Author Topic: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back  (Read 40176 times)


Cho

Segunda parte.

55.2.



Alrededor de cuarenta y cinco minutos más tarde, el grupo llegó al festival. Este ocurría en un centro de convenciones grande y cercano de las universidades de Hanasaki y Rizembool, por lo cual había bastante presencia de universitarios y de personas de clase alta en general.

Luego de bajarse del taxi que los había llevado y pasar la entrada principal, los cinco apreciaron el ambiente concurrido de personas con varios kioscos de mercancía de las bandas que se presentaban, puestos donde vendían snacks y bebidas y los amplios caminos que llevaban a los distintos escenarios. Por todavía ser temprano y recién estarse poniendo el sol, las bandas en plena actividad eran en su mayoría locales y poco conocidas, pero la fiesta ya había comenzado y sólo continuaba creciendo en anticipación.

“No me decepcionan que decidan ir a un festival previo a finales, pero, ¿no estamos muy temprano?” preguntó Seija, encogiéndose de hombros. “A estas horas seguro que nadie interesante está tocando nada.”
“No seas tan negativa, Seija, además que para llegar a un festival, todos tuvieron que sacrificarse un montón,” observó Shishiou, impaciente.
“En verdad que sí, Shishiou tiene mucha razón,” agregó Syo. “Una banda que apoyó con parte del OST de mi última serie televisiva va a tocar en poco tiempo, y realmente quería verles,” sonrió animado. “Ellos han estado componiendo música de comerciales o de fondo, y en verdad han estado esperando esta oportunidad de presentarse, así que pienso animarles un montón.”
“Sí, seguro que estarán muy emocionados,” Natsuki asintió. “Busquemos el escenario donde les toca para ocupar buenos sitios.”
“También tenían que ser buenitos, ¿no?” Seija se encogió de hombros. “Oh, y ahora que lo mencionas, sí eres ese chico actor de esa serie que Shinano ha andado viendo.”
“¡Ah, verdad!” Shishiou se sorprendió gratamente.
“Sí,” el pelirrojo asintió. “Me he asegurado de seguir la serie pese a estar en los Estados Unidos y ha sido increíble. Te has convertido en un gran actor, Syo.”
“Oh, gracias por mantenerte al tanto, Shinano,” le agradeció, sonriendo un poco avergonzado. “Hasta el momento la serie ha tenido buenos reviews y las ventas de dvds y bds han ido bien, así que espero que me renueven para una temporada más.”
“Sería estupendo,” dijo Natsuki, conmovido. “Sé lo mucho que te has esmerado para ese rol, Syo-chan, y realmente te lo mereces.”
“Aparte que te queda muy bien el rol de un héroe épico,” agregó Shishiou. “Shinano me había comenzado a mostrar los primeros episodios y ahora sí que tengo que completar la serie.”
“Heh, significa mucho para mí, gracias,” asintió. “Y con más razón tenemos que ir a ver a este grupo, ¿no lo creen?”
“Sí, son del tipo que apoya a sus semejantes, no me sorprende,” Seija se vio desinteresada. “Tengo algo de hambre. Iré a comprarme algo y les daré el alcance, ¿les parece?”
“Tenías que escoger este momento, ¿cierto?” Shinano dio un suspiro, pero no podía quejarse porque sabía lo especial que era la chica. “Bueno, no te tardes, por favor.”
“Es en el stage cuatro, por cierto,” informó Syo. “Hay buena señalización así que no tendrás problemas encontrándonos.”
“Sí, ya, aparte que tu amigo es un grandulón y fácil de reconocer,” asintió, indiferente. “Vámonos, leoncito.”
“Oye, ¿por qué tengo que acompañarte?” le preguntó este, con molestia. “Ve tú. Yo no voy a comer por ti.”
“Tú tampoco comiste mucho, ¿no? Así también dejas que estos tres se pongan al día.”
“Bueno, está bien, y quizás tenga que mantenerte un ojo encima por lo revoltosa que eres,” se frustró. “Enseguida regresamos.”


Ese par fue a deambular por la parte de puestos de comida en lo que los tres amigos siguieron los letreros para llegar al escenario. Conforme se acercaban, pudieron oír la música de dicho lugar, lo cual delataba que la banda anterior continuaba con su turno.

“Esa Seija es media rara, ¿verdad?” preguntó Syo, un tanto frustrado. “Sé que me lo advertiste, Shinano, pero me sorprende que quieras lidiar con alguien como ella.”
“Ehm, al menos parece llevarse bien con Shishiou, y los dos son muy talentosos,” dijo el pelirrojo, sonriendo. “Creo que ya me acostumbré a ella, y también la veo como una amiga, por más difícil que sea.”
“Si la ves así, seguramente sí tiene sus cualidades, Shinano-chan,” comentó Natsuki, animado. Entonces, él miró a un costado donde vio a un grupo de chicas caminar, y se vio atraído hacia ellas. “¡Ohh, qué hermosos llaveros tienen colgando de sus bolsos!”
“Oye, no te escapes, Natsuki,” Syo fue rápido en jalarle del cuello de su camisa, y le miró con reproche. “Tsk, tiendes a distraerte con lo que sea y aquí con facilidad te podemos perder. Intenta mantenerte cerca de nosotros, por favor.”
“Sí, perdón por preocuparte, Syo-chan,” asintió obedientemente y sin borrar su sonrisa, lo cual no inspiró mucha confianza en su amigo al saber que continuaba con la vista y atención perdidas como de costumbre.
“Shinano, ayúdame a vigilarle también, por favor…”
“Descuida, nos vamos a mantener juntos,” asintió, seguro de sus palabras. “Oh, Natsuki, no me has dicho qué llevas haciendo de momento. He estado atento a Syo, aunque no estoy enterado de tus presentes planes.”
“Eres un buen y atento amigo, Shinano-chan,” Natsuki asintió y sonrió con torpeza. “Por eso mismo te ha llamado la atención, ya que me encuentro en otro hiatus. Mi último disco salió poco antes de tu viaje y he pasado este último año comprometido al club de drama de Rizembool y practicando con mis instrumentos musicales. Sólo paso el tiempo componiendo canciones e inspirándome con proyectos personales fuera del ojo público, y por ello espero pacientemente a que me surja otra idea que me haga retornar a desempeñarme en mi profesión.”
“Ohh, tiene sentido,” el pelirrojo sonrió comprensivamente. “Siempre has sido de tomarte tu tiempo, pero por ser tan talentoso nunca tienes por qué preocuparte.”
“Eso es verdad,” Syo dio un suspiro. “Natsuki es un genio musical y por eso puede frenarse y tomarse tantos descansos como guste. A diferencia de él, yo siempre he tenido que exigirme para salir adelante.”
“¡Oh, pero tú eres el mejor y más impresionante actor, Syo-chan!” declaró el tranquilo grandulón con mucha alegría. “Realmente quiero seguir tus pasos e igualar tu habilidad escénica. Este hiatus que estoy tomando es principalmente para lograr esa meta, ya que ando aprendiendo un montón de Wataru-chan y todos nuestros compañeros.”
“También me hace falta lo mismo, debo admitir,” Shinano asintió. “Seija es muy talentosa como actriz y me apoya en lo que se anima, aunque espero poder contar con el tiempo para unirme a ustedes al club de drama. Sería muy divertido volver a tomar clases juntos como hace años.”
“En verdad que sí. Los tres siempre nos hemos apoyado un montón y nos llevamos bien,” Syo asintió y sonrió un poco. “Heh, me daría mucha nostalgia. Es como regresar a mis raíces.”
“Sí, digo lo mismo,” Natsuki sonrió conmovido. En ese instante, ellos llegaron a la entrada del escenario cuatro y observaron que el ambiente seguía concurrido por la presencia de la banda que continuaba tocando. Ellos se detuvieron un momento para juzgar por dónde ingresar, aunque la vista del mayor del grupo se enfocó en un kiosco al costado de la entrada donde bebían distintos tipos de bebidas. “Ohh, creo que se me ha antojado comprarme algo para tomar. ¿Ustedes quisieran algo? Yo invito.”
“Estoy bien, gracias,” Syo negó y miró fijamente al otro. “Sólo asegúrate de no tomarte mucho tiempo y distraerte con nada.”
“No te preocupes, Syo-chan,” asintió. “Regresaré de inmediato. Estoy agradecido de que siempre andes tan al pendiente de mí.”
“Tsk, no me das opción por lo volado que eres,” negó ofuscado y entrecerró sus ojos al notar a su amigo sonreír inmutado. “¡Y eso también! ¡Es como si mis palabras y reclamos nunca te llegaran! ¡Aprende a ser responsable de una maldita vez!”
“¡Syo-chan!” Natsuki se sobresaltó levemente y ladeó la cabeza. “Te ves tenso. ¿Estás bien? ¿No quisieras que te invite una bebida?”
“¡¿De nuevo has filtrado lo que te he dicho?!” comprimió sus puños.
“¡Y-ya, no te inquietes mucho, Syo!” pidió Shinano, levantando sus palmas y sonriendo nervioso. Pasó a mirar al mayor. “Ehh, todo está bien, Natsuki. Syo y yo vamos a ver el espectáculo desde la entrada. Danos el alcance cuando termines.”
“Sí, un momento, por favor,” Natsuki asintió obedientemente y caminó a paso veloz hacia el kiosco que estaba a poca distancia. Por la cantidad de personas, le iba a tocar hacer una larga fila hasta que llegara su turno.

Shinano observó a su amigo más alto por un momento, y sonrió con torpeza. Natsuki, pese a ser el mayor, era en muchos aspectos de personalidad el menor de los tres por ser tan distraído y sensible, y con frecuencia necesitar el apoyo de otras personas. Ese noble gigante era una persona pacífica y bondadosa que no guardaba rencores ni antipatía hacia nadie, y en verdad quería ser amigo de todo con quien se cruzara. Además de ello, contaba con un gran talento para la música que le había llevado a ser un joven compositor de gran renombre y también un cantante reconocido pese a su corta edad.

Por otro lado, Syo pese a ser dos años menor que Natsuki era sin duda el responsable y líder de los tres al poseer una personalidad fuerte y segura de sí misma, y nunca darse por vencido. Sin embargo, su poca paciencia y gran temperamento a veces solía hacerle una persona difícil de tratar e intimidante pese a su infantil y delicada apariencia. De todos modos, su vocación de servicio y fuerte sentido de justicia le hacían un amigo dedicado y leal, razón por la cual siempre había apoyado a Natsuki desde que los dos se volvieron amigos en la niñez. Syo era un reconocido actor que continuaba aumentando sus hazañas con el tiempo, y también poseía talento como músico y cantante, aunque a menor escala de su amigo.

El pelirrojo no dejaba de impresionarse por todo lo que sus amigos habían logrado con el paso del tiempo, y realmente se alegraba de que sus grandes esfuerzos hubieran dado fruto, pero al mismo tiempo se sentía un poco atrasado. Era similar a ver a sus hermanos mayores desenvolverse en sus respectivos quehaceres y notar cómo el tiempo había transcurrido con más lentitud para sí mismo.

“Shinano, ¿estás bien?” le preguntó Syo.
“Oh, eh, sí, perdón,” sonrió incómodo y asintió. “Me distraje.”
“No, no te distrajiste,” el rubio negó, llevó sus manos a sus caderas y miró al otro con severidad. “Te conozco demasiado bien para saber que algo te está incomodando. ¿Qué es?”
“Ehm… sé que no puedo engañarte, Syo, pero es un poco raro compartirlo…” desvió su mirada. “Y no quisiera incomodarte…”
“Estoy seguro que lo que sea que pueda ser es menos problemático que una de las múltiples ocurrencias de Natsuki,” ni bien dijo eso, Syo miró brevemente a dicho rubio que seguía en plena fila y se encontraba meciéndose al ritmo de alguna melodía dentro de su cabeza. Dio un suspiro. “Aparte que somos amigos y quisiera poder apoyarte. ¿Qué ocurre?”
“Bueno…” Shinano se animó un poco con leve culpa y bajó su mirada. “Estaba pensando en todo lo que ustedes han logrado estos últimos años. Son increíbles y luego del sacrificio que han realizado en verdad merecen sus reconocimientos. Sólo que…” sonrió incómodo. “Oírte decir que regresaríamos a nuestras raíces me hizo recordar que nosotros tres comenzamos a tomar clases y apuntar a nuestras metas casi a la misma edad, y me he dado cuenta que me he quedado muy atrás en comparación a ustedes…”
“¿Por qué te comparas, Shinano?” le preguntó, alzando una ceja. Él dio un suspiro, exasperado. “Verte tan dudoso e inseguro es poco característico de ti.”
“Lo sé, perdón.”
“No lo digo para que te disculpes,” frunció el ceño, extrañado y algo preocupado. “Tienes demasiadas cosas en mente para que te ofusques así. No es saludable. A diferencia de Natsuki, a ti tengo que pedirte que no pienses tanto. Las cosas son más simples de lo que crees.”
“Ehh, seguro que sí…” el pelirrojo sonrió al encontrar la mención del otro un tanto graciosa.
“Y no olvides que tú tienes una razón muy válida para haberte quedado atrás…” Syo desvió su mirada. “¿Cómo están las cosas en tu hogar? Espero que eso no esté volviendo a inquietarte.”
“Todo está bien. Ando con unas preocupaciones leves, pero ya todo se ha resuelto,” le contestó con una sonrisa. “Gracias por preguntar.”
“A diferencia de nosotros, tú tuviste problemas familiares serios hace como diez años, y te tomó varios años retornar a tu entrenamiento. Natsuki y yo siempre estuvimos preocupados por ti, y por eso estamos contentos de saber que estás de nuevo tomando viada para ser un modelo,” asintió, y Syo volvió a sonreír con energías. “Por eso mismo, los dos queremos ayudarte en lo que podamos. Luego de todo lo que tuviste que sacrificar por tus hermanos, en verdad mereces toda la ayuda que puedas conseguir, y sería un placer para nosotros.”
“Siempre les he estado muy agradecidos por sus alientos y comprensión,” Shinano asintió y llevó una mano a su pecho. “Ustedes dos han sido como unos hermanos adicionales para mí.”
“Lo mismo digo. Natsuki y tú son como mis hermanos menores,” Syo asintió, pero la alegría se le pasó de inmediato al pensar en el mayor como su menor, y recordó supervisarle. Vio cómo Natsuki andaba hablando entusiasmado con un transeúnte que se había detenido luego de que el grandulón se hubiera emocionado de ver un adorno de su mascota favorita en su mochila. Aquel tercero sonreía incómodo y retraído por los ánimos de ese chico. “Tsk, ¿qué está haciendo ahora? No puede acosar a la gente así.”
“Hehe, está bien, Natsuki es completamente inofensivo,” observó Shinano, entretenido.
“Por su apariencia y altura, no creo que muchos tengan esa impresión,” dio un suspiro frustrado y decidió no ir a llamarle la atención al mayor al notar cómo ese tercero se despidió en buenos términos con Natsuki. “Vaya… me frustra un poco. Natsuki es muy alto y tiene una gran fuerza y habilidad físicas. Hubiera querido ser como él. Eso habría hecho más fácil mi entrenamiento en las artes marciales…”
“Vamos, la altura no lo es todo, Syo,” observó comprensivamente. “Y no puedes menospreciar tus dotes de pelea. Eres muy fuerte y un cinta negra en karate, y tú no requieres de dobles durante las filmaciones,” se emocionó y comprimió sus puños frente a su pecho, con alegría. “¡Te he visto hacer los más impresionantes saltos y participar en las más reñidas peleas en tu más reciente serie! ¡Pienso que eres genial!”
“Heh, no es para tanto,” Syo sonrió algo avergonzado. “Además tú vienes de una familia guerrera, ¿cierto? Eres capaz de pelear con espadas, Shinano. Podría aprender algo de ti.”
“P-pues…” esa mención retrajo al pelirrojo, quien desvió su mirada. “M-mi familia tiene un gran linaje, y puedo declarar con orgullo que todos mis hermanos mayores son maestros con las espadas… p-pero yo me he quedado muy atrás en mi entrenamiento. Podré defenderme mejor que mis menores, pero a veces siento que estoy faltando el respeto a mi familia…”
“No creo que lo hagas, pero yo que tú aprovecharía tu linaje y recursos para entrenar lo más posible,” declaró, sonriendo con decisión. “Incluso has heredado una daga ancestral al igual que tus parientes, ¿cierto?”
“Oh, sí, siempre la traigo conmigo,” asintió alegremente. “Nunca me separo de ella.”
“Asumo que eso incluye este festival…”
“¡Sí! Ninguna excepción.”
“Uhh, ten más cuidado. Si te descubren, te meterían en problemas,” Syo negó.
“Hehe, está bien.”
“Y si te animas a entrenar, podría ayudarte con pelea cuerpo a cuerpo. Es genial tener a un amigo con talento para estas cosas. No puedo compartirlo con Natsuki. Sabes que él se paraliza con cualquier tipo de conflicto por más talento innato que pueda tener…” Syo desvió su mirada, con nervios. “Y bueno, tú sabes bien por qué no es bueno exponer a Natsuki a grandes tensiones…”
“S-sí… hay que evitarlo a todo costo…” Shinano asintió, compartiendo sus nervios. Ese era un secreto que tenían que mantener de todos, incluyendo a su grande y atolondrado amigo. “Espero que Natsuki esté bien…”
“Ha sido así desde que le conocemos. Mientras le mantengamos un ojo encima, no tenemos por qué preocuparnos, aparte que los dos podríamos defenderle,” el rubio le restó importancia.
“Tienes razón,” entonces, el pelirrojo regresó su atención al kiosco de bebidas y se sorprendió. “¿Eh? Syo, Natsuki no está.”
“¿Qué dices?” este se inquietó y miró al kiosco para comprobar la observación. Efectivamente, de un momento a otro, su enorme amigo se había salido de la fila y esfumado pese a que todavía no había llegado su turno de ser atendido. “¡Ahh! ¡Es increíble! ¿A dónde se habrá ido esta vez?”
“Vamos a buscarle,” dijo el menor, apresuradamente.
“Sí, no tenemos de otra.”



Pese a haber estado muy cerca de ser atendido, Natsuki vio a un grupo de amigos caminar cerca en lo que tomaban varias latas de gaseosas. Esas bebidas no habían estado disponibles en el kiosco y le atrajeron mucho más, por lo cual salió de la fila para buscar la máquina dispensadora que debía estar cerca.

Su caminata le llevó a un pequeño escenario que todavía estaba en plenos preparativos para la noche, y pudo divisar dicha máquina cerca de esa área. Ahí había unas tres chicas que acababan de comprar unas gaseosas y hablaban distraídamente. Al ser esa un área un poco más apartada y casi vacía, esas jóvenes estaban aprovechando la privacidad y el silencio para hablar y revisar sus celulares sin apuros.

Sin embargo, conforme el chico caminaba hacia la máquina, notó que unas tres personas se bajaron de un auto de lunas polarizadas y se acercaron hacia ese grupo de chicas distraídas. El auto estaba en un estacionamiento pequeño adjunto donde había más carros y vanes oficiales y con permiso especial para asistir en la organización del evento, pero cualquiera se daría cuenta que esas personas tenían apariencias y comportamientos sospechosos.

Natsuki se confundió al notar a esos tipos agarrar a una de las chicas de un brazo y comenzar a jalarla, pese a que se resistía y a que sus amigas trataban en vano de empujarlos. Esa escena se tornó bélica instantáneamente y el rubio se acercó corriendo consternado.

“¡Esperen! ¿Qué sucede aquí?” exclamó preocupado. Su llegada en un inicio alertó a los hombres, pero estos sólo necesitaron observar el rostro asustado del rubio para saber que no se trataba de ninguna amenaza.
“¡Lárgate!” gritó uno de los asaltantes.
“¡P-pero…!”
“¡Ayúdenos, por favor!” suplicó una de las chicas a Natsuki, aterrada.
“¡Suéltenme!” gritó la chica que se resistía, pero justo entonces los hombres le agarraron de sus brazos y piernas y trataron de llevársela. “¡Ayuda! ¡Deténganlos, por favor!”
“¡Ehh!” Natsuki tembló un poco y con mucha torpeza alcanzó y agarró a uno de los asaltantes de sus hombros, para halarlo hacia así a manera de detenerle. Su atolondrada acción terminó rindiendo algo de frutos ya que él hizo uso de su inconsciente fuerza y dicho criminal terminó cayéndose al piso estrepitosamente. La chica aprovechó al verse soltada de sus piernas para dar una patada a uno y pudo soltarse del tercero ya que sus amigas le apoyaron jalándole.
“¡Miserable!” le reclamó el agredido, quien se levantó rápidamente y dio un fuerte golpe al rubio en su abdomen.
“Tch…” Natsuki se afligió y cayó sentado al piso, adolorido. Entonces, él alzó su mirada para notar que los otros dos de nuevo habían alcanzado a las chicas y el asaltante frente a él estaba por darle una fuerte patada.

El rubio se paralizó y miró con terror a su atacante para cerrar los ojos fuertemente, pero él no llegó a recibir el golpe.

“¡AAAHHH!” Syo alcanzó al ladrón primero y le dio una certera patada en el rostro que lo dejó casi inconsciente.
“¡S-Syo-chan!” exclamó Natsuki, impresionado. “¡Ehh, h-hay más…!”
“¡En eso estoy!” le contestó a secas y corrió donde los otros dos ladrones.

Syo se acercó a sus oponentes con una gran velocidad. Les vio percibir su presencia y uno de ellos de inmediato corrió para hacerle frente, pero el pequeño rubio no tuvo problemas leyendo a aquel adulto. Fue capaz de esquivar sus golpes con sus rápidos reflejos y en un descuido del mayor logró tomarle de un brazo y levantarle por los aires, para azotarlo contra el concreto.

Su llegada y rápida ejecución dejó boquiabiertos tanto a Natsuki como a las chicas, y el tercer asaltante tuvo que dejar escapar al blanco para pelear contra Syo y defender a sus secuaces. Natsuki se descuidó por observar a su amigo y ver a las chicas huir, y estuvo por recibir un ataque del recuperado ladrón que le había golpeado previamente…

“¡Natsuki!” Shinano finalmente había logrado darle el alcance al veloz de Syo y llegó para empujar a ese enemigo. A diferencia del seguro de su amigo, el pelirrojo se sentía tieso por nervios y sin mucha idea sobre cómo pelear efectivamente, aunque ello no le iba a detener. Vio a ese ladrón recobrarse nuevamente y se preparó para hacerle frente, aunque el pelirrojo tuvo problemas esquivando los ataques y una patada lo barrió hacia atrás.
“¡Ahh! ¡Shinano-chan!” exclamó Natsuki, torturado.
“Huye, Natsuki… llama a ayuda…” le pidió Shinano, quien se levantaba con dificultad.
“P-pero…”
“¡V-ve cuanto antes!” exclamó con una insistencia y demanda que no le caracterizaban, pero que fueron necesarias para forzar a Natsuki a levantarse y alejarse. Era realmente importante que no siguiera expuesto a esa situación, por su propio bien.

El pelirrojo se sentía mareado. Ese golpe le había arrollado y pudo observar sus pertenencias en el piso, aunque no tuvo tiempo para recogerlas por tener que evitar otro ataque. Entonces, recordó a su fiel daga escondida en su pecho y de inmediato la desenvainó.

Al haber sacado su arma, Shinano vio a ese ladrón tensarse. Ello le dio un poco de alivio porque delató que dicho asaltante no estaba armado, pero estaba por averiguar que la situación era mucho más seria de lo que parecía…

“¡AHHH!” Syo terminó por dar un fuerte golpe en la quijada al ladrón con el cual había estado peleando y le vio caer hacia atrás. Al verse libre de ese oponente, él se giró para supervisar a sus amigos…

…y se le heló la sangre al ver a un cuarto oponente que había logrado emboscar a Shinano y lo tenía agarrado de cerca y con una pistola en la sien. El pelirrojo estaba tenso y completamente a la merced de esa nueva amenaza. A simple vista, dicho cuarto asaltante parecía ser el líder, quien hizo un gesto con su rostro para comandar a sus secuaces a que se retiren.

Y estos lo hicieron sin antes lograr agarrar a Syo desprevenido para golpearle en la cabeza e impedirle que les detuviera.

“Seguridad debe estar en camino,” declaró el líder, quien tenía a Shinano apresado con fuerza. “Se nos escapó la muchacha, pero no nos iremos sin las manos vacías. ¡Preparen el escape!”
“¡E-esperen!” Shinano exclamó aterrado, pero fue de inmediato amordazado.
“¿Qué hace un niño como tú con esta arma?” preguntó un ladrón, quien le quitó su daga. “Obviamente tú no te la mereces.”

Syo comprimió sus puños y pudo oír a los criminales apurarse de regreso al vehículo. Él se levantó como pudo y percibió que su vista estaba inestable y sacudida, aparte de sentirse desequilibrado. De todos modos, él corrió como pudo detrás del auto, el cual fue capaz de arrancar antes de llegar a alcanzarle.

Conforme avanzó, el rubio comenzó a recobrar sus sentidos y energías, pero no era contrincante para un auto en movimiento y empezó a quedarse atrás. Él vio que el auto estaba por llegar a las rejas que delimitaban el terreno del festival, y se frustró tremendamente al ver a los guardias abrirlas sin molestarse en revisar las identidades de los pasajeros.

“¡Cierren las rejas! ¡No dejen que se escapen!” gritó a todo dar, pero esos guardias no le hicieron caso inmediato y el auto logró salir de ese sitio para sumergirse en el tránsito de la ciudad. “¡Maldición! ¡Deténganlos!”

Para cuando él llegó, fue muy tarde. Ese vehículo había arrancado a todo dar luego de cruzar las rejas y no había forma de decir hacia dónde se había ido. Los guardias repararon en la emergencia del joven tardíamente y le miraron aturdidos al notar cómo sangraba de un costado de su cabeza, pero Syo hizo caso omiso a su propia herida y agarró del cuello de su camisa al guardia más cercano para sacudirlo y mirarle de cerca con una incontenible furia.

“¡¿Y se supone que son guardias?! ¡¿Cómo demonios pudieron permitir que esas personas salieran sin más?! ¡E incluso entraron aquí a su regalado gusto!” gritó al confundido guardia.
“O-oye, ¿qué sucede? ¿Por qué estás sangrando?” preguntó el otro guardia en un intento de apaciguarle, pero su intromisión sólo hizo que Syo también lo tomara de su camisa con una mano y lo jalara hacia sí.
“¡Fueron unos secuestradores! ¡Los miserables trataron de secuestrar a una chica y se han llevado a uno de mis amigos!” exclamó. “¡Son unos incompetentes!”



“¡Syo-chan!”
“…” Syo reconoció la voz de Natsuki y soltó a los guardias con brusquedad. Vio a su amigo correr acompañado de Shishiou y Seija, y un poco detrás de ellos se acercaban varios de seguridad, con algunos contactando a más refuerzos con sus walkie talkies. Al ver a todas esas personas, Syo descargó su ira en impotencia y comprimió fuertemente sus puños.
“Syo, ¿qué pasó? ¿Estás bien?” preguntó Shishiou, mirando su herida.
“Tsk… Shinano…” dijo entre dientes y bajando su mirada, para temblar un poco.
“E-espera, no me digas que…” Seija comenzó, sorprendida.
“Shinano…chan…” Natsuki abrió sus ojos como platos y llevó sus manos a su rostro. “No… imposible…”
“Nos han informado que hubo un intento de secuestro en esta área,” dijo uno de seguridad al alcanzar a los demás. “La hija de un reconocido magnate fue asediada por tres hombres que salieron de un vehículo de lunas polarizadas.”
“U-un auto con esas descripciones acaba de retirarse…” reportó uno de los guardias de la reja, pálido por la revelación.
“¡Tsk, es injustificable!” gritó Syo, indignado. “¡Es culpa de ustedes de que hayan secuestrado a mi amigo!”
“¡¿Dicen que un joven ha sido secuestrado?!” exclamó uno de seguridad.
“¡¿Cómo fueron capaces de dejar que un vehículo sospechoso no fuera revisado?!” requintó otro a los vigilantes. “¡El acceso a este estacionamiento es severamente monitoreado!”
“¡A-a la entrada todos los autos presentaron la forma con credenciales!” contestó un vigilante, con gran nerviosismo.
“¡Pero tienen que revisar a los pasajeros y el cargo con el cual entran y salen!”

Siguió una discusión acalorada entre los distintos trabajadores del evento mientras unos pocos continuaban informando sobre más detalles de lo ocurrido y más personal se acercaba a toda velocidad, incluyendo a unos paramédicos.

“Ahh, esto no puede estar pasando…” Shishiou sacó de uno de sus bolsillos un celular y una pequeña billetera. “Vi que estas cosas se le cayeron a Shinano.”
“¿Nos vieron?” preguntó Syo, sorprendido.
“Sí, corrimos lo más rápido que pudimos y nos topamos con Natsuki, pero todo se acabó al instante,” Seija negó. “Lástima. Leoncito y yo no habríamos tenido problemas dándoles una paliza, pero lo hecho hecho está.”
“Tsk… no pude protegerle…” el rubio menor se frustró, aunque la chica le dio un par de palmadas en la espalda.
“Oye, oye, te vi pelear de lejos y eres muy bueno para una cara bonita,” comentó Seija, sonriendo con ironía. “Casi me dan ganas de pelear contra ti en este instante.”
“Y de no ser por ti, esos malditos habrían secuestrado a la chica,” recalcó Shishiou. “Aparte que también protegiste a Natsuki.”
“P-pero…”
“Shinano-chan…” Natsuki agarró su cabeza y comenzó a temblar mínimamente. “No puede ser… esto no puede estar pasando…”
“Natsuki…” Syo le miró con leve preocupación.
“N-no pude hacer nada por él… e-es mi culpa que esto haya pasado… s-sí no fuera por mí, Shinano-chan estaría bien…”
“Oye, tranquilo…”
“¡Y-y ahora, ¿qué le ocurrirá a Shinano-chan?! ¡¿Qué piensan hacerle esas personas?!” exclamó mientras sacudió su cabeza repetidamente, aterrado. “¡¿Y qué debería hacer?! ¡N-no quiero que nada malo suceda! ¡P-pero soy incapaz de ayudar! ¡Y-y-yo!”
“¡Natsuki!” Syo le agarró de los brazos y le encaró. “¡Natsuki, detente!”
“¡P-pero yo-!”
“Natsuki, mírame a los ojos,” ordenó pausadamente y con intensidad, para acaparar su atención. Vio a su enorme amigo quedarse quieto y mirarle, aunque respirando un poco agitado. “Escúchame. No te preocupes por Shinano.”
“Pero…”
“Shinano es más fuerte de lo que crees. Y estará bien. Te lo prometo, te lo juro,” declaró. “No estamos solos en esto. Vamos a recibir ayuda de la policía y no dejaremos que esos imbéciles se salgan con las suyas.”
“…” Natsuki asintió y su amigo le soltó.
“Y no te culpes por esto. Sí, te distrajiste por millonésima vez y te apartaste, pero de no ser por ti, esa chica habría sido secuestrada. Yo no hubiera tenido tiempo de alcanzar a los secuestradores si no hubieras intentado auxiliarle,” le sonrió decididamente. “Hiciste lo correcto, así que no seas tan duro contigo mismo.”
“P-pero no pude pelear con ustedes… Syo-chan, estás herido…”
“Esto no es nada. Me he lastimado peor en algunas filmaciones,” sonrió con torpeza y restó importancia al asunto. “Hiciste todo lo que pudiste, así que ahora tranquilo. No podemos dejar que esto nos afecte más de lo que debería. Debemos ser fuertes por Shinano, ¿de acuerdo?”
“S-sí, haré el intento,” Natsuki asintió con seriedad y sonrió un poco. “Gracias, Syo-chan, y… siento las molestias.”
“No te andes disculpando por cosas así,” negó frustrado. “Somos amigos, ¿no?”
“Sí…”

Por su parte, Shishiou observaba al par conversar. En verdad había parecido que Natsuki estuvo cerca de tener un ataque de pánico y se sorprendió de la inmediata y casi profesional reacción de Syo para calmarle, como si no fuera la primera vez que algo semejante ocurría. Entonces, vio a Seija escribir un mensaje de texto.

“¿Qué haces?” preguntó.
“Entre la familia extensa de Shinano y este par de amigos raros que tiene, supuse contactaría a nuestra guía,” observó, mientras enviaba otro mensaje. Seija alzó una ceja al ver una respuesta casi inmediata de aquella supuestamente antisocial guía. “Hm, dice que enseguida viene.”





Y así fue. Tharja llegó a ese evento unos veinte minutos después. La pelinegra fue dirigida a uno de los edificios de seguridad por la entrada principal y se encontró con un ambiente bastante tenso, donde la policía se encontraba hablando con todo aquel que había sido testigo de lo ocurrido. La recién llegada logró divisar al grupo de allegados del pelirrojo y fue donde ellos.

“¿Y bien? ¿Y quién me toca asesinar por extraviar al señorito Toushirou?” preguntó con indiferencia.
“¡Haha, te he echado de menos!” Seija se puso a reír.
“¡Maldición, esto es serio!” exclamó Syo, quien se levantó de un salto de su silla, aunque esa acción le hizo sentirse un poco mareado.
“¡Syo-chan!” Natsuki de inmediato lo agarró y le regresó a su sitio. “Por favor, los paramédicos te han pedido que reposes. Sigues afectado por el golpe que te dieron.”
“Tsk…” Syo desvió su mirada y agarró las vendas en su cabeza con leve incomodidad. Felizmente no tenía ningún trabajo que atender en los próximos días.
“Me expresaré con neutralidad, pero obviamente sé lo serio que es,” Tharja miró a sus alrededores y vio a unas chicas todavía dando sus testimonios. “Además de dejar que la policía se haga cargo de todo esto, ¿se han comunicado con la familia?”
“Sí, un oficial debe haber contactado al hermano mayor hace pocos minutos, si no me equivoco,” observó Shishiou.
“Con esta familia, lo mejor sería que uno de ustedes le llamaran personalmente. ¿Y hay algún veredicto sobre el vehículo?”
“Por más que les diera la información de la marca y la placa, parece que se ha extraviado,” dijo Syo, entrecerrando los ojos. “Todo da la impresión de que son profesionales.”
“Por haber apuntado a la hija de un magnate, sí, más les vale, ¿no?” Seija se encogió de hombros e ignoró a ese temperamental rubio mirarle con cólera. “No hay mucho que podemos hacer.”
“Estoy segura que el Toushirou mayor ya debe estar encargándose de este caso en comunicación constante con la policía, y si ellos no cuentan con más pistas, sólo les toca rezar a que ese carro aparezca pronto,” dijo Tharja. Ella se cruzó se brazos y desvió su mirada, con hastío. “De todos modos, al tratarse de un grupo de secuestradores, tarde o temprano se pondrán en contacto con su familia para pedirles términos de rescate.”
“¿Todo estará bien así no más?” preguntó Natsuki, bajando su mirada. Él no se veía convencido.
“Eso es si asumimos que Shinano va a cooperar con sus secuestradores,” dijo Syo, cabizbajo.
“¿Tú crees que no lo haría?” Shishiou se sorprendió.
“Su celular y billetera se cayeron durante la pelea, así que esos ladrones no tienen forma de saber nada de él a menos que él mismo abra la boca,” le recordó. Syo se mostró ofuscado. “Conociendo a Shinano, no sé qué tan conforme se encuentre colaborando con esos criminales si es que ellos importunarán a su familia de un modo u otro.”
“¿Hablas en serio?” Seija le miró con incomprensión y resopló frustrada. “Uff, qué especial…”
“Tsk, sí suena a su especie, lamentablemente…” para variar, Tharja se mostró mínimamente preocupada. “No dudo de que los secuestradores logren hacerle hablar de algún modo u otro, pero el problema es la cantidad de daño que pueden hacerle hasta que eso ocurra…”
“Shinano-chan…” Natsuki se horrorizó. “Espero que no se exija demasiado…”
“…” Shishiou estaba cabizbajo y sumergido en pensamientos. “Ehm, siendo sinceros…”
“¿Qué?” Tharja le miró y alzó una ceja. “¿Has ocultado algo?”
“Tengo unas sospechas… sólo no quise decir nada porque no llegué a ver a los asaltantes de cerca…” negó para despejar sus dudas y se mostró decidido. “Pero creo saber de qué banda criminal se trata… y tal vez hasta una de sus guaridas más probables…”
“¿Qué? ¿Hablas en serio?” Syo se quedó en shock. “¿Cómo sabrías algo así?”
“S-son cuestiones familiares, dejémoslo así…” Shishiou recordó la conversación que había tenido con su hermanita durante el fin de semana, y sabía que lo mejor era no compartir más detalles sobre sus orígenes a menos que fuera necesario.
“Hehe, ustedes que son muggles no tienen por qué saberlo,” Seija sonrió pícaramente. “Hay ciertos posibles inconvenientes para leoncito y su familia si andan compartiendo información que no deberían sin un motivo válido. Yo en su lugar lo pensaría dos veces.”
“Shinano es un amigo y su familia ha sido muy amable con nosotros, Seija,” recalcó. “Así que pienso que esto es importante.”
“En fin, no tengo que saber detalles, pero vayan diciendo algo si realmente quieren ayudar,” observó Tharja, impaciente. “El tiempo es muy valioso en general.”
“Si estás tan seguro de esto, voy contigo,” Syo se vio decidido.
“Syo-chan, también quiero ir, pero no creo que podríamos ayudar,” Natsuki negó lastimosamente. “Yo no puedo pelear y tú sigues herido. Shinano se preocuparía mucho si no tenemos cuidado.”
“Sí, y dejemos que la policía sirva para algo, ¿no?” Seija se encogió de hombros, y se sorprendió al ver a Shishiou levantarse.
“No, yo pienso ir a lidiar con esto personalmente,” dijo decidido y con sus manos en sus caderas. “Esto no es sólo por Shinano. Me siento identificado con este caso en particular y pienso que podría ayudar.”
“…” Tharja le miró atentamente y terminó por negar. “En fin, no te detendré, pero como dije antes colabora con los policías y los Toushirou con lo que sabes. Ojalá estés en lo cierto.”
“Entendido,” sacó su celular.




El atardecer se oscurecía conforme el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte. Los tonos cálidos que inspiraban al venidero verano inspiraban paz y tranquilidad en una inmutable tarde donde podría no estar sucediendo nada en lo absoluto…

Honebami ingresó a la habitación de Yagen en la residencia de los Toushirou con una bandeja donde traía una pequeña porción de sopa, un vaso de agua y unas pastillas para aliviar el malestar. El peliblanco notó que su hermano menor estaba sentado en su cama y miraba hacia la ventana, sin disposición de realmente descansar.

“Yagen, te traje una merienda,” reportó Honebami, mientras apoyaba la bandeja sobre la mesa de noche. “Toma un poco de sopa antes de la medicina, y descansa un poco, por favor.”
“Gracias por tu ayuda, Honebami,” Yagen sonrió y encontró gracioso que su mayor se encontraba desempeñando el rol del doctor para variar. “¿Cómo están nuestros hermanos?”
“Namazuo ha salido con ellos al centro comercial cercano para pasear. No tienes que preocuparte por ellos,” negó. “Concéntrate en descansar.”
“Ciertamente podemos contar con Namazuo para entretenerles y distraerles. Siempre ha sido muy bueno con ello.”
“…” el peliblanco observó a su menor sonreír con cansancio y leve frustración mientras persistía en observar el atardecer por su ventana. Yagen se mantuvo inmutado. Con el tiempo, Honebami había podido interpretar esa inacción de su parte como una señal de que el científico se encontraba inquieto, o que había algo que no estaba bien. “Yagen… ¿sucede algo?”
“No… no es nada…” negó pacientemente y miró a su hermano. “Siento que tengas que preocuparte por mí, Honebami.”
“Es mi deber velar por tu bienestar…” declaró inmutado, y desvió su mirada. “Mi trabajo se vuelve inconveniente únicamente si soy incapaz de comprender lo que sucede.”
“Tiene sentido…”
“…” le miró atentamente, y el científico finalmente se resignó a explicarse en lo que regresaba su atención a la ventana.
“No vengo muy seguido a casa, todos lo sabemos. Tú vienes más seguido que yo, y seguramente has recibido varias preguntas sobre mí de parte de nuestros hermanitos…”
“…” asintió.
“Como uno de los mayores, y el mayor después de ustedes tres, dignarme a aparecer cuando me encuentro enfermo en este hogar es… vergonzoso, por decir poco…” agachó su cabeza, sonriendo resignado.
“…”
“Preocupar a nuestros hermanos e importunarles así… es realmente injustificable.”
“…” Honebami asintió. Entonces, él caminó hacia la ventana y miró hacia la vista del inmenso jardín de esa casa por un momento.



“Yo… cuando perdí los recuerdos del pasado y dejé de ser el segundo hijo de nuestra familia, tú insististe desde un inicio en que viniera y compartiera con nuestros hermanos…” comenzó a narrar el peliblanco, con sus ojos fijos en el cielo de la tarde. “No poseía un sentimiento de pertenencia. Todos eran desconocidos… fue una gran inconveniencia para mí seguir tus indicaciones, por más que no tuviera opción…”
“…”
“Mi presencia aquí… era inútil…” declaró con neutralidad.
“…”
“Pero… con el tiempo, todos dejaron de ser desconocidos. Son tus hermanos, son mis hermanos. Comprendo que los dos pertenecemos a esta familia, por más que no siempre estemos presentes. También entiendo que este sentimiento existe en nuestros hermanos. Ellos sienten identidad con y hacia nosotros, y si bien somos mayores que la mayoría, nuestros hermanos quieren estar ahí para ayudarnos cuando necesitemos apoyo.”
“…”
“Me dejaste entender con el paso del tiempo que nuestra presencia no es inútil, y que es bienvenida…”
“…”
“Yagen…” Honebami se volteó y se dirigió a su hermano. “Tú que siempre insististe en que visitara a nuestra familia y nuestros allegados por más que yo no sea esa persona del pasado… no entiendo por qué tú debes tratarte distinto, como si tú, a diferencia de mí, no lo merecieras.”
“…” el doctor ensanchó su sonrisa y frunció el ceño. Su expresión denotó tranquilidad, frustración y una pizca de ironía. “Lo que dices tiene sentido, el hecho que no tiene sentido que hable de esta manera…”
“…”
“Siempre he sido más exigente conmigo mismo, y también soy caprichoso, lo suficiente para insistir con mis irracionalidades.”
“No considero que esto sea saludable…”
“Tienes razón, no lo es. Sin duda no en este preciso momento.”
“Necesitas descansar, Yagen. Pienso que tu intensa labor te ha agotado demasiado.”
“…” asintió lentamente. “Lo haré. Gracias por tus palabras, Honebami.”
“…” ladeó su cabeza. “No necesitas agradecerme.”
“Heh…” el doctor se vio animado al observar la mínima confusión en su hermano mayor. Él había logrado levantarle los ánimos con aquellas sinceras palabras. “Siento que podré descansar debidamente, estaré bien. Ya que estamos aquí, tú también intenta reposar. Este hogar siempre ha sido muy reconfortante.”
“Entendido…” hizo una venia. “Avísame en caso necesites algo más.”

Luego de esa conversación, Honebami se retiró y cerró la puerta detrás de sí, mientras esperaba que Yagen finalmente pudiera conciliar el sueño. El peliblanco caminó por el pasillo de habitaciones y, cuando llegó a las escaleras, sintió que su celular comenzó a vibrar.

“…” él sacó su dispositivo y miró la llamada, para ver que se trataba de su hermano mayor.




Pasó alrededor de una hora, y Shishiou caminaba entre unas calles por una zona comercial de la gran ciudad. A simple vista, era un área saturada de negocios y edificios altos que daban una impresión de inseguridad e informalidad. Después de haber dado la información que sabía tanto a los policías como al hermano mayor de Shinano, Shishiou se había encaminado hacia dicha área que sospechaba sería el paradero final de su amigo pelirrojo. Como esperó, la policía no le dio mucho crédito al tampoco haber sido capaz de darles una dirección exacta, así que estaba cometido a ir hacia ese punto en caso pudiera encargarse del asunto.

Y, sorprendentemente, las dos chicas habían decidido acompañarle.

“Este distrito sí se ve como un buen lugar para actividades ilegales,” observó Tharja, mirando a sus alrededores con una pisca de interés. “Por más concurrido que sea, da la impresión que mucho pasaría desapercibido.”
“Oh, sí, en verdad me trae muchos recuerdos,” Seija caminaba con sus brazos cruzados detrás de su cabeza y expresaba gusto y familiaridad de caminar por esa vivaz avenida. “Mi familia es justamente de este distrito y siempre me sentiré en casa por aquí, por más que ya no sea muy bienvenida que digamos.”
“Te desheredaron, ¿no es así?”
“Hm, puedes decirlo, aunque ni que sea la mayor de mi familia. Simplemente se cansaron de mí y yo de ellos,” la rebelde sonrió con leve gusto y se encogió de hombros. “Soy más feliz nadando por mi cuenta y completamente desligada de responsabilidades. Además, con sólo mirar a leoncito estresado con sus responsabilidades me siento mucho mejor.”
“Estoy convencido que eres capaz de cuidarte a ti misma, pero me cuesta creer que te sientas tan feliz de estar tan lejos de tu familia,” observó Shishiou, quien miraba su celular mientras caminaba. “Hmm, no deberíamos estar demasiado lejos, y lo mejor es que caminemos en vez de tomar un taxi…”
“…” Tharja miró al chico con leve desconfianza. “No sabía que existía un app que dictaba direcciones de guaridas de mafiosos.”
“Ehh, no es eso,” el rubio negó y miró a la otra con leve incomodidad. “Sólo tuve que contactar a un allegado de mi familia para que me diera instrucciones sobre cómo llegar. Y pues, nuevamente, mi familia es medio especial por tener esta información, no quisiera entrar en detalles contigo.”
“Vamos, se trata de la disfuncional guía,” Seija se mostró impaciente y frunció el ceño. “Estoy de acuerdo de que no lo compartas con esos perfectitos amigos de Shinano, pero si lo vas a decir entonces que sea ante una persona indiferente, ¿no?”
“Mientras menos lo sepan, será mejor,” Shishiou entrecerró sus ojos. “Esto es serio.”
“Sí, sí, es serio, lo que digas,” rodó lo ojos. “No te olvides que mi familia es exactamente igual a la tuya y yo nunca le he dado la misma importancia. No mistifiques tanto a tus raíces.”
“¡Dudo que tú sepas el significado de seriedad!” le resondró.
“¡Hahahaha! ¡Qué gracioso eres, leoncito!” por su parte, Seija se puso a reír.
“¡Cállate!”
“…” Tharja resopló y les miró de reojo, con desprecio. “Excelente trabajo infiltrándose en la base del enemigo, por cierto.”
“¡Haha! Todavía estamos caminando en la calle como cualquier transeúnte,” dijo la chica, entretenida. “¿Y acaso no te da curiosidad de averiguar el secreto que leoncito se trae?”
“No me importa,” negó. “Sólo suena a que son de familias mafiosas, nada más.”
“Ehh…” Shishiou se sorprendió un poco.
“Vaya, acertaste. Sí te notas brillante,” Seija asintió y sonrió pícaramente. “Pues es eso realmente. Leoncito y yo venimos de familias mafiosas con bastante información sobre nuestros sea allegados o enemigos, por ello él sabría información sobre ciertos criminales. Y, es más, la familia de leoncito es parte de la cúpula de unos de los yakuzas más afluentes en Japón, así que recursos y contactos no les faltan.”
“T-tampoco es como si fuéramos los meros líderes. Sin duda no podría con esa presión,” observó Shishiou, negando.
“No serán la familia líder, pero son de gran confianza y casi semejantes,” Seija dio un suspiro. “Cansas cuando intentas ser humilde. ¿Por qué tratas de ser funcional si tus raíces de por sí son medio torcidas?”
“No todos los mafiosos salimos como tú, histriónica,” le miró con reproche. “No nos insultes.”
“Obviamente no, por algo pueden ser tan aburridos~”
“Ugh…” Tharja se exasperó. “Son terrible compañía. Me hastían con sus riñas.”
“Eh, no quiero ser descortés, pero no tienes por qué acompañarnos,” observó Shishiou.
“Lo sé, pero lamentablemente soy mínimamente responsable por estos Toushirou. Mi familia es allegada a la de ellos y les debemos varias cosas del pasado. Tengo mis manos atadas.”
“Me gusta más cuando eres disfuncional,” observó Seija, entrecerrando sus ojos. “Por tu molesta aura de hermana mayor me causas disgusto y quisiera darte tu merecido.”
“…” la otra le miró de reojo, indiferente. “Y tú me das una gran dicha por tu desprecio.”
“Tsk, bueno, al menos parece que tu disfuncionalidad no peligra…” se cruzó de brazos y rodó los ojos, impaciente.
“¿Y tú qué haces aquí?” preguntó Shishiou a su vieja amiga.
“¿Qué clase de pregunta es esa, leoncito?” se indignó y pasó a emocionarse y estirar sus brazos hacia el cielo. “¡¿Cómo no voy a ser testigo del desenlace del increíble secuestro de Shinano?! ¡No puedo perder ni un solo detalle!”
“N-ni me molestaré en molestarme contigo…” el rubio comprimió sus puños, indignado.
“Y bien, señorito yakuza, ¿cómo piensas enfrentarte a una banda criminal?” preguntó Tharja, mirándole con expectativa. “Somos tres contra un grupo organizado. Si no piensas llamar a refuerzos de tu familia, lo veo imposible.”
“El grupo con el cual lidiamos, por más que tengan experiencia en secuestros al paso, no son muy afluentes ni numerosos, y son reconocidos por sus intereses en negociar,” explicó Shishiou, pensativo y llevando una mano a su mentón. “Esperaba evaluar la situación de lejos y de ahí ponerme en contacto con ellos a ver si podíamos llegar a un acuerdo. Preferiría no recurrir a la fuerza bruta en lo posible.”
“Uff, qué aburrido, yo que esperaba verte dirigir a tus allegados para variar,” Seija negó.
“Recién ando retomando las riendas de mi deber como un heredero y dudo ser reconocido o respetado a estas alturas. Por supuesto que no pienso causar revuelos.”
“Sí te ves más como un trabajador social que un yakuza,” observó Tharja, negando frustrada. “Con esa actitud te morirás de hambre.”
“¡Hahaha, pienso lo mismo!”
“Tsk, ¡cállense!” les reclamó. “También es más posible que Shinano salga lastimado si intentamos atacarles o intimidarles. Tienen un rehén, no es un encuentro justo, y tampoco quiero que sus hermanos tengan que preocuparse por él cuando este tema más me concierne.”
“Estoy convencida que los Toushirou mayores ya se andan movilizando, aunque no sé cuánto alcance tendrán en esta situación,” dijo Tharja, entrecerrando los ojos. “De todos modos, sé que no podemos subestimarles.”
“Ya suena a que todo estará bien, qué pena,” se lamentó Seija, quien ignoró las miradas cansadas de los otros dos. “¡Pero está bien porque estoy convencida que será divertido de todos modos! ¡Sigue guiándonos, leoncito!”
“Tsk, al menos mantente al margen…” le pidió con leve molestia.

De ese modo, los tres siguieron caminando por ese distrito en lo que se aproximaban al área de interés, para ver cómo podrían manejar la presente situación.




Después de un largo y serpenteante camino, los secuestradores habían llegado a un pequeño almacén donde hicieron contacto con otros secuaces para verificar que sus movimientos no habían sido rastreados y no se encontraban bajo la mira de nadie.

“No se preocupe, los hemos despistado,” reportó uno de los criminales a su líder. “La policía todavía se encuentra buscando el primer auto que utilizamos en la escena del crimen, y no hemos levantado sospechas cuando cambiamos de vehículo.”
“Todo está en orden,” el líder asintió. “Y dentro de poco tiempo, tu compañero debe informarnos cuánto puede obtener por vender aquella daga. Se ve de buen valor.”
“Parece un arma antigua y legítima,” dijo otro. “¿Está seguro que deberíamos venderla? Podríamos hacer uso de un instrumento como tal. Se ve útil.”
“No, no lo necesitamos. Las armas blancas son más una inconveniencia si uno no sabe cómo usarlas y en el mundo de hoy ya son obsoletas. Sólo sirven para dar falsas esperanzas,” sonrió con ironía y miró hacia el rehén que yacía arrodillado y cabizbajo.

Al haber sido apuntado con la pistola y secuestrado por ese grupo, Shinano se mantuvo sumiso y callado por saber que no tenía otra opción. Él había sido transportado en tres vehículos y llevado con brusquedad y agilidad por un camino tan complejo que ni sabía dónde se encontraba. Estaba sin pertenencias, ni su celular, ni dinero, ni documentos, ni siquiera su leal daga que esos criminales iban a vender a su regalado gusto. Se sentía mareado, aturdido y desubicado, al punto en el cual si esas personas fueran a quitarle las ataduras que le apresaban lo más probable era que se quedara inmóvil y paralizado, sin voluntad ni valentía de intentar huir o reclamar.

Su mente estaba en blanco. Luego de pasar un rato esperando que alguien terminara esa pesadilla y sus hermanos fueran a ubicarle, el pelirrojo sólo se concentraba en que la quietud de su situación durara para siempre…

Durante todo el camino, el líder de la banda de criminales había intentado sacarle información sobre sí mismo o su familia, en un inicio con calma y poco a poco con más autoritarismo y bajo amenazas, y esas insistencias le estaban haciendo temer lo que fuera que viniera en el futuro. Él sólo quería acurrucarse e ignorar su existencia, mientras deseaba que no le hicieran daño.

Pero ello no iba a ocurrir, porque el líder instruyó a sus subordinados a que hicieran rondas y regresó su atención al rehén. Este supo que estaba en la mira y se mostró inquieto y asustado, pero mantuvo su mirada fija en el piso.

“Eres una gran molestia, ¿lo sabías?” le preguntó el hombre, caminando hacia él. “Como te lo he dicho una, y otra, y otra vez, tú no eras el blanco que habíamos apuntado. Sabemos todo lo que hay que saber de esa chica que se nos escapó por culpa tuya y de tu amigo. Tú no eres más que daño colateral y ni deberías estar aquí.”
“…”
“Pero, sea cual sea el caso, no es nuestra intención tratarte distinto,” se expresó con un tono meditabundo y caminó alrededor del pelirrojo lentamente. “Nosotros somos un grupo con principios. No tenemos el interés de hacerte daño. Sólo necesitamos subsistir y mantenernos mutuamente, y si tú cooperas con nosotros, todos estaremos bien. Nosotros pediremos una recompensa justa y modesta de tu familia, tú regresarás donde ellos en menos de lo que piensas, y ellos ya no estarán preocupados por ti, porque seguramente lo están, y mucho.”
“…” Shinano agachó más su cabeza.
“…” ese secuestrador miró fijamente al pelirrojo al verle un poco más inquieto. “Sí, obviamente te importa tu familia. Estoy seguro que no confías en nosotros, pero mírate a ti mismo…” se agachó frente al pelirrojo y le miró de cerca por más que el otro evadiera la mirada. “No vas a sacar nada de tu necedad y de esta presente situación. Estás bajo nuestra merced. Nosotros somos los únicos que podemos ayudarte. Dinos tu nombre y algún número al cual llamar. Como te dije, la cooperación nos viene bien a todos y tu silencio no cambiará en nada la situación.”
“…”

Eran palabras simples y directas, y pedir ayuda le convenía más que cualquier otra cosa. Sin embargo, Shinano estaba cometido a resistir y guardar silencio hasta las últimas consecuencias.

Ya había visto a esos criminales arremeter contra esa chica y golpeado a sus amigos, y no quería exponer a su familia, ni siquiera para una supuesta tregua o negociación. Decir su nombre y dar el número de cualquiera de sus hermanos se asemejaba a la traición más grande que pudiera cometer ante su familia, y no se sentía capaz de vivir con esa culpa. Le indignaba pensar en recurrir a sus hermanos y exponerles a ese peligro al que él solo se había metido. Sentía que había fallado, que no era capaz de enfrentarse a dificultades al igual que sus mayores, y que le quedaba ser fuerte y enfrentar la situación, por más miedo e impotencia que pudiera sentir…

Y sabía que la falsa paciencia de ese líder no iba a durar más por lo mucho que este ya le había gritado durante el camino.

“Eres un imbécil, estúpido niño…” dijo en voz baja y con molestia, para tomar al niño de su camisa y levantarle un poco.
“…” ello hizo que Shinano le mirara brevemente con sorpresa y nerviosismo, y este rápidamente desvió su mirada al ver lo iracundo que se encontraba aquel criminal.
“¿Acaso no reparas en tu situación? No intento ser abusivo, pero entiende que estás a nuestra merced. Este no es un hotel para que te quedes sin palabras y tomes tu tiempo en pensar en tus decisiones. ¡Y mírame, te estoy hablando!” le requintó con una potente voz que hizo al pelirrojo tensarse y cerrar sus ojos brevemente, pero no quería mirarle. No quería seguirle la corriente. “¡Tienes que oírme! No te encuentras en una situación de resistirte o argumentar en nuestra contra, así que despierta.”
“…”
“…si lo quieres así…” al término de esas palabras, el adulto le dio un contundente golpe en un lado del rostro, con el cual lo impulsó y envió de costado al suelo.
“Ihh…” Shinano se contuvo para no exclamar ni retorcerse de dolor. Sus oídos silbaron en pleno ensordecimiento y su vista se nubló y agitó, para recuperarse lentamente. Poco a poco, el dolor producto de aquel golpe se hizo más presente e insoportable.
“Esta no es nuestra manera de lidiar con víctimas, pero tenemos trabajo que hacer,” recalcó, mientras comprimía sus puños. “No eres el primer insensato que no desea hablar, y créeme cuando te digo que tenemos formas de hacer hasta los más testarudos colaborar con nosotros…”
“…” él se asustó al oír al otro caminar hacia él, y recibió una fuerte patada en el abdomen que le hizo rodar por el piso.
“Sí habrá consecuencias si no cooperas. Te haré arrepentirte…”

« Last Edit: April 04, 2018, 12:09:58 AM by Cho »


Cho

Tercera parte.

55.3.


No muy lejos del almacén, un par de los secuestradores caminaba por oscuros  callejones desolados llenos de cajas y contenedores de basura. Era muy silencioso, y los hombres surcaban un camino muy conocido y familiar para ellos.

“Es una lástima, ¿no?” dijo uno.
“¿De qué hablas?” preguntó el otro y vio a su compañero alzar la daga con su funda.
“El jefe quiere que vendamos esta cosa, pero se nota a leguas que es fina.”
“Sí, ¿y? ¿Piensas esfumarte con esa espada?”
“¿Qué? ¿Acaso a ti no te llama? Y obvio que no le desobedeceré,” se encogió de hombros para restar importancia al asunto. “Espadas finas y de escuelas de alta gama son tesoros nacionales, y los yakuzas tienen armas de hace siglos que pertenecieron a gente importante.”
“Tsk, no nos compares con esos glorificados. Ellos no tienen una vida dura como nosotros,” se quejó con impaciencia. “Y ya eres muy grande para andar lloriqueando por un juguete, porque eso es lo que es, un estúpido juguete.”
“No lo entiendes,” rodó los ojos y negó. “Pero si esta cosa vale una fortuna, supongo tampoco me importa deshacerme de ella…”
“La próxima vez no hables tonterías si vas a terminar con esa conclusión.”

Ellos siguieron en silencio y llegaron a un punto del camino donde había un contenedor grande de basura colmado hasta la cima. Pasaron al costado y uno de los dos casi se tropieza al no haber notado a una persona sentada al término del contenedor y apoyado en la pared, alguien quien muy inoportunamente había estirado una de sus piernas e invadido el camino.

“Tch, ¡oye quítate!” exclamó el joven con molestia ni bien uno de los dos criminales le llegó a pisar parte de la pierna. Este de inmediato la recogió y alzó una mirada fulminante.
“Cállate, niño tonto. Es tu culpa que me tropezara contigo,” dijo el adulto, impaciente.

Miró al menor de manera despectiva y apreció que era un chico borracho y desarreglado, con ropas sucias y un poco grandes para él. Tenía cabellos oscuros y muy largos, atados en una cola de caballo pero que por su longitud yacían regados por todo el piso y chocaban con el viejo y sucio contenedor de basura. Ese joven tenía una cara de pocos amigos y un rostro ruborizado por la ingesta de alcohol, e incluso agarraba una botella grande de sake con su mano izquierda que estaba medio vacía.

“Hic…” el joven miró al mayor entrecerrando sus ojos como quien enfocaba su vista. “¿Qué miras, idiota?”
“Nada. Piérdete, mocoso,” el adulto decidió ignorarle y siguió caminando con su compañero. La primera impresión que cualquiera se llevaría del chico era que se trataba de algún joven desorientado y revoltoso que se encontraba desperdiciando su vida, y no podía importarle menos.

Sin embargo, no habían visto lo último de él.

“¡Oigan, par de imbéciles! ¡¿A dónde creen que van?!” gritó el chico estruendosamente. El par se volteó con molestia y vieron a ese chico de pie y apuntándoles acusatoriamente. “Hic… ¡no se crean la gran cosa! ¡Se van a arrepentir de meterse conmigo!”
“Vete a casa, niño,” dijo el otro ladrón, quien negó exasperado. “Vámonos, ignórale.”
“¡¿Es que acaso me desprecian por mi edad?!” continuó, siguiendo a ese par que había continuado caminando en un intento de ignorarle. “Hic, ¡les haré saber que soy todo un adulto! ¡Y ustedes…!” se detuvo un momento para dar un pequeño eructo producto del alcohol y recobrarse. “¡…ustedes no saben con quién tratan!”
“Tsk, escucha, mocoso,” dijo el que se había tropezado con él, haciendo caso omiso al consejo del otro de ignorarle. “No me importa qué te crees. Si sigues molestándonos te daremos una paliza. Mejor ve a acurrucarte en tu casa y a lloriquearle a tus padres.”
“Tch…” el chico negó repetidamente. “Son ustedes los perfectos ignorantes e idiotas. ¿Qué sucede?” él dejó su rostro hastiado y formó una sonrisa sardónica y burlesca. “Hehe~ cuando un fastidio como yo busca pelea deberían responder, ¿o es que acaso tienen miedo de un niñito ruidoso y borracho?”
“¡Lárgate de aquí! ¡Te lo advierto!” le reclamó. “¡Agradece que no te he golpeado por obstruir el camino y hacerme tropezar!”
“Ohh, pero sí tienes ganas de pelear, ¿cierto? Veo chispas salir de tu cabeza, ¡hahaha!” el chico rió con ganas y miró brevemente al otro. “Hm, linda daga que te traes. ¿Por qué no ayudas a tu amigo y la usas? Hic…” sonrió malignamente y canturreó. “Vamos, divirtámonos un poco~”
“Estás demente…” dijo el dirigido, quien no sabía si desenvainar la daga ya que a ese joven claramente le faltaba un tornillo.
“Juro que te daré un fuerte golpe si no te callas…” el otro había llegado al límite de su paciencia y comprimía un puño que estaba pronto a dirigirse hacia la cabeza del joven borracho.
“Adelante, si tanto quieres abusar de un niño como yo, hazlo. Es más, te daré una razón,” entonces, ese chico desenvainó una daga de su cinturón que hasta ese punto había pasado desapercibida, y la apuntó hacia los dos con tanta irrelevancia y éxtasis que causó leves escalofríos en ambos. “¡Aviéntense, que les estoy esperando! Hic… ¡si ustedes no toman la iniciativa, yo lo haré!”

Ante esa sorpresiva situación, el par de ladrones no iba a ser capaz de ignorar al chico. El iracundo ladrón no se ahorró las ganas de pelear, pero grandemente subestimó a su oponente. Pese a haber tomado de más y cargar la botella de sake en su siniestra, el joven demostró una gran habilidad en evadirle y buenos reflejos para reaccionar y atacar. Después de hacerle unos cortes superficiales que sorprendieron al mayor, ese chico de cabellos largos aprovechó para darle un fuerte golpe en el abdomen y una patada en la quijada que le derrotó.

“Hic… me topé con un inservible…” declaró el chico en susurros, mientras miraba a su oponente en el suelo con desprecio.
“¡¿C-cómo te atreves?!” exclamó el otro, quien finalmente desenvainó la daga y tiró la funda a un costado.
“Oye tú…” el joven miró a su nuevo contrincante y le apuntó con la daga. “¿Acaso harás justicia a esa arma, esa tantou proveniente de una de las escuelas más prestigiosas de espadas de Japón y que fue un objeto de afluencia de muchos señores y líderes durante estos últimos ocho siglos?”
“¿Q-qué dices…?” le miró con incomprensión.
“Hic… aquí entre nos…” pateó ligeramente la cabeza del otro para comprobar que estaba inconsciente. Miró con intensidad al oponente restante. “Se han metido con un grupo de personas que no debieron perturbar, y ahora hay algunos señoritos molestos con ustedes… hic… todo aquel que osa por portar un arma de este calibre tiene un buen motivo para hacerlo…” entrecerró sus ojos y transmitió ira y peligro hacia el ladrón. “…y todos ustedes están por arrepentirse de haber secuestrado a ese niño…”
“…” ello le alertó. ¿Acaso ya sabían su ubicación? ¿Los habían visto? Tenía que reportarlo a los demás para que huyeran, pero no iba a ser posible. Ya era muy tarde…




“¡Miserables!”

El ladrón oyó un grito por encima de él que le paralizó y le hizo voltearse tardíamente. Un joven de cabellos marrones claros había saltado desde la cima de ese edificio y, luego de aterrizar en marcos de ventanas, llegó donde el criminal para darle una patada en la cabeza. Ello fue suficiente para desarmarle y derribarle de un solo ataque.

“Ohh, Gotou, finalmente llegas…” dijo el joven borracho, desinteresado y desviando su mirada. “Ya estaba pensando que habías abandonado la causa y dado por muerto a tu hermanito~”
“Cállate, Fudou…” Gotou agarró al ladrón que yacía en el suelo de su camisa y le miró con una incontenible ira. “¡¿Dónde está?! ¡¿Qué han hecho con Shinano?!”
“…” este se recobró del golpe y la sorpresa e intentó zafarse, pero el chico fue más rápido y le dio un puñete en la cabeza.
“Hic… pierdes tu tiempo, dudo que este par de ineptos colaboren con nosotros…” el borracho rodó los ojos. “Sólo alégrate de que la pista que recibimos de ese ayudante de tu hermano estuvo en lo cierto. Ahora llama a refuerzos para cubrir toda el área…”
“Tsk…” Gotou se levantó y alzó al adulto de su camisa, todavía poseído de una gran furia y odio. Él sacudió al secuestrador con fuerza. “Me aseguraré personalmente de que se pudran en la cárcel… ¡nadie se mete con los Toushirou!”

Luego de su declaración, Gotou impactó la espalda de su enemigo contra la pared con tanta fuerza que le hizo perder el conocimiento, y lo soltó para que se desparramara por el piso. Pese a esa acción, el pelimarrón se notaba todavía tenso y no sabía cómo desahogar su frustración, cuando en eso notó que Fudou le extendió la daga envainada de Shinano.

“Me sorprendería que estos hayan intentado deshacerse de tu hermano. Hic… tómala,” dijo, y sintió un tic en la ceja. “¡Que la tomes! ¡Se me cansa el brazo!”
“…” Gotou asintió y recibió el arma, para mirarla y comprimir su agarre con impotencia. “Tch… y pensar que le vi esta tarde…”
“No te me vengas con lloriqueos. Qué molesto que eres…” desvió su mirada. “Que le hayas visto o no no cambia nada…”
“Siempre me olvido que no tienes empatía,” dio un pesado suspiro. “En fin, tú fuiste quien reconoció esa daga de lejos y los emboscaste,” sonrió frustrado. “Gracias, Fudou. Es obvio que todavía tengo mucho que aprender de ti.”
“Hic…” se vio mínimamente incómodo. “…no actúes como un molesto kouhai, sólo me haces odiarte más…” negó ofuscado. “Ya, apúrate a llamar al glorificado. No podemos dejar a este par de miserables tirados aquí.”
“Tsk, ya llamé a Ichi-nii…” Gotou entrecerró sus ojos por la forma de Fudou de referirse a su hermano mayor. “Dice que ha alertado a la policía y un grupo está a punto de llegar para encarcelarlos, aunque vendrán encubiertos para no levantar sospechas de los demás.”
“Sí, sí, claro…” rodó los ojos, haciendo evidente que le llegaba altamente. Entonces, él notó que el ladrón que había derrotado se movió ligeramente en lo que recobraba el conocimiento, y sonrió complacido. “Ohh, ¿quién se está despertando ahorita~? ¿Todavía quieres pelear~?”
“¿Qué haces?” el Toushirou le miró con incomprensión, pero supo que mejor no decía nada, ya que era evidente que Fudou estaba enfocado en ensañarse con aquella persona.
“…maldito… mocoso…” dijo el hombre a duras penas.
“Hehe~ déjame advertirte que tu pesadilla recién está comenzando…” le miró desde arriba con superioridad. “Hic… y pensar que un inservible como yo te hizo morder el polvo. Pero ya, si colaboras con nosotros quizás te den una sentencia más ligera, ¿no te parece?”
“¿Q-qué… qué dices…?” preguntó, desorientado.
“¿No quieres hablar, ah?” repentinamente, Fudou adoptó una súbita e intensa seriedad y estrelló la botella de sake que traía consigo en el piso a pocos centímetros de la cabeza del ladrón, quien dejó escapar un grito de horror. Luego de eso, el joven le amenazó de cerca con el cuello punzocortante de la botella. “Hic… te haré escupir lo que se me plazca, a menos que quieras que te desfigure ahora mismo…”

Gotou miró con leve miedo a su supuesto aliado. Ese sería un buen momento para pedirle que deje de juegos, pero con toda honestidad él también vivía aterrado por su desequilibrado amigo. Decidió concentrarse en su celular en lo que esperaba por esos agentes encubiertos que apresarían a los ladrones. Se sentía incapaz de abrir ninguna aplicación en su celular, y sólo esperaba recibir algún mensaje de su hermano mayor o noticias del caso, lo que sea que pudiera darle más certeza de que Shinano se encontraba bien.

