Author Topic: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back  (Read 37297 times)


Cho

Finalmente, fic~ *colapsa* Me tomó más de lo que pensé, al menos ya está.

60.1.



El sábado había llegado y Yukko invitó a sus amigos para conocer al trío del club de drama. Ella estaba llegando acompañada de Mai a la alameda donde habían quedado encontrarse en lo que dialogaban, o más bien en lo que Yukko le daba muchos comentarios a su amiga y esta apenas asentía sin mucho interés.

“En verdad toda la gente del club de drama es muy amigable y servicial. Me cuesta creer que sean tan humildes y exitosos al mismo tiempo,” dijo con grandes ánimos. “Parece que la obra de Robin Hood que fui a ver ha sido aprobada para funciones en el centro de la ciudad este verano y ha recibido muy buenos reviews. ¡Estoy muy feliz por ellos!”
“…” Mai asintió.
“¿No te gustaría unirte al club de drama conmigo? Pienso que te divertirías un montón.”
“Paso,” negó. “Me considero más compatible con Rizembool. Da la impresión que esa es una cuna de gente Hanasakiense.”
“O-oye…”
“Y definitivamente no lo haré porque ese líder del club es un pedófilo que ha mostrado interés insano en nuestro precioso Hotarumaru, y alguien debe protegerlo,” recalcó, decidida.
“Pues sí es un poco bizarro, pero es una buena persona.”
“No es suficiente,” Mai se vio decidida y fue evidente para la otra que no podría cambiarle de parecer. “Hablando de nuestro pequeño, comprendo que está viniendo con el hospitalizado.”
“Sí, Hotarumaru tenía que hacer algunas cosas en Rizembool en la mañana, así que los dos se han acompañado desde la universidad, si recuerdo bien…” comentó Yukko, meditativa.
“No me parece,” curiosamente, Mai frunció el ceño. “Me da la impresión que el hospitalizado se está llevando bien con nuestro niño y los dos se han vuelto cercanos. Así se reducirá el tiempo de calidad que debería tocarme a mí.”
“P-pues, los dos son chicos y bastante sensatos. Se entiende…” Yukko sonrió incómoda.
“Admites derrota,” declaró Mai. “No te mereces a Hotarumaru.”
“¿Eh?”
“Así que si tú te retiras de la competencia, no tengo por qué molestarme con el hospitalizado,” asintió convencida. “Como Hanasaki-chan, es de esperarse que serías la primera en caer.”
“M-Mai, Hotarumaru es mi amigo, no puedes prohibirme que lo sea…” dijo Yukko, un tanto asustada ya que no sabía qué esperar.
“Al menos esta salida de hoy me dará más exposición al pequeño, así que has hecho bien,” asintió. “Y de paso, tengo una mínima curiosidad en conocer a aquel hermano del doctor, pero por los hermanos de él que conocemos, estoy convencida que no tiene su aura de Rizembool.”
“Ehm, pues sí es muy distinto del doctor…”
“Lo supuse,” se encogió de hombros, indiferente. “La rareza de gente interesante y potencialmente peligrosa equivale a la rareza de hermosos niños como nuestro pequeño, así que no esperaba mucho.”
“S-supongo…” sin duda Mai tenía alguna obsesión con Hotarumaru, lo cual le hacía a Yukko preguntarse por qué ella desaprobaba de Wataru, aunque los dos sí eran distintos.

Entonces, Yukko reconoció a los tres amigos caminar donde ellas. Vio que habían iniciado el día un poco antes ya que Shinano y Syo traían algunas compras consigo, mientras Natsuki venía abrazado de un peluche grande de un pollito y un par de globos de helio de cumpleaños.

“Hola chicos, feliz cumpleaños,” saludó la chica con muchas energías. “Veo que ya se han dado un paseo por aquí.”
“Heh, gracias, y sí. Queríamos ver tiendas con Shinano y supusimos que quizás no les gustaría ir de compras con nosotros, así que vinimos una hora antes,” dijo Syo. “Ah, pero sí hay que parar en mi tienda de deporte favorita para que encuentres tu atuendo, Yukko.”
“Ah, es cierto,” Yukko asintió. Observando la zona y esas hermosas y detalladas bolsas que los chicos traían, sabía que era un centro comercial caro y para gente de grandes recursos. Contaba todavía con el dinero ganado de su experiencia como pokeparada, pero trataría de minimizar sus gastos en lo posible.
“Y, por cierto, ¿cuál es tu nombre?” preguntó el pelirrojo a Mai, con una sonrisa. “Mi nombre es Shinano Toushirou. Es un gusto conocer a una de los amigos de Yukko.”
“Llámenme Mai,” dijo esta, asintiendo.
“¡Ohh, tienes un lindo y simple nombre, me encanta!” comentó Natsuki, sonriendo conmovido. “Hehe, yo soy Natsuki Shinomiya, y espero que nos podamos llevar muy bien.”
“Y yo Syo Kurusu. Eres estudiante de ciencias, ¿no?”
“Me interesan los explosivos. No sé a qué carrera pertenece eso todavía,” dijo, encogiéndose de hombros. “Y sí. Soy más una estudiante de Rizembool que ustedes. Se nota a leguas.”
“¿Eh?” el chico alzó una ceja.
“M-Mai, no digas tus bromas, por favor,” pidió Yukko, incómoda.
“No estoy bromeando.”
“Ehh…” sabía que ella no iba a tardar en sembrar algún tipo de conflicto por su forma de ser.
“Está bien. Syo-chan y yo somos bastante nuevos a Rizembool, y es cierto que nuestra universidad tiene fama por su tecnología,” comentó Natsuki, con una amable sonrisa. “Más bien tengo respeto a aquellos que son muy inteligentes en las ciencias. Es un mundo misterioso y emocionante para mí.”
“Incluso si dedico mis habilidades a ayudar a un Rebel a manejar explosivos,” asintió.
“¡¿Ehh?!” Natsuki se asustó. “¡¿R-Rebel?!”
“¿En serio eres colaboradora con Rizembool de ese modo?” preguntó Syo, en shock.
“For science,” Mai asintió, inmutada, lo cual impacientó al rubio menor.
“Oye, me da la impresión que sólo intentas molestarnos,” le reclamó Syo, escéptico.
“Sin embargo, digo la verdad. Pregúntenle a Hanasaki-chan,” Mai se encogió de hombros. “Ahora que he sido honesta, podemos continuar con el paseo sin problemas.”
“Tch, me molesta que no hayas negado mi acusación,” Syo entrecerró los ojos.
“Ehm, Yukko, ¿tu amiga siempre es así?” le preguntó Shinano, en voz baja.
“S-sí…” ella dio un pesado suspiro, apesadumbrada. “Perdón por las molestias.”
“No tienes que disculparte, está bien,” el pelirrojo sonrió comprensivamente y se vio un tanto animado. “Además que estoy acostumbrado a eso. Te sorprenderías, pero Yagen es como ella. También le gusta impacientar a otros.”
“¿En serio?” ladeó su cabeza. Sí que no conocía al doctor.
“Me había llevado esa impresión,” Mai se giró al pelirrojo. “Las pocas veces que nos hemos encontrado con ese doctor hermano tuyo le he visto incomodar a Tsurumaru de distintas maneras. Incluso cuando supuestamente ofreció a Hanasaki-chan ser su asesor, lo hizo más en plan de amenazarle con quitarle a su protegida que con un verdadero interés de ayudar.”
“Haha, no me sorprende,” Shinano rió un poco. “De todos modos sé que hubiera sido más responsable que Tsurumaru, aunque veo que comprendes sus verdaderas intenciones.”
“…” Mai asintió. “Supe que no serías maligno como el doctor, pero al menos tu comprensión de las cosas no me ha decepcionado.”
“Uhhh…” por su parte, Yukko agachó su cabeza, sin energías. Ya se sentía más como un juguete de hule en el ojo de los demás a esas alturas. “N-no que quisiera cambiar de asesor… pero enterarme de esto duele un poco…”
“Lo siento mucho por ti, Yukko,” Syo le dio el pésame y miró al par con frustración. “Ya tuvieron su bonding time, ahora compórtense.”
“Eh, lo siento, Yukko. Te juro que no me estaba burlando de ti,” dijo Shinano, sonriendo incómodo.
“Hanasaki-chan es dramática, tendrás que acostumbrarte,” observó Mai, negando pacientemente. “Hm, con razón le está yendo bien en el club de ustedes, ahora que me pongo a pensar.”
“¡Ohh, excelentemente!” exclamó Natsuki, maravillado.
“Ehhh…” Yukko se inquietó.
“Les dije que no sigan, y tú no te sumes, Natsuki,” reclamó Syo.
“Ah, y feliz cumpleaños, antes que se me olvide,” dio Mai, inmutada. “Aunque sería un poco difícil por esos globos.”
“Son muy bellos, ¿no?” preguntó Natsuki, sonriendo feliz. “Los vi en plena caminata mientras Syo-chan y Shinano-chan compraban ropa, ¡y definitivamente pensé en regalarme un globo! En sí, el pollito y el otro globo eran para Syo-chan, pero todavía no quiere aceptarlos…”
“¿Qué te hace pensar que esas cosas van conmigo, Natsuki?” preguntó el otro, impaciente. “Me frustra que todo el tiempo trates de darme cosas adorables. ¡Yo no soy adorable, maldición!”
“Aw, pero me entristece mucho que no reconozcas lo adorable que eres…”
“¡Te digo que no lo soy!”
“No lo eres,” Mai negó. “Tienes una personalidad nada adorable y un poco molesta. Sin embargo, tu exterior sí grita a adorable y apachurrable, pero mi veredicto final es que no calificas como adorable ante mis ojos.”
“E-ehh…” Syo sintió un tic en el párpado. “Comprendo que estás de acuerdo conmigo, pero… ¿en verdad te parezco molesto?”
“¡Pero sí está de acuerdo en que eres bello, Syo-chan!” Natsuki le dio un abrazo. “¡Feliz cumpleaños nuevamente!”
“Tsk, ¡déjame en paz!” gritó, zafándose con fuerza.

Yukko sonrió incómoda al ver al pobre Syo tener que soportar nuevamente a su distraído y grandulón amigo, y entonces notó a los que faltaban acercarse a ellos, junto a una tercera persona que no había esperado ver ese día.




“Hola a todos,” saludo Hotarumaru, quien se detuvo frente al grupo y dio una reverencia. “Lamentamos la tardanza.”
“Hehe, más bien todos estamos puntuales,” Shinano sonrió simpáticamente. “Pero siempre has sido un niño educado y lindo.”
“¡Sí se ve extremadamente tierno!” exclamó Natsuki maravillado. Este de inmediato corrió donde el pequeño y le dio un abrazo de oso. “¡Eres el pequeño más adorable que he visto en toda mi vida! ¡Después de Syo-chan, claro!”
“Tsk, ¡no soy adorable!” le requintó, comprimiendo sus puños. “¡Y suéltale que le asfixias!”
“A-ayuda…” dijo el pelicenizo, quien efectivamente estaba siendo estrangulado y se notaba un poco asustado.
“Oh, eh, perdón,” Natsuki le soltó de inmediato y vio que Mai jaló al menor como una madre que alejaba a su niño del peligro.
“Más cuidado con mi pequeño,” le advirtió la chica.
“Ehh, sería bueno presentarnos mutuamente…” dijo Yukko, sonriendo incómoda.
“Claro, mi nombre es Syo Kurusu,” saludó el susodicho, con una sonrisa certera. “Me alegro de conocerles…” dio un suspiro. “Sólo les pido que tengan paciencia con mi amigo…”
“Yo soy Natsuki Shinomiya,” dijo el rubio mayor con una amable sonrisa. “Es un agrado conocer a los amigos de Yukko-chan. Espero que nos llevemos muy bien.”
“Ohh, me siento dichoso de conocerles,” dijo cierto peliblanco que se había apuntado intempestivamente al paseo. Este dio un paso adelante y asintió con respeto antes de presentarse con una alegre sonrisa. “Mi nombre es Nagito Komaeda. No soy precisamente el grupo de su amiga, pero quisiera tener la dicha de volverme parte de ellos.”
“¿Qué haces aquí?” preguntó Mai, alzando una ceja.
“Oh, es que Hinata-kun tenía una sesión de ejercicios temprano para su rehabilitación así que fui a verle y llevarle una bebida energizante,” comentó amablemente. “Y ahí me encontré con Rai-kun quien me invitó a acompañarles…” entonces, el Rebel pasó a sonreír con cierto cargo de conciencia. “No me siento merecedor de una oportunidad como esta, pero me sentí dichoso de acompañar a Hinata-kun y a todos ustedes tan intempestivamente…”
“No digas eso, eres bienvenido, y todos nos alegramos de verte,” le aseguró Hotarumaru, sonriendo. “Oh, es mi turno, ¿cierto? Soy Hotarumaru Rai, es un placer~ Hehe, me siento honorado de conocer a los actores principales de la obra de Robin Hood. ¡Fueron extraordinarios! ¡Me encantó la obra!”
“Heh, muchas gracias,” Syo sonrió agradecido. “Yukko nos ha hablado de ti. Dijo que le apoyaste a unirse a nuestro elenco y los dos atendieron nuestra última función.”
“Además de adorable, eres una buena y sensible persona,” comentó Natsuki, llevándose sus manos a su pecho, conmovido. “Me alegro mucho de hayas estado ahí por Yukko-chan.”
“No es nada,” el pequeño negó y sonrió ampliamente. “Hehe, Yukko es mi amiga, y sólo hice lo que los amigos hacen, ¿no es así?”
“¡Aww, eres demasiado bello~!” Shinano se emocionó al punto de agitar sus brazos frente a sí. “Maeda tiene una gran suerte de ser tu amigo. ¡Eres un pequeñín precioso!”
“E-en verdad…” dijo Yukko en voz baja, quien estaba al borde de las lágrimas.
“…quizás no debí dejar que ustedes dos tuvieran esa escena solos en la obra…” susurró Mai para sí, frunciendo el ceño.
“Ehh, M-Mai…” Hanasaki-chan tembló mínimamente por esas palabras.
“Oh, pero se están olvidando de la persona más importante de aquí,” observó Komaeda.
“Tsk, no exageres,” Hajime se molestó al saber que su amigo se refería a él. “Estaba esperando a que los demás hablaran. Es una buena forma de conocerles, de todos modos.”
“Pero no deberías disminuirte, Hinata-kun,” observó el Rebel con un leve gesto de preocupación. “A diferencia de la excusa de persona que soy yo, tú sí eres parte del grupo de amigos.”
“Ehh, ¿por qué siempre te disminuyes?” preguntó Syo a Komaeda, alzando una ceja. Ya comenzaba a hacerse idea que ese amable peliblanco no estaba del todo cuerdo.
“Ignórale, Komaeda siempre ha sido así pese a insistirle que no lo sea…” el pelimarrón dio un suspiro exasperado para despejar su frustración, y sonrió un poco. “En fin, mi nombre es Hajime Hinata. Es un gusto.”
“Igualmente, Hajime-chan,” contestó Natsuki, asintiendo con alegría.
“Ehh…” este se vio un poco incómodo. “N-no recuerdo la última vez que alguien me llamó así.”
“Natsuki llama a todos de esa manera,” comentó Syo, frustrado.
“Supongo no me sorprende mucho…” Hajime comenzaba a pensar que era el más ‘plain’ de todos a su alrededor, incluyendo a Yukko quien tenía sus altibajos emocionales.
“Oh, pero no hemos terminado con las introducciones por completo,” notó Hotarumaru. “Shinano, todavía no te has presentado.”
“Su nombre es Shinano y es hermano del doctor Toushirou, así que ya sabemos su nombre,” Mai se encogió de hombros, indiferente.
“Ya, pero al menos déjale hablar por su cuenta,” observó Syo, impaciente.
“¿Eh? ¿Shinano-chan?” preguntó Natsuki, quien notó que su amigo pelirrojo se había quedado mirando a Hajime muy atentamente.

De repente, todos en el grupo notaron aquella rara ausencia del pelirrojo. Hajime se confundió ya que ese chico se notaba un poco sorprendido de verle, y se extrañó más al notar sus ojos brillar con una rara ilusión infantil.

“¿E-estás bien…?” le preguntó confundido. Al final, para Hajime, no hubo nada que hubiera podido prepararle para lo que estaba por venir. En eso, Shinano sonrió con gran dicha y le dio un sorpresivo abrazo.
“¡Nii-san!” exclamó mientras le abrazaba y hundía su rostro en el pecho del pelimarrón.
“¡¿E-ehh?!” Hajime se quedó paralizado.
“¿Nii-san?” Hotarumaru alzó una ceja. “Pero Hinata-kun no es un Toushirou…”
“O-oye, Shinano, suéltale,” Syo se impacientó y jaló al pelirrojo para librar al otro. “¿Qué haces? Tsk, pensé que ya no eras tan invasivo y engreído, pero veo que todavía no cambias.”
“¡Es que se parece mucho a uno de mis hermanos!” exclamó Shinano, todavía contento. Él volvió a mirar a Hajime y juntó sus dos manos, mientras sus ojos destellaron de alegría.
“N-no me mires así…”
“Es sin duda una gran sorpresa,” comentó Komaeda, quien sonrió entretenido. “Siempre he pensado que Hinata-kun es un ser extraordinario, pero ahora hasta tiene alguna especie de mínima conexión con el aclamado doctor. Me alegra mucho.”
“¿Qué tonterías dices?” Hajime miró a su amigo con reproche. Dio un pesado suspiro y miró al pelirrojo con cansancio. “Estás lo suficientemente grande como para esas ocurrencias. Vaya, y pensar que mi asesor tiene hermanos tan bizarros.”
“Ahh, no puedo creer que Yagen nunca me dijo que tenía a un estudiante tan parecido a Atsushi…” reclamó Shinano a sí mismo, haciendo un puchero, lo cual le daba una apariencia más infantil de la usual. “¡Pero está bien! ¡Tenerte aquí me da mucha nostalgia~! ¡Ha sido una gran sorpresa!”
“S-sólo no me trates como tu hermano, por favor…”
“¿Cuántos hermanos son ustedes?” preguntó Mai, alzando una ceja.
“¡Un montón!” contestó el pelirrojo con mucha dicha.
“Sin duda sí son un montón. Siempre he pensado que Shinano-chan es muy afortunado,” Natsuki asintió, animado.
“Ehm, para responderte la pregunta, yo tampoco lo sé,” dijo Hotarumaru a su amiga. “Maeda nunca me ha dicho un número pese a que le he hecho la pregunta más de una vez.”
“Maeda vendría a ser ese niño que vino con Monaca hace un par de semanas, ¿no es así?”
“Sí,” asintió. “Somos amigos y estudiamos juntos antes de mi transferencia a la universidad.”
“En fin, ahora que hemos terminado con las introducciones, a caminar,” dijo Syo, quien se notaba un poco frustrado. “Pensé que sólo debía preocuparme de Natsuki, pero veo que sigues siendo muy infantil, Shinano. Compórtate, por favor.”
“Hehe, no exageres, realmente he crecido, en serio,” Shinano sonrió con torpeza.
“¿Eh? ¿Por qué debes preocuparte por mí, Syo-chan?” preguntó Natsuki, confundido.
“Sólo mantente cerca del grupo y no te extravíes, por favor…” se iba a tardar una vida entera si fuera a listar las miles de razones de por qué debía mantener a su amigo vigilado. Luego de sacarse el tema de la mente, Syo retomó sus energías. “En fin, síganme. Vamos a un área de tiendas muy interesantes que sé que les gustará. Ahí podemos ver tu atuendo, Yukko.”
“Oh, claro, muchas gracias,” ella asintió.

De aquel modo, ese grupo un poco desconocido y algo disparejo comenzó con el paseo del día, durante el cual irían conociéndose mejor.




Si Tharja tuviera la habilidad de viajar al pasado y decirle a su yo del lunes en la mañana sobre todos los sucesos por los cuales viviría, seguramente su versión del pasado la maldeciría por estúpida, o la mataría por impostora. No, definitivamente sucederían ambas cosas en ese orden.

Desde el secuestro de ese infantil Toushirou, pasando por la búsqueda en aquel sector industrial y el increíble rescate de parte de su tenebroso hermano mayor. Y, finalmente, su tan anhelado contacto con Mikazuki Munechika, aquel paseo que se dio con él y del cual salió la promesa para futuros contactos.

En conclusión, esa semana había sido la más ajetreada y cambiante para ella en mucho tiempo. Tharja podría nuevamente querer repetir la labor de viajar en el tiempo para decirle a su yo del día anterior en la tarde que no iba a darse un merecido aislamiento de la sociedad como lo había planeado, pero sabía que esa versión de sí misma, además de aniquilarla como la otra, también la desconocería y desheredaría por continuar aparentando funcionalidad y hacer un sobreesfuerzo.

Precisamente, el día anterior, justo cuando andaba recogiendo sus cosas para regresar a casa, recibió una sorpresiva llamada de parte de Mikazuki. La chica, quien había contestado el celular sin mirar el número al haber esperado la confirmación telefónica sobre el uso de un laboratorio, se vio desarmada al reconocer la indiscutible voz del peliazul y por poco le corta al seguir un primitivo reflejo de huir ante vulnerabilidad. Pese a ello, Tharja se contuvo y recibió una sorpresiva invitación al hogar del aquel chico para el sábado. Mikazuki le preguntó si había podido leer el libro que le había prestado, y ante la afirmación de la chica, le pidió que le visitara bajo la excusa de regresárselo, y también para poder compartir un momento en casa. Tharja, quien siguió un poco en shock por ese sorpresivo contacto como para prepararse, asintió ante aquel pedido, lo cual selló su obligación del presente día.

No era necesariamente algo que no quisiera hacer, pero seguía siendo fuera de sus límites. La chica también sabía que tendría a más de un Imanotsurugi que soportar aquel día, ya que la familia de Mikazuki, incluyéndole, era muy excéntrica, pero, en fin. Al menos ya los conocía y sabía qué esperar de su vista.

O eso pensó.

El primer ‘traspiés’ de la invitación fue buscar la ruta para ir a la residencia y darse con la desagradable sorpresa que tendría que tomar una línea de metro y luego dos líneas de buses. Ese lugar quedaba a las afueras de la metrópolis y era una mansión basta que tenía un frondoso bosque como patio trasero. Sin duda, alguien del estatus de Mikazuki contaba con la riqueza para tomar taxis o pedir un chofer que le llevara a la ciudad o de regreso a su hogar a su regalado gusto, y los Toushirou no se quedaban atrás en ese aspecto, pero, como una ‘muggle’ de clase media, Tharja no tenía la misma comodidad. No iba a quejarse del todo, ya que el trayecto podría servirle para despejar sus pensamientos de su larga y atareada semana.

Felizmente estuvo en lo cierto, ya que salir de la ciudad y observar el paisaje por el camino fue agradable y le dio algo de alivio, con lo cual llegó a su destino dispuesta a hacerle frente a aquella inesperada situación.

Sin embargo, al tocar el portón de ese hogar, se topó con una siguiente sorpresa por quién fue el primero que la recibió.


“¡Oh, Tharja, bienvenida! ¡Finalmente llegas!” exclamó Shishiou, sonriendo.
“…” la chica le miró con una mezcla de shock y desagrado.
“¿Por qué pones ese rostro?” preguntó el rubio, ladeando la cabeza.
“¿…qué haces aquí?” ella le preguntó con un tono de ultratumba.
“¿Eh? Pues, Jiji me invitó. ¿Por qué más vendría?” él se encogió de hombros y restó importancia a la actitud huraña de la otra. “Vamos, pasa. Y tranquila que la loca de Seija no está aquí.”
“…” Tharja se quedó congelada un instante hasta que una empleada se acercó apresuradamente.
“Shishiou-sama, no tenía que contestar la puerta, es un invitado de honor,” le pidió amable y apesadumbradamente, para entonces dirigirse a Tharja y dar una pronunciada reverencia. “Usted debe ser Tharja-sama. Es un agrado contar con su compañía. Sígame, por favor.”
“Vamos, Jiji te está esperando,” dijo Shishiou, sonriendo. “Me dijo que andan compartiendo un libro de muertos o algo así. Heh, sonará oscuro, pero me parece interesante. Vamos, vamos~”
“…” ella dio un suspiro y caminó junto con los otros dos.

Durante el camino, Tharja pudo apreciar esa hermosa y tradicional residencia japonesa que contaba con dos pisos y una estructura amplia e impecable. Las tejas grises estaban mantenidas a la perfección y el piso de tatami era inmaculado. Había distintos pergaminos que adornaban las paredes y todos los accesorios a su alrededor eran clásicos de la cultura milenaria de ese país. Por doquier se veía a empleados correr de un lado a otro para continuar con sus quehaceres de limpieza y mantenimiento, y le sorprendió, y también frustró, notar cómo había empleadas listas para incluso abrirles las puertas conforme avanzaban. Mikazuki siempre había sido una persona carismáticamente ostentosa pese a ser de gentil trato, y la multitud de sirvientes iba demasiado bien con su apariencia de respetable heredero. Eventualmente, el camino les llevó a un pasillo exterior con una vista muy pintoresca.

Tharja se impresionó por lo que tenía al frente. Esa enorme mansión contaba con un patio gigantesco que era rodeado del pasillo exterior casi a plenitud, con un único e imponente portón que conectaba hacia la parte de atrás de la residencia. Dentro de ese gran espacio había un suelo cubierto de piedras en su mayoría, y un pequeño lago artificial rodeado por plantas. Ese espacio era basto para que entraran varias personas o incluso para prácticas de kendo, aunque su amplitud seguramente tenía el principal motivo de esparcimiento para quien optara por disfrutar del exterior y del impecable y tradicional lago. Seguramente Mikazuki frecuentaba ese ambiente mucho más que el resto de su cómodo hogar.

Efectivamente, el peliazul estaba a corta distancia, cómodamente sentado en ese pasillo con una taza de té en manos y una bandeja con dangos a su costado. Él tomó un sorbo de su té y rápidamente se dirigió a los recién llegados al oírles acercarse.

“Mikazuki-sama, Tharja-sama acaba de llegar,” reportó muy amablemente la empleada, con una respetuosa reverencia. “Con permiso.”
“Muchas gracias,” agradeció el chico y observó a la otra asentir y retirarse. Acto seguido, dirigió su mirada a su invitada. “Bienvenida a mi hogar. Siéntate. ¿Quisieras un poco de té?”
“Estoy bien, gracias,” negó y le miró con leve reproche.
“¿Sucede algo?” le preguntó con su inmutable sonrisa.
“Tsk…” para variar, no quería ser muy descortés, así que desvió su mirada y se aguantó mayores quejas. “No sabía que no era la única invitada hoy, nada más…”
“¿Por qué dices eso?” preguntó Shishiou. “Y eso que tú me caes bien.”
“Haha, no hay por qué tomárselo a mal,” observó Mikazuki, entretenido. “No llegué a comentarlo, Tharja, tienes razón en sorprenderte, aunque no está de más decir que efectivamente no has sido la única invitada este día. No cuento con mucho tiempo a mi disposición, así que pienso que una reunión general es lo más apropiado y conveniente. Mis disculpas.”
“Es fácil disculparse,” dicho esto, se encogió de hombros y tomó asiento al filo de ese pasillo. Vio a Shishiou hacer lo mismo a su costado. “Oye tú, estás muy cerca.”
“Estoy a la misma distancia que tú con Jiji,” observó el rubio, negando. “En fin. ¿Quieres jugar go? Jiji tiene un set de go de alta calidad y es muy bueno. Ya me derrotó tres veces.”
“…” Tharja vio que al otro lado del peliazul sí había un juego de go de fina apariencia.
“Shishiou quiso compartir unas partidas conmigo, e hicimos la apuesta de que el perdedor debía correr el perímetro del edificio principal de mi hogar como castigo,” resumió Mikazuki, tranquilamente. “No hay necesidad de decirlo, pero los castigos se cumplieron.”
“Hehe, en verdad,” el rubio sonrió con torpeza mientras llevaba una mano a su nuca. “Iba corriendo la tercera vuelta cuando tocaste el timbre. Heh, coincidí que estaba cerca de la puerta para dejarte entrar. ¿Quién lo diría?”
“Supongo eso explica por qué llegaste antes que las empleadas…” rodó los ojos. Había sido una mínima e insignificante duda que realmente no había esperado que le contestaran, pero, en fin… “Y no gracias, no juego el go. No tengo experiencia con ese juego.”
“Ojalá algún día concedas ese deseo mío, pero no te sientas comprometida,” dijo el peliazul. Entonces, él se levantó, lo cual fue correspondido por el par. “Viendo que ambos no están interesados en tomar té o jugar go, sería bueno dar un corto periplo por mi hogar, a manera de conocer a los otros miembros de mi familia.”
“Ya los conozco un poco, pero bueno…” Tharja se encogió de hombros.
“Heh, ya me topé con Imanotsurugi, aunque claro,” Shishiou sonrió con energías. “¡Seguramente son tan geniales como tú, Jiji!”
“Eres muy amable, Shishiou,” Mikazuki sonrió y se puso a caminar, sabiendo que el par le seguiría sin mayores preámbulos.

De aquel modo, los tres regresaron al interior de la residencia. Tharja se frustró un poco al notar al desenvuelto de Shishiou de inmediato caminar a la par del dueño de casa e iniciar conversaciones triviales sobre su hogar o cualquier cosa que le viniera a la mente. A la chica no le quedó de otra que seguirles de cerca. Ser la sombra de alguien más ya era demasiado normal en su experiencia de vida.

Subieron por unas escaleras cercanas a la entrada principal y llegaron al segundo piso. El ambiente era más amplio e iluminado en ese nivel, y el pasillo principal era extenso al haber menos subdivisiones. Fue entonces que ellos divisaron a una persona caminar apresuradamente mientras llevaba una bandeja con una bebida y aperitivos.

Era un hombre de cabellos verdes y de apariencia refinada y severa, con un rostro perpetuamente arrugado por su característica inflexibilidad, aunque se le notaba un poco inquieto y dedicado a llegar a su destino lo antes posible.

“¿Eh? Él no tiene pinta de uno de tus empleados, Jiji,” Shishiou se vio intrigado.
“Hahaha, es porque no lo es, pese a su necedad de no pedir ayuda con sus necesidades,” Mikazuki se rió por aquel comentario de su visitante. “Hizamaru, ven un momento, por favor.”

El dirigido, quien había esperado ingresar a una de las puertas del pasillo, se detuvo y acudió donde los tres.



“Veo que son invitados de hoy,” observó ese joven con una voz profunda, y asintió pronunciadamente a manera de saludo. “Es un gusto conocerles. Soy Hizamaru Genji.”
“Igualmente. Llámame Shishiou,” le saludó el rubio, sonriente. “Por cierto, ¡qué hermosa casona tradicional tienen! Vivir aquí es seguramente extremadamente pacífico.”
“Lo es, y me siento agradecido por ello,” contestó con solemnidad, para entonces mirar a Mikazuki con leve cansancio. “Sin embargo, es un lugar poco productivo por la cantidad de sirvientes a nuestra disposición. ¿Realmente es necesario que derrochemos nuestro capital?”
“Eres el único que gusta hacerme observaciones de ese tipo, Hizamaru,” comentó Mikazuki, tranquilamente. “Hmm, podría decir que soy high-maintenance, así que sí es una necesidad.”
“Que lo admitas de este modo es preocupante, por decir poco,” frunció el ceño.
“Hahaha, aparte que tu hermano también gusta mucho de toda la atención que recibe, y tú no te quedas atrás al momento de encargarte de él,” Mikazuki miró la bandeja que traía. “Llevándole una merienda, como puedo observar.”
“Tch…” desvió su mirada, afligido y contrariado. “…anija se enfoca tanto en sus lecturas que a veces se olvida de comer…”
“Eso es algo que comparto con él,” el peliazul asintió.
“Aun así, el motivo por el cual yo cuido de él es para motivarle y aconsejarle para que se mejore a sí mismo, mientras que los sirvientes no hacen más que engreírle,” declaró de manera defensiva. “Es diferente.”
“Sí, como digas…” movió una mano, restándole importancia.
“No minimices el problema aquí, por favor, Mikazuki,” le reprochó entre molesto y un poco angustiado, para bajar su mirada. “A veces temo que anija esté yendo por un mal camino…”
“Ten más fe en él. Los cuidados de nuestros sirvientes no afectan su rendimiento en los estudios, como bien debes saberlo.”
“Notas no son lo único importante…”
“Sólo daba un ejemplo,” comentó con completa tranquilidad. Ese intercambio continuó por un poco más, con Mikazuki apaciguando a un angustiado Hizamaru sobre sus mayores temores.

“Ehm…” Shishiou alzó una ceja y se acercó a Tharja para susurrarle. “Me dio la impresión que era una persona seria, aunque creo que es un poco raro, ¿no te parece?”
“¿Eh?” la chica le miró de reojo, con reproche. “No sabes lo que dices, iluso.”
“¿Qué quieres decir?”
“Hizamaru es el más normal de su familia,” negó. “Más bien, sus berrinches son su cordura lamentando la familia que tiene. Tan sólo espera a que conozcas a su hermano para que entiendas de qué hablo.”
“Okay…” se vio confundido. “Hmm, Jiji no es tan raro… aunque sí ha tomado el rol de un anciano, ahora que me pongo a pensar.”
“Hahaha, es porque lo soy,” observó Mikazuki al escuchar lo último. Él regresó su atención al peliverde. “Podemos aprovechar esta merienda que le llevas a tu hermano para ir a conocerle. ¿Te parece bien?”
“Tienes razón, sería apropiado,” Hizamaru asintió. “Síganme por favor.”

De ese modo, los cuatro caminaron hacia una puerta corrediza que estaba a poca distancia. Al ingresar, los visitantes se sorprendieron de observar una habitación muy grande que tenía varios libreros, algunas mesas amplias, unos sillones y estanterías ocupadas por adornos variados y un par de escritorios. El primero que estaba frente a la entrada se encontraba vacío, pero luego de caminar y pasar unos estantes altos, observaron el segundo escritorio en la esquina opuesta a la entrada. Ahí había una persona cómodamente sentada en lo que leía un libro con una expresión curiosa e infantil.

“Anija…” Hizamaru apoyó la bandeja que había traído encima de la mesa de su hermano e hizo una leve reverencia de respeto. “Te traje el aperitivo que te ofrecí. También, quiero que conozcas a los invitados de Mikazuki.”
“¿Hm?” el otro, un joven de cabellos rubios y ojos intensos de color almendra como los de su menor, sonrió un poco y se tomó un poco de tiempo en terminar alguna parte de su lectura para finalmente soltar el libro y ponerse de pie. “Es interesante cómo así les has dado la bienvenida en nuestro estudio, como si tuvieran algún deber conmigo, hermanito.”
“Ehh, n-no es mi intención incomodarte. Simplemente pienso que es cortés…” contestó el menor rápidamente. Se puso rígido y desvió su mirada como si estuviera en falta.
“Hai, hai, sólo te tomaba el pelo…” su mayor sonrió distraídamente y movió una mano para restarle importancia. “Sólo tú pensarías esas cosas con tanta seriedad. En fin, es mi turno presentarme, ¿no es así?” llevó una mano a su pecho y su melodiosa voz se contagió de una leve calidez y carisma. “Mi nombre es Higekiri Genji y soy un honorado huésped dentro de esta gran y próspera residencia. Sean bienvenidos.”
“Gracias, yo soy Shishiou…” dijo el otro rubio, quien ladeó su cabeza. “Pero… ¿cómo así eres un huésped? ¿No eres parte de la familia?”
“Mi hermanito y yo somos parientes lejanos de los otros que habitan estos aposentos, casi al punto de ser parientes solamente en nombre,” explicó con suavidad. “Sin embargo, mi lindo hermanito se ha vuelto un miembro activo, partícipe y abiertamente bienvenido en este hogar luego de tanto tiempo posterior a nuestra acogida, mientras que yo me limito a habitar en mis espacios personales, y en ocasiones a compartir un poco de té con Jiji. Debido a ello, pienso que la denominación de huésped me define excelentemente.”
“P-pero eso no es verdad, anija…” dijo Hizamaru, un poco preocupado.
“Hahaha, tú tranquilo,” observó Mikazuki, quien rió con torpeza. “Higekiri es también parte de nuestra familia y siempre será considerado como uno de nosotros. Además, es evidente para mí que tu hermano siente esa pertenencia y corresponde nuestra apreciación. Como deberías ser capaz de ver, el aislamiento que Higekiri menciona es un tema más humorístico para él mismo que otra cosa.”
“¿Oh? ¿Será que te estoy preocupando con mis ocurrencias?” preguntó Higekiri a Hizamaru, con leve intriga. El mayor sonrió cálidamente y se tomó la libertad de revolverle los cabellos al otro, quien de inmediato retrocedió.
“¿Q-qué haces, anija?” preguntó, exasperado y avergonzado.
“Hmhm, sigues siendo un niño para impresionarte así…” entonces, volvió a mirar a los visitantes. “Como dije, son bienvenidos, y como un hermano mayor les pido que por favor cuiden de mi hermanito en lo posible, y que sean pacientes con él.”
“Creo que todos los que te conocen más bien temen que tú no seas capaz de cuidarte a ti mismo,” observó Tharja, rodando los ojos. “Tu ‘hermanito’ te gana en edad mental, sin lugar a dudas.”
“Por favor, no seas tan mala con mi hermano,” le pidió Hizamaru, con leve pesar al no poder contradecir lo que decía.
“Hmm, mi hermanito sí ha demostrado ser más funcional que yo,” dijo Higekiri, meditativo y alzando su mirada con un semblante perdido e inocente, para entonces sonreír con humildad. “Pero no hay nada que pueda hacerse al respecto. Cada quien tiene sus cualidades, y soy dichoso de saber que mi hermanito es alguien con gran promesa.”
“Significa mucho para mí oír tu elogio, anija, sin embargo…” desvió su mirada, preocupado.
“Lo sé, entiendo lo que piensas, puedo leerte bien, y te aseguro que no debes preocuparte por mí,” observó el mayor, quien regresó su atención a los visitantes. “Ahora mismo no deberíamos restarles la atención a quienes nos visitan. Esperaré con ansias compartir una comida con ustedes,” en eso, fue donde Shishiou y sorprendentemente se tomó la libertad de acariciarle la cabeza. “Heh, pareces un lindo leoncito por tu estilo de peinado. Te ves como una buena persona, me alegro.”
“¡O-oye, suéltame!” Shishiou se impacientó y sacudió su cabeza para que le soltara. Acto seguido, le apuntó acusatoriamente. “¡No me subestimes por ser más alto que yo! ¡Te pareceré un ‘niño buenito’ o algo, pero tengo veintiséis años!”
“¿Hm? ¿En serio?” Higekiri mostró una corta sorpresa y sonrió intrigado. “Hmm, eso quiere decir que tienes la misma edad que Jiji y yo, no lo hubiera imaginado precisamente por lo bajo de estatura que eres, leoncito.”
“¡Te digo que no me subestimes!” reclamó, colérico.
“Siento mucho que tengas que aguantar esto…” se disculpó Hizamaru, con gran pesar. “Sin embargo, juro que anija no lo dice con ninguna maldad…”
“Es verdad. Higekiri es honesto y encuentra mucha diversión y humildad en su honestidad,” observó Mikazuki, quien se notaba entretenido por la presente conversación.
“N-noto que es sincero, pero…”
“Siento que todos ustedes le excusan demasiado,” opinó Tharja, impaciente.
“Hm, ya es tu turno de presentarte, aunque es verdad que sí te conocemos un poco, por más que hayas siempre estado fuera de foco en nuestros encuentros,” observó Higekiri a la chica. Él sonrió amablemente. “De todos modos, es un agrado tenerte aquí, stalker-chan~”
“…” la chica le miró con gran intensidad e ira, pero ese distraído rubio parecía completamente inmune a la agresividad de otros.
“¿S-stalker?” Shishiou alzó una ceja.
“Anija, ese es un apodo cruel,” observó Hizamaru. “Ehh, Shishiou, es una larga historia, no tienes que saber los detalles…”
“Es que me refiero a stalker-chan de este modo porque tanto yo como todos aquí estamos conscientes de lo mucho que stalkea a Jiji, al punto de parecer tener una obsesión con él,” explicó Higekiri, con simpleza y una infantil alegría. “Verás, yo no soy bueno con los nombres, y la manera más fácil para mí de recordar a los demás es mediante asociaciones. Por ello mismo, siempre identificaré a stalker-chan ya que es un apodo muy peculiar, ¿no lo crees?”
“Ehh…” Shishiou se inquietó y pudo sentir en el propio aire la ira de Tharja crecer. “P-pero tampoco tienes por qué dirigirte a ella con un apodo así… su nombre es Tharja…”
“Lamentablemente, pierdes tu tiempo, Shishiou,” observó Mikazuki, encogiéndose de hombros.
“¿Eh?”
“Anija es incapaz de recordar los nombres propios referentes a personas a su alrededor,” explicó Hizamaru, afligido. “Puede venirse con un sinfín de apodos para cada quien, pero tiene un bloqueo mental con los nombres.”
“¡Imposible!” exclamó Shishiou, en gran shock. “¡¿Existe eso?!”
“Pienso ser un ejemplo vivo de que sí existe, leoncito,” dijo Higekiri sonriente. “Mi nombre es el único que puedo recordar consistentemente. Hmm, y también de personas famosas de la historia… pero hasta ahí llego…”
“B-bromeas, ¿cierto?” sintió un tic en el párpado.
“Te advertí, es raro,” Tharja negó en lo que hacía un esfuerzo para despejar su molestia. “Ni siquiera recuerda el de su hermano.”
“¡¿En serio?!”
“…” Hizamaru desvió su mirada, con leve desdicha.
“Hahaha, mejor no toquemos ese tema,” Mikazuki rió brevemente. “Higekiri, ha sido un agrado encontrarnos contigo en tu estudio, pero debo seguir guiando a este encantador par por nuestros aposentos. Te dejamos leer.”
“Claro, diviértanse,” él asintió. “Avísenme cuando los invitados lleguen para salir.”
“¿Qué quieres decir?” Tharja entrecerró sus ojos, con desconfianza.
“Oh, pero ustedes son los invitados, ¿no es verdad? Haha, estoy muy distraído,” sonrió con leve frustración. “Ignórenme, y llámenme cuando les apetezca continuar dialogando conmigo. Adelante, retírense cuando gusten.”
“Nos vemos, yo también debo continuar con mi lectura,” dijo Hizamaru, asintiendo, para entonces volver a desviar su mirada. “Y, eh, disculpen las incomodidades.”
“No te preocupes, ha sido un gusto,” Shishiou sonrió con leve pena. Podía ver que, detrás de su actitud ceremoniosa y seria, Hizamaru era una buena y servicial persona, aunque vivía preocupado por su hermano y al parecer víctima de sus ocasionales bromas. Definitivamente parecía ser el más cuerdo ahí, después de ese encuentro.

De aquel modo, los tres se retiraron del estudio y siguieron caminando.



“No estamos muy lejos de la habitación de Imanotsurugi,” observó Mikazuki, quien lideraba el grupo. “Debe estar ahí.”
“Suena poco característico que ande encerrado,” observó Tharja.
“Sin duda una persona de buen corazón como tú diría algo así…”
“…” la chica hundió sus ojos en sombras. “No me molestes.”
“Hahaha,” el peliazul rió un poco. “Efectivamente, Imanotsurugi usualmente sale hacia el dojo detrás del edificio principal o va a jugar en el inmenso bosque, pero por la cercanía a los exámenes se ha visto obligado a estudiar estos últimos días. Aunque, conociéndole, debe andar aburrido y propenso a abandonar su misión, así que estará contento de vernos.”
“Sí, puedo simpatizar con él,” Shishiou asintió y dio un suspiro. “No soy el mejor estudiante.”
“Se nota a leguas,” dijo la chica, inmutada.
“Oye, no tienes que ser tan mala…” le reclamó.

