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Moonlight Garden / Re: [Chapter I] Mysterious Story starts » Welcome to Wasteland
« Last post by Shura on August 31, 2026, 06:09:13 PM »
Buenas!
La idea me motivo, creo que puedo hacer una historia rápida. Al final quiero aprovechar muchos personajes para escribir.

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¿Dónde estoy?
No era la primera vez que se hacía esa pregunta, en ocasiones había sufrido atentados fallidos donde el vehículo donde viajaba había dado vueltas de campaña y había tenido que salir arrastrándose. Otra vez había perdido el conocimiento al caer al agua, y otra se había golpeado la cabeza contra el suelo cuando el paracaídas había sido saboteado por un tiroteo en pleno aterrizaje.

Siempre la misma pregunta al despertar, siempre el mismo instinto: levántate cabrón, empuña el arma, dedo en el gatillo, ¿qué coño importa dónde estás? Sobrevive.

-Mmmfff…
La diferencia esta vez, no estaba en un lugar en guerra. Ni en un rescate de rehenes ni una extracción.
Raro, sí. Silencioso, también. Demasiado ordenado para ser un vertedero. El instinto le hizo relajar el dedo sobre el gatillo. No había peligro, aparentemente.
 
Un vistazo rápido a las chapas de identificación para comprobar que seguía conservándolas y no se había jodido el cerebro:

>Coronel Konig
>Nacionalidad: austríaco
Y otros datos médicos irrelevantes salvo que te estuvieras desangrando.

-Mmmgg…
Y sin embargo, había algo que no cuadraba. Una sensación que era como algo que le arañaba detrás del cerebro. Era mejor no pensarlo porque ahora mismo podría perder la cabeza.

Tenía que encontrar la salida de aquel sitio. Ajustó su máscara, una camiseta demasiado pequeña para que encajara por su enorme cabeza, con dos agujeros para los ojos en la tela desgastada. Una vez uno del escuadrón le había dicho que con esas pintas parecía un verdugo de esos que salen en las películas, enorme, violento y estúpido; esos verdugos que esperan a que el rey dicte cuando tiene que caer el hacha.
Y bueno, prefería que el resto le temiera a que sencillamente le hablasen, incluso prefería tener lejos a los que pensaban que parecía un puto idiota por ir con una máscara de mierda.
Pero tenía sus motivos.

Y ahora, no quedaba otra que caminar, y todo el camino era igual, lleno de mierda, sin poder escalar porque esa montaña de basura no aguantaría su peso.
Estaba acostumbrado a caminar, pero el equipo táctico era un fastidio, la humedad de aquel sitio era un fastidio, que se estuviera haciendo de noche… precisamente, eso, ayudo a que viera una luz.

No se relajó, apoyo la culata del fusil contra su hombro y se movió en silencio, agachado. Se detuvo en una esquina junto a la montaña de basura, analizando la zona antes de entrar, no había nadie a la vista, pero en una casa donde había luz, siempre había alguien. La estructura era de madera, elevada sobre pilares, paredes blancas y tejado inclinado, era como esas casas tradicionales japonesas que salían en los animes. Mucho mejor, con un poco de suerte, podría atravesar las paredes si era necesario utilizando su tamaño y fuerza.
Se acercó hacía la puerta corredera de papel donde había una lampara de esas cuadradas también de palos y papel blanco. Dentro ardía una llama porque, seguro, cualquier friki que viviera en un sitio así, merecía que el fuego lo consumiera.   

Se detuvo, no podía estar seguro… pero se escuchó una risita. Un sonido divertido, travieso, infantil. Como si la persona al otro lado no pudiera contener la alegría de dar una sorpresa.

Se quedó paralizado… entró en juego sus instintos. Podía ser un bruto y un idiota, pero no atacaba a niños. Bajo el rifle abriendo la puerta corredera despacio. En la penumbra, vio unos ojos que al principio pensó que eran de un gato porque eran como dos espejos. Pero al fijarse mejor, eran demasiado azules, demasiado amables, acompañados de una sonrisa deslumbrante que eran todo dientecitos pequeños, sonrisas que son de amor sin ni siquiera conocerte, una sonrisa infantil de una encantadora niña que parecía todo pelo largo rubio.
-¡Por fin has venido! -Exclamó sin poder aguantar más la emoción en un gritito feliz.

-¿Qué?
La niña salió corriendo riéndose dichosa.
-¡Espera!
¡Qué idiota! Le había pillado con la guardia baja. No comprendía lo que le había dicho y seguro que la había asustado.
Pero  no podía dejarla marchar, había algo tan extraño en todo esto, si salía de ahí iba a llevarse a la niña, era su trabajo rescatar rehenes, no iba a pensar demasiado o se volvería loco, iba a hacer lo que mejor sabía hacer y punto.
Persiguió a la niña, escuchó sus piececitos descalzos en la madera, la vio meterse en una habitación y…

Una explosión.

Claro, era un idiota, había roto todos los protocolos de seguridad al no revisar la habitación, se había dejado engañar, se había-

-¡Bienvenido!

Estaba cubierto de confeti.
Plantado como un payaso gigantón gris y triste cubierto por papelitos de colores. La explosión eran producto de pequeños cañones de confeti, la niña rubia daba vueltas desperdiciando serpentinas de papel porque no sabía como lanzarlas para desplegarlas. Una mujer la tomaba de la mano animándola a bailar, reía despreocupada, tocando una trompetita de papel como si fuera el maldito fin de año.
Tenía el pelo peinado en dos moños y cuando giró la cabeza para mirarle, levantando la barbilla, ese cuello de cisne le pareció elegante, había algo en su postura que desentonaba con el lugar, porque ella parecía ser lo único que encajaba en aquel extraño lugar.
-Has tardado mucho.

No respondió. No entendía una mierda, pero nadie tenía porque saberlo. Ventajas de tener una máscara como aquella, que nadie podía leer tus rasgos.

La mujer pareció satisfecha con el silencio, sonriendo entrecerrando los ojos. No parecía que se burlará de él, solamente estaba feliz de verlo. Había entrado en un puto todo a cien y lo recibía la china del barrio.

-¿Qué put- -No termino la palabra, no, no iba a soltar mierda por la boca con niños delante. -¿Qué lugar es este?
-Caramba, sí que estas perdido.
Estaba jugando con él.
-Verdammt… habla.
Tenía métodos para hacerla hablar.
La mujer sonrió como si fuera ella la que tenía el control, se dirigió hacia la niña.
-Diana, es hora de ir a dormir.
-Síiii!
La niña risueña se acercó a los dos, hizo señas hacía la mujer que se inclino para que la niña al ponerse de puntillas pudiera darle un beso en la mejilla.
-Buenas noches, Shura.
No esperó que la niña se acercará a él, tirando de la manga de su chaqueta táctica haciéndole indicaciones para que se agachara. Y como era idiota y débil con los niños, se agachó para que Diana pudiera darle un beso a través de la máscara a la altura de su mejilla.
-Buenas noches, Konig.
-Buenas noches. -Contesto de manera automática apenas dándose cuenta tarde de que sabían su nombre.
Apenas proceso cuando la niña se marchó obediente supuestamente a su habitación para dormir.

Había demasiadas cosas extrañas… se sentía como Alicia cayendo en la madriguera, si pensaba demasiado se volvería loco. Pero todos estaban locos aquí.

Sintió un escalofrío, se giró hacía la mujer, Shura, que seguía sonriendo, esperando.
-¿Estoy muerto? -Por fin, una bala entre las cejas que no había ni visto venir; una explosión a la que no había sobrevivido.
-No Konig, no estas muerto. -La mujer se adelanto con paso lento e insinuante, arrastrando un kimono negro de bordados plateados y dorados que parecían dibujar un mar embravecido intentando ser dominado por unos marineros dirigiéndose a su perdición, ya que a la altura del pecho había bordado con hilo cobrizo un demonio, un oni. Mierda, idiota, no te distraigas con unas tetas, patán.
-¿Y como sabes mi nombre?
-Lo llevas escrito en las chapas de identificación.
-Ah.

No había repertorio de insultos suficiente para aquel momento lleno de patetismo.

Y, sin embargo, la mujer no parecía burlarse, guiándolo paciente por la casa, los pasillos de madera con puertas corredizas cerradas, había muchas puertas algunas pintadas con intrincados detalles, ocultando habitaciones llenas de secretos, al abrir una de ellas, la luna llena parecía arrojar su luz de plata iluminando la sencilla estancia con cojines, una mesa baja.
Había un pequeño claro entre aquella montaña de objetos sin sentido que parecía un jardín.

Ella se sentó en un cojín en el suelo de madera, tomando una caja lacada de la que saco una larga pipa, apenas con un pellizco de tabaco que pronto arrojo una pequeña luz anaranjada en aquel ambiente de sombras y plata. Aspiró su aroma, dejando que el humo se elevara en un fino hilo.

-No estas muerto Konig, de momento.
Se sentó en el suelo cruzándose de piernas, aun así, le sacaba más de una cabeza.
-¿Es una amenaza?
-No, es una realidad. 

Ella le dio una mirada intensa, analizando sus reacciones, lo poco que dejaba ver.
-¿No estas asustado?
-No, soy inmortal.  - Habló directo, amenazante, para que ella entendiera que no se dejaba intimidar. Debía serlo para sobrevivir a toda la mierda que había sobrevivido.

La respuesta hizo sonreír a la mujer y por un momento pareció dejar de ser esa mujer con todo bajo control y sencillamente le dio una sonrisa amorosa que hizo que su corazón se estremeciera un poco. No hacía sonreír a las mujeres, no estaba acostumbrado. Idiota, bobo, no caigas por una sonrisa.
-Perfecto. -Ella le miró de arriba abajo, arrastrando la palabra como azúcar en su mojada lengua, como si se refiriera a él mismo en vez de a su comentario.
-¿Dónde estamos? -Tenía que volver a dominar la conversación, aunque nunca lo había hecho, claro.
-Wasteland.
-Eso no me dice nada.
-Lo sé, solo contesto a tu pregunta. -Volvió a sonreír juguetona, cada vez le irritaba menos esa sonrisa.
-¿Y qué estoy haciendo aquí?
-Esa, es la autentica pregunta. -Dejo la pipa, golpeando la caja nacarada para apagar la brasa del tabaco. -Pero no tengo la respuesta.
-Pero tú me estabas esperando.

Ella se giró, despacio, insinuante, aquel kimono se deslizo por su pálido hombro, el oni cayendo al doblarse la tela, la curva de su escote.
Sintió la boca seca, un zumbido en su cabeza al tener demasiada sangre corriendo por su cuerpo.
Ella se acercó, apoyo una mano en su muslo, con la otra le empujo amablemente del pecho al inclinarse sobre él, su boca tan cerca de sus labios que el amargo y dulce aroma a tabaco le hizo salivar.
Dio con la espalda contra el suelo, con todo lo grande y bruto que era, tumbado por una misteriosa mujer.
-En efecto, te estaba esperando.

Te necesito, Konig. Eres exactamente a quien estaba buscando.
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A Step to the Left / Re: A Step to the Left: Bizarrisme
« Last post by Airin on August 31, 2026, 05:52:54 PM »
pifff, En contra de su voluntad, pero salió :_D  Mi voluntad es tan fuerte como la tuya y mi reino igual de grande...!





[ On the road again - East of Omaha ]



—¿En serio? —Sin mediar aviso previo el indicador de gasolina baja se iluminó con un pitido irritante y Jason resopló con fuerza por la nariz.— ¿No había un sitio más inconveniente que en mitad de ninguna puta parte?

Pisó el freno y apagó el motor sin molestarse en hacerse a un lado en la carretera ni apartarse del camino del resto de la circulación que no existía porque estaba tan a solas bajo la lluvia como si fuera el último pringado sobre la tierra.
Sacó la llave. La movió varias veces haciendo ochos entre sus dedos. Metió la llave de nuevo, la giró e hizo contacto y el motor volvió a encenderse sin problemas. Lo dejó correr varios segundos en reposo y empezó de nuevo a conducir en silencio.

No llevaba un kilómetro entero en marcha cuando el piloto se iluminó de nuevo.

—Mientes, cabrón. —espetó Jason entre dientes mirando el salpicadero de reojo con desprecio.

El beeeep continuó sonando durante los dos minutos mas infinitos de la existencia, martilleando su cerebro y poniendo a prueba su paciencia al punto de hacerle ver una tintada de colores superpuestos sobre la carretera oscura, hasta que un socavón hizo que el coche saltara como si fuera un animal asustado. Y probablemente terminó de asesinar su suspensión.

 Con los ojos muy abiertos y los nudillos casi blancos de la fuerza con la que apretaba el volante, Jason consiguió mantener la rodilla rígida y no pisar el freno pese a la sorpresa. No sabía cuánto iba a durarle el silencio repentino. Silencio. Bendito silencio. ASMR de los neumáticos sobre el asfalto y la lluvia golpeando contra el capó.