Estaban cada vez más cerca del destino final…





Después de surcar las partes más transitadas del distrito, Shishiou estaba llegando a una zona con menor actividad, lo cual delataba que no les faltaba mucho para dar con el área de fábricas pequeñas y almacenes hacia donde iban. Fue entonces que ellos se toparon con alguien a quien no habían esperado ver.

“Yo!” Tsurumaru les saludó con una palma y una simpática sonrisa. “A los años, y me sorprende que seas tan sociable, Tharja.”
“A mí no me sorprende verte en una zona peligrosa, por algún motivo,” ella negó, hastiada. “Y estamos en plena emergencia.”
“¿Emergencia? Había oído que este sitio era medio peligroso, pero créanme que me gusta pasear por aquí,” se encogió de hombros. “Hay una tienda de ramen de donde vengo con excelentes menús, y en el camino atrapé a un Snorlax. Suena muy seguro, ¿no?”
“¿Has atrapado a un Snorlax?” Seija se impresionó y sacó su celular, para ingresar a la app. “¿Por dónde estaba?”
“¡Debes estar bromeando!” exclamó Shishiou, indignado. “¡Estamos buscando a Shinano!”
“¿Y? ¿Acaso le haría un favor por no atrapar al Snorlax?” preguntó, encogiéndose de hombros. “O sea, ¿nadie aquí puede atrapar al Snorlax hasta que no demos con el señorito?” negó. “Mal, muy mal, leoncito, no seas ilógico.”
“¡Tú sabes que ese no es el punto, no te hagas! ¡Ya nos dedicamos a atrapar un millón de Bulbasaurs ayer durante Community Day! ¡Concéntrate en Shinano, por favor!”
“¡Hahaha, qué entretenidos son!” Tsurumaru se puso a reír.
“…” Tharja negó con impaciencia y frustración como si fuera la única persona cuerda sobre la faz de la tierra. “Escucha, grulla, el señorito Toushirou ha sido secuestrado y este rubio de aquí dice que se encuentra por esta área. Si no piensas ayudarnos, esfúmate.”
“¿P-perdón?” esas noticias probaron inquietar al peliblanco, para variar. Este se puso pensativo y llevó una mano a su mentón. “Uhh, eso está mal, muy mal… vaya…” sonrió con ironía. “De todos los días que Yagen debía caer enfermo…”
“…” Tharja alzó una ceja, con leve intriga. “¿Qué tiene que ver ese detestable Toushirou en esto? ¿Acaso ese niño hubiera ayudado con la situación?”
“Pues… pensándolo bien, quizás sea lo mejor que él no esté atento al asunto,” Tsurumaru sonrió con gracia. “Ignoren lo que dije, sólo pensaba en voz alta. Pero me han convencido,” se encogió de hombros. “No me llevaré bien con el insoportable, aunque estimo mucho a su familia, y el pobre de Ichi-nii no puede vivir sin sus hermanitos. Les ayudaré.”
“¿Seguro? Es un poco peligroso,” observó Shishiou.
“Yo soy quien debería preguntarte eso,” el peliblanco le miró atentamente, entretenido. “Soy un excelente kendoka y sé cómo defenderme. Si ustedes no tienen credenciales, deberían tomarse esto con más seriedad o llamar a la policía.”
“Esos tombos ya han sido alertados, y leoncito y yo sabemos pelear,” observó Seija. “Oh, aunque no sé si nuestra guía tiene habilidad.”
“No me subestimen,” observó. “Como allegada a los Toushirou, también he sido instruida en técnicas de pelea y defensa personal.”
“Sin duda no hay nada que no puedas hacer,” Tsurumaru asintió y miró a los nuevos. “Tharja aquí es reconocida y apreciada en Rizembool por ser una genio y tener talento para prácticamente cualquier disciplina. Y si no me equivoco también tienes a un hermanito similar a ti, ¿cierto?”
“Tsk déjense de rodeos y sigamos caminando,” ordenó la supuesta genio quien agarró a Shishiou del pescuezo y lo jaló para avanzar. “Sigue guiándonos a menos que quieras atrapar al Snorlax.”
“Ihh, s-suéltame, por favor,” se quejó el rubio, adolorido.
“Hm…” Tsurumaru alzó una ceja. “Qué sorpresa. Es como si hubiera pisado una mina.”
“Sí, no sé…” Seija ladeó la cabeza. “Qué raro. Da la impresión de que no le importa nada.”
“Bueno, no nos quedemos atrás,” el peliblanco sonrió con ironía. “Esto está muy interesante.”
“Sí, buen punto,” asintió, convencida. Ellos siguieron al otro par de cerca.




Luego de que los policías se llevaran a ese par de ladrones, Gotou y Fudou recibieron una llamada de parte de Ichigo, quien les convocó a una calle en medio de aquella zona solitaria ya que tenía grandes noticias que darles. Ese par no necesitó esperar más de cinco minutos y una van se detuvo frente a ellos. Gotou reconoció al conductor como uno de los choferes de su familia, y la puerta corrediza del vehículo se abrió, de donde salió el mayor de los hermanos.

“Bienvenido, Ichi-nii,” dijo Gotou, sonriendo, pero él rápidamente se ofuscó y molestó cuando la primera acción del mayor fue caminar donde él y abrazarle.
“Me alegra mucho que no te haya ocurrido nada, Gotou,” dijo Ichigo, conmovido. “Sin duda eres muy hábil por haberte enfrentado ante esas personas sin problemas.”
“¡S-sí, ahora quítate, por favor!” le reclamó y felizmente fue dejado en paz. Dio un suspiro. “Ichi-nii, ya no soy un niño y he entrenado arduamente por años para saber defenderme. No tenías por qué dudar de mí.”
“No he dudado de tus habilidades, en ningún momento,” el hermano mayor sonrió con gentileza. “Siempre me has demostrado que eres capaz de lo que te propones, y considero que eres el más prudente de mis hermanitos. Has aprendido un montón a lo largo de los años,” hizo una venia. “Me siento orgulloso de ti y sé que tengo mucho que aprender de tus esfuerzos y logros, Gotou.”
“N-no digas eso…” el menor pasó a avergonzarse y desvió su mirada con incomodidad. “Tú eres el más impresionante, Ichi-nii…”
“Me halagas demasiado…” el peliceleste sonrió apenado y se dirigió a Fudou, para darle una venia. “Te agradezco mucho por tu ayuda, Fudou. Sabes que te considero como parte de la familia y me siento eternamente agradecido por ser el apoyo que Gotou necesita.”
“Hic… ahórrate las formalidades, príncipe,” el chico rodó los ojos. “Y, por cierto, le das demasiado crédito a tu distraído hermano. Sin mi vigilia él andaría perdido la mitad del tiempo.”
“¡No exageres!” reclamó el mencionado. “Ya haces sonar que tengo problemas orientándome, lo cual no es cierto. Lo resiento.”
“Lo resientes, ¿ah?” Fudou sonrió entretenido. “Hic… obviamente un niño como tú se resentiría por comentarios sin fundamentos de un insecto como yo,” se encogió de hombros. “No tienes madera de hermano mayor en lo absoluto, enano~”
“¡Tsk, cállate, eso no es verdad!” le apuntó acusatoriamente. “¡Te haré pagar por burlarte de mi altura, lo juro!”
“Hehe, ustedes siempre han sido buenos amigos,” Ichigo rió un poco, animado.
“No me juntes con él, Ichi-nii,” le pidió Gotou, frunciendo el ceño.
“En serio, primero muerto antes de aguantar a un disque amigo como Gotou,” Fudou se cruzó de brazos y desvió su mirada. “Hic… y la amistad es la cosa más estúpida que existe…”
“Pero suficientes distracciones,” Gotou negó ofuscado y entregó la tantou de Shinano a su hermano mayor. “¿Qué noticias tienes de Shinano? Conociéndote, sólo estarías así de tranquilo si todo estuviera bien, Ichi-nii.”
“Es mi deber reportar que las presentes circunstancias sí son favorables, Gotou, aunque todavía no hemos llegado a rescatar a nuestro hermano,” dijo el mayor con una mano en el pecho y un semblante solemne. “Sin embargo, he establecido contactos que me han confirmado su ubicación y han facilitado la neutralización de los integrantes de la banda criminal responsable.”
“Uff, si ese es el caso, no había punto de que viniera,” Fudou se encogió de hombros, cansado. “Con las justas recuperamos la tantou.”
“Su trabajo fue muy importante, Fudou, y también han apoyado a derrotar a dos miembros de ese grupo,” Ichigo asintió y miró la daga en su mano. “Shinano no estaría en paz si fuera a perder este símbolo de nuestra familia.”
“¿Y bien? ¿Cuál es el plan de acción ahora?” preguntó Gotou a su hermano. “¿Deberíamos continuar con la inspección del área y buscar a posibles enemigos? ¿O quizás el camino ya está libre para ir a rescatar a Shinano? ¿Y cómo así han podido dar con su paradero exacto? Su amigo apenas nos dio la referencia de este gran bloque industrial.”





“Heh, vamos por partes, Gotou-nii…” dijo la voz de un pequeño que estaba saliendo de la van.
“¡Eek!” Gotou reconoció esa voz y se quedó helado al observar a un pequeño rubio de ojos azules que portaba anteojos emerger del interior de la van con laptop en mano y un headset. Se escandalizó al reconocerle. “¡Hakata! ¡¿Qué estás haciendo aquí?! ¡Este sitio es peligroso!”
“Lo sé, pero con ustedes presentes no tengo de qué preocuparme,” él asintió convencido y pasó a mirar a Gotou con leve reproche. “No vuelvas a asustarme así de nuevo, Gotou-nii. Cuando me llamaste para decirme que no ibas a regresar, supe que algo muy serio había ocurrido.”
“Hakata se preocupó y me llamó para preguntarme qué ocurría,” reportó Ichigo, tranquilamente. “Sin lugar a dudas, fue una grata sorpresa saber que nuestro querido hermanito se encontraba en la ciudad, y decidí confiar en él y decirle la verdad. Me ha estado acompañando desde entonces.”
“¿Hablas en serio, Ichi-nii?” Gotou se sorprendió. “¡Hakata es muy joven para involucrarse!”
“Oye, hermano mayor acomplejado…” Fudou negó repetidamente, con cansancio. “Moléstate en pensar en la situación. Confío en que no tienes que sobreproteger a tu hermanito.”
“P-pero…”
“Hic… necesitamos sus dotes informáticos, ¿no lo crees?”
“¡Exacto!” exclamó Hakata con ojos brillantes. Él sonrió con orgullo y autosuficiencia. “He estado ayudando con el monitoreo de la situación y marcando múltiples puntos en un mapa satelital. Ichi-nii recibió el contacto de un miembro de una banda de yakuzas muy importante que nos están ayudando a derrotar a nuestros enemigos.”
“¿Qué dices?” Gotou se quedó anonadado.
“Shishiou, el amigo de Shinano, resultó ser un futuro heredero de dicha organización, y sus ayudantes se preocuparon cuando pidió información con respecto a los criminales con el interés de negociar con ellos,” observó Ichigo. “Los yakuzas se han movilizado para derribar a los oponentes en las sombras y nos contactaron para informarnos y también pedirnos que acudiéramos al lugar de los hechos. Esperan que podamos ayudarles protegiendo a aquel intrépido joven.”
“Nuevamente, no teníamos que ensuciarnos las manos…” observó Fudou.
“Un problema que tuvieron era que estos criminales cuentan con varios almacenes cercanos y no sabemos hacia dónde se ha dirigido ese chico, ni dónde está Shinano,” reportó Hakata, mirando su laptop. Él hizo zoom en una parte del mapa y se la mostró a los demás. “Pero Ichi-nii averiguó las coordenadas de la ubicación de Shinano y este es el lugar. Con esta información, hemos podido ayudar a los yakuzas, quienes se han movilizado para cubrir y atacar los otros almacenes sin riesgos.”
“E-esperen…” con esa última información, Gotou se tensó y miró a su hermano mayor. “¿Cómo conseguiste las coordenadas, Ichi-nii? N-no… no me digas que…”
“…” Ichigo asintió, un poco apesadumbrado. “Me contacté con Honebami.”
“Tsk…” incluso Fudou se mostró aprehensivo. “Está informado… hic… eso no es bueno…”
“No entiendo…” Hakata frunció el ceño, confundido. “Siempre he oído rumores de que Honebami-nii es peligroso, pero a mí me parece todo lo contrario…”
“T-te estás perdiendo de mucho, Hakata. Honebami tiene antecedentes, dejémoslo así,” Gotou negó para disipar escalofríos y se molestó con Ichigo. “Ichi-nii, te dije explícitamente que no le avisaras. Honebami no es confiable cuando reconoce peligro. Sé que es capaz de hacer lo que sea, y seguramente Yagen no está informado para limitarle o hacerle entrar en razón.”
“Sé que corremos un riesgo, pero la vida de Shinano está en juego aquí y tenemos que usar todos los recursos a nuestro alcance para garantizar su seguridad,” explicó el hermano mayor. “Le pedí que no se involucrara en esto…”
“Tch, qué gracioso que eres,” Fudou le cortó y sonrió con ironía. “¿Y esperas que te oiga?”
“No, nunca lo esperé,” continuó el peliceleste, con certeza. “Pero confío en la voluntad de Honebami de preservar la vida de Shinano por encima de todo lo demás, y que sabrá limitarse y primar la misión de acabar con el conflicto. Pese a todavía permanecer reservado y distante de nosotros, Honebami ha seguido su lenta recuperación de su amnesia y se ha mostrado más comprensivo y razonable.”
“…” Gotou desvió su mirada, con pena. “Aun así, tú no lo recuerdas, pero él siempre fue peligroso, incluso antes de aquel incidente…”
“Shh, no sigas, Gotou-nii,” le pidió Hakata, alertado. “No lo menciones a Ichi-nii.”
“No me gusta la tendencia de mantener ese suceso del pasado tabú, Hakata,” Ichigo asintió y sonrió a su hermanito con dulzura. “Estoy bien, no tienes que inquietarte por mí.”
“Ahora que esto se ha agregado a la lista de quehaceres y potenciales peligros, ¿por qué seguimos hablando en la acera?” preguntó Fudou, hastiado. “Tienen una van y un chofer. Vamos detrás de su renegado hermano y rescatemos a Shinano.”
“Cierto, no estamos muy cerca de los almacenes, tenemos que apurarnos,” Hakata asintió. “Los yakuzas están por terminar de asegurar el área. No tendremos problemas avanzando.”
“Sí,” Ichigo asintió. “En marcha.”

Ellos ingresaron a la van. Fudou se sentó en la primera fila y se apoyó en la ventana en un intento de dormitar un poco. Ichigo se sentó a su costado y comenzó a hablar con el chofer para darle las indicaciones sobre hacia dónde ir.

Por su parte, Hakata se sentó en la fila de atrás junto con Gotou. El pequeño se mantuvo concentrado en el mapa de su laptop hasta que recibió otra breve llamada por el auricular.

“Sí… listo, gracias por el dato,” dijo con rapidez y miró el mapa, haciendo zoom. “Hmm, la zona cien metros hacia el noreste no ha sido monitoreada hace más de diez minutos, y parece haber movimiento en la calle cinco… ¡Sí, esperaré el reporte, muchas gracias!”
“¿Qué haces?” preguntó Gotou, ni bien esa llamada terminó. Observó a su hermanito marcar otras partes del mapa con gran dicha. A simple vista, por la alegría del pequeño, cualquiera pensaría que estaba en plena partida victoriosa de algún MMORPG.
“El último almacén secundario ha sido derribado y están continuando con la patrulla del área,” reportó Hakata con gran gusto, para regresar su atención a su laptop y escribir un mensaje. “Lo reportaré a la policía. Ellos están avanzando lentamente para encarcelar a los bandidos derrotados. Pronto ya no tendremos oponentes…”
“Has congeniado bien con nuestro contacto, Hakata,” comentó Ichigo, sonriendo. “En verdad has sido una gran ayuda para todos nosotros esta noche. Sabía que podía confiar en ti.”
“¡Hehe, muchas gracias, Ichi-nii!” Hakata sonrió ampliamente, un poco sonrojado por el halago de su venerado hermano mayor. “Prometo que no les decepcionaré.”
“Siempre has sido muy inteligente, pequeño…” Fudou sonrió con ironía. “Hic… ya te has vuelto más útil que Gotou, sin duda…”
“Tsk…” este frunció el ceño. pero se ahorró los reclamos para no continuar con la discusión. Observó a Hakata escribir el mensaje. “Me alivia que te encuentres tranquilo en medio de todo esto,” sonrió un poco. “Te estás volviendo muy confiable.”
“¿Por qué me estresaría, Gotou-nii?” preguntó Hakata, tipeando rápidamente. “Ichi-nii me explicó toda la situación y es evidente que todo está bajo control,” envió el mensaje y miró a su hermano, para sonreír. “Shinano nos está esperando. No hay que tener caras largas frente a él o se sentirá mal.”
“Tienes mucha razón,” Gotou asintió, animado. Estaba convencido que debía esa tranquilidad de su hermanito a Ichigo, quien siempre irradiaba un aura de paz y seguridad, y sabía cómo supervisar y mantener cada situación bajo control. De todos modos, no podía opacar la impresionante acción de Hakata, su hermanito prodigio que sobresalía entre sus hermanos, y quien poco a poco se asemejaba a Yagen por su gran inteligencia. “Siento no haber podido ayudarte a hacer tu gran entrada.”
“Está bien, esto es más importante,” Hakata ajustó sus gafas y sonrió con perspicacia. “Heh, y pienso que esta entrada ha sido muy impresionante, Gotou-nii,” se cruzó de brazos. “Así que me siento satisfecho.”
“Heh, es verdad,” sonrió frustrado, y al verle regresar su atención a su laptop miró hacia el frente, con leve preocupación.

No les faltaba mucho más y llegarían al lugar de los hechos…



Mientras tanto, el grupo liderado por Shishiou había entrado a esa área de callejones vacíos y oscuros, prontos a llegar a aquel almacén. Durante el camino, todos habían ido informando a Tsurumaru sobre la situación actual y el plan que el rubio tenía en mente.

“¿Negociar con esos secuestradores?” preguntó Tsurumaru, con gran escepticismo. Él sonrió frustrado. “Suenas demasiado idealista si crees con toda honestidad que eso servirá, por más que digas que ese grupo es conocido como negociantes. ¿Qué clase de credibilidad tienes para que decidan oírte sin poner tu vida en riesgo?”
“Sí tengo ciertas credenciales, lo cual preferiría no mencionar contigo…”
“Leoncito es un hijo de yakuzas de alta gama,” resumió Seija, con indiferencia.
“¡Oye! ¡Ya he dicho que esto es un secreto!” exclamó, iracundo.
“Ohh, qué sorpresa,” el peliblanco se impresionó. “Haha, perdón, pero tú pareces uno de los últimos con ese look. ¿Seguro que no dices cosas por decir?”
“¡Hablo en serio!” recalcó Shishiou, quien supuso defendería la verdad al estar a flote. “No inspiraré esa observación, pero sí soy un yakuza, y no deberías subestimarme.”
“A mí tampoco me inspira precaución o respeto alguno, pero por la información sensible que averiguó, da un poco de credibilidad,” dijo Tharja, indiferente. “Eso si asumimos que está en lo cierto y no se encuentra inventando un cuento chino y dirigiéndonos aleatoriamente.”
“Uhh… no sé qué más decirles para defender mi caso…” negó, decepcionado de su realidad.
“Haha, leoncito siempre ha sido muy lindo e ingenuo y bastante buena gente, no les culpo,” Seija se encogió de hombros, entretenida. “Pero es por su persistente buena voluntad que pueden confiar en que les dice la verdad.”
“Sí, eso o en verdad es un imprudente idealista que se hace llamar yakuza sólo para aplastar a los criminales sin realmente serlo,” dijo Tharja, rodando los ojos.
“¡Hahahaha! Ya suena a un héroe de cuento infantil,” Tsurumaru se puso a reír.
“¡Ahhh! ¡¿Por qué no me creen?!” se lamentó el chico.
“Hm, pero…” Seija se detuvo y los demás le imitaron. “¿No les parece raro que estemos caminando tranquilamente y haciendo bromas y que nada ocurra? Según el mapa que leoncito tiene en su celular, estamos a pocas cuadras de nuestro destino…”
“Sí está muy tranquilo…” Shishiou reparó en esa observación y alzó su mirada para comprobar que nadie les miraba desde arriba. “Se podría decir que esas personas deben ser discretas… y con más razón podrían estarnos espiando.”
“Hm, tiendo a tener un sexto sentido para maliciar debidamente, y creo que estamos muy seguros,” entonces, Tsurumaru miró a su celular. “Ohh, uno de mis huevos está listo… ¡ah, y un Dratini! Hoy he tenido mucha suerte.”
“Tch, verdad que hemos estado caminando todo este rato. ¿Por qué no se me ocurrió prender el maldito juego?” renegó Seija, frustrada.
“¡Ustedes dos actúen con más seriedad!” les pidió Shishiou, frustrado.
“Y bajen la voz,” Tharja negó. “Si nos acercamos en plan de hablar y exclamar a nuestro regalado gusto, nos dispararán en la cabeza antes de darnos cuenta. Es el momento de adoptar discreción y cautela.”





“…estoy de acuerdo,” observó Honebami, quien estaba detrás de ellos. Su repentina aparición agarró de sorpresa a todos los presentes, quienes se sobresaltaron y se giraron con rapidez.
“¡Ihhh!” Seija se estremeció y encaró al recién llegado en posición de defensa, como si estuviera dispuesta a pelear con él. “¡M-maldito espectro, nadie burla mi alerta! ¿Qué quieres de mí?”
“Seija, tranquila, es uno de los hermanos de Shinano,” observó Shishiou. “Del aeropuerto, ¿acaso no lo recuerdas?”
“Si me pides que recuerde específicamente a uno de sus hermanos, has perdido la cordura,” le miró con cansancio. “Son demasiados.”
“Tsk…” por su parte, Tharja frunció el ceño y se mostró incómoda. “Tenías que enterarte… por un momento pensé que no tendría que preocuparme de tu familia haciendo un mayor escándalo.”
“Buenas noches…” Honebami hizo una corta reverencia, en señal de saludo.
“Yo! Honebami,” Tsurumaru le saludó con ánimos y levantando una palma. “Es una sorpresa encontrarte por aquí, y como Yagen anda convaleciente sé que nadie te anda jalando de una correa, para variar.”
“…” el dirigido ladeó su cabeza.
“Heh, ¿te confundí?” sonrió con ironía. “En otras palabras, ¿van a rodar cabezas esta noche?”
“…” Honebami le miró inmutado. “Si es necesario…”
“Ehm…” Shishiou alzó una ceja y se sintió un poco nervioso. “Casi pareciera que no estuviera bromeando…”
“Sí, me da raras vibras…” en cambio, Seija se vio animada. “¿Acaso existe disfuncionalidad en esta familia después de todo?”
“Los Toushirou son disfuncionales, que no te engañen,” Tharja negó y miró hacia el recién aparecido. “Nos has estado espiando por un rato, ¿no es así?”
“…” asintió. “Comprendo que Shishiou es quien dio información sobre la ubicación de Shinano por saber sobre los criminales involucrados en el secuestro, y les seguí para escuchar más sobre nuestros enemigos. Son pocos, no tienen varios recursos, tampoco fueron descritos como aguerridos, y creo haber detectado una limpieza de criminales a nuestros alrededores.”
“¿Eh?” Shishiou se confundió y ladeó su cabeza. “¿Cómo así?”
“Te diriges hacia un almacén a una cuadra hacia el frente y otra cuadra a la izquierda, ¿verdad?” preguntó Honebami al rubio.
“Ehh, s-sí…”
“¿Por qué? No es el único almacén propiedad de los enemigos,” observó monótonamente.
“Pues, no tengo certeza sobre dónde podría estar Shinano, pero me pareció el mejor lugar para un escondite, por su ubicación, su cercanía a unas amplias avenidas industriales que se encuentran vacías a estas horas, y también por ser céntrico en relación con las otras bases…” dijo Shishiou, meditativo. “Y llámalo intuición, pero me sentí atraído a ese sitio desde el inicio.”
“…” asintió. “Estás en lo cierto, sí es la ubicación de Shinano.”
“Ohh, si tú lo dices, no hay más punto a discutirlo,” Tsurumaru dio un par de aplausos. “Nada mal, Shishiou, buen trabajo.”
“¿Cómo sabes dónde se encuentra tu hermano?” preguntó Seija, alzando una ceja.
“No te concierne,” Honebami miró hacia el camino restante y avanzó tranquilamente. “Se los digo para que no se acerquen, es peligroso. Yo me encargaré personalmente del rescate.”
“O-oye, espera…” Shishiou iba a seguirle, pero Tharja se interpuso.
“No podrás disuadirle,” dijo la chica, quien desvió su mirada con inquietud. “Sólo nos toca esperar a que nos abra camino antes de ir detrás de él.”
“¿Qué sucede?” el rubio podía detectar que algo estaba mal.
“Pues…” Tsurumaru dio un suspiro y sonrió al otro. “Sólo dejémoslo en que tus negociaciones pacíficas han sido descartadas… este Toushirou se encargará de aniquilar a los criminales.”
“¡Ohh!” los ojos de Seija brillaron. “Si dices la verdad, al menos hay que espiarlo desde la esquina, no podemos perdernos de esto.”
“Supongo no me sorprende verte tan feliz,” observó Tharja, hastiada. “A una persona ideal le llegaría altamente.”
“Ehm, no, está mal que la gente sea agredida…” Shishiou se tensó. “No debemos dejar que esto ocurra. Tenemos que rescatar a Shinano, pero si alguien es gravemente herido en el proceso, la situación se tornaría mucho peor. Y de por sí, me cuesta creer que ese chico puede encargarse de todos los enemigos. No debemos dejarle solo.”
“Hagamos lo que Seija sugirió y miremos con toda comodidad desde la esquina,” observó Tsurumaru, con completa calma. Él sonrió con leve maldad. “Créanme cuando les digo que no tienen de qué preocuparse…”

Ellos comenzaron a avanzar justo en el instante en que Honebami dio la vuelta a la esquina. Pese a ser sólo dos cuadras, los lotes de esa área eran amplios y cada una de esas cuadras medía poco más de cien metros. Los cuatro se apuraron y llegaron a la esquina. Ahí, observaron al joven peliblanco caminar a un ritmo tranquilo hacia el lote al final de esa cuadra. Era el almacén, y había un guardia en la entrada que leía un periódico y todavía no se percataba del joven.

Este avanzó con completa calma y una incomprensible rigidez al mismo tiempo, como si realmente se tratara de un espectro o un zombie. Visto desde lejos y bajo las luces artificiales de la noche, aquel Toushirou parecía casi poseído por una tétrica fuerza fantasmal.

“Me inspira escalofríos…” Shishiou tragó saliva. “¿Seguros que está bien que le dejemos aventurarse por su cuenta? Deberíamos intentar emboscar al enemigo.”
“Si él se encuentra en plan de atraer atención, debe tener un buen motivo para hacerlo,” dijo Tsurumaru. Sonrió malignamente. “A mi parecer, está contando con un plan de intimidación y desconcierto por encima de lo demás… esperaré a ser sorprendido…”
“Tsk, tú y tus estúpidas sorpresas. Eres un irresponsable,” observó Tharja. Ella se veía cada vez más estresada, y su calmada indiferencia comenzaba a desbaratarse. “Si ese es su plan, está jugando muy peligrosamente. Pueden usar a Shinano como escudo, o hacerle daño como represalia.”
“Si ese grupo más recurre a negociaciones y a tenerlo todo fríamente calculado, quizás no repare en qué hacer ante un ataque sorpresa, por eso lo digo,” Tsurumaru se encogió de hombros y sonrió con humildad. “Tranquila, Tharja. ¿Qué haces ofuscándote?”
“…” ella desvió su mirada.
“Pero, ¿qué hace uno de los hermanos del dulce y cabeza hueca Shinano en una misión suicida?” preguntó Seija. “¿Acaso Shinano es el único que no está listo para el combate?”
“Pues, es una buena pregunta, porque no dudo que Yagen hubiera sido capaz de derrotar a estos secuestradores antes de dejarse atrapar,” Tsurumaru se puso a pensar. “Los mayores en esta familia son todos luchadores, mientras que los pequeños con las justas tienen sus dagas como un memento familiar, y parece que no hay un intermedio entre ambos extremos.”
“Aun así…” Shishiou observó a aquel peliblanco que estaba a mitad del camino, todavía no alertando al guardia. Definitivamente, ese chico parecía tener una presencia nula. “No me considero el mejor, pero tengo mucha experiencia con las espadas, y nunca haría algo como esto. Estoy seguro que tú tampoco, Tsurumaru, y por más loca que Seija pueda ser tampoco invadiría una base enemiga sin discreción ni aliados.”
“…ese Toushirou que ven adelante siempre ha sido sobrenatural…” comentó Tharja, quien se encontraba mordiendo la uña de uno de sus pulgares mientras meditaba sobre qué debía hacer. “Él es el más tranquilo de su familia, pero, a su vez, es el más peligroso de ellos.”
“…” Tsurumaru le miró con una pizca de curiosidad, al igual que el otro par. Por el presente estrés de aquella complicada chica, iban a oír un poco de información adicional que normalmente no se molestaría en compartir.
“Desde temprana edad, cada Toushirou fue asignado una espada del repertorio de armas de su familia por el linaje de guerreros que poseen,” comenzó a narrar, sin despegar su mirada de Honebami. “Él fue dado una de las espadas más reconocidas y aclamadas, pero una con la reputación de ser una espada poseída, y maldita…” entrecerró sus ojos. “Su arma tiene varias leyendas de lastimar y asesinar a personas bajo voluntad propia, como si estuviera viva, y es comparada con espadas más famosas que se dice que enloquecen a sus propietarios…”
“Interesante… para variar… no sabía esa historia…” Tsurumaru sonrió malignamente. “Qué grata sorpresa…”
“…” Tharja le miró de soslayo y regresó su atención al Toushirou. “Él parece ser la encarnación de su espada por su impredecible naturaleza.”
“Heh…” Tsurumaru afiló sus ojos y miró atentamente a Honebami. “Estoy seguro que Rizembool gozaría si compartieras esa historia con ellos, Tharja…”
“¿Qué tonterías dices?” ella le miró con desconfianza.

Entonces, el guardia pasó una página en su periódico y ello le hizo mirar de reojo hacia la calle frente a él. Se levantó como resorte al detectar a un extraño chico peliblanco caminar lentamente hacia él, a una distancia de veinte metros. La alarma que sintió ese guardia fue intensa, como si se tratara de una aparición en plena desolada noche, y con sólo ver el rostro vacío de aquel chico supo que era una amenaza.

Su primer instinto fue sacar su celular para avisar sobre el intruso, pero aquel fue el detonante. Honebami sacó una pistola y disparó al dispositivo para inhabilitarlo.

“¡AAHHH!” ese disparo y la perforación del celular causó una explosión en la mano del guardián, y este vio su brazo y parte de su torso cubrirse rápidamente en llamas.

“Tsk, demonios…” Tsurumaru se preocupó y vio a Tharja no pensarlo dos veces y correr a toda carrera hacia el lugar de los hechos. El peliblanco hizo lo mismo.
“¿Qué sucede ahora?” preguntó Seija, quien vio a Shishiou correr detrás de los dos. “¡O-oye!”
“¡No sé qué es, pero algo serio ocurre!” dijo el rubio.
“Qué horrible coincidencia… tenía que explotar…” Tharja estaba tensa.
“Si exponemos a Honebami al fuego por mucho tiempo, esto se volverá más peligroso…” observó Tsurumaru.

“…” el guardia vio a ese chico detenerse temporalmente ante la explosión, y con su mano pudiente sacó su pistola para dispararle.

El gesto fue suficiente para despertar a Honebami, quien corrió hacia su enemigo. Los demás vieron al criminal disparar, pero notaron que el joven hizo lo mismo. De esos disparos sólo pudieron presenciar los estruendosos sonidos, porque fue como si las balas no hubieran impactado contra nada.

“¿Q-qué…?” ese guardia se confundió y se quedó atónito. ¿Acaso… ese chico había interceptado las dos balas a propósito? ¿Era eso posible?

Honebami llegó donde esa persona, le agarró de su rostro con una mano, y estrelló su cráneo contra el concreto. De ahí se levantó y miró hacia las llamas que ardían en el inconsciente cuerpo como si le estuvieran hipnotizando.

“Calor… hace calor…” dijo en voz baja, levemente alterado. Él agarró un costado de su cabeza con su mano libre. “D-duele…”
“¡No mires al fuego, idiota!” gritó Tharja, quien vio a tres personas salir desde el interior del almacén, armados con pistolas.
“¡¿Quién está ahí?!” ellos presenciaron a aquel extraño peliblanco. “¡No te muevas!”
“…” Honebami ladeó la cabeza para mirarles de costado, ausente.

Su lúgubre respuesta fue recibida con disparos que el peliblanco evitó al agacharse y acercarse a gran velocidad. Dio limpios y contundentes golpes a los tres, quienes fueron impulsados y dejados fuera de combate. Con el camino despejado, Honebami ingresó al almacén.

“Bueno, no ha matado a nadie,” Tsurumaru negó y se vio aliviado. “Le creo capaz, así que podemos alegrarnos de eso.”
“Tsk… está alterado. El fuego le ha sacado de sus cabales…” dijo Tharja. “…y si encuentra a Shinano rodeado de ladrones, quizás sí rompa su prudencia y asesine a alguien… no puedo permitir que eso ocurra…”
“…” el otro asintió. “Pues sí, me apenaría mucho por Ichi-nii si le dejamos hacer lo que quiera, y Yagen nunca me dejaría en paz,” sonrió decidido. “Estamos por alcanzarle, prepárate.”





“¡Huyan todos! ¡Olviden al rehén!” exclamaba el líder en medio del caos. Le quedaban dos de sus secuaces quienes recogían las últimas cosas antes de tomar la puerta trasera. Era evidente que los refuerzos que habían enviado no contendrían el ataque por mucho.
“¡Todo está listo! ¡Hay que huir!” reportó uno de ellos. Él miró a su compañero. “¡Presiona el botón para abrir la puerta de atrás!”
“¡Enseguida!” ese corrió hacia la salida.

Shinano yacía echado en el piso, aterrado por la situación y los múltiples disparos y gritos que había estado oyendo. El pelirrojo tuvo que soportar más golpes de parte del líder, quien intentó hacerle hablar, aunque este no le había agredido constantemente para así preservarle en lo posible ni causarle daños que pudieran convertirse en una inconveniencia. Sin embargo, las heridas y hematomas del pelirrojo eran considerables y el joven estaba paralizado por miedo e incertidumbre. No había dicho una sola palabra desde que había sido secuestrado, pero en aquel instante en el cual estaba siendo abandonado a su suerte en medio de la balacera realmente quería implorar por su vida.

Un par de segundos antes de que el secuestrador presionara el botón para la puerta levadiza, ocurrió un apagón general que cubrió ese ambiente en completa penumbra.

“¡¿Q-qué sucede?!” preguntó el líder, este sacó su pistola como precaución.
“N-no se preocupe, el generador debe estar por activarse,” reportó uno de sus subordinados.

El pelirrojo percibió su corazón detenerse por un par de segundos ante aquel desarrollo. Repentinamente, en medio de la oscuridad, sintió que alguien le agarró y le levantó.

“¡Ihhh!” dejó escapar un alarido, temiendo algún ataque, pero se sorprendió al sentir que fue transportado hacia el frente del almacén, lejos de los criminales que trataban escapar, y depositado con cuidado sobre el piso. Unos segundos después, el generador iluminó ese almacén con luces auxiliares, y se quedó en shock al ver a Honebami de pie en medio del amplio espacio, encarando a los adultos. “¡He-hermano!”
“¿Q-qué?” preguntó uno de los subordinados, alarmado.
“Ustedes son responsables del daño producido a Shinano, ¿verdad?” preguntó Honebami, pausadamente. Él tenía ojos nulos y ampliamente abiertos que comunicaban una fría y pasiva ira. “Imperdonable…”
“Tsk, tú…” el líder le apuntó con la pistola. “¡Quieto! ¡Si te mueves, l-les dispararé! ¡No ocurrirá nada en lo absoluto si nos dejas irnos!”
“…” el peliblanco se mantuvo inmutado, mirándoles con esos ojos aterradores.

Entonces, Tsurumaru y Tharja llegaron a ese lugar y de inmediato se acercaron donde Shinano para quitarle las ataduras. El líder de los secuestradores supo que no sería capaz de escapar, y decidió descargar su furia al apuntar hacia Shinano y dispararle.

Sin embargo, Honebami tuvo reflejos y agilidad sobrehumana que le hizo alcanzar al criminal, agarrarle del brazo y levantar su pistola. La bala impactó una de las luces auxiliares. Acto seguido, el peliblanco torció y quebró el brazo de su oponente.

“¡AAAGRRHHH!” él dio un grito largo y desgarrador, y fue lanzado a un costado, anulado. Se cayó estrepitosamente en el piso donde agarró su fracturado brazo con la mano opuesta y se retorció de dolor.
“…” Tharja había observado con leve sorpresa aquella acción del peliblanco. Esos reflejos y velocidad no eran humanos. Su habilidad de parar un disparo con otro tampoco lo era. Él hacía las pistolas completamente obsoletas. Sabía que los tres Toushirou mayores eran excelentes luchadores… pero tenía un mal sabor en la boca. Algo no encajaba en su habilidad.
“Listo, eso sería todo,” Tsurumaru terminó de deshacer la última atadura en los tobillos de Shinano, y le sonrió. “Estás a salvo.”
“¡Shinano!” exclamó Shishiou, quien ingresó junto con Seija. Este corrió donde el pelirrojo y le agarró de los brazos. “¿Estás bien? Tranquilo, hemos venido por ti.”
“Ehh…” Shinano miraba a su amigo con sus ojos ampliamente abiertos, todavía no procesando su realidad, y asintió mínimamente. Sin embargo, de inmediato se giró y miró hacia su hermano. “N-nii-san…”

Todos vieron a Honebami terminar de derribar al par de secuestradores restantes. A diferencia de los previos enemigos, estos terminaron con mayores heridas y algunas posibles fracturas en sus extremidades. La batalla había acabado… pero el peliblanco tenía una acción pendiente.

Fue evidente para todos lo que él tenía en mente cuando volvió a sacar su pistola y la apuntó hacia el líder con una actitud desposeída.

“¡E-e-espera! ¡D-detente, por favor!” exclamó el blanco, aterrado y temblando. “¡P-piedad!”
“Silencio…” sentenció Honebami con una voz profunda y apagada. Él tensó su presión en el gatillo, a punto de disparar.
“¡Nii-san!” justo en aquel momento, Shinano había podido correr donde su hermano mayor, y se aferró a él en un fuerte abrazo.
“¡…!” aquel inesperado contacto físico fue como una corriente interna que sacó a Honebami de su ensimismamiento. Su rostro se sorprendió y regresó a la vida, soltó su pistola y miró a su hermanito quien había pegado su rostro en su pecho y lloraba desconsoladamente.
“¡Nii-san! ¡Nii-san!” exclamó el pelirrojo repetidamente, en lo que sollozaba y le abrazaba con fuerza. Lágrimas corrían de sus ojos como cascadas y temblaba levemente mientras comenzaba a descargar la tensión acumulada de aquella traumática experiencia. “¡Honebami-nii… has venido! ¡Yo… tuve mucho miedo!”
“…” el mayor oyó a su acelerado hermano y sintió su temblor y constantes sollozos e intentos de abrazarle con más fuerza. Habiendo despertado de su estado bélico, Honebami formó un semblante apenado y derrotado. Se sintió incapaz de poder reconfortar a su hermano menor luego de una situación tan difícil para él. Atinó a usar una mano y agarrarle la cabeza con suavidad para traerlo más hacia sí, por más que el contacto físico le incomodara. “Tranquilo…”
“…” Shinano asintió un par de veces y se quedó llorando en silencio, en lo que intentaba calmarse un poco.

Los otros cuatro intercambiaron miradas incómodas, aunque también aliviadas, y se acercaron hacia los hermanos. Justo en ese instante, oyeron varios pasos ingresar al almacén y pudieron ver a más hermanos entrar, junto con un grupo de hombres con apariencias rudas.




“…” Ichigo observó a sus dos hermanos y rompió su tranquilo semblante. Vio a su pequeño pelirrojo llorando y malherido, lo cual se sintió como un punzón en su alma.
“Ichi-nii…” Honebami asintió y empujó levemente a Shinano para que le soltara. Este vio la presencia del mayor de su familia e inmediatamente acudió donde él.
“¡Shinano!” Ichigo le recibió y le dio un abrazo.
“¡Ichi-nii!”
“¿Cómo te sientes? ¿Qué te duele? ¿Necesitas algo?” le preguntó con una voz tranquila, pero inundada de tristeza, y apretó un poco más su abrazo. “Es un gran alivio y alegría para mí finalmente dar contigo. Te daremos todo lo que pidas. Ya no temas. Estás a salvo y todo está bajo control.”
“Sí, sí, gracias…”

“Tú debes ser el miserable que orquestó el secuestro…” Gotou se acercó hacia el líder, quien se encontraba anonadado por todo lo ocurrido, y le miró desde arriba con los brazos cruzados. “Te vas a arrepentir de todo esto…”
“D-desgraciados…” él rechinó los dientes y miró al pelimarrón con un odio profundo.
“Ustedes son la escoria de la sociedad,” declaró el chico. “Y no creas que la familia de su blanco original ha ignorado su acción por más que la joven se les escapó,” entrecerró sus ojos. “Entre ellos y nosotros, nos aseguraremos de que no salgan libres.”
“Tch…”
“Oye, nosotros nos encargamos de él,” reportó uno de los hombres que habían ingresado con los hermanos. “La policía está en camino y nos encontramos recolectando a todos los malnacidos.”
“Oh, gracias por su ayuda,” Gotou sonrió y asintió. “Se los encargo,” él se dio media vuelta y caminó donde sus hermanos. Observó con gran alivio a Ichigo mantener el abrazo y decirle palabras reconfortantes a Shinano, quien sonreía en pleno llanto y asentía repetidamente. Entonces, posó su mirada en Honebami. “Asumo que todo lo que ocurrió aquí fue obra tuya. Admito que hiciste un buen trabajo, aunque quizás fuiste un poco duro,” desvió su mirada. “Me siento aliviado de que no hayas matado a nadie…”
“…” Honebami asintió. “Estuvo cerca.”
“Tsk, n-no lo digas con tanta indiferencia,” reclamó Gotou, entre molesto y perturbado. Su peliblanco hermano solía responder con tanta honestidad y puntualidad que con frecuencia terminaba diciendo comentarios que le hacían incomodar. Dio un pesado suspiro. “Y hasta noto que desconectaste la fuente de poder principal de energía. No es una mala idea.”
“Tengo vasto conocimiento sobre circuitos y fuentes eléctricas por mis proyectos en Rizembool…” reportó, inmutado.
“Sí, supongo tiene sentido…” entonces, Gotou fue sorprendido por Shinano, quien también le dio un fuerte abrazo.
“¡Gotou!” exclamó Shinano. Luego de haber recibido bastante consuelo y apoyo del mayor, el pelirrojo se notaba muy contento de estar rodeado de sus hermanos, y sonreía con una sincera, aunque quebradiza, sonrisa.
“Shinano…” este apartó al pelirrojo para mirarle con cuidado. Vio cómo este tenía moretones en sus extremidades y un muy notorio ojo morado, y sabía que más debía esconderse debajo de su vestimenta. Su preocupación fue muy evidente. “¿…qué es lo que te han hecho?”
“D-debe ser notorio, no he podido verme en un espejo…” dijo Shinano, quien bajó su mirada apenado y con sus labios temblando. “L-lo siento, Gotou…”
“Idiota,” este le sacudió para que le mirara. “No te atrevas a disculparte por esto, ¿de acuerdo? No es tu culpa, nunca lo será, y yo definitivamente no te perdonaré si decides responsabilizarte por esto. ¿Has entendido?”
 “S-sí…” asintió con torpeza y vio los ojos de su hermano inundarse de lágrimas, para finalmente corresponderle el abrazo. “Ehh…”
“…estuve muy preocupado por ti, Shinano…” confesó en voz baja. “Ya no pienses más en lo ocurrido… no dejaré que te vuelva a suceder nada remotamente semejante… lo juro…”

“Bueno, la familia ha vuelto a ser perfecta,” observó Seija, rodando los ojos. “Y ese hermano asesino se desactivó y parece que hasta desapareció en medio de sus hermanos, qué aburrido.”
“Ese es su rol usual, y mejor que sea así,” Tsurumaru se encogió de hombros y sonrió relajado. “Honebami me cae bien cuando está en su modo pacífico, después de todo.”
“¿Y quiénes son estas personas que entraron con los hermanos?” preguntó Tharja, quien miraba con desconfianza a esos hombres apresar y recoger a los secuestradores. No que le importara lo suficiente como para detenerles, pero la duda seguía en el aire. “Se ven sospechosos.”
“No me digan…” Shishiou tuvo una sospecha, la cual fue confirmada con la aparición de otro hombre, quien entró a ese ambiente y al detectar al rubio caminó donde él y sorprendentemente se arrodilló ante este.
“Shishiou-sama,” dijo con un vozarrón y un tono de respeto. “No tiene de qué preocuparse. Fuimos informados sobre este acontecimiento y le aseguro que hemos derrotado y entregado a esta banda criminal a las autoridades. Ellos nunca más volverán a importunarle.”
“E-espera, ¿hablas en serio?” preguntó en shock. “¡P-pero les dije que no tenían que involucrarse en todo esto!”
“Usted es un miembro importante de nuestra familia y su rol en un futuro será de supervisar y delegar. Es importante que preservemos su bienestar, y debería confiar más en nosotros,” se levantó del piso y le miró con leve severidad. “Su padre dice que quiere hablar con usted cuando tenga disponible. Se encuentra furioso por su imprudencia y quiere enseñarle una lección.”
“Ahh, debes estar bromeando…”
“Con permiso…” esa persona se retiró a paso acelerado.
“Ya, eres un yakuza, te creo,” dijo Tharja, con gran indiferencia.
“¡Y pese a no llegar a mover ni un dedo, leoncito ayudó a salvar el día, haha!” exclamó Seija, entretenida. “Indirecta e inconscientemente, pero cuenta, ¿cierto?”
“Haha, sin duda,” Tsurumaru asintió.




Entonces, vieron a una persona más ingresar, quien miraba distraídamente a esos yakuzas entrar y salir como si estuvieran en su casa.

“Oigan, alguien dejó a un tipo inconsciente con espasmos musculares y medio cuerpo en llamas…” dijo Fudou, quien dio un gran bostezo y se sobó los ojos. “Uhh… alguien apáguelo… ¡AAAHHH!”

Este gritó al ver a Tharja como si hubiera visto a una araña gigante, e instintivamente sacó su daga y se la apuntó.

“¿Por qué haces tanto teatro, borracho?” preguntó la chica, hastiada. “Sólo soy yo.”
“¡B-bruja! ¡Eres literalmente la última persona que esperaba ver aquí!” exclamó. “Hic… ¡casi me das un paro!”
“Y yo no me sorprendo para nada. Obviamente eres un insecto ebrio que se presta como subordinado y cosas semejantes.”
“Tch…” le miró con profundo odio.
“¡Hahaha, qué hermosa bienvenida!” Tsurumaru se rió con ganas. “¿Se conocen? Esperen… se ven igualmente antisociales. ¿Acaso los dos son hermanos?”
“Hic… esto no te concierne…” Fudou desvió su mirada y guardó su daga. “Esta bruja no debería estar aquí, nada más…”
“Y sí, lastimosamente somos hermanos, no le den más líos,” confesó Tharja, con disgusto.
“Ohh, mucho gusto,” Seija sonrió al chico. “Tu hermana es muy divertida y tú tienes potencial. ¿Odias al mundo tanto como ella?”
“¿Quién es esta chiflada?” preguntó Fudou, apuntándole con gran desinterés.

Esa conversación se cortó ya que los Toushirou se acercaron hacia ellos.

“Antes que nada, les debo a cada uno de ustedes mi más sentido y sincero agradecimiento,” dijo Ichigo, con su mano derecha sobre su pecho y haciendo una pronunciada venia. Él les sonrió con calidez y gentileza. “Su presencia aquí significa todo para mi familia, y me sentiré en perpetua deuda con ustedes. Somos muy afortunados al haber contado con su apoyo en medio de esta situación, y gracias a ustedes mi querido hermano se encuentra a salvo.”
“En verdad muchas gracias,” Shinano hizo una reverencia igual y miró a todos con ojos conmovidos y temblantes. “Gracias… muchas gracias, hehe, siento que no dejaré de decirlo…”
“Yo realmente no llegué a hacer nada, sólo me alegro que estés bien,” confesó Tsurumaru.
“Digo lo mismo,” Shishiou asintió y se acercó donde su amigo para extenderle su celular y billetera. Le sonrió animado. “Finalmente puedo devolvértelo.”
“Gracias, Shishiou,” asintió y recuperó sus pertenencias.
“Aquí tienes,” por su parte, Ichigo le extendió su daga. “Gotou y Fudou la recuperaron. Ellos saben lo mucho que esta daga significa para ti y lucharon para conseguirla en tu nombre.”
“Hic… hazme el favor…” Fudou rodó los ojos y recibió un codazo de su hermana. “Tch, ¡oye!”
“Volveré a patearte en la cabeza si no te callas,” le miró de soslayo y notó que esa amenaza fue suficiente para ofuscarle y hacerle desviar su atención con aprehensión e indignación.
“Sí, muchas gracias, en verdad…” ello causó que los ojos del pelirrojo volvieran a inundarse de lágrimas.
“No sé qué más tienen que hacer por aquí, pero lleven a su hermanito a descansar,” sugirió Tsurumaru, encogiéndose de hombros. “Y atiéndanle que está herido.”
“Sí, estamos en eso,” Gotou asintió. “Hakata nos está esperando en la van.”
“¿Hakata está aquí?” Shinano se quedó en shock.
“¿Quién es ese?” Seija se extrañó.
“Otro hermano, no le den importancia,” Tharja se encogió de hombros.
“O-oye, seremos varios, pero no le desprecies, por favor,” Gotou entrecerró sus ojos.
“Estoy convencido que esas no fueron las intenciones de nuestra estimada amiga,” observó Ichigo, quien no notó a Tharja negar con hastío por la forma en la cual se refirió a ella. “Salgamos, nos toca dar unos últimos reportes a la policía, y luego podremos retirarnos. Se hace tarde y todos deben estar muy cansados.”





Al terminar con su deber de reportar lo ocurrido, el grupo regresó a una zona más céntrica de la ciudad donde cada quien se despidió. Los Toushirou llevaron a Shinano a una clínica donde recibió atención médica. Ahí pudieron descartar daños severos, pero le recomendaron que mantuviera reposo por varios días.

Una vez terminada la asistencia, fueron de regreso a casa. A esas horas, sabían que sus otros hermanos debían estar descansando, inconscientes sobre lo que había sucedido. Shinano continuaba asustado y tenso, pero se sentía mejor y había podido comunicarse con Syo y Natsuki, quienes se alegraron y aliviaron de que se encontrara bien.

“¿Seguro que estás bien, Shinano?” preguntó Hakata mientras todos ingresaban por la puerta principal de la gran residencia. El pequeño se veía un poco asustado.
“Sí lo estoy, ya te lo aseguré,” el pelirrojo asintió y le dedicó una simpática sonrisa. Felizmente había podido recobrar la compostura cuando ingresó a la van, pero el pequeño rubio era despierto y comprendió la severidad del caso cuando vio a su hermano mal herido. Ello le hizo dejar su laptop de lado y mantenerse todo el camino de regreso agarrando a Shinano de un brazo, en un intento de reconfortarle. Ello fue bienvenido por el pelirrojo, ya que Hakata solía ser muy orgulloso y autosuficiente como para ser abiertamente cariñoso con él.
“…” Honebami se vio alerta. “He oído ruido. Alguien está despierto.”
“Parece que es en la cocina principal,” observó Ichigo.

Todos fueron hacia ese ambiente y se toparon con la sorpresa de ver a Yagen despierto y esperando a una tetera en lo que revisaba distraídamente su celular.

“¿Qué haces despierto, Yagen?” pregunto Gotou, alzando una ceja. “¿Acaso no estabas en tu lecho de muerte?”
“Hmhm…” Yagen dio una breve risa gutural. “¿Y qué haces tú aquí, Gotou? Pensé que te enorgullecías de vivir como ermitaño…”

El doctor levantó su mirada y, al ver la selección de hermanos que regresaban tarde, supo que algo estaba mal. Él de inmediato notó el ojo morado en Shinano, y cómo él se incomodó y desvió su mirada.

“Esperen, ¿qué está ocurriendo?” preguntó y se acercó al pelirrojo. “¿Qué sucedió, Shinano?”
“E-ehh…” este no supo qué responder.
“No deberías estar levantado, Yagen…” observó Honebami.
“Tsk, no te vengas con esto ahora,” reclamó, impaciente. “Sé que me pierdo de algo muy serio aquí,” miró a Hakata y se le dirigió con más atención. “No sabía que estabas de regreso. ¿Estás bien?”
“Yo estoy bien, Yagen-nii… pero…”
“Es justo que lo sepas, Yagen,” Ichigo sonrió rendido. “Gotou, Shinano, hablen con Yagen. Mañana informaremos al resto de nuestros hermanos sobre lo sucedido. Por mientras, asegúrense de descansar cuanto antes. Es pasada la medianoche.”

El caótico día había llegado a su fin, pero quedaban secuelas y cabos sueltos que resolver antes de pasar a la siguiente página.
« Last Edit: April 24, 2018, 12:13:00 AM by Cho »


Mimi Tachikawa

Aqui vengo a dejar 2 fics, vamos con el primero!!!


Era de noche y Tsubasa se encontraba echada en su cama como siempre sumergida en sus pensamientos, recordando el encuentro con Izumi y luego la presentación de Yamanbagiri y Midare como sus nuevos maestros, podría ser una noche tranquila, pero el menor de sus maestros Midare Toushiro se encontraba durmiendo al lado suyo abrazándola fuertemente mientras empezaba a temblar, la peliazul estaba preocupada pero no queria levantarlo, pero tenia que hacerlo porque cada vez sentía que el rubio se quejaba entre sueños y empezaba a moverse con desesperación

Midare-kun…-le movio ligeramente-despierta…ya paso…ya paso…-

El rubio empezo a abrir los ojos lentamente-uhm? Tsubasa-chan…-la veía adormilado- lo siento te asuste?-

Un poco…pero es normal que tengas este tipo de sueños? O es la primera vez que te sucede?...-

El doctor que me atendia cuando era pequeño me dijo que debe de ser algo que me sucedió antes de perder mi memoria…y hoy olvide de tomar mis pastillas por la emoción de conocerte…asi que siento mucho que me hayas visto de esa manera…-

No te preocupes, pero nunca debes de olvidar tomar tus medicinas…para que no vuelvas a tener ese tipo de sueños, te puedo comprender porque yo también tenia pesadillas, aunque en mi caso esto termino cuando por fin pude vencer mis temores y enfocarme en mis metas,pero tu caso es mas complejo porque has perdido la memoria de niño…uhmm no sabría como ayudarte…-observo al rubio que volvió a quedarse dormido, la peliazul sonrio levemente y  le acaricio suavemente los cabellos- de seguro fue algo muy traumatico…eres un excelente sensei para ser mi primer dia de entrenamiento , asi que hare lo posible también para protegerte a ti y a Yamanbagiri-san…-se levanto de la cama para acercarse a la ventana ya abrirla asi el viento jugaba con sus largos cabellos-

Aunque tenga que volver a pelear contra Izumi-kun…los protegeré a todos y demostrare que ser la espada perfecta que tanto deseaban en mi familia…no volverá a pasar esa tragedia de años atrás…juro que eso no sucederá otra vez…-
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Chiaki Morisawa tenia entre sus brazos a un joven rubio que estaba desmayado, detrás de ellos se encontraban un grupo de hombres con navajas y palos de madera que los perseguían, el Ryusei Red se habia quitado todas la vendas para defender al rubio cuando este estaba a punto de ser asesinado, ahora el joven también era un blanco para los hombres que los perseguían, eran demasiados para él, asi que no se le ocurrio mejor idea de llamar a su maestro y conocido suyo Izuminokami Kanesada para pedirle ayuda, sabia que debía correr para llegar cerca de la casa de su maestro, cada se hacia mas dificultoso su caminar el rubio mas bajito estaba ardiendo en fiebre, la situación era muy caotica, no se dio cuenta que habia tropezado con una piedra que cayo al suelo sin dejar de proteger al menor, cuando los hombres se lanzaron a atacarlo, una persona se coloco delante de Chiaki

Perdona por llegar tarde, pero yo me encargare de ellos…- Kanesada se encontraba de regreso de su trabajo y afortunadamente siempre llevaba su espada de madera de kendo a todas partes, sonrio confiadamente y se lanzo hacia el ataque-

Chiaki!!...-Kanata hizo su aparición corriendo hacia él preocupado-

Kanata!! Llegaste en un momento justo, por favor llevatelo al hospital esta ardiendo en fiebre…-le entrego al pequeño rubio-

Otra vez metiéndote en problemas?...-

No podía dejarlo solo a su suerte…esas personas estuvieron apunto de matarlo…los hombres que estaban con él están muertos, no tiene a nadie mas que a mi…asi que por favor te lo encargo…-

Deacuerdo…- dijo cargando al niño rubio para irse con el taxi que lo estaba esperando-

Uno de los hombres se dio cuenta de eso y se acerco hacia ellos, pero Chiaki con una patada lo detuvo- no permitiré que los sigas…-

Chiaki perdona se me fue uno…-dijo el pelinegro que estaba venciendo a sus oponentes uno a uno- asi que te lo encargo…-

No se preocupe maestro que yo me encargo…-dijo apretando sus puños-

Tanto el pelicastaño  y el pelinegro lograron vencer a los hombres que habían atacado al rubio, luego llamaron a la policía para que los detuvieran y se los llevaran presos, una vez que se retiraron las autoridades ambos fueron al hospital, el pelinegro habia llamado a Shiki para decirle que iba a demorar y que no esperara despierto, como maestro de Chiaki debía de quedarse con él para averiguar el estado del rubio

Como siempre los problemas llegan a ti…Chiaki…no se pero parece que tienes un iman para involucrarte en cosas serias…primero hace varios años con Tsubasa Kazanari…ahora con un niño…-

Lo siento sensei…pero como todo héroe no puedo dejar de hacer algo si veo a alguien en peligro…-

Sabes que esa falta de amor propio que tienes por tu vida va a terminar mal en algún momento…piensa antes de actuar Chiaki cuantas veces te lo he dicho??-suspiro pesadamente-Tu también deberias de tener cuidado Kanata…mis dos mejores alumnos como siempre actúan sin medir las consecuencias…-el pelinegro empezo a jalarle las orejas a los dos-

Lo..siento…Izunominokami-sensei…nunca…puedo decirle no a Chiaki…-canturreo-

Me imaginaba que dirias eso…pero supongo que ya averiguaste quien es el niño que Chiaki rescato no es cierto?

Si…ya lo tengo…-

En serio Kanata??...como siempre vas un paso delante mio…-rio el pelicastaño-

Chiaki sabes que esto no es un chiste no??...-

Lo siento sensei…-

Bueno ilumínanos Kanata y dinos cual es la identidad del chico…-

Su nombre es Pierre, tiene 15 años y es un príncipe de un reino en conflicto, ya que es un candidato para la sucesión al trono, sus padres lo mandaron a Japón junto a sus guardaespaldas para evitar que lo asesinen, ya que tiene 2 hermanos mayores que lo quieren ver muerto…-

Asi que se llama Pierre y es un príncipe…pero ahora que sus guardaespaldas están muertos…-

Y viendo el hecho de que tu lo has protegido, te convierte en automáticamente en su protector…-Kane se toco la cabeza suspirando pesadamente- como siempre te metes en problemas muy graves…-

Y eso no es lo peor de todo…-dijo el peliazul- tal parece que un exrebel de Rizembool esta encargado de matarlo…-

Eso lo hace una situación mas peligrosa Chiaki …-dijo el pelinegro exasperado- ahora si que tu vida corre un grave peligro si Rizembool también esta detrás de esto…-

Perdone maestro, pero no me arrepiento de salvar a Pierre, ahora solo tendre cuidado de no llamar mucho la atención asi no podrán lastimarlo-

Por que tengo un discípulo tan tonto…-suspiro pesadamente- no me quedara de otra que apoyarlos y proteger también a Pierre, ahora lo que nos toca hacer es llamar al reino de donde proviene Pierre y decirles que se encuentra a salvo pero sin llamar sospechas…-dijo rascándose la barbilla- ya se a quien podemos pedir ayuda…y esa persona es Seto Kaiba…aun me debe un favor y dudo que me diga que no…ademas que nos puede ayudar a cambiar la identidad de Pierre-

Maestro de donde conoce a Seto Kaiba?

Es un larga historia…solo les puedo decir que es un niño igual de tonto que ustedes…a él también ayude a recuperar a su tesoro mas valioso…-
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En la habitacion de Seto Kaiba, el celular sonaba sin parar, el castaño se encontraba haciendo el amor con Hajime, el pelicastaño estaba acariciando suavemente el pecho palido del peliazul que estaba embriagado del placer que el estoico joven le estaba proporcionando, los besos llenos de necesidad que se daban ambos mientras que el pelicastaño se movia dentro de él, los melodiosos y suaves gemidos del peliazul, hacian que le pelicastaño se olvidara del mundo de que varias vidas dependían de él y sus acciones como presidente de Kaiba Corp, ahora solo su mundo y sus pensamientos le pertenecían al peliazul que habia recuperado y que jamas volveria a soltar pese a que ahora estaba mintiéndole al aprovecharse de su perdida de memoria, el celular seguía sonando sin cesar

Seto-kun…el ce..lu..lar…-

No me importa …ahora…solo …enfócate en mi…Hajime…-volvio a besarlo-

Pe…ro…-mientras lo besaba- y si …es …im…por…tante??

Me…im…porta…un…ya no puedo mas…Hajime….-

Hazlo…Seto-kun…solo por hoy…-

Deacuerdo…-despues de una ultima envestida el mayor lo dejo todo dentro del peliazul que respiraba agitadamente…-

El pelicastaño sonrio satisfecho y ante la insistencia del celular se tuvo que levantar de la cama para contestar la llamada
Espero que sea algo importante...-dijo con fastidio mientras su mueca de fastidio cambiaba a uno de molestia combinado con preocupación- maldición ire para allá ahora mismo…-

Paso algo?? …-dijo el peliazul de cabellos cortos mientras cubria su cuerpo desnudo con las sabanas-

Hay un problema internacional grave que debo de solucionar ahora mismo…- el pelicastaño empezo a vestirse- es probable que no venga a casa en un par de días…asi que cualquier cosa no dudes en pedirla a los sirvientes y si sucede algo llamame que te responderé enseguida-

Esta bien…Seto-kun…prometes que te vas cuidar mucho no?...-dijo mirándolo preocupado-

Claro que si…después de todo soy Seto Kaiba no hay nada que no pueda solucionar…-dijo acercándose a Hajime- asi que no te preocupes y recuerda que te amo mas que nada en el mundo…-le beso cálidamente para salir de la habitacion-
Hajime se quedo observando como se fue el otro joven para luego recostarse en la cama, tocándose el pecho

Tengo un mal presentimiento…espero que nada malo le suceda por favor…- cerro los ojos para quedar profundamente dormido
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matta ne!!
« Last Edit: April 17, 2018, 01:33:04 AM by Mimi Tachikawa »


Mimi Tachikawa

Aqui esta otro fic compartido con Cho


El transcurrir del tiempo ocurre de manera continua y sin dejar espacio para revisiones o permanencias. Las circunstancias cambian y llega un punto en el cual las personas pueden mirar hacia atrás y notar cómo se ha vuelto imposible regresar a un instante, un lugar, una unión… Sin embargo, durante su existencia, cada efímero y frágil momento significó todo para los involucrados. Fueron sus vidas, sus motivos, sus deseos y sus inspiraciones, y por más que el pasado quede detrás siempre se pueden recordar esos momentos de manera vívida y con gran identidad personal.

Detrás de una larga fila de acontecimientos y sucesos complicados, hace ya varios años en el pasado, un recuerdo resaltante y ligero de mejores tiempos persiste en las mentes de los involucrados, el cual no se vio afectado por los azares del destino de cada uno de ellos.

 … Después de pedidos e insistencias por el único hijo y heredero de los Itsuki, un área de la mansión había sido remodelada y habilitada para usarse como un estudio, donde el joven heredero desempeñaba sus ambiciones de ser un idol en compañía de sus amigos y compañeros de equipo. Ese capricho fue concedido a manera de que él pudiera desarrollar sus habilidades como líder y en el ámbito de negocios y medios de comunicación, y los padres esperaban darle esa libertad hasta el punto en el cual juzgaran que llegaría el momento de que su hijo acabara con dicho pasatiempo para tomarse las cosas con seriedad. Sin embargo, Shu Itsuki estaba logrando bastante con sus ambiciones en el mundo del espectáculo pese a su corta edad, y con el tiempo seguía ganando mayor inercia, no sin ayuda de sus fieles compañeros.

 Los acuerdos continuaban en marcha y quedaban muchos asuntos por definir, pero estaba ya fijo: Valkyrie, la unidad de idols de Shu, iba a participar en un evento al término de la presente semana, y todavía había muchas labores que terminar en tan poco tiempo. El joven líder de Valkyrie encaró a otros tres jóvenes en la pequeña sala de su amplio estudio. Como era de esperarse, el pelirrosa se les dirigió con un aura demandante y opresiva, una postura que demandaba admiración y respeto, y una severa mirada que aclamaba la atención y obediencia de su pequeño público. Aquel era el rol del joven tanto en el escenario como en el futuro que sus padres habían planeado para él, y Shu parecía casi incapaz de desligarse de esa personalidad autoritaria.

“Atención,” dijo con su característico y estricto vozarrón. “Estamos aquí para definir los preparativos de nuestro próximo evento. No puedo recalcar en demasía la importancia de una actuación inmaculada. Para garantizar nuestro futuro, es vital que demostremos nuestra soberanía sobre el escenario,” él tomó una varilla y apuntó con fuerza a un nombre escrito en una pizarra blanca, el nombre del evento. “Es la primera vez que hemos sido reconocidos por una organización de tanto prestigio y seremos los más jóvenes participantes. Por ello mismo, y también por mis propios estándares, no aceptaré menos que perfección de ustedes, Nito, Kagehira.”

“Sí, por supuesto, Oshi-san,” Mika asintió obedientemente, aunque su decisión de seguir las palabras de su líder flaqueó por ciertas inquietudes.

“S-sigo sin dominar uno de los pasos que he estado practicando, pero haré todo en mi alcance.”

 “Tsk, tú sabes que odio el simple concepto de tratar,” Shu le apuntó con la varilla tan cerca de su rostro que Mika se asustó y retrocedió levemente. “Lo lograrás, lo perfeccionarás. No tengo utilidad para personas que simplemente tratan, ¿te ha quedado claro?”

“¡S-sí! ¡Al término de esta semana demostraré mi habilidad! ¡Lo juró, Oshi-san!”

“Entonces lo esperaré,” le miró desde arriba con severidad. “No me decepciones.”

“No lo haré, Oshi-san,” pese a aquel trato opresivo, el pelinegro sonrió esperanzado por la oportunidad concedida por su mayor.

 “Aquí ninguno de nosotros te decepcionaría, eso es evidente,” dijo Nazuna con toda certeza. “Y tal y como tú esperas perfección de nosotros, estamos bajo tu cuidado y liderazgo, así que sé el líder que nosotros esperamos que seas.”

 “¿Será que siento rebelión y imposición de tu parte, Nito?” Shu se mostró intrigado por aquellas palabras y sonrió desafiante. “Heh, tienes agallas para dudar de mí. No se olviden que siempre he sido el instructor y quien les ha conseguido esta oportunidad. Soy y siempre seré el soberano, y volveré a deslumbrarles en cada momento.”

 “No te preocupes por Mikachiin. Hemos estado practicando un montón y él es muy perseverante,” continuó el rubio, en un intento de apoyar el pelinegro. “Lo importante es ver de qué tienes que encargarte, porque todos sabemos la carga laboral que tienes sobre tus hombros.”

 “Como he dicho previamente, yo poseo la habilidad para lidiar con todo aquello puesto frente a mí. Sin embargo, luego de verme frente a varios imprevistos en la organización de nuestra presentación, tendré que delegar algunas funciones a ustedes,” continuó con un semblante serio y tomando la varilla con sus manos. “De todos modos, les supervisaré y todo lo que hagan tendrá que ser aprobado por mí antes de terminar el trabajo. ¿Han entendido?”

 “Ehm…” la cuarta persona presente levantó su mano con timidez, queriendo decir algo aunque manteniendo timidez. Era una pequeña de cabellos rubios con dos ojos de distintos colores. “Shu-san… ¿en qué podemos ayudar…? Prometo que me esforzaré…”

“…” el pelirrosa dio un suspiro y se encogió de hombros. “Dudo que sea algo con lo que tú puedas ayudarme, niña…”

“Sé más amable con Vivio, por favor,” le exigió Nazuna, quien salió en defensa de su hermanita. “Ella siempre hace lo que puede por nosotros y nos apoya en nuestras prácticas.”

 “Soy sincero con mis pareceres. Si en verdad ella puede hacer algo y colaborar de alguna forma, tendría que demostrarlo. Nada más,” Shu negó exasperado. “Retomando el tema, queda finalizar la coreografía y dar unos últimos retoques a la canción que estrenaremos. Además de ello, falta trabajar en nuestros atuendos,” se cruzó de brazos y desvió su mirada con leve disgusto. “Mi ocupado horario no me ha dado tiempo de realizar bosquejos apropiados para un evento de esta importancia, pero ni bien lo haga tendría que dejarles la labor de iniciar con las confecciones.”