Entonces, cuando estaban cerca de una intersección de pasillos, los tres vieron al pequeño Imanotsurugi pasar por el pasillo perpendicular mientras brincaba de un pie.

“¡Libertad~!” exclamó él. “¡Logré mi meta! ¡Huiré antes de estudiar matemáticas~!”
“¡Imanotsurugi! ¡Espera!” le llamó Shishiou, quien corrió para entrar a ese pasillo y seguirle, pero el rubio se chocó con alguien quien había estado persiguiendo al pequeño, y se cayó estrepitosamente al piso. “Ihh…”
“Oye, cuidado,” oyó una voz por encima, quien le extendió una mano para ayudarle a levantarse.
“Perdón, no me fijé,” Shishiou alzó su mirada y se asustó al observar a la persona frente a él.

Era un chico altísimo que sobrepasaba los dos metros de altura, y que tenía un cuerpo muy ancho y fornido al punto de parecer un fisicoculturista pese a estar vestido de un atuendo tradicional. Shishiou pudo entender por qué esa persona no se había caído pese al fuerte choque (más bien Shishiou sentía que le había arrollado un camión). A su vez, el rubio estaba impresionado porque ese chico tenía una apariencia intimidante más allá de tener un cuerpo tan grande.

Tenía cabellos naranjas y rebeldes, ojos intensos y desafiantes, incluso dientes afilados. Esa persona, pese a estarle extendiendo una mano con una inesperada gentileza, inspiraba algo de aprehensión en sí mismo.

“…” por su parte, Tharja frunció el ceño, con desagrado. Sabía que iba a ser inevitable encontrarse con él eventualmente… aquel infame exRebel…
“¡Hahaha! ¡¿Qué haces mirándome como zombie?!” preguntó el pelinaranja con una voz estruendosa, y se tomó la libertad de agarrar a Shishiou de una muñeca y hacerle ponerse de pie con una sola jalada. “¡Levántate!”
“P-perdón, me sorprendiste,” dijo Shishiou, sonriendo con torpeza. Desde que había abierto su boca, ese ser intimidante se había mostrado muy campechano y ameno, así que su aprehensión había disminuido al mínimo.
“¿Invitado de Mikazuki?” le preguntó, y le extendió una mano para estrujarla. “Yo soy Iwatooshi. Un gusto.”
“Igualmente, mi nombre es Shishiou,” asintió y estrujó su mano, luego de haberse impresionado un poco que el otro usara unos guantes con uñas de metal. Pese a ello y a la evidente fuerza del chico, no tuvo su mano aplastada como había temido. “¿También pariente de Mikazuki?”
“No nos pareceremos mucho, pero sí tenemos la misma sangre,” observó el peliazul, tranquilamente. “Estoy seguro que se llevarán bien. Iwatooshi es un hábil luchador, pero también es una persona amable y con muchas energías, al igual que tú.”
“Sí siento que somos parecidos,” Iwatooshi asintió y miró a Shishiou. “Aunque eres muy enanito para tu edad, ¿no es así?”
“¡No te burles de mi altura!” le reclamó.
“¡Hahahaha, perdón, no era mi intención!” exclamó con su estruendosa voz. “¡Supongo la gran mayoría sí son enanos para mí!”
“Tienes mucha suerte de ser tan alto…”
“Hay sus ventajas y desventajas,” se encogió de hombros. “Mis ropas, zapatos y artículos personales tienen que ser hechos a pedido, por ejemplo. Y menos mal vivo en una casa amplia y a mi medida, pero afuera debo ser cuidadoso de no chocar mi cabeza. ¿Qué se puede hacer?” entonces, él miró hacia la chica, quien se tensó mínimamente, pero el pelinaranja le trató con la misma cordialidad. “Hace tanto tiempo que no nos vemos, Tharja. ¿Qué es de tu vida?”
“Nada en particular…” dijo, desviando su mirada.

Entonces, todos vieron a Imanotsurugi correr hacia ellos.

“¡Ohh! ¡Nee-san de los Toushirou! ¡Ya llegaste!” exclamó el pequeño, con alegría. “Hehe, me alegro mucho de verte.”
“Te vimos huir, pensé que no podríamos alcanzarte,” observó Shishiou.
“Bueno, sí pensé en huir porque asumí que Iwatooshi me seguiría~” canturreó el pequeño. “Pero un juego de atrapadas no es divertido si nadie trata de atraparme, ¿cierto?”
“Dijimos que estudiarías hasta que los invitados llegaran, así que ya no pienso forzarte,” observó el pelinaranja. Pese a su apariencia y estruendosa voz, él se mostraba bastante cordial y parecía ser muy paciente y un tanto gentil con el pequeño. “De todos modos, ¿quién soy yo para enseñarte matemáticas? Debe ser evidente, pero no soy un buen estudiante.”
“Se nota a leguas,” decretó Tharja, impaciente.
“O-oye, no seas tan contundente al respecto…” le pidió Shishiou, incómodo.
“Tú tampoco eres un buen estudiante,” agregó. “Ya lo admitiste.”
“S-sí, pero…” sintió un tic en la ceja.
“¡Hahaha, no te inquietes, Shishiou!” Iwatooshi se puso a reír. “En nuestro círculo, la frialdad y las palabras contundentes de Tharja son legendarias. No me sorprende en lo absoluto.”
“Tu brutalidad es más legendaria…” recalcó la chica, con una voz venenosa.
“¿Oh? ¿No habías terminado?” preguntó el pelinaranja, con un inocente entretenimiento. “Bueno, tal vez estés en lo cierto.”
“¿Tal vez?”
“¡Ya! ¡Por favor! ¡No se peleen!” alarmado, Imanotsurugi se paró entre los dos y levantó sus palmas a ambos, mientras intercambiaba su mirada entre los dos. “¡Hay que compartir un lindo momento en compañía! ¡Y hay que ser amigos!”
“Haha, tranquilo, Imanotsurugi,” Mikazuki rió un poco. “Aquí nadie está peleando, y pienso que el diálogo es muy importante. Ahora regresemos todos al primer piso, ya casi es hora.”
“¿Hora de qué?” preguntó Tharja, alzando una ceja.
“Hmhm…” el peliazul rió por lo bajo y le miró de reojo, con una tranquila sonrisa. “De que nuestros últimos invitados lleguen, por supuesto.”
“¿Eh?” eso la descuadró. “¿Has invitado a más personas?”
“¿No lo sabías?” preguntó Shishiou, confundido. Entonces, todos pudieron oír el claro sonido de unas llantas rechinando con gran brusquedad como si saliera de alguna película taquillera de Hollywood. “Uhh, ¿qué fue eso?”
“…” en cambio, para Tharja y los demás, fue obvio precisamente quién había sido responsable de aquel característico sonido. La chica maldijo en su más profundo interior por tener que verles tan intempestivamente…
“¡Llegaron!” por su parte, Imanotsurugi alzó sus puños hacia arriba con alegría, y fue corriendo hacia las escaleras.
“En marcha, no deberíamos hacerles esperar,” Mikazuki se vio entretenido. “Debieron haber tenido un camino muy accidentado por su elección de chofer.”
“Haha, sin lugar a dudas,” Iwatooshi rió y el par siguió a Imanotsurugi.
“…” Tharja estrujó el libro que había traído consigo como su único confort restante y se quedó quieta.
“Oye, no te quedes ahí. Vamos,” dijo Shishiou. “¿Por qué actúas así? Pensé que ellos eran como parte de tu familia…”
“No todos tenemos una familia tan funcional como la tuya,” dijo con molestia.
“Hahaha, soy de familia de mafiosos y escapé por varios años en mi juventud. ¿Qué te hace pensar que soy funcional?” preguntó sonriente y riéndose un poco. “He resuelto a acompañarte hasta que camines, así que cuanto estés lista.”
“…” resopló, rodó los ojos y optó por seguir a los demás. “No soy tan dramática.”




“¡Hola a todos!” exclamó un radiante y muy feliz Namazuo en lo que salía saltando del asiento del conductor de su infame auto deportivo. Él muy gustosamente extendió la llave a un mayordomo que esperaba a que los pasajeros salieran para llevar el auto al estacionamiento al costado de la residencia.
“¡Namazuo!” exclamó Imanotsurugi, quien saltó al pelinegro y le dio un fuerte abrazo. “¡Qué alegría verte!”
“¡Lo mismo digo!” este le devolvió el abrazo y luego le agarró de las muñecas para girarle con rapidez y elevarle del piso.
“¡Nos vamos a divertir mucho hoy!”
“¡Sin lugar a dudas!”
“Yagen…” por su parte, Honebami había corrido su asiento del copiloto para poder dejar a su hermano menor bajar del asiento de atrás. “El camino fue muy movido, ¿estás bien?”
“…” negó frustrado y salió. “Más incómodo fue tener a Shinano muerto de miedo y abrazándome con fuerza camino al centro comercial. Estoy bien.”
“Yo conduzco de regreso.”
“Lo sé, eso es lo que me evita llamar a un taxi,” asintió, frustrado.
“Ay, no exageres, hermanito,” observó Namazuo, haciendo un puchero. “¡Deberías aprovechar tu juventud y vivir con adrenalina!”
“Eso sólo se aplica al conductor,” declaró Yagen, entrecerrando los ojos. “Si quieres matarte, al menos no involucres a tus hermanos. Y, sinceramente, es el carro menos family-friendly que pudiste haberte comprado. Los asientos de atrás son incómodos.”
“Lo sé, hasta Ichi-nii me hizo la observación…” dio un suspiro y entonces hizo un berrinche al agitar sus brazos. “¡Pero la potencia de mi Porsche es increíble y amo poder correr en cualquier momento dado! ¡Es inexplicable!”
“¡Está bien! ¡A mí me gusta cómo conduces!” exclamó Imanotsurugi, contento. “¡Me haces sentirme como un Tengu que es capaz de volar y moverse muy velozmente!”
“¡Ese es el espíritu!” Namazuo chocó sus dos palmas con el pequeño. “¡Uno de estos días iré a recoger a Hirano y los tres iremos a darnos unas carreras inigualables!”
“¡Me encantaría!”
“Tsk, vas a traumar a nuestro hermano…” Yagen negó con leve molestia. Entonces, él vio a Mikazuki e Iwatooshi acercarse.
“Ya comenzaba a preguntarme qué había sido de ustedes,” observó el peliazul.
“Lamentamos la tardanza,” dijo Honebami, quien extendió unas cajas de madera que contenían dulces tradicionales. “Para ustedes…”
“Está bien, siguen estando temprano. Y muchas gracias por ese obsequio,” Mikazuki lo recibió y lo extendió a una empleada que le había acompañado. “Los degustaremos a la hora del té. Ténganlos servidos para entonces.”
“Por supuesto, Mikazuki-sama,” dijo la empleada, quien hizo una reverencia y se retiró.
“¡Jiji! ¡No me he olvidado de ti!” Namazuo corrió donde él y le dio un abrazo impulsado que por poco y los manda al piso.
“O-oye, haha, ten cuidado,” le pidió, riéndose con torpeza. Él se soltó con rapidez al retroceder un poco. “Me sorprende que hayas conducido.”
“Heh, soy un gran conductor, y sin mi proeza y velocidad habríamos llegado más tarde,” declaró el pelinegro, con gran orgullo.
“Namazuo lloriqueó por veinte minutos hasta que accedimos,” resumió Honebami, con una mínima frustración.
“Uhh, no me hagas sonar así,” su mellizo hizo un puchero.
“¡Hahaha, pero eso tiene mucho más sentido!” Iwatooshi rió con gusto. “¡Sea como sea, es un gusto tenerles por aquí! ¡Pasen!”
“¡Gracias~!” Namazuo hizo un saludo militar.
“También…” finalmente, Mikazuki posó su mirada en el joven doctor, quien había pasado mayormente desapercibido. Él sonrió con intriga. “Veo que aceptaste mi invitación después de todo, por más que tus planes hayan sido otros.”
“Sí, Ichi-nii y Namazuo me exigieron que viniera,” Yagen se encogió de hombros. “Oh, no es que venir aquí sea incómodo para mí, pero tengo muchos quehaceres que atender en mi laboratorio recientemente.”
“Incluso estás vestido con tu bata blanca, como puedo ver,” observó. “Aunque agradezco que hayas respondido a mi llamado.”
“No es usual que seas tan preciso con tus invitaciones, razón por la cual no tuve de otra que responder, Mikazuki,” observó el doctor. “¿Y bien? ¿Cuál es el motivo de mi venida?”
“Sólo pasar un tiempo en compañía,” dijo tranquilamente. “Solías ser una visita común hace varios años, y me he estado sintiendo muy melancólico, como el anciano que soy.”
“Heh…” Yagen sonrió con ironía. “Oírte referirte a ti mismo como un anciano es nostálgico, aunque poco a poco me siento tan viejo como tú. Creo que lo comprendo.”
“Hablar de nuestros achaques suena a una entretenida conversación.”
“Ahh, trata de no imitar a Mikazuki, por favor,” Iwatooshi se vio un poco frustrado. “Un Jiji es suficiente para todos.”
“En serio, y no quiero pensar qué significa para mí que uno de mis lindos hermanitos se sienta como un anciano,” observó Namazuo.
“¡Yagen! ¡Tienes que vivir la juventud como nosotros!” le pidió Imanotsurugi.
“Descuiden, no me tomen con seriedad,” dijo el doctor, entretenido.

Y, finalmente, los otros dos invitados les dieron el alcance. Mientras Shishiou se apuró para ir a saludarles, Tharja se quedó mirándoles a cierta distancia. Sólo eran tres, pero había uno que no había esperado ver en lo absoluto…

“¡Hola, hermanos!” saludó el rubio, alegremente, y entonces se fijó en Yagen. “Hmm, pero creo que no te he visto antes… ¡Bueno, yo soy Shishiou, soy uno de los ayudantes de Shinano!”
“Yagen Toushirou, mucho gusto,” contestó el doctor, con una sonrisa profesional.
“Ihhh, no andes todo científico entre nosotros, hermanito,” Namazuo sintió escalofríos. “Vamos, Shishiou es un chico muy lindo y adorable como Shinano, te lo aseguro.”
“Oye, no me andes dando esos adjetivos,” reclamó Shishiou. “Soy un año mayor que Ichigo, para empezar.”
“…” Honebami alzó una ceja. “No lo pareces.”
“Uhh, sé que no lo parezco, pero no me subestimen…”
“¿Entonces eres una década mayor que mi lindo Shinano?” preguntó Namazuo, en leve shock. “Hmm, ahora me siento tenso de que mi pelirrojo ande con un chico mucho mayor que él…”
“¡T-tampoco es para que me pinten como sospechoso!” reclamó, molesto.
“Soy un buen juez de carácter. Les aseguro que Shishiou es un muchacho muy decente,” observó Mikazuki, quien justo llegó a notar al doctor sorprenderse un poco por observar a cierta persona que mantenía su distancia.

Rápidamente, los ojos de todos se giraron hacia Tharja, quien se sobresaltó y se vio un poco inquieta por ser tan repentinamente el centro de atención.

“¡Oh! ¡Nee-san! ¡Hola!” saludó Namazuo, agitando una mano.
“Tsk, tú no puedes llamarme así. Apenas soy mayor que tú,” la chica entrecerró sus ojos.
“Buenos días…” dijo Honebami, asintiendo mínimamente.
“Ciertamente, no sé qué es más sorprendente…” Yagen sonrió con intriga. “Que yo haya venido, o que tú lo hayas hecho…”
“…” la chica le miró y vio el rostro de ese chico suavizarse un poco.
“Ha sido mucho tiempo, Tharja…”
“…” ella se limitó a abrazar más su libro y a desviar su mirada con desinterés. “De haber sabido que fueron invitados, no habría venido.”
“Uhh, no seas tan huraña. Yo sí me alegro de verte,” dijo Namazuo, quien sonrió ampliamente. “Hay que aprovechar esta rara oportunidad que todos estamos juntos para divertirnos.”
“¡Por supuesto!” exclamó Imanotsurugi.
“Entremos, no tenemos por qué seguir fuera de la entrada,” observó Iwatooshi.
“Cierto, y hay que avisar a Higekiri y Hizamaru que todas las visitas han llegado,” dijo el peliazul. “Nos vendría bien compartir una comida, ¿cierto? Hemos preparado algo saludable para todos los presentes.”
“…” Honebami asintió. “Es muy amable.”
“No, es lo mínimo por tenerles aquí,” Mikazuki se vio a gusto.

Iban a tener un día en compañía bastante fuera de la rutina, pero muy agradable en su mayoría, y bastante reflexivo en ocasiones.



Cho

60.2.




Luego de aquel muy variado y un tanto sorpresivo encuentro, el grupo continuó su paseo por esa zona comercial de varias alamedas donde se podía encontrar todo tipo de tiendas y restaurantes. Era un ambiente moderno, impecable y bastante popular, aunque evidentemente de un nivel superior por las caras marcas disponibles y los ambientes amplios y bien decorados.

“…” Yukko caminaba en lo que llevaba una bolsa de cartón plastificado muy vistosa donde tenía un par de atuendos cómodos para sus sesiones en el club de drama. Pese a encontrarse viviendo una minúscula fantasía de haber, por primera vez, comprado en una tienda que daban bolsas elegantes de cartón y con adornos y lazos, le dolía haber hecho aquel gasto. Su dinero ahorrado de Pokemon GO había sufrido un gran ataque.
“Te ves desanimada, Hanasaki-chan,” observó Mai, con cierta indiferencia. Tanto ella como Hajime le acompañaban en lo que los demás se habían esparcido para pasear por esa área a realizar algunas otras compras personales. “Esas ropas que te compraste fueron las recomendadas por Peter Pan y juzgo que son de buena calidad.”
“Ehh, actuó de Robin Hood y parece resentir que le llamen Peter Pan…” observó Yukko.
“…” entonces, en medio de su inmutabilidad, los lentes de Mai brillaron de una sospechosa luz. “Noted. Me aseguraré de llamarle así.”
“Tú nunca pierdes una oportunidad de fastidiar…” Hajime negó. “Aunque sí se veía como una buena tienda. Me habría animado por algo también, aunque no tengo solvencia económica. Apenas traje dinero para el almuerzo.”
“Sí, esa es mi principal penuria…” admitió la chica.
“Hm, es de esperarse,” Mai asintió. “Admito que suelo con frecuencia olvidar que ustedes dos son personas normales.”
“¿Qué quieres decir con eso?” Hajime alzó una ceja.
“Es decir, que los dos son del nivel socioeconómico promedio, o quizás menor al promedio,” Mai se encogió de hombros. “Nuestro preciado niño es el heredero de una familia cuya fama ya había escuchado previamente. Tsurumaru también parece tener un buen estatus, al igual que los Toushirou. El par del club de drama, además de ser actores y músicos, también ha tenido orígenes de clase alta. Hmm, creo que los padres de Peter Pan son diseñadores aclamados internacionalmente, ahora que lo pienso…”
“¿En serio?” Hajime se sorprendió.
“A-algo así me había dicho, pero admito que no sé nada de nadie en la sociedad,” confesó Yukko con cierto pesar. “Pero Mai, ¿cómo así tú sí sabes eso? No lo hubiera esperado de ti.”
“Tengo experiencia por también ser de una familia adinerada. Uno debe conocer a gente de los medios en general,” comentó inmutada, y miró a su amiga con cierta severidad. “Y es de mayor importancia en un lugar disfuncional pero superficialmente perfecto como Rizembool. Estamos en Game of Thrones, no lo olvides.”
“E-ehhh…” sintió leves escalofríos.
“No exageres,” dijo el chico. “La gran mayoría es gente decente.”
“Y, por último, y quizás menos importante, el Rebel de nuestro círculo tiene una gran fortuna y varias propiedades en Inglaterra,” observó Mai. “También tiene algunos stocks muy importantes en la bolsa de valores, si mal no recuerdo.”
“¡¿E-e-en serio?!” Yukko exclamó en shock.
“Verdad, por la forma un poco haraposa en la que Komaeda se viste, suelo olvidarlo,” Hajime se encogió de hombros al estar acostumbrado a ese dato. Por algo el peliblanco había sido tan cercano a Ayesha, Larsa y Dakki de pequeño.
“S-si es tan adinerado, ¿por qué entonces ha optado a convertirse en un Rebel?” preguntó Hanasaki-chan, todavía incómoda.
“Tsk, ¿por qué será?” el chico mostró cierta molestia. “Está medio loco.”
“Eso es cierto,” Mai asintió. “Tal y como siempre se dice que el dinero no es equivalente a la felicidad, el dinero tampoco es equivalente a la necesidad insana de convertirse en un Rebel y matar a alguien o morir en el intento,” se encogió de hombros. “Hay cierto factor mental en medio de todo esto.”
“Tampoco lo digas con tanta naturalidad,” el chico le miró con cierto reproche.
“Soy la prima de tres exHiMEs. Por ende, también estoy medio loca,” dijo, inmutada.

Entonces, ellos se encontraron con Syo y Komaeda, quienes se acompañaban luego de haber ido a una tienda en común. Los dos se veían animados y se encontraban luciendo unos sombreros discretos y juveniles con muy buenos acabados.

“Ah, finalmente los encontramos,” dijo el rubio. “¿Qué tal? ¿Cómo me queda?”
“Ohh, es como tus otros sombreros,” Yukko sonrió animada. “Sí que sabes escogerlos. Te queda muy bien.”
“Syo-kun es un gran conocedor de la moda y me interesé en saber más del más reciente actor del momento en Rizembool,” Komaeda asintió con gran gusto. “He ido a ver su tienda predilecta de sombreros y he quedado fascinado por los diseños y el profesionalismo de la gente ahí…” entonces, en medio de su gran alegría, sonrió con desdicha y bajó su mirada. “Ahh… me siento tan desmerecedor en este momento…”
“O-oye, ya te lo dije, no hay nada de malo de que aproveches del presente,” observó Syo, quien dio un suspiro y le sonrió con energías. “Vamos, encontramos un sombrero para ti también y te queda excelentemente.”
“Por tu dedicación hacia mí, me aseguraré de atesorar este sombrero, Syo-kun,” Komaeda asintió y volvió a animarse, para entonces dirigirse a Hajime. “Hinata-kun, ¿qué te parece?”
“¿Me preguntas qué me parece tu sombrero?” este alzó una ceja, aunque supuso intentaría ser un poco amable con él. “Bueno, concuerdo con Syo. Sí te va muy bien. Me alegra.”
“¡Ahh, me encanta oír eso!” el Rebel juntó sus manos y pasó a descolgarse una bolsa de su muñeca, para sacar un objeto de su interior. “Entonces mi idea de regalarte un sombrero del mismo tipo estuvo en lo correcto.”
“¿Eh?” Hajime se sorprendió y vio al peliblanco extenderle un sombrero.
“Lo escogimos especialmente para ti,” dijo Syo, con una sonrisa segura. “Pruébatelo. Podemos ir a cambiarlo si no te asienta bien.”
“P-pero…” el chico se vio un poco perdido al no saber qué hacer.
“No seas modesto, Hinata-kun,” dijo el Rebel, sonriendo amablemente. “Pensé en cómo todavía sigues recuperándote de estar internado en el hospital, y este sombrero va a ser muy cómodo para ti, y te protegerá de los rayos del sol.”
“No estoy hecho de papel, Komaeda,” le miró con leve reproche.
“Oh, definitivamente no estoy insinuando esto. Somos amigos, ¿verdad?”
“…” Hajime dio un suspiro y se puso el sombrero. Al momento de recibirlo, pudo notar que estaba hecho de un material muy firme y suave a la vez, y realmente le había quedado a la perfección. Cabía encima de su cabeza con soltura pero sin ajustarle. “Hmm, no creo haber usado un sombrero como este anteriormente…”
“No mucha gente se anima a usarlos, pero son un gran accesorio y siempre encajan muy bien,” Syo asintió. “Verás que le agarrarás gusto.”
“Gracias por el detalle, en verdad,” Hajime sonrió frustrado. No le gustaba recibir favores así, aunque lo apreciaría… y entonces vio un ticket colgar cerca de su oreja. “¿Eh?”
“Oh, verdad, no le removí la etiqueta,” Komaeda se inquietó, y vio a su amigo revisarla.
“¡¿Cuarenta mil yenes?!” exclamó Hajime, al leer el precio. Ello le hizo quitarse el gorro tan rápido como si se estuviera despojando de un frágil tesoro nacional. “¡¿Cómo puede ser que esto cueste tanto?!”
“Al menos cuesta eso,” observó Mai. “Se ve que es de marca.”
“¡P-p-pero…!”
“El precio no importa, Hinata-kun,” le aseguró Komaeda, de buenos ánimos. “He pagado por calidad y es algo que te gustó pese a que nunca te he visto usar un sombrero, así que definitivamente lo vale y más.”
“N-no puedo aceptar algo tan caro, Komaeda…” dijo Hajime, negando compulsivamente.
“¿Eh? Pero el dinero no me es escaso en lo absoluto, tú lo sabes bien,” dijo el Rebel, ladeando la cabeza con inocencia al no entender el punto del otro. “Ya dijiste que es un sombrero de buena pinta, y negarse por el precio cuando ello no es un problema no tiene sentido alguno…”
“A-aun así, no seas impulsivo…”
“Resígnate y acepta ese regalo,” opinó Mai, ajustándose las gafas. “Disfruta de tu sugar daddy.”
“¡Cállate!” exclamó Hajime a la chica.
“Tú sí que fastidias a todo el mundo,” Syo rodó los ojos y se dirigió a Hajime. “Entiendo tu incomodidad con ello, pero tu amigo tenía una gran ilusión de conseguirte algo práctico y cómodo. Además, este sombrero es muy duradero y tienes el apoyo de la propia compañía si fueras a estropearlo de algún modo.”
“Sí,” Komaeda asintió. “Dos años de garantía, atención y reparos disponibles en más de ochenta países alrededor del mundo y también vino con un kit de productos para darle mantenimiento y un manual. Oh, y tienes un número y una dirección de correo de contacto con profesionales en caso que tengas dudas o necesites consejos de empleo. Te responden en cualquier momento.”
“Ah, y justo es parte de una colección limitada así que vino con un certificado de autenticidad,” agregó Syo con una sonrisa.
“…” tanto Hajime como Yukko se quedaron pasmados y en shock por esa información.
“Bienvenidos a Game of Thrones,” dijo Mai, mirándoles de reojo.
“¿Q-qué tiene que ver con esto, Mai?” preguntó Yukko, confundida.
“Hinata-kun, te ves incómodo…” Komaeda se preocupó un poco. “Si te inquieta, puedo conseguirte algo más. Justo pasamos por unas tiendas de ropas muy vistosas y me encantaría ayudarte a definir tu estilo. Sabes vestirte formalmente, así que un estilo más callejero sería muy interesante de probar.”
“Ehh…” el chico sintió un tic en el párpado.
“No hay nada de malo mantener su look formal tampoco,” observó Syo. “Es más, no muy lejos de aquí hay algunos sastres que conozco muy bien. Podemos ir donde ellos para que le tomen medidas y le confeccionen trajes cotidianos y de gala.”
“¡Sería estupendo!” Komaeda volvió a juntar sus manos, maravillado.
“Chicos, gracias por el sombrero. Es más que suficiente,” dijo con un tono de voz tenso y frustrado. Mejor se resignaba al presente antes de que fueran a venirse con algo más.

En eso, ellos vieron a Hotarumaru y Shinano caminar donde ellos. El primero caminaba con una amplia sonrisa y traía una bolsa donde llevaba una especie de pastel, mientras el segundo degustaba un delicioso crepé.

“Hola a todos, ¿qué tal les ha ido con las compras?” preguntó Shinano, sonriendo.
“Ehm, ya compré mi atuendo…” dijo Yukko, quien sentía que su propia compra era severamente opacada por los gorros.
“Hehe, veo que se compraron sombreros,” dijo Hotarumaru a los chicos. “Les quedan muy bien.”
“Gracias,” Syo asintió. “Te ves contento con esa bolsa de Pablo. No sabía que te gustaban los dulces, pequeño.”
“Me encantan,” asintió con los ojos brillantes. “Lo vi y supe que tenía que comprar el cheesecake más grande que tenían~”
“Haha, ya me has antojado a comprar un cheesecake para llevar a casa también,” dijo Shinano.
“¿Hm?” Hotarumaru se vio confundido. “No he comprado esto para la casa. Pensaba comerlo en el camino y compartirlo con ustedes, pero sí podría llevarme uno igual antes de irnos, cierto.”
“Oye, no te excedas con los dulces,” le aconsejó Hajime. “Ese cheesecake debe ser enorme.”
“Hotarumaru sigue siendo un pequeño niño. Puede comer lo que sea,” Mai asintió.
“No deberíamos engreírlo.”
“Tampoco deberíamos ser muy aburridos.”
“Aw, es verdad~” dijo Shinano, quien volvió a mirar a Hajime con gran anhelo y ojos brillosos.
“¿Q-qué miras?” dijo este, incómodo.
“No sólo son parecidos de apariencia. Definitivamente tienes cierto carácter de mi hermano mayor~” dijo el pelirrojo con gran alegría y mucha dicha. “Atsushi-nii también es muy severo y demandante y nada divertido en ocasiones~ Ahh, y pensar que hasta esas cosas llegan a extrañarse después de un tiempo~…”
“Tsk, te dije que no me trates como tu hermano,” dijo Hajime, frunciendo el ceño. “Deja de hacerlo de una vez.”
“Sí,” le contestó Shinano con una brillante sonrisa y asintiendo tan feliz y obedientemente que no daba la impresión que le había oído.
“Oye, compórtate, Shinano,” le reclamó Syo, impaciente.
“Ehh, ese suena a un hermano tuyo que no he conocido…” comentó Yukko en un intento de romper la tensión.
“Lo mismo digo, viendo cómo nos estamos formando el concepto de que los hermanos del doctor son chiflados, y ese hermano no suena a serlo,” dijo Mai, inmutada. “Aparte que ha sido referido con nostalgia.”
“Pues sí, sólo Syo y Natsuki aquí lo conocen y de hace muchos años atrás,” contestó Shinano. “Es que Atsushi está en pleno servicio militar, aunque no debe tardar mucho más en regresar,” volvió a mirar hacia Hajime con anhelo. “Definitivamente haré que se conozcan ni bien sea posible, te lo prometo.”
“No hagas tanto afán de ello,” le reclamó.
“Admito que me da curiosidad conocer a alguien similar a Hinata-kun. Lo esperaré,” Komaeda asintió, sonriente.
“Maeda sí me había mencionado que tenía un hermano en el ejército, ahora que me pongo a pensar,” dijo Hotarumaru, meditativo. “También que ansiaba volver a verle.”
“¡Sí, y yo también!” exclamó el pelirrojo, agitando sus puños. “¡Ya quiero ver a Atsushi-nii, pero al menos tengo un reemplazo similar que está aquí presente! ¡Soy feliz!”
“…” el pelicenizo le miró con cierto cansancio. “Me da la impresión que Maeda es mucho más maduro que tú. Deja de actuar así.”
“Ehh…” Shinano sintió un vacío por esas contundentes palabras del pequeño adorable.
“Estoy de acuerdo,” Syo asintió. “Y a todo esto, ¿alguien ha visto a Natsuki?”
“Ahí viene,” dijo Mai, mirando hacia un lado de la calle. Los demás vieron al enorme rubio correr alegremente.

“¡Chicos!” exclamó Natsuki en lo que terminaba de acercarse. “¡Más allá hay una pequeña feria infantil en medio del centro comercial y tienen cosas muy bellas! ¿No se animan a ir?”
“Dudo mucho que los demás quieran ir, Natsuki,” Syo se encogió de hombros. “Pero al menos te diste una vuelta por tu cuenta y no te perdiste. Buen trabajo.”
“¡Sí!” asintió alegremente. “Ya tengo el peluche que me compré, pero encontré vinchas bellísimas que decidí comprarme,” entonces, el chico fue donde Hotarumaru y le puso una vincha blanca con orejas de gato. “Te lo regalo, así te verás adicionalmente hermoso~”
“¿Mo?” el pequeño ladeó su cabeza y llevó una mano a su cabeza para palmar esas peludas y adorables orejas con curiosidad.
“…” Yukko sintió su entero ser estremecerse por los niveles nocivos de adorabilidad que su amigo se encontraba inconscientemente emitiendo, y vio que Mai no se aguantó las ganas y fue a abrazar al niño.
“M-Mai-neechan, ¿qué estás haciendo?” dijo el pequeño, confundido y mirando a la mayor, quien le abrazaba y sonreía con dicha.
“Esto debe ser a lo que llaman felicidad…” susurró para sí misma, lo cual confundió a varios, y finalmente Mai miró a Natsuki y le levantó un pulgar para expresar su aprobación.
“Hehe, me alegra esparcir alegría…” dijo el chico, conmovido.
“O-okay, esto se ha vuelto un poco raro,” por su parte, Syo se notaba frustrado. “Ya nos dimos un paseo por las tiendas. ¿Tienen algo más que hacer en mente?”
“Pues, quizás sigue siendo un poco temprano para almorzar,” opinó Shinano, pensativo.
“¡Ah, antes que se me olvide!” Natsuki juntó sus palmas. “Están ofreciendo pintadas de rostro gratis en la fiesta infantil. Quería apuntarme, pero preferí consultar con ustedes si les gustaba la idea, así podemos ir juntos.”
“¿Eh?” Hajime se sorprendió.
“¿Te animas, Hinata-kun?” le preguntó Komaeda.
“No, estoy muy grande para eso,” negó. “Si tú quieres, adelante.”
“Haha, sólo me apuntaría si tú fueras a apuntarte, aparte que no quisiera meterme en la línea entre niños tan bellos y prometedores en el mundo. Soy feliz de observarles de lejos.”
“C-creo entender lo que dices, pero te hiciste sonar como un pedófilo…”
“¡N-nunca sería algo así!” se alarmó.
“Hmm, si estuviera con mis amigos aquí, podría apuntarme también, aunque no tengo muchos ánimos…” dijo Hotarumaru, quien bajó su mirada, un poco apenado. “Ehh, perdón, Natsuki, y muchas gracias por este obsequio.”
“Se entiende, Hotaru-chan. No quiero forzar a nadie. Más bien me alegro de haberte dado algo que te ha gustado,” dijo el rubio, con un tono de voz comprensivo y animado. “Me hubiera gustado hacerlo, aunque si no desean está bien.”
“Syo se apunta,” dijo Mai. “Él piensa que es una oportunidad única para celebrar el cumpleaños de los dos.”
“¿Qué dices?” Syo se confundió.
“¡Ahh, es muy cierto!” exclamó un emocionado Natsuki que agarró a su amigo de su brazo libre y se lo llevó encima de un hombro como si no pesara nada. “¡Entonces vamos de una vez, Syo-chan! ¡Harás un adorable gatito!”
“¡S-suéltame! ¡No quiero, maldición! ¡La gente nos está mirando!” se quejó, pero su grandulón amigo se puso a correr hacia la fiesta en contra de su voluntad.
“Ehh…” Hajime se vio frustrado y notó a Mai disimular una risita al cubrir su boca con una mano.
“M-Mai-neechan, no seas tan mala…”
“Me preguntaba si iba a caer por eso, y no fui decepcionada,” asintió.
“Natsuki es una persona muy alegre y un poco incontenible cuando se emociona. También se toma sus libertades con Syo, como han podido observar,” dijo Shinano, sonriendo incómodo. “Al menos se va a dar su gusto.”
“Ehh, s-sí, pero Syo no se ve muy contento…” observó Yukko.
“Deberíamos auxiliarle,” opinó Hajime, incómodo.
“Sí, estoy en eso, nii-san,” el pelirrojo sonrió y le dio un saludo militar.
“Ya te dije que no soy tu hermano.”
“Está bien, es de cariño~” asintió, le dio un pícaro guiño y se expresó con una voz juguetona. “¡Voy a auxiliar a Syo~!”
“¡Maldición, no me trates así!” le reclamó, pero el otro le ignoró y se apresuró en seguir al par.
“Hinata-kun, no te lo tomes a mal,” observó Komaeda, animado. “Eso quiere decir que eres una persona muy ejemplar e inspiras un espíritu de respetable hermano mayor. Me alegro mucho.”
“Tsk, no le justifiques, Komaeda,” le contestó molesto. “Tendré respeto al doctor Toushirou, pero los dos hermanos de él que conozco son unos locos, y definitivamente no soy el hermano mayor de ese pelirrojo, ¿has entendido?”



Luego de decir esas palabras, Hajime escuchó una característica risa que conocía muy bien.

“¡Hahahaha! ¿Qué es eso de ser hermano de los Toushirou?” preguntó Tsurumaru, quien estaba en plena videollamada de Skype por el celular de Mai. La chica apuntaba a Hajime para que el asesor peliblanco pudiera observarle.
“¿Q-qué haces llamando?” preguntó el chico, alzando una ceja.
“Pregúntale a Mai, ella me llamó,” se encogió de hombros. “Yo estoy muy feliz en mi apartamento de Rizembool poniéndome al día con mi lista de shows en Netflix, pero noticias de ustedes siempre son bienvenidas.”
“Tu agonía de hoy se está asemejando a la de Hanasaki-chan, así que decidí compartirlo,” comentó Mai, inmutada.
“¡Hahaha! ¡Sí se ve un tanto miserable!”
“Tsk…” Hajime miró a la chica y al llamado con gran cólera. “Déjenme en paz.”
“En verdad me sorprende ver a Shinano tan así,” comentó Yukko.
“Alguien explíqueme qué está pasando para entender y dar colorido comentario, por favor,” dijo el asesor, con expectativa.
“Buenos días,” saludó Komaeda, sonriendo y agitando su palma. “Nos hemos encontrado con un hermano del doctor Toushirou y él se emocionó al ver a Hinata-kun. Dice que tiene un hermano que se parece mucho a él.”
“¡Hahahaha!” eso hizo a Tsurumaru reír más. “¿Tantos hermanos tiene Yagen que muy coincidencialmente tiene a uno que se parece a Hajime? ¡Hahaha, increíble!”
“Es un buen punto,” Mai alzó una ceja, mínimamente intrigada.
“Shinano dijo que su hermano está fuera porque se encuentra en entrenamiento militar,” dijo Hotarumaru, quien se frustró al ver al otro reírse aún más. “¿Por qué eso es gracioso?”
“¿Y hasta tiene un hermano en el ejército? ¡Hahaha, no lo puedo creer!” exclamó en plena carcajada. Tsurumaru terminó calmándose y secando un par de lágrimas. “Hahaha, comprendo que te moleste, Hajime, pero no le des tanta importancia. Se nota que ese nuevo pelirrojo es del tipo juguetón e infantil, así que ignóralo. Aprovechen a llevarse bien con ese Toushirou random que no sabía que existía hasta hace muy poco ya que es bueno estar en buenos términos con ellos. Créanme lo que les digo.”
“Lo supuse,” dijo Mai, asintiendo.
“Sin duda si son personas allegadas al aclamado doctor Toushirou, deben ser miembros muy funcionales de la sociedad,” Komaeda asintió decidido y con alegría.
“Realmente no se parecen al doctor,” Hajime negó.
“Sí, es más Yagen quien es la excepción, pero no los taches tan rápidamente. Sí son un puñado de hermanos inocentes,” Tsurumaru se encogió de hombros. “Ohh, veo que te has comprado Pablo, Hotaru-bou. Me has dado ganas de acudir al Pablo dentro de Rizembool.”
“¿Hay un Pablo dentro de Rizembool?” Hotarumaru se sorprendió. “No puede ser… todo este tiempo ha estado tan cerca…”
“Hahahaha, más bien alégrate. La próxima semana los llevo para allá para que degusten sus cheesecakes,” dicho esto, Tsurumaru alzó una palma. “Bueno, gracias por darme la dosis diaria de ustedes que me hacía falta. Sigan con su paseo. Chau, chicos~” miró a Hajime con una sonrisa pícara. “Y chau, nuevo Toushirou.”
“¡No me llames así!” le reclamó, pero el mayor llegó a cortar antes de contestarle.
“Ehh, lo siento, Hajime…” Yukko le dio el pésame. La chica estaba muy acostumbrada a tratos de ese tipo.
“Vamos, tienen que animarse. Tenemos la dicha de pasar este momento en compañía,” comentó Komaeda. “Eh, quizás sea bueno darles el alcance a los otros tres.”
“Buen punto,” Hotarumaru asintió.

Dicho esto, el grupo continuó con el paseo de ese sábado.





Con la llegada de todos los invitados del día, los presentes procedieron a degustar de la comida tradicional que les ofreció Mikazuki. Tuvieron un almuerzo temprano y ligero de platos saludables que saciaron el hambre a la justa medida. Durante esa comida, hubo unas cuantas pláticas breves y tranquilas. Shishiou pasó a contar varias de sus experiencias en los Estados Unidos y a su vez preguntó a los dueños de casa sobre cómo era vivir por esa tan tranquila y natural zona. De ahí, Namazuo pasó a hablar con mucho entusiasmo sobre cómo se encontraba viendo más seguido a sus hermanos, y a su vez mandó los saludos de parte de Ichigo, quien no había podido asistir el presente día. Yagen fue recibido unas discretas preguntas con respecto a su más reciente labor como científico, y él describió brevemente sus trabajos informáticos para mejorar los softwares expertos relacionados al área de medicina. Además de quejarse por el deficiente trabajo que realizaba Tsurumaru, el doctor fue al punto y dejó que los demás siguieran conversando sobre los diversos temas de conversación sobre la mesa.

Por su parte, Tharja pasó el momento en silencio, apenas asintiendo o diciendo cortas oraciones si alguien de casualidad le mencionaba o le preguntaba su opinión. La chica se quedó cabizbaja en lo que nuevamente regresaba a su rol de sombra en ese círculo familiar donde todos ya parecían conocerse a la perfección.

Después del almuerzo, el tema del postre saltó, para lo cual Imanotsurugi tuvo una sugerencia inesperada. Ello les llevó al inmenso patio, donde el pequeño, con la ayuda de Iwatooshi, trajo un saco lleno de sandías, un bate de béisbol y una bandana.

“Yo sé que todavía no estamos en pleno verano ni en la playa, ¡pero podemos ir partiendo unas sandías para compartir!” exclamó el pequeño con mucha alegría y extendiendo sus brazos hacia arriba. “¡A ver quién la parte más rápido!”
“Es de esperarse que Tengu-chan desee realizar un juego físico como tal,” comentó Higekiri con buenos ánimos. “Sin embargo, tengo que pasar. La última vez casi le doy a mi lindo hermanito de lleno en la cabeza y dudo mucho que él aprecie que no vaya a fallar esta vez.”
“A-anija…” Hizamaru, sentado al costado de su mayor, se vio muy afligido.
“Bromeo, bromeo~ ¿No quieres jugar con Tengu-chan?”
“¡Sí, juguemos, juguemos!” exclamó Imanotsurugi, con una brillante sonrisa.
“N-no gracias, no sería de mi agrado partir una sandía de este modo,” negó y alzó sus palmas.
“¡Ya! ¡Yo me apunto!” exclamó Shishiou, quien se levantó de un salto y sonrió con desafío. “No recuerdo la última vez que intenté partir una sandía, ¡y esta vez me voy a reivindicar!”
“¡Hahaha, me gusta tu espíritu!” exclamó Iwatooshi, animado. “¡Así se habla!”
“Hehe, en verdad que sí,” Imanotsurugi asintió y le extendió la bandana al rubio. “Cúbrete los ojos que te voy a dar vueltas. Y nada de fisgonear, ¿de acuerdo?”
“Tienes mi palabra, pequeño.”

