto el pelicastaño  y el pelinegro lograron vencer a los hombres que habían atacado al rubio, luego llamaron a la policía para que los detuvieran y se los llevaran presos, una vez que se retiraron las autoridades ambos fueron al hospital, el pelinegro habia llamado a Shiki para decirle que iba a demorar y que no esperara despierto, como maestro de Chiaki debía de quedarse con él para averiguar el estado del rubio

Como siempre los problemas llegan a ti…Chiaki…no se pero parece que tienes un iman para involucrarte en cosas serias…primero hace varios años con Tsubasa Kazanari…ahora con un niño…-

Lo siento sensei…pero como todo héroe no puedo dejar de hacer algo si veo a alguien en peligro…-

Sabes que esa falta de amor propio que tienes por tu vida va a terminar mal en algún momento…piensa antes de actuar Chiaki cuantas veces te lo he dicho??-suspiro pesadamente-Tu también deberias de tener cuidado Kanata…mis dos mejores alumnos como siempre actúan sin medir las consecuencias…-el pelinegro empezo a jalarle las orejas a los dos-

Lo..siento…Izunominokami-sensei…nunca…puedo decirle no a Chiaki…-canturreo-

Me imaginaba que dirias eso…pero supongo que ya averiguaste quien es el niño que Chiaki rescato no es cierto?

Si…ya lo tengo…-

En serio Kanata??...como siempre vas un paso delante mio…-rio el pelicastaño-

Chiaki sabes que esto no es un chiste no??...-

Lo siento sensei…-

Bueno ilumínanos Kanata y dinos cual es la identidad del chico…-

Su nombre es Pierre, tiene 15 años y es un príncipe de un reino en conflicto, ya que es un candidato para la sucesión al trono, sus padres lo mandaron a Japón junto a sus guardaespaldas para evitar que lo asesinen, ya que tiene 2 hermanos mayores que lo quieren ver muerto…-

Asi que se llama Pierre y es un príncipe…pero ahora que sus guardaespaldas están muertos…-

Y viendo el hecho de que tu lo has protegido, te convierte en automáticamente en su protector…-Kane se toco la cabeza suspirando pesadamente- como siempre te metes en problemas muy graves…-

Y eso no es lo peor de todo…-dijo el peliazul- tal parece que un exrebel de Rizembool esta encargado de matarlo…-

Eso lo hace una situación mas peligrosa Chiaki …-dijo el pelinegro exasperado- ahora si que tu vida corre un grave peligro si Rizembool también esta detrás de esto…-

Perdone maestro, pero no me arrepiento de salvar a Pierre, ahora solo tendre cuidado de no llamar mucho la atención asi no podrán lastimarlo-

Por que tengo un discípulo tan tonto…-suspiro pesadamente- no me quedara de otra que apoyarlos y proteger también a Pierre, ahora lo que nos toca hacer es llamar al reino de donde proviene Pierre y decirles que se encuentra a salvo pero sin llamar sospechas…-dijo rascándose la barbilla- ya se a quien podemos pedir ayuda…y esa persona es Seto Kaiba…aun me debe un favor y dudo que me diga que no…ademas que nos puede ayudar a cambiar la identidad de Pierre-

Maestro de donde conoce a Seto Kaiba?

Es un larga historia…solo les puedo decir que es un niño igual de tonto que ustedes…a él también ayude a recuperar a su tesoro mas valioso…-
-----------------------
En la habitacion de Seto Kaiba, el celular sonaba sin parar, el castaño se encontraba haciendo el amor con Hajime, el pelicastaño estaba acariciando suavemente el pecho palido del peliazul que estaba embriagado del placer que el estoico joven le estaba proporcionando, los besos llenos de necesidad que se daban ambos mientras que el pelicastaño se movia dentro de él, los melodiosos y suaves gemidos del peliazul, hacian que le pelicastaño se olvidara del mundo de que varias vidas dependían de él y sus acciones como presidente de Kaiba Corp, ahora solo su mundo y sus pensamientos le pertenecían al peliazul que habia recuperado y que jamas volveria a soltar pese a que ahora estaba mintiéndole al aprovecharse de su perdida de memoria, el celular seguía sonando sin cesar

Seto-kun…el ce..lu..lar…-

No me importa …ahora…solo …enfócate en mi…Hajime…-volvio a besarlo-

Pe…ro…-mientras lo besaba- y si …es …im…por…tante??

Me…im…porta…un…ya no puedo mas…Hajime….-

Hazlo…Seto-kun…solo por hoy…-

Deacuerdo…-despues de una ultima envestida el mayor lo dejo todo dentro del peliazul que respiraba agitadamente…-

El pelicastaño sonrio satisfecho y ante la insistencia del celular se tuvo que levantar de la cama para contestar la llamada
Espero que sea algo importante...-dijo con fastidio mientras su mueca de fastidio cambiaba a uno de molestia combinado con preocupación- maldición ire para allá ahora mismo…-

Paso algo?? …-dijo el peliazul de cabellos cortos mientras cubria su cuerpo desnudo con las sabanas-

Hay un problema internacional grave que debo de solucionar ahora mismo…- el pelicastaño empezo a vestirse- es probable que no venga a casa en un par de días…asi que cualquier cosa no dudes en pedirla a los sirvientes y si sucede algo llamame que te responderé enseguida-

Esta bien…Seto-kun…prometes que te vas cuidar mucho no?...-dijo mirándolo preocupado-

Claro que si…después de todo soy Seto Kaiba no hay nada que no pueda solucionar…-dijo acercándose a Hajime- asi que no te preocupes y recuerda que te amo mas que nada en el mundo…-le beso cálidamente para salir de la habitacion-
Hajime se quedo observando como se fue el otro joven para luego recostarse en la cama, tocándose el pecho

Tengo un mal presentimiento…espero que nada malo le suceda por favor…- cerro los ojos para quedar profundamente dormido
-------------------------

matta ne!!
« Last Edit: April 17, 2018, 01:33:04 AM by Mimi Tachikawa »


Mimi Tachikawa

Aqui esta otro fic compartido con Cho


El transcurrir del tiempo ocurre de manera continua y sin dejar espacio para revisiones o permanencias. Las circunstancias cambian y llega un punto en el cual las personas pueden mirar hacia atrás y notar cómo se ha vuelto imposible regresar a un instante, un lugar, una unión… Sin embargo, durante su existencia, cada efímero y frágil momento significó todo para los involucrados. Fueron sus vidas, sus motivos, sus deseos y sus inspiraciones, y por más que el pasado quede detrás siempre se pueden recordar esos momentos de manera vívida y con gran identidad personal.

Detrás de una larga fila de acontecimientos y sucesos complicados, hace ya varios años en el pasado, un recuerdo resaltante y ligero de mejores tiempos persiste en las mentes de los involucrados, el cual no se vio afectado por los azares del destino de cada uno de ellos.

 … Después de pedidos e insistencias por el único hijo y heredero de los Itsuki, un área de la mansión había sido remodelada y habilitada para usarse como un estudio, donde el joven heredero desempeñaba sus ambiciones de ser un idol en compañía de sus amigos y compañeros de equipo. Ese capricho fue concedido a manera de que él pudiera desarrollar sus habilidades como líder y en el ámbito de negocios y medios de comunicación, y los padres esperaban darle esa libertad hasta el punto en el cual juzgaran que llegaría el momento de que su hijo acabara con dicho pasatiempo para tomarse las cosas con seriedad. Sin embargo, Shu Itsuki estaba logrando bastante con sus ambiciones en el mundo del espectáculo pese a su corta edad, y con el tiempo seguía ganando mayor inercia, no sin ayuda de sus fieles compañeros.

 Los acuerdos continuaban en marcha y quedaban muchos asuntos por definir, pero estaba ya fijo: Valkyrie, la unidad de idols de Shu, iba a participar en un evento al término de la presente semana, y todavía había muchas labores que terminar en tan poco tiempo. El joven líder de Valkyrie encaró a otros tres jóvenes en la pequeña sala de su amplio estudio. Como era de esperarse, el pelirrosa se les dirigió con un aura demandante y opresiva, una postura que demandaba admiración y respeto, y una severa mirada que aclamaba la atención y obediencia de su pequeño público. Aquel era el rol del joven tanto en el escenario como en el futuro que sus padres habían planeado para él, y Shu parecía casi incapaz de desligarse de esa personalidad autoritaria.

“Atención,” dijo con su característico y estricto vozarrón. “Estamos aquí para definir los preparativos de nuestro próximo evento. No puedo recalcar en demasía la importancia de una actuación inmaculada. Para garantizar nuestro futuro, es vital que demostremos nuestra soberanía sobre el escenario,” él tomó una varilla y apuntó con fuerza a un nombre escrito en una pizarra blanca, el nombre del evento. “Es la primera vez que hemos sido reconocidos por una organización de tanto prestigio y seremos los más jóvenes participantes. Por ello mismo, y también por mis propios estándares, no aceptaré menos que perfección de ustedes, Nito, Kagehira.”

“Sí, por supuesto, Oshi-san,” Mika asintió obedientemente, aunque su decisión de seguir las palabras de su líder flaqueó por ciertas inquietudes.

“S-sigo sin dominar uno de los pasos que he estado practicando, pero haré todo en mi alcance.”

 “Tsk, tú sabes que odio el simple concepto de tratar,” Shu le apuntó con la varilla tan cerca de su rostro que Mika se asustó y retrocedió levemente. “Lo lograrás, lo perfeccionarás. No tengo utilidad para personas que simplemente tratan, ¿te ha quedado claro?”

“¡S-sí! ¡Al término de esta semana demostraré mi habilidad! ¡Lo juró, Oshi-san!”

“Entonces lo esperaré,” le miró desde arriba con severidad. “No me decepciones.”

“No lo haré, Oshi-san,” pese a aquel trato opresivo, el pelinegro sonrió esperanzado por la oportunidad concedida por su mayor.

 “Aquí ninguno de nosotros te decepcionaría, eso es evidente,” dijo Nazuna con toda certeza. “Y tal y como tú esperas perfección de nosotros, estamos bajo tu cuidado y liderazgo, así que sé el líder que nosotros esperamos que seas.”

 “¿Será que siento rebelión y imposición de tu parte, Nito?” Shu se mostró intrigado por aquellas palabras y sonrió desafiante. “Heh, tienes agallas para dudar de mí. No se olviden que siempre he sido el instructor y quien les ha conseguido esta oportunidad. Soy y siempre seré el soberano, y volveré a deslumbrarles en cada momento.”

 “No te preocupes por Mikachiin. Hemos estado practicando un montón y él es muy perseverante,” continuó el rubio, en un intento de apoyar el pelinegro. “Lo importante es ver de qué tienes que encargarte, porque todos sabemos la carga laboral que tienes sobre tus hombros.”

 “Como he dicho previamente, yo poseo la habilidad para lidiar con todo aquello puesto frente a mí. Sin embargo, luego de verme frente a varios imprevistos en la organización de nuestra presentación, tendré que delegar algunas funciones a ustedes,” continuó con un semblante serio y tomando la varilla con sus manos. “De todos modos, les supervisaré y todo lo que hagan tendrá que ser aprobado por mí antes de terminar el trabajo. ¿Han entendido?”

 “Ehm…” la cuarta persona presente levantó su mano con timidez, queriendo decir algo aunque manteniendo timidez. Era una pequeña de cabellos rubios con dos ojos de distintos colores. “Shu-san… ¿en qué podemos ayudar…? Prometo que me esforzaré…”

“…” el pelirrosa dio un suspiro y se encogió de hombros. “Dudo que sea algo con lo que tú puedas ayudarme, niña…”

“Sé más amable con Vivio, por favor,” le exigió Nazuna, quien salió en defensa de su hermanita. “Ella siempre hace lo que puede por nosotros y nos apoya en nuestras prácticas.”

 “Soy sincero con mis pareceres. Si en verdad ella puede hacer algo y colaborar de alguna forma, tendría que demostrarlo. Nada más,” Shu negó exasperado. “Retomando el tema, queda finalizar la coreografía y dar unos últimos retoques a la canción que estrenaremos. Además de ello, falta trabajar en nuestros atuendos,” se cruzó de brazos y desvió su mirada con leve disgusto. “Mi ocupado horario no me ha dado tiempo de realizar bosquejos apropiados para un evento de esta importancia, pero ni bien lo haga tendría que dejarles la labor de iniciar con las confecciones.”

“Oshi-san,” Mika levantó la mano y le sonrió voluntariosamente. “No te preocupes por eso, Oshi-san. Vivio-chan y yo hemos estado practicando nuestros dotes de modistas últimamente y hemos diseñado juntos varios tentativos para trajes de presentaciones. S-si bien estamos a leguas de tus habilidades, pienso que es importante tomar este trabajo para liberarte de tantas responsabilidades ahora, Oshi-san.”

“¿Dices que ustedes pueden realizar esta importante labor, Kagehira?” Shu le miró intrigado y alzando una ceja. “Esa es una declaración demasiado precipitada viniendo de un simplón como tú. ¿Qué tienes para respaldar tus palabras?”