“Oshi-san,” Mika levantó la mano y le sonrió voluntariosamente. “No te preocupes por eso, Oshi-san. Vivio-chan y yo hemos estado practicando nuestros dotes de modistas últimamente y hemos diseñado juntos varios tentativos para trajes de presentaciones. S-si bien estamos a leguas de tus habilidades, pienso que es importante tomar este trabajo para liberarte de tantas responsabilidades ahora, Oshi-san.”

“¿Dices que ustedes pueden realizar esta importante labor, Kagehira?” Shu le miró intrigado y alzando una ceja. “Esa es una declaración demasiado precipitada viniendo de un simplón como tú. ¿Qué tienes para respaldar tus palabras?”

“Ehh, y-yo sólo…” el pelinegro volvió a sentirse incómodo e intimidado y tocó sus índices en lo que trataba de venirse con algún argumento sólido aparte de expresar su deseo de ayudar a su Oshi-san, ya que este no estaría satisfecho con una declaración como aquella.

 “Mikachiin…” Nazuna le miró preocupado y pensó en hacer alguna observación, aunque se sorprendió de volver a escuchar a su hermanita, quien alzó la voz con leve desesperación.

“¡Por favor, Shu-san!” le pidió. Su exclamación atrajo a los tres mayores y la pequeña abrazó con fuerza una carpeta de documentos que solía llevar consigo a todos lados. “Ehh, p-perdón por alzar mi voz así… pero realmente queremos ayudar, y realmente, realmente nos hemos esforzado un montón para seguir sus pasos y hacer algo que usted pueda considerar apropiado, líder…”

“¿Hm?” Shu le miró con una pizca de interés, no convencido. “¿Y dónde es que puedo observar este esfuerzo del cual tanto hablas? Que conste que espero más que promesas y deseos de parte de todos ustedes.”

 “Ehm… todavía son esquemas, pero tengo algunos ejemplos…” la pequeña abrió su fólder y extendió unas hojas al líder con un poco de nerviosismo. Vio al mayor recibir las hojas e inspeccionarlas brevemente. “Aparte de ello hemos hecho varios ensayos y modificaciones de nuestras propias prendas, tenemos práctica con ello…” bajó su mirada. “Yo no soy una idol como ustedes, pero quiero ayudarles en lo que sea posible…”

“Por supuesto que lo haces, Vivio,” le alentó Nazuna, sonriéndole. “Eres muy organizada y estás al pendiente de lo que hacemos y lo que necesitamos, y tu hábito de tomar notas y guardar documentos te hace muy prometedora.”

“Hehe, sí nos hemos divertido mucho en nuestras prácticas de costura,” confesó Mika, sonriendo avergonzado. “También me has alentado un montón.”

 “Eh, g-gracias…” la pequeña se ruborizó por los comentarios y entonces recibió los papeles de vuelta de parte del líder.

“No hubo nada que pudiera recriminar sobre sus elecciones de diseño a simple vista. Les daré la oportunidad,” concluyó Shu, seriamente. “Es por ello y por el voto de confianza de mis dos subordinados hacia ti, así que espero que cumplas con tu obligación.”

“¡S-sí!” asintió rápidamente. Vivio estaba acostumbrada a aquel trato frío del pelirrosa y sabía que no se podía esperar una actitud más amable de su parte. Ya de por sí, el autoritario líder de Valkyrie solía ser un poco más cordial con la pequeña asistente y ella quería corresponder esa dedicación como pudiera, y sin lugar a dudas ser el gran apoyo que su hermano necesitaba en su creciente carrera como idol. “Muchas gracias, Shu-san.”

“No obstante, espero que se pongan a trabajar de inmediato, y piensen muy bien en cada material que utilizarán. Una equivocación en la tela, los hilos, los botones, el encaje, la ejecución o cualquier otro elemento les costará muy caro, y estaré supervisándoles constantemente.”

“S-sí, Oshi-san, es entendible,” Mika asintió. “No le defraudaremos.”

 “Yo me puedo ir encargando de la coreografía y la música. Y si es posible ir a visitar el escenario previo al evento quisiera ayudar con el diseño del mismo,” pidió Nazuna.

“De todos ustedes, tienes el mejor instinto artístico, Nito,” Shu sonrió complacido y se cruzó de brazos. “Espero que mi creación más perfecta pueda iluminar mis propios conceptos con respecto a este evento,” él volvió a adoptar un semblante serio y comprimió el agarre de su varilla. “Imagino que recuerdan el tema de nuestra futura presentación. Con ello en mente y sin descuidar sus ensayos y obligaciones, pónganse a trabajar. Tengo una reunión que atender con unos de los auspiciadores que nos respaldan. Todos en marcha.” Los demás exclamaron con rapidez y vocación y así inició una semana llena de tareas para los cuatro antes del tan esperado festival donde esperaban deslumbrar ante un amplio público para continuar desarrollando sus trayectorias.


Vivio y Mika se encontraban conversando acerca del color de los trajes que usarian para el vestuario que estaban diseñando, ambos estaban poniendo lo mejor de si para no defraudar a Shu que habia puesto su confianza en ellos Si la unit que los representa es Valkyrie y si lo podemos relacionar con las Valkirias de la mitologia nordica,entonces el color no puede ser tan llamativo porque ellas eran guerreras y sus trajes eran solemnes y serios, asi que los colores en los que pienso pueden ser rojo y negro, que opinas Mika?...-

Si seguimos tu lógica Vivio-chan -cerrando los ojos- si puedo imaginarme esos colores que puedan combinar con los trajes de Oshi-san y Nazuna-nii...-

Lo unico que podemos modificar en el traje de cada uno es colocar un sombrero para Shu-san, al ser la cabeza del grupo lo podemos colocar como el Odin de las valkyrias o en ese caso la de  Freya...- Si lo puedo imaginar de esa manera con su mirada imponente extendiendo con sus brazos el sombrero para dar paso a la presentacion...-Mika iba apuntando los detalles que la rubia estaba explicando mientras seguia dibujando y haciendo algunos arreglos Al traje de Nii-chan le podemos poner un pequeño sombrero amarrado a una vincha elastica...-

Y le podemos agregar en el saco un vuelo como dando la impresion que tiene un vestido... a Oshi-san le gustaria un traje asi para poder presumir a su mas hermosa creacion...-dijo apuntando emocionado-

Ahora faltaria modificar tu traje...-

Uhmm yo creo que esta bien mi traje tal como esta...-

A ver dame...- viendo el diseño del traje de Mika- ya se lo que podemos hacer, ya que a ti no te gusta resaltar mucho al menos debes de tener un detalle que te haga diferente de Shu-san y Niichan, esa seria una corbata michi pero de color rojo girando para un lado...- Mika borro solo una parte del bosquejo de su ropa para dibujarlo- Creo que eso seria todo el cambio que podemos hacer para enseñarle a Shu-san y que nos de su ultimo visto bueno y empezar a coser y buscar las telas adecuadas a la movilidad de sus movimiento, ademas de tener el presupuesto listo...-

Nazuna-nii tenia razon, eres una chica muy lista e inteligente...-

No es para tanto...-sonrio- ademas aspiro a llegar a ser la manager de Vakyrie algun dia cuando pueda llegar a cumplir las expectativas de Shu-san-

Oshi-san es muy estricto, sera muy dificil de conseguirlo...-

Lo se pero dare lo mejor de mi para que pueda llegar a reconocerme...-

Te apoyare en todo lo que puedas...-

 Muchas gracias Mika...- Ambos se miraron y sonrieron emocionados para terminar con los bosquejos y llevarselos a Shu para el ultimo visto bueno

Al haberse visto despojado de aquellos preparativos normalmente dentro de su ‘dominio’ de decisiones, Shu siguió atendiendo los recursos y contactos en su lista. Alternaba entre hacer acuerdos con el equipo de sonido o de luces, conseguir la aprobación y acceso al ocupado escenario donde tocaría ensayar, contactar a los proveedores de artículos y materiales necesarios para la personalización de dicho espacio durante el evento, confirmar el soporte de los patrocinadores, supervisar y contratar a nuevos miembros del staff de apoyo, entre otras funciones. Todo ello era un trabajo propio de un manager o productor y que agobiaría y cansaría a cualquiera, especialmente al líder de su propio grupo de idols y con el deber adicional de ensayar y estar al tanto de sus compañeros, pero el joven pelirrosa era todo un emprendedor capaz de lidiar con aquello y mucho más pese a su corta edad. Él era un líder innato con la habilidad de mandar y disponer con tanta soltura como prudencia y eficacia, como se esperaría del heredero de su familia, por más que a él no le interesara ese camino a futuro.

Sin embargo, algo que le caracterizaba encima de su llamado a ser líder era su tendencia a exigir y demandar sin reparos. Shu era una persona perfeccionista y brutalmente honesta con poca delicadeza y falta de tacto. Él siempre iría a esperar perfección de todos y era el peor juez y crítico para todos los que se cruzaran en su camino, incluyendo a sí mismo. Ello, con gran frecuencia, le creaba una barrera hacia los demás.

“¡Quedamos que la entrega del material se haría en dos días! ¡No me interesa oír que hubo un error en el envío que es únicamente su responsabilidad!” reclamó por su celular. Al otro lado del auricular se encontraba la proveedora con quien había realizado la transacción, quien intentaba apaciguar a su joven cliente en vano. Shu frunció el ceño y habló con ferocidad y frialdad.

“Escuche bien, señorita. Se llegó a un acuerdo verbal y escrito que he registrado personalmente. Espero la mercadería a más tardar pasado mañana o de lo contrario me aseguraré de reportar una muy severa crítica hacia usted y su empresa por incumplimiento. Y vuelvo a recalcar que esto no se reparará con un reembolso por los gastos de envío. El tiempo es demasiado preciado y una de las cosas que no se pueden comprar. ¿Me he expresado lo suficientemente claro? Que así sea.” La llamada terminó y Shu colgó su celular, para tirarlo a un rincón de su escritorio.

Por más incómodo que resultara aquel imprevisto, él había ordenado dicho material con anticipación para poder trabajarlo y dejarlo a disposición del staff que les ayudarían con la construcción del escenario previo a su actuación, y un retraso de dos días más no presentaba grandes inconvenientes para él. De todos modos, él necesitaba tener control e información de todo a su alcance por su propia identificación como el director de orquesta en su entorno.

Después de haber ido a hablar con unos organizadores del próximo evento, él regresó a su hogar y fue directamente a su habitación donde exigió que nadie le fuera a molestar. Como un joven autosuficiente, él no dejaba que nadie, ni las empleadas, entraran a su espacio, ya que él se encargaba de toda la organización. Esa particularidad le permitía concentrarse y dejarse absorber por sus ideas en lo que formulaba lo que le iba a tocar hacer a continuación. Finalmente, después de salir de aquel molestoso contacto social, el pelirrosa miró a su block de dibujo esperándole con diversas notas y bosquejos hechos en lápiz. Con apenas información de dimensiones y estructuras básicas del escenario, Shu intentaba empezar con el diseño y construcción antes de poder visualizar aquel sitio con sus propios ojos. Una vez le permitieran el acceso y también llegara el material que había ordenado, podría finalizar los detalles, aunque si bien todo se encontraba recién en su mente, el joven genio era capaz de visualizar un escenario original, sobrio e imponente, lleno de formas, luces y texturas que le hacían cobrar vida e invocar un sentimiento y pertenencia al público.

Como un diseñador y hábil modista por encima de un idol, el pelirrosa tenía un sentido estético inigualable, acompañado de conocimientos sobre espacios, composición y figuras geométricas. Él podía incluso predecir la reacción e impacto emocional que una obra de arte o algo más simple y abstracto podía generar en las personas, y su conocimiento sobre la psicología y la naturaleza humana era lo que le había permitido iniciar con esa carrera en el mundo del arte y espectáculo. Sus trabajos y shows se encontraban milimetrados en atributos incomprensibles o inmensurables, y con frecuencia él podía tener problemas compartiendo su conocimiento con los demás, pero sí llegaba a comunicarse mediante su arte y profesionalismo. De todos modos, luego de haber trabajado con esos bosquejos extensivamente, él detectó que su perfeccionismo le asediaba y consideraba su planificación como todavía vacía e incompleta.

Shu se sentía agobiado y casi torturado de no haber encontrado aquel algo que pudiera hacer la construcción de su escenario como única, y a esas alturas y con ese nivel de estrés sólo podía concederse un cerrar de ojos de unos pocos minutos y esperar a que una escondida y traviesa musa se dignara a presentarse ante él… Hizo aquello, pero alrededor de cinco minutos en medio del descanso de su visión oyó a su aparatoso celular sonar. Shu dio un suspiro exasperado y observó con fastidio y cólera a aquel pedazo de tecnología que tanto aborrecía. Felizmente, no se trataba de otra obligación relacionada al evento en sí. Para variar, vio que Nazuna le estaba llamando. “¿Qué sucede, Nito?” preguntó con neutralidad. “Espero que sea importante.”

“Llevas horas encerrado en tu habitación,” observó con leve impaciencia. “¿Todo bien? No te has olvidado de comer algo, ¿cierto?”

“Tsk, tengo mejores cosas que hacer ahora,” entrecerró sus ojos. “¿A qué viene tu llamada? ¿Será que necesitas mi ayuda con el arreglo de la melodía o la coreografía después de todo?”

“No, no llamo para eso. Todo va a saliendo, poco a poco, pero estará listo,” su tono de voz transmitió un no rotundo, aunque también una leve inconformidad como quien luchaba por hacer un buen trabajo.

“Sólo tenía curiosidad sobre si ya te han permitido el acceso al escenario. Te dije que quería ir a verlo también, ¿lo recuerdas?”

“Obviamente, no me olvidaría de un pedido tan básico y lógico,” Shu, de todos modos, hizo una pequeña nota en su agenda en caso de que fuera a escaparse de su mente mientras hablaba con el rubio.

“Y ahora intenta salir. Tienes que comer un poco tú también. Tu hábito de privarte de todo cuando trabajas no es saludable, además que los pequeños se están preocupando por ti.”

“Ellos ya tienen suficientes preocupaciones con los trajes si es que esperan mi aprobación,” le recordó con severidad. “Saldré cuando se me apetezca. Tú sigue trabajando, Nito. Iré a supervisarles más tarde.”

“¿Qué me queda…?” dio un suspiro, transmitiendo frustración por la forma de ser del líder. “Pero no te excedas mucho.”

 “Sé todo lo que hago, no me subestimes.” Con ello se terminó la llamada. Shu continuó con algunas notas y observaciones más en su cuaderno, y al ver el sol ocultarse por su ventana decidió que tomaría un corto descanso. Quedaban más días disponibles, pero también bastante trabajo pendiente.


Nazuna Nito termino la llamada con Shu y suspiro pesadamente, por mas que quisiera hacer todo lo posible para que el pelirosa sea un poco mas “amable” no lo lograba, ya era como una batalla perdida, pero no se iba a dar porvencido, lo lograría…tarde o temprano lograría que Itsuki Shu se abriera con él y los demás Una vez termino de memorizar la coreografia al compas de la melodía que habia logrado escoger para su presentación, cogio sus cosas para reunirse con Vivio y Mika que también habían terminado de hacer los bosquejos de los trajes, iban a ir a llevárselos a Shu, pero el rubio les dijo que primero se reunirían para comer y luego todos irían a ve al joven Nazuna fue el primero en llegar al restaurant familiar, ya que era el que mas cerca se encontraba del lugar, una vez que llego, se paro una mesa y al momento de acomodarse en uno de los asientos empezo a dormitar mientras esperaba la llegaba de los otros dos niños

Menos mal que logre terminar lo que me pidió oshi-san a tiempo…ahora solo toca mostrárselo y una vez que lo acepte podremos estar mas tranqui…- se quedo dormido-

No paso un par de minutos después cuando llegaron Vivio junto a Mika con su folder lleno de los bosquejos que habían trabajado todo el dia

 Mika!! Mira a niichan ya esta esperándonos y se ha quedado dormido…-bostezando ligeramente- debe de estar igual de exhausto como nosotros-

Nazuna-nii se ha esforzado mucho por nuestro bienestar y sobretodo por el bienestar de Oshi-san seguro que va a estar muy orgulloso de todos nosotros-

Se nota que lo estimas mucho no??...- Claro Oshi-san es todo lo que tengo y hare todo lo que sea por él…-canturreo alegremente-

Espero que él te vea de la misma manera…-dijo la rubia en voz bajita para ella- Ambos llegaron hacia la mesa donde el rubio estaba dormido, para sentarse y empezar a pedir la comida

Nee..Niichan despierta ya llegamos…-dijo la rubia moviéndolo suavemente-

Uh nya?...- el rubio abrió los ojos perezosamente-Mikachiin? Vivio?? …-mirando a todos lados- me quede dormido!!...lo siento lo siento-

No te preocupes Niichan estas muy cansado y es comprensible…-le dijo la menor animándolo-

Es cierto Nazuna-nii , todo estamos cansados y bueno ahora hay que juntar nuestros trabajos para ir rápidamente con Oshi-san-

Yo se que estas muy ansioso de verlo rápido pero primero debemos de comer como se debe…asi que hasta que nos traigan la comida podemos ir comenzando a juntar nuestros trabajos, me gustaría ver los bocetos de los trajes que han hecho para nosotros-

Aquí tienes Nazuna-nii, Vivio y yo le pusimos todo nuestro empeño para que queden tal como lo desea Oshi…-le entrega todos los folders de los bocetos y el rubio se pone a observar hoja por hoja ante la mirada atenta de los dos menores El rubio termino de observar todos los bocetos y sonrio emocionado-

Estos trajes van deacuerdo a la coreografia y melodía que elegi para nuestra presentación!! Estoy seguro que Oshi-san estará contento con tan buen trabajo, muy bien hecho Mikachiin, Vivio!!

En serio??- dijieron los dos al mismo ambos sonrientes y orgullosos de su trabajo-muchas gracias…-

Ahora les toca observar el video que grabe con los pasos y la melodía para la presentación…- Ambos observaron con atención el video del celular que habia grabado el rubio, ambos miraron asombrados la manera tan delicada y elegante de los pasos del que se empezaba a mover al ritmo de la melodía, era como una mimetización perfecta –

Niichan eres increíble!!...-dijo emocionada y orgullosa la menor de los Nito- No se como hare para lograr ese balance perfecto pero lo hare para que ambos estén orgullosos de mi Nazuna-nii- No es para tanto…-dijo avergonzado – bueno ya trajieron la comida,terminemos de comer y vayamos a visitar a Oshi-san!!!

Al término de la cena, los tres habían ido de regreso al improvisado estudio en la residencia del líder de Valkyrie para poder encontrarse con él y ponerle al día de sus avances. Sin embargo, Shu apenas les envió un mensaje para decirles que les atendería recién a la mañana siguiente, a las ocho en punto, ya que sus padres le habían importunado con una reunión familiar en medio de todo su ajetreo. Ello causó un poco de preocupación tanto por un retraso en sus horarios como por el estrés que Shu acumularía al tener algo impuesto y adicional en su milimetrado horario.

 Mika y Vivio se habían quedado sin saber qué decir o hacer, pero Nazuna les animó y les aseguró que todo podría resolverse. Todos confiaban en la habilidad del líder, y lo mínimo que podían hacer por él era preservar esa confianza. El rubio felicitó al par por sus grandes esfuerzos y les pidió que tomaran un merecido descanso esa noche.

Llegó la mañana y Shu se presentó puntualmente a la hora en que citó a los demás, quienes estuvieron en ese estudio con quince minutos de anticipación para prepararse a recibirle. Todos vieron a aquel pelirrosa tan presentable y atento como siempre, con su rostro serio y severo, pero también era evidente que se encontraba cansado. De todas formas, Shu primero caería muerto antes de enseñar debilidad ni a sus más cercanos allegados.

“Ya estoy aquí,” declaró con su vozarrón. “Debo disculparme por este retraso en nuestra reunión. Lamentablemente, este inconveniente estuvo fuera de mis manos.”

“No te inquietes, Oshi-san,” Mika negó. “¿Se encuentra bien? Eso es todo lo que me importa.”

 “Ya he expresado lamento por este imprevisto, Kagehira. No necesitas alargar esta conversación, perderemos demasiado tiempo,” dijo con rapidez y frunciendo el ceño, aunque su tono de voz presentó más inquietud que fastidio, como quien reconocía su falta en preocupar a los demás.

“Oshi-san, si necesitas descanso, deberías hacer una pausa,” observó Nazuna.

“Descanso debe ser merecido y continuamos en un estado de emergencia,” Shu negó y miró fijamente a Vivio, quien se retrajo al no haber esperado su atención tan repentinamente.

“Te dejé la labor de diseñar nuestros atuendos junto con Kagehira, niña. Muéstrenme lo que tienen.”

“S-sí,” Vivio agarró un nuevo fólder presentable donde había organizado todos los bosquejos y notas correspondientes a cada accesorio, y se lo extendió. Al entregar ese fólder y observar a Shu inspeccionar el contenido en silencio, Mika y Vivio intercambiaron miradas con nerviosismo. Ellos se habían esmerado en el diseño desde el concepto en sí y tuvieron que superar sus propias exigencias personales al tratar de realizar un trabajo que el pelirroja se dignaría a aprobar. Fue un silencio largo, quizás más por la incertidumbre que otra cosa, pero la ausencia de una negación o crítica inmediatas y fulminantes dio esperanzas a los dos. Y fue entonces que ellos recibieron el reconocimiento que habían estado buscando.

“Los colores son sobrios y compatibles sin llegar a ser una combinación monótona y común, e invocan una presencia de elegancia y autoridad…” comentó Shu en lo que pasaba páginas del fólder. “Sin romper la uniformidad, los estilos de cada uno de nosotros están personalizados a medida. Puedo ver reflejado a cada uno de nosotros en nuestros respectivos atuendos.”

 “¡Sí, nos esforzamos en ello, Oshi-san!” dijo Mika, entre emocionado y cauteloso, ya que no había oído el veredicto final. “Vivio-chan es muy meticulosa y observadora.”

“Lo ha demostrado,” Shu sonrió complacido. “Ha escogido una estética para mi atuendo que apruebo rotundamente. Sin lugar a dudas, siempre he preferido los sombreros de copa alta,” él regresó el fólder a su dueña. “Considero que sus diseños, pese a todavía no estar pulidos, son apropiados y tienen un gran potencial. Les doy el visto bueno para que pasen a confeccionarlos.”

“Sí, muchas gracias, Shu-san,” Vivio recibió el fólder e hizo una reverencia. Sonrió alegremente. “Nos esforzaremos.”

 “Para un próximo evento me encargaré de ayudarles con algunas revisiones personalmente, pero me han convencido,” él frunció el ceño. “Eso sí, leyendo los materiales y telas que han elegido para cada prenda y aditivo, necesitaran realizar una construcción impecable. Si no lo hacen, corren el riesgo de malos acabados e incompatibilidades.”

“No se preocupe, Oshi-san. Vivio-chan y yo ya tenemos experiencia,” le aseguró Mika.

“La certeza es recomendada y necesaria, pero requiere de fundamentos. No se confíen,” recalcó Shu. “Vayan a conseguir el material y volveré a verles en veinticuatro horas para ver sus avances. Tienen dos días para terminar.”

 “Dos días es un poco apurado para tres prendas, Oshi-san,” observó Nazuna, quien podía sentir la presión en el aire.

 “He completado tres atuendos en menos tiempo, Nito. Por más que posea mayor experiencia, sigue siendo una necesidad,” recalcó.

 “Y tú tenías la música y coreografía que enseñarme.” “Por supuesto, no lo he olvidado,” Nazuna sonrió decidido y sacó su celular, pero se confundió al ver a Shu caminar hacia la salida del estudio. “¿Oshi-san?”

“Sígueme, dejemos a los dos trabajar,” dijo seriamente. El pelirrosa se retiró sin decir una palabra más y Nazuna dio unas palabras de aliento a los menores, quienes se habían quedado confundidos, pero que repararon que debían apresurarse. Al salir de ese ambiente, Shu informó a Nazuna que tomarían el auto de su familia y su chofer los llevaría al lugar del próximo evento, ya que finalmente le habían dado el permiso de acceder e inspeccionar aquel escenario. Durante el camino por la ciudad, el pelirrosa observó la coreografía que el rubio había preparado además de oír la melodía, y aparte de algunos comentarios y leves críticas, también se vio complacido.

 Nazuna pudo notar que el agobio en el rostro del pelirrosa había disminuido, aunque él seguía con alguna duda interna que insistía en no compartir y minimizar. Y finalmente llegaron al recinto. El escenario era cerrado y de tamaño mediano. Este estaba iluminado en medio de las hileras de asientos todavía en penumbras, y aparte de los dos no había nadie más.

“Ohh…” Nazuna se dejó cautivar por ese espacio tan amplio y vacío que ofrecía tanto potencial, y que marcaba el inicio de una carrera artística más prometedora para los tres. El rubio avanzó en pleno trance y subió por las escaleras para pararse en el centro del escenario, mientras que Shu se quedó de pie delante de la primera hilera de sillas.

“¡Oshi-san! ¡Es más impresionante de lo que pensé! ¡Gracias por traerme hasta aquí!”

“No iba a faltar en mi palabra, Nito,” Shu negó y miró de un lado a otro. “Hm, puedo juzgar que había hecho las asunciones pertinentes sobre las dimensiones e iluminación que tendremos. Al menos eso es un alivio.”

 “¿Pero por qué no dijiste nada frente a Mikachiin y Vivio?” preguntó con leve reproche. “Ellos se habrían emocionado un montón.”

“Tienen que trabajar, ya lo dije, y dudo que me hubieran dejado traer a nadie más,” recalcó, cruzado de brazos.

 “¿Y cómo va el diseño del escenario? Dijiste que nos iban a dejar personalizarlo.”

 “Sí, entre cada presentación habrá un intermedio para transformar el escenario, y me encuentro en las fases finales,” Shu sonrió complacido. “Tanto Kagehira y tu hermana como tú y yo tuvimos una inspiración semejante sobre el estilo que presentaremos en el evento. Menos mal que no debemos ajustar nada para que encaje con tan poca anticipación.”

“Eso quiere decir que somos muy cercanos y estamos cometidos a lo mismo, Oshi-san. Realmente me emociona un montón,” asintió decididamente, cuando entonces miró a su líder pensativo y desviando la mirada.
 “Oshi-san, ¿qué sucede?”

“Frustra el hecho que ustedes completaron con las labores programadas y yo todavía no he sido capaz de terminar el diseño final del escenario. Como el líder de Valkyrie, es una gran falta de mi parte,” negó torturado.

 “¿Es algo con lo que puedo ayudar?” le preguntó.

 “No, en lo absoluto. Yo seré quien completaré el escenario,” se negó rotundamente.

“Hmm…” Nazuna se puso a pensar y pasear por el escenario. “Suena a que te bloqueaste. Entiendo que no has hecho muchas tareas artísticas esta vez, pero sí has tenido que organizar todo, y quisiera que confiaras más en nosotros. Haría tu vida más fácil y no tendrías este presente problema con el escenario.”

 “Tsk, no te atrevas a darme un sermón, Nito,” Shu se mostró insultado.

“Pero ya que estamos aquí, hay que aprovechar el escenario. Eso debe ayudarte a inspirarte un poco más.”

 “Ya había pensado en ello, Nito, y todavía no lo puedo plasmar…”

 “Entonces,” Nazuna le extendió una mano. “Mikachiin no está aquí, pero, ¿qué tal si practicamos la coreografía?”

“¿Qué dices?”

“Hehe, date un descanso del papeleo y disfruta ser un idol, que eso es lo que más significa para ti,” Nazuna asintió, sonriendo radiantemente. “Oshi-san, no me dejes esperando.”

 “…” Shu le observó. Los ánimos rebosantes de Nazuna junto con las brillantes luces que le iluminaban invocaron brevemente la imagen de una valquiria en el pelirrosa, que le daba la bienvenida hacia el más allá después de una ardua batalla. Antes de pensar en qué decir, extendió su mano y aceptó esa invitación de dar un baile antes de continuar con el día. Luego de ese descanso y de ser recordado una vez más el placer de desenvolverse en el escenario, Shu pudo inspirarse para terminar con su diseño, y los siguientes días transcurrieron entre preparativos y ensayos antes del tan esperado evento. Aquel escenario ante un público más grande de lo normal para ellos fue efectivamente una primera experiencia que no olvidarían, una victoria al inicio de un largo camino, y unas puertas que condujeron a mucho más. Los trabajos y organizaciones se volvieron más pesados, pero todos comenzaron a acostumbrarse a aquel ritmo en lo que apuntaban hacia las estrellas.

 … Esa fue la historia de un momento brillante y perdido en la infinidad de sus cortas vidas humanas, en un pasado muy distinto del presente, y que cargaba una unión que hace años había dejado de existir. Pero las añoranzas perdurarían para siempre.



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matta ne!!

Mimi-chan
« Last Edit: March 31, 2018, 01:43:28 AM by Mimi Tachikawa »


Isumi

Pueden ignorar lo último. (Pueden ignorar todo el fic)



Chapter n. ??


Desde aquella reunión con Aoki Ko y mi editor, había ya pasado más de un año. Gin había completamente arruinado mi imágen y a pesar de los muchos mensajes que le dejara a Aoki por whatsapp, nunca más se puso en contacto conmigo para comenzar a planear una historia, y siempre me dejaba en leído, seguramente para hacerme entender que no la molestara…

Y no solo eso, mi editor me informó que ya no trabajaría conmigo, puesto que la Shonen Jump “no es un lugar donde se reúne la gente loca” según sus palabras. Pero bien que el autor de Hunter x Hunter puede tomarse todos los hiatus que quiere y el de Rurouni Kenshin terminó siendo un pedófilo... me estaban tomando del pelo obviamente, pero no podía decir eso, no después de semejante escena en el bar. Además estoy segura que mi editor lo hizo solo para poder acostarse con Aoki ese viejo pervertido.

Fue entonces que decidí cobrar venganza contra la persona que había arruinado mi carrera y mi vida. Gin tenía que pagar por lo que había hecho, más allá de nuestra relación como aprendiz y maestro, o como HiME y Rebel.

Entonces me dirigí hacia su habitación en la universidad de Rizembool, podrían decir que fue una acción muy arriesgada considerando cómo las cosas estaban entre ambas universidades, pero a ese punto ya nada me importaba.

Pero cuando entré a su habitación, toda mi determinación desapareció, dejando espacio a rabia y desesperación.
Gin había desaparecido, y en su lugar había dejado una nota escrita en dónde explicaba que la razón de su desaparición era debida a que necesitaba hacer un viaje de autodescubrimiento y que no volvería hasta que entendiera el sentido de la vida.

Tras pegar el grito más fuerte de mi vida, salí corriendo del lugar y seguí corriendo…
Corrí y corrí por toda la ciudad, sin saber adonde iba, sin saber qué iría a hacer. Necesitaba descargar toda esa rabia pero no había nadie que se lo mereciera más que Gin. Lo necesitaba a él.

Y fue cuando decidí perseguirlo hasta el fin del mundo que me di cuenta que no sabía nada sobre él.
Por empezar ¿a dónde iría como primera etapa de su viaje? ¿Tiene familiares a quienes les avisaría? ¿Qué clase de familiares son como para crecer a semejante idiota?
Lo único que sabía de él era su habilidad con la espada, su pasión por los dulces a pesar del diabetes, y su pasión por la Shonen Jump…
Pero eso no iba a detenerme. Aunque tuviera que preguntarle a todo el mundo si lo habían visto o no. Aunque tuviera que dejar la universidad, la casa, mis amigos que no tenía, mi familia que no soportaba y mi misión de HiME aunque técnicamente iba a buscar a mi Rebel, no me importaba.

Y fue así que partí en un viaje infinito, motivado por rabia y desesperación, pero que finalmente, después de un año, se convirtió para mí también en autodescubrimiento.
Así es, después de un año buscando a Gin sin ni siquiera encontrar rastros de él, lo descubrí dentro de mi. La verdadera razón que alimentaba mi obsesión hacia él. No era rabia, no era frustración ni desesperación. Era todo lo contrario.
Puse una mano en mi pecho y lo sentí, sentí mi corazón latir fuerte solo por pensar en él.
¡Ah! ¿Quién lo habría dicho? Alguien como yo… una HiME, con ese tipo de sentimientos hacia su Rebel…
Así es, yo amoᐳͪ͏ͪ͂ ͎ͪͪᓸ̗ͪͪώͪ͌ͪຝͪຼͪ৉ͪ৒ͪᘗ͔ͪͪኹͪ፞ͪ۰ٌͪͪ૶̶ͪͪഇͪുͪťͪ᷉ͪરͪિͪඓͪෛͪῶͪͪ͜ӏͪ҈ͪᕕͪ͆ͪൌͪൢͪ ͪ́ͪᖈͪ̿ͪњͪ҇ͪⅯ̣ͪͪᑯ᷂ͪͪ╶ͪ̍ͪΕ̳̼ͪͪͪͪ͡໵ͪͪͅ౜ͪేͪ඙ͪ෍ͪ⅞ͪ̄ͪ➖ͪ̅ͪ≭̜ͪͪᄳͪ̒ͪ৊ͪ৔ͪ☸ͪͨͪ‹̺ͪͪ᳻ͪ᷉ͪὸͪͪ͜ᾄ̠ͪͪ൛ͪൂͪሓͪ፟ͪᠤͪ᷈ͪሴͪ፟ͪݹͪ̀ͪη̷᳟ͪͪͪͯͪዕͪ፝ͪ⑾ͪ́ͪ࿖ͪྫྷͪᣤ͓݈ͪͪͪ݉ͪ͸ͪ̌ͪᅗͪ᷆ͪዿͪ፞ͪजͪौͪ♞᷂ͪͪᤗ̱ͪͪܦͪ݀ͪ



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Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.


With the kids sing out the future
Maybe, kids don't need the masters
Just waiting for the little Busters



Mery

Voy a ponerme al día este mes I swear to god



002.3


“Viéndolo por el lado positivo, si llegaras a convertirte en HiME serías la Sakura de mi Tomoyo, sólo deja que desempaque la cámara y estaremos listos.” Dijo muy animado. “Incluso ya tienes al hermano mayor gruñón que hace la parte de Touya, es perfecto.”
“Alex, stop.” Alice rió a su pesar y de pronto abrió los ojos al recordar algo. “Oh, no no, espera, creo que incluso ya tenemos a Yukito...”
“Wait wHAT, ¡¿LO TENEMOS?!” Alexy la miró entre maravillado y confundido. “Momento, ¿cuándo sucedió eso? ¿Qué me estás ocultando, Alice?”
“¡No me ha dado tiempo de contártelo!”
“PERO SOY TU MEJOR AMIGO :’c”
“¡Literalmente llegamos hace unas horas!”
“Y TÚ YA TIENES UN CRUSH, HOW?!”
“NO ME REFERÍA A ESO, MENSO.”

Alexy se relajó un poco y bajó los brazos, que en algún punto había lazado para dar énfasis.

“...¿Entonces a qué te referías?”
“Uhm, lo entenderás mejor cuando lo veas.”
“¿Cómo? ¿Físicamente?” Trató de adivinar. “¿Cómo lo conoces? No, mejor así: ¿lo conoces?”
“Ten paciencia.”
“...¿Al menos es lindo?”
“ALEXY.”
“Sabes perfectamente que no soy paciente.”
“Ni silencioso.”

El comentario hizo que Alexy recordara que, en efecto, aún estaban en Hanasaki y había gente pasando cerca que podían escucharlos, pero aún así el peliazul se alzó de hombros.

“Nunca me ha molestado la atención.”
“A gift and a curse.”
“Dejando eso de lado, ¿comiste algo? Hay que buscar una cafetería.”
“Cogí algo del refrigerador antes de venir.”
“Pues yo no, mi compañero no tiene nada más que agua y bebidas energizantes. Tengo hambre, vamos.”
Ella alzó una ceja. “¿Sabes cómo llegar?”
“No, pero ese tipo de cosas nunca me han detenido.”
“No sé, no quiero caminar en círculos.”
“Te encanta correr, Alice, tu argumente es inválido.”
“Perderme en mi primer día no es lo que tenía en mente tho.”
“No es para tanto, nos hemos perdido en la ciudad antes, esto es una universidad, ¿ves cómo es diferente?” Dijo alzando las cejas. “Por último, si nos perdemos a tu hermano le dará una jaqueca por buscarnos, ¿no? ¿Qué podríamos perder?”
Alice echó una risa. “Me has convencido.”

-

“Podemos terminar lo que falta por separado y luego juntar todo, ¿les parece bien?”

Glen ya estaba cerrando su laptop al decir aquello, pero de igual forma le dirigió una mirada expectante a sus compañeros para que notaran que aún tenía en cuenta su opinión. Elizabeta fue la primera en responder.

“Sí, no hay problema, lo arreglamos como siempre.”
“Normal.” Secundó Gilbert antes de estirase en su asiento. “Necesito un descanso antes de redactar mi parte de todos modos.”
“Igual yo.” Dijo Shinya.
“Excelente. Entonces iré a devolver los libros.”

Mientras los demás guardaban sus pertenencias, Glen se dirigió al escritorio de la bibliotecaria de turno.

“Shinya.” Elizabeta le llamó en voz baja cuando Glen se hubo alejado. “¿Está bien?”

La joven no necesitó desviar su mirada para que quedase claro a quién se refería. Shinya podía ver en sus ojos inquietud, pero Elizabeta mantenía un semblante sereno para no levantar sospechas, aunque Gilbert se notaba atento a sus palabras.

“Descuida,” dijo sonriendo “yo me encargo.”
Elizabeta asintió apenas. “Vamos a estar en mi casa, llámame si necesitan algo, ¿ok?”
“Bieen~”

-

Cuando se separaron de su grupo, Glen le informó a Shinya que su hermana los estaba esperando en la entrada.

“No hay necesidad de correr, ¿sabes?” Bromeó el peliplata al ver que Glen apretaba el paso.
“…” El aludido sólo frunció las cejas y siguió avanzando.
Shinya quiso reírse, pero se contuvo para no empeorar las cosas. “Ok ok, pero necesito saber algo antes de meter la pata.”
“¿Qué?”
“¿De qué tanto se enteró?”

Con Glen no se ganaba nada andando por las ramas y Shinya tenía que saber a qué atenerse.

“Conceptos básicos en cuanto a las HiMEs.” Dijo sin mirarlo “Pero vio una foto de Lacie y sabe que estuvo metida en todo el embrollo.”
“¿Y qué tal reaccionó?”
Glen rodó los ojos. “Faltó poco para que empezara a mover la cola.”
“Bueno,” Shinya rió ante la idea “supongo que era de esperarse.”
“No me digas.” Masculló Glen.
“¿Y la prueba? ¿Va a tomarla?”
“No mientras pueda evitarlo.”
“Ok, no fui lo suficientemente específico.” Rió. “¿Ella quiere dar el examen? Tú opinión ya la sé.”
“No lo dijo.”
“¿No lo dijo o no tuvo oportunidad de hacerlo?”   
Glen se detuvo un instante a verlo con aire impaciente. “Shinya, si estás intentando hacerte el listo te aviso que no estoy de ánimos.”
“Oh, ¿y cuándo sí lo estás?”
“Shin—”
“Ya ya.” Shinya movió una mano para restarle importancia. “A lo que voy es que yo ya conozco la historia, sé por qué estás en contra. Es más, yo estaba en Hanasaki incluso antes de que tú llegaras.”
“¿Tu punto?”
“Yo lo sé, tú lo sabes; tu hermana, no. Años atrás me dijiste que no pensabas contarle nada a tu familia sobre lo que ocurrió en Hanasaki, asumiendo que ese capítulo con Rizembool al fin se había acabado.”
“Lo cual no duró mucho.”
“Y por eso ahora tienes este problema.”
“Le diré sólo lo que sea necesario, si tiene sentido común no dará la prueba y tampoco habrá problema.”
“Y ahí tienes otro problema.” Suspiró Shinya. “Personalmente no conozco la historia de tu madre como HiME y no puedo opinar al respecto, pero si quieres que tu hermana entienda tu punto de vista deberías decirle todo lo demás.”

Glen se detuvo por completo en ese momento, obligando a Shinya a hacer lo mismo.

“No bromees.” Dijo lentamente
“Hablo en serio, Guren. No es lo mismo hablar de algo superficialmente con alguien que sólo ha escuchado del tema a que te lo cuente quien lo vivió en carne propia. ¿Entiendes? Tu opinión tiene más peso no sólo porque eres su hermano, sino por ser un ex Key.”
“Tremendo título de mierda.” Espetó Glen.
“Si Arisu se parece aunque sea un poco a ti en cuanto a personalidad, no le va a gustar nadita que le tengas secretos.” Advirtió el ojiazul. “Incluso sólo con lo de la madre de ustedes ya debe tener algo qué decir.”
“Eso júralo, casi podía ver el humo saliéndole por los oídos.” Glen dio un paso hacia Shinya y bajó el volumen de su voz antes de continuar. “¿Pero qué esperas que le diga? Aún si la naturaleza de su poder fue su perdición, no es algo que pueda decir tan a la ligera.”
Shinya entrecerró los ojos adivinando a qué se refería al decir aquello. “Eres su hermano, te corresponde decidir eso a ti, yo no voy a meterme, pero si realmente no deseas que algo así se repita, debes contárselo.”
El pelinegro frunció los labios y suspiró frustrado. “Lo pensaré.”
...


Eureka

esto... debí dejarlo antes del stop <_< pero me demoré en terminarlo porque aún en semana santa la universidad no me deja en paz :'v

al fin llegué a esto, mil años después pero AL FIN xd dos años después de que lo planeé

Esto va antes de mi fic compartido con Cho, el de la página anterior!


35



Para suerte de ambos, Seven no demoró en responderle, aceptando el trabajo que Souji le había propuesto. Al parecer, a Seven le daba curiosidad que Fushimi no había podido dar con los datos del hermano de Sho, considerándolo un gran reto.

Seven los invitó a ambos a su departamento, argumentando que necesitaba un mejor equipo para completar el encargo. Por ello, Souji y Sho tomaron un taxi, logrando llegar al lugar en poco tiempo. La urgencia en los ojos del pelirrojo indicaba que no podían perder ni un segundo. Se trataba de Kaneki, después de todo, y para Sho, su hermano era su máxima prioridad.

Souji recordó una conversación que tuvo con Adachi semanas atrás, y sonrió cálidamente. De existir keys para los rebels, no cabía duda que Ken era el de su hermano, y viceversa.

Ingresar al departamento de Seven fue un largo problema: ni bien se encontraron frente a las puertas, se activó una alarma que sólo se podía apagar recitando ciertos números en árabe. De seguro se debía a un tipo de seguridad que Seven había instalado para protegerse de sus enemigos laborales, pero en esos instantes, era totalmente innecesaria. Souji tuvo que llamar a Seven para que él mismo la desactive, y Souji y Sho suspiraron al unísono ni bien dejó de sonar.

La puerta se abrió, y Seven los recibió con una sonrisa.

“Ahhh~ Lo siento~ Olvidé desactivarla antes de invitarlos,” dijo Seven, sonriendo. Souji y Sho ingresaron al departamento, y los tres se dirigieron a la pequeña sala de estar en frente de la puerta.

El apartamento de Seven era completamente opuesto a su dueño: la decoración minimalista y sencilla, junto con el aspecto pulcro del lugar, indicaban la presencia de una persona más. Souji la atribuyó al personal de limpieza que de seguro Seven podía costearse con las exorbitantes sumas de dinero que manejaba gracias a sus trabajos. 
 
“No te preocupes. Más bien, gracias por aceptar,” dijo Souji, muy sincero.
“No hay problema~”
“Cierto, me toca presentarlos. Seven, él es Sho,” lo presentó Souji. “Sho, él es Seven. También le llamamos Luciel a veces. Es un amigo de Oikawa y de su HiME.”
“…Aún no entiendo cómo has permitido que Oikawa sea amigo de su HiME,” comentó Sho, asqueado.
“Bueno, era eso o dejar que Eureka destruyera a Oikawa constantemente. Debiste ver cómo manejaba sus poderes los primeros días de entrenamiento con Adachi.”
“…” Sho rodó los ojos, pero guardó silencio. “¿Cuánto debo pagarte por el trabajo?” preguntó, mirando a Seven.
“Oh, nada. Estoy de buen humor, así que será gratis~”
“¿Estás seguro?” Souji arqueó una ceja. Era extraño: Oikawa siempre se había quejado de Seven, puesto que él cobraba por todo. “Oikawa me dijo que… bueno, que siempre cobras por estos favores.”
“¿Eso dijo?” Seven se veía muy confundido. “Pero… hace unas semanas le hice un trabajo. Oikawa le mandó un mensaje a alguien y me pidió que lo elimine del celular de la persona. No le cobré. Osea, me debe su vida, pero no pienso cobrarle a futuro.”
“…Eso… suena muy interesante,” confesó Souji, curioso. “¿Quién era la persona?”
“Oh, lo siento, eso no puedo revelarlo.” Seven sonrió. “Pero como digo, no siempre cobro. Qué mala fama me hacen,” se quejó Seven, y luego suspiró.
“Entonces… vas a trabajar gratis para nosotros,” dijo Sho, intentando confirmar las condiciones que Seven intentaba establecer.
“Sí, no hay problema,” aseguró Seven, con una sonrisa. “Souji, me dijiste un poco acerca del trabajo por teléfono, pero necesito todas las especificaciones posibles para darles un estimado de tiempo y ponerme a trabajar.”
“¿Cuánto crees que te demore conseguir la información sobre Ken?” preguntó Sho.
“Dependiendo de la seguridad… yo diría que una hora, máximo. Pero mientras más info me den, más rápido será. Por eso…”
“Mm, por supuesto.” Souji asintió, y comenzó a explicar la situación. “Kaneki es el hermano de Sho. Luego del ataque, se desapareció, y hasta ahora no sabemos nada de él. Lo único que Sho recibió fue un mensaje muy escueto sobre su paradero, donde Kaneki le decía que andaba de viaje por su proyecto de carrera. Así que… necesitamos que averigües dónde está realmente. Tal vez… tal vez los datos sobre su HiME nos podrían ayudar con eso, en caso de que no encuentres nada exacto. Un amigo intentó dar con esa información pero no pudo. Parece que los datos de Kaneki tienen muchísima más seguridad en comparación al resto de rebels.”
“Me dijo que intentó de todo y no tuvo suerte,” dijo Sho. “Souji ya lo dijo, pero él insistió en que la seguridad no le permitía acceder a aquellos datos.”
“Okay.” Seven asintió. “Buscaré todo respecto a Kaneki, espero dar con algo que les ayude.”
“Gracias, Luciel,” dijo Souji.
“No hay problema. Me tomará… unos cuarenta minutos, creo. Si gustan, pueden quedarse a esperar aquí. Yo siempre trabajo en mi estudio.”
“Creo que es mejor que nos quedemos aquí, Sho,” sugirió Souji.
“Mm.” Sho asintió.
“Bueno, los dejo entonces~” canturreó Seven. “Si necesitan algo me avisan, pero no toquen la puerta. No los escucharé. Me mandan un mensaje, mejor~ Bye bye~”

Seven les dedicó una última sonrisa antes de caminar hacia el pasillo de su departamento, donde se perdió tras una de las puertas más cercanas a la sala.

El silencio no tardó en hacerse presente, lo que incomodó a Sho y a Souji. Después de todo, aún no habían resuelto las cosas entre ambos: aún quedaba cierta incertidumbre, puesto que Sho no tenía una explicación clara respecto a su ausencia aquellas semanas. Tranquilamente se había excusado con sus entrenamientos, pero verlo junto a Todoroki y Labrys significaba que contaba con tiempo libre, sólo que prefería pasarlo junto a ellos en vez de él.

Pero Souji no tenía derecho a reclamarle nada. Sho merecía tener amigos fuera de su círculo y él no era nadie para negárselo. Al contrario, Souji debía sentir alegría por él, puesto que su amigo estaba rodeado de gente que compartía sus experiencias y podían apoyarlo más de cerca.

Sin embargo, un sentimiento extraño en su pecho no lo dejaba tranquilo.

“…Sho,” empezó Souji, sin una idea clara sobre lo que le quería decir.

Seven los salvó del momento incómodo justo en esos instantes, cuando se apareció de vuelta en la sala con una caja entera llena de bolsas de papas fritas. Sho y Souji no pudieron evitar el tremendo signo de interrogación que se mostró en sus caras, pero Seven fue veloz en contestarles la pregunta tácita que rondaba por sus mentes. Existía una marca de papas fritas con sabor a miel que eran muy populares en Seoul, su ciudad natal, y que le recordaban a su país fuese donde fuese. Era extremadamente complicado importarlas, puesto que era difícil enviar paquetes de productos comestibles por el tema de las aduanas, pero Seven siempre había contado con contactos que aceleraban el proceso de envío a cambio de dinero. Justo aquel día le había llegado un lote de las papas Honey Buddha, y por eso andaba tan dispuesto a ayudarlos sin costo alguno.

Inmediatamente, Souji conectó lo de las papas con el favor que Seven le había hecho a Oikawa semanas atrás, y cuando le preguntó por eso, el pelirrojo aclaró que no había sido por el mismo motivo. Entre risas, Seven comentó que se debía a la naturaleza del favor. Tal vez Oikawa se animaría a contarle algún día.

“Bueno, les dejo un par de papas y me voy de nuevo~”
“¿Sólo viniste a invitarnos?” Sho arqueó una ceja.
“Sí, por supuesto.” Seven sonrió. “Parece que no entienden. No son cualquier tipo de papas. Ya verán de qué hablo.”

Seven les ondeó la mano y corrió de vuelta al estudio, volviendo a dejarlos a solas.

   


En su mente, Souji le agradeció por su intervención. El par de bolsas en sus manos le servían de perfecta distracción: no estaba con ánimos de encarar a Sho, de demandarle una explicación por su distanciamiento. Sabía que tratar con él era complicado, puesto que si bien nunca se había dicho, habían ciertas preguntas que no podía formularle. Como su experiencia previa con las katanas, o la cicatriz en su rostro. Eran cosas que estaban ahí, pero que no necesitaban ser explicadas, por más de que Souji sintiera curiosidad por ellas. Y suponía que si Sho se quería alejar de él, eso también entraba en el grupo de temas de conversación que no debían ser tratados, por más de que ya había intentado sacarlo a colación antes de que le contara sobre la desaparición de Kaneki.

De un momento a otro, Souji encontró que no tenía sentido seguir parado allí como una estatua cerca de la entrada del departamento, por lo que caminó hacia la sala hasta tomar asiento en el sofa más amplio del lugar. Aunque demoró un poco en reaccionar, Sho lo imitó, y se sentó al otro extremo del mismo sofá en el que Souji estaba.

Le extendió una de las bolsas de papas, y en el silencio que los rodeaba, ambos probaron de ellas.

“Qué… carajos…” Sho no cabía en su asombro.

Parecía que compartían el mismo pensamiento: el sabor era muy peculiar, pero realmente adictivo.

Sho no demoró en embutirse las papas, y aunque Souji quiso evitarlo, terminó haciendo lo mismo que él: acabaron con las bolsas en un par de minutos.

“Quién diría que serían tan adictivas,” mencionó Souji. “Con razón Seven hace lo imposible por importarlas.”
“Voy a pedirle que me venda un par de cajas,” dijo Sho. “Aunque no sé si pueda costearlas…”
“No te preocupes, yo te colaboro con la mitad y nos dividimos el botín.”
Ante las palabras de Souji, Sho rio. “Eso no te lo creo. Tú sólo comes cosas saludables.”
“Hay… excepciones,” explicó Souji. “Como estas papas, y algunos dulces.”
“Hm.” Sho se recostó en el respaldar del sofá, reposando sus brazos en este. “¿Cómo va Oikawa?”
“¿Huh?”
“Como rebel. No hemos salido de nuevo con Kaworu y el resto, así que tampoco sé mucho de él, más allá de que es amigo de su HiME.”
“Ah.” Souji sonrió, recordando los miles de líos en los que Oikawa se había metido durante esas semanas. Eureka y él eran un duo dinámico… si se trataba de atraer peligro.

Le alegraba saber que, aún a pesar de todo, se encontraba en buen estado.

“Parece que Rizembool está detrás de los rebels que no cumplen con su puesto al pie de la letra. Y Oikawa… no ha sido tan dedicado que digamos. Encima fue y le advirtió a su HiME sobre el ataque. Y luego quería renunciar… supongo que los altos mandos de Rizembool se enteraron de estas cosas y buscaron enmendar la situación.”
“¿Cómo así?” Sho arqueó una ceja.
“Tienen una manera… muy extraña de manipular a la gente para que haga como les plazca. No es control mental per se… no sé cómo explicarlo. Es como si les hicieran creer que su deber como rebel va antes que todo.”
“¿Cómo carajos hacen eso?”
“Es algo con el subconsciente y los sueños. El día del ataque, buscaron hacer el proceso con Oikawa, pero su HiME lo ayudó, y se salvó. Oikawa y ella intentaron hacerles creer que sí había funcionado pero la semana pasada Eureka, la HiME de Oikawa, cometió un error y los delató. Tuvieron una pelea contra uno de los miembros de ese extraño comité.”
“Bueno. Supongo que lo hacen por algo. De seguro varios rebels están pensándola dos veces luego del ataque.”
“¿Lo dices por ti?” preguntó Souji, curioso.
“No.”

Pero sus palabras decían algo, y su expresión hablaba sobre otra cosa muy distinta. Era cierto que en algunas ocasiones Sho se le había hecho una de las personas más difíciles de leer, pero existían momentos como ese en el que parecía un libro abierto. La preocupación en su rostro sólo podía indicar algo en concreto: el problema de seguro estaba relacionado a Kaneki. Y es que después de todo, Kaneki iba antes que cualquier otra cosa para Sho.

Su primera idea estuvo relacionada a la situación en la que se encontraban, pero un presentimiento le decía que no se debía a la ausencia de Kaneki. Había algo más allí.

“¿Qué pasó en el ataque?” preguntó Souji. “Nunca llegamos a hablar sobre eso, pero me enteré por Marie y Anemone de que sí fuiste a Hanasaki ese día.”
“Me encontré con mi HiME. Tuvimos una pelea. Punto.”
“¿Eso fue todo?”
“Sí.”
“¿Seguro?”
“Carajo, Souji, sí. No insistas.”
“Me encantaría dejarte en paz, pero tengo que insistir. Es la única manera de que te abras y no te sigas guardando las cosas y lidiando con todo por tu cuenta.”

Sho se incorporó, recostando sus codos en sus piernas y soltando un gruñido, a la vez que se tomaba la cara.

“Prefiero guardarme todo a tener que pedirte ayuda,” le dijo, una vez lo encaró.
“¿Por qué te molesta tant—?”
“Mierda, Souji,” gritó Sho, interrumpiéndolo súbitamente. “Parece que no entiendes. Te he estado evadiendo, y es por eso que no me has visto en semanas. No quiero joderme más la vida, y si sigo pasando tiempo contigo sé que esto va a terminar muy mal.”
“¿A qué te refieres?”
“…” Sho suspiró. “Eres bien distraído.”

De un momento a otro, Sho se levantó de su asiento, y caminó hacia la puerta del apartamento.

“Me llamas cuando hayan noticias. No… puedo seguir aqu—” Sho se cortó al intentar abrir la puerta, pero fue en vano. Tal parecía que Seven las dejaba con llave por seguridad. Y aunque sentía la necesidad de escapar, no se veía capaz de interrumpir a Seven. Kaneki iba primero. “¡Mierda!” gritó Sho, furioso, y golpeó la pared con su puño.

La fuerza del impacto había resquebrajado parte de la pared, y de los nudillos de Sho brotó un poco de sangre que cayó al piso a borbotones. Sin embargo, el dolor no le inmutó. Sho lo ignoró por completo, a la vez que volvía hacia la sala para cruzarla y poder llegar al pasillo.

Souji fue rápido en levantarse y agarrarlo de la muñeca para detenerlo.

“Suéltame,” le ordenó Sho, sin encararlo.
“Deja de hacer berrinche y háblame de frente. ¿Te hice algo? ¿Tal vez… te incomodó que me enfoque en Oikawa más que en ti?”
“No hables cojudeces. Eso no me importa.” Sho se soltó del agarre, con la intención de continuar caminando hacia el estudio de Seven.

Pero Souji no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente. Necesitaba respuestas, y no podía permitirle que siguiera escapando de todo. No lo pensó dos veces y corrió hasta estamparse frente a Sho, interrumpiendo su camino.

“No me voy a mover de aquí hasta que me digas qué pasa.”
“…” Pero no iba a ser tan sencillo. Sho estaba empeñado en escapar, y dio un paso al lado para continuar evitándolo. Souji volvió a cogerlo de la muñeca.
“Sho,” Souji lo llamó, suavemente. Cuando vio cierta resignación en sus ojos, soltó su agarre y optó por tomarlo de los hombros, obligándolo a encararlo. Sho, poco a poco, desvió sus ojos hasta posarlos en el rostro de su amigo. “Estoy aquí para ti. Siempre lo he estado. No soy idiota, sí me di cuenta de que estabas tomando cierta distancia. Tal vez… no quise aceptarlo, y tal vez anduve muy distraído con todo lo que le pasó a Oikawa este par de semanas como para caer en cuenta realmente del distanciamiento entre nosotros. Pero con tu actitud de hoy, no tengo de otra. No te voy a mentir, no me gusta que te alejes de mí, pero entiendo que algo te pasa, y más allá de eso, siempre me vas a tener aquí para ti. No estás solo, no sé por qué te cuesta comprender eso…”
“…Si fueras otra persona, hace rato te habría mandado a la mierda.”
“Es lo que siempre dices, pero soy VIP para ti, al parecer.” Souji le sonrió.
“…” Sho rodó los ojos. “Y siempre me contestas con lo mismo.”
Souji lo soltó, y tomó sus manos, acariciando sus nudillos ensangrentados. “¿Entonces? ¿Me contarás?”
“…”

Sho se veía indeciso. Por unos instantes, observó sus manos, sin prestarle mucha atención al dolor que sentía por las caricias de Souji. Cualquier cosa era mejor que aceptar su derrota.

Pero se resignó en cuestión de segundos cuando vio la sonrisa de su amigo.

Luego de un suspiro, Sho asintió.

“Está bien, tú ganas. El día del ataque… tuve unas visiones muy extrañas sobre el futuro. Están cumpliéndose poco a poco, porque ví que lucharía junto a Labrys contra mi HiME dentro de unas semanas. Y bueno, al cabo de unos días conocí a Labrys. Ella y Todoroki me han aguantado esta semana.”
“Me alegra que hayas encontrado buenos amigos.”
“Eh… sí.”
“¿Pero qué es lo que te preocupa? ¿No es bueno que tengas aliados?”
“No. Ese no es el problema. Vi… vi algo de Ken que me tiene ansioso. No parecía él… era completamente distinto a mi hermano, pero su apariencia era la misma. Estaba en completo descontrol. Siento que no es coincidencia que Ken no regresó al departamento luego del ataque. Su desapareción es muy extraña. Aunque… bueno, no hay nada que diga que va a pasar sí o sí. Porque también tuve una visión de mi primera batalla con mi HiME, pero no se cumplió.”
“No entiendo, ¿no peleaste con ella el día del ataque?”
“Sí, pero aún no había dado la prueba. Con las visiones descubrí que eventualmente sería mi HiME.”
“Ah, y desde ahí no la has visto.”
“No.”
“Y… ¿tuviste una visión de su primera batalla?”
“Sí, iba a ser unos días después del ataque. Pero no pasó.”
“Entonces hay cosas que pueden cambiar, Sho,” le aseguró Souji, con su característica sonrisa llena de calma. “Mira, hoy encontraremos información sobre Kaneki, estoy muy seguro de ello. Seven nunca ha decepcionado a mis amigos, así que confío en él. Con eso, poco a poco, verás que se solucionan las cosas.”
“No… todas,” dijo Sho, desviando su mirada hacia un lado.

Sho se soltó del agarre de Souji para guiar una de sus manos hacia su nuca, acercándolo sutilmente hacia él. Por inercia, Souji cerró los ojos.

Una parte de él sabía lo que se venía.

Cuando reaccionó, se encontró a sí mismo correspondiendo el beso que su amigo había iniciado. Cualquier pensamiento cuerdo se desvaneció de su mente, y lo único que atinó a hacer fue aferrarse a la camisa de Sho, mientras buscaba una cercanía que parecía imposible de conseguir. Sho lo tomó de la cintura, y se perdieron en el momento por unos instantes, sin tomar en cuenta las consecuencias.

La situación era de esperarse de Sho: su actitud impulsiva y poco responsable estaba detrás de todo. Pero Souji no era así… y tal vez eso fue lo que más le sorprendió a ambos.

Se separaron por falta de aire y por iniciativa del mismo Sho, que empujó a Souji de forma repentina. Parecía asqueado con sus acciones, desconociéndose a sí mismo de un momento a otro.

Mientras recuperaban el aliento, Souji despertó de su trance y recapacitó, arrepintiéndose de lo que había hecho. Estaba seguro de que la culpa que lo empezaba a invadir se quedaría con él desde ese momento.

Pero sus miradas se encontraron de nuevo, y volvieron a acercarse. Se dieron el alcance al medio, juntándose de nuevo. Esta vez, Sho lo aferró contra su pecho, y Souji rodeó su cuello con sus brazos, buscando en los labios de Sho la misma cercanía de antes.   

El chirrido de la puerta del estudio los trajo de vuelta a la realidad.




Seven no demoró en llegar a la sala, encontrándolos sentados en sillones opuestos, ambos rojos hasta las orejas. La mano herida de Sho no le impedía teclear hábilmente algo en su celular, en donde había posado su mirada. Souji, mientras tanto, se veía distraído, observando un punto aleatorio en la pared opuesta.

“Eh… Encontré varias cosas, será mejor que vengan conmigo al estudio,” dijo Seven, un tanto extrañado por aquella escena.
“Ah, s-sí, claro.” Souji se levantó. Sho lo imitó, aunque no hizo comentario alguno.

Una vez en el estudio, Seven tomó asiento frente a su computadora. Los seis monitores anclados en la pared se quedaban chicos en comparación a las laptops y otras PC’s que tenía al otro extremo del estudio. Sin embargo, se notaba que había usado la computadora principal, porque allí figuraban los datos de Ken.

“Aunque no conseguí todos los datos, al menos sé sobre el paradero de tu hermano, Minazuki. La base de datos de Rizembool tiene una seguridad especial con él, por algún extraño motivo. Peeero, de todas formas, sí me salió información sobre su HiME y otros detalles.”

Seven se giró a mirarlos, y se encontró con que ambos se veían muy perdidos. En esos momentos, resolvió que lo mejor sería explicarles la situación.

“Minazuki. ¡Minazuki!” lo llamó Seven, para intentar captar su atención. Sho asintió, distraído.
“Sí. Sí, estoy revisando… ¿Sale que Ken está en Alemania? No entiendo… su mensaje decía que el viaje era dentro de Japón…”
“Pues te mintió. Alemania es su paradero actual, pero figura que regresará a Tokio en el vuelo de hoy… De seguro mañana en la noche ya está de regreso.” Seven sonrió. “Si miran aquí,” dijo Seven, y señaló una de las pantallas. La foto de una muchacha de cabellos castaños y orbes fucsias, junto a otros datos, dejaban en claro que se trataba de la HiME de Ken. Era una estudiante de la carrera de Física Cuántica en Hanasaki. “Estos son los datos de la HiME.”
“Kana Arima…” mencionó Souji, pensativo.

Por los sucesos de unos minutos atrás, le costó un poco hacer memoria, pero Souji logró recordar a aquella peculiar jovencita que había ido con Eureka a la fiesta de la Facultad de Derecho de Rizembool. Allí, se había hecho pasar por otra persona (“Shizuru”, si mal no recordaba), pero no cabía duda de que se trataba de la misma joven. Sin embargo, por la actitud que había tenido aquel entonces, Souji cayó en cuenta de que ese día nunca se enteró de que Kaneki era su rebel. Tal vez la situación había cambiado con el paso del tiempo, pero todo indicaba que ella no estaba involucrada en el viaje de Kaneki.

“En todo caso, podrán preguntarle qué sucedió cuando regrese mañana.”
“Luciel, tengo una pregunta,” dijo Souji.
“¿Qué cosa?”
“¿Qué tan difícil se te hizo encontrar esta información?”
“Me demoré… uh… ¿cuánto tiempo los dejé a solas?” preguntó Seven, inconsciente de lo que estaba causando en Sho y Souji. “Pues… habrán sido unos… ¿Veinte minutos? A decir verdad, fue mucho más fácil de lo que pensé. Cuando me hablaste, me hice el cuento de que iba a ser el señor trabajo y me iba a demorar la vida. Es cierto que hay datos que no me figuran… como que son fantasmas, por así decirlo. Pero el resto está en su totalidad, es todo lo que ven en estas pantallas.”
“Preguntaba porque se me hace curioso que Saruhiko no haya podido encontrar todo esto,” comentó Souji, pensativo. “Tiene toda una fama de hacker perfecto, y no pudo con algo así…”
“Puede que lo haya hecho a propósito,” comentó Sho. “Tal vez se vio obligado a esconderme esta información… por algún protocolo de Rizembool.”
“Mm, pues tiene sentido. Él es un rebel, y trabaja muy de cerca con la institución…”
“La pregunta real es… ¿por qué esconderían estas cosas de Ken?”
“Eso no lo sé. En ningún lado sale información respecto a la máxima seguridad que tienen estos documentos…” comentó Seven, apenado.
“Oh, no te preocupes, Luciel. Más bien, muchas gracias por todo. ¿Tú crees… que nos puedas enviar estos datos a nuestros correos?” preguntó Souji.
“Sí, me mandas las direcciones por teléfono y listo.”
“Perfecto, gracias.”
“…Gracias,” dijo Sho, en voz baja. “Ahora. Estoy apurado. Tengo un asunto en el trabajo… así que debo ir corriendo.”
“…” Souji no necesitó mirarlo a los ojos para saber que se trataba de una excusa para escapar. Y no lo culpaba: él sentía lo mismo. Por primera vez, coincidían en sus ganas de salir corriendo para evadir la situación.

Lo que había sucedido entre ambos era difícil de explicar, y tal vez ese no era el mejor momento para hablar sobre ello, con el tema de Kaneki a medio resolver. Sin embargo, bastaba con notar que no todo había sido como Souji creía.

Y eso, en sí, era suficiente para sorprenderlo y asustarlo al mismo tiempo.

No le prestó atención a la conversación entre Sho y Seven, pero los siguió a paso calmado hasta que llegaron a la puerta del departamento. Seven se despidió de ellos, y cuando Sho y Souji se encontraron a solas, los envolvió de nuevo un silencio muy agobiante.

Caminaron juntos hacia la entrada del complejo de apartamentos. Sho estaba enfocado completamente en su celular, mientras que Souji no sabía qué hacer consigo mismo. Los nervios le impedían pensar con claridad. Ni sabía qué era lo que debía decir. Confirmar lo que había pasado estaba descartado, pero ignorarlo… tampoco sonaba como una buena solución. Era suficiente saber que su relación sí o sí se iba a ver afectada de todas maneras. No podía negar que aquello le apenaba.

Tal vez Sho se alejaría aún más luego de esto.

Souji dejó de caminar ni bien llegaron a su destino. Sho estaba decidido a ignorarlo, y lo dejó bien claro cuando se giró hacia la izquierda sin mencionar palabra alguna.

“Sho,” lo llamó Souji. Sho se detuvo, para su suerte. “Me… me llamas o me envías un mensaje cuando llegue Ken, por favor.”
“Sí,” le respondió Sho, sin mirarlo a la cara.
“Sobre lo de—”
“Olvídate.” Sho se volteó a encararlo. “No pasó. Punto.”
“…” Souji asintió, en silencio.

Pero tal y como sucedió antes, la expresión de Sho le decía otra cosa.






Los ruidosos sonidos de una construcción cercana lo levantaron en la tarde. Su reloj de pulsera indicaba las 4 y 45 p.m., y si mal no recordaba, le tocaba entrar al trabajo a las 3.

Sho suspiró.

La mánager del café donde trabajaba estaba completamente obsesionada con su labor y lo bombardeaba constantemente con llamadas cuando Sho no se aparecía a la hora, pero un chequeo rápido a su celular le mostró que aquel día era una excepción a la regla. Tal vez andaba enferma y no había ido al trabajo… lo que lo salvaba un poco.

Luego de una ducha rápida, se cambió en tiempo récord y salió corriendo del departamento. Por el estado de completo desorden y la ausencia de la calmada voz de su hermano, supuso que aún no llegaba del viaje a Alemania.

Mejor para él. Aún no tenía idea de qué decirle cuando lo vea.

Camino al trabajo, intentó distraerse de distintas maneras: observando a la gente, escuchando música, tomando un camino diferente para llegar al café. Pero ningún método era lo suficientemente efectivo como para permitirle olvidarse, por unos instantes, de lo que había sucedido la noche anterior.

Para su suerte, su turno de trabajo logró despejarlo un poco. El café se llenaba de comensales los viernes como ese: no había minuto de descanso y el constante ajetreo lo mantenía muy ocupado y agotado. Usualmente, eso lo ponía de mal humor. Ese día, sin embargo, no tenía de otra que agradecer por la perfecta distracción. Por aquellas seis horas, se sintió en completa calma.

Pero una vez a solas, los recuerdos de la noche anterior parecían empeñados en hacerle la vida imposible.

Contra todo pronóstico, encontró que lo mejor era empezar a enfrentar cada uno de sus problemas, uno por uno. Ni bien llegó a su departamento, se lanzó al sofá de la sala y esperó la llegada de su hermano.

Al cabo de una media hora, el timbre sonó.

Sus pies se movieron antes de que pudiera procesar lo que sucedía: por fin Ken estaba de vuelta.

Se detuvo centímetros antes de golpearse contra la pared, todo por no medir su velocidad. Abrió la puerta sin pensarlo dos veces, esperando ver la sonrisa de su hermano y un “no te preocupes, fue un susto pero estoy de vuelta”.