Así, Shishiou fue el primer apuntado, quien ni bien comenzó a ser empujado por el niño del grupo, empezó a notar ciertos indicios de mareos, aunque su determinación se mantuvo. Tharja había decidido cambiar su atención a su celular por un buen momento, cuando en ello notó que Mikazuki se sentó a su costado.

“Esto me comprueba que todos seguimos siendo niños, ¿no es verdad?” comentó el peliazul, con una sonrisa tranquila.
“…” la chica le miró de reojo con recelo. “Asumo que te acercas porque tu acompañante de hoy te ha abandonado para partir una sandía.”
“Hahahaha,” Mikazuki rió un poco. “¿Qué sucede? ¿Será que he incitado celos en ti?”
“…” entrecerró sus ojos. “Cállate… tengo derecho de molestarme. No te considero un iluso como para no darte cuenta que me estás incomodando… con todos los invitados, con invitarme tan sorpresivamente…”
“Lo haces muy evidente. Sin embargo, eso es algo que todos comprendemos de ti. Está en tu naturaleza enfadarte y rechazar. Aun así, nadie aquí te tiene antipatía.”
“…” la impaciencia de Tharja creció más.
“Mis disculpas. Tienes razón al decir que sé que te estoy incomodando, aunque mi mayor falta yace en no concederte más atención,” comentó son su inmutable sonrisa. “No he sido un buen anfitrión. Más se esperaría de mí en estas circunstancias.”
“¿…por qué me invitaste aquí hoy?” preguntó, retraída y a la defensiva.
“Es mi turno de leer ese libro, si me lo concedes,” pidió y extendió su mano a la chica. Ella tuvo que despojarse de aquel objeto al cual había abrazado repetidamente o prestado atención en pleno ‘campo de batalla’, y se lo entregó. “Gracias, me aseguraré de leerlo, aunque tendrás que ser un poco paciente, ya que tengo mucho que leer.”
“Tu préstamo fue limitado. Sólo han sido pocos días.”
“Hahaha, te llamé para preguntarte si lo habías leído. De no haber sido el caso, te habría dado más tiempo, y siempre puedes pedírmelo luego de que le dé una propia leída.”
“…” negó y desvió su mirada. “Ya pasó la novedad.”
“Es una lástima que me lo digas a mí, quien recién lo va a leer,” confesó con cierta intriga. “Ojalá sí se pueda conceder esa amena tarde en la cual compartiremos nuestros pareceres.”
“…” dio un suspiro. “Si no tenemos nada más de qué hablar, puedo retirarme.”
“Todavía no, por favor. Concédeme tu presencia un poco más, en verdad quisiera poder conocerte mejor,” comentó con amabilidad y sonriéndole. “Comprendo que te sientes saturada por todas las personas aquí, pero espero poder contar con tu presencia en mi hogar, y será necesario que te acostumbres a otros. Por ello mismo…” miró hacia el patio, donde Shishiou trataba de golpear la sandía fallidamente e Imanotsurugi se encontraba dándole ánimos. “…tuve que reservarme los detalles de hoy. Sería difícil hacerte venir de ser sincero. No seremos muy cercanos, pero creo conocerte lo suficiente.”
“…” Tharja no lo pudo refutar. Se cruzó de brazos y desvió su mirada, pero sintió cierto reproche dirigido a sí misma. Ella solía ser difícil en general, y si esperaba pasar más tiempo con el peliazul tendría que aprender a tolerar un poco más de lo usual.

Entonces oyó que la sandía recibió un fuerte golpe. Todos vieron que Shishiou finalmente había logrado impactarla, aunque fue un golpe de costado que no llegó a abrirla del todo.

“¿Eh? ¿Todavía no lo logro?” comentó el rubio con cierta decepción, luego de haberse quitado la bandana.
“Está bien, es más difícil de lo que parece,” dijo Imanotsurugi. “Aunque ya que te quitaste la bandana has terminado.”
“¿Así es?”
“¿Quién quiere ser el siguiente?” preguntó en niño a los demás.
“¿No puedo ir yo de nuevo?”
“¡No acapares! ¡Tienes que ser solidario!”
“¿En serio?”
“No le cambiarás de parecer tan fácilmente,” comentó Iwatooshi a Shishiou, encogiéndose de hombros. “Aunque me pregunto si alguien más quiere ofrecerse para partir la sandía.”
“¿Tú no quieres, Iwatooshi?” preguntó el pequeño.
“Es muy probable que no controle mi fuerza, así que estoy bien mirando,” contestó resignado. “Más bien me gustaría más ver si alguien puede destrozar la sandía como debe.”
“Me gustaría intentarlo también, pero no tengo mucha fuerza física…” el menor agachó su cabeza y se puso a pensar.
“Oh, si nadie más se apunta puedo hacerlo yo,” dijo Namazuo, levantando su mano y sonriendo con torpeza. “Había esperado mirar a otros intentarlo un poco más, pero si no hay muchos interesados puedo hacerlo ahora.”
“¡Siempre eres bienvenido!” Imanotsurugi asintió.
“Aunque me han dado hartas ganas de ver a Jiji con una venda en los ojos y blandeando el bate,” agregó Namazuo.
“Hahaha, estoy muy viejo para esas cosas,” Mikazuki se puso a reír. “Dejaré que ustedes se diviertan un poco. Oh, aunque si hablamos de ver a personas inesperadas, sería divertido que Yagen fuera a apuntarse.”
“¿Eh?” el doctor, quien había estado leyendo un documento en su celular, se sorprendió un poco por la sugerencia. “No, no gracias.”
“Vamos, Yagen, es muy divertido,” le imploró Imanotsurugi, juntando sus manos.
“Preferiría no hacerlo,” sonrió con torpeza y alzó una palma. “Eres amable, pero no es algo que quisiera hacer. Espero que entiendas.”
“Ay, no actúes tan modesto, hermanito,” Namazuo se impacientó y le miró con leve reproche. “Ahora te me pones de pie, te pones la venda en los ojos y partes la sandía como dios manda. ¡Vamos! ¡Así tendré unas fotos lindas que mostrar a Ichi-nii!”
“Cállate…” al estarse dirigiendo a su fastidioso hermano, Yagen entrecerró sus ojos, cortó con la cordialidad y miró a Namazuo con molestia y frialdad. “No pienses que me prestaré para tus caprichos y no dejaré que me humilles. Déjame en paz.”
“O-oye, tranquilo…” Namazuo se asustó y se alejó un poco de él por inercia.
“¡Hahaha!” por su parte, Mikazuki rió un poco. “Ah, admito que este intercambio es nostálgico.”
“N-no digas que es nostálgico, Jiji, si ocurre todo el tiempo…” se lamentó Namazuo, apenado.
“O si no…” Higekiri tomó la palabra y miró a Honebami, quien le devolvió la mirada. “Sería muy interesante si el roedor fuera quien se apuntara a destruir la sandía…” él se vio intrigado. “He oído muchas cosas sobre tu habilidad, después de todo.”
“No estoy interesado…” Honebami negó, inmutado.
“¿Roedor?” Shishiou alzó una ceja.
“Ehh, parece ser el apodo que anija tiene para Honebami…” explicó Hizamaru, incómodo.
“Ohh, eso hace sonar a mi hermano extra adorable~” canturreó Namazuo, fascinado.
“¿Eh?” Higekiri ladeó su cabeza y encontró gracia en aquel comentario. “Ahh, haha, comprendo que un apodo como ‘roedor’ le haría sonar como un lindo ratoncito, ¿cierto? Mis disculpas por la ambigüedad. Más bien había intentado recordar parte del significado de su propio nombre…” entonces, él contagió su sonrisa con una levemente maligna diversión. “…si no, puedo cambiar su apodo al ‘desgarrador’ entre nosotros.”
“Está bien,” Honebami asintió.
“Ehm, no deberías estar bien con un apodo que te hace sonar a un asesino en serie,” observó su mellizo, preocupado.
“Es una interesante elección, pero si Honebami lo ha aceptado, no veo problema con ello,” dijo Yagen, quien había regresado su atención a la pantalla de su celular.
“Está bien,” repitió Honebami, quien miró a Namazuo con reproche. “Es un apodo derivado de mi propio nombre en esencia y no me falta el respeto. Por lo tanto, es mucho mejor que todos los apodos sin sentido que tú me pones.”
“Pero mis apodos reflejan lo lindo que eres, Bambi~”
“Detente…” sintió un tic en la ceja.
“Es cierto que algunos apodos sí pueden reflejar un carácter adorable,” dijo Higekiri a Namazuo. “Después de todo, tú vendrías a ser el gatito. Es parte del significado de tu nombre, si mal no recuerdo, y te va muy bien.”
“Hehe, sí es lindo,” Namazuo se puso de pie y se apuntó a sí mismo con orgullo. “¡Aunque yo soy un pez gato! ¡No lo olviden!”
“…” Tharja rodó los ojos y resopló impaciente. Como era de esperarse, ese grupo había caído en una conversación tonta, y aquel inquieto Toushirou siempre había sabido impacientarle.

Sin embargo, estaba por arrepentir haber resoplado tan sonoramente…

“¡Ohh, nee-san, casi me olvido que estabas aquí!” se sorprendió Namazuo, quien de un par de saltos llegó donde ella. “¡Verdad! ¡Entonces tú debes ser quien parte la sandía ahora!”
“¿Qué dices?” le miró con desconfianza.
“¡Definitivamente! ¡Ponte de pie, nee-san!”
“No me llames así.”
“¡Me gusta la idea!” Imanotsurugi se emocionó. “¡Vamos, nee-san de los Toushirou!”
“Tsk, tú tampoco me llames así…” Tharja puso un rostro de completo rechazo, ira y peligro, pero notó cómo aquel par parecían ser inmunes a su aura conflictiva. “Me niego.”
“Pienso que es una oportunidad única, y seguramente será divertido,” sugirió Mikazuki.
“¿Qué haces tomando el lado de ese par?” le reclamó la chica, aunque ella fue de inmediato jalada por Shishiou.
“Heh, tenemos la bendición de Jiji, aparte que también quiero verte abrirte un poco más,” dijo el rubio, animadamente. “¡Verás que sí es muy divertido! ¡Seguro haces un mejor trabajo que yo!”
“Tch, suéltame,” le reclamó, pero no fue capaz de resistirse ya que Imanotsurugi le agarró del otro brazo y los dos le halaron.
“Oigan, oigan, no deberían obligarla si no quiere,” opinó Iwatooshi, un poco frustrado.
“Si no le obligamos nunca se divertirá~” dijo Namazuo, traviesamente. “¡Ya, nos toca alistar la próxima sandía!”

De ese modo, la chica fue comprometida y no fue capaz de negarse. Ella tuvo que resignarse a su presente realidad a regañadientes. Al haber sido despojado de su más reciente acompañante, Mikazuki se levantó y se acercó a los dos Toushirou todavía sentados en el borde de ese pasillo.

“Asumo que hay espacio para uno más,” dijo con su tranquila sonrisa e invitándose a sí mismo a sentarse al costado de Honebami. “Estoy acostumbrado a recibir a Namazuo e Ichigo como invitados, pero quisiera compartir más con ustedes dos.”
“Nosotros somos quienes estamos invadiendo tu espacio,” Yagen sonrió con ironía y le miró de reojo. “Por supuesto que eres bienvenido. Lo sabes muy bien.”
“Sin embargo, es una modestia que empieza cualquier conversación de manera saludable,” agregó el peliazul con una pizca de entretenimiento. “Al menos no son invitados muy poco vistos en mis aposentos. Recuerden que yo soy el personaje más raro.”
“¿A qué te refieres, Mikazuki?” Honebami ladeó su cabeza.
“Hahahaha, ignórame,” el mayor rió un poco y miró al escenario frente a ellos. Tharja estaba siendo dada vueltas cortesía de Namazuo, quien no estaba siendo del todo cuidadoso a pesar de las advertencias de parte de Iwatooshi. “Y, pese a nuestras negaciones, sí hemos terminado viendo a alguien inesperado participar en partir la sandía…”
“…” Yagen dio un pesado suspiro y miró a Mikazuki con reproche. “Eres malévolo…”
“¿Oh?” Mikazuki se mostró intrigado por esa declaración. “¿A qué te refieres, Yagen?”
“Invitar a Tharja y forzarle a participar en estas actividades. Ciertamente, tú eres quien tiene el poder para empujarla más allá por la atracción que ella siempre ha sentido por ti,” narró, encogiéndose de hombros. “Sin embargo, has ido más allá al sorprenderle con muchos detalles que ella no había esperado. Hasta este juego es algo que aprobaste y ayudaste a impulsarle a participar. Es evidente que lo haces a propósito.”
“Tharja es una persona buena de corazón. Por más huraña que aparente ser, se nota que nos tiene en consideración y se siente débil si piensa antagonizarnos demasiado. Pienso que eso es muy importante,” observó el peliazul, tranquilamente. “Todavía no la conozco bien y quisiera hacerlo. También quiero que ella se conozca a sí misma un poco mejor.”
“¿Qué vendría a ser eso?” preguntó Honebami, confundido.
“También quisiera que tú pudieras conocerte un poco mejor, Honebami,” confesó Mikazuki. “Sin embargo, eres distinto a ella. Forzarte sería contraproducente.”
“Sí, sólo le harías alejarse. Te agradezco por siempre ser considerado con mis hermanos,” dijo Yagen, quien miraba a la pobre Tharja recobrar su balance al haber sido liberada. “Aun así… sigues siendo cruel. Siempre te has tomado muchas libertades.”
“Es inevitable. Soy una persona con pareceres y principios innegociables. Soy un anciano, después de todo…” confesó con una pizca de orgullo. “Al menos me alegro de poder contar con todos ustedes hoy.”
“Es como si hubieras construido una atmósfera para precisamente estudiarla fuera de su elemento,” observó el doctor. “Tharja siempre se ha sentido incómoda con mis hermanos, no parece comprender del todo a tus parientes, y no es compatible con personas semejantes a este amigo de Shinano,” negó frustrado. “Podrías lastimarla si no mides tus acciones.”
“¿No es así?” entonces, Mikazuki se vio entretenido y miró a Yagen intensamente.
“…” este se vio impaciente. “Ahora me toca preguntar por qué exigiste que viniera hoy. Tenía planes en Rizembool.”
“Eres inteligente. Todo lo que has descrito es verdad. Es una atmósfera elegida adrede e inconveniente para mi invitada de honor por las razones que me has dado, pero te olvidaste de un último detalle, al menos hasta ahora.”
“¿Y eso vendría a ser…?” alzó una ceja.
“La existencia de Tharja es algo de lo cual estoy consciente de hace muchos años, al ser una allegada de ustedes. Sin embargo, Ichigo nunca llegó a hacer más que tal vez presentarnos en alguna de nuestras muchas reuniones…” se encogió de hombros. “No que sea capaz de recordarlo verídicamente, si debo admitirlo.”
“Es entendible.”
“La persona que atrajo mi atención hacia ella y quien me hizo recordarla fuiste tú, Yagen,” contestó sin rodeos, y vio que el doctor se vio mínimamente incómodo. “Tú la mencionaste más de una vez de pequeño, cuando solías acompañar a tus hermanos mayores a visitarme. Te referiste a ella como una persona interesante, y hasta alguien que te inspiró a volverte académico e inclinado a las ciencias. Suena a que los dos solían ser más cercanos en ese entonces.”
“¿Hm?” Honebami se vio intrigado por ese dato y miró a su hermano. “¿Eso es verdad? Nunca lo habías dicho…”
“…” Yagen dio un suspiro. “Sí, es posible que la mencionara, y es cierto que en algún momento fuimos más cercanos,” sonrió indiferente. “Sin embargo, ya no es relevante. Aquel fue el pasado. Ya no estamos en contacto.”
“Ella no parece disfrutar de tu presencia, y no evito sentir curiosidad al respecto, aunque no me meteré en sus asuntos,” dijo Mikazuki, encogiéndose de hombros. “Sólo quería que se encontraran. Si ella te evade, puede que sea importante.”
“No lo es, en verdad,” negó, restándole importancia.
“Y si tú demuestras empatía por su presente predicamento y pareces comprenderla bien, esto también es importante para ti.”
“Siempre has sido muy imponente, Mikazuki,” Yagen sonrió con ironía y se agachó para ponerse sus zapatos.
“…” Honebami miró a su hermano. “¿Vas a algún lado, Yagen?”
“Hace tiempo que no doy un paseo por el bosque,” dijo el doctor, poniéndose de pie. “Quédate haciendo compañía a los demás. No tardaré en regresar.”
“Entendido…” asintió.
“Te esperamos para el té,” dijo Mikazuki, quien no se opuso a su repentina decisión de apartarse.

Él vio al doctor alzar su mano a manera de contestar afirmativamente en lo que caminaba hacia los portones que conducían hacia dicho frondoso bosque. Al verle alejarse, vio al grupo del juego de la sandía y notó a una desorientada Tharja que renegaba ya que los constantes gritos de aliento y supuesta ayuda de parte de Namazuo y Shishiou la mareaban más y le hacían perder la paciencia. Ese grupo no notó que el científico se había ido.

“Yagen ha aprendido a movilizarse como una sombra,” comentó Mikazuki al aire. “Él parece sentirse a gusto con dicho perfil.”
“…” Honebami agachó su cabeza.
“Hahaha, ¿por qué te deprimes? Tú eres más fantasmal que él…”
“…” Honebami miró hacia su hermano quien estaba por cruzar los portones. “Aquella naturaleza fantasmal a la cual te refieres es una parte fundamental de lo que me define, Mikazuki. Es distinto… Yagen no es como yo.”
“Los dos son muy diferentes.”
“…” asintió. “Tengo problemas comprendiéndole…”
“…” le sonrió comprensivamente. El Honebami que Mikazuki había conocido en algún momento no diría esas palabras…
“No sabía este detalle tampoco…” volvió a agachar su cabeza, con tristeza. “Por el modo en el cual opera, Yagen no parece prestar atención a personas más allá de ustedes y nuestros hermanos… pensar que hubo un tiempo en el cual pudo haber sido más cercano a otros… saber todo ello podría ayudarme a entenderle mejor…”
“Sea ello cierto o no, no es información con la cual cuentas,” observó con firmeza. “A todos nos toca operar con lo que está a nuestro alcance. Esa es la pura verdad.”
“…” mantuvo su mirada en el piso. “Fuego…”
“…”
“Siempre que intento recordar, o que pienso en el pasado, visualizo el fuego…” narró con un tono ido y desesperanzado en medio de su característica monotonía. “Ichi-nii y Namazuo también perdieron la memoria, pero ellos tienen rezagos del pasado y fueron capaces de sentir familiaridad con todo aquello que en algún momento fue parte de ellos…” entonces, alzó su mirada y descubrió sus ojos nulos e inmutables. “…yo fui despojado de todo. Honebami Toushirou fue consumido por las llamas y yo surgí desde ese punto para llenar el espacio de alguien que ya no existe…”
“…”
“Y he sido importunado con tantas responsabilidades y deberes que no son míos, pero que tengo que remediar, por más incapaz que pueda ser…”

Su ensimismamiento fue cortado en ese preciso momento al sentir que el peliazul posicionó su mano sobre su cabeza y le acarició como si fuera un niño pequeño. Ello le desconcertó y le hizo mirar al mayor.

“M-Mikazuki…”
“Es muy evidente que te encuentras haciendo todo lo posible, Honebami. Tranquilízate,” le pidió con amabilidad. “Siempre has sido un individuo muy sensible y melancólico. Tus vivencias pueden haber sido borradas, pero tu identidad y naturaleza prevalecen. Ello nadie te lo quitará.”
“…”
“Como te lo dije en algún momento, por más que no puedas recordar, estoy contento con poder volver a conocer a Honebami Toushirou y tratarlo como parte de mi familia,” declaró con certeza. “Sigamos llevándonos bien.”
“…” el dirigido asintió mínimamente, meditativo. Entonces, al haber pasado la primera impresión, el peliblanco movió su cabeza para que el otro le soltara.
“Siempre has sido paciente conmigo, tú que no aprecias que te toquen,” comentó entretenido. “También sé que sueles ser más honesto conmigo, y encuentro gusto en servirte como un consejero. Mi sabiduría como el anciano que soy te viene bien, y me siento honorado de tener este trato especial que me concedes.”
“…” asintió. “Eres una persona tranquila…”
“En ello somos compatibles, ¿no es así?” entonces, Mikazuki dio un suspiro y sonrió frustrado. “Siempre serás mi Toushirou favorito, y el hermano menor que espero robar de Ichigo uno de estos días. Yo podría cuidarte mejor que él.”
“¿Qué dices?” el peliblanco le miró con incomprensión.
“Hahaha, son delirios míos, aunque siempre me entretienen,” llevó una mano a su mentón y alzó su mirada al cielo. “Por más amable que tu hermano mayor pueda ser, no le gusta cuando bromeo al respecto…”

Honebami se vio confundido por esas palabras, y ese tranquilo momento de meditación se terminó estrepitosamente. Los presentes oyeron el devastador sonido de la sandía siendo perfectamente destruida por un contundente golpe en su mero centro. El agua de la fruta junto con trozos minúsculos y pepas salieron volando por doquier.

Al saber que había logrado su cometido, Tharja se quitó la bandana y miró a Namazuo y Shishiou con unos ojos asesinos y el bate listo para propinar otros golpes más.

“¡O-oye, tranquila! ¡Te estábamos ayudando!” imploró Shishiou, asustado.
“¡Nee-san, no nos lastimes!” dijo Namazuo, quien se agarró del rubio preventivamente.
“Tsk, cállense…” y les apuntó con el bate.
“Hmhm~” Higekiri se veía muy contento. “Me pregunto si esta imagen de la sandía destruida puede ser equivalente a las cabezas de nuestros lindos mininos cuando stalker-chan los haga pedazos…”
“A-anija, no digas eso…” Hizamaru se aterró levemente.
“¡No se peleen, por favor!” exclamó Imanotsurugi, haciendo una T con sus dedos. “Time out!”
“Ehh, mejor mantente al margen, Imanotsurugi…” Iwatooshi se encogió de hombros.
“Hahaha, tenemos un grupo muy ameno a nuestro alrededor, ¿no lo crees?” preguntó Mikazuki, sonriendo animadamente.
“Es un grupo complicado…” Honebami negó.

Ese pequeño altercado tomó un poco de tiempo en terminar pacíficamente, y todos decidieron acabar con ese juego antes de que ocurriera alguna otra complicación.




Después de que Syo y Natsuki tuvieran sus rostros pintados, el grupo paseó un poco por ese festival infantil para curiosear, y finalmente fueron a un restaurante al paso para almorzar. Al terminar con sus comidas, Hotarumaru sacó el cheesecake que había comprado y todos lo compartieron como postre.

“Ahh, sí está muy rico…” Yukko se maravilló. “Seguramente son esas cosas que no seré capaz de pagar por mí misma, gracias.”
“De nada, pero, ¿por qué dices eso?” preguntó Hotarumaru, ladeando la cabeza. “Pablo no es una tienda cara.”
“Son una franquicia módica presente en distintas ciudades del Japón, principalmente en Osaka,” Mai se encogió de hombros. “Ayumu solía ir todos los días después de clases, así que me es demasiado familiar.”
“T-tal vez sea común y yo soy una tonta que no sabe las cosas de la ciudad, perdón…”
“Hm, tiene sentido,” Mai asintió.
“Ya, no seas mala con ella,” le reprochó Hajime. “Es normal no estar consciente de algunas marcas si uno no ha vivido en ciudades toda su vida, lo imagino…”
“Sin duda yo no supe de esa tienda hasta hoy tampoco, aunque se debe a que he vivido en Inglaterra la mayor parte de mi vida,” comentó Komaeda, sonriendo.
“Mi hogar también está en una prefectura rural, y he radicado en París unos años junto con Syo-chan, así que todas las ciudades son una increíble aventura para mí,” dijo Natsuki, sonriendo con mucha alegría y simpleza. “Está bien que no sepas, Yukko-chan. Yo también me ando perdiendo de muchas cosas, así que podríamos salir a pasear uno de estos días a buscar todos los tesoros escondidos en Tokio.”
“Hehe, gracias, Natsuki,” Yukko asintió y sonrió con torpeza. “Ojalá no te cause muchos problemas, ya que todavía ando conociendo la ciudad. Apenas sé cómo llegar a Rizembool.”
“Me gustaría apuntarme. Yo conozco esta ciudad muy bien,” dijo Hotarumaru, levantando su mano. “Suena divertido.”
“También sé guiarme, y alguien tiene que mantener a Natsuki vigilado,” dijo Syo, quien usaba un espejo y un pañuelo para quitarse lo que quedaba de la pintura facial. “Tch, esto es más difícil de lo que parece…”
“Está bien, ya casi te lo quitas del todo,” le animó Shinano, sonriendo. “Oh, y si ya andan haciendo más planes para salir, con mucho gusto les acompañaré. ¿Qué tal si todos nos apuntamos desde ya?”
“Me haría mucha ilusión continuar apoyando a gente extraordinaria e inigualable como ustedes si es que me lo permiten,” dijo Komaeda con sus ojos brillantes y conmovido. “Ehh, aunque no estoy invitándome. Esperaré pacientemente a que me acepten.”
“No tienes que hacer una ceremonia de esto cada vez, Komaeda,” observó Hajime, mirándole con reproche.
“En fin, como mi estimado Hotarumaru ya se apuntó, podría acompañarles,” observó Mai, inmutada.
“¿Y tú que dices?” preguntó Shinano a Hajime. El pelirrojo juntó sus manos y le miró con ojitos saltantes y una sonrisa conmovida. “No he oído que has aceptado todavía.”
“Tsk, deja de mirarme así, ¿quieres? Te he dicho que no soy tu hermano.”
“¿Cuándo le vas a dejar en paz?” se quejó Syo, entrecerrando sus ojos. “Ya nos estás fastidiando a todos.”
“Es que el parecido es increíble, no puedo evitarlo~” Shinano llevó sus manos a sus cachetes. “Estoy emocionado~”
“¿Acaso tienes un crush en tu hermano?” Mai alzó una ceja.
“¡N-no!” ello despertó al pelirrojo de su trance y de inmediato se mostró asustado e incómodo. “Siendo sinceros, mi hermano me da miedo y somos prácticamente opuestos. Ehh, para que digas eso comprendo que estoy actuando raro…”
“Entonces deja de comportarte de este modo,” reclamó Hajime, con un tic en la ceja.
“Hehe, sí actúas como él al llamarme la atención e impacientarte conmigo, por eso me das bastante nostalgia,” confesó animado, y pasó a mover sus palmas al notar que lo estaba haciendo enfadar más. “N-no, perdón, no me tomes en serio. Pues, mi familia siempre ha sido muy unida y yo uno de los más efusivos al respecto. Supongo es un poco extraño visto desde afuera.”
“He podido presenciar esa unión familiar,” Hotarumaru asintió. “Todos se tienen en consideración y se conocen muy bien. Aun así, considera cómo te estás presentando.”
“Lo sé, debería actuar un poco más de mi edad,” dio un suspiro.
“Al menos podemos rescatar que así los demás saben que eres infantil y un poco no confiable,” Syo negó.
“Uhh, no digas eso, por favor…”
“Sabía que eras Hanasakiense en el fondo, y esto sólo lo confirma más,” Mai se encogió de hombros. “No me importa. Por algo encajaste tan bien con Hanasaki-chan.”
“Comprendo que Mai-san iguala este espíritu inocente con Hanasaki, pero estoy seguro que Rizembool también tiene una gran calidad humana,” observó Komaeda, meditativo.
“Sí, estoy segura que tienen algunos humanos de calidad guardados en refrigeradoras,” observó Mai, ajustándose las gafas.
“E-espero que ese no sea el caso…” Natsuki se asustó.
“Tú deja de decir cosas así, Mai,” reclamó Syo, frustrado. “Tus bromas son muy crudas.”
“Fue una media broma. Quién sabe lo que Rizembool tiene guardado por ahí…”
“Esto explica por qué Yukko tenía miedo de Yagen,” observó Shinano, sonriendo incómodo. “Si uno escucha muchos comentarios de este tipo, eventualmente se los cree.”
“Pienso lo mismo…” Hotarumaru asintió. “Mai-neechan sí tiene un humor especial.”
“Me alegra que lo pienses,” la susodicha le sonrió un poco y acarició su cabeza.
“Ehh, no era un cumplido, Mai-neechan…”
“T-tal vez sí sea por eso…” Yukko desvió su mirada. No podía decir que ya se le había pasado el miedo, para empezar.
“Pienso que hemos tenido un almuerzo muy lindo y entretenido, pero nos toca seguir,” observó Natsuki, juntando sus palmas. “¿Qué deberíamos hacer ahora? ¿Quisieran volver a mirar el festival infantil o quizás hacer algunas compras?”
“Pues, me ha dado un poco de curiosidad esa tienda de sombreros,” dijo el pelicenizo, tímidamente. “Se ven lindos…”
“Vamos para allá, entonces,” Syo asintió y le sonrió con energías. “Si quieres te ayudo a escoger un sombrero para ti.”
“Ohh, muchas gracias,” asintió.

Dicho esto, el grupo se retiró del restaurante y fue en marcha hacia dicha tienda. Durante el camino, Hotarumaru se quedó hablando con Syo, Hajime y Komaeda con respecto a dichos sombreros, y a su vez absorbiendo lo que tenían que decirle.

Yukko miró animada al pequeño desenvolverse con los mayores y verse muy alegre, y fue evidente que Mai y Natsuki a su costado también se encontraban apreciando a la bella criatura, cuando entonces Shinano se le acercó.

“Yukko, ¿también tienes ganas de comprarte un sombrero?” le preguntó.
“Ehh, estoy bien, gracias…” sonrió incómoda.
“Lo más probable es que no pueda pagar por uno,” resumió Mai, sin despegar la vista del pequeño.
“O-oye…” Hanasaki-chan bajó su mirada.
“Sí son un poco caros, aunque debe haber algunos un poco más baratos,” dijo Natsuki. “Me dan ganas de comprarme uno también, pero no suelo usar sombreros. Ese es más el look de Syo-chan, después de todo.”
“Los pequeños adorables sí se ven más lindos con accesorios para la cabeza,” concluyó Mai.
“¡Ay, definitivamente! ¡Syo-chan es encantador!” se emocionó el grandulón.
“¡¿De qué hablan ustedes?!” les reclamó Syo, quien se volteó malhumorado.
“Es una conversación privada,” dijo Mai, con severidad.
“Ehh, no les prestes atención, ya pasó, en serio,” dijo Shinano, sonriendo incómodo. Felizmente Syo se resignó y regresó su atención a su grupo. “Pues, puede ser su look, pero si veo algo que me gusta me animaría a comprarlo,” dio un guiño juguetón a los demás. “No es un día como para ahorrar o moderarse. Estamos en buena compañía.”
“Sin lugar a dudas tienes un espíritu tan lleno de vida, Shinano-chan,” observó Natsuki, conmovido y llevando sus manos a su pecho. “Siempre es un placer pasar el tiempo contigo.”
“Y tú eres una persona muy adorable y tierna, Natsuki,” el pelirrojo asintió.
“…” Mai asintió con pesar. “Suelo encontrar a muchos seres físicamente adorables que terminan no siéndolo por sus personalidades. Syo es un buen ejemplo de eso.”
“Ehh…” Shinano notó al susodicho volver a voltearse, y negó con sus manos para apaciguarle y hacerle dejar de prestar atención.
“Sin embargo, algo que no suelo encontrar es lo opuesto: gente que es adorable por dentro pese a no serlo por fuera,” Mai dio un suspiro, derrotada y miró al más alto. “Tú pareces encajar en esa descripción. No me apetece bullear de ti.”
“N-no hagas bullying a nadie, por favor,” le pidió Yukko.
“Eh, concuerdo con Yukko-chan, pero significa un montón para mí que digas eso,” dijo Natsuki, conmovido. “No me gusta mucho ser tan alto y fornido, no va con mi forma de ser, y realmente quisiera ser una persona tan bella, adorable y apachurrable como Syo-chan…”
“¡Dejen de hablar de mí, maldita sea!” exclamó Syo, insultado.
“Syo, no les prestes atención, no ganas nada haciéndolo…” dijo Shinano, con cierto pesar. Menos mal que vio a Hotarumaru retomar la conversación con el rubio menor a manera de desviar el tema.
“Pero al menos me siento muy bendecido de que alguien piense que soy bello por dentro,” continuó Natsuki. Él cerró sus ojos e irradió una gran dicha y paz interior. “Muchas gracias, Mai-chan, siempre atesoraré tus palabras,” volvió a mirarle y sonrió con gran humildad. “Espero que nos convirtamos en los mejores amigos.”
“…” Mai asintió, y sonrió un poco.
“Ohh…” Yukko no evitó sorprenderse bastante, ya que sólo había visto a Mai sonreír para Hotarumaru. Casi se sentía celosa de Natsuki porque evidentemente su amiga no le haría bullying, pero sí fue un alivio saber que para variar ella no haría problemas con alguien más.
“No sólo es Mai. Muchos de nosotros también pensamos que eres una gran persona, Natsuki,” le aseguró Shinano. “¿No es verdad, Yukko?”
“Sí, es cierto,” ella sonrió. “Eres una persona muy cálida y me has ayudado mucho ahora que me uní al club de drama. Muchas gracias por todo tu apoyo.”
“El gusto es mío,” Natsuki asintió rápidamente y muy feliz. “Y gracias a todos ustedes por hacer de mi cumpleaños un día tan especial. Quiero recordar este momento para siempre.”
“Nos estamos acercando a una máquina de fotos, por si te animas,” sugirió Mai.
“¡Ahh, excelente idea!” Natsuki se emocionó y fue donde los otros chicos. “¡Vamos a tomarnos unas fotos!”

El grupo se detuvo un momento en esa máquina, donde les tocó organizarse y ser un poco creativos para así caber y salir todos juntos en un par de tomas. Ellos también se turnaron para algunas de las fotos y así terminaron distrayéndose un buen rato en aquella simple máquina antes de continuar con su camino.

Sería un ameno paseo que recordarían por un buen tiempo.



Cho

60.3.




Después de un postre con unas sandías que fueron cortadas por métodos más ortodoxos, Shishiou preguntó a los dueños de casa sobre cómo entrenaban, a lo cual Mikazuki le invitó al área posterior de su residencia. De aquel modo, todos salieron del patio y cruzaron los portones camino al bosque.

Ese trayecto ya conocido para los demás fue muy apreciado por Shishiou y también Tharja ya que les esperó un corto sendero de bambús, seguido por un pequeño puente tradicional que cruzaba un tranquilo riachuelo, también parte de la residencia. Más allá había otro edificio secundario que el peliazul describió como un lugar para hospedar a las visitas, y frente a este había un impresionante y tradicional dojo. Todos ingresaron para disfrutar de sus impecables y espaciosas instalaciones.

“¡Este lugar es increíble!” exclamó el rubio, impresionado. “¡Moriría por tener acceso a un dojo así todo el tiempo!”
“¿Verdad que es genial?” preguntó Imanotsurugi, sonriendo ampliamente. “Tenemos la tarde para jugar con espadas. ¿Quisieras jugar conmigo?”
“¿En verdad puedo?” se sorprendió y miró hacia Mikazuki, quien estaba sentado a un costado del amplio ambiente de pelea.
“Hahaha, no necesitas mi permiso, adelante,” dijo el peliazul, gustosamente. “Imanotsurugi, vayan a traer las armas que deseen.”
“Enseguida, Mikazuki-sama,” dijo el pequeño con una reverencia. “¡Sígueme, Shishiou!”
“¡Ya voy!” este siguió al pequeño, quien había partido carrera casi de inmediato.

Hacia el lado de ‘los espectadores’, Tharja había tomado asiento a una prudente distancia de Mikazuki, quien se encontraba hablando entretenidamente con el par de Toushirou restantes. No le sorprendía el diálogo fluido que tenían, y en parte se sentía agradecida ya que necesitaba recargar sus energías luego del fiasco de la sandía. Con el par de hiperactivos recogiendo armas, esos tres distraídos, Hizamaru buscando alguna merienda para su hermano y los otros desaparecidos, finalmente pudo darse un muy necesitado momento de soledad.

O eso pensó, ya que de entre todos Iwatooshi se animó a acercarse y sentarse a su costado.

“Me sorprende tenerte por aquí, ¿cómo así hiciste contacto con Mikazuki?” preguntó con naturalidad en lo que tomaba asiento.
“…comprendo que no te lo han dicho…” dijo arrastrando las palabras y desviando su mirada. No tenía intenciones de conversar sobre aquel vergonzoso percance, ni de hablar tan amenamente con ese chico.
“Si no quieres decirlo, no te obligaré,” se encogió de hombros y sonrió. Fue una sonrisa amable, aunque un tanto resignada, como quien pudiera comprender el rechazo que la chica le sentía. “Pese a todo, me alegro verte por aquí. Nunca hemos tenido la oportunidad de conversar y es algo que siempre he querido hacer, si soy honesto.”
“…” entrecerró sus ojos. “Bien por ti…”
“Empecemos por mencionar al elefante blanco aquí, ¿te parece?” negó frustrado y se apuntó a sí mismo. “Yo fui un Rebel hace cinco años y me hice una gran fama por mi fuerza. Incluso tú no lo has olvidado.”
“…” siguió desviando su mirada.
“Es una lástima que eso te afecte hasta ahora, sobre todo por ser algo que no tiene que ver directamente contigo. No creo tener más que decir al respecto.”
“¿Qué dices?” sintió un tenue, aunque fugaz, punzón de indignación, y le miró de reojo con su mirada entrecerrada.
“Oh, tal vez me esté perdiendo de algo más por ese reflejo, pero soy sincero con mis palabras. Ser Rebel es una mala idea sin importar de quién se trate, pero no tengo obligación de justificarme o disculparme contigo. Espero que entiendas mi punto,” dijo sin dar rodeos, aunque con una sorprendente humildad y tranquilidad que esperaba evitar una discusión.
“…” lo entendía, y se incomodó levemente al entender que sí estaba fuera de su derecho realmente molestarse con él por el pasado, pero no se sentía capaz de dejar las cosas ir.
“Yo también quería preguntarte sobre tu lado de la historia, Tharja.”
“…” ella se vio alarmada.
“El motivo por el cual tú, a diferencia de los demás, me has antagonizado por haber sido un Rebel durante la secundaria.”
“C-cállate…” se apresuró en decir con una voz inquieta y baja de volumen. La chica movió sus ojos discretamente para apuntar a cierto par de hermanos que hablaban con Mikazuki. “Ellos no lo saben…”
“Sí, imaginaba que no se lo dirías, pero sería bueno que lo hagas algún día,” le aconsejó con un tono tranquilo. “No por ellos, sino por ti misma.”
“Mis asuntos son personales,” contestó a la defensiva.
“Personales al punto de seguir tomándote el conflicto de un modo tan hiriente. Querrás tenerlo todo bajo control, querrás no involucrar a otras personas, querrás resolver el pasado por tu cuenta, pero la evasión indica resignación e inmadurez,” observó. Él sonrió frustrado. “Con toda honestidad, estoy un poco preocupado por ti.”
“No necesito tu lástima…” le reclamó. “Tú no lo entiendes…”
“Tú tampoco me entiendes, y sé que esta conversación no cambiará nada,” comentó con humildad. “La mejor manera de sanar estos sucesos es dejándolos ir, pero dudo que te encuentres intentando hacerlo.”
“…”
“En fin…” él se vio entretenido. “Había esperado con algo de ansias participar en una pelea contra Shishiou, pero tendrá que esperar. Sí suelo ser espeluznante con una naginata en mis manos, y es el motivo principal por el cual causé una tan mala impresión. No quiero darte recuerdos de guerra.”
“…” negó exasperada.
“Pero me sabe mal que tú de entre tantos estudiantes que no conocemos de nuestras escuelas hayas agarrado un concepto tan erróneo de mí,” comentó, bajando sus energías. Mantuvo su sonrisa, aunque se notó apenado. “Tú me conoces desde hace tantos años, al igual que mis parientes, y debiste haberme comprendido antes de mi error en la secundaria. No me considero un caso perdido o un alma condenada por lo que hice, y los demás presentes tampoco lo hacen, pero me has dejado entender que tú sí me ves de ese modo,” dijo un suspiro. “¿Qué más da?”
“…” ello sorprendió un poco a la chica.
“No pretendo cambiar tu punto de vista sobre mí, pero sigo preocupado. Tu tendencia a buscar pleitos y rechazar a los demás te lastima y lastima a otros sin que lo puedas prever. Sigues al pendiente de posibles peligros y gente en quien no puedes confiar, y por lo tanto alejas a gente que quisiera confiar en ti. Continúas lastimándote al tratar de apartar a gente que pueda lastimarte, y así lastimas a quienes más bien intentaron comprenderte. El odio y el rechazo son unos vicios adquiridos y peligrosos. Podrás terminar destruyendo tu entorno y cortando oportunidades valiosas en medio de esta estrategia fallida basada en tu inmadurez…”
“…” entrecerró sus ojos y bajó su mirada. Fueron palabras sosegadas y suaves que le habían llegado al alma.
“¡Hahaha, pero tranquila!” luego de su mensaje, Iwatooshi rió un poco para despejar la seriedad entre los dos. Él llevó un puño a su propio pecho y esbozó una sonrisa decidida. “Porque la inmadurez es sinónimo de tener un gran corazón.”
“¿…qué haces siendo tan reflexivo?” preguntó en voz baja. “Alguien como tú…”
“Hahaha, no sé a qué ‘alguien como tú’ te refieres,” se apuntó con orgullo. “Yo soy yo, del mismo modo en el cual tú eres tú.”

Iwatooshi no tuvo más que compartir, y se levantó ni bien terminó con la última oración. Ello coincidió con el retorno de Imanotsurugi e Shishiou, quienes llegaron cargando múltiples armas de madera.

“¡Oh! ¡Oh! ¡Si querían traer tanto me hubieran avisado para ayudarles!” exclamó el exRebel, sorprendido.
“Hehe, está bien, Iwatooshi,” Imanotsurugi dejó lo que trajo sobre el piso y le sonrió alegremente. “No seré tan fuerte como tú, pero me defiendo~ ¡Y fue divertido!”
“Ustedes sí que tienen todo un arsenal, es increíble,” comentó Shishiou. “Pero no he visto ningún arma real.”
“Hahaha, armas reales serían un poco peligrosas durante visitas y prácticas cotidianas,” observó Mikazuki, entretenido. “Las tenemos guardadas para momentos especiales.”
“Es lo mejor…” Honebami asintió.
“Sí, aparte que son grandes tesoros de siglos de antigüedad,” dijo Namazuo, quien pasó a verse incómodo. “Ahora alguien dígale eso a mis hermanitos para que no lleven sus tantous a todos lados. La gente va a pensar que son pirañas.”
“¡Oh, yo también tengo mi tantou en todo momento!” exclamó Imanotsurugi, con alegría y levantando una mano. “¡Me siento mucho más cómodo si la porto en mi persona!”
“Las dagas son entendibles de portar. A veces me apetece conseguirme una,” confesó Shishiou, sonriendo tranquilamente. Entonces, él vio a Hizamaru llegar con una bandeja que tenía una merienda, pero él rápidamente palideció.
“¿Eh? ¿Anija? ¿A dónde se fue mi anija?” preguntó angustiado.
“Oh, verdad, no está aquí,” Iwatooshi miró de un lado a otro.
“Hehe, de algún modo nos burló y se habrá ido,” Namazuo se vio entretenido.
“¡Lo sentimos! ¡Se nos escapó!” dijo Imanotsurugi, haciendo una reverencia y juntando sus palmas.
“¡Ahh, y le hice prometerme que se quedaría en su sitio!” se lamentó.
“No te aflijas. Higekiri nunca se ha metido en líos por irse caminando sin avisar,” observó el peliazul. “A lo mucho se perderá un par de horas en el bosque, pero regresará por su cuenta.”
“¡No disminuyas ese riesgo, Mikazuki!” le reclamó Hizamaru, todavía asustado.
“Tu hermano mayor será distraído, pero ten más fe en él,” le sugirió Iwatooshi. “Siéntate un momento y si no regresa en un rato podemos ir todos a buscarlo, ¿qué tal?”
“¡Ohh, cacería! ¡Me apunto!” exclamó Imanotsurugi, animado. “Hehe~ yo tampoco me preocuparía, pero si es importante para ti, con gusto te ayudaré~”
“Espero que esté bien que le dejemos desatendido tanto tiempo…”
“Te aconsejo que no lo sobreprotejas tanto, Hizamaru,” dijo Mikazuki, pausadamente. “A estas alturas, tu hermano podría querer darse un respiro de ti.”
“Ehh, no digas eso, Jiji,” Namazuo sonrió incómodo. “Lo vas a hacer sentir mal.”
“Sin embargo, pienso que tiene sentido,” Honebami asintió, inmutado. “Comprendo el deseo de querer apartarse de un hermano asfixiante que no piensa dos veces en lo que hace.”
“S-siento que te estás refiriendo a mí…” su mellizo hizo un puchero.
“¡Hahaha! ¡Ya, hay que enfocarnos en la presente práctica! ¡Dejen de fastidiarse!” exclamó Iwatooshi, de buenos ánimos.