“Ehh, y-yo sólo…” el pelinegro volvió a sentirse incómodo e intimidado y tocó sus índices en lo que trataba de venirse con algún argumento sólido aparte de expresar su deseo de ayudar a su Oshi-san, ya que este no estaría satisfecho con una declaración como aquella.

 “Mikachiin…” Nazuna le miró preocupado y pensó en hacer alguna observación, aunque se sorprendió de volver a escuchar a su hermanita, quien alzó la voz con leve desesperación.

“¡Por favor, Shu-san!” le pidió. Su exclamación atrajo a los tres mayores y la pequeña abrazó con fuerza una carpeta de documentos que solía llevar consigo a todos lados. “Ehh, p-perdón por alzar mi voz así… pero realmente queremos ayudar, y realmente, realmente nos hemos esforzado un montón para seguir sus pasos y hacer algo que usted pueda considerar apropiado, líder…”

“¿Hm?” Shu le miró con una pizca de interés, no convencido. “¿Y dónde es que puedo observar este esfuerzo del cual tanto hablas? Que conste que espero más que promesas y deseos de parte de todos ustedes.”

 “Ehm… todavía son esquemas, pero tengo algunos ejemplos…” la pequeña abrió su fólder y extendió unas hojas al líder con un poco de nerviosismo. Vio al mayor recibir las hojas e inspeccionarlas brevemente. “Aparte de ello hemos hecho varios ensayos y modificaciones de nuestras propias prendas, tenemos práctica con ello…” bajó su mirada. “Yo no soy una idol como ustedes, pero quiero ayudarles en lo que sea posible…”

“Por supuesto que lo haces, Vivio,” le alentó Nazuna, sonriéndole. “Eres muy organizada y estás al pendiente de lo que hacemos y lo que necesitamos, y tu hábito de tomar notas y guardar documentos te hace muy prometedora.”

“Hehe, sí nos hemos divertido mucho en nuestras prácticas de costura,” confesó Mika, sonriendo avergonzado. “También me has alentado un montón.”

 “Eh, g-gracias…” la pequeña se ruborizó por los comentarios y entonces recibió los papeles de vuelta de parte del líder.

“No hubo nada que pudiera recriminar sobre sus elecciones de diseño a simple vista. Les daré la oportunidad,” concluyó Shu, seriamente. “Es por ello y por el voto de confianza de mis dos subordinados hacia ti, así que espero que cumplas con tu obligación.”

“¡S-sí!” asintió rápidamente. Vivio estaba acostumbrada a aquel trato frío del pelirrosa y sabía que no se podía esperar una actitud más amable de su parte. Ya de por sí, el autoritario líder de Valkyrie solía ser un poco más cordial con la pequeña asistente y ella quería corresponder esa dedicación como pudiera, y sin lugar a dudas ser el gran apoyo que su hermano necesitaba en su creciente carrera como idol. “Muchas gracias, Shu-san.”

“No obstante, espero que se pongan a trabajar de inmediato, y piensen muy bien en cada material que utilizarán. Una equivocación en la tela, los hilos, los botones, el encaje, la ejecución o cualquier otro elemento les costará muy caro, y estaré supervisándoles constantemente.”

“S-sí, Oshi-san, es entendible,” Mika asintió. “No le defraudaremos.”

 “Yo me puedo ir encargando de la coreografía y la música. Y si es posible ir a visitar el escenario previo al evento quisiera ayudar con el diseño del mismo,” pidió Nazuna.

“De todos ustedes, tienes el mejor instinto artístico, Nito,” Shu sonrió complacido y se cruzó de brazos. “Espero que mi creación más perfecta pueda iluminar mis propios conceptos con respecto a este evento,” él volvió a adoptar un semblante serio y comprimió el agarre de su varilla. “Imagino que recuerdan el tema de nuestra futura presentación. Con ello en mente y sin descuidar sus ensayos y obligaciones, pónganse a trabajar. Tengo una reunión que atender con unos de los auspiciadores que nos respaldan. Todos en marcha.” Los demás exclamaron con rapidez y vocación y así inició una semana llena de tareas para los cuatro antes del tan esperado festival donde esperaban deslumbrar ante un amplio público para continuar desarrollando sus trayectorias.


Vivio y Mika se encontraban conversando acerca del color de los trajes que usarian para el vestuario que estaban diseñando, ambos estaban poniendo lo mejor de si para no defraudar a Shu que habia puesto su confianza en ellos Si la unit que los representa es Valkyrie y si lo podemos relacionar con las Valkirias de la mitologia nordica,entonces el color no puede ser tan llamativo porque ellas eran guerreras y sus trajes eran solemnes y serios, asi que los colores en los que pienso pueden ser rojo y negro, que opinas Mika?...-

Si seguimos tu lógica Vivio-chan -cerrando los ojos- si puedo imaginarme esos colores que puedan combinar con los trajes de Oshi-san y Nazuna-nii...-

Lo unico que podemos modificar en el traje de cada uno es colocar un sombrero para Shu-san, al ser la cabeza del grupo lo podemos colocar como el Odin de las valkyrias o en ese caso la de  Freya...- Si lo puedo imaginar de esa manera con su mirada imponente extendiendo con sus brazos el sombrero para dar paso a la presentacion...-Mika iba apuntando los detalles que la rubia estaba explicando mientras seguia dibujando y haciendo algunos arreglos Al traje de Nii-chan le podemos poner un pequeño sombrero amarrado a una vincha elastica...-

Y le podemos agregar en el saco un vuelo como dando la impresion que tiene un vestido... a Oshi-san le gustaria un traje asi para poder presumir a su mas hermosa creacion...-dijo apuntando emocionado-

Ahora faltaria modificar tu traje...-

Uhmm yo creo que esta bien mi traje tal como esta...-

A ver dame...- viendo el diseño del traje de Mika- ya se lo que podemos hacer, ya que a ti no te gusta resaltar mucho al menos debes de tener un detalle que te haga diferente de Shu-san y Niichan, esa seria una corbata michi pero de color rojo girando para un lado...- Mika borro solo una parte del bosquejo de su ropa para dibujarlo- Creo que eso seria todo el cambio que podemos hacer para enseñarle a Shu-san y que nos de su ultimo visto bueno y empezar a coser y buscar las telas adecuadas a la movilidad de sus movimiento, ademas de tener el presupuesto listo...-

Nazuna-nii tenia razon, eres una chica muy lista e inteligente...-

No es para tanto...-sonrio- ademas aspiro a llegar a ser la manager de Vakyrie algun dia cuando pueda llegar a cumplir las expectativas de Shu-san-

Oshi-san es muy estricto, sera muy dificil de conseguirlo...-

Lo se pero dare lo mejor de mi para que pueda llegar a reconocerme...-

Te apoyare en todo lo que puedas...-

 Muchas gracias Mika...- Ambos se miraron y sonrieron emocionados para terminar con los bosquejos y llevarselos a Shu para el ultimo visto bueno

Al haberse visto despojado de aquellos preparativos normalmente dentro de su ‘dominio’ de decisiones, Shu siguió atendiendo los recursos y contactos en su lista. Alternaba entre hacer acuerdos con el equipo de sonido o de luces, conseguir la aprobación y acceso al ocupado escenario donde tocaría ensayar, contactar a los proveedores de artículos y materiales necesarios para la personalización de dicho espacio durante el evento, confirmar el soporte de los patrocinadores, supervisar y contratar a nuevos miembros del staff de apoyo, entre otras funciones. Todo ello era un trabajo propio de un manager o productor y que agobiaría y cansaría a cualquiera, especialmente al líder de su propio grupo de idols y con el deber adicional de ensayar y estar al tanto de sus compañeros, pero el joven pelirrosa era todo un emprendedor capaz de lidiar con aquello y mucho más pese a su corta edad. Él era un líder innato con la habilidad de mandar y disponer con tanta soltura como prudencia y eficacia, como se esperaría del heredero de su familia, por más que a él no le interesara ese camino a futuro.

Sin embargo, algo que le caracterizaba encima de su llamado a ser líder era su tendencia a exigir y demandar sin reparos. Shu era una persona perfeccionista y brutalmente honesta con poca delicadeza y falta de tacto. Él siempre iría a esperar perfección de todos y era el peor juez y crítico para todos los que se cruzaran en su camino, incluyendo a sí mismo. Ello, con gran frecuencia, le creaba una barrera hacia los demás.

“¡Quedamos que la entrega del material se haría en dos días! ¡No me interesa oír que hubo un error en el envío que es únicamente su responsabilidad!” reclamó por su celular. Al otro lado del auricular se encontraba la proveedora con quien había realizado la transacción, quien intentaba apaciguar a su joven cliente en vano. Shu frunció el ceño y habló con ferocidad y frialdad.

“Escuche bien, señorita. Se llegó a un acuerdo verbal y escrito que he registrado personalmente. Espero la mercadería a más tardar pasado mañana o de lo contrario me aseguraré de reportar una muy severa crítica hacia usted y su empresa por incumplimiento. Y vuelvo a recalcar que esto no se reparará con un reembolso por los gastos de envío. El tiempo es demasiado preciado y una de las cosas que no se pueden comprar. ¿Me he expresado lo suficientemente claro? Que así sea.” La llamada terminó y Shu colgó su celular, para tirarlo a un rincón de su escritorio.

Por más incómodo que resultara aquel imprevisto, él había ordenado dicho material con anticipación para poder trabajarlo y dejarlo a disposición del staff que les ayudarían con la construcción del escenario previo a su actuación, y un retraso de dos días más no presentaba grandes inconvenientes para él. De todos modos, él necesitaba tener control e información de todo a su alcance por su propia identificación como el director de orquesta en su entorno.

Después de haber ido a hablar con unos organizadores del próximo evento, él regresó a su hogar y fue directamente a su habitación donde exigió que nadie le fuera a molestar. Como un joven autosuficiente, él no dejaba que nadie, ni las empleadas, entraran a su espacio, ya que él se encargaba de toda la organización. Esa particularidad le permitía concentrarse y dejarse absorber por sus ideas en lo que formulaba lo que le iba a tocar hacer a continuación. Finalmente, después de salir de aquel molestoso contacto social, el pelirrosa miró a su block de dibujo esperándole con diversas notas y bosquejos hechos en lápiz. Con apenas información de dimensiones y estructuras básicas del escenario, Shu intentaba empezar con el diseño y construcción antes de poder visualizar aquel sitio con sus propios ojos. Una vez le permitieran el acceso y también llegara el material que había ordenado, podría finalizar los detalles, aunque si bien todo se encontraba recién en su mente, el joven genio era capaz de visualizar un escenario original, sobrio e imponente, lleno de formas, luces y texturas que le hacían cobrar vida e invocar un sentimiento y pertenencia al público.

Como un diseñador y hábil modista por encima de un idol, el pelirrosa tenía un sentido estético inigualable, acompañado de conocimientos sobre espacios, composición y figuras geométricas. Él podía incluso predecir la reacción e impacto emocional que una obra de arte o algo más simple y abstracto podía generar en las personas, y su conocimiento sobre la psicología y la naturaleza humana era lo que le había permitido iniciar con esa carrera en el mundo del arte y espectáculo. Sus trabajos y shows se encontraban milimetrados en atributos incomprensibles o inmensurables, y con frecuencia él podía tener problemas compartiendo su conocimiento con los demás, pero sí llegaba a comunicarse mediante su arte y profesionalismo. De todos modos, luego de haber trabajado con esos bosquejos extensivamente, él detectó que su perfeccionismo le asediaba y consideraba su planificación como todavía vacía e incompleta.

Shu se sentía agobiado y casi torturado de no haber encontrado aquel algo que pudiera hacer la construcción de su escenario como única, y a esas alturas y con ese nivel de estrés sólo podía concederse un cerrar de ojos de unos pocos minutos y esperar a que una escondida y traviesa musa se dignara a presentarse ante él… Hizo aquello, pero alrededor de cinco minutos en medio del descanso de su visión oyó a su aparatoso celular sonar. Shu dio un suspiro exasperado y observó con fastidio y cólera a aquel pedazo de tecnología que tanto aborrecía. Felizmente, no se trataba de otra obligación relacionada al evento en sí. Para variar, vio que Nazuna le estaba llamando. “¿Qué sucede, Nito?” preguntó con neutralidad. “Espero que sea importante.”

“Llevas horas encerrado en tu habitación,” observó con leve impaciencia. “¿Todo bien? No te has olvidado de comer algo, ¿cierto?”

“Tsk, tengo mejores cosas que hacer ahora,” entrecerró sus ojos. “¿A qué viene tu llamada? ¿Será que necesitas mi ayuda con el arreglo de la melodía o la coreografía después de todo?”

“No, no llamo para eso. Todo va a saliendo, poco a poco, pero estará listo,” su tono de voz transmitió un no rotundo, aunque también una leve inconformidad como quien luchaba por hacer un buen trabajo.