Lo primero que vio fue el parche en el ojo derecho de su hermano. Luego, cayó en cuenta de lo cansado que se veía… y aunque intentó atribuirlo al viaje de varias horas, había algo en la expresión de Ken que se veía muy fuera de lugar.

“Hola, Sho,” lo saludó Kaneki, como si no se hubiese desaparecido por un par de semanas.

Sho quiso sonreírle de lado y revolverle los cabellos. Quiso hacerse el loco, lanzar un comentario al aire sobre las aerolíneas hoy en día y tal vez preguntarle si tenía hambre y si se le antojaba algo de comer, porque eso habría hecho  las cosas más sencillas entre ambos. Pero recordó la preocupación que había sentido durante su ausencia… y Sho se llenó de rabia. Por más de que Todoroki y Labrys se esmeraron en asegurarle que todo saldría bien, era inevitable pensar en su hermano. En ese mensaje escueto que le había mandado. En su estado y su paradero.

Verlo regresar tan tranquilo, como si hubiera sido un viaje de vacaciones, dolía más de lo que podía soportar.

Nunca había sido tan maduro, pero tal parecía que ya era hora de serlo.

“Ken,” le dijo, y se lanzó a abrazarlo, porque antes de la rabia y la ira, estaba primero el alivio de verlo sano y salvo.

Su hermano lo estrujó de vuelta con un poco más de fuerza de la normal. Cuando se separaron, Kaneki ingresó al departamento, y Sho cerró la puerta.

“¿Qué tal el viaje?” preguntó Sho. “Supongo que fue cansado andar tantas horas en el avión. ¿Hiciste alguna escala?”
“¿De qué hablas?” dijo Ken, extrañado. “Yo… te dije que mi viaje fue al interior del país. A Kyoto, de hecho.”
“Por tu proyecto de carrera.”
“Ajá.”
“Y supongo que Kaworu anda mal en sus cursos, porque no fue contigo.”
“…” Ken lo observó en silencio.
“Ken, no entiendo por qué me estás escondiendo lo que pasó estas dos semanas.”
“Yo no—”
“No insistas.” Sho desvió la mirada. “Sé donde estuviste. Ese mensaje escueto que me mandaste no sirvió para calmar mi ansiedad. Al contrario, hizo que me preocupe más. Así que fui y le pedí a Saruhiko que busque información sobre ti en la base de datos de Rizembool. Supongo que está también en este círculo de confidencialidad o qué se yo, porque me dijo que todo estaba demasiado protegido y que no había podido encontrar nada. Pero… Souji tiene el contacto de un hacker que ha ayudado a Oikawa y a su HiME en varias ocasiones, y fue él que dio con que… estabas en Alemania.”

Ken siempre había sido un libro muy fácil de leer, y por ello, no fue sorprendente ver cómo se delataba a sí mismo mediante sus expresiones. Sin embargo, la confimación de los datos de Seven no hacía más que causarle un gran dolor. Ken le había escondido su verdadero paradero y los motivos detrás del viaje, y ahora no había manera de negarlo.

“Yo…”
“No fue un viaje de estudios, ¿no?” preguntó Sho.
“…”

Sho pudo notar cómo su hermano se debatía internamente entre responder con la verdad. Y aunque no estaba enterado de toda la situación, no pudo evitar pensar en lo que estaba obligando a Ken a dudar antes de hablar de frente con la verdad.

“Lo siento, Sho,” se disculpó Ken, claramente apenado. “No… no quise mentirte.”
“¿Por qué no me explicaste bien las cosas? ¿Por qué te fuiste así sin más? Ken, fue justo luego del ataque. Pensé que algo te había pasado. Tal vez… tu HiME…”
“¿Sabes quién es?”
“Sí. Se llama Kana Arima. Es una estudiante de Física Cuántica— Pero eso no importa, luego te puedo pasar la información si la necesitas. Sé sincero conmigo. ¿Por qué te fuiste?”
“Es algo… relacionado a mi salud. El Dr. Liebhart vio necesario el viaje. Pensé que no duraría tanto… pero se extendió por un par de complicaciones. Y yo… pensé que llamarte para contarte lo que sucedía iba a ser peor. Todo eso iba a preocuparte más… y de seguro habrías buscado la manera de viajar para estar conmigo. Luego de mucho pensarlo, encontré que lo mejor sería mandarte ese mensaje. Cuando me di cuenta de lo que había hecho, me arrepentí, porque tienes razón. Ese mensaje no es suficiente. Sé lo mucho que te has preocupado por mí, y bueno, no te culpo. Lo siento, en serio.”
“¿Te puedo ser sincero? Siento que no hemos hablado mucho de nuestros puestos como rebel. Yo recién lo he conseguido hace poco… pero tú ya llevas un par de meses, un poco más, y nunca me has contado nada. Te has cerrado con el tema, y no sé si a propósito… pero tal vez este viaje tuyo me ha dejado en claro que las cosas están cambiando.”
“Sho, no lo he hecho porque quería,” le refutó Ken. Aunque aún se veía entristecido, Sho notó un poco de enojo en su tono de voz. “Tengo que protegerte. No puedo involucrarte en algo que te puede poner en peligro…”
“¿Pero el punto de esto no era que lo hacíamos porque podríamos compartirlo? Siempre hemos estado el uno para el otro. Mierda, Ken, tú siempre me repites eso: de que estás ahí para mí. ¿Acaso no soy digno de estar ahí para ti también?”
“¡No es eso! No es cuestión de fuerza o dignidad o lo que creas que es. Es mi problema. Y yo me metí en eso por mi cuenta. No puedo…” Ken evadió su mirada por unos instantes, hasta que se armó de valor y volvió a encararlo. “No puedo seguir pensando que vas a estar ahí para salvarme siempre.”
“¿Te molesta eso? ¿Te molesta que te apoye?” Sho no pudo esconder su indignación.
“No… no.”
“¿¡Entonces cuál es el problema!?”
“Nada. Lo siento,” se excusó Ken, a la vez que caminaba distraído hacia su habitación. Jaló de su maleta rápidamente. “No me siento bien. Hablemos de esto otro día.”
“No, esto no se puede quedar así. Tú… Me sigues escondiendo cosas, ¿no?”
“¿Por qué te molesta? Tú… también te guardas cosas para ti mismo,” habló Ken, sin girarse a encararlo. “A veces es mejor que la otra persona no se entere.”

Pensó en las visiones. Pensó en su hermano, transformado en una persona irreconocible. Pensó en su llanto, que se mezclaba con sus propios sollozos, y Sho no tuvo de otra que estar de acuerdo con Ken.

“Tienes… razón.”
“…” Ken asintió, en silencio. “Me voy a dormir. Descansa.”

Pero Sho sabía que, ese día, le sería imposible dormir.
« Last Edit: April 17, 2018, 11:26:08 PM by Eureka »


Sayi

^ fyi el fic de Eureka cuenta para probaciones de Abril


Hello gals <3

Aviso que a partir de las probaciones de marzo ABRIL iremos restando del contador a las gheis que cumplan un año sin dejar fic aquí. Son bienvenidas a regresar a postear cuando gusten -3- pero queremos tener la lista al día con miembros activas.

Como siempre, para cualquier duda y/o consulta las invito a postear en el foro de planeación.

Sin más preámbulos~






Sayi :: 0 palabras
Shura :: 0 palabras
Kora :: 0 palabras
Deidara :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Isumi :: 583 palabras
Cho :: 47337 palabras
Kana :: 10857 palabras
Eureka :: 20435 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 5197 palabras
Haruhin :: 0 palabras
Mery :: 1113 palabras
Ekha :: 0 palabras
Apple :: 0 palabras
Arence :: 0 palabras


Now, let's carry on with those big HiME dreams...

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Oh, dream maker, you heart breaker
Wherever you're goin', I'm goin' your way


Cho

Uhh, este fic se sintió como una eternidaaad (...)

Listo, ya está, soy libre~ *corre hacia el horizonte*

Primera parte.

56.1.


Después del encuentro que habían tenido en la cocina, Yagen fue acompañado por Gotou y Shinano de regreso a su habitación. Ahí, sus hermanos terminaron compartiendo lo que había ocurrido aquel día con todos los detalles pertinentes.

"..." el doctor se encontraba en shock por aquella revelación, y bajó su mirada con impotencia. "Imposible..."
"..." Shinano se quedó sin palabras y miró a un costado, apesadumbrado. Estaba siendo testigo de lo mucho que su hermano se había inquietado por lo sucedido y no sabía qué decirle para disipar su aflicción.
"Sí, pues... eso ocurrió..." Gotou frunció el ceño y negó a manera de descargar su propia frustración. Observó a Yagen con seriedad. "Pero, como hemos recalcado, todo está bajo control ahora. Te lo hemos dicho para mantenerte informado."
"Es fácil decirlo, ¿no es así?" preguntó el científico, recobrando la compostura. Él desvió su mirada con un dejo de tristeza. "No pude serles de ninguna ayuda..."
"Yagen..." el pelirrojo se preocupó un poco. "Yo... perdón..."
"¿De qué te andas disculpando, Shinano?" preguntó el pelimarrón, impaciente. "Ya te he dicho que no te culpes. No te andes recriminando por esto," negó y entrecerró los ojos y se apenó levemente. "Tsk... tú serías el último responsable aquí..."
"..."
"Gotou tiene razón," Yagen asintió con más tranquilidad y mirando al menor. "Realmente no puedo imaginar lo difícil que esto debió ser para ti."
"N-no te preocupes por mí, ya pasó..." Shinano comenzó a agitar sus manos y forzó una sonrisa. "Ya estoy bien, descuida..."

Entonces, Yagen sorprendió al pelirrojo al acortar la distancia y darle un abrazo. Esa acción causó que Shinano temblara y derramara un par de lágrimas, al todavía encontrarse perturbado por lo vivido.

"Y-Yagen, está bien... n-no tienes que hacer esto si no quieres..." dijo con la voz quebradiza. "Yo sé que no te es agradable..."
"...aquí no importa qué es lo que yo necesito, Shinano, y sé que este gesto de mi parte te es muy necesario," dijo el pelinegro, con una voz triste. Él podía sentir la tensión en su querido hermano y cómo este trataba de aparentar que todo estaba bien por más que siguiera hecho un manojo de nervios. Con esa acción, sabía que podría hacerle desahogarse un poco. "Quiero que sepas que puedes contar con nosotros, y que estoy aquí para apoyarte, sobre todo en momentos tan difíciles como este."
"..." Gotou miraba aquella escena extrañado, ya que no recordaba haber visto a Yagen tan atento y comprensivo en los últimos años. Al menos le aliviaba saber que su complicado hermano mayor sí mantenía responsabilidad y atención hacia Shinano, ya que este continuaba necesitando todo el apoyo posible.
"...supongo esto es suficiente," eventualmente, Yagen apartó al pelirrojo agarrándole de sus brazos. "Estoy enfermo y no quisiera contagiarte. Sería irresponsable de mi parte."
"Hehe, vamos, no seas tan formal," Shinano se vio entretenido y sonrió con torpeza. "Aprecio lo que has hecho, más bien. Gracias..."
"No tienes por qué agradecer," Yagen negó. "Es evidente que lo que has experimentado te ha afectado más allá de lo sucedido. Te noto pensativo e inquieto. ¿Por qué te encuentras así, Shinano?"
"N-no es nada, es normal que reaccione así..."
"Lo es, pero sería bueno que lo compartas," observó Gotou. "Vaya, frustra mucho que tú seas un chico engreído y que llama la atención cuando andas de buenas, pero cuando realmente necesitas de alguien tiendes a sentirte mal de importunar a otras personas."
"Heh, sí, realmente es una molestia," Yagen sonrió con ironía.
"Ehh..." el pelirrojo miró a sus dos hermanos con incomodidad. "Ehm, pues..."
"¿Por qué te retraes? Era una simple observación," observó el científico, encogiéndose de hombros. Él sonrió con nostalgia. "Los cuatro siempre hemos sido más directos y abiertos entre nosotros. Sin duda cuidaríamos nuestras palabras de estar dialogando con nuestros hermanos menores, y también sería distinto con nuestros mayores."
"Es verdad," Gotou asintió. Él sonrió al pelirrojo. "Por eso, tal y como nosotros te somos una incomodidad con nuestros comentarios, quiero que nos regreses el favor. Dinos lo que sea que tengas en tu cabeza."
"..." Shinano asintió y bajó su mirada para expresarse con torpeza. "Es sólo que... todo el tiempo que estuve secuestrado..." sonrió frustrado y resignado. "...estuve pensando en el gran problema que causé... en que, de ser cualquiera de ustedes dos, hubiera podido defenderme y escapar, en vez de ser sólo una víctima..."
"¿Qué dices...?" el pelimarrón comenzó, pero Yagen le miró y negó para detenerle.
"Déjale hablar," le pidió con tranquilidad.
"...Syo fue lastimado cuando me apresaron. Noté que él es un luchador excelente," continuó, alzando su mirada. "O sea, fue impresionante, siempre he sentido una gran admiración por su arduo trabajo y habilidad de combate. Sé cuánto se ha esmerado para llegar a donde está y realmente se lo merece... pero, esta tarde, me he dado cuenta que hay una brecha entre mi habilidad y la suya..." comprimió sus puños y desvió su mirada. "Él pudo abatir contra esos criminales sin inconvenientes y salvar a esa chica sin ayuda de nadie, mientras que yo le volví vulnerable por entrometerme... yo, que soy de una familia de guerreros y que cuento con un arma ancestral..."
"O-oye..." Gotou se preocupó por oírle decir esas palabras.
"Tch..." Shinano volvió a bajar su mirada, mientras entrecerraba sus ojos y comprimía sus puños a todo dar. "...pensé en nuestra familia, en cómo todos mis hermanos mayores son tan hábiles y confiables, mientras que yo he echado a perder mi linaje en todos estos años... me da una gran vergüenza..."
"..." Yagen intercambió miradas con Gotou y ambos miraron a su torturado hermano con impotencia.
"Yo siempre he intentado ser un apoyo para todos ustedes... hoy terminé siendo más una carga... y nunca ha sido tan evidente para mí que en verdad hay tan poco que puedo hacer..."

Con esas palabras, Shinano terminó de expresar sus frustraciones, aunque su agobio emocional no iba a disiparse en poco tiempo. Él temblaba con gran impotencia y un horror dirigido hacia sí por aquella terrible experiencia y por la realización de sus falencias. Entonces, en medio de su destructivo ensimismamiento, sintió un chasquido en su frente que le hizo prestar atención.

"Ihh..." el pelirrojo se agarró la frente y vio a Gotou.
"Asumo que terminaste, ¿no es así?" le preguntó con los brazos cruzados. "¿Por qué tienes que recriminarte de este modo? Ya te he dicho repetidamente que no tiene sentido alguno."
"Pero..."
"No, mírame," el pelimarrón le detuvo de volver a bajar su mirada al acercarse. "No intentes argumentar sobre tu falta de habilidad. Ni Yagen ni yo hubiéramos podido actuar tan profesionalmente en un lugar con tantos posibles rehenes y un tipo con una pistola, no nos pongas en un pedestal. Y si hubiéramos podido idear algo, eso no es importante. No nos ocurrió. Aquí lo que queremos es ser el apoyo de quien sí tuvo que vivir por esto, y ese eres tú, Shinano."
"Lo entiendo, pero..."
"Tendrías una actitud muy distinta si le hubiera pasado a uno de nuestros hermanos menores, o a cualquier otra persona en general. Deja de ser tan duro contigo mismo."
"S-sí..." asintió retraído.
"Entiendo lo que sientes. Es impotencia, es desesperanza. Es desolación, por más que cuentes con nuestro apoyo," observó Yagen. Él sonrió tranquilamente. "Me es familiar, y no hay mucho que pueda decirte para despejar este malestar emocional. Es algo que pasa sólo con voluntad propia."
"..." el pelirrojo le observó atentamente.
"Pero te recomiendo que le des otro enfoque. Esta mentalidad autodestructiva no te llevará a ningún lado," sonrió con perspicacia. "Shinano, considera este suceso como una oportunidad de aprendizaje."
"¿Eh?" se confundió.
"Lo ocurrido ha revelado debilidades propias de ti y has llegado a la conclusión que debes mejorar porque no te encuentras satisfecho contigo mismo. En mis ojos, esa es una reacción con potencial. La inconformidad es el primer paso hacia el cambio y es un buen momento para desafiarte a hacer precisamente eso," declaró con certeza. "Si no te sientes adepto a pelear, puedes comenzar a entrenar seriamente. Tienes a cinco hermanos mayores dentro de esta ciudad y sé que Gotou estaría contento de ayudarte."
"¿Qué haces mencionándome tan espontáneamente?" el pelimarrón se sorprendió, y frunció el ceño. "Más te vale que no estés intentando zafarte. No te olvides que tú también tienes el deber de cuidar de tus menores. Andas lo suficientemente desaparecido como para justificar desaparecerte una vez más, Yagen."
"Hmhm..." el doctor rió por lo bajo y sonrió con ironía. "Ciertamente esa no fue mi intención, Gotou. Estoy cometido a apoyar a Shinano. Simplemente mencioné tu nombre porque sé lo cercanos que son y porque el tiempo te ha convertido en un hermano mayor confiable," se cruzó de brazos y negó con leve pena. "Pero tu inmadura reacción y poca voluntad de servicio me han hecho entender que te sobreestimé. Es una lástima..."
"Tsk, ¡cállate!" le reclamó, comprimiendo sus puños. "¡No te burles de mí!"
"Ehh... no se peleen, por favor..." Shinano sonrió incómodo. Era nostálgico ver aquella esperada escena de Yagen tomándole el pelo a Gotou, y se sentía culpable de encontrarlo divertido. "Ehh... hermanos..."
"¿Qué haces siendo tan formal, Shinano?" preguntó Gotou, alzando una ceja. Vio a su menor retraerse un poco.
"Ehh... es sólo que, me siento afortunado de contar con ustedes, y hablar con los dos siempre ha sido un gran desahogo para mí..." sonrió con torpeza. "Incluso luego de lo que ocurrió hoy, sé que estaré bien mientras los tenga cerca... por eso..."
"¿Qué necesitas?" preguntó Yagen.
"Ya he hablado con los dos por separado para que se reintegren a la familia, pero eso no es suficiente..." el pelirrojo comprimió sus puños para reunir decisión y encarar a los dos. "Si en verdad los cuatro volveremos a ser unidos, quiero que ustedes arreglen sus diferencias y dejen el pasado detrás," vio a los dos sorprenderse por el pedido e intercambiar miradas brevemente. "Yo sé que varias cosas sucedieron..." bajó su mirada. "...cosas que no valen la pena mencionar..." frunció el ceño y volvió a encarar a sus mayores. "Pero aquí lo que importa es que somos hermanos por encima de todo lo demás. También... debo admitir que significaría todo para mí si pudiéramos ser tan unidos como cuando éramos niños."
"...lo entiendo, Shinano..." Gotou negó y dio un suspiro. "Ya te he dicho que han sido varios años. No le sigas dando tanta importancia."
"Es verdad, mucho tiempo ha pasado, te preocupas de más," dijo Yagen, con tranquilidad.
"..." oír a su mayor estar de acuerdo con él fue frustrante y un poco indignante para Gotou. Él creía que realmente había sido demasiado tiempo como para mantener esa ley del hielo... pero parte de él consideraba que Yagen no tenía el derecho de declarar lo mismo. "Al menos puedes contar conmigo, pero todo depende si este de acá tiene la misma voluntad."
"Es verdad," Yagen se encogió de hombros. "Después de todo, soy un ser incorregible..."
"Tsk, no normalices tu actitud."
"Uhh, párenla por favor," Shinano frunció el ceño y requintó a los dos, comprimiendo sus puños. "Los dos dirán que no tienen más asuntos pendientes, pero eso no es verdad," miró a Gotou y le apuntó. "Tú mantienes esa actitud pleitista y reactiva," pasó a Yagen. "Y tú sólo te enfocas en fastidiar a Gotou e incitar conflicto entre los dos cuando tienes la oportunidad."
"Sí, veo lo que dices..." Gotou negó. "Perdón."
"Eres bastante observador, Shinano," comentó Yagen, con perspicacia. Sus hermanos le miraron con reproche. "Sí, reconozco que tengo esa tendencia," se llevó una mano al mentón y alzó su mirada, meditativo. "Hm... siempre he pensado que esa es mi manera de aligerar cada situación y amenizar, por más que resulte inconveniente o incluso hiriente para otras personas. Sin duda solía ser más problemático de niño por ese motivo," se encogió de hombros, sonriendo frustrado. "Pero ustedes ya lo saben..."
"..." Gotou entrecerró sus ojos y miró a Shinano mientras apuntaba a Yagen. "¿Ves con lo que quieres que lidie desde ahora? ¿Quieres que soporte al imposible?"
"Entiendo lo que dices, Gotou..." Shinano se lamentó y dio un suspiro.
"..." Yagen sonrió con un poco de humildad. "Yo también reconozco lo imposible que soy. Es por mi culpa que nuestra pelea ocurrió, Gotou. Siempre he sido una persona terrible en muchos aspectos, y en aquel entonces no me comporté debidamente."
"...es muy fácil rendirte y conformarte con catalogarte tan negativamente," observó el pelimarrón, inconforme.
"Lo que dices es muy revelador, para variar," el científico se detuvo. "No, no debería iniciar otra posible discusión. Lo que quiero decir es que reconozco mi falta y mis errores. Lamento mucho que todo esto haya ocurrido y que te haya dejado de lado, Gotou," asintió y mantuvo su sonrisa intacta. "Sin embargo, unas disculpas a estas alturas realmente significan muy poco. De todos modos... quisiera creer en el deseo de nuestro hermanito de volvernos a unir como familia, y haré lo que esté a mi alcance. Tienes mi palabra."
"Suena a que hablas con honestidad," de todos modos, Gotou no se veía convencido. Como siempre, Yagen mantenía una actitud tan inmutable y profesional que le costaba tomarle seriamente.
"No me sorprende que no confíes en mí..." el doctor sonrió con torpeza. "Lo sé, me lo merezco."
"Vas a tener que demostrarme confianza, Yagen, no te queda de otra."
"Espero que cumplan con su palabra," dijo Shinano. "Significaría mucho para mí. Bueno, en verdad sería lo mejor para todos en nuestra familia, y estoy seguro que Ichi-nii también anda preocupado por ustedes."
"Sí, ha intentado tocar el tema conmigo más de una vez pese a que no le concierne..." Gotou negó.
"Es de esperarse de él. Siempre nos verá como unos niños. Bueno, pienso que hemos hablado bastante," observó el doctor, mirando a su reloj en la mesa de noche. "Son un poco más de la una. Podemos retomar este tema mañana. Por ahora, deben ir a descansar."
"Eh, sí, tú también o vas a recaer, Yagen," observó el pelirrojo. "Buenas noches."

Así, los dos hermanos salieron de la habitación del mayor y cerraron la puerta, para caminar hacia sus respectivas habitaciones.

"Hm, he visto a Yagen más accesible de lo normal, ¿quién lo diría?" Gotou se encogió de hombros. "Tanto se burlará de que no soy un hermano mayor cuando a él obviamente le toca madurar. Al menos ya lo anda haciendo..."
"Eh, intenta no buscarle pelea tampoco, Gotou, o las cosas se pueden salir de control," observó Shinano, sonriendo nervioso. "No puedes contra él."
"Tsk, no me menosprecies, Shinano," el pelimarrón se detuvo. "Bueno, aquí está tu habitación. Ve a dormir, necesitas mucho descanso."
"S-sí..."
"Buenas noches..." el mayor pretendió irse caminando, pero se confundió cuando Shinano le agarró de una muñeca. "¿Hm? ¿Shinano? ¿Qué sucede?"
"..." el pelirrojo agachó su cabeza. Después de aquel momento de diálogo y de haber sido acompañado por sus hermanos, la quietud de ese pasillo y la idea de quedarse solo le había caído como una avalancha. Él tembló ligeramente y abrió sus ojos con temor, lo cual comunicó a su hermano que las secuelas de lo vivido seguían frescas. "Perdón, pero... ¿podrías acompañarme... por favor?"
"..." Gotou bajó su mirada. "Por un instante olvidé lo que sucedió. Lo lamento, Shinano."
"P-perdón por andarte pidiendo esto, pero..."
"No te disculpes. Por supuesto que no estás bien y necesitas compañía. Tsk, un cabeza hueca como yo es demasiado inconsciente como para darse cuenta..."
"N-no digas eso, Gotou..."
"Ven," Gotou agarró a su hermano del pescuezo y lo condujo hacia la puerta de su habitación. "Te acompaño. Miremos un poco de televisión, ¿de acuerdo?"
"Sí..." asintió. "Gracias..."
"Anímate," le sonrió. "Ya te he dicho que tu compañía siempre es bienvenida, y no recuerdo la última vez que miramos televisión hasta tarde. Que sea por los buenos tiempos."
"Heh, tienes razón," Shinano le sonrió de vuelta. El pelirrojo continuaba movido y consternado por su experiencia, pero al mismo tiempo no podía dejar de contar todas las bendiciones en su vida. Pese a la inseguridad que le afectaba, se sentía en casa, y sabía que con su familia de su lado no tenía por qué temer.

...

Ellos cumplieron con lo dicho. Luego de buscar entre canales, encontraron algunos programas que sirvieron para pasar el tiempo. Shinano se detuvo en la transmisión de un partido de tenis en Europa, y comentó a su hermano cómo había podido atender un partido real en Nueva York el septiembre pasado, y lo muy distinto que era verlo en vivo y en directo. Dicho partido terminó en un cuarto de hora y Gotou se detuvo en un canal económico para enseñarle las presentes tendencias en la bolsa de valores. El pelirrojo se frustró por la dificultad de aquel tedioso tema y recordó con pesar cómo tanto Gotou como Hakata le exigían mantener estudios en matemática y economía por más que no fuera de su interés. Pese a haber tenido que aguantar un breve sermón de su hermano, Shinano encontró alivio en esa conversación por su espontaneidad y por ver a su hermano animado y comunicativo.

Siguieron pasando por otros canales, desde un reality show de cocina hasta un programa de videos de internet, y en medio de todo Shinano se quedó profundamente dormido. Gotou apagó la televisión y se retiró con cuidado para dejarle conciliar el sueño.

Aquel momento marcó el fin de ese interminable día para el pelirrojo, en lo que se sumergió en un sueño profundo en espera del mañana...

...

Sin embargo, en medio de un día y del otro, en un estado subconsciente, el pelirrojo sintió entre sueños una presencia adicional, una persona que había llegado a su espacio y que le vigilaba.

Shinano sentía su cuerpo entumecido por los golpes y el cansancio, su ojo morado palpitar y un sentimiento alerta e incierto. De repente, aquella presencia se manifestó al posar una mano con delicadeza encima de la mejilla debajo de su ojo dañado. Esa mano fue gélida, casi fantasmal, pero reconfortante.

De repente, el pelirrojo sintió una paz interior que disipó sus miedos y ansiedad. Aquel toque también brindó alivio a sus heridas y originó una calma y comodidad indescriptibles. Él dejó que ese sentimiento se apoderara de sí y volvió a internarse en un profundo sueño...

...

Era temprano en la mañana y los hermanos menores se alistaban para ir a clases. Antes de ello, iban a tomar un desayuno en familia, en el cual los mayores les informarían sobre lo sucedido.

"Shinano, ¿estás despierto?" Gotou llegó a la habitación del pelirrojo y tocó su puerta. No oyó respuesta, pero pese a considerar que su hermano necesitaba más descanso sabía que debía despertarle con tal de hacer acto de presencia ante los menores para evitar mayores preocupaciones. Él decidió no ser paciente y apurarle. "Voy a entrar."

Ingresó a la habitación y vio al pelirrojo de pie frente a su espejo de cuerpo entero. El menor se veía absorbido por su reflejo, prácticamente ensimismado.

"¿Qué sucede?" preguntó el pelimarrón, alzando una ceja y acercándose.
"Gotou..." Shinano finalmente despertó y observó a su hermano. Su rostro mostraba sorpresa y no necesitó explicarse ya que el mayor comprendió a qué se debía su desconcierto con tan solo mirarle.
"¿Eh?" este se quedó inmóvil y luego se acercó para inspeccionar al otro de cerca. "Tu ojo morado, tus rasguños... ¿han desaparecido?"
"..." asintió y volvió a ver su reflejo. "No los sentí al despertarme... si tú también lo ves, no lo estoy alucinando..."
"..." Gotou se quedó sin palabras y ladeó su cabeza. No iba a decir que no le alegraba notar que su hermano se encontraba mucho mejor, pero algo de todo eso estaba fuera de lugar... "¿...cómo así...?"
"No lo sé, pero me alegro de estar bien," a diferencia del pelimarrón, Shinano decidió no pensarlo demasiado y sonrió aliviado. "Temía tardar mucho en recuperarme y borrar las heridas, también no quería encarar a nuestros hermanitos con un rostro lastimado. Hakata se preocupó mucho y él es fácilmente el más valiente de ellos. Ahora que lo veamos seguramente se animará. Hehe, estoy feliz por este pequeño milagro."
"Bueno, yo también, y te ves de mejores ánimos en general..." Gotou negó y sonrió un poco. No era el mejor momento para mostrar su escepticismo. "Imagino que has descansado bien."
"Sí," asintió gustosamente. "Puede sonar raro, pero sentí como si hubiera habido algún espíritu cuidando de mí todo el tiempo. Eso me dio una gran tranquilidad..."
"Espíritu..."
"Heh, suena increíble, lo sé," Shinano sonrió con torpeza. "Hay que alistarnos o haremos esperar a los pequeños."
"Sí, cuando estés listo."


Mientras tanto, los hermanos mayores se habían reunido antes del desayuno. Namazuo fue convocado por los otros dos a la habitación de Ichigo, donde fue puesto al día sobre lo ocurrido.

"D-deben estar bromeando..." el pelinegro apenas atinó a decir esas palabras para expresar su desconcierto.
"Sería una broma de muy mal gusto, Namazuo, y lamentablemente no lo es..." el hermano mayor desvió su mirada con tristeza. "Nuestro estimado Shinano ha tenido una experiencia muy dura y se encuentra convaleciente. Por ello, necesitamos extenderle todo el apoyo posible."
"..." Honebami asintió, inmutado.
"Entiendo eso... pero..." a diferencia de su disposición usual, Namazuo se notaba deprimido y estresado. Comprimió sus puños y miró al mayor decididamente. "Esto no se puede quedar así, Ichi-nii."
"¿Qué es lo que tienes en mente?" preguntó el mayor con una pizca de confusión. "Percibo una gran inquietud en tus palabras..."
"No deberías estar intrigado por lo que digo,” contestó impaciente. “Esta no es la primera vez que uno de nuestros hermanos es importunado recientemente...”
“…” su mellizo asintió. “Akita y Houchou fueron apuntados por un grupo de malandrines hace pocos días…”
“Lo tengo presente, y me siento infinitamente agradecido con el joven que acudió a su rescate,” Ichigo asintió con solemnidad. “Menos mal esa situación no trascendió a mayores, aunque tampoco podemos borrar lo sucedido. Fue muy inquietante para los dos…”
“Precisamente, y no puedo imaginar cómo Shinano ha sido impactado por todo esto…” Namazuo negó, ofuscado. “Sin duda este evento ha sobrepasado nuestros mayores temores,” frunció el ceño. “Puede que nuestros hermanos sean muy jóvenes aún, pero es evidente que deberían aprender a defenderse ante adversidades del modo en que nosotros lo hacemos.”
“Te refieres a que nos enfoquemos a entrenarles más intensamente, ¿no es así?” preguntó Ichigo, y vio a su menor asentir. El hermano mayor asintió para corresponderle, pero mostró cierta inquietud. “Concuerdo con tu deseo de fortalecer los espíritus y las habilidades de nuestros hermanos, pero…”
“¿Por qué te expresas con duda, Ichi-nii?”
“¿…acaso no sería un apuro y presión de nuestra parte…?” preguntó Honebami, con una voz ausente y meditativa.
“Pienso precisamente eso. Hay que pensar en cómo lidiar con esta situación, y al menos dejar que las aguas se calmen antes de proponer un entrenamiento intenso,” comentó Ichigo, con leve pesar. Él tensó un poco su expresión para mostrar decisión y certeza. Sabía que, si no sonaba convencido ante su hermano, le esperaría una reprimenda de su parte. “Que no cunda el pánico, Namazuo. Si intentamos entrenar a nuestros hermanos sin pensar en cómo lidiar con esta situación y antes de velar por su bienestar espiritual, sería lo mismo que prepararles para la guerra, y les daríamos un mensaje bélico y de gran desconfianza a nuestros alrededores. A su vez, ellos se llevarían la impresión incorrecta de nuestro legado. Nuestra habilidad de combate es una gran responsabilidad, y vela por la protección personal. En estos instantes y bajo el estrés de los últimos acontecimientos, ellos podrían dejarse llevar por sus corazonadas.”
“Eso tiene sentido, pero…” Namazuo bajó su mirada, no convencido.
“No deberías esperar tanto de nuestros hermanos en tan poco tiempo, Namazuo,” declaró Honebami, mirándole fijamente. “Ignorando la edad, ellos no recibieron la formación que nosotros tuvimos. Tus palabras insinúan que tú esperarías verles batallar contra sus enemigos a como diera lugar.”
“Tú sabes que no quiero decir eso…” el pelinegro comprimió sus puños y se quedó en silencio momentáneamente, torturado por sus pensamientos. “…sólo no quiero que esto vuelva a suceder… puedo sentir la impotencia en Shinano por más que todavía no le haya visto… no estuve ahí para auxiliarle, y puedo no volver a estarlo la próxima vez…”
“Namazuo…” el peliceleste le miró con preocupación.
“¿Estás contento con esto, Honebami?” preguntó el pelinegro, levantando su mirada a su mellizo. “¿Tú no ves nada de malo en el hecho que nuestros hermanos tengan que depender de ti, de mí, o de Ichi-nii en momentos de peligro, y que se vean forzados a esperar nuestro auxilio?”
“…” Honebami le miró atentamente. “¿…a qué te refieres?”
“Tsk… ¿qué no has entendido de mis palabras…?” comprimió sus puños y entrecerró los ojos. “¿Es que acaso estás contento con la presente situación? ¿Quieres ser responsable por ellos?”
“Hablas sobre deseos, Namazuo…” Honebami cerró sus ojos, tranquilamente. “Mi parecer es más elemental… yo poseo la habilidad de pelear y rastrear a nuestros hermanos para serles de utilidad y protegerles a todo costo. Ese es mi rol, y mientras yo pueda hacerlo ellos no tienen por qué verse importunados. Eso es todo…”
“Eso es irresponsable y egoísta…” declaró el pelinegro, molesto. “No deberías sobreprotegerles de este modo. Tarde o temprano, les harás más mal que bien.”
“…” el peliblanco ladeó la cabeza.
“Honebami sólo expresa su punto de vista. Él no está imponiendo su parecer, Namazuo. No te molestes con él,” le pidió Ichigo, con paciencia. “Y no puedes negar que este deseo de proteger a nuestros hermanos es algo que compartimos, pero te aseguro que los tres estamos de acuerdo en que las cosas no pueden quedarse así.”
“…” Namazuo frunció el ceño, y miró nuevamente a su mellizo. “¿Eso es verdad?”
“Sí sería conveniente y oportuno que los integrantes de nuestra familia sean capaces de pelear. Nuestra vocación de protegerles no es mutuamente exclusiva y cada uno de nosotros tiene voluntad propia para decidirse por entrenar si es que así lo desea,” comentó Honebami con lentitud e inmutabilidad. “Lo único que sería imperativo es velar por su bienestar y educarles a comportarse debidamente. Pelear es riesgoso, después de todo, sin importar la habilidad que se pueda tener.”
“Son palabras muy ciertas,” Ichigo asintió y observó al pelinegro, quien se veía más tranquilo, aunque un tanto deprimido y contrariado. Le sonrió comprensivamente. “Entiendo muy bien la inquietud que te posee, Namazuo. Ni Honebami ni yo nos encontramos en paz con lo sucedido, pero como los mayores tenemos que mantener nuestra compostura. Te aseguro que lidiaremos con este problema a su debido tiempo, tienes mi palabra.”
“Lo sé… confío en lo que dices, Ichi-nii…” de todos modos, el pelinegro seguía muy entristecido por las noticias. Desvió su mirada, incómodo. “Me pesa decirlo, pero en momentos como este siento que hemos fallado a nuestros hermanos… temo que no seamos los hermanos que ellos necesitan…”
“Admito que comparto ese sentimiento,” dijo el mayor, sonriendo con torpeza. “Con frecuencia me encuentro cuestionándome sobre si yo realmente merezco ser el hermano mayor de esta tan cálida familia a la que pertenecemos, pero no nos corresponde dudar, y mucho menos ahora,” él llevó su mano derecha al pecho y adoptó una expresión solemne. “Por más que pueda sentirme desmerecedor, les debo a todos el respeto que tienen hacia mí y es mi deber velar por el bienestar de aquellos más importantes en mi vida,” luego de expresar sus deseos, Ichigo agarró a Namazuo de un hombro y le sonrió un poco. “Y es ahora que necesito de tu apoyo. Siempre has sabido invocar un aura de alegría y felicidad en nuestro hogar, y ello es justo lo que necesitamos. Quisiera que les dejaras entender a nuestros hermanos que no hay más de qué preocuparse y que todo está bien, porque realmente lo está.”
“…” Namazuo asintió, seriamente. “Lo comprendo.”
“…deberíamos ir a desayunar. Nuestros hermanos nos esperan,” comentó Honebami.
“Por supuesto, en marcha,” Ichigo asintió, un poco más animado. “Esta ha sido una conversación muy tranquilizante. No tienen de qué preocuparse, me aseguraré de que todo esté en orden.”
“…” el peliblanco asintió.
“Sí… siento las incomodidades, Ichi-nii…” se disculpó Namazuo, desviando su mirada.
“Tu inquietud se derivó de la preocupación que has sentido por nuestro hermano, y es evidente que nuestra familia te es de suma importancia. No necesitas disculparte ante mí, es entendible,” le aseguró el mayor, sonriendo con calma. “Sólo ruego que no te aflijas demasiado. No es saludable para ti, y Shinano podría preocuparse.”
“…” Honebami miró hacia la puerta de la habitación. “Podríamos ir a buscarle. Te hará bien hablar con él, Namazuo.”
“Sí, quisiera hacerlo. Tengo que ofrecerle todo el apoyo que puedo concederle…” al pensar en el pelirrojo, Namazuo sintió una breve tristeza que rápidamente se tornó en calidez, y sonrió torpemente. “No sé qué más puedo hacer por él cuando cuenta con todos ustedes, pero no puedo pensar así. Siempre he intentado apoyar a Shinano en lo posible. Él sigue siendo un niño.”
“También tiene un gran apego hacia nosotros. Eso es algo que el pasado no le quitó, felizmente,” comentó el mayor. Ichigo se vio a gusto de ver al pelinegro retornar al positivo estado de ánimo que le caracterizaba y se alegró de haberle ayudado a desahogarse. “No nos retrasemos más,” sonrió con leve alegría. “Hace mucho que la mesa del desayuno no ha estado tan llena. Debemos aprovechar este momento.”
“¡Oh, es verdad!” Namazuo se emocionó. “Casi somos todos. Sólo faltaría Atsushi.”
“Yagen tampoco estará. Fui a monitorear su condición y se encuentra con fiebre,” comentó Honebami. “Le pedí que mantuviera reposo en su habitación.”
“Es muy extraño que Yagen se enferme de este modo. Espero que no se encuentre realizando un sobreesfuerzo,” Ichigo se puso a pensar, preocupado. “Iré a visitarle después del desayuno.”
“Él estará bien, confío plenamente en él,” dijo el pelinegro, sonriente. “Quizás es un poco muy confiable como para ser nuestro lindo hermanito, eso sí. Debería dejarse engreír…”
“Yagen resiente que le trates de ese modo…” comentó el peliblanco, monótonamente.
“Haha, Namazuo no tiene malas intenciones,” el mayor se vio entretenido. “Admito que entiendo lo que siente. Quisiera que Yagen contara más con nuestro apoyo, pero sólo el hecho que se encuentra en casa recobrando su salud me da tranquilidad. Así es como debería ser.”
“Hay que ser pacientes con él, no queda de otra,” Namazuo se encogió de hombros. “¡Pero ya, nuestros hermanitos nos esperan!” dio un par de palmadas. “¡Despierten, estamos atrasados!”
“Es muy temprano para que seas tan ruidoso, Namazuo…” Honebami entrecerró sus ojos.

Ante ello, Ichigo volvió a reír levemente y acompañó a sus hermanos hacia el comedor principal. Se aliviaba por saber que todo estaba regresando a su lugar y que podía contar con la buena disposición de su unida familia.







Unos minutos más tarde, los hermanos se reunieron en el comedor para disfrutar de un desayuno en familia. El ambiente fue en un inicio ameno por la sorpresa de ver a Hakata y Gotou presentes, y hubo un breve momento de conversaciones tranquilas y triviales antes de que el hermano mayor les informara sobre lo sucedido el día anterior.

El peliceleste fue puntual y se ahorró detalles innecesarios para no inquietar a sus hermanos. Resumió las noticias en la mención del secuestro y cómo la policía y allegados al amigo de Shinano les apoyaron para resolver todo el asunto con rapidez y sin contratiempos. Shinano también ayudó a mantener la calma por estar sano y contento de estar presente, y se expresó sobre lo ocurrido con torpeza y bastante tranquilidad, además de asegurar que se encontraba bien.

De todos modos, pese a haber evadido mayores tensiones, los menores no estaban en paz con la situación.

“Esto es inquietante…” comentó Maeda, cabizbajo.
“Ya me parecía muy extraño que Shinano e Ichi-nii no hubieran regresado antes de irnos a dormir,” dijo Hirano, pensativo.
“¡Uhh, esos criminales son de lo peor!” regañó Houchou, poniendo sus puños sobre la mesa. “¡Son unos abusivos!”
“Tranquilo, Houchou, no podemos perder la calma,” le pidió Akita, un poco preocupado. “Sé que ha sido poco tiempo desde nuestra propia mala experiencia, pero no debes dejar que esas personas te hagan molestar tanto.”
“Hmm, es fácil decirlo…” cruzó sus brazos e hizo un puchero.
“¿S-seguro que te encuentras bien, Shinano-niisan?” preguntó Gokotai, quien abrazaba a uno de sus tigres a manera de disipar su miedo.
“Lo estoy, muchas gracias por preguntar,” el pelirrojo asintió y se levantó para extender su mano y acariciar al pequeño peliblanco en la cabeza. “No tienes que preocuparte. Me encuentro bien, y mejor ahora que estoy compartiendo el desayuno con todos. Tenemos que aprovechar este momento tan preciado, ¿no lo crees?”
“S-sí, por supuesto,” Gokotai asintió y sonrió con gusto. “Hehe, ha sido mucho tiempo.”
“No llegaron a verle, pero Shinano se recuperó con rapidez con sólo un descanso. Habrá que darle más crédito,” comentó Hakata, encogiéndose de hombros. “Resultó más resistente de lo que imaginé, después de todo.”
“O-oye…” Shinano le miró con reproche y dio un pesado suspiro. Supo que la rara preocupación del rubio hacia él iba a durar poco, pero seguía siendo duro oírle expresarse con tanta soltura e indiferencia. Realmente quería que le respetara un poco más.
“Ya, no seas tan cruel con Shinano,” le recriminó Gotou.
“¿Hm? No lo era, le estaba dando un cumplido,” dijo el rubio, confundido.
“Es sinceramente un gran alivio para todos que nada serio haya ocurrido ayer, y también era nuestra obligación mantenerles informados,” resumió Ichigo, sonriendo tranquilamente. “Les aseguro que no tienen de qué preocuparse. Nuestros respectivos centros de estudio son ambientes respetables y seguros, sólo necesitan mantener el cuidado que siempre tienen. También quiero recordarles que es parte de nuestra familia mantenernos unidos y ayudarnos mutuamente cuando lo necesitemos. Si en algún momento necesitan de ayuda, no duden en contactarme,” se levantó de su asiento y puso una mano sobre su pecho, para hacer una corta venia. “Como su hermano mayor, estoy cometido a apoyarles en todo lo posible.”
“¡Y también cuentan con nosotros!” exclamó Namazuo, quien se levantó y jaló a Honebami de la muñeca para también hacerle ponerse de pie. “¡Somos sus mellizos fantásticos!”
“…” Honebami zafó su mano con fuerza, y pasó a asentir, sin decir una palabra.
“Estamos perpetuamente agradecidos con ustedes,” dijo Maeda, asintiendo. “Pondremos de nuestra parte para merecer la devoción que nos guardan…”
“Nuestra familia se mantiene unida por amor incondicional, Maeda, y yo soy quien se siente afortunado de tenerlos como mis hermanos,” admitió Ichigo, contento. “No dejo de sentirme orgulloso por cada uno de ustedes.”
“Hehe, siempre has sido muy bueno con nosotros, Ichi-nii,” Akita sonrió ampliamente.
“Pienso que deberíamos alistarnos para irnos a clases,” comentó Hirano, quien no había dejado de mirar al reloj de pie en ese ambiente. “No deberíamos llegar tarde.”
“Es muy temprano todavía,” Houchou seguía degustando unos pequeños rollos de canela de una fuente cercana con mucho placer. “No podemos echar la comida a perder.”
“Ehm, es cierto…” Gokotai asintió y se animó por probar uno de ellos. “¡Oh, son deliciosos!”
“Ustedes sigan desayunando,” dijo Gotou, quien se levantó de su sitio luego de haber recogido sus cosas. “Recordé que tengo unas llamadas que atender, así que me excuso.”
“No vuelvas a atarearte ahora que estás en casa,” dijo Shinano, con leve reproche. “Aprovecha tu día libre.”
“No es que haya tomado este día como libre, Shinano,” el otro negó. “Y tú tranquilo, que no tengo mucho que hacer hoy. Ya me decidí a acompañarte un rato.”
“Bueno, no quisiera ir a clases, pero tengo una temprano,” dijo Namazuo, con leve frustración. “Debería buscar dónde dejé el cuaderno de esa materia…”
“Por mi parte, iré a ver si Yagen se encuentra un poco mejor,” dijo Ichigo.
“Te acompaño,” Honebami asintió.
“Oh, ¿podríamos ir a ver a Yagen-nii?” preguntó Hakata.
“Lo mejor es dejarle descansar,” contestó el peliceleste, amablemente. “Descuiden. Saben lo fuerte que Yagen es, se recuperará de inmediato.”
“E-espero que sí…” Gokotai asintió, un poco afligido.

De ese modo, los hermanos levantaron sesión mientras los pequeños terminaban de desayunar antes de ir a sus clases. Dentro de ese tranquilo día, un suceso un poco fuera de lo usual estaba pronto a ocurrir…




Ichigo cumplió con su palabra y acudió a la habitación de Yagen junto con Honebami. Ahí, los mayores encontraron al pelinegro recostado, aunque despierto. Fue evidente por un pequeño rubor en las mejillas del doctor que se encontraba con una fiebre considerable, pero aparte de ello, Yagen nunca se dignaría a mostrar indicios de debilidad.

“¿Cómo te sientes?” preguntó el peliceleste, visiblemente consternado. “Esto es peor de lo que pensé. Pienso que deberíamos llamar a un doctor.”
“No es necesario,” Yagen se ofuscó y desvió su mirada. “Ciertamente padezco de fiebre, un poco de debilidad y leves nauseas, pero es algo que pasará con descanso y propia hidratación. No le des mayor importancia.”
“No puedo dejar que seas tan obstinado, Yagen,” Ichigo frunció el ceño. “Es nuestro deber velar por tu salud y bienestar. Deja de negarte tan irracionalmente.”
“Lamento la incomodidad, pero sé lo que digo. Soy un doctor,” Yagen dio un suspiro. “Si no mejoro para la tarde, dejaré que contactes a un doctor, aunque esta enfermedad debería pasar con la ayuda de mi propio sistema inmunológico. No sería imprudente con esto.”
“Es cierto que no puedo dudar de tus habilidades,” el mayor negó. “De todos modos, me aseguraré de regresar para la tarde a monitorear tu salud.”
“Sé que tienes mucho de qué encargarte, Ichi-nii. Sólo ven si no implicaría problemas en tu horario,” le pidió Yagen, incómodo. “No quiero ser una incomodidad para ti, estaré bien.”
“Somos Toushirou, Yagen, y nos caracteriza la lealtad y el apoyo. No debería decírtelo,” se expresó el peliceleste, con tristeza. Desde que era capaz de recordar, Yagen había sido demasiado independiente y desligado de la familia, al punto en el cual era casi un enigma. “Tú eres leal hacia nosotros y harías lo que fuera por auxiliarnos. Deberías ser justo y dejarnos hacer lo mismo por ti. Mi asistencia hacia ti no es ninguna inconveniencia en lo absoluto.”
“Lo sé, no me sorprende oír esas palabras de tu parte… lo siento…” el doctor se notaba incómodo, como quien quería dejar de lado esa conversación.
“Ayer te encontramos preparando un té en la cocina cuando regresamos,” observó Honebami. “Contamos con sirvientes las veinticuatro horas. No tenías por qué salir.”
“…llevaba varias horas postrado en cama. Tenía que salir a hacer algo,” Yagen sonrió con ironía. Era raro ser requintado, especialmente por el peliblanco. “No llevaba mucho tiempo afuera. Sólo quería tomar algo caliente.”
“También te levantaste en plena noche y deambulaste…"
“…” Ichigo miró a Honebami con leve intriga. Siempre se sorprendía de la vigilia de su hermano, a quien prácticamente no se le escapaba nada, sin importar las circunstancias.
“Necesitaba despejar mi mente…” Yagen negó. “No pude dormir bien. Luego de escuchar lo que le ocurrió a Shinano…”
“Yo tampoco pude hacerlo,” confesó el peliceleste. “Pero ya no hay por qué inquietarnos. Shinano se encuentra mucho mejor y todo está en orden. Por ello mismo, espero que puedas descansar. Si tienes algún malestar, avísanos y te conseguiremos medicina para aliviarte.”
“Me encuentro bien, gracias…”
“No es una mala idea,” Honebami asintió, y revisó su celular. “Mantengo una lista de medicinas adecuadas para aliviar los síntomas de la gripe. Podemos ir a conseguirlas.”
“Tch…” Yagen se vio levemente molesto. “Ya les he dicho que sólo necesito descansar…”
“Si bien te resistes a recibir atención médica, pienso que encontrar alivio del malestar te permitirá descansar como te lo has propuesto,” argumentó Ichigo, convencido. “Nos has dado suficientes instrucciones sobre cómo no debemos abusar de los medicamentos, y sé que este tipo de analgésicos son la medicina correcta cuando no se requiere de mayores atenciones. Además, te permitirán dormir. Noto que no te encuentras somnoliento.”
“Estoy acostumbrado a no descansar mucho, y tiendo a tener problemas durmiendo,” Yagen negó. “Está bien, si tanto insistes, haré caso a lo que dices, Ichi-nii.”
“Ojalá no fuera tan difícil hacerte entrar en razón,” el peliceleste asintió y sonrió un poco. “Iremos a conseguir la medicina y regresaremos de inmediato.”
“Antes de que se vayan…” el doctor miró momentáneamente a su celular. “Tsurumaru me envió un mensaje con respecto a lo ocurrido ayer. Dijo que uno de los secuestradores fue cubierto en llamas por la explosión de su celular.”
“…” Honebami asintió. “No hay más que reportar al respecto.”
“Si lo hay…” Yagen miró al peliblanco fijamente. “Tú no puedes ser expuesto al fuego, Honebami, y tú tampoco, Ichi-nii. Ustedes padecen de pirofobia,” entrecerró sus ojos. “El fuego les resulta dañino a un nivel psicológico y puede hacerles perder el control. Espero que no se encuentren todavía afectados por lo que vieron.”
“Me avergüenza decir más bien que no reparé en que una persona inconsciente estaba siendo consumida por las llamas,” confesó Ichigo, incómodo y desviando su mirada. “Entré lo más rápido que pude a ese almacén e ignoré el fuego en lo posible. Mi mente estaba enfocada en dar con Shinano por encima de todo. Menos mal que los paramédicos pudieron rescatar a esa persona de su aflicción.”
“…” el peliblanco se mantuvo inmutado. “Aquel fuego sí me alteró. Comencé a desmedir mi fuerza desde ese instante, pero Shinano me detuvo. No tienes de qué preocuparte, Yagen. Esa inquietud ya no persiste. Ha sido olvidada.”
“Tampoco es el momento para que tú te andes preocupando por nosotros,” recalcó el peliceleste. “Se podría decir que el fuego continúa siendo nuestra debilidad desde aquel incidente de hace varios años, pero tanto Namazuo como nosotros hemos aprendido a lidiar con ello con el paso del tiempo. Nos encontramos bien, Yagen, tienes mi palabra.”
“Si así lo dices…”
“Y debo expresar alegría de que te hayas puesto en contacto con Tsurumaru. Yo sé que se llevan mucho mejor de lo que quisieran admitir.”
“Sin duda me hizo un favor por mantenerme informado, pero no nos sobreestimes,” el doctor negó y sonrió un poco. “Él y yo somos incompatibles. Sólo le agradezco de que se encuentre lo suficientemente preocupado por ustedes como para avisarme de este percance, nada más.”
“Esa actitud infantil de no llevarse bien no les es saludable,” observó Ichigo, sonriendo con torpeza. “Pero creo comprender que sus riñas se derivan más como entretenimiento.”
“Como gustes,” Yagen desvió su mirada y dio un suspiro. “No quisiera ser descortés hacia ustedes, pero no me siento con ánimos ni energías de hablar mucho más. Quisiera descansar un poco en soledad, por favor.”
“Es entendible,” observó Honebami, asintiendo.
“Iremos por la medicina y regresaremos cuanto antes,” dijo el mayor.





“Veo que ya se andan alistando para ir a clases,” observó Hakata. Él acompañaba a sus hermanos en la cocina principal de la mansión, mientras cada uno de ellos terminaba de llenar su lonchera con su merienda predilecta.
“Tú no tienes que atender clases hasta después de vacaciones, ¿cierto?” preguntó Houchou, quien a diferencia de los demás había optado por una lonchera nada saludable y llena de dulces, como era usual en él. “Uhh, qué suerte la tuya. Podría usar una siesta justo ahorita…”
“Hehe, mi semestre terminó prematuramente, aunque espero con ansias estudiar dentro de la ciudad al igual que ustedes,” el rubio asintió, sonriente. “De momento me aseguraré a acompañar a Gotou-nii. Siempre tengo mucho que aprender de él.”
“¿Y dónde piensas estudiar?” preguntó Akita.
“Pensaba ir a la secundaria de Rizembool, pero como ya estoy avanzado en varios cursos, será medio tiempo en la secundaria y medio tiempo en la universidad, con nuestros hermanos,” los lentes de Hakata brillaron. “Heh, tengo que aprovechar esta oportunidad para lucir mi intelecto y probarme ante ellos.”
“Ohh, estoy seguro que lo harás,” Gokotai asintió y sonrió tímidamente. “Siempre he sentido mucha admiración hacia ti, Hakata. Eres decidido, seguro y muy valiente. Ehm… yo quisiera estudiar en la universidad junto con Namazuo-niisan… aunque tengo tanto miedo de Rizembool que no sé si llegaré a hacerlo…”
“Sé que Rizembool tiene sus falencias, y los Rebels son un asunto muy serio, pero realmente hay muchos lados positivos de mi institución,” comentó Maeda, con una tranquila sonrisa. “Tengo compañeros excepcionales y el ambiente es acogedor. Los revoltosos son una gran minoría y no afectan a los demás.”
“Entiendo lo que dices, pero…” Hirano desvió su mirada. Era fácil decirlo.
“No tengo miedo de revoltosos, para ser sinceros,” Hakata se encogió de hombros, restándole importancia y sonriendo autosuficiente. “Por mis estudios avanzados siempre he estado rodeado de gente mayor, y por mis intereses en los mercados y la bolsa de valores, sé manejarme en medio de las personas. Rizembool no sería más que otro desafío para mí.”
“D-de todos modos, ten cuidado, por favor…” le pidió Gokotai, un poco retraído.
“Tú tranquilo. Soy pequeño, pero no me pueden subestimar,” le aseguró su hermanito. “Vaya, Gokotai. Eres dos años mayor que yo. No deberías intimidarte tan fácilmente.”
“¡E-ehh, p-perdón!”
“No le hagas sentir mal, Hakata,” observó Akita.
“No era mi intención, perdón,” dio un suspiro. “Y bueno, aquí entre nos, tengo una meta a la que apuntar ahora que entro a la universidad.”
“¿Qué tienes en mente?” preguntó Houchou. Él rápidamente se emocionó. “¡Ohh! ¡Si no me equivoco, Rizembool tiene un programa muy bueno de culinaria! ¡Uno de estos días tengo que ir a buscar su restaurante y degustar todos los dulces que ofrecen al público!”
“Ehm… no sé qué tiene que ver eso con lo que voy a decir…” el rubio se confundió brevemente. “Ehem, lo que quiero hacer es lograr estudiar cerca de Yagen-nii. Nuestros hermanos mayores no paran de mencionar que es un gran genio, incluso Gotou-nii reconoce que es más inteligente que él, por más orgulloso que sea,” sus ojos brillaron. “Me haría gran ilusión. Nunca me he sentido desafiado por los estudios, y pienso que Yagen-nii puede cambiar eso.”
“Esa es una gran meta, y admito que también me sentiría privilegiado de contar con esa oportunidad,” dijo Hirano, meditativo. “Pero siempre oímos que Yagen-niisan se encuentra muy ocupado y es difícil que él sea abierto con nosotros. No sé qué tan posible sea…”
“Espero que se dé, y que Yagen-niisan se vuelva más cercano,” comentó Akita. Él sonrió un poco. “Anímense, que creo que es muy posible que suceda, sólo tenemos que esperarlo.”
“Hmm, pero ahora que está aquí ni lo podemos ver porque anda enfermo. No es justo…” Houchou bajó su mirada, y repentinamente se vio inspirado. “¡Ohh, tal vez sea nuestra oportunidad!”
“¿A qué te refieres?” preguntó Maeda.
“Ustedes saben cómo Yagen-niisan viene ocasionalmente para cuidar de nosotros si nos sentimos mal o caemos enfermos, ¿cierto?” Houchou sonrió. “Ahora que él está enfermo es nuestro deber cuidar de él.”
“Hm, me parece bien,” Hakata sonrió complacido. “Nada mal, tenemos que seguir el principio de cuidar de nuestros hermanos. No tenemos muchas oportunidades de vigilar a nuestros mayores.”
“Pero no tenemos mucho tiempo ahora,” dijo Hirano, levemente preocupado. “El chofer nos espera y podríamos llegar tarde a clases.”
“Hirano, sigue siendo temprano,” observó Houchou, impaciente. “Más bien no entiendo por qué nos levantan tan temprano todos los días si es que siempre llegamos antes que los estudiantes que deben limpiar. Pienso que debemos llevarle un poco de desayuno antes de salir, ¿quién está conmigo?”
“Ehm… Houchou…” por su lado, Gokotai no se veía convencido. “Ichi-nii ya nos dijo que debemos dejar que Yagen-niisan descanse… puede que no sea una buena idea…”
“Es verdad, y descansar es muy importante,” agregó Akita. “No sé si Yagen-niisan necesita de nosotros justo ahora…”
“Pero hermanos…” hizo un puchero.
“Ehh, no sé qué decir, pero no puede doler irle a visitar y darle nuestros mejores deseos,” opinó Maeda, sonriendo con torpeza.
“Sí, supongo que podemos hacer eso,” Hirano asintió.
“Sí, me parece bien,” Houchou sonrió. “Y de paso le llevamos el desayuno.”
“Tú no quieres perder, ¿verdad?” Hakata se ajustó las gafas.
“¡Es que es una buena idea, créanme!” soltó un berrinche, agitando sus puños.
“Puede que lo sea, pero hay que hacerlo rápido o sí se atrasarán,” sugirió el rubio.
“¡Sí, enseguida!”




Después de terminar el desayuno, Shinano había regresado a su habitación para continuar desempacando. Al haber estado un año fuera de su hogar, tenía un montón de cosas que organizar, y el tiempo sólo le había dado para excavar entre sus maletas y encontrar los regalos que había traído para todos sus hermanitos.

De repente, él oyó la puerta de su habitación abrirse y vio que se trataba de Namazuo.

“Shinano, ¿tienes un momento?” le preguntó este.
“Sí, más bien debería preocuparme que tú no asistas clases hoy,” el pelirrojo sonrió incómodo. “¿Encontraste tu cuaderno?”
“Pues, creo que me rindo…” Namazuo dio un suspiro. “Tampoco puedo asegurar que está en mi habitación. Seguro y se me olvidó en algún jardín de la universidad un día que me di una siesta.”
“Ehh, lo siento mucho…”
“¿Por qué te disculpas?” el mayor aguantó sus ganas de reír. “Le pediré a Honebami que me preste su cuaderno. Él ya tomó el curso y confío mucho más en sus notas que en las mías.”
“Pues sí, pero podría molestarse contigo si le pides ayuda con tanta frecuencia…”
“Vamos, no hablemos de mí,” Namazuo se sentó sobre la cama de su hermanito y le miró atentamente, con una simpática sonrisa. “Estoy aquí para atenderte. Lo que has vivido ha sido demasiado duro, pero seguramente ya lo has oído demasiado.”
“Gracias por tu atención, Namazuo-nii,” Shinano sonrió rendido y desvió su mirada. “Pues… estoy bien… y realmente no sé qué más decir que eso…”
“Es una buena respuesta, lo sé bien…” el pelinegro negó y se levantó, para acercarse al otro con un semblante más serio. “Pero no es del todo cierto. Nadie estaría bien luego de una experiencia como esa. No te pido que compartas nada conmigo si no quieres hacerlo, sólo que…” se vio un poco triste. “…no quiero que sientas que debes mentirme a mí, Shinano.”
“Lo sé, sé que cuento contigo…” el pelirrojo asintió y bajó su mirada. “Perdón…”
“¿…por qué te disculpas?” ello no había sentado bien en Namazuo, quien frunció el ceño y agarró a su hermano de los hombros para que le mirara. “No tiene sentido que lo hagas.”
“Siento tener que haber causado tantos problemas, también siento mucho estarles preocupando tanto. O sea, lo entiendo, yo haría lo mismo por ustedes… pero aun así…” sonrió apenado.
“…” al oírle, Namazuo le soltó y caminó hacia la ventana de la habitación, para mirar hacia el jardín. Él dio un suspiro y se expresó meditabundo. “Quiero serte un apoyo incondicional, pero sí tengo algo que cuestionarte. Ichi-nii me dijo que en ningún momento cooperaste con tus secuestradores… ¿tienes idea de lo peligroso que eso pudo ser?”
“…” desvió su mirada.
“Entiendo tu lógica. Nosotros nunca querríamos hacer algo posiblemente dañino para nuestra familia, pero tu vida estaba en juego. Y realmente… lo que más me fastidia de tu decisión es la poca importancia que te diste a ti mismo…”
“Namazuo-nii…”
“Tanto te quejas de Yagen o Gotou siendo profesionales con la familia e impersonales cuando tú eres igual a ellos,” observó con una voz estresada y frustrada. Namazuo encaró a Shinano con una actitud levemente demandante. “Tú también te estás enfocando el seguir tu insano rol de ser un apoyo para nosotros por encima de tu bienestar, y no estoy de acuerdo con eso,” comprimió sus puños. “Shinano, no puedo dejar que sigas pidiendo tanto de ti mismo, sobre todo en momentos en los cuales necesitaste de nuestra ayuda. Piensa un poco en ti. Por más que nosotros queramos cuidarte, tú eres el único quien realmente puede hacerlo. Tsk… yo no podría hacer nada por ti si tú mismo te abandonas. Entiéndelo, por favor…”
“S-sí, lo entiendo…” el pelirrojo estaba impresionado por aquella actitud tan extraña de su alegre hermano mayor. “No quise preocuparte tanto… p-puede que no quieras oírme disculparme nuevamente… pero…”
“Ya ha sido suficiente, Shinano,” dijo esto, Namazuo se acercó para abrazarle. “Yo también quisiera disculparme por no haber estado ahí para salvarte, pese a no haber sido posible. Entiendo ese sentimiento que cargas, ese que te hace descargarte en disculpas, pero no intentes verlo de esa manera… nosotros estamos aquí para apoyarte y tienes el derecho de toda nuestra ayuda y consuelo simplemente porque eres tú. No tienes que hacer nada para ganarte nuestro amor y apoyo, nunca lo olvides.”
“S-sí…” su voz tembló. “Gracias…”
“Tampoco es para que me agradezcas…” su hermano le soltó y volvió a sonreírle. “Bien, me alegro haber tenido esta conversación contigo. No quiero que te lleves la impresión incorrecta. Yo estoy de tu lado, pero a veces me toca ser un poco duro para que me hagas caso.”
“Eres sin duda más confiable de lo que aparentas, Namazuo-nii, lo sé bien,” Shinano asintió convencido. “Realmente significa un montón para mí… eh, pero deberías estarte alistando para ir a clases.”
“Ya me estaba haciendo la idea de que voy a faltar,” el pelinegro se encogió de hombros. “Y estoy en un tema que no entendí desde la primera clase. No haría mucha diferencia.”
“Uhh, no tengas esa actitud,” el pelirrojo negó, frustrado. “Vamos a tu habitación. Te ayudaré a buscar tu cuaderno.”
“Ehh, mi habitación es un desastre, no tienes que hacerlo.”
“Es algo que quiero hacer, no me detendrás,” Shinano se vio decidido. “Y no te resistas.”
“Bueno, si insistes…”






Había pasado alrededor de un cuarto de hora desde que Yagen tuvo la visita de parte de sus hermanos mayores, quienes quizás tardarían la misma cantidad de tiempo en regresar de ir a comprar la medicina. El doctor había apreciado el momento de tranquilidad que tuvo después de esa conversación con sus hermanos, y se encontraba cómodo y un poco somnoliento, aunque estaba decidido a esperar a sus mayores antes de concederse a descansar.

Entonces, él pudo oír pasos por el pasillo que se acercaban. Supo de inmediato que se trataba de sus hermanitos, lo cual le extrañó ya que esperaría que ellos estuvieran camino al colegio. Primero oyó un muy tímido toque en su puerta, pero antes de pretender contestar, Houchou se aventuró a abrir la puerta sin esperar aprobación.

“¡Yagen-niisan, buenos días!” dijo con una amplia y brillante sonrisa. “¡Te hemos traído el desayuno! ¡Está delicioso!”
“B-buenos días,” Hirano hizo una breve reverencia al mayor y luego miró con reproche a Houchou. “Oye, realmente creo que no deberíamos molestarle así.”
“No es una molestia, a mi parecer,” dijo Hakata, sonriendo rendido. Él también ayudaba a cargar una bandeja con bocadillos y un jugo de naranja. “El desayuno de hoy sí estuvo delicioso.”
“…” por su parte, Yagen se notaba confundido. Él sonrió frustrado. “Buenos días a todos. Les agradezco su consideración, pero no es necesario. No tengo mucha hambre…”
“Pienso que es normal carecer de apetito cuando se está enfermo, Yagen-niisan,” comentó Maeda, quien traía una bandeja con un tazón de avena caliente. “Sin embargo, considero que sí sería saludable que te mantengas bien alimentado. Queremos que te repongas pronto.”
“Vamos, hermanos, si Yagen-niisan no se encuentra con ánimos de comer ahora, deberíamos respetarlo,” dijo Akita.
“P-pienso lo mismo…” Gokotai estaba cabizbajo. Pese a no estar de acuerdo con la idea del desayuno, había sido impuesto llevar una bandeja con un omelet. “Ehh… m-mejor regreso esto a la cocina…”
 “¡No! ¡El omelet es importante!” demandó Houchou, autoritariamente. “¡Tú te quedas justo donde estás!”
“¡S-sí!” el pequeño peliblanco asintió cerrando sus ojos con fuerza, con leve temor.
“Gokotai, no deberías dejarte mandar así…” Akita se preocupó un poco.
“Oigan, no tenemos todo el día,” observó Hakata. “¿Qué le servimos primero?”
“Hmm, buena pregunta…” Houchou asintió y se puso a pensar. “Los rollos de canela están deliciosos, pero no sé si por eso debería honorarles con ser primeros, o si mejor se guardan para el gran final…”
“Yagen-niisan no debe andar con muchas ganas de comer. Opino que la avena es lo más nutritivo,” sugirió Maeda, sonriendo.
“Hm, buen punto, pero no se olviden que el jugo de naranja es clásico para un desayuno,” dijo Hakata, decidido.
“Uhh, si todos andan marketeando sus propias bandejas, entonces haré lo mismo,” observó Houchou. “¡Así que mejor empecemos por los rollos de canela!” él extendió su bandeja a su hermano mayor. “¡Yagen-niisan, sírvete por favor! ¡No te vas a arrepentir!”
“N-no, está bien…” el pelinegro levantó sus palmas, con pesar. De tratarse de cualquiera de sus otros hermanos, él ya se habría negado rotundamente y quizás hasta reclamado por esa intromisión, pero Yagen siempre había tenido un trato más considerado con los seis menores de su familia, al punto en el cual se le hacía incómodo lidiar con ellos. No se sentía bien, y sólo oír a sus hermanitos discutir le estaba agobiando bastante. Esos rollos de canela en general no eran de su agrado, y en ese preciso momento le inspiraban rechazo. “Apreció sinceramente su dedicación hacia mí, pero es suficiente, por favor…”
“Nii-san…” Hirano pudo comprender el malestar del mayor, y decidió poner un alto. Él se acercó donde Houchou. “Ya, es suficiente. Yagen-niisan está indispuesto. Entiende que sólo le estamos importunando con nuestra presencia.”
“Esa no es nuestra intención, Hirano, y yo sé que degustar de estos dulces le hará mucho bien.”
“Ponte a pensar un poco más en la situación,” dicho esto, Hirano le quitó la bandeja a Houchou.
“¡Oye!” este se lo tomó a mal y agarró nuevamente su bandeja para jalonearla. “¡Dámela!”
“¡Deja de fastidiar a nuestro hermano!”
“¡Tú deja de meterte en nuestros planes!”
“¡Ahora deja de jalar la bandeja!”
“¡Tú deja de jalarla!”
“H-hermanos, no se peleen, por favor,” pidió Maeda, alarmado. Se acercó al par que se peleaba, sin saber qué hacer para arreglar la situación. “Pongan un alto y hablemos tranquilamente sobre esto, por favor. No hay necesidad de esta riña.”
“Maeda tiene razón, compórtense, así fastidiamos a cualquiera,” observó Hakata. Él se impacientó al ver al par hacer caso omiso a sus palabras. “¡Ya, deténganse!”
“¡Ahhhh!” Houchou dio un impulso y logró arrancar la bandeja a Hirano, quien nunca tuvo oportunidad de ganarle al ser tres años menor a él. Sin embargo, los rollos de canela salieron volando en todas direcciones. Y lo peor estaba por ocurrir.
“¡A-ayuda!” al haber estado cerca, Maeda fue golpeado por la bandeja arrancada, lo cual le hizo perder el equilibrio. Luego de un fallido intento de no caerse, el tazón con avena terminó volcándose encima de Yagen.
“Tch…” este entrecerró sus ojos, al borde de perder la paciencia. La avena estaba caliente y su presente estado de salud no hizo ese percance más pasable, más bien todo lo contrario.
“Eh…” Houchou se quedó en shock con un tic en el párpado.