En su rincón y aislada del escenario, Tharja miraba a los presentes conversar. Como siempre, todos platicaban, se conocían y se trataban con familiaridad. Nada había cambiado al respecto. Más bien, ella se sintió más fuera de lugar de lo usual. Su distancia, lo que normalmente la dejaba respirar, lo que solía buscar en cada momento, luego de la breve conversación con Iwatooshi, se tornó solitaria y errónea. Estaba agobiada y cansada, y quedarse en ese ambiente ajeno no le ayudaría. Se animó a ponerse de pie y salir a dar una vuelta.



“¿Hasta trajeron una naginata?” preguntó Iwatooshi, impresionado.
“Por supuesto, ya que Imanotsurugi ha dicho que eres excelente con esa arma,” Shishiou asintió y sonrió decidido. “Heh, quiero retarte a un duelo.”
“Hahaha, tendrá que ser en otro momento,” dijo con gracia y le revolvió los cabellos.
“¡No me trates como un niño!”
“No me siento de muchos ánimos hoy, y tampoco sé lo listo que estás para enfrentarte a alguien como yo,” declaró con cierto aire de superioridad. “Pero si veo que puedes contra nuestro pequeño, lo consideraré.”
“Seré pequeño, pero no me subestimes~” canturreó el niño, saltando de un pie.
“¡Ohh! ¡Ya que Iwatooshi no se apunta, yo con gusto usaré la naginata para pelear!” exclamó Namazuo, sonriente. Él se levantó de su sitio y corrió donde los otros. “No es mi arma predilecta, pero tengo mucha confianza en mis habilidades y no puedo decepcionar a mi maestro~”
“¿Maestro?” Hizamaru alzó una ceja.
“Iwatooshi entrenó a Honebami y Namazuo a pelear con naginatas desde pequeños, antes que ustedes dos vinieran a vivir con nosotros,” explicó Mikazuki, con cierto aire de nostalgia.
“…” Honebami asintió, con su mirada fija en la naginata de madera que descansaba sobre el piso. “He sido informado al respecto… no lo recuerdo, pero el incidente de hace años no nos hizo perder nuestras habilidades…”
“Namazuo continuó su entrenamiento con Iwatooshi posterior a aquel incidente. Sin embargo, tú has rechazado participar en nuestras prácticas desde entonces,” observó el peliazul.
“…” volvió a asentir, sin levantar su mirada. “Me niego a pelear contra ustedes. No tengo motivos ni intenciones de lastimarles.”
“Prácticas no tienen por qué tomarse con aquel grado de severidad,” opinó Hizamaru, cruzado de brazos. Miró al peliblanco alzando una ceja. “A su vez, tus palabras casi suenan a un desprecio de tu parte, como si te categorizaras mejor que nosotros.”
“No es mi intención…” cerró sus ojos, meditativamente.
“Siempre has sido una persona prudente, pero no tienes que temer por nosotros,” observó Mikazuki, pacientemente y mirándole de reojo. “Seguiré esperando a que te sientas más cómodo para algo tan sencillo como una práctica.”
“…” Honebami se mantuvo estático hasta que oyó unos pasos. Alzó su mirada y vio a Namazuo e Iwatooshi acercarse.
“Listo, nos toca ser la audiencia de la pelea~” reportó Namazuo, haciendo un guiño. “Imanotsurugi y Shishiou pelearán y luego yo iré contra el ganador.”
“No deberías importunarles…” observó su mellizo.
“No digas eso. ¡Más bien es más emocionante si más participan!” exclamó Iwatooshi.
“En verdad que sí, aparte que no quiero quedarme sólo de espectador o la gente pensará que estoy de adorno,” observó Namazuo.
“¿A qué gente te refieres?” el peliblanco alzó una ceja.
“Oh, siéntense, están por comenzar,” dijo Mikazuki.

Ellos estaban por ver un interesante y relajado enfrentamiento en lo que seguían disfrutando de aquel fin de semana.




El inicio del bosque no estaba muy lejos de aquel dojo, y Tharja siguió un pequeño y descuidado sendero que le sumergió en ese corto paseo por la naturaleza. Oyó aves cantar a su alrededor, sintió una fría brisa, la cual acompañada por la sombra de los árboles amortiguaba el calor del venidero verano. Tuvo un momento para alejarse de los demás, y pese a que le tomó un poco más vaciar sus pensamientos, eventualmente lo hizo. Tharja volvió a recordar la paz y el gusto personal de verse completamente sola.

Pasó un cuarto de hora paseando sin rumbo. El camino se redujo más y originó varias bifurcaciones en diversos puntos. Ello le advirtió que perderse no sería difícil, aunque confió en sus instintos. Supo que encontraría el camino de regreso sin problemas.

Siguió uno de los serpenteantes caminos que le llevó a un claro del bosque. Al llegar a ese sitio, no evitó sorprenderse. No supo si responsabilizar al destino, al karma o tal vez a algún tipo de empatía subconsciente, pero observó al Toushirou desaparecido ensimismado en un árbol ancho, en lo que examinaba la corteza del mismo.

Sabía bien que aquel chico no era un botánico ni nada semejante, por lo cual su enfoque debía tratarse de algo distinto. En medio de su meditación sobre si acercarse o evadirle, el doctor percibió su presencia.

“…” Yagen expresó una mínima y breve sorpresa, para luego sonreír con ironía. “Qué coincidencia, siendo esta probablemente tu primera vez paseando por este bosque.”
“¿Qué haces por aquí?”
“Eso es lo que yo debería preguntarte,” comentó con leve entretenimiento. “A diferencia de mis hermanos mayores, no siempre me sentí a gusto con las visitas forzadas a esta residencia cuando era un niño. Este mismo lugar fue mi refugio.”
“Refugio…” alzo una ceja.
“Donde podía dejar las formalidades y divertirme, junto a mis semejantes,” dicho esto, regresó su atención a la corteza.

Con ‘semejantes’, Tharja supo que se refería a sus hermanos contemporáneos. La chica percibió unas irregularidades en el tronco del árbol y se acercó un poco para darle un vistazo. Había varios cortes diminutos y horizontales que correspondían a una cuenta, divididos en dos grupos.

“Esto me lleva a mis raíces…” dijo el doctor, con un tono nostálgico. Su sonrisa se contagió de ese mismo sentimiento. “Tú debes recordarlo, Tharja, cómo Atsu y yo fuimos siempre rivales.”
“¿Cuál es tu punto?” preguntó con leve hastío.
“Desde pequeños, siempre resentimos que los mayores no nos dejaran entrenar junto a ellos, así que este lugar se convirtió en nuestro dojo. Estos cortes en el árbol son de una ocasión en particular…” el pelinegro tocó unos de los cortes con su índice derecho, mientras hacía memoria. “Vinimos un domingo de visita con la idea de retarnos para definir quién era el mejor de los dos. Para ello, uno de los dos debía ganar tres veces seguidas,” ensanchó su sonrisa. “Y, si estos cortes te dan una pista, peleamos con nuestras tantous reales.”
“¿Qué dices?” la mayor mostró leve sorpresa. Ello le invocó nostalgia y frustración. Sí sonaba como ese par cuando eran niños.
“También, con sólo observar la tremenda cantidad de cortes en el árbol, estuvimos peleando durante más de dos horas sin poder llegar al desempate. El atardecer comenzó a caer y una brisa fría empezaba a congelarnos, pero ello no nos detuvo. Fueron nuestros hermanos mayores, preocupados por habernos desaparecido, quienes dieron con nosotros y detuvieron nuestras ambiciones. Ellos nos encontraron luchando con espadas y con varias heridas en nuestras extremidades. Heh…” rió un poco. “Nunca he vuelto a ver a Ichi-nii tan enfadado con nosotros.”
“…”
“Nuestros padres nos prohibieron entrenar por dos semanas y decomisaron nuestras armas por más de un mes. Los dos fuimos tan miserables…” negó en lo que disfrutaba aquella historia, y volvió a mirar al árbol con una sonrisa tranquila. “La realidad es ahora muy distinta. Mis padres ya no están y mis hermanos mayores no recuerdan nada de aquel día. También estoy seguro que Atsu es más fuerte que yo, habiendo estado tantos años entrenando…”
“…”

Oyó esa historia de hace varios años ser narrada con anhelo y una desconexión propia del pasar del tiempo, y a su vez con gran humildad. Tharja no recordaba la última vez que Yagen le había dialogado con esa honestidad y alivio, sobre todo de una anécdota que seguramente no compartiría con cualquiera. Ella miró a ese enorme árbol. Era como un sutil hechizo de su parte.

“Debería quizás imitar a Mikazuki y declararme como un anciano…” entonces, él se sorprendió a sí mismo y mostró cierta torpeza. “No, mis disculpas. Venir a este lugar me ha hecho recordar varias cosas. Es interesante… como esos cortes, este mismo árbol, se han mantenido inmutados y perdurarán más que nosotros…”
“Somos ínfimos en comparación, es evidente…” desvió su mirada.
“Es verdad…” el científico llevó sus manos a los bolsillos de su bata de laboratorio y procedió a caminar para marcharse.
“¿Y por ello piensas que somos irrelevantes?”
“¿Hm?” Yagen se detuvo y le miró de reojo, con leve curiosidad. “¿Qué quieres decir?”
“…” le miró impaciente y llevó sus manos a la cadera. “Siempre has sido un niño petulante. Has cumplido tu gusto de narrar esta historia, y pretendes retirarte al no tener más que decir. Podría ver tu acción como una falta de respeto hacia mí.”
“Perdón, no es mi intención insultarte o ignorarte,” contestó con tranquilidad y profesionalismo. “Es sólo que no tenemos mucho en común. Los dos vivimos en mundos distintos. Aunque, si tú tienes algo que compartir, me corresponde oírlo.”
“No…” negó. “Pienso que eres tú quien tiene algo que decirnos.”
“¿Cómo así?”
“…” presenció una vez más aquel inocente, amigable, pero indescifrable semblante. “Me encuentro hablando con una pared, alguien quien sinceramente falta el respeto a todos sus conocidos. Borra esa sonrisa de mosca muerta de tu rostro.”
“Tus palabras son crudas, podrían hacer temblar a cualquiera,” el doctor se vio entretenido, y le encaró propiamente. “Es muy propio de ti, casi bienvenido por la familiaridad que me da.”
“…” entrecerró sus ojos.
“Pero escondiéndose detrás de esas espinas, existe una persona muy amable,” concluyó y se mostró un poco más receptivo. “Te aseguro que no tienes que preocuparte por mí, Tharja. Entiendo que tus inquietudes provienen de la distancia que mantengo de mis hermanos y allegados, y el hecho que radico en un lugar tan cuestionable como Rizembool. No puedo negar ante ti que sí hay mucho a mis alrededores vinculado con los Rebels. Como un científico e investigador, se observan a nuevos reclutas ingresar o a Rebels exaltados recibir condecoraciones, pero soy ajeno a todo ello. Soy una persona inteligente, y sé mantener una buena distancia de lo que no es conveniente.”
“Tsk…” era una respuesta nula, pero irrefutable. No tenía nada que reclamarle de lo que le había dicho. Si Yagen fuera a negar absolutamente una exposición a los Rebels, ella no lo creería. Era imposible, hasta para algunos estudiantes que intentaban mantenerse al margen. Si de algún modo el pelinegro hubiera verificado un mayor envolvimiento, ella contaría con un buen argumento para alertar al mayor de sus hermanos. Sin embargo, Tharja se sentía incómoda. Le conocía bien. Sabía que, de ser Ichigo quien le cuestionara, Yagen no mencionaría ese ecosistema a su alrededor con tanta trivialidad. Ese chico sabía cómo tratar con su público.
“…”
“…” así que estaba convencida que esa respuesta que le había dado estaba hecha a su medida. La única prueba en su contra era precisamente esa trivialidad y desconexión de sus palabras. Desde hace varios años, Yagen había sido capaz de mantener una inquebrantable neutralidad ante todo.
“Dudo ser capaz de disipar tus dudas,” se encogió de hombros, rendido. “Realmente no sé sobre cómo has sido invitada por Mikazuki el día de hoy, aunque me alegro por ti. Siempre ha sido evidente lo mucho que lo has admirado.”
“¿Qué haces tocando ese tema?” preguntó con cierto reclamo en su tono de voz.
“Te tengo unas buenas noticias al respecto. Mikazuki parece haberte encontrado interés, lo he podido notar,” comentó, y se vio entretenido al notar a la otra inquietarse y desviar su mirada. “Sí te ves muy contenta.”
“C-cállate…”
“Sólo te advierto que seas un poco paciente. Como todo anciano, Mikazuki es necio, caprichoso e inflexible. Es alguien difícil de tratar que tiende a cansar a otros a su alrededor, pero no tiene malas intenciones. Te acostumbrarás tarde o temprano.”
“…”
“Está bien, no tenemos que hablar sobre ello. ¿Habrá algo más que esperas de mí?”
“…” esa pregunta le causó cierta molestia.
“Si no es el caso, tal vez lo mejor sería ir de regreso. Los demás están pasando una tarde agradable. Sería descortés importunarles.”
“Me pregunto si te burlas de mí al hacer esa pregunta.”
“¿Por qué lo dices?”
“…” ella comprimió sus puños muy brevemente antes de contestarle. “Sí me pregunto qué se supone que haces con tu vida en un lugar tan imperfecto como Rizembool. Por supuesto, nadie está libre, y tú justamente por ser un científico podrías tener algo más que ver, sin importar lo que tengas que decir. Y claro, podemos decir que me preocupo un poco, ¿por qué no?”
“…”
“Pero si me molesto en acusarte de mosca muerta no es sólo por temor de que no estés bien. No me importa mucho lo que decidas hacer, pero sí tengo ciertas expectativas de ti como otro miembro de tu familia molestosamente unida, y las has fallado todas.”
“…” le miró atentamente, con uno rostro nulo e inmutado.
“Estoy segura que he sido honesta contigo en el pasado, así que no tengo por qué repetirme.”
“Y parece que mi intento de cortesía de dedicarte atención ha abierto ciertas heridas del pasado,” comentó Yagen, llevando una mano a su mentón. Al igual que siempre, esas palabras no habían llegado a impactarle.
“…alguien con asuntos pendientes como tú debería pasar menos tiempo inmerso en un lugar como Rizembool y más tiempo reparando todo lo que en algún momento estropeó,” dijo en voz baja, arrastrando restos de algún antiguo resentimiento. Chasqueó la lengua y desvió su mirada. “Tsk, pero sé que pierdo mi tiempo. Ambos son iguales, Atsu y tú…”
“Atsu es una persona muy decente y leal, aunque no siempre sabe cómo comportarse o atender a quienes le necesitan,” aclaró Yagen con paciencia y lentitud para dejarlo en claro. “No le metas en el mismo saco que yo. No dejes que su ausencia hable por encima de él. Y, definitivamente, no pretendas mirarle con el mismo odio que me diriges. Él es inocente.”
“Él abandonó a todos…”
“…” Yagen dio un pesado suspiro. Desvió su mirada. “Tú no sabes por qué se marchó, así que no dejaré que lo juzgues, Tharja.”
“¿Qué quieres decir?” se vio sorprendida y también escéptica.
“No intentaré justificarme, pero no pienso quedarme con los brazos cruzados si alguien desea hablar mal de mis hermanos,” se cruzó de brazos y miró a su mayor con leve severidad. “Ahora permíteme tener expectativas de ti, y pedirte que les trates con dignidad. Todos sabemos que eres una persona conflictiva, pero que sí sientes algo de aprecio por nosotros. Los problemas que puedas tener conmigo no deberían afectar la dinámica que tienes con mi familia.”
“Tengo el derecho de decepcionarme de ustedes. Esperé más de los dos.”
“Lo sé,” asintió.
“Y me reservo a tomar mis propias decisiones y formar mis propios pareceres. No creeré en la posible razón que tu hermano habrá tenido para marcharse. Claro, lo hizo antes del incidente, pero al volver y observar el estado de su familia, él debió haber sabido que su lugar era con ellos. Tomó la decisión incorrecta y ha tenido tantos años para redimirse, pero nunca lo hizo.”
“…” Yagen sintió un tic en la ceja. Ella estaba perdiendo su calma.
“Y de ti ni hablar, tú que has estado tan cerca, pero además de tu ausencia fuiste antagonista contra tus hermanos. Buscabas discutir y salirte con las tuyas, y supiste hacerlo. Eres muy astuto. No me sorprendería que este motivo de tu hermano que acabas de decir sea otra de tus artimañas para silenciarme, al igual que tus comentarios tan vagos, tus respuestas planeadas, tus preguntas irritantes, ese rostro carente de emociones…”
“Ha sido suficiente, has hecho tu punto,” le paró, alzando una palma.
“…” ella se detuvo ante el pedido, y se sintió un poco corta de respiración. También, sintió que se había precipitado demasiado, algo que ya le había pasado varias veces.
“Tú en verdad…” era claro lo que tenía que hacer. Cortaría con el problema de raíz. “…me odias.”
“…”
“…” pese a lo que acababa de decir, Yagen sonrió, una sonrisa infestada de frustración y decepción, y le miró directamente. “Tienes razón de pensar lo peor sobre mí…”
“…”
“Cuando te pregunté si esperabas algo más de mí, tuve la voluntad de atenderte. Si te he dicho que Atsu tuvo un motivo para irse es para que sepas que las cosas no son tan simples, al menos en su caso. Si decidí compartir este recuerdo del pasado fue porque me inspiraste confianza y empatía. Y si en algún momento te he contestado vagamente, heh, mis disculpas, pero quizás mis razones de hacerlo no sean del todo malas.”
“…” su molestia comenzaba a desarmarse.
“O quizás sí lo son. Soy un demonio, un ser incorregible. Sólo alguien así sería visto por ti de este modo…” se encogió de hombros y desvió su mirada. “¿Qué más puedo decir?”
“…” observó tristeza en su expresión. Notaba un desaire en él, una impotencia. Parecía dolido, algo que casi consideró imposible.
“No me importa si me crees o no. Insisto. No seas injusta con Atsu, Tharja. Él te ve como una hermana mayor, y luego de haber estado tanto tiempo apartado de nosotros, no le caería bien saber que tú le resientes de este modo,” dijo, calmadamente. “Siendo sinceros, en algún momento también pensé en ti como una hermana, aunque eso es irrelevante. Tú no necesitas tener a un hermano al que odias.”
“Oye…” frunció el ceño.
“Mejor me retiro. Comprendo que no te resulto la mejor compañía,” se dio media vuelta. “Sólo no te tardes mucho.”
“…eres tú quien me evade. En verdad tiendes a hacerlo si te sientes instigado o comprometido.”
“…” sonrió con ironía. “No veo por qué ello debe ser malo o extraño. Por cierto, mi interés en retirarme previamente fue también para acomodar tu tendencia a aislarte, o desaparecerme para que así no tuvieras que interactuar conmigo. Demandar respeto y atención de mi parte fue apropiado, pero pretender hacerlo luego de tu propia falta de respeto hacia mí es descarado.”
“Tsk, ¿qué dices?”
“Y sumándole a ello, tanto dirás que yo puedo estar ocultando algo de todos, pero, ¿acaso soy el único que se reserva de los demás?” le miró de reojo. “¿Cuándo te atreverás a decirle a Ichi-nii y al resto de mis hermanos lo que hiciste en Hanasaki hace cinco años y cómo así ingresaste a estudiar en Rizembool?”
“¿Qué… qué quieres decir?” se quedó en shock. No podía ser.
“Lo sé, sé la verdad. No intentes negarla ante mí o me molestaré en narrar tu historial de vida con todo lujo de detalles.”
“Tch…” no podía creerlo. “No sabes lo que dices…”
“…” decidió no avergonzarla y no decirlo en voz alta, pero le dejaría claro que no mentía. “…tú sí sufriste mucho en aquel entonces. Cambiaste. Solías ser distinta antes de que la guerra se inmiscuyera en tu vida.”
“Tsk…” no, no podía ser.
“Puedo percibir que el conflicto te ha agotado. Ha desilusionado tu forma de pensar, te ha hecho mirar a la vida con más severidad y cinismo… te ha llenado de amargura y arrepentimientos. Es una lástima.”
“…”
“Recuerdo a tu yo más joven, una persona perversa pero bien intencionada, alguien quien veía el lado irónico y humorístico a las cosas, alguien quien hubiera observado y condenado a Rizembool como un lugar de locos, pero que habría encontrado cierto gusto en ver lo torcidos y fallados que son…” volvió a darle la espalda. “Pero ahora, como el legado del conflicto en ti, no haces más que detestar a Rizembool y a todos quienes han sido conocidos como Rebels, como si ello fuera lo único que pudiera justificar tu error y atrevimiento, como si necesitaras validez de que hay seres peores que tú.”
“Cállate…” bajó su mirada y comprimió sus puños. Lo sabía, no cabía duda…
“Espero estar equivocado, porque no necesitas la aprobación de nadie. Nadie la necesita,” Yagen negó y volvió a mirarle de reojo. “No puedo imaginar qué efecto ha tenido todo esto en ti, aunque… te ves bien, Tharja. Diría que vas por buen camino.”
“¿Qué dices…?”
“He tenido que lidiar con algunos exRebels con secuelas del conflicto. En comparación con la mayoría, tienes tus prioridades en orden, pero te haría bien ser sincera…” negó. “Estoy seguro que Fudou no lo sabe, ¿cierto? Seguro que no, si no ya todos lo sabrían. Hasta puede que él sea el último que lo averigüe, conociéndote.”
“Tsk…” apretó sus puños aún más. “¿Cómo te enteraste sobre esto…? ¿Desde cuándo lo sabes?”
“…” no contestaría lo segundo. “Rizembool es un lugar de muchos secretos, y hay personas en él que nunca los sabrán, pero dependiendo del oficio y los deberes dentro de la universidad, la cantidad de secretos conocidos varía enormemente. Me topé con tu nombre eventualmente, y también con el cierto trato especial que Rizembool te está dando como una estudiante.”
“…” volvió a sorprenderse, y rápidamente entrecerró sus ojos.
“Así que, si no tratamos a los secretos con subjetividad, no hay secretos en Rizembool que no se puedan saber. Más bien hay un montón de verdades,” se encogió de hombros. “Pero mejor no me distraigo. Lo que importa aquí es que tu tiempo en Rizembool está a punto de expirarse. Se podría decir que has sido afortunada de recibir este trato especial y beca de nuestra universidad.”
“Tsk, no te burles de mí…”
“Pero eso no importa,” continuó con firmeza y un semblante serio. “La verdad es que has sido una prisionera por casi cinco años, así que, ni bien las puertas se abran para ti y cumplas lo esperado por Rizembool, abandónalo y no des marcha atrás, por tu propio bien…”
“…” él lo sabía, lo sabía todo…
“Ni pienses por un segundo en regresar a Hanasaki. Nadie te está esperando ahí. Tuvieron cinco años para buscarte y nunca lo hicieron.”
“N-ni que lo haya considerado…” sintió escalofríos. Seguía sin creer que lo sabía y con tantos detalles, hasta de su presente estatus. “Ni que tuvieran motivos para confiar en mí…”
“Te doy esta advertencia como el allegado que soy a tu familia, y como un profesional de la salud que trabaja en Rizembool. No tengo más que decirte, y no tengo más obligaciones pendientes contigo. Sin duda… escuchar estos consejos de mi parte o recibir mi simpatía debe ser indeseable…” negó y comenzó a caminar. “No te molestaré más. No tendrás que tolerarme a partir de ahora. Mantendré mi distancia.”

La conversación había terminado. El doctor caminó pausadamente y manteniendo una rígida postura. Por un instante recordó con cierta amargura e ironía cuando le advirtió a Mikazuki que no lastimara a Tharja. Sin duda él no iba a ser quien le causara daño el presente día, pero no había marcha atrás. Luego de un momento de añoranzas, Yagen comprobó la amargura en aquella persona de su pasado, y decidió que lo más saludable era mantener una mayor distancia, por el hecho que él no tenía la intención de arreglar las cosas. Tenía sus motivos para evitarlo.

Aun así, no podía negar que, pese a haber originado esa discusión y ruptura, sí existía inconformidad y desaire al notar lo mucho que era rechazado y odiado por alguien que no era insignificante para él. Por más que lo mereciera, y por más veces que sucediera, dudaba que llegaría a acostumbrarse…



“…”

Su mente se saturó de pensamientos encontrados. Tharja no fue capaz de enfocarse en un solo concepto. Se paralizó, y se detuvo de detener o seguir al otro. Alternó entre el shock de saber que Yagen sabía su más horrible secreto, sus recuerdos desenterrados de sus años de secundaria, y eventualmente llegó a un vacío cognitivo, ya que su aflicción se mudó a su pecho. Le invadió tristeza, impotencia, culpa…

Pensó en la defensa del menor, en cómo no había buscado burlarse de ella al preguntarle si ‘esperaba algo más’. También recordó la mención del ‘motivo’ de su hermano de estar tan alejado de los demás.

“Tsk…” y se odió a sí misma por inmediatamente saltar y acusarle de mentir con las intenciones de ganar el argumento, sin molestarse en meditar si algo tan sensible sí tenía razón de ser.

“Tienes razón de pensar lo peor sobre mí…”

“…”

Recordó la conversación que había tenido con Iwatooshi. Fue como una advertencia, y como una burla de parte de la vida misma, ya que eso mismo estuvo a punto de ocurrir, y ella haría caso nulo a sus sabias palabras.

“El odio y el rechazo son unos vicios adquiridos y peligrosos. Podrás terminar destruyendo tu entorno y cortando oportunidades valiosas en medio de esta estrategia fallida basada en tu inmadurez…”

Ese exRebel, al cual ella rechazó por su nomenclatura, supo leerle a la perfección.

Había perdido una oportunidad única de volver a conectarse con alguien a quien había sentido tan cercano nueve años atrás… alguien que ahora estaba convencido que ella le odiaba.

“…”

Y no había marcha atrás…



Su ensimismamiento se cortó al oír ruido entre arbustos cercanos al claro del bosque. Vio salir de las penumbras a Higekiri, quien estaba un tanto sucio y desaliñado, como si se hubiera desbarrancado en algún sitio.

“¿Eh? ¿Stalker-chan?” preguntó este con una visible sorpresa, y sonrió amenamente. “Ahh, me alegro de encontrarte. Estoy perdido. ¿Podrías ayudarme a regresar?”
“¿Q-qué haces aquí…?” preguntó confundida y un poco alterada al no haber procesado tranquilamente lo que ocurría. Notó que Yagen regresó al escuchar la voz del rubio.
“Higekiri, ¿qué te sucedió esta vez?” le reprochó, impaciente. “Ven, Hizamaru debe andar muy preocupado por ti.”
“¿Ese quién vendría a ser?” preguntó, alzando su mirada para intentar meditarlo. “En fin, no sé quién será, pero mejor regreso ya que mi hermanito estará buscándome bajo piedras.”
“Es lo que intenté decir, pero, como sea,” el menor negó. “Sígueme.”
“Claro, muchas gracias, doctor-kun,” asintió obedientemente y le vio retomar su caminata. El rubio decidió no avanzar sin antes girarse a la chica, quien se había mostrado anulada ante la aparición del menor. “Vamos de regreso, stalker-chan. Jiji debe estar esperándote.”
“Ya voy…” contestó de forma huraña y desviando su mirada.

Ese día no podía terminar demasiado pronto.







El primer combate había concluido y Namazuo había entrado al campo de batalla para hacerle frente al ganador…

“Ahh…” Shishiou, quien estaba sentado al costado de Mikazuki, dio un pesado suspiro por enésima vez. El par frente a él se encontraba teniendo una pelea de película. “No puedo creer que he perdido contra alguien que tiene la mitad de mi edad…”
“¡Hahaha, ánimos, que peleaste muy bien!” exclamó Iwatooshi, agarrándole de un hombro y sacudiéndole para inyectarle energías. “Imanotsurugi tiene mayor habilidad de la que aparenta. Más bien me has impresionado.”
“Dirás eso, pero ello me ha dejado entender que tengo que practicar mucho más,” dijo el rubio, dando otro suspiro. “Sigo muy débil.”
“Eres del tipo que lo da todo, Shishiou, aunque no seas tan duro contigo mismo,” Mikazuki le miró de reojo, con una sonrisa. “Sólo porque perdiste no quiere decir que eres Imanotsurugi es más fuerte que tú. Ha sido evidente.”
“…” Hizamaru asintió, seriamente. “No estás acostumbrado a la gran agilidad que tiene Imanotsurugi, y a su vez te detuviste de atacarle con gran fuerza en más de una ocasión. Tenías miedo de lastimarle.”
“P-pues sí, no hay forma que vaya a ir en serio contra un pequeño como él,” negó ofuscado.
“¡Haha, pero él no fue misericordioso contigo!” observó Iwatooshi. “Shishiou, tómanos con seriedad. Todos somos fuertes aquí, y nuestro pequeño apreciará más si no te restringes. Él tiene todavía mucho que aprender.”
“En verdad que sí,” el peliazul asintió en lo que miraba la pelea. “Una vez te adaptes a su velocidad, notarás que Imanotsurugi carece de las partes más técnicas del combate. Suele dejar aperturas y puntos débiles al dejarse llevar por la emoción del momento. Es propio de su carácter. No noto eso mucho en ti, en cambio.”
“Ehh, gracias por el cumplido, Jiji,” sonrió con torpeza.
“Pero igual has perdido contra él, así que no te relajes,” observó Hizamaru con rapidez.
“Oye, no tenías que bajarme de mi nube tan rápido…” Shishiou le miró impaciente. “Aunque bueno, entiendo tu punto. Ojalá la próxima también pueda pelear contra ti.”
“Será cuando derrotes a Imanotsurugi,” dijo con leve desinterés.
“¿Eh? ¿Es que acaso nadie aquí me toma seriamente?” preguntó el rubio, alarmado.
“Hahahaha…” Mikazuki rió un poco. Él pasó a mirar de reojo a Honebami, quien se había quedado meditabundo desde el final de la pelea anterior. La inmutabilidad del peliblanco denotaba cierto ensimismamiento y preocupación, y podía imaginar a qué se debía.

Fue entonces que llegó el final del enfrentamiento. Namazuo logró sorprender al menor y cortar con su inercia, para así darle una serie de ataques diagonales con la naginata que le forzaron a retroceder y esquivar. Pese a su gran velocidad, Imanotsurugi no llegó a reponerse ya que su contrincante estimó su trayectoria y logró hacerle tropezarse. Entonces, con un rápido movimiento de su arma, Namazuo golpeó la muñeca derecha del pequeño para despojarle de su arma, y finalmente le apuntó al pecho. Ante ello, el menor se dejó caer sentado al piso.

“Perdí…” dijo el pelicenizo, con leve shock.
“Uff, ¿por qué te ves tan sorprendido? ¡Más bien me hiciste esforzarme!” exclamó Namazuo, alegremente. Él le extendió una mano. “¡Buen trabajo, fue más divertido que nunca!”
“Hehe, ¿verdad?” Imanotsurugi le sonrió y aceptó su ayuda para levantarse. Ello le regresó las energías. “¡Sólo espera y me volveré mucho, pero mucho más fuerte!” dio un brinco, y luego una rápida reverencia. “Gracias por cuidar de mí, te pediré que sigas entrenando conmigo.”
“¡Por supuesto!” le dio un guiño, y notó que Honebami se había acercado a los dos. “Oh, ¿qué sucede, Bambi?”
“Nn…” este le miró con cansancio y un poco de estrés. “Siento interrumpir, pero no nos queda mucho tiempo. Además…” miró hacia la salida. “Yagen ha estado mucho tiempo ausente…”
“Oh, cierto. ¿Qué será de nuestro hermanito?” el pelinegro se llevó una mano al mentón. “Uhh, no puedo evitar preocuparme. Ojalá no se haya escabullido a algún rincón del bosque a pelear seriamente con alguien por horas. Se puede lastimar.”
“¿Eh?” ello confundió a Iwatooshi, quien se había acercado con los demás. “¿Acaso sabes sobre esa anécdota?”
“¿De qué hablas?” Namazuo ladeó su cabeza.
“No, no es nada, olvídalo,” Mikazuki negó repetidamente, frustrado. “Veo que es tu dispersa mente hablando de nuevo. No seremos nosotros quienes narraremos esa historia.”
“¿Hm?” Honebami se vio confundido, e intercambio miradas con su mellizo.
“Lo que sea que es, suena irrelevante,” se apresuró a decir Hizamaru. “Vayamos al bosque. Anija no ha regresado y me encuentro muy preocupado por él. Algo pudo haberle sucedido.”
“Seguro que estará bien, pero vamos,” Shishiou asintió. “También vi a Tharja irse hace un rato, y sería bueno no dejarle que se aísle por mucho, ¿no les parece?”
“¡Vamos al bosque, entonces!” exclamó el pequeño.

De ese modo, el grupo salió, pero se encontraron con los tres desaparecidos apenas salieron del dojo. La atención se concentró principalmente en Higekiri debido a su desarreglada apariencia.

“¡Ahh, anija!” Hizamaru se horrorizó y se acercó de inmediato.
“Oh, hola, hermanito,” sonrió con torpeza. “Estoy bien, descuida. Es sólo que llegué al bosque y me dormí apoyado en una rama baja, pero me caí encima de muchos arbustos,” movió una palma. “Aunque no me pasó nada…”
“¡T-tu mano!” exclamó.
“¿Hm?” Higekiri miró su palma y vio un corte considerable con la apariencia de haber sangrado bastante. “Oh, ¿cuándo me hice esto?”
“Tsk, ¡no seas tan descuidado! ¡Tenemos que sanarte inmediatamente!” de inmediato, Hizamaru agarró a su hermano de un brazo y se lo llevó a toda carrera hacia el edificio principal.
“Ehh…” Shishiou miraba en dirección hacia donde el par se había ido. “¿Ese hermano mayor estará bien?”
“Es más consciente de lo que parece, no te preocupes,” dijo Iwatooshi, frustrado.
“¡Hermanito~!” canturreó Namazuo, quien se acercó brincando de un pie al doctor. “¿Tú estás bien? ¿No te has caído de un árbol?”
“Diría que juzgaras por ti mismo, pero conozco tu tendencia de tomarme el pelo. Por supuesto que no,” negó, impaciente.
“…” Honebami asintió. “No nos queda mucho tiempo.”
“Es verdad. Debemos pasar a buscar a Shinano,” Yagen asintió. “Espero que hayan tenido una tarde agradable.”
“¡Ha sido muy divertido!” exclamó Imanotsurugi, contento. “Uhh, pero te esfumaste rápido, Yagen. Quisiera pelear contra ti uno de estos días, ya que usamos las mismas armas.”
“Heh, lo recordaré,” sonrió con cordialidad. “Realmente admiro tu dedicación a entrenar y pulir tus habilidades, Imanotsurugi. Te concederé esa práctica pronto, descuida.”
“¡Yay, muchas gracias~!”
“Has madurado desde tu infancia, Yagen. Sé que podemos confiarte la seguridad de Imanotsurugi,” comentó Mikazuki. “Si es que sabes a qué me refiero.”
“Pues…” dio un suspiro. “Es curioso que lo menciones. Caminar por el bosque me lo recordó, pero tienes mi palabra. De por sí, aprovecho para disculparme por aquellos sucesos.”
“¡Hahaha! No lo menciones,” el peliazul se puso a reír.
“¿Eh? Ya siento que nos están ocultando algo,” Namazuo hizo un puchero.
“Yo también tengo curiosidad,” dijo Shishiou.
“Tal vez se lo contemos en algún momento, aunque ahora no es tan importante,” dijo Iwatooshi, encogiéndose de hombros. “Si parte de nuestros invitados tienen que irse, hay que preparar el té y los bocadillos de inmediato.”
“Tienes razón, Iwatooshi,” Mikazuki asintió. “Regresemos al edificio principal.”

El grupo comenzó a avanzar, aunque Shishiou de inmediato se acercó a Tharja, quien pese a haber estado cerca de los otros dos desaparecidos, mantuvo su distancia y dejó que ese par le opacara. El rubio supuso que los demás respetaron su tendencia a alejarse, aunque no la iba a dejar a su suerte.

“Oye, ven, seguro que esos bocadillos están deliciosos,” dijo, y le vio desviar su mirada. “¿Te sientes bien?”
“…” dio un suspiro y negó. “No hagas drama. Sólo no quiero toparme con la familia feliz.”
“Ya casi daría la impresión que odias a todos aquí, no seas tan huraña,” negó frustrado, y le sonrió. “Vamos, síguenos, no sería lo mismo sin ti.”
“…” se mantuvo no receptiva e incómoda, pero el otro no leyó su estado anímico y decidió agarrarle de una muñeca para jalarle.
“¡Ya, nos estamos quedando atrás!” exclamó y se puso a trotar mientras le arrastraba.
“Tsk…” entrecerró sus ojos, pero no se opuso, aunque sentía que estaba cerca al límite.
“…” Mikazuki, quien caminaba con los demás más adelante, miró de reojo hacia atrás para cerciorarse que les seguían.







Alrededor de una hora después, los hermanos Toushirou habían llegado a la zona comercial donde Shinano había pasado su día en pleno paseo. Honebami se estacionó y esperó a que sus otros dos hermanos fueran a buscar al pelirrojo para irse de regreso a casa, al evadir a personas extrañas en lo posible.

“Ahh, fue un día tan divertido. Jiji y compañía siempre me recargan~” canturreó Namazuo, mientras estiraba sus brazos. “Hehe, tenemos suerte de tener amigos como ellos.”
“Es verdad…”
“Y para variar pudimos arrastrarte, así también conociste a Shishiou. ¿Verdad que es una buena persona? Hehe, ya lo invité a casa en la semana para que conozca a nuestros petizos, y dice que quiere traer a su hermanita,” sonrió tontamente. “Aw, seguramente es una chica divertida y adorable como él. ¿Sería mucho pedirle que me llame onii-chan? Nuestros hermanitos son tan formales que no lo han hecho hasta ahora~”
“¿Qué tonterías dices?” Yagen le miró con fastidio.
“Haha, no me tomes en tan serio, hermanito,” rió un poco. “Uno imaginaría que tendríamos al menos una hermana, aunque todos salimos hombres, bueno…” se encogió de hombros. “Tenemos a nee-san, por más que se resista. Y sí fue bueno verla socializar hoy, ella que siempre para aislándose.”
“…”
“Y hablando de aislarse, te fuiste un buen rato por tu cuenta. No deberías hacer eso,” le reprochó, y entonces notó al científico distraído, y un tanto ausente.
“Lo sé, lo lamento…”
“…” Namazuo detuvo su lluvia de ideas al poder leer a su hermano menor. Por más que no fuera capaz de predecirle, con el tiempo había aprendido a notar sus niveles de estrés y agobio, y detectó tristeza en su expresión. No era usual en él, y menos en un día que debió haberlo dedicado a recobrarse por estar en compañía de seres queridos. “Yagen, ¿estás bien?”
“¿Eh?” se vio un poco sorprendido, y sonrió incómodo. No iba a poder mentirle a esas alturas. “Estoy bien, ya se me pasará.”
“Hmm, pues, no creo que estés bien,” negó. “Tampoco creo que podré forzarte a ser sincero conmigo, pero…” sonrió cansado. “Sea en lo que estés pensando, párala. Tú nunca dejas de trabajar y hacerte la vida imposible, Yagen. No seas injusto contigo mismo. Más bien, recuerda a todos los hermanos que tienes, y lo mucho que te estimamos y queremos apoyarte. Ahora mismo iremos de regreso y tendremos una noche muy agradable y en familia, y no dejaré que vuelvas a ensimismarte,” sonrió con más energías y estiró sus brazos. “Me tendrás siendo extra pesado para asegurarme de callar tus pensamientos, y seguro que Shinano también andará con ánimos de llamar tu atención.”
“¿Qué estás diciendo…?” negó, y no evitó sonreír con torpeza. No le extrañaba esa dedicación de su parte. “Pues, gracias, Namazuo,” dio un suspiro. “Aunque estoy bien, y tus ocurrencias no suelen animarme todo el tiempo. Ya lo sabes.”
“Oye…” hizo un puchero, y entonces divisó a Shinano con su grupo de amigos. “¡Ah, ahí están!”

El par llegó a encontrarse con dicho grupo, el cual, salvo una persona, lucía de todo tipo de sombreros llamativos de alta calidad.

“¡Hermanos!” exclamó Shinano, con suma alegría. Él corrió a encontrarse con Namazuo, y chocó manos con él.
“¡Mi pelirrojo!” dijo el mayor efusivamente. “¿Cómo has estado? ¿Te divertiste?”
“¡Sí, mucho!” asintió.
“…” Yagen les miró de reojo con cierta frustración y le tocó dirigirse a los demás. “Buenas tardes a todos.”
“Hola, Yagen,” Hotarumaru asintió en señal de saludo. “Admito que me sorprende verte por aquí. ¿Cómo estás?”
“Bien, tuve un compromiso familiar hoy, para abreviar,” le contestó, y pasó a mirar al par de cumpleañeros. “Espero que hayan podido disfrutar de su día como lo planearon.”
“¡Sí, y hasta mejor de lo que pensé!” Natsuki juntó sus manos, contento.
“Y Shinano siempre es una gran compañía,” dijo Syo, quien se vio un tanto incómodo. “Bueno, en su mayoría…”
“Ehh…” ello alertó al pelirrojo. “¡T-todo bien! ¡En serio! ¡Fui una persona civilizada hoy!”
“…” Yagen alzó una ceja.
“¡Ohh, y me encanta tu sombrero!” dijo Namazuo a su hermanito, quien lucía un sombrero sobrio de color turqueza claro. “¡Hace un gran juego con tus ojos!”
“Muchas gracias,” Shinano asintió. “Syo nos enseñó una tienda de sombreros y al final todos fuimos y escogimos un sombrero cada uno. Tenemos que ir algún día.”
“Hehe, no pensé que me compraría un sombrero, pero la selección fue hermosa,” observó Hotarumaru, quien lucía un sombrero negro formal que le daba la apariencia de un guardián.
“Además que la atención y amabilidad de los trabajadores atraen a clientes,” agregó Mai. Ella llamaba la atención al lucir un sombrero clásico de color negro con tul, lo cual le daba la apariencia de una viuda.
“S-sí fueron muy amables…” Yukko dio un suspiro. Por motivos monetarios, fue la única que no pudo permitirse enamorarse de un sombrero, pero los vendedores fueron tan amables con ella que realmente le daba un cargo de consciencia.
“Y es agradable verte presente, Hinata-kun,” observó Yagen a Hajime, con una sonrisa profesional. “Estoy consciente que tenías una sesión de ejercicios en la mañana. Espero que la rehabilitación te esté dando buenos resultados.”
“Sí, muchas gracias, doctor,” Hajime asintió.
“Hinata-kun pudo trotar doscientos metros más que la última vez en la misma cantidad de tiempo, así que es definitivamente una mejora,” reportó Komaeda, con una sonrisa. “Es en verdad una gran promesa.”
“O-oye, ¿cómo demonios sabes eso?” le preguntó su amigo, un poco perturbado. Ni él se había dado cuenta de ese detalle.
“Me aseguraré de revisar los reportes de los terapistas a la brevedad posible,” dijo el doctor. “Mientras tanto, les deseo a todos un buen fin de semana. Debemos retirarnos.”
“Eh, sí, muchas gracias~” dijo Shinano, sonriente. “Nos vemos~”
“¡Gracias por cuidar de mi hermanito!” exclamó Namazuo.