“Sólo tenía curiosidad sobre si ya te han permitido el acceso al escenario. Te dije que quería ir a verlo también, ¿lo recuerdas?”

“Obviamente, no me olvidaría de un pedido tan básico y lógico,” Shu, de todos modos, hizo una pequeña nota en su agenda en caso de que fuera a escaparse de su mente mientras hablaba con el rubio.

“Y ahora intenta salir. Tienes que comer un poco tú también. Tu hábito de privarte de todo cuando trabajas no es saludable, además que los pequeños se están preocupando por ti.”

“Ellos ya tienen suficientes preocupaciones con los trajes si es que esperan mi aprobación,” le recordó con severidad. “Saldré cuando se me apetezca. Tú sigue trabajando, Nito. Iré a supervisarles más tarde.”

“¿Qué me queda…?” dio un suspiro, transmitiendo frustración por la forma de ser del líder. “Pero no te excedas mucho.”

 “Sé todo lo que hago, no me subestimes.” Con ello se terminó la llamada. Shu continuó con algunas notas y observaciones más en su cuaderno, y al ver el sol ocultarse por su ventana decidió que tomaría un corto descanso. Quedaban más días disponibles, pero también bastante trabajo pendiente.


Nazuna Nito termino la llamada con Shu y suspiro pesadamente, por mas que quisiera hacer todo lo posible para que el pelirosa sea un poco mas “amable” no lo lograba, ya era como una batalla perdida, pero no se iba a dar porvencido, lo lograría…tarde o temprano lograría que Itsuki Shu se abriera con él y los demás Una vez termino de memorizar la coreografia al compas de la melodía que habia logrado escoger para su presentación, cogio sus cosas para reunirse con Vivio y Mika que también habían terminado de hacer los bosquejos de los trajes, iban a ir a llevárselos a Shu, pero el rubio les dijo que primero se reunirían para comer y luego todos irían a ve al joven Nazuna fue el primero en llegar al restaurant familiar, ya que era el que mas cerca se encontraba del lugar, una vez que llego, se paro una mesa y al momento de acomodarse en uno de los asientos empezo a dormitar mientras esperaba la llegaba de los otros dos niños

Menos mal que logre terminar lo que me pidió oshi-san a tiempo…ahora solo toca mostrárselo y una vez que lo acepte podremos estar mas tranqui…- se quedo dormido-

No paso un par de minutos después cuando llegaron Vivio junto a Mika con su folder lleno de los bosquejos que habían trabajado todo el dia

 Mika!! Mira a niichan ya esta esperándonos y se ha quedado dormido…-bostezando ligeramente- debe de estar igual de exhausto como nosotros-

Nazuna-nii se ha esforzado mucho por nuestro bienestar y sobretodo por el bienestar de Oshi-san seguro que va a estar muy orgulloso de todos nosotros-

Se nota que lo estimas mucho no??...- Claro Oshi-san es todo lo que tengo y hare todo lo que sea por él…-canturreo alegremente-

Espero que él te vea de la misma manera…-dijo la rubia en voz bajita para ella- Ambos llegaron hacia la mesa donde el rubio estaba dormido, para sentarse y empezar a pedir la comida

Nee..Niichan despierta ya llegamos…-dijo la rubia moviéndolo suavemente-

Uh nya?...- el rubio abrió los ojos perezosamente-Mikachiin? Vivio?? …-mirando a todos lados- me quede dormido!!...lo siento lo siento-

No te preocupes Niichan estas muy cansado y es comprensible…-le dijo la menor animándolo-

Es cierto Nazuna-nii , todo estamos cansados y bueno ahora hay que juntar nuestros trabajos para ir rápidamente con Oshi-san-

Yo se que estas muy ansioso de verlo rápido pero primero debemos de comer como se debe…asi que hasta que nos traigan la comida podemos ir comenzando a juntar nuestros trabajos, me gustaría ver los bocetos de los trajes que han hecho para nosotros-

Aquí tienes Nazuna-nii, Vivio y yo le pusimos todo nuestro empeño para que queden tal como lo desea Oshi…-le entrega todos los folders de los bocetos y el rubio se pone a observar hoja por hoja ante la mirada atenta de los dos menores El rubio termino de observar todos los bocetos y sonrio emocionado-

Estos trajes van deacuerdo a la coreografia y melodía que elegi para nuestra presentación!! Estoy seguro que Oshi-san estará contento con tan buen trabajo, muy bien hecho Mikachiin, Vivio!!

En serio??- dijieron los dos al mismo ambos sonrientes y orgullosos de su trabajo-muchas gracias…-

Ahora les toca observar el video que grabe con los pasos y la melodía para la presentación…- Ambos observaron con atención el video del celular que habia grabado el rubio, ambos miraron asombrados la manera tan delicada y elegante de los pasos del que se empezaba a mover al ritmo de la melodía, era como una mimetización perfecta –

Niichan eres increíble!!...-dijo emocionada y orgullosa la menor de los Nito- No se como hare para lograr ese balance perfecto pero lo hare para que ambos estén orgullosos de mi Nazuna-nii- No es para tanto…-dijo avergonzado – bueno ya trajieron la comida,terminemos de comer y vayamos a visitar a Oshi-san!!!

Al término de la cena, los tres habían ido de regreso al improvisado estudio en la residencia del líder de Valkyrie para poder encontrarse con él y ponerle al día de sus avances. Sin embargo, Shu apenas les envió un mensaje para decirles que les atendería recién a la mañana siguiente, a las ocho en punto, ya que sus padres le habían importunado con una reunión familiar en medio de todo su ajetreo. Ello causó un poco de preocupación tanto por un retraso en sus horarios como por el estrés que Shu acumularía al tener algo impuesto y adicional en su milimetrado horario.

 Mika y Vivio se habían quedado sin saber qué decir o hacer, pero Nazuna les animó y les aseguró que todo podría resolverse. Todos confiaban en la habilidad del líder, y lo mínimo que podían hacer por él era preservar esa confianza. El rubio felicitó al par por sus grandes esfuerzos y les pidió que tomaran un merecido descanso esa noche.

Llegó la mañana y Shu se presentó puntualmente a la hora en que citó a los demás, quienes estuvieron en ese estudio con quince minutos de anticipación para prepararse a recibirle. Todos vieron a aquel pelirrosa tan presentable y atento como siempre, con su rostro serio y severo, pero también era evidente que se encontraba cansado. De todas formas, Shu primero caería muerto antes de enseñar debilidad ni a sus más cercanos allegados.

“Ya estoy aquí,” declaró con su vozarrón. “Debo disculparme por este retraso en nuestra reunión. Lamentablemente, este inconveniente estuvo fuera de mis manos.”

“No te inquietes, Oshi-san,” Mika negó. “¿Se encuentra bien? Eso es todo lo que me importa.”

 “Ya he expresado lamento por este imprevisto, Kagehira. No necesitas alargar esta conversación, perderemos demasiado tiempo,” dijo con rapidez y frunciendo el ceño, aunque su tono de voz presentó más inquietud que fastidio, como quien reconocía su falta en preocupar a los demás.

“Oshi-san, si necesitas descanso, deberías hacer una pausa,” observó Nazuna.

“Descanso debe ser merecido y continuamos en un estado de emergencia,” Shu negó y miró fijamente a Vivio, quien se retrajo al no haber esperado su atención tan repentinamente.

“Te dejé la labor de diseñar nuestros atuendos junto con Kagehira, niña. Muéstrenme lo que tienen.”

“S-sí,” Vivio agarró un nuevo fólder presentable donde había organizado todos los bosquejos y notas correspondientes a cada accesorio, y se lo extendió. Al entregar ese fólder y observar a Shu inspeccionar el contenido en silencio, Mika y Vivio intercambiaron miradas con nerviosismo. Ellos se habían esmerado en el diseño desde el concepto en sí y tuvieron que superar sus propias exigencias personales al tratar de realizar un trabajo que el pelirroja se dignaría a aprobar. Fue un silencio largo, quizás más por la incertidumbre que otra cosa, pero la ausencia de una negación o crítica inmediatas y fulminantes dio esperanzas a los dos. Y fue entonces que ellos recibieron el reconocimiento que habían estado buscando.

“Los colores son sobrios y compatibles sin llegar a ser una combinación monótona y común, e invocan una presencia de elegancia y autoridad…” comentó Shu en lo que pasaba páginas del fólder. “Sin romper la uniformidad, los estilos de cada uno de nosotros están personalizados a medida. Puedo ver reflejado a cada uno de nosotros en nuestros respectivos atuendos.”

 “¡Sí, nos esforzamos en ello, Oshi-san!” dijo Mika, entre emocionado y cauteloso, ya que no había oído el veredicto final. “Vivio-chan es muy meticulosa y observadora.”

“Lo ha demostrado,” Shu sonrió complacido. “Ha escogido una estética para mi atuendo que apruebo rotundamente. Sin lugar a dudas, siempre he preferido los sombreros de copa alta,” él regresó el fólder a su dueña. “Considero que sus diseños, pese a todavía no estar pulidos, son apropiados y tienen un gran potencial. Les doy el visto bueno para que pasen a confeccionarlos.”

“Sí, muchas gracias, Shu-san,” Vivio recibió el fólder e hizo una reverencia. Sonrió alegremente. “Nos esforzaremos.”

 “Para un próximo evento me encargaré de ayudarles con algunas revisiones personalmente, pero me han convencido,” él frunció el ceño. “Eso sí, leyendo los materiales y telas que han elegido para cada prenda y aditivo, necesitaran realizar una construcción impecable. Si no lo hacen, corren el riesgo de malos acabados e incompatibilidades.”

“No se preocupe, Oshi-san. Vivio-chan y yo ya tenemos experiencia,” le aseguró Mika.

“La certeza es recomendada y necesaria, pero requiere de fundamentos. No se confíen,” recalcó Shu. “Vayan a conseguir el material y volveré a verles en veinticuatro horas para ver sus avances. Tienen dos días para terminar.”

 “Dos días es un poco apurado para tres prendas, Oshi-san,” observó Nazuna, quien podía sentir la presión en el aire.

 “He completado tres atuendos en menos tiempo, Nito. Por más que posea mayor experiencia, sigue siendo una necesidad,” recalcó.

 “Y tú tenías la música y coreografía que enseñarme.” “Por supuesto, no lo he olvidado,” Nazuna sonrió decidido y sacó su celular, pero se confundió al ver a Shu caminar hacia la salida del estudio. “¿Oshi-san?”

“Sígueme, dejemos a los dos trabajar,” dijo seriamente. El pelirrosa se retiró sin decir una palabra más y Nazuna dio unas palabras de aliento a los menores, quienes se habían quedado confundidos, pero que repararon que debían apresurarse. Al salir de ese ambiente, Shu informó a Nazuna que tomarían el auto de su familia y su chofer los llevaría al lugar del próximo evento, ya que finalmente le habían dado el permiso de acceder e inspeccionar aquel escenario. Durante el camino por la ciudad, el pelirrosa observó la coreografía que el rubio había preparado además de oír la melodía, y aparte de algunos comentarios y leves críticas, también se vio complacido.

 Nazuna pudo notar que el agobio en el rostro del pelirrosa había disminuido, aunque él seguía con alguna duda interna que insistía en no compartir y minimizar. Y finalmente llegaron al recinto. El escenario era cerrado y de tamaño mediano. Este estaba iluminado en medio de las hileras de asientos todavía en penumbras, y aparte de los dos no había nadie más.

“Ohh…” Nazuna se dejó cautivar por ese espacio tan amplio y vacío que ofrecía tanto potencial, y que marcaba el inicio de una carrera artística más prometedora para los tres. El rubio avanzó en pleno trance y subió por las escaleras para pararse en el centro del escenario, mientras que Shu se quedó de pie delante de la primera hilera de sillas.

“¡Oshi-san! ¡Es más impresionante de lo que pensé! ¡Gracias por traerme hasta aquí!”

“No iba a faltar en mi palabra, Nito,” Shu negó y miró de un lado a otro. “Hm, puedo juzgar que había hecho las asunciones pertinentes sobre las dimensiones e iluminación que tendremos. Al menos eso es un alivio.”

 “¿Pero por qué no dijiste nada frente a Mikachiin y Vivio?” preguntó con leve reproche. “Ellos se habrían emocionado un montón.”

“Tienen que trabajar, ya lo dije, y dudo que me hubieran dejado traer a nadie más,” recalcó, cruzado de brazos.

 “¿Y cómo va el diseño del escenario? Dijiste que nos iban a dejar personalizarlo.”

 “Sí, entre cada presentación habrá un intermedio para transformar el escenario, y me encuentro en las fases finales,” Shu sonrió complacido. “Tanto Kagehira y tu hermana como tú y yo tuvimos una inspiración semejante sobre el estilo que presentaremos en el evento. Menos mal que no debemos ajustar nada para que encaje con tan poca anticipación.”

