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Caso XX2
- Cuando la investigación que debía resolver el incidente se convierte en la víctima del incidente  -




[Antes de Este Post ]

La lista no era particularmente larga… y eso la hacía más difícil de justificar.

Alain revisó el primer nombre.

Flat Escardos.

Su expresión no cambió mucho… o al menos no de una forma excesivamente notoria. De cualquier forma, no significaba nada bueno.

Albatross.

Nada bueno había ocurrido la última vez que escuchó ese nombre y sospechaba que las veces anteriores tampoco.

El tercer nombre le resultó menos familiar, al menos los otros dos eran, de menos, criminales para sus estándares.

Vane Feendrache.

Esperaba que fuese una persona razonable al menos. Alguien que pudiera controlar a los otros dos.

Volvió al inicio del documento. Era la autorización que había llegado a su escritorio antes de medio día. La liberación temporal de los dispositivos para pruebas de campo.

Todo en orden. Todo aprobado. Todo firmado por las personas correspondientes, como debía ser.

Bajó nuevamente a la sección de personal. Los nombres seguían siendo los mismos.

Una verdadera lástima.

—¿Algún problema?

La voz de Fujieda llegó desde el otro lado del despacho. Alain apenas y levantó la vista del documento.

—¿Por qué ellos?

La respuesta llegó con la misma rapidez y tono de alguien que recita algo que ya ha tenido que explicar demasiadas veces.

—Experiencia de campo.

Recordó a Flat Escardos y su desastroso encuentro con él tiempo atrás.

— Entiendo.

—Capacidad de adaptación.

Alain recordó fragmentos que alguna vez había tenido la desgracia de leer de los informes de Albatross. Imposible olvidar un nombre con semejante trademark.

— Y disposición para trabajar bajo presión.

Alain observó nuevamente la hoja y después a Fujieda. Su vista, definitivamente, comprendía que la hoja y Fujieda, en ese momento, eran casi la misma entidad administrativa.

La conversación había terminado, no porque estuviese convencido, sino porque había comprendido que no obtendría una respuesta mejor.

Firmó la autorización.

Meses de investigación, de reconstrucciones históricas, pruebas, análisis, hipótesis, debates interminables…

Todo reducido a una firma al final de un documento administrativo.

— Entiendo.

No entendía absolutamente nada.

Mientras Fujieda abandonaba la oficina con la autorización,  Alain apoyó su frente contra el respaldo de la silla y cerró  los ojos.

Al menos Geamăna estaba en otro continente. Si algo salía mal, la explosión ocurriría lejos de su escritorio.


[Durante el Post de Haru]

Alain observó el archivador apoyado sobre la esquina de su escritorio.

Meses.

Meses de documentos, registros, pruebas. Reconstrucciones históricas. Teorías e hipótesis descartadas y otras cuestionablemente esotéricas que seguían negándose a desaparecer.

Meses intentando determinar si estaban siguiendo un patrón real o imaginándolos donde no existían.

Y ahora la fase de investigación había terminado de forma oficial. No por su mano ni la de René. Administrativamente.

La siguiente parte dependía de otros, lo cual era una frase perfectamente razonable hasta que uno recordaba quiénes eran los otros.

Suspiró.

La aplicación estaba lista. Los dispositivos preparados. Los protocolos finalizados. Incluso los permisos estaban listos. Todo había sido controlado hasta donde podía existir una idea de control en un escenario tan irregular como ese, en una investigación tan densa y tan carente de tiempo. Precisamente en ese punto, comenzaba la parte problemática, porque las variables humanas nunca habían respetado tiempo, forma ni protocolos. Y mucho menos cuando respondían a nombres como Flat Escardos o Albatross.

Alain cerró el archivador no porque hubiera terminado de utilizarlo sino porque seguír observándolo no cambiaría nada.

La misión estaba aprobada.

Los dispositivos estaban asignados.

Y, en algún lugar del edificio, tres individuos completamente ajenos a meses de discusiones académicas se convertirían en personal activo de la fase más importante del proyecto.

Al universo parecía no importarle si Alain Guillotin aceptaba o no la idea.

Consideró buscar a René, sólo por un instante, y después recordó que la respuesta más probable  que recibiría de él sería entusiasmo.

Decidió sufrir en silencio.


[Después del Post de Haru]


Para cuando regresó a su oficina, el proceso ya era irreversible. No porque la misión hubiese comenzado, sino porque los teléfonos ya habían cambiado de propietario.

Alain observó la copia de la autorización, debidamente enviada para archivación por Fujieda. Todo seguía siendo estrictamente correcto. Claro, Fujieda jamás se equivocaría en un protocolo. Y eso le irritaba bastante en ese momento.

Cero errores, cero omisiones. Ningún paso pendiente.

Cualquier desastre futuro, gracias ello, sería una consecuencia perfectamente documentada que no afectaría la carrera de absolutamente nadie administrativamente hablando.

A estas alturas, los dispositivos estaban ya en las manos de sus nuevos usuarios, los mismos que ahora tenían acceso a una aplicación construida sobre meses de investigación y sonrisas que él desaprobaba, fenómenos insuficientemente comprendidos y una cantidad preocupante de advertencias ignoradas durante el desarrollo.

Suspiró con cierto pesar que normalmente no se permitía sentir.

No le preocupaba la aplicación, tampoco los protocolos. Incluso las anomalías le inspiraban más confianza. Lo que realmente le ocasionaba cierta reserva eran las baterías, porque la experiencia le había enseñado que cualquier objeto capaz de almacenar suficiente energía era capaz de explotar eventualmente. Y acababan de entregar tres.

A Flat.

A Albatross.

Y a un hombre en el que todavía depositaba esperanzas poco razonables.



Quizá todavía estaba a tiempo de llamar a Fujieda. No para cancelar la misión, eso era imposible. Para sugerir extintores adicionales.

La idea se mantuvo extremadamente viva durante otros diez segundos. Después decidió que tampoco quería explicarle esa conversación a la directora.

El problema ahora pertenecía a otro continente.

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Downtown District / Re: Act 1: Overture
« Last post by Kana on May 31, 2026, 06:51:45 PM »
Le molestaba el vibrar de su móvil a un lado de su cara en la almohada. Era como la tercera vez que lo llamaban pero no quería contestar. Mantuvo los brazos cruzados detrás de su nuca, mirando el techo sin pensar en nada particular. Llevaba así una o dos horas.

Era de esos días que no tenía ánimo de nada.

Por fin su móvil dejo de vibrar. Subió la canción que escuchaba al máximo del volumen, recibiendo unos cuantos golpes de puño en la pared que daba a la casa del vecino.

Suspiró, cómodo en ese letargo.

I hear you're feeling down
Well, I can ease your pain
And get you on your feet again
There is no pain, you are receding


“Así debió sentirse Syd Barret” pensó.

Por fin después de un letargo inumanamente largo, el pelicastaño de ojos verdes tomó su teléfono movil, pasando los mensajes de la pantalla donde uno que otro le preguntaba que estaba haciendo, que en donde estaba, por qué no respondía la llamadas y la más exigente: ¿por qué faltó al ensayo de hoy?

A distant ship, smoke on the horizon
You are only coming through in waves Your lips move, but I can't hear what you're saying
I have become comfortably numb


La verdad. Faltó por faltar. No tenía ganas de ir a tocar con los chicos. Estaba algo desmotivado, sin proyección musical a futuro, sentía que tal vez estaba perdiendo el tiempo quedándose allí.

Oikawa tenía mucho entusiasmo con la banda que crearon, pero Eren no entendía bien su papel allí. Oikawa y él fueron compañeros de escuela y se llevaban bien, al graduarse, seguían coincidiendo y quedando en encontrarse de vez en cuando, por eso seguían en contacto.

Mientras Oikawa estaba muy animado en crear una banda musical, Eren se preguntaba qué rayos debería hacer con su futuro. Había hecho los exámenes para la universidad y quedó en la carrera de Derecho, pero, en lo que iba del semestre no había ido a casi ninguna clase y es porque las primeras que fue se preguntó si realmente era eso lo que quería.

Qué incómodo era decidir. Sobre todo, si eres el hijo del segundo matrimonio de un respetado doctor y tu hermano mayor es un político de renombre.

A Eren se le exigía brillar, pero no había forma en que él brillara. No tenía talento en la política, tampoco tenía ganas de tener un futuro en realidad.

Oikawa todo el tiempo le insistía que se uniera a su banda, que necesitaba a alguien en la batería y siempre le tiraba ánimos y flores que lo hacía bien, pero Eren no sabía si realmente era lo suyo. Además de Oikawa, en la banda estaba Kaneki y su tonto hermano Sho y si bien lograban hacer todos juntos buena música, no tenían manager y pasaban más peleando que coincidiendo. Sobre todo él con Sho. Casi no soportaba estar en el mismo planeta que el pelirrojo.

Pero quedarse viviendo en la casa de su mamá mucho menos era una opción aceptable.

Así que aceptó una indignante condición: vivir en una habitación con una dealer, quien vivía con un grupo de jóvenes de la misma calaña en lo que parecía ser un edificio tomado.
Por supuesto, Eren no le contaba esa parte de su historia a nadie. Había salido de la casa de su mamá y eso era lo importante, lo otro eran detalles. A sus conocidos les decía que rentaba algo barato a los bordes de la ciudad, jamás les diría que vivía de parásito de una parásita.

Lo que más le molestaba del lugar es que todos los días hacían fiestas en la sala, bebían alcohol y se drogaban con la música en exceso.
Él se quedaba en el cuarto sin compartir con el resto, otras veces prefería hacer turnos en su trabajo donde era mesero en un Johnny Rockets y el resto del día lo pasaba con Oikawa y los demás.

Hablando de Johnny Rockets, esa era otra vergüenza que trataba de omitir en sus conversaciones. Se sentía tan ridículo en ese traje de los años sesenta sacado de Grease, pero peor la pasaba cuando lo obligaban a decir esa tonta frase “Hello! Hello!” al menos ya no lo forzaban a cantar ni a bailar ese ridículo baile para recibir a los clientes.

En fin. Al menos, en esa habitación tenía televisor y podía desconectarse un poco de lo que pasaba afuera de las paredes. Prendió la TV y por mas zapping que hizo sólo vio una noticia en común: se cumplía un año desde el fallecimiento del vocalista de Lost Heaven.

Se quedó un tanto viendo su biografía, su carrera musical y las circunstancias de su muerte.

—Épico. Murió siendo un rock star de verdad.

Entonces pensó que quizá ser miserable era un plus para volverte un músico importante, sea cual sea tu destino final. Porque el vocalista de Lost Heaven tenía una vida más difícil que la suya y terminó siendo un grande.
Quizá su banda musical podía llegar a brillar si se esforzaban más. Era algo tarde para ir con los chicos a ensayar, pero si mañana se reunirían haría el esfuerzo por ir.

Ya eran las diez de la noche cuando una extraña llegó y entró en el cuarto, estaba sólo con ropa interior y se lanzó a la cama donde estaba Eren. Empezó a ser invasiva con él, sujetandose de su cuello y forzando a besarla, así que Eren se la quitó de encima y le pidió que saliera, pero la tipa se quedó dormida allí.

Sin más remedio, él fue quien tuvo que salir. Tomó su mochila y salió a la calle. Ya cuando estaba cerca del muelle, encendió un cigarrillo y pasó su cabello lacio atrás de su oreja. Le relajaba el mar.
Pero sus ojos se abrieron enormemente y su cigarrillo cayó al agua cuando a su costado vio que una joven estaba parada justo en la baranda.

¿Se iba a lanzar?

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SeeDs in the Garden / Re: SeeDs in the Garden – revival
« Last post by Kora on May 31, 2026, 06:13:42 PM »
En cuanto ocupó el lugar de Lievran, Lord Solane cayó dormido casi al instante. En cuestión de moments, su respiración se volvió lenta y profunda.