Aquella prometió ser una despedida sin contratiempos, pero no se iba a quedar así.

“Ohh, doctor Toushirou, espere un momento,” le pidió Komaeda, quien sonrió incómodo. “Eh, siento mucho el atrevimiento que alguien como yo le interrumpa o le retenga más de lo necesario, pero he quedado impresionado de que Hinata-kun se parezca tanto a uno de sus hermanos.”
“¿Perdón?” Yagen se extrañó.
“Ehh…” Shinano se incomodó.
“…” y Mai, al ver el grado de nerviosismo del pelirrojo, se animó a soltar la bomba. “Doctor, ¿quién vendría a ser ‘Atsushi-nii’? Shinano parece estar obsesionado con él al punto de acosar a su estudiante protegido al respecto…”
“¡Ahh!” exclamó el pelirrojo, quien llevó sus manos a su cabeza preventivamente. Sin embargo, ello no le protegió de la mirada asesina que su hermano de inmediato le dirigió.
“Shinano… ¿qué significa todo esto?” le preguntó con una voz iracunda.
“E-e-ehhh…”
“¡Oh, verdad que sí se parece a Atsushi!” observó Namazuo al mirar a Hajime. “Haha, qué coincidencia.”
“¿Acaso has osado tratar a Hinata-kun de manera caprichosa y engreída? ¿Le has estado llamando apodos inaceptables e imponiéndole el rol de un hermano mayor?”
“¡E-ehh, p-pues no!”
“Hotarumaru…” Yagen miró al pequeño de reojo.
“Sí, todo eso y más…” dijo Hotarumaru, con leve pena y evadiendo su mirada.
“Casi pareciera que tu hermano tuviera un crush por tu otro hermano,” agregó Mai, inmutada.
“Ehh, entiendo de dónde viene tu observación, pero…” Namazuo sonrió incómodo.
“Tsk,” Yagen jaló a Shinano de una oreja. “¡No tienes vergüenza alguna!”
“¡S-suéltame!” exclamó torturado. “¡N-nii-san, perdóname!”
“¡Te he dicho que no me llames así! ¡Compórtate como de tu edad! ¡Deja de faltarle el respeto a otros y de hacernos ver tan mal!”
“¡J-juro que no volverá a ocurrir!”
“¡¿Acaso quieres que le diga a nuestro hermano que te encuentras haciendo el ridículo y que lo estás implicando a él?!”
“¡No! ¡Todo menos eso!” suplicó aterrado. “¡Piedad!”
“Y-ya, tranquilo, Yagen…” Namazuo movió sus palmas para apaciguarle y dio un suspiro. Debía esperar a que la molestia de su hermano pasara un poco más antes de tratar de detener lo que ocurría. Sin duda, ello dejaría de lado lo que sea que lo andaba deprimiendo, pero no sabía qué tan positivo era cambiar la tristeza por la ira.

Esa llamada de atención duró un poco más, y luego de unas disculpas a Hajime y los demás, los hermanos finalmente se despidieron de los presentes para retornar a casa, donde lo sucedido sin duda no iba a ser del todo olvidado.




El cielo se oscurecía en pleno cálido atardecer mientras el sol terminaba con su larga despedida. Las primeras estrellas se veían a plenitud y el azul del cielo adoptaba severa profundidad por la llegada de la noche.

Luego de entretener a los Toushirou con una breve ceremonia del té antes de su partida, los demás alargaron esa tan importante merienda del día, al punto en el cual la ‘invitada de honor’ se invitó a sí misma a salir de ese ambiente tan ajeno a ella y tomar aire en el inmenso patio de esa casa. Al llegar la noche, y por la ausencia de personas, ese ambiente cálido y hogareño se volvió espacioso y cautivador por las múltiples estrellas que adornaban el cielo y la fuente de bambú a una esquina del pequeño lago artificial. Ella no tuvo que preocuparse por el camino de regreso ya que Shishiou se ofreció llevarle a su casa con su auto y no aceptó un no como respuesta, aunque ello significó que debía esperarle a terminar con su visita.

Entonces, oyó unos pasos acercarse. Vio a Mikazuki y ella sintió sentimientos encontrados que abarcaban desde una intensa culpa interna a un gran reproche dirigido hacia él.

“Has estado mucho tiempo afuera, ¿no tendrás frío?” le preguntó con amabilidad.
“Tsk, estamos casi verano, ¿qué te hace pensarlo…?” le contestó incómoda y sin energías, mientras desviaba su mirada.
“Si no me equivoco, pese a las apariencias, eres una persona bastante friolenta, y a esta hora ya no contamos con el calor del sol.”
“¿Cómo sabes eso?” ella se vio sorprendida, y entrecerró sus ojos con desconfianza.
“Hahaha, alguien en algún momento me lo habrá dicho, no le des importancia,” negó y le sonrió. Alzó su mirada hacia las estrellas. “Una hermosa vista, pero no quiero que te quedes aquí excesivamente si lo que buscas es el aislamiento. Eres mi invitada, no lo olvides…”
“…” bajó su mirada.



“¿…por qué me invitaste hoy a tu hogar…?”
“…” Mikazuki le miró atentamente. Había una gran carga emocional en su sombrío tono de voz, y sus ojos que se refugiaban en el suelo. Él se acercó y le agarró suavemente de una mejilla.
“…” Tharja se sorprendió por esa acción de su parte. Su cuerpo se tensó. Esa súbita acción le impidió ocultar su tumulto emocional, y su huraño rostro desistió y expuso tristeza y vulnerabilidad. Avergonzada de sí misma, desvió su mirada.
“Sólo un ser desalmado podría hacerte daño de este modo. Discúlpame, tal vez no te atendí como debí hacerlo,” observó meditativamente, mirándole a los ojos. “Esta es una tristeza que no quiero ver más. No te sienta bien.”
“Tsk…” dio un par de pasos hacia atrás para librarse del otro, y agachó su cabeza. Comprimió sus puños. “¿Qué es lo que alguien como tú vería en mí? Somos distintos, vivimos en mundos apartes. No soy de ningún modo excepcional.”
“¿Y qué es lo que tú verías en mí?” le regresó la pregunta. Sonrió. “No sabría responderte, sólo quiero tener la oportunidad de conocerte mejor. Eres una buena persona, Tharja. Eso es suficiente para mí de momento.”
“…”
“Te invité hoy porque quiero dialogar contigo, y porque he querido exponerte ante algo que evades. Todo aquello que puedas querer evadir es dado algún tipo de importancia por ti misma, y por ende, no deberías ignorarlo. Ello es lo que concluí.”
“…”
“Sonará pretencioso de mi parte, pero espero que al venir hayas podido encontrar o aprender algo que has estado descuidando.”
“…” sintió una leve indignación, pero estaba muy agotada como para pretender reclamarle.
“También, discúlpame por decirte esto, pero Ichigo me pidió que cuidara de ti.”
“¿Qué?” le preguntó con leve molestia.
“Hahaha, es inconveniente decirlo tan abiertamente y a su vez es una gran imposición de su parte hacia mí, ¿no te parece?” se vio entretenido. “Sin embargo, he decidido que lo haré y, para hacerlo, voy a tener que ser inconveniente.”
“…”
“No sé qué pudo haberte causado tanta aflicción ahora, pero son esta debilidad y este sufrimiento los que deseo combatir. Noto que vives torturada por tu pasado y tus defectos, muchos de los cuales son auto-infligidos.”
“…” desvió su mirada, pero el otro inmediatamente le forzó a prestarle atención al agarrarle de un brazo.
“Eres mucho mejor de lo que crees. No tienes por qué vivir con un concepto tan negativo sobre ti como para conformarte siendo una sombra, o rechazar acercarte a personas que no te han rechazado. No pretendas que eres incorregible o inferior, o que has perdido algo, porque todo tiene algún tipo de solución. Y recuerda que tienes a tantas personas a tu alrededor que te querrán y te apoyarán sin importar qué ocurra.”
“…” sintió un nudo en la garganta, y un reproche que ahora apuntaba hacia adentro.
“Ahora, quisiera que me permitas ser una de ellas…”
“…como digas…” dijo, temblando mínimamente. Apreciaba desde el fondo esa tan inesperada dedicación del peliazul, por más increíble que pareciera, incluso si no sentía que la mereciera… pese a su supuesta indiferencia, sabía que él podía leerle sin dificultades, para bien o para mal.
“Discúlpame nuevamente. Soy un ser muy complicado, hasta para cuidar de otras personas,” confesó con tranquilidad, soltándole. “Sé bien lo molesto que puedo ser.”
“…” le miró atentamente.
“Sé paciente conmigo, y espero poder contar con tu presencia a partir de ahora. Me haría muy dichoso,” dijo, haciendo una leve venia. “Ahora, te pido que me acompañes de regreso. No llegaste a degustar los postres que nuestros estimados allegados trajeron, y seguramente todos deben estarse preguntando qué ha sido de ti.”
“No parezco tener opción…” dio un suspiro. Tharja supo que le tocaría acostumbrarse a atender sus pedidos.
“En marcha,” sonrió gustosamente.

Los dos dejaron ese ambiente nocturno y regresaron a la iluminación y calidez de ese hogar, para ir de regreso donde los demás. Aquella accidentada visita llegaría a su fin, y sería seguida de varias más que evolucionarían con el pasar del tiempo. Ello ocurriría lentamente y casi sin ser percibido, pero incluso un grupo tan familiar como aquel tenía mucho por delante.

Hasta para aquellos con historias ya concretadas, habría mucho más que contar.


Eureka

ahhhhhhhhhhhhhhhhAAAAAAAAAh

De ahi edito con formato y topes :'v


38.







“Y…”
“¿Y?”

Allura lo observó, confundida.

Keith suspiró.

Cerca de una semana y media después del encuentro con Jason, las cosas parecían ir igual que siempre en su grupo de amigos, a excepción de la inclusión de Matt y de Teddie. Por el lado del hermano mayor de Pidge, no era sorprendente: Matt era sumamente carismático y divertido, tanto que se la había hecho sencillo acoplarse a ellos. A veces, sin embargo, se excusaba de las salidas o reuniones por aquellas amigas suyas que andaban diseñando un espacio de entrenamiento para HiMEs. El proyecto iba viento en popa y el grupo andaba emocionado por ello, puesto que Matt les había prometido ayudarlos a entrenar para poder apoyar a Allura.

El caso de Teddie era parecido: el Child era un chiste, y se les había hecho fácil incorporarlo a sus dinámicas… evitando, claro, que capte mucha atención no deseada. Era un alivio que contara con una forma humana, pero Teddie siempre era sinónimo de desastre, vaya a donde vaya.

Sin embargo, ese era uno de los detalles que menos le preocupaban: acá lo intrigante –aunque predecible— era la actitud de Allura. No sabía cómo debía reaccionar una HiME al conocer a su futuro key, pero la expresión de su amiga lo había dejado confundido durante todo ese tiempo. Eso, sumado al poco contacto que habían tenido ambos en el transcurso de la semana, no hacía más que darle mala espina a Keith.

Luego de conversarlo con Lance, Pidge y Hunk, encontraron que lo mejor era preguntarle al respecto. Como Keith había sido capaz de ayudarla a abrirse la vez pasada, lo designaron a él como el encargado de aquella nueva misión.

Aprovechando que tenían un tiempo libre y ambos andaban en la universidad, habían acordado en pasar la hora juntos. Keith había tratado de sacar el tema a colación desde que se encontraron, pero era demasiado difícil hacerlo de una manera sutil. Resignado, optó por ser directo, como siempre había sido.

“Ah…” Keith desvió la mirada. “¿No has vuelto a hablar con Jay?” preguntó, intentando sonar desinteresado… pero fallando súbitamente.
“¿Por qué lo dices?” Allura lo observó, curiosa.
“Bueno… lo del caso se veía urgente. Suponía que se habían juntado para revisar la evidencia y eso.”
“Pues sí, nos juntamos la semana pasada.”
“¿¡Qué!?” Keith no pudo esconder su sorpresa, y hasta su voz lo traicionó, quebrándose un poco por el asombro. “¿Cómo así?”
Allura soltó un par de risitas. “Suenas muy interesado. ¿Pasó algo?”
“Pues… uh…”
“Keith. Creo que entiendo lo que está pasando.”
“¿Yo… no?” Keith arqueó una ceja.
“Sé que… sé que tú y los chicos están preocupados por mí. Sienten que deben conseguirme un key lo más pronto posible, y como les comenté sobre las visiones, de seguro… tú piensas que eres el responsable de juntarme a mí y a Jason.”
“Bueno, sí. Todo indica que Jay es tu—”
“Pero… Teddie está aquí. Eso significa que ya tengo un key.” Allura suspiró. “Además… bueno, Jason es increíble. Siento que es un policía muy dedicado a su labor, y es muy amable… aún a pesar de que intente hacerse el rudo de vez en cuando.” Allura rio.

Keith asintió: su hermano mayor era una de las personas más amables que conocía. A simple vista, Jason daba la sensación de ser una persona que constantemente creaba barreras emocionales y se distanciaba del resto, pero lo cierto era que siempre andaba muy pendiente de sus seres queridos, y se preocupaba por ellos a su manera.

Eso sí: si resentía a alguien, le era muy difícil perdonar.

Como a su papá.

Y Keith no podía culparlo, porque Keith y Damian también estaban de su lado.

“El detalle es que…” la voz de Allura lo sacó de sus pensamientos, y Keith volvió a enfocarse en su amiga. Su mirada apenada le daba curiosidad, pero Keith optó por guardarse sus dudas. “Ese día que lo conocí, o bueno, nos volvimos a ver, no sentí nada. No sé si el primer encuentro entre HiME y key es especial… lo dudo, realmente. Pero no ha pasado nada en estas semanas, y siendo sincera, no creo que algo llegue a pasar… no somos tan compatibles como para ser amigos.”
“¿Debo suponer que algo sucedió en esa reunión?” Keith se veía un tanto preocupado.
“Oh, no te preocupes.” Allura sonrió. “No pasó nada malo. Al contrario, logré ayudarlo y sacarlo del estancamiento. Le confirmé que las heridas de aquella joven habían sido a manos de un rebel. Pero… bueno, el tema del veneno, la verdadera causa de muerte, es realmente un misterio.” Pensativa, se llevó un dedo al mentón. “No creo que un rebel sea capaz de recurrir a métodos tan poco ortodoxos. Todos… o al menos la mayoría, poseen la misma mentalidad: la batalla es lo más importante. Desde su punto de vista, envenenar al enemigo podría parecer cobarde… aunque no todos los rebels son así.”
“Kuro no lo era.”
“Sí, justo pensaba en él. Nunca se sintió cómodo con la lucha entre ambos bandos.”
“¿Tú crees que…?”

Aún sin terminar de formular su pregunta, Allura sabía a qué se refería.

“Honestamente, no creo que esté vivo,” afirmó, muy segura. “Pero… la curiosidad me gana. Si me animo a buscarlo, lo haré por mi cuenta.”
“Podría ser peligroso…”
“Lo sé. Pero me gustaría hablar a solas con él. Igual, Teddie estará conmigo, así que no habrá problema.”
“…” Keith pareció dudar por unos instantes, pero asintió. “Está bien. Ten cuidado, eso sí.”
“No te preocupe—”

Allura no pudo finalizar su frase, puesto que se detuvo en seco al divisar a lo lejos a una figura conocida.

         


A unos metros de allí yacía Sho Minazuki: su postura relajada contrastaba claramente con su mirada de pura concentración, con Keith y ella como sus claros objetivos. A su lado se encontraba aquella jovencita que había visto en las visiones de unas semanas atrás, de cabello celeste, expresión calmada y un hacha inmensa.

En cuestión de segundos, el rebel y su compañera tomaron impulso y, blandiendo sus armas, corrieron a darles el alcance.

Allura empujó a Keith a un lado, y ambos cayeron de bruces al suelo, evadiendo el ataque y salvándose por un pelo.

“Keith, escapa de aquí y ayuda al resto de alumnos a despejar la zona,” le dijo Allura, mientras se levantaban. Una mirada bastó para indicarle que Sho no les daría tiempo como para seguir conversando, por lo que se giró para darle la espalda a su amigo.
“Pero—”
“¡Anda!” le urgió ella, interrumpiéndolo.

Allura no volteó de nuevo: los ataques sincronizados de Sho y su compañera no se lo permitieron, puesto que evadirlos andaba costándole más de la cuenta. Sin embargo, por el sonido de pisadas detrás de ella, supuso que Keith le había hecho caso. Un grito por parte de él, y las posteriores indicaciones que dio a los alumnos alrededor, fueron indicios suficientes de que Keith había optado por seguir sus órdenes en vez de dejarse llevar por su impulsividad. Tal vez cayó en cuenta de que podría estorbarla como la primera vez, en donde Lance, Keith, Pidge y Hunk habían intentado apoyarla… sin saber a ciencia cierta cómo podían luchar contra el rebel.

Sho y su compañera se separaron para atacar desde el lado opuestos. Luego de llamarla por su nombre —“Labrys”—, Sho y ella blandieron sus armas en completa sincronización, con la intención de cortarla en dos. Allura se lanzó hacia un lado, cayendo al suelo. Por el rabillo del ojo observó que los ataques de sus enemigos destruyeron completamente el pavimento, y varios pedazos de cemento volaron por los aires. Aunque le costó, logró esquivar aquellos “proyectiles” y salir ilesa.

Ni bien confirmó la seguridad de los civiles y de Keith, Allura convocó su arma y su elemento. Rodeándose de llamas de fuego para evitar ser atacada en aquel momento de vulnerabilidad, probó convocando a su Child, pero Teddie, a diferencia de su arco y de su elemento, no se materializó.

“¿…Qué?”

Allura impidió que aquel detalle la distrajera. Sin embargo, antes de poder desvanecer las llamas de fuego a su alrededor, una ráfaga de viento creada por el hacha de Labrys consiguió abrirle camino entre las llamas. Allura se defendió del ataque con el mango de su arco, pero muy tarde notó que todo se trataba de una trampa. Por el lado derecho, Sho se acercó a toda velocidad, dispuesto a herirla con sus katanas gemelas. En un segundo, Allura saltó para atrás: el hacha consiguió hacerle un corte en el brazo, pero Allura suspiró aliviada al notar que había conseguido evadir a Sho.

La HiME corrió con todas sus energías, con la intención de crear distancia entre ella y sus enemigos. Allura se detuvo en seco al notar que Labrys se encontraba en frente de ella: al parecer, la velocidad de la compañera de Sho era mucho mayor que la suya. Era imposible realizar ataques con su arco a tan cortas distancias, por lo que optó por convocar de nuevo su elemento: con un giro de la mano, llamaradas de fuego emanaron de su palma, dirigidas hacia Labrys. La presencia de Sho detrás de ella la obligó a hacer lo mismo con él, volteándose en el momento exacto antes de que el rebel le hiriera por la espalda.

Al ritmo que iban, Allura sabía que tarde o temprano perdería. Luchar contra dos enemigos, y sin el apoyo de su Child, estaba probando ser más difícil de lo que creía. Sabía que, eventualmente, alguno de los dos encontraría la oportunidad perfecta para herirla.

Labrys y Sho continuaron con sus ataques sincronizados, sin darle un descanso. Allura logró esquivar la mayoría, pero unos cuantos consiguieron impactar y generarle cortes en el cuerpo. La adrenalina y la preocupación por salir de aquella situación le impidieron concentrarse en la gravedad de sus heridas, hasta que finalmente sintió que perdía las fuerzas. Al defenderse de un golpe de Sho con lo último de energía que le quedaba, supo que debía resignarse a recibir un ataque por la espalda por parte de Labrys.

Pero el impacto del hacha de Labrys nunca llegó. Notó, sorprendida, la cara enojada de Sho en frente de ella. Cuando su rebel saltó para atrás, creando distancia entre ambos, Allura se permitió voltearse para ver lo que había sucedido.

Un joven de tez oscura y cabellos largos andaba defendiéndola con una espada, impidiendo que el hacha de Labrys los alcanzara. El hombre consiguió ganar en aquella pequeña pelea de fuerza, y obligó a Labrys a saltar unos metros hacia atrás.

Lo último que vio antes de desmayarse fue la sonrisa calmada del joven.



   




Esto es nuevo, tú nunca llamas.

Lelouch se sintió un tanto culpable.

Suzaku no mentía: poco a poco, su tiempo se había visto reducido a tal punto de que le era imposible entablar conversaciones con sus amistades. Eso, lamentablemente, también tomaba en cuenta a su mejor amigo… peor aún, cuando se encontraban a kilómetros de distancia, y la diferencia de horarios jugaba en su contra.

Pero Suzaku no se veía enojado. Al contrario, portaba una de sus típicas sonrisas calmadas, y hasta parecía andar aguantándose la risa que le causaba la situación. El comentario no había sido a manera de queja, y Lelouch estaba seguro de ello.

“Sí, es cierto.” Lelouch suspiró.
No te preocupes, entiendo que te exigen mucho más allá en Japón que acá. Siempre me he preguntado por qué la enseñanza europea es tan… relajada,” comentó Suzaku, pensativo.
“Eso explicaría por qué decidiste quedarte en Oxford.”
¿Me estás diciendo flojo?” se quejó, a manera de broma. Lelouch bufó.
“¿Tal vez?” ofreció el pelinegro, risueño.
Jaja, no te lo puedo negar.” Suzaku rio. “Aunque más que flojera, creo que es… no sé, ¿falta de un verdadero reto? Estoy acostumbrado a leer, pero en vez de sentir el peso de los seis cursos que llevé este ciclo, creo que anduve más libre. No entiendo qué pasó.
“No sé qué tan bien te vaya en el intercambio, si va a ser una continuación de eso.”
Oh, es justo el ciclo que viene. Aún estoy pensando si quedarme aquí, en Europa… o tal vez ir a acompañarte a Japón por un año.
“¿Acompañarme? ¿…Es ese tu verdadero motivo?” Lelouch lo observó minuciosamente. Suzaku desvió la mirada, avergonzado.
…No dejas escapar ningún detalle.
“Por supuesto que no. Además, te has vuelto predecible con los años. ¿Quién es la afortunada?”
…Es una chica muy bonita…
“Ajá.”
Que… conoces.
“Sí.”
Y… bueno. Sí, la conoces.
“Suzaku, son las tres de la mañana. No estoy para rodeos.”
OKAYTÚGANASESEUPHIEJAJAADIÓS,” gritó Suzaku, y corrió a terminar la conversación.
“NO HUYAS” Las palabras de Lelouch lo detuvieron.
¿¡NO ES TARDE ALLÁ!?
“ESO NO IMPORTA. HABLA CLARO.”
¡ES EUPHIE, YA TE DIJE!

Por unos instantes, Lelouch se sintió derrotado.

Elizabeth y él habían apostado al respecto muchos años atrás, puesto que ambos predijeron que, eventualmente, Suzaku se enamoraría de Euphemia. Había costado la ausencia del celestino en cuestión para que sucediera, y tal vez, en retrospección, Lelouch se arrepentía un poco de haber intentado forzar las cosas entre su prima y su mejor amigo.

Lo cierto era que, a inicios de High school, cuando se mudó a Japón, Lelouch había perdido toda esperanza al respecto, mientras que Elizabeth aún creía que podía suceder. La bruja había ganado, y esto sólo podía significar una cosa: le debía un montón de dinero.

“…” Lelouch suspiró.

Las cosas iban de mal en peor.

Pero antes de poder sumirse en la desesperación total, encontró que más importante era buscar respuestas.

“A ver. ¿Cómo llegó a suceder esto?”
¿Lo dices por la apuesta entre Elizabeth y tú? Sí, ya estoy enterado de eso.” Suzaku sonrió.
“…Me imagino que la bruja te contó.”
Sí, ni bien le mencioné que me había dado cuenta de mis sentimientos.
“Traidora.” Lelouch rodó los ojos. “Pero… ¿Cómo fue? Euphie y tú se conocen desde… no sé, ¿los cinco años, tal vez? Sólo recuerdo que Yuna y ella vinieron a visitar un día y creo que ahí la conociste. Habíamos salido de las clases de piano con nuestro tutor, y me acuerdo que Yoite avisó que tenía visita. Y ahí te presenté a mis primos, creo.”
Oh, claro. Sí, entonces fue a los cinco, más o menos. Creo que por ahí también conocimos a Eu.
“…Sí,” Lelouch solo atinó a responder con aquella afirmación, un poco acongojado. No quería hablar sobre ella. Eureka era el motivo de la llamada, pero aún no se encontraba con las energías necesarias como para confrontar aquel tema.
Esa respuesta me suena a malas noticias. ¿Todo bien entre ustedes?” Suzaku no pudo esconder su preocupación. 
“De ahí… hablamos sobre eso.”
Supongo que me llamaste por ella, ¿no?
“…” Lelouch asintió, incómodo.
Un clásico.” Suzaku sonrió, enternecido. “Me sorprende no haberme dado cuenta desde el inicio de la llamada. Ahora que lo noto, te ves más cansado de lo normal.
“Sí, es cierto. Pero no te escapas.”
Sí, sí.” Suzaku suspiró. “Bueno. No sé, realmente. Nos hemos acercado porque estamos llevando un par de clases juntos. Y parece que eso nos ha permitido conocernos mejor. Hasta antes de este ciclo éramos “la prima de Lelouch” y “el mejor amigo de Lulu”. Nada más. Ahora…” Suzaku parecía un tanto avergonzado.
“Ahora… ¿son amigos?” comentó Lelouch, risueño.
¡Exacto!
“Me alegro.” Lelouch se veía muy satisfecho. Sólo faltaba confirmar que Euphemia sintiera lo mismo por su amigo, y se sentiría completamente realizado. “Supongo que ella quiere venir a Japón por el intercambio.”
Sí. Quiere visitarte a ti, a Simon y a Miharu. Era una sorpresa, de hecho, y creo que ya la arruiné, pero de ahí te comentará ella al respecto. Además… Yuna irá también.
“¿Yuna?” Lelouch arqueó una ceja. “Pero… él egresó de Oxford U el año pasado. No necesita hacer el intercambio…”
Oh, no. Parece que su viaje es por otros motivos. Hay ciertas diferencias entre todas nuestras familias. Supongo que Yuna va a intentar conciliar con el resto. Justo… me enteré de algo muy extraño hace poco.
“¿Qué cosa?”
Los hijos de Goldenleonard y de Campbell están en Tokio.
“¿Los mayores?” Lelouch arqueó una ceja.
Sí.
“¿…Qué hacen acá?”
Eso es lo que no entiendo. Radican en Londres y Oxford. ¿Cuál es la necesidad de viajar al otro lado del mundo?

Los Campbell y los Goldenleonard pertenecían a aquel cerrado círculo social de las familias más allegadas a los Vi Britannia. Eran socios importantes de su padre y, por tanto, Lelouch conocía a los hijos de ambas familias de hacía mucho tiempo. Sin embargo, se llevaban como perros y gatos: la actitud arrogante de Wolfgang y la hipocresía de Nea alejaban a cualquier persona que intentara acercarse a ellos. Y tampoco era que Lelouch se había esforzado en hacerlo: exudaban petulancia y vanidad, tanta como para impedirle entablar al menos una relación cordial con los dos.

Wolfgang y Nea eran completos opuestos a Elizabeth, Suzaku o Lianna, o sus primos, como Yuna y Euphemia. Y aunque Lelouch era consciente de lo utópico que podía ser desear llevar la fiesta en paz con todos los hijos de los socios de su padre, aún tenía una pizca de esperanza. No porque pretendiera heredar el puesto de director de la compañía: ese rol estaba designado para su hermano mayor. Sino para ganar un poco de apoyo para su propio proyecto, en un futuro.

Sin embargo, la presencia de Wolfgang y Nea en Japón significaba una declaración de guerra. Ambos sabían de las habilidades de Lelouch, y al parecer, encontraban irónico que, en vez de apoyar a su padre, estuviese en Japón con algunos de sus hermanos.

“Puede que sea a propósito. Para retarme, en cierta forma. Después de todo, soy el único que decidió salir de Inglaterra.”
Sí, puede que tengas razón. Es… preocupante, de todos modos. Si me entero de algo, te avisaré.

No podía negar que le agradecía a su amigo por la ayuda, pero él también pensaba investigar por su cuenta. El dato de la llegada de aquellas familias importantes no podía pasar desapercibido en redes, y hasta tal vez encontraría información sobre las universidades o los lugares donde se andaban hospedando. Aunque, conociéndolos, de seguro y tenían mansiones en Tokio. No era jalado de pelos pensar en aquella posibilidad.

“Por favor. No quiero más problemas, pero si vienen a mí, al menos debo estar preparado,” le dijo.
¡Exacto!” Suzaku asintió. “Más vale prevenir que lamentar. Te avisaré ni bien me entere de algo.” Su semblante pasó a mostrarse un tanto preocupado, y Lelouch supo en esos instantes cuál era el siguiente tema de conversación. “Y… bueno, respecto a lo de Eu… ¿Quieres hablar sobre eso?
“Ese es otro dolor de cabeza.” Lelouch masajeó sus sienes, sintiendo los inicios de una migraña. “Cada vez se mete en más problemas. Extraño aquellos tiempos en los que sólo debía pelear contra su rebel. Ni salía tan herida como ahora.”
Me acuerdo que me comentaste que volvió a ser HiME, pero más no sé.
“Si te soy sincero, estoy muy confundido. Entiendo algunas cosas, pero otras no me cuadran del todo, por más de que ha intentado explicármelo y todo.”
¿Qué pasó?
“Es… muy cercana a su rebel. Se conocieron hace unos meses, en la boda del tío de Haruhi. Y no sé cómo sucedió, pero son buenos amigos.”
Mm… No necesitas decirme más.
“¿Por qué lo dices?”
Supongo… que eso te preocupa. Los rebels nunca tienen buenas intenciones, o al menos no usualmente.
“Sí. Pero de ahí recuerdo que Hizumi y Kanone fueron rebels. Y ahora…”
¡Cierto! Están viviendo en tu casa.
“Exacto. Y Hizumi… bueno, me he acercado un poco a él en estos últimos años. Somos como amigos… supongo.”
¿Supones? ¡No me hagas reír!” Suzaku sonrió. “Son amigos. No entiendo por qué te cuesta aceptarlo.
“Es… extraño.” Lelouch suspiró. “Pero bueno. Hizumi es un caso aparte.”
¿Has intentado conocerlo? Al rebel. ¿O hablas en base a primeras apariencias?
“Bueno. Sí, supongo que estoy dejándome llevar por la primera impresión que tuve de él.”
Mm…” Suzaku se mostró un tanto pensativo. “Creo que deberías involucrarte más en todo.
“El problema es que… discutimos hace unos días, Eureka y yo. Y se ha ido a vivir a la mansión HiME. Aún no regresa, y ya va a cumplirse una semana.”
¿Por qué no vas a arreglar las cosas con ella?
“Porque siempre soy yo el que lo hace. Estoy esperando que ella tenga la iniciativa.”
Buen punto. Eu siempre ha sido un poco… dejada con sus relaciones. Hablo de amistades, por supuesto. Porque tú eres su primera pareja, ¿no?
“…” Lelouch asintió, en silencio.
Supongo que le tomará un poco de tiempo entrar en razón. Pero no sé qué tanto esté equivocada ella… aun no entiendo, ¿pelearon justo por su rebel? ¿Al final la traicionó?
“No. De hecho, ella está que lo protege de cualquier peligro… Es complicado, pero el punto es que Rizembool anda pendiente de sus rebels. No piensa permitir los mismos errores del conflicto pasado, donde varios rebels cambiaron de bando.”
Ah, y supongo que, por ello, Eu está involucrada en todo ese rollo…
“Deber ser su manera de pagarle el favor que le hace al mantenerse en el puesto. Si su rebel renuncia, no hay garantías de que le toque otro rebel igual de racional que él.”
Bueno, eso explica por qué intenta tener una buena relación con él. Creo que estás siendo un poco exagerado con todo el asunto… ¿tal vez las cosas son más sencillas de lo que crees?
“No. Yo… prefiero que su rebel sea uno más de la vieja escuela a tener que ver cómo sale herida constantemente por proteger al actual.”
¿Y está peleando sola? ¿No hay knight como la otra vez?
“…Pues… el key tiene poderes, esta vez.” Lelouch convocó una pequeña llama de fuego en la palma de su mano.
¡Wow!” Suzaku no cabía en su asombro.
“Quedamos en que iríamos a consultarle al respecto a Miranda, pero nunca lo hicimos. Y no estoy para ir detrás de ella recordándole lo que tiene que hacer. Parece… más pendiente del tema de su rebel.”
Mm.” Suzaku entrecerró los ojos, mirándolo con mucho cuidado. “¿Me parece… o estás celoso?

Lelouch bufó.

No había forma de ello.

“No.”
Usualmente, cuando tu respuesta es tan seca y tan rápida, es porque estás mintiendo.” Suzaku rio. “Pero bueno. ¿Has probado ofreciéndole tu ayuda? Tal vez el peso entre tres es más sencillo de cargar. Pero… debo admitir que se me hace muy gracioso imaginar a un key y a una HiME protegiendo al rebel.
“Lo intenté. Le sugerí apoyarla como su key, pero me indicó que podía ser riesgoso, porque aún no sé cómo controlar mis poderes.”
Deberías intentarlo de nuevo, e insistir con lo de Miranda. Creo que si estás más cerca de ambos, se te hará más sencillo notar si el rebel está escondiendo algo… o si realmente es genuino, y es una buena persona. Ah, y de paso, si tus celos tienen sentido o no.
“No— Yo no—”
¡Jaja!” Suzaku soltó una risotada. “Está bien. Haré como que te creo. Pero bueno, piénsalo. Estoy seguro de que te irá mejor si te unes al “hipotético” enemigo. Suerte con eso.
“¿Ya te vas?”
Deberías dormir. Es tarde, y de seguro ya te dejé con varias dudas luego de esta charla.
“Es… cierto.”
¡Descansa! Ya luego hablamos~” Y le sonrió.

Luego de ondearle la mano a manera de despedida, Suzaku cortó la videollamada.

Lelouch se mantuvo quieto por unos instantes, y luego, cerró la tapa de su laptop. Entrelazó sus dedos, y apoyó su rostro en sus manos, meditando sobre las palabras de su amigo.

Sin duda, esa noche le sería difícil conciliar el sueño.

« Last Edit: July 30, 2018, 10:13:58 PM by Eureka »


Kana

Dejo fic compartido con @Eureka el cual estará dividido en tres partes :3

Para el conteo: Lo que está en este color es escrito por mi, y lo que está en color negro es lo que escribió Eureka.




Hace unas cuantas semanas que cada día había sido igual de intenso y negativamente eterno para los alumnos de Rizembool al encontrarse en fechas de finales de semestre. Por lo que muchos alumnos estaban agobiados bajo pilar de libros e impresiones estudiando para sus últimos exámenes antes de irse de vacaciones, otros que estaban más críticos se preparaban para rendir exámenes que determinarían si podían seguir con sus carreras o lamentablemente abandonar la universidad. Fuera de esto, los estudiantes que se encontraban adherentess a los diversos clubes de la universidad mantenían la carga extra de tener que enfrentar las últimas competencias a niveles regionales y nacionales para ver quien era el que se quedaba con el anhelado primer lugar en sus distintas doctrinas.

Para los alumnos que estaban en exámenes, que además eran parte de algún club, y que además eran Rebels era mucho más extenuante la jornada universitaria. La falta de tiempo se notaba con facilidad entre el grupo de chicos que se encontraban en la casa de Kaworu Nagisa aquel atardecer. Habían planeado juntarse para pasar el rato (algo sano, casi como junta de estudio. Nada que fuera igual a las descarriadas salidas que tenían anteriormente los fines de semana que involucraba alcohol, choques, problemas con la justicia y otras cosas así) lo cual fue una propuesta de hace semanas atrás pero no se podía concretar ya que siempre alguno de los chicos terminaba desertando debido a compromisos con otras situaciones.

Finalmente se habían podido juntar esa tarde para pasar el rato, estaban todos en una de las tantas salas de estar de la casa de Kaworu. Como vivía solo en esa enorme mansión no había tenido problemas en ofrecer su morada para juntarse aquella tarde. Habían ordenado unas cuantas pizzas, algo de comida china y otros comestibles no muy saludables para comer además de bebestibles variados. Instalaron la Play Station 4 en la Smart TV y prontamente comenzaron a distraerse con las partidas de juego. Si bien parecían estar entretenidos ya sea distrayéndose con los videojuegos o conversando amenamente, lo más seguro es que esa junta terminase antes de las doce de la noche.

“Ah, ¿Qué nos pasó? Estamos peor que niños de primaria que deben irse antes del anochecer a sus casas.” Se quejó Oikawa, quien se encontraba tendido completamente en uno de los sillones.
“Tal vez nos estamos volviendo viejos…” dijo Kaworu, sonriendo.
“¡Kaworu-chan no digas esas cosas!” el capitán del equipo de volley lo miró con reproche. “Uh, ¿Qué es eso?” preguntó al ver que el peligris dejaba una fuente con un contenido extraño.
“Ah, como vi que hay muchos alimentos altos en grasas saturadas y carbohidratos, le pedí a mi sirvienta que preparara algo saludable por si alguno prefería algo más suave. Así que preparó quinoa con champiñones y verduras.” El joven se sentó en un hueco que había dejado Oikawa al respingarse.
“Eh, creo que a los chicos no les llamará la atención.”
“No sé. Siempre he pensado que Souji es más del tipo naturalista en cuanto a alimentación. Hay que pensar en todos.” Dijo con serenidad. “Oikawa, por cierto, cambiando de tema ¿cómo has estado? No hemos hablado mucho, pero es fácil notar que estás un tanto lesionado.” preguntó analizándolo detenidamente.
“Ya estoy mejor. Afortunadamente soy una persona muy saludable y fuerte.” Se jactó el joven. Si bien aún quedaba uno que otra marca, Kaworu comprendió que las palabras de Oikawa algo de razón tenían porque no se veía como una persona toda destruida en el piso después de tal evento. Suponía que aquellos golpes tenían eran relacionados con el tema Rebel y HiME.
“¿Y Eureka-chan?”
“Ahhh. Ella ya está mejor. Estuvo un poco más lastimada que yo pero felizmente ha evolucionado muy bien.”
“Que bien. Dale saludos de mi parte. Que no se exponga irresponsablemente.” Lo miró detenidamente, como cuando se quedaba mirando a alguien de manera fija y prolongada. “Tú también debes cuidarte.” 
“Aw, que atento eres.” En ese momento, el timbre sonó. “¡Debe ser Souji-chan!” el pelicastaño se levantó de un salto “Iré a abrirle la puerta”
“…” Kaworu se quedó viendo en esa dirección que Oikawa tomó para ir a abrir la puerta. Sonrió un poco divertido porque no alcanzó a decirle que alguno de los sirvientes podría abrir la puerta. “En fin.” Probó un poco de quínoa, le pareció que el sabor era agradable.
“Eh, Eren quizá deberías buscar un club más pasivo…” comentó Kaneki, quien estaba sentado en un sillón individual al lado del susodicho. Observó de reojo al Rebel quien además compartía trabajo con él en la cafetería.
“¿Por qué?” Eren no lo miró pues no podía apartar la vista de la pantalla. Estaba en proceso de lograr la misión con su personaje.
“Cada vez tienes más hematomas en el rostro… El jefe de la cafetería está bastante preocupado por ti.”
“¿Por qué?” Preguntó de nuevo por inercia.
“Eh, quizá piensa que estás en problemas.”
“Oye, pero no puedo dejar el club de boxeo. Es en el único que quedaba cupo cuando llegué… Bueno, y el de manualidades. Pero eso era muy… eh, afeminado.” Pausó la partida. “Pero, ¿qué me dices de ti? ese parche hace pensar que alguien te maltrata en casa.” Preguntó con un deje de inocencia.
“Ehhh, esto… Es que soy torpe por naturaleza.” Alzó los hombros. “Quizá ambos deberíamos cuidar nuestros rostros por presentación personal. Después de todo trabajamos con trato directo con el cliente.”
“Buen punto.”
“O pueden usar maquillaje. Hehe. Una buena base BB MAC, por ejemplo.”
“¡¿Nagisa que mierda?!” Eren se engrifó dando un salto en su sitio. “Jamás.” quitó el pause y volvió a jugar, para pasar el mal rato con ése.
“Hola, chicos.” Saludó Souji cuando llegó a la sala acompañado por Oikawa.
“Hola” Saludaron los otros al recién llegado. Posteriormente todos buscaron un sitio donde sentarse. Comenzaron a hablar un poco pero luego notaron un detalle MUY notorio.
“Kaneki, ¿Sho no se vino contigo?” Preguntó Kaworu.
“¡Cierto! Sho-chan y tú siempre andan juntos para todos lados.” Oikawa observó a Kaneki mientras abría una lata de refresco.
“Ehh, es que hoy no lo he visto...je” el pelinegro llevó la mirada hacia un costado, simulando poner atención a los aperitivos presentes para escoger alguno.
“Tal vez tenía algún compromiso que atender…” Comentó Souji, quien observó con atención al pelinegro. Intuía que posiblemente las cosas no estaban bien con ellos dos desde que Seven le había revelado a Sho donde verdaderamente había estado Kaneki tras el incidente del ataque a Hanasaki.
“Quizá se quiere hacer el interesante.” Dijo Eren, soltando al fin el joystick. Como había perdido prefirió integrarse a la conversación.
Junto en ese momento, el timbre sonó nuevamente. “Ah, hablando del rey de roma.” Dijo alegremente Oikawa, quien se fue a abrir la puerta otra vez.
“Eh, Oikawa no es necesario que vay—” Kaworu vio que ya estaba lejos. En cosa de unos pocos momentos Oikawa regresó con Sho.
Los presentes se saludaron, le preguntaron a Sho qué era lo que le había retrasado lo cual el pelirrojo argumentó que tuvo demoras en la entrega de turno.
“¿Era eso o tuviste una cita y nos quieres mentir para que no te molestemos?” Dijo Oikawa, mirándolo divertido. “Oh, espera… ¿Tú en una cita? Verdad, eso queda descartado instantaneamente” rio.
“Hey, a ti que te importa. Además el que tienes menor probabilidades de tener una cita decente eres tú.” Sho lo miró ofendido y molesto. “Ya les dije que esperé el cambio de turno.”
“Pero en tu mensaje en el grupo de Whatsapp decía que tu turno terminaba como hace tres horas… Que sospechoso que se haya tardado la otra persona.” Eren lo miró incrédulo.
“Trabajas en algo similar, ya debes conocer que algunos se tardan y te joden todo el día.” Contestó Sho
“Lo sé. Pero yo en tu lugar lo dejo botado.” El joven de ojos verdes miró instintivamente a Kaneki, al sentir que había cometido una falta grave al delatarse. Sabía que Kaneki le pediría que cambiara su pensamiento ya que trabajaban juntos y no era bien visto si Eren hacía eso después de que Kaneki lo había recomendado tanto con el dueño del negocio. Eren abrió los ojos en sorpresa al ver que el pelinegro no le recriminó tímidamente como siempre, sino que mantuvo su mirada hacia un costado desvinculándose de la conversación. “¿…?”
“Parece que últimamente haces más turnos que antes.” Reflexionó Oikawa.
“Eh, algo así… y todo lo que tiene que ver con el plano de Rebels.” Miró un punto inexistente así evitando a Kaneki y a Souji. A este último no había saludado más que un “Hola” escueto. Lo raro también recaía en que Souji no le había comentado nada a Sho respecto a su demora. Pero al parecer ese día estaban todos muy raros.