“Eso quiere decir que somos muy cercanos y estamos cometidos a lo mismo, Oshi-san. Realmente me emociona un montón,” asintió decididamente, cuando entonces miró a su líder pensativo y desviando la mirada.
 “Oshi-san, ¿qué sucede?”

“Frustra el hecho que ustedes completaron con las labores programadas y yo todavía no he sido capaz de terminar el diseño final del escenario. Como el líder de Valkyrie, es una gran falta de mi parte,” negó torturado.

 “¿Es algo con lo que puedo ayudar?” le preguntó.

 “No, en lo absoluto. Yo seré quien completaré el escenario,” se negó rotundamente.

“Hmm…” Nazuna se puso a pensar y pasear por el escenario. “Suena a que te bloqueaste. Entiendo que no has hecho muchas tareas artísticas esta vez, pero sí has tenido que organizar todo, y quisiera que confiaras más en nosotros. Haría tu vida más fácil y no tendrías este presente problema con el escenario.”

 “Tsk, no te atrevas a darme un sermón, Nito,” Shu se mostró insultado.

“Pero ya que estamos aquí, hay que aprovechar el escenario. Eso debe ayudarte a inspirarte un poco más.”

 “Ya había pensado en ello, Nito, y todavía no lo puedo plasmar…”

 “Entonces,” Nazuna le extendió una mano. “Mikachiin no está aquí, pero, ¿qué tal si practicamos la coreografía?”

“¿Qué dices?”

“Hehe, date un descanso del papeleo y disfruta ser un idol, que eso es lo que más significa para ti,” Nazuna asintió, sonriendo radiantemente. “Oshi-san, no me dejes esperando.”

 “…” Shu le observó. Los ánimos rebosantes de Nazuna junto con las brillantes luces que le iluminaban invocaron brevemente la imagen de una valquiria en el pelirrosa, que le daba la bienvenida hacia el más allá después de una ardua batalla. Antes de pensar en qué decir, extendió su mano y aceptó esa invitación de dar un baile antes de continuar con el día. Luego de ese descanso y de ser recordado una vez más el placer de desenvolverse en el escenario, Shu pudo inspirarse para terminar con su diseño, y los siguientes días transcurrieron entre preparativos y ensayos antes del tan esperado evento. Aquel escenario ante un público más grande de lo normal para ellos fue efectivamente una primera experiencia que no olvidarían, una victoria al inicio de un largo camino, y unas puertas que condujeron a mucho más. Los trabajos y organizaciones se volvieron más pesados, pero todos comenzaron a acostumbrarse a aquel ritmo en lo que apuntaban hacia las estrellas.

 … Esa fue la historia de un momento brillante y perdido en la infinidad de sus cortas vidas humanas, en un pasado muy distinto del presente, y que cargaba una unión que hace años había dejado de existir. Pero las añoranzas perdurarían para siempre.



-----------------

matta ne!!

Mimi-chan
« Last Edit: March 31, 2018, 01:43:28 AM by Mimi Tachikawa »


Isumi

Pueden ignorar lo último. (Pueden ignorar todo el fic)



Chapter n. ??


Desde aquella reunión con Aoki Ko y mi editor, había ya pasado más de un año. Gin había completamente arruinado mi imágen y a pesar de los muchos mensajes que le dejara a Aoki por whatsapp, nunca más se puso en contacto conmigo para comenzar a planear una historia, y siempre me dejaba en leído, seguramente para hacerme entender que no la molestara…

Y no solo eso, mi editor me informó que ya no trabajaría conmigo, puesto que la Shonen Jump “no es un lugar donde se reúne la gente loca” según sus palabras. Pero bien que el autor de Hunter x Hunter puede tomarse todos los hiatus que quiere y el de Rurouni Kenshin terminó siendo un pedófilo... me estaban tomando del pelo obviamente, pero no podía decir eso, no después de semejante escena en el bar. Además estoy segura que mi editor lo hizo solo para poder acostarse con Aoki ese viejo pervertido.

Fue entonces que decidí cobrar venganza contra la persona que había arruinado mi carrera y mi vida. Gin tenía que pagar por lo que había hecho, más allá de nuestra relación como aprendiz y maestro, o como HiME y Rebel.

Entonces me dirigí hacia su habitación en la universidad de Rizembool, podrían decir que fue una acción muy arriesgada considerando cómo las cosas estaban entre ambas universidades, pero a ese punto ya nada me importaba.

Pero cuando entré a su habitación, toda mi determinación desapareció, dejando espacio a rabia y desesperación.
Gin había desaparecido, y en su lugar había dejado una nota escrita en dónde explicaba que la razón de su desaparición era debida a que necesitaba hacer un viaje de autodescubrimiento y que no volvería hasta que entendiera el sentido de la vida.

Tras pegar el grito más fuerte de mi vida, salí corriendo del lugar y seguí corriendo…
Corrí y corrí por toda la ciudad, sin saber adonde iba, sin saber qué iría a hacer. Necesitaba descargar toda esa rabia pero no había nadie que se lo mereciera más que Gin. Lo necesitaba a él.

Y fue cuando decidí perseguirlo hasta el fin del mundo que me di cuenta que no sabía nada sobre él.
Por empezar ¿a dónde iría como primera etapa de su viaje? ¿Tiene familiares a quienes les avisaría? ¿Qué clase de familiares son como para crecer a semejante idiota?
Lo único que sabía de él era su habilidad con la espada, su pasión por los dulces a pesar del diabetes, y su pasión por la Shonen Jump…
Pero eso no iba a detenerme. Aunque tuviera que preguntarle a todo el mundo si lo habían visto o no. Aunque tuviera que dejar la universidad, la casa, mis amigos que no tenía, mi familia que no soportaba y mi misión de HiME aunque técnicamente iba a buscar a mi Rebel, no me importaba.

Y fue así que partí en un viaje infinito, motivado por rabia y desesperación, pero que finalmente, después de un año, se convirtió para mí también en autodescubrimiento.
Así es, después de un año buscando a Gin sin ni siquiera encontrar rastros de él, lo descubrí dentro de mi. La verdadera razón que alimentaba mi obsesión hacia él. No era rabia, no era frustración ni desesperación. Era todo lo contrario.
Puse una mano en mi pecho y lo sentí, sentí mi corazón latir fuerte solo por pensar en él.
¡Ah! ¿Quién lo habría dicho? Alguien como yo… una HiME, con ese tipo de sentimientos hacia su Rebel…
Así es, yo amoᐳͪ͏ͪ͂ ͎ͪͪᓸ̗ͪͪώͪ͌ͪຝͪຼͪ৉ͪ৒ͪᘗ͔ͪͪኹͪ፞ͪ۰ٌͪͪ૶̶ͪͪഇͪുͪťͪ᷉ͪરͪિͪඓͪෛͪῶͪͪ͜ӏͪ҈ͪᕕͪ͆ͪൌͪൢͪ ͪ́ͪᖈͪ̿ͪњͪ҇ͪⅯ̣ͪͪᑯ᷂ͪͪ╶ͪ̍ͪΕ̳̼ͪͪͪͪ͡໵ͪͪͅ౜ͪేͪ඙ͪ෍ͪ⅞ͪ̄ͪ➖ͪ̅ͪ≭̜ͪͪᄳͪ̒ͪ৊ͪ৔ͪ☸ͪͨͪ‹̺ͪͪ᳻ͪ᷉ͪὸͪͪ͜ᾄ̠ͪͪ൛ͪൂͪሓͪ፟ͪᠤͪ᷈ͪሴͪ፟ͪݹͪ̀ͪη̷᳟ͪͪͪͯͪዕͪ፝ͪ⑾ͪ́ͪ࿖ͪྫྷͪᣤ͓݈ͪͪͪ݉ͪ͸ͪ̌ͪᅗͪ᷆ͪዿͪ፞ͪजͪौͪ♞᷂ͪͪᤗ̱ͪͪܦͪ݀ͪ