Hubo un silencio sepulcral y vieron al hermano mayor levantarse y caminar a paso rápido hacia su baño privado.

“N-nii-san…” Gokotai temblaba. Este no dijo nada de respuesta e ingresó al baño, poniendo seguro a la puerta.

Siguió otro silencio mientras todos intercambiaron miradas, pero estaban igual de confundidos con respecto a qué hacer.

“¿Q-qué hemos hecho…?” preguntó Maeda con horror, mientras miraba al tazón de avena boca abajo sobre el suelo de la habitación.

« Last Edit: April 25, 2018, 07:32:10 PM by Cho »


Cho

Segunda parte.

56.2.




“Ahh…” Shinano estaba de pie en un hueco de piso limpio en medio del desastre campal al que Namazuo llamaba su habitación. El pelirrojo agarró su cabeza con ambas manos. “¿Cómo eres capaz de vivir en pleno desastre, Namazuo-nii?”
“Es por esto que no me gusta dejar a nadie entrar a mi habitación…” se lamentó el pelinegro, quien estaba revisando un conjunto de libros y cuadernos amontonados a un rincón. “Ichi-nii no ha visto esto, así que no le digas…”
“Ya le veo dándote una reprimenda…” negó frustrado.
“Sí, y tus tres queridos hermanos me comerían vivo,” Namazuo dio un suspiro. “Honebami ya lo ha visto y me exigió que me organice, pero es tan difícil… y Gokotai también lo sabe, pero él es un hermoso pan de dios que me quiere por más que tenga instintos de hoarder.”
“En serio, creo que hay muchas cosas que botar de aquí…” Shinano negó. Al menos su desorden era bastante limpio y parecía que la habitación se mantenía bien ventilada. “Namazuo-nii, no puedo dejar que vivas de este modo. Uno de estos días te ayudaré a ordenar este desastre.”
“Veo que también eres comprensivo conmigo, muchas gracias~” el mayor celebró, y rápidamente sonrió incómodo al notar al pelirrojo un poco molesto con él. “Ehh…”
“Intentaré ser paciente…” se resignó, cuando entonces los dos oyeron a sus hermanitos hablar caóticamente por el pasillo. “¿Eh? ¿Qué hacen todavía aquí? Pensé que ya se habían ido…”
“Vamos a ver.”

Los dos salieron y se toparon con los pequeños, quienes regresaban de uno de los almacenes de limpieza con distintos productos, escobas e instrumentos. Ellos se notaban un poco estresados y torturados por algún motivo. Al observar a sus mayores, se acercaron con rapidez.

“Oigan, ¿qué pasó?” preguntó Shinano.
“¡Ihh, Namazuo-niisan!” Gokotai llegó donde el pelinegro y se aferró de él. El pequeño peliblanco tenía lágrimas en los ojos.
“Oye, tranquilo, Gokotai,” su mayor le dio un par de palmaditas y le sonrió animado. “¿Qué necesitas? Soy todo oídos.”
“P-pues… verán…”

Cinco minutos después, todos acudieron al lugar de los hechos, donde Shinano y Namazuo pudieron presenciar el desastre que había sucedido.

“Pues sí, le llovieron encima…” comentó Namazuo mientras levantaba las sábanas que estaban sucias y empapadas.
“Estoy completamente arrepentido,” dijo Maeda, quien se dejó caer al suelo de rodillas. “Mi descuido es lo que ocasionó este tan lamentable accidente. No tengo excusa.”
“No, no digas eso, Maeda,” Hirano negó rotundamente y bajó su mirada. “Tú intentaste detener nuestra riña y fuiste empujado por nosotros… esto cae más bajo mi responsabilidad.”
“Uhh…” Houchou comprimió sus puños y desvió su mirada mientras inflaba sus cachetes. “Supongo… esto es más mi culpa… usé mucha fuerza…”
“Creo que todos somos un poco responsables aquí, no hay por qué asignar culpa a nadie,” Hakata dio un suspiro, desanimado. “Debimos escuchar a Akita y Gokotai en vez de venir a incomodar a Yagen-nii. Ahora debe estar furioso con nosotros…”
“S-seguramente…” Gokotai tembló ligeramente.
“Espero que Yagen-niisan esté bien. Hace un rato que no ha salido del baño…” comentó Akita. Acto seguido, los seis hermanos se vieron apenados y un poco preocupados.
“Ustedes tranquilos. Les aseguro que Yagen no está molesto con ustedes,” observó Shinano, sonriendo con dulzura. “Él sería incapaz de culparles por esto.”
“Hehe, es muy cierto,” Namazuo asintió. “Puede que no se encuentre muy bien de salud, pero él los quiere mucho a todos ustedes y aprecia mucho que hayan tenido esta voluntad de servirle,” levantó un índice y les sonrió amenamente. “Cuando alguien está decaído, lo mejor es dejarle descansar y esperar a que se mejore un poco. Una vez eso sucede, recién pueden ofrecerle todas las atenciones que quieran, ¿han comprendido?”
“Sí, no volverá a suceder,” Maeda asintió, con tristeza.
“Deberíamos irnos, pero tenemos que disculparnos con Yagen-niisan,” dijo Hirano. Él miró hacia la puerta cerrada del baño. “Aunque no sé si se encuentre dispuesto.”
“Quisiera tocar la puerta… pero ya hemos hecho mucho por hoy…” observó Houchou.
“Oh, permítanme,” Namazuo sonrió y fue hacia el baño, para tocar un par de veces. “¡Yagen, nuestros lindos hermanitos se están yendo a clases! ¡Ellos quieren disculparse contigo!”

Sin embargo, no hubo respuesta alguna. Ello confundió a los presentes, ya que no había forma de que el doctor no hubiera oído el llamado de parte de su hermano mayor.

“Qué extraño…” Shinano frunció el ceño, y justo entonces Gotou entró a esa habitación.
“Conque aquí están,” este se vio un poco malhumorado. “El chofer pregunta por ustedes. Vayan a la escuela cuanto antes,” entonces, él observó el desastre sobre la cama de la habitación. “¿Eh? ¿Qué pasó aquí?”
“Los pequeños intentaron servirle el desayuno a Yagen, y hubo un accidente,” resumió el pelirrojo, desviando la mirada. “Él está en el baño, pero no nos contesta.”
“Ni que fuera el fin del mundo,” impaciente, Gotou caminó a la puerta del baño y la tocó con fuerza. “Yagen, sal de ahí,” nada, así que volvió a tocar. “Oye, no nos ignores.”
“Quizás sería mejor hablar con él más tarde…” dijo Akita, incómodo.
“¿Eh?” Gotou tomó el manojo de la puerta y se sorprendió de que este estuviera sin seguro. De inmediato tuvo un mal presentimiento, pero no se ahorró las ganas de ingresar y comprobarlo.

Él entró y Shinano le siguió de cerca. Se toparon con ese baño impecable y ordenado, el cual estaba completamente vacío. De Yagen sólo estaban sus pijamas sucias en una cesta de ropa, porque el doctor se había esfumado por completo.

“¿Qué demonios?” preguntó Gotou, sorprendido.
“Ehh, la ventana está abierta… p-pero es una apertura muy angosta… y estamos en el segundo piso… y no hay árboles cercanos…” comentó Shinano, impresionado. ¿Cómo pudo su hermano con fiebre alistarse para la calle y escapar bajo esas condiciones?
“¡Tsk, tremendo imbécil!”
“¡G-Gotou, tranquilízate, por favor!”
“¿Ehh? ¿Yagen-niisan no está aquí?” preguntó Gokotai, consternado.
“¿Hablan en serio?” Akita se tapó la boca con las manos. “Pero él estaba muy débil.”
“No puede ser, debería estar descansando,” dijo Maeda, apenado.
“Una salida como esta le puede hacer recaer…” Hirano negó. “R-realmente le incomodamos un montón, ¿no es así?”
“¿A-acaso se fue por nuestra culpa…?” los ojos de Houchou temblaron.
“¿Q-qué deberíamos hacer ahora?” Hakata se tensó. “No puedo pensar en una solución para esto… ¿cómo le encontraríamos?”
“O-o-oigan, no pierdan la calma. T-todo está bien, lo juro,” se apresuró en decir Namazuo, moviendo sus palmas. Él también estaba sorprendido por ese inesperado desarrollo, pero se enfocó en apaciguar a los pequeños. “Ehh, ya saben cómo es su hermano. Es un poco reservado e inconsciente a veces, pero no tienen que preocuparse por él. Verán que regresará y se repondrá en menos de lo que esperan.”
“E-eso es muy cierto,” dijo Shinano, forzando una sonrisa. Él tuvo que hacer un gran esfuerzo por no desencadenar una serie de facepalms en aquel instante. “Y no se lo tomen personal. Conociéndole, Yagen fue a darse una vuelta para despejarse y está por regresar. Es su hábito.”
“P-puede ser, pero nosotros le causamos esto…” se lamentó Hakata, bajando la mirada. “Ichi-nii se va a decepcionar… debí haberle oído cuando estuvimos en el comedor…”
“Tú tranquilo, Hakata. A lo mucho les pedirá que tengan más cuidado, pero no hagan tantos líos de esta situación,” dijo Gotou, encogiéndose de hombros. Él sonrió un poco. “Ya pasó y esto es menos serio de lo que creen. Yagen no les culparía y para la noche ya se habrán olvidado de que esto ha pasado. No es que ninguno de nosotros les fuéramos a causar problemas por esto…”

Al oír eso, Namazuo se incomodó. Sí había alguien que podría molestarse.

Y, hablando del diablo, este no tardó en manifestarse…





De repente, Honebami llegó al umbral de la habitación. Él terminó de abrir la puerta al empujarla, lo cual causó un rebote de la misma contra la pared. Ello solo indicó que el tranquilo y pacífico peliblanco estaba de mal humor.

“Ihh… l-lo… lo sabe…” Houchou tragó saliva y se aferró al brazo de Akita, quien también agarró a su hermano.
“Ehh… H-Honebami-nii…” empezó Shinano, sonriendo nervioso.
“Shhh,” pero Namazuo le detuvo. “No le perturbes.”
“Ehm…” esa advertencia le dio leves escalofríos.

Bajo un gélido y estresante silencio, los demás vieron cómo Honebami caminó lentamente hacia la cama. La inspeccionó ensimismado por un momento. Luego observó la mesa de noche, donde apoyó una pequeña bolsa que contenía la medicina que había ido a comprar. Y finalmente, luego de volver a mirar el desastre frente a él, se giró lentamente para encarar a sus hermanos.

“¿Quién fue?” preguntó con gran intensidad y una voz de ultratumba. Honebami miró a todos con unos ojos nulos y sin brillo ampliamente abiertos. Ello fue suficiente para aterrar a los pequeños, quienes instintivamente se escondieron detrás de Namazuo.
“Ch-chicos, no se asusten…” dijo el pelinegro, pero la valentía del mayor disminuyó cuando Honebami pareció centrarse en él como si fuera el causante de todo lo ocurrido. “E-espera Honebami, no lo malinterpretes. Es una larga historia…”
“…” él caminó muy lentamente hacia su mellizo, inmutado.
“¡D-deja de hacer este acto aterrador!” le reclamó, un poco nervioso. Namazuo sin duda no quería apuntar dedos a nadie, pero sabía que el peliblanco sería mucho menos misericordioso con él que con los menores. “¡O-oye, detente un momento y escúchame!”

Honebami no se detuvo, pero cuando estuvo por alcanzar a su mellizo, ocurrió un acto un tanto inesperado. Gokotai se armó de valor y se paró delante de Namazuo.

“¡E-e-ehhh! ¡P-perdón!” dijo el pequeño, haciendo una reverencia. Pese a su valiente acción, Gokotai se notaba muy nervioso y asustado, aunque Honebami pareció reconocer su gesto porque se detuvo y le miró atentamente. “Ehh… Honebami-niisan… es mi culpa… todo es mi culpa…” él comenzó a llorar un poco. “Yagen-niisan vino para cuidarme y animarme, y por ello terminó enfermándose… d-de no ser por mí, él estaría bien, y nada de esto habría ocurrido…” agachó su cabeza y cerró sus ojos con fuerza. “¡Así que no te molestes con nadie más que conmigo, por favor!”
“Gokotai…” Namazuo se impresionó por esa decisión de su muy querido hermanito. “No te culpes. Lo que dices no tiene sentido alguno, no es tu responsabilidad.”
“Ihh… p-pero…” el pequeño empezó a secar sus lágrimas con sus puños, desconsoladamente.

Luego de oír esas palabras, Honebami agarró a Gokotai de un hombro. Este le miró con intriga, y entonces le vio agarrar a Namazuo de un hombro también. Así, el peliblanco empujó suavemente a ambos fuera del camino y encaró al resto de pequeños que se escondían.

“¿Quién fue?” repitió con la misma intensidad y los mismos aterradores ojos. La cercanía inspiró un terror que paralizó a los cinco.
“¡Honebami! ¡No traumes a nuestros hermanos!” reclamó Gotou. Entonces, él vio a Ichigo llegar a toda carrera, lo cual fue evidente por su velocidad y el hecho que todavía agarraba las llaves de su auto en su diestra.
“¿Qué está sucediendo aquí?” preguntó el peliceleste, alarmado.
“¡Ichi-nii, eres nuestra salvación!” exclamó Shinano, sumamente aliviado.

Con la llegada del mayor, comenzarían a poner las cosas en orden.




Era una mañana ligeramente fría para tratarse de una fecha cercana al verano. La bruma matutina no había desaparecido del todo y las calles de un área residencial eran tranquilas y estaban vacías de personas y animales.

Ese ambiente solitario y ominoso era familiar para un pequeño de cabellos azules atados y un rostro de pocos amigos, ya que era parte de la zona donde vivía, y también era su ruta usual de todas las mañanas para ir al colegio. Él llevaba puesto su uniforme y cargaba consigo una mochila. Admiraba ese misterioso panorama a su alrededor con la mente en blanco en lo que se acercaba al paradero del bus que tomaba. Dio la última vuelta a la esquina que le quedaba en su trayecto a pie, y llegó a observar a una persona que no había esperado ver.

“…”

Lo primero que resaltó para él fue aquella impecable e inconfundible bata blanca de laboratorio. El chico se congeló por reconocerla, y observó absorbido a aquel doctor que esperaba al bus y quien no se había percatado de su presencia.

Ese porte, esas vestimentas, esa pulcritud… todo ello le hizo retroceder mentalmente unos años en el pasado, a un tiempo completamente distinto, uno en el cual esa enigmática persona había tomado el rol del mismísimo diablo en su vida…



“…” Yagen se sintió observado y se giró para encarar a aquel joven. Primero mostró perplejidad y mínima sorpresa por aquel encuentro, pero rápidamente pasó a sonreír con cordialidad. “Ha sido un tiempo, Sayosuke.”
“…” Sayo asintió en lo que despejaba esa primera impresión. El presente era un mundo alterno a su pasado a esas alturas… “Yagen-san, ¿qué te trae por aquí a estas horas?”
“Es una larga historia,” sonrió inmutado y se vio un poco entretenido. “Nuestros hogares no quedan muy lejos, como puedo apreciar.”
“Tu área residencial es enorme y líneas de buses no corren por ahí,” observó el peliazul. “No es práctico que tomes un bus. Sé que puedes conducir…”
“Heh, como dije, es una larga historia,” sonrió entretenido. “¿Cómo están tus hermanos?”
“Están bien…” desvió su mirada, un poco retraído. “Mejor de lo que han podido estar. No es necesario reportarlo.”
“Ya veo, me alegro de oírlo.”
“También… espero que tus hermanos se encuentren bien, Yagen-san…” Sayo bajó su tono de voz. Su actitud avergonzada se derivaba de múltiples incomodidades, y parecía no saber si hacía bien en reciprocar aquella pregunta, como si hablar de sus respectivas familias fuera un tabú.
“Todo bien, felizmente,” el doctor asintió y miró al pequeño con leve ternura, como si se tratara de uno de sus hermanos menores. “Dudo que llegue el día en el cual podamos dialogar con completa comodidad, Sayosuke. Siento forzarte a hacerlo.”
“No, no es eso… sería bueno apuntar a un diálogo natural… sólo que sigue siendo extraño,” comentó el peliazul. Sayo se caracterizaba por tener una actitud depresiva y apagada y ser bastante retraído, además de inspirar un primordial rechazo en la mayoría de personas, como si fuera un niño maldito.
“…” sin embargo, Yagen lo conocía bien y sabía que detrás de esa bizarra aura existía una persona genuina y muy humana. El doctor procedió a quitarse uno de sus perpetuos guantes, con los cuales incluso dormía.
“Yagen-san…” ello intrigó a Sayo.
“Tú eres una de las pocas personas a quienes no tengo más que ocultar. Permíteme…” dicho esto, el doctor tocó la frente del pequeño con dos de sus dedos.

Sayo sintió el gélido aunque gentil toque de aquel tenebroso doctor. El niño experimentó un sentimiento de paz y tranquilidad que despejó sus inquietudes, pero él mismo terminó por retroceder para acabar con aquel contacto.

“Yagen-san, no es necesario que lo hagas. Podrías debilitarte,” observó el menor, frunciendo el ceño. “Estoy bien.”
“Puedo percibir que sí lo estás. Tus hermanos están cuidando muy bien de ti. Me alegro,” el doctor asintió y miró hacia la calle al ver a un bus acercarse a lo lejos. “Sin embargo, por más que sea imposible borrar mis acciones del pasado, siempre tendré una responsabilidad especial contigo. Es lo mínimo…” sonrió con ironía. “…incluso para un demonio como yo…”
“…” Sayo le miró atentamente. Entonces, pudo notar que el doctor se encontraba levemente ruborizado y agarraba su sien con incomodidad. El joven decidió agarrarle de su frente para comprobar sus sospechas.
“¿Q-qué haces?” ello sorprendió a Yagen, quien retrocedió y se vio incómodo por aquel inesperado contacto físico.
“Tus manos son tan heladas como siempre… pero tu cabeza arde… estás enfermo…”
“…estoy bien,” desvió su mirada. “Estoy yendo a Rizembool a descansar.”
“Aquel horrendo lugar sólo serviría como tu tumba,” repentinamente, el apagado tono de Sayo se sobrecargó por un fuerte rencor, y sus ojos se entrecerraron con odio. “Serás un científico de Rizembool, pero no permitiré que te expongas a ese ambiente en un estado tan deplorable.”
“No te inquietes por mí,” Yagen volvió a mirar hacia el bus, el cual se había detenido en la parada anterior. “Esa ruta va a tu colegio. Ve o llegarás tarde.”
“No…” Sayo negó rotundamente. “Sígueme. Te llevaré a mi hogar.”
“¿Qué dices?” ello sentó mal en el doctor, quien desvió su mirada. “No puedo hacer eso. Siempre has sido demasiado amable conmigo, Sayosuke, pero no me impondré ante tus hermanos. Ellos no apreciarán mi presencia.”
“Mis queridos hermanos no son tan simples, Yagen-san,” sabiendo que no le oiría, Sayo le agarró de una de las mangas de su bata de laboratorio. “Ven. Te encuentras muy débil. Corres el riesgo de desvanecer si pretendes tomar un bus.”
“Suéltame.”
“Hazlo por mí,” le pidió.
“…” ante aquel pedido, el doctor no pudo negarse. Yagen no podía contar todo lo que le debía a ese niño. Le tocó resignarse y ser dirigido, mientras ambos dejaban detrás a aquel bus que se aproximaba a la parada.







Después de una conversación en la cual el suceso en la habitación fue explicado, Ichigo se dedicó a calmar a los pequeños y asegurarles que todo estaba bien. Les recordó que no tenían que preocuparse por Yagen al ser este un doctor y un profesional, y que se encargaría personalmente de dar con él y traerle de regreso a casa. Dicho esto, el peliceleste les pidió con amabilidad que recogieran sus útiles escolares y asistieran a clases.

“¡Ánimos! ¡Hoy va a ser un día genial! ¡Se los aseguro!” exclamó Namazuo, sonriendo y dirigiéndose a los menores que estaban dentro del auto que les llevaría a sus colegios. “¡Sáquense excelentes notas y háganme orgulloso!”
“Dice el hermano tonto e irresponsable que ha faltado a clases…” comentó Gotou, encogiéndose de hombros.
“¡Gotou! ¡Más respeto con tus mayores!” le requintó.
“¿Eh?” este le miró de reojo y con extrañeza. “¿Por qué? Es verdad.”
“¡O-oye!”
“Ya, no discutan, por favor,” les pidió Shinano, sonriendo incómodo y agitando sus palmas. El pelirrojo vio a los pequeños sonreír apenas por aquel esperado intercambio entre el par, pero era evidente que continuaban un poco preocupados y apenados.
“Por favor, avísennos si averiguan algo,” dijo Hirano.
“Claro, déjamelo a mí,” Hakata sonrió y asintió. “Estaré al pendiente de este caso. Lo prometo.”
“A-ahora recuerdo que habíamos quedado para una sesión de estudio después de clases…” dijo Gokotai, cabizbajo.
“Tendremos que cancelarlo,” dijo Akita. “No podemos ausentarnos en medio de esto.”
“Esa sesión de estudio no debe durar mucho tiempo. Les pido que la aprovechen y regresen ni bien terminen,” dijo Ichigo, sonriendo tranquilamente. “Ustedes no se preocupen, por favor. Nosotros nos encargaremos de esto.”
“¿Seguro, Ichi-nii?” Houchou frunció el ceño. “P-perdón… por esto…”
“No te disculpes. Ya he dicho que nosotros siempre nos apoyaremos y mantendremos lo mucho que significa nuestra familia para cada uno en alto,” puso una mano sobre su pecho. “Te aseguro que todo estará en orden ni bien regresen, lo prometo.”
“Muchas gracias, Ichi-nii…” Maeda asintió, con leve tristeza. “Siempre has sido muy gentil.”
“Es un placer, Maeda. No te desanimes.”

Hubo unas cortas despedidas y el carro finalmente partió. Al tener tres distintos colegios donde dejar a los cinco hermanos, el chofer estaba un poco contra el reloj.

Y con los menores fuera, era momento de resolver el misterio.

“Pues, lo más probable es que se fue a su laboratorio, ¿no?” preguntó Gotou, quien de inmediato negó repetidamente. “Ese Yagen… haciendo preocupar a los pequeños de esta forma…”
“Debo admitir que nunca hubiera esperado que hiciera algo semejante,” Shinano levantó su mirada, pensativo. “Él no es de agobiarse y desaparecerse así, y sé que no querría hacer a nadie preocuparse por él.”
“Tienes razón, no lo esperaría de él,” Ichigo asintió, y desvió su mirada, preocupado. “Para que tuviera una reacción tan súbita e instintiva como esta quiere decir que no se sentía nada bien. No se dio tiempo para pensar en lo que hacía.”
“Yagen-nii…” Hakata bajó su mirada.
“No se distraigan, nos toca investigar el caso,” les recordó Namazuo. Él miró a un costado, donde observó a su retraído mellizo mirar hacia el vacío, ensimismado. Luego de dar un pesado suspiro, el pelinegro caminó hacia él. “Y tú deja de andar en tu propio mundo, Honebami. ¿No eres quien se supone que sabe rastrearnos?”
“…” Honebami cerró sus ojos tranquilamente y negó. “No sé dónde está…”
“¿Eh?” Gotou alzó una ceja, escéptico. “¿Hablas en serio?”
“…” Ichigo desvió su mirada, con leve tristeza. “Es una lástima…”
“Honebami-nii… lo siento mucho…” dijo el rubio, caminando hacia él. “Perdón por hacerte molestar por todo esto…”
“…” Honebami se le dirigió y negó inmutado. “Mi reacción fue desmedida, no te inquietes. No culpo a nadie… sólo fueron circunstancias lamentables que no se volverán a repetir…”
“S-sí…” él pequeño desvió su mirada, intimidado.
“A veces creo que no sabes lo terrorífico que eres, Honebami,” Namazuo negó, sonriendo frustrado. “Sé que aclaraste un poco las cosas con los pequeños, pero te vendría bien disculparte. O sea, yo ya estoy acostumbrado a esos pozos profundos y aterradores que son tus ojos, pero no todo el mundo lo está. Tienes que contener esa arma visual con la que sólo tú cuentas.”
“…” Honebami ladeó la cabeza. “No entiendo…”
“Hm, pero ustedes tienen los mismos ojos, ¿verdad?” preguntó Shinano a Namazuo.
“¡Oh, pero mi aura es completamente distinta!” exclamó el pelinegro, alegremente y extendiendo sus brazos a los costados. “¡Yo inspiro amistad, paz y amor! ¡Nunca lastimaría a nadie!”
“Es verdad, eres completamente inofensivo,” comentó Gotou, indiferente.
“O-oye, ¿qué tienes contra mí, hermanito?” le preguntó el mayor, con cierto recelo por lo que pudo haber querido decir.
“Regresemos al interior,” les pidió Ichigo. “Debemos ponernos en contacto con los lugares a donde Yagen pudo haber acudido. Intentaré llamar al edificio donde se ubica su laboratorio por si tienen noticias sobre él.”
“…” Honebami negó. “Él no está en Rizembool.”
“¿Estás seguro?” preguntó Hakata, intrigado, al igual que los demás. “Hmm, dices que no sabes dónde Yagen-nii está, pero sabes que no se encuentra en la universidad. ¿Cómo así has podido descartarlo tan fácilmente?”
“Él fue instruido que no debía regresar hasta sanarse, y lo más probable era que yo fuera informado en caso de que lo hiciera. También dudo mucho que lo haya hecho.”
“Y-ya veo…” Shinano se puso a pensar.
“…” por su parte, Gotou se cruzó de brazos, no convencido. “En fin, digamos que no está ahí. ¿Algún lugar más que podamos descartar, Honebami?”
“No…” el peliblanco negó y caminó hacia la puerta. “Entremos.”
“…” Ichigo se vio preocupado por esa actitud distante de su hermano.
“Bueno, a ponernos a trabajar,” dijo Namazuo, quien, pese a encontrarse un poco confundido, sabía que tenía que levantar los ánimos de todos. “Vamos, que Yagen no se encontrará solo.”
“Hahaha, él te odiaría si te oyera,” Shinano se puso a reír.

De aquella forma, los hermanos restantes entraron a su hogar para analizar el asunto.





Fue una corta caminata la que condujo al par a la residencia de Sayo. Dicho lugar era una casona vieja de infraestructura tradicional japonesa y bastante antigua, pero bien mantenida. El edificio no era vasto, pero sí espacioso y cómodo. Sin embargo, lo que más llamaba la atención de aquel recinto era su amplio jardín lleno de plantas, desde las más comunes hasta las más exóticas, además de un pequeño lago artificial donde un mínimo flujo de agua llenaba una fuente de bambú, la cual emitía un sonido de golpe al vaciarse. En sí, era un hogar muy acogedor e ideal para la paz y la meditación.

“…” y un lugar que Yagen nunca hubiera pisado por voluntad propia.

El doctor estaba frente a los dos hermanos mayores del pequeño Sayo, ambos bastante altos y muy hábiles en el combate con espadas pese a sus apariencias frágiles y escuálidas. Los dos se encontraban levemente sorprendidos por aquel giro en el destino. Nunca hubieran imaginado que su adorado hermano menor traería a esa persona en particular a visitar su hogar como si se tratara de cualquier ser humano.

“Kousetsu-niisama, Souza-niisama,” Sayo hizo una reverencia y les miró con una severidad que le caracterizaba. “Encontré a Yagen-san camino al paradero. Él se encuentra muy enfermo, y quisiera que descanse hasta que se sienta mejor, si no es ningún inconveniente.”
“…” el mayor observó a aquel doctor, quien desviaba su mirada. “Sí se encuentra débil…”
“O-Sayo…” Souza sonrió cálidamente a su hermanito y extendió sus brazos un poco hacia los costados. “Ven, acércate a mí… aléjate de ese horrendo demonio que has arrastrado hasta aquí.”
“Nii-sama…” Sayo relajó un poco su semblante, mostrando leve tristeza.
“Tu bondad trasciende al cruel mundo en el cual vivimos,” continuó el pelirrosa, con su afable sonrisa y gentil tono de voz, pero la oscuridad en sus ojos transmitía una ligera malicia que gozaba al burlarse de la presente situación. “Un alma caritativa como la tuya no debería extender su buena voluntad hacia los desalmados. Si el doctor Toushirou perece en plena caminata, no sería tu responsabilidad…” entonces, Souza miró a Yagen, quien dejó de evadir su mirada y le observó fijamente. “Es más, una muerte súbita debería ser bienvenida para ti. De aquel modo, el karma no te alcanzará…”
“Te ves entretenido, Souza,” contestó el científico, con un tono neutral. “Te pido que te reserves esos comentarios. Vas a inquietar a tu hermano si no te comportas.”
“Vaya, oírte expresar preocupación por O-Sayo inspira un sentimiento indescriptible para mí… es casi… insultante,” Souza sonrió con leve amargura. “Si tanto hubieras querido evadir mi conflictiva actitud, te habrías negado a venir. Es también lo más decente, en tu posición.”
“Lo hice…” dio un pesado suspiro. “Sayosuke no me dio opción, pero comprendo que no soy bienvenido en este lugar. Pienso que lo mejor sería retirarme cuanto antes.”
“Pero…” Sayo se vio un poco inquieto, y en ese momento oyó la voz del líder de la familia.
“No tomes los comentarios de mi hermano como una negativa. Ellos fueron inevitables desde un inicio,” dijo Kousetsu, con tranquilidad y lentitud. El peliceleste observó al visitante con sus gélidos ojos e inmutable y severo semblante, y asintió. “Eres bienvenido a quedarte y descansar el tiempo que necesites. O-Sayo te ha invitado y sería descortés rechazar su decisión. Del mismo modo, quisiera ayudarte ahora que tu salud se encuentra débil…”
“…” Yagen se vio confundido y un poco desconcertado. “No hablas en serio. Esto no es apropiado de mi parte.”
“¿Y qué es lo que ha dictado este encuentro como inapropiado, en tu parecer?” preguntó el mayor, inmutado. “No creo en aquello que pueda juzgar esta decisión como ilógica, y pienso que extender una mano a otra persona es la acción más lógica que existe, por encima de los problemas innecesarios que todos nos generamos al ser seres humanos…”
“Estás simplificando demasiado esta situación, Kousetsu-san…”
“Tú eres quien la complica,” negó. “Contrario a lo que puedas creer, nosotros no somos enemigos, y me considero más semejante a ti que a otras personas. Y, como semejantes, lo mínimo que puedo hacer es extender mi comprensión y auxilio hacia ti.”
“…” Yagen entrecerró sus ojos, en conflicto. “Nosotros no somos semejantes.”
“Concuerdo con el demonio, para variar,” Souza ensanchó su sonrisa y miró a su hermano. “¿O es que acaso también te has convertido en uno, Kousetsu-niisama?”
“No soy un demonio, Souza…” volvió a negar. “Espero que no tengas ninguna objeción.”
“No, una vez tú tomas una decisión, yo desaparezco detrás de tu sombra,” contestó el pelirrosa, con una humilde y entretenida sonrisa, y un tono de voz que se burlaba de sí mismo. “Me siento incapaz de contradecirte. Además, O-Sayo está de acuerdo contigo.”
“…” el peliazul asintió. “Temía tu reacción, Souza-niisama. No merezco una autoridad que pueda importunarte, pero pienso que esto es importante…”
“Yo soy quien debe disculparse contigo,” el pelirrosa caminó donde su pequeño y le revolvió un poco los cabellos. “Ya no quiero que te preocupes por mí. De todo esto, lo que más lamento es que vayas a llegar tarde a tus clases. Deja que nosotros nos encarguemos de tu invitado.”
“Ve,” le pidió Kousetsu al menor, y esbozó una corta sonrisa. “Cuéntanos sobre tu día cuando regreses. Te estaremos esperando.”
“Sí, lo haré,” de aquel modo, Sayo hizo una pronunciada reverencia. “Gracias…”

Sayo asintió al doctor como gesto de despedida y se marchó a paso apurado para llegar a alcanzar al siguiente bus de su línea. Con el pequeño fuera del mapa, el peliceleste se dirigió a su otro hermano.

“Souza, avísale a Oodenta sobre nuestro visitante, por favor,” le pidió con amabilidad. “Dile que le prepare una infusión.”
“Te agradezco por no ir a avisarle tú y dejarme solo con este ser,” Souza sonrió con alivio y asintió. “Enseguida…”

De aquel modo, el pelirrosa caminó hacia un lado de la casa cercano a un pequeño huerto, y se perdió al dar la vuelta a la esquina. Acto seguido, Kousetsu se dirigió hacia la entrada principal de aquella casa.

“Sígueme,” le pidió, volteándose para mirarle de reojo. Vio a Yagen mirar hacia la dirección en la cual Souza se había ido.
“Sí… siento distraerme,” este sacudió su cabeza. “Sólo me ha sorprendido oír el nombre de tu antiguo compañero. Comprendo que él vive con ustedes…”
“Él también es como nosotros, un ser originado por Rizembool,” resumió el peliceleste, cerrando sus ojos. “Si no le hubiera extendido mi apoyo, Oodenta se habría abandonado a sí mismo.”
“Eres muy gentil, Kousetsu-san…” le miró con leve incomprensión. “Casi fuera de este mundo.”
“Soy un humano, como los demás,” el peliceleste negó y siguió caminando. “Al igual que tú…”
“No…” eso hizo a Yagen sonreír, en lo que seguía al otro. “Yo sí soy un demonio.”

El par siguió caminando e ingresaron dentro de la antigua casa.





La búsqueda por Yagen había llevado a sus hermanos a tomar asiento en el comedor principal de la casa mientras hacían una lista sobre los lugares a donde pudo haber ido. Dicha lista, sin embargo, fue muy corta y muy rápidamente descartada.

“Me apena grandemente notar cómo no conocemos bien a nuestro hermano…” Ichigo negó con pesar y arrepentimiento. “Sólo somos capaces de considerar a la universidad de Rizembool y los hogares de nuestras familias allegadas, pero estoy convencido que Yagen nunca les importunaría con esto, y ellos mismos nos hubieran contactado de haberse dado el caso…”
“¿No existe la posibilidad de que Yagen-nii se haya ido a un hospital u hotel?” preguntó Hakata.
“No le veo pisar un hospital, su ego es muy grande. Y no sé cuánto dinero tiene consigo,” comentó Shinano, frunciendo el ceño al tratar de venirse con más ideas. “Hmm… o sea, por irse tan intempestivamente, no ha llevado ni su celular ni su billetera. Quién sabe con cuánto dinero cuenta en estos instantes… ni cómo así tenía ropas listas para salir.”
“Yagen mantiene un kit de emergencia listo en varios de los lugares que frecuenta,” informó Honebami inmutado, quien miraba hacia la ventana. Él se veía bastante distante por más que se encontrara ahí. “Vi una bolsa de plástico vacía y doblada en el baño, así que hizo uso de aquel kit. Dudo que cuente con mucho dinero, pero tendrá lo suficiente para el día y un pase de tren.”
“…” el peliceleste se vio incómodo por aquella revelación.
“¿Hablas en serio?” Namazuo se vio desconcertado y un poco horrorizado. Él se dio un facepalm. “¡Maldición, ¿cómo así nuestro hermanito está listo para una guerra?!”
“Él siempre está listo para todo…”
“¡P-pero aun así!”

Entonces, Gotou regresó a ese ambiente luego de haber terminado con una llamada.

“…” él dio un pesado suspiro antes de reportarse. “Hablé con Fudou para ver si nos iba a ayudar, y fue tal y como lo esperé,” se encogió de hombros, cansado. “Luego de decirle que Yagen se escapó del baño, se mató de risa como por cinco minutos, me dijo que me jodiera y le dejara en paz, y me cortó de inmediato,” miró hacia Shinano. “Yo te dije que no había punto de avisarle.”
“S-sí, ya veo…” negó apesadumbrado. “Siento que hayas tenido que aguantar eso, Gotou. Siempre me olvido que Fudou no soporta a Yagen por algún motivo. Ehh, y procura no usar malas palabras frente a Hakata.”
“No me trates como un niño, Shinano,” el rubio negó y sonrió entretenido. “Fudou no será cruel conmigo, pero tampoco se limita cuando estoy cerca, así que ha enriquecido mi vocabulario.”
“Tch, debería llamarle la atención por ello…” Gotou desvió su mirada. “Pero el tipo es un loco. Prefiero no meterme con él.”
“Aw, yo creo que es adorable,” Namazuo sonrió. “Se ve como un niño lindo al que me da ganas de fastidiar.”
“Me sorprende que pienses así, Namazuo-nii,” dijo Shinano, impresionado. “A mí también me da un poco de miedo Fudou por más que tampoco sea tan malo conmigo, pero creo que tú tienes tendencia de ver a la gente menor a ti como adorable.”
“Tienes razón en eso, Shinano,” el pelinegro asintió, animado, y sonrió gatunamente para mirar a Honebami a su costado. “Hehe, pero no sólo la gente menor a mí. Por más que muchos teman a Honebami, yo pienso que es un precioso marshmallow y terrón de azúcar, y siempre tengo unas incontenibles ganas de abrazarle~”
“Cállate,” este le miró de soslayo, entrecerrando sus ojos.
“Es una lástima que nuestro preciado allegado no desee colaborar con nosotros, pero debemos continuar atendiendo esta situación,” dijo Ichigo. “Gotou, toma asiento, por favor. Necesitamos evaluar este caso más profundamente.”
“No, lo siento, Ichi-nii… no quería hacer esto, pero es lo único que nos queda,” viéndose sin otra opción, Gotou caminó hacia Honebami y le miró con severidad. “¿Dónde está Yagen? Escúpelo de una vez.”
“No sé dónde está…” le contestó tranquilamente.
“Mientes, ¿no es así? Me cuesta creer que no sepas dónde se encuentra, tú que siempre andas al pendiente de él y lo conoces mejor que nosotros a estas alturas,” declaró, mirando a su hermano desde arriba. “Ya varias veces has probado saber nuestras ubicaciones incluso en situaciones cotidianas y sin emergencia alguna. Además, ahora que Yagen optó por irse sin pensarlo dos veces al punto de importunarnos, el hecho que tú tomes su lado y pretendas mantenerle alejado de nosotros no es algo que realmente me sorprenda.”
“…” Shinano se impresionó por aquel punto del pelimarrón e intercambió miradas con los demás. Lamentablemente, aquella complicidad del peliblanco sonaba demasiado posible.
“Sí sería esperado de mí que tome el lado de Yagen,” Honebami asintió. “Pero no sé dónde está.”
“Tsk…” ante esa negativa, Gotou entrecerró los ojos y se vio impaciente y frustrado. “Tu dependencia a Yagen es algo que me hace desconocerte, hermano…”
“Deja de insistir, Gotou,” le pidió el peliblanco, pacientemente. “Esta conversación no llegará a ningún lado.”
“Si tanto dices que no sabes su ubicación, ¿entonces por qué declaraste desde un inicio que no estaba en Rizembool? Esa universidad está bastante lejos como para que él hubiera podido llegar tan rápidamente. Si insistes en descartar un lugar con tanta anticipación, ¿aquello no vendría a ser una indicación de que sí tienes algún tipo de información sobre él?”
“Ello no es necesariamente cierto…”
“¡Maldición, párala!” exclamó, impaciente y golpeando una palma sobre la mesa. “¡Estoy harto de tu actitud! ¡Nosotros andamos preocupados por él y tú no estás cooperando en lo absoluto! ¡Lo menos que podrías hacer por nosotros es revelar de una vez por todas cómo funciona esa técnica que usas para rastrearnos! ¡Quizás haya algo que podamos hacer!”
“Me he explicado previamente,” Honebami adoptó una mínima severidad en su expresión. “La razón por la cual no comparto mi habilidad es porque existe la posibilidad de que sea utilizada indebidamente, o que, por cualquier motivo, ustedes decidan burlarla y pasar desapercibidos ante mi vigilia. Aquel es un riesgo que no pienso correr.”
“P-pero más bien pienso que deberías compartirlo con nosotros ya que así tú no serías el único con esa responsabilidad,” dijo Shinano, un poco incómodo.
“Dime, Honebami…” Namazuo comenzó a perder la paciencia y le miró con molestia. “¿Es verdad que tú sí sabes dónde está nuestro hermano? ¿Por qué escoges no compartirlo? ¿Y por qué intentas mantener tus medios de ubicación como secretos?”
“Es dolorosamente obvio a estas alturas,” Gotou negó y miró al peliblanco con desaprobación. “Si nadie más que tú sabe cómo ubicar a otras personas, puedes darte el lujo de declarar que funciona o no funciona, y utilizar esa información a tu regalado gusto.”
“…” al oír esas palabras, Honebami cerró sus ojos. “No, mis razones son las que describí. No tergiverses mis motivos.”
“Tsk, entonces…”
“Sin embargo, me toca admitir que tienes razón, Gotou…” el peliblanco abrió sus ojos y le miró con severidad. “No esperen ninguna ayuda de mi parte.”
“…” no había esperado aquella directa honestidad, pero finalmente le estaba haciendo hablar y confesar. “¿Por qué dices eso? Entonces, ¿qué estás haciendo aquí?”
“Estaba pensando…” contestó con un tono ausente.
“¡¿Pensando?!” ello hizo a Gotou quedarse en shock e indignarse. “¡Nosotros andamos viendo qué podemos hacer, ¿y tú sólo te encuentras pensando y con la cabeza en las nubes?! ¡¿Cómo te atreves a siquiera decirlo?!”
“Tienes razón…” dicho esto, Honebami se levantó de su sitio y miró a su hermano neutralmente. “Si no tengo nada que aportar, lo mejor es que me retire. Con permiso.”
“¿Eh?” nuevamente se sorprendió por las palabras de su hermano, quien caminó tranquilamente hacia la puerta. “¡O-oye!”

Sin embargo, el peliblanco vio a su hermano mayor levantarse y encontrarse con él.

“No te retires aún, Honebami,” le pidió Ichigo, con amabilidad. Él adoptó una expresión levemente triste y solemne. “Supe desde un inicio que nos mentiste cuando dijiste que no sabías dónde estaba nuestro hermano.”
“…”
“¿En serio?” preguntó Gotou, quien intercambió miradas con Shinano.
“Yagen es quien te ha ayudado más en tu recuperación desde el incidente de hace nueve años, y es normal que hayas desarrollado un sentimiento de obligación y lealtad hacia él. Por ello mismo, sé con certeza que tú no estarías tranquilo ni te quedarías quieto si en verdad no supieras qué ha sido de él,” dijo el peliceleste, pausadamente. “Podrás actuar distante y reservado, pero incluso si tú sabes su paradero, no dudo que eres quien más está preocupado por él, y a su vez te sientes en falta por no haber estado aquí para prevenir que todo esto ocurriera…”
“…” Honebami desvió su mirada.
“¿Es eso cierto?” preguntó Hakata, incómodo. “Tú no fuiste responsable por esto, Honebami-nii. Fue nuestra culpa.”
“Sí te veo culparte por esto, tú que siempre tienes todo fríamente calculado,” Namazuo sonrió frustrado. “Pero intenta no recluirte de este modo, por favor. También deberías ayudarnos para así poder traer a Yagen de vuelta y asegurarnos que descanse debidamente.”
“…” el peliblanco negó.
“¿Por qué no?” su mellizo se confundió, pero el otro no tenía en mente explicarse.
“Me alegro de que hayas permanecido a nuestro lado,” el mayor sonrió con humildad. “El hecho que tú decidieras quedarte junto a nosotros pese a lo sucedido y pese al escrutinio que te esperaba significa que tampoco sabías bien qué decisión tomar, y que te encontrabas meditando en posiblemente colaborar con nosotros. Esa es una señal muy positiva de tu parte. Significa que nos consideras y confías en nosotros, por más que tu tendencia sea a no pedir la ayuda de nadie.”
“Sin embargo, no hay más que hacer por ahora, ya lo he decidido…” contestó el peliblanco, negando un par de veces. “Lo mejor es esperar a que Yagen se sienta bien y que regrese por su cuenta cuando lo considere prudente,” desvió su mirada. “Ya le hemos importunado demasiado.”
“Ehm, entiendo lo que dices, pero no deberíamos dejarle desatendido,” recalcó Shinano. “Él está padeciendo de fiebre y se encuentra debilitado. El hecho que escapó sólo debió haber empeorado su salud…”
“No es necesario que le busquemos…” negó con leve impaciencia.
“Te equivocas, Honebami,” observó Ichigo, seriamente. “Siento decirlo, pero no dejaré que te marches sin que nos digas dónde está. Es nuestra obligación velar por él y le prometí a nuestros hermanos que lo traeríamos de regreso. A su vez, quisiera saber por qué tú mismo te has detenido a buscarle pese a su estado de salud. Eso es algo que no hubiera esperado de ti.”
“Yagen no necesita de nosotros. Nuestra posible ayuda no es algo que considere urgente y crucial, y si él mismo tomó la decisión de retirarse, estoy dispuesto a respetarlo,” contestó con tranquilidad y convicción, manteniendo su característica inmutabilidad. “Puede que Yagen se encuentre enfermo, pero él no es imprudente y es más fuerte de lo que aparenta. Él se recuperará por más que no reciba nuestro apoyo, y quizás esto sea lo mejor para su bienestar.”
“Ya veo, así es como lo ves…” el mayor le miró atentamente, y cerró los ojos. “Honebami, todos sabemos en el fondo que Yagen estará bien pase lo que pase. Tienes razón, él no necesita de nosotros para recobrar su salud…” él volvió a mirarle. “Pero eso no es lo que me preocupa. Ese no es el motivo por el cual quiero dar con él.”
“¿…a qué te refieres, hermano?” preguntó el peliblanco, con leve intriga.
“Lo que más me inquieta es la reacción que Yagen tuvo ante lo sucedido. Él se fue, nos dejó detrás, y ha ido a buscar otro lugar donde descansar…” los ojos del peliceleste se llenaron de pesadez y tristeza, y bajó su mirada. “Me sabe muy mal, no puedo evitar sentir que le he fallado de algún modo. Este suceso me está dejando entender que debo prestarle más atención. Temo mucho que Yagen esté comenzando a sentirse como un extraño en su propio hogar. Él se mostró incómodo y avergonzado al llegar enfermo luego de que tú le impusieras su reposo, y evidentemente no se siente cómodo de contar con nosotros ni merecedor de nuestras atenciones.”
“…”
“No quiero que Yagen se lleve el mensaje incorrecto de este suceso, Honebami,” confesó Ichigo, levantando su mirada. “No quiero que esto se vuelva a repetir, y que él sienta que alejarse de nosotros y velar por sí mismo es el modo en el cual resolverá sus dilemas. Él necesita entender y recordar que nosotros estamos ahí para apoyarle, que él pertenece a nuestra familia, y que él tiene todo el derecho de importunarnos.”
“…” aquellas palabras parecieron tener un impacto en Honebami, quien se contagió de la tristeza de su hermano mayor.
“Desde que soy capaz de recordar, Yagen ha sido independiente y se ha aislado de nosotros con mucha frecuencia. Pese a mis mejores intentos, no he podido conectarme con él y serle el apoyo que debería como el heredero de nuestra familia,” confesó con pesar. “Comprendo que no hubo mucho que pude haber hecho por él en aquel entonces, pero quiero cambiar ese aspecto del pasado. Quiero reestructurar a nuestra familia y corregir nuestras falencias. Quiero garantizar el bienestar y la felicidad de nuestros hermanos por encima de todo lo demás, y sé bien que tú deseas lo mismo que yo.”
“…”
“Así que, por favor, colabora con nosotros, Honebami.”
“…”

Siguió un silencio sepulcral. Los demás presentes miraron anonadados al mayor. No era muy frecuente que ellos podían presenciar el lado más melancólico de Ichigo, quien vivía con un lamento constante del pasado, y un arrepentimiento sobre todo lo que pudo haberse hecho de manera distinta. La sorpresa en los rostros de los hermanos también se debía a la impresión y admiración que cada uno sentía por el primogénito. El peliceleste era una persona muy bondadosa y muy desvivida por sus queridos hermanos y, además de saber leer y lidiar con cada uno de ellos, sus palabras e intenciones siempre apuntaban por velar por el bien primordial de sus seres queridos, algo que sus hermanitos detectaban y eran movidos por ello.

Su mensaje de unión y añoranza inspiró a todos los presentes y les hizo comprender la importancia de la presente misión.

Por su parte, Honebami fue recordado de la conversación que había tenido con Yagen la tarde anterior en su habitación…

“Yagen… ¿sucede algo?”
“No… no es nada…” negó pacientemente y miró a su hermano. “Siento que tengas que preocuparte por mí, Honebami.”
“Es mi deber velar por tu bienestar…” declaró inmutado, y desvió su mirada. “Mi trabajo se vuelve inconveniente únicamente si soy incapaz de comprender lo que sucede.”
“Tiene sentido…”
“…” le miró atentamente, y el científico finalmente se resignó a explicarse en lo que regresaba su atención a la ventana.
“No vengo muy seguido a casa, todos lo sabemos. Tú vienes más seguido que yo, y seguramente has recibido varias preguntas sobre mí de parte de nuestros hermanitos…”
“…” asintió.
“Como uno de los mayores, y el mayor después de ustedes tres, dignarme a aparecer cuando me encuentro enfermo en este hogar es… vergonzoso, por decir poco…” agachó su cabeza, sonriendo resignado.
“…”
“Preocupar a nuestros hermanos e importunarles así… es realmente injustificable.”
 


“Yagen…” Honebami se volteó y se dirigió a su hermano. “Tú que siempre insististe en que visitara a nuestra familia y nuestros allegados por más que yo no sea esa persona del pasado… no entiendo por qué tú debes tratarte distinto, como si tú, a diferencia de mí, no lo merecieras.”
“…”


“…” peliblanco cerró sus ojos momentáneamente, comprimió sus puños por un instante, y finalmente se dirigió a su hermano mayor, decidido. “Está bien, les ayudaré…”
“Es un gran alivio…” Ichigo sonrió con torpeza y llevó una mano a su pecho. “Te lo agradezco, Honebami…”
“No me lo agradezcas,” negó. “Les diré a dónde ha ido… es probable que tenga algunas cosas que explicar al respecto.”
“Sí,” asintió. “Toma asiento, por favor.”




No había pasado mucho tiempo desde la llegada de Yagen al hogar de los Samonji, pero el doctor había sido atendido con rapidez. Kousetsu le dirigió a una habitación libre y vacía, donde llevó un futón para que pudiera descansar. Antes de que el peliceleste se retirara, Souza les dio el alcance con una bandeja que contenía un té recién preparado y unas pocas medicinas naturistas, las cuales Yagen muy dubitativamente accedió a tomar. Entonces, los dueños de casa le dejaron a solas para que pudiera relajarse y tomar una siesta.

Habiendo cumplido con su rol de anfitrión, Kousetsu se dispuso a ir a la cocina, donde comenzó a lavar algunos vegetales y otros ingredientes con los cuales prepararía el almuerzo del día.

“Te ves muy tranquilo, Kousetsu-niisama…” comentó Souza, amenamente, acercándose. “¿Necesitas ayuda?”
“No es necesario. Te pediría más bien que me ayudaras regando las plantas,” contestó.
“Yo soy el único residente de este hogar que evade el trabajo de campo en lo posible. Nunca me sentó bien, y odio sentir el calor del sol…” se expresó con una voz débil que arrastraba desgano y resignación. Él caminó hacia un estante para comenzar a sacar los utensilios que su mayor estaba pronto a utilizar. “Yo no soy capaz de compartir tu calma, por más que lo intente…”
“…” Kousetsu le miró de reojo en el acto de sacar una olla grande. “Te lo advertí, Souza. La principal condición que te hice para poder regresar a esta ciudad tres años atrás fue que estuvieras preparado para lidiar espiritualmente con todo lo que se presentara ante ti.”
“Dudo mucho que me encuentre con la fortaleza de afrontar el pasado, por más que esa sea mi mayor meta…” Souza sonrió arrepentido y mirando la olla en sus manos, fijo en el vacío de la misma. “Es también muy distinto cuando el propio pasado se aparece intempestivamente en la puerta de tu propio hogar.”
“…” al oír ello, el peliceleste soltó los vegetales y cerró la llave del caño. Se dirigió de lleno al pelirrosa y le miró con atención.
“Incluso ahora mismo resulto serte una gran incomodidad, por cómo has dejado de prepararte para cocinar la comida del día…”
“Puede esperar…”
“Y O-Sayo ha tenido que regresar a este ambiente una vez más. Esto no es saludable para él. Pensar que es capaz de encontrarse con quien sea y en medio de cualquier insospechable lugar.”
“Si persistes en enfocarte en todo lo negativo, no existe ningún punto de seguir aquí,” le recordó Kousetsu, con tranquilidad. “No tenemos ninguna obligación de quedarnos. Si lo hacemos siendo carentes de fortaleza, sólo será contraproducente.”
“Yo tengo un simple deseo, Kousetsu-niisama. Quiero derrotar a mi pasado,” al decir eso, Souza miró a su hermano y sonrió con torpeza y leve culpa. “Es ilógico que un deseo tan irracional cuyas condiciones desconozco tenga que exponerles a ustedes a esta tóxica guerra y esta peligrosa ciudad, simplemente porque no desean dejarme de lado.”
“No considero imposible que ese deseo tan inmaterial se te conceda, Souza, pero eres incapaz de realizarlo si no cuentas con nosotros,” confesó el mayor, cerrando sus ojos. “Has perdido tu visión del verdadero camino una y otra vez, y tu estancia en esta ciudad sin nuestra supervisión te lo volverá a hacer olvidar. Eres muy propenso a lastimarte y a dejarte llevar.”
“Tus palabras son muy dolorosamente ciertas. Me aterra siquiera cuestionarme sobre cuánto soy capaz de hacer en realidad…” se lamentó con una sonrisa quebradiza en lo que apoyaba la olla sobre una apagada hornilla. Acto seguido, sus ojos fueron atraídos por la tabla de madera para cortar y caminó hacia ella. “Es más grande que yo, la inmensidad de esta guerra, las vidas que afecta, los desencadenantes… significa mucho más que la mera existencia de una inestable persona como yo, sin lugar a dudas. Trasciende más que todos nosotros…”
“Las dimensiones no son equivalentes,” negó apesadumbrado. “Es propio del ser humano anhelar por destellar en medio de las demás vidas humanas y volverse significativo y grande. Sin embargo, no hay forma que una sola vida se compare contra una institución como lo es Rizembool o una tradición antigua como lo es la guerra. No obstante, el verdadero valor por el cual seres vivos podemos apuntar es nuestra autenticidad y bienestar. Souza, lo único que importa es que, dentro de ti y en tu propia persona, la existencia de Rizembool no gobierne ni se imponga sobre tu condición humana.”
“Tus palabras son iluminadoras y sabias, Kousetsu-niisama,” confesó el menor, sonriendo con humildad, y también con mucha pena. “Pero lamento decir que la existencia de Rizembool dentro de mi dimensión personal es vasta y todopoderosa. Es tan severa, tiesa, manipuladora…” él tomó la tabla de cortar en sus manos, la cual en un inicio casi se le escapa al no haber premeditado en su gran peso. Ello le hizo ensanchar su sonrisa, con ironía. “…un ser enclenque como yo no se siente capaz de vencer a esta insoportable presión… o más bien… tal vez yo ya me encuentre derrotado por ella, y por lo tanto no puedo visualizar cómo escapar.”
“…” Kousetsu dio un pesado suspiro y fue donde su hermano, para tomar la tabla de madera de sus manos. “Si tan solo hubiera una forma de borrar el impacto que Rizembool tuvo sobre ti y sobre O-Sayo…”
“O-Sayo se encuentra mucho mejor. Él es realmente la luz de mi oscurecida vida,” el semblante del pelirrosa se enterneció momentáneamente. “Y es por ustedes dos que puedo sentirme a gusto con mi propia existencia. Vivir en unidad con los dos me da alivio, me hace olvidar, o al menos pretender hacerlo, y brinda calidez en mi vacío e indiferente corazón. Son esos momentos en los cuales me inspiro para buscar independencia de aquella fuerza que sigue apoderada de mi vida, pero cada vez que pretendo encarar al conflicto, este me paraliza e intenta volverme a poseer.”
“Sigues cargando con demasiado, y es difícil oír tus verdaderos lamentos…”
“Normalmente no ando invocando esta tristeza. Esta ha sido provocada por aquel a quien llamas el invitado de O-Sayo…” dijo con frustración, y caminó hacia otro lado de la cocina.
“…”
“Ese doctor… aquel joven al que yo una vez confundí con un niño extraviado en medio de la guerra… él es a quien temo más que a nadie, pese a querer pretender lo contrario…” confesó con un tono de voz bajo y débil. Souza miró a los estantes y la alacena sin enfocar su mirada, y sin llegar a pensar sobre qué más faltaba recolectar para la preparación de la comida. “Él es el legado de su espeluznante maestro, ese desagradable e indignante científico ya perecido, y el único de su grupo de estudio todavía con vida. Como tal, es el último demonio todavía de pie con el potencial de volver a destruirme para resurgir a aquel exRebel que pretendo olvidar,” dio un respiro profundo. “…mentiría si digo que me arrepiento de todo lo que en algún momento hice. Pienso en el pasado, y sólo puedo sentir un vacío adormecido y libre donde no guardo sentimientos ni pesares por nadie… pero ello mismo es algo que me aterra. Es peor que mirarse a uno en un espejo… es notar que todos somos programables, instrumentos, relativos… insignificantes y manipulables si la persona indicada nos alcanza y nos condiciona a convertirnos en lo que le plazca que seamos…”
“…”
“Aquel capaz de realizar todo ello no es un humano… ha osado a jugar con la creación…” se estremeció, mientras daba la espalda a su hermano. “…se ha convertido en un demonio…”
“Souza…” Kousetsu pretendió acercarse, y justo vio que el pelirrosa se fijó en el contenedor de cuchillos. Este tomó uno largo y ancho, y lo levantó para usarlo como un espejo.
“Siempre ha sido muy ingenioso, aquel doctor…” Souza miró atentamente a sus propios ojos, especialmente a su ojo de color verde. “Dándome aquel recordatorio perpetuo de que yo no soy como los demás… una pequeña muestra visible del hecho que Rizembool ha impreso un sello imborrable dentro de mi mente y mi alma.”
“No, todos somos semejantes, sin importar lo que pudo haber ocurrido en nuestras vidas,” le recordó Kousetsu, pacientemente. Él miraba atento a su hermano, quien continuaba observando ese cuchillo con fascinación.
“Me avergüenzo de continuar siendo completamente impotente ante él…” negó y volvió a mirarse en el cuchillo. “Su mera presencia ha ocasionado un vuelco anímico en mi persona, y me ha hecho obsesionar con mi propia trayectoria…” sonrió entretenido. “…me siento bajo su merced, que, sea lo que pueda hacer ahora, es algo que él mismo ha programado o esperado.”
“Son pretensiones falsas. Tú te encuentras libre de Rizembool desde hace cinco años, y Yagen ya no es quien conocimos en algún momento,” observó el mayor, inmutado.
“Fufufu…” Souza rió un poco y miró al peliceleste de reojo, entretenido. “¿En verdad lo crees, Kousetsu-niisama? ¿Consideras que ese cambio es posible?”
“No digo que él haya cambiado. Sin embargo, sí ha corregido su comportamiento hacia nosotros. Ello me ha convencido que ya no tiene asuntos pendientes con nosotros, ni está involucrado en nuestras vidas,” contestó lentamente. “Sin embargo…” negó con pesadez. “…es evidente que tú tienes mucho pendiente con él, y ello es algo que tendrás que resolver de algún modo.”
“Hmhm…” regresó su mirada al cuchillo, donde vio su suave sonrisa. “Y es ahí donde regresa el sentimiento de extravío e incertidumbre, ya que no sé hacia dónde me dirigiré. Soy tan capaz de intentar olvidar y resignarme, como de contraatacar y lograr alguna posible venganza…” su visión se reajustó entre mirar a su reflejo y a los propios rasguños del cuchillo repetidamente. Después de haber tenido un pequeño momento de depresión y honestidad, su perpetua burla y sarcasmo regresaba para entretener lo más profundo de su ser. “…siempre puedo ser capaz de realizar una acción sin medirme, y sin que me importen las consecuencias, ya lo he hecho varias veces en el pasado… y por más que desee declarar mi propia independencia, admitir una derrota y mantener la paz es conveniente para el doctor Toushirou… mientras que atentar contra su vida validaría todo lo que él hizo para convertirme en el ser bélico y milimetrado que Rizembool esperó manipular. Fufufu… me encuentro perdiendo de todas las formas imaginables…”
“Detente…” Kousetsu negó y expresó lamento en su profunda voz. “Ya no existe punto alguno en que nos ensuciemos las manos… detesto la violencia… detesto el conflicto… y no hay forma que yo te deje sumergirte nuevamente en esa deplorable vida de la cual O-Sayo y yo te rescatamos con tanto esfuerzo…”
“La paz nunca fue capaz de apaciguar mi corazón, Kousetsu-niisama… percibo que todavía me hace falta algo más…” confesó Souza. Entonces, él se vio levemente sorprendido, y sonrió con más frustración y pena. “…y siento decirlo, pero O-Sayo tampoco ha resuelto el pasado. Saber que comparto este temblor interior con nuestro preciado hermanito me hace más miserable por mi miseria. Si tan sólo pudiera hacer algo para liberarle a él…”
“…”
“Pero… pese a mi revuelo interno, la invitación que le hizo al demonio pareció haberle sentado a él de forma saludable. Al menos algo bueno ha salido de todo esto…”
“O-Sayo tiene otras metas personales y distintas a las tuyas. Su punto de vista es suyo propio, su envolvimiento tiene otro ángulo. Todos somos muy diferentes por más que seamos semejantes.”
“Quisiera saber qué trae él dentro de sí y cómo observa a su entorno. Las palabras sólo pueden expresar tan poco…”
“No tienes que preocuparte por él,” negó y le miró con certeza. “Desde siempre, O-Sayo ha significado nuestra vida entera, lo más importante, y siempre velaremos por su bienestar. Él estará bien mientras mantengamos nuestros esfuerzos y cuidados. Y nunca le defraudaremos, sin importar qué tengamos que hacer…”
“Tus palabras me dan un poco de alivio…” confesó, sonriendo humildemente. Souza apoyó el cuchillo sobre la alacena y se dirigió a la salida. “He dicho que odio el sol, pero tal vez me venga bien exponerme, para variar. Iré a regar las plantas. Espero regresar pronto.”
“Deberías aprender a encontrar comodidad y pertenencia con la naturaleza. Tiene mucho que ofrecernos a todos.”
“Me has dicho palabras similares con gran frecuencia…” contuvo una breve risa. “Todos encontramos placer en diversos pasatiempos o preferencias, Kousetsu-niisama, y me considero mucho más disfuncional. Justo en este instante ando preguntándome qué tan llamativo sería ignorar la voluntad de O-Sayo y atentar contra la vida de nuestro visitante.”
“Suficiente…” le pidió con una mínima severidad, y gran frustración.
“Fufufu, pero es apenas un capricho por motivos de entretenimiento. Y, por más apropiado que fuera, no lo haré. A diferencia del pasado, cada vez me pongo a pensar más en las consecuencias de mis actos, y estas consecuencias en particular serían catastróficas.”
“…”
“Podemos esperar la visita del instrumento favorito del doctor Toushirou más tarde, ¿no es así? Él sabe que se encuentra aquí.”
“No te refieras a un ser humano de aquel modo, es inapropiado…”
“Lo es, ¿cierto?” sonrió con torpeza. “Aunque, luego de mi experiencia en Rizembool, no dejo de cuestionarme sobre dónde está la línea que define la humanidad, y quiénes caen dentro de ella…”



Cho

Tercera parte.

56.3.



“Yagen se encuentra en la residencia de unos conocidos, quienes viven cerca,” informó Honebami. Él desvió su mirada, con mínima inquietud. “Es un poco inesperado. Yagen nunca querría incomodarles. Lo más probable es que se haya encontrado con uno de ellos y haya sido impuesto descansar.”
“Hm, parecen conocer lo suficiente a nuestro hermanito como para ser tan demandantes con él,” Namazuo sonrió. “Menos mal que llegaron a convencerle de algún modo~”
“Yo más bien diría que es un poco raro que alguien lo recoja de la calle. No suena muy seguro,” comentó Hakata, impresionado.
“Si Honebami no acudió a buscarle de inmediato, significa que podemos confiar en ellos,” observó Ichigo, tranquilamente.
“…” el peliblanco asintió. “No son personas cercanas a Yagen, pero son razonables.”
“Eso quiere decir que no son precisamente amistades,” dijo Gotou, pensativo. “Hmm, creo que nunca en la vida he conocido a un amigo de Yagen. Para ser alguien tan desenvuelto y profesional, admito que me sorprende.”
“Buen punto,” Shinano se extrañó un poco. “Ehh, en fin, ¿quiénes son esas personas? ¿De casualidad son de la universidad? Seré nuevo aquí, pero quizás ustedes los conozcan.”
“…” Honebami miró a la mesa, fijamente. “Son unos hermanos, su apellido es Samonji y los mayores sí estudiaron en Rizembool. Tienen un hermano menor que estudia en Hanasaki. Es compañero de Hirano, pero dudo que sean cercanos.”
“Hmm…” Namazuo se puso a pensar intensamente, agarrando su mentón. “Creo que una vez que Hirano trajo a unos amigos a casa me pareció escuchar ese apellido…”
“Le avisaré a Hirano,” dijo el rubio, sacando su celular. “Dudo que me conteste hasta el recreo ya que él se concentra mucho en la clase, pero debe saber quién es.”
“¿Y cómo así Yagen conoce a esas personas?” preguntó Gotou, quien se veía intrigado. “Él se ha vuelto muy especial con el paso de los años y parece que es difícil llegarle a conocer. Para que esas personas le inviten a descansar, esperaría que lo conocieran bien.”
“Es una larga historia,” resumió el peliblanco. “Es también complicada, ya que ellos no siempre han estado en buenos términos con Yagen, y pienso que no me corresponde compartirla… es otro motivo por el cual no quería decirles dónde estaba.”
“Sin embargo, el simple hecho que han decidido albergar a Yagen y ayudarle en su recuperación merece nuestro agradecimiento,” concluyó Ichigo, asintiendo. “Quisiera poder oír esa historia, pero tal vez no es el momento más apropiado. Sólo deseo ir a conocerles, expresar lo agradecidos que estamos con ellos y traer a Yagen de regreso a casa.”
“…” Honebami asintió. “Preferiría no importunarles con nuestra visita, pero comprendo que estás decidido, Ichi-nii. Sin embargo, esperemos unas horas antes de ir. Confío que Yagen debe estar descansando, y lo mejor es darle un respiro.”
“Sí, supongo que sí,” Namazuo se encogió de hombros. “Ojalá más tarde ya ande menos ofuscado y con mayores ganas de recibirnos y hablar con nosotros.”
“Pues… somos muchos, así que quizás sería mejor que no fuéramos todos,” dijo Shinano. “Yo me ofrezco a quedarme. No tengo muchos ánimos de salir hoy.”
“Creo que se entiende, pero mañana sí tienes que salir a algún lugar,” observó Gotou. “No puedes quedarte encerrado en casa.”
“Oh, yo quiero ir,” Hakata alzó su brazo efusivamente. “Quiero poder disculparme con Yagen-nii cuanto antes.”
“Claro que sí, y yo también me apunto,” dijo Namazuo, animado. “Estas personas son lo más cercano que tenemos a amiguitos de Yagen así que quiero conocerlos~”
“He dicho que no son amigos,” recalcó Honebami. “Iré también. Debo verificar que Yagen se encuentra estable.”
“Eres nuestro guía también, tú sabes cómo llegar,” observó Ichigo. Él posicionó una mano sobre su pecho. “Y es mi deber y deseo ir también. Tengo que conocer a estas bondadosas personas.”
“¡Oh, Hirano me contestó!” Hakata se vio impresionado. “Hm… dice que sí lo conoce y sí vino una vez a la casa… oh, y que piensa ir después de clases, y le avisará a Maeda.”
“Creo que ya muchos se han apuntado a ir,” observó Gotou, incómodo. “Si todos vamos, seguramente les incomodaríamos, ¿no lo creen?”
“Entonces tú puedes quedarte a acompañarme, Gotou,” Shinano sonrió.
“¿Eh?” este se sorprendió, y dio un pesado suspiro. “Ya, está bien, admito que tenía curiosidad de ir, pero quizás sea lo mejor. A diferencia de ustedes, yo tengo un millón de reclamos que hacerle a Yagen, y debería evitar dárselos frente a esas personas…”
“También te encargo que cuides de Shinano, por favor,” le pidió Ichigo, sonriendo.
“Sí, tienes que cuidar mucho de mí, Gotou-nii~” canturreó el pelirrojo.
“Tsk, odio cuando te pones engreído,” este entrecerró sus ojos, aunque no podía molestarse mucho ya que ese comportamiento de Shinano significaba que andaba recuperando su estado anímico normal.
“Bueno, si vamos a esperar a que Hirano y Maeda salgan del colegio, tenemos unas horas que matar,” dijo Namazuo. Alzó un puño al cielo. “¡Vamos a algún lugar divertido todos juntos!”
“Habrás perdido tu primera clase, pero tienes otra antes del mediodía,” le recordó Honebami. “Deberías asistir.”
“Uhh, no arruines mis ánimos, Honebami…” se lamentó el pelinegro, haciendo un puchero.
“Toma tus materias con más seriedad o corres el riesgo de repetir,” el peliblanco le miró con leve reproche. “Darte tutoría es una labor muy frustrante para mí.”
“Uhh, pero así aprendo más fácil…”
“¿Qué materia es?” preguntó Hakata, con los ojos brillantes y una sonrisa orgullosa. “Heh, si es algún tipo de matemática, con mucho gusto te enseñaré lo que quieras, Namazuo-nii.”
“Ehhh…” ello hizo que Namazuo se congelara y se levantara de la mesa sin energías. “M-mejor voy a clases… no puedo dejar que uno de mis hermosos hermanitos me tutoree…”
“¿Eh? ¿Por qué me rechazas?” el rubio alzó una ceja, mientras la mayoría presente se rió.
“También tengo un par de asuntos que atender en la universidad, podemos ir juntos,” se ofreció Ichigo, amablemente.
“Yo también,” dijo Honebami con un tono neutro.
“¡Oh, entonces me llevan con ustedes porque quiero conocer la universidad mejor!” exclamó Hakata, emocionado, y pasó a sonreír traviesamente. “Aparte que así asisto a la clase de Namazuo-nii y veo qué está estudiando.”
“¡Ahh, no me tortures!” exclamó el pelinegro, horrorizado. “¡No quiero que pierdas el respeto que tienes hacia mí, por favor!”