Hablaron un poco más mientras probaban los alimentos y saciaban su sed, hasta que decidieron armar una partida en conjunto comenzando prontamente a jugar. Pese a que todo parecía tomar su curso normal, donde los chicos comentaban la jugada realizada o una que otra grosería por perder, o demorarse en empezar el juego siguiente especialmente porque Eren reclamaba que en el Mortal Kombat y otros juegos siempre le seleccionaban personajes femeninos para que él usara siendo el único que en las peleas grupales era la “chica”. Todo eso era común entre ellos.
No obstante, era evidente que algo estaba pasando sólo al mirar que Sho estaba de un extremo de la habitación y Kaneki del otro extremo, sin cruzar ni palabra ni mirada ni ser compañeros de equipo.







La noche llegó a su fin cuando muchos miembros del grupo resolvieron que lo mejor sería regresar a sus casas para poder continuar con los estudios que habían dejado a medias. A la hora de despedirse, la tensión entre los hermanos quedó muchísimo más clara: Sho se excusó primero con una excusa en los labios sobre un material que había olvidado en la casa de Marie. Ken, por su lado, se retiró luego de eso, con la mirada perdida y un silencio poco característico de él. Era cierto que no habían interactuado casi nada durante la reunión, pero irse por separado significaba que el problema era más grande de lo que creían.

Souji fue el único que se quedó con Kaworu, luego de que el resto se regresara a sus casas. A diferencia de ellos, Adachi se había ofrecido a recogerlo, pero como andaba al otro lado de la ciudad, le pidió que lo esperara. Conociendo su actitud, Souji no tuvo de otra que acceder, aún a pesar de no querer incomodar a Kaworu. 

Kaworu era el más observador del grupo, y no demoró en notar que Souji también andaba igual de distraído que los hermanos, como si tuviera algo en la mente que lo estaba agobiando. Pero ya luego le preguntaría por ello.

“Disculpa, Kaworu. Es un poco tarde y no debería incomodarte así…” se excusó Souji. Kaworu le sonrió.
“No te preocupes, no hay problema, en serio. Además, entiendo que Adachi-san es un tanto controlador y si te vas por tu cuenta podría ocasionar problemas…”
“Sí…” Souji desvió la mirada. “Sí, tienes razón.”
“Es extraño, aun así. Lo normal sería confiar en la otra persona.”
“Lo sé. Pero a veces—” Souji se cortó a sí mismo abruptamente. “No, nada.”
“¿A veces?”
“A veces… Ugh, no.” Souji negó con la cabeza. “No quiero molestarte con mis problemas. Encima de que me estoy quedando hasta más de la una de la mañana, ¿te voy a contar mis dramas? ¡Qué horrible!” Souji rio. 
“Somos amigos, ¿no? No hay problema con eso.”
“Oh, pero lo mío tiene solución, creo,” dijo Souji. En el fondo, sin embargo, sabía que mentía.
“No pretendo entrometerme en asuntos que no son míos, pero por tu rostro, intuyo que no es así.” Kaworu cerró los ojos, con una sonrisa en su calmado semblante. “Descuida, no necesitas explicarme si no te sientes cómodo en estos momentos.”
“No es eso. Es sólo que… Bueno, siento que hay cosas más preocupantes que mis asuntos. Lo de Ken y Sho sí está complicado.”
“Creo que todos lo notamos. Usualmente, durante la semana, había un momento en que Ken y Sho pasaban tiempo juntos en la universidad aún a pesar de sus horarios, pero desde que regresó de su viaje, los noto distantes.”
“Yo igual. No… No he hablado con Sho últimamente, así que no sé realmente qué pasó, más allá de que me contó que Kaneki regresó bien y todo.”
“Mm, sí. Me acuerdo que Sho preguntó por Kaneki. Ese viaje aún se me hace muy extraño, porque dijo que era por el proyecto de carrera, pero… en nuestra malla curricular no hay nada así. Al menos no aún. Y estamos llevando los mismos cursos.”
“Sí, justo por eso, todo fue demasiado raro. Lo bueno es que está a salvo. Pero sospecho que justo por eso han discutido, y aún no se han reconciliado. Como he dejado de hablar con Sho, y no soy tan cercano a Kaneki, no veo la forma de ayudarlos…” Souji se veía un tanto apenado.
“Siempre hay una manera, Souji,” le aseguró Kaworu, con una sonrisa. “Hay… un festival que se acerca.”
“Oh, Sanno, ¿no? He ido unas cuantas veces.” Souji sonrió, recordando el festival del año pasado.

El Festival de Sanno era uno de los más concurridos en Tokyo. Se llevaba a cabo cada año entre mediados y finales de junio y consistía, principalmente, de una procesión, pero también tenía una demostración de fuegos artificiales y varias atracciones en el templo Hie Jinja. La familia Seta era poco tradicional, pero aún contaba con miembros muy estrictos respecto a los ritos y la religión, como su abuela, quien siempre jalaba a sus nietos a ese tipo de festivales. Recordaba haber asistido al festival el año pasado, junto con Bokuto, Nanako y ella.

“¿Qué pasa con el festival de Sanno?”
“Pienso que sería bueno visitar el templo e ir a ver el espectáculo de fuegos artificiales,” sugirió Kaworu. “Podríamos ir en grupo. No sólo nosotros seis… tal vez sería bueno avisarles a las chicas también.”
“¿…?” Souji se mostró confundido. “Pero dudo que Sho y Ken vayan. Así como están las cosas…”
“Oh, ese es el punto. Ellos no sabrán que los estamos invitando a los dos. Yo hablaré con Kaneki, pero necesito que tú hables con Sho.” Kaworu sonrió. “Esos dos no van a solucionar el problema por su cuenta, así que debemos intervenir.”
“…” Souji guardó silencio. “El detalle es que…”
“Algo pasó entre tú y Sho, ¿no?”
“…” Souji rio. “Nada pasa desapercibido para ti, Kaworu.”
“Tú sí sabes esconder bien lo que sientes… pero Sho es demasiado fácil de leer. Desde el saludo que te dio hasta las pocas interacciones que tuvieron hoy, supuse que algo andaba mal entre ustedes.”
“Es… complicado.”
“Eso es lo que te tiene un tanto ido, ¿no?”
“Sí. Siento no ser de tanta ayuda.”
“No hay problema. Entonces al revés: yo hablaré con Sho, y tú con Kaneki. Es sólo decirles que hemos organizado una salida en grupo pero que su hermano no irá. Y cuando se encuentren y quieran evadirse, buscaremos un momento para dejarlos a solas.”
“Disculpa. Siento que, si ahorita me llevara bien con Sho, podría hacerlo reaccionar…”
“No deberías sentirte responsable por algo que escapa de tus manos. Es bueno querer ayudar, pero hay cosas que no podemos solucionarlas por nuestra cuenta. Al final, todo esto depende de cuán dispuestos están a dejar atrás lo que pasó y retomar su relación de antes.”
“Ojalá que sí quieran arreglar las cosas entre ellos. Me apena verlos así…”
“Sí.” Kaworu asintió. “Pero bueno. Tenemos un plan, entonces. Yo mañana hablaré con Sho, y le avisaré a Eren. Tú encárgate de Oikawa, para que no se le vaya a escapar algún detalle que nos delate.”
“Sí. Tooru puede ser un tanto despistado.”
“Eren también.” Kaworu rio.
“Cierto, cierto.”

Una tonada pop invadió la sala, y Souji sacó su celular inmediatamente para contestar la llamada entrante. Era Adachi, avisándole que estaba esperándolo afuera.

“Kaworu, Tohru ya llegó. Coordinamos lo del festival en estos días, ¿te parece?”
“Sí, claro.” Kaworu asintió.

Kaworu fue a acompañarlo a la puerta, y luego de una corta despedida, Souji corrió hacia el carro de su pareja.

Esperaban que, más allá de lo que podía suceder, las cosas retornaran a la normalidad de todas maneras.






“¿¡Qué dices!?”

El grito retumbó por las paredes de aquel piso de la biblioteca, y Souji no demoró en notar las caras curiosas del resto de alumnos que, justo como ellos, andaban utilizando ese espacio para estudiar antes de los exámenes finales.

Tal parecía que Oikawa sí se había dado cuenta del tema entre Ken y Sho, pero no estaba tan enterado de los detalles. Sin embargo, le sorprendía que se debiera a algo un poco más profundo de lo que esperaba: la desaparición de Ken no había pasado desapercibida para él, pero hasta cierto punto, había esperado que se tratase de algo tan sencillo como la excusa de un viaje de estudios. Que Rizembool ande detrás de eso realmente lo preocupaba, porque podía ser similar a su caso personal. Después de todo, ser rebel y no cumplir con el objetivo era una falta muy grave para la institución, y él ya andaba pagando las consecuencias.

“Lamentablemente, no estoy tan enterado de lo que ha pasado. Por… lo de… bueno, tú sabes.” Souji desvió la mirada, avergonzado.
“Sí.” Oikawa asintió. “No lo ha hablado contigo. Tampoco con Marie-chan o Anemone-chan. Así que nadie sabe realmente lo que pasó con Kaneki-chan.”
“Lo cierto es que ese tema los tiene así. Imagino que discutieron por eso y desde ahí están distanciados. Pero, en fin. Te contaba esto porque Kaworu tiene un plan para hacer que se reconcilien. ¿Sabes del festival de Sanno? Ya se acerca…”
“¡Oh! Claro, todos los años voy al espectáculo de fuegos artificiales. Es genial~”
“Kaworu pensó que sería bueno ir en grupo. Les avisamos a ambos, pero ellos no saben que el otro irá. Ambos pensamos que era mejor avisarte a ti y a Eren por separado, para que estén al tanto de todo.”
“A veces soy un poco bocotas como Sho-chan, es cierto~”
“Sí.” Souji asintió. “Confío en ti, entonces.”
“¡No hay problema!” Oikawa sonrió.






Había algo en la personalidad de Nagisa que lo perturbaba, y de eso no cabía duda. Podían ser amigos (hasta cierto punto, por supuesto), pero eso no quitaba que el peligris era sumamente observador, tanto que hasta parecía estar enterado de todo sin necesidad de hacer una pregunta al respecto.

No le sorprendía, por tanto, que notara las ligeras diferencias en las interacciones entre los miembros de su grupo de amigos. Eren no era tan estúpido como parecía, y al menos sí había notado la sutil pelea entre los hermanos, sólo que Kaworu lo había sorprendido al mencionar que no eran los únicos con problemas. Sin embargo, no hizo mención acerca de quiénes eran los protagonistas del otro lío, y Eren sentía que ni quería enterarse, por lo que no realizó comentario al respecto.

“¿Y qué es lo que piensas hacer? Supongo que no me lo comentas por nada,” dijo Eren, mientras caminaban por la universidad. Kaworu le sonrió enigmáticamente, y un escalofrío lo invadió. Había algo en la mirada de Nagisa que lo incomodaba.
“¿Sabes del festival de Sanno? Es uno de los más grandes de la capital. Tendrá un espectáculo de fuegos artificiales y una procesión, así como ciertas actividades en el templo Hie Jinja. Souji y yo hemos invitado a los hermanos por separado, contándoles que iremos en grupo pero que su hermano no irá. Ambos accedieron, un poco tranquilos con esa idea.”
“…Pero supongo que iremos todos. Y ahí se verán las caras.”
“Ese es el plan. De ahí buscaremos un momento para que puedan hablar a solas.”
“Mm, okay.” Eren asintió.
“¿Irás?”
“Sí, no veo por qué no.”
“Perfecto.”
“…Y tranquilo, no… no diré nada.”
“Gracias. A ti se te escapan las cosas a veces.”
“¡No es mi culpa! Sobre todo, cuando planean cosas como esta de invitar a alguien, pero excluyen a otro o cosas así…”

Kaworu rio, y asintió.

Esta vez, sin embargo, todos irían, y ahí estaba el ligero problema.




 


No había pensado que volvería alguna vez en la vida en ser nuevamente “Shizuru” ya que verdaderamente tenía la certeza de que no volvería a ver a ese grupo de chicos Rebels y ex Rebels que conoció con Eureka en la fiesta de estudiantes de Rizembool cuando ambas habían planeado infiltrarse. Después de todo, había visto nuevamente a Kaworu quien ya conocía su identidad, y ahora Kaneki, quien era su Rebel, también sabia quién era realmente. A ellos se sumaba que Oikawa también sabía que Shizuru no existía realmente. Pero los demás no tenían en dominio aquel detalle.

En cambio, Eureka sí había podido seguir haciendo uso de su doble identidad, “Shinoa”, después de esa fiesta ya que Oikawa la había comprometido a ser manager del equipo de Volley y por tanto estuvo obligada a mantener esa caracterización para que no descubrieran su identidad. En su caso, también había personas de ese grupo que conocían su verdad, los cuales eran Oikawa y Souji fundamentalmente, quien conocían más de ella, y también Kaworu… Que parecía enterarse de todo. Pero las dos HiMEs compartían el mismo detalle: Las dos seguían siendo “Shinoa” y “Shizuru” para los dos Rebels que parecían más complejos en ese grupo: Sho y Eren. Sobretodo por Sho, quien parecía ser un tanto impulsivo y dedicado a su posición de Rebel. En ese entonces, había sido candidato para convertirse en Rebel, pero según lo que les trasmitió Oikawa a ambas cuando las invitó al festival, el pelirrojo actualmente era Rebel y se tomaba su rol en serio. En cuanto a Eren, se notaba que tenía preparación física, pero su discurso jamás parecía enfocado a su posición de Rebel. De todos modos, las chicas no podían confiar libremente en ese par e ir libres de cubrir sus identidades.

“Ahh, no sé cómo lo haremos con estas pelucas nuevamente. Ese día fue un poco fácil, pero ahora con estos trajes tradicionales” Kana soltó un suspiro, curvando las cejas.
“Espero que todo salga bien. Ni quiero pensar que nos caiga una chispa de fuego artificial en las pelucas…” Eureka se quedó pasmada al pensar en esa posibilidad. No era una persona negativa, pero últimamente su mala suerte estaba haciendo gala de la fama que ese grupo de chicos de Rizembool le había dado a su persona.
Ambas chicas estaban esperando sentadas en una banca, las dos usando un kimono tradicional y el cabello en un perfecto tocado con adornos típicos de aquellas festividades. Se habían juntando previamente para conseguir todo lo necesario para lucir bien para aquel encuentro. Posteriormente se habían alistado en la mansión HiME colocándose sus kimonos, ayudarse con el peinado de sus pelucas (…) los adornos decorativos para el evento, accesorios y detalles necesarios.
“¿Estás segura de ir?” La HiME del magnetismo observó a la HiME de la electricidad. “Después de que tuviste ese accidente con tu Rebel y terminaron hospitalizados…”
“Estoy segura” Asintió Eureka, convencida. “Afortunadamente eso no pasó a mayores. Además, creo que es lindo poder ayudar a Kaneki con su hermano Sho”
“Ajá” Kana asintió. Oikawa no era una persona que guardara secretos y directamente les había contado que el objetivo de esa salida era reunir a los hermanos que estaban distanciados
“Creo que se han tardado en llegar…” comentó Eureka, curiosa. 
“¿Se supone que vendrían a pie o…?”
“…” Ambas se miraron con consternación e incertidumbre ante la fatídica imagen que se les vino en mente. Justo cuando iban a balbucear palabra, un automóvil cruzó la calle y frenó frente a la banca donde estaban ellas.
Souji bajo del automóvil y las saludó animadamente.
“Perdón por la tardanza, nos equivocamos de camino.” Dijo el joven, abriendo completamente la puerta trasera para invitarlas a subirse al vehículo. Souji llevaba puesto un traje tradicional que lo hacía ver realmente bello.
“Un momento, ¿Kaworu está manejando?” Eureka fue la primera en mostrar la preocupación que ambas HiMEs habían tenido segundo atrás.
“Sí” Kaworu se asomó entre los asientos, estando él en el sitio del chofer. “Hola” Les saludó cálidamente. Al igual que Souji, él venía usando un traje propio de su cultura.
“Yo no iré adelante.” Kana miró consternada a Souji cuando vio que éste le abría la puerta del copiloto para que acompañara a Nagisa. Kana era una persona seria y poco expresiva pero la mirada que le dio a Souji le hizo sentir al ex Rebel que le estaba suplicando que él tomara su lugar.
“Eh…” Souji miró a Kaworu.
“Perdón, Nagisa, pero la última vez que subí a un vehículo contigo sentí que te gustaba mucho la velocidad y estoy en otra etapa de mi vida (?)” se excusó Kana.
“Descuida. Sho irá adelante. A Sho le gusta sentarse aquí” Dijo Kaworu amablemente, sonriendo con una especie de gesto travieso.
“¿A Sho le gusta ir allí?” Eureka se quedó pensativa, recordó a Sho suplicando que Kaworu se detuviera aquella vez de la loca carrera del ex Rebel huyendo de la policía con todos ellos alterados dentro del vehículo.
“Sí. A Sho le gusta ir aquí” Kaworu aseguró, ahora, sonriendo con algo de malicia.
“Bueno, iré con las chicas atrás.” Souji sonrió un poco, preocupado por Sho… Pero supuso que Kaworu no lo haría sufrir.





Por donde comenzaba el festival, es decir, la calle que daba la simulación de ser la “entrada” a este, Oikawa, Eren y Kaneki esperaban que los demás llegasen. Ellos tres habían llegado bastante temprano, Oikawa y Eren habían ido a buscar a Kaneki a su trabajo ya que el Rebel había tenido turno en la cafetería. Esperaron que este se cambiase en el baño de su trabajo y juntos tomaron el metro en dirección al festival. De ese trío, Kaneki era el único que llevaba puesto una yukata, la cual era de color negra con franjas blancas en los bordes del cuello. Eren y Oikawa vestían atuendos casuales normales lo cual contrastaba un poco con el ambiente del festival.
Mientras Kaneki se distraía viendo a las personas circular en la entrada del festival, Oikawa y Eren hablaban sobre vanalidades para pasar el tiempo.

“Que mal que no fuiste a ver nuestro encuentro con Tokyo U. Ganamos y yo estuve simplemente magnífico.”
“Un momento, ¿desde cuando voy a ver tus partidos?” Eren lo miró confundido. “Que recuerde nunca he ido a ser parte del público.”
“Ahhh, pero Eren-chan, deberías ir porque es bueno apoyar a tus compañeros de Rizembool en una disciplina tan hermosa como el volley.”
“Realmente nunca le he encontrado el sentido a ese deporte” Lo observó seriamente “Un equipo de tontos pegandole a una pelota estúpida para que pase una red…Que entretenido” Dijo con sarcasmo.
“¿¡Qué!?” Oikawa parecía que iba a entrar en shock después de escuchar las palabras de Eren. “¡Lo debes decir porque jamás has practicado volley!”
“Sí lo he hecho, y fue una pérdida de tiempo.” Se cruzó de brazos.
“Apuesto que ni sabes jugar y te dabas con la pelota en la cara.”
“…”
“…”
“¿Eso es? ¿ESO? Haha” Oikawa no pudo contener la risa “Eso es un error TAN de novatos.”
“Cállate…” Frunció el ceño “Debió ser problema del balón… Es tan complicado.” 
“Es que no supiste pegarle. Si quieres te puedo enseñar”
“Ni me interesa”
“Ya, ya” Lo consoló. 
“En fin” Soltó un suspiro. Luego le habló a Oikawa en tono bajo aprovechando que Kaneki estaba distraído. “¿Qué haremos cuando llegen los otros con Sho? Seguro que Kaneki se va a escabullir”
“Lo ideal es evitar que eso pase sino todo esto será en vano. Tendremos que trabajar arduamente para mantener al grupo unido. Las chicas nos ayudarán con eso”
“Eso espero…” Eren miró a un grupo de personas conocidas que se acercaban a ellas. “Allí vienen”



 


“Hola~” Saludó Oikawa enérgico a los integrantes del grupo que llegaban hasta donde estaban ellos.
“Hola” Saludó Souji a su amigo. Instantáneamente notó que Sho pasó de tener una actitud resentida, por haber sido copiloto de Kaworu quien no tuvo piedad, a una conducta de rechazo y distancia al notar que Kaneki estaba con el otro grupo.
“…” El pelirrojo se quedó mirando hacia ese otro grupo, sin saber exactamente qué hacer. Realmente no se esperaba ver a Ken allí ya que le habían asegurado que su hermano no iría porque estaba ocupado con sus estudios.
“Sho, disculpa.” Dijo Souji, un poco complicado.
“¿Pasa algo malo?” Eren fingió incredulidad, actuando como si no supiera del conflicto entre los dos hermanos.
“…” Kaneki miró hacia otro lado. “Disculpen, olvidé que tenía cita de estudios… Tengo un examen pronto”
“Pero, Kaneki, yo también tengo el mismo examen y falta bastante aún” Se adelantó Kaworu, tomando delicadamente de los hombros a Ken y mirándolo fijamente a los ojos. “Entiendo que es de vitalidad estudiar para un examen tan complejo, pero yo vine hoy exclusivamente porque sabía que estarías tú y quería que nos viéramos. Por favor, no te vayas.” Le pidió “Además, Shizuru desea conversar de algo contigo”
“…” Ken observó a Shizuku, sabía que ella era Kana, su HiME, porque ella misma se lo había comunicado unos días atrás.
“S-sí.” Asintió Shizuru, dando un paso pequeño debido a su kimono. “Quería conversar contigo… Por… Ya sabes.” Sintió que algunos del grupo la miraban confundidos. “Eh, si me explicabas un poco sobre este festival ya que entiendo que eres muy culto” No se le ocurrió nada mejor.
“Bueno, veo que todos están súper animados con lo del festival.” Dijo Sho, un poco apático. “Yo no tengo muchos ánimos de estar aquí, la verdad, ni siquiera me gusta prepararme para estas cosas.” Hizo alusión a su vestimenta, al ser uno de los pocos del grupo que iba vestido normal. Ni siquiera a punta de pistola alguien lograría que Sho usase trajes tradicionales.
“¡Pero no te vayas, Sho-chan!” Lo agarró Oikawa antes de que el pelirrojo hiciera ademanes de marcharse. “Eren-chan y yo tampoco nos hemos vestido para la ocasión, pero estamos aquí animados, queriendo compartir contigo.”
“Oikawa torpe, ¿Por qué no usaste traje tradicional?” Dijo Eureka, para distraer a Sho de su huida. Tácticamente comenzó a caminar en dirección al festival logrando que los demás la siguieran inconscientemente. Así al menos había logrado que ni Sho ni Kaneki pudiesen escapar del grupo ya que prácticamente habían quedado en medio siendo empujados inocentemente por los restantes.
“Pero, Shinoa-chan, no soy el único que ha venido así. Sho-chan y Eren-chan vinieron con vestimenta común.” Respondió Oikawa, siguiéndole el juego a su HiME.
“Yo tengo excusa de venir así, porque ni soy de este país. Ustedes si podían usar trajes.” Se excusó Eren, alzando los hombros. “Y ni me imagino usando esas cosas… Me vería mal.”
“No creo.” Le dijo Kaworu, incomodándolo.
“…”
“Oh, todo se ve genial aquí.” Comentó Souji, despejando el ambiente tenso que había hace un momento puesto que al emitir su comentario todos miraron las actividades del festival y se distrajeron con el ambiente alegre y lleno de estímulos que se presentaban frente a sus ojos. Había bastante gente a esa hora, motivados por los juegos, las tiendas gastronómicas, actividades costumbristas y la procesión. “Es mejor que nos mantengamos juntos para no perdernos”
“Es primera vez que vengo a algo así. ¿Qué se supone que debemos hacer primero?” Eren miró turnadamente en varias direcciones sintiéndose un poco extraño con tantas actividades que desconocía.
“Podemos iniciar participando en concursos pequeños, o ir a los puestos de comida y pedir algo” Respondió Eureka, pensando en que otras cosas hacer “Porque las otras actividades están programadas para más tarde, como la de la procesión, las visitas al templo para orar, y los fuegos artificiales” En ese instante sintió que de pronto Oikawa la jaló hacia sí, improvisadamente. Eureka se había molestado por ese exabrupto pero después de ver que su Rebel le había librado de que dos tipos medios ebrios chocasen con ella y ensuciaran su kimono, ella le agradeció internamente “Gracias”
“¿Tan temprano y ya hay gente ebria?” Kaworu observó a esas dos personas caminar tambaleándose hasta caerse por allí.
“Se ponen a beber sake desde temprano.” Comentó Souji, desaprobando la actitud de ese par.
“Debes cuidarte del sake.” Le dijo Sho, a modo de consejo.
“Eh, si lo dices así suena como si yo tuviera problemas.”
“…” Los hombres del grupo lo miraron en silencio.
“¿Qué?”
“¿Pasa algo?” Kana preguntó, confundida. No conocía a Souji más de aquella vez de la fiesta de Rizembool pero no le daba la impresión de ser un joven con conductas disruptivas.
“No. Nada, Shizuru-chan~” Dijo Oikawa, salvando a su amigo. “Sólo molestamos a Souji porque es quien siempre nos termina cuidando, haha”
“De todos modos será mejor mantenerse alejados de los bebestibles con alcohol”
“Ya te habías mantenido lo suficientemente callado para hablar algo sonso y aburrido.” Eren giró los ojos. “Creo que probar sake no va a volvernos diabólicos. Pero si son tan delicados, podemos dejarlo hasta el final.”
“Será lo mejor” Asintió Eureka.


El grupo siguió su curso, paseándose por los stands del festival. Los puestos de comida llamaron la atención de varios, quienes se distrajeron comprando takoyaki, manzanas acaremaladas y tempura. La gran diversidad de comida y bebida a su disposición, sin duda, no podía ser ignorada, sobre todo cuando ciertos integrantes del grupo se vieron obligados a comprarles a otros… ya sea para pasar desapercibidos (Oikawa y Eureka) o por presión de grupo (Eren).

“¿Me repiten por qué debo comprarles comida a ustedes dos?” Se quejó Eren, observando a Kaworu y Souji.
“Porque Sho no tiene dinero, Shizuru se compró tempura y Oikawa ya lo gastó en Shinoa.”
“¡Ajá!” Oikawa asintió. “Osea, me queda un sencillo, pero es exclusivo para ella.”
“Awww~” dijo Eureka, fingiendo ternura. O intentando, en su defecto, porque parecía que su reacción era genuina.
“¿¡Y por qué no le piden a Kaneki!?”
“Porque no.” Souji sonrió.
“Gracias, Souji-san.”
“Ah, no es nada.”
“En fin. No te vas a hacer ni rico ni pobre por una porción de takoyaki, Eren.”
“Prometo que luego te lo devolveremos~” canturreó Kaworu.

Eren rodó los ojos. Tenía toda la intención de seguir resistiéndose, pero sabía que perderían tiempo en eso, y recordaba que Kaworu había mencionado una especie de plan (con horarios y todo) para juntar de nuevo a los hermanos. Suponía que no había tiempo que perder.

“Está bien,” dijo, sucumbiendo a la presión.

Ni bien le dieron el platillo, se lo dio a Kaworu, para luego irse con Oikawa y el resto.

Aprovechando la distracción del grupo en torno a la comida, Souji y Kaworu encontraron un momento para hablar entre ellos. 

“Quería preguntarte… ¿cómo haremos para forzarlos a hablar?” mencionó Souji, preocupado.

A unos pasos de ahí, Sho hablaba animadamente con Eren y Oikawa, mientras Eureka y Kana interactuaban con Kaneki. De vez en cuando, ambos grupos intervenían y se juntaban en una misma conversación. Aunque no les andaba prestando mucha atención en esos instantes, Souji supuso que la charla revolvía alrededor de los dulces y bocaditos que acababan de comprar. Kaworu y él andaban compartiendo un platito con takoyaki, y debía admitir que estaba delicioso.

“Las chicas están ayudando a despejar el ambiente tenso, pero eventualmente vamos a tener que juntarlos y obligarlos a conversar…”
“Paciencia, Souji~” canturreó Kaworu, picando uno de los takoyakis del platillo que tenía en la mano. Se lo llevó a la boca, y luego de pasarlo, le sonrió. “Se me ocurren dos momentos: durante los fuegos artificiales, o luego de la procesión. Puede que aprovechen para escabullirse durante el primero porque andaremos distraídos por el espectáculo. Así que tal vez sea mejor luego de la procesión.”
“Pero no tenemos maneras de evitar que se escapen, sin importar el momento en que se de—”
“Te equivocas.” Kaworu sonrió. “Shizuru me aseguró que tenía acceso a un depósito a espaldas del templo. No podrán escapar de ninguna forma~”
“Wow, lo tenías todo fríamente calculado.”
“Con ese par de tercos,” dijo, observando a los dos hermanos, ubicados a los extremos del grupo en frente de ellos. “Creo que es justo y necesario.”
Souji asintió, en silencio.

Cuando llegaron al stand de tiro al blanco, muchos se sorprendieron al encontrarse con amigos cercanos: las chicas del grupo de Oikawa, Anemone y Marie, andaban jugando –y compitiendo— contra el mejor amigo de este, Iwaizumi.

De los tres, Marie era la única que conocía a todos, puesto que había intervenido en el momento exacto aquel día de la fiesta de derecho. La joven le había propuesto la solución más eficiente al tema de las parejas de baile, y aunque algunos tenían buenos recuerdos de eso –como Kana, Eureka, Kaworu y Souji—, curiosamente, eran Sho y Ken –más Oikawa— quienes querían olvidar lo que había sucedido esa noche. Aquel baile les había quitado varios años de vida.




“¡IWA-CHAAAAAAN!” gritó Oikawa, y sin querer, ocasionó que su amigo perdiera la concentración, apuntando al lado equivocado. Como era de esperarse, no le dio al blanco, y perdió el juego. Marie, en cambio, consiguió la máxima puntuación, y le otorgaron el premio: un oso de peluche.
“…” la ira de Iwaizumi espantó a varios, quienes optaron por dejar a Oikawa a la deriva. Antes de pasar al resto de stands, Eureka le dio unas cuantas palmaditas en el hombro a su amigo.
“A-ah, Iwaizumi, no te enojes~” canturreó Anemone. “Osea, tú querías regalarle el oso a Marie, ¿no?”
“Ajá. Teníamos la misma meta. Yo lo conseguí, no hay problema.”
“…” Iwaizumi suspiró. “Sí, bueno, es cierto.”
“Ahhhh, les debo una muy grande, chicas.”
“…No lo hice por ti,” dijo Marie, con una ceja alzada.
“Yo tampoco,” rio Anemone. “¿Estás acá con tu novia y el resto de rebels?”
“Ah, sí~ De hecho… es un plan para reunir a Sho-chan y a Kaneki-chan. Queremos que hagan las paces.”
“Huh. Qué entrometidos,” comentó Marie. “Hablando de Sho, necesito conversar con él. Anemone, Iwaizumi, ¿me esperan aquí?”
“Sí, no te preocupes,” le dijo Iwaizumi. Anemone le guiñó el ojo a su amiga, sin que él la viera.
“…Okay,” dijo Marie, y luego de darle su oso a Anemone, se fue buscando al resto del grupo.




Eureka

Parte dos!

Se respeta lo mismo del post anterior: Kana esta en este color y yo en este color (?) c:




Unos stands más allá, Kaworu y el resto se habían detenido frente a la tienda de recuerdos. Souji quería comprar uno, y andaba indeciso por los colores, por lo que se habían juntado en grupos para conversar. Aprovechando que Sho andaba fuera de los subgrupos, Marie lo jaló hacia un lado ni bien se le acercó.

“¿¡Qué caraj—¡? ¡Marie! ¡Qué mierda!”
“No jodas. Yo que te vengo a hacer de celestina y me tratas así,” le dijo la pelinegra, sonriendo de lado.
“¿Celestina? Que yo sepa, no necesito tu ayuda.”
“Como si no llevaras semanas en lo mismo,” mención Marie, observando a Souji de lejos. Su amigo seguía enfrascado en el dilema de los colores de hacía un rato. “Aprecia lo que está intentando hacer por ti, al menos.”
“¿De qué hablas?”
“Eres un completo idiota,” Marie rio. “Bueno, no debería sorprenderme, a estas alturas. Quería hablarte sobre el final de Diseño y Color II, porque no tenemos nada y se entrega en una semana y media, pero supongo que puede esperar. Tu estado emocional es más importante ahora. Sino harás cualquier mamarracho y Anemone y yo no podemos desaprobar ese curso.”
“Ya, ya. Luego hablamos. Prometo mandarte un whatsapp en la noche.”
“Ojalá no te olvides. Me voy. No dejes que Souji entre en contacto con el sake de los puestos. Eso terminará muy mal.”
“Eres la centésima persona que dice eso.”
“Eh” Marie se encogió de hombros. “No tengo de otra. Más vale prevenir que lamentar.” Y dicho esto, Marie se retiró, ondeándole la mano.


 


Por inercia, Sho volteó hacia el grupo, sin notar que Ken era justo la persona más cercana de él. Su hermano pareció caer en cuenta de aquel detalle al mismo tiempo que el pelirrojo, y los dos voltearon hacia lados opuestos en sincronía. Kaneki no demoró en juntarse con Kana y Eureka, mientras que Sho tuvo que acercarse a Kaworu, en vista de que Oikawa aún no regresaba y que Eren andaba conversando con Souji.

Ni bien Souji se resignó a comprar varios recuerdos –todos de colores distintos—, el grupo retomó su paseo por los stands. Oikawa se acopló al cabo de unos minutos, luego de una charla breve con Iwaizumi y Anemone.

Todos se distrajeron por la diversidad de juegos y otros puestos de comida. Sin embargo, la atención del grupo se giró inmediatamente hacia la algarabía a unos pasos de ellos. En la pequeña tienda del juego de peces de colores, había dos comensales que andaban peleándose entre ellos y, además, salpicando agua por doquier. Un tercer comensal intentaba calmarlos, pero los dos seguían con su discusión, ignorando al dueño del puesto y al amigo que los acompañaba.

“Ah.” Eureka se detuvo, de un momento a otro.
“¿Qué pasó?” preguntó Kaworu, curioso.
“Es que… conozco a uno de los chicos que se andan peleando en la piscinita de peces,” mencionó, Eureka y luego, se giró hacia Kana. “Kana, es… Allen,” le dijo, en voz baja.
“¿¡Allen!?” dijo Kana, sorprendida.

Allen Walker era una de las personas más elegantes y llenas de clase que conocía. No lo veía capaz de hacer escándalo, menos en un espacio público como ese. Había escuchado algunos comentarios sobre su tirria hacia cierto individuo –un japonés que le sacaba de sus casillas—, pero no creía lo que sus ojos veían. Allen, junto a un joven de cabellos oscuros, andaban saboteándose el uno al otro para ocasionar que su rival perdiera sus peces. A veces se distraían por capturarlos por su cuenta, pero eventualmente volvían a mirarse a los ojos y a continuar con la pelea.
 
“¿Huh?” Allen se giró hacia el público ni bien escuchó su nombre. Al localizar a Kana y a Eureka, les sonrió a ambas. “¡Buenas noches!”

Las chicas le ondearon la mano, en silencio. Continuar con la conversación en un momento tan crucial iba a ser de vida o muerte para Allen, a juzgar por lo intensa que era la discusión entre él y su rival. Ninguna lo había visto tan enojado antes, por lo que suponían que era una situación delicada para su amigo.
 
“Moyashi de mierda, se te están escapando los peces,” comentó el rival de Allen. Kana, inmediatamente, sacó que se trataba del mozo japonés del que Allen se había quejado un par de veces.
“¡AAAAHH!” gritó horrorizado Allen. “¡Y esta vez sí es mi culpa!”
“Siempre es tu culpa.” Yuu rodó los ojos.
“¡No seas así! Tú me has hecho perder, no molestes.” Allen le sacó la lengua.
“Ahhh… chicos, no hay problema,” habló el jovencito que andaba detrás de ambos. “Luego podemos intentar de nuev—”
“¡Aún queda tiempo, Alma!” aseguró Allen.
“Menos de 25 segundos,” contó el dueño del puesto. “Y eso que les he dado una extensión, porque su alboroto ha captado la atención de varios visitantes y eso me conviene.”

Dicho y hecho: estaban rodeados de un tumulto muy grande de gente. A simple vista, era el stand con más visitantes de todo el festival. Allen se sentía orgulloso de su hazaña, pero apenado por su falta de técnica. Cinco segundos no iban a ser suficientes para capturar los peces que no había logrado conseguir en diez minutos.

“Aw, estuvieron cerca,” comentó Oikawa. A su lado, Souji asintió.
“Creo que el otro chico si atrapó unos cuantos…” dijo Eureka.
“¡Tenemos un ganador!” anunció el dueño del puesto. Yuu sonrió de lado, y no demoró en pedirle una bolsa para sus peces.
“¡Ah! Qué suerte, Yuu~ Tú si conseguiste atrapar unos cuantos.” Alma se veía muy contento con la victoria de su amigo.
“De qué hablas, estúpido. Son para ti,” dijo Yuu, extendiéndole la bolsa.
“¿Estás seguro? Pensé que los querías como mascota.”
“No tengo tiempo para cuidarlos.”
“Mm… bueno, si es así, no hay nada que hacer. Pero los compartiré con Allen, me daría pena que se quede sin peces.”
“…” Yuu rodó los ojos. “Haz lo que quieras.”
Alma le sonrió, enternecido.




A unos pasos de allí, Allen se había juntado con Kana y Eureka, mientras Kaworu y el resto se paseaban por el resto de stands.

“…Disculpen, debió ser extraño verme así de exaltado,” dijo Allen, un tanto avergonzado. Kana sonrió.
“No hay problema. Creo que todos tenemos gente que nos saca de nuestras casillas. Como…” Kana se guardó su propio ejemplo, para evitar caer en malos recuerdos. Prefirió mencionar el de su compañera HiME, que era más sencillo de sacar a colación. “Como Oikawa con Eureka.”
“Eso es cierto,” Eureka asintió.
“¿Cómo así, Eureka-san?”
“Es muy simple: Oikawa es un tonto.” Eureka suspiró. “Con decirte que me estoy haciendo pasar por su enamorada por un comentario innecesario que hizo en su universidad.”
“Oh, eso debe ser terrible. Más aún porque ya tienes pareja…”
“Bueno, de eso ya no estoy tan segura, haha,” rió, un tanto apenada. “Pero hablemos de cosas más bonitas. ¿Quién es el chico al lado de tu némesis? ¡Se ve súper tierno!”
“¡Oh! Se llama Alma. Es un buen amigo mío. De hecho, estoy aquí por él. Nos invitó a Kanda y a mí… de haber sido otra persona, no hubiese aceptado.”
“Pero es difícil decepcionar a Alma, supongo.”
“Le acertaste, Kana-chan.” Allen sonrió. “Sé que está esforzándose en lograr que Kanda y yo nos llevemos bien, pero lo veo imposible. Ese hombre tiene una barrera de titanio y no permite que nadie la pase. No quiero volverme su mejor amigo, sólo quiero que nos toleremos mutuamente, pero cada vez se me hace más difícil.”
“Lo siento, Allen,” dijo Eureka. “Lo único que te queda es tener paciencia. Aunque debe ser muy complicado no perderla.”
“Lo hago a cada rato.” Allen suspiró. “Pero, ¿qué me queda? Eventualmente, tendrá que rendirse. O yo me volveré loco. No sé qué pasará primero.”
“Bueno, si te cansas de estamparte contra Kanda cada dos segundos, puedes venir con nosotros.”
“¡Sí!” Eureka asintió. “Nos avisas.”
“¡Alleeeeen!” los tres escucharon la voz de Alma, y lo vieron acercarse rápidamente hacia ellos. “Oh, disculpa. Pensé que andabas solo,” le dijo a su amigo, ni bien notó que andaba con compañía.
“Alma, ellas son mis amigas, Ka—”
“Shizuru y Shinoa,” dijo Kana, interrumpiendo a Allen. El peliblanco se quedó confundido, pero una seña de Eureka bastó para tranquilizarlo. Ya luego le explicarían el motivo detrás de los seudónimos.
¡Oh! Un gusto, mi nombre es Alma Karma,” se presentó, con una sonrisa radiante. Eureka y Kana coincidieron en el mismo pensamiento: Alma Karma era un rayito de sol y merecía ser protegido a toda cosa. “Disculpen, pero Allen y yo debemos regresar. Yuu va a renegar y no quiero que se la pase enojado el resto del festival. ¡Espero volver a verlas pronto!” les dijo, y arrastró a Allen unos metros atrás, para juntarlo con Kanda.
“Ojalá le vaya mejor que antes,” comentó Eureka.
“Lo mismo digo…”




Kana y Eureka intercambiaron miradas cómplices, como ya habían compartido varias experiencias podría decirse que comenzaban a interpretar un poco más a la otra por lo que fue lógico entre ellas un pensamiento similar, sonrieron ante la coincidencia ya que ambas pensaban que entre ese trío había más que sentimientos de “odio y aceptación” Eureka justo le iba hacer un comentario a Kana al respecto pero su sonrisa se difuminó al ver que la otra chica empalideció de golpe mostrándose shockeada.
“¡¿Kana, que sucede?!” preguntó Eureka, preocupada. Instintivamente miró hacia varios lados buscando entre el público un posible enemigo peligroso pero no encontraba a nadie con aspecto sospechoso. “¿Qué pasa?” repitió, mirándola sin comprender.
“Ay, no puede ser.”
“¿Es… tu Rebel?”
“Uh…” Kana le iba a decir que no en ese momento, pero Kaneki apareció ante ellas notando la preocupación de la HiME. Kana vio que Eureka guardó silencio para no alertar a ese chico de información que ella pensaba que desconocía.
“¿Están bien?” Preguntó Ken Kaneki, preocupado al notarlas extrañas. 
“Eh, Kaneki…” Eureka intentó buscar una excusa para ese chico que lo despistara del tema HiME y Rebel, pero sintió en ese momento que Kana le puso una mano en su hombro, la HiME de la electricidad la observó prestándole atención.
“Tranquila, no estoy preocupada porque mi Rebel esté presente.” Kana miró de reojo a Ken y a Eureka consecutivamente. “Kaneki es mi Rebel, Shinoa” llamó a Eureka por su nombre falso ya que, el hecho de que ella tuviera la confianza con Ken a esas alturas no significaba que debía echar al agua a su amiga. Eureka la miró intranquila. “Él sabe que soy Kana.” Rio un poco divertida, por lo bajo. “Y yo me enteré de que él es mi Rebel hace poco. De hecho, él mismo me lo contó. Desde ese entonces hemos compartido un poco más y nos hemos ido conociendo. Kaneki no iniciaría una pelea aquí.”
“Kana y yo tenemos algo más de confianza entre nosotros después de sincerarnos mutuamente. Eso también ha generado un lazo de respeto y mutuo acuerdo entre ambos.” Kaneki les sonrió gentilmente, tranquilizando a Eureka. “Shinoa-chan, no te preocupes. El hecho de que sea el Rebel de Kana-chan no significa que le haré daño a ella o a ti consecutivamente por el hecho de que ella sea HiME.”
“Aww, Kaneki.” Eureka soltó un suspiro, más calmada. “No me interpretes mal, pero no me imaginaba que alguien tan noble y bueno como tú fuera un Rebel.” Ella miró a su propio Rebel, quien al hacer contacto visual con ella le sonrió animadamente. “No pienso que todos los Rebels sean malignos o extremistas, pero sin duda tú y Oikawa son una excepción bastante grata. A-ah, bueno, acabo de darme cuenta de que también me delaté… de cierta forma.”
“¿Cómo así?” preguntó Kaneki, curioso.
“Bueno… uh… yo… ¿soy la HiME de Oikawa?” ofreció, insegura.
“Oh.” Kaneki sonrió. “Gracias por confiar en mí.” asintió “Prometo mantener el secreto a salvo del resto.”
“Kaworu lo sabe,” dijo Kana. “Por obvias razones, Oikawa también. ¿Y… creo que Souji también?”
“Bueno, al menos ni Sho ni Eren sabrán por parte mía que ustedes son HiMEs” expresó calmo, luego miró a Kana con interrogación “¿Qué es lo que te preocupó hace un momento, Kana-chan?”
“Ahhh, sí, disculpen” Kana se encogió de hombros, abrumada por haber preocupado a sus amigos. Señaló discretamente hacia una dirección. “Esa persona me conoce y realmente es una gran molestia. Si me reconoce se me pegará el resto de la noche y nos fastidiará a todos. Créanme.”