Para cuando el ritmo de su respiración se estabilizó por completo, Lievran ya estaba totalmente despierto. Aquello era lo normal para él, después de todo. Muchas noches dormía apenas cuatro o cinco horas, se levantaba para atender cualquier obligación en la Casa Domine y luego regresaba a descansar unas pocas horas más. Aprovechó la tranquilidad para recoger y limpiar los utensilios que habían usado, guardándolos después en sus respectivas mochilas.

Por un instante, su mirada se posó sobre el equipaje de Lord Solane. Sintió una leve curiosidad por su contenido, pero sabía perfectamente que no debía tocar nada sin su permiso.

Su guardia transcurrió en relativa calma. Lord Solane había dejado el mapa desplegado a su lado, y Lievran dudaba que hubiera sido un descuido por su parte. La disposición de las piedras sobre el pergamino le ofrecía ciertas pistas. Más allá de las cuevas donde se encontraban, las líneas del relieve mostraban un valle por el que debía continuar su ruta.

Lord Solane tenía que saber lo que estaba revelando al dejar aquello a la vista. Y, de algún modo, Lievran tenía la sensación de que esa había sido su intención.

Volvió a estudiar el mapa con atención, memorizando los puntos donde parecía esperarse algún problema. La ruta no resultaba tan segura como le habían hecho creer durante el informe inicial, al parecer. Lo que más le llamó la atención fue que los posibles peligros parecían proceder de posiciones elevadas, lo que sugería emboscadas preparadas de antemano.

Estaba claro que Lord Solane sabía mucho más sobre la misión que Lievran. Tendría que estar preparado.

Horas más tarde, cuando la madrugada comenzaba a acercarse, sus sensibles oídos captaron un sonido tenue.

Cuatro patas desplazándose sobre la roca.

El suave tic-tic de unas uñas contra la piedra hizo que Lievran abandonara inmediatamente el estudio del mapa y levantara la cabeza. Poco después apareció un visitante en el borde de la luz azulada del calefactor.

Un único par de ojos cian brilló en la oscuridad.

Lievran estuvo a punto de despertar a Lord Solane, pero se contuvo al ver que no había señales inmediatas de agresividad. La criatura avanzó despacio.

Era un lobo joven y solitario. Su hocico se movía nerviosamente mientras olfateaba el aire. No mostraba hostilidad alguna; solo la curiosidad cautelosa de un animal que probablemente jamás había visto a un humano de cerca.

Era delgado, de pelaje blanco y descuidado, con algunos arañazos visibles sobre el hocico. Aún conservaba la torpeza propia de un cachorro grande; sus patas parecían demasiado largas para su cuerpo. No debía tener más de un año.

Los lobos jóvenes que vagaban solos eran poco comunes. Tampoco consideraban a los hombres una presa viable. Si acaso, eran los hombres quienes representaban una amenaza para ellos, por lo que el hecho de acercarse tanto indicaba que estaba desesperado.

Era posible que el lobo hubiera perdido a su manada en la misma tormenta que ellos habían tenido que atravesar para llegar a la cueva, y que solo necesitara aguantar la noche hasta que amainara. Pero esa era la interpretación más optimista de su situación. El Norte era una tierra fría e implacable, llena de peligros. La mayoría de las bestias se adaptaban para sobrevivir el tiempo justo para perpetuar su linaje. Cualquier longevidad que consiguieran más allá de eso era una bendición.

El lobo parecía saber perfectamente que, aunque tuviera el estómago vacío, los humanos no eran una presa viable para él por sí solo. Quizá habría sido diferente si hubiera estado acompañado por su manada, pero Lievran pesaba más que él y, además, se mantenía demasiado alerta como para que valiera la pena intentar algo.

Compartir el calor del calefactor parecía ser suficiente para su invitado.

Y aunque los animales desesperados podían ser peligrosos, mientras tuviera espacio para huir, escogería escapar antes que pelear.

Cuando Lievran se movió ligeramente, el lobo se sobresaltó y retrocedió un paso. Aun así, al no verse expulsado, volvió a acercarse poco a poco.

Lievran apoyó una mano sobre la empuñadura de su gunblade. Después de lo ocurrido en el lago helado, no pensaba conceder segundas oportunidades a nada.

Finalmente, el lobo se sentó, y tras unos momentos más, terminó tumbándose justo en el límite del resplandor del calefactor.

Lievran no apartó la vigilancia del animal, aunque tampoco hizo ademán de expulsarlo. No pudo evitar sentir cierta simpatía por él... era joven y estaba solo. Quizá había perdido a su manada ante algún depredador mayor. Los lobos estaban lejos de ocupar la cima de la cadena alimentaria en el Norte.

O tal vez había sido expulsado por los suyos.

Como Lievran permaneció quieto, el animal permaneció recostado sobre su vientre, manteniendo una distancia prudente pero lo bastante cerca como para disfrutar del calor. Y también lo bastante cerca para que llegara hasta Lievran el olor a bosque, tierra mojada y pelaje de animal.

Lievran estaba acostumbrado al olor de los perros. Lord Livius tenía afición por la cría canina. Principalmente mantenía líneas de exhibición: animales nobles, obedientes y enormes, aunque no especialmente inteligentes. También criaba perros de guerra, cuya ferocidad dejaba claro que no eran mascotas.

Lievran no guardaba buenos recuerdos de estos últimos, pero aun así, aquel lobo no se parecía a ninguno de ellos. El lobo tenía por delante una vida dura, brutal y probablemente corta, pero si había algo que podía decirse de él, era que sería libre. No tenía un amo como los perros de Lord Livius. No había nacido para servir.

Si la suerte lo acompañaba, viviría y moriría sin llegar a conocer jamás las cadenas.

—No tengo comida para ti, lo siento —le dijo en voz baja.

Las orejas del animal se levantaron de inmediato al escucharle, y alzó la cabeza para mirarlo.

Las raciones eran limitadas. No podían permitirse compartirlas.

—...Pero puedes quedarte un rato.

El lobo siguió observándolo sin moverse.

Lievran se permitió pensar que no era una mala compañía. Si sus sentidos eran agudos, los de un lobo lo serían aún más. Cualquier visitante indeseado tendría dificultades para acercarse sin alertar a ambos. Y con ese razonamiento, justificó el dejar que se quedara.

Sólo esperaba que Lord Solane pensara lo mismo cuando despertara.

Observar al lobo dormitar, con el pelaje elevándose y descendiendo al ritmo de su respiración, resultó extrañamente reconfortante. Lievran jamás lo habría admitido en voz alta, pero hubo momentos en los que sintió la tentación de acariciarlo, aunque el lobo nunca lo hubiera permitido. En el mejor de los casos se apartaría; en el peor, le mordería. Y lo último que necesitaban era una herida infectada por las bacterias de la boca de un animal salvaje.

Ni siquiera podía entretenerse jugando con él para matar el tiempo. Lanzar cualquier objeto probablemente sería interpretado como una agresión.

Al final, las criaturas salvajes estaban destinadas a ser libres, lejos de la mano del hombre.

La luz del calefactor terminó por extinguirse hasta desaparecer por completo, obligando a Lievran a dejar encendida su linterna para usarla como una improvisada lámpara de campamento. Por inofensivo que pareciera el lobo, no iba a quedarse a oscuras con un animal salvaje cerca.

Cuando el cronómetro de Lord Solane marcó el final de su turno de vigilancia, Lievran se inclinó para despertarlo con suavidad. Las orejas del lobo se alzaron en cuanto percibió su movimiento, y se tensaron todavía más cuando Lord Solane comenzó a incorporarse... pero se mantuvo quieto.
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Hola soy Haru y esto es jackass  8)


#SIDE STORY: 01




Cuando se inclinó en el respaldo de su silla, soltó un respiro pesado y se masajeó el puente de la nariz. No servía para esto, todavía no podía acostumbrarse.

Pero si ponía en una balanza los beneficios versus las molestias, lo primero solía ganar, siempre.

—Me lo vas a hacer más fácil si colaboras. ¿Quieres hablar del sitio en el que estabas confinado antes de que fueras traído aquí? — Su dedo presionó el comunicador que lo separaba de un hermético cuarto donde detrás de un grueso vidrio polarizado se encontraba la silueta de otro hombre.

Nada. Ni un murmullo salió del recién ingresado, el cual desde la cámara de vigilancia lucía más hastiado que incómodo con la situación.

Fidelio estaba perdiendo la paciencia y estaba a punto de maldecir hasta a sus muertos, pero se mordió la lengua para no hacer ningún escándalo en la sala. Si estaba al mando del ingreso no iba a ponerse en vergüenza frente a los otros miembros del equipo de análisis de anomalías.

Sus labios permanecieron sellados, pero en su lugar en el asiento su cola se sacudió como un latigazo un par de veces. En situaciones como estas, donde las anomalías no ponían de su parte para realizar un ingreso a la base de datos era cuando preferiría ser parte de la división de campo. Así al menos también podría asegurarse que Basilio, su hermano pequeño, no hiciera nada estúpido y pudiera terminar gravemente herido…

Pero su evaluación había arrojado que su desempeño tenía más cabida lejos de los trabajos en terreno. Centrado en la investigación y el análisis de seres tanto más inusuales que él.

—Bien, haz lo que quieras. Tómate un descanso y volveremos a interrogarte veinte minutos. — Comentó antes de ponerse de pie, listo y dispuesto para subir momentáneamente en su break para prender un cigarro y ponerse al día por teléfono con su hermano al que no había visto en tres días.

Sin embargo, su plan original quedó interrumpido cuando la figura del asistente de la directora cruzó el umbral con el semblante estoico que le era habitual.

¿Qué hacía ahí ese estirado de las plantas altas ahí abajo? Nadie le había avisado que contarían con su visita en medio de un procedimiento.






—Señor Fujieda. — Dijo mecánicamente con las manos en los bolsillos de su bata abierta. —No esperábamos que viniera personalmente para presenciar el registro. — Cosa que era cierta. Generalmente este tipo de cosas se hacían por el día sin mayores intervenciones de otros equipos u administrativos.
—Fidelio. — Saludó primero.  —Lamento interrumpirles el procedimiento. Pero por lo visto, la información de que yo supervisaría este ingreso no les llegó a ustedes. —

Fidelio pudo notar por un breve momento que la expresión de su superior se endurecía (si es que eso era medianamente posible) un poco más al darle un vistazo al sujeto que estaba tras el otro lado del cristal.

 — Debió haber un problema de comunicación, no nos llegó un correo al respecto. ¿Le puedo ofrecer un asiento? —
—No hace falta. Como dije, quiero interrumpir su trabajo lo menos posible. ¿Puedes hablarme un poco del sujeto de ingreso? —

Fidelio volteó la mirada una vez hacia el cristal, pensativo. —Anomalía ingresada durante la tarde de ayer. Se registró bajo ID número #25126. Se estabilizó durante la madrugada ya que llegó en mal en estado, deshidratado y con múltiples laceraciones. Se presume que podría ser dueño de algún tipo de habilidad de control mental, ya que algunos miembros del equipo médico que lo revisaron ayer reportaron signos de fatiga y lagunas mentales durante la revisión del sujeto. —

—Ya veo. ¿Ha querido hablar más acerca del incidente del control médico? —
—No ha abierto la boca desde que lo derivaron a nuestro departamento. Intenté mantener una conversación con él, pero no hubo caso. — Fidelio hizo una pausa acompañada de una mueca. —Y también tratamos de obtener un previo registro de su identidad, pero las bases lo muestran sin antecedentes. Ni siquiera tenemos su nombre. Es todo lo que tenemos, señor. —
—¿El canal de voz sigue activo? —
—¿Uh? ¿Quiere conversar con el sujeto? —
—Fue extraído en la misión de Shinkoumi, ¿no? Era un lugar complicado, no me extraña que no tenga muchas ganas de colaborar con nosotros. — Fujieda se acercó un poco más al escritorio de su subordinado, cerca del micrófono. —Abre el canal de audio, intentaremos establecer contacto una vez más. —
—A la orden. —

Sin estar del todo convencido, Fidelio hizo caso a la instrucción de Fujieda, presionando el tablero de su mesa de trabajo que activó la señal de audio de la celda. Debía tener sus razones para querer participar activamente del procedimiento y estaría mintiendo si dijera que no le causaba cierta curiosidad.