Se iba a acabar el hacer favores. No más ir a la caza del wendigo amigo. Se tendría que haber acabado hacía mucho tiempo, pero los niños. Alguien tenía que pensar en los niños. Qué iban a hacer esos pobres niños ricos sin su minion altamente desconfiable que hiciera el trabajo sucio por ellos. Meterse al tajo solos, arruinar los planes de múltiples mafias, destronar a uno o más súper villanos mágicos explotando una media estándar de doce o quince universos paralelos por el camino y morir de una infección fácilmente tratable sin decir nada a nadie. O de un catarro, lo mismo era.

La señal de la gasolina se volvió a encender, pero esta vez sin hacer ruido, y Jason respiró con un ojo puesto en los indicadores y una oreja en el ruido del motor. No debería llevar el depósito vacío, y desde luego no sonaba a que estuviera quemando sólo aire, pero por si acaso debería buscar algún lugar para rellenar.
De verdad que no había un sitio más inconveniente que en mitad de ninguna puta parte.

Se puso el pinganillo inalámbrico bien encajado en la oreja y con una mano cogió el móvil, buscando en la lista de contactos recientes hasta localizar el número que necesitaba.

—Hey, Timberly. —dijo tras apenas medio tono de espera y descuelgue.— Tu coche es una mierda, esperaba algo mejor de tí.

—Ah, no es mi coche, —su niñato rico sonaba divertido y distraído como si estuviera haciendo algo que no debía.— Es robado.

—¿Robado? ¿Cómo que robado? La madre que te parió, ¿tienes más dinero que la NASA y eres así de rata? Deshonra. Si lo hubiera sabido me hubiese robado yo algo mejor, que se cae a pedazos.

—¿Nnnnoo? Pasó una revisión antes de salir a carretera, eso te lo puedo asegurar.

—Lo que tu digas. La radio no va, los limpias no tiran, y el piloto de combustible quiere entrar en combustión vía el escopetazo que le voy a meter como no deje de encenderse y gritar. —La voz al otro lado de la linea pareció pensárselo antes de hablar y Jason tamborileó sobre el volante con impaciencia.— Búscame una gasolinera cerca. ¿En esta dimensión a ser posible?

—Ja qué sarcasmo, ja. En ello estoy. Pero Jay. —el tono neutro con el que habló le dio mala espina instantánea.— Tu tracker no me aparece activo, no apagues el móvil ¿de acuerdo?

—Joder qué bien. Tengo mechero pero no gasolina. Si me secuestran los aliens es tu culpa.

—¡No te van a secuestrar los aliens, no eres tan interesante!

—Y tú sabes mucho de eso. —no prestó atención a la réplica gruñida que defendía sus aventuras descabelladas porque su vista estaba puesta en un brillo anaranjado y mustio que rompía la noche tras una curva.— Hay un sitio aquí.

Salió de la carretera en el arco de la curva y pasó al camino de tierra que se apartaba del asfalto.

—En esta curva me maté yo, heh —murmuró casi inaudible entre dientes con humor negro, y tuvo que mirar dos veces para asegurarse de que había visto bien.— Vale, gasolinera adquirida, los aliens que me esperen en casa para otro día.

—¿Gasolinera? ¿Estás seguro de eso?

—Yo que sé, si los surtidores no tiran ya veré cómo darle un sorbito clandestino al tanque, espera un momento.

Jason llevó el coche hasta uno de los dispensarios donde se detuvo apagando el motor. Se palmeó el cuerpo asegurándose de llevar todas sus cosas importantes encima y salió directo hacia la máquina. Había luz en el establecimiento y una figura moviéndose por dentro; así que agarró la manguera primero y abrió la tapa del depósito después, y procedió a llenarlo hasta el tope.

Oyó la puerta abrirse a sus espaldas justo cuando se abría la cazadora para sacar la cartera, y se dio la vuelta para saludar como una persona civilizada. El encargado de la gasolinera había visto mejores tiempos, y mejores vidas, de forma literal.
Su piel tenía un tono gris verdoso desenterrado, la mandíbula le colgaba ligeramente desencajada hacia un lado y le faltaban partes articuladas en varias extremidades. Se tambaleó un paso adelante y gruñó un ruido agónico y poco inteligible en su dirección.

Jason levantó una ceja y enseñando muchos dientes de un forma que solo catalogaba como sonrisa si le añadían el adjetivo ‘desquiciada’ se abrió la cazadora del todo como un contrabandista de cómic, haciendo visibles varias armas de fuego sujetas a su cuerpo, y el brillo de lo que prometía ser un machete asomando del cinturón.

—Venga. —dijo arrugando el labio superior hacia arriba.

El zombie pareció pensárselo dos, y tres veces, sin menear ni un colgajo. Y después puso pies en polvorosa de vuelta a dentro de la tienda escondiéndose tras una estantería más allá del mostrador. Su sombra se movió varias veces a un lado y al otro, como si estuviera comprobando si seguía ahí fuera.

—Huh, ya decía yo… —Jason resopló, sacó los billetes que necesitaba de la cartera y los dejó pellizcados con la manguera del surtidor.

Cuando arrancó el coche de nuevo, otra vez volvió a encenderse el piloto de la gasolina, y rodó los ojos con exasperación.

—¿Jason, me oyes? —le llegó la voz de la llamada a través de ruido blanco.

—No llores Timkerbell, ya he repostado y tu coche sigue siendo una mierda.

—Que el coche no es mío, la próxima vez te buscas uno tú solo. —Tim respiró buscando su zen.— Había perdido tu señal.

—Pues encuéntrala que me hace falta. —dijo entrando de nuevo a la carretera viendo como empezaba a clarear hacia el fondo del paisaje.— Y mándame un mapa que sea de este siglo, no sé en qué puto desvío me he salido.

—Por lo menos sabemos que sigues en ésta dimensión.

—Ella jura.


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The Hunger Games / Re: I Volunteer as Tribute! | Hunger Games Kickstarter
« Last post by Sayi on August 31, 2026, 05:17:46 PM »
Me inspiré :3... si no se suman más chicas siéntanse bienvenidas a tomar más puestos!


Distrito 1
• Tributo masculino:
• Tributo femenino: Panty Anarchy (Sayi)

Distrito 2
• Tributo masculino: Nikto (Shura)
• Tributo femenino: Alicia Dessendre (Shura)

Distrito 3
• Tributo masculino:
• Tributo femenino: Neko

Distrito 4
• Tributo masculino: Akihiko Sanada (Sayi)
• Tributo femenino: Umi Ryuuzaki (Sayi)

Distrito 5
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:

Distrito 6
• Tributo masculino: Joshua Hammond (Shura)
• Tributo femenino: Shura

Distrito 7
• Tributo masculino: Thorfinn Thorsson (Nanami)
• Tributo femenino: Ferris Eris (Ekha)

Distrito 8
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:

Distrito 9
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:

Distrito 10
• Tributo masculino: Flat Escardos (Ekha)
• Tributo femenino: Lucy M. Montgomery (Nanami)

Distrito 11
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:

Distrito 12
• Tributo masculino:
• Tributo femenino:
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MMORPG: Neverland / Re: neverland 0.0: you can (not) remember
« Last post by Neko on August 31, 2026, 04:55:55 PM »
Más aporte de verano :D




Night Fury y el evento de Sirenas en Mayo 4




El marcador de la misión les indicaba que ahora Orphe les esperaba a un extremo del muelle. Neko y Crane lo podían ver de lejos, arrancándole notas melancólicas a su lira, brillando bajo el sol de la tarde.

—¿Señor Orphe? —preguntó Crane una vez llegaron cerca del personaje no jugador.

Orphe terminó la pieza con unas pocas notas más y abrió los ojos para poner toda su atención en ellas.

—Tenemos tus huevos —informó Neko, orgullosamente señalando hacia la abultada bufanda en brazos de su compañera—. Eh, eso no ha sonado muy bien… Lo que quiero decir es q-

—¡Mis huevos! —exclamó Orphe dejando la lira sobre una funda dura abierta en el suelo y acercándose a Crane risueño de la emoción—. Mis queridos huevos.

Orphe suspiró mientras apartaba la bufanda, contando los huevos uno a uno. Sus ojos se abrieron aún más, sorprendido, y miró de una a otra de hito en hito.

—¡Habéis rescatado a toda nuestra nidada!

Crane arrugó la nariz y Neko ladeó la cabeza en confusión.

—Esa era la misión, ¿no? Rescatar los huevos. Uh, ¿me estoy perdiendo algo?

Orphe fue recogiendo los huevos de los brazos de Crane de uno en uno, con todo el cuidado del mundo, y los depositó en una concha abierta en los que cabían los ocho como guisantes en vaina. Apretadicos.

—¡No, no! No te pierdes nada… es que. Es que… sois el primer equipo en recuperar a todos nuestros hijos. Muchas, muchas gracias.

El sirénido se llevó las manos a los labios, frunciendo las cejas por la emoción. Parecía que fuera a llorar, pero sacudió la cabeza y sonrió de oreja a… no, de ¿aleta dorsal..? bueno, de aleta auricular de colorines a aleta auricular de colorines.
Orphe se sentó en el suelo y agarró su lira. Y mientras empezaba a tocarle una melodía calmada y etérea a sus huevos les volvió a dar las gracias.

—Y para conmemorar este evento, os bendigo. Que las aguas os reconozcan como suyas y os acojan en su seno. Que mi gente siempre oiga vuestra llamada. Y que nunca os falte la alegría.

Neko y Crane se apartaron a un lado, notando como el sol se ponía a sus espaldas, tiñendo el mar de naranja rosado.

Después de unos minutos escuchando la canción de Orphe, Neko señaló el mar.

—Casi parece champán.

Crane asintió con la cabeza, poniéndose mejor la bufanda. Neko dio una palmada bien sonora.

—Pues me ha dado ganas de beber. ¿Te hace acercarte a la barra de la playa a por unas mimosas?

Y Crane volvió a asentir siguiendo a Neko que había levantado el dedo en dirección al bar mientras gritaba “Yahoo, ¡noche de chicas!” a todo pulmón.





Tanto Neko como Crane se habían cambiado a ropa más adecuada para una noche en la playa. Crane llevaba un bikini y un pantalón corto. Se había cambiado la bufanda por un pañuelo largo de color rosa para contrastar con su bikini azul y sandalias rojas para completar el look. Mientras que Neko llevaba un bikini a rayas naranjas y turquesas debajo de un vestidito blanco y vaporoso que no dejaba mucho a la imaginación.

—¡Mojito! —exclamó, levantando los dos brazos por encima de su cabeza con las bebidas.

—¿Cómo lo haces? —preguntó Crane mientras Neko le daba su bebida en mano, la tercera de esa noche—. ¿Cómo encuentras el hueco?

Neko se encogió de hombros. Según ella era una habilidad natural (tetas) que también tenía allá afuera, en el mundo real.

—He estado mirando qué nos queda por hacer de las misiones del evento y por lo visto hay una opcional después de haber probado al menos una vez cada mini juego.

—Y la quieres hacer. —contestó Neko, moviendo los hielos con la pajita.

—Y la quiero hacer, sí.

Neko asintió y probó el mojito. Estaba tan bueno como recordaba que debía estar.

—Lo digo por si… por si quieres hacerla. Juntas. —dijo Crane, con los ojos fijos en el azúcar moreno que decoraba el borde de su vaso.

—¡Sí, claro! Aunque para eso tenemos que ir a probar los minijuegos primero. No sabía si te animarías a probarlos todos, todos —confesó Neko—. Aún no te conozco tan bien.

Neko le sonrió y Crane le devolvió la sonrisa y se pasaron los siguientes veinte minutos haciendo planes para continuar con el evento cuando estuvieran las dos conectadas y Neko no tuviera turno en el servicio de taxis de su Guild.

Dos mimosas, tres mojitos y cuatro sorbetes después, Neko estaba corriendo por la arena, como una llama blanca en la noche, haciendo piruetas de vez en cuando y gritando lo mucho que le gustaba el mar mientras Crane recogía sus sandalias y más tarde su vestido del suelo.

Neko se adentró al agua y le gritó a las olas y cuando Crane contó hasta cinco y no la vio resurgir se quitó su propio calzado y tiró todo lo que llevaba en las manos a la arena, acercándose a la orilla.

—¡Neko! Ay… si se muere no tengo ni idea de cuál es su punto de respawn. —Se llevó las manos a la boca y volvió a gritar entre la caverna de sus dedos— ¡Neko!

La chica apareció en un punto a su izquierda, dibujando una espiral de Arquímedes con su pelo al empujarse desde debajo del agua. Luego sacudió la cabeza y llamó a Crane.

—¡Vamos! ¡Vamos a celebrar que nos han regalado las skins para siempre!

Y se puso a flotar sobre la espalda, revelando la cola dorada. Crane rodó los ojos y miró la ropa a sus pies. Se mordió el labio inferior y acabó por encogerse de hombros, sumando su pantalón al montón y corriendo a unirse a su nueva amiga en el agua.