Ḯ̸̹̦͚͉̳̟̺͒̋̇̓̈̂̋͂̂̊͝͝n̴̨̩͖̪̖̙̮̺̮̺̝͉̦̠̳͎̤̺͑̄̈́̈́̒͂͐̅̿̌̍͗̚͝ͅͅt̷̞̘̱̦̭̬̱̲̬̫͕̰͓͈̖̙̟̞̊̅͆̀̌̽̉̑͒̀̾̓̾̇̑̅͘͜ȇ̸͈̫̠͓̩̩͎̣̫̗̩̖̗͒̀̌̄̍̐͊̊̈́͂͋̑́͌̑͘͘͝͝͝ŗ̵̨̨̫͉̬̫̯̱̙͚̥͚͙̿̆̉̈̇̾̾͋͋̓̐̕͝͠r̴̳̗̮̽̆̉̅́͌̓̅̃̿͊́͘͠ṷ̷̘͇̬̺̮̼̯̭́͜͠m̷̳̬̟̤̈̀͐̆̕͜p̵͍̹̔͊͛̓̏̾͂̈̀̓͑͌͊̕͝į̷̟̣̤͈̭͔̰͕͕̎̏̑m̵̛̱͍̺̪̪͇͇̼̼̌͊͛̈̂̇̓̐̓͜͝o̵̧͍̤̼̙̻̣̫̱̜̜̱̳̤̳͖̼̹̙͈̦̝͓̔̃̃͒̇̕͜s̷̡̡̡̛͍̳͔̪͈̦̹̯͖̯̼̭͓̥̟̀̏̑̒̿̍͝ ̵̧̢͍̩̭̱̰̪̬̗̬̥̜̞̜̮̫̻̰̩̇̀͆͛̈́̓͘̕͜͝ȩ̸̜̣͔̲̞͙̦̐̂̽̈̃̌̄̀̐̋̒̐̈́͛̔͆͋̋́̎̕̕͘͜͝͝ş̷͓̻͙̥̭̟̺̞͈͇͉̹͖̖̦̝͎͕̯̥͉̈́̀͛͛̑́̓͆̋̐͑̚̕t̵̡̺̻̳̬̟͈̗̱̟̰̮̞͉̯̔͜ä̷̡̜̙̦̽͋ ̶̨̨̮̼̭̻̤͍̙̭̱͕̹̯̹̼̳̩̳̎̆̃̂̈́̔́͌̈́͑͋̐̍̂̾̿̈́̂̿̊̓͝ṭ̶̛̺̆͐̽͒͒̂̽̿̂͛̓̎̎̆͑̄̽͆͗̍͝͠r̴̝̞̅̈̄̓̍͋́̏̿́͛a̸͕͉̤͙͇̹̰̼͙̮͈͓̗͙̅́͆̽̈̈́̉͊͗́̽̆̆̈́̀̚͜͝n̶̛͖̬̪̞̋̌̿̂̆͂̎̍̀̉́̌̈̈͋͌̕̚͠͝͝͠͠͠s̶̨̯̣̯̻̺̭͍̭̥̼̣͉͍͖̬̤̪̦͎̈́͌̎̐́͒̀̐̐͠m̸̡̘͕̟̦̠̝̳̯̫͚͔̫͚͚̜̹̀̆́͜ỉ̴̢̬̼̱̦̟̣̘̔̀̋́͗̿͑̄̄̿̈̈̓͝͠͝͝c̴̨̧͎̪̲̟̘̙͇͔͍͉̣̝͇͍͕͎̗̤̳̮͊̍̑̒̎͊͑̔̆̃̄̀͑͜ͅͅi̸̡̬̯͐̍̈́͋̒̊͐͐̈́̇̐̍̕͠ó̸̢̤̟͉̳͉͓̳̥̮͚̤͍͉͍̖̳̙͕̯̞̗̻̓͊͆̈́̐́̃̐͋͗̚͜͠ņ̶͙̯͇̼̭͑̋̃͂́ ̶̧̛̗̲͙̬̬͆̌͗̈́͆̈͑̕͝͠p̴̡̮̮̱̻͍̩̳̻̤͔̟̞̻͓̿̄̍̍̒̾͑̊̀̿̌̐̌͌̀͆͘͜͝͠ͅȃ̷̡̘̰̪̤͈̞̗̯͚̊̀͐́͜ͅr̸̛͈͍͖̺̣̭̓͌̌͂͗̊͗͜͠ă̵̡̧͕̭̪̺͓͓̙̯̗̻͖̘̣̗̝̙̯͎̾̌̒͗͐͊̓͐̚͝ ̵͚̣͔̤̻̯̘̫͙͖͛̓̚ä̶̡̨̨̧̯̤̭̟̪̦̗̣̦͈̱̦̝̙̯̯͇́̓͛̎̋̈̀͜ç̵̹͕̘͔͈̠͈̻̣͕͎̝̭̦̘͇͙̗̦̪̈́̎͊͊͛̈̅͑̔̂̎̏͊͊̃́́̓̕͘͘͠͝ͅl̴̨̖͉̱̟͙͔̗̼̟̜͇͖̭̫͕̃͊͐̏̀̊̽͋̏̀͐̓̏̎̕͝a̸̱̥͉̥͓͎̣̼̠͊̿̚ṟ̵̨͚̠̜͎̭͓͎̹͍̝͎͖̖͚͙̞͐̅͐̆̀̾́̒̐̇̄͋̂͐̆͝͝͝ą̸͙̦̙͔̟̲̜͈͋̂͐̆͛͒̌͒̉͜ͅr̴̨̛̮͈͕̙̲̠̫̹̠͕͎͉̺̒l̸̬̭̺̰͇̏̉́̽͛̄̀̄́́̀ę̵̧͉̗̮̲̳͓͕͕̆͋̏̊̊̓̉͐́̆͘̕͝s̶͍̻͕̗͈͉͉̣̹͍̼̅̔̎͜ ̵̧̛̯̼̤̭̬̻͙̻̻̱̻̤̱̦̰̃̅̎̾͑̐͗̋̃̓͠ͅq̴͉͑͌̽͋̈́͌̀̽͋͐͑͋̂̃̈́̓̚ų̵͉̣̙̥̝̘̘͚͔̯͈͙̇̈́̏̊̋̽̊̓͂̀͋̊̐͑͆̏͘̚͘͜͠͝͠e̵̡̛̙͙̻̩͖͕̯͇͓͇̳̠̮̖͓͕͗̌͛̄͑͗͛͊̊̈́͊͆̚͜͠ͅͅ ̸̰̩̙͚̰̥͓͌̓̃͌͜͝é̸̢̫̟̯̣͕̻͜s̴̛̜̔͑͑̓̾̋̉̈̀̽̀̓̓̑́͘̕͠͠͝t̷̠̮͈͉̺̦̠͖̗̞̱̱̀̎o̶̢̝̩̩͇̜̺͕͋͊̑́͌̓̔͌̓́̆̇̂̃̇̚ͅ ̵̢̨̧̨̡̢̨̯͇͉͉͇̼̖̣͎̮͙̞̅͆͊͑́̐̇̌̐̀̈́͒̎̿̂͝͠ͅͅẻ̷̡̻̱̭͈̺̱̼͎͕̬̱̳̳̘̠͚̥̟̯̻̏̿͌͂͆̆̔̏̊͊̋̏̑̚̚͘̕͠ͅs̷̢̧͉͇̻͍̞̩̙̫̥̘̟̥͓̟̹͕͈̞̯͈͜͠ ̴̬̹̯̫̱̼̩̺̼͖̦̘̺͍̘̼̓̃ọ̶͇̬̯̪́̑̀͒̑̀̍̌̉̽̑́̄́̍̇͆͝͠b̶̨̡̧̧̛͎̬̠̜̼͈̯̫̻̹̥̖͕̭͇̹͈̗̮͊̀̑͒̃͆̿̌̍̎͛̎̅̎̃̋̈̈́̓̚͜͝͝r̶̡̡̨̛̤̬͈̪͇̮̞̘̥̝͔̲̜̟̼̯̫̬͇͈̱̊̑̈̇́̈́̎͋͂̅͋̋̇͛̂̉̎̀͗̌̽̏͠a̶̛͓̮̝̳͔̓͒̀͋͋͂́̈́̀̇̌͂̈́͂̑ ̸̢̨̨̳͓͔̻͇̥̪̗̼̩̭͍̿͛̉̊̆̋̄͜d̴̡̨̥̦͉̩͈̦̟̈́̒̒̈̾̒̇̓͒̈́͠ȅ̵͇͈̯̈́͝ ̸̧̦͔͓͎͕͍͖̼̜͎͊͆̌̐̂̎͝͝ͅͅų̷̧̧̢̛̜̥̥̮̰̘̫̮̺̥̗̝̫͈̝͒̂́̔̔̂̽͊͌͆̋́͗̾̆͌̔̃͗͗̃́̈́͜͝ͅͅn̸̢̧͍̠͎͔̤̫͍̝̟̳̘͚̺̩̘͎̞̭̼͘ͅ ̶̛̦̘̘̙̪̲͙͎͙̠̏̀̿̾̋̂͑̽͋̀̾̃͋͗̈́̅̚ç̸̧̯̮͎̙̼̹̯͚͖̬͎̥̻͚̦̬̩̱͍̼̜̍̄̐̌̒̉͆̈̏́̐͑͘͜͠͝͝ͅḛ̴̡̨̻͓̹̲̣͎̙̙͚̱͇͔̥̜̦͙̰͓̼̜̜̬̑̋̎̈́͌̆́̈́̐̌̑́̋́́̕͘͝͝͝r̴̢̢̬̜̹͍̬͇̳͉̟̹͓̓͋̊̽̀̀̆́͒͆͋̚ͅͅẻ̸̡̟̬̫͈͚̖͓̘̭̟̟̀̊̋̀́̌͒́̍̏̎̌̀̒̍͑̀͘͝͝͝b̴̢̧̛̦̻̹̮͓̹͔̳̬͉͇͆̈́͑̀̽̂̈͒͛́̅̾̕̚͘͜͝r̵̩̣̃̋̔ǫ̵̤̹̳̬̹͍̦̗̯̟̰̹̖͚͉̌̏̅̀̎̈ͅ ̸̘̦͔̻̗͇̃̎̌͋͐̎̏̓͊͐̄s̶̨͉̜̝̮̱̱̖͔̥̞̘͕̯͕̩̖͕̭̞̰͗͊ͅư̵̰̣̙̗̲̱͚̝̦̮̳̮̫̗͔̹̙͍̳̣̿̾̋̈́̅̏̿͗̒̓͋̀̓͊͌̈̓̐́̀̚͘͜ͅḅ̶͈̥̤͕̯̲̻͉̘̝̥͓̣̮̙̱̣̻͙̮͎̝̀̂̈̂͋̓̔̾̃̏̑̀̓̃͗̃̃̐́̂̈͝ͅͅd̸̨͎̲͚̻̼̦̖͖̦͂́̌̎͠e̷̺͗̋̑͛͊͗̓̾̅́̾̑́̊͆̅̀̏͗̏͝͝s̸̮̙̫̮̣̬̪͓̱͉͚̬̳͇͉͈̟̪̬̲̫͐͛̊̄̅̓͌̈͗̉͜͠ͅͅą̷̢̨̝̭̦̮͚͚̬̯͓͍̰̪̳͚͔̗͚̞̝̞̺̳̿̆̑͆͌͛͊̑̀͘̕͝r̶̘̘̞̞̓͊ŕ̷̢̹͚̫͕̺̳̩͎̥̝͖͔̘̝̯̬̝͚̥̦̗͆͆͌͘͜ȍ̷̲͓͇̖͆̏͆̀͗͠ĺ̸̢̺̹͙͇̤̣͎̱̝̤̙̤̺̻͔̱͜ļ̷͕̟̱͈͉̦͉̯̝͖͔͖̀͝ȧ̴͖͓̌͛̑͐̂̌̌̉͒̓͗̒͘͜͠͝d̶̫͎̑͛͊̂͗̿͌̈́͆̃͒̿̽̈́͒͂̇̋͐͗̒̀͠͝͠ơ̶̡̮͇̬̤͗́̓̒̊̾̇̀͌̏̃̏͛́̋̔̔̚̚͝ ̴̨̼͍̺̬̗̘̪͚͍͎̽̄̄́͌̑̽̿̏̃̌̃͆̏̂̇̕͜͝




Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.


そばにいると
知らず知らず笑顔になれるの



Mery

Voy a ponerme al día este mes I swear to god



002.3


“Viéndolo por el lado positivo, si llegaras a convertirte en HiME serías la Sakura de mi Tomoyo, sólo deja que desempaque la cámara y estaremos listos.” Dijo muy animado. “Incluso ya tienes al hermano mayor gruñón que hace la parte de Touya, es perfecto.”
“Alex, stop.” Alice rió a su pesar y de pronto abrió los ojos al recordar algo. “Oh, no no, espera, creo que incluso ya tenemos a Yukito...”
“Wait wHAT, ¡¿LO TENEMOS?!” Alexy la miró entre maravillado y confundido. “Momento, ¿cuándo sucedió eso? ¿Qué me estás ocultando, Alice?”
“¡No me ha dado tiempo de contártelo!”
“PERO SOY TU MEJOR AMIGO :’c”
“¡Literalmente llegamos hace unas horas!”
“Y TÚ YA TIENES UN CRUSH, HOW?!”
“NO ME REFERÍA A ESO, MENSO.”

Alexy se relajó un poco y bajó los brazos, que en algún punto había lazado para dar énfasis.

“...¿Entonces a qué te referías?”
“Uhm, lo entenderás mejor cuando lo veas.”
“¿Cómo? ¿Físicamente?” Trató de adivinar. “¿Cómo lo conoces? No, mejor así: ¿lo conoces?”
“Ten paciencia.”
“...¿Al menos es lindo?”
“ALEXY.”
“Sabes perfectamente que no soy paciente.”
“Ni silencioso.”

El comentario hizo que Alexy recordara que, en efecto, aún estaban en Hanasaki y había gente pasando cerca que podían escucharlos, pero aún así el peliazul se alzó de hombros.

“Nunca me ha molestado la atención.”
“A gift and a curse.”
“Dejando eso de lado, ¿comiste algo? Hay que buscar una cafetería.”
“Cogí algo del refrigerador antes de venir.”
“Pues yo no, mi compañero no tiene nada más que agua y bebidas energizantes. Tengo hambre, vamos.”
Ella alzó una ceja. “¿Sabes cómo llegar?”
“No, pero ese tipo de cosas nunca me han detenido.”
“No sé, no quiero caminar en círculos.”
“Te encanta correr, Alice, tu argumente es inválido.”
“Perderme en mi primer día no es lo que tenía en mente tho.”
“No es para tanto, nos hemos perdido en la ciudad antes, esto es una universidad, ¿ves cómo es diferente?” Dijo alzando las cejas. “Por último, si nos perdemos a tu hermano le dará una jaqueca por buscarnos, ¿no? ¿Qué podríamos perder?”
Alice echó una risa. “Me has convencido.”

-

“Podemos terminar lo que falta por separado y luego juntar todo, ¿les parece bien?”

Glen ya estaba cerrando su laptop al decir aquello, pero de igual forma le dirigió una mirada expectante a sus compañeros para que notaran que aún tenía en cuenta su opinión. Elizabeta fue la primera en responder.

“Sí, no hay problema, lo arreglamos como siempre.”
“Normal.” Secundó Gilbert antes de estirase en su asiento. “Necesito un descanso antes de redactar mi parte de todos modos.”
“Igual yo.” Dijo Shinya.
“Excelente. Entonces iré a devolver los libros.”

Mientras los demás guardaban sus pertenencias, Glen se dirigió al escritorio de la bibliotecaria de turno.

“Shinya.” Elizabeta le llamó en voz baja cuando Glen se hubo alejado. “¿Está bien?”

La joven no necesitó desviar su mirada para que quedase claro a quién se refería. Shinya podía ver en sus ojos inquietud, pero Elizabeta mantenía un semblante sereno para no levantar sospechas, aunque Gilbert se notaba atento a sus palabras.

“Descuida,” dijo sonriendo “yo me encargo.”
Elizabeta asintió apenas. “Vamos a estar en mi casa, llámame si necesitan algo, ¿ok?”
“Bieen~”

-

Cuando se separaron de su grupo, Glen le informó a Shinya que su hermana los estaba esperando en la entrada.

“No hay necesidad de correr, ¿sabes?” Bromeó el peliplata al ver que Glen apretaba el paso.
“…” El aludido sólo frunció las cejas y siguió avanzando.
Shinya quiso reírse, pero se contuvo para no empeorar las cosas. “Ok ok, pero necesito saber algo antes de meter la pata.”
“¿Qué?”
“¿De qué tanto se enteró?”

Con Glen no se ganaba nada andando por las ramas y Shinya tenía que saber a qué atenerse.

“Conceptos básicos en cuanto a las HiMEs.” Dijo sin mirarlo “Pero vio una foto de Lacie y sabe que estuvo metida en todo el embrollo.”
“¿Y qué tal reaccionó?”
Glen rodó los ojos. “Faltó poco para que empezara a mover la cola.”
“Bueno,” Shinya rió ante la idea “supongo que era de esperarse.”
“No me digas.” Masculló Glen.
“¿Y la prueba? ¿Va a tomarla?”
“No mientras pueda evitarlo.”
“Ok, no fui lo suficientemente específico.” Rió. “¿Ella quiere dar el examen? Tú opinión ya la sé.”
“No lo dijo.”
“¿No lo dijo o no tuvo oportunidad de hacerlo?”   
Glen se detuvo un instante a verlo con aire impaciente. “Shinya, si estás intentando hacerte el listo te aviso que no estoy de ánimos.”
“Oh, ¿y cuándo sí lo estás?”
“Shin—”
“Ya ya.” Shinya movió una mano para restarle importancia. “A lo que voy es que yo ya conozco la historia, sé por qué estás en contra. Es más, yo estaba en Hanasaki incluso antes de que tú llegaras.”
“¿Tu punto?”
“Yo lo sé, tú lo sabes; tu hermana, no. Años atrás me dijiste que no pensabas contarle nada a tu familia sobre lo que ocurrió en Hanasaki, asumiendo que ese capítulo con Rizembool al fin se había acabado.”
“Lo cual no duró mucho.”
“Y por eso ahora tienes este problema.”
“Le diré sólo lo que sea necesario, si tiene sentido común no dará la prueba y tampoco habrá problema.”
“Y ahí tienes otro problema.” Suspiró Shinya. “Personalmente no conozco la historia de tu madre como HiME y no puedo opinar al respecto, pero si quieres que tu hermana entienda tu punto de vista deberías decirle todo lo demás.”