—#25126. ¿Me escuchas con claridad?—
Silencio absoluto. La anomalía se mantuvo en su asiento con la misma expresión que había tenido desde un principio. Fujieda quiso continuar para establecer contacto.—   Te encuentras ahora mismo en las dependencias de la U.I.C. Solicitamos de tu colaboración.—

—Towa.— Se escuchó desde otra voz masculina y ajena en la sala, cosa que hizo que Fidelio y los otros miembros de la sala se mirasen con sorpresa. Fujieda frunció ligeramente el ceño y volvió a activar el canal de voz.
—¿Disculpa?—
—Prefiero ser llamado así. Es menos agotador que oírlos decir una serie de números.—
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A Step to the Left / Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Last post by Airin on May 31, 2026, 05:55:01 PM »
LLEGO AL MERMAY PERO NO HAY MERS. detalles que no importan





[ Rusalka - Slippery when wet ]



Las aguas del lago brillaban tranquilas a la luz dorada de la tarde y la brisa mecía la hierba alta y espesa que ocultaba la orilla.

—¿Es aquí donde se vio el cuerpo?

—Por aquí más o menos, no sabemos el sitio exacto porque la frase de la semana es “es complicado de asegurar con certeza”.

El hombre se levantó de donde se había acuclillado para observar el terreno de cerca, y echó un vistazo a su alrededor entrecerrando los ojos. Su mirada fría y azul estudió a su ayudante.

—¿Nadie más del circo ha querido hablar?

—Ninguno. Que no quieren atraer más mala suerte dicen. Una panda de supersticiosos es lo que son.

—Hmm. —El hombre ladeó ligeramente la cabeza intentando encajar las piezas del puzzle que le rondaban sueltas.

—O ha sido alguno de esos frikis y se están tapando entre ellos, que tampoco me extrañaría.

—¿Y por qué harían algo así?

—Ni idea, ya sabes el tipo de gente que son… —Su ayudante rodó los ojos con gesto claro de desprecio.

—Soldado. —le avisó.— Te estás dejando en mal lugar tú solo.

El joven se irguió todo lo alto que era y cuadró los hombros ofendido ante la recriminación.

—¡Yo solo digo-!

—Pues no lo digas. —cortó el Mariscal.— Ese tipo de gente ha perdido un amigo, un hijo, un hermano. Y lo ha hecho durante tu guardia. ¿Qué estaban haciendo tus hombres si nadie vio nada?

El joven apretó los dientes y asintió recriminado, maldiciendo en su mente al par de subordinados que aún faltaban por dar su reporte.

—Volveré a hacer otra ronda de preguntas.

—Asegúrate de ello. —El comandante lo despidió con un gesto y volvió a poner su atención en la vegetación que se adentraba en el agua. El viento no conseguía ondular la superficie del lago.


Unos ojos luminosos se abrieron en la penumbra de las corrientes frías que agitaban las profundidades. Se le había hecho muy tarde, pero ya estaba a salvo. Ahora solo tenía que volver a casa.




Una figura pálida se tambaleó entre los matorrales revolviendo la niebla en forma de jirones. Con una mano extendida hacia delante y la otra apretando con fuerza contra su cuello, parecía ir deshaciéndose también con cada paso que daba.
Cayó por fin de rodillas dejando escapar un ruido ahogado antes de desplomarse sobre su frente.
Tras varios segundos inmóvil el cuerpo se agitó intentando sin éxito volver a levantarse. Su mano libre se estiró hasta agarrar puñados de hierba y con un quejido lastimero y tembloroso que no cesaba consiguió arrastrarse hacia delante con esfuerzo.
Una vez, y otra, y otra más; hasta que en vez de terreno sólido sus dedos tocaron el agua y la orilla desapareció sumergiéndose bajo su peso.  Las burbujas escaparon a su alrededor mientras el líquido se cerraba sobre su cabeza.




Los puestos de comida aquí y allá, la música pegadiza, los niños corriendo y empujando entre la gente y haciendo ‘aaahh’ y ‘ooohh’ entre los puestos de magia, las exhibiciones casuales de acrobacias y las jaulas de las fieras. La algarabía de sonidos, olores y colores, era más que suficiente para dar dolor de cabeza a cualquiera, pero el circo estaba en la ciudad y la energía del caos parecía empaparlo todo a su alrededor.

Dos hombres jóvenes de piel morena, poca ropa y aspecto adornadamente exótico conversaban bajo un toldo lleno de armas relucientes con una muchacha pelirroja que parecía ser la bailarina de espadas. Un poco más lejos un joven de pelo negro y piel blanca casi translúcida como un espectro decoraba con un pincel entintado los hombros y la espalda de un hombre barbudo e inmenso que miraba con interés el desarrollo de una partida de dardos en el siguiente puesto.

La multitud contuvo un grito de forma colectiva al ver a un chico resbalar y caer de la cuerda a varios metros del suelo sobre la que había estado corriendo y saltando, sólo para vitorear cuando en el último momento la agarró con ambas manos para voltearse varias veces con impulso y volver de un salto a ella, saludando a su público.

En un rincón sombreado entre varias tiendas de empleados un joven de cabello blanco se estiró con pereza tras una siesta improvisada y se quitó la camisa dispuesto a retocar su apariencia para la función de esa noche.

—Podría darte mucho más que lo que esté dispuesto a pagar por tí cualquiera de esos indigentes. —dijo una voz arrogante a sus espaldas.

La serpiente que había pasado desapercibida camuflada como una soga sobre un barril se irguió siseando amenazante al mismo tiempo que el joven se dio la vuelta enfrentando a dos figuras de uniforme.

—Nah, yo no me molestaría en pagar, seguro que es de esos que está acostumbrado a conseguir las cosas por ser bonito y conformarse con lo que le den, no hay más que verlo.

Unos ojos dorados y brillantes los observaron con una expresión en la conjunción a medio camino entre enojo, desprecio e indiferencia.

—Esta zona es sólo para empleados del circo. —dijo el joven con firmeza acercando una mano hacia la serpiente.— Vamos Óscar.

—Ten más respeto a ley, niñato. —el segundo de los hombres se plantó intimidante ante él y lo agarró de un brazo con violencia.— Sólo por eso ahora vas a venir con nosotros quieras o no.

La serpiente se lanzó directa a su cara y su chillido se perdió anónimo entre el alboroto de los espectáculos. El joven se retorció aprovechando su terror para golpearlo y escapar del agarre quedando frente a frente contra el primer hombre y el cuchillo que había aparecido en su mano.
El tipo se abalanzó sobre él con el filo en alto y todo se convirtió en un remolino de golpes y fintas, puñetazos, patadas y mordiscos, cabezazos y revolcones por el suelo hasta que un sonoro ‘crack’ puso fin a la vorágine. El joven se llevó una mano temblorosa a la garganta, intentando contener la sangre que escapaba sin impedimentos y escurría por su pecho.

—¿Snake? ¿Qué demonios? —un muchacho moreno y vestido de oscuro se asomó alarmado tras una tienda y corrió hacia él.

—… —El joven apretó su camisa contra la herida mientras la serpiente se enroscaba alrededor de su pierna y frotaba su lengua contra él.

—No importa, yo me encargo de esto. —dijo frunciendo el ceño con los ojos negros fijos en los dos cuerpos sin vida que yacían en el suelo. Unas pequeñas llamas negras danzaron entre sus dedos antes de tomar fuerza y empezar a consumir los cadáveres sin rastro de cenizas.— Vé, no estamos lejos, tienes tiempo.

Snake asintió y se alejó entre las tiendas del personal con paso aturdido pero veloz. Esa noche tendrían que intercambiar su número por otro distinto, pero pronto estaría bien. Ahora sólo tenía que conseguir llegar con vida al lago.


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MMORPG: Neverland / Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Last post by Neko on May 31, 2026, 04:48:44 PM »
Juntando a la familia




Night Fury y el evento de Sirenas en Mayo



Al oeste de Cimmeria, en la orilla frente a la isla, había un pequeño pueblo sin nombre que de momento ni siquiera salía en los mapas. Y eso que el juego ya tenía un tiempo y el sitio había estado ahí desde el primer día.

El pueblecito pesquero constaba de unas pocas casas, una calle principal donde podías encontrar una tienda y una posada que si fuera real debería de haber visto mejores días. Seis personajes no jugables contados paseaban por la calle o pescaban en el muelle según la hora del día y otros cinco solían frecuentar los dos negocios.

No había muchos motivos para ir hasta allí aparte de un par de misiones y una de las mejores zonas de pesca de los alrededores. Ni siquiera tenía un teleport cerca.
Pero eso cambió en el momento en el que anunciaron el nuevo evento de mayo.

—¿Sirenas? —preguntó hipo3.

—¡Sirenas! —gritó Starkrimson, uno de los nuevos jugadores de Night Fury.

—Sirenas. —confirmó Neko, con los puños en la cintura y la mirada clavada en el muelle al final de la calle que olía a pescado.

—¿En mayo? —continuó con su pregunta hipo3, cerrando el anuncio del evento que había estado escudriñando en su omnitool— ¿No sería más lógico en verano?

—En mayo. —asintió Neko.

Starkrimson se encogió de hombros, ladeando la cabeza.

—Es mermay, ¿qué esperas?

hipo3 arrugó la nariz.

—¿Qué es mermay?

Neko se rió un poco y movió la mano hacia Milo para pedirle que lo explicase.

—Es una tradición en el mundo del arte. En mayo se hacen cosas de sirenas y similares. Se llama mermay por “Mermaid May”.

hipo3 se rascó la mejilla, diciendo que eso tenía sentido.

—El próximo mayo haré un robot sirena. —dijo todo convencido.

—Yo ya llevo dos. Este año. —le contestó Neko, con una sonrisa llena de dientes afilados.

hipo3 la odió un poquito, estaban a día cinco. Y después de un carraspeo les indicó que deberían explorar la zona. El evento empezaba en un par de días y Night Fury los había enviado como avanzadilla.

—No sé qué hago aquí si no soy del clan. —refunfuñó hipo3 mientras apuntaba cosas en sus notas personales.

—Te aguantas, eso te pasa por ser majo. —le dijo Starkrimson después de darle una palmada en el hombro.

hipo3 tuvo que darle la razón a regañadientes, pero después de ver al npc limpiando pescado fresco para la venta le entró la nostalgia. Esa calle y su muelle se parecían demasiado al lugar donde él y Tanlaus habían crecido. hipo3 acabó sonriendo y haciendo su trabajo. Después de todo, Night Fury le pagaba bien por aquellos favorcillos.




Night Fury llevaba operando desde Ding Dong Dell durante la última semana, pero el líder aún no tenía claro si quería poner la base de la Guild allí.

—Deberías decidirte. —le recordó SOLDIER07 desde detrás del periódico que estaba leyendo por encima.

Night Fury suspiró, echando la cabeza hacia atrás y estirando las piernas que tenía apoyadas en el borde de la mesa.

—Decisiones, decisiones… —contestó el líder, desperezándose antes de levantarse de la silla—. Hablando de decisiones, nuestros exploradores han vuelto. ¿Cómo ha ido?

Neko se sentó en la misma silla que Night Fury acababa de dejar libre y Starkrimson se fue directo a la barra para pedir bebidas para la pequeña partida. hipo3 ofreció sus observaciones con detalle, explicando la poca infraestructura del lugar y puntos de ventaja que le veía al sitio.
Night Fury asintió y se mesó la barbilla pensativo.

—Las fuentes oficiales siguen sin dar más detalles sobre el evento, no tenemos ni idea de acomodaciones, sólo hay un póster con sirenas, ¿verdad, Cloud?

—Sí, jefe. —confirmó SOLDIER07.