Su reacción originó más risas, y así los cuatro se pusieron de acuerdo para salir juntos camino a la universidad. Después de resolver el problema, los ánimos de todos se incrementaron, ya que en poco tiempo iban a dejar a ese pequeño accidente detrás.




Pasaron varias horas y, luego de un día de suspenso, terminaron las clases en el middle school de Hanasaki. Hirano terminó de guardar sus pertenencias con toda calma en lo que sus compañeros salieron corriendo del salón como era costumbre. Estos se despidieron con rapidez de él y él les devolvió el gesto, para ir a su propio ritmo. El pelimarrón contaba con amigos muy cercanos y cálidos, pero que a diferencia de él no se tomaban las cosas con seriedad y solían jugar y divertirse en cada momento posible, lo cual con frecuencia le frustraba.

Al terminar, pensó en darle el alcance a Sayo, pero al levantarse y caminar hacia la puerta notó que ese peliazul se había quedado esperándole en el pasillo. Este usaba la puerta como una especie de escudo para esconderse en su mayoría, pero sus penetrantes e intimidantes ojos estaban fijos en el joven Toushirou. Aquella imagen resultó un poco inquietante para Hirano, pero él se recordó que tenía que ir a buscar a su hermano mayor cuanto antes, y se acercó hacia su compañero de clases.

“Siento mucho la tardanza, Sayo-san…” dijo haciendo una reverencia.
“No, está bien…” él negó, y se dio media vuelta. “En marcha…”
“S-sí…” asintió y vio al otro ponerse a caminar sin otros intercambios o contemplaciones, por lo cual le siguió. Era recién el inicio de su trayectoria juntos y ya comenzaba a sentir bastante presión e incomodidad por no saber cómo hablar con aquel chico. “Ehm… quisiera agradecerte por acceder a guiarme a tu hogar,” bajó su mirada. “Me quedé preocupado por Yagen-niisan y quisiera verle cuanto antes…”
“Descuida…” Sayo asintió. “Eres bienvenido, Hirano-san. Una vez ya me has invitado a tu hogar para un proyecto, y esto es recíproco.”
“Sí, es verdad…” Hirano recordó aquel proyecto que había ocurrido hace unos meses. Como trabajo grupal, habían sido cinco personas, lo cual había facilitado la comunicación ya que sus amigos eran mucho más desenvueltos y uno en particular se terminó llevando bastante bien con Sayo. En retrospectiva, hubiera podido pedirle a ese amigo que lo acompañara, pero le hubiera sabido mal importunarle de aquel modo.

Ellos salieron de ese edificio y caminaron hacia el portón de la escuela en completo silencio. Hirano no podía pensar en qué más decirle que fuera apropiado, y aquel peliazul parecía más ensimismado y retraído de lo usual. Fue entonces que llegaron a la salida, y el pelimarrón reconoció a su hermano menor esperándoles en la acera de la calle.

“Oh, buenas tardes,” Maeda terminó siendo sorprendido por el par cuando se acercaron al haberse distraído con los árboles cercanos. Él les sonrió cálidamente. “He tenido la suerte de oír a un ruiseñor mientras les esperaba, lo cual es un poco inesperado ya que la primavera se está despidiendo de nosotros.”
“…” Sayo asintió y bajó su mirada. “He oído ese canto recientemente, tienes razón…”
“Ah, qué alegría,” el menor de los tres se animó. “No suelo encontrar fácilmente a otras personas que disfruten del canto de las aves como yo,” él hizo una reverencia. “Mi nombre es Maeda Toushirou, es un placer.”
“Sayo Samonji…” asintió, inmutado. “Seguramente nos conocimos aquella vez que fui a tu casa para un trabajo escolar…”
“Es lo más probable, pero ahora que nos volvemos a encontrar sin duda nos acordaremos el uno del otro de manera natural…” se animó y sonrió ampliamente. “Quisiera agradecerte por haber cuidado de Yagen-niisan. Hirano me comentó que tú te encontraste con él. Aprecio mucho el apoyo que le diste.”
“Es lo menos que podía hacer…” le contestó, cabizbajo. “No lo menciones…”
“…” por su parte, Hirano se notaba un poco sorprendido. Su hermano menor no tenía problemas hablando con él e interactuando con soltura y cordialidad. También fue notorio que la conversación de los dos había bajado la distancia y defensas del peliazul, quien se mostraba menos severo e intimidante, y más retraído e introvertido.
“Hirano,” le llamó Maeda.
“Eh, sí, ¿qué sucede?”
“Vamos en marcha,” dijo, sonriendo. “Hakata nos dijo que ellos están en camino, y no debemos hacerles esperar.”
“Es verdad…” asintió y se dirigió al peliazul. “Eh, vamos a ser varios invitados a tu hogar, siento mucho cualquier posible incomodidad por ello. No es nuestra intención imponernos.”
“No te preocupes,” Sayo negó. “Estoy consciente que su familia es numerosa. Apurémonos, el bus está por pasar.”

Ellos caminaron un par de cuadras y lograron alcanzar el bus. Tuvieron la suerte de llegar a ocupar los asientos en la última fila al final del vehículo, donde podrían descansar hasta el paradero que les tocaba, el cual iba a ser uno de los últimos de la línea.

“Sayo-san, tengo una pregunta,” dijo Maeda.
“…” Sayo asintió. Podía adivinar cuál era. “Dime.”
“¿Cómo así conoces a Yagen-niisan?” preguntó, intrigado. “Nunca hubiera esperado que alguien cercano a nuestra edad y que estudia en Hanasaki conociera a nuestro hermano,” sonrió con torpeza. “Ehh, no digo que haya algo de malo en ello, pero me da mucha curiosidad.”
“…” volvió a asentir, y bajó su mirada al piso. Se puso a meditar. “Es una larga historia…”
“¿Por qué?” preguntó Hirano con leve confusión. “¿Quizás Yagen-niisan conoció a uno de tus hermanos primero?”
“…” Sayo le miró. “Puede ser la mejor forma de abreviarlo. Yagen-san conoció a uno de mis hermanos mayores durante su secundaria en Rizembool, y por ello yo eventualmente le conocí a él también,” regresó su mirada al piso. “No hay punto de desarrollar los detalles…”

Su respuesta hizo que los hermanos intercambiaran miradas. Era evidente que el peliazul estaba ocultando algo, pero tampoco era necesario preguntar por toda la historia si él no quería decirlo. Lo poco que les había dicho sonaba bastante razonable.

“Bueno, pienso que eres afortunado,” Maeda sonrió animado. “Entre mis amigos, hay varios que también conocen a Yagen-niisan y han tenido el privilegio de visitar su laboratorio más de una vez. Todos ellos siempre me comentan sobre lo impresionante que es mi hermano mayor. Mis profesores también están familiarizados con él y tienden a referirse hacia él con respeto, como un modelo a seguir,” sonrió con torpeza. “Heh, no tengo el talento para llegar a su altura, pero Yagen-niisan siempre ha sido una inspiración para mí en muchos aspectos.”
“…” Sayo asintió. “Comprendo lo que sientes… tú eres un estudiante de Rizembool…”
“Sí, sigo los pasos de mis hermanos mayores al estudiar en Rizembool, y tengo la suerte de contar con muchos amigos,” contestó, sonriendo tranquilamente. “Estoy muy lejos de llegar a estudiar a la par con mis mayores, y para cuando me toque estar en la universidad ellos ya habrán continuado con sus vidas, pero pretendo apuntar por la misma trayectoria. Al menos… espero algún día tener la oportunidad de conocer el laboratorio de Yagen-niisan. Mis amigos que han podido hacerlo tuvieron permiso especial ya que son prodigios y participan en algunos proyectos con la universidad. Yagen-niisan tiende a no aceptar visitas.”
“…” el peliazul volvió a asentir.
“¿Tú has ido a visitar su laboratorio, Sayo-san?”
“N-no…” aquella pregunta pareció descuadrar un poco a Sayo, quien desvió su mirada con leves nervios. “…tengo entendido que Rizembool ha pasado por varias remodelaciones en los últimos tres años… debe ser un laboratorio nuevo…”
“Ya veo…” Maeda ladeó su cabeza. Al notar la incomodidad en el otro, decidió que mejor cambiaba de tema. “Ehm… no sé qué tan apropiada sea esta pregunta, pero… ¿qué opinas sobre Yagen-niisan?”
“Qué opino sobre él…” repitió, un poco intrigado por ese pedido.
“Maeda, no me parece que debas ser tan abierto al respecto,” dijo Hirano. “Creo que andamos importunado a Sayo-san lo suficiente.”
“Está bien…” él negó, y miró hacia el piso, meditativo. “Yagen-san… no creo que vuelva a conocer a una persona como él en mi vida. Es… distinto… no sabría cómo explicarlo… él es un misterio para mí, inaccesible… y es sabio, quizás lo es demasiado…”

Aquellas descripciones causaron que los dos hermanos volvieran a intercambiar miradas. El par llevaba varios años absorbiendo las impresiones que otras personas tenían sobre su distante hermano mayor, y ese presente parecer era diferente a lo que solían oír. Ellos querían saber qué hacía a su hermano mayor único en el punto de vista de Sayo, ya que la forma del peliazul de expresarse sobre él sí invocaba un aire de gran misticismo.

“También es frío… pero es raramente reconfortante…” Sayo asintió y desvió su mirada. “En ello me recuerda un poco a Kousetsu-niisama.”
“Él sería tu hermano mayor,” dijo Hirano.
“…” asintió. “El mayor de los tres. El líder de nuestra familia…”
“Espero poder conocerlo del modo en el cual tú lo has hecho,” Maeda llevó una mano a su pecho, y sonrió con leve tristeza. “Quiero conocer aquello que hace a mi hermano único.”
“…” al oír eso, Sayo volvió a bajar su mirada. Dialogar de manera ligera con ese par de hermanos del tenebroso doctor le resultaba difícil al encontrarse cuidando sus palabras. Sin embargo, el peliazul notaba que no les estaba mintiendo. A esas alturas, su corazón estaba libre de rencores hacia Yagen y sentía alivio al poder estar en paz mientras lidiaba con su familia, algo que hace unos años hubiera considerado imposible… “Tal vez no me corresponde preguntarles, pero… ¿por qué su hermano se encontraba fuera de su hogar mientras padecía con fiebre?”
“…” Hirano mostró leve vergüenza y desvió su mirada. “Eso es por nuestra culpa. Incomodamos a Yagen-niisan mientras intentaba descansar. Le servimos desayuno y terminamos haciendo un desastre en su habitación…”
“Quiero ir a disculparme con él cuanto antes,” dijo Maeda, con pesar. “Ehm, abreviando la historia, me tropecé y terminé regándole con el desayuno.”
“…” Sayo asintió, un tanto sorprendido por aquel desarrollo.
“No lo hagas sonar sólo tu culpa, Maeda. Todos estuvimos implicados,” le recordó Hirano. “Tú intentaste reparar la situación…”
“Ehm, sea lo que sea, sí le importunamos bastante. Yagen-niisan también debió haber andado preocupado por Shinano-niisan y es posible que no haya descansado bien.”
“Menos mal que Shinano-niisan tuvo una recuperación rápida, según nos dijeron…”
“…” Sayo mostró leve curiosidad. “¿Sucedió algo con uno de sus hermanos?”
“Ehh, sí…” Hirano asintió torpemente, por un momento habiéndose olvidado que el peliazul les estaba oyendo. “Pues, es una historia compleja, pero un hermano resultó mal herido ayer, aunque amaneció mucho mejor. No es algo por lo cual debas preocuparte, Sayo-san.”
“Lo entiendo…” asintió. Con aquella información, Sayo meditó aquel desarrollo con una mano en su mentón, y asintió para sí. “Ello explica las pocas energías de Yagen-san…”
“¿Cómo así?” preguntó Maeda, ladeando la cabeza.
“…” Sayo negó. “Sólo son teorías, no me prestes atención…”
“Sí…” Hirano asintió y desvió su mirada. “Esas noticias tal vez no le cayeron muy bien por su estado de salud. Es evidente que Yagen-niisan se preocuparía. Todos lo haríamos.”
“Ustedes son muy unidos, como puedo entender…”
“Por supuesto,” declaró Maeda, sonriendo con energías. “Los Toushirou somos muy leales y devotos a nuestra familia. Eso es algo que siempre nos unirá, sin importar qué ocurra.”
“Ello es algo que pude comprender de Yagen-san. Él los estima a todos ustedes y siempre los tiene presente. Veo que ese sentimiento también lo comparte con su familia…” ello le hizo sonreír mínimamente. “Nosotros somos iguales a ustedes. Mis hermanos lo son todo para mí.”
“…” Hirano se sorprendió de verle sonreír, ya que dudaba haberle visto hacerlo anteriormente. Ello invocó un aura distinta, una más cercana y bondadosa de aquel chico que siempre parecía cargar con maldiciones encima. Le sonrió. “Heh, me alegra saberlo, Sayo-san. En verdad, la familia es lo más importante.”
“Definitivamente lo es,” agregó Maeda.

Los tres continuaron con el viaje por el bus, ya que les quedaba más de la mitad de camino.


Repentinamente, el doctor Toushirou recobró la consciencia. Él abrió los ojos, observó el techo de aquella pequeña habitación tradicional y supo que había pasado un tiempo desde que se recostó. Sorprendentemente, él casi no había tardado en conciliar el sueño, lo cual delató que sí había necesitado de aquel descanso.

Su mirada bajó hacia la puerta cerrada, y a un costado de su futón vio su bata de laboratorio doblada con sus lentes de lectura encima, tal y como los había dejado. Cerca de ellos estaba la bandeja con el té y el plato de las medicinas que tomó, y sonrió con torpeza al admitir para sí que ello debió haber tenido un gran efecto ya que se sentía mucho mejor de salud y bastante despejado. Entonces, reparó en que había mucha luz en el ambiente, y giró su cabeza hacia las puertas corredizas que daban al jardín, las cuales estaban semi-abiertas. Ahí identificó a una persona sentada al filo de una de las puertas que le daba la espalda.

Era un individuo muy alto y corpulento vestido de ropas sencillas y un poco gastadas, de cabellos azules oscuros parcialmente cubiertos por una bandana. Esa persona daba una gran impresión a quien le observara por su apariencia y por transmitir una reacción inicial de desconfianza y posible peligro. El doctor se vio intrigado de que aquella persona haya acudido a visitarle durante su estancia porque, por lo que sabía de él, era alguien quien prefería enclaustrarse y no cruzar caminos con otras personas. Sin embargo, Yagen recordó con rapidez e ironía que tanto él mismo como los dos Samonji mayores ya no podían considerarse parte del rebaño a esas alturas.

“Han sido varios años, Oodenta,” le saludó luego de haberse levantado del futón.
“…” este se giró lentamente. Hacia el frente de esa apariencia huraña yacía un rostro más impresionante, un semblante demacrado y de pocos amigos, unos ojos rojos oscuros y sin vida, y una mirada sombría y penetrante que guardaba una gran desolación. El individuo habló con una profunda y resonante voz de ultratumba que transmitía tristeza y negativismo. “No has cambiado mucho, Yagen.”
“Aparte de crecer, supongo que no. Mi vida es una muy calculada rutina,” le contestó con ironía. Se arrodilló para comenzar a desarmar el futón y doblarlo. “Puedo decir lo mismo de ti. Te has mantenido igual desde aquella vez que nos encontramos.”
“Estimo que mi permanencia en este mundo se prolongará más de lo que pueda desear, para bien o para mal…” dijo en voz baja y bajando su mirada con leve disgusto y frustración. “Es uno de los efectos de ser una bestia…”
“…” ante esas palabras, Yagen sólo pudo atinar a sonreír con un poco de pena, y luego negó, para formular una respuesta. “…no tengo mucho que pueda decirte, lamentablemente, aparte del hecho que existen muchas posibilidades en tu existencia. Tu propia naturaleza no es algo que debería maldecirte indefinidamente.”
“No… esta es una cruz con la cual me toca cargar el resto de mi vida…” continuó con un tono cansado y monótono, pero en paz con aquella observación. “Yo soy un peligro para otros. Sólo existen dos funciones que puedo hacer bien, y es por ello que soy incompatible con los demás. He sido criado para ser un arma de guerra, y soy demasiado bueno para eso.”
“Sin duda debo reconocer tu afinidad con el conflicto. Existen muy pocos que pueden hacerle frente a Honebami cuando va seriamente…” Yagen sonrió con suavidad, recordando momentos del pasado que en su presente eran puramente nostálgicos. “Sin embargo, acabo de ser testigo de tu otra habilidad. Eres un curandero innato. Me siento casi completamente bien,” asintió con respeto. “Te lo agradezco…”
“No es necesario que lo hagas,” Oodenta le miró de reojo. “Has descansado varias horas. Es pasada la hora del almuerzo.”
“¿Lo es?” ello sorprendió al doctor. Él quiso sacar su celular, y recordó que lo había dejado detrás al irse de casa. El recuerdo de todo lo transcurrido en la mañana le cayó como un gran peso encima y se incomodó. “Cierto… mi comportamiento hoy no ha sido más que recriminable…”
“…” cerró los ojos. “No sé a qué te refieres, pero fuiste bienvenido por el mismo Kousetsu. Es evidente que serás bienvenido a este lugar cuando gustes, esa es su naturaleza. Al menos, puedo comprobar que te encuentras bien. Vine para supervisarte, y te notas aliviado.”
“Ustedes son más bondadosos de lo que deberían ser. No tengo forma de expresar mi agradecimiento, o corresponderles,” admitió el doctor, cabizbajo. Él miró sus manos contenidas dentro de sus guantes, con impotencia.
“Tú tienes una temperatura corporal menor a la del promedio…” observó Oodenta. “He podido percibirlo de ti. Pese a mantener tus manos cubiertas con esos guantes, estas están frías.”
“Será poca irrigación capilar u otra cosa…” sonrió rendido y miró al otro, denotando indiferencia. “No le des tanta importancia, Oodenta. Es una frialdad a la cual me he acostumbrado. Tampoco soy afín a entrar en contacto físico con otras personas, los guantes lo hacen más tolerable…” él agarró sus manos entre sí. “Y es otra forma de saber que controlo todo con lo que entro en contacto, tú sabes por qué…”
“…” se mantuvo inmutado. “Kousetsu también tiene una temperatura corporal muy fría, más que la tuya. Al parecer, es un desencadenante por haber sido un Rebel… pero es inquietante. Un humano con esa temperatura no podría sobrevivir.”
“Lo puedo imaginar,” asintió y se puso a pensar. “Este tipo de efectos secundarios en exRebels no son comunes, pero tampoco muy extraños. Kousetsu-san fue un Rebel que manipuló el frío y el hielo, después de todo. Si a estas alturas este desarreglo no le ha dado problemas de salud, podemos declarar que su cuerpo ha podido ajustarse debidamente y posee un metabolismo y actividad celular únicos,” sonrió intrigado. “Heh, hasta podría decir que él debe ser inmune a la mayoría de males bacteriológicos y patógenos.”
“Lo es, ahora que lo mencionas. Él también parece ser inmune a temperaturas frías.”
“Yo también lo soy hasta cierto punto,” se puso a meditar. “De todas formas, lo mejor sería que Kousetsu-san acudiera a Rizembool para hacerse un chequeo y cerciorarse que no hubo otros desencadenantes en su organismo…” entonces, el doctor se detuvo y negó frustrado. “No, es una mala idea. La relación que los Samonji tienen con Rizembool es muy negativa y, pese a que Kousetsu-san sea más neutral al respecto, sólo mencionar la recomendación podría ser el último impulso que Souza necesita para atentar contra mi vida.”
“Pienso que estás en lo cierto,” comentó Oodenta, inmutado.
“Debo admitir… que parte de mí se sorprende en la pasividad de Souza por mi presencia,” dijo, sonriendo con leve frustración. “Puede que sus hermanos me hayan dado la bienvenida, pero realmente me estoy imponiendo ante él. Ni Sayo ni Kousetsu-san pueden comprender lo que su hermano ha tenido que vivir por mi culpa por más que estén informados al respecto…” alzó su mirada hacia el techo, meditativo y un poco ido. “Soy un demonio, no existe mejor palabra para describir a alguien como yo. Souza fue el primero que me llamó así, y siempre pensé que fue apropiado…”
“…”
“Ahora que estoy aquí, hubiera sido un momento oportuno para que arremetan en mi contra. De todas las formas en las cuales podría morir, él asesinándome sería una de las más apropiadas…” comentó con leve fascinación y un ausente entretenimiento, mientras sonreía tranquilamente con su mirada fija al techo. “Sin embargo, me pregunto si ello le permitiría tener la última risa. Me pregunto si acabar conmigo realmente podría ser una resolución para él…”
“¿Tú crees que lo sería?” le preguntó Oodenta, pausadamente.
“Viéndolo desde un punto neutral, no lo sería, en lo absoluto,” negó. “Me pregunto si la guerra realmente puede conducir a una paz interna para alguien. Sea a lo que en verdad conduce, no debe ser nada saludable,” Yagen miró al otro, con una sonrisa. “Sin embargo, sólo pienso que esa posible venganza hacia mí sería apropiada, por más que no sea correcta. Tampoco soy quién para dictar lo que otros piensan realizar con sus vidas. Los denominativos y las clasificaciones sobre acciones nunca han importado. Los hechos y las consecuencias son absolutas e independientes de lo anterior. Es así de simple…”
“A fin de cuentas, es verdad. No importa lo que debe o no debe haber, sino lo que hay,” Oodenta asintió con leve pesar, y se levantó. Entonces, él ingresó a ese ambiente y se sentó encarando de lleno al doctor, quien se vio un poco impresionado por la gran presencia del mayor momentáneamente. “Kousetsu ha logrado la paz interior que has podido detectar en sus dos hermanos. Para ser alguien tan huraño y depresivo, él siempre ha sabido cómo apoyar a otras personas con lo que necesitan. También me ha apoyado. No sé qué sería de mí en el presente de no haber sido por su necedad en auxiliarme…” negó un poco ofuscado y miró atentamente al doctor. “Pienso que te haría mucho bien pasar más tiempo con él. Puedo reconocer aquello que cargas en tus palabras. Tu mensaje resuena dentro de mí por ser algo tan familiar. Sin embargo, Rizembool nunca ha sido el lugar por el cual debemos modelar nuestros pensamientos. Kousetsu es una persona muy sabia y paciente que podría tener bastante que decirte si le das la oportunidad. Lo sabes. He podido notar que tú te diriges hacia él con respeto.”
“Tienes razón,” Yagen asintió. “Él es una persona por quien no me veo forzado a respetar, sin embargo, ello no me impide hacerlo. Nunca he tenido problemas reconociendo a aquellos por encima de mí. De todos modos, esa sugerencia de tu parte es algo que no ocurrirá. No me corresponde, y me encuentro en un estado en el cual pienso ser lo suficientemente lúcido e inconsciente a la vez como para mantener el status quo equilibrado,” al decir esas palabras, él sonrió entretenido. “Lamento mucho expresarme de este modo. Mis caprichos al momento de elegir palabras pueden causar ciertas confusiones. Sólo quisiera resaltar que no pretendo involucrar a nadie en mis asuntos, por más superficial que su ayuda pueda ser.”
“Creo entender a qué te refieres…” Oodenta cerró sus ojos, con pesadez. “Kousetsu me ha hablado sobre ti en ocasiones.”
“¿Lo ha hecho? No veo por qué ello sería necesario,” se mostró un poco curioso al respecto.
“Nunca ha dicho mayores detalles sobre ti, tampoco hay punto de repetir la historia que hay entre tú y su familia. Él simplemente ha meditado sobre cómo se considera semejante a ti.”
“Lo dijo en la mañana…” Yagen desvió su mirada. “Aparte de nuestros vínculos con Rizembool, difiero en su parecer.”
“Él dijo que son parecidos ya que ambos, en un momento crucial en sus vidas, hicieron todo a su alcance en nombre de sus seres queridos,” resumió Oodenta, abriendo sus ojos y mirando al piso, sumergido en pensamientos. Él notó de reojo al doctor incomodarse por lo dicho. “Los dos representan un desbalance. Tuvieron intenciones buenas en el fondo, pero llegaron a acciones impensables para la mayoría. Todo ello repercute más allá de conceptos globales como el bien y el mal. Kousetsu con frecuencia ha sido comparado con un ángel por haber ayudado a tantas personas fuera de su vida en Rizembool. Tú has sido llamado un demonio repetidas veces, si bien tengo entendido. Sin embargo, Kousetsu tiene razón al decir que ustedes no son más que seres humanos, personas que han probado los límites de dicha humanidad, pero que nunca llegarán a ser descalificados como tales.”
“Hmhm, son palabras nobles de su parte…” dijo Yagen, sonriendo con ironía. “¿Qué es lo que opinas al respecto, Oodenta? ¿Cómo te ves reflejado en esas palabras? Tú, que te consideras una bestia incompatible con la humanidad…”
“…” él asintió y le miró fijamente. “Por más que sea un incorregible peligro para los demás, no puedo negar la humanidad que yace dentro de mí. Tengo deseos y necesidades afines a otros. Ello no lo puedo desaparecer. Del mismo modo, ustedes son también seres humanos, y todo aquello que pueda categorizarse como sobrehumano al analizarles individualmente se deriva de sus características propias como personas. Y puedo decir que concuerdo con la visión de Kousetsu de parecerse a ti por aquella vivencia que tienen en común, aunque tienen sus diferencias. Vine para poder hablar contigo y formar mis propios pareceres sobre ti, puesto a que nunca hemos hablado anteriormente.”
“Es verdad, y admito que ha sido agradable,” el doctor sonrió con amabilidad. “Sin embargo, yo nunca seré capaz de mirarme a mí mismo como algo distinto a una abominación. Soy un demonio y aquel es el rol que ha sido asignado para mí desde que tuve diez años de edad, cuando Rizembool me abrió las puertas y mi maestro me aceptó como su aprendiz.”
“…” Oodenta le miró con un poco más de atención. “No es una carga para ti…”
“Por el contrario, es mi identidad, y la acepto por completo,” declaró Yagen, sonriendo suavemente y asintiendo. “Y del mismo modo en el cual tú pretendes apartarte de otros, yo intento hacer lo mismo al reconocer que he perdido compatibilidad con los demás…” desvió la mirada sin mutar su sonrisa, aunque con unos ojos levemente tristes. “Sin lugar a dudas, ello incluye a mi propia familia.”
“…”



Después de terminar con sus labores en Rizembool, los cuatro hermanos habían llegado a la residencia de los Samonji, y fueron recibidos por los dos mayores. Ellos los llevaron al pequeño comedor, el cual se había quedado un poco justo por la cantidad de personas, donde los hermanos del doctor Toushirou explicaron lo acontecido temprano en la mañana.

“Fufufufu…” Souza llevó una mano a sus labios para disimular su discreta y burlesca risa. “Regar al doctor con el desayuno. Fufufu, sin lugar a dudas, si alguien puede salvarse de ese crimen, esos son sus hermanitos…”
“Uhh…” Hakata bajó su mirada.
“Vamos, no es que haya sido un crimen ni nada, no exageres,” Namazuo sonrió incómodo. No entendía por qué todos los conocidos de Rizembool de su hermanito solían referirse a él como alguien peligroso o maligno.
“Fue un hecho muy desafortunado y lamentable, y me encuentro genuinamente preocupado por él,” Ichigo agachó su cabeza. “Siento mucho las incomodidades causadas hacia ustedes, y les agradezco de todo corazón por extender ayuda a nuestro hermano. Son muy amables.”
“No es necesario que nos agradezcas, Ichigo-san,” Kousetsu levantó una palma, manteniendo un semblante relajado con sus ojos cerrados. “Yagen es un conocido y le auxiliamos del mismo modo en el cual todos debemos ayudarnos mutuamente. Es también evidente que ustedes son una agradable y cálida familia, además de que uno de sus hermanos estudia junto con O-Sayo. Siempre serán bienvenidos a nuestro hogar…”
“Sus palabras significan mucho para mí,” el peliceleste levantó su rostro y sonrió agradecido. “Ustedes son quienes merecen esos calificativos. Poseen una tan sincera voluntad y viven bajo principios correctos de extender hospitalidad y ayudar al prójimo. Soy incapaz de expresar el aprecio que siento por ustedes…”
“Ciertamente, Kousetsu-niisama es todo lo que mencionas, pero yo sí soy quien no merece esas amables palabras,” Souza desvió su mirada con una sonrisa irónica. “Aun así, puedo ver que ustedes también podrían considerarse como seres de la luz. Me alegro por ustedes…”
“¿Por qué te excluyes?” preguntó Hakata. “Tú también fuiste muy amable. Gracias por ese tazón de sopa. Estaba muy delicioso.”
“Fufu, Kousetsu-niisama consideró la posibilidad de darles la bienvenida al preparar más de lo usual, sin lugar a dudas,” el pelirrosa se vio entretenido y sonrió al pequeño con amabilidad. “¿Quisieras que te sirva un poco más?”
“¡Sí, por favor!” exclamó mientras extendía el tazón.
“Hakata, no deberíamos aprovecharnos de la buena voluntad de los Samonji,” observó Ichigo, un poco alarmado por la soltura de su menor.
“No te inquietes. Hay más que suficiente y es una comida muy nutritiva,” dijo Kousetsu con tranquilidad y un serio semblante. “Les invito a sentirse como en casa.”
“Gracias~” Namazuo canturreó animado. “Y ya que estamos como en casa, ¿cuál es tu secreto para tener un cabello tan largo y sedoso? Mis puntas ya se andan quebrando pese a mis mejores esfuerzos y no sé qué hacer…”
“N-Namazuo…” Ichigo se horrorizó por aquella pregunta.
“¿Qué tonterías preguntas?” luego de un prolongado silencio, Honebami se animó a hablar para quejarse con su mellizo y mirarle con severidad. “Es inapropiado.”
“Uhh, no dolía intentarlo, ¿no?”
“Fufufu…” Souza rió y se detuvo de servir más comida para contestar. “Yo que soy su hermano menor desconozco sus secretos de belleza, así que suerte sacándole información…”
“…dudo hacer nada particularmente especial para mantener mi apariencia,” confesó el mayor, y dio un leve suspiro. “No siento que pueda apoyarte con ello.”
“Oh, está bien, aún si le fueras a ayudar, Namazuo-nii se olvidaría de tu tip en como cinco minutos,” Hakata se encogió de hombros y entonces recibió su tazón lleno de sopa. “¡Yay, muchas gracias!”
“No digas eso, hermanito…” este hizo un puchero.
“Si no está de más preguntar…” Ichigo se vio un poco incómodo, pero encaró al dueño de casa con decisión. “¿Cómo así se conocieron con Yagen? Siento la pregunta. Es quizás algo que no nos corresponde, pero realmente quisiera saber…”
“…” Kousetsu abrió sus ojos y asintió. “Es una historia incómoda de nuestra parte también. Se remonta hace cinco años, cuando Souza fue un Rebel durante la secundaria.”
“Rebel…” ello sorprendió a Namazuo. Él pudo notar a Ichigo y Hakata impresionarse también, aunque Honebami mantuvo su inmutabilidad y atención hacia Kousetsu. Por la cercanía de su mellizo con Yagen, seguramente ya sabía toda la historia.
“Ciertamente, yo fui uno de esos maldecidos,” comentó Souza con una pizca de entretenimiento y una débil y humilde sonrisa. “Me reservaré mis motivos para haber sido un Rebel, aquello no les concierne. Sólo sepan que eso es algo de lo cual no me enorgullezco…”
“…en resumen, Yagen es un doctor de Rizembool, y ello le ha llevado a atender y lidiar con todo tipo de personas en esa institución, y término siendo un supervisor de Souza,” dijo Kousetsu, inmutado y con cadencia. Él desvió su mirada hacia las puertas corredizas que mostraban el jardín, meditativo. “No es necesario decir que aquel es un ambiente de grandes tensiones y desacuerdos, y el conflicto está presente por doquier, no solamente dentro del campo de batalla…” cerró sus ojos. “La guerra en sí es el conflicto más saludable, lo que lastima más se ubica dentro de la convivencia, y en la propia incertidumbre…”
“…” esas palabras resonaron en Ichigo, quien llevó una mano a su pecho y bajó su mirada con tristeza y preocupación. “Por más que Yagen no colabore con proyectos orientados a esta injustificable guerra, seguramente ha tenido que soportar un montón, nunca lo había pensado.”
“…” Souza sonrió divertido mientras observaba a aquel ingenuo y perfecto hermano mayor.
“Por todo ello, en aquel entonces, nuestra relación con tu hermano fue desastrosa…”
“¿Eh? ¿Por qué?” preguntó Hakata, un poco alarmado. “¿Algo serio ocurrió?”
“No necesitan saber los detalles,” dijo el pelirrosa, tranquilamente. “Ello es algo que no trascendió a mayores, nada más…”
“Al final de nuestro encuentro cinco años atrás, Yagen nos auxilió de un modo que no hubiéramos esperado,” resumió Kousetsu, con leve tristeza. “Ello limó las asperezas entre nosotros y nos hizo abandonar esta ciudad por un par de años para recobrar nuestras energías después de participar en la guerra. De todos modos, queda mucho pendiente para nosotros en este lugar, y está en nuestro deber aceptar lo sucedido antes de continuar con nuestras vidas.”

Hubo un breve silencio en lo que los visitantes absorbieron aquella triste e incompleta historia, y comprendieron las dificultades que esa familia de tres hermanos tuvo que afrontar. Pese al dato de que uno de ellos era un Rebel, un sentimiento de simpatía fue inspirado en los oyentes, quienes juzgaron que era la guerra y no las personas la culpable de lo ocurrido.

“Lo lamento mucho…” dijo Namazuo, cabizbajo y apenado. El relato le había inspirado una gran tristeza. “Sé que no soy capaz de comprender lo que ustedes han tenido que afrontar.”
“Tus palabras significan un montón, no te inquietes,” dijo Souza, sin mutar su sonrisa. “Incluso si alguien como yo no las merece…”
“¿Qué dices?” se extrañó.
“Fufu, perdón, es una respuesta natural de mi parte,” confesó el pelirrosa con entretenimiento y tranquilidad. Él carecía de un esperado sentimiento de tristeza o agobio ante sus dañinas palabras, como quien estaba acostumbrado a lastimar su autoestima. “Y es normal para muchos también. No todos los que llegan a Rizembool o Hanasaki terminan aprendiendo de las instituciones y formando fuertes amistades antes de seguir con sus vidas profesionales,” sonrió sombríamente. “Hay muchas historias imperfectas que no valen la pena contar…”
“…” ello inquietó a Hakata, quien miró su plato medio vacío con tristeza. “Eso no tiene mucho sentido… mientras sean historias de personas en sí, todo vale la pena compartir…”
“Eso es muy cierto,” Ichigo asintió y frunció el ceño. “Es inquietante y notorio que todavía hay mucho que no entiendo. Rizembool, que nos apoyó desde hace varios años como nuestra alma mater, siempre fue imperfecto por participar en esta guerra sin sentido. Sin embargo, si personas tan amables como ustedes se vieron involucradas, temo que este lado del conflicto sea más grande de lo que puedo haber temido… esta guerra es demasiado poderosa e influyente…”
“Sin importar su magnitud, la guerra sólo afectará a aquellos que le dan el poder de hacerlo, Ichigo-san,” recalcó Kousetsu con amabilidad y un tono de voz tranquilo.
“Sí, es verdad…” Ichigo asintió con severidad. “Y ello mismo es lo que temo… me pregunto cuánto ha podido afectar a Yagen detrás de nuestras espaldas. Él nunca lo admitiría…”
“…” Namazuo se vio sorprendido y alarmado por esas palabras, y volvió a agachar su cabeza. “Tienes razón, él es de ocultarlo todo.”
“…” Honebami se mantenía perfectamente inmutado y mirando hacia el jardín, ajeno a la conversación. Él no necesitaba oír nada de lo que estaba siendo discutido.
“Tengo que vigilar a Yagen más de cerca. Él, que ha sido tan cercano a Rizembool desde que tengo memoria, debe tener mucho sobre sus hombros. Pese a que pueda no confiarme sus inquietudes y recuerdos, debo hacerle entender que estoy de su lado,” declaró el peliceleste, con gran convicción. “Es mi responsabilidad.”
“Te pido que lo hagas, por favor,” Kousetsu asintió y cerró sus ojos. “Pienso que él necesita de apoyo, y eso es algo que dudo poder extenderle. Al menos cuenta con una familia como la que ustedes son, y te ves como una persona confiable, Ichigo-san.”
“Espero hacer justicia a tus palabras,” dijo Ichigo, asintiendo. “Haré lo posible.”

Entonces, oyeron pasos acercarse, lo cual les informó que los tres pequeños acababan de llegar. Ellos ingresaron por la puerta del jardín y se acercaron a sus hermanos mayores.




“Hemos llegado,” anunció Sayo.
“Bienvenido,” Kousetsu asintió y le sonrió brevemente.
“Bienvenido a casa, O-Sayo,” Souza se levantó y acudió al peliazul para acariciarle un poco la cabeza, sonriéndole cálidamente. “Espero que hayas tenido un placentero día.”
“Sí, Souza-niisama,” él esperó a que su mayor le soltara para presentar a los demás. “Ellos son Hirano y Maeda.”
“Mucho gusto,” saludó el primero, haciendo una reverencia.
“Les agradezco por su hospitalidad,” dijo Maeda, sonriendo maravillado. “¡Tienen un jardín impresionante! Seguramente vivir aquí es muy tranquilizante.”
“Comprendo que son tan amables como sus hermanos. Adelante, pasen, tomen asiento,” dijo el pelirrosa, regresando hacia la mesa.
“Muchas gracias,” dijeron los dos al unísono y se apresuraron.
“Espero que el camino les haya sido agradable,” dijo Ichigo, sonriéndoles.
“Sí, y fue también tranquilo. Este vecindario es muy pacífico,” reportó Maeda, animado.
“¿Eh? ¿Estás comiendo, Hakata?” preguntó Hirano, un poco horrorizado.
“Sí, ¿por qué?” preguntó el rubio, confundido.
“¡Nosotros ya nos estamos imponiendo demasiado ante estas personas!”
“Hmm, pero está rico…”
“¡Esa no es una excusa!”
“Oh, admito que me gustaría probar un poco de la sopa,” dijo Maeda, sonriendo incómodo. “Se ve como una merienda saludable.”
“¡Y lo es!” Hakata le levantó un pulgar. “Hehe, me alegra que pensemos igual.”
“¿Tú también, Maeda?” Hirano se sorprendió.
“No hay nada de malo, aparte que es la hora del almuerzo,” dijo Sayo. “Pienso comer pronto y podrías acompañarnos.”
“N-no sería apropiado…” desvió su mirada.
“Son bienvenidos de hacerlo, pero antes…” Kousetsu se levantó. “Ahora que se encuentran aquí, puede que sea un buen momento para que vean a Yagen. Debe haber descansado lo suficiente.”
“Bueno sí, ahora que todos estamos ya nos toca,” Namazuo asintió. “¡Vamos!”
“Sí, es hora que me disculpe,” Hakata tomó un poco más de la sopa y se puso de pie.
“¿Dónde está Yagen-niisan?” preguntó Maeda.
“Está en la habitación de visitantes,” Souza se encogió de hombros. A diferencia de los demás, él se mantuvo sentado. “O-Sayo, sabes donde es. Guía a nuestros visitantes, por favor.”
“Entendido,” el peliazul asintió. “Es por aquí.”

Sayo se puso a caminar y fue seguido de los tres pequeños. Honebami les vio partir y les siguió de cerca sin decir una palabra.

“Se presentará distante, pero Honebami debe haber estado muy preocupado,” dijo Ichigo, sonriendo con torpeza. Él se dirigió a Kousetsu. “Siento si él les ha incomodado.”
“Ya le conocemos,” contestó tranquilamente. “Tu hermano es una muy leal compañía de Yagen y su actitud me es familiar.”
“…” asintió con leve seriedad. “También se conocen, entonces…”
“No tengo nada que decir sobre él aparte de que siempre ayudó a Yagen con lo que pudiera necesitar. Veo que ello no ha cambiado.”
“De todos nosotros, es el único que ha sido cercano a Yagen. Le debo un montón por ello.”
“…” asintió. “En marcha, nos estamos quedando atrás…”

“¿No nos acompañas?” preguntó Namazuo a Souza.
“No, ustedes vayan a reunirse con el doctor,” le pidió amablemente mientras servía otros tazones para los pequeños. “Mi cordialidad se extiende hasta aquí. Preferiría no interactuar directamente con tu hermano. Tengo mis razones.”
“Hmm…” el pelinegro se vio inconforme y con grandes ánimos de preguntar pese a que sabía que el otro no colaboraría.
“Fufu, puedo leerte,” este rió un poco y le miró con ironía. “No son temas que te conciernen, y Kousetsu-niisama ya ha sido muy generoso para compartir tanto con tu familia. Ahora respeta mi privacidad, por favor, y ve a reunirte con tu hermano, tú que tanto lo has esperado…”
“Espero que no te esfumes, al menos.”
“Veremos…” desvió su mirada y le oyó apurarse para seguir a los demás. Souza sonrió frustrado y con unos ojos tristes. “¿Qué será esto? Para variar, siento empatía por aquel doctor… sus ojos deben arder cada vez que observa a esta intangible y bondadosa familia que posee, estas personas tan distintas a él, tan brillantes, tan inocentes… tan vulnerables…”




“Los tiempos durante los cuales pude llamarme un verdadero Toushirou con todo orgullo se remontan a mi niñez, cuando mis padres seguían con vida,” recordó Yagen, cabizbajo y sonriendo con nostalgia. “La vida era bastante simple en aquel entonces. Fui enseñado a velar por mis parientes, a cultivar la lealtad hacia ellos y a alzar el nombre de mi familia por lo alto. Vivía con mis hermanos, quienes fueron mis amigos y con quienes solía expresarse acerca de todo. Como una familia unida, es normal que todos nos conozcamos demasiado bien.”
“…”
“Sin embargo, de aquel entonces no me queda mucho,” negó, viéndose entretenido. “Desde mi envolvimiento con Rizembool luego del fallecimiento de mis padres, he vivido apartado de mi familia por un sinfín de motivos. Mis hermanos mayores no recuerdan el pasado. Ellos no me conocen. Mis hermanos menores eran muy jóvenes y no fui yo quien estuvo ahí por ellos. Por consiguiente, ellos tampoco me conocen. Mis hermanos semejantes realmente no me necesitan y con el tiempo nos hemos distanciado en espacio y mentalidad…” se encogió de hombros y dio un suspiro. “Heh… sigue siendo el vínculo más difícil de cortar ya que todavía persiste, pero con toda honestidad no existen razones válidas para mantenerlo íntegro.”
“No solamente se trata de apartarte de otros,” observó Oodenta, mirándole fijamente, inmutado. “Tú estás deliberadamente cortando tus vínculos con tus familiares.”
“Precisamente, pero no es tan fácil. Por la familia que poseo, un paso en falso les incentivaría a entrometerse en mis asuntos y a preocuparse de sobremanera por mí. Si actúo en contra de la unión familiar, ellos velarán por traerme más hacia la familia e involucrarse más conmigo, y sabes bien que los secretos que escondo de ellos son demasiado peligrosos…” Yagen negó, sonriendo. “Mis hermanos son demasiado ideales y preocupados para hacerme tantos problemas, qué puedo decir…”
“…”
“Tampoco sé cuál es la medida correcta que tomar en mi situación, pero es todo lo que tengo a mi alcance, y también es lo más justo para ellos,” dijo el doctor, meditativo. “Llevo nueve años perteneciendo a Rizembool. Ello es casi la mitad de mi vida entera, y más de la mitad de mi vida consciente. Yo he sido instruido a ser médico por Rizembool, he recibido preparación para pelear por instructores de Rebels, he sido inculcado la mentalidad y los valores de mi alma mater, y mi maestro fue quien tomó el rol de mis padres de volverse mi modelo a seguir. Como resultado, Rizembool es mi verdadero hogar y he dejado de ser el Toushirou que algún momento fui, ya que mi conexión con mis hermanos de sangre se limita a nuestros genes y esporádicos recuerdos míos que la mayoría de ellos no corresponden. Esa es la simple verdad…”
“…” Oodenta pudo percibir una pequeña tristeza en las tranquilas palabras de Yagen, quien no dejaba de sonreír. Esas palabras expresaban unos pensamientos que podrían haber dado muchas rondas en la cabeza del científico con el paso de los años, y que eran una lógica impecable que comunicaba una verdad irrefutable…

…una verdad que no consideraba el diminuto, aunque existente, lado más irracional y pasional del doctor que había podido sobrevivir a esa institución fría y bélica a la cual llamaba su hogar. Yagen llevó un puño a su pecho y cerró sus ojos. Él borró su sonrisa y adoptó una expresión seria y solemne.

“No obstante, la lealtad persiste, mis valores y mis metas también. Las enseñanzas de mis progenitores de velar por mis hermanos y el deseo de mantenerles a salvo de todo aquello que pueda lastimarles continúan dirigiendo el rumbo de mi vida,” confesó el doctor, con leve pesadez, pero gran convicción. “Ya no seré un verdadero Toushirou, podré asemejarme a un impostor, y ya no soy merecedor de sus atenciones ni sentimientos de hermandad, pero deseo por encima de lo demás protegerles de este despiadado mundo. Quisiera alzar el nombre de mi familia, asegurarme de ver a mis hermanos mayores triunfar y a los demás vivir prósperamente, y presenciar que pese a lo sucedido en el pasado ellos pueden seguir adelante…”
“…”
“Pero ello será imposible para mí,” Yagen bajó su puño y volvió a abrir los ojos, para adoptar nuevamente aquella frustrada y tranquila sonrisa. “Hay muy poco que un demonio como yo es capaz de hacer. Mi utilidad hacia ellos se limita a asegurarme que las secuelas del conflicto entre Rizembool y Hanasaki no les afecten más de lo que ya les afectó y, como alguien profundamente envuelto con Rizembool, lo mejor es que me aleje de sus inocentes vidas…”
“Pese a lo que dices…” Oodenta desvió su mirada con leve incomodidad. “Es evidente que tú sigues conectado a ellos. Tu propia vida parece dedicada a tus hermanos…”
“Podría considerarse apropiado o remotamente justificable que un demonio como yo dedique sus metas principales a personas intachables,” entonces, Yagen rió un poco. “Haha, no, no lo hace justificable, pero es lo más cercano a ello. No hay forma que fechorías puedan justificarse. Mis propios hermanos se horrorizarían si fueran a enterarse de la historia que me une con los Samonji. Ellos nunca aceptarían ninguna de mis acciones y me desconocerían por ello. Y debo ser cuidadoso, porque como seres bondadosos tal vez sientan que pueden hacer algo por mí para ayudarme, lo cual no es verdad.”
“…”
“Pero ya no me queda mucho tiempo con ellos,” comentó, sonriendo tranquilamente. “No tengo ninguna certeza, pero sé que este status quo está por agotarse y quebrantarse y, cuando ello ocurra, yo partiré en un camino completamente distinto al de ellos, como el demonio que soy,” alzó su mirada hacia el techo y se vio ligeramente desposeído. “…lo único que espero es haber podido ser capaz de alejarme de mis hermanos y dado el mensaje de que me abandonen de manera contundente cuando suceda. Debo admitir… que ese es mi único temor… esta guerra se volverá peor y ellos no están mentalmente preparados, sin importar lo fuertes que puedan ser… frente a ello, mi propia mortalidad palidece…” sonrió para sí. “Yo estoy convencido que moriré joven, suena apropiado… sólo espero que, cuando la muerte me alcance, nada quede inconcluso… todavía tengo mucho por organizar antes de reconocer mi mortalidad… todavía tengo a pocos hermanos que necesitan de mi ayuda…”
“…” Oodenta mantuvo su mirada desviada en lo que absorbía todo aquello que el doctor Toushirou confesaba ante él. Era demasiada pesadez. “Me sorprende oírte hablar. Yo, de entre todas las personas que podrían oírte…”
“Me has inspirado empatía, y sé que puedo contar con tu silencio…” confesó Yagen, quien regresó a mirarle con su semblante tranquilo y profesional, como si la previa conversación no hubiera ocurrido. “Ahora que he recobrado mi compostura, debo disculparme ante cualquier posible inquietud producida por mis palabras. Son pocos quienes conocen mi verdadera historia, debe ser por ello que terminé expresándome a plenitud. Inesperadamente, este resultó ser un lugar más cómodo que mi residencia familiar…”
“Aquello no es sorprendente, sin embargo…” Oodenta frunció levemente el ceño, con una mezcla de frustración y ligera molestia. “Comprendo tu deseo de alejarte de tu familia… pero sé que tú terminarás convirtiéndote en un verdadero demonio si lo haces… da la impresión que han sido ellos quienes te han mantenido íntegro todos estos años…”
“Hmhm…” rió por lo bajo. “Es un parecer intrigante, Oodenta, tal vez estés en lo cierto. Y si me permites…” a diferencia del otro, Yagen sonrió con amabilidad. “Hay mucho más en ti que una máquina de matar, es demasiado evidente. Espero que dejes tu lejanía e intentes convivir con otras personas. Tu aislamiento no es saludable en lo absoluto…”
“No suenas como un demonio.”
“Hmhm…” le miró con perspicacia. “Soy un doctor y me gusta velar por el bienestar de otros. Eso es algo que no puedo evitar…”

Entonces, los dos oyeron varios pasos acercarse por el pasillo dentro de la casa. Yagen se vio sorprendido ya que eran muchas personas, y algunos de esos pasos le resultaban conocidos. No había duda; eran sus parientes.

Oodenta se levantó y caminó hacia el pasillo exterior que daba hacia el jardín, para así retirarse y evadir el contacto con las personas. Al llegar al umbral, la puerta opuesta se abrió.




“¡Yagen-nii!” comenzó Hakata, pero tanto él como Hirano se impresionaron por observar a aquella gigante y aterrorizante persona que se marchaba.
“E-ehh…” Hirano se quedó sin palabras y cuando Honebami les dio el alcance, se escondió instintivamente detrás de él.
“…” el peliblanco miró inmutado a Oodenta y este le correspondió la mirada de reojo, para así irse caminando y desaparecer del ambiente.
“…” por su lado, Maeda había ladeado su cabeza, con curiosidad. “¿Quién es esa persona?”
“Oodenta-san es un amigo. No es muy sociable,” dijo Sayo, inmutado. Una reacción de miedo y aprehensión era de esperarse de cualquiera que le veía por primera vez, pero notaba cómo ese chico de Rizembool no había sido intimidado, a diferencia de sus hermanos.
“Él se ve un poco…” comentó Maeda, meditativo.
“Parece peligroso,” dijo Hakata, dando un suspiro. “Sé que dicen que no se puede juzgar por las primeras impresiones, pero me asustó.”
“S-supongo que a mí también…” Hirano desvió su mirada. “Parecía molesto.”
“No…” Maeda negó y bajó su mirada. “Más bien, se veía un poco triste, no puedo explicarlo.”
“…” Yagen sonrió suavemente y se levantó del piso, para acercarse a su hermano. “Tienes razón, Maeda. La melancolía es lo que define a Oodenta por encima de lo demás. Veo que te has preocupado un poco por él, pese a su apariencia,” asintió, complacido. “Posees un espíritu gentil, como lo esperaría de ti.”
“Nii-san…” el pequeño se conmovió e hizo una rápida venia. “¡Siento mucho las incomodidades de esta mañana! ¡Te importunamos en el peor momento y originamos una riña frente a ti! ¡Lamento haberte causado tantos problemas!”
“¡Lo siento, Yagen-nii!” se le sumó Hakata.
“¡Lo sentimos, Yagen-niisan! ¡Estamos sumamente arrepentidos!” dijo Hirano, también haciendo una venia.
“N-no, por favor, deténganse,” el doctor se incomodó y agitó sus palmas. “Los accidentes pasan y no me incomodaron mucho. Más bien…” desvió su mirada. “Lamento haberme ido y haberles preocupado de esta forma… mi acción fue inaceptable…”
“…fue inesperada,” opinó Honebami, quien finalmente se acercó al haber visto a los pequeños concretar sus disculpas. El miró al doctor atentamente. “¿Cómo te sientes?”
“Mucho mejor, gracias por preguntar,” Yagen sonrió incómodo. “Los Samonji han sido muy amables conmigo y Oodenta me preparó medicinas, no tienes que preocuparte,” dio un suspiro. “Debes haber estado muy preocupado por mí, lo siento mucho…”
“Estoy bien…” negó, inmutado. “Lo importante es que hayas podido recobrar tu salud. Y no soy el único que se ha preocupado.”
“Lo comprendo…” Yagen asintió. Para que Honebami hubiera compartido su ubicación con sus hermanos, su acción había producido bastante preocupación en casa. Imaginaba que todos tendrían algunas cosas que decirle.
“Me alegra que estés bien, Yagen-san,” dijo Sayo, cabizbajo. “Estuve preocupado.”
“Lo estoy, gracias. Te debo una, Sayosuke.”
“No…” negó y le miró. “Prefiero que no nos debamos favores, Yagen-san,” desvió su mirada con leve incomodidad. “La cuenta sería un poco compleja…”
“Hmhm…” rió por lo bajo y le sonrió comprensivamente. “Es verdad…”

Mientras los dos dialogaban, los hermanitos intercambiaron miradas.

“Ehm… ¿qué tan cercano es ese chico a Yagen-nii?” preguntó Hakata, confundido. Él frunció el ceño mientras se puso a pensar. “Para que Yagen-nii le llame por un apodo…”
“No sabría decirlo, pero tengo curiosidad,” dijo Hirano.
“Sí, yo también…” Maeda asintió, y pudo oír a los otros tres finalmente alcanzarles.

“Yagen,” Ichigo se apresuró para llegar donde el pelinegro.
“Buenas tardes, Ichi-nii…” dijo, pero el doctor se sorprendió de que el peliceleste le agarrara fuerte de ambos brazos. “¿Q-qué haces?”
“¿Te encuentras bien? ¿Has podido descansar debidamente?” le preguntó con rapidez, visiblemente preocupado.
“Me encuentro bien, como iba diciendo,” Yagen se sacudió para liberarse y dio un paso hacia atrás. Luego del leve amargo por aquella invasión de su espacio, frunció el ceño con reproche y un poco de arrepentimiento. “Son muy amables. No tenían que preocuparse por mí, pero lo han hecho, por más que yo sea quien estuvo en falta aquí.”
“Es cierto que esta situación no debió haber sucedido,” Ichigo asintió, seriamente. “No te encontrabas en condiciones de salir y no debiste haber actuado de esa manera, Yagen. Tampoco tendría que decírtelo.”
“Es normal que lo hagas,” Yagen desvió su mirada. “Perdón.”
“No…” el mayor negó. “Sólo no dejes que vuelva a suceder. Si te sientes mal, debes quedarte para contar con nuestro apoyo y dialogar si piensas que algo está fuera de lugar. Somos una familia, y nadie debería sentir el impulso de rendirse y retirarse si algo no va bien.”
“Lo sé…”
“Y si te has sentido así en algún momento, ello delata lo mucho que pasas fuera, y el poco contacto que tienes con nosotros. Mi deber como hermano mayor está en falta contigo,” Ichigo puso una mano sobre su pecho. “No puedo dejar que sigas aislándote de este modo. Sé que hay mucho que me pierdo de tus obligaciones y dificultades por tu trabajo en Rizembool, pero al menos quiero hacerte entender que estamos de tu lado, y que cuentas con nosotros para lo que necesites. Por ello, espero verte en casa más seguido. Debemos aprovechar que casi todos nos encontramos reunidos luego de tanto tiempo…”
“Entiendo…” Yagen frunció el ceño. Efectivamente, había dado un paso en falso por aquella instintiva reacción luego del incidente de la mañana, y su familia había ido a buscarle a aquel insospechado lugar con tal de jalarle de regreso. Él se frustró, ya que les hizo preocuparse de más y desencadenó esa respuesta indeseada de los demás.
“Yagen…” Ichigo se mostró preocupado por notarle tan inquieto.
“No, no te preocupes, Ichi-nii…” el doctor sacudió su cabeza y se le dirigió con una sonrisa torpe. “Estoy avergonzado de mis acciones de hoy. Lo siento mucho.”
“Ya pasó, no hay que enfocarnos en ello,” negó.
“Es verdad, y todo esto me ha dado a entender que tendré que molestarte más seguido en tu laboratorio~” canturreó Namazuo, traviesamente. “Y si te niegas a seguir las indicaciones de Ichi-nii, yo mismo me encargaré de hacerte la vida imposible.”
“…” Yagen le miró con cansancio.
“No te dejes llevar, Namazuo,” Honebami negó. “Y no dejaré que te excedas.”
“Heh, tú tranquilo que soy cuidadoso con mis lindos hermanitos~”
“Realmente les debo más de lo que podría expresar,” Ichigo se giró hacia Kousetsu y Sayo, quienes observaban esa escena.
“No te inquietes, estamos aquí para apoyarles si en algún momento lo necesitan,” recalcó el mayor, tranquilamente.
“Les agradezco por su generosidad,” dijo Yagen, haciendo una reverencia. “Han sido muy amables conmigo y con mis hermanos.”
“Está bien,” Sayo negó. “Tenemos una comida preparada. Pueden acompañarnos a degustarla antes de que se retiren.”
“Heh, nosotros habíamos comido, pero puedo probar un poco,” Namazuo asintió.
“Cierto, todavía no he terminado mi sopa,” recordó Hakata.
“Eh, si insisten, lo acepto,” Hirano asintió. “Muchas gracias.”
“Realmente que sí, gracias por todo,” dijo Maeda, animado.
“Vayamos de regreso…” Kousetsu caminó hacia el comedor y todos les siguieron. El dueño de casa asumía que su hermano se iba a ausentar, pero era entendible. Pese a la presente paz en su entorno, quedaban muchas cosas que resolver en su familia. Se sentía lo suficientemente agradecido de la voluntad de su hermano de mostrarse cordial ante los demás.

Ellos compartieron una breve merienda antes de que los Toushirou se retiraran de regreso a su hogar. Aquella reunión marcó el inicio de una improbable conexión entre esas dos familias, quienes con el tiempo se volverían más cercanas y se confiarían mayores secretos con respecto al problemático pasado de los Samonji, y a la naturaleza del joven doctor.



Y el tiempo siguió con su curso.


Kana

#41
Cada detalle parecía estar en un perfecto equilibrio donde hasta lo más minúsculo había sido minuciosamente elaborado para la ocasión. Eran casi las ocho de la mañana, sólo faltaban veinte minutos exactos para que lo fueran, y el auditorio del departamento donde se encontraban los laboratorios de Rizembool estaba en su mayoría abordado por estudiantes de la carrera de genética humana.
Ritsu había tenido algunas dificultades antes de salir de su dormitorio en Rizembool, puesto que no encontraba la libreta que siempre usaba para tomar apuntes. Había dejado todo en orden la noche anterior como de costumbre, pero su libreta la había dejado inconscientemente en otro lugar. Podría haber tomado cualquiera libreta ese día, pero tal vez era cosa de manía o incluso algo ritualístico que sentía que debía llevar aquella.
Afortunadamente para el pelinegro aún estaba a tiempo, así pudo notarlo cuando llegó al piso veinte donde se encontraba el auditorio ya que no le costó trabajo reconocer a Thorn, una chica que era miembro del equipo de investigación, guiando verbalmente a los alumnos, maestros y demás invitados hacia sus sitios. A Ritsu le había sorprendido verla en ese deber, ya que la chica era una persona de pocas palabras y que prefería mantenerse aislada de los demás humanos. Le saludó nada más con la mirara, Thorn no necesitaba un saludo más fraternal porque seguramente lo rechazaría. Ritsu atravesó la gran puerta abierta del auditorio y entró para buscar su asiento, no era de los primeros, pero no se quejaba de la ubicación pese a ser uno de los protagonistas de la siguiente exposición. Aunque no le diesen un sitio en la primera fila, de todos modos, se sentía bastante afortunado de estar allí en calidad de colaborador.
Siendo un destacado estudiante de Psicología, Ritsu Shikishima había sido seleccionado para ser parte del proyecto de investigación llevado a cabo por el científico de renombre Liebheart, lo cual ya le daba un prestigio adicional al ser parte de ese selecto grupo. Otro detalle del que se jactaba el muchacho, era ser el único miembro de ese grupo que no era estudiante de la carrera de Genética Humana o de alguna Ingeniería asociada al tema. Siendo estudiante de Psicología, sus compañeros de clase le habían advertido que era demasiado ilusorio soñar con ser parte de ese comité de futuros científicos dado que, para pertenecer a dicho grupo, debía ser esperable que fuese un estudiante de aquellas carreras. Incluso se había sentido apocado cuando llegó el primer día y le presentaron en su rol de estudiante del comportamiento y de la mente humana, en comparación a los otros que podían crear grandes máquinas de batalla. Pero había dejado ver muy bien lo importante que era su profesión en la investigación que Liebheart les había articulado.

La mente humana era una fuente de investigación, Ritsu en especial tenía una obsesiva fascinación por el lado oculto de la luna, el subconsciente e inconsciente de la psique. Esa pasión por la mente humana le había hecho merecedor de un lugar en la investigación que los alumnos llevaban a cabo para Rizembool.
Con sus compañeros de equipo no tenía gran cercanía ya que sentía que de todos modos lo miraban por sobre el hombro. Tal vez en un principio eso le habría desalentado, pero podía notar que consideraban las aportaciones que él realizaba al proyecto. A Johan Liebheart lo veía poco, porque era un hombre demasiado ocupado, pero las pocas veces que habían cruzado palabras el rubio le había transmitido confianza y ánimo en los momentos que Ritsu estuvo por rendirse. Incluso al proyecto le habían puesto el nombre que Ritsu le había mencionado al científico como opción, de aquel día el proyecto de investigación pasó a llamarse “Catharsis”

Llegó a un asiento libre, donde se ubicó. Notó los rostros conocidos de algunos compañeros de investigación. Los otros estaban en una fila más privilegiada. Suponía que eso se debía porque aquellos habían contribuido más a la exposición de aquel congreso de ciencia. Ritsu se sentó a un lado de Eishi Tsukasa quien parecía haber llegado algo más temprano, el peliblanco le saludó brevemente. Luego notaron que Kaneki llegaba junto a Cain, los dos se sentaron en los sitios libres al lado de Eishi.
—¿Kuze?— Preguntó Ken Kaneki a Eishi.
—Está allá adelante. Llegó bastante temprano… Además estaba encargado de los recursos necesarios para esta exposición.— Le miró de reojo. —Pensé que te había tocado sitio más adelante, Kaneki. Como también estuviste en el comité de organización de este congreso.—
—Ah, así es.— Asintió. —Pero llegué muy tarde, eh… Tuve algunas complicaciones en venir. Además quería acompañarlos aquí.—
—¿Quién va a ser el presentador?—Preguntó el peliblanco más que nada por matar el tiempo.
—Se acordó desde el comienzo que sería Minezawa-san. Tiene buena presentación y es bastante sereno para explicar.—
—…— Ritsu les observó de reojo, escuchando la conversación pero no involucrandose, principalmente porque el grupo de estudiantes de Genética Humana solían marginarlo. El haber escuchado que Minezawa sería el presentador no le parecía algo novedoso, aquel chico siempre había sido bastante serio y comprometido con sus estudios teniendo un alto grado de responsabilidad. Él y Minezawa no se llevaban especialmente bien, por el carácter frío y déspota del peligris, pero eso no significaba que considerase que no merecía estar donde estaba. Notó que un chico peligris y de ojos color rosáceos se sentó del otro extremo de los chicos.
—Hola, Aru.— Le saludó Kaneki.
—Hola.— Respondió el saludo. —Ya falta poco para que comience.— Les entregó trípticos con el itinerario del congreso. —Kaworu quería sentarse hasta aquí atrás, pero Thorn no lo permitió. Ella da algo de miedo.—
—Oh, pobre de tu primo.— Kaneki asintió. Thorn no era mala pero sí daba algo de miedo.
Ritsu se distraía con el ambiente y de vez en cuando prestaba atención a la charla de ese grupo. Vio que de pronto se quedaron en silencio leyendo todos de la pantalla del teléfono móvil de Aru Akise, seguramente algún artículo de investigación propia del chico. Aru era primo menor de Kaworu, por tanto, su nombre completo era Aru Akise Nagisa, era miembro del grupo de investigación pero a diferencia de su primo mayor él era intermitente ya que tenía sus propios proyectos personales. Aru presentaba más motivación por la investigación de casos, siendo un excelente perito forense. Seguramente lo que les mostraba a esos chicos, y que parecían bastante interesados, era algún caso policial que el primo de Kaworu había resulto indicando al criminal y como habría ocurrido el homicidio. Notó que, a diferencia de Kaneki y Tsukasa, Lancaster estaba leyendo el tríptico con una expresión de incomprensión. Ritsu casi pensó que tenía dificultades con el idioma japonés, pero luego recordó que sí sabía hablarlo y leerlo (y que no era mudo, porque una que otra vez le habría escuchado un monosílabo en la vida) así que su desorientación debía ser por otra cosa… Quizá algo que faltase nombrar en dicho tríptico. Pero lamentablemente Ritsu no tenía como comprobarlo.
—¿Quieres leer?— Le preguntó Cain, extendiéndole el folleto.
—Ah, eh… Gracias.— Ritsu lo recibió, estirandose por encima de los otros sin perturbarlos. Al leerlo por encima parecía que todo estaba en orden. “¿Entonces?” se preguntó mentalmente.
—Oh, Shikishima-san. Perdón por no ofrecerte el mío.— Dijo prontamente Kaneki al percatarse del descuido para con su compañero. Luego miró al británico. —Gracias por ser más atento que yo.— Le dijo, sonriéndole. Porque era extraño un gesto de amabilidad del otro.
—Ah, no te preocupes.— Ritsu embozó una leve sonrisa.
—Pensé  que tenías uno. Me disculpo también.— Comentó Aru, despegando la mirada de la pantalla. —¿Eh? ¿El señor Nakiri llegando tarde?— Dijo el chico al notar a un hombre de buen porte, cabello negro con un mechón blanco, y con un elegante traje negro. Aquel varón se dirigió acompañado por su hija y su escolta personal a los asientos de adelante donde se ubicaron.
—¿Nakiri? Ese apellido me suena.— Kaneki observó a ese grupo, parecían sacado de la dinastía más refinada de Japón.
—Nakiri-sama es dueño de casi todo Japón, es un empresario de reconocimiento público. Es parte de una de las familias más antiguas y privilegiadas de este país, además de proclamarse abiertamente como protector de las costumbres orientales, también es participe activamente como político del partido nacional más conservador.— Explicó Akise, con calma. Luego miró a Tsukasa con algo de maldad. —Creo que Tsukasa-san puede aportar más datos curiosos de la familia Nakiri. Especialmente porque conoce íntimamente a su hija.—
—Eh, si lo dices así se puede malinterpretar.— Eishi se cohibió algo angustiado en su sitio. —Y la verdad no la conozco tanto. Sólo de los concursos de gastronomía en que ambos participábamos.—
—Verdad que Tsukasa-san es muy buen cocinero.—
—No soy la gran cosa en realidad… Pero, bueno, antes quería estudiar esa profesión porque mi pasión es la gastronomía. No obstante, tuve que inscribirme en Ingeniería Robótica mecatrónica por voluntad de mi padre. Antes de eso, conocí a Nakiri.—
—¿Qué tal es ella? Dicen que es bastante seria.— Se integró finalmente Ritsu.
—Sí. Es una chica de pocas palabras y que no acepta la ineptitud cerca de ella. Pero no es la imagen satanizada que todos tienen sobre ella.— Dijo Eishi. —No sé que más decir porque tampoco es que la conozca profundamente.— Erina Nakiri era un misterio, quizá si le preguntasen a Aldini les podría dar una mejor respuesta ya que los dos estudiaban Gastronomía en Rizembool y pasaban más tiempo juntos. Verdaderamente, los tres habían sido más unidos de pequeños porque participaban en los concursos de cocina, pero cuando Eishi fue creciendo dejó su gran pasión de lado ya que su padre esperaba otras cosas para él y Eishi había querido cumplir la última voluntad de su progenitor. —Sé que viene de una familia ancestral de ninjas, incluso tienen una academia de entrenamiento de la disciplina. —
—No me gustaría tener problemas con esa familia.— Kaneki comentó entre ellos.
—Existe otro detalle importante y es el por qué el señor Nakiri está aquí. Él es un gran colaborador monetario de Rizembool. Su familia ha estado ligada a la institución desde su gestación muchos años atrás, siendo una familia protectora y benefactora de Rizembool. Todos o la gran parte de los varones Nakiri han sido Rebels de reconocimiento por sus logros obtenidos tanto por derrotar a sus HiMEs como también por ser excelentes guerreros. Las mujeres, en tanto, han sido legendariamente Princess para Rizembool, de las Princess más cotizadas debido a su gran capacidad de dominio de armas y de defensa personal. Tal como dice Tsukasa, es una familia ancestral que maneja los secretos más ocultos del arte ninja.
—Así que fallar no está en su ADN.— Ritsu miró a aquel hombre y a su hija, imaginandose el perfil psicológico de ellos. —Supongo que Nakiri es Princess actualmente.—
—Tengo entendido que Rizembool se lo solicitó.— Eishi miró a Kaneki.
—Ah, no me mires… Creo que no tengo Princess. Nadie querría serlo. Uh.— Se encogió de hombros.
—Quizá podría ser la Princess de alguien más.— Aru se planteó investigar ese misterio. En eso, el chico notó que las luces se atenuaron y que un joven alto salió al escenario. —El señor hielo ya va a presentar.— Dijo Aru, sonriendo algo malvado.
Minezawa era aquel joven que había salido al escenario. Él habló en tono claro y sereno, presentó tan dignamente la apertura que era merecedor de toda concentración y admiración. El auditorio quedó en silencio para prestar atención a cada palabra que el peligris anunciaba, habló sobre la visión y misión de Rizembool, luego pasó a explicar brevemente el proyecto de investigación mientras de fondo se proyectaban imágenes de lo que iba explicando, nombró a los colaboradores y todo lo que habían avanzado en el proceso de la investigación. Varios estudiantes que estaban en el congreso tomaron apuntes y fotografías, y si bien estaban pendientes de lo que Minezawa hablabla, mucho de los estudiantes habían asistido para esperar el segmento del doctor Johan Liebheart. Pasaron unos cuantos minutos donde Minezawa expuso.
—A continuación, con ustedes presentará uno de los científicos de mayor renombre a nivel mundial. Siendo reconocido, premiado y homenajeado por sus pares y superiores, entregándoles distinciones máximas y galardones ante sus asombrosos descubrimientos científicos. Hoy, directo desde Estados Unidos, nos acompaña el científico Ryo Asuka.—
Minezawa hizo una reverencia antes de retirarse del escenario. Seguidamente una persona que lucía bastante joven para tantos reconocimientos subió al escenario y se ubicó en el pódium. Era un chico delgado, de cabellera rubia escandinava, piel muy pálida, ojos azules y traje completamente blanco. Se presentó brevemente, su tono de voz parecía algo apagado y bastante serio, comenzó a explicar su involucramiento en el proyecto y los presentes prestaban atención a cada una de sus palabras. Si bien habían parecido desilusionados al comienzo porque esperaban al doctor Liebheart, no demoraron en tomarle admiración a aquel joven.