Glen se detuvo por completo en ese momento, obligando a Shinya a hacer lo mismo.

“No bromees.” Dijo lentamente
“Hablo en serio, Guren. No es lo mismo hablar de algo superficialmente con alguien que sólo ha escuchado del tema a que te lo cuente quien lo vivió en carne propia. ¿Entiendes? Tu opinión tiene más peso no sólo porque eres su hermano, sino por ser un ex Key.”
“Tremendo título de mierda.” Espetó Glen.
“Si Arisu se parece aunque sea un poco a ti en cuanto a personalidad, no le va a gustar nadita que le tengas secretos.” Advirtió el ojiazul. “Incluso sólo con lo de la madre de ustedes ya debe tener algo qué decir.”
“Eso júralo, casi podía ver el humo saliéndole por los oídos.” Glen dio un paso hacia Shinya y bajó el volumen de su voz antes de continuar. “¿Pero qué esperas que le diga? Aún si la naturaleza de su poder fue su perdición, no es algo que pueda decir tan a la ligera.”
Shinya entrecerró los ojos adivinando a qué se refería al decir aquello. “Eres su hermano, te corresponde decidir eso a ti, yo no voy a meterme, pero si realmente no deseas que algo así se repita, debes contárselo.”
El pelinegro frunció los labios y suspiró frustrado. “Lo pensaré.”
...


Eureka

esto... debí dejarlo antes del stop <_< pero me demoré en terminarlo porque aún en semana santa la universidad no me deja en paz :'v

al fin llegué a esto, mil años después pero AL FIN xd dos años después de que lo planeé

Esto va antes de mi fic compartido con Cho, el de la página anterior!


35



Para suerte de ambos, Seven no demoró en responderle, aceptando el trabajo que Souji le había propuesto. Al parecer, a Seven le daba curiosidad que Fushimi no había podido dar con los datos del hermano de Sho, considerándolo un gran reto.

Seven los invitó a ambos a su departamento, argumentando que necesitaba un mejor equipo para completar el encargo. Por ello, Souji y Sho tomaron un taxi, logrando llegar al lugar en poco tiempo. La urgencia en los ojos del pelirrojo indicaba que no podían perder ni un segundo. Se trataba de Kaneki, después de todo, y para Sho, su hermano era su máxima prioridad.

Souji recordó una conversación que tuvo con Adachi semanas atrás, y sonrió cálidamente. De existir keys para los rebels, no cabía duda que Ken era el de su hermano, y viceversa.

Ingresar al departamento de Seven fue un largo problema: ni bien se encontraron frente a las puertas, se activó una alarma que sólo se podía apagar recitando ciertos números en árabe. De seguro se debía a un tipo de seguridad que Seven había instalado para protegerse de sus enemigos laborales, pero en esos instantes, era totalmente innecesaria. Souji tuvo que llamar a Seven para que él mismo la desactive, y Souji y Sho suspiraron al unísono ni bien dejó de sonar.

La puerta se abrió, y Seven los recibió con una sonrisa.

“Ahhh~ Lo siento~ Olvidé desactivarla antes de invitarlos,” dijo Seven, sonriendo. Souji y Sho ingresaron al departamento, y los tres se dirigieron a la pequeña sala de estar en frente de la puerta.

El apartamento de Seven era completamente opuesto a su dueño: la decoración minimalista y sencilla, junto con el aspecto pulcro del lugar, indicaban la presencia de una persona más. Souji la atribuyó al personal de limpieza que de seguro Seven podía costearse con las exorbitantes sumas de dinero que manejaba gracias a sus trabajos. 
 
“No te preocupes. Más bien, gracias por aceptar,” dijo Souji, muy sincero.
“No hay problema~”
“Cierto, me toca presentarlos. Seven, él es Sho,” lo presentó Souji. “Sho, él es Seven. También le llamamos Luciel a veces. Es un amigo de Oikawa y de su HiME.”
“…Aún no entiendo cómo has permitido que Oikawa sea amigo de su HiME,” comentó Sho, asqueado.
“Bueno, era eso o dejar que Eureka destruyera a Oikawa constantemente. Debiste ver cómo manejaba sus poderes los primeros días de entrenamiento con Adachi.”
“…” Sho rodó los ojos, pero guardó silencio. “¿Cuánto debo pagarte por el trabajo?” preguntó, mirando a Seven.
“Oh, nada. Estoy de buen humor, así que será gratis~”
“¿Estás seguro?” Souji arqueó una ceja. Era extraño: Oikawa siempre se había quejado de Seven, puesto que él cobraba por todo. “Oikawa me dijo que… bueno, que siempre cobras por estos favores.”
“¿Eso dijo?” Seven se veía muy confundido. “Pero… hace unas semanas le hice un trabajo. Oikawa le mandó un mensaje a alguien y me pidió que lo elimine del celular de la persona. No le cobré. Osea, me debe su vida, pero no pienso cobrarle a futuro.”
“…Eso… suena muy interesante,” confesó Souji, curioso. “¿Quién era la persona?”
“Oh, lo siento, eso no puedo revelarlo.” Seven sonrió. “Pero como digo, no siempre cobro. Qué mala fama me hacen,” se quejó Seven, y luego suspiró.
“Entonces… vas a trabajar gratis para nosotros,” dijo Sho, intentando confirmar las condiciones que Seven intentaba establecer.
“Sí, no hay problema,” aseguró Seven, con una sonrisa. “Souji, me dijiste un poco acerca del trabajo por teléfono, pero necesito todas las especificaciones posibles para darles un estimado de tiempo y ponerme a trabajar.”
“¿Cuánto crees que te demore conseguir la información sobre Ken?” preguntó Sho.
“Dependiendo de la seguridad… yo diría que una hora, máximo. Pero mientras más info me den, más rápido será. Por eso…”
“Mm, por supuesto.” Souji asintió, y comenzó a explicar la situación. “Kaneki es el hermano de Sho. Luego del ataque, se desapareció, y hasta ahora no sabemos nada de él. Lo único que Sho recibió fue un mensaje muy escueto sobre su paradero, donde Kaneki le decía que andaba de viaje por su proyecto de carrera. Así que… necesitamos que averigües dónde está realmente. Tal vez… tal vez los datos sobre su HiME nos podrían ayudar con eso, en caso de que no encuentres nada exacto. Un amigo intentó dar con esa información pero no pudo. Parece que los datos de Kaneki tienen muchísima más seguridad en comparación al resto de rebels.”
“Me dijo que intentó de todo y no tuvo suerte,” dijo Sho. “Souji ya lo dijo, pero él insistió en que la seguridad no le permitía acceder a aquellos datos.”
“Okay.” Seven asintió. “Buscaré todo respecto a Kaneki, espero dar con algo que les ayude.”
“Gracias, Luciel,” dijo Souji.
“No hay problema. Me tomará… unos cuarenta minutos, creo. Si gustan, pueden quedarse a esperar aquí. Yo siempre trabajo en mi estudio.”
“Creo que es mejor que nos quedemos aquí, Sho,” sugirió Souji.
“Mm.” Sho asintió.
“Bueno, los dejo entonces~” canturreó Seven. “Si necesitan algo me avisan, pero no toquen la puerta. No los escucharé. Me mandan un mensaje, mejor~ Bye bye~”

Seven les dedicó una última sonrisa antes de caminar hacia el pasillo de su departamento, donde se perdió tras una de las puertas más cercanas a la sala.

El silencio no tardó en hacerse presente, lo que incomodó a Sho y a Souji. Después de todo, aún no habían resuelto las cosas entre ambos: aún quedaba cierta incertidumbre, puesto que Sho no tenía una explicación clara respecto a su ausencia aquellas semanas. Tranquilamente se había excusado con sus entrenamientos, pero verlo junto a Todoroki y Labrys significaba que contaba con tiempo libre, sólo que prefería pasarlo junto a ellos en vez de él.

Pero Souji no tenía derecho a reclamarle nada. Sho merecía tener amigos fuera de su círculo y él no era nadie para negárselo. Al contrario, Souji debía sentir alegría por él, puesto que su amigo estaba rodeado de gente que compartía sus experiencias y podían apoyarlo más de cerca.

Sin embargo, un sentimiento extraño en su pecho no lo dejaba tranquilo.

“…Sho,” empezó Souji, sin una idea clara sobre lo que le quería decir.

Seven los salvó del momento incómodo justo en esos instantes, cuando se apareció de vuelta en la sala con una caja entera llena de bolsas de papas fritas. Sho y Souji no pudieron evitar el tremendo signo de interrogación que se mostró en sus caras, pero Seven fue veloz en contestarles la pregunta tácita que rondaba por sus mentes. Existía una marca de papas fritas con sabor a miel que eran muy populares en Seoul, su ciudad natal, y que le recordaban a su país fuese donde fuese. Era extremadamente complicado importarlas, puesto que era difícil enviar paquetes de productos comestibles por el tema de las aduanas, pero Seven siempre había contado con contactos que aceleraban el proceso de envío a cambio de dinero. Justo aquel día le había llegado un lote de las papas Honey Buddha, y por eso andaba tan dispuesto a ayudarlos sin costo alguno.

Inmediatamente, Souji conectó lo de las papas con el favor que Seven le había hecho a Oikawa semanas atrás, y cuando le preguntó por eso, el pelirrojo aclaró que no había sido por el mismo motivo. Entre risas, Seven comentó que se debía a la naturaleza del favor. Tal vez Oikawa se animaría a contarle algún día.

“Bueno, les dejo un par de papas y me voy de nuevo~”
“¿Sólo viniste a invitarnos?” Sho arqueó una ceja.
“Sí, por supuesto.” Seven sonrió. “Parece que no entienden. No son cualquier tipo de papas. Ya verán de qué hablo.”

Seven les ondeó la mano y corrió de vuelta al estudio, volviendo a dejarlos a solas.

   


En su mente, Souji le agradeció por su intervención. El par de bolsas en sus manos le servían de perfecta distracción: no estaba con ánimos de encarar a Sho, de demandarle una explicación por su distanciamiento. Sabía que tratar con él era complicado, puesto que si bien nunca se había dicho, habían ciertas preguntas que no podía formularle. Como su experiencia previa con las katanas, o la cicatriz en su rostro. Eran cosas que estaban ahí, pero que no necesitaban ser explicadas, por más de que Souji sintiera curiosidad por ellas. Y suponía que si Sho se quería alejar de él, eso también entraba en el grupo de temas de conversación que no debían ser tratados, por más de que ya había intentado sacarlo a colación antes de que le contara sobre la desaparición de Kaneki.

De un momento a otro, Souji encontró que no tenía sentido seguir parado allí como una estatua cerca de la entrada del departamento, por lo que caminó hacia la sala hasta tomar asiento en el sofa más amplio del lugar. Aunque demoró un poco en reaccionar, Sho lo imitó, y se sentó al otro extremo del mismo sofá en el que Souji estaba.

Le extendió una de las bolsas de papas, y en el silencio que los rodeaba, ambos probaron de ellas.

“Qué… carajos…” Sho no cabía en su asombro.

Parecía que compartían el mismo pensamiento: el sabor era muy peculiar, pero realmente adictivo.

Sho no demoró en embutirse las papas, y aunque Souji quiso evitarlo, terminó haciendo lo mismo que él: acabaron con las bolsas en un par de minutos.

“Quién diría que serían tan adictivas,” mencionó Souji. “Con razón Seven hace lo imposible por importarlas.”
“Voy a pedirle que me venda un par de cajas,” dijo Sho. “Aunque no sé si pueda costearlas…”
“No te preocupes, yo te colaboro con la mitad y nos dividimos el botín.”
Ante las palabras de Souji, Sho rio. “Eso no te lo creo. Tú sólo comes cosas saludables.”
“Hay… excepciones,” explicó Souji. “Como estas papas, y algunos dulces.”
“Hm.” Sho se recostó en el respaldar del sofá, reposando sus brazos en este. “¿Cómo va Oikawa?”
“¿Huh?”
“Como rebel. No hemos salido de nuevo con Kaworu y el resto, así que tampoco sé mucho de él, más allá de que es amigo de su HiME.”
“Ah.” Souji sonrió, recordando los miles de líos en los que Oikawa se había metido durante esas semanas. Eureka y él eran un duo dinámico… si se trataba de atraer peligro.