Eureka y Ken miraron hacia la dirección en que Kana les había señalado. Notaron a un chico de cabello azul usando un traje típico oriental, quien paseaba echándose aire al rostro con un abanico mientras ofrecía una especie de talismanes. Estaba acompañado de otro sujeto, más alto que él, el cual usaba un kimono blanco y llevaba cubierto su rostro con una máscara de Kitsune. Arima suspiró más aliviada al notar que el escandaloso de Yato, el chico de cabello azul, no se había dado cuenta de su presencia. Lógicamente, al estar con disfraz el despistado de Yato no la notaría… Aunque quien sabía.

Cuando iba a bajar la guardia abortando la idea de seguir escondida detrás de un cartel del puesto cercano al que se encontraba, vio que el chico de la máscara de kitsune parecía “mirar” en su dirección. A Kana no le simbolizaba ningún peligro porque no le conocía de nada… O eso creía.

Para desconcierto de los tres, fue el chico de máscara de kitsune el que se acercó a ellos.





“¿Eh?” Kana quedó perpleja al ver que ese sujeto cada vez estaba más próximo a ellos. Cuando él terminó de llegar hasta ella, acercó su rostro enmascarado invasivamente a poca distancia del de Kana obligándola a retroceder hasta chocar su espalda contra la malla del local. “¿Quién eres?” preguntó molesta. En ese momento el atrevido tipo extendió su mano y jaló un poco de su peluca delatando su cabello real. Ambos, tanto ella como el chico kitsune quedaron confundidos. “¡Hey!” ella le dio un manotazo tratando de apartarlo.
“Mejor volvamos con los chicos” Dijo Kaneki, sosteniendo del brazo a Kana y a Eureka para conducirlas hacia donde estaban a modo de protección. Quizá se trataba de un borracho que quería molestar a las chicas.
“Espera…” Habló el tipo con máscaras. Lentamente se la deslizó descubriendo su rostro. “Soy yo…” dijo él, algo desilusionado. “Pensé que te darías cuenta…”
“…” Kana se quedó atónita al ver quien era, seguidamente entrecerró los ojos y soltó un suspiro, frustrada. “¿Cómo diablos te iba a reconocer si andas con una estúpida máscara?” miró enfadada a aquel chico rubio de ojos ámbar. Aunque sin máscara, de todos modos lucía como un zorro pues sus rasgos faciales siempre le habían dado esa apariencia de pequeño.
“No sé, ¿intuición de sangre? Además, yo debería ser el confundido… ¿A qué se debe esa nueva apariencia?”
“Eh, hehe… Es una larga historia. Te la contaré otro día.”
“Pero si nunca nos vemos…”
“¡Algún día te he dicho! Y, por cierto, ¿Qué haces con Ya—“ miró a Eureka y Kaneki.
“…” Eureka y Ken se miraron entre ellos, al parecer ese par se tenían confianza.
“Disculpen por haberlos preocupado” Kana sonrió torpemente “Él es mi hermano, Ryouta.”
“Ohh, ¿el basquetbolista bien popular?”
“¡Exacto!” Ryouta le sonrió vitalmente a Eureka. “Por eso la máscara, por cierto.”
“Eg, no es tan popular…” A Kana comenzaba a darle prematuramente vergüenza el rubio.
“Mucho gusto, soy Shinoa.” Se presentó Eureka, sonriendo divertida por la situación. La actitud de ese chico le recordaba un poco a la de Oikawa pero menos dramática. Quizá era un patrón popular en la personalidad de los deportistas.
“El gusto es mío. Me alegra que Kana tenga amistades.”
“Ah, cállate… y mejor vete con Yato. No quiero que me vea o arruinará todo.”
“¿Arruinar qué?”
“Te lo contaré después…”
“Hey, nos mandaron a buscarlos. Pensamos que se habían perdido.” Eren venía acompañado de Souji. Mientras Oikawa, Kaworu y Sho se distraían en un puesto de juegos.

Souji intercambió unos comentarios con Eureka, le comentó el detalle de que en toda la noche Sho y Kaneki se habían mantenido extremadamente alejados el uno del otro por lo que le preguntaba si tenía algo en mente a lo que Eureka le respondió el plan de usar el sitio que Yato facilitaría. Posteriormente, Souji observó a Shizuru interactuar con un joven que extrañamente se le hacía conocido. Le costó saber el por qué pero luego recordó que alguna vez en la vida habían compartido clase en la infancia temprana.

“Hola” saludó amablemente Souji a Ryouta.
“…” Éste le miró por unos segundos en silencio, algo frío, lo que era extraño. “Nos veremos luego.” Le comentó a Kana y de la nada se fue.
“Woh, ¿Qué pasó?” Para Eureka no había pasado desapercibido aquel detalle.
“No sé. Quizá tenía cosas que hacer.” A diferencia de Kana, quien no pensó que algo raro pasara.



 


Eren iba a comentar las coordenadas de donde se encontraban los demás hasta que notó muy a lo lejos a una persona conocida. El pelicastaño levantó la mano en lo alto e hizo una seña de saludo a un chico que se encontraba unos metros más allá, acompañado de una muchacha de cabello peliceleste. Aquel chico le devolvió el saludo y bilateralmente se aproximaron.

“Hola, Todoroki.” Saludó Eren, luego se dio cuenta de la presencia de la chica que acompañaba al joven. “Hola.” La saludó también.
“Ella es Labrys. Una amiga.”
“Hmm.” Eren asintió. El nombre de la muchacha se le hacía conocido, pero no recordaba de dónde. “Creo que su nombre me suena…”
“Bueno, está en nuestra facultad… y pasamos mucho tiempo juntos ella y yo. ¿No lo habías notado?” Shouto miró con curiosidad a Eren, vio que éste le devolvió la mirada y parecía muy confundido. “Vaya, Jaeger, creo que no te das cuenta de muchas cosas.”
“Ah, disculpa.” Se encogió de hombros, disculpándose con la chica.
“No te preocupes.” Ella le sonrió, amablemente. “Mi nombre es Labrys tal como dijo Todoroki. Es un gusto.”
“Igualmente”
“¿Has encontrado algo entretenido aquí?” Shouto miró de reojo al paisaje, pensativo. “Con Labrys acabamos de llegar y no sabemos por dónde comenzar”
“Hay algunos puestos de comida que están bien. Y luego están esos stands de concurso donde te ganas peces y cosas así. Había un par de dementes discutiendo por unos peces así que supongo que deben ser muy importante ganar esas cosas. Eh, Oikawa se encontró a unos amigos suyos y parecían entretenidos con un juego de tiro al blanco.”
“Suena bien”
“Y bueno, no sé qué más nombrar… Creo que soy el menos indicado” Eren sonrió “Todavía no conozco mucho de las costumbres orientales y… Oh, espera, por cierto, el sake es muy bueno”
“¿Ya lo probaste?”
“Sí. Aproveché que el grupo de niñas se distrajo y bueno, probé un par de veces.”
“¿Lo recomiendas?” Esta vez, era Labrys la que preguntó. Ella demostró cierta curiosidad.
“No.” Todoroki le respondió a su amiga antes que Eren dijera algo. “Seguro aquí lo preparan demasiado fermentado por lo que debe ser muy fuerte.”
“…” Eren se aguantó la risa, le daba cierta gracia ver como Todoroki, un chico que a veces parecía serio y reservado, se preocupaba bastante por esa chica. “Igual venden unas limonadas por allí. Seguro que Todoroki las aprueba.”
“Me gustan” Ella asintió. Luego notó que una persona conocida por ella se aproximaba a ellos. “¡Es Minazuki!” festejó la chica al ver que Sho los había notado y se había acercado a ellos.
“Hola, ¿qué hacen aquí?” les preguntó el pelirrojo al estar frente a ellos.
“Lo mismo podríamos preguntar.” Dijo Labrys, poniendo los brazos en jarra, “Habías dicho que estabas ocupado como para venir con nosotros. Podríamos haber venido todos juntos en vez de que andes solo como un marginal.”
“Espera, ¿quién te dijo que vengo solo? Vengo con este y unas personas más.” Señaló a Eren, a su lado. “Y no mentí con eso de que tenía que hacer, había quedado de acuerdo con ellos, pero…” en su tono de voz se notaba cierto grado de irritabilidad y frustración. “No me dijeron hasta llegar aquí que su planificación consistía en venir al festival. Si hubiera sabido que era así, no venía.” Contestó, cruzándose de brazos. “Por cierto, ¿cómo se conocen?”
“Somos compañeros de carrera.” Respondió Shouto. “Estudiamos Derecho y desde allí nos conocemos con Jaeger.”
“Ah” dijo Sho, escéptico. Luego observó al pelicastaño “¿Jaeger, estudias?” preguntó muy extrañado.
“¡Que mierda, Minazuki!” Eren le dio un golpe fuerte en el brazo al pelirrojo. Gesto que el otro por supuesto se lo devolvió. “Ni que fuera un vago que de repente apareció por allí”
“…Pues, técnicamente…” Sho hizo memoria de cómo lo habían conocido en una carretera desolada a altas horas de la noche.
“…” Eren prefirió no argumentar más. “¿Y ustedes cómo se conocen?”
“Todoroki y Labrys me ayudan con mis entrenamientos de Rebel.”
“Ahhh, por eso me sonaba el nombre de ella.” Ahora, Eren le devolvió la mala pasada a Sho. “¿Eres Rebel?” abrió enormemente los ojos fingiendo sorpresa.
“Ya” Sho lo miró con odio.



 


Eventualmente los demás integrantes del grupo de la salida llegaron hasta donde estaba Todoroki, Labrys y los demás. Oikawa y Kaworu ya se habían acoplado a Souji, Shinoa, Ken, y Kana. Los que se conocían se saludaron con naturalidad y los que no con mayor cordialidad. Obviamente Shinoa y Shizuru mantenían aquella identidad.

“Mh, ¿Nos hemos visto antes?” Preguntó Shouto a las chicas, quienes inmediatamente se pusieron en coordinación para contar la historia que se habían armado en caso de. A esas alturas, serian unas maestras de la mentira.
“Eh, quizá. ¿De casualidad estuviste en la fiesta que realizó un chico de Derecho en su mansión?” Preguntó inocentemente Eureka.
“De hecho, él es el chico dueño de esa mansión.” Comentó Sho.
“Ahhh, ¡Entonces de allí!”  Eureka chasqueó los dedos.
“Posiblemente” asintió Todoroki.
“¡Shinoa-chan!” Le llamó Oikawa.
“¿Qué pasa?” Eureka se volteó para mirarlo. Esperaba que no dijera nada idiota que las delatase.
“Gané esto para ti en el Yoyo sukui” le dijo sonriente, pues con su triunfo en los juegos había ganado una especie de llavero de un gato negro. Se acercó a ella para hablarle entre los dos. “Me recordó a Mona-chan, por eso lo escogí”
“Aw, es lindo.” Eureka tomó el obsequio entre sus manos. Realmente se parecía a su CHILD.
“¿Qué hacemos ahora?” Preguntó Kaworu. Traía consigo una bolsa trasparente con un pez el cual había ganado en el Kingyo sukui.
“Cómo que hay mucha gente.” Dijo Sho, hastiado. “¿y si mejor nos vamos los tres?” miró sugerentemente a Todoroki y Labrys.
“…” Los integrantes del grupo que habían organizado el encuentro entre Sho y Ken se miraron suspicazmente. Era la primera crisis que debían enfrentar ya que de decir que sí Shouto o Labrys a la sugerencia de Sho se derrumbaría todo.
“Pero tus amigos quieren estar contigo.” Comentó Labrys. “Aunque de todos modos sería genial estar contigo.”



 


“¡Miren ese chico quiere ofrecerles algo!” Dijo Eureka de pronto, dejando a todos en desconcierto. Ella misma se sentía con las ganas de que la tragara la tierra al decir algo tan precipitado, pero fue lo primero que se le ocurrió antes de que Sho diera el primer paso para desertar del grupo. Disimuladamente empujó a Shouto y Labrys en dirección de otra persona, muy a pesar de Eureka porque no quería que aquellos chicos se perdieran la compañía de Minazuki ya que parecían ser buenos amigos, pero la situación lo ameritaba. “De hace rato que los está mirando.”
“¿Quién?” Todoroki preguntó, extrañado.
“Ah, sí. Cierto. Hace rato que… Kurogami está esperando por ustedes.” Eren se unió a la improvisada idea de Eureka. Estaba más que incómodo por participar, pero supuso que era la única opción viable en ese momento. “Kurogami vende esas cosas de la suerte, y como estas en exámenes seguro te sirven… Eh.” Más allá estaba Yato ofreciendo sus porquerías. Que sirviera de algo en la vida… “Como te admira, seguro quiere hablar contigo.”
“Es compañero de clase de ambos… Podrías ir tú también.” Comentó Todoroki.
“A mi libremente me cae MAL.” Y Eren era muy honesto en decir eso. Le caía mal Yato desde el primer día porque era demasiado invasivo y molesto. Charlatán, por lo demás.
“Un momento, ¿creen en esas cosas?” Preguntó Sho, ya un poco más atrás por el arrebato de esos dos. No se tragaba la idea loca que de pronto esos dos tanto promocionaban.
“…” Eureka y Eren se miraron entre ellos. “Sí.” No tuvieron de otra que responder eso.
“No parecen tan convencidos”
“¡Sí!” Se unió Oikawa, interpretando la señal de ayuda de Eureka. “¡Es que Shinoa-chan tiene TAAAN mala suerte. ¿Acaso te olvidas que casi nos volcamos porque ella está salada? ¿Y los policías? ¡No me digas que te olvidaste de los policias!” Oikawa zarandeó levemente a Sho.
“¿Policias?” Labrys empalideció. ¿En qué estaba metido Sho?
“¡Pero por eso Shinoa-chan tiene que usar muchos amuletos! De hecho” Oikawa silbó llamando a ese sujeto que andaba vendiendo unos amuletos. “Dame unos dos, no, unos cuatro que alejen la mala suerte. ¡Shinoa-chan está tan cargada!”
“¡OYE!” Eureka le dio un puntapié disimulado a Oikawa… Aunque al menos la acción de este los salvo.
“Ah, ¡Tengo los talismanes perfectos para ella!” Yato sacó rápidamente los que sintió más precisos para ella. Oikawa le extendió el dinero y Yato le entregó su compra. El peliazul le dio un vistazo detallado a la chica. “Toma, te doy uno más porque veo que lo necesitas.”
“…” Eureka lo recibió, avergonzada.
“Tranquila, Shinoa-chan. Sé que no estás maldecida y que la responsabilidad de que casi muriéramos estrellados por allí recae directamente en mi.” Kaworu le dio unas palmaditas en el hombro a la chica, como consuelo.
“Gracias, Kaworu.”
“Ohh, ¡Todoroki! Qué bueno verte por aquí con tu novia. ¿Quieres algo para sellar el amor?”
“…No es mi novia.”
“Ah, perdón. En fin. Quería hablarte de unas cosas y…”

Como Yato captó la atención de Todoroki, el grupo aprovechó la oportunidad para llevarse a Sho de allí muy en contra suya. Tuvieron que retarlo a una partida de Shateki para despistarlo con la ofensa de que él no lograría ganar nada allí ni aunque recibiera ayuda. Como el pelirrojo era competitivo y de piques, aceptó el desafío despistándose de querer irse con Labrys y Todoroki. Afortunadamente para el grupo (y desgraciadamente para Todoroki y Labrys) esos dos habían sido abducidos (?) por Yato.

“¿Dónde está Shizuru?” Preguntó Souji.
“Creo que se escondió por allá.” Comentó Oikawa.
“Aquí estoy” Ella meneó una mano en el aire haciendo una señal “Hehe, disculpen. Me distraje con los souvenirs” sonrió tontamente.



 


Después de reunirse con Kana, quien se había escondido para evitar que Yato la reconociera, los chicos recorrieron los puestos de souvenirs y artesanías comprando unos cuantos recuerdos. Los minutos comenzaron a pasar rápido ya que se habían divertido un montón. Terminaron llegando a un puesto de comida, que, si bien habían comido momentos atrás, había pasado una buena tanda de tiempo y a algunos se les había abierto el apetito.

Pidieron una tanda de takoyaki de pulpo, fideos yakisoba, yaki-ika, y unos cuantos nikuman. Bebestibles y, como ya la noche había caído, quedaron en acuerdo de pedir sake. Las chicas habían optado por dejar eso último de lado, al igual que Kaneki, los otros bebían con prudencia y, por consenso de todos, alejaron el sake de Souji y le habían comprado un jugo natural. Eureka y Kana pensaron que Souji aborrecía el licor, considerando que era un detalle admirable del peligris.
Después de comer y hacer tiempo para la procesión, volvieron a dar una caminata a los alrededores para ver que otra novedad encontraban en los puestos. Amenamente conversaban sobre cualquier tema y se mantenían muy unidos todos; pero lamentablemente se veían derrotados al ver que, si bien Sho y Ken lo estaban pasando bien, de todos modos, no existía cercanía entre ellos manteniéndose distanciados.

“¿Creen que deberíamos pasar al plan de emergencia?” susurró Oikawa a Eureka y Kana.
“Esperemos la procesión. Así fingimos que no escuchamos si nos llaman cuando se queden en ese lugar.” Dijo Eureka.
“Buen punto.” Asintió Kana.
“Por cierto.” Eureka miró a Oikawa “Ya que te preocupas tanto por mi comprándome tantos amuletos, sigue preocupándote por mi y cómprame un watagashi”
“¡Pero Eureka-chan, ya he gastado un montón de dinero esta noche!”
“Seguirás gastando, me lo debes. Por decir esa mentira de la mala suerte y por lo de biohuertos.”
“Uh…Ok, un watagashi”
“Y una ringoame” Kana lo miró fríamente. “Más te vale que sea de calidad.”
“Un momento, Kana-chan, a ti no te he hecho ningún daño.” Oikawa la miró con angustia. 
“Hace un rato cuando le gritaste a tu amigo en el puesto de tiro, me gritaste prácticamente en el oído, escandaloso. Casi me dejas sin tímpano”
“Haha, que bromista eres.” Dijo riendo, pero vio que la otra estaba muy seria. “Ah, no es una broma.” Se encogió de hombros. “Ok, iré por sus pedidos.”
“y dos kakigori” dijo Eureka. “Más te vale que no se derritan en el camino”
“Pero chicas…”
“…”
“…OK” Oikawa sopló resignado. Fue por lo que le exigían las chicas. Eureka y Kana se miraron entre ellas y soltaron una risa divertidas.
“¿Deberíamos sentirnos mal?”
“Nah, se lo merece.” Eureka meneo la mano restándole importancia.

Unos minutos después, la gente comenzó a circular más rápido indicando que la procesión comenzó. Felizmente Eureka y Kana ya habían acabado con sus dulces para ese entonces. El grupo de chicos observó como los comensales trasladaban el mikoshi con la deidad en la caravana mientras las personas danzaban y festejaban. Era el momento ideal para proceder al plan final. Kana y Eureka le habían pedido a Ken que las acompañara hasta el deposito detrás del templo del que Yato también era guardián. Para ellas no había sido complicado llevar hasta allá a Kaneki ya que le habían dicho que se sentían agobiadas con tanta gente y como era de esperar en alguien tan amable como Kaneki se había ofrecido para cuidarlas.

Fue más difícil para el caso de Sho, él no quería acceder por ningún medio a acompañar a nadie dieran las excusas que dieran. Prefería mantenerse al margen y hasta mirar la procesión con tal de vigilar que, apenas terminara, ya podría largarse en paz. Mientras todos daban excusas más aceptables, a Eren se le ocurrió decirle que habían golpeado a Kaneki para asaltarlo y estaba tirado mal herido por allí (...)

Eso, aunque Sho estuviese todo lo enojado del mundo con su hermano, casi provocó que al pelirrojo le diera un infarto. Se fue corriendo a donde le habían dicho que estaba Kaneki.
Entre la excusa que Kaworu dio a Chrom sobre tener un amigo lisiado que necesita transportarse; Kaneki. Y la de Kaneki apuñalado por allí, ya no sabían cuál era la más macabra.
“¿Sabes que Sho te va a matar por eso cuando se entere que es mentira, verdad?” Le preguntó Souji a Eren.
“Seguro se le olvida luego… ¿O no?”
“Haha, no” Kaworu sonrió como si la muerte anunciada de Eren fuera lo más cómico del mundo.
“…”





Sho corrió lo más rápido que pudo hacia donde Eren le había dicho que estaba Kaneki, casi sin ver entró en el deposito buscando a su hermano y dispuesto a moler a golpes a quien le habría hecho eso, pero al entrar se encontró a Kaneki sentado solo tecleando un mensaje de texto en su celular. Kaneki parecía muy normal y gozando de buena condición vital a diferencia de la noticia maldita que le comunicaron.

“…” Los dos se quedaron viendo en silencio.
“¿Qué?” Ken fue el primero en hablar.
“¿Estás… bien?”
“Eh, sí…” siguió tecleando. “¿Por qué?”
“¿No te asaltaron?”
“…” Ladeó el rostro. “Evidentemente, no es así.” Contestó, confundido. “Esperaba a Shinoa-chan y Shiruzu-chan que fueron a buscar algo…”
“¡¿Entonces por qué demonios inventas cosas como esas?!”
“¿Qué?” Kaneki se le quedó mirando, frunciendo el ceño. “¿Yo qué?” suspiró “Sho, si quieres seguir con la discusión del otro día… En serio, no estoy de ánimo para seguir peleando contigo. No es sano para ninguno” pensó que lo de inventar cosas se refería a cuando le mintió sobre su viaje a Alemania.
“Pero más sano es evitar el tema y hacer como que nada pasa. Seguro.” Sho se cruzó de brazos, observándolo con desaprobación.
“…”
“Podríamos hablar de esto… y tratar de afrontarlo”
“…” Kaneki bajo la mirada. El haberle mentido a su hermano aún le dolía demasiado como para afrontarlo.
“…Ken”
“…”
“Bien. Entiendo…” Sho lo miró enojado. “Esto está irremediablemente roto de momento.” Suspiró, cansado. Si Ken no quería hablar, él tampoco lo haría por mucho que doliera la distancia que había nacido entre ambos. Sho se dio la media vuelva y comenzó a caminar hasta la salida.
“…Sho… Espera” Habló Kaneki, pero en un tono tan bajo y débil que Sho no lo escuchó.
“¿Pero qué…?” El pelirrojo se percató de que la puerta estaba cerrada desde afuera. Golpeó para que abrieran “Abran”



 


Desde afuera, Eureka, Kana y Oikawa, quien había corrido posteriormente tras Sho, se mantenían apoyados en la puerta para hacer fuerza.
“Juro que si Sho-chan arremete contra la puerta nos manda a volar hasta marte” Oikawa se arrimó más a la puerta. Por suerte, Sho todavía no comenzaba a violentar la puerta para abrirla.
“Espero no terminar aplastada.” Eureka comenzó a temer por su vida.
“¿Qué hacen?” Yato apareció allí para ver si todo estaba en orden. Como Kana le había pedido permiso para el uso de ese depósito, el peliazul pensó que podría ir a curiosear.
“Tenemos que mantener a esas dos personas adentro hasta que aclaren sus problemas” Se sinceró Oikawa.
“Ah, qué bueno.”
“Pero eso es imposible dado el temperamento de Sho-chan y la introversión de Kaneki-chan.”
“Bueno”
“¿No puedes cooperar, Yato?”
“…” Yato miró a esa chica, parecía que lo conocía. Luego se percató que era Kana. “Oh, eras tú. ¿Así que este es el disfraz que ocupaste para esa fiesta de Rizembool? Con razón no te reconocí.”
“Eh, le tuve que comentar… cuando encontró la peluca en su casa” miró con vergüenza a Eureka y Oikawa.
“¡Hey!” Gritó Sho iracundo desde adentro, dio el primer golpe.
“¡Ah, vamos a morir!” Dijo Eureka.
“Oh, pero no es necesario.” Yato buscó entre los bolsillos de su manga hasta encontrar una llave. La introdujo en el cerrojo de la puerta y la cerró con pestillo. “Listo.”
“…” Oikawa, Eureka y Kana se apartaron de la puerta.
“¿Esto está bien?” Kana miró a los otros dos. “Digo, era parte del plan forzarlos, pero, ¿encerrarlos?” miró esta vez a Oikawa “Tú lo conoces más, ¿Y si termina en algo muy malo? ¿Y si alguien sale lastimado?”
“Sho-chan es agresivo e impulsivo, pero no le haría jamás jamás, pero jamás algo malo a Kaneki-chan” dijo muy seguro. “Sho-chan romperá cosas adentro, pero fuera de lo material, no hay nada que temer.”
“…” Yato miró a Kana.
“Uh.. lo pagaré” suspiró, resignada a que su deuda con Yato siguiera aumentando. 
“Tranquila, Kana, te cooperaremos.” Dijo Eureka.
“Yo me tengo que ir. Les dejo esto para que les abran cuando ya se hayan arreglado” Le entregó la llave a Kana.
“Eh, creo que eres el más indicado para saber cuándo eso pasará,” Kana se la pasó a Oikawa ya que él conocía más a Sho y Ken que ella.

“¡No!” Oikawa negó con la cabeza, y le pasó la llave a Eureka. “Uh… Sho-chan no podrá quejarse contigo, porque no te conoce tanto, así que mejor tú la tienes, h-haha,” dijo, y rio un tanto nervioso.
“¡Oikawa de mierda! ¡Estoy escuchando todo! ¡Déjenme salir, carajo!” gritó Sho, mientras golpeaba fuertemente la puerta del depósito.
“…” Eureka suspiró. “Lo mejor será llamar a Souji o a Kaworu. Sho no puede con ninguno de ellos.”
“¡Te escuché, Shinoa!” dijo Sho, muy enojado, golpeando la puerta del depósito.
“¡Ya, ya!” Eureka rodó los ojos. “Igual no te vamos a abrir. Vamos a darle la llave a Kaworu y a Souji y ellos vendrán en nuestro reemplazo.”
“¡Déjense de estupideces!”



Kana

Yyyy la parte final !
Agradecer a Eureka por compartir fics conmigo :3



Y aunque Sho insistió con los puñetazos y las patadas a la puerta, los hermanos dejaron de oír a sus amigos al otro lado de la puerta. Era de esperarse: ni Oikawa ni las chicas parecían capaces de ignorarlos y, por tanto, no eran las personas más indicadas para vigilarlos, por lo que habían optado por ir a cambiar de ‘roles’ con el resto del grupo.

Kaneki sabía que no les permitirían salir si no hacían las paces. Y no bastaba con unas disculpas. Al parecer, todo el grupo estaba empeñado en que solucionaran aquel tema que habían dejado sin resolver: lo del viaje, los secretos de Kaneki y la falta de comunicación por parte de Sho. Le daba vergüenza pensar que sus amigos andaban enterados de aquellas riñas privadas, pero suponía que era difícil ignorar la distancia que se había creado entre Sho y él. Y gente tan empática como Souji y Kaworu no podían dejarlo pasar, por lo que habían planeado toda esa salida para obligarlos a reconciliarse.

Kaneki suspiró, y recién en esos instantes, se dio cuenta de que su hermano andaba apoyado en la puerta, mucho más tranquilo que antes.

“¿Te rendiste?” preguntó Kaneki.
“Me duelen los nudillos. La puta puerta está hecha de metal, o qué se yo. Y como sé que es por gusto, ya no tiene sentido que siga con lo mismo,” le respondió Sho, sin mirarlo a los ojos.
“Mm.” Kaneki asintió. De reojo, notó que la fuerza de Sho había sido capaz de dejar marcas de su puño en la puerta del depósito. Se apiadó de Kana en silencio, puesto que de lo que había oído, ella tendría que encargarse de los daños materiales. Era tranquilizante, sin embargo, escuchar que Shinoa y Oikawa se habían ofrecido a apoyarla con los gastos. De ser necesario, Kaneki consideraba que Sho y él también colaborarían con su HiME.

El silencio que se formó entre ambos se vio interrumpido por la algarabía a unos metros de allí: al parecer, la procesión andaba rodeando el perímetro. Sin embargo, poco a poco se fue disipando, hasta quedar como un murmullo lejano casi imperceptible.

“Sho—”
“Ken—”

Luego de mencionar el nombre del otro al unísono, ambos se miraron, sorprendidos.

“Disculpa,” dijo Kaneki. “Tú habla primero.”
“De seguro es lo mismo de lo que tú me quieres hablar.”
“Supongo que… ¿te refieres la discusión de hace unas semanas?”
Sho asintió. “Te lo dije hace un rato y lo repito, debemos hablar sobre eso. Estoy cansado de andar peleado contigo.”
“Yo también…” confesó Kaneki, desviando la mirada.
“Si quieres, yo empiezo.”
“No. Yo comienzo. Creo que es justo, considerando que fui yo el que empezó a esconderte cosas.”
“Ken, no necesitas contarme todo. Hay cosas que son muy personales y que pueden ser sólo para ti, no necesitas—”
“No. Siempre hemos sido muy sinceros el uno con el otro. Pero eso cambió hace unos meses… y fui yo el que empezó a ocultarte varios de mis problemas. Y sí, es cierto que podemos guardarnos cosas, pero se trataba de temas importantes sobre mi salud. Creo que eso no debería esconderse de ninguna forma.”
“¿Qué… pasó? ¿Estás bien?” Sho se mostró preocupado.
“Sí, no te preocupes.” Kaneki suspiró, y se armó de valor para confesar varias de las cosas que se había guardado por mucho tiempo. “Mi puesto como rebel ha comprometido, hasta cierto punto, mi salud. Las constantes migrañas son producto de eso… supongo que mi cuerpo no es capaz de lidiar del todo con el nanochip y la carga que tiene sobre mi organismo.”
“Pero no entiendo… yo estoy bien.”
“Tú siempre has sido más fuerte que yo, Sho,” Kaneki sonrió. “Hasta tienes músculos y todo.”
“Eh… supongo que he hecho más ejercicio, sí.”
“Creo que eso está relacionado, el nanochip se demora más en ser aceptado si es un cuerpo débil. Y bueno, el viaje tuvo que ver con eso. No… me acuerdo de lo que me pasó exactamente durante el ataque, pero el Dr. Liebhart vio pertinente llevarme a Alemania para ayudar con mi recuperación. El doctor me dijo que no había problema en comentarte que andaba en Alemania, pero debía esconder la verdadera razón detrás de mi viaje. Aunque sentí que debía contarte la verdad, me dio ansiedad pensar en lo preocupado que andarías por mí. Te veía capaz de gastar los ahorros de tu trabajo en irte a Alemania a verme, y justo yo me iba a regresar pronto, así que no le veía sentido. Pero luego de pensarlo… ese mensaje fue la peor manera de contactarte,” mencionó, apenado.
“Digo lo mismo sobre lo que hice. Debí encararte y preguntarte todo cuando llegaras, no buscar información sobre tu paradero de esa forma. Pero suponía que no ibas a ser sincero conmigo… no lo habías sido con tu mensaje, no tenía razón para pensar de otra forma.”
“Sí, es cierto.” Kaneki asintió. “Quiero disculparme por todo esto. Y por mi reacción al día siguiente… me dio un ataque de ansiedad muy fuerte, y terminé diciendo lo opuesto a lo que pensaba.”
“No hay problema. Yo también dije cosas que te hirieron.” Sho suspiró. “Y me jode como no tienes idea. No pensé que llegaría el día en que nos alzaríamos la voz.”
“Yo tampoco.” Kaneki sonrió, entristecido. “Me sentí muy enojado conmigo mismo luego de todo. Quise… acercarme a ti, enmendar mi error, pero tampoco podía ignorar que andaba molesto contigo. Tú… has estado distante desde hace un tiempo.”
“Sí. No lo puedo negar.” Sho rodó los ojos. “Pero mi razón es muy estúpida en comparación a la tuya. El tema de tu salud es muy importante, y entiendo por qué me lo ocultaste. No querías preocuparme… sobretodo porque siempre ando pendiente de ti y al más mínimo rasguño que te hacen ya me ves como loco gritando y golpeando gente.”
“Sí, eso es cierto.” Kaneki soltó un par de risas ante eso. “¿Qué te tiene tan preocupado?” preguntó, curioso.
“Uh…” Sho se rascó la cabeza, nervioso. “Es… uh…”
“¿Sho?”
“Espero que no esté por acá…” comentó Sho, y suspiró. “Okay, te contaré.”
“…”
“…”
“…¿Cuándo?”
“Ahorita. Es difícil, ¿okay?”
“…Okay, te espero.”
“…” Sho volvió a suspirar. “Hace… Hace unas semanas, descubrí que me gusta Souji. Como más que un amigo. Mierda, qué asco me da decir este tipo de cosas,” dijo Sho, disgustado.
“¿Te da asco admitirlo?”
“Sí— Espera, ¿tú sabías de esto?” Sho arqueó una ceja.
“Mmm…” Kaneki se llevó una mano al mentón, pensativo. “Andabas raro desde aquella salida al bar. Supuse que algo había pasado con Souji-san, cuando fuiste con él a su cuarto y durmieron junto—”
“¡N-NA-NADA PASÓ ESE DÍA!”
“¿Osea que fue otro día?”
“¡MIERDA, KEN!” Sho se tapó la cara, avergonzado. “Mierda, mierda.”
“…Supongo que eso no fue todo. Souji-san y tú no se hablan como antes. Sé que desde que conseguiste el puesto de rebel dejaste de frecuentarlo, pero… siento que ahora todo ha empeorado entre ustedes. Noté que también lo ignorabas a él.”
“Eso es porque… uhhh… él fue el del contacto del hacker que dio con tu paradero. Y ese día, mientras esperábamos que Seven encontrara información de ti, tuvimos una discusión por la distancia que creé entre nosotros. Era todo para evitarlo, porque yo no quería lidiar con lo que sentía. Y… ¿puede que lo haya besado?”
“¿¡Lo besaste!?” gritó Kaneki, sorprendido.
“¡Baja la voz!” le pidió Sho, susurrando. “No sé si Kaworu y Souji ya están afuera. No escucho nada, y eso me da mala espina… No me gustaría que Kaworu se entere de eso. Y… francamente, me daría demasiada vergüenza que Souji escuche sobre esto.”
“Pero… ese beso lo dice todo.”
“Supongo. Igual, ahí no quedó la cosa.” Sho tiró de sus cabellos, frustrado. “¡Arghh! Estoy harto del tema.”
“Sígueme contando.”
“Sí. Bueno, ¿recuerdas que la semana pasada andaba vendado y todo? Tuve una pelea con un rebel.”
“¿¡En serio!? ¡Eso debiste contármelo!”
“Estábamos peleados. Y no quería incomodarte… así que fui donde Souji.”
“¿Todo bien?”
“¿De la pelea?”
“Sí.” Kaneki se mostró muy preocupado. “Osea, no te veo malherido, pero supongo que te dejó un sinsabor en la boca.”
“Sí, para qué negarlo. No fue un combate normal. Sino que… estábamos entrenando por nuestra cuenta, y bueno, no pude evitar golpearlo cuando hizo un comentario innecesario sobre Labrys. Y luego de eso peleamos en serio. Labrys tuvo que detenernos.”
“Oh, claro. No tiene derecho a hablar así de Labrys-san.”
“Exacto.” Sho asintió. “Bueno, luego de eso, fui donde Souji. Me parecía rarísimo que, desde lo del beso, él también andaba evitándome.”
“¿Y pasó algo?”
“No. Souji andaba muy indeciso, y yo encima seguía peleado contigo, así que no quería escuchar cómo me iba a rechazar. Luego de curarme, escapé de allí.”
“¿Y no han hablado desde ese entonces?”
“No. Es todo un problema. No quiero ni mirarlo a la cara, pero esta salida me ha obligado a tratar de nuevo con él.”
“Pero… no entiendo. ¿Tú no le gustas a Souji-san?” Kaneki se veía confundido.
“No lo sé, realmente.”
“Es que… si le gustas, no hay más vueltas que darle al asunto.”
“Ken… pareces olvidarte que Souji está con el pendejo de Adachi.”
“…” Kaneki se quedó observándolo, sin entender. “¿Souji-san no está soltero?”
“¡NO! ¡Ese es el problema! Está en una relación con ese baboso, ¿no te acuerdas? Adachi. Esa mierda.”
“…Ah. Claro, están juntos,” dijo Kaneki, y golpeó su palma con su puño. “¿Te soy sincero? Yo… pensaba que eran mejores amigos.”
“¡Pero Souji se queja de él y sus peleas!”
“¡Los amigos también pelean!”
“…Mierda, tienes un punto.”
“Es raro. Yo… bueno, yo juraba que Souji-san estaba soltero. Pero ahora que realmente me pongo a pensar en eso, creo que era imposible. Con esa cantidad de seguidores que tiene su página en Facebook… y el club de fans que tiene…”
“Lo que me jode es que de toda la gente que podía ser su pareja, justo tiene que ser alguien tan… repugnante como Adachi.”
“¿Por qué lo odias tanto?”
“¿No sé? ¿Me cae mal?”
“¿Celos?”
“¡…!” Sho desvió la mirada, avergonzado. “Supongo. No sé.”
“Realmente te gusta Souji-san, ¿no?” Kaneki sonrió, enternecido.

Era peculiar ver a Sho enamorado, sobretodo porque se trataba de la primera vez que iba a en serio. Kaneki recordaba haberlo visto con un par de chicas en la secundaria alta, pero su hermano le había comentado que era para pasar el rato, puesto que ninguna de las partes andaba interesada realmente en la otra persona.

Sho era muy popular, y aunque muchas chicas habían confesado su interés en él, todas parecían resignarse al mismo destino, el rechazo.

Souji había sido el primero en conseguir lo imposible: captar la atención de su hermano.

Y eso, en sí, era una hazaña increíble.

“Carajo, Ken. Que te va a escuchar el resto del grupo y me van a quemar.”
“Bueno, allá ellos. Tú sabes que voy a apoyarte de todas formas, ¿no?”
“S-Sí. Gracias.” Sho le sonrió. “Y… lo siento. Aún no cerramos del todo el otro tema, así que volveré a tocarlo. Yo también quiero disculparme por mi reacción. No fue la mejor, y aunque no está justificada, quiero que entiendas que la ansiedad me cegó a mí también. No sabía nada de ti. Quería estar seguro de que estabas bien a toda costa. Debimos conversarlo luego de tu llegada…”
“Pero todo salió justo como no queríamos que se diera. Está bien, entiendo. Y… lo siento, Sho.”
“Yo también lo siento. Uh… quería decirte algo.”
“¿Qué cosa?”
“Esa noche que regresaste y discutimos… dijiste algo que quiero corregir ahora. De que siempre soy yo el que te salva de todo, el que te protege. Pero… eso no es así.” Sho desvió la mirada, de la vergüenza. “Tú eres el que siempre me aconseja y me escucha. Para mí, es más valioso eso que meterse en peleas y causarte más problemas, como siempre lo hago. Porque eventualmente tienes que sentarte a curar mis heridas y tengo que lidiar con tu expresión de preocupación—”
“¡Pero eso también es importante!” dijo Ken, y se levantó del asiento para encarar a su hermano. “Siempre he sido muy débil. Y en el orfanato y también en el colegio, tú has estado ahí para mí. Te metiste en peleas por mí, para protegerme. No me molesta curarte luego de eso. Lo estás haciendo por mí, es lo mínimo que puedo hacer a cambio.”
“Es que… no entiendes. No tienes que darme nada a cambio. Lo que quería decir con todo esto es que también me ayudas a tu manera. No me gusta que pienses tan mal de ti mismo. Como que eres un estorbo para mí. No lo eres, ¿okay? Nunca lo has sido.”

Kaneki sintió un nudo en la garganta, y se aguantó las ganas de llorar. Como el sensible que era, ya se veía llorando a mares por las palabras de su hermano, por lo que prefirió limpiarse los bordes de los ojos con las mangas de la yukata. Sho rio, a unos pasos de allí.

Sho no musitó palabra alguna, sólo carraspeó para llamar la atención de su hermano y extendió sus brazos. A juzgar por su expresión, el pelirrojo andaba muerto de la vergüenza. Siempre había odiado el contacto con la gente, pero su hermano era especial, después de todo.

“Si quieres llorar, hazlo.” Le dijo Sho, ni bien Kaneki lo abrazó.
“N-No.”
“Okay,” dijo Sho, y le dio un par de palmaditas en la espalda.
“Por cierto, hay algo que me olvidé de contarte,” dijo Ken, separándose un poco para alzar la mirada y encararlo.
“¿Qué cosa?” Sho lo observó, curioso.
“Uh…” Kaneki se escondió de nuevo en el polo de su hermano. Sabía que Sho se iba a enojar, pero tenía que contarle la verdad de todas maneras. “¿Sabes quién es Shizuru?”
“Sí, la prima de Kaworu.”
“No es su prima.”
“¿No?”
“Es Kana Arima, mi HiME.”
“…”
“…”
“…Qué.”
“¡No le hagas daño! No tiene malas intenciones,” le dijo Kaneki, mientras se separaba de él. “Fui a contarle que era su rebel hace un tiempo. Y todo bien, es una HiME muy amable.”
“Ken, así son todas, supuestamente. Pero de ahí van y te apuñalan por la espalda. No te confíes.”
“Sí, no te preocupes.”
“Igual… estaré observándola, por sea caso.”
“¡En serio! ¡No es peligrosa! Mira, que vino a ayudarnos y todo.”
“No sé.” Sho se cruzó de brazos. “Me da mala espina. Ten cuidado.”
“Lo haré.” Kaneki le sonrió. “Ya te conté todo, creo. ¿Hay algo que te falte a ti?”
“…” Sho se mostró pensativo por unos segundos, pero negó con la cabeza. “No, nada.”
“Okay.” Kaneki asintió. “¿Quieres que llame a Eren? Para que vengan a abrirnos.”
“…” Sho volvió a golpear la puerta con sus puños. “Abran de una puta vez, mierda. Que ya hablamos y ya estamos bien.”
“Parece que no están afuera,” comentó Kaneki.
“Haha~”

Los dos hermanos se asustaron al escuchar la sonora risa de Kaworu. Seguidamente, escucharon el “click” de la cerradura, y la puerta del depósito se abrió. Afuera estaba sólo Kaworu, sonriéndoles de oreja a oreja.