Aún tenían casi una hora de sesión de juego y jugar en el agua al amparo de las estrellas y la luna creciente no parecía un malgasto de ese tiempo. Nop.
De hecho parecía el final perfecto para la primera jornada de un evento de sirenas.
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SeeDs in the Garden / Re: SeeDs in the Garden – revival
« Last post by Kora on August 31, 2026, 02:36:13 PM »
Cassian escuchó sin interrumpir el relato de las muertes que Lievran había causado. Se imaginó el rostro del viera en el momento de hacerlo, los disparos. El impacto de comprender que una vida acababa de llegar a su fin y que, además, había sido su propia mano la que la había arrebatado. Cassian había presenciado la muerte a manos de otros antes de verse obligado a encargarse él mismo.

Se preguntó si Lievran siquiera habría visto un cadáver antes de aquel momento. Qué habría estado pensando mientras sucedía. Si todavía lo recordaba. Si era por eso que su sueño había sido tan intranquilo.

¿Era moralmente correcto hacerle pasar por ello otra vez?

El ejército galbadiense se sustentaba en gran medida gracias a los reclutamientos forzados en territorios conquistados. Muchos combatían pese a no haberlo querido nunca. Morían por una causa que, en ocasiones, ni siquiera les pertenecía. Una causa a la que quizá incluso se oponían.

Cassian dejó escapar un suspiro pesado. Tendría que enterrar sus reparos si alguna vez quería convertirse en un líder capaz, responsable de aquellos que estaban bajo su mando. Si todos hacían lo que debían, si obedecían y se rendían cuando fuera necesario, no habría razón para someter a sus subordinados a aquello que no necesitaban soportar.

—Entiendo —dijo, inclinando la cabeza—. Concéntrate, por encima de todo, en mantenerte con vida. Permíteme abatir a nuestros enemigos siempre que sea posible y cuando sea necesario.

Sin embargo, probablemente la situación no permitiría una división del trabajo tan ordenada, y él lo sabía. También sabía que, si Lievran se veía obligado a matar, él sería la razón por la que habría tenido que hacerlo.

Su mirada se desvió hacia el viera cuando este propuso la idea de servir de cebo.

*Ya lo eres*, pensó.

Quizá Lievran pudo verlo en sus ojos durante aquel breve instante. Cassian transportaba una carga valiosa. La otra caminaba a su lado.

—No me interpondré en vuestro camino, mi lord. Pero puedo garantizarle que me subestimarán.

Siempre lo hacían. Para ellos no era más que un hombre-bestia con una espada, la mascota de Lord Livius, adiestrada para atacar cuando recibía la orden, pero carente de la agudeza necesaria para el combate que poseían sus superiores. Lord Solane quizá había sido el primer galbadiense que había considerado que Lievran podía ser algo parecido a un igual… por supuesto, solo en el campo de batalla.

Una rama baja y larga se enganchó en el hombro de Lievran, y el viera la apartó con un movimiento distraído. La mirada de Cassian se posó en sus orejas altas y características.

Hubo un tiempo en que había creído que todos los no galbadienses eran intrínsecamente inferiores, porque todos los que había conocido habían sido esclavos.

Hablar con ellos y ponerlos a prueba lo había sacado de aquel error.

Lievran no se había atrevido a alzar un arma contra él, pero otros habían tenido menos reparos. Cassian aún conservaba las cicatrices que demostraban que aquellos pueblos tenían tanta gallardía e ingenio como él. Si no más.

De todas formas, Cassian no era alguien especialmente querido, eso lo sabía. No entre los conocidos de su padre ni entre los hijos de estos. No había mejor objetivo de chismes que el muchacho que hablaba y se medía con miembros de culturas consideradas salvajes como si fueran dignos de su respeto. Era perfectamente posible que incluso los hijos de Livius hubieran hablado mal de él alguna vez.

Quizá por eso se aferraba tanto a sus logros. Podían cuestionar sus inclinaciones, pero jamás las calificaciones que obtenía en las pruebas ni las menciones honoríficas que acumulaba durante sus misiones.

Por eso, Cassian no dudaba de que Lievran tuviera razón al afirmar que lo subestimarían, porque ya onocía aquella clase de prejuicio.

—¿Qué tienes en mente? —preguntó con tono sereno.

Con la niebla suspendida a poca altura y los árboles apiñándose a su alrededor, el bosque permanecía sumido en la quietud de la mañana. Solo se oían sus voces, su respiración y el crujido de sus pasos. El lobo avanzaba silenciosamente detrás de ellos, sin atreverse a reducir demasiado la distancia de seguridad, pero siguiendo sus pasos con una obstinación que empezaba a resultar casi cómica.

Cassian no podía saber qué pasaba por la cabeza del animal, pero suponía que la criatura simplemente había decidido que ellos eran una compañía tolerable. Mientras no se acercara demasiado, no tenía motivos para preocuparse por él.

—Puedo atraerlos hasta una posición determinada y hacer que bajen la guardia, especialmente si parezco herido o perdido —explicó Lievran—. Podría darle a mi señor el elemento sorpresa y convertir la emboscada en una trampa para nuestros enemigos.

Cuando el viera expuso su idea, Cassian la sopesó en silencio durante un rato. Recalculó la situación, dejando que las posibilidades se ramificaran a partir de aquella propuesta.

No podía saber con certeza cuáles eran las intenciones exactas de quienes los emboscarían. Anticipaba que los agentes contratados preferirían matarlos antes que perder la vida ellos mismos. La mayoría preferiría enfrentarse a las represalias y al castigo por un fracaso que a la muerte. Era una cuestión de pragmatismo.

Sin embargo, ambos tenían un valor intrínseco como rehenes si podían capturarlos sin demasiada resistencia ni bajas.

En su propio caso, Cassian no estaba seguro de si lo valorarían más por el posible rescate o por la oportunidad de poner fin a la línea de su padre. Sospechaba que, dados los logros que llevaba a su nombre, comprenderían que capturarlo con vida era una perspectiva poco realista. Estaba demasiado bien entrenado. Demasiado bien armado y demasiado experimentado. Y era bien sabido que no era ajeno al combate.

Los logros y aptitudes de Lievran, en cambio, no habían recibido reconocimiento alguno.

—Desconfiarán si no estoy contigo —le informó Cassian—. Esperan encontrarnos a los dos. Mi ausencia probablemente hará que estén más alerta. Sin embargo… —asintió—. Puede que eso importe poco, porque no tendrían forma de saber desde qué dirección voy a atacarlos, incluso aunque descubran el engaño.

El problema de apartarse del lado de Lievran era que le resultaría difícil protegerlo si los emboscadores tenían la suerte de atraparlo desprevenido.

Cassian repasó mentalmente el escenario. Se abalanzaban sobre el viera, lo agarraban por todas partes y le apoyaban un cuchillo en la garganta.

¿Qué harías?

Sabía qué debía hacer. Lo que haría un buen soldado. Cerrar el corazón, efectuar el disparo. Confiar en ser más rápido que la mano enemiga.

Pero sabía lo que él haría.

Debería estar mejor entrenado. Debería saberlo mejor. Sin embargo, se arrodillaría si eso significaba comprarles tiempo y una oportunidad de sobrevivir, aunque el viera fuera un esclavo, e incluso aunque probablemente el mismo Lievran esperara que Cassian se deshiciera de él en cuanto se convirtiera en un inconveniente.

Lievran permaneció en silencio mientras Cassian estudiaba su propuesta. Por la expresión del viera, parecía esperar su respuesta con una atención que Cassian no pudo evitar interpretar como una cierta satisfacción por haber sido tomado en serio.

No tardó en hablar.

—Solo haré lo que usted considere mejor, mi lord. No se me ocurriría imponerle mi criterio.

Lievran guardó silencio unos instantes, frunciendo ligeramente el ceño mientras parecía darle vueltas a alguna otra posibilidad. Cassian lo observó con interés. Había algo en aquella actitud que le resultaba poco habitual: el viera parecía estar acostumbrándose a que sus ideas fueran escuchadas. No pudo evitar una media sonrisa al darse cuenta.

—Otra opción sería que fuéramos juntos. Quizá podría llevarlo yo, como si estuviera herido.

Cassian arqueó ligeramente una ceja.

La alternativa que Lievran no había terminado de expresar era obvia. Podrían haber hecho lo contrario, pero incluso teniendo en cuenta su reputación, resultaría poco verosímil que Cassian arriesgara tanto por cargar con un simple esclavo.

Lievran negó levemente con la cabeza, como si hubiera decidido que ya había dicho demasiado.

—Disculpe que insista tanto con esto, Lord Solane. Simplemente pensé que inducirlos a sentirse seguros podría darnos una ventaja, especialmente si vamos a estar en inferioridad numérica.

—Mmm. No. No supone ninguna imposición. Aprecio tu iniciativa —le aseguró Cassian—. Si cualquiera de los dos tuviera que cargar con el otro, nos agotaría y consumiría una energía que sería mejor reservar para el enfrentamiento con el enemigo. Sin embargo, la idea general tiene mérito.

La posibilidad comenzó a tomar forma en su mente.

Lievran asintió ante lo referente a conservar energías. Cassian reparó en cómo los dedos del viera rozaban su costado, allí donde el día anterior había recibido el golpe. Por su expresión, el dolor parecía haber desaparecido.

—Si ambos fingimos estar heridos, bajarán la guardia. Podríamos avanzar cojeando hasta entrar en su emboscada: tú sujetándote el hombro, yo agarrándome el costado… Incluso podría conseguir que pareciera que dejo un rastro de «sangre» en la nieve.

En parte, Cassian estaba siguiendo la corriente a Lievran. Pero también quería que el viera fuera algo más que una pieza pasiva dentro de su estrategia. Verlo participar en la planificación con semejante entusiasmo resultaba…

¿Encantador?

No. Se negó a reconocer que aquella había sido la primera palabra que le había venido a la mente. Aun así, no podía negar que lo disfrutaba.

—En cuanto al dispositivo que te he entregado, debería explicarte sus capacidades. —Cassian levantó el suyo para mostrárselo.— Tiene una doble función. Al activarlo, generará un escudo que reducirá drásticamente el impacto de los proyectiles de alta velocidad disparados contra ti.

Esa era la razón principal por la que Cassian no temía que los atacaran con armas de fuego desde las posiciones elevadas.

—No detendrá por completo los proyectiles que recibamos. Todavía pueden alcanzarte, pero te rozarán o te producirán cortes en lugar de matarte. Permanecerá operativo durante unos minutos, así que no tendremos mucho tiempo para neutralizar la amenaza.

Cassian le mostró a Lievran cómo activar el escudo y le indicó que no lo desplegara hasta que llegara el momento adecuado.

—También tiene otra función —añadió.

Se aseguró primero de que el viera hubiera comprendido la primera, así como sus implicaciones y aplicaciones, y respondió a las preguntas que pudiera tener antes de continuar.

Lievran observaba el brazal con atención mientras Cassian explicaba su funcionamiento. El viera parecía concentrado, siguiendo cada indicación y memorizando cómo activarlo. Cuando terminó de explicarle la función del escudo, Lievran inclinó ligeramente el antebrazo, como si estuviera sopesando el dispositivo.

El dispositivo estaba bien fabricado y era relativamente ligero. No interferiría demasiado con el uso del sable-pistola en el mismo brazo. No parecía una tecnología de uso extendido; quizá se hubieran aplicado principios similares en otros artefactos, pero, por la manera en que Lievran lo examinaba, Cassian sospechaba que era la primera vez que veía algo semejante.

—Bien —respondió antes de continuar—. El escudo no es visible a simple vista hasta que un proyectil impacta contra él. No notarán que lo has activado si lo haces discretamente, pero debemos procurar aprovechar al máximo la carga.

Dejó que aquella advertencia calara antes de mostrarle la segunda función.

—Entiendo. Me aseguraré de activarlo en el momento adecuado.

Cassian asintió. Al menos parecía haber comprendido la importancia de no desperdiciar la carga. Vio cómo Lievran alzaba entonces la mirada hacia él, esperando la explicación sobre la segunda función.

—Esta parte puede desplegarse como un gancho de agarre. Se disparará cuando presiones aquí, en la dirección hacia la que estés apuntando con el brazo. El retroceso es aproximadamente tan fuerte como el de un disparo de sable-pistola, así que prepárate para el retroceso. Una vez en el aire, las púas se extenderán para engancharse a una superficie sólida.

Cassian giró el dispositivo para mostrarle dónde estaban los controles, situados en el borde exterior del brazal. La posición facilitaría estabilizar el brazo durante el uso.

—El cable del interior se retraerá rápidamente y te arrastrará hasta el punto donde se haya clavado el gancho. Puedes utilizarlo para alcanzar rápidamente una posición elevada, pero solo una vez.

Señaló otro de los controles.

—Pulsa aquí para cortar el cable cuando estés donde quieras. Solo tiene una carga y querrás liberar el brazo cuanto antes. Abandona el gancho. Podemos sacarlo de la piedra y la nieve más tarde, si tenemos la oportunidad.

Lievran escuchó sin cambiar apenas de expresión, aunque su atención permanecía fija en el dispositivo. Giró ligeramente la muñeca mientras Cassian señalaba el mecanismo de disparo y pasó el pulgar enguantado por el borde sin llegar a presionarlo.

—Entendido —dijo sencillamente.