Le alegraba saber que, aún a pesar de todo, se encontraba en buen estado.

“Parece que Rizembool está detrás de los rebels que no cumplen con su puesto al pie de la letra. Y Oikawa… no ha sido tan dedicado que digamos. Encima fue y le advirtió a su HiME sobre el ataque. Y luego quería renunciar… supongo que los altos mandos de Rizembool se enteraron de estas cosas y buscaron enmendar la situación.”
“¿Cómo así?” Sho arqueó una ceja.
“Tienen una manera… muy extraña de manipular a la gente para que haga como les plazca. No es control mental per se… no sé cómo explicarlo. Es como si les hicieran creer que su deber como rebel va antes que todo.”
“¿Cómo carajos hacen eso?”
“Es algo con el subconsciente y los sueños. El día del ataque, buscaron hacer el proceso con Oikawa, pero su HiME lo ayudó, y se salvó. Oikawa y ella intentaron hacerles creer que sí había funcionado pero la semana pasada Eureka, la HiME de Oikawa, cometió un error y los delató. Tuvieron una pelea contra uno de los miembros de ese extraño comité.”
“Bueno. Supongo que lo hacen por algo. De seguro varios rebels están pensándola dos veces luego del ataque.”
“¿Lo dices por ti?” preguntó Souji, curioso.
“No.”

Pero sus palabras decían algo, y su expresión hablaba sobre otra cosa muy distinta. Era cierto que en algunas ocasiones Sho se le había hecho una de las personas más difíciles de leer, pero existían momentos como ese en el que parecía un libro abierto. La preocupación en su rostro sólo podía indicar algo en concreto: el problema de seguro estaba relacionado a Kaneki. Y es que después de todo, Kaneki iba antes que cualquier otra cosa para Sho.

Su primera idea estuvo relacionada a la situación en la que se encontraban, pero un presentimiento le decía que no se debía a la ausencia de Kaneki. Había algo más allí.

“¿Qué pasó en el ataque?” preguntó Souji. “Nunca llegamos a hablar sobre eso, pero me enteré por Marie y Anemone de que sí fuiste a Hanasaki ese día.”
“Me encontré con mi HiME. Tuvimos una pelea. Punto.”
“¿Eso fue todo?”
“Sí.”
“¿Seguro?”
“Carajo, Souji, sí. No insistas.”
“Me encantaría dejarte en paz, pero tengo que insistir. Es la única manera de que te abras y no te sigas guardando las cosas y lidiando con todo por tu cuenta.”

Sho se incorporó, recostando sus codos en sus piernas y soltando un gruñido, a la vez que se tomaba la cara.

“Prefiero guardarme todo a tener que pedirte ayuda,” le dijo, una vez lo encaró.
“¿Por qué te molesta tant—?”
“Mierda, Souji,” gritó Sho, interrumpiéndolo súbitamente. “Parece que no entiendes. Te he estado evadiendo, y es por eso que no me has visto en semanas. No quiero joderme más la vida, y si sigo pasando tiempo contigo sé que esto va a terminar muy mal.”
“¿A qué te refieres?”
“…” Sho suspiró. “Eres bien distraído.”

De un momento a otro, Sho se levantó de su asiento, y caminó hacia la puerta del apartamento.

“Me llamas cuando hayan noticias. No… puedo seguir aqu—” Sho se cortó al intentar abrir la puerta, pero fue en vano. Tal parecía que Seven las dejaba con llave por seguridad. Y aunque sentía la necesidad de escapar, no se veía capaz de interrumpir a Seven. Kaneki iba primero. “¡Mierda!” gritó Sho, furioso, y golpeó la pared con su puño.

La fuerza del impacto había resquebrajado parte de la pared, y de los nudillos de Sho brotó un poco de sangre que cayó al piso a borbotones. Sin embargo, el dolor no le inmutó. Sho lo ignoró por completo, a la vez que volvía hacia la sala para cruzarla y poder llegar al pasillo.

Souji fue rápido en levantarse y agarrarlo de la muñeca para detenerlo.

“Suéltame,” le ordenó Sho, sin encararlo.
“Deja de hacer berrinche y háblame de frente. ¿Te hice algo? ¿Tal vez… te incomodó que me enfoque en Oikawa más que en ti?”
“No hables cojudeces. Eso no me importa.” Sho se soltó del agarre, con la intención de continuar caminando hacia el estudio de Seven.

Pero Souji no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente. Necesitaba respuestas, y no podía permitirle que siguiera escapando de todo. No lo pensó dos veces y corrió hasta estamparse frente a Sho, interrumpiendo su camino.

“No me voy a mover de aquí hasta que me digas qué pasa.”
“…” Pero no iba a ser tan sencillo. Sho estaba empeñado en escapar, y dio un paso al lado para continuar evitándolo. Souji volvió a cogerlo de la muñeca.
“Sho,” Souji lo llamó, suavemente. Cuando vio cierta resignación en sus ojos, soltó su agarre y optó por tomarlo de los hombros, obligándolo a encararlo. Sho, poco a poco, desvió sus ojos hasta posarlos en el rostro de su amigo. “Estoy aquí para ti. Siempre lo he estado. No soy idiota, sí me di cuenta de que estabas tomando cierta distancia. Tal vez… no quise aceptarlo, y tal vez anduve muy distraído con todo lo que le pasó a Oikawa este par de semanas como para caer en cuenta realmente del distanciamiento entre nosotros. Pero con tu actitud de hoy, no tengo de otra. No te voy a mentir, no me gusta que te alejes de mí, pero entiendo que algo te pasa, y más allá de eso, siempre me vas a tener aquí para ti. No estás solo, no sé por qué te cuesta comprender eso…”
“…Si fueras otra persona, hace rato te habría mandado a la mierda.”
“Es lo que siempre dices, pero soy VIP para ti, al parecer.” Souji le sonrió.
“…” Sho rodó los ojos. “Y siempre me contestas con lo mismo.”
Souji lo soltó, y tomó sus manos, acariciando sus nudillos ensangrentados. “¿Entonces? ¿Me contarás?”
“…”

Sho se veía indeciso. Por unos instantes, observó sus manos, sin prestarle mucha atención al dolor que sentía por las caricias de Souji. Cualquier cosa era mejor que aceptar su derrota.

Pero se resignó en cuestión de segundos cuando vio la sonrisa de su amigo.

Luego de un suspiro, Sho asintió.

“Está bien, tú ganas. El día del ataque… tuve unas visiones muy extrañas sobre el futuro. Están cumpliéndose poco a poco, porque ví que lucharía junto a Labrys contra mi HiME dentro de unas semanas. Y bueno, al cabo de unos días conocí a Labrys. Ella y Todoroki me han aguantado esta semana.”
“Me alegra que hayas encontrado buenos amigos.”
“Eh… sí.”
“¿Pero qué es lo que te preocupa? ¿No es bueno que tengas aliados?”
“No. Ese no es el problema. Vi… vi algo de Ken que me tiene ansioso. No parecía él… era completamente distinto a mi hermano, pero su apariencia era la misma. Estaba en completo descontrol. Siento que no es coincidencia que Ken no regresó al departamento luego del ataque. Su desapareción es muy extraña. Aunque… bueno, no hay nada que diga que va a pasar sí o sí. Porque también tuve una visión de mi primera batalla con mi HiME, pero no se cumplió.”
“No entiendo, ¿no peleaste con ella el día del ataque?”
“Sí, pero aún no había dado la prueba. Con las visiones descubrí que eventualmente sería mi HiME.”
“Ah, y desde ahí no la has visto.”
“No.”
“Y… ¿tuviste una visión de su primera batalla?”
“Sí, iba a ser unos días después del ataque. Pero no pasó.”
“Entonces hay cosas que pueden cambiar, Sho,” le aseguró Souji, con su característica sonrisa llena de calma. “Mira, hoy encontraremos información sobre Kaneki, estoy muy seguro de ello. Seven nunca ha decepcionado a mis amigos, así que confío en él. Con eso, poco a poco, verás que se solucionan las cosas.”
“No… todas,” dijo Sho, desviando su mirada hacia un lado.

Sho se soltó del agarre de Souji para guiar una de sus manos hacia su nuca, acercándolo sutilmente hacia él. Por inercia, Souji cerró los ojos.

Una parte de él sabía lo que se venía.

Cuando reaccionó, se encontró a sí mismo correspondiendo el beso que su amigo había iniciado. Cualquier pensamiento cuerdo se desvaneció de su mente, y lo único que atinó a hacer fue aferrarse a la camisa de Sho, mientras buscaba una cercanía que parecía imposible de conseguir. Sho lo tomó de la cintura, y se perdieron en el momento por unos instantes, sin tomar en cuenta las consecuencias.

La situación era de esperarse de Sho: su actitud impulsiva y poco responsable estaba detrás de todo. Pero Souji no era así… y tal vez eso fue lo que más le sorprendió a ambos.

Se separaron por falta de aire y por iniciativa del mismo Sho, que empujó a Souji de forma repentina. Parecía asqueado con sus acciones, desconociéndose a sí mismo de un momento a otro.

Mientras recuperaban el aliento, Souji despertó de su trance y recapacitó, arrepintiéndose de lo que había hecho. Estaba seguro de que la culpa que lo empezaba a invadir se quedaría con él desde ese momento.

Pero sus miradas se encontraron de nuevo, y volvieron a acercarse. Se dieron el alcance al medio, juntándose de nuevo. Esta vez, Sho lo aferró contra su pecho, y Souji rodeó su cuello con sus brazos, buscando en los labios de Sho la misma cercanía de antes.   

El chirrido de la puerta del estudio los trajo de vuelta a la realidad.




Seven no demoró en llegar a la sala, encontrándolos sentados en sillones opuestos, ambos rojos hasta las orejas. La mano herida de Sho no le impedía teclear hábilmente algo en su celular, en donde había posado su mirada. Souji, mientras tanto, se veía distraído, observando un punto aleatorio en la pared opuesta.

“Eh… Encontré varias cosas, será mejor que vengan conmigo al estudio,” dijo Seven, un tanto extrañado por aquella escena.
“Ah, s-sí, claro.” Souji se levantó. Sho lo imitó, aunque no hizo comentario alguno.

Una vez en el estudio, Seven tomó asiento frente a su computadora. Los seis monitores anclados en la pared se quedaban chicos en comparación a las laptops y otras PC’s que tenía al otro extremo del estudio. Sin embargo, se notaba que había usado la computadora principal, porque allí figuraban los datos de Ken.

“Aunque no conseguí todos los datos, al menos sé sobre el paradero de tu hermano, Minazuki. La base de datos de Rizembool tiene una seguridad especial con él, por algún extraño motivo. Peeero, de todas formas, sí me salió información sobre su HiME y otros detalles.”

Seven se giró a mirarlos, y se encontró con que ambos se veían muy perdidos. En esos momentos, resolvió que lo mejor sería explicarles la situación.

“Minazuki. ¡Minazuki!” lo llamó Seven, para intentar captar su atención. Sho asintió, distraído.
“Sí. Sí, estoy revisando… ¿Sale que Ken está en Alemania? No entiendo… su mensaje decía que el viaje era dentro de Japón…”
“Pues te mintió. Alemania es su paradero actual, pero figura que regresará a Tokio en el vuelo de hoy… De seguro mañana en la noche ya está de regreso.” Seven sonrió. “Si miran aquí,” dijo Seven, y señaló una de las pantallas. La foto de una muchacha de cabellos castaños y orbes fucsias, junto a otros datos, dejaban en claro que se trataba de la HiME de Ken. Era una estudiante de la carrera de Física Cuántica en Hanasaki. “Estos son los datos de la HiME.”
“Kana Arima…” mencionó Souji, pensativo.

Por los sucesos de unos minutos atrás, le costó un poco hacer memoria, pero Souji logró recordar a aquella peculiar jovencita que había ido con Eureka a la fiesta de la Facultad de Derecho de Rizembool. Allí, se había hecho pasar por otra persona (“Shizuru”, si mal no recordaba), pero no cabía duda de que se trataba de la misma joven. Sin embargo, por la actitud que había tenido aquel entonces, Souji cayó en cuenta de que ese día nunca se enteró de que Kaneki era su rebel. Tal vez la situación había cambiado con el paso del tiempo, pero todo indicaba que ella no estaba involucrada en el viaje de Kaneki.