 


“Me alegra que el plan haya funcionado,” mencionó el peligris, y volvió a sonreírles.
“Kaworu, no te saco la mierda ahorita porque… bueno, porque realmente sí nos ayudó.” Sho rodó los ojos.
“Gracias,” dijo Kaneki, y hasta hizo una reverencia.
“Haha~ No se preocupen.” Kaworu alzó las manos. “También deben agradecerle a Souji, eso sí,” dijo, y miró fijamente a Sho. El pelirrojo desvió la mirada, intimidado.
“Sí, claro.” Ken sonrió. “Sobretodo Sho.”
“¿¡Por qué yo!?”
“¿Por qué no?” le preguntó Ken.

En vez de responder, Sho avanzó hacia los stands, dejando a Kaworu y a Kaneki atrás.

“¿Todo bien?” le preguntó Kaworu a Kaneki, y este asintió.
“Sí. Aunque Sho tiene un tema aún por resolver.”
“Lo de Souji, supongo.”
“¡Wah! ¿También sabes eso?” Kaneki no pudo esconder su asombro.
“Ese par es un poco obvio. En especial Sho, por supuesto.”
“Ah. Ojalá pueda hablarlo con Adachi-san. Estoy seguro de que él dará un paso al lado cuando vea lo decidido que Sho está.”
“¿De qué?”
“De hacer feliz a Souji-san.” Kaneki sonrió.
“Haha, qué inocente eres, Kaneki~” Kaworu sonrió. “Dudo que las cosas funcionen. Al contrario, si Sho va y le cuenta eso…”
“Puede que algo malo pase,” dijo Oikawa, sumándosele a ambos de la nada.
“¡Oikawa-san!”
“Hola~ Me preocupaba que no regresaban así que vine por ustedes. ¿Se reconciliaron? Pregunto porque Sho-chan anda echando humos ahí en frente.”
“Encima no sabe en qué dirección está el resto del grupo,” comentó Kaworu, entre risas.
“¡Sho-chan!” lo llamó Oikawa, y el pelirrojo regresó hacia ellos.
“No… sé dónde está el resto,” confesó Sho, entre molesto y avergonzado.
“¡Yo los guío!” ofreció Oikawa, y el resto le hizo caso.

El trayecto para encontrar al resto del grupo fue sumamente corto gracias a un pasaje en el bosque que desembocaba directamente al parque aledaño al templo. El grupo andaba sentado en una de las varias mesas del parque, conversando y bromeando entre ellos. Tal parecía que andaban haciendo hora hasta que iniciara el espectáculo de fuegos artificiales: la mejor vista era a unos metros de allí, y por ello habían escogido un lugar cercano a ese.


 


“¡Ahí regresan!” anunció Eureka, emocionada.
“…” Sho esquivó la mirada de todos, y fue y se sentó al lado de Eren. “No nos pregunten nada.”
“¡Pero es inevitable!” se quejó Eren. “Queremos saber si funcionó o no.”
“Si funcionó,” comentó Kaneki, colocándose al lado de Souji. Oikawa tomó asiento al lado de ambos, y Kaworu se sentó al lado de Sho.
“Y ahí queda. Ya no jodan,” dijo Sho.
“Me alegra que estén bien entre ustedes,” comentó Souji, sonriéndole a Sho. El pelirrojo fue rápido en evadir su mirada, hasta que notó un detalle peculiar en el rostro de su amigo.
“¿Has… tomado sake?” preguntó Sho, preocupado.
“Un poco~” Souji sonrió. “Pero estoy bien, en serio.”
“Uh… fue nuestro error,” confesó Oikawa. “Lo perdimos un momento de vista y ya había tomado un par de vasitos.”
“Souji es el alma de la fiesta cuando está un poco picado~” comentó Kaworu.
“¡Es un peligro, eso es lo que es!” dijo Sho, indignado. “Todos son unos inútiles.”
“Oye, no nos culpes a nosotros. Souji es escurridizo,” comentó Kana.
“Ahora entiendo por qué decían lo del alcohol,” dijo Eureka.
“En serio no he tomado mucho. Estoy lúcido, no entiendo por qué no me creen.” Souji suspiró pesadamente.
“¿Será porque siempre dices lo mismo y luego te estampas contra la pared o cosas así?” comentó Eren.
“…No, en serio estoy bien. Necesitaba un poco de alcohol para armarme de valor.”
“¡Ooooh!” dijo Eureka, emocionada. “¿Para qué?”
“Para… algo.” Souji miró de reojo a Sho. “Pero estoy bien. Sólo… ando un poco acalorado, supongo.”
“Sí, estás todo sonrojado,” comentó Kana. “Tal vez sería bueno que fueras por un poco de agua.”
“En un rato.” Souji sonrió. “No me quiero perder el espectáculo de fuegos artificiales.”
“Por cierto, ¿volvieron a ver a Todoroki y a Labrys? Ni me despedí de ellos,” dijo Sho.
“Oh, luego del espectáculo podemos regresar a los stands, si deseas,” sugirió Eureka.
“Sí, sería lo mejor.”
“Sólo espero no volver a cruzarme con Yato…” comentó Kana.

Kaneki saltó en su sitio, sintiéndose un tanto culpable por las marcas en la puerta del depósito. Sonrió, sin embargo, al notar que su hermano andaba distraído en una conversación con Eren como para recordar los daños que había causado. Ya luego le haría recordar, y pagarían los gastos necesarios.

La conversación del grupo se desvió hacia lo que habían hecho mientras Sho y Kaneki hacían las paces y, eventualmente, el show de fuegos artificiales dio inicio. El grupo se levantó de la mesa para correr al mejor lugar para apreciar el espectáculo, y todos se quedaron ensimismados por la belleza de las luces de colores en el cielo, que iluminaban el lago del parque.
 
La distracción causada por el espectáculo de los fuegos artificiales le proporcionó a Sho y a Souji de la oportunidad perfecta para abandonar al grupo sin que nadie se diera cuenta de la ausencia de ambos. La iniciativa había sido de Sho, quien se lo había sugerido minutos antes de que empezara el show. Al parecer, quería comentarle algo a solas.




Souji solo atinó a seguirlo en silencio, inseguro de cómo iniciar la conversación. Caminaron hasta encontrar un lugar tranquilo cerca del parque, escondido entre los árboles.

“Supongo que quieres oír mi respuesta,” comentó Souji, mientras arreglaba su yukata.
“¿Respuesta?” Sho arqueó una ceja, confundido. “¿De qué?”
“Me has evitado este par de semanas,” dijo Souji, aún enfocado en su vestimenta. “No creo que te has olvidado del porqué.”
“No, no era por eso.”
“¿Entonces?”
“Antes de hablar, quiero que me confirmes que estás lúcido.”
“Lo estoy. Estoy parado, sin tambalearme, sin la mirada perdida.”
“…Okay.” Sho suspiró. “Pregunté porque sería por las puras hablarte si te vas a olvidar de todo lo que diga.”
“No, no. Dime, ¿qué pasa?”
“Quería… agradecerte por lo de Ken. Sé que Kaworu y tú estuvieron detrás de todo y… no voy a mentirte. Me jode que se metan en nuestros problemas, pero de no ser por ustedes, no nos habríamos reconciliado.”
“Sí, te entiendo. A mí también me incomodaría un poco que mis amigos se entrometan, pero me partía el corazón verlos así, tenía que hacer algo por ustedes,” confesó Souji, mirándolo a los ojos. “No sé mucho del pasado de ambos, pero imagino que desde que se conocieron, se han apoyado el uno al otro. Eso no puede cambiar. No dejen que cambie.”
Sho asintió. “Ken piensa que yo siempre he sido el que lo ha salvado de todo, pero lo cierto es que él también ha hecho lo mismo conmigo.” Sho suspiró. “Soy una mierda cuando intento hablar sobre mis sentimientos, en serio, soy un inútil. Pero… espero que me haya entendido algo, al menos.”
“¿Le contaste sobre las visiones?”
“…No.” Sho se mostró un tanto serio. “Puede que influya en esa línea temporal si le cuento. Por eso, primero, quiero comprobar que el resto de visiones que tuve ese día no se cumplirán.”
“Oh, tiene sentido. Lo mejor es que tomes tus precauciones. ¿Llegaste a pelear con tu HiME?”
“Sí. Y la pelea fue muy parecida a la visión que tuve sobre nuestra primera batalla. Excepto por un aliado de Allura.”
“¿Cómo así?” preguntó Souji, lleno de curiosidad.
“Un hombre se lanzó a ayudarla durante la batalla. Terminó escapando con ella.” Sho rodó los ojos y bufó, recordando la batalla de unos días atrás.
“¿Estás bien?”
“Sí. No llegaron a herirme.”
Souji suspiró, aliviado. “Me alegro. Como no hemos hablado desde esa noche—”
“No. No vamos a hablar de eso,” lo interrumpió Sho.
“No te salvas.” Souji sonrió. “Voy a sacar a la luz ese tema eventualmente.”
“¿Qué mier—?”
“Pero bueno, el hombre que mencionaste… ¿Allura y él se conocían?”
“Eso es lo que no sé. Pero él no salió en mis visiones, así que hay cosas que están cambiando.”
“Eso significa que lo de Ken también puede cambiar.”
“Mm.” Sho asintió. “Espero.”
“…” Parecía que Souji le iba a preguntar algo más, pero se detuvo antes de hacerlo.
“¿Qué pasa?”
“N-no, nada.” Souji desvió la mirada, avergonzado.

No sabía de dónde se había formado la intriga en su mente, pero lo cierto era que le daba curiosidad saber si había salido en las visiones de su amigo de alguna forma. Tomando en cuenta que las visiones de Sho no sólo se ceñían a las batallas con su HiME, sino que también contaban con su hermano como personaje principal, suponía, desde una perspectiva muy egoísta, que existía la posibilidad de haber figurado en alguna de ellas.

Preguntarle acerca de ello se le hacía innecesario, pero suponía que de todas maneras, su expresión lo andaba traicionando.

“Souji, no soy idiota. Sé que te estás aguantando las ganas de decirme algo.” Y aunque aún no lo encaraba de nuevo, Souji podía sentir los ojos de Sho posados en él.
“…¿Y quieres que lo diga?” preguntó, mientras lentamente, volvía a mirarlo.
“¿Sí?” Sho rodó los ojos. “No me dejes con la curiosidad.”
“Okay. Eh…” Souji suspiró. “No… tuviste ninguna visión sobre nosotros, ¿no?”

La pregunta sorprendió al pelirrojo, quien observó a su amigo con una expresión de pura confusión.

“¿No?”
“Pareces dudar.”
“No, no estoy dudando. Es sólo que… se me hace muy raro que me preguntes eso.”
“Bueno, se me ocurrió ahorita. Porque la última vez que hablamos te ví muy tranquilo. Y tú eres muy impaciente, así que me pareció raro. Ahora que lo pienso, tendría sentido que nos hayas visto en una de tus visiones.”
“No, no te hagas teorías locas. No ví nada sobre nosotros. Ese día andaba mal por lo de Ken, y no quería escuchar cómo me rechazabas. Por eso no insistí,” dijo Sho.
“…Okay, te creo.”
“¿Ya decidiste qué harás?” El semblante de Sho se había tornado serio, de un momento a otro. “Porque si me vas a rechazar, mej—”

Souji no la pensó dos veces, y se lanzó a cortarlo con un beso, reduciendo la distancia entre ambos en cuestión de segundos.

Siempre había demostrado que era una persona metódica y analítica: pensaba cuidadosamente antes de actuar y hablar. Pero la actitud de Sho era contagiosa: desde su energía hasta su impulsividad, era inevitable sintonizar completamente con él. Souji lo había notado en la gente a su alrededor, y al parecer, ya era su turno.

No le sorprendió que la respuesta del pelirrojo fuese tan enérgica. Por unos segundos, Souji había dudado de tomar la iniciativa, pero al recibir aquella reacción tan positiva, sus preocupaciones pasaron a un segundo plano. Y se dejó llevar, perdiéndose en las sensaciones, en la cercanía.

Souji intentó quebrar el contacto para poder explicarse, pero Sho no lo dejaba: volvía a atraer su nuca hacia él, y volvían a besarse.

“Sho.” Beso. “Espera.” Beso. “SHO”
“YA, ya.” Sho se alejó un poco, si bien no soltó el agarre en su cintura.
“¿No te molesta mi aliento? Tomé sake.”
“…” Sho se encogió de hombros. “Espera. ¿Eso es lo que te preocupa?”
“¡No! Osea, sí, un poco. Pero… pero no te detuve por eso. Quiero explicarme.”
“No necesito esas cojudeces.”
“Tú no, tal vez. Pero yo sí necesito decírtelas.”
“…” Sho guardó silencio. Parecía un tanto enojado, pero suspiró, y asintió. “Hazlo.”
“Primero. Nunca más te atrevas a hacer lo de la noche pasada. Me dejaste preocupado, y como andábamos mal, ni podía confirmar que estuvieses bien. Kaneki me dijo que todo okay, pero no es lo mismo que tú me lo digas.”
“Ah. ¿Irme sin avisarte?”
“Sí. Fue un berrinche de tu parte, y aunque entiendo por qué lo hiciste, no es la forma.”
“¿Me estás dando un sermón? ¿Luego de besarme? ¿¡Es en serio!?”
“Una cosa no excluye a la otra.”
“Ugh.” Sho bufó, un tanto enojado. “Okay, okay. Te dejaré una nota, no sé.”
“Y lo otro… bueno, te quería pedir disculpas. Anduve muy indeciso, e inseguro… y creo que eso no hizo más que empeorar las cosas entre nosotros. Es… una situación peculiar, después de todo. Pero lo estuve pensando desde la última vez que nos vimos, y yo— no quiero seguir así contigo. No quiero dejar de verte, menos si es por algo tan tonto como esto. No entiendo por qué me he demorado tanto en entenderme a mí mismo”
“A mí me tomó como un año.” Sho suspiró.
“¿Un año? Pensé que habían sido solo un par de meses,” comentó Souji, con una sonrisa burlona. Sho rodó los ojos.
“Fue un año. Listo, lo dije. Ya no me jodas.”
“Marie y Ken tienen razón, eres lento.”
“¡Souji!”
“Sólo digo verdades,” dijo, y se puso a jugar con el cuello de la polera de Sho. “Bueno. No tengo nada más que decir.”
“Yo sí. Quiero saber algo,” habló Sho. Su mirada seria llenó de curiosidad a Souji, quien lo observó en silencio. “¿…Estás seguro?”
“Qué raro que esa pregunta venga de ti.” Souji no pudo evitar sonreír de lado. “Tomando en cuenta lo poco o nada que te importa Adachi.”
“Eso no te lo niego. Solo… no quiero lidiar con tus sentimientos de culpa luego. Por eso pregunto desde ya.”
“Oh,” Souji lo observó, sorprendido. “No, no te preocupes. Tengo una terrible referencia en mente para explicar mi lógica, pero sé que va a arruinar el momento.”
“…Dime, no te juzgaré.” Sho se veía un tanto curioso.
“¿Viste Civil War?”
“¿Sí?” Sho arqueó una ceja, confundido. “¿Por?”
“Bueno, Steve está del lado de la justicia, sea la situación que sea, ¿no? Pero, aun así, defendió a Bucky frente a Tony. Y su amigo había matado a sus padres. No importaba que Bucky había sido manipulado. Era un crimen, de todas maneras. Pero para Steve, su amigo era una excepción. Algo así… es lo que pasa entre nosotros. Sólo que tú eres Bucky, y yo soy simultáneamente Steve y Bucky, porque también estoy involucrado.”
“…Es malísima,” Sho rio.
“Lo sé.” Souji le sonrió. “¿Pero me entiendes?”
“Sí, sí.”
“Estoy seguro de lo que estoy haciendo. No voy a sentirme culpable luego.”
“Okay. Sigo cuestionándome tus referencias, pero entiendo.”
“No me juzgues, fue lo primero que se me ocurrió,” comentó Souji, risueño. “Pero bueno. Lo mejor será regresar al grupo. Puede que ya se hayan dado cuenta de que nos escapamos…”
“Eh, lo dudo. De seguro se están distrayendo con otro stand de comida o se encontraron con más amigos.”
“Es cierto,” dijo Souji, y se cubrió los labios para esconder sus risitas. “Aunque… me preocupa Tooru. A este paso, Eureka lo dejará en bancarrota.”
“…¿Eureka?” Sho arqueó una ceja.
“Ah.” Souji supo, en esos instantes, que ya no contaba con escapatoria.
“¿Te refieres a Shinoa?”
“…¿No?” ofreció Souji, haciéndose el idiota. Sho rodó los ojos, enojado.
“Souji, no soy estúpido. Ya la fregaste, así que habla.”
“…Sólo si prometes no decirle nada a Tooru. Y no… actuar.”
“¿Actuar?”
“Sí. Porque puede que quieras hacer algo luego de que te diga quién es Eureka.”
“…Okay, dime.”
“Eureka es la HiME de Tooru. Nunca fue su enamorada, sólo se está haciendo pasar por ella por un error de él.”
“…Que es su QUÉ”
“Su HiME.”
“¡Qué mierda!” Sho no cabía en su enojo y su confusión. “No entiendo qué onda con las HiMEs, todas se hacen pasar por otras personas…” Sho suspiró.
“¿Por qué lo dices?”
“Por Kana Arima, la HiME de Ken. Uh… ¿Shizuru?”
“Oh, claro.”
“¿Tú también sabías quién era?”
“…Algo así. Lo sospeché esa vez que Seven encontró información sobre Ken… la chica de la foto era muy similar a la chica de la fiesta de Derecho.”
“Sí, me sentí estúpido cuando Ken me lo contó.” Sho suspiró.
“Pero qué, ¿Kaneki y Kana son amigos? Porque así parece: los he visto interactuando varias veces hoy, y no parecían actuando o escondiendo algo…”
“Creo que sí, son como amigos… o algo así. No entiendo.”
Souji rio. “Yo menos.”
“Peor con lo que me cuentas de Oikawa. Ahora resulta que Shinoa es su HiME. Yo no soportaría tener cerca a la mía. No entiendo cómo Ken y Oikawa pueden estar tan tranquilos y cómodos alrededor de ellas.”
“Depende de la HiME. Y…” Souji lo observó, y sonrió. “También depende del rebel.”
“¿Cómo así?”
“Creo que, de los rebels que conozco, eres el que más respeta su puesto. No te veo formando una amistad con tu HiME.”
“Y nunca lo haré.”
“Sí, eso me calma un poco. Luego las cosas se ponen muy complicadas. Pero creo que sería bueno que, aún así, investigues sobre ella. Seven podría ayudarte con eso.”
“Mm.” Sho asintió. “Me serviría de mucho.”
“De ahí le pasaré el dato para que nos ayude.”

Souji se alejó, sin soltar la mano de Sho. Al notar que su amigo no tenía ninguna intención de moverse, intentó tirar de su mano, pero Sho lo jaló de vuelta, y Souji quedó en frente de él. Sho volvió a tomarlo de la cintura, y se acercó hasta posar su mejilla en el hombro de Souji.

“Aún no quieres regresar, ¿no?”
Sho asintió. “No sé cuándo te veré luego de esto. Falta poco para finales.”
“¿Y?”
“Tú desapareces las semanas previas a finales. Sólo… sólo paras con Adachi. Nadie más te ve.”
“Aw, ¿celoso?”
“No jodas con eso.”
“Tranquilo,” dijo Souji, acariciando sus cabellos. “Iré a visitarte a tu facultad. Si me pasas tus horarios de entrenamiento, y coinciden con alguno de mis huecos, podría ir a verte, también.”
“…Okay.”
“Hay días que salgo súper tarde, y creo que tú trabajas, así que nos regresamos juntos.”
“Sí. Eso suena bien.”
“¿Ves?” Le preguntó Souji. Sho se incorporó, y lo miró a los ojos. “No te voy a dejar de lado. Pero puede que manden a alguien por nosotros…”
“Sí, sí, ya entendí.” Sho soltó un suspiro, y luego, lo tomó de las mejillas y volvió a besarlo. “Vamos.”

Sho tomó la delantera, luego de dedicarle una pequeña sonrisa.

Detrás de él, Souji también sonrió.


 


La pirotecnia aún continuaba para cuando Sho y Souji regresaron sigilosamente a donde estaban los demás. Para tranquilidad de ambos, los demás al parecer no se habían percatado del pequeño lapso de tiempo en que ellos no estuvieron presentes. Los dos jóvenes se dedicaron una última mirada cómplice antes de integrarse cada uno por su lado en el grupo para no levantar sospechas.

Sho se acercó a Ken al ver que éste le buscaba con la mirada, su hermano lo estaba esperando con un par de largos palillos de senko hanabi los cuales guardaba para encenderlos con él. El pelirrojo aceptó una y acompañó a Ken a donde estaban los demás intentando encender la de ellos. Sho notó que Kaworu se le había acercado a Souji para entregarle un senko hanabi e intercambiar unos comentarios con él, le dio la impresión que Souji al principio se mostró algo sorprendido y un tanto incómodo respecto al intercambio de palabras con el de ojos color carmesí pero luego percibió que se reía un poco y que Kaworu le codeaba disimuladamente antes de irse a hablar con Shizuru.

Le había puesto ansioso ese intercambio de comentarios. ¿Acaso Kaworu se había dado cuenta de…? Sho negó con la cabeza, ése Kaworu, no entendía como pero siempre se enteraba de todo. Ken le tomó suavemente del brazo captando su atención, Sho lo observó con atención y Ken le habló más cerca ya que el ruido de los fuegos artificiales más allá era algo ensordecedor.

“Shinoa-chan trajo varios senko hanabi desde su casa para compartirlos con nosotros.”
“Eso veo” dijo Sho, viendo que todos tenían un montón de esas cosas. “Mirá al infantil de Oikawa” señaló burlonamente al capitán de vóley quien se mostraba libremente feliz y emocionado de encender su varita junto con la de Eureka. Sho recordó fugazmente lo que le había contado Souji respecto a la identidad de la chica y la supuesta relación con Oikawa… Aunque para ser una estafa parecía que esos dos compatibilizaban muy bien.
“Hehe, es feliz con estas cosas. Y… yo también.” Ken alzó los hombros, un poco avergonzado. “Disculpa que te involucre en esta actividad. Se me hace divertido y me trae buenos recuerdos de cuando éramos niños.”
“Recuerdo eso” asintió, revolviéndole un poco el cabello. “Y no te cohíbas por algo así. Si te gustan estas cosas está bien. A mí también, si es que lo comparto contigo. Para mi es importante compartir experiencias contigo que nos dejen recuerdos gratos, ya sea de aquellas vividas en el pasado, las de ahora y lo que nos queda del futuro.”
“Siempre estaremos juntos, Sho.” Kaneki le observó con afecto. “Y si me vuelvo a comportar como un idiota tienes derecho a darme una patada” 
“Procura no volver a hacer algo tan loco, porque ahora tengo más entrenamiento y me temo que quedarías mal, haha” bromeó el otro.
“Hm, Eren está medio perdido…” Le comentó Kaworu a Shizuru al ver que Eren lanzaba la varita al fuego pensando que era una especie de pirotecnia de aquellas que explotan con el fuego.
“Es porque es el único extranjero, creo.” 
“Mejor le voy a ayudar” dicho aquello, el chico fue hasta donde Eren y le dio unas instrucciones básicas. “Listo, era sencillo, ¿verdad?”
“Ahá” asintió, entre un tanto molesto por verse como un tonto y medio motivado al ver la luz atractiva que desprendía su senko hanabi. “¿Esto simboliza algo en especial en la cultura japonesa?” preguntó con curiosidad.
“Simboliza que has sellado el pacto de nuestro amor eterno.” Dijo Kaworu, campantemente, con la sonrisa característica suya que daba la impresión de que era divertido pero que no estaba bromeando.
“…” Eren lo miró con suspicacia. “Ya córtala.” Esperaba que nadie hubiese escuchado, pero era demasiado tarde puesto que escuchó algunas risas entre los del grupo.
En algún momento, todos se ubicaron en un círculo conformado por ellos y mantuvieron sus senko hanabi frente a sus ojos haciendo siluetas con la luz.
“¡Esperen! Esto es ideal para hacer efectos fotográficos” Dijo Shinoa, quien hábilmente con su mano libre sacó su cámara fotográfica y comenzó a fotografiar a los presentes divirtiéndose con sus luces. Posteriormente se sacó una selfie con los demás de fondo.

Después de la entretención con las luces de senko hanabi, conversaron un poco más y los que eran más susceptibles al gusto por el alcohol se bebieron lo que quedaba de la botella de sake que había comprado. Intentaron esconderla de Souji, absolutamente, pero no faltaba el que se apiadaba y le permitía un pequeño sorbo.
Eureka y Kana conversaron un poco más entre ellas, comentando las ironías de la vida. Oikawa y Ken seguidamente se les sumaron, creando un grupo de cuatro apartados del resto.





“Comentábamos que es irónico como se han dado las cosas” Dijo Eureka.
“¿Sí?” Oikawa las observó con esmero.
“Ahá, respecto a que… bueno, la primera vez que nos infiltramos entre ustedes era con el propósito de obtener información respecto a lo relacionado con los rebels.” Explicó Kana, detalladamente. “Y ahora…” sonrió levemente.
“Ahora podemos incluso tener una convivencia amena y tranquila con ustedes.” Complementó Eureka.
“Aww, hubiera grabado con mi teléfono esta confesión” mencionó el castaño, sonriendo animadamente. “Para ser honesto, a mí me encanta que podamos tener este tipo de relación entre nosotros.” 
“Odio admitirlo, pero me tranquiliza que Eureka tenga por Rebel a un sujeto como tú.” Musitó Kana. “Se nota que no eres como los Rebels dementes a los que nos tienen acostumbradas.
“Concuerdo con Kana. Eres un fastidioso, pero no eres… malo” Eureka se quedó pensativa. Tener a Oikawa como Rebel había sido demasiado afortunado si se ponía a pensar, por ejemplo, en el Rebel desquiciado de Cho. Aquel recuerdo del biohuerto le explicaba mucho del porque Cho prefería mantenerse lejos de su Rebel. Oikawa cometía torpezas, pero no eran mal intencionadas.
“¿Gracias?” Dijo Oikawa. Posteriormente apretó el hombro de Ken, quien estaba a su lado “Pero a ti te tocó el chico más bueno de Rizembool. Así que naturalmente puedes estar tranquila al igual que Eureka-chan”
“Cierto” Kana asintió. “Kaneki es un chico de virtudes positivas”
“Ahh, no digan cosas así” Kaneki sonrió un poco tímido. “Más bien, Kana-chan tiene suerte de tenerme como Rebel porque estoy muy por debajo del umbral de cualquier Rebel…” pensó unos segundos “No sé si decir que nosotros tenemos suerte de tenerlas como HiMEs porque se notan que son bastante talentosas en sus roles. Pero sí tenemos la dicha de conocerlas como personas”
“Aw, Kaneki es tan tierno” Eureka miró a Kana “¿Crees que podamos cambiar?”
“¡Eureka-chan!”
“No lo sé…” Kana miró hacia abajo, desviando la mirada.
“Haha, sólo bromeada.” La HiME de la electricidad observó al resto del grupo un poco más allá. “A todo esto, me da la percepción de que todos saben nuestras identidades”
“¿En serio?” Kana abrió los ojos, en una sutil sorpresa.
“Ehh, lo siento Kana-chan pero Sho sabe que tú eres mi HiME… Tuve que contarle pues no quiero ocultarle nada nunca.”
“Entiendo. Sho entonces es aquel chico que dijiste que te dio información sobre mí.”
“Si” Asintió
“Hablaba también porque me da la idea de que Souji sabe quién soy realmente.”  Observó sugerentemente a Oikawa, quien se hizo el loco.
“Ehh, bueno… Fue Souji quien acompañó a Sho a buscar información. Creo que sabe que eres tú desde aquella vez.” Dijo Kaneki para evitar que Oikawa se metiera en problemas.
“Entonces ustedes dos, Sho, Souji y Kaworu saben nuestras identidades” conteo la pelilila.
“Uh, ¿si?” Oikawa no había reparado en ese detalle.
“Sólo Eren no sabe.” Kana miró en la dirección que ese Rebel estaba. Hablaba por teléfono en esos momentos. “¿Nadie le va a contar? Digo, no es que seamos suicidas, pero… Es medio cruel que sea el único que no sabe.”
“Además si nos juntamos todos de nuevo vamos a tener que disfrazarnos únicamente por él.” Comentó Eureka, pero luego reflexionó “Aunque no lo conocemos bien, tal vez reaccione mal”
“Mejor dejemos que Eren-chan se entere solo”
“Quizá eso no pase nunca, Oikawa-san” susurró Kaneki a su lado, pero respetó el cuidado de los demás porque de todos modos no sabían cómo podía reaccionar el chico. “Pero mejor será darle tiempo. Ahora parece ocupado en otras cosas”
“Hay que dejar esa confesión para otro día. Ya se ha hecho tarde y varios han bebido mucho sake.” resopló la pelilila. Al menos ella y Kana se habían comportado, y debían admitir que los chicos quisieron también dar una buena impresión ante ellas sin beber sake, pero cuando ¨mágicamente¨ unas botellas de sake circularon por el núcleo algunos no se habían resistido a la tentación, salvo Kaneki. No estaban ebrios ni mucho menos, pero de todos modos le preocupaba que se fueran solos y les pasara algo. “Lo que menos quiero es otra persecución policial o algún problema de esa índole.”
“Pero no creo que pase ya que ahora tienes amuletos para la mala su--¡Auch!” El capitán de volley se detuvo al sentir una ligera descarga eléctrica. Iba a decir algo melodramático, pero vio que los demás se acercaban a ellos.
“Es hora de que nos vayamos. Es tarde y están casi todos los puestos cerrados.” Dijo Kaworu, quien seguía animado y bien campante como siempre. Oikawa no sabía si él había bebido sake o no, pero con Kaworu no se sabía ya que, aunque bebiera mucho más que el resto, nunca se le notaba un ápice de alteración en actuar. “Además me comprometí con Chrom a devolverlo a cierta hora”
“¿QUÉ? ¿Chrom te volvió a prestar SU vehículo?” Oikawa quedó de una pieza.
“¿Por qué no? Chrom es una persona maravillosa y para nada egoísta.”
“Pero eres el killer driver Kaworu-chan, y su automóvil no salió bien parado la última vez.”
“Uhm… No soy merecedor de ese apodo. No he matado a nadie… Hasta lo que yo recuerde, hehe”
“…” silencio entre todos.
“Eh, para compensar el gran gesto de amabilidad de Chrom, le llevo todos estos regalos” Kaworu alzó varias bolsas donde contenía desde artilugios, amuletos, recuerdos e incluso otras cosas de intereses orientales.
“Con razón pasaste toda la noche comprando tantas cosas.” Dijo Kana, pensativa, había visto que Kaworu compraba muchas cosas, pero no se lo imaginaba de esos compulsivos por las compras innecesaria. Había un propósito tras ello.
“En fin, ¿A quién me llevo?”
“Y-yo…” Oikawa levantó su mano y se la miró dudoso por unos momentos. No se sentía seguro con Kaworu al volante, pero necesitaba un aventón. “Después de que Eureka-chan me dejo en la ruina económica, necesito que alguien me lleve ya que no tengo para pasaje.”
“Yo también voy” Kana se apuntó con tranquilidad. “Tengo que guardar estas cosas en el templo” Haciendo alusión al disfraz “y a esta hora nadie va para allá.”
“Ehh, creo que también me sumo. Si no es molestia” Dijo Eureka, quien por precaución evitaría el asiento de copiloto.
“Le voy a preguntar a Sho y los demás”

Los cuatro fueron a donde estaban el resto para consultarles cuales serían sus destinos. Eren se desentendió rápidamente explicando que se había puesto de acuerdo con alguien por teléfono para ir a otro lado y antes de que le pidieran más explicaciones se despidió y se fue tal y como se había ido de la fiesta en la mansión de Todoroki.

Como era de esperarse, esta pequeña distracción ocasionó que los que aún permanecían en el parque sacaran uno que otro tema de conversación antes de subirse al vehículo de Chrom, desde la visión de hombre buen samaritano que se hacían del dueño del automóvil, hasta el porqué las estrellas emanaban tanta luz aquella noche y el cómo se habían divertido con cada anécdota. En algún momento, comenzaron a repasar las imágenes que Shinoa había tomado y finalmente decidieron que ya era momento de irse. Kaworu, Shinoa, Oikawa, Shizuru subieron primero y Ken fue el único que se quedó abajo reparando en cierto detalle.





“¿Me esperan un poco?” Pidió el pelinegro antes de salir a caminar por el parque. No sabía exactamente a donde ir así que caminó sin mucho rumbo hasta llegar a su objetivo. Al verle, les llamó “Sho, Souji-san, estamos por aquí”
“Ahh, s-sí. Nos habíamos extraviado” Dijo Sho, un poco incómodo y nervioso quien de pronto estaba acusadoramente lejos de Souji.
“…” Kaneki les miró entrecerrando los ojos, un poco serio. “Sí” luego sonrió como siempre. “A veces pasa, ¿no?”
“Qué bueno que nos encontraste, Kaneki” Souji se mantuvo con un temple tranquilo.
“Hehe, es que no quería que los dejaran botados.” El Rebel se devolvió en sus pasos, los otros dos le siguieron atrás en silencio.
“Casi nos íbamos…” susurró Sho, algo acongojado por ser casi descubierto en su escape con Souji.
“Está bien. Teníamos que volver con ellos o sino sería raro” Souji le susurró suavemente en tono bajo.
“Hmm. Sí.” Sho le sonrió disimuladamente, en tono cómplice. “Voy adelante, para que no se preste para comentarios.”
“Okay”

Sho dejo de ir al ritmo de Souji y caminó con Ken adelante intercambiando algunos comentarios triviales como que no quería que se fuera de copiloto con Kaworu como conductor. Tras esto, cuando ya llegaban al automóvil, Sho se apresuró y se sacrificó a si mismo al ver que el asiento de copiloto estaba libre por tanto quedaba para él o para Souji o para Ken y como no quería que ninguno de los otros dos muriera primero, se lanzó al suicidio (?). Ken y Souji se sentarían atrás, pero antes de que Souji subiera al vehículo, Ken le habló.

“Souji-san, ¿te gustaría ir a cenar alguna de estas noches al departamento con nosotros?” dijo de pronto, el chico más bajo. “No cocinamos como unos chefs profesionales, pero hacemos el mejor esfuerzo posible.”
“Es una agradable invitación” Souji le sonrió con amabilidad “Yo podría ayudar a cocinar”
“Gracias, puedo apostar a que quedará muy bien”
“¿Los demás también van?”
“Ah… Hm…” Kaneki miró hacia el cielo, fingiendo estar despistado. Tardó un poco en responder. “No. Sólo nosotros tres.”
“Está bien. Seré reservado con la información.”
“Gracias” Se tomó unos segundos antes de mirarle. Luego lo hizo y le sonrió inocentemente “En la cena me gustaría que habláramos de ciertos temas…”



Kora

orz edito con icons y numero mañana, casi me olvido de postear y estoy en el tlf

- ¿Cuándo vamos a hablar?
- Qué impaciente eres…

Akio dejó ir una risa baja, y le ofreció un tentempié de pan con lo que serían los huevos de algún pescado exótico. Sacudió la cabeza poco pero efusivamente en respuesta.

- Intenta disfrutar de la fiesta.

Kora suspiró. Lo cierto era que tampoco estaba pasándoselo mal. Se sentía toda una dama recibiendo las reverencias de camareros y empleados así como saludando con inclinaciones de cabeza a todo aquel que fuera trajeado, como si la conocieran de toda la vida. Por el momento, el único problema era que todo lo tenía que hacer desde la correa corta que era el ir del brazo de Akio.

Pero al fin y al cabo, hablar con él era el motivo por el que estaba allí. Mejor que no lo perdiera de vista por el momento.

Se encontraban en el último piso de un rascacielos, y aparte de ofrecer la vista de la ciudad en sus paredes acristaladas, la sala tenía aún mayor sensación de amplitud por su alto techo. Las decoraciones de vidrio y oro sólo hacían más lujoso el local.

- Parece que la orquesta va a tocar algo lento. ¿Bailarías conmigo? - Akio le tendió la mano del brazo por el que no estaba sujeta.
- Ahora no. - Kora se permitió el placer de simplemente negarle algo a Akio, apartando la mano. - Además--
- ¡Akio, querido! - Una mujer de edad media intervino, y Akio soltó a Kora unos momentos para corresponder su saludo con un falso beso en la mejilla.
- Marian, mi más estimada compañera de negocios…
- Oh, no seas adulador. - Aún así, la mujer soltó una risa. - Hoy no quiero hablar de negocios, igualmente. Me alegro de verte… ¿y quién es…?
- Ah, tengo el orgullo de presentarte… - Akio rodeó los hombros de Kora con un brazo, atrayéndola hacia sí. - …a mi hermana, Kora.

El corazón de Kora se detuvo unos instantes. Miró de refilón a Akio, pero éste seguía sonriendo con naturalidad. Había oído bien: acababa de presentarla como su hermana con total normalidad, como si fuera un hecho de común conocimiento. Empezaba a ser parte de su mundo.

- ¿Hermana? No sabía que Garon… Oh, preciosa, soy Marian Crois. Encantada de conocerte, cielo.
- Igualmente. - Respondió en estupor, y le estrechó la mano.
- Ay, todos en vuestra familia salís para pintaros, y yo sin saber si podré casar a mi niño… Bueno, no os entretengo más.
- Buenas noches, Marian. - Akio se despidió por ambos, y se alejó un poco de donde habían estado. - Qué oportuno, esta mujer se encargará de hacer saber a todo el piso con quién voy. Ves, pienso cumplir mi promesa.
- Sí… ya veo. - Asintió Kora, aún algo azorada. - Es tu plan, al fin y al cabo.
- Por supuesto, hermanita. - Le levantó el mentón. - Y todo puede salir a la perfección si colaboras.
- ¡Entonces, deja de venderme humo y empieza a hablar!

Akio sonrió, deslizando la mano desde su mentón hasta su hombro, bajando por su brazo hasta tomar su mano. Kora rodó los ojos y suspiró, pero no le detuvo, ni siquiera mientras ponía la otra en su cintura. La llevó poco a poco a la zona de baile, buscando un rincón más disimulado. Estaban cerca de la pared acristalada, con la luna y la ciudad al otro lado.

Estaban bailando cerca el uno del otro, lentamente. Finalmente, Akio tenía lo que quería, y Kora esperaba que finalmente fuera su turno.

- Hermana… déjame que te hable primero de tus padres. Hace veintiún años, Garon Lionheart, un exitoso hombre de negocios, conoció a Makiko Nagi, una ex-sacerdotisa de Hikyu Madou. Es posible que nuestro padre sintiera atracción por las mujeres peligrosas… ya sabes, Makiko había roto sus votos en el pasado, y una maldición colgaba sobre ella: no sólo moriría joven, sino que cualquier hombre que amara, moriría antes que ella. Pero era algo más que atracción lo que unía a los dos. Ambos querían romper… no, tomar su destino con sus propias manos y conducirlo ellos mismos. Y pronto se embarcaron en un proyecto que cambiaría sus vidas… ambos crearían una Rueda de la Fortuna, y la harían girar en su favor.
- ¿Rueda de la Fortuna? ¿Como en el Tarot?
- Sí. Quizá sería mejor llamarla Rueda del Destino… Pronto, Garon tuvo la salud y fortuna en negocios que deseaba. Sin embargo, Makiko se dio cuenta de que su maldición no se había roto. Advirtió a Garon y se marchó con su hija… o sea, tú. Pero él había cambiado su destino y pensaba que era inmune a la maldición.
- No es posible. - Le interrumpió Kora. - Mi madre tuvo otros… otras parejas después de que yo naciera, y murieron por la maldición. Mi padre no puede estar vivo.
- Tu padre tenía toda la fortuna de la Rueda del Destino protegiéndole. Y durante un tiempo, la Rueda siguió girando a su favor… pero cada año más lenta, hasta que terminó por detenerse apenas un año antes de que Makiko muriera. De eso hace tres años, si no recuerdo mal.
- Sí… - Su madre había fallecido a causa de la maldición que pesaba sobre ella cuando Kora era aún HiME. Pensar en ella como la mujer de aquel relato, como si no la conociera de nada, le hizo sentir un poco culpable.
- Antes de que la Rueda terminara por detenerse, nuestro padre ya había sufrido los efectos. Los negocios siguieron funcionado, sin la exuberancia de tiempo atrás, pero lo que realmente dependía de la Rueda era su salud. Desde hace tres años, nuestro padre se muere. Lo único que lo mantiene vivo es la tecnología de Rizembool.

Rizembool… oír aquel nombre fuera de Hanasaki le dio una punzada de ansiedad. Con el trato que le estaba dando Akio, casi podría haber olvidado que era una HiME.

- ¿Y tu plan? ¿Qué vas a hacer al respecto? - Intentó cambiar de tema. No tenía tampoco tanto interés en los detalles técnicos.
- Kora… tú y yo podemos poner la Rueda en funcionamiento otra vez. Tú y yo, que no arrastramos ningún lastre como la maldición de Makiko, haríamos girar otra vez la Rueda del Destino, y cambiaríamos nuestro futuro para siempre.
- ¿Cómo? No soy una sacerdotisa. Sólo soy HiME… y ni siquiera… soy tan fuerte.

Negó con la cabeza y dejó ir un suspiro. Toda aquella historia era interesante, pero ¿sería verdad? Akio era su medio hermano, lo había comprobado sin que pudiera haber trampa de por medio. Sin embargo, no podía comprobar la veracidad de sus palabras. ¿Era su madre la creadora de aquella Rueda del Destino?

- Eres una HiME. - Contestó Akio. - Y puedes llevar tus poderes más allá del nivel al que ahora los tienes.
- ¿Cómo lo sabes?
- Puedo sentirlo en ti. Lo que hay dentro de ti es más fuerte de lo que crees, está deseando que lo dejes salir. Tu corazón está en una jaula, atrapado. Pero puedo ayudarte, Kora. - Akio le sonrió. - Déjame hacerlo.
- ¿Por qué? ¿Por qué a mí?

Akio miró a la cristalera, perdiendo su mirada en el cielo nocturno por unos instantes antes de volver a Kora, colocándole un mechón detrás de la oreja.

- Cuando te investigamos, supe cómo eras enseguida. Te entiendo, Kora, te entiendo muy bien. La vida te ha estafado, te ha dado una mala mano, y sabes que tienes que hacer lo que sea para mantenerte a flote. Sólo te tienes a ti misma… eres una rosa solitaria, preciosa pero llena de espinas, y mereces más de lo que tienes ahora.
- Qué… qué dices… - Kora apartó la vista, sonrojándose. Sabía que Akio sólo estaba halagándola, aunque… ¿no era cierto que sólo se tenía a ella misma?
- Lo que digo, es que eres la persona perfecta para hacer girar la Rueda del Destino conmigo, Kora. Tus poderes y tu ambición encajan perfectamente con los míos. Así que…

Tomó la mano de Kora, besando el dorso.

- Cambiemos nuestro destino. Para siempre.
« Last Edit: July 31, 2018, 06:36:15 PM by Kora »


Cho

Hola, chicas~ Vengo con los resultados del conteo. Se postearán los gráficos a la brevedad posible.

Sayi :: 0 palabras
Shura :: 0 palabras
Kora :: 1308 palabras
Deidara :: 0 palabras
Nite :: 0 palabras
Isumi :: 0 palabras
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Kana :: 16033 palabras
Eureka :: 13692 palabras
Puri :: 0 palabras
Mimi Tachikawa :: 1828 palabras
Haruhin :: 0 palabras
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Now, let's carry on with those big HiME dreams...