—Si tienen tiradores apostados en las cornisas orientales y occidentales, ignóralos —insistió, con un filo más severo en la voz—. No intentes enfrentarte a ellos. Yo me ocuparé de ellos. Hay un puente natural entre ambos lados del desfiladero, sobre el paso que pretendemos atravesar. Apunta hacia allí. El cable llegará a esa altura.

Cassian evitó explicar por qué no quería que Lievran se acercara a aquellas posiciones. Revelar lo que había hecho en las cornisas terminaría de disipar cualquier duda sobre la verdadera naturaleza de la misión. Era un montaje, y cuanto menos evidente resultara para Lievran, mejor.

—Sí, Lord Solane —respondió Lievran una vez más.

Cassian observó al viera durante un instante. A pesar de todo lo que todavía ignoraba sobre el plan, parecía decidido a demostrar que podía ser útil.

Un breve resoplido procedente de detrás de ellos hizo que Lievran girara la cabeza de inmediato. Solo era el lobo, avanzando con paso alerta. Cassian dirigió también la mirada hacia el animal. Quizá hubiera percibido algo que ellos aún no podían oír.

Cuando Lievran volvió a mirarlo, su postura se había enderezado y su expresión mostraba una concentración renovada.

—Solo tiene que dar la orden, mi lord. Estaré preparado.

Cassian sostuvo su mirada unos instantes antes de asentir. Cuando estuvo seguro de que Lievran había comprendido las instrucciones, lo dejó repasar mentalmente lo aprendido y prepararse para lo que estaba por venir.

Inclinó ligeramente la cabeza. El plan estaba decidido.

Apartó la mirada del viera y volvió a centrarla en el camino que tenían por delante. Intentó no pensar demasiado en cuánto estaba arriesgando Lievran a cambio de tan poco beneficio personal. Había tomado una decisión. Ahora solo quedaba asegurarse de que ambos sobrevivieran para verla cumplida.

Cuantos menos enemigos tuviera la Casa Domine, menos tendría que preocuparse Lievran. Si ya habían intentado secuestrar a los hijos de Livius, volverían a intentarlo. Correspondería a su padre y a Livius encargarse de cortar la cabeza de la hidra, por así decirlo, pero aquello les daría a sus casas un respiro.

Y lo que viniera después ya no estaría en sus manos.

Pronto sería Decurión y tendría su propio escuadrón a su cargo. Lo desplegarían en el extranjero y no sabía cuánto tiempo pasaría antes de volver a ver a Lievran. Se dijo a sí mismo que le estaba haciendo un favor. Un poco de brutalidad y derramamiento de sangre ahora a cambio de una paz temporal.

Sus enemigos no volverían a intentarlo en mucho tiempo.

No si tenían un mínimo de sentido común.

El pequeño resoplido del lobo volvió a atraer su atención y lo sacó de sus pensamientos. Metió la mano en la manga y desplegó el mapa para revisarlo una vez más.

—Ya queda poco. Es hora de separarnos de éste.

Le concedió al viera unos instantes para decidir qué hacer antes de actuar. Detrás de ellos, el lobo se detuvo en seco a mitad de un paso. Parecía comprender que la paciencia de ambos con él había llegado a su fin.
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HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Cho on August 30, 2026, 02:27:56 AM »
A ver cuánto me toma again. Almost there~ not (...) at least I had fun this time.

118.2.

…


Había ciertas experiencias que Matsui encontraría diferente en comparación con el punto de vista de la gente común. En algún momento, él fue consciente de que era distinto a otros. Sin embargo, luego de tantos años de vivir como un declarado ‘monstruo’ de Rizembool, había pasado a divagar y preguntarse cómo era que la humanidad ajena a él vería las cosas que le rodeaban, ya prácticamente con un dejo humorístico, o quizás ni ello. Era simplemente ‘normal’ verlo así.

Estar inmerso en dicha densa niebla roja sería otra experiencia diferente en más de un sentido. Si bien el color no sería ajeno para nadie, la intensidad de la niebla era mucho mayor para él, casi no siendo capaz de ver nada fuera de ese perverso rojo que cegaba su visión. Al mismo tiempo, esa ‘niebla’ no era una manifestación climática. Las personas comunes se sentirían débiles y nauseabundas por estar rodeados de aquel ‘aire’ que se asemejaba a un depredador y gustaba alimentarse de las energías de lo que sea que alcanzara, muy lentamente.

Y nuevamente, aquella no era su experiencia. La niebla… le resultaba muy nostálgica. Casi le daba la bienvenida, estaba dispuesta a servirle de energías en vez de arrebatárselas. Era como si respirara un aire más benévolo que el aire normal…

…mientras un cosquilleo interno, un impulso latente en él, empezaba a ser alimentado. El Rebel podía detectar que esa niebla buscaba hacerle nuevamente enloquecer y volverse tan bélico como las enshyoujos que vivían en medio de aquel rojo carmesí.

“…” era extremadamente frustrante. Su no sensata decisión de advertir a las HiMEs y adentrarse en esa niebla para alargar un poco la espera podía jugar en contra de todos, y no lo hubiera hecho de no haber visto a tantas HiMEs principiantes estar tan peligrosamente cerca de ese peligro que desconocían. No tenía ningún sentido de obligación con nadie, apenas les extendía dicha ‘cortesía’, pero a su vez tampoco gustaba darle al orquestador de la niebla el gusto de, nuevamente, salirse con la suya.

Y hablando de él…

“No puedo medir el tiempo que ha transcurrido desde la vez que nos conocimos, niño…”
“Te decides a hablarme…” el Rebel estaba de pie, meditabundo, con los ojos cerrados. Era una voz que hacía eco en aquel espacio. El revoltoso podría bien no existir corpóreamente. Quizás parte de él era respirado y exhalado cada segundo. Él simplemente estaba por todas partes.
“Me doy cuenta que nunca pregunté tu nombre. Tal descortesía de mi parte, considerando que tu joven ser preguntó el mío…”
“Es Matsui…” dijo con quizás una ligera impaciencia. “No que importe.”
“La identidad de cada uno es vital para vivir en una sociedad, y la etiqueta de preguntarlo es un código de conducta. Siendo un ser noble, es mi intención rendir el respeto que cada uno merece al ser tratado por otros.”
“Tan caprichoso como siempre, nunca cambiarás…” Matsui sonrió levemente, con ironía, sin abrir los ojos. “No me importa que no me hayas llamado por mi nombre, por una simple razón.”
“¿Hm?”
“…aquella vez que posaste tus ojos sobre mí, me reconociste como si fuera otra enshyoujo más, parte de tus leales orphans a las cuales estimas especialmente, por más que ellas no hayan sido concedidas nombres, ni mucho menos sean vistas como seres equivalentes a humanos,” asintió ligeramente. “Comprendo que eso es lo que represento para ti, y no lo niego. Desde el día que nos conocimos…” su voz se volvió más grave y pausada. “…he sido un monstruo como tú.”
“Me entristece oír que cometí una falta de respeto hacia ti. Tú eres semejante a mis enshyoujo, y sin embargo, existes más allá que ellas. Tu rol de Rebel es la evidencia que lo confirma. Por lo tanto, ¿no crees que mereces ser más que un ser sin nombre ni rostro frente a los demás? No dejas de ocultar tu apariencia de todos, hasta de tus enemigas.”
“Mi semblante puede dar la idea incorrecta que un espécimen como yo es un humano normal como todos. Por ello, existir como una sombra me es útil, me quita el sentido de responsabilidad,” admitió tranquilamente. “Yo no soy un noble como tú, Yato. Pienso que congenio mejor con tus enshyoujo. Ellas son esas sombras que asechan únicamente a los irresponsables, que no atraen a nadie a sí mismas ni pretenden engañar a los incautos. También, ellas, a diferencia de la gente, no me tienen miedo.”
“Mis estimadas damas te ven como parte de ellas. Percibo que están más que felices de verte aquí y quisieran reconectar contigo. Es por eso que entraste a mi niebla, ¿no es verdad?”
“…”
“Te mantienes quieto, tienes los ojos cerrados, estás contagiando una inducida paz a la niebla escarlata para prevenir que mis enshyoujo se manifiesten y ataquen a las miembros de Hanasaki que apenas evidencian nuestra presencia. Tu pasividad busca enviar el mensaje a mis damas que no tienen por qué atacar a nadie a la redonda, a y su vez, estás ralentizando la expansión de la niebla, como lo había planeado…”
“…”
“Pero tú que eres semejante a mis damas, a su vez posees una naturaleza igual a la mía. Tú estás conformado por intelecto y un instinto latente de ira. Tú buscas tomar decisiones sensatas por temer lastimar a otros, y al mismo tiempo, eres más dichoso cuando te deshaces de tus límites y dejas que tus impulsos te conviertan en el depredador que verdaderamente eres. Ni te permites mirar la niebla, como si fuera un ritual de negar que aquel color te haga perder el balance más rápido. Tu paz, tu intelecto, es incapaz de contener toda la niebla que he invocado en este ambiente, sin importar qué hagas. No lo podrás aguantar por mucho más tiempo…”
“Heh…” era una sentencia, y por más que sabía que perder la cordura podría hacerle arremeter contra esas inútiles HiMEs, Matsui no evitaba encontrarlo gracioso. Era quizás de esperarse que un monstruo se comportara como tal, sin importar las intenciones de por medio. “No pretendo ser más fuerte que tú. Si mi mente empieza a nublarse, desistiré en detener esta niebla, y esas HiMEs serán responsables por sí mismas. Pero debo decir…”
“…”
“…que tienes a un superior muy gentil por proveerte de cuidados para que tengas tantas energías, por más que recién te han liberado de tu prisión.”
“Fufu, Yamata no Orochi-sama es el ejemplo de un caballero que sabe como manejar el tablero de la vida a su gusto en lo que moldea las reglas a su favor. Me siento gratamente humillado por contar con un superior del cual puedo aprender todo lo que resuena en mis principios.”
“Y, sin embargo, te encuentras causándole problemas. Tú careces de dicha habilidad y conocimiento para probar cuánto puedes salirte de las normas. Las consecuencias de tu presente osadía hoy pueden arruinar tu vida en un futuro cercano. Podrías regresar a tu prisión.”
“Comprendo que continúo siendo de interés para Yamata no Orochi-sama incluso si estoy causando problemas, y estoy cometido a aprender de mis posibles errores, todo con tal de cumplir con sus futuras expectativas.”
“…ciertamente eres extremadamente caprichoso…” comentó frustrado y casi enfadado.
“Y lo soy, un caballero opera con sus respectivos caprichos por debajo de su intachable comportamiento. Esos caprichos son los que determinan quiénes somos en realidad. Y cómo tú debes saberlo bien…”
“…”
“He decidido causar este incidente precisamente por lo caprichoso que soy, porque, para mí, mis queridas enshyoujo merecen ser dadas la atención que les concedo…”
“…” frunció el ceño. La niebla comenzó a agitarse. Un tumulto interno tomó posesión de él. Matsui podía detectar que Yato infestaba sus alrededores con un sentimiento bélico para despertar a las durmientes enshyoujo de su letargo. A esas alturas, ya no podía retrasar más las complicaciones del evento.
“…me aseguré de que las HiMEs fueran las que respondan… con tal de salvaguardar a aquella enshyoujo que está perdida sin mí…” la voz se cargó de una contenida algarabía y travesura  de alguien quien gustosamente probaba libertad luego de tanto tiempo de enclaustro… alguien quien, por su sutil intensidad y disimulado morbo, había más que merecido aquel trato. “¿Será posible que yo pueda quitarle la vida a una HiME ajena a mi persona sin perder ese futuro rol de Rebel que me espera, y a su vez, ganarme una enshyoujo más? Aquella es mi pregunta…”
“Tsk…”

…




Entonces, las paredes rojas en el exterior temblaron a una alta frecuencia, y al igual que antes, se expandieron nuevamente como un parpadeo. Sin embargo, no fue un único suceso.

“¡Eh!” Tsubasa tuvo que retroceder al notar una segunda expansión.
“Tch, ¡todas, apártense!” exclamó Suzuka. Las HiMEs tuvieron que ponerse a correr. El perímetro delimitado por la niebla roja se expandió tanto que empezó a apropiarse de todo el claro del bosque, próximo a alcanzar los frondosos árboles.

Fue como un salto a la vez, ni bien una expansión terminaba, otro temblor de las paredes informaba del constante crecimiento. Por el hecho que la parte superior del perímetro también crecía y se asemejaba a un domo rojo, era difícil creer que no sería visto por algún transeúnte. La idea de tener que hacer algo, por más demente que sonara, comenzó a surcar en la mente de las HiMEs. Si querían evitar que civiles se involucraran, quizás valía el riesgo…

“Aruji,” Kashuu jalaba a Cho de su muñeca, en lo que se abrieron camino entre árboles. El arma se notaba estresado. “No olvides que es nuestro trabajo prevenir que la gente inocente evidencie lo que sucede, y nada más.”
“Lo sé, Kashuu,” Cho asintió.
“Creo que no lo sabes, aruji.”
“¿Eh?” ella ladeó su cabeza.
“Quiero decir que, si este incidente crece en magnitud y es visto por alguien inocente, eso no quiere decir que vale la pena que te pongas en peligro. No estás en condiciones para hacer nada, no podrás hacerlo, por más que lo intentes,” dijo estresado y cabizbajo. “Entiéndelo, por favor.”
“Kashuu…” se sorprendió por la severidad, aunque su atención se desvió al oír a Tenshi.
“¡Ahh, ¿por qué se expandió más en esta dirección?!” se quejó la peliazul, quien tuvo que saltar para evitar un incremento del perímetro más violento, el cual casi la traga entera. Terminó a apenas un par de centímetros de la nueva pared, y efectivamente, está volvió a temblar.
“¡Tenshi!” Suzuka acudió para agarrarla y saltar segundos antes de que su kouhai fuera tragada por la niebla. Volvió a saltar un par de veces hasta que Tenshi se soltó.
“Gracias Suzuka, pero no tienes que cuidarme tanto, no puedo hacerte lenta ahora,” Tenshi asintió y miró fijamente a la pared frente a ambas la cual todavía no volvía a vibrar.