—¿El es Asuka-san?— Kaneki parpadeó sorprendido. —Es demasiado joven.—
—De hecho, tiene nuestra edad.— Dijo Aru.
—Hm, se me hace raro que el doctor Liebheart tenga amistades... Sobre todo si son mucho más menores que él. Bueno, todo en él es algo perturbador.— Comentó Eishi, reflexivo. Como él era estudiante de Ingeniería Robótica Mecatrónica no tenía tanto contacto con el alemán a diferencia de los alumnos de Genética Humana quienes tenían trato directo con él. Si bien Liebheart no era profesor en Rizembool, era un científico y doctor parte del estamento más alto de la universidad por lo que algunos debían hacer pasantías en los edificios donde él trabajaba.
—Ahhh, Tsukasa, Liebheart tiene veinticuatro años. Tampoco es que sea un viejo enfermo buscando amigos menores de edad, haha.— Aru aguantó las ganas de reír con más fuerza. —Es parte de ese selecto núcleo de super genios que son promovidos varias generaciones y terminan teniendo dos carreras profesionales antes de los veintitrés años.—
—...Tú estás llevando tu segunda carrera profesional después de graduarte de Ciencias Físicas, ¿cierto?. ¿No te sientes desgastado por tantos estudios?— Preguntó Aru a Cain.
—Something.— Asintió, levemente.
—Hm, a mi me gustaría poder estar en tu posición.— Aru tuvo la intención de poder sacarle más palabras a Cain pero notó que no era una persona de mucho diálogo. Prefirió mirar hacia el escenario y prestar atención a la silueta de Ryo Asuka.
—Vaya, al fin lo conocemos. Sólo sabíamos de él de mención y por los documentos que nos enviaba desde Estados Unidos. Es bueno que se haya presentado hoy.— Eishi asintió mientras observaba hacia el escenario.
—Ciertamente ha contribuído bastante desde Estados Unidos.— El Rebel del grupo comenzó a tomar apuntes.
—¿Por qué tomas notas si es lo mismo que ya sabes? Si estuviste en todo el proyecto.— Eishi entrecerró los ojos.
—Pero el modo en que lo explica me parece fantástico tener la oportunidad de tomar apuntes de alguien tan ilustre.—
—¡SHHH!— Dijo una chica desde la fila de atrás. Los chicos dejaron de hablar inmediatamente. Podía ser un centinela de Thorn y la cosa se pondría oscura si ella se enteraba de que estaban alterando el orden (?)
—Para mi es un gran honor volver a la cuna que me vio crecer.— Decía Ryo Asuka desde lo alto. —Rizembool sin duda alguna ha sido una parte fundamental en mi vida y cuando recibió el llamado de Liebman me sentí complacido y emocionado de ser parte de una investigación que contribuyera a un máximo aporte para Rizembool y para toda la humanidad en sí. ¡Ah! Liebman hubiese amado estar aquí con ustedes, pero es un hombre que prefiere alejarse de las luces y observarnos desde su Olimpo personal.— Más de alguno comenzó a mirar en todas direcciones a ver si encontraban al científico en algún palco. Posiblemente estaba en aquella sala reservada que quedaba en un sitio superior donde tenía una excelente vista y privacidad. —Me encargó que presentara en su lugar ya que considera que tengo un encanto especial para este tipo de situaciones. Es curioso, porque también prefiero estar en su posición de observador.—

“¿Le dijo Liebman?” Comentó Hibiki en el chat de whatsapp de los estudiantes de aquel grupo de investigación “Haha, es que ha sonado gracioso viniendo de alguien tan serio como Asuka.”
“Tal vez son íntimos amigos.” Escribió una chica del grupo, llamada Eponine.
“¿Eso va con doble sentido, fujoshi?”
“IIIIHHK! NO!” Inmediatamente, Eponine cambió a estado no disponible. Le daba vergüenza que la llamaran así.
“Dejen de comentar estupideces y presten atención.” Escribió Thorn y la charla murió.
“Kaneki, ¿No has integrado a Lancaster al grupo de conversación” Le escribió Ritsu en una ventana personal.
“Sí lo hice, pero se salió como dos veces y después me bloqueó por una semana. Le pedí perdón y le prometí que no lo iba agregar más.”
“Ah… ¿Me puedes dar su número? Prometo que no le diré que fuiste tú”
“Eh… No lo sé”

“Es para algo personal”
“Ok, pero no le digas que te lo pasé.”

“¿Conoces a Asuka de antes?”
“¿Quién eres?”
“Ah, perdón. Soy Shikishima. El del tríptico. Dos puestos a tu derecha.”
Él se asomó entre sus compañeros y le saludó con un gesto de mano, Cain le miró brevemente y comenzó a escribir.
“¿Cómo conseguiste mi número?”
“Me lo dio Kaworu” (…) Total a Nagisa no le importaba si se enojaban con él. En otra ventana aparte “Nagisa, si alguien te pregunta si tú me pasaste su número di que sí. Luego transamos precio” pronto recibió un “Ok” de parte del peligris.
“No lo conozco.”
“Me dio la percepción de que así es, cuando leías el folleto y luego cuando salió al escenario. Parecías algo desconcertado.”
“Pero no lo conozco profundamente. Hemos coincidido en algunas clases.”

“¿Eras de Rizembool?”
“No. En el Eton College. Cuando él estuvo de intercambio.”
“Ahhh. Ya comprendo.” Después de eso ninguno de los dos se escribió por varios minutos.
“Es un demente”
“¿Ah? ¿Por qué lo dices?”
“Sé que lo notaste. Siempre te pasas analizando el perfil psicológico de todos.”
“Vaya, que miedo que yo sea tan evidente haha.”
“¿No te da esa percepción de enajenado?”


—…— Ritsu se sorprendió de lo comunicativo que era Lancaster a través de una aplicación de teléfono en comparación a lo poco sociable que era en persona.
“No podría dar un diagnóstico tan prematuro ya que es primera vez que lo conozco en persona. Pero en las video conferencias me daba una sensación de estar hablando con alguien plano afectivamente, poco empático, e incluso con algún grado de… No, es demasiado prematuro.”
“Creo que sé a lo que te quieres referir.”
A Ritsu le estaba llegando un mensaje en ese momento. “Deja de escribir en tu teléfono y concéntrate. Rata” Una orden de Minezawa. Ritsu lo buscó con la mirada pero no lo encontró. Le había molestado lo de rata. Escribió a la velocidad de la luz “Lancaster, me gustaría hablar más de esto en privado. Espero que no me bloquees de tu teléfono. Prométemelo” Se asomó de nuevo para buscar la mirada del otro. Cain tardó pero luego se asomó y asintió en silencio. Luego vio que el inglés se levantó de su sitio y se retiró a pesar de ciertas malas miradas.
—Catharsis, el ambicioso proyecto llevado a cabo por alumnos de diferentes carreras de Rizembool.— Ryo les dio la espalda para observar las imágenes que se proyectaban en el telón. Ryo se tomó unos segundos de silencio mientras quedaba absorto en aquellas imagenes. A continuación, invitó a pasar a tres chicos al escenario los cuales usaban un casco protector de identidad y un traje especializado.
—¿Ese es el traje que diseñaron con Hibiki para el profesor Tsukiyama?— Preguntó una chica desde el asiento de atrás.
—Ahám.— Asintió Eishi.
—Waa! Genial!—
—Por supuesto estamos en fase experimental, pero la investigación ya cuenta con un 50% de avance. ¡Catharsis es…! ¡Esto!— Dijo eufórico Ryo, consternando a varios. Ritsu entendió mejor el concepto de Cain de hace un rato, ya que Ryo comenzaba a demostrar ciertos aspectos ocultos de su personalidad.

Los chicos en escenario hicieron un acto sincronizado de activación. Todos tenían cascos, guantes y botas de un traje especial que habían diseñado los alumnos de Ingeniería Robótica, eran piezas hechas de un hierro especial que parecía tan delgado y liviano como una malla de color negra. En el primero de los exponentes, se activó la “malla” de los guantes cubriendo anta su antebrazo con una especie de plasma oscuro que prontamente formó dos armas de fuego que parecían ser un par de escopetas de alto calibre. Un sonoro “Woooh” se escuchó por todo el auditorio. En la siguiente exponente, femenina, se activó la malla y cubrió el rostro y pecho en una especie de bozal y pechera metálica, de uno de los guantes se creó un gran mazo oscuro. Finalmente, en el tercero, el traje mutó a un par de especies de alas de protección que salían de la espalda y del guante izquierdo se formó un látigo.

—¿Alguna vez habían estado tan cerca de Dios?— Preguntó Ryo, mirando fijamente un punto hacia el frente lo que hacía sentir a la mayoría de los presentes ser aquel punto de observación. —¿Alguna vez se sintieron como Dios?— Sonrió. —Estos son vuestros ángeles protectores.—
—…— Ritsu se quedó perplejo con esas preguntas. Siempre había sido un chico que reflexionaba mucho cada tema intentando darle una lógica más científica y mentalizada. —¿Pero…qué?— De pronto se sintió invadido por un perturbador sentimiento. “No. No… ¿A dónde va esto? ¿Acaso nadie se ha dado cuenta que está tomando tintes enfermos?”
—La luz está sobre nosotros. No sólo para Rizembool, sino para toda la humanidad. Rizembool ha dado los primeros pasos, pero es nuestra misión que nuestra tecnología se propague por el mundo entero.—
Ritsu se puso de pie. Nauseabundo y desorientado.
—¿Estás bien, Shikishima-san?—
—Kaneki, ¿No te das cuenta lo que está pasando?—
—…— Kaneki bajo la mirada, sin responder nada. Tal vez sabía, tal vez no. Ritsu miró en su rostro cierto rastro de culpa.
—Históricamente Rizembool ha sido protegido por sus Rebels quienes sagradamente han luchado contra sus adversarias. Las HiMEs siempre han contando con una ventaja fundamental la cual es su poder innato mientras que los Rebels han tenido que ir evolucionando según disponga la tecnología. Hoy en día contarán con la macro evolución de tener el poder en sus manos. ¡A todos esos honorables y valientes jóvenes Rebels y Princesses que luchan por Rizembool y protegen a sus estudiantes! ¡A todos ellos, bienvenidos a la nueva era de superioridad! ¡Nunca más serán vulnerables! ¡Nunca más estarán enfrascado en la involución! ¡Ustedes tienen el poder!— Gritó Ryo Asuka eufóricamente, sacando aplausos emocionados de los oyentes.
—¡Esto no está bien!— Dijo Ritsu en voz alta. Los que estaban delante de él se giraron y le miraron como si se tratase de una persona enferma y loca. —¿Es que nadie se da cuenta?— Se puso de pie violentamente, consternando a muchos.
—Hey, cállate. Queremos escuchar.—
—Con toda esa tecnología, dan ganas de ser Rebel.— Dijo otro chico. Ritsu se le quedó viendo en shock, comprendiendo que el propósito de Ryo habría sido motivar a más chicos a ser parte de los nuevos enlistados para ser Rebels.
—Shikishima-kun, ¿Necesitas un poco de agua?— Dijo Marie, su amiga quien le habló desde un asiento más atrás.
—N-No, Marie-chan. Necesito salir de aquí…— Sintió muchas más miradas sobre él, observándolo con desprecio y más de un “lárgate de aquí antes de que te saquemos a patadas” de alguno que otro alumno.
Ritsu salió corriendo de allí como si se encontrara encerrado con una pandemia de enfermos mentales. Corrió buscando la salida de Rizembool esperando encontrarse con Lancaster a quien había divisado a lo lejos cerca de la calle a punto de cruzarla.
—¡Lancaster, espera! ¡Tenías razón, es un demente!— Gritó a lo lejos, llamando la atención del chico. Pero antes de que el otro le pudiese contestar, vio que Izuru Minezawa apareció entre medio de ambos. Ritsu se detuvo en seco como si de pronto una gran barrera invisible se hubiera formado entre ellos. —Minezawa…—
—Shikishima… Luces agitado.— Dijo el peliglis con tranquilidad. —¿Todo está bien?—
—Necesito hablar con Lancaster.—
—Lástima. Lancaster está indispuesto, aquí tengo su licencia médica que deberé mostrar a los profesores de Rizembool.— Izuru enseñó un documento. En ese momento, llegó un automóvil negro que se detuvo en la calle. —Y ya se retira.—
—¿Qué?— Ritsu quedó sorprendido con lo que parecía ser una imagen demasiado irreal. Como sacada de una película de secuestro y suspenso. Observó al extranjero buscando una explicación en su rostro pero parecía darle la sensación de sentirse derrotado y frustrado. Izuru le observó también y Cain terminó por abordar el vehículo e irse.
—Te recomiendo que no perturbes la tranquilidad de los alumnos extranjeros. Para Rizembool son muy preciados y es crucial dar una excelente imagen de Rizembool a nivel internacional.— Dijo Izuru Minezawa pasando por un lado del pelinegro.
—…— Ritsu bajó la mirada, confundido. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué era el único consternado? De pronto pensó que quizá, de tanta fascinación con la psicología, el único loco realmente era él. ¿Y si estaba siendo demasiado extremo? Tal vez estaba viviendo un cuadro de esquizofrenia paranoide como la que padeció John Forbes Nash.
El pelinegro comenzó a caminar sin rumbo, llegando a la ciudad, al centro de esta e incluso a los colindantes de Tokyo puesto que caminó por horas hasta caer la noche.
En ese momento, recibió un mensaje de texto en su teléfono celular. Ritsu quedó atónito con el mensaje.


—“Serás, así, con dos verdades que a tus ojos existían pero que ciega percibías.”—
Kana pronunció lo que leyó de un pequeño papelito que sostenía en sus manos. Ella alzó una ceja, colocando una expresión de confusión. —Yato, ¿Acaso sacas pasajes de la biblia para hacer los omikuji de tu templo?—
—No puedes mezclar dos cosas tan distintas, Kana-chan.— Yato puso los ojos en blanco.  —Y lo que que te dice aquel papel es exactamente lo que te sucederá hoy.—
—Tengo entendido que los omikuji son más sencillos que esta predicción.— Dijo la chica, entrecerrando los ojos.
—Bueno, Kana-chan, te criaste en lugares deplorables y el templo que tengo entendido debías cuidar como herencia de tu madre está todo destruido… Preferiste una vida más occidental antes que tus costumbres orientales al ir por amistades y costumbres europeas. Es normal que ni tengas ideas de estas cosas.— Yato se cruzó de brazos, molesto porque Kana no parecía estar contenta con el servicio de su templo.
—Ouch, eso fue insensible.— Lo miró con enfado. —Pero no te ofendas, Yato, es normal que yo reaccione así pues no creo en estos juegos que, supuestamente, me dictan mi futuro.—
—¡Kana-chan!— Yato casi le salta encima, la sostuvo de los hombros y la miró fijamente a los ojos. —¡De eso no te preocupes! Porque afortunadamente para ti estas con una de las personas más importantes y famosas protectoras de las costumbres ancestrales y ritualistas de nuestro país. ¡Además mis omikuji son de los más cotizados y esperados! Los alumnos de Rizembool suelen solicitarme que les traiga omikuji para conocer su destino.—
—¿Y por qué no vienen aquí a tu templo si eres tan famoso y admirado?—
—Porque queda lejos… Además sigue estando en construcción.—
—Apuesto que lleva así desde que naciste.—
—¡Apuesto que podríamos tener más visitantes si ese albañil trabajara más rápido en vez de ser tan holgazan!—
—¿Mello? Él ni siquiera es un albañil ni mucho menos tu empleado. ¡Deja de ver a todas las personas que se quedan contigo como potenciales sirvientes!—
—¡Ah, pero si les pago con techo y comida a cambio!—
—¿Techo? Si llamas techo a esas tablas todas agujereadas y rohidas debes estar bien esquizofrénico. Por otro lado, prefiero comer comida de perro que lo que tú cocinas.— Mihael apareció en la sala. —Y tus malditos gritos se escuchan desde el patio. Vuelves a llamarme albañil y te juro que te voy a estrangular.— El rubio se sentó en el suelo al lado de Kana.
—Mello-chan que amargado. Sólo bromeaba con lo de albañil… Hehe.— Yato los miró turnadamente. —¿Y si cambian roles? Kana-chan podría ser la que repara el templo ya que es una HiME y seguro es más fuerte, y Mello-chan podría encargarse de la cocina.—
—…— Kana y Mihael se miraron en silencio el uno al otro, luego estallaron en una carcajada.
—¿Ella haciendo obras de construcción? Haha, si quieres terminar viviendo en una casa totalmente disparatada, más errática que una cajita de canario hecha en China y todavía destruída, adelante.— Dijo Mello, quien todavía se reía ante esa imaginería de ver a la HiME tratando de construir algo y terminando aplastada por miles de palos y escombros. Casi se atoró de la risa. —Que sea HiME no quiere decir que sea fuerte haha, si ni puede abrir el frasco de pepinillos.—
—Gusano.— A Kana le tiritó una ceja, mientras sonreía riéndose con ironía mirando con odio al rubio. Era su turno, sonrió malevolamente esta vez. —Yo no comería algo cocinado por Mihael, seguramente sería un alimento rancio y lleno de veneno porque no sabe distinguir entre un condimento, alguna de sus píldoras para la psicosis o sus píldoras para drogarse, o de lleno le hecha veneno para rata y nos mata a todos.— Kana dijo tranquilamente, alzando las manos y hombros. —Creo que en ese caso prefiero ir a comer directo de la basura porque sería más sano y nutritivo.— Sintió que el otro dejaba de reírse a su lado, eso le agradó. —Oh, pero… Yato, quizá tengas razón. Mihael debe ir a la cocina, porque bajo esa facha de chico malo y descarriado es una dulce flor delicada. Se vería tan kawaii con traje de maid.—
—Ow— Yato rio divertido al imaginar al rubio con el típico vestido negro de maid.
—…— El rubio —Suficiente. Desde que llegué a esta pocilga no he sido más que insultado. He dicho miles de veces que quiero irme, pero ustedes siempre me dicen que tienen algo preparado para mi… Pero sólo me dan labores de hogar. ¡Jamás en mi jodida vida he lavado un plato y aquí he hecho quehaceres de servidumbre!— Los miró con rencor. —Los dos son unos flojos y dementes.
—Es que no sirven mucho que digamos… Así que es lo único en que puedes colaborar y aún así terminar destruyendo un montón de cosas.— Kana se estiró un poco en su sitio. Faltaba bastante para entrar a clases así que estaba relajada con el horario. Unos minutos más y se levantaría para irse a clase en Hanasaki.
—Mello-chan, lo siento. He sido un mal anfitrión y lo admito. Te daría otras labores pero no tienes otras capacidades visibles. Por eso, si no quieres ser albañil o auxiliar de aseo deberías estudiar…—
—¿Estudiar? ¿Y eso para qué sirve?—
—Para no terminar siendo alguien como tú.— Kana giró los ojos.
—Tú estudias y sigues siendo inútil.—
—…Pero al menos estudiar me abrirá puertas.— Kana soltó un suspiro. —Mihael, Yato tiene algo de razón… Han pasado tres años desde que abandonaste toda actividad educacional y entiendo tu postura liberal pero… Sería bueno que te plantearas estudiar nuevamente. No porque sea mal visto quedar sólo con la educación de la escuela porque sé que eres una persona brillante y no necesitas de un título para que todos lo sepan, pero en la sociedad actual siempre hay exigencias y mientras seas joven no tendrás problemas en conseguir dinero sin necesidad de grandes estudios. Sin embargo, cuando seas más adulto y estés aún más solo, será difícil para ti tener ingresos económicos.—
—Ya lo tengo calculado en una ironía paradójica.— Mihael asintió. —Si me muero antes de los treinta no tengo necesidad de pensar en mi futuro ni estabilidad porque simplemente no estaré.— El rubio sonrió, haciendo un gesto de victoria con los dedos de sus manos.
—…— Yato y Kana se miraron entre ellos.
—Pero… ¿Y si no te mueres?— Preguntó el dueño del templo.
—Por supuesto que moriré. Si no muero de alguna enfermedad, siempre puedo suicidarme.—
—¿Y esa sería tu gloriosa y bien pensada solución?—
—Sí.— Asintió, con gran convicción. Kana por primera vez lo veía demasiado convencido de sus propias palabras y no parecía estar bromeando.
—Eres un flojo.— La HiME se dio con la palma en su frente. —No quieres pensar en tu futuro porque te da pereza, por eso tu presente es tan inerte.—
—Hmm.— Mihael alzó la mirada, viendo hacia el exterior donde estaba el jardín. —Puede ser.—
La reflexión tan simplona de Mihael había dejado algo abatidos a Kana y Yato quienes se quedaron pensando internamente en sus propias posibilidades y, a la vez, planeando una solución a la penosa vida del rubio el cual parecía estar cómodo con esa condición.
—Ah… Kana-chan.— Yato prefirió hablar para cambiar el tema anterior, viendo que él y Kana habían quedado algo incómodos. —Depende de como consideres tu omikuji, debes hacer algo con el papel.—
—Hm, estoy un poco confundida… Porque en el hipotético caso que considere que realmente este papel puede predecir algo de mi vida, en la circunstancia de que me enteraré de dos cosas importantes que supuestamente siempre estuvieron en frente de mi pero no me he enterado, me pone en un dilema. Primero porque si me entero de algo que me angustiará, sería considerado al menos para mí como un suekyō ya que me enteraré de algo que me perturbe. En ese caso, tendría que atar el papel en el pino de afuera del templo. Si, por otro lado, conoceré dos verdades que me dispondrán a una situación más agradable sería un daikichi y sería bueno que ate el papel en el templo… Pero como desconozco si es una u la otra.—
—¿Y si lo botas a la basura?—
—¡Esa no es una opción, Mello-chan!— Dijo Yato, consternado. —Yo creo, Kana-chan, que sea cual sea la noticia que te tendrá el destino de todos modos generará dos cambios y dos tipos de emociones en ti; uno bueno y uno malo. Pues cada verdad siempre dispone de nosotros ganar algo y perder algo.—
—…Sí.— Kana asintió. Cuando Yato hablaba de ese modo parecía ser alguien bastante sabio tras esa faceta de perdedor que siempre llevaba. —¿Qué me sugieres?—
—Creo que debes atarlo al templo. Porque, te enteres de algo bueno o de algo malo, esa noticia te dará experiencia y conocimiento, te dará tiempo y reflexión para ver que acción procede en tu vida. Si conoces desde antes, te da tiempo a calcular mejor que hacer, en vez de hacer algo impulsivo.—
—Eso haré.— La chica se convenció de lo dicho por su amigo. —Lo ataré y luego me iré a clases. Así que no nos vemos hasta la tarde.— Se puso de pie y se despidió con un gesto de mano.
—¿No quieres saber tu suerte, Mello-chan?— Ofreció Yato al rubio cuando Kana se había retirado de la sala.
—Eh, paso.—
—No seas gallina.— Hizo el ademán de ir por un omikuji a la entrada del templo.
—Lo lanzaré al fuego si me lo traes.—
—Que malo. Entonces, no, porque para mi son fuente de trabajo y no me sirve de nada que las quemes.— El peliazul se limpió su traje. —Llevaré unos cuantos a Rizembool, seguro que más de uno sabe apreciar su destino.—



Allen se presentó a su compromiso temprano en Hanasaki pues había acordado con Kana practicar su poder para ver el modo de emplear una técnica para lograr controlarlo y canalizar hacia una dirección más asertiva. Aprovecharían la primera hora de clases la cual una profesora había suspendido por motivos personales. Estaba en búsqueda de la HiME cuando le pareció ver a un Lancaster conocido. Como Cain le había comentado que Henry estaba en Hanasaki, esta vez Allen no tuvo cohibiciones en aproximarse a un joven rubio alto que se encontraba en la biblioteca. Antes no se había acercado porque se le había hecho bastante extraño que Henry Lancaster estuviera en Tokyo, ya que tenía entendido que estaba en una misión militar en Siria, así que pensaba que el rubio que había visto antes en los pasillos de Hanasaki era alguien parecido y no exactamente Henry.

—¿Henry?—
—¿…?— El aludido alzó la mirada, despegándola de la lectura del capítulo que llevaba. —¿Allen? Vaya, que sorpresa verte aquí.— Cerró el libro dejándolo con cuidado sobre la mesa, seguidamente se aproximó al peliblanco y estrechó su mano con los modales que le caracterizaban.
—Digo lo mismo, me sorprende verte en Hanasaki.— Estrechó su mano también, sonriéndole como saludo.  —¿Qué haces aquí en Japón?—
—Técnicamente he venido a acompañar a un familiar que está en Tokyo… Ah, que cosas digo… No necesito confidencialidad con una persona cercana a nuestra familia. Verdaderamente estoy en Tokyo por orden del abuelo para acompañar a mi hermano Cain. Él está aquí también. Como será una estadía prudente, me encuentro realizando estudios de intercambio en Hanasaki para no perder tiempo con los progresos académicos.—
—Oh, ya veo.— El peliblanco asintió. —Sinceramente, ya me encontré con tu hermano brevemente y me ha hablado, bueno, ya sabes, lo justo y necesario, sobre puntualidades respecto a ustedes. Me alegra que ya no estés en Siria.—
—Sí… No debería decirlo, pero de igual modo me siento más tranquilo lejos de los conflictos. —
—Siempre te me hiciste demasiado pacífico para estar enlistado en la milicia y sobre todo ser enviado a un lugar tan complejo como Siria. Pero entiendo que Lord Lancaster siempre ha exigido a todos sus hijos y nietos que inicien en la academia militar y posteriormente formen parte del servicio militar de Inglaterra.
—Es una tradición de siglos.— Asintió.
—Que bien que hoy te encuentras aquí. Justo te tocó ir a Siria en un periodo difícil y ahora se ha puesto peor.—
—Ah, Aleppo.— Henry se tomó unos segundos de silencio en reflexión. —Aunque parece que el ambiente bélico me persigue…—
—¿Lo dices por lo ocurrido hace unos días sobre el ataque de Rebels a estudiantes de Hanasaki?—
—Exactamente. Fue perturbador ser testigo de un evento tan desafortunado como aquel… Ver personas inocentes sufrir sin justificación. Parece sacado de contexto.—
—Lamento que hayas experimentado ese evento.— Allen bajó la mirada, desanimado. —En especial por todo lo que has vivido.—
—Fue un hecho lamentable…— Asintió. —Pero no es culpa de la universidad. O de las personas de aquí. No comprendo todavía nada respecto a este conflicto sin estrategia y sin objetivo pero no creo que toda atribución negativa corresponda a Hanasaki o al otro bando exclusivamente.—
—Quizá debieron entregarte una explicación profunda sobre la historia de estas dos instituciones.—
—Mejor que no.— El rubio abrió enormemente sus llamativos ojos azules. —Si hubiese sido así posiblemente no habría asistido a Hanasaki y me privaría de este intercambio cultural tan significativo.—
—Es motivador que veas el lado más positivo.— Allen sonrió. Luego miró la hora. —Ella no ha llegado…— Pensó en voz alta. Notó que el rubio le miró extrañado. —Ah, espero a una HiME, justamente.— Se tocó la mejilla con la punta de su dedo índice mientras reía un poco.
—¿Eres amigo de una HiME?—
—Sí.— Asintió —Al menos yo siento que es así. Inicialmente nos vincularon porque la directora cree que puedo aportar con mis conocimientos a esta HiME respecto a sus poderes y habilidades. Eventualmente nos hemos visto más seguido y me siento familiarizado con ella.—
—Siempre has sido brillante y altruista, Allen.— Henry le sonrió.
—Gracias. Ciertamente trato de contribuir con lo que pueda. Por cierto, Cain pasó una temporada de escuela en Hanasaki hace unos años. ¿Nunca te reportó nada sobre su experiencia?—
—No.— Negó con la cabeza. —Mi hermano siempre ha sido poco comunicativo con nosotros. Un hermano benefactor y responsable con nuestros ciclos evolutivos ante la ausencia de nuestros fallecidos padres, lo cual estoy agradecido eternamente, pero siempre ha sido una persona reservada con su vida personal.
—Ah, Cain es así. Así lo queremos.— El peliblanco bromeó. Allen de pronto vio a una chica caminar hacia ellos la cual le llamó la atención. Era una muchacha de silueta bastante delgada, cabello negro y muy largo, y sus ojos tenían un atractivo color oliva. Como esa persona venía caminando desde atrás de Henry el rubio pensó que se trataba de la HiME que Allen esperaba. Al girarse levemente, Henry vio a una persona conocida para él. Instantáneamente el rubio se mostró algo estresado, fingiendo volver a su lectura.
—Ella es… No me sé su nombre, pero la he visto entrenar en el bosque de Hanasaki cuando voy con Kana-chan a practicar sus poderes. Siempre está muy sola y parece muy seria. ¿Tú la conoces?— Preguntó el peliblanco, saliendo de su asombro.
—Algo así…— Habló en tono bajo. —Es la hija adoptiva de mi tío Vincent.— El rubio esperó no ser divisado por ella. —Ella me odia.—
—Espera, ¿odiarte? ¿Quién podría odiarte? haha, a Cain o a Edward o incluso a Ciel es más fácil odiarlos. Pero a ti, imposible.—
—Soy un Lancaster, Allen, ya eso me convierte en un ser odiable.— Sonrió nervioso y con cierta timidez. —Pero no pensé que mi indeseable existencia pudiese atravesar continentes. Cuando conocí a Alice pensé que podríamos tranzar cierto grado de simpatía, pero ella inmediatamente comenzó a tratarme como basura. No sé que le hice.—
—Vaya, se ve que es seria pero no sabía que era una persona grosera.— Allen se turbó al ver que aquella chica reconoció a su objetivo. —Viene.— Advirtió.
—Aquí estas.— Dijo la muchacha al llegar hasta Henry. Ella lo miró fríamente, desaprobando su falta de respeto. —No cumpliste con tu obligación.
—N-no. Disculpa. Me distraje con los libros.—
—Típico de un cobarde...—
—…— Allen quedó en shock al ver como alguien tan frágil podía ser tan agresiva verbalmente. En ese punto, Allen se cuestionó qué era lo que hacía Henry para ser odiado por las chicas. —Alice Liddel, ¿verdad? He escuchado de ti en cuanto a que eres una destacada deportista de Hanasaki.—
—…— Ella no lo miró, pero se quedó en silencio esperando si tenía algo que decirle.
—Eh, veo que conoces a mi amigo Henry. Es mi culpa que no se haya presentado contigo pues yo lo distraje. Perdón.—Allen tuvo una reacción hipertonica esperando alguna respuesta asesina de la chica pero al parecer ella no tenía rencores con él.
—De todos modos una impuntualidad y una falta de compromiso no se puede justificar.— Alice mantuvo la mirada en un punto inexistente. —Ponte de pie y sígueme.—
—Sí.— Henry suspiro. —Allen, espero volver a verte. Cuando guste puedes pasar a visitarnos.— Henry se puso de pie, tomó los libros que había apartado y cuando se iba a retirar con Alice le pareció ver a alguien relativamente conocida. Esa nueva persona cruzó miradas con él y se le aproximó en cosa de segundos.
—Creo que te conozco.— Dijo aquella nueva chica, sonriéndole al rubio.
—Creo que yo también… Aunque.— Él le miró con mucha atención. —Hay algo distinto.—
—Si eres tú después de todo.— Su sonrisa aumentó al ver que no se equivocaba. —Ah, es mi apariencia.— La joven se apuntó con los dos dedos índices de su mano. —Sufrí una especie de metamorfósis a lo Kafka.— Bromeó con el accidente de su propia capacidad.
—Kana-chan, ¿conoces a Henry?—
—Ahá, lo conocí en una circunstancia particularmente incómoda y Henry me ayudó cuando una prima demente que tengo intentó darme un escarmiento.— Dijo Kana, con brazos cruzados y mirando con simpatía a Henry. —Gracias por ayudarme esa vez. No tenías la obligación de arriesgarte por una extraña.—
—No hay de qué.— Le devolvió la sonrisa. —Me alegra profundamente ver que estás bien después de la intervención de los Rebels en Hanasaki.—
—Oh, ese detalle.— Ella negó con la cabeza, soltando un suspiro. —Es algo que no quiero recordar por un tiempo.—
—No has hablado mucho respecto de lo que viste ese día.— Agregó Allen.
—Y no hablaré por un buen tiempo sobre ello.— Le respondió la HiME a su amigo Allen. Luego miró a la otra chica. —Oh, eres la muchacha que siempre está entrenando y practicando en el bosque de Hanasaki. Lamento las veces que te hemos interrumpido en tu espacio con nuestras cosas.— La HiME notó que la chica la miraba con indiferencia pero prestándole atención. “Me recuerda a la actitud de mi ex Key” pensó internamente.
—Descuida.— Respondió escuetamente. —Más bien, no debería interferir con un entrenamiento de una HiME.—
—Pensé que tú eras una HiME también.—
—No.— Negó con la cabeza. —Soy una guardiana de Hanasaki pero no soy parte del grupo de HiMEs, no soy digna para estar a tal nivel.—
—…— Henry la miró de reojo, sin decir nada. Era primera vez que escuchaba a Alice ser así de dura consigo misma.
—Yo creo que eres muy buena.— Dijo Kana, sorprendida de saber que aquella chica no era HiME. ¿Tal vez era la predicción de Yato? Pero dudaba que eso cambiase su perspectiva de ver las cosas.
—Debemos retirarnos.— La chica hizo un ademán de despido con una leve reverencia hacia Kana y Allen.
—Nos vemos pronto. Espero que tengan éxito con su entrenamiento.— Dijo Henry, a un lado de la pelinegra.
—Adiós, Henry, dale saludos a Cain.—
—¿A… Cain?— Kana parpadeó perpleja.
—Sí. Es su hermano y es un antiguo amigo mío. ¿Lo conoces?— Allen la observó con curiosidad.
—Henry, ¿Tu apellido es Lancaster?— Ella lo miró impactada.
—Sí.— Asintió el otro, esperando que su apellido no estuviera relacionado con nada malo respecto a la joven.
—Cain es... mi K-.. ex Key.— Concluyó Kana, todavía en shock por la coincidencia de haber conocido a Henry sin saber que era hermano de Cain. Los dos eran tan distintos que nunca había pensado en esa realidad. Henry tampoco le había dicho su apellido la vez que se conocieron tiempo atrás.
—¿T-tu ex Key?— Allen parecía estar más en shock que la misma HiME. No pensaba que su amigo fuese Key de nadie en realidad (…) y que la coincidencia de que él fuese el ex Key de la chica a la que ayudaba a entrenar, y que curiosamente esta chica conocía al hermano de su ex Key, era demasiado irónico y hasta mareador. —Kana-chan, Cain está acá en Japón. Todo este tiempo uno de tus obstáculo ha sido no tener a un Key pero si él está aquí quizá las cosas puedan mejorar.—
—No.— Dijo cortando a Allen —Ya los dos nos hemos apartado mucho después de la escuela y en realidad no tenemos una amistad en el presente. Cada quien ha tomado su propio camino. Siempre lo recordaré con afecto porque fue un gran amigo pero nuestras responsabilidades nos distanciaron y la verdad después de Hanasaki no nos volvimos a hablar más.—
—Pero…—
—Henry, Alice, fue un gusto verlos.— Kana les sonrió, luego se despidió de ellos meneando la mano en el aire. —Allen, te espero en el jardín.— Sin más que decir, salió de allí.
—Vaya, esa noticia me ha dejado algo perturbado.— Admitió Allen. —Siento que el mundo es demasiado pequeño.—
—Sí. Nunca imaginé que ella y mi hermano se conocían.— Asintió Henry.
—Nunca imaginé que ese enfermo podía ser Key de alguien.— Murmuró Alice, para sí misma. Notó que Henry y Allen le miraron por unos segundos, ella fingió toser para hacer como que no había dicho nada.
—Creo que Kana está ocultando algo, no ha querido decirlo hoy y a actuado poco natural en sus explicaciones… Tal vez si ella y Cain se juntaran nuevamente la amistad perdida podría recuperarse.—
—Puede ser. Aunque ella tiene razón. Mi hermano está muy centrado en las empresas de familia y en sus nuevos estudios… Y siempre ha sido algo distante con sus seres cercanos.—
—Dímelo a mi.—
—Pero quizá sea bueno intentar algo si es en beneficio de ambos.—
—Estaremos en contacto para hablar de ello, ¿Te parece?—
—Está bien.— Asintió.

. .. .

Kana había salido al jardín a despejarse después de enterarse de aquella noticia. Entonces comenzó a encontrarle sentido a lo que Yato había predicho para ella en la mañana. Henry siempre estuvo allí pero jamás había conocido su origen. Tampoco era como si después del encuentro con Erina los dos se hayan vuelto muy cercanos y se vieran seguido, pero de todos modos una que otra vez se lo había topado en Hanasaki y le había parecido una persona bastante agradable, y guapo, y ahora se sentía idiota por haber tenido pensamientos sobre lo lindo que era ese chico. La chica negó con la cabeza, ofuscada. ¿A qué se venía ese malestar de no ver a Henry como un tipo bonito? ¿A una fidelidad hacia el despreciable hermano de éste?

Allen se estaba tardando en salir y eso la preocupaba ya que quizá estaban transando información él y Henry. Había intentado no decir detalles sobre su relación con Cain ni tampoco dejarlo mal parado delante de su hermano (aunque se lo merecía) esperaba que Allen no metiera la pata.
Necesitaba beber algo para pasar el estrés. Fue hasta una máquina dispensadora de gaseosas y depositó unos cuantos yenes para seleccionar una Coca-Cola, cuando la lata cayó ella la abrió, pero antes de que diera el primer sorbo se percató de un muchacho de cabellos negros y un parche en el ojo. Parecía estar buscando a alguien y cuando la divisó inquietantemente parecía ser ella a quien buscaba.

Kana lo reconoció inmediatamente. Era Ken Kaneki, aquel chico amable y simpático que conoció junto con Eureka aquella vez que se habían infiltrado en una fiesta de estudiantes de Rizembool. Pero Kaneki le conocía como Shizuru, era extraño que viniera claramente en su dirección en especial cuando incluso Kana había cambiado de apariencia por el tema de su capacidad.

—Hola— Saludó suavemente aquel muchacho. —¿Eres Arima Kana?—
—Sí.— Ella asintió, manteniendo la calma. Parecía que Kaneki no la reconocía. —¿En qué puedo ayudarte?— Preguntó, sosteniendo la lata con su mano y mirándolo con atención. Como Kana llevaba ropa deportiva; short corto y polera de piqué, podía pasar libremente como una estudiante de alguna carrera deportiva.
—Eh, bueno… No me conoces, pero… Y-yo tuve la ventaja de conocerte de otro modo.—
—…— ¿Entonces sí la recordaba?
—Mi hermano… Mi hermano me dijo tu nombre y quise venir a conocerte en persona y que me conocieras también para que estuviéramos en igual condiciones. Me llamo Ken Kaneki.— Le sonrió, nervioso pero amable. —Y quería presentarme contigo porque siento que es injusto que solo yo tenga ventana de conocer cierta información. Tienes que saber algo.—
—Gracia, Kaneki, por tu bondad— Ella asintió, serena. —¿Pero qué es lo que debería saber?—
—Yo… Soy estudiante de Rizembool. Aunque no lo parezca, soy Rebel. Soy tu Rebel.— Le confesó, mirándola a los ojos. —Necesitaba que lo supieras, porque a mi me habían dicho que eras mi HiME y me parecía injusto que tú no supieras quien era tu Rebel.—
—Mi…Rebel.— Repitió con inercia. No podía creer que Ken Kaneki, aquel jovencito adorable y educado de la fiesta, fuese precisamente su Rebel. Al final, la predicción de Yato se cumplió completamente.
—Sí. Disculpa.— Ken soltó un suspiro culposo.
—Kaneki, gracias…— Reiteró, asintiendo. Lo miró con asombro aún. —Tienes que saber algo.—
—¿Qué?— Él le observó con atención.
—Yo soy Shizuru.—
El pelinegro se le quedó mirando en shock. El único ojo visible, porque el otro estaba cubierto por un parche, se abrió enormemente en sorpresa al recordar a la chica de la fiesta de aquella vez la cual había sido amable y gentil con ellos.



—Arima-san, gracias por tu honestidad. Juro que no le diré a nadie, tampoco a los chicos de la fiesta.—
—Gracias, Kaneki. Pensé que tu gesto de venir a presentarse aquí conmigo como mi Rebel como señal de respeto y justicia era un gesto admirable, así que no quería ocultarte esa verdad. Shizuru no existe… Soy yo, Kana Arima.—
« Last Edit: September 16, 2018, 08:08:17 PM by Kana »


Mimi Tachikawa

Hoi hoi minna!! aqui vengo con fic!!!

Es un Flashback con mi Hime-senpai <3

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Inicio de Flashback


Era el último día de la gira nacional de Knights y esta la harian por supuesto en Tokyo, las entradas y mercadería se habían agotado a la hora del anuncio de este ultimo concierto, todos esperando ansiosamente por el ultimo concierto, por supuesto cada miembro de Knights también estaba ansioso, quizás la única que estaba entre ansiosa y preocupada era Tsubasa, ahora que se habia convertido en Hime de Hanasaki las cosas eran difíciles para ella entre ir a la escuela, pelear con un problemático rebel, preocuparse por su Ousama que a insistencia se habia convertido en su Key, los regaños de Izumi y ahora el final de la gira del exitoso tour, claro que todo le crispaba de nervios pero se mantenía calmada y segura frente a los demás, afortunadamente habían regresado a sus casas para al menos descansar antes de ir al lugar del concierto y empezar con los preparativos para la noche

Tsubasa se encontraba en su habitacion echada sin poder dormir observaba de reojo a su child Lucario que estaba sentado frente a ella velando su sueño

Lucario deberias de descansar… no te preocupes de todas maneras no puedo dormir y ya falta poco para reunirme con los chicos…-

El child se acerco a su dueña y asintiendo se sento al lado de la cama mientras dormitaba un poco-gracias por estar a mi lado…afortunadamente Yuuto ha estado tranquilo en estos días que he podido concentrarme en el concierto, no quiero fallar de ninguna manera y quiero demostrarles a los chicos que estoy a su altura …-mirando a otro lado-tampoco quiero seguir discutiendo con Izumi-kun…-suspirando pesadamente-

La puerta de la habitacion de la joven se abrió y su madre entro en ella

Tal parece que no puedes dormir Tsubasa, estas ansiosa por tu ultimo dia de concierto?-

Algo asi…-tocandose el pecho- aunque me siento intranquila…como si algo fuera a suceder el dia de hoy-

Deben de ser los nervios, aunque es raro en ti hija que desde pequeña has sido muy autosuficiente y te has encargado de llevar en alto el apellido Kazanari, ademas de ser la guardiana de Tsukinaga Leo-kun como tradición de nuestra familia…-le acaricio suavemente los cabellos- estoy orgullosa de ti… asi que no debes de sentir nervios a estas alturas del partido…-

Gracias Madre…-dijo sintiéndose un poco mas tranquila- en vista que no puedo dormir, será mejor empezar a alistar mis cosas para ir al lugar del concierto para empezar con los últimos ensayos…-

Pero aun es muy temprano ni siquiera son las 6 de la mañana

Quiero que todo vaya deacuerdo al plan de Ousama , ademas también quiero cerciorarme que Yuuto no se encuentre cerca…-

Es aquel rebel de Rizembool no? No pudimos detenerte cuando decidiste ser Hime asi que solo me queda decirte que ándate con cuidado con lo que me has comentado ese chico es muy peligroso y sabes que tienes a alguien a quien debes de proteger con tu vida…-

Por eso mismo madre ire ahora mismo al lugar del concierto y preparar algunas cosas para evitar que Yuuto interrumpa el concierto…-

Esta bien hija…-observando a Lucario- me sentiré tranquila si lo llevas contigo-

Pensaba dejarlo en casa para que los proteja…-

Quien crees que somos? Recuerda que nosotros te hemos enseñado todo lo que sabes con la espada y las artes marciales…nos sabemos cuidar …ademas tu padre vendrá temprano a casa y todos los guardianes de la familia están cerca…-

Asi me siento mas tranquila…ahora ire a bañarme…-

Yo prepararé tu mochila para que cuando salgas vayas a desayunar antes de irte…-

Gracias por todo madre…-haciendo una reverencia solemne-

Despues de haberse bañado , secarse el cabello y colocarse el buzo de la escuela la peliazul se dirigio a tomar desayuno con su madre, luego salio de la casa, aun sentía una opresión en el pecho pero recordaría las palabras de su madre y no podía decaer en este ultimo dia, cogio fuertemente su mochila y observo a Lucario que llevaba su espada en su funda para cualquier emergencia

Espero no usarla el dia de hoy…-

Un par de minutos mas tarde habia llegado al lugar del concierto observaba el estadio que los recibiría en su ultimo concierto del año-Bueno ya llegue…-suspiro pesadamente- dare lo mejor de mi para que nuestra performance sea tan excelente como siempre…-

Se fue hacia el lugar de los camerinos que estaban ambientados para ellos, grande fue su sorpresa que habia parte del staff que salía de dicho lugar con tazas de té y comida terminadas-No puede ser…- fue corriendo hacia los camerines y entro-

Oi!! Tsubasa!!! Nahahahaha llegaste muy tarde a la reunión!!...- dijo el líder de Knights mientras estaba en plena escritura de su futura nueva canción-

Eh???...habia una reunión?? …-mirando su celular- pero no veo mensaje alguno-

Ara…Tsubasa-chan no te preocupes…en realidad nadie podía dormir y Ousama nos trajo aquí para que se pueda concentrar mejor…-

Buenos días Arashi-san…-haciendo una reverencia para suspirar aliviada, claro que antes de entrar ordeno a Lucario que estuviese observando los alrededores del lugar y también para que los demás chicos no lo vieran-

Dame tu bolso lo voy a acomodar donde están nuestros bolsos- dijo el rubio mientras le sonreía alegremente-

Muchas gracias…-observo todo el camerino cuando vio que en el sofá grande se encontraba Ritsu durmiendo, y era algo obvio porque Ritsu solo estaba despierto a partir del mediodía-Esto…y Ritsu? Por que esta aquí desde temprano? Hubiese sido mejor que este en su casa hasta el mediodía…-

Ya sabes que tiene conflictos con su hermano mayor y pues desde que regresamos se ha quedado aquí…-

Ya veo…-se acercó a acariciar suavemente los cabellos del pelinegro-

Y como siempre gracias por ignorarme por completo Kasa-chan…-Izumi se encontraba en una de las esquinas del camerino con sus brazos cruzados y el ceño fruncido –

No te ignoro Izumi-kun…-dijo la peliazul para acercarse a él y hacer una reverencia-

Solo lo decía en broma…no te tomes todo en serio…-chisto algo irritado-

Lo siento…-dijo mirándole con una expresión seria y el peliplateado también se quedo observándola-

Ya no me mires con esa expresión Kasa-chan…-

Oh lo siento…- dijo relajando un poco mas su expresión

Y como siempre ustedes tan “amigables” …-rio divertido el rubio- no lo crees asi Ousama?...-observó al pelinaranja que se encontraba durmiendo en el suelo después de haber terminado de escribir-Ara…otra vez se quedo dormido…habra que taparlo para que no se enferme…Izumi-chan y Tsubasa-chan traigan algo para cubrirlo-

Si!!-dijieron los dos chicos al mismo tiempo para traer almohada y frazadas para cubrirlo-

No se porque al ver a Ousama durmiendo me dieron ganas de dormir…- la peliazul se acomodo al lado de Leo y se quedo dormida-

Oye Kasa-chan yo también quiero dormir a su lado…- Izumi se dormio al lado opuesto-

Estos chicos si que tienen una fijación fuerte por Ousama se ven tan adorables..- saco su cámara y empezo a tomarles fotos-

Pasaron un par de horas después…

La peliazul empezó a abrir los ojos lentamente, no recordaba en que momento se habia quedado dormida , se encontraba en el sofá donde Ritsu habia estado dormido pero ahora estaba sentado al lado suyo

Kaachan buenas tardes…-dijo el pelinegro mientras bostezaba ligeramente-

Eh??...Ritsu?...-se levanto de golpe- que hora es?? Ya es tarde??

Aún es mediodía asi que no te preocupes…-estirando los brazos- yo también acabo de despertar…-

Y los demás??-

Estan viendo el escenario mientras que Ousama esta ideando el orden de como estaremos cuando estemos ahí en el noche…-

Entonces que esperamos vamos con ellos-

Tengo ordenes explicitas que tanto tu como yo debemos de estar aquí…-dijo riendo suavemente- quieren que descansemos lo suficiente para el concierto…-

Pero y las practicas?...-

Ousama dijo que todos estamos bien asi que no hay necesidad de ensayar…-

Ya veo…Ousama esta preocupado por nosotros….-dijo la peliazul para apoyarse en el hombro de Ritsu- cuando termine el concierto prométeme que me contaras que es lo que te esta agobiando últimamente Ritsu…eres como mi hermano menor y al menos quiero ayudarte en algo-

Yo también te quiero mucho Kaachan y yo te contare mis cosas cuando tu me cuentes las tuyas…-apoyo su cabeza en la del peliazul- somos un caso perdido…-

Tienes razón…somos un caso perdido…-

Ambos jóvenes rieron suavemente mientras empezaron a conversar de otras cosas

Y llego la hora del concierto…

Bueno chicos soy una persona de pocas palabras pero quiero que den lo mejor para entretener a los fanáticos y divertirse también, es una orden de su Rey…-hablo Leo mirándoles con confianza-

Si!!...-dijieron los 4 chicos para ir detrás de su Rey y entrar al escenario

En la casa de la familia Kazanari…

Los padres de la joven estaban con el televisor prendido esperando la salida de su hija

Vamos Tsubasa tu puedes…-dijo su madre mientras le tomaba la mano a su esposo-

Cuando el concierto habia comenzado ambos señores Kazanari escucharon ruidos que provenían del patio de su casa, ambos padres se levantaron y cogieron sus espadas para salir de la casa y ver con horror que sus guardianes habían sido asesinados

Pero como es posible…-dijo la madre de Tsubasa-

Mira Ritsuko…-el padre de Tsubasa señalo a una persona de cabellera castaña y que llevaba gabardina que ahora estaba cubierta de sangre-

Asi que ustedes son los padres de Tsubasa no?...-

No puede ser…-dijo la madre de la joven- tu eres…

Volviendo al concierto que dicho sea de paso estaba transcurriendo sin ningún problema, todos los fans disfrutaban de las coreografías y los solos de cada uno de ellos, y se reian en las partes de las conversaciones entre ellos, sobretodo cuando Izumi molestaba a Tsubasa y ella no sabia que responder, luego volvieron a tocar los dos últimos temas de su ultimo álbum Checkmate Knights y Voice of Sword, luego de esto los jóvenes se despidieron de su publico y se dirigieron a sus camerinos, felicitándose entre ellos por la gran performance que tuvieron

Kazanari-san su teléfono esta sonando desde hace rato…-le dijo una de las personas del staff-

Ya voy…chicos disculpen iré a contestar mi llamada…-

La joven contesto la llamada fuera del escenario, cuando vio el numero de teléfono era el de su madre

Madre disculpe por contestarle hasta ahora…-

No te preocupes querida Tsubasa que no es tan importante…-

La peliazul palidecio cuando oyo la voz de su rebel- Yuuto Kigai!!  Que haces con el teléfono de mi madre?? Que haces en mi casa???

Solo vine a hacerte un recordatorio de que jamas vas a poder contra mi…-rio divertido- aunque debo de admitir que tus padres dieron lo mejor de si para sobrevivir pero bueno como sabes jamas tuvieron oportunidad contra mi…ven rápido a despedirte de tus padres…-Yuuto colgó-

Tsubasa dejo caer su celular y cayo de rodillas-No puede ser…-apreto el puño fuertemente , ahora no era el tiempo de estar de rodillas debía de levantarse , cogio con todas las fuerzas que tenia el celular y entro nuevamente al camerino

Tsubasa-chan estas bien??...-le miro el rubio preocupado- estas palida…-

Lo siento…no me siento bien…-cogio su mochila-disculpen chicos ire a casa para descansar-

Kaachan nosotros vamos con…-

No vengan!!-grito algo inusual en ella- disculpen…pero debo de irme ahora mismo…- salio corriendo del lugar-

Que pasa con Kasa-chan?...-dijo algo preocupado el pelicenizo para observar a Leo que ya no se encontraba en el lugar- hace cuanto?...-

Ni bien termino de hablar Tsubasa-chan…Ousama se fue sin decir nada…-dijo el rubio cruzándose de brazos- quizás quiere saber que esta bien y que no se desmaye…aunque seria bueno que fueramos todos…-

Mejor no lo hagamos…-dijo el pelinegro- Kaachan estará bien con Ousama…ahora nosotros hay que ir a comer que tengo hambre y sueño-

Kuma-kun…- dijo Izumi suspirando pesadamente- tienes razón…vamos a comer …también quiero relajarme…-

No se diga mas vamos los tres…-dijo el rubio sonriendo

Mientras tanto Tsubasa no paraba de correr junto a Lucario, no queria creer en las palabras de Yuuto, queria llegar a su casa y que todos la recibieran como siempre , que nada habia cambiado que la llamada de Yuuto fuera producto de su imaginación, pero la realidad no era asi, cuando llego a su casa vio que la puerta estaba abierta, dejo caer su mochila y entró al patio donde con horror que todos sus guardias con los que hablaba todos los días estaban ahí tirados en el piso sin vida, empezo a sudar frio y temblar sin parar, cuando llego al recibidor observo el cuerpo de su padre sin vida con su espada atravesando su pecho, de la misma manera se encontraba su madre que aun se encontraba con vida

Madre…perdóname…perdóname…-dijo derramando lagrimas sin cesar mientras que estaba arrodillaba dudando entre sacar o no la espada que su madre tenia atravesada-

Tsu...basa…-su madre alzo su brazo con dificultad y acaricio las mejillas de su hija-jamas…te…arre…pientas…de las…deci..siones…que tomes…ahora…eres la…ultima…Kazanari…asi…que…venga nuestra …humi…llacion…-dijo su madre con lagrimas en los ojos-te …a…ma…mos Tsuba…sa…nunca…lo olvides…-su mamá cerro los ojos –

Madre…madre…madre…madre!!!...-dijo sollozando por la perdida de su familia completa- Por que?? Por que?? El problema era conmigo no con ellos…no con ellos…-

Tsubasa…- sintió que alguien coloco su mano en su hombro-

Ousama…-giro a mirarlo con lagrimas en los ojos para abrazarlo fuertemente- solo será por esta vez por favor permítame descargarme…-

Hazlo…y cuando lo desees…-dijo mirándole seriamente dolido por la perdida de la familia de su mas querida amiga- ahora me toca a mi ser tu apoyo…-

Ahora que habia terminado la gira nacional…ahora el Rey tenia que tomar la posición de Key la cual habia elegido pasando por la decisión de la peliazul, ahora le tocaba a él protegerla era su querida amiga, una familia para él y aunque Tsubasa no quisiera la decisión que Leo Tsukinaga iba a tomar era el inicio del final de Knights…

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Continuara....


Eureka

no terminé xd pero traigo dos partes de un fic de tres
*suena Murder on the Dancefloor* de fondo*


36






Eureka llegó a casa dispuesta a morir en su cama y olvidarse de todo por un par de días.

Después de los eventos en el huerto y aquella pelea contra Oikawa y Komaeda, lo único que podía calmar su rabia era un baño y una larga siesta, aunque estaba segura de que sus planes se verían truncados de alguna forma. La mala suerte la seguía, y no le sorprendía la posibilidad de ser interrumpida por su enamorado para hablar sobre aquel tema que había quedado ignorado por algunas semanas.

Justo ese día. No había de otra, así funcionaba su suerte, al parecer.

Pero cuando ingresó a su cuarto, lo primero que notó fueron las sonoras quejas de Morgana y la peculiar voz de una persona. La luz ya estaba encendida, y en el sofá, encontró a Kanone intentando separar una pelea entre Aka y su child.

De haber sido distinta la situación, tal vez se habría reído y sin más, hubiera compartido un rato ameno con Kanone. Lamentablemente, ese día había sido un problema tras otro, y no quería ver a nadie. No lo pensó dos veces: Eureka corrió directo a la cama y se tumbó boca abajo.

Su acción no pasó desapercibida, puesto que Kanone soltó a los gatos, y Morgana dejó de luchar para dedicarle una mirada llena de curiosidad.

“¿Eureka-dono? ¿Te encuentras bien?”
“No.” La voz apagada de Eureka llamó la atención de ambos. “Y no quiero hablar de eso, gracias.”
“¿Estás segura?” insistió Kanone.
“Sí.”
“Eureka.” Kanone se levantó del sofá para sentarse al lado de su amiga, un tanto preocupado. “No sé que te habrá pasado, pero estoy seguro de que te está afectando. No quiero pecar de entrometido, pero pienso que te vendría bien desahogarte un poco.”
“…” Luego de unos segundos de silencio, Eureka se movió hasta quedar boca arriba. “Se me han juntado mil cosas y estamos a puertas de finales, en serio no sé qué hacer.”
“¿Qué pasó hoy?” preguntó Morgana, corriendo hasta subirse a la cama para andar al lado de Kanone y de su HiME.
“De todo. Pero no estoy así sólo por eso. Estoy así desde la semana pasada… cuando volví de la clínica.” Eureka suspiró. “Lelouch ha hecho como que no pasó lo de esos días. Pero queda claro que sigue molesto por la discusión que tuvimos… realmente no hemos interactuado mucho en estas semanas.”
“Bueno, sé que él anda un poco ocupado con sus cursos…” dijo Kanone. “Creo que me comentó hace un tiempo que andaba luchando por conseguir un puesto como practicante en el bufete de uno de sus profesores…”
“Hasta tú estás más enterado de su vida que yo. Y a ti te odiaba hasta hace unos años, mientras que yo… soy su enamorada, supuestamente.”
“¿Qué es exactamente lo que le molesta a Lelouch?” preguntó Kanone.
“Que me junte con mi rebel…” Eureka suspiró. “…Digo mientras hablo con mi exrebel,” mencionó, y sonrió levemente.
“Bueno, yo no puedo decir mucho, porque intenté disuadirte de eso junto a Hizumi y Soul pero supongo que a estas alturas ya no tiene sentido. Igual, creo que es un poco hipócrita que yo lo critique o te prohiba verlo. No soy nadie para hacer eso… Encima, fui tu rebel, y tus amigos también me juzgaron por lo que era, así que lo entiendo.”
“Huh.” Eureka sonrió. “¿Osea que te ablandaste un poco por experiencia propia?”
“Bueno, mi caso fue… un poco distinto,” mencionó Kanone. Sus mejillas tomaron color, y Eureka sonrió al verlo tan avergonzado. Era tierno. “No quiero… mencionar algo que ambos sabemos muy bien. Pero supongo que Oikawa también ha sido capaz de conocerte y tratarte, y ha visto que eres buenísima persona y mereces una oportunidad.”
“Tu metodología fue muy distinta, eso sí.” Eureka soltó un par de risitas.
“Yo era un rebel al pie de la letra,” comentó Kanone. “Él… es primero un capitán de vóley, de ahí una persona, creo.”
“No has podido describirlo mejor.”
“Lo digo en base a lo que me has contado de él.” Kanone sonrió.

Morgana se levantó, repentinamente, de la cama, y saltó al piso, para ágilmente llegar luego de unos pasos al alféizar de la ventana. Con un maullido –o intento fallido de este—, llamó a Aka, quien lo siguió como borreguito.

“¿Mona?”
“Eureka-dono, creo que es mejor dejarlos a solas. No quiero molestarlos, y tampoco desearía que Aka los interrumpa.”
“No hay nada que puedas interrumpir,” le aseguró Kanone. “Pero si así te sientes más cómodo, no hay problema con que regreses luego.”
“Mm, mm.” Morgana negó con la cabeza. “Si mal no estoy, no han tenido tiempo para conversar a solas desde que nací, y de eso hace un mes, un poco más. Volveré más tarde.” El Child les sonrió, y saltó del alféizar junto a Aka, desapareciendo en cuestión de segundos.
“…” Eureka arqueó una ceja. “Es interesante, porque él siempre me acompaña a todo. Pero justo hoy no quiso ir conmigo a la universidad, y ahora nos deja a solas…”
“¿Sospechas de Morgana?” dijo Kanone.
“No. ¿O sí? ¡AAAAH!” Eureka tiró de sus cabellos, frustrada.
“Siento que me he perdido de algo.”
“De mucho. Hace un ratito me hablabas tan lindo de Oikawa y no sabes lo que ha hecho hoy.”
“¿No son buenos amigos?”
“…Ya no sé.” Eureka rodó los ojos. “Okay, okay. Supongo que sí, pero le costará un montón recuperar mi confianza.”
“¿Qué hizo? Mira que yo fingí andar muerto y regresé tres años después, y no te demoraste en perdonarme.”
“Pero tu tema era muy distinto. Con tu regreso, ganaste en cuestión de segundos,” dijo Eureka, y extendió su puño para golpearle en el brazo, a modo de juego. “Pero él no tiene tanta suerte.”
“Sigo sin saber qué te hizo.”
“Okay.” La HiME suspiró. “No sé si te conté, pero estoy en probación este ciclo. Luego de la reincorporación, me indicaron que sólo lleve un curso, pero como favor por ser HiME, Miranda me permitió llevar tres más. Si repruebo, pensarán que aún no estoy lista para tomar varios cursos… por más de que Miranda aprobó mi excepción de matrícula, y por más de que soy HiME.” Eureka tomó un respiro, mientras se incorporaba para sentarse en la cama. “En su defensa… nunca le conté esto a Oikawa. Hoy me sorprendió en el huerto donde Ryoji y el resto de mi grupo de Biohuertos andábamos trabajando. Llegó con el rebel de Cho, para… bueno, para cumplir con las apariencias que debemos mantener. Pero el rebel de Cho está completamente desquiciado, y voló en pedazos todo el huerto. Por supuesto, Ryoji, Cho, Osaka y yo nos quedamos a limpiar y organizar el huerto junto al equipo encargado de este. Miranda me dijo que tendrá consideración con nosotras, con Cho y conmigo, pero que igual debíamos cumplir con nuestras responsabilidades. Usualmente salgo a las 4, pero hoy me he quedado hasta las 8 por lo del huerto.”
“Wow… eso suena terrible. Lo siento. ¿Nada pudo salvarse?”
“Nada. Los encargados nos querían matar. Y yo sólo podía guardar silencio y ayudarlos en lo que nos pedían.”
“¿Dónde está Ryoji, a esto?”
“Llegó conmigo, pero también se fue directo a su cuarto. Está igual de triste y cansado que yo.”
“Ah, en un rato pasaré a visitarlo y a darle apoyo moral. No puedo imaginar cómo se sienten. Todo el trabajo del ciclo se esfumó en cuestión de minutos.”
“Sí. Esperamos que Ayame sea razonable con la situación, pero no lo culparía si me jala. Me lo merezco.”
“No fue tu culpa que Oikawa se apareciera ahí, Eu. Fue algo que tal vez no tomó en cuenta cuando llevó al rebel de Cho.”
“Pero debió hacerlo. Y no entiendo, ¿no sabía que Komaeda era así o qué?” dijo Eureka, enojada. “¡Me dan ganas de estrangularlo!”
“Deberías hablarlo con él,” sugirió Kanone. “No ganas nada haciendo bilis. De seguro se quiere disculpar contigo seriamente.”
“No voy a aceptar sus disculpas hasta que consiga mi venganza.”
“¿…Planeas vengarte?”
“Por supuesto. Si yo jalo mi curso, él también lo hará.”
“…Eres cruel.”
“Sólo si me obligan a serlo.” Eureka sonrió de lado. “Aunque no sé. Puede que eventualmente le perdone… incluso antes de la venganza.”
“¿Por qué?”
“Supongo que porque no tuvo la culpa totalmente. Pero igual él fue el de la grandiosa idea de llevar a Komaeda al huerto, al menos algo así dijo Komaeda durante la batalla… por lo que no lo puedo excusar totalmente del tema.”
“¿Pero cuál es el problema, entonces?”
“Pensé… que me lo contaría. Si tenía algo así planeado, y somos amigos, supuse que iría a decírmelo antes de actuar. Lo ha hecho antes. No entiendo por qué ahora no.”
“Anda y habla las cosas con él. Será mejor a que sigas especulando lo que realment—”
“¡KANONEEEE!”


     

Kanone y Eureka escucharon el grito antes de que Hizumi golpeara la puerta e ingresara corriendo, emocionado.

“YoitemedijoqueestabasaquíOHholaeu” la saludó Hizumi, y luego se giró hacia Kanone. “¡KANONE!”
“¿Desde cuándo ustedes dos son tan buenos amigos?” preguntó Eureka, muy curiosa.
“Kanone me compró ootoro un día y desde ahí somos mejores amigos,” contó Hizumi, muy alegre.

Aquella frase dejó muy confundida a su amiga, quien desde su posición, observó a Kanone con una pregunta muy clara en sus ojos.

“…Le invité a comer un día a modo de agradecimiento por lo de Zushi. Fue su iniciativa, después de todo,” explicó Kanone.
“¡Ajá!” dijo Hizumi, orgulloso de sí mismo. “El buen samaritano. Soy un ejemplo a seguir.”
“…Si dejas de lado que intentaste matarme, por supuesto.”
“¡Deja de darle vueltas a eso!”
“Ya no lo hago.” Kanone rio. “Sólo me divierte ver cómo te enojas.”
“…” Hizumi rodó los ojos. “En fin. Te conseguí un trabajo part-time con mejor paga y contrato fijo. Nos conseguí, de hecho. Y como era justo lo que buscabas, debes recompensármelo de alguna forma.”
“Lo haré cuando me paguen a fin de mes,” prometió Kanone. “Solo si es que consigo el puesto. ¿Supongo que es de mozo o algo así?”
“Bingo~ Pero es en un restaurante muy exclusivo.”
“¿Cómo te enteraste de que están reclutando gente?” preguntó Eureka. Hizumi saltó un poco en su sitio, lo que le llamó la atención.
“Uh… ¿Lo ví en internet?” dijo Hizumi, con una sonrisa nerviosa.
“Bueno, mañana vamos a revisarlo. Siento que algo me estás escondiendo,” dijo Kanone.
“Qué mal piensas de mí.” Hizumi suspiró. “Yo que te quiero ayudar…”
“Sí, sí. Más bien, dejemos a Eu a solas. Necesita descansar…”
“Gracias, Kanone.”
“¿Qué pasó?” preguntó Hizumi, curioso.
“Oikawa es un idiota, a veces,” dijo Eureka. “…Y mañana tengo que verlo de nuevo por el partido contra Tokyo U… ahhh…”
“Oikawa llevó al rebel de la amiga HiME de Eureka al huerto donde tenían sus proyectos finales de Biohuertos…”
“Que hizo ¿qué?” Hizumi ladeó la cabeza, confundido.
“Komaeda, el rebel de mi amiga, voló nuestras plantas en mil pedazos, y en cuestión de minutos, nos quedamos sin proyecto final,” se quejó Eureka.
“Eso suena terrible,” comentó Hizumi. “Encima estamos a un paso de finales…”
“Justo por eso quiero ahorcar a Oikawa, que lo llevó al huerto. Pero Kanone me pide que lo escuche…”
“Bueno, de seguro quiere disculparse contigo. Tal vez no fue su intención, realmente.”
“No lo sé…”
“¿Estarás bien si te dejamos a solas?” preguntó Kanone, preocupado.
“Sí, no hay problema. Vayan con Ryoji, que de seguro también necesita apoyo moral.”
“Mm…” Kanone se levantó, caminando hasta llegar al lado de Hizumi. “Bueno, nos avisas cualquier cosa.”
“¡Sí~!” canturreó Hizumi. “Oh, espera.”