—Tenemos suficientes tiendas de campaña para acomodar a todo el clan si hay gente que quiera hacer viciada intensiva. Lo que no tengo claro es si tendríamos suficientes pociones de energía o de maná para todo el finde. Y aún no sabemos si el evento es de lucha o no así que no puedo hablar sobre otras provisiones necesarias —añadió Neko, bebiendo de la cerveza de frambuesa que le había traído Starkrimson para hacer una pausa—. Por cierto, los sets para novatos que me pediste ya están en el inventario de la guild, así que no sé si centrar a los blacksmiths en construir más vehículos u otra cosa.

Night Fury paseaba por la posada, aún pensando en cómo llevar a cabo aquella operación con éxito. Y de repente se le encendió la bombilla.

—¡Vehículos!  En el último evento no pusieron un teleport cerca del sitio, podríamos montar un servicio de transporte del teleport más cercano al evento, sacaríamos una pasta.

Tanlaus sonrió a sus amigos con las cejas muy levantadas y la sonrisa muy afilada. Sus amigos estaban mirándose entre ellos, esperando a ver quién era el primero que se atrevía a decir algo.

—Vaya, amado líder, no sabía que eras un monstruo del capitalismo… —comentó Starkrimson, sacando algunas risitas disimuladas del resto.

—Siempre tiene que haber un bardo tocapelotas. —se rió Neko mientras Night Fury se quejaba con dramatismo de que, como líder del Clan, tenía muchas bocas que alimentar.

Tantos, tantos hijos…




Neko cerró la puerta del coche con fuerza y se levantó las gafas de sol para dejarlas descansar sobre su cabeza. Había acordado hacer algunos turnos en el servicio de transporte de la guild y el del primer día se había acabado ya.

Un par de jugadores se acercaron para ver si les podía llevar hasta la playa, pero Neko les dijo que ya no estaba en horas de trabajo y que podían esperar al siguiente coche justo donde estaban. FutureMan debería estar tomando el relevo, pero con ese hombre nunca se sabía por dónde te iba a salir.

—Perdona…

—No, no estoy de servicio —volvió a repetir Neko, guardando el vehículo en su inventario—. Y la playa está a literales diez minutos andando calle abajo, llegarías antes a pie.

La idea de Night Fury había sido todo un éxito y Neko se lo podía imaginar sonriendo satisfecho mientras levantaba un pulgar contento con el resultado. Night Fury no iba a pasar hambre en mucho tiempo.

Neko se giró a mirar a la persona que le había hablado, por ver de quién se trataba. La miró de arriba a abajo y abajo a arriba. Parecía una arquera y no creía que llevase mucho tiempo en ese trabajo. Se la veía incómoda con el arco. O igual era otra cosa lo que le estaba haciendo sentir así.

—¿Quieres algo más?

La chica reajustó su peso, moviendo la cadera lo justo para hacer balancear su larga coleta rubia.

—En realidad busco el punto de inicio del evento que empezaba hoy. Es aquí, ¿verdad?

Neko parpadeó y apretó los labios. Después se desinfló rascándose la ceja.

—Sí… perdona, es que mi guild ha puesto un servicio de transporte y acabo de salir de mi turno y tengo ganas de, no sé, jugar en el juego en vez de estar trabajando.

La arquera se levantó un poco la bufanda que llevaba al cuello y miró hacia un costado.

—A eso venimos. —afirmó, sacándole una sonrisa a Neko.

—El tablón está por aquí, dentro de la posada. Lees el anuncio y luego tienes que hablar con un npc —le explicó Neko—. Bajas al muelle donde tienes que coger un par de objetos y luego a la playa que hay justo al norte. Allí ya empiezas el evento como tal.

—Para no haberlo jugado aún, parece que sabes mucho.

Las dos chicas se pusieron a caminar rumbo a la posada, sin demasiada prisa.

—Llevo todo el día llevando gente de aquí para allá y hablan entre ellos. Además mis compañeros de guild me están poniendo los dientes largos pasando fotos y comentando el evento —explicó Neko, que justo ahí se dio cuenta de que no se había presentado—. ¡Me llamo Neko! ¿Y tú eres…?

—Crane —contestó la arquera—. Entonces no necesitamos luchar ahora mismo.

—No… no, no. No en un buen rato.

Crane agarró el arco con las dos manos y se quedó mirándolo, parando en medio de la calle.

—Entonces debería guardarlo.

Neko ladeó la cabeza, esperando a su lado. Crane activó su omnitool y por lo visto estaba buscando el inventario para desequipar su arma.

—No hace falta que hagas eso, puedes hacer que el arma que llevas equipada aparezca o no sólo con pensarlo. También puedes usar el inventario rápido para cambiar de arma con tan sólo pensar un número.

Crane miró del arco en su mano a la pantalla de la omnitool en su otro brazo. Y luego a Neko. Neko, que se había cruzado de brazos y le estaba ofreciendo la sonrisa más amistosa que podía poner con sus facciones.

Las dos jugadoras cogieron aire al mismo tiempo y se quedaron calladas por tres segundos más.

—¿Me enseñas? —preguntó Crane y de inmediato Neko añadió:

—¿Vienes a hacer el evento conmigo?

Y las dos asintieron con la cabeza y cruzaron unos cuantos síes susurrados acompañados de risitas avergonzadas.
Para Neko la sesión de juego de aquel día podía haber empezado siendo tediosa, pero siempre era un buen día el día en el que podía hacer un amigo nuevo.

«Por favor, sé un buen día.» pensó Neko «Parece muy maja.»
37
HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Cho on May 31, 2026, 04:10:16 AM »
Antes de desfallecer, vengo con un fic. Ojalá no haya cometido muchos errores, haha... (...)

Regreso con el icon que falta.

117.5.


Por otro lado, Marisa y Shishiou se acompañaban luego de haber evidenciado las eliminatorias de la competencia de kendo a nivel universitario. Ambos caminaban en busca de algo de comer mientras esperaban a las semifinales.

“Vaya manera de arruinar las ganas de ver el evento si tenían que forzarnos a una pausa de más de una hora,” dijo la rubia, algo frustrada e impaciente en lo que avanzaban por la muchedumbre.
“Lo sé, pero realmente ya hacía hambre así que no duele mucho esta pausa,” comentó Shishiou, quien se puso a pensar. “Pero en el caso de los competidores, supongo que no sería prudente que ellos se den una gran comida antes de su turno.”
“Sí pues, aunque eso no nos concierne,” luego de haber desahogado su desaire, Marisa sonrió ampliamente y lideró el andar. “Quiero ver qué era lo que me ibas a invitar. Supongo está bien que ambos hayamos sido descalificados tan rápido por eso mismo.”
“Yo con gusto te invito, aunque al menos esperaba llegar un poco más lejos de lo que lo hice,” el mayor dio un suspiro.
“Haha, tú tranquilo, me alegro de que un Rebel encubierto no te haya comido vivo,” Marisa le dio un par de palmaditas en el hombro. “Esos son una bolsa de jelly beans, nunca sabes lo que te va a tocar. Lo puedo decir como exHiME.”
“Sinceramente, lo mismo te digo. Nunca vas a tomarte las cosas con cuidado, ¿verdad Marisa?”
“Heh, si lo hiciera, mi vida no sería tan divertida. Imaginaría que entiendes.”
“Eh, más o menos, pero… bueno…” terminó por sonreír cansado. ‘Si lo hicieras, no serías tú’ estaba en su cabeza, y por más que él apoyara los arrebatos de su hermanita, no dejaba de preocuparse por lo que era capaz de hacer.
“Heheh,” Marisa se sentía a gusto de pasar al menos unos ratos con su hermano, luego de haber estado lejos de casa desde que se escapó, e incluso más considerando que el propio Shishiou había pasado por su etapa rebelde antes de ella. La rubia tuvo un muy breve y muy desagradable recuerdo de Seija quien había estado no habida todos los días de las olimpiadas. De inmediato enterró el más mínimo reconocimiento a esta a manera de asegurarse de no arruinar ese momento de paz entre los dos.

De repente, las ganas colectivas de comer algo se desvanecieron cuando, entre todas las personas, observaron a un hombre con cabellos grises y ropas más tradicionales, quien dialogaba con uno de los voluntarios del evento con el trabajo de repartir folletos.