Hubo una leve quietud. Esa expansión que les llevó entre los árboles del bosque parecía finalmente haber desistido, y la incierta paz acababa de reanudarse. Luego de unos segundos de tensión, las HiMEs decidieron acercarse entre ellas.

“Ehh, ¿todas están bien?” preguntó Kosuzu, claramente asustada, en lo que caminaba.
“Así parece…” Saki asintió y dio un suspiro. “Quisiera al menos saber con qué lidiamos aparte de esas orphans que presumo nos esperan dentro.”
“Ninguna de nosotras tiene la habilidad de eliminarlas. Sólo podemos asumir que lo que el Rebel nos dijo sea cierto, que pelear inútilmente con ellas es nuestro único recurso si no tenemos opción…” Suzuka se puso a pensar.
“Sin embargo, no veo que sea todavía una emergencia de sumergirnos a este enclaustro,” observó Norimune, sonriendo cansadamente. “No será una situación ideal, el Rebel no pudo ralentizarlo por mucho, como podemos ver, pero continuamos en un ambiente lejos de otras personas. No es una emergencia que amerite correr riesgos.”
“Estoy de acuerdo,” Tsubasa asintió. “Aunque tampoco tenemos claro si hay gente lo suficientemente cerca para haber visto algo. Quizás alguna de nosotras deba hacer vigilia para saber si hay moros en la costa.”
“Sí, estoy de acuerdo,” dijo Tenshi.
“Puedes ir a hacer eso,” sugirió Suzuka.
“No, ya te lo he dejado claro, no tienes que sobreprotegerme,” la peliazul se impacientó considerablemente. “Está bien que digas que sigo recuperándome y que no quieras que ingrese a la niebla roja, pero de entre todas aquí, estoy entre las más atléticas. Creo que lo mejor es que alguien menos propenso a pelear sea quien lo haga.”
“Entonces…” Kashuu iba a sugerir a Cho, aunque no habló lo suficientemente rápido.
“Voto por Kosuzu, ella todavía no sabe usar sus poderes HiME, después de todo,” observó Saki.
“Eh, pues…” la pequeña se inquietó y bajó su mirada con cierto cargo de consciencia. “T-tiene sentido y haré lo que me digan, pero lo siento mucho por no poder aportar más ahora…”
“No digas eso. Justamente te estamos dando un trabajo importante. Asegúrate de redirigir o alejar a las personas que fueras a ver por el camino principal del bosque,” observó Cho, asintiendo con una leve sonrisa.
“S-sí,” la pequeña asintió de vuelta con decisión. “Haré todo lo que pueda.”
“Hanajima-san, no deberías ser tan tajante con nuestra compañera,” observó Tsubasa a su amiga. “Es ahora que tenemos que apoyarnos mutuamente.”
“No ha sido mi intención, sólo es bueno dejar las cosas en claro, precisamente por tratarse de una emergencia,” contestó Saki, alzando una ceja.
“De todos modos, le debes unas disculpas.”
“Hm…” ella se extrañó un poco y pasó a mirar a Kosuzu sin saber qué decir.
“¡E-ehh, e-está bien, no me debes disculpas, tienes razón en decir que todavía no poseo experiencia!” se apresuró a decir la menor, sonriendo incómoda. “Estoy bien, en serio.”
“Bueno…” Saki regresó a mirar a Tsubasa. “Ya la oíste.”
“Ahh, no es tan simple y lo sabes, por favor cambia tu actitud…” Tsubasa negó.
 
Repentinamente, la pared roja cerca de ellas volvió a temblar. La expansión regresó, con todos de inmediato volviendo a huir y apartarse. Sin embargo, luego de dos expansiones, Kosuzu se chocó contra el tronco de un árbol que le hizo caerse sentada al piso.

“¡Ahh!” ella aterrizó con pesar y entonces notó cómo un aura roja estuvo por manifestarse como parte del nuevo perímetro, a punto de tragarla…
“¡Kosuzu!” Cho no tuvo tiempo de ni pensarlo. Era la que estuvo más cerca y la que pudo hacer algo con el muy poco tiempo que la expansión les daba. Si alguien como Kosuzu terminaba frente a esas orphans no había ninguna garantía de su supervivencia, a diferencia de ella misma. Eso fue todo lo que atinó a considerar.

La peliceleste pudo agarrar y lanzar a Kosuzu apenas fuera del nuevo enclaustro, y Cho terminó por desaparecer detrás de la nueva pared roja.

“Tsk, ¡aruji!” Kashuu no lo pensó dos veces y pasó a través de dicha pared, tras su ama.
“Demonios…” Suzuka maldijo por lo bajo, y se sorprendió al ver a su propia arma correr hacia aquel perímetro. “¡Eh!”
“¡Continúen huyendo!” exclamó un inusualmente serio Norimune, quien al igual que Kashuu atravesó la pared sin reserva alguna.

Tal y como el Rebel les dijo, dicho perímetro iba a expandirse conforme más gente se adentrara al mismo. Y así fue. La expansión se volvió más violenta y veloz. Suzuka tuvo que cargar a la pequeña Kosuzu en lo que todas corrieron casi a la misma velocidad que la expansión resultante. La peliblanca oyó a la HiME primeriza disculparse repetidamente en sus brazos, sin poder consolarla, sólo asegurándose de agarrarla firmemente para ponerla a salvo.

…

A una prudente distancia, los gemelos Kagamine observaban los sucesos con gran angustia.

“Uhh, ¿tú crees que Matsui se encuentre bien?” preguntó Rin. “Era mucho para él desde un inicio, se está esforzando demasiado.”
“Si hubiera perdido el control, se habría unido a esta expansión, Rin,” le aseguró Len, sin despegar sus ojos de aquel perímetro rojo que perseguía a las HiMEs. “Debe estar velando por sí mismo ahora.”
“Eso espero…”
“Sí, tenemos que creer en él…”

…

“…”

No todo lo presente era perceptible. El área escarlata, a pesar de ser intangible, representaba un gran peligro para las HiMEs quienes no podían hacer más que huir. Era visible y, por lo tanto, se podía actuar ante la misma.

Por otro lado, las HiMEs corrieron y atravesaron un punto del bosque donde yacía un ser incorpóreo quien, en un sentido quizás incorrecto de decir, encaraba la propia expansión. Aquel sin cuerpo ni presencia, después de todo, podría no estar definido por conceptos como la dirección, el espacio o la anatomía que definía a la gente común, y aun así, dicha presencia se mantuvo inmutada mientras las HiMEs pasaron por su ubicación, para también sumergirse dentro de la marea escarlata.

Jinkougyou se mantuvo firme en lo que el rojo le hizo desaparecer…

…


“Tch…” Kashuu pudo sentir un gran bajón de energías. La niebla parecía nociva, le dificultaba respirar, le ardía los ojos. Prácticamente no podía ver nada…
“Bouzu…”
“¡Eh!” fue agarrado de un brazo y se sobresaltó, aunque por la cercanía pudo reconocer a Norimune. “Tú…”
“Mantente fuerte, tenemos que encontrar a tu aruji,” le recordó con firmeza. “No debe estar muy lejos de aquí.”
“…” asintió e hizo lo posible por mantenerse de pie y atento, por más que no dejaba de perder enfoque y energías. “…no pensé que vendrías a ayudarme. Te ves mucho más resiliente que yo.”
“Es la experiencia,” dijo con naturalidad, sin dejar de buscar a la HiME con la mirada. Apenas notaba las siluetas de los árboles en medio del panorama rojo. “No hay orphans aun, hay que apurarnos.”
“Sí…” Kashuu frunció el ceño. Era una tremenda frustración y sabía que Cho estaba en un estado mucho peor que el suyo. Y aun así… “Aruji no debería haber podido moverse, pero no la veo. ¿A dónde se fue?”
“Lo averiguaremos en su debido momento,” comenzó y empezaron a avanzar. Esa quietud gritaba en sus oídos. El rojo parecía haber desaparecido cualquier indicio de viento e incluso la fauna del bosque. Seguramente las aves fueron las primeras en huir como de costumbre.

Fue un reconocimiento de árbol tras árbol, perfiles oscuros en medio de lo rojo, los cuales no poseían definición por la propia niebla. Nada se movía, sólo aparecían más árboles a corta distancia, hasta que vieron un ‘árbol’ mucho más corto, el cual demostró movimiento.

El sobresalto producto de un tercer ser con vida duró muy poco. Era Cho, quien caminaba con lentitud y ambas manos frente a ella, las cuales parecían intentar palpar algo.

“¡Aruji!” Kashuu le agarró de ambos hombros. “¡¿Te encuentras bien?!”
“K-Kashuu…”
“…” fue desconcertante para el arma ver a su aruji con una expresión de terror absoluto y unos ojos ausentes. La tenía frente a él, pero, por algún motivo, no era capaz de ayudarle.
“No puedo verte, Kashuu… mis ojos están completamente inundados de rojo…”
“…” Kashuu asintió. “Descuida, te vamos a sacar de aquí, no te preocupes,” se giró al otro.
“…” Norimune les miraba, ensimismado.
“Tsk…” y, para sumar a la incertidumbre, nunca antes había visto al otro verse tan impotente. Kashuu optó por agarrar a su HiME de su muñeca para comenzar a correr.
“Espera un momento, bouzu,” dijo el mayor.
“¡Tenemos que huir ya!”
“Esa es la dirección donde huyeron las demás. Si el perímetro estaba enfocado en perseguirles, nos conviene huir a noventa grados de su camino,” asintió. “Síganme.”

Había hecho un buen punto. Por más que parecía que Norimune no quería compartir algo con él, Kashuu supo que tenía que seguirle, y así, los tres fueron en búsqueda del fin del enclaustro.

Aquel muerto bosque les acompañó en silencio y omnipresencia. Era una situación sin precedentes. Kashuu no dejaba de mirar por encima de su hombro para cerciorarse de la ausencia de orphans. No podía entender lo que sucedía, pero era lo de menos. Tenía que rescatar a su aruji.

Mientras tanto, Norimune seguía las mismas intenciones de su menor. Sin embargo, su percepción de la realidad era muy distinta. La quietud, la aparente ausencia del peligro, el hecho que los tres corrían en una dirección camino a la salida… todo ello era un capricho. Se encontraban jugando bajo las reglas de alguien quien los tenía bajo su merced.

Y la HiME… ya estaba atada a esas reglas.

“¡Por ahí!” Kashuu pudo notar que el frente se esclarecía. Debían estar cerca. Sólo un poco más.
“Eh…” Cho oyó hojas que crujían.
“Ya no estamos solos,” observó Norimune, afilando sus ojos.
“Tsk, sigamos corriendo,” afirmó el pelinegro. Apretó el agarre de su aruji al sentirla temblar.
“Bouzu…” comenzó el mayor en lo que mantenían el ritmo. “¿Recuerdas al niño que guiaste de regreso a Rizembool el otro día?”
“Eh… no ahora, kuso jiji,” se impacientó.
“…” Norimune le miró de reojo. “Cuando salgas de aquí, búscalo.”
“¿Qué dices?”
“Presumo que está camino a este lugar. Ni bien lo veas, pídele ayuda.”
“Eh…”
“…quizás esté dispuesto a darte una mano.”
“¿Qué… quieres decir?”

De repente, enshyoujos emergieron desde el suelo, con una agarrando a Cho de una pierna.

“¡K-Kashuu!” exclamó la peliceleste, petrificada.
“¡Aruji!” él no pudo hacer nada ya que otra enshyoujo lo embistió y le hizo soltarla. Kashuu entonces fue jalado por Norimune para prevenir que esa orphan lo ataque.
“No te rindas, estás cercano a la salida,” le recordó.
“¡Suéltame, aruji necesita ayuda!”
“…” Norimune no le hizo caso y, sorprendentemente, agarró a Kashuu y le forzó a correr hacia el límite, dejando a la HiME detrás. Más enshyoujos procedieron a agarrar a Cho para impedirle que huyera.
“¡Suéltame! ¡Maldición! ¡¿Qué demonios haces, miserable?!”
“…un miembro de Rizembool nunca ayudará a una HiME. Ni ese niño lo haría…” continuó Norimune, con una voz lúgubre. Alzó a Kashuu al aire.
“¡Déjame salvar a aruji!” forcejeó, aunque por el esfuerzo, comenzaba a sentir mareos. Esa niebla le había debilitado demasiado.
“Pero puede que te ayude a ti…” dio una carrera más y lanzó a Kashuu con todas sus fuerzas. Así, pudo lograr catapultarlo fuera del perímetro y de regreso al bosque normal.
“¡AAHHHH!”