Hurgando en su morral, sacó una pequeña bolsa, de la que sacó un Kit-Kat sabor té verde. Hizumi caminó hasta dejárselo en su mano, y Eureka se incorporó en la cama para revisar lo que le había dado.

“Oh. ¿Me lo regalas?” preguntó Eureka.
“Yo siempre te robo dulces, así que me toca retribuírtelo.” Hizumi sonrió. “Ojalá te ponga de mejor ánimo.”
“Gracias, Hizumi.” Eureka le devolvió la sonrisa.
“Y en serio, si quieres hablar luego con nosotros, acá estamos para ti.”
“Lo tomaré en cuenta.”
“Nos vemos~”
“Cuídate, Eu.”

Los dos se despidieron, ondeando la mano, y salieron del cuarto cerrando la puerta tras de sí.

Eureka volvió a echarse en la cama, sin soltar el chocolate.

Durante los dos meses y medio de su amistad, nunca había discutido con Oikawa. La verdad era que aún no lo hacían, pero Eureka consideraba el asunto del huerto como su primera pelea. Al menos desde su perspectiva.

Y aunque una parte de sí andaba maquinando mil planes para vengarse, había una pequeña parte racional que no le podía atribuir la culpa entera de lo que había sucedido. Oikawa no estaba enterado de que andaba en un período probacional, y por ende, no tomó en cuenta la importancia de sus notas.

No podía culparlo del todo, pero la situación no iba a cambiar de todas maneras.

Frustrada, Eureka se giró, hasta quedar recostada de lado. Observó el Kit-Kat en sus manos, contemplando guardarlo para mañana. Se levantó de la cama, y el dolor de su ardua labor durante la tarde la invadió una vez más. Se quejó en voz alta, a la vez que caminaba hacia su escritorio para dejar el chocolate allí.

Dos sutiles toques en la puerta le indicaron la presencia de una persona fuera de su cuarto, y como la suerte nunca estaba de su lado, ya sabía de quién se trataba.

Naturalmente, los problemas se le juntaban.

“¿Sí?”
“Soy yo,” escuchó la voz de Lelouch. “¿Podemos hablar? Es urgente.”
“…” Eureka suspiró, y caminó hacia la puerta.

   


Al igual que ella, Lelouch se veía cansado: las ojeras en sus ojos y el semblante decaído indicaban que se había trasnochado para completar sus lecturas y trabajos. Era una tradición verlo así las semanas previas a finales, durante las cuales se juntaban un par de noches en vela para hacerse compañía entre ellos, logrando que el peso de sus obligaciones se aligerara al menos un poco.

Pero Lelouch no traía sus libros y su laptop, a diferencia de aquellas oportunidades.

“Si es por la batalla de hace unas semanas, tu silencio me lo dijo todo, no te preocupes,” mencionó Eureka, a la vez que se giraba para caminar dentro del cuarto. Lelouch cerró la puerta tras de sí.
“Lo siento. No he tenido tiempo de venir a hablar de eso contigo. Los controles y los trabajos demandan cada vez más tiempo de lo que esperé. Y… bueno, estuve ocupado dedicándome a un curso en especial.”
“Oh. Kanone me comentó que querías practicar en el bufete de uno de tus profesores.”
“Sí.” Lelouch desvió la mirada hacia un lado. “Conseguí el puesto.”
“…” Eureka intentó guardarse la alegría, pero fue mayor que ella, y le sonrió, muy sincera. “Felicidades.”
“Gracias.” Lelouch volteó a mirarla, sonriéndole. “Es un alivio. Acá soy un alumno más, a diferencia de Londres.”
“Si no me equivoco, ese fue uno de los motivos por el que decidiste mudarte a Japón.”
“Sí.”

Eureka había sido la primera en oír sus planes, muchísimos años atrás: Lelouch siempre había deseado salir de Lóndres. Si se quedaba en Inglaterra, estaba destinado a seguir los pasos de su padre, junto al resto de sus hermanos. La familia Vi Britannia contaba con un estatus social muy alto, y quedaba clarísimo que Kamina y Lelouch, los mayores, se encargarían del manejo de los negocios familiares. En el mejor de los casos, Kamina se habría dedicado enteramente a eso, mientras que Lelouch hubiese seguido la carrera que quería, pero rodeado de socios de la familia y de favores por doquier, por su estatus y por su apellido.

Esa no era la vida que quería. Lelouch había planeado valerse por sí mismo ni bien encontrase la manera de hacerlo. Y así lo hizo: no llevaba más que dos años en la universidad y ya había logrado conseguir prácticas en su rubro. Podía seguir dependiendo del dinero de su padre, pero eventualmente crearía su propio negocio o bufete, y progresaría por su cuenta en Japón, lejos de su familia. Eureka no tenía duda de ello.

“El profesor nos sugirió aplicar a uno de los programas internacionales para hacer pasantías en otro país desde mediados de julio hasta el diez de Agosto, fecha donde inician las prácticas de su bufete.”
“…Y supongo… que aplicaste.”
“Sí. Dijo que era experiencia necesaria, sobretodo si se trataba de un país con un sistema legal parecido al de Japón.”
“Oh. Eso significa que no pasarás una buena parte de las vacaciones aquí, en Tokio.”
“Eso era lo que te venía a contar. Si consigo la vacante, me iré de viaje por un mes a España.”
“No hay problema con eso, Lelouch. Yo pensaba regresar a Ingletarra por unas semanas. Mi mamá debe andar preocupadísima con lo que Mikoto le contó hace poco, y además, de seguro anda extrañando a Soul. Inglaterra y España no quedan tan lejos, así que podríamos ver la maner—”
“¿Estás… segura?”

Había una pregunta distinta en sus ojos, pero le costaba identificar lo que su mirada le quería decir. Tal vez era el cansancio de aquel interminable día, o el humor de perros que tenía desde la batalla en el huerto, pero Eureka no andaba con ganas de descifrar lo que pasaba por la mente de su pareja. Si hubiese sido por ella, habría evitado tener aquella conversación. Estaba demasiado cansada para ella.

“No entiendo qué es lo que buscas con esa pregunta. Te acabo de decir que debo regresar a Inglaterra por mi mam—”
“Lo decía por tu rebel.”

Ah.

Lelouch se refería a Oikawa, por supuesto. Quedaba claro que su ausencia significaría también la ausencia de la mánager del equipo de vóley de su amigo, así como… la ausencia de una compañera de batallas. Oikawa correría peligro 24/7, y no habría manera de mantener apariencias si es que ella andaba lejos. Un rebel dedicado, de seguro, iría detrás de ella, pero Oikawa debía prepararse para el campeonato interuniversitario que daría inicio a mediados del ciclo siguiente. Esto dejaría muy claras sus prioridades.

Nunca habían delimitado el tiempo que ella lo ayudaría como mánager de su equipo: era algo que nunca había importado. Si bien ambos habían acordado que sería temporal, la verdad era distinta, puesto que Eureka sentía que la situación se mantendría igual hasta que ella comunicara sus intenciones de salirse del puesto.

Pero Oikawa estaba haciendo un esfuerzo inmenso por ella al mantenerse como su rebel aún a pesar de los riesgos que esto implicaba. Lo mínimo que ella podía hacer a cambio era ayudarlo.

Eureka no podía negar que andaba muy enojada con él por el tema de Biohuertos. Pero eso no constituía un argumento lo suficientemente poderoso como para dejarlo a su suerte, sabiendo que él tenía muchísimas responsabilidades como capitán, estudiante de comunicaciones y rebel.

Aún así, el viaje a Inglaterra no podía posponerse. Era necesario ver a su madre y demostrarle que estaba bien de salud. Tal vez… podría verse reducido en una semana, pero tenía que darse de todas maneras.

“No, él no tiene nada que ver. Debo ir a visitar a mi mamá.”
“¿No es peligroso que tú estés lejos?”
“¿Qué?”
“Osea, no podrás hacer nada para protegerlo si le pasa algo.”
“¿Desde cuando te preocupa tanto Oikawa?”
“A mí no me preocupa, a ti si. Pusiste en riesgo tu vida por él. Supongo que es muy importante para ti.”
“¿Qué?” Eureka intentó aguantarse las risitas, pero fue en vano. Oikawa si era importante para ella, pero lo era al nivel de cualquier otro amigo suyo, como Hizumi, Kanone, Ryoji, Haruhi o Maka. “L-Lo siento, sé que es una discusión seria, pero no pude evitarlo. Oikawa es mi amigo, y tú sabes que yo doy todo por—”
“No creo que sea así.”
“…”
“No soy nadie para obligarte a venir conmigo. Y tampoco es justo que te ponga en esta posición, pero debes entenderme.”
“No sé si es por el cansancio o por todo lo que pasó hoy, pero no estoy procesando todas las cosas que me dices. ¿Podemos tener esta conversación otro día?” rogó Eureka, mientras se masajeaba las sienes.
“No.” La respuesta de Lelouch fue súbita.

Eureka encontró enojo en su expresión, por más de que Lelouch intentaba falsearla con un rosto imperturbable. 

“Lelouch, tú no eres quien decide cuándo—”
“¿Y supongo que tú si tienes derecho a decidir cuándo hablamos de estas cosas?” Lelouch frunció el ceño. “¿Por qué no hablaste conmigo? Yo siempre tengo que ser el que viene a aclarar lo que pasa entre nosotros.”
“Hablas como si— Hablas como si yo estuviera en una situación normal. Como si sólo estuviera estudiando y ya. Estuve inconsciente por días, no sé si te acuerdas de eso.”
“Pero ya ha pasado una semana desde ese entonces. Y para variar, soy yo quien vino a ti. Y no viceversa.”
“Lelouch. Estoy a punto de perder mi ciclo por un descuido de mi rebel. En serio, no es el mejor día para discutir.”
“¿Qué te hizo?”
“No importa ahora. Sólo… no me digas que tú tenías razón o lo que sea. No fue a propósito.”
“No entiendo. Te va a hacer perder el ciclo… ¿y aún así lo defiendes?”
“Heh.” Eureka soltó una risa seca. “¿Crees que no me enoja? Ya estoy planeando mil venganzas, porque esto no se va a quedar así. Pero no significa que lo voy a traicionar y lo crucificaré por un error como ese.”
“Eureka, te acabas de reincorporar.”
“Lo sé. Y lo hablaré con Miranda, porque no voy a permitir que el conflicto con Rizembool me haga perder el ciclo así como si nada. Si vas a quejarte, o decirme que no confíe en él, ya—”
“¿Sabes qué? Tienes razón. Mejor dejamos esta charla para después. Permiso.”

Lelouch no esperó a oír su respuesta, por que se giró y caminó hacia la puerta sin más, saliendo del cuarto con un portazo. En cuestión de segundos, Eureka se quedó a solas de nuevo.

La furia le ganó y, sin poder controlarse, soltó varias descargas de electricidad por las manos que fueron directo hacia el suelo debajo de ella. El piso alfombrado a sus pies empezó a incendiarse, y Eureka gritó, en parte por la sorpresa, en parte por la frustración de aquel día lleno de mala suerte. La HiME rogó al universo que el humo no llegase al detector a la vez que corría hacia su baño para mojar una de las toallas y salvarse a sí misma. Ni bien sintió que la toalla estaba lo suficientemente mojada como para apagar el fuego, la lanzó sin más al piso, y poco a poco vio que las llamas cedieron hasta desaparecer.

Pero el humo ya había llegado al techo: y el detector se activó.

Las regaderas eran pequeñas y, aún así, lograron mojar casi todas sus pertenencias. Felizmente, su laptop y sus videojuegos estaban dentro de los cajones, por lo que se salvaron del agua.

Tal vez ese era un mensaje divino. Tal vez era hora de ir a pasar un par de noches a la mansión HiME. Hacía unas cuantas semanas de la última vez que se había quedado a dormir allí, pero parecía que ya era hora de regresar.

De cualquier manera, no podría dormir en su cuarto hasta que se seque. Y pedirle a Yoite la llave de uno de los cuartos de huéspedes sonaba como una terrible idea: no era tan tarde aún, pero no quería incomodar. Más aún cuando acababa de pelearse con el amo. Yoite podía desligar la vida amorosa de su patrón de su labor como mayordomo y guardaespaldas, pero Eureka no quería ponerlo en una situación incómoda.

La mansión HiME era la mejor opción, no cabía duda de ello. Corrió a alistarse, cambiándose de ropa. Guardó todo lo necesario para pasar un par de días fuera en una mochila que tenía dentro del armario y que por ende andaba seca.

Estaba segura de que todo secaría en menos de un día, pero necesitaba alejarse por un tiempo del lugar. Al menos un par de días la ayudarían a  calmarse un poco.

Ya luego le avisaría a sus amigos sobre su paradero.

Cuando salió, encontró que las luces de la casa estaban reguladas a un nivel medio. Morgana se apareció al fondo del pasillo, esperándola cerca de la sala de la entrada de la mansión. Cuidando no hacer mucho ruido, la HiME caminó hasta reencontrarse con su Child.

 




“¿Qué pasó?” preguntó Morgana, muy curioso.
“Peleamos. Uh… del enojo y todo, puede que haya incendiado la alfombra de mi cuarto.”
“Que hiciste QUÉ”
“Yo sé, Mona, soy de lo peor, blablablá.” Eureka rodó los ojos. “Ahora no tengo ánimos para escuchar sermones. Me voy a ir a pasar un par de noches a la mansión HiME, al menos hasta que las cosas mejoren con Lelouch.”
“Mm…”
“Puedes quedarte, si quieres. Sé… sé que te llevas bien con él.”

No era noticia, realmente. Aún a pesar de ser medio condescendiente, Morgana admiraba a Lelouch y se llevaban bien. Eureka no entendía como contaban con temas de conversación, considerando que su enamorado poseía intereses muy distintos a los de su Child. Pero tal vez como se trataba de su ‘hijo’, por ahí surgía algo de compatibilidad. Morgana había nacido por él, después de todo.

“Hoy lo acompañé, de hecho,” contó Morgana.
“¿Pasaste el día con él?”
“Sí. Lelouch-dono me invitó a acompañarlo a sus clases. Perdón por no avisarte hoy. Te ví tan ajetreada que no lo encontré pertinente.”
“No hay problema, Mona. Es… es tu papá, más allá de que nos peleemos y eso.” Eureka intentó sonreír, pero luego frunció el ceño. “Ugh, sueno como esas mamás divorciadas que hablan con sus hijos cuando quieren visitar al papá.”
“Pero es sólo una pelea, ¿no?” preguntó Morgana.
“Nos hemos peleado antes… y esto no es nada parecido. Sospecho que el tema de las HiMEs lo ha puesto de muy mal humor. No lo había visto tan irritado en mucho tiempo.”
“¿Estás segura de que es eso?”
“¿Supongo? Pero ay, ahorita no quiero pensar en eso. Necesito un baño y una cama seca.”
“Vamos, Eureka-dono.”
“¿Vienes conmigo?”
“Lelouch-dono puede ser mi padre, pero tú eres mi HiME.” Morgana le sonrió.
“Aw, Mona, a veces eres súper tierno~” Eureka se agachó para levantarlo.
“No me abraces como Luciel, por favor.”
“¡No lo culpo!” dijo la HiME, y lo estrujó contra su pecho. “¡Eres muy tierno! Ah~ es como tener un gato.”
“¡Eureka-dono! ¡Me asfixias!”
“Ay, Mona, es sólo un abrazo.”
 
Aún a pesar de las quejas de su Child, Eureka no lo soltó en su camino hacia la puerta principal.

Quizá las cosas mejorarán mañana”, pensó, mientras salía de la mansión.

Pero Eureka era una gran ilusa.

La más grande de todas.



   


Realmente, no le habría sorprendido toparse con su ausencia ese día.

A diferencia de otros amistosos, este se iba a llevar a cabo en la universidad rival, lo que implicaba más trabajo por parte del capitán y de la mánager. El entrenador había especificado que el equipo debía estar a la hora indicada en el estacionamiento del gimnasio de Rizembool porque el bus había sido rentado por un pequeño intervalo de tiempo y era necesario ceñirse al horario planteado. Para ello, Oikawa y Eureka habían tenido que insistir y llamar a todos los miembros para que no se olvidaran de llegar a tiempo.

Pero la ardua labor de organización y planeamiento no era lo único que le preocupaba. El desastre de Biohuertos aún estaba muy fresco en su mente, y podía recordar con claridad la cara de decepción y frustración de su HiME. Después de todo, había sucedido un día atrás, y luego de eso no habían tenido oportunidad de hablar. Era inevitable sentirse culpable. Nunca había sido su intención que todo se diera como sucedió, pero lo cierto era que había arruinado el trabajo de su HiME y de los compañeros de esta y no tenía excusas. De hecho, Oikawa creía que ese sería el verdadero motivo por el que Eureka dejaría de asistir a los entrenamientos del equipo por un tiempo, al menos.

Aún así, su amiga asistió y cumplió con todo lo que le pidieron. Hasta consiguió tiempo para hacer las fotografías que necesitaba. Por supuesto, evitó tener que tratar con él en todo momento, ciñéndose a sus labores. Sus interacciones con él fueron mínimas, y Oikawa no pudo evitar sentirse un tanto apenado por ello.

Fue difícil concentrarse en el partido con esa preocupación en mente. Lo peor era que, para empeorar las cosas, también recordó su intento frustrado por probar la teoría de su grupo de radio. Por la pelea contra Kokichi y todo lo que sucedió en el gokon, nunca lo logró, y había quedado como un pendiente.

Para su suerte, su equipo estuvo para él en todo momento. Tanto los regulares como suplentes notaron rápidamente que el capitán andaba distraído, y supieron suplir sus faltas con mucho cuidado. Iwaizumi le cuestionó con la mirada, y Oikawa le indicó que luego hablarían de lo que pasaba.

El partido terminó con la victoria de Rizembool, pero como era de esperarse, Oikawa no se sentía contento del todo. La necesidad de solucionar las cosas con Eureka iba antes que cualquier otra cosa, y era lo que rondaba por su mente en todo momento. Fue por eso que, luego de agradecer al equipo rival y despedirse, corrió hacia su HiME y la jaló hasta salir fuera del gimnasio. Se detuvo al encontrar un lugar desolado: a esas horas de la tarde, poca gente pasaba por las canchas de fútbol en exteriores, cerca del gimnasio de vóley.

“Ya sé qué vas a hacer y no, no te—”
“Eureka, lo siento,” le cortó él.

Eureka mostró sorpresa: de seguro se debía a la falta de su típico sufijo. Era gracioso ver cómo le afectaba ello.

“Yo… no sé por dónde empezar,” admitió Oikawa. “La verdad es que debí avisarte antes. Todo esto de aliarme con otro rebel siempre fue con la intención de dejarle en claro a Rizembool que yo estaba cumpliendo con mi rol, y pensé que serviría de algo, pero luego vino Kokichi-chan y nos contó que sabían que estábamos fingiendo. Luego quedamos en que seguiríamos con lo mismo sólo por sea caso, y por eso le sugerí a Komaeda-chan la idea de ir a visitar los huertos. Nunca se me ocurrió que podían andar por ahí a esas horas. Tal vez… ese fue mi error, no ser precavido.”
“Tu error fue no contarme antes.” Eureka lo juzgó con la mirada.
“Sí, también.”
“Y por Dios, Oikawa, que Komaeda se nota degenerado. ¿Cómo no te diste cuenta?”
“¡Se veía buena gente!”
“¡Eres muy inocente!”
“¡Tal vez!” Oikawa suspiró. “Nunca pensé que llegaría a tales extremos. En serio, ninguna de las cosas que pasaron ayer estuvo en mis planes. Yo juraba que íbamos a visitar el huerto, ver sus parcelas y de ahí regresaríamos a Rizembool. Nada más. Nunca imaginé que… bueno, que pasaría todo eso.”
“A veces la vida da un giro de 180 grados. Como el que va a dar a la tuya cuando yo renuncie al puesto de mánager.”
“¿¡Qué!? ¡NO!” Oikawa se transformó en el grito de Edward Munch. Había perdido la cuenta de las veces que lo había hecho por causa de su HiME, pero suponía que debía ir acostumbrándose a ello.
Eureka rió, llevándose una mano a la boca. “Tu expresión fue priceless. No, no voy a renunciar, tranquilo.”
“¿En serio?”
“Osea. Te odio. Me demoraré un poco en perdonarte completamente, y espero que te estés preparando porque la venganza es muy dulce…”
“¿¡Qué vas a—¡?”
“…Pero eres muy idiota a veces. Y lo entiendo. Realmente no quisiste arruinarme la vida. Tú ni sabías lo que implicaba todo eso.”
“¿A qué te refieres?”
Eureka desvió la mirada, apenada. “Estoy bajo probación, por así decirlo. Algún día desbloquearás mi tragic backstory, pero lo cierto es que este ciclo debía aprobar todos mis cursos para demostrar que podía reincorporarme completamente a Hanasaki. Con esa nota jalada de Biohuertos, no sé qué tan bien me irá.”
“¡Lo siento mucho!” gritó Oikawa, haciendo una reverencia. “Te acompaño a hablar con Miranda. Estoy seguro de que ella puede hacer algo por ti,” le dijo, aún sin regresar a su postura normal.
“…Eso me conviene,” dijo Eureka, pensativa. “Está bien, iremos a hablar juntos con ella. Ojalá no se rehúse, tho, porque sigues siendo mi rebel y eso.”
“Lo dudo. Si le cuentas que nos llevamos bien y todo eso…” dijo Oikawa, y volvió a erguirse, mirándola a los ojos.
“¿No será peligroso? Digo, porque debemos seguir aparentando que somos HiME y rebel…”
“Ah, tú no te preocupes.” Oikawa le sonrió. “Supongo que… ahora me tocará a mi usar peluca.”
“Eso será divertido.” Eureka rio.
“Se invierten los papeles~”
Eureka asintió. “Por cierto, ¿sabes si ya podemos volver a hablar por el app de Seven? Es un alivio que whatsapp permita eliminar mensajes, pero siento que igual podrían revisar que hemos hablado un par de veces por la semana. El app de Seven siempre fue más seguro.”
“No he hablado con Luciel-chan en estos días. Deberíamos preguntarle.”
“Ahora que recuerdo… ¿No nos dijo en algún momento que estudiaba en Tokyo U? Hay que llamarlo para verlo antes de regresar a Rizembool~”
“Eureka-chan.”
“¿Sí?”
“¿Estás… bien?” preguntó Oikawa, un poco inseguro.

Por más de que Eureka intentara ocultarlo, su expresión pensativa y melancólica no se había inmutado por la charla, y Oikawa sospechaba que algo más le había pasado. Recordaba que, durante la semana, Eureka se había quejado de su enamorado, contándole que aún no conversaban respecto a la discusión que habían tenido unas semanas atrás. Con la batalla con Kokichi y aquellos días que había pasado en la clínica, había sido imposible, pero ya había pasado una semana desde ese entonces y no se habían dirigido la palabra en lo absoluto.

“¿Es por Britannia-chan, tal vez?”
“…” Eureka asintió. “Pero… ¡pero todo bien!” intentó asegurarle, con una sonrisa muy fingida. “Esto se va arreglar pronto, estoy segura.”
“Eureka-chan,” empezó Oikawa, un tanto serio. “Se ve que estás muy angustiada por eso, no necesitas mentirme. Entiendo que tal vez te lo quieras guardar para ti misma porque aún me odias y todo pero… te puedo escuchar, al menos.”
“…” Eureka se tapó la cara. “¿Soy tan fácil de leer?”
“Pues sí~ Pero creo que eso no tiene nada de malo.”
“…” La HiME asintió, en silencio. Se pasó las manos por las mejillas, y Oikawa notó que había soltado unas cuantas lágrimas. “Estoy… frustrada. Las cosas, en general, estan yendo de mal en peor. No sólo… el tema de Kokichi y Nea, o lo de Biohuertos o Lelouch. Todo se está derrumbando y estoy muy cansada. Es demasiado para mí, si te soy sincera.”
“Siempre podrías liberarte del tema de las HiMEs si renuncias.”

Oikawa lo dijo sin pensarlo, pero el temor no demoró en invadirlo: una parte de él creía que, de ser ese el caso, dejarían de interactuar tan seguido. Tal vez por eso quería continuar con el puesto de rebel.

Su rebel.

“No.” Eureka negó con la cabeza. “Eso sería muy egoísta. Sé que hay gente que está en peores situaciones que yo y aún así da todo por nuestra institución. Cada vez que recuerdo a los alumnos que perdieron sus vidas me lleno de rabia. Necesito hacer algo por Hanasaki.”
“Mm, entiendo. Algo así te marca.”
“Exacto… y a comparación de eso, siento que mi problema con Lelouch es algo muy tonto, pero igual me duele…” Eureka desvió la mirada. “Sé… sé que es otro momento de nuestras vidas. Ya no tenemos el mismo tiempo libre de antes, y bueno, él siempre ha vivido preocupado por resaltar y demostrar que puede superar a sus padres. Y lo entiendo, su círculo social tiene muchísimas expectativas de él y por eso vive bajo presión. Pero… me da la impresión de que se ha distanciado mucho de mí por el tema de las HiMEs. Al inicio lo sentí muy cercano, creí que esta vez podríamos luchar juntos…”
“No entiendo, ¿él no te apoyó la vez anterior?”
“No. Yo luché junto a Hizumi, y antes de él, fue junto a un viejo amigo de Kanone. Pero cuando Kanone murió, todo su grupo me culpó de eso, porque yo también era amiga de Hizumi y sintieron que por mí había sido la pelea.”
“…Eso… suena terrible.”
“Sí.” Eureka suspiró. “Pero no me molestó, realmente. Osea, la muerte de Kanone, sí. Pero lo de sus amigos… dejó de incomodarme con el tiempo”
“Entonces… ¿cuándo empezaron a salir?” preguntó Oikawa, curioso. “Britannia-chan y tú. Si me puedes contar, claro.”
“Oh, normal. Pues… fue a finales de segundo año de secundaria, cuando lo de las HiMEs ya estaba resuelto. Oh, pero, no es como que nunca estuvo ahí para mí. Muchas veces me sentí cansada, frustrada e inútil, pero Lelouch siempre me escuchaba y me ayudaba con mis heridas y cosas así. Aún así, nunca luchamos juntos. En esos tiempos, el key no tenía poderes, y encontré que Sai y Hizumi eran más indicados para llevar el puesto de knight, quien sí peleaba junto a la HiME.”
“¿Y ahora…?”
“Ahora… las cosas son muy distintas. Luego del ataque, sentí que se distanció un montón. Había sido algo progresivo, y tal vez antes de eso no lo había notado realmente, pero quedó más claro esos días que estuve recuperándome. Tú y yo no salimos tan mal de la pelea contra Karasu, pero aún así… esperé tener a Lelouch a mi lado. Nunca estuvo ahí. No lo ví hasta que se apareció el mismo día que me visitaste en la mansión… y bueno, no me di cuenta de lo mucho que me enojó porque viví día y noche preocupada por ti durante esa semana.”
“¿Por mí?”
“¡No sabía cómo estabas! ¿Recuerdas? Iwaizumi y Souji no me dijeron nada. Te apareciste a los días con una sonrisa inmensa y un ‘jaja, sigo siendo yo~’,” dijo Eureka, e intentó imitar a su amigo. “Pero me tuviste muy preocupada.”
“Aw, Eureka-chan~” Oikawa sonrió, enternecido. “Yo sé que soy muy importante para ti~”
“Lo eres, lamentablemente.” Eureka rodó los ojos. “No sé cómo te he agarrado tanta confianza en poco tiempo. Supongo que esas situaciones extremas por las que pasamos han hecho que nos acerquemos más rápido de lo normal.”
“Sí, sí.” Oikawa sonrió. “Y encima, soy perfecto,” dijo, y le guiñó un ojo. “Y no pudiste resistirte a la tentación de—”
“No me tientes a electrocutarte.”
“Okay, okay.” Oikawa suspiró. “Por más de que… te vayas a vengar, imagino que hay algo que puedo hacer por ti. Tú sabes, por lo de Biohuertos.”
“Como… ¿invitarme a comer, supongo?”
“Sí.” Oikawa asintió. “Mi mesada es tuya.”
“Nah.” Eureka rio. “Suena a que fuera tu bully personal o algo así.”
“¿No lo eres?” Oikawa sonrió de lado.
“¡No jodas!” le gritó ella, entre risas. “Pero ya, en serio. ¿Quieres ir a comer luego? Para celebrar tu victoria y de paso olvidarnos un poco de nuestros problemas.”
“Mm… estaba pensando… que tal vez sería más divertido salir a tomar algo y bailar un poco. No te preocupes, aún te debo una cena con todo incluido, pero no puedo quedarme sin un buen trago y un poco de baile. Hace tiempo que no lo hago. La última vez fue esa que salí con Sho-chan y el resto y terminamos chocando el carro de Chrom-chan.”
“Ah, classic Kaworu. Eso… no fue hace un mes, ¿un poco más?”
“¡Sí! Hace mil años. Por eso… ¿Qué dices? ¿Te apuntas?”
“Supongo que salir a bailar no me haría daño. Aunque… no deberíamos ir por ahí sin cuidado. Más aún luego de lo de Kokichi…”
“Lo sé, pero si vamos en grupo no creo que haya problema.” Oikawa sonrió. “Le avisaré al resto.”
“…¿Y finales? ¿Qué maravillosa solución tienes para eso?” Eureka arqueó una ceja.
“Es un jueves. El sábado estudias. ¿Tienes clases en la mañana?”
“Tengo entrega de mis avances de foto, pero… estoy muy feliz con las que tomé hoy.”
“¡Oh!” Oikawa sonrió. “¡Debes mostrármelas!”
“No.”
“¡Pero quedamos en que lo harías!”
“No quiero. Luego de hablarlo con mi jefe de práctica… puede que sí te las muestre. Pero por ahora no.”
“…” Oikawa soltó un suspiro lleno de resignación. “Okay. Entonces. ¿Salimos a bailar?”
“Sí, no hay problema. Como estoy durmiendo en la mansión HiME, se me hará más sencillo llegar a mi clase a la hora.”
“¿Qué?” Oikawa se mostró muy confundido.
“Ah. No te conté. Bueno, todo esto que te hablaba de Lelouch era porque ayer discutimos de nuevo por una idiotez. Me sacó en cara que yo nunca voy a arreglar las cosas con él, que siempre lo espero. Y de ahí… no sé, mencionó que ganó una posición de practicante en el bufete de su profesor y que él le había pedido que haga pasantías en el extranjero durante el verano… y me preguntó si iría con él.”
“Supongo que tú hiciste planes…”
“Pues pensaba regresar a Europa, al menos por una semana. Mi mamá debe andar muy preocupada por mí y por Soul.”
“Claro, Soul-chan es como su hijo adoptivo.”
“Y yo soy su hija real.”
“Sí, pero lo quiere más a él, creo.”
“¿Tú cómo sabes eso?” Eureka arqueó una ceja.
“Me lo contaste hace un tiempo, Eureka-chan.”
“…Huh.” Eureka rio. “Okay. Bueno, sí, eso. Pero ahora que pasó lo de Kokichi, y que me desangré y todo… pues a cada rato me hace Facetime para ver en qué estoy. Es muy incómodo. Por eso quiero ir a verla y demostrarle que estoy bien, que no hay problema. Y que sí, que Soul, su hijo favorito, también está bien.” La HiME rodó los ojos.
“Pero entonces, no entiendo cuál es el problema. ¿Dónde es la pasantía de Britannia-chan?”
“España.”
“¿Y no te puedes pasar por ahí a visitarlo?”
“Planeaba regresar a Japón lo más pronto posible.”
“¿Por?”
“Por ti, baboso,” dijo Eureka, y se llevó las manos a la frente. “No sé qué tan seguro sea que me aleje de ti por mucho tiempo. Tal vez regreso y eres un rebel al pie de la letra. Karasu ganó y yo me fui a la mierda por estúpida.”
“Ah, no te debes preocupar tanto por mí. Sería injusto que te retenga por algo así.” Oikawa le sonrió.
“Y aún así, me preocupas.” Eureka se cruzó de brazos. “Siento que… no deberías estar pasando por estas cosas. Que porque te obligo a ser mi rebel es que corres riesgos. Es al revés de lo que Lelouch dice: tú no eres el que me hace pasar por tantas situaciones peligrosas. Es a la inversa.” Eureka suspiró.
“¿Quieres que renuncie?” Oikawa ladeó la cabeza, confundido.
“¡No! Pero me molesta que estés en peligro por mi culpa. Lo mínimo que puedo hacer es ayudarte con eso. Por eso no tiene sentido que me desaparezca durante las vacaciones. ¿No crees?”
“Es cierto…” Oikawa asintió.
“Supongo que también…”
“¿También qué?”
“Te… extrañaría <_<” dijo la HiME, desviando la mirada.

Eureka demoró en armarse de valor para volver a encararlo, pero cuando lo hizo, irrumpió en carcajadas.

“¡Estás tan rojo como un tomate!” dijo, a la vez que lo señalaba.
“¡La gente no va diciendo cosas así de cursis por la vida!” le reclamó Oikawa, tapándose la cara con una mano.
“Bueno, lo que dije es cierto. Supongo que ya me acostumbré a verte todos los días.”
“Sí, yo también.”
“Así que… es inevitable.”
“Exacto.”
“Por eso no me puedo quedar en Inglaterra mucho tiempo.” Eureka suspiró. “Igual… entiendo que habíamos quedado en el verano como fecha límite. El campeonato se acerca y no puedo dejar que—”
“¿No te pedí que te olvides de eso?” Oikawa le sonrió. “Yo veré cuándo doy un paso al lado. Pero por mientras, no te preocupes. No puedo dejar que tú sola cargues con todo.”
“…Eres terco.”
“Lo sé~”
“¡SHITTYKAWAAA!”

     


Eureka y Oikawa saltaron al unísono ante el iracundo grito de Iwaizumi, quien no demoró en alcanzarlos. Se veía tentado de propinarle una patada a su amigo, pero se resignó a golpearle en el brazo, guardando su ira para después. A juzgar por su apariencia, los había buscado por un buen rato. Lo más probable era que el bus de la universidad ya había llegado y era hora de regresar a Rizembool.

“El bús llegó hace un rato. Para ser los más puntuales a la hora de salir de la universidad, me sorprende que se hayan tomado un tiempo para cuchichear a la hora de volver,” comentó Iwaizumi. Eureka hizo una leve reverencia.
“Lo siento, Iwaizumi. Oikawa quería hablar conmigo sobre lo que pasó ayer y nos desviamos un montón del tema en cuestión,” le dijo la HiME, y luego se reincorporó.
Iwaizumi asintió. “Me enteré de lo que pasó. Discúlpalo, es un estúpido.”
“Lo sé. No hay problema. Osea, sí, pero…” Eureka sonrió. “Oikawa luego me las pagará.”
“Sí, se lo merece.”
“¿¡Qué!? ¡Yo—!”
“Sí, eres una santa paloma y no tuviste la intención de nada. Vamos regresando al bús.”
“…Sí, sí.”

Iwaizumi fue el primero en girarse y empezar a caminar. Oikawa y Eureka se le unieron, hasta quedar a su mismo nivel.

Aún les faltaba despedirse por última vez del equipo de vóley de Tokyo U, así como recoger sus cosas. HiME y rebel suspiraron al unísono: de seguro el resto del equipo ya estaba listo para regresar a Rizembool.

Eureka se distrajo al sacar su celular y tipear un mensaje rápido. Era una pena haber ido a la universidad de Seven sin poder llegar a encontrarse con él, pero estaban muy ajustados de tiempo y suponía que ya era demasiado tarde para hacer el esfuerzo de verlo. Sin embargo, le envió un mensaje rápido, contándole que ella y Oikawa habían ido a su universidad por un partido contra el equipo de vóley.

“Iwa-chan, ¿estás ocupado hoy~?” canturreó Oikawa, en pleno trayecto.
“No. Tengo clases a las 4, pero de ahí ando libre.”
“¡Eureka-chan!” Oikawa le sonrió. La HiME asintió.
“Sí, invítalo.”
“¿De qué están hablando?” Iwaizumi los observó con una ceja alzada.
“Es que Eureka-chan y yo pensábamos salir a bailar hoy~ Sé que es arriesgado pero necesitamos un poco de calma. Si vamos en grupo será menos vistoso, y hace tiempo que no salimos todos, así que pensaba pasarle la voz al resto.”
“Mm…” Iwaizumi lo observó por unos instantes. Luego, asintió, con una sonrisa pequeña. “Sí, yo también necesito un descanso.”
“Iwaizumi, no pensé que eras de salir a discotecas,” comentó Eureka, asombrada.
“No bailo. Pero sí tomo. Y eso no lo puedo negar.” Iwaizumi rodó los ojos. “Con todos los líos en los que me mete este tremendo estúpido, es justo y necesario que a veces pierda el conocimiento con alcohol.”
“Ay, Iwa-chan, cualquiera que te escucha pensará que—”
“¿Qué cosa? ¿Que estuviste internado en la clínica hace poco? ¿Que estuviste involucrado en un secuestro? Mierda, Shittykawa.” le reclamó Iwaizumi, un tanto irritado.
“Eh… en eso tiene un punto,” comentó Eureka. Oikawa asintió, resignado.
“Bueno, es cierto.”
“Si se tratase de otra persona, culparía a tu HiME.” Iwaizumi desvió la mirada para no cruzarla con la de Eureka, lo que le dio curiosidad a la HiME.
“¿Por qué no?” preguntó ella, curiosa.
“Porque… sé que no es tu intención. Y al menos estás haciendo lo imposible por protegerlo. Aunque eso también te conviene…”
“Es un poco de ambas cosas,” contó Eureka. “Tal vez la primera vez que lo ayudé fue en parte porque éramos amigos y en parte porque no quería que renunciase al puesto. Pero ahora… ahora es más que nada por amistad.”
“Debe ser difícil. Oikawa es un estúpido.”
“Lo es, eso no te lo puedo negar.”
“Dejen de hablar de mí como si no estuviese aquí.”
“Oh, no. Es a propósito,” dijo Eureka, y le dio un codazo.

Oikawa se quejó en voz alta, pero comenzó a reírse al cabo de unos segundos. Eureka se le unió, y hasta Iwaizumi los acompañó con unas cuantas risas, durante el camino de regreso al gimnasio.



« Last Edit: May 05, 2018, 03:14:30 AM by Eureka »


Eureka

36.2






Oikawa le pasó la voz a su círculo más cercano, puesto que extrañaba pasar tiempo de calidad con ellos y la salida al night club era la perfecta oportunidad para un reencuentro. Hacía varias semanas que no se juntaban todos, ya sea por sus trabajos, rodajes o por entrenamientos del club de vóley. Y era de esperarse que algunos rechazaran la invitación justo por estos mismos motivos: Bokuto, Akaashi y Sho se excusaron al comentar que andaban ocupados con sus trabajos o actividades extracurriculares porque estaban muy cerca de exámenes finales y sentían que existían mil y una cosas por hacer. Los únicos que lo sorprendieron al aceptar la invitación para salir a bailar fueron Arakita, Souji y las chicas. Imaginaba que terminaría yendo sólo con Iwaizumi y Eureka porque Arakita, de seguro, se excusaría por sus estudios; Souji, por Adachi… y Marie y Anemone porque su carrera no les permitía tener tiempo libre. Fue una sorpresa grata ver mensajes por parte de los cuatro, todos emocionados por la posibilidad de salir a tomar y pasarla bien un rato.

Invitar a Seven había sido idea de Eureka, quien insistió por tratarse de un amigo en común. Después de todo, no había interactuado con el grupo de Oikawa más allá de Souji e Iwaizumi y algunas pequeñas conversaciones con Arakita. Las amigas de su rebel la intimidaban: Marie siempre se le había sido una persona muy admirable y habilidosa, mientras que Anemone parecía bromear con todo el mundo pero sentía que podía ser realmente de temer. Estar al lado de alguien conocido como Luciel le daría un poco de calma.

Además, estaba la posibilidad de juntar a Marie e Iwaizumi, lo que habían comentado a espaldas del wing spiker. Eureka se había tomado a pecho su labor de celestina, mientras que Oikawa se lamentaba por sus propias cojudeces. Ese día terminaría tres metros bajo tierra si no evitaba aquel inminente desastre.

Se reunieron a las 9, hora en la todos ya andaban libres de clases. El night club que escogieron quedaba a unos quince minutos de Rizembool y se caracterizaba por andar repleto en todo momento. Era un tanto exclusivo, pero su popularidad no se debía a esto: se le atribuía una excelente reputación por la buena música que pasaban y los innovadores tragos que vendían en la barra. El grupo de Oikawa lo había visitado un par de veces, pero era la primera vez que Seven y Eureka estaban allí.

Para su suerte, el tiempo de espera fue corto, y en un abrir y cerrar de ojos se encontraron ubicados en una mesa dentro del local. Eureka y Oikawa, por andar distraídos con la oportunidad de olvidarse de sus problemas y celebrar el logro del equipo de vóley, se olvidaron de que además de aparentar ser HiME y rebel para Rizembool… debían aparentar ser una pareja para los miembros del equipo de vóley y allegados de esto. Y aunque Iwaizumi, Souji y Seven sabían la verdad; Marie, Anemone y Arakita ignoraban por completo lo que realmente pasaba entre Eureka y Oikawa. Marie y Arakita habían tratado con ella un par de ocasiones antes y hasta habían salido juntos a comer, pero no sabían nada sobre la farsa de su relación. Y ese, definitivamente, no era el mejor momento para revelarles la verdad.

Sus pensamientos se sincronizaron cuando se encontraron a extremos opuestos de la mesa, lo que levantó la sospecha de las chicas.

“¿Huh?” empezó Marie, curiosa. “¿Por qué se han sentado tan lejos?”
“Yo me pregunto lo mismo,” comentó Anemone.
“Ah, ah~ Es que Shinoa-chan quería contarme algo que le pasó hoy en su clase de… ¿de qué era?” Seven la salvó, y Eureka le sonrió, agradecida.
“Taller de imagen publicitaria. Es un electivo muy necesario para la especialidad de Gastronomía,” argumentó la HiME, antes de que alguien le recordara que ella no andaba estudiando publicidad.
“…Mm…” Anemone dudó de su excusa. “Aún así, deberías estar sentada al lado de Oikawa. Se siente como que… están peleados o algo así.”
“…” Eureka desvió la mirada, aguantándose las ganas de poner los ojos en blanco. En cierta forma, aún andaba resentida por lo de biohuertos, y el comentario de Anemone le había hecho recordar ese detalle.
“Ohhh, no, nada de eso~” Oikawa rio, nervioso. “Souji-chan, ¿me cambias? Para estar al lado de mi amada~”
“Ew, no me vuelvas a decir así que te corto en el acto,” se quejó Eureka, rodando los ojos.
“¡Eres cruel, Shinoa-chan!”
“…Ven, oye, no la hagas larga.”

Oikawa asintió, y Souji y él hicieron el intercambio en cuestión de segundos. Al estar al lado de Eureka, aprovechó que andaban en la parte de sofá de la mesa redonda para recostar su brazo en el respaldar detrás de ella. Era un gesto que siempre había hecho con sus enamoradas, y esperaba que lograra convencer a sus amigas, más aún porque estaban sentados al lado de ellas. Por su lado, Eureka se resignó a acercarse más a Oikawa para mantener la farsa, aún a pesar de lo incómoda que se sentía con ello.

En esos instantes, ambos se arrepentían de la grandiosa idea de salir en grupo. Pero entre aparentar que eran enamorados y fingir que eran enemigos, preferían lo primero a toda costa.

La conversación en grupo se desvió, como siempre, a las victorias del equipo de vóley. Oikawa se jactó de las increíbles habilidades de su equipo, el que había cubierto sus faltas ese día. Iwaizumi y Arakita no demoraron en comentar que Oikawa había andado un tanto disperso durante el partido, lo que llamó la atención del resto. El capitán fue veloz en argumentar que andaba nervioso, pero ni Eureka ni Iwaizumi se creyeron su cuento. Cuando desvió la mirada hacia su HiME, ella le preguntó con sus ojos respecto a su desempeño aquel día. Aprovechó que Marie le hizo un comentario sobre el equipo rival para evitar contestarle a Eureka, y la conversación grupal siguió su rumbo.

Eventualmente, los tragos llegaron a su mesa, y el tema de discusión pasó a tratar sobre una incógnita que todos compartían: hacía semanas que nadie veía a Sho, por más de que algunos habían logrado conversar con él. Marie y Anemone contaron que iba a pocas clases y no sabían más que andaba ocupado con su labor de rebel. La incomodad de Souji respecto al tema no pasó desapercibida, pero nadie se atrevió a comentar sobre ello.

“Ahora que lo pienso,” empezó Anemone, para cambiar el tema de conversación. “Nunca nos contaron cómo surgió el amor entre ustedes,” dijo, turnándose entre observar a Oikawa y Eureka.

Ambos intercambiaron miradas llenas de pánico, sin saber cómo responder.

“Eh… Pues Shinoa-chan es muy linda. Y yo soy débil—”
“No era por ella, era por ti.” Marie rio. “Shinoa, ¿qué te gusta de Oikawa? Es uno de los hombres más babosos que conozco.”
“¡Es cierto!” comentó Anemone.
“Destruir la imagen de Oikawa-chan es una tradición para ustedes, ¿no?” dijo Arakita.
“Es que nunca llegamos a entender cómo a alguien le puede gustar Oikawa,” comentó Anemone. “Ninguna de sus enamoradas ha sabido responder sin tener que recurrir a un ‘es guapo’, ‘su actitud es genial’, étc. Nos da curiosidad saber si hay alguien que piensa distinto.”
“Siento que no lo conocen del todo, y por eso se enamoran, porque sólo ven la parte más ‘amable’ de él,” agregó Marie, un tanto pensativa.
“Me duelen ambas. Pensé que éramos amigos,” se lamentó Oikawa, fingiendo ser muy dramático. El grupo rió ante su exageración.
“Me sorprende que en serio no te moleste lo que dicen de ti,” comentó Eureka, entre risas.
Oikawa le sonrió. “Tomo-chan no miente cuando dice que destruirme en frente de mis enamoradas es una especie de tradición para Anemone-chan y Marie-chan. Ya estoy acostumbrado~”
“¡No creas que te escapas, Shinoa! ¡Debes responder!” le urgió Anemone.
“Uh…” Eureka no sabía dónde esconderse.
“Sospecho que ustedes son las culpables del fin de mis relaciones. Con estas reuniones las espantan a todas.” Oikawa rodó los ojos.
“Pero decimos las cosas como son,” rio Anemone. “Aunque ya, en serio. Oikawa es genial, no te lo niego, Shinoa. ¿Pero qué te gusta de él? Más allá de que es guapo y eso.”
“Eh…”
“¿Cuándo te enamoraste de él?” preguntó Marie. “Supongo que no fue en la fiesta de Derecho.”
“¡Qué dices! ¡Fácil sí fue amor a primera vista!” comentó Anemone, emocionada.
“¡Bastaaa! ¡Me da vergüenza que hablemos de esto!” Oikawa se quejó, tapándose la cara con las manos.
“Supongo que fue a la semana y media después de la fiesta,” empezó Eureka. “Me parece que realmente le agarré interés cuando lo ví jugando vóley. Hasta antes de eso era un charlatán.”
“¡Hey!”
“Pero es… es otra persona cuando está en la cancha. Y lo admiro mucho, realmente transmite esa pasión por lo que hace. Conozco a poca gente así.”
“Es cierto, Oikawa es increíble como armador,” dijo Anemone.
“¿Podemos dejar de tirarle flores a Shittykawa?” Iwaizumi rodó los ojos.
“¿Estás celoso, Hajime?” preguntó Souji, sonriéndole de lado.
“No jodas, Souji.”
“J-Jaja, yo creo Iwa-chan tiene razón, así que mejor cambiamos el tem—”
“Huh.” Anemone entrecerró los ojos, mientras lo observaba. “Aquí hay gato encerrado.”
“¿D-de qué?” Oikawa sonrió, nervioso.
“…” Anemone sacudió la cabeza, negando. “No, nada. ¡Es hora de un brindis!” La pelirrosa alzó su copa, invitando al grupo a hacer lo mismo. Todos la imitaron velozmente y, en cuestión de segundos, ya estaban listos para brindar. “Por finales, que ya sabemos que nos van a destruir~” canturreó la pelirrosa.

El grupo juntó sus copas y vasos alocadamente, ocasionando que la cerbeza y el shochu rebalsara de sus contenedores.

Les esperaba una noche alocada, y no cabía duda de ello.




   

La pista de baile se llenó de grupos y parejas en poco tiempo. Del grupo de Oikawa, los únicos que habían quedado en la mesa eran Souji y Marie, ambos enfrascados en una *amena* conversación sobre un trabajo grupal que agotaba la paciencia de esta última. Le había tocado con gente muy opuesta, y todo el tiempo andaban peleándose en vez de dignarse a resolver juntos el problema. Marie siempre había sido un tanto intolerante, pero la vida universitaria la había obligado a abrirse. Aún a pesar de todo, experiencias como esa le recordaban por qué odiaba trabajar en grupo.

Souji revolvió el shochu con la cañita en sus manos, observando a su mejor amiga y aquel raje interminable sobre sus compañeros de aquel proyecto. Marie, de un momento a otro, soltó un suspiro.

“Pero suficiente sobre mí,” le dijo a Souji, mirándolo a los ojos. “Sé que te estás guardando algo desde la semana pasada. Se te nota en toda la cara.”

Souji rio. No veía necesidad de negarlo: Marie lo conocía de toda una vida y era imposible esconderle cosas por mucho tiempo. La joven era tan observadora que un mínimo cambio en su expresión era suficiente como para indicarle que había sucedido algo que lo tenía un tanto incómodo.

“No me sorprende, realmente.”
“¿Qué cosa? ¿Qué me de cuenta del terrible actor que eres? Son varios años de amistad, no me subestimes.”
“Sabía que lo notarías, eventualmente. De hecho, quería hablarlo con alguien, pero no he encontrado el mejor momento para eso.”
“Pero siempre paras con Adachi. Supuse que se lo comentarías.”
“…Es… algo delicado.” Souji desvió la mirada, avergonzado. “No puedo hablarlo con él…”
“Sobre Sho, ¿no? Te sentí muy raro cuando hablamos de él. ¿Lo has visto?”
“Eso…”
“¿Qué pasó?”
“Ah…”
“Souji, a mi no me vengas con monosílabos. Dime las cosas bien claras.”
“Me besó.”
“…”

Marie dejó su bebida en la mesa, tomo un poco de aire y, sin despegar su mirada de la de su amigo, gritó un ‘¿¡Qué!?’ con todas sus fuerzas, que habría retumbado por el salón de no ser por la bulla que los rodeaba. Gracias a la música del night club y las conversaciones de los comensales, el grito de sorpresa pasó completamente desapercibido, pero Souji lo sintió como si hubiese sido en su propia oreja.

Nadie le quitaba lo catártico que era confesar lo que había sucedido, pero la culpa seguía ahí, presente.

“Sí. No necesitas hacer un espectáculo.” Souji suspiró y le dio un sorbo a su shochu con té verde.
“Es que… ¿¡te besó!? ¿ESE TREMENDO IDIOTA? No lo puedo creer. Osea, no lo veía confesándote que le gustas—”
“Espera,” la interrumpió Souji. “¿Tú sabías eso?”
“Souji, todo el mundo lo sabía. Sho y tú eran los únicos que no lo notaron.”
“¿Cómo?” La cara de Souji era un poema.
“Sho es demasiado idiota cuando se trata de sentimientos. Lo único que sabe es que su hermano va por sobre todas las cosas, y que le gusta pasar un buen rato con sus amigos. Todas las cosas que van más allá de eso escapan de su entendimiento. Incluso, joder a Adachi es su hobbie favorito y no me sorprendería que pasara completamente desapercibido para él. Es bien lento, así que se entiende que le haya costado tanto notarlo, realmente.”
“No… no hablamos al respecto, porque Sho es así. Lo que le molesta lo ignora y ya.”
“¿No le gustó besarte?” Marie arqueó una ceja.
“N-No… no me refería a eso.” Sin quebrar contacto visual, Souji se armó de valor y confesó su reacción: “Yo… le correspondí.”
“Porque te gusta también, sí.” Marie no se había inmutado en lo absoluto.
“¿…Qué?”
“Te gusta Sho, Souji.”
“…” Souji se quedó en silencio por unos segundos, procesando las palabras de su amiga. “…Marie, eso no tiene sentido.”
“¡AY! No me jodas, has tenido la misma reacción que él tuvo cuando Anemone y yo le dijimos que tú le gustabas.”
“Pero es que no tien—”
“Shh, shh. Este debate podemos dejarlo para otro día,” Marie batió su mano, como intentando disipar esa discusión. Luego de un sorbo a su cerveza, volvió a hablarle. “Ya, le correspondiste. ¿Cómo le puede molestar eso?”
“Supongo que no lo esperó, no sé.”
“Sho realmente está ciego. Estaba claro que era mutuo…”
“Sabes que hay gente despistada en este mundo, ¿no?”
“¿Cómo?”
“Como Hajime, que no se da cuenta que—¡SDJlkgf!” Marie lo interrumpió al taparle la boca.
“Felizmente, Iwaizumi es tan idiota como Sho en ese aspecto,” dijo Marie, a la vez que soltaba su agarre. Souji no pudo contenerse, y se le escaparon un par de carcajadas.
“Eres otra persona cuando se trata de él.”
“No hablemos de Iwaizumi ahorita, por favor.”
“¿Algún día le dirás lo que sientes?”
“Souji, no me jodas, en serio. Está a unos metros de acá…”
“No hay forma de que escuche esto de lo que estamos hablando. Tú tranquila.”
“Sí, sí. Por cierto… ¿sabes qué onda con Oikawa y Shinoa? Son una pareja muy extraña.”
“…” Souji saltó levemente en su sitio por la sorpresa. “¿Por qué lo dices?”
“Sé que no es muy común para nosotros las muestras de afecto en público. Hay gente que las considera una falta de respeto… pero Shinoa no parece japonesa. ¿Es extranjera, no? O hafu.”
“Su papá es inglés. Su madre es mitad inglesa, mitad japonés.”
“Okay, entonces ni es hafu. Es un cuarto japonesa, no sé. Pero su enamorado es Oikawa, la persona más expresiva y cariñosa del universo. Y no sé nada sobre los ingleses pero supongo que no son tan fríos como los pintan en las películas.”
“Oh, si supieras…”

Souji pensó en Lelouch, el verdadero enamorado de Eureka.

Realmente, nunca habían interactuado: durante el conflicto sólo lo había visto de lejos un par de veces. Eso no se inmutó con el paso del tiempo.

Sin embargo, como amigo de Hizumi que era, Souji había escuchado los comentarios del peliverde respecto al inglés. Hizumi no podía negar que Lelouch era una buena persona: después de todo, le había ofrecido vivir en su mansión ni bien terminaron secundaria en Hanasaki. Y en vista de que no podía pagar la renta por completo, Lelouch le había dado varias facilidades para cumplir con ello.

Pero el hombre era sumamente frío. En su trato, en sus miradas, en todo. Hizumi comentaba que realmente no sentía ningún tipo de relación entre Lelouch y Eureka, pero no podía afirmarlo completamente porque, como era de esperarse, no sabía cómo se trataban los dos en la intimidad.

Por el contrario, Eureka era muy opuesta a su pareja: no le había costado dejar atrás los prejuicios que nacieron en el conflicto para hacerse amiga de varios rebels (como Hizumi y él). Y aunque Lelouch y ella eran muy sociables, era curioso cómo Eureka tenía un círculo más amplio de amistades que él.

Aún así, sentía que la HiME escondía varias cosas. También había cierta frialdad en su personalidad y no podía negarlo. Nunca habían sido tan cercanos, y eso no le molestaba: los dos guardaban distancias por motivos distintos. Pero no le costaba nada afirmar que la amistad de Eureka con Oikawa había progresado más que la de ella y él en esos tres, cuatro años.

Oikawa, sin duda, era un caso especial para la HiME.

“¿Conoces ingleses?”
“…B-Bueno.” Souji sintió los nervios carcomiéndolo: no podía mencionar a Lelouch de ninguna manera. “Está… Chrom.”
“Chrom es muy amable, Souji.”
“…No lo has visto enojado.”
“Eso no se relaciona con su frialdad o falta de esta.”
“…” Souji suspiró. “Creo que… en secundaria conocí a un par de ingleses de intercambio.”
“¿En serio?” Marie arqueó una ceja. “Nunca me contaste.”
“No era necesario. No interactué mucho con ellos… porque no les gustaba tratar con el resto.”
“Mm… bueno, no sé si lo que me cuentas es cierto, pero suenan petulantes.”
“…Ajá.”
“Eso no explica por qué Shinoa y Oikawa no se han besado o abrazado en público.”
“…Mm… De estar con tú-ya-sabes-quién, ¿te andarías besando y abrazando con él por todos lados?”
“¡PEROCLAROQUENOQUIÉNCREE—! Ah.” Marie suspiró. “Tienes razón.”
“Siempre la tengo.” Souji le guiñó un ojo.
“Igual… hay algo raro entre ellos dos. Una especie de complicidad muy extraña.”
“Pero eso es normal. Nunca has tenido pareja, ¿no?”
“…No todos somos populares y perfectos como tú, Souji.”
“Jaja~ ¿Pero no has rechazado a varios chicos? Me acuerdo que las chicas de tu instituto te envidiaban por las miles de confesiones que rechazabas.”
“…” Marie rodó los ojos. “¿Y?”
“Pudiste estar con alguno de ellos. ¿Por qué no?”
“Me parece que fingir es peor que el rechazo. Es de hipócritas estar con alguien que no te gusta sólo por pena. A mi no me agradaría que me hicieran eso, por más de que me guste mucho la persona.”
“Sabias palabras.” Souji asintió. “…Justo por eso no sé que hacer con Sho. No estoy seguro de cómo me siento…”
“Pero puedes confirmarlo con el tiempo. Deberías darle una oportunidad.”
“Uh… ¿te olvidas de Tohru?”
“Sabes que yo nunca lo pasé. Hay algo en Adachi que nunca me cuadró, desde el tiempo en que era tu mentor. Sho es más sincero que él. Aún a pesar de que es bien jodido y que lo quiero matar de vez en cuando por sus faltas y su irresponsabilidad, sé que te quiere de verdad.”
“…” Souji se quedó en silencio.

No se encontraba en derecho de hablar o refutarle, porque Souji no conocía tan a fondo a Sho: él se había unido al grupo un año atrás, por introducción de Marie y Anemone. Pero Sho, por más chacotero y bulloso que era, guardaba sus distancias con mucho cuidado. A pesar de la falta de cercanía que él mismo planteaba con la gente a su alrededor, se sentía capaz de demandar favores como si se tratara de amigos suyos de varios años. Justo así habían surgido los entrenamientos con él: recordaba aquella noche que había interrumpido su sueño por pedirle el favor de que lo ayudara a entrenar. Y aunque en aquel entonces no habían sido tan cercanos, con el pasar de los meses habían llegado… al jueves pasado.

Era curioso notar que la tirria de Sho hacia Adachi había aumentado también con el tiempo. Sho nunca lo pasó, al igual que Marie, pero lo toleraba más que ella. Pero en cuestión de unas semanas, el pelirrojo empezó a mostrarse de una manera radicalmente opuesta.

Souji era un idiota.

“Soy un estúpido,” dijo Souji, llevándose una mano a la frente. Marie soltó una carcajada.
“No te lo puedo negar. ¿Pero por qué lo dices ahora?”
“Es que… bueno, tú y él siempre han sido más cercanos. Junto con Anemone, claro. Porque son de la misma carrera, y se conocen desde el primer ciclo, así que se entiende que lo conozcas más que yo.”
“Ahí te equivocas. Yo sólo conozco una parte de él. Contigo siempre se ha abierto más… respecto al tema de los rebels, de su hermano, y otras cosas. Me sorprende que no te des cuenta de lo sincero que es contigo.”
“Yo… yo lo sé. Pero no estoy soltero, no puedo decidir a quién elijo. Es tan simple y sencillo como que tengo pareja y ni siquiera estoy seguro de lo que siento respecto a Sho…”
“Mm. Pero Adachi y Sho son muy distintos. Me jode mucho que no te des cuenta de la actitud de tu novio.”
“…Todo el mundo me dice que Tohru es controlador. Que es muy posesivo, que siempre está ahí, y yo… no lo puedo ver así.”
“¿Estamos locos? Osea, no entiendo. ¿No te pregunta siempre si has salido con nosotros? Y aunque ahora acepta a Oikawa, hasta hace medio año me acuerdo que le tenía muchos celos, porque tú y él se han vuelto súper cercanos. Y así es con todo. Te hace escándalos, te deja de hablar, entre otras cosas.”
“Hace un buen tiempo que no discutimos.”
“¿Por qué crees? ¿No es porque te distanciaste de Sho?”
“¿Pero no está justificado? Tohru sentía que yo le interesaba a Sho, y justo por eso quiso que dejáramos de vernos…”
“Pero que le gustes no significa que va a obligarte a estar con él. Sho puede ser un poco egoísta, pero no creo que sea capaz de eso.”
“…Lo del jueves pasado dice lo contrario.”
“¿Osea que estás de acuerdo con Adachi?”
“¿Por qué no lo estaría?”
“…” Marie frunció el ceño. “Deja de mentirte, Souji. Hablas como si no le correspondiste. Estás siendo un poco injusto con Sho.”
“No, él es el que está siendo injusto conmigo. No puede— no puede venirme con eso ahorita. Y luego hace como que nada pasó…”
“Souji, eres mi mejor amigo,” le dijo Marie, apoyando una mano en su hombro. “Pero estás siendo muy egoísta ahorita. Puede que… mi punto de vista esté sezgado porque Sho es uno de mis amigos más cercanos y entiendo, pero no puedes pensar sólo en ti. Sho se ha estado guardando todo esto desde que Anemone y yo le hicimos ver lo que realmente le pasaba. Y supongo que ha intentado reprimirlo, pero era una bomba de tiempo. Iba a explotar eventualmente.”
“Debió… debió guardarlo mejor.”
“No puedes esperar eso de él, Sho no es así.”
“Marie. Tohru es la persona más insegura que conozco. ¿Cómo crees que va a reaccionar cuando se entere?”
“No deberías sentir miedo de eso.”
“No sé si es miedo. Pero Tohru está en todo derecho de cortarme por lo que hice.” Souji suspiró.
“¿Piensas decirle?”
“Por supuesto que si. Aunque… no sé cómo. No quiero que terminemos por algo así.”
“Creo que eres tú el que está siendo injusto con todos, Souji.” Marie dejó su bebida en la mesa y se levantó. “Voy a ir a bailar con el resto.”

En un abrir y cerrar de ojos, Marie se había encontrado con el resto del grupo en la pista de baile. Oikawa le preguntó con la mirada respecto a Souji, pero no pudo ver la respuesta de su amiga por andar de espaldas hacia él.

Souji suspiró.

¿En qué problema se había metido ahora?



   


Las parejas de baile dentro del grupo cambiaron su formación con la inclusión de Marie. Como era de esperarse, su mejor amiga, Anemone, encontró la oportunidad para obligar a Iwaizumi a bailar con la recién llegada. Como Arakita se retiró a la mesa por cansancio, la pelirrosa fue rápida en juntarse con Oikawa, y le sonrió de lado a Eureka con una disculpa en los ojos.

Pero verlo bailar con su amiga no le incomodaba a la HiME. Anemone y Oikawa tenían una amistad de tiempo, y era natural que ella quisiese irse por lo seguro, a diferencia de Seven, que era un misterio andante.

“Te ves pensativa,” le dijo Seven, mientras bailaban juntos. Tuvo que gritarlo para hacerse escuchar, pero Eureka captó su mensaje aún a pesar de la bulla.
“¿En serio?”
“¿Es por Oikawa~?”
“Mm… en parte. He tenido unos problemas con Lelouch, y supongo que por eso ando un poco extraña. Además, no sé si Oikawa te contó, pero ayer arruinó mi trabajo de Biohuertos.”
“Oh. Eso suena horrible.”
“Luego te cuento mejor. Por más… de que le he perdonado, las cosas no se quedarán así.”
“¿Piensas vengarte?”
“A mi manera. Cho, otra HiME, también se vio afectada. Oikawa y el rebel de Cho fueron a los huertos y destruyeron todo. Así que ella también quiere venganza.”
“Ja~ Bueno, cuentas con mi apoyo de todas formas. De seguro puedo ayudarte de alguna manera…”
“Es curioso que te ofrezcas.” Eureka sonrió de lado. “Pensé que eras más amigo de él que de mí.”
“Yo soy muy imparcial en cuanto a peleas entre mis amigos. Puede que te ayude ahorita, pero si Oikawa intenta vengarse de vuelta, lo ayudaré a él también.”
“…Traidor,” mencionó Eureka, juzgándolo con la mirada.

Seven soltó un par de risas a la vez que continuaban con su baile. La pegajosa tonada pop que retumbaba por el local le permitió olvidarse, por unos instantes, de sus preocupaciones, y se dedicó a moverse al ritmo de la música aún a pesar de su inexistente habilidad para desenvolverse bien en la pista del baile. Para su suerte, Seven también era un terrible bailarín, así que se acompañaban entre ellos. Al menos podía hacer el ridículo junto a alguien más.

A diferencia de ellos, Marie era una experta bailarina, por lo que guiaba los movimientos de ella y de Iwaizumi. El mejor amigo de Oikawa se adaptó rápidamente al ritmo de Marie, y le complacía verlos dejar atrás su timidez para bailar con el otro. Eureka veía potencial en esa pareja, y le alegraba que poco a poco estuvieran dando los pasos necesarios para finalmente estar juntos.

Su alegría y euforia desvanecieron en cuestión de segundos cuando intercambió miradas con una persona al otro extremo de la pista de baile. Entre las cabezas y los torsos de la gente, había localizado a Kokichi bailando muy animado al lado de aquella amiga suya que había conocido en el gokon. Él le sonrió de oreja a oreja, y aunque no manifestó intención de trasladarse hacia ella, su expresión le indicó que muy pronto le causaría problemas.

Eureka tomó de la mano a Seven y lo arrastró entre el tumulto de gente en busca de Oikawa y Anemone.

“¿Eu? ¿Qué pasa?” le preguntó el pelirrojo, confundido.
“Es algo muy delicado. Pero necesito que hagas como que nada malo ha pasado. De ahí te explico.”
“O…kay. ¿Supongo que es con Rizembool?”
“Sí.”
“No preguntaré más. Vamos.”

Se calmó un poco al escuchar las palabras de su amigo, pero sintió aún más alivio al localizar, finalmente, a Oikawa y Anemone. Los dos se habían distanciado de la zona donde habían estado bailando, y por ello había tomado un par de minutos en encontrarlos.

“¡Anemone!” mencionó Eureka, fingiendo una sonrisa. “¿Me podrías devolver a mi enamorado?”
“…” La pelirrosa arqueó una ceja. “Sí, normal.” Le sonrió, y se giró hacia Seven. “¿Quieres bailar?”
“Claro.”

   


Anemone y Seven se alejaron, bailando entre la gente hasta encontrar un espacio para ambos a unos metros de allí. Eureka retomó el baile de hace un rato, y se frustró al ver que Oikawa se había quedado parado como un poste en frente de ella.

“Baila, baboso,” le ordenó ella. Ignoró, por supuesto, que por el miedo y la preocupación, su baile se asemejaba al frenético ritmo del boogie, mientras que la canción del dj era un pop más pausado y, por supuesto, más actual.

Tal vez era por el extraño baile de su HiME o su actitud fuera de lugar, pero Oikawa seguía igual de disperso que antes, observándola sin entender. Eureka suspiró, y lo tomó de las manos, intentando moverlo de un lado a otro. Oikawa cedió, y eventualmente, empezaron a bailar (o intentaron, en su defecto).

“¿Qué pasó?” le preguntó, igual de confundido que hacía unos minutos atrás.
“Kokichi está a unos metros de aquí,” le dijo ella, sin despegar su mirada de la suya.
“…” Oikawa le dio una vuelta, sumido en sus pensamientos. “¿¡KOKICHI-CHAN!?” gritó, al caer en cuenta de las palabras de Eureka.
“Sí.”

Efectivamente, no demoró en encontrar su mirada en el mar de gente. Kokichi, para variar, sonreía de aquella manera enigmática y perturbadora que lo caracterizaba.

Ni Eureka ni él estaban recuperados totalmente: si el rebel iniciaba una batalla, estarían en gran desventaja. No sólo por el estado de ambos, sino porque sus amigos también estaban involucrados. A un paso de allí, Iwaizumi y Marie seguían bailando, así como Anemone y Seven. Y en la mesa, Arakita y Souji conversaban animadamente.

Oikawa intentó dar con soluciones en el acto, pero la ansiedad lo ahogó de un momento a otro. Justo cuando comenzó a cegarse por la desesperación, se percató del fuerte agarre de su HiME. La mano de su HiME estrujaba la suya, aprovechando que seguían entrelazadas por el baile.

“Tranquilo,” le dijo ella, con una mirada decidida. “Estamos juntos, ¿no?”
“…”

Oikawa asintió, y sonrió de lado.

“Tienes razón. Estamos juntos.”
« Last Edit: May 14, 2018, 02:25:01 AM by Eureka »