“Veo que no queda mucho por ver de las olimpiadas,” comentó, meditabundo. Él agarraba aquel papel con mucho cuidado y lo miraba minuciosamente. “Estoy consciente que no todas las competencias se encuentran listadas.”
“Sería muy difícil hacer mención de todas las categorías en papel impreso, por lo cual las más populares son las únicas que aparecen,” confesó aquel voluntario, sonriendo apenado. “Aunque si usted desea saber detalles sobre algún rubro en particular, puedo revisarlo en este mismo instante,” este sacó una Tablet debajo de los folletos que repartía.
“Oh, le agradezco, pero no es necesario,” dijo con modestia. El señor sonrió tranquilamente. “Evaluaba solamente la característica propia del folleto en sí. Por su propia cuenta, la información que provee es selecta debido a las propias limitaciones del medio. Aun así, reconozco que hay un… ‘QR code’ como ustedes lo llaman que proporciona información más allá que el alcance de este papel.”
“Señor, ¿usted no tiene experiencia previa con los QR codes?” preguntó el joven. “No se preocupe, es simple de entender, se asemejan mucho a los códigos de barra.”
“Sí, esa es la parte que comprendo, aunque me intriga escuchar más sobre los mismos desde un punto de vista más juvenil. Suena a una herramienta muy propia de la presente generación.”
“Hm…” aquel amable voluntario pareció perdido. “Me sorprende que no lo dialogue con sus propios estudiantes. Hubiera asumido que usted era un profesor en Rizembool por estar presente en plenas olimpiadas.”
“Oh…” ante esa mención, el peligris sonrió casi con nostalgia. “Me sorprende que alguien diga que parezco profesor para variar. Estás en lo correcto, fui un profesor de estudiantes de secundaria en Rizembool, aunque me retiré…” ensanchó su sonrisa. “Quizás un poco antes que tú nacieras, si mis cálculos son correctos.”
“Ehm… q-qué sorpresa, se le ve extremadamente joven,” ese chico sonrió incómodo, y su conversación finalmente fue cortada por el par de hermanos.
“¡Ojii-chan, ha sido mucho tiempo!” exclamó Shishiou, sacudiendo una mano y sonriendo como un niño pequeño.
“¡Kourin!” por su parte, Marisa lo alcanzó y le dio un fuerte abrazo. La forma en que la rubia corrió hacia el mayor y luego enterró su cabeza en el pecho del mismo le hizo parecer a una pequeña buscando el afecto de su abuelito.
“O-oye…” el peligris alzó sus brazos y miró a Marisa con sorpresa, para dar un suspiro. “Me asustaste. Por favor no actúes tan impulsivamente. Ya lo hemos hablado.”
“¡Es que eres tú, Kourin! ¡¿Cómo no me voy a alegrar?!” Marisa lo soltó y le miró alegremente. “¡Y mírate que estas igualito! ¡Creo que siempre te vistes con el mismo modelo de traje todo el tiempo! El azul es tu color favorito, ¿no?”
“Haha, justo pensaba lo mismo,” Shishiou rió un poco.
“Ustedes dos…” pasada la sorpresa, el peligris sonrió frustrado y miró a esos rubios frente a él con atención, casi reciprocando el afecto que ellos le tenían. “No puedo decir que no han cambiado en estos años, pero poseen el mismo espíritu de siempre,” les vio alegrarse, y pasó a ponerse meditabundo. “Aunque me preocupo de que no hayan estado comiendo bien. Hubiera esperado que ambos crecieran más en estatura, especialmente tú, Shishiou…”
“¡Oye! ¡Tú sabes que tengo un complejo con eso!” le reclamó el chico.
“Heh, alguien tenía que decirlo,” Marisa se encogió de hombros.
“¡No que ojii-chan no se haya referido a ti también!”
“Sí, pero yo ya acepté la identidad petite hace tiempo. Ese ya no es mi problema.”
“Oye…”
“Y por favor no me llames ojii-chan, eso no ayuda a mi autoestima,” suplicó el mayor, frustrado. “No tengo inconvenientes que me llames Rinnosuke, ya que te conozco casi toda tu vida…”
“¡Aw, pero en verdad eres nuestro ojii-chan! ¡Tú eres uno de los más gratos recuerdos de nuestra infancia!” suplicó el chico.
“O al menos Kourin.”
“¡No! ¡Yo soy la única que te llama así, Kourin!” declaró Marisa.
“No, en serio, ella ya me dijo que podía morderme si lo intento,” observó Shishiou, algo aprehensivo.
“Ustedes dos…” y así, el bienintencionado Rinnosuke pasó de recordar a sus petizos rubios… a recordar a sus petizos rubios en un contexto muy distinto. Continuaban siendo unos terremotos.
“Y bueno, ahora que salvamos a ese asustado voluntario de que intentes jileártelo…” comenzó la rubia, sonriendo traviesamente.
“¿Qué dices?” Rinnosuke se alarmó. Fue ahí que recién notó que ese voluntario estaba ofreciendo sus folletos a más transeúntes a una distancia ‘segura’ del trío. El peligris negó en lo que se daba un facepalm. “Por favor no hagas declaraciones inapropiadas, Marisa.”
“Obviamente no lo hiciste, aunque se notaba que lo estabas incomodando, ojii-chan,” Shishiou sonrió apenado. “Debe ser esa ‘diferencia de generación’. Ya no tendrás muchos de tu época con quienes hablar, ¡pero nosotros te entendemos, no te preocupes!”
“Ya veo por qué siempre me siento exhausto cuando hablo con ustedes, andan quitándome la vitalidad…” se lamentó.
“Eh, lo siento, no es mi intención,” el chico pasó a percatarse de sus palabras. “¡Te lo repongo! Decías que querías saber más de los QR codes. ¡Yo te ayudo con eso!”
“Oh, así que también sabes del tema,” Rinnosuke le miró con intriga.
“Eh, medio tienes que vivir en un hoyo de la tierra para no saber al respecto, Kourin,” comentó Marisa, con toda naturalidad. “Eh… ¡o-osea entre la juventud, obviamente, no me estoy refiriendo a ti!”
“Vaya, doble insulto…” murmuró Shishiou, mirando a su hermanita con cierto juicio.
“Al menos comprendo que no soy del mismo grupo demográfico que ustedes,” igualmente, el peligris fruncía el ceño con leve fastidio. “Esperaré que me expliquen el tema en otro momento para comprenderlo mejor.”
“Eh… p-pues Shishiou ya se ofreció con toda voluntad, por supuesto,” dijo Marisa, apresuradamente. Aparte de librar al voluntario de esa rara conversación, Marisa sabía bien que su tiempo también fue salvado por ella y Shishiou ya que Rinnosuke era capaz de hablar de su tema de interés en conocer la utilidad de las cosas durante horas. Al menos su hermano era paciente de entretener al ‘abuelito’, pero Marisa no se pondría en ese mismo saco. “¡Y con respecto a eso, ¿quiere decir que nos invitas a visitar tu tienda?!”
“¿Hm?” el mayor se sorprendió. “No veo por qué eso tiene que ser un cuestionamiento, Marisa. Ustedes están invitados cuando gusten.”
“¡Oh!” los dos hermanos se miraron con emoción y asintieron a la par. “¡Encantados!”
“Más bien, podrían hacerme un favor, ya que van a venir,” sonrió un poco. “Nuevamente, podría hacer uso de un punto de vista más juvenil.”
“¡Con mucho gusto! ¡¿Qué necesitas, ojii-chan?!” se ofreció Shishiou, emocionado.
“Uh, oye, no te aventures a aceptar desde ya,” susurró Marisa. “¿Qué tal si es algo lidioso como limpiar y reorganizar su tienda?”
“Eh, creo que eso nunca pasaría,” le susurró de vuelta. “Y si eso es lo que quiere, más que encantado porque a veces temo que ojii-chan se esté convirtiendo en un hoarder.”
“Oh, tienes mucha razón,” Marisa asintió. “Hasta quizás pueda llevarme algunas cosas bonitas de su amplia colección.”
“Sinceramente, a veces creo que sus padres nunca los educaron, vaya falta de respeto,” se dio otro facepalm. Ahí nuevamente regresaba el dolor de cabeza. “Antes que me hagan arrepentirme, podría ver qué tienen que decir sobre un tema.”
“¿Y qué es, Kourin?” preguntó Marisa.
“Sobre ello…” el mayor terminó por sonreír. “Preferiría que se enteren cuando me visiten.”
“Uhh, tú estás matando la intriga al igual que la competencia de kendo…” se lamentó la rubia. “Oh verdad, tenemos que comer antes que reanude.”
“Si no nos apuramos ya no habrá cupo,” Shishiou asintió. “Ojii-chan, estamos yendo a comer, ¿quisieras acompañarnos?”
“¡Vamos, Kourin!” Marisa se colgó de uno de sus brazos.
“Ya no eres una niña para hacer eso, por favor,” dijo el otro, casi desbalanceado.
“¡En serio, ten cuidado con ojii-chan, es muy frágil y lo vas a lastimar!” le resondró Shishiou.
“…” nuevamente, no podía tener una victoria con esos dos. Dio un suspiro. “Los acompaño a comer, pero no gustaría de presenciar esa competencia. Saben que nunca he sido atlético ni prestado atención a esas artes.”
“Sí, por supuesto que lo sabemos,” Marisa asintió alegremente. “Y de paso vemos qué día te vamos a visitar.”




Llegaba el momento de la verdad. Había sido un camino reñido, pero sus esfuerzos llevaron a Dash a la última competencia. Sus rivales todavía estaban llegando luego de una breve pausa antes de la carrera final, y sabiendo que tenía un poco de tiempo, decidió darse una vuelta por el área de atletismo.

La chica dio una vuelta a la esquina, y luego otra, y otra más, y regresó a la primera vuelta, sin llegar a ver lo que buscaba. Continuó avanzando para asegurarse de llegar a un rincón donde no hubiera nadie, y por más que lo había logrado ya unas veces… todavía no lo encontraba.

Se podía decir que la definición de la locura era hacer lo mismo incontables veces y esperar un resultado distinto. Sí, recordaba la primera vez que lo había oído.



“…” Dash, sentada en el piso, miraba con ligera aprehensión a aquella intimidante peliverde que había abierto la puerta de su habitación forzadamente. La joven pelinegra había estado recubriendo sus heridas con vendas.
“…” Rita le miraba fríamente. Era una habitación desordenada, con objetos rotos, con cada elemento siendo merecedor de ser descartado y renovado…

…y en medio de esa basura, había una niña desolada y herida en más de un solo sentido.

“Locura… dices…” murmuró la joven.
“Detén lo que haces ahora mismo,” espetó.
“¡Eh! Pero… si no me esfuerzo en trabajar, si no gano dinero…” bajó su mirada, con pérdida, con impotencia. “…papá y mamá no van a sobrevivir…”
“…”
“Yo… eso es lo que tengo que hacer…”

Aquella mujer con ropas lustres estaba ahí para saldar una deuda con sus padres, un préstamo que ellos habían tomado y cuya única manera de pagar recaía en Dash, una niña todavía lejos de tener mayoría de edad, buscando una forma de solventar aquel deber.

La peliverde y su compañera de cabellos blancos, dos personas que traían miedo a los rostros de sus progenitores, le resultaban enigmas. Era como si vinieran de un mundo aparte.

Igualmente, hablaban de aquella forma.

“Nadie en su sano juicio contrataría a alguien de tu edad,” observó Rita, con palabras suaves y cortantes, carentes de duda. “Es ilegal, es reprochable. No existen reglas ni convenciones para justificarlo o moderarlo. Lo inaudito y audaz siempre hará lo que se le dé la gana,” alzó su mentón. “Sigues sangrando. Esas heridas te las ganaste por ayudar a un criminal que explotaba a niños como tú en su fábrica…” entrecerró sus ojos. “Todo por una propina que tus padres ya se tragaron en alcohol y apuestas antes de darte a ti lo que te mereces.”
“…” continuaba cabizbaja, con sus ojos temblantes. Aquel trabajo que había tenido fue lo más fructífero hasta el presente.
“Eres una niña que todavía no lo entiende. Este destino torcido de tener padres desnaturalizados, yo no lo tuve,” Rita lo contempló. “Pero lo condeno cuando lo veo. Deja de creer que tu valor yace en complacer a los demás.”
“Es que…” se sentía derrotada. Si no podía hacer eso, ¿entonces qué salvaría a sus padres?
“Todo objeto en esta casa sería rechazado por cualquier empeñador. Todo bien material que llega es convertido en dinero que tus padres en su locura usarán para saciar sus vicios sin fondo. Tú…” le apuntó. “Eres lo único de valor que ellos no pueden vender… y esos miserables te han hecho creer que es tu deber mantenerles.”
“Es que yo…”
“Ni ganándote un boleto de lotería sanaría todo lo que ellos nos deben y les deben a los demás,” Rita se dio media vuelta, y miró por encima de su hombro a la niña. “Así que detente. Sé un poco más paciente.”
“…”
“Pronto la justicia te pondrá en un hogar que sí te mereces…” terminó por irse.
“…”


‘¿Qué había significado eso?’ Dash tardó en entenderlo en aquel momento, pero Rita y Horizon ya habían reportado su caso a las autoridades y estaba pronto a ser recogida de su casa. En ese momento, sin haberlo tenido claro, ella sólo pudo comprender que iría a ser separada de sus progenitores, que estaba pronto a quedarse sin familia, que había fallado en su deber y sus intenciones de ayudarles a como diera lugar…

Apresuró su andar inconscientemente, volteando otra esquina y viéndose nuevamente sola, sin nada que ver ahí. Soledad… era quizás el sentimiento que más angustia le daba.



Había un sitio, una pared en un callejón, donde Dash había aprendido que podía encontrar trabajos donde ninguna pregunta iría a hacerse, donde hasta ella podía realizar un cachuelo a espaldas de la sociedad. Acudió por el impulso de temer que otros extraños se aparecieran en su casa a separarla de sus padres, con la intención de demostrar que sí podía hacer una diferencia.

Y efectivamente, vio dicha pared desbaratada y con ofertas dirigidas a gente mayor a ella, u oportunidades a distancias que no podía cubrir por su cuenta. No había nada a simple vista que prometiera resultados inmediatos. Supo que había sido un sueño, un intento sin base ni promesas, un deseo desesperado de solucionar el miedo que su propia vida le daba, pero algo por lo cual estaba lista a dar todo de sí misma.



En eso, en un rincón, vio el papel más diminuto, con letras impresas y sin formato alguno. No parecía ningún trabajo, nada a lo que ella había acudido antes. Era un simple mensaje que decía ‘Ven’, seguido por una dirección en aquel distrito de la gran ciudad.

La pequeña lo tomó y lo miró con gran intriga, con su cuerpo temblante al no entender el significado, al tener una pizca de una dudosa esperanza. Su simple ubicación en la pared sugería ser un cachuelo como los demás. Esa era la única explicación que poseía.

Y la única que decidió creer. ‘Iré a preguntar qué necesitan’ eso pensó. Era lo único en su mente, lo que le permitió acudir a aquel llamado.

“…” se detuvo de correr al notar que empezaba a cansarse. No podía agotar sus energías aún, estaba por competir.

Apoyó su espalda contra la pared. Tenía que regresar a esa pista con otras competidoras y un estrado de observadores lleno de vida. Sabía que había personas que esperaban ver su resultado.

Pero antes…

Continuó con su andar y dio otra vuelta a una esquina.

Dash tuvo que escabullirse debajo de unas líneas de construcción para llegar a la dirección, un edificio abandonado y condenado a ser demolido dentro de una semana. No había ningún alma, el portón estaba mínimamente abierto, las lunas estaban tapadas o rotas… y, aun así, ella se aventuró a entrar.

“¡…!”

Tuvo un traspiés. La escalera se hundió al ceder a su peso. Ello casi le resulta en una caída muy alborotada. Dash se quitó una estilla de madera y luego de cubrirla con un pedazo de sus vendas, continuó avanzando.



…Finalmente.

Entró al primer departamento del quinto piso. La puerta estuvo abierta desde el inicio. El ambiente sucio apenas tenía una silla rota a un rincón del ambiente. La luna, al igual que todas las demás, estaba cubierta de tablas que apenas colaban pocos rayos del sol. Y, por sobre todo, existía un silencio ensordecedor que aplastaría a cualquiera.

Dash notó que respiraba agitada. Su corazón apenas palpitaba, en anticipación a algún estímulo ajeno a ella misma. Sus esperanzas empezaban a desvanecerse. Quizás había respondido a dicho críptico mensaje muy tarde.

Y, aun así, continuó quieta un poco más, bajo esperanzas de que algo pudiera salvarla.



!!!!!!

“…” una sensación desconocida se apoderó de ella. Un objeto cayéndose, una casa hecha de barajas desbaratándose… Dash sintió que su alma se desplomaba, que no poseía siquiera voluntad o cognición alguna para reaccionar al hecho que su vida parecía escaparse de sí misma.

“Respondiste a un llamado dirigido a nadie.”

“…”

“Permaneciste en busca de una esperanza.”

Un susurro se apoderó de sus sentidos en lo que caía y su visión se oscurecía. Una voz tranquila, seria, inmutable… mucho más gélida que la cobradora que le había llamado loca. Eran unas palabras completamente carentes de sentimientos.

“…tu vida no importa en lo absoluto.”





Hacía frío. Su mente estaba cansada. Había una niebla, una falta de claridad. Un gris. Una monotonía. La niebla estaba a su alrededor, por debajo. En su propia piel. Era el piso que sentía, no encontraba el límite entre ella y lo demás. No había dolor en sus heridas. No sentía sus extremidades.

La neutralidad estaba adentro. No había sentimientos. Su corazón estaba arrancado de su pecho. Su existencia, alborotada. Su propósito era esa pared de cachuelos, todos destruidos o incoherentes. Las letras no podían ser procesadas. Ya no era compatible.

No había sentido. El tiempo dejó de correr. Su locación era imaginaria. Sus características inexistentes. Nada de ello podía definir a aquel que no era.


Pero, a pesar de ello, hacía demasiado frío.



“Dime, Dash. ¿Qué es lo que quieres?”



La inmensidad que buscaba borrarle se redujo y se condensó en una esfera, en una escena, un retrato, un efímero momento en el tiempo en el cual, de la nada, una mano acarició sus cabellos. El sentido del tacto rodeó su cuerpo, definió sus límites, le retornó la noción de ocupar un espacio. Yacía recostada sobre un piso que continuaba paralizándole fuera de su restrictivo despertar.

“Tu esfuerzo por desvivirte por los demás viene de la esperanza que aquello te dé lo que más te hace falta. Tú quieres salvar a los demás…”

“…”

“…porque eso también te salvará.”

“…”

“Y tú quieres a tus padres con toda sinceridad, y estás esperando a que ellos también te devuelvan aquel sentimiento.”

“…”

“Pero Dash, tú eres amada porque ya hay personas en tu vida que realmente lo hacen…”

“…”

“Y continuarás siendo amada y sintiéndote amada cuando te lo permitas.”

“…”

“Porque tú lo vales…” susurró Jinkougyou en lo que dejaba a la pequeña descansar su cabeza en su regazo. Le observaba con solemnidad y acariciaba sus cabellos en lo que Dash se recobraba de una muerte segura. Entonces, sintió un temblar. La niebla empezaba a disiparse.
“Yo…” ella dijo con una voz temblante y unas lágrimas que, junto con un sentimiento estremecedor, se apoderaron de ella. “Yo…”
“…”
“Yo sólo quiero que todo esté bien… sólo eso…”
“Cuida de ti misma…”
“…”
“…y aprenderás el significando de aquel ‘todo’ en tu propia vida.”



Esa conversación se deshizo en un estado ligero, una disociación del ser, un permiso de descansar, aunque… esta vez estuvo una promesa de poder despertar más adelante…

…mientras la realidad que le sobrepasaba se desencadenó independiente de ella.



“Eh…”
“Oh…”

La noche había caído y el perímetro había sido cercado. En su misión de monitorear la zona, una más formal que útil, Rin y Len se encontraron con la joven desaparecida, quien yacía inconsciente y débil, aunque sorprendentemente con vida…



Los gemelos corrieron para alertar a los encargados de la investigación, con Rin atenta a la presencia de personas y Len siguiendo detrás con la inconsciente chica sobre su espalda. Entonces, los dos fueron interceptados por una silueta blanca de ojos celestes penetrantes.

“Ustedes…” Horizon venía armada de un tubo de metal, y luego de observar inmutada a los gemelos asustarse, continuó. “Díganme qué sucedió.”



Un desorbitante eco se condensó en realidad, y el aturdimiento producto de una voz alterada empezó a cobrar sentido.

“¡…por eso mismo te dije que teníamos que intervenir!”
“No somos trabajadoras sociales, Rita.”
“A estas alturas ellos son lo mismo que muertos por tardarse tanto.”
“Tú misma confesaste que dijiste de más. Dash no tenía por qué saber de la intervención.”
“Tch…” la peliverde tembló de rabia e impotencia. “…entonces no cometeré otro error. ¡Esto se acaba hoy mismo!”
“Rita…”
“Fin de la discusión.”



Siguió una conversación entre Rita y los progenitores de Dash que Horizon eventualmente calificó de ‘violación a los derechos humanos’, una descripción que Dash falló, o quizás escogió fallar, en comprender. Luego de algunos manejos, requisitos por la decisión de Rita de adueñarse de Dash sin esperar a procedimientos, la joven llegó a un nuevo hogar donde fue inscrita a la escuela como primera acción.



“¡Dash, ¿qué tal tu primer día?!” le preguntó Rin, entusiasmadamente. Los gemelos caminaban con ella de regreso a su casa.
“Ehh, pues bien, la gente fue muy amable,” Dash sonriendo con aprietos, y pasó a dar un suspiro. “Aunque hay tanto que no entiendo, por más que estuve estudiando tan duro… Uhh… Rita se va a molestar de nuevo.”
“Puedes preguntarle a Horizon que te ayude a estudiar, entiendo que lo iba a hacer,” comentó Len, meditabundo.
“Sí, pero es un poco difícil para mí entenderle…”
“¡No te preocupes, sé que lo puedes hacer, sólo ve a tu ritmo!” exclamó Rin.
“Sí, ya lo verás,” Len asintió.

Los gemelos fueron quienes le encontraron aquel fatídico día, como Dash pudo comprender, y por más agradecida que se sentía por esa acción, lo que más significaba para ella era el hecho que los dos le hicieron seguimiento y continuaron visitándola para asegurarse de que se encontraba bien. Ellos se alegraban de todo corazón por cada uno de sus logros y estaban listos para animarle durante sus dificultades.

“Y continuarás siendo amada y sintiéndote amada cuando te lo permitas…”

Y aquel día regresó a un hogar donde sus guardianas tuvieron planes para ella, con Horizon continuando su tutoría y Rita exigiéndole que mejore sus hábitos de higiene personal. A su vez, Dash les preparó una cena que mejoró los ánimos de sus mayores y le otorgó, por primera vez, el título de mascota moral de parte de la peliblanca.

“Porque tú lo vales.”



Se acababa el tiempo, tenía que regresar, pero todavía no podía. Dash dio una vuelta a la esquina más…


“Detente,” espetó Jinkougyou, con una expresión severa.
“…”

Dash corrió donde él y le dio un abrazo. El peliblanco se mantuvo inmutado. Aceptó el gesto, pero no lo reciprocó de ninguna manera.

“Por favor no desaparezcas, Jin. No lo hagas…” dijo en pleno abrazo. Cerró sus ojos, aunque unas lágrimas se escaparon de los mismos. “Eres muy importante para mí. Eres mi amigo.”
“…” Jinkougyou la apartó con delicadeza. “No somos amigos, Dash.”
“Eh, pero…”
“Tú eres alguien que merece ser protegida,” observó, pacientemente. “Regresa a tu competencia antes que sea demasiado tarde.”
“…eh, supongo que no somos amigos, tienes razón, pero…” ella estaba cabizbaja. “Quiero llegar a serlo. Tú hiciste todo posible para mí. Tú me salvaste ese día, me dejaste conocer a la gente más importante para mí, y tú eres uno de ellos.”
“Nada de ello sucedió por mí. Ellas dos ya existían en tu vida y te quisieron y velaron por ti desde el inicio.”
“Jin…”
“Ahora sigue viviendo por ti misma. Mi misión ha terminado.”
“Jin, quiero preguntarte algo…” Dash le miró con ligera aprehensión, como si fuera a desvanecerse. “Yo he sido ofrecida a ser una HiME. Me han explicado lo que es.”
“…”
“Tú… imagino que tienes algo que ver con ese mundo. Yo…” ella asintió. “Yo estoy donde estoy por la ayuda que otros me han dado. Rita, Horizon… tú también. Heh, hasta Rin y Len,” sonrió torpemente. “Estoy rodeada de tan buenas personas en mi vida, y quiero dar lo mismo a alguien más quien lo necesite. Así que, Jin, ¿qué sugieres que debería hacer?”
“No aceptes,” contestó sin rodeos.
“Eh…” no esperó tal contundente respuesta.
“Ya debes haber identificado cuál es tu todo. Dash, aquel rol no garantizará que ayudes a los demás y pondrá tu todo en riesgo.”
“…”
“Y me atreveré a decir que no hay duda alguna en tu propio camino,” Jinkougyou se mantuvo severo. “Tu rol como HiME terminará en tragedia.”
“¿P-por qué lo dices?” se asustó.
“Discúlpame Dash, pero ello será lo último que diré. No interferiré con tu vida más allá.”
“…”
“…” entonces, el peliblanco llevó una palma a su pecho e hizo una leve reverencia. “Tu forma de ser no aceptará una despedida tajante, así que… te pido que recuerdes las palabras que oíste luego de tu oferta a ser HiME.”
“…” por más que haya sido una descripción muy vaga, Dash lo comprendió. Fueron las palabras que le alcanzaron más.

“Porque quiero que tú vivas por ti y por nadie más…”

“Cuando Rita me dijo eso… eh, sé que fue un momento de tensión, que quizás todos se incomodaron por mí, por tratar mi caso, por preocuparse tanto… pero…” Dash sonrió con humildad y algo de culpa. “Me sentí muy feliz. Yo en verdad soy muy importante para ella.”
“…” asintió. “Tu vida te pertenece a ti. Tenlo siempre presente.”
“Y tú que has venido a ayudarme, ¿tu vida te pertenece también?”
“…” él alzó sus cejas al no haber esperado dicha respuesta. Se ahorraría los detalles, aunque, con tal de dejarle una positiva partida… sonrió con tranquilidad en lo que volvió a posar una palma sobre su corazón. “No te inquietes por mí. Este es el sentido de mi propia vida, aquello que significa todo para mí.”
“Eh…” verle irradiar dicha paz era indescriptible. Su amigo, esa persona cortés que la trataba con delicadeza, cuyos ojos nulos daban cierta impresión agotada y desconectada, pero quien pasó a mostrar que detrás de su perfecta apariencia poseía aquella calidez humana que le había salvado la vida… a veces le costaba creer que hablaba con alguien real.



“¡Dash!” exclamó Rin.
“¡Eh!” ella se sobresaltó. Podía oír la impaciencia en su voz y se volteó como reflejo… para percatarse que había despegado sus ojos de su acompañante. Él había desaparecido. “…”
“¡Dash, despierta, ya están llamado a competir en dos minutos!” exclamó Len.
“¡Ahh, ¿en serio?!”
“¡Y estamos super lejos!” Rin miró a su gemelo. “¡Len!”
“¡Enseguida!” y así, los dos la cargaron.
“¡Ahh, o-oigan, gracias, pero me voy a marear!”


“¿Seguro que no quieres un helado también?” preguntó Elise a su hermano.
“Tú sabes que no, sólo cómelo antes que se derrita,” contestó el mayor, con cierta impaciencia.
“Si insistes. ¡Muchas gracias!” la pequeña celebró y empezó con dicha pequeña copa que se le había sido concedida.

Leo le observó disfrutar ese postre para luego desviar su mirada. No tenía nada que decir. Sus intenciones de negar a su hermanita de hasta un postre como tal debido al poco valor nutritivo fueron derrotadas producto a la riña que habían tenido hace unos días. Era su manera de disculparse, o quizás no. Todavía no sabía si es que podía hacerlo con toda consciencia. Todo el asunto de que su hermanita hubiera sido la siguiente víctima del juego de Hanasaki no dejaba de dar vueltas en su cabeza. Aun así…

…le correspondía ser el hermano mayor que tenía que comportarse con cordura y madurez… y el solo pensamiento le fastidiaba tremendamente. Aquel nunca debió ser su posición.

“Leo…” Elise terminó lo suficiente del helado para evitar algún siguiente reproche de que se derramaría. “Creo que los dos seguimos pensando sobre ello, ¿no?”
“¿A qué te refieres?”
“Por supuesto que me refiero al tema de las HiMEs,” la pequeña hizo un puchero.
“…”
“Creo que no deberíamos dejarlo por más tiempo.”
“Sí, supongo…” dio un suspiro. Le costaba, pero mantenía en mente la conversación que había tenido con Monoyoshi. Ya no podía dejar que su fastidio hablara en su lugar. “Elise, sobre ello…”
“Perdóname, Leo, por molestarme así,” reconoció la pequeña.
“¿Perdón?” el otro se extrañó.
“Estaba muy frustrada ese día y no siempre es fácil para mí hablarte, pero no te di mucho espacio para que me contestaras. Yo… perdí el hilo demasiado rápido.”
“Elise… yo fui quien te requinté desde un inicio, no te di de otra, sinceramente…” negó, cabizbajo. “Soy mayor que tú, pero… reconoceré que actúe muy pobremente aquí.”
“Creo que nos toca aprender de nuestra hermana, ¿verdad?” Elise sonrió.
“Aprender de ella…” Leo alzó una ceja. Sabía que su punto de vista de la mayor no era necesariamente el mismo, por más que ambos le tuvieran respeto.
“Pero hay que hacer el esfuerzo como somos, Leo,” Elise asintió. “Yo ya te dije todo lo que tenía en mente ese día. Y pues…” bajó su mirada. “No quise hacerte sentir que yo siendo HiME sería por tu culpa, o que tú eres responsable. No, definitivamente no, esa sería mi decisión.”
“…”
“Y tampoco quiero serlo, eso no ha cambiado… es sólo que…”
“Elise.”
“…sí…” dijo dubitativa.
“…” tenía que decir la verdad. Ella merecía saberlo. Leo apretó los dientes un momento y terminó por soltar su tensión. Nunca antes se había visto tan derrotado al frente de Elise. “…yo no sé por qué he venido al Japón.”
“Eh…”
“Es la verdad… sentí que tenía que venir. Este asunto, lo que pasó hace años… todavía no ha terminado para mí, pero no sé qué es lo que eso significa.”
“…”
“Lo he pensado todos estos días, pero no pude llegar a una sola razón, por eso te estoy diciendo esto. Seguramente no era lo que esperabas oír.”
“No sabía qué esperar… pero esto no lo esperaba para nada, tú siempre estás decidido ante todo, Leo,” admitió la pequeña. “Me da un poco de miedo oír esto, si debo admitirlo…”
“Sólo diré que continuaré oponiéndome a la remota posibilidad que tú decidas ser una HiME, Elise,” recalcó con certeza.
“Sí, lo sé…”
“…”
“Pero Leo, yo sé que sí viniste por una muy cierta razón.”
“¿Qué dices?”
“Y es la misma que la mía,” Elise asintió. “Porque nuestra familia es lo más importante para ti.”
“Eh…”
“Y es tan importante que yo podría ser una HiME con tal de protegerla, y tú vendrías a este lugar que nos da tan malos recuerdos sin siquiera saber qué hacer, o por qué lo has hecho.”
“…” se congeló. Bajó su mirada. Ello podía ser cierto, ¿pero realmente se le podía llamar una razón si es que carecía de toda lógica?
“Leo… yo echo de menos a nuestro hermano mayor, todos los días…”
“Elise…”
“Pero sé que no hay nadie quien lo extraña más que tú…” al decir ello, los ojos de la pequeña se nublaron con lágrimas.
“Tsk…” Leo desvió su mirada y comprimió sus puños.
“Y todos en casa están preocupados por nosotros, seguro temerán que lo mismo nos pueda pasar. Nuestra hermana todavía sigue sin poder conciliar lo que sucedió.”
“…”
“Y todo esto es tan difícil de resolver, lo sé bien, pero…”
“Elise, suficiente.”
“…”
“Tú quieres ser una HiME para no perder a otro hermano más…” él asintió, decidido. “…pues no lo perderás. Lo prometo.”
“…”
“Y yo tampoco perderé a nadie más,” sonrió con ironía. “O nunca podría atreverme a siquiera recordar a nuestro hermano.”
“Leo…”
“Yo deseé encontrar más información de lo que ocurrió… quise encontrar al responsable… deseé la venganza, por encima de todo…” admitió. Por su postura y su ensimismamiento en la mesa, parecía cargar con el mundo entero.
“Eh…”
“Eventualmente, aquel todo se convirtió en nada. No iba a encontrar lo que quería, iba a embarrarlas a ustedes dos… Camilla con las justas está con vida, y gracias a lo que nuestro hermano hizo por ella. Este es un juego sucio que no podemos ganar. Eso tuvo sentido,” apretó los dientes. “…por más amargo que fue aceptarlo.”
“…”
“Pero aun así vine. Estoy aquí porque no puedo dejar de pensar en todo esto… porque quiero respuestas… porque sigo no queriendo aceptar que las cosas terminaron así…”
“…”
“Pero…” le miró fijamente. “Elise, te equivocas. Si tú fueras a convertirte en una HiME, sí será mi responsabilidad, porque tú pareces ya haberle encontrado un sentido a nuestro pasado. Tú estás decidida a cuidar de nosotros y a estar de nuestro lado.”
“…”
“…” cerró sus ojos con fuerza y pasó a mirar hacia abajo, desposeído. “Pero yo todavía sigo buscando, en medio de todo…”
“Leo…” Elise se levantó y fue donde su hermano, para darle un abrazo.
“…”
“Entonces te ayudaré a buscar, nunca estarás sólo, te lo prometo,” le aseguró, con una sonrisa, mientras sus lágrimas se escapaban.



“¡Gracias por el postre!” volvió a decir la pequeña, ni bien los dos se retiraban de aquel local.
“Si lo mencionas más, me harás arrepentirme de haberte invitado,” negó.
“Aw,” Elise hizo un puchero. Miró a su hermano quien mantenía su atención hacia el frente, en lo que los más minúsculos indicios de lágrimas desaparecían de sus ojos.
“¿Quieres dejar de mirarme tanto?” finalmente se le dirigió con reproche.
“Eh, perdón, es que…”
“Elise, creo que ya lo tenemos claro, cuál es nuestra decisión.”
“Pues…” ¿lo tenían? La pequeña no estaba segura. Ella ladeó su mirada, y para variar, Leo sonrió con gracia.
“Desde que he llegado a este lugar, parece que no dejo de encontrar las cosas incorrectas, que no tienen nada que ver. Supongo que… no tengo que continuar con mi búsqueda en este lugar.”
“Quieres decir…”
“Que hemos preocupado demasiado a nuestra hermana,” concluyó, con un raro alivio en su trato. “Regresemos a casa.”

38
Caso XX1
- Cuando el ocultismo sonríe y te dice que se te va a enfriar un café que ya te trajo frío -


Alain no respondió de inmediato. Simplemente siguió leyendo.

Eso tampoco era extraño. Después de todo, René tenía la curiosa costumbre de presentar hallazgos interesantes con el mismo entusiasmo con el que otros presentarían una sentencia de muerte, y Alain había aprendido que intentar sacar conclusiones antes de revisar los datos era una pérdida de tiempo.

La primera página desapareció rápido.

La segunda un poco menos.

Para la tercera ya había olvidado por completo la existencia del café.

Las anotaciones seguían la estructura habitual. Referencias, observaciones, resultados preliminares y suficientes notas adicionales como para dejar claro que René había pasado muchas más horas de las saludables investigando algo que probablemente no estaba dentro de sus responsabilidades inmediatas.

Nada particularmente nuevo.

Alain regresó unas páginas para comparar una tabla con otra. Los parámetros eran prácticamente idénticos. Las configuraciones también. Los resultados continuaban mostrando variaciones demasiado amplias para sentirse correctas y demasiado consistentes para descartarlas como errores.

Y eso le molestaba más que el incidente de hace un momento porque las explicaciones sencillas comenzaban a agotarse.
Si el problema estuviese en el método, las diferencias deberían aparecer de forma reconocible. Si fuesen errores de interpretación, tendría que existir algún punto donde los datos dejaran de tener sentido. Pero no. Lo único constante era que usuarios distintos producían resultados distintos.

Apoyó una mano sobre la carpeta mientras releía una de las páginas finales.

No era una teoría nueva y eso era precisamente lo que más le desagradaba.

Llevaban semanas acercándose a ella desde direcciones distintas. Rodeándola, reformulándola y, en ocasiones, ignorándola deliberadamente con la esperanza de que desapareciera sola.

No había tenido la cortesía de hacerlo.

Las inscripciones seguían apareciendo.

Una y otra vez.

En cámaras distintas. En registros distintos. En incidentes separados por bastantes años. Eran lo bastante parecidas para sugerir que no eran simples adornos y lo bastante diferentes para volver imposible creer que todas habían sido hechas por la misma persona siguiendo exactamente las mismas reglas.

Y ahora René acababa de dedicar una cantidad poco saludable de tiempo a demostrar que modificarlas producía cambios reales, como si aquello fuese una noticia que Alain necesitara escuchar para empezar a preocuparse.

Pasó otra página.

Luego volvió atrás.

Después regresó a la misma tabla por tercera vez.

Seguía sin gustarle.

Porque una cosa era encontrar símbolos extraños grabados en una cámara centenaria y otra muy distinta descubrir que esos símbolos parecían estar haciendo algo y una todavía peor era que alguien hubiera sabido exactamente qué estaba haciendo al colocarlos allí.

Lo más molesto era que una parte de él empezaba a darle la razón a René.

No sobre los sellos, Alain seguiría negándose a llamarlos así quizá para siempre, pero sí sobre la posibilidad de que las inscripciones no fueran simples marcas de identificación ni agregados posteriores hechos por propietarios supersticiosos.

Había un patrón, no entendía cuál…

Y ese era exactamente el problema.

Suspiró. Una cosa era el invasor rubio con cero conciencia de jerarquías, otra era ver a René esperando pacientemente una respuesta de su parte.

— Al menos tuviste la cortesía de avisar a la directora antes de experimentar con restricciones que todavía no comprendemos del todo, ¿Verdad?

Lo último que Alain quería era descubrir que acababa de leer el motivo de tres futuros reportes.
39
Aquí siempre vivimos al límite porque no tenemos concepto del tiempoooo  :'(



Side Story 02 - Parte II

Tras su pequeña acotación guarda silencio y rodea el escritorio para tomar asiento en la silla extra que pocas veces ha sido utilizada por otro individuo que no sea él.

Una persona normal se habría retirado y esperado respuestas en el chat que comparten, pero René siempre se ha apreciado como alguien que no puede portar esa etiqueta.

Desde niño se supo distinto. No en el sentido de creerse superior a los demás (aunque totalmente lo era según los mayores), sino que era obvio que su mente funcionaba con prioridades diferentes.

Cuando todos dibujaban a su mascota o familias, él se esforzaba por recrear un mapa estelar que pareciese algo más que una red de pescar con sarampión.

Cuando los demás niños hablaban sobre sus héroes favoritos, él se frustraba tratando de clasificar los poderes en posibles e imposibles, logrando que lo dejasen hablando solo.

Cuando le preguntaban qué deseaba como regalo, él se negaba a los juguetes populares y se ilusionaba con libros para comprender los misterios del mundo.

No fue hasta que llegó al orfanato y conoció a otro niño raro que logró sentirse realmente similar a alguien de su edad.

Otra persona que utilizaba su cerebro de una manera fuera de lo normal, pero que lograba entender sus ideas con la misma precisión de los mecanismos con los que jugaba.

René siempre había sido más intelectual, era Jakob el de las manualidades. Por lo que ver la precisión con la cual el otro niño manejaba sus herramientas le hacía quedarse mirando sus manos con cierto asombro.

Aquel niño no era muy sociable. Su hermana menor hablaba por él la mayoría de las veces. Tenía que tratarse de un tema que ella no entendiese para que él se dignase a alzar su voz y por eso varios de los niños creían que simplemente era mudo.

Eso no evitó que René sintiese curiosidad y sin pensarlo mucho, se sentase a su lado a verlo trabajar mientras el otro reparaba uno de los juguetes de su hermana.

No pasó mucho desde ese punto para que comenzaran a hablar de mecanismos, acertijos y teorías que solo por ser niños se atrevían a explorar.

Si es sincero, incluso si no había perdido todo porque seguía teniendo a Jakob, a veces piensa que no habría soportado ese lugar sin aquello.

Sin alguien que le entendiera.

Y ahora ese alguien estaba frente a él leyendo con atención su informe. Frunciendo levemente la expresión cuando identificaba que justamente René había señalado correctamente el enunciado que le llamaría la atención.

– Se te helará el café, Alain. – Bromea mientras ve desaparecer las páginas una tras otra. Sabe a la perfección que le van a ignorar. Cuando el rubio se sumerge en algo de su interés, el mundo a su alrededor desaparece.

Eso es otro que tienen en común.

Su mirada se pasea por la oficina esperando el veredicto del contrario, sin embargo sabe también que Alain no llega a conclusiones precipitadas y puede escuchar con claridad cómo compara las tablas que sabe perfectamente que le molestan casi a un nivel personal.

Aunque ninguno confesará que eso sea posible. Por eso le deja su espacio y espera, es bueno en eso.
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HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Mimi Tachikawa on May 30, 2026, 11:01:26 PM »
Hoi hoi minna!! ahora si voy con un fic este mes, con personajes de Strange Eden ando viciada con este proyecto xD

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Mayura Daidouji no estaba muy acostumbrada al silencio

Su casa normalmente siempre esta lleno de vida, junto con su madre Belldandy que siempre se quedaba con ella para conversar y pasar momentos entre madre e hija, las constantes quejas de Kuro que no paraba de aburrirse por cualquier cosa y siempre salía de la casa y volvía a cualquier hora, y por último las llamadas constantes de su novio Otoya que le contaba acerca de los lugares que visitaba mientras estaba de gira.

Pero aquel día era diferente.

Belldandy se encontraba de luna de miel junto a Gaku después de su reciente matrimonio, disfrutando de un viaje no tan lejos de donde vivían porque Belldandy estaba con 6 meses de embarazo y Gaku había pedido permiso de dejar momentáneamente sus actividades de idol para poder pasar unos momentos íntimos con su flamante esposa, luego irían a vivir junto con Mayura a una hermosa mansión cortesía de la familia Yaotome.

Otoya, por otro lado, estaba fuera de la ciudad debido a una serie de conciertos que lo mantendrían ocupado durante varias semanas por lo cual no estaba llamándola muy seguido

Y Kuro había ido con Flaffy a comer en un viejo templo donde vivía anteriormente

Y por primera vez en mucho tiempo, Mayura estaba completamente sola.

Sentada en el sofá de la sala, observó el reloj por quinta vez en menos de diez minutos.

-Tengo que hacer algo...- murmuró.

Intentó leer, pero después de un par de hojas se aburrió

Intentó ver televisión, pero su programa favorito estaba repitiendo

Intentó ordenar su habitación, no le tomó mucho tiempo porque siempre tenía la habitación bien limpia

Finalmente soltó un largo suspiro.

-Me voy a volver loca si sigo aquí...-

Fue entonces cuando recordó un lugar que había llamado su atención varias veces.

La tienda de antigüedades de Oujin.


Aquel misterioso establecimiento del que muchas personas hablaban, pero del que nadie parecía saber demasiado.

Los ojos de Mayura brillaron.

Su instinto detectivesco que estaba dormido debido a sus conflictos de Hime y lo que pasaba en su casa

La tienda estaba ubicada en una calle antigua, alejada del bullicio principal de la ciudad.

Desde afuera parecía sacada de otra época.

Las ventanas de madera oscura mostraban objetos extraños y antiguos que parecían pertenecer a distintos siglos.

Mayura observó fijamente el letrero.

Antigüedades Oujin.

Una ligera sonrisa apareció en su rostro.

-Muy bien Mayura es hora de volver a buscar cosas misteriosas... -dijo animadamente la rubia

Empujó la puerta lentamente.

El sonido de una campanilla anunció su llegada.

Inmediatamente percibió algo extraño.

No era desagradable, solo que era simplemente diferente

El aire parecía más pesado.

Más silencioso.

Como si el tiempo transcurriera de forma distinta dentro de aquel lugar.

Los estantes estaban repletos de relojes antiguos, libros desgastados, cuadros, cajas musicales y objetos cuya utilidad era imposible de identificar.

-Mayura-senpai.

La voz la hizo girarse.

Detrás del mostrador se encontraba un joven de cabellos medios naranjas, ojos de color violeta claro y expresión amable.

-Hinata-kun...-

Hinata Uzuki es un estudiante de Hanasaki y trabajaba medio tiempo allí.

Mayura lo conocía de vista, aunque nunca habían hablado demasiado, ya que el joven era unos años menor que ella, pero coincidían en los cursos extracurriculares de la escuela.

-No esperaba verte por aquí Mayura-senpai…-

-Estaba aburrida en casa y pues decidí pasear un rato-

Hinata soltó una pequeña risa.

-Esa si es una razón válida-

Mayura avanzó entre los pasillos observando los objetos.

Sin embargo, algo llamó rápidamente su atención.

-Oye, Hinata...

-¿Sí?

-¿Dónde se encuentra el famoso dueño de la tienda Oujin-san?

El joven pareció quedarse pensativo unos segundos.

-No lo sé, simplemente dijo que iba a hacer unas cosas y se fue-

Mayura parpadeó.

-¿Cómo que no lo sabes?

-No lo sé-repitió tranquilamente.

-Eres empleado de esta tienda…-mirándole fijamente en su modo interrogador

-Sí.

-¿Y no sabes dónde está el dueño?

-No-

Mayura lo señaló acusadoramente.

-Eso es sospechoso…y misterioso, dicho sea de paso...-

Hinata esbozo una suave sonrisa

-Supongo que si…-

Aquella respuesta solamente alimentó aún más la curiosidad de Mayura.

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Durante la siguiente hora Mayura recorrió prácticamente toda la tienda.

Cada rincón parecía ocultar una historia diferente.

Había relojes detenidos en horas distintas,espadas antiguas cubiertas por vitrinas,fotografías amarillentas cuyos dueños habían sido olvidados por el tiempo.

Libros tan viejos que parecía que podrían deshacerse si alguien pasaba las páginas con demasiada fuerza.

Y en medio de todo aquello había algo que llamaba especialmente la atención de Mayura.

La enorme cantidad de objetos extraños, eran demasiados, como si hubieran sido reunidos durante siglos.

-Mayura-senpai…-

Ella giró la cabeza rápidamente saliendo de sus pensamientos

Hinata sostenía una taza de té caliente.

-¿Quieres un poco?

-Muchas gracias Hinata-kun…-dijo con una suave sonrisa-

Tomó la taza mientras se sentaba frente al mostrador,durante unos segundos observó el interior de la tienda,después apoyó el mentón sobre una mano.

-Hinata-kun...-

-¿Sí?-

-¿Cuánto tiempo lleva Oujin-san como dueño de esta tienda?

El joven pareció pensarlo y después empezó a hablar

-Hace mucho tiempo supongo…-

-Eso no responde nada…-se cruzó de brazos-

-Es la verdad…-

Mayura frunció el ceño y empezó a hablar

-¿Cinco años?

-Un poco más…-

-¿Serán diez años?

-Creo que son más años…-

-¿Debe ser viente años verdad?-

-Un poco más…-

-Mayura abrió mucho los ojos sorprendida- ¿No creo que sean Treinta años verdad?

Hinata soltó una pequeña risa.

-No estoy seguro…la verdad…-

-Eso es imposible…no creo que sean muchos años…según mis investigaciones no debería tener menos de 60 años…-pensativa-

-Pero es verdad…-

Mayura observó nuevamente los estantes.

Mientras más miraba aquellos objetos, más extraña le parecía la tienda,era como si cada artículo perteneciera a una época diferente,como si alguien hubiera estado coleccionándolos durante generaciones.

-Oujin-san es raro…-

Hinata sonrió.-En eso estoy de acuerdo...-

-Muy raro…pero muy raro…-

-También estoy deacuerdo…-

-Normalmente la gente no compra una caja musical rota porque "le dio pena dejarla sola".

-Eso sí suena como algo que haría…-dijo rascándose la barbilla mientras miraba alrededor de la tienda-

Mayura parpadeó-¿Lo ha hecho?-

-Si, lo hizo la semana pasada…-

La rubia apoyó la cabeza sobre el mostrador.

-No puedo saber cuándo hablas en serio Hinata-kun…eres igual de misterioso que Oujin-san…-

Mayura seguía sintiendo aquella extraña sensación, definitivamente había algo extraño rodeando al dueño de la tienda, algo que no le terminaba de cuajar.

Poco después decidió seguir explorando.

Mientras caminaba entre los pasillos observó una antigua lámpara de aceite,luego una colección de máscaras, después una vitrina llena de relojes.

Y fue entonces que ocurrió algo extraño,un pequeño muñeco de madera cayó de un estante.

Mayura se sobresaltó, pero antes de que pudiera caer al suelo,el muñeco pareció detenerse, sucediendo esto en apenas un instante, como si algo lo hubiera sostenido, luego aterrizó suavemente sobre una caja cercana

-¿Eh?-
Miró alrededor buscando a alguien, pero había nadie, quizá había sido su imaginación.

Pero juraría que aquello no había sido normal.

-Hinata-kun-

-¿Sí?-

-Siento que acaba de suceder algo muy misterioso…-

El joven levantó la vista desde el mostrador.

-¿Dices que sucedió algo raro

Creo que sucedió algo con un muñeco…-

Hinata observó el objeto.

Por una fracción de segundo pareció comprender algo pero enseguida recuperó su expresión habitual.

-Seguramente se cayó y cayó en la caja…-

Mayura entrecerró los ojos,esa explicación no era muy clara.

-No me quedo muy convencida por lo que dijiste…-

-Tengo otras teorías si deseas saber…-Hinata sonrió suavemente.

-Creo que por ahora creeré en lo que dices…-

Hinata sabía que había ocurrido antes.

Objetos moviéndose solos, cosas imposibles sucediendo cuando Oujin estaba cerca.

Pequeños milagros cotidianos, fenómenos que solamente él conocía realmente.

Fenómenos que revelaban la verdadera naturaleza de su jefe.

Un secreto que había prometido guardar.
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Continuará....
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