Náuseas, mareos, imposibilidad de ver por el rojo que saturaba su visión, aunque podía sentir esas manos frías que la presionaban contra el suelo, que podrían hacerle hundirse bajo la tierra por la fuerza que usaban, que le rasgaban por las largas uñas que poseían…

Cho se sacudía en vano. No tenía fuerza para contrarrestar la prisión a la que la sometían las orphans. No entendía por qué dichos enemigos no la herían ni atacaban, sabiendo lo fuertes que habían demostrado ser durante la inauguración de las olimpiadas, aunque… extrañamente…

…no le sorprendía. Sentía que esa restricción tenía razón de ser, por algún instinto que era ajeno a ella misma.

Sentía que las orphans la apresaban, mas no la lastimaban.

Sentía que había algo a lo cual no podía derrotar, un sentido de que todo estaba ‘en su lugar’, y no podía revelarse ante esa noción.

Sin embargo, no estaba calmada. Nada de ello era una certeza alguna. Incluso si no detectaba que esas orphans quisieran lastimarle, estaba completamente bajo la merced de ellas. Continuó forcejeando por más vueltas que le diera la cabeza. Su respiración se agitó considerablemente.

Y entonces, ni pudo marcar su propio ritmo de respiración. De repente, le faltó el aire, por más rápido que tratara de respirar. Sus pulmones no oxigenaban. Estos temblaban semejantes a la pared que continuó expandiéndose.

Pasó a sentir, con pánico, que su respiración era insuficiente ya que ella no respiraba sólo para sí misma, que había algo más que se asfixiaba por dentro, y que ahora, la jalaba bajo las aguas con tal de llevarse todo el oxígeno.

…

“!!!”

Y con esa bocanada ajena de aire, su corazón se puso a latir a mil. Su sangre se puso a hervir, su temor le hizo sacudirse con más fuerza y unos deseos de librarse de apoderaron de su ser. Cho volvió a oír aquel desgarrador grito que le había plagado la cabeza desde aquella noche en el muelle. Al oírlo, ya no pudo contenerse más, y pese a temer las implicaciones, usó su elemento para quemar y apartar a todas las enshyoujos que la apresaban.

Un terror le nubló la cabeza. Cho se puso a gritar en lo que se puso a correr. El rojo la continuó cegando, pero su mente no conectó con la imposibilidad y su percepción visual se desentendió de su avance. Fue como si algo más en su ser supiera a dónde dirigirse, en lo que gritaba, en lo que el grito en su cabeza continuaba manifestándose…

…en lo que ambos gritos surgían de esa HiME que parecía perdida y mortalmente lastimada. Las enshyoujos corrieron detrás de ella.

…



“Tsk… ¿por qué…?” Kashuu cayó sobre el suelo del bosque. Sus energías le habían abandonado. Intentó ponerse de pie, pero apenas sentarse casi le hizo desplomarse.

No entendía por qué Norimune le había salvado. Si estaba preocupado por él, entonces Cho era quien debía ser protegida, puesto a que un atributo HiME era dependiente de su bienestar. Igualmente, tampoco entendía por qué este había decidido quedarse dentro de la niebla si tan dispuesto había estado de abandonar a su aruji.

Kashuu no podía aceptar que había sido priorizado, y que había resultado completamente inútil. Su vida no valía por su cuenta si algo le pasaba a su aruji, y él estaba dispuesto a correr riesgos en su nombre. Incluso si fuera a tratarse de una completa imposibilidad, preferiría quedarse a su lado, al igual que aquella noche en el muelle…

Se agarró su cabeza a manera de tratar de estabilizar su temblante visión, cuando oyó unos pasos acercarse…

“Tsk, eres esa arma…” Hakuzosu apretó los dientes. Alistó sus garras. “¡Me las pagarás!”
“Eh…” Kashuu se sobresaltó. Afiló sus ojos, aunque no tuvo que moverse ya que aquel kitsune orphan fue agarrado del cuello de su camisa por alguien más.
“Oye, suficientes fechorías por un día, Haku,” le recordó Shiyoon, sonriente. “Recuerda que ahora sólo nos toca mirar, ¿de acuerdo?”
“¡No te metas! ¡Esta arma y su inmunda HiME me deben una revancha!” exclamó colérico. “¡¿Qué haces tú defendiendo a gente de Hanasaki?!”
“No, si lo hago por ti.”
“¡¿Qué cosa?!” se indignó.
“Porque pienso que si te andas vengando de un arma que es secundaria a lo que las HiMEs te hicieron, más aún si se ve tan herido, entonces sólo vas a perder por dentro, ¿no lo crees?” comentó el chico, indistinto. “Aprende a pensar en más que lastimar a otros, no es bueno para ti.”
“¡Debes estar bromeando!” Hakuzosu se sacudió para soltarse, aunque Kashuu ya había pasado a segundo plano y dirigió toda su cólera a su supuesto supervisor. “¡Deja esas ideas tontas para los humanos como tú! ¡Yo soy un orphan y la venganza es parte de mí! ¡Me merezco hacerles pagar por el otro día!”
“Entiendo, pero ya mucho anda ocurriendo aquí y sólo te meterás en problemas si lo haces peor,” Shiyoon se encogió de hombros. “Además, si matas a un arma este sólo va a resurgir al costado de su HiME o algo. Es inútil que lo hieras.”
“Eh…” Kashuu se quedó en blanco. Podía ser posible, hasta pensó por una fracción de segundo ‘pedirles el favor’, pero a su vez reaparecer podría causar incluso más estrés en su aruji por la cantidad de energía que requeriría.
“¿Tienes algo que decir?” al oír algo del arma, Hakuzosu le miró desde arriba con un dejo de superioridad. Le miró con desapruebo. “Ya no te ves tan seguro sin tu HiME cerca de ti. ¿Acaso siempre fuiste un debilucho?”
“…cállate, orphan…” Kashuu bajó su mirada, apretando los dientes.
“¡¿Qué dices?!” nuevamente, el kitsune fue detenido por Shiyoon.
“Presumo que tu HiME está en peligro, y en uno grande, por lo débil que te ves,” observó este.
“…”
“Hm…” el orphan frunció el ceño, y entonces recibió un suave zape de parte del otro. Como respuesta, le lanzó un zarpazo que el otro supo evadir como de costumbre. “¡¿Qué haces?!”
“Sólo te detenía antes que digas algo insensible. No hay punto de hacer la situación peor,” confesó el otro, tranquilamente.
“Tch, no me importa, y tu rostro sonso es una de las cosas más insensibles que existen, así que yo no soy el problema.”
“Vaya, no es la primera vez que escucho algo semejante, tal vez debería preocuparme,” comentó Shiyoon, sonriendo incómodo.
“Nuevamente, ¿no eres tú quien anda en más problemas por confraternizar con el enemigo?”
“No duele extender un poco de simpatía, sobre todo si no estamos contribuyendo a este desastre. Este atacante nos está haciendo ver a todos los de Rizembool como monstruos. No nos conviene darle la razón.”
“…como sea, si no me vas a dejar hacerle nada, vámonos de aquí,” Hakuzosu se dio media vuelta. “Prefiero no rodearme de más desagradables humanos…”
“Oh, espera un momento,” Shiyoon se sorprendió al ver a alguien acercarse.

Un sonido en el aire se incrementó en lo que una cuarta persona con jets como zapatos les dio el alcance. Era alguien ya conocido por los tres, sorprendentemente…

“¡¿Kashuu?!” Ortho se quedó en shock y de inmediato aterrizó frente a él.
“O-Ortho…” su sangre se heló. ¿Cómo demonios supo Norimune que estaba en camino? Kashuu se despertó y le agarró de ambos hombros.
“¡Eh!”
“¡Ayuda! ¡Mi aruji está dentro de esa área detrás de nosotros! ¡Intenté sacarle de ahí, pero hay muchos orphans y-!”
“¡Cálmate, por favor!” Ortho se apenó. “No te puedo ayudar con eso. Esa niebla es demasiado peligrosa para todos nosotros.”
“P-pero…” sí, supuso que no ayudaría a una HiME.
“Es más que un aire. Ese ambiente irradia un tipo de energía altamente nocivo. Incluso yo no duraría mucho tiempo apenas estando de pie ahí dentro.”
“Tsk, entonces…” a pesar de esa explicación, vio al menor sacar una especie de pistola semejante a un termómetro eléctrico.
“Pero puedo al menos disipar la energía que te ha lastimado tanto. Quédate quieto, por favor,” y así, se puso a irradiar al arma con dicho instrumento.
“Hm…” por su parte, Shiyoon alzó una ceja.
“¿Qué está pasando aquí?” una vez más, Hakuzosu volvía a perder las esperanzas de que los humanos fueran seres racionales. “Estás ayudando a un arma de Hanasaki, ¿acaso no eres parte de Rizembool como nosotros?”
“Kashuu me ayudó en una emergencia el otro día,” dijo Ortho sin reserva alguna. Pasó a sonreír. “Así que pienso en él como un amigo, por supuesto que le devolveré el favor.”
“Haha, ¿ves que ya no soy yo quien confraterniza con el enemigo?” Shiyoon rió un poco.
“Ni se te ocurra tomarme el pelo, imbécil,” el kitsune apretó los puños. “Los odio a todos ustedes, humanos caprichosos.”
“Kashuu, lo siento, quisiera poder ayudarte a salvar a tu HiME, pero estamos frente a un enemigo muy peligroso,” dijo Ortho. “Pero la ayuda está en camino. Es más, ya les he enviado las coordenadas. Tenemos que confiar en que tu HiME estará bien y esto terminará pronto.”
“…” tenía más preguntas que respuestas luego de esa información, aunque sus sentidos y balance ya se habían recuperado considerablemente. Asintió. “Gracias por ayudarme, sé que hasta eso puede considerarse un problema para alguien como tú.”
“No, está bien, en serio.”
“…” pudo ponerse de pie y encaró a la pared roja. “Ahora tengo que ir a sacarla de ahí.”
“¡N-no, definitivamente no estás curado y aún si lo estuvieras estarías bajo mucho peligro!” se escandalizó el pequeño. “¡Por favor no lo hagas!”
“Descuida, yo estaré bien mientras mi aruji lo esté,” afirmó, listo para aventurarse.
“¡Ehh! ¡P-por favor deténgalo!” suplicó Ortho, asustado.
“Okay~” Shiyoon agarró a Kashuu de un hombro. “Detente ahí.”
“¡¿Ah?! ¡No te metas!” el arma se impacientó y se giró para apartar al otro, aunque el chico fue más rápido y de un limpio movimiento lo derrotó de regreso al piso.
“¡Eh!” Ortho se asustó.
“Descuida, no le he lastimado, sólo es un recordatorio que su balance todavía pende de un hilo. Fue fácil hacerle perder el equilibrio,” dijo el aspirante a Rebel, amenamente. “Por cierto, arma, ¿de casualidad eres pariente de Haku o algo? Tienes sus mismos impulsos agresivos.”
“Tch, ¿qué dices…?” Kashuu le miró con fastidio.
“¿Y por qué me metes en este asunto? ¡Déjame en paz!” se sumó el orphan.
“Entiendo que quieres ayudar a tu HiME, pero este enemigo no te dará la oportunidad. Es más, podría hacer que las cosas empeoren si no tienes un plan,” observó Shiyoon. “Siento decírtelo, pero tienes que aceptar que eres impotente en esta situación.”
“Tch, no es tan simple…” Kashuu volvió a levantarse. “Mi vida no importa. Yo seguiré bien mientras mi aruji lo esté, puedo regresar una y otra vez. Por eso pienso usarlo para protegerla.”
“Kashuu…” Ortho se entristeció.
“…” Hakuzosu desvió su mirada, como quien estuviera escuchando a un loco.
“No lo sé…” Shiyoon dio un suspiro. “Es un poco desagradable que digas eso.”
“No me importa lo que pienses,” volvió a encarar la niebla. Esta vez, Shiyoon apropiadamente se puso en su camino.
“¿Y acaso no importa lo que tu aruji piense?”
“¿Qué dices?” se sorprendió.
“Porque si tú tienes vidas infinitas por ella y las usas sin preocuparte por tu bienestar, sólo la estás haciendo responsable. Creo que, en su lugar, detestaría que alguien haga eso por mí.”
“Tsk, ¡eso no importa ahora!” pretendió quitarlo del camino, y nuevamente, el otro le desestabilizó con muy poco esfuerzo. “¡AHH! ¿Por qué… te metes?”
“Porque Ortho es un buen niño, ¿no es verdad? No quiero verlo triste,” dio un suspiro. “Deja de insistir. No vas a cruzar esta pared mientras yo esté aquí.”
“Tsk…” Kashuu vio a ese joven extenderle una mano.
“No te ayudaré con tu HiME en estas circunstancias, pero si el peligro se desvanece y esta niebla se debilita, te prometo que te llevaré donde ella,” dijo sin rodeos. “¿De acuerdo? Estoy dispuesto a hacer eso por ti.”
“…” sabía que esa ‘tregua’ era lo único que podría sacar de su situación. Desvió su mirada, apretó los dientes, sintió una desesperanza asfixiante, y luego de comprimir sus ganas de arremeter contra aquel chico, tuvo que aceptar esos términos. Aceptó la mano para ponerse de pie, pero se soltó lo antes posible. “Si algo le pasa, te haré arrepentirte.”
“Seguro que también me sentiré mal por mi cuenta. No eres un mal tipo,” comentó el otro, sonriendo apenado. “Nos toca esperar a los refuerzos. Viendo que Ortho ya anda por aquí, no debe tomar mucho más.”
“¿Quién va a venir? Si todos ustedes temen siquiera exponerse a esta niebla, ¿qué clase de super soldado se va a encargar de esto?” preguntó Kashuu.
“Haha, ¿super soldado? No, no es nada como eso,” Shiyoon rió un poco.
“¡Deja de burlarte de este asunto si mi aruji está en tanto peligro! ¿Acaso siempre eres así?”
“Siempre…” Hakuzosu dijo a regañadientes. Era reconfortante oír quejas ajenas sobre él.
“La ofensiva no funcionaría eficazmente contra este revoltoso, es ahí donde entra la tecnología de Rizembool para ponerle en su lugar,” explicó Ortho. Asintió con decisión y certeza. “Nii-san se encargará de esto.”
“¿Tu hermano?” Kashuu se confundió.

…
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Reglas, Guías y whatnot / Re: Canje de palabras
« Last post by Cho on August 27, 2026, 01:33:07 PM »
Hola Miyu, mil disculpas por recién contestar, lo acabo de ver.

Sí tienes las suficientes palabras, así que voy a anotar tu canje. Espero que disfrutes de tu HiME y nuevamente perdón por la tardanza.
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Listas y Probaciones / Re: New Probation Time!
« Last post by Cho on August 24, 2026, 11:06:10 PM »
Hola chicas, vengo a anunciar que el stop sign será dejado el lunes 31 de agosto a las 10:00pm hora México d.f.

Countdown
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HiMEverse / Re: HiMEverse Episode V: The Rebels Strike Back
« Last post by Kana on August 15, 2026, 08:17:42 PM »
Con el grotesco agujero de la pared cubierto apenas por una mesa atravesada y una lona miserable que azotaba el viento helado de Lancannia, la nueva realidad comenzó a asentarse sobre ellos como un veneno azucarado conforme pasaban los días.

Kana caminaba por los jardines del castillo mientras el sol despuntaba con la tibieza melancólica propia de Europa con aquella clásica neblina de Inglaterra. Los primeros días, no se había despegado del laboratorio intentando aportar en cualquier cosa, pero conforme pasaba el tiempo, Henry le pedía que lo acompañara en sus eventos de sociedad y sus actividades. Ratio le aconsejó que acompañara al rubio para no levantar sospechas en los otros Lancaster al ver que Henry pasaba mucho tiempo en la mansión de Vincent en Lancannia.

Y no podía negar que estos días habían sido maravillosos, a pesar de la angustia que sentía por la ausencia de Allen y tener un posible fin del mundo sobre su cabeza gracias a la rajadura que hicieron en el espacio/masa/tiempo.

Si escuchaba el murmullo egoísta de su propia alma, esta línea temporal era muy grata. En este tejido reescrito de la historia, los traumas que la habían lastimado en el pasado estaban milagrosamente cicatrizadas. Los Nakiri, su familia materna, ya no la contemplaban con el desprecio reservado a los parias; incluso su tío Azami, aquel hombre de orgullo extremo e inflexibilidad tiránica, la reconocía ahora como una legítima heredera. Su linaje paterno, los Kise, había dejado de ser una carga abusiva y manipuladora: su padre vivía en un retiro ermitaño y contemplativo en las montañas, mientras que su hermano Ryota Kise sencillamente no existía o era parte de otra familia.

La vida se desplegaba ante ella con una ligereza que no dejaba de inquietarla. Le iba brillantemente en Hanasaki y la alta aristocracia era amable con ella gracias a Henry. Ah, Henry... ese joven dulce, hermoso y devoto, cuyos ojos calipsos la buscaban con un afecto que prometía traer el paraíso del cielo ante ella. Era fácil rendirse a la ilusión. ¿Acaso el destino no consiste, muchas veces, en aceptar la mentira que nos hace más llevadera la existencia?

“Podría quedarme aquí”, pensó, rozando con los dedos los pétalos de una rosa. “Podría ser feliz”

Pero la conciencia es un juez desollador y Kana siempre ha sido muy justo y culposa. La felicidad levantada sobre el borrado de otra alma, la vida de Allen, no es más que una tumba blanqueada. Allen Walker había sido erradicado del mundo. Kise no estaba. Quedarse en este paraíso falso significaba convertirse en cómplice del olvido a costa de dos personas a las que apreciaba. ¡No podía ser tan egoísta!

"¿De qué le sirve ganar el mundo entero si pierdo mi alma o condeno a otros a la nada?", se dijo con amargura. Sabía que debía destruir la fantasía y regresar a la línea original.

—¡Estoy de regreso!— Kana se presentó en el laboratoria improvisado, quitándose el ridículo sombrero de “damita” de sociedad. —¿Han avanzado en algo?— pero toda emoción se borró de su rostro al  ver que otro costillar estaba despedazado en la pared. —…—
—Cambié las ecuaciones, pero… aún falta un componente.— Ratio se frotó la sien.
—¿Dónde está Cain?
—Esa rata se tomó el día libre
—¿…Qué? Jamás ha tenido un día libre.
—Cain Lancaster, no. Pero el jardinero, se ausentaba mucho de sus labores… Creo que se está mimetizando con su yo del presente.



En una cabaña ubicada en el bosque en los lindes de Lancannia, Cain estaba en el porche de la cabaña, bebiendo whisky, completamente relajado mientras observaba el atardecer. Pasaba las hojas de la pila de periodicos que leía a diario, esta vez, ni siquiera se incomodaba de ver que los vi Britannia habían comprado otra empresa.
En su línea original, para Cain eso significaba trabajar el doble para escalar aún más: no se podía permitir que la familia vi Britannia tuviera más que la familia Lancaster.

Pero, por su parte, Cain experimentaba una conmoción espiritual aún más perversa: el alivio del despojo.

Ser el humilde jardinero de la mansión y no el pilar sobre el que se erigía el imperio de los Lancaster resultaba ser un bálsamo para su psique siempre sobre exigida. Por primera vez en la vida, conociendo el valor de la intrascendencia, disfrutaba de un "día libre". Si cometía una torpeza o caía en desgracia, no perdía nada, pues a ojos de la sociedad ya era un miserable don nadie. La pesada carga de resolver la vida de sus parientes, de controlar los hilos económicos y de ser el salvador de una familia podrida de avaricia había desaparecido de sus hombros.

Pensó en las obras de Fiodor Dostoievski y hoy en día le halló todo el sentido del mundo.

Incluso la tragedia de su hogar original había sido reescrita: sus padres no habían perecido en aquel trágico incendio provocado por la locura de su madre. Sus hermanos vivían sin la sombra de la perturbación mental de sus progenitores.

Pero su día perfecto tuvo que ser arruinado por ese ser que tanto aborrecía:

—Aquí estás…— el rubio le sonrió, amable. —Te estuve buscando todo el día.
—Fuera…— hizo como que prestaba atención a la lectura del periódico. —Es mi día libre, dejame en paz.
—¿Estás bebiendo whisky?
—Sí, ¿y qué? ¿Piensas que caeré desplomado bajo el efecto del alcohol o haré riña callejera como tu jardinero? Porque… Quizá no es mala opción.
—Eh…— Henry tuvo un poco de miedo de la actitud hostil de su “jardinero”, se sentó con mucho cuidado en la otra silla libre y contempló el atardecer.
—Es un sitio privado… No se aceptan personas.— le dijo sin mirarlo, con los lentes de sol que no se los quitaba por nada. 
—Pero… Soy el heredero de Lancannia. ¿Se supone que puedo estar aquí y donde quiera?
—No.— tomó un poco de whisky. —Esta pocilga es para los trabajadores…  Un sangre pura nunca debe poner un pie aquí con la servidumbre. Tu lugar ahora está en el gran castillo de Lancannia, en el escritorio principal resolviendo la economía siempre en fluyo, yendo a salones de té y fiestas de la elite. Henry… Eres el heredero, tienes mucho trabajo. No vengas a molestarme en mi día libre si no tienes ganas de hacer tu trabajo.
—Creo que cuando fuiste el hijo mayor manejabas mejor las cosas aquí que yo…— Henry suspiró. —Mi abuelo dice que no tengo mucho potencial.
—Él dice eso de todos. A mi también me lo decía todos los días y nunca me destruyó. Se va a morir pronto, aguántalo un poco más y ya no escucharás sus amarguras.
—…Eso suena muy cruel.
—No hay nada más real que lo que te acabo de decir. La muerte es lo único "cierto" en nuestras vidas.
—Bueno… Trataré de no escuchar tanto al abuelo.— volvió a mirar hacia el atardecer. —Cuando me siento afligido le pido consejos a Lelouch y me ayuda bastante. Confio mucho en él y me siento bien en su compañía.
—¿Dijiste… Que le pides consejos a Lelouch?— mantuvo la calma, quería pensar que escuchó mal.
—Sí.— asintió entusiasta. —Es mi primo favorito. Amo a toda mi familia y no debería tener favoritos, pero me gusta hablar con el primo Lelouch y pasar tiempo con él… Aunque casi no coincidimos en tiempos. Sus consejos me ayudan mucho a llevar las empresas de los Lancaster.
—…—
—¿Qué?
—¿El abuelo sabe de esto?
—No. Lo mantengo en secreto… Siento que se va a molestar si... ¡Ah!— recibió un golpe en la cabeza con el periódico y al mirar a Cain lo notó observándolo con desaprobación y juzgo —¿Qué pasa?
—¿Cómo se te ocurre pedirle consejos a Lelouch? Ése es nuestro rival financiero. Todo lo que diga lo hará para que SU familia esté por SOBRE la nuestra. Ah, pero tú vas y le confias todo…— bebió de nuevo whisky, frustrado. —Este mundo está en decadencia… Pero, bueno… al fin y al cabo, ¿qué me importa a mi las finanzas de los Lancaster? Ya no es mi responsabilidad.— sonrió con malicia. —Si esta familia se va a la mierda… El responsable no seré yo sino tú.
—…— Henry lo miró con preocupación.
—¿Te doy miedo?
—Sí… Porque piensas igual que mi abuelo y... que mi padre… Tienen un modo de pensar muy frío el cual no puedo alcanzar.
—Es el modo que tienen que pensar los Lancaster. En cualquier momento, “la mente se te abrirá y dejarás de ser tan tonto” supongo que todavía en Lancannia se cuentan las historias que en cierto punto de nuestras vidas nuestros “antepasados hagan posesión espiritual de nuestros cuerpos o simplemente nos volvamos locos”
—Eso no me da tranquilidad…— disimuladamente, le quitó el whisky. —¿Crees que podrías volver al laboratorio? Tenemos que volver a la línea original. Este mundo es perfecto pero corre un gran riesgo de colapsar por la energía que se desbordó. No podemos permitir que ocurra una tragedia.
—¿Sabes que si volvemos a la realidad yo volveré a ser el primogénito y arruinaré tu vida porque es mi deber controlarlos a todos?
—Lo sé.— le sonrió. —Pero estoy bien con eso. Creo que es mejor ser el segundo hermano que no tiene tantas obligaciones. Ser el primero es muy agotador.
—Tal vez yo quiera ser jardinero… y no tener nada que ver con los Lancaster.
—Quiero mostrarte algo.— le toma de la muñeca, jalándolo.
—No quiero que me toques… Y no quiero ir contigo, lunático. ¿Cómo sé que no me quieres decapitarme?— no olvidaba lo del "Rey Henry"
—¿Sabes manejar?— le tiró las llaves del automóvil. —Quiero que me lleves a un lugar.
—Típico de un Lancaster… Explotar a la gente hasta su muerte.
—Tú también eres un Lancaster.— se rió, divertido.
—Tengo más de Hargreaves que de Lancaster…
—Por eso, tienes que acompañarme.



Cain condujo el Mercedes-Benz por la carretera, saliendo del gran dominio de Lancannia. Según las indicaciones de Henry, debían ir hasta el bosque quedaba al otro extremo de la ciudad por lo que llevaban un par de horas de camino.

Y para colmo de la ironía, Henry le reveló un secreto guardado tan religiosamente que sólo él y su abuelo lo sabían: su madre, Frill Hargreaves, continuaba viva, habitando en un ostracismo distinguido en una mansión sumergida en el bosque.

Henry, en su papel de heredero magnánimo, condujo a Cain hasta allí. Mientras el automovil avanzaba, Cain meditaba con cínico desdén sobre la maquina del tiempo y la posible extinción del mundo. "Si el universo decide pulverizarse, que así sea", pensaba. "No soy responsable de esto"

Sin embargo, el destino no tolera la deserción de los soberbios.
Y es que la revelación que le dijo a Henry todavía lo dejaba muy confundido.

Al cruzar el umbral entraron en los dominios de los Hargreaves, bajaron del automóvil, Henry tenía la llave de la casa así que entraron los dos a la mansión que parecía de un cuento de hadas; tan aislada como encantada.

—Soy el único que la puedo visitar… Su mente es frágil a momentos y no permite extraños, le diré que te he traído para que arregles su jardín. Es lo que a ella más le importan, sus flores.— sonrió un poco melancólico.

Fueron hasta el jardín el cual parecía sacado del libro “El jardín secreto” allí, una mujer delgada, pálida, de cabello negro y ojos verdes claro tomaba té en una mesita clásica mientras se relajaba con las plantas y el sonido de las aves cantar.

—Madre.— Henry se sentó junto a ella y se sirvió un poco de té. La mujer lo miró de reojo y le arregló un mechón de su  cabello rubio.
—Increíble… Incluso en esta realidad sigue siendo el favorito de mi madre.— Cain lo miró con rencor, luego comenzó a trabajar en las hortensias. Nunca había sido jardinero, pero eso no significaba que no le gustaran las plantas. Amaba la herbología, sobre todo, por los venenos comunes.

La pareja hablaba más allá mientras bebían el té. Cain se limitaba en quitar la mala hierba y mirar de reojo hacia la mujer de quien siempre buscó afecto. En cierto punto, se distrajo tanto con algunas hierbas que no notó cuando Henry entró en la mansión y la mujer quedó sola.

Se acercó como un fantasma cerca de él, sin advertir de su presencia. Cuando se dio cuenta de que su madre estaba a su lado, fingió normalidad.

—Sólo quito la mala hierba, mi señora…
—Cain... mi pobre niño —susurró a su oido, tomándole con delicadeza del rostro. Lo estrechó contra su pecho como si abrazara a un fantasma —¿En qué abismo ha caído tu destino como castigo de Dios por su avaricia? Cuantas veces te advertí de que esto pasaría… Pero nunca quisiste cambiar. Sólo lo seguías a él, a tu oscuro padre.

Cain se petrificó. ¿Su madre sabía quién era él o es que acaso tenía una relación extraña con el jardinero? No. Era notorio que ella sabía quién era. Dudaba que esas palabras se las dijera a un simple jardinero.
Su mamá siempre tuvo una intuición que inquietaba. Los Hargreaves, a diferencia de los Lancaster, eran una familia inglesa extraña y ocultista, de la que se rumoreaba ciertos lazos con brujas o incluso sangre gitana. Pero sólo eran rumores mal intencionados… Aunque a Frill Hargreaves la apodaban “la bruja” porque siempre intuía cosas.

¿Cómo era que un Lancaster no siguió la endogamia y se casó con una hija rica de otra familia, sobre todo tan extraña como los Hargreaves? Porque los Hargreaves tenían mucho dinero y lazos con estrechos marítimos que todos codiciaban. Frill era amiga de Vincent, a los dos les gustaba el misticismo y las historias de terror gótico, pero el señor Lancaster decidió casar a su hijo Edward con la hija de los Hargreaves pues... Vincent era Vincent.

—Debes hacer que las cosas vuelvan a la normalidad.— le susurró con melancolía. —Tal como estaban antes.
—Madre... no entiendo tu pena—murmuró Cain, buscando en el abrazo de la mujer una justificación para sus palabras. —Este mundo es más piadoso. Mis hermanos no sufren. Tú estás viva. Yo... No soy nadie, como todos esperaron, pero soy libre del peso de la corona.
—¡Es un espejismo!—le confesó Frill Hargreaves en un susurro feveroso y aterrado —La paz de este mundo es una comedia macabra sostenida por la tiranía. ¡Todo este mundo perfecto es una ilusión! Tu padre vive en esta realidad, Cain... Él sigue vivo y es quien intentará manipular la mente de Henry desde las sombras, moviendo los hilos enfermando a tu hermano tal como han sido todos sus antepasados.

Cain entrecerró los ojos, sintiendo un escalofrío por su espalda.

—Él fue un Rebel de Rizembool sólo por diversión, pero su historia es otra. Rizembool no es más que una pequeña astilla en un gran árbol torcido.—continuó su madre con voz trémula. Su cabello largo, liso y negro como el ebano brillaba como una cascada iluminada. —Él y los Lancaster pertenece a esa élite oscura que opera bajo falsas máscaras, las fuerzas invisibles que rigen a los grandes ricos y deciden los destinos de las naciones. Si este mundo ilusorio continúa, usará a Henry como un títere trágico y devorará el alma de tus hermanos.

La revelación era espeluznante, pero su naturaleza era profunda y retorcida. Cain sufría de una devoción casi enfermiza por su madre quién en vida tenía una conducta doble vincular con él; a veces su madre era un sol con él, otras veces lo odiaba como al peor de sus enemigos.

Por un torcido instante, prefirió la perspectiva de un mundo condenado a durar poco con tal de permanecer al lado de su madre, antes que regresar a la línea original. ¿Qué le importaba el orden del universo si podía tener a su madre de vuelta?

—Henry podrá hacerle frente a mi padre y proteger al resto.

Pero Frill le tomó el rostro con autoridad maternal, mirándolo hasta el fondo del alma con esos ojos verdes tan intensos como los de su hijo.

—Escúchame, Cain. Tienes que tomar el control. Solo tú posees la mente implacable y la fuerza para alzarte sobre el barro. Henry tiene un corazón puro y es fácil de quebrarse… Sabes que es así. En cambio tú, resististe todo lo que pasaste en tu vida sin quebrarte. Vuelve a ponerte al mando de esta familia. Pon tu nombre y el de tus hermanos en alto. No lo hagas por salvar este podrido 'mundo'... hazlo por tus hermanos. Ellos merecen vivir tranquilos, no en este teatro marionetero que en cualquier momento se derrumbará.

Cain bajó la mirada, dudoso. Incluso en ese momento seguía prefiriendo un mundo en ruinas pero con su madre viva.

—Si todo vuelve a la normalidad, tú ya no estarás viva. 

Pero en vez de afecto, recibió una fuerte bofetada  que le hizo despertar.

—Haz lo que un hombre tiene que hacer. No eres un maldito crio llorón que necesita estar en los brazos de su madre. Eres el líder de tu familia. 

Aquellas palabras rompieron la apatía de Cain. El orgullo y el deber filial se retorcieron en su pecho como una pira y la mejilla le ardía por el golpe.

—Prométeme que lo harás.
—…Te lo prometo.— entrecerró los ojos, aceptando cumplir la voluntad de su madre en contra de la suya.

Si su madre quería que salvara a sus hermanos de su destino, lo haría aunque él no estuviera tan de acuerdo.

Y en el fondo de su ser —aunque la sola idea de verbalizarlo le producía una náusea insoportable—, necesitaba que Allen Walker regresara. Cain era incapaz de profesar emociones humanas de forma natural; su mente era un mecanismo frío de cálculo y sarcasmo, por eso a nadie le caía bien. Allen, con su calidez torpe, sus gritos y sus pasiones desbordadas, era su "yo auxiliar", la pieza que sentía por él en el teatro del mundo. Sin Allen, Cain no era más que un espectador inerte de su propia vida.



—El señor Ratio dice que…— por supuesto, Henry no podía repetir los improperios que Ratio Verita le dedicó a ambos “hermanos” —Que volvamos pronto al “laboratorio” está molesto y dice que la máquina sigue defectuosa.
—Seguirá emitiendo ondas atómicas hasta que consigamos un elemento clave para armar bien esa máquina.— Cain manejaba con la mirada hacia el frente, pensativo. —¿Los Hargreaves todavía tenemos las mismas empresas?
—Todas pasaron a ser de propiedad Lancaster cuando mis padres se casaron.
—Hm… ¿Y cómo es la seguridad de la Corporación Hargreaves?
—Bueno… Prácticamente sólo personal clasificado puede entrar allí, científicos, corporativos… ¿Quieres algo de los laboratorios?— Henry se acomodó el cabello desordenado que bailaba con el viento de la carretera. —Tal vez pueda pedir una invitación para entrar aunque… No sé que es exactamente lo que quieras que saque de allí.
—Aunque te lo explique no vas a saber que es y esa invitación se demorará meses en llegar. No tenemos tiempo.— Cain frenó de golpe, apoyó su frente en el volante y se quedó pensativo. —¿Crees que madre tenga vigente su ingreso con reconocimiento facial?
—Supongo que nadie debe haberse molestado en bloquear el acceso de una "fantasma", ¿por qué… preguntas eso?
—Tenemos que sacarla y llevarla a los laboratorios para que ponga su rostro en el reconocimiento facial…
—Lo siento, pero no puedo permitir eso. Su mente es frágil y puede colapsar si la expongo a tanto estrés. Ella no quiere saber nada de nadie.
—Demonios, Henry… la única otra opción que me dejas es…— apretó los dedos sobre el volante, indignado.
—Que te disfraces como ella…
—Y aún sería improbable que se abra la puerta.



De regreso en el comedor-laboratorio, la maquina imponía sus límites a niveles brutales. Ratio Verita necesitaba un componente de pureza electromagnética absoluta para evitar que la máquina volviera a convertir materia en…un montón de carne pulverizada en la pared de la mansión de Vincent.

Ratio, Vincent y Kana hacian todo lo posible para poder hacer funcionar la máquina pero sin aquel material de altísima tecnología que solo existía en las bóvedas de la corporación Hargreaves, no podrían garantizar la seguridad de Eureka.

No obstante, ante lo extremo del momento, Cain tomó una decisión de una teatralidad grotesca. Las puertas de la biblioteca se abrieron, Cain y Henry llegaron hasta donde estaba el resto. El pelinegro llevaba puesto un vestido negro y con detalles blancos de seda, una peluca de ondas oscuras negras y un maquillaje fino que acentuaba la palidez de sus pómulos y la sombra de sus largas pestañas. La imitación de Frill Hargreaves en su juventud era tan perfecta que parecía una locura. Encarnando la figura de su madre, había logrado burlar a la biotecnología, entrar y arrebatar el cristal energético.

El silencio que impregnó la sala fue una obra de arte de la comedia oscura de la vida en decadencia de los Lancaster.
Ratio fue el primero en romper la solemnidad, soltando una risotada seca y sarcástica, impropia de un profesor.

—¡Qué espectáculo tan pateticamente ridículo!—se burló Ratio, agarrando del rostro a Cain para inspeccionarlo, tentado de tomarle una fotografía para el recuerdo. —El gran aristócrata, el intocable, el príncipe oscuro, el terror de los empresarios, vestido con los trajes de una dama de la alta sociedad. Pero debo reconocer la efectividad del show barato: trajo el cristal. La máquina no explotará esta vez. Un aplauso para el conde, tiene sus méritos porq SI hacer algo a diferencia de los otros.— miró especialmente a Kana, la holgazana que pasean todo el día por el jardín. 

Kana contempló a Cain de arriba abajo, esbozando una sonrisa divertida que aliviaba la tensión del ambiente. Se veía “linda” siendo niña, quizá si hubiera sido así en la escuela de Hanasaki, ahora seguirían siendo buenas amigas. ¡Hasta hacían juego! Ella con su cabello plateado y vestida de blanco, Cain con su cabello largo oscuro y usando un vestido negro.

—¿Sabes qué, Cain? Honestamente, me caes mucho mejor vestido de mujer. Te suaviza lo insufrible.

Cain la fulminó con una mirada que habría congelado el infierno, acomodándose el listón blanco del cuello con una elegancia petulante.

Henry se había quedado petrificado y sin decir una palabra desde hace horas. Sus mejillas estaban encendidas de un rubor confuso y sus ojos no podían apartarse de Cain. Aquella figura andrógina y bella despertaba en él un desasosiego poético, pues veía en Cain el reflejo vivo de su madre, la mujer que siempre había venerado.

Pero el golpe más profundo lo recibió Vincent. El profesor Lancaster soltó la llave inglesa, que sonó ruidosa contra el suelo. Al ver a Cain así contempló la imagen de Frill, la chica quien fue su amiga de infancia y a la que había amado en secreto en su juventud, antes de que ella se convirtiera en la esposa de su hermano.

—¿Frill…?—susurró Vincent con una nostalgia melancólica y patética, antes de recordar que aquella "Frill" era en realidad su “sobrino” sosteniendo un componente atómico y observando a todos con extrañas intenciones de cometer un magnicidio.

—Ah… Dejen de mirarme como traumados…—siseó Cain, pasándole el cristal de alta pureza a Ratio —…Ni una palabra de esto.
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Reglas, Guías y whatnot / Re: Canje de palabras
« Last post by Miyu on August 12, 2026, 12:37:12 PM »
Hola Cho, espero estes teniendo una linda semanaaa <3
Creo tener las palabras necesarias para canjear mi primera hime. Si es así, ¿puedo canjearla? Muchas gracias ;;
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