“En todo caso, podrán preguntarle qué sucedió cuando regrese mañana.”
“Luciel, tengo una pregunta,” dijo Souji.
“¿Qué cosa?”
“¿Qué tan difícil se te hizo encontrar esta información?”
“Me demoré… uh… ¿cuánto tiempo los dejé a solas?” preguntó Seven, inconsciente de lo que estaba causando en Sho y Souji. “Pues… habrán sido unos… ¿Veinte minutos? A decir verdad, fue mucho más fácil de lo que pensé. Cuando me hablaste, me hice el cuento de que iba a ser el señor trabajo y me iba a demorar la vida. Es cierto que hay datos que no me figuran… como que son fantasmas, por así decirlo. Pero el resto está en su totalidad, es todo lo que ven en estas pantallas.”
“Preguntaba porque se me hace curioso que Saruhiko no haya podido encontrar todo esto,” comentó Souji, pensativo. “Tiene toda una fama de hacker perfecto, y no pudo con algo así…”
“Puede que lo haya hecho a propósito,” comentó Sho. “Tal vez se vio obligado a esconderme esta información… por algún protocolo de Rizembool.”
“Mm, pues tiene sentido. Él es un rebel, y trabaja muy de cerca con la institución…”
“La pregunta real es… ¿por qué esconderían estas cosas de Ken?”
“Eso no lo sé. En ningún lado sale información respecto a la máxima seguridad que tienen estos documentos…” comentó Seven, apenado.
“Oh, no te preocupes, Luciel. Más bien, muchas gracias por todo. ¿Tú crees… que nos puedas enviar estos datos a nuestros correos?” preguntó Souji.
“Sí, me mandas las direcciones por teléfono y listo.”
“Perfecto, gracias.”
“…Gracias,” dijo Sho, en voz baja. “Ahora. Estoy apurado. Tengo un asunto en el trabajo… así que debo ir corriendo.”
“…” Souji no necesitó mirarlo a los ojos para saber que se trataba de una excusa para escapar. Y no lo culpaba: él sentía lo mismo. Por primera vez, coincidían en sus ganas de salir corriendo para evadir la situación.

Lo que había sucedido entre ambos era difícil de explicar, y tal vez ese no era el mejor momento para hablar sobre ello, con el tema de Kaneki a medio resolver. Sin embargo, bastaba con notar que no todo había sido como Souji creía.

Y eso, en sí, era suficiente para sorprenderlo y asustarlo al mismo tiempo.

No le prestó atención a la conversación entre Sho y Seven, pero los siguió a paso calmado hasta que llegaron a la puerta del departamento. Seven se despidió de ellos, y cuando Sho y Souji se encontraron a solas, los envolvió de nuevo un silencio muy agobiante.

Caminaron juntos hacia la entrada del complejo de apartamentos. Sho estaba enfocado completamente en su celular, mientras que Souji no sabía qué hacer consigo mismo. Los nervios le impedían pensar con claridad. Ni sabía qué era lo que debía decir. Confirmar lo que había pasado estaba descartado, pero ignorarlo… tampoco sonaba como una buena solución. Era suficiente saber que su relación sí o sí se iba a ver afectada de todas maneras. No podía negar que aquello le apenaba.

Tal vez Sho se alejaría aún más luego de esto.

Souji dejó de caminar ni bien llegaron a su destino. Sho estaba decidido a ignorarlo, y lo dejó bien claro cuando se giró hacia la izquierda sin mencionar palabra alguna.

“Sho,” lo llamó Souji. Sho se detuvo, para su suerte. “Me… me llamas o me envías un mensaje cuando llegue Ken, por favor.”
“Sí,” le respondió Sho, sin mirarlo a la cara.
“Sobre lo de—”
“Olvídate.” Sho se volteó a encararlo. “No pasó. Punto.”
“…” Souji asintió, en silencio.

Pero tal y como sucedió antes, la expresión de Sho le decía otra cosa.






Los ruidosos sonidos de una construcción cercana lo levantaron en la tarde. Su reloj de pulsera indicaba las 4 y 45 p.m., y si mal no recordaba, le tocaba entrar al trabajo a las 3.

Sho suspiró.

La mánager del café donde trabajaba estaba completamente obsesionada con su labor y lo bombardeaba constantemente con llamadas cuando Sho no se aparecía a la hora, pero un chequeo rápido a su celular le mostró que aquel día era una excepción a la regla. Tal vez andaba enferma y no había ido al trabajo… lo que lo salvaba un poco.

Luego de una ducha rápida, se cambió en tiempo récord y salió corriendo del departamento. Por el estado de completo desorden y la ausencia de la calmada voz de su hermano, supuso que aún no llegaba del viaje a Alemania.

Mejor para él. Aún no tenía idea de qué decirle cuando lo vea.

Camino al trabajo, intentó distraerse de distintas maneras: observando a la gente, escuchando música, tomando un camino diferente para llegar al café. Pero ningún método era lo suficientemente efectivo como para permitirle olvidarse, por unos instantes, de lo que había sucedido la noche anterior.

Para su suerte, su turno de trabajo logró despejarlo un poco. El café se llenaba de comensales los viernes como ese: no había minuto de descanso y el constante ajetreo lo mantenía muy ocupado y agotado. Usualmente, eso lo ponía de mal humor. Ese día, sin embargo, no tenía de otra que agradecer por la perfecta distracción. Por aquellas seis horas, se sintió en completa calma.

Pero una vez a solas, los recuerdos de la noche anterior parecían empeñados en hacerle la vida imposible.

Contra todo pronóstico, encontró que lo mejor era empezar a enfrentar cada uno de sus problemas, uno por uno. Ni bien llegó a su departamento, se lanzó al sofá de la sala y esperó la llegada de su hermano.

Al cabo de una media hora, el timbre sonó.

Sus pies se movieron antes de que pudiera procesar lo que sucedía: por fin Ken estaba de vuelta.

Se detuvo centímetros antes de golpearse contra la pared, todo por no medir su velocidad. Abrió la puerta sin pensarlo dos veces, esperando ver la sonrisa de su hermano y un “no te preocupes, fue un susto pero estoy de vuelta”.




Lo primero que vio fue el parche en el ojo derecho de su hermano. Luego, cayó en cuenta de lo cansado que se veía… y aunque intentó atribuirlo al viaje de varias horas, había algo en la expresión de Ken que se veía muy fuera de lugar.

“Hola, Sho,” lo saludó Kaneki, como si no se hubiese desaparecido por un par de semanas.

Sho quiso sonreírle de lado y revolverle los cabellos. Quiso hacerse el loco, lanzar un comentario al aire sobre las aerolíneas hoy en día y tal vez preguntarle si tenía hambre y si se le antojaba algo de comer, porque eso habría hecho  las cosas más sencillas entre ambos. Pero recordó la preocupación que había sentido durante su ausencia… y Sho se llenó de rabia. Por más de que Todoroki y Labrys se esmeraron en asegurarle que todo saldría bien, era inevitable pensar en su hermano. En ese mensaje escueto que le había mandado. En su estado y su paradero.

Verlo regresar tan tranquilo, como si hubiera sido un viaje de vacaciones, dolía más de lo que podía soportar.

Nunca había sido tan maduro, pero tal parecía que ya era hora de serlo.

“Ken,” le dijo, y se lanzó a abrazarlo, porque antes de la rabia y la ira, estaba primero el alivio de verlo sano y salvo.

Su hermano lo estrujó de vuelta con un poco más de fuerza de la normal. Cuando se separaron, Kaneki ingresó al departamento, y Sho cerró la puerta.

“¿Qué tal el viaje?” preguntó Sho. “Supongo que fue cansado andar tantas horas en el avión. ¿Hiciste alguna escala?”
“¿De qué hablas?” dijo Ken, extrañado. “Yo… te dije que mi viaje fue al interior del país. A Kyoto, de hecho.”
“Por tu proyecto de carrera.”
“Ajá.”
“Y supongo que Kaworu anda mal en sus cursos, porque no fue contigo.”
“…” Ken lo observó en silencio.
“Ken, no entiendo por qué me estás escondiendo lo que pasó estas dos semanas.”
“Yo no—”
“No insistas.” Sho desvió la mirada. “Sé donde estuviste. Ese mensaje escueto que me mandaste no sirvió para calmar mi ansiedad. Al contrario, hizo que me preocupe más. Así que fui y le pedí a Saruhiko que busque información sobre ti en la base de datos de Rizembool. Supongo que está también en este círculo de confidencialidad o qué se yo, porque me dijo que todo estaba demasiado protegido y que no había podido encontrar nada. Pero… Souji tiene el contacto de un hacker que ha ayudado a Oikawa y a su HiME en varias ocasiones, y fue él que dio con que… estabas en Alemania.”

Ken siempre había sido un libro muy fácil de leer, y por ello, no fue sorprendente ver cómo se delataba a sí mismo mediante sus expresiones. Sin embargo, la confimación de los datos de Seven no hacía más que causarle un gran dolor. Ken le había escondido su verdadero paradero y los motivos detrás del viaje, y ahora no había manera de negarlo.

“Yo…”
“No fue un viaje de estudios, ¿no?” preguntó Sho.
“…”

Sho pudo notar cómo su hermano se debatía internamente entre responder con la verdad. Y aunque no estaba enterado de toda la situación, no pudo evitar pensar en lo que estaba obligando a Ken a dudar antes de hablar de frente con la verdad.

“Lo siento, Sho,” se disculpó Ken, claramente apenado. “No… no quise mentirte.”
“¿Por qué no me explicaste bien las cosas? ¿Por qué te fuiste así sin más? Ken, fue justo luego del ataque. Pensé que algo te había pasado. Tal vez… tu HiME…”
“¿Sabes quién es?”
“Sí. Se llama Kana Arima. Es una estudiante de Física Cuántica— Pero eso no importa, luego te puedo pasar la información si la necesitas. Sé sincero conmigo. ¿Por qué te fuiste?”
“Es algo… relacionado a mi salud. El Dr. Liebhart vio necesario el viaje. Pensé que no duraría tanto… pero se extendió por un par de complicaciones. Y yo… pensé que llamarte para contarte lo que sucedía iba a ser peor. Todo eso iba a preocuparte más… y de seguro habrías buscado la manera de viajar para estar conmigo. Luego de mucho pensarlo, encontré que lo mejor sería mandarte ese mensaje. Cuando me di cuenta de lo que había hecho, me arrepentí, porque tienes razón. Ese mensaje no es suficiente. Sé lo mucho que te has preocupado por mí, y bueno, no te culpo. Lo siento, en serio.”
“¿Te puedo ser sincero? Siento que no hemos hablado mucho de nuestros puestos como rebel. Yo recién lo he conseguido hace poco… pero tú ya llevas un par de meses, un poco más, y nunca me has contado nada. Te has cerrado con el tema, y no sé si a propósito… pero tal vez este viaje tuyo me ha dejado en claro que las cosas están cambiando.”
“Sho, no lo he hecho porque quería,” le refutó Ken. Aunque aún se veía entristecido, Sho notó un poco de enojo en su tono de voz. “Tengo que protegerte. No puedo involucrarte en algo que te puede poner en peligro…”
“¿Pero el punto de esto no era que lo hacíamos porque podríamos compartirlo? Siempre hemos estado el uno para el otro. Mierda, Ken, tú siempre me repites eso: de que estás ahí para mí. ¿Acaso no soy digno de estar ahí para ti también?”
“¡No es eso! No es cuestión de fuerza o dignidad o lo que creas que es. Es mi problema. Y yo me metí en eso por mi cuenta. No puedo…” Ken evadió su mirada por unos instantes, hasta que se armó de valor y volvió a encararlo. “No puedo seguir pensando que vas a estar ahí para salvarme siempre.”
“¿Te molesta eso? ¿Te molesta que te apoye?” Sho no pudo esconder su indignación.
“No… no.”
“¿¡Entonces cuál es el problema!?”
“Nada. Lo siento,” se excusó Ken, a la vez que caminaba distraído hacia su habitación. Jaló de su maleta rápidamente. “No me siento bien. Hablemos de esto otro día.”
“No, esto no se puede quedar así. Tú… Me sigues escondiendo cosas, ¿no?”
“¿Por qué te molesta? Tú… también te guardas cosas para ti mismo,” habló Ken, sin girarse a encararlo. “A veces es mejor que la otra persona no se entere.”

Pensó en las visiones. Pensó en su hermano, transformado en una persona irreconocible. Pensó en su llanto, que se mezclaba con sus propios sollozos, y Sho no tuvo de otra que estar de acuerdo con Ken.

“Tienes… razón.”
“…” Ken asintió, en silencio. “Me voy a dormir. Descansa.”

Pero Sho sabía que, ese día, le sería imposible dormir.
« Last Edit: April 17, 2018, 11:26:08 PM by Eureka »


Sayi

^ fyi el fic de Eureka cuenta para probaciones de Abril


Hello gals <3

Aviso que a partir de las probaciones de marzo ABRIL iremos restando del contador a las gheis que cumplan un año sin dejar fic aquí. Son bienvenidas a regresar a postear cuando gusten -3- pero queremos tener la lista al día con miembros activas.

Como siempre, para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~






Sayi :: 0 palabras
Shura :: 0 palabras
Kora :: 0 palabras
Deidara :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Isumi :: 583 palabras
Cho :: 47337 palabras
Kana :: 10857 palabras
Eureka :: 20435 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 5197 palabras
Haruhin :: 0 palabras
Mery :: 1113 palabras
Ekha :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Arence :: 0 palabras


Now, let's carry on with those big HiME dreams